AGLI Recortes de Prensa  Domingo 14 Octubre 2012

Estado SA (y V)
El final del delirio autonómico
Los errores en su planteamiento y en su desarrollo están llevando al colapso definitivo del estado autonómico tal y como lo conocemos.
Luis del Pino
 14 Octubre 2012

Independientemente del dinero disponible, cada organización tiene que tratar de estructurarse de la forma que considere más eficiente o deseable. En España, la Constitución optó por definir un modelo descentralizado de gestión en tres niveles básicos (estado central, comunidades autónomas, ayuntamientos) que en teoría no tendría por qué ser peor que otros modelos con distinto grado de centralización.

Sin embargo, la ambigüedad de la Constitución permitía modificar extraordinariamente el peso relativo de esos tres niveles. Y la clase política ha aprovechado ese hecho para poner en marcha, a lo largo de los últimos treinta años, un proceso de descentralización en el que el Estado ha ido cediendo cada vez más competencias a las Comunidades Autónomas, hasta quedar prácticamente reducido a un papel residual, de mero encargado de pagar las pensiones y el seguro de desempleo.

¿Y por qué se ha hecho eso? ¿Es que acaso se trataba de una demanda social? Para responder a esa pregunta, acudamos a los datos demoscópicos disponibles. El Centro de Investigaciones Sociológicas ha ido pulsando año tras año la opinión de los españoles sobre la organización territorial del Estado y sobre el proceso de descentralización autonómica. Y los resultados de esa labor de prospección sociológica resultan bastante sorprendentes y reveladores.

Un estado autonómico artificial
 

La gráfica siguiente muestra la actitud de los españoles sobre el proceso de descentralización, indicando cuántos eran partidarios en cada momento de dar más competencias a las CCAA y cuántos eran contrarios a hacerlo:

Como puede verse, los españoles nunca han sido partidarios de que el Estado cediera más competencias a las autonomías. Al preguntarles sobre el grado de autogobierno, una clara mayoría de los españoles se mostraba partidaria, año tras año, de dejar el estado autonómico como estaba o incluso de quitar competencias a las CCAA. Por cada español partidario de descentralizar, había dos españoles opuestos a hacerlo.

Pero, en contra de la opinión mayoritaria de los españoles, la clase política ha ido cediendo, año tras año, cada vez más competencias a las autonomías. Lo cual demuestra que el estado autonómico y su actual nivel competencial nunca han sido otra cosa que un invento de nuestra clase política, empeñada en llevar a cabo una centrifugación del Estado que la sociedad ni demandaba, ni quería.

El resultado de ese proceso de descentralización no ha sido una mejora en la eficiencia del servicio al ciudadano, sino un aumento de la desigualdad entre los españoles, una proliferación de castas políticas locales, una multiplicación injustificada del gasto público, una perpetua vulneración de los derechos constitucionales en buena parte del territorio y una creciente ineficiencia de nuestra economía.

Con la crisis hemos topado

Mientras el dinero fluía, las desigualdades, ineficiencias e injusticias inducidas por el estado autonómico han sido toleradas, mal que bien, por la ciudadanía. Ante cada nueva ronda de descentralización, los españoles asumían resignadamente el nuevo statu quo: la opinión pública no era partidaria de dar más competencias a las autonomías, pero tampoco existía ningún clamor por revertir las decisiones tomadas por la clase política, que no dudaba por ello en seguir el camino de los hechos consumados.

Pero con la llegada de la crisis el modelo ha saltado en pedazos. Al faltar el soporte financiero, la disyuntiva existente se ha planteado con toda crudeza: o desmontamos el artificial estado autonómico o desmontamos el estado del bienestar. Y el malestar acumulado se ha desbordado en las encuestas.

La gráfica siguiente indica el porcentaje de españoles partidarios de recentralizar el estado (eliminar las CCAA o reducir sus competencias), frente a los partidarios de mantener el estado autonómico en su forma actual o de continuar descentralizando (dando más competencias a las CCAA o reconociéndolas el derecho de autodeterminación). Como puede verse, el cambio de tendencia experimentado a partir del segundo semestre de 2007 ha sido brutal:

¿Hacia un estado jacobino?

El creciente malestar ciudadano con el estado autonómico se pude visualizar de manera todavía más gráfica si nos fijamos en el porcentaje de españoles que directamente pide que el estado autonómico se suprima por completo, para volver a un único gobierno central:

El estado autonómico había ido consolidándose desde 1984, con un porcentaje cada vez menor de gente frontalmente opuesta al mismo, pero la crisis ha disparado la demanda de una redefinición total del modelo. Ya son 1 de cada 4 los españoles que piden que las autonomías se eliminen por completo.

¿Y qué pasa con el separatismo?

Para terminar, fijémonos en el otro extremo del espectro, el de los españoles que demandan que las comunidades autónomas puedan tener el derecho de autodeterminarse. La gráfica siguiente muestra el porcentaje de personas partidarias de llevar la descentralización hasta esas últimas consecuencias:

Como puede verse, los españoles que no desean serlo no superan el 10%, y su porcentaje se ha mantenido aproximadamente constante a lo largo de los años. Ni la concesión de más autonomía a las comunidades ha hecho disminuir ese sentimiento separatista, ni tampoco treinta años de adoctrinamiento nacionalista lo han hecho aumentar.

Lo cual hace aún más sangrante la evolución a lo largo de los años: ¿por qué el 90% de españoles han tenido que ceder, año tras año, para contentar a una ínfima minoría que, de todos modos, jamás va a darse por contenta?

Conclusiones

A la vista de estos datos, queda claro que la actual organización del estado es una construcción artificial de la clase política, que no respondía a ninguna demanda social y que ha fracasado a la hora de acabar con los problemas provocados por el nacionalismo. Se ha sacrificado la igualdad y el bienestar de los españoles, sin con ello conseguir desactivar las tensiones separatistas.

Queda claro también que la crisis ha provocado una quiebra del modelo: nuestra clase política ha tensado demasiado la cuerda y esa cuerda ahora se ha roto. La prolongación de la crisis terminará por convertir en un clamor lo que ahora es solo un grito: que los españoles prefieren prescindir del estado autonómico antes que ver cómo se resquebraja el estado del bienestar.

La pregunta es: ¿será capaz nuestra clase política de reinventarse y de poner fin al delirio autonómico, o está tan atada al estado autonómico que preferirá hundirse con él?

Un análisis descarnado de la Hipanidad
¿No habría que españolizar a España?
La crisis económica es casi lo de menos, mucho más relevante parece la profunda anemia espiritual y política del país
Periodista Digital 14 Octubre 2012

España es un gran país. Uno de los más grandes. Esa grandeza la tenemos en nuestra Historia y bajo nuestros pies.

Nos acompaña en cualquier lugar de nuestras ciudades o de nuestros campos. Basta con saber mirar. Es verdad que hoy estamos al borde del abismo: en la ruina económica, en el hundimiento moral y en la desintegración política.

No es un paisaje fácil para nadie. Y, sin embargo, otras veces hemos estado peor y hemos salido adelante. Lo que hoy España necesita para dar el paso es, ante todo, retomar la conciencia de lo que somos. Redescubrir nuestra identidad para encontrar en ella las energías que nos faltan.

En suma, necesitamos españolizar España, una de las cuatro o cinco naciones decisivas en la construcción de la Historia universal.

Desde nuestro suelo se ha salvado varias veces la supervivencia de la civilización occidental (basta pensar en Las Navas de Tolosa o en Lepanto), se han explorado mares ignotos, se ha descubierto y poblado un continente nuevo, se ha extendido por todo el mundo una religión -la católica-, se han sentado las bases de eso que hoy llamamos "derechos humanos" -punto este asombrosamente ignorado por la mayoría de nuestros estudiantes de hoy-, se ha aportado una infinita cantidad de obras cumbre al acervo cultural humano...

Los españoles tenemos razones sobradas para sentirnos orgullosos de ser lo que somos, más allá de la retórica pancista del político de turno.

Un orgullo que no bebe en el estrecho nacionalismo moderno, ni en un localismo folclórico, sino en la certidumbre de haber contribuido de manera determinante a una construcción universal.

Sin España, el mundo habría sido de otro modo. L a Hispanidad es la huella de esa estatura histórica y cultural, la herencia espiritual de nuestro paso por el mundo. Eso es lo que este 12 de octubre, a pesar del ruido y los lamentos de algunos, festejamos o queríamos festejar.

Pero lo elevado de la conmemoración necesariamente contrasta con lo bajo de nuestra circunstancia presente, y eso también es preciso decirlo.

Aquí la crisis económica es casi lo de menos. Mucho más relevante parece la profunda anemia espiritual y política del país.

Una debilidad estructural que nos impide dar respuesta a los desafíos que nos rodean. Y estos crecen sin cesar.

Los enormes errores cometidos en los últimos años han llevado a una situación de profunda injusticia: los españoles de ciertos territorios ven negado su derecho a ser propiamente españoles e incluso causa escándalo la mera idea de "españolizar" a quienes son... españoles.

El disparate da la medida de lo bajo que hemos caído. Por el contrario, parecen gozar de entera impunidad quienes despliegan todo género de violencias verbales e institucionales contra España, lo español y los españoles, como si lo legítimo fuera romper la patria y lo ilegítimo defenderla.

Que esa violencia se financie además con fondos públicos convierte toda nuestra circunstancia en algo propiamente demencial.

De aquí nada bueno puede salir. A nadie se le oculta que hoy nos encontramos ante una disyuntiva radical: unos quieren romper España y otros quieren -queremos- mantenerla unida.

Esa disyuntiva no la ha creado un régimen constitucional que ha amparado la diversidad territorial y cultural de España en grados muy superiores a los de cualquier otro país europeo.

Al revés, esa disyuntiva la han creado quienes han estado empleando su singularidad -lingu¨.stica, institucional, etc.- como arma contra la libertad de los españoles.

El separatismo no ha funcionado sólo como una fuerza que intenta separar a una parte de España del tronco común; también está actuando como instrumento de segregación dentro de las propias comunidades, creando ciudadanos de primera y de segunda en función de sus simpatías hacia las oligarquías dominantes.

El caso catalán es transparente. Los separatistas suelen envolver sus gritos en protestas de "libertad", pero si alguien defiende la libertad real de los ciudadanos es precisamente España, sus leyes y su derecho.

En esa disyuntiva atroz ya no queda sitio para posiciones intermedias.

Porque la idea de España, que ciertamente encarna una esencia histórica que quiere sobrevivir, al mismo tiempo encarna hoy un proyecto de convivencia en libertad y en paz, dentro de un sistema democrático que debe perfeccionarse para que los derechos de los ciudadanos no queden nunca a merced de minorías totalitarias.

Por eso españolizar España no es sólo reformar la enseñanza para que nuestros hijos aprendan a amar su país, aunque este sea un punto absolutamente fundamental.

Españolizar España es también hacer valer la ley y el derecho allá donde otros quieren romperlo. No podemos dejar que nuestros compatriotas de cualquier región caigan en manos de quienes predican el odio al prójimo.

Eso exigirá ciertamente un esfuerzo: ir más allá del día inmediato y mirar las cosas con perspectiva histórica. El horizonte de la Hispanidad debe ayudar a los que aún dudan. España merece sobrevivir.

La Nación no se merece estas elites
EDITORIAL Libertad Digital 14 Octubre 2012

La actuación de la Corona en el Día de la Hispanidad ha sido sólo el último ejemplo, tal vez el más doloroso, de la defección de las elites ante el mayor problema que afronta el país en estos momentos. Lamentablemente, las figuras señeras que deberían haber dado un paso al frente en defensa de principios básicos como la unidad de la Nación no sólo han hecho dejación de sus funciones, sino que, con su conducta, están validando los argumentos delirantes de aquellos que quieren hacer saltar por los aires el orden constitucional.

Las palabras de el Rey y del Príncipe, reconviniendo al Gobierno por defender los derechos y libertades de los españoles en todo el territorio y equiparando a los que luchan por preservar las bases de la convivencia nacional con los que tratan de destruirla, ni siquiera son originales, sino tan sólo el triste remedo de una actitud generalizada en los ámbitos político, empresarial, cultural y mediático, donde el separatismo es todavía una tendencia modernizadora y respetable, a pesar de las evidencias acumuladas durante los treinta y cinco largos años que los españoles llevamos padeciendo esa lacra.

Es decepcionante que el coraje de los miles de catalanes que salieron el viernes a la calle a protestar contra el separatismo oficial no haya encontrado entre las elites españolas el mínimo apoyo que podrían esperar, especialmente en fecha tan señalada. Antes al contrario, cuando esas mismas elites se han pronunciado ha sido, generalmente, para reconvenir a los crispadores, que se empeñarían en crear un problema donde, al parecer, no existe ninguno: Cataluña.

La vulneración flagrante de los derechos y libertades de miles y miles de ciudadanos, a los que se margina por querer algo tan básico como poder utilizar la lengua oficial de su país, la insolidaridad territorial, el insulto permanente y, finalmente, la operación puesta en marcha para destruir España y ultrajar su Constitución no suponen el menor problema para aquellos que, precisamente, tienen como principal misión velar por la unidad de la Nación y hacer efectiva la irrenunciable soberanía nacional del pueblo español, los dos grandes pilares en los que se asienta nuestra Carta Magna.

Por otro lado, y por desgracia, mal pueden reconvenir a la Casa Real quienes llevan treinta y cinco años ofreciendo una coartada respetable al separatismo. Por cobardía, por un absurdo complejo franquista o por interés pecuniario, según los casos, lo cierto es que quienes manejan los poderes político, económico, cultural y mediático han preferido dar por bueno que en un país moderno y plenamente democrático existan órganos del Estado en abierta rebeldía contra el orden constituido, o que el Rey reconvenga en público a quienes pretenden hacer honor a lo que juraron cuando aceptaron sus cargos oficiales.

Los catalanes que el pasado viernes salieron a las calles de Barcelona a defender la unidad de España no merecían el trato displicente que institucional y mediáticamente se les ha dispensado. El resto de los españoles, tampoco. De hecho, es España la que no se merece sufrir unas elites como las que la Historia le ha reservado en un momento tan difícil.

Artur Mas y la venta de la burra
Luis del Pino Libertad Digital 14 Octubre 2012

Editorial del programa Sin Complejos del sábado 13/10/2012

En una de sus fábulas, titulada "El charlatán", Félix María Samaniego cuenta la historia de un embaucador que hace correr la voz de que sabe cómo enseñar a hablar a los burros. El Rey, intrigado, manda llamar al charlatán, que se ratifica en que sólo necesita un plazo prudencial de diez años para hacer que un burro hable.

- Bien - le dice el Rey -, te contrato para que des lecciones a uno mis asnos. Si logras que hable antes de diez años, te premiaré ricamente, pero si me has engañado te mandaré ahorcar.
- Gracias por el honor, Majestad - contesta el timador. Antes de 10 años haré de ese asno un orador elocuente.

Viendo aquello, uno de los cortesanos se acercó al charlatán: "Mucho me temo que acabaréis con una soga de cáñamo alrededor del cuello".

A lo que el charlatán, ni corto ni perezoso, contestó: "Me río yo de eso, señor. Para cuando quieran transcurrir los diez años de plazo que tenemos, ya nos habremos muerto el Rey, el asno o yo".

Esa fábula no es original de Samaniego. Antes de que él la publicara en 1781, ya la había incluido con el mismo título La Fontaine en su libro de fábulas en 1668. Y antes que La Fontaine, ya se recogía otra variante de la historia en el libro "La lozana andaluza", de Francisco Delicado, publicado en 1528. Y antes que él ya incluyó Lorenzo Abstemius otra historia con el mismo argumento en sus Fábulas de 1495. Y otros autores recogieron también la historia antes que él, y después que él. Hasta el mismo Cervantes empleó esa historia en su comedia "La gran sultana", aunque en ese caso el animal al que se pretende hacer hablar es un elefante.

Se trata de uno de esos argumentos que aparecen una y otra vez en la Historia de la Literatura: el timador que afirma que puede enseñar a hablar a algún animal, siempre y cuando le den un plazo de tiempo suficiente.

El pasado 11 de septiembre se celebró el Cataluña la manifestación de la Diada, con una considerable asistencia de gente. Probablemente el número de manifestantes estuviera más cerca de las 300.000 personas que calcularon algunos medios, que de las 600.000 que calculó la Delegación del Gobierno, pero aún así era un número considerable.

Y los nacionalistas de todo pelaje se apresuraron a sacar pecho, hablando de independencias, de separaciones, de secesiones unilaterales, de nuevos estados europeos, de saltarse la Constitución, de imponer nuevas realidades nacionales...

Artur Mas contaba con los votos suficientes en el parlamento autonómico para declarar la secesión unilateral, aprovechando esa supuesta marea independentista. Pero no lo hizo. También podía, como presidente de la Generalitat, haber convocado un referéndum; total, si la convocatoria va a ser ilegal de todos modos, porque la Constitución no la permite, ¿qué impide realizarla ya? Pero tampoco convocó un referéndum.

En lugar de eso, Artur Mas descolocó a todo el mundo proponiendo a Rajoy un pacto fiscal especial para Cataluña, lo cual era en sí mismo absurdo: si quiere Vd separarse, ¿por qué habría antes que darle un trato fiscal privilegiado?

Tras recibir una negativa por parte del Gobierno, todos pensaron que Artur Mas se lanzaría a tumba abierta por su imaginaria avenida secesionista, declarándose independiente de manera unilateral.

¡Pero tampoco! En lugar de eso, lo que Artur Mas decidió fue convocar nuevas elecciones en Cataluña, en un movimiento incomprensible: si ya tenía la mayoría para lanzar su desafío soberanista, ¿para qué convocar nuevos comicios?

"No - decían algunos ingenuos separatistas a través de las redes sociales -, “lo que pasa es que así aprovechamos la marea de independentismo, sacamos una mayoría abrumadora en las elecciones y luego el parlamento declarará unilateralmente la secesión".

Pero enseguida Artur Mas se encargó de sacarlos de su error: después de las elecciones, lo que habría sería, no una declaración unilateral de independencia,... ¡sino un referéndum!

Con lo que ya nos terminó de desconcertar a todos: si planteas las elecciones como un plebiscito y las ganas, ¿qué sentido tiene convocar después un nuevo plebiscito?
Y ayer, como remate del tomate, sale Artur Mas en una entrevista en La Vanguardia y suelta que el referéndum será, no después de las elecciones... ¡¡sino dentro de 4 años!!

Dígame, señor Mas: si gana Vd. las elecciones con los votos suficientes, ¿por qué esperar 4 años para convocar su referéndum? Y si no tiene los votos suficientes, ¿cómo va a convocarlo?

En fin... Lo que todo este cúmulo de despropósitos revela es que, al final, ni Artur Mas ni CIU querían la independencia. Ni la secesión. Ni el referéndum. ¡Lo único que querían con todo este ruido era... ganar tiempo!

¡No me digan que no es genial! Después de montar el follón del siglo, resulta que Artur Mas solo pretendía engañar a todo el mundo, separatistas y no separatistas, para seguir chupando del bote 4 largos años más. Y para ello, no ha dudado en comprometerse a hacer hablar al burro de la independencia en cuatro años. Cuando, en lugar de hacer hablar al burro, lo que pretende es vendernos la burra.

De aquí a que pasen cuatro años, pues Dios dirá, como en la fábula de Samaniego: lo mismo le ha dado un patatús a Artur, o ha colapsado Europa, o se ha descubierto petróleo en las Ramblas o los alienígenas han invadido la Tierra. El caso es embaucar en estas elecciones a los incautos para poder seguir viviendo del cuento un largo ratito más.

Lo que pasa, querido Artur, es que has cometido un error. Porque existen, como ya decía al principio, muchas versiones de esa fábula en la Historia de la Literatura. Y los detalles varían entre unas y otras, pero uno de los rasgos comunes a todas esas versiones es que el engaño debe hacerse bien desde el principio: puedes tratar de embaucar al Rey diciéndole que harás hablar al burro en 10 años; pero lo que no puedes, en modo alguno, es decirle al Rey que el burro va a hablar de manera inmediata, para luego soltarle que necesitas unos años para cumplir tu promesa.

Y eso es lo que has hecho tú, Artur: has enardecido a tus cachorros separatistas con tus promesas de soberanía al contado, para al final salir pidiendo que se esperen cuatro años a cobrar. Así que quienes no te van a perdonar tus artes de trilero son los ingenuos que pensaron que apostabas de verdad por el enfrentamiento total e inmediato con España.

Has intentado engañar a todos, Artur, y con tu charlatanería has desatado el apetito del monstruo. Pero ahora será tu propio monstruo el que te termine devorando. Por charlatán.

EL "CASUS WERT"
Del desmentido de Zarzuela al editorial que tira de la oreja al Rey
El Semanal Digital 14 Octubre 2012

La polémica por las presuntas palabras de Don Juan Carlos continúa coleando pese a los intentos por frenarla, y ya ha llegado también hasta el heredero de la Corona.

El editorial de "El Mundo" ha sido durísimo a la hora de afear su conducta al Rey y a su hijo.
¿Mostró el Rey su disgusto a Mariano Rajoy por las palabras del ministro José Ignacio Wert acerca de "españolizar" la educación en Cataluña? El vidrioso asunto de la polémica al respecto y el silencio de Don Juan Carlos en la posterior recepción del 12 de octubre, en la que se negó a declarar nada y se limitó a una gracieta sobre el jamón, tampoco han contribuido a atusar el presunto sucedido.

La bola de nieve mediática fue creciendo a lo largo del viernes, con varios diarios señalando que el Rey se había disgustado con las palabras de Wert, y obligó a La Zarzuela a hacer público un desmentido al respecto.

Sin embargo, el casus Wert continúa coleando y ya se han elevado críticas al Rey y a su hijo, Don Felipe. En un editorial titulado Cuando el Rey y el Príncipe marcan en propia puerta, El Mundo considera que el "reproche del Rey a Rajoy" ha servido para que "se visualice que hay tensiones entre el Jefe del Estado y el presidente del Gobierno en un momento especialmente delicado para España", lo que "debilita al Ejecutivo" a la hora de frenar las ansias soberanistas de Artur Mas.

Para el periódico de Unidad Editorial el desmentido de La Zarzuela es poco mejos que papel mojado, pues, asegura, fue "evidente que hablaba de ese episodio y no para felicitar a Rajoy". Y para ello respalda la afirmación en las imágenes retransmitidas.

"Lo último que debería ocurrir a estas alturas es que el Jefe del Estado no respaldara a un Gobierno en su defensa de los derechos constitucionales", prosigue, y también reprocha al Príncipe que asegurara que Cataluña no era un problema y que pidiera responsabilidad a "unos y otros", porque sitúa "en un mismo plano a quienes defiende la Constitución y a quienes tratan de destruir el Estado, incluida la propia institución monárquica".

Para El Mundo fue "uno de los días más desafortunados de la Casa Real" en el que el Rey y el Príncipe "chutaron contra su propia portería". "Así de triste", concluye.

Un aplauso a Wert
Benjamín López www.elsemanaldigital.com 14 Octubre 2012

Lo fácil, lo "progre", lo políticamente correcto ha sido tildar de retrógrado al ministro. Pero, ¿cuántos se han indignado por años de adoctrinamiento por parte de los nacionalistas?

Wert ha plantado cara al nacionalismo.
Leo inmumerables titulares con las últimas declaraciones del ministro Wert. "El interés del gobierno es españolizar a los niños catalanes". Lo fácil, lo "progre", lo políticamente correcto, y lo que inmediatamente ha ocurrido en las redes sociales y en muchas tertulias de radio y televisión, es escandalizarse con ese titular, tildar rápidamente de retrógrado al ministro, acusarle de querer adoctrinar. El pensamiento único de la izquierda trata de imponer de nuevo sus mantras y el que ose contradecirlos se convierte automáticamente en un facha, en un peligroso reaccionario al que urge tapar la boca y desacreditar, de nuevo, con tópicos, no con argumentos.

Pues bien, este humilde periodista se dispone a ponerse frente a ese pelotón de fusilamiento. Aplaudo y respaldo las declaraciones del ministro de Educación que van más allá del titular. Dice Wert que el Gobierno pretende conseguir que los alumnos catalanes "se sientan tan orgullosos de ser españoles como catalanes y que tengan la capacidad de tener una vivencia equilibrada de esas dos realidades ". ¿Dónde está el escándalo en que un ministro español pretenda que los alumnos españoles, catalanes en este caso, se sientan orgullosos de su país, España? Sinceramente, no lo veo por ningún lado.

Lo que sí veo es que en los últimos 30 años los niños catalanes han sido sometidos a un adoctrinamiento nacionalista en la escuela, desde los medios de comunicación y desde las instituciones. Empezando por los libros de texto que tergiversan la historia y la realidad y terminando por la imposibilidad de educar a los niños en español. De ahí el enorme interés en acceder y mantener las competencias en Educación por parte de los nacionalistas. Saben que es un arma de incalculable valor para llegar a las mentes que se están formando e inculcar en ellas su ideología. Ya sé que, inmediatamente, se recurre a eso de que los problemas que se ven desde Madrid no se perciben como tal en las calles de Cataluña.

Pero eso que se lo digan a los padres que no pueden ejercer su derecho constitucional a educar a sus hijos en español, al tendero que es multado por no rotular en catalán, al funcionario que no puede acceder a un puesto determinado porque no habla catalán, al turista que ve cómo muchos carteles se ponen antes en inglés que en español, al aficionado a los toros que ve prohibidas las corridas porque se trata de la fiesta nacional. Y así, suma y sigue.

Lo digo bien alto y bien claro, ¡basta ya de complejos, hay que plantar cara al nacionalismo! Si el sentimiento independentista ha crecido en las últimas décadas en Cataluña es debido, precisamente, a no enseñar los dientes, a no rebatir sus mentiras y sus delirios. Y el PSOE y el PP tienen, a mi juicio, la mayor parte de culpa de esta deriva independentista. Se han dedicado a ir dándole carrete a la cometa, nunca a recoger hilo, unas veces por un puñado de votos, otras por ese complejo de ser español, y otras, como en el caso del PSC, por asumir las tesis nacionalistas como propias.

El caso es que los sucesivos gobiernos de España han dejado a los nacionalistas catalanes imponer poco a poco su ideología minoritaria y, lo que es más grave, han permitido reiteradamente al gobierno autonómico incumplir la Constitución y saltarse a la torera las sentencias del Tribunal Supremo. Hasta se admite con cierta naturalidad que Artur Mas, nada menos que el mismísimo presidente catalán, diga que convococará un referéndum sobre la independencia con el permiso del Gobierno español o, atención, sin él. Y eso que ha jurado, o prometido, respetar la Constitución y cumplir y hacer cumplir las leyes.

Así que ¡un díez para el ministro Wert! No hay pecado alguno en tratar de revertir esta educación segregadora, diferenciadora y con dosis de odio a lo español que han recibido los niños catalanes en las ultimas décadas. Es más, es una obligación del gobierno central promover un sentimiento de adhesión a España, ensalzar lo que nos une histórica y sentimentalmente y dejar a un lado lo que nos separa.

Ah, y una cosa más, si defender la España de la Constitución es ser nacionalista español, pues ya saben dónde inscribirme. Me declaro profundamente nacionalista español.

El ojo público
Cataluña, o cuando se imponen los que soplan
Roberto Blanco Valdés La Voz 14 Octubre 2012

«Los políticos hablaban del viento de la historia pero eran ellos, que soplaban?». La reciente viñeta de El Roto sirve para explicar, mejor que mil palabras, el delirio secesionista que, como un viento helado, ha dejado tiesa a Cataluña.

¿Quién hubiera pensado hace nada que íbamos a estar hablando de la secesión de una región con la que formamos una unidad territorial desde hace cinco siglos? ¿Cómo ha podido transformarse, de la noche a la mañana, la obsesión de una clara minoría en la aparente preocupación de una supuesta mayoría? ¿Es que una simple manifestación puede convertir en independentistas a quienes han vivido durante décadas con pleno asentimiento en un régimen de amplia autonomía?

Aunque tranquiliza responder esas preguntas refiriéndose solo a los devastadores efectos de la crisis, creo que lo que hoy sucede en Cataluña no puede explicarse sin tener en cuenta también, y quizá de modo primordial, la acción de los que soplan: de esa minoría activa que, como todas las existentes en la historia (desde la jacobina a la bolchevique) ha encontrado en su capacidad de movilización la llave para ir ganando espacio político y social a base de conseguir que los discrepantes dimitan, por miedo, comodidad o una mezcla de ambas cosas, de su condición de ciudadanos.

Pues la gran cuestión que plantea el desafío nacionalista no es, a fin de cuentas, la de si un referendo es constitucional o inconstitucional o la de si existen vías, más o menos tortuosas, para hacer que lo segundo parezca lo primero. No, el auténtico problema es el de cómo afectará la independencia al futuro de España y de Cataluña y a la convivencia entre los nacionalistas triunfadores y los no nacionalistas derrotados en el interior del nuevo Estado.

Vista la flagrante discriminación a la que los castellanohablantes han estado sometidos en la Cataluña hoy existente, es fácil imaginar qué sería de ellos en una independiente.

Es solo un ejemplo, pero muy relevante, para poner de relieve que lo que nos jugamos en realidad en el envite independentista es no solo el respeto a la Constitución o la unidad de la nación, sino el futuro de millones de españoles que podrían verse convertidos, bajo el impulso sectario de esa minoría activa que piensa en términos de identidad y no de respeto a los derechos, en ciudadanos de segunda.

Si no quieren llegar a serlo, es indispensable que los catalanes no secesionistas, una mayoría muy amplia durante más de treinta años, salgan del faiado de la historia en el que se han dejado meter por los nacionalistas y den la cara de una vez, tratando de ganar la hegemonía que les ha sido arrebatada a base de arrinconar, como traidores, a los que han sido leales al mejor proyecto común -el de la Constitución de 1978- que jamás ha conocido Cataluña.

Desunión, ‘nazionalismo’ y lágrimas
Gabriela Bustelo www.gaceta.es 14 Octubre 2012

El Nobel tiene una carga de buenismo occidental que le resta credibilidad.

Europa ha recibido un Premio Nobel de la Paz 2012 que no ha tardado en provocar airadas reacciones por parte del cogollo euroescéptico. Recordemos que el propio galardón (concedido previamente a Arafat, el amigo secreto de Hamás; a Obama, el impulsor de la ciberguerra contra Al Qaeda; y a Mohamed el Baradei, el primaverista islámico que no ha logrado imponerse a Morsi) tiene una carga de buenismo occidental que le resta credibilidad.

La concesión de este polémico Nobel a una Unión Europea que protagoniza a diario las portadas económicas del mundo por sus problemas de viabilidad tiene todo el aspecto de un premio de consolación políticamente correcto. Desde el republicano John McCain, derrotado por Obama en las elecciones de 2008, hasta lord Lamont, ex ministro británico con Thatcher y Major, un buen número de personalidades del mundo entero han calificado este Nobel de la Paz como una broma y una novatada.

Europa atraviesa una profunda crisis económica agravada por la lentitud de España en incorporarse al programa de austeridad que otros países como Alemania y Holanda supieron adoptar a tiempo. España es, por tanto, uno de los escollos para la viabilidad económica europea, aunque en nuestro país nadie habla de ello ni parece darle demasiada importancia. Esa desconexión con el mundo se escenificó dramáticamente el viernes. Mientras la noticia sobre el Nobel de la Paz recorría el mundo, la plaza de Cataluña de Barcelona se llenaba de decenas de miles de catalanes que llevaban la bandera nacional y la señera indistintamente, formando una impresionante marea rojigualda que simbolizaba el lema de las pancartas: “Tenemos un solo corazón”.

Pero esta espontánea expresión del sentimiento nacional se veía dramáticamente empañada por una escena que ha dado la vuelta al país gracias a las redes sociales. Una niña de 6 años que lleva una camiseta de España llora desconsolada en brazos de un policía que la aleja de un grupo de nazionalistas catalanes que la insultan con improperios de una crueldad miserable. La bandera española que le han arrebatado a la pequeña queda hecha un guiñapo en medio de la calle barcelonesa hasta que uno de los energúmenos se acerca a ella y la pisotea antes de que un compañero suyo la tire con desprecio a una papelera. Tanto las escalofriantes imágenes como la noticia en sí han sido cuidadosamente obviadas por la prensa de izquierdas y los periódicos separatistas, todavía dedicados a criminalizar al ministro de Cultura por sugerir “españolizar” a los niños catalanes.

La gran paradoja es que España, en buena medida culpable de la crisis europea, permanece ajena a ese devenir mundial que trastoca gravemente. Encerrada en las mezquinas rencillas locales que le han impedido convertirse en un país occidental relevante, la nación discutida y discutible sigue discutiendo sobre su propia identidad. Como decía John Lennon, la vida es lo que sucede mientras tú estás pensando en tus cosas.

Dar la batalla de las ideas
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 14 Octubre 2012

Wert y Margallo han lanzado un conato de una tarea pendiente desde la Transición.

El ministro de Educación se ha dado cuenta de que la transferencia de la competencia exclusiva en educación a las autonomías ha puesto en manos de los separatistas catalanes y vascos el más poderoso instrumento de adoctrinamiento ideológico que existe: las escuelas. La recreación de la Historia, la invención de un enemigo exterior, el cultivo del odio, la fabulación de agravios pasados y presentes, hasta conseguir que una de las naciones más antiguas y relevantes de Europa se haga pedazos.

El ministro de Asuntos Exteriores ha establecido un paralelismo evidente entre nazismo, comunismo y nacionalismo identitario, porque las tres doctrinas someten a los individuos a una abstracción inhumana, sea esta la raza, la clase o la nación tribal. Ambos miembros del Gobierno han sido inmediatamente denigrados por los separatistas, que les han hecho objeto de las descalificaciones más ofensivas. Sin embargo, José Ignacio Wert y José Manuel García Margallo sólo han dicho verdades como puños y han lanzado un conato de una tarea pendiente desde la Transición: la batalla de las ideas. Esta batalla no se ha querido librar y se ha dejado el campo libre al enemigo, y utilizo el término con toda propiedad, ya que aquellos que pugnan por destruir la matriz de nuestras libertades y derechos a fin de rebajarnos de la condición de ciudadanos civilizados a la de aborígenes emplumados no son otra cosa.

Ojalá estos chispazos sean el anuncio del abandono del entreguismo para ser sustituido por la defensa sin fisuras de los principios de la sociedad abierta. Sabemos que se ha perdido demasiado tiempo, pero no hay nada imposible para la voluntad y la razón. Si España levanta su formidable estatura, la banda aldeana de mezquinos dinamiteros que se afanan en volarla, no tiene media bofetada.

La necesaria reforma educativa
El Editorial La Razón 14 Octubre 2012

No parece que sea algo descabellado pretender que los jóvenes españoles acaben la enseñanza obligatoria con unos conocimientos comunes sobre la historia, la geografía y las artes del país en el que han nacido. Hoy, desafortunadamente, priman en los sistemas educativos autonómicos los contenidos localistas, que impiden a los alumnos alcanzar una visión proporcionada de los distintos temas. Es, repetimos, un problema general que lleva a situaciones tan surrealistas como que la importancia de la romanización de la Península, la influencia musulmana o el arte renacentista dependan de la comunidad autónoma donde esté matriculado el alumno. Lo mismo reza para la geografía, con aportaciones a la antología del disparate como convertir al padre Ebro en un río exclusivamente catalán u obviar las unidades geográficas que no entren en unas fronteras provinciales trazadas en el siglo XIX.

Pero con ser antipedagógica esa tendencia a glosar los particularismos y anteponer al paisano prestigioso frente a una gloria universal de la literatura, la cuestión se agrava cuando apenas se oculta una intencionalidad doctrinaria en la elección y exposición de los contenidos ofrecidos a los alumnos. Sin ser único, el caso catalán es el que, en estos momentos de reivindicación soberanista, causa mayor preocupación en la sociedad española, puesto que incide en una interpretación de la historia de España que elimina virtualmente los elementos comunes, imprescindibles para comprender la formación de la nación y sus procesos de consolidación. Una visión que hace de Cataluña y del resto de España compartimentos estancos, donde debieran hallarse vasos comunicantes.

Y no es una cuestión de la lengua en que se estudia, faltaría más, sino de la ordenación arbitraria de conceptos y hechos, que llegan al absurdo de presentar la Guerra Civil como una guerra de agresión a Cataluña que termina con la rendición de Barcelona, tal y como expone el informe que hoy publica LA RAZÓN. Lo mismo reza para el País Vasco y, en otro aspecto, para Andalucía, comunidad esta última donde el revisionismo del periodo musulmán comienza a ser preocupante. No es la primera vez que desde el Gobierno de la nación se intenta reconducir la situación, con la elaboración de un currículo educativo común, de mínimos, sin que ello signifique la eliminación de los aspectos propios que quiera destacar cada comunidad autónoma. Desde esta perspectiva deberían entenderse las recientes palabras del ministro de Educación, José Ignacio Wert, que no pretende más que corregir las evidentes disfunciones del actual sistema educativo español. Hay una historia común, y ésta debe ser bien contada.

España, ejemplo de totalitarismo invertido
Juan Laborda www.vozpopuli.com 14 Octubre 2012

En 2003 Sheldon Wolin, profesor emérito de filosofía política de la Universidad de Princeton, publicó una de sus obras más relevantes, “Inverted Totalitarianism”. El totalitarismo invertido es el momento político en el que el poder corporativo se despoja finalmente de su identificación como fenómeno puramente económico y se transforma en una coparticipación globalizadora con el Estado. Mientras que las corporaciones se vuelven más políticas, el Estado se orienta cada vez más hacia el mercado. España, en su actual deriva, es un excelente ejemplo de ello. La antidemocracia, y el dominio de la élite son elementos básicos del totalitarismo invertido.

La antidemocracia no adopta la forma de ataques explícitos a la idea del gobierno por el pueblo. Políticamente, significa alentar la "desmovilización cívica", condicionando al electorado a entusiasmarse por períodos breves, controlando su lapso de atención y promoviendo luego la distracción o la apatía. El ritmo intenso de trabajo y los horarios de trabajo prolongados combinados con la inseguridad laboral son la fórmula para la desmovilización política, para privatizar la ciudadanía.

Según Wolin, en el totalitarismo invertido "los elementos clave son un cuerpo legislativo débil, un sistema legal que sea obediente y represivo, un sistema de partidos en el que un partido, esté en el gobierno o en la oposición, se empeña en reconstituir el sistema existente con el objetivo de favorecer de manera permanente a la clase dominante, los más ricos, los intereses corporativos, mientras que dejan a los ciudadanos más pobres con una sensación de impotencia y desesperación política y, al mismo tiempo, mantienen a las clases medias colgando entre el temor al desempleo y las expectativas de una fantástica recompensa una vez que la nueva economía se recupere”.

Pero ahí no para todo, hay mucho más, “ese esquema es fomentado por unos medios de comunicación cada vez más concentrados y aduladores, por la integración de las universidades con sus benefactores corporativos; por una máquina de propaganda institucionalizada a través de grupos de reflexión y fundaciones conservadoras generosamente financiadas, por la cooperación cada vez más estrecha entre la policía y los organismos nacionales encargados de hacer cumplir la ley, dirigido a la identificación de disidentes internos, extranjeros sospechosos…”.

Desconfianza y miedo como motor político
La antidemocracia, en definitiva, es una fórmula que funciona de manera indirecta. Se alienta a los ciudadanos a desconfiar de su gobierno y de los políticos; a concentrarse en sus propios intereses; a quejarse de los impuestos; a cambiar el compromiso activo por gratificaciones simbólicas de patriotismo. Sobre todo, se promueve la despolitización envolviendo a la sociedad en una atmósfera de temor colectivo y de impotencia individual: miedo a la pérdida de puestos de trabajo, incertidumbre de los planes de jubilación, gastos en educación y sanidad en ascenso. ¿Nos suena, verdad? En esto se está transformando nuestra querida España.

El totalitarismo invertido explota a los pobres, reduciendo o debilitando los programas de salud y los servicios sociales, reglamentando la educación masiva para una fuerza de trabajo insegura, amenazada por la importación de trabajadores de bajos salarios. El resultado es que la ciudadanía, o lo que queda de ella, se sumerge en medio de un perpetuo estado de preocupación. Entonces, tristemente, Hobbes vence a Rousseau: cuando los ciudadanos se sienten inseguros y al mismo tiempo impulsados por aspiraciones competitivas, anhelan estabilidad política más que compromiso cívico; protección más que participación política.

Crisis actual y totalitarismo invertido
La expansión financiera que despega a partir de 1993 obedece a políticas explícitas y deliberadas. Desde finales de los 80 occidente en general, y muy especialmente Estados Unidos, experimentaba una larga secuencia de crecimientos raquíticos que mostraban las tremendas dificultades para mantener expansiones de la producción, sobre la base de una redistribución de la renta que no conseguía expandir a la clase media, ya entonces muy afectada por una intensa deslocalización que trataba de aprovechar la globalización comercial y financiera. Un proceso simultáneamente acelerado por un continuo cambio tecnológico.

La burbuja financiera no fue sino una vía para sortear artificialmente los limites que la desequilibrada distribución de la riqueza en el mundo. Las emisiones billonarias de activos financieros derivados, han servido para sostener una expansión artificial de la demanda, que sortease la caída de la tasa de ganancia del capital y, sobre todo, facilitase la financiación de un gigantesco proceso de acumulación, y la adquisición de riquezas por todo el globo a favor de unas pocas manos.

La continua aplicación de regulaciones, o re-regulaciones a favor de la movilización del capital, es una constante histórica, que desdice la visión ingenua que alude a los problemas de codicia desatada para explicar la actual crisis. Por ello cualquier ejercicio de prospectiva no debe dejar de tener en cuenta las posibles estrategias de las clases dominantes y las configuraciones históricas que dan forma operativa y real a los intereses de las elites.

A la vista de los acontecimientos, el capital piensa que aún puede darle una vuelta de tuerca al mercado global liberalizado, posicionándose desde hace años para dominar la extracción de rentas especulativas, aprovechando los escenarios de geoescasez energética y alimentaría, y diseñando, a espaldas del poder democrático, las nuevas arquitecturas financieras globales.

España como ejemplo del totalitarismo invertido
Las medidas económicas adoptadas tanto por el ejecutivo Rajoy como por el anterior, además de ser ineficientes desde un punto de vista económico, reavivan una brutal lucha de clases. De un lado, los protegidos, que no son otros que los acreedores que tomaron riesgos excesivos, la élite bancaria insolvente, y la clase empresarial que siempre ha jugado con las cartas marcadas. De otro, los perdedores, la ciudadanía en su conjunto, representada por los trabajadores, las clases medias, y, sobretodo, los más desfavorecidos.

Y ello es especialmente grave, cuando en nuestra querida España han sido fundamentalmente las élites económicas y financieras, representadas por las sociedades no financieras y las instituciones bancarias, quienes se apalancaron sin ningún control del riesgo, o bien alrededor de un colateral cuyo precio acabó colapsando, o sobre un negocio cuyos retornos son y serán muy inferiores a los que se suponían por el precio pagado. Fueron las élites quienes vivieron por encima de sus posibilidades y ahora, sin ningún rubor, quieren que les paguemos la fiesta.

La República sí defendió el castellano
Francisco José Zamora García LR  14 Octubre 2012

Sin lugar a dudas, la lectura de los textos constitucionales históricos españoles permite conocer cómo se afrontaron en el pasado los diversos problemas que incidían sobre la comunidad política. Nuestra historia ha sido generosa en Constituciones, y las instituciones reguladas en sus artículos muy diferentes. Estos documentos configuran un acervo del que siempre pueden extraerse valiosas enseñanzas. Así sucede, por ejemplo, con la Constitución republicana de 1931. Si bien muchos han cuestionado su eficacia como instrumento regulador de la sociedad de su tiempo, no deja de contener soluciones interesantes. De hecho, alguno de sus artículos cobra hoy en día especial interés y podría servir de referente a la hora de emprender una futura reforma de la vigente Constitución.

La Constitución de la Segunda República instituyó el denominado Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y Regiones. Sin embargo, este modelo no fue muy seguido por los constituyentes de 1978, a diferencia de los italianos de 1947. No es tarea sencilla concluir si sus previsiones respecto de la organización territorial fueron más o menos convenientes que las recogidas en el Título VIII del vigente texto constitucional. Pero resulta difícil negar la acertada redacción del artículo 50 de la citada Constitución republicana: «Las regiones autónomas podrán organizar la enseñanza en sus lenguas respectivas, de acuerdo con las facultades que se concedan en sus Estatutos. Es obligatorio el estudio de la lengua castellana, y ésta se usará también como instrumento de enseñanza en todos los centros de instrucción primaria y secundaria de las regiones autónomas. El Estado podrá mantener o crear en ellas instituciones docentes de todos los grados en el idioma oficial de la República»

Es evidente que la inclusión de un precepto igual o similar en la Constitución de 1978 permitiría soslayar situaciones que en el presente suceden en determinadas autonomías. Las dificultades que la enseñanza del castellano encuentra en el actual marco legal tienen difícil arreglo. Quizás, la solución se halle en las olvidadas páginas de la historia constitucional, y no precisamente en la canovista Constitución de 1876 ni en las franquistas Leyes Fundamentales, sino en el texto constitucional más progresista que ha estado vigente en España.

Francisco José Zamora García
Profesor de Derecho Constitucional

Antonio Robles: «Los maestros son el ejército del nacionalismo»

J. V. Echagüe La Razón 14 Octubre 2012

MADRID- Antonio Robles lleva más de 30 años impartiendo Filosofía en institutos públicos de Barcelona. Afirma que utiliza el catalán o el castellano según crea conveniente. Y nunca ha tenido ningún problema con sus alumnos. «Por encima de todo han valorado mi capacidad como profesor», asegura. Ahora bien, también dice que su caso es «extraordinario». Dice haber sigo testigo de cómo 14.000 maestros tuvieron que marcharse de Cataluña –«algunos expulsados, otros por acoso» en los años ochenta debido a las leyes de política lingüística implantadas por la Generalitat. Fundador de la Asociación por la Tolerancia, ex secretario general y diputado de Ciutadans y militante de UPyD, Robles escribió en 2008 el libro «Extranjeros en su país», en el que denunciaba la «limpieza lingüística» que se ha llevado a cabo en Cataluña.

–¿Cómo ha vivido esa «catalanización» de las aulas?
–Ha sido el caballo de Troya del nacionalismo y el independentismo. Empezó en los años ochenta, cuando entró Pujol en el poder. Y ha sido una hoja de ruta perfectamente diseñada. La primera opción fue expulsar de Cataluña a 14.000 maestros, a raíz de la ley de política lingüística, porque les obligaban a dar las clases en catalán en primaria. Unos por comodidad, otros por acoso, otros porque fueron expulsados... Y fueron reemplazados por catalanistas. En 1995, la Asociación por la Tolerancia, grupo que lleva denunciado estas cosas desde el año 1992, hicimos una caravana por la tolerancia lingüística por toda Cataluña para denunciar lo que ocurría, que es exactamente lo que está pasando ahora. En una conferencia, dije que en Cataluña hay un sistema educativo, llamado inmersión, que implica que no se puede estudiar en castellano. Y que los maestros son el ejército de Cataluña que nos están mentalizando en contra de España. No sólo son los libros de texto. No me creyeron. Y hoy es lo que ocurre.

–¿Cómo ha repercutido en los alumnos?
–Buena parte de la juventud de Cataluña, que no saben lo que es el expolio fiscal y conocen el concepto de «España nos roba», se han sumado al independentismo como si fuera una final de Champions League del Barça, con la misma inconsciencia. Es un pensamiento, un lenguaje propio del fútbol: los míos son los buenos. Han convertido una sociedad culta como la catalana en una sociedad muy parecida a un rebaño. Nadie se atreve a oponerse a lo que una mayoría virtual impone. Es una mentalidad totalitaria. Este tipo de actuación es la que han construido durante años las escuelas. Después de 30 años, tenemos las consecuencias: las escuelas son fábricas de nacionalistas.

–¿Se politiza a los alumnos?
–Las consultas populares por el derecho a decidir: en muchos institutos se han puesto publicidades de esas consultas en función de si el director y los profesores lo determinan. Eso se hace. Y ahí se quedan. Como hay un grupo activo, nadie se opone. Es como cuando en un claustro de profesores queda mal hablar en castellano, aunque la mitad la tengan como su lengua materna.

–¿Esta situación ha generado un nivel cultural más bajo en los alumnos?
–No. La Logse es, simple y llanamente, un «no sistema educativo». No se ha primado el esfuerzo, ni la responsabilidad ni los contenidos. Se ha destruido el sistema educativo aquí, en Galicia, en Madrid y en todos lados.

–¿Está de acuerdo con las palabras del ministro Wert sobre la necesidad de «españolizar» las aulas catalanas?
–El Gobierno tiene que hacer que se cumpla la Ley: que en todos los colegios públicos de Cataluña pueda estudiarse en catalán y en castellano. Ahora bien, si no tienen coraje para hacer que se cumpla la ley, me conformo con que, al menos, se subvencionen colegios en castellano. Como un mal menor.

Los alumnos aprenden menos
Pedro Antonio Heras La Razón 14 Octubre 2012

¿Por qué cree que se manipulan los contenidos de los libros de texto en comunidades como Cataluña y País Vasco?
–Los gobiernos nacionalistas de estas comunidades, en su intento de transformar los territorios en estados, mitifican e idolatran elementos falsos, además de inculcar hechos falsos, que deforman la historia. La escuela no está para enseñar a creer, sino para enseñar a razonar, pero desgraciadamente, la escuela nacionalista adoctrina.

Con la descentralización de la educación, ¿los niños aprenden menos que antes?
–Muchísimo menos. La enseñanza se ha degradado en gran medida. Lo ideal sería la igualdad de oportunidades, pero no como condición para que el resultado final fuera el mismo. A la meta se llega en distinto tiempo, según el esfuerzo de cada uno; el sistema actual hace que todos lleguen a la meta de forma atrasada: los últimos llegan igual de los primeros, debido a la degradación de los alumnos más aventajados. Igualdad de oportunidades no es igual a igualdad de resultados, eso se traduce en catástrofe. En gran medida esta situación se debe a un tema de falta de autoridad: los maestros dedican demasiado tiempo a imponer orden y disciplina. Aunque no se puede obviar el adoctrinamiento y las particularidades en todas las comunidades.

¿Un niño catalán tiene ahora dificultades para expresarse y escribir bien en castellano?
–Para escribir bien, sí, pero también las tiene para escribir bien en catalán; no domina ninguna de las dos. Además de los sistemas educativos actuales, el escaso tiempo que le dedican los niños a la lectura frente a las muchas horas que pasan delante de la televisión o el ordenador son las principales causas de este problema. Se debe enseñar castellano y catalán en la misma medida, excepto los primeros años de escolarización, donde debe primar la lengua materna: el castellano.

¿Se solucionará la dispersión de contenidos aumentando el porcentaje de control del Gobierno en las comunidades con lengua propia?
–Sí, algo se reducirá. Si se aumentara el porcentaje de programas comunes, se reduciría el localismo.

¿Cuál es su opinión acerca de las declaraciones del ministro Wert sobre la «españolización» de los niños catalanes?
–El discurso me parece impecable, pero no estoy de acuerdo en el término «españolizar». Una cosa no debe primar sobre la otra. Los alumnos tienen el derecho de recibir una educación equilibrada en la que reine el respeto.

Pedro Antonio Heras. Doctor en Historia

Control político de la escuela
Lorente Ferrer La Razón 14 Octubre 2012

Madrid- A lo largo de dos décadas, en el periodo comprendido entre 1981 y 2000, Cataluña completó el proceso de traspaso de competencias en materia educativa desde el Gobierno central al de la Generalitat. Son competencias educativas del Gobierno de la nación las bases del currículo educativo, la ordenación general del sistema y la regulación para la obtención de titulaciones, y por otra parte las CC AA completan el currículum educativo incorporando las enseñanzas mínimas marcadas por el Gobierno central. Estas enseñanzas mínimas representan el 55% del horario en las CC AA con lengua propia, como es el caso de Cataluña. En la última década asistimos a un crecimiento electoral de las candidaturas nacionalistas en Cataluña, desde las más moderadas a las más radicales.

Si nos remontamos a los años 1998 y 1999, los inmediatamente anteriores a la culminación de las transferencias en materia educativa a Cataluña, comprobamos con los datos del CIS que el sentimiento secesionista estaba muy limitado, al 12% y 13%, respectivamente. En el primer año de plenitud competencial en educación, 2000, el porcentaje de independentistas salta al 20%, para incrementarse al año siguiente al 36%, duplicando la que tres años antes registraba el CIS. Cambiando de fuente, el CEO catalán, registra también aumentos paulatinos en el respaldo a la secesión que ya han alcanzado al 51.1% de la población en 2012.

La era de los «ni-nis»
Joan Planes La Razón  14 Octubre 2012

Los problemas educativos en los colegios catalanes son palpables desde hace años. La tasa de abandono prematuro de los estudios casi dobla a las perspectivas que tiene la Unión Europea para 2020. Un informe de la Fundación Jaume Bofill indicó que Cataluña es la segunda comunidad autónoma de España con un índice más bajo de aprobados en ESO (el 21,8% de los alumnos no consigue el título).
Otro problema muy grave es el referente a lo que se llama la generación «ni-nis», los jóvenes que ni estudian ni trabajan. Desde 2007, el número de jóvenes catalanes de entre 16 y 24 años se ha incrementado en siete puntos porcentuales. En 2011 fueron el 21,9% dentro de esta franja de edad, una prevalencia muy superior a los niveles del resto de España (20%) y la UE (16%). De esta manera, Cataluña se sitúa como el cuarto territorio europeo con más jóvenes que ni trabajan ni estudian, sólo superado por Bulgaria (27,9%), Italia (25,2%) y Grecia (24,4%). Es la séptima comunidad española con más «nini». Este fenómeno afecta especialmente a la población masculina, de nacionalidad extranjera y con un déficit instructivo. Existe otro informe, de la Generalitat, que indica que el fracaso escolar entre los castellanohablantes es el doble que el de los catalanohablantes, un argumento que contradice la política de inmersión lingüística, que se aplica desde los 80.

Desconocimiento de la historia de España
Hispanidad y leyenda negra
JOSÉ JAVIER ESPARZA. www.gaceta.es 14 Octubre 2012

Desde hace 40 años nuestro sistema de enseñanza y nuestra cultura oficial vienen marginando sistemáticamente la identidad propiamente española.

Todos los años, cuando llega el 12 de octubre, invariablemente escuchamos las mismas sandeces sobre la colonización española de América. Parece que la mayoría de la gente ha dado por buena una suerte de nueva leyenda negra compuesta a partes iguales de propaganda inglesa de guerra, indigenismo primario y neomarxismo posmoderno. Un relato en el que España interpreta siempre el papel de villano universal.

Hoy nuestros estudiantes lo ignoran prácticamente todo sobre la huella de España en el mundo.Lo ignoran los estudiantes, pero es que también lo ignoran los profesores. No saben que España prohibió esclavizar a los indígenas –desde el testamento de Isabel la Católica, nada menos–, algo que para la mentalidad de la época era una revolución. No saben que tal prohibición siguió vigente y fue desarrollada una y otra vez en las Leyes de Indias.

Tampoco saben que el escrúpulo moral de la Corona en América llegó al extremo de someter a debate teológico la legitimidad de la conquista –eso fue la Controversia de Valladolid en 1550–, y que en aquellos debates se alumbró lo que hoy llamamos “derechos humanos”. Y por eso existen hoy en la América hispana millones de indígenas, mientras que los nativos de la América anglosajona fueron exterminados a mansalva.

Y bien, ¿por qué estudiantes, profesores, opinadores y público en general ignoran todas estas cosas? Porque no se las han enseñado. Porque desde hace 40 años nuestro sistema de enseñanza y nuestra cultura oficial vienen marginando sistemáticamente la identidad propiamente española. A lo mejor desde este punto de vista adquiere más fondo esa idea del ministro Wert de “españolizar”. Pero no sólo a los catalanes, sino a todos los españoles.

Reprobar al ministro
xavier pericay ABC Cataluña 14 Octubre 2012

Los diputados socialistas de eso que aún se llama PSC están muy ilusionados con la moción que el Grupo Socialista en el Congreso ha presentado para reprobar al ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert. Creen que esa iniciativa va a permitirles andar por la campaña electoral catalana con la cabeza nacionalmente alta, ya que otra cosa no parece que vayan a poder argüir a su favor en el debate identitario.

Y es que, si bien el propósito del ministro de «españolizar a los alumnos catalanes» tiene como origen una acusación de la consejera Rigau en el mismo sentido, su formulación en las Cortes se produjo como respuesta a una pregunta del diputado socialista catalán Francesc Vallès. Ese diputado dedicó los dos minutos y medio que duró su intervención no tanto a preguntar como a falsear. Se trata de una vieja costumbre parlamentaria, consistente en atribuir al oponente unas intenciones que este no ha expresado en ningún momento pero se le suponen.

Y como el tema resulta ser la enseñanza, o sea, el gran baluarte de la izquierda y el nacionalismo irredento, cualquier propuesta de reforma del modelo vigente —ese que ha situado a España a la cola de todas las estadísticas desarrolladas— no sólo es rechazada con el detente bala ideológico, sino que el rechazo suele conllevar, casi por sistema, la equiparación de lo propuesto con el sistema educativo franquista.

De ahí que el diputado Vallès aludiera en su parlamento a la escuela nacional católica, al florido pensil y a la formación del espíritu nacional. Y de ahí también que, entre los estigmas del pasado que amenaza con volver, citara la disciplina y la memorización. Todo para concluir que «en Cataluña no se adoctrina; (…) se forma y se educa». Ah, y para mentar a Marta Mata, creadora de los movimientos de renovación pedagógica. Lástima que se le olvidara añadir que Mata fue siempre partidaria de la enseñanza en lengua materna. Por aquello del franquismo, ¿sabe?

Mas, el iluminado
Los políticos más peligrosos son los grandes simplificadores, Mas es ya uno de ellos
Francesc de Carreras La Vanguardia 14 Octubre 2012

Catedrático de Derecho Constitucional de la UAB

Acabo de leer las declaraciones de Artur Mas en La Vanguardia de ayer y una sospecha que me asaltaba en las últimas semanas se ha confirmado. Nos encontramos ante un tipo de personaje, muy estudiado por los psicólogos, que me causa un especial pavor: estamos ante un iluminado, una persona que ha escogido ser el instrumento de un misterioso destino que está decidido a asumir, pase lo que pase, tanto a él como a su país.

"¿El camino a la soberanía será largo?", le pregunta el periodista Barbeta. Responde: "Largo no sé si será, pero será duro, muy duro". Y añade: "Procuro aislarme todo lo que puedo del ruido mediático (...) Si no te atreves con un proceso así, tienes que terminar. Lo que no vale es quedarte de presidente de un país y dar la espalda a la mayoría del pueblo. Si no te atreves, te tienes que ir. Y si te quedas, tienes que asumir el sufrimiento". Y remata la faena: "Tengo esperanza porque tengo fe". ¡Dios mío! ¿En manos de quién estamos?

Hasta hace poco tenía de Mas la opinión contraria, lo había escrito muchas veces en estas páginas. Pensaba que era un tipo racional, educado en el Liceo Francés, un hombre estudioso, preparado, frío, analítico. Todo menos aventurero. Pensaba que era un freno a los sectores más extremistas de CiU, como demostró en el último congreso de su partido, maniobrando en favor de la moderación. Parecía ser un político dispuesto al pacto, en la tradición catalana de Prat de la Riba y Cambó, es decir, un anti-Companys, un hombre de seny, alejado de la rauxa.

Me equivoqué. El racionalista se ha transformado en un visionario decidido a que su país emprenda caminos "duros, muy duros", a permanecer aislado del ruido mediático, es decir, de la opinión pública, a estar dispuesto cual mártir a "asumir el sufrimiento", a tener esperanza basándose sobre todo en la fe. ¡Madre mía! De la prudencia a la mística, del realismo a la lírica y, sobre todo, en estos tiempos de tribulación, a algo peor, a la épica. ¡Vaya peligro es Artur Mas!

La entrevista no tiene desperdicio, todo son contradicciones. Porque a pesar de todo este lenguaje agónico, la ineluctable transición de Catalunya hacia la independencia resultará fácil: nunca saldremos de la UE aunque seamos un Estado soberano; que la caja esté vacía o llena importa poco, precisamente porque estamos económicamente mal es el momento de arriesgar; no habrá problemas para tener indistintamente la nacionalidad catalana y la española; las pensiones se pagarán aunque los trabajadores disminuyan y los jubilados aumenten.

Como decía Tocqueville, los políticos más peligrosos son los grandes simplificadores. De repente, Mas se ha convertido en uno de ellos. Tenso el mentón, la mirada en el horizonte, aires de jefe de Estado. Este es el Artur Mas de las últimas semanas. Me da miedo.

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La realidad europea
Reino Unido opta por el bilingüismo puro
Celia Maza/C. Herrero/Pedro G. Poyatos La Razón 14 Octubre 2012

Londres- En Reino Unido el inglés es el idioma oficial, pero convive con el galés, el gaélico y el irlandés. Las administracilondres- En Reino Unido el inglés es el idioma oficial, pero convive con el galés, el gaélico y el irlandés. Las administraciones públicas de Gales, Escocia e Irlanda del Norte son bilingües y en cuestión de educación la situación varía de un punto a otro de la isla, ya que, mientras el galés es obligatorio en los colegios de la región donde se habla esta lengua, el gaélico y el irlandés son asignaturas opcionales en Escocia e Irlanda del Norte.

La regularización de estos dialectos ha sufrido importantes modificaciones en los últimos años. El Gobierno británico apoyó en todo momento la petición de hacer del galés una «lengua co-oficial» que permita a los ministros locales hablarlo en las reuniones de Bruselas. En Gales, el inglés y el galés gozan de la misma igualdad desde la Ley de la Lengua Galesa de 1993. La norma establece que ambas lenguas tienen el mismo estatus en la Administración pública de la región. Ambas son oficiales en la nueva Asamblea Nacional, aunque cualquier tipo de publicidad o información, como por ejemplo las cartas que reciben los padres de los colegios, deben estar escritas en las dos lenguas, al igual que las señales de tráfico o los nombres de los lugares. Muchos carteles de calles y tiendas de Gales son bilingües. Aunque no se espera que los ciudadanos de otras partes de Reino Unido hablen galés, se pide el uso de esta lengua a la hora de acceder a muchos empleos.

Hoy día cerca del 20% de los escolares reciben una educación inmersa en galés mientras que en los demás centros educativos el alumnado debe estudiarlo como segunda lengua hasta los 16 años. Desde el año 1944, la Administración pública tiene responsabilidad por establecer escuelas galesas en las zonas donde el idioma haya retrocedido ante el inglés en el habla comunitaria. Según los datos de la encuesta de población más reciente, por primera vez desde principios del siglo XX el número de galés-hablantes experimentó un débil crecimiento del 19 por ciento al 21 por ciento de la población.

Los éxitos alcanzados en esta región han llevado a Escocia a seguir sus mismos pasos en un intento de impulsar el gaélico escocés, dialecto que históricamente nunca ha recibido el mismo grado de reconocimiento oficial por parte del Gobierno británico.

La medida más importante en este campo ha sido la Ley de la Lengua gaélica escocesa aprobada por unanimidad en el Parlamento escocés el 21 de abril de 2005. Las principales disposiciones de la norma están destinadas a garantizar el estado del gaélico como idioma oficial de Escocia igualándolo al mismo nivel del inglés. Los planes, que aún están en periodo de desarrollo, también exigen el bilingüismo en las administraciones públicas y en la educación, donde actualmente el gaélico es una asignatura opcional. Según los datos de la Educación Primaria, sólo un total de 2.092 alumnos estaban matriculados en un nivel gaélico-medio. Hoy en día esta lengua es hablada por unas 60.000 personas en las regiones norteñas.

En el caso de Irlanda del Norte, la situación lingüística es mucho más complicada. Desde 2005, el irlandés es lengua oficial de trabajo de la Unión Europea y con el Acuerdo de Viernes Santo de 1998, pacto que selló la paz entre nacionalistas y unionistas, quedó reconocido oficialmente como lengua de minoría en Irlanda del Norte. Las agencias gubernamentales y los tribunales ofrecen servicios en esta lengua, que actualmente sólo enseñan las escuelas católicas.

El irlandés es utilizado de manera cotidiana por unas 75.000 personas en esta región, donde viven 1,7 millones, aunque sigue siendo punto de fricción entre protestantes y católicos desde que comparten el poder tras las elecciones de mayo de 2007. Sin ir más lejos, este mes se ha creado un gran revuelo en Stormont después de que un anuncio que advierte a los padres de la importancia que tiene involucrarse en la educación de sus hijos fuese retransmitido íntegramente en irlandés.

ones públicas de Gales, Escocia e Irlanda del Norte son bilingües y en cuestión de educación la situación varía de un punto a otro de la isla, ya que, mientras el galés es obligatorio en los colegios de la región donde se habla esta lengua, el gaélico y el irlandés son asignaturas opcionales en Escocia e Irlanda del Norte.

La regularización de estos dialectos ha sufrido importantes modificaciones en los últimos años. El Gobierno británico apoyó en todo momento la petición de hacer del galés una «lengua co-oficial» que permita a los ministros locales hablarlo en las reuniones de Bruselas. En Gales, el inglés y el galés gozan de la misma igualdad desde la Ley de la Lengua Galesa de 1993. La norma establece que ambas lenguas tienen el mismo estatus en la Administración pública de la región. Ambas son oficiales en la nueva Asamblea Nacional, aunque cualquier tipo de publicidad o información, como por ejemplo las cartas que reciben los padres de los colegios, deben estar escritas en las dos lenguas, al igual que las señales de tráfico o los nombres de los lugares. Muchos carteles de calles y tiendas de Gales son bilingües. Aunque no se espera que los ciudadanos de otras partes de Reino Unido hablen galés, se pide el uso de esta lengua a la hora de acceder a muchos empleos.

Hoy día cerca del 20% de los escolares reciben una educación inmersa en galés mientras que en los demás centros educativos el alumnado debe estudiarlo como segunda lengua hasta los 16 años. Desde el año 1944, la Administración pública tiene responsabilidad por establecer escuelas galesas en las zonas donde el idioma haya retrocedido ante el inglés en el habla comunitaria. Según los datos de la encuesta de población más reciente, por primera vez desde principios del siglo XX el número de galés-hablantes experimentó un débil crecimiento del 19 por ciento al 21 por ciento de la población.

Los éxitos alcanzados en esta región han llevado a Escocia a seguir sus mismos pasos en un intento de impulsar el gaélico escocés, dialecto que históricamente nunca ha recibido el mismo grado de reconocimiento oficial por parte del Gobierno británico.

La medida más importante en este campo ha sido la Ley de la Lengua gaélica escocesa aprobada por unanimidad en el Parlamento escocés el 21 de abril de 2005. Las principales disposiciones de la norma están destinadas a garantizar el estado del gaélico como idioma oficial de Escocia igualándolo al mismo nivel del inglés. Los planes, que aún están en periodo de desarrollo, también exigen el bilingüismo en las administraciones públicas y en la educación, donde actualmente el gaélico es una asignatura opcional. Según los datos de la Educación Primaria, sólo un total de 2.092 alumnos estaban matriculados en un nivel gaélico-medio. Hoy en día esta lengua es hablada por unas 60.000 personas en las regiones norteñas.

En el caso de Irlanda del Norte, la situación lingüística es mucho más complicada. Desde 2005, el irlandés es lengua oficial de trabajo de la Unión Europea y con el Acuerdo de Viernes Santo de 1998, pacto que selló la paz entre nacionalistas y unionistas, quedó reconocido oficialmente como lengua de minoría en Irlanda del Norte. Las agencias gubernamentales y los tribunales ofrecen servicios en esta lengua, que actualmente sólo enseñan las escuelas católicas.

El irlandés es utilizado de manera cotidiana por unas 75.000 personas en esta región, donde viven 1,7 millones, aunque sigue siendo punto de fricción entre protestantes y católicos desde que comparten el poder tras las elecciones de mayo de 2007. Sin ir más lejos, este mes se ha creado un gran revuelo en Stormont después de que un anuncio que advierte a los padres de la importancia que tiene involucrarse en la educación de sus hijos fuese retransmitido íntegramente en irlandés.

Bélgica: una torre de Babel
Bruselas- La libertad de enseñanza en Bélgica emana de la Constitución que dio origen a su independencia, en 1830, y es aplicada por las comunidades francófona, flamenca y alemana, en las que se divide este país federal, donde las administraciones idiomáticas poseen la casi totalidad de las competencias educativas. Este principio implica la libre creación de escuelas, la libre elección de los padres y la libertad pedagógica dentro de cada institución con la condición de que respeten un umbral mínimo previsto por ley de la comunidad idiomática en cuestión. Cada organización puede fijar sus programas, evaluar y certificar a sus alumnos, definir un proyecto educativo y pedagógico y reclutar a sus profesores. La enseñanza de la lengua es muy complicada. En las tres comunidades, la lengua de aprendizaje debe ser la de la región lingüística donde se encuentra la escuela, aunque cada establecimiento puede decidir impartir desde Primaria la segunda lengua, es decir, el francés en las zonas flamenca y alemana, y neerlandés en zona francófona. En Bruselas, única zona bilingüe oficialmente, hay una enseñanza recíproca de las dos lenguas oficiales en las escuelas, aunque una de ellas como segunda opción. Eso conlleva fricciones, pues los francófonos se resisten a aprender el flamenco argumentando su falta de salida internacional y los flamencos creen que es un intento de imponerles su identidad.

División germana a la española
Madrid- En un país federal y descentralizado como Alemania, la educación no es una excepción. La Constitución alemana de 1949 concede a los dieciséis estados federados competencias exclusivas en educación escolar y enseñanza superior. Como consecuencia, cada «land» cuenta con su propio ministro de Educación y su sistema educativo. La diversidad y complejidad educativa germana dificulta sobremanera la movilidad de las familias que quieran trasladarse a otro estado federado. El programa educativo de Sarre (fronterizo con Francia), por ejemplo, tiene muy poco que ver con el imperante en Schleswig-Holstein, fronterizo con Dinamarca. Tampoco lo tienen fácil los profesores para ejercer su profesión en otro «land» debido al complejo sistema de homologaciones. Paradójicamente, es más sencillo que un docente procedente de otro país de la UE ejerza en Alemania que un colega nativo haga lo mismo en otra región de su propio país.

Consciente de estos problemas y para conseguir cierta homogeneidad, la Conferencia de Ministros de Educación, que reúne a los 1os dieciséis responsables educativos, pactó hace unos años los estándares básicos que deben cumplir todos los «länder». Según los expertos, la heterogeneidad de la enseñanza es uno de los motivos principales que explican los mediocres resultados obtenidos por los alumnos alemanes en el informe PISA.

Wert: 'En Cataluña se enseña una Historia enfrentada a España'
El ministro de Educación, José Ignacio Wert, ha asegurado que no va a rectificar "ni una coma"
Europa Press www.lavozlibre.com 14 Octubre 2012

Madrid.- El ministro de Educación, José Ignacio Wert, ha asegurado que no va a rectificar "ni una coma" de sus declaraciones sobre "españolizar" a los niños catalanes porque, a su parecer, no hay nada "reprobable" en ellas. Según explica el ministro, está convencido de haber actuado bien y de haberse expresado con precisión. Asimismo, afirma que no mantuvo con el Rey ninguna conversación sobre este asunto durante celebración de la Fiesta Nacional y que al hablar de "españolizar" se refería a la necesidad de inculcar en los niños catalanes la idea de que las identidades catalana y española no son incompatibles. Además, Wert asegura que tiene la intención de buscar una "solución viable para que todo el que quiera ser educado en Cataluña con el castellano como lengua vehicular lo pueda hacer". En este sentido, rechaza que la educación se convierta en un instrumento en favor de los proyectos independentistas.

Ex alumno del el Colegio del Pilar de Madrid, licenciado en en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid (1972), con premio extraordinario y Premio Calvo-Sotelo, y un Máster en Sociología por el Instituto de Estudios Políticos, tiene 62 años y una carrera plagada de éxitos profesionales.

Políglota consumado, no es un tipo que se muerda la lengua o meta la pata. Dice lo que piensa y suele pensar lo que dice y es en ese contexto en el que hay que valorar su entrevista, donde afirma que se reafirma en sus polémicas declaraciones y no rectifica ni una coma.

El ministro de Educación está convencido de haber actuado bien y de haberse expresado con precisión.

Pregunta.- Ministro, ¿el Rey le ha afeado a usted su conducta por decir que hay que españolizar a los niños catalanes?

Respuesta.- Tengo por norma no desvelar, ni menos comentar, mis conversaciones con el Jefe del Estado. Sin embargo, no tengo ningún inconveniente en insistir en algo que ya ha dejado claro la propia Casa del Rey: que no ha habido ninguna conversación con Su Majestad en este sentido.

P.- Pues a Mariano Rajoy sí se lo reprochó y la bronca fue captada por las cámaras de televisión. ¿Le ha contado el presidente qué le dijo el Rey exactamente?

R.- Me remito a mi respuesta anterior. La Casa del Rey lo ha establecido con claridad.

P.- Sin embargo, para muchos este incidente evidencia tensiones entre el Jefe del Estado y el presidente del Gobierno en un momento muy difícil. ¿Es así?

R.- Sinceramente, creo que ambos son plenamente conscientes de sus respectivos papeles institucionales y, cada uno en su sitio, trabajan en perfecta sintonía para resolver la difícil situación del país, como intentamos hacer todos los miembros del Gobierno.

P.- Sea como fuere, a usted por hablar de españolizar a los niños catalanes le ha caído de todo. Le han llamado «franquista», «nacionalista español» y otras cosas de peor transcripción.

R.- Para mí ser nacionalista español no es un insulto. Yo soy un nacionalista cívico español, si eso se entiende como un acto de afirmación de pertenencia a una comunidad cuyos valores se expresan en una Constitución. El términonacionalista no tiene por qué ser estigmatizado, siempre y cuando no se refiera a nacionalismos excluyentes. Yo creo en un nacionalismo que no es monolítico. Uno se puede sentir muy ciudadano de Cataluña y también muy ciudadano español. Yo a ese tipo de nacionalismo me apunto.

P.- En definitiva, que aunque el Partido Socialista y otros hayan pedido su reprobación en el Congreso, usted se reafirma en que va a españolizar...

R.- Me reafirmo y no rectifico una coma, porque, cuando hablaba de españolizar, respondía a una afirmación de la consejera de Educación de Cataluña, que había dicho días antes que el objetivo de esta reforma era españolizar a los alumnos catalanes, lo contrario que ella quería. Dije que nuestra intención era españolizar, en el sentido de permitir que el sistema educativo transmitiera a los alumnos la idea de que la identidad española y la catalana convivieran armoniosamente y fueran compatibles.

P.- Ya, pero, para algunos, catalanizar es políticamente correcto y, sin embargo, españolizar no, y por eso dicen que usted es un fascista peligroso...

R.- El hecho de que toda referencia a España sea vista como una referencia al pasado indica que hay gente que se ha quedado petrificada en ese pasado franquista. No entiendo que hablar de España o españolizar sea un problema para nadie. No me imagino al ministro de Educación francés insultado si dice que los niños deben ser buenos ciudadanos franceses. Por más vueltas que le doy no veo nada reprobable en usar el verbo españolizar.

P.- En resumen, que no está dispuesto a hacerse la prueba de ADN de demócrata.

R.- Por supuesto que no. Tengo una trayectoria impecablemente democrática y no tengo el menor interés en ponerme a defenderla. Cuando, éstos, los que me llaman franquista, estaban silentes, yo ya militaba en un partido ilegal, en Izquierda Democrática. Esto es... de risa.

P.- Usted ha dicho que hay una relación entre el sistema educativo y el auge del independentismo. ¿Tiene datos?

R.- Lo sucedido con algunas materias y, sobre todo, con la Historia, en Cataluña o el País Vasco, es que se ha primado tanto la Historia de la comunidad que se ha producido un cierto desconocimiento de la Historia común. Eso es evidente y tiene mucho que ver con el auge del independentismo, cuando esa Historia se plantea no sólo como una Historia aparte, sino como una Historia enfrentada a España. En Cataluña hay una contraposición sistemática y enfrentada entre la Historia de España y la de Cataluña. Eso es fácil de comprobar.

P.- Vamos, que usted quiere que la educación deje de ser patrimonio de los nacionalistas…

R.- La educación no tiene que ser monopolio ni de los nacionalistas, ni de los conservadores, ni de los socialistas, debe ser un territorio lo más alejado posible de la contienda política. Que la educación se utilice para plantear un proyecto nacional de carácter soberanista, independentista o segregacionista es algo no deseable.

P.- ¿Usted se compromete a que, en esta legislatura, las familias que quieran escolarizar a sus hijos en castellano puedan hacerlo?

R.- Yo me comprometo a encontrar una solución viable para que cualquiera que, como establece la Constitución, quiera ser educado con el castellano como lengua vehicular lo pueda hacer.

P.- ¿Y la solución es subvencionar a colegios privados para que enseñen castellano en Cataluña y Baleares?

R.- Yo no digo que ésa sea la solución, pero es una de las posibilidades que hay. No estamos hablando tanto de inyectar dinero, como de establecer unos conciertos similares a los que ya existen, pero para la inmersión. Esto no se puede plantear como una cuestión de números, porque no lo es. Es una cuestión de libertades. Es igual si son 10 o 1.000 familias las que lo piden, porque todos tienen el derecho a recibir esa educación en castellano.

El escándalo silencioso que va minando España (I)
Así fomentan el separatismo en España los libros de texto
Las editoriales manipulan los libros de texto a gusto de los nacionalistas
Una investigación realizada por Manuel Romero en 2007 desveló que los libros de texto en España, en todas las materias, estaban fomentado la diferenciación y el enfrentamientio de unas regiones contra otras.
MANUEL ROMERO www.lavozlibre.com 14 Octubre 2012

Madrid.- Siete millones de niños y jóvenes en España estudian en sus libros escolares una Historia, una Geografía y una Literatura diferentes, según la comunidad donde vivan. A muchos de ellos se les ocultan materias importantes, a otros se les transforman de acuerdo a los idearios nacionalistas. Una investigación realizada por Manuel Romero y publicada por 'El Mundo' en 7 entregas, desveló en 2007 cómo un mismo libro eliminaba para el País Vasco la Constitución, las protestas contra ETA y la figura del Rey, a la vez que reemplaza ese espacio con la imagen de Aitana Sánchez-Gijón y menciones a Luis Mariano, Carmen Sevilla y Marujita Díaz. En Cataluña, la Historia se convierte en un constante enfrentamiento 'contra España', con recursos manipulados. Sólo se ndestaca lo que enfrenta y divide.

Se elimina todo cuanto une. Este es el primer capítulo.
Desde Atapuerca a la Constitución Española, desde el Descubrimiento a la Transición, muchos manuales eliminan o transforman sus contenidos para congraciarse con los gobiernos autonómicos

De la Prehistoria a la Transición, de la extensión de las lenguas a los sentimientos deportivos, nada se resiste a la adaptación localista de los contenidos de los libros escolares con los que siete millones de niños y jóvenes estudian en España. La diferencia se ensalza, lo que une y acerca se reduce o desaparece. Es el escándalo silencioso que, curso tras curso, va minando la unidad educativa de España. Las principales editoriales se prestan a esta manipulación.


Un joven de 16 años de Bilbao puede concluir sus estudios sin que en sus libros hayan mencionado la Constitución Española, la figura del Rey, los símbolos del país al que pertenece o las protestas contra el terrorismo de ETA. También es frecuente que se le oculte la existencia de los yacimientos cercanos de Atapuerca y Altamira, el Camino de Santiago y la participación de los vascos en el Descubrimiento de América.

A menos de 100 kilómetros, un chico de Santander puede que nunca se entere de la primera vuelta al mundo de Juan Sebastián Elcano, o de que la industrialización de España se produjo a través del puerto de Bilbao.

En Barcelona, un joven puede rebuscar en su libro el Siglo de Oro y no hallarlo. O interesarse por los Juegos Olímpicos del 92, el mayor acontecimiento internacional y deportivo celebrado en su ciudad, y sólo encontrar que «fueron el punto álgido en la reconstrucción nacional [de Cataluña]». De la lluvia de medallas y del oro que España logró en fútbol en el Camp Nou, ni una palabra. Pero sí un extenso ejercicio para la asignatura de Lengua Catalana con la simulación, por parte del alumno, de la retransmisión radiofónica de la final de la Copa del Mundo entre Brasil y Cataluña.

En otro extremo de España, una chica de Huelva estudiará la Guerra Civil como si se tratara de una invasión de Andalucía por parte de fuerzas de ocupación y, simultáneamente, un niño de La Coruña leerá en su manual de Lengua que en Cáceres el gallego no goza de protección.

El resultado es una abismal fragmentación educativa, un puzzle de libros de texto que no encajan entre sí: conocimientos diferenciados, sentimientos de agravios entre comunidades autónomas, odio hacia lo español, imposibilidad para compartir un mismo sistema escolar y universitario y dificultad para converger dentro de un mismo mercado laboral.

Un trabajo de investigación realizado por Manuel Romero para 'El Mundo' ha analizado los diferentes manuales de las 17 comunidades autónomas. El resultado pone al descubierto graves deficiencias. La Constitución, la estructura del Estado, el sistema democrático, la Transición, el terrorismo de ETA... desaparecen o se modifican en libros escolares de las más importantes editoriales.

Aunque el Ministerio de Educación y Ciencia regula las materias a incluir en los 50 millones de libros anuales de Primaria, Secundaria y Bachillerato, no establece la extensión que ha de dárseles.

Así, sucede que a Lady Di se le dedique en un manual de Cataluña cuatro fotografías, mientras que la Constitución se despache en dos breves menciones. O que un mismo libro de Historia reemplace para el País Vasco el navío colombino La Vizcaína, con bandera de Castilla, por la de un acto promocional de Chocolates Valor en San Sebastián.

Aunque las competencias de la Enseñanza están transferidas a las comunidades autónomas, el Ministerio de Educación y Ciencia, por medio de la Dirección General de Cooperación Territorial y Alta Inspección, tiene como misión comprobar que los contenidos se ajustan a los reales decretos sobre materias mínimas.

LA CONSTITUCIÓN
El conocimiento de la Carta Magna es obligatorio en 4º de ESO. Así lo establece el Real Decreto 1631/2006, publicado el 5 de enero de 2007. La Transición política y configuración del Estado democrático en España aparece como uno de los capítulos del temario escolar. El apartado 6º de los Criterios de evaluación de ese Real Decreto incluye la Constitución de 1978. Pero el contenido de algunos libros de texto difiere de lo establecido por el Ministerio de Educación y Ciencia.

La Editorial Santillana incluye la Constitución en su libro de Historia de 4º de ESO, para alumnos de 16 años. Dos páginas con ilustraciones del Preámbulo, los siete ponentes de la Carta Magna e, incluso, una viñeta del dibujante Forges. De un tronco común con los colores de la bandera de España nacen frutos con las banderas autonómicas.

Las dos páginas dedicadas a la Constitución desaparecen de la edición destinada a los estudiantes del País Vasco, incluida la proclamación de la Soberanía de la Nación Española y el dibujo del propio Forges, colaborador habitual del Grupo Prisa, a cuyo conglomerado pertenece Santillana.

En Cataluña, una de las editoriales con mayor presencia en los pupitres escolares es La Galera, perteneciente al grupo Enciclopèdia Catalana. Su libro de Historia de 4º de ESO dedica una página completa al estudio de los grafiti, con ejercicios extraescolares incluidos. También se explaya en el género de la entrevista con cuatro fotografías de una llorosa Lady Di ante las cámaras de televisión. Pero a la Constitución Española sólo se le dedican dos escasas referencias. Entre las 28 actividades que se le proponen a los alumnos en ese capítulo se incluye descifrar las siglas SEAT, buscar información sobre las marcas catalanas Derbi, Bultaco y Montesa y sobre el movimiento de la Nova Cançó. De la Constitución, ni palabra.

EL REY
El libro de 4º de ESO de Historia de Santillana ilustra el capítulo España: del franquismo a la democracia con una fotografía del Rey Juan Carlos, acompañado por la Reina y el Príncipe, firmando la Constitución en el estrado del Congreso de los Diputados. El pie de foto hace referencia al consenso y al espíritu democrático de todas las fuerzas políticas que la hicieron posible.

Sin embargo, ésta no es la imagen que ilustra el mismo libro en el País Vasco. El título del capítulo es idéntico, pero la fotografía del Rey ha sido sustituida por la de una eufórica Aitana Sánchez-Gijón en el Festival de Cine de San Sebastián. El pie es todavía más sorprendente: «La primera edición contó con la presencia, entre otros, de Luis Mariano, Carmen Sevilla y Marujita Díaz». También se extiende sobre la celebración de «concursos de tiro y festejos taurinos». El texto se esfuerza en justificar que el Festival «refleja, en cierta medida, numerosos episodios de nuestra historia más cercana».

La sustitución de la figura del Rey y la del Congreso de los Diputados no es excepcional en ese libro de Santillana. Se repite en su manual de Ética de 4º de ESO. El capítulo ¿Quién tiene autoridad? se ilustra con la intervención del Rey ante las Cortes tras sancionar la Constitución. Un ejercicio pide a los alumnos buscar «valores de la Constitución».

En la edición del País Vasco, el Rey es sustituido por el edificio del Palacio de Justicia de Bilbao y la actividad escolar consiste en buscar valores dentro del «Estatuto de Gernika o, en su defecto, de alguna otra norma legal vigente».

El libro de Historia de la editorial catalana La Galera para 4º de ESO da más relevancia a la imagen del subcomandante Marcos que a la del Rey Juan Carlos. Anexo al capítulo de la Guerra de Sucesión, se indica a los alumnos que pregunten a sus padres en qué lengua les enseñaban en la escuela y cuál hablaban en casa. También se les pide que declaren cuál es «la primera lengua del alumno, la de sus padres y la de sus abuelos». A renglón seguido, se les marca que comenten el fragmento del discurso del Rey en la entrega del Premio Cervantes a Francisco Umbral: «Nunca fue la nuestra una lengua de imposición, sino de encuentro; a nadie se le obligó nunca a hablar en castellano».

LA DEMOCRACIA
El Congreso de los Diputados no se escapa a la tijera del editor. Mientras que en el libro de Ética de Santillana aparece la imagen de una sesión extraordinaria en la que los escolares tratan sobre la explotación infantil, en la versión para el País Vasco desaparece. Sin embargo, la imagen de la apertura del Congreso Nacional Chino se mantiene en ambos libros. Paradójicamente, China es uno de los países del mundo con mayor explotación infantil.

Los libros explican abrumadoramente el sistema parlamentario autonómico. La Democracia surge a partir del Estatuto de Autonomía y raramente de la Constitución.

La Historia de Bachillerato de Vicens Vives para Extremadura abunda tanto en el desarrollo de la política autonómica que califica incluso de «gran novedad en el panorama de partidos» en los años 80 la creación, por parte de Pedro Cañada, de la formación regionalista Extremadura Unida.

Cañada es conocido por haber regalado un cerdo a cada mujer que daba a luz en su municipio. En los comicios locales de 2003 obtuvo 201 votos y perdió la Alcaldía. En las últimas elecciones autonómicas concurrió en coalición con el Partido Popular. Logró un diputado en la Asamblea Regional y un concejal en el ayuntamiento de Cáceres. Los jóvenes extremeños siguen estudiando el fenómeno político de Pedro Cañada en sus libros escolares.

Todos legislan, nadie supervisa
La Ley Orgánica de Educación (LOE) ha sido promulgada bajo el gobierno de Zapatero, y sustituyó a la LOCE del Gobierno de Aznar.
No se modificó el punto sobre los porcentajes de materias básicas comunes en las distintas CCAA: «Los contenidos básicos de las enseñanzas mínimas requerirán el 55% de los horarios escolares para las comunidades [...] que tengan lengua cooficial y el 65% para aquéllas que no lo tengan».

Aparentemente garantiza enseñanzas comunes, pero la especificación de que se refiere a porcentajes horarios, y no de contenidos en los libros, deja a las editoriales vía libre para determinar la extensión de los mismos.

El desarrollo de la LOE se produce por medio de reales decretos en los que se describen las materias comunes. Las CC.AA. emiten a su vez decretos propios que determinan las materias en su territorio.
El Ministerio, por medio de la Dirección General de Cooperación Territorial y Alta Inspección, debe inspeccionar los contenidos. Para ello dispone de delegaciones en las CCAA.

María Antonia Ozcariz, directora general de la Alta Inspección, ha rechazado, «por motivos de agenda», manifestarse sobre los incumplimientos en numerosos libros de texto. En comparecencias públicas ha rehuido la responsabilidad aduciendo que la Educación está transferida y que son los claustros de profesores los que eligen los libros. En un fax enviado por Fátima Rojas, directora de comunicación del Ministerio al autor del reportaje, menciona que «la supervisión de los libros de texto y otros materiales curriculares constituirá parte del proceso ordinario de inspección que ejerce la Administración educativa [...] que debe velar por el respeto a los principios y valores contenidos en la Constitución y a lo dispuesto en la presente Ley [LOE]».

Un negocio de 736 millones de euros al año
En España se venden cada año cerca de 50 millones de libros de texto (48,43 millones en 2006) para las enseñanzas de los seis cursos de Primaria, los cuatro de Secundaria y los dos de Bachillerato. La facturación por esa venta asciende a 736 millones de euros cada año.

Los niños y jóvenes escolarizados en esos 12 cursos totalizan 7,2 millones de alumnos. A cada uno le corresponde la compra media de siete libros cada curso. Las educaciones Primaria y Secundaria concentran el mayor número de libros vendidos y también de facturación (65%).

El precio medio de un libro de Educación Primaria asciende a 15 euros, mientras que los de Secundaria y Bachillerato se encuentran en los 21 euros.
Teniendo en cuenta que se trata de un mercado cautivo -el comprador está obligado en septiembre de cada año a pasar por caja, sin posibilidad de elección de compra-, las editoriales tiene unos ingresos garantizados con muy bajo porcentaje de devolución.

Aunque teóricamente un libro de texto debe garantizar una validez de cuatro años, la inclusión en los mismos de información perecedera, especialmente en el área de Ciencias Sociales (elecciones autonómicas, formación de gobiernos y otros), lo convierten en un bien cultural con fecha de caducidad.

Con las versiones diferentes que cada editorial imprime para las 17 comunidades autónomas, las posibilidades de que un mismo libro sirva tras un desplazamiento geográfico son nulas.
Santillana, SM, Anaya, Vicens Vives, Edebé, Teide, Oxford Educación y McGraw-Hill se reparten el negocio editorial. Santillana y Edebé presentan sus libros en algunas comunidades autónomas con un sello local, lo que les permite una presencia más cercana a las autoridades autonómicas. Santillana Promotor (Cataluña), Santillana Obradoiro (Galicia), Santillana Zubia (País Vasco) y Santillana Voramar (Comunidad Valenciana), son marcas que exteriormente no diferencian su presentación, pero que interiormente adaptan el contenido a las políticas locales.

Lo mismo sucede con la editorial Edebé, que en Galicia pasa a llamarse Rodeira, aunque a primera vista el volumen es idéntico.
Otras editoriales con importante presencia en sus respectivas comunidades son La Galera, Barcanova y Castellnou, en Cataluña; Xerais, en Galicia; Ibaizabal y Elkar, en el País Vasco; y Algaida (Grupo Anaya), en Andalucía.

LA 'TRANSFORMACION' DEL REY EN EDIFICIO.
El libro escolar de Etica de Santillana de 4º de ESO elimina en el País Vasco la figura del Rey Juan Carlos y del Congreso de los Diputados durante la sesión con motivo de la proclamación de la Constitución. En su lugar, aparece el edificio del Tribunal de Justicia de Bilbao.

DOS LINEAS PARA LA CONSTITUCION, CUATRO FOTOS PARA LADY DI.
El libro de Historia de La Galera de 4º de ESO para jóvenes de 16 años dedica un par de líneas a mencionar la Constitución Española. El mismo manual concede un amplio espacio a las lágrimas de la difunta Lady Di.

LA CARTA MAGNA SE ESFUMA.
El libro de Historia de Santillana de 4º de ESO elimina, en su versión para el País Vasco, las dos páginas destinadas a la Constitución que aparecen en el resto de España. Los niños vascos que estudian con este manual sólo aprenden el Estatuto de Guernica.

CHINA, SI; ESPAÑA, NO.
El libro de Ética de Santillana para el País Vasco elimina de sus páginas la sesión infantil del Congreso de España. El Congreso Nacional Chino corre mejor suerte y se mantiene en ambas ediciones.

Maria del Mar Sicilia/ Madre de una alumna de Barcelona
«No les enseñan dónde está Badajoz o La Rioja»

Joan Planes La Razón 14 Octubre 2012

BARCELONA- María del Mar Sicilia es una madre que tiene a su hija escolarizada a Castelldefels (Barcelona), y que también tiene a dos parientes inscritos en colegios catalanes. Explica a LA RAZÓN que «a veces nos encontramos con situaciones desagradables, aunque depende siempre del profesor».

Se trata de un asunto que, como no podía ser de otra forma, está relacionado con la política de inmersión lingüística que aplican los centros educativos de Cataluña desde los años ochenta. Según denuncia, todo el trato en la escuela «tiene que ser en catalán». Ahora bien,
los auténticos problemas llegan en las materias de Historia y Geografía.

Explica Mar que «se dedican dos meses de clase a enseñar los símblos catalanes, como la “senyera” y el himno de “Els Segadors”, todo es muy nacionalista, pero no se enseña nada de la historia de España, y eso que estamos en un centro que téoricamente es neutral». Por ello Mar quiere subrayar que «hay una absoluta carencia sobre el conocimiento de la Historia de España». De hecho, añade, poco a poco «se va introduciendo temática nacionalista» en los temarios escolares.

Por lo tanto, esta madre denuncia que «en casa tenemos doble trabajo,porque tenemos que conseguir que nuestra hija aprenda también cosas en castellano». Un trabajo realmente agotador.

A ello se tiene que añadir que, y siempre dependiendo del profesor en cuestión, «notamos cierto rechazo cuando defiendes tus posturas» en los centros escolares.

Así, si hablamos de las clases de música, todas son en catalán.
Pero un problema especialmente grave llega cuando los pequeños dan las clases de Geografía. Según explica Mar, los niños de este centro «conocen cualquier pueblo de Tarragona, pero no saben donde está Badajoz o La Rioja», por poner dos ejemplos.

Otro punto muy interesante es que los alumnos tienen que aportar o comentar en clase cada semana una o más noticias que hayan sido destacadas, de tal forma que los alumnos votan la mejor o la más interesante. Según explica Mar, por ejemplo se dejan siempre de un lado en estas votaciones las victorias de la selección española. Y siguiendo con este asunto, en el colegio se producen algunas burlas cuando alguno de los alumnos se presenta en clase vistiendo una camiseta de «La Roja», que tantos triunfos han propinado a la afición española en los últimos cuatro años. «Cada vez es más descarado todo», se lamenta Mar.

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La Corona pierde la cabeza
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 14 Octubre 2012

Siendo penosa, antidemocrática y rabiosamente anticonstitucional la bronca del Rey ayer al Presidente del Gobierno por tener a Wert como ministro y a Wert como ministro del Gobierno de España (cinco horas después, desmentida a medias por la Casa Real) aún fue peor la reedición en papel cuché del Príncipe de Asturias del tomo en rústica de su padre.

Al Rey, despóticamente entrometido, puede excusársele –si es que queda alguien que lo quiera- por el desgaste propio de los años, el peso de su oscura fortuna o las malas compañías, íntimas cuanto onerosas. Pero al Príncipe puede achacársele algo mucho peor: seguir la torcida senda de su padre, que se resume en halagar a la izquierda y el separatismo mientras se preocupa de silenciar a la derecha nacional. El intolerable comportamiento del Rey ayer fue la prueba de que esta corona no merece la Jefatura del Estado. La locuacidad desnortada del Príncipe augura que el futuro Jefe del Estado Español no llevará corona, si ésta es incapaz de conservar la cabeza y de guardarle el respeto debido a la nación.

En los últimos años, por razones de mera prudencia histórica –el ya lejano fracaso de las dos repúblicas- y de razonable precaución nacional –el Rey como último valladar político y militar frente al separatismo- hemos querido mantener la esperanza de que el Príncipe no seguiría el camino de baldosas doradas que su padre transita desde el 23F de 1981 y la llegada del PSOE al Poder en 1982.

Las maneras educadas que suelen mostrar los Príncipes, lejos de la falsa campechanía del Rey, no hacen difícil –aunque siempre no resulte fácil- este trato cortés. Sin embargo, ayer Felipe asumió como propias tan groseras mentiras, tan burda colección de majaderías progres, que comprometió, sin necesidad, a la propia institución cuya continuidad debe asegurar. Si lo que el heredero del Trono quiere mantener es esta Corona que su padre ha convertido en coartada vagamente medieval de una política rabiosamente antinacional, tal vez disfrute del afecto de su familia. Del cargo, le va a resultar dificilísimo.

Mediante la fórmula oscurantista del off the record, es decir, del secretismo a voces y del discreteo indiscreto, el Príncipe dijo ayer, según El País - órgano oficioso de la Zarzuela, corroborado por las agencias y demás medios- que "Cataluña no es un problema". ¿Pero en qué país vive Felipe? Debe de ser el único que no se ha enterado del abierto separatismo catalán, porque hasta su padre firmó hace pocos días en la web de la Casa Real una torpe disquisición sobre galgos y podencos en la que exhibía una cobarde cuanto inútil equidistancia entre españoles y antiespañoles.

Pero el hijo fue ayer aún más lejos que el padre: "Confío más en la Cataluña real que en la espuma que estamos viendo con lo que hacen unos y otros". O sea, que la manifestación por la independencia promovida por la propia Generalidad, el espectáculo secesionista del Nou Camp, la votación en el Parlamento catalán de un referéndum separatista, la aún más apabullante votación en el Parlamento Nacional declarando ilegal ese referéndum, la salida a la calle en el mismo momento en que el Príncipe desvariaba ante los periodistas de decenas de miles de catalanes contra el proyecto separatista de Artur Mas no son manifestaciones de la Cataluña real, ente esquivo, invisible para la mayoría de catalanes y españoles, sólo al alcance intelectual de Don Felipe.

Puesto a meterse en jardines y pisar arenas movedizas, el Príncipe aseguró que hay catalanes que "no encuentran siglas para su opción política". No sé tanto como él de la Cataluña real pero hasta donde sé esos insatisfechos pueden formar el partido que quieran y con las siglas que les dé la gana. En cuanto a opciones políticas, hoy en Cataluña hay dos: independizarse de España o continuar formando parte de ella. "La Casa Real seguirá haciendo lo que hemos hecho siempre", añadió el Príncipe. O sea, nada.

Pero lo peor es eso de "lo que hacen unos y otros". Lo que hacen unos es atacar a España y lo que hacen otros es defenderla. Si al Príncipe de Asturias le parecen actitudes política y moralmente similares, si el heredero del Trono de España piensa que su tarea es mantener la misma distancia con los que atacan y los que defienden esa nación que él debería cuidar, siquiera para reinar en ella, reconozco que me he llevado un chasco. Me equivoqué al pedir que su progenitor, cómplice de Zapatero y Mas en el Estatuto de Cataluña que ha destruido el régimen constitucional, abdicara en un Príncipe libre de ataduras y negocios.

No hay atadura más fuerte que la intelectual ni peor negocio que la obcecación dinástica. Si la abdicación supone la continuidad política y no sólo institucional, puede seguir el Rey atropellando la nación española y protegiendo el naciente Estat Catalá. No será por mucho tiempo ni le queda demasiado al Príncipe para rectificar. Si no lo hace, acaso dentro de poco le sobren horas para pensarlo. Hoy, mi obligación es avisar lealmente, como español, de que una corona sin cabeza acaba siendo, fatalmente, una cabeza sin corona.

Artur Mas pastorea al acobardado empresariado catalán
Jose A. Vara www.vozpopuli.com 14 Octubre 2012

Piensan que la cautela les mantendrá en pie. Que el delirio hipnótico de Artur Mas se desvanecerá una vez celebradas las elecciones plebiscitarias. Que la sangre no llegará al río y que el "seny", ese impostor, se impondrá sobre la "rauxa". Mientras tanto, callan. Los empresarios catalanes se han quedado mudos, silentes, sin voz pública. Bien escaldados de su apoyo entusiasta al improcedente Estatut, ahora han optado por sellar sus bocas, por no decir ni "mú". Salvo José Manuel Lara, de sangre sevillana y quizás, por ende, caliente, en los despachos catalanes donde se toman las decisiones sobre el mundo del dinero, de la inversión, del ahorro, de las finanzas, no se escucha ni el vuelo de una mosca.

Se lo preguntaba "La Vanguardia" este viernes al presidente de la Generalitat. "¿Qué le han dicho Fainé de la Caixa, u Oliú del Banc Sabadell...o los grandes empresarios, Grifols, Carulla, Andic..?". Y Artur Mas respondía: "Yo sé que hay empresas catalanas que están inquietas (...) Lo primero que ha de hacer el mundo económico son estrategias para adaptarse al cambio de la mentalidad del país".

Adaptarse al cambio quiere decir, no oponerse a la ensoñación colectiva del nacionalismo y facilitar el camino del "derecho a decidir", en suma, de los "anhelos de un Estado propio". Eso que nunca existió. Porque conforme avanza la deriva secesionista de CiU y sus acólitos liliputienses del independentismo catalán, mayor se hace la bola de las falsedades y las mentiras de su propuesta.

La valentía como virtud
Los empresarios catalanes callan, conscientes de que más de tres cuartas partes de su negocio está al otro lado del Ebro. Callan porque asumen que el proyecto separatista está preñado de riesgtos y turbulencias. Callan porque conocen de sobra las falacias de los números que presenta la Generalitat sobre las bondades de una Cataluña independiente. Callan quizás porque piensan que, como dijo el filósofo alemán, "el valor es una mera virtud de subteniente". No son tiempos de coraje y valentía.

Acaban de declararlo el ministro Margallo, y el comisario Almunia, y varios ejércitos de analistas y economistas. Una Cataluña independiente no es viable. Sería un 25 por ciento más pobre y su PIB se situaría por detrás del de Chipre. Y quedaría fuera de las puertas de la UE, ahora galardonada con el Nobel de la Paz, qué exotismo.

Todo eso parece dar lo mismo. "Cuando en un país hay un movimiento social muy potente, el mundo económico tambien ha de ver cómo se adapta al cambio", le ha recordado Artur Mas al atribulado rebaño del empresariado catalán que en privado abomina mayoritariamente de los planes de su President pero que en público aprieta los dientes y contiene sus palabras. Un gesto también arriesgado. Los hombres del mundo del dinero catalán son conscientes de que el nivel de recelo hacia sus firmas y sus negocios empieza a caer en picado en el resto de España. Por eso Artur Mas les tira del ronzal, para que no cabeceen y no le chafen su romería hacia el abismo.

El caso escocés
Una encuesta publicada esta semana en un rotativo británico mostraba cómo son más los ingleses que se manifiestan a favor de la independencia escocesa que los propios escoceses, sumidos en una tormenta de dudas ante el referendum que se les viene encima. ¿Qué pasaría en nuestro país si se realiza ahora un sondeo similar? ¿Deserían más los españoles la independencia de Cataluña que los propios catalanes?. A saber.

Para esquivar ese incierto horizonte, Mas incurre en su ejercicio favorito: el de hacer trampas, algo inherente al ADN del juego nacionalista. El referendum escocés planteará una pregunta limpia y sin dobles lecturas: "¿Quiere la independencia de Escocia, sí o no?". La que sugiere el presidente de la Generalitat es sinuosa y falsaria: "¿Usted desea que Cataluña se convierta en un nuevo Estado de la UE?". Puro verso. Ni se menciona la palabra "independencia" ni es potestad del pueblo catalán convertirse en "un nuevo Estado de la UE".

El vídeo sobre la escuela del Delta del Ebro que circula afanosamente estos días por Youtube, en el que se muestra el descarnado adoctrinamiento independentista del que son objeto los pequeños alumnos, es el germen de cuanto estamos viviendo. El ministro Wert, antes de su "españolizar Cataluña", qué expresión, qué herejía, qué provocación, por Dios, acertó de pleno al recordar que el origen de todo está en la enseñanza, en los institutos, en la docencia. Echen un vistazo a los libros de texto que se utilizan en las aulas catalanas para comprobar que en sus páginas ya se recoge que Cataluña "es un Estado dentro del nuevo orden mundial" y que la "Catalunya Vella" como nación, ya existía antes de la llegada de los romanos a la Península Ibérica.

El silente empresariado catalán, ("ese silencio, ay, ya es dolor") salvo excepciones, asiste entre atribulado y ansioso a este juego de pasiones que ha desatado CiU para emboscar la realidad de una gestión nefasta. Y quizás crean, al reflexionar sobre la huída hacia adelante del Artur Mas, que "nada hay más peligroso que una idea cuando solo se tiene una". Mientras tanto, esta semana, la Generalitat pidió y recibió otros cuatrocientos millones del Tesoro español para pagar a sus pensionistas y funcionarios.

Deseducando con 17 sistemas autonómicos
Tres décadas de descentralización en las aulas han desembocado en una educación con contenidos sesgados y una «dispersión inmanejable»
Rocío Ruiz La Razón  14 Octubre 201

Lo que estudia un niño de Madrid en Lengua y Literatura, en Historia, Geografía y hasta en Religión, en muchas ocasiones tiene poco que ver con los conocimientos que se imparten a un alumno de Cataluña o País Vasco. El Gobierno establece unos contenidos mínimos, pero las comunidades autónomas también tienen potestad para introducir en el temario lo que consideran oportuno, saltándose a veces a la torera los porcentajes de los contenidos comunes que impone la ley. Es el resultado de treinta años del Estado autonómico que ha desembocado en 17 sistemas educativos diferentes y 17 libros para cada una de las materias con contenidos dispares, según la comunidad en la que nos encontremos. En definitiva, una «dispersión inmanejable» de contenidos a la que recientemente aludía el ministro de Educación, José Ignacio Wert, que no ayudan a evitar el grave riesgo de desigualdad educativa del que ya han advertido a España organismos internacionales.

«Desde que las comunidades autónomas asumieron las competencias educativas, parece como si nos hubiéramos empeñado en dar prioridad a las características que diferencian a unos españoles de otros, en lugar de valorar aquellas que nos unen, que son muchas más», lamenta el presidente del sindicato de profesores ANPE, Nicolás Fernández. Se generan así desigualdades que afectan a la capacidad lingüística, el acceso a la cultura y a las futuras opciones profesionales, «atentando así contra la finalidad real de la educación, que es formar a ciudadanos libres», añade.

Son los alumnos los que luego pagan las consecuencias. «He vivido en Tarragona y hace tres años vine a estudiar Periodismo a Madrid y me costó muchísimo el cambio que ha supuesto para mí tener que escuchar todas las clases en castellano. Mis apuntes eran una mezcolanza de lenguas porque empezaba a escribirlas en castellano y terminaba en catalán. Soy consciente de la manipulación que se hace en Cataluña de lo que estudiamos, porque parece que lo único que importa es Cataluña y el catalán, y luego es terrible ver en Facebook las patadas al castellano que dan mis amigas en sus comentarios, que llegan a poner el verbo haber con uve», explica Alicia, de 21 años. «Mi hermano también cursa Ciencias Físicas ahora en Madrid y tiene que utilizar el diccionario de castellano para estudiar».

No sólo la disparidad de los contenidos, sino también la parcialidad no pueden ser más evidentes en comunidades como Cataluña y País Vasco a la hora de explicar la Historia, la Geografía o la Lengua. Ya en la ESO los alumnos catalanes pueden aprender que Cataluña «está situada al nordeste de la Península Ibérica y al suroeste de Europa y que al norte limita con Francia y Andorra». Y no sólo eso, se desprestigia todo lo que viene de fuera, como el gazpacho, la inmigración hacia Cataluña o el Ebro figura como un río catalán que nace fuera de Cataluña.

Especialmente crítico con esta situación es el presidente de la Asociación por la Tolerancia, Eduardo López-Dóriga, que asegura que «los libros de texto intentan explicar básicamente la historia de Cataluña y muy por encima la del resto de España y en muchos casos se contraponen como si fueran dos realidades diferentes. De hecho, en los libros se llega a decir que España es un invento moderno impuesto por Franco. Las editoriales tienen miedo a la Generalitat y al final acaban poniendo en los libros lo que los niños tienen que tener claro: que su territorio es su país».

Ernesto Ladrón de Guevara, doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación y luchador durante treinta años en el País Vasco por la defensa de los derechos del niño, asegura que «tanto el nacionalismo vasco como el catalán han tenido un plan que lo han desarrollado en el tiempo milimétricamente para ir cambiando la cosmovisión de las ciudadanías a través de la escuela y los medios de comunicación».

El dominio de la sociedad
Ladrón de Guevara explica que ya en 1910 hubo un nacionalista vasco, Elizalde, que escribió sobre este plan. «Era un testaferro de Sabino Arana y dijo que había que ir configurando un estado de pensamiento en la población utilizando, entre otros instrumentos, la escuela para el control y el dominio total de la sociedad».

En su opinión, este planteamiento estratégico se ha ido desarrollando de una manera calculada a través de la lengua y los contenidos curriculares en la enseñanza. «A través de la lengua segregando al profesorado no nacionalista y expulsándolos; y a través de los contenidos evitando toda idea de España, tanto en Historia como en otras materias, haciendo una disección del programa educativo basado en referencias locales». Las consecuencias son demoledoras para los estudiantes porque «con la educación que han recibido tienen una visión sesgada y acientífica, una malformación cognitiva del devenir cultural antropológico y social y también una idea muy restrictiva de lo que es el mundo de las cosas en esa comunidad».

Lo más lamentable, en su opinión, es que «el alumno es manipulable y no protesta y esto es un grave atentado a los derechos del niño». Ahora Ladrón de Guevara está a punto de sacar a la luz un nuevo libro, con el título «Educando. Alternativas a la farsa pedagógica», que pretende ser una guía para orientar a los padres sobre cómo defender los derechos de sus hijos en el ámbito educativo y evitar la instrumentalización que se pueda hacer de ellos.

¿Hay solución?
Una de las soluciones que se plantea el Ministerio de Educación para acabar con la dispersión educativa es tomar un mayor control de los contenidos a través de la nueva reforma educativa de tal manera que decidirá el 65% de lo que estudian los alumnos en comunidades con lengua propia y el 75% en el resto, un 10% más que hasta ahora. Para el presidente de la Asociación por la Tolerancia, la solución pasaría por «devolver ciertas competencias educativas al Estado porque no podemos tener 17 historias diferentes y es necesario unificar criterios. No se puede dejar la historia en manos nacionalistas porque ya se ha visto a lo que nos ha conducido». En su opinión, todos los gobiernos anteriores, «de uno u otro partido, han mirado hacia otro lado y han dejado campar a sus anchas a los nacionalistas porque necesitaban sus votos para gobernar en Madrid. Lo que está claro es que el colegio es caldo de cultivo para futuras generaciones secesionistas».

La historia como propaganda

Francisco Marhuenda La Razón 14 Octubre 2012

La disparidad de contenidos –y orientación– en los sistemas educativos de las autonomías hace necesario e imprescindible un nuevo modelo común que ofrezca una buena formación, que exija unos conocimientos mínimos a todos los alumnos españoles y que ponga límites a las imposiciones ideológicas en las aulas

Lo importante es la calidad y que los alumnos estén bien formados.

La Transición estuvo llena de aciertos, pero también se cometieron algunos errores. Es cierto que ahora es habitual criticar el Estado de las Autonomías como si fuera la fuente de todos los males que aquejan a España en estos tiempos de crisis. No es verdad. La Constitución de 1978 resolvió el histórico problema de la organización territorial al diseñar en su Título VIII el Estado de las Autonomías. Cuando se aprobó la Constitución existía, en mayor o menor grado, un deseo de autonomía en las diferentes regiones y los entes preautonómicos estaban constituidos. Otra cuestión distinta es cuál era el grado de autonomía política que se podía o se debía alcanzar.

Hay que aceptar que la realidad política de Cataluña y el País Vasco, tanto entonces como ahora, marcaba una pauta que debía conducir, necesariamente, a una igualdad en los techos competenciales, con la excepción de los denominados «hechos diferenciales», al final del camino. Otra cuestión hubiera sido un mapa con un menor número de comunidades, pero no cabía esperar que se consagrara un modelo, que no existe en otros estados avanzados, con autonomías de primera y de segunda. Es algo que hubiera provocado un fuerte rechazo y enormes tensiones. El problema de fondo de nuestro Estado no reside en el modelo territorial, el reparto competencial o el sistema de financiación sino en la existencia de unos partidos nacionalistas cuyo objetivo último, a corto o largo plazo, es la independencia de su territorio.

Esto somete a España a unas tensiones como pocos países del mundo sufren y que a largo plazo es inaguantable. Es cierto que los estados compuestos, como sucede con Estados Unidos o Alemania, han sufrido tensiones, de mayor o menor grado, hasta que han conseguido articular un modelo de distribución competencial eficaz. Al no existir formaciones nacionalistas que necesiten elevar permanentemente el techo de sus reclamaciones, los problemas se han resuelto con negociaciones donde han participado de forma multilateral todas las partes en conflicto.

Es cierto que España necesita resolver sus problemas territoriales y crear un auténtico mercado único –lo cual no significa una centralización similar a la francesa– que acabe con esta tensión permanente. Entre los problemas que afectan a nuestro futuro está el modelo educativo. Un gran error de la Transición fue la cesión de esta competencia a las autonomías, porque se generó un modelo de reino de taifas donde el papel del Gobierno es poco más que simbólico. No se trata de «españolizar», un término fácil de manipular por los nacionalistas que sí se han dedicado a «euskaldunizar» y «catalanizar», sino de conseguir una educación de calidad donde los elementos comunes sean respetados y no estigmatizados. La enseñanza de la Historia se ha convertido en un despropósito nacional que afecta a la mayor parte de comunidades, donde las particularidades se elevan hasta extremos grotescos. Es bueno conocer la historia de la comunidad pero nunca explicada en contraposición con una realidad común que ni se debe ni se puede esconder. Desde una mentalidad nacionalista se han buscado argumentos para justificar la condición de nación independiente de Cataluña o el País Vasco en la Edad Media. Un despropósito tan grande que es imposible considerar como historiador a quien convierta la historia en un instrumento al servicio de la propaganda. Es cierto que la Historia ha sido utilizada en el pasado como medio de propaganda y que los mitos fundacionales de las naciones han sido muy gratos para fortalecerlas y cohesionarlas. No obstante, ese concepto hace mucho tiempo que tendría que estar superado.

En el siglo XIX se produjo una eclosión de esa visión romántica de la Historia. En unos casos sirvió para impulsar la independencia de Grecia o la unificación de Alemania e Italia, pero en otros sirvió para provocar la aparición de movimientos regionalistas y luego nacionalistas en diversos territorios. La Historia que se debería explicar en las escuelas y universidades tendría que estar al margen de los intereses partidistas. Ni izquierda ni derecha, pero también sin nacionalismos de ningún tipo. Hoy no se explica la Historia de España con los viejos conceptos de los años del franquismo. Hubo un tiempo que la moda era el marxismo y ahora nos encontramos con unos historiadores nacionalistas que confunden los deseos con la realidad. El Gobierno acertará si impulsa una reforma educativa basada en la calidad y la recuperación de los valores comunes, que no son excluyentes con el respeto de las singularidades que tienen todas las autonomías españolas. La calidad ni puede ni debe estar condicionada por intereses políticos sino que tiene que ser un objetivo colectivo. Es necesario corregir el error de la Transición desde la negociación y la búsqueda del consenso.

El jarrón de Sèvres
Ramón Pi www.gaceta.es 14 Octubre 2012

Los separatistas catalanes están calibrando las posibilidades de ir dando pasos sucesivos hacia la independencia sin sufrir una represión violenta. Están haciendo probaturas, como el niño de dos años que acerca poco a poco sus manos al jarrón de Sèvres mientras observa las posibles reacciones de su padre.

Podría decirse que esta comparación es malintencionada porque hace pasar a los nacionalistas catalanes como niños irresponsables, cuando se trata de personas mayores que saben lo que se juegan. Pero me temo que, por el contrario, la semejanza es muy correcta: para el niño de un año y medio una zurra de su papá es algo que se acerca al fin del mundo, a pesar de lo cual, provoca y provoca sin medir las consecuencias de sus actos. Algo así ocurrió en 1640 con el Corpus de Sang, hito histórico en que los segadores patriotas catalanes desencadenaron un proceso que, al final, acabó con Cataluña donde estaba antes, pero con su territorio transpirenaico desgarrado y en manos de Francia hasta hoy. Gran éxito para la patria catalana.

Y algo parecido pasó en 1934 y la proclamación del Estado Catalán por Lluís Companys. El general que reprimió aquel disparate era republicano, y fue fusilado en 1937 por no sumarse a los sublevados; pero tenía la idea de cumplir la ley mucho más asumida que aquel presidente de la Generalidad que tuvo la genial idea de entablar un combate entre los mozos de escuadra y el ejército, y que también estaba seguro de que el ejército no se movería.

Lo del domingo pasado en el campo del Barça, con sus gritos y su mosaico, es otro acercamiento de la manita al jarrón. Los principales medios de comunicación catalanes hicieron más despliegue en sus ediciones digitales que en soporte de papel, quizás calculando que papá lee más periódicos y navega menos por la Red.

Ni disolución ni entrega de armas
Daniel Portero La Razón 14 Octubre 2012

Un año después y un año sin cambio alguno. ETA sigue igual: más de 200 efectivos armados entre Francia, Suiza, Italia, Bélgica, Holanda y muchos países de Centroamérica y Suramérica, y siguen sin entregarse a la Justicia ni ellos ni sus armas. ¿Es voluntad de ETA desaparecer o disolverse? Está claro que no. De hecho, el comunicado de la organización terrorista el pasado 27 de septiembre, día del «Gudari Eguna», verificó la división interna entre el aparato institucional batasuno y la propia ETA. Incluso, hace pocos días, el único etarra que conozco arrepentido, Soares Gamboa, lo dijo claro en un artículo de opinión en un periódico de tirada nacional: «ETA nunca se va a disolver porque la Izquierda Abertzale necesita que ETA siga viva».

En los círculos de la lucha antiterrorista saben que Batasuna ha presionado a los pistoleros asesinos para que hicieran un «gesto» de buena voluntad antes del primer aniversario del anuncio del mal llamado fin definitivo de las acciones armadas. De poco ha servido en ETA y menos en las elecciones autonómicas, ya que las bases de la organización terrorista no respetan el «liderazgo» de David Pla o Iratxe Sorzabal, antiguos batasunos que evolucionaron hasta acabar liderando ETA.

Además hay que tener en cuenta que las juventudes abertzales del norte de Navarra y de Álava están justificando una más que probable división con los llamados «posibilistas» u «oteguistas» de Bildu y Amaiur porque creen que han traicionado la esencia de la denominada «Alternativa KAS» por la que se regían los principios de ETA y todo su entramado civil. No lo veo claro. ETA no se va a disolver y Batasuna va a tener representación en todas las instituciones a partir del 21 de octubre. ¿Cuál es el futuro de ETA? La disolución está claro que no, ni la entrega de armas. Yo creo que las disensiones internas de la Izquierda Abertzale les dividirán, lo que no significa que no nazca una nueva organización terrorista menor, pero con mayores ambiciones de sangre.

Apoyo incondicional al catalán y al euskera pese a la crisis
La Generalitat no puede pagar las nóminas a los funcionarios, pero no rebaja las ayudas al catalán, que desde que comenzó el año ascienden, al menos, a 16 millones de euros. Eso en lo que se refiere a subvenciones públicas, porque el presupuesto dedicado a la normalización lingüística asciende a cientos de millones. En julio se repartieron entre 87 universidades de todo el mundo 1.496.486 euros para contribuir al mantenimiento de la docencia de estudios catalanes. El Ejecutivo de Mas también se ha preocupado mucho por destinar jugosas subvenciones para los medios catalanes, a los que ha destinado 8,5 millones de euros y 3,2 millones para promover la cultura catalana con ayudas para proyectos como la «dinamización de la sardana». En el País Vasco, en plena crisis y con más de 150.000 parados, el Ejecutivo de Patxi López también ha destinado 25 millones de euros este año para el euskera.

Antología del disparate educativo
Cataluña y País Vasco han convertido los libros de texto y los colegios en un arma hecha a la medida de las aspiraciones nacionalistas
Un manual que habla de la «represión lingüística» del catalán
P. Rodríguez/A. G. Mateache La Razón  14 Octubre 2012

Los nacionalismos en nuestro país no sólo han tenido efectos en el ámbito político, económico y social, sino que también han afectado de lleno al sistema educativo, que no ha sido ajeno a la manipulación y la desinformación. El resultado es que los alumnos de tradición nacionalista, como Cataluña y País Vasco, aunque también los de otras autonomías, como Baleares o Galicia, conocen al dedillo la historia, la geografía y la lengua de sus regiones, pero presentan déficits educativos en todo lo concerniente al conjunto de España o al resto del mundo. Dependiendo de la comunidad, podemos encontrarnos 17 versiones diferentes sobre la historia y con criterios antagónicos. De esta manera, Atapuerca, los viajes de Colón, la Guerra Civil, la firma de la Constitución o las instituciones del Estado pasan de ser fundamentales en los libros de las comunidades «tradicionales», a hechos anecdóticos en otras (si no los excluyen). Las mayores diferencias se dan en Cataluña y País Vasco, donde priman la formación sobre su región por encima de la nacional y donde se producen alteraciones importantes en la forma de explicarles los verdaderos hitos de nuestra historia. En el resto de comunidades se dibuja una nación con una gran diversidad lingüística y cultural, que reconoce las especificidades de comunidades como la catalana o la vasca, como queda ejemplificado en el libro de Geografía de editorial Teide de tercero de la ESO. La educación se convierte en una suerte de reino de Taifas en el que materias comunes como la historia quedan supeditadas a la «libre» interpretación del editor del libro de texto. La ideología se desgrana desde las primeras etapas de la educación obligatoria hasta las últimas. Así, los héroes son aquellos que luchan porque rotulen en catalán en los supermercados de su municipio ya que, según el libro de 4º de la ESO de la editorial Santillana, el Estado español ha sometido durante siglos a Cataluña.

Cataluña
Historia
Los Reyes Católicos, los culpables de que Cataluña forme parte del Imperio pero sin poder
Una de las áreas en las que surgen mayores controversias es la Historia. El libro de 2º de la ESO concede la misma importancia al arte andalusí que a la presencia del islam en Cataluña, que fue casi testimonial, y de la que no quedan apenas restos arquitectónicos importantes. Además, el tema seis analiza la historia de los siglos XVI al XVIII y da una versión de la anexión de la corona de Castilla a la de Aragón, que deja bien clara la obsesión por diferenciar entre España y Cataluña. Esta explicación de la historia ofrece una realidad sobre esos años bastante sesgada. La manipulación queda reflejada en numerosos capítulos del libro. Uno de estos temas explica lo que considera una de las primeras discriminaciones históricas del reino español con respecto a Cataluña. Ésta se produjo con el matrimonio entre Isabel y Fernando, un hecho que supone que «Cataluña pase a formar parte del imperio, pero como un territorio apartado de los centros de poder».

La Guerra Civil sólo se sufrió en territorio catalán y sus habitantes lucharon contra la ocupación nacional locupación«cruzada» franquista contra Cataluña y la multa de 2.000 pesetas por utilizar un membrete catalán

En la misma línea, los libros de texto de 4º de la ESO de la editorial Santillana insisten en la opresión a la que el Estado español ha sometido a Cataluña a lo largo de la Historia. Así, dedica el doble de espacio en enseñar cómo se forjó la aprobación del estatuto de autonomía de Francesc Maciá en 1931 que a las elecciones de 1936 y la posterior Guerra Civil. Así, intenta manipular ideológicamente a los estudiantes y destaca cuatro artículos del Estatuto, en los que se les explica que «Cataluña se constituye en región autónoma del Estado español». De esta manera, en esta edición, el respaldo de la Constitución española tiene la misma importancia que el estatuto de autonomía de 1979 si nos atenemos al espacio dedicado a cada tema. La exaltación de la catalanidad en ciertos libros llega a ser cómica. Los manuales de 4º de la ESO de Historia de Proyecte @ula son más explícitos en las criticas al franquismo y en la represión del régimen. Ya en Bachillerato, periodo de mayor efervescencia personal de los estudiantes, el discurso de estos manuales de Historia se recrudece. En ellos, se ofrece a los escolares una serie de consignas centradas en la idea de que la Guerra Civil sólo se vivió en Cataluña. Así, el texto educativo centra el interés del alumno en los bombardeos de Cataluña, los asesinatos de niños y la heroica lucha de Reus y Barcelona. Para que estos argumentos tengan cierta coherencia, ligan el fin de la guerra a la ocupación nacional de Cataluña. En el apartado de la llegada de la democracia tampoco existen referencias a lo ocurrido en España y se limita a describir el estancamiento demográfico regional y la redistribución de la población de Cataluña.

Ética y religión
José de Calasanz, el santo «catalán» que nació en Huesca
Los alumnos de 4º de la ESO que estudian el libro de Ética de Santillana ven cómo se alaban las virtudes de una democracia más participativa. En este sentido, indica que «a veces los ciudadanos tienen la impresión de que la actividad política es un monopolio de las élites y de la clase política y, como consecuencia, muy alejada de la ciudadanía. Para contrarrestar esta situación surgen los movimientos sociales, los sindicatos y las iniciativas legislativas populares. Para ejemplificar la democracia representativa, el manual recurre a dos ejemplos de democracia participativa poco representativos pero muy simbólicos: una manifestación independentista. Los alumnos que opten por Religión, pueden aprender historia, pero más concretamente la historia de la Iglesia en Cataluña, que se inicia con el supuesto viaje del Apóstol San Pablo a Hispania y las leyendas sobre su presencia en Tarragona. A lo largo de tres páginas describe la evolución de la institución y únicamente destaca a cristianos de renombre catalanes como San José de Calasanz. Sin embargo, olvida el editor del libro que el fundador de las Escuelas Pías es aragonés (Peralta de La Sal). Sólo por su pertenencia a la diócesis de Urgell le «nacionalizan» catalán. En cambio, ante la falta de referencias propias de arte religioso, destaca la obra de los italianos Bernini y Mantegna.

La cultura catalana
Cómo reinventar el Reino de Aragón en «corona catalanoaragonesa» en una misma página
La cultura catalana es uno de los pilares del manual de Ciencias Sociales, Geografía e Historia de Segundo de la ESO, que dedica un capítulo a la señera, al origen del himno catalán –con una transcripción completa de la letra– y a la Diada. Los textos se acomapañan de ilustraciones sobre la lucha de los catalanes para liberar a Francesc de Tamarit o sobre las manifestaciones independentistas contra Franco de 1977. En Ciencias Sociales de Cuarto de la ESO de La Galera, propone a los alumnos un ejercicio sobre la necesidad de la reivindicación de un estado catalán, en unión federal con el resto de nacionalidades españolas, basado en un texto de Prat de la Riba. El libro de texto de ciencias sociales de primero de ESO de la misma editorial también está repleto de carga ideologica. En primer lugar, analiza la Edad Media de la corona catalanoaragonesa –cuando sólo existían los reinos de Aragón y de Castilla– y su expansión territorial por Mallorca y País Valenciá (Valencia), que formaban parte de la corona de Aragón. Sin embargo, esta falta de rigor histórico le lleva a cometer un fallo, que quedan destapados en los mapas históricos que acompañan a la información. Así, el mapa de la reconquista, tanto Cataluña, Valencia y como Baleares aparecen como territorios de la corona de Aragón y no catalanoaragonesa, como reza el texto. Esta falta de rigor continúa al describir la organización del estado de las autonomías actual, en el que insiste en nombrar a la Comunidad Valenciana como País Valenciá.

El catalán
Un estudiante nacionalista, «el hijo que toda madre quisiera tener»
En un libro de Lengua de 3º de la ESO, de la Editorial OM, elevan a la categoría de héroe a Eric Bertran, un adolescente nacionalista. Para ello, este manual en sus páginas dedicadas a aprender el género periodístico de la entrevista, incluye una con Eric, al que define como «el hijo que toda madre quisiera tener». Para fundamentar esta idea, dice que estudia cinco idiomas, practica vela, es voluntario de la Cruz Roja... Y manda correos amenazantes a los supermercados de Mercadona, Leche Pascual y Día para que rotulen en catalán. El mensaje de Éric Bertran quedaba claro en 2004. De no cumplirse sus peticiones: «No les pediré otra vez a las buenas, les vendrá mi organización, y no creo que simpáticamente». Al recibir la Guardia Civil de Blanes (Gerona) la denuncia por parte de los supermercados, ésta entró en el domicilio de Éric para que él y sus padres tomaran testimonio de lo sucedido. La instrucción del caso llegó a la Audiencia Nacional y allí fue archivado. En el mismo libro de texto para defender la importancia del catalán, se remarca que, en cuestión de número de parlantes, se sitúa «por delante» del eslovaco, el danés y el noruego, entre otros.

País Vasco
Ética
El Estatuto de Guernica, el referente para los alumnos
Los manuales del País Vasco también han sido modificados respecto a los que se utilizan en el resto de España. Así, mientras un manual de Madrid destaca la importancia de instituciones como la Constitución y su importancia como sustentadora de los valores de la sociedad, en los libros del País Vasco se omiten estas referencias y las sustituyen por instituciones locales. Así lo refleja el manual de Ética de 4º de la ESO acerca a los alumnos la importancia de los valores morales y de qué manera guían el comportamiento de una persona. La importancia de los valores queda recogida en la legislación y en las instituciones, pero parece que son distintas según el lugar en el que se estudie. Los alumnos vascos deben buscar los valores de las leyes «en el texto del Estatuto de Guernica o en su defecto en alguna norma legal vigente». Sin embargo, en los libros de texto utilizados en Madrid se propone a los estudiantes que hagan el mismo ejercicio, pero la norma de referencia es la Constitución. De hecho, ambos libros de texto ilustran sus páginas con una imagen representativa de las instituciones que sostienen estos valores. Mientras que en la Comunidad de Madrid la imagen corresponde a la firma de la Constitución por el Rey en 1978, en la edición vasca es la del Palacio de Justicia de Bilbao.

Historia
Altamira y Atapuerca desaparecen de la Prehistoria
La Historia también es una materia de conflicto en el País Vasco. Un ejemplo representativo es el capítulo del paso del franquismo a la Democracia. Mientras en los manuales de la Comunidad de Madrid se destacan las primeras elecciones democráticas de junio de 1977, con apartados que ejemplifican la importancia de la noticia para relevantes políticos, escritores y artistas, el hecho más importante de ese periodo histórico para los alumnos vascos, en dicho manual, es el Festival de San Sebastián y la filmografía de la Filmoteca vasca como fuente de interés histórico. Con los viajes de Colón también provocan controversia y convierten la génesis del nuevo mundo como un «hito» casi propio. Así el libro de 4º de la ESO ilustra los viajes del almirante con una imagen de «La Vizcaína», una de las carabelas del cuarto viaje a América, a la que dedica una notable extensión. Esta situación también se da en Navarra, donde el capítulo dedicado a Colón en la génesis del mundo moderno, se sustituye por un acto conmemorativo celebrado en San Sebastián sobre el origen del cacao, eso sí, importado de América. En cuanto a la importancia de los yacimientos españoles para conocer la verdadera dimensión de la prehistoria, omite Atapuerca (Burgos) para destacar un yacimiento inca. El manual de primero, en el que en toda España destaca los hallazgos de Altamira, repite el ejemplo del libro de cuarto y destaca las cuevas de Deba (Vitoria) y de Jokano (Álava).



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