AGLI Recortes de Prensa   Sábado 25 Agosto 2012

Camino de la perdición.100 propuestas incumplidas.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 25 Agosto 2012

El PP desde aquél congreso de Valencia en el que renunció a lo básico de su ideología, dando por bueno que tuviera alguna, ha ido adquiriendo lo peor del llamado "zapaterismo" en un intento camaleónico de camuflarse y no parecer lo que realmente es, un partido de derechas, aunque lo quieran disfrazar de centro derecha. Y una viva imagen de lo que es ahora ese partido la representa el actual presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Un personaje estereotipo del "galleguismo" con todo lo que ese concepto conlleva en cuanto a tendencia a la depresión, timidez, falta de liderazgo y firmeza de carácter. La frase tópica y típica de que si te encuentras un gallego en la escalera no puedes saber si sube o baja.

Porque la historia de un partido es la de los hombres que lo lideran y desde hace nueve años, Mariano Rajoy con su Junta de Gobierno son los que han llevado al PP a lo que es hoy., una auténtica jaula de grillos alejado de sus bases y del sociedad española. Un partido que ha renunciado a toda su esencia con tal de acceder al poder. Un partido que reniega de sus orígenes y da por bueno las actuaciones de una izquierda radicalizada y sectaria que ha buscado el enfrentamiento entre los españoles y el adoctrinamiento político feroz.

Es seguro que habrá quien defienda estas actuaciones con la manida escusa de la crisis. La frase de "no queríamos hacerlo, pero nos hemos visto obligados" ni es creíble ni es aceptable. Porque de aquél programa electoral previo a las elecciones generales del 20N del 2011, hay promesas políticas como la derogación de la Ley de la Memoria Histórica, o la eliminación de la asignatura de Educación para la ciudadanía, o la de seguir una política anti terrorista. Todo ello recogido en aquél panfleto del PP "100 propuestas para el cambio" bajo el lema de "Súmate al cambio". ¿Dónde ha habido cambio?

Si Zapatero puede ser calificado como el peor Presidente del Gobierno desde la Transición, Rajoy pasará a la historia como el que pudo y no se atrevió. Porque como dice la Ley de Murphy, todo lo que es susceptible de empeorar, seguro que lo hará. El Gobierno del PP es continuista del desastre tanto en lo económico como en lo social. Su falta de firmeza en imponer la política de austeridad a los feudos autonómicos, nacionalistas o no, demuestra su debilidad, incompetencia y cobardía por no usar las armas que las leyes ponen a sus disposición. No es tan malo obligar a una optimización de los recursos de las diferentes administraciones. No es una temeridad recuperar competencias en una época donde se juega el futuro de España. No es una actitud dictatorial imponer el sentido común frente a los populismos demagógicos de quienes solo siguen sus intereses bastardos.

Mucho ha de cambiar este PP y su cúpula directiva si no quiere que los acontecimientos le sobrepasen y les devuelvan a una larga y profunda oposición en breves fechas. Mucho han de rectificar en su política de protección de la casta política y de presión fiscal sobre los ciudadanos. Este no va a ser un camino fácil, pero si no rectifican, pronto verán que nadie les sigue. Las lealtades solo se consiguen ganándose la confianza, pero esta es endeble ante cualquier síntoma de engaño. Por ahora, las deserciones son testimoniales, pero pueden transformarse en una avalancha.

El software que controla el rebaño
Galo Mateos. El Confidencial 25 Agosto 2012

"La voluntad de la nación es una de esas expresiones que más profusamente han sido objeto de abusos por parte del astuto despótico de cada época” (A. Tocqueville).

Hay quien afirma que España produce un millón de decretos al año, entre sus 18 ediciones del BOE. Añádase a esa cifra la actividad normativa desplegada por los 8.100 ayuntamientos y nos daremos cuenta de que vivimos en una especie de 'Legaland', un territorio en el que todo miembro electo está llamado a una producción compulsiva de normas que, por otra parte, solo los ciudadanos de a pie están obligados a cumplir.

La trampa consiste en conseguir que quienes imponen su santa voluntad a los demás hagan que parezca fruto de un deseo colectivo. Esa es la farsa que repetimos cada cuatro años, urdida por algunos gurús que finalmente cobran del Presupuesto y de la que disfrutan sin límite unos pocos.

Lo de elegirlos y después cortar por cuatro años con quien te elige, no es razonable. Que sepamos, ni están los mejores especialistas ni los mejores IQ en el hemiciclo, por lo que escuchar y debatir en foros especializados no estaría de más

Trasladando ese pensamiento a esferas técnicas, imaginemos que si Windows no se hubiese actualizado en 30 años sería inoperante. Y nada distinto en lo político, nuestra Constitución, para seguir viva, habría necesitado de las mismas actualizaciones, parches y nuevas aplicaciones para sobrevivir.

Personalmente me repele la idea de que un orador, con o sin papeles, recite estadísticas y gráficos, despreciando la posibilidad de proyectarlos en una pantalla. Es una prolongación más de ese mundo de grises abogados que tan mal se compadece con ideas de futuro. Entre esa vetusta imagen y las pantallas murales exhibidas en Minority Report hay puntos intermedios, como los de las brillantes presentaciones de TED.

¿Cómo podemos organizar la vida política de un país en un esquema interactivo? Pues abriendo a las opiniones de la sociedad los diez títulos de la Constitución más las prioridades y urgencias no resueltas. Físicamente podemos imaginar en ese gran espacio desaprovechado tras el orador, una pantalla transparente (grafeno, siliceno, lo que sea mejor). Y en esa pantalla, ver cómo se contabilizan las aportaciones de la sociedad a los distintos títulos y temáticas. Aunque sea solo ver cómo ese número de 'contribuyentes' crece en la medida en que el discurso progresa. De manera que quienes sientan por su país algo más profundo que el color de una camiseta, puedan enviar parches, actualizaciones o nuevas aplicaciones para el texto constitucional o para los asuntos lanzados al espacio internet en busca de soluciones un poco más allá del limitado alcance intelectual del hemiciclo. Por interesante que sea la opinión del ministro Montoro, para algunos temas podrían interesarnos otras opiniones, las de los muchos Amancio Ortega que no participan en los debates, pero que realmente tienen algo que aportar.

Conocen de sobra nuestras reivindicaciones, porque en todos los cursos de verano o debates televisivos aparecen como tópicos de moda, al igual que en los resúmenes de prensa de sus infinitos gabinetes de comunicación. Mientras no tienen que pedirnos el voto, nos ignoran

Ni que decir tiene que solo por compilación de inteligencia nuestra sociedad tiene mucho más que decir que nuestra representación popular, solo súbdita de la cúpula de su partido. No es que los electos tengan que ser remplazados por los electores, sería ridículo, sino que los electos deben aprovechar el caudal de inteligencia colectiva que les llega desde la calle para hacer suyas palabras e iniciativas. Porque lo de elegirlos y después cortar por cuatro años con quien te elige, no es razonable. Que sepamos, ni están los mejores especialistas ni los mejores IQ en el hemiciclo, por lo que escuchar y debatir en foros especializados no estaría de más.

En suma, terminar con el monólogo pomposo que caracteriza el discurso político presente y aceptar la interacción clasificada con la sociedad, junto con nuevas técnicas de comunicación más eficaces. Si la NASA o el MIT, con su concentración de saber, lanzan preguntas al mundo de la especialización, por qué un modesto Parlamento ha de ser menos.

Si vamos a tener que seguir la explicación del Presupuesto o de la balanza de pagos de oído, pudiendo desplegar una pantalla transparente entre el auditorio y el retro-escenario institucional, seguiremos perdidos en el espacio. No será por falta de asesores que no se lleve a cabo, desde luego.

Lo que subyace en todas estas carencias no es otra cosa que, hagan lo que hagan y como quiera que lo lleven a cabo, (controlando los principales medios y teniendo comprados con subvenciones y publicidad a otra buena parte), una vez elegidos no necesitan a nadie para gobernar a su antojo. Es más, si pretendemos ayudar, les estorbamos en su antojosa arbitrariedad. Conocen de sobra nuestras reivindicaciones, porque en todos los cursos de verano o debates televisivos aparecen como tópicos de moda, al igual que en los resúmenes de prensa de sus infinitos gabinetes de comunicación (¡qué ruina!). Mientras no tienen que pedirnos el voto, nos ignoran.

Saben muy bien, que el software social que de verdad gana elecciones son sus televisiones. Y como vemos por la tardanza en meterles mano con la debida contundencia, va a seguir siendo así. Antes caerá la monarquía, que un ente autonómico o un partido renuncie a su aparato de propaganda.

Queremos participar, interactuar, hacer sugerencias a personas que deberían interesarse por nuestras opiniones, no en vano somos quienes los elegimos y financiamos sus fastuosas vidas. Pero mientras manejen ese sórdido programa para someter nuestras voluntades y disipar el saqueo (reciente caso FIBIC sin ir más lejos, sin difusión local), seguiremos asistiendo a un espectáculo que nos presenta como un rebaño satisfecho con un poder despótico, cleptocrático y partidista, frente al que precisaremos una gran unidad para erradicarlo.

 La ruptura de la Constitución
Una Constitución que siempre fue papel mojado, recibió en 2005 un golpe decisivo. Conviene recordarlo.
Pío Moa www.gaceta.es 25 Agosto 2012

(Publ. en noviembre de 2005 y referido a la aprobación en el Congreso del proyecto anticonstitucional de nuevo estatuto para Cataluña por la banda delincuente del PSOE y similares. En realidad la Constitución ha sido papel mojado desde el principio, pero mantenía cierta dignidad y respeto entre la opinión pública. El nuevo estatuto catalán que dejaba en "residual" al estado central, era también la base de la oferta a la ETA. También se mostró al desnudo cómo los diputados no representaban a ningún pueblo, sino a los jefecillos de sus partidos que los habían “seleccionado”. La casta política, hispanófoba y felona hasta el fin. El PP comenzó allí su política de claudicaciones, no aparente al principio, que se convertiría en colaboración con Zapatero)

Lo ocurrido en el Congreso el 3 de noviembre ha sido ni más ni menos que la ruptura de la Constitución y, por tanto, del amplísimo consenso que ésta tuvo detrás y seguramente sigue teniendo. Es una ruptura fundamental, y caeríamos en una frivolidad suicida si nos negáramos a ver su alcance. Cierto que, por flaqueza de los gobiernos en la aplicación de la ley, la Constitución, y con ella la democracia, apenas ha regido en las Vascongadas, y sólo algo más en Cataluña. Pero tal situación, aunque dolorosa y cargada de peligro, podía considerarse llevadera en tanto no se extendiera al resto del país. La admisión en el Parlamento de un proyecto de estatuto indudablemente anticonstitucional marca la generalización del clima prevaleciente en aquellas dos regiones, arrojando muy oscuras sombras sobre el porvenir de España. Siempre en estrecha relación con el terrorismo.

La izquierda –no digamos los separatistas– vuelve a la tradición resentida por Azaña: "Lo que me ha dado un hachazo terrible, en lo más profundo de mi intimidad, es, con motivo de la guerra, haber descubierto la falta de solidaridad nacional. A muy pocos nos importa la idea nacional. Ni aun el peligro de la guerra ha servido de soldador. Al contrario: se ha aprovechado para que cada cual tire por su lado". Si Azaña hubiera tenido un mínimo sentido autocrítico, habría notado que la idea nacional no podía calar debido a la imagen profundamente negativa de España y su historia que las izquierdas, y él mismo, habían difundido sin tregua. Hoy estamos en las mismas.
Cabría extenderse sobre el increíble cinismo con que los autores de esta fechoría histórica pretenden adormecer a la opinión pública, afirmando que no pasa nada, que no hay peligro ni debe crearse "alarmismo", ni mucho menos "sembrar odio", que la democracia es así, etc. Pero tampoco es hora de lamentaciones. Son los de siempre, los corruptos enterradores de Montesquieu ávidos de dinero público, antifranquistas de después de Franco y pesebristas por cuestión de principios. Y también acertó a describirlos Azaña: "Una política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta". El botín de estos amigachos es ya la propia España.


Se ha escrito que el país vuelve a quedar dividido en dos, porque más del 40% de los diputados, la parte más sana de las Cortes, votó contra la tropelía. En realidad, ese Parlamento no representa a la sociedad, pues sin duda la proporción de españoles partidarios de la Constitución y, por tanto opuestos al estatuto, suma una gran mayoría. Y a esa mayoría hay que recurrir urgentemente, explicándole cómo la ley que permite la convivencia en paz y libertad está siendo hundida, mediante actos consumados e intrigas, por los "jugadores de la política", como los llamaba Zugazagoitia, por los demagogos dedicados a "envenenar la conciencia" del pueblo, en expresión de Besteiro.

¿Quién ha de contrarrestar a los demagogos? Hace poco Rajoy habló de movilizar a los cientos de miles de afiliados de su partido para explicar la situación a la opinión pública. Si tantas personas realizasen una campaña explicativa, bien orientada y organizada, neutralizarían las argucias de los faltos de una idea nacional, como decía Azaña, y su predominio en los medios de masas. Incluso la décima parte de esos afiliados, movilizada en serio, podría llegar al país entero y clarificar la actual atmósfera de confusión.

Pero aun si el PP fuera capaz de tanto, cosa dudosa, no bastaría. El peligro atañe a toda la sociedad, por encima de cualesquiera intereses de partido, y existe una gran masa de gente de tendencias izquierdistas, incluso nacionalistas, alarmada por las intrigas balcanizantes de los demagogos. Cada cual debe plantearse qué puede hacer, y hacerlo. Deben surgir asociaciones formales o informales para alertar a la sociedad antes de que sea tarde. Un ejemplo: este sábado el Foro de Ermua va a presentar un manifiesto en la Puerta del Sol de Madrid. Es preciso que llegue a todos los ciudadanos.

Rajoy remata la faena de Zapatero
EDITORIAL Libertad Digital 25 Agosto 2012

Muchos liberales aceptan, incluso creen imprescindible, la existencia de autoridades de la competencia que vigilen los excesos que los monopolios privados pueden llegar a cometer aprovechándose de su posición, situación que se suele calificar de "fallo del mercado". Sin embargo, es un error frecuente olvidar que el Estado está formado por instituciones y personas con sus propios intereses y capacidades, y que también yerra; y con frecuencia. La decisión del Gobierno sobre la fusión de Antena 3 y La Sexta es un buen ejemplo.

Cabría pensar que la formación de un duopolio en un mercado tan delicado para la democracia y el pluralismo como es el de la televisión en abierto sería impedida por un tribunal de la competencia digno de tal nombre. No sólo no ha sido así, sino que en decisiones anteriores dificultó que alguien, alguna vez, pueda plantar cara a los grandes. Así, los mismos que no ven problema en que los dieciséis canales privados nacionales de mayor audiencia estén en manos de dos empresas, que comparten contenidos y gastos de producción, prohibieron antes que compañías bastante más pequeñas vendieran y emitieran de forma conjunta los mismos bloques de publicidad. Tal decisión abocó a muchas de ellas al cierre o a una reducción tal de su producción que les impide ser competitivas y amenazar la posición de los dos mastodontes que ahora dominan el panorama mediático español. Es decir, lo contrario a lo que se supone debe conseguir un tribunal de la competencia.

La patética excusa que la Comisión Nacional de Competencia adujo entonces era que los anunciantes resultaban perjudicados, al compartir varias cadenas tanto los espacios como los canales de venta; lo cual no impidió que autorizara primero la fusión de Telecinco y Cuatro y ahora la de Antena 3 y La Sexta. Es cierto que, en este último caso, y sólo en este último caso, quiso impedir que la compañía resultante vendiera toda su publicidad de forma conjunta y formara una pauta única al emitirla entre sus principales cadenas. Pero ahí viene el último clavo en la tumba del pluralismo y la competencia: con excusas traídas por los pelos, el Gobierno ha decidido levantar esa restricción, que amenazaba con desbaratar la operación.

No cabe duda de que la principal parte de responsabilidad en este desafuero ha sido del Gobierno socialista, que regaló primero a Roures un canal en abierto, facilitó después a Polanco convertir Canal + en Cuatro, concedió a Roures la posibilidad de abrir Gol TV y finalmente levantó las restricciones que impedían que el mercado televisivo se concentrara. Pero es triste que el Gobierno popular se haya sumado a esta tarea liberticida, con una decisión, por otra parte, tan poco conveniente para España como para sus propios intereses. Es triste, sí, pero no sorprendente, habida cuenta de la incapacidad proverbial de la derecha política para la comunicación.

Rajoy, como Aznar antes de él, quiere tener su propio Polanco, y cree haberlo encontrado en el dueño de Planeta. Poco importa el fracaso de la anterior operación, que demostró la incapacidad de la derecha para estos enjuagues. A largo plazo, sólo una guerra planteada desde la trinchera de las ideas puede permitir a la derecha española dejar de ser el reemplazo en el Gobierno cuando la izquierda deja el país hecho unos zorros. Pero el PP siempre ha pensado que basta con que las teles alaben su gestión para ganarse a los ciudadanos. Fracasará. Y cuando vuelva a perder las elecciones no sería extraño ver cómo el monstruo mediático que ha creado se vuelve en su contra. No sería la primera vez.

persecución religiosa
James Channan, padre dominico:
“Son muchas las chicas cristianas secuestradas, violadas y convertidas al Islam por la fuerza”

 Minuto Digital 25 Agosto 2012

“Las noticias, que cada vez aumentan más, de actos de violencia contra niños cristianos son realmente perturbadoras, inquietantes. Para los cristianos, parece que vivir en Pakistán es cada vez más difícil. Son muchas las chicas cristianas secuestradas, violadas y convertidas al Islam por la fuerza o incluso asesinadas, como en el caso de Amaría Masih, la ‘Maria Goretti de Pakistán’.

Hay niños secuestrados y asesinados por tráficos oscuros, como el reciente caso de Sunil Masih o el de Shazia Bashir. Ahora a los niños también se les acusa de blasfemia, como a Rimsha Masih. Si se daña a los niños es que realmente se ha llegado a un límite intolerable de abuso y crueldad”: lo declara el dominico James Channan, Director del “Peace Center”, de Lahore.

Después del caso de Rimsha, el Director, desde hace años al frente de la Comisión para el Diálogo de la Conferencia Episcopal de Pakistán, llama la atención sobre la ley de blasfemia: “Esta polémica ley, por la cual se ha derramado mucha sangre en Pakistán, sigue siendo una herramienta para perseguir a los cristianos, hindúes, pero también a los musulmanes. Es una ley injusta y ambigua. Nosotros los cristianos, pedimos desde hace tiempo que se derogue o se modifique para reducir los abusos a los que se presta. Y en esta batalla están a nuestro lado muchas organizaciones de derechos humanos creadas por ciudadanos musulmanes”.

Los cristianos en Pakistán lanzan un llamamiento: “Hacemos una llamada al gobierno para que asuma su responsabilidad, para que garantice el respeto de la dignidad humana y de los derechos fundamentales de todos los ciudadanos, sea cual sea el credo que profesan. Creo que también es necesaria la concienciación a nivel internacional: pedimos por tanto, una misión especial del Observador especial de la ONU para la libertad religiosa”.

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¿Por qué anda mal España?
Eduardo Arroyo El Semanal Digital 25 Agosto 2012

Muchos somos los que pensamos que España "no anda bien" y sería demasiado pretencioso reducirlo todo a una simple cuestión. Más aún cuando la crisis española no es esencialmente diferente de la crisis del mundo occidental y, aunque con otros matices, de la del mundo en general. Pero a veces surge la necesidad de concretar un poco. Por ejemplo, cuando uno se percata de cómo día tras día y ocasión tras ocasión, se reciclan en los puestos dirigentes de la sociedad personajes que deberían estar totalmente destacados, cabe preguntarse: ¿ante quién responden todos ellos? Esta reflexión no es una novedad y apostamos a que miles de lectores se la han hecho igualmente. Todos vimos -durante los años más oscuros del "felipismo"- a Alfredo Pérez Rubalcaba contestar a decenas de medios de comunicación sobre los inventos de "la derecha" en el asunto de los GAL. Hoy, si la memoria no me falla, hay dos sentencias firmes del Tribunal Supremo que le contradicen. Pero Alfredo Pérez Rubalcaba sigue ahí. Recientemente, Baltasar Garzón ha sido condenado por vulnerar el derecho de defensa utilizando medios ilegales. ¿Ha tenido alguna consecuencia? No. Más bien sigue aspirando a ser considerado la conciencia moral de la humanidad. Encerrado en su egocentrismo patológico, aduce argumentos pueriles y fácilmente desmontables. Pero nuevamente no tienen consecuencias.

Estos son solo un par de ejemplos. El caso es que, recientemente, Stephen M. Walt acaba de escribir un artículo en Foreign Policy titulado Absence of accountability. Su respuesta es precisamente este título: Absence of accountability o "falta de responsabilidad". Hay que decir que no es una buena traducción porque "accountability" es la cualidad por la que uno se responsabiliza y da razón de lo que hace. Esta es la clave: "dar razón de". Pero Walt va un paso más lejos y "carga" el significado de la palabra con otra idea añadida: si las razones que se dan no son suficientes hay que pagar algún precio. Como ejemplos, Walt aporta los casos de su amigo el periodista de la CNN Fareed Zakaria, que fue descubierto plagiando un artículo del columnista de The New Yorker Jill Lepore, para una de sus columnas en la revista Time. Inicialmente, Zakaria fue suspendido pero después pidió perdón y ahí sigue. Con el paso de los años, la acción de Zakaria será solo una anécdota en su biografía.

El segundo ejemplo es el de su colega en Harvard Niall Ferguson, que escribió un artículo para las páginas centrales de Newsweek titulado Hit the Road Barack ("Pírate, Barack"), en clara parodia de la canción casi-homónima de Ray Charles. El artículo contenía una enorme cantidad de distorsiones, medio verdades y barbaridades que levantaron un gran número de críticas, notablemente incisivas y acertadas en su mayoría. Walt no quiere dogmatizar al respecto y cita una lista parcial de críticas a las que, además, incluye el enlace en la red. Ferguson respondió con la huida hacia adelante, enrocándose en su posición y citando un informe de la Comisión de Presupuestos del Congreso, en la que suprimía una frase que alteraba el significado de modo radical. Pese a ser descubierto en semejante falsificación, ni Harvard ni Neewsweek hicieron absolutamente nada al respecto.

Es evidente que los casos aducidos son insignificantes si se tienen en cuenta la cantidad de decisiones e intereses que pugnan todos los días en los EEUU, en la vida misma de un país como ese. Puede que sea cierto, pero Walt subraya que esta falta de responsabilidad va mucho más lejos que los casos presentados: varios de los arquitectos de la guerra de Iraq, que mintieron deliberadamente y condujeron al país a una guerra desastrosa con miles de vidas de por medio, siguen desempeñando cargos importantes y pueden retornar al gobierno si Romney gana en noviembre. El sector financiero lleva una década de abusos y reciben un "rescate". Decenas de directores de empresas que fracasan estrepitosamente, reciben una jubilación totalmente dorada. Walt concluye: "la ausencia de responsabilidad es por lo menos una parte del motivo por el que nuestra vida política no se gobierna por la lógica y las pruebas, sino por cuentos de hadas sin base fáctica. Y cuando las decisiones políticas se basan en ensoñaciones, los malos resultados son de esperar".

Es imposible no pensar al respecto en el caso de España, en la que todo, absolutamente todo, es ya pura imagen. El verdadero pensador, el filósofo en el sentido platónico -sin querer ser pedantes- ha desaparecido totalmente y si se cuenta con él es por motivos de eso, de imagen. Un buen ejemplo es el de Bildu y su flamante candidata a lehendakari Laura Mintegui. Dejando a parte el hecho de que una historiadora crea en toda la mitología fantasiosa del nacionalismo vasco, aderezada con el marxismo reciclado de la izquierda abertzale (lo que demuestra que no es muy inteligente), evidencia el hecho de que el brazo político de el grupo terrorista no solo pretende ofrecer un perfil "amable", sino también impresionar con un perfil cualificado. Por lo demás, la cualificación y el sentido de la verdad han estado siempre alejados de un campo -el del "nacionalismo" vasco y otras derivaciones delirantes- yermo para cualquier producción cultural de nivel. Pero lo que importa es la imagen. Y es que "batasunos", socialistas, centro-reformistas y demás son todos hijos de su tiempo, un tiempo en el que lo último que cuenta es la excelencia en la argumentación y el afán de verdad. No quiero con esto equiparar a una banda de patanes asesinos con políticos que, dentro de la mediocridad que reina en España, se limitan a dar de sí todo lo que puede esperarse de ellos. Ruego por favor que nadie me malinterprete. Lo que quiero decir es que nuestra sociedad está tan podrida que las acciones no tiene consecuencias más que cuando se enfrentan pura y simplemente a la realidad de las cosas, pero no porque los hombres se esfuercen por que impere la justicia y la verdad.

En este sentido se hace más que evidente que el régimen de 1978 ha fracasado a la hora de seleccionar su élite dirigente. Puede que a alguno esto le suene duro pero a muchos nos resulta difícil entenderlo de otro modo. Al final cabe concluir que incluso en un régimen democrático, teóricamente basado en la igualdad, no puede escaparse a la necesidad imperiosa de élites que respondan ante criterios de excelencia, incluso en el sentido etimológico de la palabra -ex caelis, del cielo. Pero ocurre que las élites, como decía Cristo de los pobres, estarán con nosotros hasta el fin de los tiempos. La cuestión es saber cómo las elegimos porque lo que se ha hecho en los últimos treinta y cinco años en España -y no solo en España- obedece exclusivamente a criterios de confrontación partidista y de eficacia electoral, que no tienen que implicar ninguna calidad de otro tipo necesariamente. Puede que a alguien todo esto le suene demasiado teórico: grave error. Tras una mala acción siempre hay una mala teoría y, recíprocamente, en la teoría errónea es donde se gestan primero todas la malas acciones. Si alguien no lo ve así, la historia demuestra que no es esta una verdad opinable. Por eso muchos aún estamos esperando verdaderas élites responsables. Sin ellas no hay salvación.

Rajoy y su Gobierno juegan al zapaterismo
José Antonio Zarzalejos. El Confidencial 25 Agosto 2012

“Los hombres de estado son como los cirujanos: sus errores son mortales” (François Mauriac)

El concepto de banalidad política en España se verbaliza como zapaterismo, que consistió en una forma de gobernar inconsistente, contradictoria, excéntrica e imprevisible. Por eso, Zapatero no sólo hundió su propia reputación, sino también la del PSOE que tan suicidamente apoyó la irresponsabilidad de su secretario general y presidente del Gobierno entre 2004 y 2011. El 20 de noviembre pasado el electorado español le proporcionó a Rajoy y al PP una mayoría absoluta (con menos de 11 millones de sufragios) para que diese carpetazo a esa forma de gestionar los asuntos públicos y devolviese la solvencia al ejercicio de la política. Obviamente, los ciudadanos sabían que un gobierno del PP no dispondría de facultades taumatúrgicas para solucionar las fechorías políticas y económicas de la época de Zapatero, pero es seguro que jamás esperaron que tanto Rajoy como su gabinete se comportasen de forma tan parecida, tan próxima, tan peligrosamente irresponsable a la que se trataba de liquidar en los comicios generales. Por desgracia, gravísimos episodios protagonizados por este Ejecutivo, su presidente y su partido nos remiten al zapaterismo que se creyó superado.

La descarnada y pública guerra política -en la que median intereses seguramente poco confesables- entre los ministros de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, y el de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, a propósito de la reforma energética, no es un episodio “normal” como ha querido hacernos suponer una vicepresidenta del Gobierno superada por los términos del rifirrafe. Por el contrario, se trata de comportamientos ministeriales intolerables. Intolerable es que Montoro pretenda convertir -venteándolo en un medio extranjero de comunicación- sus competencias hacendísticas en soporte jerárquico -que no tiene- para frenar las medidas que Soria propone. E intolerable resulta que el ministro canario, en vez de responder con un cauto silencio a la provocación de su colega, le responda en unos términos que le vapulean políticamente. Ya estamos al cabo de la calle del error de Mariano Rajoy cuando decidió no nombrar un vicepresidente económico aduciendo razones nada consistentes, pero ¿acaso no debió intervenir inmediatamente y reducir este desencuentro y componerlo ipso facto?, ¿cree que es suficiente mantener las espadas en alto entre ambos ministerios con una levísima declaración de la vicepresidenta? Semejante solución es propia de Rajoy… cuando era presidente del PP en la oposición, pero es impropia de un presidente del Gobierno que tiene la obligación de reaccionar: bien cesando a ambos ministros o imponiendo él una fórmula definitiva para solventar el gravísimo problema del déficit tarifario en el sector eléctrico que está lastrando a las compañías del sector y manteniendo la incertidumbre regulatoria en un asunto de estratégica importancia para la economía española.

Rajoy en esta disputa se comporta conforme a pautas que resultan intercambiables con las de Zapatero, que solía llamarse a andanas cuando sus ministros y ministras perpetraban desafueros con una frecuencia que demostraba una voluntariosa persistencia en el error

Rajoy en esta disputa se comporta conforme a pautas que resultan intercambiables con las de Zapatero, que solía llamarse a andanas cuando sus ministros y ministras perpetraban desafueros con una frecuencia que demostraba una voluntariosa persistencia en el error. Persistencia en la que militan también los ministros de este Gobierno sin que al presidente se le alteren los pulsos. Porque antes de este encontronazo entre Industria y Hacienda, los de Montoro con Luis de Guindos han sido más sordos pero no menos clamorosos. Sin entrar ahora a considerar responsabilidades de unos y de otros, lo cierto es que Rajoy ha dejado un espacio político y gestor -el propio de un vicepresidente económico- que el titular de Hacienda -pata negra en el PP- trata de ocupar manu militari creando en el gabinete un malestar que es ya, además de público, también notorio. Que esta descoordinación, que esta indisciplina, que esta indiscreción, se produzca en el contexto de la aguda crisis por la que atraviesa España, agrava hasta extremos intolerables la inacción del presidente del Gobierno, es decir, su inocuidad, su banalidad, ambas de la misma naturaleza patológica que afectaban al zapaterismo. Es verdad que este Gobierno está orgánicamente mal diseñado. Pero, perpetrado el error, ahondarlo con pasividades contemplativas es realmente suicida.

Más grave aún, al menos desde el punto de vista ético, es el debate descalificador entre un sector del PP -liderado por un Mayor Oreja que tiene un pie dentro del PP y otro fuera de él como pronto se comprobará- y el Ministerio del Interior a propósito de la concesión de tercer grado penitenciario a Uribetxebarria Bolinaga, secuestrador que fue de Ortega Lara, y que, según Fernández Díaz y el secretario general de Instituciones Penitenciarias, Angel Yuste, se encontraría en un estado de salud “terminal”. El toma y daca entre los unos y los otros en asunto tan sensible y en el que la unidad del criterio en el PP y en el Gobierno resulta tan decisiva, jamás debió consentirse y, en todo caso, cuando comenzó a desatarse la polémica, alguien -¿pero qué hace María Dolores de Cospedal?- debió cortarlo en seco. Si ha errado el ministro del Interior -como parece, a tenor del informe forense de la Audiencia Nacional destapado ayer en exclusiva por este diario y que niega el “estado terminal” del etarra-, Rajoy debería prescindir de sus servicios por manifiesta torpeza y precipitación. Y si ha actuado con diligencia razonable, asegurándose la certeza de los datos clínicos y la procedencia de la decisión en función de antecedentes similares, Rajoy, a través de la bicéfala secretaria general del PP tendría que haber llamado a capítulo a Mayor Oreja para reconvenirle debidamente. Pero no ha ocurrido -tampoco en este episodio verdaderamente intolerable- ni lo uno, ni lo otro. De forma y manera que, también de la mano de esta polémica sobre asunto delicadísimo, hemos regresado con el PP al peor de los zapaterismos.

Es propio de los políticos indecisos y de aquellos a los que les superan los problemas caer en una especie de perplejidad paralizante. Se refugian en la quietud esperando que deus ex machina les resuelva el problema. Tienden a imaginar, también, que los problemas no albergan la gravedad objetiva que se les atribuye por los medios de comunicación o que la ciudadanía expresa en las encuestas. Suelen resolver los conflictos con expresiones coloquiales que apelan al sentido común y a conceptos pedestres. Se abstienen de ejercer el principio de autoridad porque temen más sus consecuencias que las del problema que resolvería su ejercicio. Imaginan que están puestos en el cargo para cubrir esfuerzos normales y de dimensión accesible, pero no para adoptar decisiones extraordinarias. Carecen de percepción estadista porque no se consideran concernidos por la épica que reclama para la política las situaciones de crisis. Son zapateristas que fustigan a Zapatero pero se terminan comportando como él. Forman, en definitiva, parte del problema y no de la solución. Y Rajoy encastillado en su introspección personal y en su esoterismo conductual, sigue siendo la viva imagen del hombre que transfiere sus problemas y responsabilidades a la instancia de la eternidad. Eso es zapaterismo, para entendernos. Mientras, en la calle Génova nº 13 de Madrid se escucha el eco hasta de las pisadas. Fuesen todos al Gobierno -o a Toledo- y no hubo nada. O sea, desolador.

ETA: matarnos o cobrar por no matarnos
Gabriela Bustelo www.gaceta.es 25 Agosto 2012

Esta es la España de la paz que nos ha dejado el ínclito Zapatero.

En la carrera de penalizaciones que es la política, Rajoy afrontó el lastre de ser un elegido a dedo, antepuesto a dos candidatos muy valorados por los votantes del PP (uno de ellos hoy desprestigiado por la crisis), con quienes aún se le compara desdeñosamente. A continuación le tocaría vivir las apocalípticas jornadas 11M-14M, sobre las que todo lo decible es poco.

Llegado por esa senda tenebrosa a su puesto de jefe de la oposición, Rajoy eludió el revanchismo victimista y emprendió la tarea de modernizar la derecha española, cosa que hoy se tiende a olvidar. A día de hoy el PP es un partido tolerante comparable a los partidos conservadores occidentales. Por poner un ejemplo, la discrepancia entre los ministros Montoro y Soria sobre la reforma energética es un síntoma saludable de la actitud dialogante que hay en este Gabinete. Sin embargo, los casi 11 millones de votantes del PP están seriamente decepcionados con la inoperancia de Rajoy en el frente nacional.

No en vano 10.000 peperos se han dado de baja para afiliarse al nuevo partido de Mario Conde. El presidente habla con frecuencia de las verdaderas prioridades de España, pero parece olvidar la redención moral que necesitan, ahora más que nunca, quienes han puesto su confianza en él. Es sabido que Rajoy ha dado al PP orden de contemporizar porque su objetivo número uno es sacar a este país de la crisis, pero su política antiterrorista es imperdonable. En economía España va a rebufo de la UE, mientras en política nacional, donde el presidente tiene experiencia como ex ministro del Interior, ha optado por una apática continuidad con el Gobierno de Zapatero.

La deshonrosa paz pactada por Rubalcaba con los terroristas consiste en dar a ETA todo lo que pide a cambio que deje de cometer asesinatos. Los matarifes vascos plantean dos posibilidades, aceptadas por todos los presidentes españoles menos Aznar: matarnos o cobrar por dejar de matarnos.

Heredero de esta paz innoble a la que hemos llegado por la vía del deshonor, Rajoy está ahora en la tesitura de garantizar esa paz al tiempo que se aplica estrictamente la Ley. En el caso del etarra Uribetxeberría Bolinaga, no había necesidad alguna de excarcelarlo por su condición de enfermo. Cuando el ministro del Interior asegura que no concederle el tercer grado habría sido prevaricar, miente. En un país como España, donde la politización del estamento judicial es flagrante, resulta doloroso oír a Fernández Díaz alabar con tono engolado el imperio de la Ley y la grandeza del Estado de Derecho.

Para colmo de desgracias, un informe forense de la Audiencia Nacional certifica que el terrorista Uribetxeberria no está en fase terminal, motivo que se adujo para tramitar su liberación, sino que sólo presenta síntomas leves del cáncer que padece. Entre tanto, siete víctimas de ETA amenazan con una huelga de hambre en caso de que el asesino sea liberado. Esta es la España de la paz que nos ha dejado el ínclito Zapatero.

Un ministro socarrado y otros para el tinte
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 25 Agosto 2012

El equipo de Rajoy y Rajoy mismo, desde que llegaron al Gobierno han pasado la vida en un sofoco. Mas o menos de la intensidad, quizás hasta más o, según se mire, menos, que los que pasamos todos tanto por la chicharrera de la crisis como por las calores de este verano que nos tiene tan ardidos como a los montes españoles. Pero hay uno que llega a septiembre socarradito del todo.

El Ministro de Interior, Jorge Fernández, es el peor error de este gobierno o, algo aun peor, sus errores descubren la peor de las fallas de este gobierno. Ya hace meses descubrió, con una torpeza y una insensibilidad mas que notorias, que no está a la altura que exige su cargo y, menos aún, de lo que de él espera la sociedad democratica española, tantos lustros golpeada por el terror y la violencia. En aquella ocasión pretendió despachar con un atolondrado y cazurro canutazo un plan de inserción para etarras que levanto de sus asientos a muchas conciencias, por más adormecidas que estuvieran. Presa de no sabemos, aunque nos maliciemos, que prisas adelantaba unos parámetros donde parecía que para poner en libertad a toda esa caterva de delincuentes y asesinos, bastaría poco más que una especie de cursillo y unas palabritas que ni excusas parecían. La tormenta desatada hizo que se retranqueara en expresiones, aunque para nada en intenciones, según se ve y parece y balbuceara unas disculpas.

Ahora, más de lo mismo y en dirección parecida, Fernández ha convertido el asunto Bolinaga, el asesino amen de torturador y carcelero de Ortega Lara, quien pretendio dejar morir enterrado en vida tras ser detenido, en un despropósito donde pretende hacernos comulgar con ruedas de molino.

Sin duda es una situación endiablada, porque según indican los informes médicos, aunque falte completarlos de manera más rigurosa e historiada, el preso sufre un cáncer extendido y parece que terminal, aunque no de inminente desenlace. Ante ello y atendiendo a la ley se ofrecen diversas salidas, y una de ellas es la excarcelación. Que entra dentro de lo humanamente comprensible y hasta exigible cuando la situación alcance un grado de cierta inminencia.

Pero, y esto es con lo que pretende confundir y digámoslo con claridad, engañarnos, no solo existe esa alternativa y aún menos que deba ser aplicada de manera perentoria e inmediata. Que el criminal vaya a morir a su casa es algo de pura humanidad. Que se vaya a su casa y se convierta en un santón paseado durante meses como “héroe de la Patria vasca” es inadmisible. Y no solo por las victimas del terrorismo, sino por una simple razón de dignidad y justicia democrática. Pero en ello parece empecinado, y con sus prisas otra vez a cuestas, nuestro ministro. Prisas que desde luego tienen ETA y sus adláteres legalizados. Pero que no tenemos porque tener el común de los ciudadanos democráticos. Las prisas, en cualquier caso, empiezan a ser las que comenzamos a tener de que este ministro deje cuanto antes de serlo. A no ser que sea un muy fiel intérprete de la voluntad del propio Presidente y de todo su gabinete, que eso si ahí se mantiene y se le apoya, será la conclusión lógica a la que tengamos que llegar.

El socarrado Fernández no es, sin embargo, el único miembro del Gobierno que necesite sino recambio si al menos un buen pase por el tinte. Los primeros son los responsables del área económica. Es evidente ya que no fue un acierto que no exista un vicepresidente económico, una sola cabeza en el sector, de referencia y no esa bicefalia que cuando varía es para irse tricefalia o hasta gallinero. Los mensajes contrapuestos de Montoro y de Guindos han sido superados con las broncas abiertas del primero con Soria. Una pésima imagen que hace daño al Gobierno pero que además, y peor, le hace daño a España en Europa y en el mundo, cuando más necesitados estamos de claridad, confianza y firmeza.

Otra cuestión creciente y preocupante es la que afecta los necesarios contrapesos del Gabinete que maticen al menos y pongan sensibilidad social encima del Consejo, Y ahí son varios los que están fallando. Se salva, o al menos eso indican ciertas informaciones y algunos hechos, la ministra de Trabajo, Fátima Bañez, quien y no solo en el caso de los 400 euros, entiende que ella no es la que lleva la cartera de Hacienda y que es su obligación es poner sobre el tapete situaciones de emergencia y umbrales de indigencia que una sociedad y una Nación debe paliar. Y de ello no puede quitarse ni escabullirse, sino dar la batalla que sea necesaria.

Pero otros no parecen entender esa faceta. Flaquea especialmente la ministra de Sanidad, a la que habría que señalar que aún siendo conscientes de los inexcusables recortes, y reconociéndole una indudable capacidad para la gestión de lo escaso, no ha de intentar aparecer como la discípula más adelantada en meter la tijera hasta por lados donde más que doler ya afecta al hueso y puede acabar hasta por transformar la herida en la peor hemorragia.

No anda tampoco por las mejores trochas el de Ecuación, Ignacio Wert, hombre de indudable preparación y cuyo talante , fondo y formas, hacían suponer una mas prudente lidia. Pero quien vale y ha demostrado ser valioso para su profesión y hasta para muchas otras cosas, a lo mejor no vale para esto de ministro.

CRiTICA LA ACTITUD DEL LÍDER JELTZALE
El lehendakari avisa de que "Urkullu esconde su objetivo más querido, la independencia a plazos"
Patxi López acusa al candidato del PNV de comenzar la carrera electoral "con un ojo puesto en Bildu" y de resucitar el soberanismo de Ibarretxe con su propuesta del nuevo Estatuto
EFE | BILBAO El Correo  25 Agosto 2012

El lehendakari, Patxi López, ha opinado hoy que "detrás del ruido de propuestas y protestas contradictorias" del PNV, su presidente, Iñigo Urkullu, esconde "su objetivo más querido: la independencia a plazos".

En un comunicado, el lehendakari ha respondido a las últimas declaraciones del presidente del PNV, Iñigo Urkullu, y a su propuesta de reforma tributaria. López ha considerado que Urkullu lleva en campaña desde 2009, cuando Juan José Ibarretxe perdió la votación en el Parlamento vasco para ser elegido presidente autonómico. "Desde entonces, ha mantenido una actitud de acoso al Gobierno vasco, por la única razón de no estar el PNV en Ajuria Enea", ha criticado.

El secretario general del PSE ha denunciado que Urkullu "ha impedido de forma continua cualquier acuerdo con diputaciones y en el Parlamento vasco para hacer una reforma fiscal" y ha criticado que, una vez en precampaña, "no ha tardado ni 24 horas en cambiar de chaqueta y dice que quiere reforma fiscal para tener recursos públicos".

López ha recordado que lleva defendiendo la reforma fiscal toda la legislatura y ha dicho que ahora no va a cambiar y lo va a seguir haciendo. No obstante, ha opinado que "Urkullu tendrá que explicar por qué ha tardado cuatro años en darse cuenta de su error". "Dice que miento sobre la reforma fiscal" pero "la gente sabe muy bien lo que hemos defendido estos cuatro años; mi propuesta de reforma y su terca negativa a aceptarla", ha asegurado.

Asimismo, líder socialista ha considerado que "detrás del ruido de propuestas y protestas contradictorias, Urkullu "esconde su verdadera esencia, su objetivo más querido", que no es otro que "un nuevo estatus político" o "la independencia a plazos". "Y por eso ha comenzado la carrera electoral con un ojo puesto en Bildu, para que no se enfaden demasiado, y saca a pasear su raca raca, el de siempre. El Estatuto político de Ibarretxe se llama ahora Nuevo estatus político pero es lo mismo", ha considerado.

Por contra, López ha reafirmado su defensa de "un autogobierno vasco que no le gusta al señor Urkullu y que el Gobierno de Rajoy quiere mutilar". "Defiendo un autogobierno vasco dentro de España y siendo parte de Europa, lo defiendo porque es la única forma para que toda la ciudadanía vasca pueda ser vasca a su manera, sin imposiciones identitarias. Porque es la única forma de garantizar que podamos seguir viviendo juntos en libertad", ha subrayado. En cambio, ha advertido de que "Urkullu desprecia el autogobierno estatutario y defiende la soberanía independentista".

Apuntes veraniegos (4)
xavier pericay ABC Cataluña  25 Agosto 2012

1. La Universitat Catalana d’Estiu (UCE) es uno de tantos abalorios del nacionalismo catalán sin otra razón de ser que la de alimentar el propio nacionalismo. Sobra decir que de universidad no tiene nada. Ni siquiera de universidad de verano, que ya es ponérselo fácil. En consonancia con ello, el rector actual está mucho más cerca de un payés que acaba de bajarse del tractor que de cualquier otra figura social conocida. La UCE ha cumplido ya 44 veranos. Por descontado, gracias al dinero público. Aparte de evidenciar la transversalidad del catalanismo y una entelequia llamada Països Catalans, la universidad sirve para que los políticos autonómicos se pasen por ahí a mediados de agosto y hagan, uno a uno, su pequeña deposición. Nacionalista, claro. El hedor que desprende aquello el día de la clausura suele llegar, como mínimo, hasta el 11 de septiembre.

2. Este año el centro de interés de la UCE ha sido la presencia o no de miembros del Gobierno regional en la manifestación independentista de la Diada convocada por la Asamblea Nacional Catalana. Que si voy, que si no voy. Toma debate. Hasta la vicepresidenta Ortega se ha mojado —aunque su asistencia, ha precisado la aspirante al título de psicóloga, sería a título personal—. Lástima que, en paralelo, nadie haya pensado en organizar un curso sobre la política de subvenciones en la última década que incluyera, como caso práctico, las concedidas a las entidades componentes de la Asamblea Nacional Catalana. Habría enriquecido el debate.

3. Los socialistas catalanes, por boca de su primer secretario, entonan ahora el «mea culpa» por haber renovado, cuando gobernaban, los conciertos a las escuelas que separan a los alumnos por sexos. Menudo cinismo. Que se superpone al prejuicio ideológico de considerar que separación equivale por fuerza a segregación. Como siempre, a la izquierda los resultados académicos le importan tres cominos. Y, mientras, a la libertad que la zurzan.


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