AGLI Recortes de Prensa    Domingo 16 Diciembre 2012

El PP: sostenerla y no enmendarla
Eduardo Arroyo www.elsemanaldigital.com  16  Diciembre 2012

Mas y ERC están a punto de pactar un referendum soberanista y Rajoy dice que le preocupa. ¿La razón? Que las autonomías deberían de preocuparse del paro y la crisis.

Al señor Rajoy y a los cerebros que habitan La Moncloa, ahora lo mismo que con Aznar, se les antoja que la economía es lo que importa. Y lo peor es que siguen reiterando la idea, pese a que a los demás no solo la economía les parece importante. De ahí que multitud de cretinos que abogan por la destrucción del país, jueguen con ventaja frente a un gobierno que simplemente les deja hacer porque considera que lo que otros hacen no es "importante". Es difícil ser más necio.

Ahora piensan en reformar la Ley Orgánica de Educación. No es que uno piense que no hace falta porque quizás haya pocas cosas más necesarias. Los enemigos de la reforma se escandalizan porque quieren acabar con la "educación pública", dicen. Me parece muy mal a mi también toda vez que la destrucción de lo público equivale al desmantelamiento progresivo de los Estados-nación, tantas veces denunciado desde estas páginas. Pero lo que resulta indignante es que tanto defensor de la "educación pública" no protestara también cuando la LOGSE nos llevó a cotas de fracaso escolar y de burricie nacional ante las que la izquierda no movió un solo dedo.

Entonces no había "marea verde" ni encierros de docentes ni nada por el estilo porque era "su" burricie. Un modelo de analfabetización y de aculturación inducida desde arriba del que ellos habían decidido lucrarse políticamente. Los chavales de hoy, que creen que España es un invento de Franco, que no saben situar en el mapa el río de la comunidad autónoma de al lado o que creen que su región es un país "invadido" por España, son fruto directo de la mencionada ley. Para más inri, el "progresismo" en pleno decidió que sus taras, fobias, filias, majaderías y demás fuesen institucionalizadas en forma de "Educación para la Ciudadanía", con el apoyo de algún que otro filósofo habitante del planeta inopia. Para estas cosas no ha habido "protestas" ni similares porque si en algo es maestra la izquierda -en todo lo demás ha fracasado- es en el arte de la propaganda, que ha sido lo suficientemente exitosa para que la gente crea que las manifestaciones de la era Zapatero contra su educación parasoviética eran solo protestas de los "fachas", mientras que cuando ellos se manifiestan contra el PP entonces se trata del sentir general de "la calle". Eso es todo.

Pero resulta que para contrarrestar los desmanes de la izquierda; esto es, del puro nihilismo social al que ésta ha quedado reducida, tenemos un gobierno que cree que la economía es lo que justifica todo. Léanse, por favor, el primer párrafo del anteproyecto de la Ley de Mejora de la Calidad Educativa, que creo que se llama: la educación es importante porque mejora la competitividad en el mercado global y confiere puestos de alta cualificación, lo que permite el crecimiento económico. Luego viene lo demás pero no crean que se desgañitan mucho a la hora de decir que la educación es importante por muchísimo más que por eso. Podían haber dicho que gracias a la educación la persona se realiza, el país gana cohesión y profundiza en su identidad, la gente es menos individuo y más persona y, por consiguiente, resulta menos manipulable por el poder. Gracias a ella, la empresa puede dejar de ser un frente de lucha de clases y pasar a ser una comunidad de trabajo. La gente hace menos caso a Wyoming y opta por no tener televisión o no leer Público. Incluso llena su tiempo con cosas valiosas.

Pues no. Es importante porque gracias a ello somos más competitivos. Me pregunto: ¿en qué? ¿Es más competitiva China con su población analfabeta y sus salarios de hambre? Desde luego que sí. ¿Es interesante la Educación de los empresarios que viajaban con Esperanza Aguirre o Zapatero a lucrar sus negocios en un país que ha conseguido una síntesis proverbial entre lo peor del capitalismo y lo peor del comunismo? Pues a muchos no nos interesa lo más mínimo pero sin duda son más competitivos. Y luego se extrañan de que les echen en cara la "mercantilización" de la enseñanza, pero pese a todo sus gurús siguen pensando eso de que "es la economía, estúpidos", que dijo alguien.

Y sin embargo es un tipo de economía muy singular: cada vez que el gobierno toma una decisión, no es raro que dos o tres mil personas vayan a la calle, que un servicio ofrezca menos por más o por lo mismo, que se cierre una empresa o un servicio público, que se suba un impuesto o que nazca otro. Todo esto es "necesario", no se sabe para quién pero es, en todo caso, "necesario". ¿Y cual es el resultado? Desmoralización general. Rajoy reitera su ya consabida amargura de que han de tomarse "decisiones difíciles" pero ¿qué arregla eso? Sus políticos desde luego llegan todos a fin de mes y no deja de ser asombroso que nadie, nadie en la clase política, desde los más tontos -Bildu, ERC, etc- hasta los partidos más homologados -PP, PSOE, IU, etc- saquen los pies del tiesto. Las diferencias estriban en los distintos tipos de "ajuste", todos institucionalizados por el criminal Pacto de Estabilidad de la Unión Europea, algo que nadie, como digo, critica.

Por ejemplo, los botarates de ERC, cuyo paradigma de nivel es Joan Tardá, recuperan el impuesto de sucesiones. ¿En qué términos? Desde luego, como víctima del impuesto de sucesiones en mi comunidad el tema me interesa, pero lo decisivo es saber que, izquierdas o derechas, todos coinciden en que el "ajuste" debe realizarse y solo discrepan en sobre qué hombros debe recaer. El colmo de la estulticia y de la ignorancia, sin embargo, es el de los partidos "independentistas" que reclaman dicha independencia como modo de salir de la crisis, demostrando así que no entienden absolutamente nada más que del monotema recurrente de sus neurosis personales.

Ante este panorama, quisiéramos hacer un llamamiento para romper con todos, hasta que ni un partido ni un sindicato ni una asociación de las que gozan de respetabilidad pública tenga un solo voto de persona sensata alguna. Es necesario arrinconar a la clase política en bloque y a quienes les apoyan en los medios, en las universidades y en el poder financiero, porque todos ellos son, lo quieran o no, el camino jalonado de sufrimiento que conduce hasta la quiebra de nuestro futuro.

¿Una sola dirección?
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es  16  Diciembre 2012

El Gobierno es ajeno a sus convicciones y aplica las ideas de sus adversarios.

Es conocida la afirmación del presidente del Gobierno de que frente a la crisis “no hay otra política posible”. Esta política ha consistido esencialmente en alguna reforma liberalizadora acertada, aunque incompleta, en una subida de todos los impuestos directos e indirectos hasta niveles confiscatorios y en una reducción de gastos de carácter lineal y general manteniendo la mayor parte del entramado institucional y administrativo.

Pese a estos sacrificios exigidos a las familias y a las empresas, el paro ha seguido subiendo, el déficit no ha descendido a los niveles programados y el endeudamiento también ha mantenido su ritmo ascendente. Las previsiones para los años 2013 y 2014 son igualmente sombrías. Por tanto, se trata de una estrategia inadecuada en la medida que no consigue sus objetivos. Por supuesto, existe otra política, que consiste en incentivar fiscalmente el ahorro y la inversión, liberalizar a fondo la economía, recuperar en serio la unidad de mercado interna y disminuir los gastos del Estado mediante reformas estructurales profundas que reduzcan el presupuesto en 100.000 millones y el número de asalariados públicos en un 30% en los próximos cuatro años.

Sin embargo, el Gobierno se mueve en un marco conceptual socialdemócrata ajeno a los deseos y convicciones de sus votantes y aplica, pese a su mayoría absoluta, las ideas de sus adversarios, que no por ello dejan de machacarle. La pregunta es si el Gobierno del PP actúa de forma tan inconsistente porque ha cambiado de bases conceptuales, porque no se ve capaz de enfrentarse a las movilizaciones de la izquierda o porque no se atreve a desmontar la partitocracia de la que tanta gente medra a costa del sufrido contribuyente. Cualquier respuesta resulta decepcionante.

Gente con autodeterminación
Sabino Méndez. La Razón  16  Diciembre 2012

A los catalanes nos da, cada tanto, por soñar que nuestra región hubiera sido un estado europeo en el siglo XIX, época de auge de las naciones. Es algo comprensible en una región con lengua autóctona; imaginar países alternativos donde pudiéramos resultar, en teoría, tan finos e industriosos como Holanda, Dinamarca o Bélgica. Pero siempre, al cabo de un rato, acabamos haciendo recuento de la realidad de nuestra propia tierra y concluyendo que fundirse con aquel proyecto renacentista llamado España no estuvo tan mal. Los peores momentos han sido los de gobiernos totalitarios, pero en democracia ese proyecto nos ha dado más alegrías que disgustos.

Cíclicamente, aparecen gobiernos autonómicos rodeados de casos de corrupción que, como salida desesperada a su fracaso administrativo, intentan aventar las cenizas de guerracivilismo de la región y volver a enfrentar a unos catalanes con otros para beneficio propio. Usan para ello el argumento de la autodeterminación de los pueblos, que queda bonito sobre el papel, pero resulta muy inconsistente y delicado en la práctica, porque lo único que es real en la vida humana es la autodeterminación de los individuos, que todos saben lo que son, mientras que nadie ha sido capaz todavía de explicarnos dónde empiezan y acaban exactamente tales pueblos. Lo único incontestable en los pueblos es que están formados por individuos y éstos tienen una manera clara de expresar su voluntad: el Estado de Derecho. Los pueblos, por el contrario, aún no sé sabe por boca de quién hablan y todo está aún por averiguar a ese respecto. Por tanto, desde el punto de vista ético, trasladar la libertad y la soberanía del individuo a un supuesto sujeto colectivo (es un ejercicio intelectual muy feo). Casi podría hablarse de un robo o una estafa al individuo concreto.

Mas desvaría y Soraya se desmaya
Pablo Sebastián www.republic.com 16  Diciembre 2012

Mientras Artur Mas se sumerge cada vez mas en el pozo de la locura independentista, preso de mesiánicas convicciones y de iras furibundas por sus propios fracasos y las provocaciones que le llegan de Madrid, en su coalición, CiU, y en la alta burguesía de Cataluña que lo sostienen, permanecen perplejos y prestos a acatar todas y cada una de las condiciones que ha impuesto el líder de ERC, Oriol Junqueras. El que ha convertido a Mas en su marioneta y rehén (dado que sin la investidura Artur Mas se tendría que marchar), y que tiene bajo su mando el gobierno de Cataluña y su demencial cabalgada hacia ninguna parte, a pesar del empeño de ambos, de Mas y Junqueras, de que los catalanes sean expulsados de Europa.

Pero mientras Mas sufre un ataque de desvarío y anuncia que va a romper la unidad de España, presentando una hoja de ruta clara y ajena a la legalidad, en Madrid Rajoy y su Gobierno permanecen en la inopia y como siempre huyendo de la realidad y de lo que se revela como una necesaria y contundente respuesta a este nuevo y demencial desafío catalán.

Sin embargo, todo lo que se le ha ocurrido al Gobierno de Rajoy sobre el pacto de legislatura hallado entre CiU y ERC, que incluye la ruptura del Estado y la violación de la legislación vigente y la Constitución, ha sido decirle a Artur Mas que “reflexione” y porque ha desbordado sus propias ambiciones soberanistas, las que eran de por sí todas ellas inconstitucionales. Eso es lo que le ha dicho Mas la presidenta en funciones del desvaído Gobierno de España, Soraya Sáenz de Santamaría, cuyo desconocimiento de la política, la gestión pública, la comunicación y la coordinación del Gabinete -donde los ministros van a sus anchas-, empieza a ser demasiado evidente y un problema de incidencia nacional.

La ‘niña de Rajoy’ no da la talla, ni dice la verdad -o la oculta- en muchas de sus ruedas de prensa, y cuando se enfrenta a un asunto importante -de esos de los que huye Rajoy – aparece perdida y sin respuesta para abordar la trascendencia que se le presenta ante sus narices, como le ocurrió ayer a Sáenz de Santamaría tras el Consejo de Ministros que presidió -pero ¿en manos de quién estamos?- por ausencia de Rajoy. Y a cuyo término, y en la rueda de prensa, se le pidió una respuesta al anunciado pacto de legislatura entre CiU y ERC. El que incluye el referéndum ilegal, Hacienda propia, banco nacional, seguridad social, etcétera, y todo esto que conduce a un Estado propio, como reconoció, sin inmutarse, la vicepresidenta con una sorprendente complacencia y candidez.

Actitudes desde las que dijo, como si escuchara llover, que el pacto CiU-ERC va “más allá” de lo que inicialmente había planteado Artur Mas. Como si lo del referéndum de Mas a ella y al Gobierno de Rajoy les pareciera ¡excelente! Y luego llegó la retahíla de las bobadas habituales como lo de pedir a Mas “reflexión, estabilidad” y evitar situaciones que crean “incertidumbre”. Mientras desde Bruselas el presidente Rajoy (otro que tal baila) añadía que lo prioritario ahora es la crisis económica.

Y eso es todo. Se anuncia en Cataluña un gobierno de ruptura con España con una hoja de ruta de desafíos al Estado y la legalidad, y en la Moncloa no saben qué decir. Y como de costumbre también huyen del conflicto y no marcan las líneas rojas oportunas ni advierten que España no va a consentir nada de esto, y que un gobierno catalán que se pone fuera de la legalidad no es interlocutor válido para nada ni para nadie en el Estado español, etcétera.

De manera que este gobierno que es tan bravo para ponerse chulo por boca de Wert, Gallardón o Montoro, generalmente en contra del conjunto de los españoles y abriendo problemas donde no los había, cuando se le presenta un desafío frontal se desvanece, se esconde, balbucea y no ofrece la menor muestra de autoridad ni de talento político.

Puede que, como le ocurrió en las pasadas elecciones catalanas, Mas no necesite otros adversarios porque consigo mismo se basta para arruinar su carrera política y liquidar, por mucho tiempo, los disparates de los nacionalistas. Pero se ve que Su fracaso el 25-N no le ha servido de escarmiento, entre otras cosas porque ahora sólo piensa en salvar su propio pellejo y sabe que sin el apoyo de ERC se tendría que manchar en la compañía de los Pujol. Pero Mas parece no haber entendido que si Madrid dice alto y claro “no” se le acabó su plan independentista y todo lo demás. Y además su base electoral (que le abandonó en un 30 % el 25-N) no le seguirá porque se quedará en casa o simplemente se pasarán a ERC.

Pero que Mas se interne cada vez más en el pozo que él mismo ha horadado y del que difícilmente podrá salir, no es óbice para que el Gobierno de España ponga las cosas en su sitio. Porque hay -en Cataluña y en el resto de España- millones de españoles que están hartos de malas noticias, de batallas ideológicas gratuitas -como las de Wert y Gallardón-, y que no entienden que, en medio de los graves problemas nacionales, el Gobierno calle ante semejantes desplantes y desafíos de Mas y Junqueras. Y que la sola respuesta sea la de ‘la niña de Rajoy’, diciendo que CiU va “más allá” de lo que se había planteado. Y ¿eso es todo, en nombre de la soberanía nacional?

No pasarán
J. de Mendizábal www.vozpopuli.com 16  Diciembre 2012

Cada día se pueden encontrar infinidad de artículos y comentarios de gente, bastante sensata en general, pidiendo un acuerdo entre las dos grandes formaciones políticas para alcanzar un gran Pacto de Estado sobre los gravísimos problemas de España. Y, para variar, no nos estamos refiriendo al calamitoso estado de las cuentas públicas, la deuda insostenible o los impagos de la Administración.

Sin ánimo de resumir, los problemas, en efecto, son gravísimos: Dos independentistas gobernarán en las dos regiones tradicionalmente más prósperas e industrializadas de España y, casi lo que es peor, sus gobiernos dependen del PSE/PSC ó, ya en nivel suicidio, de Bildu/ERC. Desgraciadamente, en ambas comunidades la fuerza del PP es irrelevante porque, estando cercanos ideológicamente (si es que el centrismo puede ser considerado una ideología), el factor independentismo hace imposible cualquier tipo de posible acuerdo.

Por otra parte, en la región más poblada de España, gobierna el PSOE con los comunistas, algunos de cuyos representantes asaltan los fines de semana, fincas y supermercados. Y, de paso, roban. Sus socios del PSOE andaluz no reprueban el tema porque ellos también han robado de lo lindo: caso ERES, Invercaria, la Federación de Mujeres Progresistas (sic), Mercasevilla y etcétera, etcétera periódico. Las cifras de paro en la región (34%) no es que sean insostenibles y distorsionen al alza la cifra de paro del conjunto español, es que van a alcanzar niveles de la África más profunda porque, obviamente, no va a entrar un duro de inversión privada en un lugar donde mañana puede pasarse directamente al asalto masivo o a la expropiación (que es lo mismo).

No se trata de hacer un repaso comunidad por comunidad, pero desgraciadamente hay que citar a Extremadura y Valencia. Una porque su Presidente, en manos de IU, ha decidido saltarse las directrices del Gobierno de España a la torera y sí va a pagar la extra de los funcionarios en un flagrante fraude de ley, además pretende cobrar un impuesto a la banca y, en breve, no descartemos nuevas tasas e impuestos. Y, la otra, porque aunque casi estemos curados de espanto, debemos seguir considerando reseñable que en el Parlamento Regional haya un 20% de diputados imputados. La corrupción, generalizada, alcanza cotas surrealistas en el Mediterráneo español, todo hay que decirlo.

En el entretanto, los sindicatos del PSOE e IU, es decir, UGT y CCOO, tratan de paralizar el país cada mañana: educación, sanidad, transportes...con especial incidencia en Madrid, comunidad considerada por los mismos como la gran fortaleza a batir. No se sabe si conseguirán sus objetivos, pero desde luego sí están consiguiendo que sea una ciudad insoportable.

El PSOE ha dejado de ser un partido español
Perder por goleada todas las elecciones municipales, autonómicas y nacionales, al margen de ser noticiable, significa una pérdida de poder (léase dinero a repartir) tan importante, que está destruyendo al partido y ahí les tenemos peleándose entre ellos por las migajas. En otro orden de cosas, el PSC ha dejado de ser la marca del PSOE en Cataluña, porque hace invendible el mensaje único de partido en el resto de España. Es imposible explicar que el PSOE se abstenga en la votación de Gerona proclamándose "territorio libre y soberano".

El PSOE no es que esté desnortado, es que en multitud de ocasiones parece un partido antisistema; sistema que, por cierto, ha gobernado durante 22 de los 34 años que lleva durando. No parece aceptar que ha perdido las elecciones y todo lo recurre al Tribunal Constitucional...Constitución en la que una parte de su partido no cree, además.

Pactar ¿con quién?
En estas circunstancias históricas en la que se encuentra nuestro país, esas llamadas al pacto nacional suenan muy bien, pero o sus autores no leen cada día los periódicos o han sido abducidos por el buenismo zapaterista y creen en la alianza de civilizaciones y que lo negro en realidad es gris. ¿Pactar con quién? ¿Pactar qué? Es sencillamente imposible pactar nada con quien está instalado en la cultura del "No pasarán" y la vuelta a 1934. Hablamos de los independentistas vascos y catalanes y de los comunistas, pero ahora también de los socialistas que se está tirando a las barricadas.

España es un país al borde la quiebra, pero además, y aunque nos parezca todavía impensable, es que está en juego su propia existencia como nación. Así de claro. El Gobierno no debe dudar en utilizar todos los instrumentos a su alcance para que se cumpla la Ley en todo el territorio. Sólo eso, que se cumpla la ley. Y debe tener claro que lo va a tener que hacer en solitario. Hay que mandar

Al «Guinness»
Alfonso Ussía La Razón 16  Diciembre 2012

Sin pretender molestar a nadie vuelvo a repetir, que de acuerdo con mi opinión, el «Libro Guinness de los Récords» es un homenaje a lo innecesario, cuando no a lo mendaz. Lo abrí una tarde por una página cualquiera y me topé con el «récord» del mayor bocadillo de mortadela de la historia de la humanidad. Se trataba de un bocadillo de mortadela de más de cien metros de longitud, y ahí estaban en una fotografía todos los bocadilleros felices. No se registra en el libro la «Tontería mas grande pronunciada por un nacionalista», con toda probabilidad, porque son tantas las majaderías que han dicho que resulta infinitamente más fácil organizar en un lugar cualquiera el intento de superar el actual «récord» de longitud del bocadillo de mortadela.

Para mí, que hasta la fecha, el «récord de la tontería nacionalista» lo tenía una fallecida señora de Guecho que para indicar la dirección de su casa superó al propio Sabino Arana cuando escribió que si los «maketos» aprendieran un día a hablar en vascuence, los buenos nacionalistas tendrían que aprender el noruego. Así, que a la pregunta –¿Y usted dónde vive en Neguri?–, la buena mujer respondió: «Llegando de Inglaterra, la segunda calle a la derecha».

Muy a mi pesar, debo anunciar que la difunta señora ha perdido la medalla de oro, y que ésta le corresponde al dirigente de Unión Democrática de Cataluña, José Antonio Durán y Lleida, que como Carod Rovira, es de Huesca. Durán es un nacionalista confuso. Se siente sólo catalán cuando está en Cataluña, y catalán y español cuando se mueve por Madrid, que lleva moviéndose por Madrid más años que los vividos por el Príncipe de Gales para ser Rey de Inglaterra, que todavía, nada de nada. Durán, con el propósito de echar por tierra el proyecto de la «Ley Wert», que lo único que pretende es que todos los niños de España tengan la oportunidad de estudiar en español compaginando su aprendizaje con el resto de los idiomas autonómicos, soltó la siguiente barbaridad: «En las escuelas catalanas, en el recreo, la mayoría de los alumnos, lamentablemente, sí, lamentablemente, hablan en castellano». Es decir, que hablan el idioma que les resulta más cómodo y familiar, lo cual nada tiene de extraño, porque comparten esa naturalidad y comodidad con más de cuatrocientos millones de personas distribuidas por todo el mundo.

Que un diputado español, considere que el uso fuera de las aulas del castellano por parte de los colegiales de Cataluña sea un hecho lamentable, sí, lamentable, nos da a entender que la inflexible memez localista se ha impuesto de tal manera en España, que esto no tiene remedio. Los diputados socialistas presentes en el hemiciclo aplaudieron satisfechos la revelación de Durán y Lleida, como era de esperar.

No me gusta ser excesivamente expresivo en el uso de los calificativos, pero lo que dijo Durán, y con todos los respetos o ninguno de ellos, se me antoja una burrada de altísimo tono en el rebuzno. Hablaba del recreo. Si a esos niños se les impone el exclusivo uso del catalán en las aulas, que hablen en español fuera de ellas no significa otra cosa que las dos lenguas son perfectamente compatibles y armónicas. Los entrenadores de fútbol y baloncesto del C.F. Barcelona (Centro Fundamentalista Barcelona) también usan el español para entenderse con sus jugadores, más aún cuando Messi lleva once años en Cataluña y todavía no ha aprendido a cantar lo de la «Font del Gat», lo cual, por otra parte, a mí me parece bien porque no se puede perder el tiempo cantando esas banalidades. Los niños de las escuelas catalanas, en el recreo sueñan con ser como Messi, y jugar en el «Barça», y por eso hablan en español. Para entenderse en los entrenamientos. Lamentable, sí, lamentable, señor Durán. Malvado idioma el de Huesca.

Los hijos de los demás
Nota del editor 16  Diciembre 2012

Estas gentes que ven con alegría el que los hijos de los demás se vean obligados a aprender las lenguas regionales, deberian pensar un poquito en sus hijos y preocuparse por ellos, y dejar en paz a los hijos de los demás.

Si de verdad les importaran los hijos de los demás, lo primero que tendrían que proponer es la derogación de todas las leyes sobre lenguas regionales y después el desmantelamiento del tinglado autonómico. Así podríamos conseguir ser algo más eficientes, desprendernos de un buen puñado de la casta politica de profesionales empeñados en vivir a costa de los demás a base de esquilmarnos, e iniciar la senda del sentido común en la administración pública.

Flautistas
JON JUARISTI ABC  16  Diciembre 2012

La reclamación de la propiedad de los niños catalanes por los nacionalistas suena a pederastia ideológica

EN el libro del Génesis, Isaac se relaciona con la risa, pues Sara, su madre, se rió al anunciarle los ángeles que iba a quedar encinta. Para la tradición judía, Isaac es el que se ríe, el embromador por antonomasia, toda vez que la raíz de su nombre es la misma que la del verbo hebreo que significa «reír». Un midrás cuenta que al final de los tiempos Dios llamará ante sí a los patriarcas y abroncará a Isaac diciéndole: «Mira lo que han hecho tus hijos, cómo pecaron sin tasa contra mí». Pero Isaac se reirá ante el rostro del Altísimo y replicará: «¿Mis hijos? ¿Cómo que mis hijos? Yo creía que eran tus hijos».

El ministro Wert perdió el martes una buena ocasión para poner en su sitio al portavoz parlamentario de ERC, Alfred Bosch, con un argumento simétrico al de Isaac. Cuando Bosch le conminó a dejar en paz «a nuestros niños», Wert debería haberle contestado que los niños catalanes no son de Bosch, ni de ERC ni de los nacionalistas, sino de España, y que la responsabilidad de la instrucción escolar de los niños de España corresponde al Estado español, no a Bosch. Que Bosch y los de ERC eduquen a sus propios niños como quieran, que los lleven al colegio que más les guste, pero que, en lo tocante a la enseñanza reglada y a sus contenidos, se abstengan de impugnarla reclamando la propiedad de todos los niños de Cataluña, porque esa es una pretensión totalitaria y, por tanto, intolerable.

Como el propio Wert admitió, hay materias en las que el Gobierno no puede inmiscuirse sin contar con las administraciones autonómicas a las que han sido transferidas. La de la enseñanza y el uso de las lenguas oficiales en la enseñanza es una de ellas, pero tampoco la competencia de las Comunidades Autónomas en ambos campos es absoluta. No puede transgredir los límites de la Constitución, que, en su artículo 3.1, establece que «El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho de usarla». Sin necesidad de invocar el artículo 155, cabe recordar que el 150 faculta al Estado para legislar en materias atribuidas a las Comunidades Autónomas cuando la mayoría absoluta de las Cámaras de las Cortes Generales aprecie que así lo exige el interés general. Aunque el Gobierno deba discutir con la oposición y negociar con los gobiernos autonómicos -en lo posible- sus proyectadas reformas de la enseñanza de y en las lenguas oficiales, tiene que quedar claro que le asiste el derecho de proponer a las Cortes la aprobación de leyes sobre esta materia en el caso de las Cámaras estimen por mayoría absoluta que así conviene hacerlo, por ejemplo, ante el enroque de ciertas autonomías en posiciones anticonstitucionales.

En cuanto a la apropiación retórica por ERC de los niños de Cataluña, es indudable su afinidad estrecha con el nazismo que imputan los nacionalistas catalanes al ministro Wert. El lenguaje del secesionismo se desliza hacia la pederastia ideológica, que nada tiene que ver con la enseñanza y mucho en cambio con el flautista aquél del cuento alemán que dejó a los niños de Hamelin inmersos donde las ratas se ahogaron. Pero mucho más alarmante resulta la pretensión de usurpar a las Cortes la representación de la nación y al Estado sus atribuciones por un partido, es cierto que minoritario, aunque no tan minúsculo como lo fueron en sus orígenes las organizaciones fascistas y bolcheviques. En vez de proponerse como nuevo perroflauta del nacionalismo catalán, Alfred Bosch, que pasó del africanismo a la novela histórica antes de recalar en la política, debería repasar la genealogía de esos raptos de amor a la infancia en la historia europea todavía reciente.

Por una alternativa ciudadana
Albert Rivera El Mundo  16  Diciembre 2012

En C's seremos capaces de elaborar ese plan junto a los mejores profesionales que pueda sacar a Cataluña del pozo en el que nos ha metido el nacionalismo

La convocatoria de las elecciones autonómicas del pasado 25 de noviembre y los resultados de las mismas suponen el fracaso personal de Artur Mas y de la actual dirección de CiU -no han alcanzando la mayoría excepcional que pretendía justificar la disolución de la legislatura– que ha perdido casi el 20% de su votos y ha paralizado Cataluña durante seis meses. La voluntad de Mas de continuar y no dimitir nos lleva a una legislatura convulsa, inestable y breve. Mas, con su huida hacia adelante se ha cerrado las puertas a llegar a acuerdos con buena parte de los grupos de la oposición, echándose en brazos de ERC, cuyo único objetivo político es separar a los catalanes entre sí y del resto de españoles.

Ante este panorama, en lugar de tener un futuro gobierno que solucione problemas a los ciudadanos y a las empresas, vamos a tener a un gobierno que nos cree a todos los catalanes nuevos y graves problemas. Por eso, es el momento de construir una alternativa ciudadana desde la sociedad civil que en lugar de dividir a los ciudadanos de Cataluña, tome el timón de nuestra comunidad autónoma que, si nadie lo evita, va directamente contra las rocas con el nuevo gobierno.

Mientras el nuevo gobierno separatista de CiU apoyado por ERC quiere una hoja de ruta para llevarnos al precipicio de la fractura y la división, otros pensamos que Cataluña necesita un plan estratégico, como lo necesita cualquier empresa en sentido amplio, que sitúe a Cataluña, a sus ciudadanos y a sus empresas como motor económico, político y social de las reformas que necesita nuestro país y no como principal problema de España y, en parte, de la UE.

Reformar las administraciones públicas catalanas para ponerlas al servicio de los ciudadanos y las empresas suprimiendo estructuras políticas duplicadas; cerrar el grifo de las subvenciones y el clientelismo; elaborar una ley electoral catalana con listas abiertas; celebrar primarias en los partidos; rendir cuentas de los cargos públicos con los ciudadanos y transparencia hasta el último céntimo de las cuentas de las organizaciones políticas; poner en marcha un pacto anticorrupción para acabar con la extorsión del 3%, los maletines y el expolio a los ciudadanos de Cataluña en nombre de la patria; establecer un pacto para reactivar la economía con moderación fiscal, crédito a las PYMES, ayuda a los emprendedores que quieran crear empleo; y dar una buena formación a trabajadores y desempleados deben ser algunas de las prioridades que se recojan en ese plan estratégico para Cataluña.

En C’s cada vez tenemos más apoyo ciudadano, estamos preparados y dispuestos a encabezar esa sociedad civil libre, que no quiere ni pide subvenciones, que sólo quiere, propone y pide soluciones. Y como partido abierto y parte de esa sociedad civil libre seremos capaces de elaborar ese plan junto a los mejores profesionales que pueda sacar a Cataluña del pozo en el que nos ha metido el nacionalismo.

El modelo de PP y PSOE, la fórmula de ir apoyando a los nacionalistas siempre en Cataluña a cambio de apoyos en Las Cortes o en la gobernabilidad de España, está obsoleto y se ha demostrado muy nocivo para todos los catalanes que defendemos la convivencia, la unión y el marco constitucional. O construimos esa alternativa que debe ser decisiva en un futuro gobierno catalán o estaremos siempre en manos de los que por acción u omisión nos han llevado a este callejón sin salida. El futuro de Cataluña y del conjunto de España está en juego. Si queremos, podemos.

Espadas como lenguas
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR ABC  16  Diciembre 2012

Director de la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad

«No estamos aquí ante la defensa de una lengua que hablan por igual nacionalistas y no nacionalistas, sino ante ese ansiado campo de pruebas emocionales, donde lo que se dirime no son derechos de todos los ciudadanos, sino la imagen de país que se quiere

COMPARECE de nuevo el nacionalismo catalán ante este permanente y solemne tribunal de la historia en que desea convertir la simple actualidad política. Muy engañado estaba el que pudiera pensar que, tras los expresivos resultados de las elecciones del 25 de noviembre, las milicias propagandísticas de este proyecto habrían de deponer el gesto o de suavizar el lenguaje. Muy errado andaba el que pudiera suponer que, tras el fiasco sufrido por quien se presentaba como encarnación de la voluntad de un pueblo y como celador de la identidad de una nación, llegaría una reflexión serena, menos impulsada por la glotonería de la imaginación y más atenta a la dieta de los hechos.

El nacionalismo no es, nunca lo ha sido, una ideología que pueda compartir con otras la convivencia en un espacio de opiniones diversas, de conceptos en conflicto, de debate respecto de los proyectos que permiten mejorar la sociedad. El nacionalismo puede tener opciones políticas diversas, pero su cultura se basa en un principio que lo identifica y al que ninguna de sus facciones jamás renuncia: verse como la representación exclusiva de la comunidad. Nunca se ha considerado una opinión parcial, sino la conciencia verdadera de la colectividad, su auténtica forma de ser, su permanente manera de estar en la historia. El nacionalismo no se concibe como una idea que interpreta la realidad, sino como la realidad misma convertida en idea.

Que no nos confundan las habituales y agotadoras protestas de calidad democrática de nuestros nacionalistas, siempre dispuestos a demostrarnos cómo pueden convivir con quienes no compartimos sus principios. No nos permitamos, por lo menos nosotros, tomar el gato de la resignación por la liebre de las convicciones. Porque la existencia de amplios sectores no nacionalistas en Cataluña o el País Vasco no es el resultado de una pluralidad con la que el soberanismo se sienta cómodo, sino que es el producto de una tozuda realidad difícilmente adaptable a las fantasías integristas de un patriotismo utópico.

El nacionalismo puede verse obligado a tolerar a quienes no lo somos, pero tal circunstancia no añade ni un gramo de sustancia democrática a una ideología para la que sus adversarios siempre somos perversas deformaciones de la patria, mutilaciones morales de un espíritu unánime, silencios cívicos donde enmudece la soberanía y vejatorias excepciones de una normalidad social. Los nacionalistas siempre han creído que su proyecto solamente podía alimentarse con la expropiación territorial, la marginación social y la reprobación pública de quienes, según ellos, somos sucursales de un poder extranjero, agitadores al servicio de una ocupación cultural, mano de obra empeñada en reprimir la libertad. Los que no reunimos los requisitos necesarios para ser considerados verdaderos catalanes o verdaderos vascos.

Iría en contra de la propia naturaleza de esta ideología tomarse en serio el resultado más evidente de las elecciones del 25 de noviembre. Que, tras haber expresado su voluntad de un modo muy distinto a como esperaban oírla los sacerdotes que ofician su liturgia nacional, ya nadie puede hablar en nombre de todos los catalanes ansiosos por separarse de España, y ni siquiera de una mayoría nacionalista. Al nacionalismo no le interesan esos datos, aunque los habría utilizado jubilosamente de haber sido distintos, alzándolos como prueba de la humillante violencia ejercida contra los derechos de todo un pueblo. Por ello, las reformas educativas del ministro Wert aparecen ahora como un cálido sudario para envolver los restos de la unanimidad vencida en las urnas.

Poco les importa medir adecuadamente los resultados electorales. Lo que les interesa siempre es la sustitución de la política por la estética. Y para ellos el mejor espectáculo del mundo es el que se nos ofrece ahora, con una comunidad atropellada en lo que ellos consideran la columna vertebral de la identidad y la garantía de la cohesión social: su peculiar concepto de la cultura y la lengua catalanas. Cuando aún estaban lamiéndose las heridas de la frustrada carrera electoral, los nacionalistas salen al paso de lo que no han dudado en llamar, en las abundantes tertulias y columnas puestas a su servicio, una agresión que procede no sólo de la incomprensión, sino del odio de los españoles. Una respuesta dada a la insolencia de un pueblo que quiere ser libre, un cachete disciplinario para que se sepa quién manda, una penitencia impuesta a esa Cataluña que peca sin dolor de corazón ni propósito de enmienda.

Poco les importa que ni los resultados electorales, ni las intenciones del Gobierno de España, ni la realidad de lo que ha venido sucediendo en Cataluña nada tenga que ver con la campaña nacionalista recién comenzada. Lo que de verdad les importa es recuperar la iniciativa en el terreno más favorable, que para ellos nunca se encuentra en la realidad de los hechos, sino en su manipulación sentimental. Porque no estamos aquí ante la defensa de una lengua que hablan por igual nacionalistas y no nacionalistas, sino ante ese ansiado campo de pruebas emocionales, donde lo que se dirime no son derechos de todos los ciudadanos, sino la imagen de país que se quiere proyectar desde un nacionalismo recién batido en las urnas.

Y algo tendrá que ver con ese derecho de todos que el castellano y el catalán sean lenguas igualmente usadas en una Cataluña en la que la inmersión lingüística ni siquiera se ha conformado con la preferencia, sino que ha elegido la exclusividad. Algo tendrá que ver con el derecho de todos que ambas lenguas sean tratadas como equivalentes, no como antagonistas. Algo tendrá que ver con ese derecho que la lengua no sea convertida en propiedad de algunos, sino en patrimonio común. Algo tendrá que ver con ese derecho que la normalidad venga a quebrantar los ajustes de una «normalización» que, desde hace mucho tiempo, no ha definido la cultura catalana por el empleo de uno u otro idioma solamente, sino en función de la utilización ideológica de la lengua. Porque lo sustancial no es el uso del catalán, sino considerar que el único discurso que puede pronunciarse en esa lengua es el que construye el nacionalismo. No es que Cataluña no tenga una lengua propia. El fondo del asunto es que el nacionalismo desea tener su propio idioma, sometiendo a una comunidad a la intolerable jerarquización de recursos, subvenciones, promoción intelectual y formación educativa, de acuerdo con una grosera identificación de lengua e ideología, siempre amparada bajo la inocente equiparación de lengua y comunidad.Que millones de catalanes se expresen en ambos idiomas le importa menos que la voluntad de crear esa reserva privilegiada, a la que se han acogido alborozadamente quienes llevan años siendo sus beneficiarios, aunque haya sido a costa de condenar al exilio no sólo a quienes se expresan en castellano y quieren formar a sus hijos en esa lengua común de todos los españoles, sino también a quienes han dicho en catalán lo que los nacionalistas no deseaban ni oír ni, mucho menos, escuchar. Pero, entendámoslo de una vez, el nacionalismo está hecho de una materia poco proclive a las razones y demasiado atenta a la pasión. No se trata de un digno conflicto entre la realidad y el deseo, entre lo que las cosas son y lo que deberían ser, entre la inercia y la voluntad. Es la tediosa, irritante y embustera tensión entre el sentido común y esos sueños de la razón que no hacen más que engendrar monstruos.

El soldado desconocido
PIEDRA DE TOQUE. Todos los jóvenes que aún creen que la verdadera justicia está en la punta de un fusil deben leer la autobiografía de Lurgio Gavilán Sánchez, ex Sendero Luminoso, exmilitar y antropólogo
Mario Vargas Llosa El País  16  Diciembre 2012

Lurgio Gavilán Sánchez ha tenido una vida que parece sacada de una novela de aventuras. La cuenta en una autobiografía que acaba de publicar: Memorias de un soldado desconocido(IEP, 2012). Nacido en una aldea indígena de la sierra peruana, a los doce años se enroló, emulando a su hermano mayor, en un destacamento revolucionario de Sendero Luminoso y durante cerca de tres años fue un activo participante en la sangrienta utopía maoísta de Abimael Guzmán, la “cuarta espada del marxismo”, que quería materializar en los Andes, mediante el terror, el paraíso comunista.

Antes de cumplir 15 años, su destacamento fue emboscado por el Ejército. Normalmente, hubiera sido ejecutado, como exigían los ronderos (campesinos que lucharon contra Sendero) que participaron en su captura. Pero el teniente de la patrulla militar —nunca conoció su nombre, sólo su apodo, “Shogún”— se compadeció del chiquillo, le perdonó la vida y le embutió un uniforme de soldado. También lo mandó a la escuela, donde Lurgio aprendió a leer. Durante siete años sirvió en el Ejército, siempre en la región de Ayacucho, combatiendo a sus antiguos camaradas y participando a veces en operaciones tan crueles como las que perpetraba la Compañía 90 de Sendero Luminoso a la que perteneció. Llegó a ser sargento primero y, cuando estaba por ascender a suboficial, pidió su baja.

Gracias a una monja, había descubierto en él una vocación religiosa. Consiguió ser aceptado como aspirante en la orden franciscana y durante algunos años fue novicio, primero en Lima y luego en el convento colonial de Ocopa, en el departamento andino de Junín. Los años que estuvo de novicio franciscano parece haberlos vivido intensamente, entregado al estudio y a la meditación, al ejercicio de la catequesis en aldeas campesinas y visitando centros misioneros de la sierra oriental y la Amazonia.

Pero, luego de algunos años, colgó los hábitos para estudiar antropología, disciplina a la que se dedica desde entonces.

El libro en que Lurgio Gavilán Sánchez cuenta su historia es conmovedor, un documento humano que se lee en estado de trance por la experiencia terrible que comunica, por su evidente sinceridad y limpieza moral, su falta de pretensión y de pose, por la sencillez y frescura con que está escrito. No hay en él ni rastro de las enrevesadas teorías y la mala prosa que afean a menudo los libros de los “científicos sociales” que tratan sobre el terrorismo y la violencia social, sino una historia en la que lo vivido y lo contado se integran hasta capturar totalmente la credibilidad y la simpatía del lector.

Captura la locura ideológica y la crueldad vertiginosa que vivió el Perú en los ochenta

Limitándose a contar lo que vivió e intercalando a veces en el relato breves evocaciones del paisaje andino, la desaparición de los compañeros, la muerte de su hermano, el miedo cerval que a veces sobrecogía a todo el grupo, y la ferocidad de algunos hechos —la ejecución del centinela que se quedaba dormido, por ejemplo, y el asesinato de los reales o supuestos soplones—, Lurgio Gavilán instala al lector en el corazón de la locura ideológica y la crueldad vertiginosa que vivió el Perú, en los años ochenta, sobre todo en la región de los Andes centrales, por la guerra que desató Sendero Luminoso.

Lo que comienza como un sueño igualitario de justicia social, se convierte pronto en un aquelarre de disparates sectarios y brutalidades ilimitadas. A diario hay sesiones de adoctrinamiento en las que los guerrilleros leen —en voz alta para los que no saben leer— folletos de Stalin, Lenin, Marx y Abimael Guzmán y cantan marchas revolucionarias. Al principio, los campesinos ayudan y alimentan a los guerrilleros, pero, luego, estos imponen esta ayuda por la fuerza, y, a la vez, ejecutan matanzas colectivas contra las comunidades rebeldes a la revolución, que apoyan a los ronderos. Al mismo tiempo, ahorcan o fusilan a sus propios compañeros sospechosos de ser “soplones”. Todos viven en la inseguridad y el temor de caer en desgracia, por debilidad humana —robar comida, por ejemplo— pues el castigo es casi siempre la muerte.

El salvajismo no es menor entre los soldados que combaten a los terroristas. Los derechos humanos no existen para las fuerzas del orden ni se respetan las más elementales leyes de la guerra. Los prisioneros son ejecutados casi de inmediato, salvo si se trata de mujeres, pues a estas, antes de matarlas, las llevan al cuartel para que cocinen, laven la ropa y sean violadas cada noche por la tropa.

Si la autobiografía de Gavilán Sánchez no estuviera escrita con la austeridad y el pudor con que lo está, las atrocidades de las que fue testigo y tal vez cómplice, no serían creíbles. Lo son, porque ha sido capaz de referir aquella historia con una naturalidad y sencillez que sobornan al lector y desarman sus prevenciones. Es extraordinario que quien vivió, desde niño, semejantes horrores, no se insensibilizara y perdiera toda noción de rectitud, compasión o solidaridad con el prójimo.

Todo lo contrario. El libro delata en todas sus páginas un espíritu sensible, que ni siquiera en los momentos de máxima exaltación política pierde la racionalidad, deja de cuestionar lo que está haciendo y se abandona a la pasión destructiva. Siempre hay en él un sentimiento íntimo de rechazo al sufrimiento de los otros, a los asesinatos, a las represalias, a las ejecuciones y torturas, y, por momentos, lo colma un sentimiento de tristeza que parece anularlo. Ese afán de redención que lo colma se transmite al paisaje, repercute en las grandes moles de los nevados andinos, estremece los bosquecillos de los valles donde cantan las calandrias.

Esos paréntesis que de tanto en tanto se abren en el relato para describir el entorno, las plantas, los árboles, los cerros, los ríos, arrojan una brisa refrescante en medio de tanto dolor y miseria y son como una delicada poesía en medio del apocalipsis.

Ha sido capaz de referir aquella historia con una naturalidad y sencillez que sobornan al lector

Es un milagro que Lurgio Gavilán Sánchez sobreviviera a esta azarosa aventura. Pero acaso sea todavía más notable que, después de haber experimentado el horror por tantos años, haya salido de él sin sombra de amargura, limpio de corazón, y haya podido dar un testimonio tan persuasivo y tan lúcido de un período que despierta aún grandes pasiones en el Perú. El suyo es un libro que deberían leer todos esos jóvenes que todavía creen que la verdadera justicia está en la punta de un fusil. Memorias de un soldado desconocido muestra, mejor que cualquier tratado histórico o ensayo sociológico, lo fácil que es caer en una espiral de violencia vertiginosa a partir de una visión dogmática y simplista de la sociedad y las supuestas leyes históricas que regularían su funcionamiento. La esquemática convicción de Abimael Guzmán de que el campesinado andino podía reproducir la “gran marcha” de Mao Tse Tung, incendiar la pradera, arrasar a la burguesía, el capitalismo y convertir al Perú en un país igualitario y colectivista, produjo decenas de miles de muertos, miles de miles de torturados y desaparecidos, familias y aldeas destruidas, aumentó la desesperación y la pobreza de los más pobres y desamparados y permitió que se entronizara en el país por diez años una de las más corruptas dictaduras de nuestra historia. Parecía que esta tragedia había abierto los ojos de los peruanos y los había vacunado contra semejante locura. Sin embargo, precisamente ahora, cuando gracias a la democracia y a la libertad el Perú vive un período de desarrollo económico sin precedentes en su historia, Sendero Luminoso comienza a reaparecer, emboscado detrás de supuestas asociaciones que piden abrir las cárceles a los autores de los atentados terroristas de los años ochenta. El momento no puede ser más propicio para la aparición de un libro como el de Lurgio Gavilán Sánchez

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© Mario Vargas Llosa, 2012.

La misma Historia en toda España
OLGA R. SANMARTÍN MADRID El Mundo  16  Diciembre 2012

El Gobierno fijará los contenidos de las asignaturas troncales y permitirá a las CCAA que añadan «elementos propios» en estas materias, aunque no evaluará sobre ellos

El oasis catalán era en realidad una ciénaga de corrupción institucionalizadaEl Gobierno quiere que la Historia se estudie igual en toda España. Todos los alumnos de todos los colegios de todas las comunidades autónomas tendrán que conocer la asignatura de forma idéntica porque serán evaluados de ella de la misma manera. El Estado fijará «el 100%» de los contenidos «mínimos y evaluables» de esta materia, aunque los gobiernos regionales podrán incorporar los «elementos propios» que quieran. Eso sí, las pruebas externas y estandarizadas del final de cada etapa, las llamadas reválidas, no examinarán sobre esta parte autonómica, según explican a EL MUNDO fuentes del Ministerio de Educación.

El mismo sistema se aplicará en otras asignaturas, como Geografía, Lengua Castellana y Literatura, Matemáticas, Ciencias Naturales, Biología, Filosofía o Física y Química. Todas ellas conforman el bloque de las troncales, que tendrán que ocupar, como mínimo, la mitad del horario escolar. La otra mitad se repartirá entre las asignaturas específicas y las de especialidad y entre todo aquello que los gobiernos autonómicos quieran añadir a las troncales.

La pretensión del Gobierno es evitar que haya un único sistema educativo con 17 resultados distintos, aunque, dada la oleada de protestas contra el anteproyecto de Ley Orgánica para la Mejora Educativa (Lomce), el borrador podría sufrir más cambios en los próximos días. El próximo miércoles, el ministro de Educación, José Ignacio Wert, se volverá a reunir con los consejeros para tratar de consensuar un texto común y remitirlo al Congreso. La consellera catalana, Irene Rigau, se opone rotundamente tanto a las evaluaciones estatales como al nuevo reparto de competencias.

El oasis catalán era en realidad una ciénaga de corrupción institucionalizada«Va a haber una Historia común en toda España. El alumno primero tendrá que saber lo común y luego podrá aprender lo que quiera añadir la comunidad autónoma. Pero sólo se evaluará de lo común», resumen las fuentes del ministerio, que añaden: «Ahora el profesor va a ser más consciente de que tiene que dar toda la materia común para que el alumno apruebe».

Sin embargo, profesores consultados por este diario explican que, en la práctica, lo que no entra en el examen no se enseña, por lo que podría ocurrir que las particularidades históricas de cada región acabaran relegadas a ese final del libro al que nunca se llega por falta de tiempo.

Y eso es algo que las comunidades no quieren que ocurra. «Andalucía es partidaria de unos contenidos comunes, sin que eso impida profundizar en contenidos regionales», explican fuentes de la consejería de Educación (PSOE).

En la misma línea habla el conseller balear, Rafael Bosco (PP): «Valoro de una forma muy positiva que haya una parte que sea igual para todas las comunidades autónomas, y también es razonable que se puede completar con las particularidades de cada comunidad, para que cada alumno conozca de primera mano dónde vive».


Fuentes del equipo saliente del Departamento de Educación vasco (PSE) opinan que «cada comunidad tiene que conocer un poco lo suyo y, con un único temario, es muy difícil; nos resta riqueza». Explican que, hasta ahora, el ministerio ha ido fijando el currículo con un mínimo común y luego los gobiernos autónomos lo han ido completando. «Siempre se ha respetado lo que ha puesto el Gobierno central. Nuestros alumnos saben igual la Revolución Francesa que la Guerra Civil. Luego quizá sepan más de las Carlistadas, porque son muy importantes para entender nuestra Historia».
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NO colabores con los secesionistas de Cataluña llenándoles los bolsillos con tu dinero e impuestos. NO compres sus productos ni contrates sus servicios_______________________________________________________________________________________Otro planteamiento tiene la Comunidad Valenciana (PP), que es la única región en todo el país que tiene una asignatura que se llama Ampliación de Geografía e Historia de España. «Nos percatamos de que había un déficit de esta asignatura. Los currículos de las comunidades autónomas, sobre todo en Geografía e Historia, son tremendamente localistas», señala Rafael Carbonell, secretario autonómico de Educación de la Generalitat.

Por otro lado, el actual redactado del anteproyecto de la Lomce permitirá a las CCAA poner a los alumnos una asignatura de su completa elección, dentro de las materias de especialidad. ¿Servirá este margen competencial para que algunas CCAA recuperen Educación para la Ciudadanía o estrenen, por ejemplo, una Historia del Nacionalismo Catalán? Fuentes del ministerio dicen que «cada comunidad podrá poner sus propias asignaturas, pero dentro de unos límites». El borrador, sin embargo, no delimita cuáles son.

La cultura como parque temático

Ha aumentado el uso social del catalán pero sin acceder a una mayor proyección significativa como lengua de cultura exigente
Valenti Puig Barcelona El País Cataluña  16  Diciembre 2012

A estas alturas ni tan siquiera se sabe cuántos ciudadanos asistieron a la manifestación del 11-S. Y además, al hilo de las intervenciones desafortunadas del ministro Wert, más interesado por confrontar que por concertar una reforma educativa, se ha recuperado el mantra ancestral que identifica la esencia de Cataluña con la lengua catalana, es decir la que usa de modo habitual un 50% aproximado de la sociedad catalana.

En una extrapolación comparativa, si sumamos el conjunto del electorado de signo más menos nacionalista que hipotéticamente cree que la lengua catalana es la esencia de Cataluña, la desproporción entre esa suma y la difusión del libro en catalán plantea una paradoja porque, si se nos dice que cada vez hay más nacionalistas, también se constata que disminuye el número de lectores. Algo así como 1.800.000 votantes, con una tirada media de 2.500 ejemplares en el libro en catalán.

De aceptarlo como consecuencia de una crisis económica que afecta a todos los índices culturales, incluso al que —según el nacionalismo esencialista— constituye la identidad irrenunciable de Cataluña, hagamos otra comparación: sumemos el número de afiliados a los partidos de una u otra concreción nacionalista y cotejemos la cifra resultante —unos 100.000— con los índices en estancamiento de la lectura de libros en catalán. Puesto que la desproporción sigue siendo notoria, reduzcamos el mercado potencial del libro en catalán a quienes están en las instituciones porque han hecho bandera de la lengua o al menos así se presentaron a unas u otras elecciones. Solo los concejales son más de 6.000. Incluso así, ya tan limitado el espectro, sigue siendo constatable la desproporción. En fin, la vocación nacionalista no implica la voluntad de comprar y leer libros en catalán.

No está claro qué repercusión han tenido ya los largos años de inmersión lingüística, la vindicación soberanista o la espuma independentista. Habrá aumentado el uso social del catalán —utilitario— pero sin acceder a una mayor proyección significativa del catalán como lengua de cultura, como lengua de cultura exigente, intelectualmente competitiva, literariamente creativa. Ni tan siquiera es constatable que en la comunidad universitaria los estudios de filología catalana garanticen indagaciones de gran prestigio, sino el apego a una cierta mediocridad corporativista. De ahí la falta de aportación a un género como el ensayo, vital en estos momentos de cambios globales y que en Cataluña se circunscribe mayoritariamente al temario del anhelo catalán, la frustración catalana, la imposibilidad de ser parte de España y las ventajas financieras de independizarse.

Un reduccionismo así impide pensar sobre el mundo de hoy. Lo reconocen no pocos editores, por lo mismo que se lamentan los profesores universitarios agobiados por el escalafón y la inmersión nacionalista. Es un déficit claro de creatividad y no parece atribuible a imposiciones genocidas de la lengua castellana. Muy al contrario: a mayor déficit de creatividad, mayor superávit de institucionalización del catalán. Haría falta una prospección ecuánime que las actuales circunstancias políticas hacen prácticamente imposible. Al contrario, nos estamos retrotrayendo a los hábitos del victimismo lingüístico precisamente cuando la lengua catalana es la lengua vehicular del sistema educativo, la lengua imperante en la Administración, la lengua de los medios públicos de comunicación y de los subvencionados, incluso la lengua por cuota del rock and roll catalán.

En un pasado no tan lejano, se hubiese dicho que la aspiración consistía en lograr un cuerpo sustantivo de literatura y de vitalidad intelectual que las trabas históricas al uso tan legítimo del catalán impedían. Ahora, a falta de un reset copernicano, vemos recaer la cultura catalana en el deber de afirmación nacionalista, como en los tiempos semiheroicos de los juegos florales, el excursionismo pedagógico, la solidaridad de orfeón y el debate en el casino carlista-federal. No es por ponernos apocalípticos, pero es que la cultura de Cataluña puede acabar siendo un parque temático.

Valentí Puig es escritor.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Relación destructiva
Editorial La Razón 16  Diciembre 2012

Resulta muy elocuente del extravío al que ha llevado Artur Mas a Cataluña el hecho de que su gobernabilidad esté pendiente de que se fije o no una fecha a dos o tres años vista, como si los graves problemas que aquejan a los catalanes no merecieran atención más urgente. Es evidente que el líder de CiU, espoleado por un Oriol Pujol que parece buscar al abrigo del poder un cortafuegos a su dudoso horizonte judicial, no ha leído correctamente el resultado de las urnas. Su obstinación en aferrarse al sillón, pese a haber perdido 12 escaños cuando aspiraba a la mayoría absoluta, revela su ceguera para detectar las verdaderas prioridades.

Las diferencias entre el modelo de sociedad de CiU y el de ERC son tan abismales y de naturaleza tan irreconciliable que el mero intento de pactar una especie de pacto de gobierno entre ambas formaciones raya con el esperpento. Más aún, sacrificar las políticas necesarias para combatir la crisis a una consulta separatista de inciertas consecuencias es de una irresponsabilidad incompatible con el pragmatismo y buen sentido de los ciudadanos. Los catalanes no están pendientes de ensueños separatistas ni de iniciativas ilegales que sólo causan inestabilidad y miedo, sino de cómo se va a reformar la Sanidad para que siga siendo de buena calidad, de cómo crear empleo para los más de 840.000 parados o de cómo financiar una universidad cuyo prestigio académico se hunde cada año más en las evaluaciones internacionales.

Sin olvidar el combate contra la corrupción que ha anidado en varias instituciones catalanas y afecta a altos dirigentes. Se equivocan radicalmente Artur Mas y sus escuderos en cortejar a ERC como socio o apoyo fiable de gobernación, una alianza que sólo puede beneficiar a los separatistas y que perjudica a los votantes naturales de CiU. Su apuesta revela, además, el momento crítico por el que atraviesa la formación nacionalista, en la que sólo Unió parece mantener la cabeza ligeramente despejada. Como es natural, el partido que lidera Duran Lleida se opone rotundamente a que los radicales de ERC marquen las prioridades de la Generalitat, no sólo por razón de principios ideológicos, sino por mera cuestión de supervivencia. En qué medida los lazos que unen desde hace años a Convergencia con Unió pueden romperse por la errática conducta de Artur Mas no tardará en saberse, y sería otra de sus curiosas «victorias» que consisten en avanzar hacia atrás. No están los tiempos, sin embargo, para tales juegos florales o para que la formación más votada se convierta en una jaula de grillos. La responsabilidad histórica de CiU es liderar la recuperación económica y gobernar para todos los catalanes y no hipotecarse en favor de una parte. Es hora de gobernar el presente, no de corretear como un sonámbulo al borde del precipicio.

Cataluña
¿Por qué no se deja que sean los padres los que decidan en qué idioma se va a enseñar a sus hijos?"
"Con perdón de la palabra, ¿quién coño es un presidente de la Generalidad para decidir en qué se va a instruir a mi hijo? ¿Por qué tiene más poder él que los padres?”
Redacción www.vozbcn.com  16  Diciembre 2012

Javier Cárdenas, periodista, este viernes en el programa radiofónico que dirige y presenta en EuropaFM, Levántate y Cárdenas, en relación a la inmersión lingüística escolar obligatoria exclusivamente en catalán:

“Permitidme que sea muy breve en un tema que ya comienza a cansarme de una forma soberana. Una vez más, estamos ante un mutis por el foro de casi el 100% de la prensa en España. Es indignante que haya tanta cobardía, tanta estupidez y tanta ilógica en el tema de la enseñanza en catalán.

Quiero decir: ¿por qué no se deja que sean los padres los que decidan en qué idioma se va a instruir, se va a enseñar, a sus hijos? Porque deben ser los padres, en el fondo, los que decidan sobre sus hijos. Con perdón de la palabra, ¿quién coño es un presidente de la Generalidad para decidir en qué se va a instruir a mi hijo? ¿Por qué tiene más poder él que el propio padre o la madre? ¿Por qué? No sería más fácil, como pasaba hace muchos años, que sean los padres los que decidan. En esta escuela se enseña en catalán y en castellano, como me pasó a mí… aquí voy. En esta escuela se enseña solo en catalán… aquí lo llevas. En esta escuela se enseña casi todo en castellano y algunas asignaturas en catalán; en esta, al revés.

Sería lo lógico, ¿no? Habría una pluralidad. Pero que a mí me tengan que imponer, porque al politicucho de turno quiere decidir en lo que ha de estudiar mi hijo o mi hija, me indigna, me ofende profundamente. ¿Por qué tiene que ser él el que decida? ¿Por qué están luchando para hacer un referendo para que toda la gente salga a la calle y decidir si independencia, o no, y en cambio se acojonan con este tema? Pues lo voy a decir yo. Porque al igual que ni el Tato va a ver películas al cine en catalán en Cataluña -algo que me hace mucha gracia pues los periódicos catalanes no dicen nada sobre esto-, y lo dice un catalán, pero sabéis que existen unas ayudas descomunales para las películas en catalán, porque no va nadie. Qué curioso que se quiera la independencia para Cataluña cuando los catalanes no van al cine en catalán. Esto es muy curioso. Es digno de estudio, pero no veo ni a El Periódico, ni a La Vanguardia, ni a El Punt Avui… decir nada al respecto. Se callan. Dicen lo que les interesa. Yo he sido enseñado en catalán y en castellano, y como yo una generación: Sergi Mas, íbamos al mismo colegio, David Barrufet, compañero mío de pupitre, y tantos otros…

¿Por qué no puede seguir siendo igual, que los padres tengan la potestad de decidir en qué se enseña a sus hijos? ¿Es tan complicado? El problema es que tenemos a un torpe como Wert, que lo hace muy mal y parece que sea el caballo de Atila, y en lugar de explicar esto y decir algo así, para que todo el mundo diga que es verdad, también se diría así desde Cataluña, no los medios de comunicación, que con tanta subvención evidentemente dirán lo que diga el presidente de la Generalidad, pero sí la gente de la calle. Dirían, pues es verdad, yo quiero decidirlo. Y el que quiera que a su hijo solo se le enseñe en catalán, se le respeta. Se le respeta, solo faltaría. Por mis convicciones quiero que a mi hijo solo se le enseñe en catalán. Nada que decir.

Pero también se ha de respetar el que quiera que a su hijo se le enseñe en castellano, y como mínimo unas asignaturas en catalán. El niño también tiene que aprender catalán. Porque, en el fondo, la lengua es cultura, sea catalán, sea inglés, sea francés, sea castellano… cuantas más, mejor. Pero cuando te lo tomas que te lo están imponiendo, hombre, acabas un poquito harto. Y yo ya estoy harto de esta sensación. De que aparezcan por ahí unos politicuchos y los lameculos de turno, estos tertulianos que van a los programas de radio a explicar en qué tienen que ser educados unos hijos que ellos no conocen. Por ejemplo, Pilar Rahola, que le encanta meterse en todos los charcos, en todos, y decidir… una persona que no le han votado ni las ratas cuando se ha dedicado a la política, querer decidir en qué idioma se tiene que impartir clase a unos niños que ella no conoce. Es así de sencillo, pero lo complican todo. Y nadie tiene las narices para decir algo tan sencillo: que sean los padres los que decidan. ¡Qué narices! ¿También en esto van a ser los políticos?”.

Padre nuestro: "El niño tambien tiene que aprender catalán"
Nota del Editor 16  Diciembre 2012

Parece que son como Dios, padre nuestro y se arrogan el deber de decidir por todos los hijos, especialmente los de los demás. ¿ Porque tiene el niño que aprender catalán ? ¿ Donde está escrito ese mandato en la constitución española? Me dirán que el tribunal constitucional así lo ha decidido. Pues vaya con el tribunal constitucional, se pasan por el arco de triunfo la constitución española y todos calladitos. La soberanía del pueblo reside en el pueblo de al lado, que aquí no tenemos soberanía.

A ver si de una vez se dejan de pensar en los hijos de los demás a la hora de inocular las lenguas regionales y piensan en los derechos y libertades de todos y no en sus deseos.

Y si los niños fueran esponjas, cosa que es una enorme mentira, solo tienen que ver el esfuerzo que hay que hacer para enseñar algo aq los niños y el esfuerzo que ellos tienen que hacer. Confunden deseos con realidades, barniz lingüístico con conocimiento profundo de una lengua.

España / Educación
Español, ni por prescripción médica
La Generalitat impide a los niños con problemas de aprendizaje estudiar en castellano pese a que les perjudica
P. Rodríguez. Madrid. La Razón  16  Diciembre 2012

La cruzada nacionalista oculta una realidad preocupante en Cataluña: no hay alternativa para elegir la lengua en la que unos padres quieren que estudien sus hijos. Aquéllos que prefieren una enseñanza en castellano son sistemáticamente marginados por el sistema. Ni siquiera los niños con problemas de aprendizaje pueden elegir, aunque los profesionales médicos así lo prescriban.

Éste es el caso de Encarna Bazán, madre de dos hijos sordos, que en los últimos 15 años no ha parado de luchar por sacar a delante a sus hijos y que sistemáticamente ha obtenido un «no» por respuesta de la Administración catalana. Esta barcelonesa de padres andaluces ha visto cómo esta corriente nacionalista la ha ido llevando a un callejón sin salida. «Con mi hijo mayor –que falleció hace tres años tras una larga enfermedad–, después de mucho luchar, conseguí que el colegio aceptara dar las clases en castellano, pero tenía que hacer 200 kilómetros diarios para llevarle al colegio. No fue fácil y hasta que no fui con mi abogado no hicieron nada. Me traían los libros de Zaragoza y de Madrid, para que pudiera estudiar en castellano. Después, obligaron por Ley a que toda la enseñanza se diera en catalán y con el pequeño no he conseguido nada». Ahora, Encarna se ha trasladado a Sant Boi y la situación no ha mejorado. «Como madre, creo que la prioridad es que mi hijo aprenda a hablar bien. En casa habla mitad castellano y mitad catalán, tiene bastante lío. Pero él defiende que se habla así, porque es como se lo han enseñado en el colegio.

Uno de los principales problemas del catalán, como el inglés, es que se habla, se escribe y se lee de tres formas diferentes, mientras que el castellano, no. Lo importante es que hable un idioma bien y después ya aprenderá el resto», lamenta. Otro de los problemas con los que se encontró Encarna fue con el lenguaje de signos. Ella y su familia lo aprendieron en castellano, mientras que en el colegio utilizaban el catalán, lo que llevaba a confusión. «No entiendo todo lo que está pasando. Yo nací en Barcelona, que está en España, pero podría haberlo hecho en el País Vasco o en Andalucía. Ante todo, somos españoles», afirma.

Encarna, como muchos otros padres, también ha tenido que invertir mucho dinero en unos audífonos para su hijo y no ha recibido ningún tipo de ayudas. «He hipotecado mi casa varias veces para poder pagar los aparatos auditivos de mis hijos. Vivimos en un mundo de oyentes y no voy a dejar que lo discriminen», advierte.

Un caso similar es el de Marina Gala, madre de un chico de 11 años con síndrome de Asperger, que le provoca numerosos problemas de comprensión y expresión. Marina ha pasado un calvario en los últimos años. Durante los primeros cursos, logró que su hijo pudiera estudiar en castellano, pero en segundo de primaria todo acabó. «Le cuesta aprender y concentrarse y teníamos el problema de que se cerrara en banda y no quisiera aprender porque le suponía un doble esfuerzo», aclara. Los informes de los pedagogos nos decían que lo mejor para su aprendizaje es que fuera escolarizado en la lengua materna, pero no es posible. Hemos buscado colegios y ninguno nos da esa posibilidad», afirma.

Con la escolarización totalmente en catalán se agravaron los problemas de aprendizaje. No se adaptaba, cayó en una depresión y tuvimos que cambiarle de colegio. Ahora, a pesar de las limitaciones impuestas por la Generalitat, en el colegio se están volcando con mi hijo. No es un problema de los centros ni de los docentes, es de la normativa. Muchos de los colegios están de la inmersión lingüística hasta el gorro. Ahora da clases en catalán pero las horas de refuerzo se las imparten en castellano».

Esta situación no ha solventado el problema. «A la hora de estudiar, pregunta mucho porque no entiende lo que dicen los libros y se lo tengo que traducir todo. Es una traba. Muchas veces estamos hablando en castellano y se me queda mirando como diciendo, no me he enterado de nada. De hecho, no le gusta nada estudiar catalán. Cuando vemos una película doblada al catalán, a los cinco minutos deja de verla porque no la entiende».

Para esta madre nacida en Barcelona, de padres andaluces, la situación actual no tiene ningún sentido: «Tengo ocho hijos y todos están deseando acabar los estudios para irse a trabajar fuera de Cataluña. No les gusta el idioma ni el ambiente que se está generando. Lo que tienen que tener claro los políticos es que no todos los chicos tienen la misma facilidad para los idiomas. El mensaje de que los niños son esponjas y que lo aprenden todo no es verdad. Mis hijos han nacido en Cataluña y varios de ellos tienen dificultades para aprender el catalán», lamenta.

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