AGLI Recortes de Prensa   Viernes 14 Septiembre 2012

La economía os hará libres
No cuidamos la marca España
Francisco Aranda Libertad Digital 14 Septiembre 2012

La marca España no es algo etéreo o gaseoso, sino que se trata del resultado de la suma de una serie de conceptos muy concretos y reales. Me sorprende cuando oigo hablar de la marca España como si se tratara de construir una realidad aparte ideada en un escenario inventado de cartón-piedra. La marca de un país no es un proyecto independiente y diferenciado de su realidad, sino que se trata de transmitir unos valores reales concretos que son compartidos por la gran mayoría de una sociedad y que, eso sí, se proyectan adecuadamente al exterior.

Pues bien, si vamos a nuestra realidad no parece que la imagen de nuestro país esté siendo la más adecuada porque el número de empresas que desaparecen es superior al de empresas que se constituyen, tenemos una pobre atracción de inversiones extranjeras y estamos siendo objeto de una fuga muy importante de capitales.

Estas circunstancias no son fruto de la casualidad, ni de la mala suerte, sino que se trata de una consecuencia de la realidad que estamos transmitiendo con nuestro errático día a día. Uno de los ingredientes que conforma esa imagen de país es la seguridad jurídica, una de las tres características básicas de un Estado de Derecho, junto con el respeto a los derechos humanos y la libertad y, por último, la justicia y la paz social.

A mayor grado de seguridad jurídica, mayor inversión económica y, por lo tanto, más bienestar para un país. El concepto de seguridad jurídica ha sido incorporado ya a cualquier ranking de competitividad de países. La seguridad jurídica es un concepto chivato del funcionamiento del ordenamiento jurídico y que, en España, incluso está recogido en nuestra Constitución (artículo 9.3). Sin embargo, no parece que nuestra realidad de país lo ampare. Para ello pondré cuatro ejemplos de falta de seguridad jurídica que sólo hacen espantar inversores en nuestro país.

Resulta muy difícil entender que en los últimos meses deambule por España un falso Robin Hood que, financiado con las subvenciones de todos los ciudadanos, se dedica a asaltar empresas con total impunidad. Algunos no le dan importancia, calificándolo de caricatura, sin embargo, fuera de nuestras fronteras es muy difícil explicar cómo es posible que un representante de la Administración Pública, él es alcalde, y del poder legislativo (también es diputado), acompañado de un nutrido grupo de acólitos invada supermercados, hoteles, explotaciones agrícolas o bancos sin ninguna consecuencia jurídica. E incluso es invitado a las televisiones para que explique sus continuas actividades de desobediencia civil.

El segundo ejemplo que, a mi juicio, transmite nuestra poca seguridad jurídica es el resultado que está teniendo en algunos tribunales la reciente reforma laboral, afortunadamente aprobada por una amplia mayoría del Congreso de los Diputados. Uno de sus objetivos era generar certidumbre y, sin embargo, está provocando justo lo contrario. Cuando sólo habían transcurrido unas pocas semanas desde su aprobación ya se dictaban sentencias contradictorias que aportaban soluciones diferentes a situaciones similares. En cuestión de ERES, despidos y salarios de tramitación hay interpretaciones heterogéneas.

El tercer aspecto que me parece que atenta a nuestra seguridad jurídica es lo ocurrido en los últimos años con los pagos a proveedores por parte de diferentes administraciones públicas. Resulta que se aprueba una ley que les impone una fecha máxima para pagar a sus proveedores y no la cumplen, hasta el punto de que el Gobierno central, afortunadamente, tiene que otorgar un crédito especial para que los diferentes morosos públicos cumplan con su deber de pagar por los productos o servicios prestados.

El cuarto aspecto que ataca a nuestra seguridad jurídica y, por lo tanto, a la marca España, es la proliferación normativa. Tenemos varias administraciones, solapadas en muchas ocasiones, que vomitan cada día cientos de páginas. Se trata de una masiva proliferación normativa que, por justificada que pueda estar, amenaza al mismo fin primordial de seguridad o certeza que todo ordenamiento jurídico debe cumplir. En muchas ocasiones, las normas legales no sirven de cauce para ordenar la concurrencia de intereses en la convivencia colectiva, sino que acaban convirtiéndose en un obstáculo o una compleja red que, en lugar de canalizar, entorpece el normal desarrollo de esa convivencia.

En España hay en vigor más de 100.000 leyes, decretos leyes, reglamentos, disposiciones, etc., además de un millón de páginas de boletines de comunidades autónomas y del propio BOE. Sólo en el año 2010, por ejemplo, España publicó 276 leyes, quince leyes forales, nueve leyes orgánicas, 349 reales decretos, un real decreto legislativo, 14 reales decretos leyes, 543 órdenes ministeriales y 774 reglamentos. Eso es un disparate económico que genera costes innecesarios y lastra nuestra competitividad. Habría que legislar menos y mejor. Debe haber las leyes necesarias, que sean fáciles de entender y que tengan un recorrido largo.

Cataluña necesita posturas claras y España necesita una respuesta
Willi Sánchez www.lavozlibre.com 14 Septiembre 2012

Profesional liberal y liberal convencido

El juego ha terminado, el 11 de septiembre de 2012 ha marcado un punto de inflexión en lo que se refiere al problema político que vivimos los españoles en Cataluña.

Hace ya mucho tiempo que dejé de consultar las cifras de asistentes a las manifestaciones. Recuerdo que hace años siempre buscaba el dato que ofrecían las Autoridades Municipales, pues eran las que me parecían menos politizadas, en la actualidad ya no es lo mismo. Así que, en función de las fotografías que publican los periódicos, divido mi criterio en 4 magnitudes: 'fracaso, media asistencia, rotunda e impresionante'. En esta ocasión he catalogado la manifestación en Barcelona del 11 de septiembre del 2012 como 'impresionante', independientemente de las cifras de asistencia que unos y otros presentan. Cualquiera que conozca Barcelona y haya visto las imágenes de la televisión sabe muy bien que la manifestación fue importantísima, no solo por el número de personas, sino por el alcance político de su reivindicación: la independencia de Cataluña, la creación de un Estado propio exclusivamente catalán.

Sorpresa, ninguna. Tengo en la memoria dos manifestaciones convocadas por un Gobierno y su oposición. La manifestación de repulsa al asesinato de Don Miguel Angel Blanco y la respuesta social a los atentados del 11 de marzo de 2004. Dos manifestaciones igualmente impresionantes. Que la convocatoria se lleve a cabo por un Gobierno y su oposición no se reduce a que sus dirigentes aparezcan en los medios arengando a los ciudadanos para que salgan con las pancartas -que también- es, sobre todo, el apoyo unánime de los medios de comunicación públicos y privados, es el respaldo abierto de personajes públicos de renombre, es la movilización de todos los afiliados y simpatizantes de los partidos, es la financiación pública y privada de la publicidad y la logística, es el silencio acongojado, por miedo escénico, de los reacios a la convocatoria.

Pero no ha sido la manifestación lo que ha marcado la inflexión, lo verdaderamente importante ha sido que, por primera vez, el Partido Convergencia i Unió, representante tradicional de la 'burguesía catalana' y partido que gobierna la Generalidad, se ha declarado abiertamente independentista y ha colocado una estrella de combate sobre la bandera de todos los catalanes. Personalmente no me sorprende, la estelada era utilizada con normalidad desde hace un par de décadas en las reuniones y locales de las JNC, las juventudes del partido, y era previsible que esas juventudes llegarían a dirigirlo tarde o temprano. Artur Mas y su partido se han precipitado por la cascada al que le han llevado tres décadas de adoctrinamiento antiespañol, una angustiosa crisis económica y la buena racha del Barça… sí, he dicho 'la buena racha del Barça', fundamental para comprender el estado de exaltación y optimismo de la gran masa catalanista, necesitada de héroes guerreros catalanes capaces de doblegar a los ídolos españoles.

El Sr. Mas pretendía presentarse el día de 20 a las puertas de la Moncloa con la portada del día 12 de su periódico de cabecera, La Vanguardia, y poner encima de la mesa el gran número de catalanes que reclamaban la vuelta al sistema de los fueros medievales. Pero la propia inercia generada por los partidos tradicionalmente independentistas, la base social catalanista educada en el odio a España y los dirigentes de su partido, mecidos en la cuna de las JNC, han convertido esa foto en un clamor por la independencia.

España tiene un problema y el sr. Mas también.
Cabe preguntarse qué opinan de todo esto los Consejos de Administración de La Caixa, Repsol, Gas Natural o el mismo Grupo Planeta, pues no está en juego únicamente su mercado natural, hay otras cuestiones fundamentales para cualquier empresa, que se verían mortalmente alteradas en caso de secesión. Pero esto y otros asuntos, como la relación de Cataluña con Europa en un mundo globalizado, el replanteamiento económico en cuanto a la recaudación de impuestos y su distribución o el impacto social que comportaría una ruptura de la Nación española en Cataluña, son temas que dejo para otro artículo, pues merecen atención especial.

La postura del Presidente del Gobierno, Don Mariano Rajoy, está muy clara, ya mostró su firmeza en el asunto de los 720 millones, que la Generalidad pretendía apropiarse por imperativo electoral, y por las diferentes declaraciones que ha hecho a este respecto: "España vive un momento muy difícil, no está para líos, problemas o disputas. Estamos para ir juntos en la misma dirección y lograr crear empleo". Es previsible que Don Artur Mas se vuelva a Barcelona con un “NO” sobre la portada de su Vanguardia.

Ante semejante escenario, Artur Mas solo tiene una salida: convocar elecciones y presentar la campaña con la palabra 'independencia' en su programa electoral. Nadie en Cataluña entendería una postura diferente y ningún catalanista aceptaría otra cosa. Artur Mas es un político mediocre, sin la más mínima capacidad de liderazgo, con un partido salpicado por innumerables casos de corrupción y una sociedad embrutecida por 30 años de adoctrinamiento, radicalizada por 7 años de un Gobierno separatista de extrema izquierda, asfixiada por una crisis económica terrible y, repito, exaltada por la buena racha del que ha sido el mejor equipo de fútbol del mundo en los últimos años. Artur Mas se encuentra en un callejón sin salida y a su entrada se encuentra una pancarta con el lema: 'Cataluña, un nuevo Estado de Europa'.

Este es el escenario esperado y predicho por Alicia Sánchez Camacho y el Partido Popular de Cataluña que, según esas mismas predicciones, en estos momentos tienen un papel fundamental en todo el panorama y puede recoger los frutos de toda la incomprensión manifestada por las bases y simpatizantes del partido desde que tomó sus riendas en aquel 'rocambolesco' Congreso de Barcelona. Sánchez Camacho es una política de altura, con capacidad suficiente para plantar cara a esta situación y conseguir colocar al PPC en una buena posición para entrar en el Gobierno de la Generalidad.

Pero no debe equivocarse de 'enemigos' (no me gusta nada esta palabra en política, pero responde gráficamente a la idea). Albert Rivera y su partido han demostrado altísima inteligencia política y una gran fortaleza ideológica, su posicionamiento progresista desplaza su mercado electoral a la izquierda y su competencia con el PP es la misma que tienen dos cafeterías en la plaza de una ciudad, que no se quitan clientela, se la suman una a otra.

Presentar dos alternativas a una Cataluña no nacionalista es fundamental para romper con la idea 'monógama' del electorado y, puesto que el PSC-PSOE se debate entre luchas de poder y definiciones conceptuales que justifiquen su gravísimo error identitario, la doble alternativa al separatismo deben liderarla el Partido Popular de Cataluña y Ciutadans, separados en la ideología pero unidos en la Constitución, la libertad y el sentido común.

Ya no es tiempo de ambigüedades, ya no es tiempo de pasar de perfil por el problema, Cataluña necesita posturas claras, España necesita una respuesta.

Dos actitudes
José María Marco La Razón 14 Septiembre 2012

A Mariano Rajoy y a Artur Mas les distinguen muchas cosas. Ha quedado claro en la forma en la que cada uno se ha enfrentado a la posibilidad o a la necesidad de pedir ayuda. Artur Mas ha exigido, más que pedido, el rescate, como si el resto de los españoles les debiéramos ese dinero a nuestros compatriotas de Cataluña. De esta forma ha intentado convertir la exigencia en un instrumento más de la larga marcha hacia la construcción nacional en Cataluña, al tiempo que exonera a las instituciones de autogobierno de cualquier responsabilidad. Rajoy, por su parte, no ha exigido el rescate en modo alguno, e incluso parece querer diferirlo en la medida de lo posible: para evitar una muestra de debilidad política y, probablemente también, para evitar una imagen negativa de España.

La diferencia entre la actitud del presidente de la Generalidad y la del presidente del Gobierno central no es sólo psicológica ni política. También proporciona algún dato interesante acerca de la naturaleza de Cataluña y la de España. España, en pocas palabras, es una nación real, existente, que no necesita de gestos como el de «exigir» a nadie que la salve de la quiebra. Por su parte, el Gobierno catalán tiene que recurrir a gestos teatrales y populistas como los que hemos presenciado, hasta acabar en la manifestación del 11 de septiembre, para que la reivindicación nacional cobre verosimilitud.
Esto no quiere decir que las naciones existan de una vez por todas o que no vayan a surgir otras nuevas. La historia ha visto muchas naciones acabadas y ha visto nacer otras tantas, tantas al menos como las que hoy existen. Cataluña, que ni ha sido una nación ni lo es hoy en día, sí que puede llegar a serlo. Y España, que lo ha sido y lo es desde hace centenares de años, puede desaparecer como tal o cambiar hasta el punto de transformarse en algo irreconocible.

Para evitar que el nacionalismo catalán acabe por creear la nación catalana o el Estado catalán, no hace falta levantar la bandera de un absurdo nacionalismo español, ni convocar contramanifestaciones españolistas. Hace falta razonar, difundir y apuntalar una cultura y una realidad en las que están integradas la realidad y la cultura catalanas. Desde esta perspectiva, no hay mayor prioridad para un gobernante que la de conservar la integridad de la nación al frente de la cual está. La regente María Cristina y Sagasta, dos grandes personajes, han pasado a la historia, muy en particular, por haber protagonizado la pérdida de los últimos territorios españoles de ultramar. Si seguimos como vamos, es posible que veamos la repetición de esos hechos, con mayor dramatismo aún, y protagonizados por quienes vienen tras los que nos representan hoy en día.

Y dale con la cultura catalana
Nota del Editor 14 Septiembre 2012

Que manía, no les basta con la conculcación de los derechos humanos y constitucionales de los español hablantes que se ven sometidos por razones de vecindad, que ahora pretenden que los demás nos preocupemos por su lengua regional. Y proponer que se deroguen todas las leyes sobre lenguas regionales no es un absurdo nacionalismo español, es puro sentido común, y la única forma de terminar con este disparate autonómico.

Sí a la condonación masiva de la deuda
Borja Mateo www.vozpopuli.com 14 Septiembre 2012

El mayor problema de España en estos momentos es el sobreendeudamiento del país, sobre todo el de las familias. Ante esta situación se proponen dos soluciones: Que el Banco Central Europeo compre nuestra deuda o bien que el deudor pague sus deudas.

Que el Banco Central Europeo compre nuestra deuda
Ventajas:
Se monetiza la deuda, es decir, se imprime dinero, con lo que la inflación aumenta y el valor real de las deudas existentes disminuye;
Permite a los Estados aumentar el nivel de endeudamiento; de esta forma se pueden realizar nuevos proyectos de inversion que revitalicen el país;
Permite rebajar el nivel de impuestos al tener el Estado una nueva fuente de financiación: el Banco Central Europeo que le adquiere deuda a un precio al que nadie en su sano juicio lo haría;
Permite aumentar los salarios sin perder la competitividad siempre y cuando los mismos crezcan por debajo del umbral del aumento de la primera

Entre las ventajas de que el BCE compre deuda: se disminuye el valor real de las deudas, se pueden bajar impuestos y subir salarios sin perder competitividad

Desventajas
La inflación supone que, aquellos que hicieron bien y no se endeudaron, vean el valor real de sus inversiones mermadas. La inflación es la forma más rápida de destruir riqueza acumulada;
Como el Estado no se ve con el agua al cuello, no realiza las reformas necesariasporque alguien le salva. En nuestro país las reformas imprescindibles son varias:
Reducción de la estructura del Estado de las Autonomías a unos niveles sostenibles;
Reorientación de los flujos de ahorro de actividades de muy baja productividad (construcción) a otras con una productividad mucho más alta;
Una mayor fiscalización desde los ciudadanos de la acción política;
Eliminación de una buena serie de privilegios de los Estados tienen respecto a los individuos y que han promovido una interferencia en muchos aspectos de su vida (económica- impuestos-, de conciencia o sexual –educación para la ciudadanía-, eliminación de libertad lingüstica – Islas Baleares, Valencia, Cataluña o Vascongadas)
Significa que el Banco Central Europeo pierde su independencia; de pasar a ser un controlador de la inflación a conviertirse en un salvaestados;
Hace que los ciudadanos pierdan su sentido de responsabilidad al saber que, en caso de que un banco quiebre, alguien salvará sus ahorros

Que el deudor pague sus deudas
Ventajas:
Al no actuar el BCE insertando dinero en el mercado, no se crea una espiral inflacionista, con lo que los ahorradores no ven como baja el valor real de sus disminuya;
Aumentan las diferencias de financiación entre los buenos pagadores (Alemania, Finlandia,..) y los malos (España, Italia,..). Este proceso es muy comprensible porque los acreedores lo que desean es recuperar su dinero a los niveles actuales los cuales están fundamentados;
Se potencia que los Estados lleven a cabo rápidamente aquellas reformas a las que se han negado siempre;
Al aumentar la presión sobre los Estados y estos reducir sus gastos, la situación de los ciudadanos es cada vez peor; de esta forma exigen una mayor fiscalización de la acción política; pasan de ver el Gran Hermano a salir a las calles;
Aumenta muy fuertemente la formación económica de la ciudadanía. De pasar de leer el Hola, se decanta cada día más por publicaciones económicas, de mirarse el ombligo a querer informarse sobre cuestiones de enjundia

Obligar a pagar las deudas es bueno porque aumenta la responsabilidad económica y política de la ciudadanía, así como su formación e interés financiero

Desventajas:
El problema de la deuda no es la liquidez, sino la solvencia: países como el nuestro no pueden pagar por sus propios medios;
Hunde a los deudores y no garantiza necesariamente que los acreedores puedan cobrar;
Elimina la responsabilidad de los acreedores quienes tenían que haber comprobado la capacidad de pago de los deudores;
Salva a los bancos, países y ciudadanos que prestaron de forma imprudente (Alemania y Francia entre otros);
Hace que los ciudadanos de países como Francia y Alemania no exijan responsabilidades a sus Estados; fueron las estructuras de estos quienes permitieron a los BAFIN (regulador bancario alemán), y las Commission Bancaires (Francia) de turno hacer posible que sus bancos prestaran a quienes nunca tendrían que haber concedido crédito (España). De esta forma el alemán sigue leyendo el Bild y el austríaco Die Kronenzeitung en vez de dedicarse a formarse y exigir responsabilidades y fiscalizar la actuación de su Estado

Una tercera posibilidad es la quita masiva
Ventajas
Hace aumentar la responsabilidad del acreedor (Alemania, Francia,…) respecto a los deudores a quienes nunca tuvo que prestar en las condiciones;
Aumenta la fiscalización de los actos del Estado por parte de aquellos ciudadanos de los países cuyos bancos prestaron sin tener que haberlo hecho (Alemania, entre otros);
El no querer insertar dinero en el sistema no significa aumento de masa monetaria y, por tanto, aumento de la inflación. De esta forma, el valor patrimonial de los ahorradores inteligentes (aquellos que prestaron a quien podia devolver) permanece estable;
Parte del negocio es cobrar intereses… como lo pueden ser también no devolver la deuda. La quita masiva refuerza la comprensión de este concepto;
Libera al deudor de una gran losa y le permite crecer al no tener que destinar todos sus ingresos a la devolución de una deuda que nunca podrá pagar

Desventajas
El ahorrador no volverá a prestar al actual deudor durante mucho tiempo una vez constatada su incapacidad histórica para devolver el montante;
Empobrece al acreedor al tener que reconocer que el valor de su inversión (el préstamo realizado) ha disminuido

Parte sustancial del contrato de préstamo es el pago de intereses anuales. Estos tienen dos funciones:
Compensar al acreedor por la renuncia a ese dinero durante un período predeterminado (es un alquiler de dinero);
Compensar al acreedor ante un impago ya sea parcial o total;
Compensar por un juego especulación que realiza el acreedor al especular que su acreedor devolverá su deuda

Puesto que nosotros, los españoles, hemos pagado los intereses durante mucho tiempo, ahora que no podemos, no paguemos nuestras deudas[i]. Es el momento de la responsabilidad de los acreedores: que cada palo aguante su vela, que los alemanes y franceses aguanten la suya de haber prestado a quienes nunca lo tuvieron que haber hecho. Que hubieran realizado sus análisis de fortaleza financiera y de valoración de los activos que servían de garantía de la prestado[ii].

¡Ni un duro para rescatar a los imprudentes cuyo dinero nos permitió vivir por encima de nuestras posibilidades!

La condonación de la deuda por imposibilidad de pago ha de tener en cuenta no solo al Estado y a las Comunidades Autónomas, sino ser masiva e incluir a las empresas y a las familias. No nos rasguemos las vestiduras: impagos de deudas ha habido muchas en la Historia y no ha sido el fin de los tiempos. Los llamados especuladores no son nada más que ahorradores que tienen miedo de que no se les devuelva los prestado: ojalá hubieran tenido estos mismos reparos en 1998-2006 cuando financiaron la burbuja en España! ¡Ni un duro para rescatar a los imprudentes cuyo dinero nos permitió vivir muy por encima de nuestras posibilidades! ¡Ni un duro para rescatar a los especuladores de Nantes, Stuttgart, Bielefeld, Graz o Tampere! ¡Ni un duro para pagar o rescatar a aquellos que hicieron una apuesta especulativa que ha salido mal!

Es el momento de que los españoles demos la vuelta a la tortilla y presentemos la situación como realmente es: ha sido la falta de pericia de quienes noshan prestado el dinero la que ha dado lugar a la situación en la que nos hallamos

La próxima vez que los ahorradores presten dinero, se lo pensarán dos veces. Es el momento de la verdadera solidaridad, de aquella que viene de los individuos hacia el grupo: que cada uno haga frente a las consecuencias de sus acciones.

[i] Expertos en el Mercado inmobiliario de la talla de Ricardo Verges Escuin son de esa opinion, algo que ya han defendido desde marzo de 2011; así en "La enormidad de esa deuda es tan abrumadora como la evidencia de que no seremos nunca capaces de devolverla" en “La información asimétrica en el sector inmobiliario español (4)

El insoportable lastre de la deuda hipotecaria” en http://www.ricardoverges.com/pdf/DeudaHipotecaria.pdf

[ii] Que este aspecto, el Estado Español (uso bien el término) y sus estructuras plutocráticas adláteres han realizado una gran labor, lo explica muy bien Ricardo en En “Conferencia de Ricardo Vergés en Leioa 19-11-2009” en http://vimeo.com/7727002 ,así cuando dice “"Hay una política de ocultación de datos en España que es (...) nunca la había visto. He pasado 20 años viviendo en países del G-7 y nunca jamás he visto una ocultación y un control de la información como el que había visto en España. (…). No hay un interés de la propia prensa por buscar la realidad, exponerla para que entre todos votemos y adoptemos las políticas que más nos convienen (…)"

Insólito país
Joaquín Marco La Razón 14 Septiembre 2012

Nada hace suponer que nuestras instituciones y partidos vayan a alterar sus principios, su incoherencia, sus formas de comportamiento. Tras la primera intervención del presidente del Gobierno en la televisión pública, a preguntas tasadas por algunos representantes de la prensa escrita, no pudo concluirse que el acto tranquilizara mucho el ánimo de los ciudadanos. Una vez más, Rajoy se limitó a reproducir lo que ha venido repitiendo desde que obtuvo sus mayorías absolutas que le permiten, no sin algunas controversias internas, gobernar a su aire, sin alianzas, ni apoyos –y hay quienes se lamentan– sin consultas. No podemos ni imaginar lo que hubiera sido tomar las medidas y mantener las ambigüedades sobre el presente y el más inmediato futuro sin contar con un respaldo electoral tan alto. Pese a todo y a los socios europeos que abren camino con peajes, las situaciones que estamos viviendo no dejan de ser insólitas. El Parlamento alemán votó lo que en España no se ha votado nunca en sede parlamentaria. Hay una oferta de rescate, pero hay que pensar si nos conviene, por lo menos, hasta mediados de octubre y tendremos ya encima las elecciones vascas y gallegas. En Cataluña, una manifestación multitudinaria de dos millones, un millón y medio o seiscientos mil individuos, de más a menos, sin altercado alguno y sin el apoyo explícito del PP ni del PSC reclamó nada menos que la independencia bajo un auténtico aluvión de banderas con la estrella independentista.

El lema fue «Cataluña, nuevo Estado de Europa». Por descontado, los partidos catalanes y los del resto del Estado deberán reflexionar fríamente sobre un salto cualitativo que ha empujado a una fuerza moderada, como CiU, a tomar un rumbo, en teoría, soberanista. Casi al tiempo, Mas deberá acudir a demandar el rescate a Madrid, porque nadie sabe ya cómo pagar facturas (y Guindos amenaza). Se fletaron para la ocasión más de mil autocares, trenes especiales y se multiplicaron los servicios públicos barceloneses para que se pudiera concurrir a tan magna, cívica, familiar y hermosa concentración masiva. No en vano, Unamuno le hacía notar al poeta Maragall que a los catalanes les perdía la estética. Se cuidó hasta el mínimo detalle, por lo que no deja de resultar insólita la calificación previa del presidente a esta manifestación como «algarabía». En todo caso fue ordenada, cívica y prudente. La pregunta es cómo manejar esta confrontación sin que acaben rompiéndose los múltiples y más o menos sutiles hilos que enlazan esta autonomía con el resto de España. No cabe duda de que el error sería uniformizar instituciones. Esperanza Aguirre pide desprenderse de las transferencias judiciales y devolverlas al Estado, suprimir la televisión autonómica (ya lo propuso hace años el propio Gallardón). La uniformidad no ha de ser precisamente la solución ideal. Cataluña no es equivalente a la Comunidad de Madrid. Sus ambiciones son otras. La enseñanza vehicular se realiza en catalán, existen televisiones en esta lengua, periódicos, editoriales y cultura que pueden proyectarse en una parte de Valencia y en las Islas Baleares.

En buena medida, el «caso catalán», como «el caso vasco», se arrastran desde el siglo XIX y aún antes. No es tan solo una cuestión que tratara de zanjar Felipe V. Olvidamos que ya Pi y Margall propuso su república federal como solución y fracasó, pero el federalismo funciona como sistema en países construidos sobre elementos desiguales. El estado autonómico fue un «invento» de Adolfo Suárez mientras se salía de una dictadura militar. Era el «mal menor». Las crisis económicas, como se sabe, incrementan los nacionalismos y los extremismos. Grecia teme la expansión de un partido nazi, cuando se luchó, tras la II Guerra, contra diversos tipos de totalitarismo. Cuando fuerzas de la burguesía, como CiU y el mismo Jordi Pujol, no temen situarse en la cresta de esta ola de protesta en la que el soberanismo es la espuma, el PP no debería hacer oídos sordos. Se grita en la calle, pero algo hay que hacer para no romper los puentes del diálogo. Este radicalismo es ahora transversal. Se sitúa en diversas clases sociales y manifiestamente es mayoritario en las generaciones más jóvenes, las de menos de cincuenta años. Bien es verdad que no todos comulgan con el mismo credo. Y quienes se manifestaron bajo un lema que no rechazaban estaban impulsados por el paro, los bajos salarios, el miedo al futuro, cierto desprecio o ignorancia del resto de España hacia Cataluña y sus propios problemas. No puede ser que, ante la ausencia de anteriores ingresos, se le reproche una deuda que le es perdonada en mayor medida a Bankia o a cuantos hallen refugio en el banco malo. Este país, España, es insólito, porque es diverso. No puede explicarse fácilmente a quienes creen que lo que nos aqueja es tan solo una grave crisis económica (que a todas luces es la madre del cordero). Pero hay bastante más: corrupciones o incomprensiones de todo orden. No confundamos, pues, los problemas de Castilla-La Mancha o de La Rioja con los de una Cataluña que mantenía todavía el orgullo de volver a ser el motor de España. Estamos con los parados, pero no podemos obviar un tupido bosque de problemas tras ellos.

"La enseñanza vehicular se realiza en catalán"
Nota del Editor 14 Septiembre 2012

Dicho así, parece una trivialidad, sin mayor importancia: pero es un disparate, una conculcación de los derechos humanos y consitucionales de los español hablantes, y cualquier otra consideración no tiene sentido. Está claro que la única salida posible consiste en derogar todas las leyes sobre lenguas regionales y se termina la fiesta.

Artur Mas
El chantajista en el Ritz
Cristina Losada Libertad Digital 14 Septiembre 2012

Uno llega a creer, influido por los tópicos, que el lugar natural del chantajista es algún pisito sórdido, algún sótano destartalado, ubicado en callejuelas que igual podrían ser como la bocacalle de las Ramblas donde Artur Mas tiene su despacho. Por olvidar a Chandler, no imagina uno que la torva figura del extorsionador sea un señor respetable que recibe y es recibido en los salones más elegantes. Sin embargo, así sucede, y no sólo en la novela negra. En política se usan eufemismos. En democracia se admiten las presiones de grupos de interés y grupos de poder. Pero lo que han acogido las refinadas estancias del Ritz, aquello que ha presentado el presidente de la autonomía catalana ante la flor y nata, son los términos de un chantaje. Uno, sí, bien conocido, aunque no por ello ha dejado de surtir efecto.

Los términos, por resumir, fueron estos: o se nos da el concierto fiscal o ya saben. No hace falta explicitar y Mas, naturalmente, no lo hizo. Para qué turbar los oídos de la selecta concurrencia. De formular la amenaza se habían encargado los de la manifa, por lo que no era preciso exponerla allí, en el Ritz, en toda su crudeza. Ese modus operandi queda para el chantajista cutre, el que envía su carta con letras recortadas del periódico. Aquí todo el mundo sabe de qué estamos hablando. O el privilegio fiscal o vamos derechitos a la independencia. Empujados, claro, por el "clamor popular" que representaron, como buenos figurantes, los Cien Mil Hijos de San Jordi Pujol que recorrieron Barcelona.

Es la transacción de siempre, la oferta que no se puede rechazar, la que mantiene a las elites de Madrid en el confort moral del autoengaño. Quieren creer que el nacionalismo moderado, ese señor con corbata de Hermés y buenos modales, es el que impide que las cosas se desmanden. Conviene, pues, tenerlo contento y pagarle el favor como corresponde. A lo largo de treinta años, que ya es tiempo, se han sucedido las cesiones a este o aquel chantaje nacionalista, fuese a cuenta de la política lingüística, de tal y cual transferencia, del Estatuto... en fin, la historia interminable. Nada distinto se ha probado y la cesión no ha alejado el fantasma del fatal desenlace. Al contrario, sólo está más cerca. Lo acaba de presentar Artur Mas en los salones.

Cataluña
De los nervios con Rajoy
Primo González www.republica.com 14 Septiembre 2012

Las sempiternas dudas de Mariano Rajoy sobre el asunto del rescate están poniendo de los nervios a medio mundo. El BCE es un viejo contendiente en esta envenenada cuestión y acaba de utilizar su Boletín Mensual para añadir algo más de leña al fuego. Rajoy todavía parece estar meditando una decisión o, al menos, esa es la versión oficial, es decir, que el presidente estaría sopesando los pros y los contras de pedir ayuda a los socios de la UE para salir del atasco financiero.

Lo malo de este asunto es que el tiempo corre y es un endiablado protagonista, que nos está haciendo incurrir en gravosos costes financieros mientras el presidente deshoja la margarita. Es una temeridad esperar a las elecciones de finales de octubre en País Vasco y en Galicia, sobre todo las de Galicia, en las que el PP se juega la mayoría y Rajoy en particular su imagen como dirigente que todavía aspira a contar con un cierto beneplácito público. El PP puede estar en trance de repetir el error de hace unos meses con las elecciones andaluzas, en las que al final no ganó y encima facilitó un deterioro considerable de la economía española, cuando la prima de riesgo se disparó por encima de los 500 puntos básicos.

Pero, como de los errores no siempre se aprende, Rajoy parece dispuesto a convertir las autonómicas de Galicia en una especie de plebiscito sobre su persona y sobre su gestión. Y, en sus cuentas, considera quizás que pedir el rescate constituye un punto de desprestigio, una humillación, sobre todo porque el rescate no va a venir solo, vendrá aderezado con nuevas exigencias de Bruselas para dar credibilidad a los compromisos de déficit.

Un anticipo de esas exigencias lo acaba de dar el Banco Central Europeo. La institución que dirige el italiano Mario Draghi tiene prisa en poner en marcha su famoso plan de compra de deuda. Sólo comprará deuda española en el mercado secundario si España pide el rescate, pero Rajoy se hace el loco. Quizás por este motivo el BCE ha salido este jueves con un documento que tiene algo de incendiario contra la parsimonia española. No sólo dice que las previsiones económicas españolas realizadas por el Gobierno son totalmente increíbles sino que vaticina que el Gobierno deberá afrontar “medidas ambiciosas” para cumplir con los objetivos de déficit. La debilidad del crecimiento económico, que el BCE ve prolongado hasta bien entrado el año 2013, no posibilita el cumplimiento de los objetivos de déficit.

Draghi dice en pocas palabras que sólo con la ayuda de Bruselas España podrá alcanzar los objetivos que se nos han marcado en la UE para el año 2012 y sobre todo 2013 y siguientes. El destino futuro de las cuentas públicas españolas se presenta oscuro, según el BCE, ya que a la vuelta de unos pocos años, y según las hipótesis económicas menos favorables, la deuda pública del país podría encontrarse por encima del 100% del PIB, una cota que nunca España había traspasado y desde luego nunca había temido que se pudiera traspasar. No hay que olvidar que España ha iniciado la reciente crisis económica con un nivel de déficit sobre PIB algo por encima del 30%, lo que significa que la incompetencia de los Gobiernos de estos años ha provocado la multiplicación de esa deuda por tres. Todo un récord.

Con su propia fuerza
juan carlos girauta ABC Cataluña 14 Septiembre 2012

COMO en las más sofisticadas artes marciales, el nacionalismo se va a caer por efecto de su propia fuerza. Solo hay que ayudarle un poquito a seguir el camino iniciado, facilitar el trayecto que ha imprimido a su cuerpo. Nada de entrar al trapo, nada de ponerse delante, nada de detenerlo. Años llevaban advirtiendo de los males que sobrevendrían si no se seguía su agenda, sus impulsos, sus reglas de juego. Tantas veces funcionaron las amenazas veladas, que al final las desvelaron para dar el salto cualitativo que les dejaba las manos libres, con todas las ventajas de la independencia política y con ninguno de sus inconvenientes. Creyeron haber dado con el ariete definitivo, capaz de derribar cualquier obstáculo en su carrera hacia el control absoluto del imaginario y del erario. ¿Cuántas veces, desde el lío del Estatut, no habremos oído el argumentito? No dejan que seamos españoles con comodidad, ergo nos están conduciendo a la separación; nosotros no éramos independentistas, pero el expolio fiscal nos ha decantado; cada vez que habla Montoro, crece el independentismo; con cada debate de tal medio brotan secesionistas; escucha, España, y tal.

Debieron comprender que en los choques de trenes conviene no ser el tren pequeño, optar por la colaboración con el gobierno español a la espera de la salida de la crisis. Habrían optimizado sus bazas. Sin embargo, doblaron la apuesta de coco secesionista, cometiendo el mayor error de su historia. A pesar de contar con el gobierno de Cataluña y con la mayoría política, colocaron su legitimidad, y los recursos de su partido al servicio de una “entidad convocante” que, sin título alguno, se cree embrión de un futuro poder constituyente catalán. Les pusieron los autobuses, la logística y la televisión pública.

Desataron una fuerza imparable. ¡Menuda manifestación! Bien, si es imparable, no la paremos. Por el contrario, exijamos coherencia. Todos los días, de forma incansable. ¡Presidente Mas, no se puede defraudar a tanta gente! ¡Eran su corazón, su voz, su espíritu! ¡Deles satisfacción! O sea, como en el jiu jitsu.

Cataluña
Resacón
Maite Nolla Libertad Digital 14 Septiembre 2012

Yo espero que, cuando pasen unos días, el personal se dé cuenta de que no ha visto nada nuevo y de que estamos todos donde estábamos hace una semana, hace un mes, dos años o treinta. El enorme fiestón que creen haber vivido los nacionalistas, si algún efecto tiene, es el de ahondar en la injusta idea de que, si Cataluña quiere la independencia, que se la den con un lazo. Injusta porque si los sucesivos Gobiernos del Estado y sus respectivos partidos no hubieran desaparecido de Cataluña, seguramente los independentistas serían los mismos, pero no llevarían treinta años gobernando. Todos: uno porque estaba loco y jugaba a ser ingeniero constitucional, otro por estar atado y otros por miedo. Y los que vivimos aquí no tenemos por qué pagar el complejo o la cobardía patológica de socialistas y populares. Mucho más los primeros, pero acomplejados y cobardes ambos.

Y poco más, créanme. Ya vivimos una manifestación similar hace dos años. Entonces el pueblo se sintió agraviado por la sentencia del Constitucional. Castellana y media de peña, nos dijo el corresponsal de La Vanguardia en Madrid. Y ninguna consecuencia. Es verdad que el resacón de aquella fue menor que el de la de este martes, y es que al día siguiente España ganó el mundial de fútbol y la verdad es que una manifestación independentista liderada por Montilla y por Joan Rosell tenía poca o muy poca credibilidad. Ahora, en su delirio, nos dice que ya no es Castellana y media, sino dos Castellanas. Dejémosle que sea feliz. Desde su periódico, convocó a la gente a que llevara muchas banderas europeas, y la gente le hizo caso. Lo que no nos dijo es que era para quemarlas.

Volviendo a las consecuencias de la manifestación, deben ustedes comprender que Mas, aunque parezca envalentonado, lo que está es aliviado; todo este ruido le permite sacar la cabeza, respirar y pensar que aún quedan quince días para buscar el dinero con que pagar las nóminas de sus funcionarios y otros empleados públicos. Pongamos que es cierto que va a convocar elecciones. Las elecciones del pacto fiscal o la independencia. Susto o muerte. Sucede que las elecciones generales ya fueron las elecciones del pacto fiscal. "Gana el pacto fiscal", nos repitieron hasta en la sopa. Y siguiendo con el supuesto de que sea cierto lo de la convocatoria de elecciones, ¿en qué cambiará el mapa y la correlación de fuerzas? Pues en nada. De todas formas, si convoca elecciones me da que no será por eso y sí por las nóminas, que son lo que todo esto esconde

Al final, lo que queda es que Mas ni siquiera ha cambiado la premisa de que lo peor de convocar un referéndum es que se perdería, y que perderlo generaría frustración. Y un problema de narices para los que se vieran en la tesitura de tener que votar "sí" o "no", no "a lo mejor". Y estoy pensando en el PSC, en La Vanguardia o en su propio partido.

La ‘futbolización’ de la política
‘El nacionalismo no sabe, aunque sí lo saben los que lo dirigen, que el precipicio hacia el que nos llevan no tiene fondo, que la fractura social que se está produciendo será difícil de arreglar, que todo el camino andado jamás podrá ser desandado y que el éxito y la victoria de unos, será la grave derrota de otros’.
Daniel Perales www.vozbcn.com 14 Septiembre 2012

Este mes ha sido un período absolutamente funesto para la convivencia en Cataluña, con la guinda en el pastel de la marxa sobre Barcelona (no me digan que no han sentido un escalofrío con el lema), que se suma a más de 30 años de lavado de cerebro generalizado y estupidez colectiva sin igual.

Queda ya lejos el espíritu de la Transición: la concordia, el entendimiento, la tolerancia, la unidad, el respeto a la pluralidad, el buscar el encaje para todos y las ganas de encontrar aquello que nos unía y que nos une frente a lo poco que nos separaba y que hoy en día algo más lo hace. Adolfo Suárez (UCD) fue un estadista según lo analicemos, o simplemente un ingenuo que no supo entender que el nacionalismo nunca se contenta, jamás tiene suficiente, vive de ello, se alimenta de la ilusión, de lo que no existe pero anhela conseguir, del futuro celestial, de las emociones, los sentimientos, la pasión y lo irracional…

Fruto del mal cerrado pacto constitucional, del maquiavelismo y la obsesión de unos y de la falta de patriotismo o simplemente dejadez, desinterés o incapacidad de otros, nos encontramos actualmente ante una problemática importante a sumar a la larga retahíla de las que ya nos vienen sobrevenidas a nivel económico y social, y que tiene difícil solución con los mimbres de los que disponemos.

La política debería ser siempre entendida como la fórmula para llegar a acuerdos beneficiosos para todos, considerando la realidad física y humana del lugar sobre el que tomar decisiones. Para la toma más justa y equilibrada de estas decisiones, la democracia es el mejor sistema político conocido hasta el momento (Churchill dixit) y en esa fórmula cabe todo el mundo que la respete y la entienda en su grandeza, excluyendo por definición a aquellos que quieren aprovecharse de ella y de su bondad natural para convertirla en un arma para la victoria frente al otro. Democracia es virtud del entendimiento y gobierno del elegido para todos los que lo eligieron y los que no lo hicieron. Además, la política, engarzada en el sistema democrático, debería servir para decidir sobre nuestras vidas, siempre que fuera necesario para salvaguardar las libertades de todos, cercenando lo menos posible las libertades individuales.

En cambio el fútbol es otra cosa, es pasión, fervor, sentimiento, amor irracional a unos colores, a una bandera, a una ilusión, a unas sensaciones… Por mucho que defiendas el respeto al rival, el juego limpio, las buenas maneras, el fair play, en el fondo, todo seguidor fiel a un equipo desea lo peor para el rival, se ríe de sus desgracias, sufre con sus victorias y jamás acepta la realidad de lo que sucede. Los colores son más importantes, si tu equipo gana somos los mejores, si tu equipo pierde es culpa del árbitro, del entrenador, de la directiva, del estado del césped, de que no me he traído mi amuleto favorito al campo hoy, o que tal o cual jugador no ha salido al terreno de juego motivado. Cuando tu equipo pierde, tu tristeza dura poco, rápidamente, como un resorte, saltas de tu butaca y piensas, da igual, el año que viene lo conseguiremos, somos los mejores, y así ad infinítum.

No seré yo el primero ni el último en tocar el manido tema de la dualidad humana. Todos tenemos nuestro lado racional que intentamos imponer al irracional, no siempre con éxito, y a menudo es común reflexionar sobre que por muchos intentos que hagamos por racionalizar las cosas, el efecto sorpresa irracional nos ayuda a tener éxito en según qué empresas. Está estudiado que el acervo cultural y genético como especie nos proporciona una información muy válida a la hora de tomar decisiones rápidas. Por tanto, saber utilizar inteligentemente ambas estrategias nos aporta un equilibrio a la hora de decidir qué nos favorece, exponencialmente. Como conclusión diríamos entonces que para unas cosas es mejor racionalizar, meditar, pensar y reflexionar, pero para otras es mejor dejarse llevar por las emociones internas, por la emoción, por el lado irracional.

Pero estarán conmigo que la política no admite prisas, no se lleva bien con las decisiones rápidas. Es demasiado importante decidir sobre la vida de millones de personas, que a la vez viven en red con otros tantos millones más, como para fiarnos de nuestro lado irracional. Por lo tanto, convendríamos todos que la política sería uno de los lugares perfectos para que se instalara cómodamente el raciocinio y copa de brandy en mano y habano de calidad, sopesara una y otra vez variables y más variables hasta llegada la madrugada, y únicamente con todos los elementos de juicio analizados, tomara las decisiones más adecuadas para todos.

En estos días, es evidente que nos encontramos con la copa de brandy rota por el trajín, el habano humedecido por las lágrimas y con unos políticos, que a golpe de garrote, toman decisiones precipitadas y peligrosas, poco meditadas desde la razón y extraídas en vena directas desde el corazón.

El nacionalismo más reaccionario está ganando la partida, cuando en democracia las partidas no se ganan, se empatan. El nacionalismo está utilizando perversamente la democracia y los medios de que esta dispone para la difusión de sus logros positivos, para difundir el odio, el enfrentamiento y la sinrazón. El nacionalismo está utilizando el legítimo sentimiento de muchas personas para despreciar el de los otros, tan válido como el suyo. El nacionalismo ha encontrado el camino que en su mundo onírico siempre anheló, lo tiene ahí, a tocar de un dedo dicen, y por el camino le da igual quién o qué salga perjudicado. El nacionalismo ha encontrado la llave de su tierra prometida y ya nada ni nadie le puede apartar de la consecución de la victoria final.

Pero el nacionalismo no sabe, aunque sí lo saben los que lo dirigen, que el precipicio hacia el que nos llevan no tiene fondo, que la fractura social que se está produciendo será difícil de arreglar, que todo el camino andado jamás podrá ser desandado y que el éxito y la victoria de unos, será la grave derrota de otros.

¿No habíamos quedado que en democracia no debían haber vencedores y vencidos?

A ellos les da igual, es la futbolización de la política, es la muerte de la razón.

Daniel Perales es profesor de Primaria

¡Secesión ya!
Pedro de Hoyos Periodista Digital 14 Septiembre 2012

Llevo un rato decidiendo si no haría mejor en dedicar la columna a un poético elogio de la dorada luz del otoño. Al final decido escribir lo previsto y utilizar nuevamente mi artículo como terapia anímica.
Estoy harto, señores. La actualidad ha podido conmigo y estoy saturado de aquellos españoles que llevan cuarenta años sacando provecho ilegítimo de sus ventajas políticas. Permítanme ir directo, que el espacio escasea. Estoy harto de los privilegios fiscales de algunos españoles, obtenidos gracias a prebendas políticas injustas y que convierten en mentira que todos los españoles seamos iguales ante la ley. Les hablo del País Vasco y de Navarra y de tradiciones medievales que burlan la igualdad impositiva de los españoles.

Es absolutamente intolerable que un español pague más impuestos por vivir en una provincia que en otra. Y eso, que es profundamente injusto, es defendido por nuestros políticos como bueno para España. No, no me olvido de que los políticos elegidos en Palencia –en toda Castilla- para defender nuestros intereses creen sin embargo que eso es justo. Y hasta lo han llevado a la Constitución.

Y además soportamos las amenazas nacionalistas de separarse de nosotros, aliñando sus pretensiones con discursos clasistas y racistas a la par que victimistas. No sólo están a punto de conseguir sus propósitos, pasando sobre miles de castellanos que fueron forzados a emigrar de sus tierras para crear riqueza en otras, sino que quien tenía que poner freno a todo ello no sabe o no puede hacerlo.

Es tal el éxito del disparate, convertir en víctimas a quienes se favorecen de una ley injusta y en opresores a quienes padecen una política de desertización y despoblación, que en Cataluña les surgen imitadores. Los más favorecidos por la política económica, industrial y de población desde Franco -el primero en impulsar la desertización de Castilla- amenazan también con la secesión si no se les concede también semejante privilegio económico. No sólo es que durante décadas se les ha permitido una política de rechazo de todo lo castellano, haciendo caso omiso de sentencias judiciales, sino que los políticos castellanos, españoles en general, mantienen con su silencio estos privilegios que legalizan españoles de dos clases.

Ahora ponen a su independencia el precio de un concierto económico y nos acusan de intransigentes. Que se vayan y nos devuelvan a nuestros emigrantes y las joyas castellanas del Museo Marès.

¿A quién defiende el Tribunal Constitucional alemán?
José Luis Ruiz-Navarro www.republica.com 14 Septiembre 2012

El pasado miércoles 12 de septiembre, el Tribunal Constitucional federal alemán dio a conocer su sentencia sobre la conformidad del Mecanismo Europeo de Estabilidad -MEDE- y el Pacto Fiscal -Pacto de Estabilidad y Crecimiento- con la Constitución. Hemos visto comparecer a los ocho jueces de la Sala segunda del Tribunal, con sus birretes y togas rojo-carmesí en su sede de Kalsruhe para anunciar al mundo que el MEDE no viola los poderes constitucionales de control presupuestario del Bundestag. Este fallo va a propiciar el desbloqueo del plan aprobado por el Consejo Europeo el pasado año para resolver la profunda crisis en que se encuentra sumida la Eurozona. Prácticamente desde su constitución, el Tribunal Constitucional, presidido en la actualidad por el carismático Antreas Vosskuhle, ha venido desempeñando un papel protagonista en la política alemana y europea. Creado en 1951, fue diseñado por los padres de la Ley Fundamental de Bonn como un instrumento para superar las lagunas y los errores en que había incurrido la República de Weimar. El Tribunal Constitucional se ha convertido en la piedra angular de la democracia alemana, fundada en los pesos y contrapesos de los distintos poderes del Estado. Al Tribunal le corresponde la potestad de destituir al presidente de la República, declarar la inconstitucionalidad de las leyes aprobadas por el Parlamento, dirimir las controversias entre los órganos del Estado y velar por la tutela de los derechos de los ciudadanos mediante el recurso de amparo que puede presentar cualquier ciudadano, sin necesidad de valerse de abogado y sin someterse a procedimiento formal alguno, ya que basta una simple carta o escrito. El Tribunal Constitucional resuelve más de seis mil asuntos todos los años. Todo ello ha determinado que el Tribunal tenga un gran prestigio y autoridad entre los ciudadanos y sea considerado como el Tribunal Constitucional con más poder en Europa. Según una encuesta reciente que recoge Boursier.com, el Tribunal Constitucional inspira confianza al 75% de los alemanes, frente al 63% del presidente de la República, el 40% del Parlamento y el 38% del Gobierno.

No es la primera vez que el Tribunal Constitucional alemán se pronuncia sobre los asuntos europeos. Lo ha hecho con cierta frecuencia. En su sentencia de 12 de octubre de 1993 sobre el tratado de Maastricht sentó las bases de la doctrina que ha venido manteniendo hasta el presente. Por una parte, el Tribunal considera que la transferencia de competencias nacionales a la Unión Europea, en cuyo seno se crea la Unión Económica y Monetaria, no es contraria a la Ley Fundamental de Bonn. Bien es cierto que el Tratado crea una entidad – la Unión Europea- mucho más poderosa que la Comunidad Europea, con una estructura institucional en la que sólo el Parlamento Europeo es elegido democráticamente. Ahora bien, hasta que se complete este proceso y se colme el déficit democrático de Europa, el Bundestag permanece como el órgano constitucional principal en el proceso de toma de decisiones. El Alto Tribunal entiende que el Parlamento alemán debe retener el suficiente poder de control para que los principios democráticos de la Constitución se vean protegidos.

Esta doctrina se reitera en la sentencia de 30 de junio de 2009 sobre el Tratado de Lisboa en la que se concluye que dicho Tratado es conforme con la Constitución, si bien el Tribunal precisa que la integración de Alemania en un futuro Estado federal europeo solo es posible si previamente se produce una reforma constitucional. Como defensor de la Constitución, el Tribunal entiende que la cesión de competencias a la Unión Europea encuentra su límite en lo que ha definido como “identidad constitucional”, elemento inalienable del sistema democrático alemán. Para garantizar este sistema político de valores, el Tribunal debe pronunciarse sobre si la identidad constitucional se ve amenazada por las competencias que se ceden a las instituciones europeas. El Tribunal considera que la transferencia de competencias previstas en el tratado de Lisboa requiere para su efectividad “ultra vires” que esta sea refrendada retroactivamente por el Parlamento. En otras sentencias posteriores como la de 9 de junio de 2011 sobre la ayuda a Grecia que comprende el plan de rescate, el Tribunal Constitucional no bloquea las decisiones políticas europeas que amplían cada vez más el ámbito de competencias y de poder de la Unión, pero defiende legítimamente el derecho de las instituciones alemanas y muy especialmente del Parlamento, a desempeñar el papel que la Constitución les garantiza.

Con la sentencia MEDE, el Tribunal Constitucional reitera su doctrina de preservar los poderes constitucionales del Parlamento alemán. Considera constitucional el mecanismo de rescate europeo, pero siempre y cuando el Bundestag autorice las ayudas del MEDE superiores a los 190 mil millones de euros, que fue precisamente la cantidad máxima autorizada por el Parlamento y se informe tanto al Bundestag como al Bundesrat de la manera que van a ser utilizados los fondos del mecanismo de rescate, del que Alemania es el principal contribuyente. Siguiendo ya una doctrina constante, el Tribunal defiende los poderes del Parlamento alemán. Como representantes elegidos por el pueblo, los miembros del Bundestag tienen la facultad de control de las decisiones presupuestarias y financieras, no sólo nacionales sino también las previstas en los sistemas intergubernamentales, como es el caso de la Unión Económica y Monetaria. En consecuencia, el Bundestag no puede autorizar mecanismos financieros que tengan como resultado la concesión ilimitada de fondos a terceros países. El Bundestag tiene una responsabilidad financiera que le lleva a salvaguardar la estabilidad y el equilibrio presupuestario previsto en el Pacto europeo de Estabilidad y Crecimiento.

Nadie duda que Alemania desempeña un papel protagonista en la Unión Europea, su impulso político y su pujanza económica siempre han sido fundamentales en la construcción de Europa. Pero esto no significa que deba perder la esencia nacional, máxime si, como en el caso alemán, ha sido tan difícil de reconstruir como consecuencia de la terrible experiencia del nazismo… La “identidad constitucional” que defiende a ultranza el Tribunal Constitucional fundada en la defensa de los inalienables principios democráticos de su Constitución que residen sobre todo en el Parlamento, como órgano elegido por los ciudadanos, constituye un ejemplo del que deberíamos aprender. Si el Bundestag debate y aprueba la ayuda financiera que pueden recibir otros Estados europeos, el Congreso de los Diputados y el Senado, en el ejercicio de sus competencias constitucionales, deben hacer lo mismo, teniendo en cuenta que los españoles que les hemos dado nuestro voto respondemos, como contribuyentes, de las ayudas concedidas por Europa.

* José Luis Ruiz-Navarro es Letrado de las Cortes y Profesor de Derecho europeo

Oriente Próximo
El fracaso de Obama
GEES Libertad Digital 14 Septiembre 2012

En el principio fue El Cairo. Allí Barack Obama pronunció en 2009 el famoso discurso donde afirmó que se desentendería de los asuntos internos de los países árabes, y que tendería una mano a los musulmanes que odian a Norteamérica. Esta política le valió los aplausos de buena parte de Occidente, que le obsequió con un celebrado Premio Nobel de la Paz que en verdad premiaba la belicosidad de Barack hacia todo lo que sonase a la Administración Bush. Aunque pocos repararon en que los distintos grupos y Gobiernos islamistas simplemente mostraron un profundo desprecio por la política de manos tendidas.

En medio de este retraimiento le cogió la Primavera Árabe. En ella chocaron estrepitosamente la doctrina buenista y no intervencionista que emanaba de la Casa Blanca con las necesidades reales de Estados Unidos. Obama estuvo ausente en las revueltas tunecina y egipcia, a la que Washington llegó tarde y mal. En el caso libio, la imprudencia francesa arrastró a los Estados Unidos a una guerra en la que Obama no creía, pero que apuntaló a regañadientes. Su liderazgo desde atrás sirvió para derribar a Gadafi, pero no para apuntalar a un sustituto mínimamente estable, labor que dejó a otros. Pese a los riesgos, respetó al máximo su principio de no provocar al radicalismo islámico entrometiéndose.

Claro que lo que caracteriza a este último es que no le hace falta ser provocado, no al menos deliberadamente, para mostrarse agresivo. Los episodios de violencia que protagoniza son recurrentes, por múltiples pequeñeces que no dependen de las buenas intenciones ni de las cesiones de Obama. Este ha sido su gran error ideológico: pensar que podía aplacar el odio antiamericano de este tipo de totalitarismo sólo con pretenderlo.

¿Qué queda del gran proyecto de Obama al final de su mandato? Este enorme desplante a la realidad ha acabado saltando por los aires con ocasión de un absurdo video. El asalto a las embajadas norteamericanas por todo el mundo árabe constata el fracaso cultural y estratégico de Obama. Estratégico, porque ya no hay nadie, en Trípoli, Bengasi o El Cairo, que impida o minimice los ataques a Estados Unidos en la región. Su impotencia es clamorosa. Y, sobre todo, cultural, porque los ataques generalizados contra las legaciones norteamericanas muestran que los cuatro largos años de entente obamita con el radicalismo islámico no han valido para aplacar a éste, que se muestra tan decidido como siempre.

Obama se ha dejado por el camino gran parte de la credibilidad y del liderazgo norteamericanos.

Aquí yace la Doctrina Bush
Editorial www.gaceta.es 14 Septiembre 2012

Tras el 11 de septiembre de 2001, el entonces presidente George Bush dio un giro de 180 grados a su programa electoral de diplomacia.

La espantosa muerte del embajador norteamericano en la ciudad de Bengasi, sumada a los violentos asaltos a las embajadas de Estados Unidos en Yemen y El Cairo, es, en cierto sentido, la reducción al absurdo de la Doctrina Bush, que lleva desde principios de siglo guiando la política exterior norteamericana, especialmente en el mundo musulmán. Las buenas intenciones, cuando no están guiadas por la prudencia y el realismo, son siempre peligrosas, como atestigua el macabro historial del comunismo. En política exterior suelen ser directamente letales.

Tras el atentado contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, el entonces presidente George Bush dio un giro de 180 grados a su programa electoral de diplomacia “humilde” y, armado con el arsenal intelectual de un grupo de neoconservadores en su Administración y en la Prensa afecta, basó la relación de Estados Unidos con el mundo en la creencia de que la promoción de la democracia –mediante presión diplomática o a tiro limpio– convenía a la paz mundial y, por supuesto, a los intereses de su única superpotencia.

En Occidente estamos acostumbrados a oír la palabra “democracia” y concebir inmediatamente el pack completo de libertades, Estado de derecho, separación de poderes, respeto a las minorías y una vaga ética cívica basada en la tolerancia.

Pero eso es solamente la evolución política en lo que antiguamente se conocía como la Cristiandad, logros que nos han costado milenios y que deben mucho a coincidencias históricas. Democracia, en puridad, significa simplemente que el común elige a sus gobernantes e, idealmente, las ideas de la mayoría se ven reflejadas en el Gobierno. Y eso, en las sociedades islámicas, significa islam.

Así de sencillo. La idea de que si uno rasca bajo las largas barbas y la chilaba de un pastor egipcio se encuentra a un alegre muchacho de un pueblo de Winsconsin pugnando por salir completo con su Big Mac y su lata de Coca-Cola es, por decirlo suave, excesivamente optimista.
En otro efecto óptico engañoso, desde aquí tendemos a ver la religión como se vive hoy en nuestra sociedad, es decir, como una actividad limitada básicamente a la esfera privada, no muy distinta a ser culé o madridista, con una influencia despreciable e indeseada en la vida política.

Pero el islam no es eso. Para empezar, no existe diferencia, ni puede haberla, entre las esferas política y religiosa en la fe de Mahoma.
Para seguir, cuando decimos de un país que es musulmán, no nos referimos a una vaga herencia cultural como es a menudo el caso del cristianismo en Occidente: allí significa millones de personas que creen en su religión a pies juntillas.

Todo esto podría quedar en información especializada y carne de debate académico si no estuviéramos hablando de una religión con mil millones de seguidores y de pueblos que controlan auténticos mares del recurso sobre el que se basa toda nuestra prosperidad: el petróleo.

Sólo un prólogo, probablemente
José Javaloyes www.republica.com 14 Septiembre 2012

Tiene tantas entradas el asunto que el problema primero es el de elegir una para comenzar. Como resultaba previsible, al asalto islamista al consulado norteamericano en Bengasi, con resultado de cuatro diplomáticos muertos – entre ellos el embajador, Chritopher Stevens -, que estuvo acompañado de un doble intento de lo mismo sobre la embajada estadounidense en El Cairo, han seguido otros a embajadas de Washington: uno en la capital de Yemen, con el balance provisional de un muerto y diez heridos; y otros en Bagdad en Bagdad, Teherán y Túnez.

Todos estos asaltos, con el pretexto de que en Estados Unidos unos supuestos egipcios cristianos coptos, emigrados de Egipto, serían los instigadores de la grabación de una cinta en la que se insulta a Mahoma, resultan de un montaje cuya finalidad puede no agotarse en lo que ahora está pasando.

En los últimos tiempos, incluso bajo el desaparecido régimen de Mubarak, los islamistas han asaltado templos coptos, al igual que templos cristianos en Iraq. Estas circunstancias son de sobra conocidas en los países árabes y otros espacios nacionales de Oriente. La supuesta película “blasfematoria” ha sido la condición necesaria para que prendiera en las masas fanatizadas. Toda acusación de “blasfemias” contra el Corán y su profeta, como acaba de ocurrir en Pakistán donde el falso testimonio de un Imán llevó al encarcelamiento de una niña disminuida psíquica y de familia cristiana, tiene el éxito asegurado entre las masas …

La trama islamista, montada por la Al Qaeda – o por cualquiera de sus muchas franquicias – que dirige ahora el egipcio Al Zawahiri contra Estados Unidos, en estos días perimetrados en otro aniversario del 11S, no puede encontrar pretexto más idóneo que los supuestos insultos a Mahoma contenidos en una cinta fantasmal que nadie conocer entre el gran público norteamericano.

No es pasarse en las suspicacias, ante la concreta imputación que se hace a los coptos, entender que detrás de todo ello pueda estar una nueva vuelta de tuerca contra los cristianos de Egipto, que históricamente han pasado de ser – por algo más que por la presión tributaria – la práctica mayoría del país en el momento de invasión islámica, a representar actualmente menos del 10 por ciento de la población, al cabo de un largo proceso de conversión fiscal y de emigración a otros lares.

Cabe aventurar que desde la victoria islamista en las elecciones egipcias posteriores el derrocamiento de Hosni Mubarak, y pese a la teórica moderación que se atribuye al actual presidente, Mohamed Mursi, nada volverá a ser en Egipto como fue desde la emancipación naserista de la dependencia británica. Ni en Egipto ni en el resto de los Estados árabes.

Abierta queda ya la vía de la reversión desde el paradigma del Estado Nación al de la Umma o gran comunidad islámica. Un proceso al que se ha llegado desde la Primavera Árabe, que en principio se entendió justo como por lo contrario. Como camino a la occidentalización política, democrática y secularizadora, por lo mismo, de las remanentes impregnaciones integristas. Con la promiscuidad normativa entre el orden civil y el plano religioso.

Por ahí discurre el fondo de los sucesos de ahora, con sus tremendas implicaciones en la política internacional. Pero sobre todo para la diplomacia y el discurso de la política norteamericana. Vamos a ver hasta dónde llega el mensaje armado de Washington con el envío de dos navíos de guerra, una unidad de élite de su infantería de Marina y de los aviones no tripulados, que tan notables rendimientos están dando en el espacio fronterizo paquistaní de los Waziristanes. Donde fue abatido Yahya al Libi, el brazo derecho del sucesor de Ben Laden, e ideador de la nueva estrategia para el yihadismo. Un diseño que, por lo que se está viendo en Bengasi, El Cairo y otras Embajadas norteamericanas en Oriente Próximo, define operativas de dos fases: una previa, de agitación de las masas con el pretexto de las supuestas blasfemias contra Mahoma, como base de las manifestaciones de protesta; y otra fase ejecutiva, de específica violencia terrorista, con empleo de armamento pesado incluso cuando lo requiere el objetivo que se pretende alcanzar.

El ejemplo ha sido Bengasi. Al Qaeda fue por derecho contra el equipo diplomático en Libia. Y aunque en otras partes no dispondrá de tanto armamento como el que dispone en la Cirenaica y la Tripolitania, por resultas de la guerra civil y la naturaleza irregular de las fuerzas que derrotaron a Gadafi con el apoyo de la OTAN, toda el África islámica, arriba y abajo del Sahara, puede convertirse en escenario sin solución de continuidad para este tipo de violencia.

Aunque la cosa, bien que en otro rango de probabilidad, es extensiva con obvias variantes a espacios occidentales con fracciones nacionales de población musulmana. La mecha está encendida.

La deuda de Cataluña representa el 30% del total de las comunidades autónomas
La deuda de las CCAA aumentó un 10,9% en el segundo trimestre, hasta los 150.578 millones de euros

Europa Press www.lavozlibre.com 14 Septiembre 2012

Madrid.- La deuda de las comunidades autónomas aumentó un 10,9% interanual en el segundo trimestre, hasta los 150.578 millones de euros (el 14,1% del PIB), la cifra más alta de toda la serie histórica, según datos del Banco de España.

Además, la deuda de las comunidades autónomas experimentó un incremento del 2,8% respecto al cierre de 2011, cuando se situó en 146.395 millones de euros.

Los datos muestran que desde el año 1995 el endeudamiento de las regiones no ha parado de crecer, batiendo en cada ejercicio récords históricos, a pesar del compromiso de estabilidad presupuestaria adquirido en los últimos años.

La comunidad autónoma con mayor volumen de deuda en el segundo trimestre de 2012 fue nuevamente Cataluña, con 43.954 millones de euros, cantidad que representa el 29,1% del total de la deuda acumulada en el conjunto de las comunidades.

Detrás de Cataluña se situó la Comunidad Valenciana (21.364 millones de euros), por delante de la Comunidad de Madrid, cuya deuda ascendió a 17.108 millones de euros. Entre las tres acumulan el 54,7% del total del endeudamiento regional.

A continuación, figuran Andalucía (15.442 millones de euros), Galicia (7.627 millones), País Vasco (7.153 millones), Castilla-La Mancha (6.795 millones), Castilla y León (5.894 millones de euros), Baleares (4.673 millones), Canarias (3.847 millones), Aragón (3.767 millones) y Murcia (3.282 millones).

Completan la lista Navarra (2.903 millones), Asturias (2.256 millones), Extremadura (2.053 millones), Cantabria (1.452 millones) y La Rioja (1.008 millones).

En cuanto a la evolución de la deuda, ninguna comunidad logró reducir su endeudamiento respecto al pasado año. Los incrementos más destacados se localizaron en Navarra (+48,4%), País Vasco (32,9%) y Murcia (20,7%).

EN CATALUÑA LA DEUDA ALCANZA EL 22% DE SU PIB.
Tomando el ratio deuda/PIB, Cataluña se situó a la cabeza de la deuda autonómica, con un volumen que alcanza el 22% de su PIB, seguida de Comunidad Valenciana (20,8%), Castilla-La Mancha (18%), Baleares (17,5%) y Navarra (15,6%), todas ellas por encima de la media (14,2%).

Los porcentajes son menores en Galicia (13,3%), La Rioja (12,4%), Extremadura (11,8%), Murcia (11,7%), Aragón (11,1%), Cantabria (11%), País Vasco (10,8%), Andalucía (10,7%), Castilla y León (10,3%), Asturias (9,8%), Canarias (9,3%) y Comunidad de Madrid (9,1%).

LA DEUDA DE LAS CORPORACIONES LOCALES DESCIENDE.
Por su parte, las corporaciones locales sumaron una deuda de 36.306 millones de euros en el segundo trimestre del año, el equivalente al 3,4% del PIB, con un descenso del 3,5% respecto al mismo periodo de 2011. Con todo, este saldo se incrementó un 2,5% en relación al cierre del pasado año.

Del total de la deuda de las corporaciones locales, la mayor parte (28.424 millones) corresponde a los ayuntamientos, con un descenso del 4%, y de esta cifra, 14.300 millones pertenecen a capitales de provincia.

La deuda de los ayuntamientos de más de 500.000 habitantes (Barcelona, Madrid, Málaga, Sevilla, Valencia y Zaragoza) alcanzó los 10.406 millones de euros, lo que supone una bajada del 3,3%.

Destaca, el descenso de la deuda del ayuntamiento de Madrid, que sumó 6.479 millones de euros y bajó un 4,9% respecto al segundo trimestre de 2011. La deuda del consistorio de Barcelona aumentó un 2,1% y sumó 1.115 millones.

DEUDA TOTAL
La deuda del conjunto de las administraciones públicas alcanzó los 804.388 millones de euros en el segundo trimestre, lo que equivale al 75,9% del PIB, su nivel más alto de la serie histórica, que arranca en 1995, según datos del Banco de España.

La deuda pública se incrementó un 3,8% respecto al trimetre anterior, cuando se situó en los 774.700 millones de euros, y un 14% en relación al mismo trimestre de 2011, cuando superó por primera vez los 700.000 millones de euros.

Por niveles de administración, la Central acumulaba en el mes de marzo un endeudamiento de 617.504 millones de euros, el equivalente al 58,3% del PIB, mientras que en las comunidades autónomas ascendía a 150.578 millones (14,2% del PIB), y a 36.306 millones de euros en los ayuntamientos (3,4% del PIB).

El Banco Central Europeo (BCE) ha advertido de que el incumplimiento de los objetivos marcados por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento dispararía la ratio de deuda pública de España hasta el 104% del PIB en 2016 y pondría de manifiesto inmediatamente "riesgos sustanciales" para la sostenibilidad de la misma.

Cataluña
La Generalidad veta las subvenciones a las empresas de promoción musical que no utilicen el catalán
El Ejecutivo autonómico sigue desobedeciendo lo establecido por el Tribunal Constitucional y no permite el acceso a las ayudas públicas a aquellas empresas que rotulen sus carteles únicamente en castellano.
Maite Molina www.vozbcn.com 14 Septiembre 2012

Cada nueva convocatoria de subvenciones por parte de la Generalidad es una muestra de la política de discriminación lingüística contra los castellanohablantes de Cataluña que CiU parece dispuesta a mantener, a pesar de que los tribunales han dictaminado que se trata de una práctica ilegal.

En los últimos meses, el Gobierno autonómico de Cataluña ha vetado el acceso a las ayudas públicas a todo tipo de empresas y entidades que no utilicen, al menos, el catalán en sus comunicaciones internas y externas, lo que incluye las consultorías para empresas culturales y para la gestión ambiental; los proyectos de cooperación al desarrollo y los festivales musicales; los profesionales del mundo creativo y artístico; la integración laboral de personas con discapacidad; la lucha contra la pobreza; las empresas de los sectores del comercio, los servicios, la artesanía y la moda, las casas regionales; la promoción del periodismo; las productoras de dibujos animados y las asociaciones de vecinos; las entidades para la prevención de la drogodependencia; y las productoras de largometrajes de ficción para televisión, entre otras actividades.

Subvenciones para la promoción de la música y la investigación audiovisual
Este jueves, el Diario Oficial de la Generalidad de Cataluña (DOGC) ha publicado una nueva ronda de subvenciones, en esta ocasión, para ‘la organización de actividades de difusión y promoción del sector de la música de carácter profesional’ (Resolución CLT/1792/2012).

El Instituto Catalán de las Empresas Culturales (ICEC), dependiente de la Consejería de Cultura, presidida por Ferran Mascarell, repartirá 178.000 euros en función del interés cultural del proyecto, de su grado de innovación, su impacto y resonancia en el sector musical, la viabilidad económica del mismo, y la trayectoria de la entidad o empresa que lo presente.

Por otra parte, este viernes el DOGC también ha publicado las bases para ‘la concesión de subvenciones para proyectos de formación e investigación de contenidos audiovisuales’ (Resolución CLT/1800/2012).

Se trata de unas ayudas destinadas a las empresas que organicen ‘congresos, seminarios, encuentros, talleres, cursos o eventos de carácter puntual, que contribuyan a un mejor conocimiento del panorama audiovisual desde una perspectiva cultural y/o profesional’, así como ‘proyectos de formación postuniversitaria en el ámbito audiovisual de carácter profesional’, y ‘proyectos de investigación y estudio que ofrezcan herramientas de conocimiento y desarrollo de la industria audiovisual catalana’. El ICEC asumirá el 50% del gasto de las actividades hasta un máximo de 30.000 euros por empresa.

Los rótulos y los carteles, al menos, en catalán
Como es habitual, en ambos casos, entre los requisitos la Generalidad exige a las empresas que quieran optar a estas subvenciones se encuentra el cumplimiento explícito de los artículos 32.1, 32.3 y 36.4 de la Ley de Política Lingüística. Estos artículos obligan a las empresas a que ‘la señalización y los carteles de información general de carácter fijo y los documentos de oferta de servicios para las personas usuarias y consumidoras de los establecimientos abiertos al público deben estar redactados, al menos, en catalán’.

También ordenan que ‘los rótulos e informaciones de carácter fijo y que contengan texto que han de constar en el interior de los centros laborales dirigidos a las personas que trabajen en los mismos deben figurar, al menos, en catalán’.

El Tribunal Constitucional decretó ilegales estas prácticas
Sin embargo, estos artículos fueron derogados de facto por la sentencia 31/2010 del Tribunal Constitucional, sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña, que en su fundamento jurídico 22 dictaminó lo siguiente:

‘El deber de disponibilidad lingüística de las entidades privadas, empresas o establecimientos abiertos al público no puede significar la imposición a éstas, a su titular o a su personal de obligaciones individuales de uso de cualquiera de las dos lenguas oficiales de modo general, inmediato y directo en las relaciones privadas, toda vez que el derecho a ser atendido en cualquiera de dichas lenguas sólo puede ser exigible en las relaciones entre los poderes públicos y los ciudadanos’.

Igualmente, la citada sentencia determinó que es ilegal dar un trato preferente al catalán sobre el español, como ocurre a la hora de conceder estas subvenciones. En concreto, el fundamento jurídico 14 decretó lo siguente:

‘La definición del catalán como lengua propia de Cataluña no puede justificar la imposición estatutaria del uso preferente de aquella lengua, en detrimento del castellano, también lengua oficial en la Comunidad Autónoma, por las Administraciones Públicas y los medios de comunicación públicos de Cataluña’.

A pesar de ello, el Ejecutivo autonómico sigue haciendo caso omiso de esta sentencia de forma impune y mantiene un trato discriminado hacia los que deciden utilizar el castellano en Cataluña.

Obama recibe el pago a su buenismo proislámico
EDITORIAL Libertad Digital 14 Septiembre 2012

La exhibición en circuitos marginales de un bodrio cinematográfico que denigra la figura de Mahoma ha sido la excusa del radicalismo islámico para desatar una oleada de ataques contra las embajadas de Estados Unidos que, hasta el momento, se ha cobrado cinco muertos –uno de ellos, el embajador norteamericano en Libia– y dos centenares de heridos.

No hay la menor justificación para la violencia a que nos tiene acostumbrado el mundo islámico, que estos días está alcanzando niveles de auténtico salvajismo. Pero muchos menos motivos hay todavía para que nada menos que los Estados Unidos de Norteamérica pidan disculpas por un agravio que, en todo caso, es responsabilidad de los autores de ese pésimo video, realizado en uso de la libertad de expresión que impera en los países civilizados.

Obama recibe así el pago a su penosa estrategia de contemporización con los enemigos declarados de su país, que no necesitan una provocación como la que ahora aducen para demostrar el odio que profesan a las ideas de libertad y democracia, principales divisas de la política exterior estadounidense hasta que Obama llegó al poder.

Las concesiones de Obama al radicalismo islámico han sido constantes desde aquel malhadado discurso de 2009 en El Cairo, en el que, entre aplausos del progresismo occidental, declaró su voluntaria inhibición en todos aquellos asuntos que afectaran al mundo islámico, sin discusión la zona más sensible del planeta, y no sólo en materia energética. Su renuncia posterior a liderar la respuesta de Occidente ante los sucesos de la Primavera Árabe ha propiciado que los sistemas políticos surgidos tras las revueltas sean todavía más inestables que los que, a regañadientes, la Administración norteamericana accedió a derrocar.

Al menos en el sensible terreno de la lucha contra el radicalismo islámico, la política exterior de Obama no ha podido ser más nefasta, como él mismo está comprobando estos días. La rendición voluntaria de la primera potencia del mundo libre ante el islamismo no ha servido para aplacar a los enemigos jurados de Occidente sino para envalentonarlos, de forma que cualquier excusa es suficiente para desatar ataques generalizados contra el personal y las instalaciones de Estados Unidos sin el menor embozo, algo impensable bajo el liderazgo de la mayoría de sus predecesores.

En las postrimerías de su mandato, Obama está pagando las consecuencias del buenismo del que ha hecho gala, como si en vez de la primera potencia mundial estuviera dirigiendo una piadosa ONG dedicada al ecumenismo. Cuatro norteamericanos han muerto asesinados y muchos millones más están hoy avergonzados de su presidente y Comandante en Jefe.

Las fechas en que todo esto ocurre no podrían ser peores para Obama ni mejores para los norteamericanos. El presidente de los Estados Unidos ya sabe lo que opinan de él los islamistas a los que intentó apaciguar. El próximo 6 de noviembre conocerá también lo que piensan de su gestión sus conciudadanos.

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Independencia y mentiras

Antonio Robles Libertad Digital 14 Septiembre 2012

Ya no es hora de advertir. Quien no se haya despertado a estas alturas, no lo hará nunca. El nacionalismo catalán ha logrado el éxito más increíble. No me refiero a las 300 ó 600.000 personas sacadas a la calle, sino haberlo hecho envuelto en aires de libertad y pose de víctimas con un discurso profundamente reaccionario, sin que nadie parezca percibirlo como tal. Ese es su peligro, y no su número. De ahí la superioridad moral que exhiben contra la progresividad fiscal sin ni siquiera ruborizarse. Y sin que la izquierda y los sindicatos digan ni mu. Bueno, en realidad personajes como Pepe Álvarez de UGT sí dicen, pero a favor de todos los mantras nacionalistas. Un mafioso no serviría mejor al señor que le paga el bocadillo.

Ha cristalizado una confianza infinita en el sueño de la independencia. Ya no respetan el tabú que hacía de la secesión un abismo. De tanto traspasar la línea roja sin que haya consecuencia alguna ni reproche, han acabado por creerse de verdad que pueden alcanzar el sueño. Se han vuelto inmunes a la responsabilidad, todo les parece posible sin coste alguno. Una gran mentira, pero ¿quién se quiere ocupar de esa nimiedad cuando al otro lado de una simple manifestación está la tierra prometida?

No se sienten con ningún deber ético ni democrático con el resto de ciudadanos españoles, ni les importa un carajo la separación de poderes. Ellos están por encima de ellos, porque la democracia es española. Hasta el respeto a ésta pasa por el adjetivo catalana: sólo es democracia si es catalana. Por eso incumplen cualquier sentencia que cuestione su construcción nacional.

Si ese medio millón de personas tuviera frente a ellos a los socialistas del PSC, al resto de la izquierda, y junto a los liberales no nacionalistas plantaran batalla, esa manifestación de esteladas, con sus marchas de antorchas encendidas, sólo sería la ultraderecha tópica y racista de cualquier país europeo actual. Un peligro, sin lugar a dudas, pero reducido a la nada por la oposición poderosa de la razón y los valores de la libertad.

Desgraciadamente, no estamos en ese escenario democrático, sino en el de los típicos contextos fascistas (postmodernos). No tienen oposición. Han alcanzado la hegemonía cultural y con ella se ha disparado el desprecio por todo cuanto no es idéntico a ellos mismos. Cuando hace años denuncié en una conferencia en la Universidad de Salamanca que el ejército de Cataluña eran los maestros y los periodistas, me dijeron de todo. Hoy ese ejército ha envenenado la mente y el corazón de dos generaciones de jóvenes y ha desatado los instintos más resentidos de los humillados por el franquismo. El monstruo pronto exigirá a sus creadores el tributo envenenado de pesadillas que le inocularon para arrastrarle a asustar a Madrid.

Pero la realidad es tozuda. El independentismo miente, manipula nuestras emociones y nos convierte en irresponsables. Dentro de la masa, todos se sienten inmunes. Pueden decir y hacer cuánto se les antoje. Y llevar adelante las peores empresas. Incluso contra sí mismos.

Políticos y periodistas son lo mismo en Cataluña: Mònica Terribas, la exdirectora de TV3, y actual consejera delegada y editora del diario independentista ARA, citaba al catalanista Joan Sales en el acto institucional de la Diada del 11 de septiembre: "Desde hace 500 años los catalanes hemos sido unos imbéciles". Y se preguntaba con voz engolada: "¿Se trata, pues, de dejar de ser catalanes? No, se trata de dejar de ser imbéciles".

Jugar a la puta y a la ramoneta durante 30 años con el resto de españoles y presentar al catalanismo de CiU como un sincero colaborador del Estado, eso sí que es tomarnos por imbéciles.

Asegurarnos que España nos roba, mientras CiU ha esquilmado 3.000 millones de euros del Palau de la Música, y Felix Millet sigue en la calle, eso sí que es tomarnos por imbéciles a los ciudadanos catalanes.

Asegurarnos que el expolio fiscal es el culpable de los 48.000 millones de déficit y no el despilfarro y la desastrosa gestión del gasto público de los diferentes gobiernos de la Generalitat, eso sí que es tomarnos por imbéciles.

Difundir que Cataluña se puede separar de España sin traumas y seguir en la Unión Europea, cuando la realidad jurídica es que se quedaría fuera de la UE, y su retorno sería complicadísimo por tener que ser admitida por unanimidad ­–cuando Francia, por ejemplo, sería la primera interesada en que no cundiera el ejemplo en Córcega, la Bretaña, Aquitania, el Rosellón o el País Vasco francés–, eso sí que es tratarnos a los ciudadanos catalanes como imbéciles. O reconocerlo, como ha hecho Jordi Pujol, para añadir a continuación "que no sería tan grave", eso es tomarnos por imbéciles y con recochineo.

Encizañar a los catalanes con el expolio fiscal sin contraponer las ventajas del mercado español como cliente, y los peligros de perderlo, eso sí que es tomarnos por imbéciles.

Lograr convencernos de que estudiar en la lengua materna era un derecho humano inalienable cuando los niños catalanohablantes eran obligados a estudiar en castellano, y decirnos lo contrario ahora, para impedir que tengan ese mismo derecho a estudiar en la lengua materna los niños castellanohablantes, eso sí que es tomarnos por imbéciles.

Ocultar que, una vez fuera de Europa, nadie aseguraría las pensiones de nuestros jubilados, porque no hay dinero ni para los gastos corrientes del mes que viene, eso sí que es tomarnos por imbéciles.

Hacernos creer que una vez logrado el Estado propio, la cohesión social sería aún mayor porque la lengua catalana sería la única oficial y habríamos salvado la cultura catalana, cuando semejante racismo cultural provocaría el enfrentamiento, eso sí que es tomarnos por imbéciles.

Vendernos que la democracia consiste en el derecho a decidir, incluso por encima de la separación de poderes, la constitución y el cumplimiento de las sentencias judiciales, eso sí que es tomarnos por imbéciles.

Decirnos que lo primero es la independencia y después ya veremos, eso sí que es tomarnos por imbéciles y jugar con nuestra hacienda y nuestras vidas.

Convencernos de que si Cataluña se separa de España, igualmente podría seguir jugando la liga de fútbol con ella, eso sí que es tomarnos por imbéciles; o lo contrario, que si nos separamos –para los nacionalistas no existe el principio de contradicción– el Barça y el Español jugarían siempre la champions leage, eso sí que es tomarnos por imbéciles.

Enzarzarnos con el resto de españoles, insultarlos, despreciarlos, y pretender que sigan comprando nuestros productos, eso sí que es tomarnos por imbéciles.

Pretender convencernos de que con la independencia las tensiones sociales se reducirían a cero, nuestra hacienda pública acabaría con el paro y la renta per cápita se dispararía, cuando es con ella donde empezarían las frustraciones, la inestabilidad, la desconfianza de los mercados, y los odios entre los excluidos por el nuevo orden, eso sí que es tomarnos por imbéciles.

Enseñar que la Guerra de Sucesión a la corona de España fue una guerra entre España y Cataluña y sacralizar a Rafael de Casanova por morir heroicamente en el cerco a Barcelona de 1714, cuando lo hizo a los 82 años como un español más, eso sí que es tomarnos por imbéciles.

Difundir que salimos a la calle dos millones de personas, cuando matemáticamente es imposible que en el espacio ocupado quepan más de 600.000, eso sí que es tomarnos por imbéciles.

"No hay manera de llevar adelante un Estado propio sin una hacienda propia", acaba de decir Oriol Pujol ayer por la mañana en RAC-1 para seguir jugando a la puta y la ramoneta con España y preparar la secesión de Cataluña. El presidente del Gobierno ya lo sabe. Cualquier cesión insolidaria con el resto de españoles, será empleada para la secesión.

P.D. No han ganado la guerra, sólo una batalla, la de la propaganda y la sugestión. España aún no ha hecho nada en estos 30 años. Han avanzado como el ejército alemán en Polonia. Sin oposición alguna. Es hora de que el presidente del Gobierno y el líder de la oposición dejen sus tentaciones partidistas y se unan para contrarrestar tanta demagogia. España debe movilizar a sus líderes culturales, políticos, económicos y deportivos. La guerra populista que nos preparan la están ganando con el control de los medios de comunicación y la escuela. Despierten. O mañana será tarde. Nada está perdido. Todo es posible todavía.

Aquí hay ciudadanos
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 14 Septiembre 2012

En los mapas precolombinos, los cartógrafos marcaban los territorios inexplorados con la leyenda Hic sunt dracones ("Aquí hay dragones"), acompañada por la imagen del monstruo, para intimidar a los aventureros descarriados. Artur Mas, presidente de la Generalitat de Cataluña, amenaza con enfilar ya no hacia la Ítaca quimérica sino hacia "terreno desconocido", eufemismo que encubre la independencia. Sin embargo, ese terreno desconocido no es tal, ni está habitado por bestias mitológicas. Aquí hay ciudadanos.

Mares de banderas
Es precisamente a los ciudadanos a los que las élites dominantes pretenden anular y despojar de su discernimiento individual, para amalgamarlos en una masa amorfa, encolumnada en manifestaciones multitudinarias donde aflorarán las emociones colectivas precocinadas en los laboratorios ideológicos de turno. Este es un viejo truco de todos los totalitarismos, que congregaron sus rebaños a los pies de Hitler en el estadio de Nuremberg, a los pies de Mussolini en la Piazza Venezia, a los pies de Stalin en la Plaza Roja, a los pies de los Castro en la Plaza de la Revolución, para clamar contra el infaltable e indispensable enemigo interior o exterior. Le dejo la palabra a Gregorio Morán, que lo plantea con su habitual apasionamiento (La Vanguardia, 8/9/12):

Allí donde hay un hombre con una bandera hay alguien dispuesto a obedecer, un siervo. Los mares de banderas los inventaron los fascistas y los recuperaron los regímenes totalitarios de diferentes signos. Un tipo con una bandera es un personaje ridículo, uno de esos disciplinados cómplices a los que la historia describe como figura decisiva en todos los desastres. En general no lo hace gratis, se lo suele cobrar en especies. Los que pagan, los señores, no suelen llevar banderas, las cargan sus criados. Los dirigentes, sean radicales o conservadores, no portan banderas; las hacen flamear a sus espaldas los fieles.

Cuidado, tampoco debemos caer en el maniqueísmo: la bandera enarbolada por el ciudadano dueño de su libre albedrío y emancipado de servidumbres masificadoras puede ser el símbolo de los valores que los jerarcas desean aniquilar. Insertada en la promiscuidad de la multitud regimentada se convierte en lo que Morán denuncia.

El 2 de diciembre de 1946 las Naciones Unidas condenaron el régimen español y recomendaron que los países miembros de la ONU retiraran los embajadores acreditados en Madrid. Relata el inolvidable Rafael Abella en Por el Imperio hacia Dios (Planeta, 1978):

La reacción fue fulminante. Los más elementales reflejos patrióticos se dispararon al conjuro de lo que se calificó de "intromisión intolerable en los asuntos españoles". Al son de la única voz autorizada en el país se organizó una réplica tremebunda. El día 8 de diciembre, en la Plaza de la Armería de Madrid, se concentró la más multitudinaria manifestación que imaginarse pueda. Ex combatientes, ex cautivos, niños de las escuelas, soldados, paisanos y toda la masa de adictos al franquismo fueron coincidiendo en el punto de concentración predispuestos a expresar su más clamorosa adhesión al hombre a quien una victoria guerrera y seis años de propaganda habían convertido en personificación del país, de la nación, del Estado. Y estaba también, ¿por qué no decirlo?, una enorme cantidad de gente indiferente y neutra que se vio tocada por esa irreflexiva xenofobia ibérica que se despierta cuando le presentan algo que toca a su fibra patriótica como intromisión del extranjero.

En Argentina, el 2 de abril de 1982, el dictador Leopoldo Galtieri congregó en la Plaza de Mayo de Buenos Aires a una multitud transversal, como se dice ahora, que incluía a la menoscabada clase media, a obreros tres días antes apaleados, a montoneros y a padres de desaparecidos, que lo ovacionaron cuando anunció lo que sería el comienzo de la guerra de las Malvinas. Se quemaron banderas británicas y desaparecieron los nombres de tiendas, monumentos y lugares emblemáticos con afinidades inglesas. El enemigo exterior era, por supuesto, el elemento aglutinador.

Frente al fenómeno que nos ocupa, el de la manifestación independentista, Victoria Prego expresó esto mismo, con transparente contundencia (El Mundo, 12/9):

No hay nada más agradecido y que cohesione más a un grupo humano, sobre todo si está compuesto por gente ignorante, que compartir enemigo, la versión maléfica de un santo patrón. Nada une más que eso, nada proporciona mayor sentimiento de identidad compartida. Y es justamente ahí, en el odio y el rechazo a España, en ese agravio interminable adobado por todas las falsedades históricas que haya sido conveniente aportar al imaginario nacionalista, donde radica el éxito del proyecto alumbrado en su día por Jordi Pujol.

Malabarismos con los números
Vayamos ahora a los números. Los nacionalistas son expertos en hacer malabarismos con los números. El 12 de septiembre de 1977 La Vanguardia Española (sí, la hemeroteca canta lo que la familia Godó querría borrar: Española) proclamaba en su titular: "Más de un millón de gargantas y una sola voz: ¡AUTONOMÍA!". Yo estuve allí, como también estuve en el igualmente multitudinario recibimiento a Josep Tarradellas, sin que nadie me adoctrinara ni me arrastrara, porque, recién salido de la asfixiante atmósfera de la dictadura militar argentina, quería respirar el aire de libertad recuperado en España. Atribuí la visible exageración a un explicable arrebato de entusiasmo inicial. Además, el acontecimiento lo merecía.

No se necesitaron más de mil autocares y cuatro trenes, como ahora, para movilizar a aquellos espontáneos demócratas. ¿Cuántos fueron? El editorial de La Vanguardia (ahora no "española") repite, este 9 de septiembre, el bulo de que en 1977 desfiló un millón de personas. Pero el mismo día 9, en un rincón al pie de la página 18, el único colaborador del diario que entiende de demoscopia, Carles Castro, explica:

Ahora, los horizontes colectivos son más controvertidos y la fuerza real de Catalunya es una incógnita. De hecho, ya lo era en 1977: los manifestantes nunca fueron un millón, por el simple motivo de que en la superficie que ocupaba la marcha sólo cabían 270.000 personas.

La superficie que ocupa la marcha impone su férrea dictadura: no cabe ni uno más. Lamentablemente ya no existe la empresa verificadora Lynce, que redujo el número de manifestantes nacionalistas del 10 de julio del 2010 del millón ­–cifra aparentemente cabalística– a entre 76.000 y 100.000. Según el titular de La Vanguardia y el texto firmado por su director, el 11 de septiembre un millón y medio de personas "claman por la independencia en la mayor manifestación de la historia". Aun descontando al despistado Josep Antoni Duran Lleida y algunos socialistas que clamaban por algo mucho más modesto en medio de los abucheos generales, la cifra, avalada presuntamente por los Mossos d'Esquadra y la Guardia Urbana, y que más tarde repiten los habituales apologistas del secesionismo, impone respeto.

Sorpresa: el portaestandarte del somatén, Enric Juliana, mete la cuchara con el propósito, fallido, de evitar que sus subordinados hagan el ridículo, y escribe (12/9):
Un millón y medio de personas (toda la población censada de Barcelona) es un océano humano que hoy no está al alcance de ninguna causa política. Que la Delegación del Gobierno en Catalunya reconozca, citando fuentes de la Policía y de la Guardia Civil, la cifra de 600.000 manifestantes da cuenta de la magnitud del evento y de su impacto.

Metecos aguafiestas
Las emanaciones del rancio popurrí totalitario también impregnan el llamado premonitorio del editorial de La Vanguardia (9/9) a escuchar el "mensaje de la calle", que puede ahogar con su algarabía (Rajoy dixit) el mensaje de las urnas: populismo demagógico y totalitario contra democracia. Antoni Puigvert ve la otra cara de la moneda, aunque destila un desprecio agraviante por los metecos aguafiestas, a los que coloca (nos coloca) en el umbral de la degradación (LV, 10/9):

Una gran masa anónima catalana no participa del ambiente rupturista. Una enorme bolsa interna catalana, formada en su mayoría por catellanohablantes (entre los que abundan los parados y los que han abandonado los estudios), parece tener su propio código de señales: entusiasmo por la roja, cultura Telecinco, fricciones con la nueva inmigración. ¿Cómo se comportará este segmento de la sociedad catalana que no participa de los valores y emociones catalanistas? ¿Quién lo articulará políticamente?

El ideal de los balcanizadores es la fragmentación identitaria. Si ambicionan imponerla, que la impongan sin añadidos espurios. José Domingo (El Mundo, 12/9) propone
consultar a las provincias que actualmente configuran Cataluña y el País Vasco si quieren caminar solas o no. En puridad democrática, como defiende el abogado Ruiz Soroa, el proceso de secesión sólo afectaría a aquellas provincias que de una manera irrefutable acreditaran una mayoría clara secesionista.

En el mapa resultante de España no habría dragones ni metecos, sino ciudadanos. Las nuevas naciones, que estarían marginadas de Europa, tendrían, como compensación, nuevos amos. He aquí un anticipo: la flamante camiseta del Barça exhibe la marca rampante de la Qatar Foundation atravesada sobre la bandera catalana. A los metecos que, según Puigvert, no participamos de "los valores y emociones catalanistas" nos parece humillante, casi blasfemo. Pero Artur Mas no se inmuta. Fuera el Borbón, bienvenido el emir. Y todavía pretenden que Europa los tome en serio.

¿Por qué Jordi cierra los ojos al cantar Els Segadors?
José Penalva www.vozpopuli.comn 14 Septiembre 2012

En el problema catalán —“Ustedes tienen un problema y se llama 3%”—, sería importante no confundir: “régimen de gobierno” y “régimen político”. En el debate político —regido por las reglas del juego democrático—, se puede permitir el lujo de plantear la independencia, y otros blablablá. Sin embargo, el “régimen de gobierno”, esto es: el califato catalán, que tiene que dar de comer a su red clientelar, no puede andarse con esas bromas.

La cosa es que la crisis económica ha puesto entre las cuerdas a los califas catalanistas, siendo Cataluña una de las taifas que más ha derrochado dinero público, junto con Valencia y Andalucía. Y ese régimen de gobierno —acaudillado por Arturo Mas—, en vez de reducir su mastodóntica burocracia, quiere seguir manteniendo el tinglado del pesebre: entre otras barbaridades, 240.000 funcionarios públicos en Cataluña, y que no falten televisiones ni embajadas. Y, además, quieren que sea España, los españoles que tanto desprecian, los que sigan financiándole la fiesta a los señoritos.

Por tanto, no estamos ante un desafío independentista, sino ante un mero pulso político para obtener más dinero público. Si el País Vasco tiene ventajas fiscales y el Ejecutivo español se ha sentado a negociar con ETA, ¿por qué no se va a sentar a negociar con el Mas de Jordi? De ahí el lema de moda: “hay que sentarse, Mariano”. Quieren seguir derrochando a costa del bolsillo español. Quieren lo que quieren los gordillos descerebrados con pañuelo palestino.

El Ejecutivo más débil de la historia de la democracia
El Poder Ejecutivo del Estado Español está en el momento más débil de la historia de la democracia. Y a perro flaco, todo son pulgas. Alemania tiene a España entre las cuerdas, y Rajoy, a lo que manden. Gibraltar aprovecha el estado de debilidad y lanza su particular marcha verde, solo que por mar, y el Ejecutivo de Rajoy a verlas venir. Dictadores bananeros, amén de chonis poligoneras, desafían a las empresas españolas, y el Ejecutivo hace como que hace —porque a los empresarios que viajan con el Rey hay que tenerlos contentos— y saca la cosa de “la marca España”, para hacer como que hace.

Un Ejecutivo que, para colmo de debilidad, ni se decide a parar los robos de una turbamulta descerebrada dirigida por un pañuelo palestino. Un Ejecutivo que, para intentar aportar durabilidad al Marianato, está colocando en puestos políticos a miembros del PSOE. Un Ejecutivo que está siguiendo la política anti-terrorista de ZP, para que Cebrián no le monte mucho jaleo en la calle…

Dicho en Román Paladino: tras la etapa del todo-es-discutido-y-discutible de aquella cosa llamada ZP, España ha dado con Rajoy el tibio, la etérea levedad, el líder del la-mitad-para-ti-y-no-hagáis-ruido-en-la-calle. Y si el Ejecutivo de Rajoy es no más que tejido pendón movido por el viento del oportunismo político, la lectura que hace el califato catalanista es clara: es el momento de lanzar la batalla. Y como Arturo Mas lo sabe, sonríe. Después de que el ganado, a golpe de TV3, hiciera la manifestada en la diada, sonríe. Y Jordi…

Els Segadors y la saeta del mal gobierno
¿No se han fijado? Jordi cierra los ojos en apretado sentimiento siempre que canta el himno de Cataluña. ¿En qué piensa: en Banca Catalana o en los sudados trabajadores que con sangre gritaban: “Viva la tierra, muera el mal gobierno”? Un nacionalista tiene que ir acompañado siempre de un cantaor de saetas. Porque el nacionalismo es una religión venida a menos, como la del régimen de Mas. De ahí que, durante el rito del himno, Jordi —el político mejor tratado por la Corona—, se imagine en procesión, duque de las duquelas, rodeado de saeteros cantándole las penas del mártir. La misma referencia al sagrado misterio del dolor, con sus mitos y ritos.

Y es que detrás de todo fenómenos de locura colectiva —y no va a ser el único que veamos esta temporada— siempre hay un ocultamiento de la realidad, unido a una difusión masiva de errores intelectuales y, sobre todo, cinismo a granel. ¿O acaso es casualidad que la abanderada del independentismo catalán, Mónica Terribes, haya sido, hasta ayer mismo, directora de la televisión pública de Cataluña? La difusión de mitos y ritos independentistas, pagados, of course, con el dinero de los imperialistas españoles.

Y hablando de mitos. Durante la diada, una militante independentista difundía un mensaje animando a los suyos a acudir a la apretada manifestada y, como argumento de peso, decía: «La última manifestación de julio de 2010 reunió, según fuentes poco sospechosas de nacionalistas e independentismo, entre 2 y 2.5 millones de personas. Catalunya tiene apenas 7 millones de personas, de las que 15% son extranjeros y del 85% restante casi el 50% son de origen español. ¿Sólo los catalanes con “pedigree” se manifestaron?» (sic). Pensaba yo que sólo los animales tenían pedigrí, pero parece que no me he actualizado —en verdad, los tiempos cambian una barbaridad.

La historia, pues, parece repetirse inexorablemente. España vive hoy lo que Europa en la década de 1930. Entonces, el Poder Ejecutivo, limitado por un parlamentarismo omnipotente, era incapaz de hacer frente a los graves problemas que azotaban la sociedad. A consecuencia de ello, los grupos extremistas —los faccios—, se hicieron con la calle y azuzaron al ganado hasta la locura colectiva. Eso fueron las dictaduras fascistas en Europa: locuras colectivas instigadas por faccios, que terminaron por destrozar Europa entera.

Y todo ello acaeció en virtud de unos mitos. Entonces, tras el hundimiento del antiguo régimen, varios mitos se incubaron al calor de las ideas del progreso y la libertad. Ahora, tras el hundimiento de “la antigua Transición”, reaparecen esos viejos mitos, actualizados, eso sí, a golpe del ritos de la TV3

El seguro camino de los reinos de taifas
Julián Marías, que conocía bien esas dinámicas sociales, advertía en 1977, a propósito de las proclamas nacionalistas: «Existe en algunas regiones un resentimiento de grupos minoritarios que prefieren asegurar una fácil importancia local, mejor que concurrir con los demás en el “mercado general” de la sociedad española en su conjunto. A veces se intenta conseguir ventajas particulares mediante presiones, coacciones o amenazas, que se ejercen, por lo pronto, sobre los individuos de la región en cuestión y coartan su libertad. … El resultado de esto… sería la quiebra de toda la democracia por el camino seguro de los reinos de taifas —vieja tentación española, de España y de cada una de sus partes—. Ya sabemos cuál fue la suerte que tuvieron en la Edad Media los reinos de taifas: la férrea, tosca, elemental opresión de los almorávides. Y siempre hay algunos almorávides disponibles, que solo aguardan un pretexto».

Es la hora de la claridad
Irene Lozano. El Confidencial 14 Septiembre 2012

Aunque el nacionalismo es una ideología alimentada por sentimientos, la idea de nación tiene un fundamento racional. En Las nacionalidades, de imprescindible relectura, Pi y Margall explica cómo las familias se agruparon en ciudades para atender necesidades que no podían satisfacer por sí mismas, y posteriormente las ciudades se agruparon en Estados por la misma razón. Todo se reduce a una idea muy simple: la unión hace la fuerza. La unión crea también la comunidad política, definida, no por rasgos culturales o étnicos que ponen los pelos de punta a cualquier europeo, sino por su carácter democrático, pues él otorga la condición ciudadana a todos sus miembros por igual. Precisamente porque esa comunidad democrática vale la pena, se puede defender la nación sin ser nacionalista, como se puede ser macho sin ser machista, en afortunada expresión de Fernando Savater.

Dada la necesidad de esa unión y esa fuerza –más evidente que nunca en el mundo de hoy-, ningún Estado democrático reconoce legalmente el derecho a la secesión de una parte de su territorio, porque sería tanto como admitir su suicidio político. Además, resultaría un derecho cuyo titular se decidiría por autodesignación, lo cual da idea de su arbitrariedad. Bertrand Russell contó alguna vez la anécdota de aquel edificio de vecinos que, en el caos de la revolución rusa de 1905, declaró su independencia y plantó su bandera en la azotea. ¿Por qué no?, se preguntaba irónico Russell.

Así que vayamos aclarando algunas cosas. Que los medios por los que se reclama la independencia sean pacíficos no equivale a que sean democráticos. Lo que da carta de naturaleza a la democracia en nuestro país es la Constitución y en ella no se recoge en modo alguno el derecho de autodeterminación de una parte del territorio, antes al contrario, se declara explícitamente la unidad de España. Sencillamente, es algo que no se puede hacer dentro de la legalidad democrática, y esto es lo que el Gobierno debería haber respondido a Artur Mas, algo tan sencillo como: no vamos a reconocer el derecho a la independencia de una parte porque no es legal y significaría el suicidio del país. Esa respuesta equivaldría a defender los intereses del todo, atribución incuestionable de un presidente del Gobierno que, sin embargo, no le hemos visto ejercer.

¿Y por qué no lo ha hecho? ¿Por qué no lo hacen ni el PP ni el PSOE? El discurso político se encuentra sobre este asunto enredado en múltiples equívocos perversos, que favorecen lo que Pi y Margall llamaba “la impotencia del principio unitario”. Se considera legítimo que la Generalitat defienda los intereses particulares de Cataluña (o la interpretación de ellos que circunstancialmente convenga al partido gobernante allí), pero no –ni siquiera en justa reciprocidad- que el Gobierno defienda los intereses generales de España, incluida Cataluña. Cualquier afirmación en ese sentido -incluso una tan sencilla como: no cabe la independencia de una parte porque perjudica al todo-, se interpreta como una agresión directa a los catalanes. Por supuesto, el papel de quienes ocupan las instituciones es facilitar la convivencia, pero ese trabajo facilitador no funciona si descansa en una sola parte, mientras se juzga lógico y razonable que la otra reclame lo que le convenga sin pensar en nadie más. La asimetría destella en la normalidad con que se ha aceptado la participación de consejeros catalanes en la multitudinaria manifestación independentista de la Diada. ¡Qué no habríamos oído si nueve ministros de Rajoy hubieran marchado por las calles en defensa de la unidad de España!

En España el nacionalismo catalán recibe, o bien invectivas que utiliza de coartada para su victimismo, o bien una generosa comprensión que no se regala a nadie más. Pongamos el caso del pacto fiscal: si el madrileño barrio de Salamanca –harto de subvencionar a los pobres de Villaverde- exigiera una hacienda propia, todo el mundo los tacharía de ricos insolidarios y egoístas. Cuando los nacionalistas catalanes hacen el mismo razonamiento se comprende, porque “defienden sus intereses”.

Esto es lo único claro por el momento: que los independentistas, incluida CiU, defienden sus intereses económicos, mientras las instituciones y los partidos mayoritarios supuestamente nacionales no defienden los del conjunto de España: la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y ante Hacienda. Porque al final, cuando en medio de la confusión uno mira a sus ideas políticas más básicas y rudimentarias, llega a una disyuntiva sencilla: o se cree en la diferencia o se cree en la igualdad. El nacionalismo cree en la diferencia. Yo creo en la igualdad. No es el momento de escudarse en evasivas como “no toca” o “este asunto no es prioritario”. ¿En qué cree Rajoy? ¿En qué cree Rubalcaba? Ha llegado la hora de decirlo. Ha sonado la hora de la claridad.

La jugada oculta de Mas
El Editorial La Razón 14 Septiembre 2012

Cuarenta y ocho horas después de la manifestación de la Diada, el presidente de la Generalitat se presentó ayer en Madrid como abanderado de los manifestantes y sus reclamaciones. Al acto público no acudió ministro alguno ni el PSOE envió una representación de primer nivel. Artur Mas empleó un tono moderado y evitó en todo momento la palabra «independencia», pero no maquilló sus propósitos de ruptura con el resto de España. Lo cierto, sin embargo, es que no concretó cómo piensa llevar a cabo esa separación ni cuándo ni por qué vía. Simplemente la adornó con metáforas matrimoniales de desamor y se limitó a reclamar la posibilidad de convocar un referéndum.

Mas se presentó como valedor de dos «mandatos»: el pacto fiscal, aprobado por el Parlament; y el «de la calle», en referencia a la manifestación del martes. Nada hay que objetar al primer «mandato», pues emana de la cámara legislativa autonómica y está obligado a defenderlo ante las instituciones democráticas de la nación. Que prospere o no ya es otra cuestión. Pero aducir el «mandato de la calle» como imperativo de gobierno es una falacia populista y demagógica, pues el único mandato del pueblo que vale en democracia es el que nace de las urnas.

Y hace tan solo nueve meses, las urnas arrojaron los siguientes resultados: la suma de nacionalistas e independentistas apenas si superó el 1,2 millones de votos, mientras que el resto (PP y PSOE, sobre todo) superó el 1,6 millones. Éste es el auténtico mandato que debe respetar Artur Mas. Pero su puesta en escena de estos días induce a pensar que su verdadera preocupación no es tanto vender en Madrid el paño del pacto fiscal, cuya inoportunidad e inviabilidad a corto plazo es notoria, como calentar el ambiente a tal temperatura que justifique un adelanto electoral, lo que muy probablemente se anuncie en enero.

Es notorio que debido a la política de recortes y a la dudosa gestión financiera de Mas, las expectativas electorales de CiU han caído en picado, sin que en el horizonte se atisbe la más mínima posibilidad de recuperación. Al contrario, fiascos tan clamorosos como la petición de rescate a Rajoy o el plantón de Eurovegas han ahondado el derrumbre, del que se beneficia ERC. Ante tales perspectivas, la Generalitat se sacó de la manga el «pacto fiscal», señuelo para desviar la atención hacia «España» como causante del mal. Sin embargo, como intrumento de agitación no ha funcionado, aparte de que su recorrido como arma de presión es más bien corto.

Sólo una manifestación multitudinaria con el foco orientado hacia la independencia podría darle un giro al moribundo gobierno nacionalista. Y así ha sido. De ella se ha apropiado y con ella como estandarte convocará elecciones. Ya sólo queda saber si CiU llevará la independencia en su programa.

Cataluña: los socialistas tienen la palabra
Roberto Blanco Valdés La Voz 14 Septiembre 2012

Si el muy serio problema que plantea el desafío independentista catalán pudiera resolverse echando mano únicamente de la Constitución (que, como es obvio, deberá respetarse en todo caso), la cuestión no tendría la extrema gravedad que ahora presenta. Bastaría, entonces, con aplicar nuestra ley fundamental, que exige una mayoría cualificada para proceder a su reforma, reforma esa que, indispensable para abrir un proceso de secesión en Cataluña, no podría jamás ser aprobada sin el voto favorable del PSOE y del PP.

Pero, por desgracia, acantonarse solo en la defensa de la Constitución mientras va creciendo poco a poco el consenso interno en Cataluña en favor de la autodeterminación es la mejor forma de hacer el juego a unos nacionalistas que esperan, cada vez más animados, el momento en que ese consenso sea de tal envergadura que haga caer, por su propio peso, la secesión. La gran manifestación de la Diada no es más que un paso en esa suicida dirección.

Un paso, que sigue a otros muchos, de los que fueron en su día responsables los nacionalistas, algo previsible, pues su horizonte es siempre alcanzar un Estado independiente. Pero de los que, contra toda lógica política y en clara violación de la lealtad debida a la Constitución, se responsabilizó también, por acción u omisión, un desnortado y oportunista Partido Socialista Catalán. La disparatada operación del Estatuto hubiera sido imposible sin su activa participación en la desfeita, es cierto que apoyada decisivamente por un irresponsable presidente del Gobierno, que proclamó que el Estatuto del 2006 resolvería el problema catalán ¡para una generación!: el rotundo mentís a su optimismo antropológico, nacido a medias de la frivolidad y la ignorancia, se lo han dado los nacionalistas -¡y algunos socialistas!- manifestándose hace cinco días en favor de la soberanía catalana.

Por eso ahora, desvelada sin tapujos la clara deriva independentista de los nacionalistas -que exigen autodeterminación con una mano mientras piden 5.000 millones de euros al Estado con la otra-, el futuro de una España a la que siga perteneciendo Cataluña no depende ya ni del PP, ni menos aún de los minoritarios Ciutadans o UPyD. No, quien tiene la pelota en su tejado es el PSC, fuerza política que debe de una vez anteponer la unidad de España que dice defender a los que cree -erradamente- sus intereses electorales inmediatos.

Si el socialismo catalán no cambia de estrategia y deja claro que no participará en ningún proyecto que puede conducir a la secesión de Cataluña, esa secesión acabará antes o después por formar parte de la agenda política española. De él depende, pues, la unidad del país, aunque hay motivos sobrados para dudar de que vaya a estar a la altura de su inmensa responsabilidad histórica.

Después del 11
miquel porta perales ABC Cataluña 14 Septiembre 2012

EL 12 de septiembre no añade nada a lo que sabíamos antes de la Diada. Sabíamos que el nacionalismo gobernante impulsa el soberanismo para sacar tajada del independentismo. Ante el posible adelanto electoral autonómico, CiU marca perfil porque la reivindicación nacionalista da réditos. Lo que no sabemos es si, a CiU, la cosa se le escapará de las manos. Tampoco sabemos si quiere que la cosa se le escape de las manos.

Sí sabemos -son así, decía- que el Govern va a remolque del independentismo. Resulta curioso que un gobierno democrático vaya detrás de un movimiento que quiere romper la legalidad que le confiere el poder. Una legalidad que dicho gobierno representa y debe defender. Peculiaridades de la democracia catalana. Democracia que se ve amenazada por el populismo de quien usa y abusa del lenguaje, de quien exalta las pasiones y emociones del «pueblo», de quien elabora un discurso simplista que promete soluciones fáciles a lo complejo al tiempo que transforma al adversario político en enemigo nacional.

Mientras eso ocurre, la crisis económica sigue ahí. Como siguen ahí los problemas de una ciudadanía que padece los rigores del desempleo y del ajuste presupuestario. Y siguen ahí los problemas de una Generalitat endeudada hasta el cuello a la que nadie presta dinero. Una Generalitat -la prima de riesgo por encima de los mil doscientos puntos básicos y unos bonos autonómicos calificados como basura por las agencias de calificación- que ha de recurrir al Fondo de Liquidez Autonómica para pagar las nóminas. A ello, cabe añadir que una Cataluña independiente quedaría excluida de la Unión Europea con lo que comportaría. Siendo esa la realidad, Artur Mas -¿el presidente de todos los catalanes?- se empeña en una independencia que no solucionará nada y lo agravará todo. A eso se llama irresponsabilidad.

Construcción y demolición de un Estado
Fernando Onega La Voz 14 Septiembre 2012

Tal como estamos, lo peor que le puede ocurrir a la nación española es esto: que se despedace. Y, una vez escuchado al señor Artur Mas ayer en Madrid, parece el destino marcado por los nacionalistas catalanes. No parece; es. El presidente de la Generalitat no ha usado palabras que alienten el reencuentro. De acuerdo con la terminología tópica que habla de puentes entre dos pueblos, dio la impresión de que está metido en la tarea de demoler los pocos que quedan. Invocó el cansancio mutuo, supone que la mayoría de los catalanes quieren romper con España, y se le nota que quiere ser el conductor de la transición hacia la soberanía plena. Así me imagino que deben ser las primeras conversaciones entre los matrimonios que se rompen.

Debo decir que el señor Mas no ha engañado a nadie. Nunca. Su referencia a la transición nacional, que ahora sorprende a tantos, está en sus primeros mensajes como presidente. Su labor de gobierno se caracteriza por fuertes recortes en el gasto público, pero sin tocar ni un céntimo de todo aquello que tiene que ver con su objetivo soberanista: ni subvenciones, ni inmersión lingüística, ni en alguna de las embajadas que la Generalitat tiene fuera de su territorio. Y su penúltima meta, que era alcanzar un concierto económico como el vasco y el navarro, ya no cuenta, porque ha descubierto su auténtica faz, que es la soberanía fiscal. Si no sale, para llenarse de razones contra el tan invocado maltrato de España a Cataluña. Y si sale, para sentar las bases del nuevo Estado, que él está llamado a presidir. Me gustaría, por cierto, ver su gesto cuando escuchó que en la gran manifestación del martes se coreaba «Catalunya independent; Artur Mas president».

Estamos asistiendo, por tanto, al apasionante espectáculo de ver cómo se construye un Estado y cómo se prepara la destrucción de otro que ha resistido siglos de asedios, guerras, dictaduras, momentos felices, intentos de ruptura, negocios compartidos y aventuras conjuntas. No dudo que para multitud de catalanes (más de los que se manifestaron en la Diada) es un trance emocionante. Me inquieta que todos los demás no tengan ningún cauce para expresar su deseo de seguir en España. No tienen quién recoja su voz, ni quién los represente, ni quién acoja sus razones, ni disponen de una plataforma que los aglutine. Están condenados a ser una minoría silenciosa, amorfa y posiblemente asustada ante el clima que los rodea. Y me intriga el silencio de los inversores, de las grandes empresas, del propio F.?C. Barcelona, llamado a jugar grandes partidos contra el Gimnástic de Tarragona. Pero la consigna del Gobierno central es que enfriemos el desafío. Correcto, lo enfriamos. Ya ponen otros el calor.

Erradicar el 'Virus Rajoy' y sus 'marianitos'
José Luis Ortín www.vozpopuli.com 14 Septiembre 2012

Tras la entrevista en la primera de TVE al Presidente Rajoy, confieso que como a los caballos pregonaos me empezaron a bullir todos los gatos de la barriga. La insustancialidad en sus respuestas a las preguntas básicamente amables que le formularon, me retrotrajeron a tiempos cercanos que parecen ya muy pretéritos.

Las raíces del cinismo infame que nos asola
La tragedia nacional del 11-M de 2.004 postró a España. Agentes patógenos, todavía por descubrir, pergeñaron un vuelco político, institucional y social cuyas enfermizas consecuencias nos consumen ahora.

La plaga de los siete años calamitosos de Zapatero fueron cultivando aquellos virus. Las irresponsables alegrías del ‘Chuflas de León’ con el dinero de todos, producto de nuestros impuestos y de la buena gestión económica y fiscal que le dejó su antecesor –innegable superávit público-, por muy ensoberbecidos y discutibles que fueran los últimos años de Aznar; acabaron en el petardazo que dio quedando como Cagancho en Almagro negándose a rematar la desastrosa faena de su segundo mandato, convocando elecciones anticipadas tras haber renunciado a sus convicciones ideológicas; si alguna vez las tuvo.

Las dudas ‘rajoyanas’
Pero ahora se imponen el presente y el futuro inmediatos. Como decía, escuchando a Rajoy se me vinieron de nuevo todos los demonios encima. Y aun conocidos, vuelven a machacarme las esperanzas que al albur de una supuesta sabiduría reciente por haber aprendido de los errores de estos meses cabrían albergar. El gallego no dejará nunca su plomífera personalidad de indefinición, mediocres anhelos de continuismo, falta de coraje anclada en que el que aguanta gana parapetado en la nomenclatura y la burocracia, y el más rancio partidismo conservador. Ni un atisbo de hablarle claro a los españoles ni de valentía para abordar el presente y el futuro, como debió hacer desde el principio. Ejemplos tenía muchos en la historia; dentro y fuera de España.

Aceptando que siempre hace lo que cree de verdad:
- ¿Creía antes que no era bueno subir los impuestos, o cree ahora que son la solución? Y no valen razones de desconocimiento de lo que había, pues entonces hablaríamos de ignorancia inconcebible, incompetencia o mentira. La indefinida temporalidad de las siempre negadas subidas de impuestos– promete que algo queda- es demagogia barata. Y lo de no atreverse a recortar de donde todos sabemos y a recaudar mejor– las AAPP en su conjunto, las instituciones políticas y la economía sumergida- diciendo que no tiene más remedio que sangrarnos a todos los demás, es la valentía del cobarde: respetar sólo a quien teme o desconoce, y machacar a quienes tiene por mansos; los propios silenciosos de Fraga.

- Siguiendo con la lógica anterior, cuando no hace lo indicado de ser más eficiente en el ahorro y en la recaudación, ¿es que no cree en ello? A esto se le podría llamar vagancia o incapacidad insuperable.

- ¿Pensaba en diciembre que no era bueno subir el IVA – brutal en un tramo muy sensible-, cuando las empresas y autónomos hacían sus previsiones anuales y podían presupuestarlo; y en junio cambió de convicción cuando estamos a mitad de partido? Esto sería, siendo piadosos, improvisación y ocurrencias – lo que siempre niega y achaca a otros- o impersonalidad escuchando a tirios y troyanos quedándose con el último que llega.

- ¿Tiene miedo calculado a hablar claro, o es la antiquísima forma de mentir callando o de no comprometerse personalmente a nada por temor miope al futuro propio o por ignorancia? Esto se llama indigencia personal, profesional o política.

- ¿Estará pensándose de verdad lo de pedir el imparable rescate estudiando sus condiciones, o estamos de nuevo ante otra dilación de lo urgente e importante para que pasen los intereses electorales gallegos y vascos, como ocurrió con lo de Andalucía? Esto sería de un indeseable partidista en lugar de lo que de verdad necesita España: un verdadero estadista.

El principio de la superación del virus
- Y lo más grave: ¿Ha tenido alguna vez alguna idea propia, o simplemente es un paniaguado que ha estado en el momento y lugar adecuados a la hora oportuna? Entonces más le valdría al centro derecha español buscar un nuevo líder por el bien de España, si es que de verdad les importa; y agotar el mandato quemándose en el empeño un político con mayúsculas, si quieren, también, tener futuro.

Y como buen palo muerto, ha originado notables ramas secas. Lo de Montoro y sus bandazos inverosímiles; Guindos y sus decretazos buscando un lugar al sol en Europa; el amiguete de Interior calibrando criminales etarras al peso; Gallardón de perfil, como acostumbra; Arias diciendo que lo del agua para después – a ver si llueve-; Soria defraudando expectativas de inversiones garantizadas en el BOE; Báñez envainándose la importantísima ley del emprendedor; etc. Es decir, ‘Marianitos’ con botas y chubasquero, gorrito de noche, pijama y orinal.

Sé que puedo parecer radicalizado, pero el momento español es excepcional, el futuro no espera, nos jugamos demasiado y sólo me tengo por uno de los muchos españoles ingenuos y esperanzados que pensábamos que Rajoy sería un buen gobernante. ¡Cuántas veces defendí que Rajoy había aprendido sabiamente que en España las elecciones no se ganan, sino que se pierden! De ahí que pensara como tantos que siendo un líder de la oposición blandito sería un magnífico Presidente del Gobierno. Ahora me mata la realidad. Pero sé que hay soluciones. La primera sería cambiar de caballo guía o pericón; éste padece infosura (cojera) irremediable. Ya no creo en curas milagrosas. ¡Ojalá! Y ¡ojo!, pronto en Europa – los de los cuartos- tampoco. (Ver lo ocurrido en Grecia e Italia)

Muchos amigos me dicen que escriba más del futuro que de las causas que nos han traído hasta aquí; seguramente con razón porque quieren creer en algo. Ahí tienen la primera piedra. Lo siento.

Flagrante injusticia.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 14 Septiembre 2012

A veces aunque nos duela, hay que aplicar la Ley. Frase demoledora pronunciada por el juez Grande Marlaska a la Presidenta de la Asociación de Víctimas Dª ängeles Pedraza. En esa frase existen dos grandes mentiras. La primera es que a los que se ocuparon de saltarse todos los procedimientos existentes para no aceptar el recurso de la Fiscalía, no les duele salvo su propio orgullo y su afán de cumplir con la voluntad del Gobierno, coincidente con la de la oposición, el PSOE, que fue la encargada de las reuniones y pactos con la ETA. La segunda mentira es que se ha aplicado la ley. Esa Ley es la que precisamente dejaba a voluntad del evaluador, Instituciones Penitenciarias, el inicio del tercer grado y todo el proceso posterior que ha llevado a la liberación de uno de los terroristas más sanguinarios de ETA.

No hay hoy mucho más que decir, salvo que se confirma que en España ni existe la Justicia, ni esta es independiente, sino solo una fiel servidora del poder, cualquiera que sea el que lo ostente y les haya puesto en sus cargos. Porque hoy, esos cinco jueces de la Audiencia Nacional han demostrado que es posible que se haya cumplido la ley, pero que no se ha hecho Justicia. Y en lo del cumplimiento de la ley solo es una forma de decir que su interpretación ha sido favorable para los intereses del terrorista y lesivo para las víctimas. Una fecha que se viene a sumar con otras de vergüenza nacional como cuando se produjo la liberación de otros etarras como de Juana Chaos, atendiendo a razones humanitarias.

Hoy la único que se puede hacer es manifestar nuestro profundo desprecio por quienes han contribuido a que se llegue a esta vergonzosa y humillante liberación. Solo falta el colofón de ver a este etarra en próximas manifestaciones y recibiendo los homenajes de sus camaradas, ante la pasividad e impotencia de un Gobierno incapaz de haber mantenido una actitud de firmeza en la lucha anti terrorista. Un Gobierno que lleva su vileza a una política de seguidismo de los pactos con ETA en los que España ha sido rendida por la cobardía de unos dirigentes.

Como español me siento traicionado una vez más por una casta política que es el cáncer de España, no solo en lo económico, sino también en la falta de ética, de sensibilidad y de valor para representar a ningún español. Yo, al menos, no me puedo sentir representado por esta banda de oportunistas. Esta liberación infame deja a este Gobierno y al partido que le sustenta en las cloacas de un Estado al que no podemos llamar de Derecho, sino de injusticia y de prevaricación. Nada obliga a respetar lo que estos miserables se han encargado de manchar con sus actuaciones.

España necesita un cambio de rumbo en muchos aspectos y está claro que no podemos seguir con los mismos que han sido los principales causantes del desastre. Va siendo hora de una renovación en profundidad y en la aparición de organizaciones ciudadanos o partidos políticos con verdadero sentido del Estado de Derecho y de una democracia real con una Justicia independiente y que merezca ese nombre.

Caso Bolinaga
Ética, pragmatismo y cobardía
Emilio Campmany Libertad Digital  14 Septiembre 2012

Luis R. Aizpeolea, la oreja y la pluma de Eguiguren en la negociación de Zapatero con la ETA, ha defendido a Rajoy por la excarcelación de Bolinaga en las páginas de El País. Básicamente, lo ha hecho en dos planos, el moral y el práctico. Dice: la excarcelación de Bolinaga "pone de manifiesto la superioridad del Estado de Derecho sobre el comportamiento de las organizaciones terroristas". Aizpeolea no debe de tener fe en el Estado de Derecho si cree que éste, para demostrar su superioridad sobre los terroristas, está obligado a liberarlos. No sabe que en un Estado de Derecho sucede lo contrario. En él, las condenas de los terroristas no son las que diga nadie, sino las que establezca la ley; no más, pero tampoco menos. La excarcelación de Bolinaga no implica que España no sea un Estado de Derecho porque se ha hecho conforme a la ley, si bien interpretada con la máxima benevolencia. Pero sí puede decirse que no es precisamente una especial manifestación de su vigor, más bien lo es de su debilidad.

Como Aizpeolea se da cuenta de que el argumento moral es débil, recurre al pragmático. Los que se oponen a la excarcelación, dice, ignoran que para que Sortu haya sido legal ha tenido que reconocer, en sus estatutos, el rechazo expreso a la violencia de ETA. Es decir, ha tenido que admitir por escrito la derrota de ETA, con lo que difícilmente se sostiene que la banda terrorista se ha colado en las instituciones. También ignoran que ETA declaró el cese definitivo de la violencia hace ya casi un año.

Bien, ¿y qué? Supongamos que fuera verdad que Sortu no es ETA y que la banda hubiera realmente desaparecido. ¿Justifica eso que sus miembros gocen del privilegio de no cumplir sus condenas?

El mismo Aizpeolea, refiriéndose a PNV, PSOE y PP, da la clave al final: "La dinámica posterior a las elecciones vascas del 21-O apunta a un acuerdo en la gestión del final de ETA". Si hay que gestionar el final de la banda es porque tal final no ha llegado. A nadie se le ocurriría decir que hay que gestionar el final de la Reconquista. O sea, a Bolinaga lo han excarcelado para que la ETA no vuelva a matar, que es la misma razón por la que Bildu y Sortu fueron legalizados y por la que la ETA domina varios ayuntamientos, la diputación de Guipúzcoa y ya veremos si, a partir del 21 de octubre, Ajuria Enea. Pero eso Aizpeolea no lo dice, aunque lo sabe, como demuestra el que hable de gestionar el final de la organización. Gestionar significa aquí ceder, ya veremos cuánto, para que no vuelva a asesinar.

Lo peor es que, cedan cuanto cedan, ETA seguirá estando hasta que el País Vasco sea independiente. No hay, por tanto, ninguna justificación moral o práctica para excarcelar a Bolinaga. Sólo hay una razón para explicarla, la cobardía.
 

La política del apaciguamiento
ETA y el pacto Rubalcaba-Rajoy
Guillermo Dupuy Libertad Digital 14 Septiembre 2012

Recomiendo a los lectores la emocionante crónica en la que Cayetano González relata la seguridad que Ortega Lara mostró, nada más ser liberado de su cautiverio, en que el Gobierno de Aznar no cedería al chantaje de ETA en lo relacionado con el acercamiento de sus presos a cárceles del País Vasco, exigencia terrorista por la que también fue secuestrado –y asesinado– poco después Miguel Ángel Blanco.
http://www.libertaddigital.com/espana/2012-09-12/matadme-porque-se-que-este-gobierno-no-va-a-ceder-al-chantaje-1276468373/

Es una pena que D. Cayetano no la hiciera pública muy poco después de que los hechos se produjeran, en aquellos momentos de infausta memoria en los que Aznar, tras presentarnos el chantajista comunicado de "tregua indefinida" de la banda terrorista como si de una "oportunidad para la paz" pudiera tratarse, autorizó "contactos con el MNLV", apeló a la "generosidad" de las víctimas y accedió al mayor acercamiento de presos etarras de toda nuestra historia.

Si hago este comentario a esta espléndida crónica de D. Cayetano no es para volver a denunciar los errores del pasado, sobre los que Zapatero edificó su infamia, y que son también decisivos para entender la reincidencia en el error que una nueva tregua de ETA está llevando a cometer a un nuevo Gobierno del Partido Popular. Lo hago porque en su espléndida crónica D. Cayetano advierte oportunamente de algo que manifestó Alfredo Pérez Rubalcaba el pasado domingo en el Comité Federal del PSOE: "La política antiterrorista está pactada con el Gobierno".

Para saber que la política respecto a ETA –me niego a llamarla antiterrorista– está pactada desde hace mucho tiempo entre Rubalcaba y Rajoy basta, en realidad, con recordar el compromiso que ambos candidatos desvelaron ante las cámaras de televisión durante el debate electoral celebrado por televisión poco antes de las últimas generales: tras felicitarse y volver a presentarnos el más reciente, pero no menos chantajista, comunicado terrorista como si del fin de ETA se tratara, Rubalcaba literalmente dijo:

Si estoy en la presidencia del Gobierno, sabe usted que le llamaré para dar los pasos siguientes que hay que dar para poner fin definitivo a este terrible problema que hemos tenido casi 50 años. Y, si estoy en la oposición, contará usted con mi leal colaboración para llevarlos a cabo.

A lo que Rajoy respondió:
Yo suscribo sus palabras y haré exactamente lo mismo.

Como por aquel entonces ya me pregunté, ¿se puede saber qué "pasos siguientes hay que dar" para poner fin definitivo a lo que ya definitivamente se ha dado por erradicado? ¿En qué quedamos?

Los pasos a los cuales se podían referir son los que están señalados en la ocultada hoja de ruta dictada por ETA. Y que Rajoy se había alineado con Rubalcaba era ya patente desde el mismo momento en que el candidato popular a la presidencia calificó de "buena noticia" el chantajista comunicado en el que los etarras accedieron al calificativo de definitivo –tal y como les habían pedido sus interlocutores socialistas–, pero sin renunciar por ello a unas condiciones que, entre muchas otras, y al margen de la neutralización de la Ley de Partidos, reclamaban, como "primer paso a la amnistía", el "traslado de presos/as a Euskal Herria" y la "liberación de presos/as con graves enfermedades".

Como dije entonces, el problema está en que si proclamas el fin del terrorismo sobre la base de lo que, solo en parte, dicen los terroristas en sus comunicados ("alto el fuego definitivo"), te arriesgas a que esa paz estalle si no atiendes satisfactoriamente al resto de lo que los terroristas dicen en esos mismos comunicados.

Meses antes de que el entonces candidato popular a la presidencia del Gobierno hiciera su engañosa valoración del comunicado etarra –no menos despreciable que la de Rubalcaba– ya advertí de que habría que "vigilar al Gobierno de Rajoy". Me quedé corto. Rajoy no ha resultado ser una deficiente alternativa a Zapatero, sino su más inconsciente e irresponsable sucesor.

Excarcelación de Bolinaga
¿Injustos y cobardes dueños del futuro?
Juan de Dios Dávila Libertad Digital 14 Septiembre 2012

Las declaraciones realizadas en marzo de este año por Dña. Gabriela Bravo, portavoz del Consejo General del Poder Judicial, fueron proféticas: "Las víctimas no deben condicionar la evolución sociopolítica de España". Esta declaración ya nos indicaba siniestramente por dónde iban a discurrir las decisiones de la Justicia y, por supuesto, del Gobierno presidido por D. Mariano Rajoy Brey.

Básicamente esto supone que el futuro de España está actualmente en manos de injustos y cobardes.

Está en manos de injustos, porque la excarcelación del terrorista Bolinaga fortalece el ánimo de victoria de la organización terrorista ETA, que, lejos de estar derrotada, está a las puertas de conseguir el Gobierno de la Comunidad Autónoma Vasca.

En este sentido, cabe insistir en que los principales candidatos oficiales de EH-Bildu, sin que el Gobierno de Rajoy haya hecho absolutamente nada para ilegalizarlos, están relacionados con organizaciones disueltas por pertenecer a ETA. Este es el caso de Laura Mintegi, candidata a lehendakari, candidata de Herri Batasuna al Parlamento Europeo en 1987 y 1989; o de Xabier Olano, propuesto como futuro consejero de Economía, quien ha estado en la Diputación Foral de Guipuzcoa como juntero por Herri Batasuna y por Euskal Herritarok; o el de Julen Arzuaga, presentado como futuro consejero de Interior, articulista habitual del diario Gara y procesado por su presunta vinculación a las Gestoras Proamnistía-Askatasuna, pertenencientes a ETA.

Si estas personas, claramente vinculadas al mundo de ETA, consiguen ganar las elecciones, favorecidas, por un lado, por el aire de triunfo y de impunidad que supone la excarcelación del secuestrador de Ortega Lara –impulsada por el ministro Jorge Fernández al concederle el tercer grado– y, por otro, por la inacción de D. Mariano Rajoy como presidente del Gobierno de España, esto supondrá que el criminal gobernará sobre la víctima. ¿Quién piensa sinceramente que puede haber paz sin justicia? ¿Quién piensa que el criminal que llega al Gobierno gracias al miedo que genera su crimen se transformará en un hombre pacífico y justo?

Estamos en manos de cobardes, porque cobarde es la actitud del Gobierno de Rajoy, que no se atreve a plantar cara a ETA; que no tiene convicción ni fuerzas para convocar a un verdadero proyecto nacional; que se pliega ante aquel que tenga capacidad de hacer daño y no gobierna conforme a lo justo y a lo que es mejor para todos los españoles, sino que ante el miedo a un nuevo atentado repite una y mil veces que ETA está derrotada para, acto seguido, conceder a la organización terrorista lo que pide: poder presentarse a las elecciones y que sus terroristas sean excarcelados.

Nunca se ha hablado tanto de democracia como ahora, y nunca una base electoral tan grande como la del PP se ha visto tan huérfana y tan poco reconocida en su voto. Lástima que en el Partido Popular, al igual que en el resto de formaciones, el líder venga impuesto por una minoría alejada de su base electoral.

Es hora de que la sociedad grite ¡basta ya!, es hora de levantar nuevas alternativas cercanas al sentir mayoritario de los españoles, que, defraudos por los actuales partidos políticos, quieren líderes honrados y justos en los que se reconozcan y que sean capaces de convocar a un verdadero proyecto solidario de comunidad nacional, basado en la verdad, la justicia, la libertad y el sentido de bien común.

Juan de Dios Dávila Garijo, hermano del teniente coronel Fidel Dávila, asesinado por ETA, exconcejal de Hernani por el PP y presidente de la Fundación Unidad + Diversidad.

Una victoria de ETA.
Cayetano González. Periodista Digital 14 Septiembre 2012

MADRID, 13 (OTR/PRESS)

No hay más que ver como ha recibido el mundo político, social o mediático que rodea a la banda terrorista ETA la noticia de la liberación de José Uribetxeberría Bolinaga, uno de los cuatro torturadores/secuestradores de Ortega Lara, para llegar a la conclusión con la que titulo esta columna. Triste, muy triste, pero es así. El gran vencedor de este indigno episodio es ETA y su mundo; el gran perdedor, las víctimas del terrorismo -empezando por las víctimas directas de Bolinaga, que además de Ortega Lara fueron tres guardias civiles- y con ellas, toda la sociedad española que ha sabido durante estos años sufrir estoicamente el dolor producido por el terrorismo etarra.

En estas horas, donde la indignación social es grande, conviene recordar que en el inicio del proceso que ha llevado a la Audiencia Nacional a conceder la libertad condicional a Bolinaga, está una decisión política del Gobierno de Rajoy, a través del Ministerio del Interior, al conceder a finales de agosto el tercer grado penitenciario a este terrorista que ni se ha arrepentido de sus crímenes, ni ha pedido perdón a las víctimas. Dicho de otra forma, si se ha llegado hasta donde se ha llegado, es porque el Gobierno lo quiso, cuando la ley no le obligaba a ello.

La pregunta que muchos ciudadanos pueden estar planteándose es: ¿por qué Rajoy está haciendo esto?; ¿por qué no hace en la política antiterrorista lo que hizo, por ejemplo, otro Gobierno del PP presidido por Aznar? Y la respuesta a estos dos interrogantes no puede ser otra que Rajoy ha decidido heredar en esta cuestión la "hoja de ruta" de Zapatero, lo que lleva aparejado cumplir los compromisos que el anterior presidente del Gobierno había asumido con ETA. Esto, que puede sonar duro, es perfectamente compatible con afirmar que Rajoy no está negociando con la banda terrorista como abiertamente lo hizo su antecesor en la Moncloa. No le hace falta. Simplemente tiene que administrar el llamado "proceso" iniciado por Zapatero e ir haciendo una serie de gestos hacia la banda terrorista, para que esta no se plantee volver a matar.

Quizás Rajoy no ha valorado suficientemente bien el hecho de que los ciudadanos son enormemente sensibles con esta materia y que el nivel de indignación y desconcierto entre sus votantes y los que no lo son es grande. En términos políticos y electorales, la liberación del etarra Bolinaga y todo lo que pueda suceder en las próximas semanas, le va a costar al PP muchos votos. Pero siendo esta razón de orden táctico-electoral, hay otro motivo de mucho más calado moral y ético que debería hacer rectificar al presidente del Gobierno y que no es otro que respetar la Memoria, la Dignidad y la Justicia que son debidas a todas las víctimas del terrorismo.

Mas, las cañas y las lanzas.
Charo Zarzalejos. Periodista Digital 14 Septiembre 2012

MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Suele ocurrir allí donde el nacionalismo es mayoritario que, en más de una ocasión, nada es lo que parece. Parece, a la vista de lo ocurrido en Cataluña, que la masiva manifestación del pasado día 11 ha surgido como idea espontánea de la denominada Asamblea Nacional de Cataluña, de tal manera que pudiera parecer que la citada Asamblea ha recogido, motu propio, una profunda desazón de los ciudadanos que queriendo ser solo catalanes, independientes de España. Desazón que pudiera parecer ajena a los mensajes políticos o al descontento existente en Cataluña y fuera de Cataluña por las difíciles situaciones en las que viven una multitud de ciudadanos.

Pero no. La masiva manifestación fue alentada y jaleada desde el propio Gobierno catalán que a la sombra de una supuesta insuficiencia financiera han llevado al ánimo de miles de ciudadanos -no todos- aquello de que mejor nos iría si fuéramos por nuestra cuenta. Esta afirmación no significa cerrar los ojos a una realidad innegable como es el hecho de que en Cataluña, el sentimiento independentista existe con crisis o sin ella. Lo que ocurre es que ha ido en aumento, quizás por la convicción de que ese deseo, aun no mayoritario, no se va a cumplir. Ya lo decían los clásicos: que los dioses nos libren de ver cumplidos nuestros deseos.

En la medida que CiU y el Gobierno catalán alentaron la movilización es, a corto plazo, un éxito para Artur Mas que ahora acudirá a Moncloa diciéndole a Rajoy "ya has visto mis poderes". Veinticuatro horas después, Artur Mas, en su comparecencia oficial no hablo de "independencia" pero sí se comprometió a dar a Cataluña una estructura de Estado que viene a ser lo mismo. Hoy Artur Mas y con él Convergencia _veremos como digiere todo esto Unio Democrática_ se sienten más fuertes, pero en política, más que en cualquier otra faceta de la vida, lo que hoy son cañas, mañana se vuelven lanzas.

Y esto es así porque quien de verdad tiene un problema es el propio Artur Mas. Nada más eficaz que aventar sentimientos; nada más rentable que proponer lo imposible y nada más fácil que sacar a la gente a la calle. Y cuando todo esto se produce viene la gestión de lo aventado, de lo propuesto. Y, si, Más tiene un problema porque es a él, a su partido y a su Gobierno a quienes los miles y miles de personas que acudieron a la calle le van a pedir cuentas y resultados.

Veremos en días sucesivos como Mas y con él todos los nacionalistas de CiU utilizan un lenguaje medido del que se puede deducir una cosa y casi, casi, lo contrario, pero lo cierto, lo incontestable, la responsabilidad de Mas es haber abierto la brecha de la independencia y de esa responsabilidad tendrá que responder ante la opinión pública catalana. Artur Mas, y no los demás, es el que se ha metido en un lío, que diría Rajoy.

El reclamado pacto fiscal -que no va a tener- es el enganche de esta situación. O hay pacto o independencia, dicen algunos. Otros sostenemos que aun cuando hubiera pacto fiscal, la independencia seguiría siendo una reivindicación permanente. Por ello, las palabras de Rubalcaba pidiendo a Mas que diga de qué vas, de si dialogo constructivo o de divorcio, son especialmente acertadas.

Es necesario que los nacionalistas catalanes pongan las cartas boca arriba y que en su programa electoral, que quizás redacten pronto, hablen de independencia con la misma claridad que se habló de ella en la manifestación del día 11. En contraposición resulta necesario e incluso urgente que tanto PP como PSOE y a ser posible al unísono, recuerden las líneas rojas tanto de nuestra Constitución, como de sus estrategias de fondo. ¿Puede el PP dar sustento a un Gobierno que aboga por la independencia? ¿Pueden PP y PSOE dejar sin cobijo a los no nacionalistas?

El Gobierno, con una prudencia que va a más allá de lo razonable, ha tomado una posición fría y distante para no echar leña al fuego, pero tarde o temprano tendrá que realizar un discurso "político". El día 20, Mas se reúne con Rajoy y allí, en Moncloa, por mucho alarde de fuerza que realice Mas, saldrá sin Pacto Fiscal y volverá a Cataluña en donde le esperan miles y miles de ciudadanos clamando por la independencia. Y será el 21 cuando las cañas del día 11 comiencen a volverse lanzas.

Casi nación
hughes www.gaceta.es 14 Septiembre 2012

Cuando Zapatero prometía un encaje para Cataluña todos pensamos que era constitucional. Visto lo visto, quizás hablaba de lencería. El Estatuto, qué duda cabe, ha sido un exitazo. La Diada es una Catalonian Love Parade de inexcusable asistencia, pero con aire garrapiñado de visita a la tieta, a la honorable tía matusalémica que tiene un piso en Las Ramblas. Y los políticos ofrendan de modo horripilante, como los futbolistas que ofrecen el ascenso a la virgen local. Se observaban individuos con carteles independentistas de intermedia representatividad: bomberos por la independencia, amas de casa lliures, jubilados que quieren ser nación… y es que para hablar por boca de un pueblo antes ha de hacerse por el gremio. Individuos de representatividad piramidal, creciendo verticales hacia la soberanía como castellers.

El lema de la mani d’enguany era distinto: “Cataluña, nuevo Estado de Europa”. Alguien pudiera pensar que eso supera e integra el “Catalonia is not Spain”, pero no tiene por qué, pudiera ser que Cataluña ansiara ser un nuevo Estado de Europa siendo España y a la vez no siendo España, porque para Cataluña España es una estimulante negación y un mercado vergonzante, como cuando vendemos armas a un Estado basura.

Y qué genialidad la de Mas al hablar de la casi plenitud de Cataluña. Cataluña como un ente perfectísimo en la cadena del ser, pero no perfecto del todo, sino casi perfecto. Cataluña está siempre casi llegando, casi siendo, como un albor de Estado, reversible, abierto aún, galvanizado, y allí, en el instante del casi se instaló el nacionalismo, sabedor de lo triste que es el instante posterior a la plenitud. ¿No es lo más hermoso de la vida ese casi?

Cataluña es casi Nación y un estar como si no, estar-como-no, como no estando, a punto de todas las posibilidades. Un territorio soberanamente abierto. Como cuando la novia, antes de ser novia te dice: ¿qué somos? ¿No sería lo ideal estirar ese ratito? Pues ellos lo estiran. Ni región ni Estado, sino una cosa y la otra y ninguna de las dos, pero siempre sobre la base del como no, del estar como si no se estuviera.

Para ellos, el Estado es lo perfecto y quién les convence ahora de que el Estado es demodé, decepcionante e imperfecto, como una cacha de famosa en el Cuore.

Y ya se prepara una estatua del Mas libertador, que será como un presentador de telediario montado a caballo. La independencia pudiera ser un McGuffin fiscal, pero eso sería decepcionante tras haber visto la feliz e irresponsable algarabía de mis compatriotas al “superar cívicamente un marco legal”. Decepcionante tras haber visto a Durán de patriota procesionario con muletas.
No obstante, en el nacionalismo catalán hay algo tributario de Madrid, algo absurdo, delegado y aritmético que hace pensar en que, tras tanta manifestación, proclama y desafío, al final la independencia la tendrán que declarar desde Madrid.

Losantos pide un "divorcio inmediato" e ironiza: "Alemania respirará tras conocer el apoyo del bono basura catalán al euro"
El ABC saca toda su artillería para criticar la excarcelación de Bolinaga
Antonio José Chinchetru. Periodista Digital14 Septiembre 2012

El País y el director de La Vanguardia celebran la libertad condicional para el terrorista Bolinaga
Sostres: "Los catalanes somos cobardes cuando hay que celebrar algo más que unos cumpleaños"
Anson reclama desde El Mundo una parte del maillot de Contador para Pedrojota Ramírez
César Vidal contra el "Teta Party" se Sánchez Gordillo: "que se busquen un trabajo como el que sí han sabido encontrar seis millones de inmigrantes"
Raúl del Pozo apoya a la concejal de Los Yébenes pero recuerda que "algunos socialistas también montaron vídeos"

A diferencia de otros días, este 14 de septiembre de 2012 no hay un tema que predomine de manera evidente sobre el resto en las columnas de opinión de la prensa en papel española. Colea todavía el caso Bolinaga, se habla sobre el nacionalismo catalán en general y también sobre la intervención de Artur Mas en un hotel madrileño.

Arranquemos nuestro repaso diario con dos piezas de El Mundo. Federico Jiménez Losantos insiste en la necesidad de separar a Cataluña de España. Adéu, se titula su artículo, escrito a colación de la charla ofrecida por Mas en la capital de España:

Y aunque a su lado estaba de avalista o comisionista el Jefe de la Casa del Rey -era el acto adecuado para la reaparición de Urdangarin y la infanta Cristina- nadie le recordó que la Constitución de 1978 cambió por completo la estructura tradicional del Estado y creó, con dos catalanistas -Roca y Solé Tura- entre los siete redactores, una forma de Estado, el de las Autonomías, que ha dejado a España en ruinas pero al que el separatismo catalán nunca correspondió «encajando» lo español con «amabilidad».

Concluye:
Pero el caudillet sería el mendigo más fatuo de la Tierra si creyera que seguiremos pagando su desprecio. Agradezcamos la gentileza de anunciarnos que su Estado está en marcha y es irreversible. Pero no estropeemos la despedida regateando. No nos robemos más. No desluzcamos los adioses pretendiendo que España pague las deudas de Cataluña y la siente en la Unión Europea, cuya moneda, dijo Mas, piensa fortalecer. Alemania, sin duda, respirará tras conocer el apoyo del bono-basura catalán al euro, pero España no tiene remedio. Así que divorcio, inmediato, ya. Pensión, ni hablar. Adéu siau.

En ocasiones, algunos de los mejores artículos no versan sobre los temas que ocupan más espacios en los medios ni sobre cuestiones que centran las conversaciones de los ciudadanos. John Müller nos ofrece una de esas piezas que deben ser leídas con detenimiento y resultan muy instructivas. Y en este caso, es sumamente inquietante. Los peligros de legislar en situaciones de crisis, se titula. Apunta que las leyes aprobadas en situaciones de crisis "suelen eliminar los frenos y contrapesos con que debe contar una sociedad democrática en pos de la mayor eficiencia, y que eso está ocurriendo en Europa y España. Pone ejemplos:

El Ecofin toma decisiones de gran alcance, que repercuten sobre la vida de todos los europeos, pero si a cada miembro se le piden explicaciones, termina refugiándose en la decisión colectiva y no afrontando ninguna responsabilidad. Un proceso similar, libre hasta ahora de toda crítica política y jurídica, se produce en el Banco Central Europeo.

La reforma de la Ley de Estabilidad Presupuestaria concede más poder a la comisión delegada del Gobierno y quizás no debería. La ley de Reforma Financiera, por ejemplo, propone una reordenación importante del poder en un sector muy intervenido. No sólo desaparece el sector bancario del Frob, sino que, como explica José María Morote en el blog ¿Hay Derecho? (www.hayderecho.com), hay disposiciones que «suponen un atentado contra algunos de los principios del sistema jurídico que instauró la Constitución».

Tras leer todo el artículo su conclusión no puede parecer más acertada:
La crisis se está llevando por delante algo más que nuestra riqueza.

Saltemos ahora al ABC. Si un día antes no ofrecía piezas de análisis u opinión sobre la excarcelación del terrorista Bolinaga, 24 horas después sí lo hace. Además del editorial, tiene varios artículos y una viñeta. Muchos dolores de cabeza puede producir en La Moncloa. Nos quedamos, por elegir algo, con una de las columnas y el chiste gráfico.

Ignacio Camacho, In articulo mortis, comenta sobre el aspecto físico del terrorista:
Dicho de un modo antipático, el asesino etarra parece menos perjudicado que Ortega Lara cuando salió del zulo en que él lo había metido; sin duda está más grave pero en la cárcel ha recibido mejores cuidados.

No muestra Camacho su rostro más complaciente con Rajoy. Al contrario:
Como de costumbre, el Gabinete ha manejado mal los tiempos y el relato de la situación. Se ha atenido a la letra del procedimiento con espíritu funcionarial sin medir su alcance político ni su repercusión de desaliento moral, sin resistirse ni intentar siquiera una vía alternativa o impugnatoria. Sólo a última hora, con la batalla de la opinión perdida, Gallardón diseñó una cierta estrategia: utilizar la Fiscalía para tratar de descargar sobre el juez toda la responsabilidad del caso. Tanto Jorge Fernández como el propio presidente Rajoy se han comportado como el personaje de Alec Guinnes en «El puente sobre el río Kwai»: dispuestos a defender hasta el final su decisión aunque perjudicase su propia causa. Que vaya si la ha perjudicado.

La viñeta firmada por Puebla es contundente, irónica y dura con el presidente del Gobierno. Muestra a un Bolinaga dando saltos y gritos de alegría y, de fondo, un Rajoy que dice: "Angelico, mira cómo celebra la grandeza del Estado de Derecho".

Y si destacable nos parecía el artículo de Müller en El Mundo por la profundidad y gravedad del tema tratado, el de Herman Tertsch en el ABC es también un texto digno de ser recordado. La piraña sentimental tiene casi más de breve ensayo de filosofía política que de columna periodísitca.

Arranca recordando la figura de Heinrich Heine, que "fue siempre y hasta el final un indomable defensor de los derechos ciudadanos, enemigo del absolutismo y pesadilla de Metternich en la Europa postnapoleónica".

El siglo de las luces y de la razón había dado paso al de la pasión y el romanticismo, dos monstruos que pronto escaparían al control de poetas, políticos visionarios y líderes populares para adueñarse de los pueblos. Esas pasiones capturarían almas y corazones de las masas y habrían de crecer sin cesar en el XIX hasta convertirse en las fuerzas que hicieron después del siglo XX una concatenación de carnicería humana sin precedentes en la historia de la humanidad. Siempre con afanes salvadores, siempre con fines redentores, siempre bajo la incontestable bandera del bien absoluto y la felicidad, los totalitarismos surgían de aquellas efervescencias de sentimientos compartidos por millones.

Reflexiona:
Es peligroso el jugar con estos sentimientos que se convierten en una piraña en las personas que devora el corazón, la razón y todos los sentimientos de compasión, solidaridad y generosidad. Los aprendices de brujo o brujos consumados creyeron siempre poder usarlos a su capricho. Y siempre adopta vida propia la piraña, se libera y aplasta la convivencia y a los propios pueblos.

Concluye:
Estas sociedades indolentes e inermes, fomentan, por el vacío que generan, el surgimiento de la radicalidad identitaria. Que es la agitación sentimental colectiva del nacionalismo activada con oportunismo y demagogia por dirigentes y castas sin escrúpulos. Heine nos avisó. Artur Mas no es, en este sentido, sino una grotesca reiteración.

Sobre Cataluña y España escribe en La Razón un gran conocedor de la historia de nuestro país y su gestación como nación, José María Marco. Su artículo Dos actitudes arranca comparando a un Artur Mas que ha pedido el rescate intentando "convertir la exigencia en un instrumento más de la larga marcha hacia la construcción nacional en Cataluña, al tiempo que exonera a las instituciones de autogobierno de cualquier responsabilidad" con un Rajoy que parece querer retrasar la petición de rescate para no mostrar debilidad política y "evitar una imagen negativa de España". Apunta:

España, en pocas palabras, es una nación real, existente, que no necesita de gestos como el de «exigir» a nadie que la salve de la quiebra. Por su parte, el Gobierno catalán tiene que recurrir a gestos teatrales y populistas como los que hemos presenciado, hasta acabar en la manifestación del 11 de septiembre, para que la reivindicación nacional cobre verosimilitud.

Cataluña, que ni ha sido una nación ni lo es hoy en día, sí que puede llegar a serlo. Y España, que lo ha sido y lo es desde hace centenares de años, puede desaparecer como tal o cambiar hasta el punto de transformarse en algo irreconocible.

Cree en la nación española, pero no en el nacionalismo español:
Para evitar que el nacionalismo catalán acabe por creear la nación catalana o el Estado catalán, no hace falta levantar la bandera de un absurdo nacionalismo español, ni convocar contramanifestaciones españolistas. Hace falta razonar, difundir y apuntalar una cultura y una realidad en las que están integradas la realidad y la cultura catalanas. Desde esta perspectiva, no hay mayor prioridad para un gobernante que la de conservar la integridad de la nación al frente de la cual está.

Y mientras tanto, daría la impresión que desde El País están intentando reconstruir españa ofreciendo posibles modelos de Estado alternativo al actual. Si unos días antes se proponía una federación socialdemócrata --¿para qué disimular? Es de agradecar que la imposición de una ideología oficial de Estado se proponga de forma abierta--, ahora se propone otro tipo de federalismo.

El profesor emérito Santiago Petschen publica una de esas columnas de opinión que el diario del Grupo PRISA llama "Análisis" titulada Cataluña disputa el poder a España. Contiene reflexiones interesantes, como la reflejada en el primer párrafo:

El aumento del anhelo independentista en gran parte de la población de Cataluña pone de relieve la creciente desinhibición de un sentimiento que durante mucho tiempo los catalanes han tenido psicológicamente bloqueado. Me refiero al sentimiento del poder. Expresarse sobre el poder a muchos catalanes les originaba vergüenza. Les producía un particular pudor. Una cierta violencia íntima. Cuando se descubría en el fondo de un catalán una aspiración hacia el poder, se lo veía revestido en la forma de una concreción que obviaba entrar en la fuerza de dicho concepto. Y se hablaba del escaso reconocimiento del hecho diferencial, de la molestia que les originaba el café para todos, de la cuestión docente y cultural de la lengua, del injusto desequilibrio fiscal. Pero del poder, por sí mismo, no se decía nada.

El el resto, encontramos ya mucho voluntarismo. El autor cree saber cómo conseguir frenar el sentimiento independentista:

Saciar un apetito de poder solo puede lograrse ofreciendo una cota de poder mayor. Ello sucedería cuando Cataluña viera que dentro de España puede tener más poder que saliéndose de ella.

Y esta es su propuesta de estructura política:
Queda, pues, imaginar un federalismo muy utópico con unas unidades distintas a las comunidades autónomas. Una España federal formada por cuatro unidades: la castellana, la catalana, la vasca y la gallega. Es cierto que desde muchos puntos de vista repugnaría a muchos españoles nada acostumbrados a pensar en ello. Pero desde el punto de vista del equilibrio del poder (eso es lo que cuenta) sería más lógico y coherente que las otras opciones federales. Porque aquí la dimensión de la unidad castellana no sería desorbitadamente superior a la dimensión de las otras unidades juntas.

Queda preguntarse algo en lo que no profundiza el autor: ¿Qué pasaría con Valencia, Baleares o, incluso, Aragón? No parece que tengan mucha cabida en Castilla. ¿Y con Navarra? Lo mismo. Ya que se crearían los 'Países Catalanes' y la 'Gran Euskadi', ¿habría que entregar el leonés Bierzo o parte de Asturias a Galicia para contentar a ciertos sectores del BNG?
 

impulso de la lengua vasca
7.000 personas estudian euskera en Vitoria, que «trata de fomentar el bilingüismo»
J. E. | VITORIA. El Correo 14 Septiembre 2012

«¿Sientes que te falta algo? Si eres bilingüe mejoras tu vida y la de las demás personas», dice el 'slogan' de la campaña promovida por el Ayuntamiento de la capital alavesa para «fomentar el uso del euskera». En la presentación de esta iniciativa que realizaron el concejal de Servicios a la Ciudadanía, Alfredo Iturricha, junto con representantes del Gobierno vasco y la Diputación, el edil popular destacó que el Ayuntamiento pone en marcha todos los años 4 programas: «cursos de euskera para padres y madres, Aisa -cursos de acogida lingüística para inmigrantes-, cursos de euskera para comerciantes y para abuelos».

Jokin Larrañaga, jefe del Servicio foral de Euskera de la Diputación alavesa, afirmó por su parte que «el saber no ocupa lugar» para reforzar el uso indistinto de dos idiomas. «Hay unos 7.000 vitorianos matriculados en euskera, además de otros muchos que participan en cursos no homologados», apuntó.

Y Nerea Alustiza, directora de Normalización Lingüística de las Administraciones Públicas del Gobierno vasco, confirmó que «cada año son más las personas que utilizan las dos lenguas oficiales en Euskadi. Somos 185.600 bilingües más que en 1991», destacó.


Siento que me falta algo
Nota del Editor 14 Septiembre 2012

Siento que me falta algo, pero no se por donde empezar a mirar: estoy indeciso, podría aprender alemán y aumentar mis posibilidades de encontrar trabajo, o chino, o mejorar los otors idiomas de los que ya tengo algún conocimiento. Pero seguro que no voy a aprender una lenguar regional para mejorar la vida de otras personas y menos aún de  aquellas que viven del cuento de las lenguas  regionales, que consiguen su sustento a base de conculcar los derechos humanos y constitucionales de los español hablantes.

Y con los problemas que tenemos, estos indeseables preocupados por seguir chupando del bote, despilfarrando los escasos recursos.
 



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