AGLI Recortes de Prensa   Lunes 29 Abril 2013

O cambio radical de política económica o quiebra
Roberto Centeno Periodista Digital 29 Abril 2013

El gran problema de España se llama Mariano Rajoy Brey. ¿Cómo un gobernante de España, país cuya tasa de paro es la mayor de la historia del mundo desarrollado, superior incluso a la de la triste república de Weimar que dio paso triunfal al nazismo, puede afirmar que es incapaz de disminuir el paro en más de dos años y medio de legislatura, sin dimitir en el acto y convocar elecciones para permitir que otros suplan su nefasta incapacidad? Rajoy demostró el viernes exactamente lo que es: un cobarde patológico incapaz de dar la cara y un sonado que ha tirado la toalla y ya no puede ofrecer nada excepto paro, sudor y lágrimas. Ya sólo espera un milagro divino. Políticamente está muerto, pero aún se llevará por delante el bienestar de varias generaciones de españoles, porque al igual que con Zapatero le quedan más de dos años para destrozar lo que queda de España.

La cifra de desempleo conocida el jueves es sencillamente dramática y, lo que es aún peor, sigue subiendo al ritmo de 3.600 personas diarias, un 37% más que en 2012, equivalente a 950.000 personas en tasa trimestral anualizada. Y, sin embargo, el Gobierno y sus mercenarios habituales en medios y tertulias tienen la indecencia y la miseria moral de afirmar que la situación mejora porque el paro en el primer trimestre de 2012 fue mayor, una patraña absoluta. La causa fue el efecto de la Semana Santa, que este año ha sido el primer trimestre y el pasado fue en el segundo. Pero además hay 800.000 parados adicionales a quienes, por no haber buscado trabajo activamente la semana anterior a la encuesta, el INE ha clasificado como inactivos. En conjunto, la cifra de paro total es de ¡7 millones de personas!

Estas aterradoras cifras son el resumen más claro y representativo del efecto real de las medidas tomadas por Rajoy, una mezcla de chapuzas, subidas de impuestos y deuda, recortes salariales y ajustes sociales, mientras desarrollaba una diabólica capacidad para mantener los privilegios y el gasto de las castas política, financiera y monopolista. ¿Cómo nadie en su sano juicio puede siquiera imaginar que tal combinación de disparates llevará a la recuperación y no al hundimiento? Resultado: el año más negro desde que comenzó la crisis, con un empobrecimiento generalizado de la población, la aniquilación de la clase media con la mayor pérdida de renta y riqueza de las familias desde la Guerra Civil, y la reaparición por primera vez desde los años 40 del hambre.

La cifra del paro es el resumen más claro y representativo del efecto real de las medidas tomadas por Rajoy, una mezcla de chapuzas, subidas de impuestos y deuda, recortes salariales y ajustes socialesY en 2013 la situación empeora: la actividad productiva se desploma a un mínimo de 50 años, las ventas de grandes superficies igual, el déficit público supera el 115% del PIB y el PIB estimado a través de indicadores correlacionados ha caído el 1% en el primer trimestre, el 4 % en tasa trimestral anualizada. Durante años he tenido enfrentamientos sonados en los medios por afirmar que llegaríamos a los cinco y a luego a los seis millones de parados. Hoy afirmo que o se produce un cambio radical de nuestra política económica o vamos directos a la quiebra.

Un cuadro macroeconómico delirante
En una economía en profunda recesión, el Gobierno se niega a recortar el gasto político de un Estado clientelar y corrupto, con dos millones de enchufados mantenidos con la barra libre del BCE y la ruina de varias generaciones de españoles, mientras vuelve a subir impuestos y a recortar prestaciones y salarios. ¿Cómo puede un país salir de la crisis con más impuestos, con nuevos recortes a las pensiones (factor de sostenibilidad), menores salarios públicos y privados (actualización con un índice diferente al IPC), y chapuzas que denominan “reformas estructurales” que producen vergüenza ajena, como la creación de “una autoridad fiscal independiente”, la “ley de apoyo a emprendedores” o el “código de buen gobierno” y sin embargo mantiene íntegro el despilfarro de las Administraciones Públicas?

Y en línea con ello, el nuevo cuadro macroeconómico del Gobierno es tan absolutamente delirante que, incluso si nos lo creyéramos, sería una invitación a la huida de España; pero es mucho peor que eso. Como todos los últimos cuadros macro es voluntarismo químicamente puro. Empecemos por el principio. ¿De dónde sale que el PIB va a caer sólo un 1,3% si la tasa trimestral oficial anualizada indica que estamos cayendo al 2% y las correlaciones con indicadores independientes muestran que lo estamos haciendo al 4%? Las discrepancias entre las cifras de Contabilidad Nacional y las de la Central de Balances del BdE en el VAB, que es como se construye el PIB, son escandalosas. El excedente de explotación de las empresas españolas fue en 2012 un 8% inferior al de 2010 y la CN nos dice que fue un 15% superior, casi medio punto de PIB de diferencia.

¿De dónde sacan que la deuda pública PDE será del 99,8% en 2016 cuando ha cerrado 2012 con un incremento de 146.000 millones? Por no hablar de la deuda total, la de verdad -pasivos en circulación- que cerró 2012 en el 115,5%?Luego las exportaciones. ¿De dónde sacan que van a subir un 4,1% si el último dato disponible corregido de estacionalidad del cuarto trimestre de 2012 registró una tasa negativa respecto al trimestre anterior del 3 % anualizada, la de enero y febrero sin corregir de estacionalidad crecen a poco más del 2% real y nuestros principales clientes van a peor? Además, las subidas en años siguientes del 6 y 7% son de pura fantasía. Sigo. ¿En qué se basan para afirmar que el consumo y la inversión pasen a positivo a partir de 2014? No hay absolutamente ninguna base para que estos mejoren, sino todo lo contrario: con más impuestos sólo pueden empeorar. Se inventan las cifras y en paz, pero son tan torpes que incluso en aquellos casos en que estas van a ser mejores que lo esperado, como el precio del crudo o el tipo de cambio del euro, la pifian totalmente. El fracking que está aumentando exponencialmente la producción va a llevar al petróleo por debajo de los 100 dólares de forma sostenida y el tipo de cambio euro-dólar lo estima en el entorno de 1,3 el consenso del mercado.

¿De dónde sacan que la deuda pública PDE será del 99,8% en 2016 cuando ha cerrado 2012 con un incremento de 146.000 millones? Por no hablar de la deuda total, la de verdad -pasivos en circulación- que cerró 2012 en el 115,5%? Pero vamos a ver. Si en 2012 fueron 146.000, si en 2013 el ritmo de endeudamiento se acelera más aún, ¿cómo narices en tres años, del 2014 al 2016, la deuda pública va a crecer sólo 120.000 millones? Pero el papel y los españoles lo aguantan todo. Y luego cuentan que en ese periodo la deuda va a subir 90.000 millones. ¿Pero serán ceporros? ¿No habían dicho que eran 120.000? El resumen es claro: así no se puede seguir. El cambio radical es inaplazable. Hay que bajar impuestos y recortar masivamente gasto político y clientelar de casi 100.000 millones al año. O eso o el apocalipsis.

La mayor deuda en casi 200 años: el 115,5% del PIB
Mariano Rajoy Brey pasará a la historia como un auténtico desastre, pero tiene ya algunos récords, como el haber superado en sólo un año de gobierno los mayores niveles de deuda y déficit públicos desde mediados del siglo XIX, con la construcción de la red ferroviaria en toda la península y la financiación de las guerras carlistas. Pero aquí ni se ha construido una red ferroviaria global ni ha habido ninguna guerra; sólo se lo ha llevado y se lo continua llevando crudo la casta política parasitaria y corrupta nacida en la Transición. Según el último Boletín Estadístico del BdE, la deuda pública total sin maquillajes -es decir, los pasivos en circulación- a final de 2012 ascendía a 1.177.908 millones de euros. Una burbuja de deuda imparable, el 115,5 % del PIB.

Pero si la cifra absoluta resulta alucinante, peor aún es su tasa de crecimiento: el 24,8% en 2012, con un incremento sin precedentes de 233.800 millones de euros, la cifra más alta de toda la serie histórica, que compara con un crecimiento del 16,4% en 2011 o del 9,7% en 2010. Esta es la deuda real, porque la deuda que publican medios y Gobierno, “deuda según el Protocolo de Déficit Excesivo (PDE)”, no incluye los pasivos de la Administraciones Públicas en poder de otras Administraciones Públicas, ni los créditos comerciales, ni otras deudas pendientes de pago. Es decir, deja fuera la cuarta parte de la deuda más o menos. La cifra de endeudamiento que proporcionan los pasivos en circulación es la correspondiente a las deudas totales contraídas por las Administraciones Públicas, independientemente de su naturaleza.

Y lo que nos faltaba: Bruselas dando dos años más para que estos golfos sigan despilfarrando y endeudando a varias generaciones de españolesY ahora vayamos al déficit. España ha presentado en 2012 el mayor agujero presupuestario oficial de toda la Eurozona, un 10,6%, compuesto de dos partes: un 3,6% para seguir tapando los agujeros de las entidades financieras y un 7% lo demás, después de que Eurostat añadiese las devoluciones fiscales correspondientes a 2012. ¿Y eso era todo? Ni de lejos. Montoro dio orden de no pagar una sola factura a partir de noviembre. ¿Cuánto maquillaje supone eso? Pero el grueso de las trampas se encuentra en las comunidades autónomas. Ya se lo expliqué, porque el dato me consta fehacientemente, que Valencia, cuyo déficit oficial fue del 3,45%, tuvo un déficit real del 5,7%.

La Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) ha presentado recientemente un informe sobre el tema y ha detectado enormes anomalías que no tienen explicación ni respuesta. El capítulo destinado a gasto en escuelas y hospitales registró caídas del 38% en Cantabria y del 26% en Castilla-La Mancha. Para que eso fuera cierto, explica Fedea, “deberían haber cerrado buena parte de sus escuelas y hospitales, y eso no ha sucedido”. “Algo extraño pasa aquí”, concluyen. Nada de extraño, es el procedimiento habitual: mienten como bellacos. Pero la que se lleva la palma es María Dolores de Cospedal, que para hacer méritos al sillón de Mariano, al que conspira y aspira, se ha autoerigido en la auténtica reina del mambo y ha pasado de un déficit del 7,9% a otro del 1,5%, y además sin despeinarse.

FEDEA denuncia también importantes “errores” de contabilización en la llamada “ cuenta 413”, donde meten los gastos que se asumen sin respaldo presupuestario, la que mas encanta a la casta política para pagar caprichos, enchufados y mariscadas, sobre todo las empresas públicas, cuyo número real es desconocido y son los únicos organismos públicos que han aumentado su personal en 2012 según la última EPA. Y luego los ingresos, todos los del cuarto trimestre son estimaciones, y estos chicos/as estimando no dan una. En resumen, los datos de déficit son, como siempre, falsos, pero hay una manera de estimarlos: el incremento de endeudamiento. Este ascendió a 233.800 millones pero parte corresponde a pagos de déficits anteriores, fundamentalmente proveedores y otras partidas varias, en conjunto unos 60.000 millones, el incremento de endeudamiento debido al déficit del año es del orden de 173.000 millones y eso es el 16,4 % del PIB, pues bien Sres. analistas, empresarios y banqueros, esta y no otra es la cifra aproximada de déficit 2012.

Rajoy diría rotundamente el miércoles “no suben los impuestos” porque era lo que tenia en la cartera, lo contrario hubiera sido de una estupidez rayana en la locura ya que la mentira se sabría en tres días. Me cuenta una persona de Bruselas muy bien informada que cuando Oli Rhen vio la propuesta montó en cólera llamó a Rajoy y le dijo algo así “¿pero como que no subes los impuestos con el déficit brutal que tenéis, o es que pensáis que nos creemos vuestras mentiras, o subes impuestos o dejo de mantenerte la prima de rigo, tu verás lo que haces?”, entre mantener baja la prima y empobrecer mas aún a los españoles, Rajoy no tuvo la menor duda para él la prima es vital, y se esto manda al hambre o arruina a millones, que se jodan .

El viernes Oli Rhen tuvo la frivolidad o la indecencia de contar el Plan de Rajoy cuatro horas antes de que la vicepresidenta dijera que los impuestos en contra de lo afirmado si subían. Era lo que nos faltaba, Rhen encantado dando dos años mas para que estos irresponsables sigan despilfarrando y endeudando a varias generaciones de españoles con el dinero que imprime el BCE como si fueran cromos, mas droga a los drogadictos, al menos hasta que devuelvan toda la deuda “senior” a los bancos/cajas alemanas, francesas y holandesas que tan irresponsablemente financiaron nuestra burbuja .

Y el viernes, el patético Gobierno español se quitó la careta
S. McCoy Periodista Digital 29 Abril 2013

Muchas expectativas se habían creado alrededor del ambicioso plan de reformas que el Gobierno había anticipado para el pasado viernes, conjunto de medidas que nos permitirían comprender, por fin y después de año y medio, ¿quién da más?, su visión de la España del mañana y los mecanismos concretos a utilizar para perfilarla, cambios en leyes y demás normativa legal. Qué fiasco, qué maldito fiasco. Uno más.

Del encuentro con periodistas posterior al Consejo de Ministros, los españoles pudimos sacar dos conclusiones.

Una, que el optimismo del Ejecutivo respecto a la salida de la crisis estaba contagiado de esa bondad antropológica que caracterizó el discurso de Zapatero a tus zapatos durante toda su legislatura. La cruda realidad era la que objetivamente muchos deducíamos al calor de los datos macro nacionales que se habían ido publicando antes de este jarro de agua fría. Pocas alegrías, si alguna, de aquí a 2015 en términos de crecimiento e empleo, mantras del discurso gubernamental. No lo duden, esas portadas para enmarcar de Montoro en La Razón de hace poco menos de un mes, 2014 is the name of the game for my dear Spaniards, eran una tomadura de pelo de tamaño familiar, discurso de cara a la galería. No le anduvieron a la zaga otros miembros de gabinete de Rajoy contagiados por esa suerte de cheering-up colectivo, a ver si cuela. Lo sabían y lo han tenido que decir perseguidos por una verdad que se evidenciaba con cada cifra: a la recesión le queda cuerda para rato. Se han quitado la careta.

Otra, que para el gallego recluido en Moncloa salvo para actos del partido y los políticos profesionales que le rodean, ensimismados como siempre en la fantasía del que se mueve desde hace décadas en coche oficial, todo se entiende en términos de fiscalidad. Lo importante son los impuestos, tributos, gravámenes y tasas. Repasen, si no, el video de la comparecencia de Soraya. Como si un país sin futuro aparente pudiera reconstruirse sobre los cimientos del mayor o menor sangrado del bolsillo ciudadano, de la multiplicación horizontal o vertical (figuras o tipos) de sus responsabilidades ante Hacienda. De nada han servido las críticas ante, por ejemplo, el fiasco de la primera ‘reforma’ eléctrica. Erre que erre. El ajuste del déficit sigue siendo a su costa, querido lector, y a la mía. Pero nada hace aventurar un sacrificio similar en la estructura organizativa del Estado ni tampoco se observa una voluntad por activar medidas que se separen de la coerción impositiva y fomenten la acción creativa y emprendedora de los españoles. Una actitud miserable. Ahora van a por los depósitos. Mañana nos cobrarán por respirar.

Ha sido un desencanto total. Claro que poco cabe de esperar de quien abiertamente declara algo tan aberrante como "sin estabilidad financiera no se puede garantizar la estabilidad regulatoria". Este quote es del titular de la Oficina Económica de Moncloa. Se trata de una aberración de tal calado que a uno le encantaría que fuera mentira, pero la frase está confirmada y reconfirmada por varios lados. Da miedo -mi expresión de moda en post recientes, lo sé- que el ínclito lo diga, pero aún más que se lo crea. Y es muy reveladora de cara a lo sucedido el viernes. Por dos motivos:

En primer lugar porque deja en manos del criterio subjetivo de una serie de individuos el momento en que este país llamado España puede plantearse un escenario estratégico para el mañana. La estabilidad financiera, ¿en qué consiste exactamente, cómo se mide?, ¿la decide Madrid o se fija en un despacho en Bruselas o Fráncfort?, ¿se refiere sólo a las cuentas públicas o al sector financiero? Y, sobre todo, ¿puede estar nuestra nación patas arribas y al albur de ese tacticismo que persigue la ‘estabilidad financiera’ ad eternum, sin fecha de caducidad? Necesitamos una visión y alguien que la ejecute a la Thatcher, para bien o para mal. Lo hemos dicho muchas veces: estadistas y no escapistas. La incertidumbre destruye el mayor intangible de una economía: la confianza. No se puede jugar alegremente con esto.

Y dos, más importante todavía. El planteamiento debería ser siempre al revés. Sobre la base de la seguridad jurídica y del fomento de la inversión, de una estructura recaudatoria del Estado equitativa y simple, de un marco regulatorio sagrado resulta mucho más fácil conseguir la cuerda financiera necesaria para que podamos salir del pozo en el que, en buena medida, nos hemos metido solitos. Plantearlo al revés es ponerse la maroma alrededor del cuello a la espera de que alguien venga y tire. Porque nadie, insisto, nadie va a querer hacer negocios en España con unos gobernantes que se comportan como Groucho Marx: "Estos son mis principios pero, cuando me interesa, tengo otros". Patético.

Siento darles la matraca de lunes temprano, pero de verdad no aprendemos. No sólo eso, el relajo de la prima de riesgo y la mejora en las condiciones de financiación, propiciada no por buenas noticias que tengan origen en nuestro territorio sino por la abusiva represión financiera de los bancos centrales, está provocando que Rajoy y su equipo vuelvan a creer que el tiempo todo lo cura y que su mero transcurso va a solucionar lo que ellos se empeñan en hundir. Ojalá la suerte, la baraka zapateril les acompañe. Pero me temo que no. Y, cuando despierten, comprenderán que, con su actitud e ineptitud han condenado nuestro futuro for years to come, many years indeed.

Buena y corta semana para muchos.

Una situación insostenible e injusta
EDITORIAL Libertad Digital 29 Abril 2013

La información que publicaba este domingo Manuel Llamas en las páginas de Libre Mercado es de las que provocan pasmo: "España descansa sobre los hombros del 30% de la población". En efecto, son 13,8 millones los que, con su trabajo y sus impuestos, sostienen el país, que cuenta con 47 millones de habitantes, de los que 17,6 millones son parados, pensionistas o empleados públicos.

A este insostenible estado de cosas han contribuido la crisis económica, la demografía y el demencial esquema de nuestro Estado del Bienestar, ineficiente, mediocre, generador de incentivos perversos y lesivo para los intereses nacionales, habida cuenta del duro castigo a que somete a los sectores más productivos y dinámicos de la sociedad.

Es un estado de cosas insostenible pero sobre todo injusto e ineficaz, que ahonda la durísima crisis que padecemos desde hace ya un lustro y que amenaza seriamente nuestro futuro, a corto, medio y largo plazo.

Urge tomar medidas contundentes para podar las Administraciones Públicas, al objeto de hacerlas más funcionales e impedir que sigan siendo cueva de enchufados de todo pelaje y condición. Asimismo, se impone una revisión en profundidad de las denominadas prestaciones sociales, especialmente de las destinadas a los desempleados, que no deben ver en ellas un recurso de acceso universal y duradero. También resulta de extrema importancia encarar de una vez, en toda su amplitud y complejidad, la cuestión demográfica: de no hacerlo, la situación puede ser tremenda en quince o veinte años. Por último, pero no en último lugar, los poderes públicos han de atender como se merece a esos 13,8 millones de españoles que están levantando el país a pesar de todos los pesares. Para empezar, en vez de asfixiarlos y apabullarlos, deben tratar de ayudarlos. Quitándoles de encima impuestos, regulaciones y prohibiciones que no hacen sino perjudicarlos. Perjudicarnos.

¿Se puede contar con el Gobierno para esta empresa, sin lugar a dudas la más importante de las que se nos presentan? Lamentablemente, no. El Gobierno, lo vino a demostrar el viernes en el último Consejo de Ministros, está instalado en la cobardía, la abulia o el ilusionismo del nefasto José Luis Rodríguez Zapatero. Las tres opciones son pésimas. Y el tiempo pasa. El tiempo que ya no tenemos.

Crisis
¡No es la economía, es la política, estúpidos!
Mikel Buesa Libertad Digital 29 Abril 2013

En el ir y venir de los acontecimientos que, a veces ordenadamente y en otras ocasiones de manera caótica, configuran la vida social, existen ocasiones en las que su intrincada articulación desvela un significado novedoso. Esto es lo que ha ocurrido en España durante la última semana, en la que tras la difusión de los preocupantes datos que ofrece la última entrega del la Encuesta de Población Activa hemos podido apreciar la incapacidad del Gobierno de Rajoy para afrontar la situación económica. El presidente, por cierto, arrancó la semana anunciando, después de reunirse con el primer ministro de Eslovaquia, un ajuste blando –"recortes en algunas partidas", dijo, pero "no como los del año pasado"–, como si las circunstancias no merecieran una mayor alerta. Luego vino la debacle del desempleo, esa cifra superior a los 6,2 millones de parados que revela con nitidez la enorme profundidad de la crisis y, días más tarde, el anuncio de un programa de reformas en el que nada se concreta de manera inmediata, salvo unas previsiones macroeconómicas que señalan que, para los españoles, dentro de la actual legislatura, no hay esperanza.

Al parecer, tan decepcionante notificación ha estado precedida de una severa controversia en el seno del Gobierno, principalmente entre los titulares de Economía y Hacienda, con aditamentos y alineaciones entre los ministerios competentes en materias económicas. La posición del ministro Montoro, arropado por su poder orgánico dentro del Partido Popular, ha salido nuevamente triunfante, lo que no sorprende, pues su conservadurismo –su inmovilismo, más bien– tiene buena acogida en un palacio de La Moncloa habitado por quien ha hecho de la parsimonia virtud de gobierno, en la creencia de que la economía acaba arreglándose por sí misma, sin intervenciones que pudieran suscitar la inquietud de los agentes que ostentan el poder financiero, gestionan las grandes empresas o marcan la línea editorial de los grupos mediáticos internacionales.

Sin embargo, la cuestión estriba en que los problemas de la economía española son ya de tal magnitud que esa pachorra conservadora, envuelta de reformismo blando, ya no sirve. Y no sirve porque lo que finalmente se ha evidenciado es que lo que está en el centro de la crisis no es otra cosa que la configuración misma del Estado. Hace ya algunos años, especialmente cuado la política impulsada por Zapatero puso de manifiesto las fisuras que se habían ido abriendo en nuestro Estado autonómico, hubo quienes denunciamos el riesgo de fragmentación que se abría en España con consecuencias negativas para su desarrollo económico. Yo mismo lo puse de relieve en mi libro La crisis de la España fragmentada, en el que analizaba la economía política de la era Zapatero. Sin embargo, lo que ahora afrontamos no es sólo la fragmentación, sino el hecho contrastado de que ese Estado no es económicamente sostenible, tanto porque sus estructuras políticas se encuentran sobredimensionadas –arrastrando tras de si innumerable despilfarros de recursos– y no es posible arbitrar los ingresos que se requieren para mantenerlas, como porque la propia desintegración del poder impide la coherencia en la política económica.

El de la economía española es, así, en esencia, un problema de naturaleza política. No es la economía, es la política lo que impide la austeridad. El ministro de Hacienda puede tratar de paliar la situación subiendo infructuosamente los impuestos –ahogando de paso los incentivos a la inversión y el ahorro privados– y recortando la nómina de los funcionarios y alguno de los otros capítulos de gasto –afectando severamente, por cierto, a la imprescindible inversión pública–. Pero sus logros, tal como los vemos reflejados en las previsiones macroeconómicas del Gobierno, son estériles, pues lo que se requiere es una reducción del tamaño de todas las Administraciones Públicas, lo que inevitablemente nos enfrenta a la necesidad de una reforma constitucional clarificadora del reparto territorial del poder y de los límites en los que éste ha de desenvolverse, que impida el continuo afán expansionista de quienes lo ejercen.

Es la política también lo que frena una ineludible reforma del Estado del Bienestar que asegure su sostenibilidad. Cuatro son aquí los aspectos que requieren actuaciones urgentes. El primero es el de la corrección de las importantes ineficiencias a las que están sujetos los grandes servicios públicos de sanidad y educación; unas ineficiencias que los estudios disponibles evalúan en torno a la cuarta parte de los recursos que se utilizan. El segundo alude a la modificación de las prestaciones por desempleo, no para recortarlas en su cuantía, sino para limitarlas temporalmente, de manera que no impliquen un desincentivo a la búsqueda de empleo, y condicionarlas a un control real de que ésta tiene lugar. El tercero se refiere al sistema de pensiones y, más concretamente, a la aceleración del efectivo retraso de la edad de jubilación y al cambio del sistema de cómputo de sus cuantías. Y el cuarto, prácticamente inédito, se especifica en una política de familia guiada por el objetivo de favorecer la función reproductiva de las mujeres, asegurándoles a éstas su carrera profesional aun cuando se decidan por la maternidad, garantizando los ingresos que se requieren para el mantenimiento de sus hijos y combatiendo con efectividad su discriminación salarial.

Es la política la que, en este momento, atenaza cualquier acción de gobierno orientada a salir de la crisis. Son las oligarquías locales –las que toman forma en los partidos nacionalistas y también las que se adhieren a las baronías regionales de los mal llamados partidos nacionales, por no mencionar a las que sientan sus posaderas en los ayuntamientos– las que disputan con el Gobierno la reducción de sus despilfarros y las que bloquean cualquier pretensión reformista. Lo estamos viendo en la práctica desactivación de la estabilidad presupuestaria, en la gestación del petardo catalán, en la imposibilidad de fusionar los más de 7.700 municipios –el 95 por ciento del total– que, por tener una población inferior a los cinco mil habitantes, carecen de viabilidad con los recursos que proveen sus vecinos, y en el bloqueo por parte del presidente del Gobierno de cualquier debate sobre la reordenación constitucional de las comunidades autónomas. Y son los poderes sindicales, arropados por una izquierda en descomposición que busca desesperadamente un agarradero ideológico, los que, por otra parte, se enfrentan a cualquier atisbo de cambio en el Estado del Bienestar. A unas y a otros Mariano Rajoy se ha mostrado incapaz de enfrentarse para desarrollar el programa político que le condujo al poder, aun cuando goza del amplio margen que le proporciona su mayoría parlamentaria. Ya se ve que el conservadurismo ramplón no está hecho para el reformismo. Por ello, habrá que esperar a que alguien le diga, parafraseando al Bill Clinton que se enfrentó con George H. W. Bush: ¡es la política, estúpido!

«Nosotros los mercados»
César Vidal La Razón 29 Abril 2013

Entre el coro de necedades que el ciudadano escucha a diario se encuentran las referencias a «la dictadura de los mercados» o a «la tiranía de la austeridad». De creerlas, existen perversos especuladores que nos someten a su maligno capricho y nos imponen costosos sacrificios porque se complacen en oprimirnos. Ni que decir tiene que semejante descripción no tiene punto de contacto con la realidad y basta para comprobarlo ver cómo, al comprar deuda pública, los odiosos «especuladores» se convierten en «inversores».

La falacia –o estupidez– de estos planteamientos queda magníficamente de manifiesto en un libro de Daniel Lacalle, publicado por Planeta y titulado «Nosotros, los mercados». Lacalle, que cuenta con una amplia experiencia en los mercados financieros, demuestra que no estamos sufriendo los efectos de la austeridad porque ni la UE ni los gobiernos españoles han dejado de aumentar el gasto público de manera constante.

Señala igualmente que España no tiene la menor posibilidad de salir de la crisis si relaja el objetivo del déficit y si no recorta de una vez por todas gastos como el autonómico o el municipal, que apenas ha rozado el gobierno. La bajada de la prima de riesgo es una buena noticia, pero no se debe a Montoro, sino a factores externos, y –volviendo a Montoro– resulta totalmente imposible emerger de la crisis si antes no se producen drásticas bajadas de impuestos.

Eso por lo que se refiere a una crisis cuya salida, en realidad, no se percibe por ningún lado, por más que se anuncie para el año que viene. En relación con las consecuencias de no realizar los recortes indispensables, de no controlar el gasto autonómico y de no practicar una verdadera austeridad, Lacalle no puede ser más claro. Serán nefastas y nos conducirán, antes o después, a la suspensión de pagos.

No puede ser de otra manera porque la receta aplicada –subida de impuestos, aumento del gasto público y gasto injustificable y mantenido de ayuntamientos y comunidades autónomas– ya demostró en la época de ZP que tiene consecuencias nefastas. No puede ser de otra manera, porque, como no se cansa de repetir Lacalle, desde la desaparición del patrón oro el cien por cien de las situaciones de endeudamiento creciente acaban en quiebras con quitas masivas. No puede ser de otra manera porque la demagogia no puede sustituir a la gestión prudente de la economía. Merece, pues, la pena leer ese libro, que tendrá la virtud de desasnar a no pocos.

Partido Popular
En manos del grupo parlamentario
Emilio Campmany Libertad Digital 29 Abril 2013

Con el pasar de los años, el PP ha ido aprendiendo las mañas del PSOE. Ahora no sólo son igual de corruptos, sino que los dos partidos desean controlar el Poder Judicial, alimentan redes clientelares y desgranan el mismo discurso demagógico y populista. No sólo las mañas comparten, también la ideología. Convencidos de que la mayoría del electorado es socialdemócrata, los dos han acabado por aplicar el mismo programa, unos porque es el suyo y otros por creer que es el que le gusta a la gente. Y como ya se parecen como dos gotas de agua, a los cuadros populares les ha dado por hacer lo mismo que hicieron los socialistas, dejarse dulcemente conducir al suicidio por el inútil que tienen al frente.

Puedo comprender que a los populares, como a los socialistas, les importemos los españoles y lo que nos pase una higa. En cambio, no entiendo que no les importe lo que les pase a ellos y que, como los socialistas, permitan que un incapaz les dirija irremisiblemente al batacazo electoral. Es más, se arriesgan a que nunca vuelvan los españoles a confiarles el Gobierno de la nación y sean otros los que hereden el favor del electorado de derechas. No hay en ese destino ninguna inevitabilidad. El futuro de España y el del PP no están en manos de Rajoy, están en manos del Grupo Parlamentario Popular, esos 185 diputados responsables de haber puesto al frente del Gobierno a este hombre sin talla. Si no quieren deshacerse de él por haber traicionado groseramente el programa electoral con el que fueron elegidos, que lo hagan pensando en las próximas elecciones.

Ya sé que todos ellos apenas saben hacer otra cosa en esta vida que ser políticos y que dependen de los prebostes del partido para poder seguir en las listas en futuras elecciones, pero deben darse cuenta de que este hombre también se está cargando ese futuro porque van a perder un tercio o más de los votos que tuvieron en 2011 si le dejan seguir en La Moncloa. Ya no se trata de salvar a España, se trata de salvarse ellos. Tampoco es necesario que los 185 se rebelen de golpe y porrazo. Bastaría que un grupo de 30 o 40 empezara a hacer perder votaciones al Gobierno. Les sancionarán, pero no pueden privarles del acta de diputado.

También sé que, logrado el sueño de librarnos de este Gobierno, surgiría el problema de a quién entregárselo. Quizá eso fuera lo primero que tendrían que acordar esos 30 o 40 rebeldes. Y tendría que ser alguien a quien el resto no pudiera poner muchos peros. Sólo hay una persona capaz de evitar que, puesto su nombre seriamente sobre la mesa, alguien en el PP lo pusiera en entredicho. Y encima está obligado a acudir a la llamada porque es el responsable de haber entregado el partido a este estafermo que padecemos.

En sus manos estamos, señores diputados. Si no es por nosotros, háganlo por ustedes o por lo que quieran, pero por Dios háganlo.

Asesorar
Alfonso Ussía La Razón 29 Abril 2013

Se entiende que un Presidente del Gobierno cuente con un número estimable de asesores. Pero si son 245, no se entiende. Se admite que el defensor del Pueblo Vasco necesite ser asesorado por colaboradores que cubran sus desconocimientos. Pero si son 32, no se puede admitir. Se trata de poner dos ejemplos. En España, los políticos se dejan asesorar por más de veinte mil asesores, y el dato me preocupa. Cada día que pasa me apercibo con mayor claridad de mi nadería. Jamás he tenido un asesor. Bueno, tengo un asesor fiscal, pero a mi cargo, no al de los contribuyentes.

¿Qué es un asesor? Según la Real Academia Española, aquel que asiste, que ayuda a otro. Es decir, que la RAE se ha quedado corta en acepciones. Un asesor es el que ayuda y asiste a otro en asuntos que el otro no domina. Está claro que un Presidente del Gobierno no puede dominar todas las esquinas de la gobernación. Pero 245 esquinas se me antojan excesivas. Del mismo modo que un Defensor del Pueblo Vasco no está capacitado para defender como es su deseo a ese mismo pueblo vasco sin ayudantes que le asistan. Pero 32 son demasiados ayudantes. Y escribía que la RAE se ha quedado corta en sus acepciones, porque en España un asesor tiene más significados. Por ejemplo: Asesor: Enchufado. Asesor: Familiar del asesorado. Asesor: Amigo de toda la vida de la familia del asesorado que ignora lo que asesora pero percibe mensualmente una estimable cantidad de dinero por ignorar a qué se dedica. Y también me he quedado corto en las acepciones.

En el ámbito privado abundan asimismo los asesores. Una muestra. Cuando era niño e incluso joven, los banquillos en los campos de fútbol eran de muy reducida longitud. Ahí se sentaban el entrenador, el masajista, el portero suplente y pocos más. Ahora los jugadores convocados para sustituir a los alineados de principio, ocupan una segunda fila. Y en el banquillo se sientan el entrenador, el segundo entrenador, el entrenador de porteros, el entrenador físico, el médico, el ayudante del médico, el masajista, el que no hace nada y si queda un sitio en la primera fila, el tocador de balones. Pero son cargos asumidos por la iniciativa privada. Entre un buen tocador de balones y un mal tocador de balones median gloriosos y trágicos resultados.

En las listas electorales, y para no seguir engañando y sangrando económicamente a los contribuyentes, los candidatos harían bien en especificar entre paréntesis el número de asesores que precisarían en el caso de ser elegidos. De tal guisa, que el votante pudiera calcular lo que le va a costar en impuestos elegir a uno u otro. Es demagógico escribir que los asesores tienen que desaparecer. Son necesarios. Y muy útiles. Pero más necesarios y útiles si son muchísimos menos.

Hay asesores fundamentales y hay asesores que sólo sirven para ayudar a quitar los abrigos a los que visitan a los asesorados. Asesores de despacho y asesores de escaparate. Y existen políticos tan excesivamente asesorados, que se convierten irremediablemente en asesores. Por ejemplo, Mas, que cuenta con más asesores que el propio Presidente del Gobierno, es a su vez el asesor de la familia Pujol, y así les va a los Pujol, que no salen de una y ya están metidos en otra. Mas tiene aspecto de asesor y el remedio no pasa por acudir a una peluquería en pos de un cambio de imagen. El que nace asesor muere siéndolo. Y es muy bonito, pero ruinoso para los demás. Así que, a trabajar más y asesorarse sólo en lo imprescindible.

Rajoy renuncia y pide ayuda a la UE
Pablo Sebastián www.republica.com 29 Abril 2013

Lo peor de Rajoy es que, salvo que dimita o lo cese su propio partido, no hay manera de desprenderse de él al menos hasta el otoño de 2015, en las próximas elecciones generales. Ya no es cuestión de gustos o de opiniones sobre este personaje que está al frente de la arruinada nación española. Ha sido él mismo, con sus previsiones y pronósticos hasta 2016, quien ha hecho el retrato de su fracaso presente y venidero. Un cuadro macro económico con el que pretende asustar a los líderes de la UE, más de lo que ya lo están -por ejemplo con las tensiones sociales en el sur de Europa o con los disparos a los políticos de ayer en Italia- para que por fin Merkel, Draghi y Barroso bajen la bandera de la austeridad y den un respiro a las naciones más afectadas.

Ha sido Rajoy quien ha dibujado, con sus previsiones sobre el PIB, el déficit, el paro y la deuda de aquí hasta el 2016, el fracaso de su legislatura y las malas perspectivas electorales del PP para 2015. Y desde luego la renuncia de su Gobierno a implementar: un plan de choque contra el paro y por el crecimiento; y un gran pacto nacional para abordar esta crisis y la institucional, que no es menor. Solicitar a Rajoy además la reforma de la administración del Estado -y no digamos la democrática- y la reducción del gasto político, eso sería pedirle que vaya a la Luna volando y que nos traiga una flor.

Rajoy, se veía venir y él mismo nos lo anunció cuando decía que era una persona ‘previsible’, no es el político trabajador y audaz para el vigente momento español. Además se vanagloria de ello cuando dice que no hay que cambiar una política que nos llevó a los 6.200.000 parados, o cuando anuncia que no piensa cambiar su Gobierno y está orgulloso de su “trabajo, pundonor y coraje” (sic). A sabiendas Rajoy que el primer responsable es él y que sus ministros no están a la altura de tan grave situación y muchos de ellos bajo mínimos.

Su llamado segundo plan de estabilidad, presentado el viernes en la Moncloa, ha provocado una profunda decepción nacional (y en la UE), por cuanto, tras conocerse las desastrosas cifras del paro de la EPA, anunciadas el día anterior, no incluye medida alguna de choque contra el gigantesco desempleo nacional y contra la persistente recesión. Y lo más sorprendente de todo ello es que Rajoy y sus ministros dicen sin pudor que hay que esperar a ver qué pasa en el ¡año 2016! Que, en suma, es lo mismo que harán los inversores al conocer los pronósticos agoreros del Gobierno español. Y como si hiciera una gran confesión Rajoy, cazado por la prensa en Granada junto al ‘premier’ de Irlanda, nos dice ‘que es mejor decir la verdad que hacer castillos en el aire’. Lo mejor es sacar a España de esta crisis sin resignarse, con ambición y sin perder un minuto más.

Está claro que este Gobierno ha renunciado a dar la batalla contra el paro y la recesión, entra en la vía lenta de la resignación y pone a Europa como responsable de lo que pase a partir de ahora. Y da la impresión de que con la presentación de semejante y sombrío pronóstico de España (copiando las cifras del FMI) para los años 2013/2016, Rajoy quiere endosar en las espaldas de la UE toda la responsabilidad. De hecho ya ha conseguido dos años más para lograr al objetivo de convergencia del déficit público, y ahora ya no critica a Draghi o a Merkel abiertamente, a la espera de nuevas ayudas externas y diciendo que España no puede hacer mas.

Si esa es su astucia Rajoy se puede equivocar. Como cuando dice que los pronósticos presentados son muy ‘conservadores’ y que se pueden mejorar. E incluso empeorar en este año 2013 si el déficit no baja al 6,3 %, la recesión supera el -1,5 del PIB y el paro se acerca a los siete millones de parados. Y entonces ¿qué nos va a decir Rajoy? Pues la verdad mientras hace las maletas porque en ese caso tendrá que dimitir.

Impotencia absoluta
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 29 Abril 2013

Ninguno de los problemas estructurales que nos aprisionan fue mencionado.

La presentación del Plan Nacional de Reformas por parte del Gobierno el pasado viernes tuvo aires de funeral. Los tres comparecientes reflejaron en su lenguaje corporal, mezcla de incomodidad y de frustración, su deseo de que pasase de ellos lo antes posible ese cáliz.

Cuando un país se está hundiendo, con más de la mitad de sus jóvenes en paro, su deuda pública galopando imparable hacia la línea roja del 100% del PIB, su unidad nacional puesta en entredicho, 1.600 casos de corrupción en los tribunales y dos millones de hogares sin ingresos, no se puede convocar a los medios para parir ante el conjunto de los españoles un ratoncillo asustado.

La lista de medidas, dejando aparte la reiteración de las ya anunciadas hace tiempo como el pago del IVA de facturas una vez cobradas, es decepcionante: nuevas subidas de impuestos, mantenimiento de subidas tributarias anunciadas como temporales más allá de la fecha inicialmente fijada para su eliminación, recuperación de una unidad de mercado que nunca debió perderse y un estudio sobre los efectos de la última reforma laboral, acompañadas de la confesión de que el desempleo se mantendrá por encima del 25% hasta 2016, han sumido a los ciudadanos en el desánimo y la indignación.

Ninguno de los problemas estructurales que nos aprisionan fue siquiera mencionado por el trío melancólico. Ni la partitocracia antidemocrática, ni el desmesurado tamaño y la insoportable complejidad del Estado, ni el exceso de regulación, ni la inflación de organismos públicos, ni la lentitud de la justicia, fueron objeto de la atención de los ministros encargados de vender el renqueante velomotor en que se ha convertido el equipo ministerial. La mayoría absoluta ha degenerado en impotencia absoluta.

Más de lo mismo… como si nada
Fernando Glez. Urbaneja www.republica.com 29 Abril 2013

Las “Reformas 2.0? del Gobierno Rajoy apenas van más allá de las “Reformas 0.0? que el Gobierno anterior formuló en aquel proyecto ómnibus de más de cien folios, corta y pega, que no consiguió convertir en ley. La revisión de la política económica viene obligada por la Unión Europa que reclama anualmente la actualización del “Programa de Estabilidad” (a cuatro años) y del Programa Nacional de Reformas” a los miembros que no cumplen con los parámetros de convergencia.

Las explicaciones que dieron el viernes la vicepresidenta y portavoz del Gobierno y los dos ministros económicos principales significan que la oferta es “más de lo mismo” sin reconocer que los objetivos comprometidos hace un año están muy lejos del cumplimiento. Repasar los objetivos del programa del pasado año y contrastarlos con la realidad conduce a la desesperanza, sobre todo porque las justificaciones apenas van más allá de que Europa no va bien.

La mansedumbre de la presentación del viernes puede responder a que los ministros son conscientes de la gravedad de la situación, pero el discurso no va por ese derrotero; el Gobierno ratifica la pertinencia de su estrategia, “más de lo mismo”, insiste en la “consolidación fiscal”, los ajustes, aunque las cifras reales de los Presupuestos no lo confirman. La vicepresidenta expuso “22 ejes de actuación” y se refirió a ocho reformas, pero la audiencia de periodistas presentes en la sala se quedaron congelados por la ausencia de novedades, por la promesa de normas que en buena medida estaban ya prometidas.

Las expectativas e inquietudes que levantó la dramática cifra de paro de la última EPA se quedaron sin respuesta en el programa del Gobierno. La política oficial, tras perder otros ochocientos mil puestos de trabajo el año 2012, sigue con un libreto que no es eficaz. El diagnóstico de los problemas el lábil, o no están en la realidad o carecen de respuestas ante los problemas.

El Gobierno dice que hace lo que le sugieren desde Bruselas, sin sentido crítico, incluso con una aplicación mecánica que se agota en sí misma. Dicen que el esfuerzo realizado ha sido “titánico” y que lo conseguido supone un “acontecimiento histórico”, pero son palabras sin contenido, ni titánico ni histórico, más bien irrelevante. Como factores positivos y buenos ejemplos recuerdan que la prima de riesgo está en torno a 300 y que las empresas exportan más que nunca, pero la responsabilidad de esos datos es ajena al Gobierno. La prima baja por la estrategia del BCE (cuya sintonía con el Gobierno español es más bien baja) y la exportación es mérito de los exportadores que no responde a la política económica aplicada. La corrección del déficit de pagos, que alcanzó el 10% el año 2008, se viene haciendo desde entonces por imperativo de la realidad y la necesidad, no como consecuencia de las políticas del anterior o de actual Gobierno.

En resumen más de lo mismo, es decir poco; lo cual no alienta la esperanza y la confianza. La economía española se salvará por sus propios movimientos y por la inercia exterior. De la política económica del Gobierno cabe esperar muy poco, esta gente no está en los problemas reales y carece de ambición y de emoción para abordar los problemas. Además de tristes de solemnidad, son poco competentes. La decepción del viernes es la que produce un equipo superado y agotado. El presidente Rajoy necesita otro equipo, otros objetivos y otra estrategia; tiene mayoría parlamentaria y pleno poder en el partido. Si quiere repetir mandato tendrá que dar un volantazo.

fgu@apmadrid.es

El Plan que nunca existió
Primo González www.republica.com 29 Abril 2013

A Rajoy no sólo le ha faltado la escenografía (que quizás era lo de menos), también ha fallado estrepitosamente en el contenido. No hay nada en el pretendido Plan Nacional de Reformas del pasado viernes que destile la más mínima dosis de creatividad, de novedad, de apuesta por el futuro. Desde luego, nada de lo anunciado va a animar a los inversores a apostar por un país que se resigna a mantener un cuarto de su población inactiva en los próximos cuatro años (¿aguantaremos?) y en el que los impuestos vuelven a subir sin que se perciba el más mínimo atisbo de recorte del gasto. Y, por si fuera poco, en el que la deuda pública está a punto de recibir un nuevo visto bueno de Bruselas, para hacer más cómodo y dilatar el cumplimiento del objetivo de déficit, todo ello a costa de acelerar el aumento del endeudamiento público. Es sorprendente que Bruselas, a cambio de tan escasas muestras de cambio en la política económica, acceda a dilatar el tiempo de cumplimiento de unos objetivos que serán cada año más difíciles de cumplir por una razón fácil de entender: si la economía no crece, no habrá ingresos fiscales suficientes.

Los nuevos castigos fiscales a las empresas (recortes en Sociedades) y a los particulares (más impuestos especiales y un amenazante impuesto sobre los depósitos, que nadie sabe todavía en qué consistirá, pero que suena inquietante y hasta chipriota, además de la prórroga un año más del escalón adicional de tipos de gravamen en el IRPF) no son los enunciados principales de un ilusionante plan de relanzamiento de la economía. Nada más lejos. Ya el viernes se vio que los mercados reaccionaban con frialdad y con menosprecio a la vaciedad de las declaraciones del trío de ministros que salió a dar la cara, en ausencia una vez más del propio Mariano Rajoy, que en casos como este, que había sido presentado como un golpe de efecto para ilusionar a los agentes económicos y a las autoridades de Bruselas, debería dar la cara con objeto de exponer sus intenciones. Si el propio presidente del Gobierno se esconde y da escasas muestras de creer el plan que ha presentado, difícil será esperar que lo crean los demás.

En definitiva, no hay reformas. Más aún, las que se habían ido anunciando en los últimos meses siguen sin clarificarse. Todo parece una gran operación cosmética para persuadir a Bruselas de que debe acomodar sus exigencias de control del déficit presupuestario español a las posibilidades reales de este Gobierno de ir suavizando poco a poco el grandioso déficit que nos embarga. De momento, Rajoy parece tener solamente un arma de política económica, la espera. Es decir, esperar a que el tiempo pase y, con él, bajen los tipos de interés y el Estado pueda ahorrar dinero en la financiación del déficit.

Pero es una ilusión cargada de equívocos, porque el ahorro en el coste financiero del Estado se está viendo malgastado a causa de la subida del stock de deuda pública. Es decir, hay cada vez más deuda pública que financiar y esto es como una carrera, a ver quién añade más leña al fuego, si la deuda aumentando de volumen (camino del 100% del PIB) para exigir una mayor tarea de emisión de títulos y por lo tanto un mayor nivel de costes financieros o los mercados conformándose cada vez con menores retribuciones por prestarnos dinero.

Esta esperanza es vana por una sencilla razón: a medida que aumenta el stock de deuda, es decir, el dinero que está anotado en nuestro balance económico como deuda (en buena parte, frente al exterior), se incrementa la precaución de los inversores, que suele traducirse en rebajas de la calificación por parte de las agencias internacionales. El Gobierno debería enfrentarse cuanto antes a la realidad del déficit público, que está trasladando costes crecientes al capítulo de gastos públicos. Se sigue jugando con la falacia de que la caída de la prima de emisión está recortando nuestros gastos financieros. Es una verdad imperfecta.

Es verdad que al reducirse el tipo de interés, el coste medio de la deuda desciende y por ello el país “ahorra” gastos financieros. Pero la verdad final es que, al tener más deuda en circulación (porque cada año se le añade el importe del déficit del ejercicio), los costes financieros totales se disparan, por mucho que el coste medio de la deuda muestre una tendencia bajista. Estas cosas las sabe el Gobierno perfectamente, aunque siga empeñado en difundir el mensaje de que la caída de la prima de riesgo está abaratando nuestra deuda pública. En realidad, al pedir a Bruselas que nos “tolere” más déficit este año (un 6,3% del PIB), lo que está haciendo el Gobierno es ponerse una soga más para reforzar el ahorcamiento de la economía. La deuda española no puede ser eternamente financiable, independientemente de su volumen. Eso se lo han tolerado los mercados a Estados Unidos y a Japón. Pero nada de eso será posible en la economía española, porque ni somos la primera potencia económica del mundo ni tenemos la tasa de ahorro interna que tiene Japón para financiar a su Estado.

Política económica: Patada a seguir
Ignacio del Río www.republica.com 29 Abril 2013

La respuesta que ha dado el Gobierno a los seis millones doscientos siete mil parados ha recibido duros calificativos: agotado, fracaso, resignación, frustración, impotencia, incapacidad.

Desde el punto de vista de estrategia de comunicación, los datos de la encuesta de población activa exigían una comparecencia del presidente del Gobierno con una triple finalidad. 1. Transmitir un mensaje de esperanza a los ciudadanos parados que buscan empleo para que confíen en su política. 2. Transmitir un mensaje de confianza a los ciudadanos que trabajan, que siguen de pie, que cada lunes vuelven a sus actividades en las empresas, las administraciones públicas y las fábricas y sostienen con sus impuestos el país. 3. Y transmitir un mensaje a las instituciones europeas y a los mercados solicitando compromiso, complicidad activa y reiterando que pueden confiar en España.

Pero Rajoy no compareció ni hizo ninguna de estas tres cosas. En su ausencia, la vicepresidenta y los ministros de Economía y Hacienda se limitaron a describir la situación, como si fueran unos espectadores, asépticos, distantes y venidos de otra galaxia.

Se incluyó en la referencia que el Gobierno ha puesto en marcha setenta reformas que ya han sido presentadas otras veces y anunciadas en anteriores Consejos de Ministros.

A estas alturas, contar a los ciudadanos la regulación de la autoridad fiscal única, la Ley de Transparencia o la de Emprendedores es irrelevante. Al final o al principio, según se vea, el Gobierno rectificaba su cuadro macroeconómico, confirmando las correcciones que se hicieron desde la presentación de los Presupuestos generales por instituciones internacionales y servicios de estudio. Y lo que queda es un escenario de contracción económica que solo confía en una reactivación de la demanda y la inversión exterior después de las elecciones alemanas y que presenta unas previsiones de paro por encima del 27 por ciento, sin horizonte de recuperación antes del 2016 y una reafirmación de la subida de impuestos.

Ni pacto con las demás fuerzas políticas ni reformas radicales de las estructuras políticas y administrativas.
Lo que se ha llamado reestructuración del sistema financiero exigía una fusión de las Cajas nacionalizadas bajo el paraguas del Instituto de Crédito Oficial, con una estructura jurídica única y un programa estratégico volcado en reactivar la demanda interna y financiar proyecto de inversión creadores de empleo. Que el Gobierno presente los bussines angels como una medida reactivadora del empleo es equivalente a tratar con aspirinas una neumonía.

Si los activos tóxicos se han colocado en el Sareb – por cierto, tiene algún plan estratégico, además del retributivo de su estructura- los activos sanos reclaman una Banca pública debidamente dimensionada y que en el medio plazo pueda ser vendida para recuperar lo que ha aportado el Estado. ¿Pero si los propietarios de las Cajas eran las Comunidades y los Ayuntamientos?

Entre las quejas, también las del sector bancario sano, al que se le han “impuesto” aportaciones “voluntarias” y otras obligatorias para incorporarse al saneamiento de las Cajas de Ahorro, lo que retira capacidad de créditos y prestamos al sector privado.

Sin una bajada de impuestos, empezando por las retenciones, no se va a incentivar la demanda interna. Sin financiación no habrá inversión ni creación de empleo. Sin una reforma radical de la ocupación por los partidos políticos de cargos de libre designación en Ayuntamientos, Comunidades y empresas públicas- que sorprendentemente han incrementado sus empleados- no se trasladará los ciudadanos un mensaje ejemplarizante.

¿Dónde han quedado los principios del Partido Popular que aplicó el Gobierno de Aznar de privatizaciones, reducción de impuestos, liberalizaciones y todos los cargos, desde subsecretario para abajo, funcionarios públicos?

¿Y la reducción de altos cargos y supresión de asesores de designación digital en gobiernos sin que puedan acreditar más que su vinculación con el aparato del partido?
Rajoy ha declarado en Granada, junto al presidente de Irlanda que el Gobierno ha presentado el peor escenario, asentado en las peores previsiones y nos pide paciencia.

De momento, la impresión general es que el Gobierno ha dado lo que en el rugby se llama,”una patada a seguir”, en la que el balón se lanzan hacia delante con un alto vuelo y los jugadores corren a su recepción. Veremos si se recoge bien o acaba en manos del equipo contrario.

El lobo de la Alhambra
Marcello www.republica.com 29 Abril 2013

Las nieves inesperadas de la primavera se han posado generosas sobre el Mulhacén y los habitantes salvajes de la Sierra Nevada, temerosos de caer en la trampa blanca, han bajado a la ciudad y algunos de ellos se han refugiado en los mismísimos jardines de la Alhambra, ahora milenaria y hace mas de 500 años, el edén nazarí del rey Boabdil.

Siempre se ha dicho que el hombre es un lobo para el hombre, y casos hay en los que el hombre lobo se ha convertido en pesadilla cercana a la realidad y ajena a los más terroríficos relatos de los libros de ficción. De ‘lobos solitarios’ se califica ahora a los dos chechenios del terror de Boston, y lobos salvajes en España haylos desde Sierra Morena a los montes de León, y de un tiempo a esta parte en crecientes manadas.

Pero ¿y en la política? Pues como en todas las actividades del ser humano, en la política también hay lobos solitarios, y algunos de ellos camuflados bajo una rolliza piel de oveja, pero con las patas y las orejas negras como tizones. Por ejemplo, me ha causado una extraña impresión el peludo cuello que Rajoy le mostró ayer en su visita a la Alhambra de Granada a su homólogo irlandés, Enda Kenny, y a cuantos le acompañaban.

Ya sabemos que el jefe del Gobierno español no es precisamente una persona atildada o cosa que se le parezca, sino más bien algo desgarbado. Por ello hay días que se pinta el pelo color caoba y otros de negro zaino porque no quiere que se le vean las canas de la cabellera. Las mismas que inundan su raída barba, pocas veces cuidada y que debería de llevar con el cuello afeitado –que se fije en el Príncipe Felipe- porque eso de que le salgan pelos desde el borde del cuello de la camisa hacia la barbilla no está nada bien.

Salvo que esa frondosidad sea consecuencia no del desaliño sino de una poderosa fuerza interior que, al socaire de la luna llena de Granada, haya desatado la maldición del hombre lobo sobre las espaldas de nuestro admirado presidente, Mariano Rajoy, el de las calzas verdes, el único político Español que tiene colgados cinco cuadros suyos –como si del conde Drácula se tratara- en otros tantos ministerios por donde pasó (Administraciones, Educación, Interior, Presidencia y Vicepresidencia), y pronto tendrá un sexto como presidente, cuando deje el cargo galopando hacia la sierra y aullando al anochecer.

Algo muy extraño le está pasando a Rajoy porque además no hila con facilidad sus palabras cuando está en plena metamorfosis. Por ejemplo, en la breve rueda de prensa que ofreció con el irlandés al que llamó presidente en lugar de primer ministro, Rajoy no paró de equivocarse extrañamente una y otra vez. Por ejemplo: les dijo a los periodistas ‘ustedes sean’ por ‘ustedes saben’; el vocablo ‘estado’ no sabe pronunciarlo (desde niño) dice ‘estao’; dijo, sin que se le entendiera lo que quería decir, algo así como que ‘los pequeños empresarios son los que crean las clases medias’; y al belga Van Rompuy, le llamó Van Rompoi.

Y todo ello con ese latiguillo que repite hasta la saciedad de ‘esto es muy importante’. Y luego con el estribillo de la seriedad: ‘esto es muy serio, vamos en serio’, o España es un país serio. Lo que vino a decir con los ojos inyectados en sangre como si se fuera a lanzar, de un momento a otro, sobre el cuello el irlandés Kenny (otro que anda con problemas legislativos sobre el aborto) y dicho esto la metamorfosis repentina debió de darle un apretón porque cortó la incipiente rueda de prensa de sopetón.

Este hombre, Mariano, debe de estar sufriendo mucho con lo de la crisis económica, el paro, el Rey, Artur Mas, Bárcenas y todo eso que le quita el sueño. Y semejante cúmulo de problemas deben de estar en el origen de su peluda transformación, y de esa mirada entre soberbia y feroz que le acompaña, y quiera Dios que un día de estos no se fije en su vicepresidenta y se la coma a dentelladas en dos bocados como si fuera Caperucita Roja, alias Soraya Sáenz de Santamaría, la que debería pedir la protección del CNI por si acaso.

Ana Pastor que es médico y que ha tratado alguna vez dolencias y aprensiones de Rajoy debería echarle un vistazo al presidente y, de paso, analizar su velludo aspecto y tomarle la tensión. Lo de ayer en Granada es preocupante y alguien debería tomar medidas preventivas no vaya a ser que un día de estos nos llevemos otro sofocón.

El nuevo examen europeo de Rajoy y sus polémicas reformas
Javier Fernández www.lavozlibre.com 29 Abril 2013

España atraviesa de nuevo un momento difícil. Es el país con más déficit de la eurozona y tiene que pasar el examen de la Comisión Europea el próximo 3 de mayo. El Gobierno está haciendo méritos y piensa aplacar sus exigencias con un cuadro macro realista y un nuevo impulso reformista. Lo más grave es que esta segunda recesión de la Gran Crisis, que comenzó en 2007, es ya más larga que la primera de 2008-2009. El denominado plan nacional de reformas revisado -el primero se anunció en junio de 2012 y se presentó el pasado mes de septiembre- se basa en tres pilares que son la rebaja de pensiones, la subida de la luz y la liberalización de las profesiones. Son tres medidas dirigidas a bajar el precio de los productos con la única finalidad de seguir avanzando en la devaluación interna para cumplir el objetivo de vender los productos ‘made in Spain’ más baratos en el exterior.

La primera fase de las reformas del Gobierno del PP ha logrado la reforma laboral y la del sector financiero, ambas con un balance bastante positivo. En primer lugar, ha logrado bajar los costes laborales unitarios y flexibilizar un poco el mercado laboral. Todo un éxito. Sin embargo, todo el mundo sabe que no es suficiente. Será necesaria una segunda vuelta de tuerca que desjudicialice el mercado laboral. El segundo éxito ha sido la reforma del sector financiero. Es una de las piezas claves para hacer posible la recuperación de la economía nacional. Junto a las diversas medidas impulsadas por el Gobierno para restaurar la liquidez-solvencia del mecanismo de medios de pago, la aprobación por el Eurogrupo de una aportación de hasta 100.000 millones de euros destinados a sanear las instituciones de crédito crea el marco de condiciones adecuado para resolver los problemas de la Banca española. El problema es que igual que la reforma laboral necesita otra “vuelta de tuerca”, la reforma financiera también tiene su lado oscuro. Aunque la estrategia de saneamiento restructuración del sistema financiero español logrará reactivar los flujos crediticios al sector privado, es complicado que esta hipótesis se materialice a lo largo de 2013 e incluso hasta muy avanzado 2014. Luis de Guindos aprovechará la segunda fase de las reformas para impulsar mecanismos de financiación alternativos a la Banca que faciliten el flujo de crédito a las pymes. Todo ello con un objetivo que es reducir la fuerte dependencia del sector bancario que es una de las más elevadas de Europa y se sitúa en el 80%.

El nuevo plan de reformas también tiene como objetivo continuar con la devaluación interna y pondrá el foco en un factor determinante como es la fijación de precios en la energía. El coste energético es el segundo factor, después del laboral, en la formación de precios. Para reducirlo, el Gobierno tendrá que tirar de las centrales nucleares que, al estar amortizadas, es la energía más barata y limitar al máximo las termosolares porque son las más caras. El Ministerio de Industria está soltando con cuentagotas lo que van a ser las líneas maestras de la nueva Ley de Energía que quiere aprobar en junio próximo. Quiere cambiar el mecanismo de fijación de retribuciones del ‘pool’, el mercado mayorista donde se compra y se vende diariamente la electricidad que se produce. Se basa en que en los últimos tiempos existe un exceso de capacidad de generación y con diversidad de actores.

Las reformas del nuevo Plan de Estabilidad, que se completan con la liberalización de los servicios profesionales y las ayudas a los emprendedores, van dirigidas a ganar el favor de Bruselas. El Gobierno español está en negociaciones con responsables de la Unión Europea para relajar los objetivos de déficit de los próximos años con los que se ha comprometido y que requieren en la actualidad que España reduzca su déficit en 2014 por debajo del 3% del PIB, el límite para los países de la UE. Con la publicación de la cifra definitiva de déficit de 2012 se da el primer paso para que la Comisión decida si relaja a España el objetivo del 4,5% para este año y si le da hasta dos años más para llegar al umbral del 3%. El Ejecutivo comunitario debe verificar en primer lugar si España respetó el año pasado el compromiso de ajuste fiscal estructural. La conclusión preliminar de Bruselas es que este requisito se ha cumplido y por ello el vicepresidente económico, Olli Rehn, no ha pedido nuevos recortes en 2013. La segunda condición se verificará el 3 de mayo, cuando la Comisión publique sus previsiones económicas de primavera y confirme que las perspectivas de crecimiento para España han empeorado en relación al momento en que se fijaron los objetivos.

Demasiados medios de comunicación españoles que cultivan la mentira y la antidemocracia
Francisco Rubiales Periodista Digital 29 Abril 2013

Buena parte de los medios de comunicación españoles y de los periodistas destacados, aquellos que pueden influir directamente en la opinión pública, están cargándose de ignominia y son casi tan culpables como los políticos del desastre de España por cultivar la mentira y practicar la antidemocracia en su mas amplio espectro.

Como ha denunciado el alemán Die Welt, ante el desastre económico de los países del sur de Europa, entre ellos España, prefieren acusar a Alemania de colonialismo y de nazismo antes de reconocer la verdad de que sus gobiernos son corruptos, ineficaces y culpables directos de la ruina que les afecta.

El artículo de opinión, titulado "Una cuestión de decencia" y firmado por el periodista Ulrich Clauss, se lamenta la proliferación de imágenes de Angela Merkel con bigotes hitlerianos y de mensajes "groseros" y "anti-alemanes" en países como España, Italia, Grecia y Chipre.

En España, concretamente, ningún periódico o televisión es capaz de afrontar directamente los dos problemas mas graves que afectan al país: el primero es que toda su clase política está infectada de corrupción y es la principal culpable del desastre de la economía y de la ética; la segunda es que el país no es una democracia, una verdad conmovedora que los periodistas y los medios ocultan de manera activa hablando constantemente de "la democracia española", un fantasma inexistente en un país sin controles al poder de las castas políticas y los partidos, sin una Justicia independiente, sin separación de poderes, sin que el ciudadano pueda elegir sin trabas a sus representantes, sin castigo para los corruptos y sin defensa alguna de la verdad, sin una información limpia al servicio del ciudadano y sin una ley que sea igual para todos.

Es una verdadera lástima que tenga que ser la prensa extranjera la que desvele las grandes verdades de España, una vergüenza que reedita lo que ocurria en tiempos del dictador Franco, en los que había que leer la prensa internacional para saber la verdad sobre España.

Ese ocultamiento de la verdad carga de ignominia y de culpa a los periodistas españoles y sus medios de comunicación, incapaces de sumarse a la necesaria lucha que algunos ciudadanos aislados están librando, de manera desigual, contra el poder inmenso de los corruptos y los antidemócratas que controlan el poder.

Delante de las propias narices de los medios de comunicación españoles, sin que sus periodistas salten como un resorte para denunciarlos, se han cometido los abusos más indecentes y los peores atentados contra la ciudadanía. Los medios no se han lanzado al cuello del poder por sus violaciones de la ley al infectar lo público de corrupción; no se han denunciado las mentiras del poder y los incumplimientos de los programas electorales, lo que invalida y deslegitima la democracia; tampoco se ha denunciado el robo a los ciudadanos mediante las participaciones preferentes; no se ha denunciado la terrible contaminación de la Justicia, ni el hecho indecente en democracia de que los partidos políticos nombres a jueces y magistrados; tampoco se ha resaltado que existe un auténtico clamor popular, desatendido por los partidos políticos, como es habitual en España, que exige el fin de la financiación de los partidos y sindicatos con dinero procedente de los impuestos ciudadanos; los medios han silenciado el abuso de poder que representa que los españoles, que padecen sueldos bajos e insuficientes, estén pagando, proporcionalmente, los mayores impuestos de toda la Unión Europea; finalmente, nadie ha denunciado que los últimos gobiernos, sin publicidad y con disimulo, hayan metido la mano en los fondos de la seguridad social reservados para pagar pensiones y los hayan mal invertidos en comprar deuda española.

Hay otras mil fechorías, maldades y canalladas del poder silenciadas por los medios y por periodistas influyentes que silencian los dramas para seguir cobrando como colaboradores en los grandes medios. Las cajas de ahorro han sido saqueadas sin que la prensa lo denunciara como sus ladrones políticos y sindicales lo merecían, quizás porque esas cajas tenían cuentas generosas de publicidad con los medios. Nadie habla de las torturas camufladas, de los abusos policiales, de los desahucios injustos, de los miles de políticos que no pueden justificar sus abultados patrimonios, de los abusos de las organizaciones patronales y sindicales, de la inflación de empresas, instituciones, observatorios y otros muchos chiringuitos del poder, creados para colocar allí a los familiares y militantes. Nadie denuncia, por último, que el mayor problema de España es su degradada e inmoral clase política, ni que el Estado español, construido por los políticos, es tan injusto, enorme y costoso que si fuera adelgazado y limitado a su dimensión racional, más de la mitad de los problemas de financiación del país desaparecerían de manera fulminante. Ni siquiera se denuncia con la contundencia que merece el hecho dramático de que los ciudadanos rechazan masivamente a sus políticos, desconfían de ellos y transforman, poco a poco, ese rechazo en odio.

Seguir hablando de "la democracia española" en las presentes circunstancias es, por lo menos, una indecencia que descalifica a los periodistas sometidos y a buena parte de los degenerados medios de comunicación españoles, incapaces de servir a la verdad y dedicados por entero al servicio de sus amos y financiadores.

Voto en Blanco

El efecto depresivo del gasto público y los impuestos
Diego Sánchez de la Cruz Libertad Digital 29 Abril 2013

Hace apenas unas semanas, el equipo de estudios del Banco Central Europeo publicó el informe “Composición fiscal y crecimiento a largo plazo”, elaborado por los economistas António Afonso y João Tovar Jalles. Las conclusiones son ciertamente interesantes para los debates intelectuales y controversias político-económicas que se están dando en Europa.

El informe toma datos de países desarrollados para el periodo 1970-2008, y concluye que “el aumento de los ingresos públicos no tiene impacto en el crecimiento mientras que el aumento del gasto público tiene efectos negativos para el crecimiento”. Ampliando el estudio al resto de la OCDE, Afonso y Tovar Jalles encuentran que tanto el aumento de la recaudación fiscal como el aumento del gasto público se traducen en menores ratios de crecimiento del PIB per cápita.

Hablando del aumento de los ingresos, Afonso y Tovar Jalles determinan que los impuestos más dañinos son los que se aplican de forma directa a las rentas personales y empresariales, lo que parece apoyar la tesis de quienes piden rebajar dichos tributos y volcar la recaudación hacia la imposición indirecta. El estudio también señala que su efecto es más dañino cuanto más se aleja el déficit público del umbral del 3% del PIB fijado por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

En cuanto al gasto público, Afonso y Tovar Jalles determinan que el aumento del gasto y los subsidios no solamente no tiene un impacto positivo en el crecimiento del PIB, sino que tienen un efecto negativo. Esto coincide con un interesante informe del Fondo Monetario Internacional que determinó en 2011 que, en países con deuda pública superior al 60% fijado para la Eurozona, las llamadas “políticas de crecimiento” o “de estímulo” tienen un impacto fuertemente negativo en el crecimiento económico.

Conozca el tipo de políticas de “austeridad” que ha sacado a Canadá, Suecia, Alemania o Estonia de la crisis haciendo click aquí.
http://www.ecb.int/pub/pdf/scpwps/ecbwp1518.pdf
http://www.imf.org/external/pubs/ft/wp/2011/wp1152.pdf
https://diegosanchezdelacruz.wordpress.com/2013/03/26/austeridad-y-euroesclerosis/

Andalucía
El sectarismo feroz de Canal Sur
Pedro de Tena Libertad Digital 29 Abril 2013

El acoso político, ahora maquillado ante los ciudadanos con la denominación de escrache, ha sido, es y será siempre una forma violenta y, por ello, antidemocrática de actuar contra la libertad de unos ciudadanos a los que se pretende, literalmente, acojonar con la amenaza de violencias mayores si persisten en defender sus ideas y ser cómo libremente han decidido ser y comportarse. Seguramente habrá muchos antecedentes históricos, pero en los siglos pasados han sido las izquierdas y los nacionalistas, nazis o terroristas, los que lo han practicado de manera sistemática. Hay una forma superior, más sibilina, furtiva y canallesca de practicar el acoso: la sistemática manipulación televisiva en favor de una opción política. Con ella se cuela el acoso en los hogares, se desacredita y atemoriza al adversario señalado como "el enemigo" y se va edificando una realidad inexistente que se pega a la conciencia de la gente como una lapa. Es lo que hace y ha hecho Canal Sur desde su fundación.

La radiotelevisión pública andaluza nunca fue concebida como un instrumento al servicio de la democracia y de los ciudadanos andaluces, sino como un artefacto al servicio de un partido, el PSOE. Desde el principio, puesta en manos de sectarios inmisericordes, sus puestos fueron cubiertos a dedo por su primer director general –de lo que hay pruebas contundentes–, con lo que constituyó una casta político-periodística –alimentada por los siguientes mandamases– que desprecia al PP y a todo adversario del PSOE y que, desde el advenimiento de IU al Gobierno andaluz, se ha plegado a acentuar aun más si cabe los ataques, abiertos o enmascarados, a los adversarios del régimen que ha sido incapaz de elevar Andalucía a la altura de las regiones más ricas de España. Es más, viendo sus informativos o leyendo sus noticias, parece que el régimen socialista, casi 32 años, no ha existido y que todos los males andaluces proceden del PP, partido que no ha gobernado nunca en Andalucía.

Tanto insertando imágenes e insinuaciones impropias (se relacionó a Ana Botella con Strauss-Kahn, a Rajoy con la pederastia, al ex secretario general Antonio Sanz con el chófer de la cocaína de los ERE, a Rosario Soto, exportavoz del PP, con la operación Malaya y Javier Arenasa con Berlusconi, por poner sólo unos ejemplos) como en el día a día, seleccionado enfoques que ayudan al PSOE y a IU (se habla más de Rubalcaba y crecientemente de los líderes del comunismo patrio que del Gobierno de España, al que se machaca de forma grosera), no tiene ningún respeto por esa casi mitad de los andaluces que han votado al PP. Este Canal Sur, penetrado por la izquierda hasta el tuétano, no es ni podrá ser jamás un medio de información público, sino un aparato deformativo para el acoso cotidiano a los adversarios de la izquierda instalada, en lo político, en lo social, en lo religioso, en lo cultural e incluso en lo deportivo.

Por poner últimos ejemplos, los ERE e Invercaria apenas existen y se prima la versión oficial de la Junta, y de Manuel Pastrana, el ugetista cogido con unas pocas de manos en la masa, sólo se cuenta que no se presentará a la reelección. Y, cómo no, mientras Rajoy y el PP son presentados como la causa de que Andalucía sufra altas tasas de paro y pobreza: no se menciona que el régimen de la izquierda gobierna desde hace tres décadas. Que este acoso inmisericorde del adversario político lo paguen todos los andaluces es un cachondeo que no tiene otro remedio que la libertad de información y opinión desde el pluralismo informativo, dando paso a canales privados de ámbito nacional y regional. A ver si el PP andaluz coge el toro por los cuernos, denuncia este acoso sistemático donde sea menester y propone en su programa nuevos canales privados para el futuro.

Unidad de destino
Enrique López La Razón 29 Abril 2013

Como decía Ortega en «La rebelión de las Masas», «no lo que fuimos ayer, sino lo que vamos a hacer mañana juntos nos reúne en el Estado». Una lectura detenida de todas su obras nos lleva a la conclusión de que Ortega nunca se planteó el estudio del concepto de nación como un tema unívoco y específico, pero sí se pueden establecer ciertas conclusiones, y la más clara es que amaba el concepto de nación, pero aborrecía el de nacionalismo, entendiéndolo como un concepto agresivo, tribal y excluyente, muy alejado de su proclamada aspiración de alcanzar una idea integradora y plural de España, una realidad entendida como «gran unidad histórica» y como «unidad de destino», que habrá de converger junto a las demás grandes naciones de Europa en un espacio de convivencia común, en la realidad ultranacional sobre la que algún día se edificará el Estado supranacional europeo.

Ya nadie duda de la vocación europeísta de Ortega. Nuestra integración en Europa es hoy nuestro mejor aliado para superar la crisis, si bien no podemos esperar de Europa una suerte de taumaturgia que haga desaparecer por arte de magia nuestros problemas propios, más allá del retraimiento del mercado europeo. España es, como acabo de referir, algo más que nacionalismos centrípetos y centrífugos, la vieja lucha de «cierra España» o «periferia al poder». Como decía Ortega, es una gran unidad histórica y una unidad de destino, de tal suerte que de ésta, o salimos unidos y todos juntos, o implosionaremos.

Si analizamos nuestra historia, no podemos olvidar que hemos sido el segundo gran imperio del mundo, después del romano, el primero, y que junto con el actual de Estados Unidos, son los tres grandes imperios hegemónicos que ha habido en la historia mundial. Desde su arrumbamiento, y salvo la guerra de la independencia, en la que conseguimos expulsar a los franceses, quitándonos de encima a Napoleón, siempre hemos abordado crisis y guerras domésticas, en las que nos hemos enfrentado de forma fratricida, y sobre todo suicida, demostrando que somos capaces de hacer lo mejor y también lo peor, y que tenemos una gran capacidad de autodestrucción. Por lo general, la falta de proyecto común es lo que nos aboca a estos procesos autodestructivos, y por contra, cuando nos planteamos un proyecto común, lo solemos hacer muy bien. Unidos fuimos el primer país que le ganó la guerra al todo poderoso Napoleón, y unidos forjamos las bases de nuestra transición y actual democracia.

Ahora nos enfrentamos a un momento extremadamente difícil, que no hace falta describir porque ya está todo dicho. Este momento no permite agendas propias, ni permite proyectos personales y colectivos excluyentes. Quien hace esto juega con fuego en un espacio lleno de gasolina. Pero la sensación que a veces se trasmite es la contraria: luchas intestinas en el seno de las instituciones, claros y manifiestos proyectos personales, etc. Aunque no obedezcan a la realidad, el hecho de que así parezca y así se trasmita ya es peligroso. Por eso, no sólo es el momento de permanecer unidos, al margen de que cada uno haga lo que tenga que hacer, y esté en su sitio, es el momento de transmitir a la sociedad la sensación de unión, proyecto común y unidad de destino. Si se logra transmitir la idea de proyecto común y esfuerzo colectivo en el seno de todas las sustituciones, se podrá exigir un auténtico compromiso ciudadano. Nadie puede dudar de los pasos dados para superar la crisis en la que estamos, pero si no bien no podemos dejar de atender la profundidad de la misma, con graves consecuencias económicas y sociales, tampoco podemos olvidar que encuentra parte de sus profundas raíces en el individualismo y en el relativismo que distorsionan la concepción de comunidad.

La esperada y deseada racionalización de nuestras administraciones no sólo debe producirse por una necesidad de adecuar nuestro aparato administrativo a las necesidades de una sociedad como la nuestra, que exige más eficiencia y menos representación administrativa, sino y sobre todo para dar ejemplo a una sociedad que ya se está ajustando a la nueva situación. Por eso resulta cuando menos frustrante que todavía haya responsables políticos que estén mas pendientes de la existencia de un determinado órgano administrativo o judicial en su pueblo o comunidad, y que no apuesten por el adelgazamiento racional y eficaz de nuestra administración. Ahora bien, tampoco es el momento de proponer apresuradas reformas globales de nuestro modelo democrático; se puede hacer mucho sin necesidad de transformar nuestra Constitución. Estamos en un momento de tormenta, y cuando arrecia, la embarcación debe ser pertrechada para soportar los embates del mar y no para remodelarla o pintarla. Decía el historiador británico Arnold Joseph Toynbee, que una nación permanece fuerte mientras se preocupa de sus problemas reales y comienza su decadencia cuando puede ocuparse de los detalles accesorios.

¿Es que no hay otra forma de votar?
Pedro de Hoyos Periodista Digital 29 Abril 2013

En Islandia acaban de votar a aquellos que los llevaron a la ruina. La izquierda, presunta salvadora del país, ha demostrado su ineptitud y ha sido rechaza por el pueblo. En España, cambiando los términos, estamos en la misma situación: Tuvimos un izquierda inepta, patética, que no sabía de economía y pretendía aprender en un par de semanas, que se fumaba brotes verdes y que nos llevó a una catástrofe de gastos inútiles, gastos que no servían para crear riqueza, sino sólo puestos de trabajo momentaneos en tapias, rotondas y carriles bici, nada que creara riqueza permanente.

Y como los islandeses, votamos –votaron- a los que no habían cometido tamaña memez para sacarnos del embrollo. Y pasó, está pasando, lo que pasó: Más de seis millones de parados, hambre, tensión, padres sin trabajo, hijos emigrantes, familisa viviendo de l apensión de los abuelos... El fracaso de Rajoy –Tajoy- va por los mismos carriles de Zapatero, que desembocan en vía muerta. O en un precipicio, al tiempo.

Al final, si la diosa centroeuropea no lo remedia, volveremos como los islandeses a elegir a aquellos que nos llevaron a este sinsentido que permite que los más ricos sean más ricos a costa de los más pobres. Y vuelta a empezar. Y cuatro años después sustituiremos a los sustitutos con los sustituidos, que pasarán a su vez a ser sustitutos… Y vuelta a empezar. Hasta que cuatro u ocho años después…

Siempre he pensado que la historia es una espiral, que no dejamos de dar vueltas en torno a los mismos problemas, con características distintas en cada generación, en cada vuelta de la espiral… pero no se me había ocurrido pensar que cada vuelta de espiral no fuese una generación, sino cuatro añitos, tan breves.

Me reniego, no puede ser, no me da la gana que sea así, que no haya más, que nos conformemos con los mismos dos de siempre cuya ineptitud, inutilidad e ineficacia han quedado patentemente demostradas. ¿Es que no hay más opciones? ¿Es que no hay otras personas capaces? ¿Es que no hay otras organizaciones políticas con infraestructura suficiente? ¿Es que tenemos el voto teledirigi
do? ¿Tan limitados somos de entendederas? ¿Tan manipulados estamos?
¿Será, por tanto, que votamos lo que nos dicen y que consecuentemente tenemos lo que nos merecemos? ¿Será que los medios de comunicación controlan nuestras ideas, nuestros pensamientos y por lo tanto nuestros deseos e intenciones?

Les agradecería, estimados lectores, que se manifestaran a favor o en contra con rotunda claridad en sus comentarios Por favor, sáquenme de esta duda: ¿Somos tontos o es que esto nos gusta?

Un marco fiscal orientado a un crecimiento económico Arthur Laffer.mov
La revista de la fundación de Aznar publica un artículo que reclama eliminar impuestos
El divorcio entre FAES y el marianismo tiene nombre: Arthur B. Laffer
"Si se grava a la gente que trabaja, no se sorprendan si tienen un 25% de desempleo"
Antonio José Chinchetru. Periodista Digital 29 Abril 2013.

Pocas veces se ha visto un divorcio similar entre un Gobierno y el 'think tank' del partido sobre el que se sostiene como el que puede observarse actualmente entre el Ejecutivo de Mariano Rajoy y la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales. Creada a partir de la fusión de varias fundaciones previamente existente del PP, incluyendo una que tenía el mismo nombre, FAES fue un proyecto personal de José María Aznar con el que pretendía dotar de ideas a su formación una vez que se apartara del poder en 2004. No parece que sus aportaciones teóricas calen en los altos cargos 'populares' que gobiernan España en la actualidad.

Se trata de un divorcio especialmente llamativo si se tiene en cuenta que no faltan en entre los altos cargos del Gobierno, y del equipo directo de Rajoy, personas provenientes de FAES. Jorge Moragas, director de Gabinente del jefe del Ejecutiv, fue varios años director del Área de Internacional de la fundación de José María Aznar, mientras que el secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz, fue el número dos del ex presidente, al ocupar el puesto de secretario general de FAES.

El Gobierno de Rajoy se estrenó, nada más llegando al poder, aprobando un incremento temporal del IRPF para 2012 y 2013. Como queriendo confirmar ese principio de los economistas según el cual toda subida temporal de impuestos termina convirtiéndose en definitiva, el viernes 26 de abril de 2013 el Ejecutivo anunció que el citado incremento se mantiene al menos para 2014. En la actualidad el tipo máximo está en 52%, 13,7 puntos por encima de la media de la UE (donde sólo superan a España Suecia, Dinamarca. Bélgica y Portugal).

Tras la subida del IRPF llegó la del IVA, a pesar de que el Ejecutivo sostuvo que incrementaba el Impuesto de la Renta sobre las Personas Físicas para no tener que subir el del Valor Añadido. El 1 de septiembre de 2012, el tipo general pasó del 18% al 21%, mientras que el reducido pasó de 8% al 10%. Además, algunos bienes y servicios que tributaban con el reducido o el súper reducido (4%) pasaron a hacerlo con el máximo. Estas subidas de la presión fiscal son las más llamativas pero no las únicas. El último caso ha sido el anuncio el 26 de abril de 2013 de nuevos impuestos especiales, todavía sin concretar, y a los depósitos bancarios y nuevas tasas medio ambientales. Con estas, son ya treinta las subidas aprobadas por el Ejecutivo de Rajoy.

Y como para confirmar la validez de la conocida como 'Curva de Laffer' el Informe mensual de recaudación tributaria correspondiente a febrero de 2013, publicado en abril, recoge que los ingresos tributarios totales del Estado cayeron en términos interanuales un 11,1%. En ese periodo, la recaudación por IRPF bajó un 5,2 y la correspondiente al IVA lo hizo en un 5,9%. Esta evolución negativa podría explicarse precisamente a través de las teorías del autor de la citada curva: Arthur B. Laffer.

LAFFER FRENTE A MONTORO
Y es este autor el que, involuntariamente, deja patente el divorcio entre FAES y el Gobierno de Mariano Rajoy. La revista de 'Cuadernos de pensamiento político' de la fundación presidida por Aznar publica en su número de abril-junio de 2013 un artículo de FAE Arthur B. Laffer titulado 'Un marco fiscal orientado al crecimiento', en el que propugna precisamente la reducción de impuestos. Se trata, en paridad, de una versión escrita de la conferencia que ofrecíó el 29 de junio de 2012 en el Campus FAES --El mundo al revés: Laffer pide bajar los impuestos y el PP decide subirlos--, en la que se refirió al IRPF y el impuesto de sociedades como "asquerosos" o proclamó:

¿Se imaginan que hubiera un IVA con un tipo único del 12,5%? Sería maravilloso.

El artículo entero es una enmienda a la totalidad a la política económica del Gobierno de Rajoy. Aunque habla de EEUU, sus propuestas tienen vocación de ser válidas para cualquier país. Reproducimos algunos de los párrafos que podrían crean un mayor malestar en el Gobierno de Rajoy e irritar especialmente a Montoro:

Hace dos años, el primer ministro [de Reino Unido] Cameron introdujo la mayor subida de impuestos , del 40% al 50%. Las cosas no han salido muy bien. Los ingresos has descendido muchísimo. Pensaban que aumentarían, pero han descendido, y el país ha subido una recaída en la recesión. Eso no debería sorprender.

ALTOS IMPUESTOS Y PARO
Nunca he oído hablar de un impuesto económico para la prosperidad. Quizás me lo he perdido. Si gravas a la gente que trabaja, y pagas a la gente que no trabaja, ¿necesito pronunciar la siguiente oración? No se sorprendan si tienen un 25% de desempleo.

Se deberían eliminar todos estos impuestos [sociedades, ganancias de capital, al consumo, IRPF, cotizaciones de los trabajadores y las empresas...] y en su lugar introducir dos impuestos de tipo único. Uno sería el impuesto de tipo único sobre las ventas netas de las empresas, vosotros lo llamáis IVA, pero este sería un IVA integral, sin deducciones, excepciones ni exclusiones, un tipo único para todos (...) Y el otro impuesto sería sobre la renta bruta no ajustada, con una deducción o dos basadas en teoría económica. Nada más (...) Y tendríamos dos impuestos de tasa única de menos del 12% cada uno.

Las últimas frases parecen estar escritas directamente para reprochar al Ejecutivo de Rajoy en general, y a Montoro en particular, su política económica y fiscal:

Todo el mundo sabe cómo poner en marcha la economía: un impuesto de tipo único bajo, limitación del gasto, moneda sólida, comercio libre y regulaciones mínimas. Y luego apártense del camino y dejen que el sistema ruede. Crearán todos los puestos de trabajo que puedan necesitar.

Periodista Digital se ha puesto en contacto por teléfono con FAES para recabar su opinión sobre este distanciamiento entre la fundación y el Gobierno de Rajoy. Aunque desde la fundación se comprometieron a dar una respuesta lo antes posible, horas después de la primera llamada (en la segunda fue imposible hablar con el área de prensa), el 29 de abril de 2013 a las 6 de la tarde no se ha recibido contestación algun

******************* Sección "bilingüe" ***********************
¿Por qué no estalla España?
Javier Orrico Periodista Digital 29 Abril 2013

La respuesta es, penosamente, obvia: porque no existe alternativa ni, por tanto, esperanza. La izquierda, que es la que maneja las calles, insiste en su demanda de un aumento del gasto público y del tamaño del Estado, que es el disparate que nos ha traído hasta aquí: comunidades, diputaciones, veguerías, mancomunidades, ayuntamientos, sindicatos y empresas públicas de todas y cada una de estas instituciones, creadas bajo la especie de agilizar la administración, y convertidas en la práctica en los nichos de empleo de esas únicas empresas de España que son los partidos políticos y los chupetines sindicales. Y la derecha liberal, que es la que debiera haber encabezado el desmontaje del socialismo (desnatado, zapatero, burgués, pero socialismo, lo de arriba, el Hiperestado) que ha llevado a España a la ruina, se desangra atrapada en su propio clientelismo, en las estructuras creadas por los socialdemócratas de las regiones, no tanto por razones ideológicas (que también, en el caso de los muchos socialcristianos del PP), sino por razones personales y familiares, el nepotismo tradicional de la Hispania imperial, extremado por las luchas partidarias y la perversa necesidad de reocupar las sociedades previamente tomadas como botín por los socialistas.

Si a esto le añadimos el nacionalismo, que es totalitario por definición, y cuyas demandas incesantes obligaban (sí, para ser iguales, sí, señor Lara, estamos hasta los mismísimos de aguantar que sólo vascos y catalanes tengan derechos) a las demás regiones a obtener las mismas prebendas, cerramos el círculo nada virtuoso de una nación deshecha por un Estado gigantesco, informe, inmanejable y ruinoso.

Justo al revés de lo que la Historia nos enseña: las naciones siempre fueron construidas, ‘formateadas’, por los Estados. España es, una vez más, originalísima en su modo de hundirse: en primer lugar, porque su tragedia es que nunca llegó a ser un verdadero Estado moderno, igualitario, pues que no la dejaron los vascolanes. Y, en segundo, porque es ese no Estado el que acaba con ella, convertido en un cáncer de crecimiento imparable. El Estado es el cáncer de España, un tumor con el que nadie se atreve y en el que la corrupción no sólo es inevitable, sino que es su alimento y su consecuencia. Cuanto mayor sea su tamaño, cuanto más dinero maneje, cuanto más intervenga en las relaciones económicas y las vidas de las personas, más posibilidades hay, porque es humano, de que se dé la corrupción. Necesitamos justo lo contrario: un Estado pequeño, decente y fuerte, no este Estado-elefante y a la vez disgregado, débil y, por ello, corrompible y corrompido.

Y lo que más desalienta es la confusión a que cretinos y canallas que se dicen revolucionarios han llevado a un pueblo que pide más cáncer, payo, que tengo poco. ¿Cómo se puede hablar de austericidio (erróneo término, pero acertado por sociata ignorancia logse: no es el asesinato del pueblo a manos de la austeridad, sino al revés: la muerte de la austeridad, aunque se diga lo contrario) cuando España en 2012 ha gastado 70.000 millones de euros más de lo que ingresó? Sin contar lo de los bancos. ¿Qué pijo de austeridad es ésta? Pero, claro, la izquierda (y traen como alternativa al ¡Partido Comunista!) no se atreve a desmontar el Estado porque es el suyo y es de lo que come. Y la derecha tampoco se atreve, además de por los propios, porque les tiene pánico a los nacionalistas, en lugar de ponerles el puente de plata que tantas cosas nos resolvería, empezando por aclararles a vascos y navarros que se acabó el concierto y que aquí tocamos todos o les van a pagar a ustedes las pensiones en Kosovo.

Y así vamos, con una economía hecha estatua de sal y unos bancos que cogen dinero barato del Banco Central Europeo (la malvada Merkel, que nos paga las putas, con perdón, y nos quejamos) para comprar deuda cara del Estado, cuya inacabable necesidad de financiación drena la pasta que debería ir a la gente y a las empresas. Pero Espanya nos roba. Y es cierto. Lo que pasa es que viendo la deuda de cada comunidad, la que más nos roba es Cataluña. No, perdón, Catalunya, que es otra cosa.

Nuestra razón de Estado
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR. ABC  29 Abril 2013

DIRECTOR DE LA FUNDACIÓN DOS DE MAYO, NACIÓN Y LIBERTAD

Los españoles no hemos perdido la idea y la realidad del Estado como producto de una victoria final del secesionismo. Las hemos perdido como resultado de un desafío al que no se ha sabido responder, encogidos los ánimos por una extraña indiferencia o un grave complejo de inferioridad

La historia lo aguanta todo. Hasta las ensoñaciones heroicas de los nacionalistas, sus juegos de manos identitarios, destinados a saciar la nostalgia de un infinito fundacional y la gloria de una estirpe mitológica. En los tiempos en que se constituyó nuestra cultura, en las épocas en las que el Mediterráneo se estructuraba en una conciencia de civilización, matriz de Europa y embrión de nuestros valores, se distinguía entre el relato histórico, dedicado a proporcionar la relación rigurosa de los hechos, y el bello esfuerzo de la poesía épica, que inculcaba a los acontecimientos el sentido sagrado de un origen y el futuro místico de un destino alentado por la providencia de los dioses.

El nacionalismo que, a diferencia de todos los países de nuestro entorno, sufrimos en la desdichada arena de nuestra actualidad política, se siente mucho más cómodo en las voluptuosas metáforas de las construcciones legendarias que en la modesta entereza de la reflexión histórica. Poco debería sorprendernos, porque el nacionalismo no aprecia la veracidad de los hechos, sino su eficacia simbólica, su poder reivindicativo, su magia identificadora. Los nacionalistas siempre se presentan como verdaderos portavoces de la historia pero, como bien saben los españoles sometidos a su fantasiosa gestión cultural, pocas veces se habrá tomado el nombre del pasado tan en vano.

Las amargas experiencias del siglo XX pueden demostrarnos que el nacionalismo nunca es el fruto de los tiempos de confianza, sino el hijo predilecto de las épocas de inseguridad. Siempre surge cuando el futuro se abre, libre y exigente, cuando problemas angustiosos ponen a prueba nuestro civismo, cuando una coyuntura difícil nos exige asumir nuestras responsabilidades y no escondernos bajo el manto protector del populismo. Los nacionalistas no desean combatir la incertidumbre con una toma de conciencia que puede ser dolorosa, sino adormecerla con la feliz ensoñación de los tranquilizantes. Poco les importa lo que pueda haber de ficticio en sus vehementes afirmaciones de justicia histórica. Poco les interesa la lucidez cívica que pueda transmitir el conocimiento de la historia; lo que de verdad les fascina es la emoción patriótica inflamada por la épica de sus sucedáneos.

El nacionalismo catalán es el que ha tenido una mayor eficacia en la difusión de un amplio repertorio de argumentos culturales. Se ha llegado a un punto en que hasta sus propuestas de secesión parecen derivar no sólo de la identificación entre la cultura catalana y el catalanismo, sino de la equiparación de cultura y nacionalismo. Demasiadas veces se ha dicho ya, sin que parezca inmutar a quienes debería, que, por su naturaleza excluyente, el nacionalismo tiene serias dificultades para encajar en una concepción democrática de las relaciones políticas. Los nacionalistas protestan ante estas acusaciones indicando que siempre han respetado la existencia política de otras opciones. Faltaría más que no lo dijeran. Pero resultaría sorprendente que actuaran en consecuencia. Lo sería, en efecto, que su respeto pasara por dejar de llamarse nacionalistas, lo que solamente puede indicar que a ellos corresponde, como a nadie, la defensa de lo que se empeñan en llamar una nación. Porque, a fin de cuentas, si Cataluña aparece así definida, es porque el nacionalismo ha conseguido imponer la hegemonía de su perspectiva y su lenguaje. Y ahora podemos calibrar cómo esa denominación ha perdido toda su inocencia, para exigir unos márgenes de realización soberana que nada tienen que ver con el Estado de las Autonomías, convertido en simple parada en un trayecto que, al parecer, sólo los nacionalistas tenían claro.

Para el nacionalismo catalán, se ha alcanzado un punto de llegada que es, a la vez, la plataforma de arranque de un proceso de secesión. Quiere hacernos tragar, con la inaudita osadía que se alimenta de los años de impunidad intelectual, vivida en Cataluña y fuera de ella, que lo que hay ante nosotros es fruto de la evolución del catalanismo político surgido en el cruce de los siglos XIX y XX. El actual secesionismo no sería una ruptura, sino una culminación. Pero la historia no se entrega sin resistencia a la malévola gestión de los políticos nacionalistas ni al patriotismo a sueldo de algunos historiadores. La historia no reconoce en el actual secesionismo nada que tenga que ver con el catalanismo conservador, ni con el republicanismo popular que siempre pensaron en Cataluña como parte de España. Y, desde luego, nadie podrá creer en serio que una de las tradiciones sociales más importantes de la Cataluña obrera del primer tercio del siglo XX, el sindicalismo anarquista, haya venido a parar en la pintoresca demanda de un Estado propio.

Pero la gran mentira es la que, como siempre, resulta tan obvia como la carta del relato de Allan Poe, invisible a todos los que la buscan por encontrarse precisamente en la bandeja del vestíbulo reservada al correo. Y es que Cataluña, por mucho que lo nieguen los nacionalistas, ya tiene un Estado: tiene las instituciones, la organización de poder, la autoridad política, la representación parlamentaria, la capacidad legislativa que el conjunto de los catalanes se dieron cuando votaron la Constitución de 1978 y, sólo en función de ella, el Estatuto de autonomía elaborado por sus representantes.

El nacionalismo no ha dejado de gobernar en solitario o de estar presente en el gobierno de la Generalitat desde 1980. Los votos de los catalanes han sido decisivos para la formación de todos los gobiernos de España desde la instauración de la democracia. Cataluña ha ejercido constantemente su derecho a decidir. No hay, por tanto, continuidad alguna entre las reivindicaciones autonomistas que articularon la sociedad catalana desde comienzos del siglo XX y el secesionismo actual, ni entre el catalanismo como movilización de una conciencia nacida en la sociedad y lo que estamos viendo en los últimos treinta años. Una disciplina impuesta por los instrumentos al servicio del poder político: el sistema educativo, los medios de comunicación públicos y los mecanismos de promoción social asegurados por la deriva clientelista de nuestro régimen autonómico.

La ruptura existe, también, en otro ámbito en el que deberá quizás llamarse a la movilización de la sociedad española y a la actuación responsable de quienes tendrían que liderar nuestro compromiso nacional: el derecho de los españoles a un Estado propio. Los españoles no hemos perdido la idea y la realidad de aquél como producto de una victoria final del secesionismo. Las hemos perdido como resultado de un desafío al que no se ha sabido responder, encogidos los ánimos por una extraña indiferencia o un grave complejo de inferioridad. Sólo estas dolencias pueden explicar que hayamos permitido que nuestro debate institucional se haya podido normalizar como impugnación de las bases constituyentes de nuestra nación y nuestro Estado. Si España es una nación con plena soberanía, de la que emanan todos los poderes del Estado, debemos fijar en sus instituciones democráticas nuestra voluntad colectiva de ser, constituidos como ciudadanos libres, dotados de una conciencia integradora, poseedores de una tradición común y animados por una misma empresa. Esa es nuestra legítima, nuestra urgente, nuestra necesaria razón de Estado.


Recortes de Prensa   Página Inicial