AGLI Recortes de Prensa   Domingo 16 Septiembre 2012

Crisis económica más debate identitario, mala mezcla
Primo González www.republica.com 16 Septiembre 2012

Visto desde fuera, el devenir de los acontecimientos en España debe causar perplejidad y algo de preocupación. En medio de una crisis económica como no conocía el país desde hace varios lustros, en España se acaba de abrir el debate sobre la integridad territorial, o sea, sobre la posibilidad de que el Estado español entre en fase de descomposición. Cataluña reclamó esta pasada semana, con una amplitud social que deja pocas dudas sobre su carácter mayoritario, la independencia y la secesión de España. Dentro de poco más de un mes, el 21 de octubre, hay elecciones autonómicas en el País Vasco, en donde la declaración unilateral de independencia forma parte esencial del programa de uno de los principales partidos políticos que concurren a las elecciones. Este partido puede encontrar aliados nacionalistas para formar una masa mayoritaria de votos suficiente para empujar esta opción política.

Afrontamos, por lo tanto, una situación política cuando menos incómoda y en todo caso muy diferente a lo que estamos acostumbrados desde hace bastantes años, ya que los movimientos políticos disgregadores en España no habían tenido hasta ahora la fuerza el apoyo suficientes como para convertir en realidad las expectativas que venían barajando desde hace algunos años.

Es posible que la crisis haya acelerado o explicitado los planteamientos secesionistas de algunos partidos nacionalistas. Es posible que la crisis haya debilitado hasta tal punto al Estado español que haya hecho posible el avance de las posturas discrepantes que apoyan la secesión, aprovechando que el Gobierno de la nación está ocupado en tareas de enorme complejidad y desgaste. Es posible incluso que la propia dinámica de la crisis, con las medidas de ajuste adoptadas por el nuevo Gobierno de Rajoy llegado al poder hace apenas nueve meses, haya generado un descontento colectivo (lógico en todo caso) que algunos grupos están convirtiendo en palanca favorable al independentismo, mediante la venta de la idea de que “eso no pasaría si estuviéramos fuera del ámbito del Estado español”.

Argumento este que algunos grupos de opinión han anticipado como profundamente erróneo, dibujando un panorama tras la independencia en el que todo serían desastres y desventuras, además de empobrecimiento colectivo, para quienes escogieran la vía del separatismo.

Todo parece indicar, por desgracia, que en España acabamos de entrar en una fase de discusión de nuestra propia identidad colectiva, debate que previsiblemente se agudizará a partir del domingo 21 de octubre, tras las elecciones vascas. Ni qué decir tiene que la intensidad de este debate, que a priori podría considerarse inútil y una lamentable pérdida de esfuerzos, no nos va a facilitar ni la salida de la crisis ni el aprecio de nuestros colegas internacionales ni la mejor predisposición de nuestros socios en las instituciones internacionales a las que pertenecemos (sobre todo la UE) ni por supuesto la admiración y adhesión del mundo empresarial y del dinero internacional, que ha tenido habitualmente a España como un país estable, sensato y adecuado para invertir con provecho.

Es mucho, por lo tanto, lo que nos estamos jugando en esta oleada identitaria en la que estamos sumergiéndonos y que esta semana tiene algunos hitos a tener en cuenta porque en ellos pueden residir las claves de que todo este proceso entre en una vía de sensatez. El miércoles hay reunión de empresarios, la patronal CEOE, en la que este asunto va a ser previsiblemente tema central de reflexión. El jueves hay entrevista en la cumbre en Moncloa: el presidente catalán Artur Mas viene a visitar a Rajoy, posiblemente armado con la fuerza que le proporciona el éxito de la convocatoria independentista de la reciente Diada. No son las únicas reuniones que se van a desarrollar en estos días, pero sí que pueden ser dos buenas oportunidades, sobre todo la segunda, para no desaprovechar la necesaria clarificación de posiciones. A España como Estado le vendría muy bien que esta incertidumbre sobre su futuro se quedase clarificada cuanto antes. En caso contrario, hay que considerar que a la crisis económica, ya de por si tremenda, se le acaba de adosar un nuevo factor de alto riesgo, de consecuencias imprevisibles.

Cataluña, asunto principal
Manuel Martín Ferrand www.republica.com 16 Septiembre 2012

Anda el Gobierno de Mariano Rajoy, tan corto en iniciativas como largo en la acumulación de problemas, ensimismado con el otoño caliente que, en una enclenque “demostración sindical”, pregonaron este fin de semana quienes dicen ser “agentes sociales” y son el remedo de un sindicalismo heredado de José Antonio Girón, José Solís y otros santones del populismo franquista; algo tan anacrónico como perturbador.

Los políticos pasan a ser grandes cuando saben priorizar, con arreglo a su verdadera importancia, los asuntos trascendentes de la Nación y, además, anticipan sus soluciones de modo y manera que no lleguen a ser lo dañinos que podrían llegar a resultar. Desgraciadamente aquí “grandes”, lo que se dice grandes, hemos tenido pocos políticos en el último siglo y, desde la entrada en vigor de la Constitución vigente, sólo Adolfo Suárez supo y quiso trabajar, antes que para su éxito electoral, en la previsión del futuro nacional.

Ahora, con un grave crisis económica que ya eleva a seis millones el número de parados, descapitalizados, sin crédito y con dos procesos electorales en curso no conviene equivocarse. El más grave de los problemas españoles es el que se resume en el nombre de una de sus Autonomías, Cataluña.

Tras la última Diada y en vísperas de la visita a La Moncloa del president de la Generalidad de Cataluña, Artur Mas, conviene tener presente que la Deuda y el déficit, incluso el paro, son problemas que se arreglan con dinero; pero que el secesionismo catalán, la disgregación del Estado, exige otros principios activos para su solución. Esa es la prioridad que debiera tomar como tal Rajoy y su equipo.

Mas ha decidido, y lo evidencia, conducir su coalición electoral, CiU, camino de la creación de un “Estado propio” y así lo especificará, dicen las fuentes catalanas más solventes, en su próximo programa electoral. Si Rajoy aspira a ser un político de los grandes, de los que ya no quedan, tendrá que anticiparse en el juego a cualquier iniciativa de los secesionistas.

Lo que convierte a Mas en peligroso, si contemplamos el articulo segundo de la Constitución que “se sustenta en la unidad indisoluble de la Nación española”, es que ha abandonado la vía tradicional del nacionalismo catalán, la falsificación histórica, para invocar razones de mayor fundamento y, entre ellas, la “incomodidad”, dice, que Cataluña siente como parte integrante de España. Algo que, en cierto modo, es simétrico al sentimiento desasosegado que flota en buena parte del resto de España frente a la actitud catalana.

Una España sin Cataluña, como una Cataluña sin España, es algo que va contra la razón histórica y el sentido común encaminado a obtener el bienestar los españoles, catalanes incluidos; pero están en juego emociones forzadas e intereses diversos. Mas, camino de una Europa más integrada económica y políticamente, prefiere ser cola de ratón que cabeza de león y sus seguidores – los de Jordi Pujol – le siguen en esa dirección. Es la sexta parte de la España presente y más del 15 por ciento del PIB nacional.

Correspondería a Rajoy, y deseablemente de consuno con Alfredo Pérez Rubalcaba – ¡lo que hay! –, tomar la iniciativa y acometer soluciones que eviten un doloroso proceso secesionista. La Constitución vigente no es herramienta adecuada para solucionar el problema porque ha sido ella, con la imprecisión y falta de límites de su Título VIII, la que ha propiciado y acelerado el problema catalán. ¿No sería oportuno el anuncio de un proceso constituyente que, renovada la Constitución tras unas elecciones generales, configure un modelo de Estado en el que todos podamos sentirnos cómodos? No conviene olvidar que somos los españoles, no solo los catalanes, quienes llegado el caso debiéramos refrendar la hipotética independencia catalana.

El próximo encuentro entre Rajoy y Mas debe ponerle medias suelas al agujero del déficit fiscal catalán, algo que, además de no ser sencillo, no basta para ponerle punto final al deseo, tan legítimo como temerario, de un Estado catalán. Son muchos los flecos que treinta y tantos años de uso han ido deshilachando en el manto constitucional y, aunque no se trate de una operación sencilla ni falta de riesgo, parece conveniente. La España actual, la del bienestar y el déficit, la improductiva y no competitiva, no es sostenible en el ámbito del futuro continental. Hacen falta nuevas reglas de juego y no únicamente en la organización territorial y en la financiación de sus teselas.

Tristemente la crisis de liderazgo que padecemos, también en España y en sus regiones, dificulta una solución anticipada y creativa a un problema que puede ser insoportable y demoledor; pero, en ocasiones, la necesidad fuerza el milagro.

El referéndum y la demagogia
EDITORIAL www.gaceta.es 16 Septiembre 2012

Hasta un sindicalista liberado debería saber que es absurdo someter a consulta popular si se hacen o no se hacen las reformas que supongan alguna merma a los consultados. La democracia no funciona con una contabilidad tan primaria como la que sugieren los sindicalistas, siempre prestos a hinchar su cifras, tanto las de ingresos como las de manifestantes, y, aunque sea evidente que el Gobierno está perdiendo apoyo popular por la inoportunidad y dureza de las medidas que adopta, no puede dudarse de su legitimidad democrática. Este no es, ciertamente, el problema de Rajoy.

Ayer salieron a la calle muchas personas a expresar sus protestas que, además de ser muy legítimas, están fundadas en el desencanto con un Gobierno que no se atiene a lo prometido y que hace cargar sobre los inocentes electores, y no sobre las estructuras políticas y administrativas tantas veces hinchadas hasta el disparate, los costes de una crisis que de ninguna manera han provocado y que no quieren pagar en solitario. No hace falta que los sindicatos agiten sus viejas banderas para que la gente salga a la calle porque la protesta tiene causas muy ciertas y sus motivaciones ideológicas son diametralmente opuestas, en muchísimas ocasiones, a las que invoca la jerigonza sindical. Es de vergüenza oír a los líderes de izquierda, políticos y sindicales, acusar a este Gobierno de un paro cuyo crecimiento incontrolable han cultivado primorosamente con políticas simplemente suicidas. Que Rubalcaba se atreva a sacar pecho o que Toxo y Méndez crean tener la razón en algo es un síntoma obvio de su flojera mental y de su hipocresía, o bien de que toman a los electores por tontos. Es posible que este Gobierno no acierte, pero al menos no se empeña en agravar las cosas o en gobernar como si se pudiese gobernar contando nubes.

El Ejecutivo comete errores precisamente en la medida en que continúa las políticas que preconizaban sus adversarios, en tanto no parece atreverse a atacar las causas de nuestra crisis y se dedica, únicamente, a combatir sus síntomas. No estamos mal porque tengamos déficit; tenemos déficit porque soportamos un Estado inviable y porque hemos sufrido un Gobierno socialista dilapidador, demagógico e irresponsable, pero Rajoy no ha hecho todavía gran cosa para atacar los males en su raíz y parece confiar en exclusiva en la capacidad de sacrificio de unos y de otros para aguantar hasta que escampe y sin que se tenga que tocar el sistema que malgasta el dinero.

Quienes salen a la calle a protestar pronto deberán esforzarse para que sus intereses y razones no se confundan con las maniobras de encubrimiento de los auténticos responsables de nuestra ruina, con una izquierda política y sindical que no tiene otro modelo de actuación que vivir a costa del esfuerzo ajeno, que dilapidar los caudales públicos y que, cuando son justamente derrotados en las urnas, acusan a quienes tratan de reparar sus desastres de ser enemigos del pueblo, tomando las calles con una agenda revolucionaria.

Los electores descontentos deberían cuidarse de que sus energías no sirvan para volver a hacer mínimamente creíbles a los que nos han conducido a la peor crisis de nuestra historia, a la peor ruina desde la mejor prosperidad en apenas unos años. Los problemas que tenemos no se van a solucionar con manifestaciones que parezcan secundar a personajes tan reaccionarios y negativos como los sempiternos líderes sindicales, los dueños de un negocio que vive a costa de nuestra ruina.

La realidad de los catalanes
El Editorial La Razón 16 Septiembre 2012

La espectacularidad de la multitudinaria marcha del pasado 11 de septiembre en Barcelona, y su correspondiente eco en los medios de comunicación, no debe hacernos olvidar que Cataluña es mucho más que los que allí acudieron a manifestarse. Y ello, a pesar del esfuerzo de los grupos independentistas y el aliento directo o indirecto que han encontrado en sectores de CiU y del Partido Socialista de Cataluña. En la arena política muy pocas veces se cuenta con la mayoría silenciosa de una población que estructura la Cataluña real y es la gran masa de los 7,5 millones de personas que allí viven.

Prácticamente 5,5 millones de ellos tienen derecho a ejercer el voto en las elecciones, aunque luego más de dos millones opten por la abstención, consecuencia del desencanto provocado por una clase política dominada por un nacionalismo empeñado en fabricar otra realidad. Es necesario, además, recordar que el actual escenario catalán es el de una comunidad profundamente afectada por la crisis, con una población que sufre durísimos recortes en el Estado del Bienestar, mucho mayores que en otras autonomías, y que está siendo bombardeada por el mensaje reiterado de un Gobierno nacionalista que hace responsable al resto de España de la falta de recursos financieros y de una situación de paro y escasez a la que los electores no estaban en absoluto acostumbrados.

Por supuesto, esa transferencia de las propias responsabilidades a ese ente llamado «Madrid» no es algo que sólo ocurra en Cataluña. Andalucía, por citar el ejemplo más significativo, también echa balones fuera y recurre a supuestas «deudas históricas» ante los resultados de una gestión de las arcas públicas manifiestamente mejorable. La particularidad catalana es, sin embargo, que desde los sectores más nacionalistas se presenta la opción independentista como una solución para salir de la crisis económica, algo que la mayoría de los catalanes sabe que no es cierto porque su comunidad no podría sobrevivir fuera de la Unión Europea, lo que ocurriría necesariamente en caso de una separación de España. Pero es que, además, el estereotipo de una Cataluña que da más de lo que recibe tampoco es cierto. Baste citar que, hoy, la Seguridad Social en esa comunidad es deficitaria y se cubren las pensiones y el subsidio del desempleo con aportaciones del resto de España, como debe ser.

Es imprescindible que la Cataluña real resurja en el imaginario de los españoles y que no sea opacada por la caricatura que dibujan, con una perseverancia digna de otros fines, los nacionalistas. La crisis económica afecta a todos por igual y tiene idéntico origen. Artur Mas, sin duda abrumado por la herencia recibida, debería cambiar el discurso victimista que ya nada aporta.

El ejercicio de la autoridad
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 16 Septiembre 2012

La manifestación de Barcelona se montó para amedrentar al Gobierno de España.

La multitudinaria manifestación de Barcelona ha provocado el lógico impacto y por lo que se ve ha cumplido el fin para el que fue programada: el amedrentamiento del enemigo. Y el enemigo no es otro que el Gobierno de España, que cuenta con mayoría absoluta en las dos Cámaras nacionales y por tanto no puede ser presionado en el Congreso porque tiene garantizada la estabilidad parlamentaria. Cuando el mercadeo no es posible, se pasa directamente a la amenaza. Si uno entrega un martillo y un clavo a alguien sensato y amistoso, seguramente los utilizará para colgar un cuadro de la pared, si los pone en manos de un oponente agresivamente hostil no cabe duda de que existe una alta probabilidad de que acabes con el clavo enterrado en tu cabeza. La inteligente maniobra de crear un Estado que facilita a los secesionistas todos los instrumentos adecuados para adoctrinar y controlar a los ciudadanos de sus comunidades sin ofrecer la menor resistencia a sus continuos avances sólo podía dar el resultado que estamos contemplando y que se plasma en la rebelión abierta contra el orden constitucional.

De hecho, a la mezcla de regocijo y desprecio que a los nacionalistas les inspiran los encargados de preservar y defender la unidad de España, se añade seguramente el asombro de comprobar que frente a su desfachatez, arrogancia y deslealtad sólo encuentran pusilanimidad y entreguismo. La Generalidad de Cataluña está quebrada y ha pedido chulescamente al Gobierno un préstamo sin condiciones para poder sobrevivir a la vez que promueve la liquidación de la Nación. La respuesta consiste en recibir a Artur Mas en La Moncloa para escuchar sus exigencias del dinero que necesita para coronar su obra de destrucción. Admirable ejercicio de la autoridad.

Enésimo fracaso sindical
EDITORIAL Libertad Digital 16 Septiembre 2012

La que iba a convertirse en una auténtica "marea sindical", capaz de poner en graves aprietos al Gobierno cuestionando su legitimidad, finalmente arracimó a tan sólo sesenta y cinco mil manifestantes según las cifras más optimistas ofrecidas por los responsables del orden público. En otras palabras, en Madrid y provincias limítrofes hubo sindicalistas profesionales, liberados de la obligación de trabajar, que decidieron irse a pasar fuera el fin de semana para prolongar su permanente descanso. El dato lo dice todo sobre la verdadera legitimidad de los convocantes, empeñados últimamente en usurpar la representación democrática que los ciudadanos españoles expresan libremente en las urnas.

La izquierda decidió salir a la calle a protestar contra el Gobierno por la negativa de Rajoy a obedecer sus consignas, agravio intolerable que el socialismo poliédrico se niega a aceptar, digan lo que digan los resultados electorales. Culpables del brutal deterioro que padece la sociedad española, socialistas y comunistas, auxiliados por sus sindicatos afines, no tienen reparo en erigirse como los únicos capaces de revertir una situación que ellos mismos han provocado aplicando su destructiva ideología durante ocho larguísimos años.

Los ciudadanos saben de sobra que la situación general es grave, y muchos de ellos, por desgracia, lo están sufriendo en sus vidas de manera especialmente dolorosa:ahí están las pavorosas cifras de desempleo. Asimismo, son conscientes de que la gestión de la crisis por parte del Gobierno de Rajoy es manifiestamente mejorable, habida cuenta de su renuencia a acometer la imprescindible reducción del aparato del Estado; a cambio, ha optado por socavar aún más la economía de familias y empresas elevando abusivamente la presión fiscal que han de soportar.

Ahora bien, junto a la constatación de esos errores, que aquí jamás dejaremos de censurar, parece existir un acuerdo general en que lo que menos necesita España en la situación en que se encuentra es, precisamente, ahondar en las recetas socialistas, que tanto daño han causado y siguen provocando a nuestra economía. El hecho de que los integrantes de esas organizaciones erigidas en conciencia colectiva de todos los españoles vivan precisamente del dinero de los ciudadanos a través de los impuestos convierte sus protestas en poco más que una excusa para mantener unos privilegios intolerables, que sus víctimas, todos los contribuyentes, están ya más que hartas de financiar.

No resulta extraño, por tanto, que sus algaradas callejeras sean cada vez menos secundadas, a pesar de que la situación constituye un perfecto caldo de cultivo. La intentona de este sábado en Madrid ha sido su enésimo fracaso. Los madrileños, con buen criterio, han decidido que no piensan aceptar más lecciones sobre política económica y moral de los grandes responsables de la ruina nacional, ni de sus subvencionados palafreneros. Que cunda el ejemplo.

La sonrisa de la avispa
La Caída del Imperio Sindical
La Avispa Estrella Digital 16 Septiembre 2012

El sindicalismo español está tocando fondo, ahogado en su propia ineficacia y en esa filosofía, heredera directa del tardofranquista, en la que se sostiene. Porque el sindicalismo español actual, entre otras cosas, sigue anclado en la defensa del puesto de trabajo en lugar de defender la creación de empleo. Extrañamente, habla de derechos del trabajador cuando el primer derecho del trabajador es tener trabajo.

Es un sindicalismo tan agotado que hasta sus dos grandes sindicatos, UGT y CCOO, se han convertido en un sindicato unitario a fuerza de dejarse llevar por su propia burocracia. Ya es uno solo con dos siglas. Con dos cabeza pero uno solo. Dos sindicatos en uno, atropellados por su propio inmovilismo. Es más, ya es imposible distinguir al uno del otro.

Y el problema es que ahora ese sindicalismo trasnochado no sabe qué hacer… Se ha quedado colgado de la brocha, al haber perdido su influencia en la sociedad, y está como perdido.

Está tan desorientado que, pese a que las encuestas le auguran fracaso tras fracaso en sus convocatorias, intentan mantenerse en ellas como un boxeador grogui. Tirando golpes sin sentido. Intentando aporrear su propia sombra. Peripatéticos. Sin darse cuenta de su degeneración. Cayendo como caen los imperios. Samuel Bronston produciría ahora otra magnífica película sobre La Caída del Imperio Sindical.

Sus mensajes suenan lejanos… Sus discursos, mitineros… Sus propuestas, antiguas… Sólo hablan para gente que aún no cree que haga 22 años que cayó El Muro de la Vergüenza. Nostálgicos que salen a la calle con banderas de la República y con camisetas con la Hoz y el Martillo, entre estrafalarios y tiernos.

Pero ya la sociedad es otra. Ya no es aquella que ellos manejaban. Ahora está cabreada pero también con los sindicatos porque no le aportan ni una sola solución a sus problemas. De hecho todas las últimas convocatorias que ha llevado a cabo el sindicato unitario se han contado como fracasos. Algunas, incluso, rozando la indignidad como aquella que citaron el pasado 11 de Marzo.

El sábado fue su último fracaso. La gran convocatoria para la Madre de todas las Manifestaciones puso en las calles de Madrid, escasamente, a 70.000 ciudadanos y soy generoso. Nada. Sobre todo si pensamos que a la convocatoria se unieron cerca de 130 organizaciones y que se montó para que viniesen ciudadanos de toda España. De hecho se fletaron casi 1.000 autobuses… Pero ni aún así. La marea social que lo iba a inundar todo se quedó en una olita de convencidos y liberados.

Y es que el mensaje del sindicato unitario ya no llega a nadie. Su prestigio está por los suelos y sus líderes carecen de credibilidad.
Ahora andan empeñados en que el Gobierno convoque un referéndum. Y lo piden con la rabieta de un niño en el escaparate de una pastelería… ‘Lo quiero…’. Y lo que es más triste, amenazando con una huelga general en la que no creen ni ellos mismos.

“Los nacionalismos en el país de las maravillas” (I)
Teresa G. Cortés www.vozpopuli.com  16 Septiembre 2012

En los comicios autonómicos a celebrar en Galicia y País Vasco, escucharemos toda suerte de pronunciamientos, incluso nos tocará oír discursos sobre las esencias del “buen” gallego, cuando no, chorros de literatura política en torno a la naturaleza “auténtica” del verdadero vasco. En el duelo electoral, y para ganar votos, algunos sacarán a flote el amor a la madre tierra y, apoyados en la bruma de la nostalgia, departirán acerca del valor umbilical de ciertos símbolos del pasado (árboles, piedras…). Incluso, ad nauseam, incidirán en el hecho diferencial –“no somos españoles”, dicen los de Amaiur- y blandirán, desde la sumisión a los ideales nacionalistas, la bandera de la enemistad contra los otros, contra los no nacionalistas claro está. Es más, a partir de su limitadísimo sentido de la democracia -ésta por definición “camaleónica” y, por ende, sujeta a las leyes “antropo-geográficas” del paisaje y del paisanaje-, los pastores oficiales del localismo hablarán de desprecios, humillaciones ultrajes… por parte de los representantes del poder central, naturalmente. El guión, pues, está escrito. Y es el mismo de siempre, solo que se repite y repite y repite.

El pasado del futuro exige el futuro del pasado
Con el ascenso exponencial de los movimientos nacionalistas la idea de “Pueblo” se ha convertido, de eso hace lustros, en un concepto imaginario elástico, flexible y sometido a un sinfín de cambalaches e interpretaciones espurias. Y así, mientras los nacionalistas pastunes sueñan con borrar las huellas de su identidad afgana y paquistaní, y crear Pastustán, los miembros del Partido Nacionalista Vasco insisten en cortar amarras con (la Historia de) España para devenir una “pequeña Finlandia” en medio del mar Cantábrico (sic). Y si los nacionalistas belgas airean, con orgullo indisimulado, la figura de Jean de Guise (s. XIII) que vinculó la palabra “Bélgica” con el monarca de origen troyano “Belgus”, los nacionalistas catalanes también suspiran con melancolía por una Edad de Oro legendaria y se embarcan en dirección a la milenaria “Ítaca” con el deseo, en la lucha agónica de concebir, desde un futuro reinventado al “color” de las palabras, un pasado igualmente fabuloso.

En estos escarceos, a la carta, por el pasado mitológico abundan utopías, hojas de navegación hacia el futuro… y errores básicos en cartografía. Pero no importa, puesto que se trata de crear un mañana soleado, optimista, aunque el mapa sea más falso que un euro de madera. Ya en 1938 el periodista británico Frederick Augustus Voigt definió en su célebre escrito Unto Caesar este tipo de movimientos como una escatología que “proyecta sobre el pasado una imagen de lo que nunca fue, y concibe lo que es en términos de lo que no es, y el futuro en términos de lo que nunca podrá ser”.

Análogas aventuras de política-ficción se producen en distintos lugares de Galicia, donde algunos grupos nacionalistas se empeñan no solo en elogiar hasta el paroxismo la cultura celta de Finesterre y alrededores, sino en pretender, p. e., que el nacimiento de Pontevedra fue debida a “Teucro”, uno de los famosos héroes de la Guerra de Troya, entre otras ensoñaciones oníricas. De modo similar, en ciertos sectores nacionalistas andaluces se reivindica a Blas Infante o, mejor, a Ahmad Infante, notario enamorado del desaparecido reino de Al´Andalus que se convirtió al Islam en 1924 y que, casi 50 años después, fue erigido nada menos que “Padre de la Patria andaluza”.

La nostalgia o el ataque a la modernidad
¿Cómo entender que las autonomías vayan, desde hace años, deslizándose por los meandros del paganismo?, ¿cómo es posible que intelectuales y líderes políticos elaboren un santoral a la medida exacta de su libido dominandi y reciten un catecismo nacionalista fabricado ex profeso a partir de ídolos y héroes buscados y rebuscados entre la hojarasca de tiempos remotos, como es el caso del Justicia de Aragón Juan de Lanuza (1564-1591)?

Una posible contestación a esto nos la proporciona María Zambrano al sugerir esta filósofa que “son las clases socialmente dominantes las que se van quedando sin voluntad y sin pensamiento; son ellas las que no saben qué hacer ni qué pensar”.1 A esta respuesta (que sin duda obliga a la reflexión) se suma el hecho de que el modelo constitucional de las Autonomías hipertrofia el nacionalismo, el cual a su vez fomenta la petitoria de mayores niveles de soberanía nacionalista, llegándose al extremo, como ha hecho en fechas recientes Artur Mas, de exhortar a la rebelión contra los representantes máximos del Estado, o al punto de demandar, como ha reclamado estos días el político nacionalista Paulino Rivero, a la sazón Presidente del Gobierno de Canarias, un nuevo contrato con el Estado.

No hay que olvidar que, en cualquier Estado democrático moderno, a la implantación del estado de derecho siempre le acompañan la unificación y universalización de la Ley. Sin embargo, los grupos nacionalistas, en su rebeldía romántica contra el principio de universalidad jurídica, procuran sustraerse del control del poder del Estado y debilitar la soberanía del ejecutivo central aunque, contradicciones de la vida, a las minorías nacionalistas eso no les impida defender en sus respectivos feudos autonómicos la centralización institucional y emplear con mano de hierro el poder autonómico e incurrir, y en no pocas ocasiones, en abusos, arbitrariedades, despotismos, infringiendo las leyes del estado de derecho y generando, liberticidamente de paso, segregación entre Ciudadanos y… ciudadanos.

Pero, claro, no podía ser de otra manera si el objetivo es hacer vivir a la ciudadanía dentro de ese “país de las maravillas” que líderes e iluminados del nacionalismo diseñan al modo platónico, si resulta que “el Romanticismo, apuntaba el filósofo y politólogo Isaiah Berlin en Las raíces del Romanticismo (1965), tan pronto como es llevado a sus consecuencias lógicas, termina en una especie de locura”.

1 María Zambrano, La reforma del entendimiento español, en Hora de España, IX, septiembre 1937, p. 18.

El chantaje de la Diada
Jesús Laínz.  Diario Montañés.  16 Septiembre 2012

“Se confía en que todos acudirán a derramar su sangre y vida por su rey, su honor, la patria y la libertad de toda España.”

Éstas son las palabras, escritas el 11 de septiembre de 1714, por las que ha pasado a la historia (la de verdad) Rafael Casanova, involuntaria víctima de la farsa catalanista cuya estatua homenajean cada 11 de semptiembre los nacionalistas de todo tipo en vez de derribarla por españolista, como deberían hacer si fuera gente seria. Y a la farsa se apuntan todos los partidos, PP incluido. Sólo los Ciutadans osan tomárselo a guasa.

Pero, tras la inicial tergiversación casanovista para inocular en los catalanes un difuso pero no por ello menos inamovible sentimiento de pueblo conquistado, la Diada ha ido sirviendo para agitar el chantaje que tocara cada año. O Estado de las Autonomías o nos vamos. O estatuto o nos vamos. O inmersión lingüística o nos vamos. O federalismo asimétrico o nos vamos. O nuevo estatuto o nos vamos. Ahora toca o pacto fiscal o nos vamos. Después tocará …

De Pujol a Mas pasando por Maragall y Montilla, siempre la misma tabarra de matoncillo de patio de colegio. Y con esta y otras técnicas de lavado de cerebro para desinformados, han conseguido aumentar el número de partidarios de la secesión, sobre todo gracias al abandono de quienes se supone que son sus contrincantes, que les han reído las gracias y dejado paso libre desde hace cuarenta años: la hispanófoba izquierda por complicidad y la inútil derecha por seguir sin comprender que la siembra de idea, por muy falsas que sean, tiene consecuencias. Y así, un año más, la locura separatista sigue creciendo. Y Rajoy y su equipo de contables en el guindo.

Qué mala idea tienen a veces las palabras.

Claridad
Llegó la hora de que el catalanismo renuncie a la ambigüedad y formule con precisión sus demandas
Enrique Gil Calvo El País   16 Septiembre 2012

En los tiempos que corren, el destino de los ciudadanos depende de dos formas opuestas de comunicación política que se apartan de los foros convencionales de debate. De un lado, los opacos conciliábulos a puerta cerrada del selecto grupo de mandatarios europeos escoltados por sus sherpas que se juegan nuestro futuro en el tapete de las eurocumbres. Este fin de semana se han congregado en Chipre. Y del otro, las multitudinarias concentraciones que ocupan el espacio público para representar con espectacular escenografía sus performances reivindicativas, según el modelo indignado del 15-M emulador de la Primavera Árabe. Este sábado tuvimos buen ejemplo en Madrid con la manifestación del 15-S convocada por la Cumbre Social. Pero mucho más relevante resulta la masiva Diada que el martes pasado ocupó Barcelona, logrando introducir su demanda de independencia en la agenda pública española. Aquí me centraré en esta última.

Todo parece indicar que la Diada de 2012 ha supuesto el paso irreversible del Rubicón por parte del nacionalismo catalán: alea jacta est. ¿Conseguirá, pues, alcanzar su objetivo máximo? ¿Ha empezado la cuenta atrás de la independencia de Cataluña? Tres son los factores que explican el éxito actual del independentismo catalán. Ante todo, el efecto de la crisis del euro, no por coyuntural menos capaz de transformar bruscamente las condiciones de vida y las percepciones políticas de la ciudadanía. Los catalanes, que son los alemanes o los luteranos de España, se han cansado de pagar con el recorte de sus derechos y sus ingresos el coste del subdesarrollo meridional peninsular.

También influye la sutil manipulación de las balanzas fiscales interterritoriales, traducida en la demanda de un concierto foral equivalente al vasco-navarro. Es verdad que el modelo de financiación actual viola el principio de ordinalidad, por lo que convendría sustituirlo por un modelo federal como el alemán. Pero el déficit fiscal de Cataluña es menor que el de Madrid o Baleares, que no por ello acumulan tanta deuda ni reclaman un concierto foral. Lo que ocurre es que, debido a la distinta naturaleza de su derecho sucesorio, los catalanes se resisten como primogénitos a repartir su patrimonio con el resto de hermanos peninsulares, según la lógica de la familia troncal que privilegia al hereu: el mismo tipo de familia que comparten con vascos y navarros o alemanes y suecos. En cambio, el derecho civil castellano es igualitario, lo que lleva a repartir el patrimonio a partes iguales entre todos los hermanos: de ahí la preferencia por el café para todos.

Llegó la hora de que el catalanismo renuncie a la ambigüedad y formule con precisión sus demandas
Pero el factor políticamente más influyente es la suicida política catalana de los dos grandes partidos estatales. El PP es culpable de haber consentido y animado desde el año 2000 una injusta campaña de catalanofobia populista. De ahí que muchos catalanes, al sentirse acosados y perseguidos como si fueran judíos, prefieran fugarse de un país que les aborrece casi tanto como les envidia. Pero lo del PSOE resulta casi peor. La irresponsabilidad de Zapatero le llevó en 2003 a tirar por la borda el federalismo del Pacto de Santillana para sustituirlo por el confederalismo de Maragall y su Pacto del Tinell, lo que abrió la caja de Pandora de la reforma anticonstitucional del Estatuto catalán sin el necesario consenso con el PP. Una reforma destinada a fracasar que, al ser desvirtuada y minimizada por el Constitucional, provocó la resentida indignación de la ciudadanía catalana.

¿Y ahora qué? Ha llegado la hora de la claridad. Pero claridad en un doble sentido. Ante todo, para que el catalanismo renuncie a la ambigüedad, formulando con precisión sus demandas. ¿Pacto fiscal o independencia? Una cosa u otra, pues son incompatibles y contradictorias. Pero me refiero sobre todo al Pacto de Claridad que haría falta acordar por consenso entre los dos grandes partidos estatales y los dos nacionalistas (PNV y CiU) para abrir una segunda transición que resuelva de una vez por todas la actual deriva autonómica mediante una definitiva reforma constitucional que reconozca y regule el derecho de secesión en la misma línea marcada por la sentencia del Tribunal Supremo de Canadá que resolvió la cuestión de Québec. Una sentencia que rechazó el derecho de autodeterminación (al no haber situación colonial que lo justifique) aceptando el de secesión con tres condiciones: que la pregunta a formular en referéndum sea de claridad meridiana, que se logre una mayoría cualificada del censo electoral (majorité élargie) y que de aprobarse abra una negociación para pactar las reparaciones al perjudicado Estado nodriza. ¿Es imaginable que PSOE y PP tengan la valentía de llegar a un consenso como ese? ¿Está el nacionalismo secesionista en disposición de ganar una consulta así?

Cataluña
Caja anuncia que ya son “1.000 padres” los que han solicitado por escrito la enseñanza bilingüe
El presidente de Convivencia Cívica recuerda a la consejera de Enseñanza que su actitud, sin cumplir las leyes, “es prevaricante” ya que incumple las sentencias del Supremo a sabiendas. Antonio Roig, de la Asociación por la Tolerancia, acusa al Gobierno de no intervenir para no molestar a los partidos nacionalistas.
Redacción www.vozbcn.com 16 Septiembre 2012

Las demandas de padres que quieren que sus hijos sean atendidos en unas aulas bilingües siguen en aumento. Francisco Caja, presidente de Convivencia Cívica Catalana, ha indicado que ya son alrededor de 1.000 padres los que se han dirigido a la Consejería de Enseñanza para que la Generalidad aplique la ley y elimine la inmersión lingüística obligatoria en catalán.

En una entrevista para el programa Voces, este viernes, Caja ha señalado que:

“En estos momentos hay cinco sentencias a favor en el Supremo y otros dos recursos. Pero vendrán más. Nosotros recibimos diariamente solicitudes de padres preocupados por el futuro de sus hijos que han presentado ante la Consejería la petición de una enseñanza bilingüe. Son, aproximadamente, en total, unos 1.000 padres. Lo que solicitan es algo que el Supremo ha dictaminado que es conforme a derecho. La señora consejera [Irene Rigau] sigue negando este derecho reconocido por los tribunales explícitamente. Es una situación verdaderamente kafkiana”.

Esta semana ha dado inicio el curso escolar en Cataluña y la Consejería de Enseñanza que encabeza Irene Rigau (CiU) sigue negándose a cumplir, ya no solo las sentencias en materia lingüística en todo el ámbito escolar, sino que ni siquiera las sentencias en los casos particulares, según ha sabido LA VOZ DE BARCELONA.

La Generalidad, que según el Tribunal Supremo está obligada a aplicar el bilingüismo escolar en el sistema educativo, tampoco aplica el bilingüismo a los alumnos cuyos padres han recurrido ante los tribunales para que la Consejería cumpla las leyes. Para Caja, esto son “excesos intolerables” que afectan a derechos fundamentales. Y ha recordado que la actitud de la consejera “es prevaricante” ya que a sabiendas está incumpliendo resoluciones judiciales.

Caja ha recordado que “no respetar las leyes ni la Constitución e invocar, al mismo tiempo, principios democráticos es muy característico de los nacionalistas” y ha exigido al Gobierno de Mariano Rajoy (PP) que intervenga para que la Generalidad cumpla en las escuelas de Cataluña señalando que, actualmente, existe la Alta Inspección de Educación que, entre otras, tiene la función de inspeccionar el cumplimiento de las normas.

Cinismo de los políticos de Cataluña y dejadez del Gobierno
Por su parte, Antonio Roig, portavoz de Asociación por la Tolerancia, también en el programa Voces, que realiza LA VOZ DE BARCELONA en Radio Intereconomía Cataluña, ha señalado que los distintos gobiernos de la nación han tenido “una cierta timidez” contra los nacionalistas y para que estos cumplan las normas en materia lingüística en Cataluña.

Así, Roig ha recordado que está por cumplir la tercera hora de la asignatura de lengua española que, aunque fue una medida aprobada por el Gobierno -en época de José Luis Rodríguez Zapatero, del PSOE-, la Generalidad se ha negado a cumplir y los gobiernos no le han pedido su aplicación.

Además, ha criticado el cinismo de algunos dirigentes políticos de Cataluña que, pese a que votan y defienden la inmersión lingüística obligatoria, llevan a sus hijos a escuelas que no se aplica este sistema y sí uno bilingüe (español y catalán) o trilingüe (con alguna lengua extranjera).

Desde estas entidades cívicas se ha recomendado a los padres, que quieran que sus hijos reciban la enseñanza bilingüe, que acudan a las asociaciones para que les asesoren e inicien el proceso para la aplicación de la ley. “Es muy importante que los padres acudan a la Consejería solicitando la enseñanza bilingüe”, han indicado, ya que “la actitud valiente es la única que ha servido para progresar”, de momento, con varias sentencias del Supremo.

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Locura catalana, fuga española y referéndums
Pablo Sebastián www.republica.com 16 Septiembre 2012

Los sindicatos piden un referéndum sobre las reformas sociales del Gobierno, los nacionalistas catalanes piden otro referéndum para su independencia, los nacionalistas vascos están en la cola de las peticiones de grandes consultas, y el Ejecutivo de Rajoy está escondido debajo de la mesa del Consejo de Ministros mientras gobierna este país, de ciudadanos perplejos y asustados, por la vía del decreto y sin pactar. De todas maneras y de entre todo ello conviene insistir, por su trascendencia, en sorprendente petición de independencia, no ya tanto por los manifestantes de la Diada, como la formulada por Artur Mas desde la presidencia de la Generalitat.

Cataluña solo tenía una camino razonable para avanzar hacia su proyecto de nación, y ese no era otro que favorecer la Unión Federal Europea desde el interior de la UE, desde dentro de España y desde el interior de los Tratados europeos presentar, con otras pretendidas “naciones sin Estado” de la propia Unión Europea conseguir su propio “status” diferencial. Pero, antes incluso de alcanzar el cruce de caminos, el Gobierno catalán se ha disparatado y aboga por: la ruptura con España (violentando el marco constitucional); la salida de Cataluña de la UE y del euro (llevando su país a la ruina); y rompiendo la convivencia de los ciudadanos catalanes entre los independentistas y los que no lo son.

Eso sí, el presidente Artur Mas, su Gobierno y su coalición CiU, se han quitado la careta de una vez por todas y han enseñado su verdadero y temerario rostro rupturista, del que difícilmente se pueden volver a atrás y ni siquiera para aplazar ahora su objetivo estatal, lo que los mantendrá un largo tiempo en un callejón sin salida que ellos mismos se han buscado.

En suma un disparate, por temerario y plagado de falsedades, el del pretendido clamor de la Diada por la independencia de Cataluña, que fue promovido la Generalitat Artur Mas, y cuyo inmenso error solo es comprable a la falta de una respuesta democrática e institucional por parte del Gobierno de Mariano Rajoy y del primer partido de la Oposición que lidera Alfredo Pérez Rubalcaba. Ambos, perplejos y enfrentados entre si, ante la crisis económica de España, tapando la corrupción ambiental del Estado, y desconcertados por el desafío catalán que pretende ocupar, en su territorio, el vacío de cohesión e identidad nacional española abandonado en estos últimos ¡20 años! por el PSOE y el PP. Los que dejaron crecer y callaron ante las grandes mentiras históricas y contemporáneas (como el falso desequilibrio del déficit fiscal catalán) de los nacionalistas y de su permanente y desvergonzada violación de la legalidad, haciendo la vista gorda a cambio de un puñado de votos de PNV y CiU para la investidura de González, Aznar o Zapatero en Madrid. Un plato de lentejas podridas por el que estos personajes y sus partidos – y como pasó con Maragall y Montilla en Cataluña con ERC- vendieron su alma española al nacionalismo independentista vasco y catalán.

El Gobierno acobardado de Rajoy, permanentemente escondido ante ”el lío” –ese sí- de la crisis desde que llegó al poder, declara que hay que “enfriar” el clamor de la Diada. El que Rajoy había calentado al calificarla de “algarabía” con esa miopía que le caracteriza y le impide ver la realidad que luego, cuando se da de bruces con ella, utiliza de escudo para justificar sus errores y el incumplimiento de sus promesas electorales. Y claro, si Rajoy y Rubalcaba no saben bien lo que es España, ni la defienden de las agresiones, ni la ponen en valor. Y si el Rey de España, “Joan Carles I”, envía al Jefe de su Casa a hacerle “la ola” a Artur Mas en Madrid –otro asunto ocultado por TVE- que a donde vino a hacer chistes matrimoniales y a mofarse de los españoles tras declarar en Cataluña su independencia inconstitucional. Si todo esto es así, entonces veremos que el llamado problema catalán es, también, un problema español anclado en la desidia e indignidad de gobernantes y dirigentes que durante mucho tiempo dejaron en el desván y oculta la deteriorada nación española, tan “discutida y discutible” según el inefable y catastrófico Zapatero.

A Artur Mas, un político provinciano, al que ya habían engañado Maragall, Montilla y Zapatero, ahora lo ha envenenado Pujol, y se ha encerrado en su propia trampa sin una hoja de ruta política y económica a su alcance. Motivo suficiente para evitar pedirle a Mas que rectifique o que aplace su plan independentista. Sino mas bien al contrario hay que exigirle que llegue hasta el final y cuando antes –siguiendo el modelo de Juan José Ibarretxe- porque el tiempo apremia. Sobre todo porque, como le ocurrió a Santo Tomás, los independentistas catalanes y su burguesía y alta clase empresarial y financiera, no entenderán el alcance de la ruptura con España, el euro y la UE hasta que no vean el desastre ante sus ojos y lo toquen con sus propias manos.

Y entonces descubrirán el trasfondo de la gran mentira de que Cataluña sufre un enorme déficit fiscal con el Estado (de unos 16.000 millones de euros) , porque no incluyen a la cuenta: la balanza comercial (las ventas de productos catalanes en toda España); ni la balanza de los servicios (como el turismo del resto de España, o negocios de banca y empresas de energía catalana en todo el territorio español); ni la apropiación “indebida” del IVA que entidades catalanas recaudan en otros territorios y se llevan a sus sedes catalanas; ni las inversiones en las infraestructuras del Estado en Cataluña, o la cuota parte de seguros sociales.

Pero la verdad oficial catalana está muy lejos de la verdad y de eso se aprovecha Mas –como de la crisis económica- para culpar a España del despilfarro de su país y para presentarse Un como el Moisés que llevará su pueblo a la tierra prometida, en plena aldea tecnológica global y en medio del crucial proceso de integración económica, fiscal monetaria y política de la Unión Europea que ellos pretenden abandonar. Y, vista la precipitación de su radical anuncio independentista, algún anticipo de las plagas que se les vendrán encima antes de la égida lo van a recibir en Cataluña en especies como la fuga de inversores, empresas y consumidores de productos catalanes en toda España y parte de Europa. Y también dentro de Cataluña, donde millones de ciudadanos han quedado desamparados y convertidos en rehenes de la traición de Mas a su compromiso electoral.

La cuenta verdadera es que Cataluña vive a cuenta de España tal y como lo comprobarán cuando inicien la independencia y salgan de la UE y del euro, para que todas sus ventas al exterior paguen los aranceles europeos como será obligatorio, tras devaluar la que su nueva moneda (“la pela”) en un 50 %. Y no será la cuestión de la economía –aunque es lo que mas duele a los catalanes- lo mas importante que van a perder. Sino su verdadera Historia y el estar en una gran nación con proyección internacional, con una lengua y una cultura universal con su larga tradición europea y americana en la que España y no Cataluña -oriunda de Aragón- es una pieza irremplazable de la Historia de Europa, y América, amén de su relación histórica, familiar y de amistad con las gentes y pueblos de España de donde han partido hacia Cataluña, como emigrantes, gran parte de la población catalana, que hasta en todo eso están en Cataluña deuda con España, sin olvidar las deudas de sus cuentas públicas que ascienden a unos 44.000 millones de euros, algunos de ellos gastados en corrupción.

No le estamos pidiendo a CiU que rectifiquen y se queden sino que sigan con su cantinela y sin dar un paso atrás. Y a ver como rompen la muralla constitucional y como se van por las malas y fuera de la ley del euro y de la Unión Europea para luego intentar volver. Queremos ver como Mas y CiU avanzan con paso firme en pos de la independencia y por encima de la legalidad. La que, por otra parte, los sindicatos han querido romper con su petición de referéndum sobre los ajustes del gobierno negando –como ya lo hizo Alfonso Guerra en rediezmo- la legitimidad de la mayoría que apoya al Gobierno de Rajoy tras las elecciones generales del 20-N de 2011.

Sin duda otro disparate amparado con palabras que hablan de pérdida de apoyo social del Gobierno lo que, curiosamente, les lleva a los sindicatos y a la izquierda política a coincidir con el mensaje del nacionalismo catalán de que para España lo mejor es salir del euro y regresar a la peseta, lo que sería nuestro absoluto final. Porque para permanecer en el euro tenemos que cumplir unos compromisos europeos de ajuste del déficit, y eso solo se puede hacer con impuestos y recortes de todos los gastos del Estado, incluido el social. Salvo que el PSOE, IU y sindicatos acepten el recorte del demencial gasto político español, pero esa mamandurria –de la que viven todos su gerifaltes- no la quieren tocar. Ni ello ni el PP, que además anda escondido mientras todo el país está en la calle de donde difícilmente, a partir de ahora, saldrá.

Cortina de humo nacionalista
Editorial Estrella Digital 16 Septiembre 2012

En pleno corazón de la profunda crisis que atravesamos y en mitad de las políticas de ajuste y recortes que delimitarán en un nuevo plano las líneas rojas del estado de bienestar, se extiende sobre la escena política una gran y densa cortina de humo.

Los artífices son los de siempre: los nacionalistas catalanes, que buscan con el señuelo del independentismo, distraer a la opinión pública del debate que la lógica política y los responsables de las instituciones europeas han señalado: la contención del gasto público, el establecimiento de límites y controles al endeudamiento y la racionalidad en la prestación de servicios.

El nacionalismo del gobierno catalán y de otros nacionalistas en la oposición, converge en la demanda de un nuevo "pacto fiscal", que dé la vuelta a la relación economica de la autonomía catalana con el conjunto del Estado. Por eso han salido a la calle en multitudinaria manifestación, porque es cómodo hacer creer que los ajustes necesarios son el producto de un trato discriminatorio hacia Catalunya.

No hay nada nuevo en todo esto. Salvo la escasa sensibilidad de Mas y la falta de oportunidad de este clásico de las relaciones institucionales. No parece que sea de sentido común, con los problemas de confianza que genera nuestro país, que se produzcan estos aspavientos independentistas que tan poco ayudan a la cuestion de fondo: salir del agujero de la crisis con el menor coste social posible.

Sorprende, en este sentido, ver en armonía y complicidad a los dirigentes de CiU con otros izquierdistas que ahora ignoran, bajo la estupida farsa de la exigencia nacional, que esos que convocan a la defensa de la patria cierran hospitales, congelan sueldos, reducen servicios y ahogan las prestaciones sociales con mucho más impetu que el PP. Por no recordar que en esta habitual ceremonia de confusión y travestismo, sólo unas horas despues de la gran fanfarria nacionalista, el grupo catalán y el vasco, apoyaban al gobierno del PP en la quinta reforma del sistema financieroi.

Ayer, Rubalcaba negó la mayor de un apoyo a estas iniciativas secesionistas. Pero seguramente sus electores se sentirían mas cómodos en un claro y explícito conflicto de bloques ideológicos, más que en este contexto folclórico de patrioterismo populista, provinciano y manipulador. La contundencia de Rubalcaba sea bienvenida y que sus compañeros socialistas catalanes tomen nota de ella.

El posionamiento de los nacionalistas con su insoportable juego, no debería encontrar complicidad alguna en la izquierda española y menos aún en la derecha, que debería ser menos posibilista y fijar con exigencia y rotundidad el límite de este cansino juego político, sin caer en tentaciones de conveniencia parlamentaria o electoral.

“¡Que se vayan!”
Carmen Leal www.vozbcn.com 16 Septiembre 2012

Esta frase la he oído y la oigo una y otra vez entre los españoles de fuera de Cataluña y, especialmente, entre la gente más joven : “¡Que se vayan!”. Sí, “¡que se vayan!”. Que salgan de la nación española. El amenazante referendo de independencia de Cataluña para formar un Estado independiente dentro de la Unión Europea (algo perfectamente imposible, y los nacionalistas lo saben) podría convertirse en un referendo de expulsión por el resto de los españoles votado con todas las garantías legales.

Expulsion de Cataluña de “esta España mía, de esta España tuya, de esta España nuestra”. ¿Cómo hemos llegado a este extremo de desafección entre integrantes de una Comunidad Autónoma que han formado parte importante de la historia de España, unida a ella desde su participación en el Reino de Aragón hace mas de 500 años? ¿Cómo se ha pasado de la admiración, el orgullo y el cariño de los demás españoles hacia los catalanes por su laboriosidad, su sentido común (el seny), la prudencia, la inteligencia práctica (“los catalanes de las piedras sacan panes”) y la capacidad de iniciativa a una desafección total hasta repetir “¡que se vayan!” de España, que no los queremos como compañeros en el viaje común. Y lo más importante: esa desafección es mutua en una parte sustancial de la juventud catalana. ¿Qué ha ocurrido?

Han sido más de 30 años de intoxicación nacionalista (Som una nació, en los textos escolares), años de humillaciones y vejaciones al españolito de a pie y a todo lo español, desde la escuela hasta las instituciones culturales y políticas, pasando por el control absoluto de los medios de comunicación, la compra de voluntades y el latrocinio compartido de políticos, bancos, entidades y demás familia (Banca catalana, caso Palacio de la Música, Fèlix Millet, el 3%, etc.) con objeto de controlar Cataluña política y económicamente, dicen que por 200 familias burguesas.

Por otro lado, el hastío del continuo victimismo (“España nos roba”) la situación de partido bisagra de CiU y el permanente chantaje a los gobiernos del PSOE y del PP, la continua amenaza de “si no me das lo que pido me independizo” ha hecho que muchos españoles se planteen seriamente el “¡que se vayan!”.

Y es en este contexto de ahogo económico del Gobierno autonómico (más de 41.000 euritos de deuda), especialmente por el despilfarro y la mala gestión, comenzando por Jordi Pujol (CiU) que dieron y dan más importancia y dinero a lo identitario que al bienestar sostenible de todos los ciudadanos, donde debe inscribirse esta Diada independentista.

Una estrategia que ha llegado a su final. La Constitución de 1978 no permite más diferencias. Así que: “¡que se vayan!”. Y esto lo repite la gente más joven y mejor preparada de España. “Sin pacto fiscal, el camino está abierto a la libertad”, ha dicho el presidente autonómico, Artur Mas (CiU). Es decir, que el señor Mas se somete a las leyes y al Gobierno si este violenta la Constitución.

El órdago no puede ser mas explícito: ‘Se cambia libertad catalana por euros’, podría ser su pancarta. ‘Hispanobonos si, hispanohablantes, no’, podría ser otra. En la estrategia nacionalista de maximizar lo diferente, en lo que se ha basado toda la ideología nacionalista en Cataluña (y lo sigue haciendo), ha sido en la preponderancia total de la lengua catalana y la obsesiva persecución de la lengua española hasta su total erradicación institucional, académica y política. Hay una auténtica barrera lingüística para el resto de españoles. Y son los sufridos castellanohablantes (más de la mitad de la población) la moneda de cambio en todo proceso de toma y daca, de auténtico cambalache entre políticos de uno y otro gobierno.

Sorprende la ausencia de Mas en la manifestación independentista del 11S, aunque presente “con su alma”. Su cuerpo no pudo estar presente, por si a caso. Verdadero caso de estudio de separación de cuerpo y alma. La rebelión está tipificada en el código penal, y es el cuerpo el que va a la cárcel, el cuerpo con el alma, y es el cuerpo con el alma el que se inhabilita para cargo público amén de las consecuencias imprevisibles que genere.

Una vez más, la estrategia de la presión al Gobierno. Pues, “¡que se vayan!”. Y que se vayan sabiendo y calibrando bien todas las consecuencias: salida del euro y de la Unión Europea, pérdida del mercado económico español, etc. Que no engañen al personal prometiendo el paraíso tras la declaración de independencia de forma unilateral. Que repasen la historia reciente de Cataluña porque desgraciadamente no aprendemos, y podría ocurrir que volviesen a huir los independentistas por las alcantarillas.

La estrategia de me voy de España (“que me voy, que me voy, pero nunca te quieres marchar”, como la canción) ya no da más de sí. “¡Que se vayan!”. Los castellanohablantes y catalanohablantes no independentistas que nos sentimos tan catalanes como españoles quizá exijamos constituirnos en otra nacioncilla independiente dentro de la nueva Cataluña, en este país virtual, utilizando la misma medicina de “una lengua, una nación” o podríamos optar por conservar la nacionalidad española dentro de la hipotética Cataluña independiente, más de la mitad de la población catalana ubicada precisamente en las grandes poblaciones.

Todo esto pertenece a lo virtual. Lo real, lo auténticamente real, es el desbarajuste económico y social, amén del enfrentamiento entre españoles al que nos ha conducido en Cataluña un nacionalismo identitario, con base económica, que no conoce límites a su ambición de poder. Y unos gobiernos de España timoratos, por no decir cobardes, que no han sabido embridar a tiempo los abusos de los nacionalismos periféricos. Y así hemos llegado a una desafección profunda entre españoles, que se manifiesta en una juventud que repite cada vez más “¡que se vayan!”.

No lo comparto, pero lo entiendo.

Carmen Leal es profesora de Lengua y Literatura españolas

CUENTO DE UN DÍA EN LA CATALUÑA LIBRE
MATÍAS NÉSPOLO El Mundo  16 Septiembre 2012

La selección de Pep derrota a La Roja, Mas está tocado, no hay alegría en la gente, ni subida de pensiones y los bonos siguen siendo «basura»... Viaje al primer año de una hipotética secesión

. Imposible encontrar un solo rótulo comercial en la lengua de Cervantes. Con eso la normativa se ha vuelto inflexible, pese a que las calles de Barcelona continúan siendo una Babel auditiva y el castellano se deja oír tanto o más que en los tiempos previos a la independencia. El compromiso de la nueva república de conservar el bilingüismo se ha quedado en promesa incumplida, incluso en el sistema educativo. El castellano compite en los institutos con el francés y alemán como una lengua optativa más que se añade al catalán e inglés obligatorios.

Los bares con pantalla grande están a rebosar y no es para menos. La selección catalana de fútbol estrena en un amistoso un nuevo entrenador comprometido desde siempre en la tasca de fer país: Pep Guardiola. Y quien ha salido muy mal parada de la secesión catalana es La Roja, que ha perdido sus grandes figuras. No así el Barça, que continúa jugando en la liga española, como quiso en su día Sandro Rosell, a la manera del Mónaco en Francia.

El triunfo catalán cae como agua de mayo en el aletargado sentimiento nacionalista. Y la expansión sentimental en Rambla Canaletas de algún modo salva la fiesta que ha pasado sin pena ni gloria en una docena de actos oficiales. Se trata de la conmemoración del primer aniversario de la República de Catalunya. Y pese a los esfuerzos institucionales por reavivar la ilusión catalanista, sólo el fútbol lo consigue. A 12 meses de secesión, el país ya no está para grandes fastos ni se los puede permitir. No sólo por la difícil situación política, económica y social que atraviesa, sino porque tampoco tiene mucho que celebrar la ciudadanía, cuyo fervor inicial y grandes esperanzas en el nuevo Estat comienzan poco a poco a desvanecerse, en un desencanto cada vez más palpable, con el balance del primer año del Govern independiente.

El desgaste se remonta a los inicios del proceso de secesión, que en su día Artur Mas bautizó como «transición catalana». Los escépticos que vaticinaron entonces el fracaso de proyecto independentista, comparando el programa de Mas con el abortado Plan Ibarretxe que se dio de bruces con las urnas, se equivocaron. Pero la figura política del president tampoco salió indemne. El liderazgo de Mas se deterioró notablemente en un largo e intrincado proceso de negociación con el Gobierno central, plagado de retrocesos, discusiones bizantinas y crispación que desembocó finalmente en una callejón sin salida. Se estrelló contra el muro de piedra del orden constitucional vigente, el famoso principio de indivisibilidad del Estado español contenido en el artículo 2 de la Constitución.

RUPTURA DE LA LEGALIDAD
De las cuatro opciones posibles para salir del atolladero jurídico prosperó la más expeditiva y, a la vez, conflictiva. El Gobierno central jamás accedió a convocar un referéndum consultivo en la comunidad autónoma, ni siquiera en toda España donde el triunfo del «No» estaba garantizado. Y la fórmula de independencia asociada de una Cataluña dotada de autogobierno pero formando parte del Estado español, a la manera de Puerto Rico con los Estados Unidos, tuvo escaso predicamento y nula viabilidad.

La ruptura de la legalidad española fue inevitable. Al parlamento catalán no le quedó más remedio que una declaración unilateral de independencia, de la que ahora se conmemora un año, y convocar un referéndum de autodeterminación, entre otras cosas, para legitimar la secesión de cara a la Unión Europea y satisfacer, al menos, la legalidad internacional. Casi el 60% del electorado catalán dio el «Sí» a la independencia, pero no fue tan sencillo lograr el apoyo de la mayoría de socios europeos. Cosa que requirió un arduo trabajo diplomático. Las instituciones europeas son conservadoras por naturaleza. Sin embargo, los intereses económicos de la zona euro se impusieron, sobre la bases de una incansable negociación política, cuando la irreversibilidad de la secesión se hizo evidente.

Pero la cara más ingrata de toda la empresa fue el considerable deterioro de las relaciones, cuando no la confrontación, con España. Relaciones que, pese a la tensión, jamás se llegaron a suspender de facto. Pero Cataluña aún paga muy caro las consecuencias económicas de dicho deterioro. ¿Qué sacó en limpio de toda aquello el ciudadano de a pie? Pues, satisfacciones sentimentales y penurias inmediatas por partes iguales. La panacea de riqueza y prosperidad que pronosticaban los economistas adeptos a la causa soberanista no se ha cumplido.

Catalunya no ha salido del euro, pero tampoco son muy halagüeños sus números macroeconómicos. En el plano internacional, el encaje europeo es una de sus cuentas pendientes. Reconocida como nuevo estado europeo soberano e independiente, Cataluña salió por fuerza del club de los 27 a consecuencia de la secesión y aún aguarda la aceptación de su solicitud de ingreso como nuevo miembro. Cosa que los soberanistas más entusiastas aseguran que está al caer, pero es probable que lleve su tiempo porque ello requiere la unanimidad de todos los socios y la animosidad española será difícil de roer. En contrapartida, el Estat catalán ha conservado la moneda única y ha logrado sortear con pericia, echando mano de la flexibilidad de los tratados, el escollo de las fronteras y los aranceles, más o menos punitivos, sobre la base del espacio Schengen, para garantizar la libre circulación de mercaderías, personas y capitales, un poco a la manera de Noruega.

Lo que no tiene tan fácil es la financiación internacional de su deuda que ha crecido exponencialmente del 21% hasta arañar el 90% de su PIB como resultado de la secesión. Entre otros cosas, porque Cataluña ha tenido que asumir a regañadientes la parte proporcional de deuda española que le corresponde a la población del territorio catalán. La cifra, sin embargo, no es tan mala. Más del 90% de su PIB deben Italia o Reino Unido. El problema radica en la difícil colocación del bono catalán que ya etiquetaban de «basura» antes de la independencia.

PROMESAS INCUMPLIDAS
El sueño de la Agencia Tributaria propia ya es un hecho consumado para Cataluña. Cosa que le ha permitido gestionar el ansiado 8% de transferencia fiscal sin retorno hacia el Estado central con el que tantos años azuzó los ánimos. Pero también es cierto que el ejecutivo catalán no ha cumplido su promesa de subir las pensiones con ese dinero. Y es lógico, porque en contrapartida Cataluña ha tenido que hacer frente a muchas prestaciones que antes pagaba el Estado español, como la administración de Justicia, Defensa (el ejército catalán tiene ahora en el nuevo Estat una presencia más bien simbólica) o la costosa representación diplomática internacional (a las 22 embajadas catalanas de antes de la independencia se le han añadido media docena de nuevas sedes diplomáticas y poco más), entre otras.

En todo caso, el desafío del nuevo estado no es subir las pensiones, sino garantizarlas. Escollo que supone uno de los problemas más serios de su economía interna, porque la casi se diría imparable hemorragia de la Seguridad Social abulta en buena medida el déficit fiscal, que trepa por encima del 6% de Producto Interior Bruto. Cosa que no debería sorprender a nadie porque no hay manera de que salgan las cuentas con algo más de tres millones de trabajadores de población activa para mantener a los dos millones de pasiva, entre el millón y medio de pensionistas y cerca de medio millón de parados.

El espectacular aumento de la deuda catalana no se entiende sin el estancamiento de su economía en una primera fase, antes del franco retroceso de su PIB de los últimos años en casi unos 10 puntos porcentuales. Al extremo de que ya hay quien mira con cierta nostalgia esos cerca de 200.000 millones de euros que constituían el PIB de Cataluña al inicio de su largo proceso independentista. Con todo, el retroceso no ha sido tan dramático como el que auguraban algunos economistas anti secesionistas -más del 30% de PIB- por entonces.

Y las causas del decrecimiento, con el consiguiente impacto negativo en el tejido empresarial de las antaño pujantes pymes catalanas y el empeoramiento de la calidad de vida del ciudadano medio hoy comprobable, no hay que buscarlas sólo en el desbarajuste de su balanza comercial. Es cierto que con el endurecimiento de las relaciones comerciales y algún que otro boicot a la industria catalana muy difícil de cuantificar, en la misma línea de la campaña contra el cava de 2005 a propósito del Estatut, que algunos expertos tildan de «residual».

Tampoco el estancamiento y retroceso económico se debió al temido fantasma de la deslocalización y la migración empresarial que finalmente no se produjo, y tuvo más bien un valor anecdótico. Resultaba extremadamente costoso e injustificado para la Volkswagen, por ejemplo, trasladar su planta de Martorell a Badajoz. Y lo mismo puede decirse de Seat, Nissan y demás actores de la industria automotriz. Lo que sí sucedió, en cambio, fue que algunas empresas catalanas como Gas Natural o la emblemática La Caixa, optaron por tributar en el Estado español, que acaparaba su mayor volumen de negocio.

La gran causa de la recesión catalana actual no es otra que la desinversión. Es decir, la ausencia casi absoluta de inversión neta, tanto externa como interna, que asfixia al sistema productivo y lo condena a una crónica falta de liquidez. Círculo vicioso que ya suma tres semestres consecutivos sin mejoría perceptible. Un fenómeno que sólo puede explicar la psicología. El llamado miedo de los mercados que, en su momento, los independentistas más entusiastas despreciaron o minimizaron, pero que ahora Cataluña paga muy caro y además retroalimenta, porque el horizonte de incertidumbre e inestabilidad, tanto política como institucional y económica de su llamada «transición» no acaba de cerrarse.

Y ante ese panorama de poco sirven las ventajas competitivas que ha reportado la independencia en la gestión de las propias infraestructuras. Sin ir más lejos, el puerto de Barcelona que ha consolidado su liderazgo en el tráfico de mercaderías como en el amarre de grandes cruceros. Para no citar el aeropuerto del Prat, que ya se mide en pie de igualdad con Barajas, y el inicio de la construcción de una cuarta pista sobre el mar para el comercio de carga que trabajará las 24 horas, y con la que ganará el pulso a Madrid. En suma, Cataluña se ha quedado definitivamente sin los toros, pero en su ausencia bien valen los correbous.

Pese a todo, la promesa catalana sigue abierta, pero el riesgo creciente es que se agote la ilusión a pesar de los triunfos de Guardiola.

Las cifras que Cataluña desconoce o no quiere conocer
SU DEUDA REAL. Los independentistas optimistas se aferran a que el único compromiso económico que tiene la república independiente de su casa son los 43.954 millones de euros de deuda autonómica, que representa el 29,1% del total de la deuda acumulada en el conjunto de las comunidades. Pero no sólo este lastre acarrearía el estado Cataluña. No, no, no. De producirse la liberación, aunque sus grandes gurús lo quieran negar u olvidar, una buena parte de la deuda externa española absoluta, que alcanza el billón [sí, un millón de millones], le correspondería a Cataluña.

PRECEDENTES. El más similar es el de Eslovaquia que, en 1993, cuando se segregó, cargó con el 20% de los adeudos de la antigua Checoslovaquia. El porcentaje, en el caso de la tierra de Artur Mas, se mediría en una difícil ecuación que tendría en cuenta su PIB, el más alto de España, 197.919 millones de euros, 18% del total del país. Y su población, 7.565.603 habitantes, el 16%. Es decir, arrastraría un probable pasivo de entre 160.000 y 180.000 millones. Que la deuda sea menor dependería de España, que podría renunciar a una parte, pero sería su voluntad [como Rusia, que asumió la deuda completa motu proprio de la ex URSS].

BONO BASURA.Con este monto negativo en su cuenta de resultados y sin capacidad de endeudarse más, llegaría a la autodeterminación groggy, cuando hoy ya suplica por un rescate de 5.000 millones para pagar nóminas y demás. Además, le resultaría imposible financiarse con fondos de la Unión Europea, de la que -sin duda- no formaría parte. Para ingresar en la UE, Cataluña habría de conseguir que sus integrantes acepten que forme parte por unanimidad [el voto de España sería decisivo]. El proceso tardaría entre cinco años y una década. ¿Pedir créditos fuera de la tiranía continental? Los conseguiría a un interés inasumible. Su deuda ostenta el título de bono basura (BB) para Standard & Poor's, igual que Portugal. Los inversores vienen exigiendo un 14% para comprar deuda lusa a 10 años.

«RECONSTRUCCIÓN». Cataluña se enfrentaría a la necesidad de poner en marcha instituciones como Hacienda propia, Seguridad Social (SS), Fuerzas Armadas -si cabe-, aumentar agentes de policía, montar ministerios... Según la Fundación Catdem, ligada a Convergència Democràtica, esto les costaría 40.000 millones más. Eso sin contar que las cotizaciones a la SS son deficitarias. Gastan 11.422 millones de euros e ingresan sólo 7.462 millones. El resto lo completan, actualmente, los opresores sureños.

MENOS RICOS. ¿Su renta per capita de 28.200 euros -superior a Alemania y Suiza- se reduciría al nivel de Eslovenia, unos 21.000 euros? Eso calcula, Miguel Buesa, catedrático de Economía de la Complutense. ¿Por qué? Sus exportaciones menguarían por el más que posible boicot a sus productos en España, que actualmente consume el 60% de su producción [otro 20% lo suma la UE]... Por ende, si quieren ser independientes, que lo sean. Pero de verdad. Sin ayudas. Con sus deudas y su egoísmo. Con sus Mas que son menos.

La Caixa, obligada a españolizarse tras el reto independentista de Artur Mas
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 16 Septiembre 2012

A pesar de haber vadeado todo tipo de situaciones a lo largo de sus 168 años de historia, nunca como ahora las cosas se habían puesto tan difíciles, tan endemoniadamente complicadas para la Caixa d’Estalvis i Pensions de Barcelona, popularmente conocida por “la Caixa”, como en estos momentos. A las dificultades de una crisis como no recuerdan otra los viejos del lugar, que ha obligado a la institución a convertirse en banco, ir con la lengua fuera para cumplir ratios de solvencia por culpa del estrechamiento de márgenes, afrontar un sin número de problemas con las participadas (dividendo de Telefónica, caso Repsol), abordar el cierre del 20% de la red de oficinas (de un total de 6.590), el portaviones (34.800 empleados) que pilota Isidro Fainé, 70, se enfrenta ahora a un desafío nuevo que no estaba marcado en las cartas de navegación: el reto independentista planteado en Cataluña por el Gobierno de Artur Mas.

“La situación se ha complicado mucho”, asegura Isidro Fainé, presidente de la Caixa y CaixaBank. “Por desgracia estamos recogiendo los frutos de dos Gobiernos, el de Zapatero en España y el del tripartito en Cataluña, que han resultado un desastre allí y aquí. Aquí hay mucha gente que, con razón o sin ella, se siente agraviada y necesita ser escuchada. La única solución que se me ocurre es hablar; sentarse a hablar largo y tendido el tiempo que sea necesario; hablar hasta la extenuación, porque solo hablando, negociando, se llega a conocer al otro, valorar sus problemas y hacer posible el acuerdo. Yo, que soy hijo de comerciante, recuerdo bien a mi padre cuando iba al mercado, sé cómo hablaba, cómo negociaba. Allí no se daban la mano cuando acordaban un precio, no se decían estic d’acord; se decían, en cambio, entesos!, que en castellano quiere decir te entiendo, comprendo tus razones, valoro tus argumentos… y espero que tu valores los míos. Yo no soy independentista; me considero un conquistador, un Jaume I, que aspira a conquistar no ya España, que desde luego, sino el mundo, y en este caso no veo otra salida que negociar, aunque va a ser muy difícil el arreglo porque aquí hay un nacionalismo catalán y allí uno español, pero hay que intentarlo, hay que sentarse a hablar, porque Mas es un hombre moderado con el que se puede dialogar”.

CiU ha estado jugando con fuego. Durante mucho tiempo ha estado financiado asociaciones independentistas controladas por gente de ERC, y la cosa se les ha ido de las manos

La lista de problemas a la que se enfrenta la Caixa dibuja en la torre negra de la Av. Diagonal 621-629 de Barcelona un escenario que testigos directos califican de “complejo; están desbordados por el galimatías y desconcertados, sin saber ahora mismo por dónde tirar”. Un empresario barcelonés cercano a Mas asegura que “mis amigos de CiU han estado jugando con fuego y se han quemado. Durante mucho tiempo, primero el tripartito y luego la propia CIU, han estado financiando asociaciones independentistas del tipo Omnium Cultural o la Assemblea Nacional Catalana, todas controladas por gente de ERC, y la cosa se les ha ido de las manos. Si a eso le añadimos el déficit de financiación que padece Cataluña, algo de lo que en Madrid no quieren ni oír hablar, y lo sazonamos con el cabreo generalizado provocado por la crisis, el paro y los recortes, tendremos el cuadro de la situación completo”.

Los riesgos para La Caixa, como para tantas empresas catalanas, de una eventual declaración unilateral de independencia son muchos. “Esta es una empresa española”, asegura una fuente de la institución que pide el anonimato, “que tiene su negocio más fuera que dentro de Cataluña. De hecho, dos tercios de la actividad, el negocio y los clientes de la Caixa están fuera de Cataluña –como les ocurre a Planeta, a Freixenet y a tantas otras-, y en el resto de España, porque en el extranjero solo tenemos participaciones financieras. De manera que La Caixa es una empresa española con sede en Barcelona que aspira a estar en todo el mundo, y ahora un banco español en el más amplio sentido de la palabra, porque para eso hemos trabajado siempre”.

Una empresa española obligada, por mor de las circunstancias, a acentuar los perfiles de su españolidad, a españolizarse a uña de caballo. “Ese era el interés que subyacía bajo el intento de fusión con Bankia”, prosigue la misma fuente. “Se trataba de consolidar Madrid y Barcelona como los pilares de la institución, una idea que hubiera contribuido a ese objetivo de acercar Cataluña y España, a enmarcar Cataluña dentro de España. A Mas le gustaba la idea, que conste. Le dijimos a Rodrigo Rato, 63, bien, tú te haces cargo de Criteria CaixaHolding y llevas la corporación industrial desde Madrid; el negocio bancario se queda en Barcelona, porque al fin y al cabo Bankia representaba solo el 15% del proyecto. Él pidió ser copresidente. De acuerdo, le dijimos, tendrás que comprarte piso en Barcelona, como hizo Fainé en Madrid, y venir mucho por aquí. Luego pidió la presidencia única cuando Isidre lo dejara, y también le dijimos que sí, pero con una condición: que cuando él se retirara, al frente del proyecto quedará Juan María Nin, 59, como presidente único, y eso no le gustó tanto, quizá porque escondía un diseño político detrás ligado al PP. Todo empezó a torcerse cuando decidió embarcarse en una serie de fusiones de Cajas que no tenían sentido, en un intento de ganar tamaño para balancear posiciones con Caixa de cara a esa negociación, pero, si fusionas Caja Madrid con Bancaja, en lugar de valer 15 pasas a valer 10… En todo caso, esas fusiones se hubieran podido acometer después desde la fusionada… No pudo ser; una pena”.

Comprar un banco para “españolizarse”
El proceso de españolización de La Caixa se materializará con la eventual absorción de un banco, “un banco de los de siempre, con un buen nivel de margen para compensar la dependencia que tiene la cuenta de resultados de Caixa de las plusvalías de sus participadas”, señalan fuentes del mercado. El Popular está sobre la mesa. A Ángel Ron, 50, le gusta la idea; a Nin seguramente menos. Sabido es que la mayor dificultad de una fusión bancaria suele consistir en dar salida a las aspiraciones de poder de cuatro personas, dos presidentes y dos consejeros delegados. En este caso las dificultades serían solo tres. Fainé seguiría siendo capo di tutti capi, con Ron al frente del negocio bancario. ¿Qué hacer con Nin? La presidencia de Repsol, un puesto ahora muy disputado por toda suerte de aventureros, no es una opción descartable. “Algo haremos, seguro”, sostienen en el entorno de Caixa, “pero no antes de ver cómo queda el mapa bancario después de la revolución en curso, porque cuando el sector se estabilice va a haber oferta de sobra para elegir. Pero si se trata de españolizar la marca, la opción parece clara: Popular o Banesto”.

La Caixa: "No participaremos en la sociedad que desarrolle Barcelona World, ni daremos un duro de crédito"
El desconcierto en el que vive la institución, acosada en frentes mil al unísono, tuvo su mejor reflejo en el anuncio del Govern -después de conocida la decisión de Sheldon Adelson de instalar en Madrid sus antros de juego y lenocinio- de crear un complejo de ocio en Port Aventura de la mano de “empresario” tan peculiar como Enrique Bañuelos. Como tamaño maridaje podía resultar cuando menos llamativo, Mas reclamó la aparición de Fainé en la foto, que, con su presencia, contribuyó a dulcificar los perfiles de un lance que no tendría un pase en un país del primer mundo. Esa foto no ha contribuido precisamente a ennoblecer el historial de un hombre y una institución que siempre se han preciado de haber sabido, a diferencia del resto de Cajas, mantener a raya a los poderes políticos locales. “La Generalitat pidió como un favor la presencia de don Isidro y, ¿qué podíamos hacer? Estuvo de 9 a 9,30 de la mañana, pero eso no es relevante. Lo importante es que nuestra presencia en el proyecto se limita a aportar los terrenos, de nuestra propiedad. Ha quedado claro que no tomaremos ninguna participación accionarial en la sociedad que desarrolle el proyecto, ni le concederemos un duro de crédito. Esas son las condiciones”.

Si eso es así, no resulta aventurado pensar que el “Eurovegas catalán” nace muerto, porque no será Bañuelos quien ponga la pasta. Otro tanto ocurrirá con el de Alcorcón sur Mer, dos proyectos que han unido a las elites políticas de Madrid y Barcelona en un mismo tipo de ensoñación reñida con cualquier idea cabal de progreso y desarrollo limpio. La preocupación es grande entre la inmensa mayoría del empresariado catalán. “Urge encontrar soluciones”, afirma Juan Rosell, presidente de la patronal CEOE. “El 32% del PIB mundial está hoy en Asia; el 24% en Estados Unidos, y el 26% en Europa. Si el proyecto de la UE se rompe y el viejo continente se dispersa en una serie de nacioncitas, dejará de contar, no será nada en el concierto internacional. Por eso los poderes públicos deben intentar alcanzar algún tipo de pacto, alguna solución para Cataluña dentro de la Constitución. Al fin y al cabo también el TC dijo que el nuevo Estatut cabía en esa Constitución”.

También Madrid tiene su parte de culpa
Ciertamente, no todos los males son achacables al nacionalismo catalán. También Madrid tiene su parte alícuota de culpa. Algo tuvo que ver el Gobierno Aznar, cuando, en su segunda legislatura, hizo surgir nacionalistas como setas. La situación se deterioró definitivamente con el mentecato de Zapatero, y tomó carta de naturaleza con Pascual Maragall y su decisión de dar carta de naturaleza al tripartito. Es evidente que durante esos años los de ERC han sabido hacer su trabajo, siempre con dinero público. Ahora, Mas ha decidido subirse a un tren del que no podrá apearse. El paisaje es más o menos así: del encuentro entre Mariano Rajoy y Mas, el día 20, no saldrá nada en claro; éste volverá a Barcelona y llamará a elecciones y, si de ellas surgiera una mayoría nacionalista, convocará un referéndum secesionista. A partir de ahí, nadie sabe lo que puede pasar.

Es evidente que nada de lo ocurrido habría sucedido de no haber sido por el estado de postración, económica pero sobre todo moral, en que se encuentra España, una nación corroída de la cruz a la raya por las termitas de la corrupción, tanto en Barcelona como en Madrid. No hay tiempo para los lamentos. Quienes no podemos concebir una España sin Cataluña, lo mismo que una Cataluña sin España, estamos obligados a exigir al Gobierno de la Nación que se siente hablar con los responsables de la Generalitat. Hace tiempo que los sucesivos Gobiernos centrales saben que tienen un problema con el 20% del PIB español, y no han hecho nada para resolverlo, como era su obligación. ¿Tiene usted un problema? Afróntelo, gestiónelo, siéntese a dialogar con quien sea menester el tiempo que sea necesario, que está en su sueldo. ¿Quiere Rajoy y el PP pasar a la Historia como el hombre y el partido que certificaron la ruptura de España? Es hora de grandes gestores y, sobre todo, de grandes liderazgos democráticos. Como carecemos de ambos, no es descartable que una minoría radical logre desgajar Cataluña de España para, a continuación, arruinar el futuro de esa mayoría de catalanes que un día no supieron rechazar los cantos de sirena de la ficción nacionalista, desdeñando las ventajas de la “sociedad crítica y abierta” de que hablaba Popper.

«¿Quebeluña?»
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 16 Septiembre 2012

Artur Mas, presidente de la Generalitat con el voto de ¡23 de cada cien! electores catalanes (obtuvo el 38,5 % de los sufragios con una participación del 59,9 %) culminó el jueves la traca de desafíos a la Constitución, la convivencia en su comunidad y la historia secular compartida entre España y una de sus partes esenciales, con la petición de un referendo de autodeterminación.

Para los que pudieran tener aún alguna duda sobre las intenciones de CiU, ERC y los tontos útiles que les sirven de comparsa, lo acontecido esta semana demuestra que el catalanismo secesionista va a por todas, por lo que resulta esencial seguir denunciando sus mitos e imposturas.

De hecho, y contradiciendo a esa intelectualidad acomplejada-acobardada por las simplezas presuntamente rimbombantes de los independentistas -una intelectualidad que lleva años sosteniendo que los nacionalistas amagan pero no se atreven nunca a realizar sus amenazas-, la petición de una consulta hecha por el presidente de la Generalitat pone de relieve que la situación calamitosa en que el tripartito dejó la economía catalana ha convencido al nacionalismo de que existen hoy miles de personas dispuestas a comprar la mercancía averiada de que lo mejor para superar la crisis es independizarse de España planteando ya un referendo de autodeterminación.

Ante un reto de tanta gravedad conviene recordar lo sucedido en el único territorio no colonial del mundo democrático en que se ha celebrado una consulta de este estilo -la provincia canadiense de Quebec-, donde dos referendos sucesivos sobre la secesión (en 1980 y 1995), saldados ambos con la derrota de los independentistas, lejos de resolver el problema de las relaciones entre Quebec y Canadá no ha hecho otra cosa que institucionalizar la falsa idea de que ese contencioso solo desaparecerá el día que los secesionistas resulten vencedores. Pues que nadie se engañe ni pretenda dar gato en vez de liebre: los referendos de autodeterminación se repiten una y otra vez mientras los independentistas pierden y no vuelven a realizarse nunca más una vez que aquellos han ganado.

Aunque en la manifestación de la Diada haya habido un millón de personas, tal cifra no contradice el dato repetido por todas las encuestas que se vienen haciendo en Cataluña: que el independentismo, aunque creciente, es minoritario. Ceder a la presión nacionalista y aceptar la convocatoria de un referendo de autodeterminación (lo que exigiría una previa reforma de la Constitución), lejos de resolver democráticamente el problema catalán lo enquistaría para siempre. Pues la respuesta democrática a una sociedad multiidentitaria no es la independencia, sino la autonomía, de la que ya disfruta Cataluña, como pocos territorios regionales en el mundo, desde hace treinta años.

El problema no puede ser la solución
Nota del Editor 16 Septiembre 2012

Cuando hay gentes que hablan de pluralismo, multiidentidad y zarandajas por el estilo, hay que ponerse en guardia para no dejarse embaucar por tales encantadores y sus cortinas de humo, pues son palabras que no tienen sentido en el mundo donde todo es diferente, desde la escala subatómica hacia arriba.

Tras las cortinas de humo sueltan lo que quieren colar: en este caso, defender que la autonomía es la solución, está meridianamente claro que no es posible, pues es la raíz del problema.

Problema cuya solución requiere la primera medida correctora: derogar todas las leyes sobre lenguas regionales, y la segunda, elliminar las autonomías para conseguir beneficios de escala y aumentar la eficacia de la aplicación de nuestro dinero, ese del que nos despojan a diestro y siniestro los profesionales de las autonomías.

El fastidioso
Cristina L. Schlichting La Razón 16 Septiembre 2012

Con la palabra «fastidio» ha definido esta semana Artur Mas las relaciones entre Cataluña y el resto de España. Hay «fastidio mutuo», dice, y se queda tan ancho. Pienso en mis maravillosos veranos en Els Aiguamolls de L’Empordà o en Sant Feliú de Guixols, repaso mi visita de julio a la conmovedora Sagrada Familia o me relamo pensando en calçots, rovellons o alioli, y me dan ganas de lanzarle un guante a la cara a Mas. Tú sí que das fastidio, tío.

Cataluña no puede fastidiar a quien ame los paisajes hermosos, las playas vertiginosas, el arte, la gastronomía o a Josep Plá. Fastidio dan sus políticos, los partidos que la expurgan y los que engañan a la gente buena y educan en el odio.

Naturalmente que la multitud se ha echado a la calle en Cataluña. La crisis angustia a las personas y también se echan a las calles en Madrid o en Andalucía ¿Pero alguien se cree que el independentismo ganaría un referéndum en Cataluña? ¿a quién le interesa ser un paisito fuera del euro, a la cola de Europa, sin empresas importantes (todas, empezando por La Caixa, se mudarían) y con el boicot de todo el mercado español? Anda ya…ni que los comerciantes de Tarrasa fuese tontos… Les voy a decir a quién interesaría un paisito así: a los que desde ese momento administrarían a solas la mamandurria local; a los Mas, los Pujol, los Rovira. No, hombre, no, si Artur quiere independencia, que se atreva a ponerlo en su programa electoral… a ver cuántos votan entonces a CiU. Entretanto, nada de chantajes.

La riqueza de Cataluña y su indiscutible grandeza nos ha costado mucho a todos. A los inmigrantes andaluces, castellanos y extremeños, en primer término; y al resto de España en ventajas históricas como el proteccionismo textil del siglo XIX. En la Transición pactamos entre todos una Constitución y nos prometimos que quien la cambiase debía someterse a referéndum nacional. Por una pura cuestión de justicia e igualdad. Jordi Fábrega, alcalde de Sant Pere de Torelló, el pueblo que ha declarado la independencia, me dijo recientemente en «Dos días contigo», mi programa de fin de semana de Cope, que «España ya perdió la mayor parte de sus colonias, es hora de que también pierda Cataluña». Me permití puntualizarle que Cataluña no sólo no ha sido nunca una colonia, sino que ha constituido la vanguardia de España. Conquistó el Mediterráneo para la Corona y los catalanes fueron en vanguardia a la lucha contra los turcos en la batalla de Lepanto. En memoria de ese hecho se conserva el Cristo de Lepanto, que iba en la nao principal, en la catedral de Barcelona.

Dejémonos de tonterías. Las crisis siempre crispan a los pueblos. Lo malo es que siempre hay piratas como Artur Mas intentando sacar provecho a su favor y el de sus familias. Fastidio da usted, hombre.

"Es cómo si se tropieza con alguien"
Las víctimas, a Otegi: "Si de verdad se arrepiente, diga dónde están los asesinos"
Como era previsible, las pobres disculpas de Arnaldo Otegi que se han desvelado este sábado no han gustado a las víctimas del terrorismo.
esRadio Libertad Digital 16 Septiembre 2012

Las más significativas asociaciones de víctimas del terrorismo han mostrado su rechazo al simulacro de disculpas que refleja el libro de Arnaldo Otegi próximo a publicarse y que hemos conocido este domingo.

En declaraciones a esRadio la presidenta de AVT ha asegurado que no cree en lo más mínimo en la sinceridad del batasuno, pero que en cualquier caso éste no tendría "que pedir perdón en nombre de todos como portavoz", sino que debería hacerlo "como integrante de banda armada, que es por lo que está condenando".

Además, Ángeles Pedraza ha pedido a Otegi que "si de verdad se arrepiente de algo, que no lo creo porque no condena nada, lo que tiene que hacer es colaborar con la justicia" e incluso debería aprovechar ese libro que va a publicar para "contar dónde están todos los asesinos que hay huidos para que podamos descansar un poco las víctimas".
"Pide disculpas y no perdón"

Francisco José Alcaraz, presidente de Voces contra el terrorismo (VcT) ha atendido como cada domingo a los micrófonos de Sin complejos en esRadio, donde ha advertido sobre la "trampa semántica" de Otegi en el adelanto de la entrevista que se publicará en formato libro en unos días.

El batasuno pide "disculpas" y no "perdón", recuerda Alcaraz, y circunscribe dichas disculpas a todo lo que pudo molestar a las víctimas durante su periodo como portavoz de la organización, pero no durante sus más de 15 años como terrorista de ETA.

Para Alcaraz, "Otegi pide disculpas como el que se choca con alguien por la calle y se da un pequeño golpe en el hombro con otra persona." Además, el presidente de VcT advierte de que, además, el exportavoz de Batasuna-ETA no reconoce la actividad terrorista de ETA y sigue hablando de "lucha armada".



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