AGLI Recortes de Prensa   Lunes 22 Julio 2013

Morir a manos de tus salvadores
Luis del Pino Libertad Digital 22 Julio 2013

Editorial del programa Sin Complejos del domingo 21/7/2013

Como ya saben ustedes, el pasado 6 de julio se estrellaba en el aeropuerto de San Francisco el vuelo 214 de Asiana Airlines, procedente de Corea del Sur. A consecuencia del accidente perecieron 3 personas y otras 181 resultaron heridas, 13 de ellas de gravedad. Aunque lo más trágico, como hemos sabido después, es el modo en que pereció una de las tres víctimas mortales, Ye Mengyan, de 16 años.

Según ha puesto de relieve la autopsia realizada, Ye Mengyan estaba viva y sana después de producirse el accidente aéreo, y la muerte le sobrevino debido a las heridas sufridas... al ser atropellada por uno de los camiones de bomberos que acudía a apagar las llamas del avión.

Es un caso de mala suerte como tantos otros. Pero el hecho de sobrevivir a algo impensable, para luego morir a manos de quienes en teoría te tienen que salvar, hace que la tragedia resulte aún más chocante, más incomprensible.

Es precisamente ese mismo factor lo que hace que la situación actual en nuestro país sea incomprensible y chocante para muchos españoles. Millones de electores, y no solo de derecha, vivieron como una auténtica pesadilla los ocho años de enloquecido mandato de Zapatero. Una pesadilla primero en el plano ideológico y político, pero después también en el plano económico. En cierto modo, Zapatero se antojaba como una especie de catástrofe impensable, algún tipo de plaga bíblica que nos hubiera sido enviada para expiar quién sabe qué culpas.

Y en esto llegó Mariano. No es que a la gente le entusiasmara el de Pontevedra, pero había que echar a Zapatero a toda costa. Había que salir de la pesadilla. Pocos confiaban en Rajoy: por su trayectoria errática, por su carácter enigmático, por la gente de la que se rodeaba, por sus bandazos en temas fundamentales, por su desafección hacia algunas de las personas más valiosas del partido... Pero había que huir como fuera de aquel avión en llamas llamado zapaterismo, que nos había llevado a la ruina y a la irrelevancia internacional.

Rajoy parecía un tipo razonablemente honrado y, aunque en el terreno ideológico no era muy de fiar, todo el mundo estaba convencido de que sería capaz de enderezar rápidamente el rumbo de la economía. No en vano los del PP tenían fama de buenos gestores, ¿verdad?

Pero veinte meses después de la llegada de Rajoy a La Moncloa, España agoniza en medio de un caos de corrupciones, de estancamiento económico y de descrédito interior y exterior.

Efectivamente, Rajoy no era de fiar en el terreno ideológico. Pero resulta que tampoco ha salido buen gestor en el campo económico, donde sigue sin acometer ninguna reforma digna de tal nombre, y ya solo aspira a que dejemos de seguir cayendo.

Y en lo que a honradez respecta, no sabemos aún si se lucró personalmente, pero el propio PP ha reconocido, a estas alturas, que existía una trama organizada de corrupción en el seno del partido. Trama que Rajoy, o bien consintió, lo que lo situaría como cabeza de la misma, o bien no fue capaz de detectarla, lo que apuntaría a que Rajoy ni siquiera sabe si sus más directos colaboradores roban. En cualquiera de los dos casos, su papel como presidente, del partido y del gobierno, está irremediablemente en entredicho.

Ni ideología, ni transparencia, ni eficacia... Lo reúne todo, el angelito. Y ahora los españoles nos encontramos en una especie de sinvivir, temiendo que en cualquier momento nos asesten el golpe definitivo, que ni siquiera sabemos de dónde vendrá: tal vez otro susto económico, tal vez una quiebra definitiva de las instituciones, tal vez un estallido soberanista, tal vez un conflicto exterior... Sea lo que sea, se tratará de un golpe que no nos merecemos.

Creíamos habernos salvado de la catástrofe tras habernos librado de Zapatero. Pero ahora España está a punto de perecer a manos de quien creíamos que venía a salvarla.

Rajoy es el objetivo
EDITORIAL www.gaceta.es 22 Julio 2013

La insoportable partitocracia que nos asfixia muestra estos días su más feo rostro, que es el de la mixtificación, la falsificación y el aprovechamiento pro domo de las instituciones del Estado.

Todos los partidos de la oposición exigen que Mariano Rajoy, sea como presidente del Gobierno o del Partido Popular, comparezca en el Congreso para dar explicaciones sobre los llamados papeles de Bárcenas. Pero todos saben perfectamente, a estas alturas, que lo que fuera a decir Rajoy en esa comparecencia parlamentaria no le importa nada a nadie, porque de lo que se trata es de meterlo en una batidora verbal que llene muchos minutos de televisión, suministre material a las primeras páginas de periódico y provea de cortes de voz a los informativos de la radio, amén de la barahúnda de ignorancia y demagogia propia de las llamadas redes sociales. La cosa no tiene arreglo, porque si el interpelado fuera Rubalcaba, el Partido Popular actuaría exactamente igual. Eso funciona así desde hace muchos años.

Como Rajoy, hasta ahora, sigue dando la callada por respuesta, Pérez Rubalcaba no ha tenido mejor ocurrencia que amenazar con la presentación de una moción de censura para obligarlo a comparecer y explicarse. Casi todos los políticos y los observadores han considerado esta iniciativa como un acto de muy fuerte presión; y seguramente lo es, pero no, desde luego, por las características de esta figura diseñada en la Constitución, sino porque todos saben que no se iría a usar la moción de censura para lo que fue concebida por el constituyente, como no se ha usado nunca hasta ahora. En efecto, el objeto de esa moción es sustituir al presidente del Gobierno por el candidato que propongan los firmantes, y el desarrollo de esta sesión parlamentaria consiste en que el candidato ha de presentar un programa, someterlo al escrutinio del Congreso mediante el correspondiente debate y votar a continuación. Es decir: el presidente del Gobierno podría ganar, si quisiera, la moción de censura sin abrir la boca y con la sola fuerza de su mayoría absoluta. Pero todos han comprendido que la moción con que amenaza Pérez Rubalcaba sólo se utilizaría –si finalmente se presentase– como medio para meter a Rajoy en una batidora verbal que llenase muchas horas de televisión, diera material para primeras páginas, etcétera.

Nada se emplea para lo que estaba previsto. Los partidos se han ocupado de ir pervirtiendo las instituciones a su gusto para que nada sea lo que parece, y para que se enmascare con disfraces de “altos debates nacionales” su apetito de mandar, gastar y controlar a la gente sin tasa ni medida. Dentro de los partidos ocurre exactamente igual. La Constitución establece que han de funcionar con democracia interna. Pero todos sabemos lo que pasa dentro de nuestros partidos. ¿O es que alguien imagina en el PP un episodio remotamente parecido al del partido conservador británico en 1975, cuando Margaret Thatcher arrebató el liderazgo a Edward Heath? Que en las filas populares hay malestar es algo que salta a la vista, y, dada la estructura fuertemente piramidal del partido, las miradas se dirigen a Rajoy: ¿a quién, si no? Pero eso no tiene que significar necesariamente la existencia de una conspiración para derribarlo; simplemente, dentro del PP (como dentro de cualquier otro partido) no hay cauces aptos para ejercer la crítica interna sin sufrir consecuencias. Rajoy no puede quejarse de lo que le pasa. Él mismo ha contribuido a que la política funcione entre nosotros de esta forma degenerada.

El trío calavera de la política española
Pepe Älvarez de las Asturias www.elsemanaldigital.com 22 Julio 2013

Al final, desposeído de sus ahorros, de su dignidad, de su esperanza en el ser humano (en el servidor público), al ciudadano de a pie sólo le queda bajar la testuz y aguardar la puntilla.


Atrapados, asfixiados, pisoteados y empitonados. Así nos sentimos los ciudadanos ante tanta crisis y tantísima corruptela.
Uno abre el diario, cualquier diario, echa un temeroso vistazo a las últimas informaciones/revelaciones/acusaciones y se siente -aproximadamente- como se debían sentir los mozos del séptimo encierro de San Fermín atrapados en el callejón de la (casi) muerte: asfixiados por la sangría impositiva, aplastados por la creciente incertidumbre, atrapados sin remisión por la crisis interminable, impotentes ante la desesperante avalancha de circunstancias ajenas a nuestra voluntad que nos sumen en un pozo sin aparente final; y, en fin, acojonados hasta la médula ante un futuro negro zaino, cornilargo, embravecido y con muy mala leche. Esto, cuando uno lee las noticias económicas.

La cosa empeora notablemente -terriblemente- cuando uno lee las otras noticias, las políticas, o sea, las de corrupción, que (hoy) se resumen básicamente en dos: Bárcenas/Gurtel/PP en el lado derecho del callejón, y EREs/PSOE-A/Sindicatos en el lado izquierdo. Ahí, uno se siente ya a punto de ser pisoteado, revolcado, embestido y dolorosamente empitonado. Sin anestesia. Sin piedad. Y por donde más duele.

Y mientras el pitón izquierdo de este país de cabestros pide la dimisión del presidente corrupto (sobrero, que viene a huevo con la metáfora taurina) y calla ante el escándalo muchimillonario andaluz, el pitón derecho trata de ocultar los sobres (con B) tras los barrotes de Soto del Real al tiempo que clama justicia por el vergonzoso desfalco en el cortijo colorado. Y unos y otros, pitón derecho y pitón izquierdo, embisten con fanática miopía al ciudadano de a pie, al honrado-sufrido-hastiado ciudadano de a pie, al impotente ciudadano de a pie, que trata desesperadamente de zafarse de tanto cornúpeto pero no le dan oportunidad de llegar al burladero (si es que lo hay) y mucho menos saltar al otro lado de la barrera.

Y mientras, los grupos mediáticos fanáticos de cada causa -y de sí mismos- vocean desde el tendido sus proclamas envenenadas, jalean a la turba desde su púlpito titular tras titular, banderilla tras banderilla (que rebota en la dura piel de los corruptos, pero se clava con saña y dolor insoportable en el cerviguillo de cada uno de nosotros, en el de usted, en el mío).

Y, al final, desposeído de sus ahorros, de su dignidad, de su esperanza en el ser humano (en el servidor público), al ciudadano de a pie sólo le queda bajar la testuz y aguardar la puntilla.

Y uno, entonces, se revuelve enrabietado y grita, para sus adentros: "¡Ni de coña!" Y levanta la testuz y escudriña a su alrededor en busca de un diestro que lo saque de esa suerte, de esa arena a punto de sangre… y los ve. Son dos. Ahí están, con el capote presto y las agallas bien puestas, con la mirada fija en los ojos de la bestia, pisando el albero con paso firme, con determinación, con seguridad. "¡Dejádmelo a mí!" exclama Ruz. "¡Éste es mío!", reclama Alaya. Y ahí van, los dos, capeando con mano maestra esa terrorífica palabra que todo lo pervierte y contamina: IMPUNIDAD. Íntima amiga de CODICIA, prima hermana de PODER. El trío calavera. Y la suerte empieza a cambiar.

Y entonces -aún allí, atrapado en el callejón de la asfixia y la impotencia- uno recupera el aire. Y la esperanza de ver a tanto cornúpeto cabrón encerrado en los toriles de Soto del Real, o de cualesquiera que haya repartidos a lo largo y ancho de esta piel de toro de nuestros amores y desvelos, desde Galicia hasta Andalucía, desde Cataluña hasta Castilla La-Mancha, desde Alicante hasta Baleares, pasando por la Moncloa, Génova, Ferraz y la Zarzuela, si se tercia. Y uno empieza a vislumbrar la salida. Lejana aún. Pero factible. De nosotros depende que sea real.

"Entre el Gobierno que hace el mal y el pueblo que lo consiente, hay cierta solidaridad vergonzosa" sentenció Víctor Hugo (y quien dice Gobierno dice oposición, en general). Pues por una vez, seamos insolidarios. ¡Insolidarios hasta la médula!

Patriotismo de partido
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 22 Julio 2013

La cúpula de los partidos se vuelve impermeable y muestra un grado de prepotencia alarmante.

En nuestro sistema de partidos un valor fundamental es la lealtad al mando. Tal rasgo de estas organizaciones es consecuencia de la normativa electoral y de la falta de democracia interna, que generan unas relaciones entre dirección y cargos institucionales muy similar a la de una jefatura de empresa con sus empleados. Una vez consolidado este esquema de subordinación absoluta, surge un grave problema, el de la incapacidad del partido para afrontar crisis internas o externas que exigen una revisión objetiva de los aciertos y los errores de los máximos responsables. Los que componen la cúpula, normalmente un número inferior a la media docena, se vuelven impermeables a cualquier aportación o recomendación que proceda de voces ajenas a su endogámico círculo y muestran un grado de prepotencia y de desprecio por la opinión de otros realmente alarmante. Este cierre sobre sí mismo del reducido grupo que maneja todas las palancas del poder, impide la renovación regeneradora, la creatividad y el debate sincero y abierto sobre las dificultades, lo que a su vez bloquea las soluciones.

Se pone en marcha así un proceso infernal en el que la dirección pierde el sentido estratégico y multiplica los tropiezos tácticos, las perspectivas electorales se van deteriorando, la madeja se enreda cada vez más y la catástrofe deviene inevitable. Las escasas figuras en los estratos influyentes de la estructura que señalan los peligros, ponen en evidencia el rumbo perdido y apuntan caminos de rectificación, son acusados de colaboracionismo con el enemigo, traición a las siglas y condenados a la condición de réprobos. El resto de cuadros y barones o bien se pliega sumiso a la consigna y se traga la versión oficial de los hechos, por mucho que choque con la realidad, o espera agazapado el derrumbe para saltar implacable cuando se abra la oportunidad y apoderarse de los escombros.

Esta dinámica es prácticamente inevitable por las razones estructurales mencionadas al principio y, en consecuencia, todos los actores de la tragedia se encuentran prisioneros de un contexto legal y de unos hábitos políticos perversos que el tiempo ha petrificado y que les arrastran a la perdición. Dado el encadenamiento de las capas altas a unos mecanismos que las paralizan, sólo una reacción masiva de los afiliados de base puede impulsar la recuperación de la verdad y la rebelión contra la oligarquía. Ahora bien, un movimiento sísmico de semejante amplitud e intensidad únicamente estalla cuando las cosas están tan mal que existe un gran riesgo de que llegue tarde y su viento purificador se limite a dispersar cenizas.

El funcionario que cayó en la provocación
Editorial www.gaceta.es 22 Julio 2013

El hasta ahora director adjunto de la Oficina del Alto Comisionado del Gobierno para la Marca España (rimbombante título para la operación de imagen de España en el extranjero en este tiempo de crisis), Juan Carlos Gafo Acevedo, ha sido destituido fulminantemente de su cargo a raíz de un comentario ofensivo hacia los catalanes que publicó en Twitter con ocasión de la pitada que recibió el himno español en la ceremonia de inauguración de los mundiales de natación de Barcelona. Destitución obligada, tanto por el hecho en sí como por lo esperpéntico de que una reacción de esta naturaleza haya provenido precisamente de un alto responsable de una operación de ganar amigos, que además es diplomático de carrera.

Se suma, además, el recuerdo histórico de que el mismo exabrupto, literalmente –“catalanes de mierda”–, fue el que obligó nada menos que al general Franco a ordenar la destitución del director de La Vanguardia, Luis de Galinsoga, a finales de los años 50, que lo profirió en voz alta a la salida de una misa cuya homilía había sido predicada en catalán. Hubo una huelga ciertamente atípica de compradores del periódico y la cosa llegó al extremo de que el anterior conde de Godó hubo de pedir audiencia a Franco para solicitarle que sustituyese a Galinsoga o el diario podría acabar cerrando (entonces era Franco quien ponía y quitaba a los directores de los diarios de Madrid y Barcelona). Ha pasado más de medio siglo de aquello, pero en la memoria colectiva el episodio sigue vivo, y es muy probable que el ministro de Exteriores lo haya tenido bien presente.

El precedente, sin embargo, no es del todo idéntico: mientras la indignación del periodista franquista no tenía más fundamento que su hostilidad al uso del catalán en una homilía cuando había otras muchas homilías, también en el mismo templo, a otras horas en castellano, en esta ocasión el motivo ha sido una ofensa colectiva y deliberada al himno como símbolo de la patria común. Es absolutamente evidente que no es lo mismo. Esta vez ha habido una provocación querida y organizada. Lo cual no exculpa al funcionario destituido, pero aquí han sido víctimas de la provocación millones de españoles, también catalanes, que tienen hacia España y sus símbolos el mayor de los respetos, y los reventadores han pisoteado sus sentimientos. ¿O es que los únicos que tienen sentimientos dignos de respeto son los separatistas?

En cierto modo, este hecho es menor si lo comparamos con otros aspectos que afligen hoy a nuestra vida colectiva; pero a problemas grandes se llega partiendo de problemas pequeños, sobre todo si forman parte de procesos que se sabe cómo empiezan, pero no cómo pueden acabar.

Tontería económica
De columnas vertebrales
Carlos Rodríguez Braun Libertad Digital 22 Julio 2013

El Estado de bienestar es la columna vertebral del bienestar del Estado. Cualquier otra de las múltiples coacciones de la política y la legislación podrá ser objeto de revisión y debate, pero nunca el Welfare State. De ahí el abierto respaldo de todos los partidos políticos, sin excepción, al Estado de bienestar. Un ejemplo lo brindó un destacado político del PP, Carlos Floriano, cuando proclamó que las pensiones no debían depender de "banderías políticas", al ser algo "esencial" por constituir "la columna vertebral del Estado de bienestar... las pensiones no son una cuestión de ideología, es un tema de justicia intergeneracional".

No olvidemos de quién estamos hablando. No se trata de un radical de la izquierda sino de una persona moderada, centrista, representante destacado del gran partido moderado y centrista que gobierna actualmente nuestro país. Todo el discurso que acusa al PP de liberal, toda la propaganda izquierdista que insiste en que Barbie y sus secuaces son peligrosos liberales que desean, programan y propician el "desmantelamiento" del Estado del Bienestar, todo eso no tiene base alguna. La verdad es justo la contraria: el PP no sólo no quiere desmantelar ese Estado sino que quiere fortalecerlo.

Para lograr ese objetivo, han subido los impuestos y provocado un enorme daño a la economía nacional y el bienestar de los españoles, abortando –junto con Smiley y por haber practicado exactamente su misma política de subida de impuestos– la débil recuperación registrada entre 2009 y 2011.

Para eso, para salvar el Estado de bienestar, Barbie y su pandilla reformarán el Estado. No para salvar a los ciudadanos, sino para salvar el Estado. Y ¿con qué argumentos? Pues con los mismos que esgrimen los socialistas. Y por eso alegan que el Estado de bienestar es tan importante que no debe responder a banderías políticas ni a ideologías, como no debe hacerlo la justicia.

Este es el punto central: el Estado es la justicia, la coacción que perpetra es la justicia. Dirá usted: ¿cómo puede ser justo que arrasen con nuestra libertad y con nuestros derechos? Es profundamente injusto, claro. Entonces, se vestirá la injusticia de justicia mediante la redistribución, e incluso se dirá que lo justo estriba en quitarle a usted hoy sus bienes de hoy con la promesa de quitarles a sus hijos mañana sus bienes de mañana. Y hacerlo es, nada menos, una columna vertebral que, naturalmente, no puede ser justo quebrar.

Andalucía
Los corolarios del 'Buda' de Cádiz
Pedro de Tena Libertad Digital 22 Julio 2013

Corolario es una proposición que resulta evidente tras la demostración de otra de la que se desprende como consecuencia lógica. El Buda de Cádiz es un personaje con calva de escriba de la corte de un Faraón y cara de sacerdote cartaginés del Aníbal niño, y que es tan animoso como aquel Paco el Tieso que combatió la eutanasia de los progres desde la pluma de Antonio Burgos pero con dos piernas y la columna vertebral en su sitio. Pues bien, deambulaba ayer el Buda por las sinuosas callejas de la vieja Cádiz, desde la taberna del Tío de la Tiza camino de Puerta de Tierra, cuando, de súbito, le vino a la boca la palabra corolario, si bien en sus labios podría sonar como "colorario" o "locorario". No supimos bien a qué se refería hasta que desmenuzó los problemas andaluces y sentó cátedra bajo el fresco del poniente con los que, para los que le acompañábamos, serán ya siempre los corolarios del Buda de Cádiz.

¿Qué es lo que pasa en Andalucía? Pues sencillamente que los colorarios o corolarios de la gente del régimen son claros, sencillos, directos y se deducen de verdades demostradas, como que no hay partido del pueblo que no sea el PSOE y que no hay moral política ni social que sea diferente a la practicada por el PSOE. Y entonces, dijo el Buda: "Como corolarios, tomen nota de algunos que son como aquellos duros antiguos que tanto dieron que hablar". Y comenzó una letanía: "Enchúfate, enchúfalos, llévatelo pero da una parte al partido, no tengas hijos que no puedan formar parte de la administración paralela, sé el más fiero en los mítines y más dócil en los comités, reza a san Bárcenas pero no mientes al san Ere que Ere, dale obras a los amigos del partido a cambio de manteca para engrasar la maquinaria, aprende que no se trata de la verdad sino de la consigna nuestra de cada día, propaga lo que beneficie y calla o niega lo que no conviene, haz una lista de quienes conoces a los que no hay que darle ni agua y ponte un cuchillo en la boca como los viejos piratas cuando haya que abordar las fortalezas del PP".

Entonces fue cuando le preguntamos por el secreto del régimen. Y dijo el Buda: "El quid de los últimos 30 años de la vida andaluza está en los corolarios del PP". Claro está que nos quedamos pasmados cuando salíamos de La Caleta camino de la impresionante playa de la Victoria que cuida La Teo, Teo, Teo con un mimo inigualable desde la época de los Balbos. Esperamos a que nos recitara los corolarios del PP y entonces comprendimos. Empezó: "No hagas nada para que no te critiquen. Cuando puedas cambiar las cosas, no las cambies. No coloques a los tuyos, porque es inmoral, pero deja colocados a los que dejó colocados el PSOE, no vayan a criticarte o a buscarte las vueltas. Procura ser suave en las formas y más suave todavía en el fondo. Si no cumples tu programa te perdonarán la vida y te llamarán centrista moderado. Ignora a los enemigos y maltrata a los que te han votado porque son de derechas...". Y así siguió un buen rato hasta que se volvió hacia nosotros diciendo: "¿Son o no son estos los corolarios del PP andaluz que los han condenado a más de dos generaciones en la oposición?". Ardía la arena, se apagaba la tarde y quedaron en el viento los corolarios del Buda de Cádiz, una lección de lógica que no podrá olvidarse en mucho tiempo. Y como remate, el Buda pontificó: "Sit tibi terra levis", "que la tierra te sea leve", el epitafio romano de muchas tumbas halladas en Cádiz, sentidamente dedicado al PP.

Andalucía y la democracia interna del PSOE
EDITORIAL Libertad Digital 22 Julio 2013

Uno de los recursos más habituales de los jerarcas del PSOE a la hora de exhibir su superioridad moral sobre los meros mortales que militan o votan a partidos a su derecha ha sido presumir de democracia interna. Es cierto que los socialistas disponen en sus estatutos del mecanismo de elecciones primarias para elegir a sus líderes, que debería estar generalizado en todas las formaciones políticas españolas. Pero no es menos cierto que, vistas las dificultades que ponen para evitar que se celebren cuando están en juego las cosas de comer, los socialistas no han evolucionado gran cosa desde el "quien se mueve no sale en la foto" de Alfonso Guerra.

El último caso lo tenemos, precisamente, en Andalucía. Tocado por el caso ERE, José Antonio Griñán anunció que no se volvería a presentar como candidato a la Junta, designando a Susana Díaz como sucesora. Sólo José Antonio Rodríguez, alcalde de Jun, presentó una candidatura seria para optar por el puesto. La exigencia de un 15% de avalistas resultó, como suele pasar, infranqueable para cualquier candidato que se oponga al régimen establecido. Las primarias, la democracia interna de la que tanto presume el PSOE, volvieron a transformarse en un dedazo.

No es la primera vez, claro. La más llamativa fue sin duda la elección del sucesor de Zapatero. Aún permanece en la retina la imagen de una llorosa Carmen Chacón, renunciando voluntariamente –quién puede dudarlo– a presentarse a las primarias. El peor presidente del Gobierno del actual periodo democrático nos dejó así como herencia la adulteración de las elecciones primarias como principio y al maquiavélico Alfredo Pérez Rubalcaba como sucesor. Tras arruinar España, destrozó a su propio partido.

No es que al otro lado del charco las cosas sean mucho mejores. Además de la exigencia de avalistas, el que sean los compromisarios quienes voten y no los militantes permite controlar aún más el proceso en pro de los resultados deseados por la dirección. Pero al menos nos ahorran el lamentable espectáculo de proclamarse heraldos de la democracia interna de los partidos cada dos por tres.

Los años transcurridos desde que el PSOE introdujo las primarias han dejado claro que era una ingenuidad pensar en ellas como solución a los problemas del exceso de poder de los aparatos de los partidos en la democracia española. Sólo cuando los votantes elijan a su propio representante, y no a unas siglas, podrán los políticos ser independientes de la dirección de los partidos. Lo demás, como han dejado claro los socialistas, no serán más que parches de cara a la galerías.

******************* Sección "bilingüe" ***********************



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