AGLI Recortes de Prensa  Jueves 1 Noviembre 2012

Medias tintas
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 1 Noviembre 2012

Llevamos treinta y cinco años dialogando y descentralizando y los nacionalistas se han lanzado a la secesión sin paliativos.

La campaña de las elecciones autonómicas catalanas del próximo 25 de noviembre muestra cómo los separatistas han conseguido llevar a los dos grandes partidos nacionales a su terreno de juego.

En el caso de los socialistas, la inclusión en su propuesta programática del “derecho a decidir” es una concesión absurda a los planteamientos nacionalistas. La precisión de que dicho derecho deberá ejercerse dentro del marco legal vigente carece de sentido, en primer lugar porque no puede ser de otra manera y, en segundo, porque un referendo de autodeterminación -ese es el significado del “derecho a decidir”- convocado unilateralmente es ilegal en sí mismo. La mera hipótesis de que una consulta de esta naturaleza pueda ser autorizada por el Gobierno central es simplemente impensable.

Pere Navarro ha vuelto, de paso, al viejo mantra socialista del federalismo. Ahora bien, la fórmula federal sirve para unir lo que estaba separado, situación contraria a la de España y su Estado autonómico, sin olvidar que el federalismo implica homogeneidad, lo que no encaja con la foralidad vasca y navarra consagrada constitucionalmente.

El PP, por su parte, llama al diálogo y contempla la posibilidad de un sistema fiscal especial para Cataluña que le proporcione más recursos. Llevamos treinta y cinco años dialogando y descentralizando y el resultado ha sido que los nacionalistas se han lanzado a la secesión sin paliativos. Una fácil extrapolación indica que si seguimos dialogando corremos un serio peligro.

La actual crisis ha demostrado que lo que necesitamos es una mayor disciplina fiscal controlada desde las instancias centrales, lo que casa mal con nuevas concesiones en este terreno. También es obvio que un sistema de financiación distinto para Cataluña generaría movimientos reivindicativos similares en Baleares, Madrid, Andalucía y la Comunidad Valenciana, lo que haría inviable este camino.

Al planteamiento federal socialista, los populares catalanes oponen un llamado “autonomismo diferencial”, que no se entiende muy bien lo que es. En España ya se reconocen ampliamente los hechos diferenciales lingüísticos, culturales, forales e insulares. Cuáles serían las peculiaridades adicionales a incorporar permanece en el ámbito del misterio.

En resumen, el intento de neutralizar el extremismo separatista con posiciones a medio camino entre la legalidad vigente y los delirios irredentistas de Mas y compañía le colocan en ventaja y debilitan las opciones constitucionalistas. No aprendemos.

No hacer los deberes

César Vidal La Razón 1 Noviembre 2012

La anécdota es conocida. El hombre se acerca a la mujer y le pregunta si se acostaría con él por un millón de dólares. La fémina, complacida, le dice que sí. El hombre le pregunta entonces si aceptaría realizar el mismo menester por tan sólo un dólar. La mujer, ofendida por la drástica rebaja, le dice: «¿Quién se cree que soy?». A lo que el hombre le responde: «Quién es usted resulta obvio. Ahora sólo se trata de acordar la tarifa». No sé por qué siempre que recuerdo esta anécdota me vienen a la cabeza los nacionalistas catalanes. A estas alturas, todos sabemos quiénes son y lo que pretenden. También sabemos que, lamentablemente, los hemos malacostumbrado a que se lleven el millón de dólares en lugar de discutir tarifas. Esa circunstancia –que resulta evidente para el conjunto de los españoles– también lo es para la Unión Europea en cuyo seno circulan algunos chistes de negros y catalanes que no voy a repetir aquí porque me parecen de pésimo gusto. S

in embargo, esa realidad no resulta tan obvia, por ejemplo, al otro lado del Atlántico y los tentáculos propagandísticos del nacionalismo catalán no pierden ocasión de colocar en periódicos de prestigio artículos y soflamas donde se repiten, con el tono gemebundo que las caracterizan, las referencias a una democracia catalana que existía cuando no existía Cataluña o que convierten la guerra de Sucesión en la pérdida de la independencia a manos de los españoles. Gobernara quien gobernara, el nacionalismo catalán con sus embajadas o con las nuestras, valiéndose de la representación europea o de los casales, ha ido desarrollando una labor propagandística en el exterior centrada en dos puntos esenciales.

El primero es señalar, siempre y en todo lugar, que España es un desastre indigno de confianza y el segundo, subrayar que la pobre Cataluña soporta con paciencia esa injusta cruz pero que si un día decidiera sacudírsela estaría más que justificada. Me he encontrado esa situación vez tras vez en el extranjero y siempre dudo entre si siento más indignación o más asco. Que se utilice la mentira y el victimismo en las zahúrdas del nacionalismo es natural.

Que se haga con nuestro dinero y nuestras representaciones internacionales desde hace décadas resulta delirante y no debería tolerarse ni un solo día más. Consentirlo equivaldría a la cantante que paga a un representante para que diga que cada día tiene menos voz y que ya nadie va a verla hasta el punto de que está buscando otra patrocinada. Hay que expulsar con urgencia a gente que sólo ataca a nuestra nación de organismos en los que es España –y no una fantasmagórica nación catalana– la representada. Ese paso es urgente darlo ya y si no se ha llevado a cabo es porque alguien no está haciendo los deberes. Que dimita entonces.

Europa es de los ciudadanos
ISABEL SAN SEBASTIÁN ABC 1 Noviembre 2012

La Europa de la que España forma parte es la Europa que mira al futuro y deja atrás un pasado de reinos de taifas

DE todas las mentiras y falsificaciones a las que ha recurrido el nacionalismo para alimentar el mito del que se nutre pocas han calado tan hondo como ésa de «la Europa de los pueblos»; un invento que nunca existió, salvo en la mente de los empeñados en confundir sus deseos con la realidad, y que no figura en los planes de nadie con mando en plaza.

Y sin embargo?

Hace muchos años que oí yo hablar por vez primera de esa unión imaginaria de etnias diversas repartidas por el territorio de la Comunidad Económica Europea (que era como se denominaba entonces al club) y supuestamente abocadas a convivir en paz y armonía en el seno de ese espacio geográfico. Quienes formulaban ese discurso delirante eran militantes del Partido Nacionalista Vasco, próximos a mí por motivos familiares, cuya ignorancia me producía una mezcla de ternura e hilaridad. Lo que jamás habría sospechado es que esas bobadas, carentes del menor fundamento político, legal o histórico, llegaran a calar tan hondo como para requerir un pronunciamiento formal por parte de la Comisión Europea, desestimando de la cruz a la raya, con la firma de su vicepresidenta, lo que el señor Artur Mas vende a su clientela electoral como un proyecto viable. Pero ellos, los nacionalistas, no se paran en barras, mientras nosotros, con nuestra tibieza, les permitimos avanzar. Engañan, empujan, tergiversan, lloran, buscan chivos expiatorios a quienes culpar de sus fracasos, prometen en vano, retuercen? y van impregnando a la sociedad de ese relato perverso que pretende hacer compatible el separatismo identitario y etnicista, que dio lugar al nazismo y la II Guerra Mundial, con el espíritu que alumbró el nacimiento de la UE, surgida para impedir otra catástrofe semejante. No son hijos de una misma madre ni pueden vivir bajo un mismo techo. Son sustancias ideológicas que se repelen mutuamente. Agua y aceite en términos de principios.

La Europa de la que por fortuna formamos parte es una agrupación de ciudadanos libres cuya identidad no se define en virtud de una raza o una lengua, factores circunstanciales que escapan por completo a la voluntad de la persona, sino de la ciudadanía misma; es decir, de la capacidad de cada cual para autodeterminarse individualmente en cada decisión y ser dueño de su propio destino. Es la Europa de los Estados porque el modelo de organización aparejado a la modernidad es ése y no otro; el de territorios acotados por la Historia a lo largo de los siglos en función de hechos tan variados como las uniones dinásticas o la conquista, que en todos los casos, y esto es lo sustancial, fueron legitimados por procesos constituyentes impecables en términos democráticos y celebrados con todas las garantías antes de integrarse en esta selecta cofradía. No en vano hubo de esperar España hasta 1986 para obtener el plácet de los restantes socios. No era ésta una cuestión baladí y costó superar los obstáculos que se interponían entre nuestros deseos y nuestra credibilidad? Exactamente lo mismo que nos sucede ahora, tras ocho años de Zapatero y alguno más de embates rupturistas.

La Europa de la que España forma parte, a costa de ganárselo a pulso, es, en definitiva, la Europa de la libertad y los derechos que llevan aparejada una gran dosis de responsabilidad. Es la Europa del progreso que mira al futuro y deja atrás un pasado de reinos de taifas enfrentados entre sí y torres de Babel incapaces de construir nada juntas. Una Europa de soluciones. La antítesis del nacionalismo.

¡Hasta la estupidez infinita y Mas allá!
Pepe Álvarez de las Asturias www.elsemanaldigital.com1 Noviembre 2012

Son muchas las evidencias que incitan a pensar que todos son devotos cumplidores de las Leyes Fundamentales de la Estupidez Humana.

Albert Einstein, el humanista más que el científico, rubricó una de esas frases que han trascendido los tiempos y las generaciones: «Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y de la primera no estoy seguro». El historiador económico italiano Carlo Maria Cipolla llegó más allá del infinito de Einstein y escribió todo un tratado, Allegro ma non troppo; una afilada y certera reflexión sobre la estupidez humana (¿existe otra?): «Tengo la firme convicción, avalada por años de observación y experimentación, de que los hombres no son iguales, de que algunos son estúpidos y otros no lo son». Ambos genios han vuelto a cobrar un intensísimo sentido de la actualidad en esta España plurinacional que padecemos infinitamente cada día.

Profundicemos en el tratado de Cipolla. El sabio italiano definió cinco categorías fundamentales de personas: Inteligentes (benefician a los demás y a sí mismos), Incautos (benefician a los demás y se perjudican a sí mismos), Malvados (perjudican a los demás y se benefician a sí mismos) y Estúpidos, (perjudican a los demás y a sí mismos). Detengámonos un poco más en estos últimos. Como afirma categóricamente Cipolla en La Quinta Ley Fundamental, «la persona estúpida es el tipo de persona más peligroso que existe. El estúpido es más peligroso que el malvado». Y continúa: «La mayoría de las personas estúpidas son fundamentalmente y firmemente estúpidas (…) Nadie sabe, entiende o puede explicar por qué esta absurda criatura hace lo que hace. En realidad no existe explicación -o mejor dicho- solo hay una explicación: la persona en cuestión es estúpida». Y aún añade: «La capacidad de hacer daño que tiene una persona estúpida depende de dos factores principales: del factor genético y del grado de poder o autoridad que ocupa en la sociedad».

Hay quien piensa que el personaje en cuestión no es estúpido sino malvado, que tiene un plan y lo lleva a cabo con maliciosa precisión. Pero según el maestro Cipolla «las acciones de un malvado siguen un modelo de racionalidad: racionalidad perversa, si se quiere, pero al fin y al cabo racionalidad. El malvado quiere añadir un ´más´ a su cuenta causando un menos a su prójimo. Desde luego, esto no es justo, pero es racional, y si es racional uno puede preverlo. Con una persona estúpida no existe modo alguno racional de prever si, cuándo, cómo, y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque. Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado». Y lo que es peor, «el estúpido no sabe que es estúpido. Esto contribuye poderosamente a dar mayor fuerza, incidencia y eficacia a su acción devastadora». Aterrador.

Por si el lector (o lectora) se encuentra un poco obtuso (u obtusa) con la inminente llegada de las elecciones catalanas, el amigo Carlo María nos ofrece la pista definitiva para reafirmarnos en ese personaje estúpido que usted y yo estamos pensando desde hace rato: «Con la sonrisa en los labios, como si hiciese la cosa más natural del mundo, el estúpido aparecerá de improviso para echar a perder tus planes, destruir tu paz, complicarte la vida y el trabajo, hacerte perder dinero, tiempo, buen humor, apetito, productividad, y todo esto sin malicia, sin remordimientos y sin razón. Estúpidamente». Pensando incluso que está haciendo un favor a la Humanidad.

Lo más curioso de todo este asunto es que Carlo M. Cipolla publicó su obra en 1998 y murió tan sólo dos años después. Es decir, diez años antes de que Artur Mas se autoproclamara rey Artur de los Paisos Catalans, heroico paladín del derecho a decidir por cuyons, soberano de la soberanía popular, hereu de las alucinaciones nacionalistas más delirantes y, en fin, protagonista absolutista de la Nova Leyenda Artúrica, mentón y ombligo incluidos. Ergo, a pesar de lo que pueda parecer, es imposible que Cipolla se inspirara, a la hora de desarrollar su Teoría de la Estupidez Humana, en nuestro molt honorable y en sus insuperables adláteres (el tonto de los cazas invasores, el tonto del Colón catalán, los eurotontos de la carta, el tonto de los bombardeos a las ciudades catalanas «durante 300 años», y muchos otros tontos más; o Mas). Sin embargo, son muchas (demasiadas) las evidencias que incitan a pensar que todos ellos (y ellas, que alguna hay) son devotos cumplidores de las Leyes Fundamentales y fidelísimos paradigmas de lo que Cipolla definió como el Poder de la Estupidez. Una estupidez que no se merecen los ciudadanos catalanes y mucho menos sus hijos, los futuros ciudadanos catalanes, cuyo futuro se va reduciendo al ritmo que crece la estupidez de sus líderes. Vertiginosamente.

En fin, que todavía nos queda estupidez para rato de aquí a las elecciones catalanas (¿no suponen éstas, por cierto, ejercer su derecho a decidir?). Y después del 25N, todavía más. Hasta el infinito y Mas allá. Por lo menos.

En Twitter: @PepeAAB1

Pacto contra el suicidio
Martín Prieto La Razón 1 Noviembre 2012

Cuando Rubalcaba se pone de perfil desaparece y esto es lo que más debe desagradar a este hombre que ya es una nota a pie de página. Sorprende lo suyo porque siendo inteligente y urdidor ha de saber que no acabará su mandato como jerarca socialista (el PSOE nunca digiere sus primarias) ni alcanzará la presidencia del Gobierno a menos que lluevan ranas. El espectáculo erótico-festivo-musical dado a cuenta de las relaciones incestuosas entre el PSOE y su sucursal catalana han sido un si es no es pero quizá sobre el Estado catalán en un puchero de mentiras, medias verdades, tactismo ferruginoso y parque temático de improperios y política virtual. Es más entendible que el PSC forme grupo parlamentario propio y que el PSOE recoja los restos del naufragio al otro lado del Ebro.

Carme Chacón, tutora de Pere Navarro, se ha abrazado a la bandera de España, lo cual es de agradecer, pero resulta como cuando los italianos reforzaban a los alemanes y la Wehrmacht se ponía en estado de alerta. El Gobierno tiene un plan contra los suicidas que andan por el alero que no precisa mayores aspavientos, al contrario de Mas y sus Pulgarcitos que cada día detonan una bomba fétida, superando CiU a ERC que parecen unos «gentlemen».

Si Rubalcaba propusiera un gran pacto nacional garantizando la unidad española, recobraría protagonismo y haría legible la Babel de mensajes subnormales que alimentan nuestra migraña. Tendrían que unirse hasta los comunistas porque no se sabe que el marxismo-leninismo haya pretendido alguna vez la partición de las naciones históricas. El Valle de Arán anuncia su secesión de una Cataluña independiente, teniendo razón Lincoln pronosticando la división de la Confederación. La mayoría absoluta del PP no excluye el pacto de los sensatos y alfabetizados que no ponen el carro delante de los caballos y que para nada excluye una nueva Constitución a votar por el censo nacional y no por unas elecciones regionales. Da igual lo que obtenga CiU porque hasta Duran Lleida meterá la papeleta tapándose la nariz.

Avenida de Jarabo
Alfonso Ussía La Razón 1 Noviembre 2012

En la España de los cincuenta del pasado siglo, las crónicas de «Sucesos» contaban con un gran número de lectores. Eugenio Suárez fundó «El Caso» con gran éxito. No obstante, su libertad se topaba con la censura. Tenía un cupo de tres crímenes por semana. Pero el 21 de julio de 1958 se produjo en Madrid un cuádruple asesinato que concitó una expectación popular sólo comparable a las Copas de Europa del Real Madrid y el triunfo en el «Tour» de Francia de 1959 de Bahamontes. José María Manuel Jarabo Pérez-Morris asesinó en una mala noche a cuatro personas. Jarabo pertenecía a la clase media-alta, estudió en el colegio del Pilar de la calle de Castelló y rompió en golfo. Bebía en demasía, se jugaba el dinero y frecuentaba a los prestamistas. Desde una perspectiva sesgada y falsa, se podría decir que era un joven decepcionado del régimen franquista, que aquella decepción le llevó a la bebida y al vicio, y que una noche mató a cuatro personas para vengarse de Franco. Pero no. Era sencillamente un asesino frío, que asombró en el juicio por su serenidad, que fue condenado a muerte y que murió en el garrote vil dos años más tarde. Pero nadie puede poner en duda que fue un criminal muy popular, más aún que el asesino de la niña Josefina Vilaseca, que murió en Manresa apuñalada por un frustrado violador.

Había prometido no escribir más de su persona, y lo hago de manera indirecta porque el protagonista de mi escrito es el Ayuntamiento de Madrid, gobernado con una holgada mayoría absoluta por el Partido Popular y del que es Alcaldesa Ana Botella, esposa de José María Aznar. La promesa no se refería a Jarabo, sino a Santiago Carrillo, al que el Ayuntamiento de Madrid ha honrado dedicándole una calle. Nueve concejales del PP abandonaron el pleno por considerar que la trayectoria vital de Carrillo es «siniestra» y no merece tan alto honor, pero en el Ayuntamiento parece ser que la presencia o no en los plenos no se refleja en los votos. La Alcaldesa vota por todos los concejales, estén en el pleno o se hallen en la cafetería. El Grupo Popular había decidido previamente abstenerse, lo que significaba aprobar la moción presentada por el PSOE con el apoyo de IU y de UpyD, que protesta mucho contra Bildu pero honra la memoria de un genocida. Y Carrillo ya tiene calle en Madrid, procurada por el complejo de inferioridad del Partido Popular.

Como madrileño, vecino de Madrid y empadronado en la Capital del Reino, tengo derecho a proponer a mis gobernantes municipales lo que me emerja del güito, y no deseo que mi petición se mantenga en el silencio. Propongo que se bautice una avenida de Madrid con el nombre de Jarabo, en memoria y recuerdo de aquel asesino que en 1958 se llevó por delante a cuatro inocentes. Si al demostrado responsable del asesinato de más de cinco mil personas se le otorga una calle en la Villa y Corte con la benevolente abstención del Partido Popular, nadie puede oponerse a que un hombre, desarraigado y triste, que sólo mató a cuatro convecinos, opte a inmortalizar sus crímenes con el nombre de una gran avenida. Además, se le podría considerar, de acuerdo con la Ley de la Memoria Histórica, la condición de «víctima del franquismo» por haber sido ejecutado mediante el garrote vil, que como demostró Berlanga en su película «El Verdugo» era un garrote de lo más chocante y desagradable.
Espero la urgente tramitación municipal para que sea aprobada por el Pleno la «Avenida de Jarabo». Y todos contentos.

¿Aznar o Wert son extremistas y el resto moderados?
Ricardo Chamorro www.elsemanaldigital.com 1 Noviembre 2012

¿Decir que España es una nación o pretender reformar un sistema educativo fracasado es extremista?

La pasada semana José María Aznar, ex presidente del gobierno, entregó en la Fundación FAES el premio a la libertad 2012 a Mario Vargas Llosa, un gran escritor y liberal de centroderecha convencido, que ha demostrado políticamente su oposición al totalitarismo en Sudamérica. Aznar en su discurso afirmó cosas tan claras como las que siguen:

"España no es una nación identitaria o nacionalista; es una nación plural, compleja e incluyente. La voluntad permanente, yo diría que fundacional, del Estado democrático por integrar a todos define buena parte de la trayectoria política desde la Constitución.

Pero ese esfuerzo integrador tiene que ser un factor de fortaleza y de confianza, no un factor de debilidad ni un motivo de frustración. Eso está ocurriendo y, en mi opinión, es necesario terminar con el debilitamiento y con la frustración.

Asumir las exigencias recíprocas del consenso y de la convivencia, sí; asumir el precio de la deslealtad, no. La deslealtad debe pagarla quien es desleal… la Constitución y sus efectos de todo orden, por ejemplo en materia fiscal y de solidaridad, nacen de un acuerdo entre ciudadanos españoles, no entre territorios de España.

Cualquier propuesta que pretenda sustituir derechos de ciudadanía por derechos territoriales o históricos al margen de la legitimación constitucional es, lisa y llanamente, incompatible con la soberanía nacional.

Soberanía que sigue residiendo en el pueblo español, del que emanan y emanarán siempre y en todo caso los poderes del Estado.
Todo el Estado –insisto, todo el Estado- está al servicio de la nación, es creación de la nación y a ella, y sólo a ella, sirve; por ella y sólo por ella se justifica su existencia.
Cualquier fórmula federal, confederal, o del tipo que sea, que pretenda o requiera la quiebra de la soberanía nacional es inviable.
La hacen inviable e indeseable la realidad de la nación española y la determinación de la inmensa mayoría en la que, sin duda, me incluyo."

Discurso extremista o palabras razonables
El anterior discurso ha sido interpretado por la mayoría de los comunicadores, donde abunda la progresía, como un discurso extremista que contribuye a provocar incendios que aumentan el separatismo.

Y es que en España que un ministro de educación como Wert quiera reformar una sistema educativo plagado de dogmas progresistas y separatistas, mostrándose un fracaso total en todos los indicadores educativos objetivos, es un pecado frente al dominante pensamiento progresista de este país.

Mientras José María Aznar o José Ignacio Wert, al igual que la mayoría de los dirigentes populares, son tachados como lo más extremo del panorama político español, los supuestos moderados Artur Mas o Duran i Lleida plantean una secesión en España con todas las consecuencias, Urkullu sigue la misma senda en País Vasco mientras la portavoz de Bildu abronca al gobierno por arrestar terroristas, Eguiguren del PSOE dice que Otegui es un hombre de paz haciendo guiños a sus correligionarios, dirigentes del PSC dicen que quieren un Estado catalán con España o sin ella, el PSOE de Andalucía arropa en el gobierno a dirigentes que arengan para ocupar fincas o robar supermercados, los sindicatos plantean un referéndum que derroque al gobierno, dirigentes de Izquierda Unida llaman a asaltar el Congreso de los Diputados, Felipe Puig de CIU advierte que utilizara a los Mossos en caso de intervención de España en Cataluña…

Lo más triste de esta situación es que incluso periodistas, algunos políticos y medios del centro derecha siguen la línea progre de considerar a José María Aznar, Jaime Mayor Oreja o Esperanza Aguirre como elementos derechistas que se oponen a una línea moderada que supuestamente lleva la línea actual del PP, cuando absolutamente todo el PP en su versión aglutinante y plural, está en el saco que los verdaderos extremistas de este país quieren pisotear y tanto la cizaña como la desunión en el PP hacen el juego a los que pretenden pisotearlos.

El extremismo no está en el PP, que el PP sea acusado de todos los males de España cuando solo ha gobernado ocho años en la historia de nuestra democracia es bastante raro, que la izquierda progresista que ha gobernado veintitrés años España sea la que hoy en día trate de dar lecciones y llame extremista a Aznar o Wert siendo esa izquierda la mayor responsable ante la desvertebración social y nacional de España es asombroso.

Mientras se siga asintiendo ante los dogmas progresistas y separatistas que han arruinado este país, por ser lo políticamente correcto, y se llame extremista a Aznar o al ministro Wert por decir cosas razonables no cambiaremos el rumbo catastrófico que nos ha llevado al lugar donde hoy nos encontramos.

Nación singular
Nota del Editor  1 Noviembre 2012

Cada vez que un "listillo" suelta la palabra "plural" se me revuelven las neuronas.

Antes de afirmar tal cosa, no quiero calificarla de otra forma por si algún ejemplar de la estupidez infinita me demanda por afirmar lo obvio, deberían definir en qué consiste una nación singular y a continuacion, si la nación referida no cumple los criterios de singularidad, se podría calificarla como nación plural. Una nación no puede ser al mismo tiempo singular y plural, sólo el espíritu santo es posible que goce de tal atributo.

Para que una nación sea singular, debe ser única, y no se me ocurre ninguna de las que pueblan la tierra que no cumpla con este requisito. Algún purista podría poner el ejemplo de los Países Bajos, fué una nación singular y plural: eran dos zonas singulares, en una se habla el holandés, en la otra el francés o el flamento (y así les va, parecen una emulsión de aceite y agua). En plan moderno podemos ver que pasa con Estados Unidos, ¿son una nación singular y plural al mismo tiempo ?

Pues podríamos decir que sí, son singulares en algunas cosas (no se me ocurre ninguna, es tan grande que hay variaciones para todos los gustos) y  plurales en otras (en cualquier cosa).

Está claro que hablar de singularidad y pluralidad en estos asuntos es tan lógico como los inventos del TBO

¿Una nueva Chacón?
EDITORIAL Libertad Digital 1 Noviembre 2012

La irrupción de Carmen Chacón en la escena mediática, con sendas entrevistas en diarios nacionales, ha sido interpretada en general como la reentré de una política capaz de poner altas dosis de sensatez en el gallinero en que se ha convertido el PSOE.

A tenor de las valoraciones que se están haciendo, pareciera que Chacón no tiene responsabilidad alguna en el estado calamitoso en que se encuentra España. Pero lo cierto es que carga sobre sus espaldas con todos los desmanes perpetrados por su mentor, José Luis Rodríguez Zapatero, empezando por el liberticida estatuto de Cataluña, uno de los peores artefactos legislativos que haya padecido España en democracia; artefacto, que, por ejemplo, acaba con la igualdad de los españoles y la solidaridad entre los distintos territorios que conforman la Nación, valores con los que ahora la exministra de Zapatero se llena la boca.

Chacón fue dirigente del PSC en tiempos del malhadado Tripartito, que además de dejar Cataluña como un erial persiguió a comerciantes que rotulaban sus tiendas en castellano, impidió a los niños estudiar en castellano y se prodigó en los desplantes y desprecios a los símbolos nacionales. Chacón es, en fin, una política que ahora rechaza los postulados soberanistas de CiU y proclama su condición de española, pero en su momento no tuvo empacho en alinearse con ERC, partido todavía más delirante y extremista, y acudir en socorro de un actor elevado a los altares del separatismo por insultar a la "puta España" en la televisión pública catalana.

Después de una larga trayectoria contribuyendo a exacerbar el separatismo en tierras catalanas, donde no hubo traición a España a la que no contribuyera con entusiasmo, Chacón pretende presentarse ahora como salvadora de la patria, con el PSOE detrás como garantía de la unidad, la igualdad y la solidaridad de todos los españoles. Menuda garantía, el PSOE de la taifa y el derrumbe ideológico, electoral y moral.

Con todo, Carmen Chacón no puede aceptar que la Constitución se aplique por igual en toda España, de ahí su pretensión de reformarla para implantar un federalismo que a veces es asimétrico, a veces no lo es y que significa siempre, cuando hay socialistas de por medio, cualquier cosa menos la garantía de la igualdad entre todos los españoles.

La debilidad de Rubalcaba y el previsible batacazo del PSC en las inminentes autonómicas catalanas son las únicas claves que permiten comprender esta vuelta de Carmen Chacón al primer plano. Ni ha cambiado de parecer respecto a las grandes cuestiones nacionales, ni tiene intención de reformar el PSOE para convertirlo en un partido leal a España y a los españoles si prosperara su asalto al liderato. El objetivo de Chacón es, simplemente, tomar posición ante la guerra sin cuartel que los socialistas van a librar en cuanto se consume su desastre electoral en Cataluña.

Baleares como modelo
Editorial La Razón  1 Noviembre 2012

Si alguna comunidad autónoma puede ponerse como ejemplo de gestión responsable en medio de enormes dificultades, ésa es la balear, que gobierna desde hace casi año y medio el popular José Ramón Bauzá. Como él mismo recordó ayer en «Los Desayunos Autonómicos» de LA RAZÓN, heredó del anterior Gobierno pentapartito que presidían los socialistas una Administración con una deuda superior a los 4.480 millones de euros, además de otra oculta en facturas sin pagar que rebasaba los 1.500 millones; el número de empresas públicas ascendía a 180, que engullían más de 500 millones de euros anuales; y el déficit, lejos del objetivo comprometido, se había disparado hasta el 4,5% del PIB regional. Pues bien, desde junio de 2011 hasta ahora, Bauzá ha puesto en marcha reformas estructurales profundas, ha reducido de 14 a 6 las consejerías y de 66 a 31 las direcciones generales; ha suprimido más de cien empresas públicas, ha empezado a pagar las facturas pendientes y está empeñado en cumplir con el 1,5% de déficit fijado por el Gobierno de la nación. En resumen, el presidente balear se ha arremangado y se ha puesto manos a la obra para devolver a las islas racionalidad en la gestión y posibilidades de crecimiento. No es casual que la comunidad balear sea la segunda que más contribuye a las arcas del Estado, que es lo mismo que aportar a la solidaridad interregional.

Por eso mismo, tiene razón Bauzá cuando exige a cambio que el Estado también contribuya a mejorar la financiación, de modo que el esfuerzo de una se vea compensado por éste mediante inversiones en infraestructuras. Parece razonable, y llegado el momento de revisar el sistema de financiación autonómica no cabe duda de que la voz de Bauzá será de las más autorizadas. En todo caso, el presidente balear ha querido dejar claro que la fórmula que se adopte debe ser fruto del consenso general y ha de beneficiar al conjunto de España. No es baladí esta invocación al interés general. En un momento en que la marea nacionalista pone en cuestión los lazos solidarios que anudan a los españoles, Bauzá no duda en proclamar que la unidad de España es incuestionable y que a los separatistas hay que atajarles sin ceder un milímetro. En consecuencia, rechaza la mistificación de los «países catalanes» en la que los nacionalistas incluyen a las Islas Baleares porque «somos parte de España y nunca perteneceremos a eso». Gracias a la congruencia y claridad de Bauzá, el PP puede presentarse legítimamente como un partido que defiende lo mismo y tiene idéntico discurso en todas las comunidades autónomas, coherencia que no todos los partidos pueden ofrecer, como se está viendo en Cataluña. No cabe duda de que el dirigente balear se está revelado como un gestor eficiente y se ha consolidado como un firme puntal del PP.

La incuestionable unidad de España es un camelo
Nota del Editor 1 Noviembre 2012

En Baleares, en la educación, es obligatorio al menos el aprendizaje de la lengua regional (la inmersión es frecuente). Ello implica que Baleares es para los que hablan la lengua regional, los demás estamos excluídos. Por tanto la incuestionalbe unidad de España es una falsedad, allí se aplica la xenofobia contra los español hablantes que no quieren saber nada de lenguas regionales, en defensa de sus derechos humanos y constitucionales.

Este tipo afirmaba recientemente que el estudio de la lengua regional es obligatorio lo mismo que las matemáticas, y que nadie discute sobre la obligatoriedad de estudiar matemáticas. Está claro que este tipo no tiene ni idea de lenguas ni de matemáticas. En matemáticas hay tantas ramas casi como lenguas en el mundo y a nadie se le obliga a estudiar todas ellas; las matemáticas elementales se estudian por la misma razón que se estudian los principios básicos de la vida, pues la persona tiene que saber cuidarse. Lo que no es de recibo es que estos tipos pretendan alargar le agonía de las lenguas regionales
inoculándolas a los hijos de los demás.

Pretender que los demás estudien la lengua regional para que pueda vivir en Baleares o en cualquier otra región de esas malditas en las que el español ha sido declarado lingua "impropia" es una clara demostración de la xenofobia que se gastan por allí.

Impuestos europeos, burocracia africana
Javier Caraballo El Confidencial 1 Noviembre 2012

En las leyes de Murphy ya se advierte la endiablada espiral en la que suelen quedar atrapadas muchas veces las personas y las sociedades: “No hay problema que no pueda resolverse sin crear otros. Pero pueden crearse muchos problemas sin resolver ninguno”. Esa máxima, a ver, se sigue aquí a pie juntillas sin posibilidad alguna de torcer una dinámica que puede remontarse a siglos o a décadas. Lo que ocurre, por ejemplo, con el drama del empleo en España. Nadie podría entenderlo sin asomarse a las dificultades laberínticas en las que se enreda cualquiera que tenga una idea para montar una empresa; nadie se explicaría la anomalía del paro español, con tasas de desempleo que hasta pueden llegar a multiplicar por cinco a las existentes en los países vecinos, sin experimentar la frustración de crearse un autoempleo. Imposible, desesperante.

El por qué de todo está ahí, en la desconsideración general que se tiene en España a la creación de empleo y en la penalización constante, con trabas, con impagos, con impuestos, de aquellos que intentan progresar, más allá, mucho más allá, de las listas de desempleo. El país que más paro tiene de Europa es, a su vez, el país en el que es más complicado crear empleo; no es una contradicción, es la explicación de lo que nos ocurre.

Hastiados como estamos de estadísticas sobre la crisis, apenas reparamos hace unos días en el estudio del Banco Mundial que situaba a España en el puesto 136 de una lista que comparaba las facilidades que existen en cada uno de los países analizados para la creación de una empresa. De un total de 185 países, España estaba a la cola, por debajo incluso de Burundi, Tanzania o Zambia. Y eso que los datos que se ofrecían en ese informe son abiertamente sospechosos, porque, por ejemplo, se afirmaba que en España sólo son necesarios 10 trámites y 28 días para crear una empresa. ¡Diez trámites y menos de un mes! Si fuera eso, si sólo fuera eso, si en ocasiones el trámite para abrir un negocio no se alargase durante meses, no habría problema alguno del que hablar. La realidad, sí, debe ser peor y, en cualquier caso, lo llamativo es pensar en las paralelas que se trazan a raíz de ese informe.

Porque, de la misma forma que se constata que la burocracia es más pegajosa e intrincada que en muchos países africanos, la carga fiscal con la que se graba al que pretende crear una empresa o, incluso, un autoempleo, sí que se asemeja, o incluso supera, a la de muchos países desarrollados. Burocracia africana, pues, con impuestos europeos. Que ya veremos cómo acaban el año miles y empresarios y de autónomos después de la última subida de IRPF y de IVA, aprobada en agosto.

El absurdo se completa con la espiral de impagos en la que, irremediablemente, se verán atrapados muchos empresarios, sobre todo pequeños empresarios y autónomos, por la morosidad de los gobiernos. Con el peso que tiene la administración pública en España, en especial en algunas regiones como Andalucía, esa constate de impagos conduce a la quiebra diaria de alguna empresa. Los últimos datos que han ofrecido los autónomos, además, demuestran que aquí los vicios se perpetúan, que no es verdad que las administraciones hayan aprendido la lección de la austeridad. Incluso después de la aplicación del Plan de pago a Proveedores, que se dotó con 27.000 millones de euros, se siguen acumulando impagos por parte de las administraciones públicas hasta los cinco mil millones de euros que ya se deben de nuevo. En junio pasado se debían 4.800 millones y en octubre esa cifra ha crecido hasta los 5.000 millones de euros, como acaba de poner de manifiesto la Federación de Trabajadores Autónomos (ATA).

Volvamos al principio. El país con más paro es el que pone más dificultades para crear empleos; el país con más morosidad del sector público es el mismo que aumenta los impuestos en la crisis más devastadora. En ese corolario se incluye algo más que una frustración que parece endémica.

Rajoy con el rabo entre piernas
Juan Vicente Santacreu Estrella Digital 1 Noviembre 2012

Las distintas especies animales que viven en grupos o manadas han ido evolucionando hasta convertirse en grupos sociales. En todos los casos estos grupos necesitan un líder para que les guie, defienda y garantice la continuidad de la especie. Evidentemente el cargo de jefe lo ocupa el macho más fuerte para preservar la continuidad de la especie. Y lo siento por las feministas ya que esta calificación del “macho más fuerte” puede “joder” y contrariar a estas locas con disfunción cerebral. Pero es lo que hay.

Esta es la regla de oro de todos los grupos sociales excepto en los humanos que, en multitud de ocasiones, se elige a los líderes menos machos, con intenciones destructivas del grupo o la colmena y con intenciones prohibitivas para “putear” al personal. Véase por ejemplo el caso de Mariano Rajoy y España.

Evolutivamente el puesto de jefe siempre ha sido conquistado por el “macho alfa”, el macho más fuerte de la manada que se distingue, o se hace notar, por alguna particularidad. En los lobos por ejemplo, se distingue al macho alfa por llevar el rabo erguido. De ahí el nombre “Lupus rabus erectus”.

Históricamente en las comunidades humanas también ha ocurrido igual, el jefe ha sido siempre joven y el más fuerte, aunque fuera un imbécil, ya que solo se trataba de demostrar fuerza física. Los “machos humanos” al no tener rabo se les ha distinguido por llevar la armadura más vistosa o las plumas guerreras más grandes. Hoy en día ya ni eso, se ponen medallas y/o hasta los tontos pueden lucir una corona Real.

A través de la historia de la humanidad se ha ido evolucionando eligiendo siempre a un jefe de grupo que, además de ser joven y fuerte, fuera a ser posible también inteligente, es decir un buen estratega para la guerra.

Para completar la estabilidad social de los grupos tribales, los humanos fueron paralelamente eligiendo a un grupo de sabios para impartir justicia y compartir sabiduría. En estos casos se elegían a los ancianos del poblado, sabios en principio por tener la experiencia de la vida. Así nacieron los dos principales pilares en los que se asentaba las sociedades primitivas. Los dirigentes; guerreros, jóvenes y fuertes y el grupo de sabios copados por los ancianos del poblado.

Pero la evolución ha ido deformando estos principios a través de los tiempos hasta llegar hoy en día que, en el caso de España, la degradación del Sistema ha deformado la esencia de esos pilares y por ejemplo tenemos dirigiendo España a un presidente carente de testosterona y con el rabo entre piernas. O por lo menos ante los perros vascos y catalanes. Los españoles somos tan cutres que ni siquiera tenemos un macho alfa, tenemos un macho mierda con su rabo haciendo de badajo enredando entre cascabeles. ¡¡Manda huevos!!. Por cierto a Rajoy sólo se le pone el rabo tieso para plantar cara a los buenos y para subir los impuestos.

Rajoy chochea y no está para trotes, de todo lo prometido no cumple nada, lo único que cumple son años.

Y si hablamos del poder judicial, más de lo mismo, en lugar de ancianos sabios y justos, tenemos una panda de pijos ácratas o progres-pijos que en lugar de impartir justicia son mantenedores del Sistema actual. Evidentemente no lo son todos, pero son muchos los que son y demasiados son los que están.

Así lo pienso y así lo digo con mi rabo erguido.
Juan Vte. Santacreu – en Twitter @JVSantacreu - Estrella Digital

La lengua viva
Los dichosos nacionalismos
Amando de Miguel Libertad Digital 1 Noviembre 2012

No hay manera. Se cumple la norma no escrita de que en todos los medios españoles hay que reservar un espacio para referirse a los nacionalismos, singularmente el vasco y el catalán. Los corresponsales me inundan de correos sobre el particular. Lo que me preocupa no es tanto la crítica a los nacionalismos (bien merecida) como el hecho de que se abre paso un latente prejuicio anticatalán o antivasco. Es precisamente uno de los efectos de los nacionalismos rampantes. Digamos que es una especie de profecía autoderrotante. Los nacionalismos insisten tanto en que el resto de los españoles están en contra de los catalanes y los vascos que al final se produce esa actitud. Es una desgracia para todos.

José María Navia-Osorio se hace cruces con la política de los Gobiernos de dar más dinero a las autonomías en lugar de embridarlas para impedir el derroche. Aduce que le gusta ese verbo de embridar porque es rural, auténtico y porque no cree que haya otro más apropiado. Pues le sugiero encabestrar, que es poner el cabestro a las caballerías. El cabestro es una "cuerda o correa que se ata al cuello de la caballería como rienda para conducirla o atarla con ella". Por analogía, encabestrar es "atraer o seducir a alguien para que haga lo que la otra persona desea". En este caso la gran mayoría de los españoles estamos a favor de que el Gobierno encabestre a las autonomías derrochadoras, y no digamos a las que tratan de independizarse. Otra cosa es que ese deseo general se consiga.

J. Miguel Vizcaíno critica el lema de los socialistas vascos en las últimas elecciones: "Estamos a lo que importa". Su comentario es que, a la vista de los resultados, esos socialistas no sabían muy bien lo que importaba a los vascos. La verdad es que como lema no resulta muy feliz, incluso por la forma. Creo que lo diseñaron con desgana, pues sabían que iban a perder. Claro que la duda se acrecienta: ¿por qué han desarrollado los socialistas en el País Vasco una política que va contra sus intereses? Ni Maquiavelo redivivo sabría decirlo.

Jesús García Castrillo hace una crítica filológica a la tesis del nacionalismo vasco por la que presume de que el vascuence es una lengua milenaria. Incluso se llegó a decir que era la que hablaban Adán y Eva. La opinión de don Jesús es que se trata de mitos impulsados por algunos jesuitas vascos en el siglo XVIII. Se añade al otro mito de los nacionalistas catalanes al enseñar a los niños esta superchería: "La guerra de 1936 fue de la Cataluña progresista y colonizada para independizarse del dictador sanguinario". Es evidente que esa tesis oculta el Tercio de Montserrat.

Jesús Laínz recuerda que el cardenal Gomá, catalán, fue el impulsor del mito de la guerra civil como una Cruzada. Se trata de un episodio que oculta ahora cuidadosamente el nacionalismo catalán. Lo cual manifiesta un "oportunísimo olfato político" de la Iglesia catalana, que ahora favorece la causa separatista. Se me perdonará que aduzca un recuerdo personal. En su día un consejo de guerra me condenó por criticar a un capellán catalán, quien predicaba precisamente la tesis del cardenal Gomá.

José Antonio Martínez Pons opina que en el posible referéndum de Cataluña ganaría el sí a la independencia "gracias a los votos de los charnegos que desean hacerse perdonar de serlo". Se fija en un detalle que suele pasar inadvertido: "En Cataluña no se habla de recuperar el Rosellón y la Cerdaña". Considero que ese asunto saltará pronto a la opinión pública. Los nacionalismos necesitan los irredentismos. Es algo que está en los manuales.

Fej Delvahe se fija en una paradoja: el PSOE tiende a aliarse con los nacionalismos cuando lleva en sus siglas la E de español. Sin embargo, esa E significa el ideal de un Partido Socialista a escala internacional. Por tanto, la E viene a ser el equivalente de su rama española. Así pues, no hay tal paradoja.

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Demasiadas barreras en la economía
Primo González www.republica.com 1 Noviembre 2012

La inversión extranjera directa en España está mostrando una trayectoria bastante aceptable. Durante el año pasado, la inversión aumentó en torno a un 20%, aunque con cifras algo alejadas de sus mejores tiempos. No está sucediendo lo mismo con los movimientos de capitales a corto plazo, que han presentado en los últimos meses un grado de infidelidad a los activos españoles realmente preocupante, aunque a partir de septiembre parece que los flujos tienden a normalizarse y hay bastante fondos de inversión internacionales que han reconocido su retorno a la inversión en nuestro país. La inversión a corto plazo ha sufrido mucho como consecuencia de la crisis de la deuda soberana y el elevado diferencial de tipos entre España y Alemania.

Pero la inversión realmente relevante es la de tipo directo, es decir, la que protagonizan las empresas que se instalan en España para producir y vender, con mano de obra española y con todos los rasgos propios de una empresa normal. En España hay unas 13.000 compañías extranjeras, según los datos de Invest in Spain, la sociedad estatal que se ocupa de promover la venida de capitales foráneos a España, aunque esta sociedad estatal ha sido virtualmente borrada del mapa en los últimos meses dentro de los programas de ajuste presupuestario, para integrarla en el Icex. Las empresas extranjeras en España dan empleo, según estas estimaciones, a alrededor de 1,3 millones de personas, es decir, alrededor del 8% de la población ocupada española.

Este año, el pronóstico sobre el balance final de la inversión extranjera está resultando algo difícil de concretar porque hay proyectos de inversión que se están demorando, no sólo por la crisis general que vive la economía sino porque la inversión extranjera está siendo bastante sensible a algunas regulaciones que se han abordado en España en los últimos tiempos, algunas favorables a la inversión empresarial en general, y por lo tanto también a la extranjera, como la nueva legislación laboral, mientras otras están jugando un papel contrario.

Entre estas últimas hay una que llama especialmente la atención a los empresarios extranjeros, la relativa a la enorme y creciente fragmentación que se observa en las regulaciones de la actividad económica por Autonomías. No resulta fácil entender a muchos empresarios extranjeros, algunos de ellos con bastante rodaje ya a sus espaldas en nuestro país, cómo un Estado miembro de la Unión Europea, con poco más de 45 millones de habitantes, ha podido construir tantas barreras internas, que acaban por desempeñar el papel de auténticas barreras aduaneras, en la medida en que impiden la igualdad de competencia y de trato en territorios que, aún formando parte de un mismo Estado, fomentan regulaciones de mercado altamente diferenciadas entre regiones.

Un ejemplo pintoresco es el de las regulaciones de los horarios comerciales, paradigma de la diversidad entre zonas de la geografía española, a veces entre poblaciones que apenas distan unos pocos kilómetros, lo que facilita en suma la inutilidad de algunos esfuerzos proteccionistas. En horarios comerciales, Madrid se ha situado en el extremo más radical, la libertad total, así como amplios márgenes de autorización para la apertura de establecimientos. Cataluña representa la opción contraria bajo el argumento, que nadie se ha atrevido a discutir aunque pocos crean en él, de que las limitaciones tanto de horarios y aperturas como de establecimiento de nuestras empresas que puedan fomentar la competencia, es un ataque en toda regla contra los pequeños comerciantes. Como si los pequeños comerciantes no existieran más que en Cataluña. La defensa a ultranza de esta protección ha llevado al Gobierno de la Generalitat a legislar en contra de la ley estatal que trató de unificar, hace unos meses, el asunto de los horarios y de las aperturas de establecimientos. Y entonces surge la pregunta: ¿qué legislación es preferente, la estatal o la autonómica? La contestación difiere según quien la proporcione. El caso es que es una batalla que esta misma semana, al calor de la campaña electoral catalana, ha vuelto a poner en opie de guerra a los partidarios de una y otra fórmula.

Todo este embrollo, que genera una parcelación engorrosa de la actividad económica nacional, es indudablemente un punto de perplejidad y de merma de atractivo de cara a los inversores en general y de los inversores extranjeros en particular. Circulan cifras sobre lo que se están perdiendo en cuestión de inversión y empleo aquellas regiones que ponen barreras a la apertura de nuevos centros comerciales o a la libertad de horarios en el comercio. De momento, lo que parece claro es que se trata de una disputa que no está sirviendo para atraer a los inversores extranjeros.

¿Asimetría constitucional o lealtad institucional?
José Antonio Yturriaga www.vozpopuli.com 1 Noviembre 2012

En mi última columna destacaba el creciente movimiento de opinión favorable a una reforma de la Constitución de 1978 para modificar el régimen autonómico en ella previsto.

Seudo-federalismo del Estado de las Autonomías
Según Luis López Guerra, el Título VIII de la Carta Magna no dibuja un mapa preciso sobre la configuración de las CCAA o la atribución de competencias a las mismas. Se limita a establecer un marco jurídico que se ha visto completado por las fórmulas de organización diseñadas por los Estatutos de Autonomía, las leyes orgánicas estatales y la jurisprudencia del TC. Se ha ido creando así un “acervo autonómico”, que ha llevado a la ampliación del techo competencial a los niveles máximos permitidos y que ha adquirido status cuasi constitucional. El modelo territorial presenta un carácter abierto, pues el Estado ha renunciado en la práctica al procedimiento de “armonización” y ha recurrido generosamente al artículo 150-2, que permite transferir a las CCAA “facultades correspondientes a materias de titularidad estatal que, por su propia naturaleza, sean susceptibles de transferencia o delegación”.

El Estado de las Autonomías contiene elementos cuasi federales vergonzantes que han permitido a algunas CCAA exceder en competencias a Estados federales, sin que se disfrute de las ventajas del carácter igualitario y cerrado del federalismo. Como ha observado Jorge de Esteban, el reparto de competencias se halla claramente establecido en una Constitución federal, que está por encima de las Constituciones federadas, al regir la “cláusula de la supremacía federal”, por la que -en caso de conflicto entre una norma federal y otra de un Estado federado- prevalece la primera. El Estado de las Autonomías es una caricatura del Estado federal, porque la Constitución no especifica las partes que lo componen, ni fija las competencias de las CCCA -desarrolladas en los distintos Estatutos-, e incluye asimetrías como las prevista en la disposición adicional 1ª, que ampara los derechos históricos de los territorios forales. A los constituyentes se les fue con ello la mano cuando -para conseguir el apoyo de Euskadi- reconocieron sus derechos históricos y sus privilegios fiscales, sin lograr pese a ello el respaldo del pueblo vasco a la Constitución, aunque sí se lo diera al Estatuto de Autonomía de Guernica de 1979. También consagra la Carta Magna los “hechos diferenciales” de las comunidades históricas, que -según la sentencia del TC de 2010 sobre el Estatuto de Cataluña- permiten situaciones singulares en relación con el derecho civil, la lengua y la cultura, la proyección de éstas en el ámbito de la educación, y los sistemas institucionales propios.

Exigencias de la “Generalitat” en contra de la Constitución
El carácter abierto de la Constitución y la indefinición de lo que debería ser el final del proceso autonómico han hecho –en opinión del ex-Presidente extremeño Guillermo Fernández Vara- que la necesaria moderación haya sido sustituida por una reivindicación permanente de las CCAA. El Gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero cedió a la presión de los nacionalistas y –a cambio de su apoyo puntual para mantenerse en el poder- accedió a transferirles competencias de titularidad estatal. El caso más paradigmático fue la reforma del Estatuto de Sau –apoyado en su día por una aplastante mayoría del pueblo catalán- que, pese a las amplias atribuciones que, forzando la Constitución, concede a la Generalitat –lo que fue condonado en gran medida por el TC-, ha sido considerada insuficiente y provocado un artificial enfrentamiento entre Cataluña y el resto de España. El Presidente Artur Mas ha exigido la concesión de un régimen fiscal privilegiado como el que gozan el País Vasco y Navarra, y -cuando el Presidente del Gobierno central le ha dado una fundada respuesta negativa- se ha pronunciado por la vía secesionista en contra de la Constitución y del “seny”. Dando prueba de deslealtad institucional, Mas ha lanzado su órdago anticonstitucional y antiespañol en un momento especialmente delicado para la Nación, como hizo en 1975 Hasan II al iniciar la “marcha verde” contra el Sahara Occidental aprovechándose de la agonía del entonces Jefe del Estado. Y no lo ha hecho por casualidad, sino con plena consciencia, como cabe deducir de sus palabras: “España pasa por un momento de debilidad. Está contra las cuerdas y desacreditada internacionalmente”.

Según el profesor Rafael Domingo Oslé, resulta repudiable cualquier forma de oportunismo partidista de rentabilizar políticamente la aguda crisis económica que atraviesa España. Si algo no pueden hacer los políticos catalanes es azuzar al pueblo catalán con el fin de alimentar unos sentimientos independentistas trasnochados. Además de que Cataluña ha sido co-responsable de la crisis que está atravesando el país, el “kamikaze” Mas no parece comprender que el hundimiento de España provocaría asimismo el de Cataluña. Me recuerda el viejo cuento árabe en el que –adaptándolo a las circunstancias- un escorpión nacionalista le pidió a un toro españolista que le ayudara a cruzar el Ebro, a lo que éste se resistía por temor a un posible picotazo. El escorpión lo convenció argumentando que, si tal hiciere, moriría, puesto que no sabía nadar. En medio de la travesía se produjo el fatal picotazo y, cuando el toro le preguntó mientras se hundían “¿pero, por qué?”, el escorpión le contestó:”Es mi condición. Esto es Catalunya”. Como ha señalado Victoria Prego, los nacionalistas creen que ahora pueden hacer su apuesta final, porque la dimensión de la crisis y la inestabilidad de los acuerdos con Europa han debilitado dramáticamente la fortaleza moral del país. CIU y PNV han pactado hacer una pinza, y pasar a España por el exprimidor, hasta que reconozca que es un Estado plurinacional.

Necesidad de lealtad institucional
El socialismo anda a la deriva. Mientras el Presidente de Andalucía, José Antonio Griñán, afirma que el Estado de las Autonomías no puede “estar abierto permanentemente” y debe ser sustituido por un modelo federal, y que la soberanía nacional no es fragmentable, el Programa Electoral del PSC reclama el “derecho a decidir” del pueblo catalán y propugna una “Federación de Naciones”, que tiene más de confederación que de federación. Pedro J. Ramírez ha urgido la reforma de la Constitución para reducir el coste del modelo territorial, reforzar los poderes del Estado y diferenciar al País Vasco, Cataluña y Galicia del resto de las autonomías. El problema es ¿quién le pone el cascabel al gato constitucional? Es generalmente aceptado que para reformar la Constitución se debe requerir el mismo grado de consenso que se obtuvo para su adopción, lo que resulta casi imposible lograr en la actualidad. Si ello fuera posible, me inclinaría por un federalismo cooperativo como el de Alemania. Aunque sea partidario de fortalecer las competencias del Estado y de restringir el desmadre de las CCAA, no estoy, sin embargo, de acuerdo con acordarles un tratamiento asimétrico distinto al que ya les otorga la Constitución: trato diferencial en relación con el derecho civil, la cultura, la lengua, la educación y la estructura institucional. Con la excepción del régimen fiscal especial para el País Vasco y Navarra –que ojalá se pudiera suprimir-, no hay razón que justifique la introducción de “asimetrías sobrevenidas”, como pretende Cataluña en los ámbitos fiscal, aduanero o de la Seguridad Social. Según Ignacio Camacho, el Estado de las Autonomías no tiene problemas de simetrías o asimetrías, sino de lealtad o deslealtad. Una eventual asimetría no frenaría el soberanismo, pues los nacionalismos tratan de sobrepasar la Constitución y no habrá una solución justa mientras subsista su deslealtad al proyecto de convivencia común. Es lamentable que, en los momentos tan delicados que vive España, la asimetría constitucional prevalezca en Cataluña sobre la lealtad institucional.

‘Delenda est Hispania’
Desde la Transición, los nacionalismos catalán y vasco tratan de maximizar sus ventajas de cara a superar el marco vigente del Estado de las Autonomías.Así, la aparición de un espíritu federal resulta imposible
Antonio Elorza El País  1 Noviembre 2012

En su libro Los rostros del federalismo, Roberto Blanco Valdés pone el acento sobre un factor que ha incidido en el fracaso del Estado de las autonomías —al cual considera una federación— y que sin duda contribuiría a bloquear cualquier intento de reforma que llevase a una racionalización de aquel: “La existencia de partidos nacionalistas que reivindican sin tregua una reacomodación del modelo autonómico español, con la vista puesta en superarlo antes o después, caminando hacia el confederalismo, primero, y hacia la independencia con posterioridad”. La aparición de un espíritu federal, de un patriotismo vinculado a la supervivencia de la Federación, resulta en tales circunstancias imposible. Desde la Transición, los nacionalismos catalán y vasco, a pesar de la moderación exhibida hasta ayer por los primeros, no aceptaron de hecho un juego de suma cero; tratan de maximizar sus ventajas ante la aludida superación del marco vigente. Y hoy por hoy, lo que en principio podría contribuir a una estabilización de los conflictos territoriales, la apertura de un proceso de reforma constitucional, puede así derivar hacia una plataforma de reivindicaciones conjuntas desde Euskadi y desde Cataluña que den lugar a una aceleración de la fractura definitiva.

El telón de fondo es conocido, aun cuando haya un lógico temor a exhibir tal antecedente: el estallido de la URSS, modelo de federación mal consolidada donde el único factor efectivo de unión consistía en el poder dictatorial ejercido desde Moscú por el Partido Comunista. Al entrar en barrena la economía en la era Gorbachov y aflojarse las riendas del poder soviético, la reacción lógica consistió en poner en marcha un “¡sálvese quien pueda!” a efectos de no compartir los costes de la bancarrota financiera. En convergencia con lo anterior, emergieron las reivindicaciones de las nacionalidades sometidas al federalismo forzoso de la URSS, con el añadido de las listas de agravios por las represiones estalinianas, particularmente intensas en las regiones bálticas, en Ucrania y en el Cáucaso. El Estado se mostró incapaz de elaborar un programa de reestructuración federal —la perestroika no contemplaba este aspecto de la crisis, y tampoco existían recursos para abordarla, ni siquiera en la vertiente represiva—. La URSS se desplomó en espera de que Putin procediera a aglutinar desde un autoritarismo neoestaliniano las piezas fragmentadas que aún quedaron dentro de la Federación Rusa.

En el caso español faltan, evidentemente, elementos de erosión presentes en la URSS. No hay nada parecido a la guerra de Afganistán, y la represión política y cultural de las nacionalidades es cosa del pasado franquista. A pesar de ello sigue siendo utilizada a fondo para configurar una memoria histórica maniquea, en la cual las tropelías franquistas se convierten en opresión causada por España o los españoles, vistos siempre como algo ajeno y perjudicial. Del franquismo emerge asimismo una imagen gratificante, de manera que cualquier reivindicación nacionalista es de suyo democrática y la oposición a la misma, signo de centralismo, de incomprensión, cuando no de persistencia de una mentalidad franquista. Es una forma de abordar con ventaja cualquier debate, como se está viendo actualmente en Cataluña, sin que tenga que entrar en juego la siempre incómoda facultad de pensar. Y por encima de todo, la situación de las naciones periféricas hoy dista de ser comparable a la del ocaso del imperio soviético, ya que disfrutan, en especial Euskadi, de un amplio autogobierno en el marco de una España democrática. Claro que también a este argumento se le puede dar la vuelta, declarando que todo fue alcanzado por la lucha de las nacionalidades. Entretanto, los cambios generacionales, con la autonomía creciente de la cultura y la normalización lingüística, especialmente en Cataluña, apuntaban a la situación presente.

La evolución de las cosas se asemeja al funcionamiento de un motor mal ajustado que, cuando opera a gran velocidad, intensifica las posibilidades de avería y, al perder marcha por efecto de la crisis económica, se detiene irremisiblemente. En los prolongados tiempos de bonanza, las exigencias nacionalistas fueron atendidas una tras otra —la ocurrencia de Maragall y Zapatero de reformar el Estatut responde a esa tendencia—, dado que existían en apariencia recursos ilimitados para montar un Estado sobre otro. Todo era aceptable, incluso absurdos tales como la penalización de quienes rotulasen sus comercios solo en castellano, anticipando una separación simbólica. Los elementos de Estado que menciona Mas, como las representaciones exteriores de la Generalitat, son un buen ejemplo. Al cambiar dramáticamente la coyuntura, acabaron las concesiones y surgió el malestar social, coincidiendo en Cataluña con el fiasco de la aprobación y recorte del nuevo Estatut. El Concierto Económico aminoraba los daños económicos para Euskadi y Navarra. A falta de ese colchón, quedaban reunidos todos los elementos para una dinámica centrífuga.

Ahora bien, resulta evidente que la crisis del Estado-nación español hunde sus raíces en la historia, y por supuesto en la mitificación convertida en relato histórico. En este punto, tenemos un denominador común: los estrangulamientos que el atraso económico de la España decimonónica provoca en todos los componentes de la vida social y política, desde la formación del mercado nacional y una escuela ruinosa al sistema político asentado sobre el caciquismo y la corrupción, por no hablar del militarismo. No era un problema metafísico, sino bien concreto: fallaban los mecanismos de nacionalización, los recursos para integrar regiones y formar ciudadanos, sobre el patrón francés. Resulta inexcusable aquí la cita del payés de la Cataluña francesa que explica al filólogo catalanista por qué allí no hay nacionalismo: el Estado francés, desde la escuela a los hospitales, satisface las necesidades de sus catalanes; en territorio español, ante un Estado ineficaz, pueden ser catalanistas. En la crisis del 98 España fue vista ya como “un país moribundo”. Los nacionalismos periféricos emprendieron su marcha y el medio siglo de modernización económica a partir de 1960 llegó tarde, gracias también al franquismo, para invertir las tendencias centrífugas.

Ahora más próximas, las trayectorias de los nacionalismos catalán y vasco han sido diferentes. En el caso vasco, se trató de una respuesta de las élites autóctonas a las transformaciones de poder resultado de la industrialización, después de una prolongada agonía del antiguo régimen. El nacionalismo tuvo desde el comienzo una elevada carga de violencia antiespañola que el pragmatismo ulterior del PNV no hizo desaparecer. Fue un nacionalismo biológico, sobre la base del antecedente foral, leído como independencia. ETA y la prolongada pasividad —y transitoria alianza— del PNV con el grupo terrorista coincidieron en fomentar la paralización de la conciencia democrática y la hegemonía de una mentalidad de separación, aún vigente. Solo el Concierto Económico, con sus espectaculares ventajas, traza la divisoria entre las dos ramas del nacionalismo sabiniano.

En el caso catalán, más que de una conciencia de revancha por 1714, buena coartada, estamos ante la historia de un desajuste secular, siendo una región avanzada en los planos económico y cultural, que nunca encontró correspondencia en el resto de España, salvo a la hora de defender o imponer sus intereses económicos. A diferencia del eje Piamonte-Lombardía, Cataluña no hizo España; se adaptó a los requerimientos de su atraso. Las organizaciones políticas, culturales, obreras de Cataluña, aunque de nombre fuesen nacionales españolas, acabaron restringiendo su acción a ella o experimentando una clara frustración: ejemplo, el PSUC. Distanciamiento cultural, integración de los emigrantes, alienación política, crisis económica, han configurado la crisis actual, administrada eso sí desde un decisionismo que es más reflejo de pasadas carencias que presagio de democracia, con o sin independencia.

En suma, la reconducción es difícil. El Concierto retiene a Euskadi, pero justamente la desigualdad que provoca al escorar en su favor el cálculo del cupo, bloquea lo que sería un primer paso, la racionalización del Estado autonómico en el plano fiscal. No es la coincidencia de las presiones independentistas el principal problema, sino la extrema dificultad de reformar un Estado-nación sumido en la crisis.

Antonio Elorza es catedrático de Ciencia Política.

Cataluña
Si yo te contara, Artur
Cristina Losada Libertad Digital 1 Noviembre 2012

Bajo el pretexto de alentar la participación en las elecciones, el gobierno catalán preparó dos anuncios que llamaban a participar en la independencia. Así, dio en ellos importancia estelar –estelada– a la manifestación de la última Diada, rebosante de banderas y gritos por la causa. Aquella aparición, en la TVE de Enric Sopena, de las siglas del PSOE sobre la imagen de un gol de Butragueño fue juego de niños al lado de este gol que quería meter el gobierno convergente. Pues no hay manera de separar la manifa de marras del proyecto secesionista que Artur Mas quiere someter a votación el próximo 25 de noviembre. La perfecta identificación entre el partido y el estado es propia de regímenes totalitarios. Aunque también hay dictaduras de medio pelo donde no se percibe diferencia alguna entre lo institucional y lo partidario.

En la Cataluña a la que aspira Mas, su gobierno podrá tener, si la encuentra, a una Leni Riefenstahl que filme vibrantes anuncios para mantener enfervorizada a la gente. Pero, ay, mientras siga en España ha de cumplir las aburridas normas de una democracia. En este caso, las que proscriben la utilización partidista de las instituciones que organizan unos comicios. La Junta Electoral Central ha instado a retirar los vídeos por sugerir –incitar, diría yo– una opción de voto. ¿Qué hacer, entonces? Bien, hay otras opciones. Yo les brindo aquí, gratis total, un guión alternativo con el mismo formato.

Un señor de mediana edad, con aire de melómano, dirá: "Yo estaba delante del Palau cuando los Mossos detuvieron a Felix Millet por robar los fondos de la entidad para financiar a CiU, entre otros delitos". Otro que ya peina canas contará: "Yo vi cómo cerraban mi centro de salud mientras el fondo de reptiles para la prensa afecta aumentaba en 660.000 euros". Un atractivo joven confesará: "Yo estuve en la gran manifestación contra los recortes en la educación que ha hecho el gobierno de Artur Mas". Una adolescente explicará: "Yo he visto que suprimían el comedor del colegio público de mi hermano pequeño y mantenían la embajada que montó Carod Rovira en la zona más lujosa de Manhattan".

Luego, un simpático abuelo dirá (en español): "Yo llegué a Cataluña en los 60, cuando mis hijos aún no tenían prohibido estudiar en español". Una guapa treintañera relatará: "Yo estaba en el parlamento cuando Artur Mas le dijo al presidente Maragall que no habría Estatut si hablaba de lo del 3 por ciento". Y, para terminar, un anciano compartirá su experiencia: "Yo sé de rescates bancarios porque ya me tocó pagar con mis impuestos cuando Pujol llevó a la quiebra a Banca Catalana. Si yo les contara...".

Puestos a reseñar acontecimientos de gran repercusión social, pienso que éstos, extraídos de la reciente historia catalana, merecen un par de anuncios.

Vamos a contar mentiras (3)
José García Domínguez Libertad Digital 1 Noviembre 2012

Es sabido que existen los mentirosos, los grandes mentirosos y los mentirosos superlativos. Pero los cinturones negros de la trola son aquellos virtuosos del embuste que sobrepasan ese último listón. Solo cuando alguien alcanza semejante grado de alergia a la verdad comienza a jugar en la división de Duran Lleida. A modo de simple muestrario, recuérdense las tres falsedades obscenamente manifiestas que el circunspecto Duran nos viene recitando de un tiempo a esta parte.

El primero y más querido cuento chino del vocero de CiU resulta ser esa patraña según la cual en Alemania existiría un límite legal a la solidaridad financiera entre los distintos Länder de la federación. Una infranqueable cota máxima que, de dar crédito a su bola, limitaría las transferencias interregionales al cuatro por ciento del PIB de cada territorio. Camelo que no se ha cansado de repetir en el Congreso, consciente acaso de la impunidad que ofrece la abulia para contrastar datos tan legendaria en la capital. Ocurre, sin embargo, que la tal cota germánica es un enredo del tamaño de la catedral de Burgos. Una moto. Así de simple.

Otro embuste por el que manifiesta especial predilección esta temporada es la falacia de una imaginaria "deuda" de Madrit con la Generalitat. Engañifa consistente en afirmar que el Estado había incurrido en el impago a Cataluña de nada menos que 1.459 millones de euros, suma que le correspondería recibir del llamado Fondo de Competitividad previsto en la Lofca. Mentira y gorda.

Esa cantidad, según ordena la ley, deberá abonarse en 2013, y nunca antes. Al contrario, es la Generalitat quien está en deuda con el Estado tras haber recibido adelantos a cuenta, dada su situación de quiebra técnica.

Y todavía más devoción si cabe ha manifestado por el tercer tocomocho del otoño, a saber, el bulo del incumplimiento reiterado por parte del Gobierno de la famosa disposición adicional tercera del Estatut. 759 millones de euros de inversión en infraestructuras locales, según sus airados cálculos. Otro ardid de trilero, huelga decir. Madrit no ha incumplido nada por la simple razón de que esa célebre norma es papel mojado desde que el Tribunal Constitucional estableciera su muy flagrante ilegalidad en la sentencia del Estatut. El octavo mandamiento, Duran, el octavo.

Continuará.

País Vasco
Toman el monte Gorbea para convocar una movilización contra el separatismo
La Fundación para la Defensa de la Nación Española está al frente de esta convocatoria que tendrá lugar en Madrid el próximo 6 de diciembre
servimedia / madrid ABC 1 Noviembre 2012

Miembros de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (Denaes) han tomado simbólicamente el monte alavés Gorbea para convocar una concentración en Madrid contra el separatismo.

Según la información de Denaes recogida por Servimedia, varios miembros de esta fundación subieron al monte Gorbea el pasado 20 de octubre. Una vez en la cima, estas personas colocaron una bandera española ehicieron sonar el himno nacional. También elevaron un cartel en el que llaman a concentrarse el próximo 6 de diciembre en Madrid contra el independentismo vasco y catalán.

Esta movilización tendrá lugar en la plaza de Colón de Madrid y tiene por lema «España somos todos». Denaes ha asegurado que promueve esta iniciativa «con el objetivo de responder al clima de tensión e incertidumbre generado por los movimientos rupturistas y disgregadores, apelando a la concordia, solidaridad y unidad de todos los españoles»
«Los gudaris»

Se da la circunstancia de que el nombre del monte vasco Gorbea saltó a los medios de comunicación en julio de 2009. En esa fecha, el líder del PNV y probable nuevo lehendakari, Íñigo Urkullu, celebró un mitin en este monte después de que el Ejército colocara una bandera española en este lugar durante unas maniobras.

En su intervención, Urkullu, en referencia a la colocación de la bandera española en el monte Gorbea, afirmó que «Euskadi no es Perejil, ni un lugar donde clavar signos de conquista». El dirigente nacionalista también ensalzó a «los gudaris» que dieron su vida por la «legalidad» y «dignidad» del pueblo vasco.

Denaes está presidida por Santiago Abascal, exdiputado vasco del PP y cuya familia ha sufrido durante años la persecución de ETA y su entorno.


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