AGLI Recortes de Prensa   Martes 14 Mayo 2013

Un gobernante que no gobierna
EDITORIAL Libertad Digital 14 Mayo 2013

Difícilmente se podrá encontrar una colección de voces autorizadas en el campo de la economía más amplia que la que le está pidiendo a Mariano Rajoy que ejecute las muchas reformas que España necesita: la Comisión Europea, el BCE, la OCDE, Fedea, el BBVA, relevantes empresarios...

El último en sumarse a la lista ha sido el comisario europeo de Empleo, Asuntos Sociales e Inclusión, László Ándor, que ha reclamado un contrato "único y abierto" como solución para el terrible problema de desempleo que sufre nuestro país.

Es cierto que el laboral ha sido prácticamente el único campo en que el Gobierno ha emprendido reformas de cierto calado, pero incluso aquí, donde más osado ha sido, Rajoy se ha quedado a medias.

Porque la reforma laboral del PP va por el buen camino, sí, pero ni elimina las mil trabas a las que un empresario se enfrenta a la hora de crear puestos de trabajo ni aborda alguno de los problemas más profundos, como la famosa dualidad: el abismo que separa a los trabajadores en activo desde hace tiempo, con contratos a largo plazo y derechos económicos reconocidos, de los que intentan abrirse camino por primera vez –ahí están las tasas de desempleo entre los jóvenes– o los que necesitan reengancharse tras un tiempo en el paro –ahí están las cifras de parados de larga duración–.

No es, desde luego, la única reforma necesaria, todos los expertos y organismos antes citados coinciden en que es imprescindible hacer cambios también en el campo fiscal y liberalizar al máximo sectores anquilosados de la economía; amén de reducir, de una vez por todas, el monstruoso tamaño de las Administraciones Públicas.

Reformas todas de verdad estructurales, no como lo que recibe tal apelativo tras los Consejos de Ministros de prácticamente todos viernes. Reformas que sería más que positivo aplicar, aunque fuese sólo en parte, pero que Rajoy no parece dispuesto a acometer de ninguna de las maneras.

Y es que el presidente del Gobierno ha apostado por una forma cuanto menos llamativa de ejercer su función: no gobernar, dejar que escampe y, como los toros sin fuerza, pararse en el centro de la plaza, en la esperanza de que toda esa locura a su alrededor se detenga por ella misma.

Pero tanto en el coso como en la política, el manso y el marmolillo acaban en la arena, sólo el toro extraordinariamente bravo puede aspirar al indulto. Lo peor es que, por desgracia, la puntilla de Rajoy puede ser la de toda España.

Rajoy premia la deslealtad catalana
Pablo Sebastián www.republica.com 14 Mayo 2013

El Gobierno de Rajoy está dispuesto a conceder a Cataluña, y probablemente a Valencia y Baleares, una demora del ajuste de su déficit público en línea con lo que la UE ha hecho con España y ante los graves problemas financieros catalanes (el gobierno de CiU prorrogó los Presupuestos por falta de apoyo parlamentario). Una decisión la de Rajoy que puede ser razonable si no fuera porque coincide con la escalada de la deslealtad del gobierno catalán con la Constitución y la legalidad con nuevas iniciativas independentistas como: la declaración de soberanía que suspendió el Tribunal Constitucional; la comisión parlamentaria para seguir el referéndum ilegal; o los mensajes de las embajadas catalanas contra España. Y todo ello utilizando fondos públicos del Estado, lo que induce a pensar en un presunto delito de malversación de fondos públicos.

A lo que tenemos que añadir que este trato diferencial catalán, bajo la amenaza de la independencia, incluye una nueva ruptura de la igualdad y la solidaridad interregional, lo que constituye un serio agravante que no solo afecta, como autor, al Gobierno de Rajoy, sino también a los grandes partidos de la izquierda: al PSOE de Rubalcaba y a IU de Cayo Lara. Con lo que ya tenemos, al menos en este asunto, un gran pacto nacional para socorrer fiscalmente a los independentistas catalanes, que han hecho bueno el refrán de “el que no llora -o no chantajea al Estado- no mama”.

Y así vamos tirando, vivaqueando en este asombroso país llamado España en el que los políticos se quejan del desafecto ciudadano del que ellos son los principales y primeros responsables, sin que existan muchas excepciones -en este caso solo UPyD- y mientras se nos acumulan problemas de toda índole y especialmente el paro, amén de otras económicas a institucionales, para las que no hay ni grandes ni pequeños acuerdos nacionales, sino petición de Rajoy a los ciudadanos de ‘paciencia’ y mensajes de resignación hasta 2016.

Y todo ello mientras seguimos jugando al despiste con la UE, que exige más reformas a España en el ámbito laboral y de pensiones, y cuando el ministro De Guindos, negando el rumor de ‘corralito’ en la banca española que han lanzado los diarios ingleses, nos asegura que España no tiene la intención de pedir un segundo rescate de la banca al fondo MEDE de la UE, lo que está por ver.

En todo caso lo de no hacer frente, políticamente hablando, a los continuos desafíos independentistas del gobierno catalán es algo muy propio del inmovilismo proverbial de Rajoy cada vez que tiene que enfrentarse a serios problemas políticos. Y redunda en la escasez de liderazgo y empuje del presidente del PP. Cuestión de fallido liderazgo en la que no le va a la zaga Rubalcaba desde el PSOE, partido que precisamente en Cataluña mantiene una más que lamentable posición a través del PSC a favor del referéndum de autodeterminación, lo que es absolutamente ilegal e impropio de un partido democrático y progresista por cuanto bajo todo este debate subyace la ruptura de la unidad y la solidaridad nacional.

Naturalmente no faltarán mensajes a media voz procedentes del palacio de la Moncloa, insinuando que esta ayuda a Mas podrá bajar el ritmo de su reivindicación soberanista. Pero probado ya está que cada vez que el Gobierno de España ha hecho nuevas y generosas concesiones al autogobierno catalán, los nacionalistas han utilizado ese impulso como una victoria para avanzar hacia la ruptura final.
www.pablosebastian.com

El ‘sorpasso’ rajoyino
Fernando Díaz Villanueva www.gaceta.es 14 Mayo 2013

Es llegar al Gobierno con mayoría y desarrollar el programa del contrario.

En la Italia de los setenta el Partido Comunista se había hecho muy poderoso, mucho más de lo que nunca lo fue el español. A mediados de aquella década gobernaba en ciudades principales como Bolonia o Nápoles y era la fuerza política más importante en prácticamente todos los municipios grandes del país. Que el PCI llegase al poder era cuestión de tiempo, pensaban por entonces politólogos, periodistas y trincones profesionales, que de estos últimos en Italia siempre hubo muchos, casi tantos como en España. El momento mágico en el que los comunistas se pondrían a la cabeza se denominó “sorpasso”, que en italiano quiere decir adelantamiento. A quien tenían que adelantar era a la Democracia Cristiana, el partido-mafia que marimondeaba el país desde el final de la guerra. El sorpasso nunca se produjo. A partir de los 80 el comunismo empezó a perder adeptos en todo el mundo. Italia no fue una excepción.

La gente veía por la tele las colas que hacían los moscovitas para comprar una barra de pan duro y se les quitaba la tontería en el acto. La revolución, que sólo diez años antes parecía tan atractiva, se había quedado en nada. Por aquella época, además, empezó a instalarse en los puestos de mando toda la purria sesentayochesca, y ahora que les tocaba a ellos no iban a desmontar el tinglado.

Los comunistas italianos siempre soñaron con sorpassare al adversario desde la oposición. Luego, ya en la poltrona, harían lo que les viniese en gana. Las cartas estaban sobre la mesa: “Como ganemos, y vamos a hacerlo, os vais a enterar pero bien enterados de lo que vale un peine”. De aquello nadie se acuerda ya, han pasado cuarenta años y la memoria es muy débil, especialmente desde que Rubalcaba implantó la LOGSE a mayor gloria del aprobado general.

En España hemos vuelto a inventar el sorpasso, aunque esta vez a la inversa. Nuestra aportación corre a cargo del PP sorayí y rajoyano. Carece de teoría, es todo práctica, práctica que consiste en llegar al Gobierno con mayoría absoluta y desarrollar hasta sus últimas consecuencias el programa del contrario. Que la Pesoe gastaba, nosotros gastamos más. Que la Pesoe subió el IVA dos puntos, nosotros lo subimos tres, y, de propina, subimos el IRPF y damos treinta zapatillazos fiscales en un año. Que la Pesoe era ecologista, pacifista y feminista, nosotros somos todo eso y, para que no se queje el respetable, le metemos un plus de mala leche y caras largas.

El sorpasso a la española no se hace desde la oposición, sino desde el Gobierno, de ahí su novedad. No está pensado para atornillarse al poder durante cien años, sino para dejarlo en una legislatura, o menos. Luego, pasado el mal trago, los legítimos propietarios del BOE volverán y ralentizarán los avances del cuatrienio rajoyino, no vaya a ser que los marhuendas se cabreen y salgan de manifa con las víctimas del terrorismo, o con los autónomos, o con los antiabortistas. La grandeza de nuestro sorpasso reside ahí, en su eficacia. Es un acelerador de progreso. La arriolada definitiva.

La hemorragia legislativa
Francisco Muro de Iscar Estrella Digital 14 Mayo 2013

No es fácil gobernar un país ni defenderlo ante el exterior ni explicar lo que nos pasa si las leyes son tantas y están tan mal hechas que no ayudan a la seguridad jurídica, las estadísticas son incorrectas y por tanto no sabemos de qué estamos hablando, somos incapaces de llegar a acuerdos, todos queremos gastar más de lo que tenemos y nadie nos adelanta lo que necesitamos salvo que paguemos un interés imposible. Lo dijo en Los Desayunos de Europa Press el presidente de la patronal CEOE, que también se mostró en contra del contrato único y que apostó por reducir el déficit y concluir las reformas si queremos salir algún día de esta crisis.

Rosell es optimista, tal vez porque los emprendedores no pueden permitirse el lujo de pensar que no hay salida
Pese a todo, Joan Rosell es optimista, tal vez porque los emprendedores no pueden permitirse el lujo de pensar que no hay salida. Pero algunas de las cosas que expuso deben hacernos reflexionar. Ofreció un dato revelador: en España existen 39.000 normas -leyes, decretos, reglamentos- a nivel nacional y ¡161.000! a nivel autonómico, éstas últimas producidas en poco más de treinta años, desde la transición. ¿Necesitamos tantas leyes? Una hemorragia legislativa de tal calibre -3.000 normas estatales al año y 10.000 autonómicas- no sólo hace imposible que cualquier abogado sea capaz de procesar ese disparate sino que cualquiera que quiera instalarse en España se lo piense dos veces por la inseguridad jurídica que produce tal fenómeno "paranormal".

Leyes, como la de las tasas, que se modifican tres meses después de promulgarse y otras que lo hacen cuatro y cinco veces en poco tiempo. O impuestos, como el del IRPF que, según Rosell, ha tenido 55 modificaciones en un año. Por eso el presidente de la CEOE, cuando le preguntaron si era partidario de hacer cambios en la reforma laboral aprobada hace poco por el Gobierno, dijo que no es partidario de endurecer las leyes, sólo de cumplirlas. Y que los cambios legislativos, esos que hace cada día este Gobierno y el anterior y el otro no son inocentes, provocan cambios que tienen consecuencias muchas veces nefastas.

Y todo eso si no hablamos de anuncios de cambios legislativos que luego se quedan en nada o se hacen al contrario de lo prometido. Todo menos un poquito de coherencia. La ley del aborto que ahora resulta que no ha tratado el Gobierno cuando Gallardón había explicado hasta la última coma de los cambios. O la reforma del Consejo General del Poder Judicial, también Gallardón, que es lo contrario de lo que llevaba el PP en su programa. O la Ley de Servicios Profesionales, con borradores de padre desconocido. O la reforma de los Registros públicos para que mil registradores hagan bien lo que no pueden hacer 8.000 funcionarios. O poner a los notarios a casar y a descasar y a los procuradores a ejecutar, cobrando, las sentencias que los juzgados sin incapaces de hacer gratis. O leyes de dos Ministerios que se contradicen sobre un mismo asunto. Podemos seguir.

UKIP, nacionalismos y el declive de Europa
DANIEL REBOREDO, Historiador. EL CORREO 14 Mayo 2013

El auge nacionalista en el seno de la UE solo se explica parcialmente por la crisis de la idea o de la realidad europea

Una nueva realidad se abre paso peligrosamente en el continente europeo desde la prolongación, y metamorfosis, de la crisis nacida en EE UU en el año 2007, que inicialmente afectó al sistema bancario y a las instituciones financieras privadas y que más tarde se transformó en una crisis económica, política y social, tal y como actualmente la conocemos y padecemos. Y esa realidad no es otra que el incremento de movimientos nacionalistas que tienen como bandera el debilitamiento, cuando no la destrucción, de la construcción europea. La situación que vivimos beneficia a los nacionalismos. Les resulta mucho más fácil, a causa de las dificultades de Europa y de sus países miembros, invocar la defensa de los intereses nacionales contra los tecnócratas de Bruselas, sus normativas y su incapacidad de reactivar el crecimiento y garantizar el empleo. Los tiempos de crisis otorgan una cierta lógica al hecho de pedir la salida del euro para el propio país, en cuestionar la construcción europea, en repudiar la inmigración, en hacer ostentación de la identidad nacional y en rechazar todo lo que dé la sensación de socavar la cohesión y la homogeneidad de la nación (la diversidad, el multiculturalismo). Poco importa que los programas económicos sean escasamente realistas, el truco radica en satisfacer las pulsiones nacionalistas y en agregar a los argumentos económicos el discurso del miedo, del odio y del resentimiento.

Y en esas estamos cuando irrumpe en el drama europeo un nuevo actor (realmente no lo es aunque su mayor protagonismo sí), el Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP) que en las recientes elecciones municipales consiguió un 15% de los sufragios. Fundado en 1993 por Alan Sked y otros miembros de la Liga Antifederalista y del ala escéptica del Partido Conservador, hace gala de su euroescepticismo, de la defensa de los valores tradicionales y de su rechazo a la inmigración y, en su momento, nació oponiéndose al Tratado de Maastricht y la adopción del euro. Ya en 1997 obtuvo tres eurodiputados en las europeas, Michael Holmes, Jeffrey Titford y su actual líder desde 2010, Nigel Farage, que, obviamente, no trabajaron por los intereses comunitarios. David Cameron tiene un problema con los eurofóbicos de Farage, que ha ampliado las expectativas de su grupo gracias a una mezcla de ideología conservadora y liberal, a unas altas dosis de populismo excluyente y a una crisis económica que ha empobrecido a muchos británicos y que ha llevado a otros muchos a la indigencia y al hambre aunque esto no se recoja en la prensa internacional (el número de personas que recibe ayuda alimentaria de la fundación británica Trussell Trust se ha quintuplicado desde 2010 y llega ya a 346.992 personas que no tienen nada, la tercera parte niños). Los años de coalición conservadora-liberal demócrata y sus duros planes de ajuste han menguado drásticamente el nivel de vida. El presupuesto anunciado por George Osborne, a finales de abril, prolonga esta política desastrosa con nuevos recortes presupuestarios que hunden más al país tal y como muestra la revisión de las previsiones de crecimiento dadas por la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (tasa de crecimiento del 0,6% en lugar del 1,2% inicialmente previsto).

La desesperación que esta situación conlleva es un inmejorable caldo de cultivo para partidos como el UKIP, ya que la crisis favorece el progreso de las ideologías de una sociedad cerrada y el antieuropeísmo de los nacionalistas en el seno de la Unión. Si a ello añadimos que Gran Bretaña se ha mostrado siempre reacia a Europa, lo que refleja no sólo su historia sino también una visión diferente de la UE, y que para los británicos la dimensión económica ha sido siempre más importante que los objetivos políticos que eran de suma importancia para los líderes de la posguerra en Alemania y Francia, para quienes la paz era un objetivo esencial, podemos entender con más claridad la situación actual. Su postura, que recuerda a la de Churchill, es la de apelar a una mayor integración fiscal y política, a la unión bancaria y al liderazgo político, pero sin su participación.

El auge de los nacionalismos en Europa sólo se explica parcialmente por la crisis de la idea o de la realidad europea y debe mucho a otros principios, distintos de los directamente europeos. En este sentido es imprescindible recordar que el paradigma del nacionalismo xenófobo, racista e islamófobo es Suiza, país que no forma parte de la Unión. Recordemos, asimismo, que los principales nacionalismos en Europa se pueden agrupar en dos bloques; el primero integra a los que funcionan a escala del Estado-nación, obtienen buenos resultados en las elecciones y cuentan con representantes en el Parlamento europeo (Frente Nacional francés, Partido Austríaco por la Libertad, Jobbik húngaro, Partido del Pueblo Danés, Partido de la Libertad de los Países Bajos, los Verdaderos Finlandeses, UKIP británico, etc.); el segundo incluye a aquellos que cuestionan el que la nación que representan forme parte de un Estado mayor, solicitan más autonomía o la independencia, pretenden dotar a su nación de las atribuciones de un Estado y son un mayor desafío para éste que para una Unión de la que se proclaman parte (nacionalismos escocés, catalán y vasco, flamenco, etc.).

La Unión puede resistir el embate de ambas tendencias mediante una reactivación política frente a la crisis económica actual e impulsando fórmulas que combinen rigor presupuestario y retorno al crecimiento. No sabemos cuál será el desenlace de la crisis europea actual, pero es poco probable que sea una prolongación del statu quo. O conseguimos más Europa, en la forma del algún tipo de unión política, o menos Europa, con una desintegración de la eurozona. Cualquiera de los escenarios tendrá implicaciones para la política de las naciones sin Estado, las regiones y el nacionalismo.

Izquierda Unida
El sóviet de los gandules
Pablo Molina Libertad Digital 14 Mayo 2013

Los vagos votan a Izquierda Unida. Es lo correcto, porque el comunismo consiste en robar el producto de los más capaces para repartirlo entre los gandules y los resentidos, menos la parte que los regímenes marxistas se quedan para sus gastos de funcionamiento, que en poco tiempo suele llegar al cien por cien de lo recaudado. En sus filas también encontramos profesores de la universidad pública particularmente penosos, jovenzuelos descerebrados de buena familia que se hacen comunistas para fastidiar a popó e incluso algunos descendientes de honrados trabajadores, que forman en las filas vociferantes de la izquierda callejera con sus banderas soviéticas y sus camisetas con la imagen del psicópata de la boina, pero a estos últimos el virus se les pasa en cuanto comienzan a pagar impuestos y casi todos acaban convirtiéndose en liberales como Dios manda.

Nada más coherente con la ideología comunista que el que su formación de bandera (republicana, por supuesto) proponga en el Congreso de los Diputados un plan quinquenal para pulirse 140.000 millones de euros con la pretensión ficticia de crear puestos de trabajo con cargo al Presupuesto. He ahí la solución al paro: todos funcionarios, qué coño; así se acaba de paso con la explotación de la clase trabajadora por el capital. Y los que no puedan entrar en nómina del gobierno con esta pastizara, o jubilados prematuros o jovenzuelos activistas con paga mensual, la llamada renta básica, de forma que puedan seguir creciendo como personas asistiendo a cursos de dinamización sociocultural o explorando la dimensión sinfónica del bongo.

Hacen bien los comunistas españoles al presumir de proyecto económico, dada la buena acogida que sus chorradas suelen recibir en todo el arco político y el entusiasmo que despiertan en cierto ámbito mediático. Un país cuya clase política se opone al unísono a la simplificación de su frondosa jungla laboral, como piden con insistencia las voces más autorizadas, merece tener un plan delirante elaborado por los comunistas.

Nuestros políticos, qué se le va a hacer, son mayoritariamente partidarios de la lactancia presupuestaria durante toda la vida. Como ese jovencísimo diputado de IU conocido en las redes sociales como Dipucuqui en atención a la profundidad de su pensamiento, que encima ha seguido la carrera de Económicas, disciplina que suele vacunar contra la estupidez siniestra del marxismo, salvo si se cursa en una universidad pública, en cuyo caso no sólo no se rechazan esas barbaridades sino que se promueven. Economista y socialista, que es como si un astrofísico se dedicara a elaborar horóscopos o a echar el tarot, pero eso sí, a costa del resto los españoles.

¿Ciento cuarenta mil millones? Pocos me parecen.

Cataluña hoy
José Luis Manzanares www.republica.com 14 Mayo 2013

El Pleno del Tribunal Constitucional ha admitido a trámite la impugnación presentada por el Gobierno contra la declaración del Parlamento de Barcelona de 23 de enero pasado que proclamó al pueblo catalán como sujeto político y jurídico soberano. Se discute el valor normativo del texto y, por consiguiente, la procedencia de someterlo a la decisión del Tribunal Constitucional. Para los nacionalistas se trata de la simple expresión de un pensamiento carente de efectos directos en nuestro ordenamiento jurídico, por lo que mal podría pedirse su nulidad. Para el Gobierno español sería un desafío contra la Constitución Española y, como tal, recurrible. Esa es la cuestión que ha de resolver el Tribunal Constitucional en un plazo de cinco meses.

Yerran quienes confunden la suspensión de la disposición o resolución parlamentaria con su anulación definitiva. La admisión a trámite de la impugnación es un paso necesario para que pueda ser acogida, pero nada más. La suspensión no es entonces facultativa, sino obligada, por lo que poco significa para las previsiones en un sentido u otro. Sobre todo cuando el acuerdo del Tribunal Constitucional ha contado con ocho votos a favor y cuatro en contra, de modo que un tercio de los votantes ni siquiera consideró oportuno extenderse sobre el fondo de lo solicitado. Lo prudente es, en consecuencia, no dedicar mucho tiempo a los pronósticos.

Más importa preguntarse por las reacciones futuras del Gobierno de España más allá de recurrir al Tribunal Constitucional en este y otros supuestos relacionados con la deriva independentista de la Comunidad Autónoma de Cataluña. Aun si el Tribunal Constitucional acogiera el presente recurso, nada se habrá ganado si, como ocurre con las sentencias sobre el bilingüismo, esta resolución tampoco se cumple. Los problemas no se resuelven, antes al contrario, si lo pronunciamientos judiciales quedan en papel mojado.

El Código Penal tipifica, entre otros delitos, los de desobediencia y malversación. En la Constitución hay, además, algunos artículos cuya sola mención se evita cuidadosamente, como si no existieran o no pudieran aplicarse en ningún caso. Las Comunidades Autónomas tienen unas funciones institucionales donde no caben los devaneos soberanistas, sin perjuicio de la actuación de los partidos políticos en su propio ámbito. Pero hemos aceptado el maridaje a costa de todos los contribuyentes. Así se las ponían a Fernando VII para que ganara jugando al billar.

El sentimiento español o al menos la manifestación del mismo disminuirán según crezca la creencia de que los Gobiernos de España no hacen todo lo necesario para cortar de raíz un proceso que, según se nos repite hasta la saciedad, es irreversible. O sea, que continuará como hasta ahora, paso a paso, porque el derecho de los catalanes a decidir estaría por encima de la Constitución y de las leyes. No sería la primera vez. El año 1934 el Gobierno de la República Española tuvo que sofocar, y lo hizo sin que le temblara el pulso, una declaración de independencia de Cataluña.

Los muertos
DAVID GISTAU El Mundo  14 Mayo 2013

EL GOBIERNO anterior mostró a ETA como un sujeto político con el que se podía concebir sin deshonra una relación bilateral, prácticamente entre partes igualadas por un mismo sufrimiento tan ajeno a la voluntad humana como el paso de un huracán. Para humanizar a los autores seriales de carnicerías, Eguiguren, aludiendo a Ternera, nos habló de esa complicidad generacional que hace chispa con sólo echarse al coleto unos cuantos potes. Los necesarios para alcanzar el grado etílico de exaltación de la amistad que, si no recuerdo mal, es el inmediatamente anterior al de canto de himnos regionales.

Desde entonces, sorprende comprobar cómo ETA ha desaparecido de las preocupaciones, y hasta de las emociones, de la opinión pública española. En parte, porque el imperativo económico apenas deja espacio para nada más. Pero también porque, cada vez más remoto el último asesinato, ETA carece de esos recordatorios sangrientos que eran lo único con lo que interfería en nuestras vidas. Estoy convencido de que ETA concluirá de convertirse en un recuerdo aséptico cuando entre en un videojuego; ahí, banalizados como divertimento juvenil, es donde han ido terminando todos los horrores europeos del siglo XX, con la excepción del Holocausto. Hasta la Guerra Civil tiene su videojuego.

Esta lenta cauterización, este desapego social que hace pasar el discurso de las víctimas por chifladuras de lunáticos vengativos, de vez en cuando sufre una bofetada. Impresionante fue la que le propinó Omar Jerez, el artista que se paseó por el barrio viejo de San Sebastián portando un cadáver simulado, y él mismo caracterizado como si acabara de herirlo un atentado. Parecía que, de repente, todos los viandantes eran como el niño de El sexto sentido y veían las almas penitentes de nuestro pasado. Esos muertos tantas veces ocultos por el «algo habrá hecho» y por el miedo a la Mafia, de pronto en la puerta del bar, cuando ya nadie esperaba que molestaran.

A Omar Jerez, yo le pediría que se hiciera con una acreditación parlamentaria. De forma que, cada vez que un miembro de Amaiur –la sonriente, cool demostración de lo normales que somos con o sin potes– tomara la palabra en su escaño para dar lecciones morales, él se limitara, caracterizado como estaba en San Sebastián, a cruzar en silencio el Hemiciclo.
«El desapego social hace pasar el discurso de las víctimas por chifladuras de lunáticos vengativos»

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Entre el «se vende» y la «estelada»
joan lópez ABC Cataluña  14 Mayo 2013

La simbología separatista se ha convertido felizmente en un arma contra la crisis

NUESTRAS ciudades se han transformado, su paisaje urbano ha pasado de estar lleno a grúas y estructura de casas y edificios en construcción a estar repletas de esteladas y carteles de se vende y se alquila por doquier.

El visitante foráneo, que no conozca bien el significado de la bandera hibrida entre la Senyera y la bandera cubana creerá, sin duda, que la bandera independentista es algún tipo de reclamo comercial inmobiliario.

A pesar de los separatistas y la oposición de Muriel Casals a que el español sea oficial en la futura y feliz Catalunya independiza de España, los chinos sucumben a la globalización y al comercio desaforado y en sus tiendas abarrotadas uno puede comprar banderas de España, catalanas, del Barça, independentistas e incluso cepillos de dientes eléctricos del RCD Español o cojines del Real Madrid.

Las rotondas de entrada en los municipios también se han llenado de banderas independentistas, en este caso pagadas por el erario municipal y para nada compradas en los chinos. La identidad local ha sido enterrada por la ola de oficialismo separatista que tanto colorido aporta a nuestras carreteras. Y pensar que un día se polemizo sobre si los Toros de Osborne podían permanecer o no en el borde de las carreteras.

La simbología separatista se ha convertido felizmente en un arma contra la crisis, a banderas y pegatinas para coche se unen zapatillas deportivas independentistas, de dudoso gusto estético, eso sí fabricas en Alicante en fábricas de militantes del PP o del PSOE, camisetas separatistas fabricadas en Marruecos, toallas con el esteladas fabricadas en Portugal y un largo etcétera de mercandishing entre el que no quiero dejar de destacar una bebida refrescante de cola y una cerveza independentistas que seguro que Oriol Junqueras habrá exonerado del nuevo impuesto sobre bebidas con gas.

Y es que más allá de la campaña incansable del nacionalismo excluyente siempre hay gente espabilada dispuesta a ganar cuatro duros con los quimeras de los demás.

Joan López es profesor en la Universidad Abat Oliba CEU.

Prejuicios nacionalistas en Cataluña
Jordi Canal. El Mundo  14 Mayo 2013

via caffereggio

Sostiene lúcidamente Julián Marías, en La Guerra Civil ¿Cómo pudo ocurrir?, que el camino hacia la escisión del cuerpo social que tuvo lugar en España en los años anteriores al estallido del fratricidio de 1936 se alimentó de la reiteración permanente de aquello que se daba por supuesto: «Cuando los medios de comunicación proporcionan una interpretación de las cosas que ni se justifica ni se discute y parten de ella una vez y otra como de algo obvio, que no requiere prueba, que, por el contrario, se usa como base para discusiones, diferencias y hasta polémicas, los que reciben esa interpretación se encuentran desde el primer momento más allá de ella, envueltos en análisis, procesos o disputas que implican su previa aceptación». Y, a renglón seguido, añade: «Todas esas discusiones, que no se rehúyen, sino que se fomentan, tienen justamente la misión de distraer de esa aceptación que se ha deslizado fraudulentamente y sin crítica, por un simple mecanismo de repetición y utilización como base de toda discusión ulterior». A estas interpretaciones, base de toda discusión, a la par que indiscutibles, podríamos denominarlas prejuicios, por obvias y no justificadas, previas y al margen de todo razonamiento. En la década de 1930, los intelectuales fallaron, asegura Marías, a la hora de denunciarlos.

Uno de los grandes éxitos del nacionalismo en Cataluña en los últimos 30 años ha sido, precisamente, la aceptación como evidentes, por parte de los catalanes, de cosas que distan mucho de serlo. Se trata de afirmaciones convertidas en prejuicios o presuposiciones, que transitan desde su natural condición de discutibles hasta el estatus de lógicas y evidentes y, en consecuencia, indiscutibles. No se pronuncian para ser comentadas o criticadas, sino como letanía de reafirmación, alimentadora de identidad. Asegurar que estas ideas prejuiciadas no resultan ni evidentes ni indiscutibles supone para el ciudadano arriesgarse a una mirada displicente, en el mejor de los casos, y a una acusación de tener autoodio, en otro peor. Y, en el campo político, a ser excluidos del sistema de partidos catalán, como les ocurre con harta frecuencia al PP y a Ciutadans. El diálogo de «nosotros» con los «otros» se convierte, al fin y al cabo, en inviable.

Han contribuido a esta situación, entre otras cosas más, un extendido clientelismo; los discursos machacones de políticos y opinantes afines; una televisión de régimen (TV3), adoctrinadora hasta el hartazgo, cara hasta la obscenidad; una prensa, una radio y unas asociaciones –Ómnium Cultural, por ejemplo– fuertemente subvencionadas; y, asimismo, la intensidad de la llamada normalización lingüística, que no sólo tiene efectos sobre la lengua, sino sobre todo en el nivel de las ideas y estructuras mentales. El proceso de renacionalización de la sociedad catalana, tanto en las etapas pujolista y masista, como en la de los tripartitos, ha sido de gran profundidad y los resultados a la vista están si comparamos lo que va de ayer a hoy. El debate sobre determinadas cuestiones se ha convertido en imposible. Aquellas que han devenido prejuicios constituyen ya verdades inamovibles, cuerpos integrantes de la religión nacionalista. La fe no admite ni impugnación ni matices. Aunque los nacionalistas catalanes tengan a gala presumir de talante dialogador, el intercambio resulta imposible, lastrado por el peso de un punto de partida prejuiciado.

Un par de ejemplos recientes pueden ilustrarnos sobre estos presupuestos nacionalistas en Cataluña. En los últimos días se ha conocido que la Generalitat ha distribuido a su maquinaria exterior para presentar a los gobiernos occidentales las razones por las cuales Cataluña debe separarse de España. Una de ellas, repetida por los políticos nacionalistas hasta la saciedad y que ha calado en una amplia parte de la población, consiste en sostener que desde su región se mantiene a muchas otras de la península Ibérica, en especial a las del sur. El resultado es que en aquellos territorios los servicios son mejores que en el que, de verdad, los está financiando. Cataluña mantiene, al fin y al cabo, a Andalucía y Extremadura.

Formular cualquier crítica a este tema es inútil puesto que se ha convertido en una evidencia. Duran Lleida lo expresó de manera muy gráfica en octubre de 2011: mientras que los payeses catalanes están viviendo grandes dificultades, en otros sitios de España, con nuestra aportación, los campesinos reciben subvenciones –el PER– para pasar una mañana o todo el día en el bar del pueblo. Vuelven los tópicos de siempre: los catalanes laboriosos frente a los gandules sureños. Sugerir que quizás los números utilizados estén parcialmente falseados, que una parte de las deudas de Cataluña quizás deberían atribuirse al despilfarro de la administración, o que, aunque la revisión del financiamiento y del Estado de las autonomías sean necesarios, quizás estas no sean la solución para todos los males, le convierten a uno en sospechoso de enemigo o traidor al sentido común –que, como es bien sabido, es el menos común de los sentidos– de la comunidad personificada.

El segundo caso que quisiera evocar nos lleva al sábado 27 de abril, día de la presentación de los fastos –el dinero para la sanidad y la educación escasea, pero para estos actos no se va a ahorrar– que en 2014 van a dedicarse a la conmemoración de los 300 años de la «derrota nacional» de 1714. Aseguró el presidente de la Generalitat que entre España y Cataluña existía un conflicto cultural, casi permanente y al que no veía solución: mientras que la cultura española tradicionalmente ha intentado imponer, la catalana ha intentado esencialmente el pacto. Imposición frente a diálogo, violencia frente a espíritu pacífico, dictadura frente a democracia: una incompatibilidad histórica, en definitiva. Los catalanes siempre han sido y siguen siendo, según los enraizados prejuicios, más dialogantes, más pactistas, más pacíficos –Ferran Soldevila, por cierto, tan reivindicado por el nacionalismo, contó cosas bastante distintas sobre el espíritu belicoso catalán–, más abiertos y más demócratas que el resto de los españoles. Atreverse a decir que las cosas no son tan simples o que de todo debe haber en la viña del señor es, simple y llanamente, impertinente.

Otros prejuicios bien anclados se resumen en frases como toda la culpa es de Madrid, Cataluña está oprimida, los catalanes son más ahorradores que el resto de pueblos peninsulares –no sé si cuando se afirma tal cosa se piensa en el Fórum de las Culturas y en el Memorial Democrático, monumentos al inútil derroche–, el Estado nos roba, Cataluña es más moderna y más europea que el resto. Hasta hace poco tiempo también se oía y leía que la política catalana era muy diferente de la española; ahora, sin embargo, ya nadie se atreve con el mito del oasis. Como quiera que sea, puede que no todo resulte falso o que en unos momentos específicos algunas de las anteriores aseveraciones se cumplan, pero su generalización y conversión en latiguillos esenciales las coloca al margen de toda discusión o disidencia. Ahí radica el auténtico peligro de un proceso que lleva a la incomprensión, al distanciamiento y, en último término, a la confrontación.

Los ardides y peligros del retablo de las maravillas que el nacionalismo escenifica en Cataluña resultan, en una mirada desprejuiciada, evidentes. Los intelectuales no deberían, en esta ocasión, aunque sea algo distinta de la que evocábamos al principio, fallarnos de nuevo.

Jordi Canal es historiador y profesor en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París.

Arriesgada inversión
Kepa Aulestia. La Vanguardia  14 Mayo 2013

via caffereggio

La suspensión de la resolución del Parlament de Catalunya, que el pasado 23 de enero declaró al pueblo catalán “sujeto político y jurídico soberano”, podría convertirse en una metáfora engañosa de lo que ocurre: el Gobierno central impugna una decisión institucional que por sí misma no puede materializarse, de modo que la suspensión resuelta por el Tribunal Constitucional tampoco puede ser aplicada si no es como desistimiento por parte del soberanismo. La apariencia de inmaterialidad integra la dialéctica conceptual que se establece en torno al soberanismo, tanto a favor como en contra. Algo que afecta también a la resolución del 13 de marzo que insta “al Govern a iniciar un diálogo con el Gobierno del Estado para hacer posible la celebración de una consulta”, etcétera. El propio “derecho a decidir” colectivo sugiere la existencia de una potestad natural vulnerada por un poder que habría convertido la ilegitimidad en ley. Esa descripción etérea e inaprensible de los hechos y de las aspiraciones políticas no solo tergiversa la historia, sino que, además, evita afrontar los futuros posibles en términos de coste y beneficio para la comunidad. Resulta especialmente chocante que una cultura cívica tan pragmática como la catalana se embeba a estas alturas de un relato de principios reacio a valorar sus consecuencias.

La admisión a trámite de la impugnación del Gobierno Rajoy por parte del Tribunal Constitucional se ha convertido, también por su inmaterialidad, en otro hito desafiante para la dinámica de hechos consumados que la mayoría soberanista trata de impulsar en Catalunya. Al proclamar la plena vigencia de la declaración impugnada, los dirigentes políticos que así reaccionan no hacen más que constatar la inmaterialidad de su suspensión y, en esa misma medida, la del texto parlamentario recurrido. Aunque en realidad vienen a advertir de que la partida se juega en otro terreno: en el desarrollo paralelo de los trámites para hacer efectivo –a poder ser legalmente– el ejercicio del derecho a decidir concebido como referéndum de autodeterminación y del diseño entusiasta de un Estado propio. Las objeciones presentadas por el PSC a tan natural doble juego no impedirán que este tenga lugar con o sin su aquiescencia.

Es de suponer que los líderes y formaciones que empujan el proceso han llegado a la conclusión de que una Catalunya soberana les aporta más ventajas que inconvenientes. O cuando menos han llegado a considerar que los inconvenientes que representa seguir formando parte de la España constitucional son tantos que siempre serán más que los que entrañe la aventura soberanista. Pero el razonamiento al que invitan a los ciudadanos se refiere a la inmaterialidad de los deseos o, a lo sumo, de las preferencias. Incluso de las inclinaciones.

Es muy difícil nadar a contracorriente. De ahí que el doble juego trate de presentarse como un esfuerzo épico por superar la inercia impuesta desde hace trescientos años y, a la vez, como una invitación a que cada ciudadano se sume a la marea ya casi olvidada del último Onze de Setembre.

A medio camino entre los anhelos y el interés, los promotores de la consulta deberían atreverse a formular una pregunta como: ¿cuál de estas opciones le resultaría más satisfactoria? Es verdad, sería una pregunta desconcertante. Entre otras razones porque la incertidumbre ha convertido la satisfacción pretendida en un tabú que, por otra parte, no cabía de antemano en la narrativa de la colectividad. Esta es una historia de, por un lado, élites políticas que especulan sobre ventajas e inconvenientes mientras se adentran hacia el callejón seguras de que nadie, ni en España ni en Europa, dejará caer a Catalunya y , por el otro, de ciudadanos que se ven conminados a mostrarse en una única dimensión, la identitaria, y en una versión reduccionista de la misma, la de la pertenencia al Estado que cada cual prefiera: el español o el catalán.

Mientras se establece algún criterio objetivo que avale una distribución asimétrica de la relajación del déficit favorable a Catalunya, como corrección sobrevenida a ese otro déficit que soportan sus arcas públicas respecto al resto de España, unas élites soberanistas continúan ideando el más allá como destino irreducible. Las medias tintas parecen asignarse al procedimiento en su sentido más táctico, pero en ningún caso podrían afectar al objetivo último. Hasta el punto de que la más mínima pega que alegue la irrealidad o la temeridad que supondría el empeño para el interés de los catalanes es denunciada por coerción sobre la voluntad libre del pueblo de Catalunya.

Sin embargo, la evidencia más clara de que se trata de una inversión arriesgada, no ya para las élites políticas sino para cada ciudadano, es la negativa a admitir un debate precisamente en términos de inversión.

Nuevos indicios de la conexión del servicio secreto marroquí con el terrorismo
Carlos Ruiz Miguel Periodista Digital 14 Mayo 2013

El diario "El País" ha publicado sendas informaciones de gran importancia. De acuerdo con las mismas, un agente del servicio secreto marroquí, Nuriddín Zsiani, ha recibido una orden de expulsión después de que el CNI (Centro Nacional de Inteligencia) denunciara sus actividades hostiles a la seguridad nacional española. Entre sus actividades se halla, según se ha publicado, la financiación de actividades islamistas radicales en España. Esta información es perfectamente coherente con la tesis, que se ha manifestado en este blog desde hace años, denunciando la implicación del servicio secreto marroquí en actividades terroristas.

I. LAS INFORMACIONES DE "EL PAÍS": LA DINASTÍA ATENTA A LA SEGURIDAD NACIONAL ESPAÑOLA
En la primera de las informaciones de "El País", se dice entre otras cosas:

El Centro Nacional de Inteligencia (CNI), el servicio secreto español, ha ordenado la expulsión de España del ciudadano marroquí Noureddin Ziani, un dirigente musulmán con el que Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) contaba para atraer hacia el independentismo a las numerosas comunidades islámicas de Cataluña.
(...) Es, además, “un colaborador muy relevante de un servicio de inteligencia extranjero desde el año 2000”, afirma Sanz-Roldan, en una clara alusión a la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED) de Marruecos.
(...)
El agente marroquí, que cobraba de la DGED, “ha favorecido los intereses de esa nación extranjera en perjuicio de la seguridad nacional”, asegura el servicio secreto español.
Al mismo tiempo, Ziani contactó “con los principales líderes salafistas” e impulsó “la financiación de sus proyectos”

En la segunda de las noticias se afirma:
(Zsiani) fue “un colaborador muy relevante” de la DGED hasta el punto de poner “en riesgo la seguridad del Estado” español. Era tan importante que, a veces, recibía “mandatos expresos” directos, saltándose la jerarquía, de la cúpula del servicio que dirige Yassin Mansouri desde Rabat.

Ziani "manipulaba las voluntades de los representantes musulmanes en Cataluña"
Ziani no trabajaba gratis. Percibía “las correspondientes contraprestaciones económicas” de la DGED además de otras “inyecciones económicas del servicio extranjero”. Gracias a ellas “manipulaba las voluntades de los representantes musulmanes en Cataluña”. Había tejido “una red de colaboradores y confidentes distribuidos por las cuatro provincias catalanas (…)”.
(...9
Más grave aún son, a ojos del CNI, los lazos de Ziani con el salafismo, una “ideología extremista religiosa”. Los trabó sobre todo con el imán radical, Abdelhamid Ain el Hayat, en Reus, y con Mohamed Atlaouil, de Girona, apoyando y financiando “sus proyectos de construcción de lugares de culto y mezquitas”. Con El Hayat mantuvo incluso contactos cuando estaba a sueldo Convergència. Favoreció así “la expansión de las tesis radicales” en España.

El hecho, por tanto, es claro: un agente del servicio secreto de la dinastía alauita está actuando en España:
- para promover el separatismo
- para promover el salafismo

II. EL MINISTRO GARCÍA-MARGALLO, EN UNA POSICIÓN INSOSTENIBLE
El ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel García-Margallo y Marfil queda después de estas informaciones en una situación insostenible.
El día 4 de enero, afirmaba en Santiago de Compostela destacaba "la "espléndida" relación de España con Marruecos".
Más recientemente, el día 9 de mayo declaraba "Tenemos conversaciones constantes con Marruecos sobre muchos temas, ahora hablamos de esto y de la pesca. Las relaciones son muy estrechas y se habla casi todos los días".

Después de esta información las preguntas son claras:
- ¿considera García-Margallo que es una relación "estupenda" aquella donde la otra parte quiere destruir la integridad territorial del "amigo" y fomentar el extremismo en ella?
- en las "conversaciones constantes con Marruecos" y en el marco de esas "muy estrechas" relaciones donde "se habla casi todos los días", ¿le han hablado las autoridades marroquíes de estas actividades del servicio secreto marroquí contra España?

Y es que, una de dos:
- o el ministro sabe lo que hace nuestro "amigo" y eso le parece "estupendo", en cuyo caso no es digno de ser ministro de España y debe dimitir;
- o no lo sabe y entonces es urgente que actúe para poner firme al supuesto "amigo".

III. EL ISLAMISMO SALAFISTA Y EL TERRORISMO, INSTRUMENTO DE LA POLÍTICA DEL MAJZEN
El autor de las informaciones referidas dice que esto no cuadra porque "El espionaje marroquí es un acérrimo enemigo de los extremistas musulmanes".
Voy a intentar explicar por qué, frente a lo que dice el informador de "El País", esto sí cuadra.

- Hace 8 años (OCHO AÑOS) y perdón por la autocita, publiqué un artículo con este título: El terrorismo y el islamismo como instrumentos de la política marroquí.
Desconozco si el informador desconoce esto o no lo cita para no tener problemas en sus desplazamientos a Marruecos.
No ha sido el único trabajo que he publicado al respecto.

- Hace tres años, en 2010, publiqué un trabajo titulado "Dudas y sospechas sobre Al Qaida del Magreb Islámico" donde ponía de manifiesto determinados datos que proyectaban sombras, muy graves, sobre Marruecos.

- En este blog son varios los artículos que he dedicado al asunto:
Al Qaida del Magreb Islámico: genealogía de una mentira (31-XII-2008), entre otros...

IV. EL MAJZEN: BOMBERO PIRÓMANO DEL ISLAMISMO SALAFISTA Y UN APUNTE SOBRE LA CONVERSACIÓN DE OBAMA Y MOHAMED VI
El asunto del islamismo salafista tiene relevancia en muchos aspectos.

Antes que nada, conviene, otra vez, recordar algo obvio: el mayor promotor mundial del islamismo salafista es Arabia Saudí, aliado de la dinastía alauita que domina Marruecos y país amigo de algunos altos dirigentes españoles y sus "entrañables" amistades.

En su política, el majzen marroquí utiliza el salafismo tanto para atacar a sus vecinos y a sus adversarios, como para obtener ventajas a cambio de sus "esfuerzos" en la "lucha" contra el mismo. En definitiva, el majzen intenta obtener réditos de su labor incendiaria... y de su supuesta labor de bombero contra el incendio salafista.

El último episodio lo hemos vivido en la conversación del presidente norteamericano Barack Hussein Obama y Mohamed VI. A diferencia del encuentro inventado por la MAP de una delegación marroquí con el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, aquí sí que ha habido una entrevista. Y la prueba es que la página oficial del presidente así lo recoge.

El tenor de esa entrevista, sin embargo, es algo sobre lo que hay especulaciones.
El comunicado oficial de la oficina del presidente norteamericano se limita a decir que trataron de cuestiones de "seguridad regional".
Sin embargo, el comunicado del gabinete real alauita, dice que en la conversación se otorgó un interés particular a "la cooperación en materia de defensa, seguridad y lucha contra el terrorismo" (sic).

Si lo que se dice en el comunicado marroquí es cierto, estaríamos ante el enésimo episodio en el que la dinastía alauita intenta conseguir réditos políticos (en este caso, apoyo de EE.UU. en el asunto del Sahara Occidental) a cambio de su supuesta "lucha contra el terrorismo".

En este momento crítico, el Frente Polisario si quiere de verdad defender la causa del pueblo saharaui, debería hacer un gran esfuerzo para aclarar ante la administración norteamericana que el majzen no es más que un bombero pirómano.
Eso sí, parece difícil que el Frente Polisario pueda hacerlo si sigue dejando vacante el puesto de representante en Washington.

Dos años en "Territorio Bildu"
Raúl González Zorrilla Periodista Digital 14 Mayo 2013

24 meses bajo la infamia
EIG. Redacción. San Sebastián.
Se cumplen dos años de la llegada de Bildu, la marca electoral de ETA, a los órganos de gobierno de la Diputación Foral de Guipúzcoa y del Ayuntamiento de San Sebastián.
Por este motivo, reproducimos en su integridad una conferencia pronunciada recientemente por Raúl González Zorrilla, responsable de Euskadi Información Global y autor del libro "Territorio Bildu", sobre este tema.

Buenas tardes:
Después de escribir “Territorio Bildu”, no pocas personas me han preguntado cómo se vive todos los días en la Guipúzcoa sometida al férreo control institucional de los voceros de los terroristas.
Siempre respondo lo mismo: se vive, en general y aparentemente, como en otros lugares de España y, en algunos casos, algo mejor.

Es un hecho que el País Vasco ha resistido mejor que otras comunidades el tifón de la crisis y no hay que olvidar que, por ejemplo, Euskadi concentra, gracias a los recursos económicos que le otorga un privilegiado Concierto Económico, el 40% de las ayudas sociales de todo tipo que se conceden en España.

Desde luego, en el caso de Guipúzcoa no son las desigualdades económicas las que impulsan a miles de ciudadanos a justificar, apoyar, comprender, entender y/o alentar a los terroristas.
Más bien al contrario, en el caso guipuzcoano, es más que posible que la exuberancia de recursos materiales haya actuado, a lo largo de las últimas décadas, como un poderoso agente de narcotización de los valores y de las conciencias.

Y es que, en el fondo y en la forma, la Guipúzcoa bildutarra es, fundamentalmente, una sociedad éticamente purulenta pero consentida hasta la indignidad; una sociedad que no duda en colocar a un puñado de filoterroristas al frente de sus principales instituciones mientras se llena el estómago de “kokotxas” y cava mirando embobada las regatas en la bahía de La Concha. Traineras que luego se reciben en puerto, alegremente, con jolgorio y ondear de pancartas proetarras.

Indudablemente, el hecho de que en las últimas elecciones el 35% de los guipuzcoanos haya apoyado directamente a una formación nacida de la banda terrorista ETA, deja una huella sutil, pero profunda e intensa, en el territorio.

Existe, sin duda, un “estilo Bildu”, tanto ético como estético, que es el que impone una gran masa de la población que desprecia a la autoridad democrática, que se apunta a todo tipo de posturas radicales y que abandera, más bien impone, los mas absurdos irracionalismos.

Os lo dice un guipuzcoano nacido en Pasajes Ancho, una de las localidades guipuzcoanas con mayor impronta Bildu. Una localidad que, por otro lado, también conoce muy bien mi compañero aquí presente, Jovino Fernández.
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Para los demócratas vascos, recorrer la Guipúzcoa de Bildu, y especialmente San Sebastián, hoy también gobernada por individuos directamente ligados a la banda terrorista ETA, es un ejercicio íntimamente doloroso.

A pesar de la vista permanente de La Concha, a pesar de los pintxos magníficos elaborados por cocineros siempre mudos ante ETA y su entorno, y a pesar de la belleza de una bahía privilegiada que a muchos siempre nos parece demasiado triste.

Cuando recorremos las calles guipuzcoanas, algunos ciudadanos no podemos evitar fijarnos en esquinas inocentes, en plazas ocultas, en parques discretos o en algunos portales circunspectos.

Y es que, para no pocos de nosotros, muchos de estos lugares son como marcas clavadas en la memoria que nos recuerdan inequívocamente la huella de la infamia. Aquí asesinaron a un policía nacional cuyo cadáver solitario fue expuesto durante horas a los fotógrafos de prensa; en aquella callejuela los terroristas acribillaron a tiros a un joven al que posteriormente acusaron de ser un confidente de la Guardia Civil; en este jardín umbrío perdió las piernas un niño de ocho años al estallar la bomba que los criminales habían colocado en el vehículo de su padre militar…

… Pero lo peor de todo es que nos acordamos de todo esto, y luego vemos, y padecemos, a un proetarra como Martin Garitano, que lleva cincuenta años justificando, comprendiendo y entendiendo todos y cada uno de los atentados de ETA, al frente de la Diputación Foral de Guipúzcoa.
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“En Guipúzcoa, hay un freno a todo”, decía hace unos días el presidente de los empresarios de la provincia. Y no le falta razón porque desde que Bildu llegó al poder, se han interrumpido drásticamente más de 22 proyectos infraestructurales y económicos de gran valor estratégico. No volverán a ponerse en marcha. Al menos, no lo harán a corto plazo.

Y es que Martin Garitano y sus secuaces de Bildu se dedican a descuartizar el futuro de nuestros hijos alimentándose de una extraña bazofia intelectual que mezcla proterrorismo militante, ecofascismo, totalitarismo identitario, integrismo ideológico, fanatismo político, maquinismo e irracionalidad, y que, en el fondo, lo único que demuestra es un odio visceral a nuestro sistema de libertades y a los valores éticos que conforman las sociedades occidentales.

En este punto, si me lo permitís, quisiera recordar algo que para muchos de nosotros puede resultar obvio, pero que en la Guipúzcoa de Bildu no lo es tanto.

La superioridad de nuestro sistema democrático de convivencia se asienta sobre el hecho de que los ciudadanos, cuando salen todos los días de su casa, saben que su quehacer cotidiano va a estar amparado por un puñado de certezas elementales.

Por ejemplo, que los delincuentes van a ser detenidos y puestos a disposición de las fuerzas de seguridad; que la violencia no se legitima como un método de participación social; que un mismo idioma ha de servir para comunicarse en el territorio común del Estado; que el derecho a una educación pública en condiciones no puede depender de los caprichos legislativos de cada autonomía; o que la construcción de las grandes infraestructuras no puede estar sujeta al albur de las decisiones de un puñado indecente de grupúsculos extremistas.

Que, en definitiva, un diputado general no puede lanzar vítores a los etarras, que no es posible que el máximo representante de un territorio actúe como un obsceno piquetero de las instituciones que representa y que no se puede pretender gobernar nada cuestionando grosera y permanentemente todo aquello que permite que los ciudadanos se desarrollen, civilizadamente, como tales.

En este sentido, los gobiernos de Bildu han superado nuestros temores más pesimistas. Bildu, al intentar plegar su agenda de gobierno a las demandas incongruentes de los terroristas, de los amigos de los terroristas, de los independentistas más ariscos, de los ecotalibanes más absurdos y de los sectores sociales más radicales y populistas, ha roto indecentemente con todos los principios sobre los que se ha asentado la modernidad y el progreso occidental a lo largo de los últimos siglos. Y nos está abocando a padecer una realidad hedionda en la que los terroristas son alabados como líderes del futuro, en la que los demócratas son expulsados al gueto misterioso de la extrema derecha y en la que, en el colmo de las vilezas, las víctimas del terrorismo son consideradas como peligrosos elementos de intolerancia y crispación.
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Los territorios Bildu tienen una querencia abracadabrante para sumarse a todas aquellas corrientes políticas, sociales y culturales que defienden los postulados más irracionales, las ideas más retrógradas y las creencias más aberrantes.

De hecho, la masa sociológica mayoritaria que en Guipúzcoa apoya a los proetarras de Bildu es la misma que, basándose en el fundamentalismo ideológico más reaccionario, se muestra activamente contraria a: los trenes de alta velocidad, los puertos de mercancías, los aeropuertos, las incineradoras, los vertederos, las redes wifi, las antenas de telefonía móvil, las líneas de alta tensión, las centrales nucleares, las bases logísticas de transporte, las autopistas, los metros urbanos, los paseos costeros, las actividades económicas de corte internacional (siempre que éstas no sirvan para financiar a la autodenominada "izquierda abertzale") y, por supuesto, a todo aquello que "amenace" con expandir un desarrollo social, económico y cultural de corte "capitalista". Este capitalista siempre escrito con “K”.

Es tan intelectualmente insultante y tan vejatoria para el sentido común esta constante proclama a favor de la ruralización y el infradesarrollo, que Guipúzcoa es el único rincón de Europa en el que, a lo largo de este año, han aumentado de forma alarmante los enfermos de sarampión (21 brotes después de una década sin ningún caso).

La razón: cada vez más parejas jóvenes guipuzconas se están negando a vacunar a sus hijos contra esta enfermedad infecciosa por su rechazo casi criminal a este tipo de protecciones médicas y por su creencia fanática en que las campañas de vacunación promovidas por todos los países avanzados son una estrategia de las compañías farmacéuticas, en colaboración con la OMS (Organización Mundial de la Salud), para obtener beneficios económicos.

El nacionalismo radical, asociado al totalitarismo terrorista, es un sentimiento emponzoñado, una creencia mítica, una ensoñación ensangrentada y una pasión purulenta. Nada tiene que ver con la razón y, por ello, para sus militantes, todo aquello que tenga que ver con la racionalidad, la civilidad, el progreso y el desarrollo, les resulta tan odioso como ajeno. Por eso aborrecen de la democracia y de la modernidad y de todo aquello que estos valores representan.
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Todo esto tiene sus consecuencias. Así que, poco a poco, los turistas dejan de llegar a San Sebastián, o llegan menos; los mejores comercios cierran sus puertas, o se marchan a Pamplona; las grandes marcas que despiertan ilusiones y movimiento callejero y decenas de puestos de trabajo, ni se molestan en introducir a la ciudad en sus planes de expansión; de las empresas importantes, innovadoras de verdad, mejor ni hablar; y de las infraestructuras que serán mañana claves para nuestros hijos, de las inversiones importantes para crear riqueza y de las redes de comunicación que han de unirnos al mundo, nadie parece tener ningún dato. Los proetarras al mando de las instituciones locales están muy ocupados deteniendo, cuestionando, paralizando, desmontando, desarticulando y anulando todo lo que un día podría hacernos mejores.
*********
Ya termino. Y quiero hacerlo diciendo que, al final, en mi opinión, el Territorio Bildu es, sobre todo, un estado de ánimo y una tentación.

Es un estado de ánimo porque es un sentir doloroso, una sensación de repugnancia, una repulsión ética que provoca un etéreo pero persistente malestar físico y social que te lleva a aislarte y a encerrarte en la familia y en lo que tienes más cerca.

Y es una tentación porque el impulso del exilio es, en ocasiones, muy fuerte. De hecho, expuestos un día sí y otro también a la exhibición obscena de los terroristas y de quienes durante décadas han sido sus más fieles servidores, no pocos claudican y se marchan.

Otros, los más, optan por encerrarse en sus espacios privados a sabiendas de que lo mejor, lo más sublime a lo que pueden optar en el País Vasco de Bildu, es a protegerse, y a proteger a sus hijos, de un ambiente cruel de verdugos santificados, de malhechores adulados, de indolentes con los brazos cruzados, de caos moral y de escoria ideológica.

Y en ello estamos. Con la ayuda de todos vosotros.
Muchas gracias.

Pleno del Parlamento Unanimidad política para debatir la implantación del portugués en los centros educativos gallegos
PP, PSdeG, AGE y BNG aceptan tramitar en la Cámara la iniciativa legislativa popular Valentín Paz-Andrade para aprovechar los vínculos de Galicia con el mundo lusófono
Domingos Sampedro Santiago de Compostela La  Voz 14 Mayo 2013

Los cuatro grupos políticos representados en el Parlamento gallego le dieron este martes la bienvenida a la iniciativa legislativa popular Valentín Paz-Andrade, impulsada con el aval de 17.000 firmas, en la que se propone que Galicia convierta en una oportunidad la vinculación que tiene el gallego con la lengua portuguesa, pues los promotores del texto entienden que le puede abrir las puertas a un bloque económico y lingüístico formado por 254 millones de personas.

El empresario vigués Xosé Carlos Morell, de padre catalán y madre madrileña, se enfundó este martes el traje de la unidad lusófona al subirse a la tribunal de oradores del Parlamento para defender una iniciativa que este director de exportaciones de un grupo de bodegas está convencido de que abre «un inmenso futuro por diante» para engarzar a Galicia en una comunidad lingüística que, según dijo, representa el 4,6 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) mundial.

Sostuvo en su intervención que, a día de hoy, el 100 por ciento de los alumnos de Extremadura tienen al alcance la posibilidad de estudiar portugués en la enseñanza reglada, mientras que en Galicia «só 600 alumnos» disponen de tal posibilidad. Por ello, en su iniciativa proponen que el Gobierno gallego se dé un plazo de cuatro años para introducir progresivamente el aprendizaje del portugués «en todos os niveis de ensino regrado» e incluso que el dominio de esta lengua pueda ser reconocido en los concurso de méritos de la Administración pública.

Como objetivo estratégico, los autores de la iniciativa Paz-Andrade también propone que la lengua gallega formalice sus relaciones con todos los foros lusófonos y que se trabaje para garantizar que las emisiones de los medios audiovisuales portugueses se puedan recibir en abierto en Galicia.

Desde el PP al PSdeG, pasando por AGE y el BNG, acogieron con más o menos entusiasmo una iniciativa «que merece ser estudiada», manifestó el diputado popular Agustín Baamonde, pues entienden que ha llegado el momento de «plasmar en algo tanxible» esa relación histórica entre el gallego y el portugués, que en opinión de varios intervinientes le brinda a Galicia «unha vantaxe competitiva» frente a otros territorios para las relaciones culturales, comerciales y económicas con Portugal, Angola, Mozambique o potencias emergentes como Brasil.

La iniciativa popular Valentín Paz-Andrade será, por tanto, tratada en el Parlamento, pero eso no significa que se vaya a aprobar en los términos en que fue impulsada por sus promotores. Los grupos políticos se tomarán ahora dos meses para discutir el texto en comisión y la plataforma promotora ya se ha puesto a disposición del PP y de las demás fuerzas políticas para intentar que se mantenga el consenso en torno a este asunto.

Brasileños y gallego hablantes.
Nota del Editor 14 Mayo 2013

Los brasileños están empeñados en aprender español y ahora hay algunos españoles que viven en Galicia que quieren aprender portugués. ¿ Quien saldrá más beneficiado ?.

En realidad, si alguien, extranjero, quiere aprender español, me parece una idea estupenda y también si un español quiere aprender portugués, voluntariamente, sin imposición alguna, porque
considera que en una buena inversión personal, pues adelante.

Aquí de lo que se trata es de que los pederastas lingüísticos no conculquen los derechos humanos y constitucionales de los español hablantes despojándoles de su lengua materna e imponiéndoles su lengua regional.

Si queremos un gran mercado, podríamos comenzar quitando barreras interiores mediante la derogación de todas las leyes sobre lenguas regionales y todas esas estupideces identitarias.


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