AGLI Recortes de Prensa   Jueves 27 Septiembre 2012

España bate una marca
Juan Velarde Libertad Digital 27 Septiembre 2012

No se trata de una marca olímpica o paralímpica. Sí de otra que nos debe tener preocupados. Me refiero al paro.

Todas las semanas, The Economist publica un "indicador económico y financiero" de los cuarenta y dos países que más pesan en la economía mundial. De Europa, por ejemplo, no vienen Portugal ni Irlanda; en el caso de Iberoamérica, no aparecen Ecuador o Nicaragua. Del mundo islámico mediterráneo faltan Siria o Marruecos. Del Continente Negro sólo viene Sudáfrica.

A Sudáfrica, precisamente, voy a referirme. Indicador tras indicador, era siempre el país con la mayor tasa de desocupación. Pues bien, ese siempre ha pasado a la historia en el The Economist de esta semana. En él vemos que la tasa de paro sudafricana en el segundo trimestre del año ha sido del 24,9%, mientras España ha arrojado un 25'1% en julio. (Como no hay ajuste estacional, quizá haya una esperanza de que las cosas no sean comparativamente tan graves para España).

Se veía venir, ya lo hemos logrado: España está batiendo todas las marcas de desempleo imaginables. La solución sólo puede venir de cambios estructurales profundísimos: hay que poner fin a la ruptura del mercado nacional por parte de las autonomías, afrontar con valentía la cuestión energética (tenemos poca y es muy cara), quitar rigidez al mercado laboral y atajar el notable déficit en el sector público.

De ahí la irritación que provocan las protestas contra los cambios radicales en nuestra economía, absolutamente precisos para que dejemos de liderar el pelotón de los torpes.

La zapaterización
Gabriela Bustelo www.gaceta.es 27 Septiembre 2012

El PP está ante una ocasión única para llevar a cabo la Tercera Transición.

La especie humana ha triunfado en nuestro planeta sobre todas las demás especies por su capacidad de adaptación. Prueba de ello somos los españoles, tan resignados ante la crisis que ya tenemos un arsenal de vocabulario catastrófico repetido a diario como el coro de una tragedia griega. Podríamos preguntarnos ahora, sin embargo, qué habría sucedido de no ser por la crisis que parece haber caído a plomo sobre nosotros para ir apartando a manotazos todo lo que no tenía cabida en una democracia sana.

Porque la crisis denuncia la mentira, rechaza el prejuicio y maldice la ignorancia. Dichosa crisis, podríamos decir, pues nos ha dado una bofetada de realismo. Honesta crisis, que todo lo ha ido removiendo y denunciando. Valiente crisis, que señala a los culpables y promete justicia a los inocentes.
Pero los ciudadanos inocentes, ¡ay!, creen ahora haber sido víctimas de una inocentada al contemplar cómo el Gobierno que votaron para salvar España sufre una zapaterización que les hace plantearse si bajo la barba entrecana de Rajoy no estará agazapado José Luis Rodríguez Zapatero. El Gobierno del PP no ha reducido el gasto público, no se atreve a desmontar el monstruo autonómico, no consigue sanear el sistema financiero, no ha terminado de actualizar la legislación laboral y no parece tener intención de acabar con la contaminación política del sector judicial. Y esta zapaterización ha tocado techo con el discurso de Rajoy en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde este martes ha defendido la proislámica Alianza de las Civilizaciones con vistas a obtener un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU en 2014.

Dado que la izquierda tiene ahora escasos recursos legislativos y su nula credibilidad le dificulta la creación de opinión, el Partido Popular está ante una ocasión única para llevar a cabo la demorada pero necesaria Tercera Transición que convertiría a España en una verdadera democracia occidental. La crisis ha demostrado que la democracia española es un simulacro con infinidad de ángulos muertos donde han podido instalarse cómodamente los vampirismos autonómicos, los nacionalismos extremos y la corrupción. La defensa que ha hecho el PSOE del recién fallecido Santiago Carrillo como un héroe de una “modélica transición” demuestra hasta qué punto la izquierda que nos ha gobernado durante buena parte de la democracia lleva décadas repitiendo mentiras de proporciones colosales.

Huelga decir que si la Transición hubiera sido modélica, España no estaría sumida ahora en la ruina. Pero el complejo posfranquista que el PP padece desde su nacimiento le incapacita para afrontar con decisión los graves problemas nacionales. Siendo ya evidente que la derecha y la izquierda comparten la responsabilidad de la situación actual, parece imposible que el PP solucione la crisis de España mientras no solucione su propia crisis de identidad. Es pasmoso tener que recordarlo: la zapaterización no es la solución, sino el problema.

La irresolución de Rajoy y la prima de riesgo
EDITORIAL Libertad Digital 27 Septiembre 2012

En vista de que los ajustes presupuestarios del Gobierno del PP se han traducido hasta la fecha en un cosmético recorte del gasto público y un brutal y empobrecedor incremento de la presión fiscal –contraproducente incluso desde el punto de vista recaudatorio–, no hay que extrañarse del fracaso de Rajoy en su pretensión –sincera o impostada– de recortar drásticamente el déficit público y ver reducida la prima de riesgo de nuestra deuda soberana.

Es cierto que esta última se había ido reduciéndose a trancas y barrancas desde finales de julio, momento en el que llegó a superar los 600 puntos básicos respecto al bono alemán. Sin embargo, el hecho de que los inversores vieran desde entonces con algo menos de desconfianza la solvencia del Reino de España (pero la prima se mantuvo casi siempre por encima de los 400 puntos) no se debió en modo alguno a nada que pueda atribuirse a un meritorio cambio de rumbo de nuestros manirrotos gobernantes nacionales y autonómicos. Se debió únicamente a que el presidente del Banco Central Europeo dijo que haría "todo" lo que estuviera en su mano para evitar la quiebra de cualquier país miembro de la UE, y que habría "compra ilimitada" de deuda de los países que solicitasen ser rescatados.

Ante lo que entonces parecía una inminente solicitud de rescate por parte del Gobierno de España y una actitud favorable del BCE a monetizar deuda –eso sí, con exigentes condiciones respecto del déficit público–, es lógico que los mercados vieran con algo menos de temor la ¡concesión de nuevos créditos a nuestro sobredimensionado sector público. Ahora bien, si pasado un tiempo los mercados contemplan cómo el Gobierno de Rajoy no se decide a solicitar el rescate, ni a acometer una reestructuración radical de nuestro elefantiásico sector público para evitarlo y poder sostenerse con lo que ingrese, no hay que extrañarse de que la prima de riesgo vuelva a subir.

La reciente y comprensible negativa de países como Alemania, Holanda o Finlandia a que la factura de la recapitalización bancaria española sea asumida por los contribuyentes de toda la Unión Europea sin duda es decisiva para explicar la fuerte subida que ha experimentado este miércoles nuestra prima de riesgo; pero no deja de ser un capitulo más de un problema de fondo, la insolvencia de nuestro Estado, problema que nuestro Gobierno no termina de afrontar.

El miope e irresponsable cortoplacismo del Gobierno percibió la reducción de nuestra prima de riesgo como una posibilidad de evitar el rescate y con ello evitarse el coste electoral que pudieran conllevar sus condiciones.

Tiempo habrá para analizar los Presupuestos Generales del Estado para 2013, que se presentan hoy jueves. Pero ya adelantamos que el problema del excesivo número de funcionarios, subvenciones, empresas y fundaciones públicas no se va a solventar con medidas como la congelación del sueldo de los funcionarios.

DEMOLEDOR INFORME QUE CONSIDERA URGENTE UN CONSENSO POLÍTICO EN ESPAÑA
JP Morgan: "Nos vamos de Madrid más asustados de lo que vinimos"
Eduardo Segovia. El Confidencial 27 Septiembre 2012

La nueva escalada de la prima de riesgo y el desplome de la bolsa son la reacción de los inversores internacionales a una mala percepción de nuestro país en estos momentos. Esta percepción se concreta en un durísimo informe de JP Morgan que asegura que "desgraciadamente, volvemos de Madrid más negativos de lo que vinimos" tras una visita a nuestro país para hablar con políticos, reguladores y expertos sobre la situación de España. El banco de inversión ni siquiera da credibilidad a los test de estrés o al 'banco malo', no entiende por qué se retrasa la petición de rescate y pide un consenso político para resolver esta situación crítica.

El analista de JP Morgan Jaime Becerril asegura que "con la economía en una profunda recesión, estamos esperando que los políticos españoles se sienten para encontrar una solución común que recupere la confianza de los inversores". Esa falta de consenso es algo que nos diferencia de Portugal, donde sí se ha establecido una base común para buscar la recuperación económica, mientras que aquí los partidos de la oposición casi nunca están de acuerdo con las medidas económicas o institucionales.

A su juicio, mientras las señales de la recesión ya son visibles en las calles, el Gobierno está retrasando medidas vitales "mientras mira los detalles finales del rescate" preocupado por que le exijan más austeridad. Y "retrasar decisiones dolorosas no ayudará a resolver la incertidumbre que mantiene a las empresas españolas aisladas del mercado", opina. "Esperamos que el Gobierno no cometa el error de relajarse cuando los mercados le dan un respiro", añade, porque puede volverse en su contra: el tiempo ha demostrado que retrasar medidas cruciales (como los presupuestos de 2012 por las elecciones andaluzas) es perder un tiempo precioso. En todo caso, está convencido de que, en unos cuantos meses, España tendrá que pedir un rescate completo.

Tras las conversaciones que ha mantenido en su visita, el banco de inversión asegura que será muy difícil alcanzar el objetivo de déficit del 6,3% del PIB en 2013 (el consenso calcula un 7%) y que las conversaciones ya no se centran en si España pedirá el rescate sino en cuándo lo hará. Tampoco entiende la falta de reacción de los políticos ante el paro, que considera el principal desafío de España para el que no hay una solución clara (aunque reconoce que los expertos aplauden la reforma laboral). Por eso, cree que todos los partidos deberían empezar a trabajar juntos cuanto antes.

El banco de inversión también critica la incertidumbre regulatoria como una de las causas por la que los inversores no entran en nuestro país, una incertidumbre que va desde la energía a la banca pasando por el sector inmobiliario. Y no se trata sólo de los inversores: "La constante subida de impuestos y el desempleo dan pocas razones a los consumidores para creer que los activos no van a bajar más todavía". Y añade que hace falta más claridad y una mejor estrategia de comunicación, así como terminar con la improvisación del Gobierno, especialmente visible en la reforma financiera (tres Decretos en lo que llevamos de año).

También señala el nuevo frente abierto de las reclamaciones nacionalistas, que espera que siga creciendo. "Una actuación más decidida en estas regiones sería algo muy bienvenido por parte de Rajoy", afirma. También asegura que esta situación del debate territorial "no es nada positiva a los ojos de los inversores extranjeros".

La reforma bancaria tampoco convence

Respecto al sector financiero, sigue viendo a las entidades reticentes a reconocer sus pérdidas en el ladrillo aunque han tenido que elevar sus provisiones, lo que retrasa el "proceso de curación". Y mientras tanto, "la economía sigue sufriendo las consecuencias en la forma de credit crunch", tal como adelantó El Confidencial. En su opinión, el 'banco malo' va a decepcionar porque los precios inmobiliarios tienen que bajar más, y va a ser muy difícil convencer a los inversores para que entren en su capital, en especial si los activos no se transfieren a un precio realista. No es más optimista respecto al mercado inmobiliario, que está "literalmente congelado" a la espera del 'banco malo' y donde cree que queda mucha caída de precios por delante.

En todo caso, Becerril cree que es un error circunscribir el problema bancario al crédito promotor, porque el deterioro continúa en todos los sectores (en especial el crédito a pymes, en el que la morosidad supera el 10% en algunas entidades) y las provisiones todavía son muy inferiores a la pérdida esperada. El lado positivo, observa que los bancos son ahora menos proclives a dar "patadas adelante" y refinanciar los créditos incobrables.

La conclusión de JP Morgan es que "España tiene por delante un largo período de bajo crecimiento y elevado desempleo". Sus expectativas son una contracción del 0,9% del PIB en 2013 porque las medidas de austeridad pesarán sobre la economía. "A no ser que los mercados de crédito se reabran a niveles razonables, creemos que se acelerará el desapalancamiento (reducción de la deuda), una dura medicina para el crecimiento económico a largo plazo", sentencia.

Profundizar en las reformas
El Editorial La Razón 27 Septiembre 2012

La crisis de la deuda española sufrió ayer una nueva sacudida que puede atribuirse con absoluta certeza a las renovadas reticencias de los países más solventes, como son Alemania, Holanda y Finlandia, a aceptar que el fondo de ayuda bancario no compute como deuda soberana. De poco están sirviendo las advertencias de la Comisión Europea sobre la necesidad de aplicar con urgencia los acuerdos de junio si se quiere garantizar la viabilidad de la unión monetaria europea. Ni siquiera la extensión de la desconfianza de los mercados financieros hacia la economía alemana, que ayer fue incapaz de colocar toda la deuda ofertada pese a subir los intereses, parece hacer mella en el Gobierno de Berlín. Para España, las consecuencias de esa actitud miope se tradujeron en un incremento de la prima de riesgo, con el bono a diez años de nuevo por encima del 6 por ciento, y en un fuerte retroceso bursátil. No es una situación, como reconoció desde Nueva York el presidente del Gobierno, que la economía española pueda soportar durante mucho más tiempo sin acudir a activar la línea de crédito preventiva que, hoy por hoy, no tendría por qué ser inexorable, a poco que mejoraran las cosas. En un mundo ideal, la sociedad española en su conjunto habría cerrado filas con el único objetivo de superar la crisis, relanzar la economía y combatir el desempleo. Pero esos mundos no existen, al menos entre nosotros, y a los embates exteriores se añaden las tensiones internas generadas por la irresponsabilidad de algunos, que tanto daño está infiriendo a la imagen de España en el mundo. Pese a ello, Mariano Rajoy no tiene otra opción que mantener el camino de reformas y ajustes emprendido.

Con independencia de lo que ocurra en el concierto europeo, España tiene que abordar la reestructuración en profundidad de un Estado hipetrofiado y en muchos aspectos ineficaz. En este sentido, el Consejo de Ministros de hoy debe aprobar para su traslado al Parlamento el Plan Nacional de Reformas que acompañará a los Presupuestos Generales para el próximo año. Son, en su mayor parte, medidas de racionalización y control de las administraciones públicas destinadas a corregir las graves disfunciones actuales. Una autoridad fiscal única, que supervise las cuentas de todas las administraciones, o la unificación de los diferentes entes reguladores redundarán sin duda en el relanzamiento de nuestra economía. Si al programa se le une un proyecto presupuestario austero y coherente con la situación actual, que exige sacrificios, será el mejor mensaje que se pueda enviar a nuestros socios europeos y a los mercados internacionales. Porque, y es importante tenerlo presente, el futuro sigue en nuestra manos, las de la sociedad española.

La indecisión de Rajoy empeora a España
Pablo Sebastián www.republica.com 27 Septiembre 2012

Mientras en Alemania y otros países europeos crece el malestar contra los gobiernos de Grecia, Portugal y España por causa de sus incumplimientos en el ajuste del déficit e indecisiones y en Berlín se abren debates sobre la posible salida del euro de Alemania -como los subraya Martin Wolf en Financial Times- en Nueva York el presidente Rajoy ha vuelto a dar muestras de su inconsistencia política en la visita que realizó al diario The Wall Street Journal, donde volvió a plantear dudas sobre si España pedirá o no el rescate financiero de su deuda a la Unión Europea diciendo que todo dependerá de ver si los tipos de interés de la deuda y la prima de riesgo se disparan. Como si el presidente español no supiera que no existe alternativa al rescate, no conociera la gravedad de la situación española o pretendiera darse importancia ante el diario neoyorquino que, al igual de lo que le ha ocurrido al Rey con The New York Times, ahora tiene la oportunidad de dedicar un editorial muy duro con España hablando incluso de la ceguera o de la “incompetencia política de Rajoy”.

Le basta al WSJ con analizar lo ocurrido ayer con los tipos de interés de España a 10 años, que subieron por encima del 6 %, la prima de riesgo que ya se acerca a los 500 puntos y la Bolsa de Madrid que se desplomó más de 4 puntos. Todo ello gracias a las dudas de Rajoy y también las advertencias de Alemania y de otros países europeos sobre el rescate de la banca española -que aún está por comenzar, el viernes saldrán las notas de los bancos- señalando Berlín y sus aliados que la capitalización de la banca de España deberá estar avalada por el Estado, lo que incrementará el déficit español.

La incapacidad del presidente para tomar grandes decisiones en esto de los rescates de la UE, la crisis bancaria (por ejemplo con el cierre fulminante de Bankia ante el cúmulo de escándalos de la entidad), o en dar la cara ante el desafío constitucional de Artur Mas -solo dijo eso de cuidado con “el vuelo corto”-, empieza a ser un problema añadido para España y está causando estragos ante nuestros socios europeos, empezando por Alemania donde la portavoz de Merkel y el ministro de Economía, Schaüble, han declarado con cierta indignación que a Rajoy le falla “la comunicación” porque no da información y no dice lo que quiere. Lo que no parecen saber los alemanes y otros países de la UE, la Comisión Europea y el BCE, es que, además del secretismo -frente a su cacareada transparencia- que invade el palacio de la Moncloa, lo que le pasa a Rajoy es que le da miedo, pavor, el decidir y dar la cara. Y ello lo sumerge en un mar de dudas y un sin fin de aplazamientos de las decisiones importantes y urgentes que se acumulan a su alrededor. Le pasaba en la oposición y le ocurre ahora en el Gobierno. Y ahí tenemos reciente la prueba en cómo le obligó el Eurogrupo a pedir urgentemente el rescate de la banca española en una jornada dramática en la que Rajoy, tras negarlo primero tuvo que pedir dicho rescate en un sábado donde se escondió, para aparecer al día siguiente diciendo que había sido él quien había “presionado” a la UE (sic), y acto seguido anunció que se iba a ver el arranque de la Selección de España en la Eurocopa de Polonia porque ya “estaba todo arreglado”. Pues sí que está arreglado.

El aplazamiento de las decisiones de Rajoy empeora la situación de España, como ocurre con los indicativos más importantes de la deuda española, que ahora se disparan una vez que se extinguió, como era de esperar, el efecto disuasorio del anuncio de Draghi de la disposición del BCE de comprar deuda hispana -algo que sí había pedido el Gobierno de Madrid- siempre y cuando nuestro país solicite el rescate. Y todo esto ocurre en las vísperas de un mes de octubre en el que el Estado debe de emitir deuda por valor de casi ¡40.000 millones de euros!, que pueden alcanzar tipos de interés prohibitivos para España que se acerca a los 40.000 millones de intereses de deuda para el año 2013.

Rajoy y su Gobierno están desbordados por los cuatro costados y no saben qué hacer ni por donde tirar, solo quieren ganar tiempo e intentan a la desesperada evitar el rescate financiero del Estado por el fracaso político que ello incluye para el presidente, su partido y Gobierno. Pero no tienen escapatoria y lo tendrán que pedir cuando antes, no vaya a ser que cuando lo pidan sea demasiado tarde porque Alemania y otros países de la Eurozona ya estén en otro escenario y entonces sí que habremos entrado en un túnel infernal.

El puntillazo de Mas a la imagen nacional
José Javaloyes www.republica.com 27 Septiembre 2012

El anuncio hecho por Artur Mas de su proyecto de un referéndum, con o sin autorización del Gobierno – para que desde el mismo pueda eventualmente Cataluña levar anclas de España -, se sumaba en el plazo de muy pocas horas al conjunto de tensiones nacionales en que ya estábamos y generaba efectos más graves aún que los contenidos en el síndrome griego, pues por Atenas aquello que cunde en los sabidos términos es sólo, con ser tanto, la catástrofe económica y la implosión política. Aunque no la disgregación nacional.

Entre nosotros, sin embargo la crisis entra por derroteros sinérgicos en los que problemas y males de distinta naturaleza se vienen a combinar con el desafío nacionalista a la cohesión nacional en términos sistémicos, haciendo crecer los correspondientes daños en términos exponenciales.

La marca España se resiente así desde todos sus ángulos y sentidos en un cuadro de acracia, con el pulso contra la sede de la soberanía nacional por unas masas parasitadas por los profesionales de la violencia, mientras que por efecto de todo el Ibex se desplomaba, el bono español tocaba el 6%, se esfumaba la tregua de los mercados de deuda y la prima de riesgo escalaba de un solo golpe más de 30 puntos básicos, al saltar de los 416 en que había cerrado la víspera a los 450. Cundía la impresión de que el presente se desmoronaba y el futuro se subastaba.

La Triple A de la Eurozona (Alemania, Holanda y Finlandia) rebaja las expectativas de una recapitalización directa de la banca española al avisar al Gobierno de nuestra nación de que el rescate no es la fórmula suficiente para alcanzar la solución necesaria. No es consuelo, por supuesto, que en lo económico compartamos a estos efectos agobios y carencias con Italia. Tampoco, la alineación francesa con Madrid y Roma frente al lucro impasible de Berlín, Helsinki y Ámsterdam: avaros en la gestión del tiempo, de los plazos para cumplir lo acordado dentro de la Unión Europea. Postura que les permite ventajas inicuas en las respectivas balanzas comercial y de pagos.

Pues bien, estando en estas, cuando el Gobierno de Mariano Rajoy parecía fiar en que la compra suficiente de deuda por parte del Banco Central Europeo (BCE) permitiera esquivar el rescate con sus costes en soberanía, la tensión institucional generada por ese supuesto “liberal” (recuérdese el Pacto del Tinell) con cara de futbolista gastado que tira a puerta contra la unidad de España, viene a dar el toque de pezuña que le faltaba a la percepción exterior de la imagen de España. Era quizá lo preciso para que se cortara la mayonesa convenida por Cumbres y Consejos de la Unión Europea, donde sueña entrar el nacionalismo catalán, con la soberanía bajo el brazo y la barretina hasta las cejas.

El casi sedicioso anuncio de la consulta secesionista en Cataluña, ha sido en estas fechas críticas como el puntillazo que faltaba a la percepción extranjera de nuestras vicisitudes presentes y de nuestra capacidad como españoles para salir airosos de ellas, al propio compás del euro respecto de las suyas. Sabedores los estrategas del nacionalismo catalán y de todos los demás de la importancia de los nombres, han llegado a dónde están por las trochas de la consentida confusión que impera en las mayorías, especialmente en horas no propicias para la reflexión. Sin sosiego y desesperanzadas.

Pero ésa es una batalla pendiente. Mientras se sale de la trampa semántica consistente en meter dentro del mismo saco el concepto de nacionalismo, que corresponde a un sentimiento de identidad, y el de patriotismo, que expresa la adhesión a una idea, a un proyecto de vida en común, conviene estar conscientes de la urgencia actual de esta tarea.

Un nacionalista, de puro mirarse el ombligo, acaba por ignorar lo que le rodea, mientras que un patriota se adhiere y se suma a un proyecto consistente en compartir el propio destino con quienes ha compartido la Historia. En nuestro caso, una crónica de cinco siglos.

Contra todo esto
Rafael García Rico Estrella Digital 27 Septiembre 2012

Siento un gran alivio político porque las carcasas nacionalistas, la catalana de Mas, el insurrecto, o la criminal de Bolinaga, por ejemplo, están bien estructuradas y eso me transmite seguridad y confianza en que en este lodazal de la crisis, hay alguien que piensa, de corazón, en los trabajadores.

Es verdad que este es un término en desuso. Muchos ya no trabajan, son parados. Otros soñaron, y creyeron, ser clase media. Por eso se duelen de su propia realidad empobrecida y se sienten desprotegidos en una infinita nada en la que no saben a quién atribuir la última esperanza de una ayuda que no parece que vaya a llegar. Pero el nacionalismo, los nacionalismos, el gran debate autonómico, referendo en curso, está con ellos.

En este naufragio, resurge la clase obrera para despedirse de nuevo. No son quienes la forman, parte de la agenda política ni de la actualidad. Están fuera: sólo sirven para pagar esta derrota monumental del espejismo del progreso, salvo para el nacionalismo, los partidarios del debate sobre las competencias, y los que se oponen por asuntos relativos a otras competencias, entregados a ellos mediante, por ejemplo, la lucha por el pacto fiscal.

Nos queda, claro que sí, el alivio nacionalista o de los nacionalismos plurinacionales o del patriotismo monolítico, yo que sé. Y eso devuelve la fe. Saber cuando pierdes derechos sociales y las conquistas laborales se pudren en los charcos que el debate sobre el encaje autonómico está en pleno vigor, es un soplo de esperanza para la dolorida clase sometida.

Y eso se debe al nacionalismo catalán, el más audaz, el del amigo Mas, o a las ansias de Urkullu, el amigo de los chicos de la gasolina, que decía el siniestro Arzalluz, los colegas parlamentarios de los que mandan. Aquí está; esto es: El radicalismo nacionalista y soberano de este tipo, el de la soberanía de la burguesía con pasta, que envuelto en una bandera de oportunismo sentimental ha decidido rescatar lo importante y suprimir lo accesorio: hospitales cerrados, copago, recortes y toda la panoplia antisocial, para llevarnos, por fin, a hablar de soberanía en las colas del INEM.

Maldita clase obrera que se empeña en sobrevivir en vez de debatir el modelo federal del estado. No entienden, con tanto golpe, su papel secundario en la historia. No entienden que el autogobierno y los hechos diferenciales son trascendentes y que los derechos de los trabajadores fueron una concesión de menos valor que cualquier autopista en pérdidas.

Desde el crimen de Jaurés, el internacionalismo es una quimera. Los líderes del nacionalismo han encontrado, por fin, el acomodo en un debate serio de verdad. Ya se pueden sentar todos en una misma mesa y arrojarse las banderas con entusiasmo. Seguro que habrá una izquierda que se sume, porque seguro que tienen ideas que aportar a tan apasionante debate de inequívoca oportunidad en este momento.

Aquella izquierda, aquella otra, cuyo único patriotismo se tejía con el hilo denso y firme del progreso social para todos: en Murcia, Mieres, Huelva, Ferrol o Sagunto, estará, quien sabe, quizá, en condiciones de aportar valor a los que enuncian las nuevas consignas y se dejarán caer en las trampas del debate. Lástima.

Siento alivio emocional pues me libero de las cargas: el sentido de estado, que fácil.

Sé que molesta y que me dirán de todo, pero me da igual: mi patria es mi gente; la gente que sufre y lucha. Mi patria, la mía, sí, es la patria de Pablo Iglesias, la que crece en el corazón de los que se rebelan en este entero país que es el nuestro. Los demás que discutan sobre la organización administrativa del Estado y sus encajes plurinacionales, mientras el pueblo, el mismo pueblo en toda España, padece el dolor de la pobreza.

Me quedo con mis ideas, que eso siempre es bueno.

Un país a la deriva
Rafael Torres Estrella Digital 27 Septiembre 2012

Lo deplorable no es que la gente se manifieste en las inmediaciones del Congreso de los Diputados para expresarles a éstos su rabia y su hartazgo, sino que la clase política, y el Gobierno principalmente, provoquen en la ciudadanía esa rabia y ese hartazgo que hoy recogen las agencias, los periódicos y los noticiarios de medio mundo. El divorcio entre la tripulación y los pasajeros en la nave de éste país a la deriva se explicitó crudamente el pasado 25-S: mientras el capitán de la misma discurseaba vacuamente en la ONU, y buscaba su fotito paleta con Obama y su señora, las calles de las ciudades españolas hervían de malestar e indignación. Nunca tan pocos, esos tripulantes ineptos, ciegos y sectarios que están conduciendo al país, a España, a la miseria, hicieron tanto daño a tantos, la mayoría de los 45 millones de seres humanos que la habitan.

Atentar contra la Salud, contra la Educación, que es el único aval para el futuro, contra el Trabajo, contra la Seguridad Jurídica (requisando los ahorros de los trabajadores en los bancos nacionalizados o interceptando en plena carretera a los autobuses que llevan a los ciudadanos a manifestarse), contra la Investigación, contra la Igualdad de Oportunidades, contra la Cultura, contra los Derechos esenciales de las personas y contra la Protección de las más desvalidas, no sirve, salvo que nos hayamos vuelto todos locos, para sacar a un país de la postración, sino, antes al contrario, para hundirlo más en ella.

Contra esa deriva va el clamor general representado en parte el otro día frente al Congreso por unos miles de ciudadanos, y por mucho que la pulsión autoritaria del Gobierno lo desoiga y lo criminalice, por mucho que desnaturalicen la verdadera función de la Policía azuzándola contra la gente, por mucha foto palurda con Obama y su señora en Nueva York, por mucho Clinton y mucho aspaviento seudopatriótico que le eche en su rifirafe con su socio "independentista" catalán (Mas), no basta para que en el mundo no se enteren también de los estragos que en el pasaje, en el pobre pasaje de éste barco a la deriva, están haciendo semejante capitán y semejante tripulación.

Tú declaras la independencia, yo monto una churrería
Javier Caraballo El Confidencial 27 Septiembre 2012

Podemos volver a Ortega, y recontar otra vez que ya entonces el problema de Cataluña quemaba en las manos de los asuntos de Estado. Podemos volver a su frase, a decir que sí, que la construcción de la nación española es tan compleja que, a veces, como ocurre con Cataluña, la aspiración de futuro sólo sea conllevarse. Podemos entenderlos, debemos entenderlo, porque una nación que se decanta a lo largo de 3.000 años de historia no puede aspirar a más cosas que ésa, la sensatez de conllevarse entre pueblos que tienen las raíces distintas hundidas en la historia. Podemos volver a Unamuno, a Antonio Machado, aquellas cartas que se cruzaban y que hoy tendrían la vigencia de entonces por la irritación que provocaba en los españoles que no viven en Cataluña las exigencias abusivas de financiación. “La cuestión de Cataluña, sobre todo, es muy desagradable (…) Creo con don Miguel de Unamuno que el Estatuto es, en lo referente a Hacienda, un verdadero atraco, y, en lo tocante a Enseñanza, algo verdaderamente intolerable. Creo, sin embargo, que todavía cabe una reacción en favor de España, que no conceda a Cataluña sino lo justo: una moderada autonomía, y nada más”.

Es la sociedad catalana la que tiene ante sí un desafío, la única que puede frenar el discurso mentiroso de los nacionalistas catalanes devenidos en independentistas. Es mentira que España le robe a Cataluña, a no ser que aceptemos igualmente que los españoles, catalanes incluidos, le robamos a Alemania o a Holanda

Podemos remontarnos treinta años atrás y seguir, paso a paso, la historia entera que hemos vivido desde la Transición, los sobresaltos continuos de desafección, las negociaciones presupuestarias que se saldaban siempre con inversiones extraordinarias, el consabido eterno de que las mayorías en el Congreso se establecían con cesiones a los nacionalistas catalanes o vascos. Podemos girarnos hoy mismo y repasar las declaraciones constantes que fijan la culpa en el otro, “no nos entienden”, la “fatiga de España” y todo eso que se repite para justificar las proclamas encendidas, para sustentar los discursos de independencia. Podemos repasar otra vez los argumentos y los balances económicos, pero hemos llegado a un punto en el que la duda ahora es otra. ¿Cómo debemos reaccionar ante la declaración de independencia de Cataluña? ¿De verdad merece la pena seguir en este debate? Esa es la duda.

Porque llegados a este punto de la historia, en el que la crisis económica y la gravedad del momento nos hacen contemplar los asuntos con la claridad de quien se ve al borde de un abismo, ya no hay fuerzas ni necesidad de enredarse de nuevo en un debate de palabras gastadas. Que es la sociedad catalana la que tiene ante sí un desafío, la única que puede frenar el discurso mentiroso de los nacionalistas catalanes devenidos en independentistas. Es mentira que España le robe a Cataluña, a no ser que aceptemos igualmente que los españoles, catalanes incluidos, le robamos a Alemania o a Holanda. Es mentira que la quiebra de las arcas catalanas sea producto de un déficit de financiación con el Estado, porque hay otras comunidades, con mayor déficit fiscal que Cataluña, que no atraviesan los mismos problemas de financiación. Y es mentira que la independencia sea la solución de Cataluña, porque Europa no abrirá nunca esa caja de Pandora y porque no es posible pensar en un país como Cataluña que sobreviva de espaldas a España y a Europa. No son los andaluces, los murcianos, los madrileños o los gallegos los que tienen que resolver el futuro de Cataluña; son los catalanes, la sociedad catalana, la que única que puede pronunciarse. La única que debe pronunciarse. Lo demás, vendrá después. Y, por tanto, hasta entonces, que hable Cataluña. No vale la equidistancia; el seni catalán (el sentido, la cordura) ha saltado por los aires.

El otro día, cuando la declaración formal de Artur Mas en el Parlament de Cataluña para adelantar las elecciones y precipitar el referéndum de la independencia, saltó a los medios de comunicación una noticia paralela: una churrería de Madrid, la famosa San Ginés, anunció que había abierto una sucursal en China. Y estaba ahí la respuesta, la normalidad con la que debemos contestar este debate persistente que ni tiene solución ni tiene salida mientras no se establezcan los denominadores comunes de la lealtad, sin la cual se hace imposible cualquier entendimiento entre desiguales, la solidaridad, sin la que no existe civilización, y la globalización, sin la que es imposible adaptarse a los retos que nos impone el siglo que vivimos. ¿De verdad merece la pena seguir en este debate? Esa es la duda. Fatiga, supongo. Tú declaras la independencia y yo monto una churrería. Que la vida sigue.

Rajoy y ‘La leyenda del indomable’
José Luis González Quirós El Confidencial 27 Septiembre 2012

Paul Newman protagonizó La leyenda del indomable, una de esas películas que todo buen aficionado ha visto varias veces. Su personaje era un tipo encantador, pero irreductiblemente insumiso, capaz de comerse cuarenta huevos duros para ganar una apuesta a costa de su estómago, pero su rebelde empecinamiento le hacía enteramente incapaz de poner en orden su vida y su futuro. Ayer, comiendo con un amigo que elogiaba a fondo y con pasión al Gobierno y la supuesta firmeza de Rajoy, me acordé de esa película, y, por un instante, imaginé al presidente como el imperturbable capaz de superar todos los desafíos, una figura que están empezando a cultivar sus hagiógrafos, empleo que abunda en la dolida España.

Ser imperturbable tiene, con todo, sus riesgos. Pasarse de ataraxia en política puede pagarse caro, porque quedan ya pocos españoles que consideren como una prueba de fortaleza no inmutarse ante lo que se pretende en Cataluña. El empeño del presidente en seguir su plan, que, de todas formas, cambia con gran frecuencia, su determinación en combatir, a su manera, el déficit público, como si todo lo demás fueran bromas frívolas, acaso no garantice otra cosa que el acabar mal. Es cierto que en política nunca se pueden acometer todos los problemas al tiempo, pero puede que el orden escogido por Rajoy, ese pedagógico empeño en hacer los deberes, que tanto repiten él y sus ministros, no sea el mejor programa político que puedan contemplar los siglos.

No basta la entereza ante la doble afrenta a la democracia que se ha perpetrado estos días: el programa para la secesión catalana y el intento de tomar el Parlamento, por más que ambos fenómenos hayan tenido un fuerte componente de farsa. Lo de Mas y el acoso del 25-S son fenómenos estrictamente políticos, y así se entiende en el mundo entero, menos, al parecer, en los cuarteles generales del impávido RajoyQuien ha obtenido una amplia mayoría electoral no puede actuar como si estuviese maniatado por las exigencias de una realidad que, según se nos dice, ni pudo prever, ni puede modificar, y que le obliga a ser infiel a su programa electoral y a su discurso de investidura. Tampoco basta la entereza ante la doble afrenta a la democracia que se ha perpetrado estos días: el programa para la secesión catalana y el intento de tomar el Parlamento, por más que ambos fenómenos hayan tenido un fuerte componente de farsa. Lo de Mas y el acoso del 25-S son fenómenos estrictamente políticos, y así se entiende en el mundo entero, menos, al parecer, en los cuarteles generales del impávido Rajoy, dispuesto a subir nuevos impuestos y a aplicar nuevos recortes a quien hiciere falta con la misma determinación que Paul Newman se comía los huevos que, finalmente, le llevaron a la tumba.

Puestos a encontrar imágenes paradigmáticas, la catarata de despropósitos con que el señor Mas quiere superar definitivamente a Pujol como padre de la Nación catalana, nos obliga a comparar a don Arturo con el Capitán Araña, el que a todos embarca y a todos engaña, ese personaje que recorría las costas de la futura Cataluña Grande reclutando voluntarios para una valiente expedición de la que él no iba a formar parte. Mas ya ha declarado que se quitará de en medio en cuanto Cataluña logre sus objetivos, pero también si todos resultan estamparse en la ridícula forma que no es difícil imaginar.

Pues bien, la mera prudencia en las formas, que nunca está de más, no evita el temor de que Rajoy piense dedicar a este asunto su famoso desdén, a la espera de que el problema se disuelva, o de que, por arte de birli-birloque los de CiU se vuelvan repentinamente cuerdos y respetuosos con la sociedad a la que dicen representar, aunque sin preocuparse ni poco ni mucho de sus intereses reales. De manera harto común entre los partidos españoles, CiU hace cínicamente un juego en el que siempre se gana, bien por conseguir cuanto quiere, bien embobando a los electores con la revolución pendiente. Perfecto si se consigue algo como la independencia, o cualquier sucedáneo homologable, pero, en otro caso, tampoco estará nada mal seguir atizando el victimismo, la indignación porque se les nieguen derechos y se les regatee un dinero que, según ellos y sus economistas bien subvencionados, es suyo y solo suyo.

Rajoy no puede aparentar indiferencia ni ante el órdago separatista ni ante los evidentes síntomas de desafecto con las carencias de un sistema que no es que no sea perfecto, sino que es cada vez más rígido y menos permeable, más sofocante de cualquier poliarquía y de cualquier forma efectiva de libertad política. Es este sistema débil y desprestigiado el que puede acabar consintiendo la ruptura de España, la negación de cualquier libertad a quienes no se atrevan a disentir del sofocante, corrupto y cateto secesionismo catalán.

La democracia española necesita urgentemente un fortalecimiento de su prestigio, un notable incremento de sus libertades efectivas. El pacto constitucional tiene que reverdecerse, y hay que ayudar a que la izquierda se desprenda de sus lastres para garantizar la unidad y la libertad de todos los españoles, algo bastante más importante que unas décimas de déficit o un descenso en las encuestas. El presidente de todos los españoles tiene que ser un líder político, mucho más que un buen administrador, y, si no lo sabe hacer, debería marcharse, así de simple.
José Luis González Quirós es analista político

España, un estado en descomposición
S. McCoy El Confidencial 27 Septiembre 2012

“La vorágine de lo urgente que ha impuesto la mal llamada Sociedad de la Información ha relegado lo importante al trastero del subconsciente colectivo. Prima el hecho sobre la tendencia, el acto sobre la causa. Es tal el bombardeo de noticias que apenas queda tiempo para poder reflexionar sobre ellas, sobre las claves que encierran. Es lo que ocurre con ese problema llamado España. Pocos parecen darse cuenta que el curso 2010-2011 puede ser la última gran oportunidad para enderezar el dudoso rumbo por el que ha decidido transitar nuestro país. Para evitar su italianización en la política y su argentinización en la economía y la sociedad. Aún hay posibilidad de hacerlo, pero el tiempo se agota. Es ahora o… nunca”.

De este modo tan dramático arrancaba el 30 de agosto de 2010 Valor Añadido. Con un llamamiento desesperado a cambiar buena parte de los defectos acumulados durante un proceso de transición a la democracia que creímos modélico y empezaba a hacer peligrosamente aguas en las postrimerías del zapaterismo.

En concreto, advertíamos de dos riesgos fundamentales:
1. El peligroso alejamiento entre ciudadano y representante: “Cada vez son más las voces que reniegan de la democracia incluso como el menos malo de los sistemas de gobierno posibles. No era esto, no era esto. La casta política es contemplada con desprecio y su legitimidad para los cargos cuestionada (…) La ruptura de la inercia actual no es fácil pero resulta imprescindible si no queremos quebrar definitivamente el débil hilo que aún une a electores y elegidos (…) Es la hora de hacer valer el voto, sabiendo que es una gota en el océano pero que el océano no sería el mismo sin esa gota.”

2. La ausencia de liderazgo: “Cuando se hace un recorrido por aquellas frases célebres que configuran el carácter de gobernantes que han dejado huella, se puede observar fácilmente que la mayoría de ellas han sido pronunciadas en estados de dificultad, en momentos donde era necesario que alguien tomara las riendas y tirara del carro. Normalmente iban ligadas a sacrificios que, adecuadamente adoptados, permitirían a las sociedades por ellos dirigidas sentar mejores bases para su futuro. En definitiva, se trataba de estrategas imbuidos del sentido histórico del cargo que desempeñaban, sabedores como eran de que trascendía con creces su persona y se incardinaba en el destino de su pueblo”.

En aquel post, McCoy terminaba reclamando elecciones anticipadas en la certeza de que un nuevo gobierno, refrendado por las urnas con una mayoría suficiente, sería capaz de asumir un compromiso de regeneración presente y futura del modelo que se hacía más perentorio que nunca. No en vano, concluíamos, “el momento es crítico. Mucho más que, de lo inmediato, pudiera parecer. Hora de actuar”.

Cualquiera que hubiera escuchado mínimamente la calle esos días habría comprendido de manera casi inmediata que el meridiano mandato que el pueblo daba a Mariano Rajoy era ése. Y si podían caber dudas sobre su capacidad de liderar el país en un momento tan convulso de su historia, sí que se le presuponía la preparación intelectual y la capacidad para rodearse de buenos activos que pergeñaran el cambio que la sociedad estaba demandando. De ahí que el pueblo confiara en él.

Su traición ha sido mayúscula.
No solo no ha logrado corregir la deslegitimación del poder legislativo sino que la ha alimentado abusando de su dominio parlamentario. La Cámara no existe, es el ejecutivo el que mediante el uso fraudulento del Real Decreto escapa al control popular y se atrinchera en sus posturas. Y lo hace en un momento en que cada una de las decisiones que toma afecta, y de qué manera, al bolsillo ciudadano mientras las estructuras de poder se mantienen cuasi incólumes. El dinero huye porque el barco se hunde. Y mientras, en lugar de aligerar el peso, se cortan las manos de aquellos, particulares y empresas, que pueden achicar el agua, frititos a impuestos y tasas. El gasto es poder, el recorte condena. No es de extrañar que la fase final del desapego democrático se empiece a manifestar en toda su crudeza, sea en su vertiente de rebeldía callejera o de esa fragmentación del voto a la griega que seguro veremos.

Tampoco ha asumido Mariano Rajoy el rol que le reservaba el momento actual de España. De los lodos de su indolencia, de su falta de visión de estado, de su incapacidad para decidir en beneficio de todos nacen los barros que amenazan con fragmentar la nación. Incapaz de anticipar los problemas, estos se le han terminado echando encima añadiendo sal a las múltiples heridas que el país tiene abiertas. Ahora es Catalunya –¡después de haber sostenido los presupuestos del gobierno de CiU con su abstención en el Parlamento regional!- si no llega antes el País Vasco. Nos hemos convertido en una nación invertebrada por renuncia del titular.

Vivimos en un estado en descomposición, sin fe en su democracia parlamentaria y con dudas sobre la unidad que consagra el artículo 2 de la Constitución y sobre la validez en todo el territorio español del principio de legalidad. Se equivoca, por tanto, el gallego si sigue pensando que el problema principal del país es financiero. O solo financiero. Nada más lejos de la realidad. Es de mucho más calado. Y su solución exige visión, determinación y acción, sentido de trascendencia histórica y del papel que está llamado a ejercer. Remodelación del sistema de representación y construcción de un proyecto colectivo que sume y no reste, que una y no divida. Con tres años de gestión por delante, aún no está todo perdido. Solo queda saber si está dispuesto a inmolarse o no. Pues va a ser que…

Vuelva a España y gobierne de una vez Sr. Rajoy.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 27 Septiembre 2012

No puedo salir de mi indignación ni de mi estupefacción al ver cómo toda una nación permanece impasible ante la declaración de independencia de los dirigentes de la Comunidad de Cataluña. Porque no vale todo en las declaraciones institucionales, principalmente si estas son constitutivas de delito de alta traición, como en el caso del Presidente de la Comunidad Artur Mas. Una nación como España no puede estar chantajeada por unos irresponsables que ven su oportunidad en la debilidad temporal de una crisis en la que ellos mismos han contribuido de manera significativa. Lo demuestra la deuda que acumula esa región y la desfachatez de pedir rescate mientras amenaza con la secesión una vez conseguido.

Ya dije hace pocos días que el Gobierno de España tiene en la Constitución su mejor arma para acabar de una vez con toda esta serie de comportamientos inaceptables. Aplicar el artículo 155 con la suspensión de la Autonomía, incluso antes de que se celebren las anunciadas elecciones del próximo 25 de noviembre. La renovación del Parlamento será una vez que se hayan adoptado todas las medidas correctoras y de cumplimiento de los objetivos económicos. Una suspensión que deberá durar el tiempo necesario para hacer cumplir la Constitución y acabar con el estado de violación de los derechos de los ciudadanos residentes en Cataluña.

La única forma de no tener que formar un muro de contención es eliminar la causa de la ola secesionista que se quiere producir. Debe haber un escarmiento y este empieza por nombrar unos gestores que sustituyan a los insolidarios e incompetentes cuyo único objetivo es sanear sus cuentas antes de consumar su secesión de España. Eso no podemos ni debemos consentirlo por el bien de los españoles, entre los cuales incluyo a los mismos catalanes, incluso a aquellos que odian a lo español y a España y todos sus símbolos.

Mal hará el PP en ofrecer ese rescate sin ninguna contra partida o sin asegurar que esos fondos vana a ser usados para los fines prioritarios. Mal hará el PP en dejar que se consume la traición tras la más que segura conjura nacionalista secesionista de los partidos políticos ERC, CiU, PSC y la abstención o colaboración de IU. Mal hará el Gobierno en creer que con la entrega de fondos va a clamar la voracidad de un nacionalismo cegado por el horizonte cercano de una independencia subida en la cresta de la ola del día de la Diada.

La convocatoria de elecciones es un salto en las aspiraciones secesionistas con la convicción de que el frente nacionalista barrerá y logrará mediante pactos el poder para enfrentarse al Gobierno de España, hacer el referéndum ilegal y basarse en sus resultados para la declaración unilateral de independencia tras una campaña internacional de apoyos mercenarios basados en futuras relaciones preferentes. El nuevo Estado de Europa, aunque sea con la servidumbre de una colonización económica de los países más influyentes de la UE.

El Gobierno de España no puede consentir que se llegue a esta situación. La hoja de ruta que se ha marcado con la convocatoria de elecciones al Parlamento debe ser anulada mediante la intervención directa. España no se puede permitir esta imagen de desmembración en un momento en el que se juega su futuro. Así que si para su destrucción se hace un uso bastardo de la Constitución, deberá ser la misma Constitución la que se aplique para sofocar esta rebelión. Así que Sr. Rajoy, déjese de soplapolleces de la candidatura al puesto del Consejo de Seguridad de la ONU y céntrese en el presente y futuro inmediato de España y de su propia seguridad territorial. Vuelva a España y gobierne de una vez.

¿Qué es peor en la España actual, ser "antisistema" o ser "prosistema"
Francisco Rubiales Periodista Digital 27 Septiembre 2012

En esta España mal gobernada, injusta, desigual y corrupta, muchos nos preguntamos: ¿Que es peor, ser antisistema o prosistema?

Miles de ciudadanos pretendían "rodear" el Congreso de los Diputados, un recinto que debería ser el templo de la libertad, de la representación ciudadana, de la palabra veraz y de la expresión libre, pero que lo han convertido en el reducto donde opera la peor partitocracia de Occidente, la que ha construido la España pobre, triste y hambrienta que acaba de retratar el New York Times en una docena de fotografías espeluznantes. Un contingente policial de casi mil quinientos agentes "defiendía" a los diputados de sus representados, muchos de los cuales exhibían pancartas en las que se pedía "democracia", todo un esperpento incomprensible y surrealista, una aberración que demuestra la decadencia y la miseria política de una España oficial que es tan democrática como un tanque chino aplastando disidentes en Tien An Men.

Los diputados y el sistema se blindan ante la "amenaza" de los ciudadanos, que en teoría son los "soberanos" del sistema democrático, a los que el poder trata como "enemigos", reflejando así la gran verdad de que la democracia ha sido asesinada y sustituida por una oligocracia donde mandan los poderosos y el pueblo es marginado y sojuzgado. Cargas policiales contra los manifestantes y decenas de heridos y detenidos. Oponerse al sistema sale caro y suele ser muy doloroso.

¿Que es peor en España, ser "pro-sistema" o "anti-sistema"? Si estamos de acuerdo en que el sistema está corrompido y adulterado, entonces hay que ser antisistema. El problema es que tambien los antisistemas han sido infiltrados y corrompidos por los "prosistemas". Entre los que se manifestaban en los alrededores del Congreso estaban también los del SAT, las huestes de Sánchez Gordillo, un diputado comunista miembro de la "aristocracia" del sistema, saciado de subvenciones, privilegios y ventajas.

Muchos ciudadanos decentes y reflexivos de España están empezando a darse cuenta del gran engaño. Víctimas del abuso y de la arrogancia del poder político, aprenden cada día un poco más y descubren que ser honrado y demócrata en España significa estar en contra de un sistema que es injusto, está corrompido, ha repudiado al ciudadano y está controlado por las peores oligarquías de la nación y de toda Europa, sobre todo por políticos insensibles al sufrimiento ajeno, atiborrados de privilegios, y por sus aliados financieros, que se aprovechan del poder para esquilmar a los ciudadanos, saquear las finanzas y enriquecerse desordenada e ilícitamente.

En lugar de blindarse rodeados de policías y de estigmatizar a los "ciudadanos" que rodeaban el Congreso,, acusándolos de ser antisistemas como si oponerse al oprobio fuese un delito, los diputados deberían haber salido a la calle para escuchar y dialogar con aquellos que pagan sus sueldos y son sus jefes en democracia. Pero el problema es que España se parece más a una pocilga que a una verdadera democracia de hombres y mujeres libres. Los ciudadanos nunca pueden ser considerados "enemigos" por sus representantes. Cuando eso ocurre, es porque no existe la representación, ni la democracia, ni la decencia, ni la legitimidad, ni la dignidad del poder.

Ser "antisistema" en España, aunque la propaganda diga lo contrario, es un honor para cualquier demócrata porque lo que no puede hacer un ciudadano honrado es aliarse con este sistema corrompido e injusto, el mismo que ha saqueado con impunidad las cajas de ahorro, el que ha protagonizado los fraudulentos EREs de Andalucía, el que tiene al pueblo esquilmado con los impuestos más insoportables e injustos de toda Europa, el de los partidos que incumplen sus promesas electorales y siempre anteponen sus propios intereses al bien común.

Alzarse contra un sistema español que fuera democrático y limpio sería un error imperdonable y una actitud digna de repudio, pero hacerlo frente a un sistema inmerso en un océano de corrupción y abuso de poder es todo un acto heroico, del mismo modo que ser antisistema y disidente perseguido y encerrado en Siberia significaba ser el verdadero "héroe" de aquella URSS de Stalin y Breznev, dominada por el totalitarismo comunista.

Lo que verdaderamente es despreciable y nocivo es ser "prosistema" en un país donde el sistema no es democrático, está hecho trizas y despojado de moralidad, eficacia, justicia y decencia.

Voto en Blanco

Bauzá impone el catalán en Baleares
Flagrante incumplimiento de uno de los pilares de su programa electoral
JORGE CAMPOS ASENSI www.lavozlibre.com 27 Septiembre 2012

En una rueda de prensa inaudita, el máximo responsable de educación en Baleares, Rafael Bosch, ha explicado, sin rubor alguno, que el PP no había prometido la libre elección de lengua, y que ésta era “ilegal”. Avalado con la afirmación de que el presidente José Ramón Bauzá y él habían redactado el programa electoral en las cuestiones educativas.

“No hay mas sordo que el que no quiere oir”, ha dicho Bosch a los miles de votantes boquiabiertos que pensaban que sus hijos podrían aprender en su lengua materna, ejerciendo su derecho a elegir. Y se queda tan ancho, y nos lo dice ahora que ya gobierna su partido. El PP, no el PSM.

Este fraude electoral no quedará sin respuesta cívica, así nos lo piden nuestros miles de seguidores que ya registraron sus denuncias (o quejas para Bosch). Como tampoco puede quedar sin respuesta lo declarado por el portavoz del Gobierno Balear:

1.- Estos son los compromisos del PP que niega el aún consejero de educación: “Compromiso 2011-2015 – Programa Marco para las elecciones autonómicas y municipales del 22 de mayo: Es necesario que los padres tengan libertad para elegir la lengua vehicular en la que educar a sus hijos. Garantizaremos a las familias que sus hijos puedan estudiar en castellano en todas las etapas educativas.” Además: “Implantaremos un modelo lingüístico que permita a los padres elegir, entre las lenguas oficiales de nuestra Comunidad, la primera de las lenguas vehiculares para la educación de sus hijos, de manera que al final de la etapa obligatoria los alumnos sean capaces de dominar las dos lenguas”.

La elección de la primera lengua me la aclaró el propio presidente Bauzá en varias conversaciones al inicio de la legislatura: “Tranquilo Jorge, los padres elegirán la lengua para empezar la escolarización de sus hijos, sea cual sea el año que empiecen en Baleares, y después se irá incorporando la otra lengua. Pero siempre podrán elegir los padres”. Pues parece que Bosch no se enteró. Y eso que hacían el programa juntos.

2.- Elegir lengua es “ilegal”, según Bosch. Miente: el Tribunal Supremo tras cinco sentencias contrarias a la inmersión obligatoria en catalán que sufrimos en Baleares, además de la reciente sentencia 886/2011 del Tribunal Superior de Justicia de Baleares, avalan la libre elección de lengua.

El Tribunal Constitucional ha declarado que hay dos modelos constitucionales, el de líneas separadas por elección de lengua llamado de“libre elección” (STC 137/1986) y el modelo de "conjunción" (STC 337/1994), ambas lenguas vehiculares. Todo ratificado por la STC 31/2010 del Estatuto de Cataluña. Bosch no ha cumplido con ninguna.

Al Círculo Balear le va bien cualquiera de las opciones constitucionales. Así se lo trasladamos al presidente José Ramón Bauzá el 1 de agosto de 2011 en el “Consolat de Mar”. Demostrándole que no supondría coste económico alguno. Nos respondió quesería una realidad en el presente curso.

El mismo Bauzá que el 17 de octubre del año pasado prometió públicamente: “A partir del próximo curso los padres podrán elegir en libertad la lengua en la que quieren que sean educados sus hijos, entre el mallorquín, menorquín e ibicenco, y el castellano. Si hay que modificar leyes y decretos, se modificarán”. No sólo no se han modificado sino que Rafael Bosch defiende la normativa vigente para “la elección de la primera lengua entre el catalán y el castellano”.

Bosch está dinamitando uno de los principales pilares del edificio de la mayoría absoluta del PP. Sin el pilar de la libre elección de lengua prometida está hundiendo a José Ramón Bauzá. Quien asumió, incluso como un compromiso personal, la defensa de la libertad frente al catalanismo, en sintonía con el actual Consejero de Turismo, Carlos Delgado, quien había sido muy claro al respecto.

De este Gobierno depende seguir con un consejero de educación al que parece no importar el mayor fracaso escolar de Europa, más de un 40%, en el que incide la inmersión obligatoria en catalán. Un conseller que desoye a la mayoría de los ciudadanos para hacerse perdonar porla minoría catalanista.

"No hay mas sordo que el que no quiere oír", dice Bosch. Ni mas ciego que el que no quiere ver… el fracaso de su gestión, y el incumplimiento del compromiso electoral de José Ramón Bauzá.

*Jorge Campos Asensi es presidente de Fundación Nacional Círculo Balear (FNCB).

Ciclo artúrico y disparates antológicos (III)
Enrique Calvet Chambon www.lavozlibre.com 27 Septiembre 2012

Economista y miembro del Comité Económico y Social Europeo

A medida que pasa el tiempo, los disparates del ciclo artúrico se sobreponen, se pisan el protagonismo, a cual mayor que resulta, y, lo que es peor, se convierten en más dañinos para los ciudadanos.

Hubiera tocado comentar hoy la demanda de unos 5000 millones de euros al gobierno del Gobierno de España (que es, recordémoslo, el principal Gobierno que tienen los hispanocatalanes y el más potente responsable de su libertad y prosperidad, por Ley y por ética) con la delirante artúrica apostilla de: ¿¿¿¿"Sin condiciones políticas"????

Con esa prodigiosa declaración, el inenarrable separatista, entre otras frikadas, demostraba:

a/ Ignorar que la frontera entre lo económico y lo político es prácticamente inexistente en la gobernación de sociedades. Y es de párvulos.

b/ Tener el cuajo de pretender que se le permitiera utilizar 5000 millones de todos nosotros destinados a los ciudadanos del Principado, para poder pagar sus médicos, sus profesores, sus enfermeras, etc... ¡Sin ningún control!... para seguir financiando en parte sus actividades separatistas.

Pero eso ya está obsoleto porque quedó sobrepasado pronto por otro megadisparate que fue, precisamente, utilizar los escasos recursos financieros en montar la multitudinaria “algarabía” de la Diada (a través de instituciones subvencionadas, faltaría más...) como altavoz grandioso de las mentiras y falsedades que se le ha dejado inocular a una región desvalida y privada del cumplimiento de muchas leyes.

Y terminamos con los dos peores: convocar elecciones regionales anticipadas en la presente coyuntura (¿quién sería la luminaria que permitió que los calendarios electorales los fijaran los caciques regionales?) y, no más tarde que el pasado miércoles 26, afirmar que la Ley le importa exactamente la mitad de un comino y que, como buen caudillo mesiánico (a lo Lukashenko, por ejemplo) piensa hacer lo que se le ponga en las pestañas. Y así empezamos el otoño, camino del invierno...

¿Por qué son las dos peores? Porque son totalmente inmorales. Desventajas de ver las cosas en perspectiva es que se llega al fondo de la miseria. Las dos acciones últimas, se miren por dónde se miren, atentan directa y gravemente al bien común y a la libertad y prosperidad de todos los españoles, catalanes o no. Mucho más en este momento de ruina. Y el Presidente de la Generalidad es el alto representante del Estado en Cataluña, garante de hacer cumplir las leyes españolas y europeas y, habiendo prometido la Constitución, obligado a reforzar y proteger el bien común de los Ciudadanos. No de unos contra otros, sino de todos los ciudadanos que cumplen con la Ley.

Traicionar su deber más acendrado e importante es inmoral, cualquiera que sea la acepción de esa palabra. Aunque no le importe a nadie pero lo padezcamos todos.
De ahí que los disparates más antológicos del ciclo artúrico, aún y con todo, no pertenecen al barcelonés, pese a lo aquí expuesto. En la última entrega hablaremos de los otros actores del disparate, de lo que la verdad esconde...

El drama de la izquierda (II)
César Vidal La Razón 27 Septiembre 2012

La derrota en la Guerra Civil significó el final de los partidos de izquierdas en España, pero no de su influencia. De hecho, el socialismo de camisa azul de la Falange logró que, veinte años después de acabar la contienda, España estuviera sumida en la miseria y al borde de la suspensión de pagos. Si salió de ambas circunstancias y logró empezar una carrera fulgurante hacia el desarrollo se debió únicamente a la liberalización –modesta, todo hay que decirlo– que significó el plan de estabilización. Durante aquellas décadas de larga, solitaria y, sobre todo, muy minoritaria travesía del desierto, se pudo creer que la izquierda había aprendido la lección de sus múltiples errores.

No fue, desde luego, el caso de ETA, pero el mismo PCE, responsable de millares de asesinatos en cunetas y checas, enarboló la bandera de la reconciliación nacional y el PSOE se refundó sobre la base de tirar por la borda a la gente del pasado y de imitar ejemplos como los de Olof Palme y Willy Brandt. Cansada de las más diversas derechas y deseosos de algo que fuera distinto, la mayoría de los españoles otorgó su confianza electoral a la izquierda en la convicción de que era símbolo y camino de modernidad, progreso y moderación. Así pudo parecer porque España siguió en la NATO y entró en la Unión Europea con Felipe González como presidente del Gobierno.

Pero también hay que decir que hasta ahí llegaron las ilusiones. El PSOE se fue despeñando en el derroche y la corrupción copiando a escala nacional el modelo que Pujol había impuesto en Cataluña. No se trataba de gobernar para todos, sino de mantener unas clientelas lo suficientemente paniaguadas como para perpetuarse en el poder. El clientelismo implantado a conciencia por los nacionalistas catalanes y vascos en sus respectivos feudos pasó a ser ahora la única política real de una izquierda carente de sensatez y dignidad. El sueño – pesadilla para millones de españoles– duró mientras aquella compra poco disimulada de votos y aquel latrocinio aún más visible de las arcas públicas no repercutieron gravemente en la economía nacional.

En 1992, era obvio para cualquiera que conservara la cabeza sobre los hombros que la izquierda se había agotado como un limón exprimido y que sólo podía ofrecer paro, deuda y corrupción. Eso sin contar el asesinato y el secuestro encarnados en el terrorismo de estado de los GAL. Felipe González consiguió mantenerse aún en el poder agitando el espectro de la Guerra Civil española –¡qué bajo se puede caer para conservar el caviar, la moqueta y los Cohibas!– pero la izquierda era un cadáver ideológico, económico y, sobre todo, ético. Lo peor es que, por añadidura, a pesar de hablar de renovación, no tenía la menor idea de donde ir más allá de unas frases vacías.

Independentismo imposible
Roberto Augusto www.vozbcn.com 27 Septiembre 2012

Los independentistas catalanes se pasan el día diciendo que la solución a todos los problemas de Cataluña es una hipotética separación de España y la creación de un nuevo Estado. Así acabaría el llamado expolio fiscal y la Generalidad tendría más recursos financieros. De esa forma, afirman ellos, se mejoraría el nivel de vida de los catalanes. Esto se conseguiría empobreciendo a otras regiones de España. Pero eso es algo que no les importa, ya que se trata de los otros. Al nacionalismo solo le interesan los suyos. Por eso es una ideología egoísta e insolidaria. Una forma de tribalismo ampliado.

Ese ideal sirve al nacionalismo-separatismo catalán para no asumir la plena responsabilidad de sus actos. Los nacionalistas viven en la confrontación, en la violencia que genera la división. Les encanta, pues, tener un enemigo, alguien a quien echar la culpa de sus males. Si España es la culpable de casi todos los problemas de Cataluña eso significa que los políticos catalanes no son los responsables de los males que nos azotan. El culpable es otro (siempre el otro). Es muy cómodo vivir sin aceptar la plena responsabilidad de tus actos, diciendo que la culpa la tienen los demás.

En la actual situación la independencia de Cataluña es imposible por muchas razones. Para que se consiguiera sería necesario modificar la Constitución española. Para lograrlo habría que conseguir primero un acuerdo mayoritario en Cataluña que fuera aceptado después en un referéndum autorizado por Madrid, algo que es hoy una utopía. Después se necesitaría un acuerdo entre el PP y el PSOE que debería ser también ratificado en un referéndum en todo el Estado. Nada de esto va a suceder. Si se lograra un acuerdo en el Parlamento autonómico de Cataluña el Gobierno jamás aceptaría la independencia catalana.

Una de las razones por las cuales es casi imposible que el independentismo se convierta en la fuerza mayoritaria en Cataluña es porque no cuenta con el apoyo de gran parte de la población castellanohablante. Los nacionalistas cometen un error básico. No aceptan la realidad, sino que crean un ideal y después trabajan para lograrlo.

Esa Cataluña independiente tendría como única lengua oficial el catalán. Sería algo insólito en el mundo que un Estado no reconozca la lengua materna de la mitad de sus ciudadanos. Pero a los nacionalistas nunca les ha importado demasiado el sentido común o lo razonable. Ellos sueñan con una Cataluña pura donde todo el mundo tenga la misma identidad, hable la misma lengua y odie a los malditos españoles que nos roban lo nuestro. No parece probable que un castellanohablante abrace un proyecto independentista que no reconoce ni acepta su lengua.

El independentismo, si fuera más inteligente, debería defender un proyecto de Cataluña independiente donde la lengua castellana tuviera un reconocimiento similar al catalán. Algunos separatistas, como Eduard Voltas, lo han propuesto. Sin embargo, esa es una idea sin futuro por culpa de las profundas debilidades teóricas del nacionalismo. Esta ideología identifica una nación con una única lengua e identidad, negando a los demás miembros de esa supuesta nación la legitimidad nacional, que ellos consideran de su propiedad exclusiva.

No creo que la solución de nuestros problemas pase por la creación de un nuevo Estado, por fomentar la división entre las personas. En el actual contexto de globalización, donde se camina hacia la unidad política y económica, algo así es absurdo. Debemos avanzar en el sentido opuesto. Intentar superar la división en estados, lenguas, religiones y razas para darnos cuenta de la unidad profunda que late por debajo de todas esas creaciones perversas de nuestra inteligencia. Unidad no es necesariamente homogeneidad, sino que debemos buscar una unión que respete la diferencia.

Roberto Augusto es doctor en Filosofía

Cataluña
CDC se lanza a defender la importancia del español en Cataluña pero mantiene su prohibición en las escuelas públicas
Mas reivindica que “el castellano también es patrimonio de Cataluña”, y Jordi Pujol advierte de que ‘el independentismo ha de tener presente el valor de la lengua castellana’ y ‘ha de entender el peso, el papel y el derecho que tendría que tener el castellano en una Cataluña independiente, porque es la más próxima a muchos catalanes’. Mientras tanto, la Generalidad amplía la red de centros públicos que ofrecen el francés como lengua vehicular escolar pero se niega a cumplir las sentencias que ordenan que el español también lo sea.
Redacción www.vozbcn.com 27 Septiembre 2012

La hipocresía del nacionalismo catalán está alcanzando niveles inéditos hasta ahora, especialmente en materia lingüística. Tras décadas de menosprecio activo y continuo hacia los derechos de castellanohablantes en Cataluña, los principales dirigentes nacionalistas no dudan en ensalzar la importancia de la lengua española como un activo de Cataluña en sus discursos con el objetivo de recoger el máximo apoyo posible a su desafío independentista.

Desde principios de los años 90 del siglo pasado el castellano está prohibido como lengua vehicular escolar en Cataluña; unos años más tarde se implantaron las multas a los empresarios que utilizasen únicamente esta lengua en sus comunicaciones internas y externas; es norma habitual que la elección del español como lengua de uso en el ámbito privado supone la imposibilidad de acceder a las subvenciones públicas; y el bilingüismo, salvo contadas excepciones, brilla por su ausencia en la mayoría de las instituciones. Todo esto, en contra de lo establecido por los tribunales.

Promesas de un futuro mejor tras una hipotética secesión
A pesar de ello, en los últimos días se han intensificado las promesas de que una Cataluña independiente sería un lugar en el que las administraciones públicas respetarían a los castellanohablantes. A modo de ejemplo, basta con recordar las palabras del presidente de la Generalidad, Artur Mas (CiU), durante su discurso de este martes en el marco del debate de Política General:

“El camino que Cataluña se dispone a seguir estará lleno de obstáculos, habrá difamaciones, provocaciones y amenazas de todo tipo. Se dirá que Cataluña va hacia el precipicio, y se intentará utilizar la lengua y el origen geográfico de las personas para enfrentarlas entre ellas. Los que tengan esta tentación harían bien en recordar que el castellano también es patrimonio de Cataluña, como el catalán lo debería ser de España. Y además un patrimonio querido. Y también debería recordar que dividir a un pueblo como Cataluña por el origen de las personas sería una auténtica aberración porque el alma de Cataluña se alimenta de la mezcla de personas de procedencias bien diversas”.

El secretario general de CDC, Oriol Pujol, también ha destacado esta semana la “pluralidad” de Cataluña, apelando a que una parte de los ciudadanos “habla catalán” y otra “habla castellano”. A todos ellos ha querido lanzar un mensaje de inclusión en el proyecto secesionista de su partido.

De igual forma, el ex presidente de la Generalidad Jordi Pujol ha publicado este miércoles un artículo en el que advierte de que ‘el independentismo ha de tener presente el valor de la lengua castellana’ y ‘ha de entender el peso, el papel y el derecho que tendría que tener el castellano en una Cataluña independiente, porque es la más próxima a muchos catalanes’.

El francés, lengua vehicular; el español, no
Sin embargo, y a pesar de las promesas de un futuro idílico para los castellanohablantes en una hipotética Cataluña independiente, la realidad actual es otra. Por tercer año consecutivo, la Generalidad ofrece a los alumnos de bachillerato que lo deseen la posibilidad de estudiar en Cataluña, al menos, un 30% de las asignaturas en francés y el resto en catalán, permitiendo obtener a los que se acogen a dicho programa -conocido como Batxibac- la doble titulación de bachillerato español y francés (baccalauréat).

La oferta de institutos públicos y concertados que presentan esta opción asciende este curso a 15 centros, cuatro más que el año pasado. Y no se trata únicamente de institutos cercanos a la frontera francesa, sino que están distribuidos por toda la geografía catalana (Barcelona, Gerona, Lérida, Tarragona, Gavá, Villafranca del Penedés, Vilanova, Playa de Aro, Llansá, Mollet Vendrell, y Reus).

Este martes, durante la rueda de prensa posterior al Consejo Ejecutivo de la Generalidad, LA VOZ DE BARCELONA ha interpelado al portavoz de la Generalidad, Francesc Homs, sobre cuáles son los criterios pedagógicos utilizados para considerar que ofrecer centros con un 30% de las clases impartidas en francés no supone separar a los alumnos por razón de lengua, no rompe la cohesión social, y no implica ningún ataque contra la lengua catalana, mientras que la propia Generalidad asegura que esto sí ocurriría si ese 30% de asignaturas se impartiesen en castellano, tal y como ordenan los tribunales. Como es habitual, no ha habido explicaciones por parte de Homs.

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Indignados, callados y “el vuelo corto”
Marcello www.republica.com  27 Septiembre 2012

Dice Rajoy desde Nueva York que da las gracias a los españoles que no ejercen su derecho constitucional a manifestarse. Sin duda una declaración insólita por parte de un dirigente político que no se conforma con su mayoría absoluta en el Parlamento, ni con el control de gran parte de las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, así como en los medios de comunicación públicos y privados. Rajoy quiere más: silencio general y todos en su casa a verlas venir en pos de una idílica paz social que acepte sin rechistar los ajustes y las reformas del Gobierno, y que soporte en su casa las inclemencias de la crisis, el paro y la ausencia de un futuro de crecimiento que el Gobierno promete pero que no se ve.

Y esto dice Rajoy tras los incidentes ocurridos el martes en la plaza de Neptuno con duras cargas policiales (65 heridos y 35 detenidos) y los enfrentamientos producidos junto al Parlamento, donde el ministro de Interior, Fernández Díaz hizo ayer alarde de la represión -”la policía actuó espléndidamente”, dijo- recalentando los ánimos y provocando una nueva manifestación de los indignados en la madrileña plaza de Neptuno que anuncia más movilizaciones sociales. Como las sindicales de ayer en el País Vasco y Navarra, o las que anuncian los funcionarios ante la decisión del Gobierno de prolongar la congelación de su sueldo durante el año 2013.

Las palabras de Rajoy en Nueva York -por donde deambula fumándose un puro- han producido perplejidad por cuanto el presidente pide calma sin ofrecer soluciones y pasa de puntillas sobre otros acontecimientos, no menos alarmantes, como la declaración de Artur Mas en el parlamento catalán en la que asegura que convocará un referéndum de autodeterminación si logra la mayoría absoluta en las elecciones, sea legal o ilegal, con lo que aumenta su desafío al Estado, al tiempo le pide un rescate de 5.000 millones, como quien pide un vaso de agua.

Sobre todo esto Rajoy solo ha dicho, a título de advertencia, que los dirigentes nacionalistas catalanes deben evitar “el vuelo corto” de sus ambiciones, otro pellizco de monja que engarza con el discurso de la “quimera” independentista a la que aludió el Rey Juan Carlos en su carta a los españoles a través de la web de la Casa Real. Un presencia del Rey en los medios que no cesa de crecer -ayer en la Uned- y que TVE pretende promocionar con un programa semanal relativo a la Familia Real, dando con ello la impresión de que la Corona está más tocada de lo que parece e intenta rehacer su imagen a toda velocidad.

En cuanto a Artur Mas todo apunta a que el dirigente catalán está inmerso en un camino de no retorno que el mismo ha diseñado: primero al promover desde la Generalitat la Diada independentista; después pidiendo en Madrid un “concierto fiscal” que sabe que es inconstitucional; luego utilizando el obligado rechazo de Rajoy como palanca para el adelanto electoral y para agitar su plan secesionista que pasaría; en las elecciones del 25-N Artur Mas donde espera conseguir mayoría absoluta; con ese resultado el dirigente de CiU convocará, un referéndum de de autodeterminación aunque sea ilegal; y acto seguido y tras ganar el referéndum (en el que solo participarán los independentistas), Mas declarará en el parlamento catalán la independencia del Estado de Cataluña. Y entonces se abrirá la caja de los truenos constitucional.

Para lograr todo ello Mas necesita agitar la calle catalana de manera permanente, sabiendo que en esas mismas calles hay indignados y progresistas que por otra parte protestan y denuncian las políticas de ajustes de CiU en Cataluña.De manera que, al margen de las mayorías absolutas, del PP en Madrid y la pretendida de Mas en Cataluña, las minorías tienen a su vez sus propios canales de expresión y protesta y la calle es una de esas válvulas de escape de la ciudadanía. La que también utilizan todos los partidos y grupos sociales. No conviene olvidar las manifestaciones del PP con el gobierno de Zapatero, o de la Iglesia sobre el aborto y las asociaciones de víctimas de ETA, etcétera. De ahí la sorpresa de las palabras de Rajoy cuando da las gracias a los españoles que no se manifiestan y se quedan en su casa como si, además, ello quisiera decir que todos esos españoles son del PP o apoyan con su silencio las políticas del Gobierno, lo que tampoco es verdad. No en vano son muchas las encuestas que señalan el alto nivel de decepción de los votantes del PP frente al presidente Rajoy y su Gobierno. Por lo que nadie debería, en las actuales circunstancias, apropiarse del silencio ciudadano no vaya a ser que el silencio se rompa con estruendo como se rompió en las urnas contra Zapatero y el PSOE el pasado 20-N, o como se romperá en los comicios vascos, gallegos y catalanes que están al llegar.

¡Dios mío, qué fiasco señor Rajoy!
L. Gonzalo www.voxpopuli.com 27 Septiembre 2012

Fiasco sólo comparable en intensidad al cinismo de la oposición con el señor Rubalcaba a la cabeza. Triste es decirlo: ¡Casi ocho años mirando al cielo y al horizonte, esperando ver la polvareda del Séptimo de Caballería viniendo en nuestro socorro a galope tendido! Pero resulta que sioux, cheyennes y arapahoes han terminado por aliarse con el coronel Custer, que estaba dispuesto a todo menos a morir con las botas puestas. Al parecer prefiere sobrevivir penosamente en alpargatas ¿O no? ¡Pues sí! Era de esperar tras el giro de la singular congregación mariana celebrada a renglón seguido de las elecciones de 2008, o sea en el congreso a la búlgara de Valencia: “¡El que quiera formar un partido liberal o conservador, que se vaya!” (Mariano dixit). Entonces qué. Lo que hay: “ni chicha ni limoná”.

Más todavía: continuismo en lo político (en relación con el terrorismo, la descomposición institucional, la perversión del aberrante sistema autonómico, la inmersión lingüística, la legislación sobre el aborto…) y rotundo fracaso en lo económico. El miedo al famoso rescate no es otra cosa que el pánico a que el fracaso del Gobierno y del Régimen se reconozcan universalmente, y a que les/nos pongan los deberes desde fuera. Aún recordamos muchos, muchísimos, aquella manifestación gigantesca en la Plaza de Colón contra la política zapateril de negociación con ETA. Rajoy, en la tribuna, hecho una uve doble, brazos en alto unidos a los de María San Gil y Ortega Lara. ¡Y un verdadero mar de banderas españolas! Por lo visto, demasiadas. España debe ser el único país del mundo donde hay que esconder la bandera nacional porque, al parecer, produce escándalo y alarma. Estos días, precisamente, se ha revalidado el agradecimiento a Santiago Carrillo por su inmensa generosidad de aceptarla “sin reservas” y por habernos obsequiado con su no menos generoso consentimiento y decidido impulso para la Transición.

Ya lo saben hasta los chinos
Y lo que es más importante, los alemanes. Tengo delante de mi la traducción de un artículo de Stefanie C. Müller, corresponsal en Madrid de Die Zeit, Wirtschaftswoche, Die Telebörse y Strategies Europe, del que se ha hecho eco el profesor Centeno en su blog de “Cotizalia” y que circula estos días profusamente por la red. Ya digo, lo importante no es que nos enteremos de su contenido los que ya lo sabíamos, ni la exactitud milimétrica de los datos que aporta, sino su difusión por tierras teutonas, que es donde tienen la sartén por el mango para eso del “agua de socorro” que mendigamos.

Dice así a sus lectores la periodista y economista germana, refiriéndose a España y a su encrucijada actual: “Las razones verdaderas de la crisis del país […] nada tienen que ver con salarios demasiado altos – un 60% de la población ocupada gana menos de 1.000 euros/mes-, pensiones demasiado altas –la pensión media es de 785 euros, el 63% de media de la UE -15- o pocas horas de trabajo, como se ha transmitido a veces desde Alemania […] A España tampoco le falta talento, ni capacidad empresarial, ni creatividad. Tiene grandes pensadores, creativos, ingenieros, médicos excelentes y gestores de primer nivel”. ¿Cuál es, pues, la auténtica causa de nuestra postración, la que nos ha traído hasta aquí y nos impide levantarnos? “La razón de la enfermedad de España –escribe Müller-, es un modelo de Estado inviable, fuente de todo nepotismo y de toda corrupción, impuesto por una oligarquía de partidos en connivencia con las oligarquías financiera y económica, y con el poder judicial y los organismos de control a su servicio. En España no existe separación de poderes, ni independencia del poder judicial, ni los diputados representan a los ciudadanos, sólo a los partidos que los ponen en la lista […] Todo esto lleva también a una economía sumergida que llega al 20% del PIB y que frena la competencia, la eficacia y el desarrollo del país”.

Y hablando, no ya de fraude fiscal ni de economía sumergida, añade: “[…] No puede permitirse por más tiempo este nivel de corrupción, y menos aún a 17 regiones funcionando como estados independientes, con todos los organismos multiplicados por 17, desde 17 servicios meteorológicos a 17 defensores del pueblo, con 200 embajadas, 50 canales de TV regionales en pérdida, 30.000 coches oficiales o 4.000 empresas públicas que emplean a 520.000 personas, creadas específicamente para ocultar deuda y colocar a familiares y amigos sin control ni fiscalización alguna”. Las afirmaciones sobre nuestro déficit público, conocido y por conocer, estimado y por estimar (pronostica un 11% del PIB para 2012, nada menos), junto a la recomendación que se hace al Gobierno alemán para que se subordine el famoso rescate a la solución de todos estos problemas, cierran el documento. Nihil novum sub sole, nada nuevo hay bajo el sol, decían los latinos. Pero lo importante es que el artículo de referencia y otros muchos que circulan desde hace tiempo por la prensa internacional acerca de nuestro síndrome político-económico-institucional, no contribuyen precisamente a mejorar eso de la marca España.

Y en estas, el Molt Honorable y compañía se ponen de parto
Tampoco parece que la “rotura de aguas” separatista del señor Mas y sus acólitos vaya a lustrar dicha marca. Ni la tournée de las máximas jerarquías del Estado por esos mundos de Dios para venderla, como si fuesen representantes comerciales de algún producto desconocido o difícil de colocar (cinco siglos, quinientos años de historia, ¡Oigan!). A la amenaza secesionista no se responde mirando para otro lado o diciendo que lo será con la Constitución y con las leyes en la mano, porque probablemente no haya constitución política más incumplida que la nuestra. Y si ha de hacerse así, no sabemos cuándo ni si lo será aplicando ese artículo ornamental de su texto que es el 155, cuyo tenor, por si no lo recuerdan los señores convergentes, es el siguiente: “Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general”. Y más contundente es el artículo 102.2, cuando al contemplar la posible responsabilidad criminal del Presidente y de los demás miembros del Gobierno prevé, “[…] si la acusación fuese por traición o por cualquier delito contra la seguridad del Estado en el ejercicio de sus funciones […]”, que su responsabilidad pueda ser “[…] planteada por iniciativa de la cuarta parte de los miembros del Congreso, y con la aprobación de la mayoría absoluta del mismo”, ante la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo (artículo 102.1).

España tiene una larga experiencia de las consecuencias de haber dejar a la autoridad y al poder civil en el arroyo
Constitucionalistas tiene las Constitución, como doctores la Iglesia. A su pericia dejo la hermenéutica de los anteriores artículos y la procedencia de su aplicación atendiendo a la gravedad de los hechos que estamos viviendo. Una cosa es cierta cuyo alcance ignoro. Me refiero al reciente comunicado de la Asociación de Militares Españoles (AME, inscrita en el Registro de Asociaciones con el número nacional 80.680) en el sentido de que “[…] Quienes colaboren o permitan la ‘fractura’ de España deberán responder con el máximo rigor ante los tribunales en el ámbito de la jurisdicción castrense por la ‘grave acusación de alta traición”. Como era de esperar, la desfachatez separatista ha llevado hoy mismo a que Solidaritat Catalana per la Independencia (¿es posible que sea legal semejante asociación?) haya denunciado a AME ante la Fiscalía por amenazar al pueblo catalán, por los “presuntos delitos de provocación y conspiración para la rebelión”. O sea, el provocador provocado, el violador violado,… la repanocha. Desgraciadamente, España tiene una larga y amarga experiencia de las consecuencias de haber dejado a la autoridad y al poder civil yacer en el arroyo.

Como en La leyenda de la ciudad sin nombre
¡Qué fiasco señor Rajoy, qué fiasco! Si se le ha caído a usted el poder encima, con una mayoría absoluta difícilmente repetible, y no sabe qué hacer con él, sería de agradecer que hiciera un discreto mutis por el foro y pidiera su reingreso en el benemérito cuerpo de Registradores de la Propiedad. Ante su indefinición, su oblicuo y desesperante proceder y responder, sus moratorias, sus evasivas y sus simplezas, le viene a uno a la memoria la melodía del western musical de Joshua Logan en La leyenda de la ciudad sin nombre, pues, en efecto,” hay dos clases de gente: los que van a alguna parte y los que no van a ninguna parte”, y cada vez parece usted más un ex ciudadano de ninguna parte, como dice la célebre canción de la estrella errante.

La chusma
Alfonso Ussía La Razón 27 Septiembre 2012

Cuatro mil personas, que en las urnas no sacarían ni la octava parte de un concejal, han intentado eliminar la soberanía de veinte millones de votos. Banderas republicanas, rojas, autonómicas y alguna de Islandia, esa nación tan sosegada y contraria a la violencia. Ninguna pancarta con el mensaje «¡Queremos trabajar!». La chusma de siempre con algunos ingenuos biempensantes entre la turba. Diputados comunistas se han unido a los manifestantes. Han pedido a gritos que se vayan ellos mismos. A ver si se hacen un poco de caso. Por ahí, Bildu. Lo ha dicho la SER: «La Policía carga duramente contra los manifestantes». Nuestras Fuerzas de Seguridad están obligadas a aprender de las fuerzas policiales de Cuba, Venezuela o Corea del Norte, que cargan «dulce y suavemente» cuando son atacadas. Ante el templo de la soberanía nacional, objetos contundentes y botellas enviados educadamente contra los policías. En Neptuno, 256 kilogramos de piedras. Dirán que las Fuerzas de Seguridad han arremetido violentamente contra los inocentes objetos que volaban hacia ellos como encantadoras palomas de la paz.

No entiendo una manifestación tan radical en estos tiempos difíciles. Cuando el anterior Gobierno, el socialista, pasó de tener dos a cinco millones de parados, esta gente no se movilizó contra nadie. Los sindicatos son corresponsables del desastre y la mentira, y nadie los señala. Es más, ahí estuvieron, entre el gentío, como si la cosa no fuera con ellos. Llamazares exigiendo su dimisión. Tampoco se hará caso. Mañana ocupará de nuevo su escaño, en nombre de su nuevo partido. Legalmente, por supuesto. Cuando las izquierdas se echan a la calle para protestar, la violencia es «pacifista y heroica» si de los manifestantes proviene, y la respuesta policial «fascista y desproporcionada». Se les llena la boca exigiendo «libertades», así en plural, porque odian la singularidad grandiosa de la Libertad, con mayúscula.

Todo estaba perfectamente orquestado, programado y probablemente subvencionado.Tres millones de madrileños pasaron del berrinche. Veinte millones de votos deslegitiman la reunión del chusmerío. La izquierda es así. Silencio cuando gobiernan los suyos o allegados, silencio cuando arruinan una economía los suyos o allegados, silencio cuando roban los suyos o allegados, y gresca cuando gobiernan con una mayoría absoluta nacida de la voluntad popular los malvados «fascistas». He recordado el pensamiento de Winston Churchill, que no era un mindundi analfabeto como muchos de los que se han dejado engañar por los manipuladores en su intento de violentar el Estado de Derecho: «Los antifascistas de hoy serán los fascistas de mañana». Para Churchill, ese mañana es nuestro hoy.

Más de sesenta heridos, entre ellos 27 policías. Dirán que no iban preparados para ejercer el desahogo de la violencia. Pacifistas ellos. ¿Y esto por qué? ¿Y para qué? ¿Y por qué no antes? ¿Cómo pueden tener tanto rostro Cayo Lara, Llamazares, los sindicalistas, los de Bildu importados, para clamar contra el sistema, si ellos son parte y cáncer del sistema mismo?
«La Policía cargó duramente contra los indefensos manifestantes». Tan duramente, que la mitad de los heridos son de los suyos. Y por responder a las agresiones. Duramente, duramente, duramente.

Chusma, inútiles, insultadores y silenciados
Nota del Editor 27 Septiembre 2012

Cierto, en estas situaciones, la chusma dirige la batalla y la policía debe garantizar la seguridad.

Cierto, es estas situaciones, la policía detiene a los cabecillas, la justicia mira a otro lado y vuelta a empezar

Cierto, en estas situaciones, todos los ciudadanos que sufrimos la inutilidad de los profesionales de la política, tenemos derecho a reclamar, pero no nos manifestamos porque sabemos que la chusma va desfigurar nuestro mensaje.

(Nota, además de inútiles, ayer 308 miserables que no quisieron terminar con la inmersión lingüística en lenguas regionales).

Cierto, en estas situaciones, el presidente del gobierno demuestra que además de ser el inútil soberano, nos insulta, dice que somos tan tontos que no nos preocupamos por los disparates que nos hace y seguimos como si nada.

Cierto, en estas situaciones, y en las otras, los ciudadanos estamos silenciados, los profesionales de la política únicamente nos dejan elegir un papelito con los nombres que ellos mismos han escrito para que lo depositemos una vez cada cuatro años en una urna y cuyo valor es inversamente proporcional a su españolidad.

Falso, en las Cortes no reside la soberanía popular, ahí residen los profesionales de la política que negocian las barbaridades necesarias para poder seguir viviendo de ello.

ESTUDIO DE META-NET
El euskera se sitúa en «alto riesgo de extinción digital»
E. C. | BILBAO. El Correo 27 Septiembre 2012

El euskera, junto con el catalán, es uno de los muchos idiomas europeos que tiene pocas posibilidades de sobrevivir en la era digital. El diagnóstico lo ha dado el Meta-Net, una red de excelencia europea que cuenta con 60 centros de investigación en 34 países entre los que se encuentra un grupo de la UPV/EHU. Más de 200 expertos en tecnologías lingüísticas participaron en este estudio, donde se evaluó el nivel de soporte tecnológico con el que cuentan 30 de las cerca de 80 lenguas europeas; se midió la traducción automática, la interacción con la voz, el análisis textual y la disponibilidad de recursos lingüísticos.

Los resultados son demoledores. 21 de los 30 idiomas estudiados, es decir, el 70%, se sitúan en la categoría más baja, con un soporte tecnológico «débil o inexistente» en alguna de las cuatro áreas analizadas en el informe. Solo el inglés tiene «un buen soporte», seguido del español que, junto con el francés, el alemán, el neerlandés y el italiano cuentan con un «apoyo tecnológico adecuado».
De otro lado están el euskera y el catalán que, junto con otras lenguas como el búlgaro, el griego, el húngaro y el polaco presentan una situación de soporte «fragmentario», lo que las sitúa en el grupo de idiomas de alto riesgo. «Los resultados de nuestro estudio son muy alarmantes», alertó el profesor y coeditor del informe Hans Uszkoreit, quien añadió que «la brecha entre las lenguas 'grandes' y las 'pequeñas' es cada vez mayor». En caso de continuar con esta tendencia, esa mayoría de idiomas con escasa presencia «están condenados a la extinción digital».



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