AGLI Recortes de Prensa   Sábado 5 Octubre 2013

Una política fiscal errónea y contraproducente
EDITORIAL Libertad Digital 5 Octubre 2013

Los españoles sufren, hoy por hoy, una de las cargas fiscales más elevadas del mundo desarrollado gracias a la errónea política fiscal puesta en marcha primero por el PSOE y después por el PP durante la crisis. Los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy han elevado la presión fiscal en casi 51.000 millones de euros desde 2010, la mayor subida de impuestos de la historia de la democracia, para tratar de mantener en pie un sector público sobredimensionado. En concreto, los socialistas elevaron la fiscalidad en 20.000 millones entre 2010 y 2011, mientras que los populares, lejos de corregir tal deriva, la dispararon en otros 31.000 millones adicionales.

Como resultado, España soporta algunos de los tributos más altos de Europa y del selecto grupo de países ricos (OCDE). El tipo marginal máximo del IRPF es el tercero más elevado de la UE, tan sólo superado por Suecia y Bélgica, y, de hecho, España ostenta el dudoso honor de ser el país grande con los tipos impositivos del IRPF en la escala general más elevados para todos los tramos de renta. A ello se suma el hecho de que PSOE y PP han aumentado la fiscalidad sobre el ahorro casi un 80% durante la crisis, que las empresas siguen afrontando uno de los Impuestos de Sociedades más gravosos y que la tributación sobre el trabajo (cotizaciones sociales) constituye una carga enormemente pesada en comparación con el resto del mundo desarrollado. El resultado es, simplemente, desolador. Se estima que de cada 100 euros que ganan los españoles, muna media superior a 40 pasa a engrosar las arcas del Estado, lo cual, por desgracia, se traduce en el mayor esfuerzo fiscal de la zona euro.

El sector público, al igual que el resto de la economía nacional, vivió durante muchos años al calor de una burbuja crediticia artificial que llenaba sus arcas sin necesidad de subir impuestos, pero tales ingresos eran puro artificio. El estallido de la crisis, y el consiguiente desplome del sector inmobiliario, se tradujo en una sustancial reducción de la recaudación. Sin embargo, en lugar de recortar de forma drástica los gastos para reequilibrar sus cuentas, tal y como certeramente han hecho familias y empresas, socialistas y populares han optado por exprimir al sector privado mediante lesivas y confiscatorias subidas de impuestos, eludiendo así en la medida de lo posible la tan necesaria austeridad.

Se trata de una estrategia fiscal errónea, ya que el problema del déficit no es por falta de ingresos sino por exceso de gasto. No por casualidad, España sigue presentando un déficit público descomunal, próximo al 7% del PIB -sin contar ayudas financieras-, y una deuda pública desorbitada, que se encamina sin remedio hacia el fatídico umbral del 100% del PIB, a pesar de las continuas e históricas subidas de impuestos aprobadas por los dos grandes partidos políticos. Y lo más grave es que dicho nivel fiscal desincentiva y dificulta la creación de riqueza y empleo, lastrando así la tan ansiada recuperación económica. La solución, por tanto, no sólo estriba en eliminar las salvajes subidas fiscales aprobadas hasta el momento por PP y PSOE sino en bajar los impuestos al tiempo que se reduce de forma muy significativa el gasto público mediante una profunda reestructuración de la estructura estatal y, sobre todo, autonómica. La única receta eficaz contra la crisis es la austeridad en el sector público y la liberalización de la economía.

A mitad de camino
José Luis González Quirós www.gaceta.es 5 Octubre 2013

Rajoy tratará con guantes de seda a quien puede salvarle, aunque sea muy a su pesar.

Aunque se defina tópicamente a los gallegos diciendo que si están en una escalera nunca se sabe si suben o bajan, ese no es, ciertamente el caso de Rajoy quien, a mitad de legislatura afirma con entera convicción estar saliendo de un recesión y a punto de poner fin a la crisis. Le avalan algunos datos, otros no tanto, pero hay varias realidades muy rotundas que le desmienten el deseable buen fin de su empresa. Al margen de los números, que siempre dejan un margen a la libertad de interpretación, la verdad más sospechosa es que hemos aumentado la deuda pública de manera alarmante, tenemos más parados que hace dos años y, en lugar de la prometida bajada de impuestos, Montoro el ministro más creativo del gabinete no ha cesado de encontrar nuevos hechos impositivos y de subir los tipos, eso sí, por nuestro bien. Es verdad que, a cambio, han bajado un poco el déficit, pero eso es como presumir que ya no tenemos 40 de fiebre sino sólo 39,5, y seguimos tiritando hacia la cumbre una deuda pública muy por encima de cualquier estimación razonable. ¿Qué va a hacer ahora el PP cuando entre en la carrera electoral, con las europeas en mayo, las municipales y autonómicas en pocos meses, y las elecciones generales al fondo? ¿Resucitará el programa incumplido del PP? Puede ser muy doloroso hacerlo. ¿Hará un programa político que consista en las loas de lo que ha hecho su Gobierno? Si se mira a la curva descendente de la intención de voto no parece un gran consejo.

Rajoy está obligado a sacar de su chistera un conejo blanco y muy suave, un animalito adorable, pero cabe temer que no tenga la magia suficiente para salir airoso de semejante espectáculo. Se trata de un problema difícil, por muchos Marhuendas y Arriolas que se le eche al asunto. Lo que mucha gente dice es que Rajoy espera un milagro, el mismo milagro que ninguno de nosotros desecharía: que llegue, de nuevo, un cierto nivel de euforia económica, que baje el paro, que suba el consumo interno, que deje de tener que marcharse gente a fregar platos en otra parte, aunque sea con un título de ingeniero bajo el brazo. Es verdad que Rajoy ha de confiar en sucesos casi sobrenaturales de ese tipo, pero me malicio que su confianza secreta está en otra parte y que por eso tratará con guantes de seda a quien puede salvarle, aunque sea muy a su pesar. No le falta rá ayuda por ese lado, pero puede no bastar. Lo que Rajoy quiere es que el votante diga ¿de quién me fío más, del presidente del Gobierno actual o del anterior vicepresidente? Y es claro que ante una pregunta así muchos se sentirán dispensados de la necesidad de cualquier milagro. Tener en el mismo partido, y mandando, a quien acusa a Rajoy de haber irritado a los catalanes, cuando el pobre no dice ni “mú”, y a quien proclama que Zapatero ha sido el causante del secesionsimo no es pequeño prodigio, ¡vive Dios!

LIBERTAD LINGÜÍSTICA
Orejas de burro para los demócratas de boquilla de la escuela balear
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 5 Octubre 2013

En Baleares el PP está cumpliendo su programa educativo y lingüístico. Sindicatos politizados tratan de bloquear sus medidas. Y el PSOE muestra su cara menos democrática.

El Govern de las Islas Baleares formado por el Partido Popular tras las elecciones autonómicas de 2011 hizo a finales del pasado curso algo insólito: mediante decreto desarrolló la implantación del Tratamiento Integrado de Lenguas (TIL) en todo el sistema educativo de las Islas. Era el fin de la inmersión lingüística impuesta por los nacionalistas catalanes y por el PSOE balear. Era, sobre todo, el cumplimiento de una promesa electoral con la que el PP de Mariano Rajoy triunfó en las urnas.

Desde antes de que tuviesen que empezar las clases, los sindicatos CCOO y STEI y la autoproclamada Asamblea de Docentes anunciaron un año de "lucha y movilización continuada". ¿Por qué? En la práctica, con la situación anterior no había en las Islas libertad lingüística, sólo el catalán era lengua vehicular de la enseñanza, además de ser obligatoriamente enseñado a todos los alumnos. No era un reflejo ni de la libre elección de las familias, ni de la situación de los alumnos, ni de la realidad social de la Comunidad. Era, eso sí, un fiel retrato del poder cultural y educativo del nacionalismo catalanista en determinados estamentos de la sociedad balear, y de la devota sumisión a sus postulados, también allí, del PSOE.

El decreto del PP, contra el que hay una movilización sindical, política e ideológica pero que cuenta con una mayoría social silenciosa, cambia la ruta. Desde ahora, no sólo habrá libertad de opción de lengua sino que además castellano, catalán e inglés serán vehiculares en la enseñanza, con arreglo a las doctrinas educativas más modernas. Hablar de "imposición" tratando de descalificar que el PP cumpla su compromiso electoral desde su mayoría absoluta demuestra un escasísimo sentido democrático en los sindicatos y especialmente en el PSOE: el Govern tiene la legitimidad que se deriva de las urnas –la misma que espera tener Alfredo Pérez Rubalcaba cuando anuncia que si él llega a ganar alguna vez suspenderá de inmediato la LOMCE de Wert- que nace con total garantía democrática, también. Una mayoría democrática no es una "imposición", es un "cumplimiento". Lo que habría que reprochar al PP balear es que no estuviese haciendo lo que hace, o que cediese frente al chantaje populachero y a veces violento e insultante de sindicatos, nacionalistas, socialistas y allegados.

No se puede hacer pagar a los estudiantes y a sus familias los complejos ideológicos trasnochados de toda una generación de docentes y sobre todo de políticos de izquierdas. La educación de calidad que los baleares merecen y quieren no se centra en el conocimiento de una de las lenguas propias de la región y en el menosprecio de todo lo demás. Perder un mes de clases, como ha sucedido en muchos centros, es algo que afecta al futuro de muchos jóvenes, de sus familias y de la sociedad entera. Tendremos una versión del mismo espíritu dañino extendida a toda España el próximo día 24. Subordinar las leyes a una imposición desde la minoría es la mejor demostración de que hay quien no sabe ni dónde está ni dónde quiere ir. Como el PSOE, tanto en Baleares como al otro lado del mar.

Nunca se quisieron contentar
Ramón Pi  www.gaceta.es 5 Octubre 2013

Los nacionalistas sólo esperaban la debilidad del Estado para empujar hacia la secesión.

La guerra civil de 1936 fue, en realidad, varias guerras civiles superpuestas y entrelazadas: una guerra política (república contra monarquía), ideológica (derechas contra izquierdas), religiosa (creyentes contra descreídos), territorial (centralistas contra separatistas), económica (ricos contra pobres). Es una simplificación, claro está, pues había republicanos con Franco, católicos con los rojos, pobres con los nacionales, centralistas entre los republicanos y fueristas en el bando de Franco.

El eje en torno al cual giró la transición del franquismo a la democracia fue el deseo unánime de no repetir nunca más el horror de una guerra civil. La clave de este propósito era dar la guerra del 36 por cancelada. Paso de página, inauguración de la concordia nacional con una Constitución votada por todos. Este deseo profundo llevó a un texto con ambigüedades, algunas contradicciones e incluso con anomalías sistemáticas, como el desconcertante Título VII, metido con calzador como una extraña protuberancia cuya explicación política fue que era el peaje para que la izquierda (entonces confesadamente marxista) aceptase la Monarquía y lo que llamaba la “democracia burguesa”. El enfrentamiento religioso se quiso resolver con la declaración de aconfesionalidad del Estado, y la guerra civil “social” de ricos contra pobres había quedado cancelada ya en el franquismo con la emergencia de unas sólidas clases medias. Pero los fantasmas nacionalistas emergieron tras la muerte del dictador, y el Título VIII debía ser el instrumento para conjurarlos. Repetir la fórmula de la Constitución de 1931 (un régimen común y dos regímenes especiales, vasco y catalán) era impracticable: había que huir de cualquier revival que evocase la República, y evitar agravios comparativos regionales. Las autonomías como régimen general, pero con flexibilidad de asunción de competencias, se pensó que podrían servir. Y el invento no ha funcionado. Al final hubo que establecer algo muy parecido al café para todos porque el PSOE puso el agravio comparativo encima de la mesa, primero en Galicia y luego en Andalucía, y entonces descubrimos que los nacionalistas nunca estuvieron dispuestos a contentarse (como predijo lúcidamente Julián Marías), y sólo esperaban la debilidad del Estado para empujar hacia la secesión.

Ahora parece que consideran llegado el momento. Es, desde luego, una locura, pero muchos creen que las cosas están llegando a un punto de difícil retorno pacífico. Mariano Rajoy ha dicho, por fin, algo al respecto, pero he creído entender que pide grandeza en Mas, y supongo que también en Urkullu. Me temo, sin embargo, que deberá pensar algo más factible si quiere que salgamos con bien de ésta.

Espejismos en la encrucijada
Francisco de la Torre www.vozpopuli.com  5 Octubre 2013

Parece que fue ayer, y fue el 26 de abril. Ese día, la vicepresidenta Sáenz de Santamaría y los ministros Montoro y De Guindos presentaron las previsiones macroeconómicas más deprimentes de la historia de España. Estas previsiones fueron, afortunadamente, efímeras porque el verano ha sido mucho mejor, económicamente hablando, de lo esperado. Aún así, resulta sorprendente el número de analistas, opinadores y tertulianos que se han lanzado a proclamar el fin de la recesión. No existe nada más difícil en la economía que predecir un cambio de tendencia, y en estos momentos, mucha gente parece haberlo previsto con anticipación. A todo esto, aunque todo el mundo, y aquí me incluyo, da por supuesto un ligero crecimiento positivo de una décima en el PIB del tercer trimestre, es decir, en el verano, el dato estadístico oficial del INE todavía no está disponible.

Es cierto que todo el mundo, empezando por el Gobierno, está matizando esta previsión: la economía está mejorando pero los ciudadanos no están notando sus efectos, y además, tardarán en hacerlo. O en palabras de Rajoy, "España ha salido de la recesión pero no de la crisis". ¿En qué quedamos? Para muchos ciudadanos, simplemente, la economía no sirve para nada. Para algunos catastrofistas o nobrotólogos, todo va a peor, pero los datos se manipulan. En fin, para otros, los neobrotólogos, actuales o de otros momentos pasados de la crisis, siempre existe algún dato positivo. Para estos últimos, la mejora económica es una cuestión religiosa o de fe. El que niega esta mejora es catastrofista, antipatriota o desinformado, según la última moda.

Efectivamente, una supuesta "mejora económica" que no se refleja en la vida de los ciudadanos no parece tener mucha sustancia. Ahora bien, eso no significa ni que todos los datos hayan sido manipulados por una conspiración judeo-masónica (ni de otro tipo), ni tampoco que la economía no sirva para nada. En general buena parte de estos datos no creo que sean falsos, simplemente no significan lo que nos gustaría que significasen. La mayor parte de esta errónea percepción viene determinada por puros problemas estadísticos y de perspectiva.

Por ejemplo, los datos de paro y empleo de los últimos meses son buenos. Maticemos, parte de la bajada del paro se debe a que hay inmigrantes que vuelven a sus países de origen y españoles que emigran. También hay muchos españoles que están dejando de buscar trabajo, por puro desánimo. Por último hay más españoles que se jubilan porque piensan que si siguen trabajando, empeorarán sus condiciones de jubilación. En resumen, disminuye la población que busca empleo. Incluso si descontamos todo eso, que tiene poco de positivo, hay algo más de empleo. Esto resulta sorprendente en dos semestres en los que el crecimiento económico ha estado entre el -0,1% y el +0,1% (¿+0,2% quizás?). Ahora bien, no le busquen tres pies al gato, la razón es relativamente sencilla: la destrucción de empleo del año 2012 fue tan brutal que las plantillas de muchas empresas estaban bajo mínimos. Ante un leve incremento de la demanda, estas empresas han aumentado su contratación de trabajadores. Por supuesto, con empleo temporal, tanto porque es un tema que no abordó la reforma laboral, como también por las enormes dudas sobre el futuro.

Si tomamos los datos bursátiles, ha habido un crecimiento importante de los valores en los últimos meses. Obviamente, no hay mucha gente que crea que todo esto ha sido manipulado durante muchos meses. Sin embargo, tampoco es del todo cierto que la bolsa esté descontando una subida masiva de beneficios futuros de las empresas cotizadas. Simplemente, muchas empresas tenían su cotización seriamente dañada porque muchos analistas e inversores estaban descontando una posible salida de España del euro en el verano pasado. Esto suponía que cualquier empresa española valía mucho menos que en una situación normal. A medida que estos temores han ido quedando atrás, los valores bursátiles han subido. Lógico, partían de muy abajo.

Podríamos seguir, pero en esencia la estructura económica de España no se ha modificado en los últimos seis meses. Para tener una idea cierta de cómo estamos y de cómo evolucionará la economía española es preciso conocer el punto de partida: tenemos más de un 26% de paro y en estos niveles es mucho más fácil que baje el paro y no que vuelva a subir. Los datos de déficit por ejemplo, son una materia complicada de estimar a futuro, calcular en el presente o incluso entender. Por eso, aquí le dedicamos una serie de tres artículos. Aún así, si la deuda pública no para de crecer, es que nuestras cuentas públicas no están todo lo controladas que deberían.

En resumen, estamos ante lo que podríamos denominar un rebote técnico de la economía española. Esto quiere decir que la economía continuará mejorando unos meses, si no se produce un shock de algún tipo. Sin embargo, sólo ha variado realmente un factor en la economía española: se ha producido una devaluación interna. Esta devaluación interna la ha acelerado la reforma laboral. El lado positivo ha sido la mejora de las exportaciones por la vía del aumento de la competitividad vía precios. El lado negativo ha sido la debilidad recaudatoria, que sólo ha sido compensada por los mayores aumentos de impuestos de la democracia. El efecto de las subidas de impuestos ya se ha agotado y España sigue sin controlar el déficit. El tirón del sector exterior continuará pero no será suficiente para compensar la falta de demanda interna, especialmente en lo que se refiere a la recaudación fiscal.

Para conseguir que estos meses de relativa calma sean la antesala de la recuperación y no de una nueva recaída, habría que acometer las reformas pendientes, que son casi todas: una reforma institucional y contra la corrupción que devuelva a los ciudadanos la confianza en el sistema y una reestructuración de un modelo territorial, que no sólo crea graves disfunciones en la unidad de mercado, sino que, simplemente, no nos podemos pagar. La imprescindible reforma fiscal y la potenciación de la lucha contra el fraude son otras cuestiones claves que siguen pendientes. Por último, habría que abordar en serio la falta de competencia en muchos mercados esenciales de la economía española. Sólo así, una economía de un país avanzado puede volver a crecer. No podemos esperar que nuestro crecimiento dependa de bajar cada vez más los salarios, no porque sea anti-social, sino porque es imposible bajar los salarios españoles a niveles del sudeste asiático. No nos dejemos engañar por los 'brotes verdes', no porque no existan, sino porque hay muchas tareas pendientes que no debemos aplazar.

Los valores democráticos del PSC
xavier pericay ABC Cataluña 5 Octubre 2013

Al PSC le pasa con Otegi lo mismo que con España: no sabe qué hacer con él

Al PSC le pasa con Otegi lo mismo que con España: no sabe qué hacer con él. Un día dice blanco y otro negro. Es verdad que semejante comportamiento no es exclusivo de ese partido. Repárese en el PSOE, por ejemplo. Por no hablar de la izquierda extrema, ya sea la estrictamente catalana, ya la hispánica. Pero lo del PSC, qué quieren, tiene además el aliciente —por llamarlo de algún modo— del fangal. O sea, de la situación en que se encuentra ese partido desde que se metió en la cama con el nacionalismo sin pudor alguno, esto es, desde finales de 2003, hasta el mismísimo día de hoy, en que se arrastra como alma en pena por la política catalana, tras haber perdido más de la mitad de los votos y la poca honra que le quedaba. En coherencia con su enfermiza indefinición con respecto al nacionalismo, el PSC accedió a formar parte de esa comisión de estudio sobre el llamado «derecho a decidir» creada por el Parlamento autonómico. Y una vez allí les salpicó el nombre de Otegi como candidato a asesor, a propuesta de los chicos de la CUP, cuyas simpatías por el mundillo «abertzale» —con y sin metralleta— son de sobra conocidas.

Por suerte para los socialistas, los demás grupos, y en particular el de CIU, debieron de asustarse tanto como ellos con la posibilidad de que de allí saliera una foto de sus representantes abrazados al insigne «hombre de paz» y, aun así, pérfido terrorista. Y acordaron que Otegi enviara una carta, que ellos ya acusarían recibo. Pero, claro, ello no impidió que a los socialistas les llovieran puyas de todos lados. De ahí que hayan dado marcha atrás y se hayan opuesto a la declaración de Otegi, incluso por escrito. Pero lo más extraordinario son las razones aducidas por su portavoz parlamentario. «Otegi no representa los valores democráticos», ha dicho Maurici Lucena. A lo que se ve, sí los representaba hace unos días. Como no consta que Otegi haya hecho ni dicho nada especial en el tiempo que media entre ambas decisiones del PSC, habrá que convenir que el cambio lo ha experimentado el concepto socialista de «valores democráticos». Lo cual, sobra añadirlo, resulta incluso mucho más alarmante.

Victoria Prego hace un llamamiento a la "intolerancia" frente a los "radicales" que intentan romper la convivencia en Cataluña
La veterana periodista aprovecha el acto de entrega del Premio a la Tolerancia para animar a los "moderados silenciosos" a "alzar la voz", a ser "beligerantes" y a "hacer frente sin descanso y por costoso que sea" a los "radicales" que intentan romper la convivencia pacífica y "los vínculos indisolubles de los pueblos de España". "Hay que combatirles sin piedad en todos los campos", insiste.
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Redacción www.cronicaglobal.com 5 Octubre 2013

Victoria Prego ha hecho este viernes un llamamiento a ser "decididamente intolerantes con todos aquellos que están en contra de la convivencia y que actúan contra los derechos de los demás".

La veterana periodista y directora adjunta de El Mundo se pronunciaba de esta forma durante la recepción del XIX Premio a la Tolerancia, que entrega la Asociación por la Tolerancia, y que se celebró en un céntrico hotel de Barcelona ante más de un centenar de personas.

Prego ha sido especialmente crítica con el terrorismo de ETA -ha alertado de "la deuda que tenemos con sus víctimas"- y con el nacionalismo catalán.

"Hay que combatirles sin piedad en todos los campos"
En este sentido, la periodista ha denunciado "el ejercicio de totalitarismo que supone el intento de arrancar del corazón de la sociedad catalana de todo sentimiento positivo hacia España", poniendo como ejemplo de ello el incumplimiento de las sentencias sobre bilingüismo escolar y el adoctrinamiento en el nacionalismo que se vive en la educación.

Una estrategia que está llevando a cabo el nacionalismo catalán a través de una "manipulación feroz" y de "mentiras" que "asombrosamente dan por buenas una parte de la población de Cataluña". "Un delirio que parece no tener límite", ha lamentado.

Prego ha animado a los "moderados silenciosos" a "alzar la voz", a ser "beligerantes" y a "hacer frente sin descanso y por costoso que sea" a los "radicales" que intentan romper la convivencia pacífica y "los vínculos indisolubles de los pueblos de España". "Hay que combatirles sin piedad en todos los campos", ha insistido.

La periodista ha reivindicado "la tolerancia" como principio, y ha rechazado que sea "un síntoma de debilidad ideológica" o de "traición", como algunos apuntan. Por último, ha asegurado que "el gusto por la barricada" no es mayoritario en la sociedad española, pese a lo que pueda parecer.

Asistencia de políticos de PP, Ciudadanos y UPyD
El acto ha sido presentado por Eduardo López-Dóriga, presidente de la Asociación por la Tolerancia, que ha repasado algunos episodios de la dilatada trayectoria profesional de Prego, subrayando su constante oposición a las injusticias.

El jurado ha valorado la independencia, ecuanimidad, objetividad y el talante conciliador de la cronista para hacerla merecedora del galardón.

En anteriores ocasiones, el premio, que se entrega desde 1995, ha recaído en Félix Ovejero, Regina Otaola, Xavier Pericay, Antonio Mingote, Carlos Herrera, Mario Vargas Llosa, Rosa Díez, Arcadi Espada, Antonio Muñoz Molina, Iván Tubau, Fernando Savater, Félix de Azúa, Gregorio Peces-Barba, Francesc de Carreras, Albert Boadella, ¡Basta Ya! y Baltasar Garzón, entre otros.

Entre los asistentes al acto de este viernes se encontraban los diputados autonómicos Fernando Sánchez (PP), Jordi Cañas (C's), Matías Alonso (C's), Carlos Carrizosa (C's), Carina Mejías (C's) y Carmen de Rivera (C's); el líder del PP en el Ayuntamiento de Barcelona, Alberto Fernández Díaz; los dirigentes de UpyD Ramón de Veciana y Carlos Silva; los miembros del Consejo Editorial de CRÓNICA GLOBAL Francesc de Carreras y Toni Bolaño; la periodista y colaboradora de CRÓNICA GLOBAL Leonor Mayor; el presidente de Impulso Ciudadano y ex diputado autonómico, José Domingo; el ex diputado autonómico Antonio Robles; el doctor en Ciencias Económicas y profesor de Economía, Ética y Ciencias Sociales de la UB Félix Ovejero; el periodista y escritor Arcadi Espada; el vicepresidente del Foro España Hoy, Nito Foncuberta; y la ex presidenta de Asociación por la Tolerancia Marita Rodríguez.


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Ética por los suelos

FERNANDO SAVATER EL CORREO  5 Octubre 2013

La memoria que cada cual guarda de lo que ha vivido nunca puede ser sustituida por decreto

Cualquiera que oiga desde lejos lo mucho que se habla actualmente en Euskadi de consolidar la paz, ponencias de paz, comisiones parlamentarias para diseñar la paz, etc… puede suponer que estamos en una situación bélica o de tregua amenazada entre dos batallas. Pero la sencilla realidad es que aquí vivimos en lo que se llama ‘paz’ en toda tierra de vecinos: tenemos instituciones democráticas que funcionan –regular, como en los demás sitios– unas leyes discutidas pero vigentes, una población ideológicamente diversa que convive con mayor o menor armonía, preocupada por la crisis económica y la pérdida de puestos de trabajo, una capacidad productiva que sin duda ha conocido épocas mejores aunque todavía sigue siendo envidiable para otras regiones españolas y europeas, etc… Desde luego, nuestra organización terrorista autóctona aún no ha entregado las armas ni aceptado su disolución definitiva, pero últimamente sólo aparece en la prensa cuando detienen a sus residuales efectivos, no cuando comete atentados. Aún cuenta con simpatizantes en las calles y con representantes políticos que les son próximos y favorecen su nostálgica exaltación, pero peor es lo de la Mafia o la Camorra y nadie dice que Italia no esté en paz. De modo que tampoco parece que deberíamos agobiarnos tanto.

Los que se han metido en el enredo de la ponencia de paz tropiezan entre otras cosas con el tema de establecer institucionalmente la memoria de lo acontecido. Es un asunto extraordinariamente confuso, como ocurre en todos los intentos de establecer por ley una ‘memoria histórica’. Lleva a contradicciones insolubles: este verano me pareció oír que Patxi Zabaleta abogaba por una amnistía de los terroristas pero sin olvido de lo ocurrido, cuando resulta que ‘amnistía’ significa precisamente ‘olvido’, al menos para quienes recordamos un poco del griego que aprendimos en el colegio… cuando en los colegios se enseñaba griego, claro. La verdad es que la memoria y la historia no son ni mucho menos lo mismo y tratar de homogeneizarlas por decreto o por acuerdo político es cosa estrictamente imposible y probablemente indeseable. Lo explicó muy bien el maestro Tony Judt, al que me permito citar en extenso porque merece la pena: «Yo creo profundamente en la diferencia entre la historia y la memoria; permitir que la memoria sustituya a la historia es peligroso. Mientras que la historia adopta necesariamente la forma de un registro, continuamente reescrito y reevaluado a la luz de evidencias antiguas y nuevas, la memoria se asocia a unos propósitos públicos, no intelectuales: un parque temático, un memorial, un museo, un edificio, un programa de televisión, un acontecimiento, un día, una bandera. Estas manifestaciones mnemónicas del pasado son inevitablemente parciales, insuficientes, selectivas; los encargados de elaborarlas se ven antes o después obligados a contar verdades a medias o incluso mentiras descaradas, a veces con la mejor de las intenciones, otras veces no. En todo caso, no pueden sustituir a la historia» (en ‘Pensar el siglo XX’, ed. Taurus). Moraleja: es mejor que establecer las frágiles y dolientes verdades del pasado sean tarea de los historiadores y no resultado de conveniencias políticas. Por lo demás, la memoria que cada cual guarda de lo que ha vivido nunca puede ser sustituida por decreto.

Por lo visto, la ponencia de paz y convivencia tiene un suelo cuya moqueta es la ética. Es deseable que quienes vayan a pisar ahí lo hagan con los zapatos bien limpios de barro antiguo y sobre todo de sangre seca. Pero no es fácil determinar qué novedades va a aportar esa moqueta, tan importante y discutida. ¿Qué otra cosa va a decir la ética, sino que los asesinatos, la extorsión, la intimidación, la tortura, etc… son inmorales y van contra la decencia humana, por no hablar de la democracia? Francamente, para establecer esa conclusión no hace falta una comisión parlamentaria. ¿Servirá en cambio la ponencia para relativizar la ética que conocemos ya, para decir que esos atropellos estuvieron más o menos justificados por las circunstancias, que a nadie se le puede hacer sentir culpable puesto que tantos culpables hubo, que como todos somos pecadores –¡incluso el Papa, ay Dios mío!– más vale que nos olvidemos de llamar pecados a los pecados? Llegar a esa conclusión no sería establecer un suelo ético sino ver la ética por los suelos. Según la cofradía bildutarra, en el País Vasco las últimas décadas no ha ocurrido nada de especial: hay víctimas de la guerra civil, de abusos policiales, violencia de género, etc… como en otros lugares. Es verdad que también ha habido terrorismo, una lacra no tan común en el resto del país, pero esa especialidad local hay que considerarla dentro del conjunto de los males globales. O sea que tampoco ha sido para tanto y presoak kalera, que es a dónde queríamos llegar…

Francamente, todo este esfuerzo por poner un remiendo acomodaticio a la realidad desgarrada a sangre y fuego suena a ‘pasión inútil’, como diría Sartre. La sociedad vasca tiene leyes, instituciones democráticas y muchos problemas que resolver en el presente y en el futuro como para ocuparse tanto del pasado. La única novedad no ética sino política que nos convendría a todos sería la desaparición completa y definitiva de ETA, pero eso no puede decidirlo ninguna ponencia parlamentaria por bienintencionada que sea.

Recuento: las dos vías
Juan-José López Burniol en La Vanguardia 5 Octubre 2013

Uno. El problema catalán no es tal, sino el problema español de la estructura territorial del Estado, secularmente sin resolver, que rebrota cada vez que España recobra la libertad democrática (Segunda República, transición) y que se agudiza en los momentos de mayor debilidad del Estado (1898, Guerra Civil y en la actualidad).

Dos. Existen, teóricamente, cuatro formas de articular jurídicamente el territorio que hoy abarca el Estado español: A) Como un Estado unitario, uniforme y centralista. B) Como un Estado federal. C) Como una confederación de diversos estados. D) Como diversos estados independientes.

Tres. El Estado unitario, uniforme y centralista no ha llegado a cuajar nunca en España, ni cristalizará jamás. Nunca ha habido unidad de caja (perduran las haciendas forales), ni unidad de derecho civil (que sí han logrado países con más diferencias internas que las nuestras, como Alemania). Además, dos dictaduras (46 años en el siglo XX) son prueba de este fracaso, pues no son manifestación de fortaleza del Estado sino de su debilidad.

Cuatro. El Estado federal es una variedad del Estado unitario, cuya comprensión se facilita con un ejemplo: es como un edificio en régimen de propiedad horizontal, cuyos elementos comunes se rigen por acuerdos de la comunidad de propietarios (el Senado) y sobre cuyos pisos y locales cada uno de los propietarios tiene una disponibilidad plena. El Estado federal excluye, por tanto, la bilateralidad, pero no impide que las competencias de las diversas comunidades puedan ser distintas: más amplias o menos (asimetría).

Cinco. El Estado confederal surge de un tratado entre diversos estados independientes, que ponen en común la gestión de determinados aspectos de su acción de gobierno, sin perder su independencia y de igual a igual (bilateralidad), lo que se manifiesta en la posibilidad permanente de salirse del tratado. Se parece al acuerdo entre los dueños de fincas contiguas que pactan servicios comunes (así, chalets vecinos con vigilancia compartida).

Seis. Como varios estados independientes.

Siete. Desde el 2005 (es decir, desde mi crítica al proyecto de Estatut por ser un intento indirecto de reformar la Constitución tras el bloqueo del PP, introduciendo además la bilateralidad que siempre he rechazado), sostengo que, de estas cuatro posibilidades teóricas, sólo son viables dos: el Estado federal y diversos estados independientes.

Ocho. De la imposibilidad de un Estado unitario, uniforme y centralista, ya he hablado. La confederación –tal vez la fórmula que mejor se adaptaría a la realidad– sería inviable en la práctica, ya que dado el extraordinario efecto mimético que Catalunya ejerce sobre el resto de España, idéntica bilateralidad reivindicarían Aragón, Valencia, Baleares, Andalucía… con el resultado de que el Estado se desintegraría. Quedan sólo, por tanto, el Estado federal y la independencia.

Nueve. Al Gobierno de España no le queda otra salida, dada la fuerza del independentismo catalán, que ofrecer como única alternativa posible una reforma constitucional que desarrolle en sentido federal el Estado autonómico mediante: A) La conversión del Senado en una cámara territorial ratificadora de todas las leyes y de todos los nombramientos. B) La clarificación, fijación y blindaje de las respectivas competencias. C) El establecimiento de un sistema de financiación que impida el agravio comparativo, sin mengua de la solidaridad interterritorial. D) La autorización a los presidentes autonómicos para que convoquen referéndums consultivos en sus comunidades.

Diez. Consensuada esta reforma constitucional por los partidos, sería el momento de consultar a los ciudadanos de Catalunya si optan por un Estado federal en los términos acordados o por la independencia, previo un debate comparativo y sin reservas sobre las consecuencias de ambas opciones. La consulta, por tanto, debería ser binaria: Estado federal o independencia. Su resultado está por ver.

Once. Sé que lo expuesto es un dislate para buena parte de los españoles. A ellos les respondería, si pudiera, que la consulta es –aunque parezca paradójico– la única forma de preservar la unión; que han de admitir la gravedad del problema; que ha pasado el tiempo de las buenas palabras y de la cosmética y ha llegado el momento de decidir; que España está abocada, si no se obra con urgencia, a la más grave quiebra de los últimos setenta años; y que, si el problema catalán hace crisis –cualquiera que sea su desenlace–, el desplome de la moral colectiva que se produjo en 1898 será nada comparado con el que se generará entonces. De ahí la responsabilidad histórica que recae sobre el Gobierno de España y su presidente.

Doce. Escribo desde el punto de vista del interés general de España (que para mí incluye el de Catalunya) y –lo confieso– con escasa esperanza de que se actúe a tiempo. Por ello temo que, al final de un penoso proceso, llegará la independencia de Catalunya o –lo que es más posible– un tiempo de impotencia, frustración y gravísima fractura.


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