AGLI Recortes de Prensa   Martes 23 Julio 2013

Las prometidas reformas del Gobierno (y III)
Ignacio del Río www.republica.com 23 Julio 2013

El tercer gran capítulo de reformas que el Gobierno va a presentar, en lo que queda de legislatura, tiene por objeto la unidad de mercado y la reforma de los colegios profesionales.

Los objetivos que se persiguen con los proyectos de ley que dotaran de mayores competencias a la Comisión Nacional de la Competencia y limitaran las de los colegios profesionales, son aportar mayor eficiencia a nuestra economía, superando las disfunciones de la disparidad de normativas autonómicas y levantar barreras en los servicios profesionales que se traducen en mayores precios pagados por los ciudadanos.

La unidad de mercado es una consecuencia de la competencia exclusiva que tiene el Estado conforme al artículo149 de la Constitución en cuanto a las “Bases y coordinación de la planificación general de la actividad económica”, una competencia que lleva años abandonada en el Estado, ante el discurso expansivo de las CCAA. La dureza de la crisis financiera y las directrices de Bruselas han corregido una deriva que llevaba camino de arrastrar a todo el país bajo un modelo de déficit excesivo e insostenible, ausencia de coordinación entre las AAPP y desmesura de los Gobiernos autonómicos, convertidos en reinos de taifa sin un ápice de responsabilidad.

Sin un modelo de compromiso federal que exige soportar el peso de la política tributaria, pero con todas sus competencias efectivas, ha tenido que llegar la ducha helada del cierre de los mercados exteriores para que se aprobase una reforma constitucional, la del artículo 135 que ha dado cobertura a una Ley de Estabilidad de la que se descolgó el PSOE en su primer acto de irresponsabilidad política en esta legislatura. El siguiente paso que se ha demorado más de lo previsto y que hubiera merecido un decreto ley por razones de urgencia, es dotar al Gobierno de la nación de instrumentos normativos para suspender normas autonómicas que, bajo el amparo del supuesto respeto al principio de autonomía, calificado de intocable, pretendan situar peajes y fielatos en el desarrollo de la actividad económica.

Una norma necesaria y que evitaría acudir al Tribunal Constitucional, trasladándole la responsabilidad de la reacción, como ha sucedido con la Ley de expropiaciones de las viviendas adjudicadas a las entidades de crédito, aprobada por el Gobierno de coalición de Andalucía. Una ley que se pone por montera las competencias exclusivas del Estado en materia de legislación procesal, legislación en materia de expropiación forzosa, propiedad privada y bases de la ordenación de la banca y del crédito.

Las CCAA no se pueden deformar estructuralmente bajo la premisa política de contraponerse forzadamente al Gobierno del Estado y, menos aún, cuando se juega frívolamente con los problemas de los ciudadanos más débiles, organizando aquelarres en los que se echa al fuego la seguridad jurídica y la reputación de un país ante las Instituciones europeas.

De igual manera, los resortes normativos que la reforma tiene atribuir al Estado, deberían servir para suspender las “diversiones internacionales” de las Comunidades nacionalistas que provocan una distorsión en la unidad de mercado y en la imagen de España y se saltan, sin el menor miramiento, la competencia exclusiva del Estado en relaciones internacionales.

De la información derivada del Consejo de Ministros parece que la reacción ante las desmesuras autonómicas se residencia en la Comisión Nacional de la Competencia, en su nueva versión refundida de los organismos reguladores. Una solución timorata, ya que el acuerdo de suspensión estatal debería corresponder al Gobierno de la Nación, con una ratificación del Congreso de los Diputados en el supuesto en que tuviera rango de Ley presupuestaria de la Comunidad Autónoma, en razón al efecto de devolutivo de la citada Ley que, por su transcendencia, constituye el marco financiero y fiscal del Gobierno autonómico respectivo.

En cuanto a la segunda derivada de la reforma, la modificación de la Ley de Colegios Profesionales, hoy regulados por una Ley preconstitucional, es un asignatura pendiente del Estado que, también en esta cuestión, se ha abandonado a las legislaciones autonómicas que han creado colegios y establecido regulaciones para el mayor que no mejor control de profesionales y actividades.

La normativa europea, la directiva de servicios profesionales, se adaptó al Ordenamiento jurídico de España tímidamente, sin aplicar un principio liberalizador efectivo. La cuestión es qué papel deben jugar los colegios profesionales en la España del siglo XXI.

Es evidente que la acreditación de la titulación corresponde al Estado y que el principio de libertad de asociación, artículo 22 de la Constitución, es primario frente a la regulación de los colegios profesionales, para los que la Constitución solo establece una reserva de ley en el artículo 36 y exige que su funcionamiento sea democrático, lo que implica no solo elecciones, sino también respeto a las formas y derechos de los colegiados, entre ellos el derecho a la información, presupuesto necesario para el ejercicio de los demás derechos democráticos.

Los acontecimientos que se vivieron en las últimas elecciones al Colegio de Abogados de Madrid, cuya decana está hoy imputada, es una buena prueba de la insuficiencia normativa estructural en la regulación de los colegios y la limitación de controles efectivos de la gestión de sus órganos rectores, que actúan, muy a menudo, con una gran generosidad con el dinero de los colegiados, eso sí, en beneficio de unos pocos.

En el caso de profesiones que ejercen funciones públicas la obligatoriedad de la colegiación es aun más inexplicable – como ha reconocido en algunas sentencias el Tribunal Constitucional- ya que la tutela administrativa corresponde al poder público y la supuesta atribución competencial en materia de deontología profesional no es sino una jurisdicción especial, extraña a derechos y principios constitucionales.

En los avances de las reforma, hay algunos aspectos positivos, pero también le falta valentía, preservando estatus colegiales que mueven sus influencias para sobrevivir, bajo argumentos tan peregrinos como agitar el fantasma del intrusismo y la ley de la selva.

Las legislaturas suelen rodar a una velocidad mayor que la que el Gobierno de turno pretende imponer. Los imprevistos asaltan la actualidad política y tuercen estrategias y planificaciones.

Un gobierno con la mayoría electoral y territorial tan amplia como la que los ciudadanos le han dado a Rajoy, debería tener menores temores, dudas y actitudes titubeantes que los que refleja su actuación en los últimos meses. La duda, se dice mata al hombre. Y en la política solo sirve para dar espacio al contrario.

El hartazgo de la calle
Javier Caraballo El Confidencial 23 Julio 2013

Que no es por Rubalcaba, que no, que no son esas las cuestiones que tiene que valorar el Gobierno, su presidente, para decidir si habla abiertamente, de una vez por todas, del caso Bárcenas. Que no es la oposición, que no, ni siquiera la oposición interna, esa que con la mayor deslealtad a su propio partido aprovecha cada oportunidad que se le presenta para zarandear a Rajoy. Tampoco es por las alianzas que pueda trenzar nadie desde la cárcel, ni por la gente que se embarque en esas operaciones a veces patéticas, ridículas, a menudo sectarias, interesadas, y siempre, siempre, descaradas, desvergonzadas. Que no es ni por la oposición, ni por las embestidas internas ni por lo que pueda pensar el encarcelado más famoso del reino. Rajoy tiene que comparecer, hablar, explicarse, porque la calle ya no aguanta más.

Que ha llegado la quemazón del personal a tal extremo en España que la comparecencia del presidente del Gobierno se ha convertido en una urgencia nacional. ¿En el Congreso? ¿A petición propia? Eso, que en política parece muchas veces lo esencial, es lo que menos importa en estos momentos; todo eso se queda ceñido a la micropolítica, al pequeño mundo de los intereses partidarios en el que se mueven los dirigentes. Lo fundamental es que Rajoy, en esa comparecencia anunciada, tiene que dar un salto cualitativo en sus explicaciones de la contabilidad del Partido Popular.

"Ningún país resiste esta dinámica brutal que se ha establecido en España, esta espiral autodestructiva que se genera cada mañana cuando comienzan a desfilar por todos lados un ejército de casos de corrupción. Nadie resiste eso...", sostiene frustrado un importante inversor. Dice el hombre que en los últimos meses se había comenzado a ver con bastante nitidez un cambio de tendencia en la crisis económica, y que poco a poco parecía que la gente comenzaba a recuperar otra vez la confianza, sobre todo la confianza de las clases medias, que son las únicas que determinan el crecimiento del país. Y con el estallido abrupto de los sobresueldos del PP, las comisiones ilegales millonarias para financiar el partido y el tesorero en la cárcel, es como si detuviesen de un tortazo a alguien que camina despreocupado por la acera. Otro bofetón más. Mañana, tarde y noche, corrupción. Hoy, mañana y pasado, corrupción. Este mes, y el que viene, al igual que en anterior, corrupción.

Si lo pudiésemos mirar con perspectiva histórica, veríamos que lo de menos es la miseria de cada día, la cuestión es que si contemplamos el momento con un distanciamiento mínimo, es España la que se va al garete si no se consigue acabar con todo esto de una vez

"Si lo pudiésemos mirar con perspectiva histórica, veríamos que lo de menos es la miseria de cada día, las trastadas diarias entre unos y otros, el intercambio de acusaciones que van de Bárcenas a los ERE y de los ERE a Bárcenas; lo de menos es Rajoy y por supuesto Rubalcaba; lo de menos es que se queden o que se vayan, la cuestión es que si contemplamos el momento con un distanciamiento mínimo, es España la que se va al garete si no se consigue acabar con todo esto de una vez".

Esa es la urgencia con la que Rajoy tiene que afrontar sus explicaciones sobre el caso Bárcenas, y se equivocará profundamente si su único objetivo es salir del paso y sacudirse la presión que, finalmente, lo ha llevado a pedir una comparecencia en el Congreso. La urgencia es la de un país que necesita, primero, acabar con la inestabilidad y la tensión que se ha generado en las últimas semanas, y, en segundo lugar, sentar las bases de una vez por todas para una regeneración política profunda en España. Sin lo primero, si se mantiene la inestabilidad política, cualquier posibilidad de mejora de la economía quedará lastrada o limitada. Sin lo segundo, el descrédito de la política nos conducirá a la vuelta de tan sólo unos años a la vulgarización populista que tan perniciosa resulta.

La clase política, toda la clase política española, necesita esa catarsis contra la corrupción. El Partido Popular, que tiene en sus manos el gobierno y que está acosado por uno de los mayores escándalos de financiación ilegal que se conocen, tiene que dar el primer paso. ¿Que es de ilusos pensar que algo así pueda ocurrir? ¿Que el PP no se va a disparar en su propio pie? Es lo que se dirá, claro, y si así sucede será porque, de nuevo, primarán las estrategias, la micropolítica, sobre el interés general. Catarsis o corrupción. Llegados a este punto, no hay más.

No necesita el presidente del Gobierno ningún informe nuevo, ninguna consulta a los estrategas del partido, ningún cabildo de barones para unificar los discursos; lo único tiene que hacer es ponerle oído a la calle, en las barras o en las sobremesas de los restaurantes, en los comercios o en los supermercados, en la sombrilla de la playa o en la oficina. Se trata sólo de poner oídos, de escuchar. El hartazgo de la calle con la corrupción es lo único que hay que mirar.

Si Rajoy hubiera obrado como un demócrata, no se sentiría hoy acosado y al borde de la derrota
Francisco Rubiales Periodista Digital 23 Julio 2013

Si Rajoy hubiera sido un demócrata y no un autoritario hipócritamente travestido de demócrata, hoy no tendría los graves problemas que tiene como dirigente bajo sospecha, acosado, despreciado por su pueblo y presionado desde múltiples ángulos para que dimita. Le hubiera bastado con renunciar a la mentira y aplicar el manual básico de la democracia, pero su problema consiste en que el mismo y los que le rodean sólo piensan en el poder y jamás en cumplir las reglas básicas del sistema democrático.

Cuando tomo posesión y se encontró que los socialistas habían falseado las cuentas y la situación económica era catastrófica, situando a España al borde del rescate, antes de subir los impuestos que había prometido bajar y de violar todas sus promesas electorales, tenía que haber hablado a los ciudadanos para transmitirles la verdad y decirles que, en estas circunstancias, no podía cumplir con su programa electoral, por lo que convocaba un referéndum para preguntar a los españoles si seguía al frente del gobierno, aplicando las recetas de emergencia que la situación exige, o si dimite y celebra nuevas elecciones. Entonces habría ganado el referéndum de calle, su nuevo programa de sacrificios y recortes habría sido legitimado y nadie tendría hoy derecho a reclamarle por los recortes, las subidas de impuestos y el incumplimiento del programa que le dio el poder. Sin aquel referéndum y tras haber preferido hacer pagar a los ciudadanos la onerosa factura de la crisis, sin adelgazar antes un Estado grotesco, obeso y saturado de políticos y amigos del poder enchufados, Rajoy es hoy un dirigente repudiado, sin legitimidad, aupado hasta el poder por una estafa a sus votantes.

Cuando estalló el caso Bárcenas, en lugar de mentir asustado y de esconderse como una gallina enferma, tenía que haber comparecido ante los ciudadanos para decir la verdad, aunque esa verdad tuviera partes dolorosas. Al no hacerlo, Rajoy es hoy, como consecuencia de su escasa democracia y respeto a las reglas básicas del sistema, un "paria político", rechazado por sus ciudadanos, por los demás partidos y sin solvencia para responder con dignidad a un mequetrefe como el venezolano Maduro, que, consciente del escaso prestigio del presidente español, se atreve a llamarlo públicamente "corrupto" y "mafioso", todo un lamentable "hito" en las relaciones internacionales.

Ni Rajoy, ni Arriola, su asesor favorito, ni sus ministros demuestran ser demócratas. Es más, parece que desprecian la democracia, a la que consideran un estorbo para el gobierno y la reducen a una ceremonia de votaciones, cada cuatro años, mediante la que se eligen a unos representantes que, tras haber sido elegidos, se creen portadores de cheques en blanco y con licencia para hacer lo que quieran, sin tener presente una de las primeras reglas de la democracia: que el poder democrático es un asunto de confianza y que si esa confianza se pierde, también se pierde la legitimidad, por mucha mayoría absoluta que se haya obtenido en las urnas.

Rajoy es hoy un pobre diablo acosado, sin amigos, sin el favor de los ciudadanos y, lo peor de todo, estorbando a sus mismos compañeros de partido y provocando tal indignación entre los ciudadanos que es probable que sus mismos colegas del PP tengan que echarlo, al igual que hicieron los socialistas con Zapatero, si el PP quiere tener algún futuro político en este país de gente indignada y cabreada ante las estafas y abusos del gobierno de Rajoy.

Si hubiera sido un demócrata, hoy seria un líder apoyado y arropado por su pueblo, que le respetaría incluso si los vicios le hubieran obligado a dimitir. En lugar de escuchar las insidias y maquinaciones de sus amigos y asesores, gente inmisericorde y adoradora del poder, tendría que haber escuchado al pueblo, como es preceptivo en democracia, y atender el clamor que exige castigo para los corruptos, limpieza en la política, austeridad en el Estado y el fin de las subvenciones copiosas para los partidos políticos y sindicatos. Un líder que sintoniza con su pueblo siempre es un dirigente respetado, pero un líder alejado de sus ciudadanos, sólo tiene derecho a esperar de ellos repudio y desprecio.

Voto en Blanco

Rajoy dará su versión pero no su confesión
Pablo Sebastián www.republica.com 23 Julio 2013

Por fin ha dicho ‘si quiero’. Rajoy ha prometido que acudirá al Parlamento en los próximos días para explicar la marcha de la situación económica del país, y para dar su ‘versión’ -lo que ya anuncia que dirá que Bárcenas tiene dos versiones- sobre los acontecimientos políticos que preocupan a los ciudadanos, es decir sobre el caso Bárcenas y su confesión ante el juez. Para ese viaje y decir finalmente que sí no hacía falta dar tantas vueltas y escenificar miedo a la comparecencia y desprecio al Parlamento, lo que sin duda tuvo un coste político para el propio Rajoy. Ahora parece que acudirá a la Cámara bajo la amenaza de una moción de censura y en medio de críticas de la prensa nacional y extranjera, que veían en su escapada no solo un desaire democrático sino un signo de sospecha sobre su responsabilidad en los hechos que ha denunciado su ex tesorero Bárcenas.

Falta por saber el cómo y el cuándo de su comparecencia, pero algo es algo que el presidente haya tomado la iniciativa para así controlar los tiempos del debate e introducir los datos económicos de este primer fin de curso político del año. Datos que parece que serán buenos o mejores que los de hace un año o de unos meses, aunque no son pocos los analistas de España y de fuera de España -OCDE, FMI, Bloomberg-, los que consideran que estas mejoras serán escasas y no permiten aventurar un gran salto hacia delante, aunque siempre será mejor que nada.

Esa baza de la tibia mejora económica será la punta de lanza del discurso parlamentario de Rajoy, para dejar en un segundo plano su disertación, o su ‘versión’ -como el ha dicho-, sobre lo que ha declaró ante el juez su ex tesorero Luís Bárcenas en relación con la presunta financiación ilegal del PP, pago de sueldos en dinero negro a dirigentes del partido y posible fraude fiscal y electoral. Es decir sobre todo eso que había negado rotundamente Rajoy y que ahora lo acaba de confesar Bárcenas ante el juez. Y también tendrá que hablar de los SMS que él envió al ex tesorero y ya se verá si de alguna otra cosa porque, como lo temen en Moncloa, de aquí al día de la comparecencia -que aún no conocemos- pueden pasar más cosas y surgir novedades que capturen al presidente a contra pie. Por ejemplo ¿tiene algo que ver el PP en las cuentas que Bárcenas tenía en el extranjero?

Lo importante no es la versión de este o aquel. Lo importante es que Rajoy diga la verdad y que responda con precisión a todas las preguntas que le van a plantear en el parlamento la oposición. Si no ofrece respuestas concretas, y además convincentes su paso por la Cámara será un fracaso y le pesará, por más que le permita ganar tiempo y marcharse de vacaciones en medio del ruido que, sin duda, sus palabras van a generar. Porque lo que nadie espera es la confesión del presidente, reconociendo lo dicho ante el juez por Bárcenas. Porque, si eso fuera así, en esa comparecencia Rajoy tendría que anunciar su retirada de la presidencia del PP y del Gobierno de España. Y eso en el día de hoy no lo podemos imaginar.

O sea que lo más probable es que la ‘versión’ de Rajoy sea otra completamente distinta a la de Bárcenas ante el juez, buscando un juego de palabras o galimatías ininteligibles -de esos que gustan tanto al presidente-, para no comprometerse demasiado por si hay sorpresas, documentos o nuevos testigos que lo vuelvan a poner en serias dificultades, similares o mayores de las que ya tiene. Lo que está claro es que Rajoy no va a ‘confesar’ ante el Parlamento lo que ha pasado en el seno del PP desde que él es presidente. Al contrario de lo que esperan algunos, Rajoy dirá que apenas hay nada importante del caso Bárcenas sobre lo que hablar. Y que lo único importante es la mejora de la economía que asoma por el horizonte y que a continuar por ese camino es a lo que él se va a dedicar.
www.pablosebastian.com

Con la mano en la nariz
Pepa Antón www.gaceta.es 23 Julio 2013

Vote y, si no lo hace, le tacharán de anticiudadano, antidemocrático y antisistema.

El voto en España es un derecho, nunca una obligación y como tal se puede ejercer, o no, con entera libertad. Libertad, que lejos están la palabra y la idea del pobre votante español que pone y quita gobiernos después de reconocer, votación tras votación, que si se acerca a las urnas es con la mano en la nariz .

¡Con la mano en la nariz! Esto es, plenamente consciente de los niveles de putrefacción del partido al que está apoyando, porque si no, ¿para que taparse la nariz? Pero no solo se tapa la nariz, también se tapa los ojos, por aquello de que no hay peor ciego que el que no quiere ver y cierra su mente porque, desatendiendo aquel famoso lema de la ilustración Sapere aude, no se atreve a saber y por supuesto la boca, en esta especie de omerta, en la que, quien más quien menos, espera anhelante que se realicen las promesas que el charlatán de turno susurró en sus oídos cuando era aspirante al cargo que ahora ocupa y desde el que, por supuesto, ya no tiene tiempo para atender a nadie. Quienes votan con la mano en la nariz terminan haciendo buena aquella lamentable frase de Vivan las cadenas.

Pero que chollo tienen los partidos políticos con el apacible rebaño de corderitos que votan con la mano en la nariz. Ellos ni siquiera tienen que molestarse en agudizar su ingenio pues con utilizar una sola palabra y dos o tres amenazas les llega de sobra : Vote y si no lo hace le tacharán de anticiudadano, antidemocrático y antisistema. Si, si, de todo esto le tacharán todos los que, presumiendo de demócratas, nos están imponiendo sus listas cerradas, es decir todos los partidos políticos sin excepción, y que no me vengan con la patraña de que en el Senado las listas son abiertas porque empiezo a reírme y no paro. ¿Abiertas?

Seleccionan ustedes, nombran ustedes, manejan ustedes y premian ustedes en ese inútil y carísimo retiro de oro. Silencios calurosamente traducidos en vasco, catalán y gallego. Pues bien, esta imposición de listas cerradas nos exime, absolutamente, de esa pretendida obligación participativa, ya que no podemos elegir al que nos representa a nosotros si no que estamos eligiendo al que les representa a ustedes, a toda esa cohorte de estómagos agradecidos que, haciendo menos que nadie, cobra como nadie, entre sueldos oficiales y sobresueldos también oficiales, pues no se olviden de que los partidos políticos a día de hoy se siguen nutriendo fundamentalmente, según las contabilidades oficiales presentadas en el tribunal de cuentas (discúlpenme la ironía), de las arcas de nuestro depauperado Estado.

¡Ah! Y para terminar permítanme que haga alusión a un tema del que casi nadie habla, la información privilegiada que tienen los partidos, a través del censo electoral, sobre los ciudadanos que se abstienen. Esta información está condicionando y coaccionando, en esta nación donde cada día es mayor el número de caciques, el derecho al sufragio, e incumpliendo una ley que lo garantiza como libre y secreto.

Corrupción
Ni el silencio del PP ni el griterío del PSOE
Guillermo Dupuy Libertad Digital 23 Julio 2013

Muchos dirigentes del PP se quejan del distinto trato que buena parte de la prensa española dedica a los asuntos de corrupción en función de si afectan al PP o al PSOE. Efectivamente, basta echar un vistazo al tratamiento que se hace del caso Bárcenas en comparación con el que se hace del caso de los ERE, para apreciar esa injusta doble vara de medir que denuncian desde el PP. Y eso que el caso de los ERE es infinitamente más grave y en él hay muchas más pruebas y mucho más sólidas contra el PSOE que el endeble testimonio que, contra el PP, en general, y Rajoy en particular, constituyen los papeles de Bárcenas.

Para explicar esta diferente vara de medir no basta, sin embargo, apelar a la mayor afinidad ideológica de esos medios hacia los socialistas que hacia los populares. Mucha de la culpa de este desigual tratamiento informativo es del propio PP que, con sus silencios y complejos, alimenta el griterío y la desfachatez del PSOE.

Mientras que la derecha, en general, entiende que la política se reduce a la gestión de gobierno, para la izquierda parecería que la política sólo es agitación y propaganda. Lo cierto, sin embargo, es que ambas posturas no sólo son erróneas sino que se retroalimentan.

¿Se imaginan qué habría salido por la boca de los representantes socialistas si un gobierno regional del PP se hubiera atrevido a oponerse a un auto judicial relacionado con el caso Gürtel o el caso Bárcenas? Pues nada se ha oído a los dirigentes del PP ante el hecho de que la Junta de Andalucía haya recurrido, contra el criterio de la Fiscalía Anticorrupción, el auto en el que la juez Alaya ha imputado a 20 cargos socialistas en Andalucía, entre ellos la exconsejera de Economía y Hacienda, exministra de Fomento y vicepresidenta del BEI, Magdalena Álvarez.

Mucho han hablado los socialistas de los abogados que el PP pagaba a Bárcenas, pero poca crítica se les ha oído a los del PP contra la pretensión de la Junta –supuesta acusación particular- de pagar a los defensores de los imputados en la trama de los ERE.

Ese silencio del PP que, como vemos, se extiende incluso ante los casos de corrupción que afectan a sus adversarios políticos, ha sido especialmente contraproducente para el gobierno de Rajoy por el caso Bárcenas. Los socialistas, como era de esperar, ya se han apuntado el tanto de la comparecencia que, por fin, Rajoy nos ha anunciado este lunes, al tiempo que nos han adelantado que, diga lo que diga Rajoy en ella, pedirán su dimisión.

No faltaran también quienes, diga lo que diga el presidente, asegurarán que ha dejado en evidencia su inocencia. La cuestión es por qué entonces esa "mala prensa del PP", como la llama Justino Sinova, ha secundado hasta hoy ese torpe silencio que no ha hecho más que reforzar las dudas que ahora Rajoy reconoce que tiene que despejar. Dar la razón al presidente, tanto cuando hace una cosa como la contraria, no es síntoma de afinidad ideológica sino de torpeza. Y esa torpeza propia es, por paradójico que resulte, corresponsable de esa injusta doble vara de medir que sufre el PP.

La penúltima treta: alardear de incapacidad
María Blanco www.vozpopuli.com 23 Julio 2013

Llega el verano y, como si se tratara de la canción de moda, “tambores de deuda” resuenan por el Viejo Continente. La diferencia en el porcentaje de deuda sobre PIB en el primer cuarto del 2013 respecto al año pasado en Europa da que pensar.

En la Eurozona, la deuda sobre PIB es de 92,2% frente al 88,2% hace un año; en Grecia 160,5%, frente al 136,5% de hace un año; Portugal pasa de 112,3% a 127,2%; Italia también sube siete puntos; España sube quince. ¿Austeridad?

De las causas y los efectos: si quitas y no pones…
Dice un viejo refrán: “Quita y no pon, y se acaba el montón”. Y así es. También es cierto que el desarrollo de un mercado financiero sofisticado, desde la Edad Media hasta nuestros días, ha permitido el progreso de la ciencia, la tecnología y del nivel de vida, en general. En especial, le pese a quien le pese, de los más pobres. Pero la posibilidad de endeudarse para generar actividad económica va intrínsecamente unida a la confianza del prestamista en que el prestatario, o alguien en su nombre, va a devolver lo acordado en el plazo establecido.

Por un lado, la deuda se asume ahorrando para devolver lo debido. En el caso de la deuda estatal queda claro que, históricamente, de lo que hablamos no es del principal. ¡Ojalá! De lo que no se hace cargo el Estado es ni siquiera de los intereses.

Respecto a la situación de los países europeos, actualmente, lo que llama la atención es que cuando se dice expresa esta alerta en voz alta, nadie señala el aumento del gasto que, en Grecia, por ejemplo, asciende al 50% del PIB aproximadamente, y es superior al año 2008. Es más, a los pocos que lo señalan se les echa en cara que es por culpa de la austeridad por lo que pasa todo esto. Resulta que la austeridad da lugar a despidos y otros problemas de orden social que han de ser cubiertos con gasto público. La austeridad… que se predicaba para acabar con el exceso de gasto genera aún más gasto. Y eso, a mí, no me cuadra. Algo se está haciendo mal.

Pocas personas parecen preguntarse en qué se gastan el dinero los Estados. Es más, qué parte del gasto en Sanidad o en Educación va a lo que todos entendemos por sanidad o educación. ¿Debe haber un gasto en peluquería en un hospital? ¿Es sensato que haya hospitales con más directivos que médicos? Ya sé, queda fatal, pero lo cierto es que hay despilfarro en todas las partidas. Por el contrario, el enrevesado argumento que confunde causa y efecto vende mucho más y justifica el aumento del gasto público que esté usted dispuesto a endosar a los futuros europeos.

Responsabilidad inversa, libertad inversa
Hasta el padre del pensamiento socialdemócrata, John Stuart Mill, consideraba que la libertad va asociada, de forma inseparable, a la responsabilidad. No somos solamente quienes defendemos una defensa de la libertad individual más radical, también está la unión entre esos dos conceptos en la base del liberalismo más vago.

Trasladado a nuestros días, me pregunto cómo encaja esa exigencia de responsabilidad. Ante el aumento de gasto estatal, las quejas por la carga financiera, el imposible crecimiento económico, el peso de un sistema económico híper dimensionado y esclerótico… ¿quién asume la responsabilidad? Los otros. Los prestamistas, por ejemplo, que exigen que la deuda sea devuelta.

¿Y qué solución se propone? Otra quita griega: la declaración de incapacidad. Se trata de una declaración de deudores en jarras, acusando a quien tuvo a bien prestarles para evitar algo peor. ¡Oiga, que soy incapaz! Y, a continuación, el clamor unánime de quienes estamos ahí, en la misma ensalada de gasto, queja, aumento de deuda y sistema estatal mastodóntico. Todos queremos declararnos incapaces y exigir la condonación, la reestructuración de plazos, en resumen, el incumplimiento de la palabra dada y de lo firmado. Lo peor que puede sucederle al sistema financiero: que se quiebre la confianza.

Este “comodín del público” no es exclusivo de las mentes de izquierdas o los antisistemas. Se trata de un recurso genérico para los grandes gastadores. Por ejemplo, el Gobierno. De esta forma, el ministro Luis de Guindos declaraba tras la cumbre de la semana pasada, que el G20 ha fracasado en las políticas de crecimiento y empleo y que España ha sido “uno de los países más golpeados”.

Dicho así, la culpa es del chachachá que ha venido, nos ha dado una colleja de paro y se ha esfumado. No se puede pedir a la ciudadanía lo que uno no está dispuesto a mostrar con el ejemplo. Y si el ministro no es capaz de asumir la parte de responsabilidad que corresponde al gobierno ¿cómo espera que los ciudadanos lo hagamos? La culpa va a ser del otro siempre: del extranjero, del que tiene más, del que no protesta… de quien sea.

¿Y dónde deja ese sentido de responsabilidad invertida nuestra libertad? Bastante mal, en mi opinión. Seguiremos siendo dependientes de nuestras deudas y, sobre todo, esclavos de nuestra cacareada incapacidad. Pero no libres.

Álvarez de la Chica
El maestro de Susanita
José Luis Roldán Libertad Digital 23 Julio 2013

Hace bastante tiempo, aproximadamente 25 años, un altísimo cargo socialista en la Junta de Andalucía, hombre trabajador, inteligente, íntegro y bondadoso –todo ello en grado superlativo–, en confidencias con su chófer, se lamentaba de su situación: "José, yo no sirvo para esto; para esto, hay que ser muy sinvergüenza". Lógicamente, dejó la política, aun rechazando tentadoras, muy tentadoras, canonjías. También el Partido, pero de eso se encargaron sus correligionarios, a los que incomodaba tener en el aparato a una persona decente y con autoridad moral. Creo que con él se marchó de las alturas de la Junta (hablo de viceconsejero para arriba) la última persona decente. Si alguno queda, que me perdone; ahora no caigo.

El desocupado y avispado lector excusará el exordio, pero es indispensable para explicar por qué ahora, tanto tiempo después, el PSOE de Andalucía, cuando tiene que dar lecciones de ética, se ve obligado a recurrir a Jonnhy Caspar. "Estoy hablando, no me importa decirlo, de ÉTICA".

Jonnhy Caspar o Álvarez de la Chica, portavoz del PSOE en el Parlamento andaluz, cuya vergüenza hace honor a su apellido, o, incluso, lo engrandece, imparte lecciones magistrales de ética en la sala de los pasos perdidos (¡qué se creían!, no iban a ser nuestros parlamentarios menos perdidos que los diputados). Ha tachado al PP de Andalucía de ser una máquina gigantesca de blanquear dinero negro; y ha dicho que se asemeja a la "Cosa Nostra". No sé por qué se cabrean los del PP y presentan querella, si esto induce más a la risa que a otra cosa. El PP andaluz es la purísima concepción al lado del PSOE; aunque si Jonnhy de la Chica habla de mafia será por algo, porque de eso entiende tela.

Este maestro, desertor de la tiza, ascendido en su partido a catedrático de ética –por aquello de que el tuerto es el rey en el reino de los ciegos–, desempeñó la Secretaría General del PSOE en Granada entre el año 2000 y 2010. Durante su mandato, consiguió llevar a su partido a cotas de corrupción nunca vistas en Granada, y que difícilmente podrán superarse (aunque esto es una forma de hablar; batirán la marca, sin duda; tienen dotes). La Guardia Civil llegó a realizar una investigación patrimonial sobre altos dirigentes socialistas porque sus peculios, muy llamativos, no concordaban con sus ingresos por trabajo. Pueden consultarse en la prensa los casos Nevada (Pedro de Tena ofreció en LD un clarísimo resumen de la urdimbre); o la conocida como "trama de Tetuán"; o el caso Cañavate, vicepresidente de la Diputación, forzado a dimitir; o los de Albolote, Armilla, Freila, Atarfe, Motril, etc. Con esas credenciales no es de extrañar que lo hicieran miembro del Gobierno; por cierto, uno de sus primeros actos oficiales en Granada fue un desayuno con los probos chicos del PSOE, que costó al contribuyente 5.000 euros. ¡Dios, cómo tragan!

Este ciudadano transparente, como el personaje de Mijaíl Bulgákov, mientras fue consejero de Educación cobró casi 50.000 euros en virtud de un acuerdo secreto del Consejo de Gobierno, cuyo conocimiento vedaron incluso al mismísimo Parlamento. El maestro transparente también se negó a revelar a los representantes del profesorado quiénes eran los miembros de las comisiones de reclamación de evaluaciones, y conforme a qué criterios eran designados. Ejercicio de transparencia con el que el oscurantista Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ha acabado recientemente, reputándolo impropio de un Estado de Derecho.

Y es que, a semejanza del Jonnhy Caspar de Muerte entre las flores, el socialismo andaluz habla incesantemente de transparencia y, no les importa decirlo, de ¡ética!

caso de los ere fraudulentos
La juez Alaya carga contra el recurso de la Junta: “Es más propio de una defensa que de una acusación particular”
Rechaza aplazar la declaración como imputado del exinterventor general prevista para el jueves y cita a otros cuatro exaltos cargos
República/Efe www.republica.com 23 Julio 2013

La juez que investiga los ERE falsos ha rechazado el recurso de la Junta de Andalucía para aplazar la declaración como imputado del exinterventor general Manuel Gómez, prevista para el jueves, y ha citado además a otros cuatro exaltos cargos y al exdiputado autonómico socialista Ramón Díaz Alcaraz. La juez Mercedes Alaya dice en un auto que el recurso de la Junta, en el que se oponía a la imputación de la exministra Magdalena Álvarez, "parece más propio de una defensa que de una acusación particular", lo que "llama la atención por la aireada actitud de colaboración que pregona para sí la Junta de Andalucía".

Además de mantener la declaración para el jueves del exinterventor general de la Junta, la juez acuerda citar como imputados a los exdirectores generales de Presupuesto Antonio Vicente Lozano y Buenaventura Aguilera los días 17 y 19 de septiembre, al exviceconsejero de Empleo Justo Mañas el 30 de septiembre y a Ramón Díaz Alcaraz el 9 de octubre.

Además, Antonio Diz-Lois, un exjefe de servicio de la Dirección General de Trabajo que estaba imputado desde junio del 2012 y aún no había declarado, ha sido citado el 10 de septiembre.

En su auto, la juez lamenta que la Junta haya recurrido directamente ante la Audiencia de Sevilla contra su decisión de imputar por los ERE a Magdalena Álvarez y otros 19 altos o exaltos cargos, lo que le impide dar una “explicación razonada”.

No obstante, adelanta que “por más que la Junta de Andalucía y algunas defensas consideren que las sucesivas leyes de presupuestos han obligado al uso de la transferencia de financiación al IFA para el pago de las subvenciones sociolaborales ordenadas por la Consejería de Empleo”, dicho argumento “carece de veracidad”.

Explica que las leyes de presupuestos desde el año 2002 al 2009 han recogido esas transferencias, pero “en ningún caso han expresado que tales fondos tuvieran que destinarse a la concesión de subvenciones sociolaborales”.

Esa referencia al otorgamiento de tales subvenciones “únicamente se contiene en las memorias e informes económico-financieros, documentación anexa al presupuesto que no forma parte integrante del contenido de la citada Ley de Presupuestos”, dice Alaya en respuesta al argumento de la Junta de que, según el razonamiento de la juez, deberían ser imputados todos los diputados andaluces que aprobaron las sucesivas leyes de presupuestos de la comunidad.

Esos detalles tampoco forman parte del articulado de la Ley de Presupuestos ni de su estado de gastos y no son “en ningún caso aprobados por el Parlamento andaluz, de conformidad por el artículo 129.3 del Reglamento del Parlamento”, añade el auto.

Por ello, Alaya decide mantener las declaraciones de los nuevos imputados tras valorar “las posibilidades de éxito o fracaso de ambos argumentos” en el recurso que resolverá la Audiencia.

El objetivo es no afectar al “curso normal del procedimiento” y no causar “un retraso significativo en la instrucción”, dice la juez sobre la causa en la que ya hay 93 imputados entre altos cargos, intermediarios en los ERE e “intrusos” que nunca trabajaron en las empresas.

También rechaza la crítica de la Junta de que su auto de nuevos imputados estuviese poco motivado, pues “en la fase de diligencias previas en que nos encontramos no está previsto un auto a modo de juicio de imputación como el que pretende la Junta”, y la Ley de Enjuiciamiento Criminal establece que ello debe hacerse en la primera comparecencia del acusado, como así ha sucedido con los anteriores imputados.

respuesta
Los nadadores españoles, en cólera tras la pitada al himno: ¡VIVA ESPAÑA HOSTIAS!
REDACCIÓN BILBAO Minuto Digital 23 Julio 2013

Tras los pitos el himno nacional español en la ceremonia de inauguración de los Mundiales de Natación que se celebran en Barcelona, varias nadadores han salido en defensa de los compases del himno español a través de las redes sociales. Y es que, el himno de Cataluña (Els segadors) sí fue respetado.

La nadadora Duane Da Rocha, especialista en las pruebas de espalda se expresó en su cuenta de Twitter con un contundente “VIVA ESPAÑA JODER!!.

Andrea Blas, jugadora del equipo nacional femenino de waterpolo, se mostró indignada con la pitada: “Pitada al himno de España durante la inauguración, sólo decir una cosa ¡VIVA ESPAÑA!”, publicó la subcampeona olímpica.

El nadador Aitor Martínez comentó que “desde siempre me enseñaron a respetar, a admirar a mi país, sentir gran responsabilidad a la hora de representar…”, antes había respondido a la pitada del himno así: “VIVA ESPAÑA Y TODOS LOS ESPAÑOLES!!! Es un honor poder representaros en un mundial!” sentenció el nadador.

La jugadora de waterpolo Patricia Herrera sentenció lo siguiente: “Vergüenza y pena me da escuchar como pitan el himno de mi país. A pesar de todo, sólo una cosa por decir: ¡VIVA ESPAÑA HOSTIAS!”.

¿Declina Occidente?
Vía juanjulioalfaya.blogspot.com.es 23 Julio 2013

Autor: Francisco Olguín Uribe
Revista ISTMO
http://istmo.mx

A principios del tercer milenio, por las características del terrorismo que padece la humanidad y otros conflictos internacionales como la intervención en Afganistán y la guerra contra el régimen de Saddam Hussein en Iraq, parece cobrar mayor vigencia El choque de las civilizaciones, obra controvertida y aleccionadora. Samuel Huntington plantea allí que tras la caída de la Cortina de Hierro y el término de la Guerra Fría, las confrontaciones en el mundo se definen cada vez más como luchas entre civilizaciones [1].

Huntington, profesor de Harvard, entiende la civilización como el más amplio nivel de identidad cultural al que podemos llegar antes de declararnos miembros de la raza humana [2].

Poblados, regiones, grupos étnicos, nacionalidades y grupos religiosos tienen culturas propias con diferentes niveles de heterogeneidad. La cultura de un pueblo en el sur de Italia puede ser distinta de la de una ciudad del norte, pero ambas participan de una cultura latina que las distingue de poblaciones alemanas o británicas. Las comunidades europeas, a su vez, presentan características culturales que las distinguen de comunidades árabes o chinas. Pero las comunidades occidentales, árabes o chinas no forman parte de una identidad cultural más amplia: son civilizaciones.

La civilización se define por elementos objetivos (historia, costumbres, instituciones, idioma, religión) y por una conciencia subjetiva que nos lleva a identificarnos y sentirnos parte de un grupo social. Todos tenemos diferentes niveles de identidad: un habitante de París se puede sentir parisino, francés, católico, cristiano, europeo, occidental. Esta identidad no es absolutamente fija: podemos cambiarla y, como resultado, modificar también la composición y las fronteras de las civilizaciones a lo largo de la historia.

Las civilizaciones pueden agrupar un número considerable de personas (China) o reducido (el Caribe anglófono; a muchos países (como la occidental, árabe, latinoamericana) o a uno solo (Japón) y puede tener subcivilizaciones (occidental norteamericana o europea; islámica árabe, turca o malaya). Las civilizaciones son dinámicas: surgen, caen, desaparecen; se separan y fusionan; se sobreponen y sus líneas divisorias son difusas.

Actualmente existen ocho grandes civilizaciones cuya actuación e interacción reconfigurarán el mundo en el futuro: occidental, china, japonesa, islámica, hindú, eslavo-ortodoxa, latinoamericana y africana. Los conflictos entre ellas se deben a diferencias de fondo: como religión, valores y resentimientos históricos; a la globalización, que estimula contactos y favorece la identificación con el grupo cultural más amplio, y a la regionalización económica que actúa en el mismo sentido. Además, la civilización occidental, que a lo largo de cinco siglos dominó al mundo dejando sinsabores de imperialismo y colonización, ha comenzado a declinar [3], en tanto que las civilizaciones china e islámica muestran un sorprendente vigor que la desafía: este reacomodo genera conflictos.

APOGEO Y DECADENCIA
El elevado desarrollo económico, social, político y cultural de Occidente pareciera mostrar una civilización en apogeo. La reciente guerra contra Iraq manifestó la aplastante superioridad del poderío militar estadounidense. Las universidades y centros de investigación y los avances tecnológicos de los países occidentales los colocan a la vanguardia en una amplia gama de áreas del conocimiento. Globalmente conocida, esta civilización es la única que ha dejado su impronta en todas las demás.

Sin embargo, una perspectiva histórica amplia y la proyección de algunos indicadores muestran otra cara.

En 1490, las sociedades occidentales controlaban la mayoría de la «península» europea: aproximadamente 3.8 millones de km2, 2.8% del territorio mundial. Tras una vigorosa expansión que alcanza su punto culminante hacia 1920, dominaban unos 66 millones de km2: casi la mitad de la tierra firme del planeta, pero los procesos de descolonización tras la Segunda Guerra Mundial reducen esa cifra a 32.9 millones.

Durante el último siglo, el retroceso de Occidente favoreció en especial a las culturas africana, hindú e islámica. Esta última se expandió hasta ocupar más de la quinta parte del territorio mundial, con el crecimiento adicional de los estados islámicos tras el desmembramiento de la ex Unión Soviética.

La contracción del peso relativo de Occidente es aún más marcada si observamos el control político de las civilizaciones sobre la población. En 1900, la occidental constituía aproximadamente 30% de la cifra mundial, pero gobernaba 45% y 48% en 1920. En 1993, salvo algunas reliquias imperiales menores como Hong Kong y Macao, los gobiernos occidentales sólo gobernaban a ciudadanos occidentales. Para entonces su población constituía apenas algo más de 13% de la humanidad y se prevé que esta cifra descienda a 11% en 2010 y a 10% en 2025. Actualmente, el control que ejercen Estados Unidos y Gran Bretaña en Iraq, tras la segunda guerra del Golfo, es precario y sus objetivos están todo menos asegurados.

En cifras totales, Occidente ocupa ahora el cuarto lugar después de las civilizaciones china, islámica e hindú.

Si cuantitativamente los occidentales son una minoría en disminución constante entre la población mundial, cualitativamente las otras poblaciones van cerrando la distancia: se van haciendo más sanos, urbanos, alfabetizados y educados. En tanto que la civilización occidental decrece proporcionalmente (en algunos Estados la reducción se da incluso en términos absolutos, en una especie de lento suicidio demográfico), el mayor dinamismo poblacional se encuentra en las civilizaciones africana e islámica.

Aunque no se dispone de datos fiables sobre el producto económico bruto del periodo anterior a la Segunda Guerra Mundial, en 1950 Occidente generaba casi dos terceras partes de la riqueza del mundo. Para 1992 esa proporción había descendido a menos de 49% del total (Estados Unidos contaba con la mayor economía del mundo y las diez economías punteras incluían las de cinco países occidentales más los principales Estados de otras cinco civilizaciones [Japón (segundo lugar), China (tercero), Rusia (sexto), India (séptimo) y Brasil (décimo)].

Huntington cita una estimación según la cual en 2013 Occidente sólo representará 30% del producto bruto mundial y en 2020 China será la mayor economía del mundo, las diez economías punteras sólo incluirán tres sociedades occidentales y las primeras cinco se encontrarán en civilizaciones diferentes. Con acierto advierte que «las cifras absolutas del volumen de producción económica oscurecen en parte la ventaja cualitativa de Occidente. Occidente y Japón dominan casi totalmente las industrias de tecnología avanzada», pero gracias al mundo interconectado creado por Occidente «las tecnologías se van divulgando». Y añade:

"Parece plausible que durante la mayor parte de la historia, China haya contado con la mayor economía del mundo. La difusión de la tecnología y el desarrollo económico de sociedades no occidentales en la segunda mitad del siglo XX están produciendo actualmente una vuelta a la pauta histórica habitual. Este será un proceso lento, pero para mediados del siglo XXI, si no antes, la distribución del producto económico y del volumen de producción manufacturada entre las principales civilizaciones es probable que se asemeje a [la que prevalecía en] 1800. Los doscientos años de «fugaz paréntesis» occidental en la economía mundial habrán acabado [4]".

LA CONEXIÓN ASIA-PACÍFICO E ISLAM
El Islam y China encarnan grandes tradiciones culturales muy diferentes y, a sus ojos, infinitamente superiores a la occidental. Su poder y reafirmación está aumentando en tanto que los conflictos entre sus valores e intereses y los de Occidente se multiplican y tornan más intensos [5].

Desde que se fundó, el Islam se expandió de manera sorprendente y cuenta con una larga historia de confrontación con Occidente que no da muestras de abatirse. Los contactos con Extremo Oriente han sido más limitados, iniciaron en el siglo XIV, cuando Marco Polo encontró en China una civilización avanzada y con notables progresos tecnológicos que la situaban muy por delante de Europa.

Ambas civilizaciones, pero sobre todo China [6], muestran un vigoroso dinamismo económico debido, no a la adopción de procesos productivos y comerciales occidentales, sino a su capacidad de adaptarlos a sus propias civilizaciones. El crecimiento demográfico de la civilización islámica se ha traducido también en una fuerte migración hacia Europa, donde su presencia se ha hecho sentir en términos sociales, religiosos, culturales y políticos. Además de los conflictos del pasado [7], Occidente es visto con desdén por lo que se percibe en el exterior como hipocresía y dobles raseros:

Se promueve la democracia, pero no si lleva a los fundamentalistas islámicos al poder [como ha ocurrido en Irán]; se predica la no proliferación nuclear para Irán e Iraq pero no para Israel; el libre comercio es el elixir del crecimiento económico, pero no para la agricultura y la ganadería; los derechos humanos son un problema con China, pero no con Arabia Saudí (sic; la agresión contra los kuwaitíes que poseen petróleo es enérgicamente repudiada, pero no la agresión contra los bosnios que no poseen petróleo [8].

El resentimiento a Occidente se manifiesta de diversas maneras. Una de ellas, el terrorismo al que Huntington llama el arma de los pobres, es ostensible en el caso del Islam, civilización con la que Occidente registra el mayor número de confrontaciones violentas y mantiene posiciones antagónicas en el conflicto árabe-israelí. Pero, además, las potencias de las culturas china e islámica compiten en materia militar con Occidente, en particular con Estados Unidos, al que ven como un país agresivo y belicoso que amenaza con utilizar y ha utilizado armas de destrucción masiva.

Ante la capacidad militar de la Unión Americana, que se antoja inalcanzable sobre todo en materia convencional y tecnológica, la única opción aparente para acortar los diferenciales de poder es desarrollar armas de destrucción masiva. No permitirían ganar una guerra, pero sí serían un instrumento disuasivo bajo la lógica que utilizó Charles de Gaulle para desarrollar el poderío nuclear de Francia: tener la capacidad de «arrancar un brazo al adversario».

La común rivalidad con Occidente y la existencia de potencias nucleares (China y Paquistán) y otras interesadas en desarrollar armas de destrucción masiva (Argelia, Corea del Norte, Irán, Libia y, hasta fechas recientes, Iraq) han promovido la cooperación y el comercio en materia estratégico-militar; Huntington denomina este fenómeno ampliamente documentado «la conexión Asia-Pacífico e Islam» [9].

SUICIDIO LENTO Y GENERALIZADO
Mucho más importantes que la pérdida de dinamismo demográfico y económico son los problemas de decadencia moral, suicidio cultural y desunión política en Occidente. El profesor de Harvard señala las manifestaciones más comunes: [10]

1. Aumento de la conducta antisocial: crímenes, drogadicción y violencia en general.
2. Decadencia familiar: altas tasas de divorcio, ilegitimidad, embarazos de adolescentes y familias monoparentales.
3. Al menos en Estados Unidos, descenso del «capital social», esto es, de miembros de asociaciones de voluntariado y de la confianza interpersonal asociada con tal colectivo.
4. Debilitamiento general de la «ética del trabajo» y auge de un culto de tolerancia personal.
5. Interés cada vez menor por el estudio y la actividad intelectual, manifestado en Estados Unidos en niveles inferiores de rendimiento escolar.

Advierte que si los problemas morales son más severos en Estados Unidos, en Europa la civilización occidental también podría quedar socavada por el debilitamiento de su componente central, el cristianismo. El número de europeos que profesan creencias religiosas, practican alguna religión y participan en sus actividades es cada vez menor. Esta tendencia refleja, no tanto hostilidad respecto a la religión, cuanto indiferencia [11].

Sin duda, el decaimiento moral y religioso son causa de tensión, en particular con el Islam, que ve el peligro de contaminación ante la influencia de los medios de comunicación de Occidente, especialmente entre los jóvenes:

"…cada vez más los musulmanes atacan a Occidente, no porque sea una religión imperfecta y errónea (pese a todo, es una «religión del libro»), sino porque no se adhiere a ninguna religión en absoluto. A los ojos de los musulmanes, el laicismo, la irreligiosidad y, por tanto, la inmoralidad occidentales son males peores que el cristianismo occidental que los produjo. En la guerra fría, Occidente etiquetó a su oponente como «comunismo sin Dios»; en el conflicto de civilizaciones posterior a la guerra fría, los musulmanes ven a su oponente como «Occidente sin Dios»… estas imágenes de un Occidente arrogante, materialista, represivo, brutal y decadente no sólo las tienen imanes fundamentalistas, sino también aquellos [como los intelectuales formados en universidades de Estados Unidos y Europa] a quienes muchos en Occidente considerarían sus aliados y partidarios naturales [12]".

NI SUPERIOR NI UNIVERSAL
Huntington sostiene con acierto que la civilización occidental no es universal ni necesariamente mejor que otras, pese a la visión que prevalece en Europa y la Unión Americana: «la creencia universalista occidental postula que la gente de todo el mundo debe abrazar los valores, instituciones y cultura occidentales porque representan el pensamiento más elevado, más ilustrado, más liberal, más racional, más moderno y más civilizado del género humano».

Esta creencia falsa confunde cultura con valores trascendentes. La cultura puede materializar ciertos valores, pero lo hace de una manera concreta y peculiar, mientras que los valores propiamente humanos no son exclusivos de ninguna cultura o civilización. Pretender imponerlos sería inmoral y peligroso.

Cierto, la civilización occidental es admirable por el carácter peculiar de sus valores e instituciones, entre los que se encuentran «sobre todo su cristianismo, pluralismo, individualismo e imperio de la ley», pero ni el cristianismo es exclusivo de Occidente (puesto que éste sí tiene una vocación universal) ni los valores de otras civilizaciones son indignos o inferiores. La activista indígena de Colombia y Venezuela, Noeli Pocaterra, señala, entre otras, la superioridad del sistema judicial de su pueblo, que se basa en la verdad. Busca que el mismo culpable reconozca su falta, asuma su responsabilidad y se imponga una pena que contribuya a favorecer la contrición y resarcir en la medida de lo posible el daño infligido a la comunidad; en cambio, en el sistema occidental el abogado induce al criminal a declararse inocente, aun si no lo es, y trata de evitar que sea castigado usando todos los recursos que tenga a la mano [13].

Los valores de otras civilizaciones pueden ser igualmente admirables y ajustarse mejor a otras mentalidades. Por ejemplo, Huntington cita el llamado que hizo el presidente de Singapur, Wee Kim Wee, en 1989, para proteger y fomentar «las ideas asiáticas tradicionales de moralidad, deber y sociedad», entonces señaló cuatro de los valores que captan la esencia de lo que es ser de Singapur: «situar a la sociedad por encima del yo, defender la familia como la piedra angular fundamental de la sociedad, resolver los problemas importantes mediante el consenso y no la contienda, y subrayar la tolerancia y la armonía racial y religiosa».

Huntington añade: «una declaración de valores occidentales, y particularmente estadounidenses, daría mucho más peso a los derechos del individuo en comparación con los de la colectividad, a la libertad de expresión y a la verdad que surge de la pugna de ideas, a la participación y competencia políticas y al imperio de la ley en contraste con el imperio de gobernantes expertos, sabios y responsables» [14].

Podríamos añadir que la democracia entendida como gobierno para el pueblo es un régimen que no sólo rescata el sentido y propósito fundamental de la autoridad (su papel central en el logro y desarrollo del bien común), sino que además constituye un requisito indispensable de cualquier régimen «perfecto» en el sentido aristotélico (por contraposición a los regímenes corruptos). Pero no forzosamente la democracia electoral, como se ha desarrollado en Occidente, con todos sus vicios e imperfecciones (por ejemplo, los sesgos plutocrático y mediático tan visibles en Estados Unidos), es lo más deseable para todas las sociedades [15].

EL SÍNDROME DE LA MURALLA CHINA
Al margen de muchos otros méritos [16], Huntington muestra que la civilización occidental aún encabeza el mundo pero ha perdido dinamismo económico y demográfico y vigor moral frente a otras; «el desarrollo de Occidente hasta hoy no se ha apartado significativamente de las leyes evolutivas comunes a las civilizaciones a lo largo de la historia» [17]. Su auge no llegó para quedarse.

Convencido de su decadencia, Huntington llega a conclusiones poco optimistas y un tanto fatalistas. Da la impresión de querer encerrarse tras una muralla. Afirma que para mantener la superioridad tecnológica, Occidente deberá minimizar su divulgación. También teme el multiculturalismo, pues los grupos de inmigrantes de otras civilizaciones que rechazan la integración y siguen adhiriéndose y propagando sus valores, costumbres y culturas de origen cuestionan la cultura occidental.

Sin embargo, el multiculturalismo no sólo ha sido una inevitable consecuencia de toda expansión imperial [18], sino una característica propia del mundo globalizado, es decir: del futuro. Su rechazo a promover valores de los grupos por encima de los valores individuales en la civilización occidental hace temer reacciones de intolerancia.

RENOVARSE O RESURGIR
Las civilizaciones perecen por suicidio, no por asesinato, decía el historiador británico Arnold Toynbee en A Study of History, cuando no son capaces de enfrentar los retos que las hicieron crecer, cuando por la complacencia en la victoria y la molicie pierden sus valores fundamentales, cuando se vuelven incapaces de convencer y arrastrar por el mérito de sus virtudes y se ven obligadas a recurrir a la fuerza para controlar a las masas internas y externas, cuando por ello se comprometen en guerras y llevan a cabo su propia ruina.

Las civilizaciones son organismos vivos y al inicio de su decadencia pueden experimentar un renacimiento, como de alguna manera sucedió con el surgimiento de la Unión Americana al declinar la vieja Europa. Esto ocurre si hay una mezcla cultural que las estimule a dar respuestas satisfactorias a los nuevos retos que enfrentan. De hecho, la civilización occidental surgió, tanto en el Viejo Continente como en el Nuevo, de una mezcla de culturas muy distintas en etnia, historia, lengua y que durante algún tiempo experimentaron, en Europa, guerras de religión (con la Reforma).

En todo caso, Occidente tiene dos alternativas. La primera, permitir que los acontecimientos sigan su curso hasta la irremediable caída y desintegración de su civilización. En el mejor de los casos, podría fosilizarse y vivir en la muerte, como el tronco de un árbol que permanece en pie, incluso durante siglos, aunque la savia ya no suba por él.

La segunda, que Toynbee denomina transfiguración, consiste en recuperar el vigor de virtudes y valores trascendentes y promoverlos en el mundo. A mediano plazo, ello puede reducir tensiones con otras civilizaciones, puesto que dichos valores son atributos comunes de la humanidad y pueden constituir la base de una convivencia más armónica. A largo plazo, aun si ello no detiene la desintegración occidental, puede servir de germen para el nacimiento y desarrollo de una nueva civilización afín, basada en auténticos valores humanos que, en última instancia, es lo que realmente cuenta.

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[1] Ninguna de las muchas publicaciones de Huntington ha sido tan citada y debatida. El choque de las civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial. Paidos. Barcelona, 1997. El original (Simon & Schuster. Nueva York, 1996) es resultado de una profunda investigación realizada a partir del artículo «The Clash of Civilizations?» en Foreign Affairs, verano de 1993.
[2] Para los siguientes párrafos, ver Samuel P. Huntington. «The Clash of Civilizations?». Ibid., pp. 23-25.
[3] La decadencia de la civilización occidental ha sido abordada por algunos de los más destacados pensadores del siglo XX y comienzos del XXI, como Oswald Spengler (La decadencia de Occidente, publicado en dos tomos en 1918 y 1922), Arnold Toynbee (A Study of History, diez volúmenes publicados entre 1934 y 1961) o, más recientemente, en una obra admirable, Jacques Barzun (From Dawn to Decadence. HarperCollins, New York, 2000).
[4] El choque de las civilizaciones. p. 103.
[5] Entre las causas de tensión entre Occidente y el Islam están la proliferación armamentista, los derechos humanos, el terrorismo, la inmigración y el acceso al petróleo; entre Occidente y China, la proliferación armamentista, los derechos humanos, el comercio, los derechos de propiedad y la política económica.
[6] Fuera de Japón (cuya economía ha alcanzado la madurez y tasas de crecimiento más moderadas, similares a las de Europa y Estados Unidos) y Sudcorea, la economía del este asiático es china. A principios de los noventa los chinos constituían 1% de la población de Filipinas pero controlaban 35% de las ventas de empresas; en Tailandia, con 10% de la población eran responsables de 50% de su PIB. A mediados de los ochenta, eran entre 2% y 3 % de la población en Indonesia, con 70% del capital nacional privado. Constituyen un tercio de la población de Malasia pero dominan casi toda la economía del país. Singapur es un enclave chino, Hong Kong ya se reintegró a China continental y el acercamiento económico con Taiwán está a la vista. Alrededor de 80% de la inversión extranjera en China continental proviene de su diáspora en el sudeste asiático y otras partes del mundo. Cfr. El choque de las civilizaciones. pp. 202-203.
[7] Todas las otras civilizaciones resienten el pasado imperial de Occidente ya que «conquistó al mundo no por la superioridad de sus ideas o valores o religión, sino por su superioridad en la aplicación de la violencia organizada. Los occidentales frecuentemente olvidan este hecho, los no-occidentales nunca».
[8] El choque de las civilizaciones. p. 218.
[9] Cfr. Ibid. pp. 220 y ss.
[10] Ibid. pp. 364 y 365.
[11] Idem. Sin embargo, Huntington considera que los conceptos, valores y prácticas cristianas impregnan la civilización europea de tal manera que este problema sólo presenta una amenaza a muy largo plazo.
[12] Ibid. pp. 254-255.
[13] Entrevista con el autor de este artículo en el contexto de un encuentro sobre multiculturalismo celebrado en Ottawa, Canadá, en 1994.
[14] El choque de las civilizaciones. pp. 382-383.
[15] Sobre el conflicto entre democracia y libertad es de extraordinario interés la reciente obra de Fareed Zakaria, The Future of Freedom. Illiberal Democracy at Home and Abroad. Norton, W.W. & Co., 2003.
[16] Particularmente sus aportaciones en lo relativo al manejo diplomático de los conflictos, que denomina de línea de fractura entre las civilizaciones. Op. cit. Capítulo 11.
[17] Ibid. p. 362. Ver también Spengler, op. cit., Introducción.
[18] Limitada tan sólo en el caso de China, por su abrumador predominio demográfico.

http://istmo.mx/2003/09/declina_occidente/

(1) Samuel Phillips Huntington (18 de abril de 1927 - 24 de diciembre de 2008) fue un politólogo y profesor de Ciencias Políticas en el Eaton College y Director del Instituto John M. Olin de Estudios Estratégicos de la Universidad de Harvard. Huntington es conocido por su análisis de la relación entre el gobierno civil y militar, su investigación acerca de los golpes de estado en países del tercer mundo y su tesis acerca de los conflictos sociales futuros. Ha sido miembro del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, la Presidential Task Force on International Development, la Commission on the United States-Latin American Relationships y la Comission on Integrated Long Term Strategy. En sus obras ha elaborado su propia definición del concepto de sistema político y de régimen político entre otras, que se consideran de referencia en la materia.1 Se retiró de la enseñanza en 2007 tras 58 años de docencia en la Universidad de Harvard y falleció el 24 de diciembre de 2008 a la edad de 81 años en Martha's Vineyard, Estados Unidos.

(2) Arnold Joseph Toynbee (14 de abril de 1889, Londres - 22 de octubre de 1975) fue un historiador británico. Especialista en filosofía de la historia, estableció una teoría cíclica sobre el desarrollo de las civilizaciones. Según Toynbee, las civilizaciones son el resultado de la respuesta de un grupo humano a los desafíos que sufre, ya sean naturales o sociales. De acuerdo con esta teoría, una civilización crece y prospera cuando su respuesta a un desafío no sólo tiene éxito, sino que estimula una nueva serie de desafíos; una civilización decae como resultado de su impotencia para enfrentarse a los desafíos que se le presentan. Dio gran importancia a los factores religiosos en la formulación de las respuestas a los desafíos. Fruto de esta teoría, Toynbee negó el determinismo en la evolución de las civilizaciones, negando que éstas deban perecer finalmente (en abierta oposición a historiógrafos como Oswald Spengler [3]) y defendiendo que podía esperarse que la moderna civilización occidental pudiera escapar a la norma general de decadencia de las civilizaciones.

Fue un autor prolífico cuya obra más reconocida e influyente es, sin duda, Estudio de la Historia (A Study of History, doce volúmenes escritos entre 1934 y 1961). En esta obra describe y aplica su concepto de desarrollo de las civilizaciones, al igual que en La civilización puesta a prueba.

(3) Oswald Spengler (Blankenburg, 29 de mayo de 1880 - Múnich, 8 de mayo de 1936) fue un filósofo e historiador alemán, conocido principalmente por su obra La decadencia de Occidente.
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