AGLI Recortes de Prensa   Domingo 30 Septiembre 2012

¿Dónde está la austeridad?
EDITORIAL Libertad Digital 30 Septiembre 2012

A pesar de los mensajes insistentes del Gobierno, los Presupuestos Generales del Estado para el año próximo no son el paradigma de la austeridad que necesitamos imperiosamente. Como hemos demostrado en Libertad Digital, el Gobierno gastará el año próximo tan sólo un 0,7% menos que en el presente ejercicio, más allá de acotaciones tramposas en función de criterios selectivos que incluyen o excluyen partidas para obtener el resultado requerido.

El gasto efectivo del que dispondrán los ministerios desciende en 40.000 millones, tal y como explicó el titular de Hacienda en la presentación de los Presupuestos, pero el conjunto de los órganos dependientes de la Administración central gastará un 5,6% más, pasando de los 160.842 millones actuales a 169.775.

Es cierto, como aduce el Gobierno en su defensa, que el gasto inherente a la deuda pública contraída por el Ejecutivo anterior actúa como una losa presupuestaria en detrimento de otras partidas. Los vencimientos de la deuda soberana y el pago de intereses consumirán nada menos que 40.000 millones de euros en 2013, cuyo pago puntual habrá que atender como primera providencia para mantener a flote las finanzas públicas y evitar la suspensión de pagos. Esos son los 40.000 millones de euros que el Gobierno dejará de gastar a través de sus ministerios como fórmula compensatoria, pero en una situación tan grave como la actual el esfuerzo de austeridad debería ser muy superior, a fin de aliviar la presión fiscal que afrontan los factores productivos, principal lastre para la creación de empleo, crucial para emprender la recuperación económica.

En lugar de ejecutar una reducción efectiva del gasto público, el Gobierno ha preferido aumentar la carga fiscal de empresas y familias para mantener la maquinaria estatal prácticamente intacta, como demuestran las cifras desprovistas de maquillaje contable. Para desgracia del contribuyente, no es éste el único problema al que tendrá que hacer frente con su esfuerzo impositivo a lo largo del próximo año. Ahí están las comunidades autónomas, diecisiete miniestados cuya incapacidad para moderar su voracidad presupuestaria está más que acreditada, a las que el Gobierno va a inyectar 18.000 millones extra de liquidez sin ninguna garantía de que los presupuestos que elaboren para el próximo ejercicio sean sustancialmente distintos a los que esta semana ha presentado el Gobierno de España.

Como estrambote lamentable que ahuyenta cualquier esperanza de que el trámite parlamentario sirva para aliviar la carga del contribuyente, ahí está el principal partido de la oposición, al que hasta estos inexistentes recortes le parecen excesivos y que, por tanto, utilizará su presencia en la Cámara junto a sus aliados para exigir al Gobierno una expansión mayor del gasto de la que ya contemplan las cuentas públicas para el año próximo. Un año en el que los españoles tendremos que hacer frente a las consecuencias del rescate soberano, que la irresponsabilidad de Gobierno y oposición convertirán en inevitable.

El fin de la paciencia
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 30 Septiembre 2012

Cataluña cuenta con un Estatuto que le confiere poderes sin analogía posible.

El pacto de la Transición se ha traducido a lo largo de las últimas tres décadas en una transformación radical de la estructura del Estado, tradicionalmente centralista desde la llegada de los Borbones a principios del siglo XVIII, para pasar a ser uno de los más descentralizados del planeta con amplísimas competencias legislativas, financieras y ejecutivas para las Comunidades Autónomas y pleno reconocimiento de los hechos diferenciales. El esfuerzo realizado en los planos presupuestario, logístico y político ha sido ingente y hoy las Autonomías cuentan con recursos netamente superiores a los del Gobierno central, descontada la Seguridad Social. En el nivel autonómico se sitúa la mayor parte de los asalariados públicos y el total nacional se ha multiplicado por cerca de cinco desde 1978.

Cataluña, en particular, cuenta con un Estatuto que le confiere poderes sin analogía posible en el Derecho comparado por su cantidad y alcance. En cuanto a la lengua, baste decir que la oficial del Estado ha sido expulsada del espacio administrativo y del sistema educativo sin que las sentencias judiciales que han intentado restablecer derechos individuales se hayan cumplido. La respuesta a tan marcada voluntad de conciliación está expresada en la resolución del Parlamento de Cataluña del pasado 27 de septiembre en cuyo punto segundo se ignora esta generosa trayectoria y se afirma que tales muestras reiteradas de voluntad de entendimiento han desembocado en una vía “sin recorrido”. Es tal la ingratitud, la deslealtad y la traición al gran acuerdo civil de hace 34 años, que la paciencia mostrada por el resto de España y por muchos ciudadanos catalanes con los nacionalistas debe darse por acabada. Artículo 155 de la Constitución, directamente y sin contemplaciones.

Nacionalismo: un lastre para Cataluña
Pedro Gómez de la Serna La Razón 30 Septiembre 2012

Después de 34 años de gobiernos nacionalistas o con participación nacionalista en Cataluña, puede decirse que el nacionalismo catalán, como proyecto de sociedad, ha fracasado. Y ha fracasado porque han conducido, entre unos y otros, a Cataluña a un callejón sin salida. Cataluña ha colapsado. Han acudido, es cierto, a la búsqueda del enemigo exterior, del chivo expiatorio: España (vieja argucia la de crear una crisis para luego taparla creando una crisis todavía mayor). Pero la realidad es otra.

Han articulado un proyecto sobre la mentira y sobre la concentración de poder. Han mentido a la gente, y lo saben: Cataluña no fue nunca soberana. No fue nación –un concepto aún no vigente– bajo los Austrias. Ni fue Estado. Hace 300 años vivió, como el conjunto de España, una guerra de sucesión, no de secesión. En Cataluña no hubo un sentimiento antiespañol, sino antifrancés. Por eso Rafael de Casanovas dijo aquella frase tan silenciada: «Por nosotros y por la nación española peleamos». Lo que querían los catalanes era movilizar a toda España contra Felipe V, es decir, liderar España, el mismo propósito de Cambó, algo que los nacionalistas no llegan a entender porque les falta ambición de país. Al fin y a la postre, el nacionalismo consiste en querer tener cada vez más poder en un lugar cada vez menos poderoso. Y esa falta de ambición y de proyección, ese no incorporarse al liderazgo del proyecto español, es lo que ha conducido a Cataluña al colapso. Por eso el nacionalismo se ha convertido en un lastre para Cataluña. Se le ha quedado pequeño. Es un proyecto estrecho y agotado. Cataluña necesita un cauce más ancho, de mayor ambición, de mayor proyección. La gran Cataluña es un proyecto para liderar España. Pero al nacionalismo le falta dimensión, horizonte, grandeza. Juega al poder con el pasado, con el presente y con el porvenir de los catalanes. Ahora ha decidido crearle a la gente más problemas de los que ya tiene, ha decidido meter a los catalanes en la tempestad de la secesión, jugar con su normalidad.

Y porque la manipulación de la lengua se ha revelado inútil como instrumento de ruptura y ha chocado con importantes estratos de población, acuden a la economía, que sí llega a todos los estratos, como instrumento de ruptura. Otra manipulación. Si Rafael Casanovas levantara la cabeza y viera lo que ha hecho el nacionalismo en nombre de Cataluña…si viera cómo ha dilapidado aquel enorme patrimonio de la transición que era el antiguo liderazgo catalán de una nación de 40 millones de habitantes, con sus mercados, con sus relaciones internacionales…Si levantara la cabeza y se preguntara: ¿el expolio? Con toda probabilidad contestaría: el expolio de Cataluña ha sido el nacionalismo (sin considerar, claro está, temas tabú como Millet, Santa Coloma, Prenafeta, ITVs, Banca Catalana, conseller contrabandista, «impuesto revolucionario» a los funcionarios para el partido, etc., etc.).

Independencia… ¿para qué? ¿Para endeudar, arruinar y aislar más a los catalanes? ¿Acaso han calculado, antes de jugar con este fuego, cuántas empresas saldrán de Cataluña? ¿Cuántas multinacionales europeas sacarán sus plantas? ¿Cuántas deslocalizarán sus activos de un territorio con aranceles y fronteras, sin libre circulación, sin moneda homologable? ¿Han calculado el coste sobre la mediana y pequeña empresa auxiliar de Cataluña? ¿Han calculado el ingente paro que se va a generar? ¿La cantidad de gente que tendrá que volver, pongo por caso, a Andalucía? ¿Con qué dinero piensan pagar las pensiones? ¿Con qué dinero pagarán el desempleo de los catalanes? ¿En qué mercados van a vender sus productos? ¿Cómo van a pagar su deuda?

Ocultan a la gente el verdadero coste de la independencia: un descalabro en términos de generación de riqueza y de PIB que les situará por debajo de cualquier territorio de España. Con su hoja de ruta llevarán a los catalanes a la bancarrota y provocarán el derrumbe del Estado de Bienestar. Ni Montenegro ni Islandia: Chipre, Grecia. Eso sí, mandando ellos. Cada vez más.

España se psicoanaliza
Gabriela Bustelo www.gaceta.es 30 Septiembre 2012

La crisis nos está sometiendo a un proceso de catarsis colectiva.

Los Presupuestos 2013 y la auditoría de Olivier Wyman sobre el estado de la Banca española han estado condicionados por las exigencias de la Comisión Europea, que supedita los 100.000 millones del primer tramo del rescate al cumplimiento de sus reclamaciones. Tras publicarse estos datos fiables sobre el tamaño del boquete de la economía española, Bruselas se ha congratulado ante lo que considera un paso fundamental para poder empezar a aplicar el programa de asistencia financiera. Esto es un elegante eufemismo para no emplear la palabra rescate que el Gobierno español ha eliminado de su vocabulario, pero todos sabemos que el salvamento económico de España por parte de la UE se inició, de hecho, con la llegada al poder de Rajoy en noviembre de 2011. Y también es sabido que España es el problema número uno de Europa. En la medida en que la economía estadounidense depende de la europea, nuestro país se ha convertido en el gran lastre de Occidente.

España ha cobrado con la crisis un protagonismo mundial extraordinario. Raro es el día en que no salimos en las portadas extranjeras. Pero si los grandes diarios usan el cauto lenguaje de la corrección política, los blogs económicos de los jóvenes expertos financieros bromean abiertamente con el hecho de que España sea incapaz de aceptar su propia realidad. Quienes llevamos años denunciando el hecho de que la mentira forme parte de la cultura española observamos con atención cómo la crisis económica, al situarnos bajo los focos internacionales, está sometiendo a España a un proceso de catarsis colectiva que, en realidad, es lo más parecido a un psicoanálisis. Porque al morir Franco se dijo que España se liberaba de la mentira de un régimen dictatorial para entrar por fin en la Historia del mundo occidental. Pero a finales de los setenta España fue secuestrada por una izquierda posfranquista que, liderada por el Grupo Prisa de Jesús Polanco, nos impuso la democracia manipulada aún vigente.

La crisis está obligando a los españoles adictos a la mentira –tan numerosos en la izquierda como en la derecha– a aterrizar en el planeta Tierra de 2012. El proceso es largo y complejo porque quienes debieran estar sentados en el diván de un psiquiatra no son conscientes de su trastorno. Prueba de ello es que este sábado el ex juez Baltasar Garzón, los sindicalistas Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo, el ex fiscal Jiménez Villarejo y los artistoides habituales se hayan reunido en la puerta del Sol de Madrid para presentar una campaña que han tenido la ocurrencia de bautizar con el nombre de la “Comisión de la Verdad”. Como nuestros autodenominados intelectuales no han leído los libros importantes del siglo pasado, no saben que George Orwell ya se rió de ellos hace seis décadas con su “Ministerio de la Verdad”. 1984 lo publicó Destino en Barcelona en los años cincuenta. Pero los progres no lo leyeron. Estaban muy ocupados con el Redoble lento por la muerte de Stalin de Alberti. Así nos va.

Elogio de la política frente a los cínicos
Carlos Sánchez El Confidencial 30 Septiembre 2012

Las crisis, como el doctor Frankenstein, producen monstruos. El primero de ellos, por supuesto, se llama desempleo. Pero también degradación de los servicios públicos, insolidaridad y hasta miseria moral. Lo peor de todos nosotros emerge en los momentos más difíciles. Como recordaba amargamente el psiquiatra Viktor Frankl tras pasar por los campos de concentración de Auschwitz, Dachau y Theresienstadt: ‘No fuimos los mejores los que sobrevivimos’. Es lo que tiene la condición humana: el sentido de supervivencia liquida de un zarpazo el siglo de las luces. La razón muere en manos de la pitanza.

Pero hay una aberración mucho más sutil que aflora con fuerza en esta larga e intensa crisis económica. Y que tiene que ver con el propio concepto de democracia. El tiro al blanco contra la clase política se ha convertido en el deporte nacional. No es que se critique su comportamiento, lo cual sería algo más que comprensible y razonable, sino que, con un alegato simplón trufado de un cierto totalitarismo devastador, se pretende socavar los principios de la democracia representativa.

Se trata de un discurso con ribetes autoritarios que echa la culpa de lo que nos pasa a la arquitectura institucional del Estado o a la propia esencia de la política: ‘Todos los políticos son iguales’, se repite hasta la saciedad. Cómo si las decisiones de los gobernantes tuvieran que ver con la existencia de un determinado modelo de organización del Estado o, incluso, con el ADN de quienes se dedican a la cosa pública.

Sin embargo, la corrupción política, la falta de transparencia, las mentiras electorales y hasta la coacción ciudadana canalizada a través de sutiles instrumentos de persuasión colectiva no tienen nada que ver con el hecho de que un Estado sea federal, centralizado o confederal. Cuando se dice que la solución de España es volver a un modelo unitario se cae en la misma falacia que esgrimen los nacionalistas catalanes o vascos: la independencia nos hará libres y prósperos. La semilla de la deslegitimación de todo lo que huela a política está sembrada. Y nadie conoce sus consecuencias si esta crisis se alarga unos años más. O incluso si surgen líderes mesiánicos apoyados por oscuros grupos de presión. Aún se está a tiempo de evitar el descalabro

El problema de fondo de este planteamiento procede de nuestras propias dificultades para entender lo que es una sociedad pluralista que responde a las lógicas tensiones sociales. Probablemente porque España carece de una patria intelectual que nos articule como nación capaz de incentivar el debate público de las ideas, como sucede en los países de más larga tradición democrática. Nos somos capaces de encauzar el conflicto colectivo, inherente a cualquier sociedad avanzada.

España, en su lugar, parece haber abrazado -al menos es lo que se refleja en los medios de comunicación- ideales abstractos en forma de utopías. Cuando la política es, precisamente, como decía Isaiah Berlin, gestionar el conflicto que necesariamente surge entre fines, valores e intereses. Si no hubiera conflicto, sostenía el hombre más sabio de su tiempo, no habría política y viviríamos en la Arcadia feliz. Es evidente que no ocurre eso. Y de ahí la necesidad de salvaguardar el pluralismo como antídoto contra la verdad única. La política no es el problema, es la solución.

La tolerancia con las ideas ajenas, sin embargo, se ha convertido en un espejismo. El sectarismo es la seña de identidad de un país en crisis, lo cual sólo ensancha los problemas. Incluso se desprecia la política y a los políticos. Desconociendo que son necesarios en cualquier sociedad civilizada. Precisamente, para evitar lo que decía Heine: ‘No hay que subestimar el poder de las ideas’. Nadie le hizo caso y un siglo después de que pronunciara esas palabras Europa se llenó de totalitarismos. “Los conceptos filosóficos engendrados en el sosiego del despacho de un profesor pueden destruir una civilización”, sostenía uno de los mejores exponentes del romanticismo alemán.

Ahora no va a suceder eso. O, por lo menos, no lo parece. Con más de 25.000 euros de renta per cápita no existe aquel caldo de cultivo que dio carta de naturaleza a los totalitarismos del siglo XX. Pero la semilla de la deslegitimación de todo lo que huela a política está sembrada. Y nadie conoce sus consecuencias si esta crisis se alarga unos años más. O incluso si surgen líderes mesiánicos apoyados por oscuros grupos de presión. Aún se está a tiempo de evitar el descalabro.

Desde luego que una buena parte de “lo que nos pasa”, que decía Ortega, tiene que ver con una generación de dirigentes políticos incapaz de entender el tiempo que le ha tocado vivir. Muchos de los problemas actuales derivan de la degradación de viejos problemas que asomaban la cabeza hace un puñado de años y que nadie los atendió.

Si los últimos gobiernos hubieran abordado una reforma de la ley electoral en profundidad, todo hubiera sido diferente; si hubieran cerrado de una vez por todas el Título VIII de la Constitución, el que regula el modelo autonómico, es probable que las tensiones territoriales se hubieran podido canalizar de una forma civilizada. O si se hubieran creado instituciones verdaderamente independientes para advertir al país de que el modelo de crecimiento era insostenible, es muy probable que hoy todo sería muy diferente. Nada se hizo y ya se sabe que los seres vivos, como en el fondo son las naciones, tienden a descomponerse con el tiempo si no se renuevan.

Esta es, en última instancia, el fracaso de una generación de políticos superados por la Historia. Pero una cosa es haber sido autores de un craso error histórico y otra bien distinta el descrédito general de la política -y de los políticos-. Como si ellos fueran los únicos responsables de la crisis. La corrupción política, la falta de transparencia, las mentiras electorales y hasta la coacción ciudadana no tienen nada que ver con el hecho de que un Estado sea federal, centralizado o confederal. Cuando se dice que la solución de España es volver a un modelo unitario se cae en la misma falacia que esgrimen los nacionalistas catalanes o vascos: la independencia nos hará libres y prósperos

También lo son los contribuyentes que trafican con dinero que escapa a la Hacienda pública; los ciudadanos que especulaban comprando y vendiendo pisos; los comerciantes que subían los precios más allá de lo razonable; los banqueros codiciosos cuyo único incentivo era ganar más y más aunque el país se fuera por el sumidero; los profesores de universidad y los economistas que se rompían las manos aplaudiendo a los poderosos, los medios de comunicación vendidos al establishment y muchos otros ciudadanos que nadaron en el cuerno de la abundancia mirando hacia su propio ombligo. El poco castigo electoral que han sufrido en algunas zonas políticos corruptos refleja esa miseria moral en aras del bienestar propio.

La crisis de España una responsabilidad colectiva, y por eso culpar sólo a los políticos de lo que nos pasa es un ejercicio harto arbitrario. No se puede pedir que alguien resuelva nuestros problemas si la propia sociedad es incapaz de organizarse para cambiar las cosas.

Este es, en última instancia, el drama de movimientos como el 15-M o el 25-S, justos y necesarios, como la propia indignación, pero que reflejan un sonoro fracaso para encauzar el debate político mediante propuestas concretas.

Los viejos partidos están ahí (algunos han envejecido prematuramente), y si no sirven lo que hay que hacer es cambiarlos a través de nuevas organizaciones políticas. De nuestros instrumentos de acción ciudadana. De lo contrario, como decía Stuart Mill, “la sociedad quedará abrumada por el peso de la mediocridad colectiva”.

COMUNICADO:Ágora Socialista, Asociación por la Tolerancia e Impulso Ciudadano
LA LEY ORGÁNICA DE MEJORA DE LA CALIDAD EDUCATIVA DEBE INCLUIR EL DERECHO DE LOS ALUMNOS A RECIBIR LAS ENSEÑANZAS OBLIGATORIAS EN CASTELLANO EN TODA ESPAÑA.
Asociación por la Tolerancia 30 Septiembre 2012

Las asociaciones abajo firmantes, en relación con el informe del Anteproyecto de Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa presentado por el Ministro de Educación en el Consejo de Ministros el pasado 21 de septiembre, expresan su preocupación por la ausencia en el texto propuesto de reformas encaminadas a garantizar el derecho a ser escolarizado en toda España en castellano.

A esos efectos, es necesario recordar que el programa electoral con el que el Partido Popular se presentó en las últimas elecciones generales se comprometía a impulsar medidas destinadas precisamente a garantizar la enseñanza en castellano en los territorios con cooficialidad lingüística mediante el mecanismo de la libertad de elección.

Por ello, solicitamos del Gobierno de España que no soslaye su compromiso e incorpore en la Ley una regulación que incluya:

- El derecho de los alumnos a recibir las enseñanzas obligatorias en castellano en toda España;

- El derecho de los padres y tutores a elegir la lengua de escolarización de los alumnos en los territorios con cooficialidad lingüística;

- La obligación de los poderes públicos de garantizar los derechos lingüísticos antes enunciados;

- Los mecanismos suficientes para que la Alta Inspección del Estado pueda hacer cumplir de manera efectiva la normativa en lo referente a los derechos lingüísticos de alumnos y padres o tutores, incluyendo un régimen sancionador para aquellos que impidan, obstaculicen o menoscaben esos derechos.

Con tal fin, las asociaciones firmantes harán llegar al Ministerio la defensa de una regulación respetuosa con la pluralidad lingüística de España que vincule a todas las Administraciones Públicas y que sea plenamente compatible con el libre desarrollo de la personalidad que contempla la Constitución española.

La introducción de las reformas propuestas contribuiría a resolver una situación enquistada que es motivo de enfrentamiento por la actitud obstruccionista de algunas Administraciones autonómicas que desvirtúan la verdadera naturaleza de la cooficialidad lingüística.

Impulso Ciudadano, Asociación por la Tolerancia y Ágora Socialista
Barcelona, 24 de septiembre de 2012

Administración de calidad
Mario Conde www.gaceta.es 30 Septiembre 2012

Sólo la independencia le permite no plegarse a decisiones políticas, sino ajustarse a la ley.

Los funcionarios han sufrido de manera singular decisiones adoptadas por el Gobierno a consecuencia de la crisis: reducciones de sueldo, de días de permiso, incrementos de jornada y eliminación de pagas extras. Es evidente que muchas profesiones del sector privado se han visto igualmente afectadas. En el caso de los funcionarios, reciben un tratamiento colectivo –todos– que se opera vía poder normativo del Estado y se crea esta situación: los funcionarios no son singularmente responsables de la crisis y, sin embargo, sufren singularmente las consecuencias. La razón: sus rebajas sirven para disminuir el gasto y, por tanto, el déficit. Esta actuación se construye sobre la mala imagen que arrastran, acentuada por la percepción de un crecimiento injustificado de su volumen.

Es necesario poner orden en esta situación. Primero, ante todo concretar la agenda del Estado, lo que puede y debe hacer y lo que no le corresponde. Segundo, definir adecuadamente su estructura territorial en un modelo eficiente y soportable. Tercero, concretar de modo racional una definición de puestos de trabajo necesarios: cuántos funcionarios, de qué niveles y cómo se cubren profesionalmente. Cuarto. Eliminar empleos discrecionales creados por los políticos de turno. Una Administración Pública dimensionada e integrada por funcionarios cualificados es garantía del administrado y constituye una pieza básica para limitar la arbitrariedad política. Se necesita recuperar una Administración de calidad, y eso se basa en personas cualificadas y conscientes de ser servidoras del administrado.

La independencia del funcionario es necesaria. Por ello la estabilidad y asignación de puestos técnicos a la carrera. Sólo la independencia le permite no plegarse a decisiones políticas, sino ajustarse a la ley. Pero la independencia y la estabilidad reclaman un régimen disciplinario efectivo. Reformas profundas nos esperan, pero imprescindibles.

España: gobiernos patéticos, todavía apoyados por millones de ciegos
Francisco Rubiales Periodista Digital 30 Septiembre 2012

El mayor "mérito" de los últimos dos gobiernos, el de Zapatero y el de Rajoy, es haber fabricado a millones de ciegos capaces de apoyarles sin ver que España caminaba hacia la ruina. Pierden derechos, son esquilmados con los impuestos y tienen que soportar una catarata de errores, sandeces, injusticias, arbitrariedades y abusos de los que controlan el país y sus finanzas, pero no sólo no se rebelan sino que, además, acuden sumisos a las urnas para apoyar a sus verdugos. La incultura política, el sometimiento esclavo y el fanatismo están ganando la batalla al sentido común, a la libertad y al bien común.

Los "ciegos" de Zapatero, víctimas del odio a la derecha y con su capacidad de raciocinio dañada por la propaganda gubernamental, son borregos incapaces de ver la realidad de una España que, mal gobernada por la izquierda y la derecha, se hunde.

Los ciegos de Rajoy son incapaces de asimilar la inmensa traición a los ciudadanos y a la democracia que supone haber incumplido casi todas sus promesas electorales y la cobardía de un gobierno de derechas que imita al de izquierda en tropelías y abusos, después de haber prometido a sus votantes que limpiarían España de corruptos y aligerarían la carga pesada e incosteable de un Estado monstruoso, patético y lleno de enchufados innecesarios.

Esa masa de sometidos al poder gubernamental, sea del color que sea y haga lo que haga, alimenta la tiranía e impide con su actitud grotesca y obstruccionista el cambio que demanda la sociedad española para resurgir, recuperar su empuje, la inteligencia colectiva y el bien común.

¿Como no ven que el país se endeuda y se empobrece a un ritmo frenético, que los parados reales no cesan de crecer y que las empresas siguen cerrando, sin que el hundimiento del tejido productivo importe a los gobernantes?

¿Se puede ser tan ciego que no se vean las colas en los comedores de caridad, ni los que duermen por la noche en los soportales y rincones urbanos, entre cartones? ¿No se dan cuenta que la arrogancia pierde a la casta política y pone cimientos a una revuelta de desgraciados y desamparados que puede hacer estallar la violencia en España?

Muchos ciudadanos empiezan a comprender verdades de gran dureza, como que el enemigo mas cercano y dañino no es el terrorismo o el separatismo, sino el mal gobierno, el que les acribilla con impuestos injustos, el que arrebata derechos y conduce a la nación hacia el desastre, sin igualdad, sin justicia, sin decencia, con privilegios inmerecidos para unos, con leyes y reglas indecentes.

La clave del problema quizás no esté sólo en la ceguera sino en el envilecimiento y la dependencia del pueblo. Es posible que los que parecen ciegos estén viendo el desastre que les envuelve, pero que, acostumbrados a vivir sin esfuerzo, subvencionados por el presupuesto, sin trabajar demasiado y inmersos en un liderazgo político corrupto, inmoral y arbitrario, prefieran guardar un silencio cobarde con la absurda esperanza de que el tiempo transcurra y lo solucione todo.

Hemos olvidado el principio de que la democracia no es un regalo, sino una conquista que hay que defender cada día. Olvidar ese principio nos convierte en esclavos y en víctimas de los depredadores de siempre, cuyos únicos intereses son dominar y saquear.

Mientras cada día más países emergen de la crisis y reemprenden su ruta hacia la prosperidad, España se debate en la torpeza y la miseria, sin atreverse a emprender las grandes reformas que el país necesita, que no son las decretadas por los gobiernos de Zapatero y Rajoy, sino aquellas que se ocultan y se silencian porque son la clave del poder político: la reforma del Estado, que debe reducir su tamaño y expulsar de su seno a enchufados, parásitos y militantes de partidos colocados sin que sean necesarios, la supresión drástica de la corrupción, que envenena y postra a España, la eliminación de los privilegios inmerecidos y lacerantes de la clase política, sobre todo el de la impunidad, y la instauración de una verdadera democracia, que sustituya la actual partitocracia indecente que nos guia y subyuga.

Voto en Blanco

Perseverare diabolicum
J. M. Ruiz Soroa, EL CORREO. 30 Septiembre 2012

Adoptemos la palabra ‘federal’, dice Rubalcaba, y ya veremos luego lo que hay que cambiar

La reacción del Partido Socialista Obrero Español ante el desafío secesionista del nacionalismo catalán puede bien caracterizarse así: un pensamiento débil que lleva a una postura política anémica. La ausencia de una reflexión intelectual mínima de los socialistas se patentiza en su súbita reconversión a la defensa de un Estado federal, adoptada a prisa y corriendo y sin siquiera la más mínima concreción acerca de en cuáles contenidos relevantes (aparte del nombre, claro) se diferencia una federación del Estado autonómico hoy existente. Contenidos que sean relevantes para la cuestión que nos ocupa, que no es otra que la anunciada secesión de Cataluña por un supuesto maltrato del conjunto. ¿Es que por ventura en los Estados federales no rige el principio de igualdad ciudadana y de solidaridad interestatal, que es lo que impugna el secesionismo padano-catalán? ¿Es que la existencia de un Senado federal en el que los nacionalistas serían siempre minoría ayudaría en algo a integrarles? Da igual, dice Rubalcaba, adoptemos la palabra federal y ya veremos luego lo que hay que cambiar. Pensamiento profundo, sí señor.

Aunque en el fondo, la debilidad intelectual está, más que en esta conversión al nominalismo taumatúrgico de los socialistas, en la falta de reflexión sobre la historia reciente de nuestro Estado y de sus problemas con la organización territorial. Dicho de una manera deliberadamente simplificadora, el Estado español tiene dos tipos de problemas en este campo: uno de articulación y otro de integración. El de articulación es el de definir y establecer un sistema que, respetando la diversidad de sus partes, preserve la unidad eficiente del conjunto. El de integración consiste en la existencia de fuerzas políticas relevantes en ciertas regiones que no quieren formar parte de ese Estado en ningún caso, porque quieren uno propio. Son dos problemas distintos y distantes.

La Constitución de 1978 trajo la ilusión de que, por fin, España había encontrado un modo de articulación que produciría también la integración (el sueño de Azaña en 1931). Fue un breve sueño, porque los que no querían integrarse no se integraron. Y lo dijeron, alto y claro: no (el despertar de Ortega). Lo asombroso del caso es que, ante esta negativa, nuestros políticos, con los socialistas a la cabeza, se lanzaron a una permanente huida hacia delante en la que intentaban resolver el problema de integración mediante la modificación de la articulación. Treinta años de retocar, ampliar y desfigurar el sistema autonómico para ver si así los nacionalistas se integraban. Resultado: no se han integrado, desde luego, pero sí hemos conseguido tener un Estado desarticulado. O desconcertado. Ni integración ni articulación, todo un éxito histórico.

«Errare humanum est, perseverare diabolicum», decía un proverbio romano. Lo que podríamos traducir para nuestros socialistas como: hasta ahora puede haber sido un error, pero a estas alturas sería ya estupidez pura y dura. Por favor, no vuelvan a las andadas de toquetear la articulación, atrévanse a afrontar el desafío en sus propios términos. Dejen en paz el federalismo y hablen de lo que les pide la realidad: ¿secesión o unión? ¿Cuál y por qué?

Y como para hablar de ello se necesita un cierto grado de claridad, tanto de ideas como de procedimientos, lo que hoy toca es reflexionar sobre ambos aspectos y generar la política correspondiente, distinta de la fracasada hasta hoy.

En primer lugar, no se puede debatir entre demócratas sobre la opción ‘secesión-unión’ si una de las posibilidades está prohibida o fuera de la ley a priori. ¿Qué discusión puede haber si una de las opciones jamás podría ganar? Seamos serios, hay que admitir, pactar y regular la posibilidad de una secesión en España, precisamente para poder entonces discutirla. Y téngase en cuenta que quienes interiorizan de antemano una consulta a la sociedad como si fuera una derrota, y por ello intentan evitarla, están ya derrotados.

En segundo, para que la sociedad opte por la unión hace falta fundamentar esta elección en algo positivo. Los argumentos puramente reactivos son argumentos perdedores. Decir como hace la derecha que España es intocable ‘porque sí’, o ‘porque lo dice la Constitución’, o ‘porque el pueblo español lo decidió así hace treinta años’, es tanto como invocar la inevitabilidad histórica del ‘no puede ser’. Al que siempre se le podrá responder: ¿y por qué no puede ser? Y decir que la independencia ‘rompería la cohesión social’, como hace la izquierda usando de ese concepto fetiche y multiusos que tanto le gusta no resiste el más mínimo análisis: ¿por qué razón sería mayor la cohesión social de una sociedad que ya se divide en separatistas y unionistas de manera natural por el hecho de optar por una de las dos posibilidades? Digo yo que la cohesión (sea eso lo que sea) es la misma en ambos cuernos de la alternativa, la unión o la secesión, ninguna de ambas es por sí misma más cohesiva o descohesiva que la otra. Y no comentemos, porque da lástima, la teoría del «mal negocio» que últimamente ha puesto en circulación el socialismo vasco. No queremos la independencia porque es un mal negocio para los vascos, dicen. ¿Y si fuera buen negocio? ¿Optarían entonces por ella?

Dar el paso a un pensamiento y discurso positivos acerca de la unión entre los españoles les debe de costar mucho a los progresistas porque asocian ese paso con el nacionalismo español, y de eso al facherío no hay más que un suspiro, ¿verdad? Humildemente les sugeriría que lo analicen desde la teoría democrática y de sus exigencias, que profundicen en la idea de que un Estado plural respetuoso de sus minorías es de superior calidad democrática a un Estado mononacional que inevitablemente pretendería ‘construir’ nacionalmente a sus ciudadanos y, por ello, incurriría en el más atroz de los paternalismos. Que comprendan de una vez que el nacionalismo, todo nacionalismo, contiene en su núcleo dogmático un germen profundamente incompatible con la democracia. Que no por ser pacífico el nacionalismo es congruente con la teoría y la práctica democrática. Que una España articulada de manera que respeta la diferencia de todas sus nacionalidades y regiones pero sin renunciar a la igualdad de derechos ciudadanos de todos sus habitantes no es sólo una opción más, sino que es un ‘triunfo’ en la partida si se juega con las reglas de la democracia. No sean acomplejados, ser unionista es aquí y ahora mucho mejor –moralmente mejor– que ser secesionista. Si lo piensan, lo entenderán.

Automutilación
Fernando Savater, EL CORREO. 30 Septiembre 2012

Los catalanes independientes renunciarían a gran parte del país que ahora es suyo y del que son cogobernantes por medio de sus votos. Y se privaría al resto de los españoles de una parte esencial del Estado nacional del que son ciudadanos

Será por la proximidad de ambos sucesos, pero ante la reivindicación independentista de la Diada y las frustradas reclamaciones de un pacto fiscal por parte del presidente Mas resulta inevitable la comparación con la actitud de Bernard Arnault en Francia, que tanto escándalo popular ha suscitado allí. El multimillonario dueño de la marca Louis Vuitton acudió al Elíseo para pedir un trato fiscal especial frente a la anunciada subida de impuestos para las grandes fortunas, proclamando su especialmente alta contribución a la riqueza del Estado. Como en esa gestión por lo visto no se le concedió ningún privilegio, hizo pública su determinación de renunciar a la nacionalidad francesa y adoptar la belga. Vamos, que opta por independizarse del que ha sido hasta entonces su país para castigarle por el maltrato a sus intereses económicos…

Por muchas que sean las diferencias entre la actitud del individuo francés y el colectivo catalán, también resultan obvios los parecidos. En especial, el de someter a motivaciones pecuniarias la pertenencia o el abandono de la nacionalidad. Desde luego, en el estallido independentista ocurrido en Cataluña intervienen otros ingredientes ideológicos, que han estado hirviendo a fuego más o menos lento a lo largo de los últimos años. Para empezar, la apelación a un sentimiento idiosincrásico y victimista opuesto a la marca España, que culpa al sometimiento al Estado de los numerosos errores administrativos, abusos y despilfarros que han llevado al debilitamiento económico de la habitualmente pujante comunidad catalana. La culpa de esos déficits no la tienen, según la coartada nacionalista, quienes han gobernado desde comienzos de la democracia la autonomía sino quienes desde el Gobierno estatal les han recordado las obligaciones solidarias que impone la pertenencia a un colectivo del que evidentemente también han obtenido pingües ventajas. Es una deformación casi grosera de la realidad, pero que cae en un terreno abonado por años de propaganda entre ofendida y arrogante tanto mediática como educativa.

Mientras retumbaba esa propaganda de gesticulación secesionista, basada en la incomprensión de «Madrid» por no ceder a las insaciables e interminables demandas nacionalistas, el resto de la población catalana –ampliamente no independentista e incluso escasamente nacionalista– guardaba un prudente y virtuoso silencio. Confidencialmente nos decían a quienes veníamos de fuera: «Todo se quedará en nada, prevalecerá el sentido común, mucho ruido y pocas nueces, etc…» No hay motivo para preocuparse, mientras los bussiness sigan as usual. Después de todo, en Cataluña apenas hubo brotes terroristas, todo transcurre con un talante mucho más civilizado que en el País Vasco, aunque quizá la xenofobia sea en ciertos casos un poco más agobiante… Como siempre, lo verdaderamente nocivo para la ciudadanía no es el nacionalismo de los nacionalistas, sino el remedo pseudonacionalista y vergonzante de los no nacionalistas que por oportunismo quieren imitarles e incluso en ocasiones superarles en casticismo idiosincrásico y peculiarismo declamatorio. Lo malo es que muchas veces, a fuerza de llevar careta para sacar ventaja de ser lo que no somos, se nos borra el rostro de lo que íntimamente creíamos ser…

Algún día se escribirá la historia de cómo el descentralizado y complaciente Estado de las autonomías terminó pervertido en un insostenible Estado de los nacionalismos. Tratando de apaciguar a los disgregadores y restarles argumentos, aceleró la disgregación y deslegitimó las instituciones que podrían contrarrestarla. Es cosa especialmente patente en algunos campos, por ejemplo en la educación. Ante la reforma educativa propuesta por el actual Ejecutivo, a la que por cierto pueden oponerse no pocas objeciones bien fundadas, el Gobierno vasco clama contra la «recentralización», que por lo visto es el mayor agravio contra ese tesoro inestimable que supone la educación «propia». Y el ministro del ramo, con escándalo virtuoso, protesta que de recentralización nada de nada, como si recentralizar lo que funciona mal descentralizado fuese un pecado contra el espíritu. Asumir con naturalidad que la educación tendría que hacer hincapié no sólo en la pluralidad de nuestro país –que es España, por cierto– sino también en los elementos comunes que debemos compartir y sin los cuales la ciudadanía resulta ilusoria o impotente se ha convertido en un ideal cuestionado. Algunos insisten en el federalismo como solución, mientras lo imposibilitan de hecho, porque la solución federal se basa en la lealtad al conjunto estatal y sólo sirve para juntar a quienes estando separados desean unirse, no a quienes ya juntos pretenden una coartada para separarse.

Lo más grave, a mi juicio, es que ni los separatistas ni quienes se les oponen resaltan que lo que se está proponiendo es una automutilación: es decir, que los catalanes independientes renunciarían a gran parte del país que ahora es suyo y del que son cogobernantes por medio de sus votos. Y, de igual modo, se privaría al resto de españoles de una parte esencial del Estado nacional del que son ciudadanos. Se ha dicho en otros contextos que lo pequeño es hermoso pero a nadie he escuchado que automutilarse sea engrandecedor…

Elefantes
JON JUARISTI ABC  30 Septiembre 2012

SIN duda, como Ignacio Camacho observaba certeramente el pasado viernes, el pesimismo es, hoy por hoy, el rasgo más preocupante de lo que los clásicos españoles de la modernidad llamaron, desde la crisis de 1898 (a la que Camacho aludía en su excelente artículo), «el presente momento histórico». Pero el pesimismo es una actitud, un sentimiento, no una doctrina ni una forma de pensamiento como el escepticismo, con el que a menudo se confunde. En tal sentido, no viene determinado por hechos objetivos. El escéptico cae fácilmente en el pesimismo porque piensa que la realidad no es cognoscible. Admite que pasan cosas, pero que no acertamos a saber lo que pasa y lo único que intuimos es que, pase lo que pase, no nos conviene.

Sin embargo, no parece que el pesimismo actual sea producto de un escepticismo generalizado. Por el contrario, se diría que sobreabundan las creencias fuertes. Los secesionistas catalanes y vascos creen firmemente que sus proyectos de Estados independientes responden a verdaderas realidades nacionales negadas por el nacionalismo español. Los nacionalistas españoles, que son muchos menos que los que nacionalistas vascos y catalanes suponen tener enfrente, creen que España es básicamente la misma nación que ya existía en tiempos de los Reyes Católicos. La izquierda cree hoy -como lo creyó en 1929- que estamos ante la crisis terminal del capitalismo y que le incumbe la tarea histórica de acelerar su derrumbe y la transición al socialismo. La derecha conservadora cree que la crisis deriva en última instancia de una pérdida de los valores tradicionales, y la liberal, que bastaría terminar con el exceso de regulación inherente a los Estados intervencionistas heredados del ciclo socialdemócrata para permitir que los mercados nos devuelvan a la prosperidad y al pleno empleo.

Este inventario, con todo, peca de optimista. La situación presente recuerda más bien la antigua fábula india de los ciegos que palpaban un elefante, pero los ciegos son en este caso legión y el bicho, un mamut descomunal o un rebaño global de proboscídeos mutantes. El pesimismo no tiene que ver, por tanto, con una difusión del escepticismo, sino con la proliferación de las creencias y su inevitable conversión en ruido. Porque el escepticismo puede inducir a la pasividad y al desánimo, pero suele ir asociado al silencio, y el pesimismo actual se manifiesta en puro estruendo. Se trata de un pesimismo disruptivo, que obstruye la comunicación por exceso. En medio del fragor resulta imposible aislar enunciados sintéticos suficientemente representativos de lo que hasta hace pocos años se denominaba todavía «estados de opinión». El lector avezado de periódicos puede quizá pescar aquí y allá algunas afirmaciones sorprendentes que ilustran el deterioro de lo que fueron convicciones democráticas extendidas al final de la Transición, cuando se asentaron los consensos. De la prensa de esta semana extraigo dos, cuya recurrencia me parece alarmante: la fórmula dudosamente liberal de «nación de individuos», que va sustituyendo en el discurso antinacionalista a la de «nación de ciudadanos» (no existe tal cosa como una «nación de individuos»: toda nación es una sociedad con fines comunes, distintos de los individuales), y, en el extremo opuesto, la condena dudosamente socialdemócrata -en realidad, estalinista- del liberalismo como una ideología que, admisible en situaciones de dictadura, debe combatirse en las democracias como legitimadora del privilegio de los ricos. Este tipo de lenguaje nos va cerrando todas las salidas razonables con mayor eficacia que una enloquecida manada de elefantes barritando al unísono.

RAJOY, "UN MUERTO VIVIENTE" Y EL REY, "UN MONARCA ESCARMENTADO"
"España debe dejar el euro" y otras opiniones de la prensa internacional
“España debe dejar el euro”, afirmó este viernes el analista económico Jeremy Warner en 'The Telegraph'
Raquel Benito El Confidencial 30 Septiembre 2012

Pocos son los medios internacionales que no han escrito a lo largo de esta semana ‘horribilis’ sobre la situación de crisis económica, política y social que padece España para ponerla de nuevo en la picota.

Pese a que Mariano Rajoy y el Rey se desplazaron el pasado lunes hasta a Estados Unidos para intentar frenar el desgaste de la marca España, el viaje parece no haber hecho efecto a tenor de los últimos artículos publicados tanto en los diarios americanos como en los británicos.

“España debe dejar el euro”. Así de contundente se mostró este viernes el analista económico Jeremy Warner en el diario británico The Telegraph. Y si la afirmación es dura, más lo es su reflexión posterior, en la que afirma que el único camino que tiene España para no condenarse eternamente es abandonar la moneda única. "Si se quedan lo pagarán de por vida".

El columnista no tiene mejores augurios para Mariano Rajoy, un “muerto viviente” diez meses después de proclamarse presidente del Gobierno, que ha recibido una herida letal por “el incumplimiento de lo prometido”.

En su análisis, Warner destaca que la “debilidad” de España como nación se ve agravada por “las ansias independentistas de Cataluña” y alarma sobre la “precaria situación política y fiscal del país”. Además, el analista no pierde la ocasión para recordar la unión entre Alemania, Finlandia y Holanda, que “no están muy dispuestos” a echar una mano para solucionarlo.

“Un rey escarmentado que busca redención”
El diario estadounidense The New York Times sigue sin entenderse con Don Juan Carlos. Si el lunes recibía con el reportaje “En España, austeridad y hambre” mientras el monarca se reunía con el Consejo de Redacción para explicar la realidad del país, este sábado dedicó su espacio a escribir directamente sobre él como “un rey escarmentado que busca redención”.

En su artículo, el diario cuestiona la fortuna amasada por el Rey y su tarea de "diplomático de los negocios" de cara a vender la imagen de España en el mundo, después de que él mismo protagonizara una serie de desafortunados acontecimientos. Unos hechos que no condicionan la opinión que César Alierta, presidente de Telefónica, tiene del monarca, al que describe "desde el punto de vista corporativo, como el embajador número uno de España". De las diferentes personalidades que han hablado con el NYT solo Alierta y la princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein, que define al Don Juan Carlos como "un tesoro nacional", lo hacen de forma positiva.

El diario estadounidense hace hincapié en resaltar las diferencias históricas entre la reciente monarquía española y el resto de coronas europeas, y destaca cómo el rey llegó a Jefe del Estado "con prácticamente nada", y poco a poco ha generado una fortuna. Sobre el patrimonio real opina Joan Tardá, de Esquerra Republicana: "Hay un control cero de las actividades y pertenencias del Rey". De opinión similar es Herman Matthijs, profesor de Finanzas de la Universidad de Bruselas: "Supongo que es, por lo menos, millonario. Pero la pregunta es si es multimillonario. ¿Cuál es su verdadera fortuna?".

"Al rey se le valora mucho en los círculos empresariales por actuar como intermediario y como embajador económico para su nación, pero la forma en que ha amasado su considerable fortuna personal permanece en secreto", sentencia The New York Times.

The Guardian, preocupado por los españoles
El mismo escenario descrito por el analista de The Telegraph es el que utiliza The Guardian para justificar su reportaje sobre el desgaste del tejido social de España. En él se centran en los esfuerzos a los que está teniendo que hacer frente una sociedad con una tasa de paro que llega al 25%.

Para el diario británico una de las tendencias más alarmantes es el elevado número de familias que han sacado a los ancianos de las residencias. Esta práctica permite que la pensión de los mayores se convierta en la última barrera que tienen muchos hogares contra la exclusión.

El apartheid contra la mujer
'La mazmorra saudí no puede ser la solución laboral de una española'
XAVIER HORCAJO www.gaceta.es 30 Septiembre 2012

Una azafata narra a LA GACETA su calvario en Arabia Saudí.

Los todopoderosos saudíes son crueles, corruptos y financiadores del fundamentalismo en el mundo entero, pero lo peor lo reservan para la mujer, aunque no sea árabe. Esta denuncia puede ilustrar a alguna incauta que, sin saber dónde se mete, acuda a la llamada para contratar enfermeras españolas que han hecho las autoridades saudíes aprovechando que estamos inmersos en una crisis económica.

-¿Fue dura su vida en Arabia Saudita?
-He pasado miedo, mucha incertidumbre. Mi estancia allí casi me destruye como ser humano. Arabia Saudita es un régimen que practica el apartheid contra la mujer, entre otras atrocidades. Es salvaje. Te anula. No comprendo cómo en Europa les ponemos alfombra roja cuando ellos son crueles, injustos, racistas y discriminadores como nadie. Por respeto a los derechos humanos, Europa debería volver la espalda a “Arabia Maldita”, que es como la llamamos muchos españoles que trabajamos allí. Como por ejemplo las “cucas” o las “cucarachas del desierto”: así nos autodenominamos las españolas por culpa del sayón obligatorio.

-¿Se sintió perseguida?
-Cumplí allí un año: mi contrato. Salí de “Arabia Maldita” el pasado 15 de septiembre. Fui allá porque necesitaba el dinero. Mi compañía española me dejó tirada y la crisis y un montón de engaños y mentiras me llevaron a Arabia. Me reclutaron en un hotel en Madrid y firmé por un año. En teoría, era seguir con el mismo trabajo, en los mismos aviones, en los que tenía más de 10 años de experiencia. Pero allí me sentí vejada desde el primer minuto. Sentí agobio, persecución, acoso y la verdadera “levedad del ser”, casi del no ser.

-¿Cuáles son las amenazas reales para una mujer en Arabia?
-En “Arabia Maldita” hay seis millones de personas consideradas población flotante. De ellas, tal vez un millón sean “kuffar” (es decir, infieles). Desde luego en el “paraíso islámico” estos pueden olvidarse de practicar su fe. Por ejemplo, el Ramadán –el ayuno musulmán que dura un mes– es obligatorio para todos, seas o no musulmán. Si te pillan, por ejemplo, fumando, te arriesgas a ser deportado. O azotado si te pillan comiendo. Si tienes la suerte de vivir allí con tu marido, también hay que ir con cuidado. Muchos han tenido problemas en la calle.

-Lo peor que ha visto…
-Lo peor es saber que los derechos humanos les importan un pepino. Nosotras nos topamos con una ejecución, en plena calle. Un tipo vestido de blanco con una espada enorme, a la vista de todos, le cortó la cabeza a otro por ser “desleal” al rey. Eso nos dijeron. Ocurrió en octubre del año pasado y desde entonces es una de mis pesadillas.¡Un horror! En plena calle, en Ryad.

-Parece que en España y en Europa queremos mirar a otro lado…
-Me avergüenza la solución que España y Europa dan a este drama. La riqueza petrolera nubla la vista a nuestros líderes políticos, sin excepción. Unos por vender aviones de combate, otros AVE; el caso es que no quieren compromisos con los derechos humanos. Y mientras ellos financian “madrasas”, odio, radicalismo salafista y wahabita, cuando no terrorismo, en medio mundo. En España hemos pagado con sangre esa relación con “Arabia Maldita”. ¡Qué asco!

-Ahora están juzgando a un combatiente de los derechos humanos, el economista Al Quatani. ¿Allí lo sabe la gente de la calle?
-Yo lo supe por la BBC, donde dicen que Al Quatani es un luchador por los derechos humanos. No sé cuál ha sido su condena, pero seguro que está en la cárcel. Allí cuesta mucho saber este tipo de cosas. Otras en cambio las airean y resulta odioso. Figúrense: los saudíes votan en la ONU la condena al dictador sirio Asad por atentar contra los derechos humanos. Menudo sarcasmo.

-Debe ser una terrible sensación de soledad: mujer y en Arabia…
-Aterricé en el Marriott de Jeddaa. No imaginas: “No women” en el gimnasio. Sales a la calle con tu abaya y la Policía religiosa –los “motawa”– te paran y te reprenden porque, al caminar, del sayón sobresalen los dedos de tus pies. Tú estás a 45 grados y ellos te montan un lío por llevar sandalias. Vas a comprar y sólo en los vestidores de las tiendas de lujo tipo Cartier (“Women only”) te puedes quitar la abaya. Es odioso. Ir a comer es discriminatorio para la mujer incluso en los McDonald’s, Pizza Hut, o los Starbucks, donde se practica el apartheid. Y a todo Occidente les parece simplemente una ominosa circunstancia cultural. No impide los negocios ni el respeto a semejante corrupción moral. Hombres aquí, mujeres allí. Hay restaurantes sólo para hombres, incluso los de horarios diferenciados. En Arabia hay hasta entradas diferenciadas para mujeres en muchísimas casas. Lo mismo ocurre en el transporte público, los hospitales, bancos o edificios del Estado.

-¿Se sintió ofendida?
-El primer shock es la abaya. El sayón que te tienes que poner, sí o sí, nada más llegar. Ocho horas de vuelo, dos para cambiar de avión y cuando haces los trámites del contrato, los análisis de sangre que deben incluir los resultados conforme no tienes sida, ni hepatitis B, certificados penales, de salud y un montón de cosas más. Consigues el permiso de residencia, porque sin eso no puedes poseer nada, ni un móvil. Nada más llegar te hacen una foto horrible, ya sabes: cara de miedo, sayón, y esa foto te persigue todo el tiempo que pases allí. Esa vas a ser tú. Tu personalidad se queda en España: en Arabia los saudíes no deben mirarte ni dirigirte la palabra.

-¿Te acostumbras al miedo?
-Las “cucas” o cucarachas pasamos mucho miedo. Allí las mujeres tiene un guardián personal, sea su padre, hermano o marido. Las casan forzadas, no votan, no pueden conducir (es una singularidad del país única en el mundo) y para firmar un documento público las tienen que identificar dos testigos varones. ¡Hay que verlo, eh! Las solteras que trabajan no tienen cabida. La enorme represión hace que muchos saudíes jueguen a llamar de noche a números de teléfono al azar, para conseguir un: “ Helloooooo?”, de una voz femenina desconocida. Si picas y descuelgas por puro hábito, estás perdida. El tipo te volverá a llamar una y otra vez, o dejará mensajes. En un país donde los delitos de sexo están a la orden del día.

-Describe una sensación de desprecio total…
-Los saudíes son tremendamente racistas. Es un signo del wahabismo. Especialmente lo son con los islámicos chiitas, con los filipinos musulmanes o con los africanos. A veces les tratan peor que a los “kuffar”, que somos nosotros, los infieles. Doy gracias a Dios por haber vuelto. He aguantado psicológicamente en esa cárcel, a la que me llevó la necesidad y la crisis de aquí. Recuerdo cómo lo celebramos cuando el Ministerio de Asuntos Islámicos exigió a los imanes que dejaran de rogar los viernes por la destrucción de los cristianos y de los judíos. Por eso dicen que el rey Abdullah, el custodio de los santos lugares, es un reformista.

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Cataluña es el error de un PSOE indefinido
Pedro de Hoyos Periodista Digital 30 Septiembre 2012

En julio de 1978 el PSOE cometió un grave error cuando pagó todas las deudas del PSC, entonces un partido rival, arruinado y nacionalista, y le cedió todo el protagonismo en Cataluña, desapareciendo de la realidad política y entregando su ideología, su estrategia y su futuro a un partido que había estado en trance de desaparición. De pies y manos.

Desde entonces hasta hoy la federación catalana del PSOE no ha existido, reemplazada por este curioso representante, contradictoriamente internacionalista y nacionalista al mismo tiempo. Desde entonces el peso del partido nacional ha ido menguando, tanto que en alguna ocasión, dada la permanente rivalidad a pesar de que ahora supuestamente son partidos hermanos, el Psoe se planteó recuperar su antigua federación y presentarse como tal a las elecciones, rivalizando con los que habían sido sus compañeros.

zapamontimaragall
En la votación en la que el Parlament Catalá aprobó la celebración de un referéndum… ¿cómo llamarle?..., seamos claros: En la votación en la que el Parlament Catalá aprobó la celebración de un referéndum independentista no sólo Ernest Maragall votó a favor sino que el resto del grupo parlamentario se abstuvo, moviéndose nuevamente en esa amplia franja de indefinición que tanto les encanta y que tanto favorece las intenciones de los secesionistas.

El PSOE tiene un problema de credibilidad, no puede ser al mismo tiempo un partido nacional y nacionalista, no puede apoyar la unidad de España y facilitar la tarea de sus enemigos, no puede defender la igualdad de todos los españoles y favorecer el tratamiento diferenciado de una de las regiones que, todavía, forman España.

Sólo los complejos del PP y la torpeza que tradicionalmente arrastra en asuntos de propaganda permitirá que esta nueva indeterminación y vaguedad socialista sea suficientemente conocida por los votantes. El rechazo social que en la actualidad está favoreciendo la estulta acción de los nacionalistas puede ser pagado caro por un PSOE que carece de personalidad propia en Cataluña y que puede ser visto como un traidor por el resto de los españoles.

PD ¿Se verá obligado el PSOE algún día a resucitar su federación de Cataluña?

“Kalígulas”
Eduardo Uriarte, Fundación para la Libertad  30 Septiembre 2012

Calígula era todo menos tonto. Cuando sus deseos eran rechazados por la leyes de la República romana defendidas por el senado, o buscaba encubrir sus fracasos, convocaba a la plebe en el foro, pues buen orador era, y mediante promesas, pan y circo, más acusaciones al senado, sin importarle la anarquía y el enfrentamiento civil, llamaba a apoyar sus arbitrariedades nada menos que con la fervorosa voluntad del pueblo, y tal nivel de convicción tenía que pudo nombrar cónsul a su caballo. El desastre llegó tan lejos que finalmente le costó la cabeza. Sin embargo quien más lo pagó fue el pueblo por su ingenuo gregarismo.

Es decir, desde los orígenes de la política es muy arriesgado y peligroso llamar al pueblo frente a la legalidad, tanto si se hace cercando el Congreso de los diputados como a un referéndum de autodeterminación para Cataluña con el fin kaliguliano de que el pueblo decida. Que lo hagan mediante el móvil los convocantes del cerco al Congreso, que probablemente sean anarquistas, resulta poco aberrante, que se convoque a iniciativa de un Gobierno mediante una moción con fin ilegal en el Parlament es más grave, le convierte al poder en delincuente, y luego ese mismo gobierno sancionará al que haya olvidado pagar sus impuestos: arbitrariedad, ¿pues en nombre de qué legalidad se los cobra?. La democracia no es sólo la voluntad del pueblo (dictamen del tribunal Supremo canadiense de 20 de agosto de 1998 ante la secesión de Québec), pues éste es fácil de manipular, y esa voluntad debe estar encauzada en el marco legal.

Que el libro de Otegi se llame, rememorando la novela de Alejo Carpentier, El Momento de las Luces, evidentemente es una kaligulada. Precisamente él, que representa lo negro, opaco, cavernícola de nuestra historia reciente, que apele a las luces supera la demagogia y cualquier aberrante ejemplo histórico que se traiga. Pero a los Kaligulas se les acaba descubriendo por sus propias y evidentes contradicciones. Por ejemplo: si los sucesores de Batasuna no se siente interpelados por la crítica que le hace ETA en su reciente y agónico comunicado les dan toda la razón a los gobiernos francés y español por sentirse mucho menos interpelados ante su petición de negociación.

Y antes de que el PSOE se lance con la bandera del federalismo a huir hacia delante (y a hacer jirones la bandera), recordemos que la I República cayó por un disparatado federalismo, podría ponerse internamente un poquito de acuerdo en eso del federalismo y no lucirlo como un espantajo. Porque ni mucho menos una característica del federalismo es, como parece preocupar a sus dirigentes, el nivel competencial “para avanzar” en la actual descentralización descoyuntada que se acabará cargando la unión, sino en la imprescindible lealtad federal. Es decir, en un sincero federalismo, y no su más vil manipulación para evitar la escisión en el partido (que es en el fondo lo que importa). Volveríamos a cargarnos la tan civilizada opción federal.

Denuncia de Círculo Balear
Un consejero balear contradice a Bauzá y permite adoctrinar en las escuelas
Rafael Bosch tolera las campañas catalanistas en las escuelas de Baleares organizadas por un sindicato independentista.
LIBERTAD DIGITAL   30 Septiembre 2012

La Fundación Círculo Balear denuncia que el consejero de Educación, Rafael Bosch, está desautorizando y contradiciendo al presidente José Ramón Bauzá cuando éste afirma en sede parlamentaria que no permitirá el adoctrinamiento político en las aulas mientras el consejero tolera la apología nacionalista en los centros educativos de Baleares con la campaña contra las promesas lingüísticas del Gobierno Balear "Enllaçats pel català".

La última prueba de la politización en las aulas se ha producido en el IES Joan Alcover de Palma, donde se obliga a los alumnos a utilizar una agenda escolar con el lazo catalán impreso en su portada.

En este sentido, el pasado 24 de Febrero la fundación registró una reclamación ante la Consejería de Educación denunciando estos hechos por estar organizados por docentes en el ejercicio de sus funciones, e involucrando a los alumnos, menores de edad, en horario lectivo.

Círculo Balear ha aportado la documentación escrita y gráfica que han facilitado los padres de alumnos que se han quejado por el intento de adoctrinamiento pancatalanista de sus hijos por parte de docentes adscritos al sindicato independentista STEI-i.

Aún tratándose de una "ilegalidad manifiesta" tras más de siete meses desde el registro de la reclamación, la Consejería de Rafael Bosch no ha abierto diligencias ni expedientes disciplinarios a los docentes que están infringiendo la normativa disciplinaria del Estatuto Básico del Empleado Público.

La Fundación denuncia que la "gravedad y la ilegalidad de la conducta radica en que se trata de una campaña realizada por docentes, en ejercicio de sus funciones, que están obligados a respetar en sus actuaciones la neutralidad política e ideológica". Además, añaden la existencia de otra ilegalidad manifiesta como es "involucrar a los alumnos, menores de edad, a participar, en horario lectivo, en actos de protesta en los que se defiende una determinada posición ideológica o política".

Así, aseguran que "Rafael Bosch permite que un número importante de centros educativos luzcan en sus fachadas lazos de la bandera catalana que vienen acompañados de un manifiesto y programa de campaña con clara intencionalidad independentista y anticonstitucional.

Varios profesores de los centros adheridos se han dirigido a la FNCB para hacer constar su rechazo ante lo que consideran una campaña de adoctrinamiento político. Esta campaña está siendo coordinada y apoyada por la organización catalanista multisubvencionada Obra Cultural Balear (OCB) y el sindicato STEI-i.



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