AGLI Recortes de Prensa    Domingo 25  Noviembre 2012

Corrupción de principio a fin
EDITORIAL Libertad Digital 25 Noviembre 2012

Las elecciones al Parlamento de Cataluña que hoy se celebran son, con total seguridad, las más atípicas de todas las llevadas a cabo desde la creación de nuestro Estado Autonómico. En primer lugar se disputan tres años antes de lo previsto estatutariamente, no por un problema de gobernabilidad –CiU cuenta con mayoría de diputados y apoyos parlamentarios suficientes-, sino porque el presidente autonómico en ejercicio, Artur Mas, ha decidido destruir el orden constitucional del que emana precisamente su legitimidad y la del parlamento que el pueblo catalán elige hoy con sus votos.

Con esa clara ilegitimidad de origen, no es de extrañar que la campaña de estas elecciones haya servido para mostrar las peores miserias del partido nacionalista hegemónico en Cataluña, con toda seguridad la formación política más corrupta de España y probablemente también a escala continental.

CiU ha manejado lsiempre as finanzas autonómicas como si Cataluña fuera un cortijo privado en el que nadie más tiene derecho a opinar, pero lo peor es que lo ha hecho en un régimen de impunidad apuntalado por los medios de comunicación locales y tolerado por la propia sociedad catalana en su conjunto. La nutrida relación de casos de corrupción en los que el partido de Pujol y Mas se ha visto involucrado superan los de cualquier otra formación política cuantitativa y cualitativamente. Sin embargo, los medios de comunicación de Cataluña jamás han formulado una sola de las denuncias que finalmente han llevado ante el juez a los convergentes corruptos.

El escándalo mayúsculo destapado en plena campaña sobre las repletas cuentas bancarias de las familias Pujol y Mas en paraísos fiscales, con fondos de oscura procedencia que la policía relaciona con la trama corrupta del Palau, sólo ha servido para que las autoridades catalanas nos brinden otro espectáculo que abochornaría a cualquier dictadura de pelaje medio de las que aún subsisten en el planeta. Es imposible que en un país democrático la máxima autoridad de la fiscalía del lugar, órgano que debe impulsar decididamente todas las investigaciones en defensa de la sociedad que está siendo atracada, se convierta en el brazo defensor de los presuntos corruptos "sentenciando" de paso al medio de comunicación que se ha atrevido a informar del escándalo. En Cataluña sí ocurre, como hemos visto en el tramo final de esta campaña electoral, lo que constituye otro ejemplo más de la anomalía democrática que persiste en esa región de España tras más de tres décadas de poder nacionalista.

Lo más decepcionante es que la mayoría de la sociedad catalana avala con su voto la impunidad del nacionalismo para cometer sus tropelías. El desprecio a España del votante catalán nacionalista, al parecer, le compensa sobradamente del robo del que es objeto prácticamente a diario por parte de sus políticos electos, algo que desgraciadamente comprobaremos hoy una vez más tras el recuento de votos.

En una región esencialmente corrupta en términos políticos, sociales, económicos y morales, adquiere todavía más valor la decisión de los que tratan de poner fin al imperio despótico del nacionalismo votando a las pocas formaciones que defienden, allí también, la libertad, la igualdad y la democracia.

Setenta por ciento
César Vidal Libertad Digital 25 Noviembre 2012

Es conocida la anécdota de cómo una empingorotada y necia lady Astor se dirigió en cierta ocasión a Winston Churchill para decirle que si fuera su mujer le pondría veneno en la cerveza. La respuesta del político británico fue que si él fuera el esposo de lady Astor no dudaría en bebérsela. He utilizado esta anécdota en alguna ocasión para analizar la situación –terminal a mi juicio– que está viviendo Cataluña por obra y gracia del nacionalismo y por la inactividad y estupidez de los partidos nacionales.

Sé que muchos se han esforzado en lanzar un mensaje de tranquilidad señalando que los nacionalistas habían llegado a su techo. Quizá, pero no era tan bajo como ellos pensaban. Punto arriba, punto abajo, el nacionalismo –ya abiertamente independentista– representa en estos momentos al 70% de los votantes catalanes. Es decir, como también he repetido en más de una ocasión, el problema más grave para la unidad de España nunca han sido las Vascongadas –donde apenas llega al cincuenta por ciento–, sino Cataluña. Así lo señaló en sus últimos días Francisco Fernández Ordóñez y no se equivocó lo más mínimo. La sangre derramada por ETA ha ocultado –y tiene cierta lógica– esa realidad durante décadas, y más cuando Pujol y sus cuates tenían la desvergüenza de presentarse como los moderados que a la disyuntiva de "la bolsa o la vida" sólo oponían la de "la bolsa o la bolsa".

A la hora de la verdad, Jordi Pujol ha sido mucho más dañino para la democracia y la nación española que Josu Ternera o Santi Potros. Pero Pujol –al que algún medio de comunicación nombró español del año con una agudeza de visión propia de un ciego de nacimiento– no ha estado solo en el intento. El PSOE no tuvo reparo en apoyarlo si de esa manera podía evitar una victoria de la derecha, y esa misma derecha, con Aznar a la cabeza, entregó –como en tantas, tantísimas traiciones– la cabeza de Vidal Quadras al honorable, seguramente para que pudiera conciliar mejor un sueño cuajado de Bancas Catalanas, Palaus y cuentas en Suiza. Da grima contemplar que ante un nacionalismo canijo y disparatado, propio de acomplejados y paletos, la izquierda y la derecha sólo supieran ceder e intentar incluso transmutarse en una especie de nacionalismo B. Las consecuencias han quedado a la vista. El PSOE atraviesa su peor crisis desde 1939 por la sencilla razón de que sus coqueteos con el nacionalismo revuelven el estómago de cualquier persona decente. Por lo que se refiere al PP, ciertamente no hay peor ciego que el que no quiere ver, pero los resultados en las pasadas elecciones vascas y las actuales catalanas resultan bien elocuentes.

A estas alturas, Rajoy sólo tiene dos salidas. O bien aplica el artículo 155 de la Constitución y suspende la autonomía de Cataluña al primer paso equívoco o deja marchar a esta región española para que consume sus delirios. El problema es que el nacionalismo catalán lleva tantas décadas quedándose con el agua, con las obras de arte, con los documentos, con el dinero y con tantas cosas que son de todos los españoles, que muchos estaríamos dispuestos a bebernos la cerveza empozoñada de la independencia con tal de no volver a ver más a esa gente que vota en un setenta por ciento por la secesión y que ahora mismo acumula más del treinta por ciento de la deuda total de las CCAA. A decir verdad, lo que deseamos es que, de una vez, se enfrenten con la realidad ocultada por el aparato propagandístico del nacionalismo, pero, eso sí, sin nuestro dinero para gastarlo en pesebres para sus paniaguados.

El desastre
Jose Javier Esparza www.gaceta.es 25 Noviembre 2012

Con los líderes mesiánicos que suscitan entusiasmos irracionales suele ocurrir lo que vio Weber: son flautistas de Hamelin que conducen al desastre. Hoy Cataluña vota.

En 1932 el dibujante A. Paul Weber publicó una de las caricaturas más célebres sobre el peligro del nacionalsocialismo: “El desastre”. En el dibujo se ve a una infinita muchedumbre ascender entusiasmada, banderas al viento, por una elevada pendiente. Los que logran llegar a la cima encuentran al otro lado un horrible abismo. Inevitablemente todos caen por el precipicio, empujados por el entusiasmo de los que vienen detrás. Sus cuerpos van amontonándose en un gigantesco ataúd ornado con la esvástica del NSDAP. Weber era un patriota conservador de ideas socializantes, de manera que podía encajar en el movimiento hitleriano, pero algo en su interior le precavía contra lo que podía venir. Con los líderes mesiánicos que suscitan entusiasmos irracionales suele ocurrir lo que vio Weber: son flautistas de Hamelin que conducen al desastre. Hoy Cataluña vota.

Vasallos
Alfonso Ussía La Razón 25 Noviembre 2012

Esperaba mayor protagonismo de Oriol Pujol en el mitin de cierre de campaña de CiU. Repaso la fotografía general de los dirigentes mientras cantan «Els Segadors», y el nene no aparece. Papá sí, que es más bajito, surge entre Mas y Duran Lleida, que algún día nos tendrá que explicar Duran Lleida en dónde está y a qué se dedica. Como en todos los mítines, y el de CiU no iba a ser una excepción, se dijeron muchas gansadas. Eso sí, gansadas patrióticas que emocionaron en grado sumo al público asistente, poco crítico según intuyo.

Mas, que está a un paso de que le adapten una camisa de fuerza, se definió a sí mismo como «el constructor de la libertad de Cataluña». Siendo el constructor ya sabemos a quién tiene la libertad de Cataluña que entregar el tres por ciento de su futura ruina. Pero lo de Oriol Pujol me desorienta. La verdad es que me desorienta toda la familia Pujol, con sus dineros entre montañas y sus inversiones lejanas en México y Argentina. Analizando al revés que los análisis vulgares, se puede afirmar que un nacionalista que invierte fuera de la aldea hace patria. Se da a conocer. Colabora en la expansión del dinero y crea riqueza entre los necesitados de allende las fronteras y allendísimo los mares. De Oriol Pujol, más modesto, sólo se sabe que anda entre talleres de la ITV, poca cosa, y probablemente de ahí venga su ocultamiento de fin de campaña. Se echó de menos al conde de Godó, que debe de estar preparando su campeonato de tenis, ya con Cataluña independizada de España. Godó vive para su torneo tenístico, y es un detalle muy de agradecer.

Momento culminante del mitin clausural. Mas se enfarruca, crece, levita, se emociona y suelta la frase inmortal: «No somos vasallos». Ovación atronadora. Lágrimas a punto de cauce y sollozos contenidos. Con un dominio espectacular de la escena, Mas repite de nuevo su mensaje reivindicativo, digno, rotundo. «No somos vasallos». Y el desmadre colectivo, el despiporre general.

Ignoraba que los nacionalistas catalanes se consideraran vasallos. ¿De quién? Repaso la Constitución y advierto que los catalanes, nacionalistas o no, son unos más de los sujetos constituyentes, como los castellanos, los vascos, los gallegos y los soldados que conforman la dotación de guardia de las islas Chafarinas. No advierto vasallaje por ninguna parte, pero es sabido que una falsedad pronunciada desde la emoción es siempre productiva y se convierte en verdad histórica. Merece la pena que sea recordado el último grito, previo a su suicidio, de un huevero de Baracaldo. Padecía de desajustes mentales, y con anterioridad a lanzarse al vacío gritó: «¡Mi padre, en realidad, se llama Ernesto!». Su padre siempre, desde que fue bautizado, se llamó Arturo, pero a partir de aquel día y el luctuoso suceso, todos sus vecinos le llamaban Ernesto, y él intentaba explicar que aquello no respondía a la realidad, que su hijo tenía ese tipo de ocurrencias, pero nada. Y cuando acudió a renovarse el carné de indentidad, le quitaron el Arturo y le pusieron el Ernesto, y como Ernesto falleció al cabo de los años en olor de bastante santidad.

Es decir, que la contundente sentencia de Artur Mas «no somos vasallos» ha calado también en mi ánimo con hondura. El nacionalismo catalán me lleva adiestrando de un tiempo a esta parte y trastocando mis criterios y escasa sabiduría. Tienen razón cuando afirman que Colón era catalán y no desatinan cuando aseguran que la jota aragonesa tiene su origen en una chica que bailaba la sardana y le entró un pipirleque nervioso. Me considero, y así colaboro con el mensaje del mitin, que los catalanes no son vasallos de nadie. Mejor dicho, los nacionalistas catalanes nunca han sido vasallos. Lo triste es que jamás han sido señores, porque el señorío demanda, como poco, el sentido de la verdad, de la decencia y de la lealtad. Ni vasallos ni señores, y todo queda en un término medio más que aceptable. Y de Oriol Pujol, sinceramente, ni idea.

El pueblo elegido
Antonio Robles www.vozbcn.com 25 Noviembre 2012

Los tintes de corte religioso del mesías Artur Mas en plan Moisés, han tenido su colofón con la intervención de la número 2 de CiU por Gerona, Elena Rivera. Un corto en Youtube nos deja ver la verdadera naturaleza seudoreligiosa del catalanismo, y sus patologías. ¡Dios qué cruz! O nos dejamos gobernar por supersticiones y vísceras o por constituciones democráticas. Esta es la apuesta. Antes de seguir leyendo, por favor, abran el link anterior. Es preciso reparar en el tono, además del contenido. Una verdadera calamidad.

El mito del pueblo elegido ha formado parte fundacional del imaginario nacionalista catalán. Desde el inicio del pujolismo, las raíces fuertemente religiosas del joven Jordi Pujol imprimieron un carácter mesiánico a la construcción nacional. Sobre todo en su justificación moral. Los paralelismos entre el mito del pueblo elegido de Israel y la reconstrucción nacional de Cataluña son innumerables. El victimismo, su principal rasgo distintivo.

Durante la larga travesía, desde la Transición política hasta la manifestación del 11 de septiembre de 2012, la lengua propia fue el mito fundacional. Era preciso recuperar el espíritu de la nación depositada en la lengua y la cultura, el que le distinguía como pueblo, como la tierra prometida para el pueblo israelita después de vagar 40 años por el desierto. En uno y otro caso, el fin venía justificado por el derecho a librarse de la dominación del opresor. En el caso del pueblo judío, por el faraón; en el de Cataluña, por la pérfida España.

Dice al respecto Karl P. Popper, en La sociedad abierta y sus enemigos:
‘Uno de los rasgos que poseen en común las doctrinas del pueblo elegido, de la raza elegida y de la clase elegida, es el de que los tres se originaron y adquirieron importancia como reacciones contra cierto tipo de opresión. La doctrina del pueblo elegido adquirió relieve en la época de la fundación de la iglesia judía, es decir, durante el cautiverio babilónico; la teoría de la raza aria dominante del Conde Gobineau fue una reacción del emigrado aristocrático ante la afirmación de que la Revolución Francesa había expulsado con éxito a los amos teutónicos. La profecía marxista de la victoria del proletariado es la respuesta a uno de los más siniestros períodos de opresión y explotación de la historia moderna’.

Si hasta la manifestación de la última Diada, la lengua era la disculpa legitimadora, a partir del 11 de septiembre, lo es el expolio fiscal. España, no sólo borra nuestras señas de identidad, además nos roba. Y el personal se traga el sapo. Algunos sentimos vergüenza ajena, denunciamos la obscenidad, incluso tratamos inútilmente de dar razones, apoyarnos en hechos y explicar la obviedad de la progresión fiscal. Sin éxito. El éxtasis había emborrachado el sentido común y disculpado la avaricia. Pero para lo que no estábamos preparados es para que nos dieran una homilía con el cartel electoral del Masías de fondo, en pleno siglo XXI:

“Porque hay muchas ovejas en este pueblo que buscan un pastor, y este pastor lo tenemos nosotros, ¡este pastor lo tenemos nosotros!, porque la gente va descarriada; algunos se manifiestan pensando que el tema son los recortes, que el tema es la crisis, y lo es, pero esta crisis, ¡bienvenida sea!, porque nos ha hecho aflorar el sentimiento catalán, y ha hecho que nos levantáramos de una vez, y dijésemos: dadnos lo que es nuestro, porque nos toca, porque lo queremos, porque lo necesitamos, porque nos lo merecemos, y no nos parará nadie [...]“.

Esta lamentable invocación, anunciando al pastor que nos ha de redimir de nuestros pecados españoles, no tiene la vergüenza de pensar un simple segundo en los cientos de miles de personas que ahora mismo están desesperadas porque no tienen trabajo, ni futuro de tenerlo, angustiadas porque carecen de lo más mínimo, agotada la prestación por desempleo y con la amenaza de perder su piso. Muchas de estas familias ya sólo les queda la beneficencia para dar de comer a sus hijos, y esta señora, cristiana, con voz de telepredicadora, nos viene con esa sarta de sandeces, jubilosa porque, ¡suerte a la crisis! podemos aflorar nuestros sentimientos catalanes.

Pastor, rebaño, ovejas descarriadas. Su voz lastimera es carne de secta, y el fondo de aplausos y vítores al rebaño, una amenaza para la democracia. ¿Quién quiere ser reducido a rebaño, quién quiere ser tabulado, quién necesita un pastor en un Estado democrático y social de derecho?

Es toda una alegoría del desvarío y la chulería de Mas en su navegación hacia el abismo. ¿Qué importan los riesgos? ¿Qué importan los hechos, la prudencia, el mimo a nuestros clientes, las advertencias de los límites jurídicos de la Unión Europea o de la Constitución española? El desprecio a los hechos, la burla a las advertencias, a las amenazadoras advertencias de los mercados, y la segura crispación social, sin descartar riesgos de violencia en el seno mismo de la sociedad catalana, podemos entenderlos ahora, a la luz de la profecía de Ribera. No importan, bagatelas, sacrificios mínimos al lado de una Cataluña convertida en un rebaño, por fin dirigida por un pastor. Eso sí, muy catalana. Al menos a Jesulín le lanzaban las bragas. No era muy edificante, pero nos advertían de la improcedencia de tanta estupidez.

¿Ahora entienden por qué cerrarían hospitales, dejarían en la calle a miles de trabajadores de servicios sociales, eliminarían becas escolares etc., pero jamás cerrarían televisiones, embajadas de construcción nacional o eliminarían las subvenciones a cientos de organizaciones identitarias?

Esta es la Cataluña arruinada que nos promete el oasis, una Cataluña mística, monolingüe, insolidaria, enferma de identidad. A ello dedicará el cuerpo y el alma la Cataluña nacionalista. Rogaré a su Dios que tenga piedad de nosotros.

Antonio Robles es profesor y ex diputado autonómico

Cuando enmudecen las palabras
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR ABC  25 Noviembre 2012

En la larga expiación que los europeos asumieron tras el hundimiento moral de la primera mitad del siglo XX, la recuperación de la plenitud de las palabras ocupó un lugar privilegiado. Aquella quiebra de civilización sólo pudo emprenderse desde dentro, utilizando los mismos recursos que habían servido para construirla. Nuestra cultura se edificó sobre el lenguaje, sobre nuestra capacidad para narrar los acontecimientos, para definir los conceptos, para pronunciar nuestros sentimientos. Nada extraño resulta que, cuando se anunciaba un periodo de crisis que habría de poner en grave peligro la supervivencia de Europa, los filósofos más brillantes dejaran de preguntarse sobre la esencia de las cosas, para interrogarse acerca de la adecuada correspondencia entre el lenguaje, las ideas y los objetos de nuestra experiencia.

Pocos podían suponer que la violencia más atroz contra los principios de una civilización se realizara precisamente usurpando el significado de las palabras, golpeándolas hasta dejarlas sin sentido. En un tiempo de exasperación, que arrancó de raíz nuestra conciencia social, los proyectos totalitarios se dotaron de su propio idioma, de un curioso lenguaje en el que la libertad, la democracia y la solidaridad designaron, paradójicamente, lo que siempre hemos tomado por esclavitud, tiranía o exclusión. Si uno de los más célebres castigos bíblicos consistió en que se multiplicaran las lenguas hasta impedir la comunicación entre los constructores de la torre de Babel, la mayor desgracia de nuestro tiempo ha sido que las palabras sólo signifiquen lo que el poder desea.

De regreso a los tiempos de cólera, en lo más profundo de una crisis que ha desbordado extensamente los confines de la economía, nuestro desconcierto ante el futuro difícil quiere resolverse con los siempre rentables expedientes de las identidades colectivas que no admiten matices, de la fe nacionalista que no soporta dudas, de los consuelos populistas que desdeñan la democracia. Stefan Zweig, en La impaciencia del corazón, explicaba así los sentimientos de la generación que acudió con feroz entusiasmo a la carnicería de la Gran Guerra: «Éramos más desertores de nuestras responsabilidades que héroes de nuestro deber». Es una apreciación que deberían tomarse muy en serio quienes lideran una sociedad en momentos tan penosos como los actuales. Porque a ellos atañe esa deserción del sentido de la responsabilidad, aunque les parezca que son los orgullosos portadores del heroísmo de su deber.

Quienes han convocado a los ciudadanos de Cataluña a esta jornada electoral han querido hacerlo precisamente acompañándose de una retórica propia de un cambio de época. Este domingo se presenta como el gozne en torno al cual giran dos fases distintas de la historia de todos los españoles, aunque se haya dicho que sólo a los catalanes corresponde abrir la puerta de ese futuro que a todos nos afecta. Y como ocurre siempre que a una comunidad se le empuja a caminar por el filo de la navaja de su propia desarticulación, todo se ha hecho poniendo el lenguaje al servicio del poder, haciendo que las palabras se sometan a sus dueños. En un reciente mitin del partido que gobierna en Cataluña, ha llegado a proclamarse que las instituciones del Estado intentan destruir la voluntad de un pueblo. Quien lo dijo, además de olvidarse de quela Generalitat y quien la gobierna son parte fundamental de ese Estado, pretendía que las instituciones democráticas españolas dejaran de atender a la seguridad jurídica de sus ciudadanos.

Al ambiente plebiscitario de este día se asoman circunstancias que tienen poco que ver con la lealtad a un proceso constituyente en el que el nacionalismo catalán jugó un papel irreemplazable. En cualquier país normal, un viraje de este calibre acabaría para siempre con la credibilidad de sus ejecutores. Pero, en cualquier país normal, las cosas se llamarían por su nombre. Los ciudadanos, lejos de poder escoger entre opciones en quien delegar la gestión de los asuntos públicos, han sido colocados entre la pared y la espada de un binomio plebiscitario. La sociedad catalana se ha roto en dos, no por la elección entre dos fuerzas políticas mayoritarias, sino según los criterios de una identidad radical decidida por el nacionalismo. Eso no es un desafío histórico. Eso es un acto de intimidación pública. Como ciudadanos de este país, millones de catalanes, incluyendo a los nacionalistas, han votado en nueve ocasiones desde 1977 qué partido había de hacerse cargo del gobierno de España. Han sido decisivos para establecer no sólo quién les gobernaba a ellos, sino quién gobernaba al resto de los españoles. Lejos de estar conculcado, su derecho a decidir se ha ejercido más allá de los límites de su comunidad y ha sido aceptado por todos los ciudadanos de la nación. Que a los catalanes se les informe de que sólo en esta jornada podrán expresar su derecho a decidir es, por supuesto, una aberración jurídica, pero también una indecente malversación de la voluntad expresada durante los últimos treinta y cinco años, en el marco de una soberanía que ahora se considera ajena.

Sea cual fuere el resultado de las elecciones, lo que importa más es ese ambiente de excepcionalidad que afectará no sólo a una jornada, sino al tono muscular de la vida política catalana y española, en adelante. Un tono en el que la democracia parlamentaria parece haberse encogido ante el principal de sus adversarios modernos, que es el populismo plebiscitario que divide a los ciudadanos en dos orillas perpetuas. Nuestra democracia no se ha construido sobre esa cultura política, sino sobre la convicción de que el liderazgo de una sociedad también exige que los dirigentes que tienen encomendados los intereses más altos sepan resguardarlos. Las bases constituyentes de una nación y los derechos fundamentales de sus ciudadanos no pueden ser objeto de una amenaza plebiscitaria permanente. Como responsables de esos factores de seguridad, quienes gobiernan no pueden presentarse con una mayor sensibilidad democrática por proponer a la voluntad del pueblo temas que han sido decididos por un consenso fundamental y a salvo de circunstancias coyunturales. ¿A alguien en su sano juicio se le ocurriría someter a votación el restablecimiento de la pena de muerte? ¿A alguien en sus cabales se le ocurriría plantear por referéndum la expulsión masiva de los inmigrantes? ¿Alguien mediría la calidad de una democracia por el planteamiento plebiscitario de cuestiones que deben ser asumidas por quienes tienen a su cargo la legítima representación de una nación?

No ha habido mayor riesgo para la cultura democrática española desde que conseguimos convertirla en sustancia de nuestra convivencia. Cuando algunos llamaron lucha armada al terrorismo, supimos poner las cosas en su sitio y proteger las palabras con su significado. Cuando ahora se señala que la soberanía nacional ha dejado de existir, que España es un Estado ajeno para siete millones de sus ciudadanos, que la voluntad de los catalanes sólo puede constituirse políticamente al margen de una nación de la que hasta ahora se consideraban miembros, es urgente volver a poner en orden nuestro vocabulario. Porque no hay peor forma de silencio que el ruido y la furia de un discurso que nada significa. No hay peor sonido que el que llega cuando enmudecen las palabras.

Sí, yo también soy catalán
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 25 Noviembre 2012

Quizá las elecciones que se celebran hoy en Cataluña hubieran sido muy distintas si desde el momento en que Artur Mas empezó a hablar de derecho a la autodeterminación hubiéramos tenido el sentido común y el coraje de, negando la mayor, impugnar lo que ahora parece ya darse por supuesto: que solo los catalanes deben decidir, llegado el caso, sobre la eventual secesión de su región.

Pues una cosa es reconocer ese derecho a un territorio colonial -realidad frente a la que se asentó en su día el principio de autodeterminación de muchos territorios en África y en Asia- y otra muy distinta aplicarlo al que forma parte de una unidad territorial (monarquía primero, luego Estado y nación a partir de los albores del siglo XIX) desde tiempo inmemorial. Cataluña -resulta innecesario subrayarlo-, ni es Escocia, ni Quebec, ni ninguna de las dos comunidades que en Bélgica (un país que existe desde 1830) malviven juntas sin apenas elementos en común.

Ni por historia, ni por tradición cultural, ni por ninguna de la razones que permiten explicar que en Quebec se hayan realizado ya dos referendos de autodeterminación, que vaya a celebrarse uno en Escocia el año próximo o que pueden acabar teniendo lugar en el futuro en los dos territorios de los belgas, cabe justificar, así sin más, y de buenas a primeras, que los catalanes, y solo los catalanes, tengan derecho a decidir sobre el futuro de una parte de España que lo es no solo en los mapas, en los libros de historia, o en lo textos jurídicos, sino también, y sobre todo, en el corazón de millones de españoles, que de la misma forma que no pueden entender a Cataluña sin España tampoco llegan a comprender a esta sin uno de los territorios que ha conformado, como los restantes, la cultura y la historia común que todos compartimos.

De hecho, la desproporción entre los simples intereses electorales de un partido (CiU) que echa a rodar el desafío de la independencia para tratar de ganar unas elecciones, de otro (ERC) que ve en ello la ocasión para tratar de convertir en mayoritario lo que solo exigía hace meses una exigua minoría y otro en fin (el PSC) dominado por un oportunismo que solo es superado por su inmensa cobardía, y los sentimientos de millones de españoles, que consideran a Cataluña tan tierra suya como su región o su país, es verdaderamente sideral.

Tanto que es difícil encontrar un argumento racional (no digo una consigna o un delirio) para justificar que sobre el futuro de Cataluña deban votar solo los catalanes y no todos los españoles que nos sentimos por ese futuro política y sentimentalmente concernidos. De haberlo planteado así con toda claridad en su momento quizá no estaríamos hoy pendientes de un resultado electoral que, en el mejor de los casos, será sencillamente desastroso.

Desde Reino Unido
El héroe de Mas, bajo sospecha
Salmond ha perdido apoyo popular y está en el punto de mira por sus gastos injustificados
Celia Maza La Razón 25 Noviembre 2012

LONDRES- La palabra independencia sonaba con mucha frecuencia en los discursos en los que los escoceses presumían de nacionalismo, pero ha sido firmar el acuerdo entre Londres y Edimburgo para convocar el referéndum en 2014 y empezar a abrirse unas grietas que cada día ponen más en duda el sueño de Alex Salmond.
El ministro principal escocés tenía muchas ganas de ser recordado en los libros de historia como el «Braveheart» del siglo XXI, pero no contaba con que, a la hora de la verdad, el pueblo y sus propias filas le plantearan una serie de cuestiones para las que se ha comprobado que no tiene respuesta. El líder nacionalista se derrumba cada día en las encuestas y ni siquiera los jóvenes de 16 y 17 años, a los que quiere dar voz y voto en el plebiscito, se muestran ahora partidarios de la separación.

Actualmente, sólo un 28% de los escoceses quiere romper su cordón umbilical con Londres, una cifra que nada tiene que ver con el 53 por ciento que llegó a registrar a principios de año.

¿Qué es lo que ha pasado en los últimos tres meses? ¿Por qué el sueño independentista se ha desinflado? Hay muchas cuestiones, como la fiscal y empresarial, pero principalmente el declive responde a los pobres argumentos que defiende Salmond cada vez que se plantean escenarios para una Escocia independiente.

El pueblo empieza a desconfiar y sus propias filas se han revolucionado al no compartir con él sus planes de futuro para la nación. Dos diputados de su formación, el Partido Nacionalista Escocés (SNP), presentaron el mes pasado su dimisión y su salida dejó al partido con sólo 65 asientos de los 129 que hay en Holyrood. En otras palabras, que Salmond conserva, de momento, su mayoría gracias tan sólo a un escaño.

La decisión de John Finnie y Jean Urquhart –dos históricos del SNP– de abandonar el barco se enmarca dentro de una importante guerra interna generada después de que el líder nacionalista haya dicho que una Escocia independiente tomará otra posición ante la OTAN.

Durante los últimos 30 años, la formación política siempre había mostrado su oposición a la alianza militar. Sin embargo, durante el último congreso anual del partido, se planteó la posibilidad de convertirse en un país miembro en caso de que en 2014, cuando está previsto el plebiscito, Edimburgo rompa definitivamente sus lazos con Londres.

Aunque los sondeos evidencian cada día que el escenario es bastante improbable, Salmond no ceja en su empeño por proponer proyectos que lejos de unir a los suyos no están haciendo otra cosa que separarlos.

La resolución, que afirmaba que Escocia pertenecería a la OTAN pero sin albergar armas nucleares, fue presentada por la cúpula del partido y aprobada tras un intenso debate por 426 votos a favor y 332 en contra. El ministro principal escocés mantiene que «es perfectamente factible» pertenecer a la OTAN y rechazar las armas nucleares, pero los rebeldes consideran el planteamiento completamente absurdo.

Los ánimos andan, por tanto, bastante revueltos. Pero la tormenta no termina ahí porque con las relaciones de la Unión Europea se ha planteado otro debate que ha terminado con la creación de un comité de expertos independientes que evaluarán si el nacionalista violó el código ministerial y mintió al pueblo.

Y es que el proyecto de nación que ha proclamado a los cuatro vientos poco o nada se ajusta con la realidad. Salmond siempre defendió que tendrían seguro un asiento en Bruselas. Fanfarroneó con la idea por los pasillos del Parlamento de Edimburgo y se mostró muy seguro de su postura en una entrevista en televisión, en la que dejó ver que tenía asesoramiento legal que respaldaba su postura. Pero ahora no le ha quedado más remedio que agachar la cabeza.

Varios parlamentarios escoceses le han acusado de haber engañado a los ciudadanos al sugerir que su Gobierno tenía informes de juristas que indicaban que Escocia seguiría formando parte de la UE si se independizaba de Reino Unido.

La credibilidad del ministro principal está más en duda que nunca después de la prensa británica publicara en las últimas semanas hasta tres documentos que ya en 2007 le advertían que una Escocia independiente sólo heredaría su permanencia en la Unión Europea si así lo acordaba el resto de los estados miembros. Su imagen también se ha visto deteriorada tras ser publicados sus gastos elevados en comidas y «entretenimiento oficial» en un momento en el que las familias lo están pasando mal debido al impacto de la crisis.

«No soy quién para decirle a la gente de Cataluña qué hacer. Es un proceso que nos interesa, pero no vamos a interferir. Especialmente en la antesala de unas elecciones. Tengo muchos amigos tanto en Cataluña como en el País Vasco, y precisamente porque somos amigos no les digo lo que deben hacer»
Alex Salmond. Ministro Principal de Escocia a LA RAZÓN

Eurocracia: Unión Europea: despilfarro, tráfico de influencias, corrupción...
JESÚS ANDRÉS www.gaceta.es 25 Noviembre 2012

Si preguntáramos en la calle pocos podrían contestar qué asuntos se tratan en Bruselas, qué competencias asume el Parlamento europeo (formado por 751 diputados), o de qué herramientas disponemos para controlar a esa hidra de varias cabezas. Lo único que sabemos es que a 1.500 km de aquí un Parlamento, una Comisión y diversos organismos legislan en la más absoluta opacidad sobre asuntos que posteriormente acatamos sin saber cómo ni por qué. Una corte de ‘ilustres’ políticos, la mayoría de ellos sobrantes de la circulación nacional, que en 2012 nos costó la friolera de 147.000 millones de euros.

La pertenencia a ciegas de ese selecto club sin reclamar a cambio el sometimiento de la clase política europea a unas reglas claras de juego ha permitido a nuestros eurorepresentantes nadar en la más absoluta impunidad.Sólo de vez en cuando conocemos casos de corrupción imposibles de ocultar, como el del ex comisario de sanidad, John Dalli, quien se vio obligado a dimitir el pasado mes de octubre tras ser vinculado a una trama de tráfico de influencias. Eso sí, no se irá con las manos vacías. Su mala praxis ha sido premiada con una pensión vitalicia de más de 2.000 euros al mes. Una muestra de lo que se cuece en Bruselas y que no podríamos entender sin conocer el informe Galvin, una auditoría interna que hizo temblar los cimientos de la UE en 2008 pero que muchos se han encargado de que pocos la conozcan.

El documento, de 92 páginas, pretendió arrojar luz sobre la utilización que los 750 europarlamentarios (sin tener en cuenta al presidente de la cámara) hacían de los presupuestos para gastos. Según la laxa normativa europea, cada representante del Parlamento puede contratar a un asistente personal, nombrado a dedo y que hasta hace escasos años, incluso, podía ser miembro de la familia. Para ello cada europarlamentario dispone de un partida anual y exclusiva de 19.709€.

Estalla el escándalo
Los resultados de la auditoría fueron tan escandalosos, que sus señorías se vieron obligadas a declarar el informe Galvin alto secreto para salvaguardar “el buen nombre” de las instituciones europeas. Sin embargo, y gracias a la asociación inglesa contra el fraude Taxpayer’s Alliance, pudimos acceder al documento que revelaba hechos tales como pagos a asistentes no acreditados en el Parlamento, pagos a empresas de políticos, desvíos de dietas de viaje, desvíos de partidas para financiar a partidos políticos y conflictos de intereses entre muchas otras irregularidades.

En total, el informe Galvin calcula que los eurodiputados podrían haber desviado por legislatura 117.000 euros en dietas, 489.000 euros en asistentes, 243.000 euros en gastos de oficina, 60.000 euros en viajes y 356.000 euros en gastos de pensión. Tras el estallido del escándalo en 2008, el Parlamento Europeo aparentó reforzar las medidas de control excluyendo del acceso a los cargos de asistente a los familiares de diputados. Algo lógico pero que, aún así, recibió el voto contrario de 202 europarlamentarios.
Gastos de oficina
A día de hoy Robert Galvin, autor del informe, asegura que siguen existiendo irregularidades en las instituciones europeas. Su último estudio ha detectado fraudes contables, pagos dobles y adjudicaciones de contratos que violan las políticas de concesión.
 

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Diez razones para defender una Cataluña española
Una decena de puntos por los que Cataluña y el resto de la nación forman parte de una misma unidad: España
M.J.C / e.a./ d.m. / j.g. / à.g. / barcelona ABC 25 Noviembre 2012

El nacionalismo que, por tres décadas, ha gobernado Cataluña ha pretendido presentar a esta comunidad como un territorio sin lazos comunes con el resto de España, ajeno a sus costumbres y señas de identidad. Pero la realidad es tozuda y, más allá del empeño soberanista en reinterpretar la historia, el alma catalana es también española. Y por mucho debate independentista que se pretenda azuzar, es imposible arrancar unas raíces lingüísticas, comerciales y culturales compartidas durante siglos. Como a continuación demuestra ABC a través de diez puntos, hay más razones para compartir que para separar. Porque Cataluña se escribe con «ñ» de España.

1. EL IDIOMA. El castellano es lengua oficial en Cataluña, como lo es también el catalán. Y aunque el Estatuto de Autonomía de 2006 introdujera la precisión de que el catalán es la «lengua propia» de esta comunidad, lo cierto es que el español es el idioma materno de un amplio sector de población. En concreto, el castellano es la lengua más utilizada por los residentes en esta comunidad, un 46%, mientras que el catalán es el idioma de uso en un 36% de la población. El 12% habla las dos lenguas por igual. Así lo indica un informe de la Generalitat sobre usos lingüísticos correspondiente a 2010. Castellano y catalán, lenguas hermanas, son parte indisociable de Cataluña, una riqueza que ni las sanciones ni las imposiciones van a destruir.

2. HISTORIA COMÚN. A diferencia de Escocia, cuyo referéndum es tomado como ejemplo para apoyar una consulta sobre la independencia por el nacionalismo catalán, Cataluña nunca fue un reino separado del resto de España. Tampoco una nación, concepto de moderno cuño. Sí fue un Principado con instituciones propias, pero integrado en la Corona de Aragón junto a lo que hoy son las comunidades balear y valenciana. El catedrático de Historia de la Universidad Autónoma de Barcelona, José Enrique Ruiz-Domènec, asegura que Cataluña nunca fue independiente porque estaba integrada en la Corona de Aragón. Por ejemplo, si Pedro II, conde de Barcelona, fue elevado a la categoría de Rey no es porque Cataluña fuera un reino, sino porque el soberano de la Corona de Aragón lo era.

3. CONTRIBUCIÓN ESPAÑOLA. El dinamismo de Cataluña, su potencial económico y las páginas más brillantes de su historia no se explican sin España y la contribución del Estado. Las exposiciones universales de 1888 y 1929, o los Juegos Olímpicos de 1992, los tres hitos que explican la configuración de la Barcelona moderna son acontecimientos que no hubiesen sido posibles en una Cataluña desgajada de España. Las grandes infraestructuras de transporte, que ahora precisamente se enarbolan desde el nacionalismo como un agravio, son contribución directa del Estado, desde el Puerto de Barcelona, en fase de crecimiento y clave en desarrollo económico de la comunidad, hasta la ampliación del Aeropuerto de El Prat, 1.500 millones de inversión que garantizan el potencial de la instalación hasta los 50 millones de pasajeros/año. Sin ir más lejos, en abril de 2013 entrará en funcionamiento la conexión del AVE entre Barcelona y Perpiñán, quedando conectadas con alta velocidad las cuatro capitales de provincia catalanas con Madrid y Francia.

4. NEGOCIO EN ESPAÑA. Aunque la internacionalización de la economía catalana es cada vez mayor, el mercado español sigue siendo el principal destino de los productos y servicios producidos u ofertados en o desde Cataluña. De igual forma, y aunque si se contabilizan únicamente los bienes, las ventas internacionales superan a las que se realizan al resto de España, la balanza comercial arroja un saldo positivo de unos 22.000 millones favorables a Cataluña, más de un 10% de su PIB. Por contra, la balanza comercial con el extranjero es negativa. Sin ir más lejos, Cataluña vende al resto de España cinco veces más de lo que lo hace a Francia, una demostración de que el conocido como «efecto frontera», pese a la libre circulación de bienes y servicios dentro de la UE, sigue existiendo. La empresa catalana sigue dependiendo del que es su mercado natural, España.

5. CULTURA. Más allá de la interminable lista de catalanes universales que, de Dalí a Pla pasando por Juan Marsé, Carmen Amaya, Pau Casals, Antoni Tàpies, Jaume Plensa, Montserrat Caballé, Joan Miró y otros tantos han llevado la cultura y el arte más allá de cualquier frontera, los lazos culturales que mantienen unida a Cataluña con España son tan fuertes como esa lengua común, el castellano, en la que muchos escritores catalanes han desarrollado buena parte de su carrera. Los nombres pesan, sí, pero también los datos, y un detalle significativo es el que afecta a la industria editorial y que arroja que de cada diez libros publicados en España, cinco provienen de las editoriales barcelonesas, y el 70% de los catalanes lee en castellano. Barcelona sigue siendo la gran imprenta del libro en castellano.

6. CIENCIA. Tras del vertiginoso impulso de la producción científica catalana de estos últimos años está también España. La reconocida excelencia de los centros de I+D catalanes, acreditada por la trayectoria de primeras espadas mundiales como los científicos Josep Baselga, Joan Massagué o Eduard Batlle, es fruto, en parte, de los fondos estatales y europeos para investigación que recibe esta comunidad. Los últimos datos de los que dispone la Generalitat, facilitados a ABC, demuestran que prácticamente la mitad de la financiación que obtiene Cataluña para actividad científica procede del Plan Nacional de I+D y de programas marco europeos. En 2010 (último ejercicio del que se disponen datos concluyentes), la aportación de la Generalitat para I+D fue de 955, 6 millones de euros, la del Gobierno de 706,2 millones y la de Europa, de cerca de 160 millones. Huelga decir que sin las dos últimas partidas, una hipotética Cataluña independiente, separada de España y de la UE, difícilmente tendría una investigación de nivel.

7. HÁBITOS. Pese a la insistencia del nacionalismo en laminar cualquier expresión popular que suene a España, Cataluña comparte con el resto del país un acerbo común, que se expresa en múltiples campos: las peculiaridades de la gastronomía local se funden en un gusto compartido, con platos que viajan de una a otra región, tanto como la pasión común por la celebración y la fiesta colectiva. Otro ejemplo, el gusto por los toros, una afición tan arraigada en Cataluña como perseguida con saña por un nacionalismo que acabó consiguiendo su veto en la comunidad a través de una resolución en el Parlament.

8. DEPORTE. La eclosión del deporte español, asentada sobre las bases de aquel inolvidable 1992, no se entiende sin la aportación catalana. La lista de deportistas nacidos en esta tierra o que se han formado en esta comunidad y que han paseado la bandera española por todo el mundo es larguísima, desde la inagotable cantera de pilotos de motociclismo a una fecunda escuadra de tenistas, de la cima del baloncesto mundial a decenas de campeones en múltiples modalidades deportivas. Capítulo aparte merece el fútbol, donde la rivalidad Barça-Madrid es, casi se puede decir, uno de los productos españoles más internacionales. Por no hablar de la selección española de fútbol, donde la participación de jugadores catalanes ha sido fundamental en sus éxitos.

9. POBLACIÓN DE TODA ESPAÑA. Una amplia mayoría de catalanes han nacido en otras comunidades autónomas. Según datos correspondientes a 2011 publicados por el Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat), uno de cada siete residentes en Cataluña nacieron en el resto de España, es decir, 1,4 millones (la población catalana asciende a 7,5). Los flujos migratorios de los años 50 y 60 son una de las causas de esas cifras. El colectivo más numeroso es el andaluz (654.285), seguido del extremeño (134.094) y del aragonés (110.303). Idescat también revela que los 20 apellidos más habituales en Cataluña son de origen español. El más habitual es García, que llevan 170.818 personas, lo que representa una tasa de 22,64 por cada mil habitantes. Le sigue Martínez (119.231 personas, 15,80 por cada mil habitantes), López (114.352), Sánchez (103.044), Rodríguez (99.884), Fernández (99.884), Fernández (97.658), Pérez (92.708), González (91.548), Gómez (56.663), Ruíz (50.234)...

10. POLICÍA Y GUARDIA CIVIL. Cataluña dispone de Policía autonómica, pero también tienen competencias los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, como la Policía Nacional y la Guardia Civil, en ámbitos tan importantes como el terrorismo o la delincuencia organizada. La desarticulación del comando Barcelona evitó nuevos ataques de ETA en Cataluña a principios de este siglo. Velar por la seguridad de los catalanes ha costado la vida a miembros de estos dos cuerpos destinados en Cataluña. Asimismo, los gobiernos catalanes han tenido que recurrir al Ejército español en situaciones de emergencia como nevadas, incendios forestales y reconstrucción de obras civiles. A modo de ejemplo, la permanencia del cuartel militar en Talarn (Lérida) es defendida por alcaldes de distinto color ideológico.

La libertad lingüística tendrá que esperar
FERNANDO GONZÁLEZ MACÍAS La opinion 25 Noviembre 2012

Ya lo había advertido Galicia Bilingüe. La única forma de cambiar radicalmente la política lingüística de este país es derogar la Lei de Nomalización de 1983 y sustituirla por otra norma del mismo rango que garantice la libre elección del idioma en la enseñanza. El llamado "decreto del plurilingüismo" fue, en ese sentido, un remiendo un tanto chapucero con el que el Partido Popular pretendió salir callejón en que se había metido antes de las elecciones de 2009, al prometer al electorado que, si recuperaba la Xunta, iba a conceder a los padres la capacidad de elegir la lengua en que sus hijos serían escolarizados.

Tras un largo y tortuoso proceso de gestación, los montes de San Caetano parieron un ratón, el "decretazo", como lo bautizaron sectores galleguistas y nacionalistas de la política, la cultura y el sindicalismo, que le declararon una guerra en todos los frentes, desde la calle, con varias manifestaciones, al ámbito judicial. Son esos colectivos los que ahora, crecidos tras la sentencia del Tribunal Superior de Xustiza, exigen al gobierno de Feijóo que dé marcha atrás y recupere el espíritu y la letra del Plan Xeral de Normalización aprobado por unanimidad en el Parlamento Gallego y a cuyo amparo Galicia vivió, dicen, varios lustros en un clima de "pax lingüística".

Es falso, como pretende algunos, que el alto tribunal autonómico haya propinado un varapalo al controvertido decreto de la Xunta, como tampoco se ajusta demasiado a la realidad la afirmación de la Consellería de Educación de que la sentencia solo invalida un cinco por ciento de la norma impugnada. Es lo de siempre: lo de la botella medio llena o media vacía. Cada cual tiende a ver la resolución judicial del color del cristal con que la mira, haciendo una lectura política. Y eso que el ponente-juzgador se cuida desde el principio de advertir de que se limita a analizar si el texto que se impugna se ajusta a los parámetros constitucionales y de legalidad vigentes. No discute, por tanto, la capacidad de una administración de regular el uso de las lenguas en las aulas en base a criterios ideológicos y en uso de sus competencias, pero siempre respetando el marco jurídico establecido por las leyes, la doctrina y la jurisprudencia.

Pongamos las cosas en su sitio. Lo que decide el Tribunal Superior es anular dos de los preceptos clave del decreto del plurilingüismo. Se declara ilegal la consulta a los padres para decidir la lengua vehicular en la enseñanza infantil. Debe ser el Gobierno el que decida al respecto, no puede hacer dejación de esa responsabilidad, sin que ello le impida pulsar la opinión de las familias de los alumnos, pero sin que esa consulta sea en modo alguno vinculante. También se declara contrario a la Lei de Normalización dejar que el escolar emplee en clase un idioma diferente a aquel en que se imparte la asignatura de que se trate.

Desde Xunta dicen respetar la sentencia y ponen énfasis en que no entra a discutir -y consiguientemente da por bueno- el equilibrio entre las tres lenguas que impulsa la norma en cuestión. Sin embargo, conviene tener claro que estamos ante las primeras escaramuzas de una batalla legal que se prevé larga. Hay otros cinco recursos pendientes en el propio Tribunal Superior y las partes en litigio ya anuncian que llevarán el asunto hasta el Supremo o incluso el Constitucional. Mientras tanto, el tiempo hace su trabajo, rebajando una tensión que llegó a sembrar la conflictividad en los colegios. Con el ánimo sereno, no debería ser difícil recomponer los consensos esenciales sobre la base de que el gallego no se puede imponer por las bravas, pero hay que preservarlo y potenciarlo, como un patrimonio inmaterial que no nos pertenece y que debemos legal a las futuras generaciones.

Una derrota personal
Salvador Sostres El Mundo  25 Noviembre 2012

Ha sido una derrota de Artur Mas y de sus apuestas personales. Ha sido una derrota muy suya y de los suyos. Él ha aportado la mediocridad y la mentira. Ni los independentistas le han creído, y eso que es un público especialmente crédulo. Mas fue ayer humillado, pero con él también 'La Vanguardia' sufrió una humillación muy significativa. El diario del conde de Godó (y grande de España) que recibe más dinero de la Generalitat que algunos medios públicos, se había volcado los dos últimos dos años en una propaganda convergente incompatible con el periodismo más allá incluso del panfleto.

El último detalle fue ya caer en lo delictivo, ayudando a convocar una manifestación en plena jornada de reflexión. Que ayer en el Hotel Majestic compareciera Artur Mas solo tuvo algo de injusto: tendría que haber aparecido también José Antich, director de 'La Vanguardia', con su infumable equipo de columnistas a sueldo para admitir una derrota que es, en gran parte suya.

La próxima vez que Enric Juliana, Pilar Rahola o Francesc Marc Álvaro digan que hablan en nombre de los catalanes tendrían que administrarles una contundente lavativa con el agua fresca de los resultados de ayer. ¡Pam!

Ha perdido Mas y su modo de manipular los medios de comunicación públicos y su indecencia de comprar a los medios de comunicación privados. Ha perdido Mas y su equipo de incompetentes y de patanes, que con su vulgaridad y su incapacidad han resultado ser los peores enemigos de aquello que tanto dicen amar y defender. Ha perdido Mas y su cinismo, su oportunismo de convocar elecciones jugando con sentimientos fundamentales con el único propósito de conseguir la denegada mayoría absoluta.

El independentismo no ha perdido: ERC ha llegado a ser segunda fuerza por primera vez. Ha perdido Mas y su gente, él y su estrategia fraudulenta, y después de una campaña exigiendo tanta democracia es un escándalo que no dimita después de su incontestable fracaso. Pedía 6 diputados más y ha obtenido 12 menos.

He escrito en muchas ocasiones durante esta campaña que sin inteligencia sólo cabe el fracaso, que es lo que le ha sucedido a Mas y a sus tristes empleados, que lo tenían todo a favor para ganar después de la manifestación de la Diada y que por culpa de su increíble incapacidad se han llevado un bofetón histórico de la sociedad catalana a pesar de haber vuelto a ganar las elecciones.

También he escrito que Mas es gafe, y ha quedado una vez más demostrado, porque el fracaso de esta noche es algo más que un resultado electoral concreto y sólo podía pasarle a alguien a quien Dios se la tiene jurada.

Esta noche un hombre ha hecho uno de los perores ridículos que he visto hacer en mi vida. Esta noche ha quedado claro, también, que un periódico como 'La Vanguardia', que tan central y decisivo se creía en la vida catalana, no decide ni asegura nada y que, francamente, no merece la pena gastarse tanto dinero de los ciudadanos en subvencionarlo.

Galicia El punto del decreto del plurilingüismo que la Constitución tumbó
El dictamen del TSXG sobre el decreto del plurilingüismo dice que la consulta vinculante a los padres vulnera la configuración del derecho fundamental a la educación que recoge el artículo 27.5 de la Carta Magna
Elisa Álvarez. santiago / la voz  25 Noviembre 2012

La sentencia que anula dos de los puntos más polémicos del decreto del plurilingüismo asegura que la Constitución reconoce a los padres una esfera de elección en la formación religiosa y moral. Pero nada dice de que sus hijos reciban educación en la lengua que prefieren.

Semejanza con la ley | Aconsejable, pero no ilegal. Varios de los puntos recurridos por A Mesa, la CIG y Queremos Galego se refieren a que el decreto no es fiel a la Lei de Normalización Lingüística de 1983. Lo dijo el Consello Consultivo en su informe y lo dicen los demandantes, en aspectos como hablar de dinamización lingüística y no de normalización. Reconoce la sentencia que puede ser aconsejable, pero no hacerlo tampoco es ilegal.

Pregunta determinante | Función de Educación. La sentencia asegura que dar carácter determinante a la consulta a los familiares para fijar la lengua materna predominante «vulnera a configuración do dereito fundamental á educación» que recoge el artículo 27.5 de la Constitución. Si el profesor usa en el aula la lengua resultado de la pregunta a los progenitores se está dando una «abdicación da potestade de ordenación xeral do ensino». Y es que el derecho a la educación que recoge la Constitución en ningún momento implica que esté condicionado por la opción que tienen los interesados, en este caso los padres, por la lengua docente. De hecho, la Carta Magna solo reconoce esta opción en el caso de la formación religiosa o moral, pero no en la lengua. Esto no quiere decir que los padres no tengan derecho a opinar. En el decreto del bipartito, por ejemplo, el idioma a usar era una decisión del claustro, pero teniendo en cuenta el mapa sociolingüístico de Galicia, los datos estadísticos oficiales y la información de los padres.

Libertad de elegir idioma | Solo en la universidad. El segundo punto anulado por el Tribunal Superior de Galicia es la libertad para que el alumno se exprese de forma oral y escrita en la lengua oficial que prefiera, un derecho que sí resulta justificado en el nivel universitario. No así en la enseñanza obligatoria, y el TSXG esgrime una triple perspectiva para declararlo inválido. La primera es que la Lei de Normalización dice que el gallego será con carácter general el vehículo de comunicación en la enseñanza, algo que va en contra del hecho de que el alumno hable en el idioma que prefiera. El segundo motivo es que la lengua en la enseñanza no es algo que esté condicionado por la libertad de opción del interesado; y el tercero porque va en contra nuevamente de la Lei de Normalización, que obliga al fomento progresivo del gallego en la enseñanza.

Plan de normalización | No vinculante. Pese a ser aprobado por unanimidad en el Parlamento gallego, el TSXG considera que al no tener rango de ley, no puede darse a este plan un valor normativo.

La Xunta descarta derogar el decreto de la lengua pese al revés judicial
La oposición y asociaciones piden que Vázquez no repita como conselleiro
E. Álvarez / S. Acosta. santiago, a coruña / la voz 25 Noviembre 2012

La sentencia del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia sobre el decreto del plurilingüismo, en la que se anula la consulta vinculante a los padres en infantil, así como la posibilidad de que el alumno use la lengua oficial que quiera en sus expresiones oral y escrita, es para la Xunta un aval al decreto. Así lo manifestaron tanto el presidente del Gobierno gallego, Núñez Feijoo, como el conselleiro de Educación, Jesús Vázquez.

Vázquez insiste en que el TSXG defiende la consulta a las familias y de hecho considera que es bueno que participen, pero matizando que los resultados ya no podrán ser vinculantes. De ahí que a la pregunta de si se mantendrá, el conselleiro aseguró que «sempre estamos a favor da maior participación das familias. Entendemos que todo tipo de consulta ás familias é positiva». La única diferencia, explicó el conselleiro, es que «a consulta pódese facer igual, pero será a Administración a que ten capacidade de decidir, unha vez escoitadas as familias».

La Xunta no prevé derogar la norma. De hecho, estudia la posibilidad de presentar un recurso de casación, aunque para ello prefieren esperar a que se emitan los cinco fallos que aún faltan y analizar de forma conjunta las ocho sentencias. El presidente de la Xunta, informa Soledad Antón, abogó por ser coherentes con el programa electoral, y por esperar a tener todas las sentencias. «Aún hay cinco recursos que piden lo contrario, quieren más libertad y el Tribunal Superior dice que se le tiene que dar menos libertad», explicó en relación a la posibilidad de que el estudiante en el aula se exprese en el idioma oficial que prefiera, opción que anula el TSXG.

La oposición y distintas asociaciones piden que el conselleiro no repita en el cargo. Tanto Feijoo como Vázquez descartan dimisiones e insisten en que el fallo avala los principios del decreto, como son el equilibrio entre lenguas, el plurilingüismo, la participación de las familias y el fomento del gallego.

Galicia Los profesores constatan que hay que priorizar el gallego para adquirir destrezas
e. á. santiago / la voz 25 Noviembre 2012

Uno de los argumentos que esgrime el Tribunal Superior para declarar la ilegalidad del artículo 12.3 del decreto es que va en contra de la Lei de Normalización Lingüística del año 1983. En esta norma se recoge como mandato imperativo el fomento del uso progresivo del gallego en la enseñanza. Cuando al estudiante se le da libertad para expresarse por oral y por escrito en la lengua oficial que prefiera y elige el castellano pese a que la materia se imparte en gallego, «contradí aquel mandato, xa que non facilita a adquisición da destreza esixida ao alumnado na lingua propia desta comunidade», sostiene el fallo.

La realidad es que en la mayoría de los centros, sobre todo de áreas urbanas, si existe esta posibilidad, es mayor el alumnado que se expresa en castellano cuando la materia se imparte en gallego que viceversa. Desde el instituto Pontepedriña, de Santiago, admiten que es fundamental la lengua usada por el propio profesor. Aún así, «é certo que hai alumnos que teñen verdadeiras dificultades para se expresar en galego, cousa que é natural», sostienen, cuando se procede de entornos castellanohablantes. No ocurre lo mismo al contrario, ya que aunque pertenezcan a hogares gallegohablantes, «con tantísima televisión, tantísima música e medios de comunicación habería moi poucos que non se saiban expresar en castelán».

Competencias adquiridas
En el colegio de Vite, también de la capital gallega, tienen una opinión similar. «Non hai que ser moi observadores para ver en que lingua falan os nenos no patio do colexio», explica su director, en relación al uso mayoritario del castellano. Fijar que el alumno en las materias que se imparten en gallego deba hablar y escribir en gallego «vai permitir que se vaian adquirindo competencias», apunta. Con lo que no está tan de acuerdo el responsable de este colegio es con la impartición de materias en inglés, que puede conllevar que el estudiante no adquiera las destrezas básicas de la asignatura, al no dominar la lengua utilizada.

Idioma para comunicar
editorial El Correo 25 Noviembre 2012

La aprobación de la Ley de Normalización del Euskera hace ahora treinta años sirvió para fijar las bases de la promoción pública de este idioma en un marco legal de conciliación de los derechos lingüísticos de los ciudadanos vascos. El euskera ha experimentado durante este tiempo un proceso de socialización algo más aparente que real y las políticas que lo acompañan son aún motivo de controversia incluso entre las formaciones políticas que respaldaron en su momento la ley. La concepción del bilingüismo como horizonte en el que cada ciudadano pudiera conducirse en todos los ámbitos de la vida social en las dos lenguas oficiales de la comunidad autónoma sugirió en un principio la idea de una realidad duplicada en dos idiomas.

No obstante, la promoción del euskera por parte de las instituciones requiere promover una oferta adecuada de oportunidades para su aprendizaje y de servicios para su uso, sin que deba pivotar en torno a una labor disuasoria que propugne cambios de actitud en la ciudadanía. La experiencia ha acreditado que ese tipo de actuaciones pueden desembocar en campañas simbólicas que lejos de favorecer el uso normalizado y creciente del euskera terminan solapando la propia realidad, cuando el respaldo social es el fundamento sobre el que una lengua debe asentar su utilización presente y expansión futura.

6000 idiomas para comunicar
Nota del Editor 25 Noviembre 2012

Hay que ser muy malévolo para afirmar que "la Ley de Normalización del Euskera hace ahora treinta años sirvió para fijar las bases de la promoción pública de este idioma" y que el  vasco es un "Idioma para comunicar". La realidad es que las leyes de "normalización" de las lenguas regionales han sido y son unos mecanismos totalitarios para despojar de derehocs humanos y constitucionales a los español hablantes que han tenido la desgracia de estar sometidos a unos profesionales de la política con intereses claramente bastardos. Las lenguas regionales son un mecanismo de exclusión, en caso alguno con idiomas para comunicarse, son idiomas para crear barreras entre las personas con objeto de mantener sus feudos y regalías, y peor aún, crear una masa de votantes carentes de cualquier sentido crítico y por tanto seguidores de las creencias que les han inoculado los "normalizadores", como claramente demuestran los "profesores" que dicen que "hay que priorizar el gallego para adquirir destrezas".

Que el Tribunal Superior de Justicia de Galicia  sentencie barbaridades tampoco es de extrañar, pues entre sus obligaciones no figura la defensa de la constitución, de los derechos humanos, del respeto a la persona, de la libertad, aspectos que no pueden ser considerados cuando su interés está en las antípodas de tales principios, sabedores de que los niveles judiciales superiores no les van a llevar la contraria, especialmente el absolutamente desacreditado Tribunal anti-Contitucional, que sentencia verdaderos disparates desde todos los puntos de vista, salvo el de servir a los profesionales de la política que tan bien les remuneran hoy y mañana.

Cuando el arruinador de Madrid implanta las tasas judiciales, con el fingido argumento de reducir la litigiosidad de los españoles, es para echarse a llorar, pues sólo con echar un vistazo a la eficacia del Tribunal Constitucional, especialmente la sentencia sobre el Estatuto de Cataluña, se ve claramente que no hay modo de que esta in-justicia española funcione. Ese tribunal, que se sacude lo que no le gusta (pero solo de los españoles sin importancia, o sea de todos nosotros), diciendo que no tiene trascendencia constitucional, algo parecido a lo que hace el Tribunal de Derechos in-Humanos de Strasbourg, no necesita que imponga tasas porque su inutilidad (la palabra exacta es demasiado fuerte) es manifiesta con y sin ellas.

Desgraciadamente, no hay nadie con capacidad de difundir ampliamente el mensaje, de que si no derogamos todas las leyes sobre lenguas regionales, España está provocando la caída del Euro y a continuación de Europa. Esto queda aquí para los historiadores, aunque serán todos descencientes de los profesionales de la política, pues los ciudadanos habrán desaparecido bajo el peso de su incompetencia, la de los profesionales de la política que los pastorean, y de su resignación, la de los ciudadanos de ahora, esa mayoría silenciosa que tampoco piensa pero que cree en "sus profesionales de la política" aunque diga que todos son iguales, en acto de rebeldía vacua.

Mesías y profetas en una Cataluña de truhanes
Alejandro Vara www.vozpopuli.com 25 Noviembre 2012

Sin un enemigo exterior al que achacarle sus males, el nacionalismo se diluye. Se convierte en un movimiento puramente sentimental carente de armazón ideológico y de proyecto político. En una agitación permanente, en una proclama falsaria y elemental.

Al frente de tanto griterío soberanista se necesita unos dirigentes entre iluminados y proféticos. Más bien, farsantes. El nacionalismo catalán es un ejemplo palmario. El libro de memorias de José María Aznar retrata, en dos plumazos, a uno de ellos. Pasqual Maragall, travestido en salvador de su patria al frente de un desquiciado Tripartito, le confesó al entonces presidente del Gobierno que él quería ser como el gobernador de Nueva York, que mandaba en todas las áreas de gobierno y en la policía federal. "Le contesté, escribe Aznar, que ni el gobernador de Nueva York ni ninguno otro tiene poderes sobre el FBI, la policía federal de los Estados Unidos". Pero Maragall insistió: "Yo quiero ser como el gobernador de Nueva York". Y tan pancho. Luego le reclamó un AVE de Barcelona a Bilbao, otro de Barcelona a Valencia, porque eso era lo justo y lo conveniente. Y que supendiera el AVE Madrid-Barcelona. Una locura.

Elecciones plebiscitarias
Pero nada es lo de Maragall comparado con la gran trampa de Artur Mas, reivindicando la falsedad de una futura Cataluña convertida en un Estado independiente dentro de la Unión Europea. Una añagaza que quizás sólo una parte de la sociedad catalana ha sido capaz de creerse. Maragall promovió un Estatut desaforado con la misma pasión que defendía un tramo de Metro hasta Montjuic, tan inneceesario como estúpido. Mas reclamaba un referendum ilegal para recuperar una independencia que Cataluña nunca tuvo. Maragall, ese iluminado, llegó a creerse sus tontunas. Artur Mas, algo más cuerdo, ha llegado a creerse su papel de figura prometeica y hasta se disfrazó en el vídeo electoral de CiU de una especie de Moisés conduciendo a su pueblo a la tierra prometida.

Dos delirios estrambóticos inasumibles por cualquier cerebro medianamente sensato. Dos dirigentes políticos alejados diametral y obsesivamente de la realidad. Maragall pasó a la historia como un President quijotesco y errado. Lo de Artur Mas es mucho más grave porque su reto independentista ha coincidido, premeditadamente, con uno de los momentos más dramáticos de la realidad económica de nuestro país.

España nos roba
Pero el actual presidente de la Generalitat, enfangado en un piélago de corrupción, de deudas, de penosa gestión y con un horizonte político muy comprometido, optó por la vía más asequible desde un planteamiento nacionalista. Tirar hacia adelante culpando a los demás de todos sus desastres. "España nos roba" y "España nos ataca" han sido los lemas de su campaña. Un tema único, un leit motiv excluyente. Transformó la cita electoral en un referendum anticipado. Unos comicios autonómicos en un plebiscito de carácter personalista. De ahí tanto ruido y tanto estropicio, político, mediático y social. Uno quería llevar el metro a Montjuic. El otro, quería llevar a Cataluña lejos de España, a un limbo cuyo perfil él mismo desconoce. Demasiadas instancias económicas, financieras, políticas y culturales catalanas han colaborado en el absurdo, entre la hipocresía y la cobardía.

El agitado estrambote de esta estrategia secesionista ha reflotado la mugre macilenta que reposaba en el fondo del estanque dorado catalán. Cuentas privadas en Suiza y Leinchenstein, fundaciones tapadera para ocultar financiación ilegal de Convergencia, donaciones espúreas, comisiones ilegales de empresas constructoras, dirigentes políticos con fondos millonarios lejos del radio de acción de la Agencia Tributaria...en suma, ese patio de Monipodio de corsarios y truhanes en el que las principales fuerzas políticas catalanas han convertido su "petit país". Una gavilla de malvivientes envueltos en la senyera y al ritmo de Els Segadors. En suma, se nos ha recordado, y con más empeño que nunca, que la Cataluña oficial apesta, con una cohorte de jueces, empresarios, fiscales, políticos y funcionarios que han colaborado activa y afanosamente en este suculento reparto del botín.

Al fondo de esta tramoya de pasiones y ladrones, de esta escapada hacia la nada, está la figura de Jordi Pujol, el inventor del gran teatro de la Cataluña independiente, sibilino, maquiavélico, gran hipnotizador y excelente conocedor de los resortes que logran mover a un pueblo. "Cualquier tarugo misarable que no tiene nada en el mundo de lo que pueda sentirse orgulloso se aferra al último recurso: vanagloriarse de la nación a la que casualmente pertenece", dejó dicho Shopenhauer.

Monólogos entre Cataluña y España (IV.6)
Enrique Morera Guajardo La Razón 25 Noviembre 2012

Fin de la historia. Su principio
Según el credo «mosaico», además de los agravios y de la permanente opresión de Cataluña, se justifica el derecho de autodeterminación vía referéndum en una identidad como pueblo, con características diferenciadas. Eso resulta insostenible en la actualidad. Por ello se busca desesperadamente un origen histórico de cuyo análisis sosegado unos huyen porque no lo conocen y otros, porque lo conocen demasiado bien. Los adoctrinados en el fundamentalismo rechazan cualquier contraste, y a la que pueden espetan frívolas conclusiones sobre hechos que, o no son ciertos o, cuando menos, admiten otras interpretaciones y complementarias explicaciones. No, el contraste no interesa, porque en cuanto exista fisura en la interpretación histórica, el discurso tramposo se deshace, porque así lo hace su esencia histórica. Sin ese anclaje no hay derecho de autodeterminación que valga, como condición necesaria, aunque no suficiente.

Se ha ido construyendo esa esencia histórica «diferenciada», mezclando deslavazadamente sucesos de origen y causas muy dispares, como si de una constante histórica se tratase. De este modo, la Guerra dels Segadors (1640–1652), pretende considerarse antecedente de la de Sucesión (1700-1714), y así sucesivamente hasta la propia Guerra Civil, enlazando estos acontecimientos históricos hasta hoy, en que se pretende sostener que pervive la opresión de la lengua y se asfixia financieramente al Principado. Cuanto más atrás retrocedamos en el tiempo, más incoherencias y contradicciones se ponen de manifiesto.

Para encuadrar la revuelta de los Segadors hay que tener en cuenta la ubicación geográfica del Principado: camino de entrada a la Península por mar (además del siempre ambicionado puerto de Barcelona) y frontera con Francia. A principios del s. XVII, elPrincipado, y, en consecuencia, la Corona Hispánica, traspasaba los Pirineos con el Rosellón. Las constantes guerras con Francia llevaron a que, para defender el territorio, los ejércitos reales estuvieran con frecuencia instalados en tierras catalanas. Fácil es discernir el sufrimiento de la población por los excesos que cometieron aquellos ejércitos mal pagados, y aún menos educados.

La Guerra de los Treinta Años (1618-1648), que si bien tuvo un origen religioso pronto fue una guerra por el control de Europa,comportó el enfrentamiento de España con Francia y la lucha por el control del Rosellón. Al lógico descontento de la población por los asentamientos militares, se unió la imposición de más cargas fiscales por la guerra. Si en el campo catalán se sufría por el despojo de la soldadesca, los nuevos impuestos gravaban una floreciente burguesía urbana. Se estableció un «sistema fiscal» por el Conde-Duque de Olivares (Unión de Armas de 1624) que establecía la contribución de todos los reinos y territorios peninsulares con hombres y dinero a la guerra. Como siempre, el «establishment» catalán (Generalitat y Consell de Cent), azuzado por los que tenían que soportar los tributos se opusieron con justificaciones muy similares a las de ahora. Cambiemos la guerra por crisis económica y la revolución de los Segadors por el referéndum y tres cuartos de lo mismo. Quevedo ya reflejó, sin contemplaciones, lo que resulta una constante histórica: «En Navarra y Aragón no hay quien tribute un real; Cataluña y Portugal son de la misma opinión; …Católica Majestad, ten de nosotros piedad pues no te sirven los otros así como nosotros».

La revuelta no fue un movimiento independentista, fue un conflicto social, rural y urbano, una auténtica explosión de hartazgo social de los desfavorecidos contra la clase dirigente fuera de donde fuera, y que hábilmente, como hoy sucede, fue reconducida por ese establishment hacia España. Las protestas de los segadores del día de Corpus (7 de junio de 1640) en Barcelona culminaron con el asesinato del virrey, el noble catalán conde de Santa Coloma. La «tormenta perfecta» se había desencadenado. El descontento popular, como sucedió en otros territorios del Reino, sobrevino por la penuria del pueblo, y el levantamiento contra los Tercios asentados en el territorio fue su mera consecuencia. Cambiemos el escenario; las imágenes de TV con manifestaciones ciudadanas rodeando y atacando congresos de media Europa, por la imagen virtual de los Segadors entrando en Barcelona dispuestos a todo y tras varios asesinatos indiscriminados, alguien grita: «A por el virrey, ellos son los culpables». El suceso dio origen al actual himno de Cataluña (Guanyavent; 1899), que es una versión del cántico original recogido por Manuel Milà i Fontanals (1882). La letra original de las primeras estrofas es sintomática de todo menos de independentismo: «Catalunya, comtat gran, quit’havist tan rica i plena! Ara el rei NostreSenyor declarada ens té la guerra». Mal se compadece el reconocimiento de la soberanía real con el deseo de independencia, pero entonces, como ahora, en eso se hizo derivar.

El canónigo Pau Claris, miembro de la Diputación junto con los representantes de la Generalitat firmaron el Pacto de Ceret (1.640) con el Cardenal Richelieu. Cataluña recibiría ayuda militar francesa para su separación de la Monarquía Hispana y con ello, su proclamación como república independiente bajo la protección francesa (16 de enero de 1641). Siete días después se proclamó conde y soberano de Cataluña al rey francés Luis XIII. Los «señores» del Principado, después de siglos de unión y progreso, pactan con el enemigo. Detrás, como siempre, la burguesía, que ilusamente pensaba que le iría mejor. Poco duró esa ilusión; Brezé, virrey francés en el Principado (1642)pronto significabaque entre los catalanes sólo veía caras hostiles y sospechosas porque se habían dado cuenta de que Francia sólo pretendía quedarse el Rosellón.

Como sucederá en 1714, el Principado fue abandonado por Francia (cuando cambias de pareja, sólo por interés suele pasar; hoy la nueva pareja pretendida es directamente Europa; a saber…). El resultado fue la pérdida de territorios históricos de los Condados, el Rosellón y la Cerdaña. Aunque esta última, afortunadamente para los catalanes de hoy, se recuperó posteriormente (Tratado de los Pirineos, 1659). Qué poco se recuerda que el francés inmediatamente prohibió el catalán en el Rosellón y, sin embargo, Felipe IV firmó obediencia a las leyes catalanas (1652).

Desde estas fechas hacia atrás en poco o nada se puede sustentar el pretendido origen histórico diferenciado, a no ser que se quiera caer en el mayor de los ridículos. Durante el s. XVI de Carlos V y Felipe II, Cataluña, al rebufo del esplendor del Imperio, tuvo un desarrollo económico notable. Sus instituciones, cultura y lengua fueron respetadas. El propio Cervantes se lamentaba de no entender el catalán. La unión de Fernando e Isabel fue asumida con necesidad por la Corona de Aragón para protegerse del francés. Juan II de Aragón se vio envuelto en constantes luchas: territoriales con Francia, dinásticas con su propio hijo, el príncipe de Viana, campesinas (los «remensas» para liberarse de su adscripción a la tierra), urbanas (entre los bloques políticos de Barcelona, la Biga –burguesía nobiliaria– y la Busca –burguesíamercantil–). La conflictividad política, económica y social ha sido una constante en el Principado. Bien puede hablarse de dos Cataluñas por más que le pese a muchos.

El preclaro obispo de Gerona, Joan Margariti Pau, describió en el s. XV la historia de Hispania, justificando su existencia como una entidad superior a los diferentes territorios que la integraban y poniendo en relación a los reyes godos con la Corona de Aragón, con el acento en aquella «unidad perdida» con la invasión musulmana.
Con el Compromiso de Caspe (1412) se eligió al Infante de Castilla Fernando de Antequera. Ello fue posible gracias a los buenos oficios de Bernardo de Gualves, uno de los tres compromisarios catalanes, que convenció a los otros dos de las ventajas de la elección; y que se completarían, apenas medio siglo después, con la unión de Castilla y Aragón –no gusta recordarlo–, por lo que supuso de riqueza y desarrollo posterior, como acertadamente señaló recientemente el Príncipe de Asturias. Este año se cumple el Sexto Centenario del Compromiso y según el estudio hecho por el Gobierno de Aragón, supuso: «...una interacción económica, social y cultural crecientes…». Ésa es la realidad simple que no puede, por mucho que se intente, desmentir.

La expansión territorial cristiana del s. XIII (Jaime I el Conquistador y su yerno, el castellano Alfonso X el Sabio) fue el germen de la potente integración posterior. El comercio y las alianzas contra el musulmán surgieron de forma natural.

El visionario Ramón Berenguer IV (s. XII) desposó a Petronila, a la sazón una niña de un año hija del Rey Ramiro II,renunciando al título de Rey de Aragón, en prevención de ventajas futuras para sus súbditos y descendientes. Ése fue el principio del fin del «encierro» de un pequeño grupo de condados en el extremo oriental de la Península Ibérica. Más atrás, Wilfredo el Piloso (s. IX), en el que se quiere encarnar el misticismo catalanista de su origen diferenciado del resto de España. Este buen conde de Barcelona fue un audaz guerrero que simplemente pretendió expandir su territorio. El origen de su señorío no es otro que los nombramientos del imperio Carolingio para controlar la Marca Hispánica como último reducto cristiano, residuo del Reino Visigodo frente a los musulmanes, y que operaba como «cinturón de seguridad» al sur de toda la barrera natural de los Pirineos. Las dificultades de comunicación de la época, y el desmembramiento del imperio carolingio, propiciaron que los condados (antaño divisiones administrativas visigodas y tardoromanas) pudieran transmitirse en herencia aún bajo la soberanía de los reyes francos.

Con anterioridad a la invasión musulmana del 711, la Península se distribuía en diversos reinos germanos que culminaron en uno solo y en la posterior unidad geográfica(expulsión de los últimos focos del Imperio Bizantino) bajo la única soberanía del rey Suintila (s. VII), incluida la actual zona de Cataluña. Qué poco se habla de ello, porque la división posterior del territorio no lo fue por la culminación de mayores o menores deseos de independencia y sí por el fenómeno histórico de lainvasión musulmana que inundó el territorio europeo llegando hasta casi la mitad de la actual Francia, y disgregando en pequeñas zonas los focos de resistencia y reconquista a partir de la barrera pirenaica hacia el sur, con el afán de recuperar aquella unidad, ya fuera visigoda o romana, que siglos antes había caracterizado el territorio peninsular. Reconocido hecho es que todos los distintos reinos cristianos que nacieron –desde Galicia a Catalunya– se pregonaban herederos y descendientes del perdido Reino Visigodo. ¿Acaso esa idea de unidad no perdura en el tiempo? Lope de Vega (s. XVII) todavía llamaba «godos» al conjuntode españoles «eah, sangre de los godos».

Costó siglos recuperar aquella unión anterior, verdadera vocación de los hispanos peninsulares, por geografía (Portugal es otra historia), por la sangre derramada los unos por los otros en innúmeras causas comunes y frente a un mismo enemigo, por origen étnico, por religión, por economía entrecruzada, por una lengua común (por más que los catalanes tengamos la suerte de hablar dos), por lazos familiares entrecruzados que se remontan a muchos siglos y que hasta aquí nos han traído. En fin, no sé si esa historia justifica la autodeterminación del pueblo catalán, o habría que seguir buscándola en el Neolítico o en el Paleolítico. Yo aquí me quedo, porque la que he repasado en marcha atrás desde un lejano rey godo hasta nuestros días me lleva a considerar que ese derecho, del que jurídicamente hablaré en próxima entrega, carece de cualquier soporte o anclaje histórico.

Un documento de valor excepcional
Editorial www.gaceta.es 25 Noviembre 2012

Hoy LA GACETA reproduce íntegros los informes policiales que, junto con las revelaciones publicadas en días anteriores por nuestro propio periódico, tanto han agitado las aguas de la campaña electoral catalana. Se trata de la investigación sobre la financiación de Convergència Democràtica de Catalunya, el caso Palau y otros extremos conectados con la presunta red de corrupción institucional creada por el nacionalismo catalán. Esto que publicamos no es exactamente una exclusiva. Sin embargo, sólo LA GACETA lo va a publicar en su integridad. ¿Por qué? Porque es un documento excepcional. Y porque creemos imprescindible que hoy, en el día de unas elecciones autonómicas que el presidente de la Generalitat ha querido convertir en un plebiscito por la independencia, todos los catalanes puedan tener en su mano toda la información.

‘Cultura de la mordida’
La historia de este informe es muy significativa. Fue presentado a la Fiscalía de Barcelona por el comisario jefe de la Unidad de Asuntos Internos y el anterior jefe de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) y actual jefe del Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado (CICO). La respuesta de los fiscales fue que “el juez no estaba por la labor de seguir” y que “en época de precampaña lo veía poco factible”, según el Sindicato Unificado de Policía. El juez en cuestión es el del Juzgado de Instrucción número 30 de Barcelona, Pijuan, cuyas conexiones con la Generalitat han sido puestas al descubierto por LA GACETA. Sin entrar en la atribución de eventuales delitos, todo esto pone de manifiesto que en Cataluña existe una red de intereses políticos, económicos y judiciales (añádanse los mediáticos) que convierte a esa comunidad en un lugar donde el Estado de Derecho propiamente no existe. Las revelaciones policiales afectan de una manera contundente al proceso separatista puesto en marcha por Artur Mas. Por así decirlo, vienen a señalar cuánto hay de impostura y de intereses creados en una deriva política que compromete insensatamente al conjunto de los catalanes y a todos los demás españoles. A fecha de hoy, ya es imposible saber dónde acaba el proyecto político separatista y dónde empiezan los intereses económicos y personales de la oligarquía nacionalista. A los ciudadanos catalanes se los usa como escudos humanos para proteger la inmunidad personal de un político en apuros y de una casta política que ha tomado Cataluña por su feudo particular.

Pero, a decir verdad, todo lo que está saliendo a la luz estos días no compromete sólo a los nacionalistas catalanes, sino que afecta al conjunto de la clase política española, pasada y presente, y a su red de intereses financieros y mediáticos. El protagonista de los informes que hoy publica LA GACETA es el nacionalismo catalán, pero en sus páginas aparecen también, como actores no exactamente secundarios, personajes vinculados tanto al Partido Popular como al Partido Socialista. Hasta el punto de que bien puede hablarse de toda una cultura de la mordida –valga la expresión– como seña de identidad de la partitocracia española. En detrimento de cualquier democracia decente.

Responsabilidad ciudadana
Aquí es preciso hacerse algunas preguntas cuya respuesta va mucho más allá de los delirios mesiánicos de Artur Mas. Por ejemplo: ¿por qué el Ministerio del Interior, que sin duda había de tener conocimiento de estos informes, no los ha hecho públicos antes? Y no nos referimos sólo al equipo de don Jorge Fernández, actual ministro, sino también a sus predecesores socialistas, pues la investigación abarca fechas muy anteriores. Más preguntas: ¿por qué el Partido Popular y el Partido Socialista han renunciado a hacer uso de estas informaciones en la campaña electoral catalana? Y sin abandonar el mismo turbio mundo de la cultura de la mordida, ¿por qué la opinión pública española ha dejado de tener noticias acerca de dos casos de gran envergadura como los asuntos Gürtel y Campeón?

Siempre hay hipócritas dispuestos a defender que estas cosas deben ocultarse a la opinión pública para no dañar la credibilidad de nuestra democracia. Eso es intolerable. Precisamente por la credibilidad de nuestra democracia es absolutamente imprescindible dar a conocer los abusos de la clase política, de cualquier signo, que convierten la soberanía nacional en una especie de inagotable cofre del tesoro siempre dispuesto a ofrecer sus mejores primicias al mandamás de turno. Aquí defendemos con plena convicción un sistema de libertades personales que permita elegir sin trabas a nuestros gobernantes en un marco de escrupuloso respeto a la ley. Ese es el modelo de democracia que queremos. Pero lo que tenemos todavía está lejos del modelo. Por eso es preciso denunciar sin tregua los abusos.

En el caso concreto de Cataluña, donde hoy se vota en unas elecciones que ya no son sólo autonómicas, los ciudadanos deben ser conscientes de cuánto se están jugando. Deben ser capaces de sobreponerse a la agitación sentimental del nacionalismo y saber a quién entregan su confianza. La clase política nacionalista no encarna sólo un insensato proyecto separatista que arruinaría a los catalanes y quebraría al conjunto de España, sino que representa también los peores vicios de un sistema de partidos donde los políticos se creen con derecho a hacer mangas y capirotes de la Ley. Quien lo siga dudando, que lea el informe que hoy publica LA GACETA. Un documento de valor excepcional.

Ilusiones peligrosas
Antonio Roig www.vozbcn.com 25 Noviembre 2012

Los separatistas se han quejado hasta la saciedad -es lo que mejor saben hacer- de que los partidarios de la unión sólo manejan los argumentos del miedo, pero me temo que esa crítica tiene el carácter de un eslogan de campaña y que no se han detenido a observar con objetividad lo que surge de sus propias filas.

Cuanto más se acerca lo que juzgan como el momento de la verdad, más se hacen oír voces airadas cuyo ritornelo ha sonado siempre, de forma constante, por debajo del victimismo. No hace mucho escuchábamos el grito, que sólo puede calificarse como de guerra, “o lliures, o morts” y, hace aún menos, este otro que no le va a la zaga: “Votarem amb mala hòstia“. Y sin embargo, tratan de fingir que lo que se contrapone a las soeces amenazas que atribuyen al adversario es la limpia y honesta ilusión de todo un pueblo.

No voy a entrar en los sofismas que subyacen a ese planteamiento de combate, ni tampoco en la descalificación de los otros muchos de que se han valido hasta la saciedad en los últimos meses, derecho a decidir, España nos roba, etc. -habrán observado la estratégica ocultación de los argumentos históricos o esencialistas, sin los cuales, sin embargo, los dos anteriores carecen de todo fundamento-. Muy al contrario, voy a exponer mis ilusiones y las razones por las que sus sueños se me antojan pesadillas.

Deseo y persigo un mundo más justo, más igualitario, más pacífico, donde todos puedan disfrutar de los mismos derechos fundamentales en tanto que seres humanos y donde no haya más límite para la libertad que el que determine el disfrute común de los derechos. No se me ocurre mejor utopía ni otra más en consonancia con el humanismo que ha constituido la vena que alimenta nuestra civilización. En el camino de aproximación a ese ideal, el proyecto secesionista del nacionalismo es una vuelta atrás.

La defensa de la nación por encima de cualquier otra consideración (“primero catalanista y luego socialista”, dijo en una ocasión Joaquim Nadal) es una de los más sólidos obstáculos que frenan el progreso hacia una humanidad unida. Es una descarada exhibición de egoísmo colectivo que, como dijera Bertrand Russell, se condenaría en los individuos pero se disculpa e, incluso, se aplaude en las colectividades. Quienes deseamos la desaparición de las fronteras no vamos a prestar nuestro apoyo a la erección de ninguna nueva dentro de una Europa que, a nuestro juicio, tiene ya demasiadas.

Siendo afortunado por haber nacido y vivido entre el 20% de los habitantes del planeta que disfrutan del 80% de sus riquezas y recursos, estaría idealmente dispuesto a sacrificar una parte de mis beneficios al desarrollo de los menos favorecidos y a la construcción de un sistema de reparto más justo, aunque ello me supusiera una merma considerable en mi bienestar. Pero soy un ser humano egoísta como la mayoría y, en consecuencia, esa decisión, así como las que se refieren a otros muchos aspectos relativos a la naturaleza de la ley y al bien común, no la puedo tomar yo por y para mí mismo, sino que sólo puedo hacerlo de común acuerdo con los demás. Y lo que vale para mí, vale para mi pueblo y para mi región y, por supuesto, para mi nación. El sistema impositivo, debidamente (democráticamente) controlado, es la garantía de que, aunque yo quisiera toda la riqueza que produzco para mí mismo, una parte de ella se invertirá en la promoción de los menos favorecidos. Quienes así pensamos, no contribuiremos a impulsar el incremento de la desigualdad en nuestro entorno cercano.

En tiempos, nos dejamos seducir por un principio simplista según el cual cuánto más próximo esté el poder, más fácil será de controlar por los ciudadanos, pero la experiencia nos ha mostrado la falsedad de ese aserto. No creo que la corrupción esté extendida por todo el sistema, sé sobradamente que era mayor bajo la dictadura, y que ahora -con dificultades- funcionan los mecanismos de control, pero estarán de acuerdo conmigo que hay muestras de ella en todos los niveles de la administración y, atentos, resulta ser mayor allí donde el poder está más próximo. El conocimiento y la cercanía fortalecen los instrumentos de presión de los poderosos y coartan el libre funcionamiento de los sistemas de crítica y de las instituciones de vigilancia. (Podríamos empezar por Marbella y acabar en el caso Palacio, en el cinismo del debate parlamentario del 3% o en la evolución de La Vanguardia, por poner sólo unos ejemplos). Conscientes de ello y de que no es un problema que se resuelva con mero voluntarismo, preferiremos siempre procedimientos de control que sean lo más fuertes posible y que escapen al máximo a una influencia demasiado próxima de la autoridad.

Si me remonto una, dos, tres o cuatro generaciones atrás, mis raíces empiezan a extenderse por todas partes hasta alcanzar un tronco común, una única especie humana al cabo. Nada desearía más que poder mantener relaciones de amistad, cooperación y camaradería con el mayor número posible de mis congéneres. ¿Qué me lo impide? La brevedad de la vida, mis limitaciones y las barreras que artificialmente el tribalismo de la especie ha ido sembrando. ¿Cómo vamos a contribuir a que allí donde ha habido una complicidad que nos ha mantenido unidos durante generaciones, lazos de familia que nos han constituido a unos y a otros, todo se destruya porque algunos desean más dinero o más poder para sí? ¿Podemos seguir contemplando esta deriva con indulgencia cuando está haciendo nacer el cisma en nuestro propio seno, en nuestras propias familias, a pesar de lo civilizado de nuestras relaciones? No contribuiremos a hacer realidad un sueño que tenemos razones para considerar destructivo.

La historia reciente de Europa nos ha alertado -con un coste desmesurado, es preciso admitirlo- acerca del peligro de los movimientos irracionalistas que recurren a las pasiones y a supuestas esencias comunes (nacionales) para fundamentar derechos colectivos anteriores al pacto social por el que nos hemos constituido en ciudadanos, en verdaderos sujetos de derechos. Un consenso extendido no aumenta ni un ápice la legitimidad de esa reivindicación predemocrática (en la medida en que hurta su fundamento a la voluntad libre de los ciudadanos), ni tampoco hace más liviana la amenaza potencial que representa en forma de coacción. Hace poco, Rogelio Alonso, especialista en terrorismo, nos hacía ver cómo la mayoría de los vascos se había doblegado no a la amenaza directa del terrorismo (que, pese a estar muy extendida sólo afectaba de hecho a un porcentaje pequeño de la población), sino a la presión ejercida por los vecinos o al miedo a la exclusión. Quienes hemos vivido la osadía del poder en la Cataluña de nuestros días, que ha impuesto criterios incluso en contra de la justicia y de sus propios compromisos, amparado por el aliento metafísico del pueblo, no contribuiremos a alimentar esa ilusión que puede limitar aun más nuestra libertad quién sabe hasta qué límite.

Me molesta sentirme parte de un pueblo, verme obligado a formar parte de un ente superior a mi voluntad compartida. Me siento más cómodo allí donde me definen como ciudadano. Por ello, no voy a contribuir a la realización del sueño secesionista, que siento que me aleja de mi condición de sujeto libre y hace más remota la realización del ideal cosmopolita. Ciertamente, cada uno de estos argumentos puede reproducirse en relación con la nación española. Pero ese es otro debate al que me gustaría poder contribuir, cuando las peligrosas ilusiones de mis conciudadanos dejen de distraernos de lo verdaderamente importante. Para mí, como para el injustamente olvidado poeta Carlos Álvarez, “lo urgente es acabar con la barrera que separa al hermano del hermano” y no puedo dejar de preguntarme por qué la izquierda no está aquí a mi lado.

Antonio Roig es vocal de la junta directiva de la Asociación por la Tolerancia

Los planes en Ferraz
Una derrota que lleva al choque de trenes
El PSOE espera la debacle del PSC para «resetearlo»

Esther L. Palomera La Razón 25 Noviembre 2012

MADRID- Las lecturas serán distintas; las reacciones también. Cuando mañana se abran las urnas y se confirme la debacle del PSC no habrá socialista - siempre puede salir alguna Mª Antonia Trujillo o un Tomás Gómez- que pida la dimisión del secretario general del PSOE ni que impute los resultados a la actual dirección. El PSOE no asumirá en ningún caso como propia la derrota del socialismo catalán. Y es que esta vez la sangría no llevará escrito el nombre de Rubalcaba.

Si hay algo que distingue estas elecciones de las gallegas y vascas, cuando el PSOE se levantó en armas contra el «aparato» de Ferraz para exigir responsabilidades, es que el secretario general ha pasado de puntillas por la campaña de los catalanes. Un sólo mitín en quince días. El resto de la dirección federal no ha puesto un pie en Cataluña. Es la primera vez en la historia de la democracia que además Felipe González, el otro presidente del Gobierno y único socialista capaz de abarrotar el Palau Sant Jordi, no ha participado en una campaña catalana. Su ausencia no es que haya sido comentada, es que ha sido un clamor en el socialismo, ya que si hay alguien capaz de movilizar al votante tradicional del PSC en el llamado «cinturón rojo» ése es González.

Si a las ausencias unimos el repudio público que Joaquín Leguina hizo hace unos días del PSC, al que acusó de tratar como mozárabes a los emigrantes de habla castellana del área metroplitana de Barcelona, ó el artículo que firmó Juan Carlos Rodíguez Ibarra para clamar contra el «derecho a decidir» que defiende el socialismo catalán, es fácil imaginar el momento por el que atraviesan las relaciones entre PSC y PSOE, no tanto en lo personal como en lo ideológico. Y eso que se ha procurado guardar las formas para no ir a la confrontación en plena campaña. A partir del lunes, el escenario cambia. Será el momento en que ambos partidos hagan una puesta a punto de lo que les une y esto no es, desde luego, el «derecho a decidir» de los catalanes que Pere Navarro ha incluido en su programa electoral, y tampoco una reforma de la Constitución en la que se reconozcan los derechos de las «naciones federadas», en referencia a Cataluña, País Vasco y Galicia. Estas posiciones, además de los tripartritos de Margalla y Montilla, han llevado a los socialistas catalanes a la ruina y han arrastado al PSOE con ellos.

Hay estudios cualitativos que demuestran que, si en 2008 Zapatero no logró mayoría absoluta, no fue por la negociación con ETA, ni por la Ley de Memoria Histórica, sino por la gestión territorial, las componendas con los independentistas catalanes y la reforma del Estatut de infausto recuerdo. Así que en el PSOE habrá debate, pero esta vez no sobre el liderazgo, sino sobre el proyecto político y la refundación del socialismo. ¿Recuerdan aquel Rubalcaba que ganó el Congreso de Sevilla prometiendo un discurso unitario para España? Pues eso es lo que esperan de él a partir del lunes en todas las federaciones del PSOE. Ni Extremadura, ni Andalucía, ni Castilla-La Mancha, ni Castilla y León, ni Euskadi consentirán más «excentricidades» del socialismo catalán. Y ése es el debate que aguarda al PSC en el próximo Consejo Territorial del 15 de diciembre. O rectifican o habrá choque de trenes, porque la «vieja guardia» se ha levantado en armas y está dispuesta a romper con el PSC y recuperar la extinta federación socialista catalana. La dirección federal no quiere ni oir hablar de ello y cree que, una vez fuera del partido los Maragall, los Castells o los Tura, será más fácil encontrar de nuevo los puntos de encuentro. De todo esto se hablará y mucho en el próximo Comité Federal que Rubalcabado ha fijado en enero y no en diciembre, para que no sea un cónclave a la defensiva y no parezca que el PSOE asume como propia la derrota del PSC.

Más allá de las relaciones PSOE-PSC y la revisión del proyecto político, volverán las quinielas sobre el futuro liderazgo. Hace tiempo que el PSOE es una olla a presión en este sentido. Y aunque Rubalcaba ha pacificado la cuestión orgánica en las últimas semanas tras convencer a los barones de las bondades de su calendario -que pasa por dedicar el 2013 a la revisión del proyecto político y 2014, a las primarias-, todos toman posiciones. La dirección federal para controlar la renovación ideológica y el nuevo liderazgo; la «vieja guardia» para influir en la elección del próximo candidato y los barones para consensuar el nombre del «elegido». Todos parten de una premisa probable pero aún no confirmada: que Rubalcaba desista de pujar por el próximo cartel electoral para 2015. Ante este escenario, irrumpen en el panorama nombres como el de Patxi López, que sería el «tapado» de una parte de la dirección federal; Eduardo Madina, que sigue sumando apoyos y esta vez se deja querer; o la sempiterna aspirante Carme Chacón, que cada vez cuenta con menos aliados, incluso en el PSC y Andalucía, sus principales aliados en el Congreso de Sevilla. Pero para esto, si Rubalcaba logra imponer su calendario, aún queda. Al menos el tiempo que demanda el secretario general para analizar errores y desarrollar alternativas para romper con el ciclo electoral negativo. La pregunta es si todo el PSOE está dispuesto a dárselo.


Nuevo comunicado
ETA vuelve a poner condiciones al Gobierno para su disolución
Vincula su «final definitivo» a una «agenda de diálogo» sobre presos y desarme y a la «adecuación» de las fuerzas de seguridad en Euskadi
DAVID S. OLABARRI dolabarri@elcorreo.com | BILBAO.El Correocomplicidad

La banda muestra su preocupación por la «involución» del escenario abierto tras el cese de la violencia
De nuevo, condiciones. ETA volvió a supeditar ayer su disolución a que se produzca un acuerdo «completo» con los gobiernos español y francés en torno a las mismas tres cuestiones sobre las que ha girado su discurso desde que anunció el cese definitivo de la violencia hace un año: presos, desarme y «desmilitarización de Euskal Herria». Lo hizo por medio de un comunicado, al que el Ministerio del Interior replicó con el recordatorio de que el único mensaje que espera de los terroristas es el de su desaparición definitiva.

En un extracto del comunicado adelantado por la web Naiz.info -hoy se hará público por completo-, la banda vincula su «final definitivo» a que llegue a un pacto para solucionar lo que considera las «consecuencias del conflicto». ETA llama a los ejecutivos español y francés para poner en marcha una «agenda de diálogo» que aborde las «fórmulas y los plazos» que permitan «traer a casa» a «todos los presos y exiliados»; las «fórmulas y los plazos» del «desarme» y la «desmovilización de los militantes» y, por último, la «desmilitarización» del País Vasco y Navarra. Con este término, ETA alude a la retirada de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Sobre este punto concreto, utiliza una terminología más suave de la que acostumbra a la hora de referirse a la Policía y el Ejército al afirmar que su presencia en Euskadi se debe «adecuar» al «final de la confrontación armada».

El mensaje lanzado por la organización terrorista se produce apenas unos días después de que Jonathan Powell, el exasesor de Tony Blair, celebrase una reunión en San Sebastián con partidos y sindicatos -no acudieron ni PSE ni PP ni UPyD- para analizar los avances logrados un año después de la Conferencia de Aiete, que sirvió de plataforma para que ETA anunciase días más tarde el final de la violencia. En aquella Conferencia Internacional de Paz se instó a los gobiernos de los dos países a que entablen un diálogo con la banda sobre las «consecuencias del conflicto». Un concepto que los terroristas hicieron suyo días después, cuando decretaron el cese definitivo del terrorismo, y que desde entonces se han encargado de colocar en el centro del debate en todas sus apariciones públicas. En este contexto, los impulsores de Aiete anunciaron el pasado martes que han decidido poner en marcha un grupo de trabajo que se encargue de velar por el cumplimiento de los objetivos planteados hace un año en la Conferencia y, por extensión, que impulse el diálogo entre el Gobierno y los terroristas.

«Conocimiento exacto»
El extracto del comunicado difundido ayer, el sexto desde el final de la violencia, vuelve a girar en torno a la 'hoja de ruta' trazada hace un año, que ETA y la izquierda abertzale consideran necesario abordar para poner fin a lo que denominan «confrontación armada». La organización terrorista asegura que los ejecutivos de Madrid y París tienen «conocimiento exacto» de su «disposición y compromiso» a negociar estas cuestiones y manifiesta su disposición a «escuchar y analizar» las propuestas de los dos gobiernos.

En la línea de lo declarado por algunos exdirigentes etarras encarcelados, la organización realiza este emplazamiento justo antes de expresar su preocupación y de denunciar la «involución» que, a su juicio, ha experimentado el escenario abierto tras el cese de la violencia por la actitud de los dos Estados y de «algunos partidos». «Frente a estas posturas», la banda apela a la «fuerza» de la sociedad vasca para «romper ese bloqueo».
También se dirige a la «comunidad internacional» para manifestar que existen «razones sólidas» para «perseverar en el esfuerzo por lograr una resolución» y asegura que está «dispuesta» a seguir «trabajando» y adoptando «decisiones» en esa misma línea. Este último extracto del mensaje -que se resume en preocupación por la actitud de los gobiernos y disposición a no abandonar el camino emprendido- ya ha sido repetido por la dirección etarra en otros comunicados en los que, por ejemplo, ha protestado por la detención de sus militantes.

El emplazamiento de la banda a entablar una «agenda de diálogo» encontró una rápida contestación en el Ejecutivo del PP. Un portavoz del Ministerio del Interior aseguró que no hay «absolutamente nada» que negociar con ETA y, en este sentido, emplazó a la organización a que se disuelva «sin más rodeos»

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