AGLI Recortes de Prensa    Domingo 2 Diciembre 2012

MI querida España
Vicente A. C. M. Periodista Digital  2 Diciembre 2012

El título de mi escrito solo quiere reflejar el profundo sentimiento de orgullo que siento por ser español y haber nacido en esta bendita tierra. Sin embargo, hoy, esta frase debería decirse en otro tono más melancólico y triste, que refleje la dramática situación que la está llevando hacia su desmembramiento tras más de 500 años de existencia como Estado libre. Un desmembramiento al que los españoles asistimos atónitos y pasivos, como si se tratase de una mala pesadilla de la que no podemos despertar. Y debemos hacerlo, debemos despertar y tomar conciencia de que es una cruel realidad capitaneada por traidores y políticos corruptos, que solo buscan su propia supervivencia.

Ayer hablaba de la necesidad de responder a la opresión de esta partitocracia de la casta gobernante apoyada por el poder financiero, fiel lacayo en el reparto de los beneficios. Es necesario poner freno a esta carrera alocada de despropósitos y a estas medidas de expolio y empobrecimiento de la sociedad, mientras esa casta corrupta y corruptora se blinda y se garantiza su futuro, sin importarle si en su empeño España desaparece o se parte en mil pedazos. Ha llegado la hora de que sientan el aliento de la contestación ciudadana, de la rebelión y oposición frontal.

El PP tras casi un año en el poder ha demostrado una nula voluntad de cambiar el "status quo" y solo se ha preocupado de que la UE no le deje en evidencia y le imponga un Gobierno de expertos que sí que tomen medidas correctoras eficaces contra la crisis. Como siempre, Rajoy solo ha intentado salvar tiempo y retrasar lo inevitable, siendo un mal clon de la actitud irresponsable de su antecesor, Zapatero. Ha mentido hasta en lo más fundamental, y por razones puramente partidistas. Su estudiada ambigüedad sobre el tema de las pensiones, previo a las elecciones autonómicas, solo es un ejemplo de su mezquindad a la hora de justificar sus promesas electorales incumplidas.

Su actitud sumisa y condescendiente con el separatismo catalán de CiU, ERC y demás grupúsculos neonazis, pagando sus despilfarros y la pésima gestión del tripartito, choca con la férrea firmeza de gravar a las rentas más indefensas, como la de los pensionistas, y la ilegal supresión de la paga extra de diciembre a los contratados de la Administración, sujetos a convenio en vigor. Si a eso sumamos su falta de reacción real a las insumisiones de otras autonomías como la de Andalucía o la de El País Vasco, el panorama no puede ser más desolador.

Por eso es necesario que los ciudadanos salgan de su estupor y del ensimismamiento y engaño al que la inmensa mayoría de los medios de comunicación, especialmente las televisiones, vienen realizando desde sus púlpitos de desinformación. No hay periodismo crítico, sino solo auto censurado, selectivo y sectario con la información. Desde Internet solo podemos ser un gota en un océano de contenidos, pero si fuéramos millones de gotas, podríamos inundar nuestra querida España para que las ratas la abandonasen. ¿Podremos hacerlo?

Determinación en el rumbo
El Editorial La Razón  2 Diciembre 2012

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, responde a las preguntas de LA RAZÓN en uno de los momentos más delicados desde que está al frente del Ejecutivo: adoptadas las medidas de ajuste del gasto público, esta nave llamada España da las primeras muestras de recuperación del rumbo. Y la gran cuestión es si se mantendrá así, o cualquier combinación fatal de los elementos obligará a nuevos y problemáticos sacrificios. El presidente del Gobierno se declara razonablemente optimista, entre otras razones porque está convencido de que ha hecho lo único que cabía hacer. España, nos recuerda, se está desendeudando a marchas forzadas. No sólo las administraciones públicas, sino también las familias, las grandes empresas y la banca. Es un proceso duro y difícil, pero imprescindible para la recuperación económica. Desde esta perspectiva Mariano Rajoy ha abordado su acción política. No es lo que hubiera querido hacer pero –y no se recata a la hora de admitirlo– es lo único que podía hacer dados los datos del problema heredado.

Cuando ocupó La Moncloa no contaba con una desviación disparada del déficit ni con las enormes deudas que acumulaban algunas empresas públicas. Tampoco eran correctos los datos del sistema bancario ni podía preverse el cúmulo de facturas sin pagar que dormían en los cajones de consejerías y ayuntamientos. Es preciso recordarlo, aunque Mariano Rajoy no quiera cargar las tintas contra el Gobierno anterior porque de otra forma no se entenderán las medidas que ha tenido que adoptar. Es, por supuesto, el «leitmotiv» que se desprende de toda la entrevista. El presidente del Gobierno reconoce que se ha visto obligado a incumplir el programa electoral y lamenta especialmente las subidas del IRPF y del IVA, pero tiene la absoluta convicción de que ahora estaríamos mucho peor de no haber abordado con frialdad el grave desequilibrio fiscal. Y está igualmente convencido de que el año que viene será mejor, aunque haya crecimiento negativo, y de que en el año 2014 se cambiará felizmente la tendencia a poco que se hagan las cosas bien. Y en su opinión, la manera de hacerlo es mantener el control de déficit, culminar la reestructuración del sistema bancario, intensificar la lucha contra el fraude fiscal y que se siga avanzando en la integración europea. Y, a partir de ahí, esperar a que comiencen a dar sus frutos en el empleo las medidas de reforma puestas en marcha. Pero el presidente también advierte de que hará lo que tenga que hacer para sacar a España de esta situación. Y lo explica con claridad meridiana: «A estas alturas, las consecuencias políticas, en términos de interés particular, son la última de mis prioridades».

Indeterminación y sin rumbo
Nota del Editor  2 Diciembre 2012

De los profesionales de la política que andan pastando en las verdes praderas del PP se puede decir que son unos inútiles absolutos para las tareas de administración de España. Estos profesionales han estado siete años en el congreso de diputados y no se han enterado de nada. Si la oposición no se puede enterar de nada de lo que pasa en la administración de España, hay que eliminarla.

Estos profesionales de la política que ahora detentan la jefatura de la administración de España, no se quieren enterar de nada, al contrario, echan encima de cualquier atisbo de levantar las alfombras una tupida masa de despiste para que todo siga igual, pues su interés radica en disfrutar de la profesión política que es tan buena en un lado como en el otro, una alternancia entre pares.

Estos inútiles se creen que nos toman el pelo y no es verdad, no nos toman el pelo, nos toman el dinero que es peor para nosotros y mejor para ellos; a nosotros, como ya  no nos queda ni un pelo, no nos lo pueden tomar.

Si el que dicen que ejerce el gobierno de España tuviese la más mínima idea de España, algún principio ético, algún principio moral, algo de sentido común y solo un poquito de honor en mantener la palabra dada, habría tomado ya alguna medida ejemplarizante e indispensable, pero no, sigue haciendo los mismos disparates de los miserables que carecen de lo anterior.

Que no haya tumbado la insultante estupidez de la traducción de lenguas regionales en el Senado, inútil institución (y que viajan en primera clase) de todos modos, indica hasta donde llega su dedicación a hundir España mediante el hundimiento de los españoles.

Yo no creo que los profesionales que nos pastorean sean tan inútiles com demuestran sus actos, creo que en el fondo lo que les interesa es hundirmos mas para seguir viviendo del cuento, porque ni siquiera es válida la suposición de que trabajen por cuenta de otro país al que le interese nuestra destrucción, aunque quien sabe.

Mientras no deroguen todas las leyes sobre lenguas regionales, estan demostrando que su interés no es España ni los españoles, sino todo lo contrario, su interés es destruir España.

Y que no me vengan hablando de democracia y constitución, palabras sin valor en esta miserable sociedad de profesionales de la política y sus fervientes ayudantes judiciales.

Hablar de que es necesario reformar la constitución con un tribunal anti constitucional que la reforma en sentido contrario a su letra y espíritu en cada sentencia, es un insulto a los españoles que sufrimos el peso de la ineficacia del estado por culpa de los profesionales de la política y muchos de ellos tambien profesionales del puro y directo trinque.

Rajoy, De Guindos y la ‘banda de los cuatro’
Carlos Sánchez El Confidencial  2 Diciembre 2012

El jueves por la noche ocurrió algo significativo. El día se apagaba y la noche fabricaba sus embelecos, como le gustaba decir a Lope de Vega. Fue entonces cuando un grupo de altos funcionarios del Ministerio de Economía aparcó sus berlinas ante el Ministerio de Empleo.

Eran los ‘hombres de negro’ del ministro De Guindos, una suerte de salvapatrias que se sienten dotados de poderes especiales. Entre otras cosas porque representan la ortodoxia financiera. Son la voz de esa entelequia que responde al nombre de Bruselas. Ellos son los elegidos, y eso explica que nada más entrar en la planta noble del ministerio de Fátima Báñez se pusieran manos a la obra para conocer las cuentas de la Seguridad Social. Allí estuvieron hasta altas horas de la madrugada, y cuando salieron en la fría noche madrileña debieron sentir el placer del trabajo bien hecho. La Comisión de Seguimiento del Fondo de Reserva había acabado la reunión. Cuando salieron de los Nuevos Ministerios, los altos de la Castellana, donde se ubicaba el viejo hipódromo de Madrid, parecían desolados. Sin duda, por lo que se venía encima.

España hace lo más duro del ajuste en términos sociales gratia et amore, sin que llegue dinero de Alemania para bajar la prima de riesgo. Y todo por ahorrar 3.900 millones de euros, que es menos que lo que inyectará el sector público en el Banco de Valencia para entregárselo por un euro a la CaixaPocas horas después se reunía el Consejo de Ministros y el Gobierno tenía que decidir sobre un asunto transcendental que marcará un antes y un después: la revalorización de las pensiones para adecuar su cuantía a la evolución del IPC. De Guindos se fajó para convencer a alguno de sus colegas del consejo de ministros de que lo mejor era no atender a razones legales. O, incluso, humanitarias. Lo logró. Bruselas dixit.

Las pensiones vuelven a perder poder adquisitivo y De Guindos -con el respaldo del presidente- aparece como triunfador, pero de un país más pobre. Y no sólo por razones económicas. España es hoy una nación más injusta que abandona a los más vulnerables. Su victoria es sólo pírrica porque el Gobierno de Rajoy se deja un jirón más en el empeño. Si antes su credibilidad estaba herida, el presidente se convierte ahora en un polichinela de la política económica que le trazan desde fuera. Pero sin que haya rescate por medio.

Dos décimas de déficit
España hace lo más duro del ajuste en términos sociales gratia et amore, sin que llegue dinero de Alemania para bajar la prima de riesgo. Y todo por ahorrar 3.800 millones de euros, que es menos que lo que inyectará el sector público en el Banco de Valencia para entregárselo por un euro a la Caixa. O lo que es lo mismo, Moncloa da otro zarpazo a la protección social por sólo dos décimas de déficit, que es lo que se hubiera imputado al ejercicio de 2012 en términos de devengo.

Sin duda que el Gobierno se ha visto empujado a tomar esta decisión por las circunstancias heredadas y porque el objetivo número uno -y casi único- es cumplir con el objetivo de déficit. Sí o sí, como dice Rajoy. También es más que evidente que cuenta con escaso margen de maniobra. Pero gestionar la cosa pública es hacer política de prioridades, y no parece razonable ahondar en la recesión con ajustes que profundizan en el deterioro de la renta disponible de las familias. Un disparate que pagará la economía española en términos de crecimiento, como por cierto, ha calculado el propio FMI a la hora de evaluar el comportamiento de los multiplicadores.

El FMI ha calculado que por cada dólar que se recorte el gasto público, el PIB se contrae entre 0,90 dólares y 1,70 dólares. Es decir, que los recortes son muchos más contractivos en el corto plazo, lo que debería animar a países como España a rebelarse. El Gobierno tiene que recortar el déficit en medio de una brutal recesión, lo cual no tiene ningún sentido económico. Entre otras cosas porque la subida de impuestos para lograr ese fin sólo socava el consumo.

Zapatero, al lado de Rajoy, se ha convertido en un aprendiz. Nunca antes se había traicionado tanto a un país secuestrado por las fracasadas recetas de la banda de los cuatro: el FMI, la OCDE, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, culpables por acción y omisión del desastre, pero que ahora aparecen ante la opinión pública como los salvadores del desaguisado.

Un monumento a la democracia
Horas antes de que el Consejo de Ministros hubiera decidido no revalorizar las pensiones, se presentó en Madrid un sujeto nacido políticamente en el seno de ese monumento a la democracia que es el PRI mexicano, y que responde al nombre de Ángel Gurría. Lleva más de 30 años sin bajarse del coche oficial y como secretario general de la OCDE ha avalado las políticas erróneas de todos los gobiernos

Horas antes de que el Consejo de Ministros hubiera decidido no revalorizar las pensiones, se presentó en Madrid un fulano que nació políticamente en el seno de ese monumento a lademocracia que es el PRI mexicano, y que responde al nombre de Ángel Gurría. Lleva más de 30 años sin bajarse del coche oficial y como secretario general de la OCDE ha avalado las políticas erróneas de todos los gobiernosGurría es, como otros muchos altos funcionarios de organismos multilaterales, un superviviente. Un corcho que flota. A las puertas del Ministerio de Economía le esperaba un Audi del tamaño del Santiago Bernabéu, y codo con codo junto al ministro De Guindos dijo al país lo que tenía que hacer. Como si España fuera una colonia. Su colonia. Sólo con releer los análisis que periódicamente hace la OCDE sobre la economía española -siempre zalameros con el poder- uno se da cuenta de en manos de quién está el mundo. Nunca dijo que la política de Zapatero llevaba al país a la ruina.

Y qué decir del FMI, cuya directora gerente reconoció en Inside Job que se enteró de la caída de Lehman Brothers por los periódicos, pese a ser la ministra francesa de Finanzas. Y cuya reacción al enterarse de la quiebra fue decir: ¡Santo cielo! O de Durao Barroso, otro profesional de la política cuyo mayor mérito es ser políglota y pertenecer a un país pequeño. Una suerte de tonto útil que defiende los intereses de Francia y Alemania.

La Comisión Europea -cuyos informes están pasteleados con los gobiernos afectados- nunca vio por donde soplaban los vientos de la crisis, pero se atreve con desfachatez a apuntar las soluciones. Lo mismo que el BCE, incapaz desde que estalló la crisis de asegurar la transmisión de la política monetaria. Con tipos de interés cercanos a cero, es de aurora boreal que el crédito no fluya, lo cual no es incompatible con avanzar en el desapalancamiento de los sectores más endeudados.

La ‘banda de los cuatro’ es hoy la que dirige el caos, y es curioso el papel de los gobiernos en este momento histórico. Obedecen de forma disciplinada sin rechistar sólo para contentar a unos mercados que se nutren intelectualmente de funcionarios y burócratas incapaces de estar a la altura del tiempo que les ha tocado vivir. Amparados en una aparente tecnocracia que en el caso actual sólo tiene un objetivo: lograr que los acreedores -la banca alemana y francesa- cobren lo que un día prestaron de forma alegre y confiada, como decía García Márquez. Por eso baja ahora la prima de riesgo. No porque la economía española esté mejor, sino porque los acreedores tienen ahora más garantías de que aunque la economía se desangre, podrán recuperar sus disparatados préstamos gracias a los desaforados recortes. En el caso español, 30.000 millones en un año y en medio de una recesión. Así de fácil. Aunque sea necesario que los pensionistas pierdan poder adquisitivo y el país se hunda un poco más en el fango.

Como ha escrito de forma brillante el profesor Alfredo Pastor, como una reestructuración supondría pérdidas para los acreedores, estos han impulsado la solución hoy en vigor, que consiste, sencillamente, en ir sustituyendo el deudor privado por el Estado: así, todos los préstamos que el FROB pueda dar a la banca, y que esta empleará en parte en mantener a flote constructoras y promotoras, tienen al Estado como deudor. Y todo ello auspiciado por la 'banda de los cuatro'. Sin palabras.

La doble de Cospedal
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es  2 Diciembre 2012

La 'doble' se permitió afirmar en el transcurso del debate sobre organización territorial del Estado que “tenemos que resolver dónde se residencia la soberanía, esto es lo primero que tenemos que delimitar”.

Es sabido que los personajes que ejercen numerosas y exigentes responsabilidades llegan a un punto de saturación en que no pueden atender personalmente todos sus compromisos y recurren a un doble para que los sustituya. A mí me parece legítimo este recurso porque al fin y al cabo la alternativa sería que figuras de considerable valía renunciasen a algunos de sus cometidos con el evidente perjuicio que esta reducción de su ámbito de actuación causaría a sus conciudadanos.

Sin embargo, un requisito indispensable para que este tipo de maniobra tenga éxito es que el doble, aparte de ser un calco del original, haya recibido una preparación muy cuidadosa con el fin de que no cometa deslices delatores. Ignoro cuantas dobles tiene la secretaria general del PP y presidenta de Castilla-La Mancha, pero la que estuvo presente el pasado 28 de noviembre en la Mesa Redonda organizada por la Fundación Rodríguez Ibarra sobre la organización territorial del Estado es evidente que necesita una mayor formación para no desentonar con la auténtica. La doble se permitió afirmar en el transcurso del debate que “tenemos que resolver dónde se residencia la soberanía, esto es lo primero que tenemos que delimitar”.

Profundizando en este peculiar enfoque, dijo también que “hay que despejar si la soberanía nacional sigue residiendo en el pueblo español o si hay que cambiar esta forma de determinar su voluntad”. La doble parecía ignorar que este punto no sólo quedó totalmente resuelto en la Constitución de 1978, sino que no existe Estado en el mundo en el que el sujeto constituyente no sea el demos del mismo al completo. La verdadera Cospedal, según es notorio, no abriga la menor duda al respecto por lo que urge someter a la o a las dobles a un reciclaje muy exigente en temas tan trascendentales.

Diversidades
Jon Juaristi ABC  2 Diciembre 2012

La diversificación favorece a los nacionalismos, cuyas divisiones internas incrementan paradójicamente sus efectivos

CUANDO un nacionalismo se divide en fuerzas de distinto sesgo —de derechas y de izquierdas—, la comunidad nacionalista aumenta en número. En rigor, los nacionalismos se comportan en forma muy distinta a los demás movimientos políticos. Las divisiones en el seno del socialismo o del liberalismo los debilitan. Al nacionalismo, la fragmentación interna le sienta muy bien. Es algo que no conviene olvidar, el carácter paradójico de los nacionalismos, que pierden para ganar con mayor facilidad.

La explicación de este fenómeno no es sencilla, pero puede intentarse. Un nacionalismo ideológicamente monolítico corre un altísimo riesgo de quedarse aislado frente a los movimientos de signo distinto. Al dividirse en opciones aparentemente contrapuestas, diversifica su oferta e invade el espacio de sus adversarios no nacionalistas. En una palabra, crece. Es decir, crece a expensas del contrario. Un nacionalismo conservador y oligárquico no sólo provoca el rechazo de los nacionalismos antagónicos, sino el de todas las fuerzas progresistas y, a la inversa, un nacionalismo revolucionario se enfrentará inevitablemente con todos los sectores contrarrevolucionarios de la sociedad. Pero desde el momento en que se desdobla en una versión conservadora y otra revolucionaria, rompe la dinámica de las oposiciones verticales a la par que consolida su cohesión interna, aparentemente dañada por las discrepancias ideológicas. Porque un nacionalista conservador será antes nacionalista que conservador y un nacionalista revolucionario seguirá anteponiendo siempre el nacionalismo a la revolución. La expresión política de dicha cohesión ideológica se llama frentismo: una solidaridad —si no natural, al menos espontánea— que no necesita hacerse explícita para unir a los nacionalistas de todas las tendencias ante sus enemigos comunes, los no nacionalistas.

Un nacionalismo que no rebase los límites de su nicho social originario se condenará a la marginalidad y a la impotencia. Para conquistar la hegemonía social (y territorial) deberá alcanzar el grado más alto posible de diversidad política, porque sólo así destruirá la unidad de sus adversarios conservando la suya, a veces en un engañoso stand-by. La diversificación del nacionalismo obliga a los no nacionalistas a un continuo sobreesfuerzo para mantener separadas a las fracciones nacionalistas. Es decir, para evitar la fusión de las mismas en un frente. Es un esfuerzo inútil, que desgasta fatalmente a quienes lo intentan. El nacionalismo diversificado es siempre un frente, aunque no se manifieste como tal. Cualquier concesión hecha por los no nacionalistas a una sola de las fracciones nacionalistas con el objetivo de alejarlas del resto, fracasa siempre porque beneficia al nacionalismo en su conjunto, minando a la vez el campo del que proceden las concesiones, un campo también diversificado pero carente del tegumento frentista.

La historia del período constitucional español iniciado en 1978 demuestra la eficacia de la diversificación de los nacionalismos y la asombrosa facilidad con que los supuestos nacionalistas moderados radicalizan sus demandas cuando la diversidad alcanza un determinado umbral en momentos de crisis del sistema político o económico. E ilustra asimismo la desesperante tendencia de los partidos constitucionalistas a interpretar equivocadamente la fragmentación política de los nacionalismos y a repetir la fórmula de las concesiones selectivas a pesar de su más que probada inanidad ante la cohesión tácita o manifiesta de aquéllos. Sus reacciones ante los resultados electorales en Cataluña prueban que nada ha cambiado en tal aspecto.

El momento Minsky
Mario Conde www.gaceta.es  2 Diciembre 2012

La clase política suele asumir que es tan potente su dominio sobre la ciudadanía, que las protestas no afectan después al voto, que se sigue depositando en ellos sea por convicción, mal menor o voto útil.

Davison alude a lo que llama el axioma “ergodic”, que implica asumir que es posible pronunciarse con fundamento sobre el futuro a partir del patrón de comportamiento del pasado. Hace tiempo que vengo sosteniendo que extrapolar el presente o el pasado para adivinar el futuro, es un error capital que muchos empresarios pagan con la quiebra. Y ponía el ejemplo de un antepasado mío que gozaba de la concesión de transporte en diligencia, y ante el invento del automóvil extrapoló el pasado para concluir que dicho invento no tendría futuro. El que se quedó sin futuro fue él. Pero en política hay que reconocer que, mas o menos, funciona eso del axioma “ergodic” y la clase política suele asumir que es tan potente su dominio sobre la ciudadanía, tan poderosa la red clientelar, que las protestas, incluso las callejeras o concentraciones numerosas, no afectan después al voto, que se sigue depositando en ellos sea por convicción, mal menor o voto útil.

Pero en finanzas, además de ergodic, se habla del “momento Minsky”: cuando la gente toma conciencia del nivel de las pérdidas potenciales acumuladas y deja de conceder nuevos préstamos. Es decir, llega un momento de ruptura clara. ¿Existirá el momento Minsky en política? ¿Habrá un momento en el que la sociedad tome conciencia de su realidad, de sus pérdidas reales y potenciales y decida retirar la confianza?.

Pensemos: la desconfianza ante la clase política es total, pero de momento no se traduce en retirada masiva de voto. Véase Cataluña. Pero, la cuestión es si en algún momento funcionarán de conjunto los dos efectos: el ergodic (futuro no igual a pasado) y el momento Minsky: no concederá nuevos préstamos, esto, es nuevos votos. En Italia sucedió y desaparecieron la Democracia Cristiana y el Partido Comunista. Cuando la expectativa de beneficios implícitos en las acciones desaparece, no se compran esos títulos. Un voto no es lo mismo que una acción, pero puede acabar sujeto a la misma regla.

Sables mudos, ministros locuaces
Editorial www.gaceta.es  2 Diciembre 2012

El Gobierno Rajoy, por mano de su ministro de Defensa, Pedro Morenés, ha destituido fulminantemente al director de la revista Ejército, general de brigada Ángel Luis Pontijas Deus. La causa: un editorial de esa revista, órgano oficial del Estado Mayor del Ejército, en el que se exponía el daño causado a la credibilidad de España por la política soberanista de Artur Mas. Acto seguido, el Ministerio de Defensa se ha apresurado a filtrar la noticia al diario El País. De manera que, en resumidas cuentas, el Gobierno del PP acaba de ponerle en bandeja al nacionalismo catalán la cabeza de un general con inmediato aviso al periódico de referencia del PSOE.

Politiquerías al margen, este episodio vuelve a poner sobre el tapete el derecho de los militares a opinar sobre cuestiones públicas. A primera vista, la decisión de Defensa se enmarca en la obligada neutralidad política de las Fuerzas Armadas. Ahora bien, hace falta un criterio extremadamente rígido para ver en el editorial de la revista Ejército una intromisión ilegítima en el debate público.

El texto lamenta que Artur Mas no asistiera al desfile del Día de la Fiesta Nacional y dice que “estas singularidades provocan una disminución de la credibilidad de nuestra nación, agravan la crisis, perjudican la estabilidad política y se traducen en una mayor penalización de los mercados”. Esto no es tanto una opinión como la constatación de un hecho objetivo. Acto seguido se lamenta porque la mala situación económica está “empeorando en gran medida la cohesión nacional”, lo cual es igualmente un hecho objetivo. Y por último formula su voto de que la crisis no afecte a la capacidad de España para hacer frente a sus compromisos militares, lo cual tal vez haya sido recibido por el ministro Morenés como una velada amenaza, pero… ¿a quién? En cualquier caso, ¿es tan grave como para justificar una destitución inmediata?

Por otro lado, sorprende que Defensa se haya apresurado a filtrar la noticia poniéndose en primera persona. Reglamentariamente, la autoridad sobre la revista Ejército compete al jefe del Estado Mayor del Ejército, no al ministro. Por tanto, ha de ser el JEME quien aplique la sanción, y no el señor Morenés. Salvo que el ministro quiera demostrar a alguien su ánimo expeditivo cuando de mellar sables se trata. Ánimo, por cierto, que muchos observadores han echado en falta a la hora de esgrimir el artículo 155 de la Constitución frente a los gobiernos autonómicos que han incumplido sus deberes constitucionales.

La dimisión
Alfonso Ussía La Razón  2 Diciembre 2012

Nos lo revela Toni Bolaño en LA RAZÓN. A la vista de los desastrosos resultados electorales de CiU, Artur Mas dimitió. No le aceptaron la dimisión y siguió en el cargo. Españolísima actitud la del dirigente secesionista catalán. Recuerdo la dimisión de Joaquín Almunia, cuando fue derrotado ampliamente por la candidatura de José María Aznar. Dimitió sin consultárselo a nadie. Y se fue. Sabía el significado de la dimisión.

El que dimite, lo hace voluntariamente, sin estar a expensas de los demás. El que dimite de verdad, se cesa a sí mismo, y no hay vuelta de hoja. El que dimite y espera la reacción de los suyos, no pasa del gesto teatral. Estrategia del tramposo. Antoni Asunción dimitió también. Y María San Gil, después de dejarse la piel por el Partido Popular en las Vascongadas, harta de artimañas y deslealtades, dimitió.

No esperó a que Rajoy se pusiera en contacto con ella. «María, no te acepto la dimisión». Nadie está capacitado ni autorizado para aceptar o no el abandono voluntario de una responsabilidad. Por otra parte, los que no aceptaron la dimisión de Mas fueron los subalternos de Mas, los que viven a costa de la confianza del presumiblemente dimitido. El cargo es el cargo y el euro es el euro, con «nació y Estat» o sin «nació ni Estat». La última, tajante e inesperada dimisión la protagonizó Esperanza Aguirre. Decidió, por las causas que fueran, que su dignidad le demandaba la dimisión, y se marchó a su casa. El gran maestro de las falsas dimisiones fue Julio Anguita. Lo hizo en una decena de ocasiones, pero nunca se las aceptaban.

Don Pedro Sainz Rodríguez, ministro de Educación del primer Gobierno de Franco, dimitió desde Portugal. Arrese lo hizo en España y le mandaron una pareja de la Guardia Civil. Siguió en su puesto hasta que el anterior Jefe del Estado consideró que había llegado el momento del cese. «En el camino de El Pardo/ han leventado una ermita/ con un letrero que dice:/ “Maricón el que dimita”».

Nixon no dimitió. Lo echaron. En las esquinas de la Política, los más severos con las dimisiones son los orientales, especialmente los japoneses. Dimiten a lo bestia. Es decir,lo anuncian, lo cumplen y se suicidan. El parecido entre Mas y un japonés es pura coincidencia. No reclamo su suicidio, sino el cumplimiento de su abandono voluntario ante un resultado estremecedor para sus intereses y sus promesas. Después del chupachús, Clinton consultó con Hillary, su mujer, la conveniencia de su dimisión. Engañosa maniobra. Fue ella la que le dijo que tararí que te vi, y Clinton cumplió íntegramente su mandato. Un auténtico dimisionario no consulta con nadie su decisión. De Gaulle no necesitó más de un minuto para abandonar el Poder. «No se puede gobernar sosegadamente un país que tiene más de quinientas clases de quesos».

Y los más divertidos en su ridículo respeto por el significado de la dimisión –más ridículo aún que en los políticos españoles–, son los italianos. Se leía en un gran titular. «Dimite el ministro Paolo Bassi como consecuencia del escándalo del Ministerio de Agricultura». Y dos días más tarde: «Paolo Bassi, nuevo ministro de Industria». Una dimisión discreta y calculada.

Se presentía que Durán Lleida no iba a mostrarse excesivamente amable y solidario con Mas después del fracaso. Se mantuvo en la coalición con Convergencia durante su frenética campaña independentista, y ahora dice que Unión Democrática de Cataluña no desea la independencia. Tampoco dimitirá, porque Durán, hombre muy inteligente, le ha tomado gusto a Madrid y al Congreso de los Diputados, con Ipad o sin Ipad, que ya se sabe como ruedan las cosas. En fin, que Mas dimitió y no le aceptaron la dimisión. Es decir, que hizo un paripé para quedar bien. Más que una dimisión, la de don Arturo fue una mentirosa chiquillada.

Europa y España: susto o muerte
Daniel Lacalle El Confidencial  2 Diciembre 2012

The politicians’ job now is not to reduce debt, just try to find fun and creative ways to hide it”

Llega noviembre en la City y con él los despidos, los bonus y las estimaciones de 2013. En 2012, el “bonus pool” caerá un 33% y se estima que se desplomará en 2013 a un nivel cuatro veces inferior al de 2007. Se anuncian 30.000 despidos y otros tantos en el primer trimestre. Una alegría. Para que se hagan ustedes una idea, los trabajadores de la City de Londres pagaron 11.000 millones de libras al gobierno británico en impuestos en 2011, el 7% del total de ingresos del país, y más impuestos que toda Escocia, por ejemplo, según la consultora Ambition. Sin embargo, el ambiente es extremadamente negativo. La semana pasada se retiraron 9.000 millones de fondos de renta variable, la mayor caída del año tras nueve semanas consecutivas de retiradas.

Sin embargo, los análisis que nos llegan, para variar -como siempre-, son bastante positivos con el entorno económico en todo el mundo. Ya saben, “est todo muy descontado” es la frase de cada noviembre desde 2007.

Las previsiones, y tómenlas ustedes con la cautela del que sabe que siempre son optimistas, no son muy halagüeñas para Europa. Goldman espera caídas del PIB en la Eurozona del 0,4%. Unos comentan que es la crisis de deuda, otros que es la malvada Alemania que nos ataca -aunque se haya dejado el 23% de su PIB en ayudas a la periferia-, pero la realidad es que vivimos la desindustrialización más agresiva vista en ningún área de la OCDE, y esa caída no es por casualidad. Es por el impacto de las políticas de intervencionismo, impuestos altos y costes de energía desproporcionados. No es casualidad que sea Alemania la única que mantiene un sector industrial potente, porque es también la única que no se dedica a esquilmarlo a impuestos e inseguridad jurídica.

 

Esa desindustrialización tiene un problema. Que no vuelve fácilmente. Y también que los billones gastados en generar infraestructuras y capacidad para acomodar el “crecimiento” siguen ahí, aguardando la llegada de los unicornios, los ciudadanos, sufriendo el coste en sus bolsillos vía impuestos, consumiendo menos y hundiendo aún más la demanda interna. Vamos bien.

 

Los países de Europa 2013 tienen dos alternativas: seguir el modelo alemán, que efectivamente supone “susto”, apretarse el cinturón, atacar el gasto e incentivar a la industria, o seguir el modelo “muerte” de Francia, de usar sus industrias y sus ciudadanos como instrumentos al servicio de un estado que ni genera empleo -el paro está en máximos de 13 años-, ni genera valor añadido -los márgenes empresariales se encuentran en mínimos de los últimos 10 años-, para seguir gastando y aumentando deuda -una deuda que, en términos oficiales es el 86,1% ,y en términos reales, si incluimos garantías y prestamos, supera el 146% del PIB, según Zerohedge. Sí, es cierto que usando el mismo principio de considerar toda la deuda, Alemania tiene una deuda sobre PIB de 139% comparada con el 82% “oficial”. A todos los europeos nos gusta esconder facturas bajo la alfombra, pero la diferencia es que esa cifra aterra a las autoridades alemanas y por ello buscan bajarla a toda costa. Los demás parece que no tenemos suficiente y queremos más deuda.

Fíjense en el ejemplo de esta semana de Arcelor Mittal. El gobierno francés ha amenazado con expropiarle sus activos en Francia solo por intentar reducir su plantilla cuando en Europa su sector -la industria del acero- sufre una sobrecapacidad del 20%. Una empresa que emplea a 20.000 personas en Francia es amenazada con una nacionalización por ajustar 600 puestos, menos de un 25% de lo que debería ajustar, según los analistas del sector. ¿Qué gran industria invertiría en un país donde se le puede amenazar con la expropiación? Y después nos preguntamos por qué desaparece el capital inversor industrial de Europa.

 
 
 

España: miedo y esperanza

“The Spanish inflation data is more cooked than a Gordon Ramsay roast beef”

Las previsiones para España siguen siendo cautelosas. Sí, hay que reconocer lo que va mejorando, y los datos de la balanza de pagos de septiembre son esperanzadores. Una mejora de 3.000 millones de euros respecto a septiembre de 2011 en cuenta corriente, casi 4.000 millones contando la cuenta de capital. El Eurosistema ya nos financia con 34.000 millones menos que en agosto.

España preocupa porque no es la primera vez que se habla de brotes verdes y resulta que son plantas venenosas, pero también interesa porque es un país con potencial. Un “recovery play”. Estar muy endeudado y tener una economía enormemente cíclica asusta y atrae a inversores por igual, dependiendo de su perfil de riesgo. Tener empresas con buenos activos es otro atractivo, porque siempre pueden ser vendidos para reducir deuda. Y sí, la prima de riesgo baja, pero muchos ven esa bajada como temporal, como fue la del invierno de 2011, algo así como cuando se le baja un poco la fiebre al enfermo antes de subir de nuevo.

Lo que asusta, obviamente, es que hemos perdido tanta credibilidad en las cifras oficiales que ya pocos se las creen, aunque nos parezca injusto. Hasta Goldman Sachs duda de las cifras de PIB, de manera diplomática, eso sí, en su informe “Euro area outlook 2013-16: A Long Grind as Economies Adjust”. Otro problema es que las comunidades autónomas ya son objeto de conversación hasta en el pub de la esquina, y la gente sabe que algunas han dejado de aceptar facturas desde septiembre. Es una pena, porque se nubla el esfuerzo y éxito de otras.

 

Seamos claros, merece la pena ser prudentes y no vender brotes verdes y crecimientos cuando son cuestionables o débiles. Manejar las expectativas es mucho más importante y beneficioso que tirarnos el rollo y luego decir que es una desviación ”sin importancia” o explicar que los números serían buenos si quitásemos esta u otra cantidad. Los objetivos no son “aproximaciones”. Son objetivos. Los números son los números, hay que batirlos, no cumplirlos.

En la City se percibe a España como un enorme examen a la posible recuperación. Y cada dato y resultado se va a mirar con lupa. En nuestra mano está volver a fastidiarla monumentalmente, escondiendo y extendiendo, o atraer capital y recuperar la confianza.

¿Atraer capital? Para qué si somos los mejores

Esta semana tuve una serie de conversaciones con fondos de inversión que estaban mirando la posibilidad de invertir en empresas españolas. También charlé con brókers locales que están desesperados por cerrar alguna de esas ventas, que siguen paralizadas.

Nuestros analistas patrios se han matado a hacer una venta positiva de España, dando unos cuantos datos atractivos, poniendo un poco de esperanza. Un esfuerzo encomiable. Pero los mensajes que llegan al que quiere invertir no son una fiesta. “Este es mi patio y aquí mando yo”, “aquí no queremos extranjeros”, o peor “aquí encantados de colocarle nuestro papelón, pero que no entre ni uno a opinar”, que exigen condiciones a los compradores -se lo juro-, o vender con primas de escándalo.

Según el presidente de un bróker nacional, muchos directivos aún siguen pensando que volverá 2005, que regresarán los días del crédito eterno y que entre nosotros nos bastamos y sobramos. En Reino Unido e Irlanda aún no se ha recuperado el crédito a empresas y familias después de cinco años. Un amigo de un private equity me contaba que estaba francamente decepcionado ante el inmovilismo patrioy, tras varios intentos y viajes, simplemente tuvo que decir “no aguanto más, adiós”.

En 2008, pasaba lo mismo. Los inversores se reunían con empresas en dificultades con intención de colaborar y algunas sacaban el orgullo nacional, sin dinero pero obstinado. Muchas decían que “llegaba la recuperación” y la mayoría argumentaba que “no barajamos las ofertas” “no cedemos un ápice de control”. No tengo que decirles el destrozo que siguió.

Atraer capital extranjero, de largo plazo, nos ayudaría a mejorar la imagen del país, a poner en el mapa a empresas en las que nadie se fija y a volver a modernizar el país, con la ayuda y colaboración de inversores que apoyan, acompañan y complementan. Sería un revulsivo espectacular. Pero corremos el peligro de, por obstinación y un miedo infundado, hundir la flota antes que vender un barco.

Es nuestra decisión. Si realmente nos creemos que solos salimos adelante, pues nada, hagámoslo. Al fin y al cabo, El Cid ganó una batalla muerto. Pero estaba cadáver


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Defender a España en Cataluña
EDITORIAL Libertad Digital  2 Diciembre 2012

Sin el esfuerzo solidario del resto de los españoles Cataluña sería a estas alturas una región quebrada, con una ruina financiera superior a la que ahora mismo padece Grecia. Esta es la realidad, por más que el ejecutivo convergente lleve años mintiendo a los catalanes con la estupidez de que España les roba. En concreto, tal y como hemos demostrado en nuestra sección "Libre Mercado", la liquidez extra inyectada por el gobierno de España a la administración que preside Artur Mas asciende a 11.687 millones de euros solo en 2012, mientras que el apoyo del FROB a las cajas catalanas ronda los 5.817 millones. Así pues, los españoles hemos transferido a la Generalidad de Cataluña más de 17.500 millones tan sólo en el presente ejercicio, o lo que es lo mismo, un 64% más de lo presupuestado por el gobierno autónomo catalán para hacer frente a los gastos de 2012.

Semejante esfuerzo compartido, por su carácter extraordinario, no puede archivarse como un apunte más en la gestión cotidiana de las finanzas del Estado. Muy al contrario, la gravedad de la situación económica por la que atraviesa el país y la necesidad de que las administraciones controlen su déficit en los términos acordados, suponen una exigencia añadida a la que ningún organismo puede sustraerse, y mucho menos el gobierno catalán, el más derrochador de los diecisiete miniestados que padecemos todos los españoles.

Está bien que Rajoy pretenda restablecer sus relaciones institucionales con Artur Mas, pero no a costa de relajar los requerimientos que se han establecido con carácter general a todas las administraciones. Si el nuevo gobierno catalán quiere seguir manteniendo su autonomía presupuestaria deberá obedecer los mandatos del ejecutivo, es decir, ni más ni menos que el resto de comunidades autónomas, porque aplicando reglas iguales para todas las administraciones territoriales, como exige la Constitución, también se defiende a España en Cataluña.

Esa igualdad de todos los españoles y sus instituciones periféricas es, entre otras cosas, lo que defiende el partido de Albert Rivera y que tanto parece molestar a la secretaria general del PP en Cataluña. Alicia Sánchez Camacho, partidaria de nuevos privilegios financieros para la Generalidad, ha tachado a Ciutadans de ser una franquicia del PSOE, pero en unos momentos tan graves para la unidad de España como los que atravesamos, acudir a la precisión ideológica para desvirtuar a un rival político carece de sentido. De hecho, a tenor de la política económica del gobierno de la propia señora Sánchez Camacho, pocos partidos hay más socialistas en estos momentos que el propio PP. En todo caso, si el Partido Popular de Cataluña no hubiera dejado a un lado sus señas clásicas de identidad no se sentiría amenazado por un pequeño partido como C’s, que no hace más que recuperar el mensaje nacional, solidario y vertebrador que un día enarboló Vidal Quadras en el PPC.

Lo importante es defender a España y hacerlo por igual en todo el territorio nacional. El PP puede y debe hacerlo, exigiendo a Cataluña los mismos esfuerzos que al resto de regiones y, de paso, recordando a Sánchez Camacho el discurso político que el Partido Popular de Cataluña jamás debió abandonar.

El tío Melquíades y la Cataluña del tres por ciento
Alejandro Vara www.vozpopuli.com  2 Diciembre 2012

"Señores, no puedo aguantar más. Tengo que serles franco. Estoy hasta los c... de todos nosotros". Estanislau Figueres. Primer Presidente de la Primera República española

La Cataluña del tres por ciento, seguía ahí. Cuarenta y ocho horas después del cataclismo de Artur Mas, el ídolo caído, el Moisés desmoronado, volvió a emerger el verdadero "hecho diferencial catalán". Más que la lengua, que la Generalitat, que la Moreneta, que Els Segadors, que la senyera, que el Barça, que Canaletas. El hecho diferencial se llama corrupción y atiende por el epígrafe del "tres por ciento". Maragall lo apuntó, en tiempos y sede parlamentaria, y se la envainó, segundos después. "Con las cosas de comer no se juega", vino a amenazarle Artur Mas.

Manuel Bustos, alcalde Sabadell, la quinta población catalana por número de habitantes, presidente de la Federación Catalana de Municipios, peso pesado del PSC, populista, caciquil y vocinglero, era imputado este martes por presunta corrupción urbanística y otros cargos del entorno de la "mordida". Caía en el mismo paquete Daniel Fernández, secretario de Organización de los socialistas catalanes, director de la campaña electoral de Pere Navarro (cincuenta mil votos y siete escaños menos), diputado en el Congreso, salpicado por un feo asunto de tráfico de influencias.

Una Ley no tan ciega
Sólo habían pasados dos días desde el descacharrante final de la huída hacia adelante de Mas. ¿Demasiada coincidencia? ¿Una vendetta de CiU por el escándalo de las cuentas corrientes en Suiza? Algo peor. Los jueces, según trascendió, evitaron influir en la buena marcha de la consulta electoral. La Ley en Cataluña parece que no es ciega. Es sensible a los calendarios políticos, a los colores de los partidos y hasta a los nombres y apellidos de los presuntos delincuentes. Otro hecho diferencial. Pregunten al fiscal jefe de la Comunidad, tan brioso al perseguir a quienes filtran papeles contra Convergencia.

La consulta soberanista de Artur Mas parió un ratón. Lejos de la "mayoría excepcional" se estrelló en "derrota excepcional". Un colosal bochorno, un estruendoso fracaso. El voto independentista se escapó por la tronera de ERC y el "rey Artur" se quedó con la cara lela, compuesto y sin pareja de baile. En el balcón del Majestic, perplejo y pasmado, tenía la misma expresión de Ibarretxe tras contemplar el naufragio de su plan en el Congreso de los Diputados. A uno, como dejó escrito Francesc de Carreras, le empujó Arzalluz a su delirio. Al otro, un avieso Pujol, en avanzado estado de ensoñación prometeica.

El abismo financiero
Ahora toca gobernar. CiU, que ha practicado durante tres décadas el rentable papel de "llave de la gobernabilidad del Estado", o sea, de vender sus apoyos parlamentarios a PP y PSOE a cambio de alegría en la caja registradora, se encuentra ahora ante un panorama de endiablada inestabilidad. Al borde del abismo financiero, pendiente de la elaboración de unos presupuestos necesariamente impopulares y dolorosos, con tanta credibilidad crediticia como un euro de cartón, 800.000 desempleados, una deuda de 44.000 millones y una sociedad que ha pasado del delirio secesionista inducido por voceros, intelectuales, cultureta, periodistas y predicadores, a la más lacerante postración.

Artur Mas está políticamente muerto y listo para el sacrificio. CiU, electoralmente desarbolada. El soberanismo, muy vivo aún en el Parlament, anímicamente hibernado. Los responsables máximos de este cataclismo, señalados por los tribunales bajo la hedionda sospecha del cambalache del tres por ciento. Y sólo un camino para huir del desfiladero: negociar con Madrid, entenderse con el PP, atender las exigencias de Montoro. Casi nada. "Un político razonable", calificó el diputado popular Rafael Hernando al farisaico Duran Lleida, que ha pasado de su presencia cojitranca en la manifa de la Diada independentista a convertirse en el "puente imprescindible" para negociar las cuentas con Hacienda. Un desideratum. En suma, lo que viene a ser la política.

La Cataluña del tres por ciento está avocada a una refundación de raiz. A reorganizar sus estructuras políticas, a fortalecer sus controles democráticos, a dinamitar la pestífera financiación de sus partidos. Recordemos Banca Catalana, Filesa, Casinos, Pallerols, Palau, Campeón... y ahora, Mercurio y el tío Melquíades del alcalde de Sabadell, a quien su sobrino, el edil Bustos, nombró presidente de la empresa municipal de la vivienda para llevarse por la cara proyectos y concesiones urbanísticas. El oasis apesta. ¿Quién lo saneará? Sólo el viento fresco de un partido, Ciutadans, aún en enaguas pero creciente, señala el camino de la casi imposible regeneración.

Como todos sabían, salvo Mas y sus palmeros, no es una Cataluña independiente la solución. Todo pasa por darle una patada al tablero y repartir de nuevo las cartas. Con otros nombres, otras reglas de juego y otros códigos deontológicos. Inyectar ética pública, moral democrática y responsabilidad institucional donde ahora sólo hay trampa y mugre, corrupción y compadreo. Un empeño casi imposible en una comunidad hipnotizada y manipulada por el nacionalismo y su abrumadora propaganda. Son treinta años de adoctrinamiento y manipulación. Y de tres por ciento.
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Barómetro del Gobierno: Malos tiempos para Gallardón, con todos los frentes de la Justicia sublevados. Enrevesados para Ana Pastor, con Iberia sublevada, fuera de control, y las Navidades que se acercan. De Guindos y su valiente plan antidesahucios le salva esta semana la cara al Gobierno.

Regresión
EUGENIO TRÍAS SAGNIER, FILÓSOFO ABC  2 Diciembre 2012

«De repente, un amplio sector de la población se pone en manos del caudillo visionario, perdiendo toda perspectiva de presente y de futuro, desoyendo las voces que aconsejan prudencia y seny. Ese tan cacareado seny catalán deja paso al delirio»

COMO mostró Sigmund Freud en uno de sus más brillantes ensayos, Psicologíadelasmasas, la masa es masa enamorada. Para que esa patología alcance su máxima intensidad requiere un caudillo carismático, un personaje visionario que hable en una intencionada confusión de tiempos, mezclando el presente con el futuro que se promete, oponiendo a las miserias del día a día la belleza sublime de lo que se trae a presencia desde un futuro de incertidumbre.

El caudillo carismático carece de dudas; todo en él aparenta ser certeza, evidencia. Hasta el rostro, la mirada, las mandíbulas salientes, el cuerpo entero se ajusta a ese personaje que se va construyendo. Enuncia por activa y pasiva ser testigo y guía de un acontecimiento histórico para su país, el más grande en un milenio.

Entre figurar como el president de los recortes o su investidura como líder visionario ha elegido, con perturbada inteligencia, la segunda opción. Y ha comunicado su emoción, su pasión, su leyenda a un importante sector de su pueblo que le sigue a ciegas y a otro sector de indecisos que prefieren aparcar las dudas, secundando la apuesta heroica y la épica sublime de su caudillo.

Nunca como ahora reza el dicho de que entre lo sublime y lo ridículo hay sólo un paso. Introducir racionalidad en este delirio colectivo no es posible. Se ha rebasado la delicada franja de nuestra normalidad neurótica, de nuestras histerias y obsesiones, en dirección extraviada hacia una regresión psicótica. La que padece toda masa enamorada, conducida por un caudillo que sólo atiende a su imaginario ferviente.

Max Weber distinguía tres suertes de legitimación del poder de dominación: el tradicional, el carismático y el racional-burocrático. Lo propio de este último, lo que le emparenta con la modernidad, es su naturaleza des-encantada. La legitimidad la proporciona el propio funcionamiento racional, lejos de místicas de raza o tierra, o de comunicaciones con el más allá.

El poder racional-burocrático rompe el hechizo religioso del segundo estadio, el que surge de la irrupción de un liberador: Moisés, Mahoma, Zaratustra. O el de los nacionalismos emergentes decimonónicos (surgidos tras la descomposición de imperios: el turco, el austro-húngaro). O el que se produce, lleno de legitimidad, en los procesos de descolonización en Asia, en el Oriente Medio, en África.

Pero no es el caso de Cataluña, que apostó por las reglas de juego de la Constitución en hermandad con los principales partidos de la nación. Y que se comprometió a ser leal al Estado de las Autonomías, o a proponer reformas de la Constitución desde dentro del sistema vigente, salvaguarda de una democracia que ha permitido a los españoles vivir muchos años de paz civil y de prosperidad social.

Pero el caudillo visionario prefiere encarnar este papel —histórico, sublime— al de un modesto gestor de los desaguisados económicos del país (sus despilfarros, sus corrupciones) y la consiguiente ola de descontento por la situación crítica (huelgas, manifestaciones). Y en esa regresión del desencantado régimen racional, germen de una prometedora democracia, aparecen formas que creíamos orilladas debido a un error de óptica. Ingenuamente pensábamos que esta terrible crisis económica y social que padecemos tenía algo positivo: no dejar espacio, como sucedió en los años treinta, a totalitarismos emergentes, nacional-socialismo, comunismo estalinista.

De repente, un amplio sector de la población se pone en manos del caudillo visionario, perdiendo toda perspectiva de presente y de futuro, desoyendo las voces que aconsejan prudencia y seny. Ese tan cacareado seny catalán deja paso al delirio; la celebrada rauxa, a la regresión psicótica.

Y los que participan de la misma fe (en el caudillo; en el imaginario tribal que de este modo se construye) quieren formar una unidad indisoluble. Se constituyen comunidades de creyentes que aguardan el pentecostés de las esencias patrias, en un delirio esquizofrénico que sabe alternar la visión profética de Utopía con el atajo que pretende sortear una situación económica insostenible.

Aunque no se les haga demasiado caso en Moscú ni en Bruselas, porfían en su empeño. Y en lugar de apelar al sentido racional de la ética moderna, con su ecuación de libertad y responsabilidad, hacen dejación de ésta, en vista a la suprema liberación, la que el caudillo carismático propone y dispone.

Y para cerrar del mejor modo el círculo regresivo que erige ese nuevo Santuario donde se rinde culto al nacionalismo excluyente, se apela a la más perversa Teología Política, la de Carl Schmitt: la dialéctica entre el amigo y el enemigo, y la distinción entre el enemigo privado ( inimicus) y el hostes: aquél a quien es lícito declarar la guerra (el judío para el nuevo Estado alemán, el burgués para el totalitarismo estaliniano). El enemigo público es, para el nacionalismo que padecemos, España (o los españoles que no son catalanes; o el Estado español).

Sigmund Freud, si resucitase, podría elaborar el más certero ensayo sobre esa psicosis colectiva, de naturaleza regresiva, que consigue enajenar, de pronto, a un sector muy amplio de la población, ante el estupor y la perplejidad de quienes son interpelados como enemigospúblicos (el resto de los españoles y los muchos catalanes que no son nacionalistas).

El obvio cierre de filas ante un desafío —tan delirante como efectivo— es visto como «nacionalismo español». En la pleamar de este delirio llegan a oírse lejanos e inquietantes tambores de guerra, o aviones que parecen hacer siniestras maniobras.

Se fabula, se desea, se quiere que al Santuario Local se contraponga un viejo Estado-Nación en horas bajas. Se aprovecha de manera desleal las cuitas de ese Estado que proporcionó, ayer, pingües beneficios. A quienes fueron socios del partido gobernante en la Generalitat, en una primera singladura, se les esquina casi sin previo aviso e incluso se les somete a la urgencia de un chantaje.

El único remedio a toda esta pesadilla radica en la unión, mal que les pese, entre los partidos que establecen una tajante línea roja a la separación de una parte del Estado-Nación. No es aceptable el riesgo del corpsmorcellée ( Jaques Lacan), o del fantasma de la castración. Los mecanismos de represión y sublimación deben funcionar del mejor modo; en los pueblos lo mismo que en las personas y, desde luego, en el ordenamiento jurídico que regula el juego político en una democracia moderna.

Pertenezco a una generación que soñó con un estimulante y sugestivo proyecto de vida en común: la consolidación de una democracia en un país asolado por caciquismos, santuarios locales y atrasos seculares. Y que cerró la más cruel de las guerras con una dictadura de cuatro décadas.

Se orilló el analfabetismo, logró invertirse la proporción entre campo y ciudad. En los años setenta se inició un cambio histórico económico y social que culminó en una democracia, a través de una Monarquía Constitucional presidiendo el Estado de las Autonomías. La inviabilidad de los excesos de éstas no significa necesariamente su supresión. La unión hace la fuerza. La unión nos permitirá convivir con otros Estados-Nación en un proyecto europeo como máxima prioridad.

¿Y por Cuenca?
J.M. Ruiz Soroa El Correo  2 Diciembre 2012

No acaban de entender la razón por la cual toda la intelectualidad española proclama compungida que, desde hoy mismo, hay que encontrar la forma de que los catalanes estén contentos en España

La actualidad estrepitosa pide a este opinador que diga algo sobre el reciente viaje a ninguna parte del nacionalismo catalán. Se lo exige, casi. Y, sin embargo, hay algo en él que le hace rebelarse contra esta exigencia. Y es que –me digo– ¿por qué siempre tenemos que estar en España hablando de las últimas ocurrencias de los nacionalistas catalanes o vascos? ¿Es que en el resto del país no sucede nada digno de atención? ¿Sólo ellos merecen interesarnos por sus cuitas? ¿Por qué no hablar de lo que queda de España en lugar de devanarnos los sesos con las tribulaciones metafísicas de los periféricos?

Por eso, en lugar de con catalanes hablo con un amigo conquense. ¿Qué hay por ahí? Lo primero, me dice, estoy muy orgulloso de la calidad de la ciudadanía de aquí, que ha asumido con toda naturalidad (incluso con un cierto deje de indiferencia) la reciente reclamación de independencia de Cataluña. Hace unos años, no tantos, se hubiera montado una verbena patriótica para defender la sagrada unidad. Estos meses, por el contrario, las gentes han mirado con un cierto asombro el estallido catalán, pero sin acritud ninguna y, sobre todo, sin excitarse. Han visto cómo llovían sobre sus cabezas los más curiosos improperios del catalanismo, que les acusaba al tiempo de robar a ese país, de despreciar su cultura y de intentar imponerles otra identidad. ¡Vaya pataleta absurda!, han pensado, deben referirse a otros, no a nosotros. Se han reído un poco cuando los catalanistas han hablado de ejércitos y sables, meneando la cabeza con sorna: ¡pues sí que están los tiempos para golpes militares! Les ha resultado un pelín patético ese recurso de los catalanistas a la amenaza de la fuerza para hinchar su fervor. Al final, la mayoría ha pensado que, si de verdad nos ven así, mejor que se vayan, que ya nos arreglaremos sin ellos. Aunque también muchos han rumiado que no, que en el fondo no quieren irse, que sólo quieren gritar para mamar.

Y este es el punto que tiene un tanto escamados a los conquenses. El por qué en este país nuestro sólo maman los que gritan. No acaban de entender la razón por la cual toda la intelectualidad española proclama compungida que, desde hoy mismo, hay que encontrar la forma de que los catalanes estén contentos en España, que hay que reformar el Estado para que estén cómodos y se sientan queridos. Que hay que federalizar el Estado, como dicen los más finos. Pero bueno, si ellos son los que han armado el lío, que lo solucionen ellos, dicen los de Cuenca. Si tienen un problema tan gordo para ser ciudadanos de este Estado, ése es su problema, no el nuestro. ¿Por qué debemos asumir como propio el problema de ellos, por qué siempre tenemos nosotros que dar para que ellos vuelvan otra vez a quejarse? Los conquenses son en esto muy castizos y de mente un tanto cuadrada: cada uno debe resolver sus problemas, no endosárselos a los demás como si fueran de todos. Porque no lo son. Y resulta un tanto pueril pedirnos ahora que les demos besos a los catalanes para que se sientan estimados. Que se aclaren ellos solitos sobre sus sentimientos, que ya son mayores para hacerse un psicoanálisis.

Además, dicen en Cuenca –en voz baja– ¡vaya momento han buscado los señoritos para montar el pollo! Seguro que hubo ocasiones mejores, en que podían causar menos daño de imagen al resto que no éstos de presión en los mercados. Aunque la provincia está tierra adentro, hay quien menciona incluso eso de los barcos y las ratas.

En el fondo, a los de Cuenca esto de los nacionalismos hispanos les recuerda el cuento famoso de la ‘apuesta de Blaise Pascal’, aquel estricto francés que defendía el acierto lógico de apostar por la existencia de Dios puesto que, si existía, nos premiaría, y si no existía, nada perdíamos. Pues bueno, dicen, los nacionalistas parecen pascalianos permanentes de la política española: no cesan de hacer apuestas arriesgadas por uno u otro plan de más autogobierno, más nación, más poder, más lo que sea. Si sale cara, ya lo tienen; si sale cruz, no pierden nada porque el resto del Estado no se atreve a cobrarles la apuesta. Ser político nacionalista es un chollo, dicen los de Cuenca: salga lo que salga, ganan. Pero ganan porque los demás tenemos el complejo de la deuda impagable: los españoles tenemos con las naciones oprimidas una deuda imborrable e infinita, una verdadera hipoteca perpetua. Nunca la pagaremos, según parece. Hay quien dice, en este sentido, que Pascal se equivocó de medio a medio: porque si Dios existiese no dejaría de castigar a alguien tan hipócrita como para hacer apuestas sin creer en él. Pues eso, dicen algunos conquenses, ¿cuál es el coste a pagar por las apuestas catalanas fracasadas?

Mi amigo de Cuenca se vuelve un tanto pesado en este punto. No parece, me dice, sino que España es como un equipo de fútbol en el que juegan unos Messi o Ronaldo, a los cuales hay que pagar sueldos muy por encima de los demás y que, además, pueden jugar con poco esfuerzo y reclamar la pelota. No parece sino que para España es un lujo tener en el equipo a Cataluña y Euskadi, y que ese lujo hay que pagarlo en privilegios y tratos de favor. Y, dice el hombre, los de Cuenca preferimos, si se nos aprieta, jugar solos, sin estrellas que salen tan caras y que, encima, nos recuerdan todos los días que no estamos a su altura. Que se vayan a jugar a otra liga, y nos dejen la nuestra humilde. Los de Cuenca, en pocas palabras, no entienden muy bien por qué en España damos a unos pocos tanta capacidad para hacerse las víctimas y llorar, mientras a los muchos que tiran del carro les recriminamos por su insensibilidad y les pedimos más comprensión para las pobrecitas víctimas del centralismo. Pero tampoco les interesa mucho el asunto, no crean.

Aznar presenta el primer volumen de sus memorias
Cree que Cataluña ha iniciado un "camino suicida"
Aznar: "Los políticos se han convertido en un problema grave para España"
Europa Press, Periodista Digital  2 Diciembre 2012

El expresidente del Gobierno José María Aznar considera que "los políticos se han convertido en un problema grave para el país" y ha definido el momento actual como "uno de los más desalentadores de toda la historia de la Transición".

En una entrevista que publica el diario 'El Mundo', Aznar afirma que no le gusta la situación política en este momento y sufre observando a España. "Hoy la política no es atractiva para la gente capaz (...) No existen interlocutores para recuperar el consenso", resalta.

Para el expresidente, el consenso lo rompe su sucesor, José Luis Rodríguez Zapatero "cuando intenta eliminar a media España para pactar con quienes quieren cargarse el país". "Cuando crees, como Zapatero, que hacer política es simpatía y relaciones públicas, se paga un precio altísimo", ha indicado.

En cuanto al Estado autonómico, ha indicado que lo defiende y que su Gobierno logró "culminarlo" pero el PSOE y los nacionalistas "lo desbordan y llevan al país a la centrifugación de Estado". Al respecto, Aznar ha acusado a los nacionalistas de "deslealtad" con España y con Cataluña.

En este sentido, desvela lo que le dijo al expresidente catalán Jordi Pujol: "Te ofrezco respetar estos pactos, que juguéis un papel relevante y entréis en el Gobierno", pero "no quiso".

Sobre Bildu, Aznar asegura que su legalización "ha infringido un grave daño a la democracia española" y ha señalado al Tribunal Constitucional de este hecho porque cree que su responsabilidad al respecto es "enorme". Del mismo modo, se ha referido al caso del etarra excarcelado Bolinaga, un hecho que, según ha apuntado, le parece "lo suficientemente rechazable como para esperar que no se vuelva a repetir".

Finalmente, el expresidente ha señalado que España "va a salir de esta" porque "es la obligación de los líderes políticos". Tras señalar que él dejó a "17 millones de personas trabajando sin prima de riesgo, con triple A y superávit", ha indicado que ahora "hay bastante gente agitando lo que no debe" pero que está "muy decidido a promover lo que cree que se debe hacer".

¡ J... con centroman !
Nota del Editor  2 Diciembre 2012

¡ Toma ya ! ¡ J... con centroman!, el tipo que vendió España a los nazionalistas por un puñado de lentejas y que descabezó el PP en Cataluña sin que haya levantado el vuelo desde entonces.

¿ Manda h...! que diga que los políticos se han convertido, cuando está en su ser, porque no son políticos, son profesionales de la política.

Todos somos políticos, pero los que tenemos principio éticos y tratamos de hacer lo mejor posible para todos, no somos profesionales de la política, nuestro interés es España y por tanto el mundo, y
no nos dedicamos a hacer todo lo peor posible para mantenernos viviendo ahora y luego a costa de los demás mortales que no son profesionales de la política..

A este tipo le tuve que escribir una carta para que no me insultara, y no por hablar catalán en la intimidad sino por afirmar que en las regiones donde hay lenguas regionales apoyadas por las anticonstituionales leyes de imposición lingüística (la de Galicia obra del PP), podía hablar cualquier lengua y nada sobre mis derechos como español hablante ni sobre la letra y el espíritu de la constitución española, destrozada en sucesivas sentencias por el desprestigiado tribunal anti constitucional.

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