AGLI Recortes de Prensa   Viernes 9 Agosto 2013

Bajar salarios: política keynesiana
Juan Ramón Rallo www.vozpopuli.com 9 Agosto 2013

Pese al renovado sentimiento broteverdista que se está extendiendo por toda Europa, la tasa de paro en la periferia –y muy especialmente en España– sigue siendo insosteniblemente elevada. De ahí que desde dentro y desde fuera de nuestro país sigamos buscando imaginativas respuestas a esta lacra social y económica.

La última nos ha llegado desde el Fondo Monetario Internacional y consiste en impulsar una bajada del 10% en los salarios españoles: según el FMI, sindicatos y patronal deberían acordar una repentina rebaja de los salarios del 10% a cambio del compromiso de incrementar la contratación: "Nuestros modelos apuntan hacia los beneficios potenciales que tendrían un ambicioso acuerdo social en aras del crecimiento y del empleo para acelerar la devaluación interna. Nuestro modelo se basa en la hipótesis de 1) suscribir un acuerdo para reducir los salarios nominales en, por ejemplo, un 10% durante dos años (…)".

¿Y por qué el 10%? Pues porque es el aumento nominal que, como media, han experimentado los sueldos españoles entre 2008 y 2012, de modo que se trataría de corregir esa inflación salarial para conceder a las compañías un cierto margen para reducir sus precios hasta un 5% y ganar competitividad internacional.

La visión keynesiana de los salarios
Ya hemos explicado en diversas ocasiones que el FMI es un organismo puramente keynesiano que vive a costa del contribuyente y que, en consecuencia, debería ser clausurado de inmediato. Muchos, sin embargo, siguen pensando que las rebajas salariales generalizadas y por decreto son una recomendación genuinamente antikeynesiana: disminuir los salarios, dicen, hundiría el consumo.

Pero quienes así razonan confunden inapropiadamente keynesianismo con subconsumismo: la obsesión de Keynes no era la de evitar que el consumo cayera, sino la de evitar que el gasto total se redujera. Y dentro del gasto total no sólo se encuentra el consumo, sino también la inversión. En este sentido, el inglés pensaba que, en determinadas circunstancias, una minoración salarial podría impulsar la inversión agregada. ¿Y cuáles eran esas circunstancias? ¡Justamente las que reivindica el FMI!

De entrada, Keynes estaba convencido de que en una economía abierta al comercio internacional –como lo está hoy España– las rebajas salariales permitían mejorar el saldo exterior y, por esta vía, relanzar la inversión interna. Tal como podemos leer en su Teoría General: "En una economía abierta, las reducciones de los salarios nominales en relación con los salarios nominales extranjeros son evidentemente favorables a incrementar la inversión, ya que tienden a mejorar el saldo de la balanza comercial".

El ínclito economista inglés sólo tenía ciertas reticencias con las reducciones de salarios en economías cerradas, pero incluso ahí respaldaba los recortes de sueldos siempre que se produjeran de golpe y para todos los trabajadores a través de un decreto gubernamental: "Cuando entramos en un período de demanda efectiva languideciente, una reducción repentina de los salarios nominales a un nivel tan bajo que nadie crea que puedan seguir reduciéndose sería el estímulo más favorable para fortalecer la demanda efectiva. Pero esto sólo podríamos conseguirlo mediante un decreto administrativo, poco probable en sistemas donde existe libertad de negociación salarial".

En ausencia de fascistoides decretos gubernamentales, buenos eran para Keynes los también fascistoides acuerdos de negociación colectiva que minoraran los salarios. El inglés incluso los prefería a sus adoradas rebajas de salarios reales a través de la inflación: "Si los trabajadores, siempre que no hubiese pleno empleo, estuvieran dispuestos a reducir concertadamente sus demandas salariales hasta un punto en que se indujera una reducción de los tipos de interés compatible con el pleno empleo, deberíamos, ciertamente, dejar esa política en manos de los sindicatos –preocupados por el pleno empleo– en lugar de en el sistema bancario".

En definitiva, la política salarial ideal para Keynes en medio de las depresiones era: rebaja repentina y concertada de los salarios nominales mediante acuerdos de negociación colectiva dirigidos a recuperar la competitividad internacional e impulsar la inversión interna. Justo el recetario abrazado por el muy keynesiano Fondo Monetario Internacional.

La alternativa austriaca
La visión keynesiana –predominante a día de hoy– pretende manejar la totalidad de los precios y salarios con el objetivo de impulsar el gasto agregado y, a través del gasto agregado, la producción agregada y el empleo. Se trata de un proyecto de ingeniería social macroeconómico condenado al fracaso, tanto cuando se aplica para rebajarlos todos sin ton ni son como cuando se adopta el camino inverso de aumentarlos todos por mandato gubernamental (recordemos las desastrosas consecuencias que le acarreó a España la subida salarial de un 23% decretada en 1956 por el falangista Girón de Velasco).

Por el contrario, la visión austriaca enfatiza la necesidad de que precios y salarios particulares se ajusten flexiblemente a la cambiante realidad de cada unidad empresarial con tal de permitir la supervivencia y emergencia de la mayor cantidad posible de planes de negocio viables que, en consecuencia, incremente la producción y el empleo y, a través de ellos, el gasto. Si bien los keynesianos creen que en depresión siempre es positivo bajar todos los salarios en idéntico porcentaje, los austriacos se limitan a afirmar que cada salario (y cada precio) debe adaptarse a las condiciones económicas del momento.

En el contexto actual, con seis millones de parados y una pésima especialización de muchos sectores productivos dentro de España, es evidente que la libertad de mercado significaría que la mayoría de salarios –aunque no todos– tenderían a reducirse, pero no lo harían todos en el mismo porcentaje: cada uno se adaptaría a las circunstancias concretas de su sector con el propósito de ajustarse dinámicamente a la productividad del trabajo y maximizar sus posibilidades de ocupación. La clave está en el ajuste de los precios relativos a las condiciones productivas, no en su manipulación keynesiana para acrecentar el gasto.

Hagamos oídos sordos al FMI, pero no porque no sea necesario que muchos salarios se reduzcan en España para adaptarlos a la productividad postcolapso burbujístico, sino porque las reducciones o elevaciones de los salarios han de ser la consecuencia de un proceso de negociación libre entre empresa y trabajador dirigido a readaptar la posición competitiva de la compañía a las mutantes circunstancias del mercado. No planifiquemos centralizadamente los salarios: restablezcamos la libertad en el mercado laboral que tanto aborrecía Keynes y que el FMI sólo respalda como herramienta subóptima para recortar los sueldos. Necesitamos salarios libres, no salarios bajos.

¿Bajada de salarios? ¡Horror! Olli Rehn no se entera: es política y no economía
Susana Criado www.vozpopuli.com 9 Agosto 2013

Nadie le conocía hasta ahora; ni el tendero, ni el cocinero, ni el funcionario, ni tampoco el profesor. No conocían su cara, ni tampoco su nombre: Olli Rehn, presidente de la Comisión Europea. Una de las personas que más manda en Europa, un hombre al que hemos visto en numerosas ocasiones decir que España necesita más reformas y sonreír cuando el ministro Luis de Guindos le decía entre susurros que la reforma laboral en España iba a ser agresiva, muy agresiva. Hoy su cara se vuelve más familiar que nunca porque dice que usted y yo debemos bajarnos el sueldo para que el país salga así de la crisis. “¡Manda huevos!”, que diría Trillo.

Lo de bajar los sueldos lo dijo antes el Fondo Monetario Internacional (FMI), y también lo propuso allá por el mes de abril el Banco Central Europeo. Esta semana, en pleno mes de agosto, llega Olli y nos amarga las vacaciones. Va de simpático además, y utiliza el estribillo de una canción de Bob Dylan: "Algo está pasando aquí, pero usted no se está enterando". Sí que nos enteramos Olli, nos enteramos de sobra.

El próximo año hay elecciones en Europa y Olli Rehn hace méritos para volver a ser reelegido: hace política y no economía, y habla para los alemanes aunque para ello utilice a los españoles. Si bajas los salarios, las familias españolas -más de la mitad de ellas reconoce no llegar a final de mes- dejarán de pagar las hipotecas, aumentará la quiebra bancaria, aumentará el rescate y subirá la prima de riesgo... horror. Si simplemente bajas salarios, no ganas competitividad. Necesitas además bajar los precios de la energía y del transporte, mejorar en innovación y en formación de los trabajadores. Necesitas además bajar los impuestos y que caigan los costes de financiación. Si España se limita sólo a bajar los salarios, conseguiría simplemente convertirse en el Vietnam de Europa.

Además, ¿bajas los salarios por decreto ley? ¿Cómo obligas a las empresas privadas y a sus trabajadores a recortarse el sueldo un 10%?, ¿por qué no un 20%? En una economía de libre mercado, los gobiernos no pueden obligar a las empresas a bajar las retribuciones de sus trabajadores. ¿Cree Olli Rehn que España es como Cuba, una dictadura?

Además, el comisario europeo debería saber que en España los trabajadores ya se han bajado el sueldo. Muchas empresas, grandes y pequeñas, de todos los sectores -desde el financiero, hasta el de la construcción pasando por el de las telecomunicaciones- han acordado con sus empleados bajadas de sueldo para adaptarse a la actual situación. ¿Acaso usted conoce a alguien que este año cobre más que el pasado? Si es así, por favor preséntemelo, porque de esos hay tan pocos que se han convertido en una especie en extinción.

UE
La crisis del euro no ha acabado
Manuel Llamas Libertad Digital 9 Agosto 2013

Los últimos indicadores avanzan que España saldrá de la recesión este trimestre y que la Zona Euro acaba de entrar nuevamente en terreno positivo, tras la recaída iniciada a mediados de 2011. Los políticos europeos, y especialmente los españoles, se agarran con fuerza a estos datos positivos para pregonar el fin de la crisis y el inicio de la recuperación. Sin embargo, si bien el sector privado nacional muestra claras señales de saneamiento, las finanzas públicas, tanto españolas como periféricas, no han dejado de deteriorarse, añadiendo así nuevos elementos de riesgo a la actual crisis del euro. No en vano, la estabilidad de la moneda única depende, en última instancia, de la solvencia de los Estados que conforman la Unión. De ahí, precisamente, la regla básica por la cual la deuda pública no debería superar el 60% del PIB y el déficit no sobrepasar el 3%.

El problema es que estos límites están a años luz de cumplirse, a pesar de los rescates soberanos, las quitas y los anunciados pero irreales planes de austeridad de los países más débiles de la Zona Euro. El lento desapalancamiento del sector privado está siendo contrarrestado por un aumento de la deuda pública que carece de precedentes en períodos de paz. Como resultado, la deuda total de las grandes potencias no ha dejado de crecer desde que estalló la crisis. El endeudamiento conjunto de familias, empresas y Gobiernos se ha disparado en 33 billones de dólares desde 2007, casi la mitad del PIB mundial, debido, principalmente, al brutal desequilibrio de las cuentas públicas en los países más ricos. Se ha inflado así una burbuja de deuda soberana cuyo estallido amenaza con nuevas quiebras estatales o elevada inflación, según advierte el Banco Internacional de Pagos, el banco central de los bancos centrales.

En el caso concreto de la Zona Euro, la deuda pública total supera ya el 92% del PIB (8,75 billones de euros), todo un récord histórico, tras aumentar en casi 400.000 millones en el último año. Y en el listado de Gobiernos más endeudados encontramos, no por casualidad, a los periféricos: Grecia (160,5%), Italia (130,3%), Portugal (127,2%), Irlanda (125,1%), Bélgica (104,5%), Francia (91,9%), España (88,2%) y Chipre (86,9%). En la actualidad, tan sólo cinco de los 17 países que conforman el euro cumplen los criterios del Tratado de Maastricht: Estonia (10%), Luxemburgo (22,4%), Eslovenia (54,5%), Finlandia (54,8%) y Eslovaquia (54,9%). De las grandes potencias europeas, Alemania es la única que está en disposición de reducir su deuda pública en los próximos años, a diferencia de Francia, Italia o España, siempre y cuando no sufra una crisis financiera y acuda al rescate público de su banca.

A la vista de estos datos, no es de extrañar que algunas firmas de inversión enfríen el incipiente optimismo que rezuman políticos y burócratas de todo pelaje y condición. Es el caso de Bridgewater, que en una de sus últimas notas advierte de que el euro se enfrenta a cinco grandes amenazas en los próximos meses: 1) las nuevas pruebas de estrés a las que serán sometidas las grandes entidades financieras europeas en la primera mitad del próximo año, que podrían deparar algunas desagradables sorpresas; 2) la elevada exposición de la banca periférica a deuda pública de escasa o nula calidad, cuya reestructuración no se descarta; 3) en concreto, la posible aplicación de quitas soberanas en Portugal, al estilo de Grecia, podría extender el miedo entre los inversores a que suceda algo similar en España e Italia, 4) la delicada situación económica y fiscal de Francia y 5) el hecho de que la atención internacional en torno al euro pueda exacerbar las tensiones financieras, tal y como sucedió el pasado verano.

Por último, a todo ello habría que sumar la siempre incierta variable política. Las cruciales elecciones de Alemania del próximo otoño, el mantenimiento o no de la estabilidad gubernamental en Grecia, Italia y Portugal o el riesgo de que una izquierda aún más radicalizada alcance el poder en España en 2015, tirando por la borda los tímidos avances registrados, son factores a tener muy en cuenta antes de echar las campanas al vuelo irresponsablemente y dar por finalizada una crisis, la del euro, de cuya resolución dependerá en buena medida el futuro de la Unión.

La UE no puede pedir mas a España
Pablo Sebastián www.republica.com 9 Agosto 2013

La Comisión Europea y la canciller Merkel se han equivocado al exigir duros planes de austeridad en plena recesión europea a los países más dañados por la crisis, y especialmente a los del sur de la UE que, para colmo, se están financiando en los mercados a tipos de interés muchos más altos que los del norte europeo. Al final a nadie en la UE le salen las cuentas y tanto la Comisión como el BCE han tenido que recular y aplazar el objetivo fiscal así como mejorar los apoyos financieros.

Por todo eso y mientras la UE no rectifique a fondo su política resulta inútil pedir a los españoles más sacrificios como lo sería la reducción de un 10 % del valor de los salarios que ha propuesto el FMI y apoyado el comisario europeo Olli Rehn quien ya ha caído en numerosos errores de cálculo y apreciación.

El problema de fondo de España en la crisis reside en la negativa del Gobierno de Rajoy y de la oposición de Rubalcaba a poner coto al gasto político de las distintas administraciones del Estado, lo que permitiría bajar los impuestos y reactivar la economía. Pero está claro que el PP y el PSOE no quieren eliminar esos gastos públicos porque de ellos depende una gran parte de su militancia política y de su estructura electoral.

Y esa situación nos conduce, como casi todo y la corrupción ahí incluida, a la necesidad de una gran reforma del Estado y de las reglas del juego político para poner punto final a la oligarquía de partidos imperante en España en favor de una democracia de tipo anglosajón y con un sistema directo de elección de gobernantes y representantes, así como garantizando la separación de los tres poderes del Estado, Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Sin embargo, y al margen de las cuestiones puramente españolas, es la UE la que debe rectificar a fondo sus políticas e instaurar los mecanismos oportunos para que los países del sur de la UE se puedan financiar en los mercados a precios mucho más bajos de los que ahora están pagando. Los lentos avances hacia la unión bancaria y la perspectiva final de los eurobonos, que rechaza la canciller Merkel, son objetivos ineludibles de la UE aunque en este tiempo preelectoral de Alemania parecen imposibles de llevar a cabo porque ello le podría costar muy caro en las elecciones de su país a la canciller.

Habrá pues que esperar al otoño para ver qué hace Alemania y qué decisiones adopta la UE porque el final de la recesión y el inicio de la recuperación del crecimiento son mucho más lentos de lo que se esperaba. Y no sólo para los países del sur europeo sino también para las naciones más fuertes, tal y como lo acaba de reconocer la Comisión Europea, rebajando unas décimas las que eran sus previsiones para 2013 y 2014. Luego la enfermedad no es solo del sur sino también del centro y del norte de la UE, y ese diagnóstico obliga a una profunda rectificación europea y a la toma de decisiones nuevas, audaces y generosas porque de lo contrario la crisis europea se convertirá en el cuento de nunca acabar.
www.pablosebastian.com

MENOS AUTONOMÍAS MENOS CRISIS
España sin estas autonomías, salida política y económica de las crisis
Pascual Tamburri El Semanal Digital 9 Agosto 2013

El sistema autonómico no funciona. Se creó como solución de los separatismos, y hay más separatistas. Se promocionó como éxito social y económico, y agrava la crisis.

Hace ya unas cuantas semanas Fernando Sánchez Dragó escandalizó a España diciendo que "el Estado de las Autonomías debería desaparecer". Hubo quien, políticos y comunicadores profesionales, pareció escandalizarse como si fuese una nueva herejía, una solución nunca mencionada o la transmutación de todos los valores. Ya, ya. Será que esto de las autonomías regionales ha existido siempre, que era inevitable, que fue una buena solución o que… ha resultado eficaz a la par que barato. Será eso.

Pocos días antes, y dejando aparte cuestiones de precio, el portavoz del Grupo Popular en el Parlamento Europeo, Jaime Mayor Oreja, dijo por otro lado que las comunidades autónomas "deben saber hacer frente permanentemente" a la "ofensiva nacionalista" en España. Y el problema, en breve, es que no lo hacen. Unas porque no saben, otras quizá porque no pueden, y desde luego algunas porque no quieren. De hecho, algunas nacieron, en las mentes de sus creadores, contra España. ¿Soluciona eso el problema? No, lo agrava. ¿Legitima eso las autonomías? No, las empuja aún más al barro.

La herencia con más consecuencias de la Transición es aún hoy la reorganización territorial de España. Una Transición a la democracia que nadie propone anular, pero que está en manos de los españoles mejorar. Que se puede mejorar está claro, porque los fallos del régimen son cada vez más visibles, algo razonable si se recuerda como Pío Moa fue "dirigida por personajes de tan bajo nivel intelectual y político como Juan Carlos y Suárez". Está claro que Javier Arzallus y hasta Carlos Garaicoechea eran más inteligentes que ellos. Verdad es que hubo otras personas y otros perfiles intelectuales, académicos, políticos y hasta éticos, como los últimos años de la Corona han recordado a todos. Pero pocos nombres se reparten la responsabilidad de lo que nos legaron, como durante años se han repartido el supuesto mérito de su aclamada clarividencia.

Algo bueno de la Transición es que, a pesar de crear este sistema territorial heterogéneo, caro, injusto y proclive al separatismo, dejó en la misma Constitución todos los instrumentos para corregirlo o en su caso anularlo. El pueblo español puede mejorar el sistema, cambiando las Leyes o la misma Constitución. Cuando los políticos de una región actúen contra el bien común de la Nación, el Gobierno puede aplicar el artículo 155 e intervenir en esa autonomía, suspendiendo algunas de sus competencias o todas, por un tiempo o para siempre. Tiene la razón, tiene la ley y tiene la fuerza, que conociendo al personal no haría falta. Aún en 2013 sólo hay una soberanía, de la que nacen todas las leyes, también los Estatutos.

La otra opción es pagar y callar. Las autonomías son caras. No por gastar mucho, sino porque su precio no se corresponde con sus funciones ni con la calidad de sus servicios sino con el coste de la casta. Más aún, por el peligro de la división política. Es hora de afrontar sin tabúes una reforma de un sistema que no funciona.

Cataluña
Mas, siempre más
José T. Raga Libertad Digital 9 Agosto 2013

Las tolerancias, las claudicaciones, la sumisión a intereses poco confesables, cuando se producen en el ámbito político se encubren bajo términos deliberadamente confusos que, pronto o tarde, para desgracia de sus protagonistas, acaban conociéndose y, con el conocimiento, generando el desprestigio político y, sobre todo, personal de quien los arguye.

En estos momentos tengo en mente expresiones como déficit a la carta, asimétrico o diferenciado, prórroga de las exigencias o requisitos, y hasta se habla de petición de dinero, asombrosamente, para reducir el déficit –suponemos que quiere decir petición de crédito, porque el dinero sólo se puede pedir como donación o subvención, o como crédito–. Todos, menos unos pocos, por lo visto, tenemos claro que déficit es la magnitud en la que se incurre, en cualquier ejercicio económico, cuando los gastos realizados (si es liquidación) o presupuestados (cuando son previos a la ejecución) son superiores a los ingresos en el propio ejercicio.

Pedir dinero, o pedir crédito al Estado, como planea Cataluña, nunca reducirá el déficit, dado que su aspiración no puede ir más allá que la de ser un instrumento de financiación del déficit, pero nunca de reducción del mismo. El discurso sólo puede pretender la confusión que se ha instalado en sustitución de la verdad. Ésta, por lo visto, no es políticamente correcta. Pedir dinero, a no ser que lo sea como limosna, lo que jurídicamente conformaría una donación, necesariamente lo será como crédito, o lo que es lo mismo, será un endeudamiento contraído para financiar el déficit, como siempre.

De todos modos, estamos ante el lenguaje moderno al uso, consistente en que los términos usados no significan lo que puede suponerse, pretendiéndose con su uso la desorientación de lectores e interesados. Lo cierto es que al señor Mas, presidente de la Generalidad de Cataluña, no le basta con la autorización de un déficit más elevado que el objetivo del déficit autonómico (1,58% de su PIB, frente al 1,3 general), sino que reclama acercarse al 2%, porque Cataluña es diferente. Estoy convencido de que si se le autorizase lo reclamado seguiría reclamando más y más, porque el señor Mas es siempre Más.

La ingenuidad de pensar que quien no tiene que enfrentarse a la enojosa y antipática situación de reclamar impuestos a los contribuyentes para financiar el gasto público reducirá voluntariamente el gasto para reducir, con ello, el déficit de su autonomía es inadmisible en un político que debe administrar los recursos públicos con eficiencia y equidad, esta última exigencia cuando haya que corregir la igualdad por causas bien justificadas.

Mientras el Sr. Mas no tenga que asumir la función de imposición y de recaudación, no podemos esperar que reduzca el gasto. Me parece un error la tolerancia en el control del déficit, porque nunca será suficiente. Despacharse con que ya ha llegado al hueso sólo tiene una respuesta: eliminar también el hueso.

¡Hace falta estar sordo para mantener la calma ante tales pronunciamientos!

Cataluña sin presupuesto
Ignacio del Río www.republica.com 9 Agosto 2013

El acuerdo del Consejo de Política Fiscal y Financiera -es realmente un informe previo que debe ser aprobado por el Gobierno- , que ha distribuido asimétricamente el déficit entre las Comunidades Autónomas y que ha favorecido entre otras a Cataluña, ha recibido una respuesta destemplada del presidente de la Generalidad que se propone recurrir el acuerdo que adopte el Consejo de Ministros, ante la jurisdicción contenciosa administrativa y trasladar a Madrid la responsabilidad de la ausencia de presupuestos para 2013.

El presidente Más emula en la política al mago Haudini y se ha convertido en un artista del escapismo. Como no quiere gobernar y no puede subsistir en la contradicción permanente que existe entre el concepto, la ideología y el modelo de CiU y su coaligado ERC, permanentemente busca “ventanas” para salirse de la pantalla política de la realidad del Gobierno y encontrar una excusa que le permita situarse extramuros. En el límite entre la desobediencia civil, el obstruccionismo y la insolidaridad.

La Ley de Estabilidad, Ley 2/2012, desarrolla, entre otros, los principios de estabilidad presupuestaria, sostenibilidad financiera, cooperación, responsabilidad y lealtad institucional y permite el establecimiento de objetivos individuales para las Comunidades Autónomas en estabilidad presupuestaria y deuda pública.

El objetivo de déficit general para el trienio 2014-2016 se fija en el 1%,el 0,7% y el 0,2% por ciento respectivamente y la distribución asimétrica, según la propia información del Gobierno, tiene un carácter excepcional.

Para el 2013, Cataluña tendrá que cumplir con un déficit máximo del 1,58 % lo que supone una reducción del 19,39% en relación con el que tuvo en 2012.

La comparación de Cataluña con Madrid refleja el alto peso de la deuda acumulada en Cataluña que debe alcanzar en 2013 el 27,2 del PIB, cuando Madrid estará en el 11,8 %, reflejo del desastre de los Gobiernos catalanes de los últimos ocho años, en los que socialistas, ERC y CiU se reparten la responsabilidad de su incremento desmesurado. En los presupuestos de Cataluña el peso del servicio de la deuda castiga la estabilidad presupuestaria y parece difícil que sin unos rotundos cambios estructurales pueda cumplir en 2016 un objetivo de déficit de 0,2% con una deuda situada en el 27,5 % del PIB. Sería necesario un cambio radical en los mercados financieros internacionales que, con la experiencia reciente, solo se apoyaran en los fundamentales de la economía.

En definitiva, una situación muy complicada para Cataluña en la que se unen alta deuda, incumplimiento de la estabilidad presupuestaria y debilidad política que el Gobierno de Mas intensifica agitando el proyecto independentista. Un Gobierno que hace de liebre a ERC que, según las encuestas, se convertiría en la primera fuerza política en unas próximas elecciones.

La contestación de Madrid al déficit asimétrico tiene toda la razón de la quiebra del principio de responsabilidad recogido en la Ley de Estabilidad que autoriza esta facultad discrecional del Gobierno de la Nación.

Los madrileños y los ciudadanos de las Comunidades Autónomas cumplidoras van a aportar más estabilidad presupuestaria al Reino de España, un plus de solidaridad con las regiones más deudoras y menos estables presupuestarias, Valencia, Murcia, Andalucía , Cataluña, Baleares y Castilla La Mancha. Comunidades que, con la excepción de Andalucía y Murcia, tienen también un alto grado de deuda.

El esfuerzo por la estabilidad presupuestaria y la sostenibilidad no puede tener excepciones derivadas de hechos políticos singulares. El Gobierno de Rajoy ha conseguido controlar la prima de riesgo y trasladar la convicción a la UE y a los inversores internacionales que somos un país en que se puede confiar, aunque todavía hay demasiadas incertidumbres como para decaer en el esfuerzo. En este contexto, las declaraciones del FMI y del Vicepresidente de la Comisión europea, Olli Rehn, más allá de las respuestas de orgullo celtibérico, son una advertencia de que nuestra economía continúa monitorizada.

El presidente Mas debería meditar sus respuestas y demostrar que tiene el sentido europeísta y racional que, durante años, atesoró el nacionalismo catalán.

Nuestra casta política
JAVIER LILLO www.gaceta.es 9 Agosto 2013

Verles reír así en nuestra Cámara, me produce, cuanto menos, cierto rechazo.

El pasado jueves 1 de agosto, en la comparecencia del presidente en el Senado, hubo gestos en todos los partidos políticos dignos de un análisis más allá de las palabras. En el Especial Informativo presentado por Gonzalo Bans, expliqué ciertos aspectos generales sobre la mímica utilizada por Rajoy, Rubalcaba, Duran i LLeida y algún que otro dirigente más, pero quise centrar el análisis en otros puntos menos populares aunque no por ello faltos de todo el sentido común.

Un primer análisis severo y general de la situación me hace plantear lo siguiente: el caso central que ocupaba la comparecencia tiene una gran relevancia política y, la repercusión mediática, alcanza más allá de nuestras fronteras. La credibilidad del Gobierno, de nuestra Nación, la capacidad manifiesta para hacer frente a la economía, pasa por los representantes de los distintos partidos políticos que integran las Cortes Generales. Si el capitán del barco y la tripulación parecen piratas, ¿quién confiaría en su buque la mercancía y a qué precio?

Quiero señalar que, objetivamente, y no se me puede identificar con ninguna inclinación política por ello, Rajoy realizó un discurso serio y contundente. Es cierto que en algunos aspectos podía resultar chirriante el uso de muletillas y que la lectura del discurso restaba el valor añadido de la improvisación. Los gestos utilizados fueron repetitivos y monótonos (sobre todo el de la mano semicerrada con el pulgar y el índice bajando y subiendo constantemente). Son detalles menores que no restan valor a un alegato extenso y funcional, con dispositio, elocutio, y un actio o puesta en escena que no huyó de las acusaciones y realizó una refutación digna. Respondió severamente cuando así se requería, utilizando la información paralingüística adecuadamente, como cuando tuvo que recordar a Rubalcaba que ellos se equivocaron también al poner al frente de la Guardia Civil a Roldán.

Es entonces cuando se produjo algo absolutamente vergonzoso y repulsivo: casi todos los del PP se pusieron en pie, aplaudiendo sobradamente, riendo a carcajada maliciosa la preparada estrategia de abrir las hediondas alcantarillas del poder, celebrando la salida a borbotones de tan fétidas corruptelas. Señores, con más de 6 millones de parados, con una economía al borde del precipicio, con familias viviendo dramas y mendigando para alimentar a los hijos, verles reír así en nuestra Cámara, me produce, cuanto menos, cierto rechazo. Por favor, moderen sus formas. La corrupción nos afecta a todos, nos roban a todos, ¿o acaso a ustedes no? Con comportamientos semejantes, dan a entender que lo único que les preocupa es demostrar que los otros son más sinvergüenzas.

Y cierto rechazo me produce también observar cómo determinados cabezas de partido de grupos minoritarios, representan a sus votantes con chaqueta y sin corbata, juveniles y cercanos a su pueblo. Verán ustedes, señorías: representan no solo a sus votantes sino a todos los españoles, y nos representan no solo en nuestras fronteras sino también en el resto del mundo, por lo que les pediría, les exigiría, unas formas y protocolo en la vestimenta mínimos, como son el uso de una americana y corbata o pajarita, como gusten, cuando acudan al Parlamento. Creo que no atento ni contra la dignidad ni contra el sentido común reclamando algo tan básico: formalidad e imagen pulcra.

Como dije en el citado programa, no se me ocurriría ir a un plató de televisión para hablar de política vestido con chándal, o a una entrevista, demandando un importante puesto de trabajo, acicalado con unos vaqueros y sudadera, o a una boda en camiseta. Y estoy seguro de que estas formas que ahora solicito y de las que ustedes reniegan tan patentemente, son las que utilizan en otros eventos como los que cito en los ejemplos, pero a la hora de representarnos prefieren transmitir una imagen informal y poco seria. Lo que me preocupa es la poca seriedad que se refleja, la falta de compromiso. No olviden que la imagen también cuenta y vale más que mil palabras.

Finalmente, retomando la primera reivindicación, me resulta pueril y falto de toda espontaneidad los aplausos que de continuo interrumpen las intervenciones (léase aplausos, golpes con bolígrafos, jaleos, zapateos y cualquier sonido que manifieste aprobación o reprobación hacia el orador). No asistimos a un partido de fútbol ni a una obra de teatro; por el contrario, sí se arbitra el futuro de los millones de ciudadanos que lo están pasando, o lo van a pasar mal por el Gobierno de varias legislaturas, por sus decisiones en tan dignos órganos de representación. Por tanto, atiendan también a estas formas básicas de comportamiento y doten a sus comparecencias de la dignidad y seriedad que nos merecemos los ciudadanos.

No solo hay que ser honesto; también hay que parecerlo. Creo que el desencanto, el divorcio entre la clase política y la ciudadanía se hace cada vez más patente con estos y otros comportamientos pendientes de analizar. Por ello, abogo por la mejora de los gestos y un comportamiento más adecuado a lo que las Cortes Generales representan.

*Javier Lillo es escritor y experto en comunicación no verbal.

PSOE
Los sueldos de Olli Rehn y Elena Valenciano
Cristina Losada Libertad Digital 9 Agosto 2013

La vicesecretaria del PSOE se ha indignado con el vicepresidente de la Comisión Europea porque apoyó la sugerencia del FMI de que en España, a fin de crear empleo, se reduzcan un 10 por ciento los sueldos. Lejos de entrar en la racionalidad económica de la propuesta, Valenciano entró en la chabacanería. Acusó a Olli Rehn de querer empobrecer más a los españoles y desnutrir más a los niños "desde su agosto privilegiado", y denunció que se gasta en dos cenas lo que ganan en un mes millones de trabajadores.

Antes de entrar en la sans-culotterie de Valenciano, hay que recordar que la propuesta del Fondo y la Comisión es compartida por muchos economistas. Por ejemplo, Paul Krugman. El premio Nobel, que no es sospechoso de conservador o neoliberal, sostiene desde hace varios años que los países de la Eurozona menos competitivos respecto de Alemania deberían hacer una reducción salarial del 20 por ciento –acompañada de una bajada de precios– a fin de ganar competitividad y salir de la crisis.

No es que Krugman y los demás quieran jorobar a los curritos españoles. Es por el euro. Si pudiéramos devaluar la moneda, como hicieron los Gobiernos de Felipe González, conseguiríamos los mismos efectos y la dirigente del PSOE nos ahorraría sus brotes peronistas. Como no podemos, como el euro carece de instrumentos para afrontar una crisis asimétrica, hemos de hacer el vía crucis mediante la devaluación interna. De haber empezado antes, cuando Zapatero, a realizar el ajuste vía salarios en lugar de vía empleo, es probable que nuestras tasas de paro fueran hoy significativamente menores.

Hay personas que ante la realidad económica no pierden la profesionalidad por mucho que profesen una ideología. Hay otras a las que se les va el criterio por el desagüe de la demagogia y ceban el populismo como si nunca fuera a estallarles en la cara. Y claro que puede estallarles. Ese grito de Valenciano contra Rehn, eso de que gasta en dos cenas lo que ganan muchos trabajadores, tiene recorrido de vuelta. Naturalmente.

La número dos del PSOE no es una proleta que malvive con trabajos temporales. Es una diputada, antes eurodiputada, que gana sus buenos sesenta mil al año, según cálculos –aún incompletos– de la web Sueldos Públicos. Menos que Olli Rehn, pero tres veces más que el sueldo medio en España. Ya puestos en su tono, igual resulta que en un par de tardes se gasta en ropa lo que cobran al mes millones de asalariados. Metidos en ese barro, la vicesecretaria es tan privilegiada como el comisario.

Deprisa
juan carlos girauta ABC Cataluña 9 Agosto 2013

Qué felices serían si el poder judicial funcionara a toque de silbato. Todo resultaría más sencillo y no vendría cualquier juez de a pie a desestabilizar la democracia y a poner en duda el honor de los sindicalistas y de los partidos de progreso

Esos que apremian a la juez Alaya, como el presidente del Tribunal Supremo -aprobador de escraches- y el vicepresidente de la Junta de Andalucía, deben ser unos fenómenos. Cada uno en lo suyo. Magistrado zorro (gentilicio de Fuente de la Reina) el primero, zurupeto de Bollullos el segundo, ven fácil instruir la cosilla de los ERE.

A ellos, el caso de los 116 imputados -de momento-, con todo ese montón de chorizo incrustado en las instituciones andaluzas, les duraba cuatro días y les sobraban dos para descansar. Para ellos, la trama endiablada de intermediarios consultores, aseguradoras y sindicatos robando en nombre de la defensa de los trabajadores, no es un laberinto de mierda sino un paseo corto. Y triunfal: ¡Aquí no pasa nada! ¡Insidias de la derecha, de los señoritos y de la prensa de derecha extrema!

Ya te cuento yo cómo se puede ser tan rápido: no investigando. Acabáramos. Si no preguntas, no citas, no imputas, no solicitas informes ni molestas con esa manía tuya, mujer, de buscarle y buscarle las vueltas a lo que nadie se ha atrevido a tocar nunca, ni te vas a poner tan pesada, ni te va a durar tanto la instrucción, ni nos meteremos con tu vida privada y con tu vestuario, porque no nos tendrás de uñas. Jueces por la Democracia, que es lo del presidente del Supremo; Izquierda Unida, que es lo del segundo de la Junta; el PSOE, que es lo del primero y lo de la mayoría de aficionados a molestar a la juez y hacerle luz de gas, ¿no tienen nada que decir? ¿Qué entienden exactamente por independencia judicial? Qué felices serían si el poder judicial funcionara a toque de silbato. Todo resultaría más sencillo y no vendría cualquier juez de a pie a desestabilizar la democracia y a poner en duda el honor de los sindicalistas y de los partidos de progreso. Qué bonito sería si los gobiernos pudieran dictar órdenes directas a los jueces. Maldita división de poderes.

avance islámico
Cataluña ha pasado de tener 30.000 inmigrantes musulmanes a tener más de 400.000
REDACCIÓN BILBAO Minuto Digital 9 Agosto 2013

En los últimos 10 años, Cataluña ha pasado de tener 30.000 inmigrantes musulmanes a tener más de 400.000. Hoy la población musulmana supera el 20 % en numerosas localidades de la comunidad autónoma. Los musulmanes marroquíes, argelinos y paquistaníes se estructuran en torno a 201 mezquitas, 200 oratorios y 19 madrazas.

Según un informe publicado por la Fundación La Caixa, en su colección de Estudios Sociales, titulado La inmigración musulmana en Europa, se señala: “Cuando al fracaso escolar se suman altas tasas de desempleo, la frustración y la pérdida de identidad, el cóctel molotov está servido. Contra todo pronóstico, la segunda generación de inmigrantes se está integrando peor que la primera. Es más, los jóvenes musulmanes se sienten desarraigados, reivindican con más fuerza su identidad y buscan una oferta religiosa más radical”.

Ya en 2003, el Gobierno catalán liderado por CiU abrió la primera oficina de selección y contratación de inmigrantes en Marruecos. El entonces conseller en cap y hoy candidato de los convergentes en las elecciones catalanas Artur Mas fue el encargado de inaugurar la oficina.

LOS EMPRESARIOS SE DECLARAN AHOGADOS POR LA BUROCRACIA
El Gobierno y las CCAA inundaron el año 2012 con 13.157 nuevas leyes: una y media por hora
Cada hora se aprueba una norma nueva en España hasta sumar 151.133 páginas del BOE y otras 715.009 páginas de los Diarios y Boletines Oficiales de las autonomías. Es lo que denuncia la CEOE que asegura que la inundación legislativa cuesta un 1% del PIB
Javier Ruiz  www.vozpopuli.com 9 Agosto 2013

La legislación española cambia cada hora y media. Es lo que denuncian los empresarios que aseguran que el gobierno central y las autonomías aprobaron el pasado año 13.157 nuevas normas o lo que es lo mismo, 37 leyes nuevas cada día. El resultado es una “inundación legislativa” que sólo en 2012 sumó 151.133 páginas del BOE y otros 715.009 folios en los Diarios y Boletines Oficiales de las autonomías.

En un informe titulado “Las reformas necesarias para salir de la crisis”, la patronal se queja de “la excesiva burocracia, la infinidad y superposición de ‘ventanillas’, la complejidad procedimental y la ausencia de coordinación” entre administraciones y denuncian que esa maraña legal “lastra” la recuperación económica. Según la estimación de la CEOE, el coste de esa avalancha es de casi el 1% del PIB anual, es decir, unos 6.000 millones de euros anuales.

Como ejemplo, la patronal señala las leyes anti-tabaco en las diferentes autonomías. La ley estatal obliga a señalizar la prohibición de fumar en todos los locales comerciales. Sin embargo, cada autonomía establece sus propias normas de cartelería, texto y tamaño. El resultado --denuncian los empresarios-- es una multiplicidad de gastos que no permiten el ahorro derivado de una cartelería estándar.

La CEOE demanda una reducción del 50% de las cargas administrativas para el periodo 2012 a 2016, tomando como referencia los niveles de 2006. La patronal asegura que la eliminación de esa maraña legal reportaría un 2% de crecimiento a la economía española en un plazo de tres años y que podría reportar hasta un 4,5% de crecimiento a largo plazo, un cálculo que, sin embargo, la patronal no desglosa ni detalla.

La burocracia frena a los emprendedores
España es, según la OCDE, uno de los países en los que más lento y complejo es crear una empresa. En su informe Doing Business 2013, constituir una empresa en España requiere 28 días frente a los 15 días que son necesarios en Alemania o los 13 de Reino Unido, 7 de Francia o 6 de Italia.

El Gobierno intentó solucionar la situación con la Ley de Emprendedores en la que pretendía permitir la creación de empresas con el simple registro telemático. Sin embargo, en el último minuto de su tramitación, Moncloa cambió los términos de la norma para permitir que los notarios siguieran siendo necesarios en el proceso. La redacción final de la norma obliga a quienes constituyan una sociedad limitada a presentar una autorización notarial por la que deberán abonar 60 euros además de los 40 euros que les costará el registro mercantil telemático. El nuevo sistema supondrá unos ingresos de unos 5 millones de euros anuales para el notariado si se mantienen los 80.000 trámites corporativos que se registran anualmente en España.

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Cataluña
El referéndum prefabricado *
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 9 Agosto 2013

Es patente el clima de crispación que se ha apoderado de la sociedad catalana y, a rebufo, de la sociedad española como consecuencia de la Blietzkrieg independentista que encabeza, empleando todos los resortes del poder, la Generalitat, secundada por todos los medios de comunicación, tanto públicos como privados (y subvencionados), y por todos los movimientos sociales que disfrutan del favor oficial en Cataluña. Y no es la pobreza del lenguaje la que me lleva a repetir la palabra "todos", sino la intención premeditada de mostrar lazos de parentesco con el totalitarismo. Totalitarismo que no expresa la opinión de la mayoría de los ciudadanos, sino que se propone imponer, como repetiré hasta el hartazgo, citando siempre al secesionista Francesc-Marc Álvaro (LV, 6/5), la voluntad rupturista de "la minoría más activa y organizada (…) uno de cada tres catalanes".
Hitos históricos anómalos

Existe el riesgo de que tanta crispación genere falsas expectativas acerca de los medios razonables de volver a la normalidad. La desmesura del proyecto secesionista quita eficacia a dichos medios, entre los que se cuenta, a juicio de los más puros y optimistas, la concertación de algún tipo de acuerdo con los radicales para acceder a sus pretensiones y vencerlos luego en su propio terreno. Algunos ponen como modelo la sensatez con que abordan sus diferencias el Reino Unido y Escocia. Se equivocan. La cultura cívica de los escoceses maduró durante siglos hasta purgarse de insumisiones y exabruptos como los que castigaron a Cataluña en 1931 con Macià y en 1934 con Companys. Edimburgo nunca fue escenario de matanzas fratricidas como las que perpetraron en Barcelona, en mayo de 1937, estalinistas, anarquistas y trotskistas presuntamente enrolados en el mismo bando. Hoy aquí todavía se recuerdan esas anomalías como hitos históricos.

No hablemos de los referéndums que se celebran en Estados Unidos, para resolver cuestiones de interés social como el consumo sanitario o recreativo del cannabis, o la eutanasia, o el matrimonio homosexual. O los que se suceden en Suiza para limitar la altura de los minaretes de las mezquitas o la entrada de inmigrantes. En uno y otro caso se proponen alternativas para mejorar la salud, la convivencia y la cohesión de la sociedad y no para dinamitarlas.

El secesionismo no es la respuesta improvisada a una agresión identitaria o a una injusticia fiscal. Es un instrumento prefabricado cuyas piezas fueron ensambladas a lo largo de muchos años. Francesc de Carreras ha descrito el proceso con su incisivo poder de síntesis (LV, 10/7):

La estrategia no confesada de Pujol consistió en moldear pacientemente la sociedad (fer país) y, a la vez, con la autonomía como instrumento, ir construyendo un Estado (catalán) dentro del Estado (español) para dar un salto cualitativo cuando fuera posible.

Hasta que llegó la oportunidad de poner en funcionamiento el instrumento prefabricado:
La hiperactividad del mundo independentista, el apoyo que recibe de los poderes catalanes, tanto políticos como mediáticos, está reforzando la ola independentista mes a mes, día a día. Cualquier tertulia de radio y televisión, a la hora que sea, sólo habla del monotema y, por supuesto, en la misma dirección. El bombardeo mediático, a la media y a la larga, siempre acaba calando en la opinión pública. (…) La ola independentista avanza. Sentimentalmente está ganando, racionalmente perdería. Pero ya se sabe que cuando llegas a convencer a mucha gente de que todo el mundo piensa lo mismo, estás creando un ambiente de falsa unanimidad que incluso arrastra a los no convencidos. Antes de llegar ahí, ¿qué se puede hacer? Contrarrestar lo emocional con lo racional, que las ideas ganen a las creencias y, una vez conseguido, preguntar a los catalanes.

Pesimistas testarudos
Aquí es donde se plantea la discrepancia entre el humanista ilustrado Francesc de Carreras y quienes, respetándolo y admirándolo precisamente por su humanismo insobornable, desconfiamos de la permeabilidad del hombre-masa a las buenas razones. Somos pesimistas testarudos, discípulos de Henry Louis Mencken y E. M. Cioran.

En otro artículo posterior (LV, 31/7) Francesc de Carreras fue más explícito:

Creo que Rajoy haría bien en coger al vuelo la propuesta de Mas y poner manos a la obra. Son tantos los argumentos para decir no a la independencia que es imposible que una sociedad como la catalana, compuesta en su mayoría por personas razonables, escoja una vía que tanto la va a perjudicar.

Opino, como Francesc de Carreras, que los argumentos para decir no a la independencia son muchos, y también que la sociedad catalana está compuesta en su mayoría por personas razonables, pero temo que esa mayoría quede sumergida bajo lo que él mismo definió como "la ola independentista". El referéndum ha sido prefabricado por especialistas en trucos de ilusionismo electoral. No olvidemos que siguen jaleando un Estatut presuntamente mayoritario que sólo fue aprobado por el 36,5% del censo. También son expertos en inventar fórmulas apropiadas para confundir a los ciudadanos con falsas expectativas.
Abstracciones disolventes

Javier Pérez Royo y Jordi Gracia nos aleccionaron en El País (14/7 y 2/8 respectivamente) sobre la necesidad de que Rajoy acepte las condiciones que Mas impone en su carta-ultimátum. Lo hicieron, por supuesto, desde la óptica de la progresía reñida con la realidad y enamorada de las abstracciones disolventes. Sería imposible imaginar una pregunta más tramposa que la que Gracia urdió para el referéndum:

¿Desea usted que Cataluña se independice de España y se constituya en un nuevo Estado de Europa?

¿Desea? El referéndum no mide deseos sino opciones prácticas. Los primeros pueden abarcar las quimeras más temerarias, incluso peligrosas, casi siempre irrealizables. A nadie en su sano juicio se le ocurre poner a votación los deseos para convertirlos en realidad. Las opciones prácticas, en cambio, obligan a hacer ímprobos ejercicios de racionalidad que no pueden estar sujetos a dogmas preconcebidos. En cuanto a constituirse en el nuevo Estado de Europa… De África no será, por elementales razones geográficas, pero aquí la trampa consiste en hacerle creer al ciudadano poco informado que Europa equivale a la Unión Europea. De eso, ¡nada! El fruto de la hipotética independencia será, como lo explica descarnadamente Valentí Puig (El País, 1/7), "un Estado sin valor jurídico y reubicado en el extrarradio de la Unión Europea". Sin valor jurídico y reubicado en el extrarradio de la Unión Europea: he aquí el axioma que habría que inculcar a los ciudadanos para esclarecerlos, si realmente son permeables como piensan los optimistas.

Yo había propuesto, en otro artículo, plantear una disyuntiva aun más disuasoria y más fiel a la realidad:

Voto por una Catalunya independiente de España y de la Unión Europea, con las fronteras, las leyes y las instituciones civiles y religiosas que estaban vigentes el 10 de septiembre de 1714.

Fraude institucionalizado
Hablemos en serio. Los secesionistas han incorporado al referéndum prefabricado las garantías indispensables para asegurarse el triunfo. De otra manera no lo utilizarían como cebo. Puesto que quedó demostrado en sucesivos comicios que esa minoría más activa y organizada jamás reunirá ni remotamente la mitad más uno de los votos de los 5.400.000 ciudadanos inscriptos en el censo electoral, los secesionistas han abierto las compuertas del fraude institucionalizado con el mismo desparpajo con que lo hacen sus compadres kirchneristas y chavistas. Confiesa La Vanguardia (26/7):

A diferencia de lo que estabeció el Tribunal Constitucional canadiense, que exigía un quórum y una mayoría holgada para la independencia del Quebec, el Consell per a la Transició Nacional toma como referencia los criterios del Consejo de Europa que acepta como "buena práctica" no exigir quórum de participación y aceptar la mayoría simple de votos emitidos como suficiente para aplicar el resultado.

La adjudicación al Consejo de Europa de una directiva inexistente para una secesión imposible demuestra por dónde van los tiros. El origen del referéndum prefabricado se remonta a abril de 1980, cuando Jordi Pujol asumió la presidencia de la Generalitat, como se lee, por ejemplo, en Foro Babel. El nacionalismo y las lenguas de Cataluña, compilado por Antonio Santamaría (Áltera, 1999). Hoy, la Generalitat propone al Gobierno de España que se resigne a jugar la partida de la fragmentación con los naipes que están marcados desde aquella lejana fecha. Si cuando Rajoy conteste la carta-ultimátum que le envió Artur Mas lo hace con la audacia que Francesc de Carreras le aconseja demostrar le dirá, con su proverbial prudencia y con lenguaje diplomático, que no sólo la Constitución, sino también la decencia y el sentido común, le prohíben poner en peligro la integridad de España y de la Unión Europea en condiciones tan precarias como las del referéndum prefabricado. O en cualesquiera otras. Fin de la cita.

Mariano: no hagas caso a Olli
Leopoldo Abadía El Confidencial 9 Agosto 2013

Hay gente que parece que disfruta fastidiando las vacaciones a los demás. Por si no fuera bastante con Joaquín Almunia, estropeando la industria naval, ahora aparece Olli Rehn, otro comisario.

Olli se pone a discurrir, y peor aún, se pone de acuerdo con Christine Lagarde. Supongo que pretenden ir calentando el otoño.

Este chico viene amenazante, advirtiendo a los que no hagan lo que él diga que “cargarán sobre sus hombros con una enorme responsabilidad por los costes sociales y humanos”. ¡Hala!

“No me amenaces, no me amenaces”, canta Mª Dolores Pradera, que me gusta mucho. Intento ver la situación general. Quizás así, viendo el todo o, por lo menos, el casi todo, lo entenderé mejor y podré decir que eso es acertado o una bobada más de las que, tristemente, oímos con frecuencia, en boca de señores/as que, o hablan muy serios/as, o sonríen, que no sé qué es peor.

Para centrarme, veo lo que dice James Daniel, el que dirige la comisión del FMI que supervisa España, o sea, supongo, un componente de la troika que nos trae a mal traer, venga a exigir.

James dice que la principal incógnita es saber si la economía española crecerá con la fuerza suficiente para crear empleo y reducir el paro. Comento esto con mi amigo de San Quirico -ha llegado el verano y volvemos a desayunar-. Me dice: “Coge una servilleta y escribe lo que te voy a dictar”. Y me dicta: “No sé si tendré fuerzas para sacar adelante mi empresa y volver a contratar a los tres que, con todo el dolor de mi alma, tuve que despedir para poder sobrevivir”. Añade: “lo de ´sacar adelante mi empresa´ debe ser lo que James llama ´que la economía crezca´”.

En eso estamos: en que "la economía" crezca. Y Olli y Christine lo tienen muy claro: para eso, Juan, Cándido e Ignacio tienen que alcanzar un gran acuerdo que flexibilice más la legislación laboral y que rebaje los salarios en torno al 10 % en dos años.

Como en casa tengo tanta gente, he planteado el problema a la hora de comer. Quizá les he amargado un poco la comida, a pesar de que tenemos una cocinera fenomenal.

No tenía grabadora, sino una Moleskine que me regalaron, con la que me entiendo muy bien. He ido anotando cosas, que quizá no tenían mucha lógica discursiva, pero de sentido común, un montón.

Para empezar, uno de mis yernos, ha preguntado de qué cantidad hablamos. Y hemos hecho cuentas: hay 16 millones de personas en activo. Hemos puesto un sueldo medio de 20.000 euros (aquí ha habido murmullos de desaprobación, pero al final han aceptado la cifra porque, si es redonda, se hacen las cuentas con más facilidad). Hemos multiplicado y nos ha salido que 16 millones de personas x 20.000 euros por persona son = 320.000 millones de euros en salarios.

Por tanto, Olli dice que los que trabajan tienen que aportar 32.000 millones de euros en dos años, a 16.000 millones por año, o sea a 1.000 euros por persona y año. Si no lo hacen, los que gobiernan deberán “cargar sobre sus hombros con una enorme responsabilidad por los costes sociales y humanos”.

A renglón seguida, una hija mía ha dicho: “¿De dónde podríamos sacar euros para no hundir en la miseria a millones de personas?” Luego me ha dicho: “Divide entre 18”. Yo, obediente, he dividido 16.000 millones por 18 y me han salido 889 millones por cada una de las unidades que forman los 18, que, ya lo he entendido, se refieren al Gobierno central y a las autonomías.

O sea, majos, que hay que elegir: o esquilmamos a cada uno de los españoles que ganan 20.000 euros al año o nos metemos en serio con lo que está pasando en esa casa de locos que es España.

Alguno de mis hijos, de mis yernos o de mis nueras, ha hablado, como de pasada, de los sueldos de los empleados que tenemos los españoles en nuestras cajas de ahorros, porque, como están nacionalizadas, son nuestras. Alguno ha leído que el presidente de Catalunya Banc cobra 600.000 euros por presidir ese bodrio. Otro ha dicho que, hablando de bodrios, Goirigolzarri debe cobrar un poco más, porque el chandrío (“estropicio grande”) ) de Bankia ha sido enorme.

Mi familia dice que habría que ver lo que cobran todos esos señores, los de primer nivel, los del segundo nivel, los del tercer nivel. Que ya saben que lo que cobran es legal, pero que no sería la primera vez que lo que es legal es una vergüenza.

Y que también saben que los sueldos que cobran son sueldos internacionales, lo cual les indica a los de mi familia que lo que tiene que hacer esta gente es irse al extranjero y colocarse allí, que les resultará muy fácil, dado su alto nivel, y que seguro que las entidades global-mundiales se los disputarán a golpe de talonario.

O sea, mi familia dice que Rajoy debería continuar sus vacaciones, callado. Eso le costará poco.

Y, en septiembre, en la primera reunión de su consejo de ministros, les debería decir: “no voy a hacer caso a Olli, precisamente por mi responsabilidad social, porque no me da la gana pegar otro apretón por el cuello a los españoles, que bastantes apretones han aguantado. Pero como lo de los 32.000 millones me ha gustado mucho, voy a sacarlos, en dos años o en cuatro años, pero los saco”.

Entonces, señalará a un ministro, el que tenga menos que hacer, y le nombrará gerente de los 32.000 millones. Sin retribución, claro.

Y le dará 15 días para que haga una lista de ahorros en gastos bobos, vergonzosos e inmorales. Le llamará lista BVI para que nadie se ofenda, ya que puede haber gastos bobos, pero no inmorales, porque el que cobra esos euros lo hace honradamente, sin saber que aquello que hace no sirve para nada en absoluto.

Cuando tenga la lista, Rajoy irá a televisión, prime time, o sea, cuando todos le veamos, y dirá: “Como he decidido que recortes de salarios normales, ni uno, los 32.000 millones los voy a sacar de:…”

Y empezará a leer la lista despacio, para que podamos ir tomando nota. Será algo así como:

Sueldo mío y de mis ministros. 50 % menos, o sea, XX
Sueldo de los presidentes de las CCAA, 50 % menos, o sea, YY
Sueldo de…
Sueldo de…
Sueldo de D. Fulano de Tal, presidente de la Caja de Ahorros. XX,
50 % menos, o sea, ZZ
Y así sucesivamente

Si la suma total no da 16.000 millones de euros, segunda ronda de recortes, hasta que todos digamos: “por este año, Mariano, ya has hecho bastante”.

La intervención de Mariano, que no es la alegría de la huerta, será monótona, larga y pesada, pero me atrevo a garantizar que el share será altísimo, porque quien más quien menos está interesado e ilusionado por que esta Patria nuestra tenga al mando alguien que mande, aunque sea mirando de reojo a mi amiga Angela.

Y después, propondré que en san Quirico le pongan una estatua a Olli, con el siguiente pie: “A Olli Rehn, en agradecimiento porque, diciendo algo totalmente absurdo, ayudó a arreglar España”.

Foráneos
miquel porta perales ABC CAtaluña 9 Agosto 2013

Con frecuencia, el narcisismo de las pequeñas diferencias y el afán extremo por marcar perfil frente al Otro, suele acarrear su cuota de ridículo

La semana pasada, Francesc Homs, consejero de Presidencia de la Generalitat, presentó la Ley de Gobiernos Locales de Cataluña con las siguientes palabras: “No toleraremos la imposición de un modelo foráneo”. Con toda seguridad, el consejero se refería al proyecto de Ley de Racionalización y Sostenibilidad Local que el ministro Cristóbal Montoro había anunciado justo cuatro días antes. Para el Govern, una ley que provenga del estado es “foránea”. Es decir, “forastera”, “extranjera”, “ajena”, “extraña”. Por eso, el Govern impulsa una ley “propia”. O sea, “nuestra”. “De aquí”, como suele decirse. Otra estructura de Estado propio, cabe suponer.

En diversos aspectos –fusión voluntaria de municipios, mancomunar servicios, limitar empresas públicas, evitar duplicidades o contención salarial o reducción de cargos-, la ley del Gobierno y la del Govern son parecidas y persiguen un mismo fin. En otros aspectos –vaciar de competencias las Diputaciones, creación de nuevos organismos o supresión selectiva de Consejos Comarcales-, difieren. Lo que sorprende es la rapidez con que el Govern reacciona y la carga ideológica de la respuesta. Aunque, en realidad, nada de eso sorprende. ¿O es que el nacionalismo catalán no se distingue por la obsesión –creciente en estos días- de separarse del Otro a cualquier precio? Aunque, ese Otro –España, por supuesto- sea lo más parecido –lo mismo- al Nosotros.

Con frecuencia, el narcisismo de las pequeñas diferencias y el afán extremo por marcar perfil frente al Otro, suele acarrear su cuota de ridículo. Algo de ello hay en el asunto que nos ocupa, si tenemos en cuenta que la reforma impulsada por el Estado sigue –rebajadas- las recomendaciones de la Unión Europea. Recomendaciones que, por cierto, han seguido Estados como Italia, Grecia, Portugal, Gran Bretaña, Holanda, Alemania, Suecia y Dinamarca. Pero, ¿no nos habían dicho que el soberanismo catalán era la quintaesencia personificada del europeísmo? Veamos. En esta historia, ¿quiénes son los foráneos?

'Grossa Cap d’Any'
Cataluña ludópata
Emilio Campmany Libertad Digital 9 Agosto 2013

A los españoles nos acusan de muchas cosas. Entre otras, de padecer una elevada tendencia a la holganza. El tremendo éxito que ha tenido el Estado organizando loterías parece la prueba de que aquí preferimos confiar en un golpe de suerte antes que en años de terco y duro trabajo. Un reciente anuncio de Loterías y Apuestas del Estado lo confirma. El comercial nos escupe a la cara que a principios del siglo XX, mientras los ingenieros americanos se devanaban los sesos viendo cómo abaratar el precio de los coches construyéndolos en serie, aquí lo que hacíamos era jugarnos las pestañas a la lotería para poder comprarnos uno de esos coches. Inquieta pensar que hoy ese organismo sea la única empresa del Estado que todavía es capaz de ganar dinero. Y lo gana vendiéndonos que no necesitamos trabajar para ser ricos, que nos basta comprar sus décimos. Y nosotros picamos.

Los nacionalistas catalanes han siempre defendido que una de las cosas que les diferencia del resto de los españoles es precisamente no padecer éste y otros graves defectos. Especialmente, se han vanagloriado de ser más laboriosos que los demás. Hasta tal punto que, incluso fuera de Cataluña, la imagen que se tenía de sus habitantes era esa misma, la de ser más trabajadores. Nadie podría imaginar que Artur Mas, más catalanista e independentista que nadie, que votó a favor de que se suprimiera allí la fiesta de los toros por española, haya sucumbido ahora a la tentación de organizar algo tan español como es un Gordo de Navidad. Que lo llame Grossa Cap d’Any no podrá esconder el incontrovertible hecho de que, para aliviar el apuro en el que su hacienda se encuentra, apela a un vicio que, por ser virulentamente español, se suponía que los catalanes no podían de ningún modo padecer.

Esa no me parece a mí que sea la mejor forma de ser catalanista. La Esquerra, a la postre la más severa depositaria de las esencias de lo catalán, debería oponerse a este vulgar recurso, tan español, de organizar juegos de azar para quedarse con el treinta por ciento de lo recaudado. La cuestión no es si los catalanes compran o no lotería, que es algo que vienen haciendo desde hace doscientos cincuenta años, como los demás españoles. La cuestión es que un líder soberanista estimula entre sus compatriotas un vicio tan opuesto a las virtudes catalanas como es la de confiar más en la suerte que en el trabajo. Y que el resto de nacionalistas que se sientan en el Parlamento catalán lo toleren es todavía peor. Qué decepción. Vaya una pedestre forma de ser catalanista, la de reconocer en sus conciudadanos los mismos vicios que envilecen a los españoles. Nada hay ya que sea genuino y auténtico, ni siquiera un nacionalista catalán.

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