AGLI Recortes de Prensa   Jueves 15 Agosto 2013

Los partidos no pueden seguir funcionando así
EDITORIAL Libertad Digital 15 Agosto 2013

Hay mar de fondo en el PP a causa del caso Bárcenas, que no pocos quieren utilizar para ajustar cuentas internas. Ahí están los cospedalistas, los arenistas, los sorayistas, tomando posiciones, filtrando, midiendo el terreno, ajustando la veleta. Los partidos políticos pueden parecer bloques homogéneos cuando se trata de comparecer ante la opinión pública o criticar a los rivales, pero no lo son, y a veces las maniobras más arteras o despiadadas se reservan para los enemigos de casa. Sin lugar a dudas, los populares nos van a dar numerosos botones de muestra.

Puede que Mariano Rajoy aproveche el caso Bárcenas para hacer una limpia en profundidad, marcar el terreno y reforzar su liderazgo, como hizo –con mucha más decisión y rapidez– José María Aznar cuando el caso Naseiro. A Aznar le salió bien, y el cambio repercutió positivamente en un PP que estaba dando sus primeros pasos como formación refundada. Los tiempos son muy otros, pero las circunstancias son igualmente propicias para un movimiento de ese tipo.

El caso, el problema es que ese no es el problema. El problema es el funcionamiento interno y la financiación de los partidos: el primero, cualquier cosa menos transparente y democrático; la segunda, signada por una opacidad y una irregularidad intolerables.

Los partidos no pueden seguir funcionando así. Así de sencillo. Los escándalos se vienen sucediendo en todos estos años de democracia: siempre se deben a lo mismo, siempre se genera gran escándalo, nunca se hace nada significativo. Lo peor no es el daño tremendo que causan a los propios partidos, sino el que infligen al sistema, que para su articulación política depende, precisamente, de los partidos.

Los partidos saben qué les pasa y qué deben hacer para poner remedio. Pero no quieren. No quieren ser más responsables, transparentes, abiertos. Modestos. Renunciar a esa suerte de estupefaciente impunidad de la que disfrutan. Ese es el gran problema, el verdadero drama. Pero por esto, por lo verdaderamente importante, no van a enfrentarse los cospedalistas, los arenistas y los sorayistas, ni sus semejantes en el resto de los partidos. De vergüenza.

No me consta.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 15 Agosto 2013

No me consta que alguien pueda creerse que los tesoreros actuaban sin ningún tipo de control y que hicieran y deshicieran con millones de euros de donaciones a su antojo y sin dar cuentas a nadie de sus gestiones. No me consta que alguien pueda ser tan iluso como para dar la mínima credibilidad a estos "pájaros" del PP que niegan haber recibido suculentos sobresueldos por razón de su cargo. No me consta que el ex gerente del PP, Páez, se autoacuse de un delito fiscal solo con tal de perjudicar a Bárcenas y desacreditarle. Hubo sobresueldos y financiación irregular.

Nadie podía esperar que estos testigos obligados dijeran otra cosa que no fueran vaguedades sin negar la evidencia de la contabilidad B. Porque por mucho que quieran invalidar los famosos "papeles de Bárcenas", sus apuntes son lo suficientemente creíbles y hay otros testigos que los han validado y confirman la recepción de extras. Nadie puede imaginarse que en una organización que básicamente subsiste económicamente de ls subvenciones del Estado y de las generosas donaciones, la cúpula directiva estuviera al margen y desinformada de cada euro que se recibía y del destino que se le daba. Quizás es que a estos pájaros de cuenta, les parecemos todos los españoles tontos del bote.

No deja de ser una mera anécdota jurídica el que el juez Ruz se haya negado a preguntar sobre el clamoroso recibí de 200.000 euros del PPCM usados para la campaña electoral de la candidata Cospedal. Se excusa en que puede ser una pieza separada y la condición de aforados de los implicados. Ya estamos con el blindaje del aforamiento y las prebendas de esta casta de corruptos y corruptores. Será pieza separada, pero todo es parte de lo mismo, la corrupción institucionalizada como lo está en el caso de los falsos ERE's de Andalucía.

Rajoy está tocado y hundido por mentir a los españoles en sede parlamentaria. No ha sido el primer caso, ni será el último mientras siga esta forma de representación en la que los partidos políticos imponen sus listas cerradas y sus candidatos. El sistema está corrompido desde su base y la única forma de acabar con él es dejar de participar en esta farsa y manifestar nuestro rechazo de forma civilizada y libre. Debemos exigir una regeneración política y pedr responsabilidades por actitudes y hechos delictivos como los que día a día son descubiertos ante la opinión publica. Hay que acabar con el blindaje de esta casta de corruptos y ponerles a disposición de una Justicia independiente que actúe como tal.

Cospedal salía sonriente del juzgado sabiéndose protegida por su aforamiento y por la ineficacia demostrada de un sistema judicial lento y protector del delincuente en el que los delitos quedan impunes por la "prescripción" basada en el tiempo y no en la inocencia. Solo espero que el imputado Bárcenas tenga alguna munición de más calibre que pueda usar para desenmascarar a los que parece que le han dejado "en la estacada". Porque una hipótesis perfectamente plausible es que las famosas cuentas en Suiza, en los USA, o en el resto de paraísos fiscales, no fueran solo exclusivas del ex tesorero y que actuase en nombre del partido.

Porque hasta ahora nadie ha sabido responder a la pregunta de ¿por qué el PP tuvo que llegar a un acuerdo de indemnización con el matrimonio Bárcenas? Esta actitud no aclarada por Cospedal, solo puede ser consecuencia de un chantaje, en el que el chantajeado tiene la convicción cierta de poder evitar un mal mayor al pagar lo exigido por el chantajista. Parece que el juez Ruz no ha querido o no ha sabido ahondar en esa cuestión, a pesar de las evidencias del pago "en diferido" o en directo de una importante suma de euros, uso de despacho oficial y demás en la sede oficial del PP en Génova 13. ¿Alguien me lo puede explicar?

Bárcenas sigue contaminando a un PP que ha perdido toda la legitimidad para gobernar España. Cada día que permanezca en el Gobierno es un descrédito para la democracia y prolonga la indignidad de las Instituciones. España necesita un cambio radical y este no vendrá de manos de los causantes de su ruina. Elecciones generales ya.

Verano con Bárcenas y Gibraltar
Manuel Muela www.vozpopuli.com 15 Agosto 2013

Todos los veranos tienen sus serpientes o tormentas, según se mire, para rellenar el hueco vacacional o de simple desconexión de las realidades habituales. Este año, cuando se vive la placidez de la ausencia del gobierno y de los temidos portavoces europeos, hay dos asuntos dispares que suscitan un cierto interés, aunque no demasiado: el culebrón del tesorero del PP y la historia casi olvidada de Gibraltar. El primero, que empezó como un volcán, sigue soltando lava que los presuntos afectados van sorteando desde que con su mayoría parlamentaria decidieron que no había lugar para responsabilidades políticas y que se remitían a lo que resulte de la investigación judicial; sobre el segundo, Gibraltar, la cosa es más complicada porque las autoridades de la Roca han decidido dificultar la vida de los pescadores de la Bahía de Algeciras, echando bloques de cemento al mar. Una provocación que nos pilla desentrenados, sobre todo porque viene de un socio de la UE, el Reino Unido, que ampara incondicionalmente a los gibraltareños. Supongo que en las semanas próximas sabremos hasta dónde llegan ambos asuntos que desde luego no figuran entre las preocupaciones principales de los españoles.

La opinión pública, curada de espanto

Cuando escribo el comentario se ignora el verdadero alcance de las declaraciones judiciales de los altos cargos del PP convocados a testificar ante el juez instructor del asunto Bárcenas. Pero el principio del desfile por la Audiencia Nacional da idea de que nos aguarda un largo y tortuoso proceso judicial que aumentará la erosión de la política y el descrédito del partido del gobierno. Las crónicas que seguirán apareciendo periódicamente no serán un juicio paralelo, que tan mala prensa tiene, serán la consecuencia de haber congelado políticamente las responsabilidades que, por acción u omisión, se derivan del asunto de las cuentas que gestionaba el ahora denominado tesorero infiel. Mucho se ha dicho y escrito sobre ello y creo que los españoles, así como los militantes del partido del gobierno, tienen formada una opinión que, con justicia o sin ella, es la que determinará el rumbo de los jefes políticos y de la propia organización. Precisamente por eso, las erupciones sucesivas de ese volcán no alterarán significativamente el curso de los acontecimientos. Salvo para los muy interesados por los meandros del proceso judicial, el común de la gente prefiere centrar sus afanes y preocupaciones en otras cosas, después de constatar que en esa materia ya se ha dicho lo principal. Las filigranas jurídicas o judiciales quedan para los entendidos. No es desinterés, es hartazgo y comprobación de que, una vez más, los dirigentes políticos hacen lo que les viene en gana y se niegan a responder ante los ciudadanos. Creo que, en éste caso, sí se puede afirmar que el futuro está escrito, no sé si con renglones derechos o torcidos.

Gibraltar, la historia de una dejación
Lo comentado parecía insuficiente para llenar las crónicas veraniegas y han tenido que ser los gibraltareños los encargados de insuflarles algún vigor con su disparatada y burda acción de los bloques de cemento en las aguas de Algeciras. ¡Para qué queríamos más! El Ministro de Asuntos Exteriores se enfada, la frontera vuelve al rigor, las colas crecen, los trabajadores de La Línea, que son los principales perjudicados, se quejan, la oposición no respalda al Gobierno y algunos llegan a decir que hay que desafiar a la Royal Navy, cuyos buques están de visita en la Roca. De la Junta de Andalucía, tan locuaz en otras ocasiones, no sabemos nada: si está a favor o en contra, porque, al fin y al cabo, el Campo de Gibraltar y los trabajadores que van cada día al Peñón son de su negociado, o de su realidad nacional como reza el renovado Estatuto de Autonomía de Andalucía. En fin, todo de zarzuela grande o brocha gorda, ignorando la incuria de 300 años durante los que han faltado preocupación e inteligencia para gestionar el baldón del Tratado de Utrecht que firmó el primer rey de la Casa de Borbón, Felipe V.

La vuelta de las vacaciones, para los que las tengan, y los propósitos para el nuevo curso deberían extraer de estos sucesos veraniegos algunas enseñanzas: lo de Bárcenas requiere menos arrogancia y más responsabilidad del Gobierno y de su partido para intentar salvar unos muebles que están claramente amenazados y lo de Gibraltar, que no es un grano de anís, requiere templanza y entendimiento con el Reino Unido, si es posible con la colaboración de la UE, para que el Campo de Gibraltar, bastante castigado por la crisis general, no se convierta en el pin pan pum de las provocaciones de las autoridades de la Roca y de la respuesta desordenada desde el otro lado de la Verja. Por pedir que no quede.

Tres en uno, también es financiación ilegal
Javier Caraballo El Confidencial 15 Agosto 2013

Sonaba un piano de fondo y los dos se habían citado en un lujoso hotel de Madrid, con lo que cabe imaginarlos a última hora de la tarde, cuando los turistas extranjeros ya comienzan a bajar a cenar, y los hombres de negocios como ellos se han desabrochado el nudo de la corbata, mientras le dan vueltas al vaso de whisky caro que sostienen en la mano. Sonaba un piano de fondo, nos contaba hace unos días Manuel Cerdán en su reconstrucción precisa del origen del ‘caso Gürtel’, y es de suponer que esos detalles no tienen ninguna trascendencia judicial pero, como intuyó mi colega, son esenciales para reconstruir el ambiente y, a partir de ahí, detectar qué hay de cierto en lo que se cuenta.

Son dos tipos que han citado en un hotel del centro de Madrid, no muy lejos de Génova, donde está la sede del PP, y uno de ellos, el que lleva la voz cantante, se desenvuelve en ese ambiente con la confianza de quien instala allí cada tarde su segundo despacho; con la soltura de quien está acostumbrado a cerrar cada día muchos negocios en hoteles y restaurantes. Es Francisco Correa y lo único que no sospecha aquella tarde es que el concejal que ha pedido verle ha colocado sobre la mesa un micrófono camuflado porque ha decidido reventarlo en los tribunales. Contarlo todo. También este tipo se desenvuelve con la soltura de un infiltrado profesional, porque su actitud no levanta la más mínima sospecha en Correa. Es José Luis Peñas, el exconcejal de Majadahonda que presentó la denuncia contra la trama de corrupción del PP en la Unidad de Delitos Económicos y Fiscales (la UDEF) de la Policía Judicial. Hablan de Bárcenas y se percibe que Correa está cabreado con él.

- Yo le he llevado a Bárcenas mil millones de pesetas en un día. Mil millones. A Génova y a su casa. Yo, Paco Correa. Todo de obras del Ministerio de Fomento, cuando estaba Cascos. Mil millones… Y yo sé bien dónde los tiene, en qué paraíso fiscal y cómo los saca de España… Pero no voy a cantar.

Sabemos por la experiencia de tantos casos anteriores que no habría intermediarios corruptos si, previamente, no existiera un sistema de cobro de comisiones para financiar un partido políticoEsa es sólo una frase de la ingente cantidad de testimonios que pudo recoger durante nueve meses (desde el 7 de febrero de 2006 hasta el 10 de octubre de 2007) el denunciante del ‘caso Gürtel’, pero ya es suficientemente indicativa de la trama de corrupción del Partido Popular porque ahí se citan ya las tres vertientes que, con posterioridad, se han confirmado en piezas distintas en los tribunales. Sólo una frase muy elocuente que sobresale en el CD que acompañaba a la denuncia y que, a su vez, ha debido quedarse pequeño si se compara con las grabaciones posteriores de la Policía a los teléfonos de los protagonistas de la trama. Quiere decirse que no es casualidad que la instrucción de este proceso haya derivado de la trama Gürtel a las cuentas de Bárcenas y finalmente a la financiación ilegal del Partido Popular. Que son las tres vertientes que ya se apuntan en la frase de Correa cuando se reconoce ‘recaudador’ del Partido Popular, desvela las ‘donaciones’ de empresas adjudicatarias del Ministerio de Fomento que, respectivamente, entrega en la sede de ese partido y en la casa del entonces gerente para que, desde allí, salga con destino a un paraíso fiscal.

¿No es ese, acaso, el hilo argumental de todo lo que se puede intuir en este escándalo de corrupción? Tampoco es nuevo, en todos los casos de corrupción se reproduce la misma secuencia, con lo que no sería de extrañar que también aquí haya ocurrido lo mismo: las comisiones que pagan las empresas acaban distribuyéndose entre el partido y los intermediarios, que en este caso se dividen en dos, la trama de Correa y las cuentas de Bárcenas en Suiza. Uno, dos y tres.

Ahora que se ha cerrado la ronda de declaraciones judiciales, con el previsible desmentido de todos los secretarios generales sobre la existencia de una doble contabilidad, en el Partido Popular, como también era previsible, se ha comenzado a extender de nuevo la especie de que nada de lo que se investiga en los tribunales tiene que ver con la financiación ilegal de ese partido. En el desmentido, llegan incluso más lejos y se critica, abierta o soterradamente, al juez Ruz por abrir esa pieza separada, la de la financiación del PP, y llamar a declarar a los dirigentes como testigos. Quieren que de las tres vertientes, todo quede reducido a las dos primeras patas, a los intermediarios que se han enriquecido. Pero sabemos, también por la experiencia de tantos casos anteriores, que no habría intermediarios corruptos si, previamente, no existiera un sistema de cobro de comisiones para financiar un partido político. Luego en los tribunales, el caso llegará hasta donde pueda demostrarse -ahí está de muestra el bluf judicial de Filesa- pero nadie podrá quitarnos de la cabeza que la secuencia comenzaba en el partido.

Sonaba un piano y hablaba Francisco Correa con firmeza, con cabreo, seguro de sí mismo, seguro de su fuerza en el Partido Popular, por sus relaciones personales y, sobre todo, por todo lo que sabe. Es curioso que ese folio del atestado policial, tan contundente, tan revelador, se cierra con un último apunte meramente técnico que, sin embargo, cuatro años después, tiene ya un sentido político nuevo, surgido también al calor de este escándalo que nació con esa denuncia. Son sólo cuatro palabras: Fin de la grabación.

Demasiadas transiciones
José Vicente Pascual www.gaceta.es 15 Agosto 2013

La Transición no tuvo su origen en la violencia sino en la decisión soberana.

“El poder nace de la boca del fusil”, decía Mao Zedong, y no mentía. Todos los regímenes políticos del planeta, democráticos o no, tienen como justificación fundacional un acto de violencia. Inglaterra es una monarquía parlamentaria porque Oliver Cromwell consiguió que le cortasen la cabeza a Carlos Estuardo. Los Estados Unidos de América nacieron en guerra contra el imperio británico y se consolidaron en la peor catarsis que conocen los pueblos: su guerra civil. De Francia para qué hablar; o de Alemania, Italia, Portugal, o países que nos resultan más remotos como Japón, China, Irán, Israel… En todas partes, bajo cualquier circunstancia histórica, el poder ha nacido de la boca del fusil. En España, la historia es sabida aunque poco aprendida. La segunda república fue proclamada después de unas elecciones municipales que dieron el triunfo a las izquierdas en las ciudades más pobladas. Aquella instauración por las bravas no cerró (más bien todo lo contrario) los tremendos conflictos de la sociedad de la época. Y aún más por las bravas se estableció el sucesivo ordenamiento legal, al cabo de una guerra civil cada vez más inútil de calificar. Aquel acto de violencia dio origen a una forma de Gobierno que se mantendría durante 38 años.

Si algo tuvo de excepción histórica la Transición del franquismo al período constitucional, fue que ese cambio profundo, la refundación del Estado sobre unas bases ideológicas, políticas y jurídicas radicalmente distintas a las anteriores, no tuvo su origen en un acto de violencia sino en la decisión soberana de los españoles por “perseverar en la historia”. Por una vez, al menos eso parecía, el poder no nació de la boca del fusil sino de la interpretación y gestión común del nexo elemental entre el presente de un pueblo y su futuro. La democracia española nació con el pulso entusiasta y dramático de una colectividad aferrada a dos convicciones necesarias: el pasado común y la “voluntad de ser” en adelante. Desde este punto de vista, la Transición no fue “una negociación a la mínima” en términos políticos, sino un acuerdo “a la máxima” en los ámbitos de lo metapolítico, los cuales son definidos por algunos historiadores (y yo lo suscribo), como terreno de acción fundamentalmente moral.

Sólo queda un acto de violencia en el pasado que sustente ante la historia, a secas, nuestro actual sistema de convivencia: la guerra civil. En eso nos parecemos a Rusia, surgida tras la URSS, a su vez nacida de la revolución de octubre y la guerra civil de 1917 a 1923. Los rusos tuvieron su propia transición, con más pólvora y sables que la española aunque sujeta igualmente al imperativo ético que trasciende el punto de no retorno político, donde se empieza a hablar de principios naturales compartidos antes que de idearios particulares. En aquella empresa se aplicaron todos los partidos y movimientos sociales, sin apenas excepciones y con autoexclusiones muy poco relevantes. Servidor, que votó No en el referéndum constitucional porque los trotskistas no estábamos por sancionar la economía de mercado, tenía la impresión, sin embargo, de estar participando en una amplia movilización ciudadana donde el debate político se aplazaba ante lo inevitable: convivir todos los días. Puede que estuviese equivocado (que todos nos equivocásemos), pero es difícil aceptar que entre el pacto histórico por la convivencia y la razón que nace de la boca del fusil haya más alternativa que la primera. Parece más sensato ir donde queremos que correr por encima de la tragedia hasta donde podamos. Cualquiera que viviese aquellos tiempos puede recordarlo y ninguno se atreverá a negarlo: sabíamos adónde íbamos. Todos lo sabíamos.

Por lo dicho, resulta que ahora me ponen un poco de los nervios quienes desautorizan la Transición porque fue “un amaño entre partidos”, insisten en la necesidad de “una segunda transición” que nos conduzca no se sabe dónde ni por qué medios y agitan algo obsesivos las vergüenzas del sistema (que las hay, a caravanas), pero sin concretar más programa que “yo tengo razón, vosotros no”. Ninguno advierte ni señala que una segunda transición sólo puede fundamentarse en los mismos elementos subjetivos, de conciencia histórica, que propiciaron la original: prevalencia del interés común por encima de la razón partidaria y restablecimiento de lo público como tarea y competencia de todos. Lo demás, es volver a la pelea, una lucha que nadie imagina ni desea de cariz violento pero muchos exacerban al límite en el terreno de las ideas. Error muy grave, así lo creo. Quien aspire a una victoria definitiva de “los suyos” y una deslegitimación perpetua de “los otros”, se queda sin utopía que alcanzar y con un único referente de fuerza en el pasado: 1936/39. Y eso, ya se dijo antes, menos a algún perturbado y algunos indeseables que todos conocemos, no convence a nadie. Porque no están los tiempos para tonterías.

*José Vicente Pascual es escritor y profesor de Historia.

España entra en deflación por deuda
Juan Laborda www.vozpopuli.com 15 Agosto 2013

El IPC de julio de 2013 confirma algo de lo que veníamos avisando en los últimos meses: España entra en deflación. El peligro real para la economía española es un descenso de los precios inducido por un montante total de deuda pública y privada que no se va a poder pagar. Se conoce como deflación por endeudamiento. Olvídense, por lo tanto, de la mejoría de los mercados financieros en los últimos dos meses, que no obedece a ninguna recuperación real de los fundamentales patrios, y que tiene que ver con los ciclos de aversión-propensión al riesgo en los mercados financieros inducidos por la política monetaria de ciertos bancos centrales, especialmente la Reserva Federal de los Estados Unidos. Pero de eso ya hablaremos.

Del análisis del IPC de julio se pueden sacar dos conclusiones muy interesantes. Por un lado, a impuestos constantes, la tasa de variación interanual del IPC se sitúa ya en territorio negativo, concretamente -0,2%. Si ajustamos a impuestos y subvenciones constantes aún caería más respecto a hace un año, -0,3%. Por otro lado, y relacionado con lo anterior, los productos que más repuntan son aquellos fijados o bien por las Administraciones Públicas en forma de impuestos o tasas; o por grupos oligopolísticos que cuentan con la connivencia de las autoridades, cuyas multas irrisorias les compensa el seguir pactando precios a costa de la ciudadanía.

Una ojeada a los datos de julio
La tasa de variación anual del IPC en el mes de julio fue del 1,8%, tres décimas por debajo del dato del mes anterior. De la misma manera, la tasa anual de la inflación subyacente disminuyó tres décimas hasta el 1,7%. Las variaciones intermensual de los índices general y subyacente fueron respectivamente del -0,5% y –1,0%. Pero gran parte de este incremento interanual obedece a las subidas de impuestos indirectos, que se trasladan en su totalidad, como por ejemplo impuestos a bebidas y tabacos; o en un porcentaje, como en el caso del IVA, dependiendo de la situación de la demanda interna y del grado de oligopolio existente en los distintos sectores económicos.

El INE nos ofrece cada mes cómo hubiesen quedado las principales rúbricas del IPC a impuestos constantes, es decir, si no se hubiesen producido tales subidas de impuestos. En julio de 2013, las tasas de variación interanuales del IPC general a impuestos constantes se situó en territorio negativo, -0,2%, y la inflación subyacente en -0,3%, con descensos intermensuales, respectivamente de -0,5% y -1,0%. Por lo tanto, con estos datos se prevé que a partir del dato de septiembre de 2013, teniendo en cuenta que la subida del IVA se aplicó con fecha 1 de septiembre de 2012, la inflación en nuestro país entraría en territorio negativo como ya lo está por ejemplo la de Grecia, -0,7%. Estas cifras reflejan no una ganancia en competitividad, como algunos afirman, sino un hundimiento puro y duro de nuestra demanda interna en plena recesión de balances.

Si profundizamos un poquito más en los datos sacamos otra conclusión que agudizaría aún más la idea de deflación. Gran parte de la subida de la inflación obedece también al repunte del precio de determinados servicios públicos. Hay varios ejemplos, el índice de precios de la rúbrica enseñanza registra un crecimientos interanual del 10,4%, el transporte urbano del 4,7%. Por lo tanto, las administraciones públicas además de subirnos los impuestos no están encareciendo el precio de los servicios públicos, lo que unido al descenso salarial tan deseado por algunos ignorantes, acaba hundiendo la renta de las familias, de manera que ya no solo es que no se consuma, sino que la necesidad de reducir deuda con caídas de renta se traduce en descensos en las tasas de ahorro. Todo un desastre.

Finalmente resulta muy llamativo como en nuestro país la subida del IVA y otros impuestos especiales se ha trasladado a precios y no a márgenes. La razón es muy clara: la estructura productiva está dominada por auténticos oligopolios y monopsonios que se dedican a chupar las rentas de las clases trabajadoras y de los auténticos emprendedores. Solo desde la connivencia entre estos sectores y las autoridades se puede entender la creación de un único súper regulador, llamado Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, que atenta claramente contra el derecho comunitario.

La deflación por deuda de Irving Fisher
Para entender estas dinámicas y las consecuencias negativas de las mismas deberíamos acudir al economista de la Gran Depresión Irving Fisher y su Teoría de Deflación por Deuda. De ser un monetarista recalcitrante se pasó a la heterodoxia, y acabó repudiando todo lo que conlleva la teoría monetaria. Fue además uno de los primeros en empezar a entender la naturaleza endógena de los ciclos económicos, junto a economistas de la talla de Nicholas Kaldor.

Irving Fisher describió como este proceso de desapalancamiento o reducción de deuda podría llevar a una deflación por deuda: la liquidación de la deuda obliga a vender los activos en una situación de dificultad o apuros, a una contracción de los depósitos, y a una desaceleración en la velocidad de circulación del dinero. Como consecuencia se produce un descenso en los niveles de precios, de manera que si no se implementan políticas económicas expansivas, se produciría aún una mayor caída en la riqueza neta de empresas y familias, precipitando bancarrotas, una reducción en la producción, comercio, y empleo, generando más pesimismo y pérdida de confianza, lo cual llevaría a una mayor desaceleración en la velocidad de circulación, y a una mayor caída de precios. Se producen, por lo tanto, aberraciones en los tipos de interés: mientras los tipos nominales caen, los tipos reales suben, de manera que la política monetaria es ineficiente o, como pasa en la actualidad, cualquier intento de incremento en la base monetaria de la economía no tiene impactos en actividad, al descender bruscamente la velocidad de circulación del dinero.

Este esquema explica perfectamente la actual crisis económica y el colapso del sistema bancario de nuestro país. Por eso, si no queremos profundizar en la deflación por deuda que se encuentra en sus etapas incipientes, es necesario no retrasar más las auténticas reformas estructurales, una reducción y reordenación de nuestro sistema bancario a costa de acreedores, unido a una reestructuración de parte de la deuda de las familias.

Hiperactividad legislativa
España, paraíso de las prohibiciones
Carmelo Jordá Libertad Digital 15 Agosto 2013

En algunas playas de la costa gaditana están prohibidas cosas como jugar a la pelota, jugar con palas o volar cometas. Ojo, no es que esté prohibido hacerlo en determinado puntos o en ciertas circunstancias, está terminantemente prohibido en toda la playa, a cualquier hora, sin excusas.

Por supuesto, estas tajantes órdenes municipales no se cumplen: la gente patea pelotas y balones en cualquier punto de las playas, vuela cometas si el levante no es demasiado fuerte y juega con las palas con toda la tranquilidad.

Como en todo, unos lo hacen con más educación y otros con menos, pero nadie parece quejarse demasiado por la cuestión y, sobre todo, nadie impide que las prohibidas actividades sigan desarrollando.

No les cuento todo esto por añoranza de mis ya finiquitadas vacaciones, sino porque me parece un excelente ejemplo de una de las aficiones que actualmente tienen los españoles, y especialmente los políticos, que son los que tienen las decenas de boletines oficiales por el mango: prohibir.

La maraña de prohibiciones crece a nuestro alrededor, como no podía ser de otra forma dada la hiperactividad legislativa que sufrimos: para poder hacer 13.000 leyes al año tienes que prohibir mucho y no precisamente bien.

Además, y cómo no podría ser de otra forma, el acumular limitaciones arbitrarias y en muchas ocasiones estúpidas sólo sirve para desmotar aún más el escaso respeto que tenemos los españoles por las normas. El de las playas que les comentaba antes es un buen ejemplo, otro excelente son los límites de velocidad impuestos en calles y carreteras, que nadie respeta porque lo cierto es que no son respetables.

Y hay más, algunos seguro que menos simpáticos para ustedes: las manifestaciones que se convocan y se celebran sin seguir los trámites legales, las múltiples trampas para esquivar o dejar de pagar impuestos, los lugares en los que se fuma, los cambios en los planes urbanísticos o las sospechosamente generosas donaciones a los partidos políticos…

El asunto tiene otra derivada: como es imposible vigilar que todas normas se cumplan todo el tiempo, se crean espacios en los que la aplicación de la ley es arbitraria y depende de la voluntad, la saña o la profesionalidad del policía o el funcionario. No es, desde luego, una perspectiva muy atractiva para eso que llaman Estado de Derecho.

En general somos una sociedad con serias dificultades para respetar la autoridad y la ley, pero lo cierto es que buena parte de ese problema nace de que, si todos siguiésemos al pie de la letra los miles normas, reglamentos o bandos municipales que se nos pretenden imponer en unas horas provocaríamos un auténtico caos: la realidad no está preparada para el afán legislativo de los políticos –y los ciudadanos, todo hay que decirlo– españoles.

Diario de Verano: Cospedal, mucho brío y pocas nueces
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 15 Agosto 2013

Barrunto que la declaración de Cospedal ante Ruz va a tener el mismo efecto que la explicación de Rajoy en el Parlamento: euforizante al principio, indiferente luego y deprimente después, tras constatar que las nubes no se han dispersado sino que cada vez se oscurecen más. Y que, a este paso, en el otoño político que empieza en septiembre van a caer chuzos de punta sobre todo el PP. También, por supuesto, sobre Cospedal.

Es bastante cierto que la secretaria general del PP forzó la salida de Bárcenas, pero, ¿qué salida? ¿El pacto del cuarto de millón de euros al año por mantener la boca callada? Porque lo que ha hecho Cospedal ante el juez es confirmar lo que ya publicó El Mundo según la versión de Bárcenas: la reunión del tesorero, su señora, Rajoy y Arenas para salir de la escena pero quedarse en el forillo de la nómina. Y eso puede interpretarse como los cospedalistas quieren: la estrategia amistosa de Arenas para quitar a Bárcenas ha sido un fracaso. Pero también puede entenderse de una manera más cruda y que Cospedal entenderá perfectamente: como la decisión que toma alguien que no sabe cuál es el grado real de implicación de Rajoy en los líos de Bárcenas. Porque a Arenas se le atribuye casi todo, pero ¿y a Rajoy? ¿Hay alguien capaz de creer que no sabía nada de nada, ni del uno ni del otro, ni siquiera de sí mismo? Porque el afán de exculpar al Manitú monclovita está llegando a extremos tan risibles que ya sólo nos falta leer que cuando se fue Bárcenas del partido, Rajoy hace tiempo que no estaba.

Al final, lo que dice la secretaria general del PP es algo moralmente peor que una trola y políticamente más grave que una mentira en sede parlamentaria. Como sus predecesores Cascos y Arenas, ha declarado ante el juez que no sabía nada de las donaciones al partido, que estaban bajo el control de Lapuerta y Bárcenas. ¿Y alguien puede creerse que durante veinte años largos el PP recibió una enorme cantidad de dinero, que ayudaba a avituallar al partido, cuyo origen desconocían presidentes y secretarios generales y cuyos fines dependían del capricho de los tesoreros? ¿Y era tan acertado ese capricho que los donantes en dinero negro repetían año tras año sus donaciones? Y si tan acertado era el capricho, ¿por qué se empeñó en echar a Bárcenas?

Por favor, señores del PP, no sigan tratándonos como a imbéciles. Y menos, después de impuestos.

Comparecencias caso Bárcenas
Miénteme
Emilio Campmany Libertad Digital 15 Agosto 2013

Como muchos votantes del PP, estoy en trance de convertirme en personaje de bolero. Suplico lastimero que me mientan, que sigan haciéndolo una y otra vez asumiendo con melancolía que su fingida honradez es lo único que me queda para no caer en la desesperación. También me siento habitar en el tango y aparto con un empujón al mal compadre que quiere quitarme la venda de los ojos y descubrirme lo cornudo que soy. Desdeño sus noticias, abjuro de su amistad, reniego de la verdad como un fumador de opio, yaciendo lánguido en mi confortable sofá, adormilado por las mentiras que me acunan y me permiten conservar la esperanza.

Miénteme, Rajoy; miénteme, Arenas; miénteme, Cospedal, y no dejéis que tenga que caer en el desamor de la abstención y abandonar la manija para que se apodere de ella la perversa izquierda. No importa lo que digan el PSOE e Izquierda Unida, que siempre imputan sin fundamento y sin razón. Huyo de lo que dicen mis medios, los que atravesaron con el PP el desierto, absurdamente empeñados algunos, gracias a Dios pocos, en destapar una verdad que me arrastra al abismo. También los periodistas han de mentirme: aquí no hay más que una manzana podrida que ya ha sido apartada del cesto. En el resto no hay otra cosa que torpeza, ingenuidad, desidia, si se quiere, pero nada más.

Que me mientan unos y otros y que me den una razón para seguir votando y, en la medida de lo posible, cerrar el paso a la izquierda, siempre más corrupta, más chabacana, más impresentable. Soy ya un personaje de bolero. Un viejo amante al que su pareja trata cada vez con más desdén, pero al que todavía le susurran al oído gastadas palabras de amor pronunciadas cada vez con menos convicción. "Jamás, jamás, jamás". Qué dulce veneno sale de sus labios, qué amable sopor al que inducen esas palabras. Quiero creerlo, jamás, jamás, jamás. Y, como viejo amante, me niego a reconocer que no ya es que me mientan, sino que dilapidan mi peculio, sisan de mi bolsa, revenden mis regalos, desprecian mis atenciones y se ríen de mi ingenuidad. Y sin embargo, que por Dios me sigan mintiendo, porque, de puro viejo, no me siento ya capaz de encontrar un nuevo amor digno de mis rancias solicitudes. Menos aun si lo que busco es que sea sincero.

También soy un otario de tango. Engañado mil veces mil, finjo no darme cuenta de nada, entontecido en esta red de mentiras en la que parece que sólo hay una única e inmanente verdad, que cualquier cosa es mejor que ver cómo el PSOE, convenientemente ayudado por los comunistas en su caso, vuelve a cargarse por enésima vez a la nación. Miénteme, Rajoy; miénteme, Arenas; miénteme, Cospedal. Sólo quiero oír repetida en un bucle infinito esa palabra: jamás, jamás, jamás.

Políticos
Unos hacen el paseíllo y otros el taxi
Cristina Losada Libertad Digital 15 Agosto 2013

El primer ministro noruego hizo de taxista en Oslo con el fin de escuchar a la gente. En Madrid, los políticos escuchan a la gente cuando hacen el paseíllo a la Audiencia. Cospedal podía haber declarado en su despacho por su condición de presidenta de Castilla-La Mancha. Pero prefirió ir al juzgado, igual que un testigo cualquiera. Como no es cualquiera, escuchó a los yayoflautas que hacen guardia en las estrechas aceras de la calle Prim. Aunque también tuvo su claque. Así que todo fue, en esto al menos, como en el teatro. La claque, en tiempos, estaba muy organizada, con jefe y especialistas en llantos y risas, pero si la prima donna no pagaba bien cambiaban de bando y pasaban al abucheo. Una figura pública que se precie no puede dejar estas cosas al albur de lo espontáneo.

Lo de Stoltenberg en el taxi también tenía su organización, que no es cosa de meter a cualquiera en el taxi, y los laboristas hicieron una especie de casting. Pero eso de que se metió a taxista para oír lo que piensa la gente es lo menos serio del caso. No negaré yo que un taxi haga las veces de confesionario, como dijo el premier: "Si hay un lugar donde la gente realmente dice lo que piensa es en un taxi". Lo que digo es que disponemos de métodos más fiables para saber qué piensa la gente o qué dice que piensa, que es distinto. Son las encuestas. Y como a Soltenberg, que es mal conductor pero parece simpático, le van de pena, pues allá fue de taxista y nos dejó, que no es poco, un divertido vídeo electoral.

La estampa del gobernante que se disfraza para mezclarse con el pueblo, preferiblemente de noche, a ver qué se dice de él, tiene su romanticismo antiguo, pero hoy carece de sentido. Se dice mucho que el político democrático está cada vez más encerrado y distante. Ay, las apariencias. En realidad, ese político se halla más pendiente de la opinión pública que nunca. Otra cosa es que acierte en el modo de lidiar con ella; de adularla, distraerla, aplacarla o cortejarla. Yo no sé si a Stoltenberg lo salvará el gag del taxi, ni si a Cospedal la salvará el paseíllo. Pero han hecho un buen intento. Un político hábil sabe que los gestos de cercanía son necesarios. Que lo son para su popularidad. Esto no significa que el más popular sea el mejor, como hay ejemplos de sobra. Ahora bien, el que parezca distante, estirado y alérgico al contacto, ése lleva las de perder.

En Noruega no hacen el paseíllo porque no tienen tradición taurina ni les da por arremolinarse ante los tribunales para gritar. Cuando procesaron a Breivik, el asesino de decenas de jóvenes socialdemócratas, hubo manifestaciones, pero no se vio a esos grupos que aquí hostigan a acusados, imputados o testigos en casos célebres de todo tipo: corrupción, asesinatos, etcétera. Igual esa costumbre nuestra es una reliquia de los autos de fe, vaya usted a saber. Pero cuando el blanco de la ira son los políticos, no puedo dejar de verlos como una claque que ha cambiado de bando.

Sin Cataluña, el PSOE no volverá a gobernar España
Los socialistas necesitan de los diputados catalanes para alcanzar el Gobierno. Es en Cataluña, más que en Andalucía, donde mayor es la ventaja del PSOE respecto al PP y la única comunidad, junto a la vasca, donde los socialistas superaron en diputados a los populares en 2011.
Pedro Fernández Barbadillo www.vozpopuli.com 15 Agosto 2013

Es un tópico decir que Andalucía es el granero de diputados del PSOE. Sin embargo, la realidad es que Andalucía ha dejado de ser mayoritariamente socialista. La clave del PSOE para mantenerse como partido con relevancia en España reside en Cataluña. Por eso, cabe pensar que los socialistas propondrán cualquier reforma constitucional (sea federalismo asimétrico o federalismo a secas) para mantener a Cataluña como parte de España y a sus casi 50 diputados en el Congreso, como ya encabezaron el proceso del nuevo Estatuto de Autonomía catalán con la excusa de que uniría más España. Así lo afirmó José Blanco: “Cuando finalicemos la reforma del Estatut, Cataluña será más España y España estará más unida”.

Como ha escrito Federico Castaño, “El PSOE no hubiera alumbrado ahora su nuevo modelo federal, plagado de ambigüedades, sin la presión de los socialistas catalanes y la apuesta soberanista de CiU”. Y es que Rubalcaba debe contentar a los nacionalistas catalanes, que también los hay en el PSC, partido, por cierto, separado del PSOE.

En 1979, el partido con mayor número de diputados andaluces fue la UCD, con 24 por 23 del PSOE; en 2011, el PP por primera vez quedó primero en esta región, con 33 diputados frente a 25 socialistas. Entre medias, más de 30 años en que el PSOE fue el partido preferido de los andaluces en ocho elecciones a Cortes de las que además quedó primero en seis en ámbito nacional.

En las elecciones del 20-N, el PP obtuvo en Andalucía ocho diputados más que el PSOE (33 y 25), mientras que quedó tres por detrás del PSC en Cataluña (11 y 14). En el último reparto de escaños por el censo, a Andalucía se le asignaron 60 diputados y 47 a Cataluña; las siguientes comunidades con mayor representación son Madrid (35) y Valencia (33). El PSC perdió 11 de los 25 que sacó en las elecciones de 2008, su mejor resultado desde 1982, y por primera vez le superó CiU.

En las elecciones a Cortes de 2008 fue decisiva para José Luis Rodríguez Zapatero la gran ventaja que sacó en Cataluña al PP de Mariano Rajoy, donde el PSC recurrió al miedo para movilizar a sus electores. Mientras que en Andalucía la diferencia entre ambos partidos fue de 11 diputados (36 socialistas y 25 populares), en Cataluña fue de 17 (25 y ocho). En 2004, todavía Andalucía fue más importante para Zapatero que Cataluña, ya que la primera le aportó 38 diputados y 21 la segunda; Rajoy sólo tuvo 23 y ocho, respectivamente.

En las elecciones de 2000, cuando el PP de José María Aznar venció por primera vez con mayoría absoluta, la distancia entre ambos partidos en Andalucía fue mínima, 30 diputados socialistas frente a 28 populares, pero en Cataluña fue más amplia: 17 socialistas frente a 12 populares.

El PP, sin base en Cataluña
Otra diferencia entre Andalucía y Cataluña es que el PP carece de base territorial en Cataluña, a diferencia del PSOE.

Después de las elecciones locales de 2011, el PP gobierna en Andalucía con mayoría absoluta cinco diputaciones, las capitales de provincia y casi 170 municipios. En Cataluña, el PP sólo consiguió media docena de municipios; gobierna Badalona, la tercera ciudad más poblada de Cataluña, porque su candidato, Xavier García-Albiol, encabezó la lista más votada, con 11 concejales de 27. El PP tenía un pacto con CiU para gobernar la Diputación de Barcelona, pero la federación nacionalista lo rompió en enero debido a la crisis por el llamado derecho a decidir.

De los 29 municipios españoles con más de 200.000 habitantes, hay cinco andaluces y cinco catalanes; los únicos que tienen alcalde socialista son tres catalanes: Hospitalet, Tarrasa y Sabadell.

En 2012, se celebraron elecciones a los parlamentos regionales andaluz y catalán. Las correspondientes al Parlamento andaluz las ganó el Partido Popular: quedó primero en votos (40%) y escaños a nivel regional, también en cinco provincias y en todas las ciudades de más de 50.000 habitantes menos cinco. En las elecciones catalanas, el PP quedó cuarto (13%) y no ganó en ninguna provincia ni en ninguna de las 42 cabeceras de comarca; el PSC bajó pero al menos quedó segundo en el cómputo general.

Por tanto, en estos últimos años los resultados electorales muestran un acercamiento entre el PP y el PSOE en Andalucía, con tendencia a que el primero supere al segundo y domine, además, provincias como Almería y Málaga, mientras que en Cataluña el PP es cuarto partido, sin base territorial. En el País Vasco por lo menos controla gran parte de la provincia de Álava y la Diputación Foral.

Más fácil para el PSOE encontrar aliados catalanistas
Debido a que el pluripartidismo en Cataluña (cinco partidos en el Congreso), es mayor que en Andalucía (tres partidos, y en las elecciones de 2008, 2004 y 200 sólo dos), cuesta más ganar escaños, porque se reparten entre más. El PP necesita superar la decena de diputados en Cataluña para asentar sus mayorías absolutas, pero tiene un techo: las 12 actas que obtuvo Aznar en 2000; en 2011, Rajoy se quedó en 11.

Además, el electorado catalán es más cambiante que el andaluz, donde los trasvases de voto son más lentos y modifican menos los repartos. El PP, por ejemplo, perdió un tercio de diputados catalanes entre 2000 y 2004; CiU mejoró en un 60% los suyos entre 2008 y 2011, al pasar de 10 a 16; y los diputados del PSC se redujeron en un 40% entre 2008 y 2011. En Andalucía, el porcentaje de pérdida del PSOE fue de un 31%, inferior al producido en Cataluña.

Por último el PSOE puede encontrar aliados en los otros diputados catalanes, cosa que el PP no puede hacer. A favor de la investidura de Zapatero en 2004 votaron los ocho diputados de ERC y el de ICV-IU. Y si en la investidura de 2008, los 10 diputados de CiU y el ICV-IU no se hubieran abstenido, sino que hubieran votado en contra, Zapatero no habría sido reelegido.

Por todo ello, cabe preguntarse si dentro de unos meses veremos a los socialistas de Madrid y Andalucía aceptando con la boca pequeña con el referéndum de Artur Mas.

El nacionalismo, secta neorrural
José María Albert de Paco Libertad Digital  15 Agosto 2013

La Cataluña real está más cerca del filibusterismo ilustrado del cineasta Menna que de esta secta neorrural, pero quién sabe ya.

Psicosis
Hace tres inviernos conocí al cineasta Menna Fité, que por entonces se hallaba escribiendo su primer cortometraje, un falso documental en que un puñado de celebrities atestiguaban, a partir de una serie de descacharrantes coincidencias, que Alfred Hitchcock era catalán. Cuando hablamos de su Alfred, que así se acabaría llamando esta fina travesura, Menna ya había reclutado a Joan Lluís Bozzo, Javier Sardá y Leopoldo Pomés, y me pidió que le facilitara el email de Ignacio Vidal-Folch, para quien había ideado un delirante monólogo. No logramos convencer a Ignacio de que se prestara al fake, que, pese a ésa y otras negativas, salió adelante. Alfred se estrenó en el cine Alexandra una exultante mañana de primavera, precedido de la actuación de un cuarteto de cuerda que le dio al pase un insospechado aire cosmopolita.

El cortometraje, que aún está pendiente de exhibición comercial, fue sufragado por el propio Menna, que, poco antes de que se abriera el telón, pronunció un delicado discurso de agradecimiento para con sus colaboradores. El alquiler del Alexandra también corrió de su cuenta, por lo que a ninguno de los asistentes le extrañó que, a la finalización, no hubiera copas, esas copas que, en nuestro país, tan alegremente corren con ocasión de cualquier acto oficial de medio pelo. Si tienen ocasión de ver Alfred, háganlo: ciertamente, a algunos de los testigos se les ve el cartón, pero no importa; el divertimento, a menudo, consiste en sospechar que quien pretende divertirte se ha divertido en el intento. Más relevante, a mi juicio, es esa lunática ironía que destilan las imágenes, y que, según iba yo especulando a medida que transcurría el film, se resumía en la posibilidad de que también Hitchcock, como Pla en su día, fuera despreciado por el nacionalismo.

Viene esto a cuento, claro, de la noticia que levantó el periodista de El Mundo Daniel G. Sastre (con quien los columnistas de opinión deberíamos compartir, si no minuta, sí autoría) sobre esa nueva acrópolis cuyo guía, Jordi Bilbeny, asegura gravemente que la bandera estadounidense es un calco de la senyera, y que Cervantes y el Lazarillo eran catalanes. También lo cree este simpatizante, aunque sólo sea para "tocar los cojones" (¡van a tener razón los taxistas de la T4, cuando aseguran que por eso y no otra cosa hablamos catalán!).

Iba a decirles, en fin, que la Cataluña real está más cerca del filibusterismo ilustrado del cineasta Menna que de esta secta neorrural, pero quién sabe ya.

Oriente Medio
¿Primavera Árabe o Caja de Pandora?
Mario Noya Libertad Digital 15 Agosto 2013

El orientalista Toby Matthiesen (Pembroke College, Cambridge, London School of Economics) ha escrito este libro tan interesante sobre –dice en el subtítulo– "la Primavera Árabe que no fue", la de los países del Golfo, Pérsico o Arábigo según la costumbre y la Weltanschauung de cada cual, Sectario en nuestro título, que perfectamente podría haber sido La Caja de Pandora. Y es que los autócratas del lugar, denuncia Matthiesen, para conjurar la amenaza primaveral han dado en agitar el avispero de las emociones identitarias, avivar el discurso sectario, recurrir al divide y vencerás. Se habrán salido con la suya, pero sólo por ahora, acota Matthiesen, que advierte: las consecuencias pueden ser devastadoras.

Y es que Arabia no es lo que parece, lo que nos venden, un formidable desierto monocorde, poblado por mulás, camellos y ricachos, unánimemente suní. En Arabia, por ejemplo –y aparte de una legión de trabajadores extranjeros que viven poco menos que esclavizados: seguiremos informando–, hay muchísimos chiíes, lo saben mejor que nadie los gobernantes que tanto les temen; por múltiples razones, la primera de las cuales puede que sea el hecho de que les hacen objeto de incontables discriminaciones. Y precisamente porque viven sometidos, como súbditos –en el Golfo no hay ciudadanos– de segunda, tienen tendencia a la manifestación, la protesta, el levantamiento si se dan las condiciones. La marginación de los chiíes es una bomba de relojería, intuyó Matthiesen en Manama, Bahréin, ya en el año 2008.

La Primavera Árabe no arraigó en la Península Arábiga, pero lo cierto es que fue allí donde dio sus primeros brotes, refiere Matthiesen. Concretamente en Omán, el más absolutista de sus regímenes; en enero de 2011, justo cuando empezaba a arder Túnez, en la otra punta del mundo árabe. (La disidencia kuwaití protesta y recuerda que su Movimiento Naranja, por el derecho de la mujer al voto y una reforma electoral aperturista, data de la temporada 2005-2006). Al cabo se extendió por el resto del territorio, especialmente por Bahréin y excepción hecha de los Emiratos y Qatar, cuya emblemática Al Yazira se comportó de manera bien distinta a como lo hizo en Egipto y Libia y sigue haciendo en Siria: en casa la Primavera Árabe no era tal, un estallido popular contra la opresión, sino un maquiavélico plan de los persas de Teherán por desestabilizar el núcleo del mundo arábigo. (Lo mismo cabe decir de las élites y los medios occidentales, apunta Matthiesen. Igual es porque los países del Golfo albergan ? de las reservas probadas de petróleo y ? de las de gas. Y algunas de las más grandes e importantes bases militares de los Estados Unidos de América).

"El año en que soñamos peligrosamente", 2011, quedó atrás, ganaron los tiranos. (¿Salvo en el Yemen? ¡Ojo al Yemen!). Por ahora, insiste Matthiesen; también en la advertencia: haber invocado los espectros del sectarismo les puede salir muy caro: si quieren ejemplos, que miren a Siria, a Irak, al Líbano. (Se estima –porque no hay datos oficiales: de nuevo la denegación y el miedo– que los chiíes son el 60-70% de la población de Bahréin, el 20-30% de la de Kuwait, el 10-15% de la de Arabia Saudí y Emiratos Árabes, el 10% de la de Qatar…). Las demandas de la población –no sólo de los chiíes– van a seguir ahí, la Primavera Árabe ha insuflado esperanzas en quienes quieren cambiar las cosas, que cada vez son más; y cada vez hay menos dinero, privilegios, concesiones para cerrarles la boca. ¿De nuevo y para siempre con el puño de hierro? Según parece, cada vez le tienen menos miedo.

El modelo denegación-represión-subvención es insostenible, los recursos naturales ya no son la solución sino que empiezan a ser parte del problema (¿acabará Arabia Saudí importando petróleo en 2030?). A todo esto, Estados Unidos no parece en estos momentos el aliado más fiable y además está de retirada (Irak, Afganistán); todo lo contrario que el enorme Irán, persa y chií, amigo de Rusia y China, firmemente decidido a conquistar la nuclearidad y a ganarle la guerra fría peninsular a Arabia Saudita. "El futuro del Golfo será inherentemente inseguro", sentencia Matthiesen y, desde luego, descabellado no suena.

***
Dice el dicho que nadie es profeta en su tierra. El dicho alude a Mahoma, el Profeta para los musulmanes, que vio cómo, paradójicamente, donde más le costó abrirse camino fue en su ciudad natal, la hoy mahometanísima Meca. Al punto de que tuvo que huir de ella. Volvió luego, triunfante y piafando.

¿Vivirá el mismo ciclo la Primavera Árabe en la Península Arábiga? Hagan sus apuestas y crucen los dedos. O cierren los ojos.
© elmed.io

Sangre en la Media Luna
José Javaloyes www.republica.com 15 Agosto 2013

Se acabó la tregua en El Cairo entre el Estado y la calle. Tras el primer choque, toque de queda y estado de emergencia. Turquía, donde el Islam retornó al Estado, pide una intervención internacional; desde la secretaría general de la ONU se condena la violencia represiva y desde la UE -con llamamiento específicos de París, Londres y Madrid – se insta a la moderación y en el balance de bajas mortales figuran dos periodistas.

Ha sido una bomba largamente cebada. Los seguidores del depuesto presidente Mursi -al que se ha prorrogado en otros 15 días el periodo de detención por la autoridad cívico-militar que le depuso, desde la acusación de complicidad con la facción terrorista de los palestinos proiraníes de Hamas- parecen, en su protesta, reunidos en grupo, jugar al gato y el ratón entre las calles de El Cairo, intentando constituir otros espacios de resistencia y protesta toda vez que las dos concentraciones principales ya han sido prácticamente arrasadas por las fuerzas de la Policía, luego de varios días en los que, sucesivamente, el Gobierno les conminara a que se dispersaran.

El balance de la dispersión forzosa varía brutalmente, como el propio desenlace de la semana de tensión transcurrida entre la primera amenaza desde el Estado y la final ejecución de ella y de todas las demás. La versión independiente es la de 124 islamistas muertos; mientras que la de los partidarios de Mohamed Mursi es la de una mortandad seis veces superior. Según éstos, seiscientos “mártires de Alá” en cifras redondas.

La abultada naturaleza de estas cifras resulta de su doble condición: la de su peso en sí misma y la de su escala potencial que representa, puesto que de una u otra manera fundamenta la presunción de otros balances de sangre en el resto de episodios de represión urbana que esperan de inmediato, una vez que se ha dado ya el primer paso…

El Gobierno del presidente Mansur, tal como se advierte por la naturaleza de otras medidas tomadas se prepara para el choque total, con estructura de Estado Mayor, como la intervención de los servicios ferroviarios a escala nacional para impedir la afluencia de manifestantes desde otras partes del país. Cabría decir que estamos ante el despliegue organizativo de la gestión castrense a la que se encuentra sometido Egipto en estos momentos.

Se quiere evitar a todo trance que la protesta islamista no disponga de canales de reposición capaces de convertir El Cairo, por la cantidad de protesta embalsada en un Assuan islamista en el que se ahogue el régimen cívico-militar montado ahora en un doble empeño: reconvertir el proceso de transición a la democracia sobre bases nuevas, purgadas de integrismos desde una reforma constitucional, y, al propio tiempo, concluir las averiguaciones para depurar las pertinentes responsabilidades penales contraídas por el depuesto presidente Mursi en su supuesta alianza directa con Hamas, durante su liberación de la cárcel asaltada dónde se encontraba recluido antes de que comenzara la primera transición, y, además de ello, agotar la información y el análisis de las eventualidades responsabilidades concretas contraídas por el depuesto presidente con el régimen iraní de los ayatolás, a despecho del chiísmo de éstos, que en Iraq es combatido con atentados cotidianos de Al Qaeda, cuyo origen se remonta doctrinalmente al integrismo crispado de Osama Ben Laden y al del egipcio Anwar al Zahawahiri, que le ha sucedido en la dirección de esta trama terrorista.

Pero una cosa son los eventuales planes y propósitos del actual régimen egipcio y otra, bien distinta aquello que a corto y medio plazo acabe por suceder, teniendo enfrente como tiene a la virtual mitad de los egipcios. Este Creciente Fértil ahora bañado en sangre puede rematar en el ensangrentado Plenilunio de una guerra civil, acaso con la participación iraní de algo más que sus “delegados” de Hezbolá en el sur de Líbano y de Hamás en la faja palestina de Gaza, sin descartar otras involucraciones…

AL BARADEI.- No podía hacer otra cosa que dimitir de su polémica y comprometida vicepresidencia en el Gobierno de Al Mansur. Un Nobel de la Paz no puede endosar la reiterada represión de ninguna de las maneras y por ningún género de razones.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Ciudadanía fraccionada
Ser político en sentido auténtico es preferir enmendar errores a linchar culpables
Fernando Savater El Pais 15 Agosto 2013

En una de sus cartas, Voltaire asegura que los humanos tenemos un número determinado de dientes, cabellos e ideas que con los años vamos perdiendo paulatinamente hasta quedar reducidos al despojado modelo que la vejez presenta al público. Puedo dar fe personal de ese desguace, pero no todos sus registros me parecen igualmente deplorables. En concreto el adelgazamiento de la provisión ideológica tiene bastante de beneficioso.

La experiencia demuestra que rebosar de ideas no es señal de gran inteligencia, sino más bien de lo contrario: los sabios las someten al mismo régimen que las juergas y se permiten muy pocas. A quienes no lo somos, nos viene bien que el tiempo nos desbroce de la excesiva facundia, sobre todo en lo político. A mí me ha dejado reducido al ideal socialdemócrata y poco más. Ya sé que el término les suena peyorativo y anticuado a amigos a los que intelectualmente aprecio, porque les recuerda la propaganda ineficaz o nociva de ciertos socialistas al hispánico modo, pero a mi juicio equivale al sentido común (un punto escéptico) aplicado a la gestión de lo común. Aún más, creo que se trata ni más ni menos de lo que George Orwell (a quien por cierto ahora algunos, a propósito de Snowden, confunden con Mercedes Milá) llamaba common decency, la decencia corriente en lo que toca a lo común.

Defender los derechos de lo común a todos, como la lengua, se toma como una agresión

Ahora estamos viendo que la socialdemocracia, con su combinación cívica de derechos y deberes, su énfasis en la defensa de un espacio vital y unos servicios públicos no sometidos a la mera regulación comercial y su principio de que toda riqueza es social y por tanto debe ser socialmente responsable, no es una aspiración política facilona ni aburridamente modesta como algunos han podido suponer. Aún menos, desde luego, una suerte de totalitarismo light que marchita o proscribe la excelencia individual. Más bien se trata del auténtico esfuerzo revolucionario de la era contemporánea, contra la que han ido creciendo obstáculos institucionales y económicos que revelan el fondo subversivo de sus aparentemente sosegadas propuestas. Lo que parecía un ideal domesticado se ha convertido por la zapa de intereses reaccionarios en casi una utopía. En efecto, la socialdemocracia nunca ha pedido el sol a media noche, sino una red de alumbrado público eficaz cuando se pone oscuro. Eso la enfrenta por igual a quienes claman que debemos resignarnos a las tinieblas pues son naturales (salvo para los héroes capaces de conseguir su propia linterna) y a los que recomiendan apedrear las pocas farolas que pueda haber y exigir el amanecer ya o nada.

En el fondo, los movimientos ciudadanos como el 15-M y derivados, aunque peraltados en ocasiones por declamaciones radicales de hoja caduca (véase el párrafo primero de esta nota), lo que coinciden en exigir es la recuperación de los puntos perdidos o jibarizados del ideario socialdemócrata. Zarandeados por una crisis que exige reformas de calado, pero también se presta a servir de coartada a retrocesos antiigualitarios, los más adormecidos han cobrado conciencia de que el llamado Estado de bienestar no tiene piloto automático y que nada socialmente bueno está garantizado para siempre si sus beneficiarios no quieren o no saben empeñarse políticamente en conservarlo y actualizarlo.

Se nos ha dicho que no solo los ciudadanos de a pie padecen la tormenta actual, sino también grandes inversores, entidades bancarias y hasta Gobiernos, nacionales o regionales, para cuya recuperación debemos consentir en sacrificios… por nuestro bien. Pero aunque puede que, lo queramos o no, los problemas de los poderosos sean nuestros problemas, “lo que es seguro es que sus soluciones no son nuestras soluciones”. Tomo la cita del muy sugestivo y didáctico libro que ha dedicado Félix Ovejero a la teoría de la democracia a partir del 15-M: ¿Idiotas o ciudadanos? (ed. Montesinos). Un oportuno prontuario de cómo mantener y poner al día las reivindicaciones de la socialdemocracia en la estación poco propicia, sin abandonismo resignado ni autocomplacencia.

Se extiende en España el separatismo manso: esa gente que solo se siente unida al resto ante un accidente grave o un triunfo deportivo

A mi juicio, lo primero que hay que recobrar es la dimensión política de cada uno y todos en la palestra democrática. Ser político en el sentido auténtico del término, no en el insultante y pueril, es preferir enmendar errores a linchar culpables. Para ello no basta con tener claros los legítimos intereses particulares sino buscar la forma de encuadrarlos y defenderlos en el conjunto de todos los afanes sociales, que también debemos considerar como propios para no fraccionar nuestra ciudadanía. Una de las exigencias más repetidas, sea con honesto fervor o por rutina demagógica, es que los políticos que ocupan cargos representativos deben salir de sus despachos y acercarse más a los problemas de la gente; pero, puesto que esa gente también está formada por políticos y no por idiotas aislados en sus reclamaciones, no menos oportuno sería que cada cual intentase imaginarse en el despacho del representante de turno, teniendo que armonizar demandas y urgencias contrapuestas. No vale monopolizar en provecho propio, aun legítimo, la voz del pueblo, porque esta rara vez suena con la unanimidad del orfeón. “La argumentación pública obliga a mostrar que, en algún sentido, las tesis defendidas se corresponden con principios generalmente aceptables, de interés general, y con la realidad del mundo” (F. Ovejero, op. cit.).

En España, el peor sabotaje al uso racional de la ciudadanía es el separatismo bravo o manso que se ha generalizado. Este último, el separatismo de los no separatistas, es el más extendido y por tanto el más dañino. Esa buena gente que solo se siente unida al resto de sus compatriotas cuando hay un accidente trágico o un triunfo deportivo, nunca en la gestión política. En las peores épocas del terrorismo, oíamos decir a gente bienintencionada (creo yo): “Eso es algo que tenéis que resolver los propios vascos”. Y hoy se discute si el derecho a decidir en Cataluña es legal o ilegal, pero pocos mencionan que excluye antidemocráticamente de la decisión al resto de los españoles de cuyo país forma parte Cataluña. Es el patriotismo de la vaca que ríe: cada región una porción separada envuelta en su papel de plata, que comparten la misma cajita, pero se comen por separado. Y eso en el mejor de los casos…

Defender los derechos de lo común a todos (por ejemplo, la lengua y el derecho a ser educados en ella) es una agresión a idiosincrasias sacrosantas, a veces de cuño reciente. El lenguaje políticamente correcto decreta que “euskaldunizar”, “catalanizar” o “descentralizar” pueden llevar a abusos, pero son términos aceptables; en cambio “españolizar” o “recentralizar” son voces reaccionarias en sí mismas, incluso fascistas. Los políticos antiseparatistas, si quieren ser gente progre, serán vasquistas, catalanistas o galleguistas y proclamarán que ya no tiene sentido reivindicar la nacionalidad estatal, pasada de moda. Y ni siquiera se puede culpar de este fraccionamiento a los nacionalistas, lo mismo que no llamamos “ladrón” a quien entra en una casa de puertas abiertas y se lleva algo precioso que nadie protege ni reclama como suyo. ¡Qué difícil es que los ciudadanos puedan luchar eficazmente por actualizar el proyecto socialdemócrata en estas condiciones!

Fernando Savater es escritor.

lengua vasca
José Luis Lizundia, «Se ha exigido demasiado euskera para ciertos puestos de trabajo»
Después de cuatro décadas de trabajo diario en la Academia, repasa los hitos de la institución y los problemas de la euskaldunización
IÑAKI ESTEBAN El Correo 15 Agosto 2013

TRAYECTORIA
Primeros pasos. Nació en Pamplona el 9 de abril de 1938. Cursó estudios de Comercio. Ha sido técnico de la Administración Local.
En Euskaltzaindia. En la época de Luis Villasante se decidió por organizar la actividad por comisiones, y la influencia de Lizundia fue decisiva en este aspecto.
En la cultura. Fundador de Gerediaga, creador de la Feria de Durango y subdirector de 'Anaitasuna'

Euskera batua
«Los jóvenes nos dimos cuenta de que hacía falta una lengua estándar, a pesar de las resistencias del mundo purista»

La institución
«Euskaltzaindia no es de ninguna ideología. Ha habido gente nacionalista, de derecha, de izquierdas y comunistas como Aresti»

Situación actual
«Veo la Academia con inquietud, con una frustración en el personal que se está extendiendoa los académicos»

José Luis Lizundia ha cumplido 75 años y después más de cuatro décadas de trabajo diario en Euskaltzaindia pasa a ser académico emérito. Él se define como el «último mohicano» de un sector del grupo de euskaltzales que renovó la Real Academia de la Lengua Vasca a finales de la década de los sesenta, entre los que estaban el franciscano Luis Villasante y Gabriel Aresti. Desde 1969 ejerció de vicesecretario general y luego de tesorero, lo que le ha hecho conocer Euskaltzaindia no sólo desde el aspecto del cuidado del euskera sino también su faceta organizativa.

A esta labor se une su trayectoria en Euskadiko Ezkerra, partido con el que ha sido parlamentario en Vitoria y juntero en Gernika. Se siente orgulloso de su participación en la Ley del Euskera, ahora hace más de treinta años, y se sitúa en la izquierda aunque se define, «con orgullo», como «heterodoxo». Como tantos abuelos, ejerce de cuidador de su nieto mientras su hija trabaja por las mañanas.

– ¿Se acuerda del día en que entró en Euskaltzaindia?
– Fue el 25 de noviembre de 1966. Nombraron a unos veinte académicos correspondientes, los de segunda división, y entre ellos estábamos un grupo de revoltosos formado por Xabier Lete, Ibon Sarasola, Xabier Kintana, Ramón Saizarbitoria y este menda. Yo ya estaba en el mundo cultural. Junto a Leopoldo Zugaza, fui uno de los fundadores de la Asociación Gerediaga de Durango, la que organizó la primera Feria del Libro Vasco. La sede estaba en mi casa y me nombraron tesorero aunque no teníamos nada parecido a un tesoro. También empecé a trabajar en las campañas de alfabetización en Bizkaia, siguiendo lo que estaba haciendo Rikardo Arregi en Gipuzkoa.

– Usted ha tenido un papel fundamental en los aspectos organizativos de Euskaltzaindia.
– En el año 68 se fue el entonces vicesecretario, Alfonso Irigoien, a terminar su carrera a Salamanca y nos dieron la oportunidad de presentarnos a la plaza, muy mal pagada. Concurrimos dos, Gabriel Aresti y yo. Ambos teníamos trabajos administrativos. Él era contable y yo, secretario del Ayuntamiento de Garai. Aresti escribió una carta de renuncia a mi favor, diciendo que, aunque andaba regular de trabajo, él era poeta y no se veía en el puesto. En febrero de 1969 empecé como vicesecretario y he trabajado en la Academia hasta la jubilación.

– ¿Qué ambiente se respiraba en la cultura vasca en los sesenta?
– Esa década fue muy importante. Trabajábamos por la alfabetización, por que los euskaldun zaharrak supieran escribir correctamente, por el euskera batua. Hubo una eclosión en el arte con los grupos Hemen, Gaur y Orain, en los que estaban desde Basterretxea hasta Ibarrola. Y como movimiento musical, ‘Ez dok hamairu’ supuso un gran paso adelante. A finales de 1964 se aprobó en las Cortes franquistas la Ley Asociaciones. Gerediaga fue la primera en inscribirse. La situación política era irrespirable, pero aflojaron la tensión en la cultura.

Resistencias puristas
– ¿Cuál era la situación legal de Euskaltzaindia?
– Euskaltzaindia no fue suprimida por el franquismo, al contrario que el Instituto de Estudios Catalanes. ¿La razón? Nuestra Academia no llegó a pertenecer al Gobierno vasco, mientras que el Instituto fue parte de la Generalitat. En el año 41, Resurrección María de Azkue y José María Areilza, que entonces era presidente de la Comisión de Cultura de la Diputación de Bizkaia, empezaron a reactivarla. Luego vino Navarra y después, Gipuzkoa y Álava. De todas formas, el reconocimiento oficial como institución no lo conseguimos hasta 1976.

– Después de que muriese Franco.
– Sí, lo pedimos antes pero fue imposible. Nos ayudó mucho Marcelino Oreja y el ministro de Educación, Robles Piquer, cuñado de Fraga Iribarne. Cuando fuimos a verle, nos dijo: «Entiendo perfectamente lo que me piden porque mi suegra, que es vascofrancesa, vive con nosotros. Tiene un devocionario y se acuesta todas las noches rezando en vasco».

– ¿Cómo valoraría la actitud del franquismo con el euskera?
– No cabe duda de que hubo una represión terrible. Pero en el lado cultural, hay que hacer algunas matizaciones. Vayamos al congreso del euskera, el de 1968, el del batua. En la comisión había dos abogados, Antonio Arrúe, procurador en las Cortes franquistas, y José María Lojendio, monárquico. Villasante decía una y otra vez que Euskaltzaindia era de todos los credos políticos y religiosos. Ha habido miembros de derechas, de izquierdas, nacionalistas, no nacionalistas... Aresti era de ideas comunistas.

– ¿Es verdad que en aquel congreso de 1968 en Arantzazu estaban enfrentados los modernos y el clero conservador? ¿O es una simplificación?
– Los jóvenes nos dimos cuenta de que hacía falta una lengua estándar, para la Administración, para la literatura ¿Hubo resistencias? Claro. Procedieron del mundo purista, fundamentalmente sabiniano, y de las viejas generaciones clericales, que de algún modo se vieron amenazadas, y con razón. Aun así, hay que matizar. Había religiosos como Villasante y gente del PNV como Luis Mitxelena. Todo ha cambiado mucho. Entonces, de 24 académicos, sólo tres tenían el título de doctor, Mitxelena, René Lafon, que militaba en el Partido Comunista francés, y Jean Haritschelhar, que había hecho Filología Hispánica. Ahora tenemos profesores, profesionales, escritores...

– ¿Por qué Villasante se puso de parte de los jóvenes?
– Fue una gran jugada de Mitxelena. Villasante no era nada purista y era cura. Nadie podía achacarnos un prejuicio contra el clero.

Excesos de celo
– Algunas voces aseguran que el euskera avanza lento en la calle porque ciertos elementos, como el verbo, no se han simplificado lo suficiente. ¿Hace falta una lengua más versátil o funcional?
– Sí, he leído el artículo que publicó en EL CORREO Luis Haranburu-Altuna y es una opinión que defienden también otros como Xabier Amuriza. En términos generales, estoy de acuerdo. Una cosa es el mundo de los filólogos y otra cosa es el de los enseñantes, y muchas veces no se han separado lo suficiente. Como ya he dicho en alguna ocasión, al euskera no le sienta bien ni el dóping, para que vaya más rápido, ni la eutanasia, para que se muera plácidamente. Se han cometido algunos excesos de celo filológico. Nos hemos vanagloriado de la riqueza que tenemos en el verbo y hemos pretendido de que todo el mundo lo domine. Pero el hecho es que no puedes convertir a todo el país en un reino de pequeños filólogos.

– ¿Se exige demasiado euskera para algunos trabajos?
– Con que un guarda forestal sepa comunicarse de manera sencilla, es suficiente. Un médico de familia en un área euskaldun tiene que saberlo, pero un anestesista puede hablar lo que quiera y si es mudo no pasa nada. Sí, se ha exigido donde no se debe o como no se debe. Siempre hay que tener en cuenta dos criterios, la zona de que se trate, y no el territorio histórico, y la naturaleza del trabajo. No es lo mismo Ondarroa que Karrantza. No me importa que en Valdegobía, una zona alavesa en la que se ha perdido el euskera hace un par de siglos, tarden otros cincuenta años en normalizar la situación de la lengua. Hay que tomar en cuenta todas estas cuestiones para hacer un plan de normalización efectiva, que además resguarde el euskera de posibles antipatías.

– ¿Las ha habido por esta causa?
– Ha habido un rechazo sin mala voluntad y una instrumentalización de algunos hechos por parte del nacionalismo español. A veces hemos tenido poco tacto y poca táctica. Han existido intentos de monopolizar la lengua por parte de algunos sectores del nacionalismo vasco. Y el euskera no está para esos trotes.

– ¿Cómo ve ahora Euskaltzaindia?
– La veo con inquietud, con casi tres años sin convenio laboral y una evidente frustración en el personal, frustración que se está extendiendo en los académicos. Está gobernada por un ‘centralismo burocrático’, que me llevó a dimitir de tesorero y, como tal, como miembro de la Junta de Gobierno en febrero del año pasado por el constante ‘puenteo’ presidencial. El centralismo burocrático está agarrotando la tradicional autonomía de las principales comisiones académicas, desde su creación hace casi cuarenta años con la presidencia de Villasante, y lleva a una arbitrariedad en la adjudicación y el tratamiento de los proyectos. Estoy verdaderamente preocupado del devenir de nuestra institución. Vive una crisis larvada.

Lengua regional vasca para los enterradores
Nota del Editor 15 Agosto 2013

Estos miserables pederastas lingüísticos además son incultos idiotas. Afirmar que "un anestesista puede hablar lo que quiera y si es mudo no pasa nada" indica el grado de supina majadería de estos aprovechados de las lenguas regionales. En su lugar podría haber citado a los enterradores, que seguro nada que comunicar con sus enterrados.




Recortes de Prensa   Página Inicial