AGLI Recortes de Prensa    Martes 27 Noviembre 2012

El desafío secesionista no ha sido conjurado
EDITORIAL Libertad Digital 27 Noviembre 2012

La gran mayoría de los análisis de las elecciones catalanas publicados hasta el momento coincide en señalar el fuerte descenso experimentado por CiU como nota más característica. A partir de ahí surge un amplio acuerdo en virtud del cual el órdago secesionista planteado por Artur Mas habría quedado conjurado, como lo probaría el descenso de la representación parlamentaria de los partidos abiertamente separatistas, que han pasado de los 76 escaños que obtuvieron 2010 a 74.

Se requiere una gran dosis de ingenuidad para creer que el peligro de secesión en Cataluña ha sido borrado de un plumazo tras el batacazo electoral de Mas, porque la realidad dice que el nuevo Parlamento autonómico catalán es abrumadoramente independentista.

En primer lugar, es necesario tener en cuenta que CiU se ha presentado por primera vez a unas elecciones autonómicas abogando por iniciar un proceso de ruptura con España, decisión arriesgada que, efectivamente, le ha hecho perder muchos votos; pero no menos cierto es que con tal plataforma ha conseguido el 30% de los sufragios y quedar muy por encima de todos los demás partidos. Aunque indudablemente tiene votantes no independentistas, el hecho es que esta vez su mensaje sí lo era.

Otros datos que cuestionan el optimismo generalizado entre los no independentistas es que CiU tiene en solitario más diputados que las tres formaciones claramente no separatistas (PSC, PP y C's), que la segunda fuerza parlamentaria es la aun más independentista ERC y que el secesionismo rebasa ampliamente la mayoría absoluta de escaños.

A esta fortaleza del voto directamente independentista hay que sumar el hecho de que los comunistas de ICV son partidarios de la convocatoria de un referéndum de autodeterminación, lo que permite aventurar que una parte más o menos importante de sus votantes sería también partidaria de la secesión, llegado el caso.

Sumemos todo lo anterior y tendremos una imagen muy expresiva de lo que se puede esperar de esa Cámara en la nueva legislatura en términos de lealtad institucional.

Por si fuera poco, el Partido Popular ha defendido durante la campaña que Cataluña cuente con un nuevo sistema de financiación que privilegie aun más al Principado. En esencia, quizá sólo el partido de Albert Rivera, Ciutadans, vaya a defender allí la igualdad de todos los españoles y la aplicación del Estado de Derecho bajo los auspicios de la Constitución, tal y como fue aprobada por el pueblo español.

Por más que haya entre los partidarios de la unidad de España quien se felicite por los resultados electorales del domingo, la realidad es muy otra, mucho más dramática.

Avanza el desmoronamiento de España
Pío Moa www.gaceta.es 27 Noviembre 2012

Hay que ver la crisis actual en su gestación, si queremos entender algo.

Blog II: ¿Se suicidará la casta política? /¿Existía la palabra "gilipollas"? www.piomoa.es

En pocos meses hemos llegado a una situación en que los partidos separatistas arrasan en Vascongadas y en Cataluña. Y no es como hace algún tiempo, cuando entre los votantes de CiU y PNV había bastantes regionalistas no separatistas. Ahora las cosas se han puesto muy claras. Una gran masa de la población detesta simplemente a España, una masa mucho mayor que la de los que quieren seguir siendo españoles. Este es el dato clave, y no el retroceso de Mas.

Entender lo que pasa requiere examinar el pasado reciente: ¿cómo se ha llegado a esta situación? Al comienzo de la transición, la opinión antiespañola era muy minoritaria en Vascongadas y más todavía en Cataluña, como he recordado en La Transición de cristal. Pero, por suerte para los separatistas, en Madrid se impuso un botarate, Suárez, con un rey no menos botarate, aunque controlado hasta cierto punto por consejeros más serios. Se impuso también la idea de que democracia y antifranquismo eran sinónimos, lo que volvía a comunistas y etarras los demócratas por excelencia, mientras la derecha jugaba a despistar sobre sus orígenes. Los separatistas pujolianos y peneuvistas no habían hecho oposición digna de reseña a Franco; en realidad, sobre todo los catalanes, se habían dedicado a prosperar, a veces por medios dudosos, en aquel régimen. Pero se apuntaron al más ferviente antifranquismo, y la derecha “nacional” se apresuró a cederles todos los instrumentos con los que predicar el odio a España, a inventarse una historia y a explotar el victimismo y el narcisismo regionales.

Para los separatistas se trataba de utilizar esos instrumentos, regalados por los politicastros de "Madrid", con vistas a conseguir que sus ideas fueran haciéndose mayoritarias. Muy pronto calaron a aquella derecha "nacional", y cuando llegó al poder el PSOE sobre el desbarajuste montado por Suárez, la situación mejoró para ellos: el PSOE también tenía una idea negativa de la historia de España, mientras que la derecha pronto dejó de tenerla, positiva o negativa, convirtiéndose en un simple aparato de poder y de puestos políticos. Los separatistas supieron enseguida que podían hacer burla de las leyes y de la Constitución, cosa que también hacían por su cuenta los de “Madrid”. Todo en medio de una corrupción en la que todos eran cómplices.

Aznar, tras unos bandazos iniciales, fue llevando a cabo, ¡por primera vez!, una política correcta y democrática con respecto a la ETA, pero se mostró todavía más obsequioso hacia los separatistas “moderados”. Luego vino Zapatero a hundir el país con la más abyecta delincuencia gubernamental. De Zapatero, sus demagogias baratas, sus estatutos de segunda generación y otras vilezas ha venido lo que hoy presenciamos. Pero debe recordarse que Zapatero hizo todo en gran medida gracias a una seudooposición de Rajoy. El cual es lo bastante romo (por no decir otra cosa) como para creer que “la economía lo es todo”.

Cuando el PP llegó al poder, no por méritos propios sino por hundimiento del PSOE, pronostiqué, con deseo de equivocarme, que ante la crisis a que han llevado al país sus politicastros, Rajoy haría lo mismo que en la oposición, es decir, nada de provecho:http://www.intereconomia.com/blog/que-hara-rajoy-una-pequena-historia-lamentable-20111222. Desde que llegó al gobierno, Rajoy no ha hecho otra cosa que parlotear vanamente, mentir e incumplir todas sus promesas electorales. Da la impresión de un sonámbulo que nunca entendió lo que ocurría ante sus narices.

Dicho de otro modo: desde el principio hubo una decisión empeñada de la derecha por abandonar a los separatistas (y al PSOE) el terreno de las ideas y facilitarles todos los medios para que impusieran una "conciencia" separatista en sus regiones. Es más, incluso las secciones regionales del PP compitieron en “nacionalismo” con los abiertamente separatistas, así en Galicia o Andalucía. Y, por supuesto, sobre todo con Rajoy, en Vascongadas y Cataluña. Si no se tienen en mente estos procesos, no habrá manera de entender nada. El problema del separatismo ha venido, fundamentalmente, de los dos partidos “nacionales”, PSOE y PP.

Bien, la situación está así. ¿Qué ocurrirá ahora? Hacer predicciones es difícil, pero hay que partir del hecho esencial: una gran masa de catalanes y vascos está contra una España que no han defendido, sino lo contrario, los politicastros de “Madrid”. No aparece en el horizonte ningún partido con fuerza suficiente para oponerse a esta deriva. Y una intervención militar está fuera de cuestión (podrían suspenderse las autonomías, dadas sus vulneraciones constitucionales, para lo cual bastarían unos pocos guardias civiles, pero me temo que el momento pasó hace ya mucho tiempo. Sin contar las vulneraciones de los propios PP y PSOE). La última esperanza de nuestra basura política es la UE, que amenazando con dejar fuera a una Cataluña separada, detenga un poco el impulso secesionista. Pero lo que el estado español no resuelva no lo va a resolver la UE. Sin olvidar que una Cataluña separada caería pronto bajo un protectorado de Francia, y que a Inglaterra, cada vez más arrogante con Gibraltar, siempre le ha convenido una España débil.
Según Roberto Centeno, Cela decía que si estos políticos tuvieran alguna decencia se pegarían un tiro. Por lo menos deberían dimitir, y en su caso ser llevados a los tribunales. Rajoy y sus “economicistas” deberían dejar paso al grupo Reconversión, aunque temo que este no arreglaría el enorme desaguisado.

Hay que decir también que la culpa, por llamarla así, recae sobre toda una generación, tan inerte que de ella no ha salido ninguna alternativa a un proceso nefasto que muchos vieron ya con Suárez. Por mi parte vengo denunciándolo hace años, en artículos y en libros como Una historia chocante o La Transición de cristal o ahora España contra España. Todo perfectamente inútil. Incluso mi novela reciente puede servir de contraste –no deliberado—entre la generación del 36 y la actual. Esta ineptitud generacional viene, probablemente, de más de treinta años en que el pueblo español ha estado sometido a la mentira institucionalizada y sistematizada. No he sido el único en denunciar estas derivas, pero quienes lo hemos hecho hemos sido boicoteados o marginados por la casta política, reducidos al papel de Casandra.

¿Qué esperanza queda? Por mi parte solo vislumbro una, siguiendo a Keynes: no suele ocurrir lo ineluctable, sino lo impredecible. Es imposible predecir un final feliz a esta repulsiva crisis, pero quizá ocurra, a pesar de todo.

Sin contrapoderes: el suicidio de una España podrida
José M. de la Viña El Confidencial 27 Noviembre 2012

Decía Winston Churchill, laureado escritor a la par que aguerrido estadista, que la democracia es el peor de los sistemas políticos si exceptuamos todos los demás. A este, como no le podían dar el Premio Nobel de la Guerra porque no existía, ni tampoco el de la Paz porque hizo la guerra, le dieron el Premio Nobel de Literatura, como consolación al esfuerzo desplegado contra la maldad autoritaria.

Como en todo, hay grados, niveles y rangos. Están las democracias nórdicas que, con todos sus defectos incluyendo la a veces asfixiante hipocresía luterana, son más o menos dignas de sus ciudadanos. Estos hacen honor a ella mediante la movilización de la sociedad civil, forzando la transparencia, el control de los abusos mediante sibilinos contrapoderes. No son la panacea, pero más o menos funcionan.

Está la nuestra, que, enjutamente amordazada en corrupción y rebosante de incompetencia, anda descabalgada de valores y equilibrios, mientras sus votantes eluden la responsabilidad ciudadana de controlar los excesos y la rapiña de los poderosos. Se indignan. No hacen nada. ¿De qué se quejan?

El drama de España y el de otras democracias que, hasta no hace mucho, más o menos funcionaban, es la renuencia de la sociedad civil a controlar los excesos del poder, su inacción interesada a causa de los menguantes pesebres y la vida que pensaban fácil las nuevas generaciones sin agobios ni responsabilidades.

O la ausencia de contrapoderes que mantengan a raya los poderes fácticos que siempre han existido, anteriormente llamados caciques, que utilizan los resortes del Estado y su influencia para su beneficio personal o gremial.

Contrapoderes benevolentes, jamás asfixiantes, que equilibren la balanza de la injusticia y la igualdad, de la libertad real y no decretada, salvaguardando la calidad de la democracia. Que ausculten el pulso, su salud y buen funcionamiento. Que denuncien los excesos, la corrupción, que eviten la disolución del Estado de derecho. Que atenúen la injusticia, que proclamen la guerra a la indolencia y la caradura, a la incompetencia del ejecutivo, sea local, autonómico, nacional o el del momento. Aquí nadie dimite. Es desolador.

Que exijan rendir cuentas a los Gobiernos y el resto de poderes del Estado. Que rindan estos no por miedo a la reacción de los ciudadanos, sino por propia iniciativa, por decencia y honestidad, porque su educación se lo exige. Porque recibieron una formación en la que tales valores puntuaban al alza, a pesar del colegio, la competitividad mal encauzada y la cursi empleabilidad.

Palabreja que fabrica autómatas en vez de personas cultas y cívicas, productores en vez de pensadores. Ni siquiera sabios en sus respectivas disciplinas, porque la burocracia y la igualdad que enrasa por abajo ha dinamitado la calidad en los colegios y la universidad.

Generamos débiles imberbes mentales, adultos flojos, analfabetos funcionales al servicio de la depredación, en vez de personas educadas en el civismo, la honorabilidad y el tesón. La investigación ha desaparecido, la innovación no existe. La universidad, loado sea Bolonia, ha sido el último reducto conquistado por las atrabiliarias huestes de la ignorancia y la mediocridad. Ya no queda nada por triturar.

Acechaban los vientos en los destartalados quicios de las angostas ventanas por donde hasta ahora, al menos, entraba un débil susurro de cultura y sensibilidad. Tronaron las campanas avisando temporal. Está arreciando huracán. Ya no quedan ciudadanos.

Sin contrapoderes no hay democracia. Tan solo dictaduras plurianuales con opción a la renovación indefinida o a la sucesión endogámica del clan. Cambian las caras, para que todo siga igual, como en Argentina, Bolivia, Venezuela, Rusia y tantas otras democracias nominales. Continúa la tradición decimonónica.

Acabaremos dando por buena, añorando la dictadura de Franco. Sería trágico: en ella hacía frío. Ahora está helando. Las expectativas creadas en el año 75, España por fin se convertiría en nación homologada al resto de Europa, han sido defraudadas por la casta que sustituyó a la oprobiosa, peor que la anterior, por actuar camuflada.

Nos olvidamos de que muchas de las conquistas sociales, que tan bien han funcionado, nada que ver con los dadivosos dispendios recientes, fueron invento de la dictadura. Por desgracia, están siendo cercenadas sin debate ni conmiseración. Empezando por la Seguridad Social, la sanidad, antaño de calidad, hoy troceada, a pesar de la dignidad que mantienen heroicamente cada día sus apaleados trabajadores; o las leyes laborales recientemente derogadas, de tan extrema protección que provocaban abusos por parte de los que no pegaban ni golpe. No temamos: ahora vivimos en democracia. Lo hacen por nuestro bien. El pueblo es soberano. ¿O no?

No sabemos quién nos gobierna realmente, más allá de los títeres políticamente correctos que acostumbran a destrozar el lenguaje en televisión: ¿la oligarquía oligopólica?, ¿los druidas?, ¿las ideologías económicas?, ¿los bancos? ¿O acaso es todo más simple?

El drama doliente es cómo se eligen los políticos a sí mismos. Cómo los postulan para el cargo sus mentores elevando a la categoría de arte el principio de mediocridad para evitar que les hagan sombra. Antes o después, los más viejos se acabarán marchando por senectud, ascendiendo los recomendados. Algunos incluso antes por falta de cuórum de los anteriores o porque en el país de los tuertos el ciego políticamente correcto es el rey, aunque sea un desalmado. ¿Qué queda entonces?

La responsabilidad política ha desaparecido totalmente. Ya no quedan estadistas, ningún Churchill o Adenauer, ni siquiera Adolfo Suárez. Ahora no se les exige que sepan escribir, tampoco saben hablar. Los políticos actuales, sin principios ni cualidades, son el tercer problema de los españoles después del empleo y la crisis económica.

O el primero, diría yo, ya que, sin su cooperación necesaria, sin la dejación de funciones, no estaríamos como estamos a causa del destrozo perpetrado en la educación, el saqueo de las antaño memorables cajas de ahorros, la confiscación de nuestros ingresos para pagar socializadas pérdidas producidas por nefastos empresarios, la casta financiera y ladrillera con la que retozan al alimón, o la consentida centrifugación del Estado a manos de despiadados caciques tribales.

¿Por qué en este país solo se mete a político el que no sirve para nada, los más incompetentes y caraduras, salvo aisladas excepciones? ¿Sólo para medrar y hacer caja? No queda ningún contrapoder capaz de parar los pies a tanto insulso depredador de lo público.

Los diecisiete parlamentos regionales, más las Cortes Generales, no dejan de escupir decretos absurdos, denigrantes, burocracia incompatible, leyes infumables. Los jueces se ven amordazados al estar obligados a cumplir tales esperpentos legales, sin dejar margen al sentido común, como la denostada Ley Hipotecaria.

O las leyes feminazis que condenan al marido, le arrebatan sus hijos, por el mero hecho de serlo. Que sigue destrozando niños al dejarlos sin padre, arruinando lo que queda de esas familias deshechas con sus infames resoluciones en forma de pack jamás igualitario. Un pequeño ejemplo de tanta barbarie.

El problema de España es la falta de independencia de los tres poderes del Estado junto con la inexistencia de contrapoderes que equilibren y controlen los excesos del poder.

Señor Rajoy, le recuerdo que usted manda. Quedamos en que no debía nada a nadie. Los españoles le otorgamos poder absoluto. Ejérzalo de una vez. Reinstaure la democracia, reforme los mecanismos del Estado garantizando que los mejores entre los iguales podrán en un futuro próximo estar al mando, alcanzar el sueño del pueblo de tener dignos representantes.

Instaure los mecanismos que toda democracia necesita: transparencia contable, auditoría interna, control de abusos, límites a la corrupción, dimisión de aquellos en los que haya tacha o sobrevuele sospecha, derogación de patentes de corso a los políticos, necesidad de exigir responsabilidad penal a los prevaricadores, a los saqueadores del sistema financiero, a los dilapidadores de dinero público.

Instaure un Tribunal Constitucional independiente, rellénelo de prestigio; reforme el poder judicial para que los ciudadanos lo podamos por fin respetar; establezca organismos reguladores que ejerzan su función, sin peleles a los mandos. La lista es inabarcable.

Obligue, finalmente, a que sus señorías se hagan el harakiri a imagen y semejanza de las Cortes de la dictadura instaurando un parlamento digno, profundamente democrático y no dedológico (nombrados a dedo los representantes), para que deje de avergonzar a los españoles y al resto de los europeos.

Proponga listas abiertas para nombrar a los candidatos y que se lo curren de manera que los que rebuznan se autoeliminen. Reforme los sistemas de designación de cargos de manera que los mejores puedan ejercer. Nombre a los más notables en juicio, grandeza, capacidad, equidad y nobleza a semejanza de los valientes diputados de las Cortes de Cádiz. Con la valentía e integridad de Churchill, con el sentido de estado de Adenauer.

Aunque sea dramático tener que mentarlo, emulando a los antecesores franquistas de los lacayos actuales, que se dignificaron con aquella postrera decisión, cosa que la casta política actual se niega a hacer para no perder sus inmerecidos privilegios. ¿No les da vergüenza a sus torpes señorías descuidar tanto iPad?

Y, los que no quieren ser europeos, ellos sabrán a dónde van. Pero que no contaminen al resto de Europa con su demencia.

Año trigésimo cuarto de una democracia podrida. Inicio de la democracia ansiada. ¿Habrá nuevo amanecer cívico?

Desafío secesionista
Llegó la hora de la verdad
Juan de Dios Dávila Libertad Digital 27 Noviembre 2012

El desafío secesionista liderado por los partidos nacionalistas sigue en pie, aunque haya sufrido un fuerte varapalo en Cataluña el proyecto liderado por CiU. El proyecto secesionista se radicaliza con el resultado que obtiene ERC y la entrada de CUP en el Parlamento autonómico.

También podemos ver que el voto de las personas que consideran que España es la solución y que consideran que hay que hacer una campaña activa en la propuesta de más España no se ha volcado en el Partido Popular, como cabría esperar de un PP que hubiese sido fiel a su electorado, sino que ha ido masivamente a Ciudadanos.

Tanto el crecimiento de Ciudadanos como el de ERC muestran que cada vez más los ciudadanos quieren propuestas claras y, sobre todo, una coherencia que permita crear confianza. Y esa veracidad y claridad en el mensaje y en la vida personal que permite generar confianza no se ha encontrado ni en el PP ni en el PSC, y por eso uno no ha tenido el crecimiento que habría sido lógico si hubiese sido claramente fiel a su electorado y el otro ha sufrido una gravísimo descalabro, como ya le sucedió al PSE en las pasadas elecciones vascas.

El futuro que se abre es de una gran inestabilidad en lo relacionado con la gobernación de la comunidad autónoma de Cataluña, con una presencia reforzada del secesionismo y, por otro lado, del reto de proponer España como el proyecto de futuro que ilusiona y que es garantía del bien común.

Es la hora de la verdad, de ser claro en el mensaje y en los argumentos de por qué España es un proyecto de futuro con dos fuertes pilares: uno de ellos el de los valores que son capaces de construir una sociedad más humana, y el otro es la potencia que tiene España para generar riqueza y distribuirla de forma justa.

No es admisible que demos un aval moral a aquellos partidos nacionalistas que trabajan intensamente para enfrentar a los españoles. Ya es hora de la verdad, y de darse cuenta de que nuestro ser como Patria común e indivisible no puede estar en discusión. Es hora de que las leyes se apliquen también a los políticos y la corrupción no quede impune.

En esta hora de la verdad, también ETA hablará; porque su valoración de las elecciones vascas dependía igualmente del resultado de las catalanas, y CUP es su apuesta en la política catalana.

Por todo ello, es especialmente crítico que surjan líderes que sean capaces representar a aquellas opciones, cada vez más populares, que proponen España como garantía de verdad frente a la mentira histórica, de justicia frente a la impunidad, de libertad frente a la exclusión y de solidaridad frente al egoísmo nacionalista.

Es la hora de la unidad en torno a España, y para empezar tenemos una cita el próximo día 6 de diciembre en la madrileña Plaza de Colón, en la convocatoria a la unidad que ha hecho la fundación Denaes. Allí estaremos, siempre fieles a lo mejor.

Juan de Dios Dávila, exconcejal del PP en Hernani, es hermano del teniente coronel Fidel Dávila, asesinado por ETA en 1993. Actualmente preside la Fundación Unidad + Diversidad.

La lógica de los pactos en Cataluña
Luis del Pino Libertad Digital 27 Noviembre 2012

Celebradas las elecciones en Cataluña, asistimos ahora al debate sobre qué pactos establecerá CIU, pero en realidad se trata de un debate inútil sobre algo que ya está decidido desde antes de convocarse las elecciones.

El teatrillo de la construcción nacional y el referéndum puede parecer muy llamativo, e impregnará las declaraciones públicas de unos y otros durante bastantes días, pero en realidad no da más de sí. En breve volveremos al verdadero debate de fondo: el de los recortes a los ciudadanos.

Con el pulso soberanista, Mas solo pretendía envolverse en la bandera para evitar el desgaste derivado de los recortes. Pero esa estrategia ha fracasado. Si el bloque soberanista hubiera crecido como se esperaba, quizá se hubiera podido estirar un poquito más el paripé, pero los resultados de las elecciones no dejan mucho margen de maniobra.

Asistiremos durante días a una farsa de declaraciones y supuestos acercamientos entre partidos, pero el pescado de los pactos está ya vendido hace mucho.

El resultado final de la farsa será un pacto bajo manga entre CIU y PP, como existía hasta ahora. Las dos formaciones se necesitan mutuamente. CIU no puede pactar con nadie más que el PP, porque es el PP quien tiene el control del grifo del dinero, y el PP, por su parte, no tiene más remedio que contar con CIU por una simple cuestión de aritmética parlamentaria.

Pero hay otra razón aún más importante que obliga a CIU y a PP a pactar: es mucho más lo que une a esas dos formaciones que lo que las separa. Porque las dos comparten un objetivo común: mantener en pie la actual estructura del estado, para lo cual no les queda otro remedio que imponer más ajustes a los ciudadanos. Y esas cosas unen mucho.

Desengáñense los iluminados de la "construcción de la nación catalana": son los intereses de casta, y no la "cuestión nacional", los que dictarán la lógica de los pactos.

Todo lo demás, como dice el anuncio, son tonterías.

Vayámonos preparando todos los españoles, catalanes y no catalanes, para la ronda de recortes que se avecina. Porque va a ser histórica, ahora que nuestra clase política dispone de un periodo de treinta meses de tranquilidad, sin ninguna cita electoral a la vista.

Replantearnos Cataluña
Alfredo Casquero El Semanal Digital  27 Noviembre 2012



Llevan los nacionalistas tanto tiempo machacando con que Cataluña es suya, que casi lo hemos asumido como verdad absoluta. Treinta años han sido suficientes para cambiar de manera radical el pensamiento de una región española. No nos engañemos. Los resultados de las elecciones recientemente celebradas es consecuencia de la manipulación masiva y sostenida en el tiempo consecuencia de muchos años en los que, por medio de las competencias de Educación y Cultura, han tergiversado la realidad y construido una historia ficticia sobre una nación que nunca fue. La colaboración inestimable de unos medios de comunicación serviles y comprados, y la dejación de funciones de los Gobiernos de PSOE y PP produjeron un resultado alarmantemente preocupante. Que Mas se ha estrellado, sólo lo discute él y el algún director de una sucursal suiza. Las caras, en política, dicen mucho más que las palabras. Y el testaferro (¿político?) de Pujol y sus consejeros y el gran piruetista de la política, el Sr. Durán, eran toda una oda a la derrota. El gran Padrino de Convergencia miraba tórvidamente a su hijo, señalándole el camino y la dirección de la espalda del candidato convergente, apremiándole a una golpe seco y rápido. Las cuentas, no las de la familia, sino las de la política, no le salen a D. Jordi. De una mayoría excepcional han logrado una derrota moral y un ridículo político tan grande que no se entiende cómo no se han producido ya alguna dimisión de importancia.

El desafío planteado es enorme. El monte está apestado de independentistas supuestamente moderados en fila tras una formación radical, ERC, que no dejará pasar esta oportunidad para poner en valor un derecho del que carece el pueblo catalán, y que sólo una gran ignorancia o una enorme mala fe, pueden mantener como válido. El derecho a decidir está perfectamente definido en multitud de resoluciones del derecho internacional, y ninguna de las condiciones previstas se ajustan al caso catalán. Como quien oye llover, desde Cataluña se exige la aplicación de unas normas inaplicables. Los delirios sólo tienen curar con un tratamiento adecuado. Y en este caso se precisa mucha pedagogía para hacer entender a alguien tan bruto como un nacionalista algo tan elemental.

El PSC y el PP, recogen tantos años de complejos y ambigüedad. Los primeros en forma de derrota y los segundos, de parco ascenso. Complejos que recoge Ciudadanos, situados sin duda ni vergüenza en la defensa de los valores comunes. Poco más conviene decir de momento, hasta que un análisis serio les dé la razón a quienes llevan años aconsejando plantar cara al nacionalismo y no contemporizar con él.

Pero el gran recorrido necesario es aquél que debe hacer el Estado. Puesto que no hay intención de reasumir ninguna competencia, el Gobierno debe marcarle de una vez el camino al futuro presidente de la Generalidad. Y el camino no es otro que la ley y su cumplimiento. De una vez por todas se debe exigir la aplicación de la Constitución en Cataluña y de las distintas sentencias evacuadas por los tribunales de justicia y que son ignoradas hasta la fecha. El Estado debe vigilar, porque es su obligación, en dónde acaba el dinero del rescate catalán y si se aplica bien. Hay mucho que hacer. Y lo para que se debe hacer se necesita un pacto de Estado entre PP y PSOE. Cataluña es España. Y eso, ya, debe ponerse en práctica.

¿Y cuánto nos va a costar a los españoles la derrota de Mas?
Pedro de Hoyos Periodista Digital 27 Noviembre 2012

Supongo que son muchos los españoles que se felicitan por el revolcón electoral de Artur Mas, perder doce escaños precisamente cuando se echa un órdago tan importante es un fracaso de proporciones siderales.

Pero esa derrota no debe llamarnos a engaño y debemos considerar la mayoría independentista que puebla el parlamento catalán. Con esta consideración el president no se ha echado atrás y mantiene el pulso secesionista de la convocatoria de un referéndum para dentro de cuatro años. Estoy convencido de varias cosas:
1ª) De que Cataluña y el País Vasco van a ser independientes no tardando ¿En una generación?
2ª) De que, mientras ese momento llega, los esfuerzos para retener a estas dos autonomías dentro de España van a acrecentar las diferencias políticas y económicas entre ellas y las demás regiones, todos aquellos que hemos perdido estas elecciones.

Tanto el Federalismo asimétrico del PSOE (¿se han preguntado por qué pierden terreno elección tras elección?) como el autonomismo diferencial del PP (¿Se han preguntado por qué sus votos van a partidos de izquierda como Ciutadans?) implican un trato de favor hacia los españoles más ricos, poderosos e influyentes. ¿Justicia social? ¿Socialismo?

Los castellanos tenemos seria envidia de cómo los parlamentarios catalanes de cualquier ideología defienden a sus ciudadanos, por encima de la opinión de las sedes madrileñas de sus respectivos partidos. En Palencia tenemos representándonos un conjunto de parlamentarios a disposición de lo que sus partidos quieran mandar, dedicados a pulsar el botón que dedo en ristre les indique su líder parlamentario. Se echa en falta la dedicación a sus gentes de PSC o PP-C, se echa en falta que alguna vez paren los pies a los dominantes jerifaltes en nombre de sus representados.
Pendón carmesi
Son torpes, seguramente voluntariamente, que permanecen, seguramente también voluntariamente, ajenos a la decadencia de esta nuestra tierra, que tantos años después vuelve a proveer de emigrantes a las regiones más prósperas de España y del resto de Europa. Mientras Palencia, Soria o Burgos se convierten en desiertos, con la connivencia de votantes recalcitrantes empeñados en votar lo que no funciona, los parlamentarios de nuestras provincias han decidido tomar la indiferencia como norma de comportamiento y el encogimiento de hombros como norma de servilismo parlamentario.

Cuando el Estado se arrastre ante la codicia nacionalista catalana ocurrirá como cuando el Estado se inclinó servilmente ante el injusto concierto vasco, y los parlamentarios castellanos negarán la defensa de los suyos, se negarán a seguir el ejemplo de sus compañeros vascos o catalanes que apoyan a sus gentes y a sus tierras, dejando en un segundo plano la triste cerrazón de los que creen que con tal de que Cataluña y Euzkadi sean españolas vale la pena abandonar a su suerte todo el interior del país, empobreciéndolo y convirtiendo a sus habitantes en mano de obra barata que como en los años sesenta ha de salir camino de los altos hornos de Bilbao o de las empresas textiles catalanas, ésas que una vez estuvieron en Palencia o Zamora, en busca del jornal con el que sustentar a su familia. Castilla y los castellanos, los mansos castellanos, sumisos y silenciosos, volverán a pagar los platos rotos del nacionalismo irredento, plañidero y manipulador.

La gran perdedora en las elecciones catalanas ha sido España, no Artur Mas
Francisco Rubiales Periodista Digital 27 Noviembre 2012

Muchos creen que Artur Mas es el gran perdedor de las elecciones catalanas del 25 de noviembre, pero en realidad la gran perdedora ha sido España porque Cataluña ha demostrado claramente en las urnas que los que quieren romper con la nación son mayoría.

Si se suman los votos de CIU y de ERC, se obtiene una clara mayoría de 71 escaños, tres más de los necesarios. Si a eso se añade que en el PSC hay socialistas nacionalistas y que otras pequeñas formaciones radicales, también nacionalistas, recibieron bastantes votos, entonces es fácil concluir que los que defienden la unión entre Cataluña y España, únicamente defendida con claridad meridiana por el PP y Ciutadans, son una clara y exigua minoría.

Si España fuera un país serio y decente, tras las elecciones procedería a corregir errores y a neutralizar el cáncer del nacionalismo radical catalán, ya claramente rupturista e independentista. Y la única forma de hacerlo no es, como acostumbra el PP, demonizando y descalificando a los que quieren independizarse, sino contraponiendo a la realidad catalana, lamentable por su corrupción, ineficacia y abusos de poder, una España decente, democrática y atractiva, que cautive a los catalanes y les quite las ganas de marcharse, un sentimiento que crece en todos los territorios españoles cuando se contempla la injusticia, el abuso, la corrupción y otras maldades y carencias del sistema políticos español.

Así que, ni ayer se produjo una victoria del españolismo, ni una derrota del independentismo, sino una clara constatación de que Cataluña es hoy un grave problema para España porque los catalanes, mayoritariamente, quieren abandonar la nación común.

Hacer nuevas concesiones a los catalanes, como hizo Zapatero para detener el avance del monstruo, sería un error porque rompería el inalterable principio de la igualdad entre los pueblos de España. La solución no es otra que adecentar el país, perseguir a los corruptos, adelgazar el Estado, desinfectar la vida política, independizar y sanear la Justicia, limpiar a la policía de violentos y de torturadores y desplegar un intenso programa de saneamiento y limpieza que regenere el país y convierta a España en un país deseable y envidiable, no en la pocilga actual, lider mundial en casi todo lo deleznable: prostitución, drogas, baja calidad de la enseñanza, trata de blancas, blanqueo de dinero, corrupción, abuso de poder, coches oficiales, privilegios de las castas poderosas, marginación de los ciudadanos, desempleo masivo, avance de la pobreza, frustración de jóvenes, y un largo y escalofriante etcétera de dramas e injusticias que emanan de un poder inepto, incapaz y escasamente democrático.

Voto en Blanco

¿U?
Alfonso Ussía La Razón 27 Noviembre 2012

Mas ha sido humillantemente derrotado. El independentismo, no. De cualquier manera, aquí no sirven las sumas simples. CIU no puede gobernar con la Izquierda Republicana por dos motivos. El primero, porque se muerden entre ellos. El segundo, porque nadie sabe lo que va a hacer Unión Democrática de Cataluña después del rapapolvos al socio principal. CIU está compuesto por un 75% de C y un 25% de U. Duran Lleida ha nadado entre dos aguas durante la campaña electoral, pero su carita en el balcón del Hotel Majestic lo decía todo. A Mas le van a crecer los enanos en su propio partido, y no voy con ironías ni segundas intenciones. Convergencia representa a la rancia derecha catalanista, y la Izquierda Republicana al catalanismo marxista, por no escribir que leninista. Esa boda no tiene ni el primer polvete. Mas pidió el voto prestado para alcanzar la mayoría absoluta, y la respuesta ha sido apabullantemente negativa.

En mi opinión, Mas ha sido despedido y muy pronto pedirá la liquidación para irse a casa. No creo que Oriol Pujol piense en la herencia. Me refiero a la herencia política, no a la económica que le dejarán sus padres cuando Dios lo disponga. El enigma está en U, pero el dirigente de U no gusta a la mayoría de los militantes de C, y dudo mucho en que confíen a Duran Lleida el futuro de la coalición, si es que la coalición permanece. Estas elecciones no buscaban sumas y análisis. Se convocaron con el solo objetivo de que CIU alcanzara la mayoría absoluta. De ahí que el calificativo de fracaso sea ajustado y medido. Ahora habrá que encontrar al hombre que sepa administrar el más que notable apoyo que la derecha catalanista tiene. No podrá pertenecer al clan de los Pujol, y menos aún al de Mas y compañía –el mismo clan, por otra parte–, de tal modo que habrá que buscarlo en los aledaños del Poder, que son más poderosos en ocasiones que el Poder mismo. Y creo que he encontrado al hombre y al nombre. Al hombre, al nombre y al título. El conde de Godó.

Godó, que se lo ha encontrado todo hecho en la vida sin tener que dar un palo al agua, puede pasar a la Historia como el primer Grande de España que lleva a Cataluña a su ruptura con España. La labor que, a tal efecto, ha desarrollado su periódico «La Vanguardia», puede calificarse de excepcional. Tiene, además, su torneo de tenis, que aporta a su biografía una trascendencia deportiva internacional muy a tener en cuenta. Adolfo Suárez instituyó un campeonato de mus en Cebreros, Felipe González un certamen de bonsáis en los jardines de La Moncloa, José María Aznar un torneo de dominó en Quintanilla de Onésimo, y Zapatero juega a los chinos divinamente. Ahí Godó los apabulla. Y además es conde. Su abuelo recibió el título de Alfonso XIII. Franco trató con enorme cariño a su padre, que le devolvió lealtades y cortesías. Y el Rey, le concedió la gracia de la Grandeza de España, creyendo que la merecía. Con ese ropaje exterior de conde del reino y Grande de España, Godó ha puesto todo su poder de «La Vanguardia», que en Cataluña es casi omnímodo, al servicio del independentismo. Y ese sacrificio, Cataluña lo tiene que premiar. Otra cosa es que la Diputación de la Grandeza y los Títulos del Reino le recrimine públicamente su deslealtad, pero no es de esperar semejante muestra de coherencia. El único problema de Godó es su falta de atractivo cuando se expresa en público. Un primer Presidente del Estado Independiente de Cataluña está obligado, entre otras cosas, a hablar bien y hacerlo correctamente en catalán, ese idioma que despreciaban sus antepasados porque sólo lo dominaba la clase baja. Pero hay tiempo para que lo aprenda. Despúes de lo de Mas, mucho tiempo. Descartada U y Duran Lleida, Godó es el hombre. Hoy me he levantado brillante.

Monólogos entre Cataluña y España (IV.5)
El toro zaíno
Enrique Morera Guajardo La Razón 27 Noviembre 2012

Sólo falta ahora alimentar el victimismo y provocar la furia. Serenidad hasta el final; más aún, mano dura contra lo que puede resultar una ignominia, cuando además, con la filtración que se ha convertido en el eje de lo que queda de campaña, se ha vulnerado el principio de legalidad, que por otro lado se defiende para rechazar la consulta soberanista. Hay que dar lección de elegancia, no perderla en lo que, por el momento, no debería apartarse de la confrontación de ideas. Desde esta misma tribuna (11/10/2012) ya insinué que la dinámica generada era una inmejorable protección para determinadas investigaciones en marcha. Que el reconocimiento de esa realidad quede, de momento, sólo ahí. Como no me cansaré de insistir, hay que ir con extremo cuidado con todo lo que se dice y cómo se dice. La susceptibilidad está a flor de piel; la división en Cataluña es hoy una triste realidad. El bloque independentista mantiene un proyecto y hoja de ruta común. Se encuentra cada vez más cómodo y sólido con el discurso -que permanecerá sea cual sea el resultado el 25-N porque no se contrarresta su esencia. Enfrente sólo hay división y proyectos dispares. La deriva del PSC ,con su ridícula apelación al federalismo que no saben, porque no pueden, concretar, puede hacer más daño a Cataluña y a España que mil años de gobierno de Zapatero. Así pues, prudencia y que no se caiga en la fácil tentación del descrédito no contrastado que puede convertirse en munición de alto calibre en las manos de quién lleva al Principado por el camino de la secesión con el pilar del envite, en su historia. Por ello retomo su examen.

Como referí (21, 28 y 29 octubre y 6 noviembre), el catalanismo no se expresa como movimiento político hasta bien avanzada la edad moderna. El conflicto dinástico (1700-1714) no puede considerarse un directo y trabado antecedente histórico del movimiento catalanista. Como han puesto de manifiesto autorizados historiadores -entre otros, Alvareda-, la crisis no se circunscribió al Principado, sino que afectó a toda Europa y parte del continente americano. Como dijo un contemporáneo, una «guerra tan universal cual no se ha visto nunca». En Cataluña los privilegios y el riesgo de su pérdida simplemente actuaron como telón de fondo del conflicto, que ha sido manipulado hasta la extenuación como justificación de la opresión castellana. Nada más lejos de lo sucedido porque además entonces Castilla también sufría y mucho por causa del Borbón.

En aquella guerra las ambiciones dinásticas cristalizaron en un aparente enfrentamiento entre dos concepciones de Estado: el centralista de Luis XIV: «L’État c’est moi» encarnado en su nieto Felipe V, legítimo heredero a la Corona de España por el testamento de Carlos II, y los austracistas de Carlos III de Austria, que, sin renunciar al absolutismo, propiciaban un mayor parlamentarismo. Los austracistas se apoyaban en territorios que, como los de la Corona de Aragón, mantenían instituciones como soporte de privilegios. No llegaron nunca a conceptualizar su lucha por un determinado modelo de Estado. Trataban de obtener apoyos que luego traicionaban, como todos, sin rubor.

Así sucedió con el total abandono por Carlos III (1711) del Principado, la final «huida» de la emperatriz y de las tropas austríacas (1713 y Tratados de Utrecht). Se diga lo que se diga, el conflicto no fue más que una descarnada lucha por el dominio de Europa y del continente americano vía el control de la Corona Española, que ostentaba una soberanía no discutida en Cataluña. El Principado no era más que una pieza en aquel tablero de intereses, en el que, contaba todo menos el pueblo. Por ello no puede sostenerse que el conflicto fuera una guerra contra Cataluña o siquiera contra sus instituciones. Se apostó por una dinastía que en busca de apoyos, prometía y prometía, y que pocas diferencias mantenía con su oponente en el ejercicio del poder real. Lo que es más importante, incumplió sus compromisos y dejó en la estacada a quién derramó su sangre por ella. Resulta patético recordarlo como un símbolo.

Más allá de la lengua, mal puede hablarse de que a principios del s. XVIII existiera una identidad propia catalana diferenciada del resto de España. Existía un determinado nivel de autogobierno, ínfimo -salvando las distancias-, comparado con el que ahora se cuenta y que se quería defender y en lo posible aumentar. Cataluña se sentía española y sin complejos. La prueba fue la aceptación de Felipe V en 1701 por las Cortes Catalanas (no se habían reunido en los últimos 100 años), que suponía una normal ratificación de la soberanía de la Corona Española. Que poco se habla de lo que se consiguió a cambio con el juramento de fidelidad: puerto franco en Barcelona, la concesión de 2 barcos al año a América, la formación de una compañía mercantil, la unificación de declaraciones fiscales de los barcos que arribaban al Principado, la consolidación de la libre exportación de vino, aguardiente y productos agrícolas, y medidas proteccionistas respecto a vinos, aguardientes y tejidos extranjeros...

Felipe V mantuvo el derecho del alojamiento militar en el Principado (sempiterno caballo de batalla) y un cierto control de los candidatos al Consell de Cent y a la Diputació. Concedió todo lo demás que le pidieron. La desconfianza hacia el francés (los virreyes Ibáñez y Velasco se quejaban sobre el poco margen de maniobra) y la falta de garantías sobre el mantenimiento de lo obtenido, justificaron pretendidamente la alianza entre Cataluña e Inglaterra con el Pacto de Génova (1705), que fue una indiscutible traición al compromiso adquirido con Felipe V. Los historiadores hablan de miedo al futuro como detonante de la revolución en Cataluña. Floja excusa cuando en Castilla y en los inicios del reinado de Felipe V, el malestar era muy superior por la pérdida de influencia sobre el comercio americano. Cataluña dio la espalda a un rey por otro que le dejó en la estacada sufriendo, a su vez, la traición que primero ella había cometido. Pero ni una palabra de independencia. Antes al contrario.

El mártir de la hoy pretendida causa catalana contra España, Rafael Casanova (septiembre de 1.714) arengaba a la población con palabras de inequívoco españolismo: «…esta ciudad en la que hoy reside la libertad de todo el Principado y de toda España……a nuestra común y afligida patria, … que todos como verdaderos hijos de la patria, ….., a fin de derramar gloriosamente su sangre y su vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España.» La arenga del general comandante Antonio de Villarroel (militar al servicio de Felipe V hasta 1710) fue en estos términos: «…estáis luchando por nosotros y por toda la nación española.» Cataluña se consideraba defensora de España. Así lo sostiene el historiador Coroleu, fundador del Centre Català (el de Valentín Almirall), que significó (1876) que con la toma de Barcelona «…finía la independencia nacional (de la Península) de una raza en otros tiempos indomable…»

La apuesta perdedora trajo el Decreto de Nueva Planta (1.716), que más que un castigo respondía a una general concepción uniformadora, conllevando la supresión de instituciones que sí se mantuvieron como premio para otros territorios que hicieron gala a sus compromisos con la causa borbónica (Vascongadas y Navarra). No obstante, mucho mito existe sobre el Decreto. No se prohibió el catalán, incluso se toleró su uso en la Audiencia Real, cuando el artículo 5 imponía, sólo en ella, el castellano. En el s. XVII, el 70% de la producción de las imprentas en el Principado era en castellano y durante todo el s. XVIII poco varió. El artículo 54 afloró la igualdad por nacionalidad, característica del Estado moderno, al permitir el acceso a los cargos públicos y honores en el Principado por mérito y no por el lugar de nacimiento dentro del Reino.


Los líderes catalanes de entonces, con su error, fueron los responsables de que Cataluña perdiera sus instituciones hasta la Constitución que masivamente respaldó (1978). Superado ese yerro, hoy,tras 300 años, los nuevos «señores» nos pretenden conducir a nuevos, pero como entonces, desconocidos extravíos. La equivocación vino determinada, como ahora, no en una voluntad de separación de España, ya que Cataluña nunca verdaderamente ha querido -ese es su drama- dejar de ser España, sino en las inconsecuencias de su burguesía y su «establishement», que recurrentemente, a lo largo de los siglos, ha querido utilizar sus ancestrales instituciones en su propio beneficio y como justificación de mayores privilegios. Reflexiona Cataluña: ¿quién saldría beneficiado de la secesión o siquiera de su intento? La respuesta es pagada: Los «señores» del Principado ,ya sin control. La irreflexiva burguesía de soporte pronto caería en la cuenta de un nuevo error. «La travesía del desierto» la sufrirían los ciudadanos de Cataluña y por extensión, toda España.

Simplificando, se viene pretendiendo por los «señores» del Principado el beneficio de pertenecer a un Estado, pagando lo menos posible, requiriendo siempre mayores competencias y amenazando con el divorcio, a través de: (1) cambio de bando por el mejor postor (apuestas dinásticas), (2) la negociación permanente porque lo acordado nada vale (juramentos de fidelidad, Constitución, Estatutos) y (3) «in extremis», como ahora, azuzando a los ciudadanos de forma tal que luego no pueden contener por resultar presas de su propio discurso. Antes, como ahora, es la burguesía de Cataluña -siempre navegando entre dos aguas- la que, utilizando a los mercenarios que ha dispuesto en cada momento (hoy CiU), nunca ve mal el pulso permanente al Estado. Apretemos que algo sacaremos.

Los hechos históricos que han llegado hasta nosotros sólo nos llevan a considerar lo contrario de lo que se nos pretende hacer creer, porque nunca ha existido una Cataluña no española y, como intentaré reflejar en un nuevo retroceso histórico: Cataluña ha sido y es parte de España porque siempre así al final lo quisieron sus mandatarios, y lo quisieron por la misma razón por la que a veces se amaga con la separación, por interés de su clase dirigente. Pero no te engañes España, eso no es Cataluña, porque los ciudadanos que hoy salen a la calle, e incluso votan a quién no dice la verdad, lo hacen cuando sufren penuria manejados espuriamente con el «hecho diferencial», que no se ha sabido querer ni complementar enseñando la historia común de tantos siglos por quien, como Tú debería haberlo hecho.

A los catalanes nos toca ser conscientes de dónde venimos, quiénes somos, adónde vamos y de los peligros de jalear al aprendiz de Moisés, que sin saber cómo salir de la tierra del Faraón, adquiere ahora maneras (y eso que los ha prohibido) de toro zaíno y bizco del pitón izquierdo al que los picadores, utilizando en exceso las garrochas (filtraciones), restan poderío al bravo y ahorman su cabeza en demasía y antes de tiempo.

Gallardón y el secuestro de la Justicia
Javier Benegas www.vozpopuli.com  27 Noviembre 2012

Decía Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu, que "no existe tiranía peor que la ejercida a la sombra de las leyes y con apariencias de justicia". Esta cita tan inspirada parece aludir a una sociedad como la española, que, bajo la apariencia de un Estado de Derecho, vive a la sombra del abuso legislativo; leitmotiv de la nación política al que se suman con entusiasmo inquietantes solistas, como el virtuoso Gallardón que, quizá inspirado por Montesquieu –entiéndase tal inspiración en el peor sentido imaginable–, nos regala, envuelto en la formalidad de lo que es Ley, un colosal atropello: la Ley de Tasas Judiciales.

Digámoslo claramente y ya desde el principio, dicha ley supone dar el golpe de gracia a nuestra maltrecha Justicia; una felonía sólo equiparable a aquella nefasta Ley Orgánica de 1985, con la que Felipe González –otro virtuoso estatista, enemigo de las libertades individuales–, so pretexto de evitar que la judicatura quedara en manos de una mayoría de jueces franquistas, sometió el Poder Judicial al control del Legislativo. Lo que en la práctica supuso privar a nuestra democracia de uno de sus más imprescindibles atributos: la separación de poderes.

¿Por qué no al euro por receta y sí a la tasa por denuncia?
Arguméntese como se quiera o defiéndase de mil y una maneras, pero el hecho es que esta ley expulsa de los juzgados a decenas de miles de demandantes, cuyas apelaciones a la Justicia no son en modo alguno cuestiones menores, pleitos fruto de enemistades pueriles o querellas irrelevantes. Muy al contrario, la tasa variable, de la que, dicho sea de paso, no se ha hablado como es debido, penaliza duramente y con toda intención a aquellas causas de mayor cuantía y, por tanto, a priori más graves. Es decir, se penaliza a aquellas denuncias interpuestas, generalmente por particulares, que en no pocos casos van dirigidas contra los bancos, sus derivadas, que son las aseguradoras, y las grandes corporaciones, cuando no contra unas administraciones públicas morosas, que abusan, y mucho, de una posición dominante.

Por eso, más allá de las excusas que desde el Gobierno o el propio ministro del ramo se ofrecen, siempre con esa tierna melodía de fondo de que los más desfavorecidos no se verán perjudicados –cuánta bondad hay en los corazones de vuesas mercedes, y cuán a menudo se muda en tropelías –, urge poner blanco sobre negro y formular la pregunta correcta: quid prodest; esto es, ¿quién se beneficia de esta ley? La pregunta es obligada, habida cuenta de que, para la mayoría de ciudadanos, esta ley, lejos de suponer algún beneficio, les expulsa extramuros del Estado de Derecho. Y nadie, por muy Gallardón que sea, comete semejante torpeza si no es por una razón poderosa. La cuestión es si tal razón existe. Y de existir, dirimir si ésta es inconfesable.

Alberto Ruiz Gallardón y la huida hacia delante
Al margen de afinidades ideológicas, entre los profesionales del ramo, jueces a la cabeza, corre la especie de que las fuerzas emboscadas en la nación política son las promotoras de esta aberración jurídica. Y la hipótesis es que la proverbial lentitud de nuestros tribunales ha colmado la paciencia de los poderosos. Y hartos de guardar turno como el resto y esperar años el dictado de sentencias que les liberen de ciertas preocupaciones, –no siempre o no sólo económicas–, ellos, que pueden, han dado un puñetazo en la mesa, exigiendo que se desaloje a la plebe de los tribunales. De ahí que el príncipe Gallardón, que nunca da puntada sin hilo, haya decidido hacer uso y abuso de las tasas judiciales fijas y variables –estas últimas son sangrantes– para privatizar la Justicia. Y, de ahora en adelante, pleitos tengan los comunes… si es que pueden pagarlos.

En lo que respecta a las tasas fijas, hasta cierto punto pueden entenderse, siempre y cuando estemos en sintonía con ese afán, más que recaudatorio, confiscatorio del gobierno, dispuesto como está a dejar a las clases medias como Dios las trajo al mundo, antes que agachar la cerviz ante las presiones que vienen de fuera, ya que ello supondría el desguace obligado de no pocos chiringuitos políticos y la liquidación de intocables emporios empresariales. Pero el disparatado baremo de las tasas variables sólo puede entenderse como un cortafuegos con el que se pone coto a la avalancha de denuncias que los particulares, autónomos y pequeños empresarios interponen, en estos tiempos turbulentos, contra bancos, corporaciones, administraciones públicas y demás corralitos. Sin ir más lejos, como botón de muestra, ya tengo noticia de varios casos en los que un importante banco se va a librar de tener que aflojar el parné, porque quienes iban a cursar demanda, arruinados como están, no pueden asumir los más de 11.000 euros que esta ley exige para que se les haga justicia. Y dudo mucho que les sea concedido un crédito, teniendo en cuenta la finalidad del dinero.

El Estado como negocio

Sea como fuere, el ambiente entre abogados, fiscales y jueces, al margen de ideologías, es de unánime indignación. Y su perplejidad inicial, vista la magnitud del estropicio, está dando paso al miedo. Tal como me aseguraba un prestigioso abogado, “Asistimos al nacimiento de un corralito judicial que quizá se esté anticipando a problemas aún mayores”. Un ataque en toda regla al estado de Derecho, mediante una ley que parece estar hecha a la medida de nuestros tradicionales oligopolios (sea intencionado o no, es ya una de sus principales consecuencias). En resumen, todo apunta a que las oligarquías imponen la visión del Estado como negocio. O mejor dicho, del Estado como su negocio. Y la Justicia no podía, no debía, quedar al margen de sus manejos.

La Justicia para todos: garantía de desarrollo económico
Urge detener esta huída hacia delante, a la que no sólo se han sumado pésimos gobernantes, sino también las fuerzas emboscadas en la nación política. Porque España no es una decena de grandes empresas, ni un puñado de bancos, ni tampoco una clase política que se resiste a predicar con el ejemplo. Es mucho más que eso, o al menos debería serlo. Y como ya escribí en su día, el progreso y la prosperidad futura no sólo dependerán de reformar el mercado laboral, aumentar nuestra competitividad, sanear y reestructurar el sector financiero y reducir nuestra deuda pública y privada, sino que están íntimamente ligados al buen o mal funcionamiento de la sociedad en su conjunto. Porque, en última instancia, lo que termina por engrandecer o destruir a una nación no son los ciclos económicos, sino el buen funcionamiento de sus instituciones. Y, muy especialmente, de aquellas que tienen que ver con la Justicia.

Cataluña, ¿nuevo Estado de Europa?
Víctor Andrés Maldonado www.vozbcn.com 27 Noviembre 2012

Contrariamente a lo que suele ser habitual en todas las citas electorales, donde se discuten los programas de los partidos políticos que concurren a las mismas, Artur Mas (CiU) se ha presentado ante el electorado de Cataluña buscando su apoyo a una propuesta única: la convocatoria de un referendo donde los ciudadanos podrían decidir libremente si quieren la independencia de Cataluña. Aún más, al parecer la pregunta que se formularía sería la siguiente: ¿Quiere usted que Cataluña sea un nuevo Estado de Europa?.

Si bien la convocatoria a las urnas se refería exclusivamente a la elección de los diputados del Parlamento autonómico de Cataluña para la próxima legislatura y, por lo tanto, no suponía en modo alguno la expresión de un apoyo incondicional a la propuesta de Mas de convocar un referendo, ni menos aún una respuesta positiva a la pregunta antes mencionada, la trascendencia de la cuestión es tal que conviene analizarla con mucho cuidado.

En la pregunta ¿quiere usted que Cataluña sea un nuevo Estado de Europa? existen dos elementos fundamentales que, aún relacionados, conviene analizar por separado: en primer lugar, la independencia de Cataluña (para lo cual debería constituirse como un nuevo Estado) y, en segundo lugar, que dicho nuevo Estado formara parte de Europa.

En cuanto al primer elemento de la pregunta, conviene dejar claro que, en base al actual derecho internacional, para que un nuevo Estado se constituya no basta con una declaración unilateral de independencia, sea por parte del gobierno o del parlamento del territorio en cuestión. También hace falta su reconocimiento internacional, es decir, que sea reconocido como Estado soberano por los otros estados soberanos existentes. Para ello, las opciones son limitadas:

1) Una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Bajo este supuesto, existen básicamente dos posibilidades: a) la existencia de una situación colonial (que no es el caso para Cataluña, ya que los territorios bajo dominio colonial están en una lista de la ONU y el único existente en Europa es Gibraltar) o, b) una situación donde no se respeten las reglas fundamentales democráticas y el Estado de derecho y, por ende, el respeto de los derechos de las minorías. Es en este contexto donde el desprestigio por parte de determinados políticos nacionalistas hacia la democracia española cuando insisten en calificarla de “deficiente” o de “baja calidad” cobraría todo su sentido y significación. El argumento sería: puesto que la democracia española es de baja calidad, tenemos derecho a la independencia ya que los derechos humanos básicos y de las minorías no son respetados. En el fondo, este sería el supuesto que sustentaría la creación de Kosovo como Estado independiente de Serbia , sólo que aún en este caso, y después de varios años de producirse su secesión, tampoco hay unanimidad en la comunidad internacional sobre su reconocimiento.

Pero me temo que esta vía tampoco tendría recorrido alguno, porque de ser así (es decir, que el sistema democrático español no alcanzara los estándares mínimos exigibles), la Unión Europea (UE) debería aplicar a España las sanciones previstas en el Tratado de la UE para dichas situaciones, como ya hizo con respecto a Austria algunos años atrás cuando la extrema derecha del país pasó a formar parte del gobierno de coalición y como dejó claro recientemente con respecto a la nueva Constitución aprobada por la mayoría que sustenta al actual Gobierno húngaro de Víctor Orban.

2) El mutuo acuerdo de las partes interesadas (como fue el caso de la antigua Checoslovaquia). Es decir, un acuerdo entre Cataluña y el resto de España a fin de que la primera pudiera constituirse como un Estado soberano diferente. Dentro de este acuerdo se incluirían no sólo el reparto de activos (por ejemplo, la titularidad de las infraestructuras estatales físicamente radicadas en el territorio de Cataluña así como el posible precio de su traspaso, una parte del fondo de las pensiones estatal, una parte de las reservas del Banco de España, participaciones en las empresas públicas estatales, etc.) y deudas (por ejemplo, las deudas incurridas para la financiación de las infraestructuras mencionadas anteriormente, una parte de la deuda del Estado español, etc.) sino también otros aspectos que serían de importancia capital para los ciudadanos de a pie tales como el mantenimiento de la nacionalidad española, el respeto de los derechos de propiedad de los ciudadanos en cada uno de los dos estados, etc. Finalmente, no sería tampoco impensable que en el marco de una negociación de estas características, el Estado español pudiera solicitar compensaciones económicas por el impacto negativo de la separación sobre la economía española. Como se puede comprobar, este proceso es complicado y podría dar lugar a negociaciones difíciles.

La alternativa a la falta de acuerdo con el resto de España sería, con toda probabilidad, el no reconocimiento internacional del nuevo Estado con las consecuencias derivadas de este hecho: la práctica desaparición de las relaciones políticas (no acceso a los foros y organizaciones internacionales por parte de Cataluña, imposibilidad de la apertura de embajadas en el exterior, suspensión de visitas oficiales, etc.) y económicas (práctica desaparición de las transacciones comerciales y financieras con el exterior, posible repatriación de las inversiones españolas y extranjeras, imposibilidad de viajar al extranjero de los nacionales catalanes, a menos que conservaran su pasaporte español, práctica paralización del Aeropuerto del Prat puesto que los derechos de despegue y aterrizaje se rigen por acuerdos bilaterales entre estados soberanos reconocidos, etc.) del nuevo Estado con el resto del mundo. En fin, un desastre de consecuencias incalculables.

Por lo tanto, para que Cataluña se constituyera como nuevo Estado reconocido internacionalmente, no bastaría con una declaración unilateral de su parlamento o de la Generalidad; también necesitaría llegar a un acuerdo con el resto de España sobre las condiciones de su independencia.

En cuanto al segundo elemento de la pregunta del futuro referendo, es decir, que el nuevo Estado esté dentro de Europa, es de suponer que la hipótesis implícita es el que Cataluña permaneciera dentro de la UE (ya que es evidente que, en términos geográficos, una Cataluña independiente sería en cualquier caso parte de Europa).

En este contexto, es preciso, previamente, aclarar que según el derecho internacional, cuando se produce la secesión (Cataluña) de una parte de un Estado (España), el recipiente de los derechos y obligaciones existentes sería, en un principio, la parte que no se separa del mismo (es decir, España sin Cataluña). Este hecho no impediría que algún tipo de acuerdo en cuanto a dichos derechos y obligaciones se pudiere producir entre los dos estados resultantes (el Estado existente inicialmente y el nuevo Estado). Pero una cosa es muy clara: España seguiría siendo miembro de la UE, así como de todos los organismos internacionales de los que forma parte actualmente. En dicho caso, la nueva Cataluña (asumiendo que fuere reconocida internacionalmente) debería acceder a todos ellos ex novo, incluída la ONU, la OMC (Organización Mundial del Comercio), el FMI (Fondo Monetario Internacional), etc.

En cuanto a la pertenencia de una Cataluña independiente a la UE, es necesario subrayar que la base legal sobre la que se sustenta es un tratado internacional (Tratado de Lisboa) suscrito entre estados reconocidos internacionalmente. Asimismo, y como en todos los tratados internacionales, los derechos y obligaciones derivados del mismo afectan única y exclusivamente a los estados signatarios. España (sin Cataluña), como heredera de los derechos y obligaciones del Estado inicial (España con Cataluña), sería la única que gozaría de los beneficios de la pertenencia a la UE. En cuanto a una Cataluña independiente, en primer lugar, sería necesario que su proceso de independencia se llevara a cabo de mutuo acuerdo para poder acceder al Tratado de Lisboa. Pero, aún cuando así fuere, dicho tratado internacional debería modificarse (puesto que habría un nuevo Estado signatario del mismo) y, por lo tanto, todos los estados de la UE (los actuales 27) deberían dar su asentimiento a ese hecho mediante la ratificación de un nuevo tratado que incluyera a una Cataluña independiente.

Ahora bien, este proceso no es, ni mucho menos, tan simple como algunos políticos han sugerido. Ello es debido a que, primero, debería ser admitida como candidata a acceder a la UE (lo cual ya supone la unanimidad de todos los estados de la UE) y, segundo, el inicio de un proceso por el cual la Comisión Europea comprueba (mediante el proceso de examen habitual) que la legislación del nuevo estado es conforme con la legislación comunitaria. En este sentido, inicialmente, la comprobación debería ser rápida, puesto que se supone que la legislación de Cataluña sería la misma que la actual legislación española y, por lo tanto, en un principio conforme. Pero no tanto, pues elementos del rompecabezas tales como la inexistencia de un Banco Central Catalán o de supervisores de los mercados financieros catalanes y otros similares, por poner un ejemplo, deberían ser creados en Cataluña, lo cual lleva tiempo.

Pero aún hay más: sería necesaria la negociación de determinados elementos presupuestarios (básicamente la contribución neta de Cataluña al presupuesto comunitario, dado su nivel de renta) e institucionales (número de funcionarios, número de parlamentarios, número de votos en el Consejo, etc.). Por todo ello, la adhesión de Cataluña a la UE no podría ser un proceso de pocos días (incluso de pocos meses) en ningún caso. Aún cuando todo fuera de mutuo acuerdo y sin problemas mayores, deberíamos pensar en un proceso de al menos dos años. A este período debería añadirse el proceso de ratificación por parte de los actuales 27 estados miembros (mejor dicho 28, a partir de la adhesión de Croacia en julio de 2013) que podría llevar entre uno y dos años adicionales. Pero este período podría incluso alargarse en el caso en que se añadieran otro tipo de problemas tales como la convocatoria de algún referendo para la ratificación del nuevo tratado en algún Estado de la UE.

Este proceso de al menos de dos a cuatro años (en un escenario optimista) se podría alargar sustancialmente si algún Estado de la UE aprovechara la ocasión para intentar imponer determinadas condiciones adicionales: por ejemplo, la exigencia de parte de Francia a una renuncia por parte de Cataluña a reivindicar el Rosellón en el futuro. O, simplemente, el bloqueo por parte de determinados estados (como, por ejemplo, Italia, Chipre y Eslovaquia) con el fin de evitar que el acceso de una Cataluña independiente a la UE pudiere suponer un estímulo a las reivindicaciones secesionistas latentes en algunos de ellos.

Evidentemente, durante ese interregno (proceso de adhesión), Cataluña estaría fuera de la UE y del euro con lo que ello significaría al menos en términos económicos, pero esto lo dejamos para otro día.

Víctor Andrés Maldonado es economista y experto en relaciones internacionales

Mariano Jojoy se tiñe el pelo
Marcello www.republica.com 27 Noviembre 2012

Cuando Aznar, que ahora ha presentado la primera parte de sus memorias (creo que tienen veinte tomos como el Espasa), se fue del poder nos dejó a los españoles dos regalos: Zapatero y Rajoy. El primero, muy a su pesar, por culpa de sus mentiras de Irak y la pésima gestión de los atentados del 11-M de 2004 en Madrid. Y a Rajoy gracias a su dedo autocrático y señalador, sin permitir que el PP eligiera, por vía democrática a su sucesor, porque don José María pensaba ¡en España! Incluso cuando temió por su vida en un vuelo trasatlántico le dijo al Rey que en caso de accidente el monarca debería lanzarse al agua y buscar en la inmensidad del océano Atlántico y con ayuda de Bob Esponja, su cuaderno azul para descubrir, como si del tesoro de un español se tratara, el misterioso nombre de su sucesor: Rajoy.

A decir verdad, este Mariano Rajoy, llamado por las lenguas de doble filo monclovitas “Mariano Jojoy” -en claro homenaje al comandante de las FARC, ‘El Mono Jojoy’- fue señalado por el dedo divino de José María Aznar para gobernar en la España opulenta del ladrillazo. Pero no para ser el jefe de la oposición de Zapatero durante ocho años ni para gobernar la España en crisis.

Pero hete aquí que a Mariano Jojoy le tocó la dificultad y ante el asombro de todos, incluido el del propio Aznar, está resultando ser más correoso y astuto de lo que muchos esperaban porque ha convertido su miedo a decidir en una resultona estrategia política: no hacer nada para no equivocarse, y hacer que se equivoquen los demás; y su gobierno de íntimos amigos lo ha transformado en una especie de secta que no da pie con bola pero que, imbuidos de la magia de Jojoy, caminan sobre las aguas y se asombran ante el cúmulo de auroras boreales y toda clase de efectos paranormales que ocurren a su alrededor. Vamos, que si Mariano Jojoy no hace milagros por lo menos magia sí que hace. Basta ver lo que acaba de hacer con Artur Mas en Cataluña.

O lo que le ha pasado al Rey ‘tullido’ en Bostwana con las dos caderas, o cómo ha salido corriendo de Madrid, como alma que lleva el diablo, Esperanza Aguirre -su enemiga en el interior del PP-, o cómo ha caído Rodrigo Rato en desgracia ante el juez de Bankia, o cómo se ha esfumado del escenario nacional Rubalcaba como si Jojoy le hubiera robado uno de sus trucos al mismísimo Houdini. Y que se preparen los Pujol y la Ferrusola porque tenemos la impresión de que algo va a pasar con las presuntas cuentas secretas en Suiza, porque Gallardón, que no cesa de darse cabezazos con las columnas de la sala central de Moncloa, ha visto revoloteando por el palacio presidencial una bandada de cuervos venidos del Vaticano que no anuncian nada bueno, sino algo muy especial.

Y en Europa ni les cuento. Nuestro Mariano Jojoy causa asombro y admiración por su frialdad e inmovilismo. Tiene asombrado al mismísimo Mario Monti, hipnotiza a Hollande, marea hasta la extenuación a Draghi, Rehn y Van Rompuy, que ya no saben si les va a pedir un rescate, o si España les va a dar un crédito para ayudar a Grecia y Portugal. Y todo ello mientras nuestro Jojoy repite como un robot eso de “España es un país serio, yo soy un hombre serio, los españoles somos muy serios”. Que es lo mismo que decía Casanova de los españoles tras huir, desesperado de nuestro país. O lo que se deduce de los retratos de El Greco, todos de negro, con barbas y la espada al cinto como ‘El caballero de la mano en el pecho’ que a buen seguro es un antepasado de Rajoy.

A la Merkel los ojos le hacen chiribitas escuchando a Jojoy, y ella ya está convencida de que cumplirá el objetivo del déficit del 6,3% a finales de año, en contra de lo que dicen la Comisión, el FMI y el BCE. Menudo es don Mariano quien, siguiendo la enseñanza de Voltaire, ha descubierto que incluso un reloj parado da la hora exacta dos veces al día. O sea, que él, sólo abanicándose, es capaz de reproducir el efecto mariposa en las antípodas, o movilizar un tsunami o activar la furiosa vomitona de un volcán. A Artur Mas, sin ir mas lejos, lo fulminó con la mirada en la Moncloa el día que el catalán le dijo: “te vas a enterar si no me das el pacto fiscal”. Y miren ahora dónde está Mas, convertido en una estatua de sal, mientras Mariano Rajoy o Jojoy se fuma un habano de los que le manda Fidel mientras lee el Marca, mientras escucha Jazz y sigue el ritmo con el pie, mientras Carmen Martínez Castro le tiñe el pelo con esmero. Algo que también ha causado impacto en los Consejos Europeos y las cumbres de la UE. Primero, con un tinte algo intenso color caoba, luego pasando al negro zaino a base de un toque de Just ForMen y, finalmente, con un poco de pasta de anchoas mezcladas con queso de Filadelfia, Mariano Jojoy logra un suave y deslumbrante castaño oscuro, como le gusta a él. Y le dura algo más de dos semanas, por lo que se ve.

Ruina pública, miseria privada
HERMANN TERTSCH ABC  27 Noviembre 2012

RESULTA que el vistosísimo tigre que se puso a cabalgar don Artur el día de la Diada, del cual no le bajaron las recomendaciones de algunos propios y muchos extraños, era un cabezaloca con arrebatos suicidas que se tiró finalmente al abismo. Y allí fue él, con todas las ínfulas de grandeza pero también con la mandíbula prieta del Duce, a taladrar el suelo y lograr profundidades jamás conocidas electoralmente por esa criatura del espíritu de la catalanidad que es CiU. El desafío de este hombre pequeño ha durado apenas una siesta. Y ahí quedan como máximos damnificado él, sus restos y sus cómplices.

Pero más allá de las miserias privadas de los pequeños hombres, por mucho, muchísimo daño que hayan hecho a su entorno, a su partido, a Cataluña pero ante todo a toda España, está la ruina política en la que estamos. Ruina en la que seguimos, por mucho que pasáramos unas horas reconfortantes viendo caer a cámara lenta a Mas el domingo. Hasta hacerse fosfatina el tigre. Y romperse él la cara, mandíbula incluida. Ha sido gratificante asistir al hundimiento de las ambiciones de este hombre de calidad escasa.

Miserias privadas han sido todas sus expresiones de satisfacción por la debilidad de España. Y sus intenciones de aprovecharla para infligirle al Estado, a la Nación y a la Constitución jurada por él, mayores reveses y dolor. Eso es miseria personal en intensidades poco conocidas y comparables a las de otros enanos morales, se llamen Carod Rovira, Bolinaga u otros habitantes de la sentina carpetovetónica. Pero el fin del recorrido de las miserias privadas de Mas vuelve a centrar la atención sobre la ruina política que tenemos en Cataluña. Con un parlamento fragmentado el que no faltan ni elementos antisistema. En el que es mayoría el separatismo. Y es abrumadora mayoría esa masa de nacionalismo e izquierdismo que quiere arrebatarle el derecho a decidir a la nación española, a todos los españoles, para fragmentarlo en derechos de automutilación de sus partes.

Lo importante ahora es que no vuelvan a repetirse estos desatinos cuyo precio para España es inmenso. Pero también hay que subsanar a medio plazo los muchos disparates que hicieron posible este último. Y esto no depende de una CiU que tardará de rehacerse, acabe o no con el zombie político en Mas que, como buen españolazo, se resiste a dimitir. Ni puede depender de ERC, que quiere tomar el relevo de Mas como Mesías cuando tiene unos 25.000 votos más que el PP y unos 25.000 menos que el PSE. Poco para erigirse en intérprete único del alma nacional.

Como siempre, el problema con los nacionalistas no radica en ellos, sino en nosotros. En unos grandes partidos supuestamente nacionales que, por conveniencia propia, han hecho concesiones durante décadas, que ahora se revelan como insufrible dejación del deber de proteger los derechos de todos los españoles en todo el territorio nacional. En una sociedad española indiferente ante la merma de esos derechos. En la comodidad, la pereza, el miedo al conflicto, la indolencia y falta de solidaridad entre españoles. En un temor reverencial ante los nacionalismos que es un insulto permanente a patria, lengua y constitución comunes.

Este Gobierno de España heredó una situación trágica. En gran parte producto directo de la felonía del anterior presidente del Gobierno. Pero, aunque muy dañada, heredó una España entera. Cuando se vaya, esa España puede estar mejor o peor. Pero tiene que ser la misma. Entera. Pasados el delirio y la miseria de Mas, nuestra ruina allí debe afrontarla el Gobierno. Para la reconstrucción. Tiene las leyes, tiene el deber y tiene los medios.

Ciudadanos de Cataluña
IGNACIO CAMACHO ABC  27 Noviembre 2012

EL proceso soberanista de Artur Mas ha descarrilado sobre todo por la insólita estolidez política de su promotor, que ofuscado con la fantasía de un mandato popular abrumador abrazó un proyecto que no era suyo en un monumental error de cálculo que le ha arrastrado a un fiasco a la medida de sus desmesurados sueños. Pero tal vez estaríamos hablando de otro resultado o de otra correlación de fuerzas, más favorable al secesionismo en su conjunto, si el voto antiseparatista no hubiese encontrado en la plataforma de Ciudadanos de Cataluña un tercer cauce de expresión al margen de los dos grandes partidos clásicos, desgastados por la erosión general del hecho político y por su propia incapacidad de levantar un discurso común frente al nacionalismo. Con una campaña emotiva, sincera y clara y con un discurso fresco basado en el rechazo de las hegemonías identitarias y la reivindicación de la concordia civil, la formación de Albert Rivera ha levantado un dique de contención que ha frenado la diáspora del desencanto y ha recogido los escaños que se escapaban del PSC como castigo a sus coqueteos pasados y presentes con el soberanismo. El éxito de Ciudadanos es el de una emergente conciencia política no adscrita a sectarismos que busca, tanto en Cataluña como fuera de ella, una tercera vía crítica con los sindicatos de intereses que dominan el ámbito institucional de la escena pública.

Sin esta fuerza tercerista y transversal, capaz de recoger votos de derecha y de izquierda, el bloque antisoberanista habría sufrido una hemorragia que hubiese relativizado el fracaso de Mas y su errado delirio. El PP ha aguantado el tipo, con leve crecimiento, debido a la incorporación de nuevos votantes estimulados frente al desafío independentista, que han compensado las pérdidas ocasionadas por la levedad política de su respuesta contra el soberanismo. Sin embargo el PSC no ha podido evitar una merma significativa de apoyos que, aunque menor de la esperada, pasa aún factura de la nefasta doble herencia de Maragall-Montilla y Zapatero. Una parte de la sangría procede de jóvenes generaciones de post-inmigrantes sacudidos por el independentismo emocional que se han desplazado al seno de ERC o de ICV, y otra aún mayor ha ido a parar a estos Ciutadans que representan, en una porción significativa de su heterogeneidad ideológica, el alma igualitaria del PSOE que apenas encuentra sitio en su franquicia catalana.

Pero sobre todo, lo que han levantado Rivera y los suyos ha sido un imperativo intelectual y moral. El de resistir al nacionalismo obligatorio y el de demostrar que Cataluña es más rica y fecunda integrada en el marco español de convivencia constitucional. Su propia mezcla interior de liberales y socialdemócratas moderados ejemplifica este esfuerzo de unidad y diálogo que necesita, hoy más que nunca, una sociedad libre e independiente? de dogmatismos.

EEUU e Irán
Obama y Teherán: segundo asalto
GEES Libertad Digital 27 Noviembre 2012

Con el segundo mandato de Barack Obama surgen las mismas incógnitas que con sus antecesores. ¿Qué política exterior planteará? El mero hecho de la reelección parece sugerir una agenda continuista, especialmente en lo tocante a Oriente Medio. Sin embargo, la situación política en esta región puede requerir hacer algo más que permanecer impasible, como un espectador lejano.

La estrategia desplegada hasta el momento con respecto al programa nuclear iraní se ha limitado al doble juego de, por un lado, presionar con sanciones económicas y, por otro, ofrecer continuamente diálogo al régimen de Ahmadineyad. Esta política ha mostrado sus frutos en materia económica, con las finanzas persas al borde del colapso y una población cada vez más descontenta. El simple hecho de que Irán siga sentándose a negociar es un indicador de la presión que siente.

Sin embargo, las sanciones y embargos internacionales no parecen haber retrasado en gran medida el programa nuclear iraní, ni la determinación de los ayatolás de seguir adelante con el mismo. En un desafío continuo a la comunidad internacional, Teherán sigue sin cumplir los compromisos que adquirió al firmar el Tratado de No Proliferación y no se disipan las dudas sobre una posible dimensión militar de su programa nuclear.

Las últimas informaciones disponibles indican que Irán ha aumentado de manera apreciable el número de centrifugadoras en su instalación subterránea de Fordow, con lo que habría incrementado enormemente su capacidad para enriquecer uranio en este emplazamiento enterrado en una montaña para que no se vea afectado por hipotéticos ataques aéreos. Por otra parte, Teherán sigue negando sistemáticamente la entrada de los inspectores de la Agencia Internacional de la Energía Atómica a la instalación militar de Parchin, donde se sospecha que se han realizado pruebas de explosivos para cabezas nucleares.

La política estadounidense seguirá, previsiblemente, siendo la misma. Pero en los próximos meses los acontecimientos pueden precipitarse y exigir de Washington un posicionamiento que tal vez Obama no esté dispuesto a asumir. A la tragedia siria, con la tiranía baazista sustentada por Irán, y los ataques de Hamás contra Israel con armamento iraní hay que unir el ultimátum de Netanyahu al régimen persa: no permitirá que acumule uranio enriquecido al 20% en cantidad suficiente como para desarrollar una cabeza nuclear en poco tiempo. Previsiblemente, eso sucederá en la primavera o el verano de 2013. Si Israel lanza entonces la primera piedra, aún es una incógnita la posición que adoptarán tanto los Estados Unidos como la OTAN.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Oriente Próximo
Hamás se prepara para la próxima
Charles Krauthammer Libertad Digital 27 Noviembre 2012

¿Por qué se produjo la guerra Israel-Gaza? Principalmente, por la ocupación, dijeron Hamás y muchos otros en los medios.

¿Qué ocupación? Hace siete años, a la vista del mundo entero, Israel salió de Gaza. Desmanteló todos y cada uno de los asentamientos, retiró a todos y cada uno de sus soldados, evacuó a todos los judíos y no dejó nada ni a nadie tras de sí. Salvo los invernaderos en que los colonos producían frutas y verduras para la exportación: ahí se quedaron, intactos, para ayudar a la economía de Gaza, pero fueron arrasados en cuanto los palestinos se hicieron con el control del territorio.

Israel declaró entonces internacional su frontera con Gaza, lo que significa que renuncia a cualquier reclamación sobre el territorio y que lo considera una entidad independiente.

En efecto: Israel había creado el primer Estado palestino de la historia, algo que nunca concedieron los correligionarios musulmanes: ni los turcos otomanos ni los egipcios que ocuparon brutalmente Gaza durante dos décadas, antes de ser expulsados por Israel en la Guerra de los Seis Días (1967).

Israel no quería nada más que vivir en paz con esa entidad palestina independiente. Después de todo, el mundo le había exigido incesantemente que intercambiara paz por territorios. Israel renunció a la tierra pero no obtuvo paz alguna.

Los palestinos de Gaza no correspondieron sino que votaron a Hamás, que enseguida dio un golpe de estado y convirtió su Palestina libre en un campamento desde el que librar la guerra contra Israel.

Y guerra ha habido desde entonces. Interrumpida de vez en cuando por treguas ocasionales. Pero para Hamás una tregua –hudna– no es sino una táctica para fortalecerse con vistas al próximo enfrentamiento.

Nunca pretendió la paz.

¿Pero por qué, si Gaza ya no padece ocupación alguna?

Porque Hamás considera que todo Israel es territorio ocupado. Que Israel es ilegítimo, un cáncer, un crimen contra la humanidad, por citar a los líderes del principal padrino y proveedor de armas de la referida organización terrorista palestina, Irán.

El objetivo abiertamente declarado de Hamás es "liberar" –es decir, destruir– Tel Aviv y el resto del Israel pre 1967. De hecho, esa es la raison d'être de Hamás.

En un primer momento, Hamás mató judíos mediante campañas de atentados suicida. Después de que Israel construyera una barrera prácticamente impenetrable, recurrió al lanzamiento indiscriminado de proyectiles contra civiles en zonas populosas.

¿Qué esperaba sacar Hamás de esta última andanada de ataques, que empezó con el lanzamiento de unos 150 cohetes sobre territorio israelí? Pues traducir los avances estratégicos que había conseguido recientemente en un nuevo statu quo con Israel, más favorable a sus intereses.

La cuestión es como sigue. El nuevo poderío de Hamás descansa sobre dos pilares. El primero de ellos son sus nuevos proyectiles, sobre todo los Fajr 5, contrabandeados desde Irán y que pueden alcanzare Tel Aviv, Jerusalén... y, en definitiva, la mitad de la población israelí. El segundo tiene que ver con los cambios registrados en el panorama regional: como consecuencia de la Primavera Árabe y la regresión islamista que padece Turquía, Hamás ahora cuenta con el patrocinio y apoyo de importantes Estados del Medio Oriente.

Durante 60 años, la no árabe Turquía fue un fiable aliado de Israel. El giro funesto dado por el premier islamista, Recep Erdogán, alcanzó su apogeo el otro día, cuando calificó a Israel de Estado terrorista. En cuanto a Egipto, hoy en día está en manos de la propia matriz de Hamás, la Hermandad Musulmana. A todo esto, en su reciente visita a Gaza el emir de Qatar prometió un desembolso de 400 millones de dólares.

El objetivo de Hamás era garantizarse que no sufrirán nuevos ataques ni su cúpula dirigente, ni sus arsenales, ni sus plataformas de lanzamiento ni el resto de los componentes de su infraestructura terrorista. El levantamiento del bloqueo militar israelí permitiría la entrada masiva de armas nuevas y todavía más letales. En otras palabras: lo que quería Hamás era inmunidad e inviolabilidad, para que llegado el momento pueda reanudar la guerra en unas condiciones aun más favorables.

Otra hudna más, sí; si bien ésta pergeñada por Egipto y Turquía, potencias regionales a las que Israel debe cuidarse de ofender. Un nuevo paréntesis, hasta que la Gaza de Hamás se convierta en la versión meridional del Líbano de Hezbolá, que con sus 50.000 proyectiles de origen sirio e iraní puede disuadir cualquier ataque preventivo de Israel.

En el alto el fuego del pasado día 21, Israel parece haberse resistido exitosamente a tales exigencias, si bien puede que haya ciertos cambios, cosméticos, en el embargo sobre la Franja. Así pues, ante cualquier choque futuro, Israel seguirá partiendo con ventaja. Israel ha vuelto a defenderse exitosamente.

Pero habrá una nueva ronda de hostilidades, tan seguro como que tras la noche viene un nuevo día. Hamás se encargará de que así sea.

© The Washington Post Writers Group

"Educando. Alternativas a la farsa pedagógica"
Asociación Tolerancia  27 Noviembre 2012

Ernesto Ladrón de Guevara (autor de "Educación y nacionalismo") presenta su nuevo libro "Educando. Alternativas a la farsa pedagógica". Modera Juan Antonio Cordero.

...Este libro tiene en su contenido dos partes muy diferenciadas. En la primera se hace un recorrido sobre el sentido y factores condicionantes de la educación, definiendo las características generales de cada estadio de desarrollo del niño. Esta primera parte tiene una finalidad de orientación para educadores y padres. En la segunda parte es un análisis de los errores y defectos de naturaleza política o social que impiden una eficacia y egresos idóneos por parte del sistema educativo institucionalizado, es decir, fundamentalmente de la estructura educativa no universitaria. Hay un análisis específico sobre la perversión de la utilización de la educación con fines de adoctrinamiento nacionalista y la repercusión de una inmersión lingüística exacerbada y demencial en determinadas comunidades políticas arrollando y perjudicando derechos individuales intransferibles y teóricamente protegidos por las cartas internacionales de los derechos humanos. Digo teóricamente protegidos por la impunidad en que se desarrollan esas transgresiones al respeto a los demás y volatilizan las razones de índole pedagógico más elementales, por razones tan frívolas como inconsistentes. El objeto de esta segunda parte es describir las condiciones y circunstancias que dificultan y bloquean el derecho de los padres a educar de la mejor forma a sus hijos, para que tomen conciencia de ello... Índice del libro

"Educando. Alternativas a la farsa pedagógica"
Ernesto Ladrón de Guevara López de Arbina, Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación y Master en Orientación Educativa y Profesional, ha estado ligado durante casi cuatro décadas a la actividad educativa. Autor de los libros “La conformación del sistema educativo en Alava (1860-1936). Centralización y Foralismo” y “Educación y Nacionalismo. Historia de un modelo”, ha analizado profusamente los problemas derivados del adoctrinamiento educativo en la escuela y la vulneración de los derechos del niño. También ha realizado diferentes trabajos sobre el pensamiento pedagógico de Unamuno y sobre las resistencias a la formación del Estado Liberal y los precedentes del autonomismo educativo. Articulista. Actualmente es columnista de “Vistazo a la Prensa”.

ÍNDICE:
Reflexiones generales para una introducción respecto al problema.
Sociología de la educación.
Sobre los valores universales en los que se soporta una educación que se precie.
Factores que determinan una evolución favorable de la personalidad y por ende del aprendizaje en el niño.
Los estilos educativos de los padres. El entorno en que se desenvuelven los hijos y la incidencia en su personalidad.
Los factores más representativos que provocan el fracaso escolar.
Las etapas en la evolución del niño, sus características y las dificultades más frecuentes en cada una de ellas.
Qué hacer si lo político invade lo educativo y lo corrompe.
Los problemas y errores de la actual estructura educativa.
Epílogo.
Bibliografía.

Juan Antonio Cordero. Ha trabajado en la Enseñanza Pública desde hace más de 36 años, ejerciendo la docencia en Infantil, Primaria, Educación Especial y Secundaria. Formación originaria en Matemáticas. Más tarde adquirió la especialidad de Educación Especial. Doctor en Psicología Cum Laude por la Universidad de Barcelona. Máster en Transtornos de Lenguaje y Audición en el Hospital de San Pablo de Barcelona. Titular de la plaza de Psicopedagogía en un Instituto de Enseñanza Secundaria de Hospitalet de Llobregat. Creador de la página web dedicada a la pedagogía de las matemáticas http://winmates.net.

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Mas es el problema, no la solución
El Editorial La Razón 27 Noviembre 2012

Tras el monumental fiasco personal de Artur Mas, que ha sido desautorizado por las urnas junto a su órdago soberanista, lo urgente ahora es garantizar la gobernabilidad de Cataluña. La situación económica es especialmente crítica y si no fuera por la ayuda del resto de los españoles, que a través del Gobierno de la nación han acudido a su rescate, las arcas catalanas quebrarían, con todas las amargas consecuencias. Urge, por tanto, poner fin al absurdo paréntesis electoral, cuyo coste directo ha superado los 25 millones de euros, y ponerse a trabajar para atajar la sangría de empleo y reajustar el gasto público en tiempo y forma para que se cumpla el objeto de déficit.

Una correcta interpretación de los resultados electorales exige archivar las retóricas separatistas y centrarse, sobre todo, en los desafíos económicos. Sin embargo, el Parlament salido de las urnas es mucho más complejo y variopinto que el anterior e incluye la novedad de un grupo antisistema (CUP) que promete convertir la Cámara en un circo. Es decir, CiU, como la fuerza más votada, tendrá muchas más dificultades que en 2010 para establecer alianzas de gobernación sólidas y duraderas. El principal obstáculo, no obstante, no está fuera, sino dentro de sus filas, y se llama Artur Mas, quien ya no es la solución, sino el problema.

El nuevo presidente de la Generalitat no puede ser el mismo que abdicó de sus responsabilidades ante la crisis y adelantó las elecciones para blindarse con una pretendida mayoría absoluta. Al frente del Gobierno de los catalanes no puede seguir quien ha crispado la convivencia entre ellos y ha indignado a millones de españoles con acusaciones e insultos. Mas es el menos indicado para solicitar la cooperación del Gobierno de Rajoy después de romper todos los puentes de diálogo con la excusa de un pacto fiscal ilegal e irreal. En definitiva, el máximo representante del Estado en Cataluña no puede ser el mismo que ha prometido incumplir la Constitución y saltarse la legalidad para convocar un referéndum.

Por tanto, lo primero que deben hacer los dirigentes de CiU es recobrar el pragmatismo que es su seña de identidad y jubilar por la vía rápida al aprendiz de brujo que les ha llevado al desastre. Sólo con otro líder que no sea Artur Mas podrá la formación nacionalista llegar a pactos o a cierto entendimiento con partidos del gobierno, como PP y PSC, en vez de caer en las brasas del independentismo de ERC. Los esfuerzos y sacrificios a los que se enfrentan los catalanes, no muy distintos a los de gallegos, castellanos o andaluces, requieren de un Ejecutivo con apoyos sólidos y fiables, pues la «geometría variable» de los dos últimos años no parece viable. Ha llegado el momento de que CiU coja el toro por los cuernos y asuma la tarea de gobernar Cataluña con el coraje y la responsabilidad que le faltaron a Artur Mas.

Mas y sus “financieros” en las manos de ERC
Pablo Sebastián www.republica.com 27 Noviembre 2012

Nadie se esperaba de las elecciones catalanas un resultado tan catastrófico para Artur Mas, CIU y Cataluña. Ni en Barcelona ni en Madrid, ni tampoco en la Unión Europea donde daban por hecho que España entraría en una crisis de unidad nacional. Y menos aún en el alto mando financiero y empresarial catalán, los amigos de CiU, que mantuvieron un silencio cómplice con el desafío de Mas a España. El que luego justificaban en Madrid ofreciéndose de componedores y como especialistas en paños calientes para amortiguar la que consideraban una imparable y espectacular victoria de CiU y de Artur Mas.

Pero los ciudadanos catalanes sorprendieron a todos, castigaron duramente a Mas a quien, de hecho, le han pedido que dimita y se vaya, porque no solo no le han concedido la mayoría absoluta que solicitó para su aventura soberanista sino que le quitaron un 20 % de escaños y votos. Con lo que Mas no solo hizo retroceder a CiU sino que además ha conducido a Cataluña hacia una situación de desgobierno y grave inestabilidad política, en la que solo cabe un posible pacto “contra natura” ideológica: el de CiU con ERC.

El pacto de CiU con el PP está descartado por ambas partes y en buena lógica porque Artur Mas ha insultado a España y a todos los españoles y ha pretendido, con mentiras y golpes bajos, la ruptura del Estado aprovechando la debilidad española por causa de la crisis económica. Motivos más que sobrados por los que también debería ser imposible el pacto de CiU con el PSC, a no ser que el PSOE quiera hundirse del todo en España y destruir su partido. Y que no olviden en el PSC que Mas quiso destrozarlos, aprovechando su crisis interna, con el adelanto electoral.

De manera que a CiU solo le queda someterse al dictado de ERC y de su astuto líder Oriol Junqueras que tiene a Artur Mas cogido por el cuello y al que le exige: una agenda “nacional” para poner en marcha el referéndum de autodeterminación; y un giro social de su política económica. Asunto este último al que se resiste CiU que además tiene sobre su cabeza la enorme deuda financiera de Cataluña y la tesorería de la Generalitat a cero e implorando la ayuda financiera de Rajoy para pagar nóminas, bonos patrióticos y toda clase de deudas.

A Mas solo le queda marcharse para abrir una nueva etapa en CiU que les permita una nueva relación con los dos grandes partidos españoles, o rendirse para caer en las manos de ERC, lo que será el inicio de su dramático final y lo que produce cierto estupor en el ámbito empresarial y el mundo de las finanzas catalanas que apoyan a CiU y donde el resultado electoral también causó una gran sorpresa. Y dejó en ridículo a los emisarios del “alto mando” financiero catalán que en los últimos meses vinieron a visitar los primeros palacios de Madrid (La Zarzuela y la Moncloa) a pedir a Rajoy que aceptara el “pacto fiscal” que exigía CiU porque creían que de lo contrario Mas se lanzaría por la vía independentista tras conseguir una gran victoria electoral que ellos daban por segura.

Incluso cuando ya estaban convocadas las elecciones, estos altos emisarios del mundo financiero catalán –que justificaban su silencio cómplice ante el desafío soberanista de Mas a España- diciendo a Rajoy que Mas utilizaría “bien” su victoria electoral sin romper con España porque ellos, desde su muy confortable ambigüedad, controlarían la situación. Y porque en el fondo lo único que pretendía Mas era reforzar el poder de CiU para volver a negociar en Madrid con más fuerza el “pacto fiscal”. Pues bien, menudo papelón han hecho estos “altos emisarios” financieros porque su pupilo Mas se ha estrellado en las elecciones, sin que el Gobierno de España le hiciera la menor concesión.

Y ahora veremos a estos mismos “altos emisarios” de regreso a Madrid con una nueva misión: pidiéndoles al PP y PSOE que socorran a CiU y a Mas para que no caigan en los brazos de ERC. Lo que importa un rábano en Madrid porque si Mas materializa ese pacto con ERC se hundirá del todo y acabará, como el ex lendakari Ibarretxe, dando clases en una universidad de Puerto Rico o en algún otro centro similar para explicar sus habilidades como gobernante, estratega político y experto electoral. Una vez que ha demostrado que no sabe lo que es Cataluña, ni España ni la UE. Algo que deberían comenzar a estudiar a fondo el alto mando del mundo financiero y empresarial catalán.

Ingobernable
MANUEL MARTÍN FERRAND ABC  27 Noviembre 2012

MIENTRAS, al modo de Francesc Cambó, los partidos catalanistas amagaban con el susurro de la independencia para obtener unos cuantos miles de duros más en el Presupuesto General del Estado, todo fue bien por ambas partes y, salvo anécdotas como la de Francesc Macià y con el paréntesis del franquismo, así hemos llegado hasta el presente. El problema surgió después de las autonómicas catalanas de 2010, las que instalaron, con 62 escaños de pedestal, a Artur Mas como president. Valoró mal sus fuerzas y, animado por su mentor, Jordi Pujol, e incapaz de enfrentarse a una crisis que, recorte a recorte, disminuía su popularidad, lanzó los pies por alto y convirtió el susurro independentista en un estruendoso grito desafinado e inoportuno. Los seis escaños que le separaban de la mayoría absoluta en el Parlament se le convirtieron en 18. Le regaló la diferencia a ERC, un partido que a decir de Gemma Calvet -un nombre que dará que hablar por su condición «turbo» y su desparpajo arrollador e incierto- anda «en el humanismo» y «no es de izquierdas».

Si prescindimos de números y porcentajes, eficaces adormideras de las ideas y el pensamiento, lo que con su innecesaria pirueta ha conseguido Mas es la ingobernabilidad de Cataluña. Nada es posible sin CiU, un grupo pendiente de pasar la ITV que le recorte sus manías de grandeza, y es tan amplio su muestrario de (teóricamente) posibles cooperadores que carece de un cauce natural que haga compatibles sus intereses con los de su partido y con los de Cataluña. Quienes le han presentado como Moisés en su trabajo de conductor y guía del pueblo de Israel, debieran pensar ahora cómo hubiera reaccionado Moisés si al llegar al Mar Rojo las aguas no se hubieran dividido para darle paso a los protagonistas del éxodo.

Algunos notables del partido que fundó Jordi Pujol y tiene en arriendo Artur Mas, como Joana Ortega y Oriol Pujol -¡qué monotonía en el reparto de actores!- ya se han manifestado a favor de «contactos» que disimulen la soledad de CiU. Ayer se hablaba ya de un acercamiento al PSC, algo que eleva la estatura política de Pere Navarro y adelgaza el futuro de Alfredo Pérez Rubalcaba. Ya se verá. A Mas, o a quien le sustituya si a pesar de su odio antitaurino tuviera un ápice de vergüenza torera para abordar la dimisión, le conviene ganar tiempo. Han perdido un 20 por ciento de los votos recibidos y otro tanto de los escaños alcanzados y tienen por delante un Presupuesto imposible de pactar con ERC. Ahora, además, el Ciutadans de Albert Rivera, con grupo parlamentario y todo, puede ser el Pepito Grillo que le pique espuelas, ya que no a la conciencia, a los ritmos de CiU y sus socios presumibles; pero es ingobernable todo lo que no se puede gobernar sin pagar por ello un precio excesivo.

El PSOE se acerca a la ETA, como anunció Urkullu. Los demás a lo suyo
Pascual Tamburri El Semanal Digital

ETA se acerca al PSOE, poniendo su cara más moderada. Y el PSOE vasco y navarro se acerca a la ETA, sabiendo que es su única oportunidad de mandar. ¿A qué precio? La libertad y la dignidad.

La ideología del PNV está más cerca de Bildu que del PP, según el mismo Iñigo Urkullu, líder del PNV y vencedor (no absoluto) de las elecciones vascas. Cinco o seis décadas después de la escisión marxista-revolucionaria del nacionalismo vasco, el PNV sigue considerando algo propio todos los votos nacionalistas, y en el fondo se siente cerca de la ETA como si los terroristas se hubiesen llevado una parte del corazoncito jeltzale. Y en el fondo fue así, porque la ETA nació de la casa madre nacionalista, y si no hubiese nacido (o ese cálculo se hacen a veces los hijos de Sabino) hoy el PNV tendría dos cosas que no tiene: la mayoría absoluta en el País Vasco y una fuerte representación en Navarra.

ETA, por su parte, emitió hace unos días un comunicado ofreciendo a España y Francia una negociación sobre lo que ellos denominan "consecuencias del conflicto": presos, exiliados, desarme y desmilitarización. Es decir, que tras la tregua la banda sigue donde estaba, pidiendo su parte de lo que hace unas décadas llamaron "alternativa KAS". A cambio del desearme de los terroristas éstos tratan de lograr nada menos que la retirada de las Fuerzas Armadas, Guardia Civil incluida, de las tres, perdón, de las siete provincias. Se les puede acusar de exageración o de desproporción, pero desde luego no de falta de constancia en sus proyectos y en sus medios. Éstos, como los del PNV, van siempre en la misma dirección.

El PSE-PSOE, en cambio, ha decidido que su último acto antes de salir del Gobierno vasco sea un homenaje público a los etarras Ángel Otaegui y Juan Paredes Manot, Txiki. Se trataba de asesinos múltiples y confesos, miembros de un grupo terrorista internacionalmente reconocido como tal, y ambos fueron juzgados y condenados conforme a las leyes vigentes en un Estado de Derecho en el momento de los delitos. Que los socialistas consideren (¡ahora!) a dos terroristas "víctimas", los indemnicen como tales y los coloquen al mismo nivel que sus víctimas y las de sus amigos, es dramáticamente significativo: como anunció (también) Urkullu el PSOE se está acercando, mendicante, a Bildu y a la ETA. Menudas víctimas. Y vaya cara la de unos socialistas que dan un paso que el PNV nunca dio, que buscan en la extrema izquierda marxista y terrorista su única posibilidad de retorno al poder. Puestos a elegir, qué quieren que les diga, prefiero a Urkullu que a Patxi López, por lo menos sabemos qué quiere y seguro que con su gente se puede hablar en paz y sentar civilizadamente a la misma mesa.

En resumidas cuentas, así son estos tres jugadores de la partida. PNV y Bildu que son lo que siempre han sido y van donde siempre han ido y el PSOE que está dispuesto a cambiar incluso en lo teóricamente irrenunciable con tal de no renunciar a su cercanía a los puestos de poder. Poca sorpresa tiene que sentir el parlamentario y miembro de la comisión negociadora del PSE, Rodolfo Ares, cuando denuncia que los jeltzales "tienen un objetivo fundamental: empezar a generar un clima que justifique después los recortes que va a hacer el PNV en servicios públicos básicos". ¿Y qué espera que haga el partido de la burguesía vasca? ¿Seguir pidiendo préstamos para pagar lujos que las Haciendas forales no podrán pagar?

Es probable que, en el País Vasco, los de Urkullu gobernando en minoría esperen poder contar con el PP para los recortes y medidas "de orden", con el PSOE para las concesiones populistas y con EH Bildu según Ares pueden llegar a acuerdos "en clave soberanista y autodeterminista". Pero sin caer en la trampa catalana. La cosa no es completamente insegura, pero tampoco cierra todas las puertas a la inestabilidad. Y desde luego notables poderes fácticos de todo tipo apuestan por posibilidades insólitas, basta ver las adhesiones y amigamientos que va recibiendo el brazo político de la ETA.

Lo que en el caso vasco es una mera posibilidad, en el caso navarro una acusación de Urkullu (el acercamiento del PSOE a Bildu) ha sido rechazada por los batasunos y aceptada al menos como hipótesis por el líder socialista navarro, Roberto Jiménez. Los socialistas no han reconocido que estén ya buscando alianzas para sacar a UPN del poder, pero sí su derecho a hacerlo alegando que ETA ya no mata. Menos condescendiente, el portavoz de Bildu Maiorga Ramirez ha afirmado que Íñigo Urkullu, "tendrá que explicar qué datos tiene" para haber dicho que la izquierda abertzale y el Partido Socialista están "buscando alianzas" para formar Gobierno en Navarra. O sea, no dijo tampoco que sí, ni que no. Ahí queda abierta la cosa.

Algo más que abierta, en realidad. Con los escaños existentes, o con cualquier proyección que se maneje (excepto que el presidente Miguel Sanz tenga habilidades de quiromante que, a diferencia del fútbol y la banca, no se le conocían), en Navarra no va a haber mayoría absoluta en las elecciones regionales, salvo hecatombe. Y eso implica Gobiernos en minoría (que de todos modos necesitan cierta permisividad parlamentaria para formarse, tras la reforma del Amejoramiento) o coaliciones. Y ya que el PSOE y UPN han roto, al PSOE no le queda otra alianza de poder posible que con el otro gran grupo de izquierdas, el de los admiradores de la ETA; mientras que UPN no tiene ni siquiera esa posibilidad.

No es tampoco tan raro que el PNV se preocupe por qué hace Bildu en Navarra. Durante unos años, el PNV apadrinó en todos los sentidos una alianza de todos los nacionalistas en Navarra, Nafarroa Bai, que políticamente fue un éxito razonable. Pero al volver a entrar en juego los batasunos, los más cercanos a la sensibilidad jeltzale han quedado fuera y ahora forman en Geroa Bai, cuyo futuro ya se verá. Hay demasiados partidos jugando a parecer lo que no son, y cuando por ejemplo lo hace el PSOE hay un daño objetivo para Navarra. Pero de ese pecado no puede acusarse al PNV, aunque de otros sí. Claro que ahora, de pecados, saben hasta en Bildu.

Artur Mas: de falso Mesías al Sermón de la Montaña
Manuel Romero www.lavozlibre.com 27 Noviembre 2012

Periodista y director de La Voz Libre

Pocas veces una victoria se ha convertido en una derrota tan rotunda como la que Artur Mas ha cosechado en unas elecciones este 25 de noviembre. La huida apresurada hacia adelante, focalizando las soluciones en una separación de España, con el aval de la “mayoría excepcional” (mayoría absoluta) que reclamaba, y recetando el ‘Estado propio’ (secesión, independencia) como la pócima mágica que devolvería el trabajo a los parados, los beneficios a los empresarios, la sabiduría al estudiante fracasado y la longevidad a los ancianos, correspondía a una política miope cimentada sobre más de 30 años de ingeniería social, interviniendo ayer en los medios, ahora en los colegios profesionales, después en los clubes de fútbol, con el propósito de construir una imagen única y uniforma de Cataluña, tratada con el Photohop del nacionalismo.

Cuando las mentiras se extienden, existe el riego de que los fieles se las crean, acaben nublándote la vista hasta llegar a compartir la falsedad, y termines cayendo en la trampa cavada inicialmente para tus enemigos. Es lo que le ha sucedido a Artur Mas: ha sembrado una historia de agravios fiscales (‘Espanya ens roba’), ha tejido una red de intereses (‘Disfrutaremos de 18.000 millones de euros más al año en un Estado propio’), ha inflado una nube de ilusiones (‘Estaremos por encima de Alemania en renta per cápita’) y ha construido un sistema de propaganda implacable, sin voces críticas, que le ha envuelto en los efluvios que él mismo desprendía, sin percibir que la sociedad catalana es tan diversa como lo era antes.

Antes de que inflara la cifra de asistentes a la manifestación por el ‘Estado propio’ en la Diada de este año; porque es imposible que asistieran 1,5 millones de personas, el mismo número de votantes que ahora han acudido a las urnas para votar opciones nacionalistas.

Antes de que convirtiera a Cataluña en el vigésimo octavo Estado de la Unión Europea sin otro argumento que el de “Europa no puede dar portazo a nuestra economía”.

Antes de que denunciara en la UE los vuelos de los aviones del Ejército Español, amedrentando a los masoveros de Gerona.

Antes de que convirtiera el Camp Nou en un mosaico uniforme, con la senyera cubriendo todas las cabezas de 100.000 espectadores.

Antes de que en el presidente de la Generalitat, en plena precampaña y campaña electoral pasara lista de adhesiones a empresarios, cónsules, arquitectos, clubes de fútbol y hasta asociaciones de invidentes, reclamando su fidelidad o, al menos, su silencio cómplice, al plan de convertir Cataluña en un territorio separado de España.

Nada de esto habría tenido éxito sin contar con la colaboración interesada de los medios de comunicación, en especial de ‘La Vanguardia’, ahogados en su propia crisis de modelo de negocio, con la caída de ventas en los kioscos y sin más publicidad que la institucional y las subvenciones.

Estos medios vieron al Mesías donde sólo había una gestión fracasada y a los egipcios perseguidores donde sólo había una población que se siente marginada en su propia comunidad autónoma, sin educación en castellano, sin ayudas por no emplear la lengua del ‘imperio catalán’ y con la amenaza de perder el DNI que le reconoce su identidad española y sus derechos como ciudadanos de un país integrante en la Unión Europea.

Artur Mas se olvidó de que frente a la independencia de cartón piedra, previo referéndum -“sí o sí”, dijo en sede Parlamentaria-, se hallaba la alternativa secesionista real: Esquerra Republicana. Que frente al juego trilero -Estado propio sin mencionar una sola vez la palabra ‘independencia’ en su programa- existía quien había hecho de ese concepto su eslogan… Y se encontró que las urnas le despejaron la vista: el incremento de participación fue el resultado de la agitación innecesaria a la que había sometido a Cataluña, pero el reparto de votos entre nacionalistas y no nacionalistas no difería en exceso de la fotografía del día anterior. Con algunas diferencias:

CiU ha perdido 12 de los 62 escaños, que han ido casi en su totalidad a ERC, que sube de 10 a 21. El PSC sigue cayendo, pero ahora menos aceleradamente -ya hay poco recorrido hasta el fondo-; el PP incrementa su número de votantes, pero sólo para conseguir un escaño más (pasa de 18 a 19) y el verdadero grano le sale a Artur Mas en Ciudadanos.

Como un encantador de serpientes, un Flautista de Hamelín, resulta que Artur Mas era un falso Mesías, que mostró el becerro de oro cuando pintaba en bastos por la crisis. Y ocurrió que el milagro se produjo en el Sermón de la Montaña -‘Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados’-, donde, como en la multiplicación posterior de los panes y los peces, Albert Rivera pasó de 3 a 9 diputados en una sola noche.

Ahora se abre un nuevo escenario. Quien crea que la caída de Artur Mas es el final de la aventura secesionista no conoce la obstinación de los nacionalistas. Su proyecto está construido sobre el esquema de acción-reacción, que ahora hay que interferir con propuestas sensatas, pero audaces, que sean una alternativa de sentido común a la quimera que desde el Estado se había denunciado. Y no se puede perder el tiempo. Para ello hay que contar con todas las fuerzas constitucionalistas del arco parlamentario, con la experiencia destilada de sucesivos gobiernos de España condicionados por minorías nacionalistas, cuyo único propósito era fraguar la separación. Y con las miras puestas en un proyecto común que no oculte nuestra realidad diversa, pero que ésta no sea fundamento de desigualdades y discriminaciones. Ahora Rajoy tiene la palabra.

No cante victoria, señor Rajoy: el 'problema catalán' sigue vivo
José L. Lobo El Confidencial 27 Noviembre 2012

La número dos del PP, María Dolores de Cospedal, se apresuró a proclamar el pasado domingo, tras saborear con deleite el batacazo electoral de Artur Mas, "el fracaso" de la "aventura secesionista" en Cataluña. Craso error. Ha fracasado, y de forma estrepitosa, esta aventura -la de Mas-, pero eso no significa, ni mucho menos, que el clamor independentista de una parte muy considerable de la sociedad catalana se haya apagado. El rebaño se habrá quedado sin pastor, pero las ovejas no van a renunciar al pasto prometido tras el multitudinario acto de exaltación nacional del 11 de septiembre en las calles de Barcelona.

A partir de ahora empieza otra aventura distinta para los partidarios de la ruptura con España, que siguen siendo legión a juzgar por el escrutinio del domingo: el 58% de los votos fue a parar al cesto del independentismo o, cuando menos, de los defensores del derecho a decidir. El incierto desenlace de esa nueva peripecia dependerá de múltiples factores -cuándo, cómo, para qué...-, pero antes o después surgirá otro líder, mesiánico o no, que volverá a aglutinar los sentimientos identitarios de cientos de miles de catalanes -Catalunya es una nació- y a agitar los supuestos agravios -Espanya ens roba- tan torpemente manejados por Mas.

El problema catalán -o el encaje de Cataluña en España, como prefieran- sigue siendo un rompecabezas de colosales proporciones, y mal haría Mariano Rajoy si creyera que, neutralizado en las urnas el proyecto de Mas, el soberanismo ha quedado amortizado. Lo que ocurrió el domingo fue, simplemente, un movimiento telúrico dentro del independentismo, un corrimiento de tierras que ha desplazado el centro de gravedad de esa pulsión nacional desde el oportunismo conservador -en lo económico, en lo social- de CiU hacia el radicalismo sin caretas de ERC. Pero el desequilibrio de fuerzas en favor de los que aspiran a un Estado propio se mantiene prácticamente inalterable, según la foto fija del nuevo Parlamento catalán. Solo hace falta que alguien, en algún momento, reescriba la hoja de ruta hacia la secesión que Mas ha emborronado.

​La candidata del PP a la Generalitat, Alicia Sánchez Camacho, tampoco anduvo fina en la noche electoral. Aseguró que los partidos independentistas habían sumado 74 escaños, dos menos que en los comicios celebrados en 2010, atribuyéndole ese mérito, de forma implícita, al supuesto dique de contención levantado por ella misma. Pero, deliberadamente o no, omitió dos detalles nada baladíes: primero, que las formaciones españolistas tendrán ahora un asiento menos que entonces; y segundo, que los 13 escaños logrados por los ecosocialistas de Joan Herrera -que ha confesado sentirse más catalán que español y apuesta sin tapujos por un referéndum de autodeterminación- elevarían a 87 los parlamentarios que, en una Cámara de 135, se inclinan por la ruptura. O sea, casi el 65% del total.

El suicidio colectivo
​Es cierto que Mas, solo Mas, se ha metido en este descomunal embrollo, y que ni él mismo ni su pinyol de asesores deben saber ahora mismo cómo recomponer el monstruo que han creado, un jirón de carne aquí, un miembro mutilado allá, para intentar que ese Frankenstein independentista vuelva a ponerse en pie. ¿Con la ayuda de ERC? Tal vez. Pero su líder, el historiador Oriol Junqueras, ya le ha puesto precio a esas muletas: ayer mismo condicionó su apoyo al referéndum prometido por Mas a que éste renuncie a imponer nuevos recortes y ajustes. Es decir, que entierre sus principios neoliberales y se entregue al secesionismo republicano y de izquierdas de Junqueras. Piruetas más arriesgadas se han visto en el mercado del compro-y-vendo de la política, pero CiU no le permitiría que arrastrase a la coalición a esa suerte de suicidio colectivo.

​La jugada difícilmente podría haberle salido peor al aún presidente de la Generalitat en funciones. Mas ha perdido su autoridad moral, dentro y fuera de su partido; el adelanto electoral le ha alejado aún más de la mayoría absoluta, que antes rozaba, dejándole en una posición de máxima debilidad política; ha perdido definitivamente a un posible aliado, el PP, que le ayudó a salvar los últimos Presupuestos, y a otro, IC-V, dispuesto a respaldar su exigencia de un nuevo marco fiscal; y, por si fuera poco, va a tener que pilotar una legislatura tan inestable y llena de sobresaltos que, muy probablemente, acabará también antes del pitido final.

​Pero, a pesar de tantos errores encadenados, de tantas expectativas frustradas, de la legítima alegría de sus rivales políticos por ese inapelable fracaso, del desgaste sufrido en todos los rincones de España -no solo en Cataluña- por el ruido monocorde del debate soberanista... Pese a todo ello, digo, el afán independentista de una buena parte de Cataluña no murió el pasado domingo en las urnas. Puede que el mesianismo y la arrogancia de Mas lo hayan dejado tocado, pero resurgirá, antes o después, a poco que Rajoy siga enrocado en su inmovilismo.

¿Pacto fiscal? ¿Reforma de la Constitución? ¿Federalismo asimétrico? Hay fórmulas para explorar. Pero todas pasan por el respeto a la legalidad, la flexibilidad recíproca y la lealtad mutua. Es más que probable que el PSOE no regrese a La Moncloa hasta que refunde su proyecto... y su liderazgo, que no pasa ni por un ya amortizado Alfredo Pérez Rubalcaba ni por un bluff inconsistente y mediático como Carme Chacón. Y, sobre todo, hasta que recupere su tradicional y fiel granero de votos en Cataluña, condición sine qua non para gobernar en toda España. Pero mientras eso no ocurra -y parece que va para largo, tras los desplomes consecutivos en las generales de 2011 y las autonómicas de Galicia, País Vasco y ahora Cataluña-, es Rajoy quien, si el huracán de la crisis no lo arrastra, deberá lidiar por mucho tiempo con el irresuelto -que no irresoluble- problema catalán.

Por un regreso del seny
Juan Ramón Rallo www.vozpopuli.com  27 Noviembre 2012

Mi visión sobre la organización territorial de los Estados es que resulta preferible un mundo con muchas unidades políticas que con muy pocas. Ceteris paribus, cuanto más numerosos, más pequeños y más débiles sean los Estados, más competencia regulatoria y fiscal, menos incentivos a enfrascarse en militaristas operaciones imperialistas y mayores facilidades para los ciudadanos de implementar la más genuina de las democracias: la de los pies.

Partiendo de tal premisa, sería coherente que tuviera una opinión favorable a los procesos de secesión, por cuanto contribuyen a aumentar el número de unidades políticas en competencia. Y, en general, así es: observo la secesión más como una oportunidad que como una amenaza. Ahora bien, que en general mi opinión sobre la secesión sea ésta no significa que en particular lo sea para todos los casos y contextos. Uno puede tener la (probablemente equivocada) idea de que el ser humano vive mejor sin pareja estable y, por tanto, ser favorable a las rupturas matrimoniales y, al tiempo, concurrir con que la mejor manera de iniciar los trámites de divorcio no es tirándose los trastos a la cabeza cuando además existen niños de por medio y el banco ha iniciado el embargo de todos los bienes conyugales. En suma: que esté de acuerdo en lo beneficioso que sería estar instalado ya en un determinado destino no significa que vea adecuado ni iniciar el desplazamiento desde cualquier situación ni cualquier medio de transporte utilizado.

Con Cataluña y su eventual secesión del resto de España me sucede algo parecido: probablemente sería positivo el ya tener dos Estados diferentes conviviendo y cooperando pacíficamente pero, también probablemente, no lo sea el buscarlos ahora mismo con amenazas y vilipendios abiertos entre todas las partes implicadas. En especial, cuando tenemos ante nosotros opciones menos drásticas, menos desestabilizadoras y más sensatas que podrían beneficiarnos a todos.

Una situación absolutamente inestable
Es nota común entre los análisis de las recientes elecciones catalanas el destacar el batacazo de Artur Mas y del frente independentista: el órdago secesionista, lejos de haber triunfado, ha experimentado un sonoro fracaso al ver reducida su representación desde los 76 escaños que en 2010 consiguieron CiU, ERC y SI a los 74 que hoy acumulan CiU, ERC y CUP. La sociedad catalana, se concluye, ha dicho ‘NO’ a aventuras rupturistas.

Lo cierto es que semejante lectura de los resultados no deja de sorprenderme por diversos motivos. El primero y fundamental es que parece obviarse que ésta ha sido la primera vez desde la Transición que CiU ha concurrido a las elecciones con un discurso inequívocamente independientista, lo que por necesidad habrá ahuyentado a un buen grupo de sus votantes no secesionistas (de ahí parte de su hundimiento) pero al tiempo ha dejado de manifiesto que todos los restantes (que equivalen al 30% de los sufragios emitidos) sí apoyan militantemente la secesión; sólo por esto, habría que coger cum granum salis las comparaciones entre los resultados de unos comicios y otros. El segundo es que, aún así, los partidos inequívocamente independentistas copan el 55% de la representación parlamentaria y el 48% del voto popular; amén de hechos tan llamativos como que las dos primeras fuerzas políticas sean separatistas y que sólo CiU tenga más escaños que PSC, PP y Ciudadanos juntos. Tercero, si bien los partidarios de la independencia han concurrido con unos objetivos bastante nítidos a las elecciones, los presuntos detractores (salvo Ciudadanos y en menor medida el PP) han defendido en diverso grado la necesidad de convocar un referéndum de independencia (especialmente ICV-EUiA, pero también el PSC), lo que permite suponer que una parte muy relevante de sus votantes favorecerá incluso la secesión. Y cuarto, en Gerona y Lérida, los partidos independentistas superan el 60% de los votos y el 70% de los escaños, lo que abre una indudable brecha a la unidad de España en estos territorios.

En otras palabras, que CiU se haya dado un buen batacazo, que Artur Mas pueda haber cavado su personal tumba política o que los resultados de los partidos secesionistas sean peores de lo que muchos –incluso ellos mismos– esperaban no significa que la mayoría de los catalanes hayan expresado su deseo de permanecer en España: el independentismo siguen gozando de mayoría de escaños y probablemente de votos en unas elecciones donde su mensaje ha sido más claro y desacomplejado que nunca.

¿Es sostenible a medio y largo plazo el actual statu quo de Cataluña y España con una parte muy importante de los catalanes reclamando la independencia, otra parte no viéndola con malos ojos y otra, bastante más pequeña, rechazándola de frente? No lo creo.

Los motivos del auge independentista
Aunque el independentismo catalán, como todo movimiento social y político amplio, sea un batiburrillo de agendas políticas y económicas muy dispares –desde la extrema izquierda antisistema a la burguesía catalana–, ha sido tradicionalmente amalgamado por dos factores: por un lado, la muy peligrosa ambición de querer construir y planificar desde el Estado propio una “nación” que encaje dentro de los estrechos y procustianos moldes lingüísticos, culturales y sociales del esencialismo nacionalista; por otro, los potenciales beneficios que suponía presentarse como un bloque más o menos compacto a la hora de negociar con el Gobierno central sobre cuestiones que nada tenían que ver con el núcleo del mensaje nacionalista (por ejemplo, la transferencia de las competencias de Educación y Sanidad a las autonomías o el cambio de modelo de financiación).

El tacticismo llevó al nacionalismo catalán a asociar ambos elementos como indisociables con tal de reforzar las coaliciones internas y buscar sinergias electorales: la transferencia de la Educación dejaba de ser una vía neutra de mejorar la provisión del servicio estatal para convertirse en un instrumento de construcción y adoctrinamiento nacional (como, por otro lado y dicho sea en justicia, sucede en distintos grados con todos los sistemas de educación pública); y el “Pacto fiscal” no nació como una forma de buscar una modelo de financiación más sensato sino como una ocasión para negociar en pie de igualdad con Madrid y de denunciar el sangrado fiscal del pueblo catalán. De este modo, uno se ha podido encontrar con independentistas de ultraizquierda que defienden la necesidad de una activa ayuda externa desde los países ricos a los pobres (por ejemplo, desde Alemania a Grecia) abogando por cortar de inmediato el “expolio” que los gobiernos extremeño o andaluz practican al catalán, y con liberales nada nacionalistas y partidarios de la educación libre que se tenían que definir como “nacionalistas moderados” por cuanto consideraban a CiU el instrumento más adecuado para lograr objetivos políticos o económicos razonables como la descentralización tributaria.

A su vez, los enemigos de la descentralización (nacionalistas españoles o no) han abrazado rápidamente la táctica nacionalista catalana por cuanto les permitía oponerse a medidas sensatas (la descentralización) so pretexto de defender la unidad de España. Como si un país donde la provisión pública de los servicios de educación, sanidad o justicia esté en manos de la Comunidad de Madrid, de la Región de Murcia o de la Generalitat catalana sea necesariamente menos país que otro más jacobino donde está concentrada en manos del Ejecutivo central. No es verdad: pero extender esa confusión les ha sido muy conveniente a unos y a otros en su particular tira y afloja identitario y competencial.

Hasta el momento es evidente que la táctica le ha salido mucho mejor al nacionalismo catalán, por cuanto año tras año ha ido ganando en competencias y apoyo popular. Pero el coste de semejante maniobra ha sido enorme en términos de convivencia entre españoles y, también, entre catalanes.

Socavando la convivencia
En nuestras hiperestatalizadas sociedades occidentales, en las que se confunde sociedad con Estado, los movimientos secesionistas son observados ya en sí mismos con profundo recelo: que una persona se quiera separar de otra parece estar trasladando el mensaje de que no desea convivir con ella. Fijémonos en que, en tanto en cuanto el ser humano ha sido capaz de minimizar los enfrentamientos y las guerras ampliando sus círculos de confianza desde el clan familiar hasta la sociedad abierta con unos valores mínimos compartidos, el mensaje de “me quiero separar de ti” suena a priori muy duro e incluso amenazante. En realidad, no debería serlo, pues podría venderse de otro modo más inteligente y digerible para todos: “creo que es más eficiente para todos si administro ciertos asuntos por mi cuenta aunque sigo teniendo toda la intención y el interés del mundo en continuar conviviendo y cooperando pacíficamente contigo”.

Sucede que si el ya de por sí duro mensaje separatista lo canalizamos a través del discurso nacionalista –consistente en exaltar, fabricar e incluso despreciar las diferencias–, el cóctel se vuelve simplemente explosivo e inmanejable para ambas partes. Los españoles tienden a observar al nacionalismo catalán como el típico chulito marrullero de barrio que se cree superior al resto de la vituperable plebe y que está dispuesto a generar continuamente conflictos para reivindicar su estatus de superioridad. El natural mecanismo de defensa de muchos de estos españoles ha sido unirse en su desprecio contra el marrullero de barrio, marginarlo, tratar de pararle los país y de o bien encarcelarlo con una camisa de fuerza o bien expulsarlo de la ciudad.

Las tensiones se han ido, pues, realimentando: el nacionalismo catalán lo ha tenido muy sencillo para resucitar y avivar la imagen de una sociedad española opresora de una Cataluña expoliada y, a su vez, gran parte de los españoles (que en su mayoría ni siquiera cabe tildar en propiedad de nacionalistas) han ido cultivando el cada vez más explícito deseo no ya de mantener a Cataluña por la fuerza dentro de España (como tradicionalmente había defendido el nacionalismo español), sino de darles una patada en el culo a los catalanes para así librarse del ‘cáncer’ que supone su sempiterno discurso victimista y frentista. Un expansivo odio mutuo que no sólo se reproduce entre Cataluña y el resto de España, sino dentro de la propia Cataluña. Como digo, puede que, con su táctica de asociar la identidad catalana a la secesión política, el nacionalismo catalán haya logrado un mayor autogobierno y estar más cerca de la independencia de lo que jamás habría soñado, por la ruptura de la convivencia y los costes que ello entraña han sido (y amenazan con seguir siendo) simplemente devastadores.

Los costes de la independencia
Si bien, tal como he manifestado al comienzo, creo que política y económicamente un mayor número de Estados independientes es preferible a un menor número, no conviene caer en el error de pensar que el proceso de secesión, especialmente en las muy tensionadas condiciones actuales, está libre de costes. En sí mismo, la creación de un aparato estatal nuevo entraña costes e incertidumbres de transición, adaptación y consolidación muy importantes; pero si ese nuevo Estado catalán surge del deliberado enfrentamiento con los órganos del Estado español, con la sociedad española y con una parte (aunque sea pequeña) de la sociedad catalana, entonces los costes y las incertidumbres ya se vuelven siderales. Es simplemente suicida –para ambas partes– iniciar un largo camino hacia un destino incierto en el que todos van a tratar de apuñalarse por la espalda al más mínimo despiste. Basta apuntar, y con esto creo decirlo todo, que nadie con dos dedos de frente descarta la posibilidad (aunque sea remota y desde luego indeseada por todos) de que el actual proceso separatista degenere en una guerra civil (o, al menos, en una invasión militar de Cataluña): estando ese flanco abierto, se entenderá el grado de absoluta incertidumbre (para mal) en el que nos movemos.

A buen seguro, pues, la independencia de Cataluña, tal como está planteada hasta la fecha, acarrearía costes sociales y económicos muy importantes. Internamente, el comercio y la cooperación entre catalanes y españoles sufriría un fuerte retroceso por la natural animadversión que despertaría, entre unos y otros, tratar con el contrario; todo lo cual sólo destrozaría aún más las bases del actual tejido empresarial de Cataluña y España. El tan creciente como absurdo boicot a los productos catalanes es sólo una exteriorización de unos comportamientos que irían a más en ambos lados sin darse cuenta de que cada uno de ellos se estaría disparando directamente en sus propios pies: básicamente porque a) la cadena de valor de los productos catalanes no está concentrada toda ella en Cataluña, sino esparcida por toda España y b) los catalanes importan productos españoles gracias a las rentas que obtienen de los productos catalanes que nos venden. Todo ello por no hablar de los eventuales controles fronterizos, aranceles y expropiaciones mutuas de empresas que, no por descabellados y antieconómicos, dejarían de imponerse en ambas lados al menos por un tiempo.

Externamente, no sólo es probable que Cataluña fuera excluida del mercado común y del euro (con todo lo que ello perjudicaría a Cataluña… y a España: ¿o creemos que una depreciación de la divisa catalana del 70% no daría lugar a un pauperizador dumping sobre la industria española), sino que la inversión exterior saliera despavorida de un país donde el cambio de fronteras, el contexto empresarial y los repagos de deuda no están sometidas a un proceso diáfano, pactado y pacífico, sino que son fruto de las amenazas y del enfrentamiento mutuo.

No es difícil comprender como la ruptura del mercado interior y exterior daría lugar a una fuerte caída del PIB que sólo dificultaría todavía más la negociación sobre las condiciones de la secesión y añadiría (aún) más incertidumbre al proceso.

Regresemos al seny
Todo lo anterior me conduce a una sola conclusión: la independencia, tal como se ha planificado hasta la fecha, ni toca ni conviene a ninguna de las partes. Máxime cuando existe una vía mucho más sensata para todos que sin duda serviría para desactivar durante un tiempo el proceso secesionista (como ha hecho con una parte del nacionalismo vasco): aceptar el famoso ‘Pacto fiscal’ como una oportunidad para que toda España camine hacia un modelo de financiación muchísimo más descentralizado que el actual.

La descentralización fiscal no sólo conviene a los ciudadanos de Cataluña, sino a los de otras regiones como Baleares o, con mucha mayor claridad, Madrid, contribuyentes netos de nuestro muy socialista sistema de financiación autonómico. Sé que muchos opinan que la balanza fiscal de Cataluña no es negativa, sino positiva, y no oculto la existencia de argumentos de peso (aunque insuficientes a mi juicio) para sostener tal visión; pero si así fuera, ¿qué argumentos pueden restar para oponerse a una descentralización tributaria que reduciría los ingresos del gobierno catalán e incrementaría los del resto de autonomías?

Es más, esta descentralización fiscal no sólo beneficiaría a las “regiones ricas” sino a medio y largo plazo a las más pobres como Andalucía y Extremadura, las auténticas receptoras netas del actual modelo: ha sido el terrible error intervencionista de creer que estas regiones necesitaban de un mayor gasto público para desarrollarse el que ha llevado a inundar sus administraciones con un dinero que sólo ha servido para consolidar una casta gobernante y funcionarial mastodónticas y corruptas, así como una economía privada encorsetada con nulos incentivos para abrirse al mercado, bajar impuestos y competir –como lo hacen otras regiones mucho más pobres del planeta– en pie de igualdad con las zonas más ricas de España. ¿Qué incentivos tienen los ciudadanos de ciertas partes del país a volverse menos socialistas con tamañas redistribuciones de renta a su favor?

Uno de los mayores errores que ha cometido el Gobierno de Rajoy en este primer año de legislatura (y ya es difícil que sobresalga alguno) ha sido cerrarse en banda a descentralizar de verdad el modelo de financiación autonómica por el simple hecho de que la iniciativa surgía del nacionalismo catalán (olvidando que peticiones similares han nacido desde las sedes madrileña y balear de su partido). Desde luego, no es un error del todo incomprensible habida cuenta de la ideología (socialista) y de los intereses regionales (Junta de Andalucía, que no sociedad andaluza) que defiende su nefasto ministro de Hacienda, pero es un error que ha tensionado innecesariamente la cuerda y que, pese a las parciales lecturas de los recientes comicios catalanes, ha dado alas al independentismo. ¿A qué brillante estadista del PP se le ha ocurrió el movimiento de lanzar a los brazos del independentismo nacionalista a todos aquellos catalanes que defienden la sensatísima descentralización fiscal?

El PP, si aspira de algún modo a que España salga unida y no hundida de la crisis, debería rectificar ese tremendo error y, por estrambótico que pueda parecer, evitar un acuerdo de gobierno entre CiU y ERC invistiendo a Mas presidente y renegociando todo el modelo español de financiación (no sólo el de Cataluña) a cambio de que CiU abandone, por el momento, su deriva secesionista. Tiempo habrá en el futuro –después de la crisis, con los ánimos más calmados y de manera más consensuada– de plantear un cada vez más inevitable referéndum sobre la secesión no ya de Cataluña como un bloque unitario y trascedente, sino, si de verdad el nacionalismo se atreve a jugar esa carta, de cada una de las provincias o comarcas que ahora mismo componen Cataluña. Ahora mismo, la ruptura violenta no conviene a casi nadie, pero consolidar el endeble e indeseable statu quo, tampoco.

La empanada convergente llegó fría a las mesas electorales
Álvaro Robles Cartes* El Confidencial 27 Noviembre 2012

Convergencia perdió fuelle en el sprint final de una campaña demasiado larga. El hojaldre dorado que recubría su propuesta, un poco hueca y tramposa, pero con el atractivo y la fuerza de los sueños prohibidos, no llegó crujiente al 25-N.

Entre la Diada del 11-S y el domingo electoral han transcurrido dos meses y medio. Mucho tiempo para una campaña. Demasiado para triunfar contra el establishment con episodios de “shock and awe” (golpeo y sorpresa), técnica militar que tanta complacencia proporcionó a los estrategas convergentes durante las primeras semanas de campaña. Demasiado tiempo para mantener el silencio de los catalanes discrepantes y la incertidumbre sobre Europa. Demasiado, incluso, para apostar por la somnolencia e inacción de las instituciones españolas.

No es cierto, como sostienen algunos analistas indulgentes con CiU, que se haya votado sobre la respuesta a la crisis económica y no sobre la propuesta de un proyecto secesionista. El 25-N planteaba un plebiscito y, como tal, una polarización del voto. Por eso, Artur Mas planteó una campaña de confrontación: extrema, aclamativa y poco sutil. En 2010 su electorado, tras dos victorias sin gobernar, estaba considerablemente movilizado. Crecer no era fácil y, en el esfuerzo de motivar a los suyos, su campaña perdió desde el inicio la centralidad, el gran patrimonio convergente. CiU ha hecho desde el Gobierno la campaña de ERC y, con una lógica impecable, aunque generosa, el electorado se ha inclinado por el genuino independentismo.

Se levanta así el breve castigo a la formación republicana por contribuir con tanto entusiasmo a la quiebra política y económica de Cataluña desde la vicepresidencia del anterior tripartito. En un juego de suma nula (y fratricida ), los votos que pierde CiU se van a la butxaca del hermano menor gamberro. No es que CiU no lo merezca por su estrategia y por creerse las encuestas de su entorno amamantado, pero el auge de Esquerra llega en el momento en que Cataluña menos lo necesita.

El resultado del resto de formaciones se lee en clave del descalabro anticipado del PSC en su éxodo hacia la irrelevancia política. Una nueva pérdida de votos que nutre a los ecosocialistas de ICV y a los Ciutadans de Rivera, llevando a ambas formaciones a sus máximos históricos.

Pere Navarro, el George Clooney de Tarrasa (¿?) encaraba, en efecto, su propia tormenta perfecta. Desde la cima de los 52 escaños del 99 su partido había ido perdiendo de forma acumulativa diez representantes en 2003, cinco más en 2006, otros nueve en 2010 y finalmente ocho el pasado Domingo. Su campaña ha sido anodina: los socialistas decidieron ponerse de perfil en un plebiscito que exigía pronunciarse. Oficializar un discurso balbuciente e improvisado sobre el federalismo adjetivado en un país donde la única federación que importa es la de fútbol le daba muchas papeletas para irse contra las rocas.

Solo un 20,5% de ciudadanos, tras extraer el DNI de su cartera y contemplar con añoranza su fotografía rejuvenecida junto al nombre y bandera de su país, votó explícitamente por la España Constitucional actual. El problema para los populares es que ese porcentaje incluye el 7,5% de sufragios obtenidos por Ciutadans, los ganadores junto a ERC de estas elecciones

Gracias al valor y flotabilidad de la marca PSC, y contra muchos pronósticos, Pere Clooney ha salvado el barco y a veinte tripulantes. Tampoco es para celebrarlo con una ronda de ron. Alguien en Ferraz debería marcar el no lejano umbral de oportunidad socialista para que el propio PSOE desembarcara en Cataluña. Si quitamos a los 20 escaños logrados por el PSC los que obtendría el PSOE por sí mismo ahorrándose distorsiones en el discurso y algunas trifulcas, el valor añadido del histórico partido hoy no es mucho. Solo hay que reparar en que el Partido Popular ha obtenido 19…

El PP. Pese a las ridículas encuestas que comenzaron dándole 15 escaños (La Vanguardia, 30/IX/2012 ) este era su terreno ideal. Orillando de la consulta la gestión de Mas, sería absurdo juzgar la de Rajoy. Por tanto, para el PP se trataba de hacer caja con los votos de quienes se sienten españoles sumados a los de quienes España les importa poco pero quieren quedarse en Europa.

El plebiscito es una cuestión nacional. Bastaba limar el diferencial de electorado que vota PP en elecciones generales y no lo hace en autonómicas al PPC para crecer hasta los 24 escaños y consolidarse como segunda fuerza en el Parlament.

Su resultado histórico de 19 escaños hay que enmarcarlo ahí. Solo un 20,5% de ciudadanos, tras extraer el DNI de su cartera y contemplar con añoranza su fotografía rejuvenecida junto al nombre y bandera de su país, votó explícitamente por la España constitucional actual. El problema para los populares es que ese porcentaje incluye el 7,5% de sufragios obtenidos por Ciutadans, los ganadores junto a ERC de estas elecciones. El PP despreció esa amenaza y Ciudadanos -que pudo quedarse fuera del Parlament en 2010- se ha apropiado de su crecimiento potencial. Un pacto con Rivera habría sido posible hace solo unos meses por la diferencia de estructura de ambas formaciones (seis a uno en escaños), pero no hoy, quizás ya nunca. No era fácil en Cataluña defender un proyecto no nacionalista, y por tanto minoritario, a la sombra de otro partido hasta hace poco también minoritario y con el monopolio españolista. La consolidación de sus siglas es su premio.

¿Y ahora?
Mas ha iniciado el vía crucis que tiene por delante pidiendo responsabilidad a las fuerzas políticas rivales para gobernar Cataluña. La responsabilidad que a él le ha faltado, por cierto. Probablemente debería dimitir, pero lo que al menos debe exigírsele es que deje de hablar equiparando a sus votantes (30,7% de los catalanes) con conceptos grandilocuentes como “nación”, “país” o “pueblo”. Como recordaba un acertado eslogan de ICV, si algo ha quedado claro es que “Catalonia is not CiU”.

La formación de Oriol Junqueras es candidata por derecho a ocupar el sillón de copiloto del presidente, una compañía incómoda para CiU. Una rémora para acometer la corrección presupuestaria irresponsablemente pospuesta y los nuevos ajustes. Un competidor, además, para liderar la consulta prometida. Esta será la penitencia de Mas. Pero no nos engañemos: los resultados del 25N no suponen un fracaso de la aventura secesionista (Cospedal). El parlamento que antes albergaba una mayoría nacionalista de 86 sillones representa ahora una mayoría expresamente independentista de 87. El batacazo de CiU no es un retroceso de su causa. Mas ha colocado algunas piedras en el camino y otras cuantas en los zapatos de Rajoy y de quien le suceda. Los bravehearts de la moqueta institucional catalana han puesto la marcha atrás del Audi… pero solo para coger impulso.

*Álvaro Robles Cartes es economista y consultor político y de comunicación.

El Norte del Sur
Javier Orrico Periodista Digital 27 Noviembre 2012

En el Norte del Sur votaron ayer para separarse de sí mismos. En el Norte del Sur siempre es ayer. El diagnóstico y el sueño los fijó Salvador Espriu en su “Assaig de càntic en el temple”, uno de los más hermosos poemas escritos en “La pell de brau” y sobre la pell de brau (la piel de toro), sobre Sepharad, sobre Espanya, España: “Oh, que cansat estic de la meva covarda,/ vella, tan salvatge terra,/ i com m’agradaria d’allunyar-me’n,/ nord enllà…”(Oh, qué cansado estoy de mi cobarde,/ vieja y tan salvaje tierra/ y como me gustaría alejarme/ hacia el norte…).

La Cataluña que pasó de pobre y olvidada durante siglos, a rica y soberbia a raíz de lo que odia, su unión legal y comercial con Castilla, se soñó mejor porque había salido del hambre antes que los demás. Y gracias a los demás. Creyó ser Norte, se quiso Holanda o Dinamarca, libre del salvaje Sur, de eso que ella siempre fue, de España. Cataluña inició ayer ese viaje para ser sola Catalunya, un país “nord enllà”, civilizado, frío, impoluto frente al caos hispano. Pero ellos son hoy, más que nadie en España, todo lo que desprecian, todo lo que han imaginado no ser: la corrupción, la endogamia, el caciquismo cerril, la cerrazón a los valores universales, la reacción. Mezquinamente, como ricos sobrevenidos que cambian de domicilio para no recordar quiénes fueron, han querido olvidar el final del poema de Espriu: “Car sóc també molt covard i salvatge/ i estimo a més amb un desesperat dolor/ aquesta meva pobra,/ bruta, trista, dissortada pàtria.” (Pues soy también muy cobarde y salvaje/ y además amo con un desesperado dolor / a esta mi pobre/ bruta, triste, desdichada patria). Era la voz de un catalán que expresaba como nadie la pasión y la desesperación de los mejores españoles ante su patria. Ayer fue un día triste, y el inicio de una tragedia ridícula, no porque los perdamos, sino porque se pierden. Ya no habrá más Esprius. Si se atreven, se irán, pero nunca al ‘nord’, sino a la cueva que tendrán que blindar para que no les entren ni la vida ni la lengua ‘impropia’. Nos queda Ciutadans, la alegría, la libertad que han defendido como jabatos solos. Tendremos que traérnoslos, son lo mejor de la mejor Cataluña, la que volverá o no se habrá ido nunca. Y cuando despierten, todavía estaremos aquí.

Más: Un "cadáver" peligroso para Cataluña y para CiU
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 27 Noviembre 2012

Los catalanes lo dejaron K.O en las urnas. Los llamó a aclamarle y lo que hicieron fue votarle en contra. Artur Mas, “sonado”, con el mentón temblando por el golpe y las perdidas, 120. votos, ocho puntos abajo y doce escaños menos, añadió en su comparecencia un ridículo balbuceante y embarullado donde lo único en claro fue la petición desesperada de socorro a ERC para proseguir en su desvarío. Flanqueado por Duran i Lleida (Jeckill i Hide) que lo contemplaba venenosamente y meditaba movimientos cangrejiles y nuevo cambio de caparazón y por la presidenta del Parlament con cara de haber dejado de serlo, Mister Más era la viva representación del “cadáver” político que no acepta el entierro y está dispuesto al “vudú” que sea para seguir figurando en la procesión aunque sea como “expuesto”.

Es un cadáver político, pero es un cadáver muy peligroso. Para Cataluña y para su partido. A CiU la ha llevado a la debacle, la ha desquiciado, descuajado de raiz y de formas, puesto a los pies de su rival a quien ha entregado y se ha entregado atado de pies y manos. ERC, de quien Mas ha sido su mejor candidato, al reconocer su discurso, su propuesta y su estelada bandera como las “buenas”, tiene en la actual deriva la única llave. Es el único socio posible en el delirio de independencia y en ese camino los únicos que el domingo ganaron y que seguirán obteniendo beneficios. Para que Más siga, ha de convertirse en el esclavo de ERC, en su títere y será quien marque el paso.

Pero esta es la única solución, cerrados todos los otros y anteriores caminos por su salto en el vacio con PSC y PP, para Más y para los Pujol que el arropan como parte de la “familia”, incluso en Suiza, ¿pero lo es para CiU?. Sería de ciegos no percibir que por ahí van a la definitivo desastre. Hoy saben que Más y su mantenimiento les cuesta la vida y hasta la bolsa les cuesta. Es letal para ellos pero también lo es para Cataluña. Valga una simple reflexión ¿si el independentismo de Mas-Puyol expulsaba de Europa, encogía de temor a los empresarios y desterraba al famoso “seny”, que no les espantará uno dirigido por los ERC?. En ese sentido la viabilidad de la apuesta referéndum-independencia aparece como una posibilidad definitivamente traumática y extremista que muchos, y entre ellos bastantes de CiU, contemplan con creciente pavor.

No es el único problema. Hay otro esencial, grave y contradictorio en grado sumo. En esa única posibilidad del Gobierno CiU-ERC a que se ve abocado ¿como casan las medias de ajuste, los recortes, la política económica desarrolada? ¿Los acepta ERC? ¿Gira 180 grados CiU? ¿Cómo unen posiciones totalmente contrarias e irreconciliables?. Lo harán porque por poder a todo se renuncia pero ¿a que les conducirá, como van a ponerlo en practica y como van a explicarlo cada uno a los suyos?.

Más tiene a su partido, al que ha conducido a esta tesitura, en un trascendental dilema y en realidad la única y verdadera solución es su propia retirada, su dimisión inmediata. Por Cataluña no lo hará, de eso nada, pero puede que por el partido no le quedé más remedio que hacerla o a hasta le obliguen a ello.

Este es el debate y lo esencial del paisaje de poder tras el veredicto de las urnas. Para el resto de los resultados lo mejor es ir a la limpieza de las matemáticas. La perdida de CiU es casi simétricamente la ganancia de ERC. El otro gran perdedor es el PSC, el que con Maragall arrumbara principios ante el nacionalismo y con Montilla se convirtiera en su entregado tonto útil es hoy un alma en pena del cuerpo que fue hegemónico. Los socialistas catalanes caminan un paso por delante en las debacles del conjunto de España. La estrepitosa derrota de Montilla, que en realidad no ganó nunca y estos lodos son aquellos polvos con ERC, prologó la del PSOE. Ya había caído a 38 escaños con los que gobernó en 2006 y de ahí se derrumbo a 28 y un exiguo 18,3. Ahora en caída libre han bajado a menos del 15%. Y a 20 escaño. Si antes de ellos las caídas de gallegos y vascos del 30% a la cota de 20% se visualizaron como hecatombe ¿cómo se califica esto, como “digno” que dice López?. Y lo que es peor, los socialistas en plena dispara de sus votos son superados en los tres lugares por otras fuerzas de nacionalismo que se califica de radical y izquierdas. Su peligro es dejar de ser la fuerza referente en el campo de la izquierda a nivel de España entera. Y de nuevo la matemática canta. De sus votos y 8 escaños perdidos 6 han ido para Ciudadanos, el otro vencedor moral de la noche, con su discurso limpio y claro, sin atadura ninguna. El PP puede darse también por satisfecho. Con la que le cae encima por su condición de Gobierno no sólo pasa la prueba sino que sube, aunque mínimamente, y obtiene sus mejores resultados, casi pegado ya allí a los socialistas, en un territorio siempre hostil y donde antes les separaba una sima. Y en Barcelona capital y en Tarragona provincia se convierten en segunda fuerza política.


Elecciones catalanas
Lo de Moisés no fue impedimento para Josué
Guillermo Dupuy Libertad Digitalt 27 Noviembre 2012

No hay mejor excusa para no tener que plantar cara al adversario que darlo por muerto. Y esto es lo que buena parte del PP y de la prensa madrileña están haciendo con los resultados electorales de este domingo en Cataluña. El hecho de que CiU haya perdido nada menos que 12 de los 62 escaños que tenía les lleva a dar por esfumado el sueño de Artur Mas de convertirse en el Moisés destinado a llevar al pueblo catalán a la tierra prometida de la independencia. Olvidan, para empezar, que Moisés murió antes de pisar esa tierra prometida, lo cual no impidió a Josué tomar el testigo y ver ese sueño hecho realidad. Artur Mas no tiene, además, que renunciar a liderar esa aventura, si tenemos en cuenta que, a pesar de su indiscutible revés electoral, CiU ha ganado las elecciones con casi el doble de escaños que su inmediato seguidor, que ya no es un ambiguo PSC, sino una formación abiertamente secesionista como ERC.

Entiéndaseme bien. No quiero negar el fracaso, ni siquiera el ridículo, que ha hecho CiU al convocar estas elecciones con la pretensión de catalizar en su beneficio el movimiento secesionista, para luego perder uno de cada cinco escaños que tenía. Pero más ridículas eran y son sus pretensiones mesiánicas y su imagen de una Cataluña esclavizada que busca liberarse del yugo español con la creación de un Estado propio, y ahí ha estado CiU y puede seguir estando. Lo dramático de estas elecciones es que lo ridículo no ha terminado en fracaso, por mucho que Mas se haya dado un monumental e inesperado batacazo electoral. Y esto es así porque esa pérdida de escaños de CiU no ha beneficiado a las formaciones que combaten sus delirios soberanistas sino a ERC.

Aquí hay algunos que parecen no querer ver que los partidarios del referéndum de autodeterminación no sólo han conservado sino que han mejorado los ya espléndidos resultados que obtuvieron hace dos años. Parecen no querer ver que la pérdida de escaños de CiU la suple prácticamente por sí sola ERC. A eso habría que sumar los tres escaños más de ICV, formación que algunos parecen olvidar también lleva el referéndum de autodeterminación en su programa electoral.

En este momento histórico, en el que los nacionalistas ya no disimulan el secesionismo que siempre han impulsado, que el PP sólo haya obtenido un escaño más y pase de la tercera a la cuarta posición es una calamidad que no borra el espléndido y esperanzador resultado de Ciutadans.

Que Albert Rivera dé por muerto a Mas no es, en su caso, excusa para eludir la confrontación, sino que forma parte de su lucha política contra el nacionalismo. Pero en el caso de la vehemente, aunque siempre condescendiente, Sánchez Camacho, me temo que su optimista actitud sólo es la antesala para vendernos una CiU que ya se ha bajado del monte y recuperado la cordura, y a la que se puede volver a apoyar.

El deber de seguir combatiendo políticamente al nacionalismo no lo borran los resultados electorales de este domingo, como no lo borra las advertencias de Bruselas. Los delirios nacionalistas siguen intactos, por mucho que los den por disipados los que nunca han estado dispuestos a combatirlos.

Cataluña
Cuando el PP gana en Salou
Maite Nolla Libertad Digital 27 Noviembre 2012

En estos momentos mis pensamientos y oraciones están con los doce diputados de CiU que se han quedado en la calle y que van a tener que pasar por el duro trance de volver a su trabajo –en el caso de que tuvieran uno– o que se van a ver obligados a pedir que los recoloquen como caps de servei en el departamento de Medi Ambient, si no se lo quedan los de Esquerra o si no desaparece por impago.

Entiendo su sufrimiento, y es que una cosa es ser nacionalista y otra no reconocer que deben de ser los primeros en acordarse de la madre y de otros familiares de los que iniciaron este "proceso histórico". Deben de pensar que, puestos a quedarse en el paro, que se queden los del Òmnium, si es verdad que son tan patriotas. Por ello, comprendo que exijan responsabilidad, especialmente para reclamar el lucro cesante, que es lo que más tiene que doler. No sólo pueden dirigirse contra Mas, como principal responsable de este despido por causas objetivas, es decir, porque ha pasado de tener 62 empleos a 50 de forma forzosa, sino contra los otrora Grandes de España, y ahora más bien chungos, que han engordado la trola hasta hace una semana, en que empezaron a echar el freno, eso sí, cuando la cosa ya no tenía remedio.

Peor lo tienen los engañados, digamos, morales. Aunque algunas avisáramos de que no existía ningún dato objetivo para creer que los independentistas hubieran aumentado en número, así, de repente, y que el famoso català emprenyat llevaba veinte años emprenyat y por lo mismo que ahora, y que de ello no tenían la culpa ni el Constitucional, ni la sentencia del Estatut, ni los 759 millones ni el resto de patrañas de uso habitual, ahí que se lanzaron en tromba, entusiasmados. Sólo se les pedía que leyeran La Vanguardia, que la regalan en los trenes de cercanías. Hubieran comprobado que hasta los fieles entre los fieles reconocían que Mas es un inútil, que pese a tener la mayor autonomía política de Europa era incapaz de remontar el desastre que administra, y que había montado esta bonita farsa para evitar ser desahuciado del Palau de la Generalitat por no pagar el consumo de luz. Mas podía salir volando por uno de los balcones del palacio de la plaza de Sant Jaume después de no pagar las nóminas de sus empleados o morir como un héroe. Con lo que no se contaba era con que engrosara la lista de grandes desastres de la historia de España; ya digo, hasta hace una semana, en que los Juliana y compañía empezaron a querer reconstruir los puentes que previamente habían incendiado, porque algo debían de barruntarse.

Sólo mi querido Albert Boadella es capaz de componer un guión tan cruel, esperpéntico y cachondo a la vez, con una guinda anecdótica propia del gran maestro que es: el PP ha ganado en Salou y Ciutadans ha sido la cuarta fuerza, y entre los dos obtienen más votos que CiU y PSC juntos. Nada más europeo en Cataluña que Salou. Por eso, si es verdad que Europa ya mira a Cataluña, debe de alucinar con lo que ve.

Bildu quiere castigar económicamente a los ciudadanos que abandonaron Guipúzcoa por la presión del terrorismo y del nacionalismo radical

EIG. Redacción. Vitoria.  27 Noviembre 2012

Bildu quiere que las aproximadamente 50.000 personas que viven fuera de Guipúzcoa pero mantienen propiedades en el territorio paguen lo que la coalición ha redenominado como Impuesto sobre la Riqueza y las Grandes Fortunas (el antiguo Impuesto sobre el Patrimonio). Con esta propuesta, Bildu afirma innovar estrategias para “desincentivar” los cambios de domicilio que “busquen eludir el pago de impuestos”, pero la realidad es bien otra: esta iniciativa, de salir adelante, castigará económicamente, de un modo prioritario, a miles de guipuzcoanos que durante los últimos años han tenido que abandonar la provincia debido a la presión, las amenazas y la extorsión del terrorismo y el nacionalismo radical.

En la mayor parte de las ocasiones, estas personas, aunque por motivos de practicidad y seguridad se encuentran domiciliadas fuera de Guipúzcoa, han conservado sus propiedades en el territorio como una forma de mantener su ligazón con la tierra que en muchas casos les vio nacer y en la que ha transcurrido gran parte de su vida.
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