AGLI Recortes de Prensa    Domingo 20  Enero 2013

Enterradores de la democracia, promotores de la dictadura
Francisco Rubiales Periodista Digital  20 Enero 2013

Nadie ha hecho más en la edad contemperánea por el retorno de una dictadura a España que Zapatero y Rajoy. La asfixiante mediocridad de ambos, su arbitrariedad, la capacidad de gobernar mal que comparten, la injusticia que propagan, su fácil convivencia con la corrupción y su escandalosa ineptitud desacreditan la democracia como sistema y promocionan cualquier dictadura futura, que sería bien recibida y hasta aclamada con tal de que prometa acabar con los políticos.

Escándalos como el del ex tesorero del PP Bárcenas, con sus 22 millones en Suiza, y el de los EREs mafiosos del PSOE andaluz, que representa el robo a los ciudadanos de al menos mil millones de euros, lanzan hacia el pueblo el mensaje claro de que el actual sistema, al que llaman democrático, está podrido y necesitado de un cambio radical.

Nadie ha hecho mas daño a la democracia española que Zapatero y Rajoy. Sus gobiernos han desacreditado el sistema democrático hasta extremos insospechados y lo han dañado quizás de manera irreversible, preparando los caminos para el futuro advenimiento de cualquier tipo de dictadura, que sería bien recibida por el agotado, esquilmado y cabreado pueblo español, siempre que prometa que acabará con los políticos.

Estos dos energúmenos mediocres y sus respectivos partidos políticos no sólo han arruinado, entristecido y cercenado el presente y el futuro de España, sino que, para colmo de males, han establecido unas bases sólidas para que en un futuro no muy lejano sea recibida con los brazos abiertos una dictadura, con tal de que prometa limpieza, moralidad y la erradicación de esos partidos políticos y políticos profesionales que han conducido a la nación hasta la ruptura y el borde del desastre.

Hace tres décadas, los españoles eramos el pueblo europeo con mas fe en la democracia, pero hoy somo, junto con Grecia, el que menos cree en ella. Y no es culpa de la crisis, como afirman los políticos, sino de ellos, de su mal gobierno, de sus privilegios injustificados, de su arbitrariedad, corrupción, abuso de poder y privilegios mantenidos a costa de esquilmar a los ciudadanos y de acabar con la prosperidad.

Los pueblos que ven como la voluntad popular es doblegada y despreciada por sus dirigentes, empiezan a macerar la revancha en su interior y sueñan con un sistema que acabe con los depredadores que gobiernan. Es una ley política que se repite desde el principio de los tiempos. El abuso de poder y la corrupción generan tiranos y dictadores, que ahora no necesitan conquistar el poder pegando tiros, sino sometiéndose al criteriode las urnas, como han hecho an América Latina Hugo Chavez, Evo Morales, Daniel Ortega y otros. La mayor debilidad de la falsa democracia existente es lo fácil que resulta corromperla y controlarla desde dentro.

Zapatero y Rajoy están cumpliendo en España el mismo papel que cumplió en Venezuela Carlos Andrés Pérez o Fulgencia Batista en Cuba. Fueron tan inútiles, arbitrarios e injustos que prepararon el camino a dictadores como el coronel Chavez y el comandante Castro.

No sabemos cuanto tardará en llegar a España nuestro Castro particular, pero todo indica que ya está de camino y que si el sistema sigue desprestigiándose y abusando, como hace en la actualidad, su llegada entre aplausos es inminente.

Sin embargo, por muy deseado que sea un dictador que llegue con la escoba de limpiar corrupción y el martillo de descabezar políticos, la solución nunca podrá ser mejor que la construcción de una democracia verdadera, algo inédito en España y en otros muchos países del mundo, en los que llaman democracia a lo que es solo una dictadura de partidos disfrazada con ropajes democráticos.

La situación es tan grave que el tiempo para una solución decente y digna se acaba. O alguien construye una democracia verdadera, con controles férreos para que los políticos y sus partidos estén maniatados y no puedan anteponer, como es habitual en ellos, sus propios egoísmos e intereses bastardos al bien común, o no habrá otra salida que la llegada de un tirano con escoba y con martillo.

Lo que Zapatero y Rajoy han desprestigiado y convertido en basura no es la democracia sino un bodrio hipócrita y con alma tirana que sólo tiene de la democracia algunos ropajes. Ni una sola de las reglas básicas de la democracia se cumplen en países como España, quizás el mas sangrante y sucio ejemplo de todo el mundo desarrollado occidental. No hay separación de poderes, ni una ley igual para todos aceptada por los ciudadanos, ni elecciones verdaderamente libres que garanticen al ciudadano la elección de los mejores, mi respeto a la voluntad popular, ni castigo para los canallas y corruptos, ni una prensa libre e independiente que sea capaz de fiscalizar a los poderosos, ni una sociedad civil fuerte e independiente que sirva de contrapeso al poder político.

El gran pecado de gente como Zapatero y Rajoy, lo que les hará pasar a la Historia como fracasados y verdugos de sus pueblos, no son los recortes, ni los impuestos injustos, ni su negativa a adelgazar el Estado, ni siquiera su fracaso en la gestión de la economía, sino su labor como propagandistas y promotores de cualquier tiranía futura.

El pueblo entendía que para castigar a un mal gobierno había que votar a la oposición, pero ahora ha descubierto que tanto el gobierno como la oposición son indeseables y que ninguno merece el respeto y el apoyo de los ciudadanos decentes. Entonces, lo que se desmorona y padece es el sistema y, ante la impotencia del pueblo para castigar a sus malos gobernantes, bien guardados por policías, periodistas y jueces, empieza el sueño difuso en cualquier tipo de dictador-vengador que llegue para acabar con la infección de los políticos y sus partidos.

Es así de sencillo y de triste.
Voto en Blanco

La viga en los dos ojos
Antonio Pérez Henares Periodista Digital  20 Enero 2013

La conseja de la vieja, atinando en la condición humana, verificaba aquella propensión de ver la paja en el ojo ajeno y no sentir la viga en el propio. Pero si a la humana condición, a la facilidad para indulgencia sobre el pecado propio y a dureza para juzgar los ajenos, unimos los colores y calores políticos y las tentaciones corruptas, con que unos se tropiezan y otros , con afán y ansia, se procuran, nos encontramos a día de la fecha con que ya no deben quedar pinos de donde sacar tanta madera. O sea que la viga está en los dos ojos, es un verdadero entramado y ya se ha aposentado incluso en los que ven pasar la maderada.

Si un día creímos, por aquellos lodos roldanescos del 95, donde se trincaba hasta del papel del BOE, que nos habíamos, si no del todo, si en buena parte vacunado, hoy ya tenemos claro que o no hay cura o para algunos, que son bastantes, no hay otra medicina que les valga que la del palo y la cárcel. De los que, por cierto, de una manera o de la otra, la mayoría ha conseguido zafarse.

La enfermedad es tan grave que amenaza ya directamente al mismo corazón de la democracia y cáncer tan extendido, tan reiterado, tan recurrente y reproducido que si no ha hecho ya metástasis está a algo menos de un pelo de que lo haga. Cada día, a cada hora, por los cuatro costados, por ayuntamientos, comunidades y partidos, de abajo arriba en condición y gobierno, de este a oeste en territorio y de izquierda a derecha en presuntas y escudantes ideologías, un caso se solapa con el otro. No hay sigla que esté limpia y si alguna aún puede presumir de ello es para ponerle la cuarentena de que “aguarda a que toquen pelo y me lo dices después” . Porque la regla de tres que si parece regir es que a mas poder, mas trinque. Y que la sensación de impunidad que su ejercicio absoluto o conchavado presupone es directamente proporcional a la hondura y extensión de la metida de mano.

No habría ni que decir que hay políticos honrados. Lo triste es que haya que colocarlo de premisa ante la sensación generalizada de que si no es la flagrante corrupción, la que exige ejemplar castigo y cirugía urgente, el trato de favor, el privilegio propio o el enchufe para los cercanos son la practica habitual en mayor o menor grado. Y en la percepción sencilla de la gente lo uno y lo otro sino son iguales son padre e hijo o como poco primos hermanos.

El panorama es desolador. Mire usted por donde quiera. Al yerno de la real familia, a los Pujol Brothers, a los Matas balearicos, a los ERES socialistas andaluces, a los Gurtel peperos y al tesorero de los esquíes suizos de 22 millones de euros, al presidente madrileño del ático en Marbella cuya cuento no hubiera logrado colar ni el mismísimo Leblanc al paleto en Atocha o al campeón Blanco de las gasolineras. Un pequeño botón de muestra y quedan por citar otros doscientos y añadir los cinco que se conocerán mañana.

Malo es, pero peor es aún la reacción de parte. La receta propagandística es que la corrupción es siempre “la de los otros”. En el ojo propio ni viga ni paja. Pero aún más perverso es lo que sobre ellos se ha generado y degenerado. Porque los medios de comunicación, que habrían de ser y son esenciales para este combate han caído y han arrastrado en papel, tele, red y radio en la deformación del cristal con que miran. Y ahí estamos. Los de una trinchera bombardeando inmisericordes el ático de Gonzalez, pero que ni suene un pertardito en casa de los señores Pujol, sus caseros; los que quieren seguir viendo volar a mirando solo para Sevilla sin querer mirar para Valencia; los que ansían el nuevo florecimiento del capullo montando esperas, cacerias y chorcos de lobos si fuera necesario para atrapar a las perversas fieras de la derecha pero mentar ni por asomo que algunos jabalíes embarrados de fango apestan a cerdo por mucho que se escondan tras de las rosas.

En la trampa de las vigas y las pajas nos han hecho caer o, con entusiasmo militante, hemos caído solitos y sin ayuda. Y esa misma mentira, porque la verdad de solo una parte y la ocultación de la otra media, es una de las más insidiosas mentiras, es con lo que mentimos a los que nos leen, oyen o contemplan. Y así, y esa es la tristeza y mal definitivo, es como, sectariamente, se corrompe la sociedad entera.

El antisistema
Se ha recortado en todo, sin reformar nada. Se ha exigido todo, a cambio de nada. Por parte de una casta política y económica que tiene la determinación de mantener el sistema en su actual estado de putrefacción. Queda mucho por saquear. Impunidades por mantener. Corrupciones que tapar. Silencios que comprar.
David Jiménez davidjimenezblog.com   20 Enero 2013

via http://juanjulioalfaya.blogspot.com.es

De todos los improperios que de vez en cuando dejan los lectores en la sección de comentarios, a veces con motivo, me llama la atención especialmente el de “antisistema”. Uno creía ser todo lo contrario: prosistema. Muy a favor de un sistema donde las leyes se aplican a todos por igual, no en función de la posición económica o política. A favor de un sistema de televisión pública al servicio de todos y no del gabinete de prensa del partido de turno. A favor también del sistema judicial, preferiblemente independiente y sin el compadreo político al que acostumbra. Y a favor, incluso, del sistema financiero: uno en el que los bancos no salgan a bolsa facilitando cuentas falsas para embaucar a los inversores, los grandes banqueros no reciban privilegios para regularizar fortunas no declaradas en Suiza, el consumidor no sea estafado y las entidades no dejen en la calle a quien se retrasa unos meses en el pago de la hipoteca, mientras reciben ayudas de sus impuestos.

Diga usted algo de esto y le llamarán antisistema. Es más: se lo llamarán los políticos, banqueros, empresarios, golfos y trincones que más han hecho por corromper el sistema. La confusión carecería de importancia, si no fuera porque esconde la más trágica de las consecuencias de la crisis: los millones de parados, los sacrificios impuestos, la destrucción de sueños personales, esa generación de jóvenes desperdiciada, el deterioro de los derechos sociales, todo va camino de no haber servido de nada. Se ha recortado en todo, sin reformar nada. Se ha exigido todo, a cambio de nada. Por parte de una casta política y económica que tiene la determinación de mantener el sistema en su actual estado de putrefacción. Queda mucho por saquear. Impunidades por mantener. Corrupciones que tapar. Silencios que comprar.

Quienes controlan el timón saben que el barco presenta graves desperfectos, pero asisten a la zozobra general desde la seguridad del bote salvavidas. Piden a los pasajeros de tercera, los que tienen el agua al cuello, que se sacrifiquen un poco más por mantener la embarcación a flote, dándoles tiempo a arramplar con lo que queda. Y si alguien levanta la voz, o protesta, le dicen airados: “No sea usted antisistema”.

@DavidJimenezTW
http://davidjimenezblog.com/2013/01/18/el-antisistema/

Montesquieu: la culpa es del chachachá
Roberto L. Blanco Valdés La Voz  20 Enero 2013

«M ontesquieu ha muerto», dicen que dijo un día Alfonso Guerra, cuando el triunfo de su tándem con Felipe auguraba un eterno Gobierno socialista. Fue el predominio que entonces ejerció el ejecutivo sobre los demás poderes del Estado -predominio que el transcurso del tiempo iba a acrecentar- el que llevó probablemente al sevillano a decretar el deceso del filósofo francés, cuyo espíritu seguirá vivo, sin embargo, cuando de Guerra no se acuerden ni siquiera sus bisnietos.

Y es que Montesquieu -reputado, con buenos motivos, padre de la separación de los poderes, base de cualquier Estado democrático- no ha muerto en realidad, sino que se ve obligado constantemente a pasar por duras pruebas. Hoy en España, por ejemplo, vive en una gran agitación, tal que si estuviera -pobrecito, ¡a sus 324 años!, cumplidos este viernes- bailando el chachachá.

Que en nuestro país los Gobiernos meten las narices en lo que atañe a las Cortes es bien sabido, como que unos y otras se cuelan a su gusto en las estancias del poder judicial y su consejo de gobierno. Pues bien, por si todo ello fuera poco, y no tuviera ya a Montesquieu con su empolvada peluca hecha unos zorros de tanta reviravuelta y tanto salto, comienza a ser preocupante la tendencia de los jueces a meterse en donde no les corresponde, ocupando un espacio que está fuera del que les reserva nuestra ley fundamental.

Hace tres días el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha suspendió cautelarmente una orden de la Consejería de Sanidad que cerraba el servicio nocturno en 21 de los 182 puntos de atención continuada que existen en la comunidad. No discutiré el derecho del tribunal a adoptar esa medida, pues las órdenes gubernamentales están sujetas a control jurisdiccional, pero sí creo muy de destacar que tal suspensión ha de estar legalmente muy bien fundamentada, como, ¡ya no digamos!, la eventual declaración de ilegalidad del cierre decretado.

Y es que la función de gobernar -adoptando medidas políticas que, como tales, deben ser controladas y enjuiciadas- no corresponde a los jueces sino a quien, por haber ganado las elecciones, tiene conferida por el pueblo esa responsabilidad. La cuestión no es aquí cuanto gusten o disgusten las medidas que un Gobierno, acertada o erradamente, puede adoptar contra la crisis. La cuestión es que resulta inadmisible que la lucha contra ellas la asuma quien no tiene tal función, aunque ese exceso se produzca en medio del aplauso general.

La crisis económica es muy grave, pero de ella saldremos antes o después. Sería terrible que lo hiciéramos no solo con nuestra economía desvastada, sino también con nuestro sistema político puesto por completo del revés, porque volverlo del derecho nos costaría mucho más que echar a andar de nuevo la economía nacional.

Una intervención de Rajoy necesaria pero insuficiente
EDITORIAL Libertad Digital  20 Enero 2013

Tras las últimas revelaciones sobre las andanzas financieras del extesorero del Partido Popular y su gestión al frente de las cuentas del partido, la intervención de Mariano Rajoy en el congreso de representantes municipales del PP, este sábado en Almería, había levantado una expectación más que notable. Algo de lo más lógico porque, a estas alturas del escándalo desatado por la conducta de Luis Bárcenas, no estamos solamente ante la existencia constatada de un enriquecimiento de origen más que dudoso, sino también de la imputación generalizada de conductas corruptas a la cúpula del partido actualmente al frente del gobierno de España, de once de sus diecisiete comunidades autónomas y de la mayoría de sus instituciones locales.

Según las revelaciones que los medios de comunicación han venido desgranando en los dos últimos días, el Partido Popular podría haber estado entregando fuertes sumas de dinero a sus altos cargos a espaldas de la contabilidad oficial y la Hacienda Pública española. Esta política de retribuciones ilícitas se podría haber estado repitiendo durante la mayor parte de los veinte años que el ex tesorero del PP ha estado al frente de las finanzas del partido.

Es cierto que se trata de filtraciones interesadas procedentes del entorno del acusado con fines evidentes, pero aun así las acusaciones son de tal calado que habrían exigido una respuesta de Rajoy mucho más contundente que la que ha ofrecido en su primera intervención pública desde que estalló el escándalo.

El presidente del gobierno y del Partido Popular realizó una defensa encendida de la honradez generalizada de la inmensa mayoría de los cargos municipales y confió en la palabra de los tres últimos secretarios generales del partido, que han negado cualquier imputación sobre la presunta existencia de una trama de sobresueldos. Sobre lo primero, habría que explicarle a Rajoy que nadie ha puesto en cuestión la rectitud de los concejales de los pequeños municipios diseminados por España, por lo que la defensa de su dignidad no era necesaria. Por otro lado, lo que los cargos del Partido Popular presentes en el acto, sus afiliados en toda España y la sociedad en general esperaba escuchar del Presidente del Gobierno no era una referencia a las afirmaciones de sus subordinados, sino una aclaración contundente en primera persona sobre el alcance de las acusaciones formuladas hasta la fecha. Acebes, Arenas y ahora María Dolores de Cospedal estaban ahí cuando Bárcenas supuestamente cometía sus irregularidades, pero Mariano Rajoy también y, además, en lugar preeminente al de todos ellos, por lo que cualquier cosa que ellos supiesen forzosamente también tenía que ser conocida por el actual Presidente.

Rajoy perdió la oportunidad de aclarar con un discurso contundente todas las sospechas que hoy se ciernen sobre el Partido Popular. En su lugar apeló a lugares comunes, ofreciendo la sensación de que ni siquiera él está seguro de que no haya algo de verdad en todo lo que hasta ahora ha sido denunciado. Si lo que quería era tranquilizar a una sociedad escandalizada por la corrupción de la clase política, su lamentable intervención sirvió más bien para todo lo contrario.

Si al menos un corrupto entrara en la cárcel
Irene Lozano El Confidencial   20 Enero 2013

Durante años, los partidos políticos han amparado y tolerado la corrupción. Esto no es una opinión, sino un hecho. En su discurso de investidura, el presidente Rajoy afirmó literalmente: “No acepto de ninguna de las maneras que se diga que hay una corrupción generalizada en la política”. Sus palabras sí constituyen una opinión. Falsa, tal y como se confirmó ayer, pues si es cierto que detuvo la práctica del sobre, aún no sabemos por qué no lo denunció en el juzgado. En el caso de los gobernantes, las opiniones se traducen en acciones o, como en este caso, en la inacción y la mudez. Nos hallamos sumidos en la mayor crisis institucional de las últimas décadas. El jefe del Estado está siendo chantajeado por la corrupción familiar, y el del Gobierno por la de su partido: el país está en manos de dos mafiosos. Rajoy debe salir de la clandestinidad. Cuando se llega a cierto punto, la inacción se convierte en complicidad y encubrimiento políticos, quizá también penales. Al negar la corrupción, Rajoy sólo obedecía a ese impulso que tan bien encarna su Gobierno: cambiar la percepción de la realidad y no la realidad misma (salvo que Bruselas ordene lo contrario y tampoco del todo).

Pues bien, su intento de enmascarar la corrupción ha fracasado doblemente: el 96% de los ciudadanos, es decir, la totalidad de la sociedad española, percibe que hay corrupción en la política. Más aún: otro 95% considera que los partidos tienden a proteger a sus militantes corruptos en vez de denunciarles y expulsarles. Los datos los proporcionaba Metroscopia hace unos días, pero los del CIS resultan aún más reveladores de la dimensión de su fracaso. Comparando el Barómetro de diciembre de 2011 con el avance de 2012 se ve que si hace un año sólo el 6% de los entrevistados consideraba la corrupción uno de los tres principales problemas de España, a día de hoy este porcentaje llega al 17%, es decir ha aumentado un 186%.

Al negar la corrupción, Rajoy sólo obedecía a ese impulso que tan bien encarna su Gobierno: cambiar la percepción de la realidad y no la realidad misma (salvo que Bruselas ordene lo contrario y tampoco del todo).No le va a quedar otro remedio al Gobierno que modificar la realidad a fondo. No me refiero a hacer una faena de aliño para fingir que aborda el problema, sino a abordarlo con todas sus consecuencias. Necesitamos una catarsis. Necesitamos que el presidente se dirija a los ciudadanos y, con toda solemnidad, adopte un compromiso veraz y verosímil contra la corrupción y con la exigencia de limpieza en todas las instituciones: no solo partidos, sino también ministerios, comunidades, municipios, diputaciones, empresas públicas. Esto no tiene ningún efecto legal, pero sí pedagógico. Resulta intolerable que cada día se estén publicando noticias de un nuevo caso de corrupción y los ministros sigan moviendo papeles de un lado a otro, como si llevaran una gestoría en lugar de un Gobierno.

Necesitamos además reformas legales de calado pactadas con todos los grupos parlamentarios para garantizar por ley la expulsión de los sospechosos de corrupción de la vida pública: ya que la ética no les obliga, tendrá que hacerlo la ley. También hay que garantizar la rapidez de la Justicia y su independencia, aunque el escandaloso nombramiento de un hombre de La Caixa para la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo (la misma que acabará juzgando las preferentes, las cláusulas suelo y otros abusos bancarios) es un autoblindaje del establishment sencillamente intolerable.

Por cosas como ésta, necesitamos sobre todo algo que no darán las leyes: un cambio de cultura política por el que las élites abandonen su arraigada creencia de estar por encima de la ley. De nada sirve legislar si los mismos que legislan garantizan la impunidad de los corruptos. Necesitamos el compromiso de que no se va a indultar a un solo condenado más.

Por último necesitamos que al menos un corrupto entre en prisión ya (luego que le sigan los 300). Es triste reclamar a la justicia que sea ejemplar, porque lo que ha de ser es justa. Pero la degradación institucional y política ha tocado fondo. El Gobierno está obligado a reaccionar si no quiere que el caso Bárcenas se lo lleve por delante.

¿Y qué, si somos una nación?
J. M. RUIZ SOROA, EL CORREO   20 Enero 2013

Si la nación preexiste al poder, ¿cómo podría tener éste por misión la de construirla?.

Hace unos días planteaban en estas páginas unos prestigiosos profesores universitarios la cuestión de si los vascos «somos una nación». Y concluían que sí, que lo somos sin lugar a dudas y que lo seremos más todavía si practicamos el aprecio y la solidaridad cerrados sobre nosotros mismos, para así sentirnos diversos de los otros.

Lejos de mi intención discutir el contenido y conclusión del artículo en cuestión. Pero la filosofía hermenéutica moderna nos ha enseñado desde Gadamer que, en el fondo, todo texto responde a una pregunta y que lo importante para entender el sentido de un texto no lo es tanto su contenido literal como la pregunta, casi siempre implícita o contextual, a la que el texto pretende responder. Esa perspectiva es la adecuada para entender el que comento: la de ir más allá de su afirmación («los vascos somos una nación») y meditar en el por qué unas personas reflexivas se cuestionan eso hoy, qué deducen o creen que se deduce de ello, qué relevancia tiene el ser o no ser una nación. En pocas palabras: si somos una nación … ¿qué?; y si no lo somos, …¿qué? Esa es la perspectiva de comprensión.

Pues bien, en cuanto enfocamos así la cuestión nos damos cuenta de que la pregunta sólo tiene sentido en el universo mental del nacionalismo, es decir, que la conversación sobre la existencia real de una nación posee sentido sólo desde y dentro de la ideología nacionalista. Sólo en ese universo mental tiene sentido (y es un sentido muy importante) hacerse la pregunta acerca de si un determinado grupo social puede o no definirse como una nación. Y, por ello, más interesante que discutir la respuesta es describir el universo de ideas al que atiende.

El nacionalismo es una ideología, a pesar de que esta faceta suya se suele desconocer, prefiriendo verlo como un sentimiento o una emoción. Pero una cosa es el sentimiento nacional y otra el nacionalismo. Y éste es una ideología, aunque se distinga de todas las demás ideologías políticas en que ella trata de una cuestión que las demás dan por supuesta. En efecto, liberalismo, comunismo, socialismo, fascismo, anarquismo o conservadurismo son ideologías que nos hablan de cómo debe regirse una sociedad, cómo debe gobernarse un demos ya existente. En cambio la ideología nacionalista habla de otra cosa, trata de cómo debe constituirse (bien) esa sociedad o demos, habla de sus fronteras y no de su actividad. Habla de algo que todas las demás ignoran (de ahí que pueda darse un nacionalismo compatible con todas ellas), y lo que dice en esencia es lo siguiente.

Primero, que la humanidad se divide en unas entidades discretas denominadas naciones, que están constituidas en base a factores en sí mismos variables y no relevantes (raza, religión, cultura, lengua, sentimiento, etc). Lo importante no es cómo se constituyen, sino que existen. Segundo, que el poder político corresponde a esas entidades, de manera que sólo la nación es soberana (legitimación). Tercero, que el ámbito del poder político (el demos) debe coincidir con la extensión de la nación (el etnos), de forma tal que existe un principio de correspondencia necesaria entre nación y Estado. Si no es así, tenemos un problema de legitimidad del poder.

Esto mismo se puede formular diciendo que para el nacionalismo la nación preexiste a la democracia, porque es un dato natural o cultural que le viene impuesto a ésta desde una realidad social anterior. La existencia de la nación no puede ser sometida al debate democrático, es un hecho bruto previo a él. Aunque la mayoría de la población decidiera que la nación no existe, el nacionalista seguiría diciendo que la hay, admitiría sólo que no es consciente de sí misma.

Una consecuencia relevante de esta ideología, por mucho que sea altamente contradictoria con su propia afirmación inicial, es la de que el poder político tiene como obligación irrenunciable la de ‘construir nación’. Es contradictorio porque, si la nación preexiste al poder, ¿cómo podría tener éste por misión la de construirla?; pero la contradicción se arregla con un poco de hegelianismo sencillo del ‘ en sí-para sí’: la nación existe en-sí pero no todos tienen conciencia de ello, y lo que hace el poder es crear las condiciones materiales para despertarla por doquier.

Se entiende, para quienes habitan este universo, la relevancia de la pregunta acerca de si los vascos somos o no una nación. De la respuesta depende casi todo, quién puede gobernarnos y para qué puede gobernarnos. Aunque también se entenderá que quienes no están en ese universo, como es mi caso, se encojan de hombros ante la cuestión y su respuesta, porque nada les dice. Y también, por qué no decirlo, porque la formulación de la pregunta les parece tramposa en sí misma al incluir el artículo o determinante numeral ‘una’, inclusión que sólo tiene sentido, precisamente, desde la ideología comentada. Porque no mencioné al citar las afirmaciones básicas que sustentan al nacionalismo una fundamental: la de que «nación sólo hay una». El individuo y los grupos pueden ser de una nación o de otra, de aquí o de allí, pero no de varias a la vez, eso es metafísicamente imposible en su universo. La pluralidad de naciones es bella y hermosa, sí, pero bien separaditas entre sí, nada de mezclas o superposiciones. Es el cultivo del monomito o la monohistoria, una perspectiva que ignora deliberadamente la necesidad constitutiva del ser humano del pluralismo para poder ser libre.

Los vascos somos nación, claro que sí, pero no una sola, sino muchas. Incluso aquella que describía Marco Aurelio al decir que las fronteras de su ciudad las marcaba sólo el sol. La nación de la humanidad.

Sísifo catalán
La discutible teoría del mandato electoral falla por su base cuando hay tanta volatilidad como ahora
Lluís Bassets El País   20 Enero 2013

No hay nuevo guion. Es el de siempre. Las mismas discusiones, las mismas dificultades, incluso las mismas palabras. Con tripartito incluido: esto de ahora ya es evidente que tiene tres patas, tan discordantes como los trípodes anteriores, inestable por definición, sin autoridad presidencial capaz de fijarlo. Y también es evidente que pediremos la luna y terminaremos a ras de suelo, Sísifos catalanes condenados a trasportar la piedra hasta lo alto antes de que vuelva a caer una y otra vez al pie de la montaña.

Estamos en mitad de la recesión más pavorosa que hayamos vivido las actuales generaciones. La Unión Europea se fragmenta y evapora a ojos vista. Nuestro sistema de bienestar social se va cayendo a pedazos. El sistema político que nos ha dado paz, estabilidad y prosperidad en los últimos tiempos se halla carcomido por la termita de la corrupción. Las instituciones, arrastradas por el barro del desprestigio. Y a unos pocos miles de kilómetros las katibas del terrorismo de Al Qaeda asaltan las plantas de gas que calientan nuestros hogares e intentan hacerse con el poder de un Estado entero en el corazón geoestratégico de Africa.

Mientras tanto, nuestros diputados recién electos siguen dándole al lápiz con su declaración. De soberanía, por supuesto. Económica, política y energética incluso, si se quiere. Precisamente lo que estamos perdiendo por todos lados y vamos a seguir perdiendo unos y otros y todos juntos si no reaccionamos. Y no es una ironía, sino fruto de una creencia cada vez más intensa y extendida.

Cuidado, se nos dice, no es una cuestión meramente subjetiva, sino expresión de una voluntad popular expresada en las urnas y que obliga como mandato a los gobernantes. La realización de una declaración de soberanía estaba en el programa de la mayoría salida de las urnas y hay por tanto una obligación de aplicarla.

Bien, bajemos de la estratosfera y atendamos por un momento a esta idea. La teoría del mandato electoral parte de una creencia difícil de sustentar. Y es que las elecciones no sirven para contar con diputados que hagan y voten leyes y Gobiernos que las apliquen y gobiernen, sino que hacen hablar al conjunto de los ciudadanos como si fueran un individuo para dar instrucciones concretas: hacer una declaración de soberanía, por ejemplo. Es el pueblo que habla.

Cabría entenderlo así en los sistemas presidenciales, como el francés o el estadounidense, aunque con la salvedad de que el mandato popular que recibe el presidente puede entrar en contradicción con el mandato popular del Parlamento o sucede con la presidencia francesa de vez en cuando con la cohabitación.

Pero no es este el caso de Cataluña. No lo es a pesar de la presidencialización electoral que funciona en España y de la especial presidencialización catalana, fruto de la huella de Tarradellas y Pujol. No lo es tampoco porque hay varios niveles de elección y de Gobierno, igualmente legítimas, y no en todas las ocasiones arrojan resultados concordantes. Y sobre todo no lo es por los últimos resultados electorales, que fueron una denegación en toda regla de la presidencia plebiscitaria planteada por la campaña de Artur Mas.

Toda la hoja de ruta de la transición nacional debía ser de un tenor totalmente distinto con una mayoría absoluta de CiU y un Parlamento con una mayoría abiertamente soberanista de más de dos tercios, los necesarios para la reforma estatutaria. Artur Mas habría tenido manos libres y mandato electoral. Ahora no tiene ni lo uno ni lo otro. Está en manos de Junqueras y no tiene mandato presidencial para liderar y negociar en nombre del pueblo soberano como pretendía.

Los mandatos electorales solo se podrían tener en cuenta si “reflejaran puntos de vista estables tanto de los electores individuales como del conjunto del electorado”, según señala la autorizada voz de Stanley Kelley en un libro clásico como Interpreting elections. Estamos exactamente en la situación opuesta, en uno de los momentos más volátiles de la vida política de los últimos 40 años, tal como reflejan las elecciones y las encuestas. Y es difícil creer que la medicina ante tanta inestabilidad sea crear más inestabilidad.

Aquí está el origen de la corrupción
El Confidencial   20 Enero 2013

"El general Franco, el hombre que pronto vendrá a Barcelona, ha elegido como instrumento de gobierno la corrupción. Ha favorecido la corrupción. Sabe que un país podrido es fácil de dominar, que un hombre comprometido por hechos de corrupción económica o administrativa es un hombre prisionero. Por eso, el régimen ha fomentado la inmoralidad de la vida pública y económica. Jordi Pujol. 'Us presentem' al general Franco".

La frase que precede a este artículo forma parte de un conocido panfleto que Jordi Pujol elaboró hace medio siglo. Su objetivo era chafar la llegada del general Franco a Barcelona forzado por las circunstancias. Pujol había pasado por la cárcel tras liderar una revuelta contra un viejo franquista, Luis de Galinsoga, director de La Vanguardia Española (que así se llamaba el rotativo). Éste, en un arranque de sutileza política, había dicho tras asistir a una misa en catalán que los catalanes eran una “mierda” (sic).

Unas mugrientas declaraciones que levantaron un profundo malestar en ese cuerpo extraño que se conoce como burguesía catalana, lo que explica el viaje posterior del dictador que, como gesto amistoso, devolvió el castillo de Montjuic a Barcelona. Ni que decir tiene que Galinsoga fue destituido y le sucedió Manuel Aznar, el abuelo del expresidente.

Se cuenta que quien mecanografió la octavilla fue su mujer, Marta Ferrusola (hoy una rica y ejemplar empresaria, como todo el mundo sabe). La cita la recoge, a modo de introducción, el periodista Manuel Trallero en un libro* iniciático sobre el saqueo del Palau de la Música, precisamente el epicentro de las primeras revueltas políticas contra el franquismo en Barcelona.

La corrupción se sigue abordando como si se tratara de la suma de comportamientos individuales aislados -esos golfos descarriados que hay en cada casa-, en lugar de relacionarla con la existencia de un entramado institucional que favorece, precisamente, las conductas ilícitas. ¡Es el sistema, estúpidos; es el sistema!, parafraseando la célebre citaEl libro, sin embargo, va mucho más allá. Es el fiel reflejo de una sociedad adormecida ante la corrupción de sus élites (no sólo la intelectual, sino también la económica), que miran hacia otro lado cuando se trata de uno de los nuestros.

El gesto complaciente hacia la corrupción no es, sin embargo, patrimonio de la sociedad catalana, sino de buena parte de la sociedad española, donde la corrupción económica se ha visto hasta ahora como consustancial al sistema político (Baleares, Comunidad Valenciana, Galicia, Andalucía…). Ya resulta hasta ocioso recordar cómo el latrocinio público no pasa factura en términos electorales en la mayoría de los casos.

Este statu quo es el que ha triunfado en la vida política española a modo del periodo de la Restauración, pero algo está cambiando a consecuencia de la crisis económica. Lo que antes apenas importaba -al fin y al cabo el país crecía y se creaban puestos de trabajo- ahora no sólo repugna, sino que la frecuencia de los casos de corrupción ha revelado un país lleno de miserias por culpa de una clase política (unos más y otros menos) incapaz de entender el curso de la historia. Y que, en lugar de enfrentarse a los problemas de frente, los esquiva, esperando a que escampe.

De caso a caso
O esperando a que los jueces o la prensa desvelen otro caso de corrupción en la acera de enfrente para tapar sus propias vergüenzas. Y así es como el país pasa del ‘caso de los Eres al caso ITV. Del caso Gürtel al caso Bárcenas. Del caso Marbella al caso Pallerols’ sin que los delitos sirvan de escarnio público. Entre otras cosas porque quienes pagan -las empresas- no sufren casi nunca el consiguiente reproche penal, lo cual es un sinsentido. Ni siquiera administrativo. Muchas empresas -o sus filiales- que han sobornado a empleados públicos siguen haciendo negocios con la propia Administración.

Así es como la corrupción se ha metido en nuestras vidas, aunque probablemente habría que decir que nunca ha salido. Forma parte de nuestra imagen exterior, como el Museo del Prado o Almodóvar, lo cual es una auténtica catástrofe en un país con seis millones de parados que ha visto como en el último año han salido más de 250.000 millones en inversión extranjera. La corrupción cuesta más en términos de prima de riesgo que muchos recortes socialmente injustos.

Hay, en este sentido, un reciente informe de la OCDE en el que pone de relieve las desgracias en la lucha contra la corrupción. Sostiene la OCDE que el nivel de cumplimiento de España respecto de las leyes contra el cohecho internacional -cuando las empresas sobornan a funcionarios extranjeros a cambio de favores- es “extremadamente bajo”. Hasta el punto de que no se ha celebrado ni un solo juicio por este motivo. Aunque no es menos lacerante que en los últimos trece años apenas se hayan realizado siete investigaciones. Ningún cargo público está en la cárcel por meter mano en la caja.

Una auténtica vergüenza que refleja la desidia y hasta la impunidad que rodea a la corrupción. Sólo se descubre una muy pequeña parte de la que en realidad existe, como sostiene alguien que conoce bien los mecanismos de represión del fraude.

Lo curioso del caso es que la corrupción se sigue abordando como si se tratara de la suma de comportamientos individuales aislados -esos golfos descarriados que hay en cada casa-, en lugar de relacionarla con la existencia de un entramado institucional que favorece, precisamente, las conductas ilícitas. ¡Es el sistema, estúpidos; es el sistema!, parafraseando la célebre cita.

Cuando en un país no existe responsabilidad individual de los políticos por el hecho de que éstos se pueden cobijar bajo el manto protector de sus partidos, se llega, necesariamente, a esta situación. Bárcenas nunca hubiera sido senador si tuviera que haber concurrido a unas elecciones con su propio discurso político. Lo mismo que otros muchos corruptos, que siguen en las listas por temor a que canten.

Listas cerradas y corrupción
El sistema de listas cerradas contribuye a ese estado cosas, toda vez que si algún militante honrado pide explicaciones a la dirección por algo que ve o por una sospecha fundada, es probable que haya cavado su tumba política. Nunca más podrá presentarse a unas elecciones. Y así es como surgen las camarillas en los propios partidos políticos, origen de muchas filtraciones interesadas.

No se busca la verdad, sino dañar al adversario político, aunque sea del mismo partido. Y todo lo que rodea al caso Bárcenas en el PP apunta en esa dirección. Lo que se ventila en la calle Génova es quién mandará en el partido. Y la detestable posición de Esperanza Aguirre -que ahora aparece ante la opinión pública como si ella no tuviera nada que ver con el PP- apunta en esa dirección. Aguirre, aunque ahora en estos  le disguste, forma parte de eso que ahora critica. Es parte del problema, no de la solución. Aguirre es la que ha amamantado durante años a muchos dirigentes de su partido sin oficio ni beneficio (origen del caso Gürtel) que han hecho toda su carrera profesional en el PP. Es un sarcasmo que quiera aparecer ahora como la renovación dentro del PP. Es el pasado.

Lo que se ventila en la calle Génova es quién mandará en el partido. Y la detestable posición de Esperanza Aguirre -que ahora aparece ante la opinión pública como si ella no tuviera nada que ver con el PP- apunta en esa dirección. Aguirre, aunque ahora le disguste, forma parte de eso que ahora critica. Es parte del problema, no de la soluciónLas listas cerradas son, obviamente, un incentivo inverso y hasta perverso que degrada la democracia. Máxime cuando todo el sistema institucional -el nombramiento de los jueces o de los altos cargos de la administración y hasta de los chóferes del parque móvil- se canaliza a través de unos omnipotentes partidos políticos que dictan la vida y obra de millones de personas, sin que ellos, en su esencia, funcionen de forma democrática, que es, al fin y al cabo, lo que podría garantizar la objetividad y la imparcialidad en la toma de decisiones. O dicho de forma castiza en célebres palabras de Alfonso Guerra: "el que se mueva no sale en la foto". Imposible resumir mejor en una sola frase el origen de la corrupción.

De manera mucho más inteligente lo describía Dionisio Ridruejo en Escrito en España refiriéndose a la corrupción durante el franquismo. "El hecho de los incompetentes leales", decía, "tuvieran ventaja segura en toda competición sobre los competentes sospechosos (algún día se escribirá la historia de las oposiciones, concursos y provisiones de toda suerte de plazas e incluso de la concesión de toda suerte de negocios en estos años), constituía ya un principio de tan grave inmoralidad que, por fuerza, los benficiarios tendrían que sentirse implicados en ella, quedando ligados por un vínculo turbio, como clientes, a un sistema cuya duración era la garantía de que la injusticia no podría ser revisada en su perjuicio". Como se ve, nada nuevo. Ni mucho menos original.

Los partidos políticos son hoy cuerpos cerrados -necesariamente endogámicos- que tienden a protegerse ante el exterior tapando sus miserias, lo que explica que cuando algún dirigente roba, la tendencia natural de la dirección sea tratar de amortiguar el golpe para no dañar al conjunto de la organización.

Los propios dirigentes corruptos saben eso, lo que les convierte en extremadamente poderosos porque están seguros de que el partido tenderá a protegerlos para evitar un escándalo mayor. Se hace bueno, de este esta manera, aquello que decía Michels: cada militante de un partido político lleva dentro de su mochila el bastón de mariscal. Unos lo utilizan y otros, no. Y alguno lo hace de forma magistral.

*Música Celestial. Del mal llamado caso Millet o caso Palau. Manuel Trallero. Editorial Debate. 2012.

 

 

 

 


 

 

 

 

La cabeza del disidente
http://elblogdeglorialago.blogspot.com.es/   20 Enero 2013

Ayer por la tarde estuve charlando por teléfono con un doctorando estadounidense que está elaborando una tesis sobre la política lingüística en Cataluña y Galicia. Galicia Bilingüe aparecía como referente en la documentación que maneja y necesitaba que le proporcionara algunos datos. El día anterior le había enviado información por correo electrónico a una joven alemana licenciada en hispánicas que empieza ahora una tesis sobre el bilingüismo en Galicia. No es la primera vez que algún estudiante extranjero nos pide ayuda, y yo les informo encantada, aunque he de confesar que ciertas miserias siento reparo en airearlas. El americano y yo contrastamos datos sobre legislación y le informé sobre nuestras denuncias, que son muchas más de las que trasladamos a la prensa, pero las tropelías "normalizadoras" de todo a 100 suelo callármelas.Y es que me entra un sentimiento del orgullo casero y siento vergüenza. Los trapos sucios se lavan en casa. Ayer tenía en mente la más reciente de estas pequeñas miserias. No sé hice bien al no comentarlo, porque este caso es un ejemplo muy ilustrativo de cómo el nacionalismo excuyente y totalitario le da caza al disidente.

La víctima en esta ocasión es el director de la Banda Municipal de música de Villagarcia de Arosa, que tuvo la "osadía" de traducir al español una pieza musical e interpretarla en el concierto de fin de año. La obra titulada "Himno a los héroes del Orzán" está dedicada a los policías que perdieron la vida en la playa coruñesa hace ahora un año en una actuación heroica. Pues se armó. Nada habría sucedido si la hubiera traducido al inglés o al swahili, tampoco importó que contara con el permiso del autor. Las asociaciones y plataformas de la causa sacaron el afila-lenguas, desempolvaron los bazocas y el asunto se va derechito al pleno municipal. Al más puro estilo Bieitiño Lobeira, todos ellos se propusieron darle un buen escarmiento al atrevido director de la banda para que a nadie más se le vuelva a ocurrir jamás de los jamases osar cometer semejante "blasfemia". Este es uno de los titulares, lo acompañan los calificativos que recogió la prensa. Sólo os traslado el de La Voz de Galicia, lo de los medios nacionalistas y sus redes sociales os lo ahorro, como digo siempre, por higiene. Poco menos que pedían la cabeza del disidente.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

A quienes habitarán el futuro
Nuestros hijos merecen claridad en los planteamientos sobre Cataluña
Pablo Salvador Coderch El País   20 Enero 2013

Si usted sabe ya qué tesis defiendo en este artículo sobre el futuro de Cataluña y de España es que estoy muerto. Pero como todavía no ha sonado mi hora, les diré que mi opinión personal no debería contar, pues defiero a las alternativas más preferidas por mis hijos y, por extensión, a las de ese poco más del 30% de los españoles y catalanes que tienen menos de 30 años, a quienes habitarán el futuro.

Con tal de que los mayores de 30 años se lo hayamos puesto muy claro, es decir, con tal de que las reglas del juego que los políticos de uno y otro lado habrán de discutir, negociar y pactar, permitan a quienes vivirán y trabajarán en este país durante el próximo medio siglo conocer de antemano cuáles son los caminos propuestos y hacia dónde les conducen.

Los políticos profesionales repiten siempre que quieren construir el país de nuestros hijos. Nadie les cree: todos sabemos que buscan su vida entre los votos que les nutren, y como los niños no pueden votar, la edad media de los españoles supera los 40 años y la del votante mediano es aún más alta, los políticos van a por los votos que cuentan, los de adultos y personas mayores. Así vamos. Cuesta abajo.

Para corregir el sesgo cada vez más favorable a la visión que del futuro tenemos quienes no habremos de vivirlo, propuse hace algún tiempo que los menores de 18 años deberían de poder contar, por mediación de sus padres, con el derecho al voto: votarían los padres de consuno; en caso de desacuerdo prevalecería el voto de la madre; y el adolescente mayor de 14 años podría vetar la posibilidad del voto parental. Lo sé, el Tribunal Constitucional alemán ha rechazado esta deplorable idea por opuesta al principio de igualdad del voto. Otros lo han hecho porque los padres, dicen, tenderían a votar según sus propias preferencias o porque el sistema sería muy complicado de gestionar. Pero las objeciones, no por conocidas, me impresionan: en ningún sistema electoral los votos valen lo mismo. Así, en las últimas elecciones al Parlament de Catalunya, en la provincia de Barcelona, salimos a un diputado por cada 65.000 habitantes, mientras que en Lleida tiene uno por cada 27.500. Lo mismo ocurre en unas elecciones generales al Congreso de los Diputados si comparan Soria con Madrid. Y en Estados Unidos el millón de habitantes de Montana eligen el mismo número de senadores que los 38 millones de California: exactamente a dos. Pero entonces, si nuestros sistemas electorales sesgan los votos en favor de los territorios menos poblados, ¿por qué habría de estar mal que favorecieran a los ciudadanos menos vividos?, ¿es que alguien cree que es realmente sensato seguir primando el voto sobre el futuro en favor de quienes no viviremos para contarlo?

Hay un sesgo cada vez más favorable a la visión que del porvenir tenemos quienes no lo viviremos

Luego hay métodos de votación que permiten ordenar con claridad las preferencias de los electores. Así, Jean-Charles de Borda, un matemático francés, propuso hace más de tres siglos que cada votante pudiera expresar sus preferencias sobre, pongamos, cinco alternativas distintas dando cuatro votos a la que consideraba prioritaria, tres a la segunda, dos a la tercera, uno a la cuarta y cero a la quinta. En el método de Borda, gana la alternativa que suma más votos. Y es intelectualmente atractivo porque salvaguarda el principio de igualdad de voto y obliga a los políticos a prescindir de afirmaciones inescrutables (“Queremos estructuras de Estado”), forzándoles a definirse, a enseñar sus cartas, a dejar de pastorearnos. Por ejemplo, en el diseño de la Cataluña del futuro, podríamos optar entre la independencia dura con banco central, Ejército y embajadas (primera alternativa); una confederación, con prácticamente todas las competencias de política interior (segunda); un sistema federal, con competencias repartidas y jurisdicción propia (tercera); la continuación del sistema autonómico actual (cuarta), o Els Països Catalans (quinta). El punto débil del método es que se presta al voto insincero: un votante puede desplazar a una segunda opción que compite bien con su primera opción por el procedimiento de dar bastantes votos a una tercera que considera menos probable.

Rafael Hortalà-Vallvé, un matemático catalán que trabaja en la London School of Economics, también ha propuesto un sistema de voto cualitativo, según el cual cada elector dispone de un cierto número de votos que también puede distribuir entre las distintas opciones que se le presentan: a diferencia de los sistemas de voto mayoritario, en los de voto cualitativo se pasa de la alternativa preferida por los más de los electores a la alternativa más preferida por los electores.

También es posible promover directamente la claridad: el sistema canadiense de la Ley de Claridad, del año 2000, obliga a formular muy directamente la pregunta sobre la independencia, sobre la secesión misma, pues prohíbe tanto reconvertirla en una cuestión sobre el otorgamiento de un mandato para negociar con las autoridades centrales como adornar la propuesta de secesión con otras posibilidades que dependan —esa es la palabra— del acuerdo de terceros.

Así, a quienes habitarán el futuro de Cataluña y de España les deseo que les permitan decidirlo con claridad. No estoy nada seguro de haber acertado en la bondad de mi empeño, pero estoy cierto de que mi opinión personal y anticuada no pasa de la pura anécdota, que no soy Moisés, sino solo un admirador nostálgico de la Corona de Aragón.

Pablo Salvador Coderch es catedrático de derecho civil de la Universitat Pompeu Fabra.

Chamberlain Rajoy
http://cronicasbarbaras.blogs.com   20 Enero 2013

El sino de España, acobardada quizás por el trauma de la guerra civil, es volverse apaciguadora cuando la acosan, como Chamberlain ante Hitler, Zapatero con los islamistas, ETA y las locuras del socialnacionalismo catalán, y ahora Rajoy y su líder catalana con el reto independentista de Artur Mas, CiU y ERC.

Cuando Chamberlain volvió de Berlín en 19938 tras haber aceptado el expansionismo territorial nazi, pero anunciando que Hitler era un hombre de paz, Churchill de dijo: “Hemos perdido el honor, y además tendremos guerra”.

En la España democratica sólo hubo una respuesta contundente a una provocación: el caso de Perejil en 2002. Pero Aznar hizo tal exhibición de sus tabletas musculares que convirtió en ridícula aquella pequeña acción.

Y pese a parecer tan centralista quiso apaciguar a los nacionalistas cediéndoles totalmente la educación. En Cataluña la usaran ahora para fabricar independentistas.

Las concesiones apaciguadoras de Zapatero empiezan tras los atentados que le facilitaron llegar al poder.

Al no enfrentarse al islamismo manteniendo las tropas españolas en Irak, al menos seis meses, porque no eran combatientes ni habían participado en la guerra, su huida urgente ante una cuarentena de países aliados situó a España en una humillación internacional que aún paga.

Mariano Rajoy prometía cierta dignidad, pero frente a las exigencias independentistas del nacionalismo catalán empieza a resultar apaciguador, como Chamberlain.

Su virrreina catalana, Alicia Sánchez-Camacho, propone que Generalidad de Mas reciba una “financiación singular a través de un pacto fiscal”, como si las ambiciones de los derrochadores y posiblemente corruptos independentistas catalanes merecieran mayor atención que las de otras CC.AA.

Y sus representantes en el País Vasco reclaman ahora tratar a Bildu, heredero político de ETA-Batasuna, como a un partido cualquiera: se sigue perdiendo la dignidad, y a saber qué viene detrás.

¿Qué hay de malo en ello? *
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA, EL CORREO   20 Enero 2013

Admitir el derecho a decidir, negándose a aceptar el de la independencia, es asomarse al torbellino creyéndose a salvo de ser engullido por él.

Alos partidos catalanes favorables al derecho a la consulta, pero no por ello defensores de la independencia, es decir, a PSC e ICV, les ha parecido inaceptable la propuesta de resolución que habían preparado al alimón CiU y ERC para ser aprobada en el primer pleno de la nueva legislatura, a celebrar el próximo día 23. La propuesta, que se proponía en principio atraer a todo el que defendiera el «derecho a decidir», habría sido redactada, según denuncian aquellos, desde la perspectiva de quien considera la independencia la única alternativa al actual statu quo.

Como consecuencia de esta discrepancia, los promotores de la iniciativa, CiU y ERC, han aceptado presentar una redacción que se dice más moderada, mientras que los discrepantes, PSC e ICV, los han secundado presentando sendas propuestas que pretenden servir de base para una negociación que converja en una resolución común. En la posición de, al menos, estos dos últimos partidos late la idea de que entre el derecho a decidir y el derecho a la independencia cabe un espacio en el que quienes admiten sólo el primero y quienes defienden también el segundo pueden encontrase y convivir de manera armoniosa y permanente. Por lo visto, también ellos se han hecho la pregunta retórica que en su día repitiera el lehendakari Ibarretxe: «¿Qué hay de malo en ello?», a saber, en preguntar a la ciudadanía cómo quiere decidir su propio destino.

Pues de malo hay –si es que de bien y de mal puede hablarse en estas cosas– que quien admite el derecho a decidir en los términos en que cualquier nacionalismo lo plantea está prácticamente abocado a defender también el de la independencia. Porque la libre decisión o, dicho sin el eufemismo al uso, la autodeterminación a la que tendría derecho una colectividad va necesariamente ligada, como muy bien arguye en este caso la propuesta de resolución de los nacionalistas CiU y ERC, a la soberanía que a tal colectividad se le supone. Aceptar, por tanto, sin más precisiones, el derecho a decidir de una colectividad, pretendiendo negarse a admitir al mismo tiempo el de la independencia, es como querer asomarse al primer bucle del torbellino, creyendo que va uno a poder salvarse de ser engullido por su vorágine.

En el escenario catalán, la postura de ICV resulta más comprensible. Va en la naturaleza del «radicalismo democrático» que este partido se arroga –tal y como ocurría en Euskadi con la Ezker Batua de los tiempos del mencionado lehendakari Ibarretxe– no irle nunca jamás a la zaga, por razones de la irrenunciable coherencia ideológica, a quienquiera que proclame defender la más absoluta de las libertades que imaginarse pueda.

No es éste, sin embargo, el caso del PSC que, como partido educado en el pragmatismo y animado por una permanente vocación de gobierno, no puede dejar de reconocer y aceptar los condicionantes de todo tipo –social, político y jurídico– con que la libertad y la democracia se encuentran a la hora de hacerse realidad. Resulta, por eso, sorprendente que un partido como éste se haya dejado enredar en la simpleza de ese silogismo en bárbara que el nacionalismo emplea para transitar de la soberanía a la independencia, pasando por el inocuo derecho a decidir.

La explicación de este comportamiento tan sorprendente ha de buscarse en la deriva que los socialistas catalanes vienen sufriendo desde que, bajo el liderazgo de Pasqual Maragall, formaron en diciembre de 2003 aquel ya emblemático ‘Govern tripartit’ y se propusieron proceder a la elaboración de un nuevo Estatut que reformara de arriba abajo el vigente de Sau. El propósito se demostró demasiado ambicioso y, en la misma medida, desmesurado. Había en él un intento larvado, pero, en todo caso, fácilmente detectable –y muy en línea, por otra parte, con la tradición política catalana–, de reformar, esta vez por vía indirecta, la Constitución española en lo que ésta supone de estructuración territorial del Estado.

Ocurrió en consecuencia que, cuando la propuesta de nuevo Estatut fue corregida, primero, en el Congreso y, más tarde, por el Tribunal Constitucional, los socialistas catalanes, en vez de actuar con la templanza política que ha de suponérsele a un partido de Estado y explicar a la opinión pública tales correcciones en términos razonables, decidió reaccionar como lo hubiera hecho cualquier partido nacionalista y ponerse a la cabeza de un movimiento, iniciado con la manifestación del 7 de julio de 2010, que sólo sirvió para exacerbar los sentimientos de agravio y fortalecer el victimismo.

La torpeza de esta conducta quedó puesta en evidencia por sus resultados. En primer lugar, se reabrió la brecha entre las dos corrientes del socialismo catalán que en su día convergieron para formar un único partido. De otro lado, se condenó a la insatisfacción y a la orfandad, en idéntica medida, a los dos sectores de su electorado –el catalanista y el españolista– que hasta entonces se sentían por él representados. Y, finalmente, como efecto de la desorientación y de la desbandada, se echó en brazos del nacionalismo a un buen puñado de quienes durante tanto tiempo se habían mantenido fieles votantes.

El socialismo catalán ha quedado así como embolsado en territorio hostil, sin saber cómo reorientarse en la nueva situación creada a raíz de la segunda manifestación del 11 de septiembre de 2012. De este modo, la resolución que los socialistas catalanes acaban de presentar en el Parlamento, distanciándose de los nacionalistas, no puede interpretarse sino como un tardío intento de devolver a la lámpara al genio que también ellos conjuraron a salir.

El viacrucis económico del Gobierno gallego
Manuel Lago La Voz  20 Enero 2013

E n las próximas semanas el presidente Feijoo va a sufrir un auténtico viacrucis de noticias económicas que van a poner en evidencia el fracaso de su gestión y, peor aún, la falsedad de su discurso económico. El día 30 conoceremos la evolución del PIB en el 2012 que, con total seguridad, será negativo, en el entorno del -1,5 %, lo que certificará un año entero en recesión. En realidad, de doble recesión, porque desde el 2009 la economía gallega está en un bucle recesivo del que no es capaz de salir y que ya acumula una caída del PIB del -4 %.

Y sin crecimiento económico no hay empleo, como lo confirmará el INE el día 24, cuando conozcamos que en el 2012 se habrán destruido más de 40.000 empleos en Galicia y nos acercaremos peligrosamente a esa barrera de 300.000 personas en desempleo que con gran probabilidad cruzaremos en el primer trimestre de este mismo año.

Hasta aquí nada nuevo. El presidente y la Xunta en su conjunto ya han reconocido que no son capaces de crear empleo y lo difieren hasta, por lo menos, el 2015. Pero lo más terrible para Feijoo es que se producirán en este primer trimestre dos hechos que ponen en cuestión de forma radical su discurso económico.

El primero será la presentación oficial del informe del Consello de Contas del año 2010, que ya está redactado, en el que se revela que la Xunta transfirió de forma irregular gastos por un importe de 411 millones de euros al ejercicio siguiente. Esto es un hecho gravísimo al menos en dos cuestiones. La primera es que esa cifra es casi el 0,5 % del PIB de ese año y por lo tanto, de no mediar esa irregularidad contable, el déficit publico de Galicia no fue el que presumió Feijoo sino un 20 % más, lo que nos colocaría entre las peores comunidades autónomas, superando por mucho el límite fijado por el Gobierno central.

La segunda es más grave porque afecta a la propia credibilidad de las cuentas públicas y de la Administración responsable, porque retorcer los criterios contables para hacer que las cuentas avalen el discurso del Gobierno es una práctica enormemente peligrosa.

Pero posiblemente lo que más daño le va a causar al presidente es la más que probable petición de rescate al Gobierno central. En la campaña electoral, el presidente utilizó como aval fundamental de su política que Galicia no necesitaba financiarse a través del Fondo de Liquidez Autonómica, lo que demostraba nuestra mayor solvencia frente a las demás comunidades. Si estas cuatro malas noticias se confirman, ¿qué nos va a contar el presidente? Porque ya no es solo el fracaso en el crecimiento económico y el insoportable aumento del paro que acumula desde el 2009. Es que también se va a desmontar el discurso de las cuentas saneadas y el de la solvencia de Galicia. Llegado ese momento, la ciudadanía se merece una explicación; sería de agradecer que no insulten nuestra inteligencia diciendo que en Andalucía están peor.

condenados por el tribunal supremo
Detienen a los tres miembros de Segi que anunciaron su intención de pasar a la clandestinidad
Tras la manifestación celebrada por la plataforma Eleak ayer en la capital guipuzcoana en apoyo a los condenados en esta sentencia, los tres se encadenaron a unos barrotes en el exterior del hotel María Cristina. E. C. | SAN SEBASTIÁN. El Correo  20 Enero 2013

Tres condenados por pertenencia a Segi fueron detenidos ayer en San Sebastián después de que se encadenaran a unos barrotes junto al hotel María Cristina. Se trata de Xabier Lujanbio Galparsoro, Maitane Linazasoro López y Arkaitz Anza Illarreta, tres de los cinco vecinos de Renteria condenados primero por la Audiencia Nacional, y el pasado 18 de diciembre por el Tribunal Supremo, a seis años y medio de prisión por pertenecer a la organización ilegalizada por prestar apoyo a ETA. A principios de año, los tres habían anunciado en un vídeo su intención de «esconderse» y pasar a la clandestinidad.

Sin embargo, tras la manifestación celebrada por la plataforma Eleak ayer en la capital guipuzcoana en apoyo a los condenados en esta sentencia, que reunió a un millar de personas, los tres se encadenaron a unos barrotes en el exterior del hotel María Cristina. La Ertzaintza tuvo que encargarse de soltarles y, una vez comprobadas sus identidades, fueron detenidos para cumplir la orden de búsqueda de la Audiencia Nacional.

Lujambio, Linazasoro y Anza fueron detenidos el 18 de abril de 2008 en una operación del Cuerpo Nacional de Policía en la que fueron arrestados un total de nueve acusados de formar parte de un grupo de violencia callejera. Los tres ingresaron en prisión, aunque Anza fue puesto en libertad bajo fianza en mayo de 2009 y los otros dos un año más tarde. El 16 de enero de 2012 la Audiencia Nacional les sentenció a sendas penas de seis años de prisión, castigo que fue confirmado por el Supremo en diciembre pasado. Les condenaron por un delito de integración en organización terrorista.
La manifestación de ayer contó con la adhesión de partidos e instituciones como los ayuntamientos de San Sebastián y Renteria, EH Bildu y Lokarri, entre otros.


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