AGLI Recortes de Prensa   Sábado 29 Septiembre 2012

Rescate a la banca y castillo de naipes
Pablo Sebastián www.republica.com 29 Septiembre 2012

El Gobierno de Mariano Rajoy está haciendo “sus deberes”, como le gusta decir al jefe del Ejecutivo, y poco a poco va poniendo un poco orden y claridad en la dramática situación de las cuentas de España, relativas al déficit público, los Presupuestos del Estado, el sistema financiero, las Comunidades Autónomas y el gasto y los fondos sociales. Se avanza lentamente pero “cabalgamos” en un sendero todavía lleno de trampas e incertidumbres españolas y europeas, muchas de las cuales son ajenas a nuestro país. Y todo ello en medio de grandes tensiones sociales e institucionales, tal y como ahora ocurre con los desafíos nacionalistas de Artur Mas.

El Gobierno de España camina por la cuerda floja y construye su propio castillo de naipes de cristal sobre una base resbaladiza en la que todavía no se puede descartar un derrumbe, aunque todo lo que se ha hecho en ajustes de gastos y reformas estructurales da la impresión que constituyen cimientos fiables, por más que queda mucho por hacer en las necesarias reformas del gasto político (en Autonomías, Ayuntamientos, empresas públicas, etcétera), y que tenemos sobre nuestra cabeza una espada de Damocles como es la ausencia de crecimiento que, de empeorar en 2013 y prolongarse en 2014, podría poner el país al borde de la quiebra y de la salida del euro, riesgos que lamentablemente no se pueden descartar.

Ahora, mientras Rajoy deshoja la margarita de los mil pétalos, sobre el esperado rescate financiero de España que el Gobierno debería pedir sin dilación para crear un cinturón de seguridad y estabilidad financiera, preservando y reduciendo los costes de la deuda y los intereses –que en 2013 serán 38.5000 millones-, se acaba de subir el telón de la situación de la banca española y de sus necesidades –en caso de escenario de máxima crisis con una recesión de hasta el 4%- de capitalización. Las que los auditores de Oliver Wyman han situado en 59.300 millones de euros, para reducirlas a 53.400 si se tienen en cuenta las fusiones bancarias y ciertos descuentos fiscales, lo que ha llevado al Gobierno a decir que, en realidad y para cubrir necesidades extremas, España solo va a necesitar y pedir a los fondos de rescate financiero de la UE, 40.000 millones de euros del total de los 100.000 millones que el Eurogrupo de la UE ofreció a España. Esta cifra ajustada está a su vez pendiente de que la UE clarifique si será una ayuda directa a los bancos más necesitados (los intervenidos, Bankia, CNGalicia, Caixacataluña y Banco de Valencia) y los que requieren ayudas (Banco Popular, Mare Nostrum, Ibercaja, …), o si por el contrario será una ayuda financiera avalada por España que pesará y mucho en el déficit español, como ahora pretenden Alemania, Finlandia y Holanda.

El resultado de la auditoría de Oliver Wyman es importante y en cierta manera bueno por clarificador. Y porque la gran banca del país (Santander, BBVA, Caixabank, Kutxabank, Sabadell, Bankinter y Unicaja) sale muy bien parada y reforzada, cosa que no podrán decir otros grandes bancos europeos, los franceses y alemanes ahí incluidos. Pero estas “notas” tampoco son para el optimismo ni para echar cohetes, porque los bancos intervenidos y el riesgo de otros como el Banco Popular –el que dice que saldrá solo de su agujero de más de 3.000 millones-, es de por si un enorme fiasco nacional, en el que tienen graves responsabilidades los gestores de esas entidades (aún no se explica cómo Rodrigo Rato permanece en la presidencia de Caja Madrid), porque todo apunta a que todo ese dinero de ayudas europeas y españolas avaladas por el Estado no se va a recuperar (puede que solo una parte) y ello ya es una enorme pérdida para España.

Ahora bien, la clarificación está hecha, España puede y debe, a partir de ahora recibir, los fondos del rescate bancario de la UE, y en unos pocos meses, de aquí a final de año se ha de producir una urgente y acelerada reestructuración o cierre de entidades, nuevas fusiones y puesta a disposición del llamado “banco malo” de los activos podridos, lo que si se cumple será una limpia y un ajuste de gran relevancia. Algo que se debería completar con la “unión bancaria” y su sistema de supervisión del BCE, asunto que fue aprobado en la pasada cumbre de junio de la UE y que ahora está en cuestión por culpa del Gobierno de Berlín y de sus halcones del Bundesbank.

De manera que, en solo unos días, parece clarificado el marco de la banca española problemática y sus vías de solución, y a la vez el Gobierno ha diseñado unos Presupuestos muy austeros para 2013 y puede que muy voluntaristas, vista la recesión y la caída de los ingresos por recaudación del Estado. A la vez se anuncian nuevas reformas estructurales que se aplauden desde la Comisión de la UE y se pretende cumplir a finales de 2012 con el objetivo de déficit del 6,3 % impuesto por la UE, algo bastante difícil a la vista de la situación española, como está por ver qué pasará con las pensiones en 2013 ahora que se adivina una subida importante de la inflación de este año, y una caída de los ingresos del Estado que le han obligado al Gobierno a tocar la “caja de reserva” de la Seguridad Social, un hecho que no deja de alarmar.

El Gobierno de Rajoy hace cosas, toma decisiones, avanza, pero también con enormes retrasos –la crisis financiera se debió de abordar a fondo en diciembre de 2011- varios errores, ocurrencias y no pocas discrepancias internas en el seno del Gobierno, y sobre pésima política de comunicación. Y ojalá que acierte el Gobierno y que el castillo de naipes de cristal resista las inclemencias de la coyuntura internacional y nacional. La clarificación y los ajustes en ciernes de la banca de España son un buen y nuevo puntal para el mencionado castillo, aunque, dicho está, esa pirámide ideal aún no ha logrado su plena estabilidad.

Es el momento de aclarar de qué lado estamos
Galo Mateos El Confidencial 29 Septiembre 2012

La mayoría de la gente con la que podemos hablar en las grandes ciudades, así como los participantes en los foros de Internet, expresan ideas claras a favor de un cambio político y la necesidad de buscar alternativas a los fundamentos y formas del ejercicio de poder actual. Pero extrañamente luego, no sabemos dónde se meten el día de las elecciones, porque no encontramos en las urnas el reflejo en votos de ese estado de opinión, que tan generalizado nos parece.

Una explicación de esa anomalía electoral, sería afirmar que, aunque numeroso, se trata de un grupo marginal de no más de 5 millones entre abstencionistas activos y votantes sepultados por la regla d´Hondt. Cifra irrelevante casi frente a la masiva intención voto captada por los grandes medios de comunicación guerracivilistas y la correspondiente a los círculos clientelares, que los partidos han ido acumulando en estos treinta años de arbitrariedad y corrupción planificada.

Bien analizado, diríamos que el poder hoy en España, es una conjunción de fuerzas económicas y políticas, que han ido perfeccionando su prevalencia en nuestra sociedad durante los últimos 30 años en detrimento de las aspiraciones de la población, con el resultado catastrófico final, de un país desunido, desanimado y arruinado. Fuerzas cuyo alcance numérico representa hasta el 90% de algunas urnas regionales, debido a una pertinaz política de compra de votos, que genera un endeudamiento moral y económico insuperable. Configuremos una sociedad nueva por el mismo sendero que estos ineptos torcieron, retoquemos lo que nuestra constitución necesite sin maniobras, gobernémonos sin pactos en la sombra, volvamos a vivir confiando los unos en los otros, enterrando los prejuicios y destruyendo cuantas fronteras físicas e intelectuales hayamos elevado

Fuerzas gestionadas por una casta depredadora capaz de manejar a su entera voluntad un voto histórico que supera los 12 millones de papeletas, y un voto ‘comprado’ no inferior a los 10 millones, si consideramos cuatro votos por los 2,5 millones de familias agraciadas con las prebendas del partido. Solo así se entiende que ante la mayor crisis vivida por la empresa privada desde que el mundo es capitalista, entes como la Generalidad de Cataluña incorporase en los últimos cinco años, 42.000 nuevos empleados públicos y luego reclamase el dinero para pagarlos. Esta, entre otras muchas anécdotas de esa antología del disparate en que se ha convertido la repentina delegación de poder en un país hasta entonces pobre y férreamente administrado.

El Presupuesto del 2013 presentado por el Gobierno, insiste de nuevo en la misma configuración municipal y autonómica, como si nada pasase. El mal consiste en asignar poderes de contratación de personal, gasto e inversiones, a miles de personas, que no demostraron capacitación profesional ni suficiente probidad para tal delegación. La vía utilizada de forzar esa capacitación por un límite presupuestario, sin establecer criterios, es tan ingenua como falsa. Si no se tocan los renglones, con el mismo personal, necesidades de funcionamiento y firmas, el resultado va a ser siempre el mismo: déficit mayor de lo previsto y posteriores ampliaciones arbitrarias sobre lo pactado para que no quiebren. Y que nadie piense que alguien va a sancionar a los de su propio partido por hacerlo mal cuando ni siquiera lo hacen por robar.

Estos grandes partidos estatales y nacionalistas, morirán por no reconocer el desmesurado gasto de la administración y las corruptelas que conlleva su modelo de poder, con esa confusión permanente entre la caja del partido y la del Estado. Zp murió políticamente de un ladrillazo que todo el mundo vio venir menos él. Y Rajoy, morirá políticamente electrocutado al intentar prolongar los enchufes que le sujetan al sillón. Porque de su electrizante capacidad para atacar los problemas, no será. Todo el mundo vio el problema de sobredimensión de las administraciones menos el. Y de eso merece morir políticamente, televisado por esa inmensidad de irrenunciables cadenas a su servicio. Que el cielo les colme de bendiciones y les conceda una larga vida, pero tan lejos de la política y del dinero como sea posible. A poco que el poder judicial actúe y la población se de cuenta de que ellos y su casta, son el origen de su malestar y empobrecimiento, perderán todo el patrimonio electoral acumulado. Han vivido treinta años de ese cuento y todo tiene límite, cada día que pasa es uno menos que les queda por disfrutarlo.

Pero al otro lado de las mentiras oficiales y de la corrupción consentida, hay vida. Una vida que nuestros hijos y nietos merecen y por la que debemos empezar a luchar, lejos de este modelo incapaz e indecente. Los que puedan trabajar desde dentro de esos grandes partidos por la regeneración, serán bienvenidos. Y los que nos alistamos a trabajar desde fuera, empujando nuevos partidos, percutiendo con cada escaño que logremos sobre esa roca que se desmorona, estaremos siempre en su apoyo. Porque este país, afortunadamente, no es su casta política. Este país es, de largo, mejor de lo que nuestra postración final indica. Acabemos con los complejos, con quienes nos mantienen en ellos para evitar que por una vez creamos en nosotros mismos y nos rebelemos.
Zp murió políticamente de un ladrillazo que todo el mundo vio venir menos él. Y Rajoy, morirá políticamente electrocutado al intentar prolongar los enchufes que le sujetan al sillón. Porque de su electrizante capacidad para atacar los problemas, no será

Militemos en todos estos nuevos partidos, no tomemos en cuenta lo que nos separa de ellos, acaban de nacer, sino lo que políticamente nos pueda unir. Unas corrientes tan importantes y necesarias para transformar la vida de un país, que puede volver a ser tan grande por dentro como quieran sus gentes de bien. Impongamos la ley de los buenos, la supremacía de la ética y del talento. Configuremos una sociedad nueva por el mismo sendero que estos ineptos torcieron, retoquemos lo que nuestra constitución necesite sin maniobras, gobernémonos sin pactos en la sombra, volvamos a vivir confiando los unos en los otros, enterrando los prejuicios y destruyendo cuantas fronteras físicas e intelectuales hayamos elevado.

Una sociedad con derecho a rebelarse, coaccionada hasta sentir vergüenza de llamar a su país por su nombre y probablemente el único al que se le puede quemar en público la bandera o silbar el himno. Necesitamos aclarar todas estas confusiones cuanto antes, porque no podemos seguir viviendo de rodillas y, aún peor, sin esperanza.
Podríamos seguir comentando desde la barrera, pero creo que el momento de organizarse, de bajar al ruedo, ha llegado. Elijamos nuestro nuevo partido, la corriente social que mejor pueda dar salida a nuestras inquietudes y hagámoslo saber a quienes ya dieron el primer paso, estamos de su parte. Seamos indulgentes, la perfección no es de este mundo, y muchas cosas necesitan rodaje. En el fondo de nuestro corazón bien sabemos lo mucho que nos necesitamos unos a otros para salir de este atolladero.

Autodeterminación
Separatismo no nacionalista
Guillermo Dupuy Libertad Digital 29 Septiembre 2012

José García Domínguez, uno de los más destacados separatistas –perdón, partidarios de la autodeterminación de Cataluña– que enriquece la Opinión de Libertad Digital, nos ha invitado a reconocer el "déficit democrático" que tiene el edificio constitucional español por no reconocer y posibilitar lo que él considera "un derecho en teoría legítimo" como es "la eventual separación de un territorio".

En respaldo de la autodeterminación de Cataluña –no sé si también de otras partes de España–, García Domínguez cita la "nada sospechosa" autoridad del magistrado del Tribunal Constitucional Manuel Aragón, quien ha afirmado: "Un pueblo de hombres libres significa que esos hombres han de ser libres incluso para estar unidos o para dejar de estarlo".

Por su parte, el presidente del PNV, Íñigo Urkullu, no sé si estimulado por el escrito de nuestro compañero o por el ejemplo de otro separatista –perdón, partidario de la autodeterminación– como Artur Mas, ha denunciado este jueves la "convivencia impuesta" entre el País Vasco y España asegurando que no es propia de "un matrimonio deseado".

Es evidente que para poder defender el antidemocrático y falso derecho de la autodeterminación, lo primero que tienen que hacer sus partidarios –sean o no nacionalistas– es borrar al individuo como titular de los derechos y pasar a concedérselos a los pueblos o a los territorios. Con estos esquemas mentales, no nos extrañe que los pueblos o territorios pasen a ser considerados nada menos que como hombres, incluso como cónyuges.

Ignoro en qué contexto el magistrado Manuel Aragón, contrario en muchos aspectos al soberanista Estatuto catalán, habrá afirmado esa obviedad de que la libertad de los hombres significa que son "libres para estar unidos o para dejar de estarlo". En cualquier caso, esa libertad, afortunadamente, la tienen los barceloneses, como el resto de catalanes, como el resto de los españoles. Ahora bien, si por esa libertad se ha de entender el derecho de los ciudadanos a configurar mediante el voto las fronteras de los Estados, habrá que decir que ese falso derecho es imposible. Aunque yo pudiera decidir con mi voto si Alicante se configura o no como Estado independiente de España, mi libertad para estar unido o separado de quien me diera la gana sería la misma que he tenido siempre. La Constitución española no tiene déficit democrático alguno, como no la tiene ninguna otra Constitución de cualquier otro país democrático, por el hecho de no contemplar esa desestabilizadora y peligrosa memez de la autodeterminación.

No teníamos ya bastante con los nacionalistas y con los aun más lamentables complejos y actitudes indiferentes de los que no lo son, y ahora vienen los que, otrora aguerridos y ahora hartos, creen que la autodeterminación puede suponer una patada a los nacionalistas. Esa patada la recibiría España, para dolor también de muchos catalanes a los que no renuncio a llamar compatriotas. Eso no es forma de recuperar España, ni siquiera de preservar lo que queda de ella.


Bachillerato
Francisco Rodríguez Adrados La Razón

El sábado pasado, día 22, me publicó LA RAZÓN un artículo del cual éste quiere ser una continuación. Era un artículo sobre la nueva propuesta educativa del Ministerio de Educación. Comentaba yo una nota del mismo que LA RAZÓN tuvo la amabilidad de enviarme: hablaba de la presentación el día anterior al Consejo de Ministros de un proyecto de mejora de la calidad educativa. LA RAZÓN me pedía que comentara el tema. Así lo hice, igual que en mil ocasiones anteriores. Mi artículo lo publicó el periódico con un título suyo que seguía mi idea, «La hora de enterrar los mitos pedagógicos». Yo aprobaba la dirección general de la nueva reforma: quitar cosas innecesarias, evitar despilfarros, poner pruebas, remediar «la dispersión educativa» en España. Evitar ese pierde-tiempos de reuniones y pedagogismo constantes, de rebajar niveles. Pero yo señalaba que en la nota del Ministerio quedaban poco claras varias cosas: las evaluaciones y el Bachillerato, entre otras. Reintroducía tímidamente pruebas o exámenes, que ahora llaman evaluaciones, con un valor muy rebajado. No insisto en esto, ahora. En realidad mi argumento central era que los datos estadísticos sobre el nivel de los escolares en relación con otros países y el de las cifras del abandono escolar confirman las ideas de muchísimos profesores de que las reformas de la Enseñanza Secundaria que vienen, en varias fases, desde 1970, al rebajar el nivel de exigencia a los alumnos han creado ese terrible bache cultural. Los datos estadísticos sobre la insuficiencia de los conocimientos y el abandono escolar, por ejemplo, no son nada nuevo, confirman lo que los profesores sabíamos ya hace tiempo. Por primera vez esto se reconoce. Está bien y mejor que el Ministerio trate de poner remedio. Ahora, se propone, por ejemplo, que no se pasará curso con más de dos suspensos. Era un buen comienzo, decía yo, pero necesitamos precisiones. Por otra parte, se trata de una simple nota ¡y tuve que hacer mi artículo en cosa de una hora! Pero releyendo luego todo, también lo que escribieron luego otros medios de Madrid, llegué a la conclusión de que había que insistir en un tema decisivo: el Bachillerato. Porque todos pensábamos que seguía siendo aceptado aquello que tantos proponíamos: que la ESO iba a bajar de cuatro a tres cursos y el Bachillerato iba a subir de dos a tres. Era el Bachillerato más corto de Europa, nuestro triste récord. Había sustituido, por desgracia, al instrumento principal de la Cultura Media en España, el antiguo Bachillerato. Ahora, pensábamos, iba a recuperarse. Sobre la importancia del antiguo Bachillerato lean, por favor, el artículo de Luis del Val en este mismo periódico el día 23. Pues esa recuperación era urgente, pensaba yo, y eso pensaba, en tiempos, el PP también: recuerdo cuando me llamaban a su Fundación en vísperas de su triunfo en las elecciones de 96. Hablábamos de un Bachillerato de tres o cuatro cursos. Pero de los gobiernos del PP, el primero, lastrado por los catalanes, y el segundo, de 2001 a 2004, nos defraudaron en esto.
Todo lo que queremos es que ahora se vuelva a un verdadero Bachillerato. Que esa reforma que ahora se propone, tan bien intencionada, amplíe ese insuficiente Bachillerato de ahora, se vuelva a uno de tres. No es pedir tanto. De paso, eliminar el lastre pedagógico y burocrático de mil autoridades, reuniones, opciones múltiples, innecesarios asesores. Aburre, quita tiempo, gasta dinero inútilmente. Es un tema importante. En los dos años del Bachillerato de ahora todo está apelotonado. Y se trata de lograr alumnos con un nivel cultural alto, nada de enseñanza lúdica, de opcionales que distraen o que no dejan espacio a las importantes. Ni de asignaturas que son universitarias, no de Bachillerato. Ahora las lenguas clásicas, es un ejemplo, sobreviven malamente al mal trato que han venido recibiendo, pero tienen que discutir su espacio con las Ciencias Sociales, la Geografía, etc. Durante el período 2001-2004 yo, que era Presidente de la Sociedad Española de Estudios Clásicos, propuse a Aznar que el grupo de Ciencias Humanas y Sociales se dividiera en dos, para que no nos estorbáramos recíprocamente. Y había que prescindir de cosas irrelevantes o fuera de lugar.
Solidez, coherencia, materias formativas del pensamiento y el conocimiento científico, más una ayuda con el aprendizaje de lenguas, es lo que hace falta. Recuerdo cuando hace no tanto tiempo a los cursos de Bachillerato se añadía el Preuniversitario. Había espacio. Yo, que era entonces catedrático de Bachillerato, me acuerdo de cuánto disfrutaba y disfrutaban los alumnos traduciendo a Homero e interpretando a Góngora. Ahora esto es impensable. Y la verdad es que el nuevo plan ofrece buenos puntos de partida, dividiendo el Bachillerato en cinco vías. Pero quedarse en dos cursos es demasiado poco. Y tengo objeciones a algunas de las vías. Porque creo que deben podarse algunas de esas cinco vías. Ingeniería, Ciencias de la Salud y otras «vías» son para después, para la Universidad. Muy brevemente, éstas son algunas propuestas para crear un Bachillerato de tres años, ágil y práctico, general y teórico, que facilite el paso a la Universidad y a las enseñanzas técnicas. Saliendo, claro, de la prisión de los dos años.

osé Antonio Zarzalejos El Confidencial
“La dramática inhabilidad de los españoles…”

“Dichosos los pueblos cuyos anales son aburridos” (Barón de Montesquieu)

Pedro Laín Entralgo definió el problema de España como “la dramática inhabilidad de los españoles desde hace siglo y medio para hacer de su patria un país mínimamente satisfecho de su constitución política y social y acerca de las más importantes reacciones intelectuales frente a esa interna vicisitud de nuestra historia” (Prólogo a la edición de España como problema de 1955). En estos tiempos de plomo estamos viviendo un brote de esa inhabilidad para sentirnos, no ya satisfechos mínimamente de lo que hemos hecho juntos, sino solidarios y ciudadanos conscientes de nuestras responsabilidades. La superposición de crisis -económica, institucional, constitucional y de valores- ha llevado al país a la desmoralización en un nuevo movimiento ciclotímico en el que ocurre lo que escribió Antonio Machado: “En España de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa”. Los dos intelectuales tenían razón, somos inhábiles para construir sólidamente nuestra convivencia y asumir nuestras propias contradicciones y, en la discrepancia o la confrontación, tendemos a embestir y no a reflexionar.

En ese cuadro puede explicarse -no justificarse- que la mayoría de las fuerzas políticas parlamentarias de Cataluña proclame la necesidad de que la ciudadanía se pronuncie en un referéndum -sin decir ni cómo ni cuándo- sobre la autodeterminación de la comunidad autónoma, iniciando un proceso de secesión que desconoce los treinta cuatro años de democracia en los que los catalanes han recuperado después de casi trescientos años sus instituciones históricas, la gestión de sus asuntos públicos, la promoción de la lengua catalana y de su patrimonio cultural. Parece no importar a la clase política catalana –que constituye con la española ya uno de los graves problemas para los ciudadanos por su endogamia y alejamiento de la realidad- que, sobre la infracción flagrante de la Constitución, se echan por la ventana siglos de convivencia y se elevan las fricciones y agravios a una categoría rotunda que merecerían la afirmación apodíctica de que “Cataluña ya no tiene recorrido en España”. Repetimos la historia en versiones distintas: este intento secesionista es el que corresponde, al parecer, al siglo XXI después de que en el XX hubiera otros dos –distintos en la forma aunque similares en el fondo- en 1931 y 1934.
En esa misma lógica de inhabilidad y embestida machadiana hay que insertar el acoso al Congreso de los Diputados, rodeado en doble círculo, por la policía y por los manifestantes, exportando el acontecimiento reiterativo a través de unas imágenes letales en la prensa internacional

En esa misma lógica de inhabilidad y embestida machadiana hay que insertar el acoso al Congreso de los Diputados, rodeado en doble círculo, por la policía y por los manifestantes, exportando el acontecimiento reiterativo a través de unas imágenes letales en la prensa internacional después de que esos mismos medios –con notable ignorancia favorecida por la ausencia de un relato nacional convincente- se hayan ensañado con nuestros problemas que, siendo importantes, no son ni peores ni más graves que otros similares en los propios países que se presentan como paraísos. Eso no es, sin embargo, lo peor. Lo peor es que los gritos de los ciudadanos que protestaban reclamaban un período constituyente y negaban a los diputados su carácter representativo. De nuevo el reflejo de la historia: ¿Cuántas veces en España los poderes legítimos han sido yugulados por la revuelta o por el espadón? Los indignados, que se creen la quintaesencia de la democracia asamblearia, se comportan exactamente igual que los absolutistas que, con el felón Fernando VII, enterraron la Constitución de Cádiz de 1812, la primera ilustrada, con vocación nacional y pensada para “los dos hemisferios”.

Los españoles -dramáticamente inhábiles para sentirse aunados en un proyecto común, plural y solidario- despreciamos hasta nuestras mejoras gestas ciudadanas: la transición lo fue y se ha quedado en el olvido; lo fue una clase política a la que se entregó el poder y que ha ido degradándose en la manera y forma que denunciaba César Molinas (Una teoría de la clase política española, El País de 9 de septiembre) según el cual la dirigencia se ha convertido en una “elite extractiva” de rentas gracias a un sistema electoral de listas cerradas y bloqueadas que adensan un ambiente democráticamente irrespirable, mientras el nuestro es el país con más ninis de la Unión Europea: uno de cada cuatro jóvenes ni estudia ni trabaja según el último informe de la OCDE, aunque el nivel de inversión en educación -contra lo que se suele decir- está en la media europea.

No tenemos tampoco eso que Laín denominaba hombres pontificales, que él definía como aquellos que unen; por el contrario, en nuestra historia y en el presente, abundan los hetericales, es decir, los que saben dividir y enfrentar y lo hacen a ciencia y a conciencia. Lo que explica que en el siglo XIX España se desangrase en tres guerras civiles (las carlistas) y otra terrible en el pasado (1936-39), muestra extrema del embestir y no reflexionar al que aludía Machado. Más allá de gobiernos incompetentes, los intelectuales más solventes nos advierten de -lo acaba de hacer la siquiatra Lara Morón- que las dificultades nos llevan “a la apatía y a perder las ganas de pelear”. En ese cuadro puede explicarse -no justificarse- que la mayoría de las fuerzas políticas parlamentarias de Cataluña proclame la necesidad de que la ciudadanía se pronuncie en un referéndum -sin decir ni cómo ni cuándo- sobre la autodeterminación de la comunidad autónoma

Cunde la desconfianza y el desfondamiento y apenas emergen mentes claras como las agrupadas en torno al Círculo Cívico de Opinión que “ante el gran número de españoles que está viviendo la crisis actual como un auténtico fracaso del país en su conjunto”, propugnan “una democracia de calidad frente a la crisis” proponiendo “perseguir el bien común”, tener “la equidad como fin”, aprestarnos a “cambiar el orden de los valores”, comprometernos a “decir la verdad”, avanzar en una cultura de la ejemplaridad”, no dudar en “rechazar lo inadmisible”, ir decididamente a “potenciar el esfuerzo”, superar “la partidización de la vida pública”, aumentar el “sentido de la profesionalidad”, “promover la educación”, “recuperar el prestigio” y “construir un marco de valores comunes”. Firman estas ideas-fuerza, no precisamente un político, sino Victoria Camps, Adela Cortina y José Luis García Delgado. Son de los que piensan y no embisten, y han superado la dramática inhabilidad para entender la convivencia y sus problemas. Lo que nos proponen tiene todo el sentido en una sociedad declinante y angustiada, inhábil y extremada, que ha perdido la confianza en sí misma.

Carlos Fonseca El Confidencial
Homenaje a quienes se manifiestan pacíficamente


El presidente Mariano Rajoy prefiere súbditos a ciudadanos, resignados a indignados, dóciles a críticos. Lo dejó claro en la conferencia que pronunció el pasado martes en la Americas Society de Nueva York, que inició con un homenaje a quienes no se manifestaron el pasado 25S. Un desprecio más a quienes se resisten a ser meros espectadores del recorte de sus derechos y salen a la calle para expresar de forma pacífica su disconformidad y hartazgo contra una clase política que no encuentra soluciones justas y distributivas a la salida de la crisis. Manifestarse se ha convertido en un acto subversivo y los manifestantes en turbas violentas.

A este Gobierno y al PP se les llena la boca defendiendo el derecho constitucional de manifestación, pero el pasado martes no dudaron en equiparar la convocatoria “Rodear el Congreso” con el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, y a los asistentes con los militares golpistas que pistola en mano asaltaron aquel día la Cámara Baja. No decían lo mismo cuando en 2005 doscientos cargos del PP (había incluso tres senadores) se manifestaron ante el parlamento gallego (lean en este enlace).

Los llamó “golpistas” la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, y la secretaria de Organización del PP, María Dolores de Cospedal, que en las fechas previas a la convocatoria se dedicaron a echar leña al fuego del descontento para descalificar la protesta. Disentir no convierte a la gente en un peligro, salvo en las dictaduras, y quienes desde su responsabilidad institucional criminalizan a los manifestantes desprecian la democracia (de demo, pueblo, y cracia, gobierno), el gobierno del pueblo que dicen defender. Si esta es su manera de “escuchar” al ciudadano, es que su concepto de la democracia es el de una sociedad uniformada en la opinión. Si el Gobierno cree que el descontento se sofoca a palos se equivoca. Los ciudadanos protestan porque no comparten que los sacrificios para salir de la crisis se les exijan siempre a los mismos, la clase media y quienes menos tienen, mientras a los responsables de la situación se les exonera de responsabilidad

Hubo 36 detenidos a los que el Gobierno acusó de un delito contra las altas instituciones del Estado, castigado con entre 3 y 5 años de prisión. ¿Incurrieron el resto de manifestantes en el mismo delito? ¿Eran los detenidos, y no otros, los violentos? De las imágenes difundidas a través de las redes sociales no parece que las detenciones fueran precisamente selectivas, sino indiscriminadas, y amenazar con penas tan desproporcionadas parece más un acto de intimidación que de justicia. Afortunadamente, el juez Santiago Pedraz puso las cosas en su sitio.

Hubo provocaciones y hubo violencia por parte de grupos minoritarios de manifestantes, pero la respuesta de la Policía fue desproporcionada. No es plato de gusto que a uno le llamen hijo de puta y asesino, pero no son los únicos destinatarios de unos adjetivos con los que habitualmente se demoniza al que discrepa. Por cierto, ¿no es un insulto que te llamen golpista o antisistema por manifestarte? No pretendo justificar unas descalificaciones con otras, sino situar el vocerío en su justo término para que los hechos no se distorsionen de manera interesada.

Dejando a un lado las cargas policiales en las inmediaciones del Congreso (la primera se produjo contra un grupo de uniformados encapuchados de negro que portaban palos y banderolas rojas sin ningún anagrama, al que los propios manifestantes recriminaron), nada justifica que los antidisturbios persiguieran a los manifestantes hasta Atocha (¿protegían el perímetro del Congreso?) y penetraran en la estación de cercanías disparando pelotas de goma en sus accesos (a partir del minuto 5,50 de este vídeo, que íntegro es muy interesante).

No fue suficiente y bajaron a los andenes, donde golpearon de manera indiscriminada a viajeros con pinta de subversivos manifestantes, con la inestimable colaboración de esos pseudoservidores del orden que son los vigilantes jurados, que sumaron con gusto sus porras a las de la Policía. También intimidaron a los periodistas que grababan lo que ocurría. Qué incómoda es la prensa cuando su trabajo impide que la realidad sea sepultada con versiones oficiales.

Al día siguiente del 25S, Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior, e Ignacio Cosidó, director de la Policía, por citar solo a los responsables del ramo, ensalzaron la actuación policial ante unos manifestantes que calificaron de extremadamente violentos. La guinda del desatino la puso Cristina Cifuentes, que dijo que los concentrados habían lanzado 300 kilos de piedras contra la Policía. Pensaba hasta ahora que sólo se contaban manifestantes, pero los sofisticados sistemas de medición de las autoridades permiten también precisar el peso de las agresiones.

Si el Gobierno cree que el descontento se sofoca a palos se equivoca. Los ciudadanos protestan porque no comparten que los sacrificios para salir de la crisis se les exijan siempre a los mismos, la clase media y quienes menos tienen, mientras a los responsables de la situación se les exonera de responsabilidad. ¿Son extremistas? Que suba la prima de riesgo, baje la bolsa y se deteriore la imagen exterior de España no es responsabilidad de la gente que sale a la calle, sino de quienes hundieron este país con alevosía y premeditación en beneficio propio.

Si Rajoy y su Gobierno homenajean a quienes no se manifiestan, yo lo hago con quienes de manera pacífica tienen el coraje de hacerlo. Solo ellos pueden conseguir que los políticos dejen de dar la espalda a los problemas reales de quienes les colocaron en sus escaños para que les representen y no para que les sirvan.


Editorial GCT
Españoles catalanes


Frente a los sembradores de odio, el orgullo de una historia común.

Más vale tarde que nunca, dice el refrán, y por fin, tras un largo silencio que no dejaba de ser sorprendente, empiezan a apreciarse algunos tímidos movimientos en ese segmento de la sociedad catalana que podía presumirse muy amplio, pero que ha permanecido hasta ahora en silencio. Esta pasividad es explicable por las características de su situación en una Cataluña gobernada desde hace decenios por partidos nacionalistas, y sometida a un discurso dominante que ha creado un clima en el que manifestarse español en público equivale a convertirse en socialmente invisible, o algo peor.

Para no dramatizar en exceso es preciso recordar que, a pesar de este ambiente asfixiante de la libertad de expresión pública del sentimiento nacional español, el Partido Popular de Cataluña fue el tercer partido en las últimas elecciones autonómicas, dato especialmente relevante en esa comunidad autónoma, donde la propaganda puede hacer creer a los poco avisados que el independentismo es allí arrasador. No es así. Concretamente, los votos afirmativos al nuevo Estatuto de Cataluña fueron el 36,1% de los llamados a las urnas, en un referéndum en el que más de la mitad del censo ni se tomó la molestia de ir a votar.

Hoy se presenta en un hotel de Barcelona una denominada Plataforma d’Espanya i catalans, que proclamará el próximo 12 de octubre la españolidad de Cataluña en un manifiesto que recoja este sentir de diversos grupos y personas individuales. Hay que saludar esta iniciativa, por modesta que sea, porque indica que al fin un puñado de ciudadanos ha comprendido que si no defienden ellos mismos sus intereses en esta cuestión básica para el desarrollo de sus vidas, poco pueden esperar que se los defiendan otros. La pequeña dimensión de este movimiento naciente debe enmarcarse en la presumible penuria de medios económicos para darse a conocer y desplegar una actividad intensa; los nacionalistas, en cambio, disponen del poder político y sus medios, y de altavoces que difundan sus consignas equívocamente pregonadas “en nombre de Cataluña”. Además, hay que tener en cuenta que el perfil de los agredidos por el nacionalismo es el de gentes que no salen a la calle a corear pareados, sino que están en sus casas y sus trabajos sacando el país adelante.

De estas consideraciones deberían tomar nota el Gobierno, el Partido Popular y otras entidades e instituciones que defienden la verdad histórica de que Cataluña fue uno de los socios fundadores de la Monarquía española hace medio milenio y parte sustancial de la España moderna hasta hoy mismo. Contra las ensoñaciones separatistas que retuercen o incluso niegan la historia común no basta con apelar a la Constitución y las leyes. Eso es necesario, pero no es suficiente. Es preciso, además, transmitir a esta sociedad desorientada y perpleja la importancia de la aventura común que vivimos entre todos, la ilusión de un proyecto nacional compartido y las ventajas, también económicas, de caminar unidos. Contra los sembradores del odio entre hermanos, la ley, ciertamente; pero también, y sobre todo, el orgullo de una cultura compartida, una historia común, y una rica diversidad que debería fortalecernos en vez de atomizarnos.

La compra inteligente de las CCAA –
Juan Vicente Santacreu EDT




En este caso me voy a referir a las Comunidades Autónomas y no las Cajas de Ahorros, aunque las dos son igual de cancerosas y las dos se escriben igual: CCAA.

Bien es sabido que para hacer más productivas y competitivas las empresas, una de las claves es fusionarse para aunar fuerzas. Esta práctica la vemos en multitud de empresas multinacionales, incluso en alianzas entre países como es el caso de la UE.

Basándonos en este principio y después de 30 años de imbecilidad Autonomista, los políticos del PP han llegado a la conclusión que si se hacen las compras de las vacunas conjuntamente entre todas las Autonomías, nos ahorraremos 31 millones de euros. Esto tan sólo con las vacunas, imagínate el resto de medicamentos.

Pero no voy a ser yo quien critique esta opción, es más, me parece genial e inteligente. Lo que me parece una gilipollez hispánica es que un país que estaba unido y hacía las compras conjuntamente en pro del interés nacional, se separe al estilo feudal para luego volverse a unir.

Y no digamos si hablamos de la Seguridad Social en su conjunto. En la época que España era Una, Grande y Atada, los españoles disfrutábamos de uno de los mejores sistemas sanitarios en todo el territorio nacional. En esa época no teníamos problemas para ser atendidos en cualquier centro sanitario de toda España, sólo teníamos que demostrar que éramos españoles. Después de separarnos en Autonomías ya no nos atienden en cualquier parte del país, sólo en las consultas de nuestros chiringuitos autonomistas. Tengo que aclarar que en toda esta involución han salido ganado los “sinpapeles”, ya que si no eres español te atienden en cualquier parte de la nación. Viendo los políticos que esto era una orgía administrativa, se reinventaron acuerdos para estar casi como antes, pero peor.

España va “patrás” en lugar de ir “palante”, y siempre llego a la misma conclusión, la culpa de este desmadre nacional la tiene el nivel de formación, preparación o, si prefieren ustedes llamar a las cosas por su nombre, el nivel de educación. La de los votantes y la de los votados.

Mientras en España vamos haciendo experimentos irracionales con la Patria y la Nación, y mientras jugamos a ser los más imbéciles del mundo mundial, Europa avanza lentamente y de forma segura para salir del lastre que supone la banda del sur: España, Italia, Grecia y Portugal. Una “panda” capitaneada por España y con un denominador común, todos los países rescatados tienen los peores niveles en educación. ¿Casualidad o causalidad?.

Así lo pienso y así lo digo.
Juan Vte. Santacreu - @JVSantacreu - Estrella Digital

Los empresarios y la independencia de Cataluña
EDITORIAL Libertad Digital 29 Septiembre 2012

El empresariado catalán empieza, al fin, a reaccionar al órdago independentista lanzado por el presidente de la Generalidad, Artur Mas. El propietario del grupo Planeta ha sido el primer peso pesado en mostrar abiertamente su rechazo. José Manuel Lara no lo ha podido decir más claro: "Si Cataluña se independiza, Planeta se irá a Zaragoza, Madrid o Cuenca".

Ya era hora. Poco a poco, los empresarios de la región empiezan a denunciar una deriva que no sólo amenaza con romper España de forma unilateral y totalmente ilegítima, sino que, de llegar a culminarse, devastaría la economía catalana.

El nacionalismo atenta directamente contra los derechos inalienables de individuos y empresas. Normal, pues, que la escalada independentista de Mas y compañía sea vista con "enorme preocupación" por los grandes empresarios y las multinacionales. Precisamente fueron éstas las primeras en reaccionar: hace escasas semanas, sus filiales con sede en Cataluña advirtieron a Mas de que abandonarán la región en el caso de que su proyecto soberanista triunfe. No es de extrañar.

El nacionalismo pretende expulsar a los catalanes de España y de la propia Unión Europea, lo cual se traduciría en nuevas barreras artificiales al comercio mediante la instauración de aranceles, el abandono del euro y la intensificación de trabas administrativas de todo tipo. La secesión significaría, simple y llanamente, menos competitividad empresarial y, por tanto, menos riqueza y empleo en Cataluña. La tragedia para los catalanes sería aún peor si el proceso independentista quedara en manos de la ultraizquierda local, seguramente bien dispuesta a las nacionalizaciones y la adopción de políticas autárquicas.

Si la radicalización nacionalista ya ha provocado daños de considerable magnitud en la economía, sólo queda esperar un futuro aún peor en el marco de una Cataluña independiente, libre de ataduras para perpetrar los peores delirios nacionalistas.

Los empresarios lo saben. De ahí su rechazo. Con todo, no deja de resultar lamentable que hayan tardando tantos años en manifestarse, y que incluso ahora muchos de ellos prefieran no hacerlo. Pero, bueno, en todo caso, más vale muy tarde que nunca. Se acabaron las ambigüedades, las contemplaciones, los oportunismos y el cortoplacismo. Deben pronunciarse con claridad y rotundidad. Y quien dice el empresariado dice el resto del establishment catalán... y del resto de España. Para que todo el mundo sepa a qué atenerse y qué es lo que está en juego.

Pobre Cataluña, pobre Catalunya
Antonio-F. Ordóñez www.vozpopuli.com 29 Septiembre 2012

Cuando el 17 de julio de 1936 parte del Ejército español se levanta contra el Gobierno de la II República, Miguel de Unamuno -probablemente el intelectual de mayor prestigio en la España de entonces- apoya a los sublevados, pasando a formar parte del Consistorio salmantino como concejal y siendo destituido de su puesto de rector vitalicio (honorífico) por el presidente de la República, Manuel Azaña.

El Gobierno nacionalista de Burgos lo repone en su cargo de rector. Sin embargo se acumulan las cartas de familiares, de amigos y conocidos que han sido detenidos, pidiendo que interceda ante las autoridades nacionales para evitar sus fusilamientos. El 12 de octubre de 1936 durante la apertura del curso académico, que coincide con la Fiesta de la Raza decretada por los nacionalistas, Unamuno improvisa un famoso discurso en el que sentencia:

“Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha”.

Millán Astray, fundador de la Legión, se enfrenta a Unamuno, quien sólo se salva por la intervención personal de la esposa de Francisco Franco, Carmen Polo, que lo saca de la Universidad. Ese mismo día, el Ayuntamiento de Salamanca lo destituye como concejal, y diez días después Franco le aparta del cargo de rector y lo confina en su domicilio bajo arresto domiciliario hasta su muerte el 31 de diciembre de 1936.

Me temo que la intelectualidad que ahora apoya la secesión de Cataluña de España acabaría sufriendo la misma catarsis que sufrió Unamuno en el 36, de proclamarse algún día un nuevo Estado catalán. Para aquellos que odian la inteligencia, no importa la fractura social entre catalanes nacionalistas y no nacionalistas; no importa el aislamiento internacional que supondría. No les importa porque nos imponen un momento de máximos sin espacio para los grises ni lugar para los tibios. En Cataluña, como en España entonces, hay una epidemia de locura. Esto es el suicidio moral de Cataluña; parafraseando a Unamuno: una salvajada anticristiana, antiespañola y antieuropea que nos lleva, inevitablemente, a un estúpido régimen de adhesión o enfrentamiento.

La manifestación del 11S que hemos vivido en la última Diada no hubiera sido posible sino en un momento de crisis profunda como la que sufrimos en el mundo, Europa y España, en especial. Pero tampoco, sin el maridaje entre el nacionalismo económico, político y religioso que viene tejiendo sus redes –mediáticas, asociativas y de todo tipo-, pacientemente, a la espera del golpe anticonstitucional final en el momento oportuno que, al parecer, ha llegado.

Ya es demasiado tarde para un diálogo sin respuestas contundentes. Los ciudadanos catalanes opuestos a la locura -los que no quieren vivir en un Kosovo o como una minoría rusa a la báltica, donde los derechos fundamentales les serían pisoteados- debemos unirnos y darla adecuadamente. La manifestación propuesta para el 12 de octubre próximo ha comportado las reticencias de quienes ven en ella un choque entre identidades. Sin embargo, en realidad, esconde los prejuicios de unos, y el tacticismo o el oportunismo de otros.

No es casualidad, por tanto, que haya nacido en la red y que se haya expandido en la misma superando a sus iniciales creadores y cobrando vida propia. No dejemos que el nacionalismo ocupe el espacio público y protagonice las fiestas de todos; ni siquiera dos veces al año. La Cataluña plural necesita de celebraciones plurales en las que los ciudadanos que, normalmente, se quedarían en casa salgan. Ni el 11S puede ser ocupado por el nacionalismo catalán –en este sentido aplaudo el acto alternativo que se organiza todos los años-, ni el 12O por el nacionalismo español, como ha sucedido hasta ahora.

No os dejéis engañar por cantos de sirena, ni manipular por los que ven en ella la oportunidad para denostarnos; ese día todos debemos dar un paso al frente y acudir en masa para decir no al engaño y a la manipulación, en un acto festivo y sin reproches, pero, con la seguridad de los que sabemos que sólo en la calle se ganan las personas, día a día, su condición de ciudadanos libres e iguales. Por eso ese día me encontrareis con toda mi familia en la Plaza de Cataluña de Barcelona sin banderas, para dar una oportunidad a la inteligencia, a la razón y al reencuentro entre catalanes. En palabras de Mario Vargas Llosa, combatiendo esa “doctrina pequeñita y mezquina que empobrece la cultura”; siguiendo a Machado, “ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar”; para rendir tributo a todos los represaliados, exiliados y muertos en nombre de ella, como Francisco Tomás y Valiente –ex presidente del Tribunal Constitucional, que en 1995, acababa una conferencia (Soberanía y Autonomía en la Segunda República y en la Constitución de 1978) en Barcelona, citando las palabras de Josep Tarradellas, pronunciadas en Santander en 1981, cuando la amenaza, después conjurada por el Alto Tribunal, se cernía sobre las Comunidades ya constituidas buscando la igualación a la baja: “… hay que tener la tozuda voluntad de ser esclavos de un alto sentido de la responsabilidad y de una apasionada ambición de hacer de España un Estado soberano sin ninguna clase de complejos, para que todos sus pueblos y sus hombres alcancen el grado de libertad y bienestar que nuestro país justamente merece, es decir, crear un Estado fuerte y democrático”.

¡Qué no tengamos que reprocharnos nada, como le pasó a Don Miguel!:

“¡Qué cándido y qué ligero anduve al adherirme al Movimiento de Franco, que se ve arrastrado en ese camino de perdición. La dictadura que se avecina va a ser la muerte de la libertad; de la dignidad del hombre. Todos cuantos están emigrando no volverán a España; no podrán volver, como no sea a vivir aquí desterrados y envilecidos. Pobre España, pobre España”.

Antonio-F. Ordóñez Rivero es letrado e inspector de Hacienda del Ayuntamiento de Barcelona

12-O, lo que más temen los independentistas
Graciano Palomo El Confidencial 29 Septiembre 2012.

Un hombre de negocios con ancestros y coraje navarros, a quien interesa más la política que el jurdó, me alerta de algo que está totalmente inédito en la gran prensa española -¡si quedara alguna!- y que ha surgido en las redes sociales de Cataluña de forma espontánea entre aquellos ciudadanos que quieren seguir siendo españoles y catalanes, y viceversa.

Resulta que esos y otros pretenden demostrar al secesionismo que ellos también existen y están dispuestos a que se sepa. La cita es el 12 de Octubre, Día de la Hispanidad, en Barcelona.

-España se juega mucho en esa convocatoria -insiste mi ciudadano Kane particular-, y si somos capaces de movilizar a gente conocida, aunque no tenga nada que ver con la política, haremos perder el miedo a la burguesía ahora atemorizada ante la agresividad de los independentistas que siguen creyendo que ése es su predio exclusivo y excluyente. Porque un referéndum para desgajar un país no puede hacerse con la mitad o más de un país en contra…

Esta iniciativa es lo que temen los secesionistas. Nada más hay que ver algunas webs independentistas catalanas para comprobar el canguelo que les ha entrada ante la posibilidad de que una convocatoria de esa naturaleza tenga éxito.

Es verdad que existe el peligro de que cuatro exaltados aprovechen la ocasión para liarla y desmerezca todo. Es por lo que organizaciones políticas como el Partido Popular o Ciudadanos no hayan dicho esta boca es mía hasta el momento, aunque se espera que apoyen la convocatoria.

El independentismo teme que se conozca de facto y espontáneamente que hay otros catalanes (muchos) que quieren seguir unidos a España y que esto ya no les da ningún miedo.

Saben que entonces la historia de Artur Mas no será más gloriosa que la aventura equinoccial de Lope de Aguirre, que desafió el poder soberano del Estado y todo el mundo sabe cómo acabó.

-Atento, al 12-O, Barcelona…

Barajar cartas
Ángela Vallvey La Razón 29 Septiembre 2012

La I República española acabó siendo un esperpento cantonalista radical, aderezado de excesos revolucionarios y violentos entremeses anarquistas que sólo consiguió provocar en España un crudo resurgimiento de fuerzas involucionistas, las mismas que probablemente truncaron una marcha más saludable de nuestra historia y terminaron por conducir a la nación a una guerra civil. Y al largo «etcétera» que siguió a aquélla.

Ferrater Mora –un sabio, integracionista, claro– decía en catalán: «No, nada de separatismo. Hemos vivido demasiadas centurias juntos; hemos participado en demasiadas empresas comunes –en demasiados desastres comunes también–, para que podamos jugar a volver a barajar cartas. (…) Los catalanes pueden, mejor dicho, deben intervenir en España siempre que, en vez de disminuir el propio ser, lo aumenten».

Por su parte, Armando Cortesao, un juicioso cartógrafo e historiador portugués que formó parte de la curiosa «Comisión Pro Comunidad Ibérica», que nació en 1944 y de la que también fue miembro Carlos Pi y Sunyer (de Esquerra Republicana), decía en tiempos, según Salvador de Madariaga, que el gran mal de España, y de toda la Iberia, ha sido la desunión de sus diversos pueblos y los extremismos de odio y feroz intolerancia con que muchos de los partidos políticos o grupos ideológicos mantienen sus diferencias, que todo lo que tiende a contribuir a esa desunión o intolerancia debe ser inteligentemente, pero de una manera implacable, «rechazado por todos nosotros, los hombres progresivos y de buena voluntad», y que sería muy difícil llevar a los portugueses (hoy hablaría de «europeos») a tomar la decisión de aproximarse a los españoles cuando los propios españoles no se muestran capaces de ponerse de acuerdo entre ellos mismos… Cataluña y España, España y Cataluña necesitan recuperar cuanto antes una clarividencia afectiva que las cohesione. Y dejar de barajar cartas.

Nacionalismo: un lastre para Cataluña
Pedro Gómez de la Serna La Razón 29 Septiembre 2012

Después de 34 años de gobiernos nacionalistas o con participación nacionalista en Cataluña, puede decirse que el nacionalismo catalán, como proyecto de sociedad, ha fracasado. Y ha fracasado porque han conducido, entre unos y otros, a Cataluña a un callejón sin salida. Cataluña ha colapsado. Han acudido, es cierto, a la búsqueda del enemigo exterior, del chivo expiatorio: España (vieja argucia la de crear una crisis para luego taparla creando una crisis todavía mayor). Pero la realidad es otra.

Han articulado un proyecto sobre la mentira y sobre la concentración de poder. Han mentido a la gente, y lo saben: Cataluña no fue nunca soberana. No fue nación –un concepto aún no vigente– bajo los Austrias. Ni fue Estado. Hace 300 años vivió, como el conjunto de España, una guerra de sucesión, no de secesión. En Cataluña no hubo un sentimiento antiespañol, sino antifrancés. Por eso Rafael de Casanovas dijo aquella frase tan silenciada: «Por nosotros y por la nación española peleamos». Lo que querían los catalanes era movilizar a toda España contra Felipe V, es decir, liderar España, el mismo propósito de Cambó, algo que los nacionalistas no llegan a entender porque les falta ambición de país. Al fin y a la postre, el nacionalismo consiste en querer tener cada vez más poder en un lugar cada vez menos poderoso. Y esa falta de ambición y de proyección, ese no incorporarse al liderazgo del proyecto español, es lo que ha conducido a Cataluña al colapso. Por eso el nacionalismo se ha convertido en un lastre para Cataluña. Se le ha quedado pequeño. Es un proyecto estrecho y agotado. Cataluña necesita un cauce más ancho, de mayor ambición, de mayor proyección. La gran Cataluña es un proyecto para liderar España. Pero al nacionalismo le falta dimensión, horizonte, grandeza. Juega al poder con el pasado, con el presente y con el porvenir de los catalanes. Ahora ha decidido crearle a la gente más problemas de los que ya tiene, ha decidido meter a los catalanes en la tempestad de la secesión, jugar con su normalidad.

Y porque la manipulación de la lengua se ha revelado inútil como instrumento de ruptura y ha chocado con importantes estratos de población, acuden a la economía, que sí llega a todos los estratos, como instrumento de ruptura. Otra manipulación. Si Rafael Casanovas levantara la cabeza y viera lo que ha hecho el nacionalismo en nombre de Cataluña…si viera cómo ha dilapidado aquel enorme patrimonio de la transición que era el antiguo liderazgo catalán de una nación de 40 millones de habitantes, con sus mercados, con sus relaciones internacionales…Si levantara la cabeza y se preguntara: ¿el expolio? Con toda probabilidad contestaría: el expolio de Cataluña ha sido el nacionalismo (sin considerar, claro está, temas tabú como Millet, Santa Coloma, Prenafeta, ITVs, Banca Catalana, conseller contrabandista, «impuesto revolucionario» a los funcionarios para el partido, etc., etc.).

Independencia… ¿para qué? ¿Para endeudar, arruinar y aislar más a los catalanes? ¿Acaso han calculado, antes de jugar con este fuego, cuántas empresas saldrán de Cataluña? ¿Cuántas multinacionales europeas sacarán sus plantas? ¿Cuántas deslocalizarán sus activos de un territorio con aranceles y fronteras, sin libre circulación, sin moneda homologable? ¿Han calculado el coste sobre la mediana y pequeña empresa auxiliar de Cataluña? ¿Han calculado el ingente paro que se va a generar? ¿La cantidad de gente que tendrá que volver, pongo por caso, a Andalucía? ¿Con qué dinero piensan pagar las pensiones? ¿Con qué dinero pagarán el desempleo de los catalanes? ¿En qué mercados van a vender sus productos? ¿Cómo van a pagar su deuda?

Ocultan a la gente el verdadero coste de la independencia: un descalabro en términos de generación de riqueza y de PIB que les situará por debajo de cualquier territorio de España. Con su hoja de ruta llevarán a los catalanes a la bancarrota y provocarán el derrumbe del Estado de Bienestar. Ni Montenegro ni Islandia: Chipre, Grecia. Eso sí, mandando ellos. Cada vez más.

Cataluña
Cataluña, tal cual tiene entre sus objetivos aunar esfuerzos en defensa del bilingüismo institucional
Agencias / Redacción www.vozbcn.com 29 Septiembre 2012

La plataforma Cataluña, tal cual hechó a andar este viernes, tras la presentación a la prensa del manifiesto fundacional. La plataforma está promovida por Ágora Socialista, Asociación por la Igualdad de las Lenguas Oficiales, Asociación por la Tolerancia, Foro España Hoy, Impulso Ciudadano y la Plataforma Hispanoamericana en Cataluña y exigen que la realidad bilingüe en Cataluña se traslade a las instituciones autonómicas, sobre todo en las escuelas, donde la Generalidad no cumple con la legalidad.

La presentación del manifiesto, en el Colegio de Periodistas de Cataluña, ha contado con la presencia de Alicia Sánchez-Camacho y Albert Rivera, presidentes del PP catalán y Ciudadanos, respectivamente. Ambos han suscrito el manifiesto. Junto a ellos, una cincuentena de personalidades del ámbito de la cultura y el periodismo, principalmente, y las entidades Acción Cultural Miguel de Cervantes, Círculo Balear, Cives Iure, Foro Ermua y Temps de Dones.

Así, entre las personalidades que se han adherido al manifiesto y a la iniciativa de la plataforma Cataluña, tal cual figuran Agustín Ibarrola, Ana Nuño, Antonio Robles, Arcadi Espada, Aurelio Arteta, Cesar Alonso de los Ríos, Félix de Azúa, Félix Ovejero, Fernando García de Cortázar, Fernando Savater, Ferran Martorell, Gotzone Mora, Javier Nart, Jon Juaristi, José García Domínguez, José Mª Fuster Fabra, José Vicente Rodríguez Mora, Joseba Arregi, Juan Carlos Girauta, Maite Nolla, Mario Vargas Llosa, Mikel Buesa, Ponç Puigdevall, Regina Otaola, Ricard Tàsies, Rosa Díez, Vidal de Nicolás y, entre otros, Xavier Pericay.

El acto ha sido presentado por el miembro de Foro España Hoy, Nito Fontcuberta, y junto a él, en la mesa, el vicepresidente de Ágora Socialista, Olegario Ortega, que se ha referido al contexto político actual; Marita Rodríguez, de la Asociación por la Tolerancia, que ha leído el manifiesto; y Bernardo Cacique, de la Plataforma Hispanoamericana en Cataluña, que ha relacionado a las entidades y personalidades adheridas al manifiesto.

Con simpatía la concentración del 12 de octubre
Finalmente, José Domingo, ex diputado autonómico y presidente de Impulso Ciudadano ha respondido a las dudas de los que han asistido al acto de presentación de la plataforma, que no se configura como entidad centralizada y no tendrá un portavoz común. Domingo ha señalado que la intención de las asociaciones es actuar juntos en defensa del bilingüismo institucional y en la defensa de la libertad de opción lingüística en Cataluña.

Además, ha indicado que la plataforma tiene entre sus misiones concienciar a la sociedad que lo más beneficioso es una “Cataluña unida… unida a España” y ha alertado del riesgo de fractura social que se percibe en la actualidad a raíz de la deriva independentista de algunas formaciones políticas catalanas, en referencia a CiU.

Preguntado por la posición de la plataforma respecto a la concentración del próximo 12 de octubre en la Plaza de Cataluña, Domingo ha dicho que la plataforma no tiene una opinión sobre esa convocatoria pero, ha matizado, la ven con simpatía. No han descartado que convoquen a la ciudadanía a un gran acto para el 6 de diciembre, onomástica de la Constitución, para reivindicar el Estado de derecho y protestar contra la secesión de Cataluña.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Una nueva perspectiva para la Nación Española
Eduardo Arroyo www.elsemanaldigital.com 29 Septiembre 2012

El "Estado de Intereses" está tocando a su fin. Hace falta un nuevo planteamiento de la nación española, tanto para el conjunto como para las partes que la integran.

¿Qué pensaría Jaume Balmes, el viguetano más ilustre, si viera al Ayuntamiento de Vic votando la "independencia de Cataluña"?

El caso es que por donde miro cada uno busca su propio interés. Leo que Arnaldo Otegui, desde su condición de pensionista del Estado del que abomina, donde es mantenido con nuestros impuestos, aboga por "disolver las estructuras militares de ETA" y pide "de corazón" disculpas por el sufrimiento causado. No se sabe muy bien qué es lo que entiende Otegui por "estructuras militares" sino es un conjunto de patanes más o menos sanguinarios, capaces de asesinar a un guardia jurado, a un policía municipal o a una señora que iba a la compra.

Con todo su bagaje de pura corrupción intelectual -la primera-, moral y legal después, es poco creíble que Otegui pida disculpas "de corazón", por ejemplo, por los chiquillos asesinados "militarmente" en Zaragoza o en Vic. Para tapar tanta mierda, tenemos la cara angelical y "progresista" de Laura Mintegui, típico subproducto de la casta universitaria española. Unos y otros buscan su propio interés.

Mas, desde Barcelona, un tipo al que en otra época menos cínica y menos mediática se le hubieran ajustado las cuentas, plantea su "conflicto" con España en términos de dinero y supuesto "expolio": yo te doy y tu me das. Eso, al parecer, convenientemente explotado y azuzado, es lo que parece producir abundante réditos. Pero nuevamente, el motivo oculto es una casta que aspira a nuevas cotas de "autogobierno", este sí, a costa de todos los demás. Es, como se ve, interés y más interés.

Por todas partes prolifera la misma historia: la mismísima política de la UE, con el ajuste perpetuo, busca bloquear lo público como fuente de financiación para que el dinero, caro y escaso, deba pedirse a los inversores privados que, por la mismísima lógica del mercado, se mueven exclusivamente por su lucro personal. Y lo peor es que ante esta mecánica criminal, destinada a expoliar a la gente trabajadora, tenemos gobiernos absolutamente infeudados, sean del PP, del PSOE, de CiU o de Bildu: ni uno de ellos debate lo esencial ni tampoco introduce perspectivas nuevas de ruptura.

Lara anuncia que en una Cataluña independiente, su Grupo Planeta "se tendría que ir". Y habla en términos de costo-beneficio, como hace Rosell, el presidente de los empresarios que considera la independencia una catástrofe para las empresas. Todos juzgan y condenan o aprueban en función de algún interés que les atañe a ellos pero no al resto o, con frecuencia, les atañe a ellos y le pesa al resto. Por todos lados florece el mismo discurso: los hay federales, confederales, independentistas, nacionalistas, liberales, progresistas, sindicalistas, etc. Por razones justificadas mejor o peor -a veces justificadas en absoluto e incluso mantenidas contra la misma evidencia-, todos barren para su charco y para su propia inmundicia. Nadie mira más allá y todos usan el lenguaje del interés, el lenguaje de la época.

Incluso en lugares frecuentados por lo que los botarates "abertzales" y demás llaman despectivamente "españolistas", se escuchan cosas como que "si los catalanes quieren la independencia que se la den y nos dejen en paz". Esto no es, en el fondo, diferente de ese mismo lenguaje interesado que denunciamos: nadie apela al deber, a esa comunidad sincrónica y diacrónica en la que se ha ido depositando el tesoro de las generaciones y del que, en palabra feliz de Julián Marías, habría que "tomar posesión".

Para un analfabeto ilustrado como Jordi Pujol, "Cataluña es una nación, España no", y con ello el inefable gurú de la hipocresía nacionalista se convierte en el paradigma de ese "vivir contra la verdad" que nos impide "tomar posesión" de nuestra herencia y nos impide converger en esa comunidad de pueblos y gentes emparentadas por historia, religión, idioma, cultura que es la realidad española. Me pregunto cuantos libros de los últimos quinientos años en francés, alemán, español, inglés e italiano, en cuantas mentes lúcidas de uno u otro campo durante el mismo período de tiempo, Cataluña ha contado y ha sido mentada como sujeto histórico nacional. La respuesta es cero. Esto debería darles que pensar. Pero la casta política catalana, de la peor especie, busca perpetuarse y acrecentar en realidad su autogobierno privando a los catalanes de lo que realmente son y fueron.

Me viene todo esto a la cabeza con motivo del pleno del ayuntamiento de Vic, votando la "independencia de Cataluña". Me pregunto qué hubiera pensando el viguetano más ilustre -Jaume Balmes- de lo que conciben sus compatriotas de casi doscientos años después. Pero lógicamente a estos "aparatchik" de la casta política catalana les importa lo que hayan dicho sus grandes hombres. Imagino que de conseguir culminar su fechoría deberían de emplearse a fondo para quemar las pruebas y no dejar rastro del lavado de cerebro colectivo al que han sometido a sus gobernados durante casi cuatro décadas. Todo ello no es más que el interés más deplorable.

Lo malo es que la dinámica del interés es en realidad una reacción en cadena difícil de parar. Ahora la "Unitat d´Aran" reivindica el "derecho a decidir" del Valle de Arán dentro de Cataluña. Si el ejemplo cunde nos tememos que la reacción de la Generalitat fuera igual de despótica, dogmática y tosca que la que escuché una vez a Pilar Rahola ante un verdadero independentista aranés. Y es que cuando se prescinde de cosas como la verdad y, más aún, de la convicción firme de que el hombre puede conocer la verdad porque está hecho para servirla, entonces a las razones siempre pueden oponerse otras razones y cualquier cosa se torna admisible. En este "Estado de Intereses", cuyas consecuencias convulsas ahora presenciamos, Losantos se iguala a Mas y el PSC no es diferente del PP, que apela a la mejor o peor estrategia para salir de la crisis económica ("ahora no toca ese debate", dicen), pero no al deber de conservar lo que realmente somos.

Debemos plantearnos un discurso radicalmente diferente. Que España es uno de los sujetos nacionales principales de la historia occidental solo pueden negarlo quienes están demasiado emponzoñados por ideologías perversas, a menudo ridículas, o quienes simplemente no tienen ni idea cabal de lo que están hablando. Esta España, con todo lo que en ella juega algún papel para su existencia, no puede plantearse en forma de consenso entre intereses contrapuestos, sino en forma de comunidad en la que todo el mundo vela por un interés superior. Si la verdad ha de ser uno de los pilares de la multisecular nación española, el otro es el amor, como ocurre en todas las comunidades que se precien. Es hora, por tanto, de superar ya el discurso envenenado de la lógica ilustrada, sea en su versión liberal como en su versión progresista.

Lara: «Si Cataluña es independiente, el Grupo Planeta se tendría que ir»
El presidente del mayor conglomerado editorial en español asegura que muchas empresas cambiarían su sede social
José Manuel Lara hizo estas declaraciones en el programa «Protagonistas», en ABC Punto Radio, que presenta Luis del Olmo
Carlos Sala La Razón 29 Septiembre 2012

BARCELONA- El presidente del Grupo Planeta, José Manuel Lara, afirmó ayer que si Cataluña se declara independiente, su empresa, el mayor conglomerado editorial en español y el sexto a nivel mundial, se vería obligada a trasladar su sede barcelonesa y establecerse «en Madrid, Zaragoza o Cuenca». «No es que yo me vaya, es que me echan», reflexionó, antes de añadir que «no existe ninguna sede editorial en un país cuya lengua no es la que la editorial publica».

El editor aseguró ver el giro independentista que ha tomado el presidente de la Generalitat, Artur Mas, con «enorme preocupación» y no dudó en tildarlo de algo «absolutamente imposible» a niveles prácticos y empresariales. En este sentido, recordó que el ochenta por ciento del negocio de las grandes empresas catalanas se produce fuera de Cataluña, la mayoría en el resto de España. Por este motivo, subrayó que muchas otras corporaciones se verían obligadas a marcharse. «Yo lo tengo fácil, la gente entendería que una editorial en español se marchase, pero con otras empresas que hiciesen lo mismo, la gente no sería tan comprensiva», advirtió. El presidente del Grupo Planeta añadió en este sentido otro aviso: «Cuidado, porque podrían crearse situaciones parecidas a la guerra del cava de hace unos años y en el contexto económico actual una guerra causaría muertos y heridos graves».

En cuanto a las próximas elecciones catalanas, José Manuel Lara se mostró preocupado por la «radicalización» del voto y las urgencias en las que parecen haber caído los partidos. «Anuncian unas elecciones y al día siguiente ya establecen una medida para la siguiente legislatura. Qué prisa tenemos», se preguntó. Respecto al presidente de la Generalitat, recalcó que «Artur Mas tiene gente que le aconseja que está muy nerviosa, y en los tiempos que vivimos necesitamos serenidad». Aún así, Lara afirmó que no acaba de creer este giro independentista y cree que es una «arma de presión para buscar algo a mitad de camino». Por este motivo, pidió «no crear falsas expectativas a la gente».

El editor aseguró que ha hablado con el máximo dirigente catalán recientemente y le hahecho saber las preocupaciones que ayer expuso en el programa radiofónico de Luis del Olmo. «No existe un caldo de cultivo real para la independencia. Entre el quince y el veinticinco por ciento de los catalanes se siente sólo catalán; entre el sesenta y el ochenta por ciento se siente catalán y español. Eso sí, en este grupo, el 95 por ciento se siente incómodo y cabreado dentro del contexto económico español», dijo e instó al Gobierno a reunirse y negociar con Cataluña.

Pobre Cataluña, pobre Catalunya
Antonio-F. Ordóñez www.vozbcn.com 29 Septiembre 2012

Cuando el 17 de julio de 1936 parte del Ejército español se levanta contra el Gobierno de la II República, Miguel de Unamuno -probablemente el intelectual de mayor prestigio en la España de entonces- apoya a los sublevados, pasando a formar parte del Consistorio salmantino como concejal y siendo destituido de su puesto de rector vitalicio (honorífico) por el presidente de la República, Manuel Azaña.

El Gobierno nacionalista de Burgos lo repone en su cargo de rector. Sin embargo se acumulan las cartas de familiares, de amigos y conocidos que han sido detenidos, pidiendo que interceda ante las autoridades nacionales para evitar sus fusilamientos. El 12 de octubre de 1936 durante la apertura del curso académico, que coincide con la Fiesta de la Raza decretada por los nacionalistas, Unamuno improvisa un famoso discurso en el que sentencia:

“Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha”.

Millán Astray, fundador de la Legión, se enfrenta a Unamuno, quien sólo se salva por la intervención personal de la esposa de Francisco Franco, Carmen Polo, que lo saca de la Universidad. Ese mismo día, el Ayuntamiento de Salamanca lo destituye como concejal, y diez días después Franco le aparta del cargo de rector y lo confina en su domicilio bajo arresto domiciliario hasta su muerte el 31 de diciembre de 1936.

Me temo que la intelectualidad que ahora apoya la secesión de Cataluña de España acabaría sufriendo la misma catarsis que sufrió Unamuno en el 36, de proclamarse algún día un nuevo Estado catalán. Para aquellos que odian la inteligencia, no importa la fractura social entre catalanes nacionalistas y no nacionalistas; no importa el aislamiento internacional que supondría. No les importa porque nos imponen un momento de máximos sin espacio para los grises ni lugar para los tibios. En Cataluña, como en España entonces, hay una epidemia de locura. Esto es el suicidio moral de Cataluña; parafraseando a Unamuno: una salvajada anticristiana, antiespañola y antieuropea que nos lleva, inevitablemente, a un estúpido régimen de adhesión o enfrentamiento.

La manifestación del 11S que hemos vivido en la última Diada no hubiera sido posible sino en un momento de crisis profunda como la que sufrimos en el mundo, Europa y España, en especial. Pero tampoco, sin el maridaje entre el nacionalismo económico, político y religioso que viene tejiendo sus redes –mediáticas, asociativas y de todo tipo-, pacientemente, a la espera del golpe anticonstitucional final en el momento oportuno que, al parecer, ha llegado.

Ya es demasiado tarde para un diálogo sin respuestas contundentes. Los ciudadanos catalanes opuestos a la locura -los que no quieren vivir en un Kosovo o como una minoría rusa a la báltica, donde los derechos fundamentales les serían pisoteados- debemos unirnos y darla adecuadamente. La manifestación propuesta para el 12 de octubre próximo ha comportado las reticencias de quienes ven en ella un choque entre identidades. Sin embargo, en realidad, esconde los prejuicios de unos, y el tacticismo o el oportunismo de otros.

No es casualidad, por tanto, que haya nacido en la red y que se haya expandido en la misma superando a sus iniciales creadores y cobrando vida propia. No dejemos que el nacionalismo ocupe el espacio público y protagonice las fiestas de todos; ni siquiera dos veces al año. La Cataluña plural necesita de celebraciones plurales en las que los ciudadanos que, normalmente, se quedarían en casa salgan. Ni el 11S puede ser ocupado por el nacionalismo catalán –en este sentido aplaudo el acto alternativo que se organiza todos los años-, ni el 12O por el nacionalismo español, como ha sucedido hasta ahora.

No os dejéis engañar por cantos de sirena, ni manipular por los que ven en ella la oportunidad para denostarnos; ese día todos debemos dar un paso al frente y acudir en masa para decir no al engaño y a la manipulación, en un acto festivo y sin reproches, pero, con la seguridad de los que sabemos que sólo en la calle se ganan las personas, día a día, su condición de ciudadanos libres e iguales. Por eso ese día me encontrareis con toda mi familia en la Plaza de Cataluña de Barcelona sin banderas, para dar una oportunidad a la inteligencia, a la razón y al reencuentro entre catalanes. En palabras de Mario Vargas Llosa, combatiendo esa “doctrina pequeñita y mezquina que empobrece la cultura”; siguiendo a Machado, “ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar”; para rendir tributo a todos los represaliados, exiliados y muertos en nombre de ella, como Francisco Tomás y Valiente –ex presidente del Tribunal Constitucional, que en 1995, acababa una conferencia (Soberanía y Autonomía en la Segunda República y en la Constitución de 1978) en Barcelona, citando las palabras de Josep Tarradellas, pronunciadas en Santander en 1981, cuando la amenaza, después conjurada por el Alto Tribunal, se cernía sobre las Comunidades ya constituidas buscando la igualación a la baja: “… hay que tener la tozuda voluntad de ser esclavos de un alto sentido de la responsabilidad y de una apasionada ambición de hacer de España un Estado soberano sin ninguna clase de complejos, para que todos sus pueblos y sus hombres alcancen el grado de libertad y bienestar que nuestro país justamente merece, es decir, crear un Estado fuerte y democrático”.

¡Qué no tengamos que reprocharnos nada, como le pasó a Don Miguel!:

“¡Qué cándido y qué ligero anduve al adherirme al Movimiento de Franco, que se ve arrastrado en ese camino de perdición. La dictadura que se avecina va a ser la muerte de la libertad; de la dignidad del hombre. Todos cuantos están emigrando no volverán a España; no podrán volver, como no sea a vivir aquí desterrados y envilecidos. Pobre España, pobre España”.

Antonio-F. Ordóñez Rivero es letrado e inspector de Hacienda del Ayuntamiento de Barcelona

Cataluña
Extracción sin dolor
José María Albert de Paco Libertad Digital 29 Septiembre 2012

Independencia, sí, pero sin que Barcelona deba renunciar a la capitalidad de la edición en español, con su premio Planeta y su premio Nadal, y sin que la Bruixa d'Or deje de vender un solo boleto de lotería navideña (a la que, por supuesto, seguiríamos jugando); independencia, sí, pero conservando algún que otro vínculo con España para que no nos echen de la Unión Europea. Una independencia, en fin, que no obligue al Sr. Godó a renunciar al título de Grande de España. Y en el sombrío supuesto de que Al Qaeda secuestre otro cooperante catalán, que sea el Gobierno español quien se ocupe de las gestiones, como ha venido haciendo hasta ahora con encomiable diligencia; independencia, sí, y organizar un Mundial compartiendo sede con España (¡al alimón, disen en Madrit!) y poder decir al fin que hablamos idiomas; independencia, sí, y seguir vendiendo a España la mitad de lo que producen nuestras empresas, entre las que habrán de seguir estando (¡va a parar, señora!) las delegaciones en España de todas las nestlés que en el mundo han sido. Independencia sí, para hermanarnos con Madrid como escuelitas, y que pasen inadvertidos 35 años d'espanyol el qui no boti, y que a Tita Cervera le siga pareciendo ma-ra-vi-llo-so ceder su colección a uno de nuestros museos, ahora sí, nacionales de verdad. Independencia, sí, y convertir al Rey de España en presidente de la comunidad, y el 12 de octubre irnos a la playa, que a la montaña ya iremos por la Constitución. Independencia sí, pero con Sanfermín y Vuelta, ¿o no pasa el Tour por Bélgica? Pues eso. Independencia sí, pero que el Barça siga siendo más que un club, porque después de todo hubo una afrenta que habremos de guardar en la memoria, y qué mejor manera de preservarla que seguir militando en esta Liga. Hay partido.

La Generalitat niega el arraigo a una inmigrante por no hablar catalán
La mujer tenía todos los papeles en regla y acreditó que entiende y lee la lengua
Los informes de arraigo solicitados por Sayra acreditan el empadronamiento, los vínculos familiares y el contrato de trabajo. Sin embargo la solicitud «no es favorable» por no tener los conocimientos mínimos de catalán.
Carmen Morodo La Razón 29 Septiembre 2012

MADRID- Sayra O. M. M. puede ser uno de los rostros de la «transición nacional» en la que el presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha embarcado a Cataluña. Sayra nació en Honduras y llegó a España, en concreto a Cataluña, en junio de 2009. Está empadronada en Gerona desde esa misma fecha. En agosto de este año, el Departamento de Bienestar Social y Familia de la Generalitat le denegó la solicitud de arraigo dentro del proceso de elaboración de los informes de extranjería. La única razón es que no acreditó una suficiente integración social por «no disponer de los conocimientos lingüísticos mínimos de la lengua catalana».

Durante la entrevista del trámite de solicitud, Sayra sí acreditó que entiende el catalán y que lo puede leer (y como tal aparece señalado en las respectivas casillas), pero no lo habla ni lo escribe (esto último, como una buena parte de los catalanes). En esa entrevista también certificó que sí entiende, habla, lee y escribe la otra lengua oficial de Cataluña, el castellano. En su informe de arraigo social, denegado, cumple con los demás requisitos exigidos: volante de empadronamiento, contrato de trabajo de un año de duración firmado por su empleador y vínculos con otros familiares residentes en el Estado español (aportando el volante de convivencia, el NIE del familiar, etc...). Sólo falla en su encaje en el proceso de construcción nacional por culpa de la lengua.

Sayra es un símbolo de cómo paso a paso avanza la «transición nacional», ese camino que debería llevar a la nación catalana. En ese camino está siendo decisivo el aparato de intervención política y económica que alimenta la Generalitat. Y también son muy importantes todas las decisiones administrativas, con el menor ruido posible, que se han ido adoptando en los últimos años. Con la exigencia del conocimiento del catalán como una de las piedras angulares del proceso. Esa exigencia se ha impuesto en la educación, en el comercio..., y también en la gestión de la inmigración, pese a sus dudas constitucionales.

La sociedad en la que se integran los extranjeros cuando vienen a nuestro país es la española y en su procedimiento de acogida debería ser imprescindible tener en cuenta su movilidad por todo el territorio nacional. Una cosa es la política lingüística de una comunidad autónoma y otra, muy distinta, la política de extranjería y de acogida de los inmigrantes.

No obstante, en marzo de este año la Generalitat empezó a exigir a los inmigrantes el conocimiento del catalán como uno de los requisitos para elaborar los informes de extranjería para conseguir el arraigo. Según la circular que la Consellería de Bienestar Social remitió a los ayuntamientos, entre las nuevas condiciones para tramitar los informes de extranjería de cara a conseguir el arraigo, los inmigrantes deberían acreditar unas mínimas nociones de catalán. La instrucción, pactada con la Federación Catalana de Municipios y con la Asociación Catalana de Municipios, decía, textualmente, que «se valorará el grado de comunicación en catalán y castellano» y «si no es posible, se pedirá haber cursado un mínimo de 20 horas de estos idiomas». En la práctica, este pronunciamiento se ha convertido en la base para convertir en condición excluyente y determinante el conocimiento exhaustivo del catalán.

O lo dominas o te quedas fuera de juego. Da igual que el inmigrante hable bien el castellano e incluso que sí tenga conocimientos mínimos de catalán, porque al final lo que se busca es la excusa para favorecer la llegada de aquellos extranjeros que no hablen el castellano. De esa forma es más fácil que funcione el proceso de inmersión lingüística sin necesidad de esperar a las segundas generaciones.

Lo que dice la Ley de extranjería
El artículo 124.2, C, indica que los supuestos de arraigo social debe ser acreditado mediante informe en el que deberá constar entre otros factores que pueden acreditarse el tiempo de permanencia en domicilio habitual, medios económicos económicos con los que cuenta, los vínculos con familiares recientes en España, los esfuerzos de integración a través del seguimiento de programas de integración sociolaborales y culturales. Esos requisitos que enumera la Ley habla de «esfuerzos» y no de «conocimiento» ni tampoco de saber el idioma.



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