AGLI Recortes de Prensa   Jueves 12  Septiembre 2013

En tiempos de crisis llega la política real. Los puntos de Aznar
Ricardo Chamorro www.elsemanaldigital.com 12 Septiembre 2013

Los momentos de incertidumbre, crisis y desafíos que vive España exigen políticos de talla con objetivos y principios claros.

Winston Churchill decía que "el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones".

El politólogo italiano Salvatore Santangelo dice en uno de sus análisis políticos: "La historia demuestra que los cambios más duraderos no tienen lugar en los períodos de expansión económica (años veinte y noventa) sino en los períodos de crisis y de incertidumbre (años treinta y hoy). Nuestra tarea tendrá que ser construir nuevas fórmulas de cohesión social apropiadas a nuestro tiempo para perseguir una visión comunitaria capaz de generar un futuro mejor y más próspero".

Los momentos de incertidumbre, crisis y desafíos que vive España exigen políticos de talla con objetivos y principios claros, más allá del simple político profesional burócrata que pretende arreglarlo todo con el enredo fácil. De igual manera los partidos políticos necesitan objetivos claros que eleven por encima de sus propias miserias la voluntad política de sus militantes regenerando y engrasando la propia estructura.

Las últimas décadas han estado marcadas en España por una serie de burbujas alimentadas por un insulso pensamiento "progresista" que relativizaba todos los ámbitos: ya sea la finanza, el trabajo, las empresas, la política, la construcción, la nación… Esto se acabó y es hora de volver a darnos impulso o permanecer permanentemente en la inopia o en la crisis permanente.

Desde el ámbito del centro derecha José María Aznar señaló en su discurso analítico en El Club Siglo XXI unas pautas claras para España que creo que deben ser una referencia importante para este ámbito político.

Aznar analizó en su discurso cinco desafíos que superó la nación española a través de su transición: nacional, institucional, territorial, social y sobre la posición exterior de España. Y la respuesta de cinco compromisos: Nación y monarquía, Estado de derecho, Estado autonómico, sociedad de bienestar y europeísmo.

A partir de lo anterior señaló una serie de puntos que un proyecto reformista de centro derecha debería establecer de manera inmediata:

Primero, dejar claro que no está abierta la discusión sobre la Nación española ni sobre su soberanía. Fijar como criterio trasversal de todas las políticas el fortalecimiento de la Nación. Asegurar que cualquier acuerdo nuevo se haga para reforzar la Nación y no para debilitarla.

En segundo lugar, renovar y fortalecer el funcionamiento de nuestro sistema democrático y el respeto a la ley y al Estado de Derecho. Hay una crisis política que exige soluciones y reformas políticas. Reformas incisivas, para reforzar y modernizar la democracia representativa, no para liquidarla.

En tercer lugar, estabilizar definitivamente la estructura territorial, de modo que, garantizando la unidad nacional tanto como la autonomía, se supere el vaciamiento creciente de lo común y se asegure la igualdad de oportunidades, la igualdad de derechos y la solidaridad de todos los españoles. Es hora de incrementar la racionalidad organizativa y económica del modelo territorial, tanto en lo que se refiere al Estado Autonómico como a los entes locales.

En cuarto lugar, flexibilizar y estabilizar la economía, porque estabilidad y flexibilidad son las dos claves del euro. Es lo que hace falta para adaptarse a la nueva realidad de la economía mundial; y es lo que se requiere para restablecer una solidaridad entre generaciones que está en riesgo. Es lo que necesitan las clases medias y lo que hará posible el bienestar.

Si nos fijamos, Aznar sitúa la economía en cuarto lugar. A pesar de las reticencias que pueda causar el análisis de Aznar, incluso en el propio seno de su partido, es evidente que sus palabras no deberían caer en saco roto.

Tener objetivos claros nos permite avanzar aunque cambiemos la tripulación del barco.

Cuando los objetivos no están claros políticamente, cuando no hay orden, cuando lo particular se impone a lo común, las visiones son contradictorias y el enredo es más importante que los principios, cualquier crisis puede hacer caer toda la estructura política. Esto ya lo vimos con la UCD y el centro derecha español se pasó toda la década de los ochenta en el limbo hasta que Aznar dio dos referencias claras al PP, España y la libertad, ensamblando una férrea unidad alrededor de esos dos principios.

Una de las últimas muestras de contradicción del centro derecha es como la ambiciosa y necesaria Reforma de la Administración Pública, que "parió" Moncloa, ha sido reducida de manera importante y amputada por la Federación de Municipios y Provincias (FEMP) que controla el propio Partido Popular.

Ante un otoño caliente es necesario reflexionar, renovar si fuera necesario, regenerar, siempre sin perder el norte y establecer objetivos claros, pues la falta de referencias claras e ilusiones en el centro derecha siempre se ha traducido en hecatombe política.

Aznar en la intimidad
Nota del Editor 14 Septiembre 2013

Que Aznar venga a decir gilipolleces a estas alturas de la película de terror, forma parte de ese tinglado de los profesionales de la política que pretenden que parezca que algo cambia para que todo siga igual.

Aznar, el tipo que impidió que el Defensor del Pueblo presentara recurso de inconstitucionalidad  contra la basura lingüistica regional, habla de fortalecer el sistema democrático y el estado de derecho. Vamos hombre, no pretenda seguir tomándonos el pelo. Un tipo que dice habla catalán en la intimidad, si además es presidente del gobierno, indica que es al menos un tipo que trabaja al 50%, y en el peor de los casos que no se entera del otro 50%.

Defender el tinglado autonómico es una misión imposible: no hay situación en la que pueda defenderse, salvo para los profesionales de la política que así pueden seguir viviendo del cuento.

Nación y monarquía, lo que nos faltaba: vendió la nación a los nacionalistas y pretende seguir inyectándonos la irracional monarquía.

Antes, el PP era parte del problema, ahora es el problema.

Discrepo, lo peor está por llegar
Juan Laborda  www.vozpopuli.com 12 Septiembre 2013

La profunda crisis sistémica que atraviesa, en líneas generales, la inmensa mayoría de los países occidentales ha servido de excusa para que las mismas élites político-financieras que la generaron sometan a la ciudadanía al mayor empobrecimiento de los últimos setenta años. La evidencia empírica reciente, que detallaremos, es demoledora. Ello supone una salida en falso de la crisis, de manera que no solo no habrá una recuperación económica sostenible sino que la dinámica de la actual recesión se agudizará en los siguientes trimestres y el colapso a nivel económico, financiero y social de Occidente será total.

Por eso, palabras como las del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, además de hilarantes provocan, siendo muy comedidos, repulsión. Como también son más que discutibles las previsiones de todas aquellas instituciones que de manera adaptativa van actualizando sus expectativas sin que al final olieran, por ejemplo, la doble recesión en la que entró nuestro país en la segunda mitad de 2011. Como tampoco se enteran de la que se está montando.

La concentración de renta anticipa una Gran Depresión
En su momento presentamos el estudio realizado por el profesor de finanzas la Universidad de Chicago Amir Sufi para Estados Unidos sobre la distribución del dolor económico de la crisis actual según niveles de renta. Las cifras hasta 2010 no dejaban lugar a dudas. Para los hogares más pobres y para las clases medias, la crisis económica borró 20 años de acumulación de patrimonio neto. En cambio, el descenso para los más ricos fue apenas marginal.

Los resultados de otro estudio, con datos actualizados hasta 2012, realizado por los profesores Emmanuel Saez y Thomas Piketty de la Universidad de Berkeley y de la Paris School of Economics, respectivamente, aún son más demoledores. Todo se resume en el impactante gráfico adjunto. El 10% de las personas de mayor renta se llevó más de la mitad de los ingresos totales del país en 2012, el nivel más alto registrado desde que el Gobierno estadounidense comenzó a recopilar los datos pertinentes hace un siglo. El 1% más rico se llevó la quinta parte de los ingresos obtenidos por los estadounidenses, uno de los más altos niveles en el registro desde 1913, cuando el Gobierno instituyó un impuesto sobre la renta.

Las cifras ponen de manifiesto que Estados Unidos, Occidente en general, y muy especialmente nuestra querida España, se encuentran inmersos en lo que de manera sarcástica los escritores Mark Twain y Charles Dudley denominaron “The Gilded Age”, una aparente nueva Edad de Oro que en realidad ocultaba profundos problemas sociales que al final acabarían estallando. En el momento actual la concentración de rentas es exactamente igual a los años que precedieron a la Gran Depresión.

No es extraño, por lo tanto, que algunos de los más ricos se sientan exultantes. El colapso causado por el fraude bancario generalizado apenas les ha afectado, en tanto que ha acabado con la mayor parte de lo acumulado durante los años de crecimiento por las clases medias y bajas.

Esta situación ha sido en gran medida el resultado de las decisiones políticas y fiscales que han sido realizadas por los gobiernos occidentales en los últimos veinte años, en los que se fomentó una economía financieramente depredadora. Las burbujas financieras son a menudo mecanismos de transferencia de riqueza, y en nuestro país, además, responsables de un empobrecimiento generalizado, cuando finalmente acaban estallando.

Desigualdad, rescates bancarios y política monetaria
A diferencia de la mayoría de los ciudadanos, la élite bancaria y financiera tiene la mayor parte de su riqueza financiera en activos de deuda y derivados de todo tipo, que se evaporarían si se dejasen caer a los bancos. Si se reestructurara el sistema bancario y se redujera su tamaño acorde con la economía real, serían los más ricos y poderosos los grandes perdedores. Obviamente ni lo han tolerado ni lo tolerarán. En su lugar, diseñaron una estructura de ahorro para la economía en la que su riqueza se mantiene, así como las instituciones que la controlan, y lo han hecho a nuestra costa.

Para ello iniciaron una nueva huida hacia adelante a través de las expansiones cuantitativas de los Bancos Centrales que se han convertido en la nueva centrifugadora del riesgo de mercado. En el momento actual la inmensa mayoría de activos de riesgo están sobrevalorados. Sin embargo estas burbujas están a punto de estallar, lo que llevará a la mayor caída coordinada de precios de activos de riesgo de la historia. Y les aseguro que si eso ocurre la burbuja inmobiliaria será un juego de niños.

Esto mismo está pasando en nuestra querida España. Mientras que se rescata con dinero público a una casta financiera y política quebrada, se somete a la ciudadanía al mayor empobrecimiento de los últimos cuarenta años. La única razón por la que nuestros gobernantes insistieron en el rescate de los bancos es que al hacerlo los ricos y los poderosos simplemente se rescatan a sí mismos y garantizan la continuidad de un sistema que les conviene perfectamente. Sin embargo, no solo es el egoísmo, hay algo más, detrás se oculta toda una teoría de legitimación para confundir a los críticos y adormecer a los incautos.

Otro ataque contra Intereconomía por defender la unidad de España
Editorial www.gaceta.es 12 Septiembre 2013

No ha sido la primera vez y, por desgracia, no será la última. Los nacionalistas partidarios del pensamiento único y teledirigido que tan bien les ha funcionado para sembrar el odio y la división entre los españoles volvieron a arremeter ayer contra Intereconomía a través de las redes sociales. La razón de su ira era una avioneta que, al poco de empezar la Vía Catalana, sobrevoló la cadena humana arrastrando una pancarta con el logotipo de Intereconomía ondeando el lema España: juntos, más fuertes, en letras impresas sobre un fondo con la senyera y la bandera española, además del logo del grupo Intereconomía.
Inmediatamente, las redes sociales se convirtieron en una especie de clamor nacionalista contra el Grupo Intereconomía por manifestar libremente nuestra opinión. No merece la pena reproducir los insultos o los deseos de derribar la avioneta que retratan a quienes desde el anonimato se dedican a denigrar a un medio de comunicación. Un ataque más que denota una falta de respeto por los espectadores y lectores de los distintos medios de nuestro grupo y que pone en evidencia el aprecio de los nacionalistas por la libertad de expresión. Es decir, ninguno.

Decía Jefferson que prefería una prensa sin Gobierno que un Gobierno sin prensa, pero no hace falta recurrir a este aserto para defender uno de los pilares de la democracia cuando resulta amenazado por la arbitrariedad del nacionalismo. De un nacionalismo instalado en la mentira, capaz de cambiar la historia y convertir una guerra de sucesión en una de secesión y a un patriota español en un enfervorizado nacionalista. Estos señores, que se han quedado afónicos de tanto repetir la mentira “España nos roba”, se arrogan el derecho en exclusiva de opinar libremente y negárselo a quienes no comparten sus ideas. Una pretensión que atenta contra el artículo 14 de la Constitución, que incluye entre los derechos que hacen a todos los españoles iguales y por los que nadie puede ser discriminado, el derecho a la libertad de opinión, que el artículo 20 de la Carta Magna desarrolla con todo lujo de detalles.

Los nacionalistas catalanes, con el presidente Artur Mas a la cabeza, se han metido en un callejón sin salida. La vía soberanista es inviable y la impotencia les ha radicalizado hasta el punto de despreciar públicamente los métodos democráticos. Pero en su lógica delirante, entienden que la descalificación y el insulto, cundo no la violencia, deben imponerse a la realidad que ellos desvirtúan a su antojo. Y no se van a salir con la suya. Intereconomía, desde la independencia, seguirá defendiendo y ondeando la bandera de la libertad, pese a quien pese. Por mucho que nos insulten y descalifiquen no lograrán hacernos callar.

Cataluña
'Poor Catalonia!'
Cristina Losada Libertad Digital 12 Septiembre 2013

El presidente Mas y su consejero Homs firmaron sendos artículos en el New York Times y The Guardian a fin de preparar al mundo para el asombro. Para el asombro y la simpatía compasiva. Porque, de tomar en serio el relato de los dos nacionalistas, no habría en el planeta un lugar que padeciera tantos desaires y agravios como Cataluña, ni que los soportase tan paciente y civilmente. Maltratada de palabra y de obra, pisoteadas su lengua y su cultura, rechazadas sus razonables peticiones y siempre incomprendida por una España brutal e intolerante, ha permanecido dialogante, pacífica, respetuosa y modesta: sólo pide que le dejen decidir su destino. Pura cuestión de democracia.

Puro cómic de buenos y malos el que dibujaban Homs y Mas en sus piezas. Unas piezas de propaganda política, que por supuesto ocultaban que su partido se ha dedicado concienzudamente a crear y atizar el resentimiento contra el resto de España en la sociedad catalana. Y que ha hecho tal cosa utilizando los notables medios (de comunicación, financieros, educativos) de que dispone el gobierno de una región rica como ha sido y aún es Cataluña. Lo que el nacionalismo ha venido organizando allí no son los Dos Minutos de Odio de la distopía orwelliana. Todas las semanas han sido Hate Week, y lo han sido durante décadas.

El nacionalismo catalán ha aprovechado la peor crisis económica de España –y de la Eurozona– para achacar las dificultades a la aportación catalana a las arcas estatales y asegurar que tendrían milagrosa solución en un Estado independiente. Esto es tan irreal que hasta Mas delata en su artículo que el agravio financiero, ese central argumento para la separación, es sólo bullshit. Dice primero que la ayuda que Cataluña presta "a las regiones más pobres de España" ha ido demasiado lejos. ¡Hasta aquí hemos llegado! Pero cuatro párrafos después se jacta de que si fuera un Estado integrado en la UE, Cataluña sería "un contribuyente neto a sus presupuestos". El dinero no es problema.

Leyendo a Mas y Homs se diría que la lengua catalana se encuentra bajo amenaza de ser suprimida de la enseñanza, cuando es la lengua común, el español, la que está prácticamente proscrita de las aulas catalanas. Se diría, leyéndolos, que los gobiernos centrales han rechazado siempre, y de malos modos, las demandas de la autonomía catalana, cuando es incierto. ¡Más cierto es lo contrario! Como se diría, de hacerles caso, que su autonomía está tremendamente constreñida por el gobierno central, cuando las comunidades españolas disponen de más competencias que, por ejemplo, los Länder alemanes. Y, claro, tras leerlos se diría que la autodeterminación y la secesión son derechos civiles que reconoce cualquier buena democracia del mundo.

Como remate de esta arquitectura de falsificaciones, ahí está la glorificación de 1714 y del falso mártir, Rafael Casanova. Una guerra de sucesión al trono de España, en la que Cataluña se alineó con los perdedores, ha sido transformada por el nacionalismo catalán en una guerra de secesión por las libertades catalanas. En fin. No sé si muchos lectores del Times y del Guardian habrán sacado el pañuelo para enjugarse las lágrimas por esa desgraciada Cataluña que pintaban Mas y Homas. Pero sí, bien pueden sacarlo. Pueden sacarlo por una Cataluña que está siendo empujada al aventurerismo político más descabellado. Poor Catalonia!

¿Y ahora qué?
Francesc Moreno www.cronicaglobal.com 12 Septiembre 2013

La movilización de ayer puede calificarse de éxito para sus promotores. No es de extrañar. Es lo normal en todas las manifestaciones alentadas y promovidas desde el poder. Además, es innegable que existe un amplio sector de la población catalana que se identifica plenamente con la reivindicación independentista. Este sector lleva años super movilizado y recibiendo una lluvia permanente de información -propaganda desde el poder, los medios de comunicación públicos y la mayoria de privados de Cataluña-. Posee el apoyo y las consignas unánimes de los partidos independentistas y de un potente y bien organizado y financiado movimiento social.

Frente a ello, los partidos catalanes que consideran que la independencia no es la solución adecuada apenas contraargumentan, no prestan ningún apoyo a las organizaciones sociales que discrepan del nacionalismo y se limitan a poner paños calientes a la situación, incapaces de tomar la iniciativa.

Artur Mas estuvo acertado anunciando pocos días antes de la Diada su rectificación de la hoja de ruta. Hoy le sería casi imposible hacerlo, pero lo dicho, dicho está. Con todo, el panorama continúa siendo confuso y la posición de CDC muy delicada. Es consciente de que la independencia exprés que le piden los manifestantes, alentados por ella misma, es un imposible práctico. No por argumentos jurídicos que hoy están en segundo plano, sino por inviablidad práctica. Una independencia unilateral, sin acuerdo con el Estado, en momentos de crisis, sin reconocimiento internacional llevaría al país a una situación más proxima al infierno que al paraíso prometido. CDC no puede seguir jugando al bombero pirómano. Debe optar. En estas condiciones las próximas semanas serán determinantes.

Rajoy, por su parte, tampoco lo tiene fácil. Se ha dejado pudrir tanto la situación que reorientarla es una tarea titánica. Se va a ver presionado por quienes le piden que se confronte con el independentismo -los editorales de la mayoría de la prensa de Madrid son indicativos de esta postura- y su anuncio de diálogo con Mas. Si atendemos a su trayectoria seguirá con el diálogo que, en mi opinión, es la única vía.

Pero el diálogo debe ir acompañado de una explicación clara y amplia de por qué la independencia de Cataluña es una mala opción para los catalanes y, sin duda, para todos los españoles. Y debe también asegurar una minímna lealtad de su interlocutor. No se puede pedir a nadie que te ayude para estar mejor preparado para cortarle un brazo. No se trata de que nadie renuncie a sus objetivos máximos, pero sí de acordar un campo de juego con garantías de estabilidad a corto y medio plazo.

Mientras tanto, los muchos catalanes que pensamos que la independencia no es una buena opción económica, que va contra la construcción europea, fractura innecesariamente a la sociedad catalana y no garantiza más libertad a los ciudadanos, debemos hacer pedagogía para que nuestros argumentos lleguen al mayor número posible de catalanes. Con medios precarios. Pero con el convencimiento de que lo mejor para los catalanes no son las aventuras de alto riesgo ni las exaltaciones patrióticas que sólo conducen a la confrontación, sino seguir construyendo una sociedad libre, próspera, dialogante y abierta al mundo, sin renunciar para nada a sus señas de identidad. Y lo hemos de hacer al margen de lo que hagan los partidos no independentistas. Cuando despierten de la siesta puede ser demasiado tarde.

Quieren decir secesión
Sonia Sierra www.cronicaglobal.com 12 Septiembre 2013

Si un concepto ha hecho fortuna en Cataluña en los últimos tiempos ese es, sin duda alguna, el de "derecho a decidir". Las razones de su éxito son fáciles de deducir: a todo el mundo le encanta tener derechos -el tema de los deberes ya nos cuesta un poco más- y se trata de algo que parece incontestable porque la persona que ose cuestionarlo será acusada inmediatamente de mezquindad. Y es que solo desde la perfidia se pueden negar los derechos de un pueblo. Sin embargo, la realidad es que no se trata, precisamente, de un concepto diáfano, como trataré de demostrar.

Para empezar, según Eva-Maria Poptcheva, doctora en Derecho constitucional y especialista en Derecho internacional, se trata más bien de un concepto de propaganda política que de un concepto con valor jurídico. Lo único que podría representar jurídicamente el derecho a decidir es la democracia directa, es decir, que la ciudadanía decida sobre cualquier asunto de forma directa y no a través de sus representantes, tal y como sucede en nuestra democracia representativa.

Parece obvio que esta no es la forma más eficaz de toma de decisiones y que, en todo caso, no es la que persiguen los políticos catalanes. Para que exista un derecho tiene que existir una norma, es decir, la norma es previa al derecho y, como no existe ninguna norma al respecto, el mal llamado derecho a decidir no es ningún derecho como se nos pretende hacer creer.

Esto no parece ser ningún obstáculo para los políticos catalanes que contraponen legalidad versus legitimidad con total ligereza. De nuevo estamos ante una de esas afirmaciones de tono épico que tanto gustan porque no hay nada más bonito que la idea de la voluntad de un pueblo -recordemos el eslogan de CiU en los últimos comicios- frente a algo tan prosaico como las leyes.

Pues bien, no debemos olvidar que si estamos en un Estado de derecho que garantiza, por ejemplo, la protección de las minorías, es gracias a las leyes. Por otra parte, cuando se contrapone legalidad y legitimidad se niega la legitimidad de la otra parte. ¿Por qué es más legitima la opinión de los que se quieren saltar la Constitución que la de quienes la quieren respetar?

¿Decidir qué?
Si seguimos analizando este concepto, aparece una nueva duda: decidir exactamente qué. Decidir es un verbo transitivo y, por lo tanto, necesita un complemento directo (CD). Si bien tanto en español como en catalán este verbo se puede usar de forma absoluta -es decir, sin necesidad de CD en construcciones como "siempre decides tú"- no parece que este sea el caso, porque aquí no queda nada claro qué es lo que se puede decidir, y la prueba más evidente de ello es que no se traduce a otras lenguas. En ningún país de nuestro entorno se entiende esta construcción porque no se especifica qué es lo que se puede decidir.

Se trata, entonces, de un supuesto derecho a decidir en el que se obvia el CD de tal manera que recuerda a la protagonista de la copla Yo soy esa que, sin nombre propio, se tiene que conformar con lo que le quieran llamar. A veces parece que lo que se puede decidir es ser independiente y otras, según palabras de Núria de Gispert, presidenta de la Comisión del Derecho a Decidir en el Parlamento autonómico de Cataluña, el ámbito de las decisiones es de lo más variopinto y propone hasta cinco cuestiones que van desde el concierto económico hasta que nadie se inmiscuya en cuestiones lingüísticas. Por supuesto, esta multiplicidad va totalmente en contra de la claridad de la pregunta como señala a Ley de Claridad canadiense de 2000 o el Código de Buenas Prácticas en Materia Electoral (2002) de la Comisión de Venecia. Entonces, ¿por qué se ha escogido un sintagma tan confuso?

"Derecho a decidir" se empieza a utilizar en 2003 en el País Vasco en el conocido popularmente como Plan Ibarretxe. Ni esta Comunidad Autónoma ni Cataluña son colonias, ni sufren una dictadura ni son pueblos oprimidos -aunque uno podría creer lo contrario si lee los argumentarios de ciertos partidos políticos- así que no pueden acogerse al derecho de autodeterminación y de ahí que necesitaran de este invento de la neolengua nacionalista.

¿Tenemos derecho a decidir?
Según la propaganda oficial, este es un clamor que surge del pueblo y por eso los buenos demócratas han de darle una respuesta pero, sin embargo, la realidad es que en 2006 se constituye la Plataforma del Dret a Decidir (PDD) subvencionada por la Generalidad. Seis años después, el Centre Unesco de Catalunya (Unescocat, que tiene más que ver con la Generalidad que le otorgaba generosas subvenciones que con la UNESCO) publica un informe titulado Del derecho a la autodeterminación al derecho a decidir. Un posible cambio de paradigma en la reivindicación de los derechos de las naciones sin estado, en el que se insta a sustituir el derecho de autodeterminación por el derecho a decidir.

Dicho informe está firmado por Jaume López Hernández que, casualidades de la vida, fue socio fundador y presidente de la PDD. Así pues, derecho a decidir es un neologismo creado desde el poder -y no por la voluntad espontánea del pueblo- para soslayar el derecho internacional, que no se utiliza en ningún otro país y que no se recoge en ninguna legalidad internacional. En dicho documento se señalan, además, unas "propuestas de actuación" que deben seguir los partidos y entidades nacionalistas y se trata de desvincular el derecho a decidir -considerado una reivindicación soberanista- del derecho de autodeterminación. Así, según el autor, el derecho a decidir se basa en un principio de radicalismo democrático y no en una reivindicación independentista.

Finalmente, tal y como recordó Artur Mas el 6 de junio de este año, en caso de celebrarse el referendo -algo bastante complicado con la ley en la mano-, este no sería vinculante con lo cual, más que de decidir deberíamos hablar de opinar. Estamos pues ante un derecho que no es tal; ante un ámbito de decisión absolutamente indeterminado y en el que, para colmo, en realidad no podemos decidir nada sino tan solo opinar.

Y pese a todo, bajo este sintagma nominal se construyen comisiones, pactos e incluso conciertos y otros actos lúdico-reivindicativos. Quizá ya va siendo hora de empezar a llamar a las cosas por su nombre y cambiar el poco pertinente derecho a decidir por consulta sobre la secesión. Y veremos quién sigue defendiéndolo.

En 'El Gato al Agua'
Tres minutos para desmontar el nacionalismo catalán
GACETA.ES  12 Septiembre 2013

"Castilla conquistó a Cataluña. No, nunca. Cataluña peleó en 1714 para conseguir su independencia. No, nunca".

La resaca de la Cadena Catalana celebrada el miércoles deja reflexiones de todos los gustos y colores y muchos repasos a la verdadera historia de España. Repasos que no coinciden con la leyenda que agita el independentismo.

Así lo señala Mario Conde durante su participación en El Gato al Agua, donde desmonta, en tan sólo tres minutos, el mito del nacionalismo catalán.

El punto de partida de lo que hoy se conoce como deriva independentista comienza, a juicio de Conde, en 1978, "cuando se establece una Constitución que habla de nacionalidades, cuando ese término en sentido estricto no existía en España hasta ese momento". Ese término, creado de forma errónea por una interpretación del Tribunal Constitucional, ha generado según Mario Conde un problema basado en dos cuestiones, la cesión por parte del Estado de materias tan importantes como la educación y la desidia de los políticos a la hora de lidiar con la cuestión separatista, ante la que han actuado como si no pasara nada.

Pero es la primera cuestión la más preocupante, puesto que ha originado que, durante décadas, se hayan creado "distintas historias de España confeccionadas, en algunos casos, por los intererses de los políticos nacionalistas".

De ahí provienen algunos de los argumentos para defender el nacionalismo catalán, que Conde pone sobre la mesa para rebatir.

-Cataluña ha sido un estado independiente. "No, nunca"
-Castilla conquistó a Cataluña. "No, nunca"
-Cataluña peleó en 1714 para conseguir su independencia. "No, nunca"

Pero la verdad histórica se ha encontrado con otro enemigo: "Cuando el argumentario histórico ha cedido te dicen 'bueno, me da exactamente igual la historia, ahora lo que tengo es un sentimiento'. Y, ¿quién y cómo ha generado ese sentimiento? La respuesta es clave para entender la deriva separatistas de muchos.

Las claves que Mas nunca 'recuerda'
La ruina económica de la Cataluña separatista
Frente a la tergiversación de las balanzas fiscales, los datos apuntan a un empobrecimiento de la región si el nacionalismo alcanza sus objetivos.
D. SORIANO Seguir a @SorianoDomingo Libertad Digital 12 Septiembre 2013

Si hay un argumento que el nacionalismo catalán ha utilizado en los últimos años para sumar adeptos a la causa del independentismo, ése ha sido el económico. Del "Madrid ens roba" a las balanzas fiscales, los partidos políticos secesionistas y sus medios afines han repetido hasta la saciedad el mantra de que una de las claves del continuado declive económico catalán en los últimos 40 años reside en un injusto sistema de financiación, que hace que el resto de España viva de la riqueza de su región.

Y no hay duda de que su interiorización por parte de la sociedad catalana ha sido uno de los motivos del auge del independentismo en los últimos años. Los nacionalistas lo saben y actúan en consecuencia. Si consiguen que los ciudadanos de Barcelona o Gerona se lo crean, tendrán mucho ganado en su lucha por desmembrar España.

El problema es que hay muchos datos que no apuntan precisamente en esa dirección. Si quisieran, los partidos políticos con implantación nacional (básicamente PP y PSOE) podrían responder al nacionalismo en el campo de juego que éste ha escogido. No son pocos los argumentos que apuntan a que, en realidad, una Cataluña independiente no sólo no saldría ganando, sino que podría desplomarse víctima de una debilidad económica que es culpa, fundamentalmente, de los mismos políticos que se envuelven en la estelada cada día.
Al borde de la quiebra

La Generalidad catalana debe 50.945 millones de euros, más de una cuarta parte del total de la deuda de las 17 autonomías. Es una cantidad equivalente al 25,7% del PIB de la región, una ratio en la que sólo está por detrás de Castilla-La Mancha y Valencia. Por hacernos una idea, Madrid, una región con un peso en el PIB nacional muy parecido, debe 21.960 millones (un 11,7% de su PIB regional).

Eso dejaría al Gobierno de una Cataluña independiente al borde de la quiebra. Porque además, también tendría que hacerse cargo de su parte correspondiente a la deuda del conjunto de España. Y el problema es que su historial no deja mucho margen a la confianza. Desde la llegada del tripartito y luego de Artur Mas, las finanzas públicas catalanas se han hundido.

La excusa siempre es el sistema de financiación, pero Madrid, que aporta bastante más que Cataluña a la caja común y podría erigirse como la gran agraviada del sistema, casi ha mantenido el equilibrio presupuestario durante la crisis, siendo la región que menos déficit ha sumado y menos deuda ha acumulado.

En este sentido, las últimas colocaciones de bonos patrióticos han evidenciado que los inversores no confían en los políticos nacionalistas. Sólo el aval del Gobierno central y los fondos de liquidez autonómica (de ese "Madrid" tan odiado) han permitido a Artur Mas colocar su deuda y seguir financiando su escalada secesionista. Los servicios públicos catalanes se pagan gracias a que el Ministerio de Hacienda financia al Ejecutivo de CiU con una generosidad que no aplica con otras regiones.
Balanzas 'maquilladas'

Éste es el gran argumento del independentismo, repetido hasta la saciedad en los últimos años, a pesar de todas las falsedades que encierra. En todos los países, las regiones más ricas (y las ciudades o los barrios) aportan más con impuestos de lo que reciben en inversiones. En realidad, habría que recordar que los territorios no pagan tributos. Son sus ciudadanos los que lo hacen. Y si la renta per cápita de éstos es superior a la media, es lógico que las cuentas totales también salgan deficitarias.

El problema es que ni siquiera eso se cumple con Cataluña. Tal y como ha denunciado Convivencia Cívica Catalana (CCC), en los últimos años ha habido varios ejercicios en los que la balanza fiscal real ha tenido superávit para esta región. Las cuentas que Artur Mas ha presentado ante la prensa han sido convenientemente maquilladas.

No sólo eso. Cabría preguntarse por qué la Generalidad catalana, que tanto defiende la publicación de estos datos de las balanzas fiscales a nivel nacional, no publica las que tiene a su alcance: las regionales. Según los mismos criterios que Mas defiende para España, el resultado sería que Tarragona, Gerona o Lérida expolian a Barcelona. El Gobierno de CiU gasta mucho menos en esta provincia de lo que le correspondería. Por eso, en una Cataluña independiente, el argumento de las balanzas fiscales se volvería como un bumerán contra aquellos que llevan años lanzándolo.
Pensiones en rojo

En 2011, último año con las cuentas completamente cerradas, los gastos de la Seguridad Social en Cataluña ascendieron a 19.541 millones de euros, mientras que los ingresos se quedaron en 18.445 millones. Es decir, hubo casi 1.100 millones de déficit en las cuentas del organismo sólo en lo que tiene que ver con los pensionistas catalanes.

Habrá quien le eche la culpa a la crisis, que ha hundido el mercado laboral español. Pero no todas las regiones están igual. Por ejemplo, Madrid tuvo unos gastos en Seguridad Social en 2011 de 14.291 millones, mientras que sus ingresos llegaron a los 17.328 millones. Con esos tres mil millones de superávit se enjugaron, en parte, los números rojos catalanes. En caso de independencia no habría ese recurso. ¿Quién pagaría entonces las pensiones de los ancianos de la región?
Madrid vs Barcelona

El nacionalismo asegura que Cataluña podría ser la "Holanda del sur de Europa", pero habrá quien piense que también puede ser "la Grecia del oeste del Mediterráneo". De hecho, viendo las cifras de deuda y déficit público que apuntábamos antes, la imagen recuerda más al país heleno. La clave de la prosperidad futura del nuevo país residiría en su política económica y en su apertura al exterior. Lo ocurrido en los últimos años no invita al optimismo.

En los años 70, tras casi tres siglos de supuesto "centralismo opresor", Cataluña era la región más rica de España. En 2013, tras más de tres décadas de nacionalismo omnipotente, ya no es así. Cuanto más poder han tenido los políticos catalanes, más peso ha perdido su autonomía en la riqueza nacional.

El intervencionismo ha sido la norma, tanto con CiU como con el tripartito. Mientras en Madrid Esperanza Aguirre ponía en marcha las políticas económicas más liberales de España, los nacionalistas imponían restricciones en el comercio, en los horarios o en los impuestos, hasta convertirse en un auténtico infierno fiscal y en una de las regiones más intervencionistas.

La consecuencia es que la Comunidad de Madrid ha adelantado por la derecha al otro gran polo económico del país en renta per cápita (29.385 a 27.248 euros) y casi lo ha igualado en términos absolutos aunque tiene un millón de habitantes menos. No sólo eso, en las últimas décadas se ha dado una auténtica fuga de empresas desde Barcelona hacia la capital de España.

Hasta los años 80, cuando una gran multinacional se instalaba en nuestro país, casi siempre escogía la Ciudad Condal. Eso ha cambiado, y mucho, desde que los nacionalistas controlan el poder regional. Ahora, no sólo la mayoría escoge Madrid, sino que incluso aquellas que ya estaban en Barcelona están empezando a mover sus sedes. Nadie en el independentismo parece preguntarse cuál será la causa de este fenómeno.

Los modelos
A nadie se le oculta que dos de los grandes modelos para el nacionalismo catalán son Escocia y Quebec. El problema es que en lo que hace referencia a su desempeño económico, el independentismo de ambas regiones deja mucho que desear.

En Canadá, desde que a mediados de los setenta el movimiento quebequés tomó fuerza, comenzó el declive de su economía. Montreal, hasta entonces el motor del país norteamericano, dejó paso a Toronto, que poco a poco le fue superando en todos los indicadores. Quebec ha crecido menos que la media nacional, ha visto desplomarse su población activa y ha contemplado una auténtica fuga de cerebros hacia otras partes del país. Y al igual que en Cataluña, las grandes empresas han escapado hacia su gran rival. Ni siquiera ha hecho falta la independencia, sólo con la amenaza, la región francófona ha perdido la posición predominante que tradicionalmente había disfrutado.

En Escocia, el referéndum ya está previsto para 2014. El Gobierno británico, anticipándose a los nacionalistas, ha publicado varios estudios sobre las consecuencias económicas que tendría un "Sí". Y no son muy atractivas: caída en los flujos comerciales, incremento del gasto público, salida de profesionales de nivel medio-alto y desconfianza en los mercados internacionales.

Todos los informes sobre la cuestión alertan de la existencia del llamado efecto frontera: esa barrera imaginaria que, incluso en áreas de libre comercio, separa a dos regiones limítrofes de dos países distintos. Vamos, que es más fácil que una empresa catalana venda en Cádiz que en Lyon, aunque la ciudad francesa le quede más cerca y en la UE no haya barreras comerciales.

Los cálculos de Convivencia Cívica Catalana (CCC), con datos de ventas de Cataluña al resto de España y al mediodía francés, son significativos. Hablamos de pérdidas en las ventas superiores al 60%, de deslocalización de grandes empresas (sobre todo, aunque no sólo, multinacionales) y huida del capital humano. Hasta un 20% del PIB catalán podría estar en riesgo.


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El Gobierno de España debe hacer frente a la sedición independentista
abc@ABC_es / madrid ABC 12 Septiembre 2013

ABC publica hoy en su edición impresa un editorial en el que exige al Gobierno central que tome las medidas necesarias para garantizar la unidad de España frente al desafío catalán
El Gobierno de España debe hacer frente a la sedición independentista

EL Ejecutivo de Artur Masse ha alzado abiertamente contra nuestro ordenamiento legal, aprobado libremente en democracia. La Generalitat amenaza con organizar un referéndum inconstitucional. Además, desoye sistemáticamente las sentencias del Supremo y el TC cuando no se pliegan a sus dogmas. En una Cataluña con problemas económicos agudísimos, Artur Mas ha sido incapaz de aprobar los presupuestos, el primer deber de un gobernante. Su único programa es la persecución sectaria de todo lo que tenga el mínimo poso español, en un afán de romper las amarras afectivas seculares y fomentar la independencia. Los sediciosos trabajan a tiempo completo contra España, la nación de la que siempre han formado parte, pues Cataluña jamás ha sido independiente. Reescriben la historia con mentiras, que se inculcan desde las escuelas, donde se fomenta la aversión a lo español. Se miente también sobre la financiación, cuando, por ejemplo, ABC acaba de recordar con datos oficiales que el Estado destina a cada catalán un 20,6% más que a un valenciano, o un 7% más que a un madrileño. La televisión autonómica, que cuesta casi trescientos millones anuales a las arcas catalanas, se ha convertido en un aparato de propaganda continua a favor de la independencia. Los medios privados son subvencionados para que se avengan a las tesis del poder separatista. El español, el idioma más hablado en Cataluña, está prohibido de facto en las escuelas y en los rótulos. La Generalitat incumple las sentencias ante la mirada abúlica del Gobierno y la pose filonacionalista del PSOE, que no acierta a embridar al PSC.

Mas quiere romper el Estado y el marco que los españoles se dieron por mayoría
En resumen: está en marcha una operación de gran calado, sufragada con dinero público, para lograr en breve la independencia de Cataluña. Se da incluso el sarcasmo de que la Generalitat, rescatada por el Estado porque es incapaz de afrontar sus deudas y colocar sus bonos, destina parte de ese apoyo económico a financiar la demolición de España, de la que siempre ha formado parte y gracias a cuya solidaridad camina.

ABC tiene entre sus principios irrenunciables la defensa de España, de su unidad y de su sistema de libertades. Por eso ha llegado la hora de señalar que el Gobierno no está actuando con la diligencia debida ante el envite del nacionalismo catalán. Mantener una agenda secreta con Mas o buscar un perfil silencioso ante un desafío mayúsculo son tácticas que reflejan una actitud acomplejada ante el separatismo. El Gobierno ha renunciado a explicar a los catalanes y al resto de los españoles que la Generalitat está vulnerando flagrantemente las normas de nuestra democracia. Y lo que es peor, no obliga al infractor a cumplirlas, una desidia que pone en riesgo la propia integridad de España. El Gobierno no ha hecho pedagogía. No responde políticamente a la batalla propagandística que ha entablado la Generalitat. No existe un contradiscurso que cuente la verdad frente al bulo del «España nos roba» y la mixtificación del pasado.

La historia de la democracia española ha sido la de constantes cesiones a los nacionalismos disgregadores, error en el que han incurrido tanto PSOE como PP. Los sucesivos modelos de financiación se han diseñado al dictado del nacionalismo catalán. Zapatero, que hizo un daño incalculable a la estabilidad de este país, abrió la caja de Pandora estatutaria, dando alas al separatismo. Rajoy acaba de aprobar un déficit a la carta para Cataluña y negocia en la sombra un estatus económico específico, discriminador para el resto de los españoles. Las lecciones de la historia son concluyentes. Las concesiones no calman las ansias secesionistas, al revés. Cada renuncia es solo la antesala de una exigencia mayor, hasta llegar a la ruptura del Estado, objetivo por naturaleza de los partidos nacionalistas.

La vicepresidenta del Gobierno ha declarado que frente al envite de los insurgentes catalanes habrá «diálogo y Constitución». Pues no. Lo que debe haber es Constitución y cumplimiento de la ley, utilizando si es menester todas las herramientas que prevé la Carta Magna. Una vez que los sediciosos acaten el marco legal será cuando se pueda dialogar, no antes. La política del perfil bajo supone además dejar a su suerte a los millones de catalanes que se sienten españoles, acosados por la Generalitat, que fomenta el odio a España y a quienes se identifican con ella. ABC, en congruencia con su historia y sus principios, pide al Gobierno un cambio de rumbo y que tome las medidas necesarias para defender la unidad de España, tal y como demandan la mayoría de los españoles. De poco valdrá superar la crisis económica si lo que queda al final es una España mutilada.

La liada de la Diada

Román Cendoya www.gaceta.es 12 Septiembre 2013

Lo mejor que se puede hacer con Cataluña es pasar de los nacionalistas. Son muy pesados.

La Diada sigue siendo una liada. Una pésima proyección de lo que es Cataluña al mundo. Un territorio inestable, no fiable, sin seguridad legal por los incumplimientos de las sentencias y la insumisión a la legalidad vigente. Una realidad disuasoria para todo aquél que sea responsable de algún proyecto empresarial. Un territorio en el que una considerable parte de la población vive inmersa entre la ensoñación y el odio. Lo mejor que se puede hacer con Cataluña es pasar de los nacionalistas catalanes. Son muy pesados.

La acción del nacionalismo catalán es de libro. Se desarrolla y crece por la actitud pusilánime de Rajoy. Una actitud mucho mejor que el colaboracionismo necesario de Zapatero. Aunque el resultado, hoy por hoy, sea el mismo. Una catástrofe para Cataluña y una pesadez para el resto de España. Es muy cansino tener que estar recordando obviedades y la historia real, no los cuentos que se inventan y tergiversan, todos los días. Cataluña ya ha llegado a ese punto de degeneración nacionalista en el que su historia comienza a ser impredecible. Es muy poco moderno construir el futuro desde la manipulación de lo acontecido en 1714. Así las reivindicaciones pasan de ser históricas a histéricas e histriónicas.

El último insulto de Mas, y una prueba evidente de la pérdida de cordura, es compararse con Martin Luther King. Pensar que la realidad de los ciudadanos de Cataluña tiene algo en común respecto a cómo era la situación en la que vivían los negros en EE UU en el año 1963, es un insulto a la inteligencia y un aprovechamiento, injusto e indebido, de un sufrimiento real. Se sienten como los negros pero se manifiestan con antorchas como los del Ku Klux Klan, a los que se parecen mucho. Cada antorcha es el reflejo de su discriminación, su odio y de la persecución a la que someten a los catalanes que legítimamente se sienten españoles.

Ya podían aprender algo. Luchaban por la igualdad y la integración y no, como hace el nacionalismo catalán, por la desigualdad y la separación. La lucha que inició Luther King culminó con la presidencia de Obama de los EE UU. Lejos de favorecer que un catalán ¿por qué no? llegue a la Presidencia están llevando a la población a la disidencia. Estamos donde estamos porque el listo de Mas el año pasado bajó a una manifestación porque tenía que pedir más pasta y se encontró liderando una marcha por la independencia. Y a lo tonto, a lo tonto, ha llegado hasta aquí. A la división de su propia coalición y a convertirse en el mejor agente captador de votos de ERC. Además de un iluminado, se cree listo y más tonto no se puede ser. A más manos y más cadena, peor para la imagen de Cataluña en Europa y en el mundo. Al tiempo.

España en Cataluña: “Una anomalía histórica”
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 12 Septiembre 2013

Conseguido. La Diada 2013 ha demostrado, para quien lo necesitase comprobar, que del once de septiembre del pasado año a ayer ha transcurrido un año que el secesionismo catalán ha rentabilizado al máximo, en tanto el llamado unionismo ha despilfarrado. Como escribía el profesor Alberto López Basaguren, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad del País Vasco, (El País, 11 de septiembre 2013) “lo que más sorprende en el proceso de reclamación independentista de Cataluña es la atonía del sistema político español al afrontar este reto y la fragilidad del movimiento interno de oposición”. Según este académico “no sólo hay que garantizar (en Cataluña) la legalidad; también hay que convencer de su idoneidad. Lo contrario significa abandonar el terreno al nacionalismo para que prosiga, sin obstáculos, su labor proselitista”. Y añadía: “Se va extendiendo peligrosamente la premisa de que si hay voluntad política todo es posible jurídicamente. Inaceptable derecho plastilina (…) que sirve para lo que en cada momento interese”. López Basaguren da con la palabra adecuada al referirse al secesionismo: ha sabido crear “el encantamiento” a través del llamado derecho a decidir.

La estrategia -si acaso la ha habido- del Gobierno y de los partidos no nacionalistas ha consistido en la inacción, la omisión o la suposición de que las contradicciones internas del nacionalismo catalán terminarían por guillotinar la reclamación independentista. Por el contrario, el silencio gubernamental, del PP, del PSOE y la ambigüedad del PSC se han considerado una retirada dialéctica, una impotencia política y hasta una displicencia por muchos cientos de miles de ciudadanos catalanes a los que no se han ofrecido ni respuestas, ni argumentos ni alternativas.

La estrategia -si acaso la ha habido- del Gobierno y de los partidos no nacionalistas ha consistido en la inacción, la omisión o la suposición de que las contradicciones internas del nacionalismo catalán terminarían por guillotinar la reclamación independentista

El secesionismo se ha enseñoreado de Cataluña que hoy pivota -no sobre la crisis económica, aunque incida sobre el asunto- sino sobre su “derecho a decidir”. La independencia y el Estado propio se asocia a una realidad catalana más justa porque se evitará el “expolio” del “España nos roba”, con menos paro (apenas un 10% frente a los 900.000 desempleados que hay en la actualidad), con una sociedad más contemporánea: todo ello resumido en la afirmación -por nadie relevante refutada- de que “España es una anomalía histórica”, expresión que, sobre hiriente, es ignorante, pronunciada enfáticamente por el consejero de Cultura del Gobierno de Mas, el otrora socialista Ferran Mascarell.

Todos los males se anudan a la existencia patológica de un país, España, que desde 1714 vive “en su propio laberinto” según esta gloria de la historiografía catalana que, a salto de pértiga, se ventila 300 años de historia, nueve constituciones, monarquías y dos repúblicas, y se llama a andana sobre el Estado autonómico de 1978, el más versátil y plural de los que hay en Europa, al margen de la confederación helvética. Nadie, sin embargo, ha contradicho a Mascarell y, a fuerza de no refutar las falsedades o los “encantamientos” secesionistas, han creado carta de naturaleza en la sociedad catalana, que termina por asumir con plena naturalidad que “España es una anomalía histórica” con la que, lógicamente, no quieren estar.

El pasado día 28 de agosto escribí en este diario el post titulado "La Diada que hará estallar la cuestión catalana". Creo que ha así ha sido. La energía independentista -una marea social y política liderada por ERC y CDC, secundada por Unión, ambiguamente considerada por el PSC y no combatida eficientemente con alternativas y argumentos por el Gobierno, el PP y el PSOE- ha sobrepasado a los dirigentes políticos nacionalistas y se ha constituido como un movimiento autónomo conducido por la Asamblea Nacional Catalana y organizaciones satélites. De ahí que no pueda sorprender el desplome del PP y del PSC, que retrocederían allí de manera dramática. Los socialistas pierden 4 puntos y los populares sólo alcanzarían el 7% de los votos (*), mientras que Ciutadans se alzaría como tercera fuerza política detrás de CiU, que pierde claramente el liderazgo frente a ERC (22,1% para los republicanos y 20,7% para la federación nacionalista). Datos coherentes con el hecho de que el 54% de los catalanes desee votar por la independencia y que el 80% declare que el Gobierno debe autorizar una consulta por la secesión. Cifras que no bajarían demasiado incluso si se ofreciese un concierto económico o la independencia conllevase la salida de la Unión Europea.

Hay éxitos, como el de ayer de la Diada, que se sustentan en la peana de determinados fracasos: la cohesión, la integración, la pluralidad y la participación en un proyecto común se rompen con expresiones de voluntad popular que rebasan a las instancias representativas y a los textos básicos normativos de la convivencia votados democráticamente

Cataluña ha entrado en una era de populismo como, también en el diario El País, argumentaba con solidez el historiador Joaquim Coll (9 de septiembre de 2013) según el cual “los dos principales argumentos del soberanismo, el expolio económico y la afrenta del Estatut, han calado porque cumplen la regla de oro de la mentira: algunos elementos de verdad y mucha repetición”. Por su parte, el filósofo y catedrático Manuel Cruz escribió en El Periódico de Catalunya de la misma fecha una pieza especialmente brillante titulada “Mejor calladitos” en la que se pregunta “¿qué miedo tienen los que no están dispuestos a que se escuchen voces discordantes con el soberanismo?” para criticar de inmediato que “la ausencia de pluralismo en los medios de comunicación públicos catalanes es escandalosa”.

Cruz ya había denunciado en otro artículo (“La olla a presión”) que la sociedad catalana “parecía estar cayendo abiertamente en lo que Tocqueville denominó la espiral de silencio, uno de cuyos más claros rasgos consiste en que los individuos esconden en público aquello que piensan, acomodando sus manifestaciones ante los demás a lo que perciben como la opinión dominante en su entorno”. Voces de intelectuales -no precisamente instalados en la derecha política, que a estos efectos no se oye o no sale del tópico- que arrojan un poco de luz sobre lo que sucede en Cataluña que -Ferran Mascarell quizás tenga tiempo para constatarlo- no es otra cosa que el enfilamiento hacia una situación laberíntica, con salidas problemáticas y duras, en una España que, muy lejos de constituir una anomalía, es el secular contexto catalán.

Como he escrito en otro diario, hay éxitos, como el de ayer de la Diada, que se sustentan en la peana de determinados fracasos: la cohesión, la integración, la pluralidad y la participación en un proyecto común se rompen con expresiones de voluntad popular que rebasan a las instancias representativas y a los textos básicos normativos de la convivencia votados democráticamente.

(*) Barómetro de la Cadena SER dado a conocer en la mañana de ayer.

Goteras del Congreso y el desvarío de CiU
Pablo Sebastián www.republica.com 12 Septiembre 2013

Mal empieza el curso político. Con goteras en el Congreso de los Diputados que han interrumpido la primera sesión de control al Gobierno de la nación, ofreciendo un espectáculo lamentable. La viva imagen de un país encharcado de problemas y desencuentros donde primeros gobernantes y jefes de la oposición se enzarzan en mutuos reproches de corrupción, de los papeles de Bárcenas sobre el PP a los ERE andaluces del PSOE, mientras la crisis y el paro campan a sus anchas por este país. Y en el mismo día en el que en el nacionalismo catalán secesionista festeja la Diada con una cadena humana que pide la independencia mientras le culpan a España de la incompetencia y desafueros del gobierno de Artur Mas a lomos de esa ‘vía catalana’ que conduce a CiU a perder el liderazgo en Cataluña y a convertirse en la quinta fuerza, residual, del parlamento nacional español.

Dice Artur Mas, después de haber venido a escondidas a Madrid para pedir árnica y dinero para ayudarle a frenar su desvarío y la ruina de su gobierno, que ‘España tendrá un grave problema’ si no atiende las demandas del nacionalismo radical. Quien tiene un problema es él, porque ha desencadenado -nunca mejor dicho- una dinámica que no controla, que ha hundido y dividido a CiU, que le ha entregado la primacía electoral a ERC y que empieza a provocar un serio desapego de los españoles frente al negocio de empresas y entidades del entramado económico catalán.

En el debate del Congreso de los Diputados nada nuevo al margen de las famosas goteras. Rajoy se niega a hablar sobre Bárcenas y Rubalcaba huye de puntillas y entre trucos procesales de los ERE de Andalucía, donde encartados están Chaves y Griñán. Tan solo un guiño o propuesta de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría de un ‘pacto contra la corrupción’ que sonaba a un pacto para tapar la corrupción, ahora que está empatado el partido entre el PSOE y el PP.

Los puentes están rotos entre el Gobierno y el primer partido de la oposición en lo político, económico y social mientras ambos dos, como en la discusión de galgos y podencos, se derrumban en las encuestas electorales camino del fin del bipartidismo y en pos de un ‘cuarteto’ partidario nacional: PP, PSOE, IU y UPyD. Lo que dejará a CiU, que hasta ahora era -en diputados- la tercera fuerza política, en el quinto lugar. Perdiendo su influencia económica y política en el Estado y la condición de partido bisagra que podía facilitar la gobernabilidad con el PSOE o el PP, algo que le dio a CiU importantes réditos bajo los gobiernos de González, Aznar y Zapatero y que ahora, gracias a los disparates de Artur Mas, no volverán a conseguir y disfrutar.

La pintoresca alegoría de las goteras en el Parlamento español son toda una señal y una nueva advertencia a la clase política sitiada por sus propios escándalos e incapacidad de unir a los españoles, y de proponer una ilusionante y eficaz acción conjunta para salir de esta crisis económica y moral, donde llueve sobre mojado sin que se aprecie un discurso y un liderazgo que nos permita creer en que la pesadilla económica y social y las goteras se van a acabar.
www.pablosebastian.com

Del Estado indeciso y la comunidad temeraria
Xosé Luis Barreiro Rivas La Voz 12 Septiembre 2013

Si el Languedoc-Rosellón reivindicase su independencia, alegando su antigua pertenencia a los reinos de Aragón y Mallorca, y el hecho curioso de que Montpellier, su capital, pasó a Francia porque Jaime III de Mallorca se la vendió en 1349 a Felipe VI de Francia, ningún partido ni ningún tribunal le negaría el derecho a hacer mítines independentistas, bailar la sardana delante de las catedrales o hacer una cadena humana que uniese Montpellier con Nimes, Narbona, Carcasona y Beziers. Lo único que sucedería es que el Gobierno de París dejaría claro que Francia está sujeta al principio constitucional de la integridad del Estado y que, si llegase el caso, se defendería la unidad del país por todos los medios necesarios. Y, aunque los languedocianos podrían seguir diciendo que «Francia no nos sale a cuenta», el separatismo rosellonés se replegaría sobre sí mismo sin más monsergas ni ocurrencias.

Esto mismo sucedería, en similares supuestos históricos y constitucionales, en la práctica totalidad de los países avanzados de nuestro entorno, en los que la libertad de ocurrencia nunca prevalece sobre el pacto constitucional. Y por eso tenemos que aceptar que nuestro problema no está en Cataluña, donde los ciudadanos tienen pleno derecho democrático a reivindicarse como nación, Estado confederal o imperio inca, sino en Madrid, donde un Gobierno débil y acomplejado, heredero de otros Gobiernos también débiles y acomplejados, cree que la libertad se protege no gobernando, que los problemas se solucionan por puro sentido común y que el discurso del Estado es tan obvio y esencial que no hace falta ni hacerlo, ni actualizarlo, ni protegerlo ni reflejarlo en los pactos de convivencia.

Gracias a esta pusilanimidad congénita del Estado español y de sus Gobiernos, cada vez es más posible que el independentismo trapalleiro de Mas y asociados afecte a toda España, se haga inmanejable y nos ponga ante una situación que solo sepamos resolver cediendo; y que lo que empezó siendo una propuesta esperpéntica, aventada por el buenismo de Zapatero y Montilla, se convierta en un paradigma que otros aventureros políticos quieran seguir -en España y fuera de ella- al socaire de una concepción de Europa en la que las ocurrencias de los atabanados tengan más oportunidades que la pervivencia de esa unidad estratégica a la que llamamos Estado.

Claro que si la alternativa al silencio absoluto de Rajoy es el diálogo ilimitado de Rubalcaba, seguiremos siendo el hazmerreír de medio mundo. Porque no hay nada más tonto que agasajar a los nacionalistas con una historia servida a la carta por un Gobierno y unas instituciones que ni saben decir que no ni ponerle coto a esta parodia. Y en tales circunstancias todo parece posible e incluso inevitable. Porque quien no conoce su pasado vuelve siempre a repetirlo.

La mentira
Ramón Pérez-Maura ABC 12 Septiembre 2013

El sentimiento independentista catalán no es mentira, pero está basado en una mentira

Sorprende que un anuncio pagado por un partido político produzca un sentimiento de reconciliación con la actividad pública. Y sin embargo yo lo tuve ayer al leer el aviso publicitario pagado por el PP en la página 13 de ABC. Bajo el titular «La verdad de 1714» se citaba parte del pregón de Rafael de Casanova del 11 de septiembre de 1714. Ese es el año que la mentira institucionalizada por el nacionalismo ha convertido en la cifra de referencia para fijar la altura de los mástiles de la senyera o la hora a la que se empiezan encadenamientos humanos por la independencia. La cita del «mártir» de la independencia catalana no admite lugar a dudas: «Así y todo se confía, que todos como verdaderos hijos de la patria, amantes de la libertad, acudirán a los lugares señalados, a fin de derramar gloriosamente su sangre y su vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España». ¡Olé con el independentista!

Ya sabemos que a los nacionalistas del PNV les molesta muchísimo que se les recuerden las citas postreras de Sabino Arana Goiri, que se desdijo de casi todo lo que postuló en sus horas de nacionalismo xenófobo. Pero al menos en el caso de Arana hubo un cambio de criterio. Pero es que en el caso de Casanova la cita que aquí se recoge es del día en que él habría hecho nacer la aspiración de independencia catalana del presente frente a la opresión centralista. Y la mentira es por ello especialmente flagrante. Por eso es tan relevante esta falsedad sobre la que se construye el futuro de una comunidad.

Cuando en los debates en los que nos enfrentamos los periodistas y otros contertulios uno intenta argumentar la presencia abrumadora de esta mentira, la vía de escape del interlocutor es que «eso da igual, lo que no es mentira es el sentimiento de la población». Y es verdad que el creciente sentimiento independentista catalán no es mentira, pero está basado en una mentira.

Y hoy vemos cómo se desarrolla por medio de manipulaciones del lenguaje y tergiversaciones de la realidad que los medios de comunicación prefieren no rebatir porque luce mucho más sacar a la palestra a un indocumentado, faltón y mentiroso que a un académico que cuente verdades históricas que no han podido ser ocultadas ni por la avalancha de propaganda independentista.

Ayer oíamos hablar en las televisiones de la reunión de Artur Mas con la «Asamblea Nacional de Cataluña». Que no es más que una agrupación de socorros mutuos para salvar un objetivo común. Pero ¡qué bien suena lo de «Asamblea Nacional»! Le da una legitimidad, una fuerza, una belleza... También podrían haberlo llamado Constelación Planetaria de Catalanes con el mismo rigor. Al fin y al cabo ya saben que casi nadie se molesta en combatir sus mentiras. A quien lo haga suelen rebatirle por medio del insulto. Y su legitimidad está por encima de la legalidad. España, 2013.

Diada
En 2014 que bailen la conga
José García Domínguez Libertad Digital 12 Septiembre 2013

Parecen muchos, sí, pero siempre son los mismos. Los mismos, ni uno más. Pongamos, y ya es mucho poner, que esta vez hayan reunido a unos trescientos cincuenta mil cruzados de la causa en fila india. ¿Y qué? Eso no llega ni al cinco por ciento de la población de Cataluña. Ni siquiera un miserable cinco por ciento. ¿Dónde está el clamor unánime? ¿Dónde la hazaña memorable? ¿Dónde el pueblo legendario en marcha? Más del noventa y cinco por ciento de los habitantes del país petit nos quedamos durmiendo la siesta en casa el gran día histórico. Como igual acontece todos los años llegada la fecha, por cierto. Porque no somos una nación, sino un bostezo. Un inmenso bostezo hastiado. Este año les ha dado por tirar de la cadena. Bien, el próximo pueden hacer el pino. O bailar la conga. Al cabo, montar números y armar ruido es lo suyo.

A falta de otra pericia, saben gritar. En alguna parte le he leído a Michael Ignatieff que el nacionalismo es un discurso que grita no para ser escuchado, sino para convencerse a sí mismo. Como si el continuo crescendo de sus voces estuviera en relación directa con la secreta conciencia de que todo es una gran farsa. Farsa sus infinitos agravios inventados. Farsa su eterno victimismo lloriqueante. Farsa su distorsión esperpéntica de los hechos escritos en la Historia. Farsa sus juegos malabares con saldos, balanzas y estadísticas. Farsa su impostada lealtad a las normas de la democracia; de la democracia parlamentaria y constitucional, la única que existe. Porque hay algo más que una estridencia estética en esos nuevos curas carlistones a los que solo falta el trabuco, esos mosens que andan tocando las campanas por ver de amotinar a la feligresía contra las leyes legítimas de un Estado democrático y liberal.

Es sabido, por lo demás, que tras la emoción nacionalista se esconde un sucedáneo de la fe religiosa. Una fe como la de sus ancestros, los inquisidores, que no tolera disidencias ni herejías. Por eso la incomodidad apenas velada de los nacionalistas para convivir con los principios más elementales de la democracia. Los amos de las cadenas únicamente toleran el monólogo. Al punto de que en eso consiste la democracia catalana: ellos hablan y los demás callamos. Un sesgo dirigista, el suyo que se extiende desde la catequesis tribal en los manuales escolares hasta la institucionalización del agit-prop en eso que llaman "ámbito catalán de comunicación", semántica de inequívocas resonancias norcoreanas. He ahí la genuina cadena catalana, la que agita sus eslabones todos los días del año para garantizar el derecho a la invisibilidad, cuando no a la muerte civil, a cuantos rehúsen abrazar el no-pensamiento único. Venga, companys, en 2014 la conga.

Diada
Duran se abre en canal y Mas esconde la mano
Pablo Planas Libertad Digital 12 Septiembre 2013

Los despliegues nacionalistas de masas pueden resultar apabullantes, abrumadores. En esto, el catalanismo ha demostrado unas dotes organizativas que en nada tienen que envidiar a las de maquinarias estatales con más recursos demográficos y menos controles, o ninguno, democráticos. Al margen de las decenas de miles de personas que los nacionalistas consiguen introducir por metro cuadrado, lo que constituye un fenómeno inexplicable de la física de los cuerpos, la total ocupación del territorio por su parte es indiscutible e incuestionable. Toda Cataluña está llena de estelades, la señera independentista. Hasta los alcaldes del partido de Duran han retirado las banderas españolas de las casas consistoriales en señal de insumisión contra el Estado que financia los viajes de su jefe y ponen las antedichas estelades en las torres más altas. El interior siempre fue nacionalista; la ciudad, ahora, también. Si es por escenografía y figurantes, la independencia debería proclamarse entre hoy y mañana.

No obstante, la demostración de poderío popular, esa toma de la calle como superación del debate y del acto electoral, resulta de una espontaneidad sociológica muy relativa. El relato -y nunca mejor dicho- informativo habitual en Cataluña expone esta clase de acontecimientos como el efecto acumulativo de un sentimiento compartido por la totalidad de los ciudadanos que se transforma en manifestaciones de un civismo sobrenatural. En ese medio ambiente, un ponderado cronista parlamentario instaba en TV3 a los catalanes a asistir a la soirée independentista pese al riesgo de lluvia porque ésta podía conferir a las imágenes de la cadena una "mayor fuerza ética".

Ochocientos fotógrafos, ochocientos, se han encargado de retratar a todos los participantes de la cadena, y con tal ingente cantidad de imágenes se realizarán ingeniosas actividades propagandísticas. Hasta estarán disponibles en internet, las fotos. Les ahorro los detalles del montaje, así como las implicaciones que pueden derivarse de un archivo de asistentes de semejantes características; inquietante a todos los efectos.

Por lo demás, nada nuevo en la parapolítica, ninguna novedad, ni siquiera la ocultación sistemática del hecho de que la cadena no sólo ha contado con el beneplácito del poder sino con su autoría logística. El traspaso de recursos públicos a fines privados no sólo parece inevitable por motivos de seguridad, etc., sino que explica en gran medida el cacareado éxito. Que no todo es tan perfecto y cívico, sin embargo, lo sugería a primera hora y en declaraciones a los periodistas el propio Duran, a quien el año pasado se le ocurrió sumarse a la manifestación de la Diada y fue hostigado como si la masa hubiera detectado a un policía infiltrado en una casa okupa. Pasó tan mal rato que este año ha decidido aprovechar un viaje de la comisión de Asuntos Exteriores del Congreso (español) para abrirse al Canal, de Panamá.

Otra cosa es que, después de haber llevado a cabo la producción ejecutiva, Mas se haya quedado en palacio (por respeto a su papel institucional ha llegado a decir, sin que se le alterase el flequillo) y sólo controle en condiciones una parte de este proceso, la relativa a la negociación con Madrid, donde, como no hay mal que por bien no venga, la Diada le nutre de argumentos para presionar al Gobierno y obtener los recursos económicos que la Generalidad necesita para no cerrar por insolvencia financiera e incapacidad política.

Diada
Una gran anomalía
José María Albert de Paco Libertad Digital 12 Septiembre 2013

Lo primero que sorprende de Cataluña es que sea el poder quien convoque las manis. El Gobierno catalán pretexta enfáticamente que las movilizaciones no son cosa suya, sino de lo que denomina sociedad civil. Para que se entienda qué es eso de la sociedad civil iremos al cine. En El escándalo de Larry Flynt hay una escena en que el protagonista, el editor de pornografía Larry Flynt, asiste a una convención organizada por una agrupación que se hace llamar Estadounidenses por la Libertad de Prensa. Uno de los esbirros del editor, en un aparte, le hace saber su alegría por que los defensores de la libertad de prensa les hayan invitado al acto, a lo que Flynt responde:

No seas idiota, los defensores de la libertad de prensa somos nosotros. ¿Quién te crees que paga todo esto?

La cita es tanto más pertinente cuanto que Artur Mas, a su modo, también es pornógrafo. Lo que le diferencia de Flynt es que la causa que decía defender este último, siquiera de forma oportunista, sí tenía que ver con los derechos civiles.

Otro rasgo anómalo es que el Gobierno no tenga oposición. O, por ser más precisos, que Esquerra Republicana de Catalunya, el partido que se arroga la jefatura de la oposición, sea en realidad el principal sostén del Gobierno. Se trata, obviamente, de un déficit democrático cuya inadvertencia se debe al velo viscoso que en Cataluña lo envuelve todo. El mismo que difumina, hasta prácticamente confundirlos, los perfiles de lo público y lo privado, el Gobierno y la familia, el fútbol y el país o el partido y la televisión.

Ah, la televisión. La retransmisión del Barça-Osasuna del 10 de septiembre de 1983, de la que ayer se cumplían precisamente 30 años, fue la primera emisión de TV3, un artefacto propagandístico que, sin el menor disimulo, ha ido tallando una imagen de Cataluña a imagen y semejanza de ese enclave moral que el nacionalismo da en llamar nación cultural, y que consiste en la perversa identificación entre lengua, identidad y cultura. Sin ese foco de irradiación, la Cataluña de hoy en día sería inconcebible. Pedagogía del odio, folklorismo irredento y sobreexposición de soplapolleces de variada índole (empezando por las soplapolleces de la audiencia, a la que se han abierto las puertas para que exhiba el álbum familiar, un amanecer o lo bien que suben los críos) son los rasgos primordiales de una televisión íntegramente dedicada a exhibir, con todo lujo de detalles, el mismo paisaje que contribuye a fabricar. No hay que descartar que el íntimo deseo de esos miles y miles de manifestantes por la independencia sea el mismo que el de los leperos del Meteosat: salir por la tele. O, como señalan con ínfulas los promotores de la cadena humana: hacer Historia, poder decir "jo hi era".

Una de las consecuencias de este atraso, o quizás su causa misma, es la exclusión del Gotha de los talentos desafectos al régimen. Me refiero a personajes como Miguel Poveda, Loquillo, Ferran Adriá, Sabino Méndez, Mario Gas, Albert Boadella, Sergi Arola, Ferran Toutain, Juan Carlos Girauta, Ignacio Vidal-Folch, Francesc de Carreras, Félix de Azúa, Xavier Pericay, Arcadi Espada, Iván Tubau o Salvador Sostres. Lo que demuestra, por otro lado, que el nacionalismo es profundamente antipatriótico.

En Cataluña hay sindicatos, sí, pero se pliegan a la trompetería del Gobierno. Sin llegar a ser lo que conocemos por sindicatos verticales, lo cierto es que una gran mayoría de sus consignas se hallan supeditadas al complemento de país, lo que se traduce en secundar toda suerte de vindicaciones nacionalistas. Así, más que un sindicalismo de clase, lo que ha acabado imponiéndose en Cataluña es un sindicalismo de país.

Al parlamentarismo de país y el sindicalismo de país siguió, el 26 de noviembre de 2009, la prensa de país.

No, el editorial no se escribió solo. El autor fue el periodista de La Vanguardia Enric Juliana, que suele esgrimir la tesis de que Cataluña es una mujer maltratada, lo que convierte la ruptura en algo perfectamente razonable. En uno de sus más recientes artículos Juliana aseguraba que, mientras los diarios catalanes se habían ocupado de la candidatura de Madrid 2020, el diario ABC no había hecho lo propio con la de Barcelona 92 en 1986. La portada del ABC del 17 de octubre de 1986, decía, no hacía mención de la candidatura de Barcelona. Llevaba razón, claro. Lo que omitía es que la portada del día siguiente, la del 18 de octubre, estaba dedicada a la elección de Barcelona como sede de los Juegos del 92. Juliana sabía, evidentemente, que las portadas de ABC de aquel entonces eran monotemáticas, lo que hacía imposible la coexistencia de noticias. Así, cabe deducir que los responsables del diario, a fin de evitar la repetición de portadas, optaron, con buen criterio, por dedicar a Barcelona la del 18, es decir, la del día siguiente al veredicto. Ahora bien, que Barcelona fuera portada el 18 no quiere decir que el 17 no se hablara de ella en el interior del diario. De hecho, y tras las secciones habituales del comienzo, Barcelona era uno de los dos temas de apertura. Asimismo, uno de los tres editoriales estaba dedicado a ella. Y, por si eso fuera poco, la sección de Deportes estaba protagonizada por la crónica del enviado especial a Lausana, Andrés M. Varela. En la página siguiente, además, había una pieza de apoyo, ciertamente osada, sobre los miembros del COI. Coronaba el despliegue una columna de Gilera.

Página de apertura, editorial, dos páginas en el interior y una columna de opinión. Esto es lo que Juliana entendía por asimetría: la que, según su peculiarísimo enfoque, había entre la atención de los diarios catalanes a la candidatura de Madrid 2020 y la desatención de los madrileños a la de Barcelona 1992. De este modo, y a semejanza de una profecía autocumplida, la justificación de la desafección catalana a partir de esa asimetría (falsa de punta a cabo) es el único argumento de los desafectos.

Conste que Juliana, a quien suelo leer con gusto, es un exquisito comparado con la mayoría de los arietes del nacionalismo. Días atrás, por ejemplo (en Cataluña nunca hay que ir muy lejos para rescatar un caso que venga al pelo), el director del digital Vilaweb, Vicent Partal, acusó al PSC de "bascular hacia el fascismo" por aproximarse esta formación a los planteamientos del Partido Popular y de Ciudadanos, éstos sí, fascistas palmarios. La caracterización del adversario político como fascista (o como español, uno y lo mismo en el credo de Partal) es el pa que s’hi dóna en Cataluña (conèixer el pa que s’hi dóna, "conocer el pan que se da", es una expresión con que los catalanes designamos el conocimiento de los riesgos habituales de cualquier empresa).

Así las cosas, y teniendo en cuenta que Cataluña es un cúmulo de anomalías, que el consejero de Cultura del Gobierno de Artur Mas, Ferran Mascarell, endose el término a España no sólo ilustra su desvergüenza. Además, confirma un salto cualitativo: hasta hace al menos un par de años, la piromanía política era un vicio estrictamente popular y mensurable, limitado a los Carod, Colom y alguna que otra escaramuza de Pujol. Como en el pueblo de Amanece que no es poco, el reparto de papeles propiciaba una atmósfera no del todo respirable, pero en modo alguno tóxica. Hoy, en cambio, el aire es nauseabundo.

(Mientras escribo, a no más de 50 metros de mi portal, cientos de conciudadanos forman uno de los tramos de cadena humana. Si no fuera porque la mayoría de ellos son adultos, se diría que forman la fila del comedor. A las 17:14 han levantado la vista y sonreído al helicóptero. Qué tragaderas, la Historia).

Visca Catalunya lliure!
Antonio Jaumandreu Periodista Digital 12 Septiembre 2013

Qué mejor día para gritar ese viva a la Cataluña libre que el 11 de septiembre, fecha elegida para celebrar la fiesta para unos nacional, para otros autonómica de este peculiar principado que ocupa el noreste de la península ibérica.

Más de uno de mis escasos lectores se habrá sobresaltado al leer el título, pensando si habré sido abducido finalmente por la ideología dominante en la política catalana (que no en la ciudadanía). No teman: no por ahora, aunque hay que admitir que el aire orwelliano que se respira en estas tierras puede acabar produciendo momentos de flaqueza.

La libertad que hoy quiero reivindicar para Cataluña es precisamente la de sus ciudadanos, que se halla en trance de desaparecer bajo la densa niebla de un nacionalismo que, no lo olvidemos, tras treinta años de absoluta hegemonía en la política, la cultura, la educación y los medios de comunicación públicos y privados, no ha conseguido aún una masa crítica suficiente para lanzarse al abismo de la independencia. A lo mejor es que Cataluña no era en realidad tan independentista como pretenden hacernos creer, porque si no no se explica tanta resistencia pasiva al sistemático bombardeo ideológico al que la población ha sido sometida desde todos los frentes…

En un día como hoy resultaría una intolerable provocación colgar una bandera española (constitucional, por supuesto) en un balcón. Pero los ayuntamientos pueden llenar las farolas de una bandera inconstitucional y antiestatutaria como es la estelada (las tengo frente a mi balcón, han aparecido esta noche). Las emisoras locales llevan largas horas retransmitiendo de forma sistemática ofrendas florales (cada una de ellas acompañada del himno de Cataluña, una y otra vez, a lo mejor veinte veces en una mañana), declaraciones altisonantes de todo tipo de líderes nacionalistas (aquí el título de líder cotiza muy a la baja, eso sí: cualquier presidente de asociación de vecinos lo es, si corea adecuadamente los mantras), música de sardanas, películas de héroes independentistas de cualquier latitud (Braveheart es un clásico en estas fechas en la televisión catalana, como Mujercitas lo era antes en Navidad o BenHur en Semana Santa), o publirreportajes como el de anoche, en que se glorificaba la vida y milagros de un simple adolescente gamberro cuya popularidad fue potenciada de forma ciertamente muy torpe por la Guardia Civil. Dejemos de lado las marchas nocturnas con antorchas a las que tan inquietantemente se están aficionando los más radicales, y que tan siniestros recuerdos traen a quienes han leído un poco de historia.

Para la ciudadanía de Cataluña la verdadera libertad reside en la Constitución, es decir, en España. En ese texto legal del cual emana la autonomía catalana y que garantiza sin duda un marco de libertades mucho más amplio, cálido, integrador, acogedor y generoso que un estatuto paranoicamente intervencionista. En ese texto legal, sí, que por alguna razón que tiene que ver con lo anterior la administración autonómica se empeña en desacatar una y otra vez.

Así que repitan conmigo: Visca Catalunya lliure! Es decir, viva la Cataluña constitucional.

Un alienígena pasea por la Diada Nacional catalana
Juan Soto Ivars El Confidencial 12 Septiembre 2013

He aterrizado en Barcelona para observar la Diada. En la calle se ven banderas con gente debajo. Por todas partes. Pero cuesta aclararse, pues hay banderas con estrella y sin estrella, con azul y sin azul, las llevan hombres, mujeres, niños y mascotas, las llevan guiris y paquistaníes y chinos y hasta catalanes. Durante los días anteriores, las tiendas de chinos han hecho mucha caja vendiendo esteladas. Uno podía hacerse con un kit completo de independentista en cualquier tienda de los veinte duros.

- Pero ¿qué se ve en la calle? ¿Qué llama la atención?
Asombra que casi el 100% de los niños que están en la calle hoy quieran la independencia. Niños que van con sus padres y adolescentes en grupitos, todos llevan atada al cuello una estelada que les sirve de capa. A veces, los padres van vestidos con normalidad y son los niños quienes muestran las banderas.

- Qué vamos a hacer, este hijo mío no quiere saber nada de España.
Paso por debajo de un colegio público con las ventanas llenas de pancartas pintadas por los niños: "L'escola en català". Cuando estoy en Madrid y curioseo en las protestas me molesta mucho que se use a los niños como panfletos humanos, pero en Cataluña, si eres español o alienígena, es mejor que no critiques la politización de la infancia por parte de padres y leyes de educación. Así que lo consigno y sigo observando.

- ¡Circule!
Llama la atención lo politizados que están los perros en Cataluña. He visto decenas de perros con pañoletas y capas independentistas, y aquí vuelve a haber mucha variedad, demostrando el crisol que encierra la cultura catalana: schnauzers, terriers, dogos, retrievers y dignos dálmatas.

- A los perros catalanes los tratan peor en Madrid.
Keep calm and ladra en catalán. Pero por más vueltas que doy aquí y allá, por más que me dejo rozar por banderas catalanas de toda clase y escucho "Els segadors" y veo castellers, no me aclaro. En el mercado del Borne, recién restaurado, han puesto un monumento: un asta de bandera que mide 17 metros con 14 centímetros. La fecha 1714 es catalanísima, pero Cataluña sigue siendo un misterio. Escuchemos:

- ¿Qué somos?
- ¡Catalanes!

- ¿Qué queremos?
- ¡Independencia!

- ¿Y cómo la queremos?
Mucho ruido. Muchísimo ruido. ¿Qué hacen CiU y Esquerra mano a mano?

- ¡Un poco de orden! ¿Cómo la queremos?
- ¡... catalana!

Hasta ahí le ha salido muy bien la estrategia a CiU, que quiere ampliar su parcela de poder y, en un acto de vanidad extremo, lanzar a sus dirigentes a los libros de historia y a los monumentos, pues la derecha catalana debe de estar ya cansada de celebrar a Puig Antich, que en realidad era un puto rojo. Además, CiU necesita la independencia rápido: sus casos de corrupción pesarán menos. No es momento de ejecutar a traidores, es momento de salir de aquí. Durante los últimos años, el mensaje principal ha sido totalmente asimilado por la población catalana:

- España nos roba.
Eso distrae la atención de lo que roban los políticos catalanes. En corrupción, el Madrid y el Barça han empatado la liga. En aportación en los presupuestos generales, gana Madrid. Pero esto conviene ignorarlo, conviene pasar junto a este dato empleando el otro dogma:

- España nos insulta.
El alienígena que escucha estas cosas parpadea mostrando su asombro. Tendrían que ver los catalanes cómo se habla de los madrileños en Murcia, cómo se habla de los murcianos en todas partes. España es un país de pueblo donde se insulta y se hace mofa del vecino. Pero sólo nos ofende que nos insulten a nosotros, claro. La actitud nacionalista se basa en poner atención a los ataques y magnificar su significado, en la victimización. La actitud nacionalista tampoco tiene el más mínimo sentido del humor.

- Vuelve a la tierra, alienígena. En España se ataca a la identidad catalana, ¿sí o no?
Bien lo sabe Dios. Pero no sólo se ataca. Es como si los catalanes sólo escuchasen Intereconomía y tomasen a los españoles por el ala dura del Partido Popular. En este momento, la idea de España que tienen los catalanes es la de un país agresivo que los detesta, que hace boicot a sus productos. Esos rebuznos de la extrema derecha española han tenido efecto en Barcelona gracias a la promoción que han hecho los medios de comunicación catalanes. La idea ha cundido:

- España nos roba y nos insulta.
Los catalanes tendrán que aprender a escuchar las voces que en España son comprensivas hacia ellos, a las voces de gente que admira a Cataluña como podría admirar a Pucela pese a la machaconería de los políticos catalanes contra España. Tendrán que aprender a escuchar estas voces porque España es mucho más parecida a Cataluña de lo que creen. Durante cientos de años han sido casi la misma cosa, ¿no?

- Pues no. Ha sido imposición. Cataluña es otra cosa.
Qué será, será, la independencia nos lo dirá. Paseando por la Diada aprendo más de la idea de España que tienen los catalanes que de la propia Cataluña. La variedad de posturas enfrentadas en la parte catalana del festejo es anonadante. Es en la parte antiespañola que se concreta: la independencia es la forma en que los catalanes describen a los españoles. Los libros hablan del conflicto, los mítines hablan del conflicto. Una nación se declara distinta describiendo al enemigo común. Por eso se dan la mano CiU y Esquerra: saben dónde está el poder extra que quieren acaparar. Mientras las calles del Borne parecen un carnaval de protestas (allí encuentro anarquistas, comunistas y demás, lanzando consignas bajo la lluvia) a pocos metros, en el parque de la Ciudadela, Artur Mas y el resto de la élite disfruta de un concierto folclórico bajo techado.

- ¿Y qué hay de esos catalanes que se sienten españoles?
Pobrecitos. Nacer en Barcelona y sentirse español es una cruz que no quisiera cargar yo. A veces hablo con ellos: se saben minoría y están agarrotados.

- ¡Los catalanes nos insultan a los españoles!
- ¡Los españoles nos insultan a los catalanes!

Tengo la sensación de que españoles y catalanes, cuando se victimizan, pertenecen a la misma nación, la más grande y próspera que existe en el reino de la humanidad: la de los idiotas. Usemos un poco más la cabeza y mucho menos el corazón.

Tras la Diada
Rigau se quita la careta: 'La función de la escuela es dar un sentido de pertenencia'
"Si el hecho de ayer era muy importante, el hecho de hoy también tiene un gran valor", dice la consejera de Eduación de la Generalitat
 www.lavozlibre.com 12 Septiembre 2013

Barcelona.- La consejera de Eduación de la Generalitat, Irene Rigau, ha afirmado este jueves en relación a la Diada del 11 de septiembre y al inicio del curso escolar, que ha arrancado este jueves, que la función de la escuela es "dar un sentido de pertenencia".

"Si el hecho de ayer era muy importante, el hecho de hoy también tiene un gran valor" ha dicho la consejera en declaraciones a Ràdio 4, según ha informado el departamento de Educación del gobierno catalán en un comunicado.

Ha resaltado que la función de la escuela es también dar "el conocimiento y la cultura" que se transmite de generación en generación y se actualiza. En este sentido, la dirigente ha destacado como uno de los principales retos de cara al nuevo curso que se inicia hoy alcanzar "el éxito escolar con los alumnos con más dificultades".

Para conseguirlo, se han iniciado un conjunto de actuaciones, "como protocolos o el Apoyo Escolar Personalizado o el Programa Intensivo de mejora o las auditorías, que queremos que inciden directamente en la parte del sistema que no alcanza los mínimos competenciales".

Ciudadanos denuncia que Rigau inicia el curso escolar sin cumplir las sentencias judiciales sobre el bilingüismo
La formación naranja envía una carta al ministro Wert para que acceda a reunirse con ellos y así puedan explicarle la situación de la educación en Cataluña. Rigau asegura, en el inicio del curso 2013-2014, que la escuela debe tener como función "dar un sentido de pertenencia".
Redacción www.cronicaglobal.com 12 Septiembre 2013

Ciudadanos ha recordado, este jueves, día que empieza el curso escolar 2013-2014, que la Generalidad, un año más, sigue sin cumplir la sentencias de los tribunales que ordenan a la Consejería de Enseñanza aplicar el bilingüismo en las escuelas, otorgando al castellano y al catalán el estatus de lenguas vehiculares en una proporción equilibrada.

El diputado autonómico de la formación naranja Carlos Carrizosa ha criticado este "incumplimiento de las sentencias" y que la inclusión del inglés como lengua de uso en los colegios se esté haciendo, desde su punto de vista, con insuficiente calidad. Para Ciudadanos, el sistema que mantiene Rigau es "anticuado", intenta imponer "la ideología única" y "no se corresponde con las necesidades de nuestros alumnos".

En este sentido, Carrizosa, en rueda de prensa desde el Parlamento autonómico, ha anunciado que la formación liberal-progresista ha enviado una carta al ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert (PP), para que se reúna con ellos y así poder exponerle la situación de la educación en Cataluña. Además, ha señalado que el Gobierno autonómico pretende "una escuela adoctrinadora" y ha anunciado que no cejarán en su denuncia.

"No hay ninguna novedad"
El inicio del curso escolar no ha supuesto la aplicación por parte de la Generalidad de la sentencias de los tribunales en materia lingüística. En declaraciones a CRÓNICA GLOBAL, José Domingo, presidente de Impulso Ciudadano, ha señalado que "no hay ninguna novedad" respecto al curso anterior y que, por lo tanto, Rigau sigue haciendo caso omiso a lo que dictan los tribunales.

Domingo ha avanzado que presentará una denuncia contencioso-administrativa, en breve, porque en las instrucciones de centro docente de este curso, la Consejería de Enseñanza ha indicado que se debe aplicar la inmersión lingüística con el catalán como única lengua vehicular, después de que la propia Generalidad haya rechazado el recurso de alzada presentado por Impulso Ciudadano.

El ex diputado autonómico ha lamentado que Rigau siga interpretando a los jueces y las sentencias, que han señalado claramente que debe aplicar la conjunción lingüística en las escuelas y no la inmersión obligatoria.

Rigau, la escuela "sentido de pertenencia"
El curso escolar 2013-2014 ha empezado en Cataluña con 20.674 alumnos más que el curso anterior, superando la cifra de 1.550.000 niños y jóvenes. Pese al incremento del alumnado, la plantilla del profesorado no ha variado, casi 64.000 maestros, según ha confirmado la misma Rigau este jueves.

La consejera, en declaraciones a Ràdio 4, ha agitado el inicio del curso escolar al asegurar que, al igual que la Diada de este año, la escuela debe tener como función "dar un sentido de pertenencia".

De esta manera, la consejera de Enseñanza ratifica lo que ha venido defendiendo, al menos, desde 2011, cuando en la clausura del curso escolar señaló que "solo mediante la escolarización podremos realmente catalanizar, hacer miembros de pleno derecho, tener sentido de pertenencia a nuestro país, a los hijos de los que han venido de fuera".

Cuatro de sus miembros, condenados
Primera condena por integración terrorista a miembros de Resistencia Galega
Los cuatro terroristas gallegos han sido condenados por integración en banda terrorista, tenencia de explosivos y falsificación.
agencias Libertad Digital  12 Septiembre 2013

La Audiencia Nacional ha condenado a penas de entre 10 y 18 años de cárcel a cuatro integrantes de Resistencia Galega por los delitos de integración en banda terrorista, tenencia de explosivos y falsificación, en la que supone la primera sentencia a miembros de este grupo por pertenecer a un grupo terrorista.

Los condenados son Eduardo Vigo y Roberto Rodríguez, que tendrán que cumplir 18 años de prisión, y Antón Santos y María Osorio López, sobre los que han recaído 10 años de cárcel al no considerarles la Sección Tercera de la Audiencia responsables del delito de tenencia de explosivos.

A Eduardo Vigo se le detuvo el 30 de noviembre de 2011 en un peaje de la AP-9, a la altura de la localidad de Teo (Santiago de Compostela), cuando iba en un coche que contenía tres artefactos explosivos que estaban, según la sentencia, "preparados y temporizados para su explosión", y que le había entregado Roberto Rodríguez.

La sentencia explica que Vigo, de 28 años, fue interceptado en su coche ese día después de haber recibido de manos de Rodríguez, de 35 años, tres termos metálicos de unos 25 centímetros de altura y 12 de diámetro que contenían explosivos "reales, temporizados, que permiten un tiempo de temporización máximo de hasta 12 horas". Tras detenerlos, se hizo un registro a sus domicilios, ambos situados en la ciudad de Vigo.

En el de Eduardo Vigo se halló documentación relacionada con el "independentismo radical de Galicia", mientras que en un trastero de Roberto Rodríguez se encontró una olla a presión con explosivos que habrían causado daños en un radio de diez metros, tres bengalas de señales, dos pelucas y varios documentos de identidad falsos.

A los otros dos condenados, de 27 y 34 años, se les detuvo el 3 de diciembre de ese año, tras registrar el domicilio que compartían en Lugo, en el que se encontró documentación sobre independentismo gallego, un manual sobre técnica de interrogatorio de la CIA, posibles objetivos de acciones terroristas y una garrafa con 8 litros de gasolina.

Durante el juicio celebrado el 24 de junio ante el tribunal presidido por Alfonso Guevara, todos los ahora sentenciados negaron pertenecer a Resistencia Galega.

En concreto, Vigo afirmó que la bolsa con explosivos que contenía el maletero de su coche se la entregó Rodríguez y éste dijo que recibió una nota cinco días antes de su detención requiriéndole que acudiera a recoger la bolsa y que la guardara, cosa que hizo sin mirar su contenido.

Esta versión, que el tribunal no considera creíble, la pusieron en entredicho los agentes de la policía que los siguieron y detuvieron, ya que testificaron que ambos acusados "adoptaban medidas de seguridad, observando si eran o no seguidos".

"Ello evidencia que si no iban tranquilos era por algo, y ese algo era por el conocimiento del contenido del material explosivo que iba en la bolsa", apunta la sentencia.

En cuanto a los otros dos acusados, afirmaron en el juicio que la garrafa de gasolina que tenían en su casa era para su coche, una explicación que para el tribunal "no parece muy verosímil, pues no es muy lógico que se posea simplemente porque se tiene un vehículo".

La sala condena a Vigo y Rodríguez a un total de 18 años de cárcel, ocho de ellos por participación en organización terrorista, dos por falsificación de documento oficial con fines terroristas y otros ocho años por tenencia de explosivos con esos mismos fines. A Santos y Osorio les impone una pena de 10 años de cárcel, ocho de ellos por pertenencia a banda terrorista y dos más por falsificación.


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