AGLI Recortes de Prensa    Sábado 19  Enero 2013

TOLERANCIA CERO
España como botín de una plaga de mercenarios de la política
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 19 Enero 2013

La corrupción de los políticos preocupa a los ciudadanos menos de lo que debería. Es la causa de que la crisis dure y se agrave. Ni populismo ni demagogia: es nuestro mayor problema.

"Los políticos, además de ser honrados, tenemos que parecerlo, por lo tanto, que se investigue a fondo". Palabra de Esperanza Aguirre en Madrid, en medio de escándalos que se acumulan y de amenazas de más. Luis Bárcenas no sólo tenía una cuenta en Suiza con 22 millones de euros sino otras dos en Estados Unidos con 2,5 millones. Y esto en el mismo país en el que el devoto partido catalán Josep Antoni Durán i Lleida se financiaba con el dinero de la Unión Europea para formación de los trabajadores; en el que Oriol Pujol, mano derecha de Artur Mas y heredero de Jordi Pujol, es acusado de viajar a Suiza con bolsas llenas de billetes de banco. Es el país de Gürtel, de Francisco Correa y de José Blanco. Un país en el que los ciudadanos piensan que todos los políticos y todos los partidos son corruptos (y tienen cada vez más razones para creerlo); y en el que se indignan cada vez más no contra los ladrones, sino contra todos los políticos (y harán falta muy buenos argumentos para convencerlos de otra cosa).

La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, en la misma línea de la lideresa madrileña, aludió el otro día a Pujol cuando dijo que los que tiene que dar explicaciones son los que tienen cuentas en Suiza, y lo ha mantenido al tratarse de Bárcenas: "Todas las actividades que se pueden considerar irregulares provocan indignación, a mí me provoca indignación". Indignación como la de Carlos Floriano, para quien "si la corrupción indigna a todos los ciudadanos, a quienes más indigna es a quienes estamos dedicados a la política y somos honrados". Pero hay que entender a los españoles: en mucho menos de una generación hemos pasado de ser un país próspero, opulento y admirado (eso nos decían al menos) a parecer una república bananera, empobrecida, en decadencia y hazmerreír de Europa. Mucho peor que 1898.

Aunque sea injusto generalizar, nuestra imagen nacional y la de nuestros políticos es la de la corrupción y el fraude. No podía ser de otro modo si recordamos que España es, casi más fuera de nuestras fronteras que dentro de ellas, el país de Noos, de Diego Torres, del duque de Palma, de las obras públicas caras, innecesarias, inútiles y corruptas, de las Cajas en manos de políticos con sus sueldos, regalos y comisiones sonrojantes, de los regalos, encargos y comisiones a Corinna y de los viajes a Botswana y al Golfo Pérsico.

Aguirre, y muchos con ella, creen que "esto de la corrupción en la política tiene indignados a muchos ciudadanos" y que "la justicia tiene que actuar con celeridad" por el bien de todos, pero en especial de los políticos honrados y de las instituciones, "porque no puede ser que la gente crea que los políticos se tapan unos a otros". El problema es que lo piensa, que ya no hace falta demagogia populista ni maniobras periodísticas para que los españoles y los extranjeros desconfíen completamente de unos políticos que ven como casta corrupta y de unas instituciones que sólo aparecen en los medios de comunicación para revelar sus miserias presentes y pasadas. La corrupción, y más cuanto más alta sea la institución, cuanto más larga sea la impunidad y cuanto más dinero sea el defraudado a la nación, es una garantía por un lado de crisis económica y por otro de crisis política.

Mientras haya corrupción habrá crisis económica. Y es que hay cosas que siempre han sido así, porque así es la relación entre políticos y economía. Acaban de explicar por qué los profesores Daron Acemoglu y James A. Robinson, publicando (Deusto) un libro que dejará pálidos a muchos políticos si lo leen: ¿Por qué fracasan los países? La política económica que dictaminan los dirigentes de un país, y el comportamiento de estos en la gestión de lo público, determinan la prosperidad y la pobreza. Científicamente demostrado, los países no consiguen que sus economías crezcan hasta que no disponen de políticos que actúen correctamente y de instituciones gubernamentales que desarrollen políticas acertadas. Instituciones y políticos corruptos no sólo alimentan la crisis a corto plazo, sino que por muchas razones son la garantía de que el país puede seguirse hundiendo en el futuro.

Y mientras haya corrupción habrá crisis política e institucional. Con la mejor intención, ya en la Restauración nuestros políticos centristas y moderados, de Cánovas a Sagasta, pensaron que lo mejor era cubrirse mutuamente las miserias y tolerar un cierto grado de corrupción caciquil para evitar el avance de los extremistas. Por supuesto que sucedió lo contrario, como bien anunció aquel Antonio Maura en el que se inspiraba el PP fundacional: la corrupción consentida u ocultada es mil veces más explosiva que la corrupción denunciada; si el corrupto es señalado y castigado ejemplarmente se evita que la culpa recaiga sobre todo el país, sobre el futuro institucional y económico del mismo, sobre la democracia y la prosperidad de los españoles de mañana.

La única solución es la tolerancia cero caiga quien caiga y cuanto antes. Y por eso lo que propone Aguirre es un buen primer paso hacia la necesaria solución draconiana del fondo del problema: investigaciones y sanciones a los corruptos en todos los partidos y desde el mínimo inicio de sospecha, destituciones fulminantes, prohibición de acceso a la vida pública a quien no se esté ganando antes la vida por su cuenta fuera de ella por sus méritos. La alternativa a eso, una vez más, será la ampliación, extensión y ahondamiento de la crisis.

¿Derecho a decidir?
Francisco Rodríguez Adrados. La Razón 19 Enero 2013

El último argumento de los separatistas es el supuesto derecho a decidir sobre la independencia. Así lo planteó hace años el Sr. Ibarreche, Mas le ha salido buen discípulo. Planteadas las cosas así yo respondería que ese supuesto derecho no existe. El hombre tiene derecho a mil cosas, entre otras a ser tratado como tal. Pero hay cosas en que no puede decidir: bien la Historia, bien la naturaleza, bien circunstancias varias se las dan decididas. Es hombre o mujer, alto o bajito, guapo o feo, español o chino. Ya saben que el señor Ibarreche se empeñó hace años en que se votara para decidir si eran vascos o eran españoles. Ibarreche desapareció de la escena. Pues ahora le ha salido ese discípulo, pesadísimo, llamado Mas, que quiere más de todo. Ha organizado un gran tiberio, Rajoy dice que va a prohibir el referendum por inconstitucional. Yo se lo habría prohibido desde el principio. No se puede poner a votación lo prohibido por la Constitución, que en su artículo 2 habla de la «indisoluble unidad» de la nación española. Nada de nacioncillas o nacioncetas. Lo han decidido por 2.000 años de Historia.

España es la suma de varias provincias romanas, unidas en un momento dado por los godos. Luego los musulmanes nos conquistaron, luego fuimos independizándonos valle a valle, después uniéndonos. Renació Hispania, España. En esa Historia hubo una guía, Castilla. No fueron las espadas. En torno a Castilla fueron uniéndose tierras y reinos, su lengua fue siendo aceptada. Y ello por matrimonios y pactos, nunca por la espada. Muerto sin descendencia el rey de Aragón, los aragoneses (y catalanes) aceptaron un rey castellano, luego Castilla y Aragón se unieron, por un matrimonio, se recreó España con el castellano, ahora ya español, como lengua, todos aceptaron. Castilla era la guía. Pero quedaron lenguas varias y peculiaridades diversas. Igual que en Francia, Italia y Alemania. Así son las cosas en el vasto mundo. Nació una nación común. Es cierto que aquí o allá subsistieron lenguas, costumbres, fueros particulares, nacieron Literaturas varias. Pero, andando el tiempo, el sentido de unidad creció, desde el siglo XV apenas quedó otra Literatura que la castellana. Cuestión de elección. Hombres de todas la regiones fueron ahora españoles, simplemente. Cada vez más, así en el XIX, las grandes figuras fueron simplemente españolas. Parecía un final feliz, lo era en efecto, pero no sin problemas. Sobre todo desde comienzos del XIX en todas las regiones nacían españoles importantes: en la milicia y el Gobierno, el arte y la Literatura, la industria. También se reactivaban los valores, lenguas y costumbres de regiones diferentes. Pero la esencia de España no cambiaba. Todos eran españoles, esto lo había decidido ya la Historia. Una historia de larguísimas centurias.

Decía D. Jesús Pabón que el catalanismo venía de la poesía –el recuerdo de la antigua historia– y los aranceles. Pero con la Historia podemos convivir con tal de que no se falsifique ni se utilice como arma. Y la economía es otra cosa ahora. Y, sin embargo, tras el momentos en que los pueblos se unen, hay otro en que ciertos grupos fomentan la división. En España, por desgracia, más que en parte alguna. Nadie abomina en Italia, Francia, Alemania o Inglaterra de sus grandes lenguas nacionales, nadie obliga a nadie a aprender napolitano o véneto humillando al italiano, nadie prohíbe aprenderlo, nadie propone votaciones para «decidir» entre todos qué hacer. Todas las grandes naciones vienen de fusiones de entidades menores, quedan duplicidades y variantes. Nadie de buena fe se dedica a enfrentarlas.

Pues aquí sí. Aunque tengan raíces que pueden comprenderse, no comprendemos a los que ahora volvemos a llamar separatistas, dejando ya los eufemismos. Y en España todos los gobiernos, por evitar un mal mayor (o buscando simpatías y votos), han hecho como que no veían que esos grupos violaban la Constitución. Impiden que se hable el español en ciertos lugares de España (o multan por ello), obligan a aprender lenguas que no interesan a los más, las imponen cada vez en más dominios con estatutos, leyes o imposiciones varias. Han inventado eso del «decidir», esto es, votar, si todos van a seguir siendo españoles o hay que trazar una frontera que los parta en dos. Una causa romántica se convierte así en una búsqueda descarada del poder sobre una región, separándola de España. Eso sí, con todos los ornamentos del poder, que es lo que buscan: cargos de ministros y embajadores, enseñantes de la lengua local, toda una teoría de cargos y de empleos, una compañía aérea nacional, unos equipos deportivos que recorran, bien pagados, el mundo. Lo que más me preocupa es la teoría del «laisser faire», el ojo cerrado a los programas incompatibles con la Constitución, que prevé que el Gobierno puede intervenir cuando una Autonomía daña el interés común. Se han tolerado montes y montañas, la ola crece cada vez. No decir ahora, simplemente, «no», dejar de cortar de raíz ese referendum haría el problema mucho más grave para el futuro.

El «derecho a decidir», lo único nuevo que los catalanistas presentan para justificar el supuesto futuro referendum. Ni el Presidente del Gobierno ni nadie puede aceptarlo, nadie está autorizado para ello. Ni menos un Parlamento autonómico. En lo demás vemos lo de siempre: el lloriqueo, el falso historicismo, el aprovechamiento de los momentos débiles de España, las falsas ilusiones de pasar a una especie de superpotencia con las parafernalias que he dicho y algunas más sin duda, amén de la independencia plena en todo. Creo que nada de esto va a conseguirlo Cataluña y que tampoco le hace falta. Va contra la actual tendencia del mundo. Crear otra nación podía hacerse en el siglo XIII, cuando lo hizo Portugal. Ahora ya no. Se ha visto, de otra parte, que Convergencia no tiene los votos para una mayoría absoluta (se veía ya en todas las elecciones). ¡Ha tenido que pactar con sus peores enemigos! Mal futuro para la supuesta nación. Sería mejor que todos se bajaran a la realidad.

Lección también para la izquierda española, los socialistas sobre todo. Se han quedado sin programa (socialistas en determinado sentido lo somos todos ya) y han querido compensarlo ayudando, entre otros, a los catalanistas para ganar algunos votos. Se han quitado la «E» final y han recibido el rechazo de los unos y los otros. Algo parecido le ha pasado y le pasará en el País Vasco a ese señor Francisco López. Debería repensarlo.

La corrupción de los políticos no es "un reflejo de la sociedad", como afirma Ana Botella, la esposa de Aznar
Francisco Rubiales Periodista Digital 19 Enero 2013

La corrupción de los políticos no es un reflejo de la corrupción existente en la sociedad, sino justo lo contrario. Es la clase política la que, tras corromperse hasta extremos nauseabundos, ha contaminado el país y ha infectado a la sociedad, cometiendo un inmenso crimen contra la decencia y la limpieza democrática.

Estaba mucho mas hermosa guardando silencio y haciendo como que gobernaba Madrid, sin armar ruido, sin que nadie se diera cuenta que tal vez estaba allí por ser la esposa de José Mari Aznar, pero la muerte trágica de cinco niñas en el Madrid Arenas, instalación alquilada por el Ayuntamiento que usted preside a un amigo del poder, la ha desquiciado como alcaldesa y situado ante las cámaras, donde, lógicamente, pierde los papeles porque carece de altura política. Ahora ha dicho usted la injusta estupidez supina de que "la corrupción de los políticos es un reflejo de la sociedad", como queriendo afirmar que "nosotros, los políticos, no somos peores que ustedes, los ciudadanos".

¡Maldita sea! No podemos guardar silencio ante tamaña falsedad e injusticia. Los pobres ciudadanos no tienen cámaras ni periodistas que recojan sus protestas y criterios, pero desde este blog disidente, empeñado en regenerar la democracia, vamos a responder con la verdad a la esposa de Aznar, prestando voz mediática a millones de ciudadanos honrados que sentimos repugnancia cuando somos comparados con los políticos.

La sociedad española era decente hace cuatro décadas. La gente devolvía las carteras, cuando se las encontraba, y dormía con las puertas de sus hogares abiertas. Cuando el tendero se equivocaba y te daba una peseta de más en la vuelta, regresabas para devolvérsela. Tu madre te obligaba a hacerlo y tu aprendías aquello de "pobres pero honrados", lema heroico del pueblo durante varias generaciones. Hasta que llegó lo que ustedes llaman la "democracia", sin que nunca lo haya sido, y las cosas empezaron a torcerse. Hoy basta echar un vistazo al país para darse cuenta que el panorama es distinto y aterrador, que la gente ha aprendido a robar, a utilizar trucos y trampas y a odiar a los políticos. Los españoles saben que vuestros privilegios son hirientes, que habéis olvidado la obligación de ser ejemplares que conlleva el liderazgo, que la corrupción ha anidado en casi todos los rincones de España y que la ley, aunque el monarca diga lo contrario, no es igual para todos, sino benévola y olvidadiza con los poderosos e implacable con los débiles.

Ante el desolador panorama español, donde un día si y el otro tambien estallan escándalos que demuestran, mas allá de toda duda, que la clase política esta infectada de corrupción, afirma usted que "la corrupción de los políticos es un reflejo de la sociedad", pero yo le digo que es justo al revés, que toda la corrupción existente en la sociedad es resultado de la corrupción política, que ha descendido desde la cúspide del poder a la base popular y que ha contaminado primero a los partidos y a las instituciones del Estado para terminar infectando hasta a los funcionarios, campesinos, empleadas de hogar y porteros de viviendas.

Este país, el que han construido ustedes, los políticos, que han tenido en sus manos todo el poder, desde el presupuesto a las armas, sin olvidar las leyes, la policía, los servicios de inteligencia y los miles de recursos del Estado, esta plagado de injusticia, violaciones a la Constitución, corrupción y atentados contra los derechos fundamentales. Desde 1978, con mas o menos intensidad y sutileza, la clase política ha estado enviando al pueblo español un mensaje tan obsceno como nítido: "mas importante que estudiar u obtener un título universitario es ser amigo del poder y obtener así privilegios y ventajas de todo tipo".

¿Se acuerda usted de cuando dijo Carlos Solchaga, ministro de Felipe González, que España era el país donde uno podía hacerse rico más rápidamente? La fiesta de la corrupción había empezado antes, en tiempos de UCD, pero con Felipe alcanzó una velocidad de crucero temible y tenebrosa, que pronto empezó a mostrar estragos visibles como el robo de los fondos de los huérfanos de la Guardia Civil, los asesinatos del terrorismo de Estado, las tropelías del gobernador del Banco de España, las fechorías de la responsable del BOE, los FILESAS y decenas de casos mas, sin contar los miles que nadie conoce porque los políticos aprendieron pronto a robar sin dejar huellas.

El pueblo, al ver aquello, abrió los ojos y reaccionó de dos maneras: unos se escandalizaron y dieron un valiente paso atrás para no participar en el festín de los chorizos, pero otros muchos se contagiaron con el ejemplo del liderazgo y cayeron en la tentación. ¿Quien no conoce a empresarios obligados a pagar comisiones para ganar concursos, obtener subvenciones o lograr recalificaciones, concesiones y licencias? ¿Quien no conoce a recaudadores de los partidos políticos que, en nombre del colectivo, pidieron comisiones a cambio de dinero público? ¿Sabe usted que, según algunos estudios hay más de 10.000 políticos españoles con patrimonios tan ricos y crecidos en tan poco tiempo que son inexplicables? ¿Sabe usted que de cada diez casos de corrupción reales, ni siquiera uno ha llegado a los tribunales y que la inmensa mayoría de los sinvergüenza que, como usted, militan en los grandes partidos, han delinquido con impunidad y siguen en libertad, sin que nadie les haya reclamado ni siquiera el dinero que han robado al pueblo?

¿Es el pueblo o son los gobernantes los que indultan a policias torturadores y a kamikazes, desde bufetes gestionados por gente próxima al poder? ¿Es el pueblo o son los políticos los que cometen la indigna injusticia de recortar servicios básicos, subir los impuestos y bajar los salarios antes de cerrar una sola televisión pública? ¿Es el pueblo o son los políticos los que están cerrando miles de empresas españolas a las que no les pagan las deudas? ¿Es el pueblo o son los políticos los que han saqueado las cajas de ahorro, despilfarran sin medida y están endeudando al país por varias generaciones? ¿Es el pueblo o el gobierno el que prefiere rebajar la calidad de la enseñanza y de la sanidad, antes que eliminar los 300.000 puestos de políticos enchufados, con carné de partido, que están colocados en el Estado, sin aportar nada al bien común?

Debería usted recordar que en democracia el pueblo es el soberano y que tiene derecho a la verdad, lo que significa que engañarlo, como usted ha hecho al comparar al verdugo con la víctima, comete usted un delito contra la decencia democrática que aunque en España no esté tipificado, no deja de ser un atentado contra la ciudadanía y el civismo.

No entiendo como tiene usted la desfachatez de decir que la corrupción de los políticos es reflejo de la sociedad, cuando lo que ha ocurrido en España es que la sociedad ha sido contaminada a infectada por una clase política cuyo comportamiento, a juzgar por lo que se está viendo y denunciando, ha sido indecente, indigno y propio de asociaciones de malhechores?

La única explicación para que usted diga lo que dice es la que también explica su escasa pericia como gobernante de Madrid y su torpeza en la gestión del terrible caso del Madrid Arena. Usted puede haber sido una magnífica primera dama, esposa digna de un presidente de gobierno, pero le ha perdido la ambición y ha querido usted emular a su marido ocupando puestos para los que no está preparada. Retorne usted al silencio y a la discreción y verá como España le sigue respetando, pero no participe en las grandes mentiras del poder, no engañe mas al pueblo, que con Zapatero, Rajoy y los medios de comunicación sometidos tenemos ya bastante mentira en la dieta.

Voto en Blanco

Decepción y abatimiento
Alfonso Ussía La Razón 19 Enero 2013

Jamás me he sentido decepcionado ni abatido por hechos provenientes del PSOE o de Izquierda Unida. En quien no se confía, nunca decepciona. Hoy me siento decepcionado, escandalizado y abatido por el oscuro y turbio presente del Partido Popular relacionado con ese tal Bárcenas, que fue su tesorero, su administrador, su repartidor de sobres de dinero negro y su chorizo de Cantimpalos sin que nadie, absolutamente nadie del Partido Popular, lo denunciara a sabiendas de sus actividades. Por supuesto que respeto la presunción de inocencia, en este caso más por apariencia que con convicción.

Pero un partido político con centenares de miles de militantes y millones de votantes no puede permanecer a la espera de lo que dictamine el juez. Bárcenas fue expulsado del PP, pero con reacción tardía.

Y ante la información documentada y exhaustiva del diario «El Mundo», el PP no tiene otra salida que la contundente explicación y la firmeza con los altos y medianos cargos que han estado percibiendo de esos fondos podridos alicientes y complementos de hasta 15.000 mensuales mientras los principales responsables del partido miraban a otra parte. Se dice que fue Rajoy quien ordenó a María Dolores de Cospedal que pusiera fin a la doméstica práctica de la corrupción. Si así fue, Rajoy deja claro que sabía de la existencia de esa práctica, que no por venir de tiempos atrás sea merecedora de ningún tipo de amnistía. Y tengo la plena seguridad de que Rajoy y María Dolores de Cospedal conocen a la perfección la relación de los altos cargos beneficiados por los sobres que Bárcenas repartía.

En cualquier tiesto puede crecer un sinvergüenza, pero el cuidador del jardín no puede permitir que contagie a la totalidad del recinto. Se equivocan los actuales dirigentes del Partido Popular si creen que el escándalo sólo afecta a su partido. Afecta a millones de españoles que han creído en ellos. Afecta al sistema. Afecta a la credibilidad de los políticos. Afecta a los ciudadanos que están pagando unos impuestos desproporcionados, depredadores y ladrones y advierten con estupor que la casta política se enriquece a sus espaldas. Una hora más sin que Rajoy ofrezca unas explicaciones diáfanas nos acercará más al desastre. Y los medios de comunicación más cercanos en su proyecto periodístico al Partido Popular son los que tienen que manifestarse desde la información con más ética, decencia y exigencia. El PP está obligado a expulsar inmediatamente, sean o hayan sido ministros, sean o hayan sido diputados, sean o hayan sido senadores, sean o hayan sido alcaldes a cuantos han formado parte de la red corrupta de Bárcenas y los suyos. Y lo tiene que hacer ya, sin dilación, sin declaraciones a la prensa con argumentos mal navegados, resueltamente. Esperanza Aguirre ha calificado la situación de «crisis institucional gravísima». Corrupción en CIU, corrupción en el PP, corrupción en el PSOE, corrupción en el sistema. Si el PP quiere salir digno de este laberinto interminable y angustioso, debe saber que le resta un escasísimo margen de tiempo para la reacción. Y que la reacción tiene que ser dura y ejemplar para que los ciudadanos que nos sentimos decepcionados, escandalizados y abatidos sepamos que nuestros votos no han servido para mantener la podredumbre golfa, sino para ayudar a sacar adelante a España después de un período intolerable.

Ya es tarde y seguimos a la espera.

Los “sobrecogedores” del PP
Pablo Sebastián www.republica.com 19 Enero 2013

La corrupción ambiental del Estado, también tiene su versión en el seno del PP ahora que el multimillonario Bárcenas ha puesto el ventilador en Génova 13 y ha dejado caer lo del pago en negro y en sobres a los primeros dirigentes del PP de su época de gerente, en la compañía del Tesorero Álvaro Lapuerta (otro que tal baila y que no hace mucho almorzó con Bárcenas en Madrid), en tiempos de Aznar, Cascos, Arenas, Acebes y también al inicio del tiempo de Rajoy. ¿Quiénes cobraban en negro y de donde salía semejante rio de oscuro dinero? Las interrogantes son enormes por cuanto afectan al primer partido nacional hoy al frente del Gobierno de la nación.

Y dice Cospedal -que parece estar en el secreto y filtración del pago en sobres a El Mundo- que en el PP quien la hace la paga y que cada palo aguante su vela. Y añade que el PP es el partido de la “honradez” (sic) y ¿qué pasa con Bárcenas, Camps, López Viejo, Matas, etc? Y a la espera estamos de la posible respuesta de Bárcenas al desafío de Cospedal porque si este L.B. cuenta el origen de todo ese dinero y la lista de quienes cobraron desde el tiempo de Aznar hasta el de Rajoy, el escándalo será monumental.

En todo caso los indicios de gran corrupción del PP son enormes y abrumadores, y los desmentidos tímidos, como demuestra el hecho de que Bárcenas tenía despacho y documentos en el PP, al igual que Lapuerta con quien mantiene relaciones muy estrechas. Aguirre ha pedido una investigación interna sobre todo ello, el nombre de Aznar baila entre los rumores -¿quién cobraba 15.000 euros al mes, como dice El Mundo, periódico afín al PP?-, pero Aguirre no pide lo mismo en relación con el ático de I. González o con el caso de espionaje con dinero público cuando ella presidía Madrid y cuyos vicepresidentes, Granados y González, además del consejero López Viejo (menuda cazatalentos era Esperanza), están bajo todas sospechas.

La manifestación “espontánea” –que recuerda, aunque en menor cuantía a aquella otra del 13-M de 2004-, convocada anoche en Madrid a las puertas de la sede nacional del PP, de Génova 13, denunciando la corrupción de este partido, es todo un síntoma de la indignación general por los inagotables casos de corrupción del PP, que se suman a los de otros partidos e instituciones como la familia real.

Naturalmente, quien debería hablar de todo esto es el presidente del PP, Mariano Rajoy, y quien debería actuar es el Gobierno con iniciativas legislativas y políticas para poner coto a la corrupción. Pero sabido es que lo de dar la cara no es lo habitual en Rajoy con lo que la llama de este incendio crecerá, porque todo apunta a que todavía existen mas informaciones por salir y por aflorar, con lo que los pretendidos cortafuegos de portavoces del PP -Cospedal o Sáenz de Santamaría (Arenas mejor estaría callado)- corren el riesgo de hundirse en este proceloso mar de suciedad.

Retrato del Caballero con la mano en la caja en esta España de cuadro
Valentín Carrera www.elsemanaldigital.com 19 Enero 2013

Me niego a aceptar que nuestra crónica diaria de la Corte sea una colección de bufones de Velázquez. Me resisto a que el título del cuento sea "Alí Bárcenas y los cuarenta ladrones".
Se titula este cuento "Alí Bárcenas y los cuarenta ladrones"?
Me pregunto cuál es la obligación última de los periodistas en la construcción del relato diario de la actualidad. Es obvio que el periodismo -en su más amplio sentido, desde la información a la opinión, de la web a las tertulias de radio y TV, del microperiodismo a los grandes lobbys- no construye la realidad: los periodistas la contamos, cada cual a su manera y, en lo que me toca, sin pretensión de poseer la verdad revelada. No somos ministros.

Sin embargo, cuando veo el telediario de hoy, de ayer o de mañana, y desfilan veinte minutos seguidos hablando de Bárcenas, Gürtel, el alcalde de Santiago y Pokemon, el ático de lujo de González, Urdanga, Rato, Gayoso, Fabra, Matas, la exnuera del hijo de Pujol, la exnovia del hijo de Baltar, el cuñado de Pepe Blanco, la novia pluriempleada del alcalde y así hasta la náusea, no puedo dejar de preguntarme por la veracidad de este cuadro. ¿Lo ha dibujado Antonio López o son pinceladas de brocha gorda, surrealismo barato, grunge en estado puro?

Me niego a creer que la sociedad española se reconozca a sí misma en este Retrato del Caballero con la mano en la caja. Me niego a aceptar que nuestra crónica diaria de la Corte sea una colección de bufones de Velázquez; o que el retrato del sistema financiero sea un capricho enloquecido de Goya. Me resisto a que el título del cuento sea Alí Bárcenas y los cuarenta ladrones. Porque salgo cada día a la calle y, además de paro y familias rebuscando comida en el cubo de la basura, ante la frutería de mi barrio (las he visto anoche), veo otras muchas cositas buenas que no salen en los noticiarios, secuestrados por una pandilla de delincuentes. No pretendo que se silencie su ignominia; al contrario, luz y taquígrafos, es nuestro trabajo y deber; y que la Justicia haga el suyo con rapidez y rigor, sin los atajos de amnistías fiscales e indultos interesados.

Pero quiero pensar que otros informativos posibles son tan veraces como estos que nos dejamos colar de contrabando. Quiero imaginar un telediario que abra con la noticia: "Hoy se han realizado en los hospitales de España mil intervenciones a corazón abierto que han permitido salvar mil vidas". "Un millón de estudiantes han acudido esta mañana a sus aulas y han aprendido cien gramos de inglés y medio kilo de matemáticas". "Veinte millones de vehículos han dado una vuelta a la manzana y han regresado a su plaza de garaje. Diez se han estrellado por la niebla y apenas 53 han tenido una rozadura".

El periodismo no construye la realidad, la cuenta; pero los noticiarios de hoy, y los de ayer y mañana, nos están contando solo una parte muy pequeña de la realidad: la cloaca, el pozo negro. Pero hay millones de personas honradas, bomberos que salvan vidas, médicos que curan, panaderos que madrugan a hacer nuestro pan, maestros, músicos, fontaneros, poetas. Cada uno y cada día con su afán. No sé por qué el maldito telediario no se ocupa de las cosas importantes de la vida. Y los periodistas todos, de construir otro relato, un relato más fiel a la vida real y más completo. Nos afecta saber si ha dimitido ya el alcalde de Santiago o sigue removiéndose en el lodazal. Pero también forma parte de la fotografía de hoy la lluvia que teclea su letanía digital sobre el iPad de granito del Obradoiro y dibuja un cuadro con vicios y virtudes, el Jardín de las Delicias.

Respiración asistida
xavier pericay ABC  19 Enero 2013

El Tribunal Constitucional ha admitido a trámite el recurso del Gobierno central contra el cobro de un euro por receta aprobado por la Generalitat en junio pasado, lo que supone la suspensión cautelar de dicha tasa autonómica durante por lo menos cinco meses.

Además, el Alto Tribunal también ha hecho lo propio con otras dos tasas autonómicas catalanas. Sobra añadir que si el Constitucional ha obrado de este modo no es por un sobrevenido afán de notoriedad después de tanto tiempo sesteando, sino porque cree que existen motivos suficientes para tomar en consideración la posible inconstitucionalidad de las medidas aprobadas en Cataluña.

Sea como sea, las suspensiones no han gustado en absoluto a los actuales gestores del nuevo Estado «in progress». A decir verdad, las decisiones del Alto Tribunal sólo gustan al nacionalismo cuando le dan la razón, y últimamente, qué le vamos a hacer, no sucede así. En esta ocasión, además, la reacción del Ejecutivo autonómico ha adquirido tintes dramáticos. Su portavoz, el también consejero de Presidencia Francesc Homs, ha afirmado que «un día declararán inconstitucional respirar en catalán».

Por supuesto, uno comprende el grado de asfixia en que debe de encontrarse el Gobierno de la Generalitat -basta echar una ojeada a la deuda que arrastra- y lo necesarios que pueden llegar a ser para sus arcas esos millones ingresados con el copago farmacéutico y cuya recaudación ha quedado ahora en suspenso. Pero una cosa es que a uno no le dejen respirar, y otra muy distinta que no le dejen respirar en catalán.

No sé si han caído en la cuenta, pero con la respiración asistida el salto metafórico es enorme. Un triple mortal, casi. Se respira en catalán como se vive en catalán. Es decir, en una suerte de planeta imaginario donde la realidad no ocupa lugar, donde no rige ley alguna como no sea la que sus inventores, en cada circunstancia, tengan a bien urdir y aplicar. El paraíso, en definitiva. Eso sí, en catalán.

¿Dónde está nuestro Pierre Trudeau?
El que fuera quebequense y primer ministro de Canadá logró impulsar un federalismo que evitó en su país cualquier ruptura. España necesitaría un político con su inteligencia y coraje para espantar sus fantasmas
Juan Claudio de Ramón El País  19 Enero 2013

De todos los grandes estadistas del siglo XX, puede que sea Pierre Elliott Trudeau el menos conocido fuera de su país. La razón para ello estriba, a mi entender, en que Trudeau, al contrario que líderes más conspicuos como De Gaulle o Churchill, no tuvo que gobernar en tiempos de guerra, y en que sus principales logros los alcanzó como primer ministro del que acaso sea el menos escandaloso de los grandes países, esto es, Canadá.

La complejidad cultural de Canadá es dato conocido. Hay, desde su mismo origen —primero como colonia británica, luego como dominio, y más tarde como Estado soberano—, una marcada dualidad entre su componente francófono, concentrado principal, pero no exclusivamente, en la provincia de Quebec, y el resto del país, de matriz anglosajona. Y si bien existen más hilos en la urdimbre cultural del territorio —sus pobladores originarios, reunidos bajo la fórmula de Primeras Naciones, y no pocos colectivos que inmigraron con lenguas y tradiciones distintas de la inglesa y la francesa— ha sido la dialéctica entre sus dos principales grupos lingüísticos lo que en mayor medida ha marcado su evolución.

En 1968, a la llegada de Trudeau al poder, la querella pertinaz entre Quebec y el Gobierno federal entraba en una fase de ruptura. La mayoría francófona de la provincia vivía la revolución tranquila, proceso de modernización desplegado en tres frentes: secularización de una sociedad hasta entonces sometida a la rígida férula clerical, reformismo económico con ampliación de derechos sociales, y afirmación nacional frente al poder financiero de la provincia en manos de la minoría anglófona.

También el joven Trudeau había sido miembro de fratrías nacionalistas en el Montreal de los años cuarenta. Su paso por Harvard —donde rotuló en la puerta de su dormitorio las palabras “ciudadano del mundo”—, al que siguieron estudios en La Sorbona y la London School of Economics, hizo que las escamas se le cayeran de los ojos y lamentara el gregarismo de su primera juventud. A su regreso a Quebec, cumplidos los 30 años, descubrió que su provincia se había convertido en “una ciudadela de ortodoxia bajo una mentalidad de pueblo asediado. Para ser un hombre libre en Quebec uno tenía que nadar contra la corriente de las ideas dominantes y de las instituciones”. En ese momento, Trudeau, que siempre había intuido estar capacitado para grandes empresas, se erigió en el principal crítico de la intransigencia nacionalista y en el más decidido defensor del federalismo en Canadá. Su llegada al poder en 1968, tras ser cooptado con notable intuición por el gran primer ministro Lester B. Pearson para el Partido Liberal, le dio la oportunidad de medirse contra el desafío que estaba esperando.

El bilingüismo entre los funcionarios federales es hoy un acervo consolidado
A lo largo de sus 15 años como primer ministro (1968-1979 y 1980-1984), sus dos obsesiones fueron la paz cultural de Canadá y la reforma constitucional. En cuanto a la primera, su rechazo de todo nacionalismo, ideología que juzgaba inevitablemente reaccionaria y etnicista, no le hacía insensible al razonable sentimiento de agravio de la población francófona. A Trudeau le preocupaba la preservación de la cultura y lengua francesa tanto como al más fogoso separatista, y nunca ahorró críticas hacia el nacionalismo anglocanadiense. Una de sus primeras medidas fue la aprobación de una Ley de Lenguas Oficiales que daba, en el nivel federal, el mismo rango a inglés y francés, haciendo de Canadá un país oficialmente bilingüe. Desde entonces, cualquier funcionario federal ha de hablar las dos o aprender la que no domina. Un ministro debe esforzarse por expresarse en los dos idiomas. Controvertido en su tiempo, y ciertamente costoso, el bilingüismo de la Administración federal es hoy un acervo consolidado, admirable por el esfuerzo que conlleva, del que los canadienses se sienten orgullosos.

Sin duda fue la reforma constitucional, una aspiración que parecía inalcanzable, su mayor legado. Por extraño que parezca, a principios de los ochenta, la Constitución canadiense seguía siendo una ley británica que solo podía reformarse por un acto formal del Parlamento de Westminster. Esta extravagancia en modo alguno se debía a la voluntad del Gobierno británico, sino a la incapacidad de las provincias canadienses para ponerse de acuerdo en el mecanismo de enmienda del texto y de los cambios substantivos que su repatriación —así se designó el proceso— comportaría.

Entonces, en 1980, vino el primer referéndum de independencia en Quebec, durante el cual los vibrantes alegatos en contra de la separación por parte de Trudeau —un quebequense, recuerden— resultaron decisivos para salvaguardar la unidad del país. Trudeau prometió un cambio constitucional si Quebec rechazaba la separación, como así sucedió. Salvado el abismo, Trudeau aprovechó el impulso logrado por la victoria para forzar las negociaciones, lograr el acuerdo, repatriar la Constitución e incluir en ella una carta de derechos y libertades fundamentales que recogía los derechos lingüísticos de las minorías.

¿Alguna lección? Muchas. Tras despertar de su ensueño nacionalista, Trudeau no flaqueó en sus convicciones; no buscó asilo en ambigüedades; no postuló quebequismos, como una suerte de nacionalismo de baja intensidad aceptable por sus paisanos; su federalismo —doctrina que dominaba desde un punto de vista teórico— no era una forma de disculparse frente al nacionalismo quebequés; era una consecuencia de su patriotismo canadiense y de un cabal conocimiento de su país. Para él, el federalismo era la respuesta racional al derroche de emociones que exigía el independentismo. “Una de las leyes del nacionalismo”, dice Trudeau en La nueva traición de los intelectuales, magnífico ensayo reminiscente del célebre alegato de Julien Benda en 1927 contra los nacionalismos europeos y lectura más que aprovechable para los españoles de hoy, “es que consume más energías en combatir realidades asentadas y difícilmente revocables, que en llegar a acuerdos justos y sensatos”.

Es necesaria una reforma del Estado español que dé mejor acomodo a las nacionalidades históricas
Por cierto que Trudeau no derrotó por completo a sus adversarios. Para algunos, incluso contribuyó a la causa nacionalista, al convertirse en su objeto fóbico por excelencia. Durante el referendo de 1995, el primer ministro Jean Chrétien le pidió que se quedara callado. Y, a día de hoy, la Asamblea Nacional de Quebec sigue sin firmar la Constitución (técnicamente la unanimidad entre provincias no era necesaria para repatriarla). Canadá sigue sin ser una sociedad bilingüe. Pero su Estado sí lo es, y sin duda eso contribuye a que hoy muchos quebequenses lo sientan como propio. Existen rescoldos, pero hay síntomas que permiten predecir que el fuego está más cerca de apagarse que de reavivar. El país se reformó a sí mismo y se salvó. En buena medida fue obra de Trudeau, quien también luchó con pasión por cambiar la mentalidad del nacionalismo quebequés. Estaba convencido de que Canadá era una realidad mucho más estimulante, aireada y plena que cualquiera de sus componentes por separado. Ninguna legítima aspiración de Quebec era imposible dentro del marco común, salvo, como es lógico, la ruptura del vínculo. Pero atención: Trudeau no estaba tan preocupado por lograr un Estado multinacional como por evitar que el Estado se identificara con una nación, del mismo modo que debe estar separado de una Iglesia. Tal sería el auténtico Estado liberal: no nacional, no confesional.

Los países siempre son distintos, sus respectivas historias responden a lógicas particulares, y no se deben forzar analogías. Ello no obsta para advertir que los conflictos territoriales y lingüísticos en Canadá tienen zonas de contacto con la peripecia española. La jurisprudencia del Supremo canadiense en torno a las condiciones que debe reunir un referéndum de independencia es citada a menudo por juristas y políticos españoles. No estaría mal que en la senda de los paralelismos apareciese pronto un Trudeau español; alguien con su inteligencia y coraje moral, que nos haga encarar nuestros fantasmas para espantarlos de una vez; alguien capaz de reformar esa mentalidad de pueblo asediado que impera en nuestras nacionalidades históricas, al mismo tiempo que emprenda la reforma del Estado para darles mejor acomodo; alguien, en suma, que nos explique a todos los españoles cómo el nuestro podría ser ese país estimulante, aireado y pleno en el que todos tendrían cabida y que España bien merecería ser, mejor y más rico que cualquiera de sus partes por separado.

Juan Claudio de Ramón Jacob-Ernst es diplomático.

UNA LEY DE 1870 REGULA ESTA PRERROGATIVA DEL GOBIERNO
El indulto: un derecho de gracia graciosamente concedido
Daniel Forcada El Confidencial 19 Enero 2013

Un derecho de gracia graciosamente concedido y sin apenas argumentación alguna. Los indultos aplicados por el Ejecutivo suelen pasar, sin pena ni gloria y sin mayor interés, por las páginas del BOE y las referencias del Consejo de Ministros de cada viernes sin que se les suela prestar mucha atención y sin que, por lo general, sean motivo de escándalo. Sin embargo, tres casos muy destacados ocurridos en los últimos meses han vuelto a poner en entredicho el uso de una figura que data de la época en que los reyes tenían poderes absolutos y que apenas ha sido reformada desde entonces.

En poco más de un año, el Gobierno de Mariano Rajoy ha concedido 542 indultos, casi a una media de dos al día. Solo en 2012 fueron, en total, 434 casos de los que unos pocos, 34, fueron propuestos por el Ministerio de Defensa y, el resto, por el titular de Justicia, Alberto Ruíz-Gallardón. Pero la polémica en torno a los indultos del Gobierno, que no deja de ser una forma extraña en la que el poder ejecutivo se entromete dentro de las funciones del judicial, no arranca con Gallardón y el caso del conductor kamikaze ni es una exclusiva de la política practicada por el Partido Popular en este tema.

De Alfredo Sáez al conductor kamikaze
Baste recordar que una de las últimas decisiones tomadas por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, en pleno traspaso de poderes a Rajoy, fue el polémico indulto al banquero Alfredo Sáez, condenado por un delito doloso de denuncia falsa cometido cuando ocupaba la presidencia de Banesto y que el ministro de Justicia de entonces, Francisco Caamaño, elevó al Consejo de Ministros pese al informe en contra del Tribunal Supremo, que no apreciaba la “concurrencia de razones de justicia o equidad para la concesión del indulto”. Pero, como es un indulto y es un derecho de gracia, graciosamente se concede y aquí paz y caso cerrado.

El reciente indulto a los mossos condenados por torturas, que motivó una carta de protesta secundada por 200 jueces y el caso del kamikaze con una condena de 13 años de cárcel han puesto en entredicho la graciosa forma de ejercitar esta prerrogativa por parte del exalcalde de Madrid. Para Margarita Robles, vocal del Consejo General del Poder Judicial y viceministra de Interior en la época de Juan Alberto Belloch, esta forma de proceder de Gallardón es, cuanto menos, sorprendente. “En el Ministerio de Justicia, cuando había informes desfavorables del tribunal sentenciador o del Ministerio Fiscal, en ningún caso se concedían indultos. Los informes no son vinculantes pero hay una tradición de que ni siquiera se valoran si ninguno de los dos informes es favorable, como parece que ocurre en el caso del kamikaze”, explica.

“El indulto es difícilmente reformable porque esa figura es un derecho de gracia que se da graciosamente”, añade. “El problema surge cuando no es un derecho de gracia sino que se usa para dar privilegios a determinadas personas. Eso es muy grave y vulnera un principio básico del Estado de derecho”, afirma.

Una ley de 1870
La ley que regula el indulto data, nada menos, que de 1870 y fue levemente reformada en 1988. En ningún caso, preveía situaciones como estas en las que el Gobierno ha hecho de su capa un sayo frente a los informes de los tribunales.

“No es aceptable que Gallardón indulte al conductor sin ofrecer ninguna razón”, explica el portavoz de la asociación Jueces para la Democracia, Joaquim Bosch. La ley, sin embargo, tampoco lo exige. “Independientemente de lo que diga la ley, la Constitución señala que queda prohibido que los poderes públicos actúen con arbitrariedad. Si no, se quiebran los principios de igualdad y de equidad jurídica y la sociedad no sabe por qué a unos se les excluye de la condena y a otros no. Con independencia de que se reforme la ley, el Gobierno debería actuar de otra manera”, concluye.

De los indultos concedidos en 2012, la mayoría (193) correspondieron a delitos de tráfico de drogas. Hubo 59 en casos de robos; 56 en estafas, apropiaciones indebidas y falsedades; 42 indultos por delitos de lesiones; 24 de atentados contra la autoridad; 11 de hurtos; 9 de prevaricación y otros delitos contra la Administración Pública; otros 9 en casos de delitos contra el medio ambiente y 7 indultos en casos de homicidios imprudentes o en grado de tentativa.

Bosch considera urgente una reforma penal que establezca límites y pautas objetivas. “Por un lado, el Gobierno ya podría hacer las cosas de otra manera acorde a un estado de derecho. El indulto es una figura predemocrática en la que el monarca absoluto podía revocar cualquier decisión judicial”, explica. “Sería recomendable, por tanto, una reforma legal que diga qué delitos no pueden ser indultables y que establezca criterios de proporcionalidad y equidad. Es inaceptable que el Gobierno usurpe funciones propias del poder judicial sin ofrecer razones ni explicaciones”, insiste.

Una decisión colegiada del Gobierno
El exministro de Justicia Juan Fernando López Aguilar defiende el uso de la medida que, en situaciones normales, cuando se utiliza con los informes favorables del tribunal o del ministerio fiscal, no tiene por qué dar lugar a mayores problemas y sirve para dar una segunda oportunidad a los reos. De hecho, recuerda con todo detalle el primer indulto que elevó al Consejo de Ministros.

“La primera decisión que llevé al Consejo de Ministros fue el indulto de una ciudadana británica afincada en Canarias, Ruth Jones, que estaba cumpliendo una prolongada pena privativa de libertad por haber sido arrestada por tráfico de drogas en un aeropuerto y que había sido inducida a ello por su compañero sentimental”, explica. “Acababa de ser madre y la pena le impedía atender a su hijo. Me pareció un caso escandaloso en el que la condena de una persona no tenía ninguna función rehabilitadora de cara a la sociedad sino solo ensañamiento. Y me siento orgulloso de ello. Con el indulto puedes aliviar sufrimientos y dar una segunda oportunidad a una persona que no debe estar en la cárcel, que ha pagado por ello. Además, el indulto no extingue su responsabilidad penal pero permite que la persona tenga una segunda oportunidad y ayuda, a su vez, a descongestionar el sistema penitenciario”.

Aguilar recuerda que la Constitución ha convalidado esa prerrogativa al depositarla en el Rey (artículo 97), que actúa refrendado por el Consejo de Ministros. “Esta polémica tiene como único punto causal la política de indultos aplicada por el Gobierno del PP. Durante mi mandato de tres años, nunca la política de indultos fue una causa de un problema para el Gobierno. La ley de 1870 reformada en 1988 es una de esas leyes decimonónicas que todavía persisten en nuestro ordenamiento jurídico”, explica. “No es una prioridad ponerla al día, pero la política del PP así lo ha puesto en evidencia”.

De todos modos, al exministro del primer gobierno de Zapatero no le parece asumible que un indulto como el del kamikaze pueda provocar divergencias entre dos ministros, tal y como ha ocurrido entre Gallardón y Fernández-Díaz pues la decisión final sobre el mismo siempre es colegiada y debatida. “Se lleva al Consejo de Ministros, se delibera y es el Gobierno el que propone al Rey los indultos individualizados. Yo consumía un tiempo sustantivo explicando al Consejo de Ministros algunos indultos. De hecho, algunos tuvieron pegas por parte de otros compañeros y no prosperaron”.


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Caiga quien caiga
EDITORIAL Libertad Digital 19 Enero 2013

España padece un cáncer que se llama corrupción política y que, lejos de remitir, parece haber hecho metástasis. No es de extrañar que los políticos y los partidos sean percibidos como una casta intocable y privilegiada, hasta el punto de que en las encuestas figuran como el tercer problema más importante del país, tan sólo superado por el paro y los efectos derivados de la crisis económica, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). El caso Bárcenas y el supuesto reparto de sobres con dinero negro a miembros de la cúpula del PP es tan sólo el último capítulo de una tragedia con años de historia.

En España la corrupción no sería un hecho aislado y excepcional, como sí lo es en la mayoría de los países desarrollados, sino un problema estructural que afecta a todos los ámbitos de la Administración Pública. Así, numerosos ayuntamientos y diputaciones se han convertido en terreno propicio para el cobro de comisiones, el nepotismo y el enriquecimiento ilícito, como bien refleja el caso Malaya (Marbella), por poner un solo ejemplo. Las comunidades autónomas no se quedan atrás: los casos ERE, Mercasevilla, Invercaria (Andalucía), Palau, Pallerols, Familia Pujol (Cataluña), Palma Arena (Baleares), etcétera, son reconocidas muestras del fenómeno que venimos denunciando. En el ámbito del Gobierno de la Nación, sonado fue el encuentro de José Blanco, entonces ministro de Fomento, con el empresario José Dorribo, implicado en una supuesta trama de comisiones ilegales, en una gasolinera gallega para tratar "asuntos personales" que, hoy por hoy, están bajo investigación judicial.

La sospecha se extiende sobre todas las esferas del Poder. Ahí están los polémicos viajes del expresidente del Consejo General del Poder Judicial Carlos Dívar a costa del contribuyente, y, por supuesto, el caso Urdangarín, que ha alcanzado de lleno a la imagen de la Corona.

La financiación irregular de los partidos políticos supone un capítulo aparte. Ahí está el caso Pallerols, por el que Unió Democràtica de Catalunya ha terminado reconociendo su financiación ilegal tras alcanzar un bochornoso acuerdo con la Fiscalía, es el penúltimo de la lista, en la que también se cuentan los célebres casos Filesa (PSOE) y Naseiro (PP). En la actualidad, cerca de 400 políticos están imputados por presuntos delitos de corrupción, en todo el territorio nacional y a todos los niveles administrativos.

Todo parece indicar que la corrupción política no es la excepción sino la regla. El PP no puede mirar para otro lado, intentando escurrir un bulto que amenaza con destruir su crédito y la honorabilidad de buena parte de su dirigencia. Génova tiene que actuar de forma contundente y depurar responsabilidades, caiga quien caiga y le pese a quien le pese. Lo contrario no sólo sería inmoral, sino condenable jurídicamente y, sobre todo, un suicidio electoral.

En última instancia, de nuevo queda meridianamente claro que España necesita acometer una reforma en profundidad de sus estructuras, para, por ejemplo, garantizar la total independencia del Poder Judicial, a fin de que este tipo de delitos no queden impunes. Asimismo, ha de modificarse el modelo de financiación de los partidos: deben reducirse de forma drástica las subvenciones a ellos destinadas y han de estar sometidos a estrechísima vigilancia, para que no saquen tajada de actividades ilícitas como el cobro de comisiones.

La situación es crítica. Está en juego la mera pervivencia de España como sociedad desarrollada y Estado de Derecho digno de tal nombre.

Democracia esquizofrénica
Bernardo Rabassa http://www.diariocritico.com 19 Enero 2013

"No se comprende que en el S. XXI, 200 años después de la eclosión de los nacionalismos, sigamos con el mismo problema"
Ya han conseguido los partidos, "La casta", que la democracia en España, no solo no exista, sino que hemos entrado en un periodo esquizofrénico, en el que te pasan, del horno al iceberg, lo que me recuerda, el chiste de Moran "0 grados, ¡qué bien, ni frio ni calor!. Por una parte, se anuncian buenas noticias para España: Baja la prima de riego, no va a hacer falta rescate, según el gobierno, y se ha conseguido controlar el déficit fiscal, en tanto que Cristian Lagarde directora del FMI insta a no relajarse, tras superar lo peor, y por otra parte leo, que la presión para que los gobiernos español e italiano, soliciten el rescate europeo es cada vez mayor. Ahora, según Reuters, es el turno del Fondo Monetario Internacional, que ha instado a España e Italia a pedir ayuda financiera de la zona euro para detener la crisis de deuda del bloque. Con todo, Roma ha rechazado la idea y Madrid estaría planeando hacerlo en solitario ¿En qué quedamos?.

Según Almudena Grandes: "Morgan Stanley ha calificado a España como el segundo país del mundo más atractivo para invertir en 2013 y se pregunta ¿Por qué resultará tan atractivo invertir en un país que está liquidando su patrimonio, privatizando servicios públicos, rebajando el nivel de vida de sus ciudadanos por todos los medios posibles? Pues precisamente por eso. Porque la educación, la sanidad, las pensiones de los españoles, están a punto de dejar de ser un derecho para convertirse en un negocio. Porque los jóvenes parados están dispuestos a lo que sea con tal de trabajar. Porque sobre la tierra quemada de los ERES florecerán todas las Eurovegas imaginables. Antes de que alguien se cuelgue una medalla por haber sacado España adelante, la manzana envenenada de Morgan Stanley ha puesto las cartas boca arriba. Ahora ya sabemos que saldremos de la crisis. Mucho más pobres, eso sí, explotados como nuestros abuelos e hipotecados por generaciones".

Estas "cosas" nos llevan de la euforia a la "depresión" en un trastorno bipolar nacional, en tanto, como en el cuadro de Goya los "gigantes" se apalean, con Bárcenas, Undargarín, Duran, Griñán, los Pujol y Más en un "y tú más" que ha transformado España, en un circo de cleptocracia de partidos, que ha dejado nuestra democracia, hecha jirones, sobre un panorama de ruptura y disgregación esquizofrénica, de los ciudadanos, que asistimos indignados al naufragio del "Titanic" de la Transición, mientras Ignacio Camuñas, propone que el cambio lo haga el Rey, al que últimamente veo en baja forma, de manera que si los partidos no quieren, y no quieren porque no les conviene, romper el sistema y el Régimen, mal lo veo.

De la depresión, paso a una cierta euforia leyendo a "Al servicio de los ciudadanos", de Xavier Sala i Martín en La Vanguardia "Cuatro días después de despegar desde el Kennedy Space Center en Florida, Neil Armstrong pone el pie en la luna y pronuncia la famosa frase: "Un pequeño paso para un hombre, un paso de gigante para la humanidad". Se pasa dos horas caminando por la superficie lunar con Buzz Aldrin y, cuando finalizan, el pequeño vehículo que los ha llevado hasta allí, se eleva de nuevo y se acopla al módulo de comando que se ha quedado orbitando con Michael Collins. Los tres llegan a la Tierra cuatro días después. En el centro de toda esta espectacular obra de ingeniería está el más potente ordenador del momento: el IBM System/360 Modelo 75. Es tan grande como un edificio entero, pesa varias toneladas, cuesta millones de dólares y tiene menos capacidad que... ¡ un IPhone! Cuarenta y cinco años después, hay cerca de mil millones de smartphones Pero en lugar de utilizar todo ese poder computacional para algo útil, lo usan para jugar a "marcianitos" o enviar sms a los amigos. Por ejemplo, el mismo cloud computing que está siendo utilizando por empresas privadas para reducir costes podría implementarse en el Gobierno con el mismo objetivo. En lugar de organizar a los empleados públicos por ministerios, cada uno con su burocracia, sus expertos informáticos y sus cuerpos legales, se podrían organizan todos como un gran cuerpo de súperexpertos que operan desde la nube, para cualquier ministerio que lo requiera. Un día trabajarían para el Ministerio de Interior y al día siguiente para el de Fomento o Sanidad. Como todos sus trabajos estarían en la nube a la vista de todos, se evitaría duplicar proyectos o repetición de errores, cosa que ahorraría miles de millones de euros. ! Sobrarían las Autonomías!

Las nuevas tecnologías asociadas al GPS, permiten hoy cobrar al usuario de la carretera sin tener que pararlo en un peaje. Y hablando de GPS, también se podría incorporar a pulseras de seguimiento electrónico para rebajar el número de reclusos no peligrosos en las cárceles reduciendo así los costes penitenciarios. Más. Las nuevas teorías de psicología conductual permiten diseñar los modernos supermercados situando cada uno de los productos en el lugar óptimo (y eso incluye los chicles al lado de la caja registradora) para que los clientes gasten lo máximo posible. Esas mismas técnicas pueden ayudar a entender mejor qué incentivos mueven a los ciudadanos para conseguir resultados deseables en materia, por ejemplo, de evasión fiscal. La telemedicina puede contribuir a reducir costes y, a la vez, descongestionar hospitales, lo mismo en educación. ¡ Las posibilidades son infinitas!. Utilizar tecnologías para modernizar y reducir costes sin perder productividad y eficiencia es normal en el sector privado pero parece una idea extravagante en el sector público. Y es que la innovación en el sector público tiene la oposición frontal de tres estamentos importantes. El primero es el funcionariado (4 millones), de naturaleza conservadora, burócrata y reticente a cambiar, especialmente el autonómico. El segundo es la clase política, que siempre ha utilizado el sector público (y sus puestos de trabajo) como una herramienta para ganar votos y para colocar a amigos, familiares y simpatizantes del partido, especialmente en Catalunya y Euzkadi, y finalmente, el de los intelectuales (muchos de los cuales también son funcionarios) que piensan que el sector público es un gran centro de empleo para gente gracias a las oposiciones".

Parece tan lógico, que no se comprende que en el S. XXI, 200 años después de la eclosión de los nacionalismos, sigamos con el mismo problema, que según Ulrich Beck es el mayor enemigo de la propia nación, ya que entretiene a los ciudadanos en temas como " el derecho a decidir" que critica Francesc de Carreras, ya que no es lo mismo, que el derecho a la autodeterminación o secesión, solo posible según el derecho internacional en situaciones coloniales, que no es el caso de Catalunya ni Euzkadi, diga lo que diga sobre ello Francesc-Marc Alvaro que llama "liberales de plástico", contradiciéndose al decir que "Ser liberal significa defender normas que organicen los poderes de manera justa, racional y equilibrada para evitar los abusos y las arbitrariedades", y lo basa en Depardieu y su rusificación, aparentemente, en defensa parece, de la libertad de decisión, mientras pone a caldo a los que se llaman liberales en el gobierno, que han confundido con privatización, defendiendo Alvaro la empresa pública, que como hemos visto en Xavier Sala, por cierto independentista y del BarÇa, es el principal obstáculo, a la creatividad, al desarrollo y la Libertad que represento en su día "La Pepa"a la que deberíamos volver, para reaprender, de nuestro desgraciado pasado desde 1812 a 1975.

Hipócritas *
FERNANDO SAVATER, EL CORREO  19 Enero 2013

No hay más que una forma y sólo una de mostrar respeto decente a las víctimas: reconocer públicamente que es justo aplicar el código penal a los culpables de que lo sean.

En el drama de Fernando Fernán Gómez ‘Las bicicletas son para el verano’, situado al final de la guerra civil española, un personaje dice: «Por fin ha llegado la paz». Y otro le responde: «No, esto no es la paz: es la victoria». Y, añadamos, no la victoria de las instituciones legítimas sino del golpismo y el militarismo. De igual modo, la manifestación del pasado sábado en Bilbao no se movilizó en busca de la paz «pura y dura», como dice Pernando Barrena, sino de la victoria, es decir del triunfo político de ETA (ya que sin duda ha sido derrotada en lo militar) y de lo que ETA ha representado durante las últimas décadas en Euskadi. Hay que estar muy ciego o ser un hipócrita redomado para sostener que la paz debe consistir en no aplicar la justicia a los delincuentes y en llamar «presos políticos» a los criminales o sus apologistas. Y aún mayor hipocresía es para colmo fingir al mismo tiempo «comprensión» para las víctimas de tales seudopolíticos exterminadores. No hay más que una forma y sólo una de mostrar respeto decente a las víctimas: reconocer públicamente que es justo aplicar el código penal a los culpables de que lo sean.

La cuestión de los presos juzgados y condenados por terrorismo o apoyo al terrorismo no encierra ningún misterio para quien la considera sin que le nublen la vista telarañas ideológicas. Su dispersión es una medida que se aplica habitualmente a quienes pertenecen a una banda armada, bien organizada y con apoyos sociales: no es un invento del Estado español ni mucho menos. Es cierto que ello implica su alejamiento mayor o menor del País Vasco, pero en cambio les ahorra verse encerrados en un penal exclusivo para terroristas y en condiciones de rigor extremo, como el que padecieron los miembros del IRA en Irlanda del Norte. Los presos etarras pueden conseguir beneficios carcelarios o el tercer grado, cosa que ya han obtenido bastantes de ellos, pero la mayoría los tienen vetados no por las autoridades sino por la banda terrorista misma, que les impone una disciplina rebelde contraria a esas mejoras. Es su obediencia a ETA lo que empeora su situación, no la crueldad del Estado. Y es ETA la que los quiere en la peor condición posible de supuestas víctimas del Estado hasta que finalmente consiga gracias a ellos la victoria política que legitime socialmente la lucha armada y su larga trayectoria de atentados contra la democracia, sin tener que dar muestras de arrepentimiento ni reconocimiento de la injusticia del daño causado. Lo que la manifestación de Bilbao pidió el otro día es que los presos vuelvan no sólo al País Vasco sino a sus casas, reivindicados y triunfantes, porque conseguir eso supondría la reivindicación social y el triunfo político de la organización terrorista. Ese es el objetivo y lo sabemos todos perfectamente, más allá de lo que le convenga a Bildu/Sortu decir de vez en cuando a los medios de comunicación para edulcorar la píldora amarga que se intenta hacer tragar a una sociedad aún traumatizada por tanta violencia reciente.

Fuera de este obvio fingimiento de querer hacer pasar la victoria de unos cuantos sobre los demás por la paz para todos, los organizadores de la manifestación son los menos hipócritas del cotarro, porque a fin de cuentas apoyan al que siempre ha sido su bando y sirven a los intereses que siempre han tenido por suyos. Tampoco llama demasiado la atención que cuenten con los servicios auxiliares de nacionalistas radicales de Cataluña y otros lares, que nunca dejaron antaño de echar una mano a Batasuna incluso en los peores momentos del terrorismo en agradecimiento al empuje trágico que la actividad de ETA daba a la dudosa verosimilitud de todas las exigencias separatistas. Escandaliza en cambio bastante más la hipocresía de escritores, cantautores, deportistas, etc… que han suscrito la convocatoria de la marcha: no porque antes hubieran guardado silencio ante los crímenes o hubieran mirado hacia otro lado, sino porque ahora, precisamente ahora, quieren convencer a la sociedad de que mire hacia otro lado y asuma lo inasumible. Se habla de un tiempo nuevo, de que todo el mundo es necesario para construir el país… bueno, también después de la guerra mundial se inició en Alemania un tiempo nuevo y se necesitaba a todo el mundo para reconstruir el país, pero no por ello se decretó la impunidad de los criminales nazis ni el olvido de lo ocurrido como si hubiera sido un mal sueño.

En la nómina de hipócritas acabo con los curas vascos que por fin se acuerdan de la caridad cuando se trata de los condenados por terrorismo, tras haberse negado durante años incluso a oficiar funerales por sus víctimas. En su concepción del cristianismo todos somos hermanos, aunque unos son más hermanos que otros, al estilo orwelliano. Y por supuesto Mayor Zaragoza, elocuente defensor de la educación pero cuyo ejemplo puede llevar a pensar que si por medio de ella se fraguan sabios como él, quizá haya que darle otra oportunidad al analfabetismo…


Días desoladores para la ética
¡Pobre España, cuya información básica es de escándalos en todas las escalas del poder! ¡Qué pena de país, cuyas miserias y vergüenzas consumen más energías que los esfuerzos para resolver sus problemas económicos y territoriales! ¡Qué desgracia de tiempo donde una corrupción tapa a la anterior y se convierte en argumento máximo de la actualidad!
Fernando Ónega www.lavanguardia.com 19 Enero 2013

Es increíble. Después de todo lo que se ha robado en este país; después de todos los escándalos; después de tanta financiación ilegal; después de tanta gente que ha metido la mano en la caja, y después de todos los casos que han arruinado la credibilidad de políticos e instituciones, altos responsables de los partidos todavía no saben cómo combatir la corrupción. Todos los escándalos han pasado por sus despachos sin obligarlos a sentarse y encontrar una solución. Y así, durante esta semana desoladora para la ética, todavía se oye esa pregunta de qué se puede hacer. Hemos oído a un Rubalcaba que propone un pacto entre fuerzas políticas para terminar con esa lacra. Y hemos visto a una Esperanza Aguirre que sugiere una especie de fiscal anticorrupción en los partidos, lo cual nos lleva a la conclusión de que todos sus dirigentes son sospechosos.

Episodio tras episodio se repite lo mismo. Se descubre que no hay suficiente fiscalización de las cuentas de los partidos. Se detecta que tienen ingresos que se escapan a los pocos controles establecidos. Se ven entramados que recuerdan montajes propios de técnicas de ocultación fiscal. Cuando aparece un suceso nuevo, los partidos tienden a proteger o encubrir a su acusado propio, mientras lanzan su ira sobre el adversario. Y así ocurre lo que ocurre: que se roba. Y algunos han robado con intensidad. Hay noticias de auténticas tramas de enriquecimiento personal. Algunos investigadores están llegando a la peligrosa conclusión de que hay zonas del país -¿hace falta citar a Catalunya?- donde la corrupción llegó a estar institucionalizada. Y mucha gente está empezando a pensar que en este país únicamente no roba quien no puede.

Ese es el panorama, dramáticamente consolidado con la comisión rogatoria del oscuro dinero de Luis Bárcenas. "Gravísima crisis institucional", dijo Esperanza Aguirre. Sí, gravísima crisis que toca los cimientos del partido que gobierna España; que abre tensiones nuevas y reabre viejas heridas; que crea una sombra de sospecha -quizá indemostrable, pero difícil de desmentir- de pago de sobresueldos y de la existencia de una caja B; que deja avergonzado a Rajoy por sus anteriores apoyos, y que sitúa en la picota nada menos que a la Hacienda pública. Y todo, sin tener la certeza de si Bárcenas amasó su fortuna por un latrocinio o estamos ante un fraude fiscal.

¡Pobre España, cuya información básica es de escándalos en todas las escalas del poder! ¡Qué pena de país, cuyas miserias y vergüenzas consumen más energías que los esfuerzos para resolver sus problemas económicos y territoriales! ¡Qué desgracia de tiempo donde una corrupción tapa a la anterior y se convierte en argumento máximo de la actualidad! Aquí sólo sale beneficiado quien defraudó o robó y al día siguiente se olvida, porque hay un escándalo mayor. Se habla mucho de indignación popular. Anotemos con alarma que se están amontonando los motivos para esa indignación. De momento, es sólo verbal. Empieza a ser un deseo que no termine por estallar.

Retales
Controles. ¿Saben ustedes de cuándo es la última fiscalización de las cuentas de los partidos, entre ellos el Partido Popular, por el Tribunal de Cuentas? ¡Del año 2007! Han pasado cinco años de los que nada sabemos. Y a eso le llaman eficacia en el control.

Aviso. No puedo decir más, pero sí estoy en condiciones de comunicarles esto: en Catalunya hay un caso de corrupción todavía no conocido por la opinión pública ni filtrado a ningún periódico de Madrid. No me atrevo a decir cuándo, pero cuenten con que saltará.

Pueblo (1). Oído en la calle: "Si los partidos defienden a los corruptos que hay en sus filas, es que los jefes de esos partidos también han cobrado". No será verdad, pero es palabra de pueblo.

Pueblo (2). Según una encuesta solvente, el 96% de los españoles cree que hay mucha corrupción en España. Me he quedado preguntando quiénes serán, dónde está el 4% restante. ¿Serán acaso los corruptos?

Compatibles. Ninguna ley impide que Rato fiche por Telefónica, ni Güemes por un laboratorio, ni Aguirre por un cazatalentos. Lo que mosquea al personal es que sean tantos, en tan poco tiempo y del mismo partido.

Caída. Es duro hacerse político para inaugurar cosas y terminar cerrando centros de urgencias y quirófanos. Para el ciudadano de a pie es todavía más duro empezar a pensar que se desbaratan progresos sociales que tanto costó conseguir.

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ADOCTRINAMIENTO EN LAS ESCUELAS
Jorge Campos www.circulobalear.com el 19 Enero 2013.

Ante el último caso que hemos conocido de adoctrinamiento en las aulas, en Alcudia (Mallorca), el conseller de educación, Rafael Bosch nos pide que denunciemos. Yo me pregunto: ¿Para qué, si no resuelve nada ni sanciona a nadie?

La politización en los centros educativos de Baleares aumenta. A pesar del miedo que sufren alumnos, padres, y algunos profesores que no comulgan con la dictadura catalanista, vamos conociendo más casos de politización nacionalista en las escuelas.

Los alumnos de Baleares, menores de edad, son sometidos a un lavado de cerebro pancatalanista, al más puro estilo comunista, por parte de sus profesores, militantes de un sindicato que pretende la anexión y sumisión de Baleares a la Cataluña del corrupto régimen nacionalista: El STEI-i.

En el ámbito más importante para nuestro futuro, la educación, en una comunidad donde el Partido Popular gobierna con mayoría absoluta y el nacionalismo no llega al 9% de representación electoral, el panorama es desolador: El catalanismo controla el sector educativo utilizando a menores para realizar acciones ilegales. Las denuncias se acumulan en la consejería de educación sin resolución alguna. Los padres que quieren conocer en qué ha quedado su derecho a elegir la lengua de enseñanza son asesorados por independentistas designados como altos cargos. Los progenitores de Mallorca, Menorca e Ibiza, interesados en que sus hijos aprendan el mallorquín, menorquín e ibicenco, comprueban que se enseña un catalán estándar que acaba con la lengua de sus padres. La educación, el futuro de nuestros hijos, en manos de una minoría de ayatolahs que hacen de las aulas sus mezquitas desde donde convertir a los infieles al pancatalanismo.

¿Cómo es posible que unos cuantos docentes impidan el cumplimiento de la voluntad democrática mayoritaria expresada en las urnas? ¿Quién lo permite? Seguro que coincidimos en la respuesta: Rafael Bosch. El máximo responsable de educación que José Ramón Bauzá mantiene en su cargo. El conseller que se refiere a Cataluña, Valencia y Baleares como “países de habla catalana”. El que anima a denunciar mientras no resuelve las denuncias presentadas, y no sanciona a ningún infractor. No es de extrañar que el delegado de educación en Menorca sea una imitación suya. Ese tal Julián Hernández que dice que en las escuelas no hay ningún problema y no hay necesidad de cambio alguno.

Por una parte, Bosch permite el adoctrinamiento en las escuelas. Y por otra, propone leyes absurdas e innecesarias como la de símbolos para, según nos quiere hacer creer, acabar con la politización en los centros educativos.

La ley que pretende regular la utilización de los símbolos y banderas oficiales es una propuesta más para parecer que se hace algo, cuando en realidad no se hace nada. La larga tramitación parlamentaria hasta la aprobación y ejecución de esta ley va a suponer que los ciudadanos de Baleares tengamos que aguantar casi toda la legislatura con la campaña política de los lazos catalanes en los centros educativos. Si Bosch quisiera, o Bauzá se lo ordenara, mañana mismo podrían retirarse las banderas de Cataluña de los centros educativos. ¿Cómo? Aplicando el Estatuto Básico del Empleado Público (el funcionario docente es empleado público), que ordena la neutralidad ideológica y política en el desarrollo de su trabajo, y la prohibición de utilizar medios públicos para fines políticos o ideológicos.

¿Es consciente el presidente Bauzá, y el resto de sus consellers, que la actuación de Rafael Bosch es la principal causa de la pérdida de los votos decisivos que le dieron la mayoría absoluta? Porque, si bien las declaraciones de los dirigentes populares son impecables, los hechos no acompañan.

La cruda realidad, a fecha de hoy, es que continuamos sin libre elección de lengua en todas las etapas educativas, sin rastro de nuestro mallorquín, menorquín e ibicenco, y con el adoctrinamiento pancatalanista instalado en las escuelas. Para esto no hacían falta 34 diputados.

Jorge Campos Asensi. Presidente Fundación Nacional Círculo Balear (FNCB)


De locos
Irene Villa La Razón 19 Enero 2013

Los terroristas y los que les apoyan siguen dispuestos a ganar la batalla a nuestro Estado de Derecho. Y parece que en ciertos aspectos lo consiguen. Que cuando por fin se consigue que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos avale la ilegalización de ANV porque considere que es un partido que representa «un gran peligro para la democracia española», haya quien se atreva a sugerir que eso es algo del pasado y que no debe interferir en «el juego político presente y futuro», es francamente osado.

Los asesinos han conseguido con sus diferentes marcas políticas una doble victoria: volver a financiarse y ver a España impotente ante quienes sólo merecen ser derrotados por el profundo dolor causado.

La imagen que probablemente muchos no podremos borrar del etarra celebrando su libertad con una pancarta de Bildu es la imagen de la ETA vencedora que jamás abandonará su maquiavélica ruta. Al tiempo que los asesinos se enorgullecían por tener voz y voto en un Gobierno al que odian, las víctimas volvían a ver su memoria y su dignidad mancilladas. Como en su cita a favor de los presos asesinos de ETA a quienes apoyan hasta personas de gran relevancia social, política, cultural... que dicen: «Estamos aquí como siempre defendiendo a los presos vascos», cuando ninguno de ellos se acordó de apoyar a todas esas familias que fueron expatriadas del País Vasco por no sucumbir a la tiranía terrorista, y mucho menos de todas esas personas que nunca volverán porque esos que dicen ser torturados acabaron con sus vidas. ¿No es de locos?

Quimeras y unanimidad
Nicolás Redondo reflexiona en 'El País' sobre la "excitación colectiva" manejable para Artur Mas y su entorno
NICOLÁS REDONDO www.lavozlibre.com 19 Enero 2013

Madrid.- El diario 'El País' publica en su edición del viernes 18 de enero un artículo de opinión escrito por Nicolás Redondo, presidente de la Fundación para la Libertad, en el que reflexiona sobre Artur Mas y la "excitación colectiva" con la que enardece el ambiente.

Bajo el título 'Quimeras y unanimidad', el que fuera secretario general del Partido Socialista en el País Vasco, asegura que el presidente de la Generalitat busca "una excitación colectiva manejable por ellos para sus intereses partidistas".

Por el interés de este artículo de opinión, reproducimos el texto íntegro publicado por el diario 'El País':

"El artículo ¿Por qué fracasó Artur Mas? de Javier Cercas, publicado en El País Semanal, me ha provocado una serie de reflexiones, consecuencia de la admiración que mantengo por su obra desde que publicara la novela Soldados de Salamina y que se suma en este caso a la atractiva mezcla de la cuestión planteada y la manera informal en la que es acometida. El autor hace referencia en primer lugar al ambiente creado tras la manifestación de la Diada del año pasado, al que define como “unanimismo”, término prestado por Pierre Vilar y que viene a definir una ilusión de unanimidad creada por el temor a la diferencia.

Sobre la unanimidad en las sociedades, sean del tipo que sean, se ha escrito mucho relacionándola con el ejercicio del poder. Para realizar un análisis verosímil del argumento del artículo, es más adecuado fijar la atención en los momentos previos a la manifestación. Y si lo hacemos así, vemos cómo el propio Mas y su entorno enardecen el ambiente para que la expresión “de unanimidad social” sea un éxito. Buscan premeditadamente una atmósfera de excitación colectiva —en la que los sentimientos sustituyan al sentido común, las pasiones a la razón, los intereses individuales pierdan pie frente a utopías y paraísos—, fácilmente manejable por ellos para sus intereses partidistas.

Recurramos, en vez de al hispanista francés que describe, a Bertrand Russell, que busca las razones cuando, refiriéndose a las diversas formas de manipular el poder buscando la unanimidad, decía: “La mejor situación para el caudillo es aquella en la que existe un peligro lo suficientemente serio para hacer que los hombres se sientan bravos para combatirlo, pero no tan terrible que haga predominar el miedo”, y veremos cómo los dirigentes nacionalistas han ido siguiendo la receta: convierten a España en un peligro para su prosperidad como pueblo y para su libertad nacional, porque no importa que lo esgrimido sea cierto o no; y posteriormente han hecho creer a “su multitud” que es posible la consecución del objetivo propuesto y la derrota del enemigo dibujado. De esta forma se han conseguido siempre en la historia los clímax de esta naturaleza. Todo este proceso busca inevitablemente la épica, que se consigue con una única condición que no era posible que Artur Mas cumpliera por su dimensión política, y esta condición no es otra que el descreimiento del líder, del caudillo.

Él es el que crea y controla el discurso, por lo que está obligado, para el éxito de la aventura, a situarse fuera de la dinámica provocada. Está obligado a transmitirle a su colectivo una pasión verosímil pero con la seguridad de ser capaz de domeñarla, domesticarla. El caudillo crea y transmite su visión pero debe estar, como Ulises, por encima de los contagiados por el dulce canto de las sirenas. Al honorable Mas le ha sucedido lo contrario, le hemos visto siempre por detrás de la manifestación, no a la cabeza; le contemplamos asintiendo ante los gestos unánimes del colectivo, parece uno más y, después de las elecciones, ni siquiera el más influyente del grupo. Todo ese espectáculo me hace recordar que la otra cara de la épica es el patetismo.

Cercas manifiesta su deseo de someter esa realidad virtual creada por los nacionalistas a una cura de realidad, consultar a la sociedad catalana su futuro por medio de un referéndum. La voluntad del articulista es que se haga de forma inequívoca, sin subterfugios ni meandros literarios en los que puedan esconderse la pusilanimidad y la cobardía. Cree el autor que esta cura de caballo la recetaría un líder político como Suárez —al que admira en gran medida, como demostró en su Anatomía de un instante— aunque lo incluyera entre los denominados líderes negativos, aquellos capaces de destruir un régimen dictatorial sin condiciones para construir el futuro. En todo caso, considera que Suárez se habría arriesgado y que hoy serán incapaces de proponerla los “indecisos” dirigentes actuales.

Si analizamos con rigor la propuesta del autor nos percatamos casi inmediatamente de que su solución coincide perfectamente con los deseos de quienes critica, haciendo bueno el dicho popular que propone no quitar nunca la razón a un loco. Pero olvida que este convencimiento tiene origen en el miedo, miedo al mal que nos pueda causar si le contrariamos, o miedo a que el loco empeore. Por último, la mención al primer presidente de la democracia nos impondría concordar que siempre es más fácil construir al principio que ser original cuando todo está reglado por la voluntad democrática. Y hoy a Rajoy, anteriormente a Zapatero, y antes a Aznar o a González les ha sido proporcionalmente más difícil llevar a cabo sus ocurrencias.

En cualquier caso, que alguien se quiera separar de, romper con o desvincularse del resto, debe ser una opción a debate siempre, pero no solo para los catalanes, sino para todos, porque si la posibilidad fuera para los que hoy crean problemas al conjunto, el derecho se convertiría en un privilegio".


la represión lingüística en Cataluña
La Generalitad instruye a los profesores para que inculquen el sentimiento catalán
DAZIBAO-Ñ Minuto Digital 19 Enero 2013

Las nuevas recomendaciones incluyen que se premie a los alumnos que ayuden a sus compañeros a aprender catalán

La Voz Libre.- La Generalitat de Cataluña da un paso más en el adoctrinamiento desde las aulas y ahora instruye a sus docentes para que inculquen el sentimiento catalán a sus alumnos, a los que además se premiará por expander el catalán.

La consejera de Educación, Irene Rigau, anuncia una reorientación del currículum de las etapas de Primaria y Secundaria a partir del próximo curso en las escuelas catalanas para adaptarlo al marco europeo y afrontar así las pruebas Pisa “con las mismas condiciones” que el resto de países europeos.

Las recomendaciones, que entrarán en vigor a partir del curso 2013-2014 y que fueron presentadas ayer en el Palacio de la Generalitat, se estructuran en dos documentos, uno dirigido a los profesores de Primaria y otro a los de Secundaria y se centran en el ámbito matemático y lingüístico. En este último, el gobierno catalán recuerda a los profesores que los alumnos deben tener sentimiento de permanencia “a la comunidad lingüística y cultural catalana” así como “interés por el uso” de la lengua autonómica.

Así consta, según desvela ‘ABC’, en la denominada competencia 13 del documento sobre dominio lingüístico en la etapa de Primaria. En este apartado, el manual señala que “vivir en la Cataluña del siglo XXI implica ser consciente de que, para la continuidad de la lengua del país, es imprescindible un uso habitual, sin el cual, no se puede garantizar la plena competencia lingüística en catalán del alumnado”.

Dentro de este mismo apartado, se apunta a los docentes que “en la parte del territorio que el catalán no es la lengua familiar de la mayoría de los alumnos”, se debe aplicar la inmersión lingüística, “tanto en el área de lenguas como en las áreas no lingüísticas”, lo que supone a la práctica que la única lengua de uso en la enseñanza es la autonómica.
Las recomendaciones del Govern recuerdan también que el catalán debe usarse dentro y fuera del aula y destaca el papel del maestro “como modelo lingüístico”.

PREMIOS POR EXPANDIR EL CATALÁN
Pero uno de los puntos más llamativos es aquel en el que se pide a los maestros que establezcan una especie de sistema de premios a aquellos alumnos que colaboren y participen en el aprendizaje del catalán de sus compañeros.

Enseñanza señala que “habrá que valorar de una forma especialmente positiva a aquellos alumnos que se impliquen en el aprendizaje la lengua por parte de sus compañeros recién llegados al sistema educativo o de los que tengan dificultades para expresarse”.



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