AGLI Recortes de Prensa   Sábado 3 Agosto 2013

Para reactivar la economía
Las tres reformas ineludibles que España necesita
FERNANDO DÍAZ VILLANUEVA www.gaceta.es  3 Agosto 2013

En el ecuador de la legislatura, el Gobierno tiene los deberes a medio hacer. Si quiere enderezar el rumbo de la economía, Rajoy debe aplicar tres reformas inaplazables.

No es exagerado decir que España lleva algo más de tres años coqueteando con la bancarrota. Desde que en mayo de 2010 el entonces presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, adoptase las primeras y timidísimas reformas, la situación no ha hecho más que enquistarse y empeorar. Los problemas de raíz permanecen y, en todos los casos, han ido a más. Aunque el país atraviesa una crisis múltiple –política, económica, institucional, educativa, moral y hasta espiritual–, es la económica la madre de todas ellas y la que ha provocado que todo salte por los aires.
1. Reforma laboral completaEl primer y más grave problema de nuestro país es la abultada cifra de desempleo, y no un desempleo coyuntural, propio de un severo ajuste tras un cambio de ciclo, sino de índole estructural.

Más de dos millones de personas carecen ya de prestación, es decir, llevan suficiente tiempo desempleados como para haber agotado el subsidio. Esta tragedia humana, que no ha hecho sino agravarse conforme avanzaba la crisis, coloca a una parte considerable de la población en un viaje sin retorno hacia la pobreza, de la que quizá no salga nunca.

El paro y todas sus funestas consecuencias han disparado el gasto social justo en el peor momento, cuando las arcas del Estado están al límite. La pauperización progresiva de este segmento de la población que no encuentra manera de emplearse en el mercado formal ha ocasionado un boom de la economía sumergida. Un sector boyante que, por un lado, ha evitado mayores males pero que, por otro, es totalmente invisible a la Hacienda pública y a la propia ley.

La primera reforma, por lo tanto, habría de ir encaminada a liberalizar totalmente el mercado laboral. La que el Gobierno promulgó en febrero de 2012 iba bien dirigida, pero se quedaba corta. No atacaba el problema de la dualidad del mercado y abundaba en su sindicalización y politización. El mercado de trabajo no es diferente a otros mercados. Hay una parte ofertante y otra demandante.

Cuando ambas operan en libertad y bajo el imperio de la ley el resultado es la abundancia. Nuestro marco laboral, sin embargo, está plagado de restricciones y privilegios que condenan a tres de cada diez trabajadores y a la mitad de la juventud al desempleo o al desempeño de trabajos informales.

Una liberalización completa implicaría la supresión de la negociación colectiva, cuyos resabios fascistoides son impropios de una economía libre, abierta y globalizada que busca competir en el mundo y no consolidar castas de privilegiados laborales blindados ante la incertidumbre y el cambio. El papel de los sindicatos, por lo tanto, habría de redefinirse completamente.

Las anacrónicas centrales españolas, concebidas como mamotretos paraestatales de inspiración marxista, tendrían que transformarse en modernos sindicatos profesionales autofinanciados y dedicados a la defensa de los intereses de sus afiliados.

Con un factor trabajo flexible las empresas, únicas creadoras del riqueza, ganarían en competitividad y crearían más y mejor empleo. No es casualidad que los países con menos paro y sueldos más altos sean aquellos donde el acontecer laboral está menos sindicalizado y, como consecuencia, menos politizado y judicializado.
2. Menos impuestosPero las empresas no viven de contratar bien a sus empleados, sino de crear valor para sus accionistas. Hoy en España empresas y trabajadores soportan una presión fiscal asfixiante que deja muy poco espacio al beneficio y a la reinversión productiva del mismo.

Muchas empresas directamente cierran, otras deslocalizan la producción y la mayoría trasladan esos costes fiscales a sus clientes finales, lo que repercute directamente en la cantidad y calidad de bienes y servicios que consumimos.

La hiperfiscalidad que inauguró Rajoy nada más llegar a la Moncloa está ocasionando un daño incuantificable a la economía española. Los impuestos son necesarios para sufragar los servicios comunes, pero no la cantidad y el volumen que hay en nuestro país.

El IRPF, por ejemplo, es de los más altos de Europa, algo similar sucede con el impuesto de Sociedades y con el IVA. El español medio trabaja seis meses para estar al día con Hacienda. Crear riqueza, en definitiva, sale muy caro en España, y eso se traduce en poca inversión, poco empleo y recaudaciones decrecientes.
3. No más deudaEsto nos lleva directos a la siguiente pregunta: ¿por qué los impuestos son tan altos? Simple, porque el Estado es muy grande, muy costoso y no tiene intención alguna de aminorar su tamaño.

La llamada reforma del sector público todavía se espera. En 2012 las diferentes administraciones gastaron 445.000 millones de euros, la mitad de la riqueza nacional, más incluso que en los mejores años de la burbuja inmobiliaria cuando las cuentas públicas se cerraban con superávit.

Pero la recaudación no alcanza esa cifra, de modo que el Gobierno cubre la diferencia emitiendo títulos de deuda en el mercado. Estos títulos solucionan la papeleta del día, pero tienen que devolverse con su preceptivo interés en el plazo fijado.

La deuda pública, que era inferior al 40% sobre el PIB en 2007, se avecina hoy al 100% sobre el PIB. Un billón de euros –y creciendo– que habrá que ir repagando en los próximos diez años.
El Estado se ha demostrado incapaz de vivir con sus propios recursos y ha tratado de acrecentarlos por la vía fiscal estrangulando la economía, y por la de los préstamos, garantizando así más impuestos en el futuro para amortizarla.

El modelo, como puede comprobarse, es directamente insostenible y más pronto que tarde reventará. Rajoy, sin embargo, sigue entregado a él con la esperanza puesta en que el empleo y la recaudación se recuperen de manera milagrosa de aquí a 2015.

La diferencia entre lo que se ingresa y lo que se gasta, el déficit, se ha estancando en torno al 7%, esto ha provocado tiranteces con Bruselas, ya que en el Acta Única los padres del euro se comprometieron a no superar bajo ningún concepto el 3%.

Cinco años incumpliendo lo pactado nos han conducido a una intervención sistemática de las autoridades comunitarias en la política económica española. Parte del malestar en la población proviene de ahí, pero no deberíamos olvidar que los famosos “hombres de negro” jamás se hubiesen preocupado por nosotros si el Gobierno hubiera cumplido su palabra de no endeudarse por encima de lo acordado. Poner coto al déficit, en suma, es quizá la primera y más urgentes de las medidas.

Diario de Verano: La casta política y la opinión pública
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  3 Agosto 2013

Si ayer decíamos que el supuesto triunfo de Rajoy en el debate sobre el Caso Bárcenas era un espejismo, fenómeno propio de cualquier desierto, por ejemplo, el que deberá afrontar el PP en solitario durante el resto de la legislatura, hoy cabe llamar la atención sobre la abismal diferencia entre lo que creen los políticos y lo que piensa la opinión pública. Los diputados del PP salían de la falsa sesión del Congreso (tan falsa que tuvo lugar en el Senado) como el que sale de una boda o de un bautizo. Sin embargo, la encuesta de El Mundo, ese al que ya trata Rajoy como en su día Mister X, debería hacerlos bajar de la nube de la autocomplacencia. Una mayoría aplastante de los españoles –en torno al 70%- cree que mintió; y, lo que es más grave, una mayoría de los votantes del PP, por encima del 50%, cree lo mismo. ¿Dónde está, entonces, el triunfo de Mariano? ¿En el medio mes de playa que disfrutará Soraya? ¿En la apoteosis del tribuno Alfonso Alonso?

En el fondo, la diferencia entre la sensación de triunfo de los políticos del PP y el fracaso que para sus votantes ha supuesto el primer debate del Caso Bárcenas (barrunto que habrá más) prueba la distancia abismal que se ha abierto entre la ciudadanía y sus representantes. Y ello por una razón esencial: los políticos no representan a sus votantes, sino al partido –léase Jefe- que los coloca en las listas de votables. Los ciudadanos los votan más o menos, pero no los conocen o, si los conocen, confían muy poco en ellos. Eso, los que los han elegido. Calcúlese los que no los votan.

Esa desafección, esa distancia, esa deslegitimación sistemática y creciente de un sistema que se basa precisamente en la confianza de unos en otros augura lo peor para el sistema democrático y representativo. Si surge una circunstancia imprevista, una emergencia institucional –unas elecciones municipales como las de 1931, por ejemplo- lo más probable es que asistamos a una estampida como aquella, que se veía venir, pero no llegar. La legitimidad es como la cola en el mobiliario de la legalidad. Si deja de asegurar la unión de las piezas, si se seca y cuartea, al primer tamparantán, adiós muy buenas. Que serán muy malas.

El mapa de la epidemia
CRISTINA ALCALÁ www.gaceta.es  3 Agosto 2013

No hay institución en España (Corona, partidos, ayuntamientos) que no esté afectada por el virus de la corrupción. En algunas de sus más graves manifestaciones: prevaricación, tráfico de influencias o cohecho.

Sigue el culebrón Bárcenas y vemos como algunos políticos se libran de la cárcel. Los escándalos en la casta política continúan siendo uno de los grandes quebraderos de cabeza de los españoles. En el último barómetro del CIS se observa que la corrupción es la segunda preocupación de los ciudadanos (32,5%), tras el paro (80,5%).

Y no es de extrañar. Según un estudio de la Universidad de La Laguna, hasta 676 de estos casos se produjeron entre los años 2000 y 2010. El boom urbanístico, basado en la construcción masiva de terrenos recalificados, sería la causa del aumento de tejemanejes y acuerdos turbios entre el sector empresarial y el político.

Otros cálculos contabilizan que en nuestro país hay cerca de 300 imputados por delitos de corrupción política y económica. La prevaricación, el cohecho, la malversación de fondos públicos, el tráfico de influencias, la estafa y la apropiación indebida, entre otros, han supuesto más de 1.200 millones de euros perdidos a las arcas públicas.

En la actualidad, los Juzgados y Tribunales tramitan un total de 2.173 procedimientos considerados de especial complejidad, de los cuales 1.661 corresponden a causas que afectan a ese tipo de delitos, según informa el Consejo General del Poder Judicial.

Por territoriosAndalucía y Valencia encabezan la lista de las comunidades autónomas más corruptas durante esta década, 154 y 94 escándalos respectivamente. Entre los hechos más destacados se encuentran la trama de los ERE, una presunta red orquestada desde la Junta que defraudó fondos públicos durante más de diez años. O el caso Gürtel, una supuesta connivencia corrupta entre empresarios y políticos del Partido Popular valenciano.

Sin embargo, en términos relativos, la Región de Murcia lideró este tipo de actividades delictivas. Este territorio congrega el mayor número de municipios afectados por la corrupción (57,8%), en parte, por ser la comunidad con menos ayuntamientos, 45.

El estudio también señala a los dos principales partidos políticos como los responsables del fraude público: un 44% de los municipios están gobernados por el PP y un 31,2% por el PSOE. Les sigue de cerca los partidos autonómicos, nacionalistas, regionalistas y locales (22,3%) y con un 2,7% se desmarca Izquierda Unida.

Y es que la delincuencia se produce desde los cargos municipales hasta las altas esferas. La trama ITV, en Cataluña, apunta directamente a la Generalitat, donde se estima que se movió de forma ilegal cerca de 5 millones de euros. O el actual caso Bárcenas, orquestado por el ex tesorero popular y que tendría en jaque a todo el Gobierno por cobrar, supestamente, sobresueldos ilegales.

Pero no son los únicos. La epidemia se extiende también a otros ámbitos, dejando en evidencia la corruptela de quienes tienen el mando. Con el caso Blesa, la Justicia estaría investigando si el ex presidente de Caja Madrid cobró comisiones opacas por la compra del Banco de Florida. Pasando por la Casa Real, donde el yerno del rey está imputado por las irregularidades de los convenios del Instituto Nóos y el gobierno balear.

Rajoy, Eliot Ness y Benedicto XVI
Juan Escudero www.vozpopuli.com  3 Agosto 2013

El Sr. Rajoy planteó este jueves en su comparecencia una serie de medidas para combatir la corrupción: una nueva ley orgánica de financiación de partidos, una reforma de la ley orgánica del Tribunal de Cuentas, una reforma de la ley de contratos del sector público, una ley reguladora de las funciones políticas, un endurecimiento de las penas de delitos asociados a la corrupción, y una reforma de la ley de enjuiciamiento criminal.

El Sr. Esteban, del PNV, le contestó que la mayoría, si no todas las medidas que anunció el presidente del Gobierno para combatir la corrupción son innecesarias. Se podría desarrollar esta idea de la siguiente manera: no se trata de aprobar una ley de transparencia, hay que ser transparentes. De nada sirve añadir nuevos tipos penales o aumentar las penas si no se aplica el Código Penal. El problema no es que se dote al Tribunal de Cuentas de más medios para que haga su trabajo sino que los jueces del Tribunal sepan que pueden cumplir su cometido de manera independiente sin que estén en peligro sus carreras, el colegio de sus hijos, o el pago de sus hipotecas. En suma, es un problema de voluntad de los que tienen el poder, no de leyes.

Éste es un tema clásico; recordemos, por ejemplo, la famosa escena de la película Los intocables de Eliot Ness: al comienzo de su misión está Eliot Ness en la comisaría con su equipo de colaboradores y comenta que le gustaría dar un golpe al negocio ilegal de producción de alcohol de Al Capone si supiera por dónde empezar. El personaje interpretado por Sean Connery (Jimmy Malone) lo lleva entonces, junto a sus compañeros, al otro lado de la calle, donde se encuentra la oficina de correos. Ante la expresión de perplejidad e incredulidad de Eliot Ness, Jimmy Malone le dice "Sr. Ness, todo el mundo sabe donde está el alcohol. El problema no es encontrarlo, el problema es quién quiere enfrentarse a Capone".

¿Tiene el Sr. Rajoy el valor moral y la integridad de Eliot Ness para afrontar la tarea de empezar a erradicar la corrupción de España, incluso si para ello tienen que aflorar los casos de corrupción del propio Partido Popular? Él dijo este jueves que es una persona recta y honrada y, si le creemos, éste sería el tipo de persona que hace falta para hacer este trabajo a poco que añadiera un poco de valor en la coctelera. El presidente del Gobierno dio muestras de querer ir en esa dirección: “Tenemos que conseguir que los españoles puedan volver a creer que la política es limpia y honesta”. Debemos “acabar con la sensación de impunidad que tanto irrita y con razón a la ciudadanía”. Y añadió: “Es importante frenar el deterioro de nuestros políticos e instituciones democráticas”. Sin embargo, como se encargó de recordar oportunamente Rosa Díez, lo que cuentan no son las palabras sino las acciones.

El Sr. Rajoy, se podría argumentar, está con la corrupción en una situación parecida a la que se encontraba Benedicto XVI con los casos de pederastia y abusos sexuales en el seno de la Iglesia. Siempre fueron ilegales, además de un pecado gravísimo según los propios estándares morales de la Iglesia, una fuente de mala imagen y un problema de relaciones públicas para Roma. Sin embargo, hasta la llegada del papa Benedicto, un sacerdote o religioso implicado en un caso de pederastia podía tener la expectativa de que en caso de salir a la luz algún comportamiento suyo impropio, sus superiores intentarían tapar el escándalo, no colaborarían con la justicia, no habría, desde luego, consecuencias penales sino, en el peor de los casos, un traslado forzoso. Ese estado de cosas lo cambió Benedicto sólo con su liderazgo. Probablemente no sea algo fácil de hacer ya que hay que enfrentarse a los fantasmas del pasado pero tampoco parece tan complicado.

Pocas personas tienen la suerte o la desgracia de encontrarse en una situación de poder desde la que propiciar un cambio de rumbo tan trascendental como ése. En España, en este momento, es el Sr. Rajoy el único que puede empezar a acabar con la corrupción ya que controla, por la forma en que está organizado nuestro país, todos los resortes del poder y la mitad de nuestro PIB. Este jueves podría haber dicho que a partir de ahora se va a perseguir a los corruptos de manera inmisericorde sean del partido que sean Que se va a asegurar de que los gastos de los partidos, incluido el suyo, se adecúen a sus ingresos en vez de lo contrario. Que se van a instaurar controles verdaderos por órganos independientes Que ya no se va a indultar a los condenados por corrupción. Nada de esto dijo el Sr. Rajoy; no inspiró a la ciudadanía, no intentó liderar ningún cambio. Propuso simplemente una exégesis de la presunción de inocencia made in Rubalcaba y una serie de medidas que no servirán para nada sin el refuerzo de un mensaje suyo, claro y determinado, de tolerancia cero hacia la corrupción.

Nunca es tarde; el Sr. Rajoy tiene dos años más de mayoría absoluta en el Parlamento. Que inspire, que lidere, que ilusione a la ciudadanía antes de que triunfen los populismos y la anti-política a los que se refirió en su intervención. Si no lo hace, su postura siempre generará dudas y no recuperará la confianza de sus votantes aunque consiga ganar batallas pírricas contra la oposición en el Congreso. El presidente del Gobierno tiene el poder de liberar fuerzas importantísimas, todo lo que de bueno tiene el país y las capacidades de los profesionales con los que cuenta España eliminando la lacra de la corrupción que desmoraliza y envilece al mismo tiempo. El Sr. Salvador, de UPN, se refirió precisamente a la lucha contra la corrupción como una misión que podría servir de punto de unión de grupos de distintas ideologías en el objetivo común de mejorar España.

Muchos españoles estaríamos dispuestos a seguir a un líder que avanzase en esa dirección.

El PSOE ya no es lo que ERE’s
Pedro de Hoyos Periodista Digital  3 Agosto 2013

En cambio el PP va sobrado. No, mejor, va ensobrado. El caso es que esta fresca mañana de agosto he decidido quejarme por escrito una vez más del desprestigio que se ha ganado a pulso el actual sistema de partidos.

El PSOE de Rubalcaba, que fue de ZapaHuero, de Bibiana Aído y de Leire Pajín (Ni los tres hermanos Marx) anda tan de capa caída que ya ni convoca su tradicional chupinazo entre los mineros de la campa de Rodiezmo. Que acontecimiento tan bullanguero y publicitado –del que nunca salió nada brillante o positivo para el socialismo- pase a mejor vida es síntoma de cómo bajan las aguas socialistas, turbias, escasas y desorientadas. A Rubalcaba no le quieren ni los suyos, el PSOE está desorientado y desconoce cuál ha de ser su futuro. Bueno, sí, tiene una clara idea: No dejarse adelantar por IU y por lo tanto radicalizarse para no dejarse comer el terreno, radicalizarse políticamente y en su anticlericalismo, soluciones propias de Pablo Iglesias y del siglo XIX, por lo tanto.

Nada nuevo parece surgir de su seno que modernice al partido, que lo actualice y permita afrontar renovado unas elecciones que pongan fin a la actual situación de un gobierno en el que tan pocos confían. La inacción frente a la corrupción propia, la permanente cesión y claudicación ante el PSC, la falta de ideas, la ausencia de renovación, la vulgaridad y la repetición de las mismas ideas de siempre han convertido al PSOE en un partido que a pesar de rodar cuesta abajo y con el aire a favor no consigue adelantar al PP.

Y el PP que va ensobrado. A Rajoy hubo que llevarle de las orejas al Parlamento, le resultaba más fácil contestar por SMS a Bárcenas que a los españoles. Su falta de respuesta durante los largos días de acusaciones periodísticas y la falta de concreción ante los diputados han convertido a los populares en sospechosos. Nunca guardar silencio, esconderse y mirar para otro lado dio resultado. Ni siquiera a Rajoy. Si el PP siempre fue un partido avergonzado e indefinido (“Somos de centro derecha” dicen) el tema de los sobres, los sobresueldos y de la financiación ilegal (asunto en el que los socialistas también han andado envueltos tradicionalmente) los está arruinando.

Sólo la ineptitud socialista y su rancia postura –parecen anclados todavía en 1934- permite al PP sobrevivir en las encuestas ligeramente por encima del PSOE. Cierto que puede ser que tal vez, quizá, con un poco de suerte y a lo mejor, empiecen a verse algunas mejoras económicas… conseguidas a cambio de retrocesos sociales para ancianos, universitarios, parados y trabajadores.

Alguna solución ha de venir, ¿pero de dónde? ¿Cuándo?

Llamar a consulta
xavier pericay ABC CAtaluña  3 Agosto 2013

Por lo que voy leyendo, son ya unos cuantos los catalanes que abogan desde posturas no independentistas por la celebración de un referendo en Cataluña. Eso sí, siempre y cuando ese referendo se celebre dentro de la legalidad o, lo que es lo mismo, siempre y cuando los gobiernos de España y de Cataluña lleguen a un acuerdo que lo haga posible. Se trata, en el fondo, de «la doctrina Navarro», sólo que sin el llamado «derecho a decidir» a modo de justificante. Francesc de Carreras lo ha propuesto ya en más de una ocasión, como recordaba el otro día Arcadi Espada. Y ayer mismo lo hacía el profesor y ensayista Jordi Gracia en «El País». A grandes rasgos, su argumentación parte del hecho incontestable de que la situación política catalana ha cambiado radicalmente en los últimos tiempos, toda vez que el independentismo se ha convertido en una opción partidista ampliamente compartida –lo que ha comportado asimismo que la opción contraria, la autonomista o constitucionalista, haya ido aflorando y consolidándose de forma notoria–, para concluir que no queda otro remedio que intentar salir del atasco convocando una consulta que incluya una pregunta clara y terminante –dado que la situación presente, lejos de revertirse, no hará sino acentuarse en el futuro–.

Francamente, me cuesta entender que alguien con los conocimientos de Gracia –y no me refiero tan sólo a los que resultan de su formación académica, sino también a los propios de quien lleva toda su vida en Cataluña–, alguien que se declara no independentista, pueda creer en la viabilidad de semejante propuesta. Dejemos a un lado el contraargumento mayor –el vinculado a la soberanía nacional del pueblo español, consagrado en la Constitución– y especulemos por un momento con la posibilidad de un referendo. ¿Puede celebrarse con los medios de comunicación públicos y gran parte de los privados en manos del Gobierno autonómico? ¿Puede celebrarse después de más de tres décadas de adoctrinamiento escolar y mediático? Sí, claro, puede. Siempre que uno, no siendo independentista, esté dispuesto a perderlo con casi total seguridad.

Cataluña ante el desafío secesionista
Ramón Colom, ex presentador de TV3: 'Cuentan las noticias como si todos fueran independentistas'
El también ex director de TVE critica la manipulación soberanista de la televisión catalana
 www.lavozlibre.com  3 Agosto 2013

Madrid.- Ramón Colom, ex presentador de TV3, no ha dudado en alertar de la manipulación que sufre la televisión catalana para alentar los planes secesionistas de Artur Mas. "En el caso de TV3, las noticias están dispuestas como si toda la sociedad catalana hubiera abrazado la independencia", ha dicho Colom en un artículo para la revista 'Fotogramas'.

Ex director también de TVE, Ramón Colom ha querido llamar la atención sobre las prácticas periodísticas de TV3, que aboga por seguir los planes secesionistas de Mas a través de sus informaciones. Informativos, reportajes y diversos programas de entretenimiento y política utilizan la plataforma televisiva para expandir sus ideales soberanistas, como ha recalcado Colom.

El periodista, en su columna 'El cazador de imágenes', también lamenta que "en los canales 24 horas (TVE) y el 3/24 (TV3) algunas noticias se repiten durante 24 horas seguidas sin actualizar". "Así, un piloto, Jorge Lorenzo, tiene un accidente que veremos infinitas veces, pero no sabremos si su estado de salud mejora" y dice que "en nuestras televisiones, la construcción de las noticias, con algunas excepciones, es infecta" .

Por otra parte, Colom sugiere a las cadenas de televisión la idea de "fletar un bus para pasear a los contertulios por los diferentes medios, ya que son siempre los mismos y dicen lo mismo en todas partes". "Espero con auténtica fruición una relación entre ellos", añade.

En este sentido, explica que "si el ministro de Educación, José Ignacio Wert, se ha podido enamorar de la secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, por qué no un amor entre Jordi Barbeta y Pilar Rahola, por ejemplo, si además piensan lo mismo ".

Un libro necesario
Juan José Ibáñez www.vozbcn.com  3 Agosto 2013

A los internos de un colegio de Vitoria, cuando era niño, los frailes acostumbraban a llevarnos a ver los partidos de fútbol que disputaba el Deportivo Alavés, por entonces en Tercera División. Aun así, y a pesar de mi escasa afición, quedé capturado emocionalmente por el Deportivo para siempre. Si me hubieran llevado a ver al Conquense me habría pasado lo mismo con ese equipo. Así somos y así nos hacen.

No volví a pisar un estadio hasta muchos años después, ya de adulto, en que por motivos olvidados sentí nostalgia y me fui para su campo en un partido cualquiera. El Alavés, como acostumbra en Segunda, pasaba apuros para mantener la categoría. Con el partido muy igualado y empate a uno en el marcador, ya muy cerca del final, hubo un derribo en la frontal del área visitante que acabó con el delantero local dentro del área por su propio impulso. La afición rugió pidiendo penalti pero el árbitro no se dejó amedrentar y pitó la falta fuera, donde realmente había sido. El sordo bramido llegó como el impacto de una tempestad. Mientras tanto, silencioso, observaba las caras desencajadas y los gritos e insultos de los que me rodeaban. La falta se sacó sin consecuencias y la ira de los espectadores creció sin freno ni medida. Al poco, el partido terminó y el espectador que estaba a mi derecha me miró, buscando complicidad, y me espetó en la cara:

- ¿Tú has visto que c…? ¡Nos ha j… el partido!
Y yo, aún conmocionado por el ambiente, pero dispuesto a no rendirme, respondí:
- ¡Pero la falta ha sido fuera del área!

Sus ojos me miraron por un instante, zigzagueando, sin acabar de comprender que no estaba ante uno de los suyos, hasta que me espetó:
- ¿Y qué importa eso? ¡Lo que importa es ganar!

A mí también, como a aquel incondicional, me hubiera gustado que el Alavés ganase el partido, y la liga, y la copa, y…, pero no al precio de mentir o de caer en la injusticia. Ningún tipo de mentira o de injusticia. Ésa es la frontera y ésa es para mí, la diferencia esencial que marca la distancia que existe entre una persona que ama lo suyo y le desea lo mejor y lo defiende, y otra que aspira a ello por cualquier medio, ya sea justo o no, y cuya ética, al menos en ese aspecto, prefiero que califiquen ustedes mismos.

Antonio Robles, profesor, periodista, escritor, ex diputado autonómico por Ciudadanos y amigo mío, acaba de escribir un libro cuya lectura me impele a echarle una mano. Así que acabo en esto que tiene ante sus ojos si ha tenido la paciencia de resistir hasta aquí. No es asunto baladí, porque en Cataluña, todo lo que toca cualquier política que se resista al nacionalismo oficial es terreno minado que inmediatamente evoca las descalificaciones más feroces y gratuitas sobre quien se atreva a hacerlo. ¡Razón de más para hacerlo!

Los ciudadanos, por otra parte, están tan cansados de que se les manipule y mienta que todo lo que venga teñido de algún tipo de partidismo –como este artículo- es inmediatamente recibido con escéptica duda. Y con toda la razón, añado. El desprestigio que ha merecido casi todo lo político hace que de entrada se le presuponga falsedad e intereses espurios hasta que no demuestre su inocencia. Así que nadie tiene ya derecho a pedir crédito antes de merecerlo. Yo tampoco. Sólo queda comprometerme y afirmar que escribo desde la rectitud de conciencia, deseando lo mejor para el libro, aunque nunca si hubiera de ser a costa de mentiras o injusticias.

Historia de la resistencia al nacionalismo en Cataluña (1979-2006) es exactamente lo que su título dice: un libro de historia. No es un libro agresivo, ni beligerante por tanto, salvo que la misma historia lo sea, sino una documentación de unos hechos, prácticamente desconocidos y totalmente manipulados por la prensa del sistema. Es por tanto un libro que interesa a todos los que les interese Cataluña, y un libro que algún día, en el futuro, y sea cual sea el final del proceso nacionalista en el que vivimos sumergidos, será de la poca literatura digna, entre montañas de propaganda interesada, que historiadores objetivos podrán consultar para comprender realmente la parte más oculta de lo que aquí pasó entre esas fechas que el título acota.

De Robles se han dicho muchas cosas, pero yo creo que hay dos que no se le pueden discutir: honradez y coherencia. Baste un botón: es uno de esos raros políticos que dimitió de su cargo de diputado por motivos de conciencia. Ciudadanos decidió presentarse a las elecciones europeas de 2009 en antinatural coalición con Libertas. Él no estuvo de acuerdo y volvió a sus clases a costa de muchos precios, entre los más duros, el desafecto de muchos de aquéllos que le apoyaron y no entendieron que no es posible tener conciencia y razón de estado al mismo tiempo a menos que éstas coincidan. O por boca de Calderón: “Al rey la hacienda y la vida se han de dar, pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios”.

¡Y luego se quejan de políticos corruptos! He dicho que su libro es necesario y diré por qué. Lo es para los irreductibles del nacionalismo a cualquier precio por simple profesionalidad (porque lo que importa es ganar), y es de manual que del enemigo (así califican a quien no es de la suya) se ha de saber el máximo, que no hay enemigo pequeño y que sólo el ignorante desprecia cuanto ignora.

Lo necesita también esa España que mira a Cataluña con amor, resquemor y cosas peores, porque tengo la sensación de que la Cataluña real se sabe poco en ella. Este libro les dará una imagen muy diferente de la acostumbrada. Pueden estar seguros de que les descubrirá otra cara que les sorprenderá. Es necesario también para toda esa masa de catalanes honestos, que al calorcillo de los sentimientos por lo propio, tan apetecible, o no se han enterado, o se han conformado cómodamente con la versión oficial (fascistas, ultraderechistas, etc.) conque el nacionalismo ha descalificado a la mucha gente honrada que no está de acuerdo con él y se ha resistido soportándolo todo desde posiciones estrictamente democráticas. Esos catalanes de amor insobornable por su tierra aprenderán algo más sobre su propia historia, sobre los otros catalanes y sus motivos. Estoy convencido de que este libro destensará la presión social, hoy existente, porque hará que nos comprendamos mejor, y contribuirá a mejorar eso que a los nacionalistas les preocupa tanto: la cohesión social, porque este libro, en su sencilla verdad, contribuirá a reparar la injusticia cometida por unos catalanes contra otros, como en otros tiempos se hizo al revés. A veces sin saberlo. Y eso siempre acerca. Deberíamos entendernos mejor porque eso nos humaniza y hace posible el respeto.

Es necesario, además, como reparación y reconocimiento para esos pocos ciudadanos catalanes, tan denostados, que no estuvieron de acuerdo con el poder y se plantaron ante él soportando las consecuencias. Y lo de menos son sus motivos, porque creo que este país, y todos los países, necesitan mucho a esa gente capaz de movilizarse, para decir no, cuando creen ser víctimas de una injusticia sea ésta del color que sea. Porque ésa es la esencia que hace a los países libres y obliga a los fuertes a respetar a los débiles.

Y por último, este libro es especialmente necesario para toda esa enorme masa de españoles que se vinieron a Cataluña a trabajar, o por otros motivos, y que ha sido hábilmente secuestrada en su silencio –o no- si usted lo prefiere, pero que en cualquier caso, apenas sabe nada de su historia ni de lo que unos idealistas se pusieron a defender, también para ellos, y seguramente sin que se lo pidieran, pero con la mejor intención. Este libro les ayudará a situarse, y quizás a decir a Robles y a los suyos, que muchas gracias, pero que con ellos no va esa lucha. O que sí. Y en ambos casos lo tendrán más claro a la hora de decidir, porque me haría muy feliz vivir en un país en que los ciudadanos decidieran y los políticos realizaran, pero eso sí, en todo lo que los primeros quieran y cuando quieran, y no en lo que los segundos marquen cuando creen que el horno está caliente para cocer sus intereses.

Que pasen buen verano.
Juan José es profesor, ingeniero y profesional liberal

Stanley G. Payne: ¿Qué papel jugó el comunismo en la Guerra Civil?
«Los comunistas no fueron en sí mismos responsables de provocar de manera directa la Guerra Civil porque carecían del poder para hacerlo, pero desempeñaron un activo papel promoviendo el máximo grado de polarización, la cual esperaban controlar a través del dominio izquierdista de las instituciones de la República.»
Via http://juanjulioalfaya.blogspot.com.es/  3 Agosto 2013

Stanley G. Payne
LOS líderes de la sublevación militar del 18 de julio declararon que actuaban para salvar al país del «comunismo» y, para millones de personas, la posterior Guerra Civil se convirtió en una lucha entre «comunismo» y «fascismo». No obstante, una investigación cuidadosa pone de manifiesto que, en España, el fascismo y el comunismo genuinos eran, en comparación, débiles. Ambos términos se empleaban de manera indiscriminada para referirse a la izquierda revolucionaria en general, y a la derecha autoritaria, o incluso a la derecha en general, pero sin referirse a dos organizaciones específicas.

Durante quince años, tras su fundación en 1920, el Partido Comunista de España constituyó un absoluto fracaso y siguió siendo uno de los más endebles de Europa. Creado por un agente ruso de la Internacional Comunista (Komintern) y por un pequeño grupo de socialistas cismáticos, seguía los dictados soviéticos de «clase contra clase» y de la inmediata incitación a la revolución sin apenas éxito. Los jefes soviéticos de la Komintern en Moscú contemplaban con envidia el radicalismo revolucionario de la CNT en España, preguntándose por qué su propio partido no parecía atraer a las masas obreras militantes, como hacían los anarquistas. Existieron numerosas escisiones y cambios en la dirección del partido hasta que, en octubre de 1932, la Komintern nombró secretario general del mismo a José Díaz, un antiguo cenetista. Éste lideró un nuevo equipo, formado por dirigentes como Vicente Uribe y el jovencísimo Jesús Hernández, junto a la primera personalidad femenina del partido y jefa de su sección femenina, la elocuente propagandista vizcaína Dolores Ibárruri (Pasionaria), quien se convirtió en la más reconocida figura del comunismo durante la Guerra Civil. Estos nuevos líderes eran duros, ingeniosos, disciplinados, muy trabajadores y completamente leales a Moscú, y proporcionarían al partido un liderazgo eficaz y decidido durante la dramática contienda que estaba por llegar.

En 1928, la Komintern había declarado el inicio del «Tercer Periodo» de la lucha revolucionaria desde 1917, que tenía que coincidir con una nueva gran crisis del capitalismo mundial. La crisis se produjo un año más tarde, con el comienzo de la Gran Depresión, pero las tácticas revolucionarias del «Tercer Periodo» comunista y su intensa hostilidad hacia los socialistas demócratas occidentales (a los que acusaba de «socialfascistas») constituyeron un nuevo fiasco y en Alemania terminaron en desastre, contribuyendo a que Hitler llegase al poder.

España pasó a ser la nueva tierra de las insurrecciones izquierdistas, cinco en menos de cuatro años (el pronunciamiento militar republicano de diciembre de 1930, las tres insurrecciones revolucionarias anarquistas de 1932-33 y el intento socialista de octubre de 1934), pero, al principio, los comunistas no desempeñaron papel alguno en ellas. En 1934 y por vez primera, la Komintern empezó a reconsiderar el tema de las alianzas tácticas y, a mediados de septiembre de ese mismo año, el PCE recibió el permiso oficial para participar en la insurrección socialista que comenzaría tres semanas más tarde.

Pese a la modesta intervención comunista, la sublevación de octubre supuso un paso adelante para el partido. Al tiempo que Largo Caballero y otros dirigentes socialistas negaban tener cualquier responsabilidad en ella, en un intento por evitar su procesamiento, los comunistas se envolvieron en la bandera de la rebelión, proclamando con descaro que habían sido sus inspiradores y sus auténticos líderes. La Komintern se percató de que en España, más que en ningún otro país de Europa Occidental, se estaban desarrollando nuevas oportunidades radicales para la izquierda y procedió a subvencionar una campaña masiva de propaganda. En 1935 afirmaba patrocinar 42 publicaciones diferentes, bien de manera directa o, con más frecuencia, a través de organizaciones interpuestas.

El séptimo congreso de la Komintern, celebrado en agosto de 1935, sirvió para introducir la nueva táctica del Frente Popular, que permitía a los comunistas formar amplias alianzas electorales con los socialistas y otros partidos obreros e incluso con los democrataliberales burgueses, lo que se anunció como un cambio en las tácticas, no en la estrategia, cuyo objetivo seguía siendo la dictadura del proletariado.

Al mismo tiempo, se reconocía que un Frente Popular que obtuviese una decisiva victoria electoral estaría en disposición de introducir un nuevo tipo de régimen político —un régimen sólo de izquierdas en el que se pudieran subyugar de manera legal los intereses derechistas—. Esta República «de nuevo tipo», sólo de izquierdas, sería muy diferente a las «democracias burguesas» de Suiza, Francia o Estados Unidos, y más parecida a la primera «República Popular» dominada por los soviéticos, la de Mongolia, creada tras la invasión y conquista de ese país por parte del Ejército Rojo. Oficialmente, la República Popular de Mongolia no era un régimen socialista o comunista, pero se la declaró como la forma más avanzada de ese nuevo tipo de democracia burguesa.

Pese a lo que sostienen ciertas tesis erróneas, el comunismo frentepopulista no introdujo un nuevo tipo de comunismo moderado en el que se renunciaba a la revolución hasta un futuro distante, sino la simple adopción de unas tácticas de alianza indirecta diseñadas para acelerarla. Durante la campaña electoral del Frente Popular, por ejemplo, los oradores del PCE dejaron bien claro, tanto en sus discursos como en publicaciones, que si llegaba a ganar el Frente Popular aplicaría una táctica en tres fases: en primer lugar, se implantaría una República «de nuevo tipo» y sólo de izquierda, aunque, técnicamente, continuase siendo burguesa, de la que se eliminarían los partidos conservadores y el poder capitalista. Ésta sería una fase transitoria, a la que sucedería un «Gobierno Obrero y Campesino», formado en exclusiva por comunistas y algunos otros elementos procedentes de la izquierda obrera, el cual abriría camino a la tercera fase, la toma comunista del poder con la que se establecería la dictadura del proletariado.

La victoria frentepopulista otorgó al PCE su primera representación parlamentaria, un total de 17 diputados, así como un cierto impulso político a pesar de que su partido seguía teniendo poca entidad. Durante las primeras seis semanas de nuevo gobierno de izquierda, los comunistas lanzaron una vigorosa ofensiva propagandística a favor de sus objetivos revolucionarios, reiterando tanto éstos como su táctica en tres fases e intentando de modo enérgico la fusión oficial con el Partido Socialista, más numeroso y dividido y al que creían poder dominar. Sus esfuerzos se centraron, sobre todo, en Madrid, donde se embarcaron en manifestaciones provocativas, intentando una y otra vez presentarse como un partido más grande y poderoso de lo que eran en realidad. En vísperas de la Guerra Civil afirmaban contar con 100.000 afiliados, aunque los historiadores han concluido que la cifra real no superaba los 50.000. Tales aseveraciones y manifestaciones tuvieron el efecto, entre otras cosas, de convencer a los conservadores españoles de que el PCE era más poderoso y de mayor entidad de lo que en verdad era.

Sin embargo, en el mes de abril, la línea táctica del PCE se estaba volviendo más moderada debido a dos factores, uno interno y otro externo. Este último era el éxito con que Hitler había procedido a remilitarizar Renania en marzo, marcando el comienzo de la expansión militar de la Alemania nazi. Este hecho hizo saltar las alarmas en el Kremlin, desde donde se enviaron instrucciones al PCE para que subordinase sus intereses políticos al apoyo a la Unión Soviética, al tiempo que debía moderar su política interna. El factor interno fue, simplemente, el triunfo electoral del Frente Popular y su consiguiente dominio político. En ningún otro país, desde la Revolución Rusa, los comunistas habían formado parte de una coalición que controlase por completo el poder político haciendo uso de la legalidad y no de la revolución. En abril, el PCE recibió instrucciones de dar absoluta prioridad al empleo legal y no revolucionario del poder político. Se debía perseguir con empeño la construcción de una república «de nuevo tipo», pero siempre por medios legales, al menos en apariencia. Se desaconsejaban las huelgas extremistas y habría que esforzarse al máximo por moderar a la CNT, por temor a que desencadenase otra insurrección que pudiera dar inicio a una guerra civil. Habría también que destruir el poder económico del capitalismo español y eliminar a todas las fuerzas y partidos derechistas, pero sirviéndose de las leyes, no de la acción revolucionaria.

¿Significó esto que la política comunista se había vuelto más «moderada», como sostienen muchos comentaristas? Sí en lo que respecta a sus tácticas, pero sus objetivos seguían siendo muy radicales. En los días previos al estallido de la Guerra Civil, el PCE presentó nuevas propuestas legislativas con el fin de encarcelar y procesar a los dirigentes del Gobierno republicano de 1934 y abolir todos los partidos conservadores, enviando a prisión a sus líderes y confiscando sus propiedades. Estas propuestas tiránicas y nada moderadas se llevarían a efecto gracias a la mayoría parlamentaria artificialmente grande que el Frente Popular había creado para sí mismo.

Por lo tanto, ¿cuánta responsabilidad cabe atribuir al PCE en la Guerra Civil? Sólo una mínima parte de los desórdenes y violaciones de la ley y la Constitución que tuvieron lugar durante la primavera de 1936 se debieron a los comunistas. Sin embargo, esto no significa que su política fuese moderada. Pese a su limitado número, fueron el grupo que con más franqueza insistió en el uso de lo que quedaba de la legalidad republicana para implantar una tiránica república «de nuevo tipo», dominada del todo por la izquierda y en la que los partidos políticos y los intereses económicos derechistas quedarían completamente sometidos. Los comunistas no fueron en sí mismos responsables de provocar de manera directa la Guerra Civil porque carecían del poder para hacerlo, pero desempeñaron un activo papel promoviendo el máximo grado de polarización, la cual esperaban controlar a través del dominio izquierdista de las instituciones de la República.

Stanley G. Payne
40 Preguntas fundamentales sobre la Guerra Civil
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Fin de la cita
Luis del Pino Libertad Digital  3 Agosto 2013

Editorial del programa Sin Complejos del sábado 3/8/2013: "Fin de la cita"

Gracias a todos por venir... Nos ha traído aquí la injusticia cometida —contra todos los españoles— con un terrorista que no pide perdón, que no se arrepiente, que nos desprecia y, para colmo, se ríe de nosotros con sus parodias de hospital. (FIN DE LA CITA)

Nos ha traído aquí la falta de gallardía de un Gobierno que pretende disfrazar la humillación con razones de política inteligente y la indignidad con excusas humanitarias. Hemos venido para proclamar que la mayoría de los españoles no estamos conformes. (FIN DE LA CITA)

Ya no es posible ocultar lo que resulta evidente. Ahora sabemos por qué se nos humilla ante los terroristas; por qué el Gobierno es tan complaciente con sus portavoces; por qué Batasuna... recibe mejor trato que quienes respetamos las leyes. Ahora sabemos por qué había que retorcer las normas, trampear los procedimientos y engañar a los españoles para excarcelar a un terrorista insaciable. (FIN DE LA CITA)

Es el peaje que paga el Gobierno para poder negociar. (FIN DE LA CITA)

ETA no nos dejará en paz. No se arrepiente de nada. No renuncia a nada. Quiere Navarra, quiere la amnistía, quiere la independencia. Nunca se conformará con menos. Mientras se le consienta, seguirá y seguirá hasta lograr su propósito, hasta que renunciemos a la razón, a la justicia, a la dignidad, en definitiva, hasta que nos rindamos. Tampoco renunciará jamás a su capacidad de coacción, de chantaje, de intimidación. (FIN DE LA CITA)

Todo esto lo sabe el Gobierno...Pretender que los criminales se apacigüen mediante concesiones es tan absurdo como apagar un incendio con leña. Cuanto más echemos, más nos pedirá. Cuanto más obtengan, más querrán. No se detendrán hasta obtener todo lo que piden. (FIN DE LA CITA)

ETA no quiere la paz. Busca la victoria. Ha descubierto un Gobierno débil y quiere aprovechar la ocasión. Quien cede una vez ante ellos se condena a seguir cediendo o a tener que combatirlos cuando sea demasiado tarde. Por eso es preferible tener el coraje de hacerles frente desde el principio, sin debilitar nuestra fuerza, sin fortalecer al principal enemigo de nuestra libertad. (FIN DE LA CITA)

Es hora de que los españoles hablen. Tenemos que impedir que las cosas continúen por este camino delirante. Necesitamos una política antiterrorista seria. Una política diseñada para perseguir a los terroristas, no para poner zancadillas a los españoles que no aplauden al Gobierno. (FIN DE LA CITA)

Quiero que este acto quede como testimonio de un pueblo que sabe que sólo siendo fiel a sus valores podrá construir el mejor futuro. De un pueblo que sabe que entre el terrorismo y la democracia no hay caminos de encuentro y que uno de los dos debe prevalecer a costa del otro. Y que, desde luego, quiere que prevalezca la democracia. De un pueblo que no quiere tener que contar un día que el terrorismo ganó una batalla en su país. (FIN DE LA CITA)

Queremos recuperar la España que no se rendía ante los terroristas, que no se humillaba ante el chantaje, que no premiaba a los asesinos, que no menospreciaba a las víctimas. La España que consiguió que ETA no matara porque no podía matar, porque la estábamos derrotando. (FIN DE LA CITA)

¡Claro que hay otra manera de hacer las cosas! Y tenemos derecho a reclamarla. Queremos que la democracia gane y que ETA pierda. Queremos que Batasuna desaparezca de nuestras calles, de nuestros telediarios y que ni sueñe con volver a los ayuntamientos. Queremos que los terroristas sepan que no tienen nada que reclamarnos, que su único destino es la cárcel y que nosotros todavía sabemos distinguir con nitidez quiénes son las personas decentes y quiénes son los indeseables. (FIN DE LA CITA)

Los distinguimos muy bien. Por eso no nos olvidamos de las víctimas. A nosotros no nos estorban. Al contrario. (FIN DE LA CITA)

El mejor camino para honrar a las víctimas es que volvamos a hacer las cosas como se hacían cuando se hacían bien. Las flores y los aplausos nunca sobran, pero como de verdad se les honra es defendiendo la razón que da sentido a su muerte. Se les honra defendiendo las ideas que sus asesinos condenan. Se les honra persiguiendo a sus perseguidores. Se les honra haciendo justicia. Nosotros les haremos justicia. (FIN DE LA CITA)

Porque no estamos hablando solamente del terrorismo. Ni siquiera principalmente. Estamos hablando de España... España nos pertenece a todos y nadie tiene derecho a modificarla para dar gusto a ETA. No lo vamos a consentir. (FIN DE LA CITA)

Somos una voluntad en marcha. No nos vamos a resignar. No nos cansaremos de combatir por nuestros principios... No nos rendiremos jamás. (FIN DE LA CITA)

Y ahora, si todavía no estáis roncos, gritad conmigo: ¡Viva la libertad! ¡Viva España! (FIN DE LA CITA)

Estas citas no se refieren a la vergonzosa excarcelación del etarra Bolinaga por parte del actual gobierno; ni a la actual presencia de los proetarras en las instituciones, consentida por el actual gobierno; ni a la inexplicable política de complacencia del actual gobierno para con todos los nacionalistas. Las citas están extraídas del discurso que Mariano Rajoy pronunció en la madrileña Plaza de Colón en marzo de 2007, en la manifestación convocada para protestar contra la excarcelación del terrorista De Juana Chaos. En aquella manifestación, Rajoy estaba flanqueado por María San Gil, a la que luego terminaría defenestrando, y por José Antonio Ortega Lara, que terminaría abandonando el partido, completamente harto.

Don Mariano Rajoy: el pasado jueves compareció usted en el Parlamento para hablar del caso Bárcenas. No explicó usted nada de nada: no nos explicó cómo obtuvo Bárcenas sus 50 millones de euros, ni qué consiguieron a cambio los empresarios que donaban ese dinero, ni cómo es posible que nadie se enterara de que había un señor en la cúpula del partido amasando una inmensa fortuna a razón de 6.000 euros por día, durante veinte años.

A lo único que se limitó usted, don Mariano, es a decirnos que no tenemos que creer la palabra de Bárcenas, porque es un presunto delincuente. Y que, en lugar de ello, la palabra que tenemos que creer es la suya.

Permítame, don Mariano, que le manifieste mi extrañeza. No entiendo cómo nos pide usted que creamos en su palabra. Es metafísicamente imposible que podamos hacerlo.

Por la sencilla razón, don Mariano, de que carece usted de palabra. Como las citas anteriores demuestran.

FIN DEL EDITORIAL

La campaña de la Generalitat con los corresponsales extranjeros
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital  3 Agosto 2013

Inocencio Arias ha desvelado cómo se está trabajando la Generalitat -con dinero de todos los españoles- a los corresponsales extranjeros.

Si alguien quiere saber cómo hay diplomáticos que para defender a España y a los españoles han de pelearse incluso con los demás funcionarios y contratados de las embajadas, puede leer el libro de Javier Rupérez Memoria de Washington, en el que éste cuenta que se encontró con subordinados a los que les molestaba que se empeñase en oponerse en Estados Unidos a las campañas de cacique de Idaho Pete Cenarrusa a favor del abertzalismo.

En el periódico República.com, otro diplomático, Inocencio Arias, ha descrito la campaña de la Generalitat, la que cierra hospitales y rebaja salarios, pero mantiene sus planes separatistas. Artur Mas, de igual manera que a los catalanes les dice que la culpa de todo es de que el resto de los españoles les roba -no de que haya robado su partido- le cuenta a los corresponsales de prensa extranjeros que sin Cataluña el resto de España caería en el subdesarrollo. Aquí tenéis el artículo:

los mentores oficiales catalanes siguen trabajándose a la prensa extranjera incluso en temas no políticos (el gobierno central no se acaba de percatar de ello). Uno de los slogans machacones y que calan en los periodistas que pasan unos días en nuestro país es el de que "Cataluña es el motor de la economía española". Globalmente y en cualquier tema, olvídese de esos mesetarios de Madrid o de cualquier otra comunidad, ellos son el motor y punto, de la industria de los servicios, de la alimentación, de la selección nacional de fútbol (catalanizando como quien no quiere la cosa a un manchego, Iniesta, a un canario, un asturiano...) etc. Hace días leo en el prestigioso Financial Times que Cataluña, con 7 millones de habitantes, es el motor del turismo español. ¿Y quién es el motor de los otros 52 millones que van a visitar este año España, se calcula que vendrán 59?, ¿Qué pasa con los millones de Baleares, Canarias, Madrid, Andalucía, etc? ¿Qué son? ¿Ruedecitas en la maquinaria del gran motor?

Unas semanas antes, Arias dijo lo mismo respecto a la reforma educativa propuesta por el ministro Wert. Se ha inculcado en muchos extranjeros que hay una persecución al idioma catalán.

Ahora bien, llama poderosamente la atención que el tema que chirría enormemente en Cataluña sea el intento del ministro y del Gobierno de que cualquier español pueda educarse en la lengua que es de toda la nación (y, además, una de las de mayor progresión en el mundo). Dice el ministro que cuando aborda el asunto en el extranjero nadie entiende el sofoco de los dirigentes catalanes. A mí me ha ocurrido otro tanto, cuando explico en el extranjero que no se trata en absoluto de frenar la utilización y la enseñanza del catalán en Cataluña sino de que se pueda tener similar acceso a la del español si se desea mis interlocutores no lo entienden. Me lo hacen repetir, creen que me estoy expresando mal en inglés o en francés.

¿Qué deducimos de esto? Dos cosas.
-Una, el carácter mentiroso y racista del nacionalismo catalán moderado, al que hay que ayudarle a salir del atolladero.
-Dos, la inoperancia del Gobierno nacional, que no hace NADA. Estamos esperando que el espectador de Teledeporte organice el Gobierno una campaña para desmontar ante los catalanes las mentiras de los chulos de la señora Cataluña. Por ejemplo, que Murcia es más importante para Cataluña que Estados Unidos.

¿Por qué hemos de pagar los españoles semejantes diplomáticos... y políticos?

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