AGLI Recortes de Prensa   Sábado 14  Septiembre 2013

Nueva estrategia económica
Se acabaron las reformas y los recortes
Manuel Llamas Libertad Digital 14 Septiembre 2013

Los socialistas de todos los partidos están de enhorabuena. El Gobierno del PP ha dado por concluido el grueso de las reformas estructurales y los recortes de gasto con el fin de liberalizar la economía española y reducir el déficit público. Se acabaron los tan impopulares ajustes. La razón es doble. En primer lugar, el recién estrenado ejercicio político, más allá de suponer la mitad de la legislatura, marca el inicio oficial de la larga campaña electoral en la que, casi permanentemente, vive instalado este país, y, por tanto, no es momento de perder votos extra. Lo único que importa ahora es revalidar el cargo, aun a costa del sufrimiento que padecen muchos españoles por culpa de unos graves y profundos problemas económicos que la clase política se niega a resolver.

Y, en segundo lugar, el Ejecutivo confía en que la ansiada recuperación termine por corregir los fuertes desequilibrios que siguen presentes, sin necesidad de aprobar nuevas reformas y, aún menos, reducir partidas presupuestarias, lo cual no sólo supone una gran irresponsabilidad, dada la enorme fragilidad de la actual coyuntura, sino, sobre todo, una quimera. Si la actual cúpula del PP de verdad piensa que España volverá a crecer a tasas del 3 ó 4% anual -sin burbujas de por medio-, es decir, al ritmo que necesita el país para reducir de forma drástica el paro a corto plazo, una de dos, o bien miente o bien su ineptitud es muy superior a lo que, en principio, cabría esperar.

Así pues, se acabó lo que se daba. A partir de ahora, el objetivo del Gobierno es realizar algunos retoques y pequeños maquillajes a fin de dar la impresión de que se hace algo cuando, en realidad, todo el pescado está vendido. Normalmente, los gobiernos aprovechan los dos primeros ejercicios de la legislatura -fundamentalmente el primero- para poner en marcha las medidas económicas más dolorosas, aunque necesarias, a fin de que la herida electoral cicatrice con la recogida de unos buenos resultados en los años posteriores.

Y lo que ha dado de sí el mandato de Mariano Rajoy para combatir eficazmente la crisis se resume en tres medidas: una reforma laboral positiva, pero insuficiente; una reforma de las pensiones necesaria, aunque muy incierta y, en todo caso, tardía; y una recapitalización bancaria que, si bien era imprescindible, se ha quedado corta y ha sido ejecutada de forma errónea y contraproducente, cargando la inmensa factura del rescate sobre el bolsillo de los contribuyentes. Mientras, por el lado más negativo, la guerra contra el déficit está muy lejos de concluir con éxito. La estrategia de combinar salvajes subidas de impuestos con tímidos recortes del gasto se ha traducido en un elevado déficit y una deuda pública ingente que amenaza con asfixiar aún más el crecimiento potencial de España a medio y largo plazo, cuando no debilitar aún más la escasa credibilidad de los inversores.

Ante tales resultados, y a sabiendas de que la actitud reformista de Rajoy será muy pasiva de aquí a 2015, no es de extrañar que la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Central Europeo, acreedores públicos del Reino de España, hayan elevado el tono en los últimos días para advertir al Gobierno que la recuperación, en caso de haberla, está "muy, muy verde" y, aún así, tiene que poner en marcha nuevos ajustes clave para mejorar la competitividad económica y apuntalar la solvencia estatal. Sin embargo, por desgracia, Moncloa está haciendo oídos sordos. No en vano, acaba de suavizar el factor de sostenibilidad de las pensiones, retrasando su aplicación, además, hasta 2019; se niega a profundizar en la flexibilidad laboral; y, por si fuera poco, minimizará los recortes en 2014, permitiendo que el gasto público total vuelva a crecer un año más.

Lo más trágico del actual panorama es que, si el PP no logra la reelección en 2015, PSOE e IU, en caso de formar gobierno, ya han avanzado que darán marcha atrás a cada uno de los tímidos e insuficientes avances estructurales puestos en marcha por el actual Gobierno para llevarnos por la vía rápida y directa hacia el abismo. Se acaban las reformas y los ajustes, sí, pero no porque los deberes estén hechos sino porque las elecciones están a la vuelta de la esquina... Y ahí fuera, al margen de la política -es decir, en la vida real-, hace muchísimo frío.

El peor horizonte: Cataluña
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 14 Septiembre 2013

La secesión de Cataluña es el nubarrón más amenazador y preocupante de las variadas tormentas bajo las que vivimos los españoles. El peor de nuestros horizontes sin duda. Porque si en la cuestión económica algunos síntomas esperanzadores son cada vez más evidentes y los claros empiezan a asomarse en lontananza y del cenagal de corrupciones emergerá, a la fuerza y del ramal de la justicia y el clamor de las gentes, una cierta catarsis política, el asunto catalán, no hace sino envenenarse y concretarse en la peor amenaza sobre nuestro inmediato futuro.
Porque de nada sirve el pretender llamarse a engaño sobre unas intenciones descarnadamente expuestas aunque haya muchos, perseverando en un error mantenido durante lustros, que siguen cayendo en el supino error de suponerlas fintas y búsqueda de componendas. Esto es exactamente lo que parece y a ello estamos abocados a enfrentarnos en la próxima esquina. El órdago está sobre la mesa y es juego-partida.

Habrá tiempo, y será tan necesario como obligatorio, de diseccionar causas, responsabilidades, argumentos, mentiras, memorias y traiciones flagrantes. Pero hoy quizás y como prólogo, lo que me parece esencial es que asumamos, de unas vez por todas, sin paños calientes y sin autoengaños suicidas, ante lo que estamos. Una inminente hoja de ruta que conduce a que Cataluña se separe de España y que nuestra Nación se rompa. Así de simple y así de claro. Sin darle más vueltas. Eso es lo que pretenden , eso es por lo que el nacionalismo catalán está dispuesto a llegar hasta el final y para lo que han trabajado por etapas a lo largo de todos estos años. Que se nos caiga la venda: No han buscado el encajarse y compartir España, sino los instrumentos para caminar exactamente en dirección contraria y crear las bases emocionales para conseguirlo. Y los diferentes gobiernos de España, los partidos mayoritarios, en su enconada y ciega lucha por el poder, no han hecho otra cosa que alimentarlos, llegando en el caso de Zapatero, con Maragall y Montilla como “adelantados”, a la complicidad, la sumisión y la entrega de principios y resortes esenciales que ahora colocan al Estado en una situación de debilidad y hasta casi de indefensión extremas. La connivencia, en la que no deja de seguir establecida, del conjunto de la izquierda española con el separatismo es uno de los más inauditos y pasmosos pasajes de nuestra reciente historia. Esa actitud, que ayer mismo demostró seguir latente, supone un añadido y una rémora determinante que imposibilita una respuesta que para poder tener alguna eficacia tiene como premisa esencial la de ser unitaria. Y ello no deja de ser sorprendente aunque solo fuera porque para la izquierda española, la deriva de Cataluña y ya no digamos su separación, supondría, hasta electoralmente, simplemente su suicidio.

Desgranar todos estos aspectos va a ser en el próximo futuro la diaria, y hasta obsesiva, tarea. No tengo de ello la menor duda y si todos los temores. Como ha de serlo desde ya la exigencia al Gobierno de España de un mensaje claro a los ciudadanos españoles, de un relato, que ahora se dice, un discurso y unas bases diáfanas y claras, como las tienen los separatistas, de posición, de principios y de respuesta. No puede quedarse en un mantra de “dialogo”, en una emboscada actitud agazapada. La callada no es ahora en absoluto prudencia sino una insensato avestrucismo y dejar sin argumento ni asidero al conjunto de la sociedad española que necesita imperiosamente de firmeza, principios y argumentos. Y es obligación imprescindible del Gobierno de España el darselos de manera inmediata e inequívoca. No es de recibo, sino una total dejación de sus funciones, que la voz más clara, sin dejar de ser serena, sea la de un Albert Ribera que parece el único en saber cual es su sitio y establecer con toda nitidez fundamentos, razones y limites. “La separación de España no es negociable”.

¡Qué ministro se perdió ZP!
José Luis González Quirós www.gaceta.es

Si se mira la composición de los Gobiernos no es difícil llegar a la conclusión de que ser ministro constituye una forma sofisticada de aburrimiento. Esto explica que los ministros ardan en deseos de hablar de otras cosas, porque temen desaparecer, como le pasa a Rajoy, pero en este caso no importa, porque todo el mundo sabe que él es así y que continúa vivo, mientras que si los ministros no profieren cualquier cosa inmediatamente empieza a haber dudas sobre su supervivencia. Partiendo de esta base, resulta comprensible que el ministro de Asuntos Exteriores se despache sobre asuntos concernientes a Cataluña, aunque más de uno habrá pensado que se trata de una previsión galaica, para que nos vayamos acostumbrando.

Ahora bien, una cosa es que un ministro se desahogue hablando de lo que no le compete, y otra es que desbarre, como acaba de hacerlo García-Margallo a propósito de la cadena independentista, y que conste que no es la primera vez. El ministro de Asuntos Exteriores ha dicho cosas notablemente inoportunas sobre Europa, la Constitución y la literatura, la economía y el Olimpismo, de manera que ha dado amplias muestras de su capacidad de disparatar. Su deposición sobre la cadena independentista de los soberanistas catalanes rebasa lo concebible.

Siempre me ha asombrado no que García-Margallo sea ministro, sino que Rajoy tenga tan pocos amigos como para hacerlo ministro de Exteriores. Su declaración respecto al festín independentista (¡el ministro de Asuntos Exteriores de España!) rebasa, a mi gusto, todos los límites tolerables de estupidez, inoportunidad política y cobardía. Me parece infantil que el señor García-Margallo se crea que la política consista en decir lo que a uno se le ocurra y que, siendo ministro de España, profiera semejantes sandeces. Su comentario habría sido discutible en el editorial apresurado de un periódico progre y acomplejadamente antiespañol, pero es inaudito en alguien con su cargo. No sé cuál es la enfermedad que padece el ministro, si es incontinencia, es agnosia espacio-temporal, o es cualquier variante de la debilidad mental, pero creo que en cualquier país serio se habría ganado el cese instantáneo, pese a su mucha amistad con quien le ha nombrado. Aquí puede apostarse a que no pasará nada, pero tal vez ocurra algo peor, por ejemplo, que el ministro boquirroto no haya dicho ninguna tontería sino que haya hecho de Juan el Bautista, aunque sin necesidad de que le corten la cabeza. No es por ponerme en lo peor, pero hace ya mucho tiempo que el Gobierno de Rajoy, que se nos ofreció como alguien perfectamente previsible, empieza a serlo precisamente por hacer siempre lo contrario de lo que debiera, por traicionar su programa, burlarse de sus votantes y tomarse a chacota las promesas en que basó su victoria.

La hormiga y la bota
Kiko Méndez-Monasterio www.gaceta.es 14 Septiembre 2013

En ese tiempo de entreguerras en el que París era una fiesta –una celebración permanente por haber sobrevivido a Verdún y a la gripe española– lo más chic era encontrar como portero de un hotel a un príncipe ruso. Zaristas, paupérrimos, casi todos en París eran príncipes huidos de la revolución, o eso decían, porque en su exilio los rusos blancos podían inventar el pasado más nobiliario que imaginasen, e incluso estrechos vínculos con los Romanov. Era su forma de vengarse del furor bolchevique que todo lo había arrasado, y que pretendía convertirles en camaradas iguales. Igual de esclavos. Por eso todos los rusos blancos eran príncipes: porque enfrentarse a la revolución dignifica al hombre más que la corona del Gran Duque.

De esa aristocracia blanca nació Vladimir Volkoff, un escritor comparable al mejor Le Carré, y que también utilizó la novela para hacer su crónica personal de la guerra fría. En El Montaje, por ejemplo, disecciona con detalle las formas de propaganda de la KGB, el modo en que los mensajes que beneficiaban a los soviets iban permeando en las ingenuas sociedades occidentales: “Si quieres invadir un país, lo primero que haces es crear en él un partido pacifista”, para ello se equiparaban las violencias, y describía Volkoff la manipulación de las masas que había conseguido presentar –como igual de peligrosos– por un lado a media docena de coroneles griegos, y por el otro a un partido hegemónico en medio mundo –al que tenía tiranizado– y que utilizaba la eliminación física del adversario como método natural de sus formas políticas. Era como resaltar los violentos mordiscos de una hormiga a la bota que la está laminando. Y, los más cegados, todavía comparan el gulag con Carabanchel.

Algo de todo esto hay en el asalto a la sede del catalanismo en Madrid. En realidad el hecho ni siquiera merecería ser noticia de portada, porque son sucesos muy habituales en el entorno nacionalista. La única novedad es que en esta ocasión los empujones se los han llevado los que no acostumbran a recibirlos. Claro que las imágenes lo magnifican: en la retina se queda el gesto de Sánchez Llibre agarrando un palo de acero con el que agredir a los radicales, o el disimulo menos heroico de Anasagasti, camuflándose entre mujeres. La anécdota no da para más, excepto para que algunos jueguen al montaje que nos contaba el ruso blanco, tratando de hacernos olvidar que en España la violencia política –y el desafío permanente a la legalidad y a la convivencia– es patrimonio y monopolio exclusivo de la izquierda y el separatismo.

La unidad de mercado: en manos de la ‘buena voluntad’
José Nevado El Confidencial 14 Septiembre 2013

Tras un proceloso trámite de consultas y audiencia pública, el Proyecto de Ley de Garantía de Unidad de Mercado está punto de comenzar su debate en las Cortes. El objetivo de la norma no es otro que asegurar el respeto a la libre circulación de bienes y servicios en todo el territorio nacional, algo que se supone que debería estar protegido de forma expresa en el artículo 139 de la Constitución y contemplado, también, en los artículos 38 y 149 del mismo texto. Pero no. Numerosos tribunales de justicia, y sobre todo el Constitucional, han venido fallando a favor de las comunidades autónomas en estas materias, pues la Constitución les da una amplísima capacidad normativa en las más diversas materias.

Como el proyecto de ley recoge en su exposición de motivos: la unidad de mercado es un principio económico esencial para el funcionamiento competitivo de la economía española. Esta norma es urgente para dotar de coherencia al panorama comercial y despejar la maraña normativa, que hace que productores y distribuidores con vocación nacional tengan que lidiar con los particularismos de hasta 17 legislaciones diferentes para poder vender un mismo producto en toda España.

La situación vivida hasta ahora es absolutamente ineficiente desde un punto de vista económico. El propio Gobierno ha identificado 5.749 normas (el 80% de ellas autonómicas o locales) que directamente entorpecen el libre establecimiento de los operadores económicos y la circulación de bienes y servicios. Entendíamos que la nueva ley venía a poner orden a este barullo normativo. Sin embargo, la herramienta que se propone para ello se antoja a priori de efectividad dudosa, pues será la ‘buena voluntad’.

Entendíamos que la nueva ley venía a poner orden a este barullo normativo. Sin embargo, la herramienta que se propone para ello se antoja a priori de efectividad dudosa, pues será la buena voluntad“Se trata de que las administraciones se fíen unas de otras”, explicó con cierto optimismo la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáez de Santamaría, durante su presentación en rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros del pasado 5 de julio. De hecho, es el principio de “cooperación y confianza mutua” el que se presenta como elemento vehicular para dar cumplimiento al propósito final, que consiste en que las decisiones tomadas por la autoridad competente en origen sean válidas en todo el territorio nacional. El ministro de Economía, Luis de Guindos, admitió en la misma rueda de prensa que la modificación o derogación de esas 4.560 normas solo podrá conseguirse mediante un proceso “voluntario, dialogado y pacífico”. Es decir, que la viabilidad de una norma que, de acuerdo con De Guindos, “facilita la vida empresarial en España” queda al albur de un supuesto entendimiento entre autoridades públicas y regionales, como si se tratase de buenos vecinos, lo que ya hemos comprobado que no es el caso. El inmediato paso al frente, rechazando el texto legislativo, que dieron los gobiernos de Andalucía, Cataluña, País Vasco y Canarias nos permite hacernos una idea de las escasas posibilidades que hay de que cuaje esa buena voluntad.

Además, se establece que el afectado pueda pedir amparo a la Comisión Nacional de Mercados y Competencia (CNMC). En este sentido, la Administración se ha esforzado en transmitir a los operadores económicos un mensaje que entraña el riesgo de conducir a malentendidos ciertamente frustrantes. Se legitima a la CNMC a recurrir por la vía contencioso administrativa cualquier acto que vulnere la unidad de mercado, sea a petición de los afectados o de oficio. Presidencia afirma que la admisión a trámite de dichos recursos “podrá [o no, cabría matizar] significar la suspensión automática del acto o disposición recurridos”. Para ello, se ha modificado el artículo 127 de la LJCA (Ley de la Jurisdicción Contencioso Administrativa) y se manifiesta expresamente que de esta manera se evitarán “las pérdidas ocasionadas por dilaciones judiciales”. Sin embargo, está por ver si se concretan o no las causas por las que la Administración impugnada puede solicitar el levantamiento de la suspensión. Como alertó la Comisión Nacional de la Competencia, el Ejecutivo se limitaba a aludir como causa justificada a la “perturbación grave de intereses generales”, abriendo la puerta a toda suerte de ambigüedades. Es decir, por si no eran suficientes las vías de agua de las que adolece el proyecto, la hoja de ruta de la litigación tiene el riesgo potencial de abrir otra más.

Será muy difícil el acuerdo. Los más sensatos esperan que se salvará gracias a la mayoría absoluta del gobiernoQuizá el mejor reflejo del voluntarismo que impregna el proyecto de Ley sea el precipitado cálculo anunciado por Economía de que la aprobación de la norma tendrá un impacto económico de 1.500 millones de euros anuales durante una década. Su espíritu es el correcto, que haya un pasaporte único para todos los productos y servicios en España. Es, además, lo que dicta el sentido común. Pero precisamente en los últimos años hemos tenido que padecer innumerables ejemplos de falta de ese sentido. Otra muestra más de la desconexión entre los ritmos de la economía real y los de la Administración es la creación de un Consejo para la Unidad de Mercado, cuya finalidad básica se limita al “seguimiento” y el “impulso” de la adaptación de la normativa del conjunto de autoridades competentes a los principios de la ley y que, inicialmente, sólo tiene previsto reunirse con carácter semestral.

Este asunto no ha hecho más que empezar. En breve vendrá la batalla en el Congreso. El tramite de presentación de enmiendas concluía el día 10 pero se ha retrasado hasta el 14 de septiembre. Y podía haber más aplazamientos. Sus señorías empiezan a dar vueltas en torno al proyecto de ley. Será muy difícil el acuerdo. Los más sensatos esperan que se salvará gracias a la mayoría absoluta del gobierno.

* José Nevado es periodista y Presidente de OFF ON de Comunicación

Justicia
11-M: Petición al Gobierno...
Gabriel Moris Libertad Digital 14 Septiembre 2013

El pasado mes de abril, utilizando una herramienta informática facilitada por change.org, lancé una petición, dirigida a tres de los poderes del Estado: Gobierno, Congreso y Audiencia Nacional. El objetivo de la misma no podía ser otro que exigir la investigación pendiente de los Atentados de los Trenes de Cercanías, ocurridos hace nueve años y medio, y de los que no conocemos los autores materiales e intelectuales.

Frente a la negativa del Estado a investigarlos, los medios a mi alcance son del todo insuficientes, pero la esperanza que suscita en mí la historia de David y Goliat, y el apoyo de los miles de personas que con sus firmas y sus comentarios refuerzan la petición, me hacen albergar la idea de que un Estado de Derecho que se precie de tal desvelará a las víctimas y al pueblo la Verdad y hará la Justicia que ha esquivado celosamente hasta hoy.

Creo que, más interesante que transmitir mis ideas, puede resultar difundir las quince razones que han sido más apoyadas por los firmantes de la petición:

No puede existir verdadera democracia si se oculta la autoría del mayor atentado terrorista que hemos sufrido.
Ha sido el mayor atentado de la historia de España y es una indignidad nacional que la mayor parte de la sociedad no quiera llegar a saber qué pasó realmente, quiénes fueron los autores intelectuales y materiales del atentado.

La justicia se tiene que impartir y exigir. Una sociedad sin justicia muere.
Es necesario saber la verdad para poder evitar otro 11-M.

Porque podría ser el posible comienzo de la regeneración moral y política de este desgraciado país.
En primer lugar, porque perdí a mi hijo ese nefasto día. En segundo lugar, porque todos los prolegómenos del juicio y el juicio han estado sembrados de anormalidades.

Han aparecido pruebas posteriores y no se han valorado.
Y que se investigue también qué interés tenía el juez Bermúdez en liquidar el tema como lo hizo.

Porque nunca olvidaremos lo inolvidable.
Mientras no se sepa la verdad, nunca más creeré en los partidos políticos, ni en las personas que nos han gobernado y que nos gobiernan, sin olvidar a los jueces (algunos). Y me quedo corto.

Porque, como consecuencia de este atentado terrorista, mi patria, España, se precipitó por la pendiente de la degradación, la ruptura y la descomposición del ser que, con altibajos, había mantenido a lo largo de siglos de enorgullecedora historia.

Para que se pueda recuperar la conciencia de pertenecer a un país de personas civilizadas.
Como dijo Gabriel Moris, para no olvidar lo inolvidable, porque una sociedad que olvida su historia está sentenciada a repetirla.

El que no persigue la verdad es porque algo esconde.
Porque las víctimas necesitan justicia.

Estas palabras son transcripción literal de lo expresado por unos pocos de los primeros miles de firmantes. Como podemos ver, no hay ninguna coincidencia con lo que dicen al respecto sus representantes políticos, judiciales o policiales, sobre el mayor atentado de nuestra reciente historia. Bien podrían grabarse en letras de oro y ser colocadas en las sedes de las instituciones. Regentadas aún por los mismos actores de estos trece primeros años del aciago siglo XXI.

Me asalta una duda sobre la petición: si el juzgador y el juzgado fueran entes próximos o coincidentes, ¿podríamos esperar de ellos la verdad y la justicia que pedimos y merecemos?

P. S. Para firmar la petición, pinche aquí. http://www.change.org/es/peticiones/al-gobierno-al-congreso-y-a-la-audiencia-nacional-investigar-los-atentados-del-11-m



La deuda sí es el problema

El Confidencial 14 Septiembre 2013

“The debt ceiling compromise is like eating a Satan sandwich”
Emanuel Cleaver

Leí ayer en Twitter una frase que se me ha quedado grabada, “el déficit asegura el crecimiento”. No menciono a la persona que la escribió porque lo hizo con seudónimo, pero claramente asumía con su afirmación que aumentar el déficit ayudaba a que la economía se recuperase, en vez de ver que la recuperación es mucho más lenta y frágil precisamente por el déficit, y el coste en impuestos de financiarlo.

La recuperación incipiente que llevamos comentando unos meses es evidente, pero tiene una amenaza clarísima. La complacencia en la acumulación de deuda solo porque baja el coste -la prima de riesgo-, que nos lleva a que podamos pasar mucho tiempo estancados en niveles de crecimiento pedestres.

El argumento a favor de olvidar el problema de deuda lo escuchamos cada día. Lo que importa es crecer. Mientras se consiga salir de la recesión, y el coste de dicha deuda sea bajo, poco a poco se irá reduciendo el endeudamiento por la parte del denominador, el PIB. No nos preocupemos.

Solo tiene tres inconvenientes: el umbral de saturación, la deuda destructiva y el coste de la deuda.  

  • ¿Qué es el umbral de saturación? Lo hemos comentado varias veces. El punto a partir del cual una unidad adicional de deuda no genera PIB, sino que simplemente estanca aún más la economía. Umbral que sobrepasamos en 2006 y en la OCDE, entre 2005 y 2007.
  • ¿Qué es deuda destructiva? Aquella generada por gasto corriente improductivo, que no produce ningún efecto positivo y perpetúa un sistema que confisca y fagocita la actividad económica a través de impuestos, detrayendo inversión y consumo. En nuestro caso, un gasto público que supera en casi 35.000 millones los niveles de ingresos del pico de burbuja. En la Unión Europea, un déficit estructural de casi el 4% del PIB.
  • El coste de deuda. ¿Qué nos hace pensar que el coste de la deuda se va a mantener bajo eternamente? Ya hemos visto subir la rentabilidad del bono americano un 64% en lo que va de año y el alemán dispararse un 49%. Por supuesto, desde un nivel muy bajo. Como dice mi colega Matt, “cuando tu hijo cumple dos años no le felicitas por hacerse un 100% más viejo que el año anterior”. Pero la realidad es que el coste de la deuda no se puede mantener artificialmente bajo para siempre. Y ahí es donde se generan los shocks, ante la acumulación de deuda viva cuando el coste bajo es insostenible.

La deuda pública 'barata' no es una panacea. De hecho 'barato' es un término erróneo donde los haya, puesto que asume que no existe coste de oportunidad privada de invertir o ahorrar. Se llega a una situación perversa en la que un país como Japón, con una deuda de más del 200% del PIB, donde las necesidades de financiación del país superan el 60% del PIB en 2013, y que se financia a un ínfimo 0,7% a diez años, si se diera un aumento del coste de la deuda de 100 puntos básicos, pondría en peligro a toda la economía. La deuda pública japonesa, barata o cara, supera 24 veces a los ingresos fiscales del país.

Sobre la saturación de deuda, Deutsche Bank mostraba el impacto de los últimos cinco años:

Los países del G7 han añadido casi 18 billones de dólares de deuda hasta un récord de 140 billones, con casi cinco billones de expansión del balance de sus bancos centrales para generar solamente un billón de dólares de PIB nominal.

Es decir, en cinco años, para generar un dólar de crecimiento se han "gastado" 18 dólares, un 30% de ellos de los bancos centrales. Todo ello manteniendo la deuda total consolidada del sistema en el 440% del PIB.

La 'inversión' en crecimiento que se supone que se consigue con los déficits astronómicos, deuda y expansión agresiva de los bancos centrales simplemente no da fruto. Por supuesto, muchos dicen que la solución es seguir hasta que funcione. Pero el sistema se hace cada vez más frágil y sujeto a vaivenes ante el más mínimo movimiento de los tipos de interés.

Estos crecimientos paupérrimos, además, ocurren en medio de un periodo de represión financiera feroz. Devaluaciones y bajadas de tipos de interés desincentivan el ahorro, y empujan a endeudarse. El dinero es "barato" y el ahorro es "ser tonto". Pero a la vez se suben los impuestos y baja la renta disponible.

Se empobrece a la población en cuatro flancos: sus ahorros, la rentabilidad de los mismos, sus ingresos y su capacidad de consumo.

Todo ello lleva a un sistema mucho más débil, porque los costes fijos -el gasto público- se multiplican en economías cíclicas, dejando muy poco margen de maniobra para los tiempos difíciles. Y entonces nos dicen que es un problema de ingresos, como si una administración pudiera manejarse esperando que vuelva la burbuja. George Osborne, en Reino Unido, decía “un Gobierno que gasta 720.000 millones de libras anuales no puede llamarse un gobierno o un administrador, es inaceptable”. Fíjense que no dice en un solo momento “es un problema de ingresos”. Esos ingresos llegan por actividad económica, y si la reprimes a impuestos para financiar unos gastos inaceptables, esa actividad no termina de arrancar.

Hay más confianza en Europa, el Banco Central Europeo ayuda, la economía está poco a poco saliendo de la recesión… Todo cierto. Sin embargo las necesidades anuales de financiación de la economía están a máximos históricos, cerca de 70.000 millones de euros Piensen en España, la deuda sobre PIB ya ha alcanzado el 92%, creciendo un 17,16% con respecto al mismo periodo de 2012. Sin embargo, el Tesoro planea ahorrar unos 5.000 millones de euros sobre lo previsto. ¿A qué se debe ese milagro? A que el coste de dicha deuda ha bajado más de lo que han crecido las necesidades de financiación. Fenomenal. Hay más confianza en Europa, el Banco Central Europeo ayuda, la economía está poco a poco saliendo de la recesión… Todo cierto.

Sin embargo las necesidades anuales de financiación de la economía están a máximos históricos, cerca de 70.000 millones de euros. Pongamos que fueran 30.000 millones si se consiguen los muy ambiciosos objetivos de largo plazo. Aun así, dependemos de un entorno insostenible de tipos bajos eternos para que no vuelva a suponer un shock, como hace poco.

Pero imaginemos que la fiesta continúa y la japonización de nuestras economías europeas se profundiza. Si hacemos como Japón, que se auto-coloca la enorme mayoría de su deuda, podemos conseguir el efecto de engañarnos a nosotros mismos y bajar artificialmente el coste de deuda a niveles inaceptables en condiciones normales (como el 0,7% japonés) ¡Hurra! ¿Qué ocurrirá? Que el incentivo perverso de aumentar los gastos, no reformar la economía y disparar la deuda hasta el 220% del PIB será demasiado goloso para no tomarlo. Y luego vienen los recortes igual.

Pero no, imaginemos que no importe porque esa deuda la estamos colocando en nuestros planes de pensiones, en nuestros fondos de inversión y además sostienen nuestras decenas de aeropuertos, carreteras, hospitales, campus vacíos y escuelas. Es el contrato social, ¿verdad? El único contrato que firma uno que no ha nacido para pagarle sus privilegios a otro que hoy está vivo.

El problema es que ese contrato social se lleva por delante su renta disponible y sus ahorros en represión financiera y gastos públicos, que en la UE superan el 40% del producto interior bruto.

Los costes absolutos suben porque siempre es poco, y los unitarios además se disparan porque la población envejece y hay menos contribuyentes a esa bolsa imaginaria. Por eso la economía se estanca. La deuda se acumula. Y un día, salta. Para entonces, les habrán convencido de que la solución es una devaluación o una quita, que se lleva por delante sus ahorros, planes de pensiones y seguridad social (invertidos hasta el 80% en deuda soberana). Hace una semana y media ya vimos al gobierno de Polonia confiscar el 50% de las pensiones privadas para “que el estado pueda endeudarse más”. 

En Estados Unidos, el revendo Emanuel Cleaver llamó a la reducción de gastos y aumentos de impuestos de la negociación del techo de deuda el "sándwich de Satán", porque entre las rebanadas de pan no hay nada. El error del reverendo era pensar que el país puede permitirse eternamente un déficit de casi 800.000 millones de dólares, a pesar de estimular, crecer modestamente y crear cierto empleo. El error de España sería pensar que es momento de relajar los ajustes ya que empezamos a crecer. El propio BBVA, en un informe excelente (Spain: Straight Answers to Straight Questions), alerta sobre un retorno al crecimiento moderado y sujeto a riesgos muy importantes, sobre todo porque, aunque creo que Morgan Stanley y BBVA tienen razón en esperar crecimientos superiores a las previsiones del gobierno, un crecimiento del 0,6% del PIB con un aumento de la deuda del 6-7% es simplemente insostenible.

Ahora que se ve la luz al final del túnel es cuando no hay que parar los ajustes. Es esencial atacar los gastos y prestar una atención extremada a esta acumulación de deuda, para evitar los shocks cuando la euforia se modere o desaparezca, que ocurre. No solo mirar al crecimiento, sino al balance, precisamente si lo que se busca es preservar ese “estado de bienestar”, que es cada vez más el bienestar del Estado. Porque mientras dedicamos nuestros esfuerzos a justificar cada gasto inútil como "pequeño" y la deuda como "manejable", el sistema se hace más frágil.  Y la acumulación de riesgo acaba por explotar.

… Entonces le echarán la culpa a los mercados.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

El cordón sanitario contra España

Luis del Pino Libertad Digital 14 Septiembre 2013

El 20 de septiembre de 2006, en plena primera legislatura de Zapatero, todos los grupos parlamentarios del Congreso, menos el PP, acordaron vetar, a propuesta del Partido Socialista, todas las iniciativas parlamentarias del Partido Popular relacionadas con la investigación de los atentados del 11-M.

Aquello fue el punto de partida del llamado cordón sanitario contra el PP, aunque ese nombre, "cordón sanitario", tardaría aún unos meses en acuñarse. Concretamente, fue el actor Federico Luppi quien parió el término en una rueda de prensa celebrada el 26 de enero de 2007, después de que el PP se negara a participar en una manifestación-farsa contra el terrorismo convocada por el mismo PSOE que había estado negociando con ETA hasta unos días antes. "Nos va la vida", dijo Federico Luppi durante aquel acto, "en crear un cordón sanitario para que esta derecha cerril y casi gótica no se adueñe del pensamiento español".

Y, en efecto, a los pocos días el PSOE y el resto de grupos parlamentarios acordaban boicotear todas las iniciativas parlamentarias sobre ETA que el PP presentara. Y el término "cordón sanitario" se instaló definitivamente en el lenguaje político del momento y ese cordón sanitario estuvo operando hasta el final de la primera legislatura de Zapatero, dejando al PP aislado en las Cortes.

Sin embargo, no es verdad que fuera un cordón sanitario contra el PP. En cuanto el PP varió de política a raíz de las elecciones de 2008 y renunció a investigar el 11-M y a oponerse a la negociación con ETA, su aislamiento parlamentario se disipó.

Era, por tanto, un cordón sanitario contra España, no contra el PP. Mientras el PP estuvo en la tesis de defender España, se vio afectado por el cordón sanitario, pero en cuanto renunció a defender a los españoles, se le autorizó inmediatamente a salir fuera del cordón.

De hecho, como los acontecimientos posteriores se encargaron de demostrar, lo que se produjo en 2008 fue un cambio de bando en toda regla: el PP se sumó, en la práctica, a los impulsores del cordón sanitario, y a partir de aquel momento ayudó con entusiasmo a aplicar ese cordón a los pocos tontainas que no habían querido someterse a ese acto de rendición. Así, Rajoy invitó a los liberal-conservadores a irse a otro partido; puso en marcha una purga inmisericorde para limpiar de españolistas el Partido Popular Vasco; contribuyó a asfixiar económica y mediáticamente a las asociaciones de víctimas que se negaban a la negociación con ETA y maniobró para acabar con los pocos medios de comunicación que seguían defendiendo a las víctimas del terrorismo y reclamando la verdad del 11-M.

El cordón sanitario contra España continuó operando durante toda la segunda legislatura de Zapatero, pero ahora con el PP formando parte de la banda de los sitiadores.

Y en esto que Rajoy llega a la Moncloa, más por deseo de los españoles de echar al desastre de Zapatero, que por méritos propios. Y la actuación del gobierno de Rajoy ha confirmado que el giro experimentado en 2008 no fue una mera táctica para llegar al poder, sino un abandono definitivo de la idea de España.

En estos casi dos años de gobierno de Rajoy, no sólo no se ha puesto coto a los abusos nacionalistas, sino que se los ha financiado generosamente mientras a los españoles de a pie se les hacía apretarse el cinturón. No se ha variado en estos casi dos años ni una coma del guión trazado por Zapatero.

Pero quizá sea esta semana la que más claras ha dejado las cosas en el terreno simbólico. El miércoles se celebraba la Diada con una cadena separatista que pretendía ir de norte a sur de Cataluña. No solo no se consiguió el objetivo, sino que los primeros datos de la organización, siempre exagerados, hablaban de medio millón de manifestantes, tal como publicó La Vanguardia la propia tarde del miércoles a través de su web. Es decir, si hacemos caso de los datos de la propia organización, el número de participantes en la cadena humana habría sido la cuarta parte de los que asistieron a la Diada de 2012, en la que los organizadores hablaban de 2 millones de personas.

Pero a pesar de esa caída de participación, que refleja que no existe ninguna marea separatista en Cataluña, el gobierno de Rajoy se apresuró a salir a la palestra para echar una mano propagandísticamente a los nacionalistas.

Así, el Ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, se apresuró a declarar que "el gobierno no comparte los objetivos y fines de la cadena humana, pero los respeta". Es decir, el gobierno de Rajoy respeta que se quiera destruir la Constitución y romper la unidad territorial, porque ése, y no otro, era el objetivo de esa cadena humana.

Por su parte, el Ministro de Asuntos Exteriores, García Margallo, calificó de "éxito" la cadena separatista. Y, para más inri, lo hizo delante del Ministro de Asuntos Exteriores portugués.

Es decir, en lugar de ahondar en el fracaso de los convocantes, de minimizar el alcance de la convocatoria y de denunciar los objetivos ilegales y despóticos de quienes convocaban... el gobierno de Rajoy se apresuró esta semana a tratar de esconder el fracaso de la convocatoria, a ayudar a que tuviera más impacto propagandístico de cara a los medios nacionales e internacionales y a tildar de respetables los objetivos de los grupos radicales que movían los hilos de la cadena.

Y todo ello, por supuesto, para anunciarnos a continuación que se negociará el tema de la financiación con el gobierno de Artur Mas. Es decir, que se seguirá exprimiendo a los españoles para que los españoles sigan viendo negados sus derechos en Cataluña.

No se engañen ustedes: no es cuestión de que Rajoy sea cobarde o tonto. No tiene un pelo, ni de tonto, ni de cobarde. Rajoy tiene en sus manos, con su mayoría absoluta y con el control del grifo del dinero, todo el poder necesario para destruir de una vez la amenaza nacionalista que se cierne sobre España. Y si no aplica ese poder es, pura y simplemente, porque su objetivo no es defender a España ni a los españoles. Ese PP que creía en la idea de Nación murió en 2008, fecha en la que el Rajoy decidió sumarse al cordón sanitario contra España.

Así pues, nos corresponde a los españoles dejar de esperar a que el olmo nos dé peras y empezar a aplicar nosotros un cordón sanitario contra todos los partidos, PP incluido, que han decidido trabajar en contra de los intereses de la Nación.

Nos va en ello nuestro futuro y el de España.

La derecha se encabrita con Rajoy

Pablo Sebastián www.republica.com 14 Septiembre 2013

A Rajoy se le han acabado las excusas y escapadas que emanan de su desidia, falta de valor y escasa capacidad política. En el desafío independentista catalán está rodeado por propios y ajenos y sus mentiras y habilidades han llegado al final, y ahora ya no tiene más remedio que actuar y hablar con claridad. Había pretendido, como siempre, ganar tiempo y aplazar los problemas, mareando y engañando a todos pero su táctica dilatoria ya no le sirve porque le ha estallado en las narices en la Diada catalana y también dentro de su propio partido, donde le acusan de cobardía y de falta de firmeza y decisión. Por ello las penosas excusas de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría (mientras Rajoy permanece escondido), sobre la ‘mayoría silenciosa’ catalana y la provocativa locuacidad del ministro Margallo, lanzando a los cuatro vientos el éxito de la Diada, han provocado una oleada de indignación generalizada, que va mucho mas allá de la creciente bronca interna del PP contra Rajoy, a quien acusan de haber perdido el control del desafío catalán.

Y ahora Rajoy se encuentra solo y rodeado. La izquierda le pide la dimisión por el caso Bárcenas y no lo puede ni ver por los ajustes sociales e ideológicos de su gobierno. El centro político y sociológico (terreno abonado para UPyD) del país no le perdona la corrupción, las mentiras y el abuso del poder, ejercido desde una asombrosa soberbia. Y ahora es la derecha de su entorno y de su partido, sus votantes y los poderes fácticos, la que clama contra Rajoy, su presidencia, su gobierno y sus maneras de no hacer y huir.

La crisis y los desafíos de la Cataluña que lidera Artur Mas han desbordado, sobre todo, la paciencia y la indignación en contra de Rajoy del flanco más conservador de su entorno político, lugar donde habitan a la expectativa Aznar, Aguirre y Mayor Oreja, y donde más de uno empieza a imaginar la posibilidad de que Rajoy no acabe la legislatura. Bien porque se vea encausado en el caso Bárcenas, bien por el empeoramiento de la crisis (la deuda del Estado batió ayer todo el objetivo de 2013), bien porque él mismo renuncie porque ya no puede más, ni se ve con fuerzas para gobernar un país sumido en la triple crisis económica, política e institucional.

Demasiados retos y problemas también para su Gobierno débil y desgastado, donde la vicepresidenta Sáenz de Santamaría es incapaz de ocupar con talento y experiencia el enorme vacío político que deja Rajoy, y donde los ministros van a su aire y por su cuenta, como se acaba de ver con García Margallo, a propósito de Cataluña o de Gibraltar. O como se aprecia en ocasiones en las actuaciones de Gallardón, Wert y Montoro, y que nada tienen que envidiar al caos y la rebelión interna que anidan en la cúpula del PP, presidida por la ‘rebelde’ Cospedal.

En el campo mediático de la derecha crece la indignación contra Rajoy y a las muy duras críticas que le ha lanzado el diario El Mundo sobre la economía (los impuestos) y sobre el caso Bárcenas y la corrupción, ahora se le añade un duro ataque del diario ABC que le acusa de no responder al desafío catalán, que el diario monárquico califica de “golpe de Estado”. ¿Qué va a pasar? Después de perder inútilmente el tiempo en sus reuniones secretas con Artur Mas, ahora dice Rajoy -siempre escondido- a través de su portavoz, que responderá en 48 horas la carta que semanas atrás le había enviado el presidente catalán. ¿Necesita Rajoy 48 horas más para establecer un criterio político sobre la situación catalana? Al presidente este asunto tan grave de Cataluña se le ha ido de las manos y no sabe qué hacer ni qué decir. Lo que es peor, lo ha dejado su carácter y su talante a la intemperie y al desnudo, ofreciéndose tal y como políticamente es. Veremos qué hace y cómo reacciona, pero seguro que llega tarde como presidente del Gobierno y como presidente del PP.
www.pablosebastian.com

Madrid y todo lo demás

Fernando Díaz Villanueva www.gaceta.es 14 Septiembre 2013

No lo voy a negar, eso de la Diada ni me va ni me viene; lo veo, constato la paletería intrínseca del evento y a otra cosa. Como norma general los arrebatos patrióticos me gustan entre poco y nada, y esto de la Diada no deja de ser uno de ellos, y de los muy ruidosos. El nacionalismo es uno de los grandes enemigos de los hombres libres, el otro es el socialismo. Cuando se combinan ambos la catástrofe es segura. Lo que hasta la fecha nos ha salvado de la quema definitiva es que la izquierda española –perdón, del Estado Español–, no se nos ha hecho patriotera. Sé de buena tinta que algunos izquierdistas lo lamentan. Querrían que esto se pareciese más a Venezuela y así poner al protocaudillo ibérico a dar mítines con su chándal de la bandera de España para frenesí del respetable.

Imagine que a Cayo Lara con todo su zarrapastroso equipaje de ideas a cuestas le da mañana por envolverse en la rojigualda y proclamar a los cuatro vientos su amor proletario por la Virgen del Pilar. Eso sería el fin. En ese preciso instante nos tendríamos que largar del país, recoger lo que nos pillase más a mano y correr a Barajas a subirnos en el primer avión que saliese para el extranjero. Por suerte no ha sucedido aún y lo más probable es que no suceda en mucho tiempo, al menos en los próximos cincuenta años. La izquierda estadoespañolí, cargada de complejos mal diagnosticados y peor curados, se aldeanizó en los años setenta y ahí sigue, haciendo el indio, reclamando la “libertad de los pueblos” y el fin del “yugo español” sobre “las nacionalidades históricas del Estado”. Que sigan así. El país mal que bien podría superar la viruela socialista, pero no el dengue nacionalista ni la peste bubónica del patrioteo tercermundista.

Así, mientras España como tal se va librando de lo peor, son sus extremidades las que se han contagiado del mal. No existe nacionalismo periférico que no lleve incorporado una generosa dosis de socialismo. Cataluña es quizá el caso más extremo, pero no el único. Quitando Madrid no hay rincón del país que no tenga su respectiva dote de memos patrióticos subvencionados paseando banderitas regionales, interpretando una tragicomedia en la que ellos son las víctimas y Madrid el victimario. Madrid es el coco, la raíz de todos los males. Por Madrid quieren decir España, y por España, Madrid.

No saben, claro, que a los madrileños fetén sus cuitas patrias, sus idioteces pueblerinas, su manojo de obsesiones identitarias nos la traen bastante al fresco. Nos limitamos a deslomarnos a pagar impuestos para que con ellos el Gobierno riegue toda la geografía nacional, con especial predilección por la parte de esa geografía que cae de Despeñaperros para abajo. Vivimos tan al margen de toda esta movida que ni nos quejamos por ello. Quizá deberíamos tomar nota de lo que piden los catalanes más sensatos, que los hay a puñados, y hacer lo mismo. Quizá haya llegado la hora de reclamar la independencia fiscal. En todo lo demás seremos más españoles que nadie.

La «Liada» catalana y la república ibérica
Jaime Gómez Márquez, La Voz 14 Septiembre 2013

Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular, USC

Vaya por delante que no soy nacionalista de ningún tipo y que creo que de lo que se trata es de vivir en paz, tener un trabajo digno, comer todos los días y ser feliz. Ese debería ser el objetivo de cualquier proyecto que implique a las personas. Pertenezco a un país que se llama España y no veo ningún problema en compartir un proyecto multicultural e histórico con andaluces, murcianos, asturianos, etcétera. Pero si en el futuro mi país se llamase Galicia, también estaría encantado de compartir nacionalidad con pontevedreses, lugueses, ourensanos y coruñeses. Mi ideal sería que no existiesen naciones, que el mundo fuera un solo país donde todos los ciudadanos vivieran en paz y libertad, donde todos tuviesen acceso a la alimentación, a la educación y a la sanidad. Pero esta utopía no puede ser, y además es imposible. Puestos a buscar otro ideal, quizás más real, desearía una república ibérica donde, desde el respeto a todos los pueblos y culturas que habitan la península, España y Portugal formasen un único país, que por muchas razones sería muy potente en el contexto internacional y donde viviríamos mucho mejor.

Hace unos días se celebró la Diada en Cataluña y, como siempre, fue una multitudinaria (que no mayoritaria) manifestación de fervor nacionalista. No tengo nada que decir en contra, salvo que cada vez me repele más que los políticos catalanes me digan que les robo o que son más guapos que yo. Complejo de inferioridad frente a los catalanes o los del Katmandú, cero. Si ustedes necesitan un AVE, nosotros también y con el mismo derecho. A ver si algunos políticos, pijos y progres, dejan de ser xenófobos, además de ignorantes y prepotentes. Los ciudadanos de Cataluña son en su inmensa mayoría gente de bien, orgullosa de su cultura y tradiciones, y alejada de esa crispación que proyectan políticos y medios de comunicación. A los catalanes en nada los envidio y en mucho los admiro.

Llegados a este punto de desafección de los catalanes con España, lo más democrático y racional es preguntarles si quieren ser independientes o no; eso sí, con todas sus consecuencias. ¿Dónde está el problema? ¿No se hacen o van a hacer referendos en Quebec o Escocia? Yo creo que hay que explicar, sin complejos, ambas opciones, debatir sin prejuicios los pros y los contras, expresar el que quiera sus sentimientos nacionalistas y, finalmente, en un ambiente de libertad y tranquilidad, preguntarle a la gente y respetar la voluntad mayoritaria. Es una torpeza tratar de aplacar el sentimiento nacionalista a base de euros. Eso no puede ser la solución. La solución hay que buscarla en la política (con mayúsculas) y en la democracia.

Si no se hace la consulta al pueblo de Cataluña, acabaremos teniendo un grave problema y la próxima Diada se puede convertir en la Liada catalana, porque estaremos en un callejón sin salida, y cuando se llega a ese punto hay grandes probabilidades de que se produzca un choque violento y por lo tanto muy peligroso.

República de Galicia y República de Pepe 2.344.228
Nota del Editor 14 Septiembre 2013

No sé si en España hay 2.344.228 Pepes, pero estoy seguro que todos ellos estarían encantados con su propia república. Porque tener una República de Galicia, a los que no chupamos del bote autonómico ni local, nos importe un bledo, al contrario, si tal república se funde nuestra pasta, estamos totalmente en contra y preferimos, por mas eficaz y conveniente nuestra propia república, aunque tengamos que añadirle algo para distinguirnos.

El nuevo diccionario del independentismo catalán
à. g. / m. j. c. / barcelona ABC 14 Septiembre 2013

El proceso de "transición nacional" emprendido en Cataluña (otro neologismo acuñado desde el nacionalismo) ha generado un rico nomenclátor, una colección de definciones y palabras que, a menudo, más que precisar, confunden y embarullan. Junto a ello, la aparición de nuevos actores y entidades que son ahora la vanguardia del proyecto conforman un nuevo diccionario, una ayuda de lectura para entender qué está pasando en Cataluña.

ASAMBLEA NACIONAL CATALANA: Es la entidad que, nacida sobre el movimiento de consultas soberanistas que se organizó en los municipios catalanes, lidera ahora el proceso. La ANC organizó la manifestación de la Diada de 2012 y el miércoles la cadena humana en la de 2013. Su líder es Carme Forcadell, a quien ya se ha bautizado como la consejera número 13 del gobierno catalán, en alusión a su influencia.

VIA CATALANA: En alusión a la Vía Báltica, la cadena humana que en 1989 reivindicó la independencia de las repúblicas bálticas de la URSS, la Vía Catalana unió en la pasada Diada La Junquera, en la frontera francesa, con Vinaròs, en el límite con Castellón. Ha sido la última demostración de fuerza del independentismo catalán: participaron unas 600.000 personas según cálculos del Ministerio de Interior, 1,6 millones según la Generalitat.

DERECHO A DECIDIR: El gran eufemismo utilizado por Artur Mas en sus discursos para dar legitimidad a su propuesta separatista.

CONSULTA: Invocando el "derecho a decidir", concepto que defiende la mayoría de la cámara catalana (a excepción de PP y Ciutadans), la consulta soberanista es ahora el objetivo prioritario del nacionalismo, paso intermedio hacia la secesión.

2014: Tanto ERC como los sectores más soberanistas de CDC coinciden en que la consulta independentista debe celebrarse en 2014. La elección de la fecha tampoco es casual: será entonces cuando se celebre el Tricentaraio de la caída de Barcelona en la Guerra de Sucesión, kilómetro cero sobre el que el independentismo ha construido buena parte de su mitología. .

ELECCIONES PLEBISCITARIAS: La opción B de Artur Mas en caso de que el Gobierno no se avenga a pactar un referéndum. Se trata de unas elecciones autonómicas normales en las que los partidos, sin embargo, concurrirían con un punto único en su programa electoral. Tras las mismas y en caso de mayoría independentista en el Parlament, se procedería a realizar una declaración unilateral de independencia; lo que se conoce como la Vía Kosovo.

AUTODETERMINACIÓN: Expresión recogida en varios tratados internacionales en los que se reconoce el derecho de los pueblos a decidir su futuro y que CiU, ERC, PSC e ICV invocan para reclamar un referéndum. El líder de UDC; Josep Duran Lleida, insiste en que no es sinónimo de independencia.

FEDERALISMO: Es el modelo de Estado defendido sin demasiado entusiasmo por el PSOE, pues implicaría una reforma de la Constitución. Al igual que en Estados Unidos, cada territorio tendría amplias competencias de gestión, pero dependientes de un Gobierno español.

FEDERALISMO ASIMÉTRICO: Término inventado por el PSC para dar respuesta a las corrientes más soberanistas del partido, según el cual las comunidades “históricas” tendrían un trato diferenciado en esa España federal.

RELACIÓN BILATERAL: El deseo de una relación “de tú a tú” entre Cataluña y España ya venía contemplada en el Estatuto de 2006. Implica salir de los foros autonómicos multilaterales.

TRANSICIÓN NACIONAL: Mas utilizó esa expresión en su discurso de investidura tras ganar las elecciones autonómicas de 2010 y añadió “sin límites”. Expresión muy socorrida por su ambigüedad y porque no pone plazos. Este año, sin embargo, Mas ha impulsado la creación del Consejo Asesor de la Transición Nacional, organismo responsable de analizar las vías en las que el gobierno catalán podría realizar una consulta de autodeterminación dentro de la legalidad.

UNIONISMO: Según los independentistas, lo practican aquellos que no quieren la separación de España.

ESTRUCTURAS DE ESTADO: Artur Mas no ha dejado de insistir desde que llegó al poder en la necesidad de crear estructuras de Estado. O, lo que es lo mismo, de dotarse de organismos con los que Cataluña pudiese funcionar como estado independiente. La gran aspiración es la creación de la una hacienda propia que recaude todos los impuestos catalanes.

ESTADO LIBRE ASOCIADO: Los independentistas no acaban de decidir cómo sería una Cataluña separada de España y algunos tienen como referente Puerto Rico respecto a Estados Unidos.

ESTATUT: Nadie se acuerda del Estatuto de 2006, recortado por el Tribunal Constitucional y superado por la reclamación independentista de CiU.

PACTO FISCAL: Otro eufemismo de CiU para referirse a un modelo de financiación inspirado en el concierto económico que tienen País Vasco y Navarro y que implica la gestión total de los impuestos, con una cuota de solidaridad interterritorial. Una apuesta que, sin embargo, parece haber quedado definitivamente desterrada tras la escalada soberanista de Mas.

«ESPANYA ENS ROBA»: Una de las expresiones comodín de partidos como CiU y ERC para denunciar lo que ellos mismos califican de expolio fiscal y el maltrato económico del Estado.


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