AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 4 Septiembre 2013

Son como niños malos
Marcello www.republica.com  4 Septiembre 2013

Los políticos españoles son como niños, pero malos. De esos con una mirada redonda e inquietante -Ana Torren en ‘Cría Cuervos’-, niños que mienten sin pestañear y que además consideran que los mayores, es decir los ciudadanos de a pie, son absolutamente idiotas y están a su merced. Por ejemplo pronuncia Susana Díaz su discurso de investidura de Presidenta de la Junta de Andalucía (todo un alegato plúmbeo y lleno de tópicos que sería argumento suficiente para suprimir esta autonomía y otras más) y de pronto nos dice que a ella ‘le avergüenza la corrupción y sus cómplices’. Y dice esto delante de Griñán, que se acaba de fugar por los ERE del Sur a esconderse en el Senado para mantener su impunidad.

Las niñas, con eso de que suelen ser más precoces que los niños, son más malas. De ahí el desparpajo de La Susana, que nada o poco le tiene que envidiar a La Casta de Cospedal, que nos habla de transparencia después de destruir a martillazos los ordenadores de Bárcenas. Mientras tanto, las dos Sorayas van a lo suyo. La del PP que habita ese espantoso castillo que es la Moncloa, nuestra ‘Sorayita tiene un ratón chiquitín’, o sea Sáenz de Santamaría, nos cuenta el cuento de las medidas del Gobierno de Rajoy contra la corrupción en pleno festival de Bárcenas, Gürtel, Rita, Camps, y compañía, como si todos fuéramos lelos, y al tiempo que el PP veta los debates del Parlamento al respecto y mientras Gallardón envía al fiscal general, Torres Dulce ‘de membrillo’ para ver si le quitan la instrucción del caso Nóos al juez Castro y lo llevan a un juzgado popular de Valencia para que lo archiven como ya pasó con los trajes de Paco Camps.

Y algo muy parecido nos hace su tocaya y paisana de Valladolid, Soraya Rodríguez, la del PSOE, anunciando sus propuestas contra la corrupción, ahora que sabemos que su compadre del PSC, el tal Zaragoza, se dedicaba al espionaje del PP en Cataluña por ahora solo ha dimitido de la Ejecutiva, y cuando está claro que Griñán, el presidente del PSOE y los ERE, no piensa dejar la suprema jefatura del partido, lugar a donde ha trasladado la responsabilidad de los infames ERE fraudulentos con los dineros del paro.

Es que tienen, todos, un morro que se lo pisan. Hablan de lo suyo como si no fuera con ellos, y todos están inmersos en una lucha feroz (sic) contra de la corrupción pero con la corrupción sentada en la mesa del comedor de sus respectivas casas. Y lo mismo cabe decir de CiU y de los Pujol, ahora que sabemos que los niños del honorable Jordi, eran todos inmensamente ricos.

O sea, los niños malos y las niñas malas de la política dicen que van a ser buenos mientras son malos, y encima pretenden que les creamos. Y a la par mueven jueces, fiscales y medios para tapar la corrupción vigente sin que nadie asuma la menor responsabilidad política, ni penal. Rajoy le decía a Bárcenas ‘se fuerte’ por SMS y una vez que ya conocía las cuentas suizas del ex tesorero, y Pepe Griñán, cuando era consejero de Economía de la Junta, nunca se enteró que el interventor estaba avisando sin cesar de que había gato encerrado y muerto en los ERE. Todos se enteraron por los periódicos o por internet de lo que ocurría, y todos juran que esto de la corrupción se va a acabar, pero no precisan que lo que se va a acabar son los procesos judiciales abiertos porque ellos los quieren abortar.

Las dos burbujas engañosas del Gobierno: optimismo y silencio
José Antonio Zarzalejos El Confidencial  4 Septiembre 2013

El optimismo y el silencio tienen buena prensa. Salvo en algunos casos. Miguel de Unamuno sentenció que “a veces el silencio es la peor mentira” y Oscar Wilde hizo una suposición a contracorriente: “La base del optimismo es puro terror” (se entiende que terror a la realidad). Pues bien, el Gobierno de Rajoy, para eludir las realidades más inconvenientes, está hinchando desmesuradamente dos burbujas que terminarán por estallarle si acaso no lo han hecho ya: la del optimismo y la del silencio.

Cospedal, en racha dialéctica, anunció que el paro registrado de agosto sería el mejor de la serie histórica desde el año 2000. Lo ha sido: se han creado 31 empleos netos gracias al descenso de 9.220 personas en el colectivo de “parados sin empleo anterior”, mientras se incrementaban en servicios e industria y aumentaba la ocupación en construcción y agricultura. Las bajas en la Seguridad Social alcanzan casi las 100.000. Son cifras de frenada, de ralentización de destrucción de empleo, fuertemente estacionales, y, por lo tanto, de las que ningún Gobierno estaría en condiciones de presumir, ni mucho menos de presentar como un avance sustancial. Entre el triunfalismo de la secretaria general del PP y el inane discurso de Rajoy en Sotomayor (o Soutomaior), en el que también el presidente se dedicó a glosar la inminencia de la salida de la recesión, se ha creado un trampantojo mediático-político que los ciudadanos no compran.

El 71% (*) de los españoles cree que aún queda mucho para que la economía se recupere; sólo el 18,7% cree que falta ya poco y apenas el 9,5% observa los primeros síntomas. Estas cifras demoscópicas son del mes de agosto, el más distendido y optimista del año, durante el que la psicología colectiva se encuentra más distraída de los problemas de la sociedad. Aunque no tanto como para olvidar, sin embargo, que el PP sigue cayendo en intención del voto (estaría ahora en el 28,4%, un 16,2% menos que en las elecciones generales), lo mismo que el PSOE. Lo único que aumenta -tampoco lo hacen IU y UPyD- es el voto en blanco, nulo o la indecisión, que ya superan el 54,5%.

Rajoy, y los demás líderes conservadores, han llegado a la conclusión de que al optimismo sobre la economía hay que añadir el silencio sepulcral sobre el asunto BárcenasCon ese falso optimismo -alejado del realismo que consistiría en matizar muy bien la significación de las cifras de paro, las razones por las que baja la prima de riesgo -todavía alta porque según el Consejo Empresarial para la Competitividad debería situarse en 150 puntos básicos- y se entona la Bolsa como ayer lo hacía aquí Jesús Sánchez Quiñones ("Lo que ha cambiado en agosto")- se quiere conjurar el grave problema que para el Gobierno y el PP representa el caso Bárcenas. Que para el 75% de la población es de enriquecimiento personal del extesorero de los populares, pero también de dirigentes de la organización y de su financiación ilegal (entre los votantes del PP estos criterios tan críticos son mayoritarios). Un porcentaje parecido pide a Rajoy medidas en el Gobierno y en el PP, porque el 65% de los consultados cree que este caso de corrupción lastra la acción del Ejecutivo y su capacidad para afrontar los problemas económicos de España.

Rajoy, y los demás líderes conservadores, han llegado a la conclusión de que al optimismo sobre la economía hay que añadir el silencio sepulcral sobre el asunto Bárcenas -a pesar de las ridículas declaraciones de Álvarez Cascos, Arenas y Cospedal ante el juez Ruz y la destrucción de los discos duros de los ordenadores del extesorero- mediante la expresión (al modo de “fin de la cita”) de “ya hemos dicho todo lo que teníamos que decir”. La segunda burbuja se hincha igual que la del optimismo. Pero el guion lo escribió Rajoy el día 31 en su tierra gallega como si un Rodiezmo de Zapatero se tratara: el caso Bárcenas no existe; el secesionismo en Cataluña, tampoco (además, y según la vicepresidenta, el Gobierno no ha tenido tiempo en un mes para leer un “prolijo” informe del Consejo Asesor para la Transición Nacional que Mas remitió a Moncloa pidiendo la autorización de una consulta); nada hay que decir de política internacional y el tema de Gibraltar que lo toree García-Margallo, pero no él nada tiene que decir.

Hay que pensar con Jean de la Bruyère que “el silencio es el ingenio de los necios” y que el optimismo es, efectivamente, una protección al terror que provoca la realidad -no la virtual precisamente- de las arenas movedizas en las que se ha instalado el Ejecutivo y su partido. Rajoy envió tres mensajes en Sotomayor (o Soutomaior): la economía mejora, está “orgulloso” de sus ministros y nada le va a “distraer” de su obligación, que es levantar a España de la crisis. La realidad es que la economía toca suelo y repta sin repuntar, que muchos de sus ministros están más quemados que el palo de un churrero y que el caso Bárcenas (y ahora, también el caso Nóos si Barberá y Camps son imputados) no sólo le distraen, sino que le obsesionan.

Lo peor, sin embargo, del último discurso de Rajoy es la falta de respeto a los ciudadanos. No es de recibo abrir el curso 2013-2014 anunciando que en septiembre del próximo año dará noticia de una bajada de impuestos (que entraría en vigor, claro, en 2015, año electoral). Porque habría que espetarle lo que escribió Quevedo al respecto: “Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir”. De modo tal que el Gobierno puede engañarse con el silencio y el optimismo, pero en la calle todo el mundo sabe -y habla de ello- que son burbujas de jabón dialéctico.

(*) Datos obtenidos del barómetro de la Cadena SER que se dieron a conocer la mañana del pasado lunes.

España
Operación de los poderes establecidos para perpetuar el bipartidismo
Las cúpulas de PP y PSOE admiten que hace falta corregir las prácticas políticas pero sin cambiar radicalmente el sistema. Además, apuestan por “atenuar” los casos judiciales abiertos, porque largos procesos y condenas severas implicarían un descalabro político.
Alfons Quintà www.vozbcn.com  4 Septiembre 2013

Las relaciones entre la cúpula del PP y del PSOE son mejores de lo que parece. Las une el miedo a que se acabe el bipartidismo. Para evitarlo, existe una fuerte posibilidad de que los principales casos de corrupción política o institucional tengan una solución judicial más bien suave. Estos puntos, y otros complementarios, son el resultado de conversaciones con altas fuentes económicas y algunas políticas españolas.

Sintetizando, el sistema surgido de la Transición y de la actual ley electoral ha optado por defenderse, más que reformarse. Hay que estar muy atento a los hechos que se puedan producir. De momento, ha retomado su trabajo la Comisión de la Ley de Transparencia.

Las mejores fuentes provienen de empresarios y financieros del más alto nivel. Estas fuentes no tienen adscripción política, pero sí acceso a la Moncloa y a la cúpula del PSOE, en particular a Felipe González.

Las instituciones básicas del Estado
Todo empezó con su inocente deseo de querer tomar el pulso a la situación económica. Llamé a una fuente muy importante que me expuso el núcleo de este artículo. A continuación hablé con un puñado de fuentes, esencialmente económicas y financieras.

Es evidente que estamos en una crisis política y otra económica, o viceversa, entrelazadas. Afectan a instituciones básicas del Estado, desde la Corona al modelo autonómico, pasando por el modelo (o carencia de modelo) judicial, la honestidad (o deshonestidad) en relación al dinero público, la creación de líderes, el sistema electoral y todo lo que se quiera.

En cuanto a la locura secesionista surgida en Cataluña, todas las fuentes han coincidido en remarcar que no incide. En cambio, Mas incomprensiblemente confiaba en que Rajoy le necesitaría. Ahora pasa exactamente lo contrario: muchos quieren una entente entre el PP y el PSOE. La operación que expongo, no tiene que ser la única, ni todas tienen que tener el mismo sentido. En todo caso, no tiene en cuenta la situación catalana, cosa muy comprensible. Si te instalas en el extremismo, te quedas solo, en un extremo, enterrado bajo tus propios escombros.

Reacomodar, no reformar
Ante la situación que vivimos, no se ve un modelo transversal de reforma. En cambio, lo que expongo es una visión transversal destinada a evitar cambios radicales. “No tenemos -me dice una de las fuentes- un marco institucional que nos entusiasme, pero las fuerzas políticas que esperan poder sustituirlo podrían ser todavía peores; por eso creemos que no tenemos que ir a ningún cambio radical, sino intentar evitarlo. Queremos mantener el bipartidismo y pacificar los espíritus”.

A otra fuente le digo que “no parece que queráis limpiar la casa, sino más bien esconder el polvo bajo la alfombra“. Me responde que “es un poco eso, pero también sabemos que hay que evitar muchos errores del pasado reciente. Sin detener las turbulencias actuales no se puede hacer nada”.

Todo empezó en mayo en París
Dos de las fuentes me dicen que “todo empezó en París, el 28 de mayo pasado”, en la celebración en de un encuentro del Instituto Berggruen sobre Gobernanza para tratar de Europa, y en especial el paro juvenil. Dos personas, miembros de la dirección de aquel instituto, jugaron un papel intersticial, pero importante. Ahora continúan estando muy atentos. Son el multimillonario Nicolas Berggruen y el periodista Juan Luis Cebrián, consejero delegado del grupo Prisa y de El País.

Berggruen tiene una fortuna personal estimada en más de dos mil millones de euros y Cebrián es el periodista mejor pagado de Europa, si bien el grupo de El País tiene que encarar pérdidas fabulosas. La continuidad política de aquel encuentro está, según las fuentes, en manos de Mariano Rajoy, también participante de aquel encuentro, y del ex presidente Felipe González, miembro de la dirección de aquel instituto.

También forman parte de la cúpula de aquel instituto políticos, o ex políticos, como Tony Blair, Mario Monti, Guy Verhofstadt, Romano Prodi, Gerhard Schröder, Jacques Delors y el propio Felipe González, así como intelectuales, entre ellos Anthony Giddens, Nial Ferguson, Joseph Stiglitz y Alain Minc, hombre de grandes operaciones internacionales de La Caixa.

¿Una operación más, o bien ‘la operación’?
Conozco lo suficiente la vida política española como para saber que periódicamente surgen operaciones comparables. Ahora bien, en este caso resulta que hay personas de mucho peso que están interesadas. En todo caso, es lo que me dicen personas que, efectivamente, son económicamente prominentes.

Personalmente, podría creer que una operación de limpieza aparente -o de enjuague- puede implicar empeorar todavía más una situación política y social bastante delicada en sí misma. Aun así, ahora no se ve a nadie capaz de proponer y protagonizar cambios reales, como dar la vuelta a la tortilla en el tema de la corrupción o en el “desgobierno del mundo público”, para decirlo usando el título de uno de los pocos intelectuales que va a fondo en la corrupción, el profesor Alejandro Nieto.

Evitar el caso italiano de mani pulite
El febrero de 1992 empezó en Italia el escándalo de Tangentopoli o de mani pulite. Serían detenidas muchas personas. Como consecuencia política, desaparecieron dos partidos clave: la Democracia Cristiana y el Partido Socialista Italiano. Aquel ejemplo exasperó a muchos políticos caseros. Personalmente oí expresiones de odio por parte del entonces secretario general de la Presidencia de la Generalidad, Lluís Prenafeta, como del fiscal Antonio Di Pietro, que se destacó en los procedimientos judiciales.

Mis fuentes declaran que actúan porque no quieren que España siga aquel camino. “Tenemos miedo de que aparezca un movimiento republicano fuerte”, me dice una de las fuentes. “No queremos cambiar el sistema actual, sino sólo mejorarlo. En Europa predomina el bipartidismo y nosotros queremos que aquí también”, me dice otra fuente.

Preocupación por el secesionismo catalán
Curiosamente nadie me habla del secesionismo catalán. Soy yo quien tiene que sacar el tema. “En Madrid el separatismo catalán no preocupa a día de hoy. Muchos creen -me dice una fuente- que Mas acabará haciendo el ridículo y nada más. En cambio sí que inquieta más que ERC pueda acceder a la Presidencia de la Generalidad. Pero todavía se ve lejos. Personalmente, creo que tendría que haber una política más activa respecto a Cataluña, pero no encuentro a gente que piense lo mismo. Creen que todo es tan irracional que se irá hundiendo por sí solo“, señalan.

Es muy curioso que habiendo hablado con un buen número de personas y sabiendo, desde hace años, que soy catalán, nadie planteara el tema. Diría que son otras las cuestiones que les quitan el sueño.

La corrupción antes que nada
Las fuentes creen que se tienen que reformar leyes y cambiar prácticas políticas, pero sin introducir el delito de corrupción política. Consideran urgente “atenuar” los casos judiciales abiertos, porque largos procesos y condenas severas implicarían un descalabro político.

Les replico que tapar un mal real, muy dañino para la economía y para la moralidad de la vida pública, puede conducir a que la explosión en contra del sistema actual acabe siendo todavía mayor. Pero las fuentes lo ven de manera distinta, a pesar de que ninguno de ellos sea directamente corrupto, si bien ganan mucho dinero en un mundo que saben que es corrupto.

En el marco de lo que expongo, quieren que Mariano Rajoy haga que el ministro de Justicia, Ruiz Gallardón, aconseje más bien prudencia -por decirlo de forma edulcorada- a los fiscales. Quieren que Rajoy pueda mandar “con comodidad” y no tenga que estar paralizado por los escándalos. “Si Rubalcaba fuera presidente, también querríamos lo mismo para él”, me dice una fuente.

Felipe González y Javier Solana
Curiosamente, algunas de las fuentes muestran una clara antipatía respecto a Gallardón. Una de las fuentes cree que es la única persona que realmente aspira a sustituir a Rajoy. Me dice que la mayoría del PP está en contra de Gallardón, pero que en cambio podría llegar a una entente con Rubalcaba. A este último, le marginan, mientras hablan favorablemente de Felipe González y, en menor grado, de Javier Solana. Como que creo que tengo que hacer de notario y no asustar, no insisto demasiado respecto de estas distinciones, esperando poder hacerlo en un futuro.

También evito entrar en consideraciones respecto a Nicolas Berggruen, de 52 años, de padre judío (creador del magnífico Museo Berggruen de Berlín), nacido en Francia y de doble nacionalidad, alemana y estadounidense. Destacan que tiene un gran peso económico en Francia y en medios de una vieja organización que se declara “discreta” y a menudo fue más bien secreta. Quien esté interesado, puede encontrar fácilmente en internet artículos del propio Berggruen publicados en El País, diario a que está vinculado.

Todo está encarrilado
Si algo une todo esto es evitar un traspié, como hizo mani pulite en Italia. Les interesa, en el sentido indicado, el impresentable caso Nóos, el caso de José Blanco (resuelto hace muy poco y que sitúan el marco de lo que expongo), el caso Matas (también más bien resuelto, en Baleares), el caso Faisán (que parece que ya no puede afectar a Rubalcaba) y, por supuesto, el caso de los ERE de Andalucía y sobre todo el caso Bárcenas. Para decirlo sencillamente, creen que ir a fondo en estos temas implicaría trastornos imprevisibles, que quieren evitar.

Respecto al tema Bárcenas, una fuente me dice: “Creo que no tienen por qué producirse daños colaterales, que hagan daño a la cúpula del PP. Así, quedaría todo reducido a un delito fiscal afectando sólo a Bárcenas”.

¿Quién osaría hacer reformas?
Hace sólo dos días tuvo lugar la sorprendente aparición en un tema informativo delicado del presidente del diario La Razón, Mauricio Casals, personaje que parece que es muy poderoso y muy activo en la sombra.

Cuando se lo comento, una fuente me dice: “Hay muchas operaciones transversales para reducir el alcance del gran desbarajuste creado”. Le advierto de que quizás sería mejor hacer reformas en profundidad, siempre en contra de la corrupción. Me contesta: “¿Tú te verías capaz?”. Rápidamente le digo que, respecto a Cataluña, no me vería capaz de reformar nada, dado que hay un enloquecimiento muy grande. En Madrid quizás hay más campo por recorrer, si bien, con grandes posibilidades de que las reformas serias acaben fracasando.

Una operación como tantas otras
En efecto, no estamos ante casos puntuales ni aislados, sino de un sistema. Como parece indicar lo que he expuesto, algunos empresarios que pueden perder mucho creen que con un cambio podrían perder más.

Hay que afirmar que operaciones, o esbozos de operaciones, como la que honestamente he expuesto, siempre las ha habido en España. Desconozco el porcentaje de éxitos y de fracasos, pero todas las que he visto, con una cierta distancia y siempre sin implicarme, tienen un cierto valor en cuanto a indicadores de una realidad podrida. Las explica nuestra debilidad institucional, la gran resignación imperante y la falta de personas con coraje y competentes. En la medida en que tenemos parlamentos ineficaces e irreales, la realidad (a menudo aliñada de irrealismo) circula por otras vías.

Sagasta y Cánovas, 128 años después
Ahora parece que, mutatis mutandis, en cierto modo se quiera recuperar, discreta y encubiertamente, el Pacto del Pardo de 1885. Permitió la alternancia entre el conservador Cánovas y el liberal Sagasta. Realmente, ni en el conjunto de España, ni en Cataluña, se entienden los sentimientos de autosatisfacción (la maldita autocomplacencia catalana) que dominaban hasta hace poco.

Ahora se nos ve desnudos y enfangados. Por lo tanto, hay lugar para todo, incluso añorar un sistema que ahora se demuestra carcomido desde su inicio. Ciertamente, aún puede llegar a estarlo más, en sentidos diversos

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Díganlo conmigo, que es fácil: ¡Ya está bien!
Roberto L. Blanco Valdés La Voz  4 Septiembre 2013


«L'Espanya subsidiada viu a costa de la Catalunya productiva». Ese es el texto del cartel de la última campaña de CiU a favor de la independencia catalana.

Manipulada la conciencia de los niños en la enseñanza hasta extremos propios del franquismo; arrasada de la vida oficial y del proceso educativo una de las dos lenguas del país, el castellano, que tiene en la enseñanza preuniversitaria de las escuelas catalanas menos presencia que el inglés; agitado sin el más mínimo pudor el espantajo de que los no nacionalistas se han convertido en enemigos del país, de forma que ser catalanista es lo correcto y natural y españolista el mayor insulto del que alguien puede ser objeto, CiU, ERC y la fracción soberanista del PSC han sentado cátedra sobre el supuesto expolio al que España tiene sometida a Cataluña.

La cosa, que el cartel de marras convierte en lema publicitario, es muy sencilla: que los catalanes trabajan para que vivamos a su costa los restantes españoles, que o somos unos piernas o unos vagos o ambas cosas. ¡Inenarrable!

Sí, tan inenarrable como falso. Y es que el nacionalismo, que tiene, con pocas excepciones, un componente xenófobo que le exige para mantenerse alimentar sin tregua su necesidad patológica de definir un enemigo, no es capaz de encontrar uno mejor que los parásitos. Eso somos, de hecho, los españoles no catalanes para el nacionalismo catalán: unos chupones, que vivimos de succionar la savia noble y productiva del único lugar de España en el que, al parecer, se trabaja de verdad.

Uno entiende, claro, que esas mamarrachadas alienten el mundo atormentado de complejos que se esconde tras cualquier nacionalista que se precie. Y entiende que gentes reaccionarias y de espíritu mezquino puedan estar todo el día dándole vueltas a la obsesión enfermiza de que son mejores que los de fuera del país e incluso a la locura de que los de fuera del país viven a su costa.

Pero que esas majaderías, construidas sobre una red inmensa de torpes mentiras y burdas manipulaciones, hayan fijado plaza de verdades que solo los valientes se atreven a poner en discusión es uno de los mayores misterios de la vida política española.

España es, de hecho, el único país del mundo donde querer romper la solidaridad territorial, que, en un Estado con profundos desequilibrios de riqueza resulta indispensable para asegurar la solidaridad interpersonal, se considera por muchos tontos del bote como una consigna progresista.

Pues yo me rebelo frente a ese silencio cómplice o cobarde y digo que no: que quien tenga complejos vaya al psiquiatra y que quienes padezcan un Gobierno que los sangra dándoles a cambio patadas en el culo lo que tienen que hacer es echarlo a la calle y no salirse del país del que forman parte desde hace varios siglos. ¡Que ya está bien, hombre!



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