AGLI Recortes de Prensa    Jueves 27 Diciembre 2012

El ajuste pendiente
Editorial La Razón 27  Diciembre 2012

Según los últimos datos facilitados por el Banco de España, la deuda acumulada por las empresas públicas, organismos y fundaciones dependientes de las comunidades autónomas se cifra en 12.182 millones de euros, lo que supone, nada menos, que el 7,5 por ciento de toda la deuda autonómica. En total, a 1 de julio de 2012, el inventario de entes públicos autonómicos registraba 2.206 sociedades, es decir, que en los seis primeros meses del año que termina, sólo se habían eliminado, reestructurado o refundido un total de 120 entidades de titularidad pública. Tan parco esfuerzo reductor, con la excepción de Galicia, que había cerrado 31 empresas, se compadece mal con los ajustes llevados a cabo en otros sectores, como la Sanidad y la Educación, que afectan más directamente al ciudadano.

El problema se arrastra desde la época de vacas gordas, cuando surgieron como setas este tipo de sociedades públicas, sometidas a muy variados regímenes administrativos, tanto de Derecho público como privado, pero con la característica común de no estar sujetas a los mismos mecanismos de control y fiscalización que las administraciones públicas, lo que, entre otras cuestiones, facilitaba la libre contratación del personal. El caso más evidente es el de las fundaciones, las más laxas a la hora del rendimiento de cuentas, de las que había registradas más de 550. Sin negar que en ciertos casos la utilización de organismos autónomos o entidades empresariales pueda ser ventajosa desde un punto de vista de eficacia y coste, lo que debería ser cuidadosamente contrastado, lo cierto es que se trata de un número excesivo que llega a duplicar, por ejemplo, los costes de personal en algunas consejerías. El Gobierno, dentro de los planes de ajuste y reforma administrativa, ha impelido a las comunidades autónomas a que aborden de una vez por todas la reducción de estos entes, asumiendo sus funciones a través de las estructuras administrativas generales o, cuando sea más conveniente, privatizándolos.

Todo menos seguir afrontando los gastos de un sistema público que bien podríamos calificar de «paralelo», y que ya no podemos pagar. España en su conjunto se juega buena parte de su futuro en los próximos meses, cuando nuestros socios de la Unión Europea vayan a reexaminar los objetivos del déficit público, y debe presentar unas cuentas que, al menos, reflejen con claridad el esfuerzo hecho, que ha sido notable, y la voluntad de mantenerse en la misma línea. Europa, es sabido, mira con lupa los gastos de las comunidades autónomas a las que, no siempre con razón, culpa de la mayor parte de los problemas financieros que atraviesa el país. Parece difícil justificar que sobre una estructura administrativa ya sobrecargada, se mantengan, además, 8.800 empresas públicas a cargo del Estado, las comunidades o los ayuntamientos.

Carta de Julio Ariza, editor
La lucrativa farsa del independentismo catalán
JULIO ARIZA www.gaceta.es 27  Diciembre 2012

El pegajoso magma engendrado para cubrir de silencio la corrupción, desde los prolegómenos de las inversiones en las olimpiadas de Barcelona 92, ha llenado de rubor a las personas decentes que callaban y sufrían la presión de los rateros.

Años de podredumbre acumulada comienzan a supurar por los pequeños huecos que se van abriendo en estas últimas semanas. Desde que Maragall denunciara en sede parlamentaria que el verdadero problema de Convergencia se llamaba 3%, la sociedad catalana libre espera ir conociendo los mecanismos de enriquecimiento fraudulento de sus héroes de mantequilla.

Se descubrió el pastel
El diario El Mundo abrió la caja de los truenos en plena campaña electoral publicando un informe de la UDEF en el que se concretaban datos y hechos que desde hace años estaban en la rumorología de las calles de la Barcelona más informada. Pero en Cataluña no existen medios de comunicación que escapen del poder de los políticos y la corrupción no corre el riesgo de la publicidad. La impunidad está garantizada y el dinero público para cebar la complicidad, también.

La opacidad y el sigilo sobre cómo Pujol Ferrusola Jordi acumulaba coches de gran lujo por valor de millones de euros; sobre la rentabilísima venta de Europraxis de Pujol Ferrusola José a la españolísima Indra; sobre las operaciones financieras con comisiones millonarias de Pujol Ferrusola Olegario a través de Drago Capital; sobre los mármoles; sobre los jardines de doña Marta; sobre los hoteles; sobre los viajes a Suiza y a Andorra; se ponían ahora delante de los ojos de aquellos catalanes todavía dispuestos a ver.

El Palacio de La Moncloa no era ajeno ni desconocía este proceso que se iniciaba. Moragas y Senillosa informaban a Gallardón y Rajoy de lo que iba a ir apareciendo en los medios. El Presidente no quería ni oírlo, pero lo oía. Mientras, Fernández, atrapado entre su entrega sin condiciones a sus amigos soberanistas, con los que ha compartido casi todo, y su lealtad a quien le ha hecho ministro, trataba de no acabar calcinado.

Cherchez la femme! María Victoria declaraba ante Pablo Ruz: fue testigo de la recogida de bolsas con billetes de 500 euros en los bancos andorranos, la Banca Mora, y de su transporte e ingreso escoltado por simpáticos mossos. Era la actividad del hereu, Jordi Pujol Ferrusola, hombre activo e inquieto y, al parecer, muy excitante. Ella, Victoria, era el primer pero no el único testigo que optaba por tirar de la manta catalana. La verdad por fin comenzaba a abrirse paso. Otros testigos ofrecen coordinadamente sus declaraciones a los jueces de la Audiencia Nacional: empresarios, ex financieros, constructores y promotores son ya el caldo de cultivo de lo que las próximas semanas irá desvelándose.

Andorra y Suiza son las naciones del nacionalismo pujolista amigo de Fassanas y Blancobalines, de los Campeón, Palau, ITV, Pretorias, Gürtel, todos con común denominador. El primero de ellos, Gianfranco Fassana, sin duda resultará pieza clave de todo el entramado de salida de capitales en el que coinciden personajes de las más variadas procedencias. Todos con las mismas técnicas y turbios y desalmados intereses. Los Massot, Vilarrubí, Sumarroca o Suqué podrán explicar sus intensas e interesantes relaciones con el poder convergente. Drago Capital y Olegario no podrán cambiar alquileres por protección ni deprisa ni despacio. Porque ahora el asunto no va a ser quién elabora los informes, sino cuánto han cobrado Convergencia y sus dirigentes por comisiones ilegales y cuál es el patrimonio que ha amasado la familia Pujol Ferrusola y los hermanos Mas.

Un pegajoso magma
Los pueblos del Lejano Oeste gobernados con mano de hierro por un cacique y sus caprichosos mujer e hijos son imagen casi perfecta de una forma de entender y practicar el poder en una comunidad como Cataluña en los últimos 30 años. Eso sí: sin revólveres, sólo con TV3. El sheriff que practica las detenciones a conveniencia de sus padrinos. El juez corrupto que usa su cargo para combatir a los posibles “enemigos políticos” mientras hace la vista gorda con las tropelías de sus amos.

Los vaqueros crueles que acosan sin piedad a los que no se allanan a los intereses del cacique o los asesinos a sueldo contratados por una buena paga cuando el adversario demuestra fortaleza o tozudez en su oposición a la arbitrariedad, todos ellos son personajes a los que en nuestra sociedad política catalana pueden ponerse nombres sin demasiada imaginación.

El pegajoso magma engendrado para cubrir de silencio la corrupción, desde los prolegómenos de las inversiones en las olimpiadas de Barcelona 92, ha llenado de rubor a las personas decentes que callaban y sufrían la presión de los rateros. En aquel tiempo el acuerdo multipartido para repartirse el momio olímpico constituía el inicio de una manera de ser y de mandar que hoy es norma. Convergencia se ha situado siempre en el lugar preciso para ser rodrigón imprescindible para los sucesivos Gobiernos en Madrid, tanto del PP como del PSOE.

Las sucursales catalanas de los dos grandes partidos nacionales, sus líderes y sus programas políticos, eran moneda de cambio habitual y perdían a cada pacto su credibilidad. Nadie podía aspirar a dirigir el PP catalán si no se ponía al servicio de los intereses y el proyecto nacionalista. El círculo del poder era indestructible.

Convergencia tenía muy claras las ideas para conservar e incrementar su influencia. Para empezar, Gobierno sin oposición en Cataluña; si no tenían mayoría absoluta, el PP o el PSOE darían su soporte gratis. Después, capacidad para condicionar presupuestos e inversiones en Madrid. Control del Ministerio de Industria y Energía colocando al frente personas de su entera confianza y garantizando su fuerza en las empresas reguladas más importantes, donde sus peones harían lo debido. Intermediación onerosa entre las grandes compañías catalanas y las instituciones del Estado. Y, cómo no, el 3% de Maragall. El uso del Consejo General del Poder Judicial como basurero donde colocar a personajes deleznables, como el corrupto juez Estevill, no era más que la guinda de ese apestoso pastel de estiércol.

Andorra era siempre el verdadero país amigo. Allí descansaban habitualmente los frutos de tan opacos pero sustanciosos negocios. Personajes de todos los colores ideológicos, algunos hoy en puestos más que relevantes, abrían sus cuentas antes de darse un festín en una de esas maravillosas bordas andorranas. La condición para estar en la pomada era sólo una: ser de los “nuestros”.

Los periodos electorales daban una medida exacta de las atípicas relaciones de los dirigentes nacionales con sus colocados regionales. El presupuesto para las campañas, siempre escaso, llegaba diezmado por manos amigas que prestaban servicios precontratados a precio de oro. Las visitas de los dirigentes producían bochorno a los militantes honrados por las cuestionables formas de ocio proporcionadas por el líder local de turno a sus honorables huéspedes. Paradigma de lo que describo eran las visitas de Fraga a Pujol y la consiguiente foto para La Vanguardia en cuanto comenzaba la campaña electoral.

No hay mal que 100 años dure...
Jorge Fernández, Enrique Lacalle o Paco Marhuenda sabían en todo momento dónde y cómo alojar y obsequiar a sus ilustres huéspedes. Así durante 20 largos años, mientras se garantizaban prebenda tras prebenda en la cúpula del partido, en la zona Franca, en la Diputación de Barcelona o en cualquier otra menudencia. Ellos engordaban y el partido languidecía; ellos crecían y los derechos y las libertades de sus correligionarios menguaban.

Así hemos llegado hasta hoy. Dicen que no hay mal que 100 años dure ni cuerpo que lo aguante. Parece que algo de luz puede abrirse paso después de tanta oscuridad. Eso del amor a su tierra era una patraña, una añagaza, la tapadera perfecta para imponer su voluntad y llenarse los bolsillos. El paro y la miseria de tantos catalanes va a dejar caer la venda de quienes se creían gobernados por patriotas y hombres íntegros. Seguro que muchos tardan en entender todo esto, pero el fin está ya comenzando.

El espejismo de una Cataluña feliz y próspera a base de desgajarse de su auténtica identidad española y de enfrentarse a sus compatriotas españoles puede desvanecerse si los actos de corrupción generalizada son conocidos por una opinión pública que recupere su seny y su espíritu crítico. Muchos catalanes de buena fe van a poder entender claramente para qué sirve la alocada búsqueda de independencia. Los caciques no toleran contrapesos a su poder ni jueces ni policías ni periodistas. Con las dosis adecuadas de dinero y amenaza, palos y zanahorias, su despotismo y su control sobre la sociedad estaba garantizado. Pero ahora el Fiscal General del Estado puede dar una medida definitiva de su profesionalidad, de su independencia y de su auténtico compromiso con la justicia. Él verá.

LA GACETA va a estar a la altura y en la punta de lanza de la denuncia de toda esta porquería. Hoy es posible inyectar un chorro de aire fresco en la adormilada sociedad catalana. No tienen tamaño de bandera suficiente para tapar todos los desmanes que impunemente han practicado desde el más puro estilo mafioso de ejercicio del poder.

Memoria sentimental de ETA
Javier Caraballo El Confidencial 27  Diciembre 2012

Ni el frío gélido de aquella madrugada evitó que, al abandonar el coche, la escueta camiseta de manga corta que llevaba puesta estuviera empapada de sudor. Era la víspera de la Nochevieja y en Sevilla sólo un grupo de turistas, que fueron desalojados de un hotel cercano, se había percatado del enorme cordón de seguridad que había establecido la Policía en torno al edificio de la Seguridad Social, frente a la estación del AVE de la capital andaluza. A las tres de la madrugada llegaron con un estruendo azul de sirenas una decena de coches patrulla, y sólo cuando ya había amanecido, pasadas las ocho y media de la mañana, se deshizo aquel cordón policial.

También la radio informaba ya a aquella temprana hora del resultado de la operación: “La Policía acaba de desactivar en Sevilla un coche bomba con 160 kilos de explosivo, la mayor carga que se recuerda en un atentado de ETA, ya que la cantidad utilizada habitualmente ronda los cuarenta o cincuenta kilos. El objetivo de la banda terrorista era el de reducir a escombros el edificio de la Seguridad Social y provocar una gran masacre por la cercanía de otros edificios habitados, que también se habrían visto afectados”.

Ciento sesenta kilos de explosivo que el agente que aquella noche estaba de guardia en la unidad de los Tedax había calculado nada más llegar, al ver las dos ollas enormes, conectadas con cartuchos y un sistema eléctrico que acababa en un cebador para explosionarlas con un temporizador. Entró en el coche, observó atónito la monumental bomba de ETA y salió decidido a quitarse el chaleco antibombas, hasta quedarse sólo en camiseta.

Antes incluso de que Bildu y de que ninguno de los partidarios o cómplices de la banda terrorista plantee el acercamiento de los presos etarras como una cesión del Estado español, el Gobierno debería de emprender la política de normalización que supone el traslado de los presos etarras a las prisiones más cercanas al País Vasco“¿Estás loco? ¿Piensas desactivarla sin chaleco antibalas?”, le preguntó uno de sus superiores. “¿Un chaleco, jefe? ¿Para qué? ¿Usted cree que si no sale bien, con esa cantidad de explosivo, el chaleco va a servir para algo?”. Desde fuera lo veían sudar, los cristales del coche bomba empañados dibujaban los perfiles de aquel hombre valiente, sereno, decidido. “Vosotros preocupaos sólo de que la prensa no sepa nada, que mi mujer se levanta varias veces en la noche a darle el pecho a nuestro bebé y no quiero que se asuste si pone la radio”. Amanecía la ciudad, el último día del año, cuando aquel hombre abandonó el coche bomba. “Ya está; lo hemos conseguido”. En el frío gélido del amanecer, lo vieron alejarse con la camiseta empapada en sudor, exhausto, con la tranquilidad de que su mujer estaría esperándolo en casa con su hijo recién nacido en brazos. “¿Qué tal la noche, cariño, algún problema?”.

Fue aquella la madrugada del 30 al 31 de diciembre de 2001. Gracias a la actuación del tedax, la crónica de aquella noche tiene un final feliz, heroico, orgulloso como cada vez que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad han logrado vencer y doblegar los planes terroríficos de ETA. Fue aquella una madrugada épica que forma parte de la memoria sentimental de los españoles en su lucha contra la banda terrorista, sentimientos de dolor y muerte, sensaciones de impotencia y de burla, llantos de rabia y desconsuelo, pero también experiencias como esta, que acababa reconfortándonos más aún, reafirmándonos en la firmeza de la democracia, en la frialdad inalterable de la justicia, en la calma de la convivencia ciudadana.

Cuando se caigan las últimas hojas del calendario de este 2012, se cumplirá el primer año completo sin la amenaza de ETA en España. Casi medio siglo soportando esa amenaza y ahora, sin más, tenemos que contemplar esa ausencia como una derrota del enemigo, como una victoria de aquello que hemos sufrido. Debemos ver la ausencia de atentados como un logro que no exige más recompensas que la justicia, que no se acuna en las vísceras sino en la razón democrática de saber que la verdad se impone. Vendrán días en los que la normalidad de los presos etarras se habrá de imponer como la normalidad de los otros presos, condenados por asesinato, que cumplen sus penas en las cárceles cercanas allí donde nacieron, donde vivieron. Y eso, que en términos del debate político se denomina "el acercamiento de los presos vascos" tendremos que contemplarlo como parte de la normalidad, de la victoria. Antes incluso de que Bildu y de que ninguno de los partidarios o cómplices de la banda terrorista plantee el acercamiento de los presos etarras como una cesión del Estado español, el Gobierno debería emprender la política de normalización que supone el traslado de los presos etarras a las prisiones más cercanas al País Vasco. Y luego, nada más. Lo constitucional, nada más. El Estado habrá actuado una vez mas de acuerdo a la legalidad, a la Constitución. Ningún otro perdón para quien ha asesinado. La memoria sentimental de la banda terrorista nos trae dolor, nos devuelve el horror, pero después de medio siglo hemos ganado. Paz y Justicia.

El discurso de Artur Mas
José Luis González Quirós El Confidencial 27  Diciembre 2012

Las Navidades son propicias para los discursos, lo que ha podido atenuar los ecos del pronunciado por Artur Mas ante el Parlamento catalán. Sus palabras, breves, no tienen desperdicio, y tampoco lo tienen las circunstancias en que fueron dichas, con el retrato del Rey oculto tras un simple lienzo.

El discurso del renovado presidente de la Generalidad es una pieza bien construida, que sería asumible si no diese en suponer que existe algo que no existe, y que no existe algo que sí existe, por mucho que quiera dejar de contar con ello, ya se verá cómo. No hay, políticamente hablando, una nación catalana, mientras que sí existe, a todos los efectos políticos y jurídicos, la Nación española, que incluye inequívocamente tanto el territorio catalán como a todos los catalanes. Que Cataluña es, o ha sido, una nación desde el punto de vista cultural no ofrece demasiadas dudas ni tiene otro interés que el histórico; que Cataluña no ha sido nunca, ni es ahora, una nación en el sentido político es absolutamente obvio y, aunque el futuro no esté nunca del todo escrito, no parece nada fácil que tal objetivo se pueda conseguir con la retórica ilusionista del líder catalán.

Según Mas, Cataluña se va a adentrar en un proceso de transición nacional a una nueva situación que, aunque no se defina ni se describa, será completamente ajena a España. Afirmó, además, que se podrá avanzar hacia esa secesión sin violencia, sin olvidarse del Estado de derecho y sin vulnerar la democracia, lo que seguramente sea mucho suponer.

Mas asume que podrá maniobrar con la impunidad con que se han consentido las deslealtades y las irregularidades de los nacionalistas, pero habría que acabar con esa herencia onerosa de la ingenuidad política de la transición bastante antes de que pueda convocarse el supuesto referéndumEs corriente que los políticos prometan más de lo que van a conseguir, pero no tanto que engañen en lo que intentan, y es evidente que Artur Mas está planteando un desafío a la democracia y a la nación española de una magnitud difícil de superar. Mas maneja un argumento implícito, a saber, que nadie va a hacer nada por evitar esa secesión, y que si alguien lo hace será responsable de lo que pueda pasar, pero hay que esperar a que se acabe haciendo evidente que estos dos supuestos son completamente falsos. En primer lugar porque se hará lo necesario para impedir la secesión y defender la legalidad, y, en segundo lugar, porque no pasaría nada especialmente grave al llevarlo a cabo.

Su programa sustenta la ficción de una Cataluña desgajada de España pero inserta en Europa, lo que supone una enmienda a la totalidad al proceso de consolidación de la unidad europea, pese a que el líder catalán sabe que es un deseo vano y, además, está perfectamente al tanto de que han sido las mínimas advertencias europeas respecto a la imposibilidad de ese tránsito, y no la corrupción, perfectamente descontada, lo que le ha quitado los votos que han ido a parar al sector más radical del soberanismo.

Que Mas crea cuanto dice es sorprendente, pero parece cierto. Pues bien, Mas puede creer lo que quiera, estamos en un país libre, pero esa mera creencia, aunque fuere compartida por millones de catalanes, no puede convertir al pueblo catalán en un sujeto político capaz de autodeterminarse, y ello por tres razones decisivas. En primer lugar, porque caben serias dudas de que el único pueblo catalán realmente existente quiera separarse de España, ni ahora ni en muchos años; en segundo lugar, porque esa separación no podría llevarse a cabo de manera unilateral sin afrontar el riesgo de conflictos muy graves y duraderos, de manera que poder hacerla conforme a la ley exigiría la autorización del Parlamento español, que seguramente no tendrá muchos motivos para concederla, aunque esta sea otra cuestión. Por último, porque Mas olvida, lo que constituye el error más común en la democracia española, que una cosa es lo que puedan proclamar las fuerzas políticas y otra muy diferente lo que puedan hacer los votantes en el momento decisivo. Es posible que aquí esté el truco, una especie de invención política del perpetuum mobile, la convocatoria de un referéndum tras otro hasta que suene la flauta, algo parecido a lo que han hecho con las consultas populares que hasta la fecha se han llevado a cabo.

No son las creencias, incluso si mayoritarias, las que rigen las relaciones políticas, sino el derecho, de manera que no se puede respetar la democracia y la paz social saltándose todas sus exigencias para crear un engendro político que interesa a los pujoles y a los que creen en el cuento del Madrid sacamantecas, que no son pocos, pero que deja bastante fríos a los catalanes que cada mañana se levantan para trabajar sin esperar nada del maná del tanto por ciento. Mas asume que podrá maniobrar con la impunidad con que se han consentido las deslealtades y las irregularidades de los nacionalistas, pero habría que acabar con esa herencia onerosa de la ingenuidad política de la transición bastante antes de que pueda convocarse el supuesto referéndum. Nada de lo que ocurre tendrá arreglo con melifluos discursos, y sería imperdonable que quienes representan a los españoles no se pongan de acuerdo ante algo tan esencial como explosivo.

*José Luis González Quirós es analista político

Embajadas sin Estado
Carlos Fuertes www.lavozlibre.com 27  Diciembre 2012

Abogado

En las clases de Economía Política, que caían sobre nosotros cual losa numérica en primero de carrera, se nos hacía especial hincapié en todas esas ideas y pensamientos económicos que hasta los profanos debíamos saber. Para ello, a las profesoras (magníficas, por cierto) les encantaba poner ciertos ejemplos para explicar conceptos tan elementales como oferta, demanda, coste marginal, frontera de posibilidades de producción y otra serie de elementos que hoy aún los recuerdo difuminados, lo cual es buena señal. Entre otras ideas, estaba aquella tan gráfica de Samuelson, la contraposición entre producir cañones o mantequilla en un país determinado, siendo elementos excluyentes entre sí.

Sin querer dar lecciones de nada, y menos de Economía, lo cierto es que en la situación actual se puede comprobar el fracaso del modelo económico en el que nos hemos empecinado. Un modelo de 17 mini estados, desequilibrados entre sí salvo en lo que a gasto público a raudales se trata, y donde, además, cado uno ha hecho 'la guerra por su cuenta'.

Esta reflexión viene a colación de la limitación que estudia el Gobierno para la apertura de 'embajadas' de las Comunidades Autónomas fuera de España, que es, en sí, una de las muestras grotescas y psicodélicas del sistema de las Autonomías llevado a su hipertrofia, y que, estoy convencido, será objeto de anécdota cuando dentro de unos años se estudie en Historia (si es que se sigue estudiando) nuestra actual situación, como se nos explicaba con cierta estupefacción en la I República los movimientos cantonalistas y cómo se encausó al Obispo de Granada por exceso de propiedades.

Más allá del coste económico, que es relevante, sin duda, y más en un momento como el actual, hay que ponderar por encima de ello el desvalor político internacional de un país que se expresa a través de tan diversas legaciones, la mayor parte de ellas vacías de contenido y funcionalidad, más allá de un lamentable ejemplo propagandístico del desparrame de país que tenemos.

Por ello, creo que la medida del Gobierno es buena, pero insuficiente. Hace ya tiempo que se deberían haber suprimido definitivamente estos engendros creados para la loa y grandilocuencia del cacique autonómico de turno, o para colocar en bellos parajes a los advenedizos y demás amigos del nepotismo.

Una crisis como la actual destapa las vergüenzas del sistema, y los factores coadyuvantes para encontrarnos como estamos. Por ello, cuando viajo y veo una delegación autonómica me siento profundamente estafado. Para ésto no se puede pagar ni un solo euro.

Prisa por defender a CiU
EDITORIAL Libertad Digital 27  Diciembre 2012

Cuando, nada más anunciar su desafío secesionista, Artur Mas acudió a Madrid a pronunciar una conferencia, los únicos empresarios de relevancia que le arroparon fueron los gerifaltes del grupo Prisa, ese ruinoso emporio volcado en el blanqueamiento del proyecto de demoliciones del nacionalismo catalán, que pretende arrasar con España como nación y como Estado de Derecho.

Así las cosas, no es de extrañar que el referente de la prensa global de progreso no venga investigando ni aun informando de los escándalos de corrupción que asuelan Cataluña. Pero al parecer esa actitud inefable no debía de parecer suficiente a los barandas prisaicos, así que, quizá considerando que no hay mejor defensa que un buen ataque, este domingo El País arremetía contra la Policía acusándola nada menos que de haber urdido una "conspiración", junto a algunos editores de periódicos y miembros del PP, contra los nacionalistas catalanes.

Como "oscura maniobra al margen de la ley para denigrar a los políticos gobernantes de Cataluña" ha calificado El País las pesquisas policiales que se están llevando a cabo para averiguar el origen del abultado patrimonio de la familia Pujol en México y Argentina. Si el desfondado buque insignia de la descangallada flota prisaica no quiere informar del asunto, ni que la Policía lo investigue, debería, siquiera sea por una vez, armarse de valor y decirlo abiertamente; todo menos aventar las bochornosas justificaciones que anda esgrimiendo para sacar la cara a semejante saga: se trataría de averiguaciones "sin autorización judicial" efectuadas por "policías emboscados en el anonimato"; de "informes no oficiales en los que se mezclan acusaciones reales de corrupción con otras no demostradas o simplemente falsas" que se hacen llegar a "diarios conservadores".

Naturalmente, la Policía puede –tal y como ha recordado el SUP– investigar todo tipo de denuncias, por anónimas que sean; y, en función de lo que encuentre, solicitar al juez más margen de actuación. Es evidente que sin estas investigaciones previas los policías nunca podrían facilitar a los jueces indicios suficientes para la apertura de sumarios. De hecho, sin estas investigaciones preliminares ningún informe policial llegaría jamás a ser oficial; ni se podría distinguir las denuncias de corrupción fundadas de las infundadas. El País, que no ha informado de acusación alguna contra CiU –ni siquiera de las que califica de "reales"–, no se priva en cambio de lanzar basura sobre esos "anónimos" agentes que, no obstante, tan bien conoce, pues sabe que "pretenden defender con su estrategia la unidad de España".

Ignoramos si la patética defensa que hace El País de CiU en general y de la familia Pujol en particular se debe por encima de todo al hecho de que la sociedad de Oleguer Pujol –hijo menor del expresidente de la autonomía catalana– hizo ganar a Prisa 242 millones de euros en 2008, al comprarle sus sedes de Madrid y Barcelona. Sea como fuere, que el referido imperio mediático, con sus tremendos problemas económicos a cuestas, haga o haya hecho sustanciosos negocios con la familia Pujol y que CiU pretenda socavar las bases de la Nación con consultas secesionistas abiertamente ilegales no son razón alguna para que la Policía y los medios de comunicación dejen de investigar la corrupción. Sólo faltaría. Cómo se retratan.

El mensaje navideño del Rey y la "misericordia"
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 27  Diciembre 2012

Sabido es que los asientos de la sillería de un coro catedralicio o conventual suelen contar, en su parte posterior, con un pequeño soporte denominado “misericordia” que, a partir del siglo XI, que es cuando su uso se generaliza, permite a los monjes aguantar horas de rezos y salmos apoyando en él la rabadilla y simulando estar de pie –con el asiento plegado- cuando en realidad no es así. Las “misericordias” son a menudo auténticas obras de arte en miniatura, generalmente relieves en forma de caras representando vicios y debilidades humanas, incluso seres irreales donde no faltan las escenas obscenas. El diccionario de la RAE define “misericordia” como “Pieza en los asientos de los coros de las iglesias para descansar disimuladamente, medio sentado sobre ella, cuando se debe estar en pie”.

Medio sentado, medio de pie, apareció el Rey el lunes 24 en televisión a la hora de dirigir a los españoles su mensaje navideño, apoyando la rabadilla sobre su mesa de trabajo y dando sensación de estar inhiesto, es decir, firme, dispuesto a trabajar, listo para coger el timón, presto para servir al país en este difícil final de año, el peor de su reinado, el más duro para su salud, el más escandaloso para su prestigio y el de la Corona. La gente se ha referido a esta llamativa puesta en escena como lo más destacado de un tipo de mensaje que por su propia naturaleza y por el momento mismo en que se emite suele mezclar lo insípido con lo anodino en un ya habitual “nada con gaseosa”. Este año, sin embargo, ha sido peor, ha sido malo hasta rozar la obscenidad de algunas “misericordias”, y ello debido a las duras circunstancias de la crisis política y económica que atraviesa España.

Un discurso mediocre en la forma y claramente insuficiente en el fondo. Mensaje evanescente y huidizo, cóctel de tópicos aturdidos que, dadas las circunstancias que vivimos, no pudo dejar satisfechos más que a los monárquicos enragés y ni siquiera eso. Es verdad que el Monarca, acostumbrado a lidiar toda clase de toros en todo tipo de plazas, tenía esta vez enfrente al astifino más peligroso de su carrera después del desgraciado asunto de la cacería en Botswana, incidente y accidente que, tras 37 años de reinado, ha permitido a Juan Español conocer el paño que se guarda en el arca de Palacio y que hasta ahora venía manejando en secreto una señora o señorita apellidada Sain-Wittgenstein y apodada “princesa”. Es cierto, don Juan Carlos lo tenía difícil este año. Lo tenía tan difícil, tan duras están las cosas –dentro y fuera de Palacio-, que el lunes por la noche perdió la mejor oportunidad que vieron los siglos para haber reivindicado su figura o, al menos, haberlo intentado.

Con la que está cayendo en Cataluña, con el desafío abierto y sin ambages que Artur Mas ha planteado a este país, la primera autoridad del Estado, cuya esencial función representativa, según recoge el texto de la Constitución Española de 1978, radica en su condición de garante de la unidad de España, no puede dirigir su mensaje anual sin mención expresa a ese problema que tanto preocupa a tantos españoles, catalanes incluidos. No puede hacer usted mutis por el foro. Y no valen esas referencias veladas, ese leer entre líneas del “Es hora de que todos miremos hacia adelante y hagamos lo posible por cerrar las heridas abiertas. Será nuevamente un éxito de todos, ciudadanos e instituciones, basado en el respeto a las leyes y a los cauces democráticos”. No es eso. No es eso, porque eso es demasiado poco, o no es nada para la que está cayendo.

Cumplir y hacer cumplir la Constitución
Imitando a su antepasado Fernando VII, usted, Señor, tendría que haber invitado al señor Mas a seguir aquel célebre “Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional”, y haberlo hecho con la educación debida, con el lenguaje adecuado, con la diplomacia precisa, cierto, pero al mismo tiempo con firmeza necesaria, sin resquicio para la duda, porque en esta hora histórica se trata de cumplir y hacer cumplir la Constitución, no de eludir la alta responsabilidad que le compete. Lo cual no quiere decir que consideremos intocable la norma suprema de nuestro ordenamiento jurídico. Al contrario. Con ser importante el desafío lanzado por el nacionalismo catalán, no menos trascendente y urgente, como bien saben los lectores de este diario, es la necesidad de proceder cuanto antes a una revisión a fondo de nuestra Constitución destinada a devolver el prestigio perdido a las instituciones, mejorar la calidad de nuestra democracia y propiciar un horizonte de futuro, de libertad y prosperidad, para las nuevas generaciones.

Hablamos de la necesidad de cambio que reclama a gritos un sistema agotado y agostado. Pero en lugar de abordar, siquiera mínimamente, el problema -en realidad el GRAN problema español del momento-, Su Majestad se dedicó a ensalzar y poner en valor esa “gran política” que, en su opinión, hizo posible la Transición. Pero la Transición está muerta, Señor, por más que aún no haya recibido cristiana sepultura, y es preciso hacer algo más, mucho más, si queremos rescatar a esta bendita España del vagón de cola de los países que perdieron el tren del futuro anclados en el pasado. En este sentido, el mensaje del Monarca fue decepcionante y descorazonador, por cuanto expandió la idea de que la clase dirigente española no está dispuesta a mover ficha ni aun en las terribles circunstancias actuales.

El subliminal cierre de filas que don Juan Carlos propone con su elogio a esa “gran política” de la Transición ignora lo ocurrido con un sistema que ha devenido en una corrupción galopante y que reclama a voces la necesidad de cambios profundos. Ignora el agua que ha pasado bajo los puentes y revela, en suma, la decrepitud de un sistema que se resiste a perecer. Ni una reflexión seria de futuro, capaz de abrir una ventana a la esperanza de una España mejor. Ni una crítica al funcionamiento de nuestras instituciones. Ni una sola propuesta de cambio. Ni siquiera una mención a su propio hijo, el príncipe Felipe, como eventual encarnación de ese futuro. Solo volver al pasado; solo concitar los valores de ese idealizado pasado reciente ya finiquitado. Y no es eso. No será eso lo que nos saque del atolladero. Porque si usted, Señor, y los partidos mayoritarios que han jaleado su mensaje navideño creen que todo consiste en sentarse a esperar a que escampe, están equivocados. O eso creo.

Mercadona el PP y la Marca España
Juan Vicente Santacreu Periodista Digital  27  Diciembre 2012

¿Quien dijo que la sociedad tiene voto pero no tiene voz?. Hace muy poco tiempo en el Movimiento Masby decidimos dar forma a la cantidad de plataformas que existen en las redes y se dedican a promover el boicot de productos catalanes. Lo hicimos para canalizar sinergias y poder así llegar a la sociedad. Tengo que aclarar una vez más que nosotros no boicoteamos productos catalanes, sólo aquellos que se niegan a identificar a sus productos como españoles.

Pues bien, los resultados van aflorando poco a poco. Algunas empresas han contactado con nosotros a través de la Web Marca España para solicitar autorización y poder usar el logotipo. Otras están cambiando el etiquetado para dejar claro que es un producto de España y otras hasta se atreven a poner el logotipo de la bandera española además de indicar que es un producto español.

Según las informaciones que nos hacen llegar los ciudadanos, Mercadona ha sido la primera empresa en poner un producto con nuestras demandas. Véase la foto. No hace falta comentarios.
Mercadona Marca España PP Partido Popular

Si a esto añadimos que la campaña de Cava catalán ha sido la peor de los últimos 20 años, podemos afirmar que nuestra voz llega a la sociedad siempre que sepamos utilizar los medios adecuados. Y no henos hecho más que empezar.

Por si todo esto es poco, parece que el PP va entendiendo nuestro mensaje español y está preparando una campaña de apoyo a nuestra plataforma:
ABC -El PP ha registrado una proposición no de ley en el Congreso en la que defiende que RTVE programe espacios semanales que «ensalcen» la Marca España y promuevan los valores comunes de los españoles.

«Es necesario programar espacios semanales modernos y ágiles, donde el significado de España sea el núcleo central, mostrando una imagen moderna, actual y cercana que permita ensalzar el concepto de Marca España», señala la iniciativa del PP, a la que ha tenido acceso Servimedia.

Así que ciudadanos españoles, tenéis voto pero también tenéis voz, sólo falta que sepáis decir en voz alta lo que pensáis y que seáis fieles y consecuentes con vuestros pensamientos.
Así lo digo y así lo pienso

Las empresas solo necesitarán licencia de una autonomía para operar en toda España
m. j. pérez/y. gómez ABC 27  Diciembre 2012

El Gobierno prevé aprobar el 11 de enero el proyecto de ley de garantía de la unidad de mercado, para facilitar la libre circulación de bienes y servicios
Las empresas solo necesitarán licencia de una autonomía para operar en toda España

La unidad de mercado está a punto de convertirse en una realidad en España. El Gobierno tiene previsto aprobar el próximo 11 de enero el proyecto de ley de garantía de la unidad de mercado, para facilitar la libre circulación de bienes y servicios por todo el territorio nacional. Con una sola licencia autonómica, las empresas podrán operar en cualquier punto de la geografía española, sin necesidad de pedir una nueva autorización en la comunidad donde se desee comercializar sus productos y prestar sus servicios.

España pondrá en marcha los principios de licencia única y legislación de origen que ya se aplican entre estados miembros de la Unión Europea. Ahora se da la paradoja de que una empresa o profesional de cualquier país de la Unión Europea puede prestar servicios en España con la habilitación de su país de origen, pero una empresa catalana, por ejemplo, si quiere operar en Madrid, no puede hacerlo sin una autorización previa del Gobierno regional madrileño.

Aunque se estaban barajando varias opciones, como poner en marcha una licencia única nacional, que se obtendría cumpliendo unos requisitos fijados por una normativa estatal, finalmente el ministerio que dirige Luis de Guindos ha optado por dar mayor protagonismo a las legislaciones autonómicas y evitar así problemas de competencias. De hecho, según fuentes del Ejecutivo, en la última reunión mantenida con los gobiernos regionales no se pusieron objeciones a una normativa que pretende facilitar la actuación de las empresas.

Con la nueva legislación el Ejecutivo no solo cumple uno de sus principales compromisos electorales -simplificar las tareas administrativas que tienen que cumplir las sociedades-, sino que además da respuesta a una reclamación generalizada desde hace años por las patronales empresariales e inversores, tanto nacionales como extranjeros, según aseguran fuentes del Ministerio de Economía. En la actualidad, el mercado nacional está dividido en diecisiete submercados diferentes, lo que obliga a las empresas que quieren prestar servicios o comercializar productos en España a someterse a diferentes requisitos en función del lugar donde operen.

Estos requisitos implican en muchos casos que los empresarios o profesionales tengan que adaptar sus productos o servicios en función del lugar donde los comercialicen y deban someterse a diferentes procesos de autorización en cada caso. Esto se traduce en un coste muy importante en términos económicos y de tiempo, y tiene como resultado una importante pérdida de competitividad de nuestra economía, con un impacto directo en el empleo.

Según un informe de la CEOE, la maraña legislativa y la falta de unidad de mercado restan a la economía española unos 45.000 millones de euros cada año. La patronal destacaba en este informe, que avanzó ABC, los beneficios que para nuestro país conlleva el mercado único europeo, por lo que consideraba una paradoja que «mientras en la UE se avanza desde hace veinte años hacia un mercado único, en España cada vez se está retrocediendo más en nuestro propio mercado interior».

Además, la principal reticencia de los inversores para montar un negocio en nuestro país es precisamente la maraña de legislación autonómica que tienen que cumplir. Una maraña que impide a las empresas beneficiarse de las economías de escala y aumenta la inseguridad jurídica, ya que la normativa es en ocasiones discrecional o contradictoria en función del territorio. Así, por ejemplo, una cadena de hipermercados que quiere hacer un encarte publicitario en un periódico tiene que solicitar hasta diecisiete permisos diferentes para poder distribuirlo en todo el territorio nacional.

El proyecto de ley que aprobará en enero el Ejecutivo garantizará el principio de licencia única y legislación de origen, de modo que cualquier producto o servicio producido al amparo de cualquier normativa autonómica pueda ser ofertado en todos los puntos del territorio español sin necesidad de trámites adicionales.
Colegiación única

Y si para garantizar la libre circulación de mercancías en todo el territorio nacional bastará con cumplir la normativa del sitio en el que se produzca, para prestar servicios profesionales será suficiente con estar colegiado en una autonomía. Eso sí, al igual que ocurre con el modelo europeo, la prestación del servicio sí debe cumplir las exigencias de la norma de la región en la que se presta.

Las autonomías que más se beneficiarán de la unidad de mercado, según fuentes consultadas, serán las que tienen un sector industrial y un sector servicios más potentes, como es el caso de Cataluña, País Vasco y Madrid. Quizá por eso, y pese a las reivindicaciones soberanistas catalanas y vascas, en esta materia no se han oído voces discordantes.

Estas tres comunidades autónomas concentran el 44,6% del PIB de la industria española, el 43,7% del comercio, transporte y hostelería y el 42,5% del PIB del conjunto de España.

Inutilidad de la licencia única y legislación de origen sin previa derogacion de las leyes sobre lenguas regionales
Nota del Editor 27  Diciembre 2012

Para asegurar la libre circulación de mercancías es necesario que no haya barreras lingüísticas, no vaya a ocurrir que cada producto deba ir acompañado con un carrito de declaraciones en lenguas regionales.

Para prestar servicios profesionales es necesario que no haya barreras lingüísticas ni barreras autonómicas. Como se van a poder prestar servicios profesionales cuando toda la legislación autonómica y todos sus procesos utilizan las lenguas regionales.

Cataluña
La Abogacía del Estado actuará contra los municipios declarados «territorio catalán libre»
EPabc_es / MADRID ABC Cataluña 27  Diciembre 2012

Desde principios de septiembre, más de cien ayuntamientos han aprobado mociones, entre ellos Vic, Tortosa, Valls, Vilafranca del Penedès, Igualada o Ripoll

La Abogacía del Estado prevé actuar en las próximas semanas contra ayuntamientos que desde septiembre han aprobado mociones para declararse "territorio catalán libre", han anunciado fuentes gubernamentales.

La primera de estas actuaciones tuvo lugar la semana pasada, cuando los servicios juridicos del Estado presentaron un recurso contencioso administrativo contra el acuerdo del Pleno de Celrá (Gerona) que aprobó una moción el 18 de septiembre.

En las próximas semanas, la Abogacía tiene previsto repetir este tipo de actuación contra acuerdos similares aprobados en otros ayuntamientos, han señalado las mismas fuentes.

Desde principios de septiembre más de un centenar de municipios han ido aprobando mociones en sus plenos municipales para declararse "territorio catalán libre". Entre ellos están capitales de comarca como Vic, Tortosa, Valls, Vilafranca del Penedès, Igualada o Ripoll, y la iniciativa empezó en Sant Pere de Torelló (Barcelona)

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Rajoy, Rubalcaba y Duran deben hablar
Pablo Sebastián www.republica.com 27  Diciembre 2012

Mariano Rajoy ha convocado una rueda de prensa, de fin de año, para el viernes 28 de diciembre (el día de los santos inocentes) y esa será su oportunidad para pronunciarse ante la flagrante “rebeldía” política del presidente de la Generalitat Artur Mas, que amenaza con una colisión con el Estado, y que ha despreciado públicamente la legalidad y al Jefe del Estado , durante su pintoresca toma de posesión adornada con un paño negro para ocultar el retrato del Rey, al que ha querido expresamente ofender.

A pesar de su brusquedad y malas maneras Mas habló con claridad, cosa que no hizo el Rey Juan Carlos en Nochebuena donde no dijo nada sobre el desafío catalán y la amenaza del presidente catalán por poner rumbo de colisión con España desde su nave “corsaria” catalana (una “patera” en el inmenso océano de la UE) desafiando al acorazado del Estado español, tocado por numerosas vías de agua pero, al fin y al cabo, un poderoso navío con 500 años de Historia y un impresionante acervo político, económico y cultural, además de un idioma y una presencia en el mundo, especialmente en la UE, naciones árabes y América Latina, que en nada son comparables a la pretendida “diplomacia” de la Generalitat.

Mas se ha vuelto a equivocar, como erró con su adelanto de las elecciones que tan caro le ha costado en CiU, una vez que perdió el 20 % de sus diputados y quedó en manos de ERC, para no tener que dimitir. Y puede que tras su pacto con ERC el apoyo electoral de CiU y la solidez de su coalición no sea ni siquiera el mismo del ya devaluado en esa fecha- del 25-N de 2012. Como a buen seguro no contará con el mismo apoyo financiero y empresarial ni con la ayuda ciega de los medios catalanes, tales como La Vanguardia o El Periódico, por lo que la soledad y la dependencia de Mas y CiU de ERC será cada vez más asfixiante y difícil de mantener. Sobre todo este tiempo de crisis económica, que no conviene perder de vista, lo que tampoco parece entender Mas.

Pero mientras tanto, y sobre todo por causa del silencio de la Corona (muy mal calculado por los autores del discurso real), hace falta que Rajoy, Rubalcaba y Duran i Lleida abandonen sus cómodas trincheras y se pronuncien sobre la rebeldía política e institucional del presidente de la Generalitat. Aunque solo sea para garantizar que: España impondrá la Constitución y la legalidad hasta sus últimas consecuencias -lo que debió decir el Rey-; que el Gobierno y el Estado no piensan “financiar”, ni facilitar, el proceso soberanista del nuevo gobierno catalán; ni permitir que semejante deslealtad constitucional dañe ahora la estabilidad política española y la recuperación económica y de la confianza del Estado.

Esto lo ha de decir Rajoy -antes o después de un pacto con el PSOE, UPyD e IU (si es últimos se prestan a ello), y lo tiene que ratificar Rubalcaba, pasando por encima del PSC y abriendo una delegación del PSOE en Cataluña. Y desde luego lo deberá apoyar Duran Lleida desde Unió si no quieren convertirse en un apéndice de ERC. Y convendría, para tranquilidad de todos los españoles y la UE, que estos pronunciamientos se hagan cuando antes mejor y sin esperar al anunciado momento de la “colisión”. Aunque, conociendo a Rajoy y el miedo escénico que le producen los retos de envergadura, cabe imaginar que el presidente no hablará, ni el día de los inocentes, ni después y que seguirá en la estrategia de no hacer nada y esperar el desgaste o el fracaso de los demás. Lo que incluye asumir una cota importante de falta de firmeza y de indignidad nacional.

La estrategia nacionalista de la tensión
Luis de Velasco www.republica.com 27  Diciembre 2012

La acción nacionalista catalana, concretamente de CiU, responde a una estrategia de la tensión que incluye dos elementos: el victimismo y la provocación. El primero de ellos, de larga data, es inherente, con mayor o menor intensidad, a todo nacionalismo. El segundo es mucho más reciente y se refuerza con el acuerdo con ERC.

No es fácil establecer en complejos procesos sociopolíticos un punto de inflexión. Pero en la estrategia nacionalista de la tensión sí cabe establecer ese punto (un auténtico “tipping point” tal como los caracteriza Malcolm Gladwell) en la manifestación del pasado 11 de septiembre y en la declaración solemne del día después del presidente Mas. A partir de ahí entramos en una nueva etapa que termina en su victoria/ derrota electoral que abre paso a la actual basada en el pacto de gobierno con ERC.

El victimismo es un elemento constante. Crear un enemigo exterior al que siempre se piden cosas en un proceso interminable y al que se echan las culpas de los errores propios forma parte de la esencia del nacionalismo. La crisis integral española (lo que incluye la catalana, incluso más grave) es una buena oportunidad para atacar a “Madrit” por sistema para ocultar la doble lacra de los errores propios en política económica y la gran corrupción. Como recuerdo más inmediato y otra causa más de agravio, la sentencia del Tribunal Constitucional invalidando algunas partes de un Estatut aprobado en referéndum por un escaso tercio del censo, cifra que se oculta cuidadosamente.

La estrategia de la tensión incorpora ahora un elemento nuevo que es la provocación al Gobierno y a la institucionalidad nacional (de la que la catalana es parte) mediante decisiones cada vez más en el límite de la legalidad vigente, seguramente sobrepasando ese límite en ocasiones. Se trata de ir tanteando el terreno y de ver cual es la respuesta de Madrid para, en función de eso, ir o no más decididamente adelante. Desde la declaración contraria a la Constitución de que la soberanía reside en el pueblo catalán hasta lo más osado, un programa para ir de manera inmediata construyendo ese Estado catalán lo que incluye, entre otros, un banco público, una agencia tributaria propia, una justicia con su última instancia, una reiterada negativa a aplicar las sentencias en materia de libertad de enseñanza en materia de lengua. Camino en el que el gobierno catalán parece decidido a seguir y en el que sin duda habrá conflictos muy serios con el gobierno de la nación.

Son muchas las consideraciones que merece este proceso. Indiquemos tres aquí. Una, el gran daño hecho ya por la deslealtad, ahora aumentada, del nacionalismo catalán. Dos, la suicida posición de un PSC que, ante una crisis de esta envergadura, se declara absentista y afirma “que no pondrá palos en las ruedas” a lo que vaya decidiendo el gobierno Mas lo que quiere decir que no es absentista. De continuar en esa posición, sus votantes los castigarán más duramente que hasta ahora. Tres, el abrumador silencio de la burguesía catalana y del pequeño empresariado. Parece que sólo ha empezado a quebrarse tímidamente cuando el tema alza de impuestos ha salido a la palestra. Hasta ahora solo prima la fuerza de la simbiosis entre gobierno otorgador de prebendas y esas clases receptoras o extractoras de las mismas. Ese anuncio de alzas impositivas nos puede situar en un nuevo escenario de alianzas.

Cataluña: los planteamientos incomprensibles
Juan Velarde Libertad Digital 27  Diciembre 2012

Desde mediados del siglo XIX Cataluña ha sabido enlazar a las mil maravillas sus problemas económicos con la política general española. Por una parte, encabezó la política proteccionista: triunfó en la pelea por el arancel, gracias a lo cual consiguió ventajas notables sobre la otra zona de industrialización naciente, Andalucía, que quedó apartada definitivamente de los puestos clave de ese desarrollo.

Esta política proteccionista tenía una proyección ultramarina, particularmente hacia Cuba. De hecho, parte notable del problema cubano derivó de ahí. La isla vendía a precios internacionales el azúcar y el tabaco, pero tenía que adquirir productos españoles, y en ello Cataluña desempeñó un papel fundamental. En relación con Cuba surgieron mil actividades y nombres catalanes, que quedarán ahí para siempre, desde Bacardí a Partagás. Que la alta burguesía de La Habana ofreciese, en plena calle, un fajín de general al caudillo separatista Maceo se debe, en buena medida, precisamente a esa conexión peninsular con ventajas para el mundo empresarial catalán.

En 1898 todo esto desapareció, pero no los movimientos catalanes para preservar sus negocios. Cuando, para poner orden en la Hacienda desequilibrada por la guerra, Fernández Villaverde decide un aumento impositivo, en Cataluña surge la réplica del Tancament de Caixes: se trataba de no pagar, y cuando Hacienda interviniese el negocio afectado y lo sacase a subasta, todo el mundo se abstendría de comprarlo, siquiera por una humilde peseta. Sin haber pagado nada al Fisco, el antiguo dueño volvería a hacerse cargo él.

Por supuesto, en esa etapa no todo fueron beneficios. Hubo un momento, que ha quedado en la historia económica con el nombre de la febre d’or, en que se produjo una burbuja especulativa con acciones de bancos. Quien abría una entidad crediticia veía que ante sus puertas se aglomeraba la gente... no para llevar dinero o para pedir crédito, sino para comprar acciones. Hasta los masones pusieron en marcha la Banca de los Caballeros Kadosch. Como siempre, el estallido de la burbuja hundió muchas fortunas. El Banco de Barcelona se vino abajo al concluir la I Guerra Mundial. Como ha relatado primorosamente Juan Muñoz, el abandono de las entidades crediticias se acentuó. A fin de salvar lo que se pudiera salvar, Cambó pergeñó la Ley de Ordenación Bancaria de 1921, que creó una situación nueva... para toda España, claro.

La financiación de la exportación de productos catalanes al resto de la nación se hacía mediante bancos radicados en Madrid y Bilbao, pero aseguraba, junto con el proteccionismo –acentuado, precisamente, por Cambó–, la creación de un sistema autárquico, según expresión del gran economista catalán Perpiñá Grau, que beneficiaba de modo extraordinario la actividad industrial catalana.

He citado a Cambó. Su papel en la defensa de los intereses económicos de Cataluña se había hecho palpable en plena Gran Guerra, en que los beneficios de los industriales catalanes –y los de toda España– coexistían con la muy mala situación del mundo proletario. El ministro Alba decidió crear un impuesto sobre los beneficios extraordinarios generados por la contienda para disponer de medios de ayuda a los desheredados. Cambó se negó radicalmente. Jesús Pabón relata magníficamente cómo el dirigente catalán recorrió España para encontrar apoyos –desde Ramón de la Sota y el naciente nacionalismo capitalista vasco hasta el marqués de Comillas, sin olvidar a los carboneros vinculados a Melquíades Álvarez–, y en el Congreso de los Diputados pronunciará un duro discurso. Cuando un correligionario le preguntó hasta dónde debería llegarse, contestó: "Hasta los fosos de Montjuich"; esto es, amenazó con el separatismo abiertamente. Alba fue finalmente derrotado; y entonces pudo verse a Cambó convertido, en Asturias y en pleno aniversario de la Batalla de Covadonga, en adalid del nacionalismo económico español. Del grupo catalán de la Lliga surgieron brotes tan importantes a favor de esta postura como la Revista Nacional de Economía, dirigida por Emilio Riu y que perdurará hasta la Guerra Civil.

El catalanismo siempre quiso ir de la mano con la búsqueda del máximo beneficio económico, como ya ha observado. La base de todo era el control del mercado español. Pero he aquí que desde 1959 éste comenzó a abrirse al exterior. Pronto comenzaron las quejas catalanas desde otro marco, el de la Hacienda. Las balanzas fiscales fueron investigadas por Trías Fargas, y llegó a la conclusión de que Cataluña financiaba la prosperidad de otras regiones de España. Los estudios serios mostraron la falsedad de esta tesis, pero poco importó la veracidad científica. Se alzó como una bandera.

Ahora, ese movimiento se ha escapado de las manos. De pronto se ha alzado el grito de la independencia absoluta, lo que produciría el hundimiento económico de Cataluña, que quedaría al margen de la Unión Europea y del euro, y como consecuencia se expondría a una fuga atroz de capitales. Parece que se escuchan las palabras del Bolívar que admitía que se ganaba la independencia pero se perdía todo lo demás, incluido el bienestar material. En términos económicos, la separación sería terrible para Cataluña, pero también perjudicaría –en grado mucho menor, pero lo haría– a España.

Todo esto, aparte de que el separatismo se basa en errores históricos y de que, llegado el caso, el resto de España no tendría más remedio, con el respaldo de la Constitución, que impedirlo, con la anuencia de muchos catalanes. Pero aquí sólo he querido aludir al aspecto económico. Escalofriante.

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