AGLI Recortes de Prensa   Domingo 21 Abril 2013

Política económica
El discurso de Rajoy
Manuel Llamas Libertad Digital 21 Abril 2013

En las últimas fechas el Gobierno ha imprimido un giro de 180 grados a su discurso económico. Durante su primer año de mandato Rajoy incidió en la necesidad de aplicar políticas de austeridad para reducir el abultado déficit público que dejó en herencia Zapatero, si bien el manido concepto de austeridad ha sido interpretado erróneamente por el PP, ya que el grueso de los ajustes realizados en 2012 ha consistido, básicamente, en disparar la fiscalidad a familias y empresas para tratar de mantener el sobredimensionado gasto público. Sin embargo, la prolongación de la recesión, las negativas perspectivas de la economía europea y la histórica brecha fiscal que siguen presentando las cuentas públicas, con un agujero del 10,6% del PIB en 2012, han hecho que Moncloa abrace, con mayor convicción si cabe, los postulados del keynesianismo, bajo el falaz argumento de que la austeridad pública –inexistente hasta el momento– agravará aún más la crisis. Es decir, tras el primer año de legislatura popular, los recortes no están ni se les espera.

En primer lugar, es importante señalar que el sustrato ideológico que desprende Mariano Rajoy encaja mucho más con el perfil de François Hollande que con el de la mandona y antipática canciller Merkel, quien no se cansa de recordar a los manirrotos Estados del sur que la única receta eficaz contra la crisis de deuda consiste en la combinación de austeridad y reformaa estructurales. Prueba de ello es el discurso que pronunció en la Junta Directiva Nacional del PP del pasado día 3:

Queridos amigos, creo que el pasado año todos, todas las Administraciones públicas y los gestores han hecho un gran esfuerzo, comunidades autónomas y corporaciones locales. Y lo agradezco. Esto es muy duro y lo sabéis, porque significa tomar decisiones que son ingratas, que son difíciles, que afectan a la vida de las personas.

Dicho de otro modo, los escasísimos recortes de gasto aprobados durante 2012 se adoptaron en contra de la auténtica voluntad y espíritu de los populares. A Rajoy no le gusta un pelo la austeridad –bien entendida–, pero no le quedó más remedio que aplicar algunos ajustes impopulares –en un amplio sentido del término– para evitar el default. Entonces, ¿qué es lo que le gusta realmente al presidente? Gastar.

A todos nos gusta hacer carreteras, hacer hospitales, hacer colegios, inaugurarlos y que nos aplaudan.

El problema es que, dada la calamitosa situación de las cuentas públicas, Rajoy no pudo gastar el pasado año tanto como desearía.

Este no es el momento de hacer estas cosas, este es el momento de sanear la economía española y sentar las bases para poder hacerlas en el futuro. Cualquier otra política distinta sería una enorme irresponsabilidad y un engaño al conjunto de los españoles.

Correcto, siempre y cuando Bruselas no amplíe el margen de déficit permitido a España o bien no sean otros los que sufraguen tales dispendios. La cuestión es que esto es, precisamente, lo que en estos momentos está reclamando el Gobierno a las autoridades comunitarias. A mediados de marzo, Rajoy redobló el pataleo para obtener de la Comisión Europea un mayor objetivo de déficit de cara a 2013, desde el 4,5% hasta un nivel próximo al 6% del PIB. Asimismo, pocos días después, el presidente reclamó públicamente la necesidad de cambiar los estatutos del BCE con el único fin de que dicho organismo abra sus compuertas de par en par para comprar masivamente, y sin condiciones previas, deuda pública de España.

Así pues, es evidente cuál es la nueva estrategia del PP. En primer lugar, suavizar los ajustes en la medida de lo posible, no tanto para impulsar la recuperación –cosa que es imposible–, tal y como argumentan, sino para minimizar el coste electoral de los recortes de cara a las elecciones autonómicas y generales de 2015: España acaba de entrar en precampaña electoral. Y, en segundo término, apostar por la monetización de deuda al estilo de EEUU, Reino Unido o Japón, para que los Gobiernos periféricos no sólo no reduzcan su gasto sino que incluso puedan incrementarlo.

De hecho, y dado que Moncloa confía en que Bruselas elevará el margen de déficit autorizado hasta el 6%, al Gobierno le ha faltado tiempo para anunciar a bombo y platillo nuevas medidas de estímulo keynesiano, tal y como le gusta a don Mariano. Ahí está el plan de rehabilitación de viviendas que acaba de aprobar Fomento (2.300 millones de euros), el reparto de ingentes subvenciones por parte de Industria (2.800 millones), la devolución de la paga extra eliminada a los funcionarios, la aplicación de un déficit a la carta para las CCAA o la posibilidad de que los ayuntamientos con superávit destinen ese excedente presupuestario a la construcción de obra pública, entre otras medidas.

En definitiva, el actual discurso de Rajoy se traduce, simplemente, en más déficit y más deuda.

Lo que va de Atocha a Boston
EDITORIAL Libertad Digital 21 Abril 2013

La resolución del atentado de la maratón de Boston, con la muerte de uno de los autores y la detención del segundo, se ha convertido en toda una lección de las autoridades de EEUU sobre la forma de manejar una crisis terrorista preservando la seguridad de los ciudadanos. Y si la Policía ha cumplido con su deber de manera ejemplar, otro tanto cabe decir de la sociedad norteamericana, que ha seguido a rajatabla las recomendaciones de las autoridades y colaborado en todo momento con las fuerzas de seguridad.

Ahora bien, la captura del menor de los Tsarnaev, acusado de perpetrar la matanza junto a su hermano, no supone el cierre de una investigación que el mismo presidente Obama se ha encargado de dejar claro que va a seguir activa hasta que se descubra el cómo y el porqué de la misma, y, en su caso, si los terroristas contaron con ayuda externa, tal y como creen algunos investigadores. Al Gobierno norteamericano le interesa saber quién es el autor intelectual de esta matanza, y las declaraciones de Obama no dejan lugar a dudas de que van a insistir en esa línea hasta las últimas consecuencias.

La propia génesis de la investigación revela un respeto a los procedimientos que, por desgracia, brilló por su ausencia en la que tuvo por objeto el 11-M. No es sólo que los ciudadanos hayan podido seguir los avances de las pesquisas prácticamente en tiempo real: la forma en que se trataron los escenarios del crimen y la escrupulosa labor de los equipos forenses, que recopilaron todos los materiales relevantes para la investigación, revela la profesionalidad de unos cuerpos policiales para los que un ataque terrorista supone un desafío. La comparación con lo que sucedió en España en aquella terrible fecha y las que le siguieron es prácticamente insufrible.

Con independencia de sus ideas políticas, los ciudadanos norteamericanos han respaldado a sus gobernantes desde el mismo momento en que ocurrió la tragedia, otra diferencia notable con lo que se vio en España hace nueve años. Y para qué hablar de la actitud de los medios de comunicación en uno y otro caso.

Es pronto para saber si las autoridades de EEUU van a conseguir aclarar el atentado de Boston hasta los últimos detalles, pero de lo que nadie duda es de que policías y tribunales están y van a seguir estando al servicio de los ciudadanos. Porque aquella sociedad, al contrario que la nuestra, jamás admitirá que se traicione a las víctimas del terrorismo por una componenda de carácter político.

Las cosas por su nombre
AQUILINO DUQUE* www.gaceta.es 21 Abril 2013

La enfermedad del terrorismo español no tiene cura mientras se le adjetive equívocamente.

Para combatir una enfermedad hay antes que diagnosticarla adecuadamente y llamarla por su nombre. La enfermedad del terrorismo español no tiene cura mientras se insista en aplicarle adjetivos equívocos. El terrorismo que campa por sus respetos en nuestras provincias vascongadas y fuera de ellas es, en su ideología y sus métodos, una táctica típica del marxismo-leninismo al servicio del separatismo, y llamarle “fascista” es una manera de hacer trampa en el solitario. Ese autoengaño semántico persigue sin duda el descrédito de un movimiento político que hace medio siglo pasó a la Historia, atribuyéndole, según el acreditado método de las fosas de Katyn, las fechorías de sus enemigos más encarnizados. Bajo el “régimen anterior” los conceptos estaban más claros y la desinformación no había hecho tantos progresos, y a ningún cronista se le ocurría calificar de “fascista” a la “lucha armada” o simplemente “callejera” contra el régimen. Al amparo de las facilidades que le da el régimen actual, esa lucha callejera o guerrilla urbana ha ido a más, pero cualitativamente sigue siendo la misma y persigue los mismos objetivos de antaño.

La filiación del terrorismo contemporáneo está perfectamente documentada. Nadie que conozca medianamente la Historia de este siglo puede honradamente llamar “fascistas” a Santiago Salvador, a Mateo Morral, a Buenaventura Durruti, a Trotsky, a Mao o al Che Guevara. El mensaje de este a la Tricontinental de La Habana en vísperas de su aventura boliviana es bien explícito y se completa con el Libro rojo de Mao y el Libro verde de Gadafi. La táctica puesta en práctica en la Europa de los años 60 por la Baader-Meinhof y la Rote Armee Fraktion, Feltrinelli y las Brigate Rosse y en América por panteras negras, tupamaros y montoneros está puntualmente descrita en el célebre Minimanual de la guerrilla urbana del comunista brasileño Carlos Marighela. Ese Minimanual es el libro de texto de los “jóvenes” encapuchados que con tanta soltura manejan un artefacto arrojadizo que por algo se llama cóctel molotov como al lanzagranadas de tubos múltiples se le llamaba el “órgano de Stalin”.

A fines de los años 60 conocí en Ginebra a un importante jerarca cubano que, en la euforia de una sobremesa, se puso a decir que al imperialismo capitalista había que destruirlo a cañonazos. Pocos años más tarde, el mismo personaje, que estaba de enviado personal de Castro supervisando la “revolución en marcha” de Allende, se vio a su vez desalojado a cañonazos y expedido a Cuba a gran velocidad. En aquellos años, ciertos procedimientos que hoy están mal vistos en las socialdemocracias neocapitalistas, eran muy populares entre muchos de los que aspiraban a implantar la “democracia real” del lado de acá del Telón de Acero. La expresión de “cortar cabezas” la he oído en más de uno de aquellos aquelarres de compatriotas en los que por mis pecados pude hallarme. Uno había –ya murió el pobre– que de vez en cuando se apartaba a un rincón con otro de los más radicales, susurrándole con vehemencia: “¡La metralleta! ¡La metralleta!”. Otro, después de enumerar las lacras de la época, según él, dijo que lo que a España le hacía falta era un baño de sangre. Yo le contesté: “Y a ti un baño de asiento”.

Naturalmente, hay terrorismos malos y terrorismos buenos. Acaso el único terrorismo malo de este siglo haya sido el de la O. A. S. en Francia; tan malo era que De Gaulle lo pudo reprimir sin contemplaciones, fusilando y todo. Pero hay algo peor que el terrorismo en sí, y es el castigo que el propio “Estado de derecho” agredido suele dar a las autoridades que se atreven a combatirlo con sus propias armas. Y es que los terroristas de que hablo son especie protegida en el llamado “Estado de Derecho”. Si los individuos de esa especie fueran tan “fascistas” como dicen, no habría caído “todo el peso de la ley” sobre la cúpula socialista de nuestro Ministerio del Interior. Me refiero a los tiempos del GAL. No sé si les sirvió de consuelo la ordalía que, con pretextos análogos, la Pérfida Albión infligiría al personaje que echó de Santiago de Chile a cañonazos al cubano que conocí en Ginebra.

*Aquilino Duque es escritor, premio Nacional de Literatura

Obama y el terror
Rafael Bardají www.gaceta.es 21 Abril 2013

Con voluntad y determinación se puede vencer este tipo de terror.

Al presidente norteamericano no le gusta el terrorismo. De hecho, no le agrada la palabra terrorismo. Horas después del atentado de Boston, se negaba a emplear la expresión terror y prefería utilizar tragedia. Sólo cuando la indignación política creció por su actitud timorata, llamó al acto de Boston por su nombre, un atentado terrorista. Así y todo, hizo lo imposible para apuntalar la posibilidad de que todo fuera el producto de una “persona malévola” y no de un grupo organizado.

Ciertamente sería una irresponsabilidad saltarse la investigación y realizar acusaciones sin fundamento, pero también es una grave irresponsabilidad querer catalogar al terror según quién lo perpetre. Lo importante no es quién lo ejecuta, sino el efecto que consigue. Y estos días en Estados Unidos ya se ha visto: cartas con agente de ricino contra la Casa Blanca y aeropuertos temporalmente cerrados, como el de Miami el pasado jueves, por encontrar un paquete sospechoso. El estado de inquietud está sembrado.

Mucha gente se pregunta si este terrorismo de baja intensidad es lo que les espera. Y es una legítima pregunta para una sociedad que vive en las grandes superficies comerciales y que gusta de espectáculos de masas. ¿Esta es la Al Qaeda del futuro? Lo malo es que no es imposible; lo bueno, que sabemos que con voluntad y determinación se puede aguantar, oponerse y vencer este tipo de terror. No hay más que ver al pueblo israelí.

Pero para vencer al terror hay que llamarlo por su nombre. Aceptar que no se trata de un crimen como otro cualquiera y que, por lo tanto, los medios legales para enfrentarse a él no se pueden limitar a los de una investigación policial. Algo que Obama se resiste a aceptar.

¿Por qué odia el terrorista?
Rogelio Alonso* El Confidencial 21 Abril 2013

Los datos biográficos que se van conociendo de los responsables del atentado de Boston confirman dinámicas también comunes en otros terroristas. A pesar de que todavía se desconoce si actuaron vinculados a alguna organización o si tuvieron algún tipo de apoyo por parte de otros radicales, lo que resulta innegable es que nos encontramos ante jóvenes fanatizados capaces de cometer un salvaje asesinato múltiple. La voluntad de asesinar complementada con la adquisición de recursos para materializar sus deseos asesinos confirma la existencia de procesos de radicalización como los que tanto preocupan a los servicios de inteligencia en democracias occidentales como la nuestra.

En un periodo de tiempo cuya duración aún desconocemos, los dos terroristas de Boston han experimentado un tránsito que les ha llevado a asumir idearios extremistas con los que han sido capaces de perpetrar y justificar una atrocidad como la que hemos presenciado. Esa evolución, que culminó con el atentado del pasado lunes, se ha acometido mediante un fuerte adoctrinamiento influenciado por diversas variables. La ruptura de los inhibidores morales que les ha permitido idear, planificar, justificar y realizar semejante transgresión, presentando ante su conciencia como necesario tan brutal crimen, se ha conseguido a través de una marcada ideologización. Probablemente el islamismo radical les ha permitido consolidar y retroalimentar una subcultura del odio con la que han reafirmado las convicciones absolutistas que se encuentran en la raíz del terrorismo. Es muy posible que la inmersión en una interpretación fundamentalista del Islam haya facilitado esa deformación del pensamiento que acompaña el sesgo egocéntrico de tantos terroristas. De esa manera habrán contemplado sus postulados como los únicos válidos, legitimando la injusta identificación de sus conciudadanos como el enemigo al que agredir salvajemente.

Mediante esos perversos mecanismos, los terroristas habrán asumido también un error de atribución, identificando a una sociedad como la estadounidense que les acogió años atrás, como culpable de la masacre de la que sólo los asesinos son responsables. No es infrecuente que individuos aparentemente integrados en sociedades democráticas y abiertas desarrollen dicotomías identitarias derivadas de dobles y, en ocasiones, conflictivas identidades. Los enfrentados sentimientos de pertenencia y reconocimiento de la identidad individual en relación con la colectividad se encuentran en el origen de estas dualidades que a su vez facilitan el caldo de cultivo para la implantación de determinados idearios fanáticos. En el caso que nos ocupa, una interpretación radical del Islam parece haber fortalecido el proceso que se conoce como “radicalización transformadora”. Así se logra reforzar “precursores de radicalización” como la percepción de alienación, la búsqueda de pertenencia y auto realización, los sentimientos de venganza, o el rechazo a los códigos políticos, sociales y culturales de una democracia como la estadounidense.

“No tengo ningún amigo americano”
Es muy posible que la inmersión en una interpretación fundamentalista del Islam haya facilitado esa deformación del pensamiento que acompaña el sesgo egocéntrico de tantos terroristasEstas dinámicas a las que induce el radicalismo pueden favorecer relaciones adversas entre los inmigrantes y las sociedades de acogida, induciendo comportamientos anti sociales o una suerte de auto segregación que se ha venido en denominar “apartismo”. Como demuestra el ejemplo de los terroristas de Boston, algunos miembros aparentemente integrados en comunidades de acogida rechazan los vínculos de unión con su entorno, sintiéndose atraídos hacia una nueva identidad colectiva como la que el Islam radical les aporta. Esta identidad se construye mediante el odio, el dogmatismo errado y la beligerancia hacia quienes les acogen, acusándoles de hacerles sentir como extraños o extranjeros. Hemos sabido que uno de los terroristas alimentó su propio victimismo lamentándose de no tener ningún amigo americano porque, según decía, no le comprendían.

Ignoramos todavía cómo se aproximaron exactamente a esa ideología que ha coadyuvado a reforzar una identidad asesina. Tampoco conocemos cómo apuntalaron esa ideología que obstaculizó su integración, pero podemos asumir que intervinieron procedimientos similares a los evidenciados en otros procesos de radicalización. Por ello quizás se vieron influenciados por líderes espirituales o ideológicos que les sirvieron de modelo. O quizás la influencia vino de organizaciones religiosas denominadas como “puertas de entrada” o “correas de transmisión” para la radicalización violenta al ofrecer entornos de socialización susceptibles de ser instrumentalizados por los radicales. Este tipo de asociaciones constituyen a menudo importantes focos de magnetismo para la captación de adeptos. Proporcionan una cultura radical atractiva para ellos y un núcleo de aprendizaje de una ideología receptiva a planteamientos violentos.Pueden aportar también una red social en la que los miembros radicalizados encuentren apoyos y recursos. En otros casos, Internet complementa o suple otros entornos de socialización como los que ofrecen determinadas asociaciones religiosas, políticas y culturales.

La ideología, en este caso el Islam radical, en otras el nacionalismo violento como el que ha inspirado y motivado a ETA, impulsa a los fanáticos a la movilización. Les permite autodefinirse con altas dosis de egocentrismo como guardianes de la ortodoxia y, por tanto, como individuos legitimados para imponer su caprichosa y autoritaria voluntad mediante la violencia. Como años atrás subrayó un destacado mando de los servicios de inteligencia británicos, la ideología es “el arma más eficaz de la que disponen los terroristas”. La maldad materializada en el asesinato de seres humanos surge de ideologías fanáticas como la que motivó a los terroristas culpables de la matanza de Boston. Mataron porque odiaron. Y odiaron porque abrazaron una ideología radical y violenta.

*Rogelio Alonso es Profesor titular de Ciencia Política, Universidad Rey Juan Carlos

Desencuentros en la tercera fase (II)
juan carlos girauta ABC Cataluña 21 Abril 2013

Mas ha elevado la creación de realidades virtuales a la categoría de arte

Entre lo que aquí doy en destacar semana tras semana, está el nacionalismo como pesadez, disco rayado, florilegio de jeremiadas y antología de bravuconadas. Los nacionalistas imponen sus obsesiones con más tesón que ningún otro grupo humano articulado, del ámbito que sea. De ahí las posibles analogías religiosas. Pujol primero, y ahora Mas (con el triste paréntesis del independentista no nacionalista Maragall y el vaya-usted-a-saber-qué Montilla), han invertido enormes esfuerzos en cosas tales como alterar el significado de las palabras o fabricar expresiones fetiche, giros mágicos que, más que contener sentido en sí, dan sentido al emisor (o eso cree él) al invocarlos. «Derecho a decidir»: un encantamiento.

El problema principal de la secta es que sus jefes, mistagogos del terruño con perfume europeizante, invaden el tiempo de todos, se meten en tu camino, toman a la que te descuidas tu sala de estar, las reuniones familiares, la vida social y aun el raciocinio. Según ha observado alguna vez Alejo Vidal-Quadras, que los tiene muy estudiados, el deseo último de los nacionalistas catalanes es meterse en nuestro dormitorio, enseñorearse del espacio de nuestros sueños una vez ocupada y derrotada la vigilia.

A quien más disgustos ha dado el nacionalismo es a los suyos
Comprenderán que tanto afán transformador resulte especialmente irritante para los catalanes que tenemos cosas mejores que hacer, para los catalanes que no necesitamos llenar ninguna carencia personal con emociones de pacotilla ni fervorines patrióticos. Con todo, a quien más disgustos ha dado y va a dar el nacionalismo catalán es a los suyos. Iba a decir que compadezco a los pobres mistagogos, llevados por sus epifanías civiles a entregar sus días y sus carreras a la causa; obligados, si me apuran, a hacerse ricos por Cataluña. Qué decir de los abnegados mandos intermedios, los demiurgos de la Universidad o de los medios, capaces de sacrificar su honradez en pos de una «Cataluña libre» (encantamiento). Libre, sobre todo, de fiscales, de verdadera prensa y de imperio de la ley. Iba a decir todo eso, a verter aquí mis pobres ironías, pero no lo haré. Perdonen, siempre me ha podido la preterición. Lo que si diré, sin retórica, es que Artur Mas ha elevado la creación de realidades virtuales, especialidad pujolista, a la categoría de arte.

Con su derecho a decidir, su erección de un Estado propio y su proceso (sea eso lo que sea), ha engañado a tantos que cuando abandone el -digamos- poder dejará tras de sí una resaca dolorosa, una corriente paralizante y auto destructiva, una gran vergüenza, al modo del despertar de aquella orgía de la novela El Perfume. A los mayores les embargará una gran vergüenza; a los jóvenes los sacará de sus casillas. Será un hundimiento moral. Será la Gran Frustración. Maoísmo inverso: el Gran Salto Hacia Atrás. Muchos se han dado cuenta y ahora reculan. Es el caso de dos consejeros que vienen del independentismo del pinyol: Gordó y Puig. Medio gobierno catalán opina ahora que la «consulta» (encantamiento) sólo puede hacerse de acuerdo con el Estado. De repente, no hay frente más dividido y contradictorio que el del nacionalismo catalán.

¿Trabaja realmente Mas por la secesión? ¿De verdad levanta «estructuras de Estado»? ¿Ambiciona romper con España, asumiendo romper Cataluña? ¿O más bien sacó del tarro a los demonios para impresionar, con la intención de devolverlos a su sitio una vez logrados ciertos privilegios? ¿Tiene algún sentido escoger para la secesión un contexto de quiebra catalana, con absoluta dependencia de las finanzas españolas? Los Pujol eran especialmente vulnerables en un ataque de frente al Estado, y don Jordi culpa a Artur Mas de haberlos sacrificado -inútilmente- como peones. Continuará.

patriotismo
ABC  21 Abril 2013

Sea por razones históricas, educativas, políticas o culturales, el patriotismo es un término tabú en España. Carmen Posadas, Gregorio Marañón, Albert Boadella y Serafín Fanjul lo abordaron sin complejos en la mesa redonda que organizó ABC

Una escritora uruguaya de nacimiento que se enorgullece de ser también española. Un dramaturgo catalán convertido en azote del secesionismo. Un arabista y académico de la Historia acostumbrado a ser políticamente incorrecto. Y el presidente del Teatro Real, académico y nieto del pensador Gregorio Marañón. No es fácil encontrar a cuatro personalidades de la talla y con currículum tan diversos como Carmen Posadas, Albert Boadella, Serafín Fanjul y Gregorio Marañón Bertrán de Lis. Más difícil aún reunirlas para abordar sin complejos un asunto tabú como el de la ausencia del patriotismo en España.

Ramón Pérez -Maura: De los aquí presentes, tanto Carmen Posadas como yo tenemos dos nacionalidades. Ella uruguaya y española, y yo colombiano y español. En mi caso, me sorprende la comparación con España, porque en Colombia hasta las guerrillas más opuestas al Gobierno lucen la bandera nacional. ¿Por qué creéis que existe esta diferencia entre España y otros países de nuestro entorno cultural o geográfico?

Serafín Fanjul: La explicación fácil que se da es que el franquismo determinó la marcha de lo que ha venido después. Yo no sé si la cosa viene de más atrás. Hay constantes sociales que vienen del XIX, aunque entonces el patriotismo estaba en auge, incluidos los catalanes. En la guerra de África de 1859, tanto Cataluña como el País Vasco participaron activamente. Después, eso se rompió con las guerras coloniales de Cuba y por supuesto con la de Marruecos de 1909, porque la gente ya estaba viviendo los movimientos sociales desde abajo y estaban viendo que los problemas los estaban sufriendo sobre todo las clases necesitadas. Por ahí empezó una ruptura de la idea de patriotismo en parte de la izquierda de entonces, en los anarquistas desde luego, pero en los socialistas también. La derecha, pero también los republicanos como Azaña, tenían un sentimiento nacional y patriótico. Pero el franquismo y la asociación, por parte de la izquierda, del patriotismo al franquismo, contribuyó a que se debilitase el sentimiento patriótico. De todos modos, en las clases populares españolas no está tan claro que no exista hoy ese patriotismo. Lo que ocurre es que es elemental o se manifiesta en cuestiones que a veces ciertos intelectuales consideran ridículas. ¿El fútbol? Pues a mí me parece una maravilla que a través del fútbol se promueva el nacionalismo, e incluso el chauvinismo, hombre, con cierta moderación… Pero me encanta que España gane hasta a las canicas.

Gregorio Marañón Bertrán de Lis: Creo que la crisis del patriotismo como algunos lo entienden no es un problema únicamente español, y que, además, viene de lejos. El patriotismo ha tenido una curiosa evolución ideológica. Nace con la Revolución Francesa, lo hacen suyo los liberales y los ilustrados del siglo XIX, y, finalmente, se integra en el ideario conservador. En esa evolución, casi nunca fue una identificación aceptada por todos. Pero el patriotismo, en definitiva, es un sentimiento de amor a nuestro lugar de arraigo, y este sentimiento natural lo tenemos todos, al margen de que a algunos les cueste reconocerse bajo este término. Hoy, más que falta de patriotismo, lo que hay son distintos patriotismos. Por un lado, el fenómeno de la globalización apunta hacia un patriotismo nuevo, de carácter planetario, en el que se defienden por primera vez causas como todas las relacionadas con la conservación del medio ambiente. El fenómeno popular de apoyo a «la Roja», a esa excelente selección de fútbol, es sintomático de la existencia de ese patriotismo español, que debería unirnos a todos. Lo que puede explicar que este patriotismo español no se reconozca suficientemente por nuestros ciudadanos es, por un lado, la apropiación durante décadas que del mismo hizo el régimen franquista, excluyendo a los españoles que no compartían sus principios políticos, que pasaban a constituir la antiespaña; y, por otro, la ausencia durante el periodo de la democracia de un adecuado proyecto educativo. Como Rousseau dijo, el patriotismo es la virtud por excelencia del buen ciudadano, pero debe cultivarse y fortalecerse por medio de la educación pública.

Carmen Posadas: Creo sin embargo que la globalización a la que aludía Gregorio —esa globalización que hace que la gente se vista igual en Hong Kong, en Australia y en España— ha borrado de alguna manera las señas de identidad, hace que la gente necesite volver a lo más elemental, a la tribu. Creo que hay una vuelta a la tribu. Es un movimiento que se está dando en toda Europa. Puede ser un fenómeno peligroso, porque pese a que habitualmente se diga que «todos somos europeos», eso es una entelequia. ¿Quién se siente europeo? Nadie. Todo es más «parochial», que dicen los ingleses. Necesitas sentirte casi de un barrio.

Albert Boadella: Lo que más ha estimulado los patriotismos han sido las guerras. En nuestro caso, ha sido un fenómeno inverso, porque se trató de una guerra civil. Pero el hecho que vino a ser determinante en la Transición fue el traspaso de las competencias de Educación a las comunidades autónomas. Esto ha sido aprovechado por las nacionalidades con delirios secesionistas de manera extraordinaria para que varias generaciones estuvieran educadas contra el Estado español. Y en el resto de comunidades hay muchas veces cierto catetismo, de tal manera que el río solo pasa por el trozo que pasa por su territorio. Esto ha sido definitivo para que no se consiguiera una cierta idea de país. Además, España no tiene paranoias... Las paranoias son importantes en la estimulación del patriotismo. Todo ello ha contribuido a que lleguemos a un punto en que a alguien que lleva la bandera española le llamen habitualmente «facha» o «fascista». Tampoco tenemos letra del himno, y los futbolistas tienen que hacer el memo antes de una confrontación nacional de fútbol. O sea, que se han desmontado los mínimos elementos que pudieran ser cauce de un sentimiento patriótico. La política se equivocó en la Transición. No se supo leer la la Historia.

Pérez-Maura: Varios de vosotros habéis mencionado las guerras. ¿Creéis que esta pérdida de patriotismo que tenemos llegaría al extremo de que, si el día de mañana, Dios no lo quiera, Marruecos por ejemplo invade Ceuta y Melilla, no habría españoles dispuestos a morir por defender estas dos ciudades españolas?

Fanjul: Mi opinión es que las clases populares sí. El resto no moverían ni un dedo.

Marañón: Yo creo que es una pregunta-trampa. Plantear esto como test de patriotismo no me parece válido. En la guerra de Cuba ya se planteó este debate porque las clases dirigentes se resistían a morir en aquel territorio. En la actualidad, y no sólo sucede en España, la opinión pública se resiste a aceptar bajas incluso en las acciones de guerra en las que la Fuerzas Armadas participan con bandera internacional. Con todo, no tengo duda de que los españoles se defenderían ante cualquier agresión extranjera sobre sus territorios.

Boadella: Los mayores defensores del secesionismo catalán los he encontrado en Madrid. Esto es una prueba del rechazo que estas élites tienen hacia una idea de España. Tenemos un problema porque nadie está dispuesto a defender las hectáreas que tenemos en este momento. Me preguntaban el otro día: «¿Usted cree que el Príncipe llegará a reinar en España?». Y yo le contesté: «Sí, sí, sí. Otra cosa es sobre cuántas hectáreas reinará». Ha ganado la idea de que cualquier región, cualquier barrio, tiene todo el derecho a decidir. Esto es lo que va a sabotear finalmente cualquier idea de patriotismo español, excepto con ocasión de ciertas victorias futbolísticas, lo cual es triste... Pérez-Maura: Mejor eso que nada. Fanjul: Yo también preferiría tener muchos premios Nobel de Física y de Química, pero de momento...

Posadas: Es evidente que las guerras han sido un elemento de cohesión a lo largo de la historia. Acabamos de enterrar a Margareth Thatcher. Y uno de sus activos más grandes fue el de mandar a reconquistar las Malvinas, que es un sitio inhóspito en el que hay ovejas y dos piedras mal puestas...

Pérez-Maura: Sí, pero tres ovejas y dos piedras mal puestas había en Perejil y aquí lo que produjo fue una tremenda mofa.

Posadas: Por eso los elementos de cohesión tendrían que venir por otro lado. ¿Qué pasa en los colegios? ¿Por qué los niños no pueden hablar de su bandera y de su país? Seguro que hay elementos que se pueden utilizar, no de forma partidista, sino como forma de cohesión. La Monarquía es otro referente que nos une. Pero el problema es que la Educación está transferida, y los elementos de cohesión siempre van a remitir a la tribu. ¡Por eso lo veo realmente tan difícil!

Marañón: El patriotismo, como sentimiento de amor a un país, requiere una historia común, unas experiencias pasadas compartidas y entendidas del mismo modo. Esto resulta incompatible con que en España se enseñen en los colegios 17 historias distintas, y algunas incluso enfrentadas.

Pérez-Maura: Al hilo de todo esto, ¿creéis que la Ley Wert va en esa dirección o va a crear aún más confrontación?

Boadella: El mal ya está hecho, y es muy difícil remediarlo. Cataluña está unida por una paranoia. Está unida contra un enemigo externo en todos los ámbitos que pueden configurar ese patriotismo: en las escuelas, en los medios de comunicación al servicio del régimen... Otra cosa es que un día desapareciera de allí el euro. Veríamos qué sucedería si tuvieran que aflojar el bolsillo. Pero de momento es muy complicado hacer retroceder esta situación. ¿Cómo conseguir estimular la mínima trama de afectos que necesita una nación para convivir con paz y con un mínimo espíritu común? Los franceses tendrán sus rivalidades entre los de París y Marsella, pero en el momento que suena «La Marsellesa», a todos se les pone piel de gallina.

Marañón: Creo que la Ley Wert es un primer y valioso paso en la buena dirección. No me cabe ninguna duda. Quizás no sea suficiente, pero constituye una oportunidad a partir de la cual podrán darse nuevo pasos. El actual nivel educativo es un gravísimo problema que España tiene que resolver. En esto, como en tanto más, echo de menos una visión de Estado que permita los necesarios

consensos. También el problema del patriotismo tiene que abordarse con un espíritu de acuerdo, pues con el actual mapa de afectos geográficamente disgregados resulta imposible.

Fanjul: La Ley Wert está en un callejón sin salida precisamente porque ese consenso que tú reclamas no va a encontrar respuesta favorable por lo menos en dos comunidades. Acaba de decir la señora Rigau (consejera catalana de Educación) que no va a aplicar las sentencias de los tribunales. Porque además, quienes tienen que aplicar esto son los directores de los colegios y los maestros. Y si a ellos no les da la gana de hacerlo, y es evidente que no les va a dar la gana, pues una de dos: o nos rendimos o les obligamos. ¿El señor Rajoy les va a obligar? Hombre, no creo.

Pérez-Maura: ¿Por qué creéis que en Alemania, una nación de 140 años, en cualquiera de los länder, empezando por Baviera, que se llama Estado Libre, hay un orgullo de sentirse alemán, y aquí hay al menos dos comunidades autónomas donde eso no se produce?

Fanjul: La incultura es un motivo. Pero lo principal es el resentimiento nacionalista. Eso de avivar que «los de allá nos quitan» está haciendo mucho daño.

Boadella: Allí existe un elemento catalizador, que es la lengua. En España hubiera sido impensable un proceso modélico como el de la reunificación alemana. A cada ciudadano de la Alemania Federal aquello le costó un pastón. Pero se hizo, y sin demasiadas protestas, porque en Baviera no hay un sentimiento secesionista.

Fanjul: Ojo, que en Baviera también hay otras lenguas. Lo que pasa es que a nadie se le ocurre dar las clases solo en bávaro.

Boadella: Aquí las lenguas en algunas regiones se han convertido en un efectivo militar.

Fanjul: Continuamente escucho hablar de la persecución del catalán, como si los de Soria y los de Burgos hubieran estado impidiendo a los del Ampurdán hablar en catalán desde los tiempos de Viriato. Es que no fue así. Ya en el siglo XVI se publicaban tantos libros en castellano como en catalán.

Boadella: No ha habido un solo edicto contra el catalán.

Posadas: Yo quiero poner una nota de optimismo en este sentido. Y es que creo que el idioma español es un elemento de cohesión importantísimo. Y eso va a venir de fuera. Tú vas a Estados Unidos y prácticamente no te hace falta hablar inglés en algunos sitios como Nueva York o Miami. Cada vez tiene más fuerza esa enorme comunidad hispanoparlante que hay en Estados Unidos. Y va a más. Seguramente, el próximo presidente de los Estados Unidos será latino.

Pérez-Maura: Para terminar, ¿se puede vender Marca España con esta situación de falta de patriotismo?

Posadas: Escuchaba el otro día al marqués de Tamarón hacer una reflexión muy significativa. Decía él que si alguien le pregunta a un europeo quién está construyendo el canal de Panamá y el tren a La Meca, qué país es el número uno en trasplantes o cuál tiene una multinacional con tiendas de moda en todos los países, la gente contestaría que Alemania, pero se trata de España. Y citaba un informe en el que se decía que el país que peor percepción tenía de los españoles era precisamente España.

Marañón: No deberíamos cerrar este debate con la conclusión de que la falta de patriotismo es el principal problema que tiene planteado España. Esta aparente falta de patriotismo ha sido una constante desde el 98, y hoy los problemas reales que tenemos son otros. En cuanto a la Marca España, no creo que guarde relación con el patriotismo. Es una inteligente iniciativa para favorecer la presencia internacional de nuestras empresas y de nuestras instituciones culturales, que internamente sólo puede y debe unirnos
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Libertad y firmeza
Alfonso Ussía La Razón 21 Abril 2013

Creo que todos los hombres libres nos sentimos un poco ciudadanos de los Estados Unidos. Más aún, cuando apreciamos y envidiamos el patriotismo de sus gentes y su firmeza en la lucha contra el terrorismo. Ante la sangre inocente derramada, demócratas y republicanos abandonan sus discrepancias ideológicas y hacen una piña humana bajo su Bandera. El brutal atentado de Boston ha servido para demostrar la grandeza y la unidad de una ciudadanía ejemplar. Aquí en España, hemos padecido durante décadas el miserable terrorismo etarra. Cada vez que un canalla era detenido, un obispo protestaba, algún partido político se quejaba de la «desmedida acción policial» y ante la sangre caliente de las víctimas, alguien decía que «algo malo habrán hecho para que los maten».

En España, seis magistrados del Tribunal Constitucional, cumpliendo a rajatabla las directrices del Gobierno socialista y humillando las sentencias del Tribunal Supremo, abrieron la puerta de las instituciones democráticas a la ETA. No sirven los camuflajes de las siglas. Bildu, Sortu, Amaiur, Batasuna, Segi, no son otra cosa que malos disfraces del movimiento etarra. Nadie es culpable hasta que no se demuestra su delito, pero en España, dos altos jefes de la Policía están acusados de colaborar con la ETA. Inexplicable situación si no estuvieran detrás de esa traición infumable las sombras siniestras de los auténticos culpables, de los gobernantes inductores de tamaña perversidad.

¿Se figuran al director del FBI avisando a los hermanos Tsarnaev de los dispositivos policiales con el fin de que escapen de la acción de la justicia? ¿Se figuran al obispo de Nueva York o de Boston lamentándose de la detención de los terroristas y acudiendo a consolar a los familiares de los asesinos abandonando la tristeza y desesperación de las víctimas? ¿Se figuran, con una mayoría demócrata, al líder republicano quejarse de la desmedida acción policial y organizando una manifestación en homenaje al terrorista abatido?

¿Se figuran lo que sucedería en los Estados Unidos, si por una enfermedad de gravedad subjetiva, fuera puesto en libertad el terrorista superviviente? ¿Se figuran lo que el pueblo americano demandaría en el caso de que ese terrorista puesto en libertad se paseara por los bares y restaurantes de Boston ahogándose en potes de vino y riéndose de los familiares de sus asesinados? ¿Cuánto duraría en la Casa Blanca un Presidente de los Estados Unidos que propugnara el diálogo amable con el terrorismo?

¿Estaría en libertad el responsable máximo de uno de los partidos políticos americanos después de haber reconocido que habla mucho y con gran afecto con uno de los principales responsables del terrorismo de Al Qaeda? En España lo hace Eguiguren, y en el PSOE están encantados con ello.

Y en España, por un complejo absurdo y medroso, el Gobierno del Partido Popular ha puesto en la calle a un sinvergüenza canalla que ha asesinado y torturado a decenas de inocentes. Si en España, la Guardia Civil o la Policía Nacional, cumpliendo con su obligación, abatieran a un terrorista armado, ya tendríamos, desde el Partido Comunista hasta la extrema izquierda deplorando la actuación policial y llamando «asesinos» a los miembros de las Fuerzas de Seguridad. La diferencia es tan abrumadora y tan vergonzoso su resultado, que no nos queda otra opción que admirar, desde la lejanía, a una nación que se une cuando su libertad y su seguridad es amenazada o ensangrentada. ¿Se figuran a un partidario acérrimo de los terroristas al frente de la alcaldía de Boston gracias al complaciente permiso del más alto tribunal norteamericano?

Los partidarios de la libertad y de la democracia y aquellos que no lo tienen excesivamente claro se distinguen hoy en España por sus manifestaciones. Y desgraciadamente, seguimos igual. O peor.

Un símbolo de la izquierda
Vicente Serrano www.vozbncn.com 21 Abril 2013

El pasado 14 de abril celebramos la proclamación de la Segunda República española. Fue una celebración desigual en las dos ciudades más importantes de España. Mientras en Madrid fue multitudinaria y participó la izquierda formal y alternativa, en Barcelona la ausencia de ambas fue la tónica.

Estuve en la Plaza de San Jaime de Barcelona (Plaza de la Constitución, según refleja una placa redescubierta tras el franquismo en el frontispicio del edificio del Ayuntamiento). Éramos pocos, ocupábamos menos de la cuarta parte de la plaza. Todo eran banderas republicanas menos una estelada despistada.

Estaban Izquierda Republicana y otros grupos, la presencia de los socialistas se redujo a un grupito de militantes de la JSC y de ICV-EUiA pude saludar a un Joan Herrera que salió a pasear con poca o nula militancia de cohorte. El pequeño grupo de Alternativa Ciudadana Progresista acudimos con pancarta propia: ‘Por la igualdad, libertad y fraternidad. Viva la IIIª República Española’.

¿Dónde estaban los socialistas? ¿Dónde ICV? ¿Dónde los revolucionarios Desde Baix, la CUP, Anticapitalistes, CO.BAS, USTEC, CCOO, UGT, PConstituiens, etc.? ¿Dónde? No estaban porque la república no es su proyecto. Lo suyo es la secesión, la identidad, la diferencia, la insolidaridad (lo de la fraternidad les debe sonar a curas o monjas… a Teresa Forcades, no sé) y creo que lo de la libertad tampoco les sonará mucho, cuando el sentimiento de pertenencia es obligatorio, si no quieres ser señalado. Conscientes de su revolución imposible prefieren jugar a ser el complemento necesario para integrar de forma sutil a una clase obrera que no ganará nada, todo lo contrario, en un proyecto uniformador e insolidario.

La clase obrera esta sufriendo los mazazos de esta crisis, que como he comentado en algún otro artículo solo es un reajuste de sistema capitalista para reapropiarse más de las rentas. Esa clase obrera sufre independientemente del lugar en el que resida del territorio español.

La independencia de Cataluña, desde una perspectiva de izquierdas, es un acto insolidario y egoísta que además no garantiza, diga lo que diga la CUP, Forcades o Arcadi Oliveres, que el nuevo Estado sea socialista. Pensaba yo que la teoría estalinista del “socialismo en un solo país” estaba ya superado. Aunque más bien parece un subterfugio que beneficia al nacionalismo de CiU y ERC, puro neoliberalismo.

Dio gusto oír como en San Jaime coreábamos aquello de: “España, mañana, será republicana”. ¿Lo oiría Artur Mas? Fuimos pocos pero fue honesto y hermoso. Hoy, si hay un símbolo claro de la izquierda y del no nacionalismo es la bandera tricolor republicana. Otro día hablaremos de qué tipo de república.

Vicente Serrano es militante de Alternativa Ciudadana Progresista

Xavier Horcajo, 'La Pasta Nostra'
Horcajo: "Quien levanta la voz en Cataluña entra en el gulag de los zombis"
El periodista de Intereconomía Xavier Horcajo presenta La Pasta Nostra, el fiel resumen de los "33 años de poder convergente en Cataluña".
Luis F. Quintero Seguir a @LUISFERQUINTERO Libertad Digital 21 Abril 2013

Periodista y doctor en Economía Aplicada, Xavier Horcajo acaba de publicar un libro titulado La Pasta Nostra y editado por Sekotia, que resume en algo más de 200 páginas nada menos que 33 años de "poder convergente en Cataluña". Caso tras caso, Horcajo desentraña los avatares de la vida de Jordi Pujol, desde que se hizo cargo del banco que fundó su padre, Banca Catalana, hasta que se convirtió en el "patriarca" de una familia que se propuso heredar Cataluña y sus riquezas.

Horcajo, que ejerció de periodista en diferentes medios en Cataluña (Avui, El País) durante décadas, conoce de cerca los casos de corrupción y abuso de poder que han trufado la historia del nacionalismo catalán. Una experiencia que le ha costado la persecución y el destierro. "Yo me tuve que ir de allí porque quien levanta la voz en Cataluña entra en el gulag de los zombis". Dice Horcajo que a uno le firman el "certificado de defunción desde el punto de vista civil. No serás contratado, serás aislado y se te considerará dudoso o fuera de la tribu". Recuerda casos muy recientes como el de Albert Boadella, o el de políticos como Vidal Quadras o Albert Rivera, a quienes los nacionalistas tachan de "botiflers".

Lo que sucede en Cataluña es que "los que cortan el bacalao son 200, se conocen todos y son además de las mismas familias" porque "han tenido muchos cruces sanguíneos".

"Hay una cosa que poca gente sabe", cuenta Horcajo en declaraciones a Libertad Digital, "y es que Jordi Pujol antes de intentar el salto a la política intentó dar el salto a la presidencia del Barça" aunque, obviamente, no lo consiguió. El padre de Jordi Pujol "era el fundador de Banca Catalana", una entidad "catalanista en tiempos de Franco" que "hacía muchas trampas para sobrevivir. Algunas de ellas, quedarse con algún banco que le sugiere el Banco de España para quedar bien en Madrid" y no le atosiguen con inspecciones.

Horcajo recuerda que Jordi Pujol se convierte, tras Banca Catalana, en el líder de "algo que, hasta entonces era bastante cobarde, el nacionalismo catalán" y tras haber sido encarcelado por el franquismo por "un tema del Palau de la Música", Pujol se presenta a las elecciones "con el marchamo de haber sido el hombre que fue a la cárcel por enfrentarse a la dictadura". Las municipales las pierde, pero, contra pronóstico, gana en las autonómicas.

El error de Alfonso Guerra
Fue a partir de entonces cuando, tras hacerse "presidente de la Generalidad, al principio de forma un tanto timorata" aprovecha a su favor un paso en falso de Alfonso Guerra. Desde el Gobierno central –ya en manos de Felipe González- Alfonso Guerra "le monta aquello que se conoció como operación Banca Catalana", es decir, "intenta, desde el Estado, que Pujol se arrodille". Entonces, el joven líder nacionalista se envuelve en la bandera y dice que "es una cuestión política que van a derribarle porque es catalán". Monta una campaña "con la ayuda inestimable de Miguel Roca y Luis Prenafeta" que logra que la gente se identifique con Cataluña.

Aquel fue, señala Horcajo, el momento a partir del cual "arranca una figura fulgurante en política, de un Pujol que el propio PSOE no se atreve a combatir". Ni el PSOE ni posteriormente el PP, como recuerda el autor de La Pasta Nostra, citando aquellos pactos del Majestic o el "catalán en la intimidad" que hablaban Pujol y Aznar.

A partir de ahí, años de impunidad y dominio de la familia Pujol. Tiempos en los que "los hijos de Pujol hacían" de intermediarios "de toda esa capacidad de gestión que la amplísima autonomía que tiene Cataluña concede a la Generalidad. Desde las emisoras de radio hasta las obras públicas, pasando por los suministros sanitarios o cualquier concesión de Transporte", explica Horcajo. "El resumen", dice, "que llegamos al año 2000 y estos tipos se creen impunes a la ley y al derecho".

Madrid, culpable
Para Horcajo, la clave se encuentra en "la capacidad administrativa de la Generalidad maleada por unos señores que son una especie de" bacteria que "lo que quiere es parasitar la economía y sociedad catalana y que se lo lleva crudo aprovechando la debilidad del Estado allí".

En este sentido, Horcajo culpa a Madrid, o a los partidos en el Gobierno central de buena parte de lo que sucede en Cataluña porque "desde hace más de 20 años" los representantes del Gobierno en Cataluña tienen que ser "personas pactadas por CiU". Algo, en opinión de Horcajo "muy grave que debilita al Estado" en tanto en cuanto "el Estado deja de estar en Cataluña".

Dice Horcajo que en Madrid "han mimado y consentido" a Pujol. Por este motivo, "el propósito del libro es que caiga el velo para los españoles y los catalanes. Ojo, que los españoles no catalanes también son bien bobos creyéndose a tíos como Durán y creyendo que si pactamos con ellos, esto no llegará a mayores".

Cuando nos preguntamos por qué los nacionalistas "odian a España" es, según Horcajo, porque creen que "España nos roba", y este mensaje es terrible "porque España ha desaparecido de allí durante treinta años y a España ni se la quiere ni se la espera".
"Somos diferentes, somos mejores"

De este modo, se ha transitado hacia "este mundo de ensueño y colorín" que ha terminado cambiando "la mente de los catalanes y les ha conducido hacia el odio". Una ingeniería social que le dice a los catalanes "que somos diferentes, somos mejores". Por ese motivo, "creí necesario escribir un libro, escribir algo que le diga a la gente que no son ni mejores ni peores, y que, en todo caso, bastante peores gestionando el dinero de los ciudadanos".

En esta complicada ingeniería social juega un papel fundamental la "desaparición de los medios de comunicación" en Cataluña, donde ahora son "estómagos agradecidos" que "firman editoriales conjuntos para defender el derecho a decidir".

Además, otro gran problema de Cataluña es "el 3%," porque "si allí el presidente del país te dice que para instalarte y vender más tienes que darle el 3%", al final lo haces y esto "en Cataluña lo sabe mucha gente". Así, "de los seis hijos de Pujol, cinco son multimillonarios. Algunos quieren ser ciudadanos fiscales madrileños, otros son unos de los que se acogen a la amnistía fiscal, casi todos tienen cuentas por aquí y por allá. De ellos, dos viven en Madrid, otros viven en México. De ellos, el mayor ha hecho de recaudador del partido al tiempo que ha hecho de recaudador de la familia. Esto es un desastre y un desastre de los que hay que hablar para poner a cada uno en su sitio", sentencia.



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