AGLI Recortes de Prensa   Jueves 11 Octubre 2012

Crónica de un rescate encubierto
Gabriela Bustelo www.gaceta.es 11 Octubre 2012

Está claro que España es hoy el problema número uno de Europa.

Pese a que Nicolas Sarkozy usó el mal ejemplo de España como uno de los principales argumentos de su campaña electoral, Rajoy le hubiera preferido como inquilino del Elíseo antes que al socialista Hollande, admirador confeso de José Luis Rodríguez Zapatero, con quien el presidente español se reúne hoy en París. Pero en apenas seis meses se han producido cambios notables en el escenario europeo.

En abril, cuando Sarkozy aludía a España como paradigma del desastre económico, nuestro país no protagonizaba a diario las secciones económicas de todos los periódicos del mundo, cosa que sucede en la actualidad. Basta una ojeada a la prensa internacional para comprobar que España es hoy el problema número uno de Europa.

En la cumbre anual del FMI, celebrada este año en Tokio, el economista jefe del Fondo ha asegurado sin ambages que España debe pedir el rescate inmediatamente para evitar otra crisis de deuda. Mientras el ministro Guindos asegura que España no precisa un rescate, es casi imposible encontrar a alguien que esté de acuerdo con él.

Los Presupuestos Generales del Estado para el 2013 y la auditoría de Oliver Wyman sobre el estado de la Banca española han estado condicionados por las exigencias que la Comisión Europea impone sobre los 100.000 millones del primer tramo de ese rescate al que el Gobierno español se niega a llamar por su nombre. Tras publicarse estos datos fiables sobre el tamaño del descalabro de la economía española, Bruselas asegura que lo considera un paso fundamental para poder empezar a aplicar el programa de asistencia financiera. Esto de la ayuda es una deferencia con el Gobierno español, que ha eliminado la palabra “rescate” de su lenguaje oficial, pero todos sabemos que el salvamento económico de España por parte de la UE se inició, de hecho, con la llegada al poder de Rajoy en noviembre de 2011. El temor a que la intervención de España desencadene la caída de Italia, la tercera economía de la Zona Euro, ha convertido el caso español en la crónica de un rescate anunciado, cuyo final es conocido por todos y cuyo devenir no engaña a nadie.

Entre tanto, el Gobierno español parece haberse dejado convencer por Pedro Arriola, el sociólogo de cabecera del Partido Popular, partidario de actuar con toda parsimonia durante una legislatura con visos de interminable. Así las cosas, nuestros seis millones de parados españoles se buscan la vida mientras Rajoy acude estos días a su primera cumbre bilateral con el socialista Hollande, convertido hoy en su insólito aliado frente al reacio tridente de la triple A formado por Alemania, Holanda y Finlandia. Recordemos que estos tres países cuentan con votos suficientes en el fondo de rescate permanente (MEDE) como para bloquear cualquier decisión.

Si el Gobierno del PP pretende obtener un rescate encubierto sin aceptar las condiciones que se le imponen en cuanto al cómputo del déficit, se va a topar de frente con el veto de los países occidentales solventes.

¡Zoy españó, casi ná!
Vicente A. C. M. Periodista Digital 11 Octubre 2012

Eso es lo que deben de decir los pocos que aún no han sido lobotomizados por el nacionalismo separatista catalán. Y es que 34 años de dominio del nazionalismo secesionista ha influido de manera fundamental en la radicalización de un sentimiento anti español, permitido por razones puramente oportunistas y de coyuntura por los dos partidos mayoritarios, PSOE y PP. Unos partidos que no han dudado en la cesión y concesión de atribuciones indelegables en materias como la educación, la sanidad o la recaudación de impuestos. Unas Autonomías que han ido adquiriendo estructuras propias de Estados soberanos, que ahora es casi imposible de desmontar, pero que requieren el mayor esfuerzo presupuestario para su mantenimiento.

Ya nadie duda de que Cataluña ha llegado al final de su camino dentro de lo que llamaban "encaje" en España. Su desafío a la Constitución ha ido "in crescendo" con la pasividad cobarde, cuando no colaboración flagrante de los diferentes Gobiernos de España. Así que no es de extrañar que su casta política se sienta legitimada para plantear una rebeldía a cumplir con el mandato del Congreso de rechazar su intención de realizar un referéndum limitado a su territorio sobre la cuestión de la independencia.

Hoy mismo, un Ministro del Gobierno de España, el de Educación Sr. Wert, ha tenido la osadía de declarar púbicamente en el Congreso que su intención es "españolizar a los niños catalanes". Estas manifestaciones han sido consideradas como un tic de autoritarismo y una involución clara y explícita y de índole "preconstitucional", donde se pretende convertir a Cataluña en una simple provincia. O sea, que para estos nazis catalanes de CiU y demás, aplicar la Constitución y defender los derechos de los españoles que residen en Cataluña, es inaceptable, olvidando que eso es precisamente lo que ellos han venido realizando con los hispano parlantes durante estas décadas de absolutismo separatista.

Si a esto sumamos la campaña dirigida desde CiU por el secesionista Artur Mas, respecto a lo de "compre productos catalanes", vemos que hemos llegado al final de ese camino que dije antes. Así que solo queda una alternativa y es la de garantizar que los fondos de ayuda que se han pedido van a ser destinados para los pagos comprometidos y no para otros fines de apoyo y promoción del secesionismo. Solo faltaría que sufragáramos con nuestros impuestos y con el aumento de deuda, las aspiraciones independentistas de unos alienados dictadorzuelos que acusan a los demás de lo que ellos llevan décadas de impunidad ejerciendo.

Creo que ha llegado el momento de cortar de raíz una deriva secesionista que solo puede agravar la desesperada situación de España frente a la crisis. España no puede ni debe permitir cualquier ataque a su Unidad y mucho menos, sufragar la secesión de territorios. Más vale ponerse una vez rojo, que ciento colorado. Y si hay que recobrar competencias, deberá hacerse para defender los derechos de todos los españoles con independencia de donde residan dentro del territorio nacional. Ni Cataluña, ni El País Vasco, ni ninguna otra Comunidad Autónoma pueden ser excepciones en la defensa de estos derechos irrenunciables.

En cuanto a la campaña de Artur Mas, las empresas que allí se ubican deberán ser conscientes del rechazo que medidas así pueden tener en el resto de España y lo fácil que resultaría crear una contra campaña en la que los productos, cuya manufactura proceda o tribute en Cataluña, sean puestos en una lista negra de consumo, La locura dicen que no es contagiosa, pero yo no apostaría por ello si se fuerza una situación.

Demasiados complejos para enorgullecer a los españoles
EDITORIAL Libertad Digital 11 Octubre 2012

Bien está que el ministro de Educación, José Ignacio Wert, trate de "españolizar a los niños catalanes", si lo que pretende es garantizar de verdad su derecho a ser educados en español y acabar con el adoctrinamiento y la manipulación de la historia que perpetran los nacionalistas.

El Gobierno del señor Wert tendría más crédito en este ámbito si el PP dejara de practicar la liberticida inmersión lingüística en territorios como las Islas Baleares o si se volcara en hacer cumplir en Cataluña lo dispuesto por los tribunales.

Y es que no se puede respetar las "líneas rojas" que el presidente de la Generalidad, Artur Mas, marcó públicamente a un silente Rajoy tras su primera entrevista, el pasado 1 de febrero, y a la vez cumplir las leyes y sentencias que preservan el derecho a tener el español como lengua vehicular en la enseñanza. El ministro Wert cree, sin embargo, haber encontrado una solución de compromiso con su idea de hacer conciertos con colegios privados para que los niños catalanes o baleares puedan por fin estudiar en español.

Es evidente que la obligación del Gobierno del PP es cumplir y hacer cumplir tanto la Constitución como las sentencias de nuestros más altos tribunales, no recurrir a planes propios del Instituto Cervantes en su labor de divulgación del español fuera de nuestras fronteras.

Con todo, no podemos dejar de romper una lanza por Wert, por cuanto ha sido objeto de crítica de socialistas y nacionalistas, que lo que pretenden es, simplemente, mantener el adoctrinamiento nacionalista y la inmersión lingüística en las escuelas. Nada menos que "franquista y preconstitucional" le han llamado por defender un derecho constitucional y por tratar de que en las escuelas no se adultere la historia ni se inocule el separatismo. A este grado de disparate hemos llegado.

Entre tanto, ignoramos informes como el que acaba de emitir la Comisión Europea, en el que se denuncia la fragmentación autonómica como amenaza para las empresas en España. No es de esta forma como vamos a lograr, desde luego, que los españoles se sientan orgullosos de serlo.

El independentismo táctico de Mas
Editorial Estrella Digital 11 Octubre 2012

Hay una constante en la política de los últimos meses que conviene resaltar para no desenfocar el debate público acerca de la organización territorial del estado. Esa constante no tiene que ver con el fondo de los problemas, sino con la forma en la que estos se tratan, o mejor dicho, no se tratan.

Artur Mas ha conseguido que las movilizaciones y el rechazo social a su política económica haya dejado de ser un elemento decisivo en el juicio sobre su gestión – por no hablar de las investigaciones acerca de casos de corrupción que al parecer pueden afectar al núcleo medular de su partido- y ha colocado un imprevisto debate sobre la soberanía en el centro de su agenda política, hasta el punto de convocar unas elecciones que disipen las tinieblas del rescate que se ha visto obligado a pedir al gobierno central.

Es un uso retórico hablar de discriminación territorial en determinadas comunidades del país, así que esto no es en absoluto novedoso. Lo que sí lo es tiene que ver con las consecuencias quela cortina de humo puede provocar. Llevamos más de treinta años de Constitución y unos pocos menos de estado autonómico; en este tiempo se han hecho transferencias decisivas para hacer que las comunidades autónomas gozasen de un grado de autogobierno que sobrepasa con mucho los que se encuentran en otros países con estructuras federales. En el caso del País Vasco, el concierto – que en forma poco velada reclama ahora Cataluña con la denominación de pacto fiscal – coloca a ese territorio en los márgenes de una relación cuasi entre estados, sobre todo cuando nos encontramos en las postrimerías del llamado estado nacional como fruto de la integración europea. Ello no ha sido óbice para que en defensa de los derechos nacionales (sic) se haya matado sin contemplaciones.

El caso catalán adquiere tintes menos dramáticos, pero conlleva un esfuerzo de comprensión suplementario puesto que la última reforma estatutaria parecía – Dios mediante – haber configurado finalmente una correcta relación casi horizontal con lo que la historia ha dado en llamar el gobierno de Madrid. Tanto es así, que el actual modelo electoral consagra de forma habitual la oportunidad de que ese grupo, junto con los nacionalistas vascos, condicionen en situaciones de mayoría simple, la actividad parlamentaria o, incluso, la elección del presidente del gobierno.
La tensión de estos días tiene, quizá, más que ver con el enunciado de los problemas políticos y de gestión de un gobierno autonómico en quiebra y con una política a todas luces poco aceptada socialmente, que con la necesidad espiritual de dar el gran salto adelante en la cosytrucción de un estado independiente.

Y lo curioso de esto es que, salvo el PSOE y el PSC que se hunden sin pausa, la estrategia distorsionadora de Mas resulta útil para el resto. Entendiendo por el resto a un gobierno que debe decidir un rescate en condiciones seguramente durísimas en vísperas de dos procesos electorales simultáneos y paralelos que pueden suponer el primer golpe a la actual mayoría popular.

En un contexto presupuestario de recortes durísimos, tras subir impuestos, desde los propios del estado hasta las tasas de los ayuntamientos- un debate acerca de algo extraordinariamente ficticio, inconsistente e incluso nebuloso, permite alejar la angustia que las encuestas detectan y crear marcos de exaltación que motiven a los posibles votantes, distraigan a las familias doloridas y sirvan para que políticos de todo pelaje tengan posibilidad de hacer un discurso sin ponerse colorados en el turno de preguntas.

Esta es la constante habitual: cambiar de tema; provocar nuestro sentimiento primario de patriotismo y ocultar la realidad bajo el velo de un interés superior que se superpone a los golpes económicos, el maltrato europeo, o las pésimas previsiones de crecimiento.

Dicho esto, a nadie se le escapa que el honorable presidente ha ido, esta vez, más lejos en su campaña. Ha llegado a Nueva York, ha traspasado la frontera de lo aceptable, y en su afán de sobrevivir políticamente ha puesto en una situación crítica las expectativas internacionales de nuestro país. Nunca antes había ocurrido esto.

Por último, resulta lamentable la facilidad con la que algún ministro interpreta un papel supuestamente demoledor, cuando en realidad lo único que consigue es alimentar con cemento y ladrillos el edificio de la sinrazón nacionalista.

José Ignacio Wert
La sonrisa de la avispa Estrella Digital 11 Octubre 2012

Es una pena que el Gobierno de Mariano Rajoy ande tan preocupado con la ruina que les dejó el Olvidable ZP y su cohorte de mediocres ministros porque apenas le queda tiempo para abordar las reformas que necesita España. Muchas de ellas, por cierto, obligadas para modificar las ocurrencias del peor Jefe de Gobierno que ha tenido este país desde Manuel Godoy.

Y una de esas reformas, tal vez la principal, era la educativa ya que parte de los graves problemas que tiene España nacen de su mala política educativa.

Afortunadamente, la reforma se ha llevado a cabo y la cosa funciona. Tanto es así que aquellos ridículos personajes vestidos de verde, a que les preocupaba más la política que el magisterio, se han aburrido de protestar al darse cuenta que eran pocos y que nadie les hacía caso. Pero, en esta España de la disgregación, la reforma que en la calle ha sido recogida como un hecho afortunado, a algunos políticos les ha escandalizado y han puesto el grito en el cielo porque el ministro José Ignacio Wert haya decidido, por ejemplo, abordar el tema de la Educación en España desde su raíz y obligar a los alumnos catalanes, como alumnos españoles que son, a que sean capaces de vivir equilibradamente el orgullo de ser españoles con el orgullo de ser catalanes.

Entiendo que esos políticos enfermos de un nacionalismo catalán caduco hayan puesto el grito en el cielo porque les desmonta esa paranoia que les ha llevado a inventarse la Historia de España o a reescribirla, pero no entiendo a los socialistas. Es más, si yo fuera Rubalcaba me haría mirar esa obsesión que tienen los socialistas españoles por hacer oposición mirando siempre hacia atrás, pese a auto-denominarse progresistas, y no queriéndose dar cuenta que los españoles con menos de 40 años ya no se acuerdan de aquello que pasó entonces y, lo que es mejor, ni les interesa. Y menos, cuando les hablan de lo que sucedía en los años 60 porque eso no lo vivieron ni sus padres.

Pero hay que estar contentos con esa reforma del ministro Wert por muchas razones, aunque la haya apoyado el Presidente Rajoy sin ninguna reserva cuando, al preguntarle por la polémica, ha asegurado que, en materia educativa, lo que él quiere es que "todo el mundo se sienta orgulloso de ser a la vez catalán y español", y ha insistido en que el objetivo es una educación de mayor calidad que haga crecer la economía.

Y hay que estarlo porque, entre otras, si la reforma cabrea a los nacionalistas y a los socialistas del post Pensamiento Alicia del Olvidable, quiere decir que está en el buen camino.

Ahora, perdida la batalla de los vestidos de verde, se ha puesto en marcha una nueva iniciativa en su contra bajo un lema originalísimo. Muy propio, por cierto, de esa izquierda que añora los sesenta. El divertidísimo eslogan es 'Lo que hay que Wert'. Vamos, que a mí casi me dio algo al 'Wert' tanto talento. Y todo para echar a andar una nueva jornada de huelga el día próximo 18. Una jornada de huelga que apoya, incluso, Federico Mayor Zaragoza, ese personaje inexplicable.

Pero dará igual. Porque España necesitaba una reforma educativa y el proceso ya no tiene marcha atrás.

Rajoy, ante una disyuntiva básica
Luis del Pino La Ilustración Liberal Libertad Digital 11 Octubre 2012

Si Rajoy hubiera llegado en otras circunstancias a la Presidencia del Gobierno –si hubiera ganado las elecciones sin que el país estuviera amenazado por la más absoluta ruina–, su actuación se habría mantenido, probablemente, dentro de los límites de lo políticamente correcto: habría mejorado la gestión de las administraciones públicas; habría tratado de que la corrupción política fuera algo menos obscena y evidente; habría hecho algún gesto destinado a apaciguar a su electorado más conservador, como por ejemplo modificar la actual Ley del Aborto y la asignatura de Educación para la Ciudadanía...

En otros temas de calado verdaderamente profundo ni siquiera habría entrado, para no alterar el statu quo imperante. Habría mantenido las subvenciones a sindicatos y patronal, para continuar sosteniendo esa ficción denominada "agentes sociales", que tan sólo sirven para hacer creer a la gente que lo que les impones es con su consentimiento. Habría tendido la mano a los nacionalistas, a pesar de la mayoría absoluta, sacrificando nuevos fragmentos de soberanía para garantizar una precaria paz territorial. Habría continuado impulsando leyes que financiaran al lobby de la cultura a costa de todos los ciudadanos, para no perturbar la hegemonía ideológica de la progresía patria.

Por lo que a los asuntos más peliagudos respecta (conflictos estatutarios, violaciones de los derechos lingüísticos, negociación con ETA y atentados del 11-M), se habría escudado en la política de hechos consumados y en el "respeto a las decisiones de los tribunales" para dejar que las cosas siguieran su lento curso de destrucción de la norma constitucional. Y habría aprovechado, por supuesto, la sumisión de los poderes judicial y mediático para asegurarse de que nadie pusiera en cuestión el guión.

El problema es... que las superproducciones cuestan mucho, muchísimo dinero. Y que ya no hay fondos para seguir filmando ese delirante guión.

No hay dinero para subvencionar a los agentes sociales, no hay dinero para seguir manteniendo los diecisiete chiringuitos autonómicos, no hay dinero para que algunos se sigan enriqueciendo en nombre de la cultura, no hay dinero para mantener engrasada la rueda de la corrupción municipal... Y tampoco hay dinero para seguir contando con unos medios de comunicación sumisos, dispuestos siempre a invocar ficticias razones de Estado con el fin de justificar el calamitoso estado de la Razón.

El statu quo surgido de la Transición, y basado en una lenta y progresiva desnaturalización de la Constitución del 78, está muerto. Y se ha muerto por consunción, ante la carencia de dinero con la que seguir alimentándolo.

De modo que la legislatura de Rajoy va a estar marcada, no por la crisis económica, sino por la crisis del sistema político que la quiebra económica va a inducir. Muerto el chollo, sólo nos va a quedar el bollo.

Si el lector se fija, lo que van a quebrar son los mecanismos de supuesta mediación social. En estas últimas tres décadas, España ha desarrollado un refinado sistema de control de la sociedad civil que permite –que permitía– a la clase política actuar sin interferencias ciudadanas de ningún tipo. Los sindicatos cumplían su papel de garantes de la paz social, de que las protestas callejeras no pasaran nunca de simples escenificaciones. Y cobraban por ello. La mayoría de medios de comunicación se encargaban de silenciar lo que no interesa y de mantener una aparente pluralidad con respecto a un calendario informativo inocuo y previamente decidido. Y cobraban por ello. Los partidos nacionalistas encauzaban las tentaciones de ruptura territorial repentina, derivándolas hacia una ruptura a plazos. Y cobraban por ello. Y los múltiples sindicatos de la ceja contribuían a establecer la ideología dominante, poniendo a la cultura rostros que en realidad solo eran máscaras. Y cobraban por ello.

Gracias a eso, era en los despachos –y no en el Parlamento, ni en las urnas– donde tenía lugar la auténtica toma de decisiones.

Por eso molestan tanto, en este sistema, los que se salen del guión: los movimientos cívicos no mediatizados, los medios de comunicación no mediatizados, los partidos emergentes no mediatizados y los intelectuales no mediatizados.

Pero ahora, en ausencia del dinero necesario para seguir manteniendo ese control social, el nuevo gobierno popular va a tener, quiera o no quiera, que afrontar la crisis del sistema.

Desacreditados los sindicatos, cualquier posible protesta se canalizará en la calle al margen de ellos. Faltos de recursos los chiringuitos autonómicos, el conflicto latente se planteará con toda la crudeza: o reducción de competencias autonómicas o ruptura total y repentina del Estado. Arruinado el prestigio de los sindicatos de la ceja, la producción ideológica y cultural se verá cada vez más dominada por la explosión de internet y de las redes sociales. Condenados al cierre o a la consolidación, los medios de comunicación que no desaparezcan se verán forzados a jugar, si quieren sobrevivir, su papel originario de controladores del poder.

España va a encaminarse, lo quiera o no el nuevo gobierno, hacia una verdadera democracia, en la que la ciudadanía podrá encontrar, por fin, verdaderos cauces de participación. Y todos los conflictos larvados van a emerger y a tener que resolverse en las urnas, y no en los despachos. El Parlamento recuperará, también, su verdadero papel como foro de debate.

Rajoy se enfrenta, por tanto, a una disyuntiva básica: o trata de mantener en pie un edificio que se desmorona o se pone al frente de la brigada de demolición, para asegurarse de que el nuevo palacio que se levante sobre los escombros esté bien construido. Si enarbola la bandera de la regeneración del sistema, el proceso de transición resultante será un proceso controlado. Por el contrario, si decide apuntalar la ruina existente y fracasa, España podría adentrarse en una senda de ruptura cuya deriva no sabemos si discurriría por senderos islandeses, tunecinos o egipcios.

La actitud de Rajoy dependerá, en buena medida, de factores externos. Cuanto más aguda sea la crisis económica en Europa, más presiones tendrá para acometer reformas de calado del sistema.

Pero los factores internos desempeñarán también un papel determinante. El hecho de que en estos ocho años no se haya podido desarticular a los movimientos cívicos no mediatizados, el hecho de que no se haya podido silenciar a los medios de comunicación independientes, el hecho de que no se haya podido controlar la ciberesfera, el hecho de que no se haya podido impedir la aparición y consolidación de nuevos partidos, todo eso implica que la sociedad civil tiene en su mano contribuir al desbloqueo de la situación política y a determinar el futuro de esa Segunda Transición hacia la que nos encaminamos.

Resulta alentador comprobar que, por muy grandes que hayan sido las presiones, por muy terribles que hayan sido los pactos de silencio, por muy abyectas que hayan sido las campañas de descrédito, no ha podido cerrarse, en estos ocho años, ni uno solo de los principales frentes abiertos: ni el de las reformas estatutarias, ni el de la negociación con ETA ni el de las investigaciones del 11-M.

Aun cuando Rajoy optara por la vía suicida de pactar con los nacionalistas, las protestas contra las violaciones de los derechos constitucionales en algunas comunidades autónomas van a ir a más. Aunque Rajoy decidiera escudarse en los tribunales –y en especial en el Constitucional– para no entorpecer la hoja de ruta de negociación con ETA, decidida en no sabemos qué despachos, una parte de la ciudadanía va a seguir sin aceptar que sea la banda terrorista, al final, la que salga victoriosa. Y aunque Rajoy quisiera relegar al olvido el episodio del 11-M, los medios de comunicación independientes no vamos a dejar de sacar nueva información.

De manera que el gobierno popular se verá obligado a decidir si respalda claramente a quienes luchan por la Verdad, por la Justicia y por la Libertad... o si prefiere no incomodar a aquellos para los que esa lucha constituye una amenaza. Un alineamiento claro con los movimientos cívicos significaría la ruptura definitiva del statu quo de la Transición y el inicio de las hostilidades con todos aquellos sectores que no están dispuestos a que el carcomido edificio se desmorone. Una actitud demasiado tímida, por el contrario, trasladaría al nuevo gobierno parte del descrédito del anterior. Probablemente Rajoy opte por una actitud intermedia, que no le sitúe en primera línea del frente de batalla pero que tampoco le enfangue en lodos que no son suyos.

Lo cual quiere decir, por supuesto, en lo que a los movimientos cívicos respecta, que tienen que estar dispuestos a compensar, con presiones iguales o superiores, las presiones que Rajoy reciba desde los sectores más inmovilistas.

De todos modos, la situación es tan abierta que resulta difícil prever cómo evolucionarán las circunstancias. Lo que sí está claro es que todas las alarmas se han encendido hace tiempo en todos los despachos, y que la tarea de elaboración de planes de contingencia está en marcha. Si Rajoy fracasara a la hora de insuflar confianza en la ciudadanía con sus primeras medidas, si la crisis económica se agravara mucho más por causas exógenas o si el malestar social (el auténtico, no el mediatizado) comenzara a plasmarse en agitación callejera, podríamos ver materializarse cortafuegos políticos en los que a nadie se le habría ocurrido pensar hace solo unos meses.

En esa dirección apuntan algunas maniobras internas (pero con apoyo exterior) que intentan pergeñar un posible gobierno de emergencia nacional, con presencia de los dos principales partidos. Como también se están barajando hace ya tiempo diversas posibilidades de reforma constitucional, que dependen enteramente de cómo vaya evolucionando el equilibrio de poderes a lo largo de los dos próximos meses.

Casi todo el mundo tiene claro que el actual sistema no se sostiene. En lo que no hay acuerdo es en cuáles son las medidas terapéuticas. Y no hay acuerdo por una razón muy simple: todos los sectores de los distintos poderes del Estado –servicios de información incluidos– van a luchar con uñas y dientes para que la eventual solución respete o incremente su propia cuota de poder. Nadie va a suicidarse o a sumergirse en el limbo de la Historia por voluntad propia. Las maniobras en torno a una eventual abdicación del Rey son el mejor ejemplo de la lucha que ya se ha desatado.

Y será esa lucha por conseguir la mejor habitación posible en el nuevo palacio la que marque la actualidad política e informativa de esta legislatura. Decía Clausewitz que la guerra es la continuación de la diplomacia por otros medios. Parafraseando al prusiano, nosotros podríamos decir que la guerra de dosieres informativos es la continuación, por otros medios, de la política. Los escándalos de corrupción servirán para desactivar a potenciales rivales, al mismo tiempo que se marcan distancias entre la nueva situación y los ocho años de zapaterismo.

Lo cual nos lleva al principal de los desafíos que Rajoy va a tener que afrontar: la necesaria reforma de los servicios de información, que a lo largo de los últimos treinta años han adquirido una clara vida propia y un carácter transversal que los convierte, no en una herramienta al servicio del poder político, sino en un auténtico poder independiente. Un poder fragmentado, eso sí, en familias muchas veces enfrentadas entre sí y donde, en ocasiones, nadie sabe para quién trabaja nadie. Y un poder que se solapa de formas insospechadas con los poderes político, mediático, judicial y financiero. Pero un poder que goza en España de una tremenda fuerza, no sometida a ningún tipo de control democrático y que interviene en las luchas de dosieres con un entusiasmo a veces demasiado evidente.

Fue la renuncia a controlar los servicios de información lo que condujo al naufragio a esa estrategia de "lluvia fina" que Aznar creyó ingenuamente poder llevar a término. Está por ver que Rajoy no vuelva a tropezar en la misma piedra.

Sea como sea, lo único claro es que los españoles nos enfrentamos a una crisis brutal, que nos sitúa al borde de perecer como nación. Pero que al mismo tiempo nos da la oportunidad de implantar por fin una verdadera democracia en nuestro país, con una auténtica separación de poderes y con una efectiva participación de los ciudadanos en la gestión de la cosa pública.

Como suele decirse: ¡Dios nos libre de las épocas interesantes! Pero, dado que parece habernos tocado vivir una, aprovechemos la jugada para intentar labrarnos el mejor de los futuros posibles.

Responder como nación
Editorial La Razón 11 Octubre 2012

Pocas frases pueden expresar mejor y con más fuerza el estado de ánimo de la mayoría de los españoles ante los desplantes de los nacionalistas catalanes y vascos como la pronunciada ayer por Antonio Basagoiti en la casa de LA RAZÓN: «España tiene que responder como nación». Es decir, tiene que movilizar sus energías y defender sin titubeos el legado constitucional que desde la unidad nos ha permitido progresar y convivir en libertad. El líder del PP vasco sabe muy bien de lo que habla porque vive en primera persona la presión del soberanismo, cuyo fin último es la ruptura de España y la sustitución del sistema de convivencia que nos dimos hace treinta años.

Desde esa posición de autoridad moral que le confiere luchar y defender los valores constitucionales, Basagoiti ofrece la fórmula para colocar en su justo lugar a los nacionalistas e independentistas vascos y catalanes: respuesta unitaria de la sociedad española, reacción clara del Gobierno de España y, sobre todo, movilización de esa mayoría social que no quiere rupturas, aunque no lo exprese con los alardes propagandísticos de los separadores.

No puede ser más atinada la interpelación del político popular, pues en las elecciones del País Vasco y de Cataluña no sólo está en juego la supremacía de sus respectivos partidos nacionalistas en unos parlamentos muy plurales, sino también la continuidad misma de España como proyecto unitario, estable y sólido. De ahí que, como ayer pidió Basagoiti en LA RAZÓN, España deba «responder como nación».

Y como ejemplo práctico, nada más oportuno que la intervención del ministro Wert en el Congreso, cuya claridad y valentía ha escandalizado a los nacionalistas. El ministro de Educación aseguró que su política en Cataluña se dirigirá a «que los niños catalanes se sientan tan orgullosos de ser catalanes como de ser españoles». Elemental. Lo mismo cabe decir de los niños vascos. Ya era hora de que un miembro del Gobierno de España tuviera el coraje de denunciar la manipulación nacionalista de las escuelas para falsear la Historia común de los españoles, para adoctrinar en la secesión y para instalar un rechazo a todo lo que España es y significa.

Ya era hora de que un Gobierno de la nación saliera en defensa de los millones de ciudadanos no nacionalistas de Cataluña y el País Vasco que sufren desde hace décadas la omnipresencia del credo soberanista que sólo apoya una parte. «Responder como nación» es lo que hizo ayer el ministro de Educación desde la legitimidad constitucional porque así lo demanda la mayoría social y porque le amparan las leyes. En nada padece el autogobierno catalán o vasco con esta reivindicación de la legalidad, diga lo que diga el victimismo nacionalista porque la Ley es igual para todos. Y la Constitución es el límite.

Wert acierta con lo de “españolizar”
Pablo Sebastián www.republica.com 11 Octubre 2012

Si los nacionalistas de CiU que lideran el viaje hacia la independencia de Cataluña, el que empuja sin pudor la burguesía catalana y los poderes económicos y financieros de esa Comunidad, piensan que lo suyo era un monólogo sin contestación alguna y ante la mirada atónita del resto de España, se van a equivocar. Y buena prueba de ello está en que, agotado el tiempo del “bajo perfil” (un lamentable error de los que nos gobiernan en España y de sus adversarios nacionales de la oposición), parece que empieza el tiempo del contra ataque en el PP para poner sobre la mesa la verdad del falso victimismo y los abusos del nacionalismo catalán, y no dejar pasar ni una. Y algo parecido ya está ocurriendo en el PSOE -pillado en la crisis del PSC, y en su trampa federal- donde también se escuchan voces de dirigentes como las de Felipe González, José Bono o Joaquín Leguina.

Y lo asombroso de todo esto es que, desde su sectarismo habitual, los nacionalistas se asombran, escandalizan y se indignan cuando escuchan opiniones distintas, diversas y adversas sobre lo que ahora ocurre en Cataluña. Algo a lo que no estaban acostumbrados y que los grandes partidos y gobiernos nacionales habían evitado por aquello de lo “políticamente correcto”, por ganar tiempo y apoyos parlamentarios en Madrid, en suma haciendo dejación -durante muchos años pasados – de sus responsabilidades, incumpliendo la ley y faltando a la verdad. Así ha ocurrido con el acoso a la lengua castellana en Cataluña, pero esta vez se ha levantado la veda y también la voz el ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, y le ha secundado el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

El peligroso juego del independentismo le puede costar muy caro tanto a CiU y a Artur Mas, que lideran la estrategia de la secesión, y también al PSC-PSOE un partido hoy dividido en tres sectores -independentistas, catalanistas y españolistas- que figura en las encuestas pre electorales como el gran perdedor de los próximos comicios catalanes y con riesgo de una poderosa escisión interna. Lo ocurrido ayer en el Congreso de los Diputados, a propósito de la sensata propuesta del ministro de Educación y Cultura, Ignacio Wert, para “españolizar” la enseñanza en Cataluña da una idea de cómo discurre el debate político y cultural en torno a esta locura de la independencia catalana y pone algo de luz y claridad en las posiciones de unos y otros.

Por ejemplo, ha sido el diputado del PSC, Francesc Vallés, quien ha increpado al ministro sobre esta cuestión acusándole de volver al pasado de “la escuela nacional católica de la postguerra”. Por su parte, la consejera de Educación del gobierno de CiU y Artur Mas, Irene Rigau, y ha señalado que los dicho por Wert no solo “no es constitucional sino pre constitucional”.

Estas respuestas grotescas prueban que el ministro Wert dice la verdad y tiene toda la razón, porque tanto Vallés como Rigau han respondido con descalificaciones y falsedades cuando lo cierto es que el cerco a la enseñanza en castellano impuesto en Cataluña es, precisamente el mismo cerco que Franco en la dictadura imponía al uso y enseñanza en catalán. Además semejante atropello, ya ha denunciado por la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, es un hecho anti democrático, y una flagrante ilegalidad que viola la Constitución Española y las sentencias del Tribunal Supremo. Y hora es que se ponga punto final a todo ello.

Y esto de los Derechos Humanos, además de los constitucionales, y algo tan sencillo como el derecho familiar a educar a su hijos en la lengua materna -sea la castellana o el catalán- que además en el caso del castellano es ¡la lengua oficial del Estado español! es un comportamiento de obligado cumplimiento para los españoles y máxime para quien milita en un partido, que se dice de izquierdas como el PSC, como debe ser sagrado el principio de la solidaridad interregional. Pero todo apunta a que el diputado Vallés no parece demócrata ni de izquierdas a la vista de su intervención de ayer en el Congreso.

Además lo que ocurre en Cataluña donde se multa a quien escribe o rotula en el idioma oficial de España, el castellano, o se prohíbe la enseñanza en la lengua oficial, es algo nunca visto en el mundo salvo en esa Comunidad Autónoma española, lo que hasta ahora había sido consentido por gobiernos españoles del PP (de Aznar y de Rajoy) y del PSOE (de Zapatero), que tienen en todo ello una grave responsabilidad.

Y ya era hora que un ministro de España pusiera coto a la farsa y lo denunciara, como lo ha hecho Ignacio Wert, y vamos a ver si esta nueva política no se acaba convirtiendo en una moneda de cambio entre CiU y el PP, y la justa iniciativa de Wert no vuelve a quedar en papel mojado. Porque como bien ha dicho el ministro en esa escolarización “a la catalana” se ha manipulado la Cultura y la Historia de España y se ha fabricado el caldo de cultivo de los nuevos independentistas que ahora pretenden romper el país.

Por ello lo de “españolizar la enseñanza para que los alumnos se sientan orgullosos de ser catalanes y españoles” es una necesidad, un derecho y una obligación para cumplir la legalidad. Y además así lo piensa y lo cree la inmensa mayoría de los españoles, y así lo atestigua la legalidad y la Constitución. Y ha llegado la hora de hablar de todo esto con claridad, porque estamos en un momento crucial para la Historia y la estabilidad económica y social de este país. Y la verdad de lo que ocurre en la Cultura y la Enseñanza es esencial, como lo que pasa en el mundo de la política y también en el empresarial y el financiero catalán, cuestiones todas ellas que acabarán por salir a flote en la próxima campaña electoral.

Políticos catalanes hipócritas y traidores, "colegas" de políticos españoles cobardes y frívolos
Francisco Rubiales Periodista Digital 11 Octubre 2012

Felipe González, cuando necesitó los votos del nacionalismo catalán, perdonó las corrupciones y desmanes de Jordi Pujol, al que ayudó a eludir una condena judicial que podría haberle llevado a la cárcel, y otras corrupciones de la élite política nacionalista catalana. Aznar hizo algo parecido y hasta declaró que hablaba catalán en privado cuando necesitó los votos nacionalistas para gobernar. Zapatero llegó mucho más lejos y apadrinó un nuevo Estatuto catalán insolidario y anticonstitucional, además de pagar con dinero público los votos que necesitaba del nacionalismo para mantenerse en el poder, sin olvidar que apadrinó el gobierno tripartito, uno de los más irresponsables, despilfarradores, desleales e insolidarios de la Historia de España. Ahora, Rajoy, sin llegar tan lejos, ha coqueteado con el nacionalismo para conseguir sus votos, que no necesita porque el pueblo le ha dado mayoría absoluta, y recula ante los desmanes y abusos totalitarios y desleales de un Arturo Mas que odia a España más que al diablo y que daría años de su vida con tal de ver humillada y desmembrada la nación española.

Todos los gobiernos españoles desde la muerte de Franco ha sido cobardes, permisivos y cómplices de un nacionalismo catalán que era minoritario en 1978 y que hoy es poderoso gracias a las renuncias y traiciones del PSOE y del PP, que han convivido y amparado las peores agresiones y desmanes de un nacionalismo que ni siquiera ha sido obligado a cumplir las sentencias judiciales y a respetar la Constitución de los españoles. En algunos casos, los gobiernos nacionales del PSOE y del PP han rozado la traición a la patrio en su relación cobarde y sumisa ante el peor nacionalismo catalán, excluyente, insumiso, ajeno a la ley y enemigo jurado de España.

Reproduzco a continuación un comentario de Carlos RH, lector y colaborador de Voto en Blanco, que resume e ilustra con precisión y dureza lo que ha sido el lamentable y hasta presuntamente delictivo contubernio entre la peor político española, egoísta y antidemocrático, y el catalanismo hipócrita, corrupto y enemigo furibundo de España:

"El problema es que, tanto en Cataluña como en el País Vasco, se ha dejado hacer a los nacionalistas lo que han querido, sobre todo en materia de educación. Los programas de socialización, de inmersión lingüística y de odio a España han conseguido que toda una generación se haya adoctrinado en el nacionalismo sin ningún pudor ni verguenza. Han logrado convertir en auténticos filonazis a una gran parte de la población que ve normal que te multen por vender recuerdos Made in Spain o rotular en castellano hasta acabar con la fiesta de los toros. Todo ello ocurre porque tanto PSOE como PP son dos gobiernos miserables y acomplejados que no han sido capaces de ejercer de gobierno en esos territorios.

 El asunto es que ahora es demasiado tarde, los pocos ciudadanos catalanes que se sienten españoles sienten que no están protegidos por el gobierno de la nación y prefieren que sus hijos se sometan a las políticas de inmersión de la Generalitat, incluyendo el odio a España, antes de verse excluidos de una sociedad en vías de totalitarismo.

Dos partidos, PP y PSOE, son los culpables de lo que está pasando en España, dos partidos que siempre han sentido un gran complejo en proclamar su españolidad mientras que han dejado a los territorios proclamar su nacionalidad, tanto catalana como vasca. Ayer en mi comunidad hubo manifestaciones nacionalistas proclamando el País Valenciá lluire e independiente. A este paso, cualquier día vemos a Cuenca proclamándose Estado libre asociado, no sería de extrañar con gobiernos que sienten verguenza de proclamarse españoles. Es un daño irreparable el que han causado a España el asociar lo español a nuestro pasado histórico franquista.

Cuando los alemanes sentían la misma verguenza por su pasado nazi, hubo un filosofo y pensador alemán llamado Jurgen Habermas que inventó una teoría llamada el patriotismo constitucional que consistia en sustituir la historia por la constitución como base del patriotismo y acabar así con aquellos complejos que marcaban al pueblo alemán por su pasado nazi, eliminar la historia como factor de patriotismo por la constitución. Aquí no sólo sentimos complejo por nuestro pasado franquista, por cierto al que han pertenecido multitud de nacionalistas, sino que nuestro pasado llega hasta don Pelayo y Hernán Cortés cuya estatua apareció pintada de rojo y con la palabra "Fascista". Un pensador político de cuyo nombre no me acuerdo dijo una frase que da en el clavo en lo que respecta a España: " El problema de nuestro tiempo no es la crisis, sino la persistencia de las hordas tribales". Y España las tiene todas."

Voto en Blanco

Borbón y cuenta nueva en una España que se va de las manos
Alfredo Casquero www.elsemanaldigital.com 11 Octubre 2012

¿Esta Corona representa la unidad y la defensa de valores democráticos? Aúna a un buen número de españoles pero sus silencios y episodios de corrupción ¿aconsejan una digna retirada?

¿Sería hora de otro debate sobre sustituir cetro por voto? ¿Derecho sucesorio por sufragio universal?

Perdido el respeto a la Corona, como se lo han perdido los españoles y la prensa internacional, abandonado a su suerte el destino de la antigua nación llamada España, desacreditada la clase política por sus treinta años de privilegios y corrupciones, inmersos en una profunda crisis de identidad nacional y de valores, situados en definitiva en la gran depresión nacional al estilo del 98, pero sin los intelectuales de entonces, sin Maetzu ni Baroja ni Azorín ni Unamuno, ni ninguno de quienes desde distintas concepciones intelectuales lloraron, se dolieron y repensaron España, el panorama es negro, lúgubre el futuro e incierto y escabroso el camino. Si por intelectuales consideramos a brillantes y gigantes sectarios del mundo del espectáculo, si al interés general llamamos la suma de los intereses particulares de las distintas castas ya sean políticas, sindicales, empresariales, si el único patrimonio común, la patria, lo hemos diluido en años de cesiones y ventas a plazo, ¿qué queda por hacer?

Reinventar España, repensarla o regenerarla ha sido una constante en la palabrería huera y falsa de la clase política. Pero enfrentados a una crisis sin precedentes, pues a lo político y económico se une la crisis de la propia identidad española, de sus instituciones y de sus clases dirigentes, ¿la solución habría de pasar por una demolición de lo anterior, de todo lo anterior? ¿Es la revolución finalmente el único camino pendiente? Del caos nada nace. ¿Planteamos la cuestión nacional como se planteó en la Transición? ¿Ruptura o reforma? De la reforma gatopardesca realizada en aquella época, tan alabada, pero cuyos males padecemos hoy, ¿podría renacer España? ¿No es acaso más valiente, pero mucho más peligroso, acabar de una vez por todas con las castas instaladas en la prebenda y en el chanchullo, en el abuso y en la inmunidad? ¿Y qué se propone a cambio?

Podríamos empezar por la verdad, cuyo uso conduce siempre a la libertad. ¿La Corona, representa hoy como antaño la unidad de los españoles y la defensa de valores democráticos? ¿Ésta Corona? Y los políticos, desprestigiados y señalados como problema, ¿son capaces a estas alturas de dar respuesta y solución a los desafíos planteados? ¿Éstos políticos? La verdad nos hará libres. La Corona aúna todavía a un buen número de españoles pero sus silencios y los episodios de corrupción que la anegan ¿aconsejan más bien una digna retirada o un recambio generacional? Si después de ello no alcanza mínimamente a recuperar un prestigio perdido ¿sería hora de otro tipo de debate, más en profundidad, rupturista, encaminado a un cambio sin precedentes y destinado a sustituir cetro por voto, derecho sucesorio por sufragio universal?

¿Y la casta política? ¿Hasta cuándo esperan para fulminar tanta prebenda, tanto cargo de confianza, tanto privilegio? ¿Quién hay que pueda plantear en términos parecidos a los anteriores un cambio de "colosales proporciones?" Parecería urgente alejar de la política la solución a los políticos. Animar el debate en esferas de auténtica relevancia intelectual, no sujetos a sospechas ideológicas ni múltiples prejuicios impregnados de fanatismo libertario. Parece urgente derrumbar metafóricamente el palacio ficticio sobre el que sus señorías sustraen el diezmo, abusan del derecho de pernada sobre una sociedad mayoritariamente indolente y cabizbaja.

Habría que empezar quizá por rearmar el Estado. Ese ente diluído, fantasmagórico, y cuyas competencias han sido utilizadas en algunas regiones para dibujar un panorama falso y una inventada represión y un falaz latrocinio. Revalorizar España, sus instituciones, su pasado común y compartido.

Borbón y cuenta nueva para una España que han permitido se nos escape de las manos para justificar una Transición llamada modélica pero que enloda por los diecisiete costados, encharca de norte a sur y apaga, hunde e inmola la esperanza de quienes creemos no ver todo perdido.

El trabajo del ministro Wert
Juan Milián La Razón 11 Octubre 2012

Un ministro de Educación no puede permanecer impasible cuando en una comunidad autónoma se pone la Educación al servicio de una política desintegradora y no al servicio del bien común, que no es otro que los alumnos tengan el mayor número de instrumentos posibles para formarse y para prepararse ante un mundo cada vez más globalizado. Así pues, no tiene lógica que en la escuela pública catalana el español tenga un rango similar al de una lengua extranjera, cuando éste no sólo forma parte de lo que somos, sino que es el idioma que nos permite comunicarnos con 500 millones de personas en todo el mundo. De hecho, es tan importante que muchos políticos nacionalistas, que quieren lo mejor para sus hijos y tienen recursos para hacerlo, llevan a sus hijos a colegios privados donde el español es una de las lenguas vehiculares. Por esta razón, el PP catalán defiende una Educación pública de calidad y trilingüe, en catalán, castellano e inglés.

Por otra parte, uno de los principios fundamentales de una educación liberal y democrática es la de garantizar la igualdad de oportunidades entre todos los españoles. Aquí chocamos con los que defienden un empobrecimiento cultural de los catalanes en aras de una mayor diferenciación entre Cataluña y el resto de España. Chocamos con el nacionalismo excluyente, que miente al decir que en la Cataluña separada el español estaría al mismo nivel de oficialidad que el catalán, a la vez que se opone a ello en la actual Administración o escuela. Romper con la tiranía del status quo no es fácil.

Pero es la obligación legal y moral de un ministro de Educación defender un mínimo común denominador en la educación de todo español. Es su obligación defender el derecho de los catalanes a conocer la Historia de España, que es en gran medida la de Cataluña. El nacionalismo catalán se ha fundamentado en ocultar todo lo que tenemos en común con el resto de España y maximiza hasta el esperpento lo que nos pueda diferenciar, reescribiendo la Historia. Sin embargo, aquí se trata de dejar la mejor herencia a las futuras generaciones: ¿La comodidad mental de un pensamiento único separatista o una riqueza cultural y lingüística? Wert lo tiene claro, la segunda opción.

España es, en si misma y en esencia, facha.
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 11 Octubre 2012

Conclusión final del nacionalismo, con el vergonzante apoyo y complejo de la izquierda: ser y decirse español en España es ser franquista. Facha, vamos.

La Formación del Espíritu Nacional es lo que han adoctrinado durante estos 30 años a la sociedad y a los niños catalanes. Acusan de lo que practican. Se hacen las víctimas cuando ellos son los agresores. ¿A que se multa y margina? A la lengua común . Y ahora se lapida a un ministro que ha osado decir, con prudencia, que estima la necesidad de que se sientan tan orgullos de ser tan españoles como catalanes, como explicación de su expresión de "españolizar". Lean sus palabras al completo ante de ponerse a lanzar insultos y acusar de franquismo sobrevenido a Wert.

El PSOE alineándose de la manera que lo ha hecho con los separatistas, al presentar una reprobación contra el ministro, da un paso más en contra de si mismo y se separa todavía más de los sentimiento y pensamiento de muchos españoles de izquierdas que no se sienten “fascistas” por sentirse españoles como parece pasarles a ciertos dirigentes para quienes el solo pronunciar “España” les produce urticaria bucal y la han rebautizado, compañeras y compañeros, como “Estepais”.

Juan Milián
Diputado del PP en el Parlamento de Cataluña

Nuestro derecho a decidir
Fernado García de Cortázar La Razón 11 Octubre 2012

Nuestra irritación debería ser comprensible por quienes se consideran agredidos en ese «derecho a decidir» que parece habérseles hurtado durante más de treinta años de democracia, incluyendo entre los usurpadores a quienes ahora gritan: «Al ladrón, al ladrón», tras haber disfrutado de una cómoda residencia en la Plaza de Sant Jaume nada menos que en nueve mandatos realizados de acuerdo con la Constitución española y el Estatuto de Autonomía que de ella deriva. Nuestro enfado, como españoles, con los que quieren quebrar ahora nuestra nación también procede de haber visto vulnerada nuestra soberanía y nuestro propio derecho a decidir. Desde junio de 1977, millones de catalanes han participado en la elección de las Cortes y, por tanto, del Gobierno de España. Lo han hecho en once ocasiones. En todas ellas, los millones de votos emitidos en Cataluña, como parte de ese pueblo español del que emanan todos los poderes del Estado, han sido decisivos para formar mayorías parlamentarias.

Los españoles, como no podía ser de otro modo, han sido gobernados de acuerdo con lo que se expresaba en las cuatro provincias catalanas, y basta con contar los votos de cada fuerza política para saber que esa participación ha inclinado la balanza en uno u otro sentido casi siempre. Sin ir más lejos, José Luis Rodríguez Zapatero se enorgullecía al indicar que, sin el voto catalán, nunca habría llegado a presidente y sin los apoyos de CiU en 2010 no se hubiera iniciado en toda España la política de recortes. A los recién nacidos independentistas, a los catalanes que solicitan la devolución de su soberanía tras haber usado la nuestra, también podríamos solicitarles que nos devuelvan esa parte de la historia que no hemos podido vivir con plenitud, porque quienes no se consideran ahora nuestros conciudadanos, quienes esgrimen el escándalo de una perpetua ocupación exterior, hicieron uso del más importante de nuestros derechos indicándonos siempre que lo hacían por considerarse una parte de nuestra nación.

Fernado García de Cortázar
Director de la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad

Monti le enseña el camino a Rajoy
Editorial www.gaceta.es 11 Octubre 2012

Aunque el mercado lleve ya varios meses concentrado en los problemas de España, nuestros vecinos italianos atraviesan una severa crisis de deuda pública muy similar a la nuestra. El Estado italiano, como el español, gasta mucho más de lo que ingresa. Durante el primer trimestre de este año el déficit público alcanzó el 8%, seis puntos por encima de lo que el Gobierno de Monti espera para todo el año.

Los ajustes que el Ejecutivo de Monti aplicó en diciembre de 2011 no han tenido, por ahora, el efecto deseado. La razón es que no atacaron el problema principal, que no es otro que la insostenibilidad misma de un aparato estatal tan disparatadamente grande como el italiano. En 2011, la Administración Pública transalpina gastó 62.000 millones de euros más de los que ingresó, una cantidad que pasó a engrosar una deuda elefantiásica que supera ya el 120% del PIB, y que ahora –en los Presupestos para 2013– Monti espera reducir mediante la recuperación de las competencias de las regiones.

En Italia, como en España, hacen falta reformas en profundidad del modelo de Estado y no rejonazos fiscales acompañados de recortes cosméticos que no inciden sobre el corazón del problema. Mario Monti, arquetipo del tecnócrata elevado al poder por Bruselas, parece que empieza a entenderlo. Ha roto con la tendencia de subir impuestos aplicando una ligera pero significativa baja del IRPF en las rentas bajas y medias. En España Rajoy ha hecho exactamente lo contrario, penalizando de este modo el trabajo y obteniendo como resultado un descenso de ingresos en concepto de IRPF tal y como ya se le había advertido.

La otra medida de Monti es más discutible. La subida del IVA, de sólo un punto, coloca a este impuesto entre los más altos de la UE: un 22% para el general y un 11% para el reducido. Ni Italia ni España saldrán nunca de la crisis subiendo impuestos, una medida cuyo único fin es apuntalar un modelo de Estado inviable que imposibilita la creación de riqueza.

Secesionismo y partitocracia
José Luis González Quirós El Confidencial 11 Octubre 2012

No es sensato desestimar la historia catalana, la realidad de Cataluña, de manera que lo razonable es que esa diversidad encuentre una articulación generosa en la democracia española. Eso se hizo desde 1977, cuando se encontró una articulación que, no sin reticencias, dio lugar al Estatuto de Sau. Nuestra democracia ha intentado ser comprensiva para facilitar la integración de las fuerzas políticas catalanistas en el esquema del poder político español. Nadie puede negar que esa solución ha sido generosa y abierta, pero tampoco se puede ignorar que, a fecha de hoy, ha conducido a un fracaso indisimulable.

La cuestión más difícil con la que nos enfrentamos, mucho más complicada que la crisis económica, es, precisamente, la de cómo se reconduce un proyecto que ahora ha encallado tras dos gravísimos errores: la chapuza disparatada de Zapatero al intentar un mapa político que marginase para siempre a la derecha; y, segundo, la cobarde huida hacia delante en la que se ha embarcado Mas que, tras haber probado la hiel del fracaso más absoluto, ha decidido envolverse en la bandera del independentismo, conforme al conocido dictamen del Dr. Johnson acerca de los hábitos simulatorios de los grandes bribones. Al actuar con tamaña irresponsabilidad, Mas ha convertido un conflicto pacientemente llevadero (conllevar fue el consejo de don José Ortega en las cortes republicanas) en un nudo gordiano, en algo que podría requerir el auxilio traumático de las espadas, aunque no necesariamente militares, por supuesto.

El desafío que se nos plantea es de tal gravedad que no queda otro remedio que volver al principio, que rehacer desde abajo, el edificio de la democracia y la Constitución, porque el existente ya ha sido tan notoriamente violentado que cualquier cosa es concebibleMuchos españoles se asombran de que pueda ocurrir tal cosa, pero es porque ignoran hasta qué punto nuestro actual sistema de partidos ha conducido a una desvinculación suicida entre políticos y sociedad. Nadie le pedía a Zapatero que se excediese en la oferta de autonomía a demandantes potencialmente insaciables, salvo un erróneo instinto de supervivencia del PSOE. Y, aunque invocar el argumento de que ahora deberían ser otras las prioridades sea una liviandad imperdonable en un estadista, una apuesta por el disimulo que, además de ridícula, puede ser deletérea, ningún catalán fuera de la órbita intoxicada de los que viven del victimismo nacionalista reclamaba hace solo unas semanas esa confusa amalgama de sentimientos, acciones y deseos secesionistas, lo que ahora pretenden presentar como una avalancha imparable, aunque el mal haya crecido: una sociedad tan anestesiada como la catalana obedece admirablemente a las voces de mando, vengan de donde vengan, por cierto.

El desafío que se nos plantea es de tal gravedad que no queda otro remedio que volver al principio, que rehacer desde abajo el edificio de la democracia y la Constitución, porque el existente ya ha sido tan notoriamente violentado que cualquier cosa es concebible, hasta que la flota surta en Cartagena vuelva a salir para bombardear Alicante, como en el patético episodio que retrató magistralmente Galdós.

No se trata, pues, de la cuestión catalana. A lo que asistimos es a la agonía de un modelo político que ha fracasado porque no ha sabido contener un efecto que nadie, o casi nadie, preveía: el divorcio radical entre las fuerzas políticas y las necesidades, ideas y deseos de la sociedad española, el secuestro de la democracia, del poder legítimo en manos del pueblo, por especialistas en la supervivencia, por políticos de escasos escrúpulos, por gentes dispuestas a lo que sea, tanto a gobernar con criterios contrarios a los que les han dado legitimidad como a atentar contra los principios de la soberanía nacional en la que, en último término, se ha fundado su legitimidad y su acceso al poder formalmente constituido.

Hay que reconstituir la democracia y la Constitución y buscar una fórmula en la que quepamos de nuevo todos, sin problemas, porque los españoles no debemos querer a nadie a la fuerza en nuestra compañía, pero menos aún debemos consentir que se nos arrebate arteramente un trozo entrañable de la España entera que hemos recibido y que queremos mantener. No debería haber ningún problema para que se pueda consultar la voluntad de los catalanes sobre una eventual secesión, si esa pregunta se hace tras una reforma de la Constitución en que quepa hacerlo, y se hace con las debidas garantías, no con las groseras deformaciones y mentiras que dejan a Goebbels convertido en un tímido publicitario. Una avenida y un estadio sirven para lo que sirven, pero la voluntad democrática hay que constatarla con garantías, con limpieza y con respeto, conforme a una ley que establezca con claridad qué tiene que pasar para que Cataluña, o la Bureba, porque la ley debe ser igual para todos, se independice, o para que se pueda acabar de una buena vez con ese cuento con el que los familiares, hijos y famuli, de Pujol pretenden hacerse un sostén para toda la vida, a base de insultos pagados y ditirambos nada sospechosos. Es nuestra democracia, y nuestra libertad, la de todos, lo que está en juego.

Cataluña
“¿Que la palabra [españolizar] puede ser utilizada como arma arrojadiza? Cualquier palabra puede ser utilizada como arma arrojadiza. Pero digo más, también puede ser utilizado como arma arrojadiza el silencio y la falta de discurso”
Redacción www.vozbn.com 11 Octubre 2012

José Ignacio Wert, ministro de Educación, Cultura y Deporte, en declaraciones al programa La Brújula de Onda Cero, este miércoles, tras una intervención en el Congreso planteando que quiere “españolizar” a los alumnos españoles de Cataluña:

“No me arrepiento en absoluto [de la frase pronunciada en el Congreso]. Lo que sí me gustaría es ponerla en contexto porque parece mentira que una afirmación, en fin, se puede no estar de acuerdo, pero que es de mero sentido común se haya convertido, no ya en trending topic, sino que parece ser en la chispa del incendio nacional. [...] Irene Rigau [consejera de Educación de la Generalidad] dice que yo quiere españolizar y lo utiliza como una actitud nefasta para los estudiantes de Cataluña, y yo, lo que le digo al señor Vallès [congresista del PSC que le hace la pregunta a Wert en el Congreso] es que, efectivamente, quiero españolizar e inmediatamente aclaro: quiere decir que un estudiante en Cataluña pueda vivir armónicamente su sentimiento de identidad catalana con su sentimiento de identidad española, que se sienta tan orgulloso de ser catalán como orgulloso de ser español.

Y esto lo digo en un contexto en el que explico que el [autonómico] decreto de desarrollo de Bachillerato en Cataluña, por cierto, aprobado por el tripartito con un consejero del PSC, sustituye una asignatura que es contenido común y mínimo que se llama Historia de España por una asignatura que, misteriosamente, pasa a llamarse solamente Historia y en la que hay muchas más referencias a acontecimientos históricos de Cataluña que a acontecimientos históricos de España. [...]

Si hay una familia quiere escolarizar a sus hijos con el castellano como lengua vehicular tienen todo el derecho de que sea así, y me da igual que sea uno, diez, 100 ó 10.000. Es una cuestión de libertades y no de números. Pero, volviendo al asunto, si un niño catalán no tiene más referencia histórica que la de 1714 me parece mal, y prefiero que tenga junto a esa la referencia de 1812, también la referencia de 1931 y, sobre todo, una referencia: la de 1978. La del año en el que todos los españoles, incluidos todos los catalanes, que son españoles, nos damos una Constitución de concordia, democrática, que reconoce profundamente el pluralismo y las identidades regionales y una Constitución con la que hemos vivido muy confortablemente por fin en una casa de todos. [...] No es justo que a los niños catalanes se les hurte una rica historia común y compartida que Cataluña tiene como una de las Comunidades más importantes de España. [...]

Me resulta inconcebible que alguien en Francia, en este momento, estuviera discutiendo porque un ministro haya dicho que su interés es que los estudiantes franceses sientan el orgullo de ser franceses. Me resulta absolutamente inconcebible. No puedo imaginar que en Francia esto fuera objeto de una discusión pública. Y es de lo que estamos discutiendo. [...] Lo que yo he dicho es que, como representante del Gobierno, estoy interesado en que los niños catalanes compartan su identidad catalana y su orgullo de ser catalanes con su orgullo de ser españoles.

Si esto le escandaliza a alguien y, sobre todo, si esto a alguien le lleva a pensar en el pasado de un régimen que desapareció hace 37 años es que, ese alguien [en referencia a la consejera Rigau], tiene un problema de categorías mentales, conduce solo con el retrovisor, un problema de que no sabe mirar al futuro. [...] No he recibido ninguna llamada [de Alicia Sánchez-Camacho, líder del PP catalán], ni he podido recibirla porque he estado ocupado en las responsabilidades que, como ministro, tengo encomendadas. [...] [A propósito de una viñeta de 1937 publicada por La Vanguardia y un artículo del director de El Periódico] Justamente, es lo que le acabo de señalar, aquí hay mucha gente que parece que no tiene más referencias mentales que las del retrovisor. ¿Cómo se puede hablar de estalinismo de derechas? ¿Sabe algo de la historia de la Unión Soviética? La URSS se forma a partir de la revolución bolchevique de 1917 incorporando a la fuerza unos determinados países.

La historia de España y la historia de Cataluña es una historia común desde los Reyes Católicos y la unificación de las coronas de Castilla y de Aragón. Es una historia común apenas sin fisuras. Y la historia de Cataluña es una historia importante de la historia de España. Asimilar esto al franquismo es realmente tener una miopía histórica que resulta muy llamativa. Vuelvo a lo de antes: ¿quién se escandalizaría en EEUU, en Francia o en Alemania de que un ministro, por ejemplo, dijera que el sistema educativo quiere hacer que los niños alemanes se sientan orgullosos de ser alemanes? Sinceramente, soy incapaz de imaginármelo. [...]

Uno de los objetivos de la Escuela Republicana [de Francia] es que los niños sientan orgullo de su nacionalidad francesa, si a esto lo llamamos afrancesar es exactamente lo que he explicado [para España]. Es una cuestión estrictamente de detalle terminológico. Pero el sentido profundo está clarísimo: que los niños catalanes, como los niños extremeños, como los niños de Castilla-La Mancha, como los niños de Castilla y León… conozcan una historia común sin perjuicio, naturalmente, de conocer con todo el detalle que sea posible la historia de su Comunidad. Si esto le escandaliza a alguien, o le suena a franquismo, sinceramente, no entiende nada. [...]

Me pregunto si la consecuencia de este estado de opinión que supone, en la práctica, dejar el monopolio del discurso a los que sostienen argumentos nacionalistas conduce a algo; es decir, el hecho de tener que permanecer en silencio ante esos argumentos [de los partidos nacionalistas] o, más bien, de vez en cuando vale la pena remover las aguas y señalar que eso que parece el discurso único, el único relato que existe sobre la situación, no se le puede contraponer otro discurso que, por cierto, tiene también un apoyo muy amplio entre la población catalana.

Porque no estoy hablando de una identidad española excluyente, todo lo contrario, lo que estoy hablando es de un sentido de pertenencia incluyente, de una vivencia equilibrada de la identidad catalana y española. ¿Que la palabra [españolizar] puede ser utilizada como arma arrojadiza? Cualquier palabra puede ser utilizada como arma arrojadiza. Pero digo más, también puede ser utilizado como arma arrojadiza el silencio y la falta de discurso. [...] ¿Un ministro lo que debe hacer es dejar el monopolio del discurso a los nacionalistas? [...] ¿No creen que hay mucha gente en Cataluña que en el fondo piensan que la historia de España no se está explicando de una forma equilibrada con respecto a como se enseña la historia de Cataluña?


******************* Sección "bilingüe" ***********************

La manifestación de la libertad
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 11 Octubre 2012

Quizá no esté todo perdido y la Fiesta Nacional de 2012 sea el arranque de un tiempo nuevo que deje atrás la pesadilla oscura que parece a punto de imponerse

El pasado 11 de septiembre, medio millón de residentes en Cataluña salieron a la calle para gritar enfebrecidos que no querían ser ciudadanos. Sus consignas irracionales, su odio a un enemigo imaginario que demuestra su maldad dándoles crédito para salvarles de la quiebra, su obsesión patológica por romper lazos de afecto e intercambio consolidados por los siglos, su aceptación acritica de expolios inexistentes y de futuros radiantes que nunca llegaran y su rechazo del pluralismo interno de la sociedad en la que viven, les convirtió en seres sometidos a una abstracción totalitaria despojándoles de su individualidad.

Esta apoteosis de la uniformidad tribal fue reiterada en el espectáculo de reminiscencias centroeuropeas de los años treinta con el que el Nou Camp se degradó de estadio deportivo a siniestro templo del culto a la identidad excluyente. Frente a tal arrolladora exhibición de rencor y de instintos autodestructivos, se ha dicho que existe una mayoría silenciosa que no participa de tales excesos y que garantiza que una parte tan esencial de España no consumará el disparate de la separación.

Sin embargo, nunca el silencio de los corderos o su tenue balido les ha salvado del depredador insaciable. Por eso la celebración de un gran acto cívico en la plaza de Cataluña el 12 de octubre a favor de la libertad, la razón y el respeto a la Constitución y a la ley es una magnifica noticia y un signo esperanzador.

Si a pesar del inmenso poder que de manera suicida hemos ido poniendo en manos de los que pugnan por destruir nuestra unidad, un numero respetable de catalanes se reúne en el centro de Barcelona para rebelarse contra el pensamiento único y sus delirios y exigir su derecho a seguir siendo españoles, quizá no esté todo perdido y la Fiesta Nacional de 2012 sea el arranque de un tiempo nuevo que deje atrás la pesadilla oscura que parece a punto de imponerse.

Un 12O en positivo
Editorial www.vozbcn.com 11 Octubre 2012

Mañana celebramos la Fiesta Nacional de España, un 12 de octubre muy especial derivado de las tensiones secesionistas que, en Cataluña, tuvieron su punto culminante el pasado 11 de septiembre en la multitudinaria manifestación de la Diada Nacional de Cataluña, celebrada en Barcelona (600.000 personas según los datos objetivos –aún me estoy preguntando quien fue el responsable último del recuento inverosímil que realizó la Guardia Urbana o del penoso por interesado de sus propios organizadores-).

Como bien dice la excelente sentencia del Tribunal Constitucional 31/2010, de 28 de junio (fundamento jurídico 12, página 468), ‘en el contexto del Estado democrático instaurado por la Constitución, es obvio que, como tenemos reiterado, caben cuantas ideas quieran defenderse sin recurrir a la infracción de los procedimientos instaurados por el ordenamiento para la formación de la voluntad general expresadas en las leyes […]. Y cabe, en particular, la defensa de concepciones ideológicas que, basadas en un determinado entendimiento de la realidad social, cultural y política, pretendan para una determinada colectividad la condición de comunidad nacional, incluso como principio desde el que procurar la conformación de una voluntad constitucionalmente legitimada para, mediando la oportuna e inexcusable reforma de la Constitución, traducir ese entendimiento en una realidad jurídica. En tanto, sin embargo, ello no ocurra, las normas del ordenamiento no pueden desconocer ni inducir al equívoco en punto a la ‘indisoluble unidad de la Nación española’ proclamada en el artículo 2 de la Constitución Española, pues en ningún caso pueden reclamar para sí otra legitimidad que la que resulta de la Constitución proclamada por la voluntad de esa nación, ni pueden tampoco, al amparo de una polisemia por completo irrelevante en el contexto jurídico-constitucional que para este Tribunal es el único que debe atender, referir el término ‘nación’ a otro sujeto que no sea el pueblo titular de la soberanía’.

Es decir, y en lo que ahora nos interesa, los anhelos secesionistas cabe traducirlos en una realidad jurídica ‘mediando la oportuna e inexcusable reforma de la Constitución’; mientras ello no ocurra, la soberanía reside en el pueblo español. Nada más, ni nada menos. Así que, la festividad de la nación política, constitucionalmente reconocida, es la de mañana. Desde este punto de vista, no tiene sentido que Artur Mas (CiU) exprese que no asistirá el 12O a Madrid porque ya celebró su fiesta nacional el 11S; además, como máximo representante del Estado en Cataluña, debería participar activamente en la fiesta que se celebra, al menos, en Barcelona. ¿Hará dejación de una de las funciones que prometió realizar al acceder el cargo cumpliendo y haciendo cumplir la Constitución y las leyes? Como nacionalista catalán, debería recordar que el 12 de octubre, Día de la Hispanidad, tiene un origen que se remonta a la época del colonialismo, en la que las instituciones catalanas desarrollaron estrategias para incrementar su influencia en las cuestiones coloniales.

Así, Barcelona fue la ciudad que puso más empeño en la celebración del IV Centenario del Descubrimiento de América en ese periodo histórico y después acogió un congreso mercantil, en el que los catalanes intentaron convencer a todos los comerciantes españoles de sus estrategias respecto de América. A partir de ahí, la burguesía catalana trató de reorientar las relaciones con las viejas colonias y veía en las comerciales con América la posibilidad de regenerar la sociedad española.

Por ello, fundó en 1911 la Casa de América en Barcelona (actualmente Casa Amèrica de Catalunya), desde la que se organizaron contactos, actos y congresos para estrechar las relaciones con América, y fue el 12 de octubre de ese año cuando se celebró en España la fiesta de la Hispanidad.

En fin, mañana los ciudadanos de toda España estamos de fiesta; nuestra fiesta oficial. En Barcelona a las 12:00 horas, en la plaza Cataluña, estaremos todos los que creemos que la realidad jurídica que nos ampara es la buena y no necesitamos recortarla. Entiendo las prevenciones de algunos y los tacticismos de otros, pero, no los comparto porque estoy seguro de que el 12 de octubre del 12 marcará un antes y un después para esta celebración en Barcelona y el resto de Cataluña. En positivo.


critica la educación en Cataluña
Wert dice que el objetivo del Gobierno es “españolizar a los alumnos catalanes”
Mariano Rajoy dice, desde París, que quiere que todo el mundo "se sienta orgulloso de ser español y catalán" y apela a la difícil coyuntura económica
Wert dice que el objetivo del Gobierno es “españolizar a los alumnos catalanes”
AGENCIAS | MADRID www.república.com 11 Octubre 2012

El ministro de Educación, José Ignacio Wert, ha admitido este miércoles en el Congreso que el propósito de su Gobierno es “españolizar a los alumnos españoles”. La declaración ha provocado otra explosión de autoafirmación independentista personificada en la consejera de Educación de la Generalitat catalana, Irene Rigau, que ha calificado la actitud del ministro de “preconstitucional” y que ha visto en sus palabras la demostración del ‘afán recentralizador’ del Estado respecto a Cataluña. El incendio ha sido de tal magnitud que se ha interpelado al respecto al presidente del Gobierno, de visita en París. Rajoy quiere que “todo el mundo se sienta orgulloso de ser español y catalán”, declaración con la que regresa a los cuarteles de la imprecisión tras la andanada del lunes, cuando dijo que no consentiría separaciones “de ninguna de las maneras”. Y es que, según una encuesta del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO) de la Generalitat , cocinada ‘ad hoc’, el 74,1% de los ciudadanos son partidarios de un referendo para decidir si Catalunya debe ser "un nuevo Estado de Europa" mientras que solo un 20% está en contra. La Generalitat sigue, paso a paso, avanzando hacia su objetivo que es el referéndum de autodeterminación sin que nada ni nadie detenga la espiral soberanista.

El ministro Wert contestaba a una pregunta del diputado socialista Francesc Vallès sobre si la ecuación independentismo=educación, que él estableció hace días al decir que el sistema educativo catalán alimentaba el sentimiento independentista, había sido “un desliz” o si de verdad responde a una creencia personal, a lo que Wert ha respondido que, a su juicio, “la deriva que ha tomado parte del sistema educativo en Cataluña facilita que se produzca un ocultamiento o una minimización de los elementos comunes, particularmente los históricos, que configuran la historia de Cataluña dentro de España”.

Para el diputado socialista, este planteamiento recuerda a la idea de “la escuela nacional católica del sistema educativo de la posguerra basado en el dogmatismo, la imposición de la autoridad mediante la disciplina y la adquisición de conocimientos por memorización, sin permitir la más mínima posibilidad de cuestionamiento ni crítica”. Según ha asegurado, en Cataluña “no se adoctrina”, sino que “se forma y se educa”, por lo que ha pedido al ministro que rectifique “por respeto a la dignidad y esfuerzo de miles de maestros que han contribuido a crear una escuela pública de calidad que ahora se ve amenazada con los recortes”. Vallès cree que la política del Ministerio de Educación busca “dividir entre catalanes y españoles, entre independentistas y no independentistas, entre buenos y malos”, de modo que le ha pedido que “modernice su discurso y actúe con sentido de responsabilidad si no quiere pasar a la historia como ‘Wert, el segregador’”.

“El modelo educativo de Cataluña es un modelo de convivencia y de cohesión social y debería tener muy presente que sus declaraciones rompen esa convivencia y que con sus recortes va a dejar a una generación sin futuro y les va a condenar a la ignorancia. No les condene también a la confrontación”, ha remarcado.

Cuestión de libertades o recentralización y anticonstitucionalismo
En su réplica, el ministro ha pedido al diputado que no le intente “convencer de las ventajas del catalán” porque ya está “convencido de ello”, si bien ha puesto de manifiesto que su intención es “hacer efectivo” el derecho de que “aquellas familias que quieran que sus hijos se escolaricen en castellano tengan todo el derecho de hacerlo”. “Es una cuestión de libertades y al Gobierno le corresponde hacer efectivo ese derecho”, ha añadido. Asimismo, ha reiterado que el sistema educativo catalán ha realizado cambios como sustituir el nombre de ‘Historia de España’ en segundo de Bachillerato por el de ‘Historia’ a secas, dándole a la primera “menor rango”. Así pues, ha insistido en que el “interés” del departamento que dirige es “españolizar a los alumnos catalanes y que se sientan tan orgullosos de ser españoles como de ser catalanes” con el objetivo de que puedan “tener una vivencia equilibrada de esas dos identidades”.

Las reacciones no se han hecho esperar. La consejera de Educación de la Generalitat de Cataluña, Irene Rigau, ha calificado la actitud del ministro de “preconstitucional” y ha visto confirmada, a través de sus palabras, la sospecha del ‘afán recentralizador del Estado español’.

El secretario general de CiU y portavoz de los nacionalistas en el Congreso, Josep Antoni Duran, ha subrayado que es el ministro de Educación quien alimenta la independencia de Catalunya. Duran ha utilizado su cuenta de Twitter para alertar del riesgo de exclusión social en Catalunya, “superior a la media del Estado o la UE” y ha puntualizado que por ello el presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha solicitado el pacto fiscal, motivando su rechazo el adelanto electoral en Catalunya.

El líder y candidato del PSC a la Presidencia de la Generalitat, Pere Navarro, ha calificado de “barbaridad” las declaraciones del ministro de Educación y ha opinado que demuestran que el PP quiere un España “uniforme, homogénea y recentralizada” que nada tiene que ver con el proyecto de los socialistas catalanes. “No entienden nada de lo que tiene que ser este país ahora y en el futuro”, ha sentenciado el primer secretario del PSC.

El secretario general del grupo socialista en el Congreso, Eduardo Madina, ha echado mano de la ironía y ha afirmado que los dirigentes del PP “critican a otros nacionalistas” aunque ellos “son el mismo producto en diferente envase”. La diputada del PSC y exministra de Defensa, Carme Chacón, ha escrito en Twitter: ”Es urgente reponer Educación para la Ciudadanía para ministros”. “¡Lo que hay que Wert!”.

Para ERC, el Gobierno está tratando de construir una nación “con calzador” y ha recordado que las polémicas declaraciones llegan en vísperas del Día de la Hispanidad “de infausta memoria para los ‘descubiertos’ evangelizados y adoctrinados de América”, según la portavoz de Esquerra en el Parlament, Anna Simó. También el coordinador general de IU, Cayo Lara, ha entrado en el debate y se ha preguntado por qué Wert no trabaja para mejorar la educación de “todos los ciudadanos” que es para lo que “se supone que está”.

Sí ha respaldado lo dicho por el ministro de Educación el PP, que entiende que lo que Wert quiere es que “primen unas enseñanzas comunes” para todos los estudiantes españoles. Según la secretaria de Educación e Igualdad del partido, Sandra Moneo, con independencia de la expresión empleada, lo que ha querido Wert es mostrar un planteamiento que siempre han defendido el PP y el Gobierno: la “convivencia” entre esas enseñanzas comunes y las propias de cada comunidad.

Por su parte, Ciutadans (C’s) ha invitado al ministro de Educación a hacer cumplir la sentencias que establecen que el castellano sea también lengua vehicular en las escuelas catalanas.
Hasta el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha terciado en la polémica desde París, donde se ha reunido con el presidente francés, François Hollande. Según Rajoy, el Gobierno está trabajando para que los estudiantes reciban una educación de “más calidad”. “Cuanto mejor sea la formación de nuestros jóvenes, más posibilidades tendrán de encontrar puestos de trabajo, y la economía española crecerá más”, ha añadido. Asimismo, el presidente del Gobierno ha abogado, aunque sin mencionarlo, por dejar a un lado las reclamaciones soberanistas catalanas: “España pasa por una situación económica difícil (…). A mí me gustaría que trabajásemos todos juntos, colaborar, cooperar y no crear más problemas de los estrictamente necesarios”. Aprovechando su viaje a Francia, Rajoy ha aplicado disciplinadamente la máxima ‘laissez faire, laissez passer’, a la que suele entregarse con entusiasmo.

José Ignacio Wert tendrá que responder en el Parlamento a sus palabras de hoy, porque el senador de CiU Joan Bagué ya ha anunciado que su grupo le pedirá explicaciones en el próximo pleno de la Cámara alta para que “responda de los disparates que ha llegado a decir”.

Wert matiza sus declaraciones
De la 'españolización' a la 'doble identidad' de los alumnos catalanes
EF GACETA.ES  11 Octubre 2012

Muestra su desconcierto por las críticas, hechas "mirando al pasado y no al futuro".

El ministro de Educación, José Ignacio Wert, se ha mostrado sorprendido de que se le haya acusado de mantener posiciones preconstitucionales por haber dicho que el Gobierno quiere "españolizar" a los alumnos catalanes y ha aclarado que él apuesta por lograr un equilibrio entre su "doble identidad".

"Se trata simplemente de que los alumnos catalanes, como alumnos españoles que son, sean capaces de vivir equilibradamente el orgullo de ser españoles con el orgullo de ser catalanes", ha manifestado tras asistir a la solemne apertura del curso de las Reales Academias, un acto celebrado en la Real Academia de la Historia.

El titular de Educación ha salido al paso de la polémica generada por sus palabras en la sesión de control del Congreso para insistir en que él pretendía explicar que quiere que los alumnos de Cataluña sean capaces de "manejar con equilibrio" lo que ha definido como una "doble identidad", expresada en el idioma y la cultura.

"Echar hacia atrás la mirada para hablar de estas cosas es equivocarlo todo; estamos hablando simplemente de un país de la Unión Europea, de una nación que constitucional y legalmente pone en alto valor la diversidad y que se enriquece en esa diversidad y en el sentimiento común en la españolidad", ha añadido.

También ha trasladado su sorpresa por el hecho de que las críticas sobre esta cuestión "se hagan siempre mirando al pasado y no mirando al futuro" cuando para él estaba "suficientemente claro" lo que quiso decir en el pleno del Congreso al responder a una pregunta de la oposición socialista.

Según el ministro de Educación, la "doble identidad" que él defiende no sólo "fortalece" y "enriquece", sino que supone un elemento añadido de riqueza cultural manifestado en una lengua y una cultura propias, algo que en otras comunidades autónomas, ha apostillado, "se puede vivir de una manera armoniosa y equilibrada".

Por esta razón, ha subrayado, "encontrar elementos agresivos en esa afirmación demuestra realmente que no se ha reflexionado sobre ella".

Y se ha preguntado Wert cómo va resultar agresivo que los niños catalanes "reciban en el sistema educativo valores y elementos históricos culturales en los que lo propio de Cataluña se articule como se tiene que articular, armoniosamente, con lo que se refiere al conjunto de España, con lo español".

En la misma línea, se ha preguntado si es posible negar que Cataluña es "una parte muy importante, muy rica y culturalmente muy significativa de España" o rechazar que esta comunidad "vive dentro de un marco más amplio".

Su riqueza lingüística y cultural, ha explicado, "se integra perfectamente" con la cultura española y con la lengua castellana, algo que hacen, ha dicho, "la mayor parte de los catalanes".

A un día del 12-O
"Nos negamos a elegir entre catalanes y españoles"
R. CUERVAS-MONS www.gaceta.es 11 Octubre 2012

En apenas 20 días han movilizado a miles de personas y se han hecho notar en los medios. Son los promotores de la concentración antiindependentista que se celebra mañana en la plaza de Cataluña de Barcelona.

Se reunieron el 19 de septiembre en una cafetería; eran pocos, pero representaban un sentimiento que, aseguran, abunda en Cataluña más de lo que parece. “Nos sentimos catalanes y españoles”. Allí estaban Catalanes que no quieren la independencia, De España y catalanes... y más grupos pequeños conformados en las redes sociales y unidos ahora para salir a la luz.

“Decidimos hacer un acto en positivo, una concentración, y nos encontramos con que Xavi Reyes, un chico de Mataró, ya había pedido los permisos a la autoridad competente y buscado el espacio”, explica a Gaceta.es el portavoz de la concentración de mañana, Manel Parra.

Quedaron en reunirse cinco días después para aprobar un manifiesto con el que se sintieran identificados todos los grupos participantes. “Algunos mandaron páginas enteras; otros solo querían incluir dos palabras: España y Catañuña”, recuerda Parra.

Y por fin, se aprobó el manifiesto que se leerá mañana: “Queremos expresar en positivo cómo nos sentimos y lo que somos, lo que queremos seguir siendo y sintiendo, para continuar aportando al progreso y bienestar de Catalunya y del conjunto de España todo aquello que nos une”.

Dinero no, por favor
Tenían manifiesto, día y lugar para la concentración... faltaba poner la maquinaria en marcha. “Dimos una rueda de prensa y dejamos claro que no aceptaríamos dinero alguno, solo ayuda directa”. Y acertaron. La imprenta que les hizo la cartelería les cobró los pasquines - “todo con IVA, por favor, que estamos en una situación de emergencia nacional”-, pero les regaló el cartel. Un ama de casa llevó 300 fotocopias del manifiesto para repartir y otra señora puso a su disposición salas y recursos del hotel que regenta.

Más. “De Madrid nos acaban de llegar banderas de España, de Cataluña y de la Unión Europea que repartiremos durante la concentración y muchos medios de comunicación nos han ofrecido sus programas para hacernos oír, nos han dicho que si necesitábamos locutor contáramos con ellos. Hemos recibido mucha ayuda”.

Las estrellas, solo en el cielo
A un día del gran momento se confiesan agotados, pero con la ilusión intacta. Ni siquiera la posibilidad de que su convocatoria -positiva y apolítica- se vea empañada por lemas o presencias no deseadas la debilita. “Confiamos mucho en el civismo de la gente”, explica Manel, que recuerda que han informado públicamente de que los partidos predemocráticos no son bienvenidos en la convocatoria. “Está invitado todo el mundo, pero no con lemas partidistas. Quien venga, que se atenga a nuestro manifiesto, al mensaje positivo. No es momento para lemas particulares ni para individualismos”.

-¿Y si van?
-Si aparece alguien con una bandera que no corresponde -con escudo y águila de San Juan, por ejemplo- amablemente se la cambiamos por una sin escudo.

-¿Y las esteladas?
-Senyeras. Las estrellas, solo en el cielo. Y si sabemos que viene un autobús lleno de gente con un mensaje diferente al nuestro, les pediremos encarecidamente que entiendan nuestro espíritu. De rodillas si hace falta.

Aclarado el espíritu del 12-O, Manel Parra se centra en desmentir una idea que ha calado, dice, fuera de Cataluña. “No es verdad que la mayoría de los catalanes queramos separarnos de España. Lo que es verdad es que todos vibramos cuando canta Serrat y con el Corazón partío de Alejandro Sanz; bailando la sardana y en un coro rociero. Que no vendan la burra de que los que defendemos esta idea tenemos cuernos y rabo; nosotros somos enamorados de Cataluña y del resto de España”.

Y eso, seguir viviendo enamorados, es su único objetivo: “La inmensa mayoría de los catalanes -lo digo porque lo veo, lo siento y lo palpo- no quiere que se les parta el corazón”.

Y aclara: “Igual que una madre se negaría a decir si quiere más a un hijo o a otro, sobre todo sabiendo que eso conlleva la muerte de alguno, nos negamos a elegir entre catalanes y españoles”. “Es un drama sentimental, una tragedia en la que perderíamos mucho y no sé si vale la pena esa aventura rupturista”.

La cita: Viernes 12 de octubre. Plaza de Cataluña de Barcelona, a las 12:00 horas.

Barcelona y Caracas, mismo método
Willi Sánchez www.lavozlibre.com 11 Octubre 2012

Profesional liberal y liberal convencido

El domingo pasado, mientras el F.C Barcelona lucía su respaldo fanático a los postulados independentistas de Artur Mas, los ciudadanos venezolanos acudían a las urnas con la esperanza de derrotar democráticamente al sátrapa Hugo Chávez.

En Barcelona, los aficionados del Barça contemplaron atónitos desde sus butacas como los separatistas se adueñaban del espacio y convertían al Nou Camp en un clamor anti-español y al deporte en un instrumento de 'agit-prop'. En Caracas, de la misma forma, sus ciudadanos asistían al triunfo de Hugo Chávez en las elecciones venezolanas y enterraban los deseos de libertad y prosperidad de buena parte de los venezolanos.

Pero, analizando ambos escenarios, uno se formula dos preguntas: Por un lado, ¿cómo es posible que un país con suficientes recursos naturales y capacidad humana para financiarse a la altura de los más grandes, sufre cortes energéticos, desabastecimiento de sus mercados y un crecimiento imparable de la pobreza? ¿Y cómo es posible que el pueblo respalde con un 54% de votos al causante de semejante distorsión? Y, por otro lado, ¿cómo es posible que en pleno siglo XXI, en paralelo al aniquilamiento de las soberanías históricas europeas, en una sociedad próspera y bien abastecida se alcen banderas revolucionarias propias del siglo XIX, bajo conceptos políticos anteriores al XVIII?

Si hay algo positivo en el siglo XX, es la derrota del Totalitarismo, ese diabólico concepto que imitan nacionalistas y colectivistas de clase, ocultándoselo quizás hasta a ellos mismos. Esta injusta postura se está abriendo paso en nuestros días por la frágil estructura política de las democracias, preparadas para sociedades abiertas y liberales, pero indefensas ante el avance de ideologías y religiones fundamentalistas.

El método ha sido el mismo, tanto en Caracas como en Barcelona. Agazapados tras románticas palabras y alusiones al sentimiento, han prostituido las instituciones democráticas, se han adueñado de los medios de comunicación, han tejido una red clientelar con las subvenciones, han ocupado todos los niveles de las estructuras sociales, han hecho suya la educación de los menores, han politizado cualquier ámbito cultural o tradicional de su territorio, han convertido en diablo a quien se ha atrevido a discutir sus dogmas, se han erigido en mesías y han construido una gran mentira, condenando al ostracismo a todo aquel que ha osado no bajar la cabeza y apartando del terreno de juego a cualquier forma crítica con su lucha. Y todo, con el único objeto de preservar los privilegios de la casta oligarca que utiliza los sentimientos de la masa.

El 7 de octubre de 1520, Carlos V presidió unas ceremonias religiosas en las que se quemaron los textos de Lutero, condenados por el Papa León X unos meses antes y que ponían patas arriba la autoridad de la Iglesia Católica. Sin saberlo, la localidad de Lovaina, lugar escogido para el simbólico entierro de las ideas luteranas, se convertiría en la primera ciudad de la Historia donde se perpetró una quema pública de libros, acto común a todo totalitarismo que se precie. Dos meses más tarde, Lutero ordenó la quema de diversas obras de Juan Eck, algunos libros de derecho canónico y la bula 'Exurge Domini', que contenía el requerimiento que hizo la Iglesia a Lutero para que se retractase de sus ideas. La consecuencia inmediata de este acto fue la excomunión de Lutero, provocando un cisma histórico que ha continuado hasta nuestros días.

Ni la Iglesia consiguió sus propósitos, ni Lutero los suyos, y en Caracas y Barcelona tiunfará la libertad, pues cualquier forma de Totalitarismo es siempre vencida por el incontenible deseo de las sociedades hacia las libertades y los derechos individuales.

Agradecidos a Artur Mas
Pedro de Hoyos Periodista Digital 11 Octubre 2012

Por el camino que va la cosa la fiesta nacional de España, que pasaba desapercibida salvo por los gritos que algunos le lanzaban a Zapatero, puede volver a ser celebrada con orgullo por los españoles. Esto de los independentismos es lo que tiene, que anima a los contrarios.

A los españoles siempre nos ha dado vergüenza ser considerados como patriotas. Cosas del empeño de Franco en apropiarse de lo que era de todos y en clasificar como malos españoles a los que no eran más que sus enemigos políticos. El caso es que paseando por la calle mayor de mi pueblo me puedo encontrar diversos mozalbetes que llevan en sus jerséis la bandera de Gran Bretaña o la de Estados Unidos sin que se les caiga la cara de vergüenza pero se dejarían pegar dos tiros antes de llevar la bandera española. “Ah, no, facha yo, no, eh!”.

Decir que mañana es la fiesta nacional era de fachas. Salvo si hablamos de la fiesta nacional de Euzkadi, Catalunya o Venta de Baños. Entonces ser nacionalista pasaba a ser de lo más progre. Y “vestía” un montón.

Todos los países exhiben con orgullo su historia, impepinablemente manchada de sangre de los países vecinos, menos España. Teníamos complejo hasta para hablar de la conquista de América… claro, sí, pasada por encima de miles de cadáveres de indios… Es como se hacían las cosas en 1500 y 1600. ¿Es que entonces alguien hablaba de Derechos humanos, Democracia o derecho a decidir? Los criterios morales o éticos de aquel momento eran los que eran, no podemos aplicar los actuales. Tan simplemente. ¿Acaso la conquista de lo que hoy llamamos EEUU se hizo con romero y tomillo? Y sin embargo nadie habla de la leyenda negra de los malhadados conquistadores ingleses que exterminaron a millones de indios sin pararse a preguntarles su opinión sobre la reina madre, fuese quien fuese en aquel histórico momento, ni a nadie en su sano juicio se le ocurre enjuiciar tantos otros episodios sangrientos, sucios e inciviles ocurridos en Estados Unidos incluso después de la independencia.

Pero nosotros tenemos la desgracia de ser españoles, ay. Y los cuarenta años pasados desde que enterraron a Franco no han servido para darnos cuenta de que ser español es al menos tan bonito u horrendo como ser chino, congoleño o finlandés. El que esté libre de pecado que nos arroje la primera piedra. Salvo que estemos hablando de fútbol. Entonces sí, fuera complejos, salen a balcones y terrazas miles de banderas de España. “Pero es que me gusta el fútbol, eh, no es cosa de política. Yo apoyo a la Roja”. Y al pronunciar “la Roja” había cierto sentimiento de desagravio. Si decíamos “la Roja” en vez de “la selección nacional” parecía que éramos progres y que lo de la bandera en la ventana del cuarto de estar era pecata minuta.

Sin embargo los movimientos de Artur Mas empiezan a despertar ese sentimiento, ¿desaparecido?, que muchos encubrían, incluso habrá quien se haya decidido a mandar a freír espárragos sus complejos y a ponerse un suéter con dos bandas rojas y una amarilla sin temor a nadie ni a nada. Los pueblos se suelen unir ante los problemas y, a lo peor para él, Artur Mas, que tanto ha excitado los sentimientos nacionalistas, ha tocado los tegumentos procreativos de demasiadas personas. Y encima le tendremos que estar agradecidos.

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