AGLI Recortes de Prensa   Martes 3  Septiembre 2013

Pensiones: enésimo parche, enésima mentira
EDITORIAL Libertad Digital 3 Septiembre 2013

El Gobierno de Mariano Rajoy se está especializando dar patadas adelante para sacarse los problemas de en medio sin resolverlos.

Eso, por supuesto, no soluciona nada, y en ocasiones no hace sino añadir complicaciones. Es el caso, sin duda, de las pensiones: el sistema de reparto ya está al borde de la quiebra –no en vano en los últimos meses se ha usado en un par de ocasiones el dinero del Fondo de Reserva de la Seguridad Social-, y no estará mejor en 2019 sino peor, porque su principal problema a largo plazo no es la crisis económica actual, sino el envejecimiento progresivo de la población.

Sin embargo, la ministra Báñez se ha empeñado en defenderlo; como si un sistema diseñado en el franquismo para una época en la que los españoles no pasaban de los 70 años fuese un bien en sí mismo.

Lo cierto es que, aunque pueda parece una perogrullada, la forma óptima para el sistema de pensiones no es la que se amolde a tales o cuales prejuicios ideológicos, sino la que sirva para que los españoles tengamos en el futuro las mejores pensiones. Si además hay una que puede ayudar a mejorar la situación económica del todo el país favoreciendo el ahorro en lugar del gasto, la decisión debería ser obvia.

Y esa forma no es otra que un sistema de capitalización que podría ponerse ya en marcha y que, al menos en sus primeras fases, podría y debería ser mixto, en parte público y en parte privado. El principio es sencillo: que cada contribuyente acumule dinero para su propia jubilación en lugar de pagar la de los ya jubilados, medida que favorecería el ahorro y por tanto la inversión, es decir, la recuperación económica. La experiencia chilena es un excelente ejemplo.

Lo peor de la comparecencia de Báñez de este lunes, no obstante, ha sido la forma en la que ha mentido a los españoles, y lo ha hecho en al menos dos cuestiones muy importantes: cuando ha asegurado que pagando lo mismo que ahora se tendrán las mismas pensiones, cosa obviamente falsa, porque en ese caso la reforma para hacer "sostenible" el sistema no tendría ningún efecto; y cuando ha asegurado que con los cambios planteados, superficiales y aplazados en el tiempo, se garantiza la supervivencia de un sistema que, a menos que España esté a las puertas de una explosión demográfica mayor que el famoso baby boom de los 60 y 70, será inviable en unos pocos años.

Es un nuevo error grave en la política de un Gobierno al que le está faltando el coraje o que carece de los conocimientos y las convicciones necesarios para solucionar muchos de los graves problemas que tiene España.

Liquidación por Cayenne
Fernando Díaz Villanueva www.gaceta.es 3 Septiembre 2013

En España aún quedan un montón de empresas públicas y casi tres millones de funcionarios.

Leía ayer que España importa petróleo pero exporta carburante. Saberlo es reconfortante, especialmente para los refinadores de crudo, que así aportan valor a la materia prima que previamente han importado. No siempre ha sido así, en los tiempos de pisito en Sanchinarro y Porsche Cayenne en el garaje las refinerías nacionales no daban abasto y era necesario importar gasolina y gasóleo, que los Cayennes malditos son muy pintureros pero consumen como diablos. Conforme los haigas han ido retirándose de nuestras calles, las refinerías, que siguen refinando la misma cantidad, ven que tienen remanente para dar y tomar. De ahí lo del superávit y las exportaciones históricas.

El caso de la gasolina tal vez parezca anecdótico, pero refleja con fidelidad cuál es el estado de la economía nacional y por el camino por el que habrá de discurrir si alguna vez quiere salir del marasmo. Los de la industria petrolera han optado por producir lo mismo dando salida exterior a una parte creciente de la producción. No han sido los únicos. Algo similar sucede en la industria automovilística, en la alimentaria y, en general, en prácticamente todos los sectores que fabrican bienes muebles. Los pisos, por desgracia, son inmuebles y no se pueden sacar de Sanchinarro. Las empresas se han hecho, en definitiva, más eficientes y eso a la larga deja buenos frutos. Quizá ahora no podamos comprarnos a crédito un Porsche Cayenne –que, quitando políticos y barandas de los sindicatos, no podemos–, pero a cambio fabricamos cosas que el resto del mundo desea.

Llegados a este punto muchos dirán por qué, si estamos haciéndolo tan bien, no se termina de salir de la crisis. Básicamente porque bien, lo que se dice bien, sólo lo hacen las empresas privadas… y no todas, sólo las que no viven del contratazo público, la prebenda y el BOE. En España aún quedan un montón de empresas públicas y casi tres millones de funcionarios, auténticos carpantas del presupuesto que dan poco pero cuestan mucho. El coste de ese lujito son los seis millones de parados que tienen francamente difícil encontrar un empleo y la sensación de liquidación por derribo que se vive a lo largo y ancho de todo el país.

No hay más que darse un paseo por Madrid para comprobar que la ciudad se ha transformado en una suerte de mercado persa donde todo está a la venta. Para comprar un coche, por ejemplo, no hay que ir al concesionario, sino mirar los parabrisas de los de alta gama y recoger las ubicuas octavillas de “compramos coches” con su número de teléfono debajo y el recordatorio obligado de “tenemos todas las marcas y modelos”. Más de uno se ha hecho con un Cayenne sanchinarrero por cuatro perras. Así con todo. Donde antes había flamantes agencias inmobiliarias hoy proliferan las casas de empeño. Claro, que nadie dice que va a empeñar nada, los empeñaores prefieren utilizar la fórmula “bajo un momento al Cash Converters” sin precisar más detalles. Ya se sabe, españoles todos, Quijotes hasta el final.

Alemania
El canto del cisne de la socialdemocracia
José García Domínguez Libertad Digital 3 Septiembre 2013

Es sabido que en Alemania nadie cobra el salario mínimo. Y por una razón simple: no existe desde que los socialistas lo suprimieron. Fue cuando la célebre Agenda 2010 del canciller Schröder. "El mayor recorte de prestaciones sociales desde 1949", a decir del nada sospechoso de izquierdista Frankfurter Allgemeine Zeitung. Si ahora gana la CDU quizá se restaure. Merkel lo ha prometido en su programa. Alemania, esta Alemania, constituye la prueba de que ya no tiene ningún sentido el debate en torno a si puede sobrevivir el Estado del Bienestar tal como fuera concebido en el siglo XX. No hay nada que discutir: no puede. La cuestión es otra. A saber, la de si Europa será capaz de mantener sus señas de identidad básicas o, por el contrario, deberá doblegarse a la hegemonía del capitalismo individualista anglosajón.

Tantos años después, todavía no se ha entendido que la caída del Muro certificó algo más que el óbito definitivo de aquel muerto viviente, el comunismo. Porque quien de verdad estaba siendo expulsado del escenario de la Historia no era el cadáver insepulto de Marx, sino la socialdemocracia. Algo que no tardaría en descubrir el primer Gobierno de Mitterrand en Francia. Y poco después, en 1994, la Suecia que se vio forzada a desmantelar a toda prisa su legendario Estado del Bienestar por exigencia de los mercados internacionales de deuda. Las reglas simplemente habían cambiado. Y la socialdemocracia había perdido la partida. Lo de Suecia fue su canto del cisne.

En lo sucesivo, los mercados no iban a tolerar que ningún Estado tratase de aumentar el empleo recurriendo a expandir la economía con cargo al déficit. En un mundo de libre circulación de capitales por encima de las fronteras nacionales, las políticas que definen la esencia misma de la socialdemocracia resultan imposibles de aplicar. Así de simple. Guste o no, es la realidad. Y siempre conviene llevarse bien con la realidad. He ahí, por lo demás, la gran paradoja de nuestro tiempo. Cuanto más se agrieta y desmorona la estructura económica que hizo posible el Estado del Bienestar socialdemócrata, más se aferran los europeos, empezando por los alemanes, a esa forma de orden social. Que en Alemania van a ganar las derechas es seguro. La única incógnita será saber cuál de las dos.

Política
¿Es UPyD un partido de izquierda radical?
Carmelo Jordá Libertad Digital 3 Septiembre 2013

Escucho en la Asamblea de Madrid el discurso, plúmbeo como el solo, del portavoz de UPyD en la Cámara regional, Luis de Velasco. Aclaro antes de continuar que no tengo ninguna animadversión por UPyD, un partido al que he llegado a votar, ni para su rama madrileña, hoy por hoy la principal presencia institucional de los de Rosa Díez en comunidades y ayuntamientos.

Sin embargo, el discurso de Luis de Velasco me ha resultado muy preocupante: no por el escaso punch parlamentario del de UPyD, que eso ya lo sabíamos, sino porque ha sido un discurso de izquierdas, rayando en la radicalidad, que habría podido firmar el ala más siniestra, en el doble sentido, del PSOE.

El eje alrededor del cual ha pivotado ha sido la necesidad de "una sociedad más igualitaria". Podemos discutir mucho sobre los más perversos efectos del igualitarismo, pero, en cualquier caso… ¿qué tipo de partidos lo ubican en el eje de su acción política? ¿Debe ser el centro del discurso más importante del año de un candidato, se supone, de centro o como mucho de centro-izquierda?

Pero agárrense los machos, que lo segundo más sustancioso que se ha podido escuchar en el discurso es que Luis de Velasco quiere que nos suban los impuestos. Ha citado IRPF, Patrimonio y Sucesiones, pero en un momento dado también ha dado la idea de "crear otros impuestos". Hombre, Luis, no me jodas, ¿acaso te parece que pagamos pocos?

Sé que los de Rosa Díez tienen cierto cacao ideológico y en muchas ocasiones cada uno hace un poco la guerra por su cuenta, vale, pero quiero pensar que el discurso más importante del año en el Parlamento regional en el que tienen más representación, además de ser uno de los más mediáticos de España, no lo hace Luis de Velasco según le sale a él mismo de las barbas y en solitario.

UPyD es un partido de centro izquierda, de acuerdo, aunque nació con un ánimo más transversal que yo creo ya ha abandonado, lo que lamento. Pero, en cualquier caso, si Rosa Díez quiere que su partido pesque como está pescando votos en caladero del PP, hará bien en dejar de lado la peor demagogia izquierdista.

Porque si lo que necesitan España y, en este caso concreto, Madrid es más impuestos y un igualitarismo a ultranza promovido desde los poderes públicos, igual tenemos que repensarnos esa simpatía que UPyD despierta en muchos de nosotros, que pensábamos que estábamos ante una izquierda no sólo más honrada sino algo menos cerril.

Y a mí, la verdad, los honrados cerriles me dan más miedo que los sinvergüenzas, que siempre prefieren robarte a masacrarte.

Margallo, discurso duro, pero respuesta blanda
Pablo Sebastián www.republica.com 3 Septiembre 2013

Informe duro y exhaustivo sobre la crisis Gibraltar del ministro de Exteriores, García-Margallo, en Congreso de los Diputados, pero respuesta muy blanda del Gobierno español. Porque, si las cosas son tan serias y graves como parecen desprenderse de las precisas palabras de García-Margallo, sorprende que la respuesta que da el Gobierno de España a esa situación sea tan blanda, difusa y sin el anuncio de una réplica inmediata y contundente ante la ONU, la UE e instancias internacionales como el Tribunal de la Haya. Por más que el ministro debería saber que la única solución posible al problema colonial de Gibraltar pasa por las políticas de Defensa y Seguridad, y ahí incluidos los gobiernos de Madrid, Washington y Londres y por supuesto los altos mandos de la OTAN.

A lo más que ha llegado el ministro García-Margallo tras ofrecer su análisis de la crisis es a proponer más diálogo a Gran Bretaña y crear comisiones de trabajo con la presencia de los gibraltareños y de representantes de la Junta de Andalucía. Es decir pasamos del ‘tripartito’ de Zapatero, que critica Margallo, al ‘cuatripartito’ de Rajoy. Pero siempre contando con los gibraltareños. Cosa que ya había iniciado el ex ministro Marcelino Oreja en Estrasburgo con su homólogo inglés David Owen, lo que Margallo extrañamente olvidó.

Quizás la novedad en la intervención del ministro que, dicho sea de paso, fue técnicamente excelente y un compendio exhaustivo e inapelable del problema de Gibraltar, fue una velada amenaza o advertencia a Londres sobre la posibilidad de que España recurra a la Corte de la Haya y otras instancias para defender la cuestión de la soberanía española del Peñón, el istmo y las aguas de la Roca, cuyo entorno ambiental se está violando. Pero el ministro García-Margallo solo apuntó esa posibilidad y añadió que dicha opción debía contar con apoyo de las Cortes Generales tras una negociación secreta de los grandes partidos del país.

Está claro que García-Margallo conoce muy a fondo el problema -apenas leyó los documentos que llevaba- y que le apasiona como político y español. Pero también es consciente de la debilidad de España, del poderío inglés y de los ecos y réplicas que la cuestión gibraltareña podría tener en Marruecos a propósito de Ceuta y Melilla. De ahí la blandura y parsimonia de la posición oficial del Gobierno de Madrid, que además encaja con el carácter huidizo de Mariano Rajoy.

Sobre todo porque García-Margallo no puede hablar de acusar a Londres y a Gibraltar de contrabando de tabaco, fraude fiscal y blanqueo de capitales, violación de las normas de competencia de la UE, apropiación indebida de aguas de pesca, de acciones con daño medio ambiental, apropiación del istmo de la Roca sin base legal y ampliación ilegal del perímetro del Peñón, para luego no ofrecer una respuesta contundente a semejante inventario.

Al final y como decíamos al principio el fin de la colonia inglesa de Gibraltar sólo se puede arreglar dentro de la política de defensa y seguridad de España, Inglaterra, Estados Unidos y la OTAN. Lo demás -tribunales internacionales incluidos- va para muy largo y no funcionará. Aunque esta crisis temporal le permitió al ministro García-Margallo leer en el Congreso su ‘tesis doctoral’ sobre el problema de Gibraltar. Una lección sin duda magistral con la que el ministro -se podría decir- desnudó a Gibraltar, para pretender cortejar a la Reina Isabel II de Inglaterra, a sabiendas de que tenía por detrás al Rey Mohamed VI de Marruecos, siempre dispuesto a contra atacar.
www.pablosebastian.com

«Me exilio porque han creado la dictadura de un idioma»
http://juanjulioalfaya.blogspot.com.es 3 Septiembre 2013

«Aquí hay centros privados que dan clase en inglés, francés o alemán, pero el único idioma que no se puede estudiar es el español, uno de los idiomas oficiales de esta comunidad».

«Estoy muy triste porque estamos haciendo las maletas». Así comienza la carta de Cristina Pérez. Después de diez años construyendo su hogar a las afueras de Barcelona, vuelve a su ciudad natal, a Madrid. «Soy una exiliada porque lo que han creado aquí es una dictadura, la dictadura de un idioma», comenta apenada. Le cuesta empezar a contar el porqué de su partida. Está nerviosa. Su voz refleja que las lágrimas, de hecho, pueden comenzar a brotar en cualquier momento, pero, sin embargo, se serena y arranca con fuerza la historia de la lucha de una madre que quiere ofrecerle la posibilidad de ser feliz a su hijo. Gonzalo tiene cinco años y desde hace dos vive –en ausencia– un calvario. Tardó en lanzarse a hablar, por eso hasta los tres años no le detectaron la disfasia que sufre. Le cuesta comprender y expresarse. De ahí el retraso en pronunciar sus primeras palabras.

El año pasado Cristina y su marido intentaron escolarizarle en un colegio concertado, próximo a su casa. En su web aseguran que son un centro trilingüe, pero «todo es mentira. Sólo daban dos horas de castellano a la semana y no se preocuparon por los problemas que sufre mi hijo. Volvía a casa hablando aún menos». El pequeño no aguantó ni cinco días en el centro. Así inició la lucha infructuosa de conseguir que su hijo estudiara en español.

El esposo de Cristina es catalán y cuando comenzaron los problemas pensaba que «eran tonterías, que poco a poco la idea se iría disipando, pero ha ocurrido todo lo contrario. Cada vez estamos peor», insiste ella. En su casa hablan castellano, aunque su esposo se desenvuelve perfectamente en catalán. A Gonzalo, para que consiga avanzar, sólo le enseñan español. «Acabamos de conseguir que diga amarillo. Si su padre intenta que diga ''groc'' (en catalán), sólo le bloqueamos. Daría pasos atrás». Pero parece, como relata esta madre, que «en Cataluña no puedes tener un problema con la comprensión de dos idiomas». Y es que, como comprobaría más tarde, no hay ningún sistema para eximir de dos idiomas a los niños con dificultades.

Para ver cómo podía conseguir que a su hijo le dejasen cursar las asignaturas en su lengua materna, Cristina acudió a varios centros de logopedia. La directora de uno de ellos da conferencias en toda la comunidad, «las subvenciona la Generalitat», apunta Cristina. En su consulta, a puerta cerrada, les confesó que tenía el gabinete lleno de disléxicos por la imposición de la inmersión lingüística. «Os tenéis que ir de aquí. Da igual el colegio que elijas. Aquí podrán curar a tu hijo de cualquier enfermedad, pero si tiene un problema de lenguaje, no». Las palabras de la doctora dejaron helada a Cristina, pero meses más tarde lo confirmaría: «Ahora sé que si necesitas un trasplante aquí lo consigues sin problemas, pero no me ayudarán con un problema como el de Gonzalo». La reputada psicóloga no llegó a ver al menor. No hacía falta.

La experta sabía que para un niño que sufre disfasia, un segundo idioma «le produciría un bloqueo lingüístico y quizá no conseguiría hablar bien nunca», le insistió. Así, la familia de Gonzalo tuvo que descartar matricularle en un colegio bilingüe como el Liceo francés en el que estudió su madre. Tampoco era la solución. «Aquí hay centros privados que dan clase en inglés, francés o alemán, pero el único idioma que no se puede estudiar es el español, uno de los idiomas oficiales de esta comunidad». Tras la visita a la especialista, la pediatra de cabecera del pequeño le envió a una psicóloga de un centro próximo a su casa. La madre relata la condescendencia con la que trataron su caso. «Usaba un tono demasiado cariñoso: ''Cariño, tu hijo no tiene ningún problema con el catalán, el problema lo tienes tú"». Le marearon durante cinco sesiones para ver si era autista y le repetía a la madre: «A ningún niño le supone un problema estudiar dos idiomas. Tu hijo aprenderá el catalán como todos».

La rabia ha obligado a Cristina a atrincherarse en su casa. Un hogar que construyó desde sus cimientos porque estaba destrozada, pero un hogar aislado. No se relaciona con sus vecinos. Después de una década, «vuelvo a Madrid sin amigos. Si no eres de su cuerda, no hay amistad que valga. Se unen y te hacen sentir fuera». Cristina nota mi sorpresa y pone un ejemplo: «Hace tres años quise hablar con mi vecina. Apenas intercambiamos unas palabras y me dijo que era independentista. Yo le dije que no. No me ha vuelto a dirigir la palabra». Después de todo, ¿cuál es la gota que ha colmado el vaso? «Ver que a mi hijo se lo cargan», afirma tajante. «En los últimos años todo se ha radicalizado». La familia de Gonzalo ya no tiene confianza ni en la reforma educativa de Wert: «Aunque nos paguen colegios privados, en ninguno dan clases sólo en español». Por eso vuelven a Madrid, a la casa de sus padres, «con lo justo para vivir».

La decisión la han tomado sólo hace unos días y no sólo les afecta a los tres. Su hija mayor, de 16 años, también se marcha con ellos. Está muy triste. «Les dijo a sus amigas que nos teníamos que ir a Madrid porque su hermano no podía estudiar aquí y ellas le dijeron que era mentira. Son independentistas porque es lo que maman en el colegio». Cristina asegura que en las redes sociales los profesores del colegio de su hija están politizados. «Les impulsan para que vayan a la diada». El próximo 11 de septiembre «queremos vivirlo fuera de aquí, es cuando el odio sale a las calles», afirma Cristina, no sin cierta rabia: «Somos exiliados políticos en una España en democracia», repite.
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******************* Sección "bilingüe" ***********************

España / El desafío independentista
Diez familias desesperadas por que los centros cumplan con el bilingüismo
B. V. Conquero. La Razón 3 Septiembre 2013

La semana que viene comienzan las clases en la mayoría de centros españoles. Estos días toca prepararse. Mientras los colegios se ponen a punto, las familias preparan a sus hijos para la vuelta al cole, aunque no va a ser tan sencillo para algunas familias que viven en Cataluña. Francisco Caja, presidente de Convivencia Cívica, sigue muy de cerca el caso de diez familias a las que la Justicia catalana dio la razón el pasado mes de enero e impuso medidas cautelares para el curso que comienza: «Todavía no sabemos qué decisión van a tomar los centros, las familias han matriculado a sus hijos como cada año a la espera de que cumplan con la orden judicial», afirma Caja.

Sin embargo, una de las familias, por miedo a que su hijo mayor tenga que seguir cursando sus estudios exclusivamente en catalán, ha decidido enviarle fuera. Son de origen galo y «han optado por enviarle a Francia a terminar la enseñanza obligatoria». Llevan más de ocho meses esperando una respuesta y «no esperamos que la cumplan, como no lo han hecho con las nueve sentencias anteriores que nos daban la razón», insiste el presidente.

 Y es que judicializar la inmersión lingüística no ha ayudado mucho a la mayoría de familias que han optado por esta vía. Algunas han tardado más de siete años en obtener una sentencia firme por parte del Tribunal Supremo y, para entonces, «sus hijos ya habían terminado los estudios y los habían cursado en catalán». Por eso las familias intentan evitar la denuncia, «saben que les ponen más presión a sus hijos y que no les lleva a nada».

Cuando la Justicia les ha obligado a imponer el bilingüismo tras la denuncia de algún padre, «la Generalitat les amenaza con la atención individualizada. Una medida discriminatoria que separa a los niños en una esquina». Otro incumplimiento de la normativa, ya que el bilingüismo debe establecerse en todo el aula, no marginando al menor que exija este modelo educativo, «al que tiene derecho».

Desde Convivencia Cívica imploran a la Justicia que obligue a la consejera de Educación de Cataluña, Irene Rigau, a seguir las decisiones judiciales, aunque «ella ha dicho en varias ocasiones que no piensa ejecutarlas, por eso pedimos que la procesen», afirma Caja. La última vía que ha planteado la Justicia catalana es pedir un informe al director de uno de los centros para ratificar si se cumple o no la enseñanza en los dos idiomas oficiales. «Debe entregarlo antes del 9 de septiembre y aún no lo ha hecho».

El caso de Cristina Pérez, que avanzó ayer LA RAZÓN, no es el único. «Varias familias han cogido sus bártulos y se han ido, ocultas bajo el anonimato», añade Caja.

Bilingüismo en la ciudad independentista
María Jesús Cañizares ABC Cataluña 3 Septiembre 2013

En Peralada, bellísima ciudadPeralada gerundense del Alt Empordà, convive con normalidad el nomenclátor castellano con el catalán, algo que no es habitual en el resto de Cataluña. Conocido por su festival internacional de música, su casino y sus calles medievales, este municipio luce un bilingüismo urbano consistente en duplicar los rótulos de las calles, aunque las diferencias entre ambos idiomas resulte imperceptible. Así encontramos el “carrer de la merceria” junto a la “calle de la mercería”. La pax lingüística puede resultar innecesaria en algunos casos, pero qué bien sienta la naturalidad idiomática en estos momentos de fervor identitario, en los que académicos como Joandomènec Ros, flamante presidente del Instituto de Estudios Catalanes, cuestiona la cooficialidad del castellano, que compara con esas otras “300 lenguas” que se hablan en Cataluña.

Se da la circunstancia de que Peralada (Perelada en castellano), cuyo alcalde es Pere Torrent (CiU), está suscrita a la Asociación de Municipios por la Independencia. Aunque ello no parece ser incompatible con la presencia del castellano en los vetustos muros de la ciudad, como reza el mosaico “Perelada  Peralada2partido judicial de Figueras, provincia de Gerona. Calle de Vilella”.



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