AGLI Recortes de Prensa  Lunes 29  Octubre 2012

España y la crisis de legitimidad política
Alfonso Merlos www.elsemanaldigital.com 29 Octubre 2012

No pueden ser simples cabezas de turco. Pero hasta Draghi lo ha subrayado: la crisis económica no se entiende sin una cadena de decisiones políticas equivocadas

La incapacidad de Zapatero y las dificultades de Rajoy para levantar un país entrado en barrena ponen contra las cuerdas a la clase política en su conjunto.

No es una cuestión nuestra ni de estos tiempos. Es una plaga extendida en las democracias presuntamente avanzadas y que existe desde que el hombre intentó organizarse en comunidades políticas, con gobernantes y gobernados. Una mayoría de ciudadanos no confía en sus gobiernos ni en sus parlamentos. Y todavía son más los que desprecian a los políticos y los partidos porque creen que no cumplen con su obligación de representar la voluntad popular.

Es indiscutible. Lo ha documentado sobradamente el sociólogo Manuel Castells y ahí están a disposición de quien los quiera consultar decenas de barómetros globales que miden los niveles más o menos altos o bajos (según países) de transparencia, corrupción y eso que se ha dado en llamar gobernanza.

La incapacidad para prever la crisis económica en tiempos de Zapatero, la torpeza para reconducirla de aquellos socialistas ya descabalgados del poder y las formidables dificultades del gabinete de Rajoy para levantar un país que había entrado en barrena pone contra las cuerdas a la clase política en su conjunto. Es así.

En un sistema en el que los ciudadanos (a través del sufragio) depositan su poder en los políticos para que administren el bien común y gobiernen en defensa del interés general, es natural que se levante una ola de desprestigio de los políticos si el bien común se destruye y el interés general ni está ni se le espera, y es relevado por el interés particular; incluso por el interés bastardo de quienes se comportan como una casta para protegerse y blindarse, mientras se achatarra irremediablemente a los estratos sociales más deprimidos.

Pasados ya aquellos tiempos de la política-espectáculo en los que los ciudadanos occidentales nos dejábamos deslumbrar fácilmente por dirigentes brillantes o carismáticos, más o menos resultones, ha llegado el momento de poner los pies en el suelo, de pisar tierra firme. A los políticos sólo se les exige que desempeñen su oficio con eficacia; ni más ni menos. Que gobiernen de forma competente y responsable. Que se distingan por su dedicación y por sus resultados.

No es que se haya puesto de moda el pim-pam-pum contra los políticos (vistan la camiseta que vistan). Es que los contribuyentes han tomado conciencia de que, en el caso de los políticos, se desbarata la legitimidad de origen (el voto) cuando no se sabe ganar la legitimidad en el ejercicio (el buen gobierno). ¿Avanza o retrocede la calidad de nuestra democracia?

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A costa de España
POR FERNANDO GARCÍA DE CORTAZAR ABC 29 Octubre 2012

QUIEN conozca mi trayectoria podrá afirmar sin temor a equivocarse que la actual coyuntura de disgregación nacional no me ha cogido con el paso político cambiado, ni en un desorden ideológico que pueda considerarse fruto de la contaminación por lo que ocurre. Durante años, y en especial en estos últimos meses en los que me he planteado ya responder con mayor énfasis a la quiebra de nuestro sistema constitucional, no he dejado de ser vituperado por quienes profesan los desvaríos de identidades excluyentes, de pertenencias deformadas, de embusteras construcciones de patrias monocordes, portadores de raíces profundas o aspirantes a paraísos artificiales. Ser pasto de injuria, materia de insulto y objeto de la cólera de ese nacionalismo ni me ha llevado al silencio temeroso ni me ha conducido al cansancio desmoralizado. Por el contrario, me ha proporcionado la certidumbre de los riesgos que la nación española estaba permitiéndose el lujo de correr.

Pocas cosas pueden sorprenderme, tras lo visto y denunciado en estas mismas páginas. Y, sin embargo, precisamente el periódico en el que se difunden mis argumentos para salir al paso de lo que está haciéndose impunemente con nuestra historia, ha tenido que cogerme por sorpresa, no ya con una opinión, sino con una sarta de imprecaciones en la que no sólo se pretende destituirme del aprecio por España y, por tanto, por la identidad de cada una de sus regiones, sino de los méritos de mi condición de historiador. No puedo dejar de manifestar mi sorpresa por la conducta de un periódico que me solicitó, precisamente atendiendo a mi solvencia profesional, la selección de cincuenta episodios que permitieran trenzar la coherencia de una cultura y de una historia común de los españoles, para dar luego cobijo, altavoz y difusión a quienes han impugnado la definición de uno de ellos, el que se refiere al «Tirant lo Blanch», la obra magistral de Joanot Martorell, cuya inclusión en la cultura valenciana, catalana y española al mismo tiempo ha sido considerada injuriosa.

No se trata, naturalmente, de que pueda vulnerarse el derecho de todos a expresar lo que consideren oportuno. Pero el espacio reservado a la opinión del lector es demasiado serio como para que pueda aceptarse una ristra de acusaciones que, en su forma insultante y en su contenido temerario pretenden destruir la coherencia ideológica de quien ha dedicado la mayor parte de sus palabras en ABC a denunciar los embustes y la imaginería de cartón piedra del nacionalismo catalán. Al parecer, es imposible discrepar de lo que planteo sin que la desquiciada imaginación de quienes me insultan no se deslice por las sospechas más desbaratadas, entre las que mi afinidad con el imperialismo catalán o mi paciente labor para legitimar el nacionalismo tienen la singular estridencia y la atroz vulgaridad del brillo de la bisutería. Y resulta doblemente doloroso que sea este periódico, precisamente éste, el que haga el propósito de reforzar una idea de España contra las jaculatorias tribales de los nacionalismos, para dar luego pábulo a quienes descienden a rituales afectivos del mismo signo.

No sé por quién me habrán tomado quienes han sido capaces de regocijarse ante mis denuncias del nacionalismo catalán y ahora me acusan de todo lo contrario. No he hecho más que aquello que tengo por costumbre: poner bajo custodia del rigor intelectual cualquier tema que se me encomiende. No será mía la culpa si en este país se prefiere el sofoco sentimental de las identidades a la rectitud académica de la cultura. Posiblemente en esta preferencia reside buena parte del drama nacional que soportamos Mi intención no ha sido nunca insultar a la cultura valenciana, sino exaltarla, incluyendo una de sus obras maestras en el solar literario de la españolidad y en un ámbito lingüístico del que sólo puede abdicarse mediante la ignorancia de lo que las propias autoridades académicas han manifestado. La definición del lugar de una lengua en un espacio de afinidades no corresponde a las decisiones de una mayoría parlamentaria, sino a las reflexiones de una minoría académica. No puede basarse en lo que proclama un Estatuto, sino en lo que se averigua por quienes son especialistas en esa disciplina. Y ya me alarma bastante que la defensa de una identidad regional tenga que hacerse, en esa dinámica tan propia del nacionalismo que siempre he denunciado, en la arrogancia, el desprecio o el acomplejado temor frente a quienes son considerados adversarios peligrosos de una plenitud nacional.

La calidad de una cultura y su arraigo en una nación poco tienen que ver con la determinación del perfil filológico del idioma en que esta cultura se ha expresado. En español se expresa la cultura nacional colombiana y en inglés lo hace la cultura nacional americana. ¿Limita en algo la fuerza de una literatura el hecho de haber sido escrita en un mismo idioma, cuya tradición dialectal forja un estatuto propio, pero no una identidad ajena? Sé que ninguna intención de mellar la dignidad e importancia de la cultura valenciana puede rastrearse en cualquier cosa que haya escrito. Quizá no pueda decir lo mismo de quienes han confundido el tocino de la filología con la velocidad del integrismo regional. El nacionalismo siempre ha iniciado su andadura bajo el atavío insatisfecho de un regionalismo que robusteció su perfil hasta proclamar un paradigma nacional. El catalanismo político o el galleguismo echaron a andar como sendos regionalismos, como vacilantes afirmaciones de una identidad que no se presentaba como alternativa política a la nación española. Cabe suponer que lo que está ocurriendo en estos mismos momentos habría de ser suficiente advertencia frente a actitudes que no se fundamentan en la alegre seguridad de defender lo propio, sino en una amarga sensación de despojo, en una inquietante impresión de atropello, en una abrumada actitud de frustración. Sobre esas piedras se edifican las parroquias nacionales, sobre ese tipo de recelos se construyen las místicas nacionalistas. Mis objeciones a nuestros nacionalismos periféricos nunca se han basado en que sean catalán, vasco o gallego, sino en su condición nacionalista. Que nadie dé por descontado que, dada la manifiesta capacidad de contagio de esa patología, no debamos enfrentarnos a una epidemia de identidades que sólo podrán realizarse a costa de España.

Blanco o negro
IGNACIO CAMACHO ABC 29 Octubre 2012

CON los partidarios de la secesión unidos en la efervescencia emocional de su delirio, el debate político catalán sólo puede equilibrarse si los partidos constitucionalistas plantan cara a la corriente separadora sin flaquear en la defensa de sus convicciones. Mas ha situado la cuestión en el punto que le conviene: dentro o fuera, soberanismo sí o no. Y se ha pronunciado sin ambages a favor de un proyecto segregacionista hasta convertir las próximas elecciones en un plebiscito que puede ganar si no encuentra enfrente la misma claridad de ideas e idéntica determinación de frenar su fuga hacia adelante. En ese sentido hay que admitir que hasta ahora lleva ventaja.

Porque cuando el PP parece haber dado al fin con el tono de su relato, los socialistas dan muestras de haberlo vuelto a perder en un confuso baile de ambigüedades federalistas. Rajoy pronunció el sábado en Barcelona una arenga impecable que puede constituir el punto de inflexión de su estatuaria táctica de perfil bajo. El presidente se fue a la zona cero del conflicto a denunciar con resolución la deriva desquiciada de la aventura secesionista, su vocación venenosa de enfrentamiento civil. La responsabilidad de su liderazgo exigía hace tiempo un pronunciamiento trascendente en el que asumiese su condición de representante de la nación española. Quizá haya sido su mejor discurso desde que preside el Gobierno; sin retóricas vibrantes para las que no está dotado soltó una proclama sensata, enérgica y bien argumentada contra la desafección en nombre de la convivencia nacional, los lazos afectivos y el pacto de mutuas lealtades. Tras los titubeos minimizadores del «lío» y la «algarabía» parece haberse percatado de la magnitud real del problema para abordarlo con el solemne compromiso de una cuestión de Estado.

Ahora le toca a la socialdemocracia, que en Cataluña ocupa una posición estratégica, y ayer dio un paso en falso. En ausencia de un Rubalcaba en horas bajas, corresponde a Pere Navarro asumir un desafío para el que acaso le falte cuajo. La propuesta de incluir en la Constitución el «derecho a decidir» es una concesión estéril, un error de debilidad que empaña su coraje inicial en la denuncia del radicalismo independentista. Empeñado en buscar un espacio que le separe del PP se está asomando al vacío de la irrelevancia. Su posición es difícil porque debe hallar un punto de cohesión entre el discurso igualitario del PSOE y el catalanismo particularista del PSC, pero las vacilaciones conciliadoras no van a taparle la presumible sangría. El debate catalán de ahora mismo es entre los partidarios y los adversarios de la independencia. Soberanía nacional o soberanía identitaria, Constitución o secesión, y ya habrá tiempo para matizar. La oleada nacionalista ha borrado los tonos intermedios y amenaza con sepultar bajo su arrolladora espuma cualquier balbuceo complaciente.

El derecho a decidir como idea borrosa
Los nacionalistas esconden las aristas más hirientes de su propuesta detrás de palabras "buenas"
José María Ruiz Soroa El País  29 Octubre 2012

Al hilo de la reivindicación por la ciudadanía catalana del derecho a ser consultada referendatariamente acerca de su voluntad secesionista/unionista por respecto a España, una propuesta ésta que es perfectamente defendible en términos democráticos, se nos está colando de matute en el debate una reivindicación diversa, la del “derecho a decidir” de la misma ciudadanía. Decidir ¿qué? Pues, según parece, decidir el estatus de integración en España que le pluguiese a esa ciudadanía, fuese el mismo uno federal, confederal, asimétrico o mediopensionista.

La idea resulta incluso lógica a primera vista, por el aire de familia que tiene el derecho a secesionarse con un presunto derecho a decidir otras situaciones menos traumáticas o rupturistas. El antiguo brocardo de que “quien puede lo más, puede lo menos”, parece abonar la bondad de la idea: si una parte de la sociedad puede decidir lo más, su salida de la comunidad estatal, ¿no tendría también el derecho a decidir lo menos, su forma de estar en ella?

Y, sin embargo, la corrección lógica de esta idea se derrumba no bien nos apercibimos de que no estamos ante una cuestión de cantidad (más/menos), sino ante una cualitativa: “entrar/salir” son actos que pertenecen a una categoría distinta de la de “cómo estar dentro”. Ejemplo obvio: el matrimonio. Casarse o divorciarse es una decisión unilateral de cada sujeto, pero difícilmente podrá sostenerse que una parte tiene el derecho a definir unilateralmente su estatus dentro de un matrimonio. Eso es algo que corresponde decidir a ambos cónyuges. Exactamente lo mismo que en cualquier asociación o comunidad: entrar o salir de ella puede definirse como un derecho individual de cada miembro, pero no existe el derecho a definir unilateralmente la forma en que cada quien va a estar en la asociación. El contenido del estatus de socio lo definen y pactan entre todos.

Traducido a los problemas que nos ocupan, esto significa que el llamado “derecho a decidir” de Cataluña es todo menos un concepto con el que pueda convenirse; es un pseudoconcepto, un término borroso con el que los nacionalistas gustan de esconder las aristas más hirientes de su propuesta. Secesión e independencia son palabras “malas”, asustan al elector medio; soberanía o derecho a decidir son palabras “buenas”. Y el debate político está dominado por una regla de oro: hacer acopio de las palabras buenas para la posición propia. Cuando se celebró el referéndum quebequés en 1998 los estudios sociológicos mostraban que el apoyo a la propuesta separatista bajaba 20 puntos si se utilizaba el término “independencia” en lugar de “soberanía”. Probablemente sucedería lo mismo si en vez de “decidir” se hablase de “separarse”.

Mejor intentar razonar en torno a los procedimientos que caben para dar cauce a sus peticiones
La sociedad catalana está legitimada para decidir si, al final, prefiere “remar ella sola” separada de la española, como ya dijo Manuel Azaña. Pero no puede decidir cómo y con qué condiciones se queda en España si tales condiciones están fuera de nuestra Constitución, porque eso es algo que sólo el conjunto de esa sociedad que denominamos España puede decidir. Por eso, la trampa del pseudoconcepto está no tanto en lo que dice como en lo que calla: lo relevante de ese “derecho a decidir” no es el contenido sino el cómo: ¿decidir solos los catalanes o decidir conjuntamente con todos los españoles? ¿Derecho unilateral o derecho compartido? Esa es la cuestión que hay que tener clara y sobre la que convendría hacer un poco de pedagogía constitucional.

La Constitución de 1978 establecía sí un cierto margen de decisión para cada Comunidad a la hora de definir su estatus (principio dispositivo), pero siempre dentro del elenco de estatus previstos en ella. Si alguna quiere salirse de ese elenco y reivindicar uno nuevo y distinto, se trata de una petición legítima que podrá plantear al conjunto e intentar conseguir por el diálogo y la negociación, ampliando el surtido de posibilidades institucionales. Pero al final, el derecho a modificar o no la Constitución para ampliar o no las posibilidades y grados de autogobierno, a construir o no una federación más asimétrica que la actual, es un derecho del conjunto de los ciudadanos españoles. No sólo porque ellos son el soberano, sino porque es de pura lógica conceptual y funcional.

En los momentos que vivimos es bastante inútil, en mi opinión, intentar hablar de realidades o historia con los catalanes, porque su sensibilidad está sobreexcitada y en carne viva. Mejor por ello intentar razonar en torno a los procedimientos que caben para dar cauce a sus peticiones, así como los que no caben por carecer de la mínima claridad y precisión exigible a un procedimiento. Y el derecho a decidir, tomado así en bruto, es uno de los más imprecisos y borrosos que pueden imaginarse. Claridad, por favor.

José María Ruiz Soroa es abogado.

¿Federalismo sin federalistas?
La posibilidad de reformar el diseño de España y la UE para federalizarlas de verdad está limitada tanto por factores económicos como por las consecuencias políticas de estrategias pasadas. Ese es el principal desafío
Pablo Beramendi El País  29 Octubre 2012

La interminable crisis de la deuda y el auge independentista en Cataluña han provocado un redescubrimiento de las virtudes del federalismo. Desde Tocqueville a la moderna teoría económica, el federalismo se celebra como la mejor fórmula para garantizar gobiernos y mercados eficientes. Ciudadanos y empresas pueden limitar la tendencia de los gobiernos a crecer innecesariamente y despilfarrar en la compra de lealtades simplemente “votando con los pies”. Bien diseñado, el federalismo no es sólo un pacto de lealtad entre partes que ceden soberanía. Es sobre todo un mecanismo de coordinación de esfuerzos frente a problemas comunes (normalmente exteriores, como las guerras), que genera economías de escala a la vez que permite gestionar de forma descentralizada las necesidades específicas de los distintos territorios. Precisamente por esta última característica, algunos especialistas argumentan que el federalismo es también la mejor manera de gestionar la estabilidad institucional en contextos multinacionales. Frente a esta ilusión federal, el análisis comparado muestra una realidad más compleja, donde, como casi siempre, el problema está en los detalles. Por eso es necesario preguntarse cuáles son las condiciones para que el federalismo sea una alternativa viable en origen y sostenible en el tiempo.

El federalismo surge como un contrato voluntario entre iguales, como un sacrificio de soberanía en pro de un bien político superior. En el caso de Estados Unidos, ese bien fue la defensa frente al expolio fiscal y militar. Una vez formada, la federación tarda muchas décadas en consolidarse, y lo hace en un contexto de tensión permanente entre sus miembros, con una guerra civil de por medio. Cuando llega la crisis del 29 y durante el período de entreguerras, la unión política no se cuestiona y la federación ajusta su diseño a la nueva realidad económica. Se avanza en la integración fiscal con la creación de la Seguridad Social y la expansión del sector público aun respetando la autonomía de los Estados (para diseñar sus propios sistemas de seguro de desempleo, por ejemplo). Vista en perspectiva, la historia de las federaciones nos deja una lección muy relevante: la lealtad federal, el compromiso con el colectivo más allá de la soberanía particular de cada Estado, ha de alimentarse a través de la construcción de un diseño justo en lo político y en lo económico.

Hay que preguntarse cuáles son las condiciones para que sea una alternativa viable
En lo político, un diseño justo implica no solo la protección de la autonomía política de los Estados, sino su participación real a través del sistema de representación en la formación de la voluntad política del conjunto de la federación. Así se evita la tiranía de la mayoría. Al mismo tiempo, la influencia de los territorios ha de equilibrarse con la de los ciudadanos, de forma que ningún territorio pueda bloquear la agenda política sine die o vender su veto demasiado caro. Así se evita la tiranía de la minoría.

En lo económico, un diseño justo implica que la distribución de los costes y los beneficios dentro de la unión es equilibrada a largo plazo. La idea es que el gobierno federal opera como un mecanismo de seguro que redistribuye los recursos a aquellas partes del territorio que más lo necesitan en cada momento. Si todos los Estados necesitan ayuda como consecuencia de una crisis generalizada, como ocurrió en la Gran Depresión, el gobierno federal acumula poder e interviene para ayudar a los Estados miembros. Si los problemas están más concentrados territorialmente, se produce una redistribución desde las zonas más productivas a las más necesitadas en ese momento. Cuando la General Motors dominaba el mercado de coches, Michigan necesitaba poca ayuda del gobierno federal. Hoy, una parte de las posibilidades de reelección de Obama dependen de su gestión para ayudar al sector, y por tanto a Michigan, a remontar la crisis. La estabilidad institucional se basa en que todos los miembros asuman que en cualquier momento pueden ser ellos los que necesitan la ayuda del resto. De lo contrario, si una parte de la federación siempre paga y la otra siempre recibe, la lealtad federal se deteriora y el conflicto está servido. El conflicto será tanto más intenso cuanto mayor sea la desigualdad entre los territorios y cuanto más heterogéneas sean las identidades nacionales dentro de la unión.

A día de hoy ni España ni la Unión Europea son federaciones en lo político. Además, presentan un alto grado de desigualdad entre sus territorios, y son muy heterogéneas en términos de identidades nacionales. En este contexto, la posibilidad de reformar el diseño de ambas para federalizarlas de verdad está limitada tanto por factores económicos como por las consecuencias políticas de estrategias pasadas. Ese es el principal desafío al que se enfrentan los que ven en el federalismo la solución a los problemas de España y Europa.

En el caso de España y Cataluña, tarde piace. Al escuchar a algunos dirigentes socialistas, uno se acuerda de Santa Bárbara. Si los partidos nacionales hubiesen aceptado en su momento una redefinición propiamente federal, es decir, un sistema que institucionaliza la capacidad de los territorios para influir la legislación y las políticas del gobierno central, y un reparto más justo de los recursos en la organización fiscal del Estado, la situación sería bastante diferente. En lugar de esta vía, la opción preferida siempre ha sido la de proteger el statu quo. La sentencia sobre el Estatut se celebró como un triunfo del Estado frente al tripartito catalán y la voluntad expresa del 90% del Parlament fue aquilatada por un Tribunal Constitucional jaleado como la reserva última del sentido común. Esta decisión y las actitudes asociadas marcaron un cambio de tendencia en los niveles de apoyo al independentismo en Cataluña. Sobre esta base, la crisis pone el resto. A la constatación de que es imposible reformar el statu quo desde dentro, se suma la percepción de que la austeridad impuesta desde Madrid y Bruselas se basa en un sistema que redistribuye en exceso al resto del Estado. Como resultado, la idea de que es necesario soltar lastre ha calado hondo en amplios sectores de la población que hasta hace poco no eran independentistas. ¿Cabe esperar que estos sectores, movilizados ahora en favor de la independencia, se conformen con una propuesta de federalización del Estado de las Autonomías? Parece muy dudoso, incluso en el utópico caso de que dicha propuesta fuese contemplada por el gobierno de Rajoy.

En España nadie quiere arriesgarse por el bien de un mejor diseño de la unión

Por su parte, la Unión Europea sigue atrapada en un conflicto entre aquellos que entienden la integración como austeridad para controlar la inflación y aquellos que demandan una mayor redistribución de recursos para favorecer el crecimiento y el empleo. Los primeros olvidan su pasado (no hace tanto que Alemania ignoró el Pacto de Estabilidad) y abrazan ahora la retórica de la eficiencia para negarse, desde su capacidad de veto, a socializar los riesgos propios de una unión monetaria económicamente tan heterogénea como la UE. Los segundos trampean, ahogados en una espiral en la que carecen de autonomía (monetaria o fiscal) al tiempo que se les niegan recursos para atender a una ciudadanía cada vez más cansada. Paradójicamente, una salida federal a la crisis solo parece viable si la estrategia de la austeridad acaba rompiendo el euro y genera un efecto bumerán en todas las economías europeas. Por el contrario, en la medida en que las consecuencias de la crisis y la capacidad fiscal de los Estados miembros sigan siendo desiguales, seguiremos viendo dosis mínimas de oxígeno para garantizar la supervivencia del euro. No habrá recapitalización de la deuda ni integración fiscal. Al tiempo, los gobiernos como el español irán tirando con parches presupuestarios de fácil ejecución, evitando reformas institucionales de calado, y con la vista puesta en la próxima cita electoral (de ahí, por ejemplo, el retraso en la petición de rescate). Ambas estrategias se retroalimentan, socavando la posibilidad de que surja nada parecido a la confianza federal.

Como en España, donde la unión fiscal se ha reformado siempre a base de luchas y parches a corto plazo, nadie quiere arriesgarse por el bien de un mejor diseño de la unión. En ausencia de amenazas externas compartidas, las reglas de la democracia imponen la miopía, cercenando la posibilidad de intentar siquiera negociar un contrato federal justo. A pesar de sus muchas virtudes, el federalismo sin federalistas es un dibujo imposible.

Pablo Beramendi es profesor de Ciencia Política en Duke University.

Manuales de secesión
Escocia se une a Quebec como ejemplo para las regiones que desean separarse de su Estado
En la mente de todos está la necesidad de evitar a toda costa el precedente de Yugoslavia
El referéndum de independencia de Escocia será políticamente vinculante
José María Ridao El País  29 Octubre 2012

Pocos tópicos consagrados durante los últimos años parecen encontrar menos aval en la realidad que la crisis del Estado-nación. Los estertores del sistema comunista en los años ochenta del siglo pasado se tradujeron en un incremento de las tensiones nacionalistas y de los procesos de secesión en el interior de la Unión Soviética y de otros países de su órbita de influencia, como Yugoslavia y Checoslovaquia.

A comienzos del siglo XXI, y básicamente como resultado de la descomposición del antiguo bloque del Este, el número de Estados-nación reconocidos por Naciones Unidas se había ampliado en una veintena y rondaba los dos centenares, después de haberse mantenido estable desde el final de la descolonización. El “centralismo democrático”, que había guiado la acción autoritaria de los partidos comunistas en el poder, dejó paso a una eclosión de las nacionalidades históricas.

En el curso de pocos meses, a partir de la sobria dimisión de Gorbachov, anunciada ante la cámara fija de solo uno de los varios canales de los que la televisión estatal disponía entonces, la URSS, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, se transformó en la CEI, una Confederación de Estados Independientes. Pronto se reveló que la Confederación postsoviética era solo una estación intermedia entre la Unión anterior y una variedad de situaciones de hecho que iba desde la independencia plena de algunas repúblicas a la independencia limitada por acuerdos que, como el que mantenían Rusia y Georgia, sirvieron para ofrecer, llegado el caso, tortuosas coartadas a intervenciones militares directas.

El “centralismo democrático” guió la acción de los partidos comunistas
Para ser una fórmula política en crisis, según sostiene el tópico, el Estado-nación parece gozar de buena salud a juzgar por el número de nuevos miembros que se ha incorporado a la comunidad internacional tras la disolución de la Unión Soviética. Pero no solo por el número, también por su naturaleza: como nuevos Estados, reivindican su condición de naciones centenarias con más vehemencia, con infinita más vehemencia, que los Estados de los que se han desgajado. La sangrienta e interminable descomposición de Yugoslavia, arrancando con la secesión de Croacia y Serbia, y llegando hasta la independencia de Kosovo tras una estación de horror en la guerra de Bosnia, ilustra de modo ejemplar la condición vehementemente nacional de los nuevos Estados.

En aquellos donde existían rotundas mayorías nacionales, como Croacia y Serbia, el potencial conflictivo del proceso se manifestó en forma de discriminación y represión de las minorías. En otros, donde, como en el caso de Bosnia, las mayorías nacionales no eran rotundas, la pugna por definir el carácter nacional del nuevo Estado, la lucha por determinar de qué nación debía ser expresión política, degeneró en limpieza étnica y en guerra civil. Para los bosnios de cualquier adscripción nacional, para los kosovares en la Gran Serbia o para los serbios en el Kosovo independiente, la crisis del Estado-nación resultó ser algo más grave que un tópico; fue una inexplicable ceguera ante la causa última de su tragedia.

Solo a los territorios colonizados tienen el derecho a la autodeterminación
En contra de lo que la comunidad internacional llegó a creer ante las ruinas de Yugoslavia, el sobrecogedor desenlace de las reivindicaciones nacionalistas que desencadenaron la guerra no se asumió como una advertencia para otros Estados donde también existían opciones políticas partidarias de la secesión, sino en un contramodelo. Es decir, la secesión siguió considerándose un programa político aceptable, desde el ya clásico de los independentistas de Quebec al más reciente de los de Escocia, y la única lección que cabía extraer de Yugoslavia se limitaba al brutal procedimiento por el que se llevó a cabo.

En virtud del contramodelo yugoslavo, quienes apoyan hoy opciones políticas partidarias de la secesión en otras partes del mundo subrayan con redoblada insistencia su intención de atenerse a las vías democráticas. Quienes se les oponen suelen sostener, también en virtud del contramodelo yugoslavo, que los riesgos de desbordamiento pasional inherentes a cualquier proceso de secesión son tan elevados como inevitables. Añaden, además, que la secesión, cualquier secesión, obliga a contravenir el orden legal, tanto el internacional, puesto que el derecho a la autodeterminación reconocido por Naciones Unidas en las resoluciones 1514 (XV) y 2625 (XXVI) se circunscribe al ámbito de los territorios colonizados, como el interno, puesto que no existe ninguna constitución democrática que lo admita.

En respuesta a estos argumentos, quienes apoyan opciones políticas partidarias de la secesión cuestionan que ningún orden legal democrático puede considerarse superior a la voluntad democrática de una mayoría. Admiten, no obstante, que la dificultad reside en cómo conformar esa voluntad democrática dentro de un orden legal que no dispone de mecanismos para hacerlo, y de ahí que, buscando desmentir el contramodelo yugoslavo, se esfuercen en descubrir modelos en positivo, en identificar manuales de secesión.

Aprobada en 2000, la Clarity Act de Canadá es el modelo más invocado
La Clarity Act aprobada por el Parlamento de Canadá en 2000, que tomó como base una sentencia de la Corte Suprema de dos años antes, se ha convertido desde entonces en referencia obligada, en modelo y en manual, para las opciones políticas partidarias de la secesión y también para una parte de quienes se oponen a ella. En el origen de la sentencia y, por tanto, de la Clarity Act, se encuentra el referéndum de independencia convocado por las autoridades de Quebec en 1995.

La pregunta exacta fue: “¿Está usted de acuerdo en que Quebec debería convertirse en soberano después de haber hecho una oferta formal a Canadá para una nueva asociación económica y política en el ámbito de aplicación del proyecto de ley sobre el futuro de Quebec y del acuerdo firmado el 12 de junio de 1995?”. La Corte Suprema, a instancias de la cuestión planteada por el primer ministro federal, Jean Chrétien, estableció que Quebec no disponía de un derecho unilateral a la secesión, pero que, no obstante, si una mayoría calificada de ciudadanos de Quebec la reclamaban, el resto de los canadienses tendrían que buscar la fórmula para dar curso a la aspiración independentista.

Tomás de la Quadra Salcedo, catedrático de Derecho Administrativo en la Universidad Carlos III y exministro de Administraciones Públicas y de Justicia en los Gobiernos de Felipe González, entiende que lo que la sentencia de la Corte Suprema de Canadá establece es una suerte de “deber sin derecho”. Así, no es que “la sentencia canadiense admita ningún derecho de autodeterminación para Quebec”, explica De la Quadra, “sino que serían los canadienses en su conjunto quienes tendrían el deber de buscar una salida a las aspiraciones independentistas de Quebec si fueran cualificadamente mayoritarias y persistentes en el tiempo”.

La caída de la URSS provocó una oleada de reivindicaciones nacionalistas
La consideración del caso de Quebec como manual de secesión parece haber pasado a un segundo plano frente a la más reciente iniciativa emprendida por el ministro principal de Escocia, Alex Salmond. La razón no sería solo cronológica, sino que guardaría relación con otros aspectos capaces de multiplicar el potencial de las negociaciones entre Londres y Edimburgo como posible vía a seguir.

Escocia es parte de un Estado miembro de la Unión Europea, lo que, de acuerdo con quienes siguen por interés propio la iniciativa de Salmond, desmentiría el argumento de que las secesiones fuera de los territorios colonizados son contrarias a la legislación internacional. Por otra parte, el Gobierno de Cameron ha aceptado facilitar al de Salmond todas las competencias necesarias para llevar a cabo un referéndum sobre la independencia, algo que los partidarios de la secesión en otros lugares toman por una encomiable actitud y una pragmática disposición a reconocer ciertas realidades desde el Gobierno.

No es seguro, sin embargo, que la iniciativa de Salmond ni la respuesta de Cameron sean generalizables hasta el punto de erigirse en manual de secesiones futuras. La singular naturaleza del sistema británico, en el que las diversas partes se encuentran ligadas entre sí a partir de los tratados que dieron nacimiento a Reino Unido, hace que no sea fácil decidir hasta qué punto la secesión de Escocia sería la realización del derecho a la autodeterminación o, sencillamente, la denuncia de aquel tratado originario.

Escocia plantea la independencia como una salida a la crisis económica
Por otro lado, Cameron no ha vulnerado los procedimientos que rigen las relaciones entre las diversas partes que componen Reino Unido, al entregar a Salmond las competencias para celebrar un referéndum, sino que se ha atenido rigurosamente a ellos: la devolución es una de las fórmulas por las que se rige el sistema británico y en los últimos tiempos ha servido para ampliar la autonomía de los diversos Gobiernos frente al de Londres.

Las negociaciones entre Cameron y Salmond para establecer los procedimientos legales que llevarán al referéndum de independencia de Escocia, fijado para 2014, han puesto de relieve que, mientras que las respuestas de los Gobiernos que se enfrentan a tensiones nacionalistas suelen ser distintas en cada caso, ajustándose a lo que les permiten sus respectivos órdenes constitucionales, las estrategias de los partidarios de la secesión tienden a parecerse como si, en efecto, respondieran a un manual.

El periodista y escritor catalán Rafael Jorba, autor de La mirada del otro, subraya que “las dos primeras víctimas de cualquier intento de secesión son la fidelidad a los hechos y las posiciones que pretenden servir de puente; los conceptos se vuelven vagos y no reflejan la realidad, abriendo el camino a soluciones mágicas y a la designación de chivos expiatorios”, concluye Jorba.

Cameron y Salmond discrepan sobre la pregunta concreta del referéndum
Salmond y los nacionalistas escoceses, lo mismo que los de Quebec que convocaron el referéndum de 1995, desean someter a los ciudadanos una pregunta que no suponga una alternativa tajante, independencia sí o independencia no. Cameron, en cambio, pretende que la pregunta cumpla los requisitos que fijaron la Corte Suprema de Canadá y la Clarity Act, y no asocie a la cuestión principal otras circunstanciales y de detalle que convertirían en equívoco el resultado. El premier británico también quería celebrar el referéndum a la mayor brevedad posible, convencido de que Salmond y los nacionalistas escoceses preferían retrasarlo para ir conformando una mayoría favorable a la secesión, de la que en estos momentos no dispondrían, por la vía de canalizar hacia ella el creciente malestar social que han generado los recortes y la política de austeridad. En la estrategia de Salmond y los independentistas se trataría de presentar la secesión de Escocia como una solución a la crisis económica; en la de Cameron, late la convicción de que los escoceses sabrán advertir que la secesión es una respuesta incongruente con los problemas que ha suscitado la gran recesión, y que podrían verse agravados.

La huida del contramodelo yugoslavo de secesión y la simultánea búsqueda de modelos en positivo, de manuales de secesión, mejores cuanto más recientes y más cercanos, no explica, sin embargo, la razón por la que la caída de la Unión Soviética desencadenó una cascada de reivindicaciones nacionalistas solo comparable a la que se vivió en el siglo XIX.

Como en todos los procesos de largo aliento, resultaría tan reductor como falso señalar una única causa. Pero tal vez en este caso se haya perdido de vista el papel decisivo que pudo desempeñar una única idea, un único tópico reiterado a pesar de los constantes desmentidos. Desde hace tres décadas, la crisis del Estado-nación se viene presentando como una descripción de la realidad cuando, por el contrario, podría tratarse de un programa. Si la ortodoxia económica que se impuso tras el fracaso de la utopía comunista y que ha conducido a la devastadora crisis actual deseaba reducir el margen para que las decisiones políticas pudieran corregir las derivas suicidas de los mercados, entonces nada mejor que segarle la hierba bajo los pies y asegurar que el espacio desde el que operaba, el espacio del Estado-nación, se había vuelto irrelevante. Más naciones y más Estados habrían venido a ocupar el hueco creado artificialmente, pero también más poder y más impunidad para las derivas suicidas de los mercados.

Esclavo por amor
Luis del Pino Libertad Digital 29 Octubre 2012

Editorial del programa Sin Complejos del sábado 28/10/2012

Nadie sabe por qué se le ocurrió a Joseph Antoine emigrar al estado norteamericano de Virginia.

Había nacido esclavo en Cuba en 1765. Pero, por aquella época, en la isla caribeña la manumisión era una práctica común; y más común todavía era otro mecanismo, denominado coartación, por el que el esclavo iba comprando al amo su libertad poco a poco. Gracias a ello, a finales del siglo XVIII el 40% de los negros cubanos eran libres. Eran los denominados "negros horros", que constituían buena parte de la clase artesanal en la isla y podían, incluso, poseer ellos mismos otros esclavos. Y Joseph Antoine, como tantos negros cubanos antes que él, también consiguió su libertad, no sabemos si por gracia de su propietario o comprándosela directamente.

El por qué decidió entonces, tras haber dejado de ser esclavo, irse a Virginia, no lo sabemos, pero lo cierto es que con 27 años se plantó en aquel territorio del sur de los Estados Unidos, donde no solo existía también la esclavitud, sino que el trato dispensado a los esclavos era infinitamente más inhumano que en Cuba. En la isla caribeña, por ejemplo, los esclavos podían legalmente casarse, el propietario no podía separarlos de sus familias, tenían derecho a la educación religiosa y los dueños no podían imponer arbitrariamente, al menos sobre el papel, castigos físicos a los esclavos. En Virginia, por el contrario, el esclavo no tenía ni siquiera esos derechos míseros: el amo podía hacer lo que le viniera en gana con él. Incluso los escasos negros libres que había en el estado tenían gravemente limitados sus derechos.

Pero allí se plantó Joseph Antoine en 1792. Sabía leer y escribir y llevaba consigo los papeles que acreditaban su condición de hombre libre. Tal vez iba buscando trabajo como bracero en las plantaciones. Tal vez pensaba que sus papeles le protegerían. Pero lo cierto es que allí conoció a una mujer de la que se enamoró por completo y aquello terminaría siendo su perdición.

La mujer que robó el corazón a Joseph era esclava de un tal Jonathan Purcell. Joseph propuso al dueño de su amada comprársela, y entonces éste le ofreció un trato: si aceptaba trabajar para él como esclavo durante siete años y medio, luego los liberaría a ambos.

Y Joseph aceptó. Aquel negro cubano que había nacido esclavo y había logrado su libertad, aceptó volver a ser esclavo por amor.

Pero cuando transcurrieron los siete años y medio y Joseph reclamó a su amo que cumpliera su parte del trato, éste se negó. Y, ante las protestas del negro, vendió a los dos a un traficante de esclavos que los terminaría subastando en Nueva Orleans.

Allí, Joseph Antoine recurrió al gobernador español de Luisiana, el cual, a la vista de los papeles que demostraban que era un hombre libre, anuló la venta de los dos negros. Pero para cuando el caso se sustanció y Joseph y su amada recuperaron su libertad, la mujer que había arrebatado el corazón a Joseph estaba tan gravemente postrada, por la enfermedad y por el maltrato, que no pudo hacerse nada para evitar que muriera poco después.

Cuando España efectuó la transición a la democracia, la esperanza de todos los ciudadanos era poder vivir en un régimen de libertades, en el que todos pudieran gozar de los derechos que consagra la constitución de 1978.

Pero el terrorismo planteaba un constante desafío a la nación española. Y cuando los ciudadanos reclamaban a sus políticos que liberaran a España de aquella lacra, la clase política, en lugar de hacerlo, ofrecía sistemáticamente un trato: aguantar a pie firme, porque el terrorismo terminaría siendo derrotado.

Como sucedió con Joseph Antoine, los españoles aceptamos convivir con el terror y renunciar a parte de nuestras libertades para construir una estructura de estado en la que los nacionalistas pudieran sentirse cómodos. Y todo a cambio de una promesa de libertad y justicia futuras.

Como Joseph Antoine, los españoles aceptaron aquel pacto por amor, amor a la libertad y a su país. Muchos, incluso, se dejaron la vida en el camino. Y cada vez que un guardia civil, un periodista, un concejal o un niño caían asesinados por ETA, la clase política renovaba grandilocuentemente sus promesas acerca de esa libertad que nos esperaba, si aceptábamos seguir siendo esclavos del terror nacionalista.

Pero, al igual que en el caso de Joseph, todas las promesas de libertad y justicia resultaron ser falsas, y el gobierno nos ha terminado vendiendo a esos mismos asesinos para acabar con los cuales habíamos renunciado a tanta libertad.

Esta semana, cuarenta y ocho horas después de la cita electoral en el País Vasco y Galicia, el asesino Bolinaga ha salido a la calle. El supuesto enfermo terminal se pasea ahora por los bares de Mondragón, gracias a que el gobierno de Rajoy puso en marcha, hace no muchas semanas, el procedimiento que terminaría conduciéndole al tercer grado y luego a la libertad condicional.

Al final, como con Joseph Antoine, todo era mentira. No era cierto que el terror fuera a ser castigado. No era cierto que la renuncia a los derechos constitucionales fuera algo provisional. Los que niegan la libertad a los ciudadanos se han salido una vez más con la suya, haciendo inútiles todos los sacrificios de todos estos años. Nos dijeron que peleábamos por la libertad, pero solo trabajábamos para satisfacer el interés de la clase política.

Y ahora tendremos que seguir luchando, reclamando los derechos y la libertad que nos corresponden.

Pero, como Joseph Antoine, lo haremos sin saber si llegaremos a tiempo. Sin saber si esa España por amor a la cual nos sacrificamos, seguirá o no con vida para cuando lo logremos, de tan enferma y maltrecha que la están dejando.

Aunque, al menos, una cosa sí hemos sacado en claro de todo esto: ya sabemos que no se puede confiar en las promesas del amo.

La gran falacia de la destrucción de empleo público
S. McCoy El Confidencial 29 Octubre 2012

De acuerdo con Angel Laborda en El País del domingo, la Encuesta de Población Activa dada a conocer el pasado viernes por el Instituto Nacional de Estadística es histórica, entre otras cosas, por el inusual hecho de que el ‘14% del empleo destruido en el último año corresponde al sector público’. Un argumento, estadísticamente cierto, que no tardará en convertirse en munición para aquellos que defienden un estado insostenible con unos impuestos más insostenibles todavía.

Poco importa que, como ya denunciáramos en estas mismas líneas hace un año, la subsidiada y exprimida teta España no dé más de sí y que las matemáticas prueben que apenas doce millones de españoles del sector privado mantienen financieramente al resto, una ratio de uno a cuatro imposible (V.A., La subsidiada y exprimida teta España no da más de sí, 05-10-2011). Da igual: la falacia del desmantelamiento administrativo ha llegado para quedarse y será eslogan de aquí a la siguiente manifa. Al tiempo.

Sin embargo, basta con tener un poquito de memoria histórica, de la útil no de la que sirve para dividir a los españoles en dos bandos ya olvidados, para darse cuenta que no es así. Lo apuntaban por encima Abel Fernández y Javier García en su particular mapa del paro con el que abrieron El Confidencial el pasado sábado, antes de que las palabras del Rey sobre la pena que da el país -así con sentido de la responsabilidad, insuflando ánimos- les birlara el puesto.

Tomando como referencia el segundo trimestre de 2007, los economistas de Sintetia concluían que la Administración aún no ha reducido sus niveles de ocupación, al contar en septiembre de 2012 con un 4% más de asalariados que en esa fecha. Por el contrario el sector privado ha recortado en ese mismo periodo casi el 20% de sus trabajadores. No es de extrañar que por primera vez -al menos es la primera ocasión en la que un servidor lo ve- el INE sitúe en portada de los datos detallados de la EPA un cuadro comparativo entre empleo público y privado que permite constatar esa realidad. A buen entendedor…

Por tanto, no cabe hablar de destrucción con propiedad, porque no ha ocurrido. Se está produciendo, por el contrario, un proceso de reversión a una media ya de por sí absurdamente inflada por los datos más recientes, toda vez que es difícil encontrar justificación económica a ese aumento de la contratación. Algo, por otra parte, fácil de demostrar gracias a la riqueza de posibilidades que ofrecen los resultados detallados de la Encuesta.

Servidor se ha detenido en los cuadros 3.49 y 3.52 que reflejan, por una parte, cómo ha evolucionado la plantilla de las distintas Administraciones (Central, Autonómica y Local) desde el cambio de metodología de enero de 2005 hasta el tercer trimestre de este año y, por otra y para las mismas fechas, qué parte de la misma era y es fija y cuál eventual. Les invito a que se den un garbeo y obtengan las estadísticas que más les interese porque hay chicha para dar y tomar.

Para sacar nuestras conclusiones tomamos como fechas de referencia la primera y la última así como septiembre de 2011, que es cuando paradójicamente el dato absoluto toca techo (¡hace un año, doce mese, 365 días!), y diciembre de 2006 ya que es ahí cuando el inmobiliario empieza a anticipar de verdad el arranque de la crisis.

Estas son las conclusiones, identificando enero del 2005 como (A), diciembre del 2006 como (B), septiembre de 2011 como (C) y septiembre de 2012 como (D). Las cifras acumuladas están en miles, esto es: 2.831 implica 2.831.000 personas.

CIFRA DE EMPLEO PUBLICO: (A) 2.831 (mínimo de la serie) – (B) 2.908 – (C) 3.220 (máximo de la serie) – (D) 2.991. Entre final 2006 y 2011 se generaron, por tanto, 312.000 empleos públicos, coincidiendo con la peor coyuntura que ha vivido este país en su historia más reciente y una virtualidad que se ha impuesto en una sociedad cada vez más telemática. Curioso. Se han destruido 229.000 en los últimos doce meses. Una rapidez en la contracción que pone de manifiesto lo innecesario de su creación.

POR ADMINISTRACIONES (las sumas pueden no ser coincidentes porque sacamos de la muestra Seguridad Social –con fuerte distorsión en la serie-, empresas públicas y otros).

La CENTRAL apenas ha vivido un incremento de 8.000 trabajadores, de 525 en (A) a 533 en (D). Se ha movido entre los 463 de septiembre de 2006 y los 562 de marzo de 2001.
Es en las AUTONOMICAS, esas que hacen cola ante el Estado en busca de fondos, donde se han consumado los mayores desmanes. Así de los 1.204 de (A), muy cerca de los mínimos de la serie, se pasó a 1.807 en (C), máximo histórico. 603.000 trabajadores más que se han reducido en 128.000 en el último año. Saldo neto = + 375.000. Lo curioso es que dicho techo se alcanzara en víspera de los comicios generales del mes siguiente, ¿un servicio de las regiones a Rajoy? Durante este periodo tampoco ha existido una descentralización adicional de competencias que justifique el cambio, ¿entonces? El ‘qué hay de los mío’ pagado en especie es una explicación plausible. Ahora que todas reconocen su quiebra, cabe pensar en un ajuste más rápido de plantilla.
Por último en los AYUNTAMIENTOS, donde la realidad de la escasez financiera ha irrumpido con toda su fuerza, se han reducido en 56.000 los empleados entre (A) y (D). Desde los máximos de junio de 2011, el recorte ha sido de 105.000 trabajadores, un 15% del total. A la fuerza ahorcan.

POR TIPO DE CONTRATO.

Dentro de la Administración el PERSONAL FIJO es mayoría. La evolución del mismo ha sido como sigue: (A) 2.160 – (B) 2.134 (mínimo de la serie justo con el arranque de la crisis) – (C) 2.430 (máximo hace 12 meses) – (D) 2.374 básicamente por las jubilaciones y las no reposiciones de plazas que reducen el rol de nóminas en 56.000. Aún así, 240.000 funcionarios más que al inicio de la crisis nos contemplan.
Sin embargo, resulta casi más interesante analizar el TEMPORAL que ha pasado de 671 en (A) a 617 en (D) no sin antes tocar los 791 en septiembre de 2011 (C). Esto es: 175.000 tíos a la calle en doce meses consecuencia, entre otros, de la mengua de las suplencias y de los contratos por obra o servicio. Vaya, vaya.

Es quizá este último estudio el más revelador de todos ya que pone de manifiesto, no en todos los ámbitos de la administración pero sí en una parte de ellos, el sobredimensionamiento laboral, la escasa planificación en el desempeño y la falta de movilidad geográfica y funcional, algo que con la nueva auditoría de los distintos niveles del estado y el nuevo estatuto de la función pública se quiere remediar (V.A., El plan secreto para los funcionarios que no verá la luz, 18-10-2012).

Los hechos prueban, además, que la destrucción de verdadero empleo público ha sido mínima, pese a su crecimiento injustificado en los últimos años, y que lo que está produciendo es falta de renovación de contratos de aquellos que prestaban unos servicios que ahora se consideran bien redundantes bien susceptibles de ser cubiertos por otros profesionales en el seno de las plantillas públicas. Una optimización lógica que supone imponer estándares de productividad y eficiencia, por una parte, y ajustarse a la realidad de las arcas públicas, por otra. Algo que, antes o después, afectará a los actores que se creen más seguros: más del 70% de posiciones fijas en España frente al 10% de la media comunitaria, según subraya el Círculo de Empresarios.

De momento la lógica temporal cumple el guión. La primera sangría se ha producido en los municipios que, conscientes que de donde no hay no se puede sacar, han acelerado el paso para adecuar sus gastos salariales a su precaria realidad. Ya están por debajo de los niveles de 2005. Les toca el turno a las regiones. Para situarnos al inicio de la crisis sobran aún 160.000 trabajadores públicos y la gran mayoría saldrán de las Comunidades Autónomas mediante la amortización de puestos que, casi con toda seguridad, nunca se debieron haber creado. Al placer de la lluvia de fondos que imploran sus gobernantes, se une el peaje –por fin, habría que decir en algunos casos- de renunciar a su absurda discrecionalidad.

A ver si es verdad que empezamos a ser una nación seria.
Buena semana a todos.

Un día cualquiera
César Vidal La Razón 29 Octubre 2012

Me levanto a las seis de la mañana. No puede ser más tarde porque he de escribir y enviar a España la crónica electoral que publica a diario este periódico. Mientras la escribo, me entero de que la noche anterior, en el curso de una entrevista, el presidente Obama ha puesto a España como ejemplo de lo que no se debe hacer. El monopolio de colocarnos en la picota ya no lo ostentan Romney y Merkel. Redacto la crónica, dejo en suerte el editorial de las 20 horas de España, desayuno, me ducho. A las ocho viene a recogerme una persona para que la acompañe al cardiólogo. No está lejos. Es un sujeto alto, corpulento, campechano que me saluda con el lema de una universidad del sur nada más verme en su consulta. Al principio me sorprende, pero capto enseguida que tan sólo ha visto el logotipo de la universidad de mi hija que llevo en una camiseta que ella me regaló hace un mes.

Apenas ha intercambiado unas frases con nosotros cuando dispara: «¡Oiga, y qué mal que se ha puesto la cosa con los vascos!». La persona que me acompaña, vasca por más señas, indica que los resultados son semejantes a los de inicios de los años ochenta. «Pues entonces», dice el médico, «han perdido ustedes más de treinta años…».

Luego se vuelve hacia mí y me espeta: «¿Y usted cree que esos cabrones se acabarán quedando con Navarra?». No pregunta porque sí. Tiene un piso en la calle Estafeta y hasta hace muy pocos años corrió los sanfermines. Nos despedimos de él y para quitarnos el mal sabor de boca paramos en una cafetería.

Estoy pagando, cuando escucho una voz que dice: «Hombre, don César, ¿cómo usted por aquí?». No lo conozco, pero resulta obvio que él a mí sí. Me cuenta que es un catalán afincado en estas tierras. Me llora la situación de Cataluña como si yo acabara de venir huyendo de Reus. «Se les dejó hacer todo en la época de Pujol», me dice con la mirada inundada de pesar, «y han adoctrinado a la gente para que odiara a España. Sólo dicen gilipolleces, pero los de a pie no lo ven». Se despide de mí con los ojos acuosos.

No hace tanto que he salido de casa y ya he tenido tres ocasiones de comprobar a lo que hemos llegado tras años de graves equivocaciones. Somos un ejemplo de lo que no debe hacerse para los dos candidatos a las elecciones norteamericanas, hay gente que piensa en deshacerse de sus propiedades en España por lo que pueda acontecer y, por enésima vez, nos hemos convertido en una nación de emigrantes por culpa de fenómenos indeseables como el nacionalismo catalán. Salgo a la calle y miro el reloj. Aún no son las once de la mañana. De un día como tantos aquí en el sur de Estados Unidos. De un día cualquiera.

Xenofobia nacionalista
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 29 Octubre 2012

Todavía hay quienes, resistiéndose a la más cruda verdad, ansían ver que el nacionalismo catalán replegará velas tras las elecciones y que de una manera u otra las aguas volverán al sinuoso cauce de la presión y las cesiones que han configurado el status quo de las relaciones desde el comienzo de la democracia.

Pero es evidente para todo el que no se tape ojos y oídos que la realidad es muy otra. Que simplemente CiU despues de treinta años de avances de autogobierno, de desaparición del Estado en Cataluña ha dado el paso que le quedaba. Ya no les queda otra cosa que obtener sino la independencia y hacia ese objetivo, fuera ya caretas, se dirigen proclamándolo mientras que los que nunca han querido hacerle frente aún pretenden interpretar esas soflamas y se resisten a la obviedad como ese Principe nuestro que llega a afirmar que “No hay un problema con Cataluña”.

Pero ahí está y ahí estará como asunto primordial, grave y que nos amargará la existencia por años y en todos los aspectos, por supuesto en el económico y en el internacional. Aunque también es cierto que el cansancio, la pereza intelectual ante la inmensa y burda mentira, ante una repulsiva traición transformada de continuo, con pertinaz y gobelsiano empeño , en victimismo está haciendo cada vez más callo y provocando un rechazo al hecho en si y a todo lo que el se deriva que hasta puede facilitar las cosas,tristemente, a quienes han trazado la hoja de ruta de la secesión.

Pero subleva a la inteligencia y a la dignidad la ristra espantosa de mentiras, insultos y provocaciones que estos presuntos lideres moderados, donde destaca como farsante más untuoso, el engolado Duran Lleida, se han permitido lanzar contra todos nosotros este pasado fin de semana. Desear la independencia puede ser una causa, mentir de la manera atroz que lo hacen y que por desdicha los adoctrinados seguidores creen a pies juntillas, tendrá efectos perversos en algún futuro, pero el paso ahora dado, el del desprecio, la xenofobia, el odio contra todo lo español, el racismo que ya se percibe en muchas pulsiones y ese cavernario y cada vez mas reaccionario sentimiento de superioridad, de yo soy el rico y tu un pobre muerto de hambre, y me separo porque apestas, supera cualquier límite de decencia y todos listones de la más repugnante de las ideologías. Tampoco resulta nada extraño que tales cocciones lleguen a su punto álgido en épocas de debilidad y en momentos de apuro. Justo cuando el apoyo de todos, el mutuo empuje y esfuerzo para remontar juntos es cuando aprecen y descubren lo más procaz de su doctrina. Lo hicieron el pasado domingo.

Pero a lo que podía preverse , porque en el fondo, lo que Mas está escenificando es lo previsto, se une el dislate de una izquierda trastornada, absorbida y genuflexa ante ese ideario. El PSC se acaba de dar su propio tiro de gracia haciendo un daño irreparable a su formación y a una alternativa no nacionalista en Cataluña. De paso clava todavía más hondo un puñal en las entrañas del PSOE que con ello se sume aun más en la confusión y desvertrebación. Un debe más en la terrible cuenta del zapaterismo. Pero todo ello no es nada con el mal que causa al conjunto de la ciudadania, al cuerpo España al que deja entregado y rendido por ese flanco. Ciertamente no hay una razón siquiera para ser optimista en lo que el porvenir en este aspecto nos depara.

PD. Como es costumbre, el que insulta, oprime, veja y desprecia es quien se hace el insultado y se pone vendas en supuestas heridas. Hasta extremar el ridiculo, pero que en este paroximo todo cuela, de la “invasión” de Cataluña, con presuntas invasiones por tierra mar o aire que son el colmo de la tergiversación de la paranoia y de la mentira.

¿Por qué pagamos la energía más cara de Europa?
Roberto Centeno El Confidencial 29 Octubre 2012

En 1975 los españoles teníamos el gas, la electricidad y los productos petrolíferos antes de impuestos más baratos de Europa. A día de hoy, y sumando los déficits de tarifa, son los más caros no solo del continente, sino de toda la OCDE. La razón de esta monstruosidad tiene su origen, como todas las demás, en la infausta Transición y en la connivencia entre las oligarquías política, financiera y empresarial para repartirse España como si fuera un solar, y que en la energía se concretaría en la entrega a la oligarquía empresarial de los activos públicos petroleros y gasistas a un precio irrisorio y en la sustitución de los monopolios públicos con precios regulados por monopolios privados con precios libres.

Esta posición de monopolio, con la que nos han expoliado decenas de miles de millones, les ha permitido expandirse en el exterior con nuestro dinero mucho más agresivamente que el resto de empresas mundiales y hacerlo de una forma, por decirlo suavemente, manifiestamente mejorable. El efecto sobre España ha sido absolutamente devastador: desindustrialización masiva –la industria representaba en 1975 el 36% del PIB y hoy es menos del 15 %–, pérdida brutal de competitividad –después del trabajo, la energía es el principal factor de competitividad de una nación–, reducción de la renta disponible de las familias –al pagar por su energía hasta un 50 % más que la media de Europa– y, en consecuencia, reducción del consumo, del crecimiento y del empleo. Después del modelo de Estado y del desastre del sistema financiero, los precios de la energía son la tercera causa en importancia de la ruina de España.

¿Cómo empezó todo?
El tema lo he vivido en primera persona, como consejero delegado de Enagas y luego de Campsa, como responsable designado por Enrique Fuentes Quintana del primer Plan Energético después de la muerte de Franco y, al abandonar Campsa, como presidente de Saroil, una empresa creada por mí y por Saras S.p.A., que llegaría a ser la mayor en ventas de productos petrolíferos después de las tres monopolistas, Repsol, Cepsa y BP. ¿Cómo de tener la energía más barata de Europa hemos pasado en menos de tres décadas a tener la más cara?

En 1984, y ante la entrada de España en la UE, los activos del Monopolio de Petróleos propiedad del Estado no fueron subastados entre las grandes petroleras mundiales –lo que habría garantizado un precio justo mas una elevada competencia y, en consecuencia, disfrutar de los precios más bajos posibles–. Miguel Boyer decidió hacer otra cosa. Con la soberbia y prepotencia que le caracterizaban, se negaría a escuchar las razones que le planteamos algunos y los entregaría a dedo a las refinerías españolas en proporción a su participación en los suministros al monopolio por una cifra irrisoria: 100.000 millones de pesetas, menos de una veinteava parte de su valor real. Fue un expolio histórico a los españoles.

Después del modelo de Estado y del desastre del sistema financiero, los precios de la energía son la tercera causa en importancia de la ruina de España
Los activos y contratos de gas propiedad de la empresa pública Enagas, de la que fui cofundador y consejero delegado a las órdenes de Rafael del Pino, se entregarían también a precio de saldo a los nacionalistas catalanes, a los mismos que dicen que España nos roba. Entonces las tarifas al público eran la media de Gaz de France y Rhurgas, las más bajas de Europa, pero una vez en manos de los nacionalistas las tarifas pasarían a ser el doble. Entre 1992 y 1998 las plusvalías obtenidas por los del “España nos roba” serían de dos billones de pesetas, más de 20.000 millones de euros, además del monopolio de por vida. Un saqueo inaudito al pueblo español. En el caso de gasolinas y gasóleos pagamos hoy unos 110 euros/m3 mas que Francia o Reino Unido, que para un consumo de 46 millones de m3/año en automoción, agricultura o calefacción, unos 5.000 millones de euros anuales de más. Dicho en corto: la oligarquía monopolista ha recibido de la oligarquía política licencia para robar y es en lo que están.

El broche final sería obra de Rato, que a través de una ley “de competencia” cerraría el mercado a través de la discriminación en el acceso a las redes logísticas. Otra empresa gasista creada por un servidor y Massimo Moratti, dueño del Inter de Milan y la mejor persona que he conocido nunca, después de habernos asegurado suministros de gas a bajo precio de la noruega Statoil y de la rusa Gazprom, no pudo traer el gas a España porque Gas Natural nos impidió el acceso a las red. La CNE, cuya finalidad era precisamente el garantizar ese acceso, se lavó las manos con total desvergüenza. No estaba dispuesta a perjudicar a los de “España nos roba” permitiendo que los españoles tuvieran el gas un 20% más barato.

En el sector eléctrico, un oligopolio análogo al petrolero, la llamada “liberación” permitió un expolio masivo a los consumidores. En poco tiempo subió las tarifas un 38% a familias y empresas y después exigieron compensaciones por todo. Por “competir” inventarían los CTC, que les permitirían depredar a los españoles 11.000 millones de euros. ¿Dónde está la competencia? Se llevó al Constitucional y ¿saben qué dijo? Que este expolio de 11.000 millones era una “decisión política legítima”. Desde entonces manipulan el sistema de fijación de precios como les viene en gana y realizan mil tropelías más, y aunque han sido denunciados varias veces, nunca ha pasado nada.

En línea con ello, las remuneraciones de sus Consejos de Administración y órganos ejecutivos son las más elevadas de Europa y de la OCDE. Y luego, el apocalipsis; en su último Consejo, el Gobierno Aznar aprobó la ley de energías renovables más disparatada del planeta. Otorga las primas más altas y por más tiempo del mundo, que no se reducen, como en el resto de países, con las mejoras tecnológicas, y que no están diseñadas para beneficiar al consumidor sino para saquearle. En la mayoría de países, las primas a la fotovoltaica se conceden a consumidores individuales, jamás a grandes instalaciones.

En Manhattan, con menos habitantes que Madrid, existen 76 gasolineras y 36 empresas petroleras diferentes. Madrid capital tiene mucha más población y solo dos empresas: Repsol y Cepsa copan el 80%

Y para completar el desastre se cedió a las comunidades la concesión de los permisos. La autorización por parte de un cacique local de un gran parque eólico podía valer –solo la obtención del papel– hasta 200 millones de euros, y de una gran fotovoltaica, hasta 40 millones. Unos pelotazos de antología, y eso solo para empezar. Luego, como en ocho años se amortiza la inversión, quedan 22 para inflarse. Todo un tsunami de corrupción incontrolado que nos ha llevado a tener la mayor potencia eólica y solar del mundo y el doble de capacidad de generación eléctrica de la necesaria. Un tercio del recibo de la luz son las primas a las renovables. 9.500 millones nos costarán este año, un 23% más que en 2011. La fotovoltaica cuesta diez veces más que la media de fuentes de generación. La luz ha subido un 70% desde 2006, el triple que en Europa según Eurostat, lo que está aniquilando cientos de miles de empleos y miles de industrias. Es el mayor expolio de la historia industrial de España.

Y la última tropelía, la energía termosolar, que carece de justificación alguna. Se decidió una moratoria en enero y ¿qué ha pasado? Pues que desde entonces se han instalado 700 Mw porque estaban “preinscritos” por los amigos de Montoro y la alta nobleza andaluza. ¡Inconcebible! Si estaban preinscritos se devuelve lo gastado demostrable y se acabó. Y ahora, Cristóbal, explícanos con qué cara nos vais a decir en poco tiempo que hay que reducir las pensiones, recortar el dinero del paro, y subir impuestos. Y a la vez, explicas a la gente que esta golfada que España no necesita nos va a costar 1.000 millones de euros al año durante 30 años. Con una economía en caída libre, el paro al mayor nivel de la historia y una de cada cuatro de las familias en la pobreza, es simplemente de cárcel.

¿Y cómo se arregla esto?
Pues es asombrosamente sencillo: obligando a cumplir la legislación comunitaria. El cierre del mercado a la competencia con la bendición de De Guindos, entonces responsable de abrirla, fue tan brutal que todas las grandes petroleras que operaban en Españ –Shell, Texaco, AGIP o Conoco– tuvieron que marcharse. Así que dejen de mentir y acaben con el expolio de las petroleras encabezadas por Repsol, que está haciendo pagar a los españoles su desastrosa gestión en Argentina y otros lugares multiplicando por dos el margen de comercialización en gasolineras, de 14 a 28 pesetas el litro –8 a 16 céntimos de euro–, el mayor abuso de posición dominante de que se tiene memoria. En Nueva York, Manhattan más concretamente, con menor población que Madrid, existen 76 gasolineras y 36 empresas petroleras diferentes, la mayoría extranjeras –desde Repsol a Lukoil–. Madrid capital tiene mucha más población y solo dos empresas. Repsol y Cepsa copan el 80%.

¡Así que hagan lo que se hace en el mundo civilizado cuando no hay competencia! Ir a un sistema de precios máximos, de forma que el precio antes de impuestos en una semana concreta no pueda superar la media de precios de la semana anterior de Alemania, Francia y Reino Unido. Y con el gas natural, exactamente lo mismo, pero con más motivo, porque el abuso es mucho mayor. Esto bajaría de inmediato los precios del gas hasta un 25% y los de las gasolinas y gasóleos hasta un 15%. Y si tiene dudas, señor ministro, quedo a su disposición para explicarle gratis cómo se implementa. Lo hice en los ochenta y funcionó como un reloj.

En el sector eléctrico. Primero: las renovables son totalmente innecesarias, así que reduzcan las subvenciones a niveles de Reino Unido o Estados Unidos. Las que puedan, que funcionen, y el resto que cierren. Lo de la de seguridad jurídica en un país donde no existe tal cosa para la gente de a pie mientras las élites están por encima de la Ley es un insulto a todo un pueblo. Cualquier gobierno civilizado cambia las leyes que hagan falta para acabar con un expolio que ha venido de la mano de un océano de corrupción casi inimaginable. Segundo, una quita del déficit de tarifa, al menos de lo que nos han robado con los CTC y la garantía de potencia. Tercero, implantar un sistema de cálculo de tarifas similar al de Francia, donde como aquí existe un monopolio, pero con precios regulados, no libres. Cuarto, permítase, como en muchos países, a asociaciones de empresas y ayuntamientos de grandes ciudades construir sus propias centrales. ¡El precio bajaría a la mitad!

En definitiva, las soluciones son claras y los efectos inmediatos. Solo necesitan voluntad política. Pero como Rajoy es un cobarde incapaz de enfrentarse a los monopolios, seguiremos pagando los precios más altos de Europa. Y todo lo que se les ocurre a estos trileros es pasar a los Presupuestos 2012 3.500 millones de las renovables, “para aliviar el recibo de la luz” y llevarse ¡el 60% de la subida del IRPF! Y además quitan la tarifa regulada a 16 millones de los clientes más desfavorecidos y los arrojan a los leones del llamado mercado “libre”, donde les subirán la luz a más del doble en pocos meses. No solo legislan para sus amigos; además son absolutamente despiadados. Y para el resto de españoles, como el déficit será tres veces mayor que el previsto por los genios de la CNE, las tarifas subirán brutalmente en 2013. Es lo que España necesita para salir de la crisis.

Por un gran pacto contra el independentismo
Rosa Díez exige a PP y PSOE que denuncien el delirio secesionista catalán y dejen claro que no consentirán que se vulnere la ley
 www.lavozlibre.com 29 Octubre 2012

Madrid.- El diario 'El Mundo' publica este lunes un artículo de Rosa Díez en el que la portavoz de UPyD exige a PP y PSOE que emprendan juntos de nuevo un viaje al Parlamento Europeo y a la Comisión para denunciar el delirio secesionista catalán y dejar claro que no consentirán que se vulnere la ley. Por su interés, reproducimos este artículo:

Hubo un tiempo en que en España se sabía que fuera de la ley no hay democracia; además, funcionaban los pactos de Estado y las cosas serias -la política antiterrorista, el modelo territorial del Estado, la política europea o la política exterior- no estaban sometidas al albur del resultado electoral.

Aprendimos en la Transición que el triunfo de la tercera España dependía de que las dos primeras se entendieran. Nuestros padres, que sufrieron las consecuencias de la guerra fratricida, apostaron por que no se repitiera la historia en sus hijos o en sus nietos. Y eso nos enseñó a buscar el acuerdo sin señalar vencedores o vencidos. Y supimos entender que todos los proyectos políticos son respetables y discutibles, con dos únicas condiciones: que son ilegítimos todos aquellos proyectos que, para triunfar, requieran eliminar al adversario o situarse fuera de la ley.

Conozco las consecuencias de dar la batalla contra el totalitarismo nacionalista. Como se ha explicado en muchas ocasiones, no es el método empleado por los terroristas lo que resulta ilegítimo; lo ilegítimo es el propio objetivo, en la medida en que sólo puede triunfar aplicando métodos fascistas.

La segunda causa de ilegitimidad de un proyecto político es la falta de respeto a la ley. Si, para que triunfe una idea en una comunidad política, ha de prescindirse del respeto a las reglas del juego, es la idea misma la que no merece ser respetada ni contrapuesta como una más en el juego democrático.

Esto segundo es lo que está ocurriendo en Cataluña con el mal llamado debate abierto por los nacionalistas alrededor de la independencia. A estas alturas nadie se engaña sobre los verdaderos objetivos del viaje de Mas a La Moncloa; nadie puede pensar que Mas acariciara la idea de que Rajoy fuera a ceder a la primera al chantaje. No estamos en esa época de vacas gordas en la que Mas fue a Moncloa para escuchar atónito cómo el presidente Zapatero le animaba a seguir adelante con un Estatuto que era, en sí mismo, la ruptura del pacto constitucional. Tampoco está Rajoy en situación de hacerlo, con todos los ojos europeos fijos en nosotros, en nuestro desastre de modelo territorial, en la ruptura de nuestro mercado interior, en los diversos modelos fiscales que pueblan nuestro país, en las dificultades para cumplir el déficit… Ni queriendo -que no sé si quería- podía Rajoy darle el plácet a Mas.

Mas sabía -y quería- la respuesta de Rajoy: venga, vamos a hablarlo… No esperaba, ni obtuvo, una respuesta tajante, ésa que ha tardado más de un mes en darle a través de los medios de comunicación. Deseaba distraer al presidente, provocar cábalas: «Se va a estrellar»; «Va a ser el siguiente Ibarretxe»; «Está superado por los acontecimientos»… Y mientras la ingeniería de comunicación monclovita se apañaba en dar ese mensaje tranquilizador: «No llegará la sangre al río», «Cataluña no es un problema…», la bola seguía creciendo y nos encontramos con la convocatoria de unas elecciones que son cualquier cosa menos unas elecciones autonómicas.

En Cataluña han convocado un plebiscito, y sería un enorme error abordar ese reto como si se tratara de una campaña electoral de las previstas en nuestro ordenamiento jurídico. Ni la economía, ni los recortes, ni el funcionamiento de la sanidad, la educación o las infraestructuras… van a motivar que uno solo de los ciudadanos llamados a la urnas se mueva de su casa. La pregunta que nadie querrá hacer explícitamente durante la campaña es la única que todos interpretarán cuando el recuento de las papeletas esté finalizado: ¿Está usted a favor o en contra de la independencia?

Quienes creemos en el imperio de la ley y sabemos que todo lo que afecta a una parte de España nos afecta en primera persona y tenemos, por tanto, la obligación de pronunciarnos, hemos de dar la batalla contra el silencio cómplice o cobarde; contra el determinismo, contra la mentira y contra el miedo. No deberemos consentir que los nacionalistas -como en una versión catalana de Psicosis- saquen la muerta a pasear cuando les venga en gana. Lo que hemos de hacer es abrir el desván y que se vea el espectro. Enseñárselo a todos los catalanes y a todos los españoles. Y llevarlo a Bruselas y airearlo bien para que todos nuestros socios lo vean, lo palpen y lo huelan de cerca. Y para que se pronuncien sobre la conveniencia o no de meter ese espectro en su desván.

Formamos parte de la UE. No debiéramos consentir que en el Parlamento y en otras instancias europeas la iniciativa la tomen quienes quieren romper el vínculo de ciudadanía, quienes quieren excluir a una parte de los españoles de esta comunidad democrática llamada España. No es la primera vez que los que quieren romper la convivencia entre españoles llevan a las instancias europeas lo que llaman la «internacionalización del conflicto». Y no sería tampoco la primera vez que la respuesta de quienes han de defender la legitimidad y la verdad en nombre de todos los españoles se haga de esperar. Ha llegado la hora de reaccionar ante la campaña de desprestigio de España llevada a cabo por el Gobierno de Cataluña y por diversos diputados del Parlamento Europeo, que, por cierto, han sido elegidos en circunscripción única nacional, por todos los españoles.

Esta batalla por la legitimidad democrática supera la acción de cualquier partido, incluso la del propio Gobierno de la Nación. Más allá de las legítimas aspiraciones partidarias, de la lucha electoral en que cada cual intentará obtener los mejores resultados, creo que, por patriotismo constitucional -y por pura supervivencia-, debemos concertar una respuesta europea entre todos los partidos políticos que no estamos dispuestos a que, en nombre de sentimientos tribales superados por el derecho de ciudadanía, nos quieran obligar a renunciar a una parte de lo que somos.

El 31 de enero de 2001, sendas delegaciones del PSOE y el PP, encabezadas por Luis de Grandes, Jesús Caldera y Alfredo Pérez Rubalcaba (sí, como lo oyen), viajaron a Bruselas a defender ante el Parlamento Europeo y ante la Comisión el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Ambos partidos, juntos, hablaron no sólo con Prodi y Fontaine, sino que explicaron el acuerdo a los grupos parlamentarios europeos. El acuerdo, consecuencia de un gran pacto para acabar con ETA y excluir de la vida política a todos sus cómplices, había sido duramente criticado por los partidos nacionalistas, que siempre encuentran acogida en las almas cándidas del Parlamento Europeo. Por eso, los dos partidos que pugnan en España por la alternancia quisieron que los socios europeos vieran que en esta materia no había disputa, sino grandeza y sentido de Estado.

Ha llegado la hora de que PP y PSOE hagan un nuevo viaje al Parlamento Europeo y a la Comisión. Que vayan y expliquen, por si hubiera alguna duda, que España es un miembro de la Unión comprometido con la defensa de los valores proclamados en nuestra Constitución y también en la europea. Que preservaremos el derecho al libre albedrío de nuestros ciudadanos y que no consentiremos que dentro de nuestras fronteras se vulnere la ley.

Cuanto antes lo hagamos, antes se frenará este delirio que nos distrae de lo importante para exacerbar los más bajos sentimientos humanos. Los millones de españoles parados, desahuciados, sin esperanza… están impotentes. Hagan política con mayúsculas, pónganse por delante y actúen. Demuestren que aún pueden ser útiles para los ciudadanos.

Y, si quieren, aquí nos tienen, para lo que haga falta.
Rosa Díez es diputada nacional y portavoz de Unión, Progreso y Democracia.

La falsa democracia española miente sobre el Franquismo
Francisco Rubiales Periodista Digital 29 Octubre 2012

Una de las más injustas y notables mentiras de la actual democracia degradada española es lo que dice del Franquismo. El actual sistema político español lo denigra porque se siente su heredero y porque sabe que los peores rasgos del Franquismo pasaron directamente hasta la falsa democracia que se construyó en la Transición.

Una de las más notables y reiteradas mentiras de la falsa democracia española nacida tras la muerte de Franco ha sido la estigmatización de aquel régimen, al que denigran y devalúan sin reconocerle jamás sus logros y avances. Las mentiras sobre el Franquismo constituyen una de las páginas más injustas y negras de la falsa democracia española, mentiras y engaños alimentados por la propaganda de los partidos políticos, no sólo de izquierdas, sino también de derechas y nacionalistas. Millones de ciudadanos, españoles adoctrinados en la mentira y el sometimiento al poder, sin capacidad para discernir libremente, abducidos y aborregados, creen que el Franquismo solo fue un régimen retrógrado, tiránico, cruel y enemigo del progreso.

La verdad es que el Franquismo tuvo muchos defectos y carencias, sobre todo en libertades políticas, pero, en honor de la Justicia y vistos desde la distancia y la objetividad, muchos de sus logros y avances parecen hoy espectaculares y suscitan envidia.

Profundamente influido por el catolicismo tradicional, hasta su mismo fin, el Franquismo preservó siempre una sólida coraza moral en el territorio español, que preservó a la sociedad de delitos, corrupciones y crímenes. En bastantes aspectos morales o relacionados con la moral, sus logros fueron notables. En la España de Franco muchas viviendas permanecían abiertas, nunca cerradas con llave, y la gente dormía tranquila y sin miedo. El nivel de delincuencia era uno de los más bajos, si no el más bajo, de toda Europa.

La población encarcelada era escasa y el nivel de suicidios muy bajo. Había un pequeño problema de alcoholismo, pero siempre leve y controlado. La prostitución existía, pero era más de cien veces inferior a la que ha florecido en la falsa democracia. Las drogas eran prácticamente desconocidas. Las cifras de violaciones, de asesinatos domésticos, de embarazos de adolescentes, eran ciertamente reducidas en proporción con el resto de Europa y con lo que ha llegado a ocurrir después, durante la democracia degradada, en la misma España.

La sociedad se sentía segura y no había policías privadas, ni existían los enormes negocios actuales de seguridad y protección de las propiedades. La eficacia de la Guardia Civil y de la Policía era espectacular. Con pocos números y agentes y con un coste muy reducido, se lograban milagros.

Los avances fueron impresionantes en sanidad y educación, dos pilares del ahora llamado Estado del Bienestar. España pasó de ser uno de los países europeos con mayor mortalidad infantil durante la República a estar prácticamente en cabeza, con reducciones anuales sorprendentes. La esperanza de vida se puso al nivel de los países más avanzados, solo por debajo de Suecia, Japón y pocos más.

El desempleo, grave durante los años de la postguerra y la pobreza, no cesó de disminuir hasta el final del régimen. Gracias a una política inteligente de becas y a una educación basada en las pruebas y el esfuerzo, los avances de los estudiantes españoles fueron igualmente notables y una sociedad plagada de analfabetismo durante los siglos XIX y primera mitad del XX, pasó a producir estudiantes muy valorados en todo el mundo por su preparación profesional y técnica, desde las escuelas de formación profesional a las innovadoras universidades laborales y nuevos centros universitarios, de donde salían obreros industriales, técnicos, ingenieros, arquitectos y médicos altamente valorados en todo el mundo.

Millones de papanatas españoles formadas en las escuelas creadas por la falsa democracia, de donde salen legiones de jóvenes preparados para ser esclavos sometidos y vagos crónicos adictos a la subvención, repiten como papagallos que el franquismo fue una dictadura cruel y criminal que no permitía libertades ni derechos, sin mostrar capacidad alguna para valorar los avances y logros de aquel sistema. Cruel e implacable fue en la postguerra, cuando los vencedores ejercían su venganza sangrienta sobre los vencidos de la Guerra Civil, pero pronto el sistema se calmó, se abrió, se relajó y avanzó, cada día más, por rutas que conducían a la justicia, al desarrollo de los derechos ciudadanos, al progreso y a la prosperidad.

Eso sí, los partidos políticos jamás fueron admitidos en el régimen, quizás porque Franco y los suyos los conocían muy bien la Historia del país y aprendieron con claridad que los politicastros y sus partidos, casi todos corruptos, mafiosos y podridos de egoísmo y ansias de poder, habían conducido a España hacia la ruina y el enfrentamiento civil.

Al morir el general Franco, en la cama, su régimen estaba agotado y la clase política franquista vio claro que tenía que adaptarse a los nuevos tiempos. El mismo Franquismo se hizo el "harakiri" y patrocinó en las Cortes la Transición hacia lo que ellos llamaban democracia, un engaño de envergadura que abrió de par en par las puertas a la España actual, dominada por partidos políticos muy parecidos a los que fracasaron en la II República y condujeron a España hasta la ruina económica y el enfrentamiento civil, Muchos de los alevines del Franquismo se incorporaron al nuevo sistema aparentemente democrático, al igual que hicieron las grandes familias franquistas, que pronto lograron colocar a los suyos en los altos cargos de la democracia, dominando sectores económicos y bien apalancados en el parlamento, los ministerios y las nuevos gobiernos autonómicos, un verdadero coladero para infiltrarse en el poder y practicar con impunidad la corrupción y el abuso.

Lo demás es ya historia conocida. La "cosecha" y el "balance" de la falsa democracia española son lamentables. Tres décadas después del entierro oficial del Franquismo, España está arruinada, dividida, infectada de corrupción y abuso de poder, cansada de partidos políticos y politicastros y ocupando el liderazgo mundial en casi todo lo deleznable y sucio: prostitución, tráfico y consumo de drogas, violencia callejera, desigualdad, avance de la pobreza, blanqueo de dinero, mafias y bandas organizadas, desprestigio de la política, fracaso escolar, baja calidad de la enseñanza, desconfianza en el poder y un largo y tenebroso etcétera que convierte a la falsa democracia que sucedió al Franquismo en un auténtico y frustrante fracaso.

¿Existe un etnocentrismo lingüístico?
http://juanjulioalfaya.blogspot.com.es 29 Octubre 2012

Mario Vargas Llosa: “Hemos visto en un plazo relativamente breve desaparecer a las mayores amenazas que han tenido los países libres: el fascismo y el comunismo. Pero no han acabado con todos los enemigos de la libertad. El gran enemigo de la libertad en nuestro tiempo es el nacionalismo, una vieja ideología que periódicamente renace, sobre todo aprovechando los momentos de crisis, un viejo colectivismo que atrae como un imán en nuestra época a los nostálgicos del fascismo y el comunismo”.

Etnocentrismo: Tendencia emocional que hace de la cultura propia el criterio exclusivo para interpretar los comportamientos de otros grupos, razas o sociedades. DRAE

Etnocentrismo
(Wikipedia)

El etnocentrismo es la actitud o punto de vista por el que se analiza el mundo de acuerdo con los parámetros de la cultura propia.1 El etnocentrismo suele implicar la creencia de que el grupo étnico propio es el más importante, o que algunos o todos los aspectos de la cultura propia sean superiores a los de otras culturas. Este hecho se refleja por ejemplo en los exónimos peyorativos que se dan a otros grupos y en los autónimos positivos que el grupo se aplica así mismo. Dentro de esta ideología, los individuos juzgan a otros grupos en relación a su propia cultura o grupo particular, especialmente en lo referido al lenguaje, las costumbres, comportamientos, religión y creencias. Dichas diferencias suelen ser las que establecen la identidad cultural.

Antropólogos como Franz Boas y Bronislaw Malinowski plantean que todas las ciencias deben trascender el etnocentrismo propio del científico como individuo. Boas desarrolló el principio del relativismo cultural y Malinowski el del funcionalismo como guías para producir estudios no etnocéntricos de las diversas culturas. Los libros The Sexual Life of Savages de Malinowski, Patterns of Culture de Ruth Benedict y Coming of Age in Samoa de Margaret Mead son ejemplos clásicos de antropología no etnocentrista.

Evolución
William Graham Sumner en el libro “Folkways”, publicado en 1906, combina la creencia en que la propia cultura es superior a otras, junto con la práctica de juzgar otras culturas con los estándares de una cultura específica. El "etnocentrismo" puede ser entendido como un universal humano en la medida en que puede ser ejercido por los miembros de cualquier raza, sociedad o grupo. En este sentido, la gente o los pueblos en diferentes culturas tienden a describir las creencias, las costumbres y los comportamientos de su propia cultura en términos estereotípicamente positivos, mientras que las costumbres y creencias de las otras son descritas negativamente.

En situaciones donde se presentan conflictos entre culturas, las creencias etnocéntricas de superioridad son usualmente vinculadas a sentimientos de desconfianza y temor, así como también se relacionan con acciones que son diseñadas para limitar el contacto con miembros del otro grupo y para ejercer discriminación. En medio de conflictos culturales violentos, el 'etnocentrismo es acompañado por xenofobia, discriminación, prejuicios, separación física de los grupos y una presencia recurrente de estereotipos negativos hacia el otro. Este concepto se relaciona así con el trabajo de Michel Foucault sobre la dinámica del discurso y del poder en la representación de la realidad social, en la medida en que el etnocentrismo, como un orden de discurso propio de un grupo específico, “produce unos modos permisibles de ser y pensar al tiempo que descalifica e incluso imposibilita otros”.

Tipos de etnocentrismo
Se ha propuesto que existen diversas formas de etnocentrismo, entre ellas estarían:

Etnocentrismo invertido, o xenocentrismo: pensar que la propia cultura es inferior a otras y resulta un obstáculo para la prosperidad o el desarrollo personal.
Etnocentrismo racial: pensar que los miembros de la propia cultura o etnia tienen una dotación genética que les hace superiores o mejores para el desarrollo de la civilización.
Etnocentrismo lingüístico: pensar que la lengua propia es más compleja, sutil y adecuada para el pensamiento que las lenguas de otros pueblos que pueden resultar bárbaras, rudas o faltas de expresión o flexibilidad para ciertos fines.
Etnocentrismo religioso: pensar que la propia creencia religiosa es superior a otras en el sentido de que es la única verdadera, siendo el resto de prácticas y creencias idolatría.

Referencias
1 "Etnocentrismo". Definición del término en el DRAE.

Bibliografía
SUMNER, William Gram. Folkways. New York: Dover, 1959. En: LEVINSON, David, EMBER, Melvin (Editores). Encyclopedia of Cultural Anthropology. New York: Henry Holt, 1996.p.404.
LEVINSON, David. Ethnocentrism. En: LEVINSON, David, EMBER, Melvin (Editores). Encyclopedia of Cultural Anthropology. New York: Henry Holt, 1996.p.404.
FOUCAULT, Michael. The use of Pleasure. Nueva York: Pantheon Books, 1986. En: ESCOBAR, Arturo. La invención del tercer mundo: construcción y deconstrucción del desarrollo. Bogotá: Norma, 1996.p.23.
MEHMET, Ozay. Westernizing the third World: The Eurocentricity of economic development theories. New York: Routledge, 1995.p.8.
QUIJANO, Anibal. Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. En: LANDER, Edgardo (Compilador). La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Buenos Aires: CLACSO, 2000.p.219. [cs:Etnocentrismus].

Juan Ramón Rallo
'La que nos impide salir de la recesión es la peor de las burbujas: la política'
ALFONSO BASALLO www.gaceta.es 29 Octubre 2012

El autor de 'Una alternativa liberal para salir de la crisis' propone austeridad pública y liberalización del sector privado.
Esta es la receta que propone este doctor en Económicas, profesor y ensayista. Sólo tiene un problema: los políticos no se la compran. ¿Por qué será?

-¿Nació vd. liberal o se hizo?
-Me hice con Losantos, Hayek y Huerta de Soto.

-Y cree que su receta es la mejor para sacarnos...
-Es las más sensata y eficaz.

-¿No se apoya en prejuicios ideológicos?
-Se apoya en cifras y observación de la realidad.

-Esta no puede ser peor: 5,7 millones de parados.
-Y el déficit disparado y la economía sin reestructurarse.

-Vd. no habla de una sino de tres burbujas.
-La financiera, la inmobiliaria y la estatal.

-Propone vd. que las pérdidas de la Banca no recaigan sobre el contribuyente.
-Sino sobre los acreedores y accionistas.

-Y la burbuja estatal, ¿se reduce con menos Estado?
-El Estado sólo genera deuda y gasto.

-¿Pero la culpa de todo no la tiene el capitalismo?
-La tiene el intervencionismo estatal.

-Le recuerdo que eran los bancos los que daban créditos a granel.
-Recuerdo que lo hacían espoleados y amparados por los Bancos Centrales.

-Ergo...
-La codicia fue espoleada por el intervencionismo.

-¿Y cómo salir de la pesadilla?
-Con austeridad del sector público y liberalización del sector privado.

-¿Más austeridad?
-El Estado aún puede recortar 135.000 millones.

-¿Cargándose el bienestar?
-Racionalizándolo, reduciendo grasa.

-Pero las pensiones...
-Son el intervencionismo y el despilfarro quienes las han puesto en peligro.

-Bajar impuestos, ¿es la panacea?
-Bajar impuestos sólo es que te dejan de robar.

-¿Y todas esas recetas funcionan?
-Mire los países bálticos: su recuperación ha sido espectacular.

-Es un caso aislado.
-Hay más: Singapur, Suiza, Australia...

-Y de la Unión Europea, ¿nadie?
-Sólo Alemania.

-¿Y el resto? ¿No es casualidad?
-No es casualidad: es la Europa del intervencionismo y del subsidio.

-Si tan buena es la receta liberal, ¿por qué no se la compran?
-Porque hay una burbuja peor que las otras.

-Déjeme adivinarla... ¿la de los políticos?
-Así es: tienen una maraña de intereses creados.

-¿No quieren que salgamos de la crisis?
-Lo que no quieren es renunciar al intervencionismo.

-¿Por la erótica del poder?
-El gasto del poder.

-Y qué propone vd. ¿La anarquía?
-No; propiedad privada y contratos.

-Y si no, ¿nos despeñamos por el abismo?
-España debe decidir qué quiere ser: Suiza o Argentina.

Cataluña suspende en Historia (de España)
Fragmentados en el temario y con sesgo nacionalista. Así se estudian los hitos históricos en los libros de texto catalanes
janot guilabc_es / barcelona ABC Cataluña 29 Octubre 2012

Captura de una página de libro de texto en la que se explica el «Origen de Cataluña como Estado»

El diagnóstico, con tono de lamento, ya lo hizo el historiador Fernando García de Cortázar en las páginas de ABC en la introducción a su lista de los cincuenta hitos de la Historia de España que todo español debería saber. «Bajo coartadas pedagógicas», se enseña el pasado de una forma «discontinua», «estrangulando las voces universales que nos unen», y «silenciando 500 años de vida en común», denunciaba. De ahí el «españolizar» que defiende como necesario el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert.

En el caso de Cataluña, sobrevolando la ingente cantidad de libros de texto distintos sobre Historia que se ofrecen para los cursos de Primaria, ESO y Bachillerato, el paisaje se ajusta con lo dibujado por García de Cortázar. Sin tener en cuenta otras variables obvias que condicionan la manera en que los alumnos catalanes aprenden Historia de España, como la aptitud y actitud de los profesores o el tiempo que se le dedique a esta materia.

Así, se concluye que Cataluña suspende el «examen García de Córtazar» de Historia de Españapor el sesgo nacionalista que exudan muchos de sus libros de texto, por la fragmentación del temario o currículum en varios cursos y etapas -Primaria, ESO y Bachillerato- y por su dilución en asignaturas «cajón de sastre», tales como «Conocimiento del medio natural, social y cultural», en Primaria, o «Ciencias sociales, Geografía e Historia», en la ESO. Solo en Bachillerato se imparte una asignatura específica de Historia de España -que, en Cataluña, por cierto, se llama solo «Historia»-.
Denuncia de la Academia

La fragmentación y dilución del temario de Historia de España, que también se manifiesta en sistemas educativos de otras comunidades autónomas, ya fueron denunciados en el año 2000 por la Real Academia de Historia, que elaboró un informe sobre este asunto.

En el mismo también se aludía a los perjuicios causados por delegar en las comunidades autónomas la confección de una parte del «currículum». «La realidad educativa de los últimos años hizo ver hasta qué punto se había pasado de una época caracterizada por la exaltación del nacionalismo español a otra en la que los elementos comunes del proceso histórico parecían a punto de perderse», recogía el informe. Los académicos también se quejaban de los «saltos en el vacío» que había en los temarios de historia.

Pero centrados en Cataluña, el «factor diferencial» que ayuda a explicar cómo se enseña la Historia de España es, precisamente, el empecinamiento, plasmado en algunos libros de texto -no todos- en presentar a esta comunidad como un país, o Estado incluso, con una historia propia que la distingue de España. «La idea que se transmite al alumno es que Cataluña tiene el derecho a ser un estado independiente, que su estado actual es transitorio y que está expoliada económicamente», resume el historiador Pedro Antonio Heras en su libro «La España raptada. La formación del espíritu nacionalista».

La etapa de Primaria, con la citada asignatura «Conocimiento del medio natural, social y cultural», es terreno propicio para regarlo de la consigna nacionalista. Esta, de manera más o menos burda, según el talante de la editorial, se traduce, por ejemplo, en evitar la palabra España, o en no levantar la vista del triángulo catalán para explicar fenómenos comunes a toda España, como la romanización.Un «cataluñacentrismo» que delata el propósito de fondo. En el libro «Projecte Alabast» de tercero de Primaria de «Conocimiento del medio, etc.» de la editorial Baula, se propone: «Hablemos de calles con nombres que hablan de la historia». Y el ejemplo sugerido es... Rafael de Casanova. Una oportunidad para tratar la Guerra de Sucesión de 1714 sobre cuya mítica se erige la fiesta nacional catalana, la Diada. O ya en el libro de cuarto de Primaria de la misma editorial, donde se explica el descubrimiento de América sin mentar a los Reyes Católicos (y ni siquiera a Colón).

La doctrina se extiende a la lengua catalana, como era de prever. Hasta lo ridículo. Si hay que poner un ejemplo de periódicos, solo se menciona el «Avui», en catalán, o la edición en catalán de «El Periódico».

Ya en la ESO, algunas editoriales siguen en sus trece. Especialmente aquellas significadas por su nacionalismo, como EUMO. En su libro de segundo de Ciencias Sociales de segundo ciclo de ESO «Escànner 6. Los límites de la libertad», se sentencia: «El acatamiento del marco constitucional vigente no significa la renuncia del pueblo catalán a la autodeterminación».

La causa soberanista catalán debe a la fuerza sostenerse en pasado deformado para ser presentado como aval para pedir la «libertad», la emancipación de España. Hay que reinvidicar (inculcar) que Cataluña fue Estado en su pasado para reclamar el derecho a volverlo a ser. Aunque como estado soberano e independiente «no existió nunca», como afirma el historiador Pedro Antonio Heras.

Nada mejor para convencer a algo de alguien que darlo por sentado. Como muestra, el capítulo número 7 del libro «Marca» de segundo de ESO de la editorial Vicens-Vives, que reza: «Orígenes de Cataluña como Estado» (en catalán, claro).

Cataluña
Contra el diálogo
Emilio Campmany Libertad Digital 29 Octubre 2012

Ha sido recibido con general satisfacción el discurso que este sábado ha pronunciado Rajoy en Barcelona. Pedro Jota lo califica de "estupendo". El editorial del periódico que dirige dice que "es de agradecer que Rajoy elevara el tono general de sus críticas". Victoria Prego, en el mismo medio, califica el discurso de "firme y pegado al muro de la legalidad pero ofreciendo al mismo tiempo el diálogo". Curri Valenzuela, en el ABC, titula "El mejor Rajoy" para decir que ha terminado con los argumentos de quienes le acusaban de ser demasiado tibio, pero también tendrán que sentirse orgullosos los que abogaban por una respuesta dialogante. La Razón lo clava con su editorial, "Firmeza y oferta de diálogo". No entiendo las alabanzas. Unos pueden valorar lo conciliador del discurso y otros la supuesta firmeza. Pero, alabar las dos al tiempo es un oxímoron. Difícilmente puede ser firme quien ofrece diálogo y poco dialogante le cabe ser a quien muestra firmeza.

En cualquier caso, lo que no puede en ningún modo alabarse es la oferta de diálogo. Supongan que finalmente Mas y Rajoy dialogan. Imaginen que, a consecuencia de ese diálogo, se pacta una "mejora de la financiación", por utilizar las palabras de Rajoy. Figúrense que esa "mejora" implica más dinero para la Generalidad, que es la única forma de que Mas la aceptara, y que, a consecuencia de ello, éste renuncia por el momento al referéndum de independencia. ¿Es eso firmeza?

A la propuesta de referéndum sólo cabe responder impidiendo que se celebre con todos los medios que la ley ofrece o aceptar su celebración imponiendo una pregunta clara. Algunos dirán que Rajoy se ha decantado por lo primero al acusar al presidente catalán de querer "saltarse la ley a la torera" y decir luego "yo no me voy a saltar la ley". Pero, fíjense bien que no ha dicho "yo voy a hacer que la ley se cumpla", sino simplemente que él la va a acatar. Y no se trata de que la cumpla Rajoy, sino de imponérsela a Mas.

Con quien se salta la ley o amenaza con hacerlo no se dialoga, se le aplican las normas, incluidas las penales, si caben. Mucho más cuando la Generalidad, la de ahora y la de antes, viene haciendo desde hace tiempo precisamente eso, saltarse la ley, sin que nadie del Gobierno de España, incluido Rajoy, haya hasta ahora hecho nada para impedirlo. Cualquier concesión que se haga, aunque sea diálogo mediante, a quien amenaza con saltarse la ley a cambio de no hacerlo constituye una rendición del Estado de Derecho. Sólo nos faltaba la vergüenza de ver a Mas renunciando por el momento al referéndum a cambio de unos miles de millones de euros de todos los españoles dados por Rajoy. Una vez hecha la amenaza, no caben diálogos ni pasteleos. Los catalanes tienen que decidir de una vez si quieren ser españoles o dejar de serlo. Ahora, lo que decidan tendrá que serlo con todas sus consecuencias.

Socialismo e indiferencia ética
Los dos problemas del PSOE
Pedro de Tena Libertad Digital

El PSOE tiene dos problemas. Uno, el socialismo. Otro, las personas que lo componen y la escuela generada por la indiferencia ética de los protagonistas de Suresnes. Sobre el socialismo como doctrina no voy a extenderme. La caída del Muro de Berlín, esto es, el hundimiento del socialismo real, el único socialismo que ha tenido todo el poder en muchas naciones y estados del mundo desde 1917 a 1989, ha sido tan elocuente que más palabras no añaden más que cansancio. Pero es una caída aparente, porque el otro socialismo, el supuestamente democrático, el que quiere un Estado cada vez más fuerte sin ser el único poder, pero condicionando a los demás, tiene aún oportunidades debido a las dimensiones que "lo público" ha adquirido en todos los países democráticos, incluido Estados Unidos. El afán insaciable de recursos de los demás partidos, a derecha e izquierda, consolidan esta meta. Succionar las ubres ciudadanas y las energías de la sociedad civil para formalizar un poder irresistible del Estado es su tarea actual. Además de someter a la dependencia a los más débiles, se trata de dar a luz a una nueva burguesía proestatalista, con dineros procedentes y dependientes del Estado para financiarse y competir deslealmente (desde subvenciones a Cajas de Ahorros) y compuesta por ilustres socialistas. Es lo que se ha hecho en España tejiendo una espesa tela de araña autonómica perfectamente visible en Andalucía, entrevisible en Extremadura y Castilla-La Mancha e intentada en las demás comunidades.

Pero el problema inmediato que tiene el PSOE es el de las personas. La etapa de Suresnes ha terminado con el epigonato de Zapatero El Horrible, pero su historia ha legado un conjunto de personajes con unos comportamientos muy distantes de la coherencia racional, la lealtad nacional y de la decencia ética. No crean que nos referimos sólo a la elite que acompañó a Felipe González y Alfonso Guerra, sino a los cabecillas regionales y locales que heredaron de aquellos un escaso aprecio por la democracia formal y ningún afecto por los valores de ella derivados. La existencia de tantos casos de corrupción en el PSOE –los del PP tienen otro fundamento–, tienen que ver con ese mal ejemplo, con estructuras de partido verticales dirigidas a ganar votos como sea y con quien sea y a ocultar la verdad en tanto la verdad perjudica al aparato.

Por ello es tan difícil encontrar el camino de la regeneración. Véase ahora el intento llamado Nuevo Socialismo 3.0, con la que 3.000 militantes solicitaban la dimisión de toda la dirección del partido y convocar un congreso extraordinario. Incluso, cuenta la enorme Garat, no descartaban movilizarse con un remake indignado, "Rodea Ferraz", que indignó... al bueno de Alfredo cada vez más El Breve. Pero, ¿quién está detrás de este nuevo jaleo? Luis Ángel Hierro, un economista afincado en Sevilla, que fue diputado por Sevilla. Este año, por ejemplo, ha publicado un libro titulado Yo amo el Estado del bienestar. Pero si se escarba un poco en la biografía de los Hierro –tiene una hermana llamada Antonia que fue alcaldesa de Tomares, Sevilla–, se encuentran los mismos vicios de comportamiento que los de otros. Antonia Hierro hizo de todo en Tomares, desde mandar una escolta de motos policiales a la boda de su hija, a retirar sin orden de la Junta Electoral la propaganda del partido de la oposición, el PP, pasando por la ayuda consiguiente a amigos de la causa, por parar aquí porque la serie es larga con procesos judiciales incluidos. Y, cómo no, varios miembros de la familia estuvieron colocados y/o amparados por la Administración.

El problema del PSOE heredero de Suresnes es que hay poco donde escoger porque su cuerpo casi al completo está contaminado. La inmensa mayoría de sus activos han bebido de las aguas sucias con las que se ha tejido el poder socialista en la España democrática desde 1976. Cataluña será el próximo batacazo de este enfermo casi terminal. Y aun así, todos nosotros, incluso los que no somos de esa cuerda, necesitamos un partido socialista español que se refunde sobre bases democráticas, ideológica y organizativamente, porque si al final todo esto desemboca en paleocomunismo de Izquierda Unida, estamos apañados.

PERPLEJIDAD CATALANA
Javier Cercas. El País semanal  29 Octubre 2012

El reciente estallido independentista en Cataluña me ha sumido en una mezcla de perplejidad y aprensión. Quizá por eso casi había decidido guardar silencio escrito sobre el asunto; también porque imagino cierta afinidad con los lectores de esta columna, y lo que tengo que decir debería decírselo sobre todo a los que no piensan como yo. Pero el mencionado estallido coincidió con la publicación de mi última novela, y en las entrevistas promocionales me preguntaron por el asunto; contesté más o menos lo que sigue: Yo entiendo que haya gente cabreada y desesperada. Y también entiendo que el cabreo y la desesperación lleven a pensar que ya no podemos estar peor de lo que estamos y que es preferible emprender aventuras que seguir encerrados en este callejón sin futuro. A esto solo puedo contestar con una certeza y una confesión. La certeza es que por supuesto que podemos estar no peor sino muchísimo peor de lo que estamos (de hecho, así hemos estado casi siempre).

La confesión es que a mí me encantan las aventuras, pero en las novelas y las películas; en política no: en política soy un partidario feroz del más espantoso aburrimiento, de un tedio letal, suizo o como mínimo escandinavo (y del sistema político más aburrido posible, que es la democracia). Así que, cuando oigo al presidente Mas declarar que ir hacia la independencia supone adentrarnos en “terreno desconocido”, se me ponen los pelos de punta. Para los escritores o los científicos es una obligación pisar terreno desconocido, ir “au fond de l’Inconnu pour trouver du nouveau”, como dice Baudelaire; pero para los políticos, eso debería estar prohibido: si al internarse en lo desconocido el escritor se cae al abismo, no pasa nada, porque solo se cae él; pero si se cae al abismo el político, nos caemos todos detrás (y el abismo es el abismo de la historia).

No sé si hace falta añadir, por lo demás, que no soy nacionalista, ni independentista”. Esto viene a ser lo que dije. Desde que lo dije no ha dejado de crecer mi asombro. Me asombró que hubiera quien me felicitara por haber tenido el valor de pronunciar esas palabras. Me asombró cruzarme con una historiadora catalanista que me recordó que Pierre Vilar acuñó la palabra “unanimismo” para referirse a esos momentos sociales en que el temor acalla toda disidencia y crea una ilusoria sensación de unanimidad, y me confesó que ella no se atrevía a decir en público que discrepaba del fervor independentista. Me asombró que haya zoquetes que sigan sin entender que hoy día la izquierda y el nacionalismo –empezando en España por el nacionalismo español– son incompatibles, y zoquetes más zoquetes aún que no entiendan que una cosa es el nacionalismo catalán, que es de unos pocos, y otra cosa la lengua catalana, que es de todos, regalando así un bien común a los nacionalistas.

Me asombra el asombro que ha provocado Lara al decir que Planeta se marcharía de una Cataluña independiente, y que el secretario general de ERC diga que una Cataluña independiente sería bilingüe, cuando el independentismo siempre ha sostenido que el bilingüismo conduce a la extinción del catalán. Me asombra la genialidad de Artur Mas, que de un día para otro ha conseguido que Cataluña deje de culparle de todos sus males para culpar de todos sus males a España. Me asombra (y me horroriza) que un expresidente extremeño diga que los extremeños de Cataluña deberíamos ser devueltos a Extremadura, como si fuésemos ganado, y me asombra (y me horroriza) que el presidente catalán, encargado de hacer las leyes y de velar por su cumplimiento, afirme que se saltará la ley.

Dicho esto, ya me asombra menos que un escritor casi llame a la insurrección armada o que un político pida que se intervenga Cataluña con la Guardia Civil. Pero lo que más me asombra es que personas en apariencia juiciosas sostengan que la separación de Cataluña se produciría de forma cordial y sin traumas, y que casi todos parezcan creer que es imposible que la situación degenere en violencia: Dios santo, ¿ni siquiera hemos aprendido que en la historia no hay nada imposible, y que los grandes cambios casi siempre se han producido a sangre y fuego? ¿Nos hemos vuelto otra vez tan insensatos y pusilánimes como para no ser capaces de darle una salida civilizada a este embrollo?

Maquinaria ideológica
Oriol Alonso Cano www.vozbcn.com 29 Octubre 2012

En los últimos meses Cataluña se halla inmersa en una apremiante cruzada a la pesquisa de su independencia y, por ende, de su funcionamiento por separado del resto del Estado español. Ahora bien, si queremos ser mínimamente sinceros con el acontecer de los hechos, mejor deberíamos decir que son sus dirigentes quienes están inoculando ese discurso, en el seno de la sociedad civil catalana (y española), cual mantra chamánico se tratase. Según este discurso, la mayor parte de los infortunios y calamidades económico-sociales catalanas se verían extirpadas de raíz a la sazón de su emancipación del resto de España.

Pues bien, este discurso se yergue en un diáfano ejemplo de lo que desde la tradición marxista se estipula como ideología. Para Marx, este fenómeno designa las construcciones superestructurales que se encargarían de ocultar el auténtico funcionamiento de la realidad capitalista. Dicho en otros términos, la ideología se erige en esa construcción del poder que se encargaría de legitimarlo, a partir de la ocultación de su verdadera lógica. Por consiguiente, y si buscamos un concepto análogo, ideología sería sinónimo a falsa realidad.

Sin embargo, y con el desarrollo de las tesis marxistas por diferentes autores como Althusser o Zizek, entre otros muchos, el concepto de ideología vira su dirección y ya no se erigirá en un fenómeno que falsea la realidad solamente, sino que se convertirá en un elemento vertebrador y constitutivo de la experiencia del sujeto, que se encargaría de determinarlo, de tal manera, que no pudiese gestionar su experiencia de otra forma diferente a la que configura el discurso ideológico. De ahí no es de extrañar que Althusser no hable de ideología, sensu stricto, sino de aparatos ideológicos del Estado (dispositivos que tiene el poder para configurar y determinar la percepción y experiencia del sujeto: educación, religión, consideración de la familia, medios de comunicación…).

Sea como fuere, ambas maneras de entender el fenómeno pueden observarse sin ambages en la actual disposición del Gobierno autonómico de Cataluña, en su intento de legitimar la causa independentista. Por un lado, es ideología, en tanto que falsa realidad, puesto que ofrece una visión distorsionada de lo que es el estado de las cosas. Un ejemplo de este fenómeno estriba en la acérrima defensa de que una Cataluña independiente sería una de las potencias más importantes de la Unión Europea, a corto plazo. Ahora bien, el discurso de Mas se olvida que este presunto camino hacia el nirvana económico-social es un proceso que requiere de varios años (por no decir lustros). En primer término, debe procederse a la materialización de un referéndum, posteriormente, empezar los mecanismos legales para poder ejecutar lo establecido en el referéndum, discutirlo en el Senado y Congreso, aprobarlo, proceder a la salida inminente de la Unión Europea, negociación con Europa para calibrar la posibilidad de ser país miembro de la Unión… Consecuentemente, ante la presunta celeridad de los acontecimientos, que se defiende desde el poder, la realidad es más bien otra, mucho más pausada y burocrática.

A su vez, es ideología, en cuanto modificación de la experiencia del sujeto, porque ha sido capaz de generar unas condiciones de experienciar un porvenir utópico catalán: una arcadia catalana en la que las injusticias, recortes, desafíos económicos que genera el aumento del desempleo y de las prestaciones sociales, son aniquilados de la lontananza. Evidentemente, esta nueva experiencia que genera este discurso tiene como resultado la polarización de una sociedad civil maltrecha por las consecuencias devastadoras de la crisis económica.

Sin embargo, y mientras se sigue tejiendo y articulando este discurso ideológico, los recortes del Gobierno autonómico de Mas continúan su acuciante ritmo. Las injusticias sociales (todavía sigue vigente la eliminación del Impuesto de Sucesiones en Cataluña, por no hacer referencia a los impuestos que debe hacer frente la población, inflación de precios tanto de servicios públicos como privados…) siguen implacables. Se ha conseguido ocultar y desviar la atención de todos los atentados que el Gobierno autonómico está haciendo contra el Estado del bienestar (recordemos que hay centros concertados que no cobran desde hace varios meses, verbigracia).

Soy catalán (mi nombre me delata) y me siento muy orgulloso de ello. Ahora bien, lo que no admito es que se venda un determinado discurso, cual panacea se tratase, para intentar esconder la auténtica realidad de la situación: el salvaje deterioro del los servicios sociales por intereses de una clase determinada. Lo que no debe admitirse es que se engañe (una vez más) a la sociedad civil. Si queremos hablar de independencia, debe hacerse sin engaños ni intereses.

Oriol Alonso Cano es docente de Filosofía y Epistemología en la UOC e investigador de la Facultad de Filosofía de la UB

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Legalidad y democracia
Martín Prieto La Razón 29 Octubre 2012

En estos días de fervorín separatista llegan desde Cataluña distinguidas voces conceptualmente bárbaras que alzapriman la democracia sobre la legalidad. A esto no conduce el relativismo que ahora se expende gratis en «La Boquería». Las urnas hicieron canciller a Hitler y su elección democrática condujo a las abominables leyes raciales. Aplastadas las ciudades alemanas por el bombardeo estratégico angloamericano, escribía Joseph Goebbels en sus diarios: «Si se queja el pueblo que recuerden que nos votaron». Democracia son Bielorrusia, Cuba o Corea del Norte; hay y hubo democracias liberales, formales, populares, orgánicas y hasta las churchillianas menos detestables entre los métodos de convivencia de los ciudadanos, pero lo que de verdad las distingue es la moral de la legislación que las sustenta.

Ya Maquiavelo, que no era una clarisa, sostenía que no se puede vivir en una ciudad en la que pueden menos las leyes que los hombres (Más) y que la legislación democrática no puede ordenarse de acuerdo con la ambición de unos pocos ( CIU, ERC medio PSC ) porque la Ley y el poder arbitrario se encuentran en discordia. Gentes tan voluntaristas como las del analfabetismo secesionista le piden a Rajoy poco menos que un puñetazo en la mesa para los que quieren pasar hambre solos. Sein Fein: nosotros solos.

Con el paisaje que nos rodea sólo faltaba el insólito que un presidente gallego se pusiera a despotricar. Hace lo apropiado: retreparse en la legislación, encender un puro y esperar a que los amenazantes se queden afónicos con eso de que la democracia y sus leyes son disociables. Pueden mudar hasta la Constitución pero de la Ley a la Ley (Torcuato Fernández Miranda) igual que finiquitamos el franquismo.

Pero erigir un nuevo Estado partiendo del condado de Barcelona con vasallaje previamente al Reino de Aragón, es imposible con el bagaje intelectual de «O sí, o sí» del Rey Arturo y sus Caballeros de la Tabla Redonda. Ya llegará la casquivana Reina Ginebra y el tornadizo Lancelot du Luc pue será Duran Lleida.

CiU ya no es un «voto útil»
Editorial La Razón  29 Octubre 2012

La carrera electoral catalana ha cubierto este fin de semana uno de sus hitos con la presentación de las principales candidaturas y programas con los que los partidos se postulan a las urnas el próximo día 25 de noviembre. El programa de los convergentes elude la palabra «independencia», que ha dejado su lugar a otras variaciones bajo el denominador común de «estado propio europeo», y cabe pensar que este camino, el de tender cortinas de humo cada vez más polémicas y levantar la bandera del victimismo, es el que seguirán en lo que resta de campaña electoral. Pero no hay que llevarse a engaño.

Se trata de una posición claramente independentista que aleja a la coalición de sus tradicionales posturas de moderación y que debería hacer reflexionar a sus socios de Unió sobre la necesidad de clarificar actitudes y de optar por una vía propia.Vía que no puede pasar por el concepto de «confederación» que defiende Unió, y que lleva en sí mismo la semilla de la ruptura nacional. Pero es que, además, la campaña y los programas nacionalistas están llevando a cabo un ejercicio de desinformación de los ciudadanos, jugando descaradamente al equívoco, que oculta deliberadamente los riesgos de la apuesta. En estas condiciones, entregar el llamado «voto útil» a CiU ha dejado de tener sentido. Al contrario, se convierte en un sufragio radical, propio de una opción rupturista y fuera del sistema. Al mismo tiempo, los sondeos parecen confirmar la bajada del PSC.

No ayudan a los socialistas catalanes las propuestas de su candidato, Pere Navarro, que intenta situarse en una posición intermedia. Ni su «derecho a decidir», ni su federalismo asimétrico, que incluso dejaría fuera a regiones como la andaluza, tienen cabida en la Constitución, que garantiza la igualdad de todos los españoles. Aún tiene tiempo el PSC de volver a su discurso nacional, que es el que demanda la mayoría de sus votantes. Los socialistas ya apostaron por el giro nacionalista y no les fue bien. Es el camino que les permitiría recuperar la confianza de su electorado tradicional. CiU lo intenta ahora con la esperanza de ganar una mayoría cómoda en el Parlament y desvincularse de las impopulares medidas de ahorro y recortes en materia social que se ha visto obligado a tomar.

El PP que lidera Alicia Sánchez-Camacho tiene ante sí el reto de revalidar los buenos resultados de los últimos comicios y podría convertirse en la segunda fuerza gracias al declarado independentismo de CiU. El PP de Cataluña comienza la campaña con un mensaje de moderación y diálogo, y una oferta a los electores de sentido común y de realismo. Su mejor baza ahora es recordar permanentemente que quien vote a CiU lo hace a un partido que quiere romper España.

Vamos a contar mentiras (1)
José García Domínguez Libertad Digital 29 Octubre 2012

Lo certifico sin ironía alguna, desde la absoluta sinceridad. Tras leer el informe económico sobre la viabilidad de la independencia que maneja Artur Mas, me asalta la duda de si habrá sido la Generalitat de Cataluña, y no el Gobierno de Uruguay, el primer ente público del mundo empeñado en la producción, distribución y consumo de marihuana a gran escala. Se antoja difícil llegar a una conclusión distinta después de entrarle a ese muy sesudo documento académico de... tres páginas. No es de extrañar que nuestro más prestigioso especialista en Hacienda Pública, el profesor Ángel de la Fuente, del CSIC, ya se haya referido al asunto como "el milagro de los panes y los peces".

Porque solo a la providencia cabría convertir en factible lo que ahí se da por hecho con estupefaciente alegría. Por ejemplo, que Cataluña pudiese asumir toda la larga lista de servicios que ahora provee el Estado sin que ello costara ni un céntimo adicional a los contribuyentes. Al contrario. Así, tal como ha resaltado con alguna chanza el profesor De la Fuente, los trescientos millones de euros que el Ministerio de Trabajo necesita invertir anualmente en la demarcación, por arte de birlibirloque, se verían reducidos a apenas cuatro. Una disminución espectacular de costes cuya justificación teórica no resulta menos espectacular: porque sí. Y punto. Pero no piense el lector que en eso acabarían los insólitos prodigios que para asombro del universo mundo obraría el nonato estadito catalán.

Pues de creer lo que pone en el papel, la actual Administración autonómica estaría en disposición de asumir la carga de trabajo que corresponde a una nación de las de verdad. Los mismos que hay ahora, sin necesidad de incorporar a nadie. Superlativa capacidad de trabajo que únicamente admitiría una explicación lógica, a saber, que la mitad de los funcionarios en nómina de la Generalitat no hacen absolutamente nada durante toda su jornada laboral. Otra posibilidad no cabe. Sea como fuere, resulta evidente que Mas no ansía competir con Singapur, California o Shanghái, sino con Lourdes. ¿Cómo entender, si no, que pese a su cantinela favorita, ésa de que Cataluña seguiría integrada en Europa, no prevean partida ninguna como aportación catalana al presupuesto de la UE? Se coge antes a un mentiroso...

Monólogos entre Cataluña y España (IV.3)
Hablemos de historia
Enrique Morera Guajardo La Razón 29 Octubre 2012

El s. XIX y el primer tercio del s. XX hasta la Guerra Civil constituye el período en el que se consolida de forma continuada e intensa la voluntad autonomista de Cataluña. Los Estatuts de 1932, 1979 y 2006 (aún recortado) son la culminación de esa aspiración catalana que arranca, en el primer tercio del XIX, con el fenómeno cultural de la Renaixença (Clavé, Verdaguer, Guimerà…), que entronca en el último tercio del XIX con la inestabilidad política del reinado de Isabel II, las Guerras Carlistas, el Sexenio Revolucionario, la Restauración con Alfonso XII y las guerras coloniales. La España convulsionada con una Cataluña también dividida propició que aflorara el permanente deseo de cualquier oligarquía de escaparse del «follón», y al mismo tiempo de aprovechar la situación para recuperar o asumir parcelas de poder. La pérdida de las colonias (1898) fue la puntilla. Cataluña no fue una excepción, y además podía echar mano del hecho diferencial que permitió exacerbar su intento de huida, aun a pesar de que no fuera mayoritariamente secesionista. La situación de hoy es pareja si sustituimos la inestabilidad política del XIX y principios del XX, con sus propias crisis mercantiles y financieras, por la actual y profunda problemática económica.

Cataluña siempre ha sufrido más las crisis, porque mayor siempre ha sido su desarrollo. En el Principado empezó la revolución industrial y ahora, precisamente por su PIB diferencialmente mayor al del resto de las autonomías, el paro y la penuria se notan con especial intensidad. Vayamos un poco más atrás.

A poco que se bucee en la historia de forma objetiva, se constatará que el golpe (1923) de Primo de Rivera, a la sazón Capitán General de Cataluña, contó con el pleno soporte de la burguesía industrial y rural catalana, que volvió a apoyarse en los somatenes (cuerpo parapolicial con remoto origen en 1068) asumiendo, sin resistencia destacable, las restricciones acordadas para símbolos y lengua, ya que eran otros los problemas que se anteponían en el Principado. Un prohombre catalán Alfons Sala y Argemí asumió la Presidencia de la Mancomunitat y preparó su disolución. La dictablanda sólo encontró oposición por parte de los sindicatos obreros, los republicanos y en el intento (1926) de lucha armada de Francesc Macià, que antes había ido a Moscú a solicitar ayuda para su partido independentista, Estat Catalá, que acabó fusionándose con Esquerra. Tácticamente moderó su posición y aceptó la autonomía pactando con el Gobierno en 1931.

La neutralidad de España en la I Guerra Mundial (1914-1918) había traído hasta 1917 una época de esplendor para los negocios especialmente destacable en Cataluña. La consecuencia fue una escalada de precios en toda España que no vino acompañada de subidas salariales. El proletariado urbano y las clases populares sufrían las consecuencias. El ideal autonomista surgía por doquier. En Andalucía resurge la Constitución Federal Andaluza (Antequera 1883) con la Asamblea de Ronda de 1918 y el manifiesto de Blas Infante de 1919. España estaba en llamas. En Cataluña se produce el intento de aprobar el Estatut de 1919 (claro antecedente del de 1932) mediando consulta popular. Cambó llegó a decir que era la «solució autonomista del problema català». La agitación social por toda España produjo la caída del Gobierno de Romanones en abril de 1919, después de firmar el «Decreto de la jornada de ocho horas». La autonomía seguía esperando. El intento de 1919 venía de más atrás.

La Semana Trágica en 1909 y el Tancament de Caixes en 1899 (huelga de establecimientos), que muy equivocadamente se suelen poner como ejemplos de la represión del Estado al nacionalismo catalán, no fueron más que hechos directamente desencadenados por la crisis de 1898 (pérdida de las colonias) con el alza de impuestos para cubrir el déficit de guerra y el surgimiento de los movimientos obreros que unieron a socialistas, anarquistas y republicanos en torno a Solidaritat Obrera en oposición a los conservadores catalanes de Solidaritat Catalana (Lliga). Los catalanes también estaban divididos. La crítica de Joan Maragall a la burguesía catalana por su responsabilidad en los hechos de la semana trágica es una buena prueba de ello.

Las Bases de Manresa (1892), debido a su inviabilidad –se pretendía hasta la acuñación de moneda–, fueron pronto abandonadas por sus propios promotores pero evolucionaron y cristalizaron en un movimiento autonómico realista y viable dentro de España al que Cataluña siempre ha aspirado, homologando a España al paradigma de un moderno estado, alejado del absolutismo y del centralismo. Hoy nadie –en su sano juicio– puede predicar que España no es uno de los estados más descentralizados del mundo, por más que se hayan puesto de manifiesto ineficiencias de todo orden en el corto proceso en el que se han ido transfiriendo las competencias.

Destacable resulta que durante la I República (1873), dos de sus presidentes fueran catalanes, Francesc Pi i Margall i Estanislao Figueras. El compromiso con España era absoluto, hasta el punto de que el primero declaró que si las Cortes Constituyentes no declaraban la república federal (equivalente a nuestro sistema autonómico), él acataría cualquier otra decisión distinta siempre que fuera democrática. Frente a quienes niegan legitimidad al ordenamiento encarnado en la Constitución, ¡esto sí que resulta ejemplar! Nada que ver con una voluntad secesionista unilateral declarada, aunque últimamente ya resulta matizada, por el Sr. Mas.

En el período de finales del XIX y principios del XX no resultaba tan fácil «alejarnos» de España como ahora. Los catalanes habían derramado su sangre durante siglos por España y en la memoria de Cataluña se encontraba muy fresca la decidida participación de sus hijos en las guerras coloniales (levas aparte) de España. Aún hoy llegan a nuestros oídos aquellas gestas y la sangría sufrida, a través de nuestra más famosa habanera: «El meu avi va anar a Cuba a bordo del Català el millor barco de guerra de la flota d’ultramar. El timoner i nostramo (patrón) i catorze mariners eren nascuts a Calella, eren nascuts a Palafrugell… Arribaren temps de guerra de perfídies i de traicions i en el mar de les Antilles retronaren els canons. Els mariners de Calella i el meu avi enmig (en medio) de tots varen morir a coberta, varen morir als peus del canó». Muy pocos saben (no interesa la épica militar porque suena a fascismo) que como mínimo, y que se sepa, un 10% de los héroes del destacamento de Baler (Filipinas; 1898-1898) eran catalanes.

Los bombardeos de Barcelona de 1842 y 1843 y el sofoco de la insurrección de 1856 –a los que desde el sectarismo interpretativo de la historia se ponen como ejemplo de una continua represión anticatalana–, no se pueden desvincular del inicio de la Revolución Industrial en Barcelona y de la protestas populares que de ella se derivaron, así como de las medidas liberales progresistas de Espartero abriendo España al comercio internacional (Tratado con Inglaterra). La alianza entre los «señores», que ven amenazados sus beneficios, y la incipiente y sufrida clase proletaria, y no su afán de independencia o autonomismo, fueron los determinantes de los levantamientos sofocados.

Nadie quiere recordar que nuestro general Prim (qué poco se habla de él en el Principado), uno de los más ilustres catalanes del XIX, fue el responsable del bombardeo sobre Barcelona de 1843, cuando él mismo había sido el primer crítico con Espartero. ¿Quién puede decir que Prim no fuera un gran catalán? Nada mejor que la figura de Prim para simbolizar la simbiosis entre Cataluña y España, porque también fue un gran español. Fue el impulsor de la fracasada nueva dinastía en el Reino (Amadeo I de Saboya, 1871) con un fuerte apoyo social en Barcelona, y se había jugado la vida por España al frente del Tercio de Voluntarios Catalanes en la guerra de Marruecos (Tetuán y Wad-Ras; 1860). Cuando O’Donnell le indicó a Prim que los voluntarios estaban faltos de instrucción (se organizaron en muy pocos días), éste contestó: «Mañana la completarán en la batalla». Después de la campaña (403 bajas entre muertos y heridos), O’Donnell manifestó: «Los valientes catalanes han completado su instrucción con honores». Así bien reza el cantar: «…son cinq cents homes, que en llunya terra, glories a Espanya varen donar…»

El dramatismo que refleja el cuadro del gerundense Francesc Sans i Cabot (1828-1881) enlaza con la simbología del heroísmo catalán (Prim a caballo), que no renuncia a su personalidad diferencial (voluntarios con barretina) pero que sirven y mueren por España.
Poco analizado se encuentra –probablemente porque no interese–, el pensamiento mayoritario del importante y reconocido internacionalmente movimiento cultural, pictórico y arquitectónico integrado en el modernismo catalán. En palabras del escritor Joan Fuster, el modernismo catalán significó la transformación de una «cultura regional y tradicionalista en una cultura nacional y moderna». Con el modernismo se superaba el arcaísmo de la Renaixença, sin abandonar sus raíces y características propias, en el contexto de un pujante desarrollo de Cataluña. La influencia de las experiencias en el extranjero de muchos de sus integrantes (París, Roma, Londres…) tuvo mucho que ver para abandonar los límites de una Cataluña que pretendía encerrarse en sí misma.

Habrá que seguir «refrescando» la historia. Continuaré.

conferencia sectorial de Educación
Wert y los consejeros autonómicos debaten la reforma
EFE | MADRID El Correo 29 Octubre 2012

El anteproyecto implanta evaluaciones nacionales comunes para todos los alumnos al final de cada etapa no universitaria
Cataluña amenaza con acudir al Constitucional porque considera que implica una interpretación "abusiva" de la potestad reglamentaria del Estado y una "invasión competencial"

Después de más de tres horas, continúa la reunión del ministro de Educación, José Ignacio Wert, con los consejeros autonómicos para debatir la propuesta de anteproyecto de reforma de la enseñanza no universitaria.

Antes de comenzar la reunión, pasadas las 16.00 horas, la consejera de Cataluña, Irene Rigau, ha declarado a la prensa que la Generalitat estudia llevar al Tribunal Constitucional la reforma educativa si finalmente se aprueba tal cual, porque implica una interpretación "abusiva" de la potestad reglamentaria del Estado y una "invasión competencial". Esta idea ha sido compartida de manera similar por el consejero de Canarias, José Miguel Pérez, quien cree que el anteproyecto legislativo "colisiona" con los principios constitucionales y pretende "mercantilizar" la educación. A su vez, la responsable de Educación en funciones del País Vasco, Isabel Celaá, ha asegurado que pediría a Wert la retirada de la reforma porque se apropia de competencias educativas como las evaluaciones generales del alumnado.

Por el contrario, el consejero de Castilla-La Mancha, Marcial Marín, en nombre de las comunidades que gobierna el PP, ha opinado que la reforma educativa es necesaria porque la ley vigente es un "fracaso" y el texto propuesto por el Gobierno está "abierto", con más puntos en común que diferencias.

La de la Comunidad Valenciana, María José Catalá, ha comentado que hay acuerdo entre las comunidades regidas por este partido para que se suprima la posibilidad de que los estudiantes menores de edad puedan faltar colectivamente a clase, como permite la legislación vigente sin que reciban sanción por ello.

Cambios
El anteproyecto de Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) implanta evaluaciones nacionales comunes para todos los alumnos al final de cada etapa educativa no universitaria, que tendrán que superar para obtener los títulos de graduado en Secundaria Obligatoria (ESO) y de bachiller.

La reforma, que modifica parcialmente la Ley Orgánica de Educación de 2006 (LOE), atribuye al Gobierno central la definición del 65% de las enseñanzas comunes para las autonomías con lengua cooficial y el 75% para el resto (ahora son el 55 y el 65%, respectivamente), entre otras novedades.

La reforma plantea vías formativas al final de la ESO diferenciadas hacia la Formación Profesional o el Bachillerato, una reducción de asignaturas optativas, el refuerzo de las materias básicas como Lengua, Matemáticas e Inglés y una mayor autonomía de los centros escolares.

Nacionalistas catalanes en acción
Un nacionalista catalán acusa al T.C de socavar sus “derechos lingüísticos”
DAZIBAO-Ñ  Minuto Digital 29 Octubre 2012

El Tribunal Constitucional, mediante un auto de siete líneas, no admite a trámite el recurso de amparo interpuesto por un “ciudadano catalán” que alegaba la vulneración de sus derechos lingüísticos por el Tribunal Supremo.

El recurrente se había negado a ser miembro de una mesa electoral, ya que no estaba dispuesto a participar, por razones de conciencia, en un proceso electoral “espanyol” y, por lo tanto, extranjero.Sin embargo, el argumento no convenció a la Audiencia Provincial de Barcelona, que le aplicó sin contemplaciones la legislación vigente. Descontento el pintoresco catalán por la decisión judicial, presentó ante el Tribunal Supremo el correspondiente recurso, pero redactado en catalán y sin adjuntar la preceptiva traducción al castellano. Requerido por el Tribunal para que subsanase la omisión en tiempo y forma, se manifestó renuente y contumaz en el error, por lo que los magistrados, dicho sea en lenguaje jurídico, le enviaron a tomar por do más pecado hay… y fue entonces cuando decidió acudir en amparo al Tribunal Constitucional, que se ha mostrado indiferente a sus quejas, cuitas y milongas.

Uno de los personajes que ha participado en esta parodia grotesca es Marta Clapés, la letrada que ha defendido los intereses del catalán “desamparado”, quien ha llegado a invocar, a falta de mejores argumentos, la Carta Europea de Lenguas Minoritarias, un texto en el que no es posible encontrar ni un solo párrafo que sea aplicable al caso. Se desconoce, por el momento, si la ínclita jurista, tan proclive al esperpento y la astracanada jurídica, se personará en el Tribunal de Estrasburgo para saciar su sed de justicia, pero puede que sus alegaciones sólo despierten risa y chanzas.

COMERCIO JUSTO
Llega el boicot a los productos catalanes
JUANJO ARMAS   Minuto Digital 29 Octubre 2012

El pulso de Artur Mas y los separatistas ya tiene respuesta. Esta iniciativa explica con claridad lo que es “comercio justo”. ¡PÁSALO”



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