AGLI Recortes de Prensa   Martes 18 Septiembre 2012

El tiempo de espera cuesta dinero
Primo González www.republica.com 18 Septiembre 2012

La inseguridad que está transmitiendo España hacia el exterior parece haber tomado el relevo como principal motor de la prima de riesgo, que ha comenzado la semana de nuevo al alza. Ya desde mediados de la semana pasada había una sensación de incredulidad sobre lo que estaba planeando el Gobierno de Rajoy. En el Gobierno hay posturas divididas aunque la decisiva, la de Rajoy, apuesta por esperar a que la situación se vaya resolviendo por sí sola, ilusión desmedida porque tanta espera sin justificación clara sólo puede agravar los problemas, como nos están recordando casi a diario importantes dirigentes europeos. Esta sensación de incertidumbre ha ido en aumento y no es una buena posición para afrontar, entre otras cosas, la emisión de Deuda Pública que se avecina esta semana, con dos importantes citas, el martes y el jueves.

En estas dos subastas, el Tesoro debería recaudar unos 9.000 millones de euros en conjunto, objetivo algo ambicioso que se ha fijado para esta ocasión, en vísperas del importante volumen de deuda que habrá de amortizar durante el mes de octubre, unos 30.000 millones de euros. La necesidad de financiación del Tesoro hasta final de año ronda los 80.000 millones de euros, aunque han aparecido algunas cantidades adicionales difíciles de precisar debido a la puesta en marcha del FLA (el fondo de Liquidez Autonómica) y las exigencias del FROB, el fondo de reordenación bancaria, cuya situación financiera está causando problemas debido al retraso que lleva la puesta en marcha del rescate financiero. Los 100.000 millones de euros para sanear el sector financiero español no acaban de llegar y el tiempo pasa sin que las entidades financieras rescatadas puedan hacer frente a sus necesidades de financiación.

La doble subasta de deuda de esta semana se iba a beneficiar en principio de tipos de interés más asequibles que los del pasado 6 de septiembre, pero en la práctica, el tiempo muerto que los mercados habían dispensado a España se ha terminado. La tregua tenía como eje principal de justificación la seguridad casi plena de que la petición de rescate por parte de España a la UE era cosa de días, inminente. Pero el Gobierno ha hecho una lectura de lo sucedido con la prima de emisión a lo largo de esta tregua posiblemente equivocada, dando por supuesto que los mercados estaban premiando la gestión de la crisis y las promesas de reformas, además del control del déficit Autonómico, una buena noticia que hizo su aparición a mediados de la semana pasada y que impulsó al alza las expectativas, rebajando los costes de la deuda.

No ha sido así. De hecho, este lunes, la rentabilidad de los bonos a 10 años se ha vuelto a situar por encima del 6%, lo que no sucedía desde hacía más de una semana, desde el pasado 6 de septiembre, cuando el tipo de por excelencia de los bonos a largo plazo había logrado cruzar el Rubicón, camino de mejores niveles de coste para la financiación española, tanto pública como privada. Lo que se ha producido en estos días ha sido una vuelta atrás. Los mercados ya no actúan en la dirección positiva movidos por la inminencia de la petición de rescate y la consiguiente puesta en marcha de las medidas anunciadas por el BCE, la compra masiva de deuda que nos debería conducir a unos tipos más acordes con lo deseable.

Ahora están preocupados con un escenario más negro, el de un país que tiene dificultades insalvables para financiarse por sus propios medios y que tendrá dificultades en obtener un rescate de sus socios porque posiblemente las cifras del déficit aparecen cada día como más difíciles de alcanzar. Y si España no logra cumplir con el objetivo de déficit establecido, el horizonte inmediato puede llegar a complicarse en exceso. Lo que suceda esta semana con la colocación de deuda a corto, a medio y a largo plazo, será un buen test.

La rebelión secesionista
La unidad de España, ¿imperativo europeo?
Guillermo Dupuy Libertad Digital 18 Septiembre 2012

Me parece sorprendente la candidez con la que algunos tratan de espantar el riesgo cierto de fractura de España sobre la base de una hipotética negativa de la Unión Europea a la secesión de Cataluña y sobre lo mucho que esta región tendría que perder desde el punto de vista comercial si dejase de ser parte de España.

Para empezar, los nacionalistas han dado innumerables muestras de que no les importa gastar mucho dinero en su construcción nacional y en sus delirios identitarios, ya sean embajadas, canales autonómicos o sus no menos despilfarradoras y liberticidas inmersiones lingüísticas, entre muchos otros ejemplos. Pero es que confiar en que Bruselas no toleraría lo que los complejos, el hartazgo o la indiferencia de la mayoría de los españoles –incluidos los catalanes no independentistas– sí que estarían dispuestos a conceder no es más que una ilusoria creencia, una ficción destinada a no tener que asumir las propias responsabilidades y a confiar en que nuestros problemas nos los solucionarán desde fuera.

Naturalmente, si por fractura de España entendemos una especie de movimiento sísmico, de corrimiento de tierras que, por ejemplo, permitiera a Aragón tener playa –tal y como sostiene un tuitero mentado por Pedro J. ante la hipotética secesión de Cataluña–, evidentemente ese riesgo no sería tal. Pero no gracias a la Unión Europea, sino a la geología.

Ahora bien, si por fractura de España debemos entender una Cataluña que deje de ser España –como ya en buena parte ha dejado de reconocerse–, para convertirte en "un nuevo Estado de Europa", tal y como rezaba el lema de la manifestación secesionista de la Diada, habrá que decir que ese riesgo es cierto y que en nada ayudará a disiparlo nuestra pertenencia a la Unión Europea.

De hecho, España ya ha sufrido y sufre numerosas facturas que le afectan como nación, entendida como Estado de Derecho. Así, por ejemplo, que el actual entramado autonómico imposibilite trasvasar agua de la España húmeda a la España seca supone una ruptura de la nación. Que en algunas partes del país se haya erradicado de la educación todo aquello que nos une y que nos hace identificarnos como españoles, o que en algunas regiones ni siquiera se pueda estudiar en español, también supone una empobrecedora y liberticida quiebra de España. Otro tanto se podría decir de esa arcaica quiebra que, para nuestra nación entendida como Estado de Derecho, supone el distinto y privilegiado régimen fiscal que tienen algunas autonomías, como el País Vasco y Navarra.

Todo esto sucede sin que Europa haya constituido impedimento alguno. Si a los españoles nos parecen bien disparates tales como, por ejemplo, gastar el dinero del contribuyente para que nuestros senadores puedan debatir entre sí sin tener que hablar en la única lengua que todos ellos conocen, Bruselas no lo va a impedir, como de hecho no lo ha impedido.

Naturalmente, si digo que ese riesgo de fractura total existe no es para que cedamos al chantaje, ni para que paguemos como forma de evitarlo. Eso no haría más que alimentar la deriva secesionista. Lo que digo es que el riesgo no está, tal y como ingenuamente sostiene Pedro J., en que "paguemos por evitar que algo imposible no suceda". Lo que digo es que el riesgo está en pensar que algo tan posible como la secesión de Cataluña pueda evitarse pagando o confiando en la negativa de Bruselas.

El de Rajoy es un gobierno de gatillo fácil que sube los impuestos con demasiada frivolidad
Francisco Rubiales Periodista Digital 18 Septiembre 2012

Los expertos se han sorprendido de que la solución del gobierno de Rajoy al déficit tarifario de la energía haya sido crear seis nuevos impuestos para recaudar mas, demostrando así su enfermiza obsesión recaudatoria, a pesar de que esa política hunde cada vez mas el consumo y la economía en general.

El de Rajoy es un gobierno irresponsable, de gatillo fácil y peligrosamente habituado a subir impuestos, una medida que es contraproducente para la economia porque destruye el consumo y agudiza la recesión.

Ese tipo de política intensamente recaudatoria no sólo esquilma al ciudadano y a las empresas, sino que es cada día más desaconsejada por los expertos economistas, que ven en ella una apuesta segura por la recesión y la ruina de los pueblos. Su utilización intensa, en el caso del actual gobierno español, es antidemocrática e inmoral, ya que el Partido Popular, en su campaña electoral, prometió bajar los impuestos y nunca subir el IVA, como ha hecho recientemente, lo que convierte su actual política en una estafa a sus votantes.

España es ya el país de Europa cuyos ciudadanos soportan, proporcionalmente, más impuestos y que recibe a cambio servicios de menor calidad. El grueso de los gastos del Estado se emplean en pagar sueldos y subvenciones a miles de instituciones y de personas que no son necesarias y qwue no aportan nada al bien común. Para mantener todo ese aparato, la presión fiscal es tan intensa que paraliza el consumo y genera pobreza e infelicidad. Los miembros del gobierno, con el presidente Rajoy a la cabeza, esgrimen, una y otra vez, el argumento de que las subidas de impuestos, como los recortes, son inevitables, una tesis falsa porque el gobierno podría haber conseguido grandes ahorros si hubiera desmantelado antes las miles de instituciones y empresas públicas innecesarias, creadas por la clase política para colocar a los amigos y familiares del poder o para fortalecer sus aparatos de propaganda y manipulación, como las costosas y superfluas televisiones públicas locales, regionales y nacionales.

La subida de impuestos es el recurso más fácil cuando un gobierno necesita dinero, pero también es la que denota mayor desprecio por el ciudadano, al que exprime y esquilma sin piedad. España es el país europeo que posee el Estado más grueso e irracional, con casi medio millón de políticos viviendo a cargo del presupuesto público, una cantidad que supera a los que tienen Alemania, Francia e Inglaterra juntas, todo un abuso que el gobierno de Rajoy no sólo no ha cortado de raíz sino que ha seguido alimentando a través de la colocación de miles de miembros de su partido en puestos públicos.

De hecho, en algunos sectores del poder, el gobierno de Rajoy cuenta con más enchufados y asesores colocados que los que tenía el gobierno de Zapatero, un abuso lacerante e insoportable porque, en la campaña electoral que les llevó al poder, los populares prometieron reducir la administración y acabar con los abusos socialistas.

Voto en Blanco

Rubalcaba el rey de la ambigüedad
Marcello www.republica.com  18 Septiembre 2012

Rubalcaba es un torrente de palabras, un fino estilista dialéctico que dice una cosa y la contraria sin inmutarse y es tal el enredo que organiza a su alrededor que al final ni el mismo sabe lo que ha dicho, ni se imagina lo que han entendido los demás. Pero, como casi todos los políticos del Gobierno o de la oposición, no dice la verdad aunque le aspen o le lleven al paredón.

Ayer Rubalcaba soltó, eso sí, una frase que llevaba preparada (en la comunicación el PSOE es mas hábil que el Gobierno) para ofrecer un titular: “a Rajoy se le va el país de las manos”. Que es, exactamente, lo que una vez le dijo Marcello a Zapatero en el Congreso de los Diputados tras el debate sobre el Plan Ibarretxe, del que nunca mas se supo. Y parece cierto que a Rajoy España se le va de las manos, pero a Rubalcaba también. Media España se le fue a Rubalcaba de las manos cuando estuvo en el Gobierno de ZP y la otra mitad se le está escapando de las manos desde su puesto de líder de la oposición. Entre otras cosa porque, como se dijo ayer en la entrevista de TVE, los ciudadanos ya empiezan a pasar de la clase política y los van a desbordar.

Veamos, partiendo de sus declaraciones de ayer, como Rubalcaba da una de arena y otra de cal. Dice que a Artur Mas el Gobierno no debe darle el concierto fiscal, pero añade que sí mejorarle la posición fiscal de Cataluña, y culmina su enredo afirmando que todo ello siempre y cuando Mas quiera convivir y no divorciarse. Luego nos hace una declaración de fe federal, reconoce que dicha palabra forma parte de la estructura del PSOE y sí pide un Senado federal, y elogia el modelo federal alemán y de EEUU, pidiendo unos retoques del modelo autonómico pero no su reforma a fondo y de manera definitiva sin decir si al final quiere una reforma de la Constitución para una España federal, y se escabulle cuando le preguntan si eso de lo federal ya es demasiado poco para todos los independentistas catalanes, CiU incluida.

Con la crisis hace lo mismo, Rubalcaba dice sí al déficit pero con otros recortes (mas impuestos, pero distintos a los del PP) y sigue sin presentar un plan alternativo del PSOE para permanecer en el euro, y sin decirnos como él evitaría el rescate y si el rescate es imparable como anuncia desde Bruselas su compañero de partido Joaquín Almunia.

O sea, unapaso hacia delante y dos atrás, luego dos adelante y otro para retroceder, uno a la izquierda con IU en Andalucía y otro a la derecha con los nacionalistas. Quiere estar en la misa y repicando las campanas, contentar a todos y exhibir su discurso un tanto marrullero de profesional de la política y del poder, sin sentido de Estado, sin épica, con trucos y habilidad, mueve las manos con un astuto prestidigitador: nada por aquí, nada por allá, donde está la bolita, y habla como aquellos antiguos vendedores ambulantes de las plumas estilográficas, las mantas y crecepelos, diciendo sin decir nada concreto y hablando como si él tuviera el exclusivo don del conocimiento de todo –sabe de todo- e incluso y el patrimonio de la verdad.

Curiosamente, no sabemos si por mimetismo o contagio, en algo de toda esa ambigüedad –a la gallega- se parece mucho a Rajoy, aunque la diferencia estriba en que Rajoy no dice casi nada, salvo obviedades para despistar, y huye de todos los problemas gordos –rescate, Cataluña, Aguirre-, mientras que Rubalcaba habla de todo y de nada al final y como decía el lepero ya no sabes si tú le debes dinero al Banco Coca o si el Banco Coca te lo debe a ti. Por no decir no dijo si se va a presentar de candidato del PSOE en las próximas elecciones generales. Naturalmente el cree que si, pero no lo quiere destapar, porque piensa que eso le abriría la caja de los truenos en el PSOE, ya bastante ruidosa con los del PSC y la Chacón, a la que ve en secreto y no saluda en público porque se lo impiden los fotógrafos (sic). De lo contrario le habría dados dos besazos y la habría invitado a cenar.

El concierto económico catalán
Pedro de Hoyos Periodista Digital 18 Septiembre 2012

Esto de la independencia fue siempre algo inmaterial, algo propio de los espíritus y no de los bolsillos. Nadie buscó la independencia por cuestiones económicas sino emocionales, no me imagino a Viriato negociando con el enviado de Roma a cuánto le salía cuarto y mitad de independencia. Si por esa regla de tres fuera, Daoíz y Velarde se habrían tomado una cañas con los gabachos y Agustina de Aragón habría puesto una oficina junto a la plaza del Pilar para negociar con Napoleón.

Pero en éstas llegó Artur Mas y le puso precio a Cataluña: “Si no me dais un concierto económico como el de los vascos os monto una independencia de tres pares, así que ya vais aflojando la pasta, españoles.” El problema es que este tipo de políticos nunca tiene bastante, hoy te chantajean con el concierto económico y mañana te ponen en un brete por el agua del Ebro que es un río catalán que nace en las castellanas tierras de Reinosa porque los catalanes nacen donde se les pone. Nunca se frenan: ahí tienen a los nacionalistas vascos presionando más allá del concierto, dejando la independencia para otro momento más conveniente, que ahora toca hablar de las pelas del IVA.

El problema es que el PP siempre anduvo meneándole las enaguas a CiU hablando catalán en la intimidad cuando le convino a Aznar. Y el PSOE ni siquiera tiene partido en Cataluña y ha dejado sus decisiones a otro partido, supuestamente hermano, que dio tipos como Pasqual Maragall, más próximo a planteamientos de Esquerra que del PSOE.

Estos partidos, que dicen ser nuestros defensores y amantísimos protectores, están, estarán, es sólo cuestión de tiempo, a un canto de un duro de ceder a cualquier presión con tal de que les dejen gobernar los despojos que vayan quedando. Si llevan casi 40 años haciéndolo ¿por qué íbamos a esperar otra cosa? Y esas cesiones, recuerden que siempre hablamos de dinero puro y duro, las va a pagar usted, estimado lector.

Usted, que tiene la fortuna de vivir en una comunidad de segunda clase para que no hiciese sombra a las “históricas”; usted que no vive en Castilla, sino en Castilla y León, o Madrid, o Castilla-La Mancha para que CiU votase afirmativamente la Constitución; usted que no tiene AVE o que lo va a tener más lento, más inseguro y más incómodo; usted, que está orgulloso de ser español; usted, que se aguanta con lo que le echen y no protesta “para no meterse en política”… usted, sí, usted, va a tener que conformarse con lo que otros diseñen y el PP y el PSOE traguen mansamente con tal de seguir mandando.

Ese concierto que Cataluña terminará por tener (¿por qué Castilla no puede tenerlo? ¿Quién es más histórica?) va a salir de sus bolsillos vía impuestos. Y a usted se lo venderán los grandes partidos como un gran avance y una enorme ventaja. Manda cataplines.

@pedrodehoyos

Esperanza Aguirre
EDITORIAL Libertad Digital 18 Septiembre 2012

La trayectoria política de Esperanza Aguirre está marcada inequívocamente por la defensa firme de sus convicciones liberales y de la Nación. Estos principios han sido para Aguirre innegociables, y a ellos se ha entregado durante tres décadas de carrera política. Frente a la tesis dominante en la derecha española, y particularmente entre los dirigentes del Partido Popular, Aguirre ha demostrado que el combate ideológico no quita votos. Muy al contrario, la presidenta madrileña deja la política después de haber sido la senadora más votada en la historia democrática y de haber convertido al PP en una fuerza más que hegemónica en la Comunidad de Madrid, desterrando al PSOE a la marginalidad política. Una evidencia empírica que tristemente ha sido depreciada en la zona noble de Génova, donde el gurú Arriola impone esa política meliflua e insustancial, la no-política en definitiva, que Mariano Rajoy ha llevado hasta el paroxismo.

Claro que es condición imprescindible para librar la batalla con la izquierda el estar convencido de la superioridad moral del liberalismo. Esto es lo que ha convertido a Esperanza Aguirre en una política singular, en una derecha, la española, acomplejada y siempre dispuesta a pedir perdón a la izquierda por existir. La propia Aguirre lo expresaba con meridiana claridad en uno de sus discursos más brillantes, pronunciado en el año 2008, el del célebre "No me resigno". Pero no hablamos solo de retórica. Aguirre dice adiós cuando es probablemente el gobernante español con mayor respaldo popular, y la Comunidad de Madrid es hoy, de largo, la región más libre y próspera de España. El filósofo liberal Karl Popper dijo una vez que la relación entre libertad y prosperidad era una "maravillosa coincidencia". Madrid es un ejemplo de ello.

El inesperado anuncio de la dimisión de Aguirre ha supuesto un terremoto político de enorme magnitud. Nadie, ni siquiera en el partido o el entorno de la presidenta, se esperaba la noticia. Aguirre no ha querido profundizar en las razones de su marcha. Tampoco ha querido achacarla exclusivamente a su estado de salud, sino que ha preferido hablar de "razones personales", lo que ya ha dado lugar a todo tipo de especulaciones. A nadie se le escapa que su relación con Mariano Rajoy no es buena, y sus desacuerdos con el Gobierno de la nación eran cada vez mayores, como quedó de manifiesto con la subida del IRPF y del IVA, la cuestión autonómica o la excarcelación de Bolinaga, por poner tres ejemplos de la máxima relevancia. Tiempo habrá para conocer cuáles son las razones de tan drástica decisión.

La dimisión de Aguirre es una mala noticia para España y para la causa de la libertad. Más en la difícil situación de crisis económica y, sobre todo, nacional e institucional que vivimos. Pero, como ha escrito el presidente de esta Casa, hay que seguir en la batalla, defendiendo los principios e ideas que ella ha defendido con tanto brío. "Dejar de luchar por la libertad supondría que Esperanza Aguirre no se va sino que ha fracasado. Y no lo ha hecho". Claro que no, lo saben especialmente sus enemigos, de dentro y de fuera del PP.

"No se fracasa en la lucha por la Libertad", ha afirmado Federico Jiménez Losantos, y demostrado con su sobresaliente ejecutoria la presidenta Aguirre. Aquí no vamos a perder las ganas ni la esperanza.

Esperanza Aguirre, furibundamente liberal
Javier Montilla www.lavozlibre.com 18 Septiembre 2012

Periodista y escritor

Querida Esperanza Aguirre Gil de Biedma,

A servidor, como a todo el mundo, también le ha sorprendido tu repentino adiós. Pero no puedes imaginarte la alegría que me invade al saber que ya no estarás enfrente combatiendo. En verdad, estamos tan poco acostumbrados a que un político se retire cuando está en la cúspide, que cuando alguien lo hace la conmoción es razonablemente normal. Rara avis dentro de la casta política española, que aspira en no pocos casos a pastar en el presupuesto público.

Déjame decirte, Esperanza, que has sido decididamente valiente al encarar asuntos muy peliagudos y sin complejos a la hora de defender tus ideas. Esto, muchas veces me ha dejado sin capacidad de reacción, sin recursos y sin aliento. En verdad, te confieso que, durante años, hice todo lo que pude para impedir que fueras la líder nacional. Ya di las órdenes pertinentes a Ferraz y a Génova para hacer lo imposible por impedirlo. Pero tú, en vez de bajar la cabeza ante el mantra archiconocido de la hegemonía y la supremacía moral del socialismo, has reclamado que, por mucho que lo demonicen, es el liberalismo el que crea prosperidad. Y también en el ámbito cultural. No en vano, Madrid se ha convertido en paradigma de la libertad de creación sin que los sistemas públicos intervengan hasta llegar a la asfixia. No te resignabas a ello, como para mi pesar, dijiste sabiamente en un fantástico discurso. Ya estaba bien de mendigar perdón por pertenecer al credo liberal. El único camino que había para ello era dar la batalla de las ideas y presentar pequeños logros, esos que todos juntos, crean la mejor carta de presentación de un ideario.

Como bien decías, para ti el liberalismo significaba que los ciudadanos sin recursos primero llegasen a la dignidad y luego a la prosperidad. Justo lo contrario que el socialismo, que sólo aspira a la igualdad. Liberalismo clásico, querida Esperanza, como por ejemplo que todos alumnos de Madrid aprendan en colegios bilingües, incluso aquellos que, económicamente, no se lo pueden permitir. Puro liberalismo. Hoy Madrid, esa comunidad ultra intervenida por el socialismo de los 80, supera ya en casi todos los indicadores económicos a Cataluña, la antiguamente región más rica. Y la tasa de paro en la Comunidad de Madrid está seis puntos por debajo de la media nacional. Ese es tu legado, querida Esperanza.

Y por eso, porque creías firmemente en tus principios, nunca aceptaste el paradigma socialista, ese ideario que habla de justicia social y que, al final, es una máquina de generar pobreza y paniaguados. Ya lo decía Hayek, el socialismo es el camino a la servidumbre. Por eso, a buen seguro, hoy algunos sindicalistas estarán brindando por tu marcha. En cierto modo, has sido de las pocas dirigentes políticas que osaste a plantarles cara en lo ideológico y en lo económico. Hoy se alegrarán todos aquellos que creen en los paraísos terrenales, como la Cuba de los Castro, de la que tú fuiste una de sus máximos azotes y de las pocas que apoyó a los disidentes cubanos en España. Y hoy, seguramente brindarán todos aquellos que jamás entendieron tu genuino liberalismo que bebía de las mismas fuentes de las Cortes de Cádiz de 1812 y que era inherente al patriotismo, ese al que Charles de Gaulle definía como amor a su país, asunto bien opuesto al nacionalismo, al que combatías sin miramientos.

Sólo hay que ver cómo hoy se alegran los antiliberales de izquierdas y derechas, que por mucho que no se lo crean, se asemejan mucho más de lo que ellos se imaginan. Y si no, recuerda la campaña que te dedicó cierto periódico de Madrid vinculado a la izquierda. El mismo que te acusó de espionaje y de montar una gestapillo para espiar a Manuel Cobo, otrora vicealcalde de Madrid. Caso que, como bien sabes, se archivó por falta de pruebas. Ni por esas pudieron derrotarte, querida Esperanza. Esos cobardes que intentan ganarte en la calle o en los despachos han sido incapaces de ganar donde hay que ganar, en las urnas. Y mira que mis instrucciones eran claras al respecto. Acabar contigo, por derribo.

Lo he intentado, Esperanza, pero no lo he conseguido. He intentado tentarte para que cedieras ante mis fieles servidores, esos que por activa y por pasiva han jugado a destruirte. Pero he fracasado. Y ya lo decía Kennedy, el éxito tiene muchos padres, pero el fracaso es huérfano. Estoy convencido de que la política en general y los españoles en particular te echarán mucho de menos. Por fortuna para mí, se va un bastión de la libertad. El camino está más despejado.

Siempre tuyo, Belcebú.

Esa insana adhesión a los partidos
Juan M. Blanco www.vozpopuli.com 18 Septiembre 2012

Pocos fenómenos de las últimas décadas han resultado tan decepcionantes como la falta de una adecuada respuesta ciudadana a ese reino de abuso, arbitrariedad y desafuero, instaurado por nuestra clase política. Por el contrario, demasiadas personas han venido mostrando una vehemente identificación con alguno de los partidos, o tendencias políticas dominantes, descargando su desasosiego y frustración sobre los “contrarios” mientras excusaban o disculpaban los desmanes cometidos por los “propios”.

Durante bastantes años, el trasvase de votos entre los partidos mayoritarios fue muy escaso, permitiendo a estas formaciones retener una gran masa estable de votantes, con independencia de la gestión llevada a cabo. Desgraciadamente, estas inquebrantables adhesiones al partido raramente se debían a notables coincidencias individuales con el supuesto ideario de la formación sino a un mero impulso instintivo, carente de razonamiento, que acababa desembocando en esa perniciosa dinámica del “nosotros frente a ellos”.

Se trata de esas pulsiones internas que conducen a forjar la propia identidad mediante la conciencia de pertenencia a un grupo, sea ésta formal o simplemente percibida, en firme contraposición a aquéllos no considerados miembros. Se exageran así las diferencias entre propios y ajenos, asignando toda suerte de virtudes y cualidades a los correligionarios, mientras se degrada a los extraños.

Esta dinámica, fomentada desde el poder, contribuyó a desviar la atención de los manejos y tropelías de los partidos, enfrentando a muchos ciudadanos entre sí. En lugar de promover una identificación racional con los partidos, basada en coincidencias programáticas, la clase política española favoreció un tipo de adhesión puramente emocional, apelando de manera directa o indirecta a los impulsos más primitivos del ser humano.

La escenificación de un falso conflicto partidario
El debate político fundamentado en ideas fue sustituido muy pronto por la escenificación de un conflicto impostado entre los partidos, en el fondo inexistente, con intercambio constante de descalificaciones y frases altisonantes pero huecas, sin significado alguno desde el punto de vista racional pero conducentes a azuzar las emociones de sus respectivos partidarios, a impulsar esa adhesión instintiva y a animar el enfrentamiento con los seguidores del partido contrario. Cuanto más intenso se percibiese el conflicto partidario y su polarización, más probable sería que los sujetos reflejasen comportamientos grupales, no individuales ni racionales, conduciendo, tal como denunció Ortega, a la degradación de los individuos a la condición de masa.

Así, fue desapareciendo la discusión política racional y se sustituyó por el eslogan, las etiquetas, los prejuicios, las consignas, las frases hechas y los lugares comunes, evitando en todo momento el debate reposado de los asuntos importantes. La política se redujo a un diálogo de sordos entre fanáticos seguidores de equipos de fútbol rivales, mientras la crítica de fondo se difuminaba y trivializaba en una cansina barahúnda de increpaciones, desprecios y descalificaciones mutuas. Como consecuencia, muchos autoidentificados con un partido, no comparten realmente sus propuestas y planteamientos programáticos, frecuentemente porque las desconocen.

El sistema de listas cerradas, con voto a partido y no directamente a un candidato, propició esta identificación malsana con símbolos o siglas, más allá de lo que se esconde detrás. Al impedir a los votantes considerar individualmente a cada candidato, y discernir así sus cualidades personales o profesionales, se favoreció el traslado de la atención al terreno de lo puramente simbólico.

Por su parte, los medios de comunicación convencionales contribuyeron a este proceso a través de su poco disimulada implicación partidista, su mayor inclinación a la propaganda que a la información y su denodada afición a difundir constantemente estereotipos sin contenido explicativo alguno. Así, incidieron con frecuencia en los aspectos más emocionales de la política, alabaron sistemáticamente a algunos líderes y partidos, mientras denostaban a otros, y ocultaron casi siempre la corrupción y los desmanes que, trascendiendo la órbita de un partido, se iban extendiendo, como un cáncer, por todo el sistema.

La crisis cambia la identificación con los partidos
Por suerte, la presente crisis ha favorecido una reducción apreciable de esta adhesión irracional de los ciudadanos a los partidos mayoritarios. Cuando las dificultades económicas se muestran con toda crudeza y el desempleo acecha, menos personas se muestran dispuestas a ofrecer su apoyo inquebrantable a unas formaciones bastante más centradas en la defensa de intereses particulares que en el bienestar de los ciudadanos.

Pero esta caída de la adscripción partidista no se habría producido de manera homogénea en todo el espectro político. Mientras los oligarcas que usan el desgastado y tramposo discurso izquierda-derecha parecen haber perdido bastante predicamento, aquellos caciques que manipulan a través de ese peligroso y falso discurso identitario-victimista, repleto de inventados agravios y forzadas transferencias de responsabilidad, podrían haber aumentado el tamaño y fanatismo de su parroquia.

Debería señalarse con más frecuencia que una sociedad libre y abierta necesita una mayoría de ciudadanos dispuestos a mantener un criterio propio, a permanecer siempre críticos ante el poder y a resistir con decisión frente a los manipuladores de emociones. Unos electores que apoyen a un partido si defiende con claridad y firmeza aquellos principios con los que se identifican pero nunca a aquéllos dirigidos por una camarilla de oportunistas esgrimiendo un puro pragmatismo con el que trampear el día a día, mientras dedican la mayor parte del tiempo a mantener o acrecentar su poder e influencia. Unos ciudadanos que, sin renunciar a sentimientos y pasiones, se esfuercen por mantenerlos alejados de sus criterios políticos, en guardia permanente contra la propaganda y los prejuicios. Conscientes, en definitiva, de que la participación en una verdadera democracia requiere dedicación, tiempo y esfuerzo.

Quiero la independencia
EDURNE URIARTE ABC  18 Septiembre 2012

En democracia, ni siquiera la mayoría es requisito suficiente para la pretensión de legitimidad. La exigencia planteada debe ser conforme a la legalidad

YO también quiero la independencia. Sobre todo, la fiscal, como los nacionalistas catalanes. De hecho, me podría conformar con un nuevo pacto fiscal con el Estado consistente en una significativa reducción de mi aportación a la solidaridad con el resto de españoles. Aún más, exijo un control total sobre mis impuestos. Ya determinaré yo misma el monto definitivo de mi aportación a la solidaridad. Y después de todo eso, seguramente no renunciaré a mi deseo de independencia política, lo que me permitirá, entre otras cosas, una nueva formulación de las leyes conforme a lo que me parezca más oportuno y un control total de las instituciones que vayan a regular mi vida.

Ese es el problema democrático de la exigencia de la independencia y de la reivindicación del pacto fiscal. Que su legitimidad no es ni mucho menos evidente ni clara. Más bien todo lo contrario. Y es el primer punto de debate que debe ser aclarado en esta nueva andanada por la independencia que vuelve e desestabilizar el sistema político español. Definitivamente aclarado, sin tanto complejo respecto de los nacionalismos étnicos y sin tanta confusión sobre la correspondencia entre la existencia de una mayoría y la legitimidad.

En democracia, ni siquiera la mayoría es requisito suficiente para la pretensión de legitimidad. Además, la exigencia planteada por esa mayoría debe ser conforme a la legalidad y su contenido debe respetar los derechos, normas y principios básicos del sistema democrático. De ahí que no haya manera de aprobar, por ejemplo, un pacto fiscal para el pago de un 5% de nuestras ganancias en impuestos, reivindicación que sumaría, ciertamente, una amplia mayoría.

Y, en el caso de la reivindicación independentista, tampoco la mayoría está clara. Todas las encuestas realizadas desde la Transición con la pregunta sobre las fórmulas territoriales más deseables (véanse todas las de CIS) han registrado unos porcentajes de independentistas catalanes siempre por debajo del 25%. Los altos porcentajes de independentistas de hasta el 50% en otras encuestas recientes con nuevas formulaciones diferentes de la pregunta tradicional tendrán que ser contrastadas en futuras encuestas para comprobar que se haya producido realmente el extraordinario fenómeno politológico de un cambio tan enorme de posición en un período brevísimo de tiempo. O más bien se ha tratado de una respuesta influida y condicionada por cuestionarios elaborados alrededor del pacto fiscal y las consecuencias de su rechazo por parte del Estado para muchos catalanes. Y no es cierto que, repentinamente, haya muchos más independentistas catalanes que vascos.

Pero si ese cambio se ratificara, habrá que recordar que no hay legitimidad ni legal ni histórica para esa independencia. Y que los efectos sobre el conjunto del sistema pueden ser catastróficos. Si Cataluña puede ser independiente, ¿por qué no cada uno de sus territorios respecto de Cataluña? Por ejemplo. Una vez alterados los consensos básicos de la Constitución desde un punto neurálgico del sistema como es ese, todas las rupturas son posibles. Con consecuencias incontrolables para todos, incluidos los propios nacionalistas catalanes.


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Evasión independentista
Kepa Aulestia en La Vanguardia  18 Septiembre 2012

La manifestación de la Diada por un Estado catalán dentro de Europa y su posterior vindicación por parte de Artur Mas han situado dicho objetivo en la ambigüedad de lo que no se sabe si ha de ser conquistado o construido. Si debe ser logrado de golpe en el momento propicio –pongamos que en la Diada de 2013– o gestado paulatinamente. El anuncio de que Catalunya se dispone a emprender su propia transición evoca el inicio de un éxodo al carecer de una vía pautada para el desenganche definitivo respecto al resto de España. Un éxodo que pretendería arribar a la meta fijada con la normalidad que brindaría la irreductibilidad de su actual estatus institucional y de poder. Se trataría de que Catalunya se desligase de España permaneciendo dentro de Europa sin que ello perjudicara a corto plazo a la economía o a la sociedad para beneficiarlas a plazo medio. Claro que al carecer de una vía pautada para llegar a la independencia, tampoco existe un contrato que estipule las condiciones de la adhesión ciudadana a dicho objetivo, fijando sus costes generales y el precio que cada catalán deberá abonar para acceder al estadio final que la historia depararía a la nación. Además, por mucho que se desdramatice el tema, sería ingenuo o pretencioso esperar que el Estado constitucional y la Unión Europea pongan facilidades a un proceso de secesión, o reclamarlas como parte del derecho que asistiría al independentismo unilateral.

La Diada indujo una comunión sin precedentes entre el independentismo, el nacionalismo convergente y el catalanismo de izquierdas que no se dio en las consultas populares. El éxito de la convocatoria generó adhesiones sobrevenidas. El encuentro del president Mas con los promotores de la manifestación del 11 de septiembre reflejó todo eso. Aunque resulte dudoso que la impaciencia de unos y el pragmatismo de otros hayan podido sellar una entente duradera, el Govern de la Generalitat ha conseguido que la autodenominada Assemblea Nacional Catalana (ANC) no se movilice por ahora urgiendo a los convergentes a que vayan más allá del Estatut constitucional, pero al precio de verse fiscalizado por los intérpretes extraparlamentarios del independentismo.

La efervescencia soberanista relega a un segundo plano los ajustes que viene impulsando Mas, la deuda pública que acumula la Generalitat, su necesidad de recurrir al Fondo de Liquidez Autonómica (FLA), e incluso la eventualidad de que se vea abocada a requerir un rescate total. El argumento del déficit fiscal y financiero que soporta Catalunya permite alentar el supuesto de que la independencia o, en su defecto, el pacto fiscal resolverían de una vez todos esos problemas devolviendo a los catalanes lo que España les debe en justicia. Pero la cosa no es tan sencilla, ni mucho menos. Resulta elocuente que ni siquiera los más entusiastas del independentismo se muestren optimistas al respecto. La llamada de Mas a resistir es todo un anuncio de los sacrificios que entraña conquistar o construir un Estado propio. Un Estado propio es mucho más costoso que el mantenimiento de las actuales estructuras de la Generalitat. Resulta improbable que, iniciada la transición catalana, el Gobierno central se avenga a equilibrar con urgencia la balanza financiera con Catalunya, más allá de la aplicación del FLA. Los catalanes no emprenderían el camino hacia la independencia con la imagen de prosperidad emprendedora que ofrecían hace unos años, sino con el lastre de una deuda pública y privada insostenible. Independizarse supondría salirse del euro para solicitar inmediatamente el ingreso en la moneda única, lapso temporal que incrementaría las exigencias de recorte presupuestario.

El deseo de independencia de la mitad más uno de la población no presupone la existencia de una voluntad política de una magnitud análoga. Pero visto el curso reciente de los acontecimientos y lo improbable del entendimiento con Rajoy, la mínima coherencia política obligaría a Mas a disolver el Parlament para convocar elecciones constituyentes, llamadas a aprobar una declaración unilateral de independencia por parte de la nueva Cámara catalana. Claro que eso desencadenaría una confrontación tan descarnada con el Estado constitucional que conduciría a un soberanismo tan fáctico como endeudado. A un Estado identitariamente propio pero financieramente inviable. El principio de realidad invitaría a afrontar lo más urgente que es, además, lo importante: dotar a la Catalunya autónoma de la solvencia financiera precisa para mantener un mínimo Estado de bienestar en la perspectiva de incorporarse al crecimiento en el año 2014. Es el inconveniente de haber emprendido un éxodo tan evasivo.

Federalismo y Artur Mas
Ricardo Chamorro www.elsemanaldigital.com 18 Septiembre 2012

El electorado del PP está expectante para comprobar la firmeza de Rajoy ante Artur Mas

La gran baza de la izquierda frente al separatismo crispado de los últimos días es, al parecer, incidir en un sistema federal para España.

Tanto en Euskadi como en Cataluña los socialistas de Patxi López o de Pere Navarro, maketo y charnego respectivamente según argot nacionalista, plantean como alternativa al separatismo el cambio del Estado hacia una estructura federal que, según ellos, respete las identidades vasca o catalana.

Yo, al contrario que ellos, considero que el problema del Estado español con el separatismo no tiene tanto que ver con la forma político-administrativa o con razones puramente económicas, sino con algo tan sencillo como la lealtad institucional hacia la nación española. El fracaso del sistema autonómico tiene claramente dos responsables y se llaman nacionalismo vasco y catalán. Podríamos añadir también como responsable del fracaso a la dejación en defensa de la nación española de quien tenía el deber político de defenderla en el gobierno de España y no de considerarla un concepto discutible o discutido.

Los estados federales como Alemania o EEUU parten de una premisa muy sencilla que es el sentirse parte de una nación a la cual se subordinan por el bien común, entendiendo el sistema federal como algo beneficioso administrativamente que garantice la igualdad.

Me da la sensación que lo que planteen los socialistas, tanto en Euskadi como en Cataluña, no se llama federalismo al uso, que como tal debería garantizar la igualdad, sino quizás federalismo asimétrico tal y como planteó Maragall o con-federalismo, consolidando la desigualdad y dando a estas regiones de España el carácter de naciones frente a una España que no sería más que una especie de Unión Temporal de Estadillos para el beneficio de ciertos privilegiados.

El viaje a Madrid de Artur Mas
Arturo Mas viene este jueves a Madrid a pedir un pacto fiscal a Rajoy y sino amenaza con la separación. El presidente de la Generalidad solicita un privilegio que ya tiene Navarra o Euskadi que le hace sentirse agraviado.

Ciertamente Más tiene razón ¿Porque unas regiones tienen un concierto económico que las asimila a pequeños paraísos fiscales dentro de la nación española, cuando la unión fiscal europea va por el sentido contrario? ¿Cuál debería ser la respuesta de Rajoy?

Evidentemente la respuesta de Rajoy debería ser que los privilegios fiscales vascos y navarros se tendrán que ajustar con la nueva unión fiscal europea y que no tiene sentido un nuevo pacto fiscal en los momentos en los que se encuentra Europa que tiende a la igualdad de sus ciudadanos. Que unidos en la nación española podremos salir de la crisis y que el gobierno catalán se debería centrar en cumplir los objetivos de déficit como el resto de los españoles. Que cualquier iniciativa separatista o desleal será atajada aplicando la Constitución y el Estado de Derecho. Y que las algaradas separatistas están comprometiendo la recuperación de Cataluña y España que están indisolublemente unidas por la ley, la historia y las propias circunstancias sociales desde el nacimiento de Cataluña como condado en épocas medievales.

Veremos que ocurre este jueves en Madrid
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La leyenda artúrica
Javier G. Ferrari La Razón 18 Septiembre 2012

Decía Baroja que el nacionalismo se curaba viajando, pero eso era antes. Ahora no tiene cura porque sus líderes estan aprovechando el caldo de cultivo de la crisis para manipular a los ciudadanos que viven instalados en la frustración permanente.

Con el estómago vacío es mucho más fácil jugar con los sentimientos y desviar la atención del verdadero problema que acucia a Cataluña y a España entera, y que no es otro que una recesión brutal y una tasa de paro inasumible. Hace una semana, en Barcelona, salió a la calle una cantidad más que significativa de personas que querían, sobre todo, expresar su descontento. De ahí a colegir que Cataluña está pidiendo a gritos la independencia hay un trecho que sólo se puede recorrer si CiU termina de echarse al monte sin medir las consecuencias.

La impresión es que Artur Mas ha cruzado la línea roja y se ha convertido en prisionero de sus palabras. La escenografía posterior a la manifestación, con la senyera y la bandera de la UE, forma parte de la leyenda artúrica (de Artur Mas, no del Rey Arturo). Ni Cataluña puede apelar a la historia para reivindicarse como nación, ni la UE sería su refugio de manera automática. Eso es algo que deben saber los catalanes. Una Cataluña independiente tendría que ponerse a la cola de quienes llevan años llamando a la puerta de Bruselas. Eso es algo que Mas y los suyos se callan.

Menos mal que el president de la Generalitat al menos ha reconocido que el cansancio, la fatiga, es algo de ida y vuelta, y que pertenece por igual a los catalanes y al resto de los españoles. Entre estos últimos está también el presidente español, a quien Mas va a pedirle el pacto fiscal, es decir, pasta pura y dura, pasado mañana. El president debe saber que ese dinero que reclama es para seguir solidariamente en España, y no el pago de un divorcio.

Las mentiras de Otegi
El Editorial La Razón 18 Septiembre 2012

La llamada izquierda abertzale está en campaña electoral en el País Vasco y uno de sus responsables, Arnaldo Otegi, encarcelado en la prisión de Logroño, ha dejado entrever la parte más evidente de su estrategia: la pesca de votos en el caladero tradicional del PNV, sin los cuales sus opciones se reducen drásticamente. Cualquier otra interpretación sobre las disculpas de Otegi a las víctimas del terrorismo etarra carece de importancia porque no nacen del arrepentimiento sincero, sino del puro cálculo político. Contienen, además, dos falsedades en sí mismas.

La primera, cuando el batasuno afirma que militó en ETA durante la época de Franco, cuando es más cierto que fue condenado en 1979 por su participación en un secuestro, es decir, dos años después de la Amnistía General concedida por el Gobierno de la Nación.

La segunda, cuando trata de limitar el daño causado a «su posición política», falacia que no resiste el menor análisis. Arnaldo Otegi, como han sentenciado los tribunales de Justicia, pertenecía y pertenece a la organización terrorista etarra y debería ser en calidad de tal como tendría que pedir perdón a sus víctimas. Es la habitual ceremonia de la confusión a la que tan acostumbrados nos tiene el terrorismo vasco. Trampas dialécticas que ya no engañan a nadie. Cualquier petición de perdón exige la firme intención de reparar en lo posible el daño causado, que ha sido mucho, colaborando con la Justicia en el esclarecimiento de todos los crímenes de ETA aún sin resolver y mediante el pago de las indemnizaciones correspondientes. Lo demás, es seguir causando dolor a sus víctimas y al resto de la sociedad.

No hay, pues, más que la búsqueda del rédito político en las palabras de Otegi. Es el pistoletazo de salida de la campaña electoral abertzale que viene malamente tocada por el espectáculo de las marchas y la extorsión en el caso del etarra Bolinaga y a la que los batasunos pretenden dar un giro «moderador» que atraiga a sus filas al sector más soberanista del nacionalismo vasco, que, sin embargo, debe ser perfectamente consciente de las consecuencias que tendría para la estabilidad del País Vasco un gobierno en el que los proetarras, que no ha renunciado al marxismo-leninismo autogestionario, tuvieran un peso decisivo.

En estas circunstancias, es imprescindible que los partidos democráticos vascos trasladen a los electores los riesgos de creer en una repentina conversión del mundo abertzale que no pase por el reconocimiento del inmenso daño causado, la condena sin paliativos de la violencia y la clara exigencia a la banda etarra de que se disuelva y entregue las armas.

Otegi, el terrorista
Benjamín López www.elsemanaldigital.com 18 Septiembre 2012

Arnaldo Otegi ha sido, es y me temo que será toda su vida un terrorista. Esta afirmación, indiscutible para muchos, se pone cada vez más en duda desde ciertos sectores políticos y mediáticos que hacen campaña casi indisimulada por la puesta en libertad del cabecilla batasuno. Campaña que inició, cómo no, Rodríguez Zapatero cuando ensalzó "el discurso por la paz" de Otegi. ¡Qué vergüenza! Ahora se da un paso más en esa campaña y se nos trata de vender a bombo y platillo su supuesto arrepentimiento y petición de perdón a las víctimas.

Recordemos esas palabras de Otegi, que forman parte de un adelanto propagandístico de su próximo libro: "...decir que si en mi condición de portavoz (y hablo en nombre de todos los portavoces de Batasuna) he añadido un ápice de dolor, sufrimiento o humillación a las familias de las víctimas de las acciones armadas de ETA, quiero pedirles desde aquí mis más sinceras disculpas, acompañadas de un lo siento de corazón"

Para empezar, la duda le delata: "...si he añadido un ápice de dolor, sufrimiento o humillación". Sólo en una mente depravada, deformada y terrorista cabe la duda de si la muerte de un familiar, las heridas y secuelas de por vida, pueden producir dolor.¿Qué clase de animal se puede plantear siquiera eso?

Para seguir, la petición de "sinceras disculpas" y un "lo siento" resultan un agravante. ¿Disculpas, lo siento? Uno se disculpa cuando pisa al que lleva al lado en el autobús o dice "lo siento" si se retrasa unos minutos en una cita. Pero cuando asesinan a tu padre, a tu hijo o a tu hermano, una petición de "disculpa" suena ofensiva. En esos casos, si el arrepentimiento es sincero, no se puede decir un simple "lo siento", hay que implorar el perdón, incluso de rodillas si llega el caso, y no esperar ser perdonado.

Para terminar, el vocabulario proetarra, le condena. "Acciones armadas". Así es como llama este desgraciado a, por ejemplo, la mutilación despiadada de una niña llamada Irene Villa, el asesinato por la espalda de Alberto Jiménez Becerril y su esposa y el tiro en la nuca a Miguel Ángel Blanco. "Acciones armadas", dice el muy cobarde.

No hay por dónde coger estas palabras de supuesto arrepentimiento que, sin embargo, son jaleadas nada más y nada menos que por el mismísimo lehendakari, que prefiere ver en ellas un avance "en la dirección correcta". ¿En qué dirección? Probablemente Francisco Javier López Álvarez, alias "Patxi López", se refiere a la campaña orquestada para lograr la excarcelación de Otegi. Campaña que Patxi ya ha respaldado en otras ocasiones, sin ir mas lejos cuando soltó aquello de que la condena a Otegi por el caso Bateragune producía "sorpresa y frustración". Sin comentarios.

Lo cierto es que Zapatero, Patxi López, Eguiguren y otros muchos obvian un pequeño detalle. Otegi ha sido y es un terrorista. No es que lo diga yo, lo han dicho una y otra vez sus actos y sus palabras y lo han ratificado los tribunales. Aquí están los hechos:

1.- Antes de pasarse a los despachos, el Otegi joven fue un terrorista de los de capucha y pistola, huido a Francia y condenado por secuestro de un empresario, delito por el que pasó unos cuantos años entre rejas.

2.- Nada más salir de prisión dejó el gatillo y se pasó a hacer terrorismo desde los despachos y los mítines, como portavoz de la organización ilegalizada Batasuna. Recordemos que Batasuna está considerada por los tribunales como parte de la estructura de ETA, brazo político de la organización terrorista.

3.- Ha sido condenado y ha cumplido condena por enaltecimiento del terrorismo.

4.- Otegi continúa siendo miembro de ETA, delito por el que permanece en prisión. La Audiencia Nacional le consideró integrante de la banda en grado de dirigente, pero el Supremo rebajó su categoría en la estructura etarra a la de simple miembro, es decir, simple terrorista.

5.- Tiene pendiente el juicio por el caso de las Herrikotabernas en el que el fiscal pide para él 12 años de prisión por pertenencia a banda armada.

Otegi, insisto, es un terrorista, por mucho que ahora vaya de Mandela por la vida. Ojalá me equivoque, pero hay muchos indicios, precedentes y Bolinagas que indican que es probable que pronto le veamos en la calle y que la historia le describa fraudulentamente dentro de unos años como un hombre que luchó por la paz en el País Vasco. La campaña político-mediática para que eso suceda es muy grande. Pero eso ya se lo dijo la madre del asesinado Joseba Pagazaurtundua a Patxi López, "cerrarás más veces los ojos y dirás y harás muchas más cosas que me helarán la sangre, llamando a las cosas por los nombres que no son". Nada más que añadir.



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