AGLI Recortes de Prensa   Lunes 1 Octubre 2012

Rajoy convierte España en Estado residual
@Roberto Centeno. El Confidencial 1 Octubre 2012

“Es deber del pueblo rebelarse contra un régimen despótico que busca sojuzgarlo y establecer entonces las salvaguardas futuras para su libertad y la de sus hijos”. Thomas Jefferson, Presidente de los EEUU (1.801-1.809)

Mariano Rajoy Brey, poniendo sus intereses políticos a corto plazo por encima de todo, se ha convertido en una auténtica arma de destrucción masiva para la estabilidad de los mercados europeos a la vez que coloca a España en una situación sin salida. El martes, la realización Presupuestaria de agosto elevaría el déficit a una cifra récord y, el jueves, unos PGE-2013, no ya voluntaristas sino conscientemente falsos, presentarían la fiscalidad y la asignación de recursos públicos mas disparatada y antisocial de nuestra Historia. Las Cuentas aumentan el gasto público (5,6%) en plena bancarrota, suben los impuestos a las familias y a la economía productiva (4.375 millones) y no solo no incluyen recorte alguno en las Administraciones territoriales sino que su financiación sube a 100.664 millones pese a que éstas son las responsables de los dos tercios del gasto. Y, además, son tan desalmados que recortan un 6,3% la inversión en las prestaciones por desempleo -cuando habrá al menos 400.000 parados más- y un 40% las ayudas a los pobres.

Pero lo que constituye una villanía histórica es que reducen a una cantidad irrisoria (39.722 millones) el dinero para financiar España, lo que imposibilita el ejercer ya sus funciones más elementales como nación en un momento en la que está seriamente amenazada por el desafío independentista de un Artur Mas al que la clamorosa cobardía del Rey y de Rajoy, a los que despreciaría públicamente, ha dado renovados bríos.

Los PGE-2013 convierten España en un mero Estado residual devorado por diecisiete monstruos que no cesan de despilfarrar y con un sistema financiero que es otro pozo sin fondo. Unos factores que condenan a la depresión a la nación y a la miseria y al hambre a millones de familias.

Dentro de los brutales recortes llaman la atención las Fuerzas Armadas, casi inoperativas por falta de recursos, que tendrán que recortar personal por debajo de los mínimos comprometidos con Europa. Aunque luego uno piensa que si ni siquiera van a servir para garantizar la unidad de España ante cuatro personajillos de opereta, ¿para qué queremos un Ejército? Y menos aún a su Comandante en Jefe. Unos PGE-2013, no ya voluntaristas sino conscientemente falsos, presentarían la fiscalidad y la asignación de recursos públicos mas disparatada y antisocial de nuestra Historia.

Y para acabar de rematarlo, la inflación escalaría al 3,5% -y no solo por el efecto IVA, que también-, sino por la imparable subida de las materias primas alimenticias. Un ascenso que llevará a final de año a un 4%, una reducción brutal de la renta disponible de las familias: 8,5 millones de pensionistas verán reducido un 3% su poder de compra y los funcionarios un 4% - entre un 20 y un 25% en tres años –. Un escenario al que habrá que añadir los efectos de las subidas disparatadas de la electricidad y del gas monopolizado, que tendrán los precios más altos de toda Europa (en ocasiones hasta el doble) y que dejarán a cientos de familias humildes pasando frío y penalidades este invierno, y provocarán el cierre de cientos de empresas por no poder pagar y/o competir. Y todo, para enriquecer hasta límites inauditos a los nacionalistas a quienes se ha permitido monopolizar la energía y al lobby de las renovables amigos del poder.

Un déficit fuera de control: 10,1% en 2011 y más del 12% en 2012
El primero de los desastres sobrevenidos la pasada semana fue la advertencia del BdE de que “España acelera su caída en forma significativa”: 0,7 puntos más que en el primer trimestre. Luego supimos que el déficit del Estado a agosto desbordaba todas las previsiones: un 4,77%, con un incremento del 23,8% respecto a 2011, y frente al 4,5 % previsto para todo el año.

También nos dieron la noticia de que gastamos casi el doble de lo que ingresamos, es decir, 110.238 millones frente a 60.106. Y la razón de este desfase no son los gastos de la Administración Central, en mínimos vitales, sino la orgía de transferencias (57.172 millones a julio, con un incremento del 26%) para mantener intacto el despilfarro de unas Administraciones territoriales inviables y corruptas hasta la médula. Y luego está la Seguridad Social, donde los gastos crecen al 4,4 % y los ingresos caen al 2,2 %. El resultado de todo esto nos lleva a un déficit del 0,8% del PIB y no al 0,3% de los PGE-2012. Estado residual devorado por diecisiete monstruos que no cesan de despilfarrar y con un sistema financiero que es otro pozo sin fondo

E insisto, el cáncer son esas Administraciones territoriales, a las que un Montoro enloquecido, en lugar de obligarles a implementar un estricto recorte de gastos en enero, les entregaría 15.000 millones y luego 27.000 para el “pago a proveedores”. Y ahora necesitan 18.000 millones de aquí a fin de año para pagar nóminas y atender a los vencimientos de deuda, un desfase entre ingresos y gastos de 60.000 millones o el 5,8% del PIB. Y da igual como lo camuflen (que lo harán masivamente) para evitar que figure como déficit: es déficit. Sumando las estimaciones de déficit del Estado,5,5%; la Seguridad Social, 0,8% y las Administraciones territoriales, 5,8%; el déficit total de las Administraciones públicas en 2012 (con datos a agosto) supone el 12,1% del PIB. Y eso sin contar la parte de dinero entregado a la banca ni los facturas guardadas en los cajones por varios miles de millones.

Y es que el grado de falsificación de la realidad en España resulta inaudito. En 2011 Zapatero afirmaría que el déficit había sido del 6% y el nuevo Gobierno, que sabía de sobra que la cifra era falsa, lo denunciaría como si fuera una gran “sorpresa”. Tres meses después los populares siguieron los pasos de ZP y situaron falsamente el déficit en el 8,51%, que pasaría al 8,9% cuando afloraron los desvíos en tres comunidades del PP. Luego el INE bajaría el PIB hasta 1,04 billones, y el déficit subiría al 9,0%. ¿Era todo? No. Habían ocultado 11.000 millones de ayudas bancarias no recuperables, lo que elevó el déficit oficial 2011 al ¡10,1 %! ¡ Por qué, oh Cristóbal, nos tomas por imbéciles y dices el sábado que es del 9,44%! ¿Y a las otras 14 comunidades no les bajaron los ingresos? Espero que S&P y Moody´s hagan los cálculos exactos y actúen en consecuencia.

Unos PGE-2013 conscientemente falsos
Recuerdan lo que decían los PGE-2012 presentados en abril: “Presupuestos austeros que permitirán que el déficit del Estado se reduzca al 3,5%”. Solo cinco meses después era ya del 4,8%. También se dijo aquello de “los ingresos fiscales crecerán un 4,3%”, -1,7 % a fin de agosto; y “el gasto se reducirá en un 6,7%”, sube un 8,5. Pero ahora han ido mucho más allá del voluntarismo ciego. Ahora han elaborado unos PGE conscientemente falsos. En primer lugar la caída del PIB en un 0,5% es una infravaloración clamorosa de la realidad, el consenso es un -1.5 %, pero los PMI han entrado en caída libre en septiembre lo que significa que la economía puede caer al 3% en los meses venideros. Y además, una caída del PIB del 0,5 % representaría una caída del empleo del 2%, diez veces más que el 0,2 % previsto, y eso no es voluntarismo es mentir descaradamente.

Los PGE-2013 parten de la base de que las previsiones 2012 se cumplen y eso tampoco es voluntarismo, eso es falso. Las cifras a agosto muestran que los descuadres son clamorosos: la recaudación es 11.400 millones inferior, y aun teniendo en cuenta las subidas de IVA y Sociedades, faltarían 9.000 millones para cumplir la previsión. Finalmente la afirmación de Montoro de que “en 2013 España no necesitará recursos financieros adicionales del resto del mundo” es una falsedad tan manifiesta que carece de explicación racional alguna. Pero es que además la injusticia en la asignación de recursos resulta pavorosa. Las Administraciones territoriales y el sistema financiero reciben decenas de miles de millones que despilfarran o emplean en mantener bancos inviables. Espero que S&P y Moody´s hagan los cálculos exactos y actúen en consecuencia

Un Der Spiegel asombrado relataba hace unas semanas una historia que ilustra perfectamente lo escandaloso de nuestra situación. Se refería a la Alcaldesa de Madrid, cuyo único “mérito” es ser la señora de Aznar. El semanario no daba crédito, “el ayuntamiento es un palacio cuya remodelación ha costado 500 millones de euros”, “su despacho es mayor que el del Presidente de los Estados Unidos”, tiene “un mayordomo cuya única función es servirla el café”, y 260 asesores personales y altos cargos que cobran de media 60.000 euros. El Ayuntamiento posee, además, 267 coches oficiales de uso personal, más que todas la capitales de la eurozona juntas. Esto es el despilfarro sin medida, la ostentación suntuaria más indecente en medio de una penuria extrema, donde Cáritas ha tenido que atender a mas de un millón de personas y un 26% de los niños vive por debajo del umbral de la pobreza. ¿Cómo se atreve a ir a misa y a salir a la calle? Y este es el problema, porque no es la excepción, es la regla.

En resumen, los PGE-2013 no son solo puro voluntarismo, son conscientemente falsos. Ni una sola de sus cifras se cumpliría si se pusiesen en práctica, pero eso no sucederá. En cuestión de semanas un rescate en toda regla será inevitable: pobreza, sudor y lágrimas para millones, aunque no para la casta política y sus dos millones de enchufados. Ningún gobierno sobrevive a un rescate, y es por ello que una parte creciente del PP esta “conspirando” para echar a Rajoy y a su equipo económico, y evitar así unas elecciones que perderían. Rajoy tiene que irse, pero eso no es suficiente. Solo el fin de las autonomías, diputaciones, Senado, 6.000 ayuntamientos y el robo del cupo vasco-navarro que despilfarran 120.000 millones de euros anuales, y la implantación de una democracia real nos sacaría de la crisis.

La inexistente austeridad
Luis del Pino Libertad Digital 1 Octubre 2012

Editorial del programa Sin Complejos del domingo 30/9/2012

¡Aleluya! ¡Estamos salvados! ¡Rajoy ha presentado unos presupuestos austeros para el año que viene!

Ayer se conoció el detalle de los presupuestos que ha elaborado el PP para el próximo año, la letra pequeña de lo que Montoro presentó el jueves a grandes rasgos.

A los españoles se nos ha subido el IVA, se nos ha incrementado el IRPF, se nos han disparado las tasas, se nos han aumentado los impuestos al tabaco o a los hidrocarburos, se nos han introducido copagos farmacéuticos y hasta se nos va a quitar un veinte por ciento de los premios de la lotería.

Así que lo menos que cabía esperar es que Mariano Rajoy presentara unos presupuestos de guerra en los que no se dilapidara ni uno solo de los euros que tanto trabajo nos cuesta ganar a los españoles y que con tanto dolor de nuestro corazón nos quitan.

Bueno, pues fíjense si son austeros los presupuestos que:

- los pobrecitos muchachos del cine español recibirán el año que viene 55 millones de euros en subvenciones, mientras que los del teatro se quedarán con 37. Eso sin contar los 56 millones de euros que nos cuesta en Instituto de la Cinematografía y de las Artes Escénicas.

-el Consejo de la Juventud, esa utilísima institución que sirve para colocar a algunos miembros de las juventudes de distintos partidos, incrementará su presupuesto en 300.000 euros, pasando a costarnos 2,6 millones. Eso sin contar los 26 millones de euros que, por otro lado, constará el Instituto de la Juventud.

- a la reestructuración de la minería del carbón, que llevamos reestructurando treinta años sin que nunca termine de reestructurarse, dedicaremos 539 M€. Eso sin contar los 45 millones de euros dedicados a "Desarrollo alternativo de las comarcas mineras del carbón", ni los 457 millones en subvenciones a la explotación minera.

- los partidos políticos, tan necesitados ellos de dinero como cualquier ciudadano, se embolsarán 63 millones de euros en subvenciones directas del Ministerio de Interior.

- en prevenir la contaminación y el cambio climático, esa estafa que está tan de moda, gastaremos un poco menos: sólo 49 millones de euros.

- Televisión Española, ese imprescindible órgano de comunicación que todo gobierno necesita para adoctrinar a los ciudadanos con el fin de que se conviertan en hombres de bien, se llevará 292 millones de euros de nuestros impuestos.

- por si acaso fuera poco e hiciera falta comunicar mejor la actividad de don Mariano Rajoy, el presupuesto para "Cobertura informativa" de Presidencia del Gobierno pasa de 17 a 60 millones de euros. ¡Diez mil millones de pesetas para cubrir informativamente a Rajoy! No sé con qué le cubrirán; debe de ser con billetes de 500 euros.

- en Cooperación al desarrollo, esa partida con la que se financian desde cursos de sindicalismo en Egipto hasta seminarios de liberación sexual en el altiplano boliviano, el PP se gastará 519 millones de euros. Nuestra presencia internacional lo requiere.

- en política activas de empleo, ese eufemismo con el que se designan medidas que encubren, entre otras cosas, el agujero negro de los cursos de formación para parados, el Gobierno se ventilará 3.765M€.

Eso es solo un pequeño muestrario de los gastos que el Gobierno del PP ha incluido en los presupuestos del año que viene. Gastos para sufragar los cuales nos está exprimiendo como si fuéramos limones.

Además de los propios gastos del Estado, y esto es lo más grave, el Gobierno continúa sin meter mano en el agujero negro de las cuentas de las autonomías, diputaciones y demás entes locales. El día en que estalle la pelota de deuda real de toda nuestra administración periférica, el guano nos va a llegar hasta las orejas.

En conjunto, según los presupuestos, el Gobierno no solo no va a disminuir nuestro grado de ruina, sino que la deuda del Estado se incrementará en otros 50.000 M€. Estamos hablando de casi 10 billones (con b) de pesetas más que el Gobierno pedirá prestados al año que viene.

Y todo esto suponiendo que los presupuestos de este año se cumplieran (que no se están cumpliendo, con lo que nuestra deuda crecerá aún más) y suponiendo que también se cumplieran las previsiones tremendamente optimistas de evolución de la situación económica que el Gobierno ha elaborado para 2013. Si esas previsiones resultaran ser falsas, y tienen todo el aspecto de serlo, nos podríamos ver abocados a un colapso.

Yo no sé a qué juega este Gobierno, aunque lo sospecho: a llevar hasta el límite la capacidad de resistencia de los españoles, en un vano intento por preservar el estado de las autonomías y el actual statu quo político. Con lo que la ruina está asegurada.

Los presupuestos del año que viene van a traer austeridad, sí, pero solo a los ciudadanos de a pie.

¿Lo de Oliver Wyman y la banca? Un paripé insufrible
S. McCoy El Confidencial 1 Octubre 2012

El pasado viernes, a la poco taurina hora de las seis de la tarde, Oliver Wyman dio a conocer su evaluación individual de las necesidades de capital de los catorce mayores grupos de la banca española. Un trabajo, como bien saben, deslegitimado de partida…

tanto por los datos usados de origen, básicamente los recogidos en el Banco de España cuando los mandamases de éste no querían enterarse de por dónde les soplaba el aire para desesperación de sus inspectores,

como por el agente ratificador, ese cuerpo privado de auditores -más de cuatrocientos sin ir más lejos, encuadrados fundamentalmente en las Big Four- que sancionó durante años cuentas anuales -brillantes en la forma e insostenibles en el fondo- que en su opinión reflejaban la ‘imagen fiel’ de la realidad económica y financiera de numerosas entidades ahora quebradas. Y no, no han devuelto los emolumentos entonces cobrados (V.A., Sobre el escandaloso papel de las auditoras de las cajas de ahorro, 20-05-2012).

España.
Solo esta reflexión preliminar bastaría para ratificar que lo vivido en la víspera del fin de semana no es sino la consumación de un paripé en el que el guión estaba escrito de antemano. Más allá de la discrepancia…

sobre la validez o no de las proyecciones macro y/o de valoración de activos;
sobre la dudosa legitimidad de que se exija una menor ratio de solvencia en el escenario adverso que en el base -6% vs. 9%- en una decisión que se opone meridianamente a la mentalidad del mercado: a más riesgo, más colchón (Gurusblog, La trampa del stress test de Oliver Wyman, 28-09-2012); sobre las exageraciones o defectos de las proyecciones de beneficios nacionales o extranjeros a obtener por nuestra banca en el futuro inmediato; o sobre la capacidad de desapalancarse y activar de este modo los capital buffers que en el estudio se contienen, cuando lo normal es que la venta a descuento afecte al capital a la baja por pérdida directa en mayor medida que al alza por la caída de los activos ponderados por riesgo afectados (esto es un poco técnico pero se explica bastante bien aquí: ZeroHedge, How Oliver Wyman manipulated the Spanish Bank Bailout Analysis, 28-09-2012)

... sirvan como botón de muestra de lo que les estoy contando los dos siguientes ejemplos:
Finales de mayo, principios de junio de este año. Acababa Bankia de dar a conocer su agujero de balance -23.465 millones sin tener en cuenta el crédito fiscal que el mismo genera- cuando en su sede se recibe una llamada procedente de Catalunya Caixa. ‘Nos habéis jodido’, dice uno de sus mandamases al estupefacto dirigente de la firma con sede operativa en Madrid. ‘¿Y eso?’, contestan sorprendidos a este lado de la línea. ‘Joder, con apenas una cuarta parte de vuestro balance, a nosotros… ¡no nos salen menos de 10.000 kilos!’. Si la fusión de las antiguas Cajamadrid y Bancaja era el benchmark, no podía fallar. Pero lo hizo. Se había quedado… corta. Probablemente porque había dejado fuera, entre otros, el palme acumulado de 400 kilos en la Torre comprada a Repsol en la antigua Ciudad Financiera del Real Madrid. Ahora de los stress test resulta que la caja catalana necesita en el peor escenario lo que para sus dirigentes era poco más del base: 10.825 millones. Qué cosas. ¿Nadie les ha escuchado?

Cuando se produce el nombramiento de Luis de Guindos como Ministro de Economía y Competitividad, el interfecto era consejero de Banco Mare Nostrum o BMN. No solo eso: formaba parte de su comisión de auditoría tras haber actuado como responsable de sector financiero de PWC. Algo del tema debía saber, más aún tras pasar por las tripas de la compañía. Pues bien, tras una operación curiosa para tapar su déficit inicial de capital -obligaciones convertibles de no cotizada, toma ya- se ha 'descubierto', después de diez meses de errática trayectoria, un agujero final en el peor escenario en la entidad levantina de 2.200 millones de euros que será imposible que capte de manera autónoma. Mientras, aún a sabiendas de esta situación desde el momento en que se anunciaron los resultados agregados del informe de Oliver y Roland, alguien le ha permitido compensar a sus tenedores de preferentes y subordinadas con depósitos de plazo y remuneración variables que no se han autorizado a otros, caso de la propia Bankia. ¿Aguas que no interesa remover? (V.A., El carajal de las preferentes en dos ejemplos ilustrativos, 06-09-2012)

Al final da la sensación, por más que le pese al Popular que ha sido el principal damnificado del análisis, de que ha habido mucho trabajo de cocina, donde lo que se ha buscado principalmente es no generar alarma adicional en un momento en el que, no lo olvidemos, se está a la busca de inversores que ayuden a capitalizar el llamado banco malo, tarea que recaerá probablemente en aquellas entidades que mejor paradas han salido del análisis y a las que no se les puede hacer demasiado daño si no se les quiere dar argumentos para negarse. Y así estamos, aunque parezca mentira, tres Reales Decretos más tarde y un carajal de Ordenes Ministeriales, Circulares e Instrucciones más tarde. Con un nivel de incredulidad e incertidumbre que apenas ha quedado despejado, pregunten ahí fuera, básicamente por el deseo de ponerse cien veces colorao en vez de una rojo. Como, por otra parte, parece ser la norma en el país. Así nos vamos hundiendo sin remedio.

Manténganse conectados porque esta es una historia en la que, desgraciadamente, queda mucho por escribir.
Buena semana a todos.

Objetivo 2013: ¿El principio del fin (y II)?
Ignacio del Río www.reppublica.com 1 Octubre 2012

Los ciudadanos de este país tenemos que hacer una reflexión colectiva y reconocer que la recuperación económica de España está vinculada a los mercados exteriores financieros y no financieros. La interdependencia de la zona euro es una evidencia probada con la crisis griega que, siendo una economía que representa un porcentaje no significativo en el PIB europeo, ha provocado movimientos telúricos en toda la zona euro. Absurdamente, pero realmente, se ha puesto en cuestión la pervivencia del euro y la reacción de las autoridades europeas ha sido pasmosamente lenta.

Necesitamos inversión extranjera, no solo en la compra de deuda soberana o líneas de crédito para nuestras entidades financieras, sino inversiones que entren en el mercado de capitales para dotar de financiación a los nuevos proyectos de las empresas españoles e inversión extranjera directa en bienes inmuebles, en las zonas turísticas y en las ciudades.

Por tanto, debemos abrir más nuestra economía y las regulaciones que faciliten el aterrizaje en España del dinero en circulación en el mercado de capitales, liberalizado a nivel mundial y que permanentemente busca oportunidades de negocio y compara la competitividad de las distintas estructuras económicas.

Regulaciones, restricciones, rigideces administrativas y pérdida de la unidad de mercado que se han multiplicado en el entramado burocrático y legislativo de las CCAA y que el Gobierno, tímidamente, de momento quiere corregir con un proyecto de Ley, cuando debería actuar directamente por la vía de la derogación de autorizaciones, permisos y licencias que someten numerosas actividades económicas a un fielato administrativo y, en demasiadas ocasiones, de corrupción política. La dimisión del alcalde de Orense refleja cuanto de profundo se ha enraizado este comportamiento en nuestra sociedad.

Los presupuestos del Gobierno son indudablemente unos “presupuestos de guerra” por la pesada carga de los pasivos financieros de la duda soberana y el gasto en población no activa. Desde el año 2008, el gasto en pensiones ha crecido en 17.000 millones, en prestaciones por desempleo en 11.400 millones y en pensiones contributivas en 600 millones.

Si sumamos todo el gasto social en 2013, pensiones contributivas y no contributivas, desempleo y clases pasivas, alcanzaremos una cifra de 172.000 millones de euros, lo que unido a los gastos de personal del Estado, interés de la deuda y amortización de deuda -la suma de estas partidas alcanzan los 130.000 millones de euros – el margen de disponibilidad política o gasto ministerial está en 40.000 millones de euros.

La intervención del Estado en la economía, lo que vuelca en la economía productiva, mediante compra de bienes y servicios, transferencias de capital e inversiones reales es 17.600 millones de euros, es decir el 5,5 por ciento de su presupuesto.

Tenemos un modelo de Estado en el que la política dinamizadora de la economía, el golpe de motor que permita activar sectores productivos, está en el 1,5 del PIB, es decir, es irrelevante, por mucho que desde la izquierda política y sindical se repita, sin el menor rigor que hay que poner en marcha políticas de estímulo. Reflexionen, el Gobierno en este momento no hace otra cosa con los presupuestos que intentar pagar lo que debemos y a lo que nos hemos comprometido colectivamente con nuestro sistema de protección social.

La subida de las cotizaciones sociales, real y efectiva para los empresarios al mantener los tipos de cotización y subir las bases, encadena un segundo año de baja consecutiva en su aportación presupuestaria – ha perdido 5.000 millones desde 2011- por la disminución del empleo, con la negativa noticia de la reducción de la subvenciones a la creación de empleo que, incomprensiblemente bajan, cuando el país necesita impulsar la contratación.

Si no disminuyen las cotizaciones sociales y se eliminan estímulos a la políticas activas de empleo, con un escenario de contracción estimado en un 0,5 del PIB, ¿piensa el Gobierno que hay alguien que va a crear puestos de trabajo? La cifra del 24 por ciento de paro parece más que optimista.

Estos presupuestos no son los únicos posibles. El gobierno de Rajoy está sin duda preocupado por la contestación social y ha optado por hacer un gesto con el incremento de las pensiones que apacigüe la calle. Difícilmente lo va a conseguir sino explica la realidad, sistematiza una reforma política profunda y hace un ejercicio de pedagogía y comunicación intensivo, con el agravante de que la lectura por los agentes económicos, los que financian el gasto, va a ser cruda e inmisericorde.

A Rajoy los ciudadanos le han dado la más amplia mayoría desde las elecciones de 1982 que hicieron Presidente a Felipe González con el mandato de no aceptar un paso atrás en la democracia constitucional e integrarnos en las estructuras políticas europeas y atlánticas.

El mandato electoral del 20 de noviembre de 2011 fue rotundo. Un cambio político, administrativo y económico, profundamente reformista que superase las adherencias y fantasías que el Gobierno de Zapatero había estimulado en nuestro sistema.

Las demoras en el retraso en la edad de jubilación, los titubeos en las políticas liberalizadoras y los temores a la hora de explicar proyectos gubernamentales, reflejan poca confianza por el propio Gobierno en el rumbo a seguir.

Y si un Gobierno no derrocha confianza en sí mismo. ¿Piensa que se la van a proporcionar los demás?

¿Cuándo se harán el harakiri?
Jorge del Corral La Voz 1 Octubre 2012

Las Cortes franquistas se hicieron el harakiri en 1976 antes de que el tsunami democrático las arrollase. Esta «voladura controlada del régimen» facilitó la transición pacífica de los españoles a una monarquía parlamentaria, gracias al rey y a políticos como Suárez, Carrillo y González.

Un harakiri similar tienen que aplicarse los partidos políticos para sacar a España de la crisis que nos atenaza. Volver a las esencias de la clase política que protagonizó la transición y deshacer el camino que la ha convertido en una clase política alejada de los ciudadanos y ocupada en el lucro de sus socios de partido, despreocupada del interés general y creando burbujas económicas que necesita para alimentar a sus voraces cuadros, a los que concede salarios y trabajo desde que ingresan en sus juventudes y hasta después de la jubilación.

César Molinas afirma en su libro de próxima aparición, ¿Qué hacer con España?, que el sistema diseñado en la Constitución se ha convertido en un monstruo de Frankenstein al que «por una serie de imponderables se le acabó implantando (en el cerebro) una clase política profesional que rápidamente devino disfuncional», hasta consolidarse como una «élite extractiva en el sentido que dan a este término Acemoglu y Robinson» en su volumen Por qué fracasan las naciones. En él señalan que esa élite extractiva se caracteriza «por tener un sistema de captura de rentas que permite, sin crear riqueza nueva, detraer rentas de la mayoría de la población en beneficio propio; por tener el poder suficiente para impedir un sistema institucional que distribuya el poder político y económico de manera amplia, que respete el Estado de derecho y las reglas del mercado libre».

Los españoles no soportarán más reformas coyunturales que afecten a su economía doméstica mientras constaten que las estructurales que nos permitirían salir antes de la crisis y menos empobrecidos no se hacen porque conciernen al interés particular de los partidos. Para reconducir todo esto tienen que cambiar su mentalidad, suprimir organismos públicos creados únicamente para colocar a políticos, Administraciones que triplican los niveles administrativos, Parlamentos autonómicos hinchados. Y los políticos que queden, dignamente pagados y mejor controlados por el elector. En definitiva, hacerse el harakiri. ¿Lo harán? Es lo que el ciudadano pide a gritos.

Una espiral de pobreza para Cataluña
La hipotética independencia supondría la deslocalización de empresas internacionales consolidadas en la comunidad, y también de alguno de los buques insignia catalanes

Sueño de una noche de Otoño
Aleix Vidal-Quadras Minuto Digital 1 Octubre 2012

El Presidente de la Generalidad de Cataluña lanza un desafío al Estado y anuncia que convocará un referendo de autodeterminación, aunque sea ilegal. Previamente organiza y promueve una manifestación multitudinaria en Barcelona a favor de la independencia con el fin de amedrentar al Gobierno central. Una vez creado un ambiente subversivo de exaltación separatista, convoca elecciones con el fin de utilizarlas como un plebiscito sobre su proyecto inconstitucional. Ante semejante actitud desleal, irresponsable, temeraria y contraria al ordenamiento vigente el Presidente del Gobierno de la Nación le convoca a La Moncloa para comunicarle que: a) El Gobierno hará cumplir la Constitución y las leyes en uso de su legítima autoridad democrática utilizando todos los medios de que dispone b) Si el Parlamento de Cataluña declara unilateralmente un Estado catalán independiente, la Cámara autonómica será disuelta y la Comunidad Autónoma intervenida de acuerdo con lo previsto en el artículo 155 de la Constitución c) Si los partidos nacionalistas sacan a su gente a la calle, que lo hagan porque de manifestarse no se come y ya se cansarán d) Si el Parlamento de Cataluña convoca un referendo de autodeterminación vulnerando la legalidad, el Gobierno central impedirá su celebración y seguidamente actuará como en el punto b) e) Si el Consejo Ejecutivo de la Generalidad no cambia de actitud no tendrá acceso al Fondo de Liquidez Autonómica y como la Administración catalana está quebrada no podrá atender a sus obligaciones, con lo que nos situamos en el punto b)

Tras esta clarificadora conversación con Artur Mas, el Presidente del Gobierno de la Nación se planta en Cataluña y convoca a lo más granado de la sociedad civil catalana a un encuentro en el que explica con rigurosos argumentos cuantitativos y cualitativos: 1) Que el expolio fiscal a Cataluña por parte del Estado es una patraña 2) Que una Cataluña independiente quedaría fuera de la Unión Europea para siempre 3) Que una Cataluña independiente se empobrecería material y culturalmente de manera considerable 4) Que el contenido de su entrevista con el Presidente de la Generalidad iba en serio y que está decidido a cumplir todos sus términos 5) Que si desean arruinarse son libres de hacerlo, pero que no cuenten con su colaboración.

De regreso a Madrid, el Presidente del Gobierno de la Nación, lanza un mensaje a todos los ciudadanos españoles en el primer canal de TVE en hora de máxima audiencia informándoles de que el Gobierno de Cataluña se ha alzado contra la Constitución poniendo en riesgo la unidad de España y deteriorando gravemente su posición internacional en esta época de crisis, lo que representa un acto de profunda deslealtad, de notoria irresponsabilidad y de ataque inaceptable al Estado de Derecho, por lo que les pide cierren filas con el Gobierno central para mantener la vigencia de nuestra Norma suprema y nuestra existencia como proyecto colectivo multisecular, del que depende nuestro bienestar y nuestra seguridad.

Durante la campaña electoral, el Presidente del Gobierno de la Nación se instala en Cataluña y la recorre incansable poniendo en claro la ilegalidad, la imprudencia y la letalidad de la propuesta independentista y llamando a los catalanes a sumarse a la gran empresa nacional española, garantía de su prosperidad, de sus derechos y libertades y de la superación de la crisis económica. En esta tarea es secundado con entusiasmo por todos sus ministros, por los Presidentes de Comunidades Autónomas del PP y por los Alcaldes de las grandes ciudades españolas asimismo de su partido.

Esta exhibición de firmeza, valentía, liderazgo y capacidad de convicción del Presidente del Gobierno de la Nación consigue un resultado electoral en el que el PP dobla sus escaños movilizando masivamente a todos los ciudadanos de Cataluña que desean seguir siendo españoles y no están por aventuras enloquecidas. La maniobra independentista queda abortada.

Autonomías
Emilio Campmany Libertad Digital 1 Octubre 2012

Seamos pragmáticos en el estricto sentido del término. Cataluña nos obliga a enfrentarnos al problema. Éste no es tanto que los catalanes no quieran ser españoles. La cuestión es que el Estado de las autonomías no sirve, está muerto. Se inventó para que los catalanes pudieran sentirse a gusto en España y no lo ha conseguido. Hay que inventar otro. Para saber qué queremos, tenemos que decidir antes qué vamos a perseguir. Podemos plantearnos como principal objetivo lograr que Cataluña siga siendo, como sea, España. O también podemos proponernos hacer de España un país donde todos los españoles, pocos o muchos, quieran de verdad serlo.

Para lo primero podemos recurrir al Estado federal. Pero, ese Estado no puede construirse a imagen y semejanza de todos los que se inventaron para unir. Ha de inspirarse en los que se crearon para evitar la secesión. El ejemplo más a mano es el de Austria-Hungría, la Doble Monarquía. Su terrible destino no debiera asustarnos. Podríamos construir un Estado en el que el Gobierno central sólo tuviera competencias en relaciones exteriores y defensa y lo demás dejarlo en manos de los estados federados. Esos estados no serían las autonomías actuales, sino sólo los que con una mayoría muy cualificada desearan esa cuasi independencia, con total autonomía fiscal, en los ingresos y en los gastos. Habría además un pequeño impuesto general para atender a las escasas dos competencias que quedaran en manos del Estado federal. Presumiblemente sólo la querrían vascos y catalanes, y quizá también los navarros. A lo mejor se apuntan otros. El resto sería un estado federado más.

Para lo segundo, habría que arbitrar el sistema legal por el que las comunidades autónomas que quisieran dejar de ser España pudieran hacerlo con las mayorías cualificadas que se dispongan. El resto se organizaría en un Estado más o menos unitario, con cierta descentralización, pero con entidades con plena autonomía fiscal para atender a las competencias que tuvieran que asumir, sean éstas muchas o pocas, si bien perfectamente fijadas desde el principio.

Dentro de estas dos opciones, que se corresponden con objetivos diferentes, caben múltiples matices, sobre todo en lo que a competencias se refiere. Pero, en todo caso, éstas tendrían que estar acompañadas de autonomía fiscal de modo que cada estado federado o cada autonomía recaude y gestione los impuestos que sean necesarios para generar los ingresos suficientes para ejercer sus competencias, sean muchas, casi todas en el primero caso, o pocas o bastantes, como serían en el segundo.

Elijan la que quieran. Añádanle las variantes que deseen. Inventen, si la encuentran, una solución distinta. Traten de hacerlo con la razón y esfuércense por no hacer caso al corazón, que es mucho más difícil de lo que parece. Pero, en todo caso, olvídense de lo que tenemos. No vale. Insistir en este sistema nos lleva al desastre. Tenemos un problema y hemos de solucionarlo. Esconder la cabeza debajo del ala sólo servirá para empeorarlo.

Conferencia de Presidentes
La Avispa. Estrella Digital 1 Octubre 2012

La Conferencia de Presidentes es otra de esas cosas que creó el Pensamiento Alicia del olvidable Zapatero y que no se sabe muy bien para qué sirve. En teoría, es un órgano de máximo nivel político de cooperación entre el Estado y las Comunidades Autónomas pero, en la realidad, es otra de las grandes inutilidades que aún quedan de aquella época en España. Si servirá de poco que, incluso, se reúne en el Senado. (Se desconoce si, esta vez, usarán a los intérpretes de la cámara para entenderse).

¿Y si no sirve de nada para qué se reúne mañana? Pues, eso quisiera saber yo. Supongo que, como se dice vulgarmente, para mamonear. Para hacer como que hacen algo porque, como he dicho muchas veces, el Estado ya es residual en las Autonomías y poco se puede hacer cuando cada uno va a la suya.

Es posible que cuando el Presidente Rajoy la convocó tuviese la idea de decir, amablemente, a los presidentes que había que empezar a pensar en una solución ante el desastre administrativo que tiene España. Y que esa solución pasaría por algún tipo de reforma en el Estado de las Autonomías…

Lo que pasa es que, entre la convocatoria y mañana, Artur Mas se ha envuelto en la señera catalana para ocultar su mala gestión económica tras el dislate del tripartito y todo se ha ido al garete. Es más, estoy seguro que Rajoy no hubiera convocado esta Conferencia de Presidentes porque, ahora mismo, hacerlo tiene más problemas que ventajas con tres campañas electorales autonómicas abiertas, con lo que, al menos, los presidentes de esas tres autonomías, intentarán sacar partido de ella.

Y es que resulta curioso que, en este momento, esta inútil conferencia pueda servir para algo, desgraciadamente. Para que Artur Mas, por ejemplo, lance alguna falacia nueva y aún se haga más la víctima. Para que Patxi López vuelva a contarnos una nueva milonga sobre lo que pudo haber sido y no fue. Y para que Alberto Núñez Feijóo acabe con los pies fríos y la cabeza caliente porque, por un lado, debería usar la oportunidad, políticamente hablando, como los demás y, sin embrago, tendrá que unirse al grupo de los presidentes de PP, que van a intentar mostrar una imagen de unidad frente a una nueva reforma del modelo de financiación autonómica. Eso sí, a muchos se le llenará la boca de hablar de España e, incluso, de Estado Federal como viene haciendo José Antonio Griñán desde hace unas semanas.

Pero, al margen de esto, esta conferencia, una vez más, servirá de poco. Ni siquiera servirá para dar una mínima imagen de unidad de las Comunidades Autónomas de cara a Europa. Rajoy no conseguirá de los presidentes autonómicos ni siquiera un mensaje nítido de que van a cumplir con los objetivos de déficit marcados, como se anda filtrando, y que es lo que espera todo el mundo de unos políticos, supuestamente, responsables.

Y poco más. Y es que estas cosas creadas por el olvidable ZP, pese a ser inútiles, siempre termina cargándolas el diablo. Es más, creo, sinceramente, que Mariano Rajoy se va a pegar un tiro en un pie. Ya podrá ser listo el gabinete de comunicación de Moncloa para contrarrestarlo.

Hacia el futuro con estadistas
José Luis Ortín. www.vozpopuli.com 1 Octubre 2012

En España atravesamos uno de los periodos políticos más mediocres de nuestra historia moderna. Sin querer hacer un análisis rigurosamente histórico, podríamos decir que nuestros males arrancan en los inicios del siglo XIX con el “Deseado” Fernando VII, y terminan con el “Iluminado” Zapatero y el “soso” Rajoy. Afortunadamente hemos tenido en medio algunas luces dentro de muchas sombras.

Dos ejemplares para los leones
Si aquél pasó a la historia por aniquilar el naciente, y novedosísimo para la época, liberalismo de la Constitución de 1.812, “La Pepa”, ocasionando además con su nefando y largo reinado tres guerras civiles; el calamitoso Zapatero dinamitó los consensos básicos de la ejemplar Transición española tras los cuarenta años del Régimen del general Franco, que permitió la transformación política pacífica de una sistema dictatorial de partido único – aunque al final sólo quedara la raspa- , y que, con todas las grietas que con el paso de los años se le han observado a aquel gran pacto por la convivencia, supuso en su momento una innovación a nivel mundial, analizándose en los foros internacionales más influyentes, que nos permitió a los españoles de cualquier signo o ideología incorporarnos de pleno derecho al mundo desarrollado.

El fedatario del deceso
Pero el heredero del liquidador del consenso, el tan ambiguo como decepcionante Rajoy, va camino de certificar el deceso de España si ni Dios ni los españoles lo remediamos, o él mismo, en un arranque de sinceridad íntima, hace mutis por el foro reconociendo su incapacidad para timonear un temporal de la envergadura del que nos azota; reconocida ya casi a todos los niveles nacionales e internacionales. Sólo hay que ver para convencernos de ello cómo empeora la situación de nuestros índices económicos y sociales semana tras semana, o leer los recurrentes editoriales de los medios de comunicación más relevantes de los países que nos deben preocupar, y hasta los cachondeos vergonzosos de los que menos, con la pérdida de respeto que todo ello supone para nuestra vetusta nación.

Pero me temo que la alternativa más probable será la de continuar el propio Rajoy pasteleando en Moncloa, enganchado en su ya muy lejana mayoría absoluta, aunque sea al dictado de los mandamases de Bruselas y Berlín vía un obligado rescate más o menos explícito; y atrincherado en la nomenclatura de su partido en Génova y en las baronías regionales. Porque ahí está el meollo de la cuestión.

Un antecedente histórico
Un hombre gris de partido como Rajoy nunca será un estadista porque es física y metafísicamente imposible. Siempre mirará antes por el prisma de los intereses del partido representados en todos los que viven de él, directa o indirectamente, y los antepondrá a los de los ciudadanos. De ahí que cambie y machaque todo cuanto sea menester para no tocar a sus conmilitones y adláteres varios. Pero no sólo eso, sino como entre colegas se entienden, tampoco hará nada de lo que debe porque sus rivales políticos en los diferentes partidos están de acuerdo en lo de mantener todos los pesebres de la denominada casta política con el fin de perpetuarse. Así pasó, por ejemplo, en la larga y entonces esperanzadora Restauración monárquica que siguió a la caída de la I República, en el último cuarto del XIX, con los partidos conservador y liberal de Cánovas y Sagasta. Fueron relevándose sin atajar la gangrena purulenta de la sociedad española hasta que el ‘semigolpe’ de estado - por la anuencia del abuelo de Juan Carlos I- del general Primo de Rivera puso fin momentáneamente a lo que fue derivando, como ahora, en una mentira colectiva. Para ser objetivos hay que recordar, sin embargo, que aquellos gobiernos tuvieron que lidiar con guerras carlistas, el desastre del 98, los cambios a todos los niveles que supuso la enaltación del anarquismo español y la eclosión del socialismo mundial, con la revolución y dictadura comunista bolchevique rusa y la primera gran guerra mundial como telones de fondo. Además de la gran crisis económica del 29 que arruinó al mundo desarrollado.

Éstos de ahora lo tienen mucho más sencillo. Les bastaría con tener sentido de estado, porque sólo tenemos las consecuencias de una gran crisis económica mundial, parecida en su importancia a aquélla, sumada a los males endémicos sociales y económicos y otros más recientes que han anidado intoxicando a España.

Enanos mentales ‘versus’ estadistas
Necesitamos no sólo un hombre de estado para que nos gobierne – un Príncipe político decíamos hace unos meses en otro artículo- sino toda una pléyade de estadistas en el gobierno y en la oposición que sean capaces de reinventar España para ganar el futuro, imaginándolo. Los hombres de partido son escasamente capaces de administrar un país hasta que lo arruinan, comiéndose la herencia que otros les dejaron- como en las familias o empresas- y sólo los verdaderos estadistas son capaces de dirigir una sociedad adivinando su mejor futuro, y de echarle el coraje y la tenacidad suficientes para dirigirla con pulso firme hacia su plenitud.

Imaginando futuro
La primera cualidad de un estadista debe ser la de hablar claro a los ciudadanos mirándoles a los ojos y enfrentándose sin tapujos con la realidad. La segunda ilusionándoles con un camino común y una meta satisfactoria para la gran mayoría. Y encabezar, ésa sí, una esperanzadora manifestación nacional hasta la victoria, o vaciarse al menos en el intento.

Y, el primer paso para ello debía ser que los partidos perdieran el poder total que tienen sobre vidas y haciendas. Pensemos que en los países de democracias más maduras casi nadie conoce a sus líderes. Se les exige y se piden cuentas a quienes gobiernan, que no coinciden con los anteriores. Los partidos no intermedian entre ellos y el pueblo, y por eso son más libres para hacer lo que deben. Y, ¡ojo!, hablamos de estadistas democráticos, no de dictadores. Hay algunos ejemplos notables en la historia política mundial de los últimos setenta años.

La dictadura de los partidos
Javier Benegas. www.vozpopuli.com 1 Octubre 2012

Zygmunt Bauman (Poznan, Polonia, 1925), premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2010, afirmaba al respecto del movimiento de “los indignados” que “El 15-M es emocional, le falta pensamiento”. Una observación, a mi juicio, acertada, pero cuya aplicación se queda muy corta y debería hacerse extensiva a una gran mayoría de ciudadanos que son presa de los sentimientos más primarios, como la simpatía o la antipatía, la afinidad o el antagonismo, la envidia o la arrogancia. Lo cual les convierte en seres fácilmente manipulables y al servicio, aún sin saberlo, de los intereses políticos. De no ser por ello, hace tiempo la inmensa mayoría habría identificado el modelo político y el poder absoluto que éste otorga a los partidos como el más grave de nuestros problemas. Y antes que demandar más Estado, pedir elecciones anticipadas, defender la educación pública y tachar al capitalismo de sistema insostenible y depredador, lucharían por la reforma de esta democracia de partidos.

Sin democracia interna no hay Democracia, y punto
Carentes de democracia interna, herméticos y jerarquizados –incluso con cargos de carácter hereditario–, los partidos se han convertido en los oligopolios de la “cosa pública”; es decir, en amos y señores de esta España oficial que condiciona fatalmente a la España real. Son los partidos y no las personas (los electores) los verdaderos dueños de las comunidades autónomas y sus instituciones, las mismas que hoy se resisten ferozmente a contener el gasto y el despilfarro. Los que dan lugar a las oligarquías regionales y corruptas que fragmentan el mercado, detraen las rentas, malversan el dinero público y llegan, incluso, al extremo de amenazar la unidad del Estado. Jamás existieron organizaciones tan extensas y capilares, capaces de desarrollar una red comercial y clientelar tan basta y profunda que llega a cualquier pueblo y municipio de España. Ni la mayor transnacional dispone de una red comercial equiparable.

Partidos políticos y hombres de Estado son incompatibles
Dentro del actual modelo de partidos, aún cuando el profesional de la política llega a lo más alto (lo cual requiere de décadas de dedicación exclusiva), la fidelidad a los suyos prevalece por encima, incluso, de los intereses de la propia nación a la que jura o promete servir. Pues fue el partido quien le incluyó en la lista y sufragó sus necesidades materiales mientras se entregaba en cuerpo y alma a la causa. Por lo tanto, los escaños, cargos y mandatos pertenecen tanto o más al partido que a quien supuestamente los recibe de manos de un pueblo formalmente soberano. Y cuando su carrera termina, también es el partido quien facilita al político profesional un retiro adecuado, bien mediante cargos en instituciones o fundaciones creadas al efecto, bien moviendo los hilos para proveer un sillón de consejero en alguna relevante empresa o bien proporcionando un escaño en ese cementerio de elefantes que es el Parlamento Europeo o cualquier otra institución internacional. ¿Cuántos hombres o mujeres podrían sobreponerse a una dependencia tan extraordinaria y mantenerse firmes en sus principios?

No hay contrapoder
Por si fuera poco, es en los partidos donde se prima a unos periodistas sobre otros, a unos medios en detrimento de otros, mediante el pago en especie con filtraciones, exclusivas y, también, por la vía de las subvenciones directas y la publicidad institucional, verdaderos subsidios encubiertos que han podrido a la prensa. De ahí que en los medios de comunicación sólo haya lugar para las polémicas de interés partidista o intrapartidsta. Y los salvoconductos para acceder a las tertulias políticas radiofónicas y televisivas sean tan caros de conseguir. En consecuencia, no existe ningún contrapoder (salvo, claro está, en Internet) que denuncie los excesos y fallas del modelo en su conjunto.

La paradoja de los partidos reformándose a sí mismos
Por eso, nada más echar a andar esta legislatura, todo se vino abajo a cuenta de las elecciones andaluzas. Y por más que numerosos antecedentes avisaran de que la política del corto plazo –es decir, el cálculo político– se impondría de nuevo, pocos pensaron que, por deferencia al amigo, al compañero de armas y al PP de Andalucía, Mariano Rajoy fuera capaz de echar el freno de mano y dejar al país colgando del precipicio hasta que transcurrieran las elecciones andaluzas, perdiendo así un tiempo precioso. Incluso ahora, vistos los PGE para 2013, que el Gobierno aún no haya solicitado el rescate obedece a cuestiones relacionadas con el coste político y no con el coste económico ni el interés general.

Sin embargo, y volviendo a nuestra propensión a lo emocional, no debemos caer en el error de culpar a un puñado de nombres propios. Hacerlo circunscribe el problema a personajes menores que no son más que peones de un modelo perverso. La cuestión de fondo trasciende las predecibles decisiones de los políticos profesionales. Y mientras no se produzcan cambios radicales en el propio modelo, el sistema seguirá proveyendo personajes cuya incapacidad para tomar las decisiones correctas, más allá de las limitaciones de sus dotes personales o su catadura moral, obedece a las compulsiones de un sistema cerrado, cuyos principales baluartes son los partidos políticos. Y si bien, como dijo Tocqueville, los partidos son un mal inherente a los gobiernos libres, en nuestro caso ese mal ha ido demasiado lejos.

Mariano Rajoy tira la toalla: Madrid, cada vez más cerca de Lisboa y más lejos de Berlín
Jesús Cacho. www.vozpopuli.com 1 Octubre 2012

Hay días en los que resulta imposible ser optimista. Abocada España a esas dos semanas clave a las que se hacía referencia en el “Con Lupa” del pasado domingo, la cosecha deparada por la primera de ellas no puede ser más pobre. La ducha fría llegó el martes desde Helsinki, donde los ministros de Finanzas de Alemania, Holanda y Finlandia, la Europa hormiga del norte enfrentada a las cigarras del sur, decidieron acabar de un plumazo con las esperanzas del Gobierno español de poder recapitalizar de forma directa, sin contaminar la deuda pública, nuestro sistema financiero, a través del fondo de rescate permanente MEDE –la nunca vista línea de crédito de 100.000 millones-. Los tres de marras decidieron que no: que los países que opten por utilizar esa financiación deberán asumir las pérdidas que la operación ocasione –y no los propios bancos-, lo que equivale a decir que los fondos que se utilicen de aquella línea pasarán a engrosar la deuda pública, que de esta forma se verá de golpe incrementada en más de 4 puntos de PIB, a tenor de las necesidades de capital de la banca hechas públicas el viernes por Oliver Wyman.

El cambio de actitud de los ricos ribereños del Mar del Norte, cuya importancia ha pasado casi desapercibida en España, hace trizas los acuerdos adoptados en la cumbre europea de julio, abriendo una nueva crisis en la eurozona, con su correlato de incertidumbre en los mercados financieros. Lo peor, con todo, es que, de acuerdo con fuentes solventes, la reunión de Helsinki pilló al Gobierno de Mariano Rajoy en pelota picada, sin la menor noticia no ya del encuentro sino de sus resultados, de nuevo cogidos por sorpresa, lo que equivale a decir que Moncloa no tiene interlocución directa con Berlín y no ejerce el menor peso en las decisiones que pueda adoptar el Ejecutivo de Angela Merkel. España, como el resto de países mediterráneos, es un junco movido por el viento de los intereses de la gran Alemania. Se explica, por eso, la desconfianza que el equipo de Rajoy transpira cada vez que sobre la mesa sale a relucir el papel de Alemania como gendarme del futuro español.

Las nuevas incertidumbres sobre el futuro español se plasmaron el miércoles en una subida de la prima de riesgo
Ese mismo martes, Artur Mas anunció en el Parlamento catalán el adelanto de las elecciones autonómicas al 25 de noviembre, una convocatoria entendida como un plebiscito en el camino hacia la independencia de Cataluña: “En momentos excepcionales, decisiones excepcionales”. Tan postrada ha debido advertir ahora mismo a la vieja España, tan débil a su Gobierno, tan urgido él mismo a enmascarar su propio fracaso como gestor, que este nuevo Companys no ha dudado en lanzar su dramático envite a uno de los Estados más antiguos de Europa: “son tiempos de jugársela”, apostilló el aventurero. La misma tarde del martes, el centro de Madrid era escenario de una batalla campal entre manifestantes y Policía en torno al Congreso, pelea que se saldó con espectaculares escenas de violencia que rápidamente dieron la vuelta al mundo vía tv e internet. Justo lo que necesitaba la imagen de España como país a medio camino entre la antigua Yugoslavia y la Grecia actual, país en entredicho aparentemente empeñado en suicidarse, con una clase política en default desde hace mucho tiempo. De echarle pimienta al asunto se encargaron algunos idiotas en nómina del PP, altos cargos todos, al comparar el supuesto cerco al Congreso con el golpe de Estado del 23-F, lo que viene a demostrar que los aludidos nunca sintieron en su carne el cerco frío del cañón de una pistola manejada por militar golpista.

Como era de prever, las nuevas incertidumbres sobre el futuro español se plasmaron el miércoles en una subida de la prima de riesgo hasta los 460 puntos y en una caída del Ibex de casi un 4%, la cuarta mayor del año. Fin de la luna de miel con los mercados, tras la tregua dada por el BCE y el Constitucional alemán. En este marco tuvo lugar el jueves la presentación de los PGE para 2013. Es verdad que con la actividad en caída libre no cabe esperar milagros, pero el proyecto enumerado ayer al detalle por Cristóbal Montoro es muy decepcionante, por increíble y voluntarista. Todo el edificio se sustenta sobre una previsión de caída del PIB del -0,5%, cuando la mayoría de los analistas sitúan la contracción en el -1,5% y hay quien apuesta incluso por el -2%. Igualmente inalcanzable parece el objetivo de déficit –el 4,5%- fijado para el conjunto de las AA.PP., partiendo del hecho de que el de este año se cerrará en un abanico comprendido entre el 7% y el 7,5%, lejos del 6,3% comprometido por el Gobierno.

Rajoy no se atreve con las grandes partidas del gasto
Es impensable, por lo mismo, que el consumo privado vaya a registrar un retroceso del -1,4% en 2013 (-1,5% en 2012), en un contexto de agudización de la crisis, con más paro y menos dinero en manos de las familias, y otro tanto se puede decir de la inversión privada, que apenas cae un -2,1% frente al -9,9% de 2012. La crítica más severa, con todo, que se le puede hacer a estos Presupuestos es que no hay nada en ellos de liberal y sí mucho, casi todo, de socialdemócrata. De nuevo el PP traiciona su modelo. La evidencia ha demostrado que cualquier proceso de consolidación fiscal que aspire al éxito ha de centrarse en un recorte del gasto público muy superior a la subida de impuestos, en una proporción 70%-30%. En el proyecto del Gobierno, por contra, el gasto soporta un 58% del ajuste, mientras los impuestos suponen un 42%. Y es que el Gobierno y el ala socialdemócrata mayoritaria en el mismo se siguen negando, como ya ocurriera con los PGE de 2012, a meter la navaja a fondo en las grandes partidas estructurales del gasto. Los recortes, en efecto, recaen básicamente sobre la inversión pública, pero no se atreven con el empleo público, las pensiones, la sanidad o las prestaciones por desempleo, partidas que representan el 70% del gasto público total. Para rematar la faena, ni rastro de privatizaciones y cierre de empresas públicas. Una lástima.

Las subidas impositivas de este año y del próximo sólo contribuirán a penalizar la inversión y el consumo privado
En esa cobardía congénita reside la sustancia de nuestras desdichas actuales. Si este Gobierno, un mes después de llegado al Poder, hubiera tenido el valor de anunciar un ajuste radical del gasto estructural, sin tocar los impuestos –se ha demostrado que las subidas de impuestos en entornos recesivos no aumentan la recaudación-, seguramente hoy estaríamos viendo ya alguna luz al final del túnel. Por desgracia, la suma de las subidas impositivas realizadas en 2012 y las previstas en los PGE 2013 sólo contribuirá a penalizar la inversión y el consumo privado, acentuando la pendiente recesiva de la economía. El resultado se concretará en una recaudación fiscal inferior a la prevista. “Es política fiscal propia de un Gobierno de izquierdas; son los PGE que le hubiera gustado hacer a Zapatero; populismo cutre”, asegura un conocido economista liberal.

Unos Presupuestos, en fin, alejados de lo que la economía reclama en momentos tan dramáticos como los actuales. Demostrando la carencia de un proyecto político concreto, el Gobierno Rajoy parece haber tirado la tolla, resignado a que sea la troika, previa petición de mano (léase rescate), quien nos imponga esa disciplina presupuestaria que nuestra clase dirigente parece incapaz de llevar a cabo, a pesar de contar en este caso con una cómoda mayoría absoluta. El camino de Portugal parece ya marcado en nuestro destino. Se ha perdido un año, otro más, en la tarea de estabilizar las cuentas públicas mediante un ajuste creíble y consistente, y habrá que esperar la llegada de “los hombres de negro” con su aceite de ricino.

Todos pendientes de los mercados a partir de mañana
La fiesta puede empezar mañana mismo. ¡Manos arriba, que vienen los mercados! Para que a la olla española no le falte de nada, el viernes le añadimos las auditorías del tal Oliver Wyman. Después de cinco Decretos-ley y más de tres años de crisis financiera, resulta que la banca necesita 53.745 millones de sutura para cerrar el cornalón causado por la burbuja inmobiliaria, algo más de la mitad de aquellos 100.000 millones asignados por Europa para su rescate. El Gobierno, con la alegría que le caracteriza a la hora de los pronósticos, espera que solo sea necesario pedir a Bruselas unos 40.000 millones. ¿Asunto concluido? Pues no, señor, porque el proceso se alargará al menos hasta junio y está por ver que las entidades puedan entonces empezar a dar crédito, algo que, en última instancia, dependerá de que haya gente solvente que lo pida, es decir, de que la economía salga de una vez del coma inducido en el que se encuentra.

Si los test de resistencia efectuados por Wyman a la banca resultaran convincentes y creíble la cifra necesaria para su definitivo saneamiento, y si además los PGE para 2013 fueran realistas y como tal aceptados por la comunidad financiera, esa confianza debería reflejarse a partir de mañana en una bajada de la prima de riesgo y en el consiguiente abaratamiento del coste de financiación de la deuda. Puro wishful thinking. Por desgracia, la reacción de los mercados no será buena, con lo que la dichosa prima podría repuntar de manera muy intensa en las próximas dos semanas, lo que aboca al Ejecutivo a pasar por la humillación de pedir el rescate de una vez por todas, ante la imposibilidad de nuestra economía de financiarse en el exterior. El Gobierno Rajoy ha fracasado, al no ser capaz de articular un recorte del tamaño del Estado mediante la introducción de reformas en los tres rubros responsables del agujero de las finanzas públicas: el Estado del Bienestar, el empleo público y el gasto autonómico. Cada vez parece más evidente que caminamos por la misma senda que Portugal, solo que con un año de retraso.

Nefasto para España, letal para el PSOE
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 1 Octubre 2012

Antes de aquella municipales que arrasaron los feudos del PSOE solo unos cuantos lo secreteaban en voz baja. Después del desastre de las generales alguno hasta lo dijo en publico. Ahora la evidencia es tan absoluta que los socialistas también son conscientes de lo que de sobra sabían los españoles. Porque ahora la ruina la tienen metida en casa ellos mismos. Zapatero fue nefasto para la Nación, pero igualmente letal para su partido. Si a España la dejó hundida y con desgarros, a su partido lo ha dejado descuadernado y vacío.

Más allá incluso de la perdida electoral, tremenda y sin parangón en su historia, más allá de su desalojo del poder en todos los ámbitos, el PSOE se encuentra sumido en la peor de sus crisis. Sin lideres, sin discurso, lastrado por su propia responsabilidad y si la herencia a los ciudadanos es un pufo inmenso, la propia es un naufragio interminable.

No hay organización territorial que levante cabeza, ni la andaluza siquiera aunque se haya salvado el gran mueble, y en todas se percibe la misma situación. Una continuidad rota en mi pedazos y un futuro roto por la etapa Zapatero y el presuntuoso Blanco que descabezaron a cualquiera que vieran con un mínimo de capacidad propia y con todo aquello que recordara a otros tiempos. Como los suyos eran humo, al disiparse ha quedado la nada. Y el conflicto.

El ejemplo más señero está en Cataluña. El juego, amparado, consentido y alentado por el, de hacerse más nacionalista que los nacionalistas, de “pasar” las tropas a la orilla “enemiga” ha sido suicida. Reembarcarse de vuelta se convierte en la misión imposible pero imprescindible si quieren tener algo que contar en el futuro y aunque algunos ya se les van a quedar “pasados” al contrario. Pero les provoca tal pánico la travesía y el reconocimiento del error que prefieren seguir ahogándose. Y ahí están, sin saber que hacer y dando el penoso espectáculo de no tener nada que decir en el momento más trascendental y decisivo. El partido que fue hegemónico, cuando se plantea nada menos que un referéndum de autodeterminación se abstiene de votar y opina que ni una cosa ni la otra. Pero eso si, quieren grupo propio en el Congreso Nacional. Para acabar de ayudar, vamos.

La situación del país es tan grave que en verdad pocas miradas se distraen hacia otros asuntos. Lo que nos importa es ver si salimos o si al menos se vislumbra un escape de la que nos está cayendo. Y miramos al gobierno. Pero si echamos un mínimo vistazo a quien pudiera ser la alternativa lo que ahí se contempla es la desolación más absoluta. El PSOE que debiera ser una pieza clave, desde la oposición pero esencial, para dar una respuesta de Estado al gran desafío planteado está, literalmente, descabezado y hecho trizas.

Europa se quema, ¿y los bomberos?
Félix de la Fuente www.voxbcn.com 1 Octubre 2012

Ha pasado el verano y, con él, han pasado también los incendios forestales que durante esta época suelen acosar a los países mediterráneos ante la mirada estoica y displicente de los países del norte y la actitud incomprensible de cigarra de nuestros políticos del sur. Estamos ya en otoño. Sin embargo algo o mucho se está quemando aún.

Estamos ante un otoño caliente, y por toda nuestra geografía hay mucho humo. Yo no soy ningún experto, pero creo que no hay humo si no hay fuego. Y donde realmente hay una nube ingente de humo -por no decir de corrupción- que nos oculta todo lo que nos rodea es en Cataluña. Con un número ingente de personas en paro, con unas industrias que cierran o se marchan y otras que no vienen, con unas cuentas que no cuadran, con unas pensiones de la Seguridad Social que no se podrían pagar si no fuera por aquellos dineros que le están dando al señor Mas aquellos españoles a quienes él no deja de llamar ladrones, es mucho el humo que se necesita para ocultarlo. Sí, en Cataluña hay un enorme fuego social de familias en paro y de miseria galopante, y el nacionalismo necesita mucho humo para tapar tanta injusticia, tanta corrupción y la catastrófica gestión nacionalista.

Pero es que en el resto de España también hay mucho fuego social y mucha cortina de humo para ocultarlo. ¿A qué español de sentido común le importa en este momento Gibraltar en cuanto tal, como para que el señor Rajoy quiera reivindicarlo en las Naciones Unidas? No hablo de los problemas que puedan tener los pescadores del campo de Gibraltar. Eso es otra cosa.

Otra nube de humo del señor Rajoy son las condiciones del rescate europeo, que no acaba de llegar. A este paso cuando el señor Rajoy se decida a pedir el rescate, va a estar totalmente quemado nuestro tejido industrial y productivo, con todos nuestros jóvenes en paro o en extranjero.

Cuando se inicia un fuego es decisivo obrar con rapidez, que los bomberos intervengan cuanto antes. Pero el señor Mas y el señor Rajoy no sólo no avisan a los bomberos para que intervengan, sino que les están impidiendo actuar. Ni al señor Mas, ni al señor Rajoy parece interesarles mucho el paro y la desaparición de nuestras empresas. No, lo decisivo es la independencia y reivindicar Gibraltar. Tampoco al PSC-PSOE parece preocuparles mucho los auténticos problemas de los españoles. Para distraer a la gente ahora se sacan de la chistera el conejo del Estado federal. Aclárense, señores, que, después de ocho años en el Gobierno, acaban de descubrir las sopas de ajo.

Y los bomberos ¿dónde están? Los bomberos son, en principio, esos tres organismos- Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional- que están viendo cómo se quema España y no se atreven a intervenir porque hay un señor que está diciendo que España es soberana -Rajoy- y otro señor que dice que Cataluña quiere ser independiente -Mas-, gastándose este último los dineros que ni tiene ni son suyos, porque son también de otros muchos españoles que no queremos la independencia, dineros que, al final, el señor Rajoy se los va a dar gratuitamente.

Naturalmente que al Banco Central Europeo y al Fondo Monetario Internacional se les podrá disculpar esta actitud pasiva, pero no a la Comisión; y no, por muchas razones: entre otras, porque la Comisión está y estaba obligada a controlar en virtud del Tratado de Lisboa (artículo 126.2) la marcha y la deriva de la economía de los países miembros y ha estado ciega hasta ahora y es, por tanto, tan responsable o más que el señor Mas o el señor Rajoy.

¿Qué fue del tan cacareado principio de subsidiaridad? ¿No están ustedes obligados a actuar en virtud de este principio ante la incompetencia de nuestros políticos? ¿Dónde se encontraba la Comisión cuando teóricamente se estaban dando unos cursos de formación con fondos europeos a los que apenas asistían alumnos? ¿Dónde estaba la Comisión, cuando se construían aeropuertos que ni siquiera llegaban a inaugurarse? No puede ser que la Comisión Europea sea juez y parte al mismo tiempo. Si la Comisión Europea -y los europarlamentarios también, pues los pagamos para que defiendan los intereses de los ciudadanos, no los de sus respectivos partidos- es responsable de todo el desastre, debe asumir también las consecuencias y empezar a actuar ya, y actuar con el criterio del que es responsable de la deriva y que asuma la mayor parte de la carga.

Y si los ciudadanos, los menos responsables, tenemos que sufrir los mayores recortes, que la Comisión empiece ya a dar ejemplo y a suprimir gastos superfluos del presupuesto de la Unión Europea, que haberlos haylos. Según informes oficiosos de los propios funcionarios europeos, sobra el 50% de los directores y directores generales de todas las instituciones y organismos de la Unión, directores que han sido todos puestos a dedo por los partidos políticos.

¿Para qué sirven las embajadas de la Unión Europea, si no se suprimen las de los estados miembros? ¿No va siendo hora de cerrar y dedicar a otros menesteres el edificio del Parlamento Europeo en Estrasburgo, si ya existe otro en Bruselas? O jugamos limpio o se rompe la baraja. ¿Son necesarias también tantas oficinas del Parlamento Europeo y de la Comisión en las principales ciudades de los estados miembros? Señores de la Comisión, parte del presupuesto de la Unión Europea la pagamos los ciudadanos españoles, y si nosotros tenemos que apretarnos el cinturón, va siendo hora de que se lo aprieten también ustedes.

Y en cuanto a las condiciones del rescate, señores de la Comisión, escuchen al pueblo español y apliquen las tijeras donde deben aplicarlas. No hagan ustedes como el señor Rajoy, quien debería seguir un curso de corte y confección pues las tijeras se le van por donde no deben. Pregunten al pueblo español qué piensa del Senado, qué piensa del desorden y despilfarro de las Autonomías, qué piensa de las subvenciones improductivas a los partidos políticos, a los sindicatos y a la patronal, qué piensa de las subvenciones a la prensa, pues esto último, además de ser una gran injusticia, porque con dinero de los no independentistas se están subvencionando los periódicos independentistas, constituye una auténtica ayuda de Estado que falsea la libre competencia, ayuda que está expresamente prohibida en el del Tratado de Lisboa (artículo 107 ).

Señores de la Comisión, deshagan el entuerto y el desastre que ustedes que con la pasividad o la ceguera que han mostrado hasta ahora, han contribuido a crear. Actúen ya. Sálvennos, rescátennos o húndannos, pero actúen ya. Señores bomberos, ¿disfrutan ustedes viendo las llamas de España? ¿Piensan ustedes que España no se ha quemado aún suficientemente? ¿A qué esperan?

Incendios forestales, cortina de humo, corrupción, fuego social, rescate, bomberos, Estado federal, Comisión Europea, Banco Central Europea, Fondo Monetario Internacional, Rajoy, Mas, Tratado de Lisboa, subsidiaridad, presupuesto de la Unión, Parlamento Europeo, fondos europeos, subvenciones…

Félix de la Fuente es autor del libro Glosario jurídico-político de la Unión Europea

Catalán para inmigrantes
Javier Orrico Periodista Digital 1 Octubre 2012

Según leo en La Razón, a una inmigrante hondureña con contrato de trabajo, y asentada ya tres años en Gerona, aún España, le ha sido negado el reconocimiento del arraigo por no saber hablar ni escribir en catalán. Afirma entenderlo y leerlo, con lo cual estaríamos ante un caso de bilingüismo pasivo, pero que en la Cataluña en que viví, cuando se iniciaba la tiranía nacionalista, se usaba para todo lo contrario: le llamaban bilingüismo activo y consistía en que cada uno hablara en su lengua materna y entendiera la del otro. En realidad, sólo era una estrategia para justificar el hecho de que un catalanohablante jamás se dirigiera en español a un castellanohablante. Hoy ya ni eso: el único bilingüismo tolerado en la vida oficial es el de la obligatoriedad del catalán (en la calle no, en la calle manda la vida, al menos hasta que el facherío catalanista no decida llevar las cosas más lejos). Y eso que aún siguen siendo formalmente España. Sólo formalmente, claro, porque hace ya mucho tiempo que España y sus gobiernos, cómplices y cobardes, se retiraron de allí. Imaginen lo que pasará cuando se declare la independencia.

Lo anticipaba hace unas fechas un economista catalán, Niño Becerra, muy conocido por sus predicciones apocalípticas. Decía el tal, en una entrevista en una emisora catalana (lo he recogido de e-notícies, uno de los principales portales nacionalistas, próximo a Convergència), que una Cataluña independiente sería perfectamente viable si se librara de los 600.000 inmigrantes que tiene en paro. No piensen que se inmutaron ni él ni el periodista. Ni que haya habido el menor escándalo por tales afirmaciones en la sociedad catalana. La miseria moral se extiende a mucha más velocidad que la material, sobre todo cuando el racismo puro y duro se camufla bajo apelaciones al agravio: los culpables de los males de Cataluña son los inmigrantes y los españoles, carne similar, nuevos judíos en el imaginario nazilán. Supongo que no sólo los expulsarán hacia España, sobre todo a los hispanoamericanos (hace veinte años que procuran que no lleguen sudamericanos, más que para darle patadas a un balón a mayor gloria del Barça, por su resistencia lingüística; prefieren musulmanes para que aprendan directamente catalán), sino que tomarán medidas para que todo el que no llegue a un determinado nivel de renta sea puesto en la otra orilla del Ebro. Al fin y al cabo, el ideal catalanista es el de una sociedad catalanohablante monolingüe, “rica i plena”, y los pobres son siempre un engorro para las balanzas fiscales.

La hora de la verdad
Los nacionalistas han olvidado que la Constitución es fruto de una voluntad común de convivencia y de un pacto político
Joaquín Leguina El País  1 Octubre 2012

“La naturaleza nos echó a este suelo libres y desatados y nosotros nos aprisionamos en determinados recintos como los reyes de Persia, que se imponían la obligación de no beber otra agua que la del río Choaspes”. Michel de Montaigne

La música nacionalista nos era conocida y también nos era familiar la letra, pero la orquesta y los atambores nunca habían sonado con tanto estruendo como ahora. Una huida hacia adelante que la crisis no ha hecho sino empujar, por dos razones, al menos: 1) la tracción centrípeta europea ha perdido fuerza y 2) el victimismo nacionalista exige más que nunca echarle la culpa de “nuestros males” a Madrid. ¿Cómo se ha llegado hasta aquí?

En primer lugar, ganando la batalla dentro y fuera de Cataluña a unos adversarios que prefirieron no plantar cara. Y, ya se sabe, las batallas que no se dan siempre se pierden. Además, cuando alguien no encuentra oposición a sus ideas acaba desbarrando. Por otro lado, los nacionalistas jamás hablan de las complicaciones jurídicas y tampoco de los riesgos que para ellos conlleva el viaje a ese Eldorado de la independencia. Para los nacionalistas, Cataluña (representada exclusivamente por ellos) siempre estará por encima de la Ley.

Si te opones a las ideas nacionalistas serás tachado de “centralista” y hasta de “fascista”
El desistimiento de “la otra parte” ha permitido a los independentistas convertir en mozárabes a los catalanes no nacionalistas, especialmente a aquellos que provienen de la inmigración (conviene saber a este respecto que la mayor parte de los catalanes tiene como lengua materna el castellano). En este proceso de asimilación a martillazos el gran responsable político ha sido el PSC. Basta para demostrarlo con ver las actitudes de quien ha sido el paradigma del mozárabe, José Montilla. Un hombre nacido en Córdoba, que no solo ha apoyado con entusiasmo la “inmersión lingüística” sino que le montó un pollo al Tribunal Constitucional por atreverse a “tocar” el famoso Estatuto. En verdad, si hoy te opones a las ideas y sentires de los nacionalistas serás tachado de “centralista”, “nacionalista español” y hasta de “fascista”.

También ha existido la complicidad de los grandes partidos de ámbito nacional, debida —en buena parte— al papel en que la ley electoral coloca a los nacionalistas: el de bisagra para la gobernabilidad. “No critiquemos a los nacionalistas, pues los necesitamos para gobernar (o podremos necesitarlos en el futuro)” ha sido la consigna y como consecuencia los nacionalistas han ignorado, sin más trámite, entre otras leyes, los artículos 1, 2 y 3 de la Constitución (“La soberanía nacional reside en el pueblo español”; “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española”; “Todos los españoles tienen la obligación de conocerla [la lengua común] y el derecho a usarla”). Y así, el bilingüismo que consagra la Constitución en los territorios con “lengua propia” ha sido combatido, y no solo con la “normalización lingüística”. Imposiciones que han producido discriminación contra las personas a causa de su lengua materna.

Los nacionalistas también se han olvidado de que la Constitución es el producto de una voluntad común de convivencia y de un pacto político en el que todos renunciaron a sus aspiraciones máximas (los nacionalistas también).

También ha existido la complicidad de los grandes partidos de ámbito nacional, debida al papel en que la ley electoral coloca a los nacionalistas: el de bisagra para la gobernabilidad

Para acabar con el fuego, Rodríguez Zapatero —a impulsos de Maragall— echó sobre la hoguera unos cuantos bidones de gasolina en forma de nuevo Estatuto (voraz Saturno que acabó comiéndose a todos sus hijos) que, tras un delirante proceso legislativo y un referéndum fallido (la proporción de catalanes que votó a favor del Estatuto rayó con el ridículo) acabó recortado por el Tribunal Constitucional, es decir, otra vez la frustración, esa que tanto ama el victimismo nacionalista.

Pues bien, de todos aquellos polvos han venido estos pesados lodos sobre los cuales se pretende ahora poner en marcha el proceso de divorcio entre Cataluña y el resto de España. En otras palabras: se quiere recorrer un camino hacia una disgregación “a la yugoslava” que el resto de los españoles no podemos contemplar como quien oye llover y no se moja… Y sin embargo, de la boca de muchos de los políticos que representan a los ciudadanos no nacionalistas, dentro y fuera de Cataluña, salen de nuevo palabras melifluas tales como “calma”, “racionalidad”, “diálogo”, “pacto”… Volvemos, pues, como la burra, al trigo. Es decir, a la confusión… y mientras, ellos, tan dialogantes, siguen con la matraca de “España nos roba”.

¿Una negociación? ¿Sobre qué parte del salchichón? ¿Sobre la que sigue en manos del Estado o sobre la que se han tomado, legal o ilegalmente, los nacionalistas? Porque si solo se va a negociar acerca de las ya escasas competencias que mantiene el Estado, mejor apaga y vámonos.

Lo que se ha vuelto urgente para quienes no somos nacionalistas es apelar con vigor a un “patriotismo constitucional” y activo, derivado de la tradición liberal y democrática. No se trata de enfrentar un nacionalismo (el español) con otro (el catalán) sino de dejar las cosas claras: que España es una nación —la única en este territorio, eso nos dice la Constitución— y todos los líderes políticos han jurado o prometido defender esa Constitución.

En este asunto, el PSOE y, sobre todo, el PSC son víctimas de varios malentendidos que tienen su origen en el franquismo. Una primera confusión proviene de pensar que todos los que estaban contra Franco eran “de los nuestros”. Pues no. Los nacionalistas nunca han sido “de los nuestros” ni en su concepción del Estado ni en sus ideas sociales. La segunda y más grave confusión se deriva del añoso prejuicio según el cual los conceptos de “patria” o de “España” son un invento del franquismo. Bajo tales prejuicios es fácil llegar a creer, por ejemplo, que hablar o escribir en español dentro de Cataluña es el producto de una imposición de “la lengua del imperio” por parte de Franco y no una tradición muy anterior a Prat de la Riba.

El PP ha sido a menudo tan consentidor como el PSOE. Baste para demostrarlo con recordar la negativa del Gobierno de Aznar a recurrir (forzó también al Defensor del Pueblo para que no lo hiciera) la ley lingüística aprobada en tiempos de Pujol (esa que permite poner multas a los establecimientos que no rotulen en catalán). Pero, hoy por hoy, son los socialistas —que tienen en Cataluña más votos que el PP— quienes han de cargar con mayor responsabilidad a la hora de defender allí las ideas y los intereses de los catalanes no nacionalistas —que son millones—, a los cuales se les está reduciendo —ya se ha dicho— a la condición de mozárabes. Y esa es una tarea que el PSOE (con o sin el PSC) no puede obviar y para ello y en primer lugar es preciso olvidar ese estúpido “horror al lerrouxismo” que se impuso durante la Transición. Por lo tanto, ha de clarificarse cuanto antes la relación del PSOE con el PSC y aclarar también si este último quiere jugar a “la puta” o a “la Ramoneta”. Se precisa claridad; por ejemplo, acerca del federalismo (¿y qué otra cosa es el Estado de las Autonomías en su desarrollo actual?). Convendría saber de qué federalismo habla el PSC, no vaya a ser que estemos ante esa ensoñación impracticable y contradictoria en sus términos que algunos llaman “federalismo asimétrico”.

Lo que no puede hacer el PSOE en este asunto es el papel de don Tancredo, pues en tan incómoda postura va a ser el primero a quien el toro se lleve por delante.

Joaquín Leguina es economista y fue presidente de la Comunidad de Madrid.

Antipolítica y multitud
Sustituir la institucionalidad deliberativa por el griterío de la población no es democracia, como tampoco lo es defender que la voluntad de un pueblo está por encima de las leyes. Ello aboca al conflicto y la violencia
José María Lassalle El País  1 Octubre 2012

El malestar colectivo que se llevó por delante las democracias liberales en el periodo de entreguerras vuelve a escena. Es cierto que no adopta las maneras totalitarias ni exhibe el matonismo pistolero y la marcialidad de aquellos años, pero no cabe duda de que actualiza en clave postmoderna la lógica y los mitos que movilizaron a las masas con el fin de derribar la arquitectura institucional sobre la que se sustenta nuestra civilización democrática.

Bastaría leer lo que decían en 1922 los organizadores de la marcha sobre Roma o los que en 1933 aplaudieron el incendio del Reichstag, para comprender la importancia de aquello que afirmaba Georges Santayana de que: “Quien no conoce la historia, está condenado a repetirla”. Hoy, como entonces, se cuestiona abiertamente la legitimidad de nuestras instituciones y la fuerza de nuestra legalidad democrática. Para ello se despliega ante la opinión pública de forma abrupta una animadversión antilegal y antiparlamentaria que reproduce casi milimétricamente las críticas que Carl Schmitt dirigía en los años 20 y 30 del siglo XX hacia el Estado de derecho, la primacía de la Ley, la Constitución de Weimar y los políticos que la defendían. Conscientes o no, lo cierto es que son legión sus discípulos, haciendo realidad la tesis de Jürgen Habermas de que buena parte de la izquierda post-frankfurtiana, así como del comunitarismo que alienta muchas derivas nacionalistas dentro y fuera de nuestras fronteras, viven atrapadas por el bucle conceptual que urdió el autor de La dictadura cuando disparó sin remilgos contra el diseño corrompido de la democracia liberal.

Sorprende que no sean muchos los que denuncian esta estrategia de convertir la calle en una asamblea
España atraviesa una coyuntura extraordinariamente compleja. La crisis golpea nuestro bienestar desde hace cinco años y se está poniendo a prueba la entereza de nuestras instituciones democráticas y, con ellas, las estructuras de equidad que salvaguardan la paz social de nuestro país. Más de 30 años después de recuperarlas, las instituciones democráticas se ven discutidas por una tempestad antipolítica que ensalza las multitudes y reclama el derecho a que sean éstas quienes decidan por dónde debe orientarse el interés general, ya sea del conjunto o de partes significativas de la sociedad española. Lo grave de la situación estriba en que este cuestionamiento de la política representativa y de su institucionalidad se basa en una doble manipulación. Por un lado, se utilizan los buenos sentimientos de mucha gente desasistida de esperanza que se manifiesta haciendo realidad aquello que Georges Bataille decía de que la “impotencia grita en mí” y, por otro, se tergiversan los defectos que objetivamente pesan sobre nuestras instituciones para transformarlos en sistémicos y deslegitimar así la raíz misma de su vigencia moral. De este modo, se desgarran las costuras de nuestra democracia invocando la promesa de una pesadilla venidera que tiene sus profetas y que levanta banderas de redención colectiva que pretenden, por la vía de los hechos, subvertir el marco constitucional a través del desarrollo de un relato mesiánico que erige a la multitud, la que sea, en protagonista de un nuevo escenario constituyente o titular de un inexistente derecho de autodeterminación.

Esta alianza entre antipolítica y culto a la multitud tiene en estos momentos una extraordinaria fuerza desestabilizadora. En primer lugar, proyecta hacia el exterior una imagen deformada de nuestro país que debilita nuestra credibilidad y solvencia. Y en segundo lugar, mina los cimientos de legitimidad de nuestra democracia debido a la simplicidad emocional de su planteamiento y a que insufla una noción romántica de identidad que pugna por dar sentido épico al abatimiento individual que produce ver cómo se derrumban casi todas las certidumbres colectivas que han dibujado la modernidad de España desde la transición a nuestros días. Así las cosas, no es extraño que la inquietud abrume a muchos que no entienden por qué, cuando la crisis nos golpea más intensamente, algunos han decidido picar las espuelas schmittianas de la antipolítica para gritar que es necesario que “la vida real haga saltar con su energía la cáscara de una mecánica anquilosada por la pura repetición”. La antipolítica deviene así en una épica de la multitud que agita la normalidad repetitiva de las leyes y la representación para ver qué surge del abismo excepcional, olvidando que siempre la primera víctima de esta peligrosa deriva es la propia libertad. Máxime si, como decía Montesquieu, la libertad es el derecho de hacer lo que las leyes permiten, pues, fiel a la tradición republicana, pensaba que el buen gobierno solo puede ser aquel donde gobiernan las leyes que los hombres se dan a sí mismos con la voluntad de respetarlas.

Y si la exigencia de respetar la legalidad democrática siempre ha de ser motivo de vigencia normal, esta circunstancia se refuerza con el status de urgencia cívica cuando el dolor y la desesperanza alfombran nuestras calles de gente que necesita respuestas para sobrellevar la inmovilidad que proyecta cada día el horizonte de la crisis. De lo contrario, la calle se convierte en un espacio propicio para el despliegue de un eficaz reclamo de subversión política en el que se violentan las formas y los límites, quebrando la paz social y el respeto a las leyes que son el fundamento de un gobierno democrático. Sustituir la institucionalidad deliberativa por el griterío de la multitud no es democracia. Como tampoco lo es defender que la voluntad de un pueblo está por encima de las leyes. Una y otra idea abocan al conflicto y la violencia al confundir la deliberación con la aclamación y al conjunto de una sociedad con la multitud.

La antipolítica ha rebajado hasta el nivel de la caricatura a nuestra legalidad democrática
Lo sorprendente es que hasta el momento no sean muchos los que denuncian esta estrategia que convierte la calle en una asamblea que allana el camino hacia una épica de la excepcionalidad que justifica que nada se resista al pueblo cuando éste se manifiesta multitudinariamente. El fenómeno no es nuevo. Lo analizó Elias Canetti en Masa y poder cuando describió cómo los cauces deliberativos de la representación institucional de la democracia fueron borrados en el periodo de entreguerras por el concierto totalitario de las multitudes y la lógica asertiva de la aclamación. Ésta se convirtió en un dogma indubitado que, como había defendido Carl Schmitt, elevaba el grito a la consideración de un absoluto emocional que identificaba al pueblo como una masa con vocación de poder irresistible. Una masa halagada por demagogos mediáticos cuyo objetivo era entonces, como ahora, el mismo: desposeer a la democracia parlamentaria de su soporte formal y, de paso, debilitar su legitimidad al cuestionar su fundamento como el gobierno de las leyes y no de los hombres. De ahí que no extrañe cómo la antipolítica organizada repita a través de sus francotiradores que el pueblo es una comunidad virtuosa per se que está por encima de la ley y de sus representantes; especialmente si éstos han sido previamente caricaturizados como una clase parasitaria y prescindible debido a la indignidad de su comportamiento y la falta de merecimiento para desempeñar ejemplarmente su función de representación.

Hemos llegado hasta aquí después de un caldo de cultivo que ha ido dando carta de naturaleza a una antipolítica que paso a paso ha rebajado hasta el nivel de la caricatura a nuestra legalidad democrática, a sus instituciones y, sobre todo, a sus representantes. Es indudable que muchas cosas son mejorables en nuestra democracia, empezando por el comportamiento de quienes tenemos el deber de servirla ejemplarmente. Pero mejorarla no significa poner a cero el contador de la experiencia colectiva que llevamos a nuestras espaldas democráticas y que, en términos generales, ha hecho de España un país próspero y moderno que, eso sí, está en crisis, como casi todos los países de nuestro entorno europeo. Podemos quedarnos aquí y ver en todo ello una oportunidad para mejorar y vencer la crisis. Pero podemos también cuestionarnos a nosotros mismos y echar abajo todo lo bueno que ha traído la democracia a nuestra sociedad desde la Transición para acá. Basta rebasar un límite para desandar todo lo positivo que aporta ese camino. Ese límite empieza y termina en el respeto de la legalidad.

José María Lassalle es secretario de Estado de Cultura.

El ejemplo de Alemania
Joseba Arregi en El Mundo  1 Octubre 2012

Merece una reflexión la querencia de tantos políticos nacionalistas, pero no sólo, a tomar y poner como ejemplo a Alemania cuando se trata de querer ser o tener Estado propio, cuando se trata de proponer algún tipo de federalismo -especialmente con el añadido de asimétrico-, o cuando se trata de limitar la contribución a la solidaridad interterritorial y contar con Agencia Tributaria propia.

El uso del ejemplo alemán se caracteriza más por la manipulación interesada que por el conocimiento de la realidad constitucional alemana. Se ha llegado a afirmar que en Alemania existen más de 500 Agencias Tributarias, confundiendo éstas con oficinas de recaudación. También hay quien toma como ejemplo Baviera para hablar de soberanismo, de estatalidad propia, de lugar donde existen sentimientos soberanistas.

Baviera ocupa un lugar exactamente igual a los demás Länder de Alemania en el sistema constitucional alemán. A cualquier político de la CSU (el partido socialcristiano bávaro) le encanta ser ministro del Gobierno federal: el más famoso político del CSU, Franz Joseph Strauss, peleó duramente con Helmuth Kohl para ser el candidato común a la cancillería federal. Nadie puede hablar en serio de movimientos soberanistas en Baviera, a no ser que esté soñando.

No es fácil resumir el sistema financiero que rige en la República Federal de Alemania y el reparto entre los distintos niveles de gobierno. Lo primero que es preciso indicar es que el sistema federal alemán es un sistema de federalismo ejecutivo y cooperativo: las funciones de Estado las cumplen los Länder, menos aquéllas que están explícitamente reservadas en la Constitución a la federación -cláusula de reserva competencial-, y menos las concurrentes en el caso de que la federación haya hecho uso de su capacidad de legislar. En este sentido, los ingresos fiscales son considerados como ingresos del conjunto del Estado, y no del Gobierno federal, que los puede ceder o no. En esto se distingue claramente de la Constitución española en la que, por desgracia, se confunde el Estado y el Gobierno central. Lo curioso es que ningún nacionalista se refiere a estas cuestiones reclamando su reforma.

Lo segundo que hay que decir es que la Constitución alemana establece un reparto claro de financiación: del impuesto sobre las rentas de las personas físicas, 50% para la federación y 50% para los Länder. Del impuesto de Sociedades, lo mismo. Respecto al IVA, la Constitución dice que una ley federal establecerá los porcentajes de reparto. Una revisión rápida de la historia larga de aplicación de este mandato deja ver que aproximadamente la federación recibe el 54% y los Länder el 46%.

El siguiente paso en la solidaridad interterritorial es el de calcular los ingresos fiscales totales en Alemania para repartirlos -después de aplicar lo dicho en el apartado anterior- entre los Länder, para lo cual se tiene en cuenta el lugar en el que se han generado los ingresos y la población de cada Land. En tercer lugar, los Länder que quedan por encima de la media están obligados a pagar -equilibrar, ausgleichen-a los que quedan por debajo, con medidas que impidan que se revierta el orden de generación de ingresos.

Actualmente existen tres Länder que pagan -Baviera, Hesse y Baden-Würtemberg-, mientras que los demás son receptores, destacando entre todos ellos el Land Berlín, que es la capital de Alemania. Los Länder que pagan han intentado una y otra vez cambiar las reglas de juego o bien anular la Ley de solidaridad. Últimamente se ha distinguido en ello Baviera, aunque en los comienzos de la República Federal de Alemania comenzó siendo un Land receptor.

La última versión de este reequilibrio fiscal y financiero entre Länder se aprobó en 2001 -con el voto entusiasta de Baviera- con la previsión de validez hasta 2019. En la raíz de este acuerdo estaban una sentencia del Tribunal Constitucional de 1999 y una ley federal que respondía a ella. La sentencia obligaba a sacar de los debates políticos el equilibrio fiscal y financiero entre los Länder, obligando a establecer unas medidas y criterios de cálculo a largo plazo, más allá de eventualidades del momento.

Los analistas reconocen que es necesario reformar la regulación de la solidaridad, que es muy difícil hacerlo de forma aceptable para todos, y que es imposible anular la regulación de la solidaridad por el mandato constitucional de establecer situaciones de vida parecidas para todos en todo el territorio alemán. La ley de 2001 citada dice que es preciso mantener el principio de estatalidad propia de los Länder y su integración en la comunidad solidaria federal.

En Alemania no supone ningún problema que cada Land cuente con su Agencia Tributaria, más o menos propia. Y añado lo de más o menos porque no se trata de lo que se insinúa a veces en España: una Agencia Tributaria que se queda con todos los ingresos de un Land, y luego paga una parte negociada al Gobierno central. No. La Agencia Tributaria de cada Land recauda todos los impuestos que corresponden a cada Land, lo hace en aplicación de las leyes federales -aprobadas en el Bundestag o Parlamento federal, y en el Bundesrat o Senado, donde participan los gobiernos de los Länder-, estando obligada cada Agencia al reparto de los ingresos fiscales establecido en la Constitución y en las Leyes federales.

Aunque la última reforma del orden federal ha introducido algunos cambios en estas cuestiones, el presidente de cada Agencia Tributaria es nombrado de consuno por el Land y el Gobierno federal, y el reglamento que guía su funcionamiento es también establecido por consenso. En la última reforma, los Länder han adquirido mayor capacidad reglamentaria a cambio de dar mayor capacidad legislativa al Gobierno federal.

Ya ha quedado dicho que Baviera es, a todos los efectos, un Land más, con el mismo nivel competencial que el resto. Quizá sirva recordar lo que dice la Constitución alemana por un lado y, por ejemplo, la Constitución del Land del Norte del Rin y Westfalia, para entender lo que significa ser Estado en el sistema federal alemán. El preámbulo de la Constitución de Alemania dice lo siguiente: «Con la conciencia de su responsabilidad ante Dios y los hombres, animados por la voluntad de servir a la paz del mundo como miembro de pleno derecho en una Europa unida, el pueblo alemán, por la fuerza de su poder constituyente, se ha dado esta Constitución. Los alemanes en los Länder Baden-Würtemberg, Baviera, Berlín, Brandenburgo, Bremen, Hamburgo, Mecklemburgo-Pomerania anterior, Baja Sajonia, Norte del Rin-Westfalia, Renania-Palatinado, Sarre, Sajonia, Sajonia-Anhalt, Schleswig-Holstein y Turingia han completado en libre autodeterminación la unidad de Alemania. Con ello esta Constitución vale para el conjunto del pueblo alemán».

Y el Preámbulo de la Constitución del Land (estado) del Norte del Rin-Westfalia (1950) dice lo siguiente: «En responsabilidad ante Dios y los hombres, unidos a todos los alemanes… los hombres y mujeres del Land Norte del Rin-Westfalia se han dado esta Constitución». «Art. 4.1. Los derechos fundamentales y los derechos ciudadanos establecidos en la Constitución de la República Federal de Alemania son elementos constitutivos de esta Constitución y derecho estatal (de Land) de forma directa».

Conviene tener en cuenta todas estas cosas cuando se habla del ejemplo de Alemania: no se pueden tomar elementos sueltos sin tener en cuenta el sistema en el que poseen significado.

Joseba Arregi fue consejero del Gobierno vasco y es ensayista y presidente de Aldaketa.

El drama de la izquierda (III)
César Vidal La Razón 1 Octubre 2012

La derrota electoral de Felipe González – que, como la muerte de Franco, parecía que no se iba a producir nunca– provocó una profunda y dolorosa herida en la izquierda española. Es cierto que durante meses intentó consolarse con la idea de que nunca había tenido lugar una derrota más dulce –Alfonso Guerra dixit–, pero cuando la economía despegó y los criterios de convergencia para entrar en Europa se cumplieron, gracias a la acción de gobierno del PP, la experiencia resultó amarga como el acíbar. Llegó a lo insoportable cuando Aznar consiguió la primera mayoría absoluta de la derecha tras un primer período de gobierno verdaderamente extraordinario. La derecha había regresado, lo había hecho bien y podía permanecer en el poder de manera indefinida.

En Gran Bretaña, la respuesta de los laboristas ante Margaret Thatcher había sido moderar su mensaje con Tony Blair, aceptar todo lo bueno hecho por los conservadores y buscar una tercera vía. En España, un PSOE mucho más mostrenco y montaraz respondió lanzándose a la calle con el «Prestige» –parece hasta ridículo visto desde la distancia–, practicando en la segunda guerra del Golfo la política opuesta a la que había seguido en la primera y calentando a los ciudadanos para que respondieran como lo hicieron el 11-M. Sí, porque fue absolutamente necesario un atentado que todavía sigue sin haber sido aclarado del todo para que ZP llegara a La Moncloa.

Lo que vino después fue un híbrido de circo y tragedia griega. Algunos socialistas asustados me dijeron en su día que Felipe González, en su fase terminal, había decidido liquidar al PSOE y convertirlo en una especie de partido demócrata sometido a sus órdenes. El delirio lo ejecutó un ZP que reunió a todos los grupos del partido demócrata –salvo negros e irlandeses– y además regresó al PSOE de la Guerra Civil. Descoyuntó la próspera economía de la era Aznar, descoyuntó el sistema constitucional con el estatuto de Cataluña, descoyuntó el orden jurídico intentando llegar a un acuerdo con ETA o inventándose una forma de matrimonio que no lo es y descoyuntó la convivencia nacional al dividir de nuevo a los españoles en buenos con derecho a todo y malos entregados a la reprobación eterna.

Que la izquierda española se había metido no en un jardín sino en una verdadera jungla admite poca discusión. Que el impacto negativo que ZP causó en las instituciones y en la economía española ha afectado a la izquierda hasta el punto de lisiarla siquiera temporalmente no tiene vuelta de hoja. Más tarde que pronto, la derrota electoral de la izquierda tuvo lugar. Sin embargo, con seguridad, el mayor drama con el que se enfrenta ahora la izquierda española no es tanto el costurón de poder ocasionado por ZP y sus mariachis –Rubalcaba incluido–, sino la absoluta indigencia intelectual, política y moral en que se encuentra ahora.

Una espiral de pobreza para Cataluña
Rocío Albert López-Ibor La Razón 1 Octubre 2012

En cualquier proyecto empresarial en el que sus promotores necesitan contar con el apoyo de los accionistas, es absolutamente necesario presentar un proyecto de viabilidad del negocio. En dicho estudio, entre otras cosas, debe incluirse un análisis coste-beneficio del proyecto, algo tan básico que se enseña en primer curso de Economía. Pues en esta arriesgada «empresa» que es el nuevo intento independentista catalán, han obviado tan elemental procedimiento, probablemente con el fin de ocultar muchas miserias.

Vayamos por partes. En primer lugar, no hay ninguna duda de que la independencia no favorece ni a las empresas catalanas ni, por supuesto, a las grandes multinacionales que hay en ese territorio. La incertidumbre, ya sea en términos de posibles aranceles en el comercio «exterior», en el tamaño de los mercados o en cambios en la moneda –por citar sólo algunos de los males de un largo rosario de efectos negativos– supondría posiblemente la deslocalización de empresas internacionales consolidadas a lo largo de los años en Cataluña, y también de alguno de los buques insignia catalanes. La prueba de fuego es que el empresariado catalán no se ha posicionado a favor de la independencia, sino todo lo contrario. Baste recordar la exaltación del carácter español de La Caixa hace un par de años, con la enésima reverberación independentista, o la deslocalización de la fábrica de motos Honda a Italia, en busca de una mayor estabilidad.

En esta enajenación del nacionalismo catalán, esperemos que transitoria, pergeñada con el fin de tratar de minimizar la catastrófica situación económica en la que están los catalanes, no han faltado voces altisonantes garantizando la inclusión de Cataluña como un Estado más de la Unión Europea. Parece bastante obvio que el cumplimiento de los requisitos para la entrada en el club europeo –estabilidad monetaria, equilibrio de las cuentas públicas, ausencia de devaluaciones y mantenimiento de bajas tasas de inflación– son en la actualidad quimeras completamente inalcanzables para Cataluña.

Pero la variable más patente que han ocultado los independentistas es el tiempo. Aun cuando la incorporación contase con el apoyo de todos los países integrantes, el proceso podría durar, en el mejor de los supuestos, alrededor de cinco años a partir del cumplimiento de los criterios mencionados. Sin decir que si surgiese cualquier tipo de obstáculo, el plazo podría duplicarse o posponerse ad eternum. Durante todo ese periodo de incertidumbre, Cataluña tendría fronteras económicas que implicarían costes en las transacciones comerciales que afectarían a la competitividad de sus exportaciones, lo que a su vez tendría su reflejo en una reducción del PIB. Ello por no hablar de que durante todo ese tiempo, Cataluña perdería cualquier posibilidad de ser perceptora de cualquier fondo de la Unión Europea.

Siguiendo con este simple análisis coste-beneficio nos topamos con la deuda catalana, soberana o como más les guste llamarla. La Historia es una sabia consejera en los asuntos más trascendentales y para evitar caer en trampas en que otros ya cayeron, bastaría recordar el fallido proceso de independencia de Quebec y el reparto de su deuda. A día de hoy, Cataluña cuenta con una deuda de 44.000 millones de euros que es precisamente lo que ha puesto en funcionamiento toda la maquinaria independista. Pero no se debería obviar en los cálculos, que si esta comunidad se independizase, a esta cantidad habría que añadirle la parte proporcional que le corresponde de la deuda total de España. A este mar de lágrimas hay que añadir que su deuda soberana es en la actualidad considerada bonos basura, la situación es simplemente para gritar.

Una loca empresa
Podríamos seguir añadiendo a este recuento de calamidades, innumerables costes que no se han ni siquiera considerado, como la cuestión de la Seguridad Social. ¿Se han molestado en calcular cuál es el coste que tendrían que asumir en términos de prestaciones por desempleo o por jubilaciones? ¿Habrán considerado elementos tan fundamentales como que Cataluña tiene una población más envejecida que la media española? Pueden ponerse una venda, pueden inventar himnos, pueden ocupar las calles, pueden envolverse en su bandera, pero a los «accionistas» a los que quieren embarcar en esta loca empresa, deberían advertirles por lo menos de los riesgos que ella conlleva.

Finalmente, recordar algo que aprendí en los primeros cursos de Teoría Económica y que ilustra la situación. En cualquier proceso de ruptura, todas las partes salen perjudicadas, pero no se debería nunca obviar que el pequeño siempre sale más perjudicado que el grande. Aviso a navegantes de nuevas empresas.

Solidaridad entre «lander» para reducir las diferencias económicas
A punto de cumplirse 22 años de la reunificación de Alemania, los ciudadanos aún contribuyen con sus impuestos al desarrollo económico de los seis «lander» que pertenecían a la extinta República Democrática Alemana (RDA), y así lo harán hasta 2019. El denominado «impuesto de solidaridad» se paga a través del 5% del salario de todos los alemanes, occidentales y orientales. Dicha cuantía llegó a alcanzar el 7,5% cuando este mecanismo fue puesto en marcha en 1991.En total se estima que el oeste ha transferido 1,3 billones de euros al este de Alemania en las últimas dos décadas. Una cifra que, por ejemplo, casi dobla el actual Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) de la eurozona, dotado de 700.000 millones de euros.

Aunque esta especie de Plan Marshall germano ha contribuido a la disminución de las diferencias entre «ossies» y «wessies», el poder adquisitivo, los salarios y las jubilaciones de los alemanes orientales aún representan el 71% de su compatriotas occidentales. Así, el desempleo en los «lander» del este alcanzó al 11,3% de la población activa en 2011 (18,5% hace una década), frente al 7,5% de media en toda Alemania. Mientras un habitante de Hamburgo disfruta de una renta per cápita de 49.638 euros, uno que vive en Sajonia-Anhalt debe conformarse con 22.245 euros.

En opinión de la canciller, Angela Merkel, que procede de la antigua Alemania comunista, «cada vez que cruzo la Puerta de Brandeburgo experimento la sensación de libertad de poder pasar libremente por un lugar donde antes eso era impensable», en alusión al Muro de Berlín que dividió el país hasta 1989. Pese a los resultados alcanzados, la líder democristiana considera que las transferencias hacia los antiguos territorios de la RDA deberán prolongarse durante la próxima década para consolidar la cohesión nacional.

Visto desde el oeste de Alemania, este esfuerzo económico supone una dura carga para muchos estados federados. Éste es el caso de Renania del Norte-Westfalia, el «land» más poblado de Alemania, en la cuenca del Ruhr, que afronta grandes dificultades presupuestarias. El Gobierno regional se ve obligado a demorar o cancelar inversiones en su propio territorio por la obligación de contribuir al Pacto de Solidaridad. Consciente de este malestar, Merkel reconoce que en la próxima década la ayuda no deberá concentrarse exclusivamente en el este, sino repartirse entre las regiones más desfavorecidas de todo el país, informa Pedro G. Poyatos.

Corazones 'encogíos'
Pedro de Tena Libertad Digital 1 Octubre 2012

Sí, es cierto, hay corazones partíos, pero antes se encogen, que es una manera de defenderse de las emociones, sobre todo de las que fluyen con el dolor. Esta semana el corazón del Sur, de ese gran Sur de España que va desde Extremadura a Murcia pasando por Castilla-La Mancha y Andalucía hasta llegar a Ceuta y Melilla, que no se olvidan, se ha encogío con el vendaval, la gota fría o como se llame. Muertos, destrozos, enseres de la gente sencilla –hay libros enteros explicando cómo en las ciudades las zonas menos peligrosas para riadas y avenidas suelen estar en manos de la gente rica–, hogares a la deriva, pena, penita, pena, pero azarosa, tremenda pero contingente, brutal pero accidental. Aunque, además, tenemos el corazón encogío por otras cosas, ya no irremediables, sino causadas por el desvarío, ese ciclón lógico e ideológico, el ajeno y el propio.

Cataluña, otro temporal, huracán, ya veremos, que nos ha tenido siglos con el corazón encogío a los de este Sur, qué buen vasallo, de la España entera. Primero, el corazón se disminuía y encerraba en sí mismo por la pena del proteccionismo, una pena impuesta por los gobiernos nacionales a los españoles de la España agraria en defensa de la industria del Norte, la catalana y la vasca. Pagamos precios más caros por productos que la competencia internacional ofrecía más baratos para ayudar a la industria nacional en manos de nacionalistas que traicionaron entonces y siguen traicionando a España, con democracia o sin ella. Se hicieron ricos con sus chantajes, incluso a Franco, y luego, tuvimos que encoger el corazón de nuevo para ir a ganarnos la vida a aquellos oasis logrados con nuestros desiertos. En una sevillana se canta que iban para el Norte "con el corazón encogío/ una copla en la garganta/ como el que va pal Rocío". Familias enteras descoyuntadas, miseria... Más de dos millones de españoles del gran Sur se rompieron el corazón para disponer de una oportunidad que no tenían. Y lo consiguieron, y fecundaron Cataluña. Y ahora van los señoritos del nacionalismo y dicen que todos los frutos son suyos, desde la lengua materna al futuro, pasando por la bolsa.

Pero el más peligroso, el más temible, el más cruel de todos es el temporal interior, ese que nos ha dejado encogío el corazón a millones de españoles, del gran Sur y del resto de la nación. Es la borrasca íntima que con su viento se llevó la dignidad de millones de ciudadanos que han preferido la seguridad y han renunciado a la libertad. Con un cacho de subsidio, un trozo de pensión, un pedazo de subvención o unos euretes de compasión social, hemos terminado aceptando que inventen ellos, que fabriquen otros, que trabajen los tontos y que emprendan e inviertan los lelos (explotadores cuando crezcan)... Nosotros, a la pantalla grande con el fútbol cotidiano, jamás tanto en la historia como ahora, la cerveza, la tapita y el horizonte cerrado mientras nos vanagloriamos de nuestro "color especial...".

Y además, ¿cómo no voy a tener el corazón encogío cuando se ha visto con claridad el asqueroso fraude de los ERE y las ayudas a empresas y se ha consentido que esta izquierda eterna que padece Andalucía, por preferir creer a comprobar, haya convertido en esperpento y broma macabra a toda una Comisión parlamentaria de investigación?

¿Cómo dejar que el corazón se cure de este encogimiento? Lean la receta de Cervantes: "La baja fortuna jamás se enmendó con la ociosidad ni con la pereza; en los ánimos encogidos nunca tuvo lugar la buena dicha; nosotros mismos nos fabricamos nuestra ventura, y no hay alma que no sea capaz de levantarse a su asiento; los cobardes, aunque nazcan ricos, siempre son pobres, como los avaros mendigos. Esto os digo, ¡oh amigos míos!, para moveros e incitaros a que mejoréis vuestra suerte...". A mí me ha mejorado.

Cataluña no es un país, es un negocio
Razones económicas, por tanto, son las que justifican la vía hacia la secesión. Las mismas que utiliza el empresariado catalán para advertir de lo contrario
maría jesús cañizares ABC Cataluña 1 Octubre 2012

NO hay nada en «Mátalos suavemente» que no hayamos visto ya en las películas de Tarantino, excepto el alegato antipatriótico que hace su protagonista, interpretado por Brad Pitt. «América no es un país, es un negocio», afirma, después de desmitificar la figura del presidente Thomas Jefferson, esclavista hasta el final de sus días y en quien pesaron motivos más económicos que libertarios para luchar contra el dominio británico.

Hay que agradecer al presidente Artur Mas, su franqueza al reconocer que la defensa de la independencia catalana tiene más causas económicas -el déficit fiscal- que identitarias, aunque al igual que Jefferson, también incurre en contradicciones. Insiste Mas en recordar la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto como punto de inflexión de un proceso de escarnio español, aunque por lo visto no fue suficiente para que CiU abrazara entonces la causa independentista, pues se presentó en las elecciones de 2010 con un programa en el que no se hablaba ni de Estado propio y ni de una consulta soberanista.

Razones económicas, por tanto, son las que justifican la vía hacia la secesión. Las mismas que utiliza el empresariado catalán para advertir de lo contrario, de que romper con España no garantiza una mejora del bienestar en esta comunidad.

El goteo de grandes empresarios que advierten de ello no ha hecho más que empezar -Salvador Alemany, José Manuel Lara, Joan Rosell, Josep Piqué…-, pero es que la historia catalana reciente nos demuestra que, cuando un hombre de negocios se ve obligado a elegir entre patria o dinero, elige lo segundo. Y eso es algo que, desde la óptica financiera, tan entramada como interdependiente, no se les puede reprochar. Arrastramos todavía el fiasco de Spanair, debido a la negativa de la burguesía local de implicarse en ese dudoso proyecto aéreo catalán.

¿Cómo pedir a un industrial, fabricante o editor que modifique sus estrategias comerciales en función de un indefinido proyecto de ruptura con España? ¿Cómo sugerirles que renuncien a los intereses creados? Que el hombre más rico de Francia, Bernald Arnault, presidente de las empresas de lujo LVMH, haya amenazado con solicitar la nacionalidad belga si se le presiona fiscalmente o que el cantante del grupo U2, el activista irlandés Bono, pague sus impuestos en Holanda, son señales de que, para algunos poderes fácticos, Cataluña también puede considerarse un negocio, no un país.

Mayor Oreja ve 'un disparate' la actitud del mínimo esfuerzo ante el nacionalismo
El dirigente popular advierte de que los movimientos nacionalistas "no van a cambiar hasta que se les detenga"
Europa Press www.lavozlibre.com 1 Octubre 2012

Madrid.- El presidente del Grupo Popular en el Parlamento Europeo, Jaime Mayor Oreja ha advertido de que la "política del mínimo esfuerzo" frente al nacionalismo " es un disparate".

En una entrevista en la COPE, Mayor Oreja ha asegurado que entiende la gravedad política del momento : "La crisis no es sólo económica, es una crisis de valores y sobre todo lo que hay es España una crisis de la nación".

"Cuando hablo de la ley del mínimo esfuerzo no me refiero al Gobierno del PP, si no a una actitud generalizada entre los españoles. Es una actitud para no darnos cuenta que la nación española era defendida con unos principios asentados en la cultura del mínimo esfuerzo", ha subrayado.

Asimismo, el eurodiputado ha confesado sentirse inquieto "por que no se entienda lo que es un movimiento nacionalista", a su juicio "es lo que hoy nos persigue" y ha matizado que "el significado de ETA no es sólo el de un grupo terrorista, si no un proyecto de ruptura que se ha puesto a la vanguardia de Cataluña".

A su parecer, "ETA ha dejado de matar probablemente también por debilitamiento de sus organizaciones pero sobre todo porque ha visto la oportunidad histórica de que puede romper España".

En este sentido ha matizado que "ni uno está delante ni otro está detrás" haciendo referencia a País Vasco y Cataluña. "Es lo de siempre, no hay ninguna novedad, son movimientos nacionalistas que no van a cambiar hasta que se les detenga y siempre avanzan en la radicalidad en la ruptura", ha apostillado.

"En los movimientos nacionalistas siempre ganan los radicales por hacer una nueva nación, porque son los únicos que pueden quebrar una nación de la historia y de la importancia de España", ha explicado.

Asimismo, ha reiterado que lo que mas inquietud le provoca es "la crisis de nación que empieza a vivir España" y ha pedido "un cambio de actitud colectivo" para darnos cuenta de que en estos momentos hay "un gravísimo riesgo de la nación española".

Por último, ha confesado no haber tenido "ninguna conversación a fondo" ni haber hablado con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, aunque si que asegurado que "coinciden" actos puntuales.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Rajoy no se atreve con el desafío catalán
Pablo Sebastián www.republica.com 1 Octubre 2012

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en esto del desafío independentista de Artur Mas, CiU y la burguesía empresarial y financiera de Cataluña (todos van en el mismo barco) no está donde debe de estar: en el puente de mando de España. Mejor dicho está pero escondido detrás del Rey, de otros empresarios y de los medios de comunicación españoles para que entre todos hagan el trabajo que le toca hacer a él. Repite ante Cataluña lo mismo que ante la UE y el esperado nuevo rescate de España: Rajoy no dice nada al respecto y se esconde detrás de Monti, Draghi y Reinh, a los que confunde y desespera, como a la propia Merkel cuya portavoz llegó a decir que “a Rajoy le falla la comunicación”. No es del todo así, la comunicación de Moncloa es un desastre eso es verdad, pero lo que le falla a Rajoy es: el liderazgo y el valor.

No es nada nuevo en él, siempre fue su actitud a lo largo de su ya dilatada carrera política, e incluso como líder de la oposición (en la que vivió de los errores de Zapatero y nunca se atrevió a hacerle frente o poner orden en los escándalos y sublevaciones internas del PP). Por ello en el caso del desafío catalán Rajoy no dará la cara ni actuará con firmeza y por delante de los acontecimientos tal y como debiera frente al desafío de Artur Mas y de CiU. Y dejará pasar los escasos sesenta días que faltan de aquí a las elecciones catalanas del 25 de Noviembre, que van a ser más importantes que los que seguirán al resultado electoral.

En el caso catalán calla Rajoy con mas motivo, porque supone un riesgo no solo político para España sino también personal. Lo decía Mas tras su visita a la Moncloa “con Rajoy es imposible pelearse”, pero le faltó añadir: “sobre todo porque nunca sube al cuadrilátero”. Y eso es lo que está haciendo con el desafío secesionista. Manda al Rey por delante, primero con una carta y luego con sus fallidos viajes a Barcelona, como diciendo “vaya usted Majestad, que a mi me da la risa”. Luego hace unas llamaditas telefónicas o celebra unos encuentros privados con empresarios catalanes y después envía a su “niña” Sorayita a parlamentar con Sánchez Llibre de Unió para recordarle que nada más llegar al Gobierno, Rajoy indultó a dos delincuentes de Unió condenados por corrupción en el Tribunal Supremo. Y finalmente, ahora, Rajoy acaba de echar al agua y de enviar a Cataluña a su “armada invencible” de papel prensa, El País, El Mundo, ABC y La Razón, todos ellos con sendos y variados reportajes sobre las plagas que caerán sobre Cataluña si las huestes de Mas avanzan hacia la independencia.

Puede incluso que la declaración del presidente de Planeta, José Manuel Lara (amigo personal de Rajoy que le ayudó a hacerse con Antena 3 TV, en tiempos de Aznar), haya sido sugerencia de Rajoy. Pero que Rajoy salga con solemnidad, en el Parlamento o en el palacio de la Moncloa a decir ¡basta! O hasta aquí hemos llegado y a desmentir las falsas (por incompletas) cuentas de Mas sobre la relación económica de Cataluña con España, advirtiendo seriamente de las consecuencias políticas y constitucionales del desafío, todo eso Rajoy nunca lo hará. No es su estilo, ni siquiera cuando el presidente de la Generalitat anuncia que va a crear unas estructuras de Estado en Cataluña, o aprueba en el parlamento un referéndum de autodeterminación inconstitucional.

Rajoy nunca está ni se le espera. Y menos aún cuando Rajoy se ha tragado el regalo envenenado de sus amigos empresarios de Cataluña que, muy temerosos de la “II Guerra del Cava” –el único lenguaje que entienden en Cataluña la burguesía que apoya la secesión de Mas-, le han dicho a Rajoy que no hay que despertar a “la fiera” del nacionalismo español, que conviene una respuesta de “bajo perfil” y que el tiempo lo cura y el diálogo arreglarán el problema tras la imparable victoria electoral de CiU y el hundimiento en Cataluña de los partidos españolistas el PSC (sobre todo) y el PP.

Y claro Rajoy vio el cielo abierto y puso en marcha la estrategia del “bajo perfil”, su especialidad para todo. Para el rescate de la UE, los problemas internos del PP, los desafíos internacionales como los de Kichner o Mohamed VI y, por supuesto y con mas motivo, para el caso catalán. Y ahí estamos en lo que mas le gusta a Rajoy: el bajo perfil, para uno que siempre está de perfil. Ahora bien, cuando pasen las elecciones catalanas y si Artur Mas –que no está de perfil, ni acepta recaditos del Rey o de empresarios pro españolistas, ni lee la prensa de Madrid, “ladran luego cabalgamos”, se dirá- logra en Cataluña una mayoría absoluta o un pacto con ERC y convoca el referéndum de autodeterminación al margen de la ley, entonces ya veremos que pasa con Rajoy. Y que pasa con España por culpa de la desidia, el miedo y la indecisión del primer gobernante del país.


Cataluña
'Adéu', Unión Europea
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 1 Octubre 2012

Será bueno que los catalanes que hacen planes para su vida en una idílica Ítaca independiente se vayan mentalizando para otro futuro: el que los sumergirá en las calamidades de un Kosovo ibérico. Porque, como escribí en mi artículo "¿Massachusetts o Kosovo?", esa idealizada Cataluña independiente no equivaldrá, como Massachusetts, a una parte inseparable de un país donde todos los ciudadanos comparten y respetan la Constitución, las instituciones, los valores y la lengua comunes, sin caprichos secesionistas, sino que será, como Kosovo, un Estado paria, marginado de Europa. Vuelvo sobre el tema.

El castillo se derrumba
Francesc de Carrera demolió con su habitual rigor didáctico el camelo del expolio fiscal de Cataluña (La Vanguardia, 26/9), y de paso explicó una regla elemental de la lógica:

Los razonamientos deductivos se fundan en una o varias premisas que, a través de un proceso argumentativo, conducen a una determinada conclusión. Si la premisa es falsa contamina todo el argumento e invalida la conclusión.

Esta regla se aplica igualmente a la falacia de que una hipotética Cataluña independiente encontrará abiertas de par en par las puertas de la Unión Europea, emporio de una plétora de mercados ávidos por absorber las exportaciones del nuevo socio. Pero, puesto que la premisa es patentemente falsa, el castillo de ilusiones se derrumba sobre sus crédulos prosélitos. Aunque algunos lectores me reprochan mi afición a citar textos ajenos, me aferro a ella cuando me parece que refuerzan mi discurso con una contundencia y transparencia que superan mis aptitudes dialécticas. Por ejemplo este que Casimiro García-Abadillo tituló "No seáis imbéciles" (El Mundo, 12/9):

Si, como pretenden, Cataluña declarase la independencia, lo primero que sucedería es que ese nuevo Estado ya no sería parte de la Unión Europea, como ayer, por enésima vez, se encargó de constatar el portavoz de la Comisión. Salir de la Unión Europea implica salir del euro y, por tanto, perder el paraguas del BCE. Si la deuda de Cataluña está hoy al nivel del bono basura, ¿se imaginan lo que sucedería si se produjera esa hipótesis? Cataluña tendría que emitir su propia moneda, aunque sus empresas seguirían endeudadas en euros. ¿Qué tipo de cambio se establecería? ¿Cuántas multinacionales mantendrían su sede en Barcelona en caso de que Mas se dejara llevar por su ensoñación independentista? No sólo las empresas extranjeras, muchas compañías españolas se marcharían de ese nuevo Estado. (...) La periodista de TV3 Mònica Terribas dijo ayer que los catalanes llevan "300 años haciendo el imbécil", para concluir que "no se trata de que dejen de ser catalanes, sino de que dejen de ser imbéciles" Hacerles creer que Cataluña se puede separar de España y seguir en la UE: eso sí que es tratarles como imbéciles.

Broche de oro
Puesto que estoy en plan de citas, no puedo resistir la tentación de divulgar parte de una columna que me fascinó y que confirma la tesis de García-Abadillo. Pedro Nueno, catedrático global y enamorado de los gerundios, que siempre convierte en títulos de sus artículos de economía, escribió en "Horrorizando" (LV, 23/9):

Ir en fila no me ha gustado nunca y no he participado ni en procesiones ni en desfiles (escapándome con imaginación cuando hacía la mili). Siempre me pregunto qué sacará la gente en ir por la calle en masa andando y andando. Al final del paseo cualquier problema que hubiese sigue estando, pero además la imagen del evento desprestigia al país, ahuyenta inversores, cuesta dinero y puede haber algún destrozo o algún herido. La gente que llega al poder se siente cómoda: despachos, asistentes, chóferes, pero, sobre todo, no son conscientes de cómo les hacen la pelota. He visto gente muy relevante de nuestro país horrorizada con las manifestaciones pero se guardarán muy bien de decirlo en público y puede que hasta hayan felicitado a un personaje importante del Gobierno.

Con un broche de oro:
Por cierto, si somos independientes necesitaremos un pasaporte y seguramente, al no ser miembros de la Unión Europea, necesitaremos un visado para ir a Madrid o a Europa y, por supuesto, a EEUU.

Espero que esta brevísima advertencia se convierta en el tema central de todas las declaraciones y manifiestos que polaricen el debate electoral previo al 25-N. Los partidarios de que se consolide la Unión Europea, y de que dentro de ella España conserve su integridad, podrán esgrimirla como antídoto contra los disgregadores, los antisistema y los nihilistas. Y los secesionistas nostálgicos de la autarquía de los tiempos de Franco podrán enarbolarla cuando se despojen del disfraz europeísta y reconozcan que su eslogan "Cataluña, nuevo Estado de Europa" alude a una Cataluña amputada del tronco español y, por tanto, de la Unión Europea. O, pensándolo mejor, quizá la pancarta que encabezó la manifestación del 11-S era más explícita de lo que creía la mayoría de quienes marchaban detrás de ella: no mencionaba la Unión Europea sino esa Europa amorfa por donde discurren algunos partidos totalitarios, aislacionistas, etnocéntricos y hostiles a los valores de Occidente, que se miran en el espejo de Kosovo o de algunas repúblicas desgajadas de la difunta URSS.

Ínfulas soberanistas
Cuando el presidente de la Generalitat, Artur Mas, compareció ante la prensa en la embajada de Cataluña en Madrid, practicó su propia versión del trampantojo secesionista. Tenía a sus espaldas la bandera cuatribarrada y la de la Unión Europea, haciendo alarde de la ausencia de la española. Simulaba olvidar que España estaba presente en una de las estrellas de la constelación europea, privilegio que no se concede a los símbolos de ninguna región, cualesquiera sean sus ínfulas soberanistas. Y tal vez por eso sazonó su conferencia con uno de esos sucedáneos de europeísmo que sólo engañan a paladares anestesiados. Dijo Mas después de su entrevista con Mariano Rajoy (LV, 21/9):

No hablamos de rupturas. Hablamos de estructuras de Estado, de Estado propio. Pero no de rupturas totales. Lo situamos todo en el marco europeo. No nos hemos vuelto locos.

El presidente de la CEOE, el catalán Juan Rosell (al que, según cómo sopla el viento, el somatén mediático llama Joan), no se dejó engatusar por metáforas ni evasivas, ni las empleó cuando tuvo que definirse. Fue rotundo (LV, 25/9):

Calificó la reclamación de independencia para Catalunya como "una barbaridad para los empresarios" (...) En su explicación de las consecuencias que traería una separación de los dos territorios apuntó a una pérdida de beneficios para los empresarios catalanes pero también para todos los empresarios de España.

Miedos muy justificados
Lógicamente, a los fanáticos identitarios les importan muy poco las pérdidas de los empresarios, aunque estas repercutan sobre toda la sociedad, incluidos trabajadores y clases medias. Los talibanes y sus corifeos tienen su bienestar garantizado, sea porque ya forman parte de la nomenklatura, o porque realizan oscuros mercadeos que todavía están bajo investigación, o porque reciben suculentas subvenciones. Los más cínicos se burlan de los miedos que disuaden a muchos de sumarse a la cruzada secesionista. Francesc-Marc Álvaro enumera con desprecio los miedos muy justificados de los ciudadanos pensantes que, si se materializara el Kosovo ibérico, seguirían estando al margen, como hoy, de la élite privilegiada (LV, 27/9):

Miedo al aislamiento internacional, miedo a la fractura social, miedo a la decadencia económica, miedo a la deslocalización empresarial, miedo a la exclusión cultural, miedo a repetir la tragedia balcánica, miedo al caos y al precipicio.

La panacea que Álvaro receta para tantos miedos es la ilusión. Pero la ilusión que, comprensiblemente, alimentan quienes, como él, creen estar próximos a tocar el cielo con las manos no puede compartirla la plebe maltratada. Precisamente pegada al artículo del ilusionista Álvaro aparece una columna de Lluís Foix, quien, sin renunciar a su condición de veterano catalanista, pone los puntos sobre las íes:

La campaña se centrará en la independencia, sin que CiU la incluya en el programa con ese nombre, olvidando el debate social para crear empleo, promover la creación de riqueza, socorrer a los frágiles, garantizar las pensiones, combatir la corrupción política y evitar los efectos negativos de los recortes sociales. Cuántas precariedades y miserias pueden tapar las banderas. Se inició la legislatura con la promesa de reducir el paro a la mitad y hay 135.000 parados más.

La ilusión del ciudadano pensante sólo puede girar en torno del fracaso de la aventura rupturista que culminaría con un nefasto "Adéu, Unión Europea".

El PSC, en la encrucijada
EDITORIAL www.gaceta.es 1 Octubre 2012

El PSC ha crecido siempre con un ‘disfraz’ pretendidamente nacionalista.

El Partido Socialista de Cataluña tiene ya candidato para la Presidencia de la Generalitat en las elecciones que Artur Mas ha convocado para el 25 de noviembre. No ha sido tarea fácil para un partido que está viviendo las horas más bajas desde la Transición. Ayer, las encuestas publicadas le auguraban un descenso de 3 diputados en el nuevo arco del Parlamento Autonómico. Aparentemente éstos tres escaños irían al bolsillo de la coalición CIU, que roza una mayoría absoluta aunque a Artur Mas aún le parece insuficiente para su proyecto de Estado Catalán.

Ciertamente, CIU está ganando de 4 a 5 escaños en las encuestas, pero ese saldo ha pasado antes por alguna resta. Los 3 diputados que ganaría Esquerra Republicana procederían, sobre todo, de los soberanistas defraudados por una supuesta “tibieza” nacionalista de un Artur Mas que, según ese electorado, debería ya haber proclamado el Estado Catalán en un balcón. Puestos a ser independentistas, prefieren votar “pata negra”.

Los socialistas catalanes están aún pagando dos facturas. La primera, el recuerdo colectivo de la gestión de Montilla al frente del tripartito; un saldo de fracaso, con una copla de corrupción que todavía se sustancia en la Justicia y un saqueo de las arcas públicas hasta casos esperpénticos. La segunda factura ha sido su falta de posicionamiento -hasta la designación de Pere Navarro-, ante la interpelación soberanista en Cataluña. El PSC ha crecido siempre con un “disfraz” pretendidamente nacionalista lo suficientemente ligero para no espantar a la base socialista de procedencia migratoria (muy importante), pero lo suficientemente convincente para no “desentonar” en la corrección oficial de la burguesía catalana que crece junto a las arcas públicas y privadas que controla la gente de CIU.

La duda es si el PSC llegará a tiempo para transmitir un mensaje de unidad en el partido (llevan un año tirándose públicamente los trastos) y de conexión con el aparato de Rubalcaba. Este último, con habilidad, pone en la mesa el federalismo como propuesta frente al reto soberanista de Mas. Ciertamente, el federalismo es el sistema de asociación con la que el PSC ha vivido frente al PSOE, y lo que le ha llevado a los socialistas catalanes a la deriva. Pero una reforma federalista de nuestra Constitución lleva a dos interrogantes: la cuestión de la oportunidad, en una crisis internacional en la que necesitamos urgentemente ponernos a trabajar para vivir; y la cuestión de fondo de una Federación auténtica. Sólo la fuerza de un proyecto de casa común reconocida permite la solución federada. Y el reconocimiento y la defensa en España de nuestra casa común es cuestión que va a ser central en las elecciones catalanas, en el futuro de España y en la viabilidad de Europa.
Ciertamente, el movimiento-rodillo de CIU ha sido arrollador. Con su potencia mediática ha sembrado una corriente de sentimientos que hoy dividen Cataluña. El PSC tiene la oportunidad de posicionarse con claridad con un mensaje realista y mostrar la unión, con otras formaciones parlamentarias, que necesitan Cataluña y España en unos momentos muy críticos, en los que surge una populista utopía letal para la convivencia. Para evitar el llamado “choque de trenes”, al PSC le hace falta subir al tren de España. O perder el tren para siempre.

La cuestión catalana
José Luis Meilán Gil La Voz 1 Octubre 2012

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, con amplio respaldo del Parlamento, ha cruzado el Rubicón. La autodeterminación, siempre latente, jamás había sido planteada con esa solemnidad. Lo que hasta ahora formaba parte de la dialéctica propia del nacionalismo centrista que lidera CiU, se ha convertido en un objetivo político concreto y determinado. Pese a la ambigüedad en cómo se concrete esa decisión no parece que quepa ya una marcha atrás. La suerte está echada. La gravedad de la que ha alertado el rey es innegable. Lo de menos es que con la anticipada convocatoria de elecciones se procure una mayoría suficiente que no dependa del PP. Lo fundamental es que Mas se ha comprometido con una cuestión de fondo que afecta a la estructura del Estado, aprovechando la ola de una muy concurrida Diada en la que se coreó la independencia.

La hoja de ruta, paralizada durante estos años de democracia, de una nación en busca de Estado, ha quedado activada. Sirvió para mejoras puntuales de sus aspiraciones. Los nacionalistas cuentan con el tiempo. La breva de un Estado propio, integrado en la Unión Europea, no caerá con un resultado electoral favorable a CiU. Pero se ha producido un salto de escala en las reivindicaciones. Las armas legales que se empleen para frenar la pretensión ayudarán a alimentar en Cataluña el distanciamiento de un Estado en el que sus ciudadanos no se sienten cómodos. A su vez crecerá en el resto de España un sentimiento de rechazo a lo catalán, de lo que tenemos alguna experiencia.

La cuestión catalana viene de lejos. Sin remontarnos demasiado en la historia, fue determinante en la elaboración de la Constitución de la II República, consecuencia del pacto de San Sebastián de 1930, como testimonia Azaña en sus memorias. Ofrecía una solución a Cataluña, sin nombrarla, permitiendo que otras partes de España pudiesen constituirse como regiones autónomas; pero no imponía su generalización. Es lo que, no sin discusión, recogió la Constitución de 1978, con referencia a los territorios que se habían acogido a aquella alternativa interrumpida por la Guerra Civil. La minoría catalana, en expresión de su ponente Miguel Roca, manifestó que por primera vez los catalanes se sentían cómodos en el Estado. Una corriente doctrinal mayoritaria y una posición política que terminó siendo dominante impulsaron la generalización homogeneizadora de las comunidades autónomas con la pretensión de diluir el problema catalán en esa uniformidad. El resultado del «café para todos» está a la vista.

Mejor hubiera sido respetar el texto constitucional. En el fondo de la reivindicación catalana subyace la defensa de un hecho diferencial, como se reconoce en los conciertos de Navarra y el País Vasco. Un federalismo que configure como Estados a todas las comunidades autónomas no resuelve el problema. Sin el apremio de la crisis, los partidos mayoritarios, promotores de la uniformidad, deberían reconstruir en lo posible el consenso constituyente.

Carbonatos y sulfatos
Nota del Editor 1 Octubre 2012

Yo estoy deseando que haya algún grupo que consiga desgajarse de España para ir detrás. Mi ilusión es tener mi propio gobierno, gestionar mi hacienda.
Y la defensa y demás las subcontrararé con quien me ofrezca un buen servicio. Para hechos diferenciales, puedo afirmar que tengo billones, no tengo un sólo átomo igual a otro, cada uno anda por libre, moviendo sus electrones por aquí y por allá, arriba y abajo.

Y también tengo una lengua propia, aunque a veces me da algún disgusto, se enfrenta a los dientes y siempre sale perdiendo, y en cuando a la otra lengua, puedo afirmar que es única, pues es imposible, al menos estadísticamente en la tierra, que haya otra persona que haya estudiado y vivido lo mismo que yo, en cada instante de la vida, y si tenemos en cuenta los lenguajes artificiales, creo que ni en el universo.

Y así siguen, soltando gota a gota sus carbonatos y sulfatos para construir una estalagmita debajo de su impresentable estalagtita.

La ‘blitzkrieg’ de CIU
José Luis Álvarez en La Vanguardia  1 Octubre 2012

Los acontecimientos de estos días son un espectáculo espléndido. Ha habido momentos cómicos, como cuando Artur Mas declaró, solemne, cuando se debía estar riendo por dentro, que la reunión con Mariano Rajoy no había ido bien. Fue estupendamente, según plan. O el melodramático de Bono, prefiriendo morir a ver España incompleta. Y melancólicos, como cuando la reacción del secretario general del PSC a la manifestación de la Diada atrajo menos interés mediático que la del PPC: penitencia del que ni lidera ni confronta. Y hubo momentos extraños, como la recepción al president a su regreso de Madrid en la plaza Sant Jaume, estudiada en exceso. Pero el número más brillante es la exhibición de CiU. Encarna el ideal táctico: golpear al contrario tan rápido como se pueda, lo más fuerte posible, donde hace más daño y cuando no está mirando. La velocidad de CiU es espectacular: en un breve lapso ha pasado de pacto fiscal, a independencia, a elecciones plebiscitarias, a referéndum. Una lección de blitzkrieg (guerra relámpago), de explotación del éxito, de no dejar consolidar fuerzas al oponente. Ha sacudido fuerte. El liderazgo de los unionistas carece de estrategia. Y los secesionistas mantienen, eufóricos, habiendo olido miedo y desconcierto en el oponente, la fricción: nada queda sin contestar con agresividad, ni siquiera un mensaje real.

CiU ha golpeado donde más duele, en la inexistencia de un proyecto de España que tenga más atracción que el soberanista o en la incapacidad de los españolistas de ofrecer un discurso moral. Al fin y al cabo, la unidad puede ser presentada como moralmente superior a la separación (si es realmente así, es irrelevante tácticamente). Y aunque tampoco hay proyecto tangible de Catalunya (la fantasía de CiU es Israel), la independencia tiene el encanto, en tiempos tan duros, de una tierra prometida donde, dicen, manarán leche y miel, autopistas sin peaje y excedentes fiscales. Y CiU ha sorprendido al PP, enfrascado en la crisis. Alguna crónica relató el enfado de la Moncloa con Artur Mas porque este había estado preparando la Diada desde hacía un año y no les había advertido. Santa inocencia. Y también al PSC y al PSOE, quienes hace tiempo que si miran no ven.

Gracias a su blitzkrieg CiU está cerca de conseguir su objetivo estratégico: ser uno de los pocos gobiernos no sepultados por la crisis económica, y Artur Mas de tener un lugar en la historia que no desmerezca el de uno de sus predecesores y el de su sucesor (estos dos tienen igual apellido). Al segundo endosará, sin beneficio de inventario, la gestión de la crisis, cuando no haya excusas. Es más fácil la independencia que enfrentarse a la crisis. Lo que está pasando es un medio para a estos fines.

CiU ha sido tan exitosa que ha situado el conflicto Catalunya-España en un nuevo teatro de operaciones: Europa. Todo lo que CiU haga, y cómo lo haga, ha de estar focalizado a este actor político con poder de veto. Y por él, CiU ha de cambiar sus tácticas. Si la regla de confrontación de CiU con España, hasta la blitzkrieg, era la ambigüedad, con Europa ha de ser la escrupulosidad democrática. Y las últimas prácticas de CiU no pasan el test. No hay nada menos democrático que llamar a una manifestación mandato del pueblo. Democracia es contabilidad y secreto, no números gruesos y en público. Algún empresario se puede estar preguntando si después de la independencia la política fiscal también se establecerá a golpe de muchedumbres. Y no dará muchas garantías a Europa que CiU cuente para el referéndum –lo de ilegal o legal es lo de menos si es serio– con ERC, un partido asambleísta, e ICV, un partido antisistema. CiU se equivoca al salir de partida para el referéndum con este nuevo tripartito.

Es precisamente el referéndum, sus garantías, el punto culminante de la fricción futura con el Estado. Es ahí donde el Gobierno central contraatacará. Y lo hará, y fuerte, porque el presidente español que pierda Catalunya, sin que la independencia haya sido el resultado de un proceso justo que, en cuanto que proceso, haya contado con la aprobación de los ciudadanos españoles, perderá el gobierno de España.

Aunque tácticamente legítimo, es una lástima que CiU no quiera romper la dinámica esencial, escasamente cívica, de la política catalana, la división en ¿dos mitades?, entre un catalanismo hipermovilizado y un no-se-sabe-muy- bien-qué piensa, absentista. Porque a CiU ya le va bien esta escisión y organizará un referéndum que invite a la Catalunya absentista a seguir siéndolo. Y es también una lástima que el Gobierno español no convoque un referéndum legal y vinculante, que suscite una discusión cívica como no ha habido hasta ahora. Es, además, un error, porque la opción unitaria tiene muchas más posibilidades en un referéndum oficial que en uno cuyos garantes sean, además de CiU, ERC e ICV. Si no convoca un referéndum, el Gobierno hará lo que CiU espera y desea, y no recobrará la iniciativa táctica, ya que nada de lo que pueda pasar cambiará sustancialmente la vida de nadie –ni Apocalipsis ni séptimo cielo–. Disfrutemos del espectáculo. Para ello nada como un referéndum. Pocas cosas, además, más democráticas.

José Luis Álvarez, profesor de Liderazgo de Insead, Francia-Singapur.

Carrera hacia el abismo
Casimiro García-Abadillo en El Mundo 1 Octubre 2012

Cataluña marca la agenda política española. Más que el posible rescate, más que los presupuestos, más que Oliver Wyman y su informe sobre el sistema financiero, e incluso más que las elecciones en el País Vasco y Galicia (con ser éstas trascendentales por motivos dispares).

Cuando los grandes periódicos extranjeros llevan a España a sus portadas -lo que últimamente es habitual-, incluyen la cuestión catalana como un elemento esencial para determinar cuál será nuestro futuro inmediato. Los analistas financieros han introducido ya el factor catalán como una de las componentes del riesgo soberano español.

Si Artur Mas quería atraer para sí el foco de la atención mediática, lo ha logrado con creces. La cuestión es: ¿hacia dónde quiere conducir a los ciudadanos de Cataluña?

Una respuesta simple a esa pregunta sería, obviamente, hacia la independencia. Pero el líder de CiU sabe, como bien se encargó de recordárselo el padre del nacionalismo catalán moderno, Jordi Pujol, que esa meta es «casi imposible» de alcanzar.

Es decir, sólo en el caso de que el Estado y el Gobierno de España hicieran dejación de sus funciones (establecidas en la Constitución) esa alternativa sería posible.

Si Mas está utilizando la independencia como arma disuasoria para lograr el pacto fiscal que fue rechazado por Rajoy, corre un triple peligro. Por un lado, está tensando tanto las relaciones de Cataluña con el resto de España que puede generar heridas difíciles de restañar. La estrambótica propuesta del socialista Guillermo Fernández Vara de que Mas devuelva a Extremadura los 150.000 emigrantes que han hecho crecer a Cataluña es una muestra de la desafección que se está creando al otro lado del Ebro.

Mas no puede pretender que, ante su mensaje secesionista, basado en que España «expolia» a Cataluña, el resto de las regiones (sobre todo las que reciben los fondos de solidaridad) se le echen en brazos como muestra de cariño. Llama expoliadora a España y, al mismo tiempo, pide tener «una relación amable». Suena a broma.

Ese distanciamiento, fríamente calculado, se ha visto plasmado en la relación personal de Mas con el Rey Juan Carlos, que, coincidiendo con la eclosión independentista, ha pasado unos días en Barcelona. Aunque el incidente del Puerto de Barcelona, cuando dio la impresión de que el líder de CiU no quería aparecer en una foto oficial con el Jefe del Estado, fue más un problema de protocolo que una muestra de rechazo, lo evidente es que el trato entre ambos fue bastante frío, por no decir gélido.

Su saludo el martes en el Palacio de Pedralbes fue más o menos así. El Rey le extendió la mano a Mas: «Buenas tardes, president. Ya he visto que has convocado elecciones». A lo que el president de la Generalitat contestó con un cortante: «Sí».

Pujol, de cuyo nacionalismo nadie duda, siempre mantuvo una relación afable con el Rey. El artífice de CiU manejó la presión y el pacto con maestría. Sabía frenar antes de que llegara una curva cerrada, mientras que Mas está apretando el acelerador justo en el peor momento.

En efecto, ese enrarecimiento de las relaciones España-Cataluña, que temen sobre todo los empresarios catalanes con interés fuera de la comunidad autónoma, es uno de los riesgos de su apuesta soberanista. Otro de los peligros que corre es que no sepa, o no pueda, satisfacer las expectativas que está creando entre los propios ciudadanos de Cataluña.

Mas ha vendido a la sociedad civil catalana que la independencia supondrá una mejora de su nivel de vida, en la medida en que desaparecerá el «expolio» español.

Ese cuento de hadas no sólo no se corresponde con la realidad, sino que poner en marcha los mecanismos para alcanzarlo puede desembocar en una situación calamitosa y frustrante.

Hay un tercer riesgo que puede fracturar la propia convivencia en Cataluña. Mas ha cometido un error de libro al comprometerse a convocar un referéndum de autodeterminación sea o no autorizado por el Gobierno. Es decir, sea legal o ilegal.

Al colocarse por encima de la ley, Mas está incitando a sus propios ciudadanos a hacer lo propio. ¿Con qué legitimidad reclamaría el president a los ciudadanos de Cataluña que abonen el copago farmacéutico cuando la inmensa mayoría no acepta ese recorte en las prestaciones sanitarias?

Para poner en marcha el proceso secesionista, Mas recurre al mismo argumento que utilizó Pasqual Maragall para deslegitimar al Tribunal Constitucional que revisó el Estatut: nada está por encima de la «voluntad de los catalanes». Ni siquiera las leyes.

La apuesta independentista de Mas supone el mayor reto político para la España constitucional.

El Gobierno, por boca de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, ha dicho claramente que responderá a ese pulso con «todos los instrumentos» legales a su alcance.

Un miembro del Gobierno añade: «Si se desobedece una decisión del TC prohibiendo la consulta, se envía a la Guardia Civil y punto».

Es un paso en la buena dirección. Pero no es suficiente.

Es la hora de la política. No hay que romper las vías de diálogo con Mas (¡cuidado con el victimismo!), pero, además, los dos grandes partidos deben actuar con visión de Estado.

PP y PSOE, con la legitimidad que les da la Constitución y el hecho de representar al 80% de los ciudadanos españoles (a más del 60% de los catalanes, según los resultados de las últimas elecciones generales), deberían ponerse de acuerdo para advertirle a Mas de los límites de su aventura.

La necesidad de ese pacto de Estado convierte aún en más preocupante la actitud del PSC, que en un asunto crucial quiere nadar y guardar la ropa, más preocupado por mantener su unidad como partido que por el futuro de Cataluña y de España.

Como muestra, la encuesta de Sigma Dos. La apuesta soberanista de Mas no le va a proporcionar su principal objetivo: lograr la mayoría absoluta en Cataluña. ¿Recuerdan lo que ocurrió con Ibarretxe en Euskadi?

casimiro.g.abadillo@elmundo.es

Peligros para la nacionalidad
Cuando Rajoy se resiste a la bilateralidad, Mas lanza el órdago de la independencia con referéndum
Miguel Ángel Aguilar El País   1 Octubre 2012

Ernest Renan habría tenido razón al sostener, hace más de un siglo, que el olvido histórico, incluso el yerro histórico, constituyen factores sustanciales en la formación de una nación, y que, por esa misma razón, el avance, el progreso de la historia como ciencia es, con frecuencia, un peligro para la nacionalidad. En esa misma línea, Eric Hobsbawm, un historiador muerto ayer a los 95 años, que esclareció cuál es el sentido de la disciplina y cuál el deber básico de quienes a ella se consagran. Por eso proponía en su libro La invención de la tradición como la más bella tarea para sus colegas la de ser un peligro para los mitos nacionales. Es la función crítica que, por ejemplo, cumple José Álvarez Junco en Mater Dolorosa (Editorial Taurus. Madrid, 2001), la misma que recordaba Santos Juliá en la columna del domingo día 30 en estas páginas, bajo el título Entusiasmados por el poder a propósito de los intelectuales adictos que formaban en semicírculo alrededor del líder “a la distancia exacta para transmitirle la emoción del momento”.

La escena comentada por Juliá sucedía en la plaza de Sant Jaume bajo el balcón del palau de la Generalitat. Allí todos acompañaban al president Artur Mas recién llegado de Madrid y entonaban el canto de Els Segadors, con su bon colp de falç, declarado himno oficial por el Parlament en 1993. Toda una convocatoria a las emociones ancladas en una ocasión remota y protagonizada por campesinos ajenos al actual momento de Catalunya como sucede siempre con los himnos, según tiene demostrado el profesor Francisco Bobillo en el libro que les dedicó con el título de Sonajeros de los pueblos (Editorial Biblioteca Nueva. Madrid, 2002).

En todo caso, esta cuestión de los mitos y de las tareas emprendidas para la construcción nacional debería haber merecido alguna reflexión esclarecedora por lo menos a partir de los resultados del referéndum del Estatut de junio de 2006 con una participación del 48,8 %, es decir, 11 puntos por debajo de la que se activó 27 años antes cuando el primer Estatut de 1979, los de las elecciones catalanas del 1 de noviembre de 2006 con resultado del tripartito de Montilla y los de las últimas de 2010, con victoria convergente y apoyo parlamentario Popular. En estas estábamos mientras la crisis apretaba por todas las costuras, y ese es el momento elegido por el president para galvanizar a los manifestantes de la Diada e invocar después ese magma de reivindicaciones como si constituyera una demanda nítida e irresistible de un pacto fiscal, entendido como peldaño hacia el Estado propio. El debate subsiguiente del Parlament cobraba tal tensión nacionalista que, como dice el poema, “en aquella polvareda, perdimos a don Beltrán”.

Una vez más se esfumaba el momento de interrogar sobre qué ha quedado del tan bien ponderado oasis catalán. Por esa senda llegábamos a comprender cómo, en medio de campañas electorales que en apariencia se han disputado a cara de perro, nadie ha emplazado a nadie para explicar a los contribuyentes qué se hizo del 3% de comisiones sobre la obra pública que aplicaron los gobernantes de esa comunidad autónoma para su beneficio particular y partidista durante 23 años. ¿Se habrá renunciado a esclarecer ese conflicto o el del Palau o los que afectan a Unió Democràtica de Catalunya con condenados que reciben el indulto y son recibidos en triunfo, en aras de las prioridades que impone la construcción nacional? ¿Se confirmará la leyenda de aquella viñeta de El Roto según la cual una buena bandera lo tapa todo?

Y cuando el presidente Mariano Rajoy se resiste a la bilateralidad, Artur Mas lanza el órdago de la independencia con referéndum por las buenas o por las bravas. Para componer mejor la figura se hacen alusiones más o menos difuminadas a los tanques, como si ese fuera a ser el recurso para bloquear la voluntad de Catalunya. Pero esa es una falacia porque la Constitución es un antídoto no un fulminante para ninguna guerra civil. Recordemos que la sublevación que encabezó el general Franco dividió el país y a sus gentes que por razones geográficas, políticas, ideológicas, religiosas y demás acabaron enroladas en las fuerzas que se enfrentaron. Nadie del actual poder constitucional, heredero del poder constitucional de la República, envió tanque alguno a Catalunya ni a ninguna parte y Madrid resistió hasta el final y padeció la más cruel de las represiones en aquellos años triunfales. Además, en las filas de Franco y entre sus más directos colaboradores en Burgos tuvieron sitio preferente catalanes destacados que nadie ha borrado a posteriori del Registro Civil. Otra cosa es que algunos quieran ser los expendedores del carné por puntos del buen catalán y que como ha escrito Sergi Pàmies en La Vanguardia intenten protegernos instaurando un régimen de infamia preventiva.

Estado impropio
Estado de derecho no hay más que uno y es la base tanto de la autonomía catalana como de la integración europea
Lluís Bassets El País  1 Octubre 2012

Lo siento, president, pero Estado de derecho no hay más que uno. Y de momento no es catalán. Tampoco hay un Estado de derecho internacional. Ojalá lo hubiera y fuera al menos europeo. Seguro que facilitaría la existencia de un Estado de derecho catalán integrado, ese Estado propio dentro de la Unión Europea que pedían los manifestantes del 11-S. Lo único que hay es el Estado de derecho español, con independencia de que guste más o menos a unos y otros.

Artur Mas dijo el sábado, a propósito de la legalidad de una consulta sobre la soberanía de Cataluña, que seguirá “los marcos legales y el Estado de derecho, sea el español cuando sea necesario, el catalán o el internacional cuando también lo sea”. Pues no podrá ser. La única forma de que sea legal la consulta que se propone es hacerla dentro del marco constitucional del Estado español.

Una de dos: o la realiza después de un intenso diálogo y un acuerdo final con el Gobierno español, que es el que debe autorizarla o alternativamente aceptar una reforma constitucional que la permita, o se convoca sin valor jurídico, en la línea de las consultas populares ya realizadas por multitud de Ayuntamientos catalanes, sin el apoyo de Estado de derecho alguno para que se deduzcan consecuencias efectivas de sus resultados.

El Estado de derecho español no es una nimiedad ni una formalidad. Artur Mas es presidente gracias a que hay Estado de derecho español. Si su victoria electoral el 25 de noviembre se da ya por hecha es gracias, entre otras cosas, a las disfunciones y los defectos del Estado de derecho que han propiciado el clima secesionista imperante en Cataluña. Pero no hay otro. La regla de juego es esta, por imperfecta que sea. La base de todo, de la autonomía, de la recuperación de la lengua, de la integración europea y de la moneda única de nuestras crisis es el Estado de derecho español.

Esta idea es muy seria y gravita sobre la política catalana desde el 6 de octubre de 1934, cuando el presidente de la Generalitat del momento se olvidó de quién era y a quién representaba, y se levantó contra la legalidad española y el Gobierno legalmente constituido para declarar el Estado catalán dentro de la República federal española. Nadie quiere en la plaza de Sant Jaume una repetición del 6 de octubre, y no tan solo por cómo acabaron la autonomía y su presidente a los pocos años, sino también por el respeto del principio de legalidad que viene exigido por todos, empezando por la comunidad internacional y el conjunto de los socios europeos.

El presidente catalán ha querido decir dos cosas con su curiosa teoría acerca del Estado de derecho. Hará las cosas dentro de la ley. Recordemos que incluso la ruptura pactada con el franquismo se hizo preservando las formas legales, “de la ley a la ley y por la ley”, según palabras del inspirador del proceso que fue Torcuato Fernández Miranda. Y quiere jugar en la escena internacional para obligar al Gobierno español a sentarse y a negociar, más que acogerse a una legalidad internacional que difícilmente puede responder a sus requerimientos.

Artur Mas ha avanzado todavía más. No le bastará con un 51% a favor en la consulta, sino que exigirá una mayoría indestructible e indiscutible. Nada de aprovechar la ventana de oportunidad para precipitar un proceso rápido de secesión como le exigen los más apresurados. No importa un año más, ha dicho. Ni dos legislaturas en vez de una.

Mientras tanto, ha dejado de pronunciar el hexasílabo catalán de moda. Por si acaso. Su consejero de Cultura, Ferran Mascarell, para complicar más las cosas, ha declarado al diario Ara: “Es un falso dilema escoger entre Estado propio y federalismo, porque la mayoría de quienes decimos que Cataluña necesita instrumentos de Estado somos federalizadores respecto a Europa y a España”.

Estamos en campaña electoral. Formalmente desde el martes, cuando Mas convocó las elecciones. De facto, mucho antes, quizás desde que Rajoy obtuvo hace un año una mayoría absoluta y CiU escribió el guión que culminó con la ruptura en La Moncloa tras la Diada. Ahora es tiempo de levantar ilusiones y lanzar promesas, que solo comprometen a quienes se las creen.

Ítacas éticas
Antropológicamente soñar con un viaje hacía terrenos deseados es algo tan noble y antiguo como el propio origen del hombre.
jordi del río ABC Cataluña 1 Octubre 2012

No me preocupa en absoluto que al president Mas se le haya precipitado su particular y poético deseo de viajar a Ítaca. Legítimo, máxime cuando parece ser que son muchos los catalanes y catalanas que estarían dispuestos a acompañarle. Incluso yo estaría dispuesto a compartir sueño y viaje sino fuera por mi tendencia al mareo cinético, por el tufillo mesiánico del comandante y porque como el propio Kavafis nos sugería «has de rogar que el camino sea largo». La verdad, si el viaje ha de ser largo la edad me apremia en otras direcciones. Antropológicamente soñar con un viaje hacía terrenos deseados es algo tan noble y antiguo como el propio origen del hombre. Hasta en eso se equivoca el cinegético Borbón penalizando semánticamente algo tan bello como las «quimeras».

Si Raymond Carver resucitará bien le podría dedicar una segunda recopilación de aquella serie de geniales relatos cortos titulados «¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?». Dedicatoria que también habría de incluir a los señores Monago y Fernández Vara, reputados separadores. El problema es algo más profano. Siempre he pensado que la política tendría que ser la suma simpática de dos cosas: de una actitud propositiva y estratégica desde el punto de vista ideológico y de la ambición de poseer una organización que la haga creíble. Creo sinceramente que al honorable le falla estrepitosamente la credibilidad de su organización. Por un lado la intelectualidad , la verdadera y la impostada mediáticamente. Esa que de manera sospechosamente incondicional le apoya en un viaje legítimamente nacional pero que a menudo debería herirles en su sensibilidad social . Y la impostada. Baste recordar que uno de nuestros principales líderes de opinión es un actor de segunda que compite en estulticia con Leticia Sabater, otra compatriota . Y qué decir de la mediática expolítica metida a intelectual , a la que su credibilidad se la llevó la grúa, y para la que hasta la muerte de Manolete fue culpa de los socialistas catalanes. Por otro, la burda y escandalosa apropiación ideológica y funcionalista (la función lo justifica todo) de los medios de comunicación públicos. Y finalmente su propia y contradictoria federación política : Convergència i Unió.

Soy de los que cree firmemente que Catalunya no es una realidad acabada, que ha de continuar luchando por aquello que nos corresponde. Pero también afirmo que Catalunya no puede ser simplemente una realidad simbólica, panacea del mal gobierno y de oscuros intereses. Habremos de estar atentos para que el barco de ese bello y deseado viaje hacia Ítaca no amarre en un Estado no deseado. En un estado de malestar social y división civil. En un objetivo nacional indeseable. En definitiva, atentos a que una noble y legitima estelada no acabe como caballo de Troya de aquella «teranyina pujolista» que en mayo de 1996 , en una conferencia organizada por la Fundació Encaix y celebrada en el Palau de la Música, que gran ironía histórica, tan bien nos describía Àngel Colom explicando los sempiternos intereses de una cierta burguesía catalana más interesada en su propia cartera que en el interés común. Haríamos muy bien en aprender del pasado el polisémico significado de la palabra patria.

¿Somos conscientes de la importancia del Español?
J. A. Yturriaga www.vozpopuli.com 1 Octubre 2012

El pasado día 20 asistí a la presentación del libro “El español en las relaciones internacionales”, escrito por el Embajador Javier Rupérez y el Profesor David Fernández Vítores. La obra –que forma parte de una colección de monografías auspiciada por la Fundación Telefónica sobre el “Valor económico del español”- es ilustrativa, pues pone de manifiesto la relevancia mundial de nuestro idioma. Como afirmó en el acto el Vicepresidente de la Fundación, Javier Nadal, la lengua española es el principal activo del país.

El español es la cuarta lengua más hablada –por 450 millones de personas en 21 Estados, 5,7% de la población mundial- y la segunda en importancia internacional, pues el chino y el hindi sólo son utilizados en China y la India. Es asimismo la segunda lengua más estudiada y el “producto más internacional de España”, en opinión de Rupérez, quien cita unas palabras precursoras de Antonio Nebrija, incluidas en 1492 en el prólogo de de su “Gramática de la Lengua Castellana”. En él afirmaba que la lengua había llevado a la monarquía y a la paz, y que “en la fortuna i buena dicha de la cual los miembros i pedaços de España que estauan por muchas partes derramados, se rediuxeron i aiuntaron en un cuerpo i unidad de reino, la forma y travazón del cual, assí está ordenada que muchos siglos, iniuria y tiempos no la podrán romper ni desatar”.

El español en Naciones Unidas
La sociedad española, sin embargo, no es consciente del valor de su lengua, “el mayor bien en un mundo en el que las empresas de la cultura y entretenimiento no dejan de crecer y globalizarse”, según Fernando Lafuente. El futuro del español dependerá, no tanto del crecimiento demográfico de sus usuarios, como de la fortaleza económica, el avance científico, la calidad cultural y el desarrollo democrático de los países que forman la Comunidad Iberoamericana. Ha dejado de ser patrimonio exclusivo de España y se ha convertido en un idioma predominantemente americano, que la Real Academia de la Lengua Española y la Asociación de Academias Iberoamericanas deben “limpiar, fijar y dar esplendor”. La promoción del español es una tarea que transciende a España y requiere el compromiso y protagonismo del conjunto de la Comunidad.

Gracias a los países de América que elaboraron la Carta de San Francisco, el español es lengua oficial y de trabajo de la ONU, la tercera en importancia. Según señala Fernández Vítores, por razones pragmáticas se está produciendo una disociación entre la situación de hecho y de derecho, que beneficia al inglés en perjuicio de los demás idiomas oficiales, incluido el español. Pero esta hegemonía de inglés no debe degenerar en monopolio, y España y los países iberoamericanos deben promocionar el uso del español en todos los organismos del sistema onusiano, para aumentar –o, al menos, preservar- el peso institucional de nuestro idioma. Un testimonio personal al respecto. Cuando estaba de Representante Permanente ante las NU en Viena, supe por unos traductores españoles que el Director General del OIEA pretendía que las actas se redactaran únicamente en inglés y que se redujera la edición de documentos en otros idiomas. Me reuní con los Embajadores hispanoamericanos y decidimos oponernos. El Presidente del GRULAC y yo fuimos a hablar con Hans Blix y logramos parar el golpe. En un ámbito más amplio, españoles e iberoamericanos deben fomentar el uso de la lengua común y difundir coordinadamente la cultura en español, para lo que convendría recabar la colaboración de las Cumbres de la Comunidad Iberoamericana.

El español en la Unión Europea
La situación del castellano en la UE es menos favorable que en la ONU, porque depende únicamente de los méritos de España, al no contar con el crédito de internacionalidad que le otorga su uso por los países americanos. Es el cuarto idioma más usado y -aunque considerada lengua oficial- tiene rango inferior a las de trabajo, que son el inglés, el francés y el alemán. Prueba de ello es su injustificada exclusión como lengua oficial de la Agencia Europea de Patentes, en la que las patentes unificadas sólo pueden ser registradas en las tres lenguas citadas, pese a que el español es una de las cinco lenguas de trabajo de la Agencia Europea de Marcas. Esta discriminación es especialmente grave porque España es la referencia única de las patentes en español para Iberoamérica. El Gobierno socialista contribuyó a menoscabar la posición del español al proponer en 2004 el reconocimiento como lenguas oficiales de la Unión del catalán, el gallego y el euskera.

La UE rechazó esta propuesta, pero accedió a que pudieran ser utilizadas en algunos de sus órganos, siempre que España asumiera los gastos de interpretación y traducción. Con ello se envió un mensaje de falta de unidad en la defensa institucional del español, y los eurócratas rebajaron su nivel al sexto lugar al considerar que sólo lo hablaban 30 millones de personas, pues excluía de su ámbito a los hispano-parlantes de Cataluña, Baleares, Valencia, Galicia y el País Vasco, cuya lengua materna era la vernácula de sus respectivas comunidades. Siguiendo su errática política lingüística, el Gobierno ha autorizado el uso en el Senado de las lenguas co-oficiales. El espectáculo de los senadores discutiendo los problemas de España con auriculares resulta grotesco y esperpéntico.

También ha tolerado la insumisión del Gobierno catalán al negarse a cumplir las sentencias de los tribunales sobre la obligación de la enseñanza en castellano, en contra del precepto constitucional sobre el deber de los españoles de conocerlo y su derecho a utilizarlo. Pero el artículo 3 de la Constitución se viola también en Euskadi, Galicia y Baleares.

Fomento del castellano dentro y fuera de España
En opinión de Fernández Vítores, las autoridades educativas deberían prestar atención a la solidez del español toda España y garantizar la generalización de su uso y la calidad de su conocimiento a todos los habitantes de país, sin perjuicio del uso, enseñanza y reconocimiento de las lenguas vernáculas co-oficiales. Sin embargo, la Generalitat acosa a la lengua oficial de Estado, al no permitir la escolarización en español, sancionar a quienes rotulan sus negocios en castellano o discriminar a autores catalanes –como Marsé o Mendoza- porque escriben en español. Ha hecho todo lo posible para enmendarle la plana a Nebrija, pero no podrá impedir que se cumpla su predicción de que ni la injuria ni el tiempo lograrán socavar la lengua castellana.

Como ha observado el Marqués de Tamarón, la imagen de la lengua española es manifiestamente mejorable, pues –si bien raya a gran altura en el ámbito literario-, no cabe decir lo mismo en el de la ciencia o la tecnología. Así, los científicos españoles tienen que investigar en países anglosajones y publicar sus trabajos en inglés, pues en este idioma se editan las más prestigiosas revistas científicas. Tampoco tiene suficiente presencia en Internet el español, como lo prueba que sus entradas en Wikipedia estén por detrás de las hechas en francés, alemán, holandés o sueco. A juicio de Álvaro Delgado-Gal, las elites culturales hispánicas son poco participativas y rinden por debajo de sus capacidades reales. Hay, pues, que colaborar más activamente en la expansión del español, que -según Rupérez- encontrará su mejor futuro en la vitalidad social, la capacidad de imaginación, la fuerza creativa y la prosperidad económica de los que lo hablan. Cabe concluir con Antonio Fontán que la lengua española constituye la mayor riqueza de nuestra nación, al ser un recurso natural, una fuente de riqueza y un activo intangible obra de la Historia, “si algún día, y en serio, los Gobiernos emprenden una verdadera política de fomento y promoción del español y la sociedad se apercibe del importante valor que tiene en las manos”.

ETA lanza una «ofensiva» para radicalizar las calles en el País Vasco
La Guardia Civil detiene a cuatro individuos que intentaban quemar un repetidor en Bilbao n Desde agosto, se han producido 18 atentados
J. M. Zuloaga La Razón 1 Octubre 2012

MADRID-El terrorismo callejero («kale borroka»), cuya reactivación ha ordenado ETA, ha sido tratado con sordina por medios oficiales y políticos vascos. No se quería reconocer la realidad, que ponía en cuestión el llamado «proceso» y supuesto «cese armado». Era cuestión de tiempo que las Fuerzas de Seguridad pudieran acreditar la realidad y eso ocurrió en la noche del sábado.

Una operación de vigilancia, en la que participaban agentes del Servicio de Información de la Comandancia de Vizcaya y de los Grupos de Acción Rápida (GAR), de la Guardia Civil, permitió detener a cuatro individuos que intentaban quemar un repetidor de telefonía en el barrio de La peña de Bilbao, según han informado fuentes antiterroristas.

Los arrestados pertenecen al entramado de ETA y la auto desaparecida Segi, que anunció su disolución en junio pasado, dentro de la estrategia de favorecer a los miembros de esta organización pendientes de juicio.

En contra de lo que es habitual, el juez de guardia de la Audiencia Nacional, y pese a tratarse, según todos los indicios, de un ataque de «kale borroka», no ha decretado la incomunicación de los detenidos (aunque sí el registro de sus domicilios), por lo que han podido establecer contacto con sus familiares, designar un abogado de confianza (Kepa Mancisidor, letrado que defiende a encartados en terrorismo callejero).

Los hechos, según las citadas fuentes, se enmarcan en la campaña de intensificación de la «kale borroka», dentro de la estrategia de radicalización de las actuaciones del «complejo ETA», que han ordenado los cabecillas y de la que forma parte el comunicado de la banda hecho público la semana pasada. En el texto, se criticaba abiertamente a Batasuna por los errores cometidos en la conducción del «proceso» y se hacía un llamamiento a la «lucha».

El ataque ocurrió alrededor de las doce de la noche. La Guardia Civil, a la vista del incremento de la «kale borroka», había montado dispositivos en distintos puntos del País Vasco, susceptibles de ser atacados por los integrantes del terrorismo callejero. En uno de los apostaderos montados por la Benemérita, en el barrio de La Peña de Bilbao, los agentes observaron la llegada de un vehículo con cuatro individuos, del que descendieron tres que iban encapuchados. Portaban un bidón de gasolina.

Trataron de escalar la valla que protegía el repetidor de telefonía, pero, al no conseguirlo, optaron por rociar de gasolina dos contenedores que había en el lugar y prenderles fuego.
En ese momento en que llegaron las patrullas de la Guardia Civil y procedieron a su detención. Tres son de Bilbao y el cuarto, de Baracaldo. En principio, no tienen antecedentes pero se sabe que pertenecen al entramado de la banda terrorista.

ETA mantiene en la actualidad un debate interno sobre la vuelta o no a los atentados, cuyos resultados se conocerán en los primeros meses del año que viene. El citado comunicado y el rebrote de la «kale borroka» hacen pensar, según las citadas fuentes, que en el seno de ETA se están imponiendo las posturas más «militaristas».

La respuesta de Batasuna, de obediencia a la banda, a la que han tenido que reconocer en publico que ya se han hecho la «autocrítica» por los errores que han cometido, demuestra que está sometida a los dictados de los cabecillas etarras. De una preminencia de los «posibilistas» de Otegui, Díez Usabiaga y Rufino Echeverría, en pleno «proceso», ahora hace un año, se ha pasado a un control de los pistoleros.

Por ello, opinan los expertos, el «cese definitivo armado», anunciado en octubre del año pasado, tiene poco, o nulo, valor a partir del próximo 21, fecha de celebración de las elecciones autonómicas vascas, y su mantenimiento en el tiempo ofrece, a día de hoy, serias dudas


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