AGLI Recortes de Prensa   Sábado 22 Septiembre 2012

El fantasma del rescate amenaza el tinglado de las autonomías
José María Triper www.eleconomista.es 22 Septiembre 2012

Si en algo están de acuerdo hoy los dos grandes partidos españoles es en que no quieren el rescate. El uno, el PSOE, lo ha dicho abiertamente. "Yo no lo pediría", aseguraba Pérez Rubalcaba en la televisión. Y el otro, desde el Gobierno, sigue dando largas, con Rajoy mirando al cielo a ver si escampa. Al fin y al cabo es quien más tiene que perder.

Primero, porque el rescate es un fracaso colectivo de la clase política española y de la imagen del país, pero principalmente es un fracaso del Gobierno, de su política económica, y un fracaso personal del presidente. Y, en segundo lugar, porque todos los gobiernos de los países que lo han solicitado, han dimitido o se han visto obligados a dejarlo.

Pero, con independencia de estas razones, existen otras de supervivencia, que son las que les une a todos, incluidos los nacionalistas. La defensa de sus sueldos, de sus privilegios y de su capacidad de financiarse. Porque nuestros políticos, de toda índole, ideología y condición, se han convertido en una casta a la que le preocupa fundamentalmente su propia supervivencia y mantenerse. Y, saben, porque está escrito, que el rescate obligaría a hacer lo que hasta ahora se han resistido a realizar, una drástica reducción de una estructura del Estado elefantiásica.

Más de 163.000 millones de euros nos costaron las autonomías en 2011, el 15 por ciento del PIB. Un orgía de derroche a la que se suman los más de 8.000 ayuntamientos, el doble que Alemania, las fundaciones locales, regionales y estatales, y hasta un Senado que cada vez sirve para menos y se parece más a ese "lujo constitucional" como le definió Camilo José Cela. Una auténtica locura que en Europa ni entienden, ni están dispuestos a consentir y a financiar.

Y ahí es donde el rescate les va a obligar a recortar. Pero claro, eso les supone perder ingresos, poder, fuentes de financiación personales y de los partidos y mandar a muchos políticos, familiares, amigos y demás Nepotes a apuntarse al paro. Y, eso no lo van a consentir. Que haya 6 millones de españoles en el desempleo, pase; pero que les toque a ellos, eso ni de broma.

Chantaje y cesión
EDITORIAL Libertad Digital 22 Septiembre 2012

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, dijo no al pacto fiscal que reclama la Generalidad de Cataluña, por no tener cabida en el marco constitucional. Sin embargo, apenas veinticuatro horas después de rechazar el órdago nacionalista, el PP empieza a recular y ahora se muestra dispuesto a reformar, una vez más, el sistema de financiación autonómica. Un cambio que, sin duda, se traducirá en nuevas mejoras, es decir, más dinero, para las arcas públicas catalanas.

El Ejecutivo cede, pues, al chantaje de Artur Mas, le concederá nuevas ventajas financieras con la idea de sofocar la amenaza independentista lanzada por los convergentes. Se trata de una posición inmoral desde todos los puntos de vista, además de inútil e ineficaz, dado que no atajará las ansias separatistas de los nacionalistas. Hace ya mucho que la financiación autonómica dejó de tener que ver con la manera de que las regiones más ricas cedieran parte de sus recursos fiscales a las menos prósperas, para convertirse en una endiablada herramienta de negociación política al servicio de los intereses nacionalistas, tan distintos de los del resto de los españoles.

De hecho, no es la primera vez que asistimos a un proceso como el actual. La aprobación del estatuto catalán, impulsado por el Tripartito –con el apoyo inestimable de CiU– y auspiciado por Zapatero, acabó alterando radicalmente la situación. Del célebre café para todos se pasó a un sudoku de imposible resolución que no hizo desaforar aún más a los nacionalistas, insaciables. La propia aprobación del estatuto se planteó como un órdago al Gobierno central por parte de la mayoría de las fuerzas políticas catalanas. Pero la pugna no fue más allá, puesto que Zapatero aceptó gustoso tales demandas.

Rajoy está actuando de forma similar: ante la imposibilidad de dar luz verde al pacto fiscal, opta por cambiar de nuevo el sistema para de nuevo beneficiar a los nacionalistas catalanes en detrimento de los intereses del resto de los españoles; en primer lugar, de los madrileños, que son, de lejos, los que más aportan a las demás autonomías, muy por encima de lo que aportan los catalanes.

Igualmente lamentable está resultando la actitud del presidente de la (CEOE), Juan Rosell, partidario de que se ceda más dinero a su comunidad pero abiertamente ambiguo cuando se trata de valorar la amenaza independentista de Mas. Rosell es, en teoría, el máximo representante de los empresarios españoles, pero parece que en los últimos días ha cejado en sus funciones y optado por ponerse de perfil en un tema cuya resolución es crucial para el futuro, tanto político como económico, de Cataluña y del resto de España. Si realmente defiende la "unidad de mercado", tal y como manifiesta, debería rechazar frontalmente el desafío secesionista de CiU; en caso contrario, habría de dimitir de inmediato por negarse a cumplir las funciones que tiene encomendadas como máximo responsable de la patronal española.

Lo que no puede ser y además es imposible
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 22 Septiembre 2012

Mister Más ha hecho añicos un prestigio milenario, un catalán que no sabe negociar. Rajoy otro axioma consolidado, un gallego que dice NO. Aunque tal vez el uno es que no quería hacerlo para nada y el otro no tenía la mas mínima posibilidad de decir Si y ni siquiera que “depende”.

Con todo el presidente del Gobierno, sin aspavientos, puso pie en pared pero con guante de seda. Si se pretende negociar una financiación. que puede tener defectos y los tiene multiplicados, lo hacemos, aunque sea la que ustedes quisieron en el 2009, pero lo hacemos todos y sin romper barajas y si tenemos que ayudarles con 5000 millones de nada para pagar sus trampas pues lo hacemos porque hay que ayudar a todos en estos tiempos de tribulación. Pero si además de ello lo que ustedes quieren es poner alambradas fiscales en una parte de la casa para a continuación y sin demora levantar el muro de la independencia pues va a ser que no, porque lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Y menos que quien les otorgue tal dádiva sea el que tiene como más alta obligación ser el garante de los contrario.

Pero si a ello van eso se negocia en otro lado, en la sede de la soberanía popular, que no puede trocearse y que reside en el Parlamento Nacional donde han sido arte y parte, fueron padres de la Constitución (Roca) que ahora quieren despedazar, han tenido un peso decisivo en la política estatal y logrado un nivel de autogobierno nunca conseguido en la historia de Cataluña. Que ahora llegados aquí se quitan la careta y dicen que era mentira todo, que no querían encajarse en España, sino avanzar hacia la secesión. Con dos colmos, venir a reconciliarse con la ruptura previamente firmada y proclamada y a pedir dinero para llamarte, antes y después, ladrón. Pues va a ser que no.

Pero si entendiéramos que CiU y Artur Más buscan pacto alguno, su negociación ha sido de una inaudita torpeza y se han pasado tanto de frenada que ya no tienen vuelta atrás. Pero es tan desaforada e inadmisible la apuesta que se diría que lo que hay es intención contraria. O sea, ser el inductor y al mismo tiempo, desbordado por los acontecimientos, montarse en caballo desbocado cuyo tranco ha sido siempre el de otros y que pretende ahora conducir proponiéndole llegar a un país de leche y miel para que se olviden de las muchas hieles que les está haciendo tragar. Un camino de rosas hacia un país de ensueño que a la luz de la cifra y la razón y despertados de la alucinación lo que puede tener por delante es primero un precipicio y luego un desierto. Un lugar en el “reino de nunca jamás” donde lo único que se niega es la realidad. El símbolo de la bandera catalana sola junta a la europea ejemplifica mejor que nada el delirio. La que faltaba, la de España, es la única en donde están y por ella en todo lo demás. Puestos a la faena Mister Mas podría haber puesto también la de la ONU o si le peta la de la OTAN o la de los Estados Unidos de América o de la Unión Jak o hasta la del archiduque Carlos ¿qué más da?.

Calculado y diseñado por algunos, esa nueva CiU separatista, o arrastrado por los propios vientos que ha soltado, o ambas cosas, la situación, complicada, dura y triste para toda España, es también cada vez más preocupante para él. Echa cuentas y dice, con esto en la pancarta, las elecciones de calle. Salgo vivo de la crisis, me garantizo cuatro años, hasta mejor con mayoría absoluta y a construir la independencia y a pasar a la historia como un Washington. Pero eso si, que España, la madre, aunque yo diga que madrastra, al fin y al cabo, no solo ha de darme, sino pagarme primero mis pufos, ponerme el piso y un coche para ir a Europa. Y por supuesto, faltaría más, allí la tienda abierta.

Ese es el plan. O mejor el cuento de lechera. Y la empresa, la sociedad que se pone a pensar, la cifra, el número, la pela ya se están tentando la ropa y viendo que no. El susto empresarial empieza a producir sudores fríos y a vislumbrar cántaros derramados. De la euforia y la exaltación a la llorona hay solo una copa más. Así que antes, veamos de templar para no tener que gemir ante la vasija hecha añicos y la leche tirada por el suelo. Y si. Templemos todos, que nos es hora de gritos aunque algunos pretendan cabalgar sobre ellos. Por ejemplo y para empezar por uno mismo, con todo el corazón y la humildad, decir que para nada, bajo ningún concepto, quiero a Cataluña fuera de una casa que es la suya y es la mía. Que nos hacemos falta y nos echaríamos de menos con enorme amargura y nos tiraríamos de los pelos por nuestra mutua estupidez. Pues eso, leches!.

Desafío secesionista
Agua pasada...
Mikel Buesa Libertad Digital 22 Septiembre 2012

Las historias nacionalistas que susurran las voces ancestrales de una patria ignota en el oído de quienes sienten sojuzgada su identidad raramente aluden a cuestiones económicas que, sin embargo, forman parte de las preocupaciones cotidianas del ciudadano común. Por ello, cuando esas voces forman griterío, como acaba de pasar en Cataluña, e impulsan a los dirigentes políticos hacia la ruptura del status quo, conviene recordar algunos de esos relatos, en los que se revelan las consecuencias materiales de tal separación.

La República Checa y Eslovaquia se integraron en un solo Estado en 1920, tras la desaparición del Reino de Hungría. La unión no duró mucho tiempo, pues en 1938 los Acuerdos de Múnich, impuestos por la Alemania nazi, desmembraron Checoslovaquia. Al año siguiente, Eslovaquia se convirtió en un Estado independiente bajo el régimen totalitario liderado por el sacerdote católico Jozef Tiso. La reunificación vendría después de la guerra mundial, cuando, bajo la influencia soviética, los comunistas se hicieron con el poder. No por ello se forjaría una nueva unidad nacional, como lo demuestra el hecho de que, tras la Primavera de Praga, en 1969 el país acabara convirtiéndose en una federación de dos repúblicas. Veinte años más tarde, la Revolución de Terciopelo haría caer el comunismo y daría ocasión para que aquéllas se separaran nuevamente, lo cual hicieron en 1993.

Entre las dos repúblicas había fatiga mutua, desentendimiento y diferencias de desarrollo. Chequia tenía entonces un PIB por habitante que superaba en un 60 por ciento al de Eslovaquia. La región más rica no soportaba a la más pobre y viceversa. El desequilibrio fiscal era notorio. Y sin embargo ambas habían forjado una fuerte interrelación económica, de manera que su comercio bilateral resultaba ser veinte veces más intenso que el que podían mantener con cualquier otro país en condiciones equivalentes de distancia geográfica y tamaño. Lo que los economistas denominamos efecto frontera se manifestaba con total nitidez: compartir las instituciones, tener un sólido conocimiento mutuo, hablar lenguas muy próximas entre sí, etcétera, son factores que favorecen el comercio, en tanto que las fronteras separan los mercados y dificultan los intercambios, haciéndolos más costosos.

En 1993 los dos países se separaron. La escisión fue acordada sin mayores tensiones, aunque ello no significó una ruptura total. De hecho, tratando de preservar sus relaciones económicas tras la desintegración política, crearon una unión aduanera y también un mecanismo de liquidación de cuentas entre los dos Estados para ahorrarse los engorrosos costes de una relación caracterizada por su amistoso ostracismo. Fue una prevención casi completamente inútil, pues en pocos años los intercambios se redujeron drásticamente y en 2001 la intensidad de los mismos era sólo cuatro veces superior que la que se constataba con respecto a otros países del mundo. El efecto frontera se había reducido drásticamente, con lo que se volvía a demostrar que la aparición de una divisoria política constituye una poderosa barrera para el comercio.

La República Checa, la más rica de las dos, fue la que más perdió con la secesión. Una parte de sus mercados se desvaneció en poco tiempo; y con ellos perdió impulso la producción y el empleo. Al comenzar la década de 2000 la población había disminuido, y el PIB por habitante, con relación al promedio de lo que ahora es la Unión Europea, se había reducido significativamente, hasta el 71 por ciento. En Eslovaquia la economía fue algo mejor, aunque sin que se registrara nada parecido a una aceleración del desarrollo. La población experimentó un pequeño repunte y el PIB per capita ganó tres puntos porcentuales con respecto a la media europea, hasta alcanzar un nivel equivalente a la mitad de ésta.

No parecía, por tanto, que la secesión hubiera sido un buen negocio para ninguno de los dos territorios, aunque las dificultades que afrontaron no fueron tan intensas como las que se desvelaron en las antiguas repúblicas soviéticas o en algunas de las viejas repúblicas yugoslavas. Tal vez por ello decidieran emprender una nueva aventura que acabaría en su reencuentro dentro de la Unión Europea. En 1995 Eslovaquia pidió su adhesión; un año más tarde lo hizo la República Checa. La apertura de negociaciones tardaría aún varios años y sólo se hizo efectiva cuando la Unión acordó englobar a ambos países en el paquete de diez que, de manera conjunta, se integraron a partir de 2004. La influencia del padrino alemán –deseoso de ampliar su pujanza hacia el este– y el optimismo europeo de la época fueron las claves de ese logro. Desde entonces, las dos naciones han progresado, más Eslovaquia que la República Checa, de manera que casi han llegado a converger entre sí en cuanto a renta por habitante. Así, ahora los eslovacos sólo son un ocho por ciento más pobres que los checos, cuando la distancia que les separaba en 1993 era cinco veces más grande.

Todo esto es agua pasada. Una vieja historia nacionalista que tal vez no hubiese habido que evocar si no fuera porque ahora, en España, hay quienes se miran en el espejo checoslovaco. Se ven reflejados en él porque sus voces ancestrales así se lo susurran. Y tratan de ignorar las enormes diferencias que les separan de ese caso tan singular. Compárese, si no, a Cataluña con cualquiera de esas dos repúblicas. La región española forma parte, para empezar, de un país miembro de la Unión Europea. En ésta no hay nadie que muestre el menor deseo de apadrinarla. La intensidad de sus intercambios con el resto de España es más del doble de la antes apuntada para Checoslovaquia, con lo que su secesión tendrá efectos depresivos en la región mucho más profundos que los que se dieron en ese país. Los impulsores de la separación entre la República Checa y Eslovaquia repudiaban el sistema socialista porque acababan de salir de él; pero son legión los secesionistas catalanes que aspiran a instaurar una república socialista que les alejaría definitivamente de Europa. Si don Francisco de Goya pudo escribir en uno de sus caprichos que "el sueño de la razón produce monstruos", al observar todo esto podemos pensar, parafraseándole, que el sueño de la nación es un esperpento.

Los nacionalismos en el país de las maravillas (II)
Teresa G. Cortés www.vozpopuli.com 22 Septiembre 2012

Ante las muestras de secesionismo que desde hace meses se producen en España, los mandatarios de la UE vienen cubriéndose con el velo del silencio. No es para menos, pues el símbolo político, burocrático y administrativo de ese crisol de naciones que es la Unión Europea descansa sobre la inestable ciudad belga de Bruselas, asediada por la falla del separatismo “Flandes-Valonia”. Esto significa que el fenómeno de las nuevas patrias, lejos de estar apagado, asoma por doquier. De hecho, con su bandera irrumpe en las islas Feroe (Dinamarca), también aflora en las Azores (Portugal), emerge en Escocia (Gran Bretaña), lo mismo que en Trentino-Alto Adigio (Italia), en Bretaña y Córcega (Francia), en el cantón de Jura (Suiza)… Y la lista sigue.

La naturaleza burguesa del nacionalismo
Usted no verá a un líder peneuvista comparar sus anhelos con las aspiraciones de un saharaui o de un armenio. Se medirá con quienes poseen riqueza y patrimonio, o sea, con los finlandeses, del mismo modo que a un dirigente catalán de CIU jamás se le verá buscar el reflejo de sus deseos en la imagen de los sudaneses del Sur, pero sí, en cambio, en la próspera Quebec y en la floreciente y glamurosa Milán. Lo cual demuestra cómo buena parte del origen de los nacionalismos arranca de las ambiciones burguesas de las élites políticas regionales.

A esto hay que añadir una obviedad fractal: que las (otrora) boyantes autonomías que exhiben plataformas independentistas son las mismas que vacían los bolsillos de los contribuyentes con mayores tasas de endeudamiento y peores niveles de gestión económica en la Res Pública local, son las mismas que, en medio de la quiebra financiera de las Autonomías, anuncian los preparativos hacia el país de las maravillas. No es casual entonces que, cuando la Agencia Fitch amenazaba con rebajar la deuda de Cataluña a la condición de “bono basura”, casi al mismo tiempo el Sr. Artur Mas acudiera a su cita en el Ritz, el día 13 de este mes, custodiado por miembros de CIU, por dirigentes del Partido Nacionalista Vasco… y por el ex presidente autonómico catalán, el cordobés José Montilla, para explicar la épica independentista desde la lógica de los Borgia, “¡o César o nada!”, y pronunciar que “no nos hemos vuelto locos”.

Un detalle a tener en cuenta. Mientras la globalización y su consecuencia, la deslocalización de empresas, golpean el continente europeo; mientras los cinturones industriales dejan de serlo y la pobreza se socializa entre los desfavorecidos; resulta que en las pancartas nacionalistas no se leen reivindicaciones de mejora hacia la población marginada, que se cuenta por legiones en toda la geografía española hasta un total de 6.000.000 de parados. En la lucha por la soberanía solo aparecen peticiones de más poder para quienes ya lo tienen y son causantes, en buena medida, del empobrecimiento de importantes sectores de la ciudadanía, debido a su forma enloquecida de administrar las instituciones autonómicas al permitir la ruina en sus comunidades con casos de nepotismo, clientelismo, fraude y… una falta absoluta de higiene democrática.

Por supuesto, los nacionalistas, acosados por la penuria que desluce su sueño pequeño-burgués de viajar a “Matrix”, nunca admitirán que han cooperado en el avance de la pobreza, jamás que han generado un brutal desequilibro deficitario por los gastos suntuarios dirigidos a alimentar las muchas bocas de la burocracia nacionalista, igual que negarán haber entremezclado los intereses públicos y los familiares, los gubernativos y partidistas, hasta el punto de hacer de la política un lugar para el negocio, “para la aventura personal, un territorio para lograr concesiones, ventajas. Y nuevos privilegios”, como dije en otro lugar.

La Era de las nuevas élites
Tras la muerte de Franco se intentó diluir, que no perseguir, los tentáculos de esa gigantesca oligarquía nacionalista que económicamente había crecido agarrada al mástil de la Patria “Una, Grande y Libre” y que, por otra parte, había sido culpable de mantener firmes los garrotes de la dictadura militar durante casi 40 años. La Transición y, más tarde, el artículo VIII de la Constitución sobre la organización territorial del Estado auspiciarían la creación de nuevas, y no menos vigorosas, oligarquías en el recién nacido mapa autonómico, postergándose negativamente y sine die: ofrecer mayores márgenes de libertad política a la ciudadanía, abrir vías de participación ciudadana, romper el modelo inmovilista de las listas cerradas, desmantelar el cesarismo autocrático de los partidos, limitar a dos los mandatos de los representantes públicos, imposibilitar la multiplicación “ad infinitum” de puestos políticos, hacer de la justicia un órgano independiente del poder ejecutivo, abandonar el régimen de inmunidad política, perseguir e inhabilitar a perpetuidad a quien, desde un cargo público, corrompe y/o es corrompido, etc., etc., etc.

Todo esto y mucho más no se hizo, pues nuestra clase política estaba centrada en consumar con rapidez la metamorfosis de un Estado totalitario a una sociedad libre. Y los partidos mayoritarios, por acción y omisión, alimentaron el leviatán victimista de los nacionalismos. “Leviatán”, decimos, porque fomentaba la aristocratización de los líderes, los cuales a su vez, espoleados por la sed de poder, no se centraron en hallar soluciones a los problemas cotidianos de las personas, ¡qué vulgaridad!, sino en jugar con imaginarios, ideologías y metafísicas.

Si a esto unimos que el hecho diferencial, que la búsqueda de una cultura identitaria “única”, que la reivindicación, a la manera de las mónadas de Leibniz, del multiculturalismo autonómico…, ha venido a favorecer a los privilegiados (élites, altos funcionarios, adherentes, familiares, amigos), entendemos por qué el Pueblo jamás saca provecho de los movimientos de liberación, sean éstos nacionalistamente de derechas o de izquierdas, de ultraderecha o ultraizquierda, entre otras cosas porque tal es el abismo que separa a la élite gobernante de la mayoría no gobernante que las distancias, lejos de acortarse en la deriva nacionalista, se dilatan y vuelven más extremas y asimétricas.

Concluyendo, que es gerundio
El nacionalismo hace de la mentira virtud. Además, forma parte de “la ciencia de los poderosos [que] intenta desde siempre borrar, en la experiencia del dominado, la posibilidad de distinguir claramente entre dominante y dominado”.1 Por eso, el nacionalismo es un movimiento ultraconservador que azuza las olas de una revolución romántica, esto es, antidemocrática, que anhela implantar un Estado despótico, paternalista, restrictivo con el uso de la libertad, y procura, en palabras del escritor Horacio Vázquez-Rial, hacer de la política “la administración de la historia”.

Dicho de otra forma. La organización de un modelo de administración pública basada en el idealismo nacionalista deviene -a todas las pruebas históricas contemporáneas me remito- en instrumento político de los pocos contra los muchos, tanto o más cuanto que el líder pasa de ser servidor público a convertirse en espíritu vivo de la voluntad colectiva y, por tanto, en amo y señor del Pueblo.

Consiguientemente, no existe ninguna equivalencia entre el Partido Nacionalista Vasco y el Pueblo Vasco, entre Convergencia y Unión y el Pueblo Catalán, entre el Partido Andalucista y el Pueblo Andaluz, igual que no hubo ninguna equivalencia hegeliana entre el Pueblo Español y el modelo de Nación que Franco y sus acólitos brutalmente amarraron a las espuelas de sus zapatos.

1 André Glucksmann (1975), La cocinera y el devorador de hombres, Mandrágora, Barcelona, 1977, p. 27. Traduce Marga Latorre.

El Gobierno, sus 'stakeholders' y Aguirre
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 22 Septiembre 2012

“En pocas palabras, un líder es una persona que sabe dónde quiere ir, se pone de pie y va” (John Erskine)

El Ejecutivo del PP incrementó el IRPF el pasado mes de diciembre situando los tipos marginales entre los más altos de la Unión Europea. También el IBI que grava la propiedad de inmuebles. Acaba de subir el IVA ensanchando la base imponible del tipo general que se ha elevado del 18% al 21%. También las plusvalías generadas en un año se gravan al tipo impositivo de la renta del contribuyente que las obtenga. Igualmente ha subido la retención de los profesionales del 15% al 21%, sin cumplir con la promesa electoral de permitir que el impuesto sobre el valor añadido se ingrese en Hacienda sólo cuando se cobren las facturas. Además, ha subido el impuesto de Sociedades que grava a las empresas obligando, en muchos supuestos, a una doble imposición sobre las rentas generadas en el extranjero donde están establecidas en un meritorio proceso de internacionalización y ha introducido una enorme confusión sobre el tratamiento normativo de los gastos financieros. En el Presupuesto para 2013 cuyas líneas se presentarán la semana próxima, el Gobierno tiene la intención, no sólo de mantener -que lo está, bonificado- el impuesto sobre el patrimonio, sino de reactivarlo, así como el de sucesiones que grava las herencias. Hacienda medita imponer un impuesto a las transacciones bursátiles con una capacidad recaudatoria de más de 2.000 millones.

Además de esa política fiscal que recae sobre las clases medias y las empresas –y, mediante el IVA, a todas-, el Ejecutivo pretende que los bancos sanos españoles -Santander, BBVA, La Caixa, entre otros- suscriban la mayoría del capital de la Sociedad de Gestión de Activos (tóxicos, por supuesto), o banco malo, asumiendo de una u otra manera una carga adicional que es de la íntegra responsabilidad de las Cajas de Ahorros fallidas que se han gestionado bajo la tutela del Banco de España y la “prudencial” de las Comunidades Autónomas regidas por el PP y el PSOE. Por si fuera poco, ha hecho pasar por reforma energética lo que ha sido un conjunto de medidas de carácter fiscal a la generación eléctrica. Por supuesto, esa nueva fiscalidad no es finalista, sino genérica, de tal modo que no resolverá el déficit de tarifa, pero morderá en más de 1.000 millones los resultados de las compañías del sector y, a la postre, incrementará el precio de la luz, disminuirá las inversiones de las empresas en España y mantendrá el desproporcionado negocio primado de las inversiones nacionales y extranjeras en la generación renovable termosolar y fotovoltaica, las fuentes más caras e ineficientes. En este momento, los analistas dudan de que las grandes energéticas estén en condiciones de mantener su habitual política de dividendos.

Todas estas medidas inciden sobre lo que en el lenguaje empresarial y financiero se denominan stakeholders o grupos de interés que, si en una compañía son sus clientes, suministrados, empleados y accionistas, en un Gobierno sostenido por un partido son las bolsas sociales que, con afinidad ideológica, han votado por un determinado programa y por una concreta concepción social derivada de aquél. Si una empresa apalea a sus stakeholders, primero pierde su reputación, y después quiebra por la huida de estos grupos de interés que se convierten en prescriptores negativos de la entidad. En política ocurre exactamente igual: si el Gobierno puede ser ahora socialdemócrata en unos temas, liberal en otros y conservador en los demás, ¿por qué no un Ejecutivo de gestión?, ¿qué diferencia existe entre un Gobierno que no adecua sus políticas económicas a un determinado modelo y otro de carácter tecnocrático?, ¿qué buenas razones existen para que los electorados naturales del PP le vuelvan a votar si sus políticas son intercambiables con las que podrían desarrollar partidos de izquierda?

Lo más grave es que los stakeholders del Gobierno podrían entender su política fiscal y financiera si, al tiempo que se produjese un arrebato recaudador como el que se ha producido y se producirá, se ejecuta la necesaria reducción -drástica, por cierto- del aparato burocrático de los distintos niveles de las administraciones públicas. Es decir, si se acometen medidas estructurales en las fuentes del gasto recurrente e improductivo que generan déficit primario: el modelo de Estado. El presidente del Gobierno, en este asunto, parece confundir la contabilidad con la política. Ha dicho que el problema autonómico se soluciona si se gasta sólo lo que se ingresa. ¿Dónde queda la concepción de un Estado austero y eficiente? Si una empresa apalea a sus stakeholders, primero pierde su reputación, y después quiebra por la huida de estos grupos de interés que se convierten en prescriptores negativos de la entidad

El Gobierno ofrece la sensación de estar jugando en el delicado asunto del rescate de un modo táctico lo que aumenta el malestar de las grandes empresas españolas que deben arrastrar el estigma de la marca España que, ahora, es un lastre y no un activo. Muchos gestores de compañías del Ibex 35 y del CEC no quieren ni pensar en que Mariano Rajoy condicione la petición de asistencia financiera al BCE a la celebración de las elecciones en Galicia y el País Vasco. Pero en muchos ambientes hasta ahora favorables al PP se comienza a temer que pueda ocurrir lo que sucedió con las autonómicas andaluzas en el mes de marzo pasado: se retrasaron los Presupuestos pero no se logró el gobierno de la comunidad. El clarinazo del BBVA –González, el banquero más “amigo” del PP- del pasado jueves pidiendo a Rajoy que pida ya “una línea de crédito preventiva” es de los que hacen época.

La gran virtud de Esperanza Aguirre fue que, mientras presidió la Comunidad de Madrid, se mostró coherente en la defensa de sus stakeholders que le retribuyeron con tres mayorías absolutas electorales. Los empresarios madrileños la respetaban; los autónomos y profesionales apreciaban los esfuerzos de sus gobiernos por flexibilizar los horarios comerciales, facilitar los trámites administrativos y agilizar las decisiones ordinarias. Sedujo –y en ocasiones utilizó el bate de beisbol sobre algunas cabezas- a los medios de comunicación de la derecha y a quien se resistió le aplicó el correctivo que más a mano tuviera; trató -y en buena medida consiguió-hacer de la Comunidad un espacio de oportunidades con una naciente burguesía inédita en la capital que es terreno muy favorable a todas las expresiones culturales y -con extremismos y excesos- marcó territorio ideológico con una rotundidad casi temeraria. Pese a lo innecesario de llegar a sus niveles de hostilidad (verbales y fácticos) lo cierto es que Aguirre apoyó y se apoyó en los grupos de interés que la sostuvieron políticamente con enorme convicción. Y eso lo sabemos mejor que nadie quienes, en muchos aspectos de su gestión, fuimos críticos hacia sus formas y procedimientos.

Y a mayor abundamiento, el Gobierno del PP con la imposición indirecta –sobrevenida al incremento de la directa-, con el aumento del copago farmacéutico y la elevación de tasas universitarias y medidas de parecido corte, ha incidido también sobre las clases más modestas sustrayéndoles capacidad adquisitiva, de tal forma que los damnificados por su gestión están en todos los segmentos sociales. Lo más grave, insisto, no es que en una situación de crisis aguda se produzca esta generalización del sacrificio, sino que, precisamente en atención a la crisis, y por una falta de valentía política llamativa, el Gobierno no se decida -no ya sobre el rescate- sino que ni siquiera plantee en términos urgentes la reducción del aparato público que se comporta como un sumidero por el que se escapan recursos incontables. Y, por fin, de nada ha valido lo que Montoro denomina “regularización fiscal” y no deja de ser una amnistía. ¿Por qué ha fracasado? Porque ni siquiera los defraudadores están seguros de la certeza de su impunidad con la regulación de este sistema de blanqueo de patrimonios y rentas. La incertidumbre regulatoria afecta ya a la mayoría de los sectores productivos, empresariales y de servicios, agravada por la compartimentación del mercado español que el Gobierno tampoco ha resuelto, como no ha resuelto la liberalización de actividades para generar competitividad. El electorado natural del PP está sumido en el desconcierto.

Mas se va sin más
Agustín de Grado La Razón 22 Septiembre 2012

Durante casi cuarenta años el nacionalismo ha trabajado con empeño en la construcción de una realidad falsificada. Son cada vez más los que creen que Cataluña ya existía como sujeto político hace mil años, cuando ni siquiera España era tal, con unos derechos que han sido pisoteados desde entonces y les habilitan para la formación de una nación independiente. El problema no es el secesionismo, que puede defenderse en democracia, sino la debilidad con la que enfrentamos sus bravatas y desafíos quienes creemos en la España constitucional como garantía de nuestra convivencia en libertad. El milenario de una Cataluña inventada se celebró en 1989 con fanfarria y gasto tras una propuesta de Esquerra Republicana respaldada por todas las formaciones políticas, incluidas aquellas que, como el PP y el PSOE, deberían representar y proteger los intereses de la nación española.

Pero hemos dejado hacer, cediendo en busca del apaciguamiento imposible y aceptado su apoyo chantajista … A su manipulación no hemos contrapuesto la verdad y su envalentonamiento se ha alimentado de nuestros complejos. Sin convicción en la defensa y promoción de un propósito nacional como aval de progreso y libertad, ese que ahora echamos de menos en un momento de extrema dificultad económica que no distingue regiones e identidades. Así que no sorprende el que hayamos asistido a una escalada en el desafío secesionista que Rajoy, Constitución en mano, frenó en seco: la solidaridad entre las regiones no es negociable. Mas tiene ahora un problema para salir del lío en que se ha metido, sí. Pero el proceso de erosión de la más antigua nación de Europa seguirá mientras PP y PSOE no levanten juntos un proyecto colectivo que galvanice la fortaleza de los españoles en la confianza de un destino compartido.

La “apertura catalana” y la defensa española
Pablo Sebastián www.republica.com 22 Septiembre 2012

Con motivo de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, y del torneo de ajedrez que con ese motivo se celebró en la ciudad condal, los organizadores del evento promovieron un concurso de ajedrez en pos de promocionar una “apertura” de una partida de ajedrez que llevara el nombre de Cataluña, o “catalana”, para así equipararse con las ya conocidas Española, Inglesa o Siciliana. El ganador del desafío fue el jugador polaco Savielly Tartákower (se embolsó 150 pesetas), con la apertura de las blancas que atacaban de inmediato, con dos peones, el centro del tablero y a la dama del adversario, a la vez que abría las casillas blancas de su alfil. Kasparov y Korchnoi la utilizaron en una histórica semifinal en Londres, antes de competir con Kasparov, y a partir de entonces la “apertura catalana” ganó notoriedad.

Sin embargo, el problema que tiene la apertura catalana es que el adversario, desde las negras, ve venir con facilidad el resto de los movimientos de las blancas, se puede defender y contraatacar. Y eso es mas o menos lo que le ha ocurrido a Artur Mas con la que ha sido su apertura en la partida del “pacto fiscal” presentada en Madrid a bocajarro, como amenaza y advertencia de elecciones y de la posterior declaración de independencia por el parlamento de Cataluña –si CiU obtiene mayoría absoluta- completando así el desafío total al Estado español.

El juego temerario de Mas no hizo nada mas que comenzar y todo apunta a que con cierta precipitación. Rajoy juega con negras la defensa española y con cierta parsimonia y exceso de prudencia. Y aunque el Rey Juan Carlos se enrocó tras advertir del riesgo de “quimeras” de los secesionistas, y el alfil negro de Gallardón ha avisado diciendo que quien abandona la Constitución pierde la Autonomía, lo cierto es que Rajoy va con pies de plomo, como en todo. Y ahora está a la espera anunciar –un gambito de torre- la reforma del vigente sistema de financiación de las CC.AA. en la conferencia presidentes del 2 de octubre, a ver si con ello mejora a Cataluña y desactiva el victimismo de Mas y su llantina fiscal y escalada independentista.

Al margen de que Mas y CiU parecen haber tomado un camino de no retorno, salvo que don Artur dimita entregando -como le pasó a Ibarretxe- su oronda cabeza, lo cierto es que las fichas negras de Mariano no han estado brillantes en sus primeros movimientos: la víspera de la Diada Rajoy habló de “algarabía”; TVE ocultó el éxito de la manifestación del 11-S en Barcelona; el Gobierno se tragó cual faquir la cifra del millón y medio de independentistas en la calle (el contador “automático” de “El País” habló de solo 600.000); y Rajoy se calló cuando Artur Mas, el día 12, anunció “estructuras de Estado” para Cataluña; el Rey mandó a Spottorno, el Jefe de su Casa, a acompañar a Mas en una conferencia que dio el catalán el día 13 en Madrid, provocando indignación general; luego el monarca lanzó una Carta “patriótica” en la web de la Casa Real denunciando la “quimera” secesionista, y enfadando a tirios y troyanos por meterse en política; después Rajoy rompió su silencio, el día 19, en el Congreso y a instancias de Rosa Díez para decir que “cumplirá y que hará cumplir la Constitución; y tras la desafiante visita de Mas a Moncloa y posterior rueda de prensa, Rajoy volvió a permanecer mudo, y envió a su pupila catalana, Sánchez Camacho, a responder a Mas desde Cataluña y en catalán. En suma, una mala “defensa española” a “la apertura catalana”.

Sin embargo, la partida está muy abierta y tendrá la semana que se acerca un desarrollo nuevo con gran actividad de las blancas en el Parlamento catalán donde se anunciará la convocatoria de las elecciones anticipadas catalanas para finales de noviembre (el 25) o principios de diciembre (el 2), a ver si CiU alcanza su mayoría absoluta y decide lanzar una declaración de independencia tras una votacióndel parlamento catalán, como ha insinuado Homs, el portavoz de la Generalitat.

Y es en ese momento cuando se verá, de verdad, el poderío y toda la fiereza del ejército “negro” constitucional, que en el caso de la declaración de independencia deberá, de inmediato, suspender la Autonomía de Cataluña, disolviendo su parlamento y el gobierno de la Generalitat, pase lo que pase, como lo insinuó el ministro de Justicia Gallardón. Y ¿qué puede hacer Mas? Pasarse el día en las calles manifestándose o ¿acaso promover la violencia al estilo de Bildu, o de sus mayores, siendo como son los de CiU burgueses de la derecha catalana conservadora, liberal y confesional? ¿Qué dirá la banca y las grandes empresas de Cataluña si Mas se mete en semejante disparate y berenjenal? ¿Quién pagará las nominas, deudas y los gastos de la administración catalana hoy en quiebra?

La alegre apertura catalana de Artur Maspuede acabar en pésimo final, con el “reyezuelo” Pujol –instigador de todo esto, para ver si le entrega a su “hereu” Oriol la corona catalana- tumbado sobre el tablero y en medio del desconcierto general. En la refriega final España también sufrirá, y las imagen y estabilidad del país se verá zarandeada dentro y fuera de nuestras fronteras. Pero Cataluña, en semejante situación, pagará un alto precio económico y social y abrirá en su seno una profunda ruptura social, a la que se le podrá añadir la fractura de CiU, a nada que Durán recupere la cordura.

Quizás lo ideal sería evitar la batalla final y lograr unas “tablas” honrosas partiendo, quizás, de la oferta de mejora de financiación catalana –un gambito de torre de Rajoy- que se presentará en la Conferencia de Presidentes autonómicos de octubre donde este Gobierno espera desactivar y desmontar los argumentos contables de Mas sobre su pretendido déficit fiscal. Algo de eso le ofreció Rajoy a Mas en la Moncloa pero el catalán no lo quiso escuchar porque lo que busca ahora, con mas victimismo, es la mayoría en las elecciones catalanas anticipadas esperando que la llama de la Diada no se apague antes de la jornada electoral. Bueno, así están las cosas, y ahora mueven las negras del perezoso Rajoy que sabe a ciencia cierta por donde van las blancas de Mas, una vez que la “apertura catalana” ha quedado al descubierto y ya se sabe cuáles son sus intenciones y hacia dónde van.

Carta catalana
xavier pericay ABC Cataluña 22 Septiembre 2012

Querido lector: ignoro cuántos años tiene usted. Pero si se da el caso de que está entre los 18 y los 35, año más, año menos; de que ha vivido toda su vida o gran parte de ella en Cataluña y de que no es nacionalista —o sea, catalanista en cualquiera de sus múltiples grados—, permítame que le felicite. Lo suyo tiene mérito. Usted no ha conocido otra Cataluña que la autonómica, ni otra España que la de las Autonomías. A no ser que sus padres tuvieran interés y dinero bastantes como para matricularle en un colegio extranjero, a usted lo habrán escolarizado según el modelo establecido en Cataluña para la escuela pública, privada y concertada. En lo lingüístico y en todo lo demás.

Por otro lado, usted habrá consumido, en dosis tan variables como inevitables, los medios de comunicación del país y, en especial, la televisión autonómica, con su tufillo patriótico. Y, aun así, usted ha tenido el buen gusto de no ser nacionalista. Mi enhorabuena —que hago extensiva, sobra decirlo, a sus progenitores—. Pero usted es joven, le queda todavía mucha cuerda. Como ciudadano de Cataluña, le corresponderá tomar, dentro de nada, decisiones importantes. Y esas decisiones conviene que puedan tomarse en libertad, esto es, con conocimiento de causa. Por eso es necesario que contribuya usted a la apertura de un gran debate sobre el futuro de Cataluña que contrarreste, en lo posible, el discurso único que el nacionalismo se ha arrogado desde hace más de tres décadas. En fin, que debe usted saltar a la arena, pedir la palabra, pronunciarse. Otros lo hicimos ya en épocas pasadas y ahí seguimos, mal que bien. Pero nuestro ciclo ha terminado. O casi. El que ahora cuenta es el suyo, lector. Piense en su responsabilidad, en su responsabilidad ciudadana. Piense en la de gente que está esperando una palabra, un gesto, una señal para movilizarse. Y tenga usted por seguro que ese mérito que ya se le reconoce se volverá, con el tiempo, profundo agradecimiento.

La secesión y Europa
J. M. Ruiz Soroa, EL CORREO.  22 Septiembre 2012

Europa no es una unión de ciudadanos (¡qué más quisiéramos los federalistas!), ni una unión de territorios, es una unión de Estados

Aunque el asunto lo haya puesto de moda entre nosotros el caso de Cataluña, la situación hipotética de los nuevos Estados que pudieran formarse en Europa como consecuencia de la secesión de partes de los actuales (Escocia, Cataluña, País Vasco, etc.) es un tema de debate académico y político desde hace tiempo. Un debate promovido sobre todo por los movimientos nacionalistas, que rechazan indignados lo que a primera vista parece ser la regla que inexorablemente se deduce de los Tratados de la Unión Europea: la de que los nuevos Estados quedarían automáticamente fuera de la Unión y tendrían que solicitar su ingreso en ella según el procedimiento del art. 49 TUE, que requiere la unanimidad de los Estados miembros y el cumplimiento de una amplia serie de requisitos (los ‘criterios de Copenhague’).

Los nacionalistas impugnan la aplicación de esta regla utilizando varios argumentos. El primero, aparentemente impactante, es el que enunciaba Izaskun Bilbao, del PNV, esta misma semana: si los vascos (o los escoceses) gozamos ya de la ciudadanía europea, necesariamente la conservaremos en caso de secesión, pues no puede privarse a las personas de su ciudadanía ya adquirida: una tal ‘expulsión’ no está prevista en norma europea alguna. El argumento puede construirse también, y así se ha hecho, desde un punto de vista ‘territorial’: el territorio catalán es parte de la Unión Europea, luego no puede ya ser ‘expulsado’ de ella.

A poco que se reflexione, el argumento de la ciudadanía o el territorio se derrumba pronto, porque se basa en una grosera tergiversación de la propia naturaleza de la Unión Europea. En efecto, Europa no es una unión de ciudadanos (¡qué más quisiéramos los federalistas!), ni una unión de territorios, es una unión de Estados. La pertenencia a la Unión no deriva de la personalidad ni de la territorialidad, sino de la estatalidad. Precisamente por eso, está claramente establecido que la ciudadanía europea no es un estatus autónomo, sino un estatus secundario y derivado de la previa nacionalidad en un Estado miembro: sólo pueden ser ciudadanos europeos quienes son nacionales de un Estado miembro, y son ciudadanos europeos sólo porque son nacionales de ese Estado. Y si dejan de ser nacionales de un Estado miembro y pasan a serlo de otro que no es miembro, no serán ciudadanos europeos de nuevo hasta que su Estado sea admitido en la Unión. Es así de obvio: a los ciudadanos no se les expulsa, porque ni siquiera son miembros de la Unión.

Admitido que la Unión Europea es una organización internacional de Estados, los nacionalistas han intentado también recurrir al argumento del Convenio de Viena de 1978 sobre la Sucesión de Estados en los Tratados Internacionales, cuyo art. 34 establece el principio de continuidad de los tratados en los casos de secesión: «Cuando una parte o partes del territorio de un Estado se separen para formar uno o varios Estados, continúe o no existiendo el Estado antecesor, todo tratado que estuviera en vigor respecto de la totalidad del territorio del Estado predecesor continuará en vigor respecto de cada Estado sucesor así formado». También impactante a primera lectura, claro está. Sin embargo, hay dos cuestiones que anulan lo citado para el caso de la secesión en Europa. Primera, el propio Convenio de Viena establece en su art. 4 que en el caso de tratados constitutivos de organizaciones internacionales, las normas particulares de éstas se aplican con preferencia al convenio (algo que ha aplicado a rajatabla la Organización de las Naciones Unidas, por ejemplo). Segundo, este convenio no ha sido en general aceptado por los actuales países europeos y no se considera que refleje el Derecho Internacional consuetudinario existente.

Conclusión inapelable, como ha recordado estos días la Comisión Europea: si una parte de un Estado miembro se secesiona, queda fuera de la Unión Europea de momento y tiene que presentar su candidatura al ingreso conforme al procedimiento establecido. Este ingreso podrá ser más o menos rápido, pero es inevitable un período de solución de continuidad.

No es extraño, por esto, que tanto Ibarretxe hace años, como Mas ahora, evoquen una peculiar estatalidad vasca o catalana que sería ‘asociada’ o ‘interdependiente’ de la española: porque pretenden que por esa vía se les resuelva el arduo problema de la exclusión temporal de Europa: somos independientes ‘de facto’ pero somos parte de España a efectos europeos. ¡Rizar el rizo de la quimera!.

Que el procedimiento de ingreso de la Cataluña secesionada en Europa tuviera que seguir el procedimiento del art. 49 TUE implica la necesidad de la unanimidad de todos los Estados miembros para su admisión. Es bastante obvio que un veto del Estado español a esa admisión no es siquiera una hipótesis, pues toda secesión será por necesidad pactada y bilateral, luego un veto arbitrario está excluido a priori. Pero lo que sí existirá en ese momento, curiosamente, es una posibilidad de controlar la constitución y las leyes de ese nuevo Estado en lo que se refiere, precisamente, al respeto y protección de las minorías nacionales residuales tanto en lo político como en lo cultural. Por la sencilla razón de que el Estado candidato debe cumplir con los ‘criterios de Copenhague’ (art. 6 TUE), entre los cuales está el disponer de unas instituciones que garanticen el respeto y protección de las minorías. De manera que el Estado español –y no sólo él– podría esgrimir la amenaza de veto si el Estado catalán no garantizase efectivamente a la minoría nacional española esos derechos. Lo cual, es notable reseñarlo, le daría al Estado español más capacidad de intervenir sobre la política nacional y cultural catalana de la que posee hoy en la España autonómica. Exigir que al castellano se le aplicase el Convenio Europeo de Protección de Lenguas Minoritarias (¿qué menos?) garantizaría los derechos lingüísticos de los catalanes hispanohablantes más y mejor que el vigente Estatut y normas derivadas. ¡Ver para creer!

Una buena reforma educativa
EDITORIAL www.gaceta.es 22 Septiembre 2012

Sólo podemos calificar de excelente la noticia de la aprobación por el Consejo de Ministros del proyecto de ley orgánica que reforma todo lo relativo a la enseñanza no universitaria regulado en la vigente LOE. No sólo era este uno de los grandes compromisos electorales del Partido Popular, sino que, por fin, lo empieza a cumplir en el primer año de la legislatura y no a su fin, como más de una vez ha sucedido en esta materia tan sensible, delicada y fundamental para la sociedad. Las líneas maestras del proyecto van en la dirección correcta: reducir el fracaso escolar, premiar el talento y el esfuerzo, proporcionar una educación y una cultura general homogéneas en todo el territorio nacional, potenciar tanto la autonomía de los centros como la eficacia de la Inspección, generar un currículo que favorezca el plurilingüismo, la “empleabilidad” de los jóvenes y el mejor uso de las nuevas tecnologías, liquidar todo asomo de adoctrinamiento desde el poder en la transmisión de saberes y habilidades.

Era un clamor poner fin de una vez al tremendo error de tratar de imponer una falsa igualdad por el sistema de favorecer el paso de curso de todos los alumnos, generando así el efecto caravana, según el cual toda caravana va necesariamente a la velocidad del más lento. Este modo de entender la igualdad es desalentador del esfuerzo y el talento, fuerza a bajar el listón de los conocimientos exigibles, merma la autoridad de los docentes, y convierte la educación en todo lo contrario de lo que se supone que ha de ser, al castigar las virtudes y premiar los vicios en el aprendizaje escolar.
La homogeneización de algunos saberes básicos en la Educación Primaria y, sobre todo, Secundaria, era otra necesidad urgente. Desdichadamente, son ya varias las promociones de españoles que, por obra del sistema que ahora se reforma, han conseguido un sobresaliente en ignorancia. Sólo este aspecto justificaría que esta ley siguiera el trámite de urgencia en su iter parlamentario.

Por otra parte, el sistema hasta ahora vigente está ideologizado hasta rebasar los límites de cualquier sociedad libre. La durísima batalla social contra la totalitaria Educación para la Ciudadanía queda por fin resuelta con la eliminación de las asignaturas que el zapaterismo impuso, y cuyo adoctrinamiento corruptor de menores fue expresamente prohibido por el Tribunal Supremo, a pesar de lo cual se han seguido impartiendo en no pocos centros aprovechándose del calvario administrativo y judicial a que los padres objetores se veían obligados para defender su derecho.

En buena lógica, en suma, los objetivos de esta reforma deberían ser saludados con entusiasmo por todas las fuerzas políticas, pero –ojalá nos equivoquemos– no hace falta ser adivinos para predecir que tal cosa no va a ocurrir, porque el poso totalitario de los nacionalismos y de la izquierda de raíces marxistas dista, por desgracia, de haber sido erradicado entre nosotros. Sin embargo, la cómoda mayoría absoluta del partido gobernante permitirá que en la próxima llamada a las urnas los votantes conozcan ya las primeras experiencias del funcionamiento de esta ley, que con seguridad serán mucho más positivas que la padecida hasta ahora.

Educación de calidad
Editorial La Razón 22 Septiembre 2012

De la ruinosa herencia que han dejado ocho años de gobierno socialista destaca, aparte del déficit público, el fracaso de la Educación, que ha hundido a la escuela española en los últimos puestos del ranking de los países desarrollados. La tasa de fracaso escolar, que supera el 26%, es la funesta cosecha de una ley que los socialistas impusieron al poco tiempo de llegar al poder en 2004 con el único propósito de que no se aplicara la reforma impulsada por José María Aznar. De aquel ejercicio de sectarismo procede la calamitosa salud de la enseñanza de hoy. Para poner fin a este despropósito, el ministro Wert ha presentado un proyecto de reforma sensato y pragmático. No es una «revolución» educativa, ni mucho menos, sino un cambio sustancial que introduce más controles de calidad, refuerza las asignaturas básicas de Matemáticas, Lengua e Inglés y adelanta un año la elección de itinerarios.

Por contra, la asignatura Educación para la Ciudadanía, que fue el estandarte ideológico del PSOE, desaparece en Primaria y será sustituida en Secundaria por Educación Cívica y Constitucional. Una de las novedades más relevantes es la introducción de cuatro pruebas o reválidas a lo largo del itinerario educativo: en 3º y 6º de Primaria, en 4º de la ESO y en 2º de Bachillerato; esta última sustituye a la Selectividad, cuya devaluación progresiva la habían convertido en irrelevante. Eso sí, la nueva ley permite a las universidades establecer o no su propio examen de acceso. Las pruebas de evaluación son una herramienta necesaria porque permite detectar de forma temprana las carencias de los alumnos y no dilatar las soluciones a los problemas. Pero además tiene un efecto positivo sobre el alumnado en la medida en que valora su esfuerzo, premia sus cualidades y estimula su trabajo.

De especial importancia es la reválida de Bachillerato, que tendrá un peso del 40% en la nota final y determinará el pase a la Universidad. Elevar el nivel de esta etapa era un clamor general. Como también era una demanda ampliamente respaldada, incluso exigida por los organismos europeos, la homogenización de las enseñanzas en todas las comunidades autónomas. La propuesta de Wert no es descabellada ni desmesurada: aumenta en un 10% los contenidos que fija el Gobierno de la nación: el 65% en las comunidades con lengua cooficial y el 75% en las restantes. Es una medida razonable para poner coto a la dispersión de temarios, que en algunas asignaturas ha sido esperpéntica y ha provocado retrasos de hasta curso y medio entre unas autonomías y otras. En suma, la reforma que propone el ministro de Educación es realista y busca, ante todo, reforzar las asignaturas básicas, valorar el esfuerzo académico y poner cierto orden en ese cajón de sastre en el que se mezclan 17 escuelas distintas.

Contra el modelo territorial
Vidal Quadras: España está formada por diecisiete "metástasis"
"La combinación de una partitocracia voraz que se ha enroscado al cuerpo de la nación"
agencias Libertad Digital 22 Septiembre 2012

El vicepresidente del Parlamento Europeo Alejo Vidal-Quadras (PP) ha cargado contra el modelo territorial español porque, en alusión a las autonomías, ha considerado que está formado por "diecisiete metástasis".

En unas jornadas organizadas este viernes en Altea (Alicante) por la Fundación Konrad Adenauer y la Fundación Giménez Abad, ha advertido de que los sistemas federales presentan "defectos de la misma o superior magnitud que sus supuestas ventajas".

Ha dicho que "la combinación de una partitocracia voraz que se ha enroscado al cuerpo de la nación multiplicándose en diecisiete metástasis" ha llevado al fracaso del modelo autonómico español.

También ha señalado como responsables de esta circunstancia "la agresividad contumaz y desleal de los nacionalistas identitarios catalanes y vascos, y la pusilanimidad, el oportunismo y la falta de visión histórica tanto del centro-derecha como del centro-izquierda español".

El que fuera líder del PP catalán, ha concluido que todos estos defectos han arrastrado a España a la ruina material, a la degradación de sus instituciones más vitales y "a la fragmentación de su unidad".

Vidal-Quadras ha apostado por una Europa que promueva valores universales que hagan capaz a la ciudadanía de superar diferencias culturales, vencer egoísmos nacionales, desmitificar soberanías y "asegurar la paz y vivir en libertad y por la libertad".

En alusión al presidente catalán, Artur Mas, ha sentenciado que en esta Europa no tendrían cabida "los que circulan por el mundo con un ojo en el retrovisor y otro en su ombligo".

Albert Boadella: 'Hay que dejar que Cataluña se suicide, yo les pegaría un empujoncito'
El actor y dramaturgo barcelonés asegura que la secesión de Cataluña "es irreversible y los españoles se la comerán con patatas"
 www.lavozlibre.com 22 Septiembre 2012

Madrid.- “Pegaría un empujoncito a Cataluña para que se suicide”. Así de tajante se muestra el actor y dramaturgo español Albert Boadella en una entrevista que publica este sábado el diario ‘El Mundo’ y en la que también asegura que la secesión catalana “es irreversible y los españoles se la comerán con patatas”.

“La independencia de Cataluña es irreversible. Han acomplejado a los españoles diciendo que eran víctimas. Y no. Ni de Franco. De Franco la víctima fue Almería. La independencia es irreversible y los españoles se la comerán con patatas. Es un suicidio colectivo. Y hay que dejarles que se suiciden, porque llevan años diciendo que se van a tirar del puente. Yo incluso les pegaría un empujoncito”, señala el ex director de Els Joglars.

Preguntado por quién es el último tonto que le inspira, el dramaturgo barcelonés no duda en señalar al presidente de la Generalitat, Artur Mas. “Tenemos un tonto importante: mi ex conciudadano Mas. Merece la obra de un tío que llega al abismo y tiene miedo a dar un paso. Y cuanto más miedo tiene, más grita. Sería Nada Mas y nada menos. Desde Pujol vamos a menos. Hemos ido bajando el listón. No es que Pujol estuviera alto, ja, ja...”, explica.

"OJALÁ EL CARA AL SOL SEA EL HIMNO ESPAÑOL"
Asimismo, Albert Boadella afirma que “el nacionalismo español es inexistente”. “A quien pone España en el coche le llaman facha hasta en Valladolid. Falta nacionalismo español. ¡Al menos una letra para el himno! A mí el que me gusta es el Cara al sol. Ojalá acabe siendo el himno español, letra incluida, porque hay pocas referencias a Falange, se hicieron un lío surrealista literario. Sería perfecto”, dice.

Al margen del tema de Cataluña, el director teatral también se refiere a otros temas de actualidad, como la dimisión de Esperanza Aguirre, la muerte de Santiago Carrillo o el vídeo porno de Olvido Hormigos. Sobre la ex presidenta de la Comunidad de Madrid dice que la tiene “cariño” y que no merece su “perversidad”. Al ex líder del PCE le califica como “un Jekyll y Hyde capaz seguramente de no asesinar directamente pero sí producir el asesinato hasta jugar un papel positivo en un momento de la Historia”. Del caso de la concejal socialista de Los Yébenes señala que “llamarle zorra pertenece a la proporción de chusma de todo país”.

Por último, Albert Boadella comenta que cuanto más le insultan más se divierte. “Yo he colocado un títere para que todo el mundo le dispare. Así a mí no me toca nadie. Cuando me llaman hijo de puta no me tocan, tocan al pobre títere. Yo soy Boadella y la bestia es él. Es un míster Hyde. El que más me orienta es facha. Eso es que voy por el recto camino”, subraya.

Ante el desafío de Cataluña
Aznar: "Nadie romperá España"
El expresidente del Gobierno considera que los que pretenden romper España cometen "una gravísima equivocación".
agencias Libertad Digital 22 Septiembre 2012

José María Aznar ha afirmado que "nadie va a romper España" y quienes intenten hacerlo cometen "una deslealtad" y "una gravísima equivocación".

Aznar hizo esos comentarios en un acto que se desarrolló en Méxixo al ser consultado por uno de los asistentes sobre recientes movilizaciones en Cataluña en favor de la independencia y declaraciones de líderes políticos de esa región apoyando esa idea.

"España ha vivido a lo largo de su historia (...) buenos y malos momentos, ha tenido momentos brillantes y páginas más discutibles; hemos tocado el cielo con los dedos muy recientemente y ahora tenemos muchos problemas serios", afirmó. "Pero lo que no se debe hacer en términos políticos nunca es ni jugar frívolamente con la historia ni prender fuego a nada históricamente. El que lo hace comete una grave irresponsabilidad", dijo Aznar en un turno de preguntas después de presentar el informe "América Latina: una agenda de libertad".

"España va a seguir -insistió-. Nadie va a romper España, pero aquellos que lo intenten no sólo cometen una deslealtad, cometen una gravísima equivocación". El exgobernante también señaló que el éxito que tuvo España en su transición política y económica y la fuerte presencia internacional que ha ganado se debe a "un éxito común de todos los españoles". "Esto está basado en una serie de pilares, y esa serie de pilares no se deben poner en cuestión en ningún caso", agregó.
"España no puede ser un Estado residual"

En su exposición inicial, Aznar dijo que un Estado puede ser federal, unitario, centralizado o descentralizado, "pero lo que no puede ser -añadió- es un Estado residual, ni mucho menos un Estado frágil, confuso, ausente".

"Una correcta política de fortalecimiento institucional -agregó- empieza por entender que quienes atacan al Estado o cuestionan la propia existencia de la nación no sólo niegan una tradición, una herencia o una memoria compartidas, sino que también atacan el derecho de todos y de cada uno de nosotros como ciudadanos a decidir en común sobre nuestras reglas de convivencia".

Aznar participó en un acto convocado por la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), que él preside, y el think tank Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI), que se desarrolló en un hotel de la capital de México.

Seguridad como requisito para la prosperidad
En otra parte de su intervención, Aznar, que se excusó de dar declaraciones a los periodistas antes y después de su exposición, se refirió también a la lucha que tiene México contra los cárteles de la droga y otros grupos del crimen organizado.

"La seguridad es una condición para la prosperidad. Sin seguridad la democracia no es más que un cascarón vacío", afirmó y dijo que para combatir la criminalidad se necesitan medios y legitimidad, con "leyes buenas que se cumplan, que se respeten".

Se mostró también en contra de cualquier negociación con los grupos criminales. "Con los criminales no se negocia, con los terroristas tampoco, se les derrota", aseveró.

Insistió en que el Estado tiene que ser "el garante de la ley y de la seguridad, y tiene que estar presente en todo el territorio nacional, y todo el mundo tiene que saber que es el Estado y nada más que el Estado el que garantiza la ley y la seguridad".

Sin comentarios sobre Carrillo
Uno de los participantes en el acto organizado por el COMEXI le preguntó su opinión sobre el papel que jugó el recientemente fallecido dirigente comunista español Santiago Carrillo y su aporte a la transición política en España, pero se excusó de comentarlo.

"No voy a hacer valoraciones sobre la trayectoria personal de nadie, ni del señor Carrillo ni de nadie. La historia es la que es, los hechos son los que son, y cada uno puede tener sus juicios en términos de sus aportaciones en uno u otro sentido", afirmó.

El expresidente del Gobierno español llegó ayer a la capital mexicana y el mismo jueves se reunió con el mandatario Felipe Calderón. Mañana, sábado, viaja a Lima para presentar el lunes el mismo informe que dio a conocer hoy en México.

iniciativa popular
El 12 de Octubre tenemos una cita en Barcelona: “Cataluña es España. No al separatismo”
JUANJO ARMAS Minuto Digital 22 Septiembre 2012

“Cataluña es España. No al separatismo”. Bajo ese lema marcharán los ciudadanos catalanes que no quieren la independencia el próximo 12 de octubre, Día de la Hispanidad. La marcha tendrá lugar en Barcelona y no ha sido promovida por ningún partido o asociación en concreto, sino que es una iniciativa popular, surgida en las redes sociales, que quiere responder a la manifestación independentista del 11-S.

El lugar elegido para concluir el acto es el mismo que ocuparon los nacionalistas en la Diada, la plaza de Cataluña, aunque el itinerario que recorrerán aún no está cerrado. Los promotores ya han iniciado los trámites formales para llevarla a cabo y su objetivo ahora es tratar de superar las trabas que desde todos los ámbitos les ponen para que tengan la menor repercusión posible.

Por supuesto, ellos no contarán con el respaldo de la televisión pública catalana ni de la Prensa subvencionada, por lo que sus posibilidades se limitan a conseguir que los medios libres se ganan eco y a explotar al máximo los recursos de Internet. Además, se han puesto ya en contacto vía correo electrónico “con Ciudadanos, el PP y el PSC” para informarles y tratar de conseguir su respaldo.

Tampoco esperan nada del Gobierno regional ni local, controlados por CiU, el partido que sí apadrinó la marcha del 11-S.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

No es el ‘Estado propio’, idiota

Manuel Romero  www.lavozlibre.com 22 Septiembre 2012

Periodista y director de La Voz Libre

La semántica es una de las batallas que quiere ganar la Generalitat de Cataluña para reforzar y afianzar su desafío al Estado democrático y de derecho, amparado por la Constitución Española de 1978, que establece que la soberanía pertenece al conjunto del pueblo español, a la vez que reafirma su unidad y reconoce su diversidad.

No existe propuesta nacionalista que no vaya antecedida de una intencionada estrategia terminológica. Ahora tratan de imponer machaconamente el concepto de ‘Estado propio’ en el leguaje político y periodístico.

Bautizaron como ‘inmersión lingüística’ lo que fue y sigue siendo la utilización en la enseñanza de sólo uno de los dos idiomas oficiales de una comunidad autónoma. Especialmente impositiva y excluyente fue su aplicación en Cataluña, donde el otro idioma -el castellano- ha quedado relegado, desde hace años, a dos horas semanales de clase, en el mejor de los casos. Sin libertad de elección entre los dos idiomas oficiales, el término ‘inmersión’ se convierte en sinónimo de ‘ahogo’, ‘opresión’ o ‘imposición’, pues no existe alternativa para quienes por cualquier motivo -el alumno ya domina el catalán a la perfección o los psicólogos desaconsejan que estudie en una lengua que no sea la materna- prefieren hacerlo en castellano. Sin embargo, ahí quedó el sustantivo ‘inmersión’, habitualmente acompañado de la descripción de ‘sistema exitoso’, sin reparar en que no ha permitido elegir ni compararlo con otro método en el que ambas lenguas pudieran ir parejas a lo largo del proceso educativo.

Otro de los baluartes terminológicos que en esta legislatura quiere levantar el nacionalismo gobernante es el de ‘pacto fiscal’. Cuando la propuesta de construcción de una Hacienda (recaudación y gestión de impuestos) exclusiva para las personas residentes y empresas constituidas o establecidas en Cataluña surge unilateralmente de la Generalitat, es poco comprensivo que se llame ‘pacto fiscal’, pues esta denominación podría ser la adecuada sólo para cuando se hubiera alcanzado el acuerdo con el Estado. Pero si lo que se describe es el desgajamiento de una de las partes de la Hacienda del Estado, convirtiéndola en una administración separada que liquida gastos generados desde ese territorio, y esto encuentra su oposición en la igualdad de trato que todo buen Gobierno debe imponer por encima de personas y lugares, entonces estamos más cerca de la aspiración a un sistema fiscal feudal, que se ampara en privilegios por su capacidad de fuerza o por afinidad de vasallaje.

La última y más determinante intención nacionalista catalana -por la gravedad del contenido al que hace referencia- está siendo el bautizo del proceso para la ruptura del actual Estado, descrito como proceso para alcanzar el ‘Estado propio’. Y, de inmediato, los medios de comunicación de toda España han abrazado el concepto. Lo han hecho suyo sin reparar en que si lo que la Generalitat quiere construir es el ‘Estado propio’, el Estado actual es el ‘impropio’ o ‘ajeno’, es decir: extranjero. Las palabras no son inocentes y en este conflicto, mucho se juega en la denominación de las cosas.

Lo ‘propio’ ya tiene un antecedente: la ‘legua propia’, definición que los nacionalistas adjudicaron al idioma catalán, hablado por una mayoría de la población, pero que no supera al número de personas que saben castellano, el cien por cien de los habitantes de Cataluña. Pese a ello se ha quedado con el sambenito y el castigo de lo ‘impropio’.

Aquel calificativo asignado al catalán le otorga la supremacía dentro de la Administración autonómica, su uso exclusivo en la enseñanza y la condición para obtener el apoyo económico o de cualquier tipo de la Generalitat. En ese contexto, la ‘lengua propia’ es ‘la lengua impuesta’ con todos los medios, más que el idioma libremente elegido por los ciudadanos entre los dos cooficiales. Si a eso se añaden las sanciones para forzar su uso en los ámbitos en los que no está presente, se entenderá que el látigo de la multa y el señalamiento social se haya convertido en el método de convicción para los más reacios.

Como el resultado de ese proceso fue óptimo, no es de extrañar que los estrategas de comunicación de Artur Mas hayan establecido que la demanda de separación ha de ser definida como ‘transición nacional’ -denominación no ajena a los ciudadanos de toda España si se compara con la 'transición democrática' del posfranquismo-, que el presidente de la Generalitat ya empleó en su discurso de investidura el 23 de diciembre de 2010, para anunciar, con el paso de los meses, de su necesidad de dotar a la Generalitat de estructuras para la consecución del ‘Estado propio’ (a ‘lengua propia’ le corresponde ‘Estado propio’, evidente, ¿no?).

En esa batalla de las palabras, en la que los nacionalistas catalanes son maestros -en general, todos los nacionalistas lo son, tienen grandes ejemplo históricos- los eufemismos imperan a sus anchas.

Todo los líderes de Convergència i Unió, en el gobierno autonómico, describen de forma reiterada la senda que han emprendido de separación del Estado como “camino a la libertad” de Cataluña, dando por supuesto que en estos momentos carecen de ella. En los procesos descolonizadores, la independencia respecto a la metrópoli es la denominación adecuada. Pero Cataluña no es una colonia. Sin necesidad de recurrir a razones históricas, la realidad política es la de un territorio en el que viven ciudadanos con los mismos derechos y obligaciones legales que los de otros territorios que conforman el Estado, salvo los que por la propia acción de la Generalitat han decidido modificar. Por lo tanto, no hay un proceso de independencia.

Existe un pulso planteado por la Generalitat de Cataluña para doblegar y subvertir la legalidad y dividir el actual Estado en dos. Esto significa que denominar ‘independentista’ al movimiento puesto en marcha por los nacionalistas es cuanto menos que confuso, por no decir, tramposo: es más cierto afirmar que la Generalitat trata de separar el Estado en dos, dividiéndolo y asumiendo en exclusiva la administración de uno de ellos.

Pues bien: si el actual Estado es el guante que se amolda a la actual España, esta no podría reconocerse así misma sólo en una parte de ella, por lo que debería renunciar a ese nombre mientras no se consumara una futurible reunificación. Sucedió en Alemania, donde cada uno de los dos Estados descartó el uso exclusico de ese nombre (en el oeste, la República Federal de Alemania; en el este, la República Democrática Alemana) y no se volvió a utilizar hasta que no cayó el Muro de Berlín y volvió a ser uno sólo. Sucede en Corea, donde ambas repúblicas, la del norte y la del sur, tienen una denominación diferente.

Y debería suceder en España, para vergüenza y oprobio de las generaciones presentes, de un lado y del otro de la proyectada frontera, por no haber construido los lazos y los puentes necesarios que imposibilitaran esta descabellada idea.

Independencia por aburrimiento
Pablo Molina Libertad Digital 22 Septiembre 2012

Tras el fracaso de la reunión de ayer, Artur Mas estará recordando con nostalgia aquellas "cumbres bilaterales" con el Gobierno "del Estado", cuando el presidente era José Luis Rodríguez Zapatero. En la etapa anterior no hubo límite constitucional que los dos estadistas no atravesaran entre una nube compartida de humo de cigarrillos y, lo mejor de todo, a impulso de aquel que precisamente tenía que preservarlos como primera responsabilidad. Así nació el nuevo estatuto de Cataluña, sólo ligeramente menos anticonstitucional que la declaración de independencia que Artur Mas estudia formalizar elecciones anticipadas mediante.

En la intervención de Artur Mas tras la reunión con el presidente del Gobierno se echó en falta cierto pragmatismo: fue sustituido por el clásico discurso sentimental basado en agravios ficticios que el nacionalismo nos coloca cada vez que anda corto de cash. A efectos político-financieros era innecesario vejar al resto de los españoles, tratarnos como un tropel de semovientes que los nacionalistas catalanes llevan treinta y cinco años intentando civilizar, por supuesto sin éxito. Ahora bien, si lo que de verdad quiere Artur Mas es forzar un sentimiento en el resto de España favorable a la independencia de Cataluña, la estrategia no podría ser más acertada.

Tal vez sea ese el objetivo solapado de Mas, obtener la independencia por aburrimiento de la contraparte, de forma que no quepa imputarle a él ninguna responsabilidad en el desastre que inmediatamente se produciría en la sociedad catalana. No es lo mismo abandonar una organización que ser expulsado de ella: en este último caso el líder de la facción desterrada queda con las manos libres para gestionar la nueva situación a su criterio, sin que nadie le pueda achacar las consecuencias. En última instancia, el nuevo Moisés nacionalista estaría limitándose a hacer frente a unos hechos consumados en los que no tuvo parte activa.

Yo ya era partidario de la independencia de Cataluña, no por cuestiones sentimentales como las que esgrime el nacionalismo catalán, y que atañen solamente a la esfera íntima de cada individuo, sino por criterios meramente utilitaristas, pensando sobre todo en mis hijos. La intervención de ayer del Molt Honorable y la ofensiva política anunciada por las instituciones catalanas en tal sentido sólo ratifican mi convicción. Con que el Parlamento catalán no decida la semana próxima invadir Murcia como parte de su Anschluss sobre los Països Catalans, servidor se da por más que satisfecho.

Los puntos de encuentro de Rajoy.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 22 Septiembre 2012

El PP sigue dando muestras de una debilidad más que preocupante. Es incapaz de mantener una postura de firmeza frente al chantaje continuado del secesionismo, en este caso catalán, que pronto se verá acompañado por el de El País vasco cuando los independentistas etarras y el PNV echado al monte, exijan también la independencia. No han pasado ni 24 horas para que el Gobierno de Rajoy pase del "no al pacto fiscal" al anuncio de la enésima reforma de la Ley de financiación de las CCAA. Es decir, un encaje de bolillos en el que el total de lo concedido sobrepasa el 100% de lo disponible. Un sistema inflacionario y además injusto en el reparto en el que autonomías como la de Madrid son claramente discriminadas. No sé dónde pondrá Rajoy sus "puntos de encuentro", quizás en una sala de reuniones en Bruselas para tratar temas de bilateralidad con Cataluña y El País vasco. Desde luego que la Moncloa no lo ha sido.

Y por si faltara poco para terminar de enfangar el chantaje del secesionismo catalán, viene el teórico representante de la CEOE, el Sr. Rosell, de los empresarios españoles, a exigir de una forma directa negociaciones para "solucionar de una vez" el tema de financiación de Cataluña. La respuesta del presidente de los empresarios madrileños se ha quedado en aludir a la cláusula Camps, de café para todos, en vez de reprobar la salida de tono de su presidente y exigir una rectificación inmediata o su cese.

Rajoy ha demostrado no querer corregir las graves deficiencias estructurales autonómicas que son el verdadero lastre del presupuesto y generadoras del déficit descomunal de España. En lugar de resolver con rigor y firmeza este asunto tan evidente, aunque con un alto coste político, se dedica a querer obtener la cuadratura del círculo en un reparto imposible. Una actitud que no será aceptada por la UE que impondrá un condicionado severo si se persiste en el error. Es sabido que el dinero del rescate va a venir en diferentes paquetes y que su continuidad dependerá de los avances en la gestión y en los resultados.

Desde luego, visto objetivamente desde fuera, el sistema autonómico español con este guirigay de reclamaciones y chalaneo, solo puede producir una actitud de rechazo a la hora de arriesgar el dinero de la UE. Si Rajoy quiere dar argumentos para dejar de apoyar a España, lo va a conseguir con esta política de apaños y de desgobierno. Lo malo es que solo podemos deducir que lo que se intenta es imitar la peor estrategia de Zapatero, "ganar tiempo" y esperar un milagro de brotes verdes que solo existen en la delirante imaginación de los de asesores de Génova y de Moncloa.

Éramos una Nación, o al menos así lo creíamos ilusamente muchos españoles. Sin embargo, lo que hoy se muestra como una dramática realidad es un puzle de taifas a la gresca y repartiéndose los despojos de España como una manada de hienas sobre su presa. Una casta política que debería ser sometida a un juicio sumarísimo por alta traición, por su responsabilidad directa en la destrucción de España. Ni hay un Gobierno que defienda la Unidad de España, ni ninguna Institución que ponga fin a este expolio y desmembramiento de la Nación.

Hay pueblos que por su ineptitud y actitud irresponsable están condenados a repetir los episodios más oscuros de su Historia, dando la razón a los que siempre nos han despreciado como pueblo. Si no somos capaces de ir todos en la misma dirección para sacar adelante a España ¿esperamos que otros de fuera lo hagan?

REFORMA EDUCATIVA
La misma educación para toda España
El Gobierno aprueba el anteproyecto de la reforma educativa que garantiza que los alumnos adquieran el mismo nivel de conocimientos en todo el territorio. Educación resta poder a las autonomías sobre los contenidos de las asignaturas. El aprendizaje del castellano y de las lenguas cooficiales gana horas de estudio
Lo fundamental es centrarse en la calidad; por Eugenio Nasarre Un prudente viraje; por José Luis García Garrido
Rocío Ruiz La Razón 22 Septiembre 2012

MADRID- La nueva reforma educativa del Gobierno está ya en marcha. El Consejo de Ministros aprobó ayer el anteproyecto de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa que pretende lograr que todos los estudiantes, independientemente de la comunidad en la que residan, alcancen los mismos conocimientos al final de cada etapa, mejore el nivel de la educación, y se acabe con las altas tasas de abandono escolar temprano (del 26,5%), uno de los lastres del sistema educativo.

Con esta ley, el Gobierno gana mayor control en los contenidos educativos de tal manera que decidirá el 65% de lo que estudian los alumnos en las comunidades con lengua propia y del 75% en el resto, un 10% más de lo que ahora tenía (55% y 65% respectivamente).
Medidas como estas impedirán las diferencias tan grandes que existen en rendimiento educativo entre comunidades autónomas y evitarán el «grave riesgo de desigualdad del que ya nos han advertido en informes internacionales», destacó el ministro de Educación, José Ignacio Wert, tras el informe del Consejo de Ministros. En definitiva, «se trata de reducir una dispersión de los contenidos educativos que ya era inmanejable», añadió Wert.

El ministro justificó este aumento de la cuota de poder del Gobierno central en contenidos amparándose en la idea de que «será necesario» al ganar peso las asignaturas instrumentales, es decir, las Ciencias, Matemáticas y Lengua.

La nueva reforma educativa implantará la «cultura de la evaluación», lo que significa que todos los alumnos españoles tendrán que someterse a exámenes que permitan constatar que han logrado los objetivos académicos previstos para cada etapa. Así, a lo largo de la enseñanza no universitaria, el alumno tendrá que pasar hasta cuatro exámenes. Los resultados serán orientativos, en algunos casos y, en otros, será obligatorio aprobar ese examen para obtener el título. En Primaria, las evaluaciones se realizarán en 3º (sólo para detectar dificultades de aprendizaje) y en 6º curso (sin efectos académicos). En la ESO, el examen se hará en 4º y en Bachillerato en 2º. Y habrá que aprobar para conseguir el título. El Ministerio ha insistido en las últimas semanas en que pruebas de este tipo mejoran los resultados académicos hasta tal punto que mejoran en 16 puntos los resultados de Pisa.

La reforma, que está sobre la mesa pretende reducir el número de materias, ya que se daba el caso de que los alumnos llegaban a tener hasta 13 asignaturas distintas. Por poner sólo un ejemplo, actualmente en 4º de la ESO hay tres itinerarios y hasta 56 combinaciones posibles entre materias de itinerario que los centros deben ofrecer, salvo que hubiera un número insuficiente de alumnos y bajo criterio de la autoridad educativa.

La norma, que tendrá que pasar ahora por el trámite parlamentario, también pretende da mayor importancia al conocimiento de los idiomas. Ganará peso la expresión oral y escrita y algunas asignaturas se impartirán en inglés.

El aprendizaje del castellano y de las lenguas cooficiales también ganará horas, aclaró Wert tras el Consejo de Ministros. Sobre este punto pidió ayer explicaciones Cataluña. Precisamente Irene Rigau, la consejera de Enseñanza de la Generalitat catalana que no cumple con las sentencias que obligan a que el castellano sea lengua vehicular. Tachó la reforma de «ofensiva recentralizadora». La consejera de Educación, Universidades e Investigación del Gobierno vasco, Isabel Celaá también consideró que el cambio legal «es un ataque directo al autogobierno.

Las asignaturas «zapateristas» por excelencia desaparecen: Educación para la Ciudadanía y Conocimiento del Medio. En lugar de Ciudadanía se creará una nueva materia en Secundaria: Educación Cívica y Constitucional, mientras que Conocimiento del Medio quedará suplantada por Ciencias de la Naturaleza y Ciencias Sociales. El Latín es una de las asignaturas que sale malparada. En principio se pensó que tuviera más peso en el currículum, incluso hay un sector del PP que lo pidió expresamente, pero ahora puede que un estudiante pase por el sistema educativo sin haber visto Latín en su vida.

Con la reforma los centros tendrán más autonomía y los directores mandarán más porque los consejos escolares quedan reducidos a meros órganos consultivos.

EL FIN DE LOS LIBROS DE TEXTO COMO HERRAMIENTA NACIONALISTA
Evitar el adoctrinamiento a través de la enseñanza es uno de los objetivos de la reforma. ¿Para qué? Pues para que, entre otras cosas, los alumnos de toda España sepan dónde nace y por dónde pasa el Ebro, no como ocurre ahora en Cataluña, donde muchos libros enseñan que es un río catalán que nace fuera de Cataluña. Si bien no se trata de eliminar aspectos importantes de la cultura local, se trata de evitar que en el País Vasco se enseñe, por ejemplo, que el acontecimiento más importante de 1978 fue el Festival de Cine de San Sebastián y no que se aprobara la Constitución. O que aprendan que la Península Ibérica no está «al sur de Euskal Herria».

Recortes de Prensa   Página Inicial