AGLI Recortes de Prensa  Viernes 26 Octubre 2012

Estamos cambiando el mundo
Francisco Rubiales Periodista Digital 26 Octubre 2012

Se enorgullecen de la "victoria" obtenida en Galicia, pero el PP oculta que el vencedor por mayoría absoluta ha sido la abstención, es decir, los ciudadanos indignados y cabreados. Los 41 diputados del PP están sustentados por poco más de dos ciudadanos de cada diez electores, un porcentaje ridículo. La abstención gallega, diez puntos superior a la de las pasadas elecciones, no es producto de la desidia o del desinterés, sino del rechazo activo a una casta política y a un sistema que han demostrado con creces su perversión, decadencia, lejanía de la democracia y fracaso.

Aunque usted no lo crea, los demócratas rebeldes estamos cambiando el mundo. Poco a poco, sin más fuerza que nuestras ideas y la capacidad de comunicarlas, estamos ganando pequeñas batallas frente a los enemigos de España, esos partidos políticos antes poderosos e invencibles y hoy en declive o en vías de extinción. Nuestros artículos, argumentos y esfuerzos por difundir la verdad están logrando que los políticos empiecen a respetar al ciudadano, base de la verdadera democracia, que los jueces sometidos empiecen a soñar con una justicia auténtica y que los periodistas vendidos al poder sientan el martillo de sus conciencias, que les reclama verdad, independencia y decencia. Hemos echado a Zapatero de la política, hemos estigmatizado su cobarde e indigna forma de hacer política, hemos marcado al PSOE y al PP como principales culpables del desastre de España, hemos desenmascarado la miseria y bajeza del nacionalismo y estamos convirtiendo a cientos de miles de ciudadanos en seres responsables y exigentes, que ya no se dejan engañar por los políticos y que están decididos a tomar las riendas de su destino y de la nación, asuntos demasiado importantes para dejarlos en manos de políticos incapaces, fracasados y sin ética, que se niegan a anteponer el interés general a sus propios y mezquinos intereses.

El PSOE está de rodillas, pagando sus desvergüenzas, corrupciones y traiciones. Saben que el ciudadano está cabreado y no saben que hacer para recuperar la confianza del pueblo. Creían que el tiempo genera olvido, pero la gente ha aprendido a tener memoria y está dispuesta a vengarse. Cuando neutralicemos al PSOE, le tocará el turno al PP, un partido semejante, casi idéntico en su ignorancia de la democracia, en su desprecio al ciudadano y en su incapacidad intelectual y ética para dirigir con acierto los destinos de España.

Rajoy se vanagloria de su triunfo en Galicia, pero su victoria es una farsa. Debería darle vergüenza celebrar un triunfo cuando el vencedor por mayoría absoluta ha sido la abstención. Los 41 diputados del PP en Galicia han sido elegidos y por menos del 30 por ciento de los gallegos, lo que refleja una democracia en precario, casi al borde del ridículo, con casi 8 de cada 10 ciudadanos de Galicia ajenos al gobierno elegido. La victoria del PP, que ha perdido más de cien mil votos con respecto a las elecciones anteriores, se debe a factores tan frágiles y ajenos como el triunfo de la abstención y la división de los nacionalistas.

Es falso lo que se ha dicho sobre la abstención en Galicia, que no ha sido del 36,2%, sino del 45,6% del censo. El censo electoral de Galicia está formado por 2.697.000 electores, 397.382 de los cuales son residentes en el extranjero (CERA en la nomenclatura del INE), por lo tanto la jornada del 21-O ha tenido una participación real del 54,4%, frente a la del 64,4% de 2009, es decir 10,0 puntos inferior. El número de votantes en 2009 fue de 1,706 millones y el 21-O ha sido de 1,468 millones, es decir, doscientos treinta y ocho mil gallegos netos menos que cuatro años antes.

El problema es que los ciudadanos que luchamos por la decencia y la verdadera democracia también hemos sido cobardes, permisivos y hemos perdido mucho tiempo. Nuestra reacción digna de ciudadanos libres está llegando tarde. Ya no podremos impedir que millones de españoles no tengan trabajo, ni que España se empobrezca, ni que la nación se desintegre, ni que la corrupción haya causado estragos, pero podemos reconstruir en el futuro lo que los canallas han hecho trizas, sobre todo si mandamos a las mazmorras de la Historia a los culpables, casi todos encuadrados en el PSOE, el PP, IU y los nauseabundos nacionalismos, partidos vampiros que se alimentan de la desgracia, del victimismo, de la envidia y del odio.

La degradación de los políticos españoles es tan dramática y patética que celebran una victoria tan pírrica como la de Galicia, sustentada en poco más de 2 votos de cada diez posibles. Los ciudadanos conocen tan bien a su degradada casta política que saben que el efecto de una abstención masiva o de un voto en blanco abrumador sería practicamente nulo ante nuestros políticos descarados e inmorales. Si solo votara el 30 por ciento del censo, ellos se repartirían el poder de igual modo, a pesar de que en cualquier democracia solvente esa cifra indicaría desligitimación y fracaso del sistema.

Lo ocurrido en Galicia es solo el anticipo de lo que se avecina: una marea impresionante de votos en blanco y de abstenciones, producto no del desinterés o de la desidia ciudadana, como intentarán explicar los políticos, sino del rechazo ciudadano a la falsa democracia española y a una casta política en la que ya no hay partidos buenos y partidos malos, sino una masa degenerada de vividores que ni siquiera conocen las reglas básicas de la democracia y que ya son incapaces de abandonar la corrupción y de anteponer el bien común a sus propios intereses de partido.

Voto en Blanco

ALDABONAZO
IGNACIO CAMACHO ABC  26 Octubre 2012

Aznar y Vargas Llosa levantaron al fin la primera réplica en un debate político monopolizado por el ímpetu soberanista

DESDE que la marea independentista catalana rompió olas en la Diada de septiembre el debate de la secesión ha sido casi un monólogo soberanista, un crescendo unilateral ante el que por razones tácticas y electorales se ha encogido el pensamiento nacional español, tanto el liberal como el socialdemócrata. Sólo los periódicos y las tertulias apuntalan un cierto estado de opinión desfallecido e inconexo al que le falta soporte intelectual y cohesión política. El Gobierno no quiere hacer olas y el PSOE carece de liderazgo para formular un discurso homogéneo. Ante ese estado de postración se ha levantado una inflamada crecida nacionalista, una corriente emocional arrebatada hasta el delirio que domina el escenario público sin enfrentarse a una respuesta articulada.

En la Sala de Columnas del Círculo de Bellas Artes, bajo la Atenea de bronce que perfila las azoteas de la calle de Alcalá, se escucharon el martes las primeras voces significativas alzadas contra esa resignación declinante que ha cedido el terreno al ímpetu secesionista. Eran de dos personalidades que no están sujetas a la presión electoral ni a la coyuntura política: José María Aznar y Mario Vargas Llosa. El primero levantó en seis folios cargados de electricidad doctrinal un alegato contra la deslealtad histórica del nacionalismo; defendió la legitimidad del pacto constitucional como un acuerdo básico de convivencia, denunció la coacción del proyecto segregacionista contra la propia integridad social de Cataluña y pidió una reforma del Estado para hacer frente al «deslizamiento insostenible» del modelo autonómico. El Nobel de Literatura, en un impecable discurso sin papeles -un cuarto de hora de oratoria precisa y clara, rica de adjetivos y limpia de anacolutos-, identificó en el fundamentalismo nacionalista al enemigo contemporáneo de la libertad. Entre ambos pronunciaron al fin una réplica necesaria en un debate monopolizado hasta ahora por la pasión identitaria, que ha aprovechado la cautela del moderantismo para imponer el marco mental de la ruptura.

Lo hicieron ante Mariano Rajoy, que escuchó con su habitual perfil de impasibilidad galaica, sin más expresión de entusiasmo que la cortesía. Vargas Llosa dijo en palabras cristalinas que el problema esencial de España no es la crisis económica, al fin y al cabo solucionable cuando el Gobierno adopte las medidas adecuadas, sino la comprometida integración territorial de una nación de ciudadanos iguales. Y Aznar instó sin ambages a terminar con el desistimiento y la frustración que debilitan la voluntad incluyente del acuerdo fundacional democrático. Fue un doble aldabonazo en la conciencia política de un Estado obligado a defenderse a sí mismo. Acaso haya que esperar a las elecciones catalanas de noviembre para saber si se trata del comienzo de un rearme moral o un simple esfuerzo retórico destinado a la melancolía.

La cuestión catalana en tiempos postnacionales
La responsabilidad por los otros pasa por rebajar las pretensiones de las propias identidades
Reyes Mate  El País 26 Octubre 2012

La riada humana de la Diada puso sobre la mesa la cuestión catalana. Mientras en Madrid la crisis económica servía de excusa para azuzar un viento en contra de las autonomías, Barcelona consiguió repentinamente cambiar su dirección apuntando ahora hacia la independencia. Desde entonces, no parece que haya otro debate que tomar posición a favor o en contra, como si no hubiera nada más que decir.

Sabido es que el asunto de las identidades nacionales ha conmovido siempre la historia de los pueblos, y esa historia, vista a la luz de la experiencia del siglo XX, arroja graves interrogantes que obligan a considerar un punto de vista que pide paso. Me refiero al que señala Hannah Arendt al final de Eichmann en Jerusalén. Aunque fue muy crítica con las formas de ese proceso, no se privó en la última página de formular su acusación: Eichmann y los suyos fueron reos de lesa humanidad porque llegaron a pensar que podían escoger con quién cohabitar la Tierra. Nadie tiene el poder de hacer tal elección porque aquellos con quienes cohabitamos la Tierra nos vienen dados antes de toda opción. Si lo hacemos, destruimos la condición de posibilidad de la vida política. Entiéndase bien: uno puede ir a vivir donde le plazca; lo que no puede es decidir que el vecino se vaya o poner un muro para ignorarle. La solemnidad y severidad de su juicio se entiende si tenemos en cuenta sus consecuencias: si esgrimimos el derecho a decidir quién sea nuestro vecino, podemos volverle la espalda o quitarle de en medio si no nos gusta y podemos hacerlo.

Este apunte tan extremo nos interesa hoy porque Arendt y las más lúcidas mentes de la posguerra entendían que esta lección había que recordarla después no porque estemos en peligro de repetir la historia, lo que no es el caso en absoluto, sino porque ese pasado inaugura un tiempo posnacional. No podemos plantearnos el tema de los nacionalismos sin tener en cuenta sus brutales resultados en el siglo XX y la violencia sobre la que se han construido. Lo que se nos está diciendo es que las generaciones siguientes, nosotros, no podemos plantearnos el tema de la cuestión nacional sin tener en cuenta la experiencia de la barbarie.

A eso se refiere el deber de memoria, que no consiste en acordarnos de lo que pasó, sino en repensar asuntos como el del nacionalismo, teniendo en cuenta lo que pasó. Helmut Dubiel, sucesor de Habermas en la dirección de la Escuela de Fráncfort, sacaba las consecuencias del planteamiento arendtiano: “Estamos pasando de una forma de legitimación colectiva basada en la tradición a otra que integra la memoria de las injusticias sobre las que está construido el presente”. Lo que quiere decir es que la identidad colectiva no estaría basada en los elementos de los que el nacionalismo hoy dispone —lengua, cultura, sentimientos—, ni siquiera en la memoria de los propios sufrimientos, sino en la responsabilidad común por los sufrimientos causados a otros, a esos que hemos quitado de en medio para estar los que estamos y donde estamos.

Es un planteamiento sorprendente, políticamente incorrecto, que solo es aceptable en la medida en que tomemos en serio o no el deber de memoria, referido ahora a cómo se han construido los Estados. Pensar que el nacionalismo catalán ha recurrido a una lógica distinta a la del español es una ingenuidad. Se ha hecho paso negando las diferencias y aprovechándose de los débiles. Por eso no hay que perder de vista la sólida reflexión de Arendt sobre la maldad del hitlerismo. Vale aquí la sabiduría de El Roto en esa viñeta donde una abuela pregunta al nieto: “¿No sientes el orgullo de ser español?”. A lo que responde el nieto: “Abuela, a mí me da vergüenza ser de cualquier sitio”.

Y esto, ¿adónde nos lleva en el debate actual? A entender que el camino de las identidades nacionales insatisfechas, como la catalana, no puede ser el del viejo nacionalismo que podía recurrir a la cultura de la Ilustración que empujaba a los pueblos a conformarse como Estados. Hemos visto lo que ese planteamiento puede dar de sí y eso ya no nos lo podemos permitir. El camino quizá sea otro. Lo primero es garantizar la convivencia entre diferentes, pero no desde la indiferencia o el cálculo de beneficios, sino desde el supuesto que solo podemos ser tratados como diferentes si nos hacemos cargo de la diferencia de los otros. Y como ya tenemos una historia de negación de los diferentes, esa responsabilidad por los otros pasa por rebajar las pretensiones de las propias identidades.

Luego podemos discutir de la forma política que mejor garantice la cohabitación. Decía Franz Rosenzweig, un agudo analista del Estado-nación, que todos tenemos una casa (nacemos en el seno de un mundo particular con su lengua, cultura y costumbres), pero todos somos más que la casa (podemos cambiar el mundo recibido o ir a otro). Tener o ser, ese es el juego.

Reyes Mate es profesor del CSIC. Fue premio Nacional de Ensayo en 2009 por La herencia del olvido (Errata Naturae). Su último libro es Tratado de la injusticia (Anthropos).

Dos métodos y un objetivo
Victoria Prego. El Mundo  26 Octubre 2012

La duda está en el camino que se elija porque el propósito es el mismo, aunque en estos momentos resulte extraordinariamente difícil de alcanzar: recuperar la idea de España y asumirla como un proyecto compartido por cuyo futuro vale la pena luchar.

Pero no sólo la idea, también hay que recuperar el sentimiento colectivo de España, eso que durante tantos años han estado despreciando las generaciones que vivieron el nacimiento de la Democracia y que, ahora, resulta ser un sentimiento del todo desconocido para buena parte de las nuevas generaciones.

Exactamente lo contrario de lo que ha sucedido en la sociedad catalana. En Cataluña los nacionalistas -socialistas incluidos-, que desde los años 80 están en el poder, se han ocupado con tenacidad de infundir a sus escolares un amor inquebrantable hacia su tierra. Simultáneamente, les han imbuido de desconfianza, desprecio y hasta odio, también inquebrantables, hacia España, esa «España ladrona» de la que tanto han oído hablar.

En esto, como en tantas otras cosas, los demócratas españoles, encabezados por todos sus gobiernos, hemos hecho una grave dejación de responsabilidades. Pero la pregunta es si no llegamos ahora demasiado tarde a caer en la cuenta de lo mucho que hemos eludido y de lo poco que hemos inculcado el sentimiento de orgullosa pertenencia a una casa común en la que merecía la pena vivir.

Y no sólo es que no lo hayamos inculcado, es que tampoco lo hemos defendido activamente frente a quienes han tenido como propósito político el desmenuzar con contumacia, hasta llegar a convertir en polvo, ese sentimiento grato de ser español.

Reconozcamos que la mayoría de aquellos nuevos españoles que se han hecho adultos tras la muerte de Franco han considerado todo esto como una cosa rancia, casposa, propia de una derecha anticuada, ramplona y cutre. Un asco, en definitiva, incompatible con la modernidad y la democracia europea y liberal. Todo lo contrario de la consideración que esos mismos españoles han sentido por el respeto que los nacionalistas han tenido a su historia, a sus símbolos y, no digamos nada, a su sentimiento de identidad.

Llegados a este punto, y cometidos los errores, ahora se abre un camino siniestro y costoso para todos que, según el portavoz de la Generalitat, no tiene «vuelta atrás». La duda está en el método: o se ejerce una estricta firmeza y se devuelve el órdago con un órdago, o se cultivan la serenidad y el diálogo. Pero no a la luz de los focos sino discretamente, a la manera en que se eludían los choques en tiempos de la Transición. Ahora, como entonces, el objetivo debe ser uno: frenar a tiempo.


Bolinaga, un asesino sonriente
Rosa Díez El Mundo  26 Octubre 2012

José Antonio Ortega Lara es un hombre inocente, un servidor público, cuyo único delito fue trabajar en una prisión y estar afiliado a un partido político comprometido entonces a dar la batalla contra ETA hasta su definitiva derrota.

Bolinaga es un asesino sanguinario, que forma parte de una organización terrorista y fue juzgado y condenado por el asesinato de dos guardias civiles y el secuestro de Ortega Lara.

Ortega Lara salió del agujero -en el que Bolinaga le tuvo encerrado 532 días- desorientado y asustado, cegado por la luz del día, sin apenas poder andar, sostenido por unos agentes de la Guardia Civil que empeñaron su vida hasta localizarle y ponerle en libertad.

Bolinaga salió del hospital -al que fue trasladado desde la prisión por una decisión política- acompañado por amigos y familiares, sonriendo y sin necesidad de apoyarse en nadie.

Ortega Lara tardó meses en poder salir a la calle y desenvolverse autónomamente y con normalidad.

Bolinaga paseó por su pueblo, entró al bar, visitó a sus amigos del Ayuntamiento de Mondragón al día siguiente de salir en libertad condicional.

Les propongo que busquen las imágenes de Ortega Lara al salir del zulo en el que permaneció enterrado durante 532 días; les propongo que miren después las fotografías de su torturador, Josu Uribetxeberria Bolinaga, puesto en libertad porque el Gobierno presidido por Mariano Rajoy decidió concederle el tercer grado.

Les propongo que reflexionen fríamente sobre la situación en que se encuentran hoy la víctima y el verdugo; les propongo que se pregunten si cabe injusticia mayor que la perpetrada por el Gobierno de España contra Ortega Lara y las víctimas del terrorismo en general.

Hay muchas almas cándidas que nos dicen estos días que «nosotros no somos como ellos». Claro que no somos como ellos; pero, ¿acaso esas mismas almas cándidas proclaman la necesidad de poner en la calle a pederastas y violadores si se declaran en huelga de hambre y tienen una enfermedad irreversible aunque no esté en fase terminal? ¿Les parecerá bien ofrecer a Bretón, por ejemplo, un trato similar al que el Gobierno le ha dado a Bolinaga?

La grandeza de la democracia está en tratar con humanidad a quienes no se comportan como seres humanos; por eso se les juzga con todas las garantías aunque hayan perpetrado horrendos crímenes. Pero no es grande una democracia que busca atajos para que los criminales no paguen por sus actos; no es grande una democracia que no garantiza que la ley se utilice para hacer justicia. No es grande una democracia que se acompleja ante los verdugos; no es grande una democracia cuando acepta sin rechistar que el Gobierno se someta a un chantaje que humilla al conjunto de los ciudadanos.

Sé que molesta que señalemos que los máximos responsables de que Bolinaga esté en la calle no son los jueces sino el Gobierno del Partido Popular, que decidió -siguiendo la estrategia de lo peor de la política de Zapatero- concederle graciosamente el tercer grado. Sin esa decisión política, defendida con mentiras e insultos ante quienes la criticábamos, los jueces no hubieran podido nunca pronunciarse sobre la libertad condicional del asesino. Pero lo seguiremos haciendo porque es la verdad.

Nuestro compromiso con la verdad y la justicia no entiende de campañas electorales ni de cálculos políticos. No descansaremos hasta que los testaferros de ETA estén fuera de las instituciones; señalaremos a los culpables de que los terroristas y sus cómplices vivan en un clima de impunidad total mientras que la sociedad vasca sigue perdiendo cuotas de libertad concreta. Bolinaga está en la calle y los testaferros de ETA en las instituciones democráticas porque el Partido Socialista les entregó esa victoria cuando decidió apostar por el final dialogado entre la democracia y el terror; pero también porque el Partido Popular ha hecho suya esa macabra y vergonzosa estrategia en la que el empate entre democracia y terror se considera el mejor de los finales posibles. El Partido Popular abraza esta herencia del zapaterismo con tanta alegría y emoción que se diría que si no lo hizo antes fue porque no le dejaron.

Viendo cómo disfruta de una libertad a la que no tiene derecho el asesino Bolinaga, ante la indiferencia de una sociedad adocenada y silente, siento que es mucha la tarea que nos queda por delante. Se ha instalado entre nosotros una resignación ante la indignidad a la que no tenemos derecho. Ni los guardias civiles ni los policías que han sido asesinados por proteger nuestra vida y nuestra libertad tiraron nunca la toalla; ellos y sus familias no merecen que nos demos por vencidos. Y nosotros nunca lo haremos; nosotros nunca aceptaremos un final que no sea la derrota absoluta, total y definitiva de ETA y de sus cómplices; la derrota de sus voceros y de quienes les protegen directamente; el señalamiento de quienes callan y de quienes actúan como sepulcros blanqueados rasgándose las vestiduras de cara a la galería pero facilitando la puesta en libertad de los asesinos e impidiendo que se inicie un procedimiento de ilegalización contra los partidos herederos de Batasuna.

Otro asesino, orgulloso de lo que hizo, se pasea sonriente por las calles y los bares del País Vasco. Nada tengo que decirle a él, porque no es de los nuestros. Pero apelo a la conciencia de «los que se dicen buenos», que son quienes han hecho posible tal afrenta. Ojalá rectifiquen. Y si no es así, ojala les quede algo de vergüenza y no puedan dormir tranquilos; ojalá sus hijos y sus nietos se enteren de lo que han hecho y les pregunten algún día por qué lo hicieron, por qué se pasaron al lado oscuro, por qué no tuvieron la decencia y el valor de seguir del lado de la causa justa.

Balance de una chusma política
Pío Moa www.gaceta.es 26 Octubre 2012

Aunque los separatistas “moderados” se han dedicado a recoger las nueces del terrorismo, quien les ha colmado realmente de nueces ha sido la chusma política de Madrid. Esta les ha entregado dadivosamente la enseñanza, fondos y medios de masas, les ha dejado presumir de antifranquistas y demócratas, ha bastardeado el Tribunal Constitucional para que les permitiese romper la ley (hacer constitucional lo que es anticonstitucional), todo ello para que aplicasen un programa de corrosión de la unidad nacional.

Decía Cela que si los políticos de estos años tuvieran un poco de vergüenza se pegarían un tiro. Pero como no tienen la más mínima vergüenza, después de crear los problemas, agravarlos en vez de corregirlos, hasta el extremo de cooperar con los pistoleros y arruinar el país, ahí están, siempre corruptos (y su peor corrupción es la intelectual), con sus prebendas y asegurando que ellos son la solución. Han convertido un problema al principio secundario en peligro de disgregación del país y han conseguido envilecer a la sociedad hasta tal punto que esta parece hoy incapaz de cualquier reacción enérgica y sensata.

El nacionalismo catalán se viste de Vuitton
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 26 Octubre 2012

Quizá harto de la insufrible desvergüenza del nacionalismo catalán, Rajoy acaba de revelar el contenido medular de su última conversación oficial con el presidente de la Generalitat, quien se habría plantado en la Moncloa con la siguiente disyuntiva: o aceptas el pacto fiscal o atente a las consecuencias. El planteamiento es muy revelador, no solo porque da cuenta de un ultimátum expresado con las formas evidentes, e inadmisibles, de un chantaje, sino porque desmonta con toda claridad la huera retórica patriótica de unos líderes políticos que están pensando en el dinero pero que hablan de autodeterminación y secesión sin importarles un pito meter a su sociedad en una aventura que destroce no solo la convivencia armoniosa entre España y Cataluña sino entre los propios catalanes. Como escribe El Roto en una viñeta genial de un libro reciente que no tiene desperdicio (Camarón que se duerme? se lo lleva la corriente de opinión), «la identidad nos la construyen sobre el olvido de lo que somos». No hay más que mirar la lista de los apellidos que predominan en Cataluña (García, López, Martínez, Rodríguez, Sánchez o Fernández) para develar la inmensa impostura del discurso identitario de CiU, Esquerra y todos esos intelectuales, reales o supuestos, que un tío abuelo, el periodista Roberto Blanco Torres, llamaba «mosqueteros de la nómina».

Pues bien: esa es la operación en la que anda ahora el nacionalismo catalán, tras la negativa de Rajoy a poner patas arriba un sistema de financiación que no hace tanto se cambió para beneficiar a Cataluña en perjuicio de los territorios españoles menos ricos. Sin ir más lejos, ayer publicaba este periódico el contraste entre regiones en términos de salario bruto anual: según datos del INE, Cataluña ocupa la tercera posición (con 24.449 euros) y Galicia la antepenúltima (con 20.241).

Son esas y otras muchas diferencias de renta y de riqueza las que explican que haya en España, como en todo el mundo civilizado, mecanismos de solidaridad territorial (que son en el fondo de solidaridad interpersonal entre quienes tienen más y tienen menos), mecanismos que el nacionalismo catalán quiere dinamitar con eso que han dado en llamar pacto fiscal: o contribuimos menos a la solidaridad entre españoles pobres y ricos o nos vamos.

Tal fue el planteamiento del señor Bernard Arnault, propietario de Vuitton -marca asociada al lujo en todo el mundo- cuando decidió asentarse en Bélgica para escapar al alza de impuestos a las grandes fortunas decidida por el presidente francés François Hollande. El principio es el mismo, pero mientras que Arnault se va como un traidor a su país, el nacionalismo catalán presume de patriotismo, lo que confirma las virtudes bien probadas de este último para dar gato por liebre.

Editorial
¿Dos almas en el PP?
EDITORIAL www.gaceta.es 26 Octubre 2012

El discurso de José María Aznar en el acto de entrega del Premio FAES ha resonado en la opinión pública como un aldabonazo a la conciencia ciudadana.

El discurso de José María Aznar en el acto de entrega del Premio FAES de la Libertad al escritor y político Mario Vargas Llosa ha resonado en la opinión pública como un aldabonazo a la conciencia ciudadana para no dejarse avasallar por la presión separatista y tomar la iniciativa para “hacer por España más de lo que nadie pueda llegar a hacer contra ella”, por usar las mismas palabras del ex presidente del Gobierno. Da la impresión de que amplios sectores sociales estaban esperando de alguien con autoridad una manifestación clara, rotunda e inequívoca del estilo de la hecha por Aznar.

Lo más sorprendente es que de inmediato se han oído voces que, de un modo u otro, y desde dentro del propio PP, tratan de desmarcarse de la posición expresada por el ex presidente. Semejante disenso no puede sino suscitar dudas acerca de la idea que el partido gobernante se hace sobre España. ¿Hay dos almas en el PP?

La carencia de una guía política clara y activa en favor de la unidad de España se dejaba sentir desde hace ya tiempo tanto por los silencios de los principales dirigentes del PP o las declaraciones dispersas y a veces contradictorias de algunos militantes destacados, como por la conducta errática, entre temerosa y oportunista, de los más relevantes miembros del Partido Socialista. Se suponía que PP y PSOE tenían la responsabilidad de vertebrar a escala nacional la política en un Estado como el de las Autonomías, que fácilmente puede tender a potenciar los elementos disgregadores en detrimento de los lazos de unión; pero la experiencia reciente indica a estos efectos en ambos partidos un encefalograma casi plano.

Tanto la sucesión de provocaciones como el conocimiento de documentos elaborados hace ya años señalan que estamos ante una campaña planeada y estudiada con mucho detalle. Y nos preguntamos a qué están esperando los partidos nacionales, y muy singularmente el Gobierno, que dispone de una cómoda mayoría absoluta, para tomar del enemigo el consejo.

Es la impunidad
Irene Lozano El Confidencial 26 Octubre 2012

No se deterioran todas las instituciones de un país al mismo tiempo por una crisis económica. El problema estriba en que la impunidad, incrustada en todos los ámbitos de poder, nos está conduciendo al grado cero de la política, entendida como vida pública. Nada queda a salvo de la impunidad: desde la corrupción hasta el independentismo catalán, pasando por el declive del PSOE, la falta de competitividad empresarial, el copago farmacéutico, la entrada de Bildu en el Parlamento vasco, los desahucios, los presupuestos del Estado o el paro.

Véanlo de cerca. La corrupción ha sido estimulada por la cultura imperante en los partidos viejos de tomar sólo una medida contra los corruptos: pagarles el abogado y defenderlos en público. Si alguno resulta condenado, en su momento se aplicará el indulto. En cuanto al independentismo, constituye la gran marcha hacia la irresponsabilidad de Mas. Después de dos años cerrando quirófanos, ¿qué mejor que envolverse en la senyera para explicar la maldad de los demás, aquellos que te niegan un referéndum?

Los ciudadanos viven en el mundo real, donde los actos tienen consecuencias. El poder habita el círculo de la impunidad, que sólo resulta asfixiante para quienes quedan fuera. Para el poder, la impunidad es el oxígeno que respira: una burbuja de seguridad y autocomplacencia donde perpetrar apaciblemente sus actos, sin ser molestado por las leyes o las protestas de la calle.Respecto al PSOE, a nadie le pasa desapercibido que siguen en su cúpula los mismos que comenzaron la ruina del país y el descenso por la pendiente de los recortes antisociales, de ahí los resultados electorales nefastos. Al parecer, nadie encuentra motivos para dimitir. Lo mismo cabe decir, por otra parte, de la mala gestión empresarial: los despidos masivos, los EREs y las caídas bursátiles no son fracasos, sino éxitos. De ahí que los consejeros de las empresas del Ibex-35 hayan visto aumentar sus retribuciones un año más. Y van… Entre el bonus y la dimisión, lo tienen tan claro como los directivos de las cajas: siempre optan por la impunidad dorada.

Qué decir de Bildu en el parlamento vasco: ¿usted tuvo alguna relación con ETA, formó parte de su entramado o la amparó? Afortunado de usted si lo hizo, porque el Tribunal Constitucional lo olvidó, así que puede usted tranquilamente desmemoriarse y animar a sus amigos a votarlos como si fueran gente respetable. Casi a la misma hora que el carcelero de Ortega Lara se iba a su casa, el ministro de Hacienda presentaba unos presupuestos cuyas cifras no cree nadie, desde el último perroflauta hasta el FMI. ¿Habrá de rendir cuentas por engañar a todos? No. Ovación torera la que se llevó en el Congreso.

Por último, pensemos en el copago farmacéutico, el paro y los desahucios: le sirven al poder para recordarnos que el círculo de la impunidad es un coto privado. Usted y yo no pertenecemos a él. Como consumimos medicamentos a capricho, merecemos un castigo: a pagar tocan. Al que se compró una casa por encima de sus posibilidades, le echan a la calle sin contemplaciones. Y en cuanto a los parados, ya se ha restringido el Plan Prepara (los famosos 400€) para azuzar a esos malandrines que se resisten a trabajar, los muy vagos.

Los ciudadanos viven en el mundo real, donde los actos tienen consecuencias. El poder habita el círculo de la impunidad, que sólo resulta asfixiante para quienes quedan fuera. Para el poder, la impunidad es el oxígeno que respira: una burbuja de seguridad y autocomplacencia donde perpetrar apaciblemente sus actos, sin ser molestado por las leyes o las protestas de la calle. De los escrúpulos ni hablamos. “Escrúpulo”, etimológicamente, es esa piedrecita que se mete en el zapato. Para entrar en el círculo, hay que descalzarse. Luego todo es moqueta.

El desafío a la incompetencia
El chantaje lo ocultó Rajoy, no Mas
Guillermo Dupuy Libertad Digital 26 Octubre 2012

No acabo de recuperarme de la hipócrita reacción de buena parte del PP y de la prensa no nacionalista ante las recientes declaraciones de Rajoy en el Senado, en las que el presidente del Gobierno, por fin, se atrevía a comentar su última entrevista con Artur Mas. A la luz de esta reacción, se supone que nos deberíamos enterar, ahora y gracias a Rajoy, de que Mas le exigió, en términos chantajistas, el mal llamado pacto fiscal so pena de lanzarse a convocar un ilegal referéndum secesionista. El problema es que somos muchos los que, no estando presentes en la reunión, llevamos desde entonces –si no antes– criticando a Rajoy por ocultar el chantaje que Mas ya había planteado públicamente, antes incluso de celebrarse el encuentro de marras.

Y es que ¿acaso no fue Artur Mas el que advirtió, pública y previamente a ese encuentro: "Si no hay acuerdo respecto al pacto fiscal, el camino de Cataluña a la libertad está abierto"? ¿Acaso fue otro Artur Mas, distinto al que preside la Generalidad catalana, el que hizo estas declaraciones en un contexto de público apoyo a una manifestación abiertamente secesionista, como la que se celebró en Barcelona en la Diada?

Fue Rajoy, y no Mas, el que calificó de simple "algarabía" el gravísimo desafío que, contra nuestra nación y nuestro ordenamiento jurídico, constituyó aquella manifestación. Fue Rajoy, y no Mas, el que no se atrevió a comparecer ante la prensa después de la reunión en Moncloa. Mas sí lo hizo. Y lo hizo además, y para que no hubiera dudas, no en Moncloa sino en la delegación madrileña de la Generalidad, sin más banderas que las de Cataluña y la Unión Europea. Allí confirmó que su ultimátum no era un farol, sino que iba en serio.

Rajoy, sin embargo, siguió mucho tiempo ocultando el desafío –cosa que en realidad sigue haciendo– para no tener que responder ante él. No puede reconocer clara y públicamente que lo que Mas pretende es cometer un delito que conlleva "un reproche penal", como se ha atrevido a decir Aznar, aunque sea de forma timorata. Y no lo reconoce por la misma razón que no se atreve a reconocer públicamente que Mas vulnera derechos e incumple sentencias en materia lingüística. Porque reconocer que la Generalidad incumple la ley le obligaría a hacérsela cumplir.

Los que quieren ocultar la decisiva responsabilidad del Gobierno del PP –como en su día la tuvo el de Zapatero– en que los nacionalistas pinchen, noten blando y sigan profundizando podrán reaccionar con toda la hipocresía que quieran. Por mucha desfachatez que tenga Mas al calificar las supuestas revelaciones de Rajoy como "excusas de mal pagador", lo cierto es que no lo ha desmentido. Y lo de Rajoy es algo peor que excusas de un mal pagador. Son las excusas de un incompetente.

Ahora resultará que es culpa de Mas el que al frente del Gobierno de España no sólo haya un presidente renuente a utilizar los mecanismos que la ley contempla ante sus envites secesionistas, sino un presidente que, por no soliviantar a los nacionalistas, ha renunciado a denunciar el despilfarro de recursos que constituyen los delirios identitarios de los nacionalistas. Ahora resultara que es culpa de Mas el que Rajoy, por la ingenua pretensión de evitar las polémicas, haya renunciado a dar la batalla política destinada a refutar esa engañosa y exitosa tesis por la cual la crisis que padece Cataluña se debe a que el resto de España esquilma sus recursos.

Los nacionalistas, comparados con los cuarenta millones de españoles, serán cuatro gatos imbuidos de liberticidas y empobrecedores delirios identitarios. Pero, teniendo presente la indiferencia, los complejos y la simple estupidez que también anida en el hartazgo de muchos a los que se enfrentan, pueden resultar cuatro tigres bien capaces de lograr por sí solos su objetivos de una Cataluña escindida de España y en el seno de la Unión Europea. A veces me los veo incluso hasta cobrando por que el Barça siga jugando en la liga española.

Cataluña
En defensa del referéndum
Emilio Campmany Libertad Digital 26 Octubre 2012

Rajoy ha dicho que a él no le han pedido un referéndum. Bueno, pues aunque no se lo hayan pedido, que lo ofrezca, ya que la máxima autoridad de Cataluña ha dicho a los cuatro vientos que lo quiere. La España oficial no nacionalista ha contestado por el método Ollendorff. Ya hemos visto lo que ha dicho Rajoy. El príncipe dice que Cataluña no es un problema. Los socialistas que quieren una España federal. Los hay que se limitan a constatar que la Constitución no permite la secesión y otros que cualquier desafío se contestará con la ley.

A mí me parece que los nacionalistas tienen razón en una cosa, en que todo proceso secesionista democrático se hace a través de un referéndum limitado al territorio que pretende separarse. Negar la posibilidad de celebrarlo con carácter indefinido no es democrático. De forma que, si lo quieren, hay que encontrar la vía legal para convocarlo. Hay dos formas: que el Gobierno lo autorice y, si sale que sí, se reforme la Constitución para que Cataluña se pueda separar, o que se reforme la Constitución para regular el modo en que una comunidad autónoma puede acceder a la independencia. Me gusta más el primero, porque para qué vamos a reformar la Constitución, cuando, si sale que no, no habrá necesidad de reformar nada.

Si se escoge este sistema, lo mejor es que el referéndum sea convocado por una ley que fije, además de la fecha, la pregunta, que no podría ser otra que: ¿quiere usted que Cataluña sea independiente de España?; que determine que, una vez celebrado, no podrá convocarse otro en 25 años; que el sí, para prosperar, tiene que vencer en las cuatro provincias catalanas, y que, para el supuesto de que eso se produzca, fije la proporción de deuda española que ha de asumir el nuevo Estado. Luego, si sale el no, la Constitución tendría que volver a estar vigente en Cataluña, en especial en lo que a la enseñanza en castellano se refiere.

Doy por sentado que los independentistas catalanes hablan en serio. No obstante, sería legítimo dudarlo, en vista de que Duran i Lleida, a pesar de haberse manifestado a favor de la independencia, dice ahora ser partidario de la solución confederal. Ulteriores dudas surgen cuando se lee la pregunta ideada por Mas, que ofrece a los catalanes la posibilidad de elegir lo que no está en su mano ser y celebra la ocurrencia bailando la conga. Y de remate va y viene un diputado de la Esquerra pidiendo 16.500 millones a todos los españoles a cambio de hacernos el favor de independizarse. De modo que todo esto podría no ser más que una broma. Pero, aunque no hablaran en serio, en serio es como hay que contestar a una propuesta tan grave como la que han hecho. Y eso sólo puede hacerse convocando el referéndum. Después, a hacer campaña, y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga.

Constitución inexistente en Cataluña
Nota del Editor 26 Octubre 2012

Primero: hablar de la constitución no tiene sentido, ya que el TC se la ha cargado. Supongamos que hablamos de la nazi-constitución del TC. Tampoco sirve para nada porque entre nazionalilstas, PSOE y PP se la pasan por el acro del triunfo.

Segundo: es el tiempo que le queda a España antes de desaparecer por el desagüe de la historia si sigue con esta casta de desvergonzados, amorales, panzistas, inútiles y corruptos profesionales de la política.

La Constitución no está vigente en Cataluña ni ahora ni después de cualquier tipo de referendum. Por ello, pedir "La Constitución tendría que volver a estar vigente en Cataluña, en especial en lo que a la enseñanza en castellano se refiere" es como pedir peral al olmo

El entierro de Rubalcaba
Antonio Pérez Henares Periodista Digital  26 Octubre 2012

La cuestión no es poner fecha al entierro de Rubalcaba. Lo esencial es dilucidar si quien acaba en el tanatorio o pueden subirlo a planta es al enfermo grave, muy grave, que es el propio PSOE. El asunto no está en quien sucede al desplumado Alfredo sino si aun quedan indios y plumas para el tocado de un jefe y si ese jefe tiene visión o si sigue siendo uno de los de la casta de los visionarios que de las verdes praderas los ha acabado por llevar al más atroz de los desiertos.

España ha enterrado al Zapatero, pero el PSOE sigue sin enterrar al "zapaterismo". Los ciudadanos cada vez que acuden a las urnas echan una palada de tierra a sus encames con lo separatistas, a sus radicalismos y ocurrencias, a sus arrimones a los antisistema y a sus insensateces y disparates económicos. Pero los socialistas siguen jugando a no darse por enterados, a escamotear su obligación de pedir perdón a la sociedad y a sus votantes y a jugar a aparecer como nuevos cuando son todos de una misma camada de poder. ¿Como van a darnos confianza los mismos, exactamente los mismos, que la arrasaron ayer de Rubalcaba a Chacón, o de Aido a Barreda, pasando por los que entonces callaban y hoy la pian, como Bono o Vara?. ¿Como va a salir de esa Santa Compaña, de esa ristra de derrotados muertos vivientes de la política, que están prestos a llevar en hombros el “cadáver” de Rubalcaba, el resucitador del partido?.

La procesión fúnebre sigue su quebrunjoso transitar deteniéndose en cada una de las estaciones de penitencia sufriendo en cada una de ellas un varapalo aún mayor sobre el anterior zurriagazo recibido y gozándose de que en alguna, el espejismo andaluz, les salve un cirineo de la definitiva caída. La ristra de verdugones, autonomías, capitales, europeas, generales se completo el domingo en Pais Vasco y Galicia y ya en ocasiones generales lo que cae es granizo sobre pedrisco. Eso se augura en Cataluña donde el PSC fue ya conducido por Montilla y Chacón de la hegemonía y el Gobierno a un demoledor 18,3%. ¿Es que aún pueden ir a peor?. Pues pueden.

Los socialistas no se juegan un liderazgo, se están jugando el propio partido. La tendencia es cada vez más notoria. Su voto huye y se dispersa. El beneficiado siempre es otro. Del desgaste del poder ellos no solo no recogen nada sino que son ellos a quienes más muerden. Nacionalistas, separatistas, populistas y siempre una Izquierda Unida a la que solo le falta un Sypras griego, aunque a lo mejor ya tiene un Alberto Garzón malagueño. El suelo electoral socialista ya pierde en ocasiones la cuota de los 20%, y quienes les disputan el “campo” suman ya más votos, sucede en Galicia con la suma de Berias-IU y BNG, que los del partido que fue hegemónico y referente casi único de la izquierda desde la Transición. Algo muy parecido ocurre también en Madrid donde su esperpéntico Gómez no deja de proclamar a los cuatro vientos consejos a todos cuando el único útil debiera aplicárselo el. Dedicarse a lo que sea menos a la política.

La cuestión no es pues Rubalcaba si o Rubalcaba no. Quizás lo menos malo de todo sea precisamente Rubalcaba. Lo peor es su carencia de programa y el desconcierto total sobre el camino a seguir. Lo letal es que sigan sin saber ni decidir si son un partido de vertebración nacional o una sucursal de sucursales, si una moderada opción socialdemócrata o una partido de ocurrencias radicales. Lo esencial que deben decidir no es por tanto la fecha del entierro de Rubalcaba sino cuando todos los zombis se entierran junto a él y vuelven a ser un partido socialista en el que una Nación pueda confiar como alternativa. Y eso o lo hacen o a quienes les caerá “la pena griega , como le cayó al PASOK, va a ser a ellos.

Cataluña
Divorcio e independencia
Antonio Robles Libertad Digital 26 Octubre 2012

Y la socialista María Badia chivó a la Unión Europea que España le amenazó con un tanque. Como niños de cole: ¡señorita, ha sido Pablito!

Urge tomar en serio a los nacionalistas. Y aunque sus delirios inviten al chascarrillo, los mantras que sueltan cada día para dar de pacer al rebaño comienzan a calar hondo en el alma de los ilusos.

Exponía Antoni Puigverd días atrás en La Vanguardia el argumento del divorcio como solución a la supuesta desafección de Cataluña con España. Como si se tratara de un matrimonio mal avenido. Recogía este mantra utilizado con frecuencia por los nacionalistas, para buscar explicaciones a la mutación del catalanismo en independentismo. El relato no puede ser más victimista: es como

la metáfora de la mujer que empieza a verbalizar la posibilidad de separarse, lo que reactiva la fijación posesiva del macho y dispara su capacidad de atemorizar. Pero el mero hecho de verbalizar, libera a la maltratada.

O sea, que Cataluña, como la mujer maltratada que toma conciencia de su condición, ha perdido miedo al marido maltratador, le ha cantado las cuarenta y le exige la emancipación. O se la toma directamente. Colorín colorado, este cuento se ha acabado. Qué barato resulta hoy en Cataluña soltar sandeces y pasarlas por evidencias irrefutables.

Pasando por alto la perversa identificación del macho maltratador con España, la falacia de confundir las relaciones de España y Cataluña con un matrimonio es casi infantil, y sin embargo cuela. Hoy cuela todo en Cataluña por la cobardía intelectual de sus pensadores y la falta de hombres de Estado al otro lado del Ebro.

Cuando una pareja no se entiende, se divorcia y asunto solucionado, dicen. Y sentencian: mejor separados que mal avenidos. A esa simplicidad reducen la trama de afectos e intereses de millones de personas que no forman matrimonio alguno. Como si Cataluña y España fueran personificaciones con vida y sentimientos capaces de obrar y decidir con voluntad propia. Como si los ciudadanos individuales y libres sólo fueran meras células de un único cuerpo. Confunden la capacidad de dos personas individuales para decidir sobre sus vidas con la de millones de personas cuyas cuitas personales son distintas entre sí, e imposibles de reducirse a dos voluntades enfrentadas. El que haya un número determinado de ciudadanos insatisfechos con su pertenencia a España no les da derecho a suponerse la encarnación de Cataluña y, por ende, con capacidad para divorciarse de España. Es el maldito Volkgeist, la reducción de las voluntades individuales a espíritu del pueblo, la idea protofascista donde el Estado está por encima del individuo y lo reduce a mero instrumento de su destino. Es decir, del destino que imponen algunos de sus miembros.

Ni ellos son Cataluña, ni España es un ente unívoco, casado y mal avenido con esa supuesta mujer maltratada.

España y Cataluña no son un matrimonio, sino un Estado único formado por un puzle de ciudadanos libres e iguales. Así que en este falso matrimonio tienen voz y voto 47 millones de españoles. En ellos, en cada uno de ellos, reside la soberanía nacional. Y si, por el número, una mayoría de ciudadanos catalanes pudiera forzar, por la intimidación o los hechos consumados, la ruptura con España, no habrían solucionado los supuestos malos tratos, sino que se habría abierto la veda, ahora sí, para que la nueva identidad excluyera de derechos fundamentales a miles de ciudadanos que hoy viven amparados por la Constitución.

Un empujoncito y ya está. Los pilares de Mas: la mentira y la subvención
Félix de Azúa http://www.jotdown.es 26 Octubre 2012

Quise resistirme, pero cuando supe que había muerto Santiago Carrillo se me hundieron las fuerzas y determiné que, en efecto, tenía que escribirle a Artur Mas, el estadista. No es que Carrillo me inspirara simpatía. Ese hombre, en plena juventud tuvo a su mando la carnicería principal del Madrid republicano y es cosa sabida que en aquel establecimiento todos los días desollaban carneros, conejos y bueyes condecorados. No debió de ser persona como para fiarle los niños a pasear por el Retiro, pero luego por lo menos remedió su vida y se convirtió en un chaquetero de lujo. Pasó de ser una amenaza mundial a un tipo pintoresco.

Aquellos personajes de los años treinta eran abominables y sin embargo no se les puede negar grandeza. Gracias al empeño que pusieron en defender sus ideas acabaron acopiando tal cantidad de cadáveres que uno supone aquellas ideas del tamaño de las de Platón. Luego lees un poco sobre Stalin o sobre Mussolini y te preguntas a qué precio salieron semejantes ideas de higienista húngaro. ¿Diez millones de muertos por idea? En fin, había grandeza.

Todavía hoy cuando hablas con algunos cráneos privilegiados te aseguran que están dispuestos a subvertir el orden mundial aunque sea al precio de sacrificar seis o siete generaciones. Como aquellos personajes de La vida de Brian, nuestros revolucionarios no se conforman con nada por debajo de la abolición del Imperio Romano. Admirables y orondos caballeros, los jefes de las masas aseguran a micrófono abierto que hay que acabar con el capitalismo y luego les entusiasma un chiflado de pueblo que va levantándose mercados con carretillas de aluminio. Sería heroico si no lo hubiera escrito ya Valle Inclán. No obstante, hay grandeza en esas ideas: la libertad de los humanos, la justicia universal.

Por lo menos estos Grandes Líderes están dispuestos a sacrificar a seis o siete generaciones para ver ejecutadas sus ideas. Quieren una revolución como es debido, que deje en la miseria a nuestros hijos, nietos, biznietos, a los hijos de los biznietos y a los nietos de los biznietos. Y luego, que luzca la Idea, si queda alguien. Por ejemplo, el estado proletario, el comunismo, la raza aria, incluso el socialismo. Una grandeza en la destrucción es a lo que pueden aspirar los Grandes Líderes incapaces de construir ni siquiera un instituto de enseñanza media.

¡Ah, pero ese no es el caso de Artur Mas, el estadista! Este hombre no está dispuesto a sacrificar más de una generación. Una, como mucho. Y lo que es aún más grave, está persuadido de que sus hijos ya estarán en Inglaterra cuando se realice la Idea. Eso, diría yo, es una mezquindad.

Bien es cierto que la antigua política, la que buscaba la justicia, la libertad, la liberación de los esclavos, la emancipación de las colonias, sabía calcular y calculaba. Se sentaban en torno a una mesa los Grandes Líderes y calculaban. Una guerra civil un millón de muertos, guerrillas incontroladas cien mil muertos, grupos paramilitares veinte mil muertos, milicias del pueblo diez mil muertos, la banda de la porra cinco mil muertos. Y así iban sumando y al final decidían si aquello daba juego o no.

La política actual no tiene aquella dimensión de cuando existía la grandeza. No se trata de liberar al proletariado, de emancipar a los esclavos, de edificar una sociedad basada en la justicia. No. Se trata de abrir estado en Cataluña, como ha sucedido últimamente en Eslovaquia o Montenegro, por poner un ejemplo. Yo creo que el mundo entero se estremeció de dicha al saber que existía una nación llamada Montenegro y adivino que el mundo entero volverá a estremecerse de felicidad cuando sepa que Cataluña es otra nación, aunque nadie lo sospechara. Son asuntos que conmueven el corazón de cualquier humano, que le hacen soñar en luchas en plan Mandela.

Ciertamente es algo un poco más mezquino que la revolución socialista o el fin del apartheid, pero los tiempos son mezquinos y los partidos socialistas están para el desguace. Con un poco de suerte a Cataluña le seguirá la Padania y el mundo entero estallará en un delirio incontenible. ¡Existe la Padania!, exclamarán. ¡La dignidad humana se ha salvado! Estos son los asuntos que interesan a los ciudadanos con estudios o conciencia: Cataluña, la Padania, los Sudetes, el sol rojo de nuestros corazones, la heroicidad, la grandeza.

Por eso me parece que debemos protestar e indignarnos e incluso acudir por decenas a la Plaza de Cataluña a manifestar nuestra ira porque Artur Mas solo sacrifica a una generación y ni siquiera la suya. Él sabe perfectamente, tal y como lo está planteando, que en diez años esa lucha heroica ha hecho agua. Para que la Idea triunfe necesitaremos, pongo por caso, algo más que el terror pequeñito que ha instalado en Cataluña. Arcadi Espada publica una encuesta en su blog sobre lo que opinan algunas grandezas catalanas sobre la independencia. Pues bien, no opinan nada. Parecen intelectuales checoeslovacos un mes antes de los tanques. Alguno llega a decir que solo contestará delante de sus abogados.

Está bien ese terror pequeñito, lo has hecho bien, Artur Mas, y en Cataluña nadie osa abrir la boca ni siquiera para decir que está de acuerdo contigo. Para decir algo semejante hay que montarse en un autobús que te pasa a recoger por Arenys y te lleva al Paseo de Gracia en donde están las cámaras y un señor de Omnium Cultural con los bocadillos. Pero esto es insuficiente: ahora hace falta un terror grande, un terror que no amenace solo a una generación sino que reviente la vida de seis o siete generaciones. Con esa finalidad, no estaría mal que comenzaras a estudiar a los vascos, que llevan ya sus cuatro o cinco generaciones hechas polvo y aún no se han decidido.

Eso sí, es imprescindible que sigas mintiendo como cuando dices “Cataluña, nuevo estado de Europa”, sabiendo que es una estafa para gente que solo lee prensa del movimiento, porque ya han dicho en Bruselas que tendrás que ponerte a la cola e intercambiar tabaco y bebidas con Kosovo. Por eso has de seguir afirmando que te vas de España, para ocultar que de donde te vas, de verdad, es de Europa. Aunque lo más probable es que con esas mentiras no puedas embaucar a más de una generación de ilusos. La siguiente generación, que estará pagando en la nueva moneda (¿el virolai?), se reirá de ti por no haber mentido lo suficiente.

Recuerda que ruina y nacionalismo son las dos fuerzas que dieron el triunfo al totalitarismo en Europa y que solo por ese camino puedes avanzar. Ya has convencido a media población de que su ruina es culpa de los españoles, o sea, de los andaluces, de los gallegos, de los murcianos, y así sucesivamente, todos ellos ladrones. Ahora debes ascender un escalón. Si lees un poco verás que los Grandes Estadistas llega un momento en que tienen que emprender la Gran Marcha, el incendio del Reichstadt, la Marcha sobre Roma, la Noche de los Cristales Rotos, cosas semejantes, pasos decisivos. Solo entonces pasarás de una generación a seis o siete.

Piénsalo, Artur Mas, vuestra Idea se basa en dos pilares: la mentira y la subvención. Eso os hace inestables. Necesitáis un tercer pilar. Ese tercer pilar, el que los vascos no se han atrevido a poner en pie de momento, lo vas a tener que poner tú y pasarás a la historia como el hombre que sacrificó seis generaciones para que Cataluña pudiera salir de Europa. Se lo debes al mundo, se lo debes a la humanidad. Todos los pobres, explotados, aplastados por la injusticia y la tortura, todos los votantes socialistas, por ejemplo, están esperando ese signo en los cielos. Que no te tiemble la mano.


No han entendido nada
Tomás G. Morán La Voz 26 Octubre 2012

Cinco días después, aún no han entendido nada.

No ha entendido nada el PP, que en la resaca de la fiesta no parece que haya tenido tiempo para preguntarse por el paradero de los 145.000 votos perdidos, sobre todo en la columna vertebral que recorre Galicia desde Ferrol hasta Vigo. La mayoría absoluta de Feijoo es la única buena noticia que ha recibido el PP desde que Rajoy es el inquilino de la Moncloa. Y quizás esa circunstancia explique que en Madrid no quieran soltar el salvavidas al que se agarraron el domingo por la noche, y pretendan interpretar lo ocurrido en las urnas como un aval al catálogo de recortes y promesas incumplidas que ha desplegado Rajoy.

Como duren mucho más las fanfarrias, cuando los populares intenten poner los pies en la tierra pueden hundirse en arenas movedizas. Voces solventes, como la de Jaime Miquel, anticiparon ya el domingo el fin del bipartidismo, y pronosticaron que esta será la última legislatura hegemónica del PP en Galicia.

No ha entendido nada el PSOE, el único partido que ha puesto de acuerdo a casi todos los analistas, que coinciden en que habría sido mejor que le dieran el partido por perdido, por incomparecencia. En los días que han pasado desde el batacazo electoral los socialistas se han ocupado del quién (señalando culpables), pero apenas han hablado de los porqués. De por qué se presentó a un candidato circunstancial, surgido de las cenizas del bipartito. De por qué erraron su estrategia empleando en Pemex y Alcoa casi toda su artillería electoral, con Pachi Vázquez y José Blanco mirándose de reojo. El día después, en Santiago y Madrid la historia ha sido más de lo mismo: luchas intestinas en lugar de ideas y aire fresco.

¿Y el Bloque? El Bloque, la UPG, fue quien menos entendió lo que ocurría en la calle, en las universidades, en las redes sociales. Y siguen sin entenderlo. Ni el más mínimo indicio de autocrítica. Encerrados en su caparazón, desde el domingo se comunican con el resto del planeta por altavoces que no emiten más allá del patio de luces de su vecindario. Y en ese eco nos ha parecido escucharles que ellos no se equivocaron. Que se equivocó Galicia. Y que alguien les robó algunas decenas de miles de votos, como si fueran suyos. Y así siguen, instalados en el cervantino «ladran, luego cabalgamos». Un Leitmotiv que deja de ser válido cuando rindes cuentas en las urnas ante los votantes. Que no ladran, muerden.

Estados Unidos
Elección capital
GEES Libertad Digital 26 Octubre 2012

El 6 de noviembre América elige al líder del mundo libre. Por la diferencia entre los candidatos, la elección es decisiva.

Obama ha orientado ideológicamente la nación hacia el intervencionismo estatal. Esta política fallida (el crecimiento es el menor obtenido después de cualquier recesión precedente y la población activa está a niveles de los ochenta) contrasta con la seguida en el resto de Occidente. En la lucha contra la amenaza islamista, Obama ha combinado el uso de aviones teledirigidos para liquidar terroristas y el penal de Guantánamo con la retirada estratégica y el abandono de Oriente Medio, lo que ha llevado a Irán al umbral de la capacidad nuclear. El lamentable incidente libio es significativo. Obama pretendió ser apreciado por sus políticas amigables y limitó la seguridad de embajadas y consulados, pero continuaba matando miembros de Al Qaeda. Cosechó cuatro cadáveres que luego intentó falazmente endosar a un presunto video idiota. Finalmente, la desmesurada deuda americana pone en peligro su autonomía y la recuperación económica mundial, lo que fomenta la agresividad de potencias rivales.

La campaña está obligando a matizar a Obama y promete a los republicanos el control de –al menos– la Cámara de Representantes, lo que evitaría, como estos dos últimos años, los males mayores de un hipotético segundo mandato. Pero la orientación del presidente es clave para Occidente.

¿Quién va ganando? Romney asciende en las encuestas, lo que demuestra que los debates le han resultado favorables, cosa que no sabrán leyendo los medios habituales. Para Rasmussen, que en la pasada elección acertó los porcentajes de los contendientes, el republicano tiene 4 puntos de ventaja. Sin embargo, la media de Real Clear Politics otorga a Romney sólo un 0,9% de margen.

Según la referida media, Romney aventaja a Obama por 206 a 201 votos electorales, con 131 en disputa. En cambio, si se atribuyen estos a los candidatos con más opciones ganaría Obama por 281 a 257. Por fin, en la medición de satisfacción con la labor presidencial, indicativa de las intenciones de voto, tanto Rasmussen como Gallup dan a Obama la fatídica cifra del 50%, que le permite pensar que resultará reelegido. Para acabar de dar emoción al asunto, el estado de Ohio, microcosmos que suele designar al vencedor global, está empatado.

Eso sí, dada la tendencia, Obama no está tan seguro de vencer como lo estaba hace tres semanas.

Es esencial que gane alguien con la visión tradicional americana de un estado limitado que privilegie la tarea fundamental de la seguridad sobre el intervencionismo económico, dejando libre a la sociedad. La consecuencia de unos Estados Unidos en declive sería el fin de la Pax Americana encarnada por Truman y Kennedy, dos demócratas de los de antes. Pensar que los peligros –islamismo radical y expansión china– no son comparables a los de la Guerra Fría y que no requieren similar resistencia sería la mayor temeridad.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Elecciones gallegas 2012 María Iglesias: «En las próximas municipales en Galicia habrá sillas en los plenos que estarán vacías»
Escaños en Blanco logró el domingo más votos que Mario Conde o Compromiso por Galicia
REDACCIÓN / LA VOZ  26 Octubre 2012

En las pasadas elecciones generales Escaños en Blanco (EB) obtuvo 97.000 votos en toda España. En las autonómicas del domingo, 17.116, y su líder María Iglesias (Marín, 1975) augura que en las próximas municipales habrá en Galicia puestos de concejales sin ocupar. «Será la manera de que se vea claramente el malestar social», dice.

-¿Los votos logrados por EB es un éxito de ustedes o un fracaso del sistema?
-Montamos todo en mes y medio. Empecé yo sola y ya somos 110 miembros. Y no crecimos más porque mucha gente nos conoció con el recuento de los votos, pero cada vez más gente pide que el voto en blanco tenga una consecuencia política.

-Escaños en Blanco ha cumplido su propósito al ser sexta fuerza o ¿pretende llegar más lejos?
-Queremos llegar a más gente. El día 17 tendremos una reunión para organizarnos y seguir creciendo.

-Pero entonces serán como un partido más.
-Nosotros expresamos un voto protesta que no se encuentra representado por ningún partido, pero nunca seremos como un partido clásico. Ni cobraremos nunca, ni tampoco ocuparemos escaños, porque lo que defendemos es que el voto en blanco y el nuestro se traduzca en puestos de representación sin ocupar. Es un toque de atención.

-¿Pero no deja de ser utópico?
-Tres puestos de ediles en los pueblos catalanes de Foixà y Gironella ya están vacíos y en Galicia en las próximas municipales también habrá puestos vacíos en los plenos .

-¿Algún concello en concreto?
-Con tres carteles y 300 fotocopias conseguimos 498 votos en Marín. Es un aviso de a onde podemos llegar.

Wert: el próximo curso se solucionará la esolarización en castellano en Baleares
Asegura que el sistema educativo "se ha podido utilizar como herramienta política"
Europa Press www.lavozlibre.com 26 Octubre 2012

Madrid.- El ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, ha afirmado este jueves que tiene el compromiso del presidente de Baleares, José Ramón Bauzá, de que el próximo curso "se va a solucionar" el problema de la escolarización en castellano de los alumnos que así lo soliciten en esta comunidad autónoma.

Así lo ha asegurado en una entrevista en 13TV, en la que ha hecho un repaso de la política educativa del Gobierno y de las reformas que tiene su ministerio por delante, como la Ley de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) que espera que se apruebe antes de verano y se ponga en marcha el curso 2014-2015.

El ministro ha dicho que no se arrepiente de haber empleado el término "españolizar" a los alumnos de Cataluña, tras la polémica, y ha insistido en que dijo en esa contestación parlamentaria que el Ejecutivo quiere que los jóvenes de esta comunidad "se sientan orgullosos" de ser catalanes y españoles.

"Se trata de una vivencia equilibrada", ha apostillado. Preguntado por si algunas comunidades utilizan la educación para politizar, Wert ha contestado que el sistema educativo "se ha podido utilizar como herramienta política" y para ello ha remitido al conocimiento de "muchos libros de texto", de los que, a su juicio, "se deduce que en muchos casos se ha tratado de imponer una conciencia nacional o dirigir ideológicamente a los estudiantes".

Por ello, ha señalado la necesidad de "clarificar" las competencias del Estado, comunidades autónomas y centros escolares y ha precisado que al primero le corresponde la legislación básica y la definición de los contenidos comunes y mínimos para todas las comunidades, a las que se deja "un margen de especificidad".

Mañana
Nota del Editor 26 Octubre 2012

La diferencia entre "el sistema educativo "se ha podido utilizar como herramienta política"" y "el  sistema educativo "se ha utilizado y se utiliza como herramienta política"", es muy significativa: la primera frase quiere decir que en el pasado, alguien ha tenido la posibilidad de utilizarlo, pero no se afirma que lo haya utilizado y la segunda es la realidad: el  sistema educativo "se ha utilizado y se utiliza como herramienta política, de indoctrinación, de conculcación de los derechos humanos y constitucionales de los españoles, de sistema de inoculación de las lenguas regionales en personas que no tenían ni tienen obligación alguna de verse sometido a ello, y en contra de su voluntad y la de su familia.

Estamos hartos de las promesas del PP. Recientemente en Baleares, antes en Galicia. Y ahora que viene Aznar de salvador de patrias, recordarle la carta que le escribimos diciendole que no nos insultara diciendo que podíamos hablar cualquier lengua en cualquier parte.

COSPEDAL TUVO QUE MEDIAR ANTE LOS REPROCHES A SU REFORMA
Los consejeros del PP se rebelan contra Wert en una tensa reunión en Génova
Daniel Forcada. El Confidencial 26 Octubre 2012

El ministro de Educación, José Ignacio Wert, se ha quedado completamente solo y más aislado políticamente que nunca. Ni siquiera los consejeros de Educación del Partido Popular respaldan su cuestionado trabajo al frente del Ministerio, en el que ha conseguido enfrentarse prácticamente con todo el sector educativo y cultural. El pasado lunes, en una tensa reunión celebrada en la sede nacional del PP y en la que estuvo la propia secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, los consejeros se lanzaron en tromba contra una reforma educativa que, según denuncian, fue cocinada por Wert y su equipo de espaldas a todos ellos y que, a su entender, no recoge reivindicaciones que fueron bandera del PP durante sus años de oposición. El ministro, según ha sabido El Confidencial, aguantó el aluvión de críticas y respondió de forma desafiante a algunas de las comunidades, según varias fuentes, y con un "sano intercambio de opiniones", según el Ministerio.

La polémica está servida ante un texto que Wert ha “vendido” al Gobierno como consensuado y en el que no ha habido, hasta ahora, ningún diálogo con las comunidades autónomas que se quejan, entre otras cosas, de haber conocido el proyecto, al igual que el resto de los ciudadanos, a través de la filtración que el Ministerio hizo al diario El País.

La cita de los consejeros con la cúpula del PP se celebró en Génova 13 el pasado lunes a lo largo de todo el día, desde las diez de la mañana hasta última hora de la tarde, y se desarrolló, en su recta final, de forma paralela al Comité Ejecutivo Nacional convocado ese mismo día por Mariano Rajoy para analizar los resultados en Galicia y País Vasco.

Las críticas a la reforma de la ley educativa fueron de tal calado que los responsables del PP en materia educativa, Sandra Moneo y Eugenio Nasarre, decidieron incorporar, de cuatro a cinco de la tarde, a la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, y al vicesecretario general de política autonómica, Javier Arenas, que no se esperaban semejante aluvión de reproches a la reforma. Algo que es rebajado por el Ministerio de Wert a "normal intercambio de opiniones, sin malas caras".

Exigen la libertad de elección de centro
Los consejeros mostraron su rechazo, entre otras cuestiones, a que una ley que promueve el esfuerzo y la excelencia mantenga la posibilidad de que los alumnos puedan pasar de curso con tres suspensos o el hecho de que no se haya corregido lo que el PP calificó en su día como “el derecho a hacer novillos” por parte de los alumnos. Un asunto que se recoge en la LOE de Mercedes Cabrera para garantizar el derecho de reunión de los estudiantes y que fue duramente criticado en su día, entre otros, por la hoy ministra de Fomento, Ana Pastor. Desde el PP añaden que esta cuestión será finalmente retirada de la ley y que si no ha sido eliminada hasta ahora es “porque no se habían dado cuenta”.

Otra de las principales quejas expuestas fue que la ley no recoge la libertad de las familias para elegir colegio, algo que ha sido bandera política del PP durante los últimos ocho años. Tampoco entienden los consejeros que Wert haya eliminado la asignatura de latín del bachillerato de música y que, sin embargo, haya mantenido la cuestionada asignatura de Educación para la Ciudadanía, rebautizada ahora como Educación Cívica y Constitucional. Criticaron también que se haya incumplido la promesa electoral de crear un bachillerato de tres años (en su lugar, 4º de la ESO se convertirá en un curso puente hacia FP o Bachillerato) o que se haya quitado el 10% de las competencias sobre los planes de estudio de las Comunidades Autónomas con lenguas cooficiales sin que se hubiera comunicado previamente a las mismas esta medida.

Los consejeros, en la tensa reunión, exigieron también que el anteproyecto incluya una memoria económica en la que se detalle de dónde se van a sacar los recursos que esta ley exige para contratar a los miles de profesores que van a hacer falta y reprocharon, en el caso de la Comunidad de Madrid, que se sigan poniendo trabas a la contratación de profesores británicos para los centros de educación bilingüe. “Hubo un ambiente de crítica a muchos aspectos concretos del proyecto·”, reconoce uno de los dirigentes presentes en la reunión. “Los consejeros se quejaron de que no han participado en la elaboración del texto y que no se les ha dado bola y hay, en general, una gran insatisfacción con el contenido final. El trabajo de elaboración y redacción del anteproyecto no ha estado bien hecho”, añaden.

Cospedal requiere la presencia de Wert
La situación se volvió tan crítica que Cospedal, que se tenía que incorporar a la reunión del Comité Ejecutivo Nacional, decidió requerir la presencia en la primera planta de Génova del ministro de Educación, que acudió acompañado de su secretaria de Estado, Montserrat Gomendio, y varios asesores.

Fuentes presentes en la reunión destacan que Wert comenzó su intervención en un tono desafiante queriendo dejar claro a los consejeros que no incluirá la libertad de elección de los colegios en la reforma. “Sé que todos queréis incluir la libertad de elección en el texto, pero me da igual, no pienso hacer una ley de partido”, les espetó. A su juicio, no quiere elaborar una ley que el PSOE vaya a modificar a la vuelta de la esquina, añadió.

Algunos de los presentes señalan que Wert utilizó un “tono chulesco y amenazador”, extremo que niegan otros de los dirigentes presentes en la reunión. “Se trató el hecho de que la ley no decía nada de la libertad de elección y él lo reconoció. Vamos a ver si habrá una mayor definición en este sentido”, explica otro de los presentes.

Sea como fuere, lo cierto es que la ley no gusta a la mayor parte de los consejeros del ramo, lo que viene a ser un nuevo frente de problemas para un ministro que, en menos de diez meses, se ha enfrentado con los estudiantes, los padres, el mundo de la cultura y, ahora, con sus propios compañeros de partido.

“La realidad es que a día de hoy ninguna autonomía defiende el texto, y eso que el Ministerio tiene convocada la Conferencia Sectorial de Educación el próximo lunes 29”, añaden. Wert comenzará entonces con mal pie una semana que promete ser complicada para él y en la que, el martes, tendrá que enfrentarse a su reprobación por parte de la oposición en el Congreso de los Diputados.

PD entrevista al autor de 'Diarios de un francotirador. Mis desayunos con ella'
Albert Boadella: "El PSC se ha encargado de que todos los medios catalanes estén por el independentismo"
"La televisión ha bajado los contenidos de calidad pensando que el espectador es débil mental"
Antonio José Chinchetru. Periodista Digital 26 Octubre 2012

Albert Boadella (Barcelona, 1943) es una de las figuras del teatro español más importantes de los últimos años. Fundador de El Joglars en 1961, ha dejado este grupo teatral en 2012, si bien se mantiene activo dentro de las artes escénicas como director de los Teatros del Canal de la Comunidad de Madrid.

Tras haber sido una de las 'bestias negras' del franquismo, se ha convertido en una de las personas más odiadas por el sectario nacionalismo catalán de los últimos años.

Acaba de publicar 'Diarios de un francotirador. Mis desayunos con ella' (Espasa), donde repasa recopila una gran cantidad de textos sobre la actualidad política, social y artística tanto de Cataluña como del resto de España. Son unos comentarios acompañados de breves crónicas domésticas de los desayunos junto con su mujer, Dolors, lo que explica el subtítulo de la obra. Ha visitado Periodista Digital para hablar de este libro y sobre las cuestiones en él tratadas.

NACIONALISMO CATALÁN
"No puedo contra esta realidad [la carta de cuatro eurodiputados a la vicepresidenta de la Comisión Europea pidiendo ayuda ante una intervención militar]. Tendría que censurar esta realidad porque nadie me creería. Si lo hubiera imaginado, lo hubiera construido en una obra antes de que sucediera, todo el mundo me habría dicho que me pasaba, que era un exagerado. Como suele suceder, la realidad supera de largo la ficción".

"La ficción es más potente que la realidad. Ese es el problema. Todo lo que sucede alrededor del nacionalismo catalán, como la mayoría de los nacionalismos, es una ficción: la ficción histórica, las reivindicaciones e, incluso, el enemigo común".

El enemigo común, que es España, es ficción; ya me dirán qué les han hecho los españoles desde hace treinta años a los catalanes. Se ha creado un estado paranoico en el que hay un enemigo a batir y eso da una especie de energía a una sociedad. Si fuese la realidad esa energía desaparecería.

ADOCTRINAMIENTO ESCOLAR
"El traspaso de las competencias de educación es uno de los errores mayores que ha cometido el Estado español en su historia. Porque aparte de ser una fórmula que no favorece el conocimiento, las comunidades que tenían veleidades nacionalistas lo aprovecharon rápidamente para el adoctrinamiento de los niños. Entonces ¿qué han conseguido? Pues generaciones con un odio absoluto hacia España. Y eso claro es de muy difícil solución pero claro ha sido muy efectivo".

"¿En qué se diferencian hoy por hoy los catalanes de los aragoneses, los valencianos o los riojanos? ¿En la lengua? Tampoco es un hecho diferencial especial, porque algo hay que hablar. Sería un hecho diferencial si los catalanes en vez de hablar silbaran. Porque eso sí sería una cultura específica, pero hablan como todos los demás".

Sólo se diferencian en unas cosas puramente folclóricas como es la lengua o los castellers. De la historia pasada piensan que las culpas siempre las ha tenido el vecino, que jamás hemos tenido la responsabilidad. Y claro vivir así es fantástico. Pensar que Colón nació por allí o que Velázquez estuvo pintando allí, claro da para que digan 'uff qué país más maravilloso'. Pero es porque hay mucha gente dispuesta a tragar.

TRAIDOR A CATALUÑA
Sigo reclamando el título de traidor de esta Cataluña. En la Cataluña que yo conocí en mi infancia o en mi juventud había más sensatez, Barcelona era una ciudad que tenía aire cosmopolita y eso en un momento en que había una dictadura que las cosas estaban empobrecidas. Si frente a aquella Cataluña me hubieran llamado traidor me habría sentido muy decepcionado. Pero en esta sí, estoy orgullosísimo de ser un traidor. No sé si lo conseguiré del todo.

"No considerarse español es como el que no va a misa y por esa razón niega que pertenezca a la cultura cristiana. Y digo yo, ¿entonces los 2.000 años de historia de la que procedes que haces con ella? Los catalanes son españoles les guste o no les guste. Y además se han significado como españoles muy provechosos en muchas cosas como Dalí por ejemplo".

CUIDADANOS, PPC Y PSC
"Creí que [Ciudadanos] podía ser una opción sino mayoritaria muy potente en Cataluña y debido a unos circunstancias en el inicio, yo creo que a la falta de experiencia de sus dirigentes, quizá porque uno de ellos era muy joven y que después ha estado en una línea política más interesante, se perdió esta oportunidad porque era todo un poco amateur".

"Esa era mi crítica a Ciudadanos y luego que no ha conseguido hacer una unión con UPyD quizás porque ambas querían un cierto protagonismo. Es lamentable porque creía que Ciudadanos era una mejor opción que el PP porque digamos que no tenía contratos en otra parte. Pero no hay que olvidar que han hecho un trabajo heróico. Pero estoy más cercano a UPyD porque tienen una propuesta para todo el país".

[El PP catalán] es víctima de la contaminación general, está en un oposición intermedia, no acaba de dejar claro al ciudadano que está en contra del todo al nacionalismo. No se atreve a colocar en cuestión las autonomías porque tienen sus feudos y estos son muy importantes para ellos. Esa indecisión, querer jugar a todo a la vez, hace del PP un partido demasiado atenazado que no le permite tener acciones contundentes en el momento oportuno.

"[El PSC] ha sido el responsable de que Cataluña pasara de ser una democracia a ser un régimen. Además sin oposición. A partir de un momento empezaron a competir con los convergentes para ver quien era el que era capaz de bailar la sardana mejor y llegamos a la esquizofrenia máxima con Montilla".

Los medios catalanes están todos por el independentismo y esto es tremendo. El encargado de todo esto ha sido el PSC.

LIBERTAD ARTÍSTICA
"El mejor arte de la humanidad se ha hecho siempre por encargo, pero además con una precisión absoluta. Y yo no creo que estos artistas se sintieran faltos de libertad. No hay nada tan kafkiano, tan difícil de asumir, como enfrentarte a la libertad total. El artista necesita unos determinados límites y, sobre todo, pensar que su arte tiene que ser funcional, que tiene que servir a alguien. Que no es mirarse al ombligo y servir a un yo obsesivo".

La libertad del artista no es hacer lo que te dé la gana, que puede serlo también, sino conseguir emocionar, sorprender, casi diría que conseguir cambiar los esquemas de muchas cosas al espectador.

LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y TELEVISIÓN
"En lo público se ha perdido mucha libertad de expresión. Se ha recurrido a lo más vasto en audiencias en televisión".

Yo viví la etapa de Pilar Miró que fue quien nos llevó a TVE y aquella mujer tenía una claridad de ideas absoluta sobre lo que era la libertad de expresión, de tal forma que cuando yo le pregunté: ¿cuáles son los límites? Que luego no quiero tener jaleos.' Y me dijo claramente que no le gustaría que hiciese cosas directamente sobre los militares, porque recordaba que había hecho la Torna y había sido polémica, y la figura del Rey. Y partir de ahí me dijo que hiciera lo que quiera y así lo hice. Eso ahora es impensable.

"Ha existido una pérdida de calidad porque ahora el producto se dirige a un núcleo de espectadores más amplio. Es decir que se han bajado todos los contenidos de calidad pensando también que el espectador es débil mental".

"Yo creo que subieran un poco la calidad mantendrían el nivel de audiencia pero ellos creen que tienen más audiencia siendo más zafios. Se pueden decir cosas de la monarquía pero lo hacen en término de exabruptos no en plan crítica, de arte, en lo que es la escena".

Albert Boadella, Diarios de un francotirador. Mis desayunos con ella. Espasa, 2012.
*Con la colaboración de Irene Perezagua y Ana Villarubia.


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Aznar: un discurso nacional

EDITORIAL Libertad Digital 26 Octubre 2012

La intervención de José María Aznar en el acto de entrega IV Premio FAES de la Libertad a Mario Vargas Llosa ha sido la más enjundiosa del expresidente en los últimos tiempos, como atestiguan las reacciones extemporáneas y los silencios todavía más elocuentes que su discurso ha provocado.

Aznar ha tenido el coraje de decir en la escena pública lo que piensa la inmensa mayoría de los españoles respecto al disparate autonómico y el proceso disgregador planteado por los nacionalismos periféricos. Porque nadie puede obviar que es la debilidad de un Estado nacional fragmentado artificialmente, como lo es hoy España, la causa de que dos regiones, por cierto claramente privilegiadas a costa del resto de las demás, estén planteando abiertamente un chantaje político bajo la amenaza de una secesión que carece de encaje en cualquier orden jurídico nacional o internacional.

Tal y como afirmó Aznar, es urgente "abordar una reforma que nos permita tener un Estado más ordenado, más eficiente y más justo", porque en estos momentos parece "ya bastante claro que el coste en términos de bienestar y de racionalidad jurídica y económica del deslizamiento de nuestro modelo territorial, es, sencillamente, insostenible". Pero no se trata solamente de una cuestión de mera eficiencia presupuestaria, sino de que después de treinta y cinco años de autonomías para contentar a los nacionalismos, es evidente que estamos ante un sistema fallido con gravísimas consecuencias políticas que, de no atajarse con urgencia, pueden llevarse por delante a la nación en su conjunto.

La responsabilidad de los dos grandes partidos nacionales en esta deriva alocada hacia el abismo es pavorosa, pero no parece que sus dirigentes se den por aludidos, y menos estando a un mes de una cita tan importante como las inminentes elecciones catalanas. En el PSOE, vendido al secesionismo en todas sus vertientes y latitudes, tan sólo José Bono ha tenido la valentía de mostrar su acuerdo con las cuestiones elementales que Aznar desgranó en su discurso. Es cierto que el manchego es un político acostumbrado a jugar siempre con varias barajas –todas marcadas–, pero es necesario reconocer que en la defensa de las grandes cuestiones nacionales ha dado a conocer públicamente su punto de vista y siempre en la buena dirección.

En el Partido Popular, salvo los presidentes de Madrid y Galicia que no han dudado en mostrar su acuerdo, las reacciones a este importante alegato del presidente de honor del partido han oscilado entre el rechazo de la secretaria general del PP en Cataluña, presa de la peculiar esquizofrenia política que tan magros resultados le viene reportando elección tras elección, y el silencio incómodo del presidente del Gobierno, cuya respuesta a la mayor crisis institucional de España en su historia democrática viene siendo la invocación al diálogo y el consenso con los que se atreven a chantajearle en nombre de todos los españoles, según él mismo refirió no hace mucho.

La crisis económica, a pesar de su gravedad incuestionable, no es el problema más acuciante al que se enfrenta nuestro país en la actualidad. La gran cuestión candente, como advirtió ayer Aznar, es la necesidad de vertebración de un auténtico estado nacional, sin fisuras ni chantajes, que sirva para preservar la igualdad y la libertad de todos los españoles y no suponga una losa insostenible en términos financieros como lo es nuestro disparatado sistema autonómico, que los dos grandes partidos nacionales, para nuestra desgracia, parecen empeñados en preservar caiga quien caiga.

El patetismo de Aznar
Graciano Palomo Periodista Digital 26 Octubre 2012

He leído el alegato del ex presidente Aznar , con todo su dramatismo (que comparto), en relación con el golpe secesionista que los dirigentes nacionalistas catalanes intentan perpetrar contra una de las más vieja naciones del mundo.

Por ahí no me van a encontrar. Pero en un político –Aznar lo sigue siendo y sigue abrevando en la teta del Estado- lo importante no es lo que predican si no lo que hacen. O han hecho como es el caso del susodicho.

Veámos. Este señor que llama ahora a modificar la Constitución para atajar a los independentistas -¡cómo si a ellos les importara una higa la Constitución!- tuvo ocho años para hacerlo y cuatro con la mayoría total y absoluta para hacerlo. En cambio, en 1996, cuando estuvo en juego su poltrona y su carrera política, firmó el Pacto del Majestic, esto es, un acuerdo para inflar a dinero y competencias al govern de Jordi Pujol –el fundador y alma del partido que ahora llama a la separación-, prometerle el oro y el moro y al final sólo le dio el oro y al dejarle sin el moro estamos como estamos.

¿De qué habla ahora Aznar? ¿Se habrá vuelto alzheímico? ¿No recuerda su babeo ante Jordi Pujo y Durán Lleida durante aquellos años? Hasta puso de patitas en la calle a Alejo Vidal Quadras, a la sazón presidente del Partido Popular Catalán y a su secretario general, Julio Ariza, que se tuvo que buscar las habichuelas y, mira por donde, las encontró fundando el Grupo Intereconomía.

Usted, señor Aznar, podrá engañar a los que se dejen pero a mi, no. Cuando usted llegó al poder había 170.000 independentistas (ERC) cuando usted se fue había casi 400.000. ¡Claro, usted nunca tuvo responsabilidad alguna! Como tampoco la tuvo a la hora de cooptar a Juan Villalonga para que se forrara en Telefonica, ni nombrar máximo guardia de su Gabinete, a Carlos Aragonés, ni de elevar a categoría de Secretario de Estado para la Comunicación a un incompetente convicto y confeso como un tal Alfredo Timermans que luego, por su mediación, sigue llenando el buche en la transnacional de la telefonía sin dar ni golpe.

Una cosa es predicar y otra dar trigo. Es muy fácil endosarle ahora a Mariano Rajoy –al que sus seguidores en el PP le sacan la piel a tiras día sí y noche también, por blando, mequetrefe y otras lindezas- la responsabilidad de sacar este bicho del pesebre. En medio de una crisis sin precedentes y cuando la caja pública no tiene ya ninguna posibilidad de enajenar ninguna de las joyas de la corona, entre otras cosas, porque usted las vendió todas en aras de su grandeza de estadista sin par.

Usted tendría toda la credibilidad si cuando pudo hubiera puesto coto a tanto desvarío nacionalista periférico y disgregador. Pero no lo puso. Y esto se lo demandará su propio curriculum de enorme gobernante y la historia que intenta reescribir ahora.

Bailando con los nacionalistas
josé maría carrascal ABC  26 Octubre 2012

AHORA resulta que hay un plan para intervenir militarmente en Cataluña. Desde España, naturalmente. Lo denuncian los nacionalistas catalanes en Bruselas, a la que piden ayuda contra Madrid. Parece un chiste, como el de Colón «miembro de la familia real catalana», pero lo dicen completamente en serio. Pues los nacionalistas no tienen sentido del ridículo. Se trata una suerte de borrachera y enamoramiento. Delirium trémens y chifladura colectiva. De hecho, una pesadez. Mejor no hacerles caso, pero no te dejan en paz y se inventan cualquier cosa para seguir con su matraca, sea creerse Napoleón o convencerte de que su chica es la más bella, elegante y espiritual del mundo. La diferencia es que las borracheras y los enamoramientos, pasan, pero los nacionalismos, no, excepto en muy contadas ocasiones. Sobre sus causas hay muchas teorías. La que prefiero es que nace de un complejo de inferioridad convertido en otro de superioridad para disimularlo, aunque ustedes pueden elegir la que les plazca. Lo indudable es que si las borracheras y esa enajenación mental transitoria que es el enamoramiento son peligrosas, no les digo nada del nacionalismo. Con pensar que ha causando más muertes en Europa en los últimos siglos que todas las epidemias juntas, está dicho todo.

Ahora precisamente, cuando el nacionalismo español empezaba a declinar, resurge con fuerza en sus regiones, en unas más que en otras, desde luego. ¿Se trata del mismo nacionalismo transformado, al no poder vivir el hombre sin ese enamoramiento colectivo, que le permite sentirse más grande que solo? No me atrevería a afirmarlo o negarlo, el caso es que abundan entre nosotros, y ahí tenemos a Artur Mas diciendo «No estamos locos», que es lo que suelen decir los locos.

Dice también que no le dijo a Rajoy que se atuviera a las consecuencias si no le daba el pacto fiscal que le pedía. Bueno, si no se lo dijo, lo hizo: nada más regresar a Barcelona anunció nuevas elecciones y un referéndum soberanista. Mientras su consejero de Interior llamaba a corneta a los mozos de escuadra para defender la Generalitat y su gente en Bruselas pedía ayuda a Europa para impedir una invasión del Ejército español que se han sacado de la manga. Todo esto en medio de la mayor crisis económica desde hace casi un siglo y sin tener para pagar las nóminas.

¿Qué podemos hacer? Por lo pronto, no dejarnos provocar. Victimismo y provocación son las dos grandes armas del nacionalismo. No incluyo la mentira porque el nacionalismo es mentira, disfrazada de leyenda, que se transforma en historia por arte de birlibirloque. «La eficacia de un verdadero líder nacional consiste en evitar que se desvíe la atención de su pueblo, centrándola siempre en un solo enemigo», Adolf Hitler, «Mein Kampf», 1924.

¿QUIÉN PAGA EN CATALUÑA?
Editorial ABC  26 Octubre 2012

Cataluña no es diferente de otras comunidades autónomas, lo que desarma el discurso victimista que sigue empleando el nacionalismo en su deriva separatista

LA inmensa mayoría de las 3.100 farmacias de Cataluña cerraron ayer sus puertas para protestar por el impago de los 190 millones de euros que les adeuda la Generalitat de Cataluña. Tiempo le faltó al Ejecutivo de Artur Mas para anunciar que ayer mismo por la mañana había empezado el pago a los farmacéuticos, eso sí, con el dinero -99 millones de euros- que le había adelantado el Gobierno central, con cargo al Fondo de Liquidez. Mientras tanto, los independentistas de Esquerra Republicana van pidiendo un fondo de contingencia para financiar el proceso de independencia catalana. El caso del sector farmacéutico no es el único que revela la descomposición de las cuentas públicas catalanas, que tampoco pueden atender con regularidad los pagos necesarios para mantener determinados servicios públicos, como guarderías o residencias de ancianos. Con este panorama de quiebra económica, que solo se evitará con el dinero de todos los españoles y que transferirá el Gobierno central al catalán, el debate sobre la independencia es una irresponsabilidad política y un insulto a la inteligencia si con él se pretende demostrar que la culpa de la crisis es de España y que una Cataluña independiente tendría asegurada su solvencia. Si este es el planteamiento del Gobierno catalán, es lógico que exista una Cataluña desatendida y frustrada por el grave error que están cometiendo sus dirigentes en la fijación de las prioridades actuales. Además, la contumacia con la que el Gobierno de Artur Mas culpa al Ejecutivo central de los impagos en los que incurre la Administración autonómica acaba siendo un argumento en contra de la capacidad de Cataluña para gestionar su independencia como fuente de riqueza. Su dependencia del Estado central excede con mucho de una situación esporádica de falta de tesorería y se asemeja más a una combinación de mala administración de las finanzas propias con los efectos propios de una crisis económica generalizada. En esto, Cataluña no es diferente de otras comunidades autónomas, lo que desarma el discurso victimista que sigue empleando el nacionalismo.

Cuando lo que preocupa al ciudadano es llegar a fin de mes, pagar sus facturas y sostener dignamente a su familia, estos debates identitarios, historicistas y oportunistas acaban agotando su paciencia y, lo que es peor, su confianza en la política como método para gobernar el bien común. El nacionalismo separatista no repara en el individuo, porque su visión del hombre se pierde en el concepto mesiánico de «pueblo», eliminando lo individual frente a lo colectivo. Por eso, el separatismo crispa ánimos, rompe reglas, pero no resuelve problemas. Agrava los que hay y crea otros nuevos.

LA inmensa mayoría de las 3.100 farmacias de Cataluña cerraron ayer sus puertas para protestar por el impago de los 190 millones de euros que les adeuda la Generalitat de Cataluña. Tiempo le faltó al Ejecutivo de Artur Mas para anunciar que ayer mismo por la mañana había empezado el pago a los farmacéuticos, eso sí, con el dinero -99 millones de euros- que le había adelantado el Gobierno central, con cargo al Fondo de Liquidez. Mientras tanto, los independentistas de Esquerra Republicana van pidiendo un fondo de contingencia para financiar el proceso de independencia catalana. El caso del sector farmacéutico no es el único que revela la descomposición de las cuentas públicas catalanas, que tampoco pueden atender con regularidad los pagos necesarios para mantener determinados servicios públicos, como guarderías o residencias de ancianos. Con este panorama de quiebra económica, que solo se evitará con el dinero de todos los españoles y que transferirá el Gobierno central al catalán, el debate sobre la independencia es una irresponsabilidad política y un insulto a la inteligencia si con él se pretende demostrar que la culpa de la crisis es de España y que una Cataluña independiente tendría asegurada su solvencia. Si este es el planteamiento del Gobierno catalán, es lógico que exista una Cataluña desatendida y frustrada por el grave error que están cometiendo sus dirigentes en la fijación de las prioridades actuales. Además, la contumacia con la que el Gobierno de Artur Mas culpa al Ejecutivo central de los impagos en los que incurre la Administración autonómica acaba siendo un argumento en contra de la capacidad de Cataluña para gestionar su independencia como fuente de riqueza. Su dependencia del Estado central excede con mucho de una situación esporádica de falta de tesorería y se asemeja más a una combinación de mala administración de las finanzas propias con los efectos propios de una crisis económica generalizada. En esto, Cataluña no es diferente de otras comunidades autónomas, lo que desarma el discurso victimista que sigue empleando el nacionalismo.

Cuando lo que preocupa al ciudadano es llegar a fin de mes, pagar sus facturas y sostener dignamente a su familia, estos debates identitarios, historicistas y oportunistas acaban agotando su paciencia y, lo que es peor, su confianza en la política como método para gobernar el bien común. El nacionalismo separatista no repara en el individuo, porque su visión del hombre se pierde en el concepto mesiánico de «pueblo», eliminando lo individual frente a lo colectivo. Por eso, el separatismo crispa ánimos, rompe reglas, pero no resuelve problemas. Agrava los que hay y crea otros nuevos.

LA inmensa mayoría de las 3.100 farmacias de Cataluña cerraron ayer sus puertas para protestar por el impago de los 190 millones de euros que les adeuda la Generalitat de Cataluña. Tiempo le faltó al Ejecutivo de Artur Mas para anunciar que ayer mismo por la mañana había empezado el pago a los farmacéuticos, eso sí, con el dinero -99 millones de euros- que le había adelantado el Gobierno central, con cargo al Fondo de Liquidez. Mientras tanto, los independentistas de Esquerra Republicana van pidiendo un fondo de contingencia para financiar el proceso de independencia catalana. El caso del sector farmacéutico no es el único que revela la descomposición de las cuentas públicas catalanas, que tampoco pueden atender con regularidad los pagos necesarios para mantener determinados servicios públicos, como guarderías o residencias de ancianos. Con este panorama de quiebra económica, que solo se evitará con el dinero de todos los españoles y que transferirá el Gobierno central al catalán, el debate sobre la independencia es una irresponsabilidad política y un insulto a la inteligencia si con él se pretende demostrar que la culpa de la crisis es de España y que una Cataluña independiente tendría asegurada su solvencia. Si este es el planteamiento del Gobierno catalán, es lógico que exista una Cataluña desatendida y frustrada por el grave error que están cometiendo sus dirigentes en la fijación de las prioridades actuales. Además, la contumacia con la que el Gobierno de Artur Mas culpa al Ejecutivo central de los impagos en los que incurre la Administración autonómica acaba siendo un argumento en contra de la capacidad de Cataluña para gestionar su independencia como fuente de riqueza. Su dependencia del Estado central excede con mucho de una situación esporádica de falta de tesorería y se asemeja más a una combinación de mala administración de las finanzas propias con los efectos propios de una crisis económica generalizada. En esto, Cataluña no es diferente de otras comunidades autónomas, lo que desarma el discurso victimista que sigue empleando el nacionalismo.

Cuando lo que preocupa al ciudadano es llegar a fin de mes, pagar sus facturas y sostener dignamente a su familia, estos debates identitarios, historicistas y oportunistas acaban agotando su paciencia y, lo que es peor, su confianza en la política como método para gobernar el bien común. El nacionalismo separatista no repara en el individuo, porque su visión del hombre se pierde en el concepto mesiánico de «pueblo», eliminando lo individual frente a lo colectivo. Por eso, el separatismo crispa ánimos, rompe reglas, pero no resuelve problemas. Agrava los que hay y crea otros nuevos.

Lo de Cataluña no es imposible; tampoco será pacífico
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 26 Octubre 2012

Ya no hay en el Parlament catalanistas no independentistas. El nacionalismo ha dejado de fingir prudencia y se echa al monte. Con PSC dividido y hundido y el PP perplejo, ¿y ahora, qué?

Las elecciones gallegas, y sobre todo las vascas,han demostrado que nada es completamente imposible. Por experiencia histórica y política, una de las mejores contribuciones a hacer realidad un sueño teóricamente imposible es, de hecho, tratarlo como tal. Sonreírse ante las propuestas risibles de extremistas dispuestos a llevarlas adelante a cualquier precio no deja de ser una ayuda a su causa. Podía parecer improbable que Núñez Feijóo ganase con la que está cayendo sobre Mariano Rajoy; pero ha ganado y seguro que se alegra de que sus rivales lo considerasen debilitado. Y hace muy pocos años ETA Batasuna parecía una pesadilla sangrienta de la Transición… pero ahora, quizá a fuerza de darla por liquidada, es la fuerza política central en las tres provincias vascas. Imposible es, como se ve, una categoría inestable.

Un grupo de extremistas, con un programa político radical o antisistema, siempre ha existido. La cuestión es si tiene opciones de dirigir la sociedad o no, y cómo y por qué. Teóricamente, la burguesía nacionalista catalana era inmune al extremismo, y más si venía acompañado de tentaciones de extrema izquierda. Pero el sentido común que pudo valer para Cambó, para algún Dencás, para Roca y para el último Tarradellas (pero no para el primero, y desde luego tampoco para Maciá, para Companys y para el Jordi Pujol real), no vale para Artur Mas. El líder nacionalista ha llevado hasta su extremo la ecuación de los fanáticos, al identificar Cataluña con el proyecto de los que opinan como él, y al movilizar todo tipo de sentimientos para conservar el poder. Caiga quien caiga.

Y como en 1931 y en 1936, lo de la Cataluña independentista es absurdo pero no es imposible. El precio sería, o será, muy grande, pero no olvidemos que se trata de personas para las que su "nación" (que no lo es) importa más que cualquier sacrificio (que hagan los demás). Mas ha lanzado este órdago para ganar (de momento, el muy constitucional poder autonómico), y puede ganar reforzado por las sonrisas de los que ven lo ridículo del asunto sin darse cuenta de que puede llegar a ello y que está dispuesto en determinados casos.

A diferencia del nacionalismo vasco, el catalán goza en el resto de España de una amplia fama de sensato, prudente y comedido, tan merecida como la que los navarros de esta generación de políticos tienen de buenos gestores de lo público. Debemos entender que es un separatismo que recurrirá a los medios que crea necesitar y que no ha venido para hacer favores a nadie. Son por definición enemigos de la convivencia civil en España, y antes de concederles el beneficio de la duda conviene tener presente el contexto histórico en el que podemos estar en la muy equilibrada opinión de Fernando Vaquero.

La toma del poder por los nazis y la independencia de Cataluña
"Muchos pensaban –desde políticos a periodistas, pasando por ciudadanos de todas las categorías- que el independentismo, más o menos explícito, de los catalanistas de CiU, era retórico; poco más que una herramienta chantajista al servicio de intereses básicamente crematísticos y cortoplacistas. Ante sucesivas y cansinas reivindicaciones: las consiguientes cesiones en materia económica, transferencias de competencias… y todo volvería a su cauce. Ya se sabe, con dinero de por medio, y algo de mano izquierda, todo se resuelve. Una fórmula, aplicada sucesivamente por UCD, PP y PSOE, que aparentemente funcionaba. Al menos sirvió para adormecer conciencias y salir del paso.

Que el presidente de la Generalidad catalana asumiera totalmente la manifestación independentista celebrada en Barcelona en la última Diada, proporcionándole una hoja de ruta, cogió a muchos políticos y periodistas con el paso cambiado. Pero, ¿realmente iban en serio? ¿No se conformarían con más transferencias, dinero para su crisis, o un concierto a lo vasco y navarro? ¿España federal, confederal o lo que fuera?

La lectura de "La toma del poder por los nazis. La experiencia de una pequeña ciudad alemana, 1922-1945", versión ensayística de la tesis doctoral de William Sheridan Allen correspondiente a la edición revisada en inglés de 1984, proporciona ciertas claves interpretativas de una situación inimaginable entonces… y ahora.

En primer lugar, constata que los nazis tomaron el poder, entre otros motivos, merced a la existencia de un clima cultural y metapolítico precursor de su propio programa en el que podían desenvolverse y crecer. Así, militarismo y nacionalismo pangermanista extremos eran ingredientes fundamentales de una cultura política muy arraigada entre diversos sectores sociales de la ciudad, especialmente la aristocracia, la burguesía, y la clase media-baja del extenso funcionariado presente en Northeim. Los nazis no predicaban en un desierto: no eran extraterrestres arrojados a un medio extraño y hostil. Sus propuestas, conforme a los análisis del momento, que se demostrarían fatalmente errados, no suponían una ruptura con algunas de las categorías mentales y los valores más significativos de ese amplísimo sector ciudadano. Numerosos clubs, agrupaciones deportivas y de tiro, entidades folklóricas, sociedades patrióticas y de excombatientes de la primera guerra mundial, asociaciones de intereses económicos, etc., engrosaban un potente tejido social proclive a la retórica nazi y, en todo caso, enemigo visceral del discurso oficial republicano de Weimar.

En segundo lugar: el rol del miedo irracional desatado por la crisis económica. La burguesía y la clase media de la ciudad de Northeim, si bien no fueron golpeadas por la misma como lo fueran sus obreros, sufrieron un miedo pavoroso ante la incertidumbre generada por esa nueva situación cuyo alcance estaba por determinar y de la que se desconocía una segura salida. En consecuencia, se arrojaron en brazos de quienes se presentaron como los más resueltos e ilusionantes: los nazis.

Tercer factor. Se incurrió, generalmente, en un gravísimo error: ignorarse la naturaleza nihilista, irracional y racista del nazismo. De tal modo, no se percibió que determinados fines programáticos claramente expresados, por ejemplo su voluntad de exterminio del "enemigo judío", eran sinceros y no menos excesos verbales.

A tamaño fracaso analítico de los rivales del nazismo en ciernes, se sumó –anulándoles como alternativa viable- una palmaria incapacidad en su elaboración de respuestas políticas a los desafíos reales del momento; especialmente entre unos socialdemócratas atrapados por una retórica extremista sin vocación revolucionaria ni voluntad de resistencia. Así, la demagogia nazi se presentó como la solución oportuna y deseable a la crisis, mientras que los demás partidos se mostraban rutinarios, apocados y poco imaginativos.

Algo parecido viene sucediendo en España con el tratamiento dispensado al nacionalismo catalán, a resultas de una incorrecta percepción de su verdadera naturaleza política; de ahí el estupor generalizado y la consiguiente parálisis que atenaza España.

El catalán, como todo nacionalismo, responde particularmente a motivaciones irracionales y sentimentales; sin que deba nunca ser subestimado por ello. Al margen de coyunturas precisas, todo nacionalismo consecuente deriva en independentismo. No puede conformarse con menos. Hoy, o mañana, todo partido independentista perseguirá la creación de una comunidad nacional: con Estado, si puede ser. De modo que, en última instancia, hoy nos encontramos ante lo inevitable; aunque ayer no se quisiera ver.

Mientras se ignoraban evidentes signos de alarma, la mentalidad nacionalista era sembrada desde numerosas políticas de la Generalidad a lo largo de las últimas décadas: especialmente con el concurso de los medios de comunicación allí presentes (públicos, pero también privados), la educación en todos sus niveles, las más diversas actuaciones lingüísticas e identitarias, y cuantas medidas de carácter económico coadyuvaran su programa. Y ello ante la inhibición, incredulidad, salvo posicionamientos ocasionales y marginales, de las élites españolas.

Hoy día, la crisis que viene sufriendo España se ha manifestado abrupta y dolorosamente en el plano económico. Pero la situación actual responde a un estado moral previo. Y el nacionalismo se ha decidido, finalmente, a aprovechar esta situación dislocada y de desintegración. Ya no cabe marcha atrás.

Es posible que las variables económicas de una secesión territorial no sean valoradas adecuadamente por los actores en juego. Es más, desde una perspectiva netamente económica, la independencia es poco rentable: es algo de lo poco en que están de acuerdo al respecto todos los expertos en la materia. Pero no importa, pues para los nacionalistas lo más importante no es la economía: hay algo más, mucho más. Se trata del alma de su nación. Por ello, se han puesto en marcha.

Lanzado tan inevitable como aplazado desafío, algo deberá hacer el Estado español para frenar o neutralizar el proceso secesionista en curso; pues no parece que pueda limitarse a encauzarlo tal y como se venía haciendo. De momento, ante el anuncio de que el Gobierno interpondría un recurso ante el Tribunal Constitucional de convocarse un referéndum secesionista, se siguen escuchando las carcajadas de los nacionalistas. Pobrecitos: están aterrorizados ante tanta energía y decisión. Rajoy y sus chicos/as: huesos difíciles de roer...

El nacionalismo catalán se ha decidido por la ruptura en un momento muy delicado y acaso decisivo, contando con una sociedad en buena medida proclive a la aventura secesionista: a tal fin venía trabajando. Construían nación desde la cultura y la política. Desde las instituciones y la vida cotidiana. Imponían determinadas políticas lingüísticas, por ejemplo, no por mero capricho, sino como precisa táctica dirigida a un fin: sembrar para un día recoger. Entonces… ¡hablaban en serio! ¡Realmente aspiraban a la independencia de Cataluña! Y, todavía, no pocas de las preclaras mentes rectoras de España siguen sin asimilarlo...

El nacionalismo se ha beneficiado, al igual que los nazis, de análogas circunstancias, gracias en buena medida a la pereza, inconsistencia y falta de perspicacia de unas élites más preocupadas por un presente rentable para sus intereses personales o de casta, que por el destino de la nación española.

En este contexto, PSC/PSOE han incurrido, al igual que sus tíos del SPD alemán en los tiempos de Weimar, en una gravísima responsabilidad. En lugar de sostener una posición propia con vigor, obrerista, internacionalista incluso, y por tanto, enemigo de cualquier nacionalismo, se han rendido intelectual y vitalmente a una cultura antitética por definición, como es la nacionalista, haciéndola propia en una contradictoria mixtura.

En general, tal y como vienen declarando algunos líderes de UPyD, se ha renunciado, desde los poderes españoles, a cualquier "pedagogía democrática" que pudiera contrarrestar el adoctrinamiento masivo y la conquista de voluntades desplegados por los nacionalistas. Pero no sólo eso.Los políticos, periodistas, jueces e intelectuales que han liderado España en las últimas décadas, han desarmado moralmente a la nación española al errar –intencionadamente o no- en su valoración del verdadero programa nacionalista. Simultáneamente, privaban de contenido a toda expresión consistente de patriotismo español; asimilándolo a "franquismo", autoritarismo, etc. El centro-derecha, por complejos. La izquierda, por sectarismo ideológico. Para colmo, como veíamos, han proporcionado irresponsablemente, a los nacionalistas, las armas –culturales, económica, institucionales- con las que se han impulsado hasta llegar a esta coyuntura.

España está en crisis: económica, social, nacional… ¡moral! Ante vicisitudes extremas, afloran miedos colectivos: a los otros, al futuro…, señalando chivos expiatorios: el judío, entonces, España, ahora. El miedo puede arrojar en brazos de los más decididos a sectores sociales no necesariamente identificados con su programa; emoción transfigurada en ilusión colectiva e iluminada por una utopía independentista. Una nueva patria, un nuevo horizonte, una nueva esperanza. Un miedo, ¡que contraste!, paralizador de una sociedad española agotada por la crisis y castrada por una casta oligárquica egoísta.

El juez Pedraz lo ha afirmado: la clase política española está en decadencia. Pero, decadente –concretaremos- sólo en lo que a su verdadera y más alta misión refiere: el servicio al bien común. Por el contrario, para perpetuarse en el poder lo ha hecho muy bien, imposibilitando cualquier posibilidades de regeneración y, acaso, de alternativa.

Lo lamentable es que en su fracaso como élite –en el sentido más elevado y acreedor del término- esté agarrotando a toda una nación, arrastrándola hacia una lenta y tal vez irremediable agonía cuando sus enemigos más acérrimos se lanzan a romperla".

Fernando José Vaquero Oroquieta
Ya lo sé, los maulets no son SA ni SS. Soy consciente (y ellos también). Pero lo que debemos entender es que un nacionalismo totalitario tiene una capacidad de movilización y de atractivo que muy a menudo sus enemigos democráticos no saben valorar. Un nacionalismo, y más con uso y abuso de los medios públicos como es el caso, es capaz de llenar vidas vacías y de dar sentido a existencias desorientadas… algo que si siempre es peligroso lo es más en tiempos de crisis; una crisis que, mucho más, mucho antes y mucho más gravemente es de principios que económica. Y si no entendemos eso, amigos míos, el nacionalismo llegará muy adelante en sus intenciones y detenerlo será a cada paso más difícil y más costoso. Hasta que algún usurero diga que "no merece la pena" detenerlos. Y desde su punto de vista, claro, será verdad. Pero no desde el de España.

El origen de todo esto fue:
Pedro de Hoyos Periodista Digital 26 Octubre 2012

Primero: la crisis moral de España. No me refiero al aspecto religioso (que también iría por ahí) sino moral, simplemente. Propongo dos ejemplos extremos:

.....A) La penosa caída de la educación (no se piden las cosas por favor, ni se pide perdón ni se dan las gracias. No pasa en ninguna otra cultura) y del conocimiento, como muestra la encuesta PISA, a pesar de los millones invertidos en Educación. Sólo estamos los primeros en abandono escolar. Recordemos que el botellón es un derecho innato para una parte de nuestra juventud.

.....B) Se sabe públicamente, y hasta se ha dicho en un parlamento, que hay partidos corruptos que se embolsan el 3% de las obras públicas y sin embargo no pasa nada, no hay delito, todo se tapa. Hasta el Rey da ejemplo inmoral y mantiene queridas, fotografiadas y conocidas por todos.

Segundo: A esa crisis de moral humana se une la repugnante crisis capitalista (Sin duda fue buscada, intencionada) que nos ha empobrecido hasta extremos increíbles, pues el 20% de la población está bajo el índice de pobreza, sin embargo se han dirigido multimillonarias subvenciones públicas a la Banca, que van a manos desconocidas y privadas. ¿Cabe mayor inmoralidad?

Se avecinan malos tiempos, Euskadi se sumará a la marejada catalana coordinando esfuerzos. Mas ha sabido mover la sociedad, aprovechando el profundo desprestigio (cultural, político y económico) de España, para llevar el agua a su molino. Si lo quieren de verdad se van a separar, pero tal vez no sea eso lo que busquen sino aumentar sus ventajas económicas, fiscales, políticas y sociales para medrar y crecer. La cosa se parará allá donde ellos quieran. ¿Sentirán vértigo al ver a su alcance la independencia? Pero sobre todo: ¿Qué les va a ofrecer el Estado para que no se independicen? Me temo que se ha cedido tanto y tantos años ante los nacionalistas, (Aznar, Zapatero) que nada tiene ya remedio. Se hará lo que ellos quieran y hasta que ellos quieran, el Estado no tiene fuerza. Sea como sea los castellanos y los que se queden con nosotros pagaremos los platos rotos. ¿Son conscientes nuestros ineptos parlamentarios de que nos van a vender por un plato de lentejas? ¡Cabrones!

La crisis política tiene su origen en la Constitución actual y en que los nacionalistas sólo querían autonomía para ellos; el “café para todos” les hizo elevar sus ambiciones progresivamente, no podían ser uno más del pelotón español. Lo mejor para todos: salir corriendo.

@pedrodehoyos

En clave de marcha atrás
José Javaloyes www.republica.com 26 Octubre 2012

La declaración del portavoz del Gobierno de la Generalidad de Cataluña en el sentido de que oclusión del horizonte europeo para una eventual adhesión del Principado como Estado miembro de la UE, significaría tanto como el reconocimiento de la imposibilidad de la independencia catalana en los términos que ha sido propuesta. Dicho y entendido de otra manera: Artur Mas incluye ahora una marcha atrás en su motorización del proyecto secesionista respecto de la adhesión de Cataluña a la UE como nación y como Estado.

No es manca la novedad. Aunque menos que en el fondo todo estuviera claro desde un principio. De ninguna de las formas cupo nunca pensar que el sueño soberanista plenario fuera viable. La adhesión a la Unión Europea de un socio nuevo necesita el consentimiento de todos los Estados miembros de la misma. Y el voto del Estado español sería un valladar infranqueable. Ni siquiera en el supuesto de que el principio de unanimidad en la UE fuera sustituido por el de mayoría simple, cabría la posibilidad de que Cataluña se le pudiera aceptar en Bruselas. Ninguno de los socios, por la lógica coherencia de su propia integridad nacional, transaría con la posibilidad de una cosa así. Sería cosa de locos.

Entonces, estando tan claras las cosas, ¿por qué el indecente follón montado por Mas con el solo soporte del gentío reunido al hilo de la última Diada, cuyo coste y base de financiación sería más que conveniente averiguar? Aunque por encima de ello estaría el importe de los daños que en términos de encarecimiento de nuestra prima de riesgo ha supuesto esta fantasmada de campaña independentista, cuya rectificación parece haber comenzado ahora conforme la citada declaración del portavoz.

Sólo la catastrófica magnitud del fracaso gestor de los nacionalistas y socialistas del PSC, junto a la necesidad electoral de cubrir las vergüenzas del histórico desaguisado, explicaría el viaje a la nada practicado por las fuerzas políticas suscribientes del Pacto del Tinell: indecente acuerdo firmado ante notario por el que se quiso marginar en el ostracismo al Partido Popular.

De forma implícita, lo que viene a demostrar ahora el canto de la gallina soberanista, al reconocer que la idea de que Cataluña formara parte de la Unión Europea encarna poco menos que un imposible metafísico, es la certeza de que estamos ante el derrumbe de la pantalla con la que se ha pretendido tapar el inmenso desaguisado gestor de los gobernantes nacionalistas y de sus socios socialistas. En este sentido no deja de tener interés la hipótesis de que junto a los gastos originados por las “embajadas”, “consulados” y las fantasmales cátedras de catalán en numerosas naciones del exterior –nutridas por paniaguados del mundo tripartito-, especialmente en universidades norteamericanas, hay que sumar los enormes recursos aplicados a la catalanización de las Autonomías valenciana y balear dentro de un aberrante signo “imperialista”. Basado todo en un largo y sostenido proceso de falsificación histórica sobre el origen de las respectivas lenguas, apoyado en la interpretación errónea del “Llibre dels Repartiments”, encontrado por un tal Bofarull, a mediados del Siglo XIX, en el Archivo de la Corona de Aragón. Un asunto éste sobre el que puede ilustrar a todos el profesor Ubieto Arteta.

¿Hay que modificar La Constitución y el Estado de las Autonomías?
José Antonio Yturriaga www.vozpopuli.com 26 Octubre 2012

Existe un clamor generalizado de crítica del funcionamiento actual del Estado de las Autonomías, hasta el punto de que –según el CIS- el 40% de la población se ha pronunciado en contra del mismo. Crecen las voces favorables a la reforma de la Constitución para modificar el régimen autonómico vigente. Las soluciones que se apuntan van de la vuelta al Estado centralizado a la independencia, pasando por un federalismo más o menos asimétrico o un régimen confederal. Con o sin cambio constitucional, todos parecen coincidir en que no se puede seguir manteniendo la grave situación de despilfarro de las comunidades autónomas.

El Estado de las Autonomías en la Constitución
A la hora de establecer la estructura del Estado, los autores de la Constitución de 1978 se enfrentaron con el grave y difícil problema de cómo encajar las comunidades con lengua propia que habían tenido con anterioridad algún tipo de autogobiernó. Descartaron las fórmulas federales -que tan desastrosos resultados habían producido durante la I República- y salvaron el escollo de forma hábil y pragmática, al reconocer en el artículo 2 “el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones” que integran la Nación española. Preveían con ello regímenes diferenciados para las comunidades históricas y para el resto de las regiones, estableciendo distintas vías de acceso a la autonomía. Este esquema fue, sin embargo, puesto en tela de juicio tras la decisión de Andalucía de celebrar un referéndum y sumarse a las comunidades de 1ª división, por lo que su Estatuto de 1981 siguió el modelo de las tres presuntas “nacionalidades”: País Vasco, Cataluña y Galicia. El Gobierno cometió entonces el inmenso error de recurrir a la fórmula de “café para todos” y, en vez de aguar el vino de las nacionalidades, echó vino en el agua de las regiones, extendiendo el sentimiento autonómico a provincias donde no existía o era bastante débil. Al redactar estas CCAA sus Estatutos, tomaron como punto de partida el régimen concedido a las nacionalidades e incluso lo ampliaron.

Las comunidades históricas –que no aceptaban ser tratadas igual que las demás regiones- exigieron competencias adicionales al amparo del artículo 150-2, que permite transferir o delegar facultades en materia de titularidad estatal. Se inició así una puja para ver cuál salía más beneficiada, lo que llevó a la invocación por algunas comunidades de la “cláusula de comunidad más favorecida” –la insólita “fórmula Camps”- y dejó de esta forma abierto indefinidamente el proceso de transferencia de competencias del Gobierno central. El Estado de las Autonomías recibió un golpe decisivo con la modificación en 2006 del Estatuto de Cataluña, que –pese a las rebajas de las Cortes y del TC- estableció un régimen cuasi confederal, que, no obstante, ha sido considerado insuficiente por los nacionalistas catalanes, quienes –recurriendo al victimismo y a la falacia de que “España nos roba”- se han pronunciado abiertamente por la independencia.

Soluciones propuestas: recentralización, federación, confederación, independencia
Examinemos brevemente las soluciones que se han sugerido para resolver esta delicada situación. Gaspar Ariño o Ignacio Camuñas han propugnado el regreso a un Estado centralizado, en el que el Gobierno recupere buena parte de las competencias transferidas y las comunidades reduzcan sus hipertrofiadas estructuras administrativas. Esta solución, sin embargo, no es –en opinión de Francisco Sosa y Mercedes Fuertes- ni deseable ni posible, porque las diferentes formas de descentralización territorial han pasado a formar parte de los componentes de la democracia moderna. No resulta además viable porque difícilmente recibiría el apoyo necesario para la reforma de la Constitución. Hay muchos derechos adquiridos en las 17 CCAA y pocos parecen dispuestos a renunciar a ellos. Desestabilizar la Carta Magna para modificar un sistema autonómico que hizo posible la Transición y ha prestado –y sigue prestando- un importante servicio a la sociedad sería disparatado, pues pondría en entredicho la pertinencia y validez de un instrumento que fue aprobado en su día por amplio consenso –incluido el de la mayor parte del nacionalismo-, y proporcionaría argumentos a los nacionalistas para justificar su actitud secesionista.

La independencia de Cataluña del País Vasco sería jurídicamente ilegítima, políticamente disparatada, socialmente injusta y económicamente inviable.
El PSC y –a remolque- el PSOE han descubierto la pócima mágica del federalismo. Para José Montilla, el Estado de las Autonomías o avanza en sentido federal o se bloquea. Carme Chacón también estima que el régimen está agotado y apuesta por un federalismo sin privilegios, aunque reconozca que España es un país asimétrico y simpatice con el “federalismo asimétrico” de Pascual Maragall, noción que se contradice con el carácter igualitario de este tipo de régimen. Jorge de Esteban ha señalado que el reparto de competencias entre el Estado federal y los Estados federados no tiene que ser homogéneo, pero no debe ser asimétrico y ha de permitir que los derechos fundamentales sean iguales en todo el territorio. Los regímenes federales tienen carácter cerrado, ya que la distribución de competencias se encuentra claramente establecida en la Constitución, y es poco probable que los nacionalistas de Cataluña y Euskadi acepten un régimen que no satisfaga sus reivindicaciones como naciones. Como han apuntado Sosa y Fuertes, si el Estado de las Autonomías se estableció para contentar a los nacionalistas y éstos siguen insatisfechos, “es lícito preguntarnos si, al ponernos bajo la advocación de los manes del federalismo, nos espera idéntica frustración”.

Otra teórica solución sería la de una Confederación formada por España y las naciones de Cataluña, País Vasco y Galicia, todas ellas en pie de igualdad. Sería un paso previo a la plena independencia, tal como desean los nacionalistas. Sin embargo, la independencia impuesta de Cataluña o del País Vasco –sea de forma directa o diferida- sería jurídicamente ilegítima por anticonstitucional, políticamente disparatada, socialmente injusta y económicamente inviable. Quienes traten de violar la legalidad vigente tendrán que asumir las consecuencias en los planos nacional, europeo e internacional.

Mantenimiento del régimen vigente con correcciones
Dado que es poco probable una reforma de la Constitución por falta de consenso, queda la solución de mantener el “status quo” del Estado de las Autonomías y tratar de mejorarlo, pues -como ha señalado el ex Presidente de la Rioja Joaquín Espert- las críticas afectan, más que al sistema en sí, a los excesos en que ha incurrido. Ya en 1981, el Comité de Expertos presidido por Eduardo García de Enterría advirtió que resultaría gravemente inconveniente para la salud del sistema que las comunidades reprodujeran en su propio espacio los esquemas organizativos de la administración del Estado, y eso es justamente lo que han hecho. Hay que reducir su aparato administrativo al mínimo indispensable para el ejercicio de sus competencias, evitar duplicidades, simplificar estructuras y suprimir empresas innecesarias, reducir personal, mejorar la eficacia de la gestión, eliminar trabas burocráticas y no gastar más de lo que ingresen, para hacerlas económicamente sostenibles . También se debería potenciar el Senado y darle competencias en cuestiones autonómicas. Éstas y otras muchas mejoras podrían realizarse sin necesidad de modificar el modelo y reformar la Constitución. Según Pedro Silva, ex-Presidente de Asturias, desmontar el régimen autonómico o rehacerlo en plena crisis es tan insensato como proclamar la independencia. Como ha observado Ignacio Sotelo, no se puede desarmar el Estado de las Autonomías sin poner en cuestión la institución democrática o provocar que se escindan las comunidades históricas. Dicho Estado surgió con la democracia y su supresión podría suponer el fin de la democracia.

Hay que cargarse las autonomías y conseguir un estado eficiente
Nota del Editor 26 Octubre 2012

Libertad, igualdad, fraternidad, sin eficiencia son deseos imposibles. La eficiencia se basa en un idioma común, en una legislación única. La oficialización de las lenguas regionales ha sido el mayor disparate que se ha podido cometer contra España y los españoles.

Las autonomías son el cáncer de España y mientras no se desmantelen, España no tiene solución. La evolución global nos despierta cada día con nuevos y difíciles problemas y para enfrentarnos a ellos, son indispensables estas dos medidas: español y legislación simple, que no admita reinterpretación de los jueces. Es inadmisible que la aplicación de las leyes esté sometida a lo que convenga a unos tipos que han aprobado una oposición (y sólo en algunos casos) y sin responsabilidad alguna de sus consecuencias malignas.

Cataluña
¿Es sagrada la unidad de Cataluña?
Cristina Losada Libertad Digital 26 Octubre 2012

De advertencia calificó alguna prensa esta reflexión del presidente Aznar en la entrega de un premio a Vargas Llosa:

España sólo podría romperse si Cataluña sufriera antes su propia ruptura como sociedad, como cultura y como tradición. Cataluña no podrá permanecer unida si no permanece española. Quien piense que sólo está en juego la unidad de España se equivoca. Antes de eso, está en juego la integridad de Cataluña.

Y tanto. Lejos de la advertencia, y lejos de la amenaza que hacían latir bajo esa advertencia, las palabras de Aznar se limitan a constatar. Constatan algo de lo que, naturalmente, no quieren oír hablar los secesionistas, aunque anida implícito en su propio planteamiento. Lo explicaba con claridad canadiense el politólogo quebequés Stéphane Dion, que en su etapa ministerial impulsó el dictamen del Tribunal Supremo sobre las pretensiones de Quebec: "El principio de que no se puede retener a nadie contra su voluntad tiene que aplicarse en todas las direcciones". Esto es, no se puede declarar la divisibilidad de un Estado sin aceptar, al mismo tiempo, que también es divisible el futuro Estado desgajado. Aquel dictamen del Supremo validó este razonamiento impecable. Si una parte del territorio de Quebec opta por seguir en Canadá, tiene derecho a ello. No se pueden usar dos varas de medir.

Aplicado a lo nuestro, significa que si España puede dividirse, Cataluña, también. Si la unidad de España no es sagrada, la de Cataluña tampoco. Si se hiciera realidad el proyecto de los nacionalistas, y los dioses les castigan con el cumplimiento de sus deseos, una parte de Cataluña que quisiera quedarse en España tendría todo el derecho a hacerlo. Por supuesto, los secesionistas prefieren afrentar a la coherencia antes de reconocer que la ruptura que preconizan incluye la posibilidad de romper con ellos. Pero está ahí, ineluctable. Un referéndum para separarse de España abre la puerta a un referéndum para separarse de Cataluña. Y la Generalitat habría de aceptar, mal que le pese, que Barcelona y su periferia, pongamos, decidieran permanecer en España. O mandar a la Guardia Urbana mientras pide una intervención de la OTAN.

En cualquier caso, la fractura catalana estará servida desde el instante en que el tejido constitucional se rasgue. Sólo los pánfilos que creen –y los listos que hacen creer– que Cataluña es monolítica y unánime pueden ignorar tales consecuencias. Los efectos desintegradores sin límite que ya presagió Popper cuando las monarquías imperiales europeas se deshicieron invocando la autodeterminación. Es un principio contradictorio, sostuvo, pues la liberación de pueblos y minorías crea más minorías. Y más conflictos.

QUERELLA EN LA AUDIENCIA Naciona
La AVT pide que Bolinaga vuelva a prisión porque violó el auto de libertad
Recuerda que uno de los requisitos para la excarcelación era que no participase en ningún acto de ETA ni hiciese apología del terrorismo.
ÁNGELA MARTIALAY Seguir a @AngelaMartialay Libertad Digital 26 Octubre 2012

Los servicios jurídicos de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) han presentado este viernes una querella contra el etarra Iosu Uribetxebarria Bolinaga por un delito de enaltecimiento del terrorismo cometido presuntamente cuando abandonó el pasado martes el hospital Donosita de San Sebastián y fue recibido en la localidad vasca donde reside, Mondragón, entre loas a ETA.

Junto al expreso etarra, la querella también se dirige a "todas aquellas personas que, aún sin identificar, participaron en el recibimiento y homenaje" realizado a Bolinaga el pasado 23 de octubre en la localidad guipuzcoana.

En la resolución, se señala que quienes que participaron en ese homenaje portaban banderas a favor de los presos de ETA y profirieron gritos tales como "Jo Ta Ke Irabazi Arte (dale hasta conseguirlo), expresión utilizada los propios miembros de ETA para estimular a "la lucha armada y animar su continuación".

Desde la asociación que preside Ángeles Pedraza se subraya que el juez de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional, José Luis de Castro, impuso como medida cautelar a Uribetxebarria Bolinaga la "prohibición de participar de forma activa o pasiva en manifestación públicas de enaltecimiento o legitimación de la violencia, especialmente de la banda terrorista ETA".

En este sentido, la AVT subraya que el etarra enfermo de cáncer se saltó esta prohibición a sabiendas. "Tras ser recibido en la localidad Mondragón, el expreso y sus familiares entraron a un local relacionado con el entorno de ETA y donde se homenajeó a Bolinaga con su plena aquiescencia y siendo plenamente consciente el querellado del significado que dicha acción estaba constituyendo, que no era otra que alabarle y homenajearle, sin que el mismo mostrara reticencia alguna a su realización", reza la querella.

En la resolución se recuerda que "el delito de enaltecimiento del terrorismo concurren dos figuras claramente diferenciadas, a) el enaltecimiento o justificación del terrorismo o de sus autores y b) la realización de actos en desprecio, descrédito o humillación de las víctimas de delitos de naturaleza terrorista. El acto de recibimiento, aprovechando el retorno de nuevo a su localidad de residencia, ha sido realizado en el sentido de homenaje, adulación y justificación de las acciones delictivas realizadas por el querellado".

Asimismo, la AVT mantiene que el terrorista "conoce las reglas de conducta impuestas por el Juzgado de Vigilancia y a pesar de ello participa en ese acto de ensalzamiento, ya sea de forma activa o pasiva sin que en momento alguno rechace o se niegue a la realización del acto siendo plenamente consciente que el mismo tiene como sentido homenajearle a la llegada a su localidad tras largo tiempo privado de libertad".

Ante esto, y otros datos aportados, la AVT observa que existen "evidentes elementos de punibilidad por delito de enaltecimiento del terrorismo" y se solicita la admisión de la querella por el Juzgado Central Decano de Instrucción de la Audiencia Nacional. Ahora la querella irá a reparto y será analizada por uno de los seis jueces de instrucción que deberá decidir si se admite a trámite o no la misma.

La asociación de Ángeles Pedraza pretende demostrar que Uribetxbarria Bolinaga cometió un delito de enaltecimiento de terrorismo para poder solicitar así su reingreso en prisión.

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