AGLI Recortes de Prensa   Viernes 13  Septiembre 2013

La caena
Iván Vélez Cipriano www.lavozlibre.com 13 Septiembre 2013

Arquitecto e Investigador

Enviado a defender Cartagena de Indias, Blas de Lezo decidió reforzar el paso de Bocachica con unas grandes cadenas que sirvieran para impedir la entrada de buques piratas a la bahía de tal nombre. El heroico medio hombre había tomado la idea de su localidad natal, pues en Pasajes, hoy renombrada, gracias a las ocurrencias ortográficas aranianas en Pasaia, se dispuso una defensa de este tipo un siglo antes. A las órdenes del militar vascongado batalló destacadamente otro marino que respondía al nombre de Pedro Mas…

Don Blas debía su malicioso apodo a la pérdida, en diversos lances bélicos, de una pierna, un ojo y un brazo, amputaciones sufridas defendiendo la causa borbónica que situó a Felipe V y sus sucesores en el trono español. Tres siglos después de que la cirugía sin anestesia comenzara a hacer presa en Blas de Lezo, otra cadena, esta vez humana, pretende recorrer esa misma Cataluña que fue el último escenario de una guerra civil española.

A principios del siglo XX, perdido el suculento y proteccionista mercado caribeño, algunos catalanes, enfermos de hispanofobia y metidos a patrióticos sastres, tomaron como patrón las novedosas banderas cubana y puertorriqueña para alumbrar una variante de la clásica bandera cuatribarrada aragonesa: había nacido la hoy omnipresente bandera estrellada.

Tres siglos después de que Lezo trocara su pierna por una pata de palo, el conflicto causante de la adquisición de tal prótesis sigue vigente debido a que una historiografía falsaria y subvencionada por la causa secesionista, presenta la Guerra de Sucesión como una guerra de España contra Cataluña. Al parecer, Felipe V habría acabado con las libertades del pueblo catalán, que así consideran los sediciosos el modelo en el cual hundía sus raíces el Antiguo Régimen. En paralelo a la elaboración de los embustes historiográficos, el visceral odio hacia lo español se incubó, a principios del siglo XX, en gabinetes de antropología consagrados a demostrar la superioridad racial de los habitantes de la margen izquierda del Ebro. Los catalanes, arios al cabo, se diferenciaban, además, por el uso de una lengua cuyo valor encarecía la iglesia regional en el suministro del pasto espiritual. Al parecer, el rezo en tal idioma garantizaba la cercanía a Dios.

Tras la II Guerra Mundial, derrotado el gran impulsor de la Europa de los pueblos: el nazismo, la lengua comenzó a prevalecer sobre las formas craneanas, la cultura se imponía a la arrumbada frenología. Después de Nuremberg tocaba reivindicar las señas de identidad, aunque persistiera un cierto racismo regionalista circunscrito al ámbito animal.

Ya en los estertores del franquismo, el catalanismo supo jugar sus bazas y situarse estratégicamente hasta el punto de lograr que la actual Constitución, con su trasfondo suicida, concediera espacio y legalidad a la existencia de partidos programáticamente secesionistas. El fundamentalismo democrático que atrapó y aún envuelve a la nación española, haría todo lo demás. Superado el esencialismo de la España eterna, irrumpían los nuevos mitos. En la España autonómica que reproducía en sus regiones la estructura de un estado, los nuevos presidentes, de izquierdas o derechas, conservadores o progresistas, se aprestaron a reclamar los reaccionarios derechos históricos que quebraban la idea misma de ciudadanía política.

Las identidades fabricadas al efecto pronto reivindicarían ser liberadas del opresor yugo español, y así, ocurrentes fórmulas, muchas importadas de la desnazificada Alemania, se plantearon como el culmen de la originalidad, el bálsamo de fierabrás que restañaría las heridas todavía abiertas por la opresora España. Huelga decir que el federalismo, acaso porque de la socialdemocracia germana llegaron suculentas remesas de marcos, fue una de las soluciones más esgrimidas para el encaje de algunas regiones. Un federalismo que no es sino la antesala de la anhelada independencia. Sea como fuere, el modelo federal hispano suele acompañarse de unos datos históricos, a menudo falaces, que, al parecer, reforzarían la propuesta. Y esto lo decimos rememorando el patriótico bando escrito por el austracista Casanova:

«…se confía, que todos como verdaderos hijos de la Patria, amantes de la Libertad, acudirán a los lugares señalados a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España,…»

Pese a todo, vano intento es tratar de refutar los embustes históricos del separatismo y sus huecas y solemnes ceremonias, pues neutralizado este frente, será la fe, que no la razón, quien salga al auxilio de la hispanofobia que alimenta la cadena humana que, auspiciada por los más altos representantes de la nación española en dicho territorio, ha recorrido Cataluña este gris 11 de septiembre de 2013. En definitiva, el separatista, además de esgrimir agravios relativos al huevo o al fuero, apelará a sus sentimientos, a una fina, pacífica y democrática sensibilidad que le impide estar a gusto en España.

Pero si penetrar en esas braquicéfalas o dolicocéfalas cabezas es difícil, aún más complicado es entender cómo los sucesivos gobiernos de la nación han asumido tan disparatada ideología. Encadenados al más rígido formalismo democrático, a los mitos de la Cultura y al ya rancio papanatismo europeísta, nuestros dirigentes poco pueden ya hacer para contener tales derivas, máxime cuando su confusa idea de tolerancia les ha maniatado.

Encerrados en su leguleyo mundo, nuestros políticos son incapaces de percibir que la destrucción de la nación, que no otra cosa es eso que llaman soberanismo, encierra graves delitos. La secesión, para el resto de españoles, al menos para aquellos que son conscientes de que la nación es algo más que una carta magna, que es también, en definitiva, territorio y recursos, es un robo.

Con el tedioso debate sobre la cantidad de eslabones humanos que han recorrido Cataluña como fondo, cabe comparar la cadena de Lezo y la de Artur Mas. Si la primera era el borde bélico de la España de la época ante la que acometían los enemigos de la misma, las terceras potencias con las que siempre hay que contar en el tablero político, la Vía Catalana no es sino un grave desafío consistente en la traza de una nueva frontera que quiebra por completo la idea de soberanía, pues sólo decide quien ya es soberano, y anuncia inesperadas consecuencias.

Pese a su melifluo envoltorio, la Vía Catalana, muestra hasta qué punto un gran conjunto de españoles ama los grilletes y reclama, como ya lo hicieron sus compatriotas hace dos siglos, unas nuevas caenas… europeas, por supuesto.

Solos
juan carlos girauta ABC Cataluña 13 Septiembre 2013

Diez miembros diez, del afamado gobierno Mas, son secesionistas. Los otros dos, también. Aunque ya lo sospechábamos, se agradece la sinceridad. Esas imágenes de los altos responsables convergentes con sus estelades, esa soltura en el hablar sedicioso, esa diligencia de la vice presidenta, de Unió, actuando bajo la batuta de la ONG que organiza las yincanas delirantes y las rebeliones de la tribu, podrían hacer mucho bien. Porque salvo casos perdidos de estulticia, o de llana complicidad, nadie podrá seguir sosteniendo en las inmediaciones de Rajoy que lo que quieren «estos» es el pacto fiscal y un poco de cariño. Y que a Mas se le debe dar salida honrosa.

El gobierno de España puede exhibir un abanico de errores desde que lo gobierna Heráclito de Éfeso y nada es y todo fluye (en el Estado, por definición, siempre manda Parménides: es, y no puede no ser porque, si no fuera, no sería y no podría ser). Pero entre todos los errores hay uno, el de aquietarse ante el plan de romper España, que brilla con la luz roja y desesperada de la alarma histórica, girando y girando, la sirena ensordecedora anunciando problemas sin cuento. ¿Dónde habita el poder?

Por lo visto, lo malo no es el fin del imperio de la ley, lo malo es que unos cuantos catalanes provocadores (¿Verdad, Josep?) defendamos la Constitución, que no aceptemos la hegemonía ni el discurso nacionalista, que no traguemos y aprovechemos cualquier oportunidad para recordar (en Cataluña, claro, que es donde esto cobra sentido) que somos españoles y que lo seguiremos siendo, por encima de Mas y, si hace falta, por encima de Rajoy y de sus apaciguadores. He tenido ocasiones estos días para sulfurarme, pero sólo me he sulfurado una vez: oyendo al ministro Margallo prolongar hasta lo intolerable la falsa dicotomía España-Cataluña. Qué poco valen los nuestros, Dios mío. Aceptémoslo: por una u otra razón, estamos solos. Y solos vamos a ganar. Si no piensan hacer nada por nosotros, por lo menos no molesten.

Según un informe de la Comisión Europea
Cataluña, la región más corrupta de España según la UE
En el ranking europeo de limpieza y eficiencia pública ocupa el puesto 130 de un total de 172 regiones. Cataluña ha sufrido un sustancial declive económico y financiero a raíz de la radicalización nacionalista, más allá de la actual crisis
 www.lavozlibre.com 13 Septiembre 2013

Madrid.- Cataluña es la región más corrupta de España y una de las peor gestionadas de toda la UE, según revela la propia Comisión Europea. La comunidad catalana ha sufrido un sustancial declive económico y financiero a raíz de la radicalización nacionalista, más allá de la actual crisis. No en vano, ha sido superada por Madrid en los principales indicadores económicos a lo largo de la última década. Sin embargo, este particular deterioro también se refleja, muy especialmente, a nivel institucional.

El citado estudio, publicado en 2012, incluye datos referidos a 2009 y es el último índice que recoge la Comisión Europea. Sin embargo, uno de los principales autores del informe, Nicholas Charron, politólogo y profesor de la Universidad sueca de Göteborg, está en plena elaboración del índice correspondiente a 2013.

Y los resultados no mejoran: Cataluña cae del puesto 130 al 134 del ranking regional, mientras que España pasa del 13 al 14. Esto demuestra que el problema de la corrupción y la eficiencia institucional es estructural y, por tanto, va más allá de unas u otras siglas políticas. En 2009, Cataluña era gobernada por el PSC, en coalición con ERC e ICV, el tripartito bajo el que se gestó el nuevo Estatuto catalán, recrudeciéndose así la deriva nacionalista; el índice de 2013 se elabora bajo la Generalidad de CIU, que preside Atur Mas; a nivel nacional, en 2009 gobernaba el PSOE y ahora, sin embargo, gobierna el PP.

En los últimos meses, el reguero de escándalos políticos y corruptelas que han afectado de forma directa a la Generalidad catalana y, en concreto, a la formación nacionalista de Artur Mas, ha sido muy amplio. Ahí está, por ejemplo, el caso Palau y la presunta la trama de financiación irregular en torno a CiU; el caso Pallerols, un asunto de corrupción ligado a la financiación ilegal de Unión Democrática de Cataluña (UDC) que se remonta a 1994; o la trama de las ITV, que afecta de lleno al clan Pujol y por el que ha sido imputado Oriol Pujol, hijo del expresidente de la Generalidad y secretario general de Convergencia Democrática de Cataluña, por posible tráfico de influencias. Casos, todos ellos, de primer orden a nivel mediático, político y judicial. En el inconsciente colectivo ya ha quedado grabado a fuego aquella célebre acusación lanzada por Pasqual Maragall a Artur Mas en 2005 en el Parlamento catalán: "El problema de CiU se llama tres por ciento", en referencia al presunto cobro de comisiones ilegales por la concesión de contratos y licitaciones públicas.

Pero esto es tan sólo la punta del iceberg a la vista del elevado grado de corrupción que sufre esta autonomía. Bruselas advierte de que las administraciones catalanas salen muy mal paradas en cuanto a calidad y transparencia. La región presenta la peor nota de España en esta materia y una de las peores a nivel europeo, según el último estudio de la Comisión Europea sobre la corrupción política e institucional en los países de la UE-27 y un total de 172 regiones europeas.

En concreto, Cataluña se sitúa en el puesto 130 de este particular ranking continental, a la altura de algunos de los territorios más corruptos y opacos de Europa, situados en Italia, Grecia y las repúblicas exsoviéticas. Además, es la región peor calificada de España.

Dicho índice mide la "calidad del Gobierno", en función del nivel de corrupción, seguridad jurídica, eficacia en la gestión pública y transparencia, tanto a nivel nacional como regional en la UE. En resumen, si un determinado gobierno es o no corrupto, imparcial y eficiente. Además, este indicador refleja una serie de efectos indirectos, ya que las calificaciones más altas suelen relacionarse con un elevado bienestar económico y social, así como un alto nivel educativo y sanitario, y viceversa.

En cuanto a países, España se sitúa en puesto 13 de la UE, según este mismo ranking. Es decir, en la parte media de la tabla, por detrás de Malta, Bélgica y Francia, y por delante de Portugal, Chipre y Estonia. Los peores en esta materia son Rumanía, Bulgaria e Italia. Por el contrario, los escandinavos y anglosajones son los que disfrutan de las administraciones más limpias, eficientes y transparentes. En concreto, Dinamarca, Suecia y Finlandia encabezan la lista.

La deuda pública se eleva al 92,2% del PIB en el segundo trimestre, según el Banco de España
La deuda del conjunto de las administraciones públicas alcanzó un nuevo récord en el segundo trimestre del año, hasta los 942.758 millones de euros, lo que supone ya el 92,2% del PIB y un incremento del 2,1% en relación con el trimestre anterior, según el Banco de España.
Economía www.vozpopuli.com 13 Septiembre 2013

La deuda del conjunto de las administraciones públicas alcanzó un nuevo récord en el segundo trimestre del año, hasta los 942.758 millones de euros, lo que supone ya el 92,2% del PIB y un incremento del 2,1% en relación con el trimestre anterior, según los datos del Banco de España.

De este modo, la deuda pública supera hasta junio el objetivo del Gobierno del 91,4% del PIB para todo el año, circunstancia que el Ejecutivo atribuye al adelanto de las previsiones de financiación del Tesoro.

La deuda del Estado se situó en 818.375 millones de euros, también nuevo récord, lo que supone ya el 80,1% del PIB y un aumento del 2,7% respecto al primer trimestre, mientras que el endeudamiento de las comunidades autónomas alcanzó los 193.296 millones de euros, un 1,9% más que entre enero y marzo.

Las corporaciones locales registraron en el segundo trimestre una deuda de 43.153 millones de euros, ligeramente por encima que los 42.779 millones del trimestre anterior, mientras que la deuda de la Seguridad Social alcanzó los 17.202 millones de euros, casi la misma cifra que tres meses antes.

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El Gobierno silencioso

EDITORIAL Libertad Digital 13 Septiembre 2013

El ministro de Interior, con la ratificación posterior de la vicepresidenta, aseguró ayer que el Gobierno respeta a todo el mundo en Cataluña; también a los ciudadanos que no quisieron participar en la cadena independentista organizada con motivo de la Diada. Por su parte, el inefable ministro de Exteriores se refirió a la exhibición separatista como un "éxito", expresando de forma gráfica cuáles son las intenciones del Ejecutivo en torno al desafío secesionista protagonizado por el nacionalismo catalán.

La respuesta del Gobierno a la algarada separatista ha pretendido recordar que no todo el mundo en Cataluña defiende el proyecto de los nacionalistas; pero además de respetar a la "mayoría silenciosa" que no comparte las pretensiones secesionistas, el Gabinete de Rajoy haría bien en defender fehacientemente a todos esos ciudadanos catalanes que se sienten españoles; para empezar, garantizando la escolarización de sus hijos en español, un derecho que los dirigentes catalanes vienen vulnerando desde hace años con su habitual contumacia, ante la inacción de los poderes del Estado.

La inacción del Gobierno ante la radicalización del nacionalismo catalán llega al extremo de que pretende que sea el Alto Tribunal el que detenga la escalada subversiva de un Ejectuvo autonómico que se ha puesto completamente fuera del orden constitucional, del que el Gobierno central es el principal garante, en virtud de las facultades jurídico-políticas que la Carta Magna le otorga en exclusiva. Eludir las propias responsabilidades para fiar la defensa de la unidad española a un órgano jurídico politizado es toda la respuesta de Rajoy al mayor desafío para la Nación en toda la historia democrática, una postura que viene acompañada, para mayor escarnio, de continuas apelaciones cebar aún más los abusivos privilegios financieros de que disfruta Cataluña, en detrimento del resto de las comunidades.

Tras las reacciones a la exhibición separatista del día 11, queda todavía más claro que la única pretensión de Rajoy es ganar tiempo, posponer cualquier solución a este gravísimo asunto, algo en lo que coincide con Artur Mas, que ya ha insinuado la posibilidad de retrasar a 2016 la futura consulta ciudadana para declarar la independencia de Cataluña. Lo peor es que, en estos dos años, el Gobierno parece dispuesto a seguir alimentando financieramente al manirroto Ejecutivo catalán, en perjuicio del principio de solidaridad interterritorial establecido en la Constitución. El nacionalismo, que ya ha convertido Cataluña en una de las grandes vergüenzas de Europa, va a seguir depredando fondos de la España productiva al menos dos años más. Pero eso no es algo que haya que achacar al Ejecutivo de Mas, que se limita a explotar con éxito su habitual estrategia de chantaje, sino al Gobierno del Partido Popular, que con su silencio, y en nombre de todos los españoles, ha decidido traicionar su juramento de hacer cumplir la Constitución y a los votantes que le entregaron su confianza en las pasadas elecciones.

Margallo y la Diada
Nos la van a colar. Cataluña, asunto exterior
Nos están preparando para la enésima cesión, probablemente en forma de concierto económico, para así encajar de una vez a esta Cataluña tronante en España.
Emilio Campmany Libertad Digital 13 Septiembre 2013

En España, el ministro de Asuntos Exteriores siempre se ha aburrido mucho. A los españoles nos importa una higa lo que ocurra fuera. Por eso nadie suele prestar atención a lo que pueda decir nuestro canciller acerca del conflicto de Oriente Medio o de que Irán tenga la bomba atómica. Así que lo normal es que a quien le toca en gracia la canonjía acabe enfermando de hastío y penando de aburrimiento. Un tostón. José Manuel García-Margallo no es una excepción. Gibraltar no basta para que su hirviente cerebro esté suficientemente ocupado. Hace falta más.

Y al fin ha encontrado lo que ha de sacarle del letargo. Cataluña no es una cuestión interior. Cómo lo va a ser si aquello es tan extranjero que es más difícil estudiar en español que en el extranjero mismo. Cómo va a serlo si los desprecios que desde allí hacen sus dirigentes a España son más toscos y groseros que los de ningún enemigo exterior, da igual que sea Picardo que los miembros del Comité Olímpico Internacional. Aquello es ya un asunto tan exterior que quien ha de ocuparse de él es el ministro del ramo. Por eso, Margallo ha intervenido. Ha dicho que, visto el éxito de la Diada, hay que escuchar a la calle. Y eso qué significa. ¿Que el Gobierno del que él forma parte le va a dar la independencia a Cataluña, y así podrá el ministro entretenerse en decidir a quién manda de embajador a Barcelona? Qué va. No son tan inocentes. Nos están preparando para la enésima cesión, probablemente en forma de concierto económico, para así encajar de una vez a esta Cataluña tronante en España. Ceder, siempre ceder y nunca resistir. Es como un lema que colocar en el frontispicio del palacio de La Moncloa.

Pues bien, a mí me parece que ya está bien. Si quieren ser independientes, que lo sean, pero no creo que ceder en nada de lo que puedan estar pidiendo sea procedente. Me da igual que lo diga Margallo o quien sea. Es posible que a esta gente, en realidad, no le importe seguir siendo española con tal de que los demás sigamos reconociéndole nuevos privilegios, da igual que sea el del déficit asimétrico, la autonomía asimétrica o cualquier otra cosa con tal de que sea asimétrica. Y no digo que para conseguirlo estén dispuestos muchos a fingirse independentistas mientras la sangre no llegue al río. Pues por mí, que llegue, que proclamen la independencia. Francamente, no entiendo cómo Mas y Junqueras no la han declarado ya, si tan respaldada está y tanto la ansían ellos. Pero eso ha dejado de importar. No encuentro ya fuerzas con las que discutir si de verdad quieren o no ser independientes. Tanto si lo piden de boquilla como si lo dicen en serio, que lo sean de una vez. Ahora, lo de ceder, debería haberse terminado. No sé cuántos, fuera de Cataluña, opinarán como yo. Rajoy y Margallo, desde luego que no.

Quien calla, otorga.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 13 Septiembre 2013

El argumento de la Vicepresidenta del Gobierno de que éste defiende también el derecho de "la mayoría silenciosa" que no se manifestó, no deja de ser una falacia que atribuye a los no manifestantes o abstencionistas un sentido de opinión determinado, cuando es toda una incógnita. Y si algo nos dice el refranero popular es que " Quien calla, otorga". El silencio siempre es cómplice porque tiene un mucho de cobardía y de esconder la cabeza en la tierra como los avestruces. Los que se manifestaron y formaron esa cadena humana de la "vía catalana", han campado a sus anchas por la colaboración del Gobierno de la Generalitat y décadas de desidia de los diferentes Gobiernos de España.

Solo faltaba el que el Ministro de Exteriores,el impresentable Margallo, se metiera donde nadie le pidió su opinión para manifestar que la diada fue todo un éxito. Indudablemente, Ministro, lo fue pero eso no es de su ministerio. En este caso, hubiera sido de agradecer que hubiera mantenido un respetuoso silencio y esperase a las declaraciones de quienes sí que deben posicionarse en su Gobierno, en su partido oen la oposición, como lo fue el caso de la Vicepresidenta Soraya Sáenz o Alfredo Pérez Rubalcaba. Sin embargo, el Presidente del Gobierno, volvió a mantener su boca cerrada y a preferir los encuentros "secretos" con el promotor de la secesión, Artur Mas, en vez de aplicar la Ley y hacerse cargo de esa Autonomía por su flagrante desafío a la legalidad.

El caso es que si de los más de siete millones de catalanes,se manifestaron alrededor de millón y medio, significa solo que el resto no quiso hacerlo en ningún sentido,ni a favor ni en contra. Aunque abstenerse en un asunto de esta naturaleza solo puede interpretarse como aceptación de lo propuesto. Algo parecido fue lo que ocurrió con la aprobación del Estatuto secesionista, solo fueron a votarlo el 35% del electorado. Eso sí, la inmensa mayoría lo aprobó. Así que poco importa si se quedan en casa más de cinco millones de personas, de las cuales el 80% tiene derecho a votar, basta con que los que están dispuestos a imponer sus ideas lo hagan en masa.

Esta actitud solo puede calificarse de cobarde, al igual que la pasividad de un Gobierno empeñado en pagar el chantaje y esperar que el tiempo amortigüe esta fiebre secesionista. Craso error. Los nacionalistas secesionistas están dispuestos a acelerar este proceso y a saltarse la Ley. La única forma de paralos no es mediante interminables recursos constitucionales, sino mediante la aplicación de la Constitución dejando esta Autonomía sin efecto temporalmente y haciéndose el Gobierno de España con el control de todas las transferencias. Solo así se podrá reconducir un acto de traición perpretado por los partidos nacionalistas catalanes y delimitar las responsabilidades penales.

Está claro que España necesita un Gobierno al que no le tiemble la mano a la hora de aplicar la Ley. Se ha acabado el tiempo de la cesión a los chantajes y al expolio de la sociedad española para el beneficio de los chantajistas que además solo pretenden la destrucción de España. La pregunta es si este Gobierno de Rajoy está a la altura de asumir las responsabilidades políticas que requiere la dramática situación de secesión a la que se enfrenta España. Es claro que actitudes como la del Ministro Margallo, el silencio de Rajoy o la patochada de Soraya Sáenz, no animan al optimismo.

La independencia ‘no make sense’
Rafael López-Diéguez www.gaceta.es 13 Septiembre 2013

En un Estado de Derecho las algaradas callejeras nunca se pueden superponer a la legalidad.

Desde hace tiempo vengo afirmando que la fiebre independentista que corre por Cataluña es una anécdota histórica que se diluirá por falta de apoyo de las “fuerzas fácticas”, entre las que, por cierto, no figura casi nunca la voluntad o la soberanía popular.

En un mundo global como el actual, desafortunadamente, la soberanía real acaba residiendo en entes supranacionales que han hecho cautivas a las naciones. Habitualmente, buscan destruir el amor patrio para debilitar a las naciones, pudiendo así integrarlas en su proyecto global. Aparentemente, la expansión del independentismo podría encontrar apoyo en esos entes al contribuir a la destrucción de la Nación.

En ese camino de desintegración, las fuerzas internas de los estados y los entes supranacionales suelen estar enfrentados. Ahora bien, lo usual es que las fuerzas mundialistas, por su capacidad, por el control que alcanzan de los recursos naturales, financieros y de comunicación terminen por imponerse a una Nación que va perdiendo, paso a paso, su soberanía. Así ha sido el caso de la UE con respecto a las naciones que la componen que hoy se ven doblegadas y sometidas, en un 80% de sus decisiones, a burócratas ajenos al sentir de cada una pero que controlan el BCE, el Consejo de Europa, el Tribunal de Estrasburgo…

En el caso catalán, tanto las fuerzas fácticas internas, con el apoyo de una fracción importante de la oligarquía catalana que se está despertando del sueño independentista, como los entes mundialistas están de acuerdo. Los mundialistas estiman que Cataluña fuera de España no aporta nada a su plan global. La Cataluña independiente no tiene encaje en este esquema. Entre otras razones porque las instituciones mundialistas tienen intereses que se verían muy afectados tras una supuesta independencia. Es por ello que la UE y FMI, entre otras organizaciones, ya se han manifestado en el sentido de que Cataluña fuera de España no make sense, que diría Ana Botella.

Arturo Mas se está percatando de esta situación. De ahí su intento de rebajar el tono para aplacar las críticas. Lo que le están exigiendo, tanto nacionales como mundialistas, es que afronte el problema de la pobreza, que solucione el déficit, que termine con el Estado confiscatorio fiscal, que atraiga inversión extranjera, que adelgace su estructura, que dé cobertura sanitaria universal y que termine con la corrupción.

Arturo puede hoy hablar de las miles de personas que han salido a la calle en la Diada, pero sabe que su baladronada acabará como una anécdota porque carece de apoyos fácticos reales y además porque en un Estado de Derecho las algaradas callejeras nunca se pueden superponer a la legalidad vigente, lo contrario se llama golpe de Estado o Insurrección.

Desafio separatista
Rebelión mediática contra Rajoy
Guillermo Dupuy Libertad Digital 13 Septiembre 2013

Me quejaba a comienzos de semana de cómo la prensa madrileña afín al PP había maquillado los discretos contactos entre Rajoy y Mas presentándolos como los responsables de un supuesto giro hacia la moderación del presidente catalán. Me lamentaba de cómo estos diarios, con tal de justificar el hecho de que la única reacción de Rajoy ante la efervescencia nacionalista haya sido siempre la cesión, hicieran suya la cantinela de que la delictiva y despilfarradora Administración autonómica lo que requiere es un "nuevo modelo de financiación" todavía más generoso.

Pues bien. Hoy quiero celebrar cómo diarios como El Mundo y ABC arremeten contra Rajoy y denuncian su decisiva responsabilidad en el desafío secesionista que estamos padeciendo. Sigue sin ser el caso de La Razón, que, como bien señalaba con ironía Pilar Díaz, "nunca le hará un reproche a Rajoy así le regalé a Mas Valencia, Baleares o incluso Madrid, ya puestos".

Ciertamente, de gentecilla como Marhuenda, más dispuesta a defender unas siglas que unos principios, poco cabe esperar. Ellos son responsables, junto con la propia corrupción ideológica que anida en la actual dirección del PP, de que los nacionalistas se hayan crecido ante un Gobierno acomplejado, que oscila entre el inmovilismo y la cesión y que, de forma contraproducente, trata de contentar a los que no se van a contentar.

Sin embargo, hay que celebrar que un diario como ABC por fin considere que "ha llegado la hora" de denunciar que

el Gobierno no está actuando con la diligencia debida ante el envite del nacionalismo catalán. Mantener una agenda secreta con Mas o buscar un perfil silencioso ante un desafío mayúsculo son tácticas que reflejan una actitud acomplejada ante el separatismo.

Que ABC arremeta contra un Gobierno del PP por actuar con una "desidia que pone en riesgo la propia integridad de España" es motivo de esperanza, por mucho que este Gobierno siga sin atreverse a combatir ideológicamente el nacionalismo y tampoco esté dispuesto a castigar penal, política ni financieramente el caro y delictivo "proceso de construcción nacional" de Cataluña.

Si lamentable fue que la vicepresidenta Saenz de Santamaría, un día antes de la Diada, no se atreviera a mentar a los nacionalistas cuando criticó a "los dirigentes políticos que, en lugar de unir, pretenden separar a los ciudadanos", más patético resulta el hecho de que, un día después de la celebración separatista, el único ministro del Gobierno que la haya comentado haya sido el ministro de… Exteriores.

Además de esto, lo vergonzoso de Margallo no es que considere un "éxito" la, ciertamente, exitosa organización de la "cadena humana por la independencia"; tampoco, lógicamente, que lo lamente con "preocupación y tristeza". Lo bochornoso es que el ministro de Exteriores considere que haya que ceder ante ella con una reforma "en el tema de competencias y la financiación".

Está visto que, con este Gobierno del PP, los nacionalistas, hagan lo que hagan, no tienen nada que perder. Y cuantos más lo denunciemos, mejor.

Hasta hacen hablar a los mudos
Alfonso Basallo www.gaceta.es 13 Septiembre 2013

PP y PSOE desatan la lengua de la mayoría silenciosa que no salió a la calle en la Diada.

Los políticos españoles todavía no han llegado a convertir el agua en vino, a hacer andar a paralíticos o dividir en dos el Mar Rojo, pero van haciendo progresos. Ayer vimos una hazaña no menos prodigiosa: hacer hablar a los mudos. La taumaturgo de guardia del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, desató la lengua de la “mayoría silenciosa” que no salió a la calle en la Diada, al decir que “el Gobierno también es de los que se quedaron en casa”. Si lo que la vice quiere dar a entender es que los ausentes estaban por la unidad de España está llevado su interesada interpretación demasiado lejos. Puede que estuvieran practicando mountain-bike, llevando al niño al pediatra, dándose el lote con la novia o viendo un documental del National Geographic sobre la parada nupcial del leopardo de las nieves. Pero para un milagrero profesional no hay silencio que se le resista. Son unos linces no ya calculando lo visible (el número de manifestantes por baldosa en una concentración), sino, más difícil todavía, leyendo lo invisible y adivinando por qué no han salido a la calle a corear Freedom for Catalunya los que se han quedado en casa.

Lo maravilloso del caso es que el taumaturgo de guardia del PSOE, Rubalcaba, también hace hablar a la mayoría silente (y ausente), pero llegando a la conclusión opuesta a la de Soraya. Dice que el Ejecutivo hace mal en creer que “quienes no fueron a la cadena no querían cambiar las cosas”. O sea, que él si cree que estaban a favor del órdago secesionista. Y que, por lo tanto, el Gobierno de Rajoy hace mal en minimizar la cadena por la independencia. Otro genio sacando interpretaciones de una mayoría muda... para lo que le conviene.

De alguna manera PP y PSOE han entrado al trapo nacionalista al interpretar el pulso como si fuera un plebiscito. Los socialistas por el procedimiento de sumar al medio millón escaso de los manifestantes (millón y medio según la Generalitat) los otros seis millones de habitantes de Cataluña que se quedaron en casa y que según ellos están por la labor; el PP por restar, dando por supuesto que los ausentes estaban por la unidad de España. A ninguno de los dos partidos se le ha ocurrido pensar que además del a favor o del en contra existe una tercera posibilidad: la abstención. Pero no una abstención militante y rabiosa, sino la que más les puede fastidiar: abstención por indiferencia. O por aburrimiento. O porque hay cosas más interesantes o importantes que encadenarse o desencadenarse, dándose por aludidos en una batalla tan artificial como la que han montado unas elites perdidas en la estratosfera, a años luz de las preocupaciones y cuitas del ciudadano medio. El problema es que no lo ven y no hay taumaturgo en el mundo capaz de curarles esa ceguera.

Cataluña
Mañana te pegaré
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 13 Septiembre 2013

Nunca pude borrar de mi mente la impresión que me causó leer una historia que Raúl Larra cuenta en la biografía de Roberto Arlt. Aparentemente, el padre de quien sería más tarde un talentoso novelista y cronista argentino castigaba sus travesuras infantiles atormentándolo con una amenaza de refinado sadismo: "Mañana te pegaré". Y así el niño pasaba la noche atormentado por la perspectiva del demorado castigo. No sé por qué, o sí sé por qué, asocio automáticamente este recuerdo con la impresión que me causó el discurso de Artur Mas cuando amenazó con mantener en vilo a la sociedad catalana, ya cruelmente crispada, desmembrada y descapitalizada, hasta dentro de tres años. Para no mencionar la cara de compasión con que el resto de España, toda Europa y buena parte de Occidente contemplarán, durante ese lapso, el espectáculo bochornoso de la algarada histriónica.
Típica artimaña totalitaria

Artur Mas prometió que si el Gobierno de España hacía valer la autoridad que le confiere la Constitución y no autoriza la consulta independentista en el 2014 se aplicará el manoseado Plan B, que consiste en atribuir un ficticio estatus plebiscitario a las elecciones legislativas catalanas del 2016. Una larga noche de agonía de la convivencia y el bienestar a la espera de que se cumpla el plazo del "Mañana te pegaré". "Mañana te pegaré" encarnado en la típica artimaña totalitaria del plebiscito.

Atentos a la que suponían que era la voz de mando, los cortesanos de la prensa subvencionada se entusiasmaron. Escribió José Antich (LV, 6/9), halagando a Mas:

Que no haya dudas sobre su papel de liderazgo y no de comparsa de Esquerra, su socio parlamentario, en una cuestión nuclear en Catalunya.

Y Marius Carol sumó su cuota de obsecuencia, disfrazada de ecuanimidad (LV, 9/9):

Mas no ha querido aportar melancolía a la Diada, pero sí recordar a los impulsores de la Vía Catalana que el calendario lo marca el president y que la política se debe hacer con emoción, pero no desde las emociones. Y, de paso, recordar a ERC que el aliado es el que va de la mano, no el que tira de ella.

Hasta que llegó el ventrílocuo Oriol Junqueras y mandó parar. El referéndum se celebrará, "sí o sí", en el 2014, ordenó. El referéndum se celebrará, "sí o sí", en el 2014, repitieron los muñecos disciplinadamente, con Artur Mas en la primera fila. Por supuesto, y dado que los genes cainitas son la seña de identidad de todos los secesionistas, éstos serán agentes del caos en cualquier comunidad donde conquisten el poder y terminarán tirándose los trastos a la cabeza los unos a los otros. En esto, y en muchas otras cosas, se parecen a los fundamentalistas religiosos.
El proceso puede eternizarse

Lo trágico es que, con Plan A o con Plan B, el proceso de desintegración de Cataluña puede eternizarse. El Plan A puede prolongar el "Mañana te pegaré" más allá del 2016 que figura en el Plan B, con el consiguiente empeoramiento de la descomposición.

Luis María Ansón explicó con claridad meridiana y con demoledora causticidad en su proyecto de "Respuesta de Rajoy a Artur Mas" (El Mundo, 15/8), del que cité otro párrafo en un artículo anterior, que si Mas pretendiera poner en práctica el Plan A dentro de la legalidad se necesitarían muchos años para alcanzar el objetivo propuesto:

Conforme al artículo 168 de la Constitución, la aprobación de la pretensión de Mas requiere una mayoría cualificada: los dos tercios de la Cámara, es decir, 234 diputados. Vamos a suponer que Artur Mas, con su insolente desfachatez, y Oriol Junqueras, con su carita de cura preconciliar, deslumbran al Congreso y consiguen que los dos tercios de los diputados, rendidos al hechizo y a la sabiduría de ambos líderes, aprueben dócilmente la reforma que ambos solicitan. A continuación, el texto debe pasar al Senado, que precisa también de los dos tercios de sus miembros para confirmarlo. El artículo 168 de la Constitución exige que, de forma inmediata, se disuelvan las Cortes Generales y se proceda a convocar elecciones legislativas. El nuevo Congreso deberá aprobar por dos tercios de sus miembros y el nuevo Senado por la misma proporción la reforma propuesta por Junqueras y por Mas, su marioneta, tan sota (sic), por cierto, tan áspera, tan seca. Y a continuación, referéndum nacional con participación de todos los españoles, libres e iguales ante la ley, pues la escisión de una parte del territorio nacional corresponde decidirla al entero pueblo de España.

Asedio sectario
La fractura de Cataluña viene de lejos y afecta zonas vitales de su entramado social. La economía, la educación y la convivencia son las principales víctimas de la ofensiva secesionista, que se alimenta de enfrentamientos artificiales entre ellos y nosotros. Enfrentamientos entre conciudadanos, amigos, vecinos, socios, familiares e incluso fieles de una misma religión. Ningún entorno está a salvo. Y esto pretenden prolongarlo durante tres o más años. Con TV3 y los medios oficiales y subvencionados vertiendo permanentemente sus dosis rutinarias de veneno y con los centros de enseñanza viciados por el adoctrinamiento y el proselitismo.

Hay ejemplos de invasión de competencias con fines espurios que claman al cielo. El asedio sectario a la Iglesia católica roza el escándalo. La Assemblea Nacional Catalana dispuso que las iglesias del trayecto de la Vía de la independencia debían marcar con un repique de campanas, a las 17:14, el momento en que los participantes en la cadena se cogían las manos. Confesó el somatén mediático (LV, 8/9):

Sin embargo, esta idea de la ANC de involucrar a las parroquias en la transmisión del santo y seña de inicio de la cadena ha encontrado resistencia en la cúpula eclesial. Al menos tres obispos, los de Solsona, Tortosa y Sant Feliu de Llobregat, han pedido a las parroquias de sus diócesis que se mantengan neutrales y no repiquen las campanas. También el arzobispado de Tarragona se ha mostrado reticente a la iniciativa aunque deja la decisión a los rectores.

En mi artículo "El cisma identitario" (Libertad Digital, 28/3/2012) ya advertí de que al obispo de Solsona, Xavier Novell, lo acusaban de ser lo que Hilari Raguer había definido (LV, 9/1/1997) como un "cura lerrouxista". En el 2010, entrevistado en TV3 por Josep Cuní, respondió a una pregunta capciosa con un enfático: "¿La Iglesia catalana existe? Existe la Iglesia en Cataluña". Para agregar luego:

Soy catalán, hablo esta lengua, pero como pastor me toca ser servidor y pastor de todos (…) La Iglesia está en Cataluña e intenta hablar la lengua de aquí, en catalán, pero también en castellano porque hay gente que habla castellano.

Más tarde, cuando el obispo de Vic dio una respuesta parecida a la del de Solsona, Salvador Cardús i Ros, celoso guardián de la ortodoxia secesionista, arremetió contra ambos… y contra la sintaxis castellana (LV, 21/3/2012):

Sí: es de risa de que dos jóvenes obispos "en Catalunya" –lo digo así para evitar que se sientan ofendidos si digo "catalanes"– quieran zafarse del envite de una pregunta como esta, sugiriendo su fidelidad a la Iglesia Católica Universal (sic). Sobre todo porque ellos saben muy bien que sí existe una Iglesia española, con un perfil nacional muy definido en sus múltiples documentos, algunos de los cuales muy recientes. Dos obispos jóvenes, por otra parte, ejemplo del dramático retroceso de la Iglesia institucional catalana en relación a su compromiso con las esperanzas de su pueblo.

Antoni Puigvert atribuye textualmente "el bullying sobre el obispo de Solsona", hostigado ahora por una fracción de sus feligreses, a las "muchas dificultades para admitir matices" (LV, 9/9). Extraños feligreses estos, que no reaccionan indignados cuando a la bandera catalana, reducida a camiseta del Barça, la profanan con el nombre de un emirato salafista donde está proscripto el cristianismo, y simultáneamente no admiten los matices de un obispo que no los acompaña en sus insurgencias políticas. ¿Otros tres o más años de tránsito por estas tinieblas?
La peronización de Cataluña

El profesor José Luis Álvarez aborda este fenómeno involucionista con un diagnóstico a mi juicio inédito pero sustentado por datos sociológicos de llamativa verosimilitud (LV, 9/9). Según el profesor Álvarez, las clases medias, que tienen mucho que ganar de la globalización, son las más interesadas en evitar un conflicto imprevisible y de alta intensidad con el Estado, pero

perdieron con CiU en el otoño del 2012 el control del catalanismo a favor de grupos sociales no metropolitanos, del interior del país, aquellos para los que, por estar ubicados en nichos de menor valor económico añadido para la globalización, estancados definitivamente sus estándares de vida, la interdependencia es irrelevante; los grupos representados por ERC.

Esos nichos de menor valor económico añadido para la globalización, forman el núcleo radical de una sociedad donde, advierte el profesor Álvarez, "muchedumbres y no votos marcan agendas políticas". Y describe, sin proponérselo, cómo los "grupos sociales no metropolitanos" asaltaron el poder, que todavía usufructúan, en Argentina. O sea que describe, asimismo, la creciente peronización y tercermundización de Cataluña. Mañana, o dentro de tres años, nos pegarán. Ya nos están pegando.

El mesianismo catalán
Pedro J. de la Peña www.gaceta.es 13 Septiembre 2013

El eje de todo movimiento nacionalista se sostiene en la irracionalidad

Cuando un líder pequeño se encuentra con un país pequeño tiene que sobredimensionarlo para hacerse ver. Esa es la obsesión de Arturo Mas, que intenta disimular su insignificancia colocándose una lupa para ser visto y un micrófono para ser oído.

De esa manera el líder catalán pretende ser nada menos que ¡Luther King! Eso es mucho soñar, incluso si el sueño es en Tarrasa y no en Alabama. O decide por decreto que todo el mundo, pero sin dejar ser humano afuera, es decir, absolutamente todo el mundo, tiene que mirar a la Diada. O sea, que hasta los musulmanes de Mindanao tienen que dejar sus armas en el suelo y dejar de matar cristianos filipinos en tierras mahometanas para mirar la televisión y ver la cadena humana que, catalán junto con catalán, pero no cada uno encima del otro como en sus torres humanas, deciden reunir como sagrada defensa de su territorio frente al invasor que los despojó de su independencia en 1714.

Aparte de las mentiras históricas (los decretos de Nueva Planta fueron para Cataluña el inicio de su industrialización y debieran hacerle una estatua a Felipe V) lo que no se sostiene es convertir un país que ha sido y sigue siendo ejemplar, como Cataluña, en un monumento al provincianismo a base de lengua propia y cerrazón de fronteras, cosa que muchísimos catalanes dignos están muy lejos de desear.

Este cruce de Jaime I y Alfonso el Magnánimo que pretende ser Arturo Mas no se sostiene ni con la lógica de los números ni con la razón de las palabras. Él mismo lo sabe…y se desdice. Si no es en el 14, será en el 16. Pero finalmente será en el 14, porque el socio Junqueras no pasa por retrasarlo. Todo un ejemplo de zapaterismo que convierte sus promesas en papel mojado.

El eje de todo movimiento nacionalista se sostiene en la irracionalidad. Pessoa lo plasmó paladinamente al asegurarnos que “El Tajo es el río más bello del mundo”. Ni las cataratas del Niágara se le pueden comparar, porque “el Tajo es portugués y yo soy portugués”. Esa ilógica del sentimiento es lo que hay que enaltecer para que los ciudadanos (con hambre, sin trabajo y sin asistencia médica, que todo les da igual) hinche su pecho con el eslogan: “Somos una Nación”. La lupa convierte en tigre hasta el mínimo gato.

Para ser más nación pretenden los catalanes apropiarse de las Islas Baleares. Que son ya alemanas y no creo que Merkel se lo vaya a permitir. O de la Comunidad Valenciana, llegando hasta Vinaroz y saltándose así la frontera natural del Ebro, donde sus heroicos soldados corrieron sin parar hasta Colliure por aquello de que Jaime I nació en Montpellier. Esos movimientos territoriales, contra la voluntad popular, ya fueron definidos por una persona sensata como Jordi Pujol, con la célebre frase de que “ hay catalanes que convierten a otras personas en anti-catalanistas”, lo que es una pena porque no se lo merecen.

Todo está escrito y no es cuestión de repetir la página. La cerveza se calienta cuando uno la sostiene largo tiempo entre sus manos y el señor Mas se pelea por cada minuto que cree acercarse el vaso hasta la boca, sin mirar las piedras que van a conseguir tirarle la cerveza, ya caliente, sobre su propia camisa.

Lo que todo esto demuestra es, al contrario de lo que Mas se empeña en aparentar, la auténtica decadencia de Cataluña. En lugar de crecer, Barcelona ha dejado de ser el centro de la cultura hispánica, como lo fue en el boom hispanoamericano y lejos de contar con figuras como Vargas Llosa, Guillermo Cabrera Infante o Gabriel García Márquez, sus premios los ganan escritores de segunda clase. En estos momentos ni siquiera Terenci Moix tendría un lugar propio en esa Barcelona desfasada de la internacionalidad ecuménica a la que tiene derecho para convertirse en un destino turístico de masas asiáticas con cámara de fotos.

Barcelona y Cataluña son demasiado importantes para que las achiquen líderes sin visión de futuro. Arturo Mas debería saber que su época ha pasado y que, resistirse a la realidad europea es dar pasos hacia atrás. El gran momento de Barcelona, todos lo sabemos, fue en 1992, en aquella Olimpiada en donde sí tenía todo el mundo las miradas puestas en los televisores para ver pasear al Príncipe Felipe con la bandera de España.

A Arturo Mas se le ha olvidado aquel verdadero instante de gloria. Claro que ahora no existe el antiguo Liceo ni Montserrat Caballé puede cantar a Barcelona con un chorro de voz que se escuchó hasta en la Pampa.

*Pedro J. de la Peña es escritor y profesor titular de la Universidad de Valencia

Secuestrados por un mito
Antonio Robles Libertad Digital 13 Septiembre 2013

El nacionalismo tiene un proyecto: la independencia. España no tiene ninguno. Eso es todo. Ayer, 11 de septiembre de 2013, asistimos a la culminación de una ficción construida durante los últimos cien años que ha logrado convertirse en una amenazante realidad. Porque si esta ficción independentista es hoy algo, es, ante todo, realidad. Importa poco si está levantada sobre mitos, mentiras o victimismo. Que nadie se engañe, los cuatrocientos o quinientos mil ciudadanos que salieron ayer para obedecer la consigna independentista de la ANC son reales, y su entusiasmo por la independencia, una necesidad vital. No verlo, o no reconocer este éxito del nacionalismo, es suicida, además de necio.

Pero, a la vez, la vía catalana a la independencia de ayer fue la plasmación más diáfana de la muerte del periodismo en Cataluña, de la utilización partidista de los medios públicos y de la insurrección de las instituciones del Estado en Cataluña contra la legalidad vigente española. Los síntomas del futuro patológico que nos espera. Nada bueno trajo nunca excitar a la tribu.

La realidad ya no es la calle, es la tele, es la radio. TV3, Catalunya Radio, RAC 1… son verdaderos centros de mando, desde los cuales se dan consignas, se distribuyen tareas y se gestionan los guiones que deben prevalecer para la agitación interna y la propaganda externa. A esto último le llaman "internacionalizar el conflicto". Un constante agip prop donde los periodistas forman parte del guión diseñado por el gran hermano nacionalista. Una verdadera ruina para la pluralidad y la libertad de expresión en Cataluña.

Es paradójico: una sociedad que se encadena de norte a sur para exigir libertad, hace todo para negarla. Y con entusiasmo. Pasarán a la historia de la manipulación política las sesiones de radio que nos han dado estos últimos días para exaltar ese parque temático del independentismo en que han convertido cuatro ruinas y mil mentiras en el antiguo mercado del Borne. La desvergüenza ha llegado a señalarlo como la "zona cero" de Cataluña. No se pueden distorsionar más los hechos históricos para acomodarlos al mito de la nación oprimida y al Estado perdido que nunca existió. A la altura de la comparación de Artur Mas con Martin Luther King.

Pero hoy, en esta sugestión colectiva en que vive Cataluña, todo vale y todo cuela. Un entusiasmo enfermizo se ha apoderado de cientos de miles de personas, al ritmo de las imágenes emitidas por TV3 con todos los ingredientes de un drama, donde los niños y los adolescentes son utilizados para servir de referentes a los de su edad. Hay que encadenar a las nuevas generaciones al proyecto independentista como se tararea un estribillo publicitario diseñado por una marca comercial. Detrás no hay razonamiento alguno, sólo la fuerza de la emoción. Secuestrados por un mito, hoy cientos de miles de nacionalistas han simplificado la realidad hasta reducirla a su perímetro mental. Un abismo en el que se cae fácilmente pero del que ya no se sale nunca.

P.D: La culminación del agip prop de TV3 fue la película Fènix 11.23, dirigida por Joel Joan y Sergi Lara. Un documento de simplicidad extrema donde el Estado aparece como el gran opresor frente a un niño inocente que es tratado como un terrorista por defender el catalán. El hecho que la inspiró es bien distinto, pero eso es lo de menos en la Cataluña donde un Joel Joan subvencionadísimo dijo unos días antes de la Diada independentista de 2012: "Cuando se dé la vuelta a la tortilla, los que no sean independentistas serán traidores". La intención de TV3 al proyectar esa cloaca ética subvencionada por la Generalidad inmediatamente después de la cadena humana no podía ser otro que envenenar la sangre de todos los catalanes. Una verdadera corrupción moral. ¡Y después dicen que no tienen nada contra España!

Cataluña y Peter Pan…
Ignacio del Río www.republica.com 13 Septiembre 2013

La cadena humana de la Diada del 11 de septiembre en Cataluña nos ha llevado, nuevamente, a la Arcadia feliz, recuperada por los independentistas, para configurar un nuevo Estado en Europa, donde se vivirá en armonía, en paz y en estabilidad.

Artur Mas, en el papel de Peter Pan, acompañado por Campanilla, Oriol Junqueras, revolotean llenos de emoción marcando el camino para liberar a los niños, el pueblo catalán, raptado por el Capitán Garfio, Mariano Rajoy que necesita menos maquillaje para representar el personaje que Oriol Junqueras.

No habrá ejercito, tampoco deuda ni recortes, todo será intensamente limpio, sin contaminación y los ciudadanos vivirán felices, uniendo sus manos todas las tardes para mantener la fuerza y la pulsión del espíritu del pueblo.

Al otro lado de la frontera, al oeste y al sur de los límites de Cataluña, definida según el proyecto centralizador de 1833 que Javier de Burgos, secretario de Fomento de la Regente María Cristina, formalizó en 45 provincias y 15 regiones mediante una simple circular, España y los españoles.

Los españoles, tristes y damnificados por la deudas, podrán de vez en cuando, acercarse a la Arcadia, en cuya frontera estarán dos grandes carteles con las fotos de Artur Mas, Peter Pan con la barbilla de Lucky Luck y Oriol Junqueras, Campanilla con la cara del capitán Haddock, para visitar, durante unos días, la nación feliz, donde reina la paz y la tranquilidad y no hay deudas, ni recortes, ni ejecuciones hipotecarias, ni conflictos o cuando menos no se publican ni se conocen.

Al fondo se oye Els Segadors y en el cielo azul, la brisa del mediterráneo y el aire puro del Pirineo, hacen flamear las banderas que tiñen de amarillo y rojo el horizonte.

Retornando a la realidad, el ministro García-Margallo, dice que hay que escuchar a la calle y que hay que preguntarse sobre las causas de la desafección de los catalanes. Un conjunto de causas donde se mezcla el independentismo ideológico con el hastío por la política y los políticos y los daños directos de la crisis.

Demasiados damnificados que buscan una esperanza en un escenario de dureza, de hartazgo y de crisis económica que nadie les explica ni les ofrece una ruta para recuperar la felicidad. Artur Mas y Oriol Junqueras les están ofreciendo un retorno a la infancia perdida y han situado al otro lado de la línea, de la frontera a España, como síntesis de sus males y representación de la opresión.

Cataluña no va mal por los catalanes, sino por su pertenencia al Reino de España, en el futuro será una república según ha dicho Oriol Junqueras, conformada en un Estado independiente que mantendrá relaciones especiales con España… como con todos los demás Estados nacionales.

Rajoy ha fijado dos estrategias para resolver el problema. Dejar pasar el tiempo, sin definir públicamente una posición ideológica y negociar con discreción con el Presidente catalán, en un ejercicio más planteado desde la relación personal y que puede agotarse en sí mismo cuando el Presidente catalán compruebe que no hay más avances que la resolución de cuestiones menores de intendencia y ningún compromiso. Es decir, ganar tiempo, una decisión en la línea de la casa.

Sin embargo, el apoyo al independentismo sigue creciendo y sobre todo se refuerza la tesis previa: tenemos derecho a decidir, sin más. Tiene que celebrarse un referéndum.

No hay la narración de un escenario para el día después, ni del proceso a seguir, de sus efectos y consecuencias. El Consejo para la Transición Nacional, un órgano remedo de CiU, constituido para repicar las campanas del proceso político, se reúne episódicamente, pero no cuenta, por inexplicable, cual es el itinerario, las dificultades y los cambios que tendría que asumir los catalanes.

Los dos grandes partidos PP y PSOE, están desorientados e inmersos en sus contradicciones. El PSOE, de orden interno que Rubalcaba bandea con la reforma constitucional hacia el camino federal, sin explicar tampoco cuales serán los límites y como se aplicará la solidaridad personal y territorial.

El PP, con un recorrido errático en Cataluña, donde no ha sabido ni querido mantener una posición lineal durante años, ofrece de un lado, las conversaciones secretas de Rajoy con Mas y de otro, un liderazgo y una política en el Parlamento catalán que reducirá su ya marginal posición en el electorado.

Ante todo este escenario, ¿cómo no van a tener seguidores Peter Pan y Campanilla?

LA DIADA INDEPENDENTISTA
La doctrina del Reino de Cataluña y el Ebro catalán se encadena
Benjamín López www.elsemanaldigital.com 13 Septiembre 2013

La historia es un pequeño obstáculo para los independentistas, un obstáculo que se salta fácilmente con una adecuada política educativa, la que llevan aplicando los sucesivos gobiernos.

Cataluña ha vivido este miércoles un nuevo subidón independentista, un chute en vena de falso derecho de autodeterminación. Periódicamente toca insuflar los ánimos de los secesionistas y la Diada es el momento perfecto para meterse una nueva dosis. La cadena por la independencia ha sido un éxito total, vamos que no se habla de otra cosa en el planeta Tierra. Me dicen que el Washington Post y el New York Times van a dedicar íntegras sus portadas a este asunto y están viendo cómo se las apañan para dejar un pequeño hueco libre en el que reseñar brevemente un asunto sin duda menor, el aniversario del 11-S. Perdonen la ironía, pero es que resulta complicado tomarse en serio la patraña independentista.

Y es que el matiz independentista que se le quiere dar a la Diada es una tergiversación de la historia, una burda falsificación sobre la que se ha construido toda una farsa de pretendidos derechos históricos y anhelos separatistas. El 11 de septiembre de 1714 la ciudad de Barcelona cayó en manos de las tropas borbónicas de Felipe V tras 14 meses de resistencia. Los catalanes se habían sublevado durante la Guerra de Sucesión española no contra España sino contra el rey que consideraban ilegítimo y peleaban en defensa de Carlos de Habsburgo, de la Casa de Austria. Es decir, el personaje al que cada año los nacionalistas rinden homenaje como un gran patriota, Rafael Casanova, fue en realidad un gran españolista que publicó un bando en 1714 en el que pedía a los barceloneses "derramar gloriosamente su sangre y su vida por el Rey (Carlos de Habsburgo), por su honor, por la patria y por la libertad de toda España".

Pero la historia es un pequeño obstáculo para los independentistas, un obstáculo que se salta fácilmente con una adecuada política educativa, la que llevan aplicando en Cataluña los sucesivos gobiernos autonómicos (alguno socialista para más vergüenza) desde hace treinta años. El resultado es que una importante parte de la población ha llegado a interiorizar que, efectivamente, Cataluña está sometida a una España que la esquilma, que el pueblo catalán está oprimido y no sé cuántos dogmas más que se han ido inculcando desde los colegios, los medios de comunicación públicos y muchos privados y desde las instituciones.

Así se consigue que "no menos de un millón seiscientas mil personas" hayan participado en esta Diada, según el consejero de Interior, Ramón Espadaler. Son muchos, sin duda, pero me pregunto cuántos catalanes estarán pensando este 11 de septiembre en otras cosas mas importantes, cuántos de los 611.658 parados que tiene esa Comunidad han participado en alguno de los actos oficiales, cuántos de esos 50.000 niños desnutridos que hay en Cataluña según su defensor del pueblo han salido con sus padres a darse la manita en esa cadena secesionista.

Y me pregunto también cuántos de los cinco millones y medio largos de catalanes que no han participado en nada están hasta el gorro de que les metan en este saco, en el que una parte se alza en portavoz de la totalidad y el discrepante es apartado como un leproso o un apestado. La presión es tan grande en este sentido que los partidos nacionales o dudan en su mensaje, como hace el PP, o directamente se arrojan en brazos del nacionalismo, como hace el PSC, la franquicia catalana del PSOE.

De todas maneras, da igual que haya salido el 10, el 20, el 50 o el 99% de los catalanes. La historia está llena de ejemplos en los que una mayoría aplastante ha seguido a un líder que les ha llevado al precipicio. Aquí de lo que se trata es de ver quién tiene razón jurídica e histórica. Y ahí la cuestión está clara. Los españoles en su conjunto, no una parte de ellos, son los que tienen derecho a decidir el futuro de su país. Votemos todos, catalanes, vascos, gallegos, madrileños, andaluces, etc., si queremos que una parte de España deje de ser España. El resto son alucinaciones colectivas.

Vean si no estas dos frases tan aterradoramente similares, ejemplos de eso, de delirios colectivos que suelen acabar en desastre:

-"Sólo hay dos caminos. Uno someterse a España y desaparecer como pueblo y el otro la independencia" (Carme Forcadell, presidenta de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), 11 de septiembre de 2013).

- "Un mundo de enemigos se alza contra nosotros y el alemán debe decidirse también hoy si quiere ser un soldado libre o un esclavo blanco" (Adolf Hitler, 10 de abril de 1923).

Ahí lo dejo.

Cómo acelerar la fabricación de nacionalistas
Manuel Molares do Val Periodista Digital 13 Septiembre 2013

Hace diez años los independentistas catalanes no llegaban al 15 por ciento, pero ahora son ya el 52 por ciento, según una encuesta del Observatorio MyWord hecha pública con motivo de la Diada de este 11 de septiembre.

Castilla y Aragón, que incorporaba la actual Cataluña, se unieron en 1469, hace 644 años, al casarse los monarcas de ambos territorios, Isabel y Fernando, Los Reyes Católicos.

Aparentemente la historia común de unas treinta generaciones, seis siglos y medio, podría desbaratarse en tan sólo una década, en menos de media generación.

Todas las naciones con poso histórico han ido construyéndose lentamente, con guerras o alianzas entre coronas como la de los Reyes Católicos, y las que no lo han hecho así han resultado regímenes o naciones fracasadas.

La fabricación acelerada de separatistas en Cataluña no puede obedecer a otra causa que a un intensivo lavado de cerebro general que le ha hecho olvidar la historia a algo más que la mitad de la población, y eso sólo de momento, sin que nadie desde el Estado haga nada para evitarlo.

La evolución catalano-separatista recuerda la aparición del Mein Kanpf, Mi Lucha, de Adolf Hitler, en 1925, y cómo ese texto, con su victimismo frente a los aliados que habían derrotado a Alemania en la I Guerra Mundial –aquí se evoca el 1714--, con la propaganda de Goebbels, convirtieron al país en pasivo, primero, y después en obediente al nazismo.

Únase la simpatía de Von Papen, la inacción de Hinbenbug, y encontramos diez años después de Mi Lucha que una democracia se había convertido en una horrible dictadura con un agresivo nacionalismo que reclamaba territorios vecinos, “lebensraum”, como son los “Països Catalans”.

¿Quiénes fueron o son ahora nuestros Von Papen y Hindenburg?

Castilla, Cataluña, España
Pedro de Hoyos Periodista Digital 13 Septiembre 2013

Estoy seguro de que Cataluña será independiente tarde o temprano. La culpa es sobre todo del Estado, de todos los que en principio no somos partidarios de esa independencia. Pero quienes han gobernado y dirigido el Estado tantos años son los primeros responsables; de sus inepetitudes, de sus limitaciones y de sus inhibiciones, sobre todo de sus inhibiciones, deberían rendir cuentas alguna vez.

La Generalitat ha mantenido desde los tiempos de Pujol un desafío al Estado que está a punto de ganar, un desafío permanentemente desleal, sin que ninguna Alta Institución moviera un dedo por evitarlo.

Esa deslealtad se ha manifestado en su sectario y tendencioso sistema educativo, en la permanente manipulación de la televisión pública, en la apertura de embajadas, en las continuas ofensas institucionales al nombre de España, en la tergiversción de nombres y pasajes históricos. Actualmente la muy ¿democrática? Generalitat de Catalunya desobecede sentencias judiciales sin que hayan saltado las alarmas del Estado…, nunca pasa nada.

Se les ha permitido manga ancha creyendo que era mejor no llevarles la contraria… ¿Qué medios y cuánto tiempo ha empleado el Estado en contrarrestar esa manipulación informativa? ¿Por qué no se ha evitado que el sistema educativo manejase a los niños, qué indefensos son, para orientarlos políticamente? ¿Por qué el Estado ha permanecido estúpidamente inactivo durante tantas décadas?

¿Por qué España alimenta a sus enemigos? Los gobernantes, todos, de todos los partidos, han cedido creyendo que alguna vez se darían por satisfechos y terminaría su pulso, ése que van a ganar tarde o temprano, al Estado. Presidentes de diferentes gobiernos han facilitado leyes, por ejemplo impositivas, que marcaba Pujol, ha pasado una y otra vez, sin que por ello haya jamás cesado el "Espanya ens roba".

En los años de la Transición se dividió a Castilla en varias regioncillas para desactivar su influencia en el resto de España, fue una exigencia catalanista a cambio de votar "Sí" a la Constitución. ¿Quién salió ganando? Aznar habló catalán "en la intimidad" cuando necesitó los votos de los catalanistas para ser presidente del gobierno; Zapatero prometió aceptar el nuevo Estatut que saliese del Parlament como saliese del Parlament.

Hoy Rajoy y Mas siguen negociando a escondidas. ¿Qué? Y sobre todo, ¿quién lo va a pagar, quién se va a responsabilizar? Y qué más da, España seguirá votando a PP y PSOE durante décadas.


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