AGLI Recortes de Prensa   Lunes 8 Octubre 2012

Mariano Rajoy: el último guardián del Régimen
Javier Benegas www.vozpopuli.com 8 Octubre 2012

Desde el 2 de octubre de 2004, día en que fue elegido –por la gracia de José María Aznar– Presidente del Partido Popular, a Mariano Rajoy Brey sus íntimos enemigos le etiquetaron de forma interesada de pusilánime (maricomplejines). Lo que, con el tiempo, ha degenerado en uno de los mayores errores de apreciación que se recuerdan en la política española. Lejos de esa etiqueta, este político profesional de 57 años de edad en realidad es obstinado, implosivo y, llegada la ocasión, incluso feroz. Y quienes viven dentro del Partido Popular o en sus aledaños, sean amigos o enemigos, si de algo pueden acusar a don Mariano es de regalarles cantidades ingentes de ansiedad. Pues la suya es una forma de hacer que descompone a casi todos, especialmente a quienes dicen defender otros principios (más bien intereses), tienen alguna urgencia o simplemente están con el agua al cuello.

El personaje
Rajoy es el arquetipo del político profesional de nuestro tiempo y, por lo tanto, la antítesis del hombre de acción. Conoce a la perfección el modelo político español y sus límites. Y dentro de estos se desenvuelve como pez en el agua. Sabe que la mayoría de las veces no es preciso hacer o decir nada, porque en este régimen cerrado, donde los medios de información son una pieza más del poder político, las polémicas no tienen solución de continuidad. Y o bien languidecen o bien se pudren solas. Y lo que cuenta es mantenerse firme y hierático, distante. Por eso, calificar a Rajoy de pusilánime es un error, un inmenso error. De hecho, quienes hasta ayer pasaban por ser lo contrario, los más recios del PP y sus más enconados enemigos, han terminado haciendo un triste y silencioso mutis por el foro, mientras que Mariano el Temeroso saca pecho y hasta se permite el lujo de la socarronería. ¿Quién es, después de todo, el recio, el tipo duro?

Su misión: guardar y hacer guardar el Régimen
Alguien dijo que dejando a un lado la valía personal, tal y como estos tiempos exigen, la trascendencia de un político no depende tanto del poder que detenta como del momento histórico en el que lo detenta. Y que lo que cuenta es la determinación. Pues bien, después de dedicar más de 30 años a subir uno a uno los peldaños del poder, Mariano Rajoy ha coronado la cima justo cuando España afronta sus peores momentos. Y su determinación es absoluta (“haré lo que sea necesario”). Pero esta determinación poco o nada tiene que ver con el interés general sino con aquello para lo que fue instruido, casi programado: preservar el Régimen nacido de la Constitución de 1978. Esa es su misión. Y para llevarla a cabo sólo confía en un puñado de tecnócratas que han crecido junto a él al calor del actual modelo político. En este compostelano se reproduce una particularidad heredada del régimen del general Franco –nada ideológico, por supuesto. Pues Rajoy, al igual que el dictador, carece de ideología–. Y de igual manera que el dictador sólo confiaba en el ejército como institución y todo lo demás le resultaba sospechoso, Mariano Rajoy sólo confía en los suyos, en la clase política. Es decir, en un ejército de tecnócratas que controla todos los poderes del Estado.

Una visión muy particular
En cuanto a su relación con la sociedad, diríase que este registrador de la propiedad de 57 años ve a los empresarios, sean grandes o pequeños, y, en general, a quienes pertenecen al sector privado (autónomos incluidos), como agentes egoístas que, cegados por sus propios intereses, son incapaces de entender la prevalencia del Estado sobre todas las cosas. Lo que explicaría su íntima aversión hacia el liberalismo económico –en el que no cree– y, también, por qué no decirlo, hacia el otro liberalismo: el de los principios. Respecto a la izquierda, ve su dependencia ideológica absurda y trasnochada, cuando no hipócrita (en general, para él toda dependencia ideológica es absurda). Y en cuanto a los españoles comunes, le resultan inconsistentes y gregarios, con una incapacidad secular para gobernarse. Para Rajoy, el ciudadano ideal, al que define como “una persona normal”, es aquel que madruga, trabaja duro, paga sus impuestos y, por supuesto, se desentiende de la política y delega ésta en los “profesionales”.

Pero, de todos, a los que más parece detestar es a aquellos que, con conocimiento de causa, cuestionan este régimen partitocrático nacido de la Transición y abogan por una reforma completa del modelo. Estos son con diferencia los que más le irritan; los más peligrosos y a los que hay que mantener a raya, lejos de los medios de comunicación masivos. En definitiva, para el de Compostela, la piedra angular sobre la que se construye eso que entiende como “una nación seria y de fiar” es el político profesional, en simbiosis con un modelo cerrado, cuya apariencia democrática es necesaria para garantizar la admisión de la clase política española en los foros internacionales. Lo cual, claro está, amplía enormemente las expectativas de colocación de la clase política.

El plan
Por todo los dicho, una vez Mariano Rajoy llegó a la presidencia del gobierno, la suerte estuvo echada. Hoy podemos decir sin miedo a equivocarnos –a la vista está– no solo que la regeneración no formaba parte de sus prioridades sino que nunca existió un plan para evitar el rescate de España. Muy al contrario, el rescate fue desde el principio la red de seguridad de una estrategia concebida para salvar el actual modelo político, aún a costa de agravar más si cabe lo problemas de financiación del sector privado. De hecho, ahora mismo la ayuda financiera de la UE es lo único que puede evitar el colapso de unas estructuras políticas inviables y comprar el tiempo que Mariano Rajoy necesita para hacer los ajustes a su manera, dejando en el cajón, por siempre jamás, las temidas reformas estructurales. Reformas que, por otro lado, son antagónicas al sostenimiento del actual Régimen. La filigrana final, en consonancia con el carácter del personaje, es que la solicitud formal del rescate se hará a su debido tiempo. Ni demasiado pronto, ni demasiado tarde. Y ésta puede perfectamente aplazarse hasta días antes de los vencimientos de deuda previstos para los próximos 29 y 31 de octubre. Lo cual deja margen –si la agencia Moody’s no degrada antes el rating de España a bono basura– para que se celebren las elecciones gallegas y vascas del día 21, que es lo que ahora de verdad importa.

Pero, adoptando una forma u otra, el rescate llegará. Y con él, tal vez, un engañoso periodo de tranquilidad. Los bancos tendrán garantizados sus títulos de deuda pública y la clase política podrá seguir como hasta ahora. En cuanto al resto, los ajustes cada vez serán más intensos. Y el peso de la crisis se volverá insoportable para la depauperada sociedad española (no hay más que ver el vertiginoso desplome del ahorro de las familias). Aún entonces, Mariano Rajoy –respaldado por la clase política en su conjunto– no cejará en su empeño de salvaguardar el Régimen; cueste lo que cueste y caiga quien caiga, hasta que la economía española sucumba por completo.

Conclusión
No nos engañemos. Quien creía que Mariano Rajoy, mejor o peor, podría ser la última barrera defensiva de una sociedad enfrentada a problemas económicos de enorme magnitud, hoy ya sabe que no es así. Es el último baluarte de un Régimen que se descompone a gran velocidad. Y detrás de él no hay alternativa política. Queda pues una sociedad española que ha de reaccionar (desde arriba y desde abajo) y comprender que es un error delegar en estructuras de poder que, pasando por encima de los individuos, obren el milagro de satisfacer demandas sociales que tienden a infinito con recursos que desgraciadamente son finitos. El tiempo dirá si realmente los pusilánimes fuimos nosotros, los ciudadanos (ricos y pobres), que contemplamos impasibles cómo no sólo Mariano Rajoy sino aquellos que le precedieron y, también, quienes hoy calientan la calle con consignas equivocadas, nos llevaron de vuelta a la alpargata y la Peseta.

Por qué la crisis puede ser irresoluble
Alfonso Merlos www.elsemanaldigital.com 8 Octubre 2012

¿Están los políticos decididos a acabar del todo con lo viejo (lo que nos ha arruinado) y alumbrar del todo lo nuevo (lo que nos puede salvar)? Es obvio que no.

La indecisión en momentos en los que uno se la está jugando no es simplemente un error, porque puede desembocar en tragedia. Y España, en cierto modo, vive un terrible momento de indecisión. La de una clase política que no ha entendido lo que con mucho tino ha diagnosticado el catedrático Niño Becerra: la crisis tal y como se ha gestado y desarrollado, una crisis estructural y sistémica, no puede en realidad arreglarse, parchearse, manipularse hasta buscar algún tipo de solución.

¿Cuál es la alternativa entonces? ¿Qué es lo que no termina de ver el gobierno Rajoy y menos todavía los atolondrados dirigentes que conforman la desorientada oposición, más concentrada en alentar la algarada callejera que en empujar para arriba a su nación? Lo que no entienden ni unos ni otros es que la alternativa y la salida de la crisis pasa por un cambio de modelo, total; pasa por terminar con lo viejo para levantar algo nuevo.

Es verdad que es incómodo plantear un revolcón a nuestra inoperante y costosísima estructura política y administrativa porque afecta, en primera instancia, a quienes están obligados a promoverla. Pero han de hacerlo. Fue un error hace cuatro años no tocar la campana alertando de que el tinglado se venía abajo porque quedaba todavía negocio por hacer. Y es un error ahora no plantear los cambios traumáticos que nos pueden salvar por miedo a que la población, en primera instancia, se alarme.

No veamos como anécdota o como un ejercicio de zafio oportunismo la alusión del candidato Romney al desorbitado gasto gubernamental de un país en crisis llamado España. Ésa es la imagen que hemos forjado en los últimos años. Nos la hemos ganado a pulso. Esa imagen tiene mucho de realidad y poco de espejismo. Y en última instancia es una tragedia. ¿Tan difícil es entenderlo? ¿Todo lo que se nos ocurre para que nuestros políticos cambien es, con 4.000 birras y 265 kilos de piedras, ocupar el Congreso de los Diputados? ¡Qué pena damos! ¡Qué poco valemos!

La gran quimera (I)
Jesús Trillo-Figueroa / Abogado del Estado (E) La Razón 8 Octubre 2012

El gran problema catalán no es el federalismo, ni el Estado asociado tipo Puerto Rico, ni siquiera el absurdo referéndum; el problema es el nacionalismo. Se han escrito muchas cosas estos días después de la deriva independentista de Artur Mas. Quienes se hayan sorprendido no sabían quién era este señor, un asceta del nacionalismo radical, convencido de que su misión en la vida es la independencia de Cataluña. Algunos se han creído que la culpa la tiene la negativa a la negociación del concierto fiscal, sin embargo todo lo que está sucediendo formaba parte del único guión: independencia.

El nacionalismo es un mito ideológico que culmina en la soberanía. Como todas las ideologías políticas, es un instrumento para conquistar el poder y conservarlo, para lo cual falsea la realidad e inventa una narrativa hecha a su medida. Durante el siglo XIX, los italianos o los alemanes fueron un buen ejemplo de ello, la versión más extrema del nacionalismo fue el nacionalsocialismo alemán; en esencia, el nacionalismo Catalán no es nada distinto.

Ellos llevan inventando una historia sobre la nación catalana hace ya más de cien años, pues como escribió el gran historiador catalán Jaume Vicens Vives, el sentimiento nacionalista de Cataluña y la conciencia de nación no ha existido en ningún momento de su historia. Si alguna vez llega a existir una nación catalana será al final de esta lamentable historia actual. La llamada Nación Catalana es un fenómeno moderno carente de realidad antes del movimiento nacionalista surgido a finales del siglo XIX, que en su origen se alimentó de tres fenómenos: el racismo, el tradicionalismo integrista y el federalismo, ninguno de ellos racionalismo progresista.

En cualquier caso, se trata de un mito político, lo contrario a una teoría política racional. Cassirer decía que el mito político es la expresión de una emoción o sentimiento colectivo, y el diccionario filosófico de Lalande añadía que es la imagen de un porvenir ficticio que expresa los sentimientos de una colectividad y que sirve para arrastrar a la acción, es decir, una quimera que tomada en serio conduce al desastre. Es, por tanto, una doctrina política inventada para y por los políticos como instrumento para obtener el poder. La única realidad de todo esto es que se basa en un sentimiento real, que se convierte en un deseo colectivo, en una creencia irracional en la obtención de un paraíso; en este caso, un «paraíso perdido» que nunca existió.

El problema es que cuando la gente siente un deseo colectivo con tanta intensidad, puede ser persuadida fácilmente por quien promete conseguirlo. El nacionalismo participa del problema del romanticismo político: trasladar el sentimiento de la estética del arte al campo de lo político; los símbolos, las banderas, los himnos, etcétera: estética y emotividad. Irracionalidad contagiosa que prescinde de los ciudadanos disueltos en una masa fácilmente moldeable convertida por arte de magia en nación. La gente ya no cree en los milagros, pero por desgracia si cree en los «milagros sociales» y en toda clase de mesianismos históricos políticos. En fin, se trata en el mejor de los casos de un sentimiento; pero los sentimientos no pueden ser principios de legitimidad política, ni mucho menos de legitimidad jurídica; sería tanto como fundamentar la existencia de un Estado en el mudable estado de ánimo de la gente en cada momento: la euforia o la depresión. ¿Qué toca en situación de crisis? Absurdo.

La solución a los problemas de España está… ¡en Canadá!
S. McCoy El Confidencial 8 Octubre 2012

Discute Carlos Sánchez en su columna de El Confidencial de ayer la idoneidad de que España pida el rescate. Más bien se muestra abiertamente en contra de tal posibilidad y lo hace con argumentos basados en el carácter destructivo que, sobre nuestro tejido industrial y estado del bienestar, tendría la intervención de un tercero (EC, Por qué España no debe pedir el rescate, 07-10-2012). Ya saben que mi opinión personal se encuentra en las Antípodas de tal posición, toda vez que creo que España necesita una aproximación objetiva –y sí, seguramente destructiva- a su problema de sostenibilidad, que la clase política actual está incapacitada para abordarla con convicción y visión de futuro y que ni siquiera me sirve el recurso a la defensa de la democracia cuando el Ejecutivo lleva las dos últimas legislaturas ninguneando al Parlamento a golpe de Real Decreto. Si el final va a ser el mismo, que lo va a ser, al menos que alguien nos ofrezca una hoja de ruta a la que aferrarnos, ésa que nuestros dirigentes se niegan a revelar (V.A., Diez razones por las que, de ser Rajoy, pediría ya el rescate, 11-09-2012). Donde hay discrepancia de criterio, hay mercado, ya saben.

Sin embargo, puede que mi idolatrado Carlos, maestro y amigo, tenga razón. Miren ustedes. Uno de los artículos más relevantes que se han publicado en las últimas semanas sobre la viabilidad financiera de algunas economías desarrolladas –estallido de la crisis y solución posterior- lo ha publicado Maria Anastasia O’Grady en el Wall Street Journal y hace referencia a Canadá (WSJ, How Canada Saved its Bacon, 26-09-2012). Un país que ahora es considerado como refugio, tal y como refleja su moneda. Que cuenta con una exposición razonable al ciclo de comercio internacional y de materias primas y con una banca aparentemente -este adverbio es fundamental a la hora de referirse a los estados financieros de cualquier sistema bancario, visto lo visto- saneada. Pero que hace apenas veinte años se encontraba en una situación crítica, financieramente hablando. Exceso de peso del gasto público y deuda sobre el PIB, carga presupuestaria brutal de su coste de financiación –en febrero del 95 sus letras rozaron el 8% de interés nominal-, regiones quebradas y empobrecimiento ciudadano general. Vamos, la 'espiral mortal' de la que habla The Economist en su edición de esta semana en relación a España (The Economist, Mysterious Mariano, 06-10-2012). Y es que el recuerdo a nuestra coyuntura es inevitable, más aún cuando se pone encima de la mesa la cuestión independentista, en este caso centrada en la provincia de Quebec.

¿Cómo se pudo materializar un cambio de rumbo que se antojaba imposible? A través de una estrategia centrada en dos etapas claramente diferenciadas en la certeza de que, querido Carlos, “cualquier retraso solo asegura que el ajuste final sea más doloroso”, palabrita de Paul Martin, ministro del gobierno de Jean Chrétien artífice de la transformación y Primer Ministro entre 2003 y 2006. En una primera fase, primó la austeridad entendida en su doble vertiente de gastar menos y gastar mejor. Se redujo el presupuesto federal de gasto un 10% ex intereses y se estableció un severo mecanismo de control sobre las regiones, algo parecido a lo que pretende hacer el gobierno del PP con la Línea de Financiación Autonómica. Todo fue puesto en tela de juicio, hasta los elementos más sacrosantos del Estado del Bienestar ya que se consideró como un ejercicio de supervivencia en el que debía primar, si quería ser definitivo, “la aritmética sobre la ideología”. Se aplicó de forma decidida ese lápiz rojo que defendía Daniel Lacalle en su penúltimo post en Cotizalia (Cotizalia, Necesitamos el lápiz rojo, ya, 29-09-2012). Solo en Saskatchewan cerraron 52 hospitales y cientos de colegios en un año. Adiós a las medias tintas y a los paños calientes. Conveniencia vs. complacencia, ¿se enteran? Un proceso doloroso que fue acompañado de la necesaria evangelización ciudadana para hacer entender la necesidad y urgencia de las medidas. Otro déficit palmario del gobierno popular.

El resultado fue una renovación de la confianza del electorado en el gobierno cuatro años más tarde, momento en el que las autoridades decidieron actuar sobre los impuestos, olvidados en el estadio inicial. Y lo hicieron agresivamente a la baja. Tome nota quien corresponda. Se produjo la mayor rebaja fiscal en la historia de Canadá que afectó tanto a las personas físicas como a las corporaciones. De forma paralela se abordó una reforma bancaria centrada en tres ejes: limitación a la capacidad de apalancarse, a la posibilidad de titulizar el balance y a la comercialización de determinados productos. Como señalamos en su día, perseguía “mantener el negocio bancario dentro de los estándares de balance y cuenta de resultados que impiden que de su actividad se derive un riesgo sistémico para el conjunto de los agentes económicos” (V.A., Olvídense del modelo sueco; el futuro de la banca pasa por Canadá, 02-02-2010). El paradójico fruto -a los ojos del mediocre y tacticista político español, claro está- del programa canadiense fue que la nación norteamericana conquistó, con sacrificio incalculable primero e impulso tributario después, un futuro sostenible mientras que sus gestores públicos veían premiada su sinceridad y determinación con una mayoría reforzada de gobierno. Vaya.

¿Cómo lo ven? Mientras hay vida, hay esperanza. A estas alturas de la Historia, todo está escrito. Basta mirar fuera y aprender. Es verdad que, aun no citadas en el texto, las políticas monetarias y de tipo de cambio debieron jugar un papel relevante en la recuperación. Sin duda. Pero de forma complementaria, y no exclusiva como tablas de salvación, a una idea de estado que alineó a los actores públicos y privados de Canadá en torno a un proyecto colectivo de mañana. Con determinación y sacrificio, pero también con una esperanza e ilusión común. “The longer you wait, the worse it gets”, concluye la pieza, cita literal de la gobernadora de la región antes citada que de eso parece que sabe. Pues eso Mariano & Co., dejad de torear con la punta de la muleta, échadle valor de una vez por todas y a la piel de toro que os está esperando, ya sí, entregada de todo el castigo que ya ha recibido en lo que va de faena.

Buena y corta semana a todos.

Siempre son los otros, todos los otros
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 8 Octubre 2012

“Quieren arruinar al país”. Esa la consigna-acusación que ha presidido los clamores opositores por las plazas de España. Contiene como pensamiento esencial la imputación al Gobierno de un filosofía sádico-social y de tendencias suicidas, porque tal pretensión a quienes destruiría electoralmente sería a quienes practicaran por pura saña tal estrategia política. La corta pero significativa frase descubre también una seña de identidad de nuestra izquierda. No pronunciar la palabra maldita, España, prohibida en sus circuitos mentales y que jamas saldrá de la boca de un preboste sindical o de uno de sus dirigentes políticos. “Estepaís” es el seudónimo vergonzante.

Sin embargo no son estos elementos lo más revelador de la frase y de la pancarta. Ese “quieren arruinar el país”, gritado y portado como bandera por quienes, precisamente son quienes la han conducido a la ruina, dejándola descoyuntada como Nación y económicamente deshecha y entrampada hasta los huesos, refleja la más atroz de las desfachateces y la más alucinante de la indignidades al afrontar las propias responsabilidades. Es un verdadero insulto a la memoria y a la inteligencia y una apelación cargada de vileza política a la ignorancia. Sobre todo cuando los exministros la exhiben y quienes hicieron de la Moncloa el bunker sindical la pregonan.

España fue abandonada por su anterior conductor como un coche con el motor gripado, echando humo por el radiador, como una lata abollada, sin gota de gasolina en el depósito y con el crédito en las gasolineras agotado. De siniestro total vamos.

La responsabilidad del Gobierno pues no está en ese lamentable estado. Puede exigirse en otro aspecto. Sus “mecánicos”, afanados y sudorosos alrededor del vehículo, cambian piezas, limpian bujías, ensamblan cables y circuitos. Pero el coche ni arranca, ni se mueve ni respira. Pasa el tiempo y la desesperación de oírlo ponerse en marcha, aumenta. Esa sería la critica que los ciudadanos pueden y deben hacer a quienes encomendaron las tareas de reparación que, por el momento, no ofrecen frutos visibles.

Pero lo que resulta grotesco es que sean los conductores anteriores del automóvil, los que lo dejaron para el desguaze, quienes arremolinados alrededor del taller profieran ensordecedores gritos y los peores denuestos contra quienes intentan repararlo. Otros muchos pueden urgir soluciones y resultados. Cualquiera menos ellos.

Temo que estemos comenzando un tiempo oscuro y sombrío que arrumbe muchas cosas que considerábamos conseguidas y seguras. Temo asistir al peor de los naufragios y a ver el barco España hundido y roto en pedazos. El colapso económico definitivo y el inmediato infarto social masivo unido al desmembramiento como Nación. Porque hoy ambas cosas son posibles y para nada caminan separadas. La una y la otra, la secesión y la ruina marchan eufóricas de la mano. Gritan independencia en los campos de futbol y exigen por la calles todos los derechos y dos más de riego por manteo cuando el pozo ya no tiene agua ni para el goteo. Nadie parece querer ver ni prevenir un horizonte en que sea todo el edificio el que se hunda, en que simplemente no haya recortes sino que sea todo el sistema el que se desplome. Y si la desconfianza en los actuales mecánicos crece, la posibilidad del regreso de los anteriores, aliados con quienes suponen que lo mejor es quemar el coche y el taller de paso, es como para subirse a un roca, la más aislada y alta, y ver desde allí,impotente, como la riada se lo lleva todo. Que esa es la imagen que más puede parecerse a un porvenir no lejano, las aguas desbordadas y arrasando todo lo que pillan a su paso. Se está agitando la tormenta, concitando truenos, relámpagos, pedrisco y furia. Danzamos llamando a la tempestad para que descargue sobre los enemigos. Pero si los cielos se abren nos van a llevar por delante a todos.

La moneda común y el mantra reiterado es que ya tenemos señalados a los culpables. Los políticos. Que culpa, sin duda, con sus hechos, sus partidos convertidos en su verdadera patria, su representación convertida en profesión y casta, su corrupción extensa y amparada, tienen y es mucha y grave.

Pero los políticos no son elementos extraños, son el reflejo de una sociedad que es la nuestra y esa sociedad es quien también se niega a asumir responsabilidad alguna, como esos que destrozaron el coche, como estos que no lo reparan. La sociedad española agita el mantra y parece incapaz de asumir ni el momento, ni la situación en que vive. Exige, proclama, se agita y angustia. Y por sus costados extremos unos, en vez de regenerar democracia pretenden suplantarla con delirios revolucionarios y otros andan a la busqueda de un salvapatrias.

En España los culpables, los responsables, los corruptos, los defraudadores, los que han de sacrificarse, los que deben afrontar las cosas, los que deben encontrar las soluciones, los que han de arrimar el hombro, los que deben resolvernos la vida son siempre los otros. Todos los otros, siempre los otros.

Pesimismo español
Enrique LÓPEZ La Razón 8 Octubre 2012

La crisis económica en España lleva camino de volvernos a instalar en lo más secular de nuestra sociedad, el pesimismo. Este pesimismo se vivió en otras épocas, y siempre se producía en medio de grandes crisis económicas acompañadas por procesos de gran descomposición política, por ejemplo con la pérdida de nuestro imperio colonial a finales del siglo XVIII y principio del XIX, la crisis de 1898, nuestra fallida y desastrosa Segunda República, etc. En este momento, podemos estar en un momento análogo, en el que a la profunda, dura y larga crisis económica se le unen procesos secesionistas con mayor o menor énfasis; en fin, un puzle peligroso y pseudosuicida, que puede invitar al más agudizado de los pesimismos.

Algunos dicen que el problema de España, el mal de España, es el permanente desengaño finisecular, en palabras del historiador Núñez Florencio. Este autor tiene un magnífico libro, «El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto» en el que, según el mismo, trata de exponer y demostrar cómo el pesimismo, las actitudes hipercríticas, han tenido un papel determinante en la historia contemporánea de nuestro país; incluso, son anteriores al 98, citando en este sentido a Cánovas y su conocida valoración de los españoles como «los que no pueden ser otra cosa». Nos dice que vivimos instalados en el permanente desencanto, y cree que «los españoles necesitamos grandes dosis de autoestima.

Necesitamos vernos como somos, trabajar más y mejor, reconocer nuestros defectos sin flagelarnos. Y encontrar así el justo medio, sin avergonzarnos de nuestra historia y procurando corregir los errores pasados de cara a un futuro mejor». ¡Qué buen consejo!; pero parece que existe una atávica tendencia a la autodestrucción como gran país, y en este momento hay algunos empeñados en ello.

Los regionalismos y localismos, hoy reinventados bajo el concepto del «nacionalismo» nos han perseguido siempre, cuando más grande se hacía España en el mundo, más crecía este elemento disolvente. Las miserias de nuestro país llevan siglos persiguiéndonos, y no parece que haya manera alguna de revertir esta situación; sin embargo, no debemos de caer en este tipo de indolentes análisis, que más parecen justificar, la inacción que animar al esfuerzo de superación.

Ahora bien, este no es una mal español, ejemplos los podemos encontrar en todas las culturas y civilizaciones, como en la Grecia Clásica o el declive del Imperio romano, cualquier proceso de crisis conduce a estados pesimistas, aquí y en todo el mundo. En este contexto debemos interpretar y analizar algunas de las cosas que están ocurriendo en nuestro país, estos estados llevan a cometer muchos errores, y cuanto más se caiga en el mismo, peor.

Pero sí que es cierto que nuestro país no es un país para construir debates racionales y serenos, al revés, los debates se extreman, suelen durar muy poco, y nunca se extraen consecuencias; incluso algunos , pretendidamente superiores morales al resto de los mortales, son los que deciden que debates se plantean y cuales no; su frase preferida es «se puede hablar de todo» o «se puede plantear todo», pero cuando yo quiera, y así, no ven mal que se plantee un debate sobre la Constitución y la Nación española, y por el contrario consideran que es propio de fascistas plantear un debate sobre los límites y condiciones del ejercicio de ciertos derechos fundamentales de carácter colectivo, como por ejemplo el derecho de reunión y manifestación, o el de huelga. Estos debates están prohibidos y el libre ejercicio de la libertad de expresión sobre el mismo te coloca en un mal lugar.

Todavía recuerdo la sarta de descalificaciones que me cayeron cuando me atreví, en el año 2008, a abrir una reflexión sobre la posibilidad de estudiar la mera consideración de la pena de cadena perpetua revisable. Los que dicen que se puede hablar de todo, deben aceptar las consecuencias de su propia filosofía, y es que se puede hablar de casi todo. Los mismos que entienden natural la existencia de límites al derecho a la vida, como por ejemplo el aborto o la eutanasia, no admiten que se hable de límites a otros derechos, como el de reunión o manifestación, resulta paradójico. En este debate nadie ha intentado explicar que la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, establece como única causa de prohibición que la autoridad gubernativa considere que existen razones fundadas de que puedan producirse alteraciones del orden público, con peligro para personas o bienes, pudiendo en su caso puede proponer la modificación de la fecha, lugar, duración o itinerario de la reunión o manifestación. Yo no sé si es oportuno abrir o no este debate, lo que si se, es que todo el mundo tiene derecho a debatir y a proponer lo que estime oportuno. En cualquier caso me apunto a aquello de que el optimista tiene un proyecto, el pesimista, una excusa.

El drama de la izquierda (y V)
César Vidal La Razón 8 Octubre 2012

Que la izquierda española en lugar de poder contribuir a la solución de los problemas nacionales se ha convertido en parte sustancial de los mismos no admite mucha discusión. Sin embargo, semejante circunstancia, en lugar de crear una íntima satisfacción –como sucede en ciertos sectores de la derecha y de los nacionalismos– debe preocuparnos. Así es porque España, por multitud de razones, no es una nación donde se pueda producir la alternancia tranquila de tan sólo dos partidos de derechas como sucede en los Estados Unidos.

¿Tiene, pues, salida esa izquierda? A mi juicio, sí, pero siempre que se den ciertas condiciones. La primera es la desaparición de los dinosaurios. Al igual que Felipe González supo deshacerse del PSOE de Llopis, la izquierda actual tiene que emanciparse de la delirante extrema izquierda que va del 15-M a un sector importante del PSOE pasando por IU en una búsqueda no de la santificación de un poco ejemplar pasado si no de la construcción del futuro.

En segundo lugar, la izquierda tiene que retomar la bandera de la lucha contra los privilegios, pero ese paso es imposible si se alía con unos sindicatos convertidos en inmensas paridoras de pesebres y unos nacionalistas que viven, literalmente, del expolio de los recursos de todos en beneficio propio. Si la izquierda desea sobrevivir y plantear una alternativa tiene que desasirse a esas castas privilegiadas y combatirlas frontalmente.

En tercer lugar, la izquierda tiene que recuperar un mensaje de carácter nacional que luche directamente con los desvíos del interés común en pro de las prebendas regionales.

En cuarto lugar, la izquierda – como supo hacerlo muy bien Tony Blair– debe saber mantener las conquistas y los logros conseguidos por la derecha. Aniquilar el sistema educativo público existente en los setenta o pretender una política estúpida como la de la Alianza de Civilizaciones han sido algunos de los pasos más dañinos dados por la izquierda en las últimas décadas. Desandarlos en pro de una enseñanza de calidad y meritocrática y de un fortalecimiento de la alianza atlántica demostraría que transita las sendas de la sensatez y no las del delirio.

Finalmente, la izquierda debe asumir como tarea indispensable el fortalecimiento de una sociedad con libertad y justicia para todos. Mientras crea que la salida es esclavizarnos más con subidas impositivas o endeudarnos de cara al futuro con un aumento del déficit sólo contribuirá a la ruina de España, en general, y a la suya, en particular. La izquierda española necesita imperativamente un Tony Blair como lo necesitaron los laboristas. Rubalcaba no puede serlo, Tomás Gómez y la Chacón no dan la talla y Llamazares y su nuevo-senil engendro resulta impensable. La pregunta ahora es si ese papel lo podrá asumir Rosa Díez o todo el tinglado de la antigua farsa se desplomará arrastrándonos en su caída.

Izquierda nacionalista
Roberto Augusto www.vozbcn.com  8 Octubre 2012

El PSOE e IU han cometido un grave error en las últimas décadas en España. Esa equivocación a la que me refiero se llama nacionalismo. Estos dos partidos han abrazado fervientemente esta ideología en Cataluña, Galicia, Baleares y en la Comunidad Valenciana. La única excepción es el PSOE vasco. Ellos han conseguido evitar ese peligro. El grado de contaminación nacionalista en estos partidos no es igual. En IU es bastante más fuerte que en el PSOE.

La izquierda ha identificado el nacionalismo español con la derecha, supongo que en gran parte por culpa del franquismo. Y ha asumido la idea de que los nacionalismos periféricos eran progresistas. Esto es falso. El nacionalismo es siempre malo. Tenga o no un Estado detrás que lo respalde. No hay nacionalismos progresistas y conservadores. Todos ellos son reaccionarios e insolidarios. En Cataluña parece ser que a mucha gente no le importa que políticos incompetentes malgasten sus impuestos siempre que lo hagan los suyos. Si una parte de ese dinero sirve para construir una escuela en Huesca entonces es un expolio, ya que el dinero se lo llevan los otros.

En esta época de confusión es muy difícil definir qué es la izquierda. Pero creo que su rasgo más definitorio debería ser la búsqueda de la justicia social, del reparto de la riqueza, de la preocupación por los que menos tienen. Por desgracia, partidos como el PSC han dejado en un segundo plano el discurso social adoptando como propia casi en su totalidad la retórica nacionalista.

Para hacer más digerible esto los socialistas catalanes han asumido con gusto la etiqueta de catalanistas, para diferenciarse así de los nacionalistas. Algo parecido ha hecho ERC al sustituir la idea de nacionalismo por el concepto independentismo. Que nadie se engañe. El nombre no hace la cosa. Catalanismo e independentismo en este caso son máscaras bajo las que se esconde el nacionalismo.

Recordemos que tanto el PSC, ICV-EUiA, CiU, ERC y SI asumen todos la idea de que Cataluña es una nación. Pasqual Maragall no dudó en aliarse con ERC e impulsar un Estatuto inspirado por esta ideología. Es cierto que últimamente parece que algo está cambiando en el PSC. La derrota de Montserrat Tura frente a Pere Navarro y el abandono de Ernest Maragall pueden indicar un retroceso del nacionalismo dentro de ese partido. Habrá que esperar para ver si es solo un cambio de personas o un giro político sustancial.

El catalanismo es tan equivocado como el españolismo. El nacionalismo español es tan malo como el catalán. El nacionalismo es un error siempre. No es progresista defender los derechos de los pueblos. Lo que debería interesarnos son los derechos de las personas. La patria verdadera de un ser humano es toda la humanidad, a pesar de que nos empeñamos solo en ver lo que nos separa, nunca lo que nos une. Si la izquierda, y todos lo que realmente se preocupan por los personas, dejaran de lado esta confrontación estúpida entre naciones y dedicaran sus esfuerzos a mejorar el mundo en el que vivimos todo nos iría mucho mejor.

La patria por la que merece luchar no es España o Cataluña. La verdadera patria es tener una buena educación, una sanidad pública de calidad o una vivienda digna. Todo lo demás es retórica vacía y metafísica perversa. Me parece moralmente obsceno que el señor presidente en funciones de la Generalidad, Artur Mas, se envuelva en una bandera mientras se dedica a destruir sistemáticamente el Estado del bienestar. Pero mientras tenga un enemigo común podrá seguir adelante con esa política. El nacionalismo siempre ha servido también para tapar otras vergüenzas.

Roberto Augusto es doctor en Filosofía

Firmeza, firmeza
EDITORIAL Libertad Digital 8 Octubre 2012

El Gobierno de Mariano Rajoy ha pedido a la UE que se pronuncie con claridad y contundencia a propósito del secesionismo en el seno de la propia Unión. Y es que, pese a que debería resultar evidente que una comunidad de las características de aquélla no puede aceptar la implosión de uno de sus componentes, la vicepresidenta de la Comisión Europea, Viviane Reding, galardonada con la Cruz de Sant Jordi en 1992, parece haber dejado la puerta abierta a que el desafío independentista de Artur Mas llegue a buen puerto.

Como dejó meridianamente claro Bruselas en 2004, ningún territorio de los que conforman los Estados integrados en la Unión Europea puede declarar su independencia de manera unilateral, y menos aún con la pretensión de que se lo considere un nuevo Estado miembro de la misma. Es lo lógico y razonable, hasta la ínclita comisaria luxemburguesa debería reconocerlo: seguro que no la obligarían a devolver la célebre distinción catalana por ello.

Hace bien, pues, el Gobierno en formular tal exigencia a la Unión. Pero haría aún mejor en demostrarse tan claro y contundente aquí, en Cataluña, o sea en España. Despejar cualquier duda acerca de su determinación a cumplir y hacer cumplir la ley y la Carta Magna a todo el mundo, empezando por el atrabiliario presidente Mas, que se regodea ufano en la deslealtad a España... y en el incumplimiento de las sentencias que emanan de nuestros tribunales. Un presidente autonómico, no lo olvidemos, que ha gobernado con el apoyo del PP (al que en tiempos no tan lejanos ultrajó acudiendo a un notario para hacer constar su rechazo a llegar a pacto alguno con él), partido con el que su formación independentista, CiU, aún tiene acuerdos institucionales, por ejemplo en la Diputación de Barcelona.

De Europa cabe esperar apoyo, no socorro. Somos nosotros los que debemos lidiar con y resolver nuestros problemas, no nuestros socios. Que eso son, no amos ni lacayos.

La Guardia Civil es legal
maría jesús cañizares ABC Cataluña 8 Octubre 2012

Mucho se habla estos días del discurso del miedo, ese que advierte de las consecuencias de una Cataluña independiente. Un discurso alimentado precisamente por quienes lo critican y en el que la Guardia Civil aparece como el «hombre del saco» de los cuentos infantiles que pondrá fin a los derechos y libertades de los catalanes. Usar el nombre de la Benemérita en vano se ha convertido en una práctica habitual e injusta, sobre todo si participan de ella personas que aspiran a tener responsabilidades de gobierno. El candidato del PSC a la Generalitat, Pere Navarro, se ha presentado como la tercera vía entre la ruptura y la Guardia Civil, con la finalidad de distanciarse del PP, donde sólo un eurodiputado con furor tertuliano y nulo poder en el partido ha relacionado al instituto armado con la polémica independentista. El menosprecio del socialista fue contestado por un antiguo compañero de filas, el ex presidente de la Comunidad de Madrid, Joaquin Leguina, quien replicó que la independencia no es legal, pero la Guardia Civil sí lo es.

Efectivamente, la Guardia Civil es legal, pero en el doble sentido de la palabra. Porque, además de tener funciones encomendadas por la Constitución, ha demostrado una discreción y una compostura de la que tendrían que tomar ejemplo muchos políticos que dan lecciones de democracia. Los agentes de la Benemérita cobran menos que los Mossos d’Esquadra, tienen limitado su derecho a manifestarse y son identificados con la dictadura franquista. Pero nunca responden a las provocaciones. Tuvieron la oportunidad de hacerlo el pasado jueves, durante una mesa redonda celebrada en el Círculo Ecuestre titulada «La Guardia Civil al servicio de Cataluña (siglos XIX, XX y XXI). Un acto sin precedentes, pues este cuerpo de naturaleza militar no se prodiga en conferencias y debates. No hubo ninguna alusión a la posible independencia de Cataluña. Ni tan siquiera velada. Sólo referencias a su principal misión, que es estar al servicio de los catalanes, muchos de las cuales no olvidan que, mientras la policía autonómica se perdía por caminos y pistas forestales azotados por los incendios, eran guardias civiles destinados desde hace años en la zona quienes dirigían a los bomberos. Por no hablar de su lucha contra el terrorismo, que han pagado muy caro. El acto fue clausurado por la delegada del Gobierno en Cataluña, Llanos de Luna, quien les rindió homenaje. Volverá a hacerlo, y seguramente de forma más contundente, esta semana, con motivo de la festividad del Pilar.

De sorayas, florentinos y otros linces del capitalismo castizo que obstaculizan la creación de riqueza
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 8 Octubre 2012

“Le quiero decir una cosa: no es un problema de riqueza, porque yo, con el Gobierno de Rodríguez Zapatero, he estado en países muy ricos y he visto situaciones de extrema pobreza, por tanto no es un problema de riqueza: es un problema de distribución de la riqueza, y en España tenemos un serio problema ahora mismo de distribución de la riqueza…” Lo dijo solemne, firme, campanuda, como quien acaba de descubrir la pólvora. Y se quedó tan ancha María Soraya Rodríguez Ramos, 49, licenciada en Derecho por Valladolid, miembro de la Ejecutiva Federal, portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados y número tres en la nomenclatura socialista. Y oyéndola expresarse con tanto garbo este jueves en los Desayunos de TVE ante María Casado, se entiende bien por qué España, prisionera de esos tópicos rancios que la izquierda europea viene expendiendo desde el final de la II Guerra Mundial, está condenada a crecer poco y mal, a tener siempre una alta tasa de paro y a no ser nunca un país rico. Ya sabemos, en efecto, que el PSOE es experto en cuestiones de distribución de la riqueza, sobre todo si es ajena, pero ¿quién se ocupa de crearla?

Apenas unas horas antes había tenido lugar en Denver (USA) el primer debate electoral entre el presidente Obama y el aspirante Romney. Dicen las crónicas que el candidato republicado ganó de calle. Lo que sin duda triunfó esa madrugada fue una visión liberal de la vida en sociedad que reniega del papel del Estado como “gran hermano” y principal protagonista de la actividad económica, para poner al mercado, la sociedad y, en definitiva, el individuo, en el centro de la pirámide social, como motor de la economía y el progreso. El individuo entendido como ser libre, responsable de sus actos y dueño de su destino, muy capaz, por tanto, de tomar con su dinero sus propias decisiones. “España gasta el 42% de sus impuestos en el Gobierno. Nosotros gastamos también el 42%”, aseguró en ese debate el exgobernador de Massachusetts. “No quiero seguir el camino de España”.

"Necesitamos una revolución que ponga al individuo al frente de la actividad económica en detrimento del Estado
El camino de España ha acabado en una crisis de la que nadie sabe bien cómo salir. “No veo una vuelta del crédito así como así”, firmaba esta semana, tras conocerse las auditorias de Oliver Wyman, el responsable de una antigua Caja de Ahorros. “Entre otras cosas porque el dinero que nosotros tomamos a 3, 5 y 7 años lo hemos dado en forma de préstamos hipotecarios a 40 años, y por eso toda la liquidez que nos da el BCE la cogemos con una mano y con la otra se la entregamos a las Cajas alemanas para devolverles lo que nos prestaron. Nuestra burbuja no ha sido solo inmobiliaria. El poder adquisitivo español, el consumo privado que hizo crecer la economía entre 1995 y 2007 era falso, porque estaba sostenido por el dinero barato que nos dejaba Europa a espuertas. Era una demanda interna artificial, que no provenía de una economía productiva capaz de generarla por sí misma. Hemos vivido el boom del despilfarro, con corrupción a mansalva. ¿Cómo volver a esa economía productiva? Difícil. Necesitamos una revolución que, entre otras cosas, ponga al individuo al frente de la actividad económica en detrimento del Estado. Una revolución que favorezca la consolidación de una clase empresarial emprendedora, no especuladora; que persiga la aparición de miles, millones de vocaciones empresariales. Si no es así, España está condenada a volver a registros de pobreza de los años cincuenta”.

Empresarios especuladores. El presidente de ACS, Florentino Pérez, es el genuino representante de ese capitalismo castizo madrileño reñido con la creación de riqueza, ejemplo de especulador acostumbrado a hacer negocios a la sombra del poder político. Un espécimen en las antípodas de Amancio Ortega, el patrón de Inditex. Pérez, presidente también del Real Madrid (RM), protagonizó el pasado domingo un episodio revelador de la metástasis española. El aludido consiguió el apoyo de la asamblea general de compromisarios del club para endurecer los requisitos de acceso al cargo. A partir de ahora, para ser presidente del RM hará falta tener una antigüedad de 20 años como socio y garantizar con el patrimonio personal un aval de cerca de 80 millones. Plutocracia en estado puro. Es decir, a partir de ahora hará falta llamarse Florentino Pérez para presidir el Madrid, una formidable plataforma desde la que hacer negocios de todo tipo en cualquier parte del mundo, contando, eso sí, con el decidido apoyo de la elite política capitalina.

Política y finanzas juntas en la boda de la familia Gallardón
Se vio diáfano en la reciente boda del hijo del ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, celebrada en Santiago. Allí estaba Pérez, festejando con el ex alcalde que fue capaz de cambiar el Plan General de Ordenación Urbana de Madrid para permitir a su íntimo levantar cuatro rascacielos en terrenos de la antigua Ciudad Deportiva del club. Negocio redondo. Entre los invitados estaba igualmente la actual alcaldesa, Ana Botella, que acaba de cometer otra tropelía de similar fuste permitiendo a Pérez construir un nuevo centro comercial prácticamente volcado sobre la Castellana. Invitado también era Isidoro Álvarez, capo de El Corte Inglés, que hace unas semanas recibió de la señora de José María Aznar, asiduo al palco del Bernabéu, permiso para aumentar la edificabilidad de varios de sus centros a cambio, como en los casos citados, de compensaciones irrisorias. Así de rápidos circulan los expedientes cuando de atender los intereses de los poderosos se trata. Si usted, ciudadano de a pie, pretende montar un pequeño negocio o tirar un tabique de su piso y se le ocurre solicitar la correspondiente licencia, puede sentarse o echarse a dormir. Y esperar tranquilo. Vuelva usted mañana.

El 40% de los estudiantes aspiran a convertirse en funcionarios en el futuro
Es esta obscena liaçon entre política y finanzas, entre elite política y oligarquía económico-financiera –encame que de forma tan vergonzante se exhibió en la boda de marras- la que impide el progreso de España y frena su desarrollo. El grupo mencionado, en el que hay que incluir por derecho propio a Borja Prado Eulate, capo de Endesa (en cuyo consejo mora Aznar) se prepara para ocupar posiciones de poder en empresas de postín cuyas presidencias están en almoneda, caso Repsol. El relatado episodio del RM no pasaría de ser una anécdota capaz de interesar únicamente a los socios del club de no ser por el detalle, sumamente revelador, de que 997 de los compromisarios aprobaron los cambios propuestos y solo un centenar se atrevió a votar en contra. Apenas un 10% osó oponerse al capricho del curaca. Manifestación nueva de viejas pulsiones presentes en el ADN español, tal que la querencia a adular a la masa y ponerse al servicio del líder carismático del momento, cuando no del sátrapa, el cacique o el corruptor de turno. Es la renuncia a pensar por uno mismo. La necesidad de tener un amo. El miedo a la libertad, entendida como la capacidad que posee el ser humano de decidir su futuro y arrostrar, por tanto, las consecuencias de sus actos.

A este Gobierno, cuyo presidente figuraba también entre los invitados a la boda mencionada, se le llena la boca a la hora de anunciar su disposición a derribar las barreras que en nuestro país se oponen a la creación de empresas. Es una promesa que se renueva perenne con cada Gobierno que llega a Moncloa. “América debe ser un buen lugar para crear empresas”, aseguró Romney en Denver. “Yo quiero ir por el camino del crecimiento que pone a los estadounidenses a trabajar, con más ingresos fiscales porque hay más gente trabajando”. Los españoles, por contra, prefieren ir por el camino del funcionariado. Quieren servir al Estado. Según un estudio de la Cámara de Comercio de Sevilla, el 40% de los estudiantes aspiran a convertirse en funcionarios en el futuro, mientras que el 29% quiere trabajar en una empresa, y el 30% preferiría montar su propio negocio. La mayoría, nada menos que el 80%, desconocen por completo la situación del mercado de trabajo, es decir, viven de espaldas a la realidad laboral que les espera, una circunstancia que tiene mucho que ver con la existencia de una Universidad acostumbrada a sestear, convertida en plácida fábrica de parados.

La Ley de Emprendedores, sobre la mesa de Montoro
La Ley de Emprendedores, tan publicitada por el Ejecutivo desde hace meses, vive el sueño de los justos sobre la mesa de Cristóbal Montoro por culpa de los estímulos fiscales que prevé. “Desde 2007 para acá se han destruido en España más de 200.000 empresas con centro de trabajo”, asegura Juan Rosell, presidente de CEOE. “Muchos lo han perdido todo, porque tenían hipotecada hasta su casa como aval, y ahora no tienen ni subsidio de paro. Pero es evidente que no saldremos del hoyo mientras no se produzca un cambio de mentalidad radical en la consideración social del empresario, porque sin empresas y empresarios no habrá creación de riqueza que valga. La experiencia de un personaje como Amancio Ortega tendría que estudiarse en las escuelas, para alentar el surgimiento de un nuevo tipo de sociedad más propensa a la libertad de emprender y menos pendiente y dependiente de papá Estado”.

Señor Rajoy, empéñese usted en sentar las bases de una España capaz de generar riqueza
“Tenemos que reducir los impuestos tanto para las grandes empresas como para las personas”, aseveró, en fin, Romney en su cara a cara con Obama. En España, al contrario, se trata de subirlos. A ello se dedica con esmero el ministro Montoro, y a ello aspira en un futuro no lejano esa Soraya Rodríguez que, en los Desayunos de TVE, nos anunció una nueva reforma fiscal que incluirá “un impuesto a las grandes fortunas”, como si nuestros Florentinos no tuvieran mecanismos suficientes para salir de naja sin pagar un duro. Es el drama de España y de Europa en general, sometidas al dictado de una socialdemocracia rampante capaz de agostar cualquier oportunidad de crecimiento solvente. Lo dijo el economista Heilbroner: “Muchos años después de haber sido oficialmente inaugurada, la pugna entre capitalismo y socialismo ha terminado: el socialismo ha triunfado”.

Se quejaba Rajoy está semana en Rabat ante un grupo de empresarios que le urgían a pedir el rescate, de que “esto es la monda: aquí opina todo el mundo, pero a nadie se le ocurre darte una idea, aunque sea media…” Desde aquí le brindamos una entera y, además, gratis: empéñese usted en sentar las bases para hacer posible una España competitiva, capaz de generar riqueza (de distribuirla ya se encargará la Soraya del PSOE), para lo cual será obligado alentar de forma efectiva la aparición de vocaciones empresariales y combatir los desmanes de ese capitalismo castizo patrio, dispuesto siempre a arramblar con lo que pilla. Para la mayoría de las personas, la riqueza –léase un trabajo dignamente retribuido- es el único camino honesto hacia la libertad. Me temo, no obstante, que alcanzar tan altas metas no será posible sin cambiar antes la piel de este país corrompido. Y seguramente el alma.

Escenarios de independencia: sin remisión (y II)
Manuel Muela www.vozpopuli.com 8 Octubre 2012

Ni el jaleado señuelo de la Conferencia de Presidentes Autonómicos puede encubrir el asunto de la independencia de dos regiones importantes de España. Tiene tal trascendencia que oscurece todo lo demás, incluido el desdichado rescate Tregua financiera y oportunidad de cambio, tan deseado por tantos, que certificaría el fracaso del Estado español. Probablemente esa es una de las razones por la que los nacionalistas plantean la independencia en estos momentos. ¿Oportunismo, mezquindad o afirmación nacional? Puede que un poco de todo haya contribuido a elaborar el cóctel con el que se nos obsequia en el otoño de 2012, cuando estamos a punto de finalizar el bicentenario de la Constitución de Cádiz, por cierto prácticamente ignorado, que constituyó la nación española sobre los principios de la libertad. Pero no se trata de hacer un ejercicio de melancolía; creo que lo que procede es acercarse a nuestra realidad política e institucional, para calibrar las posibilidades de encauzar el desafío, teniendo en cuenta además que estamos en Europa, continente con larga experiencia de nacionalismos y de construcción de Estados hasta ayer.

Dos nacionalismos con proyecto frente a la confusión
El País Vasco celebra elecciones el 21 de octubre y Cataluña acaba de anunciarlas para el 25 de noviembre. En el transcurso de un mes se constituirán dos parlamentos con importantes mayorías nacionalistas que no ocultan sus objetivos cercanos de independencia. En esos parlamentos existirán otros grupos, algunos denominados constitucionalistas y otros que ni siquiera llegan a eso, como podría ser el caso de los socialistas catalanes. En resumen, el nacionalismo sólo tendrá enfrente opciones ayunas de proyectos o sumidas en la duda sobre qué hacer. No hay que olvidar que la política como profesión y clientelar, que ha tenido su expansión natural en las regiones autónomas, tiene su preocupación en lo que suceda en ellas y en qué medida le puede afectar a la continuidad del ejercicio de su profesión. Salvo excepciones, que sin duda las habrá, para la mayoría de los políticos regionales no nacionalistas su horizonte político vital termina en los límites de su región. Tratarán de buscar acomodo en el seno de los “estados” que se anuncian. Quizá sin saberlo, son la mejor expresión de la ausencia de proyecto nacional para España; porque no creo que nadie piense que tal proyecto son las políticas de recortes desordenados e injustos que despiertan tanta hostilidad, tanto por su dureza como por su evidente esterilidad. Precisamente estas políticas han sido el catalizador del estallido de la cuestión catalana.

Aunque el lenguaje de nacionalistas vascos y catalanes parezca distinto, menos acuciante en el caso de los primeros, cualquier gobernante esta obligado a prever que el fenómeno de la separación se va a producir casi al unísono en las dos Comunidades Autónomas. Y el gobierno español tendrá que planificar y ordenar la resolución de un problema que no es de carácter administrativo. Es algo que no se puede despachar con un oficio de un ministerio o una sentencia del Tribunal Constitucional, cuyo crédito y autoridad en esas dos regiones, puede que también en las restantes, es más bien escaso, por no decir inexistente. El uso de la fuerza no es aconsejable ni, probablemente, sería consentido por las potencias europeas: no parece viable resucitar el expediente Batet, aunque no hay que descartarlo de forma terminante. En consecuencia, nos enfrentamos al abandono del dañado orden constitucional por parte de una de sus tres vigas maestras, los nacionalistas burgueses catalanes y vascos; las otras dos son, en mi opinión, la Monarquía, y los partidos estatales, PP y PSOE.

Las vigas carcomidas de la Transición
De las capacidades de la Monarquía para evitar la riada, permítanme que dude. En paz sea dicho. En cuanto a los partidos estatales, el PSOE está lamiéndose las heridas del descrédito y de la derrota electoral, que han hecho aflorar en su seno contradicciones abundantes sobre todo en Cataluña, uno de los puntos calientes del problema. Hablan de federalismo: ¿Monarquía federal? ¿República federal? ¿O qué? Ya nos lo contarán. Por su parte, el PP goza de mayoría absoluta en las Cortes y, además de ello, aparenta unidad. Y digo aparenta, porque no sabemos cómo responderá el mosaico de las derechas españolas que conviven en él ante la ruptura territorial de España. En todo caso, parece claro que el gobierno se encuentra sólo, y con una fuerza más aparente que real, ante el problema. Por eso, hace bien en no agitar las pasiones, pero habría que pedirle que no nos tome por imbéciles y nos explique en serio, sin latiguillos administrativistas, cuál es su plan o proyecto para hacer asumible y menos costoso para el conjunto del país lo que parece un divorcio irreversible. En suma, cómo va a administrar el colapso de la Transición.

La Unión Europea y otra España
¿Y la Unión Europea? Pues que es todo menos unión. El silencio de las potencias europeas sobre el independentismo en España es elocuente y quizá pueda llegar a ser interpretado como un apoyo tácito a aquel. No es valladar de nada. Y no sólo eso: sus políticas injustas y alocadas, impuestas con la colaboración de gobernantes mediocres, están sembrando en el Continente vientos de fronda, cuyas muestras destacadas son el crecimiento de los nacionalismos y de los populismos. Es verdad que España, en materia de auge nacionalista, no ha necesitado ayuda; las políticas europeas se han limitado a ser agentes eficaces para lograr la masa crítica. No obstante, el gobierno debería informar a los socios europeos del problema y pedir un poco de árnica para que los españoles no tengan que tragarse la ruptura de su país y encima ser apaleados por las exigencias comunitarias. Al fin y al cabo, los duelos con pan son menos.

Una reflexión final: lo expresado perderá validez si las minorías dirigentes españolas, los dioses no lo permitan, agitan nuestros instintos y nos adentran en la violencia. Pero si esto no ocurre, parece evidente que los causantes, por acción u omisión, de la disgregación del país deberán dejar paso a otro sistema constitucional con el que una nueva España, democrática y solidaria, cicatrice las heridas del fracaso de la Transición y aspire a recuperar lazos de entendimiento con aquellos que, ahora, preparan su marcha.

Sólo un 26% de los españoles defiende mantener el actual Estado autonómico
La opción que cuenta con una mayor aceptación es ir hacia un Estado centralista (29%), según un sondeo de 'El País'
 www.lavozlibre.com 8 Octubre 2012

Madrid.- La pulsión de cambio institucional alcanza al modelo de Estado, en el momento en el que el PSOE ha modificado su estrategia para pedir el avance hacia un Estado federal mientras que el presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha dado un paso adelante en su desafío de separar Cataluña de España.

Según el sondeo de Metroscopia que publicaba este domingo el diario 'El País', solo un 26% de los españoles defiende el mantenimiento del actual Estado autonómico. Este porcentaje es el más bajo de toda la serie histórica de encuestas de Metroscopia.

Mientras, la opción que cuenta con una mayor aceptación por parte de los ciudadanos es ir hacia un Estado centralista (29%). La simpatía por un Estado con un gobierno único central ha crecido enormemente desde 2003, cuando apostaban por este modelo únicamente un 10% de los encuestados.

Por último, la opción del federalismo, modelo defendido por el PSOE y por el propio diario ‘El País’, solo es apoyada por el 19% de los encuestados.

Asturias promociona el bable en etiquetas de morcilla o queso
Gasta 32.000 euros para rotular embutidos, productos lácteos o menús
Fernando Cancio La Razón 8 Octubre 2012

MADRID- Que son varios los gobiernos autonómicos que gastan cantidades millonarias en promocionar sus lenguas cooficiales no es ninguna novedad. Y que siguen haciéndolo a pesar de la situación económica y los recortes, tampoco. Sin embargo, llaman la atención determinados gastos que podrían tacharse de chocantes en estos momentos de crisis y que, a primera vista, no parecen los más indicados para normalizar una lengua. Es el caso de Asturias, que hace apenas diez días publicó en su Boletín Oficial la concesión de subvenciones «a actividades de empresas privadas para la normalización del asturiano o el gallego-asturiano» (unas lenguas que, por otra parte, no están reconocidas como oficiales). Hasta ahí, en lo que se refiere al concepto de las ayudas, bien. Pero lo más llamativo llega a la hora de conocer los proyectos que han recibido una parte de los 32.000 euros destinados a este fin. Y es que el Gobierno asturiano quiere promocionar su lengua a través de las etiquetas de los embutidos, los quesos o los menús de los bares. Además de traduciendo páginas web o películas.

Concretamente, 1.686 euros van destinados a imprimir en asturiano las «etiquetas de embutido», de longaniza, morcilla, chorizo, andoya, lomo y picadillo. Y los recibe una empresa cuya página web sólo está en castellano y que en las etiquetas de sus productos únicamente está escrita la dirección de la compañía y el texto «Embutidos artesanales. Elaboración propia».

Otros 492 euros son también para etiquetas en asturiano, aunque en esta ocasión de «productos lácteos», mientras que 211 van para el etiquetado del vino «Vendimia Selección Filanguiru».

Por otro lado, la elaboración de los menús de tres sidrerías se lleva 844 euros, aunque otra de ellas logra 281 más para los carteles con la programación musical que oferta.
Mientras, también se sufraga la realización de calendarios (352 euros) o la elaboración en asturiano de los folletos, bolsas, cajas de productos o la rotulación de los coches de una empresa de catering y venta de comida típica cuya página web sólo está, curiosamente, en castellano y, a medias, en inglés, un idioma que ofrece más ventajas a la hora de vender sus productos. En total, recibe del Ejecutivo de Javier Fernández 2.883 euros.

La páginas web –traducidas o nuevas, pero en asturiano– también consiguen 6.823 euros. Y los materiales publicitarios y campañas promocionales de empresas, la edición de libros y almanaques o la cartelería de la «Agenda gastronómica 2012» también consiguen fondos para promocionar la lengua asturiana.

En lo que va de año, Asturias ha dedicado más de 320.000 euros a promocionar y normalizar tanto el asturiano como el gallego-asturiano en la literatura, los medios de comunicación o entre la sociedad.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Engaño a todo un pueblo (el catalán)
@Roberto Centeno. El Confidencial 8 Octubre 2012

Muchos españoles contemplamos la semana pasada con gran indignación la inaudita cobardía de Rajoy, que elogió el “gran sentido común” de un Mas prepotente cuyo objetivo es la destrucción de España mientras le entregaba 1.000 millones de nuestro dinero para pagar los sueldos de quienes queman nuestra bandera. Echar a Rajoy es ya prioritario. Ténganlo claro los gallegos y las gallegas el día 21. Si validan su desastrosa política, que nos empobrece a velocidad de vértigo, serán tan responsables como él de nuestra ruina.

Un presidente digno y capaz tendría que haber puesto negro sobre blanco las cifras que demuestran el desastre que sería la secesión y no verse en privado con los empresarios catalanes que le piden “hablar hasta la extenuación”. Es decir, no ceder lo que haga falta cuando ya no hay nada que ceder, sino que recuperar, como la Educación y el cumplimiento de la Ley. Tendría que explicar que nada seguiría igual: ni el Barca, el gran portavoz del separatismo y del odio a España, volvería a jugar en la Liga; ni los productos catalanes se venderían en el resto de España; ni Cataluña continuaría en la UE. Dice Mas al New York Times que Cataluña estaría por encima de varios países de la UE, y por una vez no miente. Serían Rumanía, Bulgaria, Letonia y similares.

El caso Vic: “let them go!” (¡que se vayan!)
Y es que la explicación pública y clara de las consecuencias de la secesión resulta crucial. Les pongo un ejemplo: en la localidad de Vic, el alcalde convocaría una charlotada y se declararía independiente de los que les damos de comer comprando el 70% de lo que producen. Además nos insultan y discriminan porque, reconozcámoslo, somos imbéciles. La economía de ese municipio depende de la gran empresa Casa Tarradellas, que en caso de secesión tendría que trasladar sus fábricas fuera de Cataluña o perder sus ventas. “Let them go”, dice Cameron a los escoceses, “o si o no, no hay nada que negociar, pero aténganse a las consecuencias”. ¡Tome nota, señor Rajoy!

No se entiende por qué los responsables de Casa Tarradellas, ante una realidad que ni pueden ignorar ni minimizar porque les va en ello su futuro, han permanecido en silencio. Menos se explica aún como el presidente de Nutrexpa –fabricante de Cola Cao, Cuétara, Nocilla y La Piara– participó en la manifestación independentista. ¿Acaso es tan ciego que cree que todo seguiría igual? Pues no, señor Ferreró, nada seguiría igual. Se quedaría con las ventas locales y Portugal, pero también con el arancel de la UE. La pera para productos alimenticios.

Mas allá de las manipulaciones y de las mentiras a veces surrealistas de economistas mercenarios al servicio del nacionalismo, todos los análisis serios muestran que, en caso de secesión, Cataluña no solo no mejorará económicamente, sino que empeorará considerablemente. La cuantificación mas exacta y contrastada es que el PIB per cápita se reduciría en un tercio, lo que significaría que Cataluña caería al nivel de Portugal. Justo lo contrario de lo que afirman los nacionalistas. Este es el resultado de los trabajos de D. Julio Alcalde, el mejor estadístico que España ha tenido jamás, y también del prestigioso profesor de Harvard y del IESE en Barcelona y perfecto conocedor de la economía catalana, Pankaj Ghemawat.

Lo que se oculta a los catalanes y el ejemplo de Canadá
El análisis del profesor Ghemawat es demoledor. “Cataluña –con cifras de 2011– tiene un déficit comercial con el exterior de 15.000 millones de euros que queda compensado por un excedente comercial de 23.000 millones de euros con el resto de España. ¿Qué puede ocurrir con estas cifras si las fronteras regionales entre Cataluña y el resto de España son reemplazadas por fronteras nacionales? La economía internacional demuestra que cuando dos firmas se encuentran localizadas en lados opuestos de una frontera, el comercio entre ambas se reduce en dos tercios”. Cataluña vende en el resto España el 60% de sus productos y el 70% de sus servicios.

“Los análisis de más de cien procesos de independencia desde 1900 confirman la regla de la caída del comercio en dos tercios, aunque la rapidez con que ocurre depende en gran medida de si la separación es hostil o amistosa. En el caso del divorcio de terciopelo entre la República Checa y Eslovaquia, el tráfico comercial entre ambos cayó en un 75%, y ello a pesar de que, al pertenecer los dos a la UE, existe libertad de circulación entre ambos”. Aquí sería mucho peor. El ambiente sería profundamente hostil hacia quien no ha hecho más que sembrar el odio y romper una unidad nacional que habría durado ya más de 500 años.

Pero es que además casi el 50% de las ventas de Cataluña al resto de España procede de las multinacionales de alimentación y farmacia instaladas allí, que de momento han cesado de invertir. Y si se produce la secesión ya han dejado claro que se irán. Los bancos como Caixabank o Sabadell, que financian con el dinero obtenido en el resto de España el 70% de las inversiones en Cataluña, –en los que el silencio público de sus presidentes resulta también clamoroso– tendrían también que cambiar sus sedes o irse.

Finalmente, otro hecho en el que los nacionalistas mienten como bellacos –y cuyos efectos serían mas devastadores aún que la pérdida de mercados– es la salida del euro; supondría la pérdida de un tercio de la riqueza de las familias. Y la salida es inevitable. En primer lugar, porque es automática, como han explicado en Bruselas; en segundo, porque al menos España, Francia, Italia y Reino Unido vetarían su entrada, y basta solo uno para impedirlo; y finalmente, porque la Cataluña separada no cumpliría ni de lejos las condiciones de entrada.

La región tendría que asumir su parte de la deuda total –pasivos en circulación–, unos 200.000 millones de euros, que sumada a la propia sería el equivalente al 184% del PIB futuro. Su déficit sería del 29% del PIB. Con la presión fiscal actual –42% del PIB– los ingresos serían de unos 57.000 millones. Y a los gastos de hoy –49.000 millones de Generalitat + ayuntamientos– habría que añadir intereses y deuda nueva, 8.000 millones; paro, 5.000 millones; pensiones, 24.000 millones; clases pasivas, 2.000 millones; nuevo Estado incluyendo infraestructuras, 8.000 millones. En total, unos 96.000 millones de euros. Moody's y S&P ya lo han advertido y los nacionalistas ignorado. Una Cataluña separada nunca podría superar el bono basura. Incluso con el PIB actual imposible de mantener, no se cumplirían ni deuda ni déficit.

No sé qué hará el gobierno de turno si se convoca el referéndum, pero la Constitución –votada por un 80% de catalanes– le obliga a aplicar el Artículo 155 y retirar la autonomía a Cataluña, como hizo Tony Blair con el Ulster, y no pasaría absolutamente nada. Pero hay otra vía, la canadiense en Quebec. La falsa tesis nacionalista es que los catalanes tienen derecho a decidir solos, pero según eso Tarragona tiene también derecho a decidir su futuro sin interferencias de Gerona, o de Barcelona y viceversa. Y no solo las provincias. Todas y cada una de las circunscripciones electorales de Cataluña tiene derecho a pronunciarse sin interferencias de las demás. ¿No se ha “pronunciado” Vic solita?

El Gobierno de Canadá, un Gobierno digno y no indigno como el nuestro, ha advertido que si hay referéndum, será para todos. “Cada circunscripción de Quebec decidirá independientemente”. Y en cuanto a flujos comerciales, “Canadá quedará cerrado para los secesionistas”. Si el gobierno cede aun más o incumple la Constitución, el Rey tiene la obligación política ineludible de convocar al pueblo para que se inicie un nuevo proceso constitucional dirigido por la libertad constituyente, es decir, por la libertad colectiva de todos los españoles, en un solo referéndum que no distinga entre pueblo y regiones de España, y de nombrar un gobierno provisional.

La obligada respuesta al plebiscito de Artur Mas
Pablo Sebastián www.republica.com 8 Octubre 2012

Dice el prestigioso semanario The Economist que Rajoy es un personaje “misterioso” que no aclara su posición ni sobre el rescate de España si sobre el problema autonómico, con el desafío independentista de Artur Mas de por medio. Y añade el semanario que Rajoy parece imitar a Franco al separar los problemas que tiene sobre la mesa entre aquellos que cree que resolverá el tiempo (por ejemplo el catalán) y los que no tienen solución, el económico, con el que no sabe que hacer, mientras la protesta social en la calle crece sin cesar y se acerca mas al modelo griego que tanto preocupa en la UE. Rajoy es así, la indecisión, el ocultismo y la falta de audacia, y a confiar que el peso de España en la UE sea tan grande como para que sus colegas europeos no nos dejen caer. Aunque la paciencia europea, que se está agotando, tiene también su límite y cada país sus propios problemas y prioridades como ahora parece decir Alemania.

Sin embargo el problema catalán es un asunto interno español, como suele decirse en lenguaje diplomático, por más que ya empieza a trascender a la prensa internacional. El diario The New York Times ha tratado a Artur Mas cien veces mejor que al Rey don Juan Carlos -al que calificó de mil millonario-y aunque le tiró de la orejas al catalán, por el riesgo que toma para Cataluña y España, lo cierto es que el rotativo neoyorquino le hizo una excelente propaganda al independentismo catalán, luego pretendían redondear en el Camp Nou con los colores des secesionismo catalán, ante 400 millones de espectadores de todo el mundo y aprovechando el tirón del partido entre el Barcelona y el Real Madrid, aunque esta última apuesta no les salió bien porque el numerito secesionista se quedó en poca cosa y además el Barça no gano y se conformó con un empate 2-2 con los blancos que a punto estuvieron de darle a los nacionalistas un sofocón.

La secuencia secesionista, calendario en mano, estaba calculada con precisión desde el Palau Sant Jaume de Artur Mas: la Diada, visita fallida a la Moncloa en Madrid para exigir el pacto fiscal, la convocatoria electoral y el anuncio de referéndum de autodeterminación ilegal, desaire al Rey en Barcelona, mofa de la Conferencia de los Presidentes autonómicos, entrevista a NYT, y manipulación del partido del Barça y el Madrid (que no les funcionó), y lo que aún nos queda hasta el 25-N. Y todo ello ante el asombro y desconcierto de los centros de poder de la nación española, y aquí incluidos por su manifiesta ceguera en los de análisis y la comunicación de los grandes partidos y de los palacios de la Zarzuela y la Moncloa.

Mas ya habla, sin rodeos, de la independencia (lo hizo ante NYT) de Cataluña, y no cesa de dar pasos secesionistas desde la Presidencia -ahora en funciones- de la Generalitat que es una institución del Estado español. Desde ahí mismo envió su Gobierno a la manifestación independentista de la Diada y anunció que creará estructuras de Estado para Cataluña y que convocará, después de las elecciones del 25-N, un referéndum de autodeterminación en contra incluso de la legalidad.

Que Mas no se haya querido hacer una fotografía junto al Rey en Barcelona, o se haya mofado de la Conferencia de presidentes de las Autonomías a su regreso de Madrid, siendo ello ejemplos de una descortesía provinciana y oportunista, eso tiene una relativa o casi nula relevancia. Pero sus desafíos políticos a España desde la Generalitat sí merecen una clara respuesta del presidente Mariano Rajoy quien, como ocurre con el desesperante rescate de España por la UE -que pretende disfrazar de Línea de Crédito- es incapaz de salir de su búnker de la Moncloa, y mucho menos si se trata de hacer frente a problemas de una cierta envergadura.

Por todo ello Rajoy se ha inventado lo del rescate de “bajo perfil”, y la respuesta de “bajo perfil” a los desafíos de Artur Mas, que va acompañada de un río de dinero estatal para pagar la quiebra de la Comunidad catalana. La que se quiere independizar de España a costa de los fondos del Estado español y de los consumidores del resto de España. A los que el empresariado y el mundo financiero catalán ordeñan a diario para ganar su dinerito y financiar a los partidos y medios secesionistas de comunicación sin que desde el palco de honor del Ruedo Ibérico nadie diga ni “mu”. Lo que es peor en Madrid están a la espera de las elecciones del 25-N que, convertidas en “plebiscito”, van a lanzar al nacionalismo por la imparable catarata de la secesión. Un río sin retorno con aparente legitimidad y de imprevisibles consecuencias para Cataluña y para España.

Pues bien, a la vista de la ausencia premeditada del Gobierno de España, de los partidos, los medios partitocráticos nacionales y del mundo financiero y empresarial español, con el discurso del “bajo perfil” que tanto le gusta a Rajoy, al final va a resultar que el único culpable de lo que pasa en este país, con el rescate de la UE y con el desafío catalán, es el pueblo español. El que: por un lado se manifiesta en la calle “demasiado”, por causa de la crisis hasta poner en peligro “las instituciones del Estado” (sic), como lo pretendió con una fallida querella criminal el genial ministro de Interior, Fernández Díaz, ante un juzgado de Audiencia Nacional; o el que encierra en su íntima condición española el “peligro” del nacionalismo español, la furia o “la fiera” como llegó a escribir en El País Juan Luis Cebrián desde su subconsciente post franquista.

Artur Mas, desde la Generalitat sí ha atacado las instituciones del Estado desde dentro del Estado, y lo ha hecho con premeditación y alevosía para hacer más daño a España en imagen y credibilidad internacional -los casos de Romney o de The New York Times sólo son dos ejemplos- en plena crisis económica y financiera en la que el temerario político catalán ha añadido el fantasma de la inestabilidad política y la posible ruptura territorial de España.

Y todo ello sin que nadie, desde las mas altas instituciones de la nación -lo de “la quimera” que mencionó en una carta del Rey de la página web de la Casa Real fue pellizco inoportuno y fuera de lugar- responda a Mas con firmeza y solemnidad. Ni siquiera las palabras de Felipe González, de “nadie se va a separar”, mientras su partido el PSC pretende un referéndum de “autodeterminación legal” y un Estado Federal (para convertir La Rioja en un Estado Federal), servirán de nada. Como tampoco ayudará la advertencia del editor Lara (luego ocultada en su diario La Razón) de que su Grupo Planeta abandonará Cataluña si se declara independiente, porque en ese momento ya nada tendrá arreglo. La respuesta a la amenaza de secesión tiene que llegar ya, antes de las elecciones catalanas. Y debe partir desde el Gobierno de España, los partidos y los medios nacionales y desde el conjunto del sector financiero y empresarial español. Ahora y sin mas dilación.

Y en primer lugar para que resplandezca la verdad constitucional y se desmonte la gran mentira de la mala relación económica de Cataluña con el Estado, que es mucho mas favorable al conjunto de los catalanes que al resto de España, si se hacen las cuentas de verdad, incluyendo todas las balanzas: fiscal, comercial, social, de los servicios, el turismo y las infraestructuras del Estado. Eso de “España roba a Cataluña” es otra infamia y otra falsedad, y lo de negar el derecho constitucional de uso y enseñanza del castellano en Cataluña es un delito y una violación flagrante de la legalidad.

Y lo de la callada por respuesta, el perfil bajo, o el dejarlo pasar, todo esto es una cobardía y un error político de gran envergadura, porque estas elecciones catalanas, con las que Artur Mas huye del fracaso de su gobierno hacia la independencia para de paso culpar a España de su incapacidad, ya se han convertido en un plebiscito nacional sobre la independencia de Cataluña. Unas elecciones con doble mensaje al que los españolistas acuden en clara inferioridad de condiciones -política, económica y mediáticas- y con un pobre liderazgo del PP y en el PSC, donde además existe una importante fractura política y confusión ideológica. Y quien no quiera ver así las cosas se va a equivocar, salvo que el electorado catalán sea un poco mas sensato y clarividente que nuestro Gobierno nacional.

Cataluña, democracia aclamativa
"Con otro contenido ideológico, en la senyera colectiva del Camp Nou, como otrora en Nüremberg, no caben opositores ni disidentes"
Antonio Elorza El País 8 Octubre 2012

(La Voz Libre): Antonio Elorza, colaborador habitual del diario 'El País' escribió este 6 de octubre este interesante análisis sobre el uso que los nacionalistas están haciendo de los movimientos de masas a favor de su proyecto desintegrador, con similitudes con el nazismo: "Con otro contenido ideológico, en la senyera colectiva del Camp Nou, como otrora en Nüremberg, no caben opositores ni disidentes".

Resultó útil comprobar que dos episodios del pasado coincidían en su significación, al ver que Rubert de Ventós, exsenador socialista, era el primero en saludar a Artur Mas en la plaza de Sant Jaume, cuando éste volvía triunfante de su entrevista con Rajoy en Madrid. Coincidimos como ponentes en la Universidad de Columbus, 12 años atrás, y me sorprendió que en lugar de ofrecer informaciones concretas sobre la política catalana, Rubert repitiese una y otra vez que Cataluña quería esto y lo otro, siempre para marcar la ruptura con España. Le pregunté al final bajo qué forma se le aparecía Cataluña por las noches para manifestarle esos deseos, que entonces no coincidían en absoluto con los datos disponibles. Más tarde, tuve una vez a Artur Mas como contertulio en Cuatro, y de nuevo el entonces opositor predicaba todo como si fuera el médium de un espíritu superior, Cataluña. Esta vez le subrayé, para gran enfado de otro participante con sentido de la autoridad, Ernesto Ekaizer, que Cataluña era políticamente plural, y que, por favor, precisase quién respaldaba sus declaraciones.

Porque si admitimos que por encima de la sociedad y de la política catalana existe esa Cataluña enteriza, capaz de transmitir sus intenciones y voluntades a alguien, ahora el presidente Mas, con el respaldo de un movimiento de masas, los supuestos del pluralismo y de la vida democrática se desvanecen. Entramos de lleno en otra concepción de las relaciones y de las normas políticas, que además encuentra unos desagradables antecedentes fácticos y doctrinales en el ascenso de los nacionalismos autoritarios en el primer tercio del siglo XX, cuyo exponente teórico fuera Carl Schmitt.

Aquí Mas tiene la virtud de la claridad. De entrada, en buen discípulo, no acepta el marco normativo de la Constitución para llevar adelante su propósito, salvo si aquel se inclina en todo ante sus planteamientos. En su mente y en su estrategia, la secesión es ya un hecho irreversible: al acudir a la reunión de presidentes, no va a Madrid, va “a España”. En virtud de la legitimidad surgida de la movilización del 11-S, Mas no encabeza una institución autonómica que deriva su autoridad de la Constitución y del Estatuto. Ambos pasan a ser meras plataformas de un liderazgo carismático cuya misión es materializar la voluntad de independencia de un sujeto, fruto de una historia mítica, “los mil años de Cataluña”: el Pueblo Catalán. Este ya habló en la Diada y ahora, en una secuencia ininterrumpida, ha de lograr la confirmación de su mensaje en las urnas, una vez ahormada la sociedad catalana. Por eso los no independentistas no deben ser tenidos en cuenta para el proceso, salvo como obstáculos a remover.

El partido del domingo será la ocasión para escenificar esa exigencia de unanimidad hacia Cataluña y Europa. Con otro contenido ideológico, en la senyera colectiva del Camp Nou, como otrora en Nüremberg, no caben opositores ni disidentes. Lógica consecuencia: las elecciones no deben reflejar una composición política plural, han de olvidar los fracasos del gobierno de CiU y limitarse a responder a la cuestión esencial de la autodeterminación para la independencia. Son, pues, elecciones plebiscitarias, destinadas a confirmar el respaldo de masas a la resolución del presidente. La normativa vigente no cuenta de cara a la realización del proyecto en curso —aunque posiblemente Mas disponga de algún as en la manga en Estrasburgo—, ya que la relación se invierte y el orden legal es producto exclusivo de la decisión del líder (“haremos la consulta con la ley o contra ella”). El líder define además su papel en términos soteriológicos: una vez salvada Cataluña, él abandonará el poder.

Negativa a escolarizar en español en Cataluña
J. A. Yturriaga. www.vozpopuli.com  8 Octubre 2012

El anuncio del Ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, de que se financiará la enseñanza en castellano en centros docentes privados de las CCAA que –como en Cataluña o Baleares- no garantizan la escolarización en la lengua nacional del Estado ha provocado reacciones de signo contrario.

Subvenciones a centros privados para escolarizar en español
Al Presidente de la Generalitat, Artur Mas –que no ha mucho declaraba que quienes quieran escolarización en español podían crear colegios, como hacen los japoneses-, no le basta ya esta fórmula “a la japonesa” y se opone frontalmente a ella, y ha manifestado que las escuelas catalanas seguirán aplicando el actual sistema de inmersión porque funciona bien. Su Consejera de Educación, Irene Rigau, ha afirmado que sería una ilegalidad, que se opone a la intención de “españolizar a los alumnos de Cataluña”, y que –como los centros escolares deben ser autorizados por la Generalitat- ésta no concederá tales autorizaciones. El Presidente balear, José Ramón Bauzá, defendió la política lingüística de su Gobierno, que cumple el principio de libertad de elección en las aulas, y las normas de la Constitución y del Estatuto de autonomía. El consejero de Educación, Rafael Bosch, ha recordado a Wert que la lengua propia de Baleares es el catalán y que hay normas sobre la enseñanza que los centros educativos deben cumplir.

En el otro extremo del espectro, los Presidentes de UPyD y de Ciutadans, los portavoces de las plataformas que defienden la enseñanza bilingüe y las Asociaciones de Padres de Alumnos han criticado la decisión -que pone de manifiesto la incapacidad del Gobierno de hacer cumplir las leyes- y le ha exigido que garantice la enseñanza del castellano en Cataluña y Baleares, porque cuenta con medios legales para ello. El PSOE ha abdicado de sus responsabilidades de partido de ámbito nacional y -por medio de su portavoz de Educación en el Congreso- ha negado la evidencia al afirmar que no hay problemas con la enseñanza en castellano en Cataluña, y acusado a Wert de pirómano.

Regulación de la enseñanza en España y en Cataluña
En opinión de Fernández Vítores, las autoridades educativas deberían prestar atención a la solidez del castellano en toda España y garantizar la generalización de su uso y conocimiento a todos los habitantes del país, sin perjuicio del uso, enseñanza y reconocimiento de las lenguas vernáculas co-oficiales. El problema no es tanto de la enseñanza del español, como de la enseñanza en español. El artículo 6 del Estatuto de 2006 establecía que el catalán era la lengua oficial de Cataluña y de uso normal y preferente de las administraciones y medios de comunicación públicos, utilizada normalmente como vehicular y de aprendizaje de la enseñanza. El castellano también es lengua oficial y los ciudadanos tienen el derecho y el deber de conocer los dos idiomas. Los poderes públicos de Cataluña deben facilitar el ejercicio de estos derechos y no pueden discriminar por el uso de una u otra lengua, pues los ciudadanos tienen derecho de opción lingüística. En su sentencia 31/2010, el Tribunal Constitucional suprimió el calificativo de “preferente” por considerarlo anticonstitucional, pero dejó intacto el resto de la disposición. La Generalitat, sin embargo, no sólo sigue considerando el catalán como preferente, sino que –en el ámbito de la enseñanza- lo ha convertido en lengua exclusiva y excluyente, en detrimento del otro idioma oficial, el español.

Frente a la reivindicación de Artur Mas de pacto fiscal, el Presidente del Gobierno central afirmó que le contestaría con la ley en la mano, y la ley no puede ser más clara en los temas educativo y lingüístico. El artículo 3 de la Constitución prevé que el castellano es la lengua española oficial del Estado y que todos los españoles tienen el deber de conocerlo y el derecho a usarlo. Según el artículo 27, todos tienen derecho a la educación, y los poderes públicos garantizarán dicho derecho e inspeccionarán y homologarán los sistemas educativos para garantizar el cumplimiento de las leyes. Conforme a artículo 149-1-1º, el Estado tiene competencia exclusiva sobre la regulación de las disposiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de sus derechos constitucionales. Por el artículo 150 de la Ley Orgánica de Educación de 2006, el Estado deberá velar por el cumplimiento de las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de sus derechos en materia educativa y lingüística. El Real Decreto-Ley 480/1981 creó la Alta Inspección del Estado, a la que se encomendó la labor de velar por el cumplimiento de los derechos lingüísticos, “en particular, el de recibir enseñanza en la lengua oficial del Estado”. La Inspección tiene capacidad sancionadora y –según su artículo 5- si las sanciones por los incumplimientos “fueran insuficientes y persistiera la infracción, el Ministerio de Educación podrá por si mismo poner en ejecución lo prevenido en la legislación estatal, llegando –en su caso- a privar de efectos oficiales a las enseñanzas afectadas y a denegar la expedición de los títulos correspondientes”.

Flagrante incumplimiento de la Generalitat
En su sentencia 6/1982, el TC convalidó el Decreto-ley, que había sido impugnado por los Gobiernos catalán y vasco. El Tribunal estimó que la Generalitat tenía el deber de garantizar el uso normal y oficial de los dos idiomas, adoptar las medidas necesarias para asegurar su conocimiento, y crear las condiciones que garanticen su plena igualdad en lo referente a los derechos y deberes de los ciudadanos de Cataluña. La Alta Autoridad estaba legitimada para velar por el cumplimiento de los derechos lingüísticos, entre los que figura el conocer la lengua peculiar de la comunidad autónoma y, en particular, el de recibir enseñanza en la lengua del Estado. La Inspección podía actuar directamente en los centros educativos, investigarlos y denunciar al Gobierno las infracciones de la legalidad del Estado.

Desde 2008 el Tribunal Supremo ha dictado seis sentencias en las que ha declarado ilegal la inmersión lingüística obligatoria y establecido que el castellano es lengua vehicular, que no puede quedar reducido a mero objeto de estudio como una asignatura más. La Generalitat no ha acatado ni cumplido dichas sentencias y se ha negado a escolarizar en castellano, alegando que la Ley de Educación de Cataluña ha regulado los programas de inmersión forzosa e ignorando la jerarquía de las normas. El Gobierno cuenta con medios legales para hacer frente a esta insumisión institucional, pero carece de voluntad política para imponerlos. Su debilidad estimula a algunas comunidades en su política de abierta confrontación. La situación es especialmente patética en el caso de Baleares, regida con mayoría absoluta por un Gobierno del partido gubernamental PP. La solución no está en la subvención vergonzante de centros privados para que los hispano-parlantes puedan ejercer su derecho a ser escolarizados en español, pues –como ha señalado Victoria Prego- resulta inconcebible que el Gobierno intente resolver con dinero lo que no puede conseguir con la aplicación de la ley. Puede ser, sin embargo, un mal menor para impedir que se sigan conculcando derechos fundamentales, hasta que el Gobierno central se decida a actuar con firmeza.

Preguntado sobre si el Gobierno era capaz de lograr que los niños de Cataluña y Baleares puedan estudiar en castellano, Wert respondió que el tema iba a tener una solución práctica, porque el problema no era lo que dijera la ley –que establece claramente este derecho-, sino hacerlo efectivo, y yo –añadió el Ministro- “garantizo que eso lo vamos a hacer”. Concedámosle el beneficio de la duda, aunque –como reza el refrán- “obras son amores y no buenas razones”.

La guerra del fútbol
Martín Prieto La Razón 8 Octubre 2012

Cuando unos «sportmen» ingleses decidieron revolucionar el «rugby» prohibiendo que los jugadores tocaran la pelota con las manos ignoraban que estaban inventando un juego con adherencias militares imaginarias. Peor que el boxeo para las pasiones inconscientes. No sé si en Barcelona el partido con el Real Madrid ha terminado a bofetadas ultranacionalistas pero me acuerdo que Honduras y El Salvador en 1969 se declararon la guerra por el resultado de un encuentro de fútbol aunque de entre tantos muertos no sé si también se encontraba el árbitro. No fue un choque bananero porque las hostilidades con artillería pesada hasta 1976 (siete años, más que la Guerra de Sucesión entre Austrias y Borbones) en que la OEA impuso la paz bajo amenaza de una intervención mesoamericana.

Duran Lleida (oscense), tan católico, desoye a la Jerarquía y compara Cataluña con nuestras colonias en Asia y América como si Arturo Mas fuera José Rizal o José Martí y Unió Democrática de Catalunya una tropa de mambises luchando en la manigua contra los españoles y la malaria. Flaco favor se hacen a sí mismos los de la estelada si se consideran una colonia y a los charnegos como la negrada llevada por Madrid en una extravagante versión de la trata. Otro que no ha leído a Flaubert: «La obligación de vivir en un rincón de tierra marcada con rojo o azul sobre el mapa y detestar por ello los otros rincones que aparecen de color verde o negro, me ha parecido siempre algo mezquino y limitado de una estupidez acabada». Toda la bibliografía sobre los desmayos y vahídos socialistas coincide en que Carmen Chacón fue ministra de Defensa en una sobremesa entre su marido y José Blanco. Zapatero no se resistió a que una chica embarazada pasara revista a las tropas y volando a Afganistán con el tocólogo de guardia, cosa que no le ocurre a Morenés. La feliz madre propone un federalismo asimétrico sin conocer la geometría de Euclides. ¿La asimetría que une constitucionalmente Estados como Arkansas y California? Mejor nos lo jugamos al partido de fútbol.

Léanla, por favor, léanla
josé domingo ABC Cataluña 8 Octubre 2012

El Parlamento de Cataluña es muy peculiar. Recientemente ha celebrado un debate de política general en el que, al tiempo que el Presidente de la Generalitat anunciaba la disolución de la cámara, ésta aprobaba una larguísima resolución (catorce páginas) en las que se determinaba la acción del Gobierno cesante y, ojo al dato, del resultante de las nuevas elecciones.

Lean la resolución del Parlamento, por favor, léanla. La pueden encontrar en este enlace: http://www.parlament.cat/getdocie/9011078. Son catorce páginas de farragoso, engolado y desafiante discurso en las que se fijan los objetivos a conseguir por «el pueblo de Cataluña» y los instrumentos para hacerlos posibles. Si el enunciado de los cinco apartados de la resolución es harto elocuente (derecho a decidir; hecho nacional; proceso para llegar a ser un nuevo Estado de Europa; memoria y dignidad; y acción política y de gobierno) el detalle de su contenido estremece a quienes tengan una mínima sensibilidad democrática y española. Sin ningún tipo de reparo intelectual, el Parlamento «constata» la realidad política, esto es, establece su veracidad. Tras celebrar el éxito de la manifestación del 11 de septiembre se compromete a desarrollar los anhelos de los asistentes (¿de todos?); da por acabado el encaje de Cataluña en España; expresa la necesidad de que inicie su propio camino e insta al nuevo Gobierno catalán a hacer una consulta en la próxima legislatura con la finalidad de determinar el futuro colectivo, al margen de las instituciones españolas, con las que, en todo caso, se puede dialogar.

La resolución tras un aparente lenguaje administrativo, exuda exabruptos impropios de un parlamento, más típicos de una concentración de «Amanecer dorado» (¡en pie!) o de las provocaciones de la Liga Norte (¡Roma ladrona!): pide arrestos de soldados, alerta sobre intervenciones militares de España, condena al Gobierno del PP por adoptar medidas contra la economía catalana, constata el expolio fiscal, califica de desleales a los Gobiernos españoles; se inmiscuye en las políticas de Gobiernos limítrofes (Comunidad valenciana); se mete con ministros con nombres y apellidos (José Ignacio Wert); y prioriza lo nacional (subvenciones a las selecciones deportivas) al tiempo que desdeña lo social.

Después de su lectura, ni el Gobierno de España, ni las Cortes Generales, ni las instituciones del Estado, ni los partidos políticos, ni los grupos empresariales, ni los sindicatos ni todos aquellos que tienen obligación de cumplir y hacer cumplir la Constitución y velar por la cohesión nacional, pueden alegar desconocimiento. La resolución regula la hoja de ruta para los Gobiernos catalanes que se establece sobre dos premisas: la inviabilidad de la relación con España porque no comprende y perjudica intencionadamente a Cataluña; y la clara determinación de hacer que la «nación catalana» se convierta en un nuevo Estado independiente de Europa. Aprovechando el revuelo de la crisis económica, el frente secesionista pretende saltarse unilateralmente las reglas del juego. Nuestra obligación es hacerle entender que carece de legitimación social y jurídica para ello y que las trampas no son lícitas en este terreno.

José Domingo es presidente de Impulso Ciudadano

Barça-Madrid
Independencia o victoria
José María Albert de Paco Libertad Digital 8 Octubre 2012

La ola de indignación que siguió al tweet de Pedro Jota en que éste identificaba la performance de los socios del Barça con la parafernalia nazi constató que el nacionalismo catalán pretende, además de la secesión de España, caer simpático. Como si la convocatoria de un acto de exaltación patriótica pudiera merecer otra consideración que la de aquelarre fascistoide. Fascistoide, sí, máxime teniendo en cuenta que el convocante del aquelarre no es sino el poder, encarnado en alguno de los grupúsculos que, debidamente subvencionados, ejercen de agitadores a pie de calle. A efectos morales, Fanátics Barça, la entidad que había llamado a llenar el Camp Nou de banderas independentistas, es una mera extensión de Òmnium Cultural, que a su vez lo es de la Assemblea Nacional Catalana, a cuyos voluntarios, por cierto, ha correspondido el reparto masivo de banderas a las puertas del estadio. A estas alturas, y vistos los metros y metros de tela que se llevan repartidos, el independentismo va camino de convertirse en uno de los negocios más prósperos de Cataluña, al modo y manera en que la Guerra Civil lo es en España.

Puestos a medir decibelios, los gritos de independencia del minuto 17 han palidecido, bien que retroactivamente, ante el fervor guantanamero con que los aficionados del Barça invitaban a Mourinho al teatro. Y tengo para mí que el ceremonial orquestado en torno a la independencia ha ofuscado a los barcelonistas, con plomo en las alas durante buena parte del primer tiempo. Sea como sea, a Artur Mas le acabe el honor de haber convertido el Camp Nou en sujeto político. De hecho, en Cataluña empieza a ser habitual que cualquier apiñamiento humano mediatizado por la Generalitat o alguno de sus tentáculos rompa en agreste vocerío. Esta mañana, sin ir más lejos, el concurso de colles castelleres celebrado en Tarragona, con Artur Mas en el palco de autoridades, ha sido secuestrado por la misma consigna que ha intentado secuestrar el Barça-Madrid.

No, el nacionalismo catalán no es más simpático que cualquier otro nacionalismo, por mucho que se invista de valores intachables. Por mucho que, en el afán de presentarse al mundo como un epítome doméstico de Evasión o victoria, pretenda eludir el único papel que en puridad le correspondería representar.

La representación de hoy en el Camp Nou, por último, es la exacta plasmación de lo que Manuel Vázquez Montalbán llamó, con su lóbrega coquetería, ejército desarmado simbólico de Cataluña, una idea que al fin ha mostrado su exultante, eufórico patetismo.

Barça
Más que un club
José García Domínguez Libertad Digital 8 Octubre 2012

Que el Barça es más que un club, lema acuñado por el procurador en las Cortes franquistas don Narciso de Carreras, el que fuera presidente de La Caixa y del Fútbol Club Barcelona, amén de tío carnal, padrino y mentor político de Narcís Serra, se ha vuelto a constatar hace un rato. Tan colorista, el híbrido entre la Demostración Sindical del Primero de Mayo y las composiciones corales de Leni Riefensthal lo certifica. Al punto de que bastaría trocar la estampa algo anodina de Sandro Rosell por la siempre risueña del camarada José Solís Ruiz para retrotraernos al No-Do y aquellas concentraciones multitudinarias de adhesión inquebrantable al Caudillo.

Nada extraño, por lo demás. Y es que Cataluña resulta ser el último rincón de la península donde aún pervive, ahora bajo el manto del nacionalismo, lo que en tiempos se diera en llamar franquismo sociológico. Añeja forma de proceder que reflejaba la muy peculiar psicología del hombre común enfrentado al autoritarismo del Régimen. Por algo, e igual que cuando la dictadura, el díscolo ante la doctrina oficial tampoco merece la consideración de adversario político, sino la de enemigo de la patria; de la patria catalana, huelga decir. El franquismo inventó su anti-España, la siniestra conspiración judeo-masónico-comunista que, sin tregua ni descanso, maquinaba arteras conjuras contra nuestra dicha. Paranoia de la que el pensamiento hoy hegemónico en Cataluña apenas resulta mero trasunto.

Es sabido, en lóbregos sótanos de Madrit, abyectos españolistas pasan las noches en vela ingeniando viles maldades contra Casa Nostra. De ahí que toda crítica al nacionalismo devenga de facto en delito de connivencia con el enemigo exterior. Imposible comprender el clamoroso silencio de los corderos, el mutismo de la famosa sociedad civil ante el proyecto secesionista, sin saber de esa forma institucionalizada de coerción. A tales efectos, la catalana representa una democracia ejemplar, modélica: nadie discrepa en nada sustancial, y a quien se le ocurra se le invita a hacer las maletas y marcharse. Solo en una sociedad enferma podría ocurrir algo semejante: de los siete millones y medio de almas con que cuenta la plaza, únicamente tres personas, don José Manuel Lara y los Estopa, han manifestado en voz alta su repudio sin matices al independentismo. Ni con Franco.

Bildu subvenciona a asociaciones afines que apoyan a presos de ETA
El Consistorio de San Sebastián reparte de tapadillo ayudas a los abertzales
C. S. Macías La Razón 8 Octubre 2012

MADRID- El Ayuntamiento de San Sebastián, que gobierna en mayoría Bildu, ha otorgado en concepto de subvenciones del consistorio varias cuantías a asociaciones sin ánimo de lucro para el año 2012, de las que muchas son afines a la coalición abertzale. Los distintos partidos lograron hace ya varios años que se destinara una partida del presupuesto para aquellas entidades que «trabajen contra la violencia y la memoria de las víctimas». Entonces, los grupos de apoyo a los presos de ETA no cumplían con esta normativa y, por tanto, no recibían subvención. Pero desde que llegó el alcalde de Bildu, Juan Carlos Izagirre, no sólo tienen cabida sino que esta subvención que destina la comisión de Derechos Humanos se ha convertido en un coladero en el que este año han incorporado más asociaciones y los que más puntuación reciben son los afines a Bildu, ya que ahora en las bases se indica que será destinado para los «proyectos a favor de la paz, los derechos humanos, la diversidad y la interculturalidad».

Aunque las cuantías no son grandes, sólo hay dos asociaciones de víctimas, el resto persigue la tortura, hablan del «proceso de paz» o van contra la dispersión de los presos. La que más dinero se lleva de esta partida es la asociación «Demagun Hausarketarako taldea», que persigue el diálogo y se define como un grupo de activistas por la paz basado en «el reconocimiento de la realidad plural de Euskal Herria». Pero, además, llega a organizar «diálogos» en los que incorpora al mismo tiempo a víctimas de ETA y a víctimas policiales o del GAL. El año pasado esta asociación recibió dos partidas de 1.844 y 1.900 euros, que este año ascienden a 3.099,50 euros. Otra de las más beneficiadas es Lokarri, que «promueve consensos para la consolidación de la paz» y que abiertamente apuesta por «encauzar la voluntad social mayoritaria de acuerdo plural, la consulta popular y la reconciliación»; y por ello percibe este año 800 euros más que el pasado, en concreto 2.814 euros. Si las bases dicen que lo importante es promover la paz, el consistorio de San Sebastián otorga 2.610,10 euros, frente a los 1.784 que le dio el año pasado a Etxerat, conocida por apoyar a los presos de ETA y contra la dispersión, cuya única finalidad es dar dinero a los encarcelados de la banda terrorista y a sus familias. También se benefician «Torturaren Aurkako Taldea», que persigue la tortura, la misma que denuncian los etarras cuando son detenidos... Para este fin, el consistorio les concede 2.406,20 euros. El año pasado no solicitaron subvención. También se incorporan al reparto «Siblia Guarso Elkartea Lauaizeta», asociación por los presos del franquismo que recibe 2.202,30 euros y «Euskal Memoria Fundazioa» que va también contra la tortura en el País Vasco y al que le otorgan 2.243 euros. Estos últimos años, éstas asociaciones no recibieron ninguna cuantía al no cumplir con los objetivos, pero desde que está Izagirre el presupuesto ha pasado de ir a las víctimas a premiar a los que apoyan a los terroristas.

Las asociaciones de víctimas como la asociación Gregorio Ordóñez recibieron el año pasado 1.800 euros para un premio, pero no se concedió ninguna ayuda más. Este año, el Ayuntamiento le otorga 2.300 euros para un archivo documental y para la hemeroteca Gregorio Ordóñez. A Covite le concede 2.487 euros.

La Generalitat intensifica las ayudas millonarias para vender el nacionalismo en el mundo
S. D. La Razón 8 Octubre 2012

Barcelona- La Fundació CATmón tiene como objetivo «el trabajo de conocimiento y reconocimiento internacional de la nación catalana». Para tal fin edita una revista, «Catalan Internacional View», que viene como anillo al dedo al presidente de la Generalitat metido en una estrategia internacional para explicar su camino hacia el estado propio.

Artur Mas, que ha conseguido llenar el Palau de la Generalitat de medios internacionales desde que se subió a la vía soberanista, ha mantenido las subvenciones a esta publicación, como demuestran los 180.000 euros que recibió el mismo día que los consejeros de Economía, Andreu Mas-Colell, y Bienestar y Familia, Josep Lluís Cleries, comparecían en el Parlament para explicar los impagos del mes de julio a los centros concertados del Tercer Sector.

Ese mismo día también se beneficiaban del departamento de Presidencia la entidad Amics de l’Escola Comte Gifré (40.500 euros) y la Associació Cultural Tots Una Sola Nació Catalana (10.800 euros). La amplia red de entidadades que, desde Cataluña, Madrid, la Comunidad Valenciana, Baleares o el sur de Francia, promueven la proyección de la cultura y la lengua catalanas no puede desaparecer con una CiU encaminada hacia el estado propio. Se han sacrificado algunas, como la destinada a Unescocat que acaba de cerrar tras perder la ayuda autonómica (176.000 euros desde 2009), pero el grueso de las entidades siguen recibiendo cuantiosas partidas.

Los presupuestos de 2012 reflejan 147.150 euros de Presidencia para la Casa de Perpiñán. La Generalitat hizo gala de estas ayudas en febrero cuando, mientras el PP le exigía recortes, anunció 1,4 millones para Òmnium Cultural. Las selecciones catalanas, el primer año de Mas, se llevaron para «actos de impacto significativo o relevancia histórica» 260.400 euros.

Eliminación del español de las aulas
Bildu, tras los pasos de la inmersión lingüística de Cataluña
www.gaceta.es 8 Octubre 2012

Eliminará todo modelo educativo que "margine" el euskera e impondrán un "modelo único y flexible que tenga el euskera como eje".

La candidata a lehendakari por EH Bildu, Laura Mintegi, se ha comprometido hoy en Andoain (Gipuzkoa) a "marginar" los modelos educativos que "sean discriminatorios con respecto a la lengua", en alusión a la enseñanza exclusivamente en español. De esta forma, el modelo que se propone no distará de la inmersión lingüística que se aplica en Cataluña, donde un alumno solo puede estudiar en la lengua oficial del Estado con orden judicial.

El programa electoral de EH Bildu apuesta por "un modelo único y flexible que tenga el euskera como eje" y en el que el español se enseñe como asignatura. En Cataluña, la única asignatura que se imparte en español es la de Lengua Española.

Mintegi ha asistido hoy al acto de inauguración del Kilometroak 2012, la fiesta de las ikastolas de Gipuzkoa, que este año servirá para recaudar fondos destinados a la escuela Aita Larramendi de Andoain.

Con motivo de esta fiesta, la candidata de EH Bildu ha tenido la oportunidad de saludar durante el acto a uno de sus oponentes, el aspirante a lehendakari del PNV, Iñigo Urkullu.

Laura Mintegi ha asistido a este evento acompañada por el cabeza de lista de EH Bildu por Gipuzkoa, Xabier Isasi, y por la responsable de Política Lingüística del equipo de gobierno de la coalición abertzale, Iratxe Ibarra.

En declaraciones a los periodistas antes de comenzar el acto, la candidata abertzale ha indicado que la "prioridad" de EH Bildu consiste en "asegurar que todos los alumnos de la comunidad vasca tengan conocimiento de la lengua" vasca.

Para ello, ha advertido de que EH Bildu, si gobierna en Euskadi, "marginará aquellos modelos que sean discriminatorios respecto a la lengua", en alusión al denominado "modelo A", que se imparte exclusivamente en castellano con el euskera como asignatura.

La intención de EH Bildu es "asegurar el uso de la lengua, no sólo su conocimiento" y trabajar para que "se respeten los derechos lingüísticos".

El objetivo establecido en el programa electoral de la coalición apunta a "formar euskaldunes plurilingües", para lo que incluye también la enseñanza temprana de un idioma extranjero.




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