AGLI Recortes de Prensa  Lunes 4  Febrero 2013

España y la dictadura de la corrupción
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 4 Febrero 2013

Decíamos aquí hace un par de semanas que el discurso de investidura de Artur Mas, leído en el Parlamento catalán el 20 de enero, apuntaba a las exequias del Régimen político surgido a la muerte de Franco y marcaba el final de una época, en tanto en cuanto ese proyecto secesionista suponía la quiebra de la Constitución de 1978, el modelo de monarquía parlamentaria que pretendió, bajo los auspicios de la Corona, dar satisfacción a las aspiraciones de autogobierno de CiU y PNV. Lo ocurrido en este mes de enero no ha venido sino a confirmar lo dicho. Al desafío del nacionalismo catalán se ha unido la crisis terminal de la propia Corona, puesta contra las cuerdas por el escándalo Urdangarin y su esposa, Cristina de Borbón. Y como no hay dos sin tres, enero se ha despedido, tras días de intensa preparación artillera, con el estallido de la “bomba Bárcenas”. El partido que sostiene el Gobierno y el propio Gobierno, con su presidente a la cabeza, han resultado arrollados por la caligrafía contable del ex tesorero. Toda una generación de políticos manchados por el fango de la corrupción, todos hasta las orejas de mierda. España y la tormenta perfecta.

El final del Régimen viene marcado por tres historias paralelas: Cataluña, la Corona y el partido del Gobierno. Tres casos de corrupción al por mayor. Lo decía el Süddeutsche Zeitung el pasado 24 de enero: “la clase política española sabe repartir dinero, pero nunca ha aprendido a generar riqueza. Lamentablemente, no cabe imaginar que unos políticos con esta mentalidad sean capaces de sanear un país en peligro de quiebra. Para que eso sea posible tiene que crecer una generación que, desde la indignación, desarrolle otra compresión de política de partido. España necesita nada menos que una segunda transición”. Dictadura de la corrupción. En eso ha devenido aquel país que hace más de 30 años fue capaz de ganarse la admiración de medio mundo con una transición pacífica desde la dictadura hacia una teórica democracia parlamentaria, tras la sombra ominosa de una guerra civil que dejó muchos miles de muertos sobre las cunetas. Remedando la pregunta que se hacía Zabalita, el personaje de Conversación en La Catedral, referida a Perú, cabría decir aquí: ¿y cuándo se jodió España?

Con Aznar en el poder, la abundancia de dinero en la calle enterró cualquier posibilidad de reforma
No es hora de hacer recuento detallado del camino de perdición que nos ha conducido a este Gólgota, asunto, por otro lado, aludido aquí en numerosas ocasiones. Sí está claro que la corrupción a gran escala empezó con Felipe González. Su última legislatura, iniciada en junio de 1993, terminó en una explosión de escándalos a cual mayor que condujo al adelanto electoral de marzo de 1996 y a su derrota a manos de José María Aznar. Es evidente que el país hubiera agradecido entonces una vuelta de tuerca democratizadora para ajustar las piezas de una Constitución sobre la que, en 1978, pendía la amenaza de la rebelión militar, para, entre otras cosas, haber devuelto a la Justicia la independencia que el bribón sevillano le había arrebatado. Nada se hizo. Pudo hacerlo Aznar y tampoco. Lo que sí hizo el PP fue endosar en nombre de la derecha democrática el pacto no escrito establecido por el felipismo entre la clase política y la elite económico-financiera, una pequeña oligarquía decidida a enriquecerse a manos llenas contando con la ausencia de controles democráticos y con un sistema judicial domesticado. La carrera hacia el enriquecimiento ilícito la había iniciado ya a finales de los setenta el propio Monarca, titular hoy de una fortuna que The New York Times ha cifrado en 2.600 millones de dólares. La contrapartida iba a consistir en el ensanchamiento de las clases medias y el mejoramiento del nivel de vida colectivo, fenómeno que se hizo posible tras la recuperación del crecimiento a partir de 1995 y que alcanzó su paroxismo con la burbuja inmobiliaria. Con Aznar en el poder, la abundancia de dinero en la calle no solo enterró cualquier posibilidad de reforma y amejoramiento de la pobre calidad de nuestra democracia, sino que hizo de la corrupción el medio de vida de instituciones, sindicatos y partidos, y desde luego de decenas de miles, cientos de miles de españoles.

Cuando las aguas de la abundancia ficticia comenzaron a retirarse, hace de esto ya más de cinco años, sobre el lecho de la ría quedaron al descubierto y entre el fango las miserias de un sistema prematuramente agostado, democráticamente pobre y profundamente corrupto. La herencia de esos años apresuradamente descritos se ha concretado en la mayor crisis política ocurrida en España desde la muerte de Franco, crisis terminal, al estilo de las grandes crisis históricas que, como la del 1898 -año de la pérdida de Cuba y Filipinas- sacuden cada cierto tiempo España hasta dejarla tiritando de ira y miedo. Situación de metástasis absoluta. Todo está infectado. A diferencia de otras crisis, no hay ahora una sola institución sana a la que los ciudadanos puedan aferrarse para imaginar una salida digna, una luz de esperanza al final del túnel. Todo está corrompido, empezando por la propia Jefatura del Estado. No queda nada sano.

¿Rajoy?, bien; ¿Sus explicaciones?, claramente insuficientes
Tenía razón cierto dirigente popular cuando, mohíno tras los resultados de las generales de 2008 que apalancaron en el poder al estulto Zapatero, se lamentaba de la falta de estímulos en la dirección del PP para promover reformas radicales del sistema y del propio modelo de partido. Argumentaba el susodicho que Mariano vivía en el mejor de los mundos con su estatus de jefe de la oposición, tarjeta de crédito, coche con chófer, honores, dinero, “sí, dinero, porque en el partido hay mucho dinero, mucho sobresueldo”, de manera que ese estilo de vida acomodado, que, por otro lado, no requería la asunción de un solo riesgo, suponía la ausencia total de motivación para abordar cualquier mejora, tanto para el país como para el partido, y sí, en cambio, coadyuvaba al plácido sesteo al frente de una organización anquilosada, dominada por el caciquismo provincial más rancio, los Baltar de turno. El Rajoy de la primera legislatura ZP fue incapaz de regenerar un partido que ya lo estaba pidiendo a gritos (luego nos daría, por toda explicación, que había heredado en Génova un equipo que no era el suyo), lo que explica que muchos votantes de la derecha centrada no le votaran en 2008: simplemente no se podía votar a la derecha caciquil y corrupta de los Camps y Compañía.

Rajoy habló en presente, defendiendo sólo a la actual dirección. ¿Tendrá que matar a Aznar para salvarse él?
Con un PSOE destrozado, ni siquiera la mayoría absoluta ha logrado enmascarar la oquedad de una organización sin más ideología que el usufructo del poder. El diario El País ha hecho correr la especie de que dispone de información bastante para dinamitar el partido. “Esto es la liquidación del PP”, asegura un prohombre de la derecha. La única posibilidad de salvación, plagada de riesgos, cierto, que antes de la comparecencia del Presidente se vislumbraba consistía en dar gallardamente la cara, salir a la palestra y cantar la gallina, reconociendo los errores cometidos, “porque si Rajoy se enroca, está muerto: antes o después se lo llevará la ola”. Rajoy habló. La imagen personal que ayer transmitió puede que haya sido suficiente para calmar la ansiedad de la fiel infantería popular, pero sus explicaciones resultaron claramente insuficientes. Habló en presente, defendiendo sólo a la actual dirección. ¿Tendrá que matar a Aznar para salvarse él? Negó tajantemente haber cobrado en B, pero no aludió a los sobresueldos, porque todos sabemos que será muy difícil probar que esos sobres provenían de dinero negro, ya que quienes lo dieron y quienes lo recogieron nunca lo admitirán. Estamos ante una probatio diabolica tanto de cargo como de descargo, que, a falta de nuevas evidencias, dejará abierta de par en par la puerta de la sospecha.

El escándalo Bárcenas apunta a la incineración de una generación de políticos del PP, y convoca a la necesidad inaplazable de refundar el partido. Refundar el PP y hacer lo propio con el PSOE, claro está. Toda la vieja guardia crecida a la sombra del bigotito de Aznar está quemada, tras arder en la hoguera de la corrupción colectiva. Se salva, o tal parece, Esperanza Aguirre, cuya edad y situación personal la inhabilitan para mayores empresas. Y se libra de la quema, atención, el gran Alberto Ruiz-Gallardón, un personaje sometido hoy a estrecho escrutinio en las filas de la derecha, un tipo objeto de todas las sospechas, cuya relación con el FGE, Torres Dulce, es de sobra conocida, aunque mucho menos que la estrechísima y fraternal amistad que mantiene desde siempre con el grupo Prisa y, sobre todo, con el periodista que dirige el escuadrón investigador de El País.

¿Qué diseño de país queremos darnos?
Refundar PP y PSOE, y abrir un proceso constituyente capaz de diseñar un futuro de libertad y prosperidad para este país, bajo el imperio de una Ley igual para todos, banqueros incluidos. Ese debería ser el horizonte de un país sensato, habitado por ciudadanos libres y dueños de su destino. Por desgracia, sabemos de sobra que nuestras elites políticas y financieras, con el respaldo de la UE y en particular de Alemania, perseverarán en la mentira hasta que la marea de la protesta social les obligue a claudicar. En pleno hundimiento, la pregunta que millones de españoles se formulan ahora es de este tenor: ¿Qué hacemos para librarnos de ésta? ¿Dónde está la salida de incendios? ¿Qué diseño de país queremos para los próximos treinta o cuarenta años? La tarea se vuelve particularmente complicada cuando reparamos en que la crisis política viene, además, acompañada de la mayor crisis económica de nuestra reciente historia. Y en que no será posible salir de una sin resolver la otra, y viceversa, porque no hay posibilidad de construir una economía moderna sin una democracia que funcione, como tantas veces aquí se ha dicho.

Hay quien habla de un Pacto de Estado, lo que en el fondo equivale hablar de un gran pacto social, que debería estar encabezado por el presidente del Gobierno y el líder de la oposición para, primero, salir de la crisis y, después, abordar los cambios constitucionales pertinentes. Quienes, sin embargo, creen que ambos personajes, como los partidos que representan, están amortizados, no ven otra solución que el nombramiento de un tecnócrata, al estilo Monti, para encabezar esa tarea. A día de hoy y tras la comparecencia de Rajoy de ayer, es importante resaltar que no podemos dejarnos arrastrar víctimas de la desesperanza y mucho menos de la desesperación. Los ciudadanos concernidos con la necesidad de buscar un futuro mejor para España son legión, familias enteras que en el almuerzo de hoy volverán a hablar de lo mismo, a preguntar, a proponer, a alentar… Conscientes todos de que la respuesta no puede ser la algarada, y de que la solución tiene que salir de la política, en otra política, de otra clase de políticos. Y de la regeneración de los viejos valores de la honestidad, el esfuerzo y el trabajo bien hecho, lo que implica, de una vez por todas, desalojar a los corruptores de sus covachuelas y derribar la dictadura de la corrupción que se ha adueñado de España.

Rajoy y el bochornoso secuestro de nuestra democracia
S. McCoy El Confidencial 4 Febrero 2013

Si había alguna duda de cuál es la prioridad de Mariano Rajoy en un momento en el que sus votantes se preguntan estupefactos qué demonios ha ocurrido en el Partido Popular en estos últimos años, ayer quedó completamente disipada. Prima la estabilidad de su formación y al ciudadano de a pie que le den. Así quedó sobradamente probado en esa no comparecencia –por no estar presente-, no pública –al no admitir preguntas- tras el Comité Extraordinario del sábado. Mensaje hacia dentro y desplante hacia fuera. Con la excusa de ni una palabra de más, ni un gesto de menos, no vaya a ser que la armemos, el presidente del Gobierno sustrajo a la opinión pública, representada por los expectantes medios de comunicación allí presentes, cualquier posibilidad de trasladarle directamente las preguntas de la calle.

Una calle que hierve de indignación hasta el punto de cuestionarse si para este viaje merecía la pena el sacrificio de tantos y tantos que lucharon por la democracia durante tantos y tantos años. De hecho, los que tienen memoria histórica, asimilan la situación actual al periodo preconstitucional, cuando Arias Navarro abogaba por unos meros retoques del modelo político y se encontró con la oposición frontal de aquellos que sabían que el cambio completo de régimen era imprescindible si se quería romper con el pasado y sentar las bases para una nueva forma de representación pública y de Estado. Fue la conciencia común de la inviabilidad del sistema anterior en la nueva etapa, unida a una ilusión colectiva de país en la que primaron las cesiones frente a las reivindicaciones, la que permitió alumbrar eso que se dio en llamar Transición.

Pues bien, es verdad que nos hallamos en una tesitura similar, en la que la estructura actual de poder no da más de sí y muestra una señales de agotamiento propias del final de un ciclo. La población no confía en unas instituciones que percibe endogámicas y puestas al servicio no de la sociedad, sino de aquellos que las integran. La desafección es palpable. Y el riesgo de polarización y ocupación fraudulenta del poder, extremo. De ahí que resulte perentoria una regeneración de nuestra política, con minúsculas, para hacer verdadera Política, con mayúsculas, que permita reconciliar la democracia con aquellos que la hacen posible y que amenazan con darle la espalda: usted y yo, queridos votantes. Y, como hace cuarenta años, no sirve la mera cosmética, sino que es necesario meter el bisturí, llevar a cabo una auténtica revolución que, paradójicamente, se ha de sustentar en principios que, de puro básicos, resulta bochornoso enumerar: integridad, transparencia, cercanía al elector y profesionalidad.

Sin embargo, hay un problema de partida: el secuestro paulatino de nuestra democracia a los largo de las últimas dos décadas, de la que la no comparecencia, no pública de Rajoy el sábado es buena muestra. Efectivamente, tal y como está montado el chiringuito por parte de los políticos profesionales, cualquier alteración del statu quo pasa por poner en riesgo, precisamente, su propia circunstancia personal, el modo único y excluyente de vida para muchos de ellos. Y ahí, con la mezquindad hemos topado. Esperar una regeneración que nazca de los propios partidos es una quimera como lo es el pensar puerilmente que van a ser capaces de aprobar las tan necesarias leyes que eviten la definitiva italianización de nuestra política, fragmentación y desencanto a partes iguales. Somos rehenes de la mediocridad de una clase dirigente que se niega a poner en juego su propio medio de supervivencia. Un proceso consentido durante años que ahora descubrimos abruptamente, atados y amordazados como estamos.

Siendo así, solo cabe esperar la aparición de una figura capaz de liderar este proceso, más allá del necesario ejercicio de su papel de control transversal de los otros dos poderes del Estado, el montesquieano judicial –de una lentitud pavorosa que condiciona su tarea, politización de sus estamentos aparte-, y el de los medios de comunicación –que de un modo u otro, de la necesidad nace la virtud, están recuperando a pasos agigantados la misión social de denuncia que tienen encomendada-. No hay muchas alternativas. Al menos, no surgen en las cenas de salón del todo Madrid estos días, donde hay miedo acerca de cómo se va a canalizar el enorme descontento social con el establishment. Y, por más que suene a aberración en la circunstancia actual que padece, solo la Corona parece en disposición de ejercer dicho papel, no en la figura del convaleciente y amortizado Juan Carlos, sino de Felipe, sea oficial u oficiosamente como ejerció entre bambalinas el monarca en su día.

Estamos a un tris de la ocupación de las calles por parte de unos indignados que están pasando de ser excepción a regla. Hemos visto ya gesto de acoso popular al Parlamento, lo que es buena muestra de la gravedad de la situación. El discurso político cada vez es más hueco a los oídos de una mayoría cabreada y hastiada. O se toman medidas, o esto estalla. Alguien tiene que ejercer autoritariamente un liderazgo. Y, si verdaderamente la monarquía ya no está para estas cosas, entonces me dirán para qué está. Es su última oportunidad para mostrar su utilidad, su necesidad en términos de función pública. Ser o no ser. En su día fue ella la que dio profundidad al cambio y estabilidad a su desarrollo inicial, destacando su presencia estelar la noche de un 23-F en que también el sistema amenazaba con ser secuestrado, en este caso, de fuera adentro. Vuelve a ser su turno. Una baza débil, cierto es, pero la única posible. Juego sin pares de postre, puntitos y a remar.

Buena semana a todos.

La hora del "harakiri"
Francisco Rubiales Periodista Digital 4 Febrero 2013

España está políticamente bloqueada, en un callejón sin salida. El gobierno no tiene credibilidad y sigue siendo sospechoso de corrupción, a pesar del desmentido drástico de su presidente, Mariano Rajoy, mientras que la oposición socialista, consciente de que fracasó en el pasado y, bajo Zapatero, condujo a España hasta el fracaso, la pobreza y el desprestigio internacional, sabe que no puede ganar unas elecciones normales y quiere aprovechar la crisis de la derecha para provocar unas elecciones dominadas por la venganza, la histeria y la confusión, único ambiente en el que puede ganar y regresar al poder.

Pero la solución de España no es ya la vieja receta de la alternancia porque la oposición seria un remedio todavía peor que el desastroso gobierno del PP. La única solución democrática y decente consistiría en un "Harakiri" responsable de los políticos que controlan el sistema, en la disolución de partidos políticos desprestigiados y abrasados por la corrupción y el fracaso y en la apertura de un "proceso constituyente" del que debería surgir un sistema verdaderamente democrático, con los poderes del Estado independientes, con una ley igual para todos, con castigo para los delincuentes, sin la asquerosa impunidad que disfrutan hoy nuestros políticos y con partidos y gobiernos controlados y con su poder limitado por una ley justa que obligara a los políticos a ser honorables y decentes.

Del mismo modo que el franquismo agotado se hizo el "harakiri" voluntariamente para dejar paso a un nuevo sistema mas justo y decente, los actuales grandes partidos políticos de la falsa democracia española, ante la constancia de que el sistema está agotado y agonizante, deberían suicidarse para dejar el paso libre a la regeneración y a la decencia.

Sin embargo, el grado de vileza que han acumulado los actuales partidos políticos y sus políticos profesionales no permite esperar que se suiciden voluntariamente, a pesar de que el sistema que representan no sólo está agotado y en espantosa agonía, sino que, además, apesta a corrupción y abuso de poder, esparciendo su podredumbre hasta los últimos rincones de la nación española.

Las Cortes franquistas, sin la menor duda, demostraron tener más decencia y sentido de la Historia que los actuales representantes de la falsa democracia, incapaces de desaparecer y realizar voluntariamente el sacrificio que España necesita para acometer la regeneración de su política y de su convivencia. Esa amalgama agotada y decadente de partidos políticos adscritos a una falsa democracia en la que no hay poderes separados ni una ley igual para todos, ni castigo para los corruptos y ladrones, entre los que sobresalen el PP, el PSOE, IU y los distintos nacionalismos que siembran el odio a España, preferirán agotar su agonía hasta provocar irresponsablemente que el fin de su "régimen" abusivo se produzca como consecuencia de una rebelión pupular contra la indecencia, la ignominia y la saturación de corrupción y asco.

La salida del actual atasco político de España, con un gobierno en el poder que carece de credibilidad y de prestigio suficientes para acometer reformas y liderar el cambio, no es votar a la oposición para que sustituya al gobierno, ya que está demostrado y los españoles no olvidan que la oposición tiene los mismos vicios y carencias que el gobierno y que todos ellos forman parte de la misma masa degradada que ha fracasado al frente de España.

Voto en Blanco

Sin grandeza y sin estilo
Manuel Martín Ferrand www.republica.com 4 Febrero 2013

Aunque no lo parezca, hemos llegado al final de la Transición. Fue bonito – ¡no tanto! – mientras duró; pero ya se han consumido las reservas de limpieza, buena voluntad y afán de futuro que la hicieron funcionar, últimamente a trompicones, desde aquellas esperanzadoras elecciones de junio de 1977. Hemos llegado a una situación que parece insostenible. Todas las instituciones del Estado, sin excepción, flotan en un mar de corrupción y crisis moral. No hay amarre posible – ¿por qué siempre el símil? – para la nave del Estado y, mientras, los españoles, diez millones más que en el 77, vamos a la deriva. Además, el paro se hace insufrible, crece la tensión social y la deslealtad constitucional de algunos líderes periféricos cuestiona la integridad territorial de la Nación.

Nuestra democracia es de mala calidad. La normativa vigente la convirtió en partitocracia, la peor y más concentrada de las formas del caciquismo típico de nuestra Historia y, superado el arranque de este periodo cuyo final anuncio – después de la primera legislatura de Felipe González -, tras haber perdido grandes oportunidades de regeneración, nos encontramos en un auténtico callejón sin salida.

La crisis ética en la que estamos instalados, la madre del cordero, tiene maltrechos e incapacitados a todos los partidos significativos de la oposición. El PP, que consiguió una cómoda mayoría absoluta en el Congreso, hace poco más de un año, como reacción del pueblo español a los excesos, corrupciones, divisiones y torpezas del PSOE, después de no cumplir ninguna – ¡ninguna! – de las promesas básicas de su programa electoral, atraviesa una situación que, en principio, parece de imposible solución dada la temeraria arrogancia con que la ha querido encarar el presidente, del PP y del Gobierno, Mariano Rajoy.

Los papeles difundidos estos últimos días – por entregas, como los viejos folletones – por El País han avivado un huracán que ya venía soplando y creando destrozos desde los albores informativos del “caso Gürtel” y todo el negro rosario político-delictivo de los trajes de Francisco Camps y otras peripecias lamentables en el seno del PP.

Rajoy, como acostumbra, tardó más de lo debido y exigible a un jefe de Gobierno en dirigirse a los ciudadanos para responder a las muy graves acusaciones que, en el seno del “caso Bárcenas”, se desprenden de los papeles de El País. Lo hizo sin elegancia y sin grandeza, dos carencias graves en quien tiene la responsabilidad del futuro de España en un momento especialmente difícil y comprometido. Como he leído estos días en un calendario de sobremesa – ¡quedan! – y lamento no recordar su autor, “El honor es la conciencia externa y la conciencia, el honor interno”.

Es incluso posible que, en todo o en parte, esos papeles no se correspondan totalmente con la verdad, pero es incuestionable que casan con hechos ciertos y conocidos y no desentonan con el ambiente de secretismo y misterio típico de nuestros partidos, en este caso el PP. En cualquier caso, ponen sobre la mesa la existencia de sobresueldos y corruptelas que, cuando menos, exigen una más rotunda y menos altiva respuesta de Rajoy, el hombre que dice que sabe ganarse la vida… dentro del Estado, naturalmente. Estaría por verle en la refriega del mercado, sin exclusivas, territorios propios, clientes cautivos y demás incomodidades de la competencia.

El discurso de Rajoy, magnífico en la forma y hueco en su contenido, de este pasado sábado no aclara nada de cuanto está sobre la mesa. No solo no nombró a Luis Bárcenas, contra quien tampoco anunció querella alguna, sino que sobrevoló con un barato “es falso” sobre los sobresueldos y bicocas que señalan los papeles.

Esto, como iniciaba en el inicio de estas reflexiones, ya no tiene remedio. Se acabó la Transición y habrá que abordar – ya veremos quiénes lo hacen – un periodo constituyente que cambie la Constitución en cuanto se precisa, establezca nuevas normas que radicalicen la separación entre los Poderes del Estado y erradiquen la promiscuidad vigente, con un sistema electoral que impida la partitocracia. Lo demás vendrá por añadidura.

Aún no teniendo remedio, y sabiendo que las grandes transformaciones requieren tiempo, a la situación actual le cabe una prorroga. Está en manos del propio Rajoy que, después de actuar contra Bárcenas, debiera tomar la cimitarra de las grandes depuraciones y limpiar a fondo su propia casa. En caso contrario, debiera dimitir como, con risible oportunismo, le pide Alfredo Pérez Rubalcaba.

Un Gobierno ensimismado
El discurso de Rajoy, entre el 13-M y la difunta UCD
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital

Viendo en este febrero de 2013 las sedes del PP otra vez cercadas en muchos sitios de España, la alelada parálisis del Gobierno y el estupor de la derecha sociológica, resulta imposible no recordar cómo Rajoy perdió las elecciones en 2004. Y no pienso en el 11M, en la miserable manipulación de la masacre -magistralmente resumida por César Vidal en su editorial del viernes-, ni en el golpe político y mediático de la izquierda, ni siquiera en el clima del día de la votación. Visto con la distancia que da el tiempo, todo eso fue fundamental, pero no determinante. Fue horroroso, pero no lo peor.

Lo peor, a mi juicio, de aquellos tres días infames, en los que el PRISOE dio jaque mate al gobierno del PP y al régimen constitucional, sucedió el 13M, supuesto Día de Reflexión, que en realidad fue el más intenso de toda la campaña y que tuvo dos momentos decisivos: la rueda de prensa de Rubalcaba, diciendo por la tarde que "España se merece un Gobierno que no le mienta", y la llamada de auxilio de Rajoy por la noche, pasadas las 10, identificándose como el candidato del PP a la presidencia del Gobierno y denunciando el cerco de Génova 13 por los manifestantes enviados por los medios prisaicos y los sms sociatas, valga la redundancia.

Yo no sé si Rajoy quería dar pena aquella noche o estaba muerto de miedo y buscaba la salida de emergencia. En todo caso, al día siguiente la encontró y la aprovechó. Admitió la derrota casi antes de contar los votos, no esgrimió el enorme apoyo popular que pese a todo había recibido el PP: 10 millones de votos; y tácitamente asumió la deslegitimación que el PSOE acuñó en esos días y quiso asegurar para siempre, vetándoles el acceso al Poder. Pero es que Rajoy, el Gobierno y el PP tenían unas ganas locas de rendirse y de que les perdonaran la vida, en todos los sentidos. Y actuaron como si perder el Poder de aquella forma no fuera una pena sino un alivio.

La noche del 13M fue una confesión de impotencia, si no de indignidad; y la del 14M el entierro –felizmente fallido- de un ser vivo, el gran partido de la Derecha, cuyos sepultureros eran, curiosamente, sus dirigentes. Pues bien, el discurso de Rajoy este 2 de Febrero de 2013 muestra una situación muy parecida: un Gobierno ensimismado, dueño sonámbulo de un partido a oscuras, y un partido con tres cuartos de millón de afiliados pero que es incapaz de cambiar las cosas dentro del PP y de representar los deseos de cambio –político, judicial, mediático y moral- de la sociedad española.

Si en la noche del 13M de 2004 Rajoy pudo parecer la viva imagen del "sálvese quien pueda", el discurso del mediodía del 2F de 2013 nos ha mostrado a un político con un dominio casi perfecto del arte del escapismo. En una comparecencia para aclarar el Caso Bárcenas, ni siquiera nombró a Bárcenas. En una defensa frente a las acusaciones de El País contra la cúpula del PP y contra él mismo, por cobrar sobresueldos en dinero negro, ni siquiera nombró a El País. Tras denunciar una campaña urdida contra él, no fue capaz de decir una sola palabra sobre los autores de esa campaña. En un texto leído, dizque para no improvisar, fue incapaz de ofrecer una explicación que no pareciera improvisada. El mensaje interno al PP para disipar incertidumbres entronizó clamorosamente lo incierto. El Gobierno, en vez de remontar el vuelo, sale tocado del ala. En resumen: el Estado está más desnortado que nunca; y la nación, tan desmoralizada como siempre.

Temo que este desastroso discurso de Rajoy, que pasará factura al PP y a España, sea como la alocución nocturna del 13M: un movimiento de evasión, fruto del pánico, que sólo obedece a un intento de salvación personal. Ya sabemos que el presidente del Gobierno tiene una gran opinión de sí mismo, pero no debería tenerla tan atroz de la inteligencia de los españoles. Eso de que no está en la política por dinero es, con todos los respetos, una soberana sandez; y para decírnoslo, sobraban discursos y convocatorias. No estará por dinero, pero dudo de que ningún registrador de su quinta pueda tener los recursos y satisfacciones que la política le ha dado a Rajoy desde hace treinta años. A la política se va, esencialmente, por el Poder. Y Rajoy lo ha disfrutado en los ámbitos local, autonómico y estatal, creo que sin arruinarse.

Por otra parte, eso de que sabe "ganarse la vida" fuera de la política es una bravata típica de político en apuros. ¿Cómo lo sabe, si prácticamente no ha ejercido otro oficio que el de político? Y aunque así fuera, ¿qué más nos da? Lo que debe explicar el Presidente del PP y del Gobierno es por qué Bárcenas, que él mismo nombró tesorero de su partido en 2008 y que él mismo defendió durante el Caso Gurtel, tenía 22 millones en Suiza de inexplicado aunque imaginable origen: la financiación ilegal del PP. Y, de paso, cómo ha podido legalizarlos gracias a la amnistía fiscal de su Gobierno. De eso, ni palabra. La virtud incuestionable –¡ay del que la cuestione!- de Rajoy alcanza a toda la cúpula del PP, y en un movimiento de retribución justísima, la honradez de la cúpula del PP cubre con su manto a Rajoy. Más aún: la honradez incuestionable de los dirigentes máximos del PP, con Rajoy a la cabeza, garantiza la honradez de todos los militantes del PP y, por la misma reciprocidad moral, la indiscutible honradez de los cientos de miles de militantes del PP que no ganan y hasta pierden en la política hace indiscutiblemente honrada a la cúpula del PP.

Y si la política es ese ejercicio de honradez en el que Rajoy cree, si los dirigentes del PP nunca han cobrado sobresueldos y mucho menos en dinero negro, si Bárcenas no existe, si Suiza está lejos, ¿para qué convocar a la prensa anunciando una declaración solemne ante la opinión pública? ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de corrupción política? ¿De fantasmas, de marcianos, del Ceomo de Borja o de las Caras de Bélmez?

No es probable que cuando Rajoy vea las encuestas de valoración de su discurso, aplastantemente negativas, haga un ejercicio de humildad y reconozca que su actuación está siendo contraproducente , por no decir letal, para los suyos. Pero es posible que al ver las encuestas de intención de voto de este domingo, sencillamente pavorosas, con la pérdida de casi la mitad de los votos (que empiezan a migrar masivamente a UPyD, no al PSOE) el presidente del Gobierno se acuerde de lo que hace tres décadas le pasó en Galicia y luego en toda España a la UCD, partido en el Gobierno: de sus siete millones y pico de votos, cinco se pasaron a una opción con menos expectativas de triunfo electoral pero moralmente más de fiar: la Alianza Popular donde militaba un tal Mariano Rajoy, que aún no se dedicaba a la política. Yo creo que debería empezar a hacerlo. Y acaso recordar también aquel ingenuo eslogan de su partido: "España, lo único importante". Lo es.

“Puñalada” certera de Rubalcaba
Pablo Sebastián www.republica.com 4 Febrero 2013

Lo diga Rubalcaba, “Agamenón o su porquero”, Rajoy no está en condiciones de liderar el Gobierno de España ni de desmentir la gran trama de la doble contabilidad del PP documentada por el diario El País, sobre todo mientras no denuncie a Bárcenas -el autor del documento- y anuncie una querella contra el ex tesorero del PP que el mismo nombró. Luego podrá Pons, o el lucero del alba, acusar a Rubalcaba de haber arruinado a España de la mano de Zapatero, de agitar insidias y promover algaradas callejeras, pero los hechos están ahí y ellos, y no la insidia, son los que han permitido al jefe de la oposición asestar una certera “puñalada” (si se quiere) a Rajoy, que recuerda el “¡váyase señor González!” de José María Aznar. Ahora bien, ¡ojo con llevar a la calle el enfrentamiento entre el PSOE y el PP!

Y en las actuales circunstancias españolas no cabe exigir silencio o absentismo de la prensa o de la oposición, por la “explosiva” que sea crisis de España o la creciente tensión social. Porque lo que no pueden hacer ahora ni los medios ni los demócratas es mirar hacia otro lado, tapar lo que no se debe y consentir que los responsables de la corrupción estén en sentados en los más altos palacios, de la Zarzuela o la Moncloa, sin que pase nada y sin que se produzcan los relevos y ceses que se tienen que producir.

Naturalmente, Rajoy está en su derecho de no dimitir – o de no “arrugarse” como prometió el sábado- y de continuar al frente de la presidencia del Gobierno, como si nada hubiera ocurrido, o enseñando sus declaraciones de Hacienda, las investigaciones internas del PP y juramentos varios que nada tienen que ver con la contabilidad secreta y fraudulenta del PP. La que ya conocemos y a cuyo autor Rajoy no quiere señalar, ni presentar querella en los tribunales. Pero de la misma manera que Rajoy, en 2004 y 2008 sobrevivió a la derrota del PP por el PSOE de Zapatero, esta vez no solo está en juego la carrera política de Rajoy -”el impoluto”- sino el gobierno de España y todo el PP, el que se está hundiendo en todos los sondeos de intención de voto.

En cuanto a lo dicho por Rubalcaba tenemos que subrayar que el líder del PSOE ha pedido a Rajoy su dimisión de la presidencia del Gobierno, en un momento de alta tensión social: cuando una gran mayoría de ciudadanos piensa los mismo que el jefe de la oposición, y están hartos y desesperados por la crisis económica y los ajustes sociales del Gobierno; cuando el diario El País editó al completo la documentación de la doble contabilidad del PP -de los años 1990-1998-, redactada de puño y letra por Luís Bárcenas, el ex tesorero de Rajoy (de 2004 a 2008) y en la que incluyen los pagos a Rajoy (y Cospedal) y otros sobresueldos a muchos de los dirigentes del PP, y algunos recibiendo dinero en el tiempo en el que eran ministros del Gobierno de Aznar y estaban sometidos a la absoluta incompatibilidad.

Pero sobre todo Rubalcaba pidió la dimisión de Rajoy (viniendo a decir que el PP ponga a otro dirigente en su puesto, y sin solicitar elecciones anticipadas ni anunciar moción de censura) tras oír el dramático “canto del cisne” del sábado de Rajoy. Donde el líder del PP se mostró incapaz de dar una explicación certera sobre lo ocurrido y acusó a la prensa y al PSOE de estar por detrás de una misteriosa conspiración, y se negó a citar el nombre de Bárcenas, y no anunció querella alguna contra su ex tesorero, como lo pide casi todo el mundo, y ahí incluidos Esperanza Aguirre y Alberto Núñez Feijoo.

Estos documentos son una prueba acusatoria flagrante, y mientras Rajoy no se querelle contra Luis Bárcenas señalándolo de haber fabricado una falsedad injuriosa y calumniosa contra el PP y sus dirigentes, Rajoy será responsable de todo ello, porque todo ello ocurrió bajo su mandato en el PP. Y tiene sus razones Rubalcaba cuando afirma que Rajoy no está en condiciones de presidir el Gobierno de España, o de pedir más sacrificios a los españoles, o de enfrentarse así al nacionalismo, o de cesar a una ministra, tal y como ocurre ahora con el clamor que exige el cese de Ana Mato, a la que lamentablemente ampara Rajoy, dando otra prueba de su presunta complicidad con todo el escándalo.

Como puede que Rajoy tenga las suyas para seguir al frente del Gobierno y del PP (hoy camino de Berlín donde le volverán a preguntar por Bárcenas y por Rubalcaba), pero lo cierto es que en medio de esta trifulca general y nacional va a ser muy difícil que este país recupere la normalidad y la estabilidad. Las que no se hunden porque alguien de la oposición pida la dimisión del jefe del Gobierno -algo que suele ocurrir con asiduidad en los regímenes democráticos-, pero la que sí se agrava cuando se tiene la certeza, la sospecha o impresión de que estamos inmersos en un régimen marcado por la ruina de los españoles y la corrupción de quienes nos gobiernan. Y eso si que es un asunto de calado mucho mayor.

Turno para la reforma de la Administración
Javier Fernández www.lavozlibre.com 4 Febrero 2013

Periodista

Los números están encima de la mesa y parece que en esta ocasión si que el tema va en serio. El Gobierno ultima la reforma de la Administración local con todas sus consecuencias. La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, estima que los cambios en el funcionamiento de la Administración supondrán un ahorro de más de 100.000 millones de euros en uno de los escenarios más duros. El objetivo fundamental es eliminar duplicidades, suprimir organismos públicos, simplificar burocracia y centralizar la gestión de los servicios generales de la Administración central y autonómica.

La reforma de la Administración local trata de clarificar las competencias municipales, reducir el número de concejales, limitar el sueldo de los alcaldes y ahorrar unos 3.500 millones de euros evitando duplicidades. Sin embargo, hasta ahora, el Gobierno no se había atrevido con el poder local y no había entrado en el fondo de la cuestión, perdiendo una oportunidad importantísima para haber impuesto la regeneración de lo público. La herramienta que ha tenido sobre la mesa y que finalmente ha desechado ha sido la limitación de mandatos.

La reforma ha optado finalmente por mantener las Diputaciones. Se trata de organismos que asumen competencias de los ayuntamientos y de las comunidades autónomas y sus contenidos se solapan con ambos. Ha sido una decisión complicada, pero en la situación que actualmente atraviesa España resultaba imposible suprimirlas. La razón es que en las autonomías con clara vocación soberanista, las Diputaciones son formalmente la única presencia del Estado. Por eso su desaparición supondría que el Estado abandonara formalmente el territorio.

Creadas hace dos siglos, las Diputaciones llevaban tiempo en el punto de mira. Según un informe del Círculo de Empresarios, las 41 Diputaciones provinciales, cuatro forales (correspondientes a cada una de las provincias vascas y Navarra), siete Cabildos y cuatro Consejos Insulares suponen un gasto anual de 22.000 millones.

La reforma de las instituciones del Estado requiere el consenso político, por lo que el Gobierno ha emprendido su negociación con el PSOE y los cambios tendrán que esperar hasta que se fragüen acuerdos concretos en los próximos meses.

Aunque la supresión del Senado no se traduciría, en términos económicos, en un ahorro destacable, el debate sobre su utilidad o función se ha reavivado con la crisis. La Cámara Alta está compuesta por 207 senadores electos y 56 más designados por las comunidades autónomas. Su presupuesto para 2013 sufrirá una reducción del 2% respecto al del año anterior, cifrado entonces en 53.214.437 euros. Esta cantidad, a su vez, ya reflejó una reducción del 3,5% en comparación con el presupuesto para 2011.

Sin embargo, la reforma ha tropezado con las competencias autonómicas. Por ejemplo, los Tribunales de Defensa de la Competencia. Son muchos los que opinan que habría que proceder al cierre de todos ellos, sobre todo una vez que se ha puesto en funcionamiento la Ley del Mercado Unico. En la misma situación se encuentran los Consejos Económicos y Sociales. Son órganos consultivos de los Gobiernos en materia socioeconómica y laboral y su creación y gestión está transferida a las autonomías; su función es elaborar informes o dictámenes sobre proyectos de los Ejecutivos, pero sus conclusiones no son vinculantes. El CES estatal tiene en nómina a 61 miembros, cuya existencia está protegida nada menos que por la Constitución, y otros tantos más dependen de las comunidades autónomas. Los presupuestos dedicaron 8,84 millones en 2012 para estos organismos.

La reforma incluye la privatización o el cierre de las empresas públicas autonómicas y locales. El objetivo es acabar con la estrategia diseñada en la etapa socialista de “centrifugar déficit”. Esto explica que el endeudamiento de estas empresas se eleve a más de 21.000 millones (2,1% del PIB) y si se incluye el de las empresas de la Administración central se llega a 56.000 millones (5,3% del PIB). Pero si además se realiza una auditoría estimando cuales son las subvenciones, transferencias y demás que reciben este tipo de organismos la cifra se incrementaría notablemente.

Financiación de partidos
Pillaje subvencionado
Juan Ramón Rallo Libertad Digital 4 Febrero 2013

Uno tenía entendido que constituía rasgo comúnmente aceptado de la modernidad el que los seres humanos cooperen pacíficamente en ámbitos cada vez más extensos: cada uno respeta los derechos del otro y alcanzan acuerdos voluntarios mutuamente beneficiosos. También tenía entendido que era rasgo común de la antigüedad cavernaria el que, más allá del reducido ámbito de la tribu, las relaciones amplias entre los seres humanos se desarrollaran de manera generalizada a través de la violencia, especialmente con el propósito de practicar el pillaje. La guerra vendría a ser lo primitivo y el comercio, lo ilustrado.

Pero hete aquí que Cayo Lara ha optado por invertir los términos: el pillaje es la modernidad y la cooperación voluntaria es la caverna. No otra conclusión cabe inferir de sus admoniciones contra el fin de la democracia alentado por la caverna mediática a cuenta de la muy necesaria supresión de las subvenciones a los partidos políticos. Porque la subvención, no lo olvidemos, no es más que una forma de pillaje: se arrebata coactivamente el dinero a un conjunto de personas (vía impuestos) para repartirlo entre otros individuos que incluso pueden dedicarse a perseguir, perjudicar y agredir con ese dinero a las originarias víctimas. Qué menos, pues, que defender que esa maquinaria burocrática que son los partidos políticos, cuyo propósito último es saquearnos vía impuestos y volver nuestras vidas imposibles con toda clase de desgraciadas regulaciones, se costeen su asalto a nuestras libertades por sus propios medios y no por los nuestros.

Teme el coordinador de IU que, eliminado el abrevadero del contribuyente, los partidos se convirtieran en títeres del gran capital. Uno pensaba que, siguiendo la literalidad de la copla marxista, los partidos ya eran títeres de las megacorporaciones bilderberguianas, de modo que en esto sólo podemos mejorar: si los padrinos ya son otros, que éstos corran con la totalidad de los gastos. ¿O a los contribuyentes nos va a tocar hacer de mariachis forzados del gran capital? Amén de que, si esa es toda la preocupación de D. Cayo, tan sólo tiene que proponer que los partidos enmienden sus estatutos para proscribir las donaciones de empresas, de modo que la única financiación provenga de los militantes de la causa. Quizá en tal caso las superestructuras de los partidos tendrían que someterse a una liposucción, pero, atendiendo a su utilidad social, diría que el ciudadano no las echará de menos.

Claro que, prohibidas estatutariamente las donaciones, ¿qué impediría que los partidos se corrompieran y las gestionaran mediante contabilidades paralelas? Pues exactamente lo mismo que lo hace ahora: nada. La única diferencia es que, en estos momentos, la impostada honradez política acarrea un coste impositivo sobre el ciudadano que podríamos ahorrarnos si la farsa se viniera abajo y contempláramos la realidad tal cual es, no tal cual nos gustaría creer que es.

Porque, al final, el problema de fondo de la corrupción política y de la financiación de los partidos es mucho más simple y siniestro: debido al colosal poder de intervención y a la gigantesca arbitrariedad de que gozan nuestros gobernantes, sobornarlos sale muy a cuenta. Y mientras siga saliendo tan a cuenta será muy complicado evitarlo, por muchas cortapisas que se quieran interponer con el vano objetivo de ocultar la acumulación de basura. Más burocracia dirigida a evitar la corrupción de la burocracia existente sólo supone generar nuevas oportunidades y nuevas instancias que poder corromper. La verdadera y definitiva solución es que reducir tanto el poder y la arbitrariedad de nuestros gobernantes como para que untarles simplemente no salga a cuenta. Donde las reglas son pocas y automáticas, el político pinta poco; donde las reglas son numerosas y pasteleras, el político crea y destruye fortunas, atrayendo a sí todos los consiguientes cohechos.

Sucede, ah, que el modelo de Estado que defiende Cayo Lara (y Cayo Rajoy, no se nos olvide) se encuentra justo en los antípodas: burocracias titánicas que concentren todo el poder. El caldo de cultivo óptimo de la pluricorrupción y del cavernario multipillaje. Pero, estando así las cosas, al menos que no nos fuercen a ponerles la cama.

Fascinación ante las llamas
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 4 Febrero 2013

El vértigo empieza a ser atroz. La sensación de derrumbe es general y, lo peor, es que en el horizonte, entre lodazales e insensateces, para la gente de a pie lo que asoma no es precisamente esperanza sino miedo. El incendió tiene ya muchos frentes y ninguno controlado, pirómanos y bomberos aparecen revueltos y enredados y pocos parecen caer en la cuenta que arrasado todo no hay ganancia para nadie. El desplome del edificio cae sobre todos los que viven dentro y dentro de este vivimos todos.
Habló Rajoy. Está comprometido a su palabra. Vivimos en un clima en que no es el acusador quien ha de probar la culpabilidad sino que es el acusado quien debe probar su inocencia. Pero así son las cosas y no queda otra. Si salen de esta lo harán con graves daños pero solo pueden salir si prueban, a través de sus declaraciones de hacienda, que lo que cobraron del Partido fueran sueldos, complementos o gastos de representación lo han hecho con normalidad y lo han declarado. Me parece la cuestión esencial y definitiva aunque ahora la mano que mece el lodo pretenda que ya es otra.

Porque si que alguna claridad empieza a haber sobre la supuesta pero esencial prueba de cargo: La presunta contabilidad B de Barcenas. Que cada vez parece más una “prueba preparada” por el mismo que luego reniega de haberla confeccionado y expandido. La misma letra, si, que es la suya, pero el mismo papel, el mismo boli, la misma tinta ¡durante 14 años!. En suma, que más parece un extracto de algunas partidas verdaderas o hasta inventadas de la contabilidad A aderezado, cocinado y emplatado para su entrega y reparto.

A vuela pluma añadiría algunos otros elementos de la vertiginosa y volátil situación por la que atravesamos. 1) Es una evidencia que el PP ha recibió dinero de empresas y empresarios para financiar sus campañas 2) Rubalcaba pidiendo la dimisión del Presidente le ha echado un cable y 3) y como pieza separada, porque no tiene que ver con esta crisis aunque si con Gurtel: La situación de Ana Mato es impresentable e insostenible. Si quiere que creamos el "no me temblará la mano" o la dimiten o la cesan. Pero su salida es imprescindible.

Dicho lo cual y a la espera de la próxima entrega del culebrón que sigue dirigiendo el “malo”(aunque no sepamos si queda un “bueno”) marcando los tiempos y los planos (en el fondo es quien hace las portadas y decide a quien le toca cada el estrellato diario) al menos hasta que de una vez el juez lo llame a capitulo y le ponga donde debiera estar desde hace tiempo, lo que hoy me deja en verdad estragado, hundido y en la mas y profunda depresión es que hay 130.000 mas en el paro y 260.000 menos afiliados en la Seguridad Social. Que ya solo trabajamos 16,2 millones, 3 menos de los que lo hacíamos en 2008. Y esa, por encima de todo, es la losa terrible que nos aplasta a todos y a todo. Que mi importa un comino si el PP lo tiene peor que crudo, si el PSOE se está aprovechando, si a unos y otros, medios de comunicación, la verdad les importa un comino y todos son juegos de poder, si esta es la catarsis necesaria o asistimos a una peligrosísima desestabilizadora. Un rábano en el fondo me importa. Lo que me angustia es la miseria de muchos de nuestros compatriotas, sus penurias, su desesperación y su desesperanza. Es angustia que ya nos ha encogido el alma a todos. Pero en vez de ver como y de que manera salimos, lo que hacemos es mirar fascinados las llamas del gigantesco incendio que devora todo el escenario y todos los horizontes

PD. Definitivamente el blog queda cerrado a comentarios. El experimento acaba. Lo que pudo ser en sus inicios un lugar de contraste e intercambio de opiniones se convierte, al amparo por la inpunidad cobarde del anonimato en un sumidero de descalificaciones e insultos. El cancer de la red acaba con el acceso libre a los blog y de alguna forma con el espíritu que los propició.

La izquierda sin vergüenza
EDITORIAL Libertad Digital 4 Febrero 2013

La izquierda está aprovechando el turbio caso Bárcenas y la calamitosa gestión que del mismo está haciendo el Partido Popular para poner toda la carne en el asador de la desestabilización. Pone el grito en el cielo, se solivianta, cerca sedes populares, en una puesta en escena que causa tanta indignación como vergüenza ajena: la izquierda española, con su pavoroso historial de desvalijamiento del Estado y corrupción, que llega hasta esta misma hora, rasgándose las vestiduras... Sería de risa si no fuera de pena y diera tanta rabia.

Rubalcaba, uno de los capos del PSOE de la megacorrupción y el saqueo del Estado (Filesa, Roldán, AVE, BOE, Fondos Reservados...), no puede, no debe dar lecciones de nada. Sino estar pendiente de cómo se sustancian casos como el denominado Campeón o el de los ERE falsos, por poner sólo un par de ejemplos no menores y, ciertamente, no lejanos. Qué decir de las opaquísimas UGT y CCOO, cuyas cuentas nadie controla pero que tienen el descaro de pedir a los demás transparencia. Y para qué hablar de la izquierda callejera, con sus bochornosas concentraciones espontáneas, no pocas veces violentas, en las que se le sale de madre la pulsión liberticida. Lejos de ser la solución, son parte sustancial del problema. Un insidioso fardo insoportable.

España necesita una izquierda menos siniestra. Una izquierda antagónica de un PSOE, una IU, unos sindicatos impresentables y en la línea en que se mueven partidos como UPyD y Ciudadanos. Una izquierda moderna, responsable, con sentido de Estado y capaz de predicar la integridad con el ejemplo.

Discurso de Rajoy
Un grito de despecho
Emilio Campmany Libertad Digital 4 Febrero 2013

En el discurso de Rajoy hubo dos momentos cumbre donde el político se enceló en la recriminación. En el primero dijo:

A los 23 años era Registrador de la Propiedad con una plaza, y me ganaba la vida muy bien. Si me interesara el dinero, allí lo hubiera tenido.

O sea, que somos unos desagradecidos. Él, que podría haberse conformado con dedicar su vida al vil metal, prefirió inmolarse en beneficio de sus compatriotas y entregarse al servicio público. Como soy registrador, con minúscula, carezco de autoridad para decir qué me parece tal aseveración, pero creo que, sin necesidad de ser colegas, seremos muchos los que preferiríamos que, en un ejercicio de humildad, Rajoy se hubiera limitado a ejercer su profesión en vez de convertirse en el rematador de la faena de Zapatero, ésa consistente en cargarse a España.

La segunda constituye casi el lamento de un amante despechado, el llanto de un novio abandonado:

Tengo que lamentar muy sinceramente, en este sentido, el comportamiento del jefe de la oposición, que ha prestado el crédito que no merecen a las insinuaciones más dañinas, sin calibrar en modo alguno el efecto que tales insinuaciones pueden tener para nuestro país.

Eso lo dice de un tipo que ayudó a negar y luego disculpar los delitos cometidos por miembros del Gobierno al que pertenecía, incluido el secuestro. Lo dice del hombre que le arrebató la victoria en unas elecciones generales violando la jornada de reflexión. Lo dice del individuo responsable, al menos políticamente, de haber chivado a un miembro de la organización terrorista ETA que iba a ser detenido por la Policía para que escapara. Y de este sujeto, Rajoy esperaba que no diera crédito a unas "insinuaciones" que se hacen sobre él por el daño que pudieran hacer al país.

Pero es que, además, ¿por qué tendría el jefe de la oposición, aunque fuera alguien con algún límite moral, comportarse del modo que exige Rajoy? Para empezar, lo que publica El País son algo más que insinuaciones. Luego, no está en absoluto claro que el publicarlas sea "dañino" para España. Tan sólo es evidente que es "dañino" para el futuro político de Rajoy. Y, finalmente, si no es el jefe de la oposición quien pone el grito en el cielo a la vista de lo que estamos sabiendo, no sé quién lo va a poner. A menos que Rajoy esté pensando en que esto podría muy bien llevarse por delante al sistema que beneficia por igual al PP y al PSOE. Pero, en ese caso, prestar crédito a las insinuaciones más dañinas no sería censurable desde el punto de vista moral, sino estúpidamente suicida. ¿Es de eso de lo que se queja? ¿De que Rubalcaba no se da cuenta de que este tema puede acabar con los dos? Si fuera así, significaría reconocer públicamente que han estado representando una pantomima de la que nosotros, los que les votamos, más que cómplices, somos víctimas. Ojalá se venga abajo toda esa tramoya.

La provisionalidad
Javier Orrico Periodista Digital 4 Febrero 2013

La sensación hoy es que todo se tambalea. La palabra es zozobra, en todos sus sentidos. España es la barquilla de Lope, “sin velas desvelada/ y entre las olas sola”. No es sólo la prima de riesgo. Todo parece ya un sueño. Hemos vuelto al XVII, a la plenitud del barroco, a la inconsistencia y la fugacidad de cuanto vemos. “Miré los muros de la patria mía/ si un tiempo fuertes, ya desmoronados/ (…)/ y no hallé cosa en que poner los ojos/ que no fuera recuerdo de la muerte.” Mañana es un enigma. No queda ya nada ni nadie en quien creer.

No es sólo la derrota de la Invencible (la gran potencia bancaria, que dijo el siniestro imbécil, recogiendo los despojos de nuestra ruina), ni la crisis del 98, viendo cómo en las viejas colonias nos expolian con impunidad. Son todas nuestras pústulas estallando a la vez. Hemos sido capaces de perder la última guerra carlista después de haber derrotado a los carlistas-nacionalistas, y ya estamos retirándonos de Vascongadas. Vamos a seguir enriqueciendo Cataluña y su podredumbre después de tantos desprecios y humillaciones. Acaso caiga la Monarquía, pero no quienes la usufructuaron como cortesanos.

La casta política hará un apaño para continuar con sus privilegios, que mañana serán republicanos. Y el pueblo español, ya los pueblos autonómicos, lobotomizados y divididos, seguirán gritando ¡Vivan las caenas! y clamando para que el Estado, esa máquina de succionar, les arroje las migajas que llaman bienestar. A cambio deberán volver a ser ciegos y seguir en cautividad. Otra vez un Estado fallido. Otra vez el enfermo de Occidente. Todo el mundo a malhablar inglés para servir en las letrinas de Europa y en el soleado puticlub que nos hemos condenado a ser

Los internautas descubren los grandes privilegios de los políticos cesantes
Felicísimo Valbuena www.lavozlibre.com 4 Febrero 2013

Catedrático de la Facultad de CC. de la Información (UCM)

DOS LIBROS FUNDAMENTALES QUE HAN AYUDADO A LOS INTERNAUTAS A INVESTIGAR Y DIFUNDIR
Ya he escrito en varios publicaciones sobre la gran importancia que han tenido y siguen teniendo los internautas para reflejar la realidad de la clase política española. Ellos no fueron los primeros, pero sí han venido difundiendo los hallazgos de dos libros fundamentales: 'La casta. El increíble chollo de ser político en España. Derroches, comilonas, regalos y privilegios inconfesables', de Daniel Montero (Madrid, La Esfera de los Libros, 2009) y 'La casta autonómica. La delirante España de los chiringuitos locales', de Sandra Mir y Gabriel Cruz (Madrid, La Esfera de los Libros, 2012).

Gracias a la difusión de los hallazgos del libro de Daniel Montero en Internet, la clase política se ha convertido en una de las preocupaciones fundamentales de los españoles.

LOS INTERNAUTAS REFLEJAN LA REALIDAD DE LOS POLÍTICOS ESPAÑOLES
Hoy no quiero ocuparme de los exagerados privilegios de los políticos en ejercicio, sino en los grandes chollos que tienen los políticos cuando cesan.

Los internautas han logrado averiguar dos informaciones muy importantes. El número de políticos en España es de 445.568 (en 2011). Entonces, con gran perspicacia han comenzado a comparar este casi medio millón de políticos con los que hay en otros países. El resultado es enteramente escandaloso.

Sí, estoy seguro de que los lectores de esta columna habrán recibido varias veces correos con estas comparaciones. Esto sí que causa horror, y no las películas de 'Drácula'.

Nosotros, los contribuyentes, somos los que mantenemos a este medio millón de políticos. Por eso, quiero recordar este gran ruido que causan los políticos, ruido que es muchísimo más real e importante que todos sus discursos y debates.

Resulta que tenemos el doble de políticos que el segundo país con más políticos de Europa (Italia); 300.000 políticos más que Alemania con la mitad de población. Además, Alemania está mucho más descentralizada que España. Alemania cuenta con 6 niveles administrativos (Estado - Länder - Regiones Administrativas - Distritos - Mancomunidadades - Municipios) y España sólo con 4 (Estado - Comunidad Autónoma - Provincia - Municipio).

Si ahora comparamos esa cifra de políticos con otros profesionales, nos encontramos con 165.967 médicos; 154.000 policías; 19.854 bomberos. Es decir, que tenemos más políticos que médicos, policías y bomberos...¡juntos!

Julián Marías no se cansaba de decir que lo primero para cambiar la realidad era presentarla tal cual era. Pues bien, ha habido internautas muy inteligentes que se han fijado en los destinos adonde van a parar muchos de los políticos que cesan en sus puestos. Les dan un puesto en algún organismo dependiente de la administración central o autonómica.

Otros, se han dedicado a identificar uno a uno todos los organismos que hay en España: 1.375 organismos de distintos tipos, que se consideran parte de la administración; 219 de ellos dependen directamente del Estado; las comunidades autónomas tienen otros 1.156.

UN PASO CUALITATIVO: SPEVACH Y EL NIVEL 33 O COMPLEMENTO DE ALTOS CARGOS
Hay un internauta, José Ramón Chaves, que firma como Spevach, que tiene el blog www.contencioso.es, y que ha escrito una entrada extraordinaria: 'El botín del político. Complementos de ex-altos cargos'.

Creo que él no se ofenderá porque vaya a resumir su gran entrada.
Él habla del nivel 33. Ése es su gran hallazgo. ¿En qué consiste este nivel?

Después de unas elecciones, sean a cualquier nivel, se produce un terremoto -o tsunami- que deja sin silla no sólo a los consejeros y viceconsejeros, sino a secretarios generales técnicos, directores generales y altos cargos asimilados. Miles de desplazados en busca de nido. A ellos se sumarán quienes ocupando altos cargos en la Administración del Estado, sin existir cambio de color político en el gobierno, son cesados por los flamantes nuevos Ministros o Secretarios de Estado que suelen preferir 'coroneles' de su confianza.

A los cesantes les aguarda el denominado complemento de alto cargo, que consiste en un mecanismo retributivo que les garantiza, de forma indefinida, la equiparación de sus retribuciones en su humilde puesto de funcionario a las propias de un Director General en activo; y ello aunque vuelvan a su labor de conserje, administrativo, maestro o técnico de cualquier Administración pública.

LOS ORÍGENES DE ESE NIVEL DE PRIVILEGIO
Spevach buscar el origen de ese privilegio y lo encuentra en el famoso artículo 33.2 de la ley 31/1990, de 27 de Diciembre, de Presupuestos Generales del Estado (precepto cuyo carácter básico se declaró por la Sentencia del Tribunal Supremo en interés de ley de fecha 24 de Septiembre de 1994) y que dio lugar a que coloquialmente tan sabroso complemento se denomine el “nivel 33” (por el artículo que lo originó). Después, cada Comunidad Autónoma aprobó una ley similar para sus respectivos altos cargos, normalmente corregida y aumentada (mayor complemento para más ex altos cargos).

Para evitar la “extinción” de tal complemento, el propio Estatuto Básico de los Empleados Públicos aprobado por Ley 7/2007 (que tanto cacarea de la ejemplaridad, austeridad y no discriminación entre los empleados públicos) incluye en su artículo 87.3 la extensión de tal beneficio del complemento de cesantía de altos cargos a los funcionarios que fueren cesado en puestos que comporten la situación de “servicios especiales”. Es decir, aquí entran: el personal eventual, asesores de grupos parlamentarios, concejales y directivos municipales que desempeñen el cargo en dedicación exclusiva…¡¡), los cuales “recibirán el mismo tratamiento en la consolidación de grado y conjunto de complementos que el que se establezca para quienes hayan sido Directores Generales y otros cargos superiores de la correspondiente Administración Pública”. Y para que ningún político se sienta agraviado, el art.85 del Estatuto autoriza a las leyes de función pública para que establezcan “garantías de índole retributiva” para el caso del reingreso de los funcionarios que “pasen a prestar servicios en organismos o entidades del sector público en régimen distinto al de funcionario de carrera” (o sea, chollos de Contratos de Alta dirección o Asesores de lujo).

LOS PRIVILEGIOS DE LOS CESANTES PLANTEAN PROBLEMAS QUE LOS CONTRIBUYENTES DEBEN CONOCER
Este nivel 33 o complemento de alto cargo plantea problemas muy importantes:

1.- Problema de justificación. ¿Acaso un alto cargo no cobra una justa retribución mientras está en activo, y recibe prebendas no salariales – dietas, gastos de representación, etc-, además de cosechar relaciones e influencias que formarán parte de su mochila cuando abandone el cargo?. Entonces, ¿por qué les pagan más con nuestros impuestos?

2.- Problema de igualdad. ¿Acaso es admisible, dentro del despropósito, que un Director General tras el cese mantenga toda su vida un complemento vitalicio si retorna a la Administración y en cambio nada reciba si regresa a la empresa privada?. ¿No sería mas justo un complemento transitorio para el «aterrizaje en la realidad» por breve tiempo pero de igual cuantía sea cuales fuere el destino – público o privado- del político cesado?.

3.- Problema de proporcionalidad. Es que parece de chiste, de auténtico chiste: Un alto cargo que desempeña su puesto durante dos años recibe un complemento tan vitalicio como quien lo ha desempeñado durante cuarenta. Lo más justo es el complemento transitorio se perciba durante tanto tiempo como se ejerció el alto cargo.

4.- Problema de moralidad. ¿En qué cabeza cabe que los políticos consigan la unanimidad tanto en el parlamento estatal como en los autonómicos, votando sobre asunto de su propio interés?; ¿En qué empresa los trabajadores de una empresa deciden por votación sus propias retribuciones?.

5.- Problema de decencia. ¿Acaso en tiempos de crisis, en que cualquier despedido se encuentra con su parca y temporal prestación, puede mantenerse la vigencia de tal blindaje retributivo, con la garantía del Estado?.

6.- Problema de seriedad. ¿Cómo es posible que cobre el complemento tanto el político cesado por corrupto o por pésima gestión pública como el político brillante y abnegado?.

En fin, que si en el conjunto de las Administraciones Públicas españolas hay en tiempo real unos 5.000 altos cargos (sin contar altos ejecutivos de empresas públicas) y una vida política media de cuatro años, fácil resulta colegir cómo se va abarrotando el cómodo burladero de funcionarios ex altos cargos que retornaron a la condición de empleado público de a pie. Y al igual que la capa de ozono se va erosionando de forma lenta pero inexorable, los presupuestos de las Administraciones año a año experimentan un mayor agujero dedicado a las retribuciones que se abonan a quienes fueron altos cargos.

LAS CAPAS DE LOS PRIVILEGIADOS
El primer escalón viene dado por los ministros, secretarios de Estado y presidentes de órganos constitucionales salientes que se benefician del regalo de la Ley 74/1980 y que permite percibir durante dos años una indemnización por cese del 80% de las retribuciones brutas. Y además, dicha remuneración es compatible con cualquier otra retribución. Aplican la Ley de incompatibilidades para el pobre funcionario mientras el altísimo cargo la elude.

El segundo escalón corresponde a los parlamentarios que están rodeados de todo tipo de prebendas, complementos, asignaciones y pensiones de jubilación indignantes.

El tercer escalón sería el ocupado por los altos cargos de las empresas públicas con contratos de alta dirección con fuerte blindaje y con jugosas bufandas y planes de pensiones.

El cuarto escalón sería el de los altos cargos de Subsecretario, Director General y equivalente, con su complemento indefinido tras la cesantía. Y al mismo nivel estarían los cargos homólogos de las Comunidades Autónomas. Junto a ellos el rebaño de personal en cargos políticos que por el abracadabra del Estatuto Básico del Empleado Público subirán al carro de los vencedores con paga consolidada.

Y el quinto escalón vendría dado por los gobernantes de de algunas Administraciones Públicas (Entes públicos empresariales, Organismos Autónomos, Agencias estatales, Universidades, Ayuntamientos, etc.,) que aprovechando su efímero paso por el poder, una mayoría política complaciente, y la autonomía de su entidad, toman decisiones de gratificaciones o complementos retributivos al margen de la ley, pero que al no ser impugnados, resultan impunes.

En resumen: después de los periodistas de investigación, los internautas han facilitado que los votantes puedan exigir a los políticos el cambio de la situación. El primer paso ha fallado, como podemos ver en el documento firmado por Celia Villalobos, Vicepresidenta del Congreso, en ausencia del Presidente Posada. Sin embargo, las cosas siguen igual hasta que dejan de serlo. La firma de Villalobos sólo significa que los políticos han ganado el primer round, pero no por K.O. Y los boxeadores que caen una o dos veces pueden acabar ganando el combate.

Del concepto de normalización
Manuel I. Cabezas González www.vozbcn.com 4 Febrero 2013

Desvelada la primera mentira, vamos a ocuparnos de una nueva, que se asienta sobre esa primera patraña en la que se afirma, sin sonrojarse, que el catalán es la lengua propia de Cataluña. En efecto, de esta primera patraña, la casta política catalana ha sacado la conclusión de que había que proceder a la normalización del uso del catalán en todos los ámbitos (social, económico, educativo, cultural, etc.). De aquellos polvos (la lengua propia de Cataluña es el catalán), los lodos de la normalización lingüística. Ahora bien, ¿qué se entiende o habría que entender por normalización y por normalización lingüística?

Normal. Anormal. Normalización. El contenido semántico de estas tres unidades léxicas está interrelacionado y el significado de una está delimitado por el significado de las otras. Por eso, explicitar este contenido, consultando ese templo del saber semántico que es el diccionario de la RAE, parece necesario para huir de las memeces, proferidas por la casta política y ciertos lingüistas de servicio.

Por definición, toda unidad lingüística tiene significados diferentes. Así, normal es aquello que se encuentra en su medio natural; o aquello que es regular y ordinario y que se toma como norma o regla; o aquello que no es raro o que no tiene deficiencias. Anormal significaría todo lo contrario: lo que se halla fuera de su estado natural; lo infrecuente, estadísticamente hablando; lo que es raro o tiene deficiencias. En fin, normalización sería la acción y el efecto de normalizar: regularizar o poner en orden lo que no está, hacer que algo se estabilice en la normalidad, tipificar (ajustar a un tipo o norma), acabar con lo anormal. Ahora bien, determinar qué es normal o anormal y precisar los límites y el significado de normalizar y de normalización implica siempre un cierto grado o dosis de subjetivismo.

Normalización lingüística. En teoría, el significado de esta expresión se desprende o se infiere de las definiciones precedentes y está muy claro. En efecto, esta expresión, aplicada a la lengua catalana, denota que el uso del catalán es considerado anormal, antinatural, raro, deficiente, ilógico; y por lo tanto, se debe hacer lo necesario para que se transforme en normal. Ahora bien, como lo acabamos de precisar, la normalización lingüística es también un concepto relativo. No es fácil ni evidente determinar cuándo se ha llegado a una situación de normalidad o cuando se ha conseguido la normalización del uso de la lengua catalana. No hay consenso ni sobre esto ni sobre los medios que hay que utilizar para conseguirlo.

Para unos, los partidarios del bilingüismo equilibrado, con la normalización lingüística aplicada en Cataluña, se ha llegado ya demasiado lejos: se ha practicado una radical discriminación positiva del catalán; y esto ha provocado choques de convivencia con el español, eliminándolo como lengua vehicular de la enseñanza y como lengua de comunicación en todas las situaciones formales e institucionales (Parlamento autonómico, medios de comunicación catalanes, instituciones públicas, etc.), poniendo en entredicho, no su uso social, sino su aprendizaje y su dominio funcional por parte de los ciudadanos de Cataluña. Sin embargo, para otros, los de la casta política nacionalista -y a pesar de todo lo hecho durante 30 años y del estatus actual del catalán en todos los ámbitos formales de la sociedad catalana- el catalán sigue y está en peligro de desaparición ante el vigor de esa lengua de gran difusión que es el español.

Ante estos balances totalmente opuestos, ¿qué dice la lingüística o un análisis objetivo, racional y desapasionado de la mal llamada normalización lingüística de la lengua catalana? Como ya hemos analizado y argumentado, el lenguaje y la lengua son atributos del ciudadano y nunca de un grupo social o territorio. Por lo tanto, en ausencia de coacciones, lo normal es que, en un mismo territorio, convivan ciudadanos con lenguas propias diferentes. Ahora bien, cuando se llevan a cabo políticas lingüísticas totalitarias y autoritarias, como las de la Generalidad, se imponen, manu militari, las falsas ecuaciones siguientes: una lengua = una nación; una nación = un territorio; un territorio = una lengua. Y, como correlato, se considera anormal que en Cataluña convivan varias lenguas propias. Y esta situación de anormalidad debe ser normalizada, imponiendo el catalán a todos los ciudadanos de Cataluña, con independencia de su voluntad, aunque esto implique pisotear uno de los derechos fundamentales de la persona: los derechos lingüísticos, que implican el derecho a decir lo que se quiera en la lengua que el ciudadano elija en cada momento y el derecho a elegir la lengua vehicular en la educación de sus hijos.

Desde la Revolución francesa (1789), se ha impuesto, y por este orden, la trilogía liberté, égalité, fraternité. En un país libre y sin fronteras, como España, los ciudadanos son libres de instalarse donde les apetezca y deberían poder hacerlo; y son también libres para aprender y utilizar la o las lengua(s) que prefieran y deberían poder ejercer este derecho. Si esto sucediese, las lenguas que ofrecieran mayores ventajas y perspectivas a los ciudadanos lograrían mayor difusión y se impondrían por sí solas. Así, como lo afirma Jesús Mosterín, “la evolución lingüística y la frecuencia de uso [del catalán o del español] será la resultante de muchas decisiones individuales libres y no de una imposición política. Sólo cuando esto se haya conseguido, podremos hablar de normalización lingüística [de Cataluña y de España]“.

Coda: “Je ne demande pas à être approuvé, mais à être examiné et, si l’on me condamne, qu’on m’éclaire” (Charles Nodier).

Manuel I. Cabezas González es profesor titular de Lingüística y de Lingüística Aplicada en la Universidad Autónoma de Barcelona

******************* Sección "bilingüe" ***********************

La única salida: una revolución política
Roberto Centeno El Confidencial 4 Febrero 2013

Hasta aquí hemos llegado. Esta farsa de democracia se ha terminado. Su prolongación artificial solo añadirá mucha más miseria, mucho más dolor y muchas más lágrimas a los españoles. El grado de descomposición y degradación moral de la oligarquía política depredadora y corrupta, la que nos gobierna y la que está en la oposición, supera ya ampliamente lo considerado tolerable en el mundo civilizado. Y todo ello dentro del mayor desplome económico conocido por España en tiempos de paz, desplome que se está acentuando y no moderando. El miércoles, ante un Parlamento de aplaudidores y vendidos, Rubalcaba y Rajoy escenificaron con una desvergüenza pasmosa un debate amañado, donde el primero pasó sobre ascuas por la corrupción y el segundo ni la mencionó. Fue el hoy por ti y mañana por mí.

Los niveles de deshonestidad, tráfico de influencias y malversación de caudales públicos han llegado a un nivel tal que no hay ni una sola institución que se salve. Es una degradación generalizada, que precipita España hacia un abismo económico y político insondable. Tenemos una crisis de Estado en toda regla y las crisis de Estado se resuelven solo con el cambio del modelo político, que es justo lo contrario de lo que pretende la casta. En concreto Rubalcaba, aún con el partido desarbolado ante los nuevos escándalos, piensa que Rajoy está acabado y ha pasado del “aquí no pasa nada” del miércoles al “a estos imbéciles nos los pasamos por la piedra”, les cercamos las sedes en un remake del Prestige y del 11M, obligamos a nuevas elecciones, resucitamos el Frente Popular y –con los votos de los separatistas, a los que ofrecería la ruptura de España en cómodos plazos– volvemos a gobernar y repartimos de nuevo las cartas.

Y entonces, ¿qué otras instituciones podían frenar el desastre? Absolutamente ninguna. La jerarquía católica está de perfil, con su parte nacionalista a favor de la destrucción de España, y el resto a ver por dónde soplará el viento. El Ejercito, tremendamente descontento pero desarticulado, es la única institución que todavía cree que la Constitución está para cumplirse, por lo que no moverán ficha por el cambio de modelo político. Habrá que ver qué hacen cuando la mafia política y la Corona decidan rendir España ante cuatro familias catalanas acusadas de corrupción –y al por mayor, nada de sobrecitos de 25.000 euros–. Y del monarca qué les voy a contar, si hasta recibe a Mas, que se ha declarado en rebeldía con el objetivo inamovible de la destrucción del orden constitucional y de España, y como está quebrado viene a pedirle 12.000 millones para financiar su traición. El Rey, en lugar de decirle que se los pida a la mafia rusa o a monseñor Sistach, le escucha sin tirarle por la ventana. Es para no creérselo.

Un país así no puede seguir
¿Conocen la historia de Falciani? Era un alto empleado del HSBC en Suiza que se vio sorprendido por una inusual entrada de importantes capitales que eran borradas casi inmediatamente por un programa llamado Hexagon, que no dejaba rastro. Intrigado por algo tan extraño incluso para Suiza, rastreó el asunto y grabó en un CD 130.000 nombres que entregaría a Christine Lagarde, entonces ministra de Finanzas de Francia. Con excelente criterio, Christine clasificó las personas por países e hizo llegar las listas correspondientes a los presidentes de Gobierno respectivos. La lista de españoles, presuntamente con 659 notables entre empresarios, banqueros y políticos de todo signo, se la entregó a Rajoy. Todos los países excepto Grecia y España hicieron pública la lista y crujieron fiscalmente a los susodichos. Falciani tuvo que salir de Suiza, ya que la violación del secreto bancario es un delito muy grave. Vino España –¿por qué a España?, ¿acaso tenía nombres que pensaba que garantizaban su seguridad?–, donde fue detenido y encarcelado en Gerona.

Tenemos una crisis de Estado en toda regla y las crisis de Estado se resuelven solo con el cambio del modelo político, que es justo lo contrario de lo que pretende la casta
Falciani se mostró dispuesto desde el principio a colaborar con las autoridades españolas y parece que lo hizo a tope, ergo aparte de la lista de Rajoy tiene que existir otra. El Gobierno suizo pidió la extradición, pero esta no ha sido concedida y ahora está en libertad provisional. Huelga decir que el Gobierno suizo está que fuma en pipa con el español y ha paralizado sine die cualquier entrega de información. Y la pregunta es: ¿Por qué no publican la lista? ¿A quiénes están protegiendo? Y no estoy hablando de las de más de 30.000 personas que se acogieron a la amnistía fiscal de buena fe, una lista que ningún Estado de derecho puede publicar como pide la izquierda radical, ya que destruiría el último vestigio de seguridad jurídica en España si es que queda alguno. Estoy hablando de los 659 notables de la otra lista, que si son verdad la mitad de la mitad de los nombres que se comentan, la casta política y las otras están acabadas. Rajoy tiene la obligación de publicarlo como todo el mundo civilizado. Es más: exigimos que lo haga ya.

Otra historia de la degradación inaudita de España: la pasada semana tuve la ocasión de cenar en Londres con la responsable del mayor fondo de pensiones del Reino Unido. Me dijo que veía muchas oportunidades de inversión en España, donde muchos activos no se vendían sino que se regalaban, y que habían estado dispuestos a entrar en muchas cosas, pero que todo se había paralizado al ver las operaciones fraudulentas de la Generalitat en Aguas de Llobregat y en el túnel del Cadí, donde se han saltado la ley y la legislación específica vigente a voluntad. Si se fuman un puro con la Constitución y los derechos humanos y no pasa nada, ¿qué no son capaces de hacer con el resto? El resultado es que ya no hay un solo banco, fondo de inversiones o privados dispuestos a invertir en Cataluña en particular y en España en general, porque entienden que no existe seguridad jurídica alguna.

Si el presidente del Gobierno oculta el origen del dinero y los nombres de los grandes evasores –porque presuntamente forman parte de mafia política o empresarial–; si las comunidades ignoran la ley o la cambian a voluntad cuando les conviene; si el presidente del Gobierno y toda la cúpula de su partido están acusados personalmente de recibir sobres; si además han llevado la nación a la bancarrota; si el déficit sigue fuera de control; si la deuda es ya imposible de devolver; si la recesión se está acelerando con el PIB oficial cayendo el doble de lo esperado al 2,8% en tasa trimestral anualizada –que es la relevante–; si la destrucción de empleo es imparable y si los bancos han experimentado una caída de beneficios del 81% –el mayor desplome de su historia–, no hace falta ser adivino para comprender un país no puede seguir así.

Un Gobierno provisional que haga la revolución política
Y aparece Rajoy, un político del que no se conoce que haya dicho aún una sola verdad o cumplido una promesa, y nos suelta un discurso de una pobreza inaudita, llena de obviedades y lugares comunes que no demuestran nada, temas discutibles pero difíciles de probar para ganar tiempo 'hasta que escampe', su táctica favorita, pero dejando silencios clamorosos. Es tremendamente significativo que no salga como un miura diciendo que va a querellarse contra El País y contra todo bicho viviente. Ni siquiera que lo haga contra Bárcenas pese a tenerlo tirado, ya que aunque los apuntes son muy discutibles –aun siendo su letra, si esta correspondiese a apuntes de 16 años estos serían necesariamente mucho más heterogéneos– su homogeneidad en casi un 80% sugiere que fueron escritos en dos o tres tardes. Ningún juez independiente podría excluir la duda razonable.

No hay nadie dispuesto a invertir en Cataluña en particular y en España en general, porque entienden que no existe seguridad jurídica
“El PP no tiene dinero en paraísos fiscales”. Hombre, don Mariano, nadie abre cuentas a partidos políticos. “No estoy en la política por dinero”. Seguro, pero ¿y sus colegas de Gobierno y de partido? Que el jefe de la oposición, el del Faisán, es un oportunista y un miserable, ¡vaya novedad! Que sus declaraciones de renta y patrimonio están en orden, ¿quién puede dudarlo? Afirma rotundo que se compromete a la máxima transparencia. ¡Pues demuéstrelo y empiece por publicar la lista de Falciani! No queremos su declaración de renta, ¡queremos la lista de los 659 notables! Niega la existencia de corrupción y afirma sin rubor que nos gobiernan personas honradas e íntegras, cuando hasta los niños saben que vivimos en el mayor piélago de deshonestidad de la historia de España y hasta el mismo embajador de Estados Unidos le ha pedido que acabe de una vez con ella.

Lo cierto y verdad es que Rajoy ha hecho una dejación absoluta de liderazgo, que no ha movido un solo dedo para detener el tsunami de corrupción que asola todas y cada una de las instituciones y que, en el colmo del cinismo, tiene la desvergüenza de defender la honestidad de Ana Mato ignorando las pruebas irrefutables presentadas por la Policía. Y luego, ¿cómo puede tener la cara de defender la honestidad del Gobierno cuando el ministro de Industria presenta en Consejo de Ministros una carta demostrando presuntamente que su colega de Hacienda podría estar bloqueando su reforma energética porque perjudicaba a Abengoa, sociedad de la Montoro había sido asesor, y no hace ni caso? Un tema que supone el expolio de miles de millones para los consumidores.

Pero es que, además, aunque en Génova estén preocupados por los sobres porque les afecta directa y personalmente, Rajoy no puede ignorar que muchos militantes importantes del PP están aterrados por algo peor: los negocios del marido de la señora De Cospedal y los negocios de Montoro y asociados, que podrían convertirse en un escándalo infinitamente superior porque aquí hablamos de dinero de verdad, no de sobrecitos, y de otros conseguidores cónyuges de ministros y ministras. El daño interno y externo que el "sostenella y no enmendalla" que este insensato está ocasionando es ya inasumible.

¿Y cuáles son las opciones? La primera la que quiere la izquierda: convocatoria de elecciones y reedición del Frente Popular con la ayuda de los separatistas con la unidad de España como moneda de cambio, algo que sería el apocalipsis en lo económico y que, en el límite, podría llevarnos a febrero de 1936. La segunda es un Gobierno de concentración presidido por alguien del PP. Gallardón ve aquí su gran oportunidad, con el PSOE y otros partidos. Una opción querida por muchos que puede engañar de nuevo a lo opinión pública y dar tiempo a que la mafia haga un nuevo reparto de España como hacía Al Capone con los barrios de Chicago. Cualquiera de las dos implica un gravísimo problema porque no piensan cambiar las reglas del juego, no piensan convertir España en una democracia y no se modificaría un ápice el modelo de Estado. Todo lo contrario: la fragmentación se incrementaría. En estas condiciones la quiebra de España está cantada.

¿Qué nos queda entonces? Solo hay un camino: un Gobierno provisional de tecnócratas y notables tipo Monti, que intente detener el hundimiento económico primero y que someta a referéndum los dos grandes temas esenciales para recuperar la estabilidad y la libertad: el cambio de la ley electoral y del modelo de Estado –es decir, una revolución de la libertad política–. Evidentemente, esto es justo lo contrario de lo que quiere la mafia política, pero hay un procedimiento que podría obligarles, un escrito redactado por diez o quince personas independientes de reconocido prestigio, no la legión habitual de los abajo firmantes, y demostrando la situación de falta de democracia y de inviabilidad económica del modelo de Estado. Después, se pediría el apoyo al mismo de todos los españoles de bien que deseen la democracia, el poder elegir a sus propios representantes, el fin de la corrupción y la salida de la crisis.

Si se consiguen dos o tres millones de firmas, ese documento, perfectamente inútil ante las instituciones españolas, sería presentado en Bruselas, Washington y Berlín, pidiendo la ayuda para que presionaran al Gobierno y al rey para que autorizara los referéndums por el cambio y la libertad. Como tienen cogidos por el cuello a estos mafiosos, puede tener un impacto imposible de controlar por la casta y sus medios afines. Es lo que algunos vamos a intentar, así que volveré a hablarles sobre el tema.

Rajoy: víctima y corresponsable del colapso del sistema de la Constitución de 1978
Carlos Ruiz Miguel Periodista Digital 4 Febrero 2013

La situación actual de España es de colapso. Durante el año pasado parecía que el colapso era de naturaleza socioeconómica. Ahora el colapso es jurídico-político. No es el lugar de tratar de las causas ético-espirituales que explican el colapso socioeconómico y jurídico-político. El hecho es que el presidente Rajoy tuvo una última oportunidad de impedir esta situación y no lo ha hecho. Y esa omisión hace que su posición actual ante el "caso Bárcenas" tenga muy escasa credibilidad. Rajoy ha sido así, a la vez, víctima y co-responsable del colapso, parece ya que definitivo, del sistema de la Constitución de 1978.

He tratado, mucho, del asunto en este blog creo que desde un primer momento y, por eso, me considero legitimado para exponer la situación en este momento gravísimo.

I. EL COLAPSO DEL SISTEMA DE LA CONSTITUCIONAL DE 1978, YA ADVERTIDO A FINALES DE 2010
En una entrevista que se me hizo por el diario Público, EN DICIEMBRE DE 2010, hice unas afirmaciones que, sin embargo, aunque constan enviadas por escrito al redactor responsable de la entrevista, éste no debió considerarlas relevantes para el texto del artículo que publicó el día 2 de enero de 2011. En aquel momento escribí (29/30-XII-2010):

17· ¿Cree verdaderamente factible que en un plazo medio el sistema colapsaría de tal modo que haría inevitable la convocatoria de Cortes Constituyentes?
- Creo que el sistema ya ha colapsado. A mi juicio, existen muchos artículos de la Constitución que en este momento sólo son papel.
Ocurre que algunos tienen temor, a la vez que intereses, en que el modelo no cambie. Pero el hecho es que el modelo en aspectos
esenciales ya no es viable: valga por todos el caso del TC.

Unos meses después se produjo el 15-M. Y a raíz de ello escribí (19-V-2011):

El 15-M tiene muchos defectos, pero también virtudes. La principal: denunciar que el régimen político actual ya no sirve. Por eso creo un grave error no tomarse en serio lo que significa esta movilización popular que pienso que cierra el ciclo político iniciado el 15-J de 1977. Un proceso que expresa las enfermedades del régimen político de 1978.
(...)
El régimen político actual nace a partir de las elecciones democráticas de 15 de junio de 1977. Aquel día se eligieron unas Cortes Generales que decidieron hacer una Constitución, la actualmente vigente de 1978. Pero el régimen instaurado por esa Constitución está aquejado de graves enfermedades que las circunstancias han convertido en, quizá, terminales para el régimen político. Me voy a referir, ahora, a dos.

Primera enfermedad: la democracia de partidos.
(...)
Segunda enfermedad: la Constitución de papel
(...)

II. RAJOY RENUNCIA A ACEPTAR LA SITUACIÓN DE EMERGENCIA NACIONAL ECONÓMICA.
Nadie puede a estas alturas cuestionar que la gravísima situación económica de España tiene como máximos responsables al ex-presidente José Luis Rodríguez Zapatero(no hay crisis en España, tenemos el sistema financiero más sólido del mundo, etc.) y a sus ministros Pedro Solbes (aquel "genio" según algunos escribidores "entendidos") y Elena Salgado (la de los "brotes verdes"), así como al presidente del Banco de España nombrado por Rodríguez: Miguel Ángel Fernández Ordóñez. No son los únicos responsables pero sí son los máximos responsables.
Cuando Mariano Rajoy Brey gana arrolladoramente unas elecciones que fueron, sobre todo, un NO al zapaterismo, España está en una situación de emergencia económica nacional.
Sin embargo, pese al llamamiento que hice para que el traspaso de poder al nuevo gobierno fuera lo más rápido posible (26-XI-2011), Rajoy no mostró la mínima preocupación por acelerar al máximo los plazos.
Fue aquello un mal síntoma. Daba la impresión de que Rajoy no consideraba urgente el cambio radical que el pueblo había exigido.

III. RAJOY ASUME LA CONTINUIDAD DE LA POLÍTICA ECONÓMICA ZAPATERIL
La renuencia a acelerar el traspaso de poderes pronto se explicó.
Es cierto que el gobierno de Rajoy ha hecho esfuerzos para contener una parte del gasto público, pero disparando el gasto en la partida relativa a la transferencia de dinero a entidades financieras quebradas.
Contrariamente a lo prometido, el gobierno de Rajoy realizó una política de continuidad del zapaterismo en varios aspectos:
- abaratamiento del despido;
- subida de impuestos;
- transferencia de dinero público a entidades financieras, en lugar de dejarlas quebrar.

IV. RAJOY ASUME LA CONTINUIDAD DE LA POLÍTICA INTERIOR PSEUDO-ANTITERRORISTA ZAPATERIL
Contrariamente a lo prometido, el gobierno Rajoy asumió la política pseudo-antiterrorista zapateril como se muestra en varios hechos:
- El escándalo de la excarcelación de Bolinaga;
- la renuncia a promover la legalización de Bildu;
- el pase al olvido del "caso Faisán";
- el mantenimiento de la ideología de la "amenaza yihadista".

V. RAJOY ASUME LA CONTINUIDAD DE LA POLÍTICA AUTONÓMICA ZAPATERIL
Aunque no hizo promesas en ese sentido, el gobierno Rajoy realizó una política de continuidad del zapaterismo en esta materia:
- mantuvo absurdas entidades, AJENAS A LA LEY Y A LA CONSTITUCIÓN, políticamente muy dañinas como la "Conferencia de presidentes autonómicos";
- mantuvo el protocolo establecido por Rodríguez para las visitas de presidentes autonómicos, claramente orientado a desnacionalizar España;
- mantiene, al menos hasta el momento, una inaceptable pasividad ante el desafío separatista.

VI. RAJOY ASUME LA CONTINUIDAD DE LA POLÍTCA EXTERIOR ZAPATERIL
Contrariamente a lo prometido, Rajoy decidió asumir la política pro-marroquí de los gobiernos del PSOE:
- decidió mantener el apoyo del gobierno Rodríguez al acuerdo agrícola de la UE con Marruecos firmado en 2010, renunciando a impugnarlo ante el Tribunal de justicia de la Unión Europea debido a su más que posible ilegalidad al permitir a Marruecos comercializar productos del Sahara Occidental ocupado. Recordemos que en su día el propio Rajoy en la oposición denunció ese acuerdo. El papel del ministro Arias Cañete es singularmente grave;
- decidió mantener la apuesta por la tiranía alauita, contra el pueblo saharaui, llegando al extremo de ser el único país del mundo occidental que apoyó al rey Mohamed VI en su insolente pretensión de censurar al enviado personal del secretario general de la ONU para el Sahara Occidental. Una pretensión que cayó en el mayor de los ridículos. El papel del ministro García Margallo en este punto es especialmente triste;
- decidió mantener la delirante "Alianza de civilizaciones".

VII. RAJOY, VÍCTIMA Y CORRESPONSABLE DEL COLAPSO DEL SISTEMA
Tras el fiasco del PP en las elecciones andaluzas de marzo de 2012, en este blog advertí que el PP pagaba en las urnas el haber asumido una política de continuidad del zapaterismo. Mi advertencia cayó en saco roto.
Sería falso y, por ello, injusto, culpar a Rajoy y a su gobierno de haber generado la crisis económica con su corolario social. Pero no es menos cierto que Rajoy no ha tenido prisa por afrontar la situación y que sus medidas en este terreno son, en varios respectos, continuistas de las zapateriles, haciéndose así cómplice.
Sería injusto culpar a Rajoy de haber generado el desastre autonómico. Pero no es menos cierto que a día de hoy muy poco se ha hecho para evitarlo.
Sería injusto culpar a Rajoy de haber ideado una política exterior contraria a los intereses de España. Pero no es menos cierto que él ha asumido esa política en lugar de haber optado por otra acorde con nuestros intereses.

Ahora Rajoy se enfrenta a graves acusaciones de corrupción. Puede ser la víctima política más importante que se cobre la corrupción en España. Pero no es menos cierto que nada hizo él antes para poner en su sitio, sin ir más lejos, a Su Majestad el rey antes de haber ido a la famosa cacería de Botswana.

No sé si Rajoy va a ser una víctima justa o injusta de estas acusaciones de corrupción.
Lo que sí sé esas acusaciones tienen ahora más fuerza porque él no hizo nada, antes, para ganar credibilidad en la lucha no sólo contra la corrupción sino contra el colapso del sistema.

Rajoy y Rubalcaba (2013): el mismo "error Berenguer" (1930)
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 4 Febrero 2013

Las encuestas que ayer publicaron varios medios (El País, El Periódico de Catalunya) constatan algo que ya se percibía: que el sistema bipartidista se ha desplomado. El PP registra mínimos –según el periódico madrileño su intención de voto no alcanza el 25% y según el diario barcelonés los populares perderían ahora 50 escaños- y el PSOE no remonta en absoluto y, electoralmente, sigue por detrás de los conservadores. Destacan, sí, las expectativas de Unión, Progreso y Democracia e Izquierda Unida, lo que podría configurar en el futuro un sistema pluripartidista que exigiría –a la italiana o a la griega- gobiernos de coalición. Pero lo más grave es que los ciudadanos han perdido confianza en el sistema de partidos y exigen eso que se denomina regeneración.

Por otro lado, la intervención sabatina de Mariano Rajoy ante el Comité Ejecutivo Nacional de su partido, resultó, en general, convincente en cuanto a su honradez, pero dejó abierto el problema jurídico y político que plantea la supuesta contabilidad paralela de Luis Bárcenas y su función –como gerente y como tesorero- del PP durante muchos años. Concurren dos responsabilidades que el presidente no quiso abordar: su responsabilidad in eligendo (él puso a Bárcenas al frente de la tesorería del partido) y la responsabilidad in vigilando (a él como presidente del PP le correspondía controlar cualquier actividad irregular en la organización). Tampoco parece que Rajoy vaya a tomar medida alguna respecto de sus ministros más abrasados por esta crisis (Mato y Montoro, aunque por razones distintas), ni que, al menos de momento, se plantee una reestructuración a fondo del partido. Rajoy salvó su reputación pero nada más, aferrándose a su particular recurso anti-crisis: el transcurso del tiempo y el consiguiente olvido –los españoles parece que somos desmemoriados- de estos episodios.

Por otra parte, las concentraciones ante las sedes del PP suscitan una reacción de naturaleza inquietantemente retroactiva: ¿sigue por donde solía la izquierda de este país?, ¿cómo es que no hubo concentraciones ante Ferraz con el escándalo de los ERES de Andalucía, por poner un ejemplo?, ¿de verdad piensan los partidos de la oposición que el rechazo al PP significa un acercamiento a ellos?, ¿suponen acaso que la indignación es unidireccional hacia los conservadores y que salva o margina el cúmulo de casos de corrupción que afectan a otras formaciones como el PSOE o CiU? Si Pérez Rubalcaba, por ejemplo, valora que esta crisis es sólo la del PP y la de Rajoy, se confunde. Cuando pide, como lo hizo ayer, la dimisión del presidente del Gobierno, está pidiendo a gritos la suya propia porqueestamos ante un fallo sistémico del régimen bipartidista que ambos, entre otros, representan.

Manuel Jiménez de Parga, catedrático de Derecho Público, ex ministro y ex presidente del Tribunal Constitucional, escribió ayer en el diario El Mundo, bajo su seudónimo de Secondat y con este título: “Final de una etapa”. Decía: “Los españoles nos encontramos en un momento delicado de nuestra historia. Abundan las denuncias de corrupción, el sistema constitucional de las autonomías funciona mal, la ley de partidos políticos es deficiente y resulta inadecuado el modo de elegir a los representantes en las diversas instituciones. Si todo eso hay que cambiarlo y mejorarlo es porque hemos agotado una etapa y tenemos que empezar a ser y a convivir de otra forma. Por fortuna sabemos lo que nos pasa y los remedios que debemos utilizar. Malo sería, en cambio, aferrarnos a lo establecido y no reaccionar a tiempo. En naciones de nuestro entorno han sido relativamente frecuentes las sustituciones pacíficas de los sistemas políticos. En el año 1958 se inauguró en Francia la V República con una admirable continuidad desde 1870 (la aventura de Vichy fue un paréntesis intrascendente).”

Lo que sostiene Jiménez deParga es que el régimen actual se ha agotado y hay que ser conscientes de ello. Si Mariano Rajoy y el PP –y lo mismo podría decirse del PSOE- creen que el actual estado de cosas podría continuar renqueante, sería muy aconsejable que leyesen el artículo de José Ortega y Gasset publicado en el diario El Sol el 15 de noviembre de 1930 bajo el título de “El error Berenguer”. El filósofo madrileño fustigaba que tras siete años de dictadura de Primo de Rivera, Alfonso XIII quisiera recomponer el régimen constitucional de la Restauración como si nada hubiese ocurrido, poniendo al frente del Gobierno al general Berenguer, hombre honrado pero de poca consistencia política. Simular que todo volvería a la normalidad constituía, según Ortega, “el error Berenguer”, quien dejó su empeño en febrero de 1931, después de haberlo intentado desde enero de 1930. Decía Ortega, y decía bien, que aquel régimen estaba periclitado. Y terminaba su artículo con una apelación que dispone de la mayor frescura en la España de hoy: “Y como es irremediable ese error, somos nosotros, gente de la calle, de tres al cuarto y nada revolucionarios, quienes tenemos que decir a nuestro conciudadanos ¡españoles vuestro Estado no existe!, ¡reconstruidlo!”

Diario de un 'xarnego'
El oro y el moro (II)
Francisco Caja / Filósofo http://www.dialogolibre.com  4 Febrero 2013

(Viene de la primera entrega). ¡Eureka! Por fin lo tengo. Lo he descubierto. He comprendido la moraleja de la historia. Se trata de nuestro President. Le ha dicho a Rajoy: "si no me das el pacto fiscal, me independizo y si me lo das… me lo gasto en independizarme". Que si nadie vale más que Valle no hay nadie que valga más que Mas en esto de revelar la esencia pura del catalanismo. Y el Honorable, que sí es un verdadero Maestro, se ha apresurado a interpretar su propio oráculo.

Vamos a ver, esto no quiere decir que nosotros vayamos a darle la espalda o por lo que hay un poco más abajo a Espanya; esto no será un trencament, nosotros somos siempre partidarios del diálogo y la negociación. Esto será un proceso impecablemente democrático (aunque suponga pasarse la Constitución por el forro) y pacífico (por falta de presupuesto para los Mossos d’Esquadra), nos ha dicho. O sea, que la gimnasia como la magnesia y la política como los negocios.

Y así lo catalanes tendremos por fin el moro de independencia y el oro del mercado español. Porque como dice otro sabio, Sala Martín, los españoles será los primeros interesados en que Cataluña no salga de la Unión Europea, porque si no tendrían que atravesar dos fronteras para exportar sus mercancías. Que basta con mirar la guía de carreteras para darse cuenta. ¡Eso si que es visión de futuro y no la de Rappel! Y los franceses, encantados, ya no dirán como Clemenceau: «pas d’histoires, messieurs, pas d’histoires» cuando el President les explique la cosa, que los franceses serán muy suyos pero no son tontos.

El President conseguirá la cuadratura del círculo: tendremos el moro y el oro. ¿Cómo? Pues muy sencillo: pagando los españoles la independencia, o sea, que Murcia, por poner un ejemplo, no hay duda de que seguirá comprándonos, tras la independencia, a los catalanes más que los USA como sucede ahora. Porque parece que la idea de que se la pague los USA, para seguir con el ejemplo, convencidos de la necesidad de ayudar a los demócratas y arrepentidos de su anterior fiebre materialista, le compre lo que deje de comprarle Murcia tras la secesión es altamente improbable. El marketing del President es infalible: ponga una frontera entre Ud. y sus clientes. Y en esas estamos. Ancha es Castilla.

Pero me doy cuenta que otra vez me he dejado llevar. Me ha vuelto a ensarronar. Esto es lo que quiere que piense mi alter ego. Es él el que lo ha dicho, no yo. Ya ha vuelto a apoderarse de mi mente. Es él el que me ha dictado estos pensamientos… ¿Cuándo me podré librar de esta tortura espiritual? Porque, a ver, la historia del oro y el moro sucedió hace muchos siglos, digo yo. No puede volver a repetirse. Porque ahora ya no existen reyes como ese Juan II de Castilla. Ahora no se meten en política. Ahora los reyes son como Don Tancredo, digo yo. Ni se notan ni se mueven. Y en ese instante oigo su voz que me dice: «sí, casi como un támpax, si no fuera porque traspasan… millones de euros para pagar las nóminas corrientes de los empleados de la Generalitat».

¿Cuándo me podré librar de esta tortura?

Cultura de la crispación
IÑAKI EZKERRA, EL CORREO  4 Febrero 2013

· Nadie, ni el nacionalismo siquiera, tiene la patente del mal totalitario.

Me pasó hace un año en el plató de una tele madrileña que se ha ido ultraderechizando hasta convertirse en la reserva audiovisual de Occidente y de la plaza de Oriente. El tema era la política antiterrorista. Mis contertulios insistían en que, en el desenlace de la tragedia vasca, debía haber vencedores (las víctimas) y vencidos (los etarras). Yo matizaba que debía haber, en efecto, unos vencidos (los terroristas), pero un solo vencedor (el Estado de derecho) porque establecer una simetría plural de fuerzas –aunque fuera retóricamente– era entrar en la dialéctica de ETA, admitir que en el País Vasco ha habido una guerra en la que las víctimas hubieran participado como uno de los bandos.

Yo trataba de hacer ética y pedagogía constitucionalistas, explicando que las víctimas no habían tomado las armas ni habían estado solas sino con una ciudadanía detrás, unas fuerzas del orden y un Estado de derecho que englobaba a todos. Yo apuntaba, en fin, la necesidad de desposeer de épica al triunfo de la democracia sobre el terrorismo por eso, porque estamos en la paz democrática y no en una guerra. Sería una triste paradoja que, para la foto del final del terrorismo, ETA lograra poner en las manos de las víctimas la metralleta que éstas jamás usaron mientras ETA atentaba contra ellas.

Yo trataba de aclarar estas cosas en un plató, pero me topé con unos interlocutores que, con la complicidad del presentador del programa, me quitaban la palabra como si les estuviera mentando a la madre y poco menos que defendiendo a los terroristas. En ese momento me acordé de aquellos programas de la televisión vasca de Lizarra, a los que uno iba como una res al matadero para que le lincharan entre cuatro contertulios que eran más nacionalistas que Sabino Arana. Me acordé de aquellas sesiones de ‘bullying’ a las que yo asistía para que se escenificara la falta de libertad en Euskadi y aquellos energúmenos perdieran el debate ante el espectador, aun cuando creyesen que lo estaban ganando. Me acordé de aquellas prácticas televisivas, sí, y comprendí que nadie, ni el nacionalismo siquiera, tiene la patente del mal totalitario.

Lo que me choca es que esa crispación que hoy se vive en la Corte –y de la cual la televisión de la que hablo no es más que un síntoma– contrasta con un País Vasco que es una balsa de aceite pese a que haya una ETA política legalizada, que intenta hacer valer su historia de horror y un PNV que ha resucitado a Jonan con el fin de hacer guiños al electorado abertzale y recoger los votos del desengaño bilduarra. Yo creo que Madrid hoy recoge los frutos de la cultura de la crispación del zapaterismo y de la extrema derecha que éste alimentó mientras el País Vasco recoge la cosecha de la cultura de la convivencia y del pacto entre socialistas y populares, a pesar de que no la valoraran las urnas. Ojalá el PNV se beneficie de esa herencia y no la malogre.



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