AGLI Recortes de Prensa   Jueves 20 Septiembre 2012

La pobreza como fracaso de la política económica de Rajoy
Juan Laborda www.vozpopuli.com 20 Septiembre 2012

Diez meses después de la investidura de Rajoy, todos los indicadores económicos, financieros y sociales han acelerado su deterioro. El crecimiento interanual se sitúa en el -1,3% frente al -0,5% de finales del año 2011; el empleo desciende a un ritmo interanual del 4,6% en comparación con caídas del 2,9% a finales del año pasado; la remuneración de los asalariados disminuye respecto al año anterior a tasas del 3,9% frente a descensos del 1,3% al cierre de 2011; la prima de riesgo ha pasado de niveles alrededor de 300 puntos básicos a los 450 actuales; nuestra bolsa es la peor del mundo occidental; y así un sinfín de cifras.

Ello es ampliamente percibido y soportado por la ciudadanía, que sitúa a los gobernantes españoles, en una encuesta paneuropea publicada hace dos semanas, como los que peor están gestionando la crisis económica, por debajo incluso de Grecia y Portugal. Quien elaboró el estudio para España fue la Fundación BBVA, nada sospechosa de cualquier intencionalidad política.

Sin embargo, la frialdad de estos datos oculta una realidad todavía peor. La pobreza vuelve a instalarse en nuestro país con toda su intensidad. A los informes de Caritas, UNICEF, que ya detallamos en su momento, se une el último documento de Save The Children. Según éste la pobreza infantil ha aumentado de manera alarmante en nuestra querida España y se sitúa ya entre el 24 y el 26%, afectando seriamente tanto a la alimentación como al rendimiento escolar de los menores. Según especificó la portavoz de dicha ONG se han detectado problemas de nutrición entre los menores españoles y advierte de que ya en el mes de junio, "había niños cuya única comida en el día era la que hacían en el comedor del colegio". ¡Porca miseria!

Quiebra de la cohesión social
El gobierno de Rajoy en solo diez meses ha demostrado que carecía de una hoja de ruta para enderezar los problemas económicos y sociales que devoran nuestra querida España. La verborrea, la improvisación y, sobre todo, la ignorancia supina sobre los males económicos que afligen a nuestro país, son las señas de identidad del ejecutivo de Rajoy.

Las élites de nuestro país han impuesto la austeridad económica para mantener sus privilegios. Son los ciudadanos quienes están pagando en última instancia los excesos de estas castas a través de recortes salariales, aumentos de impuestos, y un deterioro sin parangón en nuestra historia reciente de los servicios públicos básicos, como la salud y la educación. Como consecuencia se está produciendo una quiebra social de tal intensidad, que al final, y como consecuencia lógica, se trasladará a una profunda conflictividad. Mientras, los parásitos responsables de la quiebra del sistema de rositas. Se trata de una pura y dura lucha de clases.

Además de los intereses de la clase dominante, son las cuestiones ideológicas las que marcan la política económica del actual gobierno. Sus ideólogos económicos se encuadran dentro del “pensamiento único” o “consenso de Washington”. Lo que ellos presentan como verdades indiscutibles, en realidad reflejan juicios de valor, alimentados por la ideología dominante, la suya, la neoliberal. Veámoslo.

Todas las reformas Rajoy, papel mojado
La política presupuestaria, a través de la Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2012 y las medidas urgentes para la corrección del déficit público de finales de 2011, la reforma del mercado laboral, y la tres reformas del sistema financiero, constituyen los pilares básicos de la política económica del ejecutivo del PP. En el mejor de los casos son fruto de una tremenda improvisación, y de un profundo desconocimiento de cuál es el problema real de la economía española. Y como tal acaban finalmente siendo papel mojado.

A la semana de presentar el nuevo presupuesto hay que restar 10.000 millones más. Tras la primera reforma financiera Guindos llegó una segunda, después el rescate bancario, y ahora la tercera reforma, centrada en el banco malo, que por supuesto no duden que acabaremos pagando ustedes y yo. El rescate de nuestro sistema bancario supone una socialización en toda regla de las pérdidas privadas de unos depravados.

Pero lo peor son las consecuencias de tanta chapuza. El crecimiento económico en 2012 entra en caída libre, hay una reducción neta de empleo en lo que llevamos de ejercicio de más de 800.00 puestos de trabajo a tiempo completo, las rentas salariales desciende de manera imparable, y además se hunde la riqueza. Todo ello se traduce en un aumento sin parangón de los índices de pobreza. En este contexto da igual cual es el coste neto de la deuda, al no haber crecimiento económico la expansión de la deuda es explosiva e insostenible.

Diagnóstico y propuestas erróneas del equipo Rajoy
El gobierno aún no ha entendido lo que es una crisis de deuda privada. Si el problema de la economía española, como venimos advirtiendo en este blog, es la deuda privada, y como corolario la insolvencia bancaria, por qué narices se opta por restricciones fiscales o ajustes salariales. Por cuestiones dogmáticas, ya que el reconocimiento de que el problema actual de la economía es la deuda privada y la insolvencia bancaria supondría poner de manifiesto el vacío intelectual y el escaso soporte empírico de la mayoría de las teorías macroeconómicas y microeconómicas bajo las que las elites políticas y económicas actuales se educaron. Pura cuestión de supervivencia. Sin embargo, tendrán que reciclarse. Háganme caso, sin acritud, monten un “conference call” con Richard Koo, economista jefe de Nomura, y a la sazón uno de los mayores expertos en recesión de balances, y Willem Buiter, economista jefe de Citi, para que les ofrezcan una teórica de dos días sobre las consecuencias de su política económica.

En esas hipotéticas clases, les deberían explicar que en la actual crisis económica, la flexibilidad de precios y salarios que tanto cacarean en el entorno de Rajoy es desestabilizadora. En vez de ayudar a enderezar la economía hacia el pleno empleo, en realidad reduce la demanda efectiva (paradoja de costes). La economía es dirigida por la demanda y no por las restricciones que dependen de la oferta.

También les sugerirán que es totalmente falso que un aumento del ahorro público y privado genere un aumento de la inversión y actividad económica, y baje los tipos de interés. Al revés, hunden la actividad económica, disminuyen los ingresos fiscales y las rentas de empresas y familias. Como corolario surgen dudas sobre la solvencia final de nuestra economía (paradoja del ahorro).

Señor Rajoy, sólo hay dos procedimientos para restaurar la solvencia de nuestra deuda: o la austeridad, o una reestructuración ordenada de las mismas. Como advierte Willem Buiter, “no tenemos mucha experiencia sobre la voluntad de los electores en tiempos de paz de soportar años de austeridad, crecimientos económicos negativos, y aumento del desempleo, pero eso es lo que se conseguirá, salvo que se opte por una reestructuración de la deuda, pública y privada”.

Si el saneamiento del sector financiero se hace sin tocar a acreedores, y a cargo de los contribuyentes, como ustedes pretenden, y además no se produce ninguna reestructuración de la deuda de familias y empresas no financieras, aunque sea mediante un alargamiento de los plazos de pago, el Estado no podrá lograr los objetivos de déficit presupuestario, según el calendario fijado, ni siquiera a través de durísimos ajustes.

Estados Unidos
Obama amenaza a Europa
GEES Libertad Digital 20 Septiembre 2012

Obama llegó a decir que la crisis europea dificultaba la recuperación económica americana. La realidad es la contraria. Recientemente el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, dio a entender que gran parte de la incertidumbre que pesa como espada de Damocles sobre la revitalización europea procede del denominado abismo financiero al que se van a asomar los americanos a fin de año. Vencen las rebajas impositivas de Bush y cobran vigor los recortes indiscriminados en el gasto, con fuerte incidencia Defensa.

Sea quien sea el presidente, en una elección que promete ser reñida, resultará crucial la composición de la Cámara de Representantes y el Senado. El uso de la expansión monetaria para compensar una política presupuestaria y regulatoria desastrosa no rinde más frutos, y la llegada al mismo tiempo de las facturas de ésta y del estímulo obligará a recaudar mucho más. Por un lado Bernanke, que acaba de lanzar su cuarta ronda expansiva al grito de "¡Chatarrerooo!", pues compra casi cualquier activo tóxico, sostendrá la economía hasta los comicios de noviembre. Pero ha acumulado en su balance casi tres billones de dólares. La mayoría de esta inmensa impresión de dinero ha servido para financiar los descomunales déficits federales de los tres últimos años, cuya media es el PIB español. Un 77% de la nueva deuda emitida por USA en 2011 la compró su banco central. Uno de cada seis dólares de deuda nacional está en manos de Bernanke, proporción superior a la de finales de la II Guerra Mundial. En algún momento la Fed tendrá que recoger las velas de esta liquidez.

La inflación hasta ahora generada por el petróleo, las materias primas y los otros países que usan el dólar no se ha manifestado todavía en USA. Cuando lo haga, los intereses, que están al 0% desde hace dos años –desincentivando el ahorro necesario para la inversión–, subirán con ganas, incrementando el déficit. Pero la economía que ha sostenido esta irresponsabilidad se resume así: crecimiento del 2% con una inflación equivalente, paro estabilizado encima del 8%, 46 millones de personas que reciben subvenciones para comer –hace cuatro años eran sólo 30 millones– y la población activa menos numerosa desde 1981.

Obama propone solucionarlo a costa de los ricos. Pero el 1% más holgado de la población ya paga el 37% de los impuestos sobre la renta, mientras el 50% no contribuye. Acaso prevalezca otra mayoría –en el Ejecutivo, en el Legislativo o en ambos– que reduzca impuestos expandiendo la base de contribuyentes, promueva la estabilidad monetaria, liberalice el comercio, controle el gasto y reforme los programas del estado del bienestar y disminuya las regulaciones. De no ser así, la debacle estaría asegurada.

Es triste que el país ejemplar de Occidente haya caído tan bajo, pero las elecciones tienen consecuencias, como dijo Obama al líder republicano la primera vez que rechazó llegar a acuerdo alguno con sus adversarios. Aunque Europa hiciera bien sus ajustes y acertase en su unificación económica, un Obama desbocado la haría descarrilar.

Ideas básicas
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 20 Septiembre 2012

A estas alturas de la película no es posible incrementar la presión fiscal porque ya está en niveles confiscatorios.

Mientras se multiplican las voces que en España y fuera de España instan al Gobierno a solicitar el temido y a la vez deseado rescate, el presidente del Eurogrupo, Claude Juncker, ha afirmado que si este hecho se produce, se nos exigirán medidas adicionales de ajuste "muy duras", así como "reformas estructurales". El ministro de Economía, por su parte, ha declarado que no harán falta más recortes y que a final de mes se anunciaran iniciativas para estimular el crecimiento.

Si se analizan las políticas aplicadas desde que se inició la crisis hasta hoy, primero por el Ejecutivo socialista y después por el del PP, se observa que han consistido en reducir salarios públicos, subir impuestos directos e indirectos, darle un tajo notable a la inversión en infraestructuras y en I+D, sanear el sistema financiero y liberalizar algunos mercados como el laboral o el comercio. Estos esfuerzos y sacrificios no han conseguido recuperar la confianza internacional en nuestra economía ni cumplir los objetivos de déficit ni tampoco revertir la evolución del paro, además de deprimir apreciablemente el consumo.

Las aguas no se han calmado hasta que el Banco Central Europeo no ha manifestado su disposición a comprar masivamente deuda española siempre y cuando nuestro Gobierno solicite formalmente ayuda a Bruselas, lo que iría acompañado de nuevas exigencias, la famosa "condicionalidad". A estas alturas de la película no es posible incrementar la presión fiscal porque ya está en niveles confiscatorios -el propio Rajoy reconocía hace unos días paladinamente que hace lo mismo que Hollande-, tampoco se puede apretar más a los funcionarios ni tocar unas pensiones ya congeladas sin provocar la rebelión de la calle, ni ahorrar significativamente en otras partidas de los presupuestos de la Administración central.

Por consiguiente, sólo queda un movimiento ambicioso y valiente que permitiría reducir sensiblemente el gasto y probablemente salvarnos del rescate. Se trata, como es bien sabido, de la transformación a fondo de la estructura territorial del Estado para taponar la gigantesca vía de agua autonómica. Curiosamente, la partida de transferencias a las Autonomías es la única que no baja en las previsiones. Ahí seguimos y ahí seguiremos en tanto no se quiera entender la verdadera naturaleza de nuestro problema. A algunos nunca se nos podrá reprochar el no haberlo advertido por activa y por pasiva hasta la extenuación.

Cataluña
El órdago soberanista de Mas
Emilio J. González Libertad Digital 20 Septiembre 2012

En un intento a la desesperada por tratar de conseguir el pacto fiscal, el presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha lanzado un órdago soberanista ante el que Rajoy debe mantenerse firme y sin titubear en la negativa a conceder a Cataluña ese trato de privilegio con relación al resto de España. A estas alturas de la película, los españoles ya no podemos seguir admitiendo chantajes y más chantajes de los nacionalistas catalanes, y más cuando lo que subyace detrás de todo el asunto del pacto fiscal es la incapacidad del presupuesto catalán de allegar los recursos suficientes para financiar los servicios públicos y, además, todos los gastos vinculados o con el nacionalismo o con el clientelismo político que ha mantenido a CiU tantos años en el poder. Es más, lo que hay que hacer a partir de ahora es empezar a desvelar todo aquello que los dirigentes nacionalistas ocultan a la población catalana cuando hablan de que la independencia no solo no tendría coste para Cataluña sino que, incluso, sería una bendición. La negación más obvia de esta línea de pensamiento es que si las cosas fueran, en efecto, como dicen Mas y sus corifeos, Cataluña hace tiempo habría intentado claramente dejar de ser parte de España.

Pero concretemos por qué las cosas no son como dicen los convergentes.
Primero, la cuestión de la Unión Europea. Mas amenaza con que Cataluña se independizará de España y añade que, en ese caso, el Principado seguiría siendo parte de la UE. Nada más lejos de la verdad. La normativa comunitaria es muy clara al respecto: quien se independiza de un país, sale también de la UE; precisamente porque nadie quiere que se produzcan los movimientos secesionistas con que sueña el señor Mas.

¿Qué implica separarse de España y, por tanto, de la UE? Pues la pérdida de las ayudas europeas a la agricultura catalana, que tanto se beneficia de ellas, y, sobre todo, la reaparición de los aranceles con España y con la UE. Dicen los seguidores de Mas que esto último no tiene importancia, porque aprendieron la lección después del boicot al cava y diversificaron sus ventas a través de las exportaciones. Pero lo cierto es que para la mayor parte de las empresas catalanas el mercado español sigue siendo su primer destino, y no digamos ya si de lo que hablamos es del mercado comunitario. Con la independencia, ya pueden decir adiós a todo eso. A todo eso y a las multinacionales instaladas en Cataluña para poder acceder desde allí al resto del mercado español, porque se irán a las primeras de cambio; si no lo han hecho ya, que muchas lo han hecho. ¿De qué va a vivir entonces una importante parte del sector empresarial catalán, especializado en producir bienes y servicios para dichas multinacionales? En consecuencia, a la independencia le va a seguir la ruina económica y una gravísima crisis social.

Con lo de seguir con el euro sucede tres cuartos de lo mismo. De acuerdo con la normativa comunitaria, ningún Estado que no forme parte de la UE puede emplear el euro como moneda propia si no lo ha acordado así con la Unión; aquí hay muchos considerandos de gran importancia, desde el impacto sobre la política monetaria del BCE a las obligaciones del mismo para con esos Estados, pasando por la posibilidad de falsificación de monedas y billetes. A una Cataluña independiente la UE le puede prohibir utilizar el euro, y entonces Cataluña tendría un problema con la gestión de su moneda. Pero, incluso aunque se lo autorizase, el declive económico que padecería podría ser tan grande que, al final, la propia Cataluña podría no aguantar la convivencia con una moneda fuerte, al igual que les ha sucedido a Grecia y a Portugal.

Todo esto, y mucho más, es lo que tiene que perder Cataluña si se marcha de España. Por ello, Rajoy debe mantenerse firme ante el órdago soberanista de Mas.

Reunión Mas-Rajoy
Independencia financiada
José T. Raga Libertad Digital 20 Septiembre 2012

¿Qué tendrá Cataluña, o qué tendrá Mas –también lo tuvieron Pujol y Montilla–, para que algunos pierdan el buen tino? ¿Está el Gobierno español tan proclive a las finanzas de las demás autonomías como lo está a las de Cataluña, o es que la amenaza resulta eficaz?

España es un país de sobresaltos y de situaciones que generan alarma social: unas veces porque los delincuentes no cumplen las penas a las que se les sentenció –privación de libertad–, y otras porque los fundamentos económicos y el compromiso de equidad nacional se menoscaban por amenazas que, de cumplirse, nada alterarían, pues hay experiencias históricas, no lejanas en el tiempo, que así lo confirman.

El escenario se repite. El presidente Mas llega ante el Gobierno de la Nación revestido de arrogancia y alardeando de mala educación. Es una muestra de su incapacidad para distinguir lo que se puede y lo que no se puede hacer en un mundo que se pretende armónico. El tono es el de siempre: el del chantaje. Un chantaje materializado en el referéndum independentista, la agencia tributaria catalana y la amenaza de convocatoria electoral. Ah, y no está dispuesto a participar en la rueda de prensa informativa en Moncloa: seguramente, porque al estar en un país extranjero se siente demasiado presionado.

Reconozco que nunca he disfrutado de esas cualidades políticas que permiten a algunos comulgar con ruedas de molino, o aceptar, con la mejor de las sonrisas, los carros y carretas de los compañeros de viaje. Por ello, ante un hecho semejante, si yo fuera el presidente del Gobierno español no habría dudado en anular la cita, por causas de mala educación y falta de respeto a los modos y al protocolo.

Me preocupa, por ello, una información que preferiría no fuese cierta. Al decir de la nota informativa, el presidente del Gobierno estaría dispuesto a ofrecer a Mas financiación adicional, pero no pasaría por el independentismo ni por la agencia tributaria propia. Que ahora, ante el chantaje, el señor presidente ofrezca financiación adicional a la Generalidad es tanto como reconocer que la que ha manejado hasta el momento no era la que les correspondía; es abundar en el argumento malintencionado de la explotación abusiva que España hace de Cataluña. El Estado, sencillamente, no puede inclinar la cerviz ante uno de sus órganos territoriales. Esto provocaría fundada alarma social.

Cataluña no se saciará, cualquiera sea el obsequio que se le ofrezca. Ese fue el argumento perverso cuando Zapatero prometió a los catalanes que tendrían el estatuto que quisieran. Con eso quedarán contentos para siempre, pensó el necio estadista. Cuando el hijo pródigo se arrepiente de su vida dilapidadora acude, con humildad y sin exigencias, a la presencia del padre. El caso del pródigo Mas es muy distinto: la humildad y petición de clemencia las sustituye por la arrogancia y el chantaje. ¿Caben, pues, las contemplaciones?

La verdad es que no entiendo nada.

Una crisis nacional que no se quiere atajar
José Luis González Quirós El Confidencial 20 Septiembre 2012

Los españoles nos encontramos en uno de los peores momentos de nuestra historia contemporánea, a punto de despertar de lo que empieza a parecer el final de un sueño, relativamente largo, de libertad y prosperidad, ahogado repentinamente en deudas impagables y en una inaudita bunkerización política. Nuestra escasa propensión a la autocrítica (“la culpa es siempre de los demás”) nos lleva a adoptar dos conductas aparentemente contrarias, pero cuyos efectos más negativos tienden peligrosamente a entrar en fase, a potenciarse en un ciclo muy destructivo.

Por una parte, atribuimos la responsabilidad a los elegidos, que han conducido de manera tan escasamente brillante nuestro destino a este despeñadero; por otra, no acabamos de ver cuáles son las razones precisas de este extravío, y no nos atrevemos a identificar las oportunas correcciones, lo que nos lleva a un derrotismo sin matices o a intentar una huida hacia adelante, cuya más patética plasmación probablemente sea la salida independentista, una habilísima manera de apagar el fuego con gasolina, de pedir más madera, mientras se desguaza implacablemente el tren que nos lleva.

Al concluir que el sistema ha fracasado, esperamos absurdamente un plácido naufragio que nos arroje a costas de esperanza. Más o menos, eso es lo que algunos piensan del rescate, que vendrá Merkel a salvarnos de nosotros mismos. El largo período del franquismo nos acostumbró a obedecer, a esperar a ver qué pasaba. Fue contra esa extraña pasividad contra la que previno, bastante inútilmente, don Julián Marías recomendando que no preguntásemos qué iba a pasar sino qué habríamos de hacer. Pese a que hayamos mejorado algo, en ocasiones damos la impresión de ser curiosamente incapaces de escoger nada intermedio entre el quietismo y la guerra civil.

Nuestra cultura barroca, ese largo momento de nuestra historia que nos separó claramente del main stream de la cultura europea, nos ha convertido en una nación capaz de soportar con aparente calma unas representaciones políticas sin apenas argumento, de autor anónimo y nulo interés, un escenario en que sobran los clones, los que repiten su monserga, y en el que escasean los personajes capaces de decir aunque sea una sola frase a título propio. Y encima, sobrados como estamos de líderes, hizo mutis doña Esperanza.

No es extraño que sobreabunde el lenguaje fatalista, la solución única, una verborrea medio tecnocrática medio piadosa, a la que se entregó tanto el anterior Gobierno, depuesto por las urnas, como, de manera harto inexplicable, el que salió de las elecciones de hace menos de un año. El magma político resulta tan espeso que hasta el Rey se ha sentido en la necesidad de decir un par de cosas ligeramente oblicuas y genéricas, apenas nada. Una muestra más de que seguimos, como en la España de Quevedo, temiendo que se haya de sentir lo que se dice, en lugar de decir lo que se siente.

La diferencia con otras ocasiones es que gran parte del público está ya completamente convencido de que, además de errores varios que se pueden evitar y que privadamente se están corrigiendo, hay un auténtico contubernio, una liga vituperable como lo define el DRAE, de los grandes partidos del sistema para que no se toque nada de lo que a ellos afecta y se siga recortando todo lo demás, al margen de cualquier consideración de racionalidad, de justicia o de libertad política. Se llega a hablar incluso de lo intocable, empleando un lenguaje de castas que resulta obsceno. La nación se desangra, todo se hunde, la gente ha de marcharse fuera como en los años del hambre, pero ni se habla de repensar el fastuoso momio de los beneficiados.

Algún gran partido pagará muy caro este descarado enfrentamiento con las esperanzas de sus electores, con las razonables expectativas de un cambio político que se ha esfumado al minuto siguiente del discurso de investidura, pero los órganos de los partidos siguen celebrando sus peculiares ceremonias como si la normalidad fuese inalterable, como si el velo más opaco les ocultase al escrutinio público, cuando ya todos nos hemos dado cuenta de que están desnudos, de que carecen por completo de patriotismo, de ejemplaridad, de imaginación y, por supuesto, de valentía moral y espíritu cívico.

Mientras tanto, los españoles aguantan como pueden y padecen el increíble desparpajo con que pretenden aprovecharse de la desgracia común algunos de sus más señeros responsables, esos figurones sindicales que ignoran la crisis parapetados en indecentes canonjías, incapaces siquiera de idear un pareado que no sea sonrojante. Para nuestra desgracia, el horizonte se achica y, ante la ausencia de liderazgo, solo nos queda la resignación, la vergüenza y la pérdida de soberanía. Estamos de nuevo en Cánovas, en que son españoles los que no pueden ser otra cosa: los independentistas exigen financiación para salvarse a nuestra costa, y hasta es posible que haya quien se lo facilite.
*José Luis González Quirós es analista político

Artur Mas
Una nación
Emilio Campmany Libertad Digital 20 Septiembre 2012

Cuando un dirigente político se pone a construir una nación, es conveniente que sea serio, pues si no se corre el riesgo de hacer el ridículo. Mas está en esa tesitura. Ninguna nación que aspire de verdad a serlo se conformaría jamás con un pacto fiscal. De hecho, el PNV nunca lo ha hecho en nombre del País Vasco, a pesar de disfrutar desde hace treinta años de lo mismo que Mas ha venido a pedir a Madrid. Ninguna se conformaría con ser encajada de un modo más o menos conforme con sus aspiraciones en una Constitución extranjera, por comprensivo que fuera su texto con esas aspiraciones.

Si los nacionalistas catalanes están de verdad convencidos de que Cataluña es una nación, pueden exculparse diciendo que todos los chantajes hasta ahora cometidos no eran más que movimientos tácticos a la espera de alcanzar la mayoría en la región. Bien, ya tienen esa mayoría. ¿A qué esperan? ¿Para qué siguen pidiendo dinero? ¿Para exasperarnos al resto y que deseemos más esa independencia de lo que la desean ellos mismos? Eso ya lo han conseguido.

Si Mas creyera de verdad que Cataluña es una nación, no habría venido con el cuento del pacto fiscal, un invento para que los empresarios catalanes puedan hacer sus enjuagues con la hacienda catalana como los empresarios vascos los hacen con las haciendas forales y que la Agencia Tributaria no pueda decir ni mu. Pero eso son los empresarios. Se supone que Mas, más allá del dinero, cree en Cataluña como nación. Y una nación, con eso, no tiene ni para empezar. Si de verdad Mas creyera que Cataluña es una nación, habría venido a Madrid a pedir la reforma de la Constitución para que los catalanes pudieran decidir si querían o no seguir siendo españoles y amenazar con proclamar unilateralmente la independencia si no se le ofrecía un cauce legal para hacerlo. En vez de eso, viene y dice que hay que adaptar la Constitución. Por mucho que la adaptáramos, seguiría siendo la Constitución española. Ese adjetivo sería un corsé demasiado estrecho para cualquier nación, si es verdad que Cataluña lo es.

Llevan treinta años pidiendo con la amenaza de separarse. Eso incluye que parte de la Constitución no se aplique en Cataluña, especialmente en lo que se refiere a la lengua, pero no sólo en eso. Ha llegado el momento en que no se les puede dar más, por ser groseramente inconstitucional, como ocurre con el pacto fiscal; y sobre todo porque nos hemos convencido de que da igual, de que, se les dé lo que se les dé, siempre querrán más. De forma que ha llegado igualmente el momento de demostrar si de verdad son una nación o no. Que proclamen la independencia, y ya veremos los catalanes que no la quieren y los demás qué hacemos. Quizá nada. Quizá mucho. Pero eso, si de verdad son una nación, no debería preocuparles, especialmente a Artur Mas.

Desafío secesionista
Sí es el momento (de la verdad)
Cristina Losada Libertad Digital 20 Septiembre 2012

Del Rey abajo se ha dado en responder a las últimas maniobras de Artur Mas con un "¡No es el momento!". Tras la entrevista, lo ha vuelto a decir la dirigente del PP catalán: "No es el momento de aventuras". La aventura, escribió Chesterton, "es por naturaleza algo que nos sucede. Es algo que nos escoge a nosotros, no algo que nosotros escogemos". Del momento podemos decir lo mismo. Justo porque el momento de España no está para rupturas, inestabilidades y movidas es por lo que el nacionalismo catalán cree que ha llegado su momento. Su gran momento, que igual no ven otro mejor en cien años. Es precisamente porque España sufre una crisis extrema y anda alicaída por lo que el nacionalismo cree que puede lanzarse al asalto a cara descubierta. La debilidad de uno siempre es la fortaleza de otro.

Cuando estepaís era una fiesta, no faltaba de na y las Administraciones repartían con largueza era más difícil convencer a la gente de que España resultaba mal negocio. El nacionalista andaba, cómo no, con su memorial de agravios y su lista de la compra, pero las cosas marchaban y a ver cuántos iban a jugársela a la ruleta por un asunto de sentimientos. Sin embargo, cuando no hay dinero ni trabajo, qué fácil es para demagogos tan expertos recoger lo que han sembrado y aun aumentar la cosecha. "España nos roba" adquiere entonces un sentido muy concreto. Es el quirófano que cierra, la prestación que se reduce, el sueldo que baja, la empresa que quiebra. Y nada de eso es culpa del gobierno autonómico, ¡por favor!, sino del expolio: Cataluña da y no recibe.

Del Rey abajo dicen a los nacionalistas catalanes que "no es el momento" como se le notifica al niño que ahora no se puede acceder a su capricho, pero quizá sí más adelante. Se les pide un aplazamiento. Y lo gracioso es que les exhortan a estar quietos y moderarse porque España pasa por un grave trance. Hombre, si por eso se mueven. Por eso aceleran. Cuanto peor es la condición de España, más propicia para el nacionalismo. A lo que contribuye, como tras el Desastre del 98, la percepción de fracaso y la eclosión de autodesprecio. Puede que no se den cuenta en la Zarzuela, en Moncloa y en la calle Urgell, o que prefieran quitarle hierro. Pero, al contrario de lo que vienen diciendo, este sí es el momento.

De Mas a Menos
Javier Orrico Periodista Digital 20 Septiembre 2012

Corremos el serio riesgo de que Cataluña no se nos independice de una vez. El rostro compungido de Mas en su aparición de hoy como jefe de un estado extranjero así parece revelarlo. No era la faz alegre de un capitán almogávar conduciendo sus ejércitos hacia la nueva Neopatria, sino el de algún Capitán Araña dispuesto a abandonar la nave tras haber embarcado a los suyos, acaso el gesto estreñido de un fabricante de calcetines que ha perdido un pedido. Tampoco es que Rajoy les haya dicho que no, ni que haya deshecho, una a una, las razones separatistas, los engaños melifluos de una casta de comisionistas al 3% que sueñan con ser los jefes únicos de la empresa. Eso sería demasiado para la Esfinge. Lo único que les ha dicho es lo propio de un burócrata: vuelva usted mañana.

Pero si en verdad, después de esto, los separatistas catalanes no tienen un auténtico plan y emprenden su marcha para siempre, entonces es que no son más que el pueblo pequeño de un país pequeño con sueños pequeños que siempre sospechamos, aunque alguna vez consiguieran engañarnos y hacernos creer que eran algo más que una agrupación nostálgica de viajantes de embutido. La verdad es que yo ya me había hecho la ilusión. Pasar dulcemente los pocos años que me queden de vida sin el run-run de vascos y catalanes. Como si después de haber vivido siempre junto a unos vecinos chantajistas, ricos sin clase, envidiosos, engreídos y ruidosos, uno pudiera acomodarse junto a una familia sueca, por ejemplo, de la que no se escuchara otra cosa que el deslizarse del cuchillo sobre el salmón. Cosas así hacen la felicidad.

Artur Mas
Sesión continua
José María Albert de Paco Libertad Digital 20 Septiembre 2012

El nacionalismo no sería nada sin los símbolos. Sin banderas, himnos ni enemigos, quedaría reducido a mera superstición, a una salva de bravatas cuarteleras. Por eso, porque no se funda en otro principio que la casualidad, en el hecho fortuito de haber nacido aquí en lugar de allí, requiere una ingente labor escaparatista. A eso, a rendir la senyera en una casa regional, ha ido Artur Mas a Madrid. Sin casa regional, sin senyera y, sobre todo, sin esa jerga crepuscular con que entretiene a su audiencia, las imágenes nos devolverían a un viajante de paños con ínfulas de estadista.

"Cataluña se siente nación", ha dicho sin inmutarse, ignorando la evidencia de que las naciones, cuando son de verdad, no han de explicarse a sí mismas. Entre otras razones, porque ni sienten ni padecen. Aunque, cómo reprocharle nada. Cómo, si el mismo Estatuto de Cataluña proclama gallardo que el Parlamento de Cataluña, "recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía de Cataluña, ha definido Cataluña como nación de manera ampliamente mayoritaria". No, la indigencia intelectual de Artur Mas es inseparable de la que trasluce esa ley de leyes y anima las gestas del pueblo, ya fiado de forma inexorable al efecto embriagador de la consigna antiespañola. Se nota, se siente.

Con todo, la escena del viajante despechado quedaría incompleta si no viéramos también la que, unas horas antes, había protagonizado el expresidente Pujol frente a los restos mortales de Santiago Carrillo. Ahí está, la mano derecha en el rostro, como palpándose el asombro, quién sabe si meditando la certeza de estar ante el final del viaje. También él fue un hombre de la Transición, y a ese clavo se agarra para airear una vez más, ay, el relato de esa España que no pudo ser. La teatralidad brinda fantasías inexpugnables. O acaso Pujol, a esas horas, se fajaba en el papel de Ramoneta.

Cataluña, ¡¡Iros a la mierda!!
Juan Vicente Santacreu Estrella Digital 20 Septiembre 2012

Hace muchos años conocí por motivos personales y en primera persona a la familia Jiménez de Valencia. Era una familia normal, con sus más y sus menos, de clase media pero venida a más, sobre todo cuando sus tres hijos se pusieron a trabajar. Jose, el más pequeño trabajaba en una fábrica, Elena de 22 años en una boutique y Fernando, después de haber estudiado empresariales, trabajaba en una conocida multinacional. Buen sueldo y muchos “humos”.

La familia Jiménez no podía pedir más, lo tenían casi todo excepto el concepto de núcleo familiar. Me refiero a ese circulo invisible que aferra a todos los miembros de una familia y que les hace actuar como si fueran un sólo elemento. Las discusiones de los Jiménez eran constantes, incluso yo presencié muchas, y siempre por el mismo tema, el puñetero dinero.

Fernando era siempre la chispa discordante que encendía la mecha. Desde que trabajaba en esa multinacional, siempre rezaba el mismo sonsonete y las mismas amenazas, “si no me dais más dinero, me voy de casa”. Pero aquella noche explotó la bomba. A mitad de la cena y en plena discusión, Fernando dijo “Yo soy el que más dinero gana, el que más aporto a la casa y necesito más dinero para cambiar de coche y si no, me voy de casa que con lo que gano tengo de sobra”.

Esa noche nos quedamos todos a mitad cenar, inclusive yo que era el invitado. Mi amigo Jose Antonio, -el padre- se levantó de la silla y pegando un puñetazo en la mesa que hasta la lámpara del techo tembló y mi plato tres puestos a la derecha se corrió, exclamó: ¿Tú te vas de casa?, ¡¡NO, tú te vas ya!!

El silencio del comedor fue interrumpido por Fernando para aclarar con voz suave, “papá, creo que es lo mejor, mañana cogeré mis cosas y me iré”. El padre que estaba “disparado” continuó gritando, “tu no coges una mierda, tu te vas ya, ¡¡malnacido!!, tres años aguantando tus amenazas, tres años sangrando a tu familia mientras tus hermanos y tus padres hemos pasado todo tipo de privaciones para que estudiaras una carrera, ¡¡ malnacido!!”.

El final de la historia es muy triste, han pasado 10 años y el circulo familiar se rompió. Fernando y su novia aún no se han podido casar, pues no calcularon bien que con su sueldo, aunque era muy bueno en el seno de la familia, no era suficiente para comprar toda la infraestructura que requiere otro núcleo familiar.

La madre tuvo menos calzones de mierda que lavar, y todos en general descansaron de tantas amenazas, es más, se dieron cuenta que el que más aportaba era el que más gastaba, así que vivieron casi igual pero como una familia de verdad.

Dicen que la ausencia de un bastardo no rompe una familia, así que después de tantos años de dar por culo los catalanes, creo que es lo mejor y sin puñetazos que se vayan a la mierda.

Es cierto que no todos los catalanes son iguales, hay dos tipos; los independistas gritones y los callados que miran para otro lado. A mí ninguno de los dos tipos me van, o que hablen ya o que callen para siempre. Para no ser injusto, lo sé, hay una minoría de catalanes que se sienten españoles repartidos por España, que hacen simplemente lo que pueden; sobrevivir.

Siempre he defendido la unidad de España pero creo que ya está bien, lo de Cataluña es como discutir con imbéciles. Esto no tiene solución. Que se vayan de verdad, pero ojo, que se vayan sin “mariconadas”, nada de Estado Federal, y mucho menos de Estado Asociado, que esta música me la sé yo: “me voy de casa pero llevo los calzones de mierda a que los lave mi madre”. Aquí independientes para todo.

A partir de ahora seguro que escuchamos a más de cuatro imbéciles hablar de un proyecto español de estado federal. Ellos no lo entenderán, -porque son imbéciles- pero el resto de ciudadanos seguro que comprenden que varios estados se unen para formar un Estado Federal, pero nunca un estado se desune para volverse a unir en un federalismo.

¡¡Que se vayan de una “puta” vez!!, que sepan lo que cuesta tener un ejército, tener embajadas de verdad, que traguen polvo y tierra al ver cómo sus productos se los tienen que meter con vaselina, que tengan su propia moneda, “El Catalufo”, que comprueben que su catalán solo sirve para ir a por pan y no vale una mierda en Europa y que Cataluña separada de España es tan sólo una cagada de mosca en el mapa. Y de paso, el puerto de Barcelona lo podrán reconvertir para pescar. Sobre el Barcelona C.F. podrán pagar a los jugadores con “Catalufos” y jugar todos en 3ª regional. ¿Seguimos?.

Aviso a navegantes, si algún catalán piensa que en España hay políticos de mierda y que un día no vetarán la entrada de Cataluña en al UE, les digo que tiene razón, en España tenemos muchos gilipollas dirigiendo la política y si hoy han soltado a Bolinaga, un día propondrán la entrada de Cataluña en la UE, pero lo que no saben los unos y los otros es que Francia nunca aceptará esta adhesión pues sería el comienzo para reclamar desde dentro la secesión de la Cataluña francesa o en el caso de los Vascos, las Vascongadas francesas.

¡¡Claro que se puede vivir fuera de la UE!!... y sin poder desplazarse laboralmente por al UE. Claro que se puede vivir sin multinacionales que evidentemente se irán por no pagar aranceles extracomunitarios, claro que se puede malvivir.

Con toda esta nueva estructura de país y como España ya no será un Reino, pues la Casa Real que se vaya a la ciudad Condal, o de nuevo a Italia o a Grecia que también tienen casa. De todas formas para lo que ha servido el Rey que no movió un dedo por mi hija ni por millones de niños que no pueden estudiar en español en España, pues mejor una República que sale más barata.

Sobre la Camacho y toda su Panda Pepera (PP) o Partido Prostituido, como ustedes prefieran y que tantos guiños han hechos al catalanismo que se han quedado tuertos persiguiendo el español en Cataluña, Valencia, Baleares y Galicia... todos juntitos a Cataluña, a preparar los papeles de la independencia, porque vosotros no sé si os vais, pero ya somos muchos españoles los que queremos que os vayáis. ¡¡Traidores PPeros!!.

Sólo ha faltado ver hoy a Rajoy como ha recibido a Arturo Más en la Moncloa con los mismos honores que se recibe a un estadista extranjero, con su bandera presidiendo la reunión. ¿Pero no son los dos españoles, que coño pinta esa bandera?. Sólo ha faltado verlos acompañados de un traductor.

Y puestos a reformar y aprovechando que El Traidor Rajoy quiere hacer un “Banco Malo”, pues de paso que cree un “Estado Malo” y toda la escoria ahí metida para sanear el resto de España. Y ya de paso, solo nos queda crear un “Partido Malo” para meter a tanto “hijo de puta” que nos está robando, arruinando y humillando.

Así que como yo no me llamo Rajoy y como estoy harto de vuestras amenazas, de que queméis banderas, de que nos humilléis continuamente y como ya no aguanto más a Arturo Mas, ni a la “Puta” ni a la “Ramoneta”, iros todos a la mierda.

Así lo pienso y así lo digo

El próximo archivo del "Chivatazo a ETA".
Vicente A. C. M. Periodista Digital 20 Septiembre 2012

Hay una noticia que puede que pase desapercibida para la mayoría de los ciudadanos, pero que dada su importancia merece que los medios de información, cumplan e informen sobre lo que yo entiendo como un intento de aprovechar el ruido para camuflar el archivo del caso más vergonzoso de colaboración con banda terrorista. Por supuesto que me refiero al caso del chivatazo a ETA, o del Bar Faisán. El juez Ruz, que heredó el caso después de la expulsión de la carrera judicial de Garzón, acaba de dar por concluida la "investigación",. Una investigación extendida en el tiempo por orden expresa del Pleno de la Sala de lo Penal que revocó su auto de procesamiento de los tres mandos policiales imputados.

Durante este tiempo de prórroga, el juez Ruz ha encargado varios informes adicionales, en concreto uno a la Guardia Civil, que parece dar los suficientes indicios inculpatorios que se ponían en duda por el Pleno de la Sala de lo Penal de la Audiencia nacional. El caso es que esta vez es el juez quien quiere asegurar el procedimiento y le pide a la Fiscalía que se pronuncie si se debe procesar nuevamente a los imputados, o que se archive la investigación o se hagan diligencias adicionales. La patata cae de lleno en una Fiscalía que en poco tiempo tiene ante sí otra difícil papeleta en la que pronunciarse tras el fiasco del caso Uribetxeberria Bolinaga.

Mi intuición, o más bien los poco esperanzadores precedentes, me lleva a pensar que en este trueque mezquino de favores y trapicheos en la rendición ante la ETA, el chivatazo va a quedar impune, no ya por la incapacidad de señalar a los actores concretos, sino también por no haber conseguido dilucidar las responsabilidades políticas del que entonces era el máximo responsable del Ministerio de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, actual Jefe del partido de la oposición que gobernaba durante estos deleznables hechos, el PSOE. Y luego vendrá Rajoy diciendo que acata las sentencias y respeta las decisiones judiciales. ¡No faltaría más!

El caso es que pasa el tiempo y la Justicia se muestra impotente para que exista de verdad y merezca la confianza de los ciudadanos. Una vez más, triunfa el delito sobre la Ley. Y eso solo puede tener una explicación lógica, la Ley es imperfecta y se permite que los delincuentes aprovechen esa imperfección para salir impunes y burlarse de todos los ciudadanos. Porque hay que recordar que ese chivatazo provocó el fracaso de una operación policial contra el entramado de financiación de ETA, avisando a sus "correos" e intermediarios de la redada que estaba en marcha.

No sé cuál será la respuesta de la Fiscalía, pero mucho me temo que no aceptará destacarse como el palo que frena el carro de los pactos con la ETA. Por tanto, su respuesta será la de ser un fiel servidor del poder y limitarse a decir que no existen pruebas concluyentes que puedan imputar sin ningún género de duda a los supuestos ejecutores del chivatazo, por lo que recomendará el archivo definitivo de la causa por la ausencia formal de culpables. Un triunfo que será esgrimido por el PSOE como la certificación del uso político del PP, aunque el hecho se produjera y el responsable político se siente ahora en el Congreso de los Diputados declarándose inocente de todo en lo que dice no haber participado.

Mal hará el PP en dejarse arrastrar por a las cloacas que el PSOE no ha tenido ningún reparo en chapotear. Supongo que los ciudadanos sabrán tomar buena nota y darán su respuesta en las próximas elecciones.

La quimera del oro
Francisco de la Torre Díaz  El Mundo 20 Septiembre 2012

Muchos catalanes consideran que siendo independientes mejoraría sustancialmente su situación económica. Esta deriva independendista ha sido calificada, entre otros por S.M. el Rey, como una quimera. A mí me recuerda a los cuentos de mineros en Alaska de Jack London, titulados la quimera del oro, porque no son cuentas, sino cuentos. Puede ser muy atractivo pensar que la razón de la falta de competitividad de algunas empresas, el paro o los recortes en Cataluña es el expolio fiscal, pero ni es esa la causa, ni el expolio es real.

La realidad es que si los catalanes pagan más impuestos que otros españoles es porque sus representantes los han elevado para financiar una Administración aún más grande que en otras partes de España. Por otra parte, con un déficit del 9% el año pasado, los impuestos de los ciudadanos de un territorio no son suficientes para cubrir el gasto en ese territorio. Es decir, en una España confederada, a día de hoy, no habría transferencias entre territorios, sino territorios con más o menos déficit, que todos tendrían que financiar en el mercado.

En estas condiciones, la independencia tendría, además, las consecuencias de la inmediata salida de la UE, como indican los Tratados Europeos y ha señalado la Comisión Europea. Además, la independencia también supondría, probablemente, la imposibilidad de acudir a los mercados financieros. De momento, la simple reclamación de un «pacto fiscal» ha supuesto la calificación de la deuda catalana como bono basura.

El «pacto fiscal» supone dos reclamaciones fundamentales: más dinero para Cataluña a costa de los ciudadanos de las demás CCAA y, en segundo lugar, el control de la recaudación de impuestos en Cataluña. Como la reclamación del «pacto fiscal», en palabras de Artur Mas, es un simple paso previo y necesario para la independencia, cualquiera que no esté a favor de la misma debería rechazarlo. Además, resulta casi ineludible negar un dinero que ahora mismo el Estado no tiene.

La reclamación del control de la recaudación de impuestos en Cataluña parece menos grave, pero no lo es. En primer lugar, acceder supondría la cesión de un elemento de control político y presencia del Estado de primera magnitud. Además, desde un punto de vista puramente económico, es un clarísimo paso atrás. La Agencia Tributaria española es muy barata, ya que tiene uno de los costes por euro recaudado más bajos del mundo. Por otra parte, presta unos servicios de asistencia, como el borrador del IRPF que tampoco existen en otro lugar. Todo esto es posible por un sistema centralizado de obtención y tratamiento de la información.

Así, si una gran empresa tiene que presentar declaraciones de impuestos en muchos lugares, tendrá un mayor coste. Sin embargo, lo más grave es que descubra que la información no se cruza con la de otros contribuyentes en distintos territorios. En ese caso, esta empresa sabrá que puede defraudar impunemente. Los beneficiarios de la falta de control que se deriva inevitablemente de la ruptura de la Agencia Tributaria serían las grandes empresas y los grandes patrimonios. La pérdida de recaudación es difícil de calcular, pero sería muy elevada con toda seguridad.

Una versión más light de esta propuesta es «aumentar la participación de las CCAA en la Agencia Tributaria». Aquí, sin que haya ventajas claras, los inconvenientes serían el aumento del gasto y la burocracia en la Agencia, y sobre todo una mayor influencia política en un organismo que ha sido clave para descubrir múltiples casos de corrupción, también en Cataluña.

En resumen, como en un cuento de mineros en Alaska, unos pocos encontrarían oro y muchos pasarían más hambre y más frío.

Francisco de la Torre Díaz es secretario de la Organización Profesional de Inspectores de Hacienda.

Galicia Bilingüe entra en campaña
FERNANDO GONZÁLEZ MACÍAS La Opinión 20 Septiembre 2012

El de Mario Conde no va a ser el único dolor de cabeza que tendrá que padecer Núñez Feijóo en esta campaña a la hora de intentar conservar su electorado natural, el que le llevó a San Caetano con mayoría absoluta en 2009. Por ese mismo flanco, el diestro, empieza a sufrir los ataques de Galicia Bilingüe. Su presidenta, Gloria Lago, firma estos días en varios periódicos artículos que tienen un tono de advertencia, rayana en la amenaza. En ellos advierte de que piensa acudir a los mítines, como hacía antaño, para escuchar los mensajes de unos y otros para ver si son coherentes y recuerda, una vez más, que el Partido Popular incumplió su compromiso a la hora de implantar la libertad lingüística en las aulas gallegas.

En los textos de la web de Galicia Bilingüe y de su blog personal, como en las intervenciones públicas, Gloria Lago se muestra muy resentida con Feijóo. Ella -a la que incluso propusieron ser candidata- al igual que sus colaboradores más cercanos creen haber sido descaradamente utilizados, hace cuatro años, para captar el voto de un sector de la población, no necesariamente conservador, disconforme con la política de normalización lingüística del bipartito PSOE-BNG, pero también y en general con la imposición de la lengua gallega a todos los niveles llevada a cabo fundamentalmente por gobiernos de lo que hoy es el Partido Popular, desde que el mismo momento en que nace la autonomía.

Creen que Don Alberto les tomó el pelo. En cuanto llegó al poder, en el ámbito de la lengua hizo lo contrario de lo prometido. Se plegó a las presiones nacionalistas, a las huelgas y a las manifestaciones, hasta cuatro en pocos meses, que le montaron los que Lago califica de lobbies y grupos de interés, sin apenas respaldo ciudadano, pero mediática y socialmente muy ruidosos. Para los defensores del auténtico bilingüismo, el que no precisa de apellidos (como amable, armónico, cordial, etc.), el que se remite a la decisión de cada cual, la estrategia de Feijóo fue tirar por la calle de en medio. Construyó un discurso lingüístico a medida de sus intereses políticos, pretendidamente equidistante de las posturas extremas, entendiendo por tales las defendidas de un lado por Galicia Bilingüe y de otra parte, por la Mesa pola Normalización Lingüística.

Los estrategas del Pepedegá confiaban en que, una vez enfriado el conflicto idiomático por el mero paso del tiempo y con la crisis económica convertida en casi única preocupación de la gente de la calle, el fenómeno "Galicia Bilingüe" se diluiría como un terrón de azúcar en el café. Con el mismo empeño de antes, aunque con mucha menos visibilidad, los de Gloria Lago prosiguieron e intensificaron su batalla antinormalización forzosa, abriendo varios frentes judiciales, alguno de los cuales todavía no se ha cerrado y puede deparar serios reveses a los actuales y futuros gobernantes.

Lago deja claro que entra en campaña, con todas las consecuencias y a sabiendas de lo que está en juego. Pretende que el asunto de la lengua vuelva a la agenda electoral y que todos tengan que mojarse al respecto. Lo incomprensible, no solo para Feijóo, es que a Doña Gloria no le importe que la única alternativa al Partido Popular sea una amalgama de partidos, todos ellos abiertamente partidarios de recuperar y reforzar el plan de normalización y, por tanto, de que el gallego sea la lengua vehicular casi única en las escuelas. Y que en ese caso el remedio sería mucho peor que la enfermedad.

El fanatismo islámico y la libertad de expresión
EDITORIAL Libertad Digital 20 Septiembre 2012

El islam y Mahoma pueden salir muy mal parados en un video colgado en internet o en una caricatura de un semanario satírico. Sin embargo, esa afrenta no es comparable con la reacción de quienes, en nombre de esa religión y de ese profeta, desatan la violencia hasta el extremo del asesinato.

Tras los asesinatos la semana pasada del embajador y de otros tres empleados de la misión diplomática de EEUU en Libia, el criminal acoso que están sufriendo las embajadas occidentales en los países musulmanes, lejos de amainar, no hace más que acrecentarse. Este miércoles, a raíz de la publicación de unas caricaturas ligeramente satíricas de Mahoma en un semanario francés, el Gobierno galo ha decidido cerrar sus embajadas y las escuelas francesas en veinte países musulmanes como medida de precaución. Mientras tanto, Gobiernos supuestamente menos radicales como el tunecino o el egipcio, lejos de poner el acento en la condena de la violencia o en la defensa de la libertad de expresión, han echado más leña al fuego contra el hereje arengando a la población contra "este nuevo ataque contra el Profeta".

Bien está que desde la Casa Blanca se haya destacado la "importancia de proteger la libertad de expresión, consagrada en nuestra Constitución", y que desde el Elíseo se haya recordado que "Francia es un Estado laico" garante de ese derecho. No es menos cierto, sin embargo, que, junto a estas loables declaraciones de principios, los representantes de los Gobiernos francés y estadounidense han deslizado otras que, desgraciadamente, bien podrían ser interpretadas como llamamientos a la autocensura. Tal es el caso de las apelaciones "a la responsabilidad de los medios" hechas por el primer ministro francés, Jean-Marc Ayrault, o de sus matizaciones respecto a que la libertad de expresión tiene sus límites cuando incita al odio o la xenofobia. Otro tanto podríamos decir del portavoz del presidente Obama, Jay Carney, quien tras asegurar que "no cuestionamos el derecho de que se publiquen estas cosas" añade que "lo que cuestionamos es simplemente la decisión de sacarlo ahora".

El derecho a publicar algo incluye el de decidir en qué momento se hace, y en estos momentos, nada es más oportuno y responsable que demostrar que el mundo libre no se amedranta por el hecho de que la barbarie islamista se desate. Siempre es pertinente recordar los límites que, ciertamente, afectan a la libertad de expresión, pero a aquellos que expresan su rechazo a un video o a una viñeta mediante la violencia y el asesinato. Por el contrario, lo que ahora sí resulta especialmente tan inoportuno como irresponsable es buscar refugio ante la barbarie en la autocensura.



******************* Sección "bilingüe" ***********************

La atrofia autonómica
Editorial Estrella Digital 20 Septiembre 2012

La nebulosa de la desconfianza tiende necesariamente a crecer. No parece razonable nada de lo que está pasando en nuestro país con respecto a la organización y a la estructura de nuestro Estado. Hay políticos que reclaman la desaparición del sistema autonómico, otros que apuntan hacia una nueva etapa federal, y hay quienes defienden la continuidad del sistema sin cambio alguno; mientras, los recortes o ajustes hacen desvanecerse servicios públicos básicos al mismo tiempo que los políticos departen sobre lo que los ciudadanos consideran abstracciones lejanas.

Con todo, eso no es lo peor. Lo peor es que esta discusión sobre la estructura territorial de España – la eterna discusión – se produce en medio de la creciente desconfianza de políticos europeos y mercados acerca de la viabilidad de nuestro proyecto nacional; en vísperas del rescate no se hacen ejercicios de responsabilidad, sino que se multiplican los gestos hacia la galería.

Es otra obviedad que gran parte del lastre del déficit proviene de la gestión realizada por presidentes autonómicos que se creyeron virreyes. Los excesos de gasto autonómico multiplicaron el déficit general y enrojecieron las expectativas de soluciones más allá de la intervención para frenar la delicada situación creada en un clima de presión imparable de los mercados y la mirada crítica de una Alemania intransigente con el desorden presupuestario español.

Si los verdaderos datos del déficit de Madrid, Comunidad valenciana o Murcia parecían la puntilla definitiva, la solicitud de “rescate autonómico” por Catalunya o Andalucía, entre otras, parecía el remate. Pero hay más. La debilidad de nuestro Estado, resaltada en las feroces críticas al gobierno de Rajoy, publicadas en el editorial de Financial Times de ayer, se muestra en toda su plenitud, precisamente, con la ayuda de decisiones que toman los presidentes autonómicos, convertidos en verdaderas fuerzas desestabilizadoras del sistema.

Catalunya reclama un pacto fiscal que sirva de base a la creación recurrente de la llamada nación catalana; Madrid cambia de presidente por dimisión de Esperanza Aguirre – un hecho de considerable relevancia, toda vez que la presidenta madrileña ha sido el contrapeso interno a Rajoy en su partido –, que se marcha sin dar una explicación suficiente de su decisión. Euskadi adelanta las elecciones porque su gobierno pierde apoyo parlamentario y Galicia se apunta a la coincidencia de fecha en las votaciones para evitar prolongar el desgaste electoral que provocaría el nuevo presupuesto que hay que comenzar a elaborar de inmediato.

No sólo esto. Todo apunta a que una vez más, el gobierno retrasará decisiones trascendentales a la espera de los comicios territoriales y eso, advertido igualmente por el FT, debilitará aún más la escasa consistencia política del gobierno de España que se percibe desde Europa.

Todo parece parte del libreto de una mala opereta. España, y esencialmente los españoles, merecen que el estado no sólo atienda eficazmente sus necesidades sino que, sobre todo, no se convierta en una sobrecarga que acentúe la mala situación económica y social y que suponga una amenaza sobre cualquier futuro inmediato.

Rajoy y Rubalcaba juntos frente a Mas
Pablo Sebastián www.republica.com 20 Septiembre 2012

Cabe preguntarse: ¿para que quiere Artur Mas un pacto fiscal con España cuando dice tener al alcance de su mano la independencia del Estado nacional catalán? Pues muy sencillo: para que España le financie el proceso hacia la independencia. Estamos en la ceremonia de la gran mentira catalana, por mas que Más haya insistido en Madrid que dice la verdad, como cuando afirma que Cataluña pierde dinero en su relación fiscal con España, ocultando la balanza comercial, de servicios, asistencia social e infraestructura. Lo malo de todo esto es que el Gobierno del PP y desde la oposición del PSOE (o viceversa en años anteriores) se ha perdido demasiado tiempo mirando hacia otra parte o haciendo la vista gorda hasta que los nacionalistas, acostumbrados a mentir y disimular, se han encontrado con eso de Mas llamó ayer en Madrid “la pared”, que no es otra cosa que la Constitución Española. La que el PSOE y el PP tenían guardada en un desván y que ahora han empezado a desempolvar.

El dato más relevante del encuentro entre Mariano Rajoy y Artur Mas en el palacio de la Moncloa no ha sido el rechazo del “pacto fiscal” que el presidente catalán y líder de CiU ha vuelto a pedir, porque ya se sabía que semejante violación constitucional era de todo punto inaceptable, y así se lo confirmó Rajoy en nombre del Gobierno de España. Lo más importante es que Rajoy dijo a Mas -como lo reveló el catalán en su rueda de prensa- que el PSOE y el PP se oponen frontalmente al desbordamiento constitucional por parte de CiU y de las instituciones catalanas, y ese avisó que Rajoy transmitió a Mas en su nombre y en el de Rubalcaba marca una línea roja infranqueable y un importante acuerdo entre los dos grandes partidos nacionales, PSOE y PP, que representan a cerca del 90 por 100 del Parlamento español y de la soberanía nacional.

Agotada la paciencia ante las mentiras -sobre la discriminación económica y financiera de Cataluña- y los desafíos y amenazas independentistas del gobierno catalán, CiU y sus empresarios y medios de comunicación (afines y subvencionados), parece que el jefe del Gobierno, Rajoy, y el líder de la Oposición, Rubalcaba, se han unido de la mano para hacer frente al disparate secesionista y mandar un mensaje nítido a los ciudadanos de toda España, así como a los catalanes y a los vascos, advirtiendo de que no se va a consentir el desbordamiento del marco constitucional. Algo a lo que ayer hizo alusión el ministro de Justicia, Gallardón, diciendo que “si se renuncia a la Constitución se renuncia a la Autonomía” porque la legitimidad de esta última emana de la Carta Magna.

El siguiente paso, según se desprende de las palabras de Mas es una nueva escenificación de la ruptura entre Cataluña y España, porque Mas no vino a Madrid a pedir una mejora de la fiscalidad catalana, que Rajoy si le ofreció, sino a pedir la independencia de la Hacienda catalana, al margen de la Constitución, lo que supone pedir al Estado español que financie el proceso de independencia de Cataluña que agitan el gobierno de Mas, CiU y ERC. Y ese ha sido el primer acto del “drama catalán”, que se ha saldado con el esperado fracaso de Mas. El segundo acto o escenificación de esta ruptura se llevará a cabo los próximos días 27, 28 y 29 durante el debate general del parlamento catalán, a cuyo término Artur Mas anunciará unas elecciones anticipadas -posiblemente para finales de año- en las que su partido llevará en su programa electoral la independencia de Cataluña. Algo que no hizo en las elecciones anteriores lo que deslegitima las actuales invectivas secesionistas de su Gobierno. Mas pretenderá convertir esas elecciones en un plebiscito sobre la independencia de Cataluña para, desde ahí, ver como desborda el marco constitucional, abriendo un camino de gran incertidumbre política, económica, comercial y financiera en toda Cataluña y sobre todo una grave fractura en la sociedad de esa Comunidad.

Y, todo ello, en la espera de que el PNV, que presumiblemente va a ganar las elecciones en el País Vasco, haga otro tanto ayudado por Bildu, lo que supondrá tener abiertos dos frentes nacionalistas en contra de la unidad de España. Y lo que exigirá una respuesta nacional española a ambos desafíos.

Los que han llegado demasiado lejos, entre otras cosas por falta de respuesta -al victimismo económico catalán- del Gobierno de Rajoy (y antes del de Zapatero), por abandono, por parte del PP y del PSOE de todas estas cuestiones de unidad nacional e identidad española, coqueteando con los nacionalistas de una y otra parte. Y por falta de visión de Estado frente a los problemas que España tiene planteados, en la economía, el paro, la cohesión nacional y en la unidad e identidad de España tan imprescindibles para hacer frente a la crisis general que nos invade.

De ahí la importancia del pacto, ese sí, de Rubalcaba y Rajoy para defender la Constitución y la unidad de España. Un pacto que los dos políticos deberían extender a la lucha contra la crisis y a todo lo relacionado con la permanencia de España en el euro y la UE. Y quizás sería bueno que ese acuerdo del PSOE y del PP ahora se escenificara en el Parlamento nacional, porque no basta hacer “luz de gas” o pretender quitar importancia a las invectivas y los desafíos de Mas, porque ya es demasiado tarde para ello y los españoles (sobre todo los que residen en Cataluña y el País Vasco) necesitan visualizar esa unidad del PSOE y PP y la fuerza democrática y soberana española que ayer se empezó a vislumbrar.

El nuevo Proyecto de Artur Mas.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 20 Septiembre 2012

Lo único que puedo decir del comportamiento del actual Presidente de la Comunidad Autónoma de Cataluña, el Sr. Más, es su falta de educación y esperpéntica puesta en escena tras la reunión en la Moncloa con el Presidente del Gobierno de España. Su falta de educación al rehusar hacer las declaraciones en la Moncloa e irse a la sede de la Generalitat en Madrid, una especie de oficina a la que pomposamente le llaman "embajada" y en la que de modo insultante no se ha dispuesto la bandera de España y sí la de la UE y la Senyera. La segunda, comenzar su discurso en catalán, en lugar del español sin un mínimo de cortesía por estar en la capital de España. En tercer lugar, por su victimismo y desafío con la supuesta toma de acciones en el Parlamento catalán por la negativa del Gobierno a querer hacer de Cataluña una excepción fiscal en clara posición de ventaja con el resto de CCAA.

Ha sido patético, esperpéntico y ridícula toda su aparición y sus modos. Un empecinamiento en el discurso secesionista ahondando en que Cataluña va a seguir su camino en Europa y en el euro. Un discurso plagado de reproches a la actitud cerrada del Gobierno de España a no conceder las peticiones de Cataluña. Un discurso en el que se acude a la secesión diciendo que "Cataluña se siente nación y esto no lo van a parar con la Constitución".Es posible que al final el Gobierno no se atreva a aplicar el artículo 155 y mucho menos el 8 de la Cosntitución. Pero lo que también es un hecho es que Cataluña no tiene cabida en la UE y en el Euro, no si se independiza de España.Y esto lo dice la propia UE.Lo que no es admisble son las declaraciones de este sujeto y no puede representar ni un momento más a los españoles de esa Comunidad Autónoma.

Es despreciable el modo en que este sujeto se atribuye nada menos que la interpretación de la voluntad de casi siete millones y medio de catalanes, que por supuesto, en su gran mayoría no comparten los delirios secesionistas de este grupo de fanáticos y fascistas. Porque desde hace décadas, el nacionalismo secesionista representado por CIU, ERC y parte del socialismo, actúan y legislan como auténticos fascistas, habiendo creado un gueto de exclusión de todo lo que no comparta la ideología separatista. En la C.A. de Cataluña hace tiempo que la Constitución de España y la Ley ha dejado de cumplirse, por la pasividad y cobardía de los diferentes Gobiernos de España, culpables de haber llegado a esta situación límite próxima a la secesión.

Menos mal que por mucho que hagan declaraciones pomposas y grandilocuentes, hay algo que no pueden remediar y es la dependencia total económica de España. Su futuro está fuera de la UE y del Euro. Así que será el pragmatismo el que obligue a recular a estos exaltados domingueros de la Diada y que recojan sus barretinas y sus pancartas y las guarden en el baúl hasta el año que viene, si es que logran salvarse del hundimiento general al que va irremisiblemente España. Pero actitudes así no contribuyen especialmente a crear simpatías en el resto de España, sino reacciones de desprecio y campañas de boicots que no benefician a nadie. Porque lo quieran o no esos iluminados, Cataluña siempre será España y España no se entiende sin Cataluña.

El Presidente Artur Mas se ha equivocado gravemente al incidir en su actitud de desafío y de tensar la cuerda. No parece inteligente si vienes a pedir, venir insultando y amenazando. Lo que no creo que haya valorado es la situación de desesperación del Gobierno de Rajoy, que no debería confundir con la renuncia a cumplir con su deber constitucional, por mucho que esté por el diálogo. Los españoles no se lo vamos a permitir.

 

¿Un referéndum?
Francesc de Carreras La Vanguardia  20 Septiembre 2012

Catedrático de Derecho Constitucional de la UAB

La simbólica manifestación del pasado 11 de septiembre a favor de la independencia de Catalunya ha cambiado las reglas de juego de la política catalana y ha introducido un grave problema en la política española. El lema de la manifestación era inequívoco: los que allí acudieron –entre ellos el Govern y una gran mayoría de diputados al Parlament– reclamaban un Estado propio, es decir, que Catalunya se separara de España.

Estamos, pues, ante un problema, un gran problema: unos quieren separarse de España y otros no. En política es peligroso dejar que las situaciones se pudran y se enquisten. A pesar de las dificultades, debemos encontrar una salida que pasa, en primer lugar, por despejar una duda, una gran duda: ¿cuál es el porcentaje de ciudadanos catalanes partidarios de separarse de España? Aclaremos eso. Tenemos indicios, no certezas, y hay que saber la verdad. Y la única manera de averiguarla es votando. Sólo ante una urna y en secreto, cada ciudadano, individualmente, tras haberse informado de las causas y de las consecuencias, puede expresar libremente su parecer.

Dos son las posibilidades al acudir a las urnas: unas elecciones al Parlament o un referéndum. Soy poco partidario de la democracia directa, prefiero la representativa, un filtro mucho más adecuado para canalizar la voluntad popular con todos sus matices. Pero en este caso creo que debería hacerse una excepción porque tanto la pregunta como la respuesta deben ser claras y exigir claridad a los programas electorales es una quimera. Pensemos en la gran confusión de los últimos años: somos soberanistas pero no independentistas, no a la autodeterminación pero sí al derecho a decidir, libres pero asociados, federales pero asimétricos. Acabemos con la ambigüedad y planteemos en forma de referéndum la alternativa que está en la calle: ¿desea usted que Catalunya se separe de España y se constituya como Estado propio o considera mejor que siga formando parte de la actual España constitucional?

Se trata de saber, pues, si cabe en la Constitución un referéndum de estas características. Como cuestión previa: no se trata de ejercer el derecho de autodeterminación, ya que en Catalunya no se dan los supuestos que exige el derecho internacional, único que lo contempla. Tampoco puede convocar este referéndum la Generalitat ya que excede a sus competencias. Hay que explorar otros caminos. El más factible que se me ocurre es activar el tipo de referéndum previsto en el artículo 92 de la Constitución según el cual “las decisiones políticas de especial trascendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos”. Nótese que se trata de un referéndum consultivo, por tanto, jurídicamente no vinculante para los poderes públicos. Además, según el citado artículo, debe ser autorizado por el Congreso, propuesto por el presidente del Gobierno y convocado por el Rey.

¿Qué solucionaríamos con este referéndum consultivo? En primer lugar, algo esencial: averiguar, con todas las garantías, la opinión de los catalanes. Ya no serían mayorías y minorías deducidas de sondeos, manifestaciones o informaciones de prensa: sería la voluntad libremente expresada en las urnas. Para ello debería garantizarse previamente un debate amplio en la opinión pública para que los ciudadanos se informaran de las dimensiones del problema y de sus consecuencias. En segundo lugar, antes de la celebración del referéndum, los gobiernos de España y de Catalunya, así como las principales fuerzas políticas, deberían acordar su alcance y condiciones, especialmente los niveles mínimos de participación para dar validez al resultado y la mayoría necesaria de votos a favor de la independencia para que sea tenida en cuenta.

Celebrada la votación, caso de no alcanzarse algunos de estos mínimos, las partes, además de aceptar lealmente el resultado, deberían comprometerse a no reabrir jurídicamente la cuestión en un determinado número de años. En el supuesto de que se rebase el número de votos afirmativos en favor de la independencia establecido en estos acuerdos previos, debería procederse a unas negociaciones entre el Estado y la Generalitat para reformar la Constitución –ahí debe darse la palabra al resto de ciudadanos españoles– y acordar el reparto de bienes y deudas mutuas, garantizar la protección de los derechos fundamentales en el futuro Estado catalán y muchas otras cuestiones que ahora no cabe enumerar.

El sentimiento agónico catalán
Tras la sentencia del Estatuto, las ambiciones del catalanismo no caben en esta Constitución
Enric Company El País Cataluña  20 Septiembre 2012

En contra de lo que a primera vista pudiera parecer, el bloque social que está cuajando políticamente en torno al independentismo no se expande impulsado por la conciencia de la fuerza de Cataluña, sino por todo lo contrario: la certeza de una debilidad que amenaza su supervivencia como nación. Hace ya bastantes años que el catalanismo es vivido y se expresa como un sentimiento agónico. Lo que lo alimenta son las inacabables dificultades surgidas en la recuperación del autogobierno después de la dictadura franquista, de las que se percibe con claridad que, en el fondo, son una continuación de la hegemonía del nacionalismo españolista en la dirección del Estado.

Al cabo de 35 años de extenuante y desigual lucha contra quienes han ejercido el poder estatal, se ha extendido en Cataluña, de manera difusa pero clara, la convicción de que el Estado, entendido como conjunto de instituciones administrativas, judiciales y representativas, no solo es ajeno a sus intereses, sino que trabaja contra el autogobierno. Y en particular, contra la recuperación de Cataluña como entidad nacional emprendida con tanta ilusión con la Segunda República y retomada en 1977 tras el largo paréntesis de la dictadura. El Estado español es visto como un aparato institucional dominado por unas élites de altos funcionarios y políticos de mentalidad e intereses centralistas surgidas de las clases medias básicamente castellanas, que se lo tienen tomado como propiedad y en las que las relativamente escasas incrustaciones de catalanes son poco más que adornos.

La sentencia fue dictada por un tribunal cuya composición había sido manipulada a su favor por el partido de la derecha españolista que se oponía al Estatuto

El desguace en 2010 de la reforma del Estatuto de Autonomía por el Tribunal Constitucional cristalizó este proceso. El resultado de aquel lance político fue la desvalorización de la Constitución para los catalanistas. Pero, además, fue para ellos una demostración de que no se podía confiar en el Estado, porque quienes controlaban sus instituciones centrales eran capaces de hacer trampas si lo que estaba en juego era un reparto del poder.

Lo ilustrativo del caso no fue solo que se echara abajo un pacto trabajosamente negociado por dos Parlamentos y refrendado por el electorado, sino que la sentencia fuera dictada por un tribunal cuya composición había sido manipulada a su favor por el partido de la derecha españolista que se oponía al Estatuto. Lo que el PP llevó a cabo tras perder todas las votaciones del proyecto fue una exhibición de fuerza cuyo mensaje fue perfectamente captado en Cataluña, aunque por lo visto fue considerado normal y lógico en el resto de España: el Estado es nuestro, y si hace falta forzar las instituciones para frenar el autogobierno catalán, se hace.

Esto iba a tener consecuencias. Fue un socialista, Ferran Mascarell, ahora consejero de Cultura en el Gobierno de CiU, quien acuñó la fórmula de la que echó mano la derecha nacionalista catalana, bajo la dirección de Artur Mas, para explicar su giro hacia el independentismo: Cataluña necesita un Estado propio porque el que la incluye no le sirve. Al revés, es un lastre para su existencia como nación, cuando no incluso para su desarrollo como mera región económica. Y los esfuerzos para adaptar el Estado español a las necesidades de Cataluña como nación se estrellan siempre contra la potencia del nacionalismo españolista que lo domina.

El catalanismo federalista y progresista que con Pasqual Maragall dirigió desde 2003 la batalla por la reforma del Estatuto se siente ahora débil y casi sin aliados en el resto de España: se sabe derrotado. El nacionalismo de centroderecha heredero del pujolismo también se sabe débil, pues es la parte de Cataluña que más acusa el síndrome de agonía nacional. En cambio, el independentismo, que siempre ha sido muy minoritario, está eufórico, se ve más fuerte que nunca. Acaba de sumar a sus filas a Convergència y a su entorno social y mediático, y de forma inesperada, le ha arrebatado la iniciativa política, ha ridiculizado la grandilocuencia con que Artur Mas hablaba de pacto fiscal y ahora aspira a fijar su agenda electoral.

Todo esto dibuja, claro está, una situación muy compleja y delicada. Los historiadores explican que durante el siglo XX el catalanismo ha tenido un elevado potencial como agente promotor de cambios fuertes en España. La ecuación, ahora, es la siguiente: las actuales ambiciones del catalanismo no caben en esta Constitución. Para hacerlas viables, habría que cambiarla, como ha explicado con su habitual claridad el profesor Pérez Royo. Pero todo el mundo puede comprender que si se emprende un cambio de esta enjundia, en el melón que se abre está todo, incluida la forma de Estado.

Cuando el presidente Rajoy responde al grito catalán parapetándose en la Constitución, como hizo ayer en la entrevista con Mas, llega tarde porque ya ha perdido virtualidad a los ojos del catalanismo. Él debe saberlo, pues fue el PP el que logró que se vaciara de contenido la calificación constitucional de Cataluña como nacionalidad. Esa calificación se puso en la Constitución de 1978, la de las libertades, para incluir en ella al grueso del catalanismo, pero 35 años después ha sido convertida en una inanidad. Este ha sido el problema que ha impedido que se consolidara para los catalanistas también como Carta Magna de un Estado plurinacional. Ahora son cada vez más los que en Cataluña la ven como un muro que hay que saltar.

Todo lo aquí planteado no es nuevo ya que encaja dentro de la filosofía del dictamen del Tribunal Supremo del Canadá de 1998 en relación con la hipotética secesión de Quebec. Ya lo propuse en tiempos del intento secesionista de Ibarretxe. Me hubiera gustado no tenerlo que plantear en Catalunya porque, en mi opinión, separarse de España es un inmenso error. Pero las cosas han llegado a un punto que exigen claridad y la incertidumbre no debe prolongarse durante mucho tiempo. Si una comunidad plantea seriamente que desea separarse de España, la única salida democrática, agotadas las posibilidades de acuerdo, es utilizar los procedimientos previstos en nuestro Estado de derecho.

Los mensajes de Oriol Pujol
Jorge de Esteban en El Mundo  20 Septiembre 2012

El autor sostiene que Mas trata de desviar las críticas sobre su penosa gestión

El día 10 de este mes, recibí a las 20.23 de la tarde, en mi móvil, este enigmático mensaje: «T’espero a les 17 hores, al passeig de Gràcia amb Consell de Cent». Lo firmaba Oriol Pujol, esto es, debía ser, probablemente, el hijo del ex presidente Pujol, actual secretario general de CIU.

Evidentemente, este mensaje no era para mí, pues ni conozco a Oriol Pujol, ni hablo, aunque lo lea, el catalán, ni estaba en Barcelona, sino en Madrid. Como el mundo de la informática y de los móviles tiene sus propias reglas y sus propios duendes, no le di mayor importancia, pues pensé que se trataría de un error, uno más de los que se cometen diariamente en el ámbito de la tecnología moderna. Pero es una casualidad que lo enviase un personaje tan conocido de la política catalana y en vísperas de una fecha tan importante para Cataluña. Ahora bien, no contesté lógicamente a este mensaje, y me olvidé del asunto.

Sin embargo, pocos minutos después, volví a recibir otro mensaje misterioso, en el que se me decía lo siguiente: «Aquesta diada guanyem la llibertat», firmado también por Oriol Pujol. La verdad es que me comenzó a intrigar esta curiosa casualidad, porque efectivamente al día siguiente se celebraba la Diada, es decir, la Fiesta Nacional de Cataluña, que parece iba a ser multitudinaria. Por lo demás, la afirmación de Oriol Pujol, al escribir que en esta fecha ganarían la libertad, me hizo sonreír, porque estaba claro que cuando hablaba de «libertad», lo que quería decir es «independencia». Si en alguna parte de la España actual, cabe afirmar que no existe realmente libertad, en su sentido más general, es precisamente en dos comunidades autónomas concretas. Por una parte, el País Vasco, en donde un miedo generalizado entre muchos ciudadanos, les impide expresar sus ideas. Y lo mismo ocurre en Cataluña, claro que con la evidente diferencia de que, en este caso, no se utiliza la violencia. Al menos, la violencia física, como en Euskadi, aunque sí existe una violencia institucional, que no permite que muchos ciudadanos, que se consideran españoles o, por igual, catalanes y españoles, puedan no sólo expresar sus ideas con libertad, sino que tampoco se les permite que sus hijos puedan estudiar en el idioma oficial de España. No cabía duda, por consiguiente, de que la «libertad» a la que se refería Pujol en su presunto mensaje equivocado, puesto que no sé a quién iba dirigido, se refería más bien a la independencia de Cataluña.

Afirmar esto un día antes de celebrarse la multitudinaria manifestación independentista en Barcelona, precisamente por parte del secretario general de CIU, venía a demostrar algo claro. La Diada de este año se había preparado minuciosamente, orquestada por CiU, utilizando su arsenal cultural y mediático, que es enorme, con la idea de servirse del descontento general, que, como en todas las partes de España, existe igualmente en Cataluña, acerca de la política errática del Gobierno de Rajoy, así como aprovechar también su debilidad para demostrar la fuerza de los separatistas catalanes. Es más: de este modo, se trataba también, de desviar las críticas a la desastrosa política del endeudado Gobierno catalán, encauzándolas hacia una cabeza de turco, que no podía ser otra sino eso que en Cataluña denominan como «Madrid». La táctica es vieja como el mundo, y se da hasta en el mundo animal: cuando el chimpancé-jefe es acosado por los suyos, simula haber visto un leopardo, logrando así que los miembros de su manada desvíen su atención, evitando así su posible derrota.

Sea como fuere, el hecho es, como se puede suponer, que al día siguiente me levanté con una enorme curiosidad para comprobar si la profecía de Pujol se produciría tal y como él había comunicado, no sé a quién, en el segundo mensaje que recibí. En efecto, la demostración de fuerza de los nacionalistas catalanes fue espectacular, pues se calcula en más de un millón las personas que acudieron a la cita, inundando las calles centrales de Barcelona con una marea de banderas independentistas. No podía dudar de que Oriol Pujol sabía mejor que nadie lo que iba a ocurrir, porque debía de haber colaborado activamente en su organización. Pero no sólo eso, sino que no en vano es hijo de Jordi Pujol, el veterano fundador de Convergència, que, como se sabe, literalmente significa «la acción de dirigir algo hacia un mismo punto». Aunque Jordi Pujol haya disimulado siempre, en su fuero interno no deseaba más objetivo que la independencia de Cataluña. Mi colega y amigo, Francesc de Carreras, recuerda en un artículo reciente, que en los años de inicios de la Transición, los jóvenes de Convergència coreaban en las manifestaciones «avui paciencia, demà independencia». El mañana ya ha llegado para ellos.

Con todo, el enigma de los dos mensajes que había recibido en mi móvil, aumentaría aun más, cuando a las 22.23 de ese día, recibí otro más, que remachaba el clavo: «Hem escrit una pagina de la historia de Catalunya amb lletres majuscules. Gracies per ser-hi». Supongo que nunca averiguaré quién era el sujeto al que dirigía Oriol Pujol sus mensajes, pero no cabe duda de que debía ser alguien importante, por el agradecimiento que demuestra en este último mensaje. Ahora bien, lo mismo que sucedió con el mensaje anterior, hay que matizar la afirmación de Pujol. Hablar de una «Historia de Cataluña», es algo impreciso, por dos evidentes razones. Por una parte, porque la Historia de Cataluña hasta ahora ha estado siempre vinculada a la Historia de España, pues nunca fue un país independiente. Es más, no hace falta recordar que el Principado de Cataluña dependía de la Corona de Aragón, y tanto Cataluña como Aragón, se quiera o no, forman parte histórica y geográficamente de España. Pero, por otro lado, los nacionalistas, como Oriol Pujol, parece que tienen un poder que ni siquiera tiene Dios, esto es, el de poder cambiar la Historia según sus conveniencias. Si realmente Oriol Pujol conociese la historia verdadera de Cataluña, sin que neguemos que es una de las regiones más importantes de España, sabría que desde su héroe nacional Rafael Casanova, hasta, por ejemplo, los acontecimientos
que jalonaron la contundente respuesta catalana a la invasión francesa en 1808, no hacen sino confirmar la españolidad indudable de Cataluña.

Por supuesto, un tema tan complicado, profundo e interesante como es el de las relaciones entre Cataluña y el resto de España no puede abordarse, como merece, en este corto comentario. Mi intención, escribiendo estas líneas, era simplemente señalar no solo esa misteriosa casualidad de convertirme en un falso interlocutor de Pujol, sino también el de reconocer que la Diada del pasado día 11 puede ser una fecha tan gloriosa como desastrosa para el futuro de los catalanes y españoles. Y, especialmente, para Artur Mas, quien al día siguiente de la Diada, reivindicaba en Madrid, unas «estructuras de Estado». Lo cual, cuando menos, es sorprendente, porque esas estructuras de Estado ya las han adoptado hace tiempo. En efecto, han creado su Estadito, pero grande o pequeño, no es en absoluto un Estado de Derecho, sino más bien un aprendiz de Estado totalitario, en el que ya no rige nuestra Constitución. Por lo demás, sin contar con la «Cataluña silenciosa», este anhelo a la independencia puede acabar como el «corazón de Macià», que después de adorarlo como si fuese el brazo incorrupto de Santa Teresa -y no miro a nadie-, se demostró, cuando lo trajo el presidente Tarradellas, tras los años de exilio, que, como afirma Javier Barraycoa, era falso. Sea como sea, no volví a recibir más mensajes de Oriol Pujol, pero si me llega alguno nuevo, se lo comunicaré a ustedes.

Jorge de Esteban es catedrático de Derecho Constitucional y presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO.

Autoengañarse
Ningún problema tiene solución sin un buen diagnóstico y duele que personas inteligentes desdeñen el clamor catalán
Joan B. Culla i Clarà El País Cataluña   20 Septiembre 2012

Han pasado 10 días desde la eclosión cívica del pasado día 11 y, por tanto, la cosecha de reacciones producidas en el altiplano madrileño ya empieza a ser considerable. Dejando de lado aquellas más brutales o grotescas (la de quienes piden repatriar las tropas de Afganistán para hacerlas entrar por la Diagonal a la bayoneta calada, o la de los que pintan la economía de la eventual Cataluña independiente como un mix entre Biafra y Somalia), me gustaría atender a los análisis que, pretendiéndose razonados, serenos y hasta progresistas, reinciden a mi juicio en viejos errores de percepción y caen en flagrantes autoengaños.

Hoy, igual que hace 80 o 100 años, hay en España quien despacha la reivindicación catalana como una farsa, un circo, una cortina de humo urdida por ciertos capitostes para tapar escándalos y corruptelas. Pero la ciencia no ha aislado aún en el ADN catalán un gen de la corrupción que lo distinga del madrileño o del andaluz; ni nadie ha explicado por qué el nacionalismo catalán tendría más capacidad para manipular conciencias que el nacionalismo español; ni es verosímil que un millón muy largo de personas salieran a la calle para encubrir las vergüenzas de ninguna clique. A no ser, claro, que atribuyamos también las protestas laborales de los pasados y los venideros meses al afán de una mafia sindical por preservar sus privilegios, tal como sostiene la extrema derecha…

Lo que afloró el 11-S no es un suflé, ni Artur Mas el aprendiz de brujo que lo hace subir o bajar a voluntad

Aunque a la opinión madrileñocéntrica le cueste admitirlo, los agravios que la sociedad catalana acumula con respecto del aparato estatal no tienen nada de imaginarios ni de míticos. Son muy reales, desde la uniformización de las “chapas de los coches” por parte de Aznar hasta la postergación presupuestaria del corredor mediterráneo, pasando por las humillaciones del Estatuto y la amenaza permanente sobre un statu quo lingüístico ya de por sí bien frágil. ¿Es por ventura una ensoñación identitaria denunciar que, 20 años después del AVE Madrid-Sevilla, el enlace ferroviario de alta velocidad entre Barcelona y la frontera francesa siga inconcluso?

El problema —se escribe desde la Villa y Corte— es que la izquierda catalana ha sido abducida por el nacionalismo. ¿Abducida? Pues qué, ¿Cataluña es el único rincón del mundo donde no se puede ser de izquierdas y, a la vez, querer la soberanía del propio país? ¿No hay izquierdas en Noruega, en Malta, en Eslovenia, en Polonia? Cosa distinta es que el PSC, o su vértice, se halle desgarrado, desorientado y catatónico ante los últimos acontecimientos. No obstante, sin olvidar a Iniciativa y a ERC, muchos analistas de salón se sorprenderían si supiesen, por ejemplo, la cantidad de antiguos militantes, simpatizantes y votantes del PSUC que había entre la concurrencia más madura a la manifestación de la Diada.

Siento llevar la contraria pero, al margen de cuál sea su recorrido en las próximas semanas o meses, lo que afloró el 11-S no es un suflé, ni Artur Mas el aprendiz de brujo que lo hace subir o bajar a voluntad. ¿Acaso quienes así lo sostienen ya han olvidado lo que ellos mismos predicaban del líder convergente hace apenas dos años? Y aquel supuesto autómata frío, aquel producto de laboratorio sin pedigrí ni convicciones nacionalistas, ¿se ha convertido de repente en un ultrapatriota iluminado e insensato, en un peligroso híbrido entre Macià y Companys? Naturalmente, ni una cosa ni la otra. Pero, sobre todo, olvidemos las interpretaciones ad personam: lo que está ocurriendo en Cataluña no es un movimiento caudillista ni el fruto de un liderazgo carismático; más bien al revés, es la ciudadanía agraviada la que empuja a los políticos.

De cualquier modo, ningún problema tiene solución si no está bien diagnosticado. Y sorprende, y duele, que personas inteligentes desdeñen el nuevo escenario catalán como un espasmo quimérico, o un pasteleo de oligarcas, o un engaño masivo. Me recuerdan a Antonio Maura tachando la Solidaritat Catalana de “montón”.
Le replicó Joan Maragall: “No és un ‘montón’, senyor Maura. Que no ho veu? És un alçament”.

Joan B. Culla i Clarà es historiador.

¿Qué ocurre en Catalunya, y en España?
Vicenç Navarro www.publico.es   20 Septiembre 2012

Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas Universidad Pompeu Fabra

Tengo gran respeto por el periodista Iñaki Gabilondo y por su gran profesionalidad. Le considero uno de los mejores periodistas de España. Ahora bien, discrepo de sus comentarios hechos el 17 de septiembre a raíz de la manifestación independentista que tuvo lugar en Barcelona el 11 de septiembre (el día nacional de Cataluña). Sus observaciones indicaron (con todo el respeto que caracteriza siempre la exposición de sus argumentos) que la nueva situación creada por el enorme tamaño de tal manifestación exigía un posicionamiento claro del partido gobernante en Cataluña, CiU, así como de otros partidos definidos hasta hoy como nacionalistas o catalanistas, sobre su objetivos políticos para Cataluña, criticando una cierta ambigüedad sobre tales objetivos por parte de dichas formaciones políticas, ambigüedad notoria, según él, en los últimos años. Puesto que esta exigencia de claridad es bastante generalizada en círculos mediáticos, académicos y políticos españoles (y muy en particular madrileños) me veo en la necesidad de responderle, no sin antes agradecerle que haya definido la situación actual en la que se encuentran tales opciones políticas como resultado de una ambivalencia. Otros de diferente talante que Gabilondo han hablado, no tanto de ambigüedad, sino de manipulación, presentando tales partidos como independentistas ocultos que han ido cambiando la presentación de sus argumentos dependiendo del momento y periodo en el que se encontraban. La famosa frase de que “los nacionalistas/catalanistas nunca estarán satisfechos, se les dé lo que se les dé” recoge esta percepción de que los nacionalistas o catalanistas siempre desean, en realidad, llegar a la independencia, y todo lo demás es una mera estrategia de pasos en este sentido.

Este tipo de argumentos ignora, sin embargo, que la gran mayoría de personas que están a favor de la independencia hoy en Cataluña no lo estaba hace sólo unos años. Tengo muchísimos amigos aquí en Cataluña que, no habiendo sentido nunca el deseo de tener un estado propio, separándose de España, hoy así lo desean. Una de las mayores causas de que ello ocurra no se encuentra en Cataluña sino en Madrid y en España. En contra de lo que aducía un reciente artículo en El País (“La lucha final de la burguesía catalana”, de José Luis Álvarez, 21.08.12), en el que se criticaba al establishment español por haber estado demasiado pasivo frente a lo que el autor definía casi como veleidades del nacionalismo o catalanismo, el enorme crecimiento del independentismo se explica, en gran parte, por el comportamiento del establishment español (centrado primordialmente en Madrid), siendo su eje principal el aparato del Estado central y también los mayores medios de información basados en lo que se llama la capital de España.

El rechazo a la plurinacionalidad de España
La falta de reconocimiento de tal plurinacionalidad del Estado español existente en este establishment ha sido la raíz del problema. Solo por un momento, durante la II República, pareció que se abría una posibilidad, que desapareció completamente durante la dictadura fascista que impuso un nacionalismo español (castellano) extremo que, basado en una concepción jacobina del Estado español, ahogó y asfixió cualquier otra visión de España. La Transición inmodélica (que se realizó en términos muy desequilibrados entre unas derechas -herederas del franquismo- que controlaban los aparatos del Estado y unas izquierdas –que lideraron las fuerzas democráticas- que acababan de salir de la clandestinidad) permitió más espacios a las fuerzas nacionalistas/catalanistas, pero sin reconocer la plurinacionalidad de España. En realidad, el Estado de las autonomías (con el “café para todos”) era una manera de negar tal plurinacionalidad. Referirse a los acuerdos que tuvieron lugar entonces como fuente de las exigencias de que se respeten aquellas reglas, sin tener en cuenta el enorme desequilibrio de fuerzas que existía en aquel momento (como hacía Santos Juliá en su artículo del pasado domingo en El País o como hace el Monarca en su carta abierta a los españoles), es permitir que aquel desequilibrio se mantenga.

Este Estado de las autonomías abocará inevitablemente a la disgregación y rotura de España, como algunos hemos ido subrayando (ver mi libro Bienestar Insuficiente, Democracia Incompleta. Sobre lo que no se habla en nuestro país). Si cada demanda de Cataluña se tiene que traducir en diecisiete demandas iguales, España dejará de existir pues España no puede ser la suma de diecisiete Cataluñas. España no aguanta la suma de diecisiete naciones con historias, culturas e idiomas diferentes.

La falta de resolución de esta articulación Cataluña-España en la España de las Autonomías hizo que surgiera la demanda de un proyecto federal asimétrico que reconociera, dentro de España, la especificidad de la nación catalana. Fue en esta vía que, junto con otras alternativas, surgió el Estatuto de Cataluña que fue aprobado por el Parlamento Catalán, por las Cortes Españolas y refrendado por la población catalana. Y a pesar de ello, el Tribunal Constitucional, parte del aparato del Estado, vetó precisamente algunos de los componentes más estimados por los movimientos que habían generado la necesidad de establecer el Estatuto. Y la torpe respuesta del gobierno Zapatero, definiendo tal veto como un elemento menor del Estatuto, contribuyó a ampliar el enfado de grandes sectores de la población catalana. Más y más personas en Cataluña comenzaron a pensar que con esta España no hay nada que hacer. Algunos firmes seguidores del federalismo asimétrico abandonaron este proyecto, bajo la constatación de que no había posibilidades ni complicidades en España para desarrollarlo. Y se convirtieron en independentistas.

La explosión del independentismo
Pero, ¿por qué ha alcanzado ahora el independentismo el nivel que ha alcanzado? Y la respuesta es la crisis. Hoy, la crisis está afectando muy dolorosamente el bienestar de la población. Y la gran habilidad política de la coalición nacionalista gobernante en Cataluña, CiU, ha consistido en atribuir tales dificultades al famoso “expolio español”. Según este argumento, la aportación no voluntaria de Cataluña a España es equivalente al 8% del PIB de Cataluña. La demanda de un pacto fiscal, con un sistema semejante al concierto vasco, es una lógica respuesta a esta situación, en caso de que el proyecto deseado fuera mantenerse en España. Tal Pacto Fiscal implicaría un cambio en la gestión de los impuestos y su distribución. Exigiría que fuera el Estado catalán (como parte del Estado español) el que recogiera los impuestos y fuera el Estado catalán el que negociara con el Estado central los fondos para el pago de los servicios comunes y el componente de solidaridad que, por cierto, nadie cuestionaba (al menos hasta ahora).

Pero esta demanda se ve irrealizable en España, gobernada por el establishment español basado en Madrid. Y el punto final de esta frustración ha sido la victoria por gran mayoría del PP, el partido que se opuso al Estatuto con mayor intensidad. Tal partido, heredero del franquismo, muestra la mayor hostilidad a la especificidad catalana y al reconocimiento de Catalunya como una nación. El último detalle, entre muchos otros, es que tal gobierno no sancionó a un militar que hace unos días pedía, una vez más, la invasión militar de Cataluña. El comportamiento del gobierno PP y de la “caverna” que le rodea es el mayor fabricante de independentistas en Cataluña. Los medios públicos de la Generalitat, tanto Cataluña Ràdio como TV3, instrumentalizados abusivamente por el gobierno Mas (recordando los peores momentos del pujolismo), constantemente identifican la ultraderecha, el PP, con España, forzando una imagen falsa de que el PSOE y el PP son lo mismo. Autores de la “caverna” aparecen o son citados mucho más frecuentemente en tales medios que autores españoles de izquierda federalistas, o incluso políticos españoles conocidos que apoyan el derecho de autodeterminación de Catalunya.

La paradójica situación en Catalunya
Resultado de esta situación, incluido el control de la mayoría de medios en Catalunya por parte de las derechas nacionalistas, nos encontramos con la situación casi única en Europa de que uno de los gobiernos que ha ido imponiendo mayores medidas de austeridad a su población (ninguna de ellas existentes en su programa electoral) goza de un amplio apoyo electoral en Catalunya sin que la crisis y la puesta en marcha de tales políticas hayan afectado su popularidad. La gran astucia política del partido gobernante, CiU, ha sido presentar la necesidad de aplicar tales medidas como consecuencia del “expolio” de Cataluña por parte de España. De ahí que haya intentado canalizar, con la ayuda de sus medios, tal enfado hacia el establishment español basado en Madrid, definiéndolo como España.

En este argumento se olvida que el déficit de gasto público (incluyendo el gasto público social) de Cataluña es mayor que el déficit fiscal (que existe y debe eliminarse). Y también se olvida que el País Vasco, con un sistema fiscal semejante al que el gobierno CiU desea, tiene también problemas graves, con una crisis profunda. En realidad, el gasto público social por habitante en el País Vasco es mucho menor de lo que le correspondería por el nivel de desarrollo económico que tiene, y ello como resultado de haber estado gobernado por las derechas en la mayoría del periodo democrático. Tener una Cataluña independiente no es garantía de que Cataluña elimine su enorme déficit de gasto público social. En realidad, algunos de los economistas más visibles en la esfera independentista (incluyendo el economista “oficial” de TV3, que en sus llamadas “lecciones de economía” en tal medio adoctrina a la población catalana con su dogma neoliberal) son ultraliberales que eliminarían gran parte de los servicios públicos, como sanidad y educación, acentuando todavía más el deterioro de los servicios públicos que ha ocurrido bajo el mandato de CiU.

El expolio no es la única causa del déficit social de Catalunya
En realidad, tal como he señalado en otro artículo (“Expolio nacional o expolio social” Público 13.11.11) el gran déficit social de Cataluña se ha acentuado todavía más como resultado de la alianza de CiU con el PP (que fue el partido que se opuso más al Estatut) en las políticas fiscales regresivas, en la reducción de los impuestos que gravan las rentas del capital y rentas superiores, y en la privatización de servicios públicos, además de otras políticas de clara orientación neoliberal. Y ambos, tanto CiU como el PP, han hecho lo opuesto a lo que prometieron. Dijeron mil veces durante la campaña electoral que no recortarían en los servicios públicos como sanidad y educación, donde ha recortado más. Ambos están siguiendo políticas para las cuales no hay ningún mandato popular. De ahí que la demanda de un referéndum sobre si la ciudadanía aprueba tales políticas de austeridad sea tan aplicable al gobierno PP como al gobierno CiU.

El Presidente Mas ha subrayado que, si el pueblo catalán votara a favor de la independencia en un referéndum, las autoridades públicas representativas españolas, por mera coherencia democrática, deberían aceptarla y permitir su desarrollo. Pero la selectividad en la exigida coherencia y su falta de credibilidad aparece claramente cuando el mismo Presidente hace lo contrario de lo que el pueblo catalán votó, desmontando, como lo está haciendo, el Estado del Bienestar catalán. En sanidad, por ejemplo, las políticas que la Generalitat de Catalunya están polarizando todavía más la sanidad en Catalunya, favoreciendo a la sanidad privada (que sirve predominantemente a las rentas de mayores ingresos) a costa de la sanidad pública (que sirve a las clases populares). Y todo ello bajo el liderazgo del Conseller de Salut (que era el jefe de la patronal hospitalaria privada) transformando un servicio universal en un servicio asistencial, justificando tales políticas bajo el lema de que no hay otra alternativa, pues Madrid (España) nos fuerza a hacerlo y así nos lo manda.

De la misma manera que el Presidente Rajoy está desmantelando la España social bajo la excusa de que es lo que le exige Bruselas, el gobierno Mas también señala que tiene que hacerlo porque así se lo pide Madrid. En ambos casos estamos viendo la externalización de responsabilidades. En España, Bruselas se presenta como el problema. En Cataluña, Madrid es el problema. Y aunque en ambos casos hay un componente que sí se corresponde a la realidad, es sólo un componente y no lo es todo pues, ni antes de que hubiera el euro ni ahora con el euro, Bruselas y Madrid han sido los mayores determinantes del subdesarrollo social de Cataluña y de España (ver mi libro El Subdesarrollo Social de España. Causas y Consecuencias). Las relaciones de poder de clase juegan el papel
determinante tanto en Cataluña como en España. La alianza de clases, entre las clases dominantes en España y en Cataluña (terminología nunca utilizada en los medios por considerarla interesadamente como anticuada), es la causa mayor del retraso social de ambas, y los datos así lo muestran. Los países que tienen menor gasto social por habitante son aquéllos donde las clases conservadoras han sido más dominantes sobre los aparatos de sus Estados. Y así ocurre tanto en Cataluña como en España, como lo muestra que en la gran mayoría de leyes y presupuestos de austeridad que han afectado negativamente el bienestar de la población (tanto en Catalunya como en España), el PP y CiU han votado juntos (tanto en el Parlament de Catalunya como en las Cortes Españolas). Esto es lo
que está ocurriendo en Catalunya y en España, de lo que no se habla en los medios de mayor difusión ni en Catalunya ni en España.

Sería un gran error que las izquierdas permitieran que las derechas catalanas y españolas protagonizaran el desarrollo de los hechos durante este periodo.
Las izquierdas catalanas no pueden dejar que el gobierno CiU lidere el proceso de defensa de Catalunya cuando sus políticas públicas han estado dañando de una manera tan acentuada el bienestar del pueblo catalán. Las manifestaciones identitarias y las sociales deben confluir en una protesta generalizada hacia lo que está ocurriendo, no sólo en España, sino también en Catalunya. Y la izquierda española necesita aceptar que la Constitución, fruto de un desequilibrio en el momento de su aprobación, no es un documento sagrado. Debe cambiarse favoreciendo que la plurinacionalidad de España se refleje en que cada nación dentro de tal Estado pueda expresarse y determinar su futuro.

Lea mis labios señor Feijóo
GLORIA LAGO La Opinión 20 Septiembre 2012

Antes de ganar las elecciones de 2009, durante una de tantas ocasiones en las que los dirigentes del PPdG nos aparecían en los actos organizados por Galicia Bilingüe, el entonces candidato, señor Feijóo, me comentó, no sé si en broma o en serio: " A ver cuándo me enseñas inglés". Mis alumnos de Bachillerato saben que procuro deslizar entre gramática y conversación, aspectos que relacionan el idioma con la cultura y el carácter de los pueblos que lo hablan; así les hago reflexionar, por ejemplo, sobre la existencia de abundantes términos en inglés que expresan el concepto de soledad y cómo se reflejan en la literatura de EEUU, o les advierto de que algunas palabras para nosotros livianas, son para los británicos un tabú o tienen connotaciones extremas.

Si tuviera que enseñarle inglés al señor Feijóo y, por acercar la enseñanza a las circunstancias del personaje, me centraría en la palabra lie, mentira en inglés, dada la importancia que en la política de los países sajones se le da a este concepto. Cuando Bush padre aceptó su nominación en la convención republicana del 98, realizó una afirmación que le costaría su carrera política. Read my lips: no new taxes, es decir, lea(n) mis labios: no habrá nuevos impuestos. Una vez en el poder, Bush no creó nuevos impuestos, pero subió los ya existentes, algo que también se había comprometido a no hacer, y así, esa frase simbólica se convirtió en un mantra en boca de sus contrincantes y volvió imposible su reelección. Feijóo también faltó a la verdad cuando prometió libertad lingüística. De poco sirve el empeño de la Xunta en ocultar la realidad, y el de los equipos de marketing del presidente en recomendarle que diga ahora que defiende una Galicia Bilingüe. Los ciudadanos vemos que para la Xunta solo hay una lengua, los padres sabemos que no hemos podido elegir nada en la educación de nuestros hijos, y un seguimiento del DOG nos muestra las subvenciones condicionadas al uso de una lengua para cualquier actividad empresarial, asociativa o de formación.

Las ayudas al mundo de la cultura están cerradas a los creadores en español y quienes conocemos los entresijos del asunto también sabemos de otras cuestiones, desde los planes de la Xunta para erradicar cualquier topónimo en español del nombre de una finca o de una empresa, hasta la negativa a entregarnos los datos que guardan sobre la lengua materna en infantil, porque saben que con ellos podríamos demostrar que permitir elegir el idioma en la enseñanza resultaría muy sencillo en Galicia, dada la distribución del idioma por zona. Pero tal vez lo más desagradable han sido las denuncias que nos hemos visto obligados a presentar para intentar acabar con el adoctrinamiento en la enseñanza. La última fue admitida por un juez, tras la pasividad de la Xunta, que no parece concederle importancia, por ejemplo, a que un instituto haga constar por escrito que su equipo de normalización colabora con un centro radical en donde se exhiben fotos de presos de grupos violentos. Bush se vio empujado a faltar a su palabra ante el déficit presupuestario provocado por una repentina recesión. En el caso de Feijóo, la disculpa esgrimida suele ser que los nacionalistas le montaron 4 manifestaciones.

Si desde GB se protesta nos responden que quieren tranquilidad, que procuran no soliviantar a los nacionalistas. También se nos dice que con la crisis, a la gente eso ya no le importa, por lo que no tendrá coste electoral alguno. En los países sajones se ven las cosas de una manera diferente, no se centran en el incidente sino en el principio y en la dignidad del votante que no consiente ser traicionado. El argumento utilizado contra Bush fue que su mentira mostraba su untrustworthiness, es decir, que no era una persona de fiar o, aplicando el refrán: que quien hace un cesto hace un ciento. Por mi parte, en esta campaña me he propuesto asistir a los mítines de los partidos con posibilidades de obtener representación; el sábado fui a escuchar a Mario Conde y seguiré con todos los demás. También iré a los de partidos que no defienden las propuestas de GB, y lo haré con respeto e interés, siempre se aprende algo. En el mitin del PPdG, estaré lo más cerca que se me permita del señor Feijóo. Allí le regalaré una primera clase de inglés; no podrá escucharme, pero en la distancia le diré "Read my lips: no more lies".

Cataluña
¿Expertos e independientes?
Supuestos expertos en diversos ámbitos se presentan ante los medios de comunicación como tales para tratar sobre cuestiones identitarias o socio-económicas de la actualidad de Cataluña, pero ocultan que también son miembros de partidos, entidades o plataformas nacionalistas.
Alejandro Tercero www.vozbcn.com 20 Septiembre 2012

Marc Guerrero, miembro del Consejo Nacional de CDC; Ferran Requejo, promotor de la Asamblea Nacional Catalana y asesor externo de ERC; Xavier Martínez Celorrio, miembro de la Comisión de Cohesión Social de la Fundació Catdem, vinculada a CDC; y Bernat Gasull Roig, responsable del Área de Empresa, Consumo y Reconocimiento del Catalán de Plataforma per la Llengua.

A lo largo de las últimas tres décadas, desde el final de la dictadura franquista, el nacionalismo catalán ha dedicado ingentes esfuerzos en hacerse con el control de las principales terminales mediáticas en Cataluña, consciente de la importancia de poder modular a su gusto la emisión de un mensaje uniforme a la ciudadanía para lograr imponer su modelo de sociedad.

Estos esfuerzos han abarcado desde la construcción de una mastodóntica y ruinosa corporación audiovisual dependiente de la Generalidad, hasta el establecimiento de un sistema de subvenciones públicas a los medios privados que ha acabado en convertirlos en una suerte de prensa concertada.

El mejor ejemplo del éxito de la empresa iniciada años atrás por el nacionalismo se pudo comprobar en noviembre de 2009, cuando los doce principales diarios de Cataluña publicaron al unísono un editorial conjunto para deslegitimar y presionar al Tribunal Constitucional, que se encontraba deliberando sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña aprobado en 2006. Una maniobra inédita más propia de otros regímenes y de otras épocas.

Sin embargo, el nacionalismo catalán también utiliza otras estrategias más sinuosas para difundir sus tesis; una de las últimas fórmulas conocidas, que aprovecha la colaboración explícita de algunos medios, o la falta de rigurosidad de otros, consiste en presentar ante la opinión pública a supuestos expertos independientes, o a sencillos ciudadanos de a pie enfrentados a situaciones inverosímiles, ocultando su adscripción a las cúpulas de los partidos nacionalistas o independentistas, o a entidades dependientes de estos.

‘Especialista en Economía Internacional’
Uno de estos casos lo pudimos observar el pasado sábado, durante el programa especial de El gran debate de Telecinco dedicado a una supuesta secesión de Cataluña. En la parte final del especial, el presentador, Jordi González, dio paso a un cara a cara entre “dos profesionales, dos expertos en economía” para “ayudarnos a todos a comprender en qué situación podría quedar Cataluña en caso de que se separara del Estado español”.

González presentó, por una parte, a Roberto Centeno como “economista”, y, por otra, a Marc Guerrero como “especialista en economía internacional”. Sin embargo, el locutor olvidó aportar un dato más que, probablemente, parece relevante para los espectadores.

Guerrero es un alto dirigente de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC). En concreto, es miembro de su Consejo Nacional, representante de CDC en el Partido Europeo Liberal Demócrata Reformista, y uno de los hombres de confianza del presidente de la Generalidad, Artur Mas. Conociendo esta información, tal vez se hace más comprensible por qué los argumentos que defendió en el debate coincidían exactamente con los planteados por CiU en los últimos meses.

‘Un lector’
Otro ejemplo lo pudimos constatar el jueves pasado en la edición digital de La Vanguardia. Según la cabecera de referencia del grupo Godó, ‘el lector Bernat Gasull i Roig vivió una de las peores experiencia de su vida el pasado viernes 7 de septiembre en el Aeropuerto del Prat’, cuando, llegando de un vuelo procedente de fuera de la Unión Europea, ‘la Policía Nacional le retuvo, según explica Bernat, por hablar catalán’.

La Vanguardia reprodujo íntegramente la carta de Gasull y compuso una pieza titulada ‘La policía retiene a un hombre en El Prat “por hablar catalán”’, sin comprobar la veracidad de lo relatado por la supuesta víctima de unos hechos, cuando menos, inverosímiles. Sin embargo, lo que sí podía haber indicado la redactora -y no lo hizo- es que el ‘lector’ en cuestión es el responsable del Área de Empresa, Consumo y Reconocimiento del Catalán de Plataforma per la Llengua.

Plataforma per la Llengua, entidad generosamente premiada y subvencionada por la Generalidad y por las administraciones locales -con más de dos millones y medio de euros en los últimos años-, es conocida por sus boicots y sus chantajes comerciales (contra medios de comunicación -incluido el propio grupo Godó-, aerolíneas, cines o pequeños negocios), así como por sus campañas para que las escuelas públicas desobedezcan las múltiples sentencias de los tribunales que obligan a restablecer el bilingüismo escolar, y para desacatar la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto.

‘Profesor de Sociología de la UB’
Por otra parte, el jueves pasado, el blog Zona Crítica, antesala del digital El Diario, que Nacho Escolar estrena este martes, publicó un artículo de Xavier Martínez Celorrio titulado ‘España pierde Cataluña, como dijo Unamuno’.

El texto alaba las bondades del catalanismo a lo largo del último siglo y le atribuye una supuesta ‘influencia modernizadora’ en España durante ese período. Además, imputa a las ‘élites madrileñas y provinciales’ del resto de España el ‘fracaso’ del Estado autonómico, y apela a los principales argumentos económicos -’agravios’ contra Cataluña- defendidos por CiU para justificar su deriva secesionista.

En el artículo, que ha tenido una gran repercusión en las redes sociales, Martínez Celorrio firma como profesor de Sociología de la Universidad de Barcelona, lo que es cierto. Sin embargo, como en las anteriores ocasiones, olvidó añadir un dato que, sin duda, aportaría información trascendente a los lectores. Martínez Celorrio forma parte de la Fundació Catdem, vinculada a CDC. En concreto es miembro de la Comisión de Cohesión Social de la fundación convergente.

Un ‘economista’ y un ‘politólogo’
En cualquier caso, este tipo de despistes no ocurren únicamente en los medios nacionales. En abril pasado, el prestigioso rotativo estadounidense The Wall Street Journal publicó un artículo sobre el déficit fiscal de Cataluña, para lo que consultó a Germà Bel y a Ferran Requejo. El articulista presentó a Bel como ‘un economista de la Universidad de Barcelona’, y a Requejo como ‘un politólogo de la Universidad Pompeu Fabra’.

Esta vez, el cronista también omitió información relevante para los lectores, que ayudaría a entender por qué ambos expertos coincidieron en cargar contra el presunto ‘centralismo’ en España y denunciar un supuesto excesivo déficit fiscal en Cataluña. En los dos casos, además de profesores universitarios, se trata de conocidos activistas en favor de la secesión de Cataluña. Bel ha apoyado los referendos independentistas celebrados entre 2009 y 2011 por toda Cataluña, mientras que Requejo es uno de los promotores de la Asamblea Nacional Catalana. Ambos han sido llamados por ERC para apoyar sus tesis en el Parlamento autonómico y forman parte de la red de asesores externos de esta formación.

El último caso se ha dado en la prestigiosa cadena de televisión qatarí Al Jazeera. Para tratar el tema nacionalista en Cataluña, tras la marcha secesionista, se ha publicado un breve reportaje que también se ha plasmado en su web. Entre los expertos del tema se encuentran -además del congresista de ERC Alfred Bosch, que citan como político pero no le atribuyen una filiación política- Clara Ponsatí, profesora de Economía en la Universidad de Georgetown (Estados Unidos), y Montserrat Guibernau, profesora en la Queen Mary, Universidad de Londres.

Sin embargo, el autor de la noticia olvida decir que Ponsatí y Guibernau se mueven en aguas convergentes. La primera suscribió un manifiesto a favor de Josep Antoni Duran i Lleida y CiU durante la campaña electoral de las pasadas elecciones generales de noviembre de 2011. Y la segunda es habitual en actos de entidades independentistas como Òmnium Cultural y de CiU como, por ejemplo, ser uno de los presentadoros del libro, junto a Artur Mas (CiU), que escribió Francesc Homs (CiU), ahora portavoz de la Generalidad, publicado en otoño de 2010.

Bronca interna en la CEOE por el secesionismo catalán

Las patronales de Andalucía y Madrid reclaman a Juan Rosell que defiendan la unidad de España
 www.lavozlibre.com 20 Septiembre 2012

Madrid.- La reivindicación de la Generalitat de Cataluña del llamado pacto fiscal y la manifestación independentista que se produjo en la pasada Diada provocó ayer una bronca interna en la Comisión Ejecutiva y la Junta Directiva de la CEOE. Y es que, los representantes de la patronal andaluza y madrileña reclamaron al propio presidente de la CEOE, Juan Rosell, y al de la catalana Fomento del Trabajo, Joaquim Gay de Montellà, más defensa de la unidad de mercado y la cohesión del país, y no dar respaldo a la Hacienda propia que promueve el gobierno de Artur Mas.

“Echamos en falta estos días una manifestación de nuestro presidente en defensa de la unidad del mercado y del país”, señaló, según publica el diario ‘El Mundo’, José Antonio Segurado, que dijo hablar en nombre de la patronal madrileña CEIM, al estar ausente su presidente, Arturo Fernández.

Segurado reclamó a Gay de Montella que dejara de mostrar simpatía por actitudes radicales y por una ruptura de la solidaridad en el sistema de financiación autonómico que perjudican la ya débil situación actual de España.

En la misma línea se mostró el andaluz Santiago Herrero, que echó en cara al presidente de Fomento que no dijera lo mismo según en qué foro se encontrara. El andaluz tiene a gala que él dice lo mismo siempre dentro que fuera de las reuniones y montó en cólera tras escuchar dos discursos distintos a Gay de Montellà en el corto espacio de unas horas.

En concreto, dejó en evidencia al presidente de la patronal catalana al desvelar que éste había sido en la Comisión Ejecutiva de primera hora de la mañana más claro que en la Junta Directiva -más multitudinaria- posterior. El propio Gay se dirigió airado a Herrero a la salida de esta última reunión y le reprochó que le abochornara de tal forma.

Recortes de Prensa   Página Inicial