AGLI Recortes de Prensa   Viernes 21 Septiembre 2012

Artículo del presidente y editor de La Voz de Galicia
¿Consentirá esto España?
Santiago Rey Fernández-Latorre La Voz 21 Septiembre 2012

Cinco años después del comienzo de la crisis más aniquiladora que recuerdan generaciones, y apenas a nueve meses de la toma de posesión del Gobierno, los españoles han perdido ya toda esperanza en encontrar una sola mano valiente capaz de cambiar la dirección que nos lleva irremisiblemente a la derrota.

Metidos en la niebla, carentes de verdaderos líderes y sin nadie que aporte ideas, los españoles ven hoy que van en rumbo de colisión, seguros ya de que se aproximan más a la catástrofe. Y seguros también de que será irremediable, porque quienes tienen en su mano el timón han confundido su destino.

Fueron elegidos para corregir con energía el desastroso error con que castigaron a la sociedad anteriores gobernantes, quienes, con su perversa actuación, secaron la economía y agotaron las ansias del pueblo. Pero en cada consejo de ministros se demuestra que ni una sola de las medidas que se aprueban sirve para devolver el pulso y la confianza a un país moribundo.

Las finanzas públicas -insuficientes para atender las necesidades del Estado- empeoran a pasos agigantados, con intereses tan altos que resulta imposible pagarlos y se retrasan como regalo envenenado a las próximas generaciones.

Las empresas ven hundirse su economía en prácticamente todos los sectores, porque, en contra de la propaganda oficial, ni una sola medida ha contribuido al crecimiento de la actividad y del consumo.

Las cuentas de las familias se han destrozado ya, imposibles de cuadrar por la caída de ingresos y la falta de trabajo y oportunidades para gran parte de sus miembros.

Los jóvenes sufren el drama de prepararse a conciencia para nada. O de emigrar como sus abuelos. Los adultos que aún conservan empleo asisten acongojados a las insalvables dificultades de sus empresas. Los que han entregado su carrera al servicio público en la Administración se sienten maltratados en su nómina y en su imagen. Los millones de personas que tienen la desgracia de haber caído en el paro sufren como nadie el presente y temen más que nadie el futuro. Y por si todo esto fuera poco, los que viven de su trabajada pensión o están a punto de hacerlo tienen pánico a lo que pueda pasar en cualquiera de los próximos consejos de ministros, porque temen que de allí salga para ellos un trato tan injusto como intolerable.

No se puede arrojar más agua hirviendo ni más calamidades sobre una población de más de cuarenta y siete millones de personas que de ninguna manera se ha merecido esto. Ha sido siempre comprensiva, se ha mantenido serena, ha creído todas las mentiras que le han ido contando y ha confiado en quienes le pedían apoyo. No aguanta más. Se palpa en la calle, en cualquier conversación, y se palpa en la vida pública, excepto en los confortables coches, aviones y despachos oficiales.

Porque esa población maltratada observa a diario cómo se le recortan prestaciones, derechos y conquistas que nos han hecho un país civilizado; cómo se le encarecen los productos y los servicios básicos; cómo se le vacía la cartera con impuestos y exacciones. Y cómo prevalecen los privilegios en el tejido de las Administraciones públicas y el aparato que han creado en su exclusivo beneficio los políticos.

Ven también cómo la ley les presenta una doble faz: la dura para sus derechos y aspiraciones legítimas y la blanda para los que rodean el poder, sean las exigencias de Gobiernos como el catalán o los privilegios de políticos y grandes corporaciones que se empecinan en fijar las reglas del juego, por encima incluso de lo que establece para todos la Constitución.

Miles de chiringuitos inútiles con nóminas bien infladas. Despilfarro de centenares de millones en vacía grandilocuencia monumental. Hiperinflación de puestos a sueldo del erario. Descomunales aparatos de propaganda emitiendo veinticuatro horas al día. Cámaras, instituciones y organismos que no aportan más que prebendas y gastos suntuarios, incluidos los de los traductores vernáculos. Lujos en un país desangrado. Episodios continuos de corrupción. Ese es el retrato que se puede hacer hoy de esta España que desde la transición esperaba mejor destino.

Y todo esto, ¿tiene culpables? Desde luego. Con nombres y apellidos.
Lo fueron, y no han pagado ni un solo desperfecto, quienes tomaron en sus manos un Estado con superávit, nos hicieron creer que íbamos a ser más grandes que Italia y Francia y agotaron irresponsablemente nuestros recursos. Aseguraron que nuestro sistema financiero era el más seguro de Europa y lo despellejaron hasta dejarlo irreconocible. Anunciaron que pronto se acabaría con el paro, y con su política enviaron al desempleo a millones de personas. Todo eso le deben los españoles al bienintencionado Gobierno de Zapatero, a los sindicatos e incluso a algunos presidentes autonómicos que agrandaron el problema cuando aún tenía remedio.

Zapatero no quiso ver el abismo y llamó antipatriotas a quienes le advertían de su absoluto alejamiento de la realidad. Y se fue sin rendir cuentas, bien premiado con un estupendo puesto en el Consejo de Estado.

Entonces, los españoles entregaron una fornida mayoría absoluta a quien le llamaba incompetente, quizá pensando que él no lo sería. Pero no han hecho falta más que unos meses para comprobar que el gallego templado e inmutable tiene sus preocupaciones lejos de las de los españoles.

Triste es ver cómo Mariano Rajoy ha dejado de gobernar y ha pasado a ser gobernado. Gobernado por quienes nunca lo eligieron: ni los anónimos y depredadores mercados ni Angela Merkel y sus jaleadores ni la troika que nos amenaza continuamente con los hombres de negro como en una pesadilla infantil. Realmente, España no debería consentirlo.

España no puede consentir que se destroce su vitalidad y se la empobrezca cada vez más, para dejarla como esclava, pasando penalidades, al servicio de los que imponen los ajustes, pero no se someten a ellos.

España no puede consentir que se la relegue al vagón de cola de Europa y que sea pasto de los mismos usureros que están hundiendo en la miseria a Grecia y a Portugal.

España no puede consentir volver a las peores épocas de su historia, desangrada por los antagonismos, enfrentada, rota toda solidaridad interna, entregada al caos.

La política ciega que ha emprendido el Gobierno en contra de la propia fortaleza del país es, sobre todo, una inversión en divisiones y una siembra de odios que ya parecían superados para siempre. Basta ver la exacerbación que se vive estos días en Cataluña y la grotesca liberación de Bolinaga para entender que España corre riesgo de fracasar. Lo hará si no se fortalece la idea de que la acción política tiene que dirigirse primordialmente al progreso de los españoles, y no a su bancarrota o su división. No sería para felicitarse si volviesen de nuevo los rencores y los vetos a los productos catalanes, que ya produjeron consecuencias tan nefastas.

Llevar al país, como se está llevando, por la senda de la desesperanza y la confrontación solo trae consecuencias trágicas. Desde la conflictividad social a la aparición de falsos mesías y cínicos redentores que intentan beneficiarse de la situación y engañar a los ingenuos haciéndoles creer que se mueven por el interés de la gente cuando lo hacen exclusivamente por el suyo.

Ahora los gallegos han sido convocados nuevamente a las urnas, en medio de un desencanto con los políticos jamás vivido en democracia. Y no tienen fácil su decisión. Como dice el propio Feijoo, tienen que elegir entre darle a él una segunda oportunidad o volver al bipartito, pese al infausto recuerdo que dejó.

Dentro de un mes, los ciudadanos de Galicia podrán hablar y dar su veredicto, si se animan a participar en la tan decepcionante vida pública actual. Pero antes es el turno de los candidatos. Son ellos los que deben reflexionar y explicar con claridad qué proponen para torcer este destino fatal al que ellos mismos nos han abocado. Tienen esa obligación con todos los ciudadanos, como tienen la obligación de decir la verdad. Debemos saber cuáles son sus verdaderas intenciones, para que los votantes no vuelvan a sentirse traicionados, como ha sucedido con el que prometía no subir el IVA. Ahora asegura que no tocará las pensiones, pero cada vez se hace más difícil creerle.

Son los que aspiran a gobernarnos los que deben merecerlo. Y para ello es imprescindible que se comprometan a cambiar radicalmente la política que destruye por la que construye. La que nos lleva de cabeza a la ruina que ya experimentan nuestros vecinos por la que nos haga retornar al único camino que debe recorrer un gran país. Acabar con la contracción y empezar el crecimiento.

Es la hora. Ya no hay tiempo. Galicia y España no pueden consentir de ninguna manera lo que está pasando.

Y si los que gobiernan, del primero al último, con toda la información que poseen, creen que no tienen otra alternativa que seguir demoliendo la casa de los ciudadanos, será mucho mejor que abandonen ya. Inmediatamente. Mientras no cambien, no los necesitamos ni los queremos para nada.

¿Qué es el neopijismo?
Borja Mateo www.vozpopuli,com 21 Septiembre 2012

Desde el reinicio de la democracia en nuestro país se ha creado un nuevo concepto de hacer política, se trata del neopijismo. ¿Qué es el neopijismo? ¿Qué es la clase neopija?

El neopijismo es una visión que se basa en un muy fuerte intento de formar una nueva clase social dirigente; para ello crean ilusiones colectivas que sirven a las clases sociales proletarias de entretenimiento. El fin último de tales ilusiones es acentuar la depauperación de la clase social proletaria con el fin de que la misma nunca salga de la más baja escala social y económica.

En esta relación se fomenta la dependencia del individuo respecto del Estado porque lo que se pretende es el servilismo de los ciudadanos respecto a una nueva clase dirigente que maneja la estructura represiva del Estado. Esta clase dirigente es la clase neopija.

¿Qué es un pijo?
La Real Academia de la Lengua define pijo como “dicho de una persona: Que en su vestuario, modales, lenguaje, etc., manifiesta gustos propios de una clase social acomodada”. Es decir, lo limita a una posición de eminente naturaleza económica. Bien podríamos hablar de la diferenciación de clases sociales, que no económicas, pero limitemosnos a las diferencias de clase económica en nuestro país.

Características del neopijismo:
Promueve debates identitarios sin ningún tipo de uso práctico para la clase obrera. Así el de la lengua, la religión, la historia y demás. No existe un fin didáctico positivo de construir algo en común, sino que subyace siempre la voluntad de imponer visiones colectivas. Se hace creer que definir estas realidades corresponde al Estado y no a los individuos cuando es al revés;

Se halla en las antípodas del libre ejercicio del derecho a la autodeterminación. Al entrometerse en temas de marcado carácter individual, intenta sustituir el libre ejercicio de la voluntad de los ciudadanos en temas que sólo les atañen a ellos;

Es antropológicamente negativo. Su visión sobre la libertad de los ciudadanos es negativa, es decir, en temas personales el ciudadano no está cualificado para decidir por sí mismo, sino que ha de ser el grupo quien decida por él en temas de marcada naturaleza íntima; así el lingüístico, el sexual, el de la conciencia o el económico;

Busca el despiste constante. Al sacar temas de tipo simbólico lo que desea es despistar al ciudadano sobre qué elementos determinan la pertenencia a una clase económica u otra. Busca activamente la destrucción de la porosidad social entre los distintos grupos;

Confunde derechos personales e intransferibles y los convierte en colectivos. Su fin es que nadie despunte porque no cree en la excelencia, sino en el igualitarismo. Mientras tanto, los pertenecientes a la clase neopija copan los puestos de mando social;

Empobrece al país fuertemente. En su intento de igualar a todos los individuos destruye su especificidad con lo que todos se convierten en ciudadanos medios, en mediocres. De esta forma la sociedad no avanza;

Su fin es la eterna proletarización de las clases obreras. Al no potenciar sus específicas capacidades condena a esta clase a mantener su estatus económico y social de forma permanente. A esta clase le realizará pequeñas concesiones que venderá como grandes logros cuando en realidad son menudeces, limosnas con el fin de contentarla y mantenerla mansa;

Sólo está interesado en su propia supervivencia. Con el fin de mantener la estructura del Estado que le permite ejercer su represion sobre los ciudadanos, tomará cualquier medida que permita la subsistencia del Estado como estructura. Para ello acepta el hundimiento de la sociedad. El orden de prioridades es claro:

La clase neopija;
El Estado como medio de ejercer la coercion sobre los individuos;
La sociedad como ente uniformador y controlador del individuo;
El individuo

A pesar de ellos venderá al público un orden de prioridades muy distinto.

Explotación del individuo. Para mantener la estructura represiva del Estado explotará mediante impuestos a los ciudadanos. Para ello subirá tanto los impuestos que hará que la recaudación baje ante el aumento del fraude fiscal. Buena prueba de ellos son las políticas impositivas del Gobierno de Rajoy o las propuestas de Rubalcaba;

Medios concretos del neopijismo
Siempre tiende a instrumentos que limiten en lo posible el mundo simbólico personal. Sustituye el mismo por ilusiones colectivas que el individuo ha de aceptar.

Eliminación de la libertad de elección lingüística. Se trata de una de las favoritas. Así en Cataluña, en Galicia, en el País Vasco peninsular (no en Nafarroa) o en Baleares. Mientras tanto envía a su hijo al colegio alemán porque es consciente que más se progresa económicamente con el alemán que con idiomas regionales. El problema es la imposición del idioma de comunicación entre los individuos; la elección del medio de comunicación es algo que solo corresponde a los indivuos y no al Estado;

Imposición de una visión sexual concreta. Busca controlar la mayor parte de las áreas de expresion simbólica de las personas, entre ellas la sexual. A tal fin adoctrina en todos los aspectos de la vida, incluido en el sexual; así Educación de la Ciudadanía;

Sustituye la ciencia por la ideología. Busca destruir la influencia de otras cosmovisiones que no sean la cristiana; estas le hacen la competencia y ponen en duda su legitimidad para entrometerse en los aspectos más íntimos de las personas;

Falta de oportunidades y de libre competencia entre los individuos. Bajo “todos somos iguales” se esconde el ansia de eliminar a los sobresalientes y de condenar al grupo a lo mísero en todos los aspectos de la vida: cultural, artístico, intelectual y económico;

Limosnas varias. Presenta una serie de ayudas tales como OVPs, medicamentos gratis, educación gratuita como grandes logros a la vez que los usa como una cortina de humo. De esta forma se contienen los deseos de mejora de clase económica de las clases sociales más bajas. Sólo les concederá aquellos derechos mínimos que le sirvan para mantenerlos a raya, ninguno más. Intentará siempre contener mediante el igualitarismo a aquellos individuos que ansíen más;

Fiscalidad represiva y populista. Hay que mantener la maquinaria de contención de las clases sociales más bajas para lo que hay que concederles migajas. Las migajas se obtienen de los que más producen en la sociedad a quienes se estigmatiza como “ricos”, “pijos” y “explotadores” cuando el que explota es la estructura del Estado a los individuos. Toma medidas fuertemente populistas con el fin de exprimir al máximo a los que más producen, pero en su ansia de sacarles más obtiene resultados muy negativos. Así el impuesto sobre beneficios a un año que propone el PP de hasta el 56% que hará que el acceso al capital sea para las empresas mucho más caros, el impuesto del 75% contra los ricos o el de la fortuna en Francia o bien el estatuto de non-dom en el Reino Unido;

Estado como ente represivo. Usará de forma sistemática el aparato del Estado para ejercer su poder sobre los individuos que forman la sociedad;

Polarización de la sociedad. Siempre saca elementos tales como la Guerra Civil, los visigodos y los autrigones, Pichichi y Zarra con el fin de azuzar los sentimientos de la individuos, de enfretarlos entre sí con el fin de que no unan fuerzas para enfrentarse al ente represivo que es el Estado;

Crea burbujas inmobiliarias. Como necesita medios para mantener el Estado no duda en crear burbujas puesto que se lleva un porcentaje mediante los impuestos generados por las mismas. Posteriormente echará la culpa de su creación y de sus consecuencias a los individuos, reprochándoles que su libertad, ejercida dentro del marco legal correspondiente, ha generado los problemas actuales.

Características del neopijo:
Si no hubiera sido por el Franquismo, sus antepasados habría fallecido de inanición;

Debe su progreso de clase económica a su capacidad personal que ha podido desarrollar gracias al marco institucional creado por el Franquismo (piénsese en las diferencias de desarrollo económico entre Corea del Norte y Corea del Sur, por ejemplo);

Rechaza visceralmente el Franquismo, aunque sin este no habría nunca llegado a ser nada;

Vende el mantra de que estuvo contra el Franquismo durante su existencia a pesar de que ello es falso en muchas ocasiones. Aunque no siempre, muchas veces su familia pertenció al aparato represivo Franquista;

Fuertemente clasista. Rechaza el orden de clases sociales (no económicas) previo al Franquismo porque, bajo el falso manto de la igualdad, lo que buscar es despuntar él, crear una nueva clase social. Es el “quítate tú para que me ponga yo”;

Odia a la Iglesia Católica, aunque no necesariamente. Ve a la misma como representante del orden social contra el que dice luchar aunque su fin último es crear una clase dirigente de sacerdotes a la que ansía pertenecer;

Carece de escrúpulos para conseguir sus objetivos. Acepta como moralmente plausible depauperar la sociedad para obtener lo que se ha propuesto. Venderá el igualitarismo como un logro cuando es un retroceso brutal en el libre ejercicio del derecho a la autodeterminación;

Complejo social en muchos casos y 'trepismo' de clase social. Tiene un profundo complejo por pertener en origen a clases sociales obreras, algo que lleva muy mal. Ser miembro de la clase proletaria es para él algo negativo que no desea para sus hijos. Su fin fundamental es dar el salto de clase media o media-baja a las clases sociales altas. Es consciente de que, a pesar de pertenecer él ya a la clase económica media a alta, esto no significa que socialmete haya podido escalar tanto. Es consciente de que ese trepar social propio es el primer escalón de su familia;

Rechazo para sus hijos de todo elemento proletario. Se da unido al elemento anterior. El elemento que desea para los demás con el fin de mantener sus proletarización (un colegio público de baja calidad) lo rechaza radicalmente para su prole al ser consciente de que, en caso de que sus hijos fueran a colegios como la plebe, se romperían sus esperanzas de progreso social y económico.

¿Qué políticos pertenecen a la clase neopija? Yo tengo un buen número en mente… ¿cuáles tienes tu?

Salir del punto muerto
Editorial www.gaceta.es 21 Septiembre 2012

Lo que pidió Mas a Rajoy no tiene cabida en la Constitución.

Tras la entrevista de dos horas en el Palacio de La Moncloa, del resultado de la conversación entre el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el de la Generalidad de Cataluña, Artur Mas, sabemos que no ha prosperado la petición de Pacto Fiscal hecha por el catalán. Y según se desprende tanto de las posteriores declaraciones de Mas como de la nota del Ministerio de la Presidencia, el fundamento de la negativa a ese solicitado sistema de concierto no es coyuntural, sino estructural. No es que mientras dure la crisis no quepa discutir esta cuestión (lo que implícitamente equivaldría a decir que, cuando llegasen mejores tiempos económicos, podría abordarse el asunto y hasta llegarse a un acuerdo), sino que lo que pide el Gobierno autonómico de Cataluña no tiene cabida en la Constitución; y eso son palabras mayores, que obligan a los nacionalistas catalanes a archivar sine díe su proyecto de Pacto Fiscal con el Estado.

Así parece haberlo entendido Artur Mas cuando ha renunciado a seguir “dándose cabezazos contra una pared”. Pero en su rueda de prensa ha anunciado que se pone inmediatamente a pensar otras formas de caminar hacia un futuro “luminoso y brillante”, eufemismo de la soñada independencia a la que se ha venido refiriendo hasta anteayer: el que ayer no mencionase los términos independencia o soberanía no significa que haya que entender la metáfora lumínica de otra manera. Seguimos, pues, en punto muerto: Mas cree que la terquedad de Rajoy impide progresar, y Rajoy tiene buenos motivos para pensar que la terquedad de Mas en buscar para Cataluña un Estado propio impide seguir confiando en él.

En esta situación, resulta inevitable preguntarse por dónde saldrá esta vez el nacionalismo catalán. Artur Mas no ha querido dar pistas; dice que esperará al debate de la semana que viene sobre política general en el Parlamento autonómico. Pero no son pocos los que piensan que convocará elecciones para el 25 de noviembre o el 2 de diciembre, según adelantábamos ya ayer en este diario. Si eso ocurriera, no avanzaríamos gran cosa, pues el planteamiento de esas elecciones estaría viciado en su misma raíz, ya que es seguro que se dará a esas elecciones legislativas carácter de referéndum por la independencia. Cada instrumento sirve para lo que sirve, y se pervierte si se emplea para una función distinta de aquella para la que fue diseñado.

Por lo demás, la oferta amistosa de Rajoy de mejorar el sistema de financiación autonómica para 2013 está muy bien, pero tampoco arreglará nada del problema de fondo, que es la tensión centrífuga basada en el impacto emocional de la manifestación del día 11, a la que acudió una multitud bombardeada desde hace decenios por la propaganda separatista que han promovido sistemáticamente todos los partidos que han gobernado Cataluña desde 1980. Y Rajoy debería plantearse qué hacer en el terreno educativo, cultural y mediático para abrir las mentes de los pobladores de una Cataluña alimentada intelectual y sentimentalmente con dosis masivas de pensamiento único, y para apaciguar los ramalazos separadores de cada vez más españoles no catalanes dispuestos a decir sí a la independencia para que los separatistas los dejen en paz.

El plan de Bernanke: más droga para el drogadicto
Ignacio Moncada El Confidencial 21 Septiembre 2012

Si un helicóptero arrojara sobre una isla tantos sacos de dinero como para que se doblara la masa monetaria, ¿se volvería ésta el doble de rica? Éste fue el gráfico ejemplo utilizado por el economista americano Milton Friedman en su libro Money Mischief para ilustrar los efectos de la expansión monetaria. La conclusión fue que la isla no doblaría su riqueza. Seguirían produciendo lo mismo y su capacidad de consumo e inversión serían las mismas en términos reales. El valor de la moneda simplemente pasaría a ser la mitad, haciendo que los precios suban hasta reequilibrar los precios relativos.

Ben Bernanke, actual presidente de la Reserva Federal, se ganó el apodo de ‘Helicopter Ben’ tras utilizar este ejemplo en un discurso contra la deflación en 2002. Hay que decir que desde que en 2006 ocupó su cargo se ha hecho merecedor de tal nombre: la oferta de dinero (M2) ha crecido desde los aproximadamente 6.500 billones de dólares en 2006 hasta los más de 10.000 billones en diversos planes de expansión monetaria. Y su intención es la de seguir por la misma senda. Ahora, sin ir más lejos, se ha vuelto a subir al helicóptero y ha anunciado que continuará arrojando dinero sobre la economía americana hasta que considere que está totalmente sana.

El plan recién aprobado por la Fed, bautizado como Quantitative Easing 3, no es tan simple como imprimir y arrojar dinero desde el cielo. Pero los efectos económicos son similares. Desde el punto de vista técnico, se inyecta dinero mediante la compra masiva de titulizaciones hipotecarias denominadas Mortgage-Backed Securities (MBS). Éstas no son otra cosa que bonos que se emitieron en la época de la burbuja crediticia para financiar grandes paquetes de hipotecas, liberando así los balances de los bancos. Pero no merece la pena perderse en el procedimiento técnico.

Lo que busca la Fed no es un impacto directo sobre el activo comprado, como hace el BCE al comprar deuda soberana periférica. Podría comprar deuda pública, bonos de los grandes fabricantes de automóviles o créditos a estudiantes, cosas que ya ha hecho de forma masiva. Lo que Bernanke busca es estimular el crecimiento y la creación de empleo en toda la economía, y cualquier deuda a largo plazo le sirve. Confía en este chute monetario para lograrlo.

Es cierto que una expansión monetaria provoca un efecto de euforia en el corto plazo. Volviendo al ejemplo de la isla de Friedman, los primeros individuos que recogen los billetes llovidos del cielo se ven con mayor saldo monetario y, como al principio los precios no han cambiado, ven aumentado su poder adquisitivo. Éstos se lanzan a comprar y a invertir de inmediato, y es entonces cuando empiezan a subir los precios hasta volver al equilibrio de precios relativos. Según la teoría de Friedman, este es un proceso de suma cero que enriquece a los primeros a los que llega el nuevo dinero y empobrece a los últimos en recibirlo, al tiempo que provoca un aumento generalizado de precios.

Pero el proceso tiene más inconvenientes. Los economistas de la Escuela Austriaca, como Friedrich A. Hayek, denunciaron que la subida de precios no es el peor de los efectos que provoca la expansión monetaria. En la práctica el dinero no llueve del cielo ni se gasta de manera homogénea. El dinero nuevo entra por determinados canales y afecta a unos pocos sectores en primera instancia, antes de filtrarse hacia el resto de la economía. Estos sectores sufren lo que se conoce como una burbuja: una distorsión al alza de precios relativos y rentabilidades, que generan de manera artificial un efecto llamada de la inversión privada. Es como una especie de euforia inversora en la que el tipo de interés baja, el crédito se expande y la bolsa sube. Pero a la larga, cuando los precios relativos se reajustan, se pone de manifiesto que no hay demanda para sostener esas inversiones estimuladas artificialmente. Esos sectores afectados se tendrán que someter a una reestructuración y liquidar las malas inversiones. Este proceso suele ponerse de manifiesto en forma de recesión económica.

Cuando Bernanke propone estimular la economía mediante una expansión monetaria, es como tratar de curar a un drogadicto con sucesivos aumentos de su dosis habitual de droga. Tras cada inyección, a corto plazo hay una fase de euforia, pero a la larga el paciente empeora. Lo mismo pasa con la economía. Tras el estallido de la gran burbuja entre 2007 y 2008 no se ha hecho más que inyectar masivamente dinero, dificultando la reestructuración del sistema productivo y el desapalancamiento de los agentes económicos. Entorpeciendo, en definitiva, lo que necesita la economía americana para poder crecer y crear empleo de manera sostenible. Los atajos monetarios no provocarán más que recaídas en el largo plazo e inflación. No harán sino alejar el momento de la recuperación.

Lo que está claro es que Bernanke no ha lanzado este plan de estímulo en un momento cualquiera. Lo hace a mes y medio de las elecciones. Y hay dos cosas que tiene claras. La primera es que Mitt Romney, el candidato republicano, ya ha dicho que no cuenta con él en el caso de que llegue a la Casa Blanca. La segunda es que las elecciones se decidirán a favor de Obama si los votantes perciben que la economía va razonablemente bien. Así que no lo ha dudado. Ha puesto en marcha la imprenta para que la economía llegue hiperactiva a las elecciones. Lo que no ha explicado son los efectos perversos que esta política genera en el largo plazo. No es algo que, al parecer, preocupe a ‘Helicopter Ben’. Como ya dijo Lord Keynes, mentor de su política monetaria, no hay que preocuparse por el largo plazo, pues todos estaremos muertos.

*Ignacio Moncada es ingeniero industrial por ICAI y colaborador del Instituto Juan de Mariana

Increíble
juan carlos girauta ABC Cataluña 21 Septiembre 2012

El PP no quiere elecciones anticipadas en Cataluña porque significarían «el fracaso de esta legislatura» y porque «no es el momento de aventuras ni de incertidumbres políticas». Son palabras de Sánchez Camacho. Yo creía que la legislatura ya había fracasado, que CiU ya nos había metido en una indeseada aventura, que la incertidumbre ya nos presidía. También creía haber oído a doña Alicia, en la radio, instar a Artur Mas a que convocara elecciones anticipadas. Comunicando, eso sí, con toda claridad, que su programa se llama independencia. Debo estar equivocado.

Así que el problema no es que Convergència se haya vuelto secesionista, que considere la Constitución un obstáculo o una asfixia, que haya dividido a los catalanes del modo en que nadie había osado hacerlo. El problema es que las elecciones anticipadas generan incertidumbre. Esta formidable novedad conduce a consecuencias lógicas no menos formidables. La más interesante es que el PP va a aprobar los presupuestos del gobierno separatista catalán. No puede ser de otro modo: nadie se esfuerza en preservar un gobierno para hacerlo inviable acto seguido.

Hasta ayer mismo, el análisis de situación del PPC había sido el correcto, jugaba en posición de ventaja estratégica, y lo mejor de todo es que Artur Mas creía que esas bazas las poseía él. Los nacionalistas habían roto la baraja, tomado carrerilla y corrido hacia los muros de la Moncloa como quien se lanza a derribar un decorado de cartón. Creían que el edificio constitucional se iba a adaptar a sus necesidades por las buenas o por las malas, que la Ley Suprema era la contorsionista del Price, que lograrían su concierto económico en el peor momento de la crisis, que les darían la luz verde para impulsar sus «estructuras de Estado».

De no lograrlo, se encaminarían a la independencia, irían creando el nuevo Estado por la vía de hecho, sin amparo legal. Sólo había que decirles: convoquen elecciones ya, y acudan con un programa de una sola palabra: IN-DE-PEN-DEN-CIA. Pues no. Ahora resulta que hay una opción mejor: aprobarles los presupuestos. Ah.

EL SOUFFLÉ
IGNACIO CAMACHO ABC  21 Septiembre 2012

El soufflé soberanista se desinflaría si Rajoy y Rubalcaba cerrasen juntos el paso a cualquier tentación de aventurerismo

EL problema de convertirse en un problema es acabar devorado por el problema mismo. Eso es lo que le puede suceder a Artur Mas, que da en estos momentos la impresión de ser un hombre consciente de haber ido demasiado lejos demasiado pronto; tanto que ha perdido la brújula para regresar y ya no tiene más remedio que seguir avanzando hacia ninguna parte. Sobrepasado por la reclamación secesionista que ha contribuido a desbordar, ha forzado la presión hasta el punto de volverse reo de su propia dinámica. Quizás haya medido mal el impulso y errado la estrategia; sin duda ha logrado crearle un lío a Rajoy pero a costa de meterse también él en un aprieto considerable.

La cachaza tranquilona del presidente del Gobierno, tan desaconsejable para asuntos que exigen un cierto grado de determinación, resulta en cambio muy útil ante pulsos como el del soberanismo catalán. Rajoy está dejando que Mas se cueza en su propia cazuela, sin crispar con estridencias amenazantes la tensión que Cataluña se ha autoinoculado en un rampell colectivo, un arrebato de calentura identitaria. Emparedado entre esa atmósfera de delirio rupturista y su responsabilidad pragmática, el líder nacionalista buscaba en Madrid una salida que le salvase la cara. Al no encontrarla -porque no existe dentro del marco constitucional- se ve de bruces delante de un salto al vacío. Puede convocar elecciones y con toda seguridad ganarlas, pero luego tendrá que enfrentarse a las consecuencias de su propio órdago. Y él sabe que, como ha dicho el Rey, ese desafío no es más que una quimera. Aunque tiene mucha mejor planta, se le está poniendo cara de Ibarretxe.

El soufflé soberanista -expresión de Maragall- se desinflaría de golpe si Rajoy y Rubalcaba se entrevistasen en la Moncloa, compareciesen juntos y en nombre de una inmensa mayoría de españoles cerrasen con firmeza el paso a cualquier tentación aventurerista. Es improbable que eso ocurra porque huele a campaña electoral y porque Rubalcaba tiene un problema de liderazgo en su facción catalana, que no sabe cómo encontrar su sitio frente a la crecida del bucle de la independencia. Pero si los socialistas, que tienen en Cataluña una gran transversalidad social, no hallan el hilo de la respuesta pueden despedirse para siempre del catalanismo autonomista. Agarrarse a la tradición federal es un brindis tan baldío como el del referéndum unilateral porque tampoco cabe en los marcos constitucionales.

Esta aguda recidiva de la eterna cuestión territorial, de todos modos, es un delicadísimo e inoportuno contratiempo en medio de la crisis global que aqueja a la sociedad española. Habrá sacudidas, nerviosismo, ataques de impaciencia. La gestión de ese grave problema necesita aguante, frialdad y fineza. Tal vez los defectos más pronunciados del talante de Rajoy se conviertan en virtudes cardinales contra la sugestión de la destemplanza.

EL ARTE DE LO IMPOSIBLE
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC  21 Septiembre 2012

Los nacionalistas catalanes han hecho política-ficción. Tras denegárseles una Hacienda propia, tendrán que hacer política real

ESTA es la crónica de un desencuentro anunciado. Anunciado 24 horas antes, cuando Rajoy dijo en el Congreso que haría respetar la Constitución y Mas anunciaba a los presidentes de las diputaciones catalanas que buscaba una Hacienda propia, algo que la Constitución no admite. Así que podían haberse ahorrado el viaje, la visita y la saliva. Pero ya saben ustedes que la política es muchas veces mera pose.

¿La verdadera política? No lo creo. «El arte de lo posible», la definió Bismark, padre de la Alemania moderna y de la real politik. Mientras lo que Artur Mas practica es arte de lo imposible, política ficción. Montado en la ola nacionalista de la última manifestación en Barcelona, quiere hacer de Cataluña «un nuevo Estado europeo». Justo cuando Europa se esfuerza en crear un Estado común con los ya existentes, como única forma de sobrevivir en un mundo de grandes bloques continentales. O sea que Cataluña, siempre en la vanguardia española, se ha quedado en la cola. Y lo más grave es que no lo ve. Pero el amor es ciego, como el nacionalismo, otra especie de amor. Ni siquiera el empresariado catalán, siempre con los pies en el suelo, ha logrado sustraerse de esa fiebre, y si por una parte apoya el pacto fiscal, por la otra se opone a la ruptura con España. Algo así como pedir una bebida sin alcohol con vodka.

Y ahora ¿qué?, nos preguntamos todos. Pues ahora, la pelota queda en el tejado catalán. Los dos grandes partidos españoles, más alguno pequeño, ya han dicho todo lo que tenían, y podían, decir: que un pacto fiscal con una de las autonomías es imposible. Y es imposible, no porque lo diga la Constitución, que lo dice, sino porque va contra la misma idea del Estado social de Derecho, basado en la asistencia mutua de los ciudadanos que lo componen. Donde puede estar uno de los errores fundamentales del nacionalismo catalán, que exige recaudar todos los impuestos en su territorio. Cuando los impuestos no los pagan los territorios, los pagan los individuos, de ahí que urja, no crear más paraísos fiscales en España, sino eliminar los existentes. Porque si no los eliminamos nosotros, los eliminará Bruselas. Aunque este es otro asunto. ¿O es el mismo?

Volviendo a Cataluña, Mas ha anunciado que tras el «no» de Rajoy, se abre para ellos un periodo de reflexión y debate, antes de tomar la decisión que corresponda. Se baraja como la más probable la convocatoria de nuevas elecciones. ¿Solucionará su problema? Porque el problema es suyo. Quieren seguir en la Unión Europea, en el euro, en buenas relaciones con España, y quieren un Estado propio. Algo no ya difícil, sino contradictorio. Casi tan contradictorio como pedir a España un pacto fiscal, para poder separarse de ella. A tales locuras lleva el amor. O el odio. Por cierto, ¿a qué viene esa insistencia de Mas de asegurarnos que no están locos?

Entrevista a Convivencia Cívica
"Los catalanes recibimos 4.000 millones más de lo que pagamos"
Antonio Sanz, de Convivencia Cívica de Cataluña, ha desmontado "las fantasías del gobierno catalán a nivel de balanza fiscal".
esRadio Libertad Digital  21 Septiembre 2012

Dieter Brandau ha entrevistado en Es Noticia a Antonio Sanz, responsable de asuntos económicos de Convivencia Cívica de Cataluña, organización que ha realizado recientemente un informe llamado Las trampas de la balanza fiscal de Cataluña. En el documento "ponemos los números muy claros y éstos no corresponden con las fantasías que vende el gobierno catalán".

De esta forma, ha explicado Sanz, "los famosos 16.000 millones de euros que nos venden todos los días de expolio fiscal, nosotros pusimos de relieve que en realidad eran 4.000 millones de euros, pero de superávit fiscal". Es decir, "4.000 millones más que estamos recibiendo los ciudadanos de Cataluña por encima de lo que pagamos en impuestos al Estado".

Según Antonio Sanz, "a nadie tiene que sorprender este dato porque mientras en la Comunidad de Madrid el Estado recauda 70.000 millones de euros al año, en Cataluña sólo recauda 30.000".

Por tanto, lo de los 16.000 millones famosos "es un mantra que está plagado de artificios contables, infla los impuestos que pagan los catalanes agregando impuestos que pagan en realidad el resto de ciudadanos de España".

Sanz ha puesto como ejemplo el IVA: "cuando un ciudadano de Sevilla, Madrid o Gijón compra un producto catalán, el IVA de ese producto lo ha pagado él, sin embargo el gobierno catalán se lo atribuye en la balanza fiscal a Cataluña".

Preocupación empresarial
"Creo que existe una gran preocupación en los empresarios catalanes, pero percibo una sensatez que esperemos que al final pare este intento de llevarnos al
abismo", ha matizado Antonio Sanz.

Por último, ha indicado que "las empresas catalanas venden al resto de España 7 veces más de lo que venden a Francia". De esta forma, "hay unos señores que quieren poner una frontera y que nosotros vendamos al resto de España lo mismo que vendemos a Francia lo que significaría 60.000 millones de euros menos del
PIB".

Ni demócrata, ni digno de alabanza. Carrillo, un asesino marxista
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 21 Septiembre 2012

Santiago Carrillo murió tras una vida dedicada a imponer el totalitarismo. Hoy políticos y periodistas alaban su inexistente espíritu democrático. Descanse en paz él y aprendan ellos.

Con Santiago Carrillo Solares ha muerto la última figura de primera fila de la Segunda República y de la Guerra Civil. Fundador y líder del Partido Comunista de España, protagonizó la conversión del Estado republicano en un instrumento de la Unión Soviética y se encargó en persona de la represión en la zona gubernamental durante la guerra; jamás combatió en ningún frente. Huyó de España cuando los anticomunistas se impusieron a Juan Negrín, y en la Unión Soviética obedeció las órdenes de Stalin para imponer el comunismo en España y en el mundo a través del terrorismo, la conspiración y la guerra. Sirvió a los intereses del grupo de Adolfo Suárez en la Transición, pero no fue una pieza indispensable de ésta, ni de la democracia española (por la que nunca había luchado ni trabajado más que de palabra). Sus mismos correligionarios lo expulsaron del PCE y ha terminado su vida sirviendo durante décadas de recurso propagandístico al PSOE y a la progresía española, que creó en torno a él un mito hecho de mentiras históricas. Lo peor no son éstas, sino que en pleno siglo XXI los superdemócratas oficiales de España, con gran parte del centroderecha a la cabeza, den por bueno el mito y dediquen empalagosas loas póstumas a un enemigo de la paz y asesino de masas.

Lo de enemigo de la paz merece una explicación, ya que tantas personas a las que he honrado con mi voto se están considerando estos días llamadas a contar las bondades pacifistas y democráticas del difunto abuelito. Santiago Carrillo era hijo de un dirigente del PSOE y la UGT, el asturiano Wenceslao Carrillo. De hecho, empezó su carrera política en Juventudes Socialistas, donde promovió –a diferencia de su padre- una línea de sumisión a la Tercera Internacional y a la revolución mundial centrada en la Unión Soviética de José Stalin. Justo antes de la guerra, Carrillo transfirió las Juventudes Socialistas (JSU) al control del PCE, del que se convirtió en dirigente, coincidiendo por primera vez con Dolores Ibárruri, Pasionaria, una vizcaína proveniente del socialismo también. En la guerra, Carrillo dedicó toda su atención a reforzar el control del PCE sobre el caótico poder en la zona republicana, apoyando primero y abandonando después, según órdenes de Moscú, a Francisco Largo Caballero.

Carrillo nunca combatió cara a cara por sus ideas, pero se dedicó a imponerlas con la represión dentro de su zona, en especial como Delegado de Orden Público en Madrid en 1936. Están juzgados el asesinato de masas de Paracuellos del Jarama y la red de centros de detención y tortura en la capital, empezando por la asaltada Cárcel Modelo y siguiendo por las checas; de todo ello Carrillo fue legalmente responsable y necesariamente conocedor, además de en muchos casos directo mandante. Por orden directa de Carrillo murió más gente de la condenada en las tan denostadas dictaduras de Argentina o de Chile (y más que en tres décadas de franquismo). Sus penas no eran aplicables desde las sucesivas amnistías del mismo franquismo y posteriores, pero la verdadera cuestión es cómo tenemos una clase política tan adocenada como para proponer a modo de ejemplo moral para el futuro a un caballero que paradójicamente, según los criterios del Tribunal Internacional de Nuremberg habría sido imprescriptible criminal de guerra, criminal contra la paz y criminal contra la humanidad.

De Paracuellos ya se ha dicho todo, pero leer, en un periódico democrático de 2012, que los muertos fueron "militares sublevados fusilados cuando eran trasladados a Valencia" causa tanta vergüenza ajena como escuchar a políticos profesionales vomitar falsedades, probablemente creyéndoselas incluso. Quizá el último y el penúltimo Carrillo fuesen ya víctimas de sí mismos, pero es un hombre responsable de muchos crímenes, de una represión bestial como nunca se ha visto en España; no sólo militares, ni religiosos, ni adultos, figuran en la lista de muertos. Yo no se si una democracia se defiende mucho castrando en público a un obispo, pero eso y más se hizo en la España de Carrillo. Un Carrillo que servía a la URSS cuando la URSS torturó y despellejó vivo a Andrés Nin, cuando asesinó a Trotski y cuando a través de Negrín trató de imponer en España un comunismo como el que luego se llevó a Corea, Camboya, Rumanía o Albania. Los republicanos más democráticos (incluyendo a Wenceslao Carrillo, el coronel Casado, Cipriano Mera y Julián Besteiro) se sublevaron en 1939 contra Negrín y Carrillo, y fue de ellos y no de los franquistas que Carrillo huyó de España. En 1944 Carrillo trató de empezar una nueva guerra civil, promoviendo la invasión armada del Valle de Arán, y después estimuló una década de terrorismo maquis en el interior de España al servicio siempre de la URSS de Stalin. Amén de la represión al servicio del NKVD y el KGB, y a través del Gulag, como bien han acreditado sus propios correligionarios Valentín González el Campesino y Enrique Líster, no precisamente franquistas, y siempre sin valor personal y sin lealtad ni coherencia, como en su momento le reprocharon Ignacio Gallego y Julio Anguita. Y eso no es ni luchar por la democracia ni hacerlo por medios democráticos.

El PCE, gracias a haber sido la bestia negra de la propaganda franquista y a los medios proporcionados por la URSS, fue el único partido antifranquista que mantuvo una cierta mínima presencia en España. Pero ser antifranquista no lo hacía democrático; y la legalización del PCE en abril de 1977 se hizo por el equipo de Adolfo Suárez sabiendo que no era un requisito para hacer de España una democracia: la República Federal de Alemania y otros países existían con una explícita prohibición de todo partido comunista. Eso sí, Suárez, siempre clarividente, esperaba hacer de Carrillo un instrumento para debilitar al PSOE (y fracasó) y para demostrar su poderío frente al Ejército (y casi fracasó también). Un genio el duque de Suárez, sin duda, o como tal hablarán de él cuando muera los mismos que hoy parecen nietos del duque de Paracuellos. La crisis de hoy se debe a que en aquella Transición se rechazaron las "líneas rojas" que muy sensatamente se proponían al Gobierno y al rey.

A pesar de que era previsible uno no se acostumbra a ver a un Borbón, y precisamente el reinante en la España de 2012, aunque sea por designación no precisamente dinástica, adulando la memoria de esta persona. Una persona que contempló la persecución y muerte de gran parte de la nobleza de Madrid, en una guerra en la que si es verdad que 10 grandes de España murieron luchando contra el bando de Carrillo (obedeciendo entre otras cosas órdenes del abuelo de Juan Carlos I y siguiendo el fallido ejemplo de su padre), también lo es que otros 40 murieron asesinados y torturados por los mismos servicios de represión que dirigía el ahora difunto. Vamos, como para llevarlo a enterrar en El Escorial. De momento, en el panteón de Infantes, en esta España donde se rinden más homenajes a Carrillo que a Felipe II.

Ningún español que hable libremente y conociendo la historia puede decir que Carrillo fue "un referente para todos los españoles". Entiendo que la verdad oficial sea esa, en gran parte por intentar justificar las decisiones tomadas en 1977-1978. Pero justamente estamos viviendo un momento de la historia de España en el que aquellas decisiones demuestran toda su carga de errores. Carrillo fue una víctima del marxismo él mismo, ya que creyó tal doctrina y dedicó a ella su vida; pero por eso mismo no es, ni nunca fue, un demócrata, ni un defensor de la democracia, ni un luchador por la paz, ni por la libertad. Personas mucho menos responsables de acciones mucho menos criminales, o nada, han muerto ejecutadas o condenadas sin remisión. Hay en los siglos XX y XXI dos pesos y dos medidas. Pero ni eso ni las necesidades de la sumisión a la progresía cultural convierten la mentira en verdad. Carrillo ha muerto como enemigo de España y de su grandeza, libertad y unidad. Descanse en paz, pues si así es será prueba que hay una infinita misericordia. Pero casi infinita es la estupidez, ignorancia y cobardía de muchos de los que hablan escriben o piensan hoy, y ésas no admiten remisión.

Cultura
El español: del dicho al hecho
Nuestro idioma ha quedado relegado a «lengua de traducción» en la Unión Europea; la supuesta operatividad y la tradición juegan a favor del inglés, el francés y el alemán en las instituciones internacionales
e. vasconcellos ABC 21 Septiembre 2012

Lo hablan 450 millones de personas en todo el mundo. Se ha convertido en la segunda lengua de enseñanza detrás del inglés, y también es la segunda más empleada en internet. Se está extendiendo permanentemente en Estados Unidos, donde los prohombres del español dicen que nuestro idioma se juega el futuro, y se ha impuesto como lengua extranjera obligatoria en Brasil (casi 200 millones de habitantes). A pesar de ello, la «oficialidad» del español en las instituciones internacionales se ha diluido. Pierde terreno, y no sólo frente al inglés.

Los autores del libro «El español en las relaciones internacionales» reflexionaron ayer sobre este fenómeno. La progresiva aceptación del inglés y el francés como duopolio lingüístico en las esferas de negociación es «altamente nociva» para los intereses de nuestra lengua, indica el volumen presentado ayer en el Espacio Fundación Telefónica (Madrid).

Más allá de los motivos evidentes (ingleses y franceses fueron miembros fundadores de la ONU y de la CEE, y sus idiomas prevalecieron), hay otros: «El peso económico y político de un estado influye directamente en el uso de su lengua en el seno de las organizaciones a las que pertenece», señaló David F. Vítores, coautor del libro. Las lenguas empleadas se han impuesto por la «fuerza de la costumbre», y el español ha quedado relegado como «lengua de traducción», explicó el doctor en lengua española y literatura.

El diplomático y escritor Javier Rupérez, que también firma el volumen, se refirió a Nebrija para subrayar la idea de que «siempre la lengua fue compañera del imperio». El autor de la Gramática castellana (1492) evidenciaba en el prólogo de su obra que el idioma es, y con mucho, una herramienta de influencia y poder.

La «gresca lingüística» de la UE (con 27 miembros y 23 lenguas oficiales diferentes) «es un problema grave desde el punto de vista económico», señaló Rupérez, y una engañifa desde el punto de vista formal: todas son «lenguas de trabajo» sobre el papel, pero de facto sólo se emplean tres: inglés, francés y alemán.

No obstante, David F. Vítores reconoció durante su intervención que empeñarse en operar en varias lenguas tiene sus inconvenientes: «Más allá del coste –2,5 euros por europeo es el gasto del servicio de intérpretes, según Bruselas–, ralentiza enormemente los trabajos de estas instituciones».
Mirando a América

Fuera del entorno europeo, Javier Rupérez, el que fuera embajador de España en Estados Unidos aseguró que nuestro idioma se juega el futuro en aquel país. La cuestión actual es «la tensión entre la lengua internacional que ya somos y la lengua franca que no somos», explicó. «Ese salto sólo se podrá producir si hay un aumento significativo de hablantes y, de forma nativa, donde se puede producir ese aumento es en Estados Unidos».

Que la partida del español se juega en América es una idea compartida por Fernando R. Lafuente, director de ABC Cultural y ex director del Instituto Cervantes, que inició su intervención con una cita premonitoria del escritor Alfonso Reyes. Decía el mexicano en Visión de Anáhuac, en 1915: «Si el orbe hispano de ambos mundos no llega a pesar sobre la tierra en proporción con las dimensiones territoriales que cubre, si el hablar en lengua española no ha de representar nunca una ventaja en las letras como en el comercio, nuestro ejemplo será el ejemplo más vergonzoso de ineptitud que pueda ofrecer la raza humana».

«La sociedad española tiene miedo escénico de la verdadera potencia del español en el mundo», señaló el profesor y crítico literario: «El gran país que habla español es México, con más de 100 millones de personas, y el segundo, Estados Unidos. España "sólo" ocupa el tercer puesto». Lafuente es uno de los diez autores que complementan el cuerpo analítico de «El español en las relaciones internacionales» con un epílogo abierto a otras muchas preguntas («Diez acotaciones»). Comparte capítulo con Santiago de Mora-Figueroa, Emilio Lamo de Espinosa, Fernando García Casas y Álvaro Delgado-Gal entre otros.

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Despido procedente
Matías Alonso www.vozbcn.com 21 Septiembre 2012

Puede que algunos se hayan sorprendido del resultado de la manifestación que el pasado 11 de septiembre llenó el centro de Barcelona de vecinos de la ciudad y de otros muchos, muchísimos, ciudadanos provenientes de toda Cataluña. Puede también que muchos responsables políticos estén todavía enardecidos por el éxito de convocatoria. Incluso es posible que muchos otros dirigentes políticos estén inmersos en una especie de estado catatónico, fruto de la sorpresa y del desconocimiento profundo del proceso que ha desembocado en la actual situación. No es mi caso.

Desde el núcleo de partidos separatistas y/o secesionistas que apoyan a las entidades convocantes y desde el propio gobierno de la Generalidad se ha insistido sobremanera en el éxito de convocatoria de la sociedad civil, que ha provocado una riada ciudadana que el 11 de septiembre inundó buena parte de las calles más céntricas de la Ciudad Condal. Dejando aparte la polémica que subyace en los diversos recuentos publicados, desde el punto de vista cuantitativo hay que reconocer que ha sido una de las manifestaciones más multitudinarias celebradas en las últimas décadas en Barcelona. El único pero podría ser calificarla sin más de éxito de convocatoria de la sociedad civil. No veo claro el encaje en ese concepto de dos organizaciones, la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y su filial, la Associació de Municipis per la Independència (AMI), penetradas, controladas y financiadas por partidos e instituciones públicas.

El proceso de convocatoria ha sido largo y se ha gestado siguiendo fielmente la estrategia marcada por la hoja de ruta de la ANC. Esta entidad pretende vincularse a la sociedad civil, pero la realidad es que está ampliamente penetrada por ERC y SI y también, aunque en menor medida, por CiU. La hoja de ruta de la ANC contemplaba la marcha por la independencia del pasado día 11 como un hito fundamental en su estrategia y fijaba el lema con el que finalmente se celebró: ‘Catalunya, nou Estat d’Europa‘. Esta hoja de ruta recoge, además, el proceso negociador del pacto fiscal por parte del gobierno de la Generalidad como una baza necesaria para potenciar su efecto de llamada hacia la confrontación y la ruptura con el conjunto de España.

El empeño del gobierno de Artur Mas de sumarse con entusiasmo a la convocatoria y de vincular su éxito al proceso de negociación bilateral con el Gobierno de España de un pacto fiscal “en la línea del concierto económico” de las diputaciones vascas, se ciñe con precisión al guion establecido por la ANC, con un claro sometimiento a su estrategia separatista. Estrategia a la que se han sumado, contraviniendo las atribuciones y funciones marcadas por la legislación vigente, el conjunto de ayuntamientos que engrosan la AMI. Si a esta dedicación institucional le sumamos la propaganda de apoyo lanzada desde las tribunas mediáticas públicas y privadas concertadas, el éxito estaba garantizado de antemano.

Esto no quita que muchos, probablemente la mayoría de los manifestantes, por diversos motivos y con niveles de información dispares, recorrieran las calles de Barcelona reclamando lo que ven como una solución: la ruptura de Cataluña con el conjunto de España, su consiguiente secesión y la creación de un nuevo Estado.

El actual modelo de Estado nos viene mostrando sus carencias hace demasiado tiempo. La estructura autonómica, pensada inicialmente tanto para resolver el encaje de las llamadas nacionalidades históricas como para descentralizar y acercar las competencias de prestación de servicios a la ciudadanía, se ha convertido en algunos casos en un contrapoder, en un contrapeso al Gobierno de la nación. En su día el llamado Plan Ibarretxe para la Comunidad Autónoma vasca y hoy el desafío impulsado por la ANC y defendido por Artur Mas son buena muestra de ello.

En ambos casos se produce un intento unilateral de vulnerar el orden constitucional. Las constituciones no son inmutables, pero son garantía y salvaguarda de derechos para el conjunto de la ciudadanía. Si hay que modificar la Constitución española de 1978 habrá que hacerlo, en cualquier caso, siguiendo escrupulosamente el procedimiento previsto en el Título X del propio texto constitucional.

El 20 de diciembre de 2010, en su discurso de investidura en el Parlamento autonómico de Cataluña, el presidente de la Generalidad sacó de la chistera una propuesta que no estaba claramente reflejada en su oferta electoral: la transición nacional, a modo de la que vivió España a finales de los 70 y principios de los 80 del pasado siglo, defendiendo el “derecho a decidir” que se articularía “de forma democrática, pacífica y a base de grandes consensos internos”. Por supuesto que hizo sobrada referencia a su propuesta estrella de campaña, el pacto fiscal, condicionando su posible apoyo al Gobierno de España que saliera de las urnas en 2012 a la consecución de este acuerdo bilateral. Tras esta propuesta, su oferta electoral de sacar a la sociedad catalana (para él, Cataluña) de la profunda crisis económica que padecía.

Menos de dos años después, a finales de septiembre de 2012, todo apunta a que está dispuesto a adelantar las elecciones autonómicas en Cataluña, probablemente deslumbrado por el éxito de la manifestación separatista y seguramente apoyado en sondeos electorales que le auguren un triunfo, por pequeño que sea, que venga acompañado de una mayoría separatista en la cámara legislativa catalana y que le legitime para seguir dando pasos firmes hacia el abismo.

Porque Cataluña, los ciudadanos y las empresas catalanas, están abocados al fracaso en su intento de separación unilateral, gratuita y primada por el maná de la autarquía. Pese a la propaganda institucional y a la desinformación interesada, con negación de las consecuencias directas de la secesión de forma sistemática, la realidad es tozuda. La separación de Cataluña de España lleva aparejada la pérdida de la condición de miembro de la Unión Europea, tanto la política como la económica y monetaria. A este hecho incontestable, consecuencia de la aplicación de los tratados de la Unión, hay que añadirle el efecto frontera con el nuevo vecino del Oeste.

Creo que el ejercicio responsable de la política y de la administración pública, sin perder de vista el fin sublime de servir a los conciudadanos procurando su bienestar, puede verse también como el de una empresa. Si lo miramos así, el Molt Honorable president de la Generalitat –Artur Mas– desempeñaría el papel de gerente de la empresa –Cataluña–, siendo los accionistas el conjunto de los ciudadanos catalanes y celebrándose la Junta General el día de las elecciones. Nuestro gerente está dispuesto a poner en serio riesgo la cuenta de resultados, rompiendo unilateralmente con el principal cliente –más del 50% de las ventas de las empresas catalanas lo son al resto de España– y poniendo una barrera arancelaria al segundo cliente principal –el resto de la Unión Europea a la que nuestras empresas venden el 30% de su producción–, asegurando una considerable merma de recursos en cuanto consiga despeñar nuestra empresa común.

Yo no sé ustedes, pero personalmente creo que ante el probable adelanto electoral, en tono plebiscitario y mesiánico, promovido por nuestro gerente y sus asesores, la respuesta de la Junta General de Accionistas debería ser muy clara: despido. Despido procedente.

Matías Alonso es secretario general de Ciudadanos

‘Bon cop de falç!’
Hay algo que se olvida: la mitad de los catalanes de hoy que no quieren la independencia
Antonio Elorza El País  21 Septiembre 2012

Nacida con la manifestación de julio de 2010, la frase vuelve a ser el emblema de la gran reunión de la Diada: Jo hi vaig ser!, yo estuve allí. En la portada de un DVD al cual sirve de lema, la imagen de una niña expresa que el futuro despunta ahora para Cataluña, gracias a la independencia impulsada por la manifestación. Pocos días más tarde, volví a escuchar “yo estuve allí” en boca del cabeza de familia fascista que en Una giornata particolare, filme de Ettore Scola, evoca para sus hijos otro momento fundacional, el de la gigantesca manifestación en honor del encuentro de Roma en 1938 entre el Duce y Hitler.

Por supuesto, nada une ideológicamente a ambos episodios, pero sí existe una coincidencia en cuanto a la idea de que una movilización de masas puede ser interpretada como la expresión auténtica e indiscutible de la voluntad popular. De hecho, ya existe un régimen político, la dictadura castrista, que desde un primer momento sustituyó las urnas por lo que llamaríamos una “democracia de la plaza pública”, cuando las manifestaciones son un componente inseparable del orden democrático, pero no pueden reemplazar a los mecanismos de la democracia representativa. Para empezar, está la inseguridad del número; en la Diada, millón y medio proclamado, al parecer seiscientos mil: no es lo mismo. Luego entra en juego el efecto mayoría, cuando se da una deriva totalista como la que ofrece Cataluña: ver a Durán i Lleida en la Diada es la mejor prueba. Pasará lo mismo en un eventual referéndum sobre independencia, y más aún en la campaña previa en el seno de la sociedad. No seguir la corriente equivale a pasar políticamente a una ciudadanía de segundo orden.

Es la vía trazada por Artur Mas, un presidente elegido con un programa no independentista, sobre una sociedad donde el independentismo era hasta hace poco una posición muy minoritaria —ahí están los tristes resultados de ERC—, y que ha decidido borrar el pasado real, de pluralidad política y de mayoría autonomista, por ese 51% alcanzado en sondeos, que toma ya por opinión suya y unánime de Cataluña, lanzándose a un discurso secesionista; quemando etapas no habrá riesgo de un repliegue del entusiasmo alcanzado el 11-S. Con razón canta Els segadors al regresar de su entrevista con Rajoy: bon cop de falç, buen golpe de hoz. Óptima seña de decisionismo político; pésimo indicio de un independentismo que se atenga a las reglas de juego constitucionales. También por lo que concierne a algo que se está olvidando: la mitad de los catalanes de hoy que no quieren la independencia.

El discurso independentista, dominador de la escena, enlaza con el famoso preámbulo del proyecto de Estatuto: “Cataluña Nación” existe como realidad suprahistórica, homogénea, sagrada, que dicta sus deseos y aspiraciones a través de unos voceros autodesignados. Cualquier limitación surgida del orden normativo español supone, como la “sentencia contra el Estatuto”, una interferencia opresora. En buena aplicación de los criterios propios del totalismo, quien discrepa se convierte de inmediato en el otro, “ustedes”, los españoles; sus opiniones son despreciables agresiones. La autodeterminación es cosa habitual y la amparan las normas internacionales: falso. La realidad es en blanco y negro: “España es un lastre para Cataluña” (el mercado español debió serlo también). Algo que se fue fraguando y que pudo ya observarse en el triste debate sobre los archivos de Salamanca, y más tarde en cualquier ocasión donde un intelectual catalán intuía una ofensa a las esencias nacionales. En el imaginario catalanista, el corte estaba hecho. Solo faltó la frustración provocada por el Estatuto, más el fracaso económico en medio de la crisis, para que la tensión estallara. Resolverla positivamente concierne ante todo a la salud democrática de Cataluña. Demagogia no es democracia. Al explicar el fracaso de su entrevista con Rajoy, Mas olvida que antes había declarado que el pacto fiscal no era alternativa a la independencia y que la oferta de cambio de financiación no representa un portazo.

Frente a la huida hacia delante de la convocatoria de un referéndum / consulta a la gibraltareña, tras unas elecciones, un independentismo democrático encontraría un camino abierto si sustituye decisionismo por reflexión acerca de por qué hasta ayer Cataluña no era secesionista, y en su caso, desde una mayoría cualificada, y fomentando un intenso debate plural en la sociedad, acepta la reforma constitucional como premisa para la independencia.

Siguiendo a Pi i Margall, el federalismo sería la solución racional. Pero la nación, nos dice Mas, no es razón, sino “sentimiento”.

Límites y garantías de un proceso independentista
La independencia de Euskadi me parece innecesaria, insolidaria y provocaría la fractura social de la ciudadanía
Odón Elorza El País  21 Septiembre 2012

¿Es posible legalmente y hay condiciones para proponer en España una variante de la llamada Ley de la Claridad en Canadá que ha servido para resolver mediante referéndum la demanda de independencia para el Quebec? ¿Servirá de referencia la vía abierta y los límites de la consulta que a iniciativa del premierbritánico, el conservador Cameron y de común acuerdo entre las partes, pretenden celebrar en Escocia?

Soy partidario de tomar la iniciativa partiendo del análisis reposado de otras experiencias. Aunque es verdad que el modelo jurídico acordado para las consultas en Quebec o la fórmula que se negocia en la actualidad para Escocia, no parten de nuestra realidad. Euskadi dispone de un fuerte Estatuto de autogobierno, envidiado y reclamado por los propios nacionalistas escoceses y catalanes. Tampoco las circunstancias económicas, el estado de la opinión pública en Canadá y Reino Unido, la ausencia del terrorismo o el nivel de desarrollo de su cultura democrática son comparables con los antecedentes y
situación del País Vasco.

Ahora bien, es verdad que la sociedad vasca necesita un proyecto político de cohesión social y territorial basado en un modelo incluyente de país y dirigido a dar respuesta a sus problemas más acuciantes. Empezando por la gestión de la crisis económica, porque la auténtica prioridad es iniciar el crecimiento para crear empleo y mantener los derechos sociales y siguiendo por la construcción de una convivencia que mantenga viva la memoria de las víctimas del terrorismo y el reforzamiento de los valores democráticos para consolidar la paz. La independencia no puede desviar la atención y los esfuerzos concentrados en la crisis.

Me gustaría dejar claro, ante argumentaciones demagógicas, que Euskadi no es equiparable al Sáhara Occidental. Porque ni sufrimos un estado de ocupación colonial y carencia de democracia, ni tenemos impedido el desarrollo de nuestras singularidades, ni carecemos de un sistema amplio de autogobierno. No pueden seguir negando lo evidente. Es innegable que el Pueblo Vasco no tiene derecho al ejercicio de la llamada autodeterminación, algo que sí sucede en el caso del Pueblo Saharaui por su situación y por resolución de la ONU. Tampoco podemos olvidar que en Euskadi ETA asesinaba por la independencia mientras los abertzales lo justificaban hablando de un “genocidio del pueblo vasco”.

Pero para poner freno a la permanente amenaza de la secesión unilateral, una sociedad democrática madura debe poder hablar de la independencia porque el problema existe. Planteo un cambio de estrategia que trata de preparar una respuesta política e ideológica novedosa, compleja y discutible, sí, pero profundamente democrática frente al desafío nacionalista y la ceguera centralizadora y contraria a la España plural de PP-UPyD. La clave estaría en proponer una vía consultiva de aplicación sólo para el supuesto de que los nacionalistas aceptaran avanzar hacia la independencia desde el respeto a la legalidad constitucional vigente en cada momento.

Una sociedad democrática madura debe poder hablar de la independencia

Con esa premisa y después de que se consiga la disolución de ETA y se supere la crisis, no se debería hacer oídos sordos a una petición clara y precisa, aprobada por una mayoría cualificada del Parlamento Vasco y que obtuviera el refrendo de la ciudadanía.

Nos encontramos, en resumen, con una reivindicación legítima de la independencia siempre que se realice por vías pacíficas y sea conforme con reglas democráticas, pero que jurídicamente hoy no es posible darle una salida constitucional. Ahora bien, para quienes nos sentimos federalistas o autonomistas, demócratas españoles y europeístas, nuestra respuesta no puede ser un silencio defensivo o la imposibilidad legal. No parece inteligente dar un portazo a la reivindicación, sino una respuesta en términos democráticos y desde la defensa de los principios que informan un Estado de derecho.

De ahí que, rechazando el reconocimiento de la autodeterminación, no es una locura el estudio de un referéndum regulado por Ley de Las Cortes a celebrar en la coyuntura señalada. Porque si quedara demostrada esa aspiración y pactados luego entre las partes los hipotéticos términos de la separación, sólo para los territorios que así lo expresaran, después habría que reformar la Constitución para posibilitar una salida legal, lo que incluiría la obligada celebración de un posterior referéndum en toda España.

La Fundación Mario Onaindía está haciendo estudios e informes que analizan los costes económicos, consecuencias prácticas, contradicciones, incertidumbres y perjuicios como la salida de la Unión Europea que conllevaría la independencia de Euskadi. La Fundación prepara un balance de la secesión en términos humanos, económicos y políticos, perfilando el cauce legal que pudiera consensuarse de manera bilateral con el Estado. También será valiosa su valoración intelectual con referencias históricas y afectivas sobre los vínculos que han mantenido los territorios vascos durante cientos de años con los otros pueblos de España y las ventajas de apostar por las identidades compartidas.

El nacionalismo agita la causa de la autodeterminación y la independencia como factores emocionales, de alimento político para sus bases y de movilización electoral. Además de utilizarla como arma arrojadiza con la pretensión de deslegitimar la democracia española. Y el gobierno de Rajoy es el mejor aliado de PNV y Bildu, que nunca han querido concretar las condiciones, ámbito y sujetos de decisión de una consulta clara a plazo fijo. Siempre les ha interesado el juego de la exigencia en abstracto, la confrontación de identidades y el falso victimismo contra el Estado.

Nuestra respuesta, la de los socialistas vascos, ha de manifestar el orgullo de ser autonomistas y servir para situarnos mejor ante una batalla ideológica pendiente en Euskadi en la que los principios democráticos y los valores de la cultura de la convivencia, como el respeto al pluralismo, han de arraigar en los jóvenes más que la enfermiza exaltación de las patrias y la permanente confrontación de las diferencias.

Ahora, más que nunca, quiero afirmar que la independencia de Euskadi en una Europa en crisis que reclama a los Estados más cesiones de soberanía para fortalecerse, en medio de un mundo interdependiente y globalizado del siglo XXI, me parece innecesaria, insolidaria y provocaría la fractura social de la ciudadanía.

Odón Elorza es diputado socialista por Gipuzkoa.

Hundir un país para preservar el poder
Francesc Moreno http://www.eldebat.cat/cast/  21 Septiembre 2012

Hace unos días, un articulo publicado en ‘El País’ por César Molinas definía a la clase política como "elites extractivas". Molinas sostiene el argumento de que la clase política española ha desarrollado en las últimas décadas un interés particular, sostenido por un sistema de captura de rentas, que se sitúa por encima del interés general de la nación. La teoría se revela muy explicativa de lo que esta ocurriendo en Catalunya.

Dice ‘The Economist’ que la situación financiera de Catalunya tiene su origen en la crisis económica y en el despilfarro de su clase política (como en el Estado). Y que para hacer frente a esta situación la independencia no sólo no sirve sino que es contraproducente. Pero no hace falta llegar a la independencia. La actual situación de confrontación abierta sólo sirve para frenar, aún más, las inversiones y para acelerar el proceso de traslado de multinacionales a Madrid.

Ningún analista mínimamente serio puede desmentir que un proceso de independencia conllevaría un agravamiento de la crisis y la imposibilidad de encontrar financiación. Además, Catalunya no podría hacer frente a su parte proporcional de deuda –más de 150.000 millones de euros–, ni al pago de las pensiones (las pensiones superan en Catalunya en más 2.000 millones a lo que se recauda a día de hoy). A ello hemos de unir la caída de ingresos derivada de la disminución de ventas y negocio en el mercado español y europeo y de la fuga de empresas provocada por la salida del euro y de la UE, aunque sea temporal. Además, el gasto publico aumentará por la construcción de las estructuras de un nuevo estado. Conclusión: viviríamos unos cuantos años de graves penurias.

Por la tanto, no hay ningún argumento económico para querer la independencia exprés sino que, al contrario, es mucho más razonable una salida federal, que exige negociación pero que, al menos, no nos lleva a la muerte súbita. O, por lo menos, plantear un referéndum sin histerismo, a medio plazo, una vez superada la crisis y negociando las condiciones de ejercicio al estilo del Quebec.

Pero es que la independencia tampoco va a significar más democracia, ni esta será de más calidad. Los tics autoritarios y populistas del Govern son evidentes, por no poner un calificativo más grueso (el show de Mas en la plaza Sant Jaume produce vergüenza ajena). Tampoco vamos a tener mejor justicia, porque la poca independencia de los tribunales desaparecería por las presiones de la clase politica. Ni tan siquiera una mayor presencia del catalán: los castellanohablantes tendrían más protección en un estado independiente por imperativo internacional.

En cambio, sí tendríamos más caciquismo: como más pequeño es un país, más fácil es el control por parte de las élites dominantes, más control político de la sociedad y, como consecuencia, más corrupción. La libertad exige muchos centros de poder. Cuando estos se concentran, la libertad sufre.

Lo dicho lo sabe mejor que yo cualquier dirigente de CiU. ¿De qué se trata entonces?
Pura y simplemente, de perpetuarse como élite extractiva. De seguir capturando rentas al precio que sea. De evitar ser desalojados del poder aún a costa del poco bienestar que nos queda a los catalanes.

CiU sabe desde hace mucho que no podía esperar a hacer elecciones en 2014 porque la crisis, como a tantos otros gobiernos, los hubiera devorado (hace muchos meses que tengo escrito que estábamos abocados por interés de CiU a unas elecciones anticipadas). Después de los primeros meses de gobierno y ante la certeza de que ni iba a mejorar el paro ni la situación económica, al menos hasta 2015, trenzaron su plan. Dejaron de gobernar y pasaron a trasladar las culpas al gobierno español –tarea sencilla–, y para ello la cuerda se fue tensando, con la intención de exonerarse de cualquier responsabilidad por su incompetencia (compartida con el gobierno central).

Los problemas de liquidez han sido el detonante del ataque de histeria. Mas quiere evitar a los funcionarios y proveedores exigiendo cobrar a las puertas de Palau. Había que apretar el acelerador y el 11 de septiembre era una fecha magnifica para movilizar a las masas y justificar lanzar el país al precipicio, tras la entrevista con Rajoy, por un "clamor popular".

En definitiva, Mas ha optado por lanzar al país al precipicio para no pagar el precio de perder unas elecciones. A eso le llaman algunos, paradójicamente "patriotismo".

Y es que, señores, las élites extractivas tienen una vida mucho más cómoda en un país empobrecido que los jubilados. Y al final, para información de los muchos independentistas de buena fe, tampoco habrá independencia, que ya el señor Pujol ha dicho que es "casi imposible". Se trata de ganar las elecciones y perpetuarse en el poder. Y a los ciudadanos, que nos zurzan, da igual que seamos o no soberanistas. Y es que los goles del Barça dan mucha alegría, pero ésta dura poco si el lunes no se puede pagar la hipoteca, la operación de cáncer o el colegio de los hijos.

Mas pierde el pulso
Editorial ABC 21 Septiembre 2012

No es este el momento para crear una crisis territorial en el Estado, pero tampoco de eludirla si se plantea con la virulencia verbal y social que ha exhibido el nacionalismo catalán

EL encuentro entre Rajoy y Mas en La Moncloa se resolvió conforme a las posiciones predeterminadas de uno y otro sobre la petición de los nacionalistas de un pacto fiscal que concediera a Cataluña plena soberanía sobre los impuestos que se pagan en su territorio. No fue, sin embargo, irrelevante esta cita, a pesar de que era previsible su resultado, porque ha permitido a Rajoy zanjar la polémica sobre el pacto fiscal; y a Artur Mas, dar salida a la presión soberanista sobre su Ejecutivo con una más que probable convocatoria anticipada de elecciones autonómicas. La pérdida de control sobre los acontecimientos impulsados por la manifestación independentista de la pasada semana está obligando a Mas a improvisar un cambio de acción política en su Gobierno. Pero, junto con el perjuicio de generar inestabilidad con esta falta de rumbo, también está logrando enterrar el debate sobre la crisis financiera de la Generalitat y la quiebra de sus servicios públicos. En estas condiciones, unas elecciones anticipadas serían para CiU un oportuno plebiscito soberanista, más que una rendición de cuentas por su gestión de la crisis económica de Cataluña.

CiU no tiene más opción, desde una lógica democrática, que promover un adelanto electoral para proponer a los catalanes un programa político de autodeterminación e independencia. Si Mas cree, como dijo ayer, que una «ruptura total» con España no tendría sentido en Europa, su obligación es no seguir legitimando y animando el movimiento separatista catalán. Y si persevera en su radicalización soberanista -«tal vez la quimera sea encajar a Cataluña en la actual España», dijo Mas-, tiene que buscar la legitimación de los electores a un plan concreto de secesión.

Es evidente que una victoria electoral de las propuestas soberanistas no supondría la puesta en marcha de un proceso de autodeterminación. Solo una reforma esencial de la Constitución de 1978, o, más aún, solo un nuevo proceso constituyente lo permitiría, y por esta razón el PSOE debe decantarse por una posición conjunta con el Gobierno en la defensa del orden constitucional, como fue su santo y seña hasta la política de pactos con los nacionalistas a partir de 2003. La llamada de Rajoy a Rubalcaba al término del encuentro con Mas ha de ser más que un gesto protocolario y tener continuidad con un consenso serio frente al secesionismo. Fuera o dentro de la actual Constitución no hay posibilidad para la secesión, y quien se la tome por su cuenta debe asumir el riesgo que ayer planteó el ministro de Justicia, quien dijo que «si se aparca la Constitución, se aparca la autonomía». Si se empieza a hablar con esta claridad a los nacionalistas es probable que haya más expectativas de acuerdo que si se mantiene el discurso ambiguo del apaciguamiento con más cotas de autogobierno político o fiscal. Esta fórmula, después de treinta años, ha quedado vacía de contenido por el carácter insaciable del nacionalismo.

El Gobierno de Rajoy ha reducido la tensión sobre sí mismo con un sencillo «no» al chantaje nacionalista del pacto fiscal. Además, tiene otros instrumentos para responder a nuevas provocaciones. Por ejemplo, cualquier normativa autonómica que impulse medidas contrarias a la Constitución está sometida a la suspensión inmediata tras la presentación del correspondiente conflicto de competencias o recurso de inconstitucionalidad ante el TC. Y las decisiones judiciales se cumplen o se comete un delito de desobediencia. Tampoco parece razonable que el PP mantenga el apoyo a CiU en el Parlamento de Cataluña tras esta escalada soberanista de Mas. Los populares deben valorar hasta qué punto sería comprensible para su electorado la coexistencia de un escenario de abierta confrontación por las aspiraciones soberanistas de CiU con una política de apoyos parlamentarios al Gobierno catalán. En este momento, el papel del PP, como declaró ayer Sánchez-Camacho, es garantizar que «Cataluña no será independiente».

No es este el momento adecuado para crear una crisis territorial en el Estado, pero tampoco de eludirla si se plantea con la virulencia verbal y social que ha exhibido el nacionalismo catalán. La situación económica es excepcionalmente negativa, y hace falta un ejercicio efectivo de solidaridad y apoyo entre todos los españoles y las administraciones públicas para remontar el vuelo. El nacionalismo catalán ha aprovechado la crisis económica para lanzar una ofensiva contra el Estado. Cuestión distinta es que haya medido sus fuerzas con objetividad y que haya calibrado las consecuencias legales y políticas con realismo. Todo hace pensar que no lo ha hecho, por el grado de voluntarismo -por no decir irracionalidad- con el que el Gobierno catalán habla de proyectos nacionales y estructuras de Estado para Cataluña.

EL encuentro entre Rajoy y Mas en La Moncloa se resolvió conforme a las posiciones predeterminadas de uno y otro sobre la petición de los nacionalistas de un pacto fiscal que concediera a Cataluña plena soberanía sobre los impuestos que se pagan en su territorio. No fue, sin embargo, irrelevante esta cita, a pesar de que era previsible su resultado, porque ha permitido a Rajoy zanjar la polémica sobre el pacto fiscal; y a Artur Mas, dar salida a la presión soberanista sobre su Ejecutivo con una más que probable convocatoria anticipada de elecciones autonómicas. La pérdida de control sobre los acontecimientos impulsados por la manifestación independentista de la pasada semana está obligando a Mas a improvisar un cambio de acción política en su Gobierno. Pero, junto con el perjuicio de generar inestabilidad con esta falta de rumbo, también está logrando enterrar el debate sobre la crisis financiera de la Generalitat y la quiebra de sus servicios públicos. En estas condiciones, unas elecciones anticipadas serían para CiU un oportuno plebiscito soberanista, más que una rendición de cuentas por su gestión de la crisis económica de Cataluña.

CiU no tiene más opción, desde una lógica democrática, que promover un adelanto electoral para proponer a los catalanes un programa político de autodeterminación e independencia. Si Mas cree, como dijo ayer, que una «ruptura total» con España no tendría sentido en Europa, su obligación es no seguir legitimando y animando el movimiento separatista catalán. Y si persevera en su radicalización soberanista -«tal vez la quimera sea encajar a Cataluña en la actual España», dijo Mas-, tiene que buscar la legitimación de los electores a un plan concreto de secesión.

Sobran órdagos
EDITORIAL El País  21 Septiembre 2012

Mas no debe abocar a Cataluña a situaciones irreparables en su pulso con el Gobierno central

La reunión entre Rajoy y Mas terminó con los dos protagonistas en sus posiciones iniciales, lo cual es un fracaso para el entendimiento y el diálogo, pero no justifica una ruptura. Rajoy comunicó a su interlocutor que no tiene márgenes para abrir una negociación sobre el pacto fiscal reivindicado por la mayoría del Parlamento catalán (y es cierto que en ese punto en concreto no lo tiene), y Artur Mas se vuelve ahora hacia las fuerzas políticas de su comunidad para obligarles a definirse —de ahí su insistencia en el debate de la Cámara catalana la semana próxima— antes de anunciar nuevas decisiones.

El presidente de la Generalitat carece de mayoría absoluta y hasta ahora se ha apoyado en el PP para sacar adelante sus presupuestos. La tentación de anticipar las elecciones y convertirlas casi en un plebiscito es fuerte, porque le daría la oportunidad de obtener una victoria más amplia que en 2010 sobre la base de la falta de respuesta del Gobierno y de otras fuerzas políticas estatales. La Generalitat es el único Ejecutivo en Europa, estatal o regional, que sortea el desgaste por la crisis económica, pero lo hace a costa de una crisis política e institucional que toma perfiles cada vez más inquietantes.

Electoralismo al margen, cabe preguntarse qué pueden resolver unas nuevas elecciones a los ciudadanos de la más endeudada de las comunidades autónomas (casi 44.000 millones de euros, el 22% de su PIB), que previsiblemente seguiría en similares condiciones después de esos comicios. El jefe del Gobierno ofreció a Mas adelantar la revisión del sistema de financiación autonómico, pero el presidente de la Generalitat despreció ese camino y pareció optar por una vía que puede desembocar en un enfrentamiento irresponsable. Es incierto lo que unas elecciones anticipadas —en las que se traslada a los ciudadanos problemas que deben resolver sus dirigentes— podrían aclarar en el terreno político: Mas reiteró que Cataluña se siente “una nación”, que ya no puede conformarse con las
soluciones de los últimos 30 años, y negó que pretenda una ruptura, aunque todo su discurso sonaba a ello.

Pero todavía no se ha roto nada y hay que insistir en que los políticos responsables no deben dar pasos irreparables. España necesita un debate federal sin complejos y para ello se debería reformar la Constitución si hiciera falta. No está nada claro que haya voluntad política en el conjunto de España para intentarlo: dirigentes del Partido Popular coquetean con el revisionismo del sistema autonómico para recentralizarlo, y el Partido Socialista se mantiene ausente. Ayer resultó llamativo el silencio de la dirección del PSOE, mientras otras fuerzas políticas —el propio Artur Mas— informaban sobre lo que los partidos estatales creen o piensan. En vez de preparar las armas para una guerra política y económica, que perjudicaría a todos, los partidos de ámbito estatal y los de Cataluña tienen que seguir hablando. Sobran órdagos y falta claridad.

Que los de la estelada miren a Yugoslavia
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital 21 Septiembre 2012

Artur Mas (cuyo padre expolió a los españoles llevándose dinero al paraíso fiscal de Liechtenstein), la familia Pujol y el obispo Novell deberían leer este arículo... que no es mío.

Había pensado en escribir un post sobre la interpretación de los deseos de la señora Cataluña que hace su administrador Artur Mas, pero he encontrado el artículo de Milenko Bernadic, un croata que vive desde 1989 en España, en el que cuenta cómo estalló Yugoslavia. Os dejo unos párrafos.

Yo, a muchas de mis incomprensiones por parte de ciertos lectores, añado también esta: siendo croata declarado, no comunista por supuesto (un buen número de croatas sí lo era), era pro Yugoslavia. Porque era hermoso sentarse en un coche y poder plantarse en cualquier punto de ese bello país tal sólo con el documento de identidad. Desde la cercanía de Tesalónica hasta los Alpes, desde el Adriático hasta la Panonia húngara.

Tenía un hermoso país, ahora tengo un basurero. Welcome to banana country!, es la letra de una canción bosnia de ahora. Me siento en el coche en Mostar, y a media hora estoy en la frontera como un tonto, esperando...

Naturalmente que éramos distintos, pero se podía vivir. Es falso cuando se diga lo contrario.

Empezaron entonces a venir aquellos defensores de los derechos de los pueblos. Los albaneses a la par con eslovenos, croatas y serbios por otro lado, luego se apuntaron también los musulmanes; vamos, que no falte nadie en la fiesta.

Que si los derechos históricos, que si nos derrumban los monumentos, que si esto, que si lo otro… No era fácil quedar inmune a tanta propaganda. Después de una década de la promoción nacionalista que seguía la muerte de Tito (especialmente en ese periodo, antes era muy difícil), entró el odio entre la gente. El odio y la no tolerancia. Todo molestaba, que si nos va mal porque los otros gastan demasiado, si estuviéramos nosotros aparte, ya verías lo bien que iríamos.

Han pasado más de veinte años. Croacia todavía no ha igualado su PIB del año 90. Sí, guerra de cuatro años y todo lo que tú quieras, pero es que ahora tienes tu ejército, tu policía, tu sanidad, tu educación… todo tuyo,… pero no aguantas. No tienes cuerpo para encajar golpes de contrariedad. Te has quedado muy flaco y cualquier cosa te perturba, te sirve de lastre, te cansa. Un incendio, y lo tienes que apagar tú. Una inundación desastrosa, y le tienes que hacer frente con una migaja de cuatro millones y medio de habitantes. No eres nadie.

Ni siquiera en deporte ya podemos hacer gran cosa. Antes Jugoplastika sufría más para ganar a Partizan de Belgrado, que ganar la Eurocopa de baloncesto. Y viceversa. Ahora juega en la final, para entendernos, Barcelona contra Badalona, y ninguna hace gran cosa ya.

¿El turbante se va a integrar? Serás tonto si te lo crees. No, tonto no, lo siguiente. En un espacio reducido, jamás. En un espacio reducido le das la oportunidad para que eso mañana sea suyo. En un espacio más amplio, tienes más recursos, más reservas. De la otra forma, no.

En Yugoslavia los musulmanes eran minoría más bien humilde que esperaba algún favor. En Bosnia-Herzegovina son luego a luego jefes que no quieren otra cosa que mandar. Estamos a punto que sea así del todo. Y eso le espera a Cataluña, según la ley de gravedad.

Si, el Vaticano fue el primero, junto con Alemania. Si fuera el último, cuando ya lo ha hecho todo el mundo y no hay otra, bueno, pero así… Creo que debe servir de lección para que en estas cosas la Iglesia se mantenga al margen, sirviendo solamente como la levadura de salvación y consuelo para las gentes. No entrar en juegos independentistas.

CODA: También recomiendo la lectura de este artículo del constitucionalista Francesc de Carreras.

Pensemos en la gran confusión de los últimos años: somos soberanistas pero no independentistas, no a la autodeterminación pero sí al derecho a decidir, libres pero asociados, federales pero asimétricos. Acabemos con la ambigüedad y planteemos en forma de referéndum la alternativa que está en la calle: ¿desea usted que Catalunya se separe de España y se constituya como Estado propio o considera mejor que siga formando parte de la actual España constitucional?

Paciencia
miquel porta perales ABC Cataluña 21 Septiembre 2012

TOMEN nota de lo que escribió Antoni Rovira i Virgili -periodista, historiador y político catalán de larga trayectoria que, durante la década de los treinta del siglo pasado, ocupó un escaño en el Parlament llegando a ser su vicepresidente- en un artículo aparecido en La Campana de Gràcia: «Ante la nueva demanda de autonomía que hace Cataluña al Estado español, volvemos contemplar estos días el triste espectáculo de la incomprensión centralista. Como si nada hubiera pasado en el mundo, y como si nunca los catalanes hubieran manifestado sus aspiraciones autonomistas, la gente de Madrid, o una gran parte de ella, hace aspavientos, y no le cabe en la cabeza el atrevimiento de estos catalanes que piden una cosa tan subversiva como la libertad de gobernarse ellos mismos en todo aquello que afecte a su vida interior.» Título del artículo: «La incomprensión centralista.». Año de publicación: 1918. ¿Les suena? Nada nuevo.

Casi un siglo después, -antes se pedía autonomía y ahora independencia, transición nacional, estructuras de Estado-, continúa el mismo discurso de la incomprensión centralista. Tras décadas de infructuosa pedagogía -afirman-, el nacionalismo catalán dice «basta». Y prosigue con un «no cabemos en una España que no reconoce nuestra personalidad y nuestros derechos como nación que somos». Por eso quieren, «iniciar un proceso de independencia». Dejando a un lado que hay cosas -ciertas reivindicaciones que saben a privilegio o incumplimientos judiciales- que ningún Estado legalmente constituido comprendería por mucha pedagogía que se le eche al asunto, se impone la siguiente hipótesis: el nacionalismo catalán siempre ha tenido la independencia en su agenda política. Lo demás, excusas. En la manifestación de la Diada de 1977 había quien gritaba «avui paciència, demà independència». ¿Qué puede pasar si la paciencia se acaba? Se verá.

Mas, impresentable
EDITORIAL Libertad Digital 21 Septiembre 2012

La comparecencia de Artur Mas tras su reunión con el presidente del Gobierno fue un espectáculo entre siniestro y vergonzoso que los españoles no tenemos por qué tolerar. Tras explicar la negativa de Rajoy a vulnerar la Constitución y aceptar de facto la independencia de Cataluña, dedicó el grueso de su intervención a menospreciar a todos los españoles, como si éstos fueran un rebaño embrutecido que el nacionalismo catalán intenta en vano civilizar.

Haciendo gala del victimismo clásico que aqueja a los políticos nacionalistas, Mas no se dejó en el tintero acusación alguna contra España, que si de algo puede ser acusada es de llevar más de tres décadas financiando las tropelías y los latrocinios del nacionalismo y no haber hecho nada por remediarlo.

Frente a lo que afirma Mas sin que le tiemble la mandíbula, Cataluña no está arruinada porque el lastre España le impida progresar como mereciera. Cataluña está en quiebra técnica porque lleva más de tres décadas padeciendo a una de las clases políticas más corruptas, delirantes e incompetentes del país; clase política que ha podido perpetrar sus desmanes gracias a la debilidad de los Gobiernos centrales, con grave perjuicio de la solidaridad interterritorial de que habla nuestra Carta Magna.

La Generalidad de Cataluña ingresará este año 11.000 millones de euros más de lo que le correspondería en virtud del actual sistema de financiación. Si no le es suficiente para mantener sus más de doscientos chiringuitos administrativos, sus siete canales de televisión y sus embajadas en el extranjero, entonces el nacionalismo catalán tiene un problema serio; no, desde luego, el resto de España, que bastante hace con tolerar semejante expolio.

La osadía de Mas le ha llevado a situarse por encima de la Constitución y de unas leyes que debería ser el primero en acatar, dada su condición de autoridad del Estado. Sus declaraciones le ponen fuera del orden constitucional, y el Gobierno no se ha dignado a responderle, más allá de la nota de prensa evacuada para salir del paso. Ayer era un momento excelente para que Rajoy, que el miércoles recordó en el Hemiciclo su juramento de fidelidad constitucional, saliera a la palestra para hacer cumplir la Constitución a su visitante subversivo.

Lo más grotesco de todo este asunto es que Mas, en primera y última instancia nada más y nada menos que un presidente autonómico, cree que formulando vagas apelaciones a un proceso independentista va a aterrorizar al resto de España y, así, conseguir meter aún más la mano en los desfondados bolsillos del contribuyente español. Debería saber que, para muchos españoles, la independencia de Cataluña, lejos de ser una amenaza, representaría un alivio, y bravatas como la de este jueves no hacen sino reafirmarles en su idea.

La independencia de Cataluña, en todo caso, debería horrorizar a los catalanes sensatos. Por una miríada de razones, empezando por las económicas y terminando por las morales y estéticas: no se puede fer país con sujetos tan incompetentes, irresponsables e impresentables como Artur Mas i Gavarró, que tanto hace por que sea imposible denominarle como manda el protocolo: Molt Honorable.

España
«The Economist» señala que la independencia no cambia la «ruinosa administración» de Cataluña
El prestigioso semanario británico apunta a los anteriores gobiernos como responsables de la crisis económica por la que pasa la región
j. g. m. / madrid ABC 21 Septiembre 2012

El cisma provocado por el presidente de la Generalitat a propósito de la propuesta del pacto fiscal ha suscitado el interés del prestigioso semanario británico «The Economist», que en su nuevo número se pregunta si será Cataluña el próximo Estado independiente de la Unión Europea.

Unas aspiraciones separatistas que el propio Gobierno catalán se encarga de alentar. Si ayer fue Artur Mas quien se mostró dispuesto a ir más allá de lo que plantea la Constitución, este viernes ha sido su portavoz quien ha sugerido la posibilidad de proclamar un Estado independiente después de las elecciones.

Las encuestas, avisa «The Economist», son engañosas, pese a que los separatistas estén «entusiasmados». La publicación considerada la biblia del capitalismo liberal escribe: «Mientras que un tercio de los catalnes son independentistas convencidos, muchos otros solo están enfurecidos por el hecho de que el dinero de sus impuestos se destine a ayudar a las regiones más pobres».

«The Economist» recoge los acontecimientos de los últimos días, desde la carta del Rey que llamaba a la unidad hasta la fracasada reunión de ayer entre Rajoy y Mas. El presidente catalán acusó ayer al Gobierno de ser el responsable de la falta de entendimiento sobre la financiación autonómica.

Pero el semanario va más allá y apunta la «ruinosa administración» de los gobiernos catalanes anteriores como causantes de la recesión económica de la comunidad autónoma. Se refiere a los tripartitos liderados por los socialistas Pasqual Maragall y José Montilla, y al Gobiero de Jordi Pujol. «La independencia no cambia eso», concluye. En otro punto del artículo recuerda que la Constitución española no permite las aspiraciones del Gobierno de Mas.
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