AGLI Recortes de Prensa   Domingo 23 Septiembre 2012

España no debería recibir prestamo alguno si no soluciona primero sus dramas, sobre todo el modelo de Estado, que es inviable, y la corrupción político-financiera, que es dramática y antidemocrática
Francisco Rubiales Periodista Digital 23 Septiembre 2012

Aseguran que el Gobierno de Mariano Rajoy última la petición de rescate a la UE, después de que notables empresarios le hayan pedido públicamente que no aplazase más la decisión. Pero Rajoy se resiste y en el rechazo al rescate coincide con el PSOE, IU y la mayoría de los partidos políticos, que se oponen porque temen que las condiciones que imponga Europa incluya desmontar el actual Estado insostenible, donde los políticos se sienten tan a gusto porque gozan de poder casi absoluto, sin controles democráticos, impunidad y cientos de miles de puestos para colocar a sus familiares, amigos y militantes en el sector público ruinoso español, sufragado por los desgraciados ciudadanos españoles con impuestos desmesurados e injustos, que les esquilman y aplastan.

Rajoy habla de un "rescate blando" que no imponga nuevas condiciones para que todo siga igual y el Estado inicuo, desmesurado e irracional, con 17 autonomías despilfarradoras apostando por la insolidaridad y, en algunos casos, por la ruptura, siga vigente en esta España que, si no se refunda y consigue instaurar pronto una verdadera democracia, caerá en el precipicio empujada por la clase política más injusta y golfa de toda Occidente.

La mejor ayuda que España podría recibir de Europa no es un rescate o préstamos a bajo interés, sino una presión irresistible y democrática para que cambie su modelo de Estado y elimine la corrupción galopante que pudre sus estructuras, sobre todo en los ámbitos políticos y financieros. Cualquier ayuda que España reciba sin que solucione antes esos problemas vitales, caerá en saco roto, no tendrá efecto y, probablemente, servirá para fortalecer todavía más el corrupto e insostenible Estado y a la oligarquía que lo ordeña y gestiona con mano de hierro y corazón de plomo.

Cualquier español decente, ante el panorama político y financiero que contempla, siente unas ganas irresistibles de emigrar o de rebelarse contra el sistema. Si no lo hace, es porque se sabe impotente o porque le puede la cobardía. El primer deber de todo español demócrata y limpio es cambiar el sistema que le está llevando hasta el fracaso como nación, lo que implica refundar la democracia, que ha sido asesinada por los políticos y convertida en una sucia oligocracia, cambiar el inviable modelo de Estado, lograr que la ley sea igual para todos y funcione y acabar con una corrupción que condena al país a ser un pordiosero postrado y maloliente.

España es un país sin ciudadanos, marginados de las decisiones, que responden con un insano rechazo a la clase política, que a veces se torna en odio, un sentimiento peligroso e incomprensible en una Europa que, aunque con defectos y carencias, todavía eleva en común la bandera de la democracia.

Ni un sólo euro para España sin que se cambie antes, a fondo, el sistema político y económico, hoy controlado por una corrupta y despótica oligarquía política, aliada con la oligarquía económica y financiera.

Para no perpetuar la crisis y endeudar a los españoles durante generaciones, el Gobierno español debe reformar a fondo la administración de las comunidades autónomas y los ayuntamientos, en su mayoría en bancarrota y completamente fuera de control, sometiendo a referéndum el modelo de Estado. Las regiones, ayuntamientos y diputaciones son los responsables de los dos tercios del gasto público y este gasto se realiza en condiciones de descontrol, despilfarro y corrupción totalmente inaceptables.

La actual caida de España en el abismo de la pobreza y el fracaso nada tiene que ver con salarios demasiado altos -un 60 % de la población ocupada gana menos de 1.000 euros/mes-, pensiones demasiado altas -la pensión media es de 785 euros, el 63% de la media de la UE- o pocas horas de trabajo, como se ha trasmitido a veces desde Alemania. Tampoco le falta a España talento, capacidad empresarial o creatividad. El país tiene pensadores, creativos, médicos, ingenieros y expertos de gran nivel y con prestigio internacional. La única razón de la enfermedad mortal de España es su modelo de Estado, insostenible, desproporcionado, irracional, abusivo y plagado de corruptos que practican el cohecho, el nepotismo, el amiguismo y todo tipo de corruptelas, amparados en un poder judicial inoperante, sin independencia y dominado por el poder político.

Los principales culpables del inmenso drama de España son los partidos políticos y la clase política, que se ha desentendido de la democracia y fraguado una alianza perversa con las oligarquias económicas y financieras. Hay cada día más ciudadanos que no se sienten representados por sus políticos y que repudian las elecciones porque han descubierto que ni siquiera son ellos los que eligen y controlan a los diputados, cuya lealtad y servicio se orienta a los partidos, no a los ciudadanos.

El aberrante mundo oficial y la naturaleza podrida del poder generan un rechazo generalizado que se plasma en desmotivación ciudadana, una economía sumergida de más del 20 por ciento del PIB y un pernicioso rechazo y hasta odio a los dirigentes políticos por una parte cada vez mayor de la ciudadania, sentimientos y actitudes que detraen recursos a la economía, frenan el desarrollo y envenenan la convivencia.

La inmensa conspiración contra España y sus ciudadanos fraguada por la alianza político-financiera es poderosa y no puede ser doblegada ni eliminada por los ciudadanos sin la ayuda de los demócratas europeos, que, antes de entregar fondos masivos al gobierno español, deberían exigir que el país se democratice y deje de ser un pozo de abuso y corrupción con un Estado organizado para que sirva a los intereses de políticos y banqueros y con los ciudadanos, que deberían ser los "soberanos" en democrascia, sometidos como víctimas y sin esperanza.

Voto en Blanco

La mentira del "Madrid nos roba", al descubierto
EDITORIAL Libertad Digital 23 Septiembre 2012

La ofensiva independentista puesta en marcha por Artur Mas esgrime como justificación una burda mentira, según la cual el Gobierno de España se estaría apropiando de un porcentaje abusivo de la riqueza producida en Cataluña para financiar a otras comunidades. Este déficit de la balanza fiscal autonómica, según los nacionalistas, exigiría la creación de un pacto fiscal para que el Principado pueda disponer de todos los ingresos públicos generados allí, salvo una módica cuantía destinada a compensar los servicios generales de los que se beneficia, a imagen y semejanza de los anacrónicos e injustos conciertos vasco y navarro. En última instancia, esta injusticia fiscal que padece Cataluña sería la principal causa del brutal endeudamiento público de la Generalidad y de su bancarrota, pues no puede hacer frente a los compromisos ordinarios de pago salvo que el Gobierno central le inyecte liquidez en forma de rescate encubierto.

Vaya por delante lo improcedente de elaborar cálculos fiscales por comunidades autónomas, puesto que son los ciudadanos y las empresas los que pagan impuestos, no los territorios. Si los habitantes de una determinada región aportan más dinero al fisco no es, desde luego, por la existencia de una absurda inquina centralista, sino sencillamente porque la renta per cápita de sus habitantes y la facturación de las empresas allí radicadas son mayores que en otras. No obstante, ya que el nacionalismo catalán justifica sus exigencias con los resultados de esta manera peculiar de realizar cálculos contables, bueno será exponer la realidad, que desmonta por completo semejante artimaña.

Como hemos informado en Libertad Digital, la comunidad que más dinero aporta al resto de España no es Cataluña sino Madrid. En esta última el Gobierno recauda 40.000 millones de euros más que en la segunda, y eso a pesar de que hay dos millones más de catalanes que madrileños. Respecto al viejo cuento del expolio centralista, de los 66.000 millones recaudados en Madrid, su comunidad sólo percibió 11.500, mientras que en Cataluña, con una aportación tributaria de sólo 27.000 millones, casi 16.000 quedaron a disposición de la Generalidad. Esto significa que la comunidad madrileña sólo gestiona el 17,6% de los ingresos tributarios generados en su territorio, mientras que la catalana se apropia del 60% de todos los impuestos estatales liquidados en el suyo.

En cuanto a las transferencias estatales, los datos son igualmente contundentes. Cataluña recibe 4.500 millones de euros más que Madrid, a pesar de que la aportación de los catalanes a las arcas generales, como ha quedado dicho, es menos de la mitad que la de los contribuyentes madrileños. Esa diferencia se agranda todavía más si tenemos en cuenta que, entre las aportaciones extraordinarias que contempla el nuevo estatuto de Cataluña y los fondos adicionales que el Gobierno de Rajoy le inyectará en breve, la Generalidad ingresará este año nada menos que otros 11.000 millones de euros, con lo que su desfase respecto a la comunidad de Madrid se disparará hasta los 15.500 millones.

Si Cataluña, que produce la mitad que Madrid, se apropia de cuatro veces más riqueza que ésta, ¿quieren explicarnos el Sr. Mas y sus colegas nacionalistas de todos los partidos dónde está ese supuesto robo del que son objeto? En todo caso, si seguimos esa delirante contabilidad territorial, son los ciudadanos madrileños los únicos que podrían elevar una queja por el trato que reciben del Gobierno frente al que reciben los ciudadanos de comunidades menos productivas, como la catalana.

Ahora que las exigencias separatistas se exacerban y el Gobierno de España parece dispuesto a compensarlas con mayores ventajas financieras, resulta imperativo dejar claro que el origen de este problema secesionista no es ese inexistente expolio fiscal esgrimido por los nacionalistas. El pacto fiscal, con la amenaza añadida de la independencia, no busca remediar una injusticia, sino agravar el saqueo al que está siendo sometido el resto de España por una casta nacionalista delirante, insolidaria y, como estamos viendo, además insaciable.

La maldición del Edipo catalán
Gabriela Bustelo www.gaceta.es 23 Septiembre 2012

El padre conoce su funesto destino antes de dar vida al parricida.

En España los problemas no se solucionan. Se debaten. La democracia ha creado el espejismo del debate como solución. Llevamos décadas hablando de problemas que, por su gravedad, requerían una reacción inmediata. Pero el complejo posfranquista nos ha estancado en una polémica infinita que se define como “saludable”. El terrorismo, tras medio siglo de debate sangriento, se ha cerrado en falso.

Y el nacionalismo, entre debate y debate, es ahora un engendro que amenaza con acabar con la España actual. Lo terrible del mito de Edipo, el hijo asesino, es que el padre conoce su funesto destino antes de dar vida al parricida. Igual le sucede a España que, incapaz de creer en la maldad del retoño díscolo, ha cerrado los ojos ante el peligro, como si los párpados sirvieran de escudo.

Pero esa carne de nuestra carne, esa sangre de nuestra sangre es hoy un pavoroso hijo disfuncional. Ahora al ver al Edipo catalán con el hacha en alto, los aterrados políticos invocan la grandeza del Estado de Derecho. La Ley es grande, sí. Cuando se cumple. Recordemos, ya que nadie parece saberlo, que lo primero que hace España en la Constitución es definirse como una Nación. Ya en el artículo segundo garantiza a sus regiones el derecho a una amplia autonomía, similar a la que concede la nación belga a sus comunidades, la nación suiza a sus cantones, la nación estadounidense a sus Estados o la nación holandesa a sus provincias.

Estas naciones han soportado complejas trayectorias históricas, algunas sangrientas, hasta llegar a su modelo actual. En el caso español, el proceso no se puede considerar terminado, puesto que nuestras divisiones administrativas, influidas unas por otras, hacen continuas reivindicaciones al Gobierno central respecto de su estatus.

Tanto es así que esta insatisfacción impostada parece dar, hasta cierto punto, un sentido a su existencia. Ante la mirada complaciente de los últimos Gobiernos españoles, la comunidad catalana se ha arrogado el mismo apelativo de nación que la Nación española a la que pertenece. Lejos de intentar refrenar este secesionismo anticonstitucional, José Luis Rodríguez Zapatero se propuso desde su llegada al poder algo insólito en un presidente democrático: plantearse el concepto mismo de la nación que le había votado como presidente.

Desde los tiempos de Felipe González el partido socialista ha apoyado con alegría a los apóstoles de la nación discutida que proclaman el localismo como virtud. El maquillaje de una España múltiple y plural se fue implantando en las tiernas mentes de las generaciones jóvenes con la Logse de Maravall, que su ajunto Rubalcaba le ayudó a desarrollar mientras se autonombraba catedrático.

La labor la completan el Tribunal Constitucional propio, las televisiones autonómicas, la política lingüística y los centenares de empresas públicas pronacionalistas. El parricida lleva años preparándose. Sus hermanos asesinos están atentos a la jugada. Es lo que tiene ser una familia disfuncional.

Mario Conde y el «degeneracionismo»
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 23 Septiembre 2012

De todas las noticias sorprendentes que nos ha deparado la precampaña para las próximas elecciones autonómicas la más insólita ha sido, sin duda, la de la concurrencia de Mario Conde a los comicios. Y no solo por la circunstancia de que resulta impensable la imagen del exbanquero sentado en los escaños de O Hórreo aun en el caso poco probable, por fortuna, de que obtuviera los votos para ello, sino además, y sobre todo, por el hecho, pasmoso ciertamente, de que un hombre con su vergonzosa biografía pretenda presentarse como la cara genuina del regeneracionismo.

Conde sabe de Galicia que Tui está en la provincia de Pontevedra y poco más, de lo que cabe deducir su nulo grado de interés por el futuro de nuestra comunidad, solo otro trampolín, en realidad, para practicar la actividad en la que el exconvicto se ha convertido tras su salida de prisión en maestro consumado: mostrar su desprecio por un mundo que se habría ensañado con él para acabar con su carrera.

Pero, sea, nadie puede impedir a Conde presentarse a los comicios, aunque Galicia no le importe ni un pimiento. Lo ofensivo para los electores -gente cumplidora de la ley en su inmensa mayoría- es que un sujeto que ha pasado varios años en la cárcel tras haber sido condenado a muchos años de prisión por la comisión de gravísimos delitos económicos (estafa, falsedad en documento mercantil, apropiación indebida) pretenda convencernos de que la regeneración de España y su política llegará de la mano de quien tiene en su biografía una hazaña memorable: haber dejado en el banco que presidía un agujero de 450.000 millones de pesetas.

Aunque he escuchado a Mario Conde pocas veces en esos debates en los que practica el viejo oficio de la charlatanería, pues mi capacidad de masoquismo es limitada, no hay más que leer el llamado Manifiesto Programático del supuesto partido que lidera para constatar que el banquero que se llevó cientos de millones de pesetas de Banesto se presenta como una especie de moderno Joaquín Costa (el regeneracionista español que publicó en 1901 la obra Oligarquía y caciquismo) con críticas a diestro y a siniestro (partidos, instituciones, sindicatos, poderes del Estado) y la intención evidente de meter su caña de pescar en el río revuelto de un creciente y explicable descontento popular.

Triste sería que los votantes se dejasen engañar por este degeneracionista con careta de regeneracionista y no viesen con claridad que Conde representa a la perfección los vicios que dice combatir: la España del pelotazo, el dinero fácil y la vulneración de la ley que nos ha llevado, en no pequeña medida, a la crisis del copón que ahora sufrimos debido a la inmoralidad de los muchos Mario Conde que, repartidos por la geografía nacional, contribuyeron a dejar el país hecho unos zorros.

Lo  importante: que SCD defienda la derogación de todas las leyes sobre lenguas regionales
Nota del Editor 23 Septiembre 2012

La derogación de todas las leyes sobre lenguas regionales es la medida indispensable para facilitar la salida de la crisis y asegurar la igualdad ante la ley
de todos los españoles.

Derogar todas las leyes sobre lenguas regionales significa eliminar barreras al libre establecimiento de empresas y trabajadores en España, así como asegurar
la educación en español sin imposición de lengua regional alguna.

Esta medida no implica coste económico alguno, por el contrario supone un aumento de la eficacia en el funcionamiento del estado, de las empresas y de las personas, así como un aumento del valor del español a nivel internacional.

Esta medida es condición indispensable para que SCD tenga credibilidad ya que en las conclusiones del primer congreso de SCD, se estableció

6. El Articulo 3 de la Constitución, en sus apartados 1 y 2, quedará redactado del modo siguiente.

6.1. El castellano es la lengua española oficial del Estado. Su enseñanza, uso y aprendizaje es irrenunciable.
6.2. Las demás lenguas españolas gozarán de protección estatal, pudiendo ser objeto de enseñanza y aprendizaje como segunda lengua a elección de los progenitores, pero nunca en detrimento del idioma oficial de España.


Y en la actual ponencia política aparece este párrafo:

"6. El derecho de los ciudadanos a exigir el uso del idioma castellano en cualquier parte de la Nación española, con respeto y protección a las lenguas cooficiales."

que nada tiene que ver con las conclusiones anteriores, al contrario, supone una discriminación inadmisible para los ciudadanos español hablantes en las regiones donde el
español es lengua impropia, y según la reglamentación ya tiene derecho a exigir el uso del idioma castellano.

No voy a comentar demasiado lo que afirma el Sr Blanco, claramente se ve que se ha salido del tiesto en los ataques personales, aunque tiene razón en criticar el manifiesto programático ya que impulsa los mismos vicios de lo que ya tenemos, pero si realmente tuviera interés en resolver los problemas de España, podría empezar proponiendo la derogación de las leyes sobre lenguas regionales, pero no creo que sea capaz de tal heroicidad, teniendo en cuenta que es un fiel defensor de la inmersión lingüística a su manera.

Charlie Hebdo
josé garcía domínguez ABC Cataluña 23 Septiembre 2012

Desde luego, no se podrá decir que el candidato Hollande engañara a nadie. Él dijo que era un hombre normal, no un hombre valiente. Y no mintió. Como tantos de sus iguales en la Europa de hoy, es un pequeño hombrecillo muerto de miedo. Acaba de demostrarlo dejando a los periodistas de “Charlie Hebdo” a los pies de los caballos. Nada que ver, pongamos por caso, con Rudy Giuliani, aquel alcalde de Nueva York que se plantó en los escombros aún humeantes de las torres para agarrar un megáfono y gritarles a sus compatriotas: “El primero de los Derechos Humanos es la libertad de no tener miedo. No tengáis miedo”.

Así, pues, primero callarán a los caricaturistas. Pero después le llegará el turno a Dante Alighieri, el infiel que osó imaginar a Mahoma en el Infierno; de ahí que las asociaciones islámicas exijan que se suprima el estudio de sus obras en colegios e institutos de Francia. Y acto seguido le tocará a Voltaire, el mismo que firmó “El Fanatismo o Mahomed el profeta”. Una obra sacrílega en la que un buen musulmán mata a su hermano y a su padre. A su hermano y no a su hermana, que habría sido lo piadoso. Como piadosos son esos parientes de las mahometanas violadas que las lapidan luego para limpiar así el honor mancillado del clan.

Y a continuación… Por lo demás, si los fieles asesinan Stéphane Charbonnier, el director de “Charlie Hebdo”, qué se le va a hacer, mala suerte. Lo que no consiguiera Solimán el Magnífico al plantarse ante las murallas de Viena en 1529 con sus seiscientos mil jenízaros armados hasta los dientes, está a punto de lograrlo la medrosa estulticia intelectual y moral de la progresía bienpensante. “La hora del cierre ha sonado ya en los jardines de Occidente”, sentenció Emile Cioran con aquella lucidez tan suya poco antes de morir. Habrá de ser el presidente de la República Francesa en persona quien eche el cerrojo.

Las víctimas, en un momento crucial
Marta, Carlos y Sara Buesa Rodríguez, EL CORREO,  23 Septiembre 2012

Mantenemos el respeto hacia el ordenamiento jurídico, con independencia de que algunas decisiones nos gustan y otras no

Escribimos estas líneas impulsados por el deseo de compartir nuestras reflexiones personales respecto al momento crucial que estamos viviendo. Ahora que se está gestionando el final del terrorismo y que existe un notable bullicio social en torno a las víctimas, sentimos que no podemos permanecer en la pasividad. Lejos de alimentar polémicas, queremos simplemente hacer una aportación serena y constructiva a cuanto está sucediendo.

Las víctimas del terrorismo tenemos muchas cosas en común: todas hemos sufrido una vivencia muy dura de sufrimiento, dolor y pérdida irreparable, que nos ha marcado para toda la vida. No hemos elegido ser víctimas. Todo lo contrario, esta condición nos ha sido impuesta de forma brutal, injusta, gratuita y arbitraria.

Desde nuestra experiencia, ser víctimas no ha supuesto ningún beneficio. En muchos casos supone un estigma y un obstáculo añadido a la pérdida sufrida.

Tampoco hemos pedido tener una relevancia pública. Hubiéramos preferido mil veces vivir en el anonimato y en el disfrute tranquilo de una vida en paz y libertad con nuestros seres queridos. Sin embargo, no ha podido ser así. Hemos tenido que hacernos fuertes y rehacer nuestras vidas. Nuestra mayor aspiración es conseguir que nuestras heridas puedan cicatrizar y volver a vivir felices y en paz, en la normalidad de una vida cotidiana. Para ello, todas necesitamos justicia, memoria y reparación.

Por otro lado, detrás de la etiqueta de ‘víctimas’ existe un colectivo muy plural. Cada una de nosotras somos personas diferentes, con ideología, vivencias, sueños y aspiraciones particulares y diversas. Incluso la forma de entender nuestra experiencia traumática y de afrontar nuestros procesos de duelo es algo muy íntimo y personal, que cada uno vivimos a nuestra manera.

En la situación actual, en la que se está gestionando el final de ETA, todos los sentimientos que nos inundan a las víctimas pueden ser comprensibles, desde la rabia, el miedo, la desconfianza o la indignación, hasta el alivio o la esperanza. Son tiempos de incertidumbre en los que todas estamos preocupadas porque se produzca un cierre adecuado: sin impunidad, desde una profunda deslegitimación social y política de la violencia, y con memoria y reparación para las víctimas. No obstante, nuestra visión de todo cuanto está aconteciendo y nuestra postura frente a aspectos tan delicados como el perdón, la reconciliación o la reinserción, puede ser muy diversa.

Consideramos que los distintos sentimientos y las diversas posturas son respetables, y a su vez han de ser respetuosas con las demás y entenderse desde la conciencia de la diversidad que nos caracteriza. No hay una única voz de las víctimas ni un discurso que nos represente a todas. Esto es importante que se tenga en cuenta; tanto por parte de la clase política, para no utilizarnos, como de los medios de comunicación, para no caer en el morbo y el titular grueso.

A nuestro parecer, también nosotras mismas hemos de ser cuidadosas a la hora de expresar nuestras opiniones. Últimamente estamos asistiendo con una enorme tristeza al enfrentamiento entre unas víctimas y otras. La solidaridad y el apoyo mutuo es un gran valor que no debemos perder. Las fuertes vivencias que nos unen son mucho más importantes que nuestra disparidad de opiniones. Además, las víctimas hemos sido durante muchos años ejemplos de dignidad. Hemos luchado mucho hasta conseguir que se nos visibilice y nos hemos constituido en un referente moral. Ahora, corremos el riesgo de perder el patrimonio conseguido a lo largo de muchos años.

Observamos con preocupación cómo se está deteriorando la confianza en el Estado de derecho, que ha sido nuestra mejor y única arma, gracias a la cual se ha derrotado a ETA. Por nuestra parte, mantenemos el respeto hacia las instituciones democráticas y hacia el ordenamiento jurídico vigente, independientemente de que algunas decisiones nos gustan y otras no. Pensamos que debemos confiar en las instituciones y en las actuaciones que se pongan en marcha al objeto de afianzar la convivencia. Al mismo tiempo, debemos hacer una labor de vigilancia y exigencia de que siempre se ajusten a la legalidad y no supongan apear en el camino ninguno de los principios éticos y políticos en los que se basa la convivencia democrática en libertad.



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Espíritu de cooperación
El Editorial La Razón 23 Septiembre 2012

Entre los efectos más indeseables de la grave crisis económica figuran en lugar destacado el rebrote de la insolidaridad y la multiplicación de los mensajes populistas, que suelen trasladar a los demás las culpas de los problemas y la causa de los males. Todo ello ha ahondado la división emocional de los ciudadamos y ha incrementado la crispación, que nada tiene que ver con la legítima y necesaria discrepancia ideológica o política. Una cosa es que la oposición política y sindical se oponga frontalmente a las reformas del Gobierno de Rajoy con argumentos más o menos sólidos, y otra bien distinta es instigar la ruptura de las reglas del juego democrático, que es lo que han hecho los nacionalistas e independentistas catalanes capitaneados por Artur Mas y lo que busca una cierta izquierda radical que camina hacia el extremismo antisistema.

Nunca antes se había lanzado contra el Estado democrático un órdago tan irresponsable y cainita, con el agravante de que se produce cuando toda España se enfrenta a la mayor crisis económica, social y anímica de las últimas décadas. Tampoco antes habían llegado los nacionalistas a tal grado de miseria política y moral. Desde la Transición hacia acá, nuestro país ha protagonizado una historia de éxito y prosperidad gracias a la generosidad de todos los españoles, a la mesura de sus gobernantes y a la integración en Europa. Como es natural, también ha habido fracasos y episodios negativos, pero en conjunto España ha salido fortalecida, más avanzada y mejor preparada, además de haber derrotado a los terroristas etarras. Ahora, sin embargo, hay sectores empeñados en tirar por la borda este legado por simples intereses ideológicos o partidistas, como si el camino recorrido juntos con tanto esfuerzo pudiera borrarse a capricho para tirar cada cual en una dirección. No se trata, es evidente, de invocar la nostalgia del pasado ni de reproducir lo que fue la Transición, pero sí de rescatar sus valores y enseñanzas.

La España de finales de los años 70 atravesó una etapa económica tan dura, incierta y frágil como la de ahora. Sin embargo, prevaleció la voluntad de unión y concierto entre partidos y sindicatos porque de lo que se trataba era de ganar un futuro mejor, no de cobrarse las revanchas. También ahora, ante la decisiva encrucijada, es imprescindible afrontar los problemas con sentido solidario y con generosidad, tal como ha dicho el Rey en su primera «cibercarta». Habrá quien crea que la Constitución mejor ahormada de la historia de España se ha quedado obsoleta y que necesita una reforma profunda que recoja las nuevas demandas. Es un debate legítimo, pero no oportuno. Cuando un país está atravesando un río que baja bravo y turbulento nada hay más suicida que cambiar de caballos y dividir las fuerzas. O se salvan todos o se ahogan todos.

Independencia de Cataluña: la tiranía de la estupidez
Jose A. Vara www.vozpopuli.com  23 Septiembre 2012

En aquel tiempo, allá por el olímpico 92, dijo Pujol a sus discípulos: "Nuestro objetivo no es la independencia de Cataluña. Europa no conocerá nuevos estados". Sus discípulos eran las juventudes de Convergencia, y por allí andaban Artur Mas y Oriol Pujol, sus "hereus". Y dijo aún más Pujol ante sus cachorros: "El nacionalismo catalán debe navegar siempre por el centro del río y debe evitar acercarse a alguna de las orillas porque corre el riesgo de encallar".

El horizonte político de todo nacionalista es alcanzar la independencia. "Fer el cim", hacer la cima, que diría Pujol el escalador. Otra cosa es cómo y cuando hacerlo. El votante de CiU nunca ha tenido prisa. Salvo si le calientan los cascos, entonces, agarra la estelada, se echa a la calle y celebra la Diada entre Els Segadors y Guifré el Pilós. Mercadotecnia sentimental. El bucle melancólico. Lo que nunca fue ni será. Un desahogo colectivo que Artur Mas, simplemente un bon noi, utiliza para tapar las vergüenzas de sus cifras.

Mas proponía un "pacto fiscal", esa entelequia inconstitucional, esa tramposa propuesta, esa excusa de mal gestor, cuando de pronto se encontró con la avalancha independentista desbordando las calles. "¿Qué me has hecho, Oriol?", pensó el president. El hijo de Pujol le había levantado la camisa. De la reclamación de una imposible Hacienda propia, remedo de cupo vasco con barretina, se pasó, en horas veinticinco, a la masiva reivindicación de la In-de-pen-den-cia. ¿Qué había pasado?

El agitprop y el calentón
La respuesta está cuando llegan los datos del CIS catalán. CiU perdía diez escaños y ERC subía ocho. Alarma. ¿Cómo frenar la fuga de votos hacia los independentistas? Con más independentismo. De ahí la fogosa Diada. De ahí el absurdo viaje de Mas a Madrid. De ahí la teatralidad tras la entrevista con Rajoy. De ahí las soflamas, la verborrea, el calentón soberanista. Los medios de comunicación catalanes saben hacerlo muy bien. "Cataluña dice basta". Agitprop desde la portada o en los "informatius" de TV3. Pura propaganda institucional: "Independencia Now". En Cataluña ya se sabe que el noventa por ciento de los medios son públicos y el diez por ciento restante, lo parece.

Mas no quería eso. Quería menos. Amagar con el pacto fiscal y prou. Aderezado, eso sí, con toda la quincalla nacionalista, fuego de artificio con música de Lluís Llach. Mucho ruido y furia que justiquen un adelanto electoral con la crisis fuera del libreto y la Cataluña ofendida y expoliada como único argumento de debate. Pero ha sido tan torpe y Oriol Pujol y sus colegas tan listos que ahora se encuentra ante un escenario endiablado. El Gobierno del PP le ha puesto en su sitio y hasta en el Camp Nou aplauden más a la indepedencia que a Messi.

Horizontes cercanos
El voto independentista huirá masivamente de CiU. El empresariado catalán le ha dado la espalda. El PP ya no podrá respaldarle en el Parlament, el Gobierno de Rajoy le ha sacudido con la Constitución en el hocico, Rubalcaba le ha cerrado la puerta y la sociedad catalana volverá a las urnas con una melancólica sensación de "coitus interruptus". Y un detalle. A la misma hora en la que Artur Mas protagonizaba una estrambótica y ridícula rueda de prensa en su "embajada" en Madrid, un camarote de los hermanos Marx inadecuado para tanto periodista y tanto micro, el responsable primigenio de todo ésto, Jordi Pujol, volvía a sus premisas de antaño en una apacible mesa redonda en Altea: "La independencia de Cataluña es casi imposible", afirmaba.

Este primer acto de la huída hacia adelante de CiU se ha cerrado con un sonoro fracaso de Artur Mas. Ahora le toca modular el griterío o encabalgarse hacia el abismo. O se arruga o se disfraza de Ibarretxe. En el semblante de Oriol Pujol se adivina ya una sonrisa de ganador. Su turno, cada vez más cerca.

Paseo por el amor y la mentira
ANTONIO ROBLES El Mundo  23 Septiembre 2012
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Un arrebato de fascinación colectiva se ha apoderado de la sociedad catalana desde la exhibición de banderas independentistas del último 11 de septiembre. Desde entonces, vivimos atrapados en un círculo mágico donde todo parece posible. Sus partidarios flotan eufóricos en tertulias radiofónicas organizando un Estado que no existe. El hechizo ha borrado sus diferencias. Parece como si de la noche a la mañana todos fueran independentistas, como si el proceso fuese inevitable y nada ni nadie lo pudiera detener. Sugestionados por la misma fuerza telúrica, sus detractores se han dejado llevar por la desolación, y miran de reojo la puerta de incendios.

¿Qué nos ha pasado para llegar a esta simplificación de la realidad? ¿Es real el proceso o sólo un suflé con base real, pero inflamado por un aparato de propaganda catalanista generalizado?

Han sido muchos años de disimulo, demasiadas mentiras consentidas, ninguna aptitud crítica para las propias creencias y una desconsideración para el contrario propio de sociedades sectarias. Estoy hablando del catalanismo, ese sentimiento que todo lo justifica, incluso el expolio del Palau de la Música o la evidente responsabilidad de los gobiernos de la Generalitat en la bancarrota de sus cuentas públicas.

Es inútil la relación de mentiras históricas que nos han traído hasta aquí. Cuando un grupo social está fascinado por un sueño, los argumentos racionales y los datos empíricos se tornan un fastidio, a menudo en oportunidad para revolverse contra el disidente con mayor furia. Es el caso de la Guerra de Sucesión a la Corona de España entre los partidarios del archiduque Carlos de Austria y los de Felipe V. Para el catalanismo, fue una guerra entre España y Cataluña. Como cuenta con descaro que lo fue la Guerra Civil española, a pesar de que la burguesía catalana se abrazó a la causa franquista, como antes había alentado la dictadura de Primo de Rivera.

Es el triunfo de una ideología refractaria. Nada que cuestione su verdad identitaria forma parte de ella. Sea Josep Pla o Juan Marsé, uno por díscolo con el catalanismo y el otro, por escribir en castellano. Es la historia que nos han vendido. Desde la escuela a TV3, desde clubes excursionistas a identidades deportivas, desde la iglesia a splays, desde organizaciones en defensa de la lengua a colonias escolares. El sentimiento siempre por medio y la razón arrinconada.

Estamos en ese momento mágico de todo proceso de sugestión colectiva. Es puro artificio de nuestras emociones que tiene como primer rédito la hegemonía cultural y moral. Idéntico a la euforia contagiosa en la celebración de un triunfo deportivo. Es la mayor mentira de todas, envolvernos en esteladas festivas para hacernos creer que la independencia es posible sin riesgo y un camino sin retorno a la tierra prometida donde todo será miel sobre hojuelas.

Hay un antídoto, pero lo dejaré para otro artículo. Mientras tanto, despierten, todo ha sido una ilusión.

Antonio Robles es profesor y ex diputado de Ciutadans.

LAS CLAVES DEL SECESIONISMO (I)
El mito de la Cataluña independiente
GERMÁN GONZÁLEZ El Mundo  23 Septiembre 2012

El nacionalismo utiliza cuatro fechas para modelar la historia imaginaria de su aspiración a un Estado propio

Hay que reformar el estado antes de que se derrumbe sobre nosotros. A lo largo de su historia, Cataluña nunca ha sido independiente. La historiografía coincide en que el territorio catalán no obtuvo sus actuales dimensiones hasta la división por provincias de 1833. El poder político autonómico, no obstante, ha venido utilizando en las últimas décadas los acontecimientos históricos vinculados a cuatro fechas para modelar en el imaginario colectivo el mito de una nación que aspira a un Estado propio.

Lo más parecido a una independencia fue cuando en 987, tras la muerte del último rey carolingio, el conde de Barcelona, Borrell II, se fue desligando de su vasallaje con los monarcas francos, sobre todo cuando no acudieron en su ayuda en sus enfrentamientos con los árabes. Pero mientras el condado de Barcelona rompía, otros igual de catalanes como Urgell, Besalú o Cerdanya, mantuvieron el vínculo.
Pese a esto, la efemérides fue utilizada por el Govern de la Generalitat de CiU para celebrar entre 1987 y 1988 el Mil·lenari de la Independència de Catalunya, cuyo acto central contó incluso con la presencia de los reyes Juan Carlos y Sofía. Paradójicamente, centenares de independentistas protestaron por la invitación a los monarcas, lo que causó incidentes, detenidos y una campaña de atentados reivindicada por la organización terrorista Terra Lliure.

«Era una época en la que los independentistas salían a la calle siguiendo un sentimiento, no como ahora, que parece una moda pasajera», afirma el periodista e historiador Jaume Clotet, coautor del libro de ficción Lliures o morts, sobre el asedio que sufrió Barcelona en 1714.

Precisamente esta última fecha se ha convertido en el icono del nacionalismo catalán. La Guerra de Sucesión fue un conflicto entre los partidarios de Felipe V, de la dinastía borbónica, y Carlos III, de los Austrias, para ocupar el trono español. En ningún caso fue un enfrentamiento entre Cataluña y el resto de España, ya que en los dos territorios había partidarios de ambos contendientes. Felipe V juró las constituciones locales y otorgó privilegios. Las instituciones catalanas apostaron por Carlos después, ante el temor de un estado borbónico centralizado.

Tras retirar Carlos su candidatura, los catalanes no pensaron en crear un estado independiente, ya que eran soberanistas y respetaban el poder real. Y, contra lo que se afirma, Rafael de Casanovas, el conseller en cap al que se homenajea en la Diada, no murió en el asalto a Barcelona el 11 de septiembre de 1714, sino que fue herido. Después se le amnistió y continuó con su oficio de abogado.

Los Decretos de Nueva Planta, promulgados por Felipe V, están considerados como el origen de los males de Cataluña en los últimos 400 años. Se suprimieron las instituciones catalanas y se prohibió el uso del catalán en la Real Audiencia de Cataluña, el organismo que administraba e impartía justicia. El pueblo continuó
hablando catalán sin que nadie lo prohibiese e incluso se usaba en los pleitos civiles, ya que seguía vigente el derecho civil propio. Además, la supresión de los aranceles internos favoreció el surgimiento de la próspera burguesía catalana.

Hace unos meses, el Ayuntamiento de Barcelona tuvo que modificar la guía editada en 2010 en inglés Welcome to Barcelona, dirigida a empresarios y profesionales llegados a la ciudad, en la que afirmaba que el 11 de septiembre se «conmemora la derrota de los catalanes ante las tropas de Felipe V, lo que provocó la pérdida de su independencia». A instancias del grupo municipal del PP, el gobierno de CiU rectificó y se volvió a publicar en abril pasado.

La Monarquía suprimió las seis universidades existentes, pero creó la Universidad de Cervera, localidad que había apoyado al Borbón. Coincidiendo con el auge del independentismo, el ayuntamiento de esta localidad, gobernada ahora por CiU, quiere limpiar su imagen y, por eso, ha lanzado una campaña en la que argumenta que, tras la guerra, falsearon en Madrid su respaldo a Felipe V para conseguir fondos para reconstruir la ciudad.

Las otras dos fechas importantes en el imaginario independentista se encuadran en la Segunda República.
El 14 de abril de 1931, después de ganar las elecciones municipales españolas, el presidente de Esquerra Republicana de Catalunya, Francesc Macià, proclamó la República Catalana «dentro de una federación de repúblicas ibéricas», horas antes de que en Madrid se alzase la bandera tricolor. La actitud de Macià preocupó al gobierno provisional español, que pretendía evitar sublevaciones militares. Por eso, el 17 de abril, enviaron a tres ministros a Barcelona para reconducir la situación.

El 6 de octubre de 1934, Lluís Companys, sucesor de Macià, volvió a proclamar de forma unilateral el «Estado Catalán de la República Federal Española» coincidiendo con la Revolución de Asturias y con el inicio del gobierno de la derecha en España. Hubo enfrentamientos entre grupos armados leales a la Generalitat y el Ejército, ya que el Ejecutivo declaró el Estado de Guerra. La aventura nacionalista duró unas horas, hasta que los dirigentes catalanes se rindieron. Companys fue encarcelado junto a otros cargos y se suspendió el gobierno catalán.

«Hay gente que apoya la independencia porque es lo que se lleva y desconocen la historia de Cataluña», insiste Clotet, que opina que muchos se desmovilizarán si se consiguen mejoras en la financiación.
Pero también hay quien piensa que el auge del independentismo no se reduce sólo a un asunto económico. «Hay un cambio generacional respecto a los que crecieron con la Dictadura y ahora hay mucha gente que no tiene miedo a abordar la independencia», explica Elisenda Paluzie, decana de la Facultad de Economía de la Universidad de Barcelona. Paluzie reconoce que la crisis ha sido «un acelerador», sobre todo porque la ciudadanía se ha dado cuenta de que Cataluña no tiene «competencias para decidir sobre los ingresos y los gastos».

'Freedom' para Cataluña
VICTORIA PREGO El Mundo  23 Septiembre 2012

. «Entró como presidente y salió como candidato». La frase es de Joan Herrera, líder del grupo eco-comunista en el parlamento catalán y acierta a explicar de un plumazo lo que Artur Mas ha estado buscando desde que en diciembre de 2010 asumió el poder en medio de la pavorosa crisis que azotaba Cataluña.

Puesto que ya no podía tirar del carro más que anunciando más recortes; puesto que su única perspectiva era la de enfrentarse a la rebelión ciudadana; puesto que, nacionalista y todo, tenía que ir a pedir miles de millones al Gobierno central, era imprescindible dar un golpe de timón y encarar el barco hacia una tormenta distinta: el choque con España, siempre tan resultón en términos electorales.

Y, efectivamente, Artur Mas salió de su encuentro con Mariano Rajoy dispuesto a convocar elecciones anticipadas porque, como él mismo confesó, se le habían acabado los resortes para agotar la legislatura. Por eso despreció la hospitalidad de la Presidencia del Gobierno y prefirió hablar desde la angosta sala de prensa de la delegación catalana en Madrid: ya estaba en campaña electoral.

Los sondeos de intención de voto de los últimos meses estaban apuntando a una gran subida de Esquerra Republicana, una subida modesta de ICV y un descenso generalizado del resto de los partidos: PP, PSC y también CiU. Cosa lógica. Después de que, con fondos de la Generalitat, se hayan estado cebando los sentimientos más hostiles hacia España -resulta impresionante visionar el vídeo en el que supuestos expertos apuntalan la tesis del expolio a Cataluña-, la tendencia natural del catalán ofendido iba a ser la de recurrir a quienes con más ardor levantan la bandera de la independencia. Y esos son los de ERC.

Contra eso ha salido al paso el presidente de la Generalitat al ponerse espiritualmente al frente de la manifestación secesionista. Y ahora es probable que la tendencia del voto cambie y CiU consiga recuperar el respaldo que la crisis le estaba haciendo perder. Lo veremos el martes, cuando se celebre en el parlamento el debate sobre política general.
Que se van a convocar elecciones anticipadas no lo duda casi nadie. Pero que, una vez montado el espectáculo del «España nos exprime y encima no nos quiere», Mas vaya a anunciar su intención de batallar por la independencia, eso ya lo podemos ir descartando.

Después del primer golpe de efecto, cuando, tras la manifestación independentista, leyó desde el Palacio de la Generalitat aquellas cuartillas asegurando que «el clamor que se oyó era también mi grito», no dirá nada mucho más concreto que eso. Y con esa referencia más la insinuación de que el camino no será fácil porque «no hay ni un solo precedente de que una nación inicie un proceso de soberanía dentro de la Unión Europea» ya ha conseguido todo lo que necesitaba.

Ahora, a las elecciones, procurando arrebatarle la bandera de la secesión a ERC. Pero, eso sí, teniendo buen cuidado de no asustar demasiado a la gente de orden que suele votar a CiU y que ahora mismo debe de estar viviendo en un puro sobresalto. Es gente a la que horroriza la palabra ruptura, la idea del choque, la zozobra y la tensión.

Fue a ellos, a sus votantes tradicionales, a quienes Mas se dirigió cuando salió de Moncloa llevando en el bolsillo la prevista negativa del presidente del Gobierno a aceptar la imposición del concierto económico para Cataluña. «No nos hemos vuelto locos, no vamos a la ruptura», les tranquilizó. A ellos se dirige también cuando sostiene sin inmutarse el embuste de que una Cataluña que se separase de España seguiría formando parte de la Unión Europea y de la zona euro.

Y eso lo hace por dos razones. Una, porque necesita dar a sus votantes una dosis en la que se mezclen de forma equilibrada la frustración, el sentimiento de agravio, la fantasía de Peter Pan y una conservadora y prudente seguridad en el futuro, aunque todo sea más falso que un duro de madera. Y dos, porque puede. Porque sabe que no va a tener enfrente a nadie con la suficiente autoridad moral y política como para destrozar su estrategia.

El Partido Popular es ahora mismo para la inmensa mayoría la encarnación de la muy detestada España. Por lo tanto, y aunque defienda todos los días su idea de una Cataluña española que debe sumar sus esfuerzos a los del resto del país para superar la crisis, pocos la respaldarán. Ya pueden Sánchez-Camacho y los suyos desgañitarse explicando que una Cataluña independiente dejaría inmediatamente de formar parte de Europa y se empobrecería radicalmente. No la escucharán.

Los socialistas están en el rincón. Menos que el PP, pero en el rincón. Lo mismo que le sucede al PSOE, el PSC sigue cargando con la responsabilidad de la desastrosa gestión de los ocho años de gobiernos tripartitos. Los electores no han olvidado que han sido Maragall y Montilla quienes les han arrastrado hasta aquí. Y, aunque su base de votantes se mantendrá más o menos firme, la oposición de Pere Navarro a un enfrentamiento con el resto de España y su propuesta de una fórmula federal para resolver las pretensiones de Cataluña no van a tener ningún éxito. Ahora no se fían de ellos para gobernar.

Tampoco se fiarán de CiU si la curva de la crisis no empieza a apuntar hacia arriba, pero precisamente por eso el presidente de la Generalitat ha desviado el tiro de la atención pública y lo ha enfocado hacia la mismidad del ser catalán, la identidad despreciada y el sentimiento nunca satisfecho de nación en plenitud. Freedom for Catalonia es el resumen del clima creado en la calle. No sabíamos los demás que en estos más de 30 años de democracia los catalanes habían vivido sin freedom y que es ahora cuando emprenden el camino de la ídem, para lo cual deben liberarse del yugo español. Pero por lo visto, sí.

Y hay algo más. El arraigo de este dislate se ha llevado a cabo con éxito en medio del silencio aterido de cientos de miles de catalanes que ya no se atreven a enfrentarse el clima general de vindicación nacionalista. En estos momentos en Cataluña ya no hay sitio para el disidente. Tampoco para el tibio. Sólo hay sitio para el buen catalán o para el traidor. Discrepancias son traiciones. Por eso al otro lado de las pancartas la espiral de silencio es cada vez más devoradora.

Artur Mas no es ningún ingenuo y por lo tanto no va a obligar al votante a enfrentarse a la opción dramática de un proceso independentista. Sabe que tiene muchas posibilidades de perder esa apuesta porque no ignora que el silencio no sale en manifestación pero, a cambio, posee una papeleta y puede estar dispuesto a meterla en la urna. En secreto.

Los requeteindependentistas de Solidaritat han presentado en el parlamento una moción de declaración unilateral de independencia. ¿Votará CiU a favor? ¿En contra? ¿O ni lo uno ni lo otro? Se admiten apuestas.

victoria.prego@elmundo.es

Otra Grecia
José María Aznar Botella La Razón 23 Septiembre 2012

En Cataluña hay gente que se quiere separar de España, unos porque lo llevan en el corazón y otros porque se han creído dos milongas que cuentan los nacionalistas. La primera que Madrid les roba y la segunda que de independizarse serían como Suiza o Luxemburgo. Las dos premisas son francamente cómicas. Será que soy un antiguo no suficientemente ilustrado por los últimos 30 años de moderno nacionalismo catalán, pero yo creo que si Cataluña se independiza su futuro será más parecido al de Grecia que al de Luxemburgo.

Dejando a un lado la fantasía, la realidad es que Cataluña está arruinada y de no haber sido rescatada ya varias veces este año por el Gobierno central, estaría en quiebra siendo incapaz de pagar las nóminas de su mastodóntica Administración. La segunda realidad es que a Cataluña no la ha arruinado Madrid sino el nacionalismo. Como es natural en todo sistema de progresividad fiscal, los ricos son los que más pagan, y los pobres los que reciben, pero por suerte para Cataluña no en la misma proporción. Así, este año y el que viene, Madrid recibirá sólo 11.000 millones de los 66.000 que recauda, el 17%, mientras que Cataluña recibirá 16.000 de los 27.000 que recauda, el 58%.

Por suerte para Cataluña es por la alta renta de sus ciudadanos por lo que recauda más, y para mayor fortuna ésta vuelve multiplicada a Cataluña. Aunque se diga lo contrario, el dinero no se usa tanto para hacer autopistas en Andalucía sino para comprar bienes y servicios a Cataluña, cuyo superávit comercial con el resto de España es de 20.000 millones, y para cubrir el déficit de la Seguridad Social correspondiente a Cataluña, cuyos ciudadanos reciben 4.000 millones más de lo que contribuyen.

Viendo los números, cabe preguntarse porqué la Comunidad de Madrid tiene crédito y porqué a Cataluña no hay nadie en el mundo que le preste dinero salvo el Gobierno español. ¡Le imploro President, ilústreme!

De «batasunkides» a «sortzailes»
En las asambleas locales que celebra Sortu para preparar su congreso constituyente, los más irreductibles critican la línea «liquidacionista» de Otegi y Barrena, a los que acusan de «traidores»
j. pagola / madrid ABC País Vasco 23 Septiembre 2012


Tras las vacaciones de verano, los promotores de Sortu han impulsado el proceso constituyente que concluirá con un congreso previsto para finales de año o principios de 2013, que dotará al nuevo partido de sus órganos dirigentes y formalizará la afiliación de sus militantes procedentes, en su práctica totalidad, de la antigua Batasuna.

Hasta ahora se han celebrado en la mayoría de los municipios del País Vasco yu Navarra asambleas locales encargadas de elegir a sus delegados. Algunas de ellas no han estado exentas de tensión entre los sectores más pragmáticos, que apoyan la estrategia seguida en los dos últimos años por Arnaldo Otegi, Pernando Barrena, Rufino Etxeberria y Rafael Díaz Usabiaga, entre otros, y el núcleo más duro, controlado por responsables del desaparecido Ekin. Los destinatarios de las descalificaciones más graves por parte de los ortodoxos han sido sobre Otegi y Barrena. Legazpia y Lizarza, en Guipúzcoa, han sido dos de las poblaciones en las que se han celebrado las asambleas más crispadas, aunque también ha habido casos en Vizcaya y Navarra.
Desembarco de dirigentes de Batasuna

La captación de militantes, que cuando formalicen su afiliación al nuevo partido se llamarán «sortzailes», va a ser un mero trasvase procedente de la militancia de la antigua Batasuna. Las fuentes consultadas por ABC están convencidas de que se afiliarán a Sortu incluso los más duros porque, al final, la «izquierda abertzale» es muy disciplinada. Se ha comprobado en los últimos comicios, cuando los sectores más recalcitrantes pedían por la boca grande la abstención, y por la pequeña aconsejaban votar a Bildu y, después, a Amaiur. De la misma forma, se da por seguro un desembarco de los líderes de la antigua Batasuna en los órganos dirigentes de Sortu.

La formación recientemente legalizada por el Tribunal Constitucional elabora, asimismo, sus ponencias. Una se refiere a la «lucha institucional», otra a la «lucha de masas» y una tercera a la «lucha ideológica».

Los promotores del nuevo partido quieren celebrar el congreso tras las elecciones autonómicas del 21 de octubre, ya que esperan unos buenos resultados, por lo que tendría lugar en un clima de euforia. En cualquier caso Sortu forma ya parte de la coalición EHBildu, junto a EA, Alternatiba y Aralar, en sustitución del eufemismo «izquierda abertzale».

En el Valle de Arán se sienten españoles
El rincón catalán que se niega a la independencia
ÁLVARO MEDINA. www.gaceta.es  23 Septiembre 2012

En el Valle de Arán, una comarca catalana situada en los Pirineos centrales, no admiten la imposición de un modelo independentista catalán.

En 2008, en el programa Els Matins de TV3, Pilar Rahola, ex diputada independentista, se sentaba a la izquierda del moderador Josep Cuní. A su derecha estaba Joan Estévez, que fue presentado como un aranés que venía “con ganas de decirle cuatro cosas a la Pilar” a propósito de un artículo que Rahola publicó en La Vanguardia en el que defendía que los araneses no debían interferir en las decisiones de la Generalitat sobre la reintroducción del oso en el valle de Arán.

Estévez, ganadero y esquiador, escuchó la frase final de Rahola sobre el asunto: “No deben decidir los araneses porque es un asunto catalán”. Estévez replicó sobre el ilógico derecho de Cataluña para decidir sobre si los plantígrados debían estar en el valle de Arán o no. Rahola se encendió: “Desde Cataluña, dices… ¿Tú dónde estás, en Marte?”.

Estévez respondió: “Yo soy aranés. Igual que si a usted le molesta que desde Madrid decidan por usted, porque tiene una identidad, la catalana. La mía es la aranesa, que tiene una lengua y una cultura diferente a la catalana”.

Rahola contraatacó con una pregunta capciosa: “¿Estás en una televisión extranjera?”. Estévez, que en las elecciones de 2011 fue suplente en la candidatura del partido Convergencia Democrática Aranesa-Partido Nacionalista Aranés, respondió: “Si usted va a TVE a Madrid, ¿se considera extranjera?”. A lo que ella contestó: “No estoy en mi nación, sí (me considero extranjera en Madrid)”. Estévez replicó: “Yo ahora no estoy en mi nación. La mía es el valle de Arán. Y Rahola: “Entonces las ayudas públicas las replantearemos”. El presentador intervino: “Estoy asustado con lo que dices, Pilar. Lo que tú reclamas para ti, ¿se lo niegas a otro?”. La ex diputada preguntó: “¿Me estás diciendo que el Valle de Arán es una nación?”. Y Estevez concluyó: “Igual que la catalana”.

Hoy, cuatro años después, Estévez atiende a LA GACETA y asegura que el Valle vive en libertad, “sin imposiciones, que es la diferencia entre el valle de Arán y Cataluña. Mientras podamos sentirnos araneses, el resto es propaganda barata que crea problemas hasta entre los propios vecinos”. Estévez asegura: “El independentismo es teatro.

Hay una realidad en la que creo, que es que Cataluña da más dinero al Estado del que recibe, pero de ahí a pedir la independencia hay un trecho”.

En el valle de Arán se hablan tres lenguas y la bandera de España no es motivo de discusión. Joan Estévez relata que “todos estuvimos en la calle cuando la Selección de fútbol ganó el Mundial”. Sin embargo, “sácala en Gerona. Igual tendrías que ponerte zapatillas de deporte”. “Si Cataluña se independizara de España tendría un problema”, apunta.

“Yo soy aranés y español, ¿por qué me obligan a ser sólo catalán?”, se cuestiona. Esta es la parte principal del argumento independentista. Estévez considera que el problema principal es que “no hay orgullo propio”. “A mí me llaman facha por llevar la bandera de España y siento vergüenza cuando viajo a otros países en los que se muestra con orgullo su bandera. Esto en Cataluña no pasa”. Y sí en Arán.

“Una lengua jamás puede ser una obligación”. Estévez apunta que la naturalidad en las clases en el valle de Arán llega al extremo de que si un alumno no habla uno de los idiomas, el profesor se dirige a todos en el idioma que el alumno entienda. No obstante, explica que si la asignatura es la específica de la lengua, el alumno deberá esforzarse.


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