AGLI Recortes de Prensa  Sábado 13 Octubre 2012

12-O: españolizar España
EDITORIAL www.gaceta.es 13 Octubre 2012

Lo que hoy España necesita para dar el paso es retomar la conciencia de lo que somos. No dejemos que nuestros compatriotas caigan en manos de quien predica el odio al prójimo.

España es un gran país. Uno de los más grandes. Esa grandeza la tenemos en nuestra Historia y bajo nuestros pies. Nos acompaña en cualquier lugar de nuestras ciudades o de nuestros campos. Basta con saber mirar. Es verdad que hoy estamos al borde del abismo: en la ruina económica, en el hundimiento moral y en la desintegración política. No es un paisaje fácil para nadie. Y, sin embargo, otras veces hemos estado peor y hemos salido adelante. Lo que hoy España necesita para dar el paso es, ante todo, retomar la conciencia de lo que somos. Redescubrir nuestra identidad para encontrar en ella las energías que nos faltan. En suma, necesitamos españolizar España.

Como acertadamente recuerda Luis Suárez, España es una de las cuatro o cinco naciones decisivas en la construcción de la Historia universal. Desde nuestro suelo se ha salvado varias veces la supervivencia de la civilización occidental (basta pensar en Las Navas de Tolosa o en Lepanto), se han explorado mares ignotos, se ha descubierto y poblado un continente nuevo, se ha extendido por todo el mundo una religión –la católica–, se han sentado las bases de eso que hoy llamamos “derechos humanos” –punto este asombrosamente ignorado por la mayoría de nuestros estudiantes de hoy–, se ha aportado una infinita cantidad de obras cumbre al acervo cultural humano… Los españoles tenemos razones sobradas para sentirnos orgullosos de ser lo que somos, más allá de la retórica pancista del político de turno. Un orgullo que no bebe en el estrecho nacionalismo moderno, ni en un localismo folclórico, sino en la certidumbre de haber contribuido de manera determinante a una construcción universal. Sin España, el mundo habría sido de otro modo.

La Hispanidad es la huella de esa estatura histórica y cultural, la herencia espiritual de nuestro paso por el mundo. Eso es lo que hoy, 12 de octubre, festejamos. Pero lo elevado de la conmemoración necesariamente contrasta con lo bajo de nuestra circunstancia presente, y eso también es preciso decirlo. Aquí la crisis económica es casi lo de menos. Mucho más relevante parece la profunda anemia espiritual y política del país. Una debilidad estructural que nos impide dar respuesta a los desafíos que nos rodean. Y estos crecen sin cesar.

Los enormes errores cometidos en los últimos años han llevado a una situación de profunda injusticia: los españoles de ciertos territorios ven negado su derecho a ser propiamente españoles e incluso causa escándalo la mera idea de “españolizar” a quienes son... españoles. El disparate da la medida de lo bajo que hemos caído. Por el contrario, parecen gozar de entera impunidad quienes despliegan todo género de violencias verbales e institucionales contra España, lo español y los españoles, como si lo legítimo fuera romper la patria y lo ilegítimo defenderla. Que esa violencia se financie además con fondos públicos convierte toda nuestra circunstancia en algo propiamente demencial. De aquí nada bueno puede salir.

A nadie se le oculta que hoy nos encontramos ante una disyuntiva radical: unos quieren romper España y otros quieren –queremos– mantenerla unida. Esa disyuntiva no la ha creado un régimen constitucional que ha amparado la diversidad territorial y cultural de España en grados muy superiores a los de cualquier otro país europeo. Al revés, esa disyuntiva la han creado quienes han estado empleando su singularidad –lingüística, institucional, etc.– como arma contra la libertad de los españoles. El separatismo no ha funcionado sólo como una fuerza que intenta separar a una parte de España del tronco común; también está actuando como instrumento de segregación dentro de las propias comunidades, creando ciudadanos de primera y de segunda en función de sus simpatías hacia las oligarquías dominantes.

El caso catalán es transparente. Los separatistas suelen envolver sus gritos en protestas de “libertad”, pero si alguien defiende la libertad real de los ciudadanos es precisamente España, sus leyes y su derecho. En esa disyuntiva atroz ya no queda sitio para posiciones intermedias. Y LA GACETA estará siempre en el lado de España, los españoles y sus libertades. Nadie lo dude.

Sus libertades, sí. Nadie lo dude tampoco. Porque la idea de España, que ciertamente encarna una esencia histórica que quiere sobrevivir, al mismo tiempo encarna hoy un proyecto de convivencia en libertad y en paz, dentro de un sistema democrático que debe perfeccionarse para que los derechos de los ciudadanos no queden nunca a merced de minorías totalitarias. Por eso españolizar España no es sólo reformar la enseñanza para que nuestros hijos aprendan a amar su país, aunque este sea un punto absolutamente fundamental. Españolizar España es también hacer valer la ley y el derecho allá donde otros quieren romperlo. No podemos dejar que nuestros compatriotas de cualquier región caigan en manos de quienes predican el odio al prójimo. Eso exigirá ciertamente un esfuerzo: ir más allá del día inmediato y mirar las cosas con perspectiva histórica. El horizonte de la Hispanidad debe ayudar a los que aún dudan. España merece sobrevivir.

En defensa de Wert
Graciano Palomo Periodista Digital 13 Octubre 2012

No es que el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, me caiga especialmente bien, ni yo a él, pero sinceramente que este país lse ha vuelto loco de remate. Las sucesivas pasadas por una izquierda decadente y atrabiliaria que ha dejado en el baúl sus esencias internacionalistas y su teórico progresismo y el avance imparable de la fachería nacionalista han dejado a España para el arrastre.

Se ha montado la de dios es cristo porque el ministro de Educación h dicho que hay que “españolizar” a los niños catalanes y se han rasgado las vestiduras los mismos que llevan y muchas décadas adoctrinándoles en el odio a la patria/nación común. ¿Acaso un titular y responsable de educación puede sostener lo contrario? Lo hizo Pérez Rubalcaba en sus tiempos de ministro y los sucesivos pero ello no significa ni puede significar que sea ni lo razonable, ni lo bueno ni lo justo.

Jordi Pujol llevaba razón: las escuelas eran la base de un nacionalismo excluyente, seminazi, de vuelo gallináceo. Implantó un sistema de “inmersión educativo” que ahora les está dando sus frutos. Reinventaron una historia falsa sobre sus propios ancestros, elevaron hasta el paroxismo su animadversión hacia el resto de los españoles (“que nos roba”) y vehicularon un futuro propio independientemente del mundo.

El error de la Transición y posttransición fue letal. Ni Adolfo Suárez en su momento, ni Calvo Sotelo, ni Felipe González, ni José María Aznar, ni por supuesto Rodríguez Zapatero (¡qué siniestro personaje histórico!) fueron capaces de poner coto al desvarío nacionalista que antes considerábamos moderado y ahora enseñan su auténtica careta.

No sé si hay que “españolizar” a los catalanes, los vascos o a los del cantón de Cartagena. Lo único que sé es que España es el único país del mundo civilizado donde se pone en cuestión cosas esenciales como la propia pertenencia a un Estado básico. ¿Acaso se permitiría en Francia o Estados Unidos los aquelarres secesionistas que ocurren por estos maltrechos lares? ¡Se lo digo yo: en modo alguno!

Lo que si sé es que ante los sueños equinocciales de algunos personajes hay que poner en juego primero la razón, segundo la razón histórica, tercero la razón fáctica de una España que existe. La intoxicación masiva que se ha llevado a cabo durante muchos lustros en Cataluña y País Vasco sólo podía devenir en lo que actualmente padecemos.

De modo que mi posición es totalmente a favor de la propuesta del ministro Wert; total y absolutamente. Ya está bien que estos trogolditas del facherío y de la antigualla nos coman la moral a los que hemos leído dos libros de Historia.

Lo que resulta patético es lo del PSOE, un partido teóricamente internacionalista, que ha devenido en un grupo al que interesa más el territorio que las personas. ¡Si Marx levantara la cabeza! O Lenin!

Concluyo: si los españoles no somos capaces de respetarnos a nosotros mismos, ¿acaso se puede asombrar alguien de que por ahí fuera nos tomen a chacota?

¡Qué banda, Miquelarena!

12 de octubre, España pendular
Pedro de Hoyos Periodista Digital 13 Octubre 2012

Miren, no quería escribir hoy de esto por no ser pesado y repetitivo, pero la actualidad y la fecha de hoy se imponen y el dolor de los pecados cometidos por esta España que nos toca padecer me lleva a desechar otros asuntos y hablarles de… Cataluña y las autonomías.

El movimiento pendular en el que históricamente se ve envuelta España (el mismo que nos ha llevado de jugar la "Champions Lig" de la economía a jugar partidos de solteros arruinados contra casados en apuros) nos ha dejado una España fracasada (o a punto de estarlo si quiero ser prudente) en un terreno bellamente prometedor: el de la descentralización autonómica.

Quizá todo se fue al garete en el mismo momento de la Transición, cuando Adolfo Suárez impulsó aquel "café para todos" que supuso la generalización del sistema autonómico, si bien quedaron autonomías de primera y segunda. Los nacionalistas no aceptaron autonomías que no fueran las que ellos dijeran ¿Qué era eso de que Murcia fuese autónoma? ¿Quiénes eran los murcianos -o pongan ustedes extremeños, por ejemplo- para ser como los catalanes o como los vascos? Y eso les sentó mal, así no podía ser, eso no estaba en su plan. Que todos jugaran con las mismas o parecidas bazas era algo que no entraba en sus cálculos y a medida que otras regiones conseguían nuevas trasferencias ellos iban radicalizando su posición. Sin final hasta hoy.

Mucho consiguieron cuando UCD y PSOE aceptaron dividir a Castilla en varias autonomías diferentes. Los planes nacionalistas serían infinitamente más difíciles si hubiera existido una Castilla con muchas provincias, mucha población y muchos diputados. España consintió tan estúpida e inútilmente como tantas otras veces, creyendo que por ceder "sólo esta vez y sólo un poco más" se aplacarían los planes nacionalistas. Pero no terminamos nunca de ceder.

Ahí están, casi cuarenta años después, nacionalistas extremos gobernando muy importantes instituciones vascas; ahí están los planes de Artur Mas. ¿Qué ha conseguido España tantos años y tantas cesiones después? Y, ustedes perdonen, lectores habituales, ¿qué ha conseguido este jocoso invento llamado Castilla y León? No pinta nada política, económica o culturalmente en esta España eternamente protectora… de los más fuertes.

Cuatro de cada diez españoles quieren acabar con el sistema autonómico. ¿Pendulazo otra vez? ¿No habría una solución intermedia entre dejarlo como está y echarlo todo abajo?

@pedrodehoyos en twitter

Plaza de Cataluña
EDITORIAL Libertad Digital 13 Octubre 2012

El Día de la Hispanidad estuvo marcado por la concentración celebrada en Barcelona, en la que miles de catalanes proclamaron sin el menor reparo su españolidad. El férreo control nacionalista del espacio público y los medios de comunicación había velado esta realidad catalana, la existencia de una ciudadanía dinámica, plural y vibrante que se sabe española por razones históricas, culturales y afectivas, y que pretende seguir siéndolo por las mismas razones y por apego a la libertad, tan maltratada por el nacionalismo piafante.

Sí, la parte de la sociedad catalana que se niega a ver usurpados sus derechos individuales por un nacionalismo con aspiraciones totalitarias alzó la voz como nunca para afirmar su derecho a seguir perteneciendo a España, una de las naciones con más solera de Europa, y, por ende, a la UE, que no deja de ser un proyecto antagónico del cerrilismo balcanizante por el que braman los que andan cambiando la senyera por la bandera estrellada.

Sin instituciones oficiales detrás (ni, menos aun, delante) para financiar el acto, sin la asistencia de las maquinarias de los grandes partidos políticos (los esfuerzos de acarreo de secuaces los dejan para mítines y demás actos insustanciales), pese al vergonzoso boicot de los medios de comunicación locales y las manifiestamente mejorables condiciones atmosféricas, miles de catalanes dieron este viernes una lección de civismo y decoro en la emblemática Plaza de Cataluña. Dijeron no a los delirios de un nacionalismo que, tras arruinar al Principado, ahora pretende condenarlo a la división social, la inestabilidad y la indigencia permanentes, con su proyecto secesionista.

El aquelarre independentista del pasado 11 de septiembre fue secretado por un proyecto excluyente que vive de cebar el odio a España. Ayer, en cambio, la Plaza de Cataluña fue escenario de una fiesta cívica por la libertad, signada por el pluralismo inherente a las sociedades abiertas. La comparación, lejos de ser odiosa, es harto elocuente y clarificadora. No son precisamente los catalanes que ayer dieron vida a la Plaza de Cataluña los que habrían de pasar vergüenza.

Por más que el nacionalismo se empeñe en negarlo, hay una parte muy importante de la sociedad catalana que se niega a participar en las aventuras políticas de aquél, que tantas veces promueve para ocultar su incapacidad y sus muchas corruptelas. El establishment mediático, empresarial y cultural debería tomar nota. Y, por supuesto, también la clase política. La catalana y la del resto de España.

España invertebrada
Manuel Molares do Val Periodista Digital 13 Octubre 2012

La Comisión Europea (CE) acaba de presentar un informe sobre los 27 países de la UE, demoledor sobre España: denuncia la progresiva falta de unidad de mercado creada por las burocracias autonómicas y locales, que coadyuva a reducir la productividad, y que genera un espíritu poco innovador y nada internacionalista.

Mientras, Standard & Poor’s rebaja la calificación de la deuda española al borde del bono basura y advierte que las crecientes tensiones económicas “y políticas”, obviamente independentistas, hacen imposibles las previsiones del Gobierno para 2013.

Informe y calificación confluyen con el Ortega y Gasset de la España invertebrada publicada en 1921, en la que cada uno tira por su lado para evitar toda homogeneización o unidad beneficiosa.

Se ha sustituido la burocracia tradicional española, “vuelva usted mañana”, por la autonómica y local de manera que, según la CE, “el marco jurídico y reglamentario para las empresas en España es uno de los más onerosos de la UE”.

Pone como ejemplo que establecer una empresa aquí exige el doble del tiempo que la media europea.

La “fragmentación regional está acompañada por un aumento del acervo reglamentario en el país en términos absolutos, que podría estar dificultando seriamente el crecimiento de la productividad”, dice la Comisión.

“La proliferación de reglamentaciones divergentes procedentes de niveles regionales y locales complica el problema y obliga a las empresas a cumplir criterios diferentes para ejercer la misma actividad en distintas regiones o municipios”.

Conclusión: es posible que España se quede rápidamente atrás, esto es, en la pobreza, ocupando el lugar de países atrasadísimos, como China, que progresan rápidamente.

Para conseguir empobrecernos están nuestros 1.256 diputados de 17 autonomías y sus miles de asesores redactando frenéticamente legislaciones para distinguir su región, y hasta su pueblo, del resto de España. Y del mundo.

Mas que "españolizarse", los alumnos catalanes necesitan "civilizarse"
Francisco Rubiales Periodista Digital 13 Octubre 2012

Si lo que quiso decir el ministro Wert es que los alumnos catalanes deben aprender a convivir en paz con lo español, a no odiar lo que viene de España, a ser solidarios y a poner el énfasis en lo que les une a otros pueblos, más que en lo que les separa, entonces debió utilizar el término "civilizar" en lugar de "españolizar". Buena parte de Cataluña, degradada, deshumanizada e incivilizada por el nacionalismo, necesita un intenso programa de civilización.

El ministro de Educación, José Ignacio Wert, incendió este jueves con sus palabras en el Congreso de los Diputados la ya complicada y tensa precampaña electoral en Cataluña al admitir el interés del Gobierno de Rajoy por “españolizar a los alumnos catalanes”, con el fin de que “se sientan tan orgullosos de ser españoles como catalanes”.

El ministro tiene razón porque su idea de "españolizar" no es colonialista, sino reparadora y pretende únicamente neutralizar la catalanización drástica sufrida por los escolares catalanes durante las últimas décadas, una colonización mental patrocinada por el nacionalismo y cobardemente tolerada por los gobiernos socialistas y del PP, que podrían haber incurrido en delito por su connivencia, complicidad y permisividad con los abusos de un nacionalismo catalán que se ha comportado como auténtico "enemigo" de España y de sus ciudadanos. .

La útilización de la palabra "españolizar" no es apropiada, no sólo porque despierte recelos y odios en la Cataluña nacionalista, ya habituada a odiar a lo español, sino porque es incompleta y no ataca el verdadero problema de la educación de las últimas generaciones catalanas, que, tras perder valores humanos y cívicos fundamentales, necesitan más ser "civilizadas" que "españolizadas".

Civilización es capacidad para convivir en paz y tolerancia, asumiendo objetivos comunes, justo lo contrario de lo que ha enseñado en nacionalismo catalán, que ha estimulado el odio a todo lo español y envenenado la convivencia dentro de la misma nación con victimismo, mentiras y argumentos falsos. La democracia, cuando es auténtica y limpia, es pura civilización, ya que permite convivir en paz y en libertad, incluso dentro del desacuerdo y del conflicto. Cataluña padece, todavía más intensamente que el resto de España, un enorme déficit de democracia, con su sociedad habituada a la mentira de sus gobernantes, al adoctrinamiento, al odio y a dosis nada despreciables de deslealtad y totalitarismo, como el castigo a los que rotulan en español y la marginación de los que emplean ese idioma y desconocen el catalán.

La "civilización" está unida a la cultura de la paz y de la solidaridad y de la cooperación entre pueblos y ciudadanos, justo lo contrario del odio, el victimismo, la exclusión y a otros muchos sentimientos propagados por el incivilizado nacionalismo catalán. En lo que se refiere a los jóvenes estudiantes, es evidente y está más allá de toda sospecha que unos alumnos adoctrinados en el odio y en el rechazo a lo español, en base a mentiras tan burdas como "España nos roba", están escasamente civilizados.

Otros "pecados" del catalanismo político como el irrespeto a las leyes, el incumplimiento de la constitución y el desacato a las sentencias de los altos tribunales reflejan también actitudes y sentimientos incivilizados y antidemocráticos.

Así que el ministro Wert habría acertado más si hubiera hablado en el Congreso de la necesidad de "civilizar" a los niños y jóvenes catalanes, víctimas de un adoctrinamiento feroz que, en ocasiones, roza lo delictivo, como lo demuestra el programa recientemente emitido por la televisión nacionalista catalana (TV3), donde un cazador disparaba su pistola y abatía al "rey cutre" extranjero de los españoles y hería en la pierna al periodista Sostres porque critica en exceso a Cataluña, programa ya retirado de la Web de la emisora y cuya directora (aparentemente) ha dimitido, no porque se haya excedido, como dicen, sino porque ese exceso es inoportuno en un momento electoral donde todos los políticos nacionalistas mienten, prometen que la independencia generará una Cataluña idílica y apuestan por incrementar el independentismo con todas sus energías.

Si tiene usted dudas sobre las tesis afrontadas en este artículo sobre "adoctrinamiento" de los niños catalanes e "incivilización", pulse AQUI y visione un vídeo aterrador sobre el adoctrinamiento brutal que se realiza en escuelas catalanas.

Afrancesar, españolizar, canibalizar, civilizar, culturizar, educar,
Nota del Editor 13 Octubre 2012

Españolizar es el proceso que se utiliza para producir sujetos españoles, y cualquier otro proceso no da el mismo resultado, afrancesar produce sujetos franceses, canibalizar produce la ruptura de algún tinglado, como por ejemplo si dejamos que algunos catalanoparlantes canibalicen España, el producto final se parecerá poco al objeto deseado; civililizar puede producir cualquier engendro, sólo hay que ver el resultado de la alianza de civilizaciones de Zapa; culturizar tampoco, cultura se llama a cualquier cosa que haya requerido un proceso de trabajo, aunque sea un lavado de cerebro, y ocurre lo mismo con educar, se puede bien educar, maleducar, educar en valores, antivalores. Tampoco sirve descatalanizar, pues no sabemos en qué consiste catalanizar, podría servir desnazizar, pero me parece que la palabra no está en el diccionario, aunque su contraria está en la historia y debería servirnos para no meternos ni dejar que se metan en estos procesos contrarios a la humanidad.

Manifiesto:
«De España y catalanes. ¡Cataluña somos Todos!»
Internet  13 Octubre 2012

Ante la situación política que estamos viviendo en Cataluña y la grave crisis económica que estamos sufriendo, un conjunto de entidades y asociaciones y numerosos catalanes, queremos alzar nuestra voz para expresar sencillamente que somos y nos sentimos catalanes y españoles. Lo decimos con orgullo, sin miedo y con naturalidad.

Hoy nos hemos reunido para ejercer nuestra responsabilidad como catalanes y españoles. Todos nosotros surgimos de la Cataluña silenciosa, la Cataluña que hasta ahora no se ha expresado ni manifestado en la calle, para decir que queremos seguir siendo españoles.

No queremos que nuestro silencio se interprete erróneamente o interesadamente. Nuestro silencio no quiere decir que compartimos una Cataluña separada del resto de España.

¡Cataluña somos todos! No queremos que por nuestro silencio algunos pretendan erigirse en los representantes de todos los catalanes defendiendo que Cataluña se separe del resto de España, obviando nuestras voluntades y excluyendo una amplísima parte de catalanes que no se sienten representados con esta idea.

Nuestro proyecto compartido es en positivo e integrador. Nuestro sentimiento por nuestra tierra no es excluyente. Este no es un sentimiento contra nadie. No queremos enfrentamientos entre hermanos.

¡Nuestro mensaje es un SÍ! Un SÍ a Cataluña y un SÍ al resto de España. Las exclusiones y el mensaje del NO los dejamos para otros.

Manifestamos con total normalidad los valores en que se fundamenta nuestra democracia: en la libertad y la lealtad, en el autogobierno y la corresponsabilidad, en el respeto y la pluralidad.

Hoy, en las calles de Barcelona, queremos reafirmar y reivindicar nuestra plena catalanidad y españolidad. Son dos realidades que se complementan y que se convierten en un proyecto común.

Queremos decir con la voz bien clara que nadie tiene derecho a pedirnos que optemos por nuestra condición de catalán o por nuestra condición de español. Y tampoco a poner en duda ninguna de las dos realidades. No queremos perder ninguno de estos dos sentimientos que se enriquecen mutuamente.

No queremos renunciar a nuestras raíces, a nuestra historia, a nuestra familia, en definitiva, a nuestra realidad, a nuestra vida. No queremos que se nos imponga una realidad ajena. No queremos que se nos impongan fronteras artificiales.

Somos muy conscientes de las dificultades que estamos viviendo. No somos ajenos a la grave crisis económica que estamos sufriendo y que afecta crudamente nuestros hijos, nietos, padres, amigos...

Pero creemos sinceramente que la solución a esta grave situación no es que Cataluña se separe del resto de España, la solución no es que España se rompa.

Los catalanes coincidimos con la necesidad de que se mejore la financiación de Cataluña cuando la situación económica lo permita. Pero nuestro ordenamiento jurídico nos facilita los instrumentos necesarios para alcanzar este objetivo. Con las leyes actuales, podemos mejorar la financiación de los catalanes. Es un objetivo que no renunciamos y que reclamaremos progresivamente en función de la recuperación de la situación económica.

Tenemos derecho a saber la verdad. Tenemos derecho a conocer qué consecuencias se derivarían de la separación de Cataluña del resto de España. No aceptamos que se nos quiera imponer una visión idílica de esta separación y más cuando ésta se promueve desde determinados poderes públicos. Esto no es dar miedo, es derecho a saber la verdad.

Apelamos a las fuerzas políticas, organizaciones empresariales y sindicales, a los medios de comunicación y a todos los catalanes que en su actuación contribuyan al progreso y bienestar de Cataluña y del conjunto de España desde el diálogo, la convivencia y la solidaridad.

Sabemos que hay miles y miles de catalanes que comparten estas ideas. Que, como nosotros hasta el día de hoy, están callados y no han levantado la voz.

Hoy, una pequeña representación de todos ellos, hemos alzado la voz para expresar sencillamente y con orgullo que somos y nos sentimos catalanes y españoles.

Nos hemos reunido para sumar esfuerzos, compartir voluntades y manifestar, de forma pacífica y cívica, todo en lo que creemos. Como demócratas profundamente convencidos ejercemos nuestra ciudadanía.

Nadie tiene derecho a dudar de nuestra convicción democrática. Aquellos que la ponen en duda con una clara voluntad de desacreditarnos expresan una actitud totalitaria y fascista.

Su mensaje es claro: o piensas lo que yo quiero o no eres democrático. Rechazamos estos planteamientos.

¡Somos muchos catalanes los que compartimos estas ideas! ¡Somos muchos catalanes los que estamos orgullosos de estos sentimientos!

Pero debemos ser muy conscientes de que si callamos, este silencio se utilizará para legitimar que Cataluña se separe del resto de España.

Puede parecer lejano. Puede parecer irreal. Pero aquellos que impulsan la separación de Cataluña del resto de España cuentan con nuestro silencio y nuestra inactividad para legitimar su proyecto.

Hoy nos dirigimos a los miles y miles de catalanes que compartimos estas ideas y sentimientos porque rompemos nuestro silencio y dejamos atrás aquella Cataluña silenciosa. Es la única manera en que podremos detener esta aventura separatista.

Que cada uno utilice la expresión que libremente desee. Pero no nos quedamos callados y alzamos la voz. Alzamos la voz, de forma clara y nítida, para decir con orgullo: somos y nos sentimos catalanes y españoles.

Muchas gracias.
 (a través de http://juanjulioalfaya.blogspot.com.es/2012/10/lectura-del-manifiesto-de-espana-y.html)

Los bajitos coincidimos con la necesidad de que se mejore nuestra financiación.
Nota del Editor 13 Octubre 2012

En cuanto alguien suelta las palabras mágicas: diversidad, pluralidad, autogobierno, diálogo, respeto, se me encienden las alarmas de la desconfianza.

La verdad es que me gustaría saber que es ser español, y realmente solo se me ocurre aquello de que es español el que no puede elegir otra cosa, y esta definición se puede aplicar a cualquier nacionalidad. El hecho de saber español no implica ser español, el hecho de vivir en España tampoco, el hecho de ser esquilmado por el estado en todos sus niveles, tampoco. Así que realmente no se lo que es ser español, y la definición del diccionario, no creo que me aclare mucho el asunto, porque si dijera que es aquél cuya ciudadanía es española, tampoco.

Por eso, cuando hablan de catalán, me parece que todo se vuelca en la lengua: es catalán el que habla catalán, el que tiene lengua propia, los demás no podemos ser catalanes aunque hayamos llegado antes a Cataluña. Lo que sucede es que los niños, no son catalanes hasta que les haya inoculado la lengua propia, por eso tienen tanto interés en hacerlo con los hijos de los demás.

En cuanto a la financiación, se me olvidaban los gordos y los flacos, los altos y los guapos y los menos, en fín, hasta aquella persona silenciosa de la esquina, tan calladita, todos coinciden en la necesidad de que se mejore su financiación, así que lo mejor será regalar a todos y cada uno una imprenta para fabricar billetes, aunque en ese caso, algunos pedirán una máquina más rápida, más potente y más papel, y ya estaremos de nuevo metidos en otro lío.

Plaza de Cataluña
Alfonso Ussía La Razón 13 Octubre 2012

La Bandera de todos y la Señera abrazadas y unidas en la Plaza de Cataluña de Barcelona. Decenas de miles de ellas. Ni un mensaje insultante. Familias enteras y muchas sonrisas. Muchas pistolas tendrá que comprar TV3 para disparar contra todos los asistentes a la manifestación de la unidad. La verdad es que el disparo que hirió al Rey en el deleznable programa de la televisión nacionalista catalana le ha afectado poco. Ha pasado revista a su Guardia Real a pie, doliente pero recuperado. Y el tiro a Salvador Sostres le ha inspirado para escribir un gran artículo. El nacionalismo separatista ha perdido por su mal estilo. Y para colmo, les ha caído del cielo, como un fardo insoportable, Ernest Maragall, el hermanísimo, un tostón de tío.

Para llegar a la plaza de Cataluña nadie ha fletado autobuses ni ha abusado de prebendas provenientes del dinero público. Soy parcial, claro, porque me siento español y no concibo una España sin nuestra amada Cataluña. Los socialistas se han desmarcado. ¿Qué les pasa a los socialistas con España? ¿Por qué les molesta tanto España? Lo lógico es que Carmen Chacón, por poner un ejemplo, hubiese formado parte de la gran multitud que hoy se ha reunido en Barcelona para recordar a los separatistas que una gran Cataluña se siente tan española como catalana. Tendría que haberlo aprendido durante los años que fue ministra de Defensa. Pero no. Al final les sale a todos los socialistas el amargor antiespañol del pasado siglo. De los comunistas ni me canso en analizarlo. Lo suyo no es amargor, sino odio. Sus antecesores, al menos, querían una España roja. Los de hoy sueñan con destrozar España, y colaboran para ello con gran entusiasmo.

Ayer se manifestaron en Barcelona los catalanes que sienten España como suya. Les viene el sentimiento desde más allá de cinco siglos de hermandad. ¿Por qué no se insulta, por qué no se hiere, por qué no se molesta a quien no coincide con sus ideas en estas manifestaciones? Porque el sentimiento español quiere, y el sentimiento separatista odia. No tienen pistolas para herir a tan alarmante –para ellos– número de catalanes que no quieren elegir entre su padre y su madre.

Muchos de los acomodaticios que votan a CIU por temor a no ser reconocidos por el sistema establecido, quizá han encontrado hoy la respuesta a su mansedumbre. No pasa nada por sentirse español y catalán simultáneamente. Y aquí está prueba. Hoy no se han movido los fajos de billetes para premiar a los organizadores de la manifestación. Hoy no han pagado los contribuyentes catalanes ni desplazamientos, ni comidas, ni dietas, ni símbolos ni pancartas. El Gobierno de la Generalidad, mientras ondean decenas de miles de Banderas de España y Señeras en la plaza de Cataluña, está reunido, contando uno a uno los billetes que hasta casi seis mil millones de euros les han mandado desde Madrid, la aborrecida «Madrit», para tapar los agujeros de su derroche. Que cuenten, que cuenten mientras Barcelona se tiñe de unidad y fraternidad.

En Madrid han desfilado los militares ante el Rey. Para ello se han gastado quince veces menos que los nacionalistas para sufragar su manifestación de la Diada. Novecientos mil euros. Y no se ha notado, porque lo que ha desfilado ante el Rey ha sido el honor. (A cuento viene. Ya me dirán los de Protocolo por qué han situado a la Infanta Elena fuera de la Tribuna Real, y para colmo, al lado de Rubalcaba. Se me ha antojado una deslavazada grosería). Y termino, que hoy es día de efusiones hermanas. Unos, a contar los fajos y los otros a recordarnos lo que significa España.

Entre la “tragedia de Cataluña” y el apocalipsis económico
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 13 Octubre 2012

“España no ha tenido esas minorías selectas de cultura media de los países centroeuropeos. España nunca ha sido foco sino periferia. Algunos hombres extraordinarios, y luego, plebe”. (Pío Baroja)

Ayer se celebró deslucidamente (faltaron la mitad de los presidentes autonómicos) la fiesta nacional de España, que coincide con la de la Hispanidad y la Virgen del Pilar, dos referencias que procuran la desafección de los españoles que no quieren serlo a esta jornada festiva evocadora de conceptos que no hemos sabido reformular y se han quedado, pétreos, en el peor imaginario de los tópicos sobre nuestro país. Hace tiempo que perdimos la breada del cambio y nos solazamos en girar sobre nuestras seguridades y convenciones despreciando el reformismo de igual manera que orillamos la inteligencia: “¡Que inventen ellos!” (Miguel de Unamuno), hemos afirmado de nuevo en algún momento de los últimos años y así nos va, sin capacidad para superar los hándicaps endógenos de la defectuosa genética nacional tal y como deploraba Ortega y con la que nos zaherían los intelectuales del pesimismo noventayochista, entre ellos el ácido Pío Baroja, con una de cuyas citas encabezo este artículo.

Alcanzamos jadeantes este otoño aciago con España en una pinza que aprieta dolorosamente sobre el Estado y sobre la sociedad española: el propósito más serio de secesión que nunca hubo en el devenir de España protagonizado por Cataluña (y que Mas ayer, inseguro, denominaba “emancipación” en una entrevista confusa y contradictoria) y la crisis económica más apocalíptica que nos devuelve a niveles de bienestar -o de malestar, según se considere- de hace casi una década, con el augurio de que no nos recuperaremos hasta más allá de un lustro según el omnipresente e inconmovible Fondo Monetario Internacional. El aleteo del fracaso de la Unión Europea -siempre creímos que la solución estaba más allá de los Pirineos- aliña el bocado amargo que, parece, se nos ofrece por todo condumio: riesgo de ruptura interna y riesgo de regresar a la pobreza, a la material, y a política, es decir, una vuelta a la periferia barojiana.

Releamos a nuestros intelectuales. Laín Entralgo -de nuevo “España como problema”- recogió con comprensión estas palabras de Joan Maragall extraídas de su artículo ‘La patria nueva’ (1902) en el que el insigne catalán decía: “Para que el catalanismo se convierta en franco y redentor españolismo sería menester que la política general española se orientara en el sentido del espíritu moderno que ha informado la vida actual, no sólo de Cataluña, sino también de algunas otras regiones progresivas. Mientras todas ellas sean gobernadas por el viejo espíritu de la España muerta… es imposible que ninguna sea sincera y eficazmente españolista”. A lo que Laín apostilla: “Así sentía y pensaba la burguesía que hizo los ensanches de Bilbao y Barcelona, y no carecía de razón”. Y añadía el intelectual turolense: “Los hombres castellanos o castellanizados, heridos por la violenta negación de España a que llegó el regionalismo desmembrador, solemos olvidar o desconocer la existencia de un modo de sentir lo español distinto del vigente en Castilla y menesteroso de consideración positiva; y cuando hemos querido contar con él -recuérdese el banquete de los intelectuales madrileños y catalanes en marzo de 1930- más ha sido a impulsos de una intención anti que a favor de un propósito hacia”. Antes que Laín (¿era un mal español Laín?), Ortega ya lo sentenció: “España es cosa de Castilla”, aunque para el filósofo madrileño, primero Castilla crea España y luego la deshace (‘España invertebrada’); también lo escribió Claudio Sánchez Albornoz: “Castilla hizo España y España deshizo Castilla”; y ya, después, Julián Marías insistía: “Castilla se hizo España”.

Este castellanismo español es el que en Cataluña -como pensaba Maragall- se tiene por su “tragedia”. Nadie la expresó como Agustí Calvet, Gaziel, un grande del periodismo del siglo XX que escribió en 1951: “Cataluña podría sentirse plenamente española si formase parte de una España que se pareciese a Suiza: trabajadora, menestral, burguesa, ordenada, pacífica, casera y de composición política federativa…”; pero como Calvet percibía tal hipótesis como imposible, se lamentaba: “Y dado que Cataluña no ha tenido -y es probable que no llegue a tener nunca- fuerza para cambiar ese estado de cosas, esa realidad granítica, de ahí viene la tragedia”. José Ignacio Wert seguro que conoce la obra de estos autores.

El apocalipsis económico que nos augura el FMI en una simulación de estrés casi masoquista no puede disociarse -aunque afecte también a otros países de nuestro entorno, los menos eficientes- de la forma de vivir y conducirse de los gobiernos y los ciudadanos de España, que tiene semejanza al guión de ‘La ciudad alegre y confiada’, de Jacinto Benavente

No puede decirse que la cuestión catalana sea de antes de ayer. Tampoco podemos culpar a nuestros historiadores e intelectuales de no habernos avisado del peligro de la “tragedia catalana”. Ni es justo considerar que en 1978 no se hizo un inmenso esfuerzo que fue declinando a lo largo de los años hasta llegar hasta donde ahora estamos: abiertos en canal de manera tal que evoca a aquel otro terrible octubre, el de 1934, cuando el general Batet, luego fusilado por el franquismo, emplazó una pieza de artillería ante el Palacio de la Generalidad y en pocas horas liquidó la revuelta secesionista impulsada por Companys. Ahora no pueden mediar cañones, sino política tratando de evitar el “suicidio”, tal y como Felipe González ha descrito lo que le ocurriría a España si Cataluña se independizase. Olvídense los tambores que reclaman la fuerza porque de ella nuestro país sólo ha logrado que su historia sea la más triste de todas porque acaba siempre mal (Jaime Gil de Biedma) y si se emplea regresará la expresión indignada de Unamuno: “Venceréis pero no convenceréis”. Y ya es tiempo de convencer de una vez.

El apocalipsis económico que nos augura el FMI en una simulación de estrés casi masoquista (una prima de riesgo de 750 puntos básicos y una recesión inmediata de nuestro PIB del 3,5% con un horizonte que comenzaría a despejarse en 2018), no puede disociarse -aunque afecte también a otros países de nuestro entorno, los menos eficientes- de la forma de vivir y conducirse de los gobiernos y los ciudadanos de España, que tiene semejanza al guión de ‘La ciudad alegre y confiada’, de Jacinto Benavente, que ya olfateó en 1916 la banalidad tan española del “vaya yo caliente y ríase la gente”. Nuestro sistema productivo básico -turismo, construcción intensiva, industria agroalimentaria- persiste como hace décadas con escasa innovación y con mínimas alternativas en sectores-tractores con mayor valor añadido.

La Gran Recesión que arranca en el fraude de la subprimes y derivados financieros de alto riesgo nos ha impactado en la línea de flotación añadiendo al desempleo estructural el generado por la crisis hasta alcanzar cifras de escándalo (un 25%). Los tiempos convulsos son también de oportunidades si hay clases dirigentes lúcidas. Pero ahora ocurre como lamentó Francisco Silvela el 16 de agosto de 1898: “Donde quiera que se ponga el tacto, no se encuentra el pulso”. Y en buena medida por la mediocridad dirigente española, parasitaria de un sistema político rígido, opaco y cerrado a la oxigenación verdaderamente democrática.

O sea, la España de siempre, que es la España de nunca, entre la tragedia de perder su integridad y el pánico a un apocalipsis que pre anuncian los más de dos millones de pobres que nutren día a día los comedores sociales. Podríamos concentrar culpas a modo de consuelo pero la situación apela a una responsabilidad general porque una nación, en versión de Renan y de Ortega, es “un proyecto de vida en común”. Ahora no tenemos proyecto, nuestra vida es mortecina y lo común ha sido sustituido por el sálvese quien pueda. Mientras, la pinza -la tragedia y el apocalipsis- nos somete, día a día, a mayor presión. Una solución intelectualmente provechosa aconseja que pongamos en el terreno del contraste y el análisis crítico tantas cuantas verdades y principios hemos tenido por ciertos y permanentes. Dejemos de girar en vertical y regresemos, actualizándolo, al regeneracionismo de Costa: “Escuela, despensa y siete llaves para el sepulcro del Cid”.


Desde la manifestación
¿También a nosotros nos reñirá el Rey?
José García Domínguez Libertad Digital 13 Octubre 2012

Al fin, tras más de un cuarto de siglo en las catacumbas, el constitucionalismo ha salido del armario en Cataluña. Y con un ardor que ni el optimista más incorregible hubiese sospechado hace apenas veinticuatro horas. La Plaza Cataluña a rebosar. Esto es, cuarenta mil metros cuadrados donde ya no cabía una aguja, repletos como estaban de senyeras y banderas de España en promiscua confusión. Tan indistinguibles siempre la una de la otra por ser en realidad la misma. Al cabo, la rojigualda no es más que la vieja enseña cuatribarrada del Reino de Aragón, a la que Carlos III ordenó agrupar en dos las cuatro franjas rojas con el objeto hacerla más visible desde la lejanía.

Tal vez de ahí, de la abigarrada mezcolanza cromática de rojos y amarillos, el súbito ataque de miopía que hoy ha sufrido la Guardia Urbana del convergente Trías. Así, los que siempre son sesenta mil cuando se trata de concentraciones en idéntico escenario pero al objeto de festejar las victorias del Barça, han encogido de golpe hasta los seis mil manifestantes que dicen haber contado hoy. Como el milagro de los panes y los peces, pero justo al revés. Y para mayor desazón de los plumillas y fotógrafos de la prensa del régimen, ni un solo símbolo faccioso ni estandarte preconstitucional. A algunos se les veía al borde mismo de la desesperación en busca de un águila de San Juan que llevarse al buche. Necesitaban como agua de mayo la caricatura chusca de Martínez el facha para desacreditar el acto, pero, ¡ay!, no hubo forma de dar con él.

Lejos de eso, quienes abarrotaban con su entusiasmo todos los accesos al centro de Barcelona, algo que obligaría a cortar al tráfico el Paseo de Gracia, eran familias normales con sus hijos normalizados a la fuerza para contento de la Casa Real. Esa Cataluña más silenciada que silenciosa que se miraba a sí misma con algo de incrédula sorpresa, acaso asombrada de su propia fuerza. Y todo ello contra nadie. Sin estridencias, sin ira, sin rencor, en positivo. Porque tal vez no seamos más, aunque eso aún está por ver, pero somos mejores. No es de extrañar que el único instante de crispación se produjera luego de anunciarse por la megafonía la presencia de TV3, la televisión oficial de los pistoleros que disparan a las rodillas de los disidentes. El único. Una jornada, pues, memorable. Ahora solo falta esperar que el Rey no nos riña. A ver si hay suerte.

Cataluña
Sacudirse el miedo
Carina Mejías Sánchez Libertad Digital 13 Octubre 2012

Cataluña es un buen ejemplo de los claroscuros que existen en las democracias supuestamente libres. Es un lugar en el que la disidencia, convenientemente señalada, paga con la exclusión, la marginación o el exilio voluntario la expresión del sentimiento de sentirse español en Cataluña.

Hasta ahora era solo un grupo de jóvenes que salía a celebrar un triunfo deportivo cuando ganaba la selección española. Otras veces era un número indeterminado de ciudadanos que expresaban el sentimiento de sentirse tan catalán como español, reflejado en un frío dato estadístico, en una encuesta de opinión. En otros casos era ese misterioso e indescifrable y casi mágico, por indeterminado, voto oculto, que podía decantar una elección.

Pero sus rostros eran sólo un puñado de esfinges anónimas, tachadas de extremistas y siempre silenciadas por el apabullante discurso único que, debidamente amplificado, lo ensordece todo, que no admite réplica y con el que se ejerce una sutil coacción.

Hoy, doce de octubre, fiesta de la Hispanidad, muchos de ellos han dado la cara, han respondido de forma rotunda, cívica y festiva al último desafío independentista. Han sonado las voces de la libertad, han blandido banderas catalanas y españolas con valentía, han dicho alto y claro que no están dispuestas a elegir entre Cataluña y España.

Ha sido la expresión del inconformismo, capitaneado por unos pocos jóvenes decididos que han encontrado un buen aliado en una simple red social. Sin dinero y con pasión, en tan solo veinte días han sido capaces de sumar esfuerzos, superar obstáculos, aunar voluntades, poner voz al sentimiento español de miles de catalanes que hoy han decidido quitarse la mordaza, sacudirse el miedo y gritar "Yo soy catalán y español" y "Cataluña es España".

Ha sido un acto lúdico festivo y valiente, en el que no cabían separatistas ni separadores: unos, obsesionados con levantar fronteras sentimentales y territoriales para dividirnos, empequeñecernos y hacernos más débiles; los otros, ignorando que no pueden abandonar esta tierra a su suerte porque sería arrancarse una parte de sí mismos, renunciar a siglos de historia compartida y perder la oportunidad de presentarnos unidos a exigir nuestro lugar en el mundo. Y eso es tarea de todos.

El Doce de Octubre es una de las efemérides históricas más importantes. En aquella ocasión lo hicimos juntos, sin distinción. A partir de hoy será, también, una fecha que señalará en el calendario el día en el que muchos catalanes que nos sentimos españoles nos decidimos a salir a la calle para proclamar nuestro deseo de vivir en libertad, y no sometidos a la intolerancia independentista.

Carina Mejías, abogada, exparlamentaria del Partido Popular en la Cámara autonómica catalana.

El sueldo de los políticos
J. A. Gundín La Razón 13 Octubre 2012

No puede decirse que la propuesta de Cospedal de reducir a la mitad los parlamentos regionales y de suprimir la nómina fija a sus señorías haya generado un titánico debate intelectual como para igualarnos a la Atenas de Pericles; está claro que España no es Grecia. La más esforzada en el intercambio de ideas ha sido la izquierda, que le ha dedicado hondas reflexiones al estilo de: «populismo rampante», «guerra a la democracia» o «golpe blando de Estado». A juicio de los socialistas, se trata de una iniciativa diabólica del capitalismo financiero, pues no habiendo sueldo asegurado, sólo los ricos dispondrían de tiempo libre para la noble actividad de representar al pueblo; al resto de los mortales, condenados a ganarse la vida en el tajo de sol a sol, apenas si le quedaría ánimo para empuñar la antorcha de la democracia. Incluso se ha afirmado que un político sin nómina estaría abocado a caer en brazos de oscuros patrocinadores y a corromperse hasta la médula, de lo que se deduce que el sueldo es como el cinturón de castidad, aunque debe de tener el muelle flojo porque en las dos últimas décadas han sido imputados varios miles de cargos públicos que cobraban religiosamente a fin de mes y no precisamente cuatro perras.

Lo peor de esta elucubración progresista no es su mal concepto de la democracia, que es degradada a pensión alimenticia, sino lo que tiene de insultante para los miles de concejales y alcaldes que velan por los intereses de sus vecinos sin cobrar un euro, la mitad de ellos socialistas, por cierto. En los municipios de España penan y gozan 68.500 concejales, de los cuales el 80% no tiene salario municipal fijo y cobra, en el mejor de los casos, dietas por asistencia a los plenos. Muchos alcaldes hacen el mismo sacrificio. No parece que esos 56.000 ediles que están a dieta sean todos ricos ni, en su defecto, que sacrifiquen el sustento de los suyos por la política. Tampoco puede afirmarse sin caer en la injuria que nuestra democracia municipal sea de peor calidad que la autonómica o la estatal por el hecho de que unos tengan nómina y otros no. En países con pedigrí democrático tan exigentes como EE UU o los escandinavos, la mayoría de los representantes regionales y locales no tiene soldada. El caso de Florida es elocuente, pues, siendo la mitad de España en población y en PIB, tiene menos diputados que Cataluña, a la mayoría de los cuales se les asigna una remuneración por actividad. Sea como fuere, no es buena idea vincular la calidad de la democracia al grosor de una nómina. Entre otras razones porque el político que no depende del sueldo público es más libre personalmente y más independiente de su propio partido. Tal vez sea ahí donde les duele a los burócratas.

12-o
juan carlos girauta ABCCataluña 13 Octubre 2012

Creyeron que esa Cataluña no existía porque estaba callada. Tanto tiempo han tenido la hegemonía mediática, cultural, educativa, las herramientas de forja del imaginario nacional, los resortes de promoción, que han acabado confundiendo el modelo con la realidad, sus maniobras de ingeniería social con la natural evolución de las cosas.

Una evolución extrañamente uniforme, acrítica y lineal, sin accidentes, que no despertaba las sospechas de los sociólogos de guardia, profesión de moda. En el país por ellos inventado -un país sin complejidades, sin disidencias, una piña que alcanza la perfecta disolución del pluralismo y la muerte de la opinión pública a través de aquel editorial único-, las cosas funcionan como en una democracia. Pero al revés.

Al poder político no se le exigen responsabilidades. Es más bien un director de orquesta. O de coro. Sus atentos subalternos, que incluyen a los medios subvencionados, desgranan al unísono conmovedores acordes; que nadie vaya a confundir esa música con argumentos; estos apelan a la razón, aquélla al sentimiento. Que en esa obertura suene de pronto algo inesperado, fuera del escenario, es intolerable, provocador y, por supuesto, atenta contra la cohesión orquestal. Qué sé yo: el teléfono móvil de un periodista de verdad. ¡Que alguien eche a ese tipo!

¿A quién obedece? En el periodismo catalán no se concibe siquiera que alguien vaya por libre; opinar es obedecer; opinar es sincronizar el discurso con la batuta del gobierno; opinar no es algo espontáneo; es preciso preguntarse primero: sobre este nuevo asunto, ¿qué hay que pensar? La Cataluña callada se atreve hoy a salir a la calle por primera vez. Si nadie revienta su manifestación de hispanidad y catalanidad, valga la redundancia; si los nacionalistas catalanes comprenden que interferir o manipular la concentración de Plaza de Cataluña puede tener serias consecuencias; si los opinadores en serie no se agarran a la torpeza de comparar cifras de asistentes con una Diada movilizada por los poderes públicos, quizá alguien instalado en el gran programa empiece a sospechar que vive en Matrix.

323 millones de hablantes
El español resucita en el mundo
ALBERTO GORDO www.gaceta.es 13 Octubre 2012

Enrique Mari, de 83 años, aún recuerda cuando en Manila antes se hablaba español. Ahora, sólo inglés. Pero frente a la pujanza de este, o del chino, lenguas vehiculares para los negocios, nuestro idioma renace en países como Brasil y EE UU.

Enrique Mari, de 83 años, recuerda con nitidez la batalla de Manila que en 1945 enfrentó durante un mes a japoneses y americanos. Aquel enfrentamiento provocó uno de los peores baños de sangre de la Segunda Guerra Mundial. Murieron 100.000 filipinos y la capital, antaño una agradable villa colonial fundada por españoles, quedó completamente destruida. Pero como en todas las batallas, la devastación no terminó el día del último cañonazo. Después vino la ocupación militar japonesa, de irreversibles consecuencias, una colonización corta pero intensa que habría de arrasar muchas de las culturas locales, empujando además a gran parte de la oligarquía manileña al exilio.

Los nipones aislaron el español y a sus hablantes, miembros históricos de una minoría pudiente e ilustrada, una élite a la que pertenecía también la familia de Enrique Mari. Él sobrevivió por muy poco a la invasión japonesa: quemaron su casa para obligarlo a salir huyendo del humo, como una rata, y en la puerta un grupo de militares lo esperaba para ametrallarlo. Inexplicablemente salió con vida, pero los más cercanos a su familia, sus amigos y compañeros de colegio, sucumbieron a los desastres de aquella guerra feroz que tuvo en el Pacífico uno de sus capítulos más oscuros.

Este verano Enrique Mari habló con un periodista de la agencia EFE que fue a verle a Manila. El lugar donde lo recibió, una modesta y luminosa residencia de ancianos próxima a la capital, es hoy el último reducto de hispanohablantes de las islas. En un español cuajado de filipinismos, Mari le contó al reportero que cuando era pequeño, en su barrio, todos hablaban español y que si te alejabas de allí, al menos lo conocían. Que aún se comuniquen en nuestro idioma es en cierto modo una cabezonería histórica: “Quedan familias que lo hablan todavía. Pero además de los que murieron en la batalla de Manila, otros muchos españoles se fueron a España u otros países porque Manila quedó en ruinas”, le comentó el anciano.

Lo español, sin embargo, nunca llegó a cuajar en Filipinas como en América. Su función fue siempre la de congregar a todo el crisol de culturas locales –los tagalos, los cebuanos o los ilocanos, entre otros– bajo el paraguas de la cultura hispánica, asumida por ellos como una parte de su identidad. Esta diversidad lingüística repartida en centenares de islas del archipiélago, muchas de difícil acceso y aún hoy fuertemente condicionadas por la tradición indígena, fue un obstáculo que ralentizó la implantación de lo hispano. Eso y el aislamiento de la metrópoli, que sin embargo surtió de emigrantes a la zona durante años. Hoy, la mayor manifestación de nuestra cultura allí la encontramos en el chabacano o hispano-filipino, una lengua criolla hablada por unas 600.000 personas, sobre todo en Mindanao y en el sur del archipiélago.

El nacimiento de Manila
En Filipinas fue decisiva la presencia de los estadounidenses a partir de 1898, fecha del conocido desastre de nuestras tropas. Antes, el español había ido floreciendo entre una población que lo consideraba distinguido y necesario, aunque fuera como segunda lengua. Su presencia allí se remonta al siglo XVI, en concreto a 1565, cuando Felipe II mandó a López de Legazpi en una expedición a Asia. El marino desembarcó en Filipinas y seis años después los españoles fundaron la ciudad de Manila, en donde pasaron a ocupar puestos destacados en la Administración.

En 1870, un 60% de los filipinos manejaba el español con fluidez, utilizándose siempre además en el ámbito de lo público. Lo primero que hicieron los americanos, pues, fue sustituir el inglés por el español en las instituciones, asestándole el primer y penúltimo golpe. En 1902, la circulación de periódicos en español triplicaba a la de diarios ingleses; 40 años después la proporción era de 40 a uno a favor de los británicos. Pero pese a todo, el español pervivió, como se ha dicho, entre las grandes familias, las mismas que, si no fallecieron en la batalla de Manila, hubieron de huir a continuación ante la imposibilidad de seguir con sus negocios. Hoy la presencia de nuestro idioma allí es marginal, si bien hasta 1987 –y exceptuando los años de ocupación japonesa– el español ha sido lengua cooficial en el país.

La herencia cultural española –no sólo la de carácter lingüístico– en países como Cuba o Puerto Rico está fuera de toda duda. Allí la implantación fue relativamente rápida y sencilla y se impuso de un modo incontestable a la influencia anglosajona, pese a la cercanía de los Estados Unidos. Los conquistadores, narra Humberto López Morales, de la Academia puertorriqueña, “descubrieron a los indios, morenos, desnudos, ingenuos y trataron de hablar con ellos, pero no se entendían. De nada le sirvieron a Colón sus intérpretes, expertos en latín, griego, árabe o arameo”.

América y el futuro
Esta incomunicación facilitó el asentamiento del español. José Joaquín Montes Giraldo, una de las mayores autoridades en el campo de la dialectología hispanoamericana, cree que es esa la clave de que sea “una lengua que mantiene su unidad idiomática fundamental” en todo el continente.

En las islas del Caribe el desarrollo fue paralelo al de los territorios continentales. En las islas las familias indígenas más influyentes en el plano cultural eran la arahuaca y la caribe. A la primera debemos el primer indigenismo del español: la palabra canoa, y de la segunda partieron muchas lenguas aún hoy presentes en los territorios más dispares del continente, como Colombia, Venezuela, Guayanas y Brasil.

Para los estudiosos, el caso del Caribe hispánico, de las Antillas mayores, es una prueba extraordinaria del carácter vigoroso de nuestra lengua. Aunque el futuro es una incógnita. Es ya un lugar común, cuando se habla del porvenir de nuestra lengua, citar el chino o el inglés. En un mundo globalizado, con la economía en el centro de la vida, prevalece el pragmatismo sobre la tradición, los negocios sobre la cultura, un lugar este último en donde, según Francisco Moreno, director académico del Instituto Cervantes, mejor se defiende el español.

El inglés es hoy –y lo será en el futuro– una lengua imprescindible, necesaria para comunicarse en las reuniones de negocios, si bien el chino, con sus más de 1.000 millones de hablantes, será indispensable para aquel que quiera emprender una ambición global. Moreno, sin embargo, reniega de esta tendencia y confía en las posibilidades del español, un idioma de indudable tradición literaria, que es al fin y al cabo el indicativo más fiable del grado de riqueza que posee una lengua. “Hay una distribución en el uso de los idiomas, y el inglés y el chino parece que tienen ahora más potencial por una cuestión económica, de negocios. Pero el mundo necesita la diversidad”, afirma Moreno, autor, junto al filólogo Jaime Otero, de uno de los atlas más completos sobre la evolución de nuestro idioma. Otro de los aspectos que no hay perder de vista, dice, es el del multilingüismo, tendencia que puede favorecer la asunción del español en diversas partes del mundo.

Los siguientes retos de nuestra lengua están en aquellos lugares que reciben población hispana. Uno de los casos más interesantes es, según el portavoz del Cervantes, el de Brasil, donde la lengua española tiene una nueva vía de entrada gracias sobre todo a las buenas perspectivas económicas del país iberoamericano. Allí siempre ha habido pequeños e irrelevantes núcleos hispanófonos, pues fue a partir de las crisis económicas del siglo XIX cuando muchos españoles entraron en el país en busca de una vida mejor. Aquellos emigrantes decimonónicos se instalaron en el Sur y en el Sudeste, lo cual, unido a la vecindad de los países hispánicos, contribuyó a dar al español una presencia relativamente apreciable en la zona, infundiendo en sus habitantes la costumbre de hablarlo con frecuencia. Los estudiosos del Instituto Cervantes califican la situación del brasileño como de “auge y prestigio”, gracias sobre todo al aterrizaje de grandes empresas españolas en la región y la creación del Mercado Común del Sur en 1991, empuje empresarial que aumenta sin duda el peso de la cultura hispánica, que aporta en estos casos una emigración de calidad, con recursos económicos.

Biculturalidad
Las cifras muestran también una tendencia clara hacia la hispanización de Norteamérica. “Asistimos desde hace tiempo a una presencia creciente de lo español en EE UU, no solo de la lengua, sino de la cultura: los americanos, cada vez más, consumen literatura y cine hispanos, sobre todo porque muchos provienen de esos países”, explica el estudioso del Instituto Cervantes. En EE UU aproximadamente 30 millones de personas utilizan el español en sus casas y unos 40 millones usan nuestra lengua con cierta frecuencia, una seña de identidad, la hispana, que posee aproximadamente el 13,3% de la población, porcentaje que en Chicago se eleva al 26%, en Nueva York al 27%, en Los Ángeles al 46,5% y en Miami, entre otras cosas gracias a la emigración cubana, al 66%. Los expertos, sin embargo, no dan aún por sentado que la sociedad estadounidense camine hacia la biculturalidad. Se trata, según el Atlas de la lengua española de 2007, de una hipótesis sujeta a la influencia de muchos factores y a la capacidad del inglés para imponerse en los círculos hispanos una vez insertados del todo en la actividad económica, en la que, como se ha dicho, el inglés tiene un papel preponderante.

López Morales sostiene que vaticinar esa biculturalidad es difícil, ya que “los únicos lazos comunes que pueden observarse entre los diferentes grupos de estos emigrantes son la lengua y en menor grado la religión católica”. Aunque eso debería bastar, lo cierto es que la cultura de los diferentes países latinoamericanos, muchos de ellos islas separadas sin apenas relación, ha circulado a lo largo de los siglos por carriles distintos, por lo que los emigrantes, al llegar a EE UU tienden a asumir las costumbres norteamericanas.

En todo caso, el español es un idioma fuerte y consolidado, pero como cualquier manifestación cultural, está sujeto a los vaivenes económicos, políticos o sociales, dando a los interesados una apasionante materia de estudio.

Salvador Sostres sostiene que si se pierde será por 'dejación'
¿Es ya demasiado tarde para evitar que Cataluña se separe de España?
CiU ha ido comprando afinidades en los medios de comunicación más relevantes
Periodista Digital 13 Octubre 2012

Desde la recuperación de la democracia nunca antes se había organizado una manifestación no partidista, de simple y llano apoyo a España, y las únicas reuniones de los 12 de octubre eran las de 300 o 400 nostálgicos del general Franco que se reunían en cualquier jardín de Montjuïc.

Y con ese motivo, el analista político y social mas desahogado de España, un tipo polémico y brillante que se llama Salvador Sostres, escribe en 'El Mundo' una columna que no tiene desperdicio.

Titula Sostres su pieza "Tarde, muy tarde" y se pregunta en ella si no ha llegado ya la riada independentista demasiado alto, como para poder devolver las aguas a su cauce.

Por su enorme interés y porque el autor reflexiona en voz alto sobre algo que baila en la cabeza de muchos millones de españoles, incluidos seis millones de catalanes, reproducimos aquí sus principales fragmentos:

Si España pierde este partido no será porque no haya españolistas en Cataluña, ni porque no disponga de intelectuales catalanes de prestigio dispuestos a defenderla.

Si España pierde será por dejación, por no comparecencia. Hace sólo cinco años, los independentistas no pasaban del 25%.

Si hoy son mayoría y podría ser que ganaran un referendo secesionista es porque han hecho un inmenso trabajo de concienciación y de propaganda.

Han creado todo tipo de organizaciones y de plataformas, han ido conquistando casi todos los espacios públicos, y muchos independentistas se han ido estratégicamente situando en las estructuras de los principales partidos políticos.

Han creado consignas y lemas, algunos muy eficaces como el España nos roba, hasta el punto de que una amplia mayoría de catalanes piensa realmente que seremos más ricos si nos independizamos de España.

Explica Sostres que, paralelamente, CiU ha ido comprando afinidades en los medios de comunicación más relevantes.

En los públicos, es decir, políticos, controlándolos directamente; en los privados, adiestrándolos con toda clase de subvenciones, públicas y encubiertas, hasta llegar a crear estampas tan extraordinarias como que el editor del periódico más independentista del momento es un Grande de España: Javier Godó, conde de Godó y maulet.

Lo que puede llegar a hacer el dinero con la aristocracia arruinada.

En los presupuestos de 2012 y a la vez que se recortan plazas de hospital, se cierran quirófanos y se retrasa el pago a los geriátricos, el Gobierno autonómico controlado por CiU incluye una partida de 15 millonesde euros, cuya parte del león va a parar a 'La Vanguardia' y 'El Periódico de Catalunya', para que promuevan la lengua catalana en sus ediciones de papel.

Los del otro lado, en cambio, no han hecho nada. Tenían la fuerza, tenían la mayoría, tenían el aparato del Estado y no han hecho nada.

Dieciocho de los 20 empresarios más importantes de Cataluña no sólo no son independentistas, sino que creen que la independencia podría perjudicarles.

Y comenta, casi sombrío, Sostres:
Si España pierde será por no haberse presentado. El independentismo empezó a ganar cuando dejó de quejarse de los árbitros y se puso a trabajar.

Cada bando tiene sus razones y España no está perdiendo porque sus razones sean peores, sino porque no ha trabajado

Caja tras el varapalo del Supremo a Mas
"El TSJC evidencia una vez más que está a las órdenes de la Generalidad"
Francisco Caja recordó que si el TS ha tenido que fallar contra la Generalidad es porque "una vez más" el TSJC lo hizo a favor.
O.Moya Libertad Digital 13 Octubre 2012

Este jueves se publicó una sentencia del Tribunal Supremo que destapaba de nuevo las prácticas de la Generalidad catalana. En el fallo, el Alto Tribunal anulaba unas oposiciones que exigían el catalán pese a que los puestos a cubrir incluían otras comunidades autónomas.

El presidente de Convivencia Cívica Catalana (CCC), Francisco Caja, ha mostrado su indignada sorpresa porque una vez más el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña haya desestimado un recurso sobre la exigencia e imposición del catalán y se haya tenido que recurrir al Tribunal Supremo.

"Lo sorprendente" es que una cuestión así "llegue a casación", señaló en declaraciones a Libertad Digital. Lo que evidencia esto es que "una vez más el TSJC actúa según los mandatos" de la Generalidad, indicó.

"Al final han conseguido catalanizar la Justicia"
"Así estamos en Cataluña, teniendo que acudir al Supremo porque el TSJC, una vez más, evidencia que está a las órdenes del gobierno de Cataluña", afirmó Caja. "Al final han conseguido catalanizar la Justicia", se lamentó.

Y haciendo referencia a las pretensiones de independencia de los nacionalistas, ahora encabezados por Artur Mas, señaló que "ésta es la felicidad que nos prometen", en caso de secesión. "Esta es la Justicia que prometen".

El presidente de CCC señaló que "los profesores de Universidad también hemos interpuesto un recurso contra el último decreto que aprobó el tripartito por el que se exigía para acceder a cualquier plaza el nivel C". Así que se podía dar el caso, ilustra Caja, de que un becario con esos conocimientos del catalán la obtuviera en detrimento de un premio Nobel.

El TSJC les "tumbó" el recurso llegándoles a "no reconocer la legitimidad para recurrir", por lo que se han visto obligados a acudir al TS. Y es que, en Cataluña, "primero va la lengua y después los derechos civiles y fundamentales", afirmó Caja.


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"Delenda est España"
Fermín Bocos Periodista Digital 13 Octubre 2012

MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Hablemos del conflicto, pero sabiendo de qué estamos hablando. Con arreglo al mejor espíritu de la Transición, el sistema educativo diseñado en Cataluña para potenciar el dogma idiomático de los nacionalistas-inmersión lingüística en catalán, deconstrucción, unas veces de manera sutil, otras no tanto, de la Historia común de tantos siglos- fue aceptado por los gobiernos socialistas presididos por Felipe González y no repudiado, posteriormente, cuando gobernó el PP con José María Aznar.

Se vio favorecido por un extraño complejo: había que compensar los desmanes cometidos por el franquismo en Cataluña. Fue una contrapartida tácita, no escrita ni respaldada por ley o decreto. Todo lo contrario pese a que el exceso de celo en la aplicación de la inmersión lingüística a todas luces incumplía la ley que declara lengua oficial tanto al castellano como al catalán, desde el Gobierno central, como digo, no hubo interdicción, quizás porque como tantas veces hemos visto en los últimos años nuestros políticos piensan más en las elecciones que en los intereses de las próximas generaciones y CiU ha sido la bisagra con la que unos y otros han contado cuando no disponían de mayoría parlamentaria.

Venimos de un estado de cosas, eufemismos, equívocos y hechos cumplidos, que hace que si un "conseller" de la "Generalitat" proclama que su intención es "catalanizar" la escuela o la televisión, los medios barceloneses hablarán de él como de un patriota, mientras que si a alguien se le ocurre la idea de "españolizar" la enseñanza en Cataluña, automáticamente, será tildado poco menos que de fascista. Se puede comprender que la derecha española que en términos sociológicos podría ser considerada como heredera del franquismo (Fraga fue el aglutinador de las familias del Régimen), haya adquirido durante estos años conciencia de aquel latrocinio cultural perpetrado por los "galinsogas" de los años cuarenta y cincuenta, pero la izquierda -el PSOE el PSUC, el PCE o el PSC- ¿de cuando acá debían sentir complejo de culpa por los desmanes franquistas?

Perplejidad es la palabra. Desconcierto ante el hecho cierto de la adopción por parte de la izquierda española de los paradigmas y reivindicaciones de los nacionalistas habida cuenta de que estamos hablando -Lenin dixit- de "un ofuscamiento pequeño burgués". En fin, el daño ya está hecho. Son muchos los jóvenes catalanes que han hecho suya la mitología catalanista, el memorial de agravios, el "delenda est España" con el que pretenden poner etiqueta y trazabilidad a todos lo males que aquejan a Cataluña. Incluidos los recortes de sueldos a los funcionarios, el despido de docentes y el cierre de quirófanos y ambulatorios decidido por Artur Mas. Esos recortes del Estado del bienestar por los que tantos se manifestaron en Barcelona contra el gobierno de CIU hasta que Mas, después de la última "Diada" decidió liarse la "senyera" a la cabeza amenazando con romper la baraja y saltar por encima de la Constitución.

Desde la convicción de que estamos mejor juntos que enfrentados y separados, tengo para mí que todavía estamos a tiempo de exigir a los políticos que arreglen lo que la política va camino de romper. Es la hora de atemperar ciertos ideales políticos en nombre de los valores democráticos y de colocar éstos últimos por encima de los intereses partidistas. Esta vez hablamos de algo muy serio: una Historia en común que tiene ya más de cinco siglos.

¡In-de-pen-den-ci-a!
Eduardo Arroyo www.elsemanaldigital.com 13 Octubre 2012

A mi lo que me viene, tras escuchar las declaraciones de Wert, es luchar más aún por la independencia. Lo que quiero es independizarme de los Mas, Garitano, Rigau e Izaguirre, entre otros.

Como nunca es tarde si la dicha es buena, hemos de coincidir en que el ministro se ha apuntado un tanto que habla en favor de su valía personal.

A raíz de las declaraciones del ministro Wert se ha desatado la polémica que cabía esperar. Wert ha puesto el dedo en la llaga: en contraste con los ideólogos de FAES, obsesionados de manera casi paranoica con la economía y la loa acrítica a los EEUU, Wert cambia de tercio y parece saber que el "órdago soberanista" tiene raíces educativas.

Descubre con ello el Mediterráneo, pero como nunca es tarde si la dicha es buena, hemos de coincidir en que el ministro se ha apuntado un tanto que habla en favor de su valía personal. El ministro Wert quiere "españolizar" a los niños catalanes. La cosa es sorprendente, toda vez que ni un solo niño catalán desde que Cataluña aparece en las crónicas hasta, digamos, los últimos 60 o 70 años, ha dejado de concebirse a sí mismo como algo diferente de España. Frente a esto, la consejera de enseñanza de la Generalitat Irene Rigau afirma que las pretensiones de Wert son "preconstitucionales" y "franquistas". Y eso que es consejera.

Artur Mas ha llamado "ignorante" al ministro, tal y como explicaba la portada de El Mundo de hace unos días. El PSOE, por su parte, hace causa común con la claque del nacionalismo catalán y arremete contra tamaña fechoría: Wert debe dimitir.

Por si fuera poco -last but not least-, coincidiendo con la Fiesta Nacional del 12 de Octubre, los chicos de Bildu -que tan bien gobiernan en el ayuntamiento de San Sebastián- se rebelan contra "una fiesta impuesta", en boca del egregio alcalde Juan "Karlos" Izaguirre.

¿Qué se desprende de todo esto? Quien haya leído los artículos de esta columna, sabrá que un servidor no es ni mucho menos sospechoso de servidumbres de partido, menos aún de servidumbres hacia el PP. Quizás por eso ese mismo servidor puede opinar lo que le de la gana. A mi lo que me viene, tras escuchar las declaraciones de Wert, es luchar más aún por la independencia, pero no la independencia de "España" o, como gusta de decir tanto majadero, "del Estado español". No, yo lo que quiero es independizarme de los Mas, los Garitano, las Rigau y los Izaguirre, entre otros.

Ignoro por qué se emplea la excusa de la democracia para tener que soportar a personajes como los citados, que forman un continuo de mediocridad y majadería con gentes como las ya míticas Leyre Pajín o Magdalena Álvarez, más propios de un sainete de segunda, que de una gran nación europea. El caso es que el revuelo causado por Wert es lo esperable en un país como el nuestro, donde todo un estadio de cretinos reivindica 1714 por que cree que, entonces, Cataluña que luchaba por su independencia, quedó sometida. Al socaire de esta farsa, escenificada escrupulosamente por todos los asiduos participantes en la letrina intelectual del "nacionalismo" catalán, se ha educado a varias generaciones de niños catalanes -y no tan catalanes- para imbuirles de un imaginario construido a la medida de los cómplices de semejante bobada.

Así las cosas, Wert debería haber denunciado el estado de alienación en que vive la población catalana, privada de su historia y de la memoria de sus muertos que, desde las huestes de Jaume I hasta los voluntarios de Prim, lucharon y dejaron su sangre porque España tuviera un lugar digno bajo el sol. Pero constituye otra gran estafa pretender, como por ejemplo hacen Arcadi Espada, Alejo Vidal-Quadras o incluso el cómico Albert Boadella, cargar las tintas contra el "totalitarismo identitario" porque, si realmente el "nacionalismo" fuera identitario, sabría qué lugar ocupa Cataluña en la historia de España y cuales son sus verdaderas señas de identidad.

Por eso, de lograr la independencia los turbas de Mas, Rigau y compañía, se verían abocados al igual que otra banda cualquiera de malhechores, a "limpiar" en conciencia hemerotecas, bibliotecas y monumentos, para no dejar constancia del papel que Cataluña ha jugado en la gesta común española. Por todo ello, un "aparatchik" como Rigau, pretendidamente "consejera de enseñanza", o un Artur Mas, suscitan en toda persona medianamente cultivada un desprecio creciente por la clase política, precisamente por tomar conciencia de los pocos escrúpulos que tienen a la hora de salirse con la suya.

En el País Vasco, la gentecilla de Bildu tiene que apelar a la retórica sempiterna de todo partido al uso (léanse las declaraciones de Juan "Karlos" Izaguirre) para anunciar al mundo lo buenos que son y lo bien que gobiernan y que nadie piense que son exactamente como el resto -asesinatos aparte- en cuanto a perpetuarse en la poltrona para que todo siga igual. Izaguirre denuncia el 12 de Octubre como "fiesta impuesta" porque semejante mendrugo ignora que fue un vasco-argentino -el presidente Hipólito Irigóyen- quién la instituyó a principios del siglo XX, él, ignorante de proceder de un país "ocupado" por el invasor español. Lo malo es que esta tropa, cuya calidad humana y política se saldaría en un bazar chino por dos sacos de garbanzos, ha sido bastante hábil, como auténticos aprendices de brujo, a la hora de manipular las mentes y las conciencias.

En el ABC del día 12 aparecen unos documentos reveladores, en los que se vanaglorian de "generar historia". El truco no es nuevo. Hace ya tiempo que cayó en mis manos la obra de Kenneth Goff, "Psicopolítica. Técnica del lavado de cerebro", publicada en Argentina en 1962. El librito, prologado por el padre Julio Meinville, contenía y explicaba varios discursos del "dobermann" de Stalin Laurentiv Beria, acerca del dominio de los países enemigos mediante la manipulación de las conciencias. Beria creía que la psicopolítica, pese a la carga de mentira y de corrupción que conllevaba, era loable toda vez que evitaba la destrucción material de las guerras a fin de derrotar al enemigo. Los métodos de la Generalitat y de sus colegas vascos no difieren demasiado de los propuestos por el célebre comisario político. Pero es necesario que quede patente que para que los procedimientos psicopolíticos funcionen, el enemigo ha de tener la guardia bajada.

¿Qué significa ésto? Pues que también sería útil denunciar los métodos y las ideas en nombre de las cuales se ha desnacionalizado a la nación española, se ha condenado al orgullo nacional al "guetto" de la extrema derecha y, en nombre del patriotismo constitucional y de las "sociedades abiertas", se ha hecho recaer en las señas de identidad legítimas de cada pueblo, la sospecha de constituir herramientas para futuros genocidios. En el fondo, tan perjudicial es inventarse naciones para, mediante técnicas de ingeniería social estalinista, alienar a la población en favor de "naciones sin Estado ocupadas", como desnacionalizar auténticas naciones históricas para someterlas al poder globalizador del mercado.

Lo siento pero no sé resolver esta disyuntiva y decidir qué es peor. Por todo ello, a muchos nos gustaría exteriorizar el clamor de independencia respecto de los Rigau, los Garitano, Izaguirre, Mintegui y también de los Rajoy, Rubalcaba y demás subproductos de una casta política en plena descomposición. Sus "respuesta" ante la situación que vivimos no son más que una huida hacia adelante en la que formulan, una tras otra, ideas abracadabrantes cuyo valor de verdad es cero o casi cero. Mañana, la independencia de Euskadi; pasado la del barrio de la Guindalera. Hoy, España sometida a los designios de los inversores o del BCE; mañana, al Estado mundial y a la OMC. En la locura todo es posible y en la estupidez más aún. Así las cosas, a muchos solo nos queda gritar: ¡In-de-pen-den-ci-a!

Cataluña: ¿de qué lado están el Rey y el Príncipe?
Pablo Sebastián www.republica.com 13 Octubre 2012

Artur Mas, CiU y la burguesía catalana financiera y empresarial han pasado el Rubicón, han desafiado y dañado a España, en plena crisis económica y social, y no tienen mas salida que perder el envite y rectificar o atenerse a las consecuencias. Si eso no es así, muy pronto vamos a tener el mismo problema en el País Vasco e incluso, con el tiempo, en alguna otra Comunidad autónoma. De manera que son ellos, Mas, CiU y su burguesía económica los que han creado el problema, roto las reglas del juego y la legalidad -porque el desafío se ha lanzado desde una institución del Estado que se llama la Generalitat-, los que han creado el problema y los que han de recibir la respuesta que se merecen y que ellos mismos se han buscado causando, dentro y fuera de España, un daño grande y difícil de reparar.

Un daño cuyo alcance aún no hemos adivinado por las consecuencias que puede tener para España en nuestra estabilidad política y financiera, e incluso dentro de la UE. Y sería una temeridad mayor y un riesgo desmesurado el aplazar la respuesta hasta después de las elecciones catalanas porque la ola gigante que entonces se desplegará disfrazada de “legitimidad democrática” en favor de la secesión de Cataluña será imposible de frenar. Y resulta sorprendente y preocupante que las instituciones y poderes del Estado aún no se hayan dado cuenta de la situación, y anden jugando con el fuego independentista como si de una fugaz bengala se tratara, algo sin importancia que se arreglará con el tiempo. Como si el tiempo fuera parte del problema y no un peligro añadido porque si algo está claro es que la deriva de CiU, Mas y sus financieros y empresarios ya no tiene marcha atrás. Máxime cuando las elecciones catalanas del 25-N -que ya han destruido al PSC como primera víctima española- de su ataque frontal al Estado se están presentando como un plebiscito nacional.

Y resulta emocionante la “soledad” institucional en la que miles de españoles residentes en Cataluña han salido a las calles de Barcelona a defender el buen nombre de España, algo que el Gobierno de Rajoy debió de hacer al día siguiente de la Diada y que el presidente redujo, un mes mas tarde, a una declaración breve en la que calificó el de desafío de Artur Mas al Estado de “gran disparate”, y eso es todo. Y cuando parecía que, por fin, el gobierno renunciaba al ‘bajo perfil’ con la firme declaración de ministro, José Ignacio Wert a favor de “españolizar”, resulta que el Rey don Juan Carlos pudo haber dicho al presidente Rajoy, al término del desfile de la Fiesta Nacional, que no le ha gustado lo de “españolizar” la enseñanza en Cataluña. Así lo han leído de los labios del monarca los expertos en interpretar imágenes, aunque la Casa Real lo ha desmentido. Y para colmo el Príncipe Felipe decía en la recepción del Palacio Real que “Cataluña no es un problema” (sic), y que hay que rebajar las tensiones.

Si todo esto es así, tenemos que preguntar ¿a qué juega la Casa Real y del lado de quién están el Rey y el Príncipe en esta grave crisis de Cataluña y España? Ahora resulta cuando el Gobierno, por boca de la vicepresidenta Saénz de Santamaría afirma que el desafío e independentismo de CiU y Artur Mas está dañando “la estabilidad política y la financiación de España” llega el Príncipe de Asturias y declara que no existe el problema catalán, mientras el Rey se pone del lado de CiU y el PSOE en contra la frase de “españolizar” la enseñanza. Y todo ello el mismo día en el que el diario ABC publica un documento donde el Gobierno de Artur Mas presume haber “catalanizado” la enseñanza en Cataluña.

Pero ¿quién le ha dicho al Príncipe Felipe que no hay problema en Cataluña?, ¿está ciego o sordo? Tenemos la impresión que son la alta burguesía financiera y empresarial catalana -los cómplices de CiU y Artur Mas- los que han ido al palacio de la Zarzuela (y a la Moncloa) a convencer al poder de Madrid de la estrategia del bajo perfil para quitar importancia de la secesión catalana y vender al Rey y al Príncipe el discurso y argumento falso de que ellos luego lo van a arreglar todo, fomentando “el diálogo” y la rendición de España a los pies de Mas, a base de entregarles un “pacto fiscal”.

Estos financieros y empresarios catalanes son los culpables del gran y temerario desafío de CiU y de Artur Mas, y lo único que buscan en Madrid es ganar tiempo para que no estalle la crisis en todo su esplendor antes de las elecciones catalanas del 25-M. Las que se han convertido en un plebiscito con el que Mas logrará una importante legitimación popular, para situarse al mismo nivel del Estado y para negociar de tú a tú la relación del Estado español con el pretendido Estado catalán. Además, estos ‘traidores’ y cómplices de CiU, grandes empresarios y financieros catalanes, traen ese discurso a Madrid para evitar que los españoles entren en una guerra comercial que arruinarían sus bancos y negocios en el resto del territorio español.

Si de algo está sirviendo esta crisis catalana es para clarificar la situación y saber de qué lado están unos y otros, y buena prueba de ello la tenemos en la autodestrucción del PSC-PSOE, que está llevando a los socialistas a una crisis descomunal en toda España. Su declaración en contra la “españolización” de la enseñanza en Cataluña -en línea con el Rey- puede llevar al PSOE, y no solo al PSC hacia su destrucción o a una necesaria refundación.

En cuanto al Rey y al Príncipe que se anden con cuidado porque los españoles no estamos para mas bromas, ni para guiños o paños calientes con el independentismo catalán y mucho menos aún con la identidad y la unidad nacional. Y si alguien en la Zarzuela está pensando una ‘Comonwealth Ibérica’ se van a equivocar.

La frivolidad de la secesión aquí y ahora.
Andrés Aberasturi Periodista Digital 13 Octubre 2012

MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Mientras esos entes que se dedican al estudios de las economías -vaya usted a saber cómo- nos ponen a un paso de los países basura, aquí lo que preocupa es si, ante una Cataluña independiente, el Ejercito tomaría las armas y las calles de la Ciudad Condal y si el Fútbol Club Barcelona jugaría la liga española o no. Cualquier disparate es válido porque el origen de todos los disparates es otro disparate.

Lo de la secesión de Cataluña es una idea que siempre han tenido los independentistas y que está ahí, flotando en las políticas nacionalistas que nunca han renunciado a esa idea utópica, para unos, y posible para otros. Lo que ahora ha hecho Mas es utilizar la inestable situación del país por los crisis económica y el descontento general que las medidas del Gobierno provocan para darle una vuelta de tuerca a la vieja aspiración y de paso -todo hay que decirlo- fijar la atención de los catalanes en este problema desviando así las polémicas de lo verdaderamente grave que es su propia política de recortes, ajustes y peticiones ayuda a la Administración Central. Mas ha prometido un referéndum imposible porque no se sabe si se llegará a convocar realmente y, en todo caso, sería absolutamente irrelevante desde un punto de vista jurídico.

Pero eso al presidente de la Generalitat no le preocupa demasiado. De hecho con sólo este anuncio y su política de gestos ha conseguido romper al PSC, preocupar al señor Lara, el dueño de Planeta, que un brigada del Ejercito diga que jamás obedecerá ordenes ilegítimas para atacar a compatriotas, que Vidal Quadras quiera preparar a un general del Guardia Civil y -sobre todo- que discutamos todos sobre si habrá o no partidos del siglo cada temporada entra el Barça y el Real Madrid. Claro, nada de esto es de recibo porque el origen mismo de todas estas disquisiciones carece de sentido, al menos de sentido inmediato y medio plazo.

No me refiero a la legitima aspiración de quien sea a lo que sea sino a la posible inmediatez de todo esto. ¿Es que de verdad alguien se cree que convertir a Cataluña en una estado independiente es cosa de una par de días? Ni aun estando de acuerdo todos los catalanes (que no lo están) y con el visto bueno de todos los españoles (que no lo tienen) y el apoyo de todo el Congreso (que tampoco) la secesión sería cosa de una legislatura. Entonces a qué viene estas prisas, por qué estas mesas redondas sobre qué haría el Ejercito y cómo quedarían las quinielas futbolísticas.

A la vista de cuanto está ocurriendo soy cada vez mas partidario de los que opinan que Mas ha metido en un jardín a CIU, que el PSC y el PSOE andan a la greña más preocupados por su presente que por el futuro de todos y que un país sensato en la situación en la que está España ahora debería dejarse llevar a estas disquisiciones que son absolutamente accesorias e interesadas en lugar de ocuparse -todos- en los millones de parados provocados en por una situación más que delicada y afecta, como se ve por los datos, a secesionistas e integrados.

Mas se ha equivocado en su cálculo porque no era este el momento de plantear semejante cuestión; se ha equivocado él y ha equivocado a demasiada gente a la que tendría que explicar no sólo los recortes que le llegan de Madrid sino también -y sobre todo- sus propios recortes en Sanidad o Educación, sus deudas, la gestión desde muchos puntos de vista irresponsables de los pocos recursos destinando mas dinero a idearios políticos que a mantener lo mejor que se pueda el estado del bienestar. Pero resulta realmente acongojante que estando en la situación en la que estamos, alguien ponga aquí y ahora sobre la mesa el tema de la independencia y el resto entremos al trapo preguntando que haría el Ejército o cómo quedaría la liga de fútbol. Me parece de frivolidad que en nada nos beneficia.

'España unida' vs. 'Cataluña independiente'
El error
Cristian Campos Libertad Digital 13 Octubre 2012

Alguien tiene que pinchar el globo, y voy a ser yo: 10.000. A las 12:00 horas del 12 de octubre de 2012, 10.000 manifestantes se aglomeran en la Plaza Cataluña de Barcelona, según los organizadores de la concentración. Demos la cifra por buena, aunque ya les adelanta este barcelonés que en el centro de la Plaza Cataluña a duras penas caben 4.000 personas; 6.000 a todo tirar si incluimos sus aledaños. La misma cifra de asistencia, por cierto, que ha dado la Guardia Urbana. Bien, no resulta muy difícil adivinar lo que sigue, ¿cierto? La peor cifra independentista del pasado 11-S (600.000) contra la mejor del 12-O (10.000). 60 a 1. Esa es, en la Cataluña actual, la fuerza real de la idea España unida en comparación con la fuerza real de la idea Cataluña independiente.

Gracias a la manifestación de hoy, el independentismo ya tiene una cifra que pasear por Europa y por la redacción del New York Times. Real, tangible, contrastada. Con foto aérea incluida. 60 a 1. Nacho Vidal contra el osado micropene español. Y este chiste va a ser el menos cruel que lean durante las próximas semanas.

Queda claro que en la España actual no abundan los Clausewitz, pero desde el punto de vista de la estrategia unionista la convocatoria de la manifestación de hoy ha sido un error táctico de proporciones colosales. No hace falta ser un lince para darse cuenta de que la de una España unida no es, a día de hoy, una idea activa sino reactiva. Sólo ha aparecido cuando ha creído necesario chafarle la guitarra al soberanismo. Y eso forzada por un órdago político que, ya acabe con una Cataluña independiente o con un federalismo asimétrico, supone decirle adiós a la España actual.

Y este error ni siquiera es nuevo. Ya lo cometió Ciutadans cuando decidió lanzarse a la arena política para contrastar con la realidad de la calle aquella entrañable idea-fuerza que hablaba de una bolsa de centenares de miles de catalanes, principalmente pertenecientes a las clases obreras y las elites intelectuales, que no votaba en las elecciones autonómicas catalanas a falta de un partido político que defendiera sin complejos la idea de una Cataluña 100% española. El resultado está a la vista: C’s lucha elección tras elección por superar la barrera electoral del 3%. Puro wishful thinking.

Esa, la de los españoles durmientes, era una idea potente y atemorizadora (en términos estrictamente políticos) que en no pocas ocasiones había mantenido a raya al nacionalismo más radical. Duran Lleida, sin ir más lejos, ha edificado 30 años de carrera política sobre los cimientos de esa idea. Y no es para menos: ¡un monstruo aletargado de casi un millón de ciudadanos desencantados dispuesto a arrasar al nacionalismo en cuanto España le llame a filas! Como para acojonar a cualquiera. Pero hoy España ha llamado a filas. Han respondido 10.000 ciudadanos. Y algunos aún se asombran cuando ven al tibio Duran Lleida convertirse a pasos forzados al soberanismo. ¿Y cómo no va a hacerlo, si el PP y los organizadores de la manifestación de hoy han levantado los faldones de las sábanas y han mostrado al nacionalismo moderado que el monstruo que estos creían tener debajo de la cama era una chinche?

Nada puede contra la voluntad de un pueblo
Carlos Fonseca. El Confidencial 13 Octubre 2012

Defender la independencia en Cataluña no es lo mismo que hacerlo en el País Vasco, donde el debate soberanista se ha deslegitimado durante años identificándolo con la violencia de ETA. El silogismo era muy sencillo: ETA reivindica la independencia; el PNV también, luego el PNV es igual a ETA.

Defender un Estado vasco era hacer el caldo gordo a los terroristas, darle argumentos, razón por la que el debate soberanista debía posponerse hasta la desaparición definitiva de la banda. No ha ocurrido lo mismo en Cataluña, donde el terrorismo de Terra Lliure, desaparecido hace muchos años, no admite comparación con el de ETA, y CiU ha eludido el conflicto en beneficio del pragmatismo. Amagar y no dar a cambio de concesiones económicas para su comunidad

El nacionalismo español, que también lo hay, identifica el reconocimiento del derecho a la autodeterminación (‘derecho a decidir’ en una terminología más digerible) con la independencia, pese a que el ejercicio de aquél no conduce inexorablemente a ella, que dependería en última instancia del resultado de la consulta popular. El separatismo es un concepto peyorativo en el resto de España porque se identifica con la ruptura de la Nación y todo tipo de desastres.

El miedo centralista a que los ciudadanos vascos votaran mayoritariamente a favor del derecho a decidir condujo el debate hacia el “sujeto de decisión”. El nacionalismo vasco defiende que éste reside en el pueblo vasco, y los gobiernos centrales que le corresponde al pueblo español (‘La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado’, título preliminar de la Constitución, artículo 1.2). Es obvio que una consulta en España sobre la autodeterminación del País Vasco y de Cataluña sería rechazada de forma aplastante.

Más dudas tengo sobre el resultado que depararían las urnas si la consulta se limitara a los ciudadanos de ambas comunidades, en las que poco a poco ha ido calando el sentimiento soberanista, sobre todo en el País Vasco, donde muchos ciudadanos le daban la espalda porque ETA pretendía imponerla con el asesinato. Los comicios del próximo fin de semana en el País Vasco y del 25 de noviembre en Cataluña darán la medida del respaldo que tiene en la población.

El president Artur Mas lleva tres semanas envuelto en la bandera, despechado porque el presidente Mariano Rajoy no ha atendido sus reclamaciones económicas. CiU, como el PP, es un partido de derechas cuya rediviva reivindicación de la independencia no ha impedido que esta legislatura haya apoyado al Gobierno del partido que recurrió el Estatut al Tribunal Constitucional (TC). La misma actitud que abrazó el PNV con el Gobierno de Zapatero, al que apoyó en algunas de sus decisiones más controvertidas pese a que los socialistas vascos les habían arrebatado Ajuria Enea con un pacto con los populares. Si algo ha demostrado el nacionalismo en este país es mucho pragmatismo, siempre a cambio de concesiones económicas y de poder.

Artur Mas ha aplicado en Cataluña recortes más drásticos que el Gobierno central, pero ha atinado con la tecla para para desviar la atención con proclamas independentistas. El anticipo electoral es la jugada perfecta que le permitirá con toda probabilidad conseguir la mayoría absoluta. Veremos entonces hasta dónde lleva su desafío: si hasta la ruptura con el Estado, o hacia un acuerdo económico (el cupo catalán) que justifiquen la marcha atrás.

El presidente del PNV y candidato de su partido a la lehendakaritza, Íñigo Urkullu, se sabe ganador de los comicios vascos. La duda es si su diferencia con EH-Bildu será suficientemente amplia para que nadie ponga en duda su hegemonía nacionalista. A partir de ahí, es poco probable que Urkullu se eche al monte, pese a su defensa del Estado vasco. La sociedad vasca está cansada del debate soberanista que durante años monopolizó el discurso político. Su prioridad es la crisis económica y su consecuencia más dramática: el paro. Un vistazo a los programas electorales de todos los partido, incluida la coalición EH-Bildu, basta para comprobar cómo la crisis ha relegado las reivindicaciones soberanista a un segundo plano.

Lo que el Gobierno de Mariano Rajoy no puede ignorar es que el debate de la independencia se ha abierto camino en ambas comunidades, y negarlo es de necios. Decir que se pueden defender todas las ideas, incluso las independentista, si se hace de manera democrática, es no decir nada si en caso de triunfar no pueden materializarse.

No soy nacionalista, pero como dice Miguel Herrero de Miñón, uno de los padres de la Constitución y persona nada sospechosa de militancia abertzale: nada puede contra la voluntad de un pueblo. Él y Ernest Lluch (asesinado por ETA) defendieron años atrás que la posible solución al conflicto vasco era el “constitucionalismo útil”, consistente en una interpretación extensiva de los derechos históricos que la Constitución reconoce al pueblo vasco, que podría trasladarse al catalán, para intentar un acuerdo que tenga la virtud de no satisfacer plenamente a nadie. A fin de cuentas de eso se trata, de dirimir las diferencias mediante el diálogo.

¿ Donde está el pueblo ?
Nota del Editor 13 Octubre 2012

Es muy fácil decir que nada puede contra la voluntad de un pueblo. Lo difícil, sino imposible, es definir qué es un pueblo y además encontrarlo y acotarlo.
¿ Es un pueblo es un conjunto de gentes que tienen algo en común, O por el contrario es un conjunto de gentes que tienen algo diferente ?.

Cuando encontremos lo que es un pueblo, espero que yo mismo cumpla las condiciones, y pueda imponer mi voluntad (no sé donde, sin perturbar la voluntad de los demás) ! Vaya lío ¡ (voy a seguir ahorrando para poder algún día comprar una isla en el Pacífico, y hacer mi voluntad al menos 200 millas alrededor).

Cataluña
Contra la exageración
Maite Nolla Libertad Digital 13 Octubre 2012

Sin duda lo peor de este mes –y del mes y pico que queda para las elecciones– es la exageración. Y no de los nacionalistas, que, al fin y al cabo, no han hecho ni dicho nada distinto de lo que una servidora ha visto y oído desde que tuvo la mala idea de interesarse por la política. La exageración ha venido del otro lado. De los que han dejado que se llegara a este punto; de los que hasta la fecha estaban sin comparecer.

Por ejemplo, el ministro Wert, aunque es cierto que las acusaciones de preconstitucional por parte de partidos, cargos y otras criaturas esencialmente anticonstitucionales provocan solidaridad y la risa floja. Pero a Wert hay que recordarle que en su mano tuvo la posibilidad de hacer lo legal, que además hubiera sido lo correcto, sin tanta alharaca parlamentaria. Hace unos meses, cuando Alicia entraba y salía del Palau de la Generalitat y había pasado de ser una "líder atolondrada" –según palabras del director de El Mundo– a ser la quintaesencia del pacto con CiU, y se la elogiaba por apoyar los presuntos recortes de Mas, al ministro Wert y a la ilustrísima megavicepresidenta del Gobierno les preguntaron si pensaban hacer cumplir las sentencias del Supremo sobre la educación en Cataluña. El ministro dijo que esas sentencias "no cuestionaban el modelo", y la señora doña vicepresidenta apostó por el "bilingüismo integrador". Es decir, que no pensaban cumplir, ni nada parecido, y de hecho no lo hicieron. Lo que sí hicieron fue ir a la presentación del libro de Juliana: doña Soraya, Lassalle –mano derecha de Wert–, el presidente del Congreso y doña Fátima Báñez.

Y los padres que se dejaron la tela demandando, que ganaron el caso y que, pese a tener varias sentencias del Supremo a favor, siguen siendo tratados como unos frikis inadaptados, hubieran preferido que alguno de los cientos de miles de abogados del Estado que ocupan el Gobierno hubiera sido enviado a hacer cumplir las sentencias, y lo de españolizar a los niños catalanes a lo mejor no sería necesario. Porque incluso lo de subvencionar colegios privados no deja de ser una cobardía en la línea de la apuesta por el bilingüismo integrador; las sentencias deben cumplirse en lo público, que es lo que los jueces han ordenado. ¿Y saben ustedes qué habría pasado si el Gobierno hubiera hecho cumplir la Ley? Nada.

Porque los movimientos cívicos en Cataluña, como el que ha organizado la manifestación de hoy, o Ciudadanos de Cataluña, o Ciudadanos, o UPyD, o la asociación de Pepe Domingo o la Asociación por la Tolerancia o Convivencia Cívica Catalana, lo que han pedido durante todos estos años ha sido que en Cataluña se cumpliera la legalidad. Incluso la más estricta legalidad autonómica. Es más, yo he oído a Francesc de Carreras y a Arcadi Espada pedir que la propia Generalitat cumpliera su Ley de Política Lingüística, que en su literalidad garantizaba el bilingüismo. No se pedían declaraciones sobre lo que te sientes o te dejas de sentir. Se pedía que se cumplieran la Constitución y la Ley, como si esto no fuera una zona franca nacionalista. Y la legalidad hubiera evitado la exageración.

Y lo de Wert es predicable de muchos otros: políticos de todo tipo y condición, directores de periódicos, periodistas, empresarios, presidentes de los empresarios o monarcas. La independencia no se evitará diciendo que Cataluña quedará fuera del euro, ni esperando que los belgas, que han tardado siglos en extraditar etarras, garanticen nuestra unidad. Menos golpes de pecho, defensas de la unidad, sentimientos y peticiones de cárcel: la independencia se evitará si se reconocen los errores, las cobardías y las componendas. Hoy lo han dicho muy claro: respeten la legalidad. Y si hace falta vuelvan sobre sus pasos. No es tan difícil.

Así adoctrina el nacionalismo
Y los romanos invadieron... Cataluña
LUIS LOSADA PESCADOR www.gaceta.es 13 Octubre 2012

La península ibérica es una “coincidencia geográfica” y España es un “conglomerado” que se convierte en entidad por la imposición borbónica en la Guerra de Sucesión, según revela el análisis de los libros de texto catalanes.

Los niños catalanes no saben lo qué es el Siglo de Oro ni lo qué se celebra el 12 de octubre ni lo que es el Camino de Santiago. También desconocen la existencia del movimiento terrorista Terra Lliure. El 11M no existe para la mayoría de las ediciones catalanas de libros de texto y ETA es descrito como un mero grupo “radical” en la mayoría de las ediciones. Son algunas de las conclusiones de un estudio de los libros de texto catalanes elaborado por la Fundación Unidad + Diversidad.

Los romanos no ocuparon la península ibérica, sólo Cataluña. El himno nacional no existe, pero se enseña el cara al sol y los himnos republicanos. Hasta la Marsellesa. “Los símbolos de otros países como EEUU, Alemania o Francia se estudian con mayor profundidad que los de nuestro país; Se da más relevancia a la imagen del subcomandante Marcos que a la del Rey”, concluye el informe. Unas conclusiones similares a las descritas por el doctor en Historia Pedro Antonio Heras en el estudio “La España raptada”. ¿Su conclusión? “El nacionalismo ha buscado en la escuela una masa moldeable. Elogia a los terroristas, denigra a los inmigrantes, fomenta entre los escolares la pureza de raza o alienta la delación mediante las denuncias lingüísticas”.

Los niños son adoctrinados en el derecho a decidir. No estudian historia de España, pero conocen al dedillo los detalles de la lucha independentista de Quebec. “Muchas veces el derecho de estos pueblos a la existencia, a la conservación de sus costumbres, cultura y organización económica y social, no son reconocidas por el Estado del que forman parte”, reza uno de los textos. Y es que -según estudian los niños catalanes- “la autonomía no resuelve el auténtico conflicto territorial. Sólo se permite una entidad administrativa con competencias delimitadas, una contraposición con el derecho de autodeterminación reconocido por Naciones Unidas”. Por si fuera poco, en los manuales de Historia de Cataluña se añade como material de apoyo un comic de las Fuerzas de Ocupaciones Españolas (FOE) premiado por el Instituto catalán de la Juventud. Casi nada.

Perlas de las escuelas catalanas
-“Los juegos olímpicos de 1992 fueron el punto álgido de la reconstrucción nacional de Cataluña”. Ni una palabra de la Expo de Sevilla.

-“Cataluña está formada por Barcelona, Tarragona, Lleida, Girona, la Cataluña norte, la franja del poniente, el País Valenciano y las Islas Baleares”. El capítulo “la formación de España” se 'catalaniza' por “los orígenes de la modernidad”. España aparece sólo vinculada a una foto de un hombre con uniforme falangista y brazo en alto.

-El capítulo “Democracia y Autonomía: el nuevo orden mundial” se ilustra con una foto llena de banderas independentistas.

-El bandolero de Serrallonga es un “héroe catalán oprimido por los pueblos castellanos”.

Ediles del PP, con el colegio que niega el español
BARCELONA  ESPAÑA El Mundo 13 Octubre 2012

Asistieron a una concentración en Inca junto a un diputado nacionalista del PSM

Di NO a la Cataluña engreída, antipática, egoísta, insolidaria, trilera y excluyente siendo selectivo en la compra de productos y en la contratación de serviciosHasta cuatro concejales del PP de la localidad mallorquina de Inca participaron en una concentración el pasado jueves de apoyo a la dirección del colegio Ponent, que negó la libre elección de lengua a los hijos de una familia que reclamaba el castellano como idioma de referencia en la primera enseñanza. Un derecho, en teoría, reconocido por el actual Govern de José Ramón Bauzá que este centro educativo niega a unos escolares de cinco años, porque el Ejecutivo balear ha dejado la decisión en manos de los docentes y sigue de brazos cruzados a la hora de legislar. Los colegios siguen aplicando la única normativa vigente, la orden de 13 de septiembre de 2004 que establece para el castellano entre seis y 16 horas, si bien en la práctica sólo se dan cuatro.

La convocatoria corrió a cargo de la Asociación de Padres de Alumnos (APA) y en la misma estuvieron presentes cuatro regidores populares, entre ellos José Pastor. «Participé como apoyo al director y a la dirección del centro», confirmó el edil popular, que no tuvo inconveniente en revelar que no estaba solo. Le acompañaron en la concentración celebrada frente a las puertas del colegio otros tres compañeros del grupo municipal, Rosa Maria Tarrago, Catalina Coll y David Devis, además del diputado nacionalista Antoni Alorda.

El alcalde de la localidad, Rafael Torres (PP), defendía ayer a sus concejales, se posicionaba a favor de la dirección del centro y aseguraba que «el resto del gobierno municipal no asistió por problemas de agenda, pero el director tiene nuestro apoyo, el primero el mío».

Pastor, que portaba un cartel donde se podía leer en castellano, catalán e inglés «yo doy mi apoyo al centro», precisó que «en ningún momento» el acto se hizo en contra de ninguna persona.
«Esa madre tiene todo el derecho a reclamar lo que crea conveniente, pero nuestra intención fue apoyar al director, nada más», anotó. «Fue un apoyo moral, porque mi hija estudia allí y la Conselleria de Educación desde el primer momento ha apoyado el proyecto en favor del trilingüismo que ha hecho este año el centro».

Las palabras de Pastor las corrobora el dato de que el conseller Bosch sigue defendiendo que la libre elección de lengua se está cumpliendo con normalidad en Baleares, algo que la realidad desmiente. El concejal popular remarcó que «en ningún momento» escuchó los gritos que en teoría profirió parte de los presentes contra la familia afectada a su llegada al colegio.

La asistencia de políticos populares a este acto fue duramente criticada por el presidente de la Fundación Círculo Balear (FNCB), Jorge Campos. Este colectivo, que defiende la libre elección de lengua, hizo público un comunicado en el que consideró que «la participación en la campaña de acoso que desde los sectores catalanistas se ha organizado contra la familia Palma-Duarte, refleja hasta que punto el PP ha defraudado a sus votantes con el incumplimiento de la libre elección de lengua».

Una promesa que, según la FNCB, utilizó para conseguir el apoyo mayoritario de los ciudadanos, hartos de la imposición del catalán en Baleares. La madre, Sonia Palma, ha solicitado por su parte una entrevista al alcalde de Inca para aclarar cuál es su posición respecto a la continua vulneración de derechos que sufren dos niños de su localidad.


GRAVES INCIDENTES
15 detenidos y 50 imputados tras los incidentes por un acto de la Falange en Bilbao
La mayoría de los arrestados fueron jóvenes de extrema izquierda que lanzaron piedras contra la Ertzaintza
DAVID S. OLABARRI dolabarri@elcorreo.com | BILBAO. 13 Octubre 2012

Quince detenidos, 50 imputados y diversos destrozos en el mobiliario urbano fue el balance con el que se saldaron ayer los incidentes protagonizados por organizaciones de extrema izquierda y grupos falangistas en Bilbao. El motivo aparente de los disturbios fue el acto político organizado en la capital vizcaína con motivo del Día de la Hispanidad por miembros de extrema derecha para reivindicar la unidad de España.

La mayoría de los arrestados, catorce, fueron jóvenes que participaron en una concentración convocada por la organización Sare Antifaxista para protestar por la presencia de los falangistas, que llegaron a Bilbao a bordo de tres autobuses procedentes «de Madrid». El acto de la plataforma «antifascista» fue convocado hora y media antes del programado por Falange, Nudo Patriota Español y Alianza Nacional. En el transcurso del mismo, varios individuos comenzaron a lanzar «piedras y bengalas» contra los agentes de la Ertzaintza en los aledaños de la Gran Vía, según informó el Departamento de Interior. También se produjeron cruces de contenedores y otros destrozos antes de que los ertzainas realizasen una carga y detuviesen a varios de los miembros de Sare Antifaxista.

Los autobuses de los grupos falangistas llegaron a Bilbao sobre las tres menos veinte de la tarde, fuertemente custodiados por la Policía autonómica. Nada más llegar, desde uno de los vehículos lanzaron objetos a los ertzainas y se vaciaron extintores. Por estos incidentes se produjo un arresto y los agentes obligaron al resto a identificarse antes de ser cacheados. Los policías se incautaron de 26 bates de béisbol y varios puños americanos. Finalmente, la Ertzaintza imputó a casi 50 simpatizantes de este colectivo por portar armas prohibidas, desordenes públicos y desobediencia.

Gritos e insultos
La Ertzaintza estableció fuertes cordones de seguridad en todas las calles cercanas a los Jardines de Albia, junto a la sede del PNV, donde se celebró el acto de los simpatizantes de extrema derecha. Uno de los objetivos de este despliegue era mantener alejados a los distintos grupos para prevenir enfrentamientos. Lo que no se evitó fueron los gritos e insultos que se dedicaron unos y otros. Portando banderas españolas con el yugo y las flechas, los grupos de Falange profirieron gritos como «las vascongadas es España» y «euskal presoak cámara de gas», al mismo tiempo que increpaban a las personas que les observaban desde las inmediaciones. Los miembros del movimiento antifascista, por su parte, lanzaban gritos como «españoles hijos de puta» y en favor de la independencia.

Agreden a un padre y su hija por llevar la bandera española en Barcelona (Vídeo)
La actuación de los Mossos ha impedido que jóvenes separatistas golpearan a un hombre que se dirigía a la concentración antisecesionista de Barcelona
 www.lavozlibre.com 13 Octubre 2012

Barcelona.- Un centenar de personas, muchas enarbolando banderas independentistas catalanas, se han manifestado hoy en la Plaza Universitat de Barcelona en protesta por la celebración del día de la Fiesta Nacional y han proferido insultos contra las personas que se dirigían a la concentración en favor de la unidad de España.

Bajo un amplísimo despliegue policial, este grupo ha abucheado e insultado a las personas que pasaban en dirección a la cercana Plaza Cataluña, donde casi a la misma hora estaba convocada una manifestación por el Movimiento Cívico de España y Catalanes.

Un hombre que se dirigía a la concentración antisecesionista junto con su hija con una bandera española ha sido increpado por jóvenes separatistas y uno de ellos ha intentado agredirlo, pero la rápida intervención de los Mossos d'Esquadra desplegados en la zona lo ha impedido.Los Mossos han detenido al autor del intento de agresión y lo han conducido a las dependencias policiales.
 




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