AGLI Recortes de Prensa  Miércoles 24 Octubre 2012

BCE
Draghi, el diablo
Manuel Llamas Libertad Digital 24 Octubre 2012

Cuando el pasado agosto el presidente del Banco Central Europeo (BCE), el italiano Mario Draghi, anunció su intención de comprar (monetizar) toda la deuda periférica que fuese necesaria con el fin de garantizar la supervivencia del euro, la mayoría de los analistas y, sobre todo, los políticos respiraron con alivio, sin saber que, en el fondo, el programa de adquisición ilimitada de bonos amenaza con rematar a la moneda única.

La principal función de la banca central, monopolista público en la emisión de dinero y en la fijación del tipo de interés, es garantizar la estabilidad de los precios y actuar como prestamista de última instancia de bancos y estados cuando tengan problemas de liquidez –no de solvencia–. Pues bien, en numerosas ocasiones el cumplimiento de ambos objetivos ha derivado en estrepitosos fracasos de terribles consecuencias. Y no hay que irse a las hiperinflaciones del pasado para demostrarlo. No en vano, la burbuja crediticia de la pasada década se gestó gracias a la artificial expansión del crédito que propiciaron tanto la Reserva Federal de EEUU (Fed) como el BCE; por cierto, estas mismas entidades están poniendo en riesgo sus propios balances al prestar dinero de forma indiscriminada a bancos y gobiernos insolventes. Y es que un banco central también puede quebrar –técnicamente hablando– si los impagos se disparan o el valor de sus activos se desploma; solo que, a diferencia de cualquier otra entidad financiera, le basta con imprimir más billetes para cubrir el agujero.

La Fed y, tras el anuncio de Draghi, el BCE están siguiendo esta última senda, con su desnortada política de masiva expansión monetaria. Y aunque han cosechado el aplauso generalizado del mundo político-económico, no todos están satisfechos con tal deriva. De hecho, el hasta hace poco todopoderoso Bundesbank está más bien aterrorizado con el plan de Draghi. Mucha atención a sus últimas alertas.

En septiembre, el presidente del banco central alemán, Jens Weidmann, no se arredró a la hora de calificar la compra de bonos públicos por parte del BCE de "trabajo del diablo". Aunque en ningún momento se refirió directamente a Draghi, su mensaje no dejaba lugar a dudas:

Si un banco central puede, potencialmente, crear una cantidad ilimitada de dinero de la nada, ¿cómo puede asegurarse de que el dinero es lo suficientemente escaso para conservar su valor? (...) Sí, esta tentación sin duda existe, y muchos en la historia han sucumbido a ella.

Weidmann recordó la escena de Fausto en que Mesfistófeles (el diablo) convence al emperador para emitir grandes cantidades de papel moneda y, así, acabar con sus problemas de financiación. La historia, claro, termina con una inflación galopante.

En su último informe mensual, el Bundesbank incide, una vez más, en esta perspectiva, tras reiterar su rechazo frontal a la compra ilimitada de deuda pública anunciada por el BCE. Un plan nocivo y contraproducente, entre otras razones, porque desincentiva el sano ajuste fiscal que necesariamente tienen que realizar los países periféricos del euro. La actual política monetaria "reduce y retrasa el proceso de ajuste" mediante la reducción de los tipos de interés y las masivas inyecciones de liquidez. Además, contradiciendo a Bruselas y a los políticos del sur de Europa, la entidad germana afirma que las elevadas primas de riesgo que presentan España e Italia reflejan la realidad, es decir, el elevado riesgo que representa el invertir en sus bonos. El execonomista del BCE Jürgen Stark es de la misma opinión. Efectivamente, las primas de riesgo de los países periféricos están "justificadas". Stark dimitió como consecuencia del anterior programa de compra de bonos del BCE, y ahora insiste en que Draghi ha cruzado varias "líneas rojas".

El discurso completo de Weidmann no tiene desperdicio. A modo de ejemplo, destaco las siguiente perlas:

Hoy en día, el dinero ya no está respaldado por ningún activo real. Los billetes son de papel impreso –y los expertos que hay entre ustedes saben que el euro está impreso en papel de algodón– y las monedas están acuñadas en metal (...) Si los alquimistas intentaron en el pasado convertir el plomo en oro, en la economía moderna el papel se ha convertido en dinero (...) En última instancia, la aceptación de esos billetes se basa en la confianza de la gente.

(...) las interferencias gubernamentales en los bancos centrales, junto con la gran demanda de financiación por parte de los estados, a menudo ha conducido a fuertes aumentos del dinero en circulación, lo que ha provocado que [el dinero] perdiera valor a consecuencia de la inflación (...) La mejor protección contra la tentación [inflacionista] es una sociedad ilustrada y orientada a la estabilidad [monetaria].

El PSOE se muere porque ya no enarbola bandera alguna
Francisco Rubiales Periodista Digital 24 Octubre 2012

El PSOE y el PP son dos partidos agotados y cada día más abandonados por sus votantes, cansados de verlos fracasar y traicionar principios democráticos, ideologías y valores. La caida del PSOE es mas acelerada y violenta, pero pronto le seguirá el PP, víctima de las mismas enfermedades y también un partido sin fuelle, ni mensaje, ni credibilidad, ni capacidad de ilusionar. Es la hora del radicalismo y la decepción en esta España atribulada, donde la crisis política es peor que la económica y la crisis ética es la peor de todas.

El PSOE se está muriendo, sin que sus mismos dirigentes y militantes se den cuenta. Creen avanzar, pero retroceden y, desorientados, se mueven en círculo, sin enarbolar bandera alguna, causando risa, lástima o nostlgia en la mayoría de los ciudadanos. Castigado por los ciudadanos en las urnas, pierden adeptos en cada elección, sin que hasta ahora su desastre haya tocado suelo. La de ese partido es una suerte merecida, pues sus traiciones y fracasos son inmensos y causantes de un daño terrible a España.

Los votantes de izquierda y los llamados "progresistas" que antes votaban al PSOE han descubierto que ese partido no enarbola ya bandera fiable alguna y que sus mensajes y programas no se diferencian sustancialmente de los de otros partidos que también compiten por los votos y el poder. Votar al PSOE no significa, en modo alguno, que se acabe la corrupción, que se incrementen las políticas sociales, que se regenere la democracia o que la Constitución y las leyes sean respetadas. En los territorios fronterizos, donde el nacionalismo ha sacado la bayoneta, el PSOE ni siquiera se distingue, como el PP, por defender la unidad de España, ya que muchos socialistas coquetean ya, de manera indecente, con el nacionalismo.

Ante el fracaso de España, el avance estremecedor del desempleo y la pobreza y la pérdida del prestigio internacional del país, los votantes se han radicalizado y están dejando de apoyar al PSOE y al PP no sólo porque esos dos grandes partidos son los que han gobernado el país y son los principales culpables del fracaso de España, sino porque sus posturas y propuestas se han revelado anodinas, ineficaces, mediocres, hipócritas y poco adecuadas para tiempos difíciles. Una gran parte de la población se inclina cada día mas hacia opciones radicales, ya sea votando a los nacionalismos soberanistas o escapando del sistema y practicando, con rigor y dureza, el boicot a la casta política, la abstención activa y el voto en blanco, las formas más eficaces de dar un severo corte de mangas al corrupto y degradado sistema político español, a sus inicuos partidos y a sus cada día más despreciados políticos profesionales.

El PSOE está tan agotado que ya solo gobierna en Andalucía y Asturias y en esos territorios lo hace en alianza con otros partidos que les mediatizan y controlan.

Ante los resultados inquietantes de las recientes elecciones gallegas y vascas, donde el PSOE ha retrocedido brutalmente, afirman que "van a reflexionar", una expresión recurrente que siempre tiene truco y que en realidad significa que van a esperar a que el adversario se desgaste para recuperar el poder. El poder les ha nublado la vista y les ha vuelto tan engreídos y estúpidos que no se dan cuenta que ya no representan opción atractiva alguna para los españoles, que no ven en ellos limpieza, ni regeneración, ni voluntad de cambio, ni capacidad de ilusión. Hay verdades que no quieren aprender, pero que son ineludibles si no quieren morir lenta y tristemente: la primera es que deben refundarse y empezar casi de cero, sin que en la dirección figure ninguno de los personajes que se mancharon y corrompieron en el pasado, ya sea con Felipe o con Zapatero, a los que los españoles identifican con el desastre de la nación y jamás les otorgarán su confianza; la segunda es que, también ideológicamente, deben comenzar casi de cero, abrazando políticas y valores contundentes y populares, como la regeneración auténtica de la democracia y la reconstrucción de España; la tercera es que deben admitir algo que, aunque duela es verdad: que el ciclo de la prosperidad se ha acabado y que el nuevo ciclo, caracterizado por la pobreza, el esfuerzo y el trabajo mal pagado, no permite ya lo que ellos llaman el "Estado de Bienestar", cuya defensa a ultranza suena ya ridícula en un país que ni siquiera tiene dinero para pagar las pensiones.

Si algún día los españoles ven en el socialismo encarnados valores que realmente son de estos tiempos y atraen a los ciudadanos, como la democracia auténtica, la lucha a cuchillo corto contra la corrupción y la reconstrucción esforzada de una España que ellos mismos, junto con sus "colegas" del PP, han arrasado, entonces, solo entonces, quizás puedan soñar con resucitar y recuperar su antiguo esplendor.

Voto en Blanco

El desplome del PSOE y el silencio de Rubalcaba
EDITORIAL Libertad Digital 24 Octubre 2012

Tras un año de políticas de recortes del Gobierno del PP, muchos podrían pensar que Patxi López y Patxi Vázquez, si no ganar, tendrían bastante fácil mejorar los desastrosos resultados que el PSOE obtuvo en el País Vasco y Galicia en las elecciones generales de 2012. Lo cierto, sin embargo, es que los socialistas, lejos de iniciar la recuperación, siguen experimentando una auténtica sangría de votos. Así, en Galicia les ha votado un tercio menos de gente que en noviembre del año pasado, mientras que en el País Vasco los 254.101 sufragios que cosecharon en dicha cita electoral se han quedado en 211.939.

Ante tan catastróficos resultados, que han llevado al PSOE a ocupar la tercera posición en el País Vasco y en no pocos centros urbanos de Galicia, como La Coruña o Santiago, tanto López como Vázquez deberían haber presentado su dimisión irrevocable en la misma noche electoral. Esta es la hora, sin embargo, en que ambos siguen aferrados al cargo, como si los resultados electorales no fueran con ellos. De hecho, ha sido el propio Patxi López el encargado de desmentir el rumor que le situaba como senador en Madrid asegurando que "no se plantea" serlo, que se quedará "al frente" del PSE y que incluso pretende presentarse a la reelección en el congreso que se celebrará a principios de 2013.

Si vergonzosa resulta la actitud de ambos dirigentes autonómicos, aun más bochornoso es el clamoroso silencio del líder nacional del partido, Alfredo Pérez Rubalcaba. Parecía que este martes Rubalcaba iba por fin a comentar los resultados electorales del domingo, pero al final lo ha pospuesto para el miércoles. Y eso gracias a la presión de los periodistas que le han perseguido intentando, vanamente, arrancarle alguna declaración.

Todo parece indicar, en cualquier caso, que Rubalcaba va a dejar las cosas como están; entre otras razones, porque la catarsis y la renovación que requiere el PSOE le afectarían directamente.

El auge de los nacionalismos, que ha hecho perder tantos votantes a los socialistas, es consecuencia de una desvertebración previa del PSOE como partido nacional, que cobró tremenda fuerza con Zapatero y que no ha remitido tras la marcha de éste. Rubalcaba, el ministro más representativo del anterior Gobierno socialista, no puede liderar la renovación del PSOE. Por la misma razón, Vázquez y López son percibidos como representantes de la formación que ha conducido a España a esta formidable crisis económica, institucional y nacional.

No faltarán quienes aleguen que no cabe esperar cambio alguno de envergadura en el PSOE antes de las elecciones catalanas. Pero es que, sin esos cambios, los socialistas están abocados a una nueva catástrofe en dichos comicios.

Ante la crisis económica y el desafío nacionalista que padecemos, nada peor que un Gobierno nacional acomplejado y un PSOE irresponsable y en descomposición.

Contra el complot, boicot.
Vicente A. C. M Periodista Digital 24 Octubre 2012

El esperpento de la secesión está adquiriendo grados supremos de estupidez humana. Porque hay que ser estúpido para creer que las consignas de apoyo al secesionismo pedido a los empresarios que radican su empresa o tributan en Cataluña, no van a tener una respuesta por parte de los ciudadanos del resto de España. Es muy estúpido pensar que ese comportamiento de sumisión ante la dictadura radical nacionalista, no va a tener repercusión en el pensamiento de los españoles que consumen los productos procedentes de esa Comunidad Autónoma. Porque lo que nunca pueden pretender es que además de amenazar con abandonar la Unidad de España, le paguemos los gastos de su salida y sigamos cautivos de sus ventas.

Pues no Sr. Mas, porque una cosa es que nos tomen por el pito del sereno y otra que esto les salga gratis total. De ninguna manera. Ya pueden ustedes internacionalizar lo que quieran, aducir cuantas mentiras se les ocurran sobre su falta de encaje o la falacia del saqueo de su economía por el resto de España, si quieren la independencia tendrán que asumir los costes que les corresponden, entre otros su parte de la deuda de España en la que ustedes han participado de forma destacada y en la que siguen aportando insolidaridad, despilfarro y esquizofrenias identitarias como las llamadas "embajadas".

Usted ha amenazado a los empresarios catalanes de que se callen y no estorben el proceso de secesión que ustedes abanderan. Esa simple amenaza contra la libertad de expresión y contra la libertad económica, debe ser entendida como un comportamiento mafioso y dictatorial, impropio de un representante del Gobierno de la Generalitat, que aunque no le guste es simplemente una delegación de la soberanía del pueblo español. Lo malo es que sus palabras no han sido debidamente contestadas por quien debería haberlo hecho, el Presidente del Gobierno de España, que con su silencio solo ha vuelto a demostrar su cobardía y su falta de firmeza para cumplir y hacer cumplir la Constitución.

Pero aunque él no le haya reprochado esta actitud gansteril, debe ser consciente de que sus amenazas no van a caer en saco roto y que va a tener una respuesta de todo el pueblo español. Desde luego que estamos en unas fechas en las que muchas empresas se juegan su futuro en las campañas de Navidad. Sería una verdadera sorpresa el que surgieran iniciativas ciudadanas que tomaran conciencia de que pueden escoger otros productos de igual o mejor calidad que aquellos que provienen de empresas con el origen CAT. España puede en poco tiempo dejar de ser un mercado cómodo y seguro para convertirse en un territorio hostil.

Lo que no se puede pensar es que se puede estirar de la cuerda sin que esta llegue a romperse. Lo cierto es que está ya a punto de hacerlo y cuando lo haga, lo más seguro es que los que tiran de la cuerda se peguen un batacazo. Supongo que los empresarios sabrán escoger lo que más les conviene, sabiendo que no deben mezclarse sentimientos con negocios. Ya conocen el viejo dicho de donde tengas la olla no metas la p..ata. Los listados de empresas ya circulan por las redes sociales y su publicitación general solo depende de una campaña divulgativa patriótica, eso que a ustedes les gusta acudir para tapar sus vergüenzas y sus deudas.

Si quieren ser una isla, lo serán con todas las consecuencias.

La hora de la interdependencia
Rafael Domingo Oslé en El Mundo  24 Octubre 2012

La cuestión de la independencia ha irrumpido con fuerza en la escena política tras el órdago de Artur Mas de convocar un referéndum para que el pueblo catalán decida libremente, que no legítimamente, sobre el futuro de Cataluña. Me parece que, a estas alturas del siglo XXI, cualquier debate centrado en el binomio dependencia-independencia ha quedado superado por obsoleto, excepción hecha del supuesto de flagrante vulneración de los derechos humanos, que evidentemente no es el caso de España. Si algo está claro tras el imparable desarrollo de la globalización, es que todas las comunidades políticas (entre ellas, Cataluña, España y Europa) han dejado de ser políticamente dependientes o independientes, para convertirse en políticamente interdependientes. El viejo concepto de soberanía ha perdido su carácter exclusivista, que es tanto como decir independentista, con la finalidad de adaptarse a los nuevos tiempos. De otra forma, hubiera sido retirado del vocabulario jurídico hace ya un par de decenios.

Con la globalización, ha dejado de existir en cada comunidad política, sea grande o pequeña, un único centro de decisión. Más bien existe un entramado flexible, disperso e interconectado, organizadamente desorganizado, a modo de red, que se adecua mucho mejor a nuestra coyuntura histórica. Las decisiones que afectan a Cataluña no se toman ya solo en Cataluña, del mismo modo que las decisiones que afectan a España no se adoptan solo en la piel de toro. La firme decisión, por ejemplo, de limitar la jurisdicción universal en el ordenamiento español, que contó con un apoyo abrumador en el Congreso, no se tomó en España, sino en Estados Unidos. Por lo demás, las grandes decisiones sobre la economía española viajan a Madrid desde Bruselas o Berlín. Esta nueva realidad ha venido impuesta por las circunstancias, y no aceptarlo sería no reconocer las nuevas reglas de juego que gobiernan nuestro mundo globalizado.

Cualquier debate, decisión o consulta política planteada en términos soberanistas, excluyentes, o independentistas, es, cuando menos, una pérdida de tiempo, una quimera intelectual, y, en estos momentos de crisis profunda, una grave irresponsabilidad política. Si algo no se pueden permitir hoy Cataluña y España es la irresponsabilidad de centrar la atención, si quiera un segundo, en cualquier cuestión ajena a la extenuante crisis económica. En la medida en que la falta de estabilidad política es un factor que agudiza la crisis debe evitarse como la peste. Cataluña y España están demasiado ocupadas ahora como para «odiarse mutuamente», por recordar la expresión con la que quedó zanjada en Atlanta, en los años 60, la cuestión sobre las barreras segregacionistas. Esas barreras hubieran impedido el espectacular desarrollo económico que tuvo la metrópoli en los decenios posteriores: The city is too busy to hate!, fue el lema elegido por la activa sociedad civil sureña de Estados Unidos.

Sí, Cataluña y España no tienen más salida que trabajar juntas. La propuesta de Mas, poco ayuda. Si en algo tiene razón es en que siempre se puede consultar al pueblo en una democracia. Pero eso nunca puede llevar consigo saltarse a la torera el derecho.Personalmente pienso que, en este punto, se equivocó la Constitución, pero la acato. Por lo demás, pensar que por el hecho de que los catalanes decidan votar a favor de la independencia Cataluña pasaría a ser ipso iure independiente carece de consistencia, pues una cosa es la libertad de opinión y otra muy distinta la legitimidad constituyente.

Artur Mas se queja de que Cataluña no ha sido bien tratada por el resto de España. Y creo que tiene parte de razón, pero quizás no haya que dramatizar las cosas ni caer en el victimismo. En mi opinión, un mal entendido sentido de la unidad de España y de la propia idea de solidaridad ha frenado el intento de Cataluña de desarrollarse plenamente como comunidad interdependiente. Pienso que esto es también aplicable a otras comunidades. Un nuevo pacto fiscal y un avance sin fisuras hacia el federalismo, que exigiría, en su día, la reforma de la Constitución, contribuirían sin duda a la consecución de este objetivo. Entiendo, pues, a Mas, pero repudio cualquier forma de oportunismo partidista, de rentabilizar políticamente la aguda crisis económica que atravesamos, como rechazo cualquier ejercicio consciente y meditado de insolidaridad. Si algo no pueden hacer los políticos catalanes es azuzar al pueblo catalán (un gran pueblo, con su historia, su cultura y tradiciones que tanto aprecio) con el fin de alimentar unos sentimientos independentistas trasnochados.

La interdependencia se funda en la idea de que el centro de la comunidad política es la persona, y no el territorio. Y en que la persona puede formar parte simultáneamente de diversas comunidades políticas interdependientes, nunca excluyentes. Así, se puede ser catalán, español y europeo, pero también incluso miembro de una comunidad política global. Es una cuestión de affectio communitatis, que, como el buen patriotismo, no conoce la idea de barrera. La interdependencia es precisamente la que permite la existencia de una comunidad política global, ajena a la idea de Estado, con el fin de gestionar y regular los bienes públicos globales, es decir, aquellas cuestiones que afectan a la humanidad en su conjunto. Si aplicamos el viejo esquema soberanista, que es el defendido por el independentismo de cualquier género, esta comunidad global solo podría constituirse en un Estado mundial, lo que constituiría el principio del fin de la vida política, como bien escribió Hannah Arendt.

Naturalmente, para desarrollarse, cada pueblo requiere un territorio («a cada pueblo, su suelo», decía con acierto mi maestro Álvaro d’Ors), pero ese territorio no se halla en modo alguno en propiedad exclusiva de la comunidad política que en él habita, sino que ésta ejerce sobre él tan solo un derecho preferencial y solidario. Cataluña es más de los catalanes que de los españoles, y España más de los españoles que de los europeos, y Europa más de los europeos que del resto del mundo. Pero esto no significa que Cataluña sea exclusivamente de los catalanes, como España tampoco lo es de los españoles, o Europa, de los europeos. Ninguna comunidad política tiene un derecho soberano exclusivo y excluyente sobre un territorio. El llamado derecho a la autodeterminación no constituye a la comunidad política en pleno propietario de una parte de la tierra.

El problema de nuestra Constitución es que no permite decir con claridad que España es sobre todo de los españoles y Cataluña sobre todo de los catalanes, sino tan solo que España es de los españoles, y Cataluña, también. Si el catalanismo radical peca de nacionalismo independentista, la Constitución lo hace de nacionalitis uniformista. La interdependencia que aquí defiendo está regida por dos principios: solidaridad y subsidiariedad. Ambos son complementarios, y, bien equilibrados, logran la estabilidad y convivencia entre comunidades políticas diferenciadas e interconectadas. El principio de subsidiariedad exige que sea la comunidad política menor, y no la mayor, la que decida el nivel competencial y las cargas que puede asumir de forma razonable y responsable, es decir, con todas sus consecuencias económicas y políticas; el principio de solidaridad, por su parte, reclama que el bien de la comunidad menor esté siempre al servicio de un bien común más amplio y general. Nuestra Constitución de 1978 ha estimulado la solidaridad entre comunidades, pero no suficientemente la subsidiariedad. Y, por eso, aquéllas con una identidad más definida no acaban de encajar adecuadamente en nuestro marco constitucional, que es demasiado uniforme. Siendo esto cierto, no puede justificar la lucha por la independencia a toda costa, sino un empeño sereno y sincero por alcanzar un nuevo consenso constitucional que apueste en serio por la interdependencia. Este, y no otro, es el reto de Mas.

Rafael Domingo Oslé es catedrático y profesor visitante de la Emory Law School.

El juego de la cuerda y el Estado autonómico
Cada vez son más los que quieren un modelo territorial distinto al actual y tiran en direcciones opuestas
Sandra León, El País 24 Octubre 2012

Desde que estalló la crisis económica, uno de los cambios más importantes en la opinión pública ha sido la valoración del Estado autónomo. Tanto la reciente encuesta de Metroscopia de EL PAÍS como el barómetro del CIS de septiembre han puesto de manifiesto que el número de ciudadanos que prefiere un modelo territorial más centralizado supera por segunda vez (como ya ocurrió en julio de 2012) a los que prefieren mantener el modelo actual. Los medios de comunicación se han hecho amplio eco de este dato, pero esto es solo una parte de la historia.

La otra parte, quizá más relevante, tiene que ver con que estas opiniones están cada vez más polarizadas territorialmente. Este dato suele pasar desapercibido porque la mayoría de encuestas utilizan muestras representativas nacionales. Sin embargo, si analizamos la evolución de la opinión pública en cada comunidad autónoma antes y durante la crisis, vemos que desde 2005 los españoles son cada vez más distintos en sus valoraciones sobre qué modelo territorial prefieren (incluso excluyendo a los territorios más divergentes, Cataluña y País Vasco).

El resultado es un Estado autónomo sometido al juego de la cuerda: cada vez hay más ciudadanos que quieren un modelo territorial distinto al actual y tiran en direcciones opuestas; la pulsión recentralizadora se concentra especialmente en Madrid, Aragón y Castilla y León; mientras que en Cataluña, y solo muy recientemente en el País Vasco, aumentan los que prefieren que las comunidades autónomas puedan convertirse en Estados independientes. La polarización de la opinión pública no se da únicamente entre regiones, sino también dentro de algunos territorios. Por ejemplo, en Cataluña, el aumento del independentismo entre 2005 y 2011 (14%) se produce al mismo tiempo que lo hace el porcentaje de ciudadanos que prefiere un único Gobierno central sin autonomías (un 10%, según datos del CIS).

Como la mala prensa del Estado autónomo crece a medida que la crisis económica se profundiza, muchos afirman que la crisis es la causa de los cambios en la opinión pública sobre el modelo territorial. Pero esto no es así en todos los casos. El giro centralizador parece estar más vinculado a la coyuntura económica y a su impacto en algunos sectores de la población, mientras que el giro independentista en Cataluña tiene una naturaleza más estructural y supone la intensificación de cambios en la opinión pública catalana que vienen de lejos.

La estrategia del Gobierno de CiU ha sido la de intentar capitalizar los cambios a través un discurso económico, el del agravio fiscal

De acuerdo con las encuestas, si tomásemos un grupo de ciudadanos con la misma ideología, preferencias partidistas e identidad nacional, quienes tendrían mayor probabilidad de apoyar la centralización del Estado autónomo serían los más vulnerables ante la situación económica, como los pensionistas, los parados, las amas de casa o los de menor formación. Es posible que este sea el grupo donde más haya permeado el discurso del Gobierno que señala a las comunidades autónomas como principales responsables de la crisis y el que vincule la solución a sus problemas a un Gobierno central más fuerte.

En cambio, la explicación para los que apuestan por un modelo territorial donde las regiones puedan hacerse independientes es distinta. Contrariamente a lo que se cree, sus opiniones no están influidas por su valoración de la situación económica ni por su situación laboral. Lo que determina principalmente la opinión de este sector de la población es la cuestión identitaria (si se siente “solo”, “más”, “igual” o “menos catalán que español”). Esto no quiere decir que la crisis carezca de importancia en el giro secesionista, sino que lo hace por cauces distintos a los que explican el giro centralizador. Tampoco significa que el impulso independentista se deba a un cambio radical en las identidades en Cataluña pues, entre 2005 y 2011, el porcentaje de los que se sienten “solo catalanes” ha aumentado en menos de tres puntos (datos del CIS).

Las identidades en Cataluña no han cambiado de forma radical, pero sí lo han hecho sus implicaciones respecto al modelo territorial, al extenderse las preferencias más soberanistas. Esto se debe, por un lado, al progresivo aumento de las demandas de autonomía en la opinión pública catalana desde hace más de una década y a la sensación de que estas han sido frustradas. Por otro lado, la estrategia del Gobierno convergente ha sido la de intentar capitalizar estos cambios a través un discurso económico, el del agravio fiscal, con el que el apoyo a la soberanía se ha hecho más transversal a la situación económica de los ciudadanos y a sus sentimientos identitarios.

En definitiva, aunque la fiebre centralizadora e independentista en la opinión pública parece haber puesto en cuarentena al Estado autónomo, la naturaleza de estas dos pulsiones es distinta. La centralista parece más conectada al impacto de la crisis en algunos sectores de la población y es probable que disminuya cuando mejore la situación económica. No es así en el caso de las pulsiones independentistas, cuyo origen se encuentra en cambios más estructurales que se vienen produciendo en la opinión pública catalana desde antes de la crisis, por lo que cabe esperar que tenga un mayor recorrido en el futuro.

Sandra León es profesora de Ciencia Política en la Universidad Complutense y colaboradora de la Fundación Alternativas.

El PSOE cae a las catacumbas
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital 24 Octubre 2012

Las dos elecciones del domingo 21 tienen en común el fracaso del PSOE. No puedo decir que lo sienta. Más bien al contrario.

Los socialistas han perdido el Gobierno vasco, una de las pocas autonomías que gobernaban, encima gracias al PP, con el que se han portado como unos XXXXX. Han pasado de 25 escaños a 16 y de 315.000 votos a 211.000, es decir, un tercio menos. Y en Galicia se mantienen en la oposición, pero con 10 puntos de voto menos, siete parlamentarios menos y 200.000 electores menos.

La situación del PSOE es idéntica a la de Alianza Popular dirigida por Manuel Fraga, como ya recordamos aquí. Pese a los numerosos errores y delitos de los gobiernos de González (corrupción, terrorismo de estado, referéndum OTAN-sí-OTAN-no), la AP de esos años era incapaz de crecer. El centro-derecha sólo pudo derrotar al PSOE cuando Aznar sustituyó a Fraga.

En los años de ZParo el PSOE practicó el anticristianismo, atrajo a los votantes de extrema izqueirda y nazionalistas (en 2008 vació ERC, Izquierda Unida, el BNG y hasta la Unión del Pueblo Leonés), tendió un cordón sanitario en torno al PP y a los españoles que no aceptaban su ingeniería social y recurrió al guerracivilismo. Y ahora todo eso lo está pagando. ¡A veces existe la justicia en esta vida!

Es imposible recuperar votantes cuando dirigen el partido exministros de ZParo como Alfredo Pérez Rubalcaba, mujeres de cuota como Elena Valenciano y pazguatos como Tomás Gómez.

Pese a su derrota del 20-N, el PSOE, el partido que ha moldeado España desde 1982 y en consecuencia es el responsable de la situación actual, tanto económica como moral, no ha rectificado y mantiene su sectarismo. ¿Es un partido a favor de la unidad de España o a favor de la autodeterminación de sus nazionalidades? ¿Propone alternativas a los recortes económicos, que él empezó a aplicar? ¿Ha renovado a sus dirigentes? ¿Condena o promueve las algaradas callejeras de los indignaos? ¿Qué opina del desastre educativo? ¿Quiere reindustrializar España?

No hablemos de Patxi López y Odón Elorza, que parecían agentes de Bildu. Pachi Vázquez insistió en la campaña en que los socialistas son compatibles con el BNG y el loco de José Manuel Beiras.

Seguramente, esta noche han comenzado los movimientos en el PSOE, encabezados por la momia guardia, para sustituir al abuelo Rubalcaba, y, como hicieron en entre 1996 y 2000, probarán varios líderes hasta dar con el más adecuado, pero no parece que esta vez el juego les salga tan bien como antes. El destino del PSOE es ser rebasado por la extrema izquierda alimentada por él, que en unas provincias será Bildu, en otras ERC y en otras Izquierda Unida, y también por el centro-izquierda que encarna UPYD. Es el destino que se merece el partido que ha sido el mayor factor de destrucción interno de España desde 1977.

Y Rajoy se fumará un puro. Aunque el PP vasco ha caído a los resultados de 1990, aunque el plan separatista de CiU es un follón, aunque el paro sigue creciendo, él puede estar tranquilo: no tiene oposición.

CODA: Recomiendo este análisis sobre las elecciones gallegas del amigo Elentir (mas abajo).

Después de la caída
Lo
s dirigentes del PSOE deben ser lúcidos y enfrentarse al clientelismo o a su deriva nacionalista
Félix de Azúa El País 24 Octubre 2012

Ya se cumplió el vaticinio y el PSOE se vino abajo en Galicia y en el País Vasco. Ciertamente es un desastre regional que parece pequeño tras el fracaso de las generales, pero solo es el anticipo de las catalanas. En poco más de un año el centro-izquierda español puede haber sido liquidado por completo. Quizá ya haya pasado el tiempo de las admoniciones y estemos en el de echar una mano. Este país es peligroso, pero lo sería mucho más sin el PSOE.

En primer lugar, los dirigentes del partido han de ser lúcidos sobre sus errores. Han de averiguar (o decidir) si la desafección se produce, sobre todo, por su incomprensible deriva nacionalista. La habitual alianza con toda clase de partidos patrióticos ha acabado por desconcertar al elector. Si alguien vota socialista, ¿qué está eligiendo? ¿A los que legalizaron Bildu? ¿A los casi independentistas catalanes, como el conjunto Maragall? ¿O a los sindicalistas andaluces? Este primer punto debe esclarecerse de inmediato, teniendo presente que el socorrido “federalismo” no se lo cree nadie. Es más, no se lo creen ni quienes se dicen federalistas porque no han sido capaces de aclarar a qué federalismo se refieren, en qué consiste y por qué iba a servir para algo.

Sobre este punto, el antiguo votante socialista cree recordar que el partido fue, algún día, un partido español y constitucional. Y que tenía perfectamente claro que el nacionalismo solo puede ser una ideología reaccionaria: es sentimental e irracional, pone al territorio por encima de los ciudadanos, se basa en la pedagogía del odio, oculta tras la bandera la despiadada explotación de la oligarquía así como las corrupciones de los oligarcas, es totalitaria, es excluyente, practica la mentira sistemática y roza los comportamientos fascistoides.

Frente a estas obviedades, los socialistas se han visto atemorizados por un pretendido “nacionalismo español” que no merece la pena ni comentar. Ese supuesto nacionalismo es el que permite que partidos secesionistas controlen las regiones periféricas, sumerjan en la lengua nacional a la población y multen a quienes escriben en castellano. Un nacionalismo un tanto particular, el español. Por desgracia, es justamente la acomplejada dejación de los socialistas lo que puede propiciar que el nacionalismo español, el de verdad, el que se parece al de Otegui y al de Mas, el de Blas Piñar, se levante de su tumba.

Nadie cree ya en el socorrido “federalismo”, ni quienes se dicen federalistas
Una vez solventada esta cuestión, deberán emprender una segunda investigación. Una gran mayoría de la población cree que son los partidos socialistas los que arruinan las cuentas del Estado por su desaforado clientelismo. Sin llegar a la siniestra etapa de Zapatero, los lugares en donde aún mandan los socialistas, como Andalucía, son semilleros de funcionarios, de empresas paraestatales o semiestatales, de subvenciones opacas, de ayudas nepóticas, de consejeros, ayudantes, comisionados y una infinidad de empleos subalternos que no tienen la menor utilidad, pero gracias a los cuales viven miles de afiliados al partido y sus familiares. Si a eso se añade el general cabreo por los escandalosos privilegios de la clase política, la animadversión hacia los socialistas, principales protectores de los privilegios, se hace colosal. Quien arguya que eso también lo practica el PP está hundiendo la dignidad de la izquierda.

La tercera discusión tiene que ver con el momento de extrema miseria económica del país. Una considerable cantidad de votantes cree inadmisible que los socialistas animen constantemente a los sindicatos, a las asociaciones y a cualquier grupo o grupúsculo de indignados o aficionados, a tomar la calle y paralizar la vida ciudadana. Más bien al contrario, solo un pacto de Estado del PSOE con el PP podría hacer menos dolorosa la sangría. En todas las encuestas, incluso en aquellas que el propio partido socialista encarga, se sitúa en uno de los primeros lugares la exigencia de un gran pacto de Estado entre los dos partidos. No hay la menor indicación de que ese pacto haya sido imposible debido al rechazo del PP, como suelen aducir en el PSOE. El constante acoso a los ciudadanos (esta semana hay en Madrid convocadas 80 manifestaciones, ¡80!, además de la huelga de transportes) se percibe siempre, justa o injustamente, como una cacería propiciada por el partido socialista, como si este buscara la identificación con Grecia en las fotografías de la prensa anglosajona.

Por último (y es casi imposible que algo así suceda), debe cambiar la cúpula dirigente. Buena parte de ella viene de la nefasta etapa de Zapatero y no tiene ya la menor credibilidad. Su actual dirigente, Rubalcaba, es un hombre eficaz en tareas subterráneas, ocultas, comisariales, pero carece del menor atractivo político y no se le conoce una sola idea. Esta increíble acefalia cubre el conjunto socialista hasta extremos desatinados. Un alto responsable del partido en Cataluña me decía que su actual dirigente, Pere Navarro, ha logrado convertir a Montilla en un Churchill. Por no hablar de la señora Chacón, esfinge sin secreto. Por mera prudencia, el PSOE debería ir preparando un desembarco en Cataluña con sus propias siglas.

La ausencia de ideas es paralela con un discurso basado obsesivamente en la crítica del partido gobernante
El párrafo anterior puede parecer cruel, pero hay que tener en cuenta que estamos hablando de una cadena de fracasos, de una pérdida enorme de poder, de una catástrofe general y de un posible cataclismo que deje a este país sin alternativa de centro-izquierda. Todo ello propiciado por quienes en la actualidad ocupan los sillones principales del partido como si no hubiera pasado nada. En cualquier país europeo, tras cada una de las derrotas, unos cuantos responsables habrían regresado a sus hogares a gozar de las prebendas que se han concedido a sí mismos los profesionales de la política española. Teniendo en cuenta la que se avecina en las provincias vascas y en Cataluña, más vale que en el PSOE haya gente con un poco de seso para enfrentarse a la fiera tradicionalista.

La ausencia de ideas es paralela con un discurso basado obsesivamente en la crítica del partido gobernante. Está muy bien criticar al Gobierno y esa es la tarea de la oposición, siempre que se tenga alguna alternativa. Acusar a Rajoy de todos los recortes, olvidando que los comenzó Zapatero y por mandato de Bruselas, es deshonesto. Si hay alternativa a la política económica ordenada por Merkel, debe ser expuesta públicamente con claridad. Si no se hace, entonces toda la crítica de la oposición parece una pataleta de colegiales.

Comprendo que es extremadamente difícil inventar un discurso alternativo al de la guerra fría, que sigue siendo el relato dominante en un partido anquilosado y con escasas fuentes de información. Tan es así que muchos antiguos votantes desearían el regreso de Felipe González. Si la ideología no ha cambiado, ¿por qué no volver al origen? Por fortuna, González no está loco y jamás reaparecería en la corrala de la política española.

De manera que son las nuevas generaciones socialistas las que deben imponer su criterio. Si este es el de una radicalización que les aproxime a los comunistas, bienvenida sea. Y si por un milagro se plantean una política menos ideológica y más pragmática, menos reaccionaria y más técnica, una política que tenga menos que ver con la imagen y más con la realidad, a lo mejor es posible volver a votarles algún día.

Félix de Azúa es escritor.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

‘Basa’ y ‘Rubal’ deben dimitir
Alfonso Basallo www.gaceta.es 24 Octubre 2012

Bono sobre ZP: “Cuando la mar se calme se verá en toda su dimensión su obra”.

José Bono, antes político y ahora bien pagado autor de Memorias, dijo el Día de la Constitución lo siguiente acerca de Zapatero, dos puntos, comillas… “Cuando la mar se calme se verá en toda dimensión su obra”. No es preciso que el mar se haya calmado para que ya se esté viendo su obra en toda su dimensión. Lo único que nos debería aclarar el último fichaje de Planeta es a cuál de estas tres obras se refiere: ¿a la económica, con 5 millones de parados? ¿a la espita secesionista, que ZP abrió dando alas al Estatut y cuyos frutos penúltimos son el órdago de Artur Mas y la pinza PNV-Bildu en el País Vasco? ¿o tal vez a la legitimación política de la violencia, con los proetarras como segunda fuerza más votadas en Euskadi, gracias al blanqueamiento perpetrado por el Constitucional en contra del criterio del Supremo?

Pero no acaba aquí la dimensión de la obra zapateril. Arrastra al propio PSOE, con López y Pérez a la cabeza. Patxi derrotado por negociar con ETA, y Rubalcaba… kaput para siempre, el mismo que demostró su legendario ojo clínico tras el anuncio del cese definitivo de la violencia de ETA diciendo aquello de “Les he hemos quitado las armas, ahora vamos a quitarles los votos”. Pues ni lo uno ni otro. El tsunami se ha llevado por delante también al PP, dirigido por Rajoy, que tras el alto el fuego se lució con esa otra frase para la Historia: “Ha habido cese de la violencia sin concesiones políticas”. El partido que en tiempos de Mayor Oreja llegó a los 19 diputados, es ahora una formación perfectamente prescindible en el País Vasco. Lo menos que podían hacer Basagoiti, Pérez y López es dimitir; Oyarzábal pedir perdón a Mayor Oreja y coger la puerta; y el ministro Fernández pedir perdón a la víctimas por la excarcelación del torturador Bolinaga y perderse por ahí o, no sé, solicitar asilo en el Vaticano.

Excesos de Mas
El Editorial La Razón 24 Octubre 2012

Tanto CiU como ERC y la izquierda radical han decidido utilizar el Congreso y el Senado como cajas de resonancia para su estrategia soberanista, de forma que la campaña electoral catalana gire exclusivamente en torno a ella y queden en un segundo plano las cuestiones económicas, los nuevos recortes y el rescate de Cataluña por Madrid. Si hace 15 días forzaron en la Cámara Baja una votación para que la Generalitat pudiera convocar un referéndum, ayer el debate se trasladó al Senado, donde el presidente del Gobierno y el ministro de Asuntos Exteriores hubieron de responder a varias preguntas de idéntica naturaleza.

De entrada, resulta muy elocuente que Rajoy desvelara el tono prepotente de Artur Mas en la entrevista que ambos mantuvieron el 20 de septiembre en La Moncloa sobre un hipotético pacto fiscal. «Estoy dispuesto a hablar y escuchar», dijo el presidente, «porque es lo propio de personas educadas y de un sistema democrático», pero no a ceder ante las imposiciones, alusión directa a la amenaza de Mas de que si su plan no era aceptado, «tendría consecuencias». No parece que éstas sean las mejores formas ni el estilo adecuado de plantear una demanda al presidente de la nación. Resulta preocupante la escalada de enfrentamientos a la que se han lanzado los dirigentes nacionalistas, no sólo contra el Gobierno, sino incluso contra otras comunidades autónomas.

Ayer mismo, Mas en el Parlament y un eurodiputado en Bruselas no tuvieron empacho en arremeter contra el AVE a Galicia, que a su juicio detrae fondos que «pertenecen a Cataluña». Peligroso camino éste de los agravios comparativos, que sólo conducen a la crispación social y a trifulcas de aldea. Si esa es la imagen antipática que quiere Mas para Cataluña en el resto de España, está en vías de conseguirlo.

Pero deberían ser los propios catalanes quienes le pararan los pies y le pusieran en su sitio. Una senadora de CiU reivindicaba ayer en el Senado el ejemplo de Escocia. Pues bien, deberían aplicárselo y observar el mismo respeto democrático a las leyes que los escoceses, los cuales han actuado de acuerdo a los trámites legalmente establecidos y no han recurrido al enfrentaniento con las otras comunidades del Reino Unido. Si los soberanistas catalanes quieren un nuevo estatus, ya saben cuál es el camino democrático a seguir: propuesta de reforma de la Constitución (aprobada en su día por el 90% de los votantes catalanes) de acuerdo al procedimiento previsto. Es lo que harían los escoceses, que tanta admiración suscitan ahora en la Generalitat, si el Reino Unido tuviera una Constitución como la nuestra. Ante todo, respeto al principio de legalidad. Ni los órdagos ni la falta de consideración a otras autonomías son admisibles en una sociedad madura y democrática. Menos aún cuando la gran preocupación de 47 millones de españoles es salir de la crisis.

Mas amenazó a Rajoy
Pablo Sebastián www.republica.com 24 Octubre 2012

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha revelado ayer en el Senado que fue amenazado en el palacio de la Moncloa por el presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, el pasado día ocho de octubre, diciendo que o aceptaba el “pacto fiscal” que el exigía para Cataluña o que se atuviera a las consecuencias. “Atente a las consecuencias”, declaró Rajoy en el Senado al reproducir el incidente y las palabras de Mas en su respuesta a la senadora de CiU, Monserrat Candini, la que para colmo le acusaba a Rajoy de haber rechazado y roto el diálogo con la Generalitat.

Esta revelación de Rajoy es de la máxima gravedad por cuanto revela una desafiante y chantajista actitud del presidente de la Generalitat de Cataluña y el máximo representante del Estado en dicha Comunidad Autónoma, Artur Mas, ante el presidente del Gobierno español y en su despacho oficial. Al tiempo que demuestra, una vez más, que todo lo que dijo Artur Mas en Madrid y Barcelona tras el encuentro con Rajoy era falso dado que Rajoy no se negó a negociar el modelo fiscal vigente sino que le respondió que lo del “pacto fiscal” no era una decisión de su competencia sino de las Cortes Generales.

Y si grave es todo esto no menos grave ha sido el silencio de Rajoy y la falta de una respuesta contundente a Mas en la Moncloa, renunciando a su obligación de defender la dignidad del cargo de presidente del Gobierno de España que ostenta y luego a informar de todo ello a la opinión pública. Una vez más Rajoy que arredró. Primero ante Mas y luego negándose a informar a los españoles y a decir las verdad de lo ocurrido en ese encuentro.

Entonces ¿por qué lo cuenta ahora Rajoy? Da la impresión de porque al presidente le han pillado en el Senado en un día de cierta euforia por la victoria de Feijóo en las elecciones de Galicia o, simplemente, porque se ha cansado de disimular una vez que en España ya conocemos todos las consecuencias con las que amenazó Mas a Rajoy en la Moncloa: el inicio de un proceso independentista que comienza con la cita electoral del 25 de noviembre, que seguirá con el intento de conseguir una mayoría absoluta de CiU en el parlamento catalán para convocar un referéndum ilegal de autodeterminación, o para declarar (con apoyo de ERC) la independencia del Estado de Cataluña en el citado Parlamento.

Naturalmente ya sabíamos que Artur Mas vino a la Moncloa solo a escenificar la ruptura con el ultimátum de: o aceptas el pacto fiscal -que además es inconstitucional- o nos vamos a la independencia, aunque luego ante la prensa no contó nada de semejante y amenazante disyuntiva presentada a Rajoy en el despacho del presidente del Gobierno de España. El lugar de donde, quizás, Mas se esperaba una dura respuesta o incluso la suspensión de la entrevista tras poner él la amenaza y el chantaje encima de la mesa, por ello declaró después eso de “es imposible pelearse con Rajoy”.

Sin embargo la revelación hecha por el presidente Rajoy en el Senado constituye un hecho políticamente relevante y a la vez destapa unos modales chulescos y casi “mafiosos” de Mas, de un cargo público del Estado frente a su superior jerárquico, lo que no se puede consentir en una democracia, como ayer un tanto tarde lo dijo ayer Rajoy en el Senado. Como tampoco se debe soportar las otras advertencias que Artur Mas ha hecho desde la Generalitat, anunciando un referéndum ilegal, o que creará estructuras de Estado para Cataluña, etc.

Naturalmente, Rajoy dirá eso de “cada uno es como es” pero un presidente del Gobierno de España no puede aceptar que nadie le hable así en su despacho, y menos un jefe autonómico que representa al Estado en su Comunidad y que solo por ello está descalificado para ejercer ese cargo. Y menos aún para solicitar a Madrid un día sí y otro también prestamos y ayudas del gobierno central, que además le salva así a diario la cara a Artur Mas por su catastrófica gestión de la crisis en Cataluña.

Lo peor de todo esto es que la crisis catalana va subiendo de tono y que el 25-N puede que esté en unos niveles imposibles, o muy difíciles de controlar, ante la debilidad de Rajoy y su falta de decisión para abordar el problema con la firmeza que bien merece. La amenaza “institucional” que Rajoy reveló en el día de ayer deja al político catalán por los suelos pero no le quita a Rajoy su parte de responsabilidad.

Las pesadas víctimas
Alfonso Ussía La Razón 24 Octubre 2012

Podría llenar la página con sus nombres. Unos viven y otros fueron asesinados

Recibí hace años la carta de una hija desesperada y triste. La hija de una víctima de la ETA a la que no reconocían su condición de tal. Había muerto en el incendio provocado del «Corona de Aragón». El Gobierno de entonces, presidido por Adolfo Suárez, no quiso reconocer la autoría del terrorismo etarra. Aquel hombre, francés de nacionalidad con residencia en Barcelona, decidió descansar en Zaragoza. Se le había hecho tarde. Descansó definitivamente. A su mujer y a sus hijas no se les reconoció nada. Lo mismo a la mujer y los hijos de Alfonso Queipo de Llano, conde de Valoria, oficial de Caballería. Lo mismo a la mujer y los hijos de todos los inocentes que murieron aquella madrugada maldita. Incendio en la máquina de churros, según el Gobierno. Años después, el que fuera jefe del Gabinete del Presidente del Gobierno, Josep Meliá, en una entrevista con Jesús Hermida en Antena-3 de Televisión, reconoció la cobardía: «Sabíamos que había sido la ETA, pero no convenía reconocerlo oficialmente». Hubo gente que luchó ante la injusticia. Y aquella hija de una víctima del terrorismo se presentó en Madrid, y fue recibida por Enrique Fernández-Miranda, diputado del Partido Popular, que se prestó a poner en orden y en su sitio a la justicia frente a la injusticia.

Muchos años más tarde, y no del todo, los familiares de aquel atentado de la ETA fueron reconocidos como víctimas del terrorismo. Pero con reservas. Los familiares de las víctimas, como dijo meses atrás un impertinente dirigente del PP en las Vascongadas, eran unos pesados. Unos pesados sin padres, sin hermanos y sin hijos, dato que se le olvidó al moderno dirigente.

Sucede que en el País Vasco nacía un Partido Popular sin complejos, fuerte, salido de la casi nada, compuesto por auténticos héroes. Gregorio Ordóñez, Jaime Mayor Oreja, María San Gil, María José Usandizaga, Regina Otaola, José Ramón Caso, Miguel Ángel Blanco… Podría llenar la página con sus nombres. Unos viven y otros fueron asesinados. Aquel Partido Popular se enfrentó al terrorismo para defendernos a quienes vivíamos cómodamente en la lejanía de la tragedia. Aquella firmeza, aquel valor y aquellos argumentos, recibieron en las urnas vigiladas por los asesinos un apoyo ciudadano consistente y admirable. Con Jaime Mayor se alcanzaron los 19 diputados, y con María San Gil, los 15 representantes de la resistencia democrática y libre. A Jaime Mayor, por anunciar lo que ahora ha sucedido, lo mandaron al Parlamento Europeo, para que no diera la lata. Carlos Iturgáiz está en la nevera. María San Gil ha sido defenestrada. Consuelo Ordóñez es un cero a la izquierda. Regina Otaola no ha recibido ni un mensaje de gratitud por su coraje. Carmen Elías sigue viviendo en la misma casa en la que el asesino de su marido, que salvó de niño la vida del que habría de quitársela, regenta un comercio manchado de sangre. No pretendo menospreciar el trabajo de Basagoiti y su equipo, pero nada tiene que ver aquella firmeza con las actuales componendas, que se han traducido en un rotundo fracaso electoral.

Jaime Mayor y los suyos supieron mantener, después de reivindicarlas, unidas a las víctimas. Hoy están diseminadas y enfrentadas. Jaime Mayor y los suyos se hartaron de llorar en los entierros de sus compañeros asesinados. Jaime Mayor y los suyos encontraron en la ciudadanía vasca la recompensa merecida de los votos. Hoy, nada de aquel PP valiente y decidido, o casi nada, queda y se mantiene. Se les ha llamado estridentes y exagerados, y no han errado ni un milímetro en sus vaticinios. Han sido exterminados por la envidia y repudiados por los cantos de sirena. Y ahí están los resultados. Hoy les dedico a todos ellos estas palabras de gratitud. Sin ellos, llevaríamos tiempo en la antesala de la casi nada. Ahí, donde ahora nos encontramos con argumentos, con palabras, con la razón y sin escaños.

La tragedia vasca

Editorial ABC  24 Octubre 2012

El cese de la violencia de la banda etarra no ha premiado a quienes lo han logrado y han sido víctimas del terror, sino a quienes han sido y siguen siendo sus apologistas

EL éxito electoral de la izquierda proetarra genera toda una serie de interrogantes morales y políticos sobre la sociedad vasca, resumidos en la paradoja de que el cese de la violencia etarra no ha premiado a quienes lo han logrado y han sido víctimas del terror, sino a quienes han sido y siguen siendo sus apologistas. Ante una respuesta social de esta naturaleza, las estrategias políticas que haya podido seguir el Partido Popular pasan a un segundo plano, sin ignorar la parte de responsabilidad que le corresponde en su revés electoral del 21-O.

Este evidente fracaso, en lo que respecta al Partido Popular, está personalizándose desproporcionadamente en la figura de Antonio Basagoiti, presidente de los populares vascos. Ni el discurso político ni la actitud personal de Basagoiti frente al nacionalismo, frente a ETA o frente al entramado batasuno, justifican el nivel de críticas que está recibiendo. El PP ha sufrido las consecuencias de una conjunción de factores, que lo ha remitido a una posición política impropia del papel que ha desempeñado en la lucha contra ETA y el régimen nacionalista. Era evidente que la irrupción de Bildu iba a hacer muy difícil que el mapa electoral de 2009 se mantuviera inalterado. Y era evidente que el distanciamiento de las víctimas de ETA respecto a la política antiterrorista del Gobierno iba a pasar factura. También el exceso de connivencia gestual y verbal de algunos dirigentes del PP hacia la «normalidad» creada aparentemente por la tregua de ETA chocaba frontalmente con el sentimiento del electorado natural de este partido, curtido en la confrontación con el nacionalismo y en la resistencia a la política de terror impuesta por ETA. Además, la excesiva contemporización que prodigó el PP vasco con Patxi López, mientras el lendakari socialista malgastaba su oportunidad histórica en maquillar de demócrata a la izquierda filoetarra, generó confusión sobre el papel que correspondía a los populares en la alternativa constitucional que había desalojado al PNV del poder.

La suma de estos factores no es condición suficiente, pero sí necesaria, para entender el resultado electoral del PP. El resto lo pone una sociedad que no tiene problema alguno en convertir a la tapadera política de ETA en su segunda fuerza parlamentaria y que, en efecto, es capaz de llevar en volandas a la Cámara de Vitoria a los que disculpaban los asesinatos de ETA y sacar de ella a la hermana de Miguel Ángel Blanco. De esta tragedia, Basagoiti no es responsable.

EL éxito electoral de la izquierda proetarra genera toda una serie de interrogantes morales y políticos sobre la sociedad vasca, resumidos en la paradoja de que el cese de la violencia etarra no ha premiado a quienes lo han logrado y han sido víctimas del terror, sino a quienes han sido y siguen siendo sus apologistas. Ante una respuesta social de esta naturaleza, las estrategias políticas que haya podido seguir el Partido Popular pasan a un segundo plano, sin ignorar la parte de responsabilidad que le corresponde en su revés electoral del 21-O.

Este evidente fracaso, en lo que respecta al Partido Popular, está personalizándose desproporcionadamente en la figura de Antonio Basagoiti, presidente de los populares vascos. Ni el discurso político ni la actitud personal de Basagoiti frente al nacionalismo, frente a ETA o frente al entramado batasuno, justifican el nivel de críticas que está recibiendo. El PP ha sufrido las consecuencias de una conjunción de factores, que lo ha remitido a una posición política impropia del papel que ha desempeñado en la lucha contra ETA y el régimen nacionalista. Era evidente que la irrupción de Bildu iba a hacer muy difícil que el mapa electoral de 2009 se mantuviera inalterado. Y era evidente que el distanciamiento de las víctimas de ETA respecto a la política antiterrorista del Gobierno iba a pasar factura. También el exceso de connivencia gestual y verbal de algunos dirigentes del PP hacia la «normalidad» creada aparentemente por la tregua de ETA chocaba frontalmente con el sentimiento del electorado natural de este partido, curtido en la confrontación con el nacionalismo y en la resistencia a la política de terror impuesta por ETA. Además, la excesiva contemporización que prodigó el PP vasco con Patxi López, mientras el lendakari socialista malgastaba su oportunidad histórica en maquillar de demócrata a la izquierda filoetarra, generó confusión sobre el papel que correspondía a los populares en la alternativa constitucional que había desalojado al PNV del poder.

La suma de estos factores no es condición suficiente, pero sí necesaria, para entender el resultado electoral del PP. El resto lo pone una sociedad que no tiene problema alguno en convertir a la tapadera política de ETA en su segunda fuerza parlamentaria y que, en efecto, es capaz de llevar en volandas a la Cámara de Vitoria a los que disculpaban los asesinatos de ETA y sacar de ella a la hermana de Miguel Ángel Blanco. De esta tragedia, Basagoiti no es responsable.

EL éxito electoral de la izquierda proetarra genera toda una serie de interrogantes morales y políticos sobre la sociedad vasca, resumidos en la paradoja de que el cese de la violencia etarra no ha premiado a quienes lo han logrado y han sido víctimas del terror, sino a quienes han sido y siguen siendo sus apologistas. Ante una respuesta social de esta naturaleza, las estrategias políticas que haya podido seguir el Partido Popular pasan a un segundo plano, sin ignorar la parte de responsabilidad que le corresponde en su revés electoral del 21-O.

Cataluña
Los iluminados oscurantistas
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 24 Octubre 2012

Es increíble el orgullo con que algunos iluminados oscurantistas y sus corifeos mediáticos se jactan de movilizar masas humanas –cuya magnitud exageran impúdicamente– cuando todavía está fresco el recuerdo de las multitudes que aclamaban a líderes totalitarios y que dibujaban banderas y lemas sectarios con sus cuerpos en plazas y estadios deportivos. Los más memoriosos evocan a los creyentes que seguían a falsos mesías para suicidarse en la selva de Guyana o para dejarse achicharrar en el templo de Waco. Sólo cuando los ciudadanos se deciden a razonar por sí mismos dejan de ser material proclive a participar en estas exhibiciones de delirio colectivo.

La excentricidad del cruzado
Francesc de Carreras desmenuza las provocativas respuestas que dio Artur Mas en un reportaje a calzón quitado (La Vanguardia, 12/10) y hace un inquietante diagnóstico:

Nos encontramos ante un tipo de personaje, muy estudiado por los psicólogos, que me causa un especial pavor: estamos ante un iluminado, una persona que ha escogido ser el instrumento de un misterioso destino que está decidido a asumir, pase lo que pase, tanto a él como a su país.

"¿El camino hacia la soberanía será largo?", le pregunta el periodista Barbeta. Responde:"Largo no sé si será, pero será duro, muy duro". Y añade:"Procuro aislarme todo lo que puedo del ruido mediático (...) Si no te atreves con un proceso así, tienes que terminar. Lo que no vale es quedarte de presidente de un país y dar la espalda a la mayoría del pueblo. Si no te atreves te tienes que ir. Y si te quedas, tienes que asumir el sufrimiento". Y remata la faena: "Tengo esperanza porque tengo fe". ¡Dios mío! ¿En manos de quién estamos?

(...)

Tenso el mentón, la mirada en el horizonte, aires de jefe de Estado. Este es el Artur Mas de las últimas semanas. Me da miedo.

Francesc de Carreras confiesa que hasta hace poco tenía a Mas por un tipo racional, educado en el Liceo Francés, estudioso, preparado, frío, analítico, moderado. Se equivocó. En mi libro Por amor a Cataluña. Con el nacionalismo en la picota (Flor del Viento, 2002) reproduje un artículo de Susana Quadrado, "Los jóvenes de Mas" (La Vanguardia, 4/12/2000), donde ya, en tan temprana, fecha se leía:

Son el nuevo aparato de Convergència. Hicieron sus primeros pinitos en política a finales de los años ochenta, muchos de ellos siendo todavía universitarios, enarbolando la bandera de una Cataluña soberana. En una década, estos jóvenes que tienen ahora entre 30 y 40 años han escalado hasta la dirección del partido, hacia puestos clave en el Govern de la Generalitat o ambas cosas a la vez. Artur Mas, de 44 años, y por tanto muy próximo generacionalmente a este núcleo de jóvenes emergentes, quiere tejer con ellos la nueva CDC (...) El pragmatismo político les ha hecho endulzar sus planteamientos soberanistas, a los que no renuncian. Porque ahora consideran que es el momento de hacer causa común para que Mas llegue a la presidencia de la Generalitat (...) Lo demás, dicen, ya llegará. Los jóvenes de Mas iniciaron su actividad política al abrigo de una persona, Oriol Pujol Ferrusola (quinto hijo del president), y de una organización, la Joventut Nacionalista de Catalunya (JNC).

Santo apócrifo
Hoy asistimos a la culminación de la carrera del iluminado. Pero ¿por qué oscurantista? No me canso de insistir en el hecho de que en el proyecto urdido para Cataluña se respiran aires medievales, carolingios, feudales, austracistas... cualquier cosa menos europeos y occidentales del siglo XXI. Si el lector me perdona la falta de modestia, volveré a remitirlo a mi libro, donde relato un episodio que pone en evidencia la excentricidad, mitad mística, mitad guerrera, del cruzado secesionista.

Cuando La Vanguardia pidió a Mas, lo mismo que a otros políticos catalanes, que se fotografiara, durante los Carnavales del 2001, con el disfraz que mejor reflejara su personalidad, el resultado fue un estrambótico y ensoberbecido Sant Jordi, enfundado en una cota de malla de 25 kilos, lanza en ristre, pisoteando a un ridículo híbrido de lagartija y dragón de utilería. La imagen quedó conservada para los historiadores futuros en el suplemento "Vivir" de dicho diario (25/2/2001). Mas explicó que había elegido a aquel "héroe" porque tenía

gran voluntad y coraje para superar dificultades, era persona conocida por su generosidad hacia los demás, un hombre, vaya, un santo, que además repartía riqueza. Y porque es un símbolo de catalanidad.

Imagino que Mas no aprendió estas mitologías en el Liceo Francés, sino en textos de adoctrinamiento identitario como los que se utilizan en las escuelas catalanas, textos que el ministro José Ignacio Wert quiere sustituir, con muy buen criterio, por otros de historia. El tal Jordi ya no figura en el santoral de la Iglesia católica, y su patética caricatura tampoco está en condiciones de obrar, desde la Generalitat, los prodigios que justificarían su pose. En Cataluña ningún santo apócrifo reparte riqueza: el 29,5% de la población, es decir, 2.200.000 personas, se halla en situación de riesgo de pobreza (editorial de LV, 12/10). El taumaturgo debió confesar otra prueba de su impotencia: su quimérica Ítaca quedará fuera de la UE "según la letra estricta de los tratados europeos" (LV, 16/10). Fracaso este último que demuele todas las mentiras con que sus acólitos intentan convencer a los ciudadanos, y sobre todo a los emprendedores, de que la secesión les abrirá las compuertas de la opulencia. Nada de milagros: iremos a la cola de aspirantes a ingresar en la Unión Europea, detrás de los turcos y los kosovares (v. el impecable artículo de Francesc de Carreras "Las 24 horas de Mas", LV, 18/10).

Totalitarismo horizontal
Hemos visto que, en realidad, Artur Mas sólo es la cabeza visible del clan de iluminados oscurantistas, en el que ya se perfila como próximo heredero Oriol Pujol Ferrusola, copiando el modelo dinástico de Argentina, Cuba, Corea del Norte y otros enclaves del Tercer Mundo. Pero hay que tener cuidado con los calificativos. Miquel Roca se indignó, con razón, porque algún antagonista lo había tildado de nazi (LV, 16/10). No se trata de que su condición de antiguo ponente de la Constitución lo haga intocable –sus correligionarios desobedecen, maltratan e impugnan la Constitución sin que él se inmute–, sino de que, sencillamente, no es nazi, y punto. Siempre he sido enemigo de banalizar las aberraciones del nazismo y el comunismo utilizándolas indiscriminadamente como arma arrojadiza contra cualquier adversario. Sólo se les pueden reprochar a quienes reivindican ostentosamente esos regímenes e ideologías. Comparados con aquellas aberraciones, los desmanes de los iluminados oscurantistas no pasan de ser mezquinas travesuras de hooligans políticos.

Lo que sí me parece correcto es encuadrar estas aventuras retrógradas en la categoría más general de los totalitarismos. Vuelvo a mi inveterada costumbre de reproducir textos ajenos que me parecen más precisos y didácticos que los míos. Escribió Antonio Elorza ("Cataluña, democracia aclamativa", El País, 6/10):

No tenemos delante una democracia representativa sino la democracia aclamativa de Carl Schmitt, donde el voto es puesto al servicio de la aclamación del Pueblo, encargada de rubricar la decisión del Líder carismático. Para confirmarlo, como en otros procesos de nacionalización forzosa, entra en escena la visión maniquea propia del totalismo o totalitarismo horizontal. Se trata de imponer la homogeneidad política de una sociedad por un sector de la misma, a partir de la distinción entre puros (independentistas) e impuros (españolistas), en torno a un estandarte sagrado (Cataluña, "la naciò"), impulsando la conversión del otro (ejemplo, PSC) o su marginación política y cultural definitiva. Instrumento: el monopolio del espacio público y de la comunicación a favor del efecto mayoría y de las sanciones implícitas pero efectivas al resistente.

De nada valen ensayos para juegos florales apelando a la concordia. En Cataluña el problema hoy no es de independencia, sino de democracia.

La pregunta al ciudadano no debería ser, como propuso Artur Mas, un simplista y tramposo (LV, 12/10) "¿Usted desea que Catalunya se convierta en un nuevo Estado de la UE?", sino, por respeto a la inteligencia de dicho ciudadano: "¿Usted desea que Cataluña vuelva a las condiciones de vida políticas y sociales de 1713, y que, como anunció el presidente de la Generalitat (LV, 16/10), según la letra estricta de los tratados, Cataluña quede fuera de la Unión Europea?".

Si los iluminados oscurantistas renunciaran a valerse de mitos, leyendas y mentiras de patas cortas sobre la permanencia en la UE, y renunciaran al monopolio chavista y kirchnerista de los medios de comunicación, se podría decir que el debate se ha encauzado por carriles democráticos. Entonces, si por lo menos 3.240.000 ciudadanos (el 60% de los 5.400.000 inscriptos en el censo electoral de Cataluña, o sea, la "mayoría clara" que exige Canadá) votaran afirmativamente, podría iniciarse el complicado proceso constitucional para aprobar la independencia y, lograda esta, el aun más complicado trámite para ingresar en la UE.

El carcelero se va a casa
Abandona por su propio pie el centro donde permanecía desde el 1 de agosto. Bolinaga fue recibido en Mondragón con el grito etarra «¡dale hasta conseguirlo!»
María Luisa G. Franco La Razón 24 Octubre 2012

SAN SEBASTIÁN- El etarra Josu Uribetxebarria Bolinaga salió ayer, por su propio pie y saludando a las cámaras de televisión, del Hospital de Donostia, minutos antes de las siete y media de la tarde. Arropado por su familia y por miembros del colectivo de apoyo a los presos de la banda terrorista, Herrira, el secuestrador de Ortega Lara parecía encontrarse débil, pero tenía mejor aspecto que cuando hace poco más de un mes, el pasado 13 de septiembre, fue trasladado a la habitación 220 del Edificio Guipúzcoa del centro hospitalario, después de que la Audiencia Nacional le confirmara la concesión de la libertad condicional.

Bolinaga llevaba ayer una chapela con una insignia de apoyo a los presos de ETA y al salir del hospital se abrazó al portavoz del colectivo Herria, Jon Garai, que se movilizó para reivindicar su puesta en libertad, a pesar de su condena a 210 años de cárcel por tres asesinatos y un secuestro. Vestía un chándal negro y ropa de monte y llevaba en la mano una botella de agua. En un coche de su familia, conducido por su hermano, viajó hasta su domicilio en Mondragón, del que no podrá ausentarse sin autorización judicial previa. Al llegar a la localidad, varias decenas de personas le esperaban para homenajearle, primero con un aurresku y luego agitando banderas a favor de los presos y luego coreando uno de los gritos habituales de la banda terrorista: «¡Jo ta ke, irabazi arte» («¡Dale hasta conseguirlo!»). En esa localidad seguirá el tratamiento médico para el cáncer que padece y no se descarta que vuelva al Hospital Donostia a recibir sesiones de quimioterapia y radioterapia.

El alta médica se produjo a primera hora de la tarde, pero Uribetxebarria tuvo que esperar varias horas hasta que se redactó el informe médico que recibirá Instituciones Penitenciarias. Bolinaga tuvo que pasar por la cárcel de Martutene antes de dirigirse hacia su domicilio para ser informado, por orden del juez central de Vigilancia Penitenciaria, José Luis Castro, de las medidas que debe cumplir durante su estancia en su domicilio. Como requisitos para mantener la libertad condicional, Bolinaga tendrá prohibido acercarse al domicilio y el lugar de trabajo de sus víctimas o de los familiares directos de éstas, así como participar en manifestaciones públicas de enaltecimiento o legitimación de la violencia de ETA. También tiene prohibido hacer declaraciones que conlleven desprecio a las víctimas del terrorismo o pudieran ofenderlas. Bolinaga llegó al Hospital Donostia en ambulancia, desde León, el pasado 1 de agosto. Una semana después, el día 8, comenzó una huelga de hambre, que mantendría durante veinte días, para reclamar su libertad, en base a la enfermedad terminal que padece. El trece de septiembre salió del modulo hospitalario destinado a los presos y fue ingresado en la habitación 220 del Edificio Guipúzcoa, donde ha estado ingresado durante cuarenta días, recibiendo cuidados médicos y respaldado en todo momento por su familia. Allí fuimos testigos el pasado 14 de septiembre de cómo el médico que le visitó dijo a sus familiares que iría mejorando poco a poco. Ellos nos comentaron que, a pesar de la huelga de hambre, en ningún momento había interrumpido su medicación contra el cáncer, que seguirá tomando en su domicilio de Mondragón. Allí no está previsto que se hagan homenajes, ni actos de apoyo, según ha pedido el propio Bolinaga al colectivo de presos de apoyo Herria.

¿Estado confederal? Imposible
Francesc de Carreras L Vanguardia  24 Octubre 2012

A los efectos de poseer conocimientos, es mucho mejor estar en el error que en la confusión. Alguien creo que dijo esto o algo muy parecido. Y si nadie lo ha dicho, tal afirmación me parece un acierto. El error te permite rectificar si te convencen nuevos argumentos. En cambio, la confusión implica siempre un desorden mental que te recluye en un laberinto sin salida.

La confusión suele comenzar por el mal uso de las palabras. Es lo que sucede con los términos confederal y federal. Política y jurídicamente se trata de conceptos de naturaleza distinta. Sin embargo, con demasiada frecuencia se considera que sus diferencias son sólo de grado: en el Estado confederal, se dice con algo de razón, los territorios que lo componen gozan de mayor autonomía que en el federal. Pues bien, la confusión ya empieza ahí: una confederación no es ni siquiera un Estado, por el contrario una federación sí lo es. Veamos.

Los rasgos básicos de una confederación, expresados de forma muy sucinta, son los siguientes. En primer lugar, su fundamento jurídico es un tratado internacional, dado que los sujetos que lo constituyen son Estados soberanos que siguen conservando su soberanía. En segundo lugar, las instituciones de una confederación -normalmente una asamblea como órgano superior de la cual depende un órgano ejecutivo- están compuestas por delegados de los estados miembros que actúan a la manera de embajadores de estos y, por tanto, sometidos al mandato de sus gobiernos respectivos. En tercer lugar, las normas y los actos políticos que emanan de la confederación obligan sólo a los estados, los cuales se encargan, en su caso, de que sean respetados por sus ciudadanos mediante el ordenamiento jurídico interno. Las relaciones jurídicas se establecen, por tanto, entre la confederación y los estados que la forman, no entre la confederación y los ciudadanos de cada uno de estos estados.

Así, la ONU o la OTAN, que tienen, aunque sea débilmente, naturaleza confederal, no imponen directamente obligaciones jurídicas a los ciudadanos españoles, sino sólo de forma indirecta mediante mandatos al Estado español. Por otro lado, la pertenencia a estas organizaciones no supone renuncia alguna a la soberanía exterior de España sino, simplemente, implica la cesión del ejercicio -no la titularidad- de algunas competencias al ratificar los tratados respectivos. Por tanto, la confederación no tiene naturaleza estatal, dado que está regulada mediante un tratado internacional y no por una norma de derecho interno.

En el Estado federal, por el contrario, la soberanía no reside en los territorios que lo integran, sino en el conjunto del pueblo, es decir, en todos y cada uno de sus ciudadanos. No se funda en un tratado sino una constitución emanada del poder constituyente que reside, precisamente, en dichos ciudadanos, individuos libres e iguales. Esta constitución, norma suprema, determina dos esferas de poder: una corresponde al Estado central, es decir, a la federación, y otra a los estados miembros (también denominados länder en Alemania o Austria, cantones en Suiza, provincias en Canadá o comunidades autónomas en España). A su vez, cada una de estas esferas tiene sus propias instituciones públicas que regulan y gobiernan su propio ámbito de competencias garantizando derechos e imponiendo obligaciones directamente a sus ciudadanos. Por último, los parlamentos de los estados federales suelen estar compuestos de dos cámaras representativas de los ciudadanos: una al conjunto de todos ellos, otra a los de cada estado miembro.

Pongamos el ejemplo de Estados Unidos, el primer Estado federal. La soberanía reside en el pueblo, no en los estados. Recordemos las primeras palabras de su texto constitucional: "We the people of the United States...". La Constitución es, pues la expresión máxima de la voluntad de todo el pueblo y, por tanto, es la norma jerárquicamente superior a las demás, garantizada por los jueces. Desde el punto de vista institucional, el presidente, el Congreso y el Tribunal Supremo son los máximos órganos federales, mientras que el gobernador, el Congreso y el Tribunal Supremo de cualquiera de los estados que lo componen (por ejemplo, California), son los máximos órganos en su ámbito territorial. En el Senado -que junto a la Cámara de Representantes forman el Congreso- están representados los ciudadanos de los estados.

Así pues, en la confederación la soberanía reside en los estados, en la federación en los ciudadanos. En la confederación se regula el derecho de secesión de una parte, en un Estado federal no hay derecho de secesión porque la soberanía reside en un todo, en el conjunto de los ciudadanos. ¿La independencia de Catalunya puede consistir en que España pase a ser un Estado confederal? Imposible. Primero porque como hemos visto una confederación no es un Estado. Segundo porque hay que ser un Estado soberano para proceder a confederarse con otro. Por tanto, vayamos por orden: conseguir un Estado propio es previo a confederarse con otros estados. La confederación no es una variable del Estado federal, sino una institución de naturaleza muy distinta.

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Xavier Horcajo: "El PP sangra a los españoles para tapar las vergüenzas del sistema político"
Félix de Azúa en El País: "Pere Navarro ha hecho de Montilla un Churchill"
Antonio José Chinchetru. Periodista Digital 24 Octubre 2012

Este humilde lector de columnas ha de recuperar el 24 de octubre de 2012 un lamento que ya expresó en el pasado --El País y el director de La Vanguardia celebran la libertad condicional para el terrorista Bolinaga--. Nos preguntábamos entonces, de forma retórica y para expresar una queja, a qué hora debía ocurrir algo para que fuera comentado por los columnistas del papel: ¿A las 7 de la mañana?

Aquello sigue siendo válido, con el añadido de que el siniestro protagonista de la noticia es el mismo.

Apenas pasados unos minutos de las 7 de la tarde del 23 de octubre, la mayor parte de los medios españoles ya habían contado que el terrorista Bolinaga se marchaba a su casa. A pesar de que hubiera dado tiempo a que algún columnista tratara el tema, nadie lo hizo. Suponemos, es cierto, que les daría pena descartar un texto ya escrito para hacer el esfuerzo de escribir otro diferente.

En definitiva, en el mundo del papel funciona todavía esa vieja lógica de publicar opiniones el jueves sobre lo ocurrido el martes. Siguen sin darse cuenta que, para entonces, cualquier cosa que se pueda decir habrá sido ya expresada en algún medio online.

Y, en esa misma lógica de la prensa de papel, el tema dominante en las columnas del miércoles sigue siendo las elecciones gallegas y vascas del domingo. Cierto es que existe alguna otra cuestión, y lo más destacable será comentado en este 'Alfilando columnas'.

Comencemos en esta ocasión en La Gaceta, donde el PP recibe elogios y duras críticas a partes iguales. Vayamos a las segundas, de la mano de Xavier Horcajo y su artículo 'La ley del recorte'. Compara los sistemas políticos español y estadounidense, con datos que muestran al primero como sobredimensionado. Recuerda que España, con 45 millones de habitantes, tiene 350 diputados y 266 senadores, frente a un EEUU (311,5 millones de habitantes), con una Cámara de Representantes con 435 miembros y un senado con 100 escaños. Añade:

La cuestión es que la terrible crisis arroja un saldo del 8% de desempleados en EE UU. Y que eso le puede costar a Obama la Casa Blanca. En España el saldo es del 24,5%, incluso en Mali, la tasa de paro es más baja.

Dice además que en EEUU creen "en reducir el Leviatán público y fomentar el esfuerzo propio". Y compara una vez con España:

La alternativa -el PP- habla se subir impuestos como el PSOE; no apoyan a los pequeños empresarios y a los autónomos para que sigan vivos. Han decidido sangrarles para tapar las vergüenzas de un sistema político que ha dejado de ser sostenible y no son capaces de recortar ni las subvenciones.

Crítica, por tanto, al PSOE. Pero sobre todo al PP, que actúa al contrario de cómo debería hacerlo.

En el mismo periódico encontramos, sin embargo, también elogios al partido de Rajoy, sobre todo a su líder en Galicia. Javier Algarra sostiene en 'Maneras de gobernar' que:

La clamorosa victoria de Alberto Núñez Feijóo en las elecciones del domingo pone de manifiesto que no todo está perdido en este desestructurado país en el que vivimos y que todavía el trabajo bien hecho y la gestión acertada al frente de la administración se ven recompensados por el apoyo de los votantes. No solo ha vuelto ha ganar, sino que lo ha hecho con una mayoría absoluta todavía más abultada.

Concluye con un mensaje al presidente del Gobierno:
Que no se engañe Rajoy, las manifestaciones y algaradas callejeras no son más que el ruido de una minoría, sectaria y demagógica, que no responde a la voluntad de la mayoría. Pero que tampoco olvide cuál era el programa que prometió al solicitar el voto. Puede pedir esfuerzos si a cambio demuestra firmeza en sus convicciones y no se aleja de sus promesas. Todavía está a tiempo. Alberto Núñez Feijóo lo ha demostrado, hay maneras y maneras de gobernar. Y él ha escogido la buena.

En El País prefieren centrarse en el futuro del PSOE. Y quien trata a fondo el tema es el escritor Félix de Azúa, que firma el artículo Después de la caída. Predice que el desastre socialista en Galicia y el País Vasco es sólo un "anticipo" de lo que ocurrirá en Cataluña, y añade: "Este país es peligroso, pero lo sería mucho más sin el PSOE". A partir de ese punto se muestra immisericorde con la formación de Rubalcaba y Elena Valenciano:

En primer lugar, los dirigentes del partido han de ser lúcidos sobre sus errores. Han de averiguar (o decidir) si la desafección se produce, sobre todo, por su incomprensible deriva nacionalista. La habitual alianza con toda clase de partidos patrióticos ha acabado por desconcertar al elector. Si alguien vota socialista, ¿qué está eligiendo? ¿A los que legalizaron Bildu? ¿A los casi independentistas catalanes, como el conjunto Maragall? ¿O a los sindicalistas andaluces? Este primer punto debe esclarecerse de inmediato, teniendo presente que el socorrido "federalismo" no se lo cree nadie. Es más, no se lo creen ni quienes se dicen federalistas porque no han sido capaces de aclarar a qué federalismo se refieren, en qué consiste y por qué iba a servir para algo.

Sobre este punto, el antiguo votante socialista cree recordar que el partido fue, algún día, un partido español y constitucional. Y que tenía perfectamente claro que el nacionalismo solo puede ser una ideología reaccionaria.

Sigue con el clientelismo:
Sin llegar a la siniestra etapa de Zapatero, los lugares en donde aún mandan los socialistas, como Andalucía, son semilleros de funcionarios, de empresas paraestatales o semiestatales, de subvenciones opacas, de ayudas nepóticas, de consejeros, ayudantes, comisionados y una infinidad de empleos subalternos que no tienen la menor utilidad, pero gracias a los cuales viven miles de afiliados al partido y sus familiares.

Y no termina ahí la cosa. Tras defender que hace falta un pacto entre el PP y el PSOE contra la crisis, dice:

No hay la menor indicación de que ese pacto haya sido imposible debido al rechazo del PP, como suelen aducir en el PSOE. El constante acoso a los ciudadanos (esta semana hay en Madrid convocadas 80 manifestaciones, ¡80!, además de la huelga de transportes) se percibe siempre, justa o injustamente, como una cacería propiciada por el partido socialista, como si este buscara la identificación con Grecia en las fotografías de la prensa anglosajona.

Pide que cambie la cúpula dirigente, procedente en gran parte "de la nefasta etapa de Zapatero". No libra a nadie de sus dardos, dirigidos contra Rubalcaba, Chacón y Pere Navarro, del que dice que "ha logrado convertir a Montilla en un Churchill". Añade:

Por mera prudencia, el PSOE debería ir preparando un desembarco en Cataluña con sus propias siglas.

El artículo concluye:
De manera que son las nuevas generaciones socialistas las que deben imponer su criterio. Si este es el de una radicalización que les aproxime a los comunistas, bienvenida sea. Y si por un milagro se plantean una política menos ideológica y más pragmática, menos reaccionaria y más técnica, una política que tenga menos que ver con la imagen y más con la realidad, a lo mejor es posible volver a votarles algún día.

Elvira Lindo trata en la contraportada del diario de PRISA, bajo el título de ¡Emprendedor!, una cuestión muy diferente. Habla, precisamente del término "emprendedor". Sostiene que:

Pueden ser manías personales, lo asumo, pero esta palabra contiene, en el uso actual, unas connotaciones ideológicas que detesto.

En algo coinciden Lindo y este humilde lector de columnas, aunque nos tememos que por motivos diferentes. Tanto como detestar, no, pero no nos agrada que se hable de "emprendedor". Se trata del modo políticamente correcto de llamar al empresario, esa persona muchas veces admirable --también los hay detestables, no nos engañemos-- y en ocasiones heróica a la que muchos izquierdistas y no pocos derechistas quieren ver como la personificación del mal.

Lo que llaman emprendedor no es más que eso, alguien que se lanza a una aventura empresarial, asumiendo riesgos y jugándose mucho. Es por tanteo, un empresario.

Para la columnista:
Lo inaudito es que la palabra se haya colocado en el top ten de términos que tienen como fin ennoblecer cualquier discurso precisamente cuando a las personas jóvenes más difícil les resulta levantar de la nada una empresa. No ya porque los bancos no den créditos, sino por la interminable burocracia que se ha de sortear y sobre la que este periódico informaba ayer mismo con datos provenientes del Banco Mundial. Por un lado, se extiende la idea de que del paro y la desesperación puede salir uno mismo si se atreve a montar una empresilla original, rompedora, atractiva y medio artesanal; por el otro, la estructura legal de este país no hace más que poner palos en las ruedas a quienes tratan de hacerlo.

Concluye con algo que es muy cierto:
Es un discurso muy americano ese que entiende que la salvación depende solo de uno mismo. La diferencia es que allí esa feroz mentalidad capitalista cunde de manera mucho más coherente y la palabra emprendedor cobra sentido: asumes riesgos pero el Estado no se dedica a castigarte por ello.

¡Qué se paren las máquinas! ¡Elvira Lindo ha descubierto las virtudes del capitalismo, del libre mercado, y el daño que hace el intervencionismo! Pero no se lo cuenten a ella, no vaya a ser que el próximo artículo que escriba sea para pedir perdón por este hermoso momento de debilidad.

Enric Juliana habla del PSOE en La Vanguardia, con el título de El envenenado regalo de Lakoff. El arranque es propio de una novela, casi cinematográfico:

El PSOE comenzó a perderse el día que José Andrés Torres Mora regaló a todos los miembros de la ejecutiva socialista el libro de George Lakoff 'No pienses en un elefante'. Debo de advertir que Torres Mora es una excelente persona. Un hombre de trato cordial, inteligente, sinceramente preocupado por la injusticia social y por los mecanismos económicos, tecnocráticos e incluso tecnológicos que refuerzan el carácter oligárquico del poder, en una sociedad aparentemente democratizada por los dispositivos electrónicos de intercambio ultrarrápido de sonrisitas, fotos de cumpleaños y mensajes de 140 caracteres, más o menos ácidos o ingeniosos.

Repasa en qué consiste la obra en cuestión, que ha sido clave en la estrategia de Obama (aunque su aplicación en España es más complicada):

El neurolingüista Lakoff, asesor del Partido Demócrata de Estados Unidos, estudió con atención las tácticas de polarización del movimiento neoconservador, llegando a la conclusión de que los progresistas han de combatir en ese mismo terreno. Olvidémonos del centro y de la falsa moderación, dice Lakoff, lo importante es quién construye los mejores frames, los marcos mentales, las metáforas que logran articular el debate político, puesto que el hombre piensa siempre con imágenes. Torres Mora difundió el libro y el PSOE comenzó a pensar en los elefantes. Además de los cursillos de telegenia en la sede de la calle Gobelas de Madrid, todos a construir marcos. Pasión por el frame. Hasta que se produjo el accidente.

Tras repasar los errores de Aznar al aplicar las técnicas de comunicación de los neoconservadores de EEUU, analiza a Zapatero, y se muestra cruel:

El accidente de Zapatero fue distinto. Cuando aparecieron los primeros nubarrones de la crisis -verano del 2007-, algunos de sus asesores y un ilustre financiero (entonces ocupado en la adquisición de un banco en la temible City) le dijeron: "Presidente, no pienses en la crisis, esas nubes son americanas y seguramente pasarán de largo". Lakoffianamente, Zapatero negó la crisis con tanta obstinación que después, cuando se desató la tormenta, pasó lo que pasó. Desde entonces, el PSOE está aprisionado por una máscara de hierro. La máscara de Lakoff.

Concluye:
A veces pienso que la política española, desgraciadamente carente de tradición democrática en los años de lenta cimentación del ideal europeo, ha manejado de manera infantil las técnicas de combate importadas de Estados Unidos. Ha comprado los marcos y los ha colgado en la sala del comité ejecutivo sin quitarles las cantoneras de cartón.

En El Mundo nos encontramos a un Rubén Amón que en Tiempos modernos se muestra fascinado con el nacionalista gallego Xosé Maniel Beiras . Tras defender que las elecciones gallegas "tanto las ha ganado Rajoy como las ha perdido Rubalcaba", sostiene:

El problema es que la evidente agonía política de Rubalcaba no justifica la euforia temeraria del PP. Temeraria porque se pretende trasladar que Rajoy ha ganado las elecciones gallegas mientras que las vascas las ha perdido Basagoiti. Temeraria porque el presunto plebiscito de Galicia subestima los méritos concretos de Núñez Feijóo. Temeraria porque el rescate político de Santiago Apóstol relativiza la envergadura del frente independentista en el País Vasco. Y temeraria porque la paradoja de estos comicios periféricos consiste en que la gran revelación ha sido precisamente el candidato más anciano de cuantos se presentaban: Xosé Manuel Beiras.

Dice del nacionalista gallego:
Su aspecto patriarcal y su discurso alternativo lo convierten en un tipo simpático y extravagante. Nos cae bien Beiras porque sabemos que no va a gobernar, pero la sorpresa de su resultado desahucia a los sabuesos del CIS -le otorgaban un escaño y ha ganado nueve- y se antoja un síntoma preocupante del antisistema.

Concluye:
Resulta asombroso su parecido físico con Beppe Grillo. La diferencia es que el humorista italiano no parece resignado al papel de una extravagancia territorial, sino a un fenómeno transversal que amenaza la supervivencia de la casta política. La italiana en primer lugar. Y cualquier otra en cuanto surja un mesías accidental. Exactamente igual que Chaplin recogiendo del suelo la bandera roja sobre el asfalto caliente de 'Tiempos modernos'.

Por su parte, Manuel Jabois se pone provocador con Españolizar la pobreza. Comienza diciendo que se multiplican en la calle carteles como "Español sin trabajo" o "Español en paro", a lo que añade:

No deja de ser curioso que en España, cuando no hay fútbol, los que más presuman de nacionalidad sean las putas y los pobres, y que lo hagan además por negocios. Son dos colectivos que entienden que cuanto más cerca, mejor, pues el morbo y la compasión exigen denominación de origen.

Concluye:
Si algo se ha españolizado en los últimos tiempos es el pordioseo, a donde han ido a parar los expulsados de sus casas por bancos sostenidos con el dinero racaneado a la prevención del pordioseo. Esa pescadilla no se muerde la cola sino el culo, por eso ahora hay tanta gente sentada al frío españoleando, que es lo que le queda al patriota cuando su Gobierno redecora los despachos antes que limpiar la grasa de la cocina: pintar la banderita en un cartón y decir olé para que distingamos el hambre española de la otra. Aún nos va a rescatar Uganda.

Decíamos al iniciar este repaso diario a las columnas de opinión de papel que ningún columnista ha escrito sobre Bolinaga. Siendo cierto, hay que reconocer que al menos uno sí ha tratado algo relacionado con este asunto.

Se trata de Alfonso Ussía, que siempre se ha mostrado muy próximo ha quienes han sufrido en sus propias carnes el terrorismo de ETA. Su columna en La Razón se titula Las pesadas víctimas. En realidad, es una queja de la deriva del trato a las víctimas por parte del Partido Popular:

Muchos años más tarde, y no del todo, los familiares de aquel atentado de la ETA [el incendio provocado del hotel Corona de Aragón] fueron reconocidos como víctimas del terrorismo. Pero con reservas. Los familiares de las víctimas, como dijo meses atrás un impertinente dirigente del PP en las Vascongadas, eran unos pesados. Unos pesados sin padres, sin hermanos y sin hijos, dato que se le olvidó al moderno dirigente.

Recuerda:
Sucede que en el País Vasco nacía un Partido Popular sin complejos, fuerte, salido de la casi nada, compuesto por auténticos héroes. Gregorio Ordóñez, Jaime Mayor Oreja, María San Gil, María José Usandizaga, Regina Otaola, José Ramón Caso, Miguel Ángel Blanco... Podría llenar la página con sus nombres. Unos viven y otros fueron asesinados. Aquel Partido Popular se enfrentó al terrorismo para defendernos a quienes vivíamos cómodamente en la lejanía de la tragedia. Aquella firmeza, aquel valor y aquellos argumentos, recibieron en las urnas vigiladas por los asesinos un apoyo ciudadano consistente y admirable.

Compara:
No pretendo menospreciar el trabajo de Basagoiti y su equipo, pero nada tiene que ver aquella firmeza con las actuales componendas, que se han traducido en un rotundo fracaso electoral.

Y concluye:
Jaime Mayor y los suyos supieron mantener, después de reivindicarlas, unidas a las víctimas. Hoy están diseminadas y enfrentadas. Jaime Mayor y los suyos se hartaron de llorar en los entierros de sus compañeros asesinados. Jaime Mayor y los suyos encontraron en la ciudadanía vasca la recompensa merecida de los votos. Hoy, nada de aquel PP valiente y decidido, o casi nada, queda y se mantiene. Se les ha llamado estridentes y exagerados, y no han errado ni un milímetro en sus vaticinios. Han sido exterminados por la envidia y repudiados por los cantos de sirena. Y ahí están los resultados. Hoy les dedico a todos ellos estas palabras de gratitud. Sin ellos, llevaríamos tiempo en la antesala de la casi nada. Ahí, donde ahora nos encontramos con argumentos, con palabras, con la razón y sin escaños.

Habrá que esperar al jueves para leer alguna columna sobre un Bolinaga que el martes se marchó tranquilamente a su casa y fue recibido por alegría por los proetarras. Pero, al menos, el miércoles hemos podido leer una columna en homenaje a las víctimas de este y otros muchos etarras.

El significado de las palabras
M. TERESA GINÈS. DIARI DE TARRAGONA  24 Octubre 2012

Me parece increíble que el Sr Mas, según él mismo ha explicado, le asegure al presidente del grupo Planeta que no tiene de qué preocuparse porque en la Cataluña futura el castellano estará normalizado.

Y eso ¿qué significa? ¿Se acabarán las multas lingüísticas y se pedirán disculpas a las personas afectadas? ¿Permitirá el bilingüismo en la escuela como reflejo de la realidad social? ¿Velará porque en las instituciones públicas se ofrezca la información en las dos lenguas oficiales? ¿Luchará para que hablar catalán no tenga más peso que la capacitación profesional? ¿Cambiarán estas situaciones tan absolutamente injustificables en un estado democrático?

 Permítanme que lo dude. Entonces, ¿qué significan sus palabras? Parecen indicar que permitirá el uso del castellano cuando procure prestigio y beneficios. Todo un ejercicio de doble moral ya que las empresas soportan mucha presión para que ofrezcan todos sus servicios y publicidad únicamente en catalán, y también porque el Govern se ha saltado repetidamente sentencias de los tribunales que apoyaban derechos lingüísticos de los ciudadanos recogidos en la Constitución.

A mí me parece que en una Catalunya independiente lo que perderíamos serían derechos, por eso no soy independentista. Creo que por encima de cualquier ideología ha de estar siempre el respeto a los derechos de las personas.

"El asesino Bolinaga en casa y los facinerosos de Bildu en la de todos"
Twitter en contra de la decisión de Fernández Díaz de poner en la calle al sanguinario terrorista
Juan Velarde. Periodista Digital 24 Octubre 2012

Las portadas del 24 de octubre de 2012 llevan hoy mayoritariamente la imagen que muchos no querrían haber visto, empezando, por supuesto, por las víctimas del terrorismo. Con aire campante se ve al etarra Bolinaga ya fuera del hospital.

El que estaba muy malito y a punto de fenecer véanle, fresco como una sardina. Y algún asesor en la sede de Génova estará aún dándole vueltas al batacazo de Basagoiti.

Pues sólo tiene que bajar al quiosco más próximo y comprarse todos los periódico o consultar esta sección, a gusto de consumidor.

Pero no sólo de Bolinaga se nutren las portadas, también se destaca la enésima bravata de Mas a Rajoy, la denuncia de varios políticos catalanes para que la UE impida una intervención militar española, las previsiones del oráculo Montoro sobre el fin de la crisis o detalles muy turbios sobre el asesino y suicida de El Salobral.

El Mundo es uno de los que lleva a su portada la foto del siniestro Bolinaga y titulada con "El torturador de Ortega Lara, a casa". Así se escribe la historia. Un preso terminal, consumido por el cáncer y sale de prisión por su propio pie acompañado de algún familiar o acólito de la causa que este 'angelito' defendió con explosiva pasión durante sus años mozos.

El diario de Pedrojota lleva de apertura una noticia centrada en el independentismo más rancio y no, no se trata del nuevo órdago de Mas a cuenta del pacto fiscal, sino de que "Políticos catalanes piden a la UE que impida la 'intervención militar' española'. Desde luego, en Bruselas deben pensar que a los españoles les falta algo así como un tornillo, pero bien estas son las cosas de las listas cerradas, que se acaba eligiendo a gente que en condiciones normales no podrían ser ni presidentes de la escalera de su comunidad de vecinos.

Como noticia curiosa, siguen los problemas y los líos en la Casa Real y es que dos juezas han rechazado admitir a trámite sendas demandas de paternidad que afectaban directamente al Rey. Éramos pocos y pario la abuela le habrá faltado espetar al monarca tras conocer dicho intento de endilgarle hijos que supuestamente no lo son.

La Razón lleva como gran foto al terrorista Bolinaga con un título irónico, "El carcelero respira libre". En realidad, llevaba respirando libre hace ya algunas semanas, pero se ha esperado calladamente a que se celebrasen los comicios vascos y que los votos estuviesen en el zurrón de Bildu para entonces proceder al alta de este avieso sujeto que estaba en fase terminal (sí, de 'terminal' de cachondearse de las víctimas del terrorismo).

El diario de Paco Marhuenda destaca el nuevo chantaje de Mas a Rajoy de aceptar el pacto fiscal o atenerse a las consecuencias, consecuencias, aunque de otra clase, a las que tendrá que enfrentarse Rubalcaba que al final tendrá que dar hoy mismo explicaciones a los suyos de la debacle en las urnas.

Y como nota amarilla, como si fuese telesucesos, La Razón lleva un aspecto turbio de la biografía del asesino de El Salobral; su novia se ahorcó, un amigo murió en accidente de tráfico y otro se tiró a la vía del tren.

La Gaceta abre con las previsiones optimistas del ministro de Hacienda, "El Gobierno mantiene su apuesta: 2013 será el último año de recesión". Bueno, ya que va a venir Eurovegas a España se podría hacer una buena colecta y jugársela todo al mismo número, el 2013 a ver si es verdad que el cálculo de Montoro es o no el bueno. De todas maneras, después de vistas las predicciones de la bruja Lola que hizo el Ejecutivo de Zapatero, hoy toda conjetura respecto a la crisis se pone más que en tela de juicio.

La foto es también para Bolinaga, "El carcelero de Ortega Lara ya está en su casa". Ahí le ven, más chulo que un ocho y sin que nadie tenga que llevarle en la sillita de la reina porque se encuentre impedido (algo de lo que él es especialista visto su currículum expedido en la Universidad de la Muerte de ETA).

ABC, con una gran foto de la cabeza de Rajoy, que recuerda a esas portadas 'ansionanas', abre con "Rajoy destapa el chantaje de Mas". Luego también lleva la predicción de Cristóbal Montoro sobre que en 2013 es el final de la recesión o la salida de la cárcel de Bolinaga.

Pero el baño de realidad verdadero, no busque otro, lo da hoy El País. Uno observa su portada, al menos las noticias principales, y cree que se ha comprado el diario del sábado o del domingo.

Para empezar, Bolinaga ni existe en la primera plana, pero en cambio sí lleva a todo trapo una información trascendental que podría haber firmado cualquier representante del 15-M transmutado en fiel miembro del 25-S, "Los jueces denuncian los abusos del sistema de desahucios español". Así, con un par.

No se trata de perjudicar a nadie y, evidentemente, habrá personas a la que la crisis ha dejado con las dos manos a las espalda, pero vista así la noticia ahora resulta que la preocupación de los magistrados es que quien no paga sea echado de su vivienda, pero en cambio les dé menos cosa poner en la calle a un terrorista confeso. Para El País, eso es lo bueno, lo chachi y lo 'súper megadíver'.

Y la foto de portada, un miércoles más, para el señor Obama, al que el diario de PRISA coloca como ganador del último debate presidencial. Quizá sea la única alegría que se pueda llevar el periódico de la calle Miguel Yuste, siempre y cuando sobreviva a la convulsa situación laboral por la que atraviesa o que tengan que ser unos becarios quienes se encarguen de llenar los contenidos, que de todo puede haber en la viña del señor Cebrián.

Las víctimas, contra la excarcelación del etarra
Las asociaciones de víctimas han acogido con evidente disgusto la excarcelación de Bolinaga. Para la presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Ángeles Pedraza, la salida del hospital del carcelero de Ortega Lara, justo dos días después de las elecciones vascas, ha sido «premeditada». «Parece que estaban esperando que ganara Bildu para mandarle a casa», dijo ayer Pedraza a Ep. Por su parte, el presidente de la asociación Dignidad y Justicia, Daniel Portero, señaló que el etarra «podía haber cumplido la condena perfectamente en el hospital sin ningún tipo de problema» y añadió, en declaraciones a Efe que, como víctima del terrorismo, no entiende que se le haya ofrecido esa posibilidad.

Basagoiti pierde el 11% de los votos del PP vasco y Feijóo el 17% de los del PP gallego
www.outono.net/elentir/ 24 Octubre 2012

Aunque seguirá gobernando en Galicia con más ventaja, el Partido Popular debería reflexionar sobre las cifras de la jornada electoral de ayer. Y es que si el PP vasco pierde 16.241 votos, el 11,11% de los que obtuvo en 2009, descendiendo de 13 a 10 escaños, el PP gallego, aunque pasa de 38 a 41 escaños, pierde 135.492 votos, el 17,16% de los que obtuvo en 2009, según los resultados ofrecidos por la Xunta de Galicia y el Gobierno Vasco.

Un resultado con matices: el País Vasco perdió electores y Galicia los ganó
Por supuesto, estas cifras se pueden matizar, pero eso no mejora demasiado la cosa. El País Vasco ha perdido en estos 3 años 57.363 electores, el 3,22% de su población en 2009. En términos estadísticos, y sin conocer las causas de ese descenso de la población, 523 votos de los que ha perdido el PP serían atribuibles a ese descenso demográfico, quedando en 15.898 votos los que serían directa responsabilidad del partido, presidido por Antonio Basagoiti en esa comunidad.

En Galicia ocurre lo contrario: la comunidad ha ganado 48.290 electores desde 2009, un 1,82% más. Así pues, a pesar del aumento del censo electoral el PP gallego no sólo no gana votos, sino que los pierde. ¿Qué ha pasado con esos votos?

Las posibles vías de escape del voto del PP gallego
Si queremos saber a dónde han ido a parar esos 135.492 votos perdidos por Feijóo, podemos hacernos una idea con los siguientes datos:

La abstención en Galicia fue ayer del 36,20%. Un total de 832.678 electores no acudieron a las urnas. Esto se notó más en algunos núcleos urbanos: un 41,22% en Ferrol, un 38,69% en La Coruña, un 37,48% en Villagarcía de Arosa, un 37,29% en Bayona, un 37,19% en Lugo y un 36,92% en Vigo.
Ha sido sorprendente el aumento de votos nulos: un 2,55% frente al 0,89% de 2009. No obstante, salvo en Lugo, en Orense y en Pontevedra, que han quedado por encima de esa media, este voto parece haberse concentrado más en el rural.

El voto en blanco ha aumentado en un punto, hasta el 2,69%, sumando 38.410 votos. Esta forma de voto de protesta se ha concentrado más en las ciudades: un 3,58% en La Coruña, un 3,54% en Lugo, un 3,38% en Ferrol, un 2,98% en Orense, un 2,84% en Pontevedra, un 2,73% en Santiago y un 2,71% en Vigo.
UPyD ha conseguido en estas elecciones 21.212 votos. Significativamente, ha logrado un porcentaje mayor (1,48%) que en 2009 (1,41%), pero perdiendo más de 2.500 votos. Todo ello debido al efecto del aumento de la abstención, claro. Parece que el partido de Rosa Díez, lejos de arrancar en Galicia, se estanca y a la baja, aunque sigue reuniendo a buena parte del voto descontento con el PP en determinados temas. Muestra de ello es el porcentaje de votos de UPyD en las ciudades atlánticas, las que tienen mayor presencia de hispanohablantes: 2.996 votos en La Coruña (2,47%), 3.407 votos en Vigo (2,33%), 800 votos en Ferrol (2,30%), 929 votos en Pontevedra (2,24%) y 988 votos en Santiago (1,93%).

Sociedad Civil y Democracia, en su estreno, ha obtenido 15.781 votos, el 1,10%. Como en el caso de UPyD, se puede observar que su porcentaje ha sido mayor en núcleos urbanos de la costa atlántica gallega, donde se concentran más los hispanohablantes: 254 votos en Nigrán (2,84%), 3.738 votos en Vigo (el 2,56%, superando a UPyD), 147 votos en Bayona (2,43%, superando a UPyD, que tiene un concejal en esa localidad) y 727 votos en Pontevedra (1,75%). También ha conseguido porcentajes significativos en las poblaciones interiores del sur de la comunidad: 44 votos en La Mezquita (7,43%, precisamente el lugar de residencia de Mario Conde en Galicia), 267 votos en Tuy (3,01%), 248 votos en Puenteareras (2,29%) y 1.247 votos en Orense (2,24%). Significativamente, en la provincia de La Coruña el SCD ha obtenido resultados muy modestos, que quizás haya que atribuir a que el partido centró su campaña electoral en el sur de Galicia.

Los incumplimientos de Feijóo en materia lingüística le están costando muchos votos
Algunos llevamos casi tres años denunciando los incumplimientos de Alberto Núñez Feijóo en materia lingüística. A la vista está el coste electoral que ha supuesto esa traición para el PP, a pesar del relativo éxito -pues podrá seguir gobernando- que ha tenido vender una gestión al frente de la Xunta que en materia económica ha sido de lo menos malo que se puede ver en el mapa autonómico español. Desde luego, sería un error que Feijóo hiciese la lectura de que esos incumplimientos en materia lingüística le han beneficiado, porque está claro que no ha sido así. Ahí está el voto de protesta que lo atestigua, y eso a pesar de que el PP ha intentado evitar ese voto de protesta apelando al miedo, transmitiendo la idea de que o se votaba a Feijóo o cualquier voto de protesta a otra formación iría a parar a los nacionalistas.

Ayer el PP gallego tuvo la enorme ventaja de tener como contrincante a una izquierda muy dividida, lo cual ha hecho que ésta pierda escaños. El PSOE sigue en pleno descalabro. Con todo, entre los socialistas, el BNG y las escisiones de éste han sumado 653.620 votos. El PP ha conseguido 653.934. El señor Feijóo puede continuar este ritmo de pérdida de votantes y arriesgarse a ver qué pasa en las próximas elecciones.

El PP vasco se descalabra pero Basagoiti sigue sin dimitir
En cuanto al País Vasco, en 2005 María San Gil consiguió 210.614 votos, el 17,40%. En su debut como cabeza de lista del PP vasco en 2009, y tras presentar en octubre de 2008 una estrategia denominada “política pop”, Antonio Basagoiti obtuvo 146.148 votos, el 14,1%. En resumen: que en 4 años Basagoiti perdió 64.466 votos, pero el PP no dudó en hablar de “magníficos resultados” (¿?). Otros cuatro años después Basagoiti se ha quedado en 129.907 votos, el 11,73%.

En resumidas cuentas: desde la defenestración de María San Gil, el PP vasco ha perdido 80.707 votos, el 38,31% de los que en su momento consiguió la expresidenta del PP vasco. El fracaso es rotundo, y tiene unas causas difíciles de ocultar para cualquiera que haya seguido el constante descenso a la tibieza y la purga de cargos electos afines a San Gil que ha protagonizado la actual dirección del PP en esa comunidad. A pesar de ello, en vez de dimitir Basagoiti ha declarado que la firmeza del PP es ahora más necesaria que nunca. Pues ya se puede ir apartando, porque precisamente él es la personificación de la apuesta del PP vasco por la tibieza. De lo contrario habrá que preguntarse qué se propone Basagoiti. ¿Convertir al PP vasco en una fuerza extraparlamentaria? En fin, es alucinante la nula capacidad de autocrítica de esta gente…

Un ex presidente de la CCMA reconoce que "la tele catalana le ha comido el coco al 75% de la población"
"Trabajan por la independencia", dice Albert Sáez de los medios públicos catalanes
 www.lavozlibre.com 24 Octubre 2012

Madrid.- El ex presidente de la CCMA (Corporación Catalana de Medios Audiovisuales) Albert Sáez, reconoce que "la tele catalana le ha comido el coco al 75% de la población" desde que Artur Mas está en el cargo. Y es que, asegura, los medios públicos catalanes "trabajan por la independencia".

Conocedor de los medios catalanes, Albert Sáez no duda en asegurar que la prensa pública catalana trabaja codo con codo en las aspiraciones secesionistas de Mas, del que dice sin dudar que "ganará las elecciones porque la tele y la radio pública trabajan por la independencia y en solo dos años le han comido el coco al 75% de la población que quiere una consulta".

Sáez asegura en un artículo de 'El Periódico' que "el periodismo y la política necesitan de estereotipos para analizar la realidad. Pero cuando se toman patrones erróneos, el periodismo pierde credibilidad y los partidos políticos las elecciones". Albert Sáez llama así la atención sobre una televisión y una radios que nadan en la misma dirección que Artur Mas quiere.

Director adjunto de 'El Periódico de Catalunya', Albert Sáez ocupó el cargo de director de la CCMA en 2008 tras haber sido secretario de la misma desde 2006. Abandonó su cargo en marzo de 2010, cuando regresó al 'Periódico de Catalunya'.

Por enaltecimiento del terrorismo
Becerril pide la intervención de la Fiscalía ante el homenaje a etarras
Teresa Jiménez-Becerril pide la intervención de la Fiscalía de la AN ante el acto de homenaje a etarras que se celebró en Villava.
AGENCIAS Libertad Digital 24 Octubre 2012

La eurodiputada del PP Teresa Jiménez-Becerril ha pedido la intervención de la Fiscalía de la Audiencia Nacional en relación con el acto de homenaje a etarras que se celebró el pasado 6 de octubre en el municipio navarro de Villava, al considerar que se trata de un delito de enaltecimiento del terrorismo ante el que la Justicia debe actuar.

Jiménez-Becerril ha mostrado su indignación por la celebración de este homenaje y señala que no entiende cómo es posible que el alcalde de la localidad, Pedro Gastearena, no solo consintiera, sino que participara en el acto.

La eurodiputada se ha dirigido también a los máximos responsables del PSOE para trasladarles una queja formal y su "absoluta indignación" por el hecho de que miembros de su partido en Navarra hayan amparado al alcalde de Villava. Los socialistas navarros evitaron la reprobación al máximo representante municipal, planteada a través de una moción presentada el pasado lunes por el Partido Popular de Navarra, a la que se adhirió UPN. La iniciativa no prosperó porque el PSOE decidió unir sus votos a los de Bildu, IU y Nabai para rechazar la reprobación.

Teresa Jiménez-Becerril ha querido enviar un claro mensaje a quienes han evitado la reprobación de Gastearena: "Al Secretario del Partido Socialista de Navarra que argumentó su voto en contra de la reprobación, diciendo que el alcalde de Bildu, que asistió al acto, había sido elegido democráticamente, le diría que mi hermano también, pero que fue asesinado por quienes no respetan la democracia y no merecen ningún homenaje. Lo único que debemos perseguir es que cumplan su condena", afirmó.

"Espero que el informe de la Policía Nacional sobre lo ocurrido ese día en Villava sirva para que los impulsores de algo así sean castigados porque estamos ante un claro acto de enaltecimiento del terrorismo, en el que se ha humillado a mi familia y a la del resto de víctimas de esos etarras a los que se rindió homenaje en Villava", señala, en referencia al hecho de que entre los homenajeados estaba el asesino de Alberto Jiménez-Becerril y de su esposa, Ascensión.

La eurodiputada popular asegura que no va a descansar hasta conseguir que este tipo de actos no vuelva a repetirse y se castigue a cualquiera que apoye o participe en actos de enaltecimiento del terrorismo. Además, ha querido manifestar su "apoyo y solidaridad con todas las personas que han sufrido la terrible lacra del terrorismo" y ha asegurado que continuará denunciando todos los casos en los que, como este, se agreda a la memoria de las víctimas y al dolor de sus familiares.

Este es el propósito, recuerda, de la directiva de la UE para la protección de las víctimas de delitos, incluidas las víctimas del terrorismo, recientemente aprobada y en cuya elaboración ha participado Teresa Jiménez-Becerril.

La agenda oculta de la Dirección de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco. Diez años de historia 2001-2011
Un reportaje de Raúl González Zorrilla  24 Octubre 2012

Antecedentes
Casi todas las cosas importantes tienen un comienzo más o menos evidente y un origen siempre latente y oculto. Así ocurre también con la Dirección de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco (DAVGV) cuyo nacimiento oficial se sitúa, según la documentación administrativa, a comienzos del año 2002, con la finalidad manifiesta de perfeccionar y mejorar las ayudas que, hasta esa fecha, se dispensaban en la comunidad autónoma a favor de los afectados por la violencia terrorista. Pero los umbrales teóricos y causales más remotos de esta iniciativa hay que buscarlos algún tiempo atrás, a finales del pasado siglo XX, cuando el 29 de noviembre de 1998 nacía en el Hotel Orly de San Sebastián el Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco (COVITE).
Esta asociación impulsada en sus inicios por los familiares de 400 víctimas del terrorismo habría de convertirse en apenas unos meses en una crucial valla de contención contra la feroz embestida nacionalterrorista que en aquellos momentos azotaba la comunidad vasca desde dos ámbitos fundamentales.

Por un lado, desde el Pacto de Estella, firmado, entre otras organizaciones, por todos los partidos nacionalistas vascos, la proetarra Herri Batasuna y la propia banda terrorista ETA, con el objetivo de avanzar “hacia la independencia de Euskal Herria”, diseñando, para ello, una amplia estrategia, en gran parte secreta, que tenía como fin eliminar de Euskadi toda presencia del Estado español y de los partidos constitucionalistas.

Pacto de Estella
Por otra parte, la opresión del nacionalismo radical y del mundo proetarra también se hacía sentir desde el propio Gobierno vasco que, presidido por un Juan José Ibarretxe recién llegado a Ajuria Enea, se mantenía relativamente estable gracias al apoyo infame que la alianza PNV-EA recibía en el Parlamento de Vitoria de los representantes de Euskal Herritarrok-Herri Batasuna.

En aquel escenario político tremendamente crispado, apenas contenido por una tregua incierta de ETA que los asesinos acabarían rompiendo a finales de 1999, el Gobierno PNV-EA, muy radicalizado por el necesario apoyo externo que debía recibir de Herri Batasuna y por la total dependencia que conservaba del Acuerdo de Estella, apenas se inmutaba ante la oposición, más molesta que eficaz, del sector de la sociedad más comprometidamente alineado con las posiciones no nacionalistas. Y es que, a finales de la pasada centuria, la mayor parte de la ciudadanía vasca, amparándose en la tregua etarra y sumisa a un Pacto de Estella políticamente avasallador, entró en un estado de satisfecho hechizo en el que el asesinato de Miguel Ángel Blanco, que apenas se había producido un año antes, y todos los crímenes que se sucedieron antes y después de que la infamia con mayúsculas pernoctara en Ermua, cayeron rápidamente en ese misterioso rincón del olvido donde siempre se amontonan los enseres que más estorban.

Juan José Ibarretxe no olvidaría nunca aquella primera reunión con los representantes de las víctimas vascas del terrorismo
Así las cosas, olvidando la absoluta falta de libertades que padecían no pocos de sus vecinos que se veían condenados a vivir temiendo por su seguridad ante los ataques totalitarios que sufrían desde los aledaños de ETA y situando la supremacía del mundo nacionalista por encima de la pluralidad, la cohesión y la extensión de la democracia a la mayoría de la sociedad vasca, una parte muy importante de la población apostó por seguir hacia delante a pesar de todo con tal de que, definitivamente, se consagrara un hipotético y tramposo “proceso de paz” que, bajo su interesado punto de vista, debía llegar hasta el final a cualquier precio. En este contexto, el discurso vacuo y obsceno del “todas las ideas son iguales” se sofisticó en Euskadi con afirmaciones como las que garantizaban que “en ausencia de violencia, cualquier proyecto político es posible”, tan utilizada por el lehendakari Juan José Ibarretxe, o como las que transmitían a los ciudadanos el mensaje de que “sin atentados terroristas, cualquier estrategia política es respetable”, tan empleada por el nacionalismo vasco en general.

A partir de septiembre de 1998, estos razonamientos se alzaron como los grandes pilares ideológicos sobre los que giraba la política vasca de entonces, pero, sobre todo, se convirtieron en efectivos instrumentos de demolición de los argumentarios políticos basados exclusivamente en la defensa sin fisuras de los de los derechos fundamentales de las personas. De esta manera, y apoyándose siempre en la falsa equidistancia impuesta desde los ámbitos teóricos del independentismo vasco, una entidad como Herri Batasuna, que llevaba dos décadas sumisa al diseño de las estrategias de terror de ETA y que, además, durante el mismo tiempo se había encargado de delinear, dirigir y ejecutar todo un inmenso cúmulo de amenazas, coacciones y acciones violentas contra numerosos ciudadanos vascos, pasó a convertirse de la noche a la mañana, y gracias a la legitimidad otorgada por el nacionalismo vasco, en una formación política digna del máximo respeto y clave para la gobernación de la comunidad autónoma.

Surgen las víctimas vascas
Felizmente, un acontecimiento crucial tuvo la capacidad suficiente para poner fin a ese espejismo político-social éticamente indecente e ideológicamente intolerable que había surgido alrededor del Acuerdo de Estella. Como señalábamos antes, el sábado 28 de noviembre de 1998 se presentó públicamente en el Hotel Orly de San Sebastián el Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco (COVITE), que formado por más de 400 familias de víctimas del terrorismo de ETA, de los GAL y de otras organizaciones terroristas, pasaría rápidamente a liderar un gran movimiento de respuesta al frente nacionalterrorista de Lizarra bajo tres principios básicos que, al final, habrían de convertirse en los pilares fundamentales sobre los que gravitaría el funcionamiento de la asociación: “Memoria, Verdad y Justicia”.

Txema Urkijo y Maixabel Lasa
Ya en su manifiesto fundacional, las víctimas del terrorismo, que después de mucho tiempo habían conseguido convertir su dolor en palabra, se dirigían directamente a romper el muro de conformismo trivial en el que se había instalado buena parte de la sociedad vasca después de la firma del contubernio nacionalista y la subsiguiente tregua de ETA. Por encima de intereses ideológicos, compromisos partidistas u objetivos de uno u otro signo, la nueva agrupación marcaba de una forma patente cuáles debían ser los fundamentos prioritarios sobre los que asentar el futuro de Euskadi. “Nuestra postura es clara y nace de la repulsa ante cualquier utilización de la vida humana como moneda de cambio”, explicaban las víctimas en su declaración, y añadían: “No necesitamos salvadores de ningún color e ideología, nos repugnan el terrorismo y el contraterrorismo, cualquier violencia ilegal, ilegítima e ilícita no sujeta a control y delimitación por un Estado democrático”. Además, el Colectivo aclaraba que “las víctimas del terrorismo no son responsables de treinta años de asesinatos. Los únicos responsables son los asesinos y sus cómplices. Conseguir ventajas políticas a costa de los crímenes cometidos supondría decir a los asesinos que es rentable matar, y a las víctimas que el asesinato y la intimidación han servido para algo y que, por lo tanto, estaban justificados. Se exige a las víctimas generosidad, perdón y olvido, y nunca se ha exigido a los asesinos que reconozcan sus crímenes. Sobre el olvido no es posible edificar la paz. La reconciliación no significa tampoco perdón y olvido, sino justicia para todos. (...) No podremos soportar que los que han matado o ayudado a matar se ufanen de lo que hicieron, que se consideren acciones heroicas los crímenes y que llamen héroes a nuestros asesinos (...) Hay que conocer la verdad de lo que ha sucedido. La resolución de los temas judiciales y policiales pendientes, el descubrimiento de todos los responsables que se encuentran detrás de cada muerte, la eliminación de cualquier tipo de impunidad y la depuración de todas y cada una de las responsabilidades judiciales, han de ser elementos fundamentales para cualquier proceso de paz que se quiera poner en marcha. (...) No queremos ser también víctimas de la paz.”

Bajo este esquema, el nacimiento de COVITE resultó intensamente preocupante para el nacionalismo firmante del Acuerdo de Estella y, muy especialmente, para el PNV. Por una parte, este partido se encontraba con la pertinaz crítica que las víctimas realizaba a la ligazón que unía a los nacionalistas vascos con los terroristas de ETA a través del Pacto de Lizarra y mediante el acuerdo de apoyo parlamentario externo que mantenían el PNV y EA con Euskal Herritarrok-Herri Batasuna. Por otra parte, las víctimas, que representaban la conciencia callada de la sociedad vasca, recordaban insistentemente que, a pesar de la difusa etapa de tregua terrorista de la que se disfrutaba entonces, en las calles de Euskadi habitaban los familiares de varios centenares hombres y mujeres asesinados en actos de terrorismo, que miles de personas continuaban viviendo bajo el miedo, la extorsión y la amenaza, y que ningún porvenir podría levantarse para la región sobre la levedad moral y la ideología indolente de quienes seguían dispuestos a confundir a los agresores con los agredidos.

El gran acierto de esta pionera organización vasca de víctimas fue que convirtió al PNV en el principal objetivo de sus críticas no por su ideología nacionalista, sino por su impudor moral a la hora de acordar, pactar y gobernar todo tipo de cuestiones con quienes no habían condenado ni uno sólo de los atentados terroristas y con quienes, en aquel año de 1998, cuando ETA había cometido ya más de setecientos asesinatos, no se inmutaban al afirmar públicamente que la única víctima existente en Euskadi era “el euskera”.

La nueva Dirección, tal y como Ibarretxe explicó discretamente a la Ejecutiva del PNV, estaba marcada con un agenda oculta: incluir entre las principales reclamaciones de las víctimas vascas del terrorismo (“Memoria”, “Verdad” y “Justicia”), nociones más cercanas al discurso nacionalista y ligadas a palabras como “reconciliación”, “perdón”, “diálogo” o “negociación”

A comienzos de 1999, las víctimas entregaron a Juan José Ibarretxe, recién elegido lehendakari del Gobierno vasco, una serie de propuestas que resumían perfectamente su posición ante la colaboración intensa y “moralmente perversa” que el Gobierno vasco nacionalista mantenía con los terroristas. “Queremos dejar constancia”, dijeron las víctimas al máximo representante del Ejecutivo autónomo, “de la profunda vergüenza que nos produce el hecho de que la gobernabilidad del País Vasco haya quedado en manos de quienes jamás han denunciado la utilización de la violencia terrorista como elemento de participación política. Solamente los ciudadanos y los partidos políticos democráticos pueden marcar los ritmos de un posible proceso de paz y de regeneración moral de esta tierra. Lo contrario es un insulto a la memoria de todas las personas que han sido asesinadas por defender los principios democráticos más básicos y por preservar el marco legal e institucional con el que la mayoría de los vascos nos hemos dotado”.

La nueva asociación de víctimas también advertía a Ibarretxe de que “las instituciones jurídicas y policiales tienen, hoy más que nunca, la obligación de hacer que se cumpla la ley. Ningún crimen ha de quedar impune y ningún criminal ha de permanecer sin ser puesto, cuanto antes, a disposición judicial. La paz también depende de que ningún asesino pueda resultar inmune a la acción de la justicia”. Para terminar, la presidenta del colectivo espetó al presidente del Gobierno vasco, lo siguiente: “Queremos aclarar, definitivamente, que en Euskadi no existe, ni ha existido nunca, ningún conflicto político que pueda utilizarse como argumento justificativo de cualquier actividad terrorista. Lo que sí ha existido, y existe, en la Comunidad Autónoma Vasca es un profundo déficit democrático: una minoría de ciudadanos ha pretendido, y sigue pretendiendo, imponer sus ideas por la fuerza. Después de más de veinte años de democracia, sólo el fanatismo intelectual o una perversa ideología fascista pueden justificar el empleo de actos terroristas para conseguir unos presuntos fines políticos.”

Las víctimas vascas demostraron, prácticamente desde su primera aparición pública, una importante capacidad para liderar un incipiente movimiento constitucionalista vasco que, representado políticamente por el Partido Popular y por el Partido Socialista de Euskadi, encarnaba simbólicamente a muchos miles de ciudadanos que contemplaban el Acuerdo de Estella como un chantaje grotesco que ligaba la paz definitiva al cumplimiento de los deseos más radicales de los nacionalistas y que subyugaba los principios democráticos más elementales y los derechos fundamentales de las personas a las veleidades patrióticas de los más extremistas. De este modo, las víctimas fueron, sin duda, pioneras en el desarrollo de un gran movimiento civil efectivo en defensa de las libertades que meses más tarde llegaría a su máximo grado de apogeo con las grandes manifestaciones en contra de ETA y del Pacto de Lizarra impulsadas por la Plataforma Ciudadana ¡Basta Ya! y el Foro de Ermua.
Maixabel Lasa y Txema Urkijo pretendieron organizar, en Irlanda, unas jornadas de reflexión, aproximación, encuentros y diálogo entre víctimas de ETA y de los GAL

La reacción de las formaciones firmantes del Acuerdo de Estella a la convulsión que supuso la aparición en la escena pública vasca de los familiares de las víctimas del terrorismo reveló un océano de miserias éticas, descubrió una profunda carencia de piedad y puso de manifiesto la descomposición moral que los terroristas y sus adláteres habían transmitido al resto del nacionalismo vasco. Desde el PNV en particular, y desde los sectores más afines al Pacto de Lizarra en general, se acusó a las víctimas de encontrarse manipuladas políticamente, se las quiso encasillar como elementos subversivos pertenecientes “a la ultraderecha española” y por todos los medios se intentó disolver su fortaleza minimizando su importancia. De hecho, el mismo Ejecutivo nacionalista que alentaba la presencia en la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento autónomo de un etarra como Josu Ternera, llegó a afirmar que todas estas personas, todas ellas cónyuges, hijos o hermanos de hombres y mujeres asesinados por diferentes organizaciones criminales, “se autodenominaban víctimas del terrorismo”. Así, al menos, lo expresó el hoy presidente del PNV, Iñigo Urkullu, entonces máximo responsable del partido en Vizcaya, haciendo evidente la incapacidad nacionalista para comprender que las víctimas debían ser prioritarias en la escena pública porque en ellas se agazapa el testimonio palpable del drama que se vive en el País Vasco y en el resto de España y porque, desde cualquier punto de vista, son los únicos referentes sociales posibles para poner de manifiesto toda la crueldad y el desprecio por la vida humana que se encierra detrás de cada atentado terrorista.

Juan José Ibarretxe
Juan José Ibarretxe no olvidaría nunca aquella primera reunión con los representantes de las víctimas vascas del terrorismo. Él mismo reconoció a sus más directos allegados que aquel fue un “día muy triste”, aunque, en contra de lo que pudiera pensarse, la congoja del lehendakari no se debió al hecho de que aquellas personas representaban todo el dolor provocado por varias décadas de terrorismo, sino porque aquellos hombres y mujeres se habían atrevido a denunciar la complicidad de su partido en la trama del horror. Aquella jornada, Juan José Ibarretxe entendió que aquel era un tema importante que había que enfrentar con rapidez, eficacia y firmeza. Y se puso manos a la obra.

La agenda oculta
Como era de esperar, a finales de 1999 ETA anunció que rompía su “tregua” y el 21 de enero de 2000 los criminales asesinaban en Madrid al teniente coronel Pedro Antonio Blanco García. Aquel año, los terroristas asesinaron a 23 personas y el lehendakari Juan José Ibarretxe, a pesar de que Herri Batasuna-Euskal Herritarrok fue incapaz de condenar ninguno de estos crímenes, tardó meses en romper su alianza con los proetarras. De hecho, y en un gesto que quedará para siempre en la historia de la infamia política, el mundo nacionalista vasco, todavía enfangado en el nudo gordiano del Pacto de Estella, convirtió una manifestación convocada en Vitoria para protestar por el asesinato de Fernando Buesa y su escolta Jorge Díaz en un acto de exaltación patriótica y de rendido fervor a su lehendakari.

Las movilizaciones en las calles impulsadas por las víctimas vascas del terrorismo, con el apoyo firme de movimientos ciudadanos constitucionalistas como Basta Ya! o el Foro de Ermua, se fueron haciendo más numerosas, más efectivas y más corrosivas para el engranaje nacionalterrorista hasta el punto de que, tras el intento de asesinato por parte de ETA del escritor y político socialista José Ramón Recalde el 14 de septiembre de 2000, dos manifestaciones de ciudadanos se enfrentaron en el centro de San Sebastián: la primera de las concentraciones, encabezada por los hijos del jurista gravemente herido, denunciaba el intento de asesinato y evidenciaba la perversión de un Gobierno ultranacionalista que no dudaba en ponerse a los pies de Herri Batasuna cada vez que lo necesitaba; la segunda movilización, impulsada por los familiares de los presos etarras, apoyaba a los criminales que apenas unas horas antes habían intentado matar de un tiro en la nuca a un ciudadano vasco. El enfrentamiento entre ambos grupos, que a punto estuvo de convertirse en una gran reyerta colectiva, fue solucionado por la policía autónoma tal y como, en directo, se le transmitió desde el Gobierno de Juan José Ibarretxe: situándose entre las víctimas y los verdugos.

Así las cosas, con un clima social día a día más encrespado y tras perder el apoyo de Herri Batasuna en el Parlamento vasco, Juan José Ibarretxe decidió adelantar las elecciones autonómicas y convocar éstas para el 13 de mayo de 2001. Aquella campaña electoral fue, sin lugar a dudas, las más dura y dramática de la historia del País Vasco, enfrentándose en la misma dos bloques políticos con propuestas radicalmente diferenciadas. Por un lado, la coalición nacionalista PNV-EA, con Juan José Ibarretxe nuevamente como candidato a lehendakari, que presentaba un programa claramente soberanista tendente a superar el vigente marco constitucional y favorable a la autodeterminación. Por otra parte, el Partido Popular, liderado por Jaime Mayor Oreja, en colaboración con el PSE-EE (PSOE), liderado entonces por Nicolás Redondo Terreros, que presentaron a los ciudadanos vascos un discurso común y compartido en defensa de la Constitución y del Estatuto como marcos insustituible para acabar con el problema terrorista.

En aquellos comicios, PNV y EA obtuvieron el 42,7% de los votos y 33 escaños. Por su parte, el Partido Popular y el PSE-PSOE sumaron 32 escaños. Tras la ruptura de la tregua de ETA, la “izquierda abertzale”, representada por Euskal Herritarrok, perdió 7 de sus 14 escaños y Ezker Batua (EB) obtuvo tres escaños.

Juan José Ibarretxe fue ungido por segunda vez como lehendakari el 12 de junio de 2001 y ya en su discurso de investidura demostró que la “triste” experiencia padecida con las víctimas del terrorismo en la legislatura anterior no se le había olvidado y que estaba decidido a actuar en consecuencia.

En su intervención de aquel día ante el Parlamento, anunció su intención de “profundizar en la solidaridad activa con las víctimas del terrorismo. Se potenciará la Oficina de Atención a las Víctimas del Terrorismo. En este sentido, se consignará una dotación presupuestaria extraordinaria en los Presupuestos Generales de la Comunidad para establecer una infraestructura permanente dotada del personal adecuado, que permita una atención más cercana y directa a las familias de las víctimas del terrorismo y a las personas que sufren cualquier tipo de violencia, chantaje, extorsión o persecución. Y se impulsará además por parte del Gobierno una comisión permanente de atención, apoyo y asistencia a las víctimas del terrorismo, abierta a la participación de sectores sociales y religiosos, movimientos cívicos y representantes políticos, para que canalicen y propongan acciones conjuntas que permitan proyectar la solidaridad de la sociedad vasca y el reconocimiento ético, moral y material a las víctimas del terrorismo.”

Acababa de nacer la Dirección de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco.
Con aquella decisión, Juan José Ibarretxe demostró ser un hábil estratega. Con un solo movimiento, satisfizo varias de las reiteradas peticiones de las víctimas vascas del terrorismo, diluyó la capacidad movilizadora de esta agrupación y, sobre todo, y lo más importante, creó una herramienta privilegiada para intervenir sutil pero directa y eficazmente en el corazón del colectivo de afectados por la violencia terrorista que, en la anterior legislatura, le habían situado a él y a su partido contra las cuerdas de la indignidad política. De este modo, la nueva entidad, a la que se dio categoría de Dirección dentro del Departamento de Interior del Ejecutuvo autónomo, tenía como objetivo perfeccionar y mejorar las ayudas que entonces se dirigían hacia las víctimas del terrorismo pero, principalmente, y tal y como Ibarretxe explicó discretamente a la Ejecutiva del PNV, estaba marcada con un agenda oculta que encerraba una doble finalidad: por un lado, incluir entre las principales reclamaciones de las víctimas vascas del terrorismo (“Memoria”, “Verdad” y “Justicia”), nociones más cercanas al discurso nacionalista teórico elaborado por organizaciones como Elkarri (hoy, Lokarri) y ligadas a palabras como “reconciliación”, “perdón”, “diálogo” o “negociación”; y, por otra parte, establecer para las víctimas un marco de referencias que, de una vez por todas, no incluyera la perenne denuncia de la relación existente entre el “nacionalismo moderado” y la banda terrorista ETA.

Maixabel Lasa y Txema Urkijo
Bajo este esquema de motivaciones, Juan José Ibarretxe necesitaba a alguien, víctima del terrorismo, que se ajustara a las pretensiones y al ideario de la entidad que estaba pergeñando con el fin de que asumiera la dirección de la misma. Encontró a la persona indicada en la figura de María Isabel (‘Maixabel’) Lasa Iturrioz, viuda del militante del PSE-PSOE y ex gobernador civil de Guipúzcoa Juan María Jáuregui, asesinado por la banda terrorista ETA el 29 de julio de 2000, muy vinculada al mundo socialista vasco pero con un perfil “vasquista” muy elevado, lo que la convertía en una personalidad sumamente interesante para los nacionalistas, que con ella lograban barnizar con ciertas dosis de independencia el nuevo cargo (al nombrar para el mismo a una persona cercana al PSE). El anuncio del nombramiento de Maixabel Lasa para el nuevo cargo se hizo a finales de 2001 y a comienzos de 2002 comenzó a funcionar de un modo efectivo, y bajo la mirada atenta y complacida de Juan José Ibarretxe, la Dirección de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco (DAVT).

Varias víctimas del terrorismo con las que se ha puesto en contacto Euskadi Información Global y que prefieren mantenerse en el anonimato recuerdan ahora que los primeros encuentros que mantuvieron con Maixabel Lasa fueron “muy decepcionantes”. “Nos dio la sensación de que tenía muy buena voluntad, pero su visión de la situación se alejaba radicalmente de lo que había sido el nudo central de nuestras reivindicaciones. Ella se centraba en el ámbito de la atención psicológica, de las indemnizaciones y de las ayudas, y nosotras le explicábamos que todo eso era importante, pero que, ni mucho menos, era lo que nos preocupaba de verdad. Nosotras queríamos que los nacionalistas dejaran de coaligarse con los terroristas una vez sí y otra vez también, queríamos incidir en la deslegitimación social de los etarras, insistíamos mucho en que el Gobierno vasco debía de implicarse más para prohibir los homenajes públicos a los terroristas y, sobre todo, deseábamos que la voz de las víctimas fuera la que marcara el discurso político, y no la de los verdugos de nuestros familiares. A Maixabel Lasa, al comienzo, le costaba mucho entender esto, incluso a veces parecía escandalizarse por lo que decíamos. Pero, a su favor, hay que decir que según fue pasando el tiempo, y según fue manteniendo contactos con más víctimas del terrorismo, su discurso, y su forma de contemplar las cosas, fue cambiando.”

Lasa y Urkijo transmiten una ética indolora, acomodaticia y dúctil, que poco tiene que ver con los valores defendidos por la mayor parte de las víctimas del terrorismo
Mientras esto ocurría, Juan José Ibarretxe también quiso llevar su vocación de cambio al Departamento de Justicia del Gobierno vasco, en manos de Joseba Azkarraga, un nacionalista radical de Eusko Alkartasuna que actualmente es consejero delegado de la empresa Construcciones Galdiano y que durante su estancia en el Ejecutivo convirtió las instituciones vascas en un estercolero al servicio de los proetarras. El lehendakari, con el objetivo de trasladar también a este Departamento su nuevo rostro pretendidamente empático con las víctimas, fichó al abogado Txema Urkijo, nacido, al igual que Ibarretxe (con quien también comparte sociedad gastronómica), en la localidad alavesa de Llodio, como Director de Derechos Humanos.

Urkijo, cofundador de Gesto por la Paz y uno de los principales impulsores de la posterior colaboración de ésta con Elkarri, convirtió la citada organización pacifista en uno de los principales referentes de una peculiar ética “prêt-à-porter” de larga tradición y arraigo en Euskadi. Se trata de una moralidad indolora, acomodaticia y dúctil que, efectivamente, y todavía hoy, habla en favor de los derechos humanos, demanda la paz, exige el fin de los crímenes y reclama la conclusión de la extorsión y de las amenazas, pero lo hace siempre con emplastos argumentales que difuminan la autoría de los asesinatos, que evitan señalar con nombres y apellidos a los responsables de los delitos, que abogan por extender la responsabilidad de la barbarie a toda la sociedad, que obvia a los muchos cómplices políticos de la atrocidad y que, en su nivel máximo de indolencia, llora por las víctimas del horror al mismo tiempo que solloza por la existencia de los victimarios.

La entrada de Urkijo en el Departamento de Joseba Azkarraga en 2002, del que saldría tres años después por incompatibilidad con el consejero, le permitió entrar en contacto también con Maixabel Lasa, ya responsable de la DAVT, para, durante cuatro años, barajar proyectos, consensuar objetivos y, sobre todo, aunar esfuerzos por avanzar en la agenda oculta que el Gobierno de Juan José Ibarretxe se había marcado para su nueva legislatura y que pasaba por alumbrar un nuevo “discurso de las víctimas”, más cercano al mundo nacionalista y, sobre todo, muy alejado del que marcaban, y continúan marcando, las principales asociaciones de afectados por la violencia terrorista que hay en España y que representan a más del 90% de las víctimas.

Tanto fue así que el 1 de febrero de 2005, Maixabel Lasa y Txema Urkijo publicaron un artículo conjunto en diferentes periódicos del Grupo Vocento en el que, de una forma tremendamente elocuente, marcaban sus prioridades. En ese texto de claro carácter fundacional, titulado “Aún estamos a tiempo”, la directora de la DAVT y el entonces todavía director de Derechos Humanos denunciaban sin ambages la existencia de “un férreo manto político-mediático que protege la supuesta unidad de las víctimas del terrorismo.” “Una unidad”, añadían, “solo aparente, forjada desde el pétreo discurso del Gobierno del PP en tiempos en los que el PSOE, presa de sus complejos y sus premuras electorales, no se atrevía a insinuar la más liviana mueca de disenso respecto al dictado de Génova en esta materia.” Los autores señalaban, además, “que las disensiones entre un tipo y otro de víctimas permiten apreciar que esa realidad plural abarca también al mundo de las víctimas de ETA. No quisiéramos incidir en esta cuestión más de lo estrictamente necesario, por cuanto que puede haber quien se apunte al divide y vencerás, como si las víctimas del terrorismo fueran un enemigo o un obstáculo político, pero baste señalar que existen en España numerosas organizaciones de víctimas del terrorismo con desigual presencia en los medios de comunicación y con reivindicaciones si no contrapuestas sí sensiblemente diferenciadas.” “(…) Ahora ya conocemos cómo es la realidad. Es tiempo de trabajar con responsabilidad sin cebarnos en la denuncia de un hecho lamentable y penoso para el propio colectivo. Es imprescindible que abandonemos todos definitivamente cualquier intento de manipulación partidista, es momento de excluir su problemática de la polémica mediática, de la búsqueda de amplios consensos. Se imponen la prudencia y la sensatez políticas que permitan trabajar de forma intensa por un reconocimiento social público y digno del papel de las víctimas del terrorismo, que no olvide tampoco su dimensión política, que no partidista. (…)

Tras su salida a finales de 2005 del Departamento de Justicia dirigido por Joseba Azkárraga, un auténtico talibán siempre opuesto a cualquier medida jurídica o policial que quisiera ponerse en marcha en contra de ETA, Txema Urkijo apenas tardó unos meses en regresar nuevamente al Gobierno vasco para recalar como asesor adjunto, con retribución de director, en la oficina que dirige Maixabel Lasa. Miren Azcarate, entonces portavoz del Gobierno vasco, explicaba en febrero de 2006 que el nombramiento de Urkijo tenía como objetivo "reforzar el área de trabajo de atención a las víctimas".

Reconciliación, diálogo, generosidad
Desde entonces y hasta ahora, el discurso en comandita de Maixabel Lasa y Txema Urkijo ha estado plagado de incesantes, y en ocasiones escandalosas, polémicas. Y es que la agenda oculta de la DAVT, que apela a necesidad de reconciliación entre las partes enfrentadas, que apoya las medidas de reinserción hacia los presos de ETA que dicen “rechazar la violencia”, que habla incansablemente de “diálogo y reconciliación”, que apuesta por la negociación del Gobierno con ETA y que no renuncia al perdón, choca frontalmente una y otra vez con el discurso mayoritariamente común de los afectados por la violencia y de sus principales asociaciones de representantes.

Entre 2004 y 2009, en plena deriva soberanista del Gobierno de Juan José Ibarretxe, que sacó adelante su plan independentista con el apoyo de los proetarras, los mensajes condescendientes y equidistantes emitidos por la Dirección de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco fueron reiterados y constantes. De hecho, y siguiendo sumisamente las aberrantes tesis equidistantes de aquel Ejecutivo infame, a finales de 2008 Maixabel Lasa y Txema Urkijo pretendieron organizar, en Irlanda, unas jornadas de reflexión, aproximación, encuentros y diálogo entre víctimas de ETA y de los GAL.

En esta misma línea, en agosto de 2008, Txema Urkijo escandalizaba a propios y extraños con unas indignantes afirmaciones en las que señalaba que la prensa hacía más daño a las víctimas del terrorismo que la puesta en libertad del etarra hoy fugado Iñaki de Juana Chaos. “Me consta”, explicó Urkijo entonces a quien quiso escucharle, que la mayor parte de las víctimas que residen cerca de donde vivirá el ahora el exrecluso, "están más preocupadas y agobiadas por la presión mediática que por la propia presencia de De Juana”. Meses más tarde, Urkijo, que se ha reunido en varias ocasiones con presos de ETA para posibilitar, según él, que éstos abandonen la organización terrorista, también se opuso, por ejemplo, a que las víctimas del terrorismo fueran positivamente discriminadas a la hora de solicitar un puesto de trabajo en la Administración.

Ya bajo el Gobierno de Patxi López, que tras su llegada al Ejecutivo mantuvo en sus puestos a las ocho personas (tres asesores, dos técnicos y tres administrativos) que forman parte de la DAVT desde la época de Juan José Ibarretxe, Lasa y Urkijo se han negado a apoyar, tal y como pedían las principales asociaciones de víctimas, que la Ley de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo incluyera una renuncia del Gobierno a negociar con ETA, y en el colmo de la estulticia se han permitido “educar”, con el más absoluto secretismo, a varias víctimas del terrorismo para que éstas puedan ofrecer su testimonio en las aulas de los centros de enseñanza de Euskadi. ¿Cuáles son las condiciones que exigen Maixabel Lasa y Txema Urkijo para ser una víctima del terrorismo “políticamente correcta”?: haber “superado” la tragedia vivida, demostrar madurez suficiente como para rememorar su drama personal, encontrarse en “un nivel prepartidario”, es decir sin mostrarse a favor o en contra de siglas concretas, y si es posible, abogar por el perdón. Hasta el momento, ninguna víctima del terrorismo ha pisado las aulas vascas.

Pero lo que más ha indignado a los afectados por la violencia terrorista es la campaña que Maixabel Lasa y Txema Urkijo llevan varios meses haciendo a favor de que las víctimas del terrorismo apoyen la legalización de “Sortu”, para que éstas sepan “ser generosas”, para que no se opongan a la concesión de medidas penitenciarias de gracia a los presos de ETA que rechacen la violencia y, en fin, para avalar la estrategia que, con respecto a este tema, mantienen los socialistas vascos bajo la influencia de Jesús Eguiguren y con el consentimiento de Patxi López.

Y es que la agenda oculta que desde sus comienzos promueve la DAVT es hoy más necesaria que nunca, ante una final de ETA que se ve relativamente cercano y posible y que Txema Urkijo ya ha previsto cómo puede ser: “Quienes se decantaron por continuar asesinando y utilizando la violencia para conseguir su objetivo político, a pesar incluso de que el resto de la ciudadanía vasca optaba decididamente por las vías exclusivamente políticas, deberán llegar a un acuerdo con el Gobierno de España para jubilarse. Sospecho que con la cotización que arrastran solo pueden aspirar a recibir como pensión un trato generoso desde la perspectiva del derecho penal y penitenciario. Este acuerdo estaría bien ya mismo”.

Y en esta tarea se encuentran. Diez años enredando. Y sumisos.


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