AGLI Recortes de Prensa   Domingo 3 Marzo 2013

Más pedagogía y menos falso optimismo
Carlos Sánchez El Confidencial 3 Marzo 2013

Concepción Arenal, que debió ser una mujer de armas tomar -asistía como oyente a clases de Derecho vestida de hombre porque la Universidad estaba vetada para las mujeres-, dijo en una ocasión una de esas verdades que conmueven. “Hoy en España”, sostenía la escritora gallega, ¿qué remedio puede emplearse contra los males que nos afligen o nos amenazan?”. Y la respuesta que dió fue esclarecedora: “Ninguna dolencia social puede combatirse con un remedio sólo; pero si se nos pidiera que señaláramos uno nada más, aquel que juzgásemos de mayor eficacia, responderíamos sin vacilar: la instrucción”.

Es evidente que Arenal se refería a lo que entonces se entendía como instrucción pública, y que hoy denominaríamos la enseñanza obligatoria; pero sin duda que la palabra instrucción es hoy más necesaria que nunca. Falta pedagogía. Pedagogía política. Y cuando el ministro Montoro se empeña en disfrazar la realidad de la Hacienda Pública, lo que hace, en verdad, es ir a favor de la ignorancia.

Tiene razón el ministro de Hacienda cuando dice que el sector público ha hecho en 2012 un formidable esfuerzo de ajuste. Ahí están los 11.000 millones de euros largos en que se ha recortado el consumo público. Y ahí están, igualmente, los 11.200 millones que ha aumentado la presión fiscal, como reveló el presidente Rajoy en el Debate sobre el Estado de la Nación, y cuya cuantía demuestra un indudable coraje político. No debe ser fácil legislar contra quienes te han votado.

¿Por qué no bajan los pisos para estimular el mercado inmobiliario? ¿Por qué los industriales españoles pagan mucho más cara la energía que sus competidores? ¿Por qué no hay ningún incentivo verdaderamente eficaz para contratar un joven? ¿Por qué se siguen construyendo aves a ninguna parte? ¿Por qué la inflación española sigue siendo tan elevada en medio de una brutal recesión?

Todo ello en un contexto fuertemente recesivo con una caída del PIB equivalente al 1,4%, lo que aporta, si cabe, más valor a lo logrado en 2012. Con el esfuerzo, como dijo el propio Rajoy, de toda la sociedad española, que está aceptando el ajuste sin grandes fracturas sociales. Algún día, cuando la recesión escampe, se medirá la importancia que han tenido la cohesión social y las políticas de igualdad (con todas sus limitaciones) para superar esta crisis, un valor que algunos desprecian.

Pero si el Gobierno quiere transmitir fielmente el estado de la cuestión, la necesaria instrucción pública que reclamaba Concepción Arenal, es ridículo seguir diciendo que el déficit público fue en 2012 equivalente al 6,74% del PIB. Fue del 10% incluyendo las ayudas al sector financiero. Y esa es, en realidad, la cifra que se trasladará a Bruselas, como por cierto hicieron Irlanda, Holanda o Bélgica cuando tuvieron que destinar ingentes recursos públicos para sanear su sistema financiero. O la misma España en 2011 (casi medio punto de PIB). Pero no por un capricho estadístico de los funcionarios de Eurostat, sino porque el Reino de España ha tenido que endeudarse en al menos en esa cantidad para financiar el déficit presupuestario. Esa es la prueba del nueve.

Un homenaje a la verdad
Lo relevante no es, por lo tanto, lo que se diga en público, sino lo que se pague a los mercados, que son quienes financian el enorme agujero fiscal. Y no hay que olvidar que en los últimos cuatro trimestres las necesidades de financiación del sector público en términos de Contabilidad Nacional equivalen exactamente a 104.593 millones (el 10% del PIB). Ese es el déficit que hay que financiar, y, por lo tanto, el que debe trasladarse a la opinión pública, aunque sea como un homenaje a la verdad. Y el primer paso será una profunda revisión del escenario macroeconómico 2013 que, sin duda, el Gobierno anunciará en los próximos días.

Aunque duela, esta es la realidad de las cifras. Lo demás son juegos florales que sólo pretenden disfrazar el drama de un país que sigue endeudándose a velocidad de vértigo (más de 4.000 millones de euros a la semana), y que si no toma conciencia de la dimensión del problema bajo el amparo de medias verdades, es muy probable que tarde más de la cuenta en salir del hoyo. Como hace, por cierto, la sociedad italiana, incapaz de asumir que un país que destina cada año el 5% de su PIB a pagar el servicio de la deuda es, simplemente inviable. Por eso, sólo por eso, al margen de una lamentable arquitectura institucional, Italia es el país de la UE que menos ha crecido en las dos últimas décadas. Y España va camino de seguirla si no se frena el recurso fácil al endeudamiento público, un problema que hace pocos años se veía como una cuestión menor, pero que hoy es el gran reto de la economía.

Uno de los antecesores más ilustres de Montoro, Juan Bravo Murillo, (la verdad es que no ha habido muchos), lo expresó en 1865 con toda claridad, y eso dio lugar a una de las reformas de la administración más fructíferas: los cambios que se aprobaron en tiempos de Bravo Murillo duraron casi un siglo. “No hay que cerrar los ojos a la luz”, decía el político extremeño. “La situación de la Hacienda Pública es crítica y apurada; debiendo reconocerse, y es digno de elogio, la abnegación de los beneméritos patricios que, tomando a su cargo en tales circunstancias la dirección de los negocios públicos, arrostran grandes dificultades y peligros; pero se necesitan muy fuertes y muy eficaces remedios para contener la progresión del mal y evitar el cataclismo que nos amenaza”.

Siglo y medio después, la situación de la Hacienda Pública vuelve a ser una calamidad, y por eso resulta pueril hacer juegos malabares con las cifras macroeconómicas. Ni el sector exterior se está comportando de forma tan positiva como se dice -como magistralmente resume este imprescindible escrito de Juan Carlos Barba- ni se están haciendo las reformas que el país exige.

Preguntas y más preguntas
La Agencia Tributaria sigue siendo un coladero para multitud de defraudadores, mientras que la Administración -sobre todo la territorial- sigue en pie como un tributo al exceso. ¿Dónde están las privatizaciones? ¿Por qué no bajan los pisos para estimular el mercado inmobiliario? ¿Por qué los industriales españoles pagan mucho más cara la energía que sus competidores? ¿Por qué no hay ningún incentivo verdaderamente eficaz para contratar un joven? ¿Por qué se siguen construyendo aves a ninguna parte? ¿Por qué la inflación española sigue siendo tan elevada en medio de una brutal recesión?...

Falta pedagogía. Pedagogía política. Y cuando el ministro Montoro se empeña en disfrazar la realidad de la Hacienda Pública, lo que hace, en verdad, es ir a favor de la ignorancia

Y por eso, asumir que el mayor triunfo de la política económica es la corrección del déficit de balanza de pagos es simplemente el recurso más fácil. La realidad es mucho más cruda de lo que se dice.

Aunque el sector exterior vaya a cerrar este año con superávit -sin duda una buena noticia-, lo cierto es que este excedente no deja de ser un flujo monetario, por lo que lo relevante es el stock acumulado. Y tantos años de desenfreno han llevado al país a tener una deuda neta con el exterior equivalente 955.700 millones, una cifra de vértigo que hay que relacionar con los 10.000 millones de superávit que puede tener la economía española en 2013 en el mejor de los casos. Esa comparación ilustra la dimensión del problema. A veces se olvida que en medio de un brutal ajuste -3,5 millones de empleos destruidos en solo un quinquenio- y una fuerte restricción del crédito, España apenas ha podido reducir su endeudamiento neto exterior en 26.500 millones de euros desde el máximo del cuarto trimestre de 2009, cuando se alcanzaron los 982.200 millones. Y engañarse sobre estas cifras es, simplemente, como suele decirse, hacerse trampas en el solitario.

¿Qué quiere decir esto? Pues simplemente que los datos ponen de manifiesto que la combinación de una deuda pública enormemente alta -que en 2014 representará el 101% del PIB-, como acaba de estimar la Comisión Europea, y un endeudamiento exterior neto muy elevado -más del 90% del PIB- es una combinación letal que necesariamente conducirá al país a la frustración si se quiere hacer creer a la nación que la realidad es distinta de como es. Sobre todo cuando se tiene al 26% de la población activa en paro y con un problema estructural en su modelo educativo, absolutamente desconectado del sistema productivo.

Ya Ortega denunciaba hace mucho tiempo la tendencia innata de los españoles a engañarse. “¿Quiere decir que mis pensamientos sobre España son pesimistas?”, contestaba a uno de sus críticos. “Algunas personas los califican así; pero yo no veo que el pesimismo sea, sin más ni más, censurable. Son las cosas a veces de tal condición que juzgarlas con sesgo optimista equivale a no haberse enterado de ellas”. Palabra de filósofo.

Rajoy y Garzón
Alfonso Basallo www.gaceta.es 3 Marzo 2013

Rajoy está empeñado en demostrar la existencia de milagros en política.

No creo que Rajoy tenga motivos para admirar al juez Garzón, pero me parece que le imita en sus procedimientos. Garzón quiso asegurarse de que Franco estaba muerto antes de renunciar a procesarle, y Rajoy quiere estar cierto de que separar a Cataluña de España no está conforme con la Constitución vigente, y lo somete a triple consulta. O sea, que Rajoy es tan prudente como Garzón, y Garzón tan circunspecto como Rajoy. Pues no vendría mal que Rajoy reparase en que a Garzón no le han servido de mucho sus precauciones, porque lo mismo que se andaba con mucho ojo en lo de la muerte de Franco, se le olvidaba que no podía espiar a los abogados, o cualquier otra minucia, o sea que era un prudente intermitente.

Esa misma discontinuidad en el rigor afecta a Rajoy en el feo asunto del ex tesorero, asesor hasta enero. Tan pronto le atizan a Bárcenas un suculento sueldazo por no hacer nada, como le asaltan el despacho que, al parecer, conservaba bajo siete llaves en Génova, y le roban, según dice, un par de ordenadores. Así no hay modo de evitar que la pobre Cospedal tenga que hacer de Groucho Marx explicando las simulaciones de la parte contratante de la segunda parte y las finuras administrativas con los antiguos tesoreros devenidos en asesores despedidos, pero sin que se note.

Tal vez Rajoy esté empeñado en demostrar la existencia de milagros en política, porque si después de hacer mangas y capirotes con el programa electoral y jorobar a sus electores, en cumplimiento del deber, además de lo de Bárcenas, consigue mantener una mínima parte de sus votos, entonces es posible que Franco resucite, se asocie con Garzón y funden un partido liberal que gane ampliamente las elecciones, con Rajoy en la oposición, por

Un nacionalismo incapaz de controlar su despilfarro
EDITORIAL Libertad Digital 3 Marzo 2013

Como era de esperar, Cataluña ha sido una de las comunidades autónomas que ha incumplido el objetivo máximo de déficit para el ejercicio 2012, fijado para todas las autonomías en el 1,5% del Producto Interior Bruto regional. La Generalidad de Cataluña cerró sus cuentas del año pasado con un desfase del 1,96%, lo que significa que gastó casi mil millones de euros más de lo previsto en los presupuestos generales de 2012. La consecuencia lógica es que deberá hacer un esfuerzo superior en el presente año para enjugar ese desfase y cumplir el objetivo fijado para 2013, más exigente que en años anteriores al haber quedado establecido en el 0,7% del PIB.

La claridad de los datos y la sencillez del mecanismo acordado para que las administraciones gasten según lo previsto elimina de raíz cualquier sospecha de discriminación de unas autonomías hacia otras. Sin embargo, los dirigentes nacionalistas catalanes, fieles a su inveterada costumbre, ya han salido a la palestra a amenazar con saltarse a la torera los objetivos presupuestarios del presente ejercicio si el gobierno se empeña en tratar a Cataluña como a cualquier otra comunidad autónoma española.

En el partido de Mas y Oriol Pujol ha sido éste último el encargado de protestar por una exigencia de reducción de déficit que considera "inviable", comprometiéndose de paso a combatir la "asfixia económica y cultural" a la que, en su opinión, el Partido Popular está sometiendo a Cataluña. Por su parte el líder de ERC, Oriol Junqueras, ha exigido al presidente catalán que aumente sus ataques a Rajoy y explique a los ciudadanos que los recortes presupuestarios no son consecuencia del despilfarro de la Generalidad, presente y pasado, sino del expolio al que España somete a los catalanes según la conocida matraca nacionalista.

Ambas formaciones olvidan explicar a esos mismos ciudadanos tres aspectos esenciales de la cuestión para entender por qué Cataluña es hoy una comunidad autónoma financieramente inviable. En primer lugar, lejos de esa cantinela del expolio, Cataluña recibe cuatro veces más fondos procedentes de la recaudación de impuestos en su territorio que Madrid, por poner el ejemplo más querido por el nacionalismo catalán. En segundo lugar, la financiación de Cataluña tras la aprobación del nuevo estatuto, sumada a las aportaciones extraordinarias del Gobierno para solventar situaciones extremas de tesorería, hicieron que la Generalidad recibiera el año pasado 11.000 millones de euros más de lo que le correspondía, a pesar de lo cual los actuales gestores fueron incapaces de cumplir un objetivo de déficit que sí alcanzaron comunidades autónomas mucho peor tratadas. Finalmente, si los ejecutivos anteriores, con el tripartito en el que formó parte ERC en lugar destacado, no hubieran disparado el endeudamiento público catalán, la losa que ahora pesa sobre sus finanzas sería mucho más llevadera de lo que es en la actualidad, algo que ocultan meticulosamente a su electorado para evitar asumir las responsabilidades que evidentemente les corresponden.

No hay razón por tanto para que los dirigentes catalanes se quejen de haber sido maltratados económicamente ni, mucho menos, para exigir la relajación de los objetivos de déficit para el presente ejercicio. La disciplina presupuestaria es imprescindible, en especial en el engendro autonómico, origen de los males que aquejan a nuestra economía y lastran nuestra salida de la crisis económica. El ejecutivo catalán debe cumplir con sus compromisos financieros exactamente igual que las otras dieciséis comunidades autónomas, que este año tendrán que hacer un esfuerzo añadido para rebajar el déficit autonómico al 0,7%. Teniendo en cuenta la propensión al despilfarro del nacionalismo, con sus canales autonómicos de TV y sus inacabables "embajadas" en el exterior, Cataluña es en realidad la que mejor lo tiene para introducir recortes presupuestarios sin afectar a servicios esenciales. En caso contrario, la Ley de Estabilidad Presupuestaria faculta al Gobierno para tomar las riendas de unas finanzas catalanas que, en manos de CiU y ERC, son un peligro no sólo para Cataluña sino también para el resto de la Nación.

Un pollo sin cabeza
Alfonso Merlos La Razón 3 Marzo 2013

Desnortado, desdibujado, a la deriva, sin referencias, sin guión y sin un horizonte de futuro. Lo más fácil sería decir que el PSOE no es lo que era. Pero en realidad el panorama de división, debilitamiento y anarquía pura que vive el socialismo español es el resultado de años de experimentos tontos y, en última instancia, de la ausencia de visión de Estado.

No es imputable esto a Rubalcaba, aunque Rubalcaba está siendo incapaz de reconducir una situación que definitivamente se le ha ido de las manos. Cuando pensábamos que el único reducto de díscolos se concentraba en Cataluña y en la idiosincrasia especialísimamente singular del PSC, aparecen sacando los pies del tiesto los correligionarios vascos (¡Ay Patxi, qué herencia!).

En realidad vuelven a las andadas. O quizá no se han terminado de sacudir el «complejo Eguiguren». Da igual. Es simplemente obsceno que haya un alineamiento con lo más rancio del nacionalismo y con lo más sucio del batasunismo para reclamar nada menos que el decaimiento de la doctrina Parot, para exigir la inmediata puesta en libertad de todos l@s pres@s vasc@s que, a juicio de los nietos de Pablo Iglesias, están sufriendo un innecesario e injusto alargamiento de su estancia en prisión.

No hay que darle muchas más vueltas. El PSOE necesita volver a empezar desde el principio o terminará por los andurriales que transitan y habitan los parias, los desheredados de la izquierda, los marginales. Con sus errores y sus torpezas, con sus excesos y sus episódicos disparates antipatrióticos, uno sabía antes dónde estaban y a qué jugaban los conmilitones del puño y la rosa. Ahora es imposible descifrarlo. Ellos mismos no tienen ni puñetera idea.

Las otras corrupciones
FERNANDO SAVATER.  EL CORREO  3 Marzo 2013

El justamente célebre tango 'Cambalache' nos informó hace mucho de que nadie podía negar que el siglo XX era «un despliegue de maldad insolente». Vaya, pues el XXI tampoco ha mejorado precisamente las cosas, sobre todo en lo que toca a nuestro país. Para sorpresa de algunos y decepción de todos, nos hemos encontrado viviendo en un Estado europeo donde la corrupción campa por sus respetos, desde lo más alto hasta no sabemos ni queremos imaginar dónde. Como en los pescados, la podredumbre comienza por la cabeza, pero nunca se detiene ahí: llegará hasta la cola, si no ha llegado ya. Desde luego, quien desee consolarse puede convertirla en un morbo introducido por otros, sean políticos, banqueros, especuladores... que sólo le afecta en los dañinos efectos pero cuya culpa no le alcanza. Puede refugiarse en la hipócrita definición de la ética que irónicamente me proponía un colega universitario: ética es lo que les falta a los demás. Es la actitud demagógica, cuyo fallo no está en lo que denuncia -que suele ser muy cierto- sino en la ausencia de una reflexión mínimamente autocrítica. La buena conciencia suele basarse siempre en la renuncia preventiva al examen de conciencia-

Nadie puede minimizar la responsabilidad en el sabotaje de la ciudadanía de quienes desde situaciones de privilegio han pervertido sus funciones públicas: los que más obtienen de la sociedad tiene mayor obligación de respetar las normas de la decencia común que vale para todos. Si no lo hacen, desmoralizan literalmente al resto de los ciudadanos. Pero aunque no dejemos de combatir la impunidad de los que están arriba, tampoco viene mal que hagamos balance de otras formas de corrupción con las que hemos sido más ampliamente indulgentes porque incurríamos en ellas grandes y pequeños. Como ejemplo menor pero frecuentísimo podemos ci-tar el acostumbrado «¿con IVA o sin IVA?» de tantas prestaciones de todo tipo que siempre suela acabar en el «sin», lo que no tiene poco que ver con la tan lamentada subida actual del IVA en muchos campos especialmente sensibles.

Hay sin embargo otros síntomas peores de una degradación general del sentido de la ciudadanía. Porque de lo que estamos hablando al denunciar la corrupción no es de faltas de honradez comunes y corrientes sino de un generalizado olvido de lo que implica ser ciudadano de un Estado democrático, que no es precisamente lo mismo que ser un hijo del pueblo sacrosanto ni haber jurado fidelidad eterna a un partido o facción política. Por ejemplo, algunos nos hemos pasado años visitando colegios e institutos y tratando de convencer a los jóvenes de que debían prepararse conscientemente para su papel de políticos,porque en una democracia políticos somos todos y no sólo unos cuantos especialistas en mandar. Casi invariablemente, esas recomendaciones eran recibidas con escepticismo o rechifla: por lo visto, la juventud «robusta y engañada» de la que habló Quevedo prefería ser jocosamente apolítica.

También sus mayores practicaban una actitud general de espectadores en los asuntos públicos: desde el patio de butacas, aplaudían o silbaban a los electos que ocupaban el escenario pero sin sentirse llamados a subir nunca a él. Sin embargo durante esos años pasados en que cada cual prefería dedicarse a sus negocios personales, fue cuando se llevaron a cabo los derroches, los fraudes y comenzaron a aplicarse los desahucios que ahora nos han conducido a la situación presente que deploramos. Cuando después se hizo patente la crisis, la indignación llevó a muchos de aquellos apolíticos a convertirse en antipolíticos, a veces con demostraciones agresivas de descontento. Pero sigue siendo intervención política lo que necesitamos y no sería malo que comenzase por una cierta autocrítica ante tantas ocasiones perdidas de atajar males hoy ya muy crecidos...

Y no es difícil señalar otras corrupciones de la ciudadanía, todavía vigentes. La principal de ellas, esa especie de enclaustramiento localista, con decoraciones nacionalistas o sin ellas, que ha llevado a tantos a vivir lo colectivo desde el particularismo excluyente, con conciencia de su campanario y olvido de los intereses del país en general. Incluso se ha hecho corriente sostener una versión de las autonomías como forma de salvarse de la quema al margen e incluso en contra del resto del país, de cuya necesaria armonía no se tiene imagen efectiva. Según esta actitud, los males vienen siempre de las medidas que aúnan y coordinan España mientras que las ventajas llegan por la aplicación de excepciones y privilegios con sello separatista. Se ha llegado hasta el punto de que reclamar los derechos educativos y administrativos de la lengua común constitucional es visto como una agresión a las lenguas regionales perfectamente legales y admitidas, como si mantener ese vehículo de comunicación de todos (y que nos vincula relevantemente a todo el continente americano) fuese algo desdeñable desde un punto de vista político, económico y laboral. Los corruptores de la ciudadanía son quienes se creen facultados por no sé qué llamada de lo alto a barrer siempre para su casa y celebrar su convento personal en detrimento de la realidad histórica y social de la que forman parte: eso sí, todos los aprovechados y mangantes, tanto individuales como colectivos, al revelarse sus abusos, siempre hacen saber al mundo que tienen la conciencia muy tranquila y que están orgullosísimos de ser tan excepcionales.

Proceso constituyente
Quizá el envejecimiento no sea de la Consitución. Los actores que la firmaron han cambiado
Jorge M. Reverte El País  3 Marzo 2013

La Constitución de 1978 se ha convertido en lo que los boxeadores llaman el punching ball, que en castellano viene a ser algo así como el saco de las hostias. Se pone en cuestión su validez desde distintos puntos de vista, pero los diagnósticos de quienes quieren cambiarla coinciden en una cosa: en que ha envejecido.

Pero ¿cómo envejece un texto? Parece como si una ley natural condujera a que un acuerdo de convivencia fuera perdiendo poco a poco su validez. Así, como si hubiera una degeneración de las frases que la componen, o porque la tinta fuera perdiendo contraste. Pero quizá es posible que el envejecimiento no sea del texto, sino que nos enfrentemos a una cuestión distinta, la de que los actores que la firmaron han cambiado. No se trataría entonces de que el texto no sea adecuado, sino de que desde distintos sectores se quiere o se es incapaz de reafirmar el acuerdo básico de convivencia, que no es otra cosa una Constitución sino eso.

En primer lugar, lo que parecía intocable, que es la Corona. Se ha dicho muchas veces que España no es monárquica, sino juancarlista. Ese carácter tan accidental fue una transacción de consenso para un momento de especial delicadeza, la transición de la dictadura a una democracia. Lo que pasó es que Juan Carlos I fue capaz de demostrar el 23 de febrero de 1981 que la idea no había sido mala. Ahora, el mismo personaje, y su comportamiento, han dado alas a la tesis contraria, porque la primera autoridad del Estado se encarna en una persona que no tiene que estar siempre a la altura del papel que se le ha asignado. En otras palabras, que el propio Rey es quien tiene que ganarse a pulso, día a día, su puesto de trabajo. Un puesto que tiene las mismas obligaciones que las de un presidente de una República, solo que con el añadido de que se hereda, en lugar de ser elegido. A muy pocos políticos españoles se les ocurre (todavía) que ese sea el asunto fundamental de la agenda política. Pero hay una opinión creciente que señala que una abdicación a tiempo arreglaría, al menos de forma temporal, los problemas. Eso sí, quedaríamos, como siempre, al albur de que quien tome las riendas sea capaz de hacerlo bien.

El segundo frente es más peliagudo. La cuestión nacional. Y el centro del mismo está desde hace tiempo, aunque no se quisiera ver, en Cataluña. Es tiempo de calçotadas, un buen motivo para acercarse a la nación-nacionalidad-región. Al tercer envite del porrón, cualquier visitante podrá ver que el discurso que ha escenificado el PSC al votar en el Parlamento a favor del derecho a decidir es un discurso triunfante a cualquier escala, en cualquier estamento. El muy mediocre mensaje de ERC representado por Oriol Junqueras repica por doquier. Desde el agresivo “España nos roba” hasta el manido “no nos entienden”, los tópicos se repiten. No estamos lejos de llegar a donde Pasqual Maragall quiso después de hablar con Zapatero: el mensaje nacionalista de siempre (porque es el de siempre) se ha hecho hegemónico. ¿Es porque la Constitución ha envejecido? No, es porque los nacionalistas han ganado, ante la pasividad de fuerzas como el PSC, que han decidido acomodarse a sus tesis.

El tercer frente lo ha abierto el propio PSOE. Una comisión de expertos formada en Andalucía ha elaborado un documento que en teoría debería servir para recomponer las cosas. En forzosa síntesis, los constitucionalistas andaluces dicen que la Constitución solo se hizo legítima a partir de que se votara el Estatuto de Andalucía. Que la Constitución es ilegítima de origen, pero legítima de uso. Más o menos.

Los dos frentes últimos, de ser aceptados, nos conducen a un nuevo proceso constituyente, porque parten de la consideración de ilegitimidad (sobrevenida u original) del texto. Cosa que no exige mucha carga de prueba para ser negada, si recordamos que la Constitución de 1978 es adánica, es decir, que no puede ser legítima en su sentido exacto, el que la RAE da a la palabra, porque no se basa en una ley anterior, sino en un acuerdo político de gran envergadura.

Benedicto XVI ha demostrado que se puede dejar un puesto como el suyo. Lo demás acaba siendo lo de siempre, o sea, política de largo plazo. Política en serio.

Pero da la impresión de que ni los dirigentes políticos ni sus partidos pasan por un buen momento para hacerla. Salvo ERC.

¿Vamos a un proceso constituyente? A abrir la caja de Pandora.

DIONISIO, CIEN AÑOS
El fascista español que dijo la verdad a Franco y terminó socialista
Pascual Tamburri Bariain www.elsemanaldigital.com 3 Marzo 2013

Joven falangista. Jerarca franquista. Enamorado de Italia. Combatiente en Rusia. Totalitario. Crítico con el régimen. Represaliado. Periodista. Opositor. Encarcelado. Demócrata. ¡Hombre!

Península reedita, justo cuando Dionisio Ridruejo habría cumplido 100 años, un libro excepcional en su género para entender la política española desde antes de la Guerra Civil hasta el final del franquismo. Dionisio Ridruejo fue un joven inquieto de la burguesía provinciana castellana, su inquietud estética e intelectual le hizo estudiante y poeta, su desazón social lo acercó, en la agonía de la Segunda República, a lo parecía ser el Fascismo español, la Falange de un José Antonio en los márgenes de cuya corte literaria entró. La Guerra Civil hizo de él, además, un hombre público, y el franquismo despertó en él las mayores ilusiones y la mayor decepción. Voluntario en la División Azul, su decepción con el franquismo lo llevó paulatinamente al ostracismo y luego al antifranquismo. Pero lo singular de Ridruejo, que sus memorias recogen, es que nunca se negó a sí mismo, que contó cada paso de su pasado sin pretender hacerlo desde el presente, y que conservó sus gustos estéticos, sus inquietudes de todo tipo y sus variadas amistades. Aún en el mismo 2012, en noviembre y en el Ateneo de Sevilla, Aquilino Duque, amigo personal del poeta, pudo rendirle homenaje.

Dionisio Ridruejo fue falangista cuando nadie lo era, antes de la conversión de las masas juveniles derechistas tras la victoria del Frente Popular. Y lo fue tanto por adhesión humana y personal a José Antonio como por convicción de que aquello, que él veía sin dudas como fascismo, era la solución para una España azorada. Es siempre interesante leer contado por uno que lo vivió qué extraña combinación de iniciativas literarias y de medias lecturas y percepciones interiores y exteriores fue aquella. Dionisio, el Dionisio maduro cuyos textos se reunieron para crear estas "casi" memorias, tiene el atractivo de una prosa cuidada, de un a reflexión serena y ya distante, y de una sincera aceptación de qué fue aquello, con todas las que después se vieron como lacras y defectos pero que en su tiempo se sintieron como virtudes y atractivos.

Otros, y no pocos, han contado su historia mintiendo sobre ella o, directamente, olvidando las partes inconvenientes, y muy a menudo atribuyéndose intuiciones y anticipaciones poco creíbles. En la España de 1936 había muy pocos demócratas, y seguramente casi ninguno en la de 1939. Casi por casualidad, Ridruejo cuenta cómo pasó de la simple militancia azul a las altas jerarquías del Estado y del Partido (cuando España tuvo de nuevo un Estado y un Partido, o un embrión de ambos mejor dicho, entre Salamanca y Burgos). Los retratos humanos de los militares, los políticos, los diplomáticos, los artistas y los personajes de paso son únicos en su género y permiten conocer mejor aquella España. Sólo por ellos habría valido la pena esta reedición.

El porqué de la guerra, y el cómo de la paz, siempre nos serán desconocidos en sus detalles. Pero desde luego que en las palabras del Dionisio Ridruejo de 1938 hay más verdades y más sinceridad que en las memorias póstumas de Santiago Carrillo que acaban de editarse en 2012. "Cuando el Estado se encuentra en la sima, cuando las instituciones están podridas, abandonadas o deshechas, cuando la situación nacional es deplorable, cuando un pueblo, como pasaba en España, ha renunciado a su destino cobardemente; cuando un pueblo, como sucedía con el nuestro, se ha dejado arrebatar todas sus instituciones sin un tiro de defensa; cuando un pueblo se declara vencido, está postrado, entonces el empujón que le renueva, la violencia que le saca de quicio, la revolución que le perturba, sólo le puede lanzar por el camino ascensional de la grandeza" .

Amigo además de colaborador de Ramón Serrano Súñer, Ridruejo compartió con él muchas cosas: el patriotismo, la asunción de que todo el poder pasaba por Franco, la convicción de que España necesitaba modernizarse y europeizarse (muy lejos de todo tradicionalismo y más aún del clericalismo que ya entonces lastraba el protorrégimen), la doble seguridad de que el Eje habría de vencer la guerra y de que sólo un Estado totalitario (realmente totalitario, pero a la italiana, y realmente fascista) podía cumplir todas las tareas pendientes. El peso de reaccionarios, capitalistas, banqueros y gentes de sacristía alrededor de Franco derrotó las ilusiones de ambos pero no suprimió de golpe ni sus convicciones ni sus lealtades. Enamorados de Italia uno y otro, los dos conservaron tras 1942 y tras 1945 sus afinidades humanas y culturales. Quizá la diferencia sea más bien de horizontes: mientras que en 1942 un Ridruejo curtido en Rusia pidió por escrito a Franco el cumplimiento del programa social falangista, y terminó por ello fuera del régimen y desterrado, en 1945 un Serrano siempre realista, ya fuera de todo cargo, aconsejó a su cuñado que asumiese la democratización como camino entonces evidente a la modernización.

Eso explica también que Serrano Súñer, fuera de la política, no fuese opositor al régimen sino ajeno al mismo, mientras que Ridruejo, indignado con él, se hizo opositor. Los dos supieron siempre que la Falange era, si era algo, el fascismo español, pero que nunca había llegado a ser más que una ficción de partido único. Fascistas fueron y nunca negaron haber sido, aunque al modo italiano, con toda lógica sin duda; y ambos hasta su muerte se sonrieron de las hueras pretensiones a- o anti- fascistas de algunos falangistas de variado pelaje. Hubo en España fascistas, y muchos más aún ilusionados con el horizonte fascista, y esto incluyendo a muchas de las primeras cabezas y de las primeras plumas de España, pero no, decisivamente, al Jefe del Estado que estaba llamado a serlo también de un movimiento. Y da razón, para Ridruejo y también para Serrano, de cómo y por qué el franquismo creció con fecha de caducidad, nacido para no durar y crecido para dar forma y vehículo a viejas, caducas y aun muertas castas, sectas, poderes y tutelas. Serrano se limitó a esperar que todo terminase; Ridruejo, más joven, formado de otro modo, buscó quizá a modo de expiación acelerar el proceso y hacerlo navegar hacia una democracia social que sería, quizá, lo menos lejano de su juvenil falangismo.

Dionisio Ridruejo no escribió sus memorias, pero sí los elementos para que se reconstruyesen y hoy podamos releerlas con provecho. El provecho, por ejemplo, de recordar que la Guerra Civil no tuvo en el Frente Popular a sus "buenos", que hubo una seria tentación totalitaria que sólo el resultado de 1945 cortó y cómo el régimen del que surge el actual no fue, pese a sus defectos y miserias, la suma de todos los males. Esto, dicho y reconocido por un hombre empeñado en la segunda parte de su vida en acelerar el fin del sistema que él había ayudado a crear, pero siempre fiel a un cierto estilo y a unas cuantas cuestiones que le acompañaron siempre y que bien pudo heredar (pero no parece que lo haya hecho) un cierto centroizquierda. Desde una sorprendente coherencia personal tenemos aquí otra visión del franquismo y del que fue creador de su primera imagen y bien pudo ser, si las cosas hubiesen ido de otro modo, altísimo jerarca en vez de opositor. Cosas de una historia que ahora, en medio de una crisis no menor que la de los 30, podemos leer con justo y fruto.

Democracia mediocre
Mario Conde www.gaceta.es 3 Marzo 2013

Son millones los que viven directa o indirectamente de los partidos.

En el comportamiento de voto se diferencian dos grupos. Uno, aquellos que detectan un problema y votan a la persona que consideran capacitada para resolverlo. Otro, los que se identifican con una formación política y aunque sus dirigentes, engañen y lleven a un país al desastre, les siguen votando. El grupo segundo es, desgraciadamente, el mas abundante, y ese o se basa sobre todo en intereses concretos. Son millones los que viven directa o indirectamente de los partidos. Gente que vota en tropel porque no le interesa este país sino seguir viviendo a costa de lo que sea, aunque se destroce un tejido empresarial y servicios públicos esenciales se desmantelan. No es que tengan confianza ciega en las ideas de su partido. Es que viven de él, de modo directo o indirecto. Por eso, la partitocracia y las redes clientelares afectan de manera grave a la democracia.

Hace tiempo que lo vengo diciendo que lo que está fracasando de verdad es este modelo de democracia. De ello son responsables los integrantes de la clase política. Crean en la gente la ilusión de que son libres, que votan como ciudadanos, pero consiguen que de hecho hagan lo que ellos quieren, cerrando el acceso a partidos distintos de los dos dominantes y comprando con subvenciones a medios de comunicación privados,y monopolizando televisiones públicas. Aquí, con el monopolio de los políticos, solo pueden hablar los que ellos quieren que hablen y siempre que digan lo que ellos quieren que la gente escuche. Consecuencia:se ha instalado la mediocridad. Se confunde la democracia con la ausencia de autoridad, con la negación de la jerarquía, con el triunfo de los mediocres, de los que no han sido capaces de hacer nada útil en la vida de la sociedad. y se persigue implacablemente a la inteligencia.

El verdadero derecho a decidir
Rafael García Rico Estrella Digital 3 Marzo 2013

Como el agua que se escurre entre los dedos, la explosión democrática nunca se puede controlar entre los límites de un interés concreto. Precisamente la fecundidad democrática, es decir, la extensión de sus valores al conjunto de las actividades, es inversamente proporcional al deseo de los liderazgos políticos por mantenerse al frente de una burocracia bien organizada. Todo proceso abiertamente democrático es en sí mismo revolucionario si lleva impresa la voluntad transformadora. Al menos así lo creo.

Las organizaciones políticas tienden a la conformidad y al aislamiento. Ambas características acaban, a su vez, definiendo una relación con la sociedad en la que la distancia, que se experimenta de muy distintas formas, se convierte en la quintaesencia del discurso. Este se hace, como sucede en los mítines, desde una plataforma, elevada o no, pero en un plano diferenciado de los que escuchan y, lo que es más grave, de la realidad sobre la que habla.

Los cambios impulsados por las tecnologías de la comunicación han horizontalizado las formas de actuar en política
Durante años he creído a ciencia cierta en la necesaria consistencia y según los cánones conocidos de las estructuras políticas. Bien es cierto que en un tiempo distinto a este de crisis y cambio tecnológico. En aquellos momentos, la consolidación del sistema democrático en juego, exigía, en la opinión que entonces tenía, que hubiera una izquierda fuerte, bien organizada, con un brazo sindical y una fuerte implantación social, territorial y sectorial, capaz de abrirse paso ante las tentaciones involucionistas o el pensamiento de una derecha con una fuerte tradición cultural en la opinión pública y una capacidad de influencia económica, política y social a prueba de toda duda con independencia de su estancia o no en el gobierno.

Para representar un fuerte movimiento que cristalice en una opción política renovada, capaz de sobreponerse a este esfuerzo de la derecha por consolidar su nuevo modelo social, es preciso aceptar algunas ideas que no surgen de los laboratorios partidistas sino que son la expresión de realidades y sentimientos que se fraguan en la sociedad. Los cambios impulsados por las tecnologías de la comunicación han horizontalizado de forma impresionante las formas de actuar en política. Y la crisis ha puesto en marcha estrategias locales y sectoriales que no han pasado previamente por los despachos de la política.

Eso que es en origen bueno, tiende a ser malo cuando las movilizaciones pierden su eficacia en tanto que no logran confluir primero, y tampoco adquirir potencia política después. En un modelo de sociedad de democracia parlamentaria es preciso que haya diputados que defiendan lo que las movilizaciones reivindican. Si no se produce una conjunción real y si no se materializa un compromiso que afecte a la sociedad movilizada y a las estructuras democráticas y representativas, la tendencia será a la dilución y al desvanecimiento de las oportunidades que se encierran en la conciencia social y en su actividad reivindicativa.

Es preciso que haya diputados que defiendan lo que las movilizaciones reivindican
Ahora bien, para eso ha de producirse primero un fenómeno imprescindible, que es el de identificar cuál es la fuerza de la izquierda que asumirá esa función y cómo lo hará. Y es entonces cuando se hacen evidentes las carencias de las opciones que ahora definen la realidad. Si se quiere ser la organización mayoritaria y representativa desde la izquierda debe ser, como dice el expresidente González, una opción mayoritaria. Y eso, a diferencia de lo que piensan algunos oficinistas, supone dar forma política al caudal de inquietud social que ahora existe y siendo capaz de construir un discurso que recoja las aspiraciones de la clase media y de los trabajadores.

Para impedir que el PP se renueve en el ejercicio de su estrategia reaccionaria, es necesario que el sistema vertical que domina la burocracia política se convierta en un sistema reticular en el que la participación sea el fruto de la conexión social, y en el que los liderazgos surjan de manera natural entre quienes aspiran a ellos porque tengan fuerza representativa suficiente para plantearlos, y sin la impostura de los manejos y las chanzas que las estructuras actuales que todos conocemos permiten entre las moquetas de palacio o en los cuartos oscuros donde nacen, crecen y maduran personajes que por más que se empeñen han caducado irremisiblemente.

La participación inexcusable y abierta es el verdadero derecho a decidir; el que avanza paso a paso sin forma posible de evitarlo.

Rafa García-Rico - en Twitter @RafaGRico - Estrella Digital

ESPAÑA POR SU NOMBRE
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR  ABC  3 Marzo 2013

DIRECTOR DE LA FUNDACIÓN DOS DE MAYO, NACIÓN Y LIBERTAD

«Arrebatarle a España el nombre ha sido la primera forma, la más sutil e irresistible, de vaciarla de significado. España ha pasado a ser menos que un nombre. Ha adquirido la penosa condición de un adjetivo que califica, con la accidentalidad propia de su

EN el principio de todo liderazgo político debe existir una nación de ciudadanos y un Estado democrático que la represente. Sin la nación, el Estado es un consejo de administración que ni siquiera dispone de convicciones comunes sobre las que asentarse, limitándose al resignado asentimiento de los usuarios de sus servicios. Sin el Estado democrático, entendido como expresión de una nación, la comunidad carece de derechos y deberes, está falta de legitimidad, se encuentra al margen de un criterio moderno de soberanía. No puede haber liderazgo donde el Estado y la nación se contemplan como instancias en conflicto.

Sin un Estado nacional, sin una nación que asuma su soberanía y se constituya en Estado, no puede haber clase dirigente, en el sentido más hondo que pueda darse a esa expresión en horas decisivas como las que vivimos. Sin una nación expresada en Estado, no puede haber un pueblo consciente de su tarea, que en un tiempo difícil sea capaz de exigir el buen gobierno y la virtud suprema de la ciudadanía. No puede haber sentido de liderazgo que ensanche la perspectiva de quienes nos representan, si el Estado adopta la vocacional indiferencia del administrador de una comunidad de vecinos. No puede haber proyecto donde no existe un punto de partida. Y ese viaje hacia el futuro, en el que es tan imprescindible la lucidez de los dirigentes como la inteligencia de los gobernados, difícilmente podemos hacerlo, cuando la debilidad de nuestra cultura nacional y la flaqueza de nuestros dispositivos democráticos ni siquiera han sido capaces de proteger el primer signo de nuestra calidad colectiva: nuestro propio nombre.

No sé lo que me provoca más estupor: si la impunidad con la que España es sometida por los nacionalistas a la constante negociación de su derecho a la existencia o la acomplejada sumisión y cabizbaja conciencia de inferioridad moral con la que tantos presuntos dirigentes de esta nación se han comportado. Porque, depositarios no sólo de la preservación de nuestras instituciones, sino de la idea misma de España, los políticos que han aceptado la responsabilidad de gobernarla y los intelectuales que deberían justificarla han tolerado esa corrupción de las palabras en donde siempre empieza el secuestro de nuestros principios.

La extenuante vejación de hablar de un Estado español, cuando debía decirse simplemente España, ha tenido muchos ingredientes, pero ninguno ha estado libre de pecado. En medios de comunicación autonómicos, en la jerga de los mosenes, en el oscuro idioma que los pedagogos insuflan en los textos escolares, en los trabalenguas de los tertulianos o en los ensayos de los intelectuales subvencionados, el Estado español nunca ha significado lo que quiere decir en cualquier parte: la estructura jurídica de una nación. Se ha convertido en algo que resultaría inexplicable en cualquier país de nuestro entorno; se ha convertido en la afirmación de que disponemos de un Estado, pero que carecemos de una nación. Peor aún, que debemos dar ese agotador rodeo verbal para indicar que aquí existen algunas naciones auténticas y una falsificación nacional a la que, para entendernos, llamaremos Estado. Que una maniobra de astutos nacionalistas haya podido pasar como una simple cuestión de formas demuestra hasta qué punto la estupidez es contagiosa, y cómo los hábitos menos saludables se adquieren con las prácticas de apariencia más inofensiva.

¿Es que alguien se creía, de verdad, que esta ausencia de la palabra España en crónicas de actualidad política, en informaciones meteorológicas, en retransmisiones deportivas, en seriales televisivos, era una simple casualidad, un brindis al sol de la diversidad regional o un elegante gesto de cortesía autonómica? ¿Es que aquí todo el mundo es un indigente mental menos esos taimados nacionalistas, capaces de empezar por colonizar la misma lengua que consideran instrumento de una potencia ocupante? ¿Es que nadie había advertido que, tras las esperpénticas referencias a la sequía que azotaba el Estado español, tras el pintoresco recuento de las especies en peligro de extinción en el Estado español, tras las fotogénicas panorámicas de las playas del Estado español, lo que se estaba diciendo es que la nación española no existía y que, en cambio, disponíamos de una resignada y siempre revocable circunstancia institucional? ¿Alguien se cree que los nacionalistas habrían tolerado una majadería semejante, en caso de que cualquier desequilibrado hubiera intentado normalizar la exclusión de la referencia a Cataluña o al País Vasco de nuestra lengua? ¿No habrían dicho, y con razón, que se trataba de la primera maniobra expropiatoria, destinada a arrebatar a dos regiones su realidad, por la vía elemental de quitarles su nombre?

Ese formidable libro de ciencia política que es Alicia através del espejo señala que las palabras solamente tienen significado porque el poder se lo concede. «Las palabras tienen dueño», se le dice a una Alicia que está a punto de averiguar que el sentido común es la mejor prevención contra la estrategia de las aberraciones ideológicas. Lo que hoy vemos como el extraño resultado de una desorientación fue, de hecho, el producto de un perfecto diseño de un vaciado conceptual, que nos dejaría sin el primero de nuestros recursos, sin aquel que nos hace hombres y mujeres libres: la posesión de la palabra, la dignidad de la expresión, el derecho a poder llamar las cosas por su nombre.

A los derrotados en nuestra dolorosa guerra civil les preocupó, en el exilio, que España sólo fuera un nombre. Nuestros nacionalistas y nuestros asustados organizadores de una conciencia nacional desde la transición decidieron que ni siquiera llegaría a eso. El patriotismo había sido una propiedad de algunos y, al parecer, el remedio no fue nacionalizar de nuevo a los españoles, sino dejarnos a todos sin nación. Arrebatarle a España el nombre ha sido la primera forma, la más sutil e irresistible, de vaciarla de significado. España ha pasado a ser menos que un nombre. Ha adquirido la penosa condición de un adjetivo que califica, con la accidentalidad propia de su carácter, lo que parece realmente sustancial: el Estado que unas cuantas naciones se ven en la obligación de compartir con los españoles.

Por eso cuesta tanto que al frente de España se ponga un equipo de patriotas dispuestos a concebir la grandeza de su empresa de liderazgo en los tiempos difíciles. Por eso es tan difícil que se disponga de un pueblo cuya madurez le impida ser instrumento del populismo o materia inerte de la indolencia cívica. Nos hará falta volver sobre nuestros pasos, tendremos que regresar sobre nuestras palabras, habremos de devolver el sentido a nuestro lenguaje y restituir el timbre riguroso a nuestra voz. Estamos a tiempo, aún, de empezar de nuevo. Nuestra es la posibilidad de comenzar una hermosa aventura, la de constituirnos en un pueblo consciente. La de exigir a nuestros gobernantes que nos representen y nos dirijan en la confección de un futuro en el que nuestra nación recupere el aliento y fortifique su esperanza. La de empezar por el más elemental de los principios, en el que siempre se encuentra el verbo. La de llamar a España por su nombre.

Crónica del 'Bienestar del Estado'
Diez ejemplos muestran que el despilfarro público sigue muy vivo
El hecho de que los liberados sindicales cuesten 3.000 millones de euros desde 2008 es tan sólo una muestra.
LIBRE MERCADO  3 Marzo 2013

1. Los liberados sindicales cuestan 3.000 millones
Las Comunidades Autónomas mantienen a 9.000 funcionarios liberados. En Andalucía se han anulado apenas 67 puestos sobre un total superior a los 3.700, es decir, una reducción de apenas el 1,8%. Tampoco en Cataluña, Extremadura o Asturias se aprecian grandes avances.

Entre las regiones que sí han disminuido significativamente el número de funcionarios liberados encontramos a Madrid, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, Navarra y Baleares, donde el ajuste sí se acerca a los topes mínimos establecidos en los estatutos laborales. A nivel nacional, el Ejecutivo de Mariano Rajoy ha pactado mantener a 400 funcionarios liberados.

Sobre la cuestión de los liberados sindicales, cabe señalar que su coste anual ronda los 500 millones de euros. Esto significa que haber eliminado este régimen laboral privilegiado cuando España entró en crisis (2008) podría haber ahorrado a los contribuyentes alrededor de 3.000 millones. Cabe señalar, por otro lado, que ocho de cada diez funcionarios liberados están vinculados a UGT y CCOO.

2. Las subvenciones al Consejo de la Juventud
El Consejo de la Juventud se gasta 900.000 euros en viajes entre 2011 y 2012. Los encuentros del ente han tenido lugar en países tan variopintos como Bélgica o Rusia. El Consejo está subsidiado por los contribuyentes con millonarios compromisos de dinero público: solamente en 2012, los Presupuestos Generales inyectaron 1,5 millones de euros al organismo. También cabe destacar que, según los datos de 2012, buena parte del presupuesto se dedicó a gastos de personal (1,1 millones de euros).

3. Las pymes, asfixiadas por la morosidad pública
Las administraciones públicas en España, en especial los ayuntamientos, deben la friolera de 7.500 millones de euros a las pequeñas y medianas empresas españolas, según ha informado CEPYME. La demora media en los pagos supera los 180 días de espera, pero en algunos sectores se han registrado retrasos superiores a los 900 días.

Como muestra, un botón: el Gobierno de Cataluña adeuda más de 300 millones de euros a las farmacias. La Administración que dirige Artur Mas ya ha comunicado a las boticas que no pagará los 95 millones correspondientes al pasado mes de noviembre. A esta falta se unen los casi 100 millones de la factura de diciembre y los más de 108 millones correspondientes al mes de enero.

4. Enésimo subsidio a la compra de vehículos
El Ministerio de Medio Ambiente ha lanzado el Plan "PIMA Aire" con el objetivo de renovar el parque de vehículos comerciales con modelos "más eficientes y de menor impacto". Este enésimo manguerazo de dinero público al sector automovilístico costará un total de 38 millones de euros a los contribuyentes.

Cabe señalar que el Plan "PIVE", lanzado por el Ejecutivo de Mariano Rajoy en 2012 y renovado en 2013 ya ha comprometido 225 millones en subvenciones para la compra de coches. La iniciativa apenas aumentó las ventas en 7.000 unidades, generando tres veces menos ingresos fiscales de lo previsto.

5. Subvenciones a la I+D
El Ministerio de Economía ha anunciado que el "fomento de la cooperación estable público-privada en I+D en Extremadura" costará a los contribuyentes 2,8 millones en 2013 y 4,2 millones en 2014. En total, 7 millones de euros.

La cosa no acaba aquí: el departamento de Luis de Guindos también ha anunciado otra partida con el mismo concepto, pero aplicada a Galicia. El desembolso de esta nueva ronda de subvenciones sumará 30 millones de euros en 2013 y 45 millones de euros en 2014. En total, 75 millones de euros.

No obstante, el Ministerio de Economía no se ha detenido aquí sino que también ha extendido este programa de subsidios al I+D a Andalucía, donde la inversión que sufragarán los pagadores de impuestos suma 20 millones de euros en 2013 y 30 millones de euros en 2014. En total, 50 millones de euros.

6. Ayudas públicas al carbón
El Instituto para la Reestructuración de la Minería del Carbón y Desarrollo Alternativo de las Comarcas Mineras acaba de anunciar una nueva ronda de subsidios a la minería. Las empresas de este sector llegarán a recibir hasta 7 millones de euros de los contribuyentes, en una suma de subvenciones que asciende a un total de 46 millones de euros.

7. Dinero para estudios "de género"
El Instituto de la Mujer, dependiente del Ministerio de Sanidad, ha hecho pública la concesión de diversas subvenciones destinadas a financiar los estudios "de las mujeres y del género". En total, el desembolso que supuso esta iniciativa para los contribuyentes superó 600.000 euros.

Entre los proyectos financiados, destacan informes dedicados a cuestiones variopintas: "Gobernar con amor" se llevó 18.000 euros; "La transmisión de estereotipos a través de la canción" se embolsó 27.000 euros; "Prostitución y medios de comunicación" recibió 41.000 euros...

Otra publicación reciente del BOE detalla 2,2 millones de euros en nuevas ayudas del Instituto de la Mujer. La arruinada Federación de Mujeres Progresistas figura entre las entidades beneficiarias de estos nuevos manguerazos de dinero público, con partidas que suman 102.000 euros. UGT y CCOO también se benefician con sendas subvenciones.

8. Wert, productor cultural
Pese al relato recurrente del sector cultural, según el cual el Ministerio de Cultura habría eliminado todo tipo de subvenciones desde el cambio de Gobierno, el departamento de José Ignacio Wert sigue publicando todo tipo de subsidios semana tras semana. En los últimos días, "la promoción nacional del libro" recibió 450.000 euros de los contribuyentes.

Esta ayuda se une a otra convocatoria publicada este mismo mes. En este caso, un organismo dependiente del Ministerio convocó "ayudas a la danza, la lírica y la música" por valor de 5,2 millones de euros.

9. Agricultores y ganaderos se embolsan más de 50 millones
Las "disposiciones comunes aplicables a los regímenes de ayuda directa a los agricultores" se enmarcan dentro de la Política Agraria Común europea (PAC). Por este concepto, agricultores y ganaderos españoles van a recibir más de 54 millones de euros de los contribuyentes en concepto de "pagos directos".

10. Más de 30 millones para siete grandes empresas
El Ministerio de Hacienda ha anunciado una nueva ronda de subsidios a la producción que costará 33 millones al erario público y se traducirá en diferentes subvenciones a siete empresas determinadas:

En Ceuta, la compañía Biocarburantes del Estrecho recibirá 8,6 millones de euros de los contribuyentes.
La calderera gallega CITIC Censa se llevará 2,7 millones de euros en subvenciones.
La petrolera ORYX recibirá 8,6 millones de euros del erario público para un proyecto en Las Palmas.
El puerto deportivo de Arrecife, desarrollado por la empresa Puerto Calero Marinas, costará a los presupuestos estatales 3,7 millones de euros en subvenciones.
La empresa palentina Papeles y Cartones de Europa recibirá 918.000 euros de los contribuyentes.
La firma Befesa, dedicada al tratamiento de residuos, se llevará 7,2 millones de euros en subvenciones.
La Corporación Industrial Masquepan se llevará 1,2 millones de euros en subsidios para un proyecto en Valladolid.

Congreso y programa de 1993
Cuando el PP quería bajar impuestos y reducir gasto público
Así era el ideario económico para salir de la crisis del PP cuando Aznar lideraba una generación liberal.
Luis F. Quintero Seguir a @LUISFERQUINTERO Libertad Digital 3 Marzo 2013

El Domingo 7 de febrero de 1993 el PP proclamaba en Madrid a José María Aznar como su próximo candidato a las elecciones durante la clausura del XI Congreso nacional del partido.
En aquel congreso, el PP ya hablaba de privatizaciones y congelación de impuestos. "El PP quiere privatizar las empresas públicas deficitarias para que el Estado, reducido de tamaño, pueda recobrar mayor eficacia", rezaban las crónicas de la época. Además, destacaban asombrados que "sin embargo, una de sus principales apuestas es la congelación de la presión impositiva y su progresiva reducción a medida que el déficit público se vaya controlando". Hasta aquel momento bajar impuestos y consolidar el déficit eran verbos difíciles de conjugar en la misma frase.

Pero meses después el PP presentó su programa electoral, con un marcado carácter económico. Un programa diseñado para embridar el gasto público, reducir el tamaño del estado, liberalizar sectores económicos, atajar el déficit y favorecer la flexibilidad laboral y la privatización de empresas públicas. Para algunos, un programa económico no muy alejado de los principios que destilaba el último programa presentado por los populares para las elecciones de 2011, aunque muy lejos de las líneas básicas de política económica con las que Rajoy sacó pecho el pasado miércoles en el Congreso de los Diputados durante el Debate sobre el Estado de la Nación.

Programa electoral del PP de 1993
El PP pedía en el 93 una "política económica diferente para resolver la crisis". El diagnóstico de la situación era, curiosamente, parecido al actual: "Algunas de sus causas -de la crisis económica- proceden de más allá de nuestras fronteras... Pero la mayoría de los factores responsables son de índole interna", decía el preámbulo de su paquete de medidas. Además, señalaba que "la crisis puede ser larga -además de profunda- si no reaccionamos con prontitud y acierto". Entre los puntos más destacados del programa, llaman la atención:

1. Un nuevo modelo de crecimiento económico para la creación de empleo: "El Gobierno del PP se compromete a conseguir un aumento del PIB del 3% en 1995, que se elevaría al 4% en los ejercicios siguientes".

2. Recuperación de la inversión productiva como motor del crecimiento: para lograr esta reactivación diseñaba bajos tipos de interés, baja inflación, contención de costes de producción, supresión de trabas administrativas a la creación de empresas. En cuanto a la inversión pública, hablaba de mayor dotación para la construcción de infraestructuras de abastecimiento de energía, transporte y comunicaciones. Ya decía que "el sector de la construcción es clave para que el conjunto de la formación bruta de capital se recupere en los próximos ejercicios lo que redundará en una holgada creación de empleo".

3. Mejora de la competitividad: Aquel programa diseñado por Aznar y su equipo, creía que el déficit exterior no debía superar el 2% del PIB y proponía "mejorar la calidad" de dicho déficit comercial de forma que "la corriente principal de importaciones sea para abastecer la demanda de inversión". Planeaba revitalizar con mejores infraestructuras e instalaciones al turismo, y también las exportaciones para aumentar su volumen. Por último, en la mejora de la productividad planea la reducción de costes, también de precios e incremento de la calidad mediante la llegada de nuevas inversiones.

4. Hacia el objetivo comunitario de la inflación. Propone controlar la inflación y preservar en la lucha contra la subida de prencios. Una estrategia que no puede "basarse exclusivamente en una restricción monetaria tan severa como la aplicada por el PSOE".

5. Austeridad presupuestaria: reducción del déficit público: Para ello, se proponía "calcular la auténtica dimensión del déficit presupuestario, que seguramente será superior al 6% del PIB" (finalmente fue el 7%). Prometió dejarlo en el 2% al final de la legislatura (no llegó al poder hasta 1996, pero al final de su primera legislatura, el déficit estaba en el 0,9%). El objetivo era la reducción de tipos de interés, "de la que pende la reactivación económica", decía el programa.

Además, dice que "la propia crisis económica y la imperiosa necesidad de mejorar la competitividad aconsejan renunciar a nuevas elevaciones de la presión fiscal". Y añadía "subir los impuestos directos equivale a desalentar el ahorro, la inversión y el trabajo, mientras que la elevación de los indirectos alimenta las tensiones inflacionistas". Para todo ello "el peso de la restricción presupuestaria ha de recaer, por tanto, sobre el gasto público". Pide congelar las plantillas de funcionarios y reducir significativamente el número de altos cargos. También pide la reforma de la Ley General Presupuestaria, restringiendo la posibilidad de incrementar el gasto y la reducción de las subvenciones a empresas públicas. Además, impondría la reducción del volumen de deuda pública.

6. Reforma fiscal al servicio de la inversión y el ahorro. Proponía así una reforma fiscal enfocada a un sistema menos gravoso para los que ya pagan impuestos, con la creación de un estatuto del contribuyente. "En el IRPF hay que proceder a reducir los tipos impositivos, tanto individuales como para unidades familiares. "En la tributación empresarial", sigue el programa "hay que proceder a la reforma de" Sociedades e IAE para que evite la doble imposición y el gravamen del presunto beneficio y no del realmente obtenido. En cuanto al IVA, pedía la reducción del tributo para bienes de primera necesidad del 3% al 1%.

7. Financiación de las Comunidades autónomas. Hacia una mayor corresponsabilidad fiscal. En su programa pedían "corresponsabilidad, de forma que los gobernantes autonómicos se responsabilicen ante los ciudadanos de la exigencia de los impuestos necesarios para financiar el gasto público que ofrecen a cambio". También habla el programa de "solidaridad, de manera que el sistema colabore al equilibrio regional".

8. Privatizar para mejorar la eficiencia de algunas empresas públicas. Así, recoge en el programa una firme "política de privatización, que explicitara claramente sus objetivos". Algo que "resultaría beneficioso tanto para los consumidores finales como para directivos y trabajadores, para los que se abrirían nuevos horizontes de desarrollo profesional".
Otras reformas

Aquel programa recogía otras medidas destacadas como la reforma del mercado de trabajo hacia un sistema más "ágil y moderno" que incluía la elaboración de una "Ley de Huelga que garantice a la comunidad el mantenimiento de los servicios esenciales". También habla del "fomento del ahorro" y de un plan especial para las pymes y el pequeño comercio.

Muchas de estas medidas terminaron quedándose en el tintero cuando el PP tuvo la responsabilidad de gobernar, como la corresponsabilidad fiscal de las CCAA o la Ley de Huelga. Pero cuando lo hizo, sí tomó otras de gran importancia, como lo fue la reducción de impuestos, la fuerte reducción del gasto público, la flexibilización del mercado de trabajo, hasta que dieron marcha atrás, o la privatización de grandes empresas públicas.

Un programa económico capitaneado por José María Aznar y con unas profundas raíces liberales que abanderaban personajes como Esperanza Aguirre, Rodrigo Rato, José Barea, Juan Velarde, Vidal Quadras o Ángel Acebes. Un programa económico, muy alejado de las medidas anunciadas y reconocidas por Rajoy en el pasado Debate sobre el estado de la Nación y de las que presumió ante Zapatero.

Presume de subir los tributos
Las medidas que Rajoy defiende ahora en el Congreso
El discurso y la réplica de Rajoy al jefe de la oposición en Debate del estado de la Nación choca con los principios defendidos por el PP desde 1993.
Libre Mercado 3 Marzo 2013

En el Debate sobre el estado de la Nación, Mariano Rajoy trabó un discurso muy alejado de los postulados que defendía años atrás el PP de Aznar –del que él mismo formaba parte-. Incluso muy alejado de la no tan lejana campaña electoral para los comicios de 2011. En cualquier caso, Rajoy señaló en su primera réplica a Rubalcaba que "Estamos haciendo exactamente lo mismo, o algo parecido -y digo algo parecido porque la situación es muy diferente- a lo que hicimos en 1996". Tuvo que corregirse Mariano Rajoy porque lo que hizo el PP en 1996 y lo que ahora está haciendo no es "exactamente lo mismo".

Quizá una de los detalles que más llamó la atención durante el debate en el Congreso fue la vehemencia con la que el presidente del Gobierno replicó a Rubalcaba defendiendo algunas de esas medidas que ha llevado a cabo el Gobierno para reconducir la situación de la economía española.

Mientras que en 1996 hablaba de libertad comercial, bajadas de impuestos o privatizaciones, Rajoy reprochaba el pasado 20 de febrero a Rubalcaba su historia reciente y recordaba cómo pese a que "nos ha hablado de equiparar la tributación de las rentas del trabajo y de las rentas de capital", sin embargo "nunca lo hicieron".

Y continuó: "Nos ha hablado de un impuesto sobre las grandes fortunas, cosa que tampoco hicieron nunca. Nos ha hablado de aumentar la tributación al ahorro, cosa que pudieron hacer perfectamente y no lo hicieron. Nos ha hablado de subir el tipo del impuesto de sociedades cuando en España –cuado yo llegué al Gobierno- había sociedades del Ibex 35 que tributaban al 0%. Nos ha hablado de los sueldos de los directivos, cuando el único Gobierno de la historia de España que ha bajado el sueldo a los directivos de las empresas financieras ha sido el Gobierno que yo presido, el único".

Concluía Rajoy señalando que su Gobierno ponía en evidencia "todo lo que ustedes no hicieron en su momento y debieron haber hecho".
Impuestos

El presidente del Gobierno habló del IRPF y presentó como un logro que su acción de Gobierno ha incrementado "la cuota en el resultado de aplicar la base liquidable general una escala de tipos marginales que oscilan entre el 0,75 para bases liquidables de hasta 17.700 euros y el 7% para bases liquidables a 300.000 euros". Dijo que esto "es equitativo".

Sobre las rentas de capital añadió: "La cuota se incrementó en el resultado de aplicar la base liquidable del ahorro una escala con tres tipos marginales de 2, 4 y 6 por ciento para bases liquidables de hasta 6.000, 24.000 y superiores". Y volvió a decir: "Creo que esto también es equitativo".

Como muestra de su satisfacción completó la exposición con un dato: "La carga del gravamen complementario lo ha asumido el 80% del 20% de la población que más tiene".

En cuanto al Impuesto de sociedades: "Aquí es donde se han hecho las mayores reformas. Más de la mitad de la mayor recaudación que se produjo por el cambio en las normas impositivas vienen del impuestos de sociedades, sobre todo del impuesto de grandes sociedades en las cuales ustedes en su época no recaudaban nada, y eso que presumen de igualdad y de equidad".

Finalmente, cerró este capítulo con el fraude fiscal: "Este año en el que estamos ha sido el mejor año en la lucha contra el fraude fiscal. Hemos traído a esta cámara la ley antifraude, la más ambiciosa de la democracia española". Además, desde 2013 se van a tomar nuevas medidas de fraude fiscal".

Pese a que argumentos y cifras cayeron como un jarro de agua fría sobre el jefe de la oposición, cuesta creer que Rajoy forme parte del mismo partido que en diferentes ocasiones, pero muy claramente, en sus ponencias y programas de 1993 y 1996 proponían la salida de la crisis en la libertad económica y las rebajas de impuestos.
Morosidad

Respecto a la morosidad y el tan recurrente asunto de los Desahucios, Rajoy destacó que el PSOE trata ahora de "dar lecciones a los que toman decisiones" porque desde 2007 se "dispararon las ejecuciones inmobiliarias y las medidas adoptadas por el Gobierno socialista fue ninguna".

En cambio, el gobierno de Rajoy ha aprobado leyes con medidas "urgentes" para favorecer a los "deudores hipotecarios sin recursos", también preparan normativas para "elevar los umbrales que dan derecho a acogerse a las facilidades para proceder a la reestructuración de una hipoteca para vivienda habitual en aplicación del código de buenas prácticas". Y anuncia el establecimiento de un mínimo de tres impagos para que "la entidad de crédito no podrá reclamar las cuotas al deudor". Por otro lado, "vamos a limitar los intereses de demora que puedan exigir las entidades de crédito a tres veces el tipo del interés legal del dinero". Por último también "hemos creado un convenio del fondo social de viviendas que se firmó el 17 de enero entre las entidades de crédito, el Banco de España el ministerio de Sanidad, el de Economía, la Federación Española de Municipios (FEMP) y la plataforma del tercer sector de la ONG".
Otras medidas

En cambio, otras de las medidas anunciadas y proclamadas por Rajoy en el Debate sobre el estado de la Nación, sí están en sintonía con aquellas que el PP propugnaba a mediados de los 90. Son, entre otras, la reforma laboral, el incremento de la competitividad o el avance en ciertas privatizaciones así como las decisiones orientadas a terminar con el déficit comercial.

El primer ministro de Gales cree que la secesión tiene más inconvenientes que ventajas
Cree que el Estado-nación ya no tiene vigencia en el siglo XXI
Europa Press www.lavozlibre.com 3 Marzo 2013

Barcelona.- El primer ministro de Gales, Carwyn Jones, ha defendido este sábado la continuidad de este territorio en el Reino Unido, porque la secesión le supondría más inconvenientes que ventajas.

En una entrevista de Europa Press, ha señalado que "la antigua idea del Estado-nación del siglo XIX no es apropiada en el siglo XXI", algo que ha explicado durante su visita a Barcelona para promocionar a Gales entre inversores y en el sector turístico.

Jones ha hecho estas declaraciones al preguntársele sobre cómo ve las demandas que hay en Cataluña que defienden el ejercicio del derecho de autodeterminación y la convocatoria de una consulta.

El primer ministro ha descartado posicionarse abiertamente sobre una eventual autodeterminación catalana, puesto que Gales y Cataluña son "contextos diferentes", pero ha defendido el diálogo entre Gobiernos, al igual que han hecho desde su territorio con el Ejecutivo británico.

Jones ha señalado que en Gales se descarta mayoritariamente la independencia y que esta no es su estrategia, puesto que en estos momentos, "reciben más" del Reino Unido que lo que aportan, aunque sí que ha destacado la importancia que ha supuesto para este territorio disponer de instituciones propias y autogobierno.

Al preguntársele si territorios que se definen como 'naciones sin Estado' -como Gales, Escocia (Reinos Unido), Cataluña y Flandes (Países Bajos)- deberían cooperar y estrechar vínculos en su relación con la UE, ha destacado que esta labor ya se puede desempeñar actualmente, a través del Comité de las Regiones.

Ha destacado que Gales puede ofrecer oportunidades a las empresas y a los inversores de Cataluña, y también ha explicado que su deseo es promocionar en esta comunidad a su territorio como destino turístico. Sus puntos fuertes son "un fuerte patrimonio cultural, una lengua propia, que hay playas y montañas, y unos alojamientos turísticos de calidad".

Punto fuerte: "lengua propia"
Nota del Editor 3 Marzo 2013

Eso de tener un ministro parece importante, lo malo es que tal ministro pretenda impulsar la inversión y el turismo extranjeros utilizando como puntos fuertes el tener una lengua "propia", lo que implica que el inglés pasa a ser lengua impropia, y un fuerte patrimoio cultural (¿ en lengua "propia" ?).

Lo que deja claro es que lo que le interesa es que "reciben más del Reino Unido ue lo que aportan", así que con estos tipos, mejor no tener tratos y concederles inmediatamente la independencia.


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España / El abismo socialista
El cisma del socialismo
Francisco Marhuenda. La Razón 3 Marzo 2013

Durante muchos años, un sector del PSOE ha cuestionado las relaciones con el PSC. En los años de la Transición se optó por enmascarar las siglas del PSOE en Cataluña y sus dirigentes se sometieron al liderazgo formal, que no real, del sector nacionalista que encabezaban figuras como Pasqual Maragall, Narcis Serra, Quim Nadal o Joan Reventós. Eran miembros de la alta burguesía catalana que realmente eran más nacionalistas que socialistas y contemplaban con displicencia a los dirigentes y militantes surgidos del movimiento obrero o las asociaciones vecinales. Unos eran los universitarios de los barrios ricos de las capitales catalanas y los otros, los «hijos» de la inmigración como José Montilla o Carme Chacón. Es cierto que estos últimos eran los que traían los votos en generales y municipales mientras el socialismo catalán sacaba un pobre resultado en las autonómicas. El modelo funcionó durante muchos años porque el PSOE tenía en Cataluña uno de sus graneros de votos que en las generales le aportaba más de un millón de votos. En 2003 consiguieron la presidencia de la Generalitat con Maragall al frente de un Gobierno tripartito y en las siguientes con Montilla, pero el germen de la división con el PSOE se había instalado profundamente en el socialismo catalán.

El cisma se ha producido en un momento en que tanto el PSOE como el PSC tienen unos líderes débiles que han fracasado en las urnas. Es un escenario que favorece tanto al PP en España como al independentismo en Cataluña. Un desastre porque las consecuencias pueden ser muy negativas. Desde hace un tiempo se ha instalado en el socialismo una dinámica por la que ningún dirigente asume responsabilidades políticas cuando fracasa en las urnas. No hay ni ética ni coherencia. «Dimisión» es un vocablo que ha desaparecido del diccionario socialista. Por ello, ni Rubalcaba ni Navarro consiguen controlar la situación. El primero sufre un cuestionamiento permanente y el segundo es un político apocado que no se atreve a plantar cara ni a los soberanistas del PSC ni al independentismo de CiU y ERC. Los dirigentes del socialismo catalán no quieren ser tildados de españolistas. Por ello, han optado por lavarse las manos y defender el derecho a decidir, aunque rechazan la independencia. Es decir, se han convertido en los «tontos» útiles del independentismo catalán. Es la guinda que les faltaba a CiU y ERC en su agenda hacia la ruptura con España.

La situación es grave porque el cisma entre el PSC y el PSOE no es otro de los habituales desencuentros sino que se ha llegado a un punto sin retorno. Rubalcaba no tiene la fuerza de González o Zapatero cuando estaban en el Gobierno. La ruptura del PSC sólo tendría sentido si fuera encabezada por una figura de peso como Chacón. Hace años sucedió en el comunismo catalán y fue un fracaso. Lo mismo se puede decir del PP y de UPN, donde los populares tienen una escasa presencia en Navarra. El socialismo español paga ahora las consecuencias de una decisión que le fue rentable en el pasado pero que ahora resulta letal tanto en Cataluña como en el resto de España. El dilema es difícil de resolver porque la ruptura le puede conducir a la marginalidad en una de sus plazas fuertes, aunque mantendría su credibilidad como partido español. En caso contrario, fortalecería el proceso soberanista y deterioraría gravemente su imagen en España. Su voto catalán menos nacionalista se sentiría huérfano, ya que el derecho a decidir no es más que un subterfugio en un camino hacia la ruptura de España. Lo razonable sería que Rubalcaba fuera coherente.

Sobre los “lazos catalanes”
José Antonio Zarzalejos en La Vanguardia  3 Marzo 2013

EL ÁGORA

Uno de los artículos más profundos de los muchos que se han publicado sobre las intensas relaciones entre Catalunya y el resto de España lo escribió en Babelia (25 de septiembre de 2012) el académico jienense Antonio Muñoz Molina. Se titulaba “Lazos catalanes” y terminaba con este párrafo: “Afirmarse negando parece un signo de los tiempos, muy arraigado, además, en la inhóspita vida política española, pero es posible que al negar al otro se esté despojando a una parte crucial de sí mismo”. Estas frases eran el colofón de una impecable argumentación que constataba la necesidad de recordar “algunas cosas que ahora prefieren olvidarse, episodios de un pasado común que no encajan en las políticas oficiales de la memoria, o que, simplemente se pierden por la erosión constante de lo que sucedió ayer mismo”.

El viaje del escritor con la prosa castellana más transparente de entre sus contemporáneos es rápido, casi fugaz, pero feraz. Recuerda Muñoz Molina “la presencia inmensa que tenía Catalunya en la cultura española de la resistencia antifranquista, y de los lazos tan estrechos que nos conectaban en cualquier ámbito de nuestra formación y de nuestra conciencia política”. El recorrido del autor se detiene en los episodios de García Lorca en Barcelona, con la inmensa Margarita Xirgu en La Casa de Bernarda Alba, una de sus grandes obras teatrales. Y se apea en Dalí y Luis Buñuel y recuerda la revista Destino y al gran Néstor Luján, y a Ridruejo en Sitges y a Carmen Laforet y las aportaciones de Barral y Salinas, de Gimferrer y Moix, de Vázquez Montalbán y Marsé.

Muñoz Molina es un intelectual humilde –y por eso, más convincente que otros– y apunta que no aspira a “desmentir, ni siquiera a compensar, una sensación de lejanía y agravio que se ha fomentado mucho desde los extremos de nuestra vida política y, que probablemente es irreversible. Tan sólo me parece útil recordar que las cosas fueron mucho más complejas, y también más prometedoras, y que aquellos lazos tan estrechos nos alimentaron a todos más allá de esa lógica binaria del expolio y el chantaje que ahora tristemente se ha impuesto”.

Acaba de distribuirse el último ensayo de Antonio Muñoz Molina titulado Todo lo que era sólido (Seix Barral), que resulta un texto de reflexión sobre los disparates de la vida pública española de los últimos años. Nuestro autor oficia de notario de realidades que explica con las palabras que a nosotros nos faltan y que adjetiva hasta radiografiarlas en toda su dimensión. En los flashbacks del autor emerge Catalunya con alguna frecuencia. “En la cultura española del antifranquismo el brillo de Catalunya y de Barcelona lo permeaban todo”, sostiene. Recuerda las canciones –“himnos”, los denomina– de Lluís Llach, de Pi de la Serra, de Raimon, en los que se agitaban banderas catalanas al mismo ritmo que las andaluzas. Y enfatiza: “La autonomía de Catalunya y la plena libertad del catalán formaban parte indisoluble de la ambición común de las libertades civiles. No era que uno se solidarizara con la causa de otros; era la misma causa la que compartíamos”.

¿Se han olvidado esos lazos catalanes que lo eran de todos los españoles que querían la libertad? Lo parece. Muñoz Molina, quizás en un lamento por la liquidez de lo que antes fue sólido, relata cómo “primero se hizo compatible ser de izquierdas y ser nacionalista. Después se hizo obligatorio. A continuación, declararse no nacionalista se convirtió en la prueba de que uno era de derechas. Y en gradual abaratamiento y envilecimiento de las palabras, bastó sugerir educadamente alguna objeción al nacionalismo ya hegemónico para que a uno lo llamaran facha o fascista”.

El ensayo de Muñoz Molina está llamado a ser uno de los libros importantes de este tiempo de España y de Catalunya. No sólo por su hondura general, sino también porque subraya aquello que se olvida: que las libertades de unos fueron obra del conjunto, que Catalunya recuperó sus instituciones por ella y por los demás, y los otros las pudieron disfrutar por el común esfuerzo de los catalanes. No hemos llegado hasta aquí en el disenso sino en la empatía y acaso nadie tenga el derecho de la amnesia de los lazos que a todos nos unieron y que ahora se quieren destruir. Muñoz Molina lo advierte sin dejar de apuntar en su ensayo cómo “el mimetismo nacionalista se instaló en todas partes”, acaso una de las causas del fracaso del modelo territorial de la Constitución de 1978, pero ese error no justifica que pasemos por la vida “con los ojos entrecerrados, los oídos entorpecidos, los pensamientos aletargados”, cita de Joseph Conrad que queda esculpido en el frontispicio de este ensayo noventayochista de un enorme Muñoz Molina.

Al Constitucional
Los dictámenes de la Abogacía del Estado y del Consejo de Estado considerando recurrible la declaración soberanista del Parlament abren el contencioso ante el Constitucional. La postura del Gobierno es correcta porque la legalidad –si acaso fue materialmente vulnerada por el texto parlamentario, extremo que remite a la naturaleza resolutoria del mismo– debe ser preservada. Rajoy dijo que la proclamación de la cámara legislativa catalana tenía “cero efectos jurídicos”. De esa declaración se ha pasado a considerar que pudiera tenerlos. El Gobierno no puede permitirse un patinazo en este asunto porque quedaría en situación desairada. Muchos comentarios subrayan las resoluciones impredecibles del TC y albergan alguna inquietud respecto de esta impugnación.

Corinna y Bárcenas
En la vida pública española se pasean con bula dos tahúres que suben la apuesta cada vez que abren la boca. Corinna Larsen, amiga “entrañable” del Rey, que se exhibe en la prensa supuestamente seria y en la rosa con un refinado cinismo, ha pasado a ser “alteza serenísima” y un portento de la consultoría internacional. Es una bomba de relojería en los sótanos de la Zarzuela. Luis Bárcenas –que antes era “Luis el cabrón”– apuesta fuerte cada vez que Dolores de Cospedal abre la boca. Más que una bomba de relojería, Bárcenas es de racimo, aún más letal. Ambos huelen a cosméticos y a chantaje. Y se manejan como vengadores movidos por el resentimiento. Los dos fueron dos inmensos errores de juicio ético y político. Y los errores se pagan muy caros. ¿Y la Reina?



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