AGLI Recortes de Prensa    Viernes 18  Enero 2013

El canalla de Rajoy
Juan Vicente Santacreu Estrella Digital 18 Enero 2013

Vaya por delante mi calificativo –que no insulto- a Mariano Rajoy, y lo digo con todo el respeto del mundo. Sí, me refiero a ese gallego que votaron los de derechas y gobierna para la izquierda. ¿No saben de quién hablo? Sí, ese que es un honorable registrador de la propiedad y que lo único que ha registrado en esta vida son los bolsillos de los españoles, que por cierto los ha dejado reventados. Pero trabajar, lo que se dice trabajar, no ha trabajado en su vida, ha vivido de la política. Pues bien, hoy como caso excepcional, hablaré de Mariano Rajoy.

Es un honorable registrador de la propiedad y que lo único que ha registrado en esta vida son los bolsillos de los españoles

En los últimos días estamos asistiendo a una bajada espectacular de la Prima de riesgo sin saber muy bien por qué, o qué hemos hecho bien en España para que esto ocurra. Como consecuencia de la dieta de adelgazamiento de la Prima, la deuda española que se negocia en el mercado se está comprando a un interés mucho más bajo. ¿Y todo esto por qué?

El otro día en el programa de 13TV al Día, su director Alfonso Merlos ponía la cuestión encima de la mesa, "¿Estamos saliendo de la crisis?". Evidentemente los contertulios de la derecha, y ávidos de brotes verdes, resaltaron los buenos resultados de las políticas macroeconómicas del Gobierno de Rajoy. Los periodistas de la izquierda divagaron en el limbo, porque ya sabes que la economía y la izquierda están reñidos. O si no, dime un sólo país de izquierdas que sea rico. En definitiva, la única conclusión a la que llegaron los contertulios es que las medidas macroeconómicas del Gobierno de Rajoy van por buen camino.

Pues va a ser que no estoy de acuerdo; las cosas no van bien, vamos a peor. Rajoy ha sobrepasado la línea roja de la estupidez económica, ha vaciado el fondo de pensiones y se ha gastado todos los ahorros para comprar nuestra propia deuda y así conseguir una relajación de los mercados. Consecuencia; los intereses han bajado y la Prima se ha desinflado. Pero esto es una reacción efímera, pronto veremos como la Prima vuelve a engordar y los intereses vuelven a subir. Estaremos como antes pero más "jodidos" y con los fondos de pensiones vacíos. Rajoy ha demostrado que, aparte de ser un traidor, es un "trilero" de la política y de la economía.

Rajoy ha sobrepasado la línea roja de la estupidez económica

La única explicación que se me ocurre ante tal desfalco económico, es que Rajoy no puede permitir que Europa nos rescate porque si vinieran los "enanos negros", esos no se andan con "mariconadas". Si los "hombrecillos negros" nos rescatan, lo primero que harán es desmantelar las Autonomías tal como las conocemos y dejar en el paro a todas esas "Reinonas" que se alimentan de lenguas y banderas. Este es el verdadero lastre nacional y es el único recorte que hay que aplicar en España.

Si hace tiempo pensábamos muchos españoles que Rajoy era un traidor, ahora podemos añadir el calificativo de canalla y pronto sobrepasará a Zapatero en imbecilidades y patrañas. ¡¡Señores, ya no tenemos ni caja de pensiones!!

Para empezar, el Gobierno de Rajoy debería ser Gobierno de derechas, que para eso lo votaron por amplia mayoría, pero en todo caso y como mínimo, Gobierno de España. O lo que queda de ella.

Así lo pienso y así lo digo.

Juan Vte. Santacreu – En Twitter @JVSantacreu – Estrella Digital

Corrupción
Populares indignados
Emilio Campmany Libertad Digital 18 Enero 2013

Los españoles estamos indignados con nuestros políticos. Lo dice el CIS en sus encuestas. Bueno, pues eso no es nada comparado con lo indignados que están ellos, que, como nos ven tan alterados, se inflaman a la vez como si tuvieran tantos motivos o más que nosotros para enfadarse. ¿Que la gente se indigna por los desahucios? Pues ellos también. ¿Que el público se pone como una pantera con los recortes? Pues ellos no van a ser menos. Y unos exigen que no se recorte nada, como si el dinero creciera en los árboles, y los otros se duelen de tener que hacer lo que hacen, como si no pudiera recortarse antes en otras cosas menos necesarias. Y mientras, unos cobran varios sueldos, otros colocan a familiares y amigos y entre todos siguen repartiendo subvenciones millonarias entre empresarios amigos que luego colocan a los políticos en los consejos de administración. Ahora bien, indignarse se indignan una barbaridad.

Los últimos ejemplos de indignación con lo que ellos mismos hacen nos los han dado los dirigentes del Partido Popular. Se descubre que Luis Bárcenas, tesorero del PP, tenía 22 millones de euros en cuentas opacas en el extranjero. Y los del PP se agarran una rabieta de las de no te menees, como si fueran las víctimas, sin reparar en que esa suma la acopió el hombre recaudando dinero para el partido a cambio de favores políticos que necesariamente tuvieron que hacer otros dirigentes del mismo con cargos en la Administración y mano en el presupuesto.

Luego llega el abogado de Bárcenas y dice que de esos 22 millones el extesorero ha regularizado 10 aprovechando la amnistía fiscal, y los del PP, especialmente Montoro, se indignan muchísimo y niegan que haya hecho tal cosa. Es posible que no lo haya hecho y que el abogado haya mentido, pero no será porque el Gobierno no le haya dado la oportunidad de hacerlo, sino porque no habrá finalmente querido. Eso es lo que es indignante, que gracias al Gobierno tuviera la oportunidad de hacerlo, no que en la práctica regularizara o dejara de regularizar.

Y finalmente el presidente de la Comunidad de Madrid nos comunica que se ha decidido a comprar el ático que tenía alquilado para todo el año en Marbella y se indigna por que la Policía le haya investigado, ilegalmente, según él. Sus quejas suenan lamentablemente parecidas a las de los Pujol. Sólo le ha faltado preguntarse: "¿Qué coño es esto de la UDEF?". Y, mientras, sigue sin explicar cómo al vicepresidente de entonces y al presidente de ahora de la Comunidad de Madrid le va tan bien como para poder alquilar durante todo el año antes y comprar ahora un inmueble de ese valor como segunda vivienda.

De forma que, ya saben, dejen de indignarse, porque ya se indignan los políticos lo suficiente por nosotros. A indignados no hay quien les gane.

La corrupción de los políticos no es "un reflejo de la sociedad", como afirma Ana Botella, la esposa de Aznar
Francisco Rubiales Periodista Digital 18 Enero 2013

La corrupción de los políticos no es un reflejo de la corrupción existente en la sociedad, sino justo lo contrario. Es la clase política la que, tras corromperse hasta extremos nauseabundos, ha contaminado el país y ha infectado a la sociedad, cometiendo un inmenso crimen contra la decencia y la limpieza democrática.

Estaba mucho mas hermosa guardando silencio y haciendo como que gobernaba Madrid, sin armar ruido, sin que nadie se diera cuenta que tal vez estaba allí por ser la esposa de José Mari Aznar, pero la muerte trágica de cinco niñas en el Madrid Arenas, instalación alquilada por el Ayuntamiento que usted preside a un amigo del poder, la ha desquiciado como alcaldesa y situado ante las cámaras, donde, lógicamente, pierde los papeles porque carece de altura política. Ahora ha dicho usted la injusta estupidez supina de que "la corrupción de los políticos es un reflejo de la sociedad", como queriendo afirmar que "nosotros, los políticos, no somos peores que ustedes, los ciudadanos".

¡Maldita sea! No podemos guardar silencio ante tamaña falsedad e injusticia. Los pobres ciudadanos no tienen cámaras ni periodistas que recojan sus protestas y criterios, pero desde este blog disidente, empeñado en regenerar la democracia, vamos a responder con la verdad a la esposa de Aznar, prestando voz mediática a millones de ciudadanos honrados que sentimos repugnancia cuando somos comparados con los políticos.

La sociedad española era decente hace cuatro décadas. La gente devolvía las carteras, cuando se las encontraba, y dormía con las puertas de sus hogares abiertas. Cuando el tendero se equivocaba y te daba una peseta de más en la vuelta, regresabas para devolvérsela. Tu madre te obligaba a hacerlo y tu aprendías aquello de "pobres pero honrados", lema heroico del pueblo durante varias generaciones. Hasta que llegó lo que ustedes llaman la "democracia", sin que nunca lo haya sido, y las cosas empezaron a torcerse. Hoy basta echar un vistazo al país para darse cuenta que el panorama es distinto y aterrador, que la gente ha aprendido a robar, a utilizar trucos y trampas y a odiar a los políticos. Los españoles saben que vuestros privilegios son hirientes, que habéis olvidado la obligación de ser ejemplares que conlleva el liderazgo, que la corrupción ha anidado en casi todos los rincones de España y que la ley, aunque el monarca diga lo contrario, no es igual para todos, sino benévola y olvidadiza con los poderosos e implacable con los débiles.

Ante el desolador panorama español, donde un día si y el otro tambien estallan escándalos que demuestran, mas allá de toda duda, que la clase política esta infectada de corrupción, afirma usted que "la corrupción de los políticos es un reflejo de la sociedad", pero yo le digo que es justo al revés, que toda la corrupción existente en la sociedad es resultado de la corrupción política, que ha descendido desde la cúspide del poder a la base popular y que ha contaminado primero a los partidos y a las instituciones del Estado para terminar infectando hasta a los funcionarios, campesinos, empleadas de hogar y porteros de viviendas.

Este país, el que han construido ustedes, los políticos, que han tenido en sus manos todo el poder, desde el presupuesto a las armas, sin olvidar las leyes, la policía, los servicios de inteligencia y los miles de recursos del Estado, esta plagado de injusticia, violaciones a la Constitución, corrupción y atentados contra los derechos fundamentales. Desde 1978, con mas o menos intensidad y sutileza, la clase política ha estado enviando al pueblo español un mensaje tan obsceno como nítido: "mas importante que estudiar u obtener un título universitario es ser amigo del poder y obtener así privilegios y ventajas de todo tipo".

¿Se acuerda usted de cuando dijo Carlos Solchaga, ministro de Felipe González, que España era el país donde uno podía hacerse rico más rápidamente? La fiesta de la corrupción había empezado antes, en tiempos de UCD, pero con Felipe alcanzó una velocidad de crucero temible y tenebrosa, que pronto empezó a mostrar estragos visibles como el robo de los fondos de los huérfanos de la Guardia Civil, los asesinatos del terrorismo de Estado, las tropelías del gobernador del Banco de España, las fechorías de la responsable del BOE, los FILESAS y decenas de casos mas, sin contar los miles que nadie conoce porque los políticos aprendieron pronto a robar sin dejar huellas.

El pueblo, al ver aquello, abrió los ojos y reaccionó de dos maneras: unos se escandalizaron y dieron un valiente paso atrás para no participar en el festín de los chorizos, pero otros muchos se contagiaron con el ejemplo del liderazgo y cayeron en la tentación. ¿Quien no conoce a empresarios obligados a pagar comisiones para ganar concursos, obtener subvenciones o lograr recalificaciones, concesiones y licencias? ¿Quien no conoce a recaudadores de los partidos políticos que, en nombre del colectivo, pidieron comisiones a cambio de dinero público? ¿Sabe usted que, según algunos estudios hay más de 10.000 políticos españoles con patrimonios tan ricos y crecidos en tan poco tiempo que son inexplicables? ¿Sabe usted que de cada diez casos de corrupción reales, ni siquiera uno ha llegado a los tribunales y que la inmensa mayoría de los sinvergüenza que, como usted, militan en los grandes partidos, han delinquido con impunidad y siguen en libertad, sin que nadie les haya reclamado ni siquiera el dinero que han robado al pueblo?

¿Es el pueblo o son los gobernantes los que indultan a policias torturadores y a kamikazes, desde bufetes gestionados por gente próxima al poder? ¿Es el pueblo o son los políticos los que cometen la indigna injusticia de recortar servicios básicos, subir los impuestos y bajar los salarios antes de cerrar una sola televisión pública? ¿Es el pueblo o son los políticos los que están cerrando miles de empresas españolas a las que no les pagan las deudas? ¿Es el pueblo o son los políticos los que han saqueado las cajas de ahorro, despilfarran sin medida y están endeudando al país por varias generaciones? ¿Es el pueblo o el gobierno el que prefiere rebajar la calidad de la enseñanza y de la sanidad, antes que eliminar los 300.000 puestos de políticos enchufados, con carné de partido, que están colocados en el Estado, sin aportar nada al bien común?

Debería usted recordar que en democracia el pueblo es el soberano y que tiene derecho a la verdad, lo que significa que engañarlo, como usted ha hecho al comparar al verdugo con la víctima, comete usted un delito contra la decencia democrática que aunque en España no esté tipificado, no deja de ser un atentado contra la ciudadanía y el civismo.

No entiendo como tiene usted la desfachatez de decir que la corrupción de los políticos es reflejo de la sociedad, cuando lo que ha ocurrido en España es que la sociedad ha sido contaminada a infectada por una clase política cuyo comportamiento, a juzgar por lo que se está viendo y denunciando, ha sido indecente, indigno y propio de asociaciones de malhechores?

La única explicación para que usted diga lo que dice es la que también explica su escasa pericia como gobernante de Madrid y su torpeza en la gestión del terrible caso del Madrid Arena. Usted puede haber sido una magnífica primera dama, esposa digna de un presidente de gobierno, pero le ha perdido la ambición y ha querido usted emular a su marido ocupando puestos para los que no está preparada. Retorne usted al silencio y a la discreción y verá como España le sigue respetando, pero no participe en las grandes mentiras del poder, no engañe mas al pueblo, que con Zapatero, Rajoy y los medios de comunicación sometidos tenemos ya bastante mentira en la dieta.

Voto en Blanco

España como botín de una plaga de mercenarios de la política
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 18 Enero 2013

La corrupción de los políticos preocupa a los ciudadanos menos de lo que debería. Es la causa de que la crisis dure y se agrave. Ni populismo ni demagogia: es nuestro mayor problema.

"Los políticos, además de ser honrados, tenemos que parecerlo, por lo tanto, que se investigue a fondo". Palabra de Esperanza Aguirre en Madrid, en medio de escándalos que se acumulan y de amenazas de más. Luis Bárcenas no sólo tenía una cuenta en Suiza con 22 millones de euros sino otras dos en Estados Unidos con 2,5 millones. Y esto en el mismo país en el que el devoto partido catalán Josep Antoni Durán i Lleida se financiaba con el dinero de la Unión Europea para formación de los trabajadores; en el que Oriol Pujol, mano derecha de Artur Mas y heredero de Jordi Pujol, es acusado de viajar a Suiza con bolsas llenas de billetes de banco. Es el país de Gürtel, de Francisco Correa y de José Blanco. Un país en el que los ciudadanos piensan que todos los políticos y todos los partidos son corruptos (y tienen cada vez más razones para creerlo); y en el que se indignan cada vez más no contra los ladrones, sino contra todos los políticos (y harán falta muy buenos argumentos para convencerlos de otra cosa).

La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, en la misma línea de la lideresa madrileña, aludió el otro día a Pujol cuando dijo que los que tiene que dar explicaciones son los que tienen cuentas en Suiza, y lo ha mantenido al tratarse de Bárcenas: "Todas las actividades que se pueden considerar irregulares provocan indignación, a mí me provoca indignación". Indignación como la de Carlos Floriano, para quien "si la corrupción indigna a todos los ciudadanos, a quienes más indigna es a quienes estamos dedicados a la política y somos honrados". Pero hay que entender a los españoles: en mucho menos de una generación hemos pasado de ser un país próspero, opulento y admirado (eso nos decían al menos) a parecer una república bananera, empobrecida, en decadencia y hazmerreír de Europa. Mucho peor que 1898.

Aunque sea injusto generalizar, nuestra imagen nacional y la de nuestros políticos es la de la corrupción y el fraude. No podía ser de otro modo si recordamos que España es, casi más fuera de nuestras fronteras que dentro de ellas, el país de Noos, de Diego Torres, del duque de Palma, de las obras públicas caras, innecesarias, inútiles y corruptas, de las Cajas en manos de políticos con sus sueldos, regalos y comisiones sonrojantes, de los regalos, encargos y comisiones a Corinna y de los viajes a Botswana y al Golfo Pérsico.

Aguirre, y muchos con ella, creen que "esto de la corrupción en la política tiene indignados a muchos ciudadanos" y que "la justicia tiene que actuar con celeridad" por el bien de todos, pero en especial de los políticos honrados y de las instituciones, "porque no puede ser que la gente crea que los políticos se tapan unos a otros". El problema es que lo piensa, que ya no hace falta demagogia populista ni maniobras periodísticas para que los españoles y los extranjeros desconfíen completamente de unos políticos que ven como casta corrupta y de unas instituciones que sólo aparecen en los medios de comunicación para revelar sus miserias presentes y pasadas. La corrupción, y más cuanto más alta sea la institución, cuanto más larga sea la impunidad y cuanto más dinero sea el defraudado a la nación, es una garantía por un lado de crisis económica y por otro de crisis política.

Mientras haya corrupción habrá crisis económica. Y es que hay cosas que siempre han sido así, porque así es la relación entre políticos y economía. Acaban de explicar por qué los profesores Daron Acemoglu y James A. Robinson, publicando (Deusto) un libro que dejará pálidos a muchos políticos si lo leen: ¿Por qué fracasan los países? La política económica que dictaminan los dirigentes de un país, y el comportamiento de estos en la gestión de lo público, determinan la prosperidad y la pobreza. Científicamente demostrado, los países no consiguen que sus economías crezcan hasta que no disponen de políticos que actúen correctamente y de instituciones gubernamentales que desarrollen políticas acertadas. Instituciones y políticos corruptos no sólo alimentan la crisis a corto plazo, sino que por muchas razones son la garantía de que el país puede seguirse hundiendo en el futuro.

Y mientras haya corrupción habrá crisis política e institucional. Con la mejor intención, ya en la Restauración nuestros políticos centristas y moderados, de Cánovas a Sagasta, pensaron que lo mejor era cubrirse mutuamente las miserias y tolerar un cierto grado de corrupción caciquil para evitar el avance de los extremistas. Por supuesto que sucedió lo contrario, como bien anunció aquel Antonio Maura en el que se inspiraba el PP fundacional: la corrupción consentida u ocultada es mil veces más explosiva que la corrupción denunciada; si el corrupto es señalado y castigado ejemplarmente se evita que la culpa recaiga sobre todo el país, sobre el futuro institucional y económico del mismo, sobre la democracia y la prosperidad de los españoles de mañana.

La única solución es la tolerancia cero caiga quien caiga y cuanto antes. Y por eso lo que propone Aguirre es un buen primer paso hacia la necesaria solución draconiana del fondo del problema: investigaciones y sanciones a los corruptos en todos los partidos y desde el mínimo inicio de sospecha, destituciones fulminantes, prohibición de acceso a la vida pública a quien no se esté ganando antes la vida por su cuenta fuera de ella por sus méritos. La alternativa a eso, una vez más, será la ampliación, extensión y ahondamiento de la crisis.

El panteón político de los Pujol en la Cataluña de la "Cosa Nostra"
Alfredo Casquero www.elsemanaldigital.com 18 Enero 2013

Éste es el verdadero expolio de Cataluña, el cometido por los vástagos avezados en el arte de los negocios desde los despachos políticos.

El vídeo con que CIU se presentó a las últimas y fatídicas elecciones al Gobierno de la autonomía catalana presentaba a un incauto catalán siendo abordado y robado por un español cañí, a la salida de un cajero automático. Disfrazado de España, el simpar ladronzuelo atisba a un descuidado ciudadano y le birla la cartera. Huye, como corresponde a la España cobarde y represiva, pero es interceptado posteriormente por un valiente catalán, quien arrojándose sobre el susodicho, consigue frenar el expolio. La inteligencia de la puesta en escena y la dificultad añadida por lo intrincado del argumento, llevó a más de uno a solicitar de la formación independentista una guía para poder comprender en toda su profundidad un mensaje tan erudito y de una asombrosa belleza visual.

Pero hete aquí que llega Eduardo Torres-Dulce con las rebajas, y afila los colmillos justicieros y exige al despistado Ruz tome declaración a la españolista ex novia de uno de los hijos del patriarca, quien en su otoño utilizó la rima fácil de la estación para descalificar el trabajo elaborado por la UDEF. Si no se desdice, y no aparece bajo un puente en extrañas circunstancias, bailará la sardana a los pies de la Audiencia Nacional y pondrá en más de un apuro al clan Pujol, a la prensa adicta, y a quienes por intereses más o menos confesados han ocultado durante tanto tiempo las balsas de inmundicia ocultas en los terruños ardientes del oasis catalán.

Todo el imaginario catalán concentrado en los últimos tiempos en las burdas falsedades sobre balanzas, deudas impagadas y otros irrisorios camelos, puede venirse abajo. A Mas a más, le tiemblan las piernas. Siendo como es un cadáver político a la espera de la extremaunción y posterior enterramiento, la arriesgada huida hacia adelante puede llevarse el pacto no escrito según el cual a los nacionalistas no se les toca, ni se les investiga, ni se les enseña democracia. De ser ciertas las acusaciones, e indicios hay de sobra, la trama urdida (hay q escribir presuntamente), perdón, la trama urdida presuntamente por la familia Pujol para enriquecerse a costa de los catalanes podría suponer definitivamente la pérdida del miedo, no sin dosis de cierta vendetta, por el resto de los poderes fácticos, y el final de una manera de hacer política basada en el victimismo y en la revancha.

Jordi Pujol Solei, Marta Ferrusola y los vástagos avezados en el arte de los negocios desde los despachos políticos han cavado su propio panteón, en una suerte de loca carrera de coches de lujo, hoteles de ensueño, comisiones de distinto jaez, privilegios de toda especie, viajes con maletines, y otras roldanadas que quizá sean desveladas por la ex novia más famosa de España, testigo directo del amor de la familia Pujol por la prosperidad de la familia catalana, sobre todo la suya, y a quienes no se les va a permitir trasladar todo ese conocimiento adquirido al resto de familias, como era seguro su intención una vez comprobada la eficacia y éxito del sistema.

Luis Candelas, el Lute, Dioni o Roldán serán descabalgados de la cúspide heroica del imaginario español si, presuntamente, las conjeturas y los barruntos se corroboran en sede judicial, si las pesquisas policiales sortean las trampas tendidas y los miedos adquiridos, si, felizmente para todos, la sociedad catalana por fin despierta y les despojan de la bandera catalana que a modo de disfraz utilizan para el escape y el desvío, para la impunidad y el abuso, para un cuento nunca acabado del único expolio que ha sufrido Cataluña en las últimas décadas.

España como voluntad
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR, ABC  18 Enero 2013

«España es la custodia de nuestro lugar en una historia irrevocable. Es nuestra posibilidad de proyectar una nación convincente y convencida a un mundo que nunca nos aceptará si no empezamos por creer en nosotros mismos… Por esa idea de España hemos de poner ya manos a la obra. Hemos de responder a quienes tal vez han tomado nuestra tolerancia como falta de principios y nuestra prudencia como invalidez»

La transición política se presentó, durante demasiados años, como un modelo ejemplar, un camino de perfección democrática que ofrecíamos, compasivamente, a las naciones que no habían tenido ni la suerte ni el coraje de que disfrutábamos los españoles. Todo lo que hicimos en los años setenta del pasado siglo adquirió la envergadura de un diseño celestial, capaz de convertir al pueblo y a sus dirigentes en los portadores de un evangelio democrático. Deseando exaltarla, tratando de convertirla en un hecho excepcional, lo que conseguimos fue construir un recinto más propicio a la fe que a las convicciones, más cercano a la aceptación pasiva de un acontecimiento que al recuerdo de un ejercicio de la voluntad. La democracia no fue algo que nos ocurrió a los españoles; fue lo que llegamos a conseguir con un esfuerzo que debió vencer resistencias de todos los colores, durante una década intensa y peligrosa, en aras de un objetivo común de recuperación de las libertades. Porque, durante aquellos años, fuimos capaces de responder, como pocas veces lo habíamos hecho, a las exigencias de una nación y de un tiempo que nos ponían a prueba. Los españoles no emprendimos el camino de una nueva excepcionalidad. Nos dispusimos, precisamente, a dejar de ser excepcionales.

Quienes tenemos la edad suficiente para recordarlo, podremos atestiguar cómo espoleó nuestras acciones el deseo de hacer de España un país normal. Cómo quisimos dejar atrás las abultadas líneas rojas de nuestras penosas peculiaridades. Cómo nos sentimos arropados por la indignación ilusionada de aquellos hombres que, menos de cien años atrás, se habían empeñado en construir una verdadera nación moderna, libre y responsable, que no compensara sus complejos de inferioridad con los despropósitos del casticismo ni la ternura anacrónica de los afectos de campanario. Para poder emprender esa tarea, supimos descubrir aquello que nos unía. Y lo que nos unía no era ni la cortesía elemental de quienes comparten por azar un mismo espacio ni la educada distancia con que guardan las formas los extraños. Éramos compatriotas, en el sentido más precioso y preciso que esa palabra adquirió en los mejores años del constitucionalismo liberal europeo. Sentíamos el compromiso de llegar, entre todos, a poder mirar a España como tarea, a la nación como propósito, a la patria como empresa, que exigía lo mejor de cada uno para constituirse en una comunidad de hombres y de mujeres libres. Sin la convicción de formar parte de ese proyecto, de muy poco habían de servir los cambios institucionales que lleváramos a cabo. Sin esa devoción sentida comunitariamente, no habríamos hecho renuncias que hoy parecen modestas, pero que en aquel momento fueron muy dolorosas

Durante mucho tiempo hemos creído que aquel compromiso que todos dijeron asumir era invulnerable. Creímos que, después de tantos años de desencuentros, de ensañamiento con nuestra propia tierra y nuestra propia carne, de ignorancia de lo que éramos y de desdén por lo que podíamos llegar a ser, habíamos conseguido levantar una democracia sobre el único elemento que le proporciona consistencia. Porque no hay institución alguna, por perfecto que sea su diseño jurídico, por impecables que sean sus normas de conducta, que pueda funcionar al margen de las ideas y las creencias de quienes viven a su sombra. Si los liberales de 1812 dijeron que no había patria donde no existía constitución, deberemos considerar hoy que no hay constitución donde no existe una patria. España no será una nación porque dispongamos de una Carta Magna que lo diga. Lo que nos permite considerarnos españoles no es la afirmación política de la soberanía nacional: eso viene después, eso no es una premisa, sino un resultado. Lo que debe existir previamente es el deseo de poder ejercer esa soberanía, la conciencia de ser una nación.

España no es sólo un nombre, ni es una forma de existir recluida en la aridez de sus códigos, en la débil seguridad de sus ordenanzas o en la frágil vanidad de sus ostentosas conmemoraciones. España no es una constitución, sino la voluntad de constituirse. La nación española es la que decidió dotarse de un sistema que garantizara los principios irrenunciables que han desarrollado la cultura política y los valores sociales de la civilización occidental. Sin esa conciencia, sin esa voluntad, sin esa decisión de ciudadanos comprometidos con la tarea de acabar con un siglo de angustiosas interrogaciones sobre la esencia y la existencia de España; sin esa movilización de un país en marcha que se dotó de instituciones representativas, de libertad individual y de compromiso de vida en común, de nada sirve esgrimir nuestras leyes.

En los años setenta no quisimos ser la excepción, sino atenernos a esa envidiable, tranquila y vigorosa forma de sentirse nación con que nuestros vecinos europeos nos aleccionan a diario. Ellos no necesitan justificarse todos los días ante nadie. Ellos no viven en una permanente inseguridad pública, en una duda constante sobre su razón de existir. Ellos no se permiten esa resignada comprensión ante quienes, pretendiendo afirmar una soberanía propia, desean negar la que disfrutamos todos. Ellos no comprenden que los españoles nos hayamos pasado los últimos ciento cincuenta años con esa grave patología de nuestra personalidad que consiste en no reconocernos en nuestro espejo nacional. Tampoco lo comprendemos quienes creímos que, hace cuarenta años, esta nación fue capaz de constituirse en un Estado democrático y social de Derecho, como algo más que un mero acuerdo de temporada. Creímos dejar atrás las inflamaciones sentimentales que, en el nombre de España, habían hecho tanto daño a los españoles. Creímos que nos bastaba con una idea de España y creímos en la palabra que algunos dieron para afirmar que la compartían.

Contra lo que creen determinadas concepciones de la soberanía absoluta e impune de nuestros actos, no nos es dado dilapidar la herencia recibida, esta España nuestra, este proyecto a preservar para generaciones futuras. España no es un trámite legal cumplimentado en 1978. No es una pareja de hecho a revocar a solicitud del demandante. No es un artificial parque temático en el que hemos pasado una temporada de diversión. Es la custodia de nuestro lugar en una historia irrevocable. Es nuestra posibilidad de proyectar una nación convincente y convencida a un mundo que nunca nos aceptará si no empezamos por creer en nosotros mismos. Es el lugar donde han tomado forma concreta los valores occidentales de justicia social, de igualdad de oportunidades y de libre realización del individuo. Es el espacio de nuestra modernidad, de nuestros derechos, de nuestra integración como sociedad avanzada. Por esa idea de España hemos de poner ya manos a la obra. Hemos de responder a quienes tal vez han tomado nuestra tolerancia como falta de principios y nuestra prudencia como invalidez. Como escribió Ortega hace cien años, no se trata sólo de la España con la que nos encontramos ya hecha, al alba de cada día, sino de esa España que sigue necesitando de nuestra voz y nuestros actos para vivir. Para ser vivida.

FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR , DIRECTOR DE LA FUNDACIÓN DOS DE MAYO, NACIÓN Y LIBERTAD, ABC 18/01/13

Quimeras y unanimidad
Artur Mas y su entorno buscan una excitación colectiva manejable por ellos
Nicolas Redondo Terreros El País 1 18 Enero 2013

El artículo ¿Por qué fracasó Artur Mas? de Javier Cercas, publicado en El País Semanal, me ha provocado una serie de reflexiones, consecuencia de la admiración que mantengo por su obra desde que publicara la novela Soldados de Salamina y que se suma en este caso a la atractiva mezcla de la cuestión planteada y la manera informal en la que es acometida. El autor hace referencia en primer lugar al ambiente creado tras la manifestación de la Diada del año pasado, al que define como “unanimismo”, término prestado por Pierre Vilar y que viene a definir una ilusión de unanimidad creada por el temor a la diferencia.

Sobre la unanimidad en las sociedades, sean del tipo que sean, se ha escrito mucho relacionándola con el ejercicio del poder. Para realizar un análisis verosímil del argumento del artículo, es más adecuado fijar la atención en los momentos previos a la manifestación. Y si lo hacemos así, vemos cómo el propio Mas y su entorno enardecen el ambiente para que la expresión “de unanimidad social” sea un éxito. Buscan premeditadamente una atmósfera de excitación colectiva —en la que los sentimientos sustituyan al sentido común, las pasiones a la razón, los intereses individuales pierdan pie frente a utopías y paraísos—, fácilmente manejable por ellos para sus intereses partidistas.

Recurramos, en vez de al hispanista francés que describe, a Bertrand Russell, que busca las razones cuando, refiriéndose a las diversas formas de manipular el poder buscando la unanimidad, decía: “La mejor situación para el caudillo es aquella en la que existe un peligro lo suficientemente serio para hacer que los hombres se sientan bravos para combatirlo, pero no tan terrible que haga predominar el miedo”, y veremos cómo los dirigentes nacionalistas han ido siguiendo la receta: convierten a España en un peligro para su prosperidad como pueblo y para su libertad nacional, porque no importa que lo esgrimido sea cierto o no; y posteriormente han hecho creer a “su multitud” que es posible la consecución del objetivo propuesto y la derrota del enemigo dibujado. De esta forma se han conseguido siempre en la historia los clímax de esta naturaleza. Todo este proceso busca inevitablemente la épica, que se consigue con una única condición que no era posible que Artur Mas cumpliera por su dimensión política, y esta condición no es otra que el descreimiento del líder, del caudillo.

Él es el que crea y controla el discurso, por lo que está obligado, para el éxito de la aventura, a situarse fuera de la dinámica provocada. Está obligado a transmitirle a su colectivo una pasión verosímil pero con la seguridad de ser capaz de domeñarla, domesticarla. El caudillo crea y transmite su visión pero debe estar, como Ulises, por encima de los contagiados por el dulce canto de las sirenas. Al honorable Mas le ha sucedido lo contrario, le hemos visto siempre por detrás de la manifestación, no a la cabeza; le contemplamos asintiendo ante los gestos unánimes del colectivo, parece uno más y, después de las elecciones, ni siquiera el más influyente del grupo. Todo ese espectáculo me hace recordar que la otra cara de la épica es el patetismo.

Cercas manifiesta su deseo de someter esa realidad virtual creada por los nacionalistas a una cura de realidad, consultar a la sociedad catalana su futuro por medio de un referéndum. La voluntad del articulista es que se haga de forma inequívoca, sin subterfugios ni meandros literarios en los que puedan esconderse la pusilanimidad y la cobardía. Cree el autor que esta cura de caballo la recetaría un líder político como Suárez —al que admira en gran medida, como demostró en su Anatomía de un instante— aunque lo incluyera entre los denominados líderes negativos, aquellos capaces de destruir un régimen dictatorial sin condiciones para construir el futuro. En todo caso, considera que Suárez se habría arriesgado y que hoy serán incapaces de proponerla los “indecisos” dirigentes actuales.

Si analizamos con rigor la propuesta del autor nos percatamos casi inmediatamente de que su solución coincide perfectamente con los deseos de quienes critica, haciendo bueno el dicho popular que propone no quitar nunca la razón a un loco. Pero olvida que este convencimiento tiene origen en el miedo, miedo al mal que nos pueda causar si le contrariamos, o miedo a que el loco empeore. Por último, la mención al primer presidente de la democracia nos impondría concordar que siempre es más fácil construir al principio que ser original cuando todo está reglado por la voluntad democrática. Y hoy a Rajoy, anteriormente a Zapatero, y antes a Aznar o a González les ha sido proporcionalmente más difícil llevar a cabo sus ocurrencias.

En cualquier caso, que alguien se quiera separar de, romper con o desvincularse del resto, debe ser una opción a debate siempre, pero no solo para los catalanes, sino para todos, porque si la posibilidad fuera para los que hoy crean problemas al conjunto, el derecho se convertiría en un privilegio.

Nicolás Redondo Terreros es presidente de la Fundación para la Libertad.

Partido Popular
Los sobrecogedores del Cabrón
Pablo Molina Libertad Digital 18 Enero 2013

Las informaciones del periódico El Mundo sobre la política retributiva de los altos cargos implantada por Bárcenas en el PP revelan que esa peculiar manera de alimentar el servicio público a base de dinero negro no era privativa del Ministerio del Interior durante el Felipismo. Al contrario, lo de sobrecogerse cada final de mes era práctica muy extendida en la alta política nacional, cuyos dirigentes, a uno y otro lado del espectro ideológico, coincidieron en que la estrechez salarial de la función pública hacía necesaria la entrega mensual de un complemento sustancioso para compensar tantos desvelos. También hubo unanimidad en distraer del conocimiento del fisco la existencia de esos fondos, seguramente para evitar las envidias que provocan este tipo de agasajos, a pesar de estar plenamente justificados.

Al parecer, Bárcenas repartía entre cinco mil y quince mil euros mensuales a cada agraciado de la dirección del PP en función de su nivel de responsabilidad, pues había que compensar, siquiera en parte, el enorme sacrificio de sus dirigentes por mejorar la sociedad. Ahora bien, teniendo en cuenta que el Partido Popular tiene 37 altos cargos entre vicesecretarios, secretarios sectoriales, coordinadores y asimilados, cada año se estarían repartiendo unos 2,6 millones de euros procedentes de, digamos, ingresos extraordinarios pendientes de regularizar. Así pues, en los 20 años que el Cabrón, como cariñosamente le llamaban sus amigos, ha estado al frente de las finanzas del PP, se habrían distribuido no menos de 52 millones de euros computando catorce sobres anuales, un gesto necesario este de los dos sobres extra para que las vacaciones de verano y los regalos navideños de los esforzados paladines del centro-reformismo estuvieran a la altura de sus merecimientos.

En el Partido Popular andan todos sobrecogidos por una noticia de la que naturalmente se han enterado por la prensa, otro clásico transversal de la política española. Los que han hablado de este asunto se acogen al pueril expediente de que el acusado ya fue expulsado del Partido Popular, sin tener en cuenta que las sospechas que pesan sobre él datan de cuando era su responsable financiero. Por su parte, a María Dolores de Cospedal, actual jefa del tinglado, no le consta que hubiera ese reparto de sobres a los altos cargos del partido, a pesar de lo cual la prensa recoge una frase suya con la que puso fin a esos peculiares complementos retributivos del siguiente tenor: "A partir de ahora todas las cosas se van a hacer por derecho, Luis". Si la cita es textual, en ese "a partir de ahora" es donde reside la clave de todo este asunto. Pero que nadie se deje llevar por el pánico; cuando se vaya a abrir el juicio todos esos delitos habrán prescrito. En España es otra tradición.

Cataluña
¿Retorcer la ley para preservar la unidad de España?
Guillermo Dupuy Libertad Digital 18 Enero 2013

No creo que el vergonzoso, inconstitucional y apenas maquillado pacto fiscal que ahora propone el PP de Cataluña (léase de Rajoy) sirva para que los separatistas de CiU metan en el congelador su ilegal consulta secesionista, pero me opondría igualmente a ese precio, por mucho que pagándolo se lograra a ciencia cierta ese objetivo.

Tampoco creo que la impunidad que anida en la bochornosa sentencia de conformidad defendida por el fiscal general del Estado en el caso Pallerols sirva para que la UDC de Duran i Lleida devuelva el favor al Gobierno de Rajoy frenando el proceso independentista que han puesto en marcha las élites nacionalistas catalanas. Pero me opondría igualmente a esta otra forma de debilitamiento de nuestro ya de por si débil Estado de Derecho si dicha sentencia de conformidad tuviese y lograse dicha finalidad política.

No creo, así mismo, que los silenciados 8.300 millones de euros que el Gobierno de Rajoy piensa destinar en 2013 a la Generalidad –que no a Cataluña– provenientes del Fondo de Liquidez Autonómica consigan desactivar los proyectos secesionistas de CiU; entre otras razones, porque tampoco lo lograron los 17.000 millones que Rajoy entregó a este despilfarrador Gobierno secesionista y a sus no menos quebradas cajas de ahorros en 2012.

No creo que dejar la Ley de Estabilidad Presupuestaria y sus mecanismos de intervención en papel mojado, y no darse por no enterado, tal y como Rajoy y Montoro todavía hacen, del incumplimiento de los objetivos de reducción del déficit en 2012 por parte del Gobierno catalán, impida la (nueva) ilegalidad que el Gobierno de Mas piensa perpetrar celebrando esa ilegal consulta separatista.

Tampoco creo que el hecho de que Artur Mas y el resto de los españoles hayamos llegado a la convicción, gracias al insensato silencio de Rajoy y Torres Dulce, de que el presidente de la Generalidad no será llevado al banquillo aunque celebre esa ilegal consulta, puesto que no se le juzgara por delito de desobediencia ni por usurpación de atribuciones, ni por ningún otro delito de los que todavía rigen en nuestro código, vaya a contribuir a impedir esa ilegalidad, delito que tendrá –ya está teniendo– desastrosos efectos políticos, por mucho que no se le conceda reconocimiento jurídico a lo que ilegalmente saliese de esas urnas.

Por el contrario, creo que es ese horizonte de impunidad y de auxilio financiero extraordinario que el Gobierno de Rajoy está brindando al Gobierno secesionista de Mas lo que permite –me atrevería incluso a decir que estimula– que los nacionalistas hayan emprendido abiertamente su ilegal proyecto rupturista. Eso, por no hablar de la pasividad del PP a la hora de bajar al decisivo terreno de la comunicación política y desmontar uno a uno los cuentos de la lechera del nacionalismo, tal y como con acierto señala Cristina Losada.

De lo que estoy seguro es de que no será nuestro debilitamiento como Estado de Derecho lo que preserve la unidad de España.

Cataluña
¡Bienvenida la independencia!
Antonio Robles Libertad Digital 18 Enero 2013

La independencia será la pócima mágica para todos los males de Cataluña. Un chollo sin igual, lo nunca visto. Pero no solo. También será un bálsamo milagroso para el resto de los españoles.

La sola amenaza de independencia está poniendo en solfa a todos los corruptos. Desde que CiU se ha hecho independentista en serio, la fiebre policial, periodística y política contra la corrupción económica de la familia Pujol y de Artur Mas se ha desatado. ¡No me digan que no es un milagro! Tres décadas de corrupción por doquier, de golpe el socio predilecto de socialistas y populares mide mal la frenada con la independencia y salta por los aires el secreto bancario de los paraísos fiscales de los hijos del nacionalismo.

Bienvenida sea la independencia, alguna cosa tenía que traer buena. A este paso, meteremos en el trullo a tantos nacionalistas corruptos que, con un poco de suerte, no quedarán suficientes para llenar un estado propio. Y con un empujoncito más, a los Bárcenas adyacentes del resto de los partidos políticos. ¡Que no decaiga!

Y mientras, entretenidos en la última simulación. Para los que no sigan el proceso al pie de la letra, se lo resumo en titulares: el derecho a decidir solo es un eufemismo para decidir la independencia. No hace falta que sigan la telenovela catalana para ver cómo se engañan unos partidos a otros y timan juntos a los españoles. Quieren lograr convertir al pueblo de Cataluña en sujeto jurídico y soberano. Un imposible. El artículo 1.2 de nuestra Constitución se lo impide: "La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado". Cosa para ellos irrelevante. Andan tan ufanos que nada les detiene, sobre todo porque confunden la democracia con sus aquelarres. O sea, se lo guisan entre ellos, y en la borrachera unívoca pierden el principio de realidad y la conciencia de la legalidad. Solo visto antes en las gradas del fútbol.

Pero ellos a lo suyo. Lo último de Artur Mas es lograr una consulta sin trascendencia jurídica si no logran un referéndum legal. La bufonada del broncas que se chotea de España, y engaña a sus socios de ERC, no debería tranquilizar al Gobierno de Mariano Rajoy. Permitirles una consulta independentista de valor simbólico sin consecuencias jurídicas es el penúltimo peldaño para que logren la hegemonía social capaz de acelerar la deriva independentista hasta niveles emocionales y numéricos de no retorno. No impedir ese proceso es cometer el mismo error consentido por el TC con el concepto de nación. Creyeron que con dejarlo en el preámbulo del Estatuto desposeído de su carga jurídica se evitaba su carga política. No repararon en que su valor simbólico suplía con creces la falta de alcance jurídico. Un solo ejemplo, de ICV/EUiA: "Cataluña es una nación, y como tal, tiene el derecho a decidir libremente su destino; es decir, a ejercer el derecho a la autodeterminación". Así empieza su "Propuesta de resolución sobre la soberanía y el derecho a decidir del pueblo de Cataluña", en ciernes.

Si el Gobierno se hace el loco ante una resolución parlamentaria de paja y humo, está dando pie a que se incube el huevo de la serpiente.

Y mientras, Alicia Sánchez-Camacho ejerciendo de convergente: singularidad, ordinalidad, agencia tributaria propia y aportaciones de carácter finalista.

El único partido que se comporta en Cataluña con responsabilidad de Estado es C's. Acaba de instar al Gobierno a que recurra ante el TC la admisión a trámite por la Mesa del Parlamento catalán de la propuesta del derecho a decidir. La palanca de Arquímides.

El tío del bigote
Pedro Narváez La Razón 18 Enero 2013

Joan Tardà acostumbra a animar los plenos del Congreso con números de circo, dicho esto sin ofender al noble arte de la carpa y de los payasos. Su última actuación sonora fue la del bufón que sirve de antidepresivo al Rey. Aquellas pancartas que rezaban «keep calm» simulaban estandartes de la Corte en la que el diputado se pasea y de la que el diputado cobra. Los soberanos los dejaban actuar hasta que un noble les cortaba la cabeza por su impertinencia.

La Audiencia Nacional bien podría hacer las veces de justiciero y tener en cuenta las voces que le piden encausarle por enaltecimiento del terrorismo, si es que no queremos tomarnos a chiste que este señor asistiera con la realeza de Batasuna a rendir pleitesía a Otegi, el heredero exiliado en las mazmorras del Reino, que bien visto ya mejora su situación anterior de vida en la cloaca. A Tardà le gustaría que los presos anduvieran sueltos, pero olvida que una de las labores del Estado es protegernos de la basura, y Otegi es un símbolo de la putrefacción moral del siglo XXI, en el que los delincuentes son héroes y los trincones mandan sobre los que se levantan a las seis de la mañana a acariciar el pan, lo único que pueden untar. Ya ni el myolastán les puede ayudar a lamerse las heridas sin peligro.

Si no fuera por su botera magnitud, Tardà se parecería al decimonónico señor que ilustraba el legendario linimento Sloan, mas conocido como «el tío del bigote», que, como el propio Tardà, es ya un remedio de otra época, aunque el político aspire a empatizar con los jóvenes, tan ridículo como una abuela rockera con mostacho. Vale tronco, si usted se unió a los que querían convertir a Arnaldo Otegi en Nelson Mandela y aplicar el «apartheid» a las víctimas, debería responder por ello ya que los inocentes no pueden susurrar más que al oído de los justos. Y Tardà, además de no creer en el más allá, debe ser sordo perdido.

El desafío del terror islamista
Editorial La Razón 18 Enero 2013

Una de las consecuencias indeseadas de la llamada «Primavera árabe», pero perfectamente previsible, ha sido el fortalecimiento de los grupos integristas islámicos en el norte de África. El vacío de poder que supuso la caída del coronel Gadafi en Libia y la debilidad crónica de los estados del Sahel, con enormes extensiones desérticas incontroladas, conspirararon para facilitar a las organizaciones terroristas vinculadas a Al Qaeda y al yihadismo un nuevo santuario en la retaguardia del Magreb y, por lo tanto, en una zona estratégica extremadamente sensible para la Unión Europea.

No es cuestión de negar que Bruselas, impelida sobre todo por Francia, era consciente de la necesidad de intervenir militarmente en la zona, en especial en el norte de Mali, convertido de facto en un califato islamista. Pero en lugar de reaccionar ante las primeras señales de peligro, optó por la llamada «vía africana», que pretendía responsabilizar a los países de la región en la restauración del orden internacional, limitando el apoyo occidental al campo del entrenamiento y la logística. Es evidente que la medida, respaldada por Naciones Unidas, adolecía de realismo político, porque ninguno de los países implicados, con la relativa excepción de Nigeria, tenía las capacidades militares requeridas.

La derrota sin paliativos del Ejército maliense, que pretendió justificar su indecorosa fuga y abandono del frente con un golpe de Estado, retrata el desequilibrio de fuerzas que existía. Tampoco parece la mejor estrategia anunciar a los cuatro vientos la formación de un ejército multinacional africano, al que se debía dotar de casi todo, incluida la munición de boca, pero reconociendo que no podría operar hasta dentro de un año. Como era de esperar, los islamistas se adelantaron a la anunciada ofensiva y Francia tuvo que intervenir de urgencia para evitar que Mali cayera al completo en manos de los terroristas y se convirtiera en un nuevo Afganistán.

El zarpazo terrorista sufrido en la planta de gas argelina de In Amenas, país en el que España tiene multimillonarios intereses con más de 220 empresas allí implantadas, demuestra con la fuerza de los hechos lo que supone la existencia de un «territorio liberado» islamista que, además, es el epicentro de las principales rutas de tráfico de drogas, armas, combatientes e inmigrantes irregulares con destino a Europa y Medio Oriente. Toca ahora apoyar a Francia y perseverar en la misión hasta que las fuerzas africanas puedan defenderse por sí mismas. Existe el respaldo de Naciones Unidas, con lo que no es cuestionable la legalidad de la intervención internacional. España ya ha anunciado su aquiescencia a la operación, en la que colaborará, tanto en el apoyo logístico como en la misión de entrenamiento y capacitación de las fuerzas regionales. Es mucho lo que se juega Europa.

Guerra contra el terrorismo
Francia ocupa el vacío
GEES Libertad Digital 18 Enero 2013

Víctor Hugo decía que tras el Bonaparte aguerrido combatiente se vislumbraba al autoritario emperador. Hollande evoluciona al revés. Tras el socialista del gasto incontrolado había un jefe militar. Albricias, porque Obama ha dejado Mali al borde del desastre.

La historia global del fracaso del liderazgo desde atrás (drones, operaciones secretas y películas de Hollywood) con que el inconsciente Obama ha sustituido la guerra contra el terrorismo es fascinante. Pero en Mali no pasa de patético. Como la idea es que las guerras se mantengan lejos del radar de la opinión pública, en lugar de hacer el trabajo contra los yihadistas por sí mismo Obama invirtió dinero (600 millones de dólares), tiempo (4 años) y efectivos en instruir al ejército maliense. El resultado fue la incapacidad de este para defenderse, la defección a los rebeldes de varios militares y el golpe de estado del capitán Sanogo, acusado además de violaciones a los derechos humanos. La transformación de Hollande en intrépido intervencionista se debe a la necesidad de sacar las castañas que Obama ha puesto a asar.

Es paradójico que, cuando Obama apresura su anunciada retirada, comenzada hace un año en Irak y continuada ahora en Afganistán, aplicando su sutilísima estrategia de huella ligera, sea Francia quien le releve a bombazo limpio. Está visto que en la guerra de nuestro tiempo contra el islamo-fascismo no basta con cantar victoria y largarse, como quiere el demagogo americano. El enemigo se resiste a desvanecerse.

Que sea Hollande el rescatador tiene varias ventajas. Nadie critica el dudoso respaldo de una resolución de la ONU, aunque se le haya añadido deprisa y corriendo el derecho de defensa propia (nunca mencionado, por cierto, cuando anda Israel por medio) aderezado de petición de ayuda del no muy legítimo gobierno de Mali. Otra es que, como en Irak, Villepin se oponga. Razón de más para aprobarlo.

Por fin se nos exime de oír la sandez de la guerra por petróleo. Dada la naturaleza del lugar, hay más en juego: petróleo, gas y uranio. Obviamente, esto ha pesado en la decisión, pero no hace falta sentir mucha simpatía por el socialista galo para preferir que el uranio lo tenga el conglomerado nuclear estatal Areva y no Al Qaeda.

Como advirtió Eliot Cohen, hay una guerra mundial contra el islamo-fascismo. Esa hidra tiene dos cabezas. Una son los islamistas radicales, cuyo epítome es Al Qaeda, que está en el Magreb y no ha desaparecido de Afganistán. La otra son las tiranías del Medio Oriente, cuyo ejemplo es el cuasi atómico Irán.

Francia ocupa una infinitésima parte del vacío dejado por Obama, pero algo es algo. Veremos si esta "mierda de plan" – Susan Rice dixit– es mejor que subcontratar la guerra a los negros, doctrina del Team Obama. Occidente, pues, no se rinde; no porque en Nueva York aplaudan por espíritu crítico una película, como cree Vargas Llosa, sino porque un francés, que encima es socialista, prefiere matar islamistas antediluvianos que verlos tomar el poder. No es Carlos Martel, pero casi.

España y la UE deben ayudar a Francia
Pablo Sebastián www.republica.com 18 Enero 2013

Es una vergüenza que España haya desplegado, a las órdenes de Estados Unidos, tropas en la post guerra de Irak y en la guerra de Afganistán, o que haya aceptado el escudo anti misiles USA en el territorio español y que, por el contrario, ni en la crisis de Libia ni ahora en la guerra de Malí el gobierno español haya dado un apoyo importante y directo a Francia en su lucha contra el terror de Al Quaeda en Malí, que indiscutiblemente amenaza a España y nuestros intereses en la zona y que secuestró a rehenes españoles, cuando además Francia ha colaborado y colabora de manera más que decisiva y eficaz contra el otro terrorismo de ETA.

La guerra de Malí nos afecta a los españoles como ribereños del Mediterráneo y como europeos, y también como importadores de petróleo y gas del norte de África. Y es un vergüenza que España y la UE no se hayan volcado en apoyo Francia y que España -que solo ha ofrecido un avión de transporte y unos instructores para milicias africanas- incluso se haya demorado a la hora de permitir el paso de los aviones de combate franceses sobre el territorio español.

De manera que este PP tan belicoso al lado de los EE.UU resulta pacifista cuando se trata de Europa, el Mediterráneo y el Magreb. Y a saber qué le dijo Rajoy -seguramente que España no haría nada- a Bouteflika durante su reciente viaje a Argelia. Un país que ha solucionado por las bravas la crisis de los rehenes cazados por un gran comando salafista en unas instalaciones de gas, lo que ha provocado el gran malestar de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, porque muchos de los rehenes que han podido morir en la operación eran de estos países.

El conflicto de Malí es muy especial y amenaza a España, tal y como lo ha reconocido el ministro de Exteriores, pero está claro que Rajoy -”un valiente” bajo todas las sospechas- no quiere mas problemas ni guerras, cuando lo que debería de hacer es retirar de una vez los soldados españoles de Afganistán, que están en una guerra que no nos afecta en absoluto y que no defiende valores democráticos -el régimen de Karzai viola los Derechos Humanos y está plagado de corrupción- y en la que han fallecido cerca de cien soldados españoles. España debe salir de Afganistán para apoyar a Francia y al presidente Hollande en el conflicto de Malí, que sí nos afecta.

De manera que las palabras de García Margallo no sirven para nada, mientras que el ejemplo que está dando la UE, dejando sola a Francia, es lamentable y deja mucho que desear. En vez de una foto de las Azores de Aznar con Bush y Blair, aquí haría falta una foto en París de Hollande con Rajoy y Monti, porque el conflicto de Malí sí incluye una seria amenaza contra nuestro país y contra la estabilidad del Magreb y del Mediterráneo, nuestra frontera del Sur y territorio estratégico y económico fundamental.

Contundente y desbordada respuesta argelina al yihadismo
José Javaloyes www.republica.com 18 Enero 2013

¿Qué esperaban los yihadistas del régimen argelino tras del asalto y secuestro de casi 50 rehenes, en unas dependencias de Sonatrach, luego de que a ese poder no le temblara la mano frente a los islamistas para quitárselos un día de encima, incluso al precio de una guerra civil saldada finalmente con más de 300.000 vidas? No se podían esperar, tras lo que se ha visto, la velocidad y la magnitud de la respuesta de Argel.

La guerra de Mali, en muy pocos días, ha traído sus efectos al norte del Sahara y, potencialmente, podría traer repercusiones de terrorismo en la propia Europa si los yihadistas que pretendían entrar en Bamako cumplieran sus amenazas de golpear con terror en el corazón de Francia. En todo caso, el enorme suceso en la planta argelina de gas, cuyo balance definitivo puede tardar aun en conocerse, parece haber operado como catalizador de consensos en la conferencia de ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea celebrada ayer en Bruselas.

Lo que en principio pudo parecer, con la llegada a Malí de la aviación gala, poco más que una operación de policía política en un espacio que fue francés, se ha venido a dimensionar nítidamente con lo que realmente es: un asunto de alcances geopolíticos, por cuanto implica a Europa en su relativa seguridad frente al terrorismo y en lo que toca a la estabilidad política de un espacio africano abierto a riesgos muy específicamente preocupantes.

La “afganización” del Sahel, de la inmensa franja que ciñe el vientre del Sahara desde el Atlántico hasta el Océano Índico, es una hipótesis y una probabilidad que trastoca los términos convencionales sobre los conflictos internacionales. Pensar, por ejemplo, que por virtud de la proliferación armada del islamismo pudieran fracasar Estados, desaparecer, tal como desapareció luego de fracasar el de Somalia tras la caída de la dictadura de Mohamed Siad Barré, no es una figuración o fantasía propios de la fantapolítica.

Si por la deriva anarco-islamista de Somalia – con la fragmentación del poder llevada a límites casi infinitesimales – está de momento la inseguridad marítima en los entornos del Cuerno de África y en los espacios índicos utilizados por el tráfico marítimo internacional que enlazan las economías del Sudeste Asiático y del Pacífico con las de Europa, ¿qué vendría a ocurrir tras una eventual somalizacón de un espacio nacional en la costa occidental africana por la corrosión islamista?

Acaso por ese riesgo resulta razonable que la OTAN, desde la que se articuló el despliegue europeo en el índico mar de Somalia y sus entornos, esté considerando qué tipo de análisis estratégico es el que corresponde para el Atlántico Sur a la vista de lo que está pasando ahora desde la afloración de Malí como problema.

Francia ha “madrugado” frente a este asunto de la misma manera que lo hizo cuando estalló la crisis bélica y política de Libia. También lo ha hecho ante la explosión de la piratería desde Somalia. Un punto éste al que quizá regresara ahora con una incursión ejemplarizante luego de la confirmada muerte del rehén francés que los islamistas tenían secuestrado allí.

Historia
Los escuadrones de la muerte del PC francés
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital 18 Enero 2013

El aparato de propaganda del comunismo es tan descomunal y experto que ha conseguido ocultar sus genocidios y su inmenso fracaso económico, hasta el punto de que vuelve a presentarse como alternativa creíble en los países sumidos en la crisis. También ha hecho olvidar que los comunistas son caníbales con sus propios camaradas. Los dictadores que fueron ogros de los comunistas en el siglo XX, como Adolf Hitler, Benito Mussolini y Francisco Franco, no se comieron a sus pares o sus seguidores, salvo el alemán en 1934 y sólo para asentar su poder. Por el contrario los dirigentes de los PC, estuviesen en el gobierno, en la oposición o en el exilio, solían purgar o ser purgados periódicamente, y mientras Mussolini o Franco enviaban a sus disidentes a una embajada o a un corto destierro dentro del propio país, entre los rojos era frecuente la ejecución, el accidente de carretera, el error médico o la deportación a alguna Siberia.

Otra de las grandes mentiras del siglo XX es la de la resistencia francesa al invasor nazi. Baste decir que el alto mando alemán enviaba a las divisiones destrozadas en el frente oriental a descansar y recuperarse a la dulce Francia.

Seguramente la Segunda Guerra Mundial no habría comenzado en septiembre de 1939 si no se hubiese producido el Pacto de Amistad, Cooperación y Demarcación (en esos momentos, los dos países no tenían fronteras en común, como hasta 1918) entre Adolf Hitler y Josif Stalin, firmado en Moscú el 23 de agosto de ese año. Cuando saltó la noticia, el mundo quedó pasmado. Ambos regímenes totalitarios, el nacional-socialista alemán y el bolchevique soviético, eran enemigos feroces y se dedicaban todo tipo de insultos. En horas veinticuatro, y por orden de sus amos de la URSS, faro de la humanidad progresista, los comunistas de todo el mundo pasaron de atacar a Hitler a elogiarle y de considerarle un aliado de las burguesías explotadoras a un representante de la clase trabajadora alemana.
Consigna a los obreros de no rebelarse

El PC francés, el mayor partido de Europa detrás del PCUS, colaboró con el enemigo alemán: sus agentes no sólo sabotearon el esfuerzo militar de Francia, sino que impusieron a sus obreros la consigna de obediencia al ocupante. Ningún comunista siguió el mensaje de esperanza y resistencia pronunciado desde Londres por el general Charles de Gaulle. El gobierno liberal-socialista de la III República hizo aprobar una ley en la Asamblea Nacional que expulsaba de su seno a los diputados comunistas; los parlamentarios la aprobaron por 521 votos contra 2 en enero de 1940.

El idilio entre los comunistas franceses y los militares alemanas sólo se rompió en junio de 1941, cuando el III Reich atacó a su aliado, la URSS, antes de que ésta lo atacase. Inmediatamente los rojos dieron otro giro de 180 grados: primero enemigos de los nazis, después amigos y de nuevo enemigos. De la guerra, tanto Stalin como sus lacayos salieron con la vitola de haber dado su sangre para derrotar a la bestia parda. Los cientos de activistas comunistas que fueron ejecutados por el ocupante o cayeron en el maquis se convirtieron en mártires, cuyos cuerpos impedían a los historiadores acercarse a los hechos vergonzosos de los primeros años de la guerra.

Sin embargo, los archivos acaban hablando. Cuando por fin se abrieron los correspondientes al PCF, a Moscú y –muy importante– a la Policía francesa en los años de la Ocupación, se supo a qué grado de perversidad habían llegado los comunistas para imponer sus dogmas oficiales. Los historiadores Jean-Marc Berlière y Franck Liaigre publicaron en 2007 un libro, titulado Liquider les traîtres: la face cachée du PCF (1941-1943), en el que describían que la dirección comunista había aplicado medidas despóticas para imponer la obediencia a las directrices de colaborar con los alemanes. Y éstas consistían en un ejército de delatores que identificaban a los desobedientes o a quienes criticaban al padre de los pueblos por su unión con Hitler, y luego escuadrones de la muerte que secuestraban a los traidores y los asesinaban si un sanedrín de dirigentes del PCF consideraba que esa desobediencia merecía la muerte.
Delatores, verdugos y jueces

Un minúsculo núcleo de la dirección del Partido decidía la verificación, denuncia y asesinato de los acusados. Sin juicio, sin abogado defensor, los apparatchiki condenaban a muerte. Y las ejecuciones, mediante el típico tiro en la nuca, se realizaron, en París y en provincias, mediante un grupo de militantes "con pocos escrúpulos", que habían servido en la paz para reventar actos de los demás partidos y en la posguerra para depurar colaboracionistas.

Entre julio de 1941 y julio de 1942, el grupo Valmy, nombre de una batalla de la Revolución Francesa, fue responsable de muchos crímenes comunistas, sobre todo de exdirigentes que mantuvieron su compromiso antifascista y abandonaron el PCF.

Se desconoce la cifra total de asesinatos. Los dos historiadores han comprobado documentalmente unas 800 verificaciones de camaradas sospechosos. Y unas 250 decisiones, perífrasis para asesinato.

Como indicio de lo dicho, debe recordarse que los comunistas internados en campos de concentración colaboraron con los nazis, como confirmó el exministro socialista Jorge Semprún Maura: se hacían con el mando en los campos y entregaban a los verdugos a gentes no comunistas para salvar a sus camaradas.

En septiembre de 1944 la mayor parte de Francia quedó liberada de los alemanes, y entonces los comunistas pudieron dedicarse a matar otros compatriotas. Los mismos historiadores han escrito otro libro desmitificador de la Resistencia: Así terminan los bastardos: secuestros ilegales y ejecuciones en París liberado. Los autores recuerdan que, en los meses siguientes, en las riberas del Sena aparecían cadáveres con un tiro en la cabeza y una pieza de cemento atada al cuello. Al principio de la liberación, la sede de los ejecutores y depuradores comunistas fue el Instituto Dental de la Avenida de Choisy, 176. Entre los asesinados no había sólo vichistas o colaboracionistas, sino hasta un exdiputado socialista y por supuesto antiguos camaradas.

Todos estos asesinatos y torturas fueron sometidos primero a amnistía y luego al olvido.

Cuando las editoriales españolas traducen todo ensayo generado por el último sociólogo o profesor de filosofía francés sobre cualquier asunto, llama la atención que ninguna, ni las dedicadas a la Segunda Guerra Mundial, haya traducido este libro sobre uno de los episodios más siniestros del siglo XX.

Zougham, Titadyne y los silencios
Luis del Pino Libertad Digital   18 Enero 2013

Hoy publicamos en Libertad Digital la crónica sobre la declaración, ayer, de la familia de Jamal Zougham ante una juez de Plaza de Castilla.

La declaración se produce en el marco de la querella que Zougham ha puesto a las dos rumanas que podrían haberle acusado en falso de estar en los trenes aquella fatídica mañana del 11-M. Zougham planteó ayer ante la juez la pregunta correcta: ¿mintieron esas testigos por dinero?

Con respecto al affair Zougham, algo de información básica, para aquellos que no estén familiarizados con el tema o quieran refrescar los datos:

- Aquí está el artículo que publiqué en El Mundo en 2006 denunciando las numerosas irregularidades que jalonan las acusaciones contra Jamal Zougham.

- La noche anterior a los atentados, Zougham no estaba en ninguna casa de Morata de Tajuña montando bombas, sino en un gimnasio de Plaza Elíptica. La Policía conocía esa coartada de Zougham, pero la información correspondiente no se incluyó en el sumario del 11-M.

- En este otro artículo tienen ustedes la información completa sobre cómo se introdujo a Zougham, antes del 11-M, en el circuito de los sospechosos habituales, en base a un "peculiar" error judicial. Merece la pena que lean ustedes ese artículo detenidamente y sigan la peripecia de los dígitos telefónicos cambiantes.

Permítanme que termine rescatando, al hilo de la actualidad de la jornada, un artículo que escribí hace ahora cuatro años, en el que abordaba la pregunta de por qué la clase política, y en especial el PP, guarda silencio sobre el 11-M. Y en el que me preguntaba qué tenía que ver ese silencio con el marasmo de corrupción generalizada en que nuestro país se ha convertido: El gran silencio

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Experimentos nacionalistas

José María Marco La Razón  18 Enero 2013

Se ha comparado una posible Cataluña independiente con Argentina. Sin duda, la analogía pone el foco en el proceso de independencia de los territorios de la antigua España americana. Como esos territorios carecían entonces de entidad nacional, en casi todos los casos el proceso de independencia condujo a otro, de creación de las nuevas naciones. Aquello produjo una inestabilidad política que ha durado mucho tiempo. Es probable que Cataluña, de naturaleza nacional muy discutible, conociera una inestabilidad semejante y durante mucho tiempo.

Otro de los problemas de las comunidades políticas surgidas del proceso de independencia fue el contraste entre la retórica de los derechos humanos (con el derecho a la autodeterminación de fondo) y la realidad social. La independencia la hicieron unas minorías que promocionaban sus derechos –legítimos, qué duda cabe– sin tener en cuenta los de los demás, en particular los de las poblaciones que no pertenecían a su mismo estrato social, a su misma cultura, a su misma tradición. La inestabilidad propia del proceso de creación de la nación se ha ido superando con el tiempo. Ésta no tanto. De la marginación a la que las élites criollas sometieron al resto de la población surgen, en buena parte, los movimientos indigenistas. Aquí también es posible la analogía con una supuesta Cataluña independiente, compuesta por una élite transida por un ideal nacional y cultural, y una mayoría ajena, y seguramente excluida de ese mismo proyecto. (A la labor de catalanización realizada por las élites nacionalistas del socialismo español, labor que está muy lejos de haber concluido, le esperan nuevos y apasionantes retos.)

En cualquier caso, todo esto es demasiado sofisticado. Resulta más fácil imaginar lo que sería una Cataluña independiente si se piensa en Grecia. Hubo un tiempo en que algunos nacionalistas catalanes admiraban la austeridad espartana de los israelíes. Ya no es así. El ideal parece haberse mudado más al sur, por los emiratos del Golfo Pérsico. Para nuestros vecinos del norte de Europa, el gusto por el derroche y la incapacidad de autogobierno demostrados por la Generalitat sitúan a Cataluña entre las democracias mediterráneas de escasa calidad. Una vez cumplido el sueño emancipador, a ellos les tocaría sacar adelante una zona que amenazará la estabilidad de la zona euro, con lo que eso significa para las cuentas corrientes de nuestros socios. Es algo injusto, porque la sociedad catalana, sensata y trabajadora, tiene poco que ver con su clase dirigente. Aun así, no habría que despreciar la capacidad de corrupción y de destrucción de esta.

De locos
Irene Villa La Razón 18 Enero 2013 *

Los terroristas y los que les apoyan siguen dispuestos a ganar la batalla a nuestro Estado de Derecho. Y parece que en ciertos aspectos lo consiguen. Que cuando por fin se consigue que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos avale la ilegalización de ANV porque considere que es un partido que representa «un gran peligro para la democracia española», haya quien se atreva a sugerir que eso es algo del pasado y que no debe interferir en «el juego político presente y futuro», es francamente osado.

Los asesinos han conseguido con sus diferentes marcas políticas una doble victoria: volver a financiarse y ver a España impotente ante quienes sólo merecen ser derrotados por el profundo dolor causado.

La imagen que probablemente muchos no podremos borrar del etarra celebrando su libertad con una pancarta de Bildu es la imagen de la ETA vencedora que jamás abandonará su maquiavélica ruta. Al tiempo que los asesinos se enorgullecían por tener voz y voto en un Gobierno al que odian, las víctimas volvían a ver su memoria y su dignidad mancilladas. Como en su cita a favor de los presos asesinos de ETA a quienes apoyan hasta personas de gran relevancia social, política, cultural... que dicen: «Estamos aquí como siempre defendiendo a los presos vascos», cuando ninguno de ellos se acordó de apoyar a todas esas familias que fueron expatriadas del País Vasco por no sucumbir a la tiranía terrorista, y mucho menos de todas esas personas que nunca volverán porque esos que dicen ser torturados acabaron con sus vidas. ¿No es de locos?

¿De qué justicia hablan? *
Teresa Díaz Bada (*) http://www.paisvasco-informacion.com  18 Enero 2013

En las últimas elecciones autonómicas, algo más del 25% de los vascos votó a favor de un candidato de EH Bildu, el proyecto político nacido de y tutelado por la banda terrorista ETA para liderar el Gobierno autónomo.

Cincuenta años de barbarie terrorista han abocado a los vascos a las puertas de este indescriptible abismo moral, ya que cuando uno de cada cuatro ciudadanos apoya libremente a un proyecto ideológicamente totalitario y éticamente indecente como el de Bildu, es que algo falla, que algo se encuentra moralmente enfermado en el corazón de Euskadi.

Este vergonzoso número de ciudadanos proclives a las tesis de ETA, y otra gran mayoría de vascos cercanos a las tesis del nacionalismo más irredento, han moldeado un territorio indócil a la aplicación de las leyes democráticas, renuente a la convivencia, impenetrable a la civilidad democrática y rebelde al juego institucional.

Permanentemente empujadas a padecer esta barbarie moral, y a vivir en el interior de ella, las víctimas del terrorismo, durante los últimos cincuenta años, no solamente hemos carecido de ningún tipo de garantía para acceder a la justicia restaurativa, procedimental o terapéutica sino que apenas hemos tenido alguna opción para acceder a la Justicia con mayúsculas.

Las víctimas del terrorismo somos conscientes de que ninguna ley tiene capacidad para devolver la vida al casi millar de personas asesinadas por los terroristas. Pero la imposibilidad de que exista una justicia restitutiva total no exime, de ninguna manera, de la firme demanda de una justicia reparadora que siempre tiene un importante componente terapéutico. De hecho, los principales ordenamientos jurídicos internacionales se asientan sobre dicha exigencia y su no cumplimiento abre el camino hacia la impunidad de los delitos.

A estas alturas de nuestra historia, hay que decir las cosas con claridad: quienes afirman que no se puede hacer justicia en el País Vasco, que hay que hacer tabla rasa y que hay que buscar la "reconciliación" de “toda” la sociedad, están aceptando que el terrorismo, y fundamentalmente el terrorismo de ETA, es una especie de desgracia divina, no provocada por nadie, no sujeta a ninguna medida de corrección y libre de castigo, que las víctimas directas e indirectas hemos de soportar sin ninguna posibilidad de alivio.

Nada más lejos de la realidad. Muy al contrario, creo que la justicia, cuando actúa con precisión, firmeza y eficacia, es excepcionalmente terapéutica para las víctimas, nada tiene que ver con el odio y es sinónimo de ejemplaridad democrática y de probidad moral. Y debemos tener en cuenta que, a pesar de lo que de una forma manipulada se diga desde determinadas instancias oficiales, ésta es la principal reivindicación de las víctimas del terrorismo. Una petición avalada por ellas mismas, individualmente o a través de sus asociaciones, con la enorme legitimidad que les otorga el hecho de que, en España, jamás se ha producido un sólo acto de venganza llevado a cabo por una víctima.

Cuando las víctimas del terrorismo en particular, y muchos otros ciudadanos en general, hemos exigido nuestro derecho a la justicia, desde el País Vasco, fundamentalmente, pero también desde el resto de España, demasiados políticos, intelectuales, periodistas y agentes sociales nos han recriminado, con el mayor de los cinismos, que solamente deseamos obtener beneficios políticos o económicos del asesinato de nuestros padres, maridos, esposas, hijos o amigos. Como muestra, un ejemplo cercano: quien será el próximo lehendekari del Gobierno vasco, Iñigo Urkullu, no dudó en afirmar hace algunos años que las víctimas vascas nos "autodenominamos víctimas del terrorismo"… Y nos decía esto mientras, al mismo tiempo, definía a los etarras encarcelados por asesinar a nuestros familiares como "ciudadanos y ciudadanas vascas privados de libertad".

Esto es una afrenta a la decencia, a la dignidad y a la justicia, pero, además, nos lleva a una nueva cuestión, quizás, más importante: ¿a quién, a quiénes molestan las peticiones de justicia de las víctimas del terrorismo? ¿No será que molestamos a los asesinos porque les colocamos frente a frente su atrocidad; que estorbamos a los cómplices de los criminales porque les evocamos su perversa colaboración con la brutalidad y que cohibimos un poco a tantos y tantos vascos como, a través de todo tipo de acuerdos infames con los criminales, se abrazaron a los verdugos o miraron hacia otro lado?

La sociedad vasca que describía al comienzo de mi intervención no ha surgido de la noche a la mañana. Desde aquel 27 de junio de 1960 en el que ETA asesinó a la niña Begoña Urroz, uno de los elementos que más ha contribuido a que la lacra terrorista se haya perpetuado en el País Vasco y en España a lo largo de más de medio siglo ha sido el hecho de que, durante todo este tiempo, numerosos ciudadanos han interiorizado que el recurso al asesinato, al chantaje, a la amenaza o la extorsión es algo que, aunque reprobable e imposible de compartir, puede ser comprensible, dada la existencia de un presunto y falsario “conflicto político” que, al parecer, no puede ser solucionado por vías exclusivamente democráticas. De hecho, y según un informe del Defensor del Pueblo vasco hecho público en 2009, casi la mitad de los estudiantes de Euskadi todavía cree, con diversos grados de convencimiento, que un atentado terrorista puede tener algún tipo de justificación política.

Perversas razones de interés político nacionalista, falsos progresismos que han alimentado la creencia ignorante de que todas las ideas pueden ser dichas en libertad (incluso las que exigen más tiros en la nuca) y una asombrosa dejación de las instituciones en su deber de hacer cumplir la legalidad democrática, han alimentado estas convicciones atroces. Y, consecuentemente, han abonado el terreno para que en nuestra tierra se anulara, de hecho, cualquier recurso a la Justicia más elemental y para que lo que haya primado durante años en nuestra sociedad haya sido el punto de vista de los verdugos y de los cómplices de éstos, y nunca el de sus víctimas.

Este predominio absoluto del punto de vista del verdugo sobre la vida cotidiana del País Vasco ha imposibilitado en la práctica cualquier forma de justicia restaurativa, ha influido negativamente en la justicia procedimental y ha anulado cualquier atisbo de justicia terapéutica. (Por ejemplo, hay que recordar cómo en diciembre de 1995 dos ertzainas fueron asesinados en Itsasondo y meses después su asesino fue absuelto en un juicio con jurado popular celebrado en San Sebastián).

De hecho, hoy en día, la voz de los terroristas, ahora emitida desde las instituciones, continúa siendo una de las grandes lacras contra las que ha de luchar una sociedad demasiado narcotizada frente a la barbarie, ensimismada, a pesar de la crisis, en su riqueza material y rápidamente dispuesta a olvidar que ante su silencio se han cometido algunos de los atentados más graves contra los derechos humanos que se han producido en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

Como bien señala el experto Rogelio Alonso, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Rey Juan Carlos I, en un magnifico artículo publicado en “EL Correo” el pasado 17 de octubre, y cito textualmente:... “A menudo socialistas y populares tratan a los representantes de ETA como si fueran verdaderos demócratas amparándose en que la legalidad así lo exige. Relativizan así las exigencias propias de una democracia que debe penalizar a quienes carecen de la necesaria legitimidad para participar en plenitud de derechos mientras siguen sin deslegitimar el terrorismo... Un ejemplo revela los peligros de tan injusta integración. El 12 de junio, Martín Garitano asistió a los premios en memoria de Joxe Mari Korta. Las imágenes del evento mostraban a sonrientes dirigentes del partido popular departiendo amigablemente con Garitano, bridándole las condiciones de demócrata de las que carece quien no tiene la dignidad de condenar el asesinato del emrpesario vasco, ni de los compañeros de partido de aquellos, ni del resto de las victimas de ETA... Con ese complaciente trato y tan macabra presencia explotada por Bildu se escenificaba un empate moral que ahora los electores validan: da lo mismo asesinar que haber sido asesinado”.

Frente a esta mirada orweliana de los verdugos, que ha llegado a su grado máximo de expansión especialmente durante los últimos meses y especialmente en Guipúzcoa, las víctimas del terrorismo nos hemos convertido en la práctica en el último colectivo social que seguimos reivindicando que es necesario que se haga justicia, que el final de ETA ha de tener vencedores y vencidos y que no puede haber espacios para la impunidad de los terroristas.

Y, a pesar de lo que digan muchos, tenemos la máxima legitimidad para continuar insistiendo en esta reivindicación. ¿Por qué? Porque en condiciones profundamente dramáticas hemos dado siempre un ejemplo modélico de respeto al sistema democrático, de renuncia a la venganza y de repulsa a cualquier método violento para terminar con ETA. Porque conocemos mejor que nadie todo el dolor y las consecuencias que se derivan de cada atentado criminal. Y porque somos los máximos exponentes de toda la infamia que se ha vertido en este país y, por ello, poseemos una absoluta autoridad para seguir reclamando, y exigiendo, el cumplimiento de la más elemental de las justicias.

Este papel preponderante y esencial de las víctimas del terrorismo ha sido reconocido recientemente por la directora de la subdivisión de Prevención del Terrorismo de la Oficina de la ONU contra el Delito, Marta Requena. Para esta representante de las Naciones Unidas, “ya que en el terrorismo el foco no es solamente la persona concreta, sino toda una sociedad y sus instituciones, las víctimas debemos jugar un papel activo antes, durante y después del proceso penal”.

También el Parlamento europeo reconoce esta posición especial de las víctimas del terrorismo con respecto a la Justicia al señalar que “las víctimas del terrorismo han sufrido atentados cuya intención última era hacer daño a la sociedad. Por ello pueden necesitar especial atención, apoyo y protección, debido al especial carácter del delito cometido contra ellos. Las víctimas del terrorismo pueden ser objeto de un importante escrutinio público y a menudo necesitan el reconocimiento social y un trato respetuoso por parte de la sociedad. En consecuencia, los Estados miembros deben tener especialmente en cuenta las necesidades de las víctimas del terrorismo, y esforzarse por proteger su dignidad y seguridad”.

En mi opinión, durante los últimos meses se han producido en España dos claros ejemplos de desprotección moral de las víctimas del terrorismo y de ruptura de las “Garantías de acceso a la Justicia de las Víctimas”.

Por un lado, la conocida como “vía Nanclares” para la reinserción de los presos de ETA, basada, según ha explicado el Gobierno de Patxi López, en la vía político-jurídica que a finales del siglo XX se aplicó en Italia para la recuperación de algunos condenados por crímenes terroristas y por delitos relacionados con la Mafia, ha puesto ya a varios miembros de ETA en libertad. Algunos de ellos, incluso, dan conferencias financiadas con dinero público y escriben libros que reciben la máxima difusión desde muchos medios de comunicación.

Pero en las excarcelaciones de presos etarras derivadas de la “vía Nanclares” falta, en mi opinión, un elemento clave que es, aunque aquí se haya querido ocultar, la esencia del modelo reinsertivo italiano: la exigencia de que los terroristas a quienes se va a beneficiar colaboren con la Justicia y las fuerzas de seguridad.

El proceso de recuperación social de varias decenas de miembros de las Brigadas Rojas que se llevó a cabo en Italia, conocido como “pentismo”, se construyó, tal y como explica Enzo Musco, catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Roma, en la necesidad de que los presos asumieran “la propia responsabilidad por uno o más delitos, acompañado de la ayuda proporcionada a los investigadores para el conocimiento del mundo criminal al que pertenece.”

Esta es la clave de los procesos de reinserción de presos en Italia y, de hecho, las prácticas “pentistas” fueron avaladas por el Consejo de Europa el 20 de diciembre de 1996. Esta institución, en una recomendación centrada en la lucha contra la criminalidad organizada, invitaba a los Estados miembros “a solicitar las colaboraciones procesales en consideración a la particular eficacia poseída por las informaciones proporcionadas por los miembros de las organizaciones criminales, valorando la posibilidad de concederles beneficios y medidas de protección.”

Esta recomendación del Consejo de Europa explicaba, además, que deben considerarse colaboradores con la justicia tanto quienes “proporcionan informaciones útiles a las autoridades competentes con fines investigadores y con finalidad de adquirir pruebas pertinentes relativas a la composición o a la estructura o a las actividades de las organizaciones criminales, a las relaciones incluso internacionales con otros grupos criminales y a los delitos que estas organizaciones o grupos han cometido o podrían cometer como quienes proporcionan una efectiva y concreta ayuda a las autoridades competentes para contribuir a recuperar de las organizaciones criminales recursos ilícitos o provenientes de los delitos".

Pero, los defensores de la reinserción de etarras a través de la denominada “vía Nanclares”, del Ministro del Interior al Lehendakari, pasando por Rodolfo Ares, Jesús Loza o la Dirección de Atención a las Víctimas del Gobierno vasco, callan en todo momento sobre la “delación” como pieza angular del modelo italiano que dicen imitar.

Los escasos etarras acogidos a la “vía Nanclares” solamente han tenido que mostrar un indefinido, y generalmente vacuo, arrepentimiento, para alcanzar los beneficios asociados a la misma. El Gobierno vasco en general, y el Comisionado y la Dirección de Atención a las Víctimas en particular, se equivocan al despreciarla “delación” como algo nefasto porque, según dicen “no se puede obligar a los terroristas a ser unos chivatos”.

Colaborar con la justicia no tiene nada que ver con el mentecato concepto de “soplón” (tan utilizado, perversamente, por la banda terrorista ETA) y, además, muchos políticos de todos los partidos mienten cuando, una y otra vez, aseguran que no existe esta figura en el ordenamiento jurídico español.

Fue el Gobierno de Felipe González quien, en mayo de 1988, impulsó la modificación del Código Penal acentuando “el premio a la delación” a los efectos de “la extinción de la pena y la obtención de la libertad condicional”. Y el Código Penal español, actualizado en 2009, es taxativo en esta cuestión en su artículo 90.1.c: “Asimismo, en el caso de personas condenadas por delitos de terrorismo de la sección segunda del capítulo V del título XXII del libro II de este Código, o por delitos cometidos en el seno de organizaciones criminales, se entenderá que hay pronóstico de reinserción social cuando el penado muestre signos inequívocos de haber abandonado los fines y los medios de la actividad terrorista y además haya colaborado activamente con las autoridades, bien para impedir la producción de otros delitos por parte de la banda armada, organización o grupo terrorista, bien para atenuar los efectos de su delito, bien para la identificación, captura y procesamiento de responsables de delitos terroristas, para obtener pruebas o para impedir la actuación o el desarrollo de las organizaciones o asociaciones a las que haya pertenecido o con las que haya colaborado, lo que podrá acreditarse mediante una declaración expresa de repudio de sus actividades delictivas y de abandono de la violencia y una petición expresa de perdón a las víctimas de su delito, así como por los informes técnicos que acrediten que el preso está realmente desvinculado de la organización terrorista y del entorno y actividades de asociaciones y colectivos ilegales que la rodean y su colaboración con las autoridades.”
¿Cuántos etarras sujetos a la denominada “vía Nanclares” han cumplido con esta exigencia?

Un segundo ejemplo dramático de ruptura de las “Garantías de acceso a la Justicia de las Víctimas”, es lo que se ha conocido como el “caso Bolinaga”.

La decisión, marcadamente política y amparada en la idea demagógica expuesta por el juez José Luis Castro de que los "principios de humanidad y derecho a la dignidad de las personas deben predominar sobre cualquier otra consideración legal", pone de manifiesto algo en lo que desde el Foro contra la Impunidad en el País Vasco hemos insistido reiteradamente a lo largo de los últimos meses:

Hay en la sociedad vasca, sobre todo, pero también en una parte importante del resto de la sociedad española, un empeño cruel por pasar página, por olvidar nuestra más reciente historia, por recibir con palmas a torturadores como Bolinaga y por hacer surgir, a machamartillo político, un nuevo escenario en el que las permanentes reclamaciones de memoria, verdad y justicia lideradas por la gran mayoría de las víctimas del terrorismo se conviertan en peticiones éticamente indecentes que solicitan perdonar a los asesinos y que apelan a “sumar esfuerzos” entre los verdugos y sus víctimas.

Ante situaciones como esta, que supone uno de los ejemplos más claros de ruptura de la Justicia restaurativa, procedimental y terapeútica, las víctimas del terrorismo nos enfrentamos a un reto enorme en un entorno social, cuando menos, esquivo.

Nuestro desafío, y yo diría que nuestra obligación, consiste en seguir manteniendo vivas las reclamaciones de firmeza policial y aislamiento social contra los muchos terroristas que aún son y frente a quienes se empeñan en considerar a éstos como un colectivo de personas erradas a los que hay que acoger de nuevo en sociedad como si nada hubiera pasado en estos últimos cincuenta años.
Nuestra tarea más urgente consiste ahora en recordar una y otra vez que nuestro sistema de libertades siempre es infinitamente superior a los planteamientos totalitarios, integristas y fanatizados de los terroristas, de los cómplices de éstos o de los que siempre han justificado a los primeros y abrazado a los segundos.

Y, sobre todo, debemos insistir en que jamás podremos hablar de paz definitiva en el País Vasco si, previamente, los terroristas no han cumplido íntegramente sus penas; si las instituciones no se ponen manos a la obra para poner fin a los más de 300 crímenes terroristas que aún siguen sin resolverse; si nadie reconoce que la democracia ha salido victoriosa y que el terror y sus representantes han sido derrotados; y si, por encima de todo, no se asume colectivamente que quienes fuimos víctimas y perseguidos del totalitarismo nacionalterrorista tenemos todo el derecho del mundo a intentar impedir que nuestros hijos vayan a ser mañana las futuras víctimas de una paz tan falsa como moralmente indecente.

(*) Teresa Díaz Bada es psicóloga clínica y presidenta del Foro contra la Impunidad en el País Vasco

Tozudez

miquel porta perales ABC Cataluña 18 Enero 2013

¿Hay que respetar el derecho individual de los padres a elegir la lengua cooficial en que desean escolarizar a sus hijos?

Muy probablemente, la tozudez sea una de las virtudes del político. Pero, todo tiene su límite. Al respecto, la tozudez llevada al extremo deviene intransigencia y ofuscación. En los últimos días hemos tenido un ejemplo -suma y sigue- de esta tozudez viciosa que se ha instalado en la política catalana. Resulta que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña emite una resolución cautelar que insta a la Generalitat a garantizar la educación en castellano -también en castellano, para ser exactos- de unos alumnos. La consejería -tozuda: una decena de sentencias y resoluciones sin cumplir- repite que el mandato no tiene sentido, porque los alumnos ya dominan el castellano y el catalán al finalizar sus estudios. Señora, no es eso. La cuestión es otra: ¿hay que cumplir o no las sentencias o resoluciones de los tribunales? ¿Hay que respetar el derecho individual de los padres a elegir la lengua cooficial en que desean escolarizar a sus hijos?

Lo curioso del caso es que la consejería recurrirá la sentencia. Está en su derecho. Pero, ¿qué ocurrirá cuando los tribunales desestimen la petición? Pues, que la consejería seguirá, erre que erre, sin cumplir la ley. Y aquí no pasa nada. ¿O es que Cataluña no es una nación dotada del derecho a decidir? A eso se llama tomarse la Justicia por su mano. Un buen ejemplo -es decir, un mal ejemplo- de esa tozudez política -intransigencia y ofuscación- que deslegitima a quien la práctica. Una tozudez -unos políticos tozudos- que, por lo demás, se permite el lujo de dar lecciones de democracia a los demás. ¡Vaya pesadez!

Más allá del hecho en sí, el incumplimiento reiterado y sistemático de las resoluciones judiciales pro bilingüismo pone al descubierto una determinada mentalidad esencialista y excluyente que concibe el bilingüismo como una anomalía a corregir y no como un derecho y una riqueza a respetar y fomentar. Señoras y señores, los derechos los tienen los ciudadanos y no las lenguas o los territorios. ¿Quién normalizará al normalizador?

Las cartas boca arriba
‘Una de las ventajas de la actual situación es que los jugadores de la partida que se está jugando en el tablero político catalán han puesto las cartas boca arriba y los ciudadanos sabemos a qué atenernos. Pero, en base a las cartas mostradas, ¿cuál podría ser el previsible desenlace del envite soberanista?’.
Víctor Andrés Maldonado www.vozbcn.com 18 Enero 2013

Tengo que confesar que siento una cierta debilidad por la cúpula actual de ERC. Son gente directa, de verbo breve y con las ideas claras. Oriol Junqueras ha resumido su programa político de una manera simple y fácilmente comprensible que se resume en un par de ideas: la independencia solucionará todos nuestros problemas y de España no se puede esperar nada bueno. La ventaja de un mensaje claro y coherente (ya que lo repiten constantemente) es que facilitan la vida enormemente a los analistas y demás observadores del devenir político en Cataluña. Aquí no hay doblez ni ambigüedad que valga, todo cristalino como el agua. No como sucede con otros partidos en Cataluña con los que uno nunca está seguro por dónde van a ir; por ejemplo, la CiU de Jordi Pujol había convertido la ambigüedad en un arte, sabiendo sacar partido a cada coyuntura por poco propicia que fuera; lo mismo se podría decir del PSC, cuyas dos almas (catalanista y obrera) han traído de cabeza tanto a los votantes como a sus propios líderes.

En este sentido, me ha impresionado la clarividencia de Anna Simó, portavoz autorizado de ERC y miembro de la Mesa del Parlamento autonómico, cuando hace unos días, ante las reticencias del PSC e ICV-EUiA respecto a la mención del ‘Estado propio’ como objetivo a alcanzar en el contexto de la ‘Declaración de Soberanía’ promovida por CiU y ERC, dijo: “Pero algún día los partidos tendrán que mojarse y decir para qué quieren la consulta”. Efectivamente, porque pese a quien pese, esa es la cuestión fundamental de la resolución que se discutirá el próximo 23 de enero en el Parlamento autonómico de Cataluña.

Como todos sabemos, el derecho a decidir, es decir, la consulta promovida por CiU y ERC para que los ciudadanos de Cataluña expresemos nuestra opinión sobre si queremos que Cataluña siga formando parte de España es una formulación para eludir otros términos menos atractivos políticamente tales como el derecho a la autodeterminación (claramente ligado a territorios bajo dominio colonial) o la misma independencia (políticamente inaceptable para una parte del electorado de CiU). Porque, ¿quién puede negarse a que los ciudadanos catalanes decidan por sí mismos? El que así lo hiciere será tachado de anti demócrata.

ERC tiene claro para qué quiere la consulta, de hecho siempre lo tuvo claro, al menos desde el principio de la nueva etapa democrática en España: para la independencia de Cataluña. Convergència Democrètica de Catalunya (CDC) parece que también lo tiene claro desde abril de 2012 (después de su último congreso), aún cuando este hecho se puso de relieve claramente sólo después de la manifestación del pasado 11 de septiembre (en conjunción con el rechazo por Mariano Rajoy del llamado pacto fiscal): un Estado propio dentro de la Unión Europea (UE); un matiz muy importante a tener en cuenta, particularmente después de que la Comisión de la UE ha dejado establecido claramente que la independencia de un territorio de un Estado miembro significaría la salida automática del mismo de la UE.

La Candidatura de Unidad Popular (CUP) también sabe para qué quiere la consulta: para la independencia, pero de todos los Países Catalanes (no sólo de Cataluña); en este caso, me pregunto si también incluyen la Franja de Aragón, el Alguer (Cerdeña) y el Carche (Murcia) o se conforman con las actuales CCAA de Cataluña, Comunidad Valenciana e Islas Baleares, además de Andorra y el Rosellón (Francia). Además, la independencia propugnada por la CUP se debería materializar fuera de la UE.

En el otro grupo que aboga por la consulta, la situación es un poco menos clara. Al parecer, Unió Democràtica de Catalunya (UDC), según lo expresado por su líder Josep Antoni Duran i Lleida, propugnaría una confederación de Cataluña con el resto de España, pero no la independencia. El único problema con esta opción es el hecho de que hoy en día no existe en el mundo desarrollado ninguna confederación que funcione y por lo tanto no está muy claro cual sería el modelo a seguir (sólo recordar que la Confederación Helvética, contrariamente a lo que parecería indicar su nombre, es una federación). Por lo tanto, sería muy útil que los ciudadanos supiéramos las características de dicha confederación para, así, conocer cuál es la propuesta concreta que se nos hace desde este partido.

Luego tenemos ICV-EUiA, que al parecer es partidaria de la consulta y del derecho de autodeterminación, aunque no está muy claro para qué lo querría. El partido -heredero del PSUC- es una mezcla de independentistas y federalistas, aunque desconocemos en qué proporción. Desde luego, espero que los únicos precedentes que han existido en los tiempos modernos donde el derecho de autodeterminación estaba incorporado a la Constitución, es decir, las extintas Unión Soviética (URSS) y Yugoslavia, no sean los modelos a seguir, entre otras cosas porque ninguna de ellas eran un paradigma de democracia y por su cruento final.

A continuación nos encontramos con el PSC, donde según lo declarado por su actual líder, Pere Navarro, la consulta la utilizarían para votar un no claro a la independencia, ya que su propuesta es la de una España federal. Lo que no se acaba de entender con respecto a este partido es por qué está a favor de una consulta cuando el objetivo propugnado por los impulsores de la misma es la creación de un Estado independiente. Probablemente, por la presión de su sector más catalanista y con el fin de evitar la ruptura entre las dos almas del partido que podría, incluso, conducirlo a la inanidad (aunque los últimos años se lo está ganando a pulso). En este sentido, me gustaría llamar la atención sobre la ponencia que se discutirá en el congreso del PSE-PSOE (Partido Socialista de Euskadi), a celebrarse los 9 y 10 de febrero, donde los socialistas vascos reivindican ‘el derecho a la libre identidad individual frente a la construcción nacional y frente al derecho a decidir colectivo’. Por no mencionar la actitud del PSOE, cuyo secretario general también ha rechazado el derecho a decidir. En una palabra, un dechado de coherencia en la diversidad.

Al menos, una de las ventajas de la actual situación es que los jugadores de la partida que se está jugando en el tablero político catalán han puesto las cartas boca arriba y los ciudadanos sabemos a qué atenernos. Pero, en base a las cartas mostradas, ¿cuál podría ser el previsible desenlace del envite soberanista?

Tanto Artur Mas como Oriol Junqueras nos han dicho por activa y por pasiva que en caso que el Gobierno de Mariano Rajoy no se avenga a razones y no autorice la consulta, acudirán a la comunidad internacional. Como parece que Rajoy no está por la labor, hemos de suponer que Mas acudirá a la UE, sobre todo, teniendo en cuenta la propuesta de CiU de que Cataluña sea un nuevo Estado dentro de la UE. Precisamente, hasta la fecha, el único precedente en Europa apadrinado por la UE fue el de Montenegro cuando se separó de lo que quedaba de la antigua Yugoslavia en 2006. En este caso, no fue posible llegar a un acuerdo entre los partidarios y los opuestos a la independencia, por lo que la UE impuso las siguientes condiciones para el reconocimiento de la misma:

1) Una pregunta clara y sin ambigüedades posibles; la pregunta fue: ¿Desea usted que Montenegro sea un Estado independiente con completa legitimidad legal e internacional? Me temo que la propuesta de CiU al respecto (un Estado dentro de Europa) no sería aceptada.

2) Debían votar al menos el 50% de las personas con derecho a voto.

3) El voto afirmativo debía ser superior al 55% de los votos validamente emitidos.

Estas condiciones irían en la misma línea de la sentencia del Tribunal Supremo de Canadá y la subsecuente Ley de Claridad respecto de la consulta celebrada en Quebec: una pregunta clara y la necesidad de una clara mayoría. El caso de Escocia sería diferente por el hecho que ha habido un acuerdo entre los gobiernos británico y escocés.

Antes que nada recordar que bajo estas condiciones, el actual Estatuto de Autonomía de Cataluña no habría sido aprobado en el referendo celebrado el 18 de junio de 2006, ya que la participación fue del 48,85%. No digamos ya el proceso de consulta que se celebró en un número de poblaciones catalanas entre 2009 y 2010 donde, al parecer, la participación podría haber estado entre el 20 y el 30% en el mejor de los casos.

Pero tomemos como indicativos los resultados de las últimas elecciones autonómicas en Cataluña donde tanto CiU como ERC y la CUP se presentaron con un programa claramente soberanista y veamos cuál podría ser el resultado de la partida aplicando las condiciones de la UE. El número de votos contabilizados fue de 3.657.000 (el 69,6%), de los cuales 32.000 (el 0,9%) fueron considerados nulos. Con estas cifras, el referendo cumpliría con la primera condición (es decir, una participación de más del 50%). Por otro lado, la suma de los votos de las tres formaciones soberanistas actuales (CiU, ERC y la CUP), a los que podríamos añadir los votos que fueron a parar a Solidaritat Catalana (SI), fue de 1.780.000 votos.

Sin embargo, esta cifra sólo representa el 49,1% de los votos válidamente emitidos, es decir, ni siquiera la mitad más uno que Oriol Junqueras consideró como suficientes para dar el resultado por válido hace unos días. Con estos datos uno puede entender por qué Mas ha declarado que no basta con convocar la consulta, sino que también hay que ganarla. Evidentemente, cada cual puede hacer sus propios cálculos, por ejemplo, asumir que una parte de los votantes de CiU (al menos los votantes de UDC) votarían en contra o que un porcentaje de los del PSC y ICV-EUiA lo harían a favor, aunque lo uno podría compensar a lo otro.

A pesar de que todos los indicios apuntan a que la pluralidad de la sociedad catalana es un hecho indiscutible refrendado una vez más en las últimas elecciones autonómicas, el presidente autonómico parece decidido a continuar por la senda soberanista en base al supuesto “clamor” de la sociedad que creyó detectar el pasado septiembre. Lástima que seamos los ciudadanos de a pie los que tengamos que sufrir las consecuencias de una lectura errónea de la realidad.

Víctor Andrés Maldonado es economista y experto en relaciones internacionales

A Tejero no le convence la Transición: "Con Juan Carlos, empezó el desastre"
El excoronel publica una columna donde da rienda suelta a su descontento con la actualidad que vive España. "Si esto es una monarquía parlamentaria, una democracia y un estado de bienestar, quiero borrarme de todo, porque es una puñetera mentira", dice.
Sociedad VOZPÓPULI.com 18 Enero 2013

El excoronel del Ejército, Antonio Tejero, ha vuelto a hablar y lo ha hecho cargando duramente contra prácticamente todas las instituciones en funcionamiento desde la Constitución Española. Lo ha hecho bajo el título "A los pasotas, cobardes y traidores", y ha explicado que no se puede confiar en la clase política para que arregle la situación de una España que además de pobre puede terminar rota.

Según publica en el diario Alerta Digital, "desde que murió el Generalísimo Franco, tras regalar el reino de España a Juan Carlos de Borbón, empezó el desastre". Para él, se inició ya con Adolfo Suárez por la' paulatina entrega de la herencia a los mangantes que la esperaban para destrozarla', haciendo referencia a la posible pérdida de 'soberanía nacional' ante un rescate actual por 'otras potencias extranjeras'.

Para él, la crisis comienza con la redacción del texto constitucional, que 'cambió nuestro mapa político' creando las autonomías, 'precursoras de separatismo'. Criticando la actitud de aquellos que abanderan libertades, defiende a la clase humilde que está soportando todo el peso de la actual crisis agobiante, pero admite cierta envidia hacia esos 'pueblos que defienden su religión y esos ciudadanos que escuchan con respeto y con la mano en el pecho su himno nacional'.

Tras cargar de nuevo contra catalanes y vascos recordando el episodio de las pitadas al himno en el partido de Copa del Rey, argumenta que éste es un problema patrio, y que comprende que quien sufre con el económico no tenga ni tiempo ni ganas de preocuparse de las cuestiones de independencia. "Aquellos a quienes le han quitado lo más esencial de sus vidas, como es el trabajo el pan y la vivienda, en lo único que piensan, mientras esperan en las colas del INEM, en las de caritas o en el anunciado desalojo de sus casas, es en buscar soluciones para sus vidas y las de sus hijos, además de despotricar contra los causantes de su situación".

Defensor de eliminar las autonomías, se pregunta también por el ahorro que todo eso supondría, algo que considera una utopía, porque "desgraciadamente, ni el Gobierno, ni el rey, como árbitro constitucional, tienen el valor y la equidad necesaria para acabar con este despilfarro económico, así como tampoco lo tienen para ilegalizar a partidos etarras que ya están gobernando en Vascongadas, gracias a la decisión del Tribunal Constitucional, ni con el separatismo vasco y catalán.

Tejero deja caer también que mientras los problemas políticos se agudizaban, Rajoy 'soñaba con Merkel con la tijera en mano', y el rey estaba 'de cacería de elefantes o de lo que sea, aunque más bien de lo que sea', apuntaba. Renglón seguido añadía que "una vez conocida la escapada, ensayaba la mejor forma de pedir perdón a los españoles con cara de niño cogido en falta y prometiendo que no lo haría más...", algo que le deja sin comentarios.

En su alegato explica que la desilusión en las instituciones es total y pertenece a todos los que son, han sido y serán parte de ellas, y concluye lanzando un mensaje al aire: "Que Dios nos ayude, y que confunda a los pasotas, a los cobardes y a los traidores, que han consentido y consienten el latrocinio, la injusticia, la traición y la desvergüenza en nuestra Patria... Y añado, que si esto es una monarquía parlamentaria, una democracia y un Estado de Bienestar, quiero borrarme de todo, porque es una puñetera mentira. ¡Viva España!".

El secuestro más largo
El día que ETA se cruzó en el camino de Ortega Lara
J. S. G. www.gaceta.es 18 Enero 2013

El secuestro más largo de la banda terrorista ETA duró 532 días. Sólo el trabajo de los agentes de la Guardia Civil permitió su liberación. ETA estaba dispuesta a dejarle morir.

El 17 de enero de 1996 quedará marcado para siempre en la memoria de José Antonio Ortega Lara. Tras recorrer los 114 kilómetros que separaban la prisión de Logroño de su domicilio, en el número 62 de la calle Eladio Perlado en Burgos, José Antonio iba aparcar dentro el coche, pero jamás llegó a su destino.

Ese día le tocaba recoger a su hijo Daniel en la guardería antes de ir a comer a casa. Los que le conocían sabían que Ortega Lara era puntual como un reloj, y los diez minutos que habían pasado fueron suficientes para que su mujer Domitila llamara a la cárcel de Logroño para preguntar por su marido. Nada. Nadie sabía nada.

Peinaron los 114 kilómetros de la auropista y no encontraron nada. Por si acaso, también los 135 de la carretera nacional, pero sin suerte. Ni un rastro.
Al día siguiente, en un polígono industrial cercano al domicilio de Ortega Lara, semioculto tras una tapia y con las puertas abiertas encontraron el Opel Astra blanco de José Antonio. En el interior hallaron una jeringuilla y las gafas del funcionario de prisiones.

ETA preparó el secuestro...
Unos días antes, por medio del diario EGIN, la banda terrorista había amenazado a los funcionarios de prisiones si el Gobierno no cedía a sus exigencias y concentraba a los presos etarras en las cárceles del País Vasco.

Aunque la amenaza surgía unos días antes del secuestro, en realidad la banda llevaba meses siguiendo a varios funcionarios. En la primavera de 1995, Julián Achurra Egurola, 'Pototo', y José Luis Aguirre 'Lete', habían ordenado a diversos etarras que conformaban el comando 'Gohierri' secuestrar a un funcioanrio de prisiones.

Para ello, en el verano de 1987 habían entregado 30 millones de pesetas a los miembros del comando para construir un zulo. En Mondragón, el pueblo de Josu Uribetxeberria, se compró una nave industrial y se creo la cooperativa Jalgi en el lugar. En un principio el zulo sirvió como almacenamiento de explosivos y material de los terroristas, pero tras el secuestro de Julio Iglesias Zamora se ordenó a los miembros adecentar el lugar, por lo que construyeron el zulo de 3,5 metros cuadrados excavando en la roca.

... y cumplió su amenaza
Durante los meses del verano y el otoño, los miembros de ETA José Luis Erostegui, Javier Ugarte, Josu Uribetxeberria y José Miguel Gaztelu Ochandorena, habían recabado información de varios funcionarios de prisiones.

De todos, José Antonio Ortega Lara era el que más fácil se presentaba para secuestrarlo.
Ortega Lara era metódico y preciso. Le gustaba ser puntual, por lo que vigilar sus movimientos era extremadamente sencillo. Además, quería estar siempre con su familia, por lo que volvía todos los días a casa después del trabajo para poder jugar con su hijo en los columpios que había debajo de casa. Por otro lado, todos los días hacía 114 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta para ir a trabajar. La carretera podía ser otro lugar en el que asaltar al funcionario de prisiones en caso de necesidad.

Aprovechando un momento en que la puerta del garaje estaba abierta, los etarras se colaron en el interior aquella mañana del 17 de enero de 1996, esperando a que José Antonio volviera del trabajo.

El siguiente domingo, la edición del Egin abría con un comunicado de la banda terrorista ETA en la que reivindicaba el secuestro del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara. No pedían dinero por su libertad, pedían que el Gobierno concentrara a los 503 presos de la banda en las cárceles vascas.

ETA mantuvo secuestrado a Ortega Lara durante 532 días hasta que la Guardia Civil lo liberó. Mirando al pie del zulo estaba Josu Uribetxeberria, negando que ahí tuvieran retenido a nadie, dispuesto a dejarle morir. Sólo el trabajo de los agentes logró rescatar con vida a Ortega Lara, que al descubrir a los hombres enmascarados, sin reconocerlos les gritó: "Matadme de una vez".

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