AGLI Recortes de Prensa   Domingo 22 Septiembre 2013

España camina con paso firme hacia el Tercer Mundo
Francisco Rubiales Periodista Digital 22 Septiembre 2013

Uno de cada tres de los nuevos pobres europeos en 2025 será español, según un informe de Intermon Oxfam, que confirma así que España, mal gobernada y víctima de un Estado inmenso e incosteable, endeudamiento feroz, despilfarro y otros abusos de su clase política, camina con paso firme hacia el Tercer Mundo. Las frases del Ministro Montoro afirmando que España está de nuevo en vísperar de sorprender al mundo con su desarrollo económico son mentiras del poder y aspiraciones imposibles mientras persista el liderazgo de una clase política que mantiene un Estado obeso, injusto e incosteable, plagado de políticos enchufados.

Con un poder político caciquil e influido por terratenientes del pasado o adoradores del Estado, ya sean de derecha o de izquierda, España, ante la triste y suicida indiferencia de sus ciudadanos, muchos de ellos con alma de esclavos y atontados por el discurso castrante de políticos y de los periodistas sometidos al poder, se encamina con paso firme hacia el Tercer Mundo, donde nos esperan la pobreza, las tensiones y todo tipo de conflictos.

Ese es el destino lógico de una sociedad que ha dilapidado sus valores, que desconoce la importancia del esfuerzo y de la limpieza, que se ha habituado a lo corrupto, que consume sus energías en luchas internas, que otorga privilegios a una casta política que merece más el banquillo de los acusados, que desprecia la verdadera democracia, prisionera de partidos políticos todopoderosos que marginan al ciudadano, nombran jueces, se recubren de obscena impunidad y que premia a nacionalistas excluyentes, a los que se les ve a leguas su odio a la patria común.

España es candidato evidente al nuevo Tercer Mundo en gestación, del que salen, por su esfuerzo y ambición joven, aquellas sociedades que aman la libertad y el esfuerzo, presentes en países como Brasil, China, México, India y otros muchos, y en el que entran los que han abrazado la mentira, la corrupción, el hedonismo sin valores y el abuso de un poder político, con sus ciudadanos marginados o aplastados, que se ha utilizado para cimentar la injusticia, engordar a las élites y machacar a los débiles y desprotegidos.

Aunque no nos guste el destino que el mundo nos depara, quizás nos merezcamos caer en el foso de la pobreza por haber permanecido en nuestros hogares, acobardados y mudos, mientras los poderosos saqueaban las cajas de ahorro o subían injustamente los impuestos, mientras despilfarraban, se negaban a adelgazar el Estado monstruoso que habían construido, bendecían la terrible estafa de las participaciones preferentes y preferían expoliar al ciudadano antes que cerrar una sola de esas costosas televisiones públicas que únicamente sirven como vehículos de propaganda y mentira.

Para evitar el casi inexorable avance de España hacia el nuevo Tercer Mundo y la pobreza sólo hay un camino: la regeneración de la sociedad, una reacción vital y digna de la ciudadanía que suplante a los actuales dirigentes políticos por dirigentes decentes y democráticos, que restablezca la vigencia de los valores y que luche a diario por construir una sociedad justa, diametralmente opuesta a la actual, podrida de corrupción, abuso de poder y distancias insufribles entre ricos y pobres, políticos y ciudadanos y privilegiados y marginados.

Solo el pago de la terrible deuda acumulada, producto del despilfarro de los políticos y de una forma canalla de gobernar, donde se ha pensado siempre en el presente y jamás en el futuro, garantiza casi la caída en la pobreza, pues los españoles tardaremos décadas en pagar las deudas contraídas por políticos tan ineficaces y lamentables como Zapatero, Rajoy y muchos reyezuelos regionales que han construido verdaderos miniestados opulentos e injustos.

Pero de todas las lacras y herencias, la que mas nos empuja hacia ese nuevo Tercer Mundo amenazador que acogerá a los nuevos pobres del planeta es la corrupción, sobre toda la institucional, la que ha infectado la vida pública, los concursos del Estado, las subvenciones, el urbanismo, las concesiones y otras muchas manifestaciones del poder. La corrupción ha hecho de España un país maloliente, líder mundial en fracaso escolar, baja calidad de la enseñanza, alcoholismo, prostitución, refugio de mafias, tráfico y consumo de drogas, blanqueo de dinero, degradación de la política, desempleo, avance de la pobreza y un largo etcétera de degradaciones, que pesan sobre la nación como una losa de plomo y que nos empujan, con fuerza, hacia el foso de la pobreza y el fracaso.

Voto en Blanco

Origen del Manifiesto de los 2.300
Claves sociológicas y filosóficas de la ingeniería social en Cataluña
El sociólogo Amando de Miguel y el filósofo Gabriel Albiac analizan el adoctirnamiento que se produce en las escuelas catalanas.
Libertad Digital 22 Septiembre 2013

"Fue el motivo del Manifiesto de los 2.300 que firmamos gentes como Federico Jiménez Losantos o yo mismo", recordaba Amando de Miguel en conversación con Libertad Digital y preguntado por el sistema educativo catalán. Durante esta semana, diversos medios de comunicación nacionales se han hecho eco del polémico reportaje emitido por la televisión pública de la Generalidad sobre la cadena separatista, en el que aparecían niños pidiendo la independencia de Cataluña del resto de España.

Un día después de la Diada -durante la que TV3 dedicó 12 horas de directo- la televisión autonómica emitió un reportaje en Super3, su canal infantil. En él, varios menores decían cosas como que "venimos a hacer la cadena por la independencia. A reclamar que nos dejen ser indepenientes". Otro joven decía que "vengo a luchar por tener la independencia" y añadía que "si lo queremos tantos catalanes, al final España se rendirá y podremos ser independientes".

Para el sociólogo y colaborador de Libertad Digital, Amando de Miguel, "el problema no son los niños, porque lo toman esto como un juego. Lo peor no es eso, lo peor son los mayores que están en una actitud pueril. Esto es una consecuencia de la adoctrinamiento en las escuelas, es lo que motivó el manifiesto de los 2.300. Ya lo advertimos. Dejar en manos de los nacionalistas la escuela y esa forma de adoctrinamiento, solo podía conducir a que ocurra lo que ha ocurrido".

De Miguel insiste en que "no hay que ponerse a analizar a los niños, porque son muchos los movimientos juveniles que juran ideas políticas, pensemos en los boy scout, o los niños de norteamérica que se juran la democracia y se aprenden el discurso de Gettysburg, el problema es cuando los adultos emplean esto como medio de manipulación". Y en este caso, "se les está enseñando una idea falsa de la historia, dicen que Cataluña fue independiente hasta 1714, eso no lo sabe el niño, eso se lo han enseñado. Los niños no tienen culpa ninguna". Y esto, para Amando de Miguel, no es enseñar cuestiones patrióticas, es enseñar una versión falsa de la historia, es adoctrinar en contra de la ley y "violando la constitución. Si a los niños se le inocula historia falsa es muy criticable".

Por otro lado, De Miguel no es partidario de comparar esta situación con "las juventudes hitlerianas o totalitarias", algo que "no me vale, porque esto implicaba falta de libertad", lo que no significa que no sea criticable que se les enseñe a los menores "actos manifiestamente contrarios a la ley" y enseñando "historia falsa". Recordaba Amando de Miguel cómo "Desde Cánovas hasta la fecha, sin excepción, todos los Gobiernos han llevado a cabo una política de favorecer a Cataluña, es lo contrario al famoso 'España nos roba'", decía, al tiempo que reconocía que Cataluña ha pasado de ser un polo de crecimiento, una locomotora a perder el tren "que la mayor empresa textil de España y una de las primeras del mundo tenga su sede en La Coruña es todo un símbolo. Ya nadie habla de la Bolsa de Barcelona; las principales empresas están en Madrid. ¿Y qué pasa cuando una región se queda atrás? Pues surge el nacionalismo, la violencia y la falsificación de la historia".

Respecto al repetido "España nos roba", Amando recuerda que "fíjate que la política de Cataluña ha ido orientada a conseguir ayudas fiscales y de todo tipo. ¿Cómo que nos roba? ¡Oiga, más bien al contrario!", exclamaba.

Gabriel Albiac
Precisamente, respecto a la comparación del modelo educativo catalán con algunos modelos totalitarios, el filósofo y colaborador de LD Gabriel Albiac discrepa de las reflexiones de Amando de Miguel. "Lo que sucede en Cataluña es una vieja historia dentro de los modelos políticos más preocupantes del siglo XX". Desde el punto de vista filosófico, "el uso de las mitologías nacionales como modo de componer una subjetividad cada vez más arrebatada dentro de un entusiasmo pasional que excluya por completo los elementos racionales y que provoque una oleada de sumisión voluntaria a un poder que permite la entrada en una realidad paradisíaca que remite a los orígenes legendarios". En este sentido, el modelo educativo catalán presenta a la "nación primigenia que ha sido arrebatada a sus miembros por la maldad de una potencia extraña", algo que "funciona muy bien en la centroeuropa de los años treinta y estuvo en el origen del momento más trágico de la historia europea", recuerda Albiac.

Más allá de la existencia de libertad en Cataluña, el modelo educativo en esa comunidad autónoma responde a una "mentalidad totalitaria de identificación con grandes principios éticos" donde "los elementos que son vistos como externos, como invasores, lleva a una posición de rechazo cada vez más fuerte" y precisamente "el rechazo de ese elemento externo es el factor de unificación".

Eso es, para Albiac, "el viejo modelo totalitario. Se empleó en la Alemania nazi, en la Italia fascista, fue lo que funcionó en Camboya. Esto está estudiado, el arquetipo básico del totalitarismo dice que los niños no contaminados son los que pueden convertirse en el germen del nuevo mundo" y las consecuencias de eso "son letales".

Finalmente, recordaba Albiac que este asunto está legislado y existe una norma, una ley de protección del menor. "No entiendo cómo se puede hacer actuar a los niños en términos totalitarios sin que se aplique la ley del menor", sentenciaba Albiac.

FRENTE AL NACIONALISMO
El colaborador "rebelde" de "El País" se despacha con lo de Cataluña
El Semanal Digital 22 Septiembre 2013

Mario Vargas Llosa en estado puro. El escritor no ha tenido ningún empacho en cargar contra la deriva nacionalista catalana desde el medio oficial de la progresía, tan equidistante.

El Premio Nobel no se ha andado con remilgos y en su artículo, titulado El derecho a decidir, elogio uno publicado por Javier Cercás en El País sobre el tema del independentismo catalán. El de Cercás le da pie a Vargas Llosa para asegurar, por ejemplo, que "el derecho a decidir si Cataluña se separa de España sólo puede ejercerlo quien es depositario de la soberanía nacional: la totalidad de la ciudadanía española".

El escritor cree que en unas elecciones en las que se abogase, como programa, por la independencia "el famoso seny catalán prevalecería y sólo una minoría votaría por la secesión".

Sin embargo, su párrafo más demoledor no es contra los independentistas, sino que se dirige a aquellos que durante casi cuarenta años han abdicado de sus responsabilidades y han dejado que el secesionismo ocupase espacios y campase a sus anchas:

"Porque casi nadie se ha tomado el trabajo de refutarla y mostrar su endeblez y falsedad. Porque los gobiernos españoles, de derecha o de izquierda, han mantenido ante el nacionalismo un extraño complejo de inferioridad. Los de derechas, para no ser acusados de franquistas y fascistas, y los de izquierda porque, en una de las retractaciones ideológicas más lastimosas de la vida moderna, han legitimado el nacionalismo como una fuerza progresista y democrática, con el que no han tenido el menor reparo en aliarse para compartir el poder aun a costa de concesiones irreparables".

La opinión catalana
xavier pericay ABC Cataluña 22 Septiembre 2013

A los fieles comentaristas les ha faltado tiempo para salir en defensa de la joya de la corona, TV3

Cada vez que alguien alude al estado catatónico de la opinión pública catalana, suele servirse, a modo de ejemplo, del célebre editorial con que todos los diarios de Cataluña obsequiaron a sus lectores cuando faltaba algo más de medio año para que el Tribunal Constitucional se pronunciara sobre el Estatuto. Así, Esperanza Aguirre anteayer en Barcelona, en su conferencia del Círculo Ecuestre. Por supuesto, no seré yo quien afirme lo contrario. Semejante unanimidad nunca ha sido propia de sociedades donde existe la libertad de expresión, sino más bien de sociedades que carecen de ella. Pero, sin quitarle al episodio un ápice de su valor sintomático, resulta, a mi modo de ver, mucho más significativo otro caso de unanimidad opinativa acaecido meses después. Me refiero al manifiesto que suscribieron, con parecida intención a la del editorial de marras, sesenta y dos colaboradores de esas mismas cabeceras genuinamente catalanas. Y si digo que me resulta mucho más significativo es porque un editorial, al cabo, recoge siempre la voz de la empresa y no hay empresa periodística en Cataluña que no beba del dinero público, mientras que un colaborador no se debe más que a sí mismo.

O no debería deberse. Porque en Cataluña quien colabora en un medio cualquiera asume, «de facto», su línea editorial en lo que esta tiene de insoslayable. O sea, en su nacionalismo. Lo hemos visto estos últimos días a raíz de la polémica desatada por la emisión en TV3 del informativo infantil sobre la independencia del condado. A los fieles comentaristas les ha faltado tiempo para salir en defensa de la joya de la corona. Los argumentos utilizados han sido, sobra decirlo, de lo más peregrino y no ha faltado nunca, entre ellos, la falacia «ad hominem». Pero si uno merece la pena destacarse es el de un tal Graupera en «La Vanguardia». Dice el hombre que no ha visto el informativo de TV3 por «higiene mental», porque uno no puede andar detrás «de lo que la prensa española considera que hacemos bien o que hacemos mal». Claro, la higiene mental. Si es que, en el fondo, no hay nada como un buen lavado de cerebro.

Crónica política de la Cataluña incómoda al nacionalismo
Diario de un no nacionalista: "La cadena (humana) como metáfora"
Esta forma de entender la política es una trituradora de los derechos individuales y de la necesaria diversidad de opiniones y disensiones
José Rosiñol Lorenzo. Periodista Digital 22 Septiembre 2013

Quien escribe estas líneas forma parte de esa cada vez más rara especie de los que no creemos en ningún tipo de esencialismo, ni patrio ni de ningún otro.

Y por ello nos vemos arrojados a la centrifugadora en que se ha convertido la política catalana y de unos políticos creyentes -o no- y practicantes de esa esencialidad escapista de una realidad política tan compleja como incomprensible para mentalidades asustadizas y de corto recorrido.

Por ello practican la reducción antropológica del debate político, sitúan la argumentación en meros choques dialécticos aparentemente antagónicos sin ningún contenido más allá de –precisamente- esas esencias autoevidentes, quizás no perciban (o no les importe) el daño que hacen con ello a la democracia pero seguro que sí son conscientes de que esta forma de entender la política es una trituradora de los derechos individuales y de la necesaria diversidad de opiniones y disensiones (necesaria porque precisamente esas figuras son los agentes ocultos tras las bambalinas de la política que empujan al sistema democrático hacia perfectibilidad -siempre que se considere a la democracia como un fin en sí mismo y no como un mero instrumento, claro-).

En fin, soy de esa rara especie de humanos a los que no nos gustan las cadenas, ni humanas ni de ningún tipo, soy de los que creo en una política (y unos políticos) cuya razón máxima de ser y actuar sea la de acrecentar los espacios de democracia, de debate, de transparencia, de participación, y lo creo sinceramente porque ello significaría que viviríamos en una sociedad inclusiva que no teme la diversidad, que no teme la diferencia y, por supuesto, que no confunde la inclusión con la asimilación obligatoria a través de la adscripción automática a una identidad, etnia, grupo o tribu.

Precisamente en Cataluña vivimos en una sociedad preñada de costumbres esquizofrénicas, costumbres que beben de la política, que parten del poder nacionalista, que han calado profundamente en el imaginario colectivo, en la cosmovisión de la gente corriente, precisamente en esas personas que son las bases sobre las que se mantienen las sociedades modernas.

Han logrado inocular un imaginario con el que atraer a la Causa a las mentes menos propensas (o más temerosas) a la diversidad, han inventado una alteridad inexistente, han construido un chivo expiatorio de todos los males y contradicciones catalanas llamado “España”, han desdibujado a ese “otro” que sólo mora en los dogmas más excluyentes de los nacionalistas más rancios (los que aun creen en la tribu como forma política y en el chamán como líder espiritual de la tribu, precisamente los que controlan el poder institucional desde hace más de treinta años).

…es la mayor y más fructífera operación sostenida en el tiempo de manipulación y engaño a la población…

Lo paradójico -lo esquizofrénico- de esta situación es que han creado un relato racionalmente plausible pero que parte de premisas falsas o claramente irracionales, la paranoia la encontramos en las metáforas con las que frecuentemente se presenta el nacionalismo oficialista y, precisamente, la actualidad es como revivir un pervertido mito de los argonautas.

Tenemos un Gran Timonel (que en cualquier otro lugar no llegaría a grumete) que guía una nave y a su abnegada tripulación, pero -y aquí esta lo enfermizo de la metáfora-, en este caso cuando nuestro Ulises de bolsillo se ata con cadenas (cómo símbolo de entrega a la Causa y a los marineros) y nos tapa los oídos para no acabar atrapados por los cantos de sirena, en verdad no hace otra cosa que interpretar la mayor y más duradera performance política que ha conocido la historia reciente de nuestro país, es la mayor y más fructífera operación sostenida en el tiempo de manipulación y engaño a la población.

Si nos detenemos en el relato homérico podemos ver que lo que subyace a la imagen metafórica es el engaño con el que nos manipulan día sí y día también, vemos por un lado a un Ulises atado (o sacrificado) ante unas temibles sirenas, y sin embargo, lo que los pobres marineros no saben (sordos y aterrorizados como están) es que en realidad Ulises y las Sirenas pertenecen al mismo bando, que quien canta son los propios esbirros del Gran Timonel con el objetivo de que nos dejemos tapar los oídos, que seamos dóciles al poder establecido, que temamos a lo que está más allá de la performance.

Las Sirenas son los medios de comunicación afines al Sistema, la intelectualidad orgánica, los periodistas afines los que interpretan, magnifican y deforman la realidad, los que no hacen más que repetir al estilo goebbeliano palabras como “¡robo!”, “¡expolio!”, “¡imposición!”, “¡desaparición!”, “¡afrenta!”, “¡genocidio! (cultural)”, “¡supervivencia!”, “¡injusticia!”, “¡libertad!”, “Nosotros” y “ellos”, un compendio de conceptos que podrían reducirse a “miedo”.

Miedo que nos empuja a suplicar las cadenas, a que nos tapen los oídos, a estar atentos únicamente a la voz del Gran Timonel y su dogma redentor (¡Cataluña solo sobrevivirá siendo independiente! -¿pero no habíamos quedado que la Cataluña mítica del nacionalismo tenía más de mil años?-), a renunciar sumisamente a la propia identidad, cultura y lengua, a entender la pluralidad y la diversidad como algo tangencial o accesorio, a renunciar casi sin percatarnos a nuestra propia libertad.

El erial de la izquierda en Cataluña
Vicente Serrano www.criticaglobal.com 22 Septiembre 2013

Siempre he huido del debate sobre los derechos lingüísticos como un problema en sí mismo, es decir un problema de derechos de la lengua tal o cual. En Cataluña este debate es interesado y alentado desde el poder y los medios de comunicación en un intento de manipular la realidad, así, todo lo que no sea defender la preeminencia del catalán como lengua propia es atacarla y ser anticatalanista. Y si criticas el sistema lingüístico impuesto por los distintos gobiernos autonómicos acabas siendo tildado de españolista, cuando no de franquista o fascista.

El elemento central del sistema educativo catalán, que tanto CiU como PSC han llevado adelante con la colaboración de ERC e ICV-EUiA, es la titularidad del catalán como lengua vehicular única. El castellano se imparte como una asignatura más con igual o menor tiempo que el dedicado al inglés.

Pensar que solo es un problema sobre el derecho a recibir la primera enseñanza en la lengua familiar es no ver todo lo que hay detrás de ese proyecto. En los últimos tiempos el nacionalismo ya muestra su verdadera cara en la confianza de que, con los 30 años de la llamada inmersión lingüística, el trabajo está dando sus frutos. Todo ello al calor de una crisis económica que despierta los miedos en las clases medias y burguesas catalanas, que tienden a refugiarse en opciones políticas conservadoras y proteccionistas (no será la primera vez en la historia que sucede; sin ir muy lejos, los posicionamientos de esas clases en la Guerra Civil española se situaron junto al franquismo). El secesionismo actual no deja de ser la evolución lógica de un nacionalismo que busca su identidad en un pasado situado en el feudalismo y que se alimenta de un romanticismo de juegos florales. Un nacionalismo basado, no en los valores de las revoluciones francesa y americana que dieron lugar a la creación de los estados-nación modernos, sino en el de la búsqueda de los orígenes, de la identidad indeleble y por encima de los individuos y aún más, por encima de clases sociales.

Es evidente que la educación es la herramienta de socialización por excelencia y todos los estados la utilizan para la generación de sentimientos de pertenencia que cohesionen dicha sociedad

La mal llamada inmersión lingüística es más que la enseñanza única de un idioma como sucede en cualquier lugar donde exista una sola lengua mayoritaria; en Cataluña, guste o no, hay dos. Es la pretensión de educar de una forma unívoca, de crear unos sentimientos exclusivos y excluyentes de pertenencia, de inventar una historia del pueblo elegido víctima de la malvada madrastra.

La construcción de la nación catalana precisaba de la construcción del enemigo opresor: "España, esa que nos roba". Pero es el nacionalismo quien roba al resto de ciudadanos la idea, la definición de España. La equiparación interesada y facilona de España=franquismo ha calado en Cataluña y por emulación en otras Comunidades Autónomas, olvidando que esta sociedad y sus dirigentes formaban parte de ese franquismo, sufriéndolo unos, beneficiándose otros, como en toda España. Esa España opresora, que hoy no existe, sirve perfectamente a los intereses de las clases políticas surgidas al calor de la identidad pequeña y provinciana que alimenta el victimismo nacionalista; catalán o vasco en sus inicios, pero gallego, balear, andaluz, castellano o leonés en otros lugares. Es el enemigo que te autojustifica y te libera de responsabilidades.

Existe una España que puja por salir y que sus valores se encarnaron en la constitución de 1812 y después en la II Republica, es la España de la igualdad, la libertad y la fraternidad. Es la España que luchó contra el franquismo y que quería un Estado social y de derecho y no este remiendo que nos han traído entre los dos grandes partidos, PP y PSOE, con la colaboración continuada, ora con uno ora con otro, de ese nacionalismo insolidario y egoísta que padecemos.

Es evidente que la educación es la herramienta de socialización por excelencia y todos los estados la utilizan para la generación de sentimientos de pertenencia que cohesionen dicha sociedad. En una sociedad democrática esa función socializadora ha de estar orientada a la formación de ciudadanos libres y críticos, por ello debe abstenerse de crear sentimientos identitarios excluyentes, es decir el sistema educativo debería ser laico respecto a la identidad de los estudiantes, como creo debe serlo respecto a las creencias religiosas.

Asumida esta laicidad, que las Comunidades Autónomas (o federaciones) tengan la competencia sobre educación no debería ser problemático, pero la realidad tras más de tres décadas de Estado autonómico nos demuestra que fue una ingenuidad de la Transición. Es la Administración General del Estado la que ha de ser garante de la igualdad de los ciudadanos. Y la educación y la sanidad son derechos que actualmente peligran según la Comunidad en la que vivas. La alternativa es obvia: ambas competencias deberían revertir en una reforma constitucional futura al Estado central.

Es hora de apostar por una escuela pública de calidad gestionada públicamente

Se dice y critica al Gobierno autonómico de CiU porque, con el apoyo y/o connivencia de ERC, ICV-EUiA, PSC y CUP está creando entes propios de un Estado, olvidando que el primer ente de ese Estado fue cedido en forma de competencia. Es en Cataluña donde se aplica la LOGSE con mayor ahínco, donde la escuela concertada ha crecido más y por tanto donde más dinero publico se ha destinado a la escuela privada. Es en esta Comunidad donde la desobediencia a las sentencias de los tribunales sobre el tema lingüístico se hace como si de un Estado independiente se tratara (más si cabe viendo la dócil actitud del Gobierno de Rajoy respecto a las directrices de la UE). Hace años que la criticada, ahora en la Comunidad de Madrid, gestión privada (privatización) de la sanidad pública se aplica en Cataluña.

Es evidente que la nueva ley de educación de Wert no resolverá las deficiencias de la educación en España y menos en Cataluña. Y que esta camina hacia un sistema donde la escuela pública será cada día más precaria y se potenciará la escuela privada. La pretendida solución de Wert al problema de la inmersión lingüística señala qué tipo de proyecto tiene la derecha: la instauración del cheque escolar. Esa solución para el que quiera una enseñanza bilingüe en Cataluña solo podrán afrontarla clases medias y pequeño burguesas que puedan asumir las cuotas añadidas (complementarias al cheque escolar) que exigirán los pocos colegios privados y/o privados-concertados que se atrevan a asumir un proyecto bilingüe. Las clases trabajadoras seguirán condenadas a una escuela de asimilación identitaria (aculturación) con alto grado de fracaso escolar.

Cuando Rubalcaba firma junto a nacionalistas la derogación futura de la ley Wert no hace más que emular a Mas cuando firmó ante notario su antiespañolismo (eso si, disfrazado de anti PP). Derogar esta ley no solventará tampoco el problema de la enseñanza en España. Es hora de apostar por una escuela pública de calidad gestionada públicamente. La escuela concertada (LOGSE) es un proyecto socio-liberal que terminará derivando en otro plenamente liberal a tenor de lo planteado por Wert. ¿Dónde está el proyecto de la izquierda? Y sobre la lengua y la identidad parece obvia la solución: sociedad bilingüe y escuela bilingüe. La identidad es personal y la escuela no debe alentar identidades excluyentes; la diversidad es un hecho y un valor democrático; la igualdad, un derecho y esto es lo que hay que reivindicar: la igualdad.

Estaba previsto que en el Parlamento autonómico se voatase una proposición presentada por Ciudadanos y PP para que el castellano sea lengua vehicular en paridad con el catalán en la enseñanza en Cataluña. Parece una propuesta razonable, sin embargo, el resto de grupos votaron en contra con la falacia de que lo que se pretende es excluir al catalán y atacar a Cataluña. Puedo entender que CiU, ERC y CUP lo hagan, pero no puedo entender el voto de PSC e ICV-EUiA. Sus votantes son mayoritariamente castellanohablantes, pertenecen a la clase trabajadora y son los que más sufren el secesionismo y sus políticas identitarias, sus recortes en sanidad y educación. Sus cúpulas están dominadas por secesionistas donde las ideas de cambio social y económico han sido abandonadas y su lucha social es más estética que real, su gran obsesión es la secesión y para ello no dudan en aliarse con los representantes del capital, sea este catalán, español (Ferrovial/Millet) o internacional.

El acomplejamiento de la clase trabajadora, mayoritariamente castellano hablante, generado desde la Transición ha interiorizado una culpa impropia: la represión franquista de la lengua catalana

Hoy, el nacionalismo apuesta sin ambages por la secesión y desde la izquierda no han salido voces críticas a este despropósito que apunta contra la clase trabajadora en Cataluña y en toda España. El desviacionismo hacia posiciones nacionalistas de partidos autodenominados de izquierda deja desprotegida a gran parte de la población catalana. A la alienación socio-económica se une una alienación cultural a través de todo el entramado mediático y social, fuertemente subvencionado, que junto al proceso de aculturación de la escuela y a la alineación de la izquierda parlamentaria (PSC, ICV-EUiA, CUP), la no parlamentaria (Anticapitalistes, Iniciativa Internacionalista, PConstituens, etc.) y todos los sindicatos (UGT, CCOO, IAC, COBAS, CGT, etc.) junto al secesionismo, ha dejado huérfanos e incapaces de levantar un proyecto de izquierdas a los trabajadores de Cataluña.

El acomplejamiento de la clase trabajadora, mayoritariamente castellanohablante, generado desde una Transición mal explicada; interiorizando una culpa impropia: la represión franquista de la lengua catalana; le ha llevado a asumir como clase subalterna un proyecto (el secesionismo) que no entiende y que internamente repele, pero sin capacidad para rebelarse. Todo ello ha permitido que al nacionalismo/secesionismo le haya sido fácil acceder a la dirección de los partidos de izquierda, prácticamente sin oposición, aplaudiendo y en algún caso haciendo directamente el papel de los nacionalistas (Montilla es el paradigma). La izquierda en Cataluña es un erial.

La presencia de la izquierda española en la vida catalana queda descartada a tenor de las últimas negociaciones de PSOE y PSC. A IU ni se le espera. Así pues, cada vez se ve más clara la necesidad de crear una Alternativa Socialista en Cataluña que huya de identidades y secesiones y se centre en los problemas de la clase trabajadora, una clase trabajadora que no tiene fronteras en el Ebro y que aspira a un cambio social y económico en toda España. Una alternativa que ha de empezar aquí, en Cataluña.

Las bases de dicho proyecto están en el documento Por la Refundación Socialista en Cataluña. Y se ha de constituir con otros una Alternativa Socialista en España que sea capaz de afrontar otros problemas como son la pérdida de nuestra soberanía económica respecto a la UE (desde un europeísmo solidario) y se replantee su salida del euro como forma de tener políticas monetarias propias; que plantee la necesidad de crear una banca pública al servicio de las PYMES y de los ciudadanos, no privatizando las cajas y bancos nacionalizados. Que priorice la creación de empleo y elimine las restricciones impuestas en la Constitución al crecimiento de déficit público. Una refundación socialista que apueste por el cambio social y económico hacia una España más justa, equitativa y democrática.

Es el momento de empezar a planteárselo, y hacerlo desde Barcelona es casi una necesidad ya que en otros lados de España todavía persiste una miopía respecto al nacionalismo de izquierda, salvo honrosas excepciones como, entre otros, la de Santiago Armesilla de Izquierda Hispánica.

Nacionalismo, tres citas a modo de resumen
Francesc Moreno www.criticaglobal.com 22 Septiembre 2013

Una pretensión muy querida por los nacionalistas es creerse únicos. Cuando la realidad es que todos los nacionalismos se parecen mucho. Trataré de explicarlo apelando a tres frases de pensadores europeos.

Historia. "Todo nacionalista se obsesiona con alterar el pasado. Se pasa parte de su tiempo en un mundo de fantasía en el que las cosas ocurren como deberían y transferirá fragmentos de este mundo de fantasía a los libros de historia cada vez que pueda. Hechos importantes son suprimidos, fechas alteradas, citas removidas de sus contextos y manipuladas para cambiar su significado".

¿Les suena? No lo digo yo, lo dijo George Orwell, en 1945, en Notas sobre el nacionalismo, y evidentemente no estaba pensando en Cataluña. La obsesión por la historia no solo permite transformar la Guerra de Sucesión en Guerra de Secesión sino que ya empiezan a teorizar que la Guerra Civil española fue, en realidad, una guerra de España contra Cataluña. Y eso que quedan vivos muchos protagonistas. El día que mueran, ya no habrá testigos de la manipulación histórica. La historia da para mucho, incluso para que Al Qaeda reivindique Al Andalús.

Anulación del individuo. "El orgullo más barato es el orgullo nacional, que delata en quien lo siente la ausencia de cualidades individuales". Palabras de Johann Wolfgang von Goethe.

El crecimiento del nacionalismo es directamente proporcional al grado de frustación individual. La desorientación producto de la crisis económica, la falta de respuestas del sistema y la falta de autoestima es un caldo de cultivo magnífico para trasladar todas las culpas a los demás.

Según las circunstancias, son los inmigrantes o los vecinos. Da igual. Lo importante es tener alguien a quien culpar y odiar. Todo ello unido a la necesidad de sentirse parte de un colectivo, especialmente necesaria en una sociedad cada vez más desarticulada. La incapacidad para asumir las frustraciones individuales y afrontar las incertidumbres y dificultades de la vida actual hace que las personas abracen a políticos populistas que les prometen el paraiso y la felicidad sin coste y sin riesgos. El ciudadano se transforma en hooligan y es feliz insultando al árbitro y al rival. Pero el partido siempre acaba y la realidad reaparece.

Ni libertad, ni prosperidad. "El nacionalismo no aspira ni a la libertad ni a la prosperidad, sino que, si le es necesario, no duda en sacrificar ambas a las necesidades imperativas de la construcción nacional". Lord Acton.

La cita nos muestra que los nacionalistas hablan de libertad y prosperidad pero que ambas les tienen sin cuidado. Lo importante es alcanzar el poder y mantenerse en él. Y la mejor manera es tener un enemigo real o inventado. La libertad y el bienestar individual son accesorios, ante la grandeza de la patria. Cuba, Corea del Norte son buenos ejemplos de lo útil que es tener enemigos exteriores para los detentadores del poder.

Prefiero estar al lado de quien defiende al individuo que de quienes lo transforman en una pieza prescindible en nombre de un interés superior, que no es otro que el de la casta gobernante

Aquí y ahora pasa lo mismo. Se esconden los problemas y, si se alcanzase la independencia, estos continuarían y se agravarían; y los políticos agitarían todavía más su cruzada contra el enemigo exterior e interior. Es una vieja cantinela que puede durar mucho tiempo y que implica que el Estado, propiedad de los políticos, acapare cada día más poder en detrimento de la libertad individual y de mercado.

Cuando se recuerdan estas evidencias, basadas no en la experiencia catalana sino en la historia, se dice por gente de buena fe que los que hablamos estas cosas exageramos, que aquí no pasa lo que decimos. No pasa todavía y no existe ningún fatalismo para que pase. Así debería quererlo cualquier persona sensata. Pero el virus ya infecta a la sociedad y la enfermedad puede declararase en cualquier momento. El nacionalismo cuando alcanza el poder, ahora en Cataluña es un poder limitado, es cuando muestra su verdadero yo. Piensen en la historia. ¿Por qué no va a pasar aquí, si ha pasado en otros muchos lugares?

Lo dicho no es óbice para que no haya reivindicaciones sociales, económicas, políticas o culturales y se busquen soluciones a los múltiples problemas que afectan a la sociedad. Es lo que deberían hacer los políticos en lugar de crearlos o aprovecharse de ellos para esconder su incapacidad de resolverlos. Ninguna sociedad está libre de este virus. No es un problema catalán. Solo que a nosotros nos ha tocado ahora afrontar el problema por la profundidad de la crisis y el afán de poder de algunos políticos. A pesar de los riesgos, prefiero estar al lado de quien defiende al individuo que de quienes lo transforman en una pieza prescindible en nombre de un interés superior, que no es otro que el de la casta gobernante.

Si Europa, en guerra hace 70 años, ha aparcado sus diferencias y naciones muy potentes han cedido su soberanía, ¿cómo quieren que vean con agrado el resurgir del nacionalismo? Europa está amenazada por el resurgir del nacionalismo y la extrema derecha, muchas veces, como en Francia, muy entrelazados. Y si Cataluña colabora en destruir Europa, sin duda será de las más perjudicadas. Si se vuelve a la ley de la selva, los más fuertes siempre tendrán las de ganar. Y Cataluña, siete millones de habitantes no está entre ellos, por mucho que algunos chuleen.

El nacionalismo catalán alimenta el renacimiento del nacionalismo español

Para hacer frente a la situación no basta con denunciar los peligros del nacionalismo. Es imprescindible afrontar una amplia reforma de un sistema político agotado. Si los partidos políticos tradicionales son incapaces de ponerse de acuerdo para encabezar los cambios imprescindibles, aun a costa de sus intereses más mezquinos, el futuro no será nada halagueño. Porque el nacionalismo es una enfermedad que ataca un organismo débil y sin defensas, como es España hoy. Es una enfermedad muy contagiosa.

El nacionalismo catalán alimenta el renacimiento del nacionalismo español. Si no se pone un poco de racionalidad al debate, el cacareado choque de trenes está servido. Todos perderamos, salvo los más aventureros y amorales. Los que así pensamos debemos alzar la voz, aunque pueda parecer que predicamos en el desierto. Tenemos a nuestro favor lo mejor de la historia. La humanidad sólo avanza con diálogo y colaboración. Querer hacer creer que cambiar fronteras y reivindicar territorios es algo inocuo, que puede hacerse sin grandes consensos nacionales e internacionales es una mentira que sólo nos llevara a la destrucción como país. Y los culpables serán los que dicen quererlo tanto.

Dicen que los que ponemos de manifiesto los peligros de la actual situación queremos crear miedo. Quieren que les sigamos sin pensar. Como autómatas. Que nos tomemos la medicina sin leer el prospecto de contraindicaciones. La deontología no es muy apreciada por los políticos.

El futuro de Gibraltar (IV)
José Luis Manzanares www.republica.com 22 Septiembre 2013

La frontera terrestre entre Gibraltar y la Línea es hoy, de hecho, la verja levantada por los británicos al anexionarse unilateralmente la franja sur de la antigua zona neutral. El tiempo corre a favor del nuevo “statu quo”, pero siempre cabe que un árbitro o tribunal internacional diga la última palabra sobre los límites de la colonia. En el problema de las aguas, por el contrario, no existe siquiera una situación fáctica bien definida. Los españoles rechazamos que la colonia tenga aguas territoriales, pero eso no ha impedido que, por ejemplo, se firmase en 1999 un acuerdo que permitía a algunos de nuestros pesqueros faenar en las “aguas próximas a Gibraltar” (diplomática expresión para eludir el conflicto de soberanía). Pero ¿cómo se nos puede permitir que pesquemos en nuestras propias aguas?

Es obvio que el anticuado texto del Tratado de Utrecht chirría ante la mera existencia de Gibraltar como colonia en suelo español. Y lo es también que, en tanto no se produzca una descolonización improbable a corto y medio plazo, la vía de los hechos consumados favorece al Reino Unido en detrimento de España. La potencia colonial tiene a su favor el poderoso argumento de la fábula de Esopo: “quia nominor leo”. El más fuerte durante estos tres siglos, Inglaterra primero y el Reino Unido después, juega con ventaja en la interpretación actualizada e interesada del Tratado de Utrecht.

Los tiempos cambian y con ellos las realidades contempladas en los tratados, acuerdos, pactos o contratos. Ahí están los problemas de la navegación aérea, inimaginables en 1713. Nuestra común pertenencia a la Unión Europea puede impedir el cierre de la frontera con Gibraltar, y el Gobierno sabrá hasta qué punto la incorporación del Reino Unido al Convenio de Schengen afectaría al control aduanero en la frontera. Y, naturalmente, a nadie se le ocurre protestar hoy porque haya judíos y moros en el Peñón.

Parece llegado el momento de separar dos problemas muy distintos, el de la recuperación de la Roca y el de renegociar mientras tanto el Tratado de Utrecht, unificar al menos su interpretación y acabar de una vez por todas con los incidentes cotidianos en perjuicio también de los españoles a este lado de la verja. El Reino Unido propuso a Franco llevar las cuestiones jurídicas a un tribunal internacional, algo a lo que éste se negó argumentando que con la descolonización se pondría fin a todos los problemas. Pero, afortunadamente, la posibilidad sigue abierta.

Incluso las soluciones de uno y otro problema –de mutuo acuerdo o mediante sentencia o laudo internacional- siguen caminos distintos. El aclarar las cuestiones fronterizas no sería obstáculo para la descolonización, sino todo lo contrario. No ganaremos la voluntad de los gibraltareños cerrando la frontera, dificultando el tránsito o amagando con represalias no siempre realistas. Y con una relación normalizada sería más fácil centrar nuestros esfuerzos en combatir las malas prácticas del vecino en ámbitos como el financiero, el contrabando o el tráfico de hachís. Gibraltar no es Mónaco, San Marino, Liechtenstein o Andorra, pero quizás lo que sucede con esos territorios pudiera servirnos de ejemplo para intentar una mejor convivencia con la última colonia en Europa.

También sería recomendable acudir más a la vía diplomática que a las declaraciones y confrontaciones en los medios de comunicación, evitando así las descalificaciones que no llevan a ninguna parte. El patriotismo no está reñido con la crítica. Al menos en los países libres.

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El debate separatista

MATÍAS ALONSO www.lavozlibre.com 22 Septiembre 2013

Aunque lo que toca en estas fechas es debatir sobre la política que debe impulsarse desde el gobierno autonómico catalán -el próximo miércoles empieza el debate de política general en el Parlamento de Cataluña- el debate que no cesa es el de la separación, el de la división sociopolítica del conjunto de ciudadanos catalanes a los que se nos quiere imponer la "necesidad ineludible" de elegir entre ser o no españoles, siendo como somos catalanes.

Este es el programa de Artur Mas y de CiU, el proyecto político que ofrecen a todos los catalanes, con un único objetivo: romper los fundamentos del Estado de Derecho que es España para conseguir su estado propio, el de Mas y Junqueras, en el que esperan mantener sus leves cotas de influencia Navarro, Camats y Herrera. Artur Mas sigue aferrado a un "programa de gobierno" monotema: la travesía a Ítaca en el buque fantasma en el que se ha convertido la administración autonómica catalana.

Artur Mas y CiU siguen sin aplicar un verdadero programa de gobierno. Bajo la tutela de la ERC de Oriol Junqueras -partido que históricamente ha sido garantía de fracaso- fija su mirada en las libertades de 1714. El proyecto para Cataluña se convierte en un mero objetivo involutivo, retrógrado y reaccionario, cuyas bondades se difunden estos días en toda la comunidad autónoma y muy especialmente en Barcelona que, con motivo de las fiestas de La Mercè, hará una glosa interesada de lo que nos hemos perdido durante los últimos 300 años y de la necesidad de volver a los orígenes.

El falso debate es tan cansino que hasta el que durante décadas ha sido uno de sus paladines interesados, el presidente de UDC Josep Antoni Duran i Lleida, ha decidido cerrar su blog como consecuencia del hartazgo que le produce el proceso separatista que él mismo ha iniciado desde CiU, federación de la que sigue siendo secretario general.

El talón de Aquiles del proceso es la inconsistencia argumental: España, de la que Cataluña forma parte desde su nacimiento como nación, no sólo no nos roba sino que sigue siendo la única garantía ante la quiebra de la administración de la Generalitat y de los ayuntamientos catalanes; la mayoría por la separación de la que se alardea sigue sin existir y se está muy lejos de lograrla, como demuestra el burdo intento de CDC de ganar prosélitos entre los catalanes con ascendencia u origen en otras regiones españolas; la hipotética continuación en la UE tras la ruptura con el resto de España es una quimera para la Cataluña independiente que persigue Artur Mas; la sensible mejoría de la economía catalana en la que se insiste desde los adictos al régimen tardaría décadas en producirse y debería pasar necesariamente por arrojar lastre político-administrativo del seno de la administración de la Generalitat.

A todos estos argumentos hay que añadir el fundamental. La calidad del gobierno de la Generalitat, la calidad de la gobernanza en Cataluña, dista muchísimo de la Dinamarca del sur de Europa que se nos promete. Mientras que Dinamarca ocupa el primer lugar en la clasificación del índice europeo de calidad de gobierno elaborado por la Comisión Europea en 2012, el gobierno de Cataluña está muy por detrás del de España en esa clasificación (el puesto 130 frente al 13) y es la última de las regiones españolas, por detrás de Andalucía que ocupa el penúltimo lugar y en los niveles de muchas regiones italianas o de los antiguos países del Este integrados en la UE.

Porque lo que mide este índice son pilares como el control de la corrupción, el respeto al Estado de Derecho, la efectividad del gobierno y la participación ciudadana y la rendición de cuentas de los gobernantes. Y en estas cuestiones, fundamentales para el ejercicio democrático del poder y el desempeño de las funciones de gobierno, Cataluña tampoco es un referente para nadie dentro de España ni dentro de Europa. Este argumento, por sí solo, es más que suficiente para desconfiar plenamente de la oferta separatista de Artur Mas y de su principal socio en la aventura secesionista en la que quieren embarcarnos a todos los catalanes y, en consecuencia, al resto de los españoles. Cataluña, con este gobierno, lo tiene crudo. Seguiremos trabajando para mejorar la gobernanza en Cataluña, lo que sin duda pasa por conseguir que Artur Mas y la CiU que actualmente le apoya dejen de tener responsabilidades de gobierno y pierdan el poder tras los próximos comicios autonómicos, esos que el actual presidente de la Generalitat anuncia como un plebiscito por la ruptura y la separación.

Ciutadans seguirá trabajando y ampliando sus apoyos ciudadanos para conseguirlo lo antes posible. Porque lo que necesita Cataluña, lo que necesitamos todos los catalanes, no es un debate separatista; lo que de verdad necesitamos es un proyecto de gobierno, no un objetivo partidista y reaccionario anclado en 1714.

* Matías Alonso es secretario general y portavoz de Ciudadanos (C's).

Por su bien, dejemos ya al gallego en paz
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 22 Septiembre 2013

¿Por qué estando la lengua gallega más protegida, subvencionada y presente en la vida institucional de nuestra comunidad que nunca antes en la historia de Galicia sigue perdiendo hablantes de forma imparable y a gran velocidad? ¿Por qué, cuando llevamos más de treinta años enseñando gallego y en gallego en las escuelas y cuando, en consecuencia, el nivel de aptitud respecto a su manejo oral y escrito ha mejorado de forma exponencial entre cientos de miles de personas, baja y baja el número de jóvenes, y no tan jóvenes, que utilizan el gallego como lengua habitual?

Por encima de autos judiciales, encuestas y decretos y sobre todo por encima de intereses de grupo o de partido, ambas preguntas son las esenciales no solo para quienes hablan gallego en exclusiva, sino también para los que sentimos esa lengua como una de las nuestras.

Muchos, convencidos de vivir en un Estado (el español) que los agrede, no llegan siquiera a planteárselas, pues su obcecación sectaria les impide ver la realidad. Pero incluso gran parte de aquellos que, reconózcanlo o no, saben que esas preguntas expresan cuál es la auténtica cuestión, las despachan de la forma que más les interesa: el gallego pierde hablantes, dicen una y otra vez, porque en Galicia gobiernan sus enemigos, porque esos gobernantes lo persiguen con la intención de exterminarlo y porque, quienes podrían hacerlo, no adoptan las medidas necesarias para revertir su proceso de pérdida de hablantes.

Muchos de los que sostienen todas esas falsedades como si fueran evidencias saben, sin embargo, que no es así y que los gallegohablantes bajan no porque la Xunta los persiga sino a pesar de que la Xunta y, como ella, todas las instituciones de Galicia protegen de forma especial a una de las dos lenguas del país.

Y es que la batalla del gallego como lengua de uso habitual no se está perdiendo en las escuelas, sino en la relación de transmisión de padres a hijos, algo en lo que solo cabría intervenir institucionalmente desde una concepción autoritaria del poder incompatible con los principios democráticos más elementales. Ahí, y no en otro lugar, reside el auténtico problema.

Los nacionalistas y sus diversas terminales (mesas, asociaciones y demás) siguen empeñados, sin embargo, en que las cosas son como les gusta imaginárselas y por eso han decretado que el principal enemigo del gallego es un partido que votan libremente cientos de miles de personas que, por su edad, hablan solo esa lengua desde niños.

Tal empeño constituye un inmenso disparate, pero a sus autores les da igual: pues de lo que se trata, al fin, no es de favorecer al gallego sino de servirse de él para ganar espacio electoral. Lo que, lejos de ser bueno para la causa de la lengua, es devastador para ella, al convertirla en una causa de partido.

Costes del terror
editorial El Correo 22 Septiembre 2013

Escoltados y escoltas han sido protagonistas principales de la derrota de ETA

La protección de las personas amenazadas por ETA o susceptibles de convertirse en su objetivo ha añadido al lacerante coste personal y familiar que supone vivir en tales condiciones un ingente gasto para las arcas públicas, estimado en 1.625 millones de euros en Euskadi desde el año 2000. Las instituciones no se mostraron especialmente diligentes a la hora de adelantarse a los hechos del terror, y respondieron demasiado tarde y de forma titubeante para preservar la integridad de las posibles víctimas. Aunque en realidad reflejaban la mezcla de indiferencia, aturdimiento y escepticismo con el que la inmensa mayoría de la opinión pública vasca barajaba la hipótesis de un recrudecimiento de la violencia etarra al margen de sus atentados contra miembros de institutos armados.

Las sucesivas treguas y los momentos de menor actividad terrorista adormecían la inquietud social y extendían la convicción de que lo peor ya había pasado. La violencia de persecución, que pretendía «socializar el dolor» según la jerga victimista de ETA, amplió el listado de las personas bajo coacción y amenaza, integrando a todos los cargos públicos de las formaciones más abiertamente enfrentadas al totalitarismo terrorista, a jueces y fiscales, a señalados profesores de universidad y a periodistas, todos ellos considerados agentes del conflicto. Su protección efectiva formaba parte de la defensa de la vida como derecho inviolable, pero también de la defensa de la democracia frente a la impunidad ambiental en la que se movían los perseguidores y los informadores de ETA.

Escoltados y escoltas tuvieron que soportar en demasiadas ocasiones la incomprensión y el gesto esquivo de convecinos, mientras sus días transcurrían en un interminable estado de excepción. La magnitud del coste económico da cuenta fehaciente de la dimensión que llegó a adquirir la amenaza etarra sobre la existencia y cotidianidad de tantas familias. El esfuerzo no fue ni tan precoz ni tan eficaz como para evitar el asesinato de aquellas personas a las que la protección no les llegó a tiempo o no les resultó suficiente.

Los meses transcurridos desde que ETA anunciara el cese indefinido y luego definitivo de su «actividad armada» han bastado para que nadie necesite prevenir emboscadas en las calles de Euskadi ni velar por su seguridad frente al terror. Escoltados y escoltas han sido protagonistas principales de la derrota de ETA. Tanto que ahora parece inimaginable que hubiesen existido alguna vez.
 


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