AGLI Recortes de Prensa   Jueves 13 Septiembre 2012

La herencia y la solución
Juan Velarde Libre Mercado 13 Septiembre 2012

Han pasado ocho meses desde la conformación del Gobierno. Tras ellos, hemos percibido hasta qué punto la herencia recibida era casi intolerable. La revisión de algunos datos lo demuestra. El último de ellos procede de la prestigiosa entidad Fedea. El déficit del sector público alcanzó el 9% del PIB en 2011. Ese mismo año, el crecimiento real de la economía cayó un 0’7%.

Todo eso requiere unos esfuerzos colosales para superar esta situación, que es, sencillamente, intolerable, y que en buena parte se debe a un penoso planteamiento autonómico. Nos lo ha señalado de modo magistral Manuel Lagares en su artículo "A la espera de un eventual rescate", publicado en El Mundo el pasado 31 de agosto. "Las soluciones (...) tienen que comenzar por una drástica reducción del gasto público, mediante una profunda revisión de la razón de ser de todas sus partidas, tanto en la Administración central como en la autonómica y local, aunque ello exija cambios legales de profundo calado". Naturalmente, esto significa que la Constitución puede, y añadiría que debe, experimentar algunas alteraciones que redunden en este sentido.

Con ello no se habrá resuelto todo, aunque si sucede, de paso, habría que abordar esa cuestión de ruptura del mercado interior debida a la política económica de las autonomías, con su repercusión instantánea en la productividad total de los factores y en la competitividad.

Concretamente, ha llegado el momento de revisar muy a fondo –tanto, que equivaldría, si se hace bien, a su liquidación– el Pacto de Toledo. El sistema de seguridad social, en relación con los pensionistas, no puede continuar como hasta ahora, y mucho menos si se observa la evolución de la pirámide de población.

También se ha de acentuar la libertad del mercado español, y sin pausa alguna lo que se refiere a la flexibilización del mercado laboral. Los datos ofrecidos por Fátima Báñez el 31 de agosto en la conferencia de clausura de la Escuela de La Granda avalan que es el camino adecuado para frenar el problema básico del desempleo.

Son todas estas medidas obligadas, a causa del desastre de una política económica que en el año 2004 mostró ya sus evidentes problemas, pero que desde 2008 hizo todo lo posible por acentuarlas. Y no digamos si a esta pésima acción añadimos cómo fue la política crediticia seguida.

Personalmente, no quiero olvidar que en 2011 me encontré con Cristóbal Montoro y le dije: vais a ganar las próximas elecciones, pero el caos que recibiréis es tan considerable que debéis iros preparando para moveros en medio de la vorágine que os espera. Desgraciadamente, así ha sucedido.

Reformas
El Gobierno y la protección social
Emilio J. González Libertad Digital 13 Septiembre 2012

El ministro Luis de Guindos ha dicho este miércoles en el Congreso de los Diputados que será "imposible" seguir manteniendo las prestaciones sociales si en los próximos meses la economía española no sale de la recesión y el estancamiento y comienza a generar puestos de trabajo.

No cabe duda de que la crisis ha puesto contra las cuerdas al Estado del Bienestar en nuestro país; pero, en contra de lo que dice Guindos, los problemas de éste no se derivan de las presentes dificultades de nuestra economía, sino de los propios fundamentos de nuestro sistema de bienestar.

Las bases del mismo se asientan en dos elementos propios de la década de los sesenta que hoy ya no se dan: una población joven que alimentaba el crecimiento anual de la fuerza de trabajo y un fuerte incremento de la productividad laboral, que permitió mayores salarios y, por tanto, mayores ingresos por impuestos y por cotizaciones sociales. Ese incremento de la productividad derivaba de los procesos de industrialización y de la sustitución de empleos agrarios poco productivos por los más productivos de la industria y los servicios que caracterizaron al desarrollismo. Sobre esos pilares se edificó un sistema de protección social cuyo eje era la solidaridad, porque el aumento constante tanto de la población activa como de los salarios permitía financiar prestaciones crecientes tanto en cuantía como en número de beneficiarios. Sin embargo, está situación ya no se da. El final del baby boom, a mediados de la década de los setenta, ha dado lugar al actual proceso de envejecimiento de la población, mientras que el incremento de la productividad ha sido nulo desde que el euro entró en vigor, en 1999. En este contexto, no se puede mantener un sistema de gastos crecientes cuando los que los financian son, proporcionalmente, cada vez menos y la productividad no crece. Ese es el verdadero problema, no la crisis, que lo único que hace es acelerar e intensificar lo que, de todas formas, era inevitable.

La crisis, además, tampoco tiene la culpa de que los distintos Gobiernos no hayan preparado el sistema de bienestar social y su financiación para lo que, como digo, era inevitable que sucediera. Los distintos organismos internacionales, y en especial el Banco Central Europeo, han venido advirtiendo desde hace lustros a los países como España, con una población cada vez mas envejecida, para que preparasen sus presupuestos a fin de poder mantener el sistema de bienestar social, si optaban por que siguiera siendo público en vez de reformarlo. Con ello querían decir que había que recortar otros gastos, para que la imposición general permitiera seguir financiando el modelo de protección social sin tener que subir los impuestos ni las cotizaciones sociales, en especial las empresariales, cuyo recorte drástico es necesario para poder crear empleo. En cambio, el gasto público ha crecido de forma disparada y disparatada por culpa, sobre todo, de las autonomías, con lo cual no se ha abierto en el presupuesto el margen necesario para garantizar el futuro del sistema de protección social. Esto es el fruto de las decisiones políticas de unos y otros, no de la crisis.

La argumentación del Gobierno para justificar tanto los recortes sociales que está llevando a cabo como los que se avecinan se cae por su propio peso. Si el Estado del Bienestar es insostenible, refórmenlo; si quieren mantenerlo tal cual, entonces metan mano a todo el gasto público innecesario que hay en este país, en especial en las autonomías, y financien con él el sistema de protección social. Lo que no tiene un pase es que el Ejecutivo hable de recortes sociales mientras permite que todas las administraciones públicas sigan derrochando el dinero.

Los nacionalistas, tal como son
EDITORIAL www.gaceta.es 13 Septiembre 2012

El objetivo de los nacionalistas catalanes es la secesión de España.

La multitudinaria manifestación del martes en Barcelona, de signo inequívocamente separatista, ha tenido cuando menos la virtud de establecer por fin en términos claros la actitud de los nacionalistas catalanes. A partir de ahora, la expresión “nacionalistas moderados” por oposición a los “radicales” sólo tendrá sentido en términos tácticos: mientras estos no descartan la violencia como medio, aquellos preferirán vías políticas y electorales o, en su defecto, provocaciones de apariencia pacífica aunque puedan fácilmente conducir a situaciones sólo resolubles por la fuerza. Pero el objetivo de unos y otros es el mismo: la secesión de España. No cabe engañarse, y fingir desde el Estado que la realidad es otra constituye, en nuestra opinión, una forma de suicidio político.

Por si todavía cupieran dudas a algunos políticos y observadores candorosos, el presidente de la Generalidad, Artur Mas, lo dejó meridianamente claro en su alocución de ayer: el objetivo es la soberanía, y para lograrlo es necesario construir estructuras de Estado en Cataluña, lo que no se hace de la noche a la mañana. Para subrayar cuál es su idea de Cataluña y de España, hizo esta interpretación de los últimos treinta años: “[Cataluña] ha destinado una parte de sus energías como país a ayudar al conjunto del Estado español a ser un país mejor, con la esperanza de que se acabaría configurando un Estado más amable y respetuoso de cara a sus aspiraciones”. En otras palabras: mientras el resto de españoles creía que con la creación del Estado autonómico se facilitaría la mejor integración de los nacionalistas catalanes en el quehacer común, lo que estos esperaban de un Estado “más amable” era que facilitase sus aspiraciones separatistas. Y esta radical distancia de los puntos de partida de unos y otros la sintetizó ayer de forma inequívoca: “España hizo su transición hace treinta años, ahora nos toca a nosotros hacer la nuestra”.

Se entiende así que el propio presidente de la Generalidad dijese en su día que si el nuevo Estatuto no cupiera en la Constitución, lo que habría que reformar no sería el Estatuto, sino la Constitución. Pero Mas no tenía la menor sensación de haber dicho una enormidad, sino que este modo de ver las cosas estaba en perfecta sintonía con su visión quimérica de una Cataluña sojuzgada y sometida bajo la bota de un imaginario invasor. Desgraciadamente, varios decenios de adoctrinamiento separatista persistente, a modo de gota malaya, han rendido sus frutos, y son cada vez más los catalanes de buena fe que se creen las ensoñaciones nacionalistas como si fuesen la Biblia.

Con todo, lo más grave de esta situación no es la pulsión secesionista en Cataluña, sino la patente abulia del Estado en el cumplimiento de su deber de enfrentar esta amenaza de fractura de la Nación con todos los medios a su alcance, que van desde la escuela hasta los medios públicos de comunicación, desde el hacer cumplir la ley hasta el mantenimiento del orden público, desde asegurar la prevalencia de los símbolos del Estado hasta el uso libre en todos los ámbitos de la lengua común. El día 20 Rajoy se reunirá con Mas. Esperemos que no olvide la enseñanza de la manifestación del martes.

Sin vergüenza
César Vidal La Razón 13 Septiembre 2012

Hace ya algunos años, Clint Eastwood dirigió e interpretó un «western» titulado «Sin perdón». La obra –que no pocos calificaron de réquiem por el género y que fue la triunfadora en los Oscars de aquel año– narraba la sencilla peripecia de dos antiguos pistoleros que deciden aceptar un contrato para matar a un vaquero culpable de haber cortado a cuchilladas el rostro de una prostituta. A lo largo de su metraje, la historia no se nos antojaba heroica sino cansada, desprovista de sentido e incluso ridícula, pero, al final, resultaba trágica porque en medio de todo nadie iba ni a pedir ni a tener perdón.

He recordado semejante ausencia al comprobar cómo los nacionalistas catalanes han decidido anunciar al resto de los españoles que les entreguemos más de cinco mil millones de euros. En su exigencia –que no solicitud– se han dado cita las peores características del peregrino y enano movimiento que mantiene cautiva esa región española desde hace décadas. Ni el menor gesto de responsabilidad, ni una palabra de dolor por el desaguisado causado, ni el más mínimo propósito de enmienda, ni un asomo de promesa de recortar los gastos superfluos que han arruinado a la que hace décadas, no tantas, era la región más próspera de España.

Por el contrario, todo se ha resumido en exigir, en excitar el ánimo victimista de los catalanes que aún estén por tragarse esas ruedas de molino de que la culpa de todo la tiene «Madrit» y en gritar a los cuatro vientos que quieren el dinero sin contraprestación alguna. En otras palabras, vamos a cargar todavía más nuestra asendereada economía mientras el nacionalismo catalán mantiene televisiones deficitarias para colocar paniaguados y tocar las narices a valencianos y aragoneses; sigue con sus fantasmagóricas embajadas abiertas en el extranjero; se pasa por el forro de la barretina las sentencias del Tribunal Supremo sobre la inmersión lingüística y subvenciona a los pícaros y espabilados que difunden en sus provincias natales el dislate de los «países catalanes».

Ha dicho Rajoy que tiene la más que loable intención de tratar a Cataluña igual que al resto de las comunidades autónomas. Ojalá nos lo haga bueno porque si los nacionalistas catalanes recibieran en términos proporcionales lo mismo que Murcia e incluso que Valencia ya habríamos avanzado no poco trecho hacia salir del hoyo donde estamos sumidos. Incluso, hasta muchos llegarían a la conclusión de que este Gobierno conserva un mínimo de vergüenza. Justo aquella de la que carece el nacionalismo catalán o porque la perdió hace mucho o porque en su esencia está el no conocerla ni por asomo. Y es que, como en la historia relatada hace tiempo por el maestro Eastwood, en ésta no hay heroísmo sino que todo es repetitivo, estúpido y ridículo fundamentalmente porque el nacionalismo catalán lleva años viviendo sin vergüenza.

Trileros
Jorge Urosa La Razón 13 Septiembre 2012

Avergonzaos y llorad, derramad ceniza en vuestras cabezas, rasgad vuestras vestiduras y bajad la mirada cuando veáis los ojos de las víctimas del terror, porque les hemos abandonado.
Cuatro hombres sin piedad y sin corazón han decidido excarcelar, por motivos humanitarios, al carcelero de Ortega Lara, al hombre que callaba intentando dejar enterrado en vida a José Antonio y que ahora nos pide clemencia. Pero no la pide con humildad, no la pide con arrepentimiento, la pide con soberbia, y sin renunciar a uno sólo de los planteamientos que le llevaron al asesinato y el secuestro.

La Audiencia Nacional ha decidido por cuatro votos a uno liberar al asesino, desoyendo la posición de la Fiscalía, informes periciales y la conciencia de cualquiera. Con todo, lo peor es que la decisión no es ajustada a derecho. No es verdad que se tenga que liberar a los presos en estado terminal, se les puede liberar, pero es una decisión ponderable, no hay obligación legal; ha sido por lo tanto una decisión política y no jurídica.

Esto es lo más grave, que las decisiones de nuestros tribunales no sean jurídicas, sino políticas, que los votos del Constitucional se cuenten por la izquierda y la derecha, que las decisiones de la Audiencia se pronostiquen sin margen de error, que la libertad de las personas, en definitiva, dependa de la oportunidad y las encuestas, y no de la justicia.
Estos cuatro jinetes han optado por el trilerismo, para no enfadar a la banda, para no reavivar los asesinatos y sin embargo no van a conseguir nada. ETA matará cuando crea que le conviene y entonces se verá la tragedia de la excarcelación de Bolinaga, se verá que hemos preferido el deshonor a la guerra y tendremos deshonor y guerra.

Jorge Urosa
Profesor de Derecho Universidad Rey Juan Carlos

Porque no eres ni frio ni caliente, te vomitaré de mi boca
Francisco Rubiales Periodista Digital 13 Septiembre 2012

Lo peor que han hecho nuestros políticos es convertir España en un país de mediocres. Esa obra es peor y más difícil de curar que la corrupción y el abuso de poder, los otros dos grandes pecados de la política española. Construir un país lleno de mediocres no es fácil, pero los políticos españoles lo han logrado porque han destruido al ciudadano desde las escuelas y los hogares, desde la infancia, haciendoles creer que el esfuerzo no tiene valor y que lo que realmente es importante es tener amigos poderosos y disfrutar de los privilegios.

Han conseguido una nación donde los canallas campean y dominan los territorios, donde millones se creen libres siendo esclavos, donde muchos defienden los valores, pero no los practican, donde casi todos critican a los políticos, pero casi todos los veneran y doblan el espinazo en su presencia, donde millones se autodefinen como independientes, pero son vulgares borregos sometidos, un país de empresarios que se arrastran por un contrato público y de tipos que se humillan y babean en espera de un cargo público, donde cientos de miles de militantes se someten al jefe, sin dignidad, con la esperanza puesta en alcanzar la cima y poder participar del gran festín de la política y la corrupción.

España ha sido cuidadosamente forjada por unos políticos que se llamaban demócratas pero que siempre fueron tiranos y por un régimen que se autodenomina como democracia, cuando es una vulgar dictadura de partidos políticos y de políticos profesionales eternos e impunes.

Todas las religiones y los códigos éticos condenan a los mediocres con gran dureza, pero el dios de los cristianos es el mas duro de todo: "porque no eres ni frío ni caliente, te vomitaré de mi boca". Los cristianos llaman "tibios" a los mediocres y creen que es mejor ser frio o caliente que un vulgar mediocre indeciso, indefinido, engañado, tramposo, hipócrita y alejado de los valores.

A continuación reproducimos un artículo de Forges que describe con gran realismo y certera pluma la mediocridad de esta España construida por Suárez,Calvo Sotelo, González, Aznar, Zapatero y Rajoy, acompañado por sus cortes de políticos sin grandeza ni mérito, gente incapaz de generar pasión o estímulo y capaz sólo de fabricar mediocridad y vulgaridad, gente que ha contraido con España y los españoles una deuda impagable, por haberlos convertido en un pueblo dominado por la vulgaridad, adicto al fracaso y alejado del mérito:

"El triunfo de los mediocres" por Forges
Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo.

Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general.

Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel.

Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre. Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente.

Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros.

Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre, reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.

- Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura.
- Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera unos mínimos conocimientos sobre política internacional.

- Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo.
- Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo tres veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado.

- Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.
- Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro, que sin embargo, encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas.

- Mediocre es un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada -cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada.
- Es Mediocre un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.

- Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.
- Y mediocre es un país que (estamos en olimpiadas), valora más una medalla olímpica, que un título universitario.

Voto en Blanco

Mister Mas hacia la tierra de la leche y de la miel
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 13 Septiembre 2012

El nacionalismo catalán, autotitulado como moderado, ha enseñado, tras 30 años de exigencias y demandas para “encajarse” en España, sus cartas. Su objetivo es, y ha sido siempre el descuajarse, la secesión pura y dura, y todo lo andado no ha sido si no una hoja de ruta en pos del objetivo final.

Mister Más, que antes que español tiene como lengua el ingles, declaraba antes de la Diada: “Nunca en la historia ha estado Cataluña tan cerca de su plenitud nacional”. Gran verdad y prueba de su mendacidad torticera. Cataluña nunca fue una nación independiente, ni en concepto moderno de Nación, ni como reino medieval y han sido los 30 años de democracia quienes han dado este enorme nivel de autonomía, autogobierno y respeto a sus hechos diferenciales. O sea, que España y su Constitución han hecho y otorgado todo lo que estaba en su mano y aun más para que los catalanes se sintieran respetados y amparados como tales en el conjunto del Estado.

Pues bien, llegados ahí que queda. Pues el truco del pacto fiscal, que si se acepta es la previa a la total independencia total ya con todo en la mano y si no pues igual, la independencia total.

La gigantesca manifestación, no hace faltar inflar las cifras para calificarla, ha puesto de relieve el triunfo de toda una pertinaz, continua y obsesiva repetición de un mantra, que ha calado y empapa el sentimiento de buena parte de los ciudadanos catalanes. Son victimas. Son despreciados, oprimidos, vejados y, aún peor, saqueados, robados y arruinados por España. Lo primero lo niega la propia constatación de Mas y la evidencia, lo segundo encubre el terrible fracaso económico. La deuda antes de tripartito era de 10.000 millones, el pipirrana PSC con ERC la subió y don Artur la ha llevado en nada a los 43.000. La culpa, claro, hay que echársela a alguien y ese no es otro que el enemigo exterior: España. El nacionalismo tiene en ello siempre el reducto victimista y ahora el señuelo de que con la independencia llegaran a la tierra prometida donde de las piedras mana leche y miel.

Ello es lo que ha sembrado durante decenios una ideología, tan reaccionaria como tribal, de que el otro es el malo, el perverso enemigo. El odio a todo lo común, desde lengua a símbolos o a cualquier tipo de tarea conjunta y hasta de triunfo compartido, incluso unas olimpiadas, es el caldo cuya lumbre se ha atizado sin descanso.

Pero lo terrible ha sido la connivencia y colaboración necesaria de quien debía combatir tales ideas. Si hay una seña de identidad de la izquierda es que no son los territorio, ni las hectáreas quienes tributan y votan. Lo hacen las personas. Y si estas son más ricas debe de pagar mas. Y ello no significa que quienes más paguen tengan ni mas derechos ni mayores privilegios. Ese es el santo y seña, el cogollo de la ideología y los principios de la izquierda. Que en Cataluña han sido trasmutados y traicionadas sus gentes pasándose con armas y bagajes al nacionalismo. Y así están. De hegemónicos y gobernantes a desnortados y sin espacio ni discurso. Lo han entregado junto a sus bases atados de pies y manos.

De esa connivencia y de la renuncia a los principios no se ha salvado nadie y son lo que ahora se presentan en su verdadera y suicida dimensión. La primera la sistemática cesión, la ofrenda continua de apaciguamiento en la que todos los gobiernos y partidos nacionales han caído genuflexos. Gonzalez, más aún Aznar y llegado ya al paroxismo de la alucinación Zapatero quien de manera delirante vino a decirles que el primer nacionalista catalán era el y que pedid, aunque sea que rompa la Constitución, y se os dará. os. El esperpento final de un cordobés de nacimiento, Montilla, haciéndose traducir al español lo escefinica todo. Y el brete de una ex ministra de defensa como Carmen Chacón pretendiendo liderar el socialismo español partiendo de una organización donde buena parte alienta la secesión de España resume el autentico disparate en el que andan metidos y nos han metido a todos.

Pero hoy no es el momento de llorar sobre la leche derramada. Hoy tenemos delante el peor de nuestros problemas, incluso peor que el económico al que sin duda contribuye a agrandar. El problema es de todos y puede, que aunque hoy exultantes más que de nadie de quienes gritan por su separación. ¿Qué tienen delante?. La salida de España, que sería en todo traumática, desde lo económico a lo mas vital y personal, aunque ahora le parezca liberador. Un divorcio a las malas tras 500 años de matrimonio tienen secuelas atroces y una cosa es la bravata de me voy de casa después de una borrachera emocional con la pandilla y otra el tenerse que ir después. Y la salida de Europa, cuya bandera también quemaban ayer, que quizás se les oculte pero que viene como factor añadido de sima económica a añadir a la que no diluye hoy el agitar de bandera de ayer. Por otro lado, hastíos aparte, España y los españoles, tendríamos también mucho y muy importante que perder y lo sufriríamos más allá de lo que ahora ciertos arrebatos puedan llevarnos a pensar, que si nada tenemos que decir allí así nos libraremos de una vez de que sean ellos los que deciden en tanto y en casi todo aquí.

Pero habrá de ser quien busca y amenaza con el precipicio quien se aleje de él. No puede ya retrocederse desde el lado del Estado ni un paso más. No cabe ante la evidencia expuesta ni una concesión. El pacto fiscal exhibido por Mas es ahora mas que ayer algo por lo que no puede ni siquiera transitarse como aproximación. Si en la hoja de ruta está marcado próxima parada la secesión habrá que ver quien se sube o se baja del tren y a lo mejor los propios catalanes empiezan a ver que una cosa es gritarla y otra gestionarla. Pero ya ni una concesión más a quien ayer las desprecio todas. Tal vez, aunque la experiencia conduce al peor pesimismo, algunos aprendieran ayer la lección. Incluidos los socialistas.

El divorcio
Alfonso Ussía La Razón 13 Septiembre 2012

Existen en España decenas de miles de parejas que tienen el mismo problema que los nacionalistas catalanes. Se quieren divorciar, pero resulta carísimo. Ante esa tesitura, deciden aguantar y hacer cada uno la vida por su cuenta sin romper el vínculo. Lo contaba Tip. Un matrimonio compuesto por un hombre con 101 años y una mujer de 98 se presentan en el Juzgado para solicitar el divorcio. El juez se muestra sorprendido. En nombre de los dos, habla el marido. «Señoría, no nos soportamos. Y al fin tenemos la oportunidad de separarnos». Su Señoría les formula la pregunta de cajón: «¿Porqué han esperado tanto tiempo para hacerlo?». Y el marido responde. «Porque no queríamos dar un disgusto a los niños». Hasta que no falleció el último de los niños, el matrimonio superó todas las adversidades que procura una convivencia obligada y ficticia.

El nacionalismo catalán, con ayuda del socialismo y el comunismo, sigue aguardando a que se mueran los niños para solucionar sus problemas con el resto de España. Hasta ahora, España ha sido siempre la gran excusa. España nos arruina, España nos impone, España nos condiciona y España no nos quiere. Se olvidan, en ese destrozo anímico que las malas relaciones establecen, de las virtudes de su pareja. Los españoles son nuestros mejores clientes y compradores, somos españoles desde hace seiscientos años, y gracias a nuestra pertenencia a España, formamos parte de Europa y de la zona del euro. Si nos divorciamos, será lógico que el resto de los españoles se planteen su lealtad mercantil, abandonaremos la Unión Europea y nos veremos obligados a crear nuestra moneda, si bien las deudas contraídas previamente tendremos que pagarlas en euros. Mejor llevarnos mal que divorciarnos.

Sucede que esta desavenencia matrimonial entre Cataluña y el resto de España no es compartida por el resto de España. Uno sigue queriendo profundamente a Cataluña, y una parte considerable de Cataluña, odia y aborrece a quien le quiere. Independizarse por las malas es muy fácil. No entra en cabeza humana que el Estado Español recurra a sus obligaciones constitucionales y siembre de carros de combate las tierras y ciudades de Cataluña. Europa está plagada de movimientos nacionalistas y cualquier consecución de escisión en uno de sus Estados alimentaría los contagios. La defensa de la integridad territorial de sus naciones está más en manos de los banqueros que de los soldados. Y ese obstáculo, el de la economía, es el que impide que la Cataluña nacionalista no imponga a la Cataluña española el divorcio que España no desea.

Fuera de España, Cataluña oscurecerá su futuro y perderá para siempre la excusa. A partir de ese momento, los catalanes sólo podrán culpar a sus políticos nacionalistas del desastre. Huirán empresas y personas. Las costumbres y las tradiciones no se quiebran así como así, por obra y gracia de una «Diada» o los victimismos de unos cuantos descerebrados. Europa sabe, conoce y ha sufrido en demasía las consecuencias de los nacionalismos, de los localismos y los aldeanismos. El divorcio es posible, pero excesivamente caro para compensar sus perjuicios.
Para mí, que ni los niños tienen intención de morirse ni los padres de divorciarse.

Cataluña no necesita más autogobierno, sino más democracia
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 13 Septiembre 2012

El editor y ensayista catalán Josep María Castellet relataba en noviembre de 2010 su pesar por lo que calificaba de “voladura de puentes” entre Madrid y Barcelona. “Si no es entre amigos, esto [lo que “nos unía” antaño] ya no existe y, la verdad, no veo ninguna posibilidad de arreglo a medio plazo; esto se ha esconyat”. Para Castellet, las culpas había que buscarlas en “el desarrollo político del Estado español desde 1975 para acá y las políticas culturales de los dos bandos”. Como ocurriera con el famoso Puente Viejo de Mostar sobre el Neretva, bombardeado en 1993 durante la guerra de Bosnia, los puentes que sobre el Ebro comunican Barcelona y Madrid, que ya se hallaban muy dañados, han saltado por los aires tras la gran manifestación del miércoles celebrada en Barcelona con motivo de la Diada. Y esta vez las culpas no se pueden cargar en el debe de Madrid, o al menos no todas las culpas.

El café para todos autonómico ha sido incapaz de satisfacer o aplacar las aspiraciones de los nacionalismos catalán y vasco
Nada de lo ocurrido es casual, porque en el guión de las siempre difíciles relaciones entre Cataluña y Madrid todo está escrito. El libreto corrió a cargo de los “padres de la Constitución” del 78, parteros de aquel error histórico que fue el “café para todos” que, ideado por Adolfo Suárez, alumbró el Estado de las Autonomías, ardid con el que se pretendió escamotear la realidad de las llamadas nacionalidades históricas catalana y vasca. Hoy, ese Estado autonómico se ha demostrado una estructura paquidérmica imposible de financiar salvo en épocas de boom económico, sin haber sido capaz de satisfacer o aplacar las aspiraciones de los nacionalismos de derecha catalán y vasco, más alejados que nunca de cualquier proyecto de convivencia con el resto de los españoles. Descontada la radical deslealtad de ambos nacionalismos para con la Constitución que contribuyeron a alumbrar [“Votadas las autonomías”, decía Manuel Azaña en uno de sus celebrados discursos, “el organismo de gobierno de la región es una parte del Estado español, no es un organismo rival, ni defensivo ni agresivo, sino una parte integrante del Estado de la República Española. Y mientras esto no se comprenda así no entenderá nadie lo que es la autonomía”], todo hubiera discurrido de otra forma de no haber sido por la deriva delictuosa mostrada por la clase política española en su conjunto en las últimas décadas.

Imposible explicar la situación catalana sin aludir, siquiera brevemente, al marco de crisis sistémica en que se debate España entera. Se ha escrito hasta la saciedad que la nuestra no es una crisis económica, o no solo económica; estamos ante una crisis política e institucional de carácter terminal, crisis de agotamiento del modelo político salido de la transición, que ha resultado herido de muerte por la corrupción moral y material en que vive instalada una clase política que, en afortunada sentencia reciente (César Molinas, El País del domingo), “ha desarrollado en las últimas décadas un interés particular, sostenido por un sistema de captura de rentas, que se sitúa por encima del interés general de la nación”. Siempre he dicho que los catalanes son los más españoles de entre los españoles, para lo bueno y lo malo, y en este sentido su crisis –más profunda aún, más descarnada que la del resto del país, tanto en lo político como en lo económico e institucional- es fiel reflejo de la gran crisis de valores española. Al margen del espectáculo de anteayer, en ningún sitio el abismo que separa al ciudadano de la calle de su clase política ha alcanzado tal profundidad, lo cual se manifiesta en cifras de abstención en elecciones autonómicas de entre el 45% y el 50%, por no hablar del nuevo Estatuto, refrendado en junio de 2006 por apenas el 36% del electorado catalán, ello después de infinitas horas de radio y televisión, infinitos ríos de tinta, e infinita e interminable, atosigante propaganda nacionalista.

“Ustedes tienen un problema que se llama 3%”
El fenómeno no es casual: el ciudadano opta por dar la espalda al vergonzante espectáculo de una elite política acostumbrada, más contenta que resignada, a vivir en y de la corrupción. “Ustedes tienen un problema que se llama 3%” que dijo Pascual Maragall a Artur Más en célebre sesión parlamentaria. Resulta desalentador comprobar así cómo, año tras año, esa clase política instalada en el trapicheo transversal se niega a proponer un gran pacto capaz de sanear las instituciones, en España y en Cataluña, capaz de regenerar nuestra pobre democracia. Esa clase política corrupta -porque de tal cabe calificar a quien no es capaz siquiera de mostrar propósito de enmienda-, ha demostrado ser, además, una pésima gestora de la res publica, los asuntos que afectan a la vida diaria de los ciudadanos. El espectáculo ha terminado con la Generalidad en quiebra, incapaz de salir a los mercados de deuda porque nadie está dispuesto a prestarle un euro. La solución ha sido pedir el rescate a Madrid, algo más de 5.000 millones, a “ese Madrit (sic) que nos está robando” según la propaganda oficial, y al mismo tiempo organizar una gran manifestación para reclamar la independencia.

Tradicional e impúdica conducta que caracteriza a una clase que nunca se disculpa, nunca pide perdón, siempre camufla su responsabilidad bajo el mantra del “Madrit nos está robando”, olvidándose de las comisiones del 3%, del 13% o del 30%, vaya usted a saber. Me llama un ciudadano catalán: “Además de los de siempre, los convencidos, los independentistas enragés que votan Convergencia y ERC, que son muchos, Mas consiguió el miércoles lo que los sindicatos no han logrado en Madrid ni en Barcelona: sacar a la calle a los cabreados, que son legión, los que han perdido el empleo, los que tienen que pagar las medicinas, afrontar las subidas de los comedores escolares, etc., etc.” De un modo u otro, la manifestación del miércoles marca un punto de inflexión evidente en la deriva de unas elites nacionalistas que hace ya tiempo, cuando se percataron de la pedestre condición de la clase política española en su conjunto dedicada igualmente al tironeo, decidieron que era llegada la hora de crear su propio Estadito para, mejor cabeza de ratón que cola de león, reinar sin cortapisas en ese espacio mágico nacionalista, esa Ítaca soñada donde corren ríos de leche y miel, esa Cataluña homogénea, monolítica, pétrea, donde no hay ni derechas ni izquierdas, solo nacionalistas. Una huida hacia adelante en toda regla.

Hambre de poder y autoengaño
Y ahí tenemos al molt honorable Jordi Pujol, cual flautista de Hamelín, conduciendo a sus huestes hacia el desfiladero. “Nacionalismo es hambre de poder atemperada por el autoengaño” que dijo George Orwell, autor precisamente del celebrado “Homenaje a Cataluña”. Nadie ha preguntado al conjunto de los ciudadanos catalanes si quieren la independencia o simplemente lo que quieren es vivir mejor, en una verdadera democracia, con unas instituciones no corrompidas, dirigidos por una clase política capaz de rendir cuentas ante los ciudadanos y la Justicia. Nadie les ha preguntado si quieren remplazar a los Borbones por los Pujoles, a una dinastía por otra. Porque esta es la madre del cordero: lo que Cataluña necesitaba antes no era más Estatuto, que tenía de sobra con el viejo, ni ahora más autogobierno o simplemente independencia. Lo que precisa es más democracia, toneladas de regeneración democrática, de buena calidad de vida democrática, más sociedad civil, menos corrupción, más separación entre lo público y lo privado, menos clientelismo, más capacidad de generación de riqueza, menos sectarismo, más tolerancia para quien no piensa en clave nacionalista, menos pensamiento único. En suma, más libertad.

Eso es lo que está en juego en Cataluña y en España entera en los últimos tiempos: la mejora sustancial de la pobre calidad de nuestra democracia, una aspiración que va en contra de los intereses profundos de la clase política en general, clase que ha hecho del servicio público un negocio privado, y de las elites periféricas nacionalistas. Todo menos aceptar el viaje a ninguna parte que hoy CiU le propone al catalán medio. “Piensan que soy malo, la imagen de la dictadura”, decía Lucio Cornelio Sila (138-78 A.C.), dictador de Roma. “Soy lo que el pueblo se merece. Mañana moriré como todos morimos. ¡Pero te digo que me sucederán otros peores! Hay una ley más inexorable que todas las leyes hechas por el hombre. Es la ley de la muerte para las naciones corrompidas, y los esbirros de esa ley ya se agitan en las entrañas de la Historia”. ¡Me sucederán otros peores!

P.D.: El autor de este artículo ha utilizado en su preparación algunas ideas y citas contenidas en anteriores trabajos suyos.

Una normalidad afectada y patológica
José Luis González Quirós. El Confidencial 13 Septiembre 2012

Existe el riesgo de que se exageren los errores de los políticos, especialmente porque resulta muy fácil exigirles lo que se consiente a todos. Sin embargo, sería muy equivocado asumir bajo esa excusa genérica el actual descontento hacia los partidos y el fortísimo deterioro que está experimentando la imagen del Gobierno que preside Rajoy.

Si se recuerda su reciente entrevista televisiva a la vista de la manifestación independentista del día siguiente, no hay otro remedio que concluir que o Rajoy está muy mal informado, o está jugando con fuego, porque calificar como mera “algarabía” una secesión orquestada desde el poder regional resulta de una simpleza desconcertante. En un momento en el que, de una u otra forma, están en grave crisis todos y cada uno de los fundamentos de nuestra convivencia, es de una miopía cósmica esperar que escampe.

Es verdad que la crisis fiscal y económica por la que atravesamos es tan grave como para que, en circunstancias normales, no nos preocupásemos de ninguna otra cosa, pero es que nuestra situación es profundamente anormal, y tratar de ocultarlo con magias verbales resulta pueril, estéril y perjudicial, es exactamente lo que nos recomendaría quien quisiera llevarnos al desastre. Como no es concebible que tal sea la intención del Gobierno, ni siquiera de la oposición, habrá que concluir que las recomendaciones rajoyanas se edifican sobre suposiciones absurdas.

La recomendación de atenerse a la normalidad es razonable cuando se padece una crisis coyuntural o un ataque de nervios, pero a nosotros no nos pasa nada de eso. Nuestros problemas están en un plano mucho más profundo y el Gobierno se resiste a reconocerlo, lo que, en consecuencia, arrastra también a la oposición a colocarse en un planteamiento ridículo, a actuar como si creyesen en serio que el Ejecutivo tiene aviesas intenciones y, con su ingénita maldad derechista, está dispuesto a socavar los fundamentos de la convivencia. La apuesta por la normalidad a que juega el Gobierno trae consigo una política de oposición que solo puede entenderse como un sainete surrealista.

Hay una sorprendente simetría entre la actitud de los soberanistas catalanes y la del Gobierno a propósito de lo que ocurre. Los primeros pretenden eludir sus responsabilidades cargando sobre las espaldas ajenas las culpas del malestar, mientras que el Ejecutivo parece pretender que una imaginaria vuelta a la normalidad lo arreglaría todo

El Gobierno no se enfrenta a las causas de nuestros males, sino que pretende sanarlos ajustando las cuentas con un barullo de recortes, mientras espera un nuevo milagro económico, un auténtico imposible. Aplicar a una patología sistémica un tratamiento meramente sintomático no es un mero signo de incompetencia, es un crimen contra la política. A medida que las medidas fracasan, se hace evidente que nuestro problema consiste en algo bastante más grave y hondo que un desajuste fiscal; el desbarajuste económico es una consecuencia de nuestros problemas, no su causa.

Hay una sorprendente simetría entre la actitud de los soberanistas catalanes y la del Gobierno a propósito de lo que ocurre. Los primeros pretenden eludir sus responsabilidades cargando sobre las espaldas ajenas las culpas del malestar, mientras que el Ejecutivo parece pretender que una imaginaria vuelta a la normalidad lo arreglaría todo. Es razonable no hacer mudanzas en tiempos de tribulación, pero deja de serlo cuando se comprende que mantener la posición es la causa de los quebrantos.

Rajoy sabía que heredaba una situación imposible, pero no porque las cuentas no cuadren, sino porque no pueden cuadrar, y jamás podrán hacerlo si no se procede a reconvertir el sistema, a poner en tela de juicio eso que él considera, con machacona constancia, como algo que no está en discusión. Pues bien, la selvática e ineficaz organización territorial es la razón de ser de nuestras desdichas, en hábil alianza con su inseparable concausa, el clientelismo de los partidos, su absoluta falta de respeto a la democracia y a su función constitucional, su condescendencia inmoral y suicida con la corrupción, su proclividad a esquilmar a los ciudadanos con la menor excusa, y su desentendimiento con el bien común de la Nación, con su unidad, su libertad y su progreso.

Cuando las cosas son así, hablar de normalidad es una muestra de profunda desorientación, de estar aprisionado por la maraña de intereses creados que a todos oprimen y que, a fuerza de disparatados, ni siquiera permiten el jolgorio de unos pocos a costa del sufrimiento de todos. Solo la absoluta mediocridad del personal político al uso permite explicar su pasmosa insensibilidad con un mal que está ya sobrediagnosticado, con un sistema que es puro papel mojado, y que deberá ser rápidamente sustituido, con el aplauso general, para que España recupere el aliento y pueda entrar en una etapa de prosperidad.

Cualquier política que se considere la única posible supone la negación de la democracia. Se trata de un disfraz muy habitual del posibilismo, de ese maquiavelismo provinciano al que algunos quieren reducir la libertad, pretendiendo que los ciudadanos no molesten y aplaudan con entusiasmo sus discursos bobalicones y miopes, mientras la patria común padece males nada inevitables, y el horizonte se espesa día a día.
*José Luis González Quirós es analista político

Exit International
Arcadi Espada El Mundo 13 Septiembre 2012

LA DIPUTADA Chacón tiene una probada facilidad para sintetizar la estulticia ambiental. Dijo que no iría a la manifestación de Barcelona, pero que respetaba las ideas de los que fueran. Es la estrategia del político supuestamente astuto: complacer a los que van y a los que vuelven. Pero no. Las ideas de la manifestación no merecen respeto, porque están basadas en las mentiras y la ignorancia. El que no padezca estas enfermedades sabe que la secesión no mejoraría la circunstancia económica de los catalanes, sino que supondría su agravamiento fatal.

Las mentiras arrancaban del lema: Cataluña, nuevo Estado de Europa. Cuando la verdad, respecto a Europa, estaba en la acción de los siniestros encapuchados que quemaron por vez primera en la ciudad la bandera europea, un hecho de insoportable simbolismo para los que siempre han estado más cerca de Montpellier que de Alcorcón. La secesión sería la incineración del proyecto europeo en Cataluña. Un èxit. The exit. La salida hacia el columbario. La votación en urnas cinerarias. Todo esto lo saben los convocantes, aunque no la patética carne de cañón a la que llevan en trenes pagados con dinero público. Y lo sabe la diputada Chacón, por más que en este punto no sorprenda su respetuosa prudencia. Al fin y al cabo la maniobra nacionalista que pretende cargar sobre el resto de España la responsabilidad de la ruina enmascara también la vergüenza del Gobierno tripartito, el responsable principal de que una parte de la ciudadanía, hasta entonces no contaminada por el nacionalismo, haya perdido sus referencias morales y el sentido de la realidad.

Ningún respeto. La manifestación merece que las mentiras y el cinismo que la sustentaron sean combatidas. Nadie espera que la diputada Chacón destaque en el empeño. Pero hay algo más preocupante. Alicia Sánchez-Camacho, otra de facilidad probada, dice del presidente Mas que ha dejado huérfana a una parte de la ciudadanía catalana. Será su padre, diputada. Porque el que está dejando huérfanos a una gran parte de catalanes es el Gobierno del Estado, mudo y en parálisis. Y cuyo presidente aún no ha desconvocado («por problemas de agenda»: no hay que perder la formas) la reunión del 20 de septiembre, donde va a tratarse el anunciado chantaje del fiscalista.

‘Masnifestación’
Román Cendoya www.gaceta.es 13 Septiembre 2012

Tienen todo el derecho del mundo a pedir y los demás –que somos más– a no dárselo.

A Mas le ha salido del armario toda la política irresponsable diseñada durante tantos años. La semilla que sembró Pujol –al que todavía hay nostálgicos que consideran un hombre de Estado– y que todos los demás partidos de Cataluña regaron, jugando con el fuego de la reforma del Estatut, hoy se les ha convertido en el problema que ayer se encontraron en la calle. La Masnifestación.

Me parece fascinante ver cómo tanta gente, que sufre las consecuencias de una pésima gestión protagonizada por unos dirigentes políticos nefastos, sale a la calle atendiendo a su llamada. Les engañan con independencia cuando su desgracia es la gestión. Independientes o no, mientras sean gestionados por los mismos les espera el mismo futuro.

Que tengan más dinero no supone una mejor gestión, supone que pueden derrochar más. Artur Mas se dio cuenta ayer de lo malo que puede ser que tus deseos se hagan realidad. Con la Masnifestación él quería una cosa y los manifestantes le exigen otra. En Cataluña se quemaron banderas de España, Francia y Europa a la vez que la pancarta reivindicaba ser un Estado de Europa. Así es el nacionalismo, la ideología de los brutos. ¿Pero quién les ha dicho a esos cientos de miles que pueden imponer a trescientos millones de europeos sus ensoñaciones mientras queman su bandera? Las personas que acudieron a la manifestación fueron muchas, pero en las casas y demás calles de Cataluña había muchas más.

Tan catalanes como los que se manifestaron, pero que decidieron no respaldar la convocatoria. Las manifestaciones tienen el defecto de querer convertir en mayoría lo que no lo es. Los manifestantes tienen todo el derecho del mundo a pedir lo que quieran y los demás –que somos muchísimos millones más– a no dárselo. Y por eso no somos mejores ni peores.

Por cierto, ¿el PP va a seguir manteniendo al Gobierno de Artur Mas?

Estatuas y perros
José Luis Alvite La Razón 13 Septiembre 2012

En síntesis, la pulsión independentista catalana ha hecho eclosión en las calles y el señor Mas se encuentra en una posición incómoda porque el núcleo duro de su partido ha planteado una jugada en la que va a ser difícil que quede el naipe en el aire. No sirve a partir de ahora la vieja ambigüedad que les permitió a los nacionalistas ofrecer sensatez y moderación a cambio de ventajas económicas para Cataluña. Esta vez los convergentes tendrán que asumir el independentismo en sus programas electorales y quedar a expensas de que sus votantes les fuercen desde la calle a dar pasos políticos que hasta ahora nadie quería dar.

A raíz de la clamorosa manifestación barcelonesa, en la actitud de CiU el independentismo ha dejado de ser un recurso dialéctico de carácter táctico para convertirse en una amenaza programática, en un objetivo real que tiene una salida compleja, en el supuesto de que Madrid acepte un diálogo en los términos de exigencia concluyente que ofrecen los gobernantes catalanes al reclamar una estructura estatal para Cataluña.

Hay quien dice que en el fondo lo que pretende el Gobierno catalán es más dinero de la Hacienda española a cambio de prorrogar la vieja ambigüedad. Pero yo, que soy desde siempre un poco escéptico, creo que lo que late en el fondo de ciertos independentistas es el ansia de convertirse en padres fundadores de cualquier clase de patria y que el paso del tiempo consagre su nombre en la Historia, estampe su perfil en un sello o perpetúe sus rasgos en una estatua. En ese supuesto, más que de un caso de conciencia, el nacionalismo se trataría de un acceso de vanidad. Las de la eternidad y la gloria son viejas obsesiones de muchos políticos. La Historia está plagada de personajes cuyas estatuas sólo tienen sentido para que tengan más sitios en los que mear los perros.

El rincón austriaco
Un gobierno enemigo de los ahorradores
Juan R. Rallo www.vozpopuli.com 13 Septiembre 2012

Aparte de por sus reiteradas mentiras y su muy socialista afán de mantener un Estado sobredimensionado a costa de machacar al sector privado, si por algo se ha caracterizado este Gobierno hasta la fecha ha sido su keynesiana inquina contra el ahorro. Nada más llegar al poder y aprobar una de las más salvajes subidas del IRPF de nuestra historia, el ministro de Hacienda justificó la elección de esta figura impositiva, y no de otras como el IVA, afirmando que el deseo del PP era que el consumo se viera lo menos afectado posible.

Desde entonces, los ataques al ahorro familiar y empresarial no han dejado de repetirse. La eliminación de casi todas las deducciones del Impuesto de Sociedades, la persistente acumulación de deuda pública o la ya mencionada elevación de los gravámenes sobre el ahorro hasta el 27% son sólo algunos de los ingentes agravios que nuestro gobierno ha perpetrado contra el ahorrador. Pero aquí no termina la historia.

Todo indica que el Gobierno está preparando dos nuevos rejonazos fiscales para los ahorradores: uno, la infame Tasa Tobin que castigaría la compraventa de acciones; el otro, mucho más inminente, la integración de las plusvalías a corto plazo (menos de un año) en la base general del IRPF (cuyo tipo máximo es el 56%) y no en la base del ahorro (cuyo tipo máximo es ya un excesivo 27%) como sucede ahora.

Un impuesto contra el ahorro a corto y a largo plazo
El ideólogo de ambos movimientos ha sido el devastador, keynesiano y anticapitalista ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, quien hace unas semanas fue preparando el terreno para esta nueva rapiña fiscal desatando una cruzada contra los especuladores; esa figura que tan resultona termina siendo para todos los gobiernos populistas del peor pelaje posible, ya sea el peronista, el zapaterista o el rajoyano. De hecho, hace unos días, el propio Mariano Rajoy, cuyos conocimientos de Economía no andan muy a la zaga de los de Zapatero antes de recibir las dos lecciones vespertinas, se ha sumado al carro de la demagogia pro-sablazo fiscal (qué inesperado) señalando que las ganancias de la inversión a largo plazo no pueden recibir el mismo tratamiento fiscal que las de la especulación cortoplacista.

Como si la inversión a largo plazo en mercados de capitales organizados pudiera funcionar medianamente bien sin una voluminosa especulación a corto plazo que les añada profundidad a esos mercados. Al cabo, supongamos por un momento que se prohíbe vender acciones antes de que transcurra un año desde la compra. De este modo, sólo los inversores con una cierta perspectiva largoplacista entrarían en el mercado. ¿Cuál sería la consecuencia de tal despropósito? Que cuando uno de esos inversores largoplacistas quisiera deshacer su posición vendiendo su paquete accionarial le sería extremadamente complicado encontrar una contraparte que quisiera comprársela: sólo si, como sucede en el mercado inmobiliario, el vendedor hallara en ese mismo momento un comprador, la transacción podría completarse de manera exitosa. En caso contrario, el vendedor con prisas por desprenderse de sus activos tendrá que acogerse a las escasas y mucho más bajas ofertas que en ese momento realicen personas no especialmente interesadas en comprar (bajando lo suficiente el precio, siempre se puede encontrar alguien dispuesto a comprar). En suma: sin especulación cortoplacista que dé continuidad a los a las transacciones largoplacistas que tienen lugar en el mercado de capitales, éste se convertiría en un lugar mucho menos apetecible y arriesgado en el que participar. A saber, la inversión a largo plazo se vería perjudicada y se retraería: ésa misma inversión a largo plazo que Rajoy dice querer mimar y para lo cual sube los gravámenes de la especulación cortoplacista.

Una nueva mentira
En realidad, estamos ante una nueva mentira socialistoide de este Gobierno (una más): si su objetivo realmente fuera primar la inversión a largo sobre los movimientos a más corto plazo, bastaría con mejorar sustancialmente el tratamiento fiscal de las plusvalías a más de un año. De hecho, los dos ejemplos que puso Rajoy para ilustrar la procedencia de su sablazo impositivo –el sistema fiscal español antes de 2006 y el sistema fiscal alemán– apuntan precisamente en esta dirección.

Recordemos: hasta 2006, en España las plusvalías a corto plazo se integraban en la base general del IRPF, mientras que las plusvalías a más de un año tributaban a un tipo fijo del 15% (y no a una horquilla entre el 21% y el 27% como sucede ahora). Asimismo, hasta 2009, en Alemania las plusvalías a corto tributaban según la base general, mientras que las plusvalías a largo estaban exentas (ahora mismo, está vigente un tipo único para ambas que llega hasta el 30%). Es decir, aunque el trato que le daba a la especulación a corto era negativo y restaba negociabilidad a los mercados, al menos la inversión a largo se veía beneficiada con tipos muchísimo más bajos que los actuales: lo inconcebible es pensar que se va a promover el ahorro y la inversión a largo plazo persiguiendo fiscalmente los movimientos a menos de un año y manteniendo una tributación sangrante sobre las transacciones a largo.

Rajoy y los suyos prosiguen, pues, tratando de engañarnos a todos, pero especialmente a aquellas personas que más podrían contribuir a sacar a España de la crisis: los ahorradores que han de optar entre invertir sus capitales en nuestro país o llevárselos al extranjero. España necesita urgentemente de más ahorro e inversión, esto es, de la piedra angular del capitalismo. La misión de este Gobierno debería ser, pues, la de crear un marco institucional estable, libre y no confiscatorio para lograr atraerlos en grandes cantidades. Por el contrario, tratándolos como a estúpidos maleantes que deben ser desplumados por la voracidad recaudatoria del Ejecutivo, lo único que contribuiremos a hacer será a ahuyentarlos (que es justo lo que están haciendo en masa desde que Rajoy llegó al poder). Confianza, decía el PP que iba a traer a España: será la confianza en saber que nos arrastran al desastre.

Lecciones catalanas
Primo González www.republica.com 13 Septiembre 2012

Las dos Autonomías españolas con perfil más marcadamente identitario, Cataluña y País Vasco, van a confluir en un espacio de apenas un mes en un propósito similar, la expresión mayoritaria, incluso ampliamente mayoritaria, del deseo de independencia y secesión. No es un hecho que nos pille de nuevas a los españoles ya que la opción independentista ha estado siempre presente, incluso desde la temprana fecha del año 1977, fecha de las primeras elecciones democráticas en España tras la desaparición de Franco, en los deseos de sectores bastante amplios de ambos territorios. La masiva manifestación de la Diada catalana ha sacudido las conciencias con bastante rotundidad, a pesar de que la nueva TVE haya colocado la noticia de la manifestación en su telediario en la quinta oposición entre los temas destacados de la actualidad. Entre la grosera manipulación de la actualidad o la ignorancia supina de la escala de valores de los asuntos que nos rodean es difícil elegir a la hora de explicar la actitud de la televisión pública, que sería deseable que no sea patrimonio también del Gobierno de la nación.

El intento del Gobierno español, en la etapa de UCD y luego a lo largo del mandato socialista, de igualar a todas las Autonomías para darle vigencia plena al mandato constitucional, no ha servido a la postre de gran cosa, con el riesgo y el perjuicio adicional de que se han creado entes autonómicos bastante artificiales a lo largo y ancho de España que no han hecho más que empeorar las cosas, tanto en el plano político como en el económico. Estos días, mientras se agudizan los intentos de secesión de estas dos Autonomías, estamos viendo el fenómeno justamente contrario en algunas otras, dispuestas a devolver competencias al Estado central, no ya por motivos económicos, que son los que mayormente se esgrimen, sino por razones de mejor coordinación en aras de la eficiencia.

Está claro que la crisis económica ha influido sobremanera en algunas de estas evidencias, poniéndolas al descubierto con mayor virulencia. Pero no es menos cierto que la brillante expansión de la economía española ha facilitado primero y ocultado después notables imperfecciones organizativas, redundancias en el gasto público y en general un desbarajuste generalizado que sólo ha tenido un impacto visible en el ciudadano, el de multiplicar los impuestos que debe pagar mientras los servicios que recibe se baten en retirada. Lo que ha hecho el PP en los últimos meses, desde que está en el poder, puede ser más o menos discutible, pero responde a una lógica fácil de entender: o se desmonta tanta inoperancia, casi siempre clientelar, o se elevan los impuestos para mantenerla en pié. Parece que se intenta optar por las dos vías a la vez, con desigual fortuna.

En cuanto a las Autonomías, el sentimiento de la diferencia, de ser distinto a los demás no está igualmente arraigado en todos los territorios de España. De ahí que el agravio comparativo ha sido una constante en la historia española reciente. Cataluña no sólo quiere ser autónoma, sobre todo quiere ser diferente respecto de las demás Autonomías del Estado español. La España a dos velocidades, o con niveles de autogobierno diferenciados, posiblemente ha sido uno de los vacíos que los grandes partidos políticos, en especial los dos grandes, no han sabido gestionar sin que hubieran saltado por los aires las exigencias de solidaridad entre españoles de diferentes zonas geográficas. Al fin y al cabo, la porosidad del territorio peninsular, reflejada en corrientes migratorias entre regiones de altísima intensidad en los últimos 50 años, habría facilitado esta forma de gestionar las diferencias, ya que el peso de los ciudadanos con raíces realmente autóctonas es, en las dos autonomías que más diferencias reclaman, bastante modesto y en todo caso minoritario. Lo llamativo es que las reclamaciones de identidad regional cuentan en ambos casos con un elevado componente de población no autóctona sino inmigrante.

El Gobierno tendrá que hacer frente a este problema. En las próximas semanas, el asunto se presentará con toda su crudeza una vez tengamos sobre la mesa los resultados de las elecciones en el País Vasco, con presumible mayoría nacionalista, en donde una posible alianza de uno de los dos grandes partidos nacionalistas con uno de los dos o tres partidos de ámbito más nacional se presenta improbable. Los resultados, en todo caso, son bastante previsibles y hará bien el Gobierno en contemplar desde ya mismo una respuesta adecuada, que preferiblemente debería llegar de la mano de un gran pacto político en el que entren los dos grandes partidos que son capaces, por lo general, de mantener la gobernabilidad del país en su conjunto. Casi sin excepciones.

¡Independencia!
Javier Serrano www.lavozlibre.com 13 Septiembre 2012

Licenciado en Derecho y escritor

Llevo años buscando el nombre y el autor de una copla que narra la historia de un emigrante que no era ya “ni catalán, ni andaluz”. Esa sensación siempre la he tenido, incluso desde pequeño. Recuerdo venir de Anguita, en Guadalajara, a Barcelona y estar cargado de energia culé y reivindicaciones catalanistas. En la patria chica familiar uno es catalán, y en Cataluña uno es 'anguiteño'. Experiencias indeseables con profesores manipuladores de conciencias y un uso de la lengua, aunque sólo haya sido en pocas ocasiones y por pocos, discriminatorio hicieron que, mientras uno estaba en casa, en Cataluña, fuera de pensamiento más 'antinacionalista', o cuanto menos, contrario al nacionalismo políticamente imperante. El concepto de 'nación', difuso donde los haya, parece haber desbancado a la religión. El vacío dejado por sermones y sacerdotes ha sido ocupado por banderas e himnos, muy especialmente en regiones con fuerte personalidad histórica como Cataluña (Flandes o Lombardía).

Como si de un acto religioso se tratara, creyéndose partícipes de algo único e incuestionable, miles de catalanes de manifestaron durante la pasada Diada. La mayoría queriendo la independencia, otros queriendo manifestar su malestar, justificado, con sendas declaraciones y prejuicios que hacen del 'problema catalán' un saco a donde van a parar basuras de varios costados. Manifestaciones como las de Monago no ayudan, más cuando Cataluña es una de las comunidades que más aporta al PIB nacional, y por ende, también más en impuestos. Negar a Cataluña el cariño, como hacen varios medios y políticos de ámbito nacional continuamente no ayuda al conflicto, sino que, más bien lo radicaliza. Es un tema de 'religión' en el que hay contrarios y herejes, gentes con ideas opuestas y vecinos con variantes de pensamiento no siempre conformes con las reglas del pensamiento oficial. Creo participar de ello.

Como buen 'hereje' estoy dolido, pero no preocupado, con la manifestación independentista. Mi preocupación por una futura independencia, por lo demás imposible, llegará cuando vea a Hospitalet masivamente manifestándose. Me preocuparé cuando las esteladas sean mayoría en Santa Coloma de Gramanet, Sant Adrià o Badalona. Aunque hubiera un millón de manifestantes (si es que lo hubo), en relación a los siete millones, aproximados, que tiene Cataluña..., eso no es tener mayoría. Los 'muyahidines' de la fe oficial fueron en su cuasi totalidad, de ello no hay duda, por lo que se podría asimilar cantidad de manifestantes o cantidad de partidarios, plenos, de la independencia.

La manifestación estuvo llena de jóvenes, lo cual no me extraña. Habiéndome criado con el sistema educativo de CiU, sé ver cómo los esfuerzos del pensamiento oficial por manipular las mentes de los escolares comienzan a dar sus frutos. Es contrario a lo estudiado ir en contra del nacionalismo catalán. La fuerte inversión en dibujos animados de calidad, aunque violentos en ocasiones, ha hecho, entre otras muchas medidas, que muchos sean quienes ven al catalán como una lengua 'propia' en peligro que debe defenderse, como la 'religión' en su momento, contra la mayoritaria parrilla televisiva en español. 'Una nación, una lengua', las consignas recuerdan a las Cruzadas y a las diferentes controversias eclesiásticas (sisma de Oriente) habidas a lo largo de la historia. Con todo, el peligro de conseguir una segregación semejante a la existente en el País Vasco es lo que más me preocupa.

A grandes rasgos, el mapa político catalán se está convirtiendo en una gran metrópolis no independentista frente a un campo cada vez más independentista. Si se escucharon algunas de las entrevistas hechas durante la manifestación uno se percatacará de que muchos eran los que venían del Bages (comarca de Manresa), Anoia etc. pocos, según ya dije, de Hospitalet o Santa Coloma. Ello no es baladí si tenemos en cuenta que Hospitalet es la segunda ciudad de Cataluña con algo más de 200.000 habitantes, cantidad de población que no tienen comarcas enteras del interior. Es por eso que la manifestación, más allá de lo 'provinciano', tenía un componente “rústico”, un cúmulo de gente de fuera de la metrópolis, venida en autocar, nada despreciable.

Es curioso que se hable de solidaridad excesiva de Cataluña con el resto de España, mientras se defiende la solidaridad, apabullante, de la ciudad con el campo, de Barcelona con las comarcas de La Noguera o los Pallars. Se ignora que la metrópolis (mayoritariamente no nacionalista) es 'solidaria' con el resto del territorio catalán. ¿O es que el PIB lo incrementa la Cerdaña sobre todo? No digamos ya si comenzamos a hablar de la solidaridad de Pedralbes con barrios más humildes o de la solidaridad de los padres con el hijo que está estudiando y no ingresa dinero. Las escalas son diferentes, cierto, pero hay material para la reflexión. ¿Resultará que hay otras 'solidaridades' sobre las que no se habla? ¿Resultará que soy un hereje irracional que no sabe ver la certeza de la 'religión patriótica'?

Ni las declaraciones de Monago y otros me han convertido a la 'fe'. Es importante que no se radicalicen los ánimos. Muchos empresarios que se presumen nacionalistas-independentistas, verán caer sus ideas al analizar sus balances fiscales, los de la empresa privada, aquéllos que realmente importan con el tiempo. Necesitamos más ejemplos como el maravillosamente dado por Gallardón y Hereu cuando ambos eran Alcaldes de Madrid y Barcelona, dándose apoyo para una candidatura olímpica, en mala hora no concedida. No podemos seguir un camino que sólo nos conduce a una posible independencia unilateral al estilo Kosovo, que no reconocería a Cataluña como Estado de la UE, por tener que ser aceptada por todos sus miembros (labor por la que no está ni España, ni Francia, ni mucho menos, Alemania o Italia).

Quizá sea el momento de volver a la fe católica, cuanto menos en lo que al pensamiento de igualdad de todo ser humano se refiere. Las personas somos ciudadanos, no siervos ni esclavos de ideologías, manipuladas y manipulables por definición. ¡Viva el ciudadano libre! ¡Independencia de pensamiento para todos!

Islamismo vs. USA, la guerra sigue
José Javaloyes www.republica.com 13 Septiembre 2012

Para prima de riesgo la que se ha disparado en las embajadas norteamericanas por lo que fue el escenario de la “primavera árabe”, ese proceso con que se llamó a la rebelión popular contra el autoritarismo del nacionalismo árabe, definido por su firmeza frente a la subyacente presión del islamismo: su opuesto paradigma en la organización de las comunidades nacionales, afloradas con el proceso de descolonización sobrevenido históricamente tras de las dos últimas guerras mundiales. Es probable que en el transcurso de los tiempos las cosas nunca sucedan ni sobrevengan de forma azarosa, por imperio del azar y la casualidad.

En esta tensión norteafricana de hoy, con el asesinato en Bengasi del embajador norteamericano en Libia, J.Christopher Stevens y de tres de sus diplomáticos, y con el asalto por las turbas salafistas a la Embajada de Estados Unidos en El Cairo, se ha abierto de la más inesperada de las maneras un capítulo de algo más que tensiones, en torno de Oriente Próximo, para la política norteamericana con el mundo árabe y el propio y más general ámbito del universo islámico al que éste pertenece.

Posiblemente no sea lo más importante en este par de sucesos de Bengasi y El Cairo sus repercusiones en la campaña electoral norteamericana, visto los 50 días que quedan para las urnas presidenciales de noviembre. Lo relevante de verdad es la compartida dinámica de fondo que los ha hecho posibles. De alguna manera ya había aflorado meses atrás con el asalto a la Embajada de Israel en El Cairo. Desde la paz de Camp David entre Israel y Egipto hasta el derrocamiento de Mubarak, nunca se dieron ni remotamente las condiciones en que se produjeron el asalto por las turbas islamistas a la representación diplomática israelí y ahora a la Embajada norteamericana.

A mayor abundamiento, es de observar que el asalto al consulado de Estados Unidos en Bengasi, con la muerte de J.Christopher Stevens y de tres diplomáticos más, da pie a otras interpretaciones no necesariamente contradictorias con lo apuntado desde aquí. Me quiero referir a que la amplia y diversa fauna del salafismo, del integrismo islámico más beligerante y radical – en el que se integra Al Qaeda – es el factor más beneficiado de esa nueva dinámica de fondo aflorada en los sucesos de Bengasi y El Cairo.

¿Cómo no advertir la probabilidad de que tanto en un suceso como en el otro, tan radicalmente antiamericanos, hayan sido vertebrados por Al Qaeda, cuyo segundo jefe, Yahya al Libi –presumiblemente libio- acaba de ser eliminado en Pakistán durante el segundo ataque con misiles de que fue objeto, luego de haber sobrevivido a otro en Yemen? Y al propio tiempo, ¿cómo no reparar en que Ayman al Zawahiri, sucesor de Ben Laden al frente de Al Qaeda, es de nacionalidad egipcia y con vinculaciones biográficas de primer grado dentro de las poderosas corrientes salafistas existentes en su país, de peso decisivo a la hora de explicar la agitación allí imperante?

Me preguntaba ayer sobre las forzadas alternativas a que se enfrenta Al Zawahiri tras de la eliminación de su segundo en el organigrama de Al Qaeda, además de muchos otros importantes colaboradores suyos, dentro de su no renunciada guerra a Estados Unidos en particular y a Occidente en general. Bien, estos sucesos de ahora en Bengasi y en el Cairo alumbran con claridad cierta la hipótesis de una estrategia terrorista que incluye no sólo nuevos escenarios de actuación, en África, Europa y Norteamérica, sino también procedimientos nuevos. Al terrorismo de ejecución individual mediante suicidas, o en comandos reducidos, habría añadido ahora el del pilotaje de acciones de masas contra objetivos tan sensibles como representaciones diplomáticas y consulares occidentales. Operaciones distintas a las de los ataques de 1998 contra las embajadas norteamericanas en Nairobi y Dar es Salam. Tendría gracia que los frutos de la Primavera Árabe se los llevara el fanatismo salafista y terrorista.

Manual de relevancia para manifestaciones
El Trasgo www.gaceta.es 13 Septiembre 2012

En boca de un progre, “derecho a decidir” jamás se refiere a qué hacer con el dinero o cómo educar a los hijos.

Una de las notas más características del tiempo que nos ha tocado vivir es el cúmulo de reflejos y automáticas asociaciones de ideas que generan determinadas expresiones sin que nos demos siquiera cuenta.

Por ejemplo, cuando Zapatero, de infausta memoria, instauró el Ministerio de Igualdad, nadie, ni durante un segundo, fue tan ingenuo como para tomarse el epígrafe al pie de la letra y esperar que el Gobierno fuera a igualar su renta con la de Botín. O con la del presidente, ya puestos. Ni siquiera en la cosa del género esperaba nadie que al ministerio le inquietara la ausencia de féminas en los andamios o la falta relativa de varones entre los licenciados universitarios.

Ya todos conocemos los códigos, y por eso al leer ‘Derecho a decidir’ como título del último comentario de Escolar el Chico, don Ignacio, en su recién estrenado ‘Eldiario.es’, ya sabemos que no va a hablar del derecho a elegir qué hacer con nuestro dinero o cómo educar a nuestros hijos o si dejamos o no fumar en nuestro bar. No: las elecciones a las que uno tiene derecho en Progresilandia son deprimentemente limitadas y previsibles.

Problemas que se autoarreglan
“Negar la realidad sólo suele servir para agravar más las cosas”, nos cuenta Nacho, que ha mirado para otra parte con tantas realidades que da pereza recordarlas. “Por mucho que Mariano Rajoy califique este movimiento de simple ‘algarabía’, por mucho que la prensa de Madrid minimice la protesta, por mucho que escondan la noticia en el Telediario, es innegable que la manifestación del 11-S en Barcelona fue algo histórico que no se puede despreciar sin más, esperando que este problema también se arregle solo”.

La cosa es el número de gente en la calle, ya sabemos, que las urnas son un juguete frívolo para burgueses. Y tampoco se pongan estupendos y crean que abarrotar calles y plazas es siempre “algo histórico que no pueda despreciarse sin más”. Si estamos ante la multitudinaria concentración contra el aborto o la espectacular congregación masiva en torno al Papa, entonces no es sólo que pueda despreciarse: debe hacerse.

Culmina con el guión que uno adivina desde la primera línea: “Por mucho que la Constitución no contemple una vía legal de salida y el artículo 8 –en uno de esos párrafos negros impuestos por el búnker franquista– cite expresamente al ejército como garante de la integridad de la patria, España sólo puede sobrevivir con su actual frontera si existe una voluntad común por permanecer juntos. A largo plazo, no hay otra fórmula en democracia: de nada sirve blindar las leyes o los tanques”.

No es, querido Nacho, un absurdo capricho de nuestra Constitución y sus “párrafos negros impuestos por el búnker franquista” ese cuelgue con la integridad territorial. Tu admiradísima Francia va bastante más lejos, y ha aplanado los nacionalismos y aun los regionalismos con una verdadera apisonadora jurídica. Y Estados Unidos hizo una guerra, la que más vidas americanas se ha cobrado, precisamente para impedir una secesión.

Voluntades
Es curioso que la sensibilidad democrática en la progresía se desate o se aletargue según el tema de que se trate. Uno esperará en vano que Escolar anime al Gobierno a que consulte al pueblo sobre, no sé, su voluntad de financiar a los sindicatos o al cine español. La ‘voluntad común’, para ser relevante, tiene que coincidir con lo que desea nuestra élite intelectual.

Pero incluso circunscrita a este asunto, la voluntad popular catalana está lejos de ser tan clara como entiende Nacho. Supongamos que, en un momento dado, coincidiendo con un referéndum, los independentistas consiguen el 51% de los votos. ¿Será partidario de que vuelvan a votar unos años más tarde, a ver si los catalanes que quieren ser españoles dan la vuelta al resultado? Creo que todo el mundo conoce la respuesta. En el mundo real, digo.

El guión, ya digo, está escrito y los malos estamos de este lado, por defecto. También los ‘feroces’, como nos definía en un libro de José María Izquierdo cuyos volúmenes imagino acumulando polvo en algún oscuro almacén. Por eso soy muy partidario del experimento psicológico consistente en imaginar los titulares de la izquierda en publicaciones de derechas.

Pongamos por caso, la reciente portada de ‘Liberation’ en la que aparecía el dueño del grupo de lujo LVMH, Bernard Arnault, con una maleta y bajo el titular: “Casse-toi, riche con!” (“¡Lárgate ya, rico gilipollas!”). Háganme el favor, imaginen algo similar en LA GACETA referida, digamos, al anterior jefe del Gobierno, del que no éramos ardientes partidarios. El “rico gilipollas” abandona Francia porque no quiere que el Gobierno le arrebate tres cuartas partes de lo que gana. En mi modestísima opinión, sería un ‘con’, por no repetir el taco, si se quedara en Francia.

Termino con el titular que abre ‘La Tercera Información’ (que no llega ni a décimonovena, en realidad): “Telemadrid, próxima víctima del ataque privatizador del PP”. No hay modo de acertar: o esta deleznable derecha se niega a privatizar Telemadrid para usarla como su desvergonzado vocero o hace a la televisión víctima de un ataque privatizador. Hagan lo que hagan, pierden.

El día que comenzó la guerra
Juan Carlos Olarra Estrella Digital 13 Septiembre 2012

Las causalidades de la Historia han querido que una fecha tan significativa para la comprender la realidad en la que estamos inmersos se superponga con la utilizada para conmemorar o recrear otros acontecimientos que me inspiran tanto respeto como desinterés. Para mí el 11 de septiembre no necesita mención de año. Es el día en el que comenzó la guerra en la que todavía estamos envueltos y cuyo último episodio
ha tenido lugar en Libia once años y un día después, con el asesinato múltiple de la legación americana que ha costado la vida a varias personas, incluyendo al propio embajador. El peregrino pretexto utilizado para justificar el ataque, puesto en relación con otras reacciones y ataques acaecidos en diferentes países con la misma excusa, debería hacernos reflexionar.

El 11 de septiembre fue un ataque contra el corazón, la esencia y los pilares de una civilización y de una forma de vida, que nuestros enemigos quieren borrar de la faz de la tierra. Sé que muchos disienten radicalmente y consideran que no hay tal, que los ataques fueron una horrible y exacerbada manifestación de un estado de ánimo provocado por nosotros mismos y que, lejos de reaccionar en términos de respuesta o al menos de defensa, debemos tomar un enfoque comprensivo encaminado al apaciguamiento. Comprender las razones que llevaron a los fanáticos a asesinar a miles de personas en un solo día, entender los motivos que empujaron a algunos países a dar protección y amparo a tales asesinos y, en última instancia, ver cómo saciar sus demandas y carencias para evitar su sed de sangre. Según esta visión, nosotros somos en el fondo los culpables de lo que nos pasó porque llevamos a los actores de la masacre a un callejón sin salida que no les dejaba otra opción.

Hay un punto de verdad en el planteamiento expuesto: la causa última del ataque es la existencia de una civilización occidental, liberal y democrática de la que formamos parte y algunos nos sentimos orgullosos. Nos han atacado por intentar ser libres. Y hay un segundo extremo acertado de la exposición precedente: podríamos haber evitado el ataque y seguramente prevenir otros futuros si renunciamos a lo que somos, a lo que tenemos y a las raíces, principios y valores que fundamentan nuestra sociedad y nuestra cultura. Pero francamente, yo no estoy dispuesto.

En el aniversario del comienzo de la guerra contra el fundamentalismo integrista islámico y con las cenizas y la sangre de su última manifestación aún calientes, merece la pena recordar que estamos todavía en esa guerra. No hemos ganado y ellos no se han rendido. Que el corazón de occidente sea más seguro que en la década anterior no es una garantía de nada, sin mencionar que nos ha costado inmensos sacrificios en todos los ámbitos, algunos de ellos injustos. Y lo peor no es que el enemigo no sea fácilmente localizable, que ya es un problema, sino que parece que su firmeza en la defensa de lo que cree que es bueno y justo contrasta con la apatía de una sociedad decadente que parece asistir complacida a su propia degeneración y extinción.

Hoy es un buen día para la reflexión, la memoria y la reacción.

El BCE avisa: Si el Gobierno no realiza el ajuste, la deuda se disparará al 100%
En el boletín mensual de la institución presididad por Draghi, se vuelve a reiterar que la compra de bonos soberanos conllevará condiciones
teresa sánchez vicente ABC 13 Septiembre 2012

El BCE reitera que la compra de deuda conllevará un programa de ajuste
http://www.bde.es/f/webbde/SES/Secciones/Publicaciones/PublicacionesBCE/BoletinMensualBCE/12/Fich/bm1209.pdf

Alemania impone su ley en el fondo de rescate permanente
El BCE comprará bonos bajo «estrictas condiciones» si se activan los fondos de rescate

Por si quedaban dudas, el Banco Central Europeo (BCE) vuelve a insistir en su boletín mensual: la compra de deuda soberana de países con problemas por parte del fondo de rescate conllevará condiciones. Siempre y cuando los fondos FEEF o MEDE intevengan en el mercado primario de un país, éste estará obligado a implantar un plan completo o uno más suave de forma preventiva.

El programa de ajuste será condición previa para que la institución presidida por Mario Draghi se decida a actuar. Valorará que la compra de deuda esté justificada «desde la perspectiva de la política monetaria» y exigirá que se «respete plenamente la condicionalidad, según se recoge en el boletín.

Asimismo, el BCE considerará la compra de deuda en estados miembros ya rescatados y bajo un programa de ajuste macroeconómico (Grecia. Irlanda y Portugal) y cuando estén recuperando el acceso a los mercados de deuda.

Los mecanismos de actuación serían los siguientes: el fondo de rescate acudiría al mercado primario (subastas del Tesoro) en un primer paso y el BCE actuaría después en el secundario y a corto plazo, es decir, en los plazos de vencimiento de uno a tres años. El banco central defiende que no infringe la prohibición de financiación monetaria porque las compras desde el organismo supervivor «se efectuarán exclusivamente en el mercado secundario».

En el boletín, el BCE manifiesta que estas operaciones monetarias de compraventa (OMC) permitirán «abordar las graves distorsiones de los mercados de deuda pública nacidas, en particular, de los temores infundados de los inversores a la reversibilidad del euro».

Con estas medidas, Dragui espera que, aunque la inflación se mantenga por encima del 2% durante 2012, los precios vuelvan a bajar de ese nivel en 2013.
Desviación presupuestaria en España

En relación a España e Italia, se pone de manifiesto que las instituciones financieras en ambos países (en menos medida en Italia) han precisado de «grandes necesidades de financiación de diciembre de 2011 a julio de 2012». El BCE concluye que las condiciones de financiación en Alemania y, en menor medida, en Francia, son totalmente distintas.

Tampoco faltan las advertencias a España sobre la tendencia creciente a desviaciones presupuestarias, según apuntaban los datos a finales de primavera y comienzo del verano. «En particular, los ingresos procedentes de la recaudación impositiva y de las cotizaciones sociales han continuado cayendo durante la recesión, mientras que el gasto en prestaciones por desempleo ha repuntado», reza el boletín.

La ayuda de hasta 100.000 millones de euros para recapitalizar a los bancos también aumentará el ratio de deuda pública en España, según el BCE, que llegaría al 94% en 2015 para bajar hasta el 77% en 2020. Sin la ayuda, el ratio se quedaría en el 85% en 2015 y en el 70%, en 2020.

Dependiendo del crecimiento, en un escenario adverso en el que el PIB crece un -1,5% en 2013, un 0,2% en 2014 y un 0,9% en 2015, la deuda en relación con el PIB alcanzaría un máximo del 99% en 2015y disminuye hasta el 88% en 2020. En segundo lugar se considera un escenario de consolidación insuficiente según el cual, en el período 2012-2103, el Gobierno solo consigue llevar a cabo la mitad del ajuste estructural, la deuda en relación con el PIB alcanza un máximo del 104% en 2016 y disminuye, posteriormente, hasta el 103% en 2020.

En último lugar, se considera un escenario adverso de tipos de interés según el cual, a partir de 2013, éstos se encuentran 200 puntos básicos por encima de los tipos de interés en el escenario base. De acuerdo con este escenario, la deuda en relación con el PIB alcanza un máximo del 96% en 2015 y disminuye, posteriormente, hasta el 85% en 2020

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Hay que atar al monstruo del separatismo.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 13 Septiembre 2012

Dice el secesionista Presidente de la Generalitat que Cataluña necesita estructuras de Estado y que está “en transición nacional”. Y para acabar de liar la madeja, Rubalcaba dice que “existe un problema serio entre Cataluña y España” y le pide a Rajoy que lo afronte. Lo cierto es que el problema serio lo tiene España con todos estos politicastros de tres al cuarto incompetentes y totalmente prescindibles. Porque Cataluña es solo una parte geográfica de España, una Comunidad Autónoma que lo es porque así se dispuso en la Constitución que se otorgó el pueblo español, véase el conjunto de ciudadanos españoles, al finalizar la dictadura de Francisco Franco con su muerte.

Hay que ser muy miserable para decir que existe un problema serio en las relaciones, cuando fue bajo mandato del PSOE, de Zapatero y con Rubalcaba en su Gobierno, cuando el Congreso aprobó un Estatuto secesionista y totalmente inconstitucional, con el posterior filtro vergonzoso de un Tribunal Constitucional politizado y al servicio del PSOE, que dejó lo esencial de su inconstitucionalidad. Un Estatuto que provocó una cadena de revisiones de Estatutos de Autonomía para agregar la llamada “cláusula Camps” que consiste en que se arrogan el derecho, como no puede ser de otro modo, de obtener los beneficios de todo tipo que la Comunidad Autónoma de Cataluña consiga en sus atribuciones.

Pero el hecho es que todos los diferentes Gobiernos de España desde la transición, han contribuido de una manera decisiva a que en las autonomías periféricas de El País Vasco, Cataluña y, en menor medida en Baleares o Galicia, se haya formado un sentimiento anti español, ultra nacionalista excluyente y a llegar a la arrogancia de la insumisión y de incumplir sentencias del Tribunal Supremo de España. Así que ahora puede que sí, que España tenga un problema serio con todas esas CCAA y se llegue a la quema de banderas, a que no ondee la bandera en los lugares públicos que le corresponde, que se trate al español como lengua extranjera y se castigue su uso en establecimientos privados, convirtiéndose estas CCAA en territorios donde campa a sus anchas el ultra nacionalismo separatista.

Pues aplicando el viejo refranero popular, “contra el vicio de pedir, está la virtud de no dar”. Y con esto quiero decir que lo primero es que no deberá salir ni un euro de las arcas nacionales para seguir financiando a los secesionistas que ya no ocultan sus intenciones. Ha llegado la hora de aceptar el órdago y repartir las cuotas de deuda que le correspondan. Porque si España debe en su conjunto del orden del billón de euros, a Cataluña deberá asignársele su parte proporcional, que no es la que se le reconoce de modo unitario por un monto de 42.000 millones de euros. Porque las Estructuras de Estado son las que tiene España y que asume en la totalidad del territorio. Si se quiere independencia, lo primero es cargar con el debe y no solo con el haber.

El nacionalismo extremista catalán dio ayer una muestra de su capacidad de convocatoria, pero no representa el sentir de la mayoría de los españoles que residen en la Comunidad Autónoma. Porque para saberlo habría que preguntarlo en un referéndum y no en consultas populistas o en manifestciones multitudinarias. Claro que ese referéndum debería ser extensivo a todos los españoles que son los únicos que pueden decidir sobre la cesión de soberanía a un determinado territorio de España, cosa que por cierto no se contempla en la actual Constitución. Así que si tenemos un problema serio, deberán ser el PSOE y el PP quienes se pongan de acuerdo para la reforma de esa Constitución, ya que representan más de dos tercios de las actuales Cámaras, Congreso y Senado. por tanto, Sr. Rubalcaba, usted no puede eludir su responsabilidad y también quitarse de en medio como ha hecho en las de la herencia de la crisis.

Los políticos deben ir con cuidado porque ya han hecho demasiado daño a España y no creo que los españoles admitan más ataques a la Unidad y a poner en riesgo su recuperación de la crisis. Ese monstruo del separatismo deberán controlarlo y atarlo corto para que no siga suelto, ya que matarlo va a ser tarea imposible, por su exclusiva culpa.

Una injusticia auspiciada por una mentira
EDITORIAL Libertad Digital 13 Septiembre 2012

A la vista de la sentencia que acaba de confirmar la puesta en libertad condicional del etarra Bolinaga, no faltarán quienes crean que los cuatro magistrados que han rechazado el recurso de apelación de la Fiscalía han hecho algo más que cometer un error judicial de buena fe. El hecho de que el futuro profesional de todos ellos, dada la desgraciada falta de separación de poderes que padecemos en España, dependa de sus buenas relaciones con el poder político puede, ciertamente, alimentar hipótesis como la de que se han dejado influir por la conveniencia del Gobierno en este asunto.

No es menos cierto, sin embargo, que puede haber errores judiciales completamente independientes a esa lamentable falta de separación de poderes, y que la trayectoria pasada de algunos de los magistrados, aunque hayan votado a favor de la libertad de este asesino enfermo, acredita su independencia.

Lo que nos parece claro es que, ya sea actuando desde su independencia, ya sea haciéndolo como mera corea de transmisión del Gobierno, estos cuatro magistrados han cometido una clara injusticia al conceder una inmerecida libertad condicional a un asesino y secuestrador que jamás ha colaborado con la justicia, que jamás ha pedido perdón por su actividad criminal y que no está en fase terminal, tal y como acaba de confirmar el nuevo informe forense.

Al margen de esto, lo que en modo alguno puede ser calificado de error involuntario es la descarada mentira propagada por el Gobierno de Rajoy para justificar la concesión del tercer grado a Bolinaga, sin lo cual no se habría podido someter a valoración judicial su puesta en libertad condicional.

Perfecto conocedor del artículo 104.4 del reglamento penitenciario, el ministro del Interior Jorge Fernández Díaz sabía que faltaba a la verdad cuando afirmó que el Gobierno prevaricaría si no hubiera concedido el tercer grado, como también lo sabía el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, cuando defendió esa concesión como un "imperativo legal". El último en propagar esa mentira ha sido el propio presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, al afirmar el pasado lunes en RTVE: "La ley no quiere que nadie muera en la cárcel".

Con esta melodramática y engañosa afirmación, el presidente del Gobierno deslizó, en realidad, dos falsedades. La primera, la de presentarnos a un Bolinaga –que no está propiamente en la cárcel, sino perfectamente atendido en un hospital penitenciario– en estado terminal, cuando no lo está, tal y como acreditan los informes médicos. La segunda falsedad es respecto a lo que la ley, más que querer, dictamina. Y es que si la ley dictara que los presos con determinadas enfermedades o por debajo de determinado peso –como Rajoy prefiera– gozaran de libertad condicional, así lo diría. Pero no lo dice. La concesión del tercer grado para reclusos enfermos es puramente facultativa del Gobierno, como lo demuestra no sólo la letra de la ley, también el elocuente hecho de que en España mueren anualmente muchos criminales en hospitales penitenciarios sin que ello suponga, en modo alguno, un quebranto de nuestro ordenamiento jurídico.

Sin embargo, esta mentira del Gobierno es esencial para sostener otra de un calado aun mayor, y que Mariano Rajoy ya contribuyó en su día a forjar, poco antes de las últimas elecciones generales: la de presentarnos el chantajista comunicado de alto el fuego terrorista como una "buena noticia" equivalente a la derrota de ETA y a la llegada de la paz. Entre las condiciones etarras silenciadas por PP y PSOE –al margen de la neutralización de la Ley de Partidos- se cuentan, como "primer paso a la amnistía", el "traslado de presos/as a Euskal Herria" y la "liberación de presos/as con graves enfermedades".

Naturalmente, no creemos que Rajoy –ni siquiera Rubalcaba– estén dispuestos a dar todos y cada uno de los pasos que exige la hoja de ruta etarra. Pero no nos cabe ninguna duda de que con algunos de ellos están tratando de contentar, de mutuo acuerdo, a los que no se van a contentar, y que esa contraproducente política de apaciguamiento lo que va a hacer es entorpecer la auténtica derrota de ETA, así como soliviantar a las víctimas del terrorismo.

Bolinaga, la alternativa del diablo
La Avispa. Estrella Digital 13 Septiembre 2012

Ganó ETA. Otra vez. Al margen de los razonamientos legales, políticos o humanitarios que cada uno pueda tener, la liberación del asesino y torturador etarra Bolinaga es una victoria de ETA. La banda terrorista planificó su estrategia política y puso al Gobierno frente a la alternativa del diablo con lo que cualquier medida que tomase era mala para España. Si el Ejecutivo decidía dejarlo en la cárcel, Bolinaga le servía a los terroristas para montar pollo en la cárcel y fuera. Si decidía sacarlo de la cárcel, Bolinaga le servía a la organización criminal para montar pollo en la calle y trasmitir a los asesinos que aún están en la cárcel que seguía teniendo fuerza. Todo les valía para que el Gobierno le hiciese la campaña electoral. Y es desde esa estrategia de marketing desde dónde hay que juzgarlo todo.

Da igual con que el inhumano terrorista esté enfermo o no. El Gobierno tenía que elegir entre una decisión mala y otra peor. Y eligió la peor. Cayó en la trampa que le habían tendido y desde hace semanas no podía hacer otra cosa que soltar a Bolinaga. Y los jueces de la Audiencia Nacional lo único que han hecho es dejarse llevar por el viento de una legislación blanda y, por qué no decirlo, por su futuro profesional. En España, con la dependencia tan tremenda que hay en la carrera judicial del poder político, es malo enfrentarse al Gobierno. Y el Gobierno quería resolver el problema cuanto antes. Y daba igual que la médico forense dijese que el terrorista no está tan enfermo como para excarcelarlo.

Y digo esto, porque los cuatro jueces que han decidido poner en libertad a un asesino y torturador podían haber hecho lo contrario sin ningún problema ya que el tipejo no ha colaborado con la justicia, ni se ha arrepentido ni, como he dicho más arriba, está en fase terminal que son los tres condicionantes que exige la ley. Pero decidieron sacarlo por el último supuesto. La ley les permite esa discreción.

El problema es que, ahora, viene la segunda parte que, como en aquella canción infantil, es la más interesante. Como es natural y siempre ha sucedido, cuando ha ganado ETA, la banda terrorista pasará a la fase de propaganda pura y ahora vendrán los homenajes al asesino y torturador Bolinaga en cada pueblo del País Vasco para llamar al voto separatista y filoterrorsita. Y aunque la Audiencia Nacional los prohíba, lo harán porque esa es otra de las mentiras que tenemos asumida desde hace tiempo en España.

Que el Gobierno tiene la culpa de este fraude de ley y de esta burla a las víctimas de ETA, sin duda. Pero, en su descargo, hay que decir que los terroristas le pillaron entre dos fuegos para que les beneficiase hiciese lo que hiciese.

Me hubiera gustado que el Ejecutivo hubiese optado por dejar a Bolinaga en la cárcel. Hubiera sido un gesto de firmeza que los ciudadanos habrían valorado en su justa medida, ya que hubiera servido de prueba del nueve que demostraba que España está en manos de un Gobierno fuerte. Pero no ha sido así. Ya veremos si con la decisión de excarcelarlo no tiene consecuencias políticas, incluso, en el propio PP.

Nosotros solos
Martín PRIETO La Razón 13 Septiembre 2012

Una broma sarcástica situaba a Jordi Pujol en Pekín diciéndole a Den Xiao Ping: «Somos seis millones», preguntándole el líder chino, «¿Y en qué hotel se hospedan?». En California donde quería vender espumosos inició su charla geográficamente: «Somos un pequeño país situado entre España y Francia…». Un hispanista que quería alardear saltó: «¡Andorra!». Artur Mas actualiza la demografía y también repite mucho eso de que son siete millones.

Cataluña es la única nación que conmemora una derrota y en esta «Diada» la horquilla de asistentes va de seiscientos mil a millón y medio lo que no es definitorio para la población catalana y no se sabe si Franco reunía a más fervorosos en Barcelona cuando circulaba de pie en coche descubierto. La Historia es pendular. Al presidente Rajoy se le ha cumplido la primera algarabía que es dual: Hacienda propia (que Cataluña no ha tenido nunca) y/o independencia (que tampoco).

Ambas un chantaje innoble para tapar el hedor de los socialistas y su tripartito que fue como sujetarse a la cola de un cocodrilo para cruzar el río, y la ruina catalana, la primera de las regiones, cerrando hospitales para enseñar el Pompeu Fabra en Finlandia. Es urgente que los catalanes estudien la Guerra de Sucesión y hasta la verdadera peripecia de Casanova y que analicen la partición de Bohemia y Moravia (cascotes del Imperio Austrohúngaro) o el limbo de Kosovo o el aburrimiento de Quebec.

La UE no reconoce las regiones secesionistas de sus socios y Cataluña perdería su mercado natural español y su socorro financiero. La estelada es la enseña de la misantropía y de la ignorancia de la globalización y la crisis financiera que ahondará en espacios de unidad. Ni los corsos insisten en su independencia. Josep Plá me confesaba en su masía del Ampurdan que pese al publicitado «seny» los defectos de los catalanes eran típicamente españoles como la sentimentalidad y la cabezonería. Palabra de payés. Los terroristas y políticos norirlandeses del Sinn Fein tienen exacta traducción para catalanes radicales: «Nosotros solos». Sin euro, la vitola catalana será el «caganet».

Diada para encubrir la realidad
El Editorial La Razón 13 Septiembre 2012

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, y con él la federación de CiU, ha optado por saltar de la sartén a las brasas, es decir, de la delicada situación financiera que le ha obligado a pedir el rescate financiero al Estado, a una espiral independentista como la de ayer en Barcelona. Sólo así, en la confusión de un falso sentimiento de incomprensión e injusticia fiscal hacia Cataluña, puede Mas tratar de eludir las responsabilidades para sacar a su comunidad de la crisis. La exigencia del pacto fiscal, presentado ante los catalanes como la cura milagrosa que el centralismo se niega a facilitar, es el «leit motiv» que CiU llevó a la manifestación, completado con una invocación a Europa que desde luego no gustó en la CE. De hecho, Bruselas recordó ayer que la independencia dejaría a Cataluña fuera de la Unión.

En todo caso, abonar el sentimiento independentista por el sistema de echar la culpa a «Madrid» de todos sus errores no sacará a los catalanes de la crítica situación económica, originada en el anterior Gobierno catalán. Por el contrario, radicalizando los ánimos complicará la solución, como bien advirtió el lunes ante las cámaras de televisión el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Romper la solidaridad nacional, con un pacto fiscal que sustrae al Estado la llave de la caja y anula su capacidad para mejorar las condiciones de las comunidades que menos tienen, pone en jaque la convivencia y es muy dudoso que beneficie a Cataluña, más allá de permitir a Mas y a sus socios maquillar las cuentas de una economía en declive.

La dificultad del momento y el tremendo sacrificio que exige superarlo por parte de todos los ciudadanos merece una respuesta solidaria de los partidos e instituciones, en lugar de la huida hacia delante de CiU y la calculada confusión del PSC, que se pone de perfil ante el reto soberanista. Mientras Carme Chacón o Pere Navarro se apartan «oficialmente» de la pancarta, el PSC permite a sus dirigentes y afiliados marchar tras ella y alienta el sentimiento de agravio fiscal.

Cataluña, por más que les pese a los nacionalistas, depende económicamente de lo bien o mal que le vaya a España, sus destinos son, como su historia, indisolubles. Por eso, las escenas de ruptura que exhibió ayer la marcha independentista de Barcelona dañarán la imagen de España en el exterior y la confianza de los mercados financieros, temerosos siempre de invertir cuando los horizontes no están despejados y tranquilos. La estrategia escapista de Artur Mas sólo puede beneficiar a los especuladores que se lucran con cada subida de la prima de riesgo. Sin duda, tomaron ayer buena nota de ello, como situaron en su día las emisiones de «bonos patrióticos» de la Generalitat en el rango de bonos basura, un baño de dura realidad contra el que no caben marchas ni pancartas.

Adiós España..., ¿y?
e. rodríguez marchante ABC Cataluña 13 Septiembre 2012

BIEN, ya tenemos pronunciado a ese hipotético cincuenta por ciento de catalanes que aspiran a segregarse de España; ahora sólo queda que se pronuncie el otro hipotético cincuenta por ciento, ése que querría seguir siendo catalán pero dentro de España.

Pero, como tal cosa no va a suceder, al menos en forma de manifestación multitudinaria (se precisarían otras tantas décadas de educación y de trabajo estratégico para ello), sería suficiente que se pronunciaran al respecto algunas voces representantes y visibles de la Cataluña empresarial, financiera, cultural y hasta intelectual, si es que la hubiere. Un somero repaso ayer a la Prensa no «libre» (es decir, no catalana), dejaba una preocupante impresión, la de que ahora el verdadero problema lo tenía Artur Mas y su partido de Gobierno, que debe gestionar su auténtica vocación (más dinero) con la auténtica vocación de la gran mayoría que se lo pidió a gritos (y a él, no a España) y que es la soberanía, con lo que ello suponga para Cataluña.

No es fácil que Mariano Rajoy acepte el envite del pacto fiscal que le propone Mas como paño caliente sabiendo que sólo es el anticipo de una progresiva y blandurria cadena de órdagos, con lo que al president de la Generalitat sólo le quedarán dos opciones: o cantarle al pueblo catalán la «verdad» tras muchos años de ensoñación y fábula, y admitir que el enemigo no ha sido nunca España, o por el contrario alimentar esa alucinación colectiva y adentrarse en ese túnel oscuro en el que nadie (ni siquiera mineros como Joan Laporta o Monica Terribas) vislumbra ninguna luz al otro lado que no sea producto de sus propias linternas adosadas a la cabeza.

De todos modos, ni la verdad ni la sensatez ha sido siempre un freno eficaz para sofocar sentimientos inducidos desde la infancia, como el victimismo, la falta de «libertad» (¿?) o el de pertenencia a un pueblo rodeado por el enemigo, con lo que, pase lo que pase entre Rajoy y Mas, sería un buen servicio a ese pueblo que los propios catalanes con cerebro, cara y voz les dijeran a dónde se queda la economía, los mercados, la industria, la deuda, el rescate, el presente y... Europa.

¿Es acertada la política antiterrorista del Gobierno?
J. A. Yturriaga www.vozpopuli.com 13 Septiembre 2012

Las vacilaciones en la puesta en práctica de la política antiterrorista del PP han llevado a más de uno a cuestionar si el Gobierno tiene una política propia al respecto, o si se limita a seguir la heredada de su predecesor.

Política antiterrorista del Gobierno
Las dudas se iniciaron hace un año cuando –tras anunciar ETA el cese definitivo de su actividad armada- Mariano Rajoy, a la sazón en la oposición, sorprendió a todo el mundo al declarar que tal anuncio se había producido sin ningún tipo de concesión política. Semejante afirmación no se ajustaba lamentablemente a la realidad, como lo demostró la legalización de Sortu, conseguida al alimón por el Gobierno de Rodríguez Zapatero y el Tribunal Constitucional.

La política penitenciaria ha seguido el curso favorable a los reclusos etarras trazado por el PSOE y ha culminado con la accesión al tercer grado del notorio asesino Uribetxeberría y la consiguiente libertad condicional concedida “contra lege” por el Juez Central de Vigilancia Penitenciaria. El demoledor recurso de la Fiscalía ha dejado al aire las vergüenzas del Gobierno, y las desafortunadas declaraciones del Ministro del Interior han mostrado las incoherencias de los dirigentes del PP, que –en vez de hacer autocrítica y corregir su error- han matado al mensajero y descalificado a los críticos.

El Gobierno ha puesto, por otra parte, sordina a su política militante contra la trinidad batasuna, una en esencia etarra y trina en su personación política: Bildu, Amaiur y Sortu. Los jueces integrantes de la mayoría del TC -que blanquearon democráticamente a los herederos universales de ETA- trataron de salvar su mala conciencia, dejando en su sentencia del pasado 20 de Junio la puerta abierta a una posible impugnación “a posteriori” de la legalidad de Sortu, cuando, “de conformidad con lo previsto en la Ley Orgánica de Partidos Políticos, concurra una causa legal para ello”. El Tribunal ofreció “verbatim” un catálogo de supuestos que pueden servir de base para la ilegalización del partido seudo-etarra por la autoridad judicial competente.

No es una enumeración exhaustiva, pero sí suficientemente amplia: 1) equiparación de la violencia terrorista con la coacción legítima de las fuerzas de seguridad del Estado, 2) equidistancia entre el Estado y el terror, sin establecer diferencias de cualidad entre el poder público y una banda criminal; 3) cuestionamiento del deber de la policía de perseguir a los responsables de la violencia terrorista; 4) justificación implícita del terrorismo; 5) colocación en un mismo plano del sufrimiento de las víctimas del terrorismo y del “eventual efecto aflictivo asociado al cumplimiento de las penas” impuestas a sus responsables; 6) actuaciones tendentes a legitimar el terrorismo como medio necesario para conseguir objetivos políticos a través de la presión política y social, o “exculpando o minimizando su significado y la violación de derechos fundamentales que comporta”; 7) ensalzamiento de los autores de actos terroristas o su presentación como víctimas o héroes, “teniendo especial alcance cuando se realicen por quienes, estando en posiciones institucionales, las autoricen o toleren”;8) realización de actos públicos que entrañen descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas del terrorismo o de sus familiares; 9) incitación al incumplimiento de las leyes para favorecer las actividades terroristas; 10) actuaciones que contribuyan al sostenimiento económico de una organización terrorista.

Posible ilegalización de Bildu/Sortu
Cualquier observador objetivo podrá fácilmente comprobar cómo las diversas reencarnaciones de ETA-Batasuna han realizado algunas –si no todas- de las acciones mencionadas en este decálogo. Pese a ello, no parece que el Ministerio del Interior haya alentado a las fuerzas de seguridad a que recaben las pruebas necesarias para instar ante los tribunales la ilegalización de los partidos políticos surgidos del entramado etarra. Es cierto que lograrlo no resulta tarea fácil dada la actitud excesivamente garantista , voluntarista y tolerante del TC, pero en esta ocasión el propio Tribunal ha facilitado pistas y marcado una hoja de ruta a seguir. El Gobierno debe intentar la ilegalización de Bildu y Cia y, de esta manera, ejercer presión sobre unas organizaciones, que cada día actúan con mayor desenvoltura antidemocrática y absoluta impunidad.

Al Gobierno le falta voluntad política, pues siente que va contra corriente en un momento en que la sociedad vasca ansía lograr como sea la “normalidad” política, aunque sea a base de incurrir en el olvido y en el auto-engaño. Aunque la situación ha mejorado considerablemente desde el cese de la actividad armada de ETA –pese a su amenazante presencia y a su negativa a entregar las armas-, aún queda un largo camino para conseguir la deseada normalidad, especialmente para la población no nacionalista.

“Normalización” del País Vasco
Durante los años de plomo, parte de la sociedad vasca no estuvo a la altura de las circunstancias y dio a ETA apoyo explícito o implícito-, pues - como en la Alemania de Hítler - fingió ignorar lo que ocurría y toleró la “limpieza política” de miles de ciudadanos vascos que tuvieron que exiliarse, con indiferencia, cuando no con complicidad –“algo habrán hecho” era el latiguillo infamante y justificador-. No ha desaparecido el temor a ejercer la libertad de expresión, especialmente en los pueblos más pequeños dominados por el nacionalismo. ETA no ha sido completamente derrotada y sus herederos están a punto de lograr por medios pacíficos lo que no consiguieron con la violencia armada. La izquierda abertzale sólo ha aceptado las formas de la democracia, pero sigue sin ser demócrata y parece dispuesta a dinamitar el sistema desde dentro. Una prueba la ha dado la Concejal de Cultura (¿?) de Bildu en el Ayuntamiento de San Sebastián, Nerea Txapartegi, cuando se opuso a una declaración institucional de condena por las pintadas en que ediles del PP y del PSE figuraban como dianas, comentando que si populares y socialistas recibieron amenazas ,“por algo será”.

Euskadi ha logrado mayor grado de auto-gobierno que cualquier Estado federado, incluido el mítico Québec
Los nacionalistas del PNV - que se han adjudicado el derecho a establecer quién es y quién no es vasco - tienen que dejar de manipular la Historia, tratando de recrear un Estado euskaldún que nunca existió, y elegir entre la imposición de principios identitarios excluyentes y la apuesta por la independencia, o entre la integración de todos los vascos en Euskadi y de Euskadi en España. Según la última encuesta de Sigma-Dos, sólo 23.3% de la población es partidaria de la independencia del País Vasco, mientras que 31.7% prefiere mantener el actual régimen autonómico, y 36.5% propugna aumentar el nivel de autonomía. Aquí se produce una contradicción entre los dos grupos partidarios de permanecer en España, y cabe preguntar a la minoría mayoritaria:.¿Qué nuevas competencias desea que se transfieran al Gobierno vasco: las aduanas, la política exterior, la defensa, la jefatura del Estado…?. Euskadi ha logrado mayor grado de auto-gobierno que cualquier Estado federado, incluido el mítico Québec. El PP es el único partido que apoya plenamente el actual régimen y - como ha señalado Cayetano González - Rajoy debe abandonar cuanto antes la senda de la política antiterrorista socialista y recuperar sus señas de identidad. Puede que con ello pierda votos y puede que no, aunque yo me inclino por la segunda hipótesis. Aparte de tratarse de una cuestión de coherencia ideológica y de respeto a los compromisos asumidos con las víctimas del terrorismo, algún partido tendrá que recoger los votos de ese 31.7% de constitucionalistas, que se han sentido traicionados por el entreguismo del PSE al nacionalismo. En cualquier caso, la dignidad es más importante que los votos.

El día después de la 'Diada'
Fermín Bocos Estrella Digital 13 Septiembre 2012

A nadie que conozca un poco la Historia de España le resultará extraño encontrar a una parte sustantiva de la burguesía catalana comprometida en la aventura secesionista. El nacionalismo es un sentimiento pequeño burgués que exacerba los rasgos identitarios al tiempo que distrae al personal acerca del verdadero origen de las desigualdades sociales. En el "argumentario" catalanista, todos los males -los pasados y los actuales- tienen el mismo origen. Lo que genéricamente denominan: "el Gobierno de Madrid". Nada de responsabilidades propias en la gestión al frente de la "Generalitat". Sí el "tripartito", con Montilla al frente, dejó unas deudas que tardarán muchos años en pagarse o si el actual "govern", con Artur Mas de presidente, recorta gastos en sanidad y educación pero sigue financiando todo tipo de empresas, proyectos o instituciones cuya razón de ser es la "defensa de la identidad nacional catalana", nada de eso importa. En el discurso oficial, los responsables de los problemas financieros de Cataluña siempre son otros. A fuerza de repetir semejante falsedad, la cosa ha cuajado.

Tanto es así que a muchos de los manifestantes que secundaron la manifestación de la "Diada" les han convencidos de que "España expolia a Cataluña". Tal como suena. Y por eso reclaman ahora un estatuto fiscal propio. Unos por cálculo -"cuanto mejor, peor"- y otros por ingenuidad son muchos los catalanes que se han dejado reclutar por la idea de que la independencia es la solución a los problemas, graves, que sufre Cataluña como consecuencia de la recesión económica y de los errores e incompetencias de sus gobernantes -los de ahora y los de antes-.

Llegados a este punto caben dos preguntas. Primera: sabido que su base obrera residente en Cataluña se siente mayoritariamente española, ¿a qué diablos juega el PSOE en este juego? Segunda pregunta. ¿Por qué Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España, se pone de perfil cuando se le pregunta por la deriva secesionista emprendida por Convergencia y su líder actual, Artur Mas? Son preguntas que el día después de la "Diada", no deberían quedar sin respuesta.

Cataluña
"Escolta, Espanya!"
José García Domínguez Libertad Digital 13 Septiembre 2012

A alguien le he leído, quizá a Michael Ignatieff, que el nacionalismo es un discurso que grita no para ser escuchado, sino para convencerse a sí mismo. Como si el continuo crescendo de sus voces estuviera en relación directa con la íntima conciencia de que todo es mentira. Empezando por las groseras distorsiones de la historia. Continuando por las burdas caricaturas morales del enemigo imaginado y sus agravios ficticios. Y acabando por la obsesiva, permanente distorsión de cualquier evidencia estadística, ese interminable rosario de peregrinos expolios coloniales. Al respecto, que nuestros pobres nacionalistas quieran autosugestionarse con sus cuentos no deja de ser normal. Asunto bien distinto es que fantasías inverosímiles, como ésa del millón y medio de manifestantes, obtengan crédito en la prensa que se dice seria.

¿En qué cabeza de chorlito cabe que la totalidad de la población censada en Barcelona –1,6 millones de almas– podría reunirse en apenas un tramo de una de sus calles, la Vía Layetana? Y es que, como muy mucho, la procesión secesionista del martes congregaría a unos doscientos mil creyentes en la causa. El resto, la mayoría silente de los paganos, nos fuimos a la playa. Como siempre sucede cada once de septiembre, por cierto. Aunque también allí nos llegaría el eco de ese maragalliano "Escolta, Espanya!" que tanto rememora a Espriu (no a José, el jefe de la Falange barcelonesa durante la posguerra, sino a su hermano Salvador, el de Sefarad). Escuchamos, pues. Escuchamos con suma atención. Pero lo único que pudimos oír fueron voces y más voces reclamando la independencia.

Nadie allí vindicó pacto fiscal alguno. Absolutamente nadie. Así las cosas, cualquier claudicación del Gobierno en materia financiera sería mucho peor que un crimen –de lesa Constitución–, sería un error. Si lo que en verdad ansían es la independencia, adelante con los faroles. Quieren deshacer España, pero de momento lo único que han roto es la tradición transversal del movimiento catalanista. Una trayectoria unitaria que se remontaba a hace más de un siglo, cuando Cambó alumbró la Solidaritat. Porque no se puede ni soñar con la independencia sin la mitad de Cataluña. Y el PSC es la mitad de Cataluña. He ahí su fracaso, el que ahora quieren ocultar tras una foto de una estelada.

Retóricas del 11S
Joan Rodríguez www.vozbcn.com 13 Septiembre 2012

Como cada año, a las puertas del 11 de septiembre, se ha manifestado una inflamación del verbo en la vida política catalana, anuncio de la obertura inminente del curso político. En los últimos años, la celebración ha ido experimentando una deriva hacia el independentismo o soberanismo, en paralelo a la radicalización del discurso de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) sobre su modelo territorial.

Esta deriva, que se expresa mediante una nueva retórica más desinhibida y frentista, le ha dado a la celebración mayor vigor político a la vez que le ha ido restando representatividad social. Existe el riesgo de que la Diada nacional sea cada vez más la celebración de sólo una parte de Cataluña. A las puertas de una intervención económica general de España y en medio de un retroceso acelerado de los servicios prestados por nuestro sistema de bienestar, la principal manifestación de este 11 de septiembre omitirá de lleno las lacerantes consecuencias sociales que tal transformación está generando en buena parte de la población catalana.

Alertaba de ello el escritor Antoni Puigverd, haciendo notar la significativa desatención que el nacionalismo reinante en estos días presta a los sectores sociales más afectados por esta crisis. Sugería una explicación inquietante: los afectados no son los nuestros. Y son inocuos electoralmente.

Ciertamente, en el relato soberanista de la política catalana, los ciudadanos originarios del resto de España y sus descendientes siempre han generado una anomalía incómoda de tratar. Sus opiniones y sus pautas de comportamiento político a menudo rompen la coherencia del retrato nacional fomentado por el discurso dominante, distraen al público de la cuestión prioritaria, lo nacional, desviando su atención hacia problemáticas de tipo social y obligan a una contención terminológica a veces mal disimulada en el lenguaje político de los más locuaces. Por supuesto, este grupo es esencialmente heterogéneo. Algunos han acabado abrazando la causa nacional con frenesí. Pero una gran mayoría no lo ha hecho, y ahí está el problema para algunos.

Frente al compromiso de aquellas fuerzas políticas que han contribuido durante décadas a ampliar las fronteras de la concepción nacional catalana, favoreciendo la unidad civil y la integración en ella de todos los ciudadanos (quizá en detrimento de su significado cultural y político), los sectores más ortodoxos del nacionalismo catalán simplemente han ido haciendo abstracción de la diversidad social y cultural de la Cataluña contemporánea. Y cuando la realidad se vuelve ineludible, los esfuerzos se orientan más bien a tratar de interpretar en clave conspirativa la persistencia de esos otros catalanes que hablan principalmente en castellano, se sienten españoles (a la vez que catalanes) y no son partidarios de la independencia.

En el contexto actual, el independentismo se ha convertido en una válvula de escape para expresar el malestar político de muchos catalanes. Esto ha excitado el ánimo de los más conspicuos soberanistas. Entre los más estridentes, ya se oyen voces que piden “pasar lista” en la manifestación de este martes 11 y amenazan a los que no se apunten al independentismo de ser considerados traidores en un futuro. Podemos pensar que estos exabruptos se desacreditan por sí mismos, pero en la nueva retórica soberanista no lo podemos dar por descontado.

De forma más edulcorada, otros han ensayado la aplicación del concepto de white trash (basura blanca) a realidad social catalana, para referirse a un impreciso sector de la población catalana, castellanohablante, de origen social modesto y mayoritariamente votantes del PSC o abstencionistas. Que este sea un ejercicio destinado a desprestigiar a un PSC en horas bajas por haber sido el partido que ha recogido tradicionalmente la confianza electoral de esta población no diluye su contenido denigrante.

El acuñador en este caso, Jordi Graupera, ha importado, sin duda, un extranjerismo innecesario. La lengua coloquial catalana ya posee otros apelativos de uso corriente para designar esa realidad social. Deberíamos seguir llamándoles simplemente la purria charnega u otros apelativos generados por las ingeniosas redes sociales. Así quedaría más claro de qué se está hablando y qué prejuicios se ocultan detrás. Se responderá que no quiere decir exactamente lo mismo y que además resulta muy despectivo. No mucho más de lo que suena white trash en boca de un republicano americano de clase acomodada.

Aunque “todo lo que nos incomoda permite definirnos”, como sostenía el filósofo rumano Ciorán, no está claro qué puede aportar toda esta deriva neocon en el contexto político actual de Cataluña. Y menos aún qué sentido tiene dar categoría moral a conceptos segregacionistas (y que denotan en la raíz un fuerte componente clasista cuando no totalitario), que acaban siendo el reverso del lerrouxismo. Más bien creo que sólo contribuyen a desacreditar la legítima aspiración catalana para actualizar su autogobierno y a erosionar los esfuerzos de generosidad y paciencia que la sociedad está realizando para evitar una explosión de descontento con imprevisibles consecuencias ante esta crisis aún en plena ebullición. Una crisis que es para todos, con independencia de origen y lengua.

Joan Rodríguez es profesor de Ciencia Política de la Universidad de Valencia
[El artículo se ha publicado originariamente en El Diario y se reproduce en LA VOZ DE BARCELONA con autorización]

¿Y si vemos el órdago esta vez?
J. de Mendizábal www.vozpopuli.com  13 Septiembre 2012

Como terminaban los anuncios de dibujos animados: That's All Folks. Hasta aquí hemos llegado, señoras y señores, esto no da más de sí. Tras 30 años de componendas, pactos constitucionales, pactos de legislatura en el Majestic y minipactos en el bar de la esquina del Congreso a diario para sacar votaciones adelante (siempre con un coste, tu, la pela es la pela) y miles de miedos a "se tiran al monte"...ya estamos cerca del envite final.

O me das lo que desde el principio te pedí -ser igual que los vascos y su concierto- o te monto una revuelta callejera. Bien, ya la han montado en forma de manifestación democrática del poble, con esa inolvidable foto de Durán y Lérida con bastones, abochornado con el sudor de la masa que, encima, le increpaba. Pobre Durán, él no es muy de masas, pero, escolti, había que dar la cara que nos quedamos sin discurso y, sobre todo, sin un duro. Es el más consciente de todos que Cataluña está quebrada y que España está al borde. Está a punto de morir la vaca lechera. Se imponía un órdago, hay que conseguir el dinero cuanto antes.

"Nos roban nuestro dinero"
Histórica también la foto de la mujer de Artur Mas en la manifa (el Molt Honorable, no fue) con su cartelito: "Volem les nostres diners". Hay gente que se pregunta si se refería a los 2 millones de euros que su suegro, que en paz descanse, tenía en cuentas de Linchestein y Suiza. Es posible que no haya recibido la herencia completa, tal vez bloqueada por la Agencia Tributaria. Enfadada -¡hasta ahí podíamos llegar!- se manifestó indignada.

De lo demás, por repetido, pasemos página: Casinos, Palau, Opera, ITV, CatalunyaCaixa... y tampoco hablemos del pasado glorioso: De La Rosa, Estevill, Banca Catalana, Prenafeta... y, como resumen, 5.023 mm de euros que necesitamos ya de España. Sumados sólo a los 4.500 mm que el FROB español ha inyectado en CatalunyaCaixa, hacen una bonita suma.

¿Recogemos el guante?
Llegados a este punto ¿por qué no recoger el guante de una vez?; ¿por qué no aceptar el órdago? ¿por qué no terminar de una vez, para bien o para mal, con este suplicio victimista permanente? Gran susto: Rajoy dice "veo, tu qué llevas". O, de otra forma, vamos a celebrar un referéndum en Cataluña en Noviembre. Pregunta muy clara: ¿Quiere Ud. pertenecer al Estado Español? ¿Sí? ¿No? Y que vote el pueblo catalán.

Se dirá que no cabe en la Constitución (en la Constitución cabe todo, como hemos ya comprobado, desde el Estatut hasta Bildu), se dirá que se abre la Caja de Pandora y que luego vendrá el País Vasco... wishful thinking. La Caja de Pandora se abrió hace ya mucho. Es la hora de las grandes determinaciones y marcar los tiempos uno, no sistemáticamente el de enfrente. Sin la necesidad de sus votos en Madrid (mayoría absoluta) cojamos el toro por los cuernos, convoquemos el referéndum, expliquemos bien las consecuencias de la independencia y...a las urnas. Si sale el SÍ, ojalá, bienvenido el hijo pródigo. Si sale el NO, bye. Ya nos arreglaremos. Ellos, no.

'Vidas rotas'
Las 857 vidas que rompió ETA

EVA COSTO www.gaceta.es 13 Septiembre 2012

El libro que las víctimas van a entregar a los cuatro jueces hace justicia a los cientos de asesinados por la banda.

El aprovechamiento del terror ha sido, prácticamente, una constante en los políticos nacionalistas hasta nuestros días. La infame teoría del "ellos mueven el árbol, nosotros recogemos las nueces" ha estado siempre presente en la ambivalente visión de los nacionalistas que, por un lado, ponían una vela a Dios condenando los atentados y, por otro, al diablo tratando de sacar rédito político del miedo generado por esas mismas acciones criminales.

Maestros en el arte del eufemismo han adormecido conciencias empleando expresiones casi anodinas para nombrar todo lo relacionado con el terrorismo. Así, se denomina a ETA como "organización", en lugar de banda terrorista; "comandos" en vez de cuadrillas; "acción armada" al asesinato; "violentos" en lugar de asesinos; y así un largo etcétera. Hablan de "pacificación" y cese de hostilidades "por ambas partes" poniendo en el mismo plano a un Estado democrático y a una banda de asesinos.

Por fortuna, la sociedad vasca comienza a salir de ese inducido letargo y, si bien en ella han nacido los mayores cobardes y asesinos de la España contemporánea, también en ella han nacido los más valientes. Porque hay que ser muy valiente para vivir entre los asesinos y sus colaboradores y dar esos testimonios de auténtica heroicidad, como vemos a diario en tantos alcaldes, concejales y ciudadanos que, con riesgo de su vida, llaman a las cosas por su nombre y no callan ante las pistolas.

Durante todo este tiempo, las víctimas de los crímenes etarras han pasado por muy diversas situaciones. De aquellos ignominiosos "algo habrá hecho" cuando asesinaban a algún policía o de los vergonzosos entierros casi a escondidas y a toda prisa, se ha pasado, afortunadamente, a una mayor consideración y muestras de afecto a las víctimas, al menos por parte de la ciudadanía.

El asesinato de Miguel Ángel Blanco marcó un antes y un después en la manera en que la sociedad se enfrentó al terrorismo. El 10 de julio de 1997, el joven edil, vecino de la localidad de Ermua, fue secuestrado por ETA. La banda dio un ultimátum al Gobierno amenazando con matar al concejal si, en un plazo de 48 horas, no se producía el traslado al País Vasco de los presos etarras. La inevitable muerte del concejal se servía a cuentagotas, y la culminación en su asesinato causó un rechazo social sin precedentes. La sociedad tomó las calles de forma espontánea. Había nacido el espíritu de Ermua. Pero hasta ese momento, el respaldo de la ciudadanía a las víctimas de ETA había sido muy distinto.

El libro 'Vidas rotas', de Rogelio Alonso, Florencio Domínguez y Marcos García Rey hace justicia a los cientos de asesinados y a sus familiares, víctimas también como ellos de la vorágine terrorista. Sus páginas recogen las historias de las 857 víctimas del terrorismo etarra. El volumen, editado por Espasa, incluye los testimonios de los allegados y seres queridos, las identidades de los terroristas condenados por estas muertes, así como una breve reseña de la situación de la banda según el año.

El asesinato de una niña a los 22 meses de edad
La primera víctima mortal de los etarras apenas contaba con 22 meses de edad. Ocurrió en San Sebastián, en 1960, cuando Begoña Urroz fue alcanzada por una bomba colocada en la estación de Amara. Durante mucho tiempo el asesinato de esta niña fue atribuido al anarquista Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL). ETA nunca asumió la autoría. Sin embargo, el ex ministro Ernest Lluch Martín, tres meses antes de su asesinato y tras investigar aquel atentado, concluyó que Begoña Urroz había sido la primera víctima mortal de ETA.

Con el atentado de Carrero Blanco el 20 de diciembre de 1973, ETA consiguió una proyección internacional y una fama sin precedentes, pero ocasionó en su seno una serie de escisiones: primero, el abandono del llamado frente obrero y, después, la ruptura entre dos ramas identificadas como ETA militar y ETA político-militar. En la historia de ETA, el año 1974 se caracterizó por dos hechos relevantes: el primero cuando la banda declaró objetivos legítimos a todos los miembros de los cuerpos de seguridad; el segundo, cuando cometió la primera masacre de civiles al colocar una bomba en la cafetería Rolando, situada en el número 4 de la calle Correo, en Madrid, causando la muerte de trece personas. ETA no quiso reconocer nunca la autoría de esta acción terrorista.

Pero la masacre de la calle Correo no sería la última: el atentado contra un establecimiento de la cadena Hipercor en Barcelona causando 21 muertos -la mayor matanza de su historia- y contra la Comandancia de la Guardia Civil de Zaragoza, con 11 fallecidos, conmocionaron a la sociedad.

Baglietto salvó la vida al que sería su asesino
La ofensiva etarra alcanzó su punto álgido en 1980, año en el que causó casi un centenar de víctimas mortales. En esta época llama especialmente la atención el asesinato de Ramón Baglietto el 12 de mayo, aunque la historia de este crimen se remonta 18 años atrás.

En 1962, Baglietto se encontraba en la puerta de su tienda cuando se le acercó una señora con un niño en brazos y otro agarrado de la mano. Éste llevaba una pelota y, en un momento dado, se le escurrió de las manos, por lo que el niño salió corriendo tras ella. En ese momento venía un camión pesado y la madre, instintivamente, fue a proteger al chaval. Ramón no tuvo tiempo nada más que de quitarle al bebé que llevaba en brazos y de observar, con horror, cómo madre e hijo morían aplastados por el vehículo. El niño que quedó en sus brazos, a quien él salvó la vida, fue precisamente quien, 18 años después, le encajó un tiro en la sien.

Tras el 11-S
Hubo que esperar al 11 de septiembre de 2001 para ver cómo muchos Gobiernos cambiaban su actitud con respecto al terrorismo. La tolerancia que había existido hasta entonces con grupos locales como ETA desapareció de la noche a la mañana. La banda siguió con su actividad como de costumbre, sin tener en cuenta los cambios que se habían producido en la esfera internacional. Y aunque ETA se encuentra, actualmente, en una situación muy dañada debido a la intensidad de la presión policial, lo cierto es que los asesinatos siguen sumándose a esa larga y oscura lista de víctimas.

857 es una cifra espeluznante que no conviene ser olvidada. Como decía la escritora Susan Sontag: "Debemos permitir que las imágenes atroces nos persigan" con el fin de derribar los eufemismos que impregnan el lenguaje justificador de la barbarie terrorista.

El libro 'Vidas rotas' tampoco olvida.

Albert Rivera
'El separatismo puede provocar un conflicto civil y económico'
XAVIER HORCAJO www.gaceta.es 13 Septiembre 2012

El presidente de Ciudadanos, teme que la euforia secesionista meta más presión en la sociedad catalana.

Albert Rivera, presidente de Ciudadanos, teme que la euforia secesionista meta más presión en la sociedad catalana y que se abran brechas en la convivencia entre los que quieren seguir siendo españoles y los separatistas.

Rivera cree que Mas acabará adelantando las elecciones para tapar su propio fracaso.-¿Es posible obviar políticamente la manifestación de la Diada? Por ejemplo, calificándola de “líos y algarabías”, como hizo Rajoy?
-Si Rajoy quiere mirar para otro lado, el responsable de lo que pueda pasar en Cataluña será Mariano Rajoy. Seiscientos mil separatistas encabezados por CiU y por un Gobierno autonómico lanzaron un reto en toda regla y en clave internacional a todos los españoles y al Gobierno. Por tanto, el Ejecutivo no puede estar divagando. Tiene que estar del lado de los que defendemos la unión.

-¿Puede haber catalanes convencidos de que la independencia es el camino hacia la salida de la crisis?
- Estoy convencido de que CiU construye una gran mentira en torno a la economía. Cuando la gente sufre la crisis y alguien le promete El Dorado y que va a cobrar el doble y que la culpa es del resto de los españoles, pica. Además es la mejor manera de evadir las responsabilidades de unos Gobiernos que han dejado la Generalitat en quiebra. No es de extrañar que mucha gente compre el mensaje, teniendo en cuenta que los medios públicos y los pagados se han sumado a esa tesis victimista.

-Los catalanes son los más endeudados de Europa. Sin embargo, la idea de que Madrid les oprime y explota se impone a la crítica a la gestión y al despilfarro. ¿Por qué?
-Bueno, hay un minoría que hace ruido y que gobierna y tiene el poder, el dinero y las subvenciones. Pero también hay responsabilidad en los Gobiernos de España. Además, existe un miedo creciente a pronunciarse en contra de las tesis oficiales secesionistas. La gente sale a la calle pero votó un 20% menos en las autonómicas que en las generales. Los pocos que defendemos ser españoles somos señalados rápidamente; como decía uno de los convocantes de la manifestación, somos “traidores a Cataluña”. No es sencillo en Cataluña hoy, como no lo ha sido en el País Vasco, posicionarse en contra del régimen dominante.

-¿Hay mucho de propagandístico y de falso en el planteamiento pro-separación?
-Le pongo un ejemplo: el de las balanzas fiscales. Madrid es la autonomía que más déficit fiscal tiene, en términos de impuestos y de inversión por territorio. La siguiente es Baleares y la tercera Cataluña. En vez de fijarse en eso, aquí se practica el victimismo. Como si esto fuera una batalla entre Cataluña y el resto de España. Mientras, el Gobierno de España no se defiende. No se hace desde los medios de comunicación públicos. No se informa a la ciudadanía. Y la desinformación es el caldo de cultivo perfecto para la manipulación.

-Tras la prueba de fuerza de la manifestación, CiU. ¿Podría romperse la convivencia?
-El conflicto se puede producir. Podríamos llegar a una división entre buenos y malos catalanes y eso implica que te señalen con el dedo si no te encuentras a favor de la separación. Si esto sigue esta deriva y Rajoy y Rubalcaba miran para otro lado, aquí acabaremos en un conflicto entre compañeros, entre vecinos y entre familiares.

-¿Qué responsabilidad han tenido los diferentes Gobiernos españoles durante los 33 años de autonomía con adhesión a España por dinero?
- Los verdaderos responsables han sido los que han dejado hacer, por ejemplo gastar o incumplir sentencias. Yo pido explicaciones y amparo. Yo, como ciudadano, le pido a mi Gobierno, el de España, que nos ampare, que ponga orden y que haga cumplir las sentencias y la Constitución. Esa inacción sobre la cohesión de todos los ciudadanos españoles me preocupa más que la manifestación.

-¿Artur Mas adelantará elecciones aprovechando la flojera de Madrid y de sus rivales?
-Ve una debilidad de sus rivales y del Gobierno del país. Creo que tendrá la tentación de convocar acelerar el proceso y para tapar la quiebra de la Generalitat que convoque elecciones anticipadas.

-¿Cree que el PP va a dejar de apoyar los presupuestos de CiU en la Generalitat?
-No se puede apoyar a quien es desleal con el Estado y las instituciones. Han pasado dos años seguidos y les pedimos que no les apoyen, que cierren el grifo al gasto identitario.


LA AUDIENCIA CONFIRMA POR CUATRO VOTOS A UNO LA LIBERTAD DEL ETARRA
Un asesino libre
La sección primera de la sala de lo penal de la Audiencia Nacional ha confirmado, con cuatro votos a favor y uno en contra, la decisión del juez de Vigilancia Penitenciaria, José Luis Castro, de conceder la libertad condicional del preso etarra enfermo de cáncer Iosu Uribetxebarria Bolinaga, informa Ricardo Coarasa.
A favor de la libertad condicional: Fernando Grande-Marlaska, Javier Martínez Lázaro, Ramón Sáez y Alfonso Guevara. En contra de la libertad condicional: Nicolás Poveda.
Madrid - Ricardo Coarasa La Razón 13 Septiembre 2012

MADRID- Tras casi tres horas de deliberaciones, la Audiencia Na-cional dio ayer carpetazo al «caso Bolinaga», tras un mes de encendida polémica, ratificando la concesión de la libertad condicional al etarra –uno de los carceleros de Ortega Lara– por motivos de salud y ante su corta expectativa de vida, cifrada en alrededor de nueve meses.

La decisión del tribunal es firme, por lo que la posible vuelta a casa de Iosu Uribetxeberria Bolinaga, enfermo de cáncer, está ya sólo en manos de los médicos que le atienden en el hospital Donostia de San Sebastián, al que se comunicó la decisión al filo de las ocho de la tarde.

Cuatro de los cinco magistrados de la Sección Primera –el presidente de la Sala de lo Penal Fernando Grande-Marlaska, Alfonso Guevara (éste en sustitución de Manuela Fernández Prado), Javier Martínez Lázaro y Ramón Sáez– votaron a favor de la medida que ya había sido adoptada en primera instancia el pasado 30 de agosto por el juez central de Vigilancia Penitenciaria, José Luis Castro.

El último, Nicolás Poveda, se opuso a la iniciativa y anunció que redactará un voto particular. Poveda era, precisamente, el ponente de la resolución, por lo que ahora será su compañero Sáez el encargado de redactar el fallo, que se conocerá en los próximos días.
Y eso que, en su último informe, la Fiscalía rechazaba ayer de nuevo la concesión de la libertad condicional al terrorista. En su opinión, de ese derecho a una muerte digna sólo pueden beneficiarse «los internos que se encuentren en estado terminal bajo cuidados paliativos o en peligro inminente para su vida».

El departamento que dirige Javier Zaragoza esgrime una sentencia del Tribunal Constitucional de 1990 sobre la relevancia jurídica de la decisión de varios presos del Grapo de negarse a recibir asistencia médica para forzar beneficios penitenciarios, antes de subrayar que conceder la libertad condicional a Uribetxeberria Bolinaga supone premiar su pulso al Estado cuando se negó a recibir atención sanitaria e incluso secundó, durante un periodo de nueve días, una huelga de hambre. El fiscal Carlos Bautista sustenta su decisión en el segundo informe elaborado por la forense de la Audiencia Nacional Carmen Baena, hecho público ayer minutos antes, en el que achaca el actual estado de salud del etarra a los «efectos secundarios» provocados por el tratamiento de radioterapia al que fue sometido del 27 de agosto al pasado día siete de septiembre.

La facultativa aconsejaba la «reevaluación del enfermo una vez desaparezcan» esos efectos a fin de «evaluar los posibles beneficios reales» del tratamiento y poder precisar así nuevamente su esperanza de vida.

La médico forense recuerda en el documento que Bolinaga perdió un total de 11,7 kilos debido a su huelga de hambre, por lo que llegó a pesar 50,2 kilos el pasado 20 de agosto, cuando todavía se negaba a someterse al tratamiento de radioterapia.

Y es que, según la médico forense, la media de supervivencia del carcelero de Ortega Lara debe determinarse «teniendo en cuenta exclusivamente los síntomas irreversibles debidos a su enfermedad y no los motivados por circunstancias irreversibles como son los efectos secundarios de los tratamientos médicos».

Para la Fiscalía, las conclusiones forenses no dejan lugar a duda: el empeoramiento del etarra, hace hincapié Bautista, es «momentáneo» y achacable, en todo caso, al tratamiento médico recibido y «a la voluntaria huelga de hambre anterior», sin que pueda afirmarse que se encuentra en inminente riesgo de muerte «salvo interpretación tendenciosa e interesada» de ese informe forense.

En todo caso, la Fiscalía reprocha a la Sala que adopte su resolución basándose en un solo informe, «el que más convenga o interese al órgano judicial», dado que la ley exige para conceder la libertad condicional, recuerda, que los informes de los servicios médicos del centro penitenciario y el del médico forense sean «coincidentes», algo que en este caso no sucedía.
Bautista asegura que la libertad condicional de Bolinaga «no añade nada ni garantiza la existencia de un mejor tratamiento» del interno puesto que su enfermedad «puede ser atendida en los términos actuales».

No obstante, el fiscal aclara que la no concesión de la misma no obstaculiza en ningún caso el mantenimiento del tercer grado, que está justificado en su «enfermedad grave con padecimientos incurables», una medida, subraya, que «ni atenta a los principios de humanidad y dignidad personal ni dificulta la prestación de la asistencia médica precisa».

Seguirá en el hospital
Bolinaga permanecerá todavía en el Hospital Donostia de San Sebastián debido a su delicado estado de salud, si bien ocupará otra habitación y no la que usaba hasta ahora, cuya ventana tenía rejas y vigilancia policial, que tampoco será ya necesaria. Si sus condiciones de salud se lo permiten y abandona el centro, Uribetxebarria tendrá que atenerse a ciertas normas: alejamiento de las víctimas de sus delitos o de los familiares directos de éstas. Tampoco se permitirá el desprecio de las víctimas del terrorismo. Prohibición de participar de forma activa o pasiva en manifestaciones públicas de enaltecimiento o legitimación de la violencia. Prohibición de ausentarse de la localidad en que fije su residencia habitual.

La AVT califica de «burla total» y «mazazo» la excarcelación del etarra
Madrid - C.S.M La Razón 13 Septiembre 2012

Madrid- La presidenta de la AVT, Ángeles Pedraza, calificó ayer de «burla total» y «tremendo mazazo» para las víctimas la decisión de la Audiencia Nacional de confirmar la concesión de la libertad condicional al preso etarra enfermo de cáncer Iosu Uribetxebarria Bolinaga. Pedraza mostró su decepción con los magistrados y consideró que con esto «se han reído todas estas semanas de las víctimas», y se mostró convencida de que a este etarra «había que ponerle en libertad sí o sí». Para la presidenta de la AVT, los cuatro magistrados que han votado a favor de la libertad condicional del preso no han tenido en cuenta ni los informes de la médico forense ni el criterio de la Fiscalía, contrarios a la excarcelación. «¿Para qué han alargado tanto este proceso si al final no iban a hacer caso a nada?», se preguntó Pedraza, que pidió que cuando se quiera excarcelar a otro etarra se diga claramente.Así se evitaría el sufrimiento de las víctimas y las esperanzas depositadas en recursos de Fiscalía e informes forenses que «hasta ahora eran tenidos muy en cuenta» por los jueces de la Audiencia Nacional.

La presidenta de la AVT señaló que las víctimas del terrorismo seguirán con su agenda de movilizaciones después de confirmarse la noticia y el próximo sábado se manifestarán a las puertas de la cárcel de Teixeiro, en Galicia.

Por su parte, el Gobierno y el PP respetaron la decisión sobre Bolinaga. El Ejecutivo mantiene que ha cumplido la Ley en todo momento, aunque el ministro del Interior, Jorge Fernández, no quiso hacer valoraciones. Por su parte, el PSOE también expresó su respeto y eludió hacer comentarios.


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