AGLI Recortes de Prensa   Lunes 7 Octubre 2013

De Papá Estado, hijos autonómicos y la distribución del café
Editorial www.gaceta.es 7 Octubre 2013

Aplicando la Navaja de Ockham, la causa de la crisis económica comúnmente aceptada es "haber jugado por encima de las propias posibilidades". Pocos son los que quedan excluidos de ser un potencial sujeto de esta explicación, mucho menos las Administraciones Públicas, que representaron el summum del despilfarro financiado a base de deuda.

Los empresarios tuvieron que cerrar empresas demasiado endeudadas como para ser rentables, las familias aceptar que se había cerrado el grifo de la retahíla de subsidios que fomentaba la dependencia económica ciudadana de un Estado asfixiado desde tiempos socialistas. Pero ¿qué hacer con los gobiernos locales y regionales cuando el virus del manorrotismo parecía haberse extendido cual pandemia?

El drama se incrementaba cuando en plena apoteosis de la crisis económica, muchos autónomos señalaban directamente a los ayuntamientos como los causantes de la quiebra de sus empresas. Facturas a pagar en noventa días cuyo cobro se convertía en una Odisea para los proveedores privados, muchos de ellos, pequeños y medianos empresarios. El PP tomó entonces una decisión práctica: dar prioridad a saldar las deudas municipales.

Si existen los recurrentes 'brotes verdes', es en los ayuntamientos. De los 8.115 que tiene España, 6.707 cerraron 2012 con superávit y en junio del 2013, estos gobiernos locales atesoraban ya 1.931 millones en contraposición a los 312 millones que debían en esta fecha el año anterior. Los ayuntamientos, otrora endeudados hasta lo indecente, son ahora un ejemplo para sus 'hermanos mayores', rezagados todavía en su saneamiento.

Este es el caso de muchos gobiernos autonómicos, para los que Papá Estado, en honor al trillado 'café para todos', creó el Fondo de Liquidez Autónomica, alias FLA. Según datos del Ministerio de Hacienda, el benevolente FLA ha ahorrado a estas Comunidades Autónomas 503,19 millones en intereses al año. Porque los inversores privados, que componen un mercado tachado a la ligera de tirano, habrían exigido un beneficio correlativo al riesgo que implica ceder su dinero a según qué gobiernos autonómicos, mientras el Gobierno Central predica con el ejemplo de solidaridad en el que se fundamenta la unión de España.

Pero como todo buen padre, Moncloa ha exigido cambios que mermen el despilfarro indiscriminado que se estilaba hasta la desaparición en combate de Zapatero tras dejar el cargo, y no todos han estado a la altura. Los gobiernos de algunas CC AA se comportan como hijos rebeldes en plena edad del pavo, haciendo evidente que el café no tiene que ser para todos, sino para quien lo merece.

¡Ojalá que nos vaya bonito!
Pepa Antón www.gaceta.es 7 Octubre 2013

El despilfarro ha enriquecido de forma escandalosa a unos cuantos y conducido a España a la ruina

¡Ojalá que en España se haga, alguna vez, política con mayúscula! Que quienes nos representan y nos gobiernan, o van a gobernar, antepongan el bien común, el interés de los españoles, al bien de la familia o del partido, que tengan la preparación necesaria para saber diagnosticar los problemas, el talento suficiente para encontrar soluciones donde aparentemente no las hay y sentido común para rodearse de los más capaces y no de los más pelotas. Personas capaces de coger al toro por los cuernos y acometer las reformas que desde hace demasiado tiempo tiene pendiente el Reino.

La reforma de una ley electoral que impida el vergonzoso sometimiento del PP y del PSOE al permanente chantaje de los separatistas CiU y PNV.
La reforma del Estado, abandonando este feudalismo suicida y promulgando leyes iguales para todos, que a todos nos igualen y que pasan por la supresión de los medievales privilegios forales y demás componendas fiscales.

Y la revisión del actual modelo de la administración española caracterizada por la duplicidad de competencias, la descoordinación en los servicios que prestan, el exagerado número de políticos que en ella se alojan y la maraña de trámites necesarios para la gestión de los asuntos. Todo esto unido a la falta de cooperación y colaboración entre las autonomías; las diecisiete normas diferentes que regulan cada materia, la administración paralela que huyendo del control del derecho público hace, deshace, financia y coloca a parientes y amigos; las televisiones autonómicas, aún sin resolver; las embajadas autonómicas, la embajada gallega en Madrid, sin ir mas lejos, tiene fama en la ciudad por la abundancia y buen servicio de sus ágapes, así que, a media tarde, entre acto y acto, ya saben los madrileños dónde pueden merendar a costa del contribuyente. Mención aparte merecería el sueldo de su plenipotenciario embajador y el de todo su equipo. El escandaloso número de coches oficiales, aquí sí que somos los primeros del mundo; las legiones de amiguetes, ahora llamados asesores que, por supuesto –y en su puesto– no asesoran; el mismo número de ayuntamientos que en el siglo XIX; las interminables subvenciones a los sindicatos, patronales y partidos políticos, y las inversiones carentes de contenido, nos llevan a la conclusión de que todo este planificado despilfarro ha enriquecido de forma escandalosa a unos cuantos y conducido a España a la ruina.

Los políticos españoles, en sus cinco versiones, central, autonómica, diputaciones provinciales, local y europea llevan demasiados años gastando lo que no tienen y vendiendo a España, no vendiendo España. Pero su tiempo ya se ha terminado porque esta crisis los está desenmascarando a todos. Como también esta descubriendo a todos esos que queriendo dar una imagen de regeneración, solo la imagen, ponen la política en manos de dóciles niñatos.

La gran abstención se acerca. ¡Ojalá que nos vaya bonito!

PGE-2014: No habrá recuperación, sólo más pobreza
Roberto Centeno EC 7 Octubre 2013

“Presupuestos de la recuperación y con marcado carácter social”, diría Montoro. No se puede ser más mentiroso y más desalmado con tan pocas palabras: 29 millones de personas, entre empleados públicos, pensionistas y parados, y el 80% de asalariados perderán poder de compra en 2014. ¿Cómo puede alguien ser tan falsario para afirmar que la mayor deflación salarial conocida traerá la recuperación, y tan desalmado para afirmar que tan colosal pérdida de poder de compra tiene marcado carácter social? ¿Cuándo un país ha salido de una crisis reduciendo brutalmente el poder de compra de su población, despilfarrando un 10% del PIB en gasto político improductivo, sin inversión y sin crédito? No hay ni habrá ninguna recuperación, sólo acelerarán el crecimiento de la pobreza y la destrucción de la clase media.

En 2012, los hogares españoles perdieron un 18,4% de su riqueza, mientras que los salarios cayeron un 5%. Además, la desigualdad social es hoy por hoy la mayor de toda Europa. La relación entre el 20% de la población que más ingresa y el 20% que menos es en España de 7,5, la tasa más alta de los Veintisiete, cuya media es de 5,7. Y a pesar de todo, la gente sigue paralizada. Por primera vez en siglos, no es que los hijos vayan a vivir peor que sus padres, sino que más de la mitad no va a encontrar trabajo al terminar sus carreras, y los que lo encuentren, en su mayor parte, serán trabajos con salarios irrisorios.

Puedo entender casi todo, pero no que unos padres crecientemente empobrecidos, a los que se les niega un futuro para sus hijos, no se movilicen por lo más importante en sus vidas. Sin embargo, como tiene escrito mi maestro Antonio García Trevijano, todas las revoluciones -la francesa y la rusa, incluso la presidencialista en EEUU- comenzaron cuando empezaron tras mejorar las perspectivas después de un largo periodo de pobreza. Cuando no hay esperanza de mejora, nadie se mueve. Tal vez esa es la razón de la 'inexplicable' pasividad del pueblo español ante su ruina.

¿Qué credibilidad pueden tener unos tramposos profesionales?
La gente y los medios parecen no tener memoria. Por ello, antes de explicar la falsedad y la impiedad de los PGE-2014 hacia los más débiles, sobre los que se está haciendo recaer el grueso del ajuste económico y financiero, es necesario recordar qué afirmaban en el pasado estos tramposos y lo que ha sucedido en realidad.

Presupuestos generales de 2012:
Previsiones esenciales: gasto AAPP: -8,0%; realidad: (1) -4,8%.
Tasa de paro: 24,3%; realidad 26,02%. Déficit público: 5,3%; realidad: 10,6%, la mayor desviación presupuestaria de la historia.
No dieron una, ni por aproximación, y ¿saben cómo bautizaron los PGE-2012? “Los presupuestos de la credibilidad”.

Puedo entender casi todo, pero no que unos padres crecientemente empobrecidos, a los que se les niega un futuro para sus hijos, no se movilicen por lo mas importante en sus vidas.Vayamos ahora a los PGE-2013, los “del crecimiento y del empleo”. No hay cifras definitivas, pero las conocidas demuestran que, si en 2012 no dieron una, 2013 está a años luz. La primera es la afirmación central de que Rajoy y sus secuaces “han situado a España en la senda de consolidación fiscal”. Fíjense lo consolidada que está que a finales de agosto los ingresos habían bajado un 0,3%, los gastos habían subido un 5,5% y el déficit del Estado era del 4,62% frente a un 3,6% previsto para todo el año. ¡Un 28% más!

Al igual que los de 2014, preveían una reducción del paro al 24,3%, pero a mitad de año era ya del 26,4%. El déficit de caja para todo el año era de 38.000 millones; sin embargo, a finales de agosto ya era de 45.185 millones. Y la demanda nacional, el 98% del PIB, del -3,2% previsto ya alcanza el -4,3% en septiembre.

Las cuentas de 2013 afirmaban, también, que la banca estaba ya recapitalizada y que su rescate no costaría ni un euro a los españoles. A mediados de año se supo que el FROB, cuya falta de transparencia es total, ya da por perdidos 36.000 millones que, sumados a los 9.000 perdidos en el rescate de Castilla-La Mancha, eleva la pérdida a 45.000 millones, de momento. Bankia, que ha recibido 24.000 millones, tiene un valor en bolsa de menos de 8.000. ¿Alguien en su sano juicio piensa que vamos a recuperar los 24.000 millones?

Estos desalmados no tienen piedad: hacen el ajuste sobre los más débiles, los jubilados y los parados. Pero si tres de cada diez niños pasan hambre la culpa es de los padres; si 578.000 familias se quedan sin ayuda para libros es porque no hay dinero. Sin embargo, para la casta financiera y política el dinero es ilimitado.

Y esta es la pregunta clave que toda persona racional debería hacerse, ¿qué credibilidad pueden tener las cifras elaboradas por parte unos tramposos, cuya falsedad está probada más allá de toda duda razonable? Cero, y a partir de aquí se puede afirmar con certeza absoluta que la realización presupuestaria de 2014 no tendrá nada que ver con los PGE-2014, como ha ocurrido en 2012 y está ocurriendo en 2013. Todo será mucho peor.

Estos desalmados no tienen piedad, hacen el ajuste sobre los más débiles, los jubilados y los parados. Pero si tres de cada diez niños pasan hambre la culpa es de los padresSi vamos al cuadro macroeconómico que sustenta los PGE, la falsedad es absoluta. Empezamos por los más importantes, el consumo privado, que supone el 59% del PIB: del -6% en septiembre de 2013 pasa al 0,2% en 2014.

Con una caída de renta disponible para 28 millones de personas, agudizada en los asalariados ya que el propio cuadro prevé una bajada del 0,6% en los costes laborales unitarios, ¿cómo imaginan que el consumo privado vaya a remontar? Es un imposible metafísico. Pero, además, el agregado demanda nacional -consumo privado, público e inversión, un total del 98/99% del PIB- era del -4,3% a finales de septiembre y se prevé que su caída sea sólo del -0,4%. Esto ya no es voluntarismo, es conscientemente falso.

Y así todo lo demás, un cúmulo de falsedades y despropósitos. El resumen es este:
1.- Los PGE-2014 son un camelo, igual que los de 2012 y los de 2013. No sólo no hay recuperación, sino que estamos en la antesala de la recesión.
2. Lo único seguro de los PGE-2014 es el empobrecimiento adicional de los más débiles: pensionistas, parados, asalariados y empleados públicos.

3. Los bancos españoles están muy lejos, a pesar del río de dinero y avales dilapidados, de haber resuelto sus problemas, incluidos los dos grandes porque su capital no es el adecuado para cubrir futuras pérdidas. Para el equipo del FMI que acaba de analizar el tema, los bancos necesitan 61.200 millones urgentemente: 38.800 para fallidos en préstamos refinanciados, 18.800 para fallidos no-ladrillo, y 9.300 para ladrillo, según Oliver Wyman (caso adverso).

4.- La deuda pública total -no sólo la computable- ascenderá a finales de 2013 al 136% del PIB. Esa cifra es ya imposible de devolver.

Adicionalmente, que Mariano Rajoy esté financiando con nuestro dinero la secesión de Cataluña y del País Vasco es un caso claro de deslealtad a España y deslealtad a cualquier región española que no sean Cataluña o el País Vasco. Los PGE-2014 le quitan, por segundo año consecutivo, las inversiones a Madrid para dárselas a Cataluña, igual que le han dado la supremacía al aeropuerto de El Prat a base de decretos y decisiones tomadas por el Gobierno de Madrid.

La etapa de Rajoy
Como les prometí la pasada semana, hoy sintetizo la etapa de Rajoy. Si hubiera que definir al presidente del Gobierno, habría que decir de él que, además de un cobarde, tiene una desidia insuperable en la toma de decisiones. Su cerebro, acostumbrado a recibir órdenes -porque siempre fue muy bien mandado- ha sido incapaz de adaptarse a la jefatura: ¡lejos de mí el nefando vicio de pensar y de trabajar! La historia de este trepa profesional no empieza con las elecciones de noviembre 2011, viene de mucho más atrás. Yo la empezaría en el congreso amañado de Valencia, donde se autoproclamó líder del PP y donde asestó una puñalada mortal al futuro del partido eliminando a sus mejores cabezas, sustituyéndolos por niñatos de tres al cuarto y aduladores profesionales.

Que Mariano Rajoy esté financiando con nuestro dinero la secesión de Cataluña y del País Vasco es un caso claro de deslealtad a España y deslealtad a cualquier región españolaSu capacidad de gestión se vio perfectamente retratada a lo largo de su dilatado periodo de jefe de la oposición. Mientras afirmaba muy serio en el Parlamento que “no se puede gastar más que lo que se ingresa”, las CCAA más despilfarradoras como Valencia o Murcia, o la capital de Europa más manirrota por decirlo suavemente, Madrid, no merecieron la mínima atención del personaje y gastaron y gastan a sus anchas. Por entonces, algunos decíamos: “Si Rajoy no es capaz de poner orden en su propia casa, ¿cómo va a ser capaz de poner orden en España?".

En septiembre de 2011, en un programa de televisión en el que coincidí con Cristóbal Montoro, me dijo que iban a recibir una herencia envenenada, que el déficit público iba a ser del 8,5% y no del 6%, algo que conocían desde julio todos los analistas. Me confesó que iban a bajar impuestos y recortar gasto político porque era la única manera de crecer. Este sería el centro de la campaña electoral de Rajoy. Al formar nuevo Gobierno, y rasgándose las vestiduras, aseguró –después de imponerle la gran cruz de Isabel la Católica a ZP por sus “grandes servicios a España”-: “¡Nos han engañado, el déficit no es del 6% es del 8,5%, y no tenemos más remedio que subir impuestos!”.

El engaño de Rajoy a su electorado sería total: haría exactamente lo contrario de lo que prometió, lo que le convierte en un presidente inveraz, que es lo peor que le puede suceder a un jefe de Gobierno. En un presupuesto de más de 400.000 millones, de los que 100.000 son gasto político improductivo, ¿no había ningún sitio de donde recortar 6.000 millones? Inaudito. En cuanto al gasto, en febrero de 2012 Montoro anunció a bombo y platillo que enviaría a “los hombres de negro” a las CCAA e intervendría las que hubieran superado los límites de gasto y deuda. Dos semanas después, las convocó en Madrid para decirles todo lo contrario, que “no se dejará quebrar ninguna autonomía y se habilitarían los recursos para ello”: 60.000 millones para que siguieran despilfarrando los caudales públicos para satisfacer su vanidad, su nepotismo y las exigencias inmorales de su corrupción.

Rajoy estaba convencido de que su sola presencia bastaba para que los mercados se rindieran ante él y la prima de riesgo bajara. Con medidas tan disparatadas, ocurrió justo lo contrario y a mediados de 2012 la prima de riesgo coqueteó con los 700 puntos básicos, un nivel muy superior al de la intervención. Pero en lugar de intervenirnos, lo que habría cortado de raíz el despilfarro político a otro irresponsable, Mario Draghi dijo que no dejaría quebrar a ningún país del euro, igual que Rajoy con las CCAA, pero con una diferencia esencial: Rajoy lo hace con el sudor y las lágrimas de los españoles y Draghi imprimiendo papeles de colores. Tras eso, la prima de riesgo bajó automáticamente.

Sólo la irresponsabilidad absoluta del BCE con su barra libre dando más y más droga a los drogadictos sin control alguno mantiene en pie hay un modelo de Estado insostenible y un sistema financiero quebrado. El resultado: sus primeros 18 meses en el poder han sido los de mayor endeudamiento desde Felipe II, la salvajada de 333.000 millones según el Banco de España, un tercio del PIB. Y a finales de 2013 esta cifra superará los 1,4 billones de euros o el 136% del PIB oficial.

La indigencia mental de Rajoy ha sido como la de su antecesor, manteniendo el Estado de partidos donde sobran decenas de instituciones, un millón de empleados públicos y 20.000 asesores que no asesoran. Y su disparatado gasto a costa de lo que sea, y lo que sea es llevar a la miseria a millones de gobernados, a destruir la clase media, a lo que Carlos Marx denomino “invertir en lujo asiático en medio de la miseria” y a dejar hipotecado el futuro de las siguientes generaciones. Este es el hombre que ahora dice que nos sacará de la crisis.

España, regeneración y continuidad
Editorial www.gaceta.es 7 Octubre 2013

El próximo sábado celebramos el día de la hispanidad. Es una ocasión para reconocernos como nación y servirnos de la impronta de nuestra historia para iluminar nuestros problemas actuales y mejorar como sociedad. Estrictamente hablando, no hay problemas que sean actuales. Todos están enraizados en procesos gestados años, décadas o incluso siglos atrás. Por eso las pretensiones de borrar todo resto de nuestra historia para reconstruir el país desde cero, además de ilusorias y totalitarias, han resultado en España en un fracaso de enormes proporciones, aún de vivo recuerdo.

No se puede, en consecuencia, mirar al presente sin hacerlo al pasado. Y cabe pensar que del ejercicio de ambas miradas, desde el conocimiento y la honradez intelectual, pueda surgir una verdadera regeneración del país, un esfuerzo por reconocernos todos en lo mejor de nuestra historia, y también en lo peor, para evitar viejos errores y encontrar en lo más glorioso de nuestro pasado una inspiración para salvar las actuales dificultades y para iniciar nuevas empresas. La aventura americana de España, que también se recordará el próximo día 12, es una fuente permanente para llevar a cabo ese ejercicio que va de la indagación a la crítica, al conocimiento de quiénes somos, y a la mejora del país. Por eso le hemos querido dar hoy un especial protagonismo.

Por desgracia, el debate público, como muchos otros ámbitos propios de una sociedad, está contaminado por la política. Un año más, los nacionalismos excluyentes, que combinan la mentira histórica con las reivindicaciones más egoístas y menos nobles, y que habla con un lenguaje de división y enfrentamiento que no cabe entre regiones de España, vuelven a amenazar la convivencia. Si son capaces de convertir a un héroe catalán que hablaba en nombre de España en un protolíder nacionalista, es que no conocen barrera moral o intelectual en su empeño.

La mentira, con todo, tiene un antídoto muy poderoso, y es esa verdad que se tergiversa y oculta, y que con el mismo empeño, sino más, debemos buscar y reflejar con toda la naturalidad. Una verdad que habla de una unidad forjada desde la época romana, y forjada en varios envites de la historia, como la época visigoda, la conquista islámica, y la reconquista hecha en nombre de la cristiandad, pero también de la continuidad histórica de Hispania, que culminó en los Reyes Católicos. A partir de ellos, con una permanencia a prueba de los caprichos y conflictos de la historia, España ha mantenido su unidad, dentro de la diversidad propia de un país con una historia tan densa. Otro antídoto es el deseo abrumadoramente mayoritario de los españoles de seguir siéndolo, y de no crear zanjas donde lo que hay son lazos.

Idiomas
joaquín rábago La Opinion 7 Octubre 2013

Asistimos diariamente a un deterioro de la enseñanza a todos los niveles con recortes en profesorado, en becas, en investigación, es decir en todo lo que significa futuro para un país, y nos sumergimos en un absurdo y agotador debate sobre bilingüismo o trilingüismo.

Parece como si todos, unos por despecho nacionalista, otros por complejo de inferioridad en relación con el inglés, nos empeñáramos en hundir el castellano, lengua universal, segunda en difusión internacional y objeto de estudio en todo el mundo.

Los sucesivos gobiernos no han sabido o querido defender suficientemente el castellano en los organismos internacionales como hacen otros países -véase Francia o últimamente también Alemania- con el suyo. De ahí que se vea cada vez más preterida: el último caso en el registro de patentes.

Uno entiende perfectamente que un esloveno, un letón, un holandés o un noruego tengan que dotarse de un segundo o un tercer idioma para moverse por el mundo porque es para ellos casi una cuestión de supervivencia.

Al tratarse de lenguas minoritarias, muchos libros de texto, científicos o literarios no estarán traducidos a ellas sino que habrán de consultarse o leerse directamente en el original.

No se me malinterprete: defiendo como el que más la utilidad de aprender idiomas, empezando por el inglés, la nueva lengua franca, sobre todo en el terreno de la ciencia y la economía, pero sin por ello olvidar que existen otros cuyo conocimiento supone un enriquecimiento personal además de abrir puertas en el mundo.

Sin embargo, no deja de resultar esperpéntico que quienes desde que llegaron al Gobierno y con el argumento de que hay que recortar el gasto público como nos imponen desde fuera, no han hecho más que devaluar nuestra enseñanza, se empeñen en que la única forma de mejorar el rendimiento es dar más materias directamente en inglés.

Enséñese un buen inglés, o francés o alemán o chino, con clases de esos idiomas impartidas por buenos profesores, que los hay, pero sin obligar a otros maestros que pueden ser excelentes en las materias que enseñan a aprender a chapurrear una lengua para explicar sus asignaturas a unos alumnos que tendrán que esforzarse todavía más en entender lo que se les dice.

Si el alumno es ya bilingüe, como puede ocurrir en Cataluña o las islas Baleares, parece lógico que la enseñanza se haga en cualquiera de las dos lenguas, preferiblemente en ambas, alternándolas o dosificándolas, según convenga.

En cuanto a los idiomas, enséñenseles a los niños desde pequeños, ofrézcanse las películas en la pantalla grande o en la televisión en versión original con subtítulos, como ocurre en otros países, para que se vaya acostumbrando el oído al sonido de esas lenguas.

Y cuando todo eso sea una realidad, tal vez entonces sí sea oportuno dar determinadas asignaturas directamente en inglés como ocurre en otros países. Pero un inglés rico y complejo, no de andar por casa.

Un inglés que, sin menospreciar en ningún momento el español, servirá para investigar y comunicar al mundo lo investigado y no sólo para trabajar de camarero, de azafata o de guía turístico, profesiones, todas ellas dignísimas, pero a las que no podemos condenar a todos nuestros jóvenes.

Artículo de Rosa Díez
¿Quién defiende a España?
www.lavozlibre.com 7 Octubre 2013

Madrid.- Rosa Díez, portavoz y diputada de Unión Progreso y Democracia (UPyD) publica este lunes un artículo en el diario 'El País' titulado '¿Quién defiende a España?' que por su interés reproducimos íntegramente.

“Amo demasiado a mi país para ser nacionalista”
Albert Camus

Cualquier nacionalista vasco o catalán tacharía de traidor a todo vasco o catalán que no proclamara su voluntad de defender a Cataluña o al País Vasco. Pero esos mismos ciudadanos que veneran los símbolos y las banderas de su comunidad arrojarán al infierno a cualquiera que se atreva a expresar la necesidad de defender a España. Creo que merecería la pena reflexionar sobre cómo se explica que una transición modélica haya devenido, en apenas 30 años, en una crisis política e institucional tan profunda que defender en España lo común, lo que nos une, el Estado, merezca casi siempre la descalificación o el adjetivo de “centralista”, cuando no de “carca”. En suma, cómo hemos llegado a esto.

Hoy nadie duda de que la crisis económica y financiera internacional —y española— tuvo su origen en que se relajaron los mecanismos de control sobre el riesgo; de igual modo, el origen de nuestra crisis política hay que encontrarlo en que se relajaron los mecanismos de control sobre la democracia y se rompieron los vínculos con los que se estaba constituyendo nuestra incipiente ciudadanía española. Y es que si bien hemos sido capaces de transitar de la dictadura a la democracia, de conformar instituciones democráticas e impulsar leyes homologables con las de cualquier país del entorno europeo en el que nos hemos integrado, en España no hemos hecho pedagogía democrática. Nuestra nación no tiene ciudadanos que la defienda porque nadie nos ha explicado que el único proyecto político que merece la pena, el más digno de todos ellos, es la defensa de la ciudadanía, que no es otra cosa que defender una integración social basada en compartir los mismos derechos al margen de la parte de la nación en la que se viva o se haya nacido, al margen de la etnia, de la religión, de la tradición cultural… ¿Puede haber algo más progresista, en el verdadero sentido de la palabra, que la cerrada defensa de la igualdad entre ciudadanos? ¿Puede haber algo más reaccionario, también en su auténtica dimensión, que afirmar que la pertenencia debe primar sobre la participación política, y que es más defendible la identidad étnica que la igualdad entre ciudadanos?

Ciertamente, el deterioro de la convivencia y el abandono de la defensa de lo común —esa contraposición de la diversidad frente a la unidad, de la pluralidad por encima de la igualdad (como decía Savater, no es lo mismo el derecho a la diversidad que la diversidad de derechos)— que se ha producido en España sin que apenas nadie reaccionara, hubiera resultado imposible en cualquier democracia de nuestro entorno. Porque si bien ningún país está a salvo de que llegue al poder un gobernante iluminado ni de que a este le suceda en el cargo un pusilánime, los países serios tienen contrapoderes democráticos que actúan en defensa del interés general cuando los responsables de defender los valores comunes pierden la cabeza o, simplemente, dejan de cumplir con su obligación. Piensen en Francia, en Alemania, en Reino Unido, en EE UU… E imagínense que llega al Gobierno alguien dispuesto a romper la tradición republicana, la unión de las dos Alemanias, el atlantismo, los principios de la Constitución norteamericana… Ni con mayorías absolutas en las cámaras hubieran podido hacerlo; porque tras todos esos nombres propios de país existen ciudadanos alemanes, franceses, norteamericanos, británicos… Una ciudadanía vertebradora que exige respeto a los derechos de todos y cada uno de los que la componen.

Es por esa debilidad de nuestra democracia, por esta falta de voces que defiendan el Estado —a lo que se suma la ausencia de un discurso nacional en los dos partidos que históricamente se han alternado en el poder— por lo que hoy resulta imprescindible explicar lo que significa defender a España. Defender a España es defender la igualdad de todos los españoles; defender a España es defender el mantenimiento de los vínculos de lealtad entre nuestros conciudadanos; defender a España es defender la inmutabilidad de los artículos fundamentales de nuestra Constitución, que son aquellos que proclaman que la soberanía reside en el pueblo español; que todos somos iguales ante la ley; que los titulares de derechos son los ciudadanos y no la tribu o el territorio. Defender a España es defender a los ciudadanos españoles, lo que nos obliga a establecer unos límites infranqueables en la acción política: nada, ni la historia milenaria, ni la lengua, ni las tradiciones, está por encima de los derechos de los ciudadanos.

Pero no debemos afrontar esta cuestión como si fuera un debate abstracto o teórico, porque lo que está ocurriendo tiene consecuencias en la vida de los ciudadanos. En esta España que se debilita quienes más riesgos asume son las clases sociales más débiles, las más desfavorecidas, los ciudadanos que más necesitan de la protección del Estado. La gente más sencilla necesita un Estado que le garantice el ejercicio efectivo de sus derechos en condiciones de igualdad; o el derecho a elegir ser educado en su lengua materna; o el derecho a acceder a una plaza en la Administración dentro del territorio nacional en igualdad de condiciones con cualquiera de sus conciudadanos. Porque conviene recordar que quienes tienen recursos, quienes pueden moverse dentro y fuera de España, no sufren las consecuencias de las barreras que imponen quienes en nombre de “su” patria quieren convertir a una parte de sus conciudadanos en extranjeros en su propia tierra.

El patriotismo es cosa seria, ni necesita “enemigos” ni excluye a nadie; el patriotismo, en el sentido republicano y democrático del término, consiste en defender los valores comunes y la lealtad entre conciudadanos, lo que es un concepto esencial para la democracia; pero el patriotismo requiere de patriotas y en España no parece haberlos, al menos entre los que tienen capacidad y poder para actuar. Por eso en nuestro país es común oír proclamas en nombre de los vascos, de los catalanes, de los gallegos, de los andaluces… Pero, ¿quién habla en nombre de todos los españoles? ¿Quién defiende a España? Quién nos iba a decir que, tantos años después, iba a seguir teniendo validez aquella sentencia de Emilio Castelar en su discurso de dimisión el 2 de enero de 1874: “Aquí, en España, todo el mundo prefiere su secta a su patria”.

Frente a quienes apelan a su sagrado (o histórico) derecho a decidir basándose en la pertenencia a un grupo vinculado por la sangre, la religión, la herencia, la tradición cultural, la lengua..., nosotros defendemos una democracia de ciudadanos unidos por una lealtad mutua.

Frente a quienes quieren construir una “patria” pequeña rompiendo la lealtad entre conciudadanos españoles, nosotros defendemos la unidad de la nación española como un instrumento imprescindible para garantizar la igualdad de todos los ciudadanos, unidos por vínculos de solidaridad y propietarios de todo el país.

Frente a quienes quieren privarnos del derecho a decidir nuestro futuro entre todos y de legarles a nuestros hijos un país fuerte y unido, frente a quienes quieren monopolizar la ciudadanía de una parte del territorio nacional, defendemos el derecho de todos los españoles a mantener la pertenencia al conjunto del país.

En los seis años de vida de nuestro partido hemos explicado muchas veces que nacimos para defender el Estado, aportando a la vertebración del país el discurso y el compromiso de un partido inequívocamente nacional y laico, nada dogmático ni fundamentalista, que defiende el protagonismo de la ciudadanía en la tarea de regenerar la democracia. También he explicado más de una vez nuestra vocación de reconstruir esa tercera España que tan bien representaron un liberal como Marañón y un socialista como Besteiro, hombres cabales ambos, españoles sin complejos. Hoy, resquebrajados y golpeados por la pulsión secesionista los vínculos entre conciudadanos, debilitado el Estado por el silencio cobarde o cómplice de quienes debieran defender lo que nos une, creemos que construir esa tercera España resulta más necesario que nunca. Defender esa tercera España, que es la de la mayoría, es nuestro compromiso.

Artículo de Esperanza Aguirre en 'ABC'
Baleares: las lenguas y el ambicioso proyecto de Bauzá
 www.lavozlibre.com 7 Octubre 2013

Madrid.- Esperanza Aguirre, presidenta del PP de Madrid, publica este lunes un artículo en el diario 'ABC' titulado 'Baleares: las lenguas y el ambicioso proyecto de Bauzá' que por su interés reproducimos íntegramente.

La Constitución Española de 1978 reconoce a los padres el derecho de elegir la educación que quieren para sus hijos. Y uno de los grandes logros de la recuperación de la democracia en España ha sido, sin duda, el de dar la posibilidad a los padres que lo quieran de educar a sus hijos en cualquiera de las lenguas españolas que elijan.

En estos 35 años transcurridos desde la aprobación de la Constitución no he conocido ningún caso de ciudadanos españoles que no hayan podido ser escolarizados en su lenga materna… siempre que esa lengua no sea el castellano.

Porque los gobiernos de las Comunidades Autónomas con ciudadanos de lengua materna distinta del castellano han extremado la atención para que puedan ejercer en plenitud su derecho a conocerla y usarla. Esa atención de los gobiernos autonómicos me parece muy razonable, porque, además, veníamos de una situación en la que los hablantes de esas lenguas habían visto vulnerado ese derecho.

Pero esa legítima acción en favor de los derechos de los hablantes de una lengua distinta del castellano ha podido caer en dos tipos de errores.

El primero, lesionar los derechos de los ciudadanos que tienen como lengua materna el castellano. Se ha escrito mucho sobre este asunto, se ha debatido mucho, ha habido conflictos muy serios sobre esto, hay sentencias judiciales, y tengo la impresión de que todavía falta mucho para que se resuelva de manera plenamente satisfactoria para todos. Porque, si no se resuelve, el legítimo afán de proteger los derechos de unos podría vulnerar los derechos de otros.

El segundo error ha sido la utilización de la enseñanza de las lenguas distintas del castellano para sembrar sentimientos de rechazo, recelo y hasta odio hacia el resto de los españoles.

Al utilizar la lengua como arma política, algunos han llegado, incluso, a decir que las lenguas tienen derechos cuando son sólo los hablantes de las lenguas los que pueden ser detentadores de derechos.

No hace falta ser un lince para ver que esos sentimientos de rechazo hacia el resto de los españoles están en la base de los sentimientos que los políticos nacionalistas quieren cultivar para justificar sus objetivos de ruptura con el resto de España.

Como conoce perfectamente esas derivas que han ido tomando las políticas lingüísticas de los nacionalistas, el presidente de Baleares, José Ramón Bauzá, se presentó a las últimas elecciones autonómicas con un programa en el que garantizaba a los ciudadanos de las Islas la libertad de elegir la lengua en que quieren que sus hijos sean escolarizados.

Con el objetivo de que, al acabar la escolarización, todos los alumnos de Baleares conozcan el castellano, el catalán y el inglés, lengua imprescindible para la vida de hoy y, especialmente, para los que viven en un lugar donde el turismo es, con mucho, la base de su economía. Y con este proyecto José Ramón Bauzá obtuvo la mayoría absoluta.

Esa ambiciosa y realista propuesta del presidente Bauzá tiene, además, el propósito de remediar los defectos del marco educativo aún vigente, el de las nefastas leyes socialistas.

Pues bien, ahora estamos viendo cómo los que quieren mantener en Baleares el monolingüismo en catalán se han lanzado, sin el menor reparo, contra este proyecto.

Porque los partidarios de una educación monolingüe pretenden que los alumnos de esas Islas -lo quieran sus padres o no- sean educados sólo en catalán (o mallorquín). Con el propósito, como ya ha ocurrido, de aprovechar ese monolingüismo para seguir sembrando ese rechazo a España. Y en este caso, además, para preconizar la anexión de las Baleares a la república independiente de Cataluña con la que sueñan.

Hasta ahí todo puede tener su lógica, la lógica de los separatistas y anexionistas catalanes, que yo, evidentemente, no comparto. Lo que resulta una vez más incomprensible es la actitud de los socialistas, que están apoyando las movilizaciones que el pancatalanismo está promoviendo contra el legítimo y democrático gobierno de José Ramón Bauzá y contra su ambiciosa política educativa.

Nacionalismo, desigualdad y xenofobia
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 7 Octubre 2013

El sentimiento-pensamiento, el orden de prominencia si altera el producto, en que se sustenta el nacionalismo contiene siempre dos ingredientes esenciales: la desigualdad y la superioridad. La percepción emocional básica es el suponerse y sentirse no solo diferentes, lo cual es a priori algo positivo y profundamente respetable, sino superiores y mejores. Mas listos, más avanzados, más buenos, más trabajadores, más preparados, más honrados, más, más, más. Algunos puestos y por esa senda no tardan en llegar a que más altos, más puros, más fuertes. También más ricos, por supuesto.

Por el contrario el otro es menos. Las virtudes propias son en el contrario terribles defectos. Es vago, tramposo, indolente, rapaz, tonto, malo, incapaz de salir de pobre y, por supuesto, un ladrón. Un saqueador que llevado de su maldad, su envidia y su vesania oprime, exprime y roba

Así es de simple la formulación. Así de grosera. Pero eficaz, ya lo creo. Aunque sabedora de la profunda zafiedad de sus principios se camufle en mitos y agravios inventados y se deslice por la historia buscando coartadas. Pero es eso, simplemente eso: enaltecimiento de la superioridad propia y xenofobia. Por el derecho y por el revés. Sin anestesia. No es el amor a lo propio lo que define, que ese es hermoso, empático y querido, sino el odio a lo “otro. No es el amor a una lengua, una cultura, un símbolo lo que lo identifica sino el odio a todo lo que sea “otro”, lengua, símbolos, señas y sobre todos las que son comunes, porque esas son las que unen y de lo que se trata es de abrir simas.

Pero se recubra de toda la parafernalia habida y por haber el nacionalismo es exactamente, y demostrado por todo nuestro avatar histórico reciente, la ideología más reaccionaria, la verdadera caverna ideológica de Europa. Y de España. La diferencia establecida como desigualdad, como confrontación, como agravio y como separación. Un principio incompatible con la igualdad.

Que es, o ya no se si era, el esencial principio de la izquierda. Y es por ello que resulte una verdadera alucinación observar como la que lleva sus siglas en nuestro país ha dado pátina de progresista a tales y, tan contradictorias con las suyas, doctrinas, cuando no les ha servido de báculo y de colaborador necesario para lograr sus fines. Y en ello siguen. Resulta patético desde el punto de vista ideológico ver a IU defendiendo la expropiación de los derechos soberanos del pueblo, de todo el pueblo español en pro del apropiamiento de un supuesto y troceado derecho a decidir de unos cuantos. Resulta inconcebible un PSC en la mas suicida y repetida escenificación del papel de “tonto útil”. Resulta desalentador comprobar como el PSOE, envuelto en los líos de su propio ovillo, chapoteando en el desastre en que los sumió el aprendiz de brujo que dejó tanto a España como a su propio partido en la sima, no es capaz de una voz única y firme en algo que no es para nada “cosas de los abuelos cebolletas de la vieja guardia” sino su propio ADN y sus propios principios fundacionales.

Aunque sea una criatura de partido o tal vez por serlo, y percibir la inminencia de la catástrofe que tales traiciones con el consciente y subsconciente colectivo de su militancia y electorado puede acarrearles, la andaluza Susana Díaz ha dicho lo que dijo. Que no es otra cosa que lo que siempre, y hasta ZP y su hipysmo-leninismo, había dicho el socialismo.



Nacionalismo educativo y cómo ejercí con todas mis fuerzas mi libertad secuestrada
Álvaro Torrens Abril  www.lavozlibre.com 7 Octubre 2013

Comentarista político

Voy a intentar relatar de forma objetiva y plural lo que me sucedió en un colegio concertado de Cataluña, próximo a la calle Calvet de Barcelona.

Cuando llevaba dos años en ese colegio sin que me sucediera nada aparentemente anormal, manifesté a un compañero que mi ideología era de centro-derecha liberal y que si tuviera edad para votar -en esos años no la tenía- votaría al Partido Popular. Ese comentario corrió como la pólvora y en pocas semanas todo el colegio, desde los chavales que inician secundaria, pasando por todos los profesores, hasta llegar a la directora del centro educativo, sabían de mis ideas políticas e ideología. Nunca llegué a pensar que manifestarse a favor de una forma de pensar -contraria a la establecida en algunos colegios catalanes- me fuera a perjudicar de tal manera.

El primer asalto a la libertad de pensamiento y de culto llegó de la mano de la señorita Elisa R., la profesora de Ciencias Sociales e Historia, coincidiendo con la visita de Benedicto XVI a Barcelona. La maestra, habituada a dar sus opiniones personales en el aula como si estuviéramos en el bar de la esquina acompañados de unos cafés, dijo con toda la tranquilidad: “La iglesia es una chula. Las monjas solo sirven para limpiar la mierda del Santo Padre”. Con toda la naturalidad del mundo prosiguió hablando de la innecesaria visita. Yo, que no daba crédito, no tuve la capacidad de responder, estaba alucinando. Lo que se me ocurrió en el momento fue apuntarme la frase textual, para que no se me olvidara ni la coma. Al día siguiente de clase, solo al comenzar, levanté educadamente la mano y le dije que sus palabras del día anterior me habían ofendido. “Usted dijo”: -le repetí su frase textual- y le exigí que pidiera disculpas y retirara esas desafortunadas palabras. Pero no fue así, su respuesta fue negarlo. Entonces, un alumno exclamó: “Señorita…”, a lo que ella añadió: “Hombre, yo bajada de pantalones… no”. Prosiguió la clase.

Ante tal hecho, y con una sensación de impotencia, decidí ir a hablar con la directora del centro. La señora me comprendió y prometió hablar con la profesora, pero a mí no me bastaba, no era suficiente. Tenía que pedirme disculpas. Así lo hizo pasados unos días en privado. Pasado un tiempo, mi madre pidió hablar con esa profesora, que además era la tutora del curso al que yo iba, para tratar otros asuntos. Una vez sentados en el despacho, mi madre comenzó a hablar en castellano y la tutora prosiguió en catalán, hasta que mi madre le pidió si podía hablarle en castellano, ya que ella se sentía más cómoda. La profesora, con esa falta de educación y prepotencia que le caracteriza, le respondió: “Estamos en Cataluña, se habla catalán” -en catalán-, a lo que mi madre, armada de paciencia, le contestó que ella era una madre, era la que pagaba el colegio, es decir, su sueldo, y que Cataluña estaba en España, así que hiciera el favor de ser educada y hablarle en castellano. Ella se negó y mi madre abandonó la reunión.

La próxima reunión la solicitó con la directora. Antes de entrar en el despacho, apareció la tutora. Mi madre, con toda la naturalidad, le preguntó que qué hacía ahí, a lo que ella contestó que era la tutora. Mi madre, sin dar crédito, le dijo que ella había solicitado una reunión con la directora. “¿No eres tú, verdad? Pues…”, dijo. Finalmente se hizo la reunión como estaba prevista, sin la señorita Recasens. La directora ejerció de mi tutora y se encargó personalmente de todas las reuniones. Lamentablemente, la tutora, la señorita Elisa, me tachó con una equis para el resto de sus días. Para ella yo había muerto e intentaba ponerme todas las trabas posibles para perjudicarme académicamente. Por ejemplo, yo le fui a pedir una fotocopia de un examen para revisar mis errores y comprobar en que había fallado. Pasó una semana. Dos semanas. Y cuando faltaba un día para el siguiente examen, le dije que si tardaba mucho en hacer la fotocopia ya no era necesario porque el examen al día siguiente. Entonces, ella me contestó que no iba a fotocopiármelo, que si quería una copia que lo copiara a mano. Yo, en un estado de desesperación por las pocas horas que me quedaban para hacer el siguiente examen, llamé a mi madre y le conté lo que estaba sucediendo. Ella, en un estado de nerviosismo llamó al colegio, y pidió a la directora que hiciera que su empleada hiciese el favor de comportarse. Finalmente, la directora tuvo una “conversación” un poco acalorada y cuando salieron del despacho, me entregaron la fotocopia. Acabé el curso como pude. Superé el agitado curso.

Al cambiar de ciclo, cambia la señorita de Historia. ¿Liberación? Pesadilla. Íbamos de mal en peor. La nueva señorita de Historia, la señorita Salla, no llega a los 30 años, era una persona inmadura, totalitaria, dogmática e incapaz de llegar a un mínimo de profesionalidad que se espera no ya de una profesora, sino de una persona que trabaja. Eran constantes sus cambios de humor: un día te saludaba eufóricamente y al siguiente ni un simple “hola”. Eran constantes los rumores de bipolaridad.

Teníamos en el temario temas tan sugerentes como la creación de la URSS, los totalitarismos, la revolución rusa… No digo ninguna novedad si digo que todos sabíamos cómo pensaba esta señorita. Insisto, señorita, ni profesora y mucho menos maestra. Es de una claridad y una obviedad meridiana, ya que los “complementos” de su vestuario se manifestaban por sí solos: una pulsera con la bandera independentista, unas bambas amarillas con una gran “estelada” y sus cantos por el pasillo del himno de La Internacional. Ella también, como todo el colegio, sabía de mi comentario de hacía tiempo respecto a mi posicionamiento político. La crispación y la tensión no se hicieron esperar con comentarios como “los reyes no sirven para nada, son inútiles. En especial el rey Juan Carlos I, es un borracho que le ha puesto los cuernos a su mujer el segundo día después de la boda, como hacían antes Habría que cortarle la cabeza en la guillotina delante de todo el mundo, en la Puerta del Sol”. Si esto les parece radical, aunque sean republicanos, para ella era “lo que se merecen”. Pero ella se consideraba “moderada”. Por supuesto que podríamos considerarla como moderada por este comentario si lo comparamos con otros que hizo.

La muerte Hugo Chávez, el expresidente de Venezuela, copó las portadas de todos los diarios. Yo, habitual seguidor de la actualidad, llevaba uno de ellos, el 'ABC'. Antes de que comenzara la clase, lo tenía encima de mi mesa, pues estábamos comentando la noticia con algunos compañeros, dada la tardía de la señorita. Entonces llegó y comenzamos la clase hablando del tema. Yo también expresé mi opinión hacia el dictador venezolano (ver mi columna “Crónica de una muerte anunciada”) y ella expresó su admiración hacia el gorila rojo elogiándolo con argumentos del estilo: “Ha sacado de la miseria a muchos venezolanos”. Yo le contraargumenté con datos y argumentos sólidos que provocaron su pérdida de paciencia y, como consecuencia, el fin del debate. A continuación, decidió ponernos a “trabajar” con ejercicios, mientras ella se “desinformaba” con mi diario, actualizaba sus estados de Facebook o se wasapeaba con sus amiguitas.

Todo este “funcionamiento” provocó mi queja hacia una persona de las altas instancias. Yo le expresé mi gran malestar con el tipo de comentarios de una índole nacionalista y propia de la ultraizquierda radical. Le argumenté que, a mi modo de ver, se debe dar clase en primer lugar y, en segundo, que en Historia se requiere imparcialidad, y que ambos puntos no se daban. Ella me dijo que quedaba enterada y hablaría con dirección. Entre que hablaba y no hablaba las clases se tensaban, también mi relación con los compañeros de clase, ya que yo era señalado e incluso en alguna ocasión insultado. Del insulto se pasó a la agresión. Fue una grave lesión y agresión.

Lo que yo quiero expresar aquí y ahora es que se castiga y es 'apestado' o considerado 'mala persona' aquel que intenta, con todas sus fuerzas, ejercer su libertad, una libertad que cada vez está más coaccionada, por no decir secuestrada. Me gustaría ver algún día, antes de que el personal se retire del campo de batalla, que a los que hacen el mal, a los que no siguen las normas, a los que no respetan la dignidad de las personas…, sean amonestados decentemente y como popularmente se llama 'les caiga el peso de la ley”. (Ver mi columna “Mediocres: mal educados, adoctrinados y agresores”). Pero ahora que ya me he retirado del campo de batalla debo confesar que no hubo tal amonestación hacia la alumna L.A, alumna con antecedentes agresivos, que tuvo que estar ingresada en Andorra. Insultos, agresión y para completar el triangulo, robo.

En esos días me robaron en el centro el iPad que tenía en mi cartera mientras yo me encontraba en el servicio. Yo lo denuncié en el centro y pasadas unas semanas, dada la nula colaboración, lo denuncié a la policía, incluyendo una pequeña lista de nombres sospechosos. Habiéndolos interrogado, salió el culpable a los tres días, que no recibió ningún castigo por parte del centro.

Dado el punto en el que me encontraba, me dirigí a hablar con la titular de dirección. Todo fueron buenas palabras y comprensión. Se comprometió a solucionar el problema y fijamos una próxima reunión. La clase se había convertido en un circo, en un show. Un día no pude entrar en clase de Filosofía a primera hora de la mañana “por tu seguridad”, en palabras de la coordinadora de Secretaría. Cuando logré convencer al personal para poder entrar en clase, cosa que no logré hasta el siguiente día, tenía entre ellas clase de Historia. Nada más entrar me coloqué en mi sitio habitual, es decir, en la primera fila. Cada alumno se sienta en el lugar que desea. Cuando entró ella y dejó sus cosas sobre la mesa me dijo: “Tú, a partir de ahora, en mis clases, te colocarás al fondo de todo, en la última fila”. Yo le pregunté por qué, argumentándole que, como podía comprobar, sólo estaban ocupadas las cuatro primeras filas, las seis restantes estaban vacías y que no llegaba a comprender el motivo por el cual yo tenía que irme al fondo del todo, excluido. Ella sólo dijo que “aquí mando yo. No tengo porqué dar explicaciones y menos a un alumno”. Cogí mis cosas y cuando estaba a punto de llegar a la puerta, me preguntó que a dónde pensaba que iba, que si “no sabes distinguir entre la última fila y la puerta”, a lo que yo le conteste que “cuando me lo diga alguien que realmente mande, es decir, la directora, lo haré.” Abandoné la sala. Me citaron para comunicarme, junto a mis padres, que estaba amonestado con una semana de expulsión de la clase y yo recriminé que amonestaban a alguien por salir voluntariamente del aula y, en cambio, no sucedía con alguien que se dedicaba a agredir. Curioso. La respuesta fue sentenciadora: “Las normas están y depende de quien sea se aplican de una forma u otra”. Es decir, la ley es la ley, pero depende de quien la viole se le aplica las consecuencias o no. Típico de repúblicas bananeras.

Cuando pasó esa semana de expulsión, cuyo primer día a mi vuelta era el examen de Historia y yo no había podido ir a las explicaciones de clase, se me prohibió responder a las preguntas del examen en castellano. Una vez finalizada la evaluación y entregada la hoja del examen, salí del aula para irme a mi casa pero antes pasé por el servicio, donde me dí cuenta de que me había olvidado en mi sitio mi agenda y una cartera que llevo siempre. Cuando salí del aula, la puerta estaba abierta de par en par, a diferencia cuando salí del baño -situado a escasos dos metros del aula-, que estaba cerrada. Giré el pomo, pero comprobé que estaba echada la llave. La “señorita” se había encerrado dentro con los alumnos para que yo no pudiera recoger mis visibles pertenencias. Piqué a la puerta, ella abrió y me dijo que si quería volver a entrar tenía que esperar tres cuartos de hora, a que ella saliera. Cerró. Yo en un estado de confusión y de enfado, ya que llegaba tarde a una cita médica, fotografié con el iPhone la cerradura donde se apreciaba que estaba cerrada y bajé a dirección. Allí la directora me dijo que no hacía falta hacer la foto, a lo que yo respondí que sí porque si no diríais que me lo invento. El jefe de estudios me acompañó al aula y obligó a la “señorita” a abrirla y dejarme recoger mis pertenencias.

Al día siguiente, llegué tarde, ya que había fallecido mi abuelo, y sólo iba a buscar unas cosas. Le pedí las llaves para abrir el aula, a lo que ella se negó. Yo, con un estado de tristeza comprensible dadas mis circunstancias personales, le dije: “Ana, por favor, vengo a recoger unas cosas y me voy al funeral de mi abuelo”. Ella, como de costumbre, tan frívola, distante, borde, calculadora y rencorosa, siendo incapaz de mostrar un ápice de humanidad o empatía, fue lapidaria: “Me da igual lo que te pase o quien la haya palmado. Cuando digo no, es no”. Sólo volví para buscar -sí, sí, a buscar, porque estaba escondida, supongo que debajo de la mesa- a la directora para decirle que no había cumplido nada y que no volvería a dañar la suela de mis zapatos en ese suelo. Recogí todas mis pertenencias y no volví.

Alicia en el país de los disparates
Pablo Sebastián www.republica.com 7 Octubre 2013

Víctima de su incompetencia política que está llevando al PP en Cataluña a la insignificancia electoral con riesgo de pasar de su cuarta posición actual hacia la séptima fuerza política catalana -detrás de ERC, CiU, PSC, ICV y Ciudadanos-, Alicia Sánchez Camacho se ha encontrado en la sede central del Partido Popular con un no rotundo a su pública y temeraria propuesta de hacer concesiones financieras exclusivas al gobierno catalán de Artur Mas, rompiendo la solidaridad entre Comunidades Autónomas.

Y ofreciendo un techo mayor de competencias autonómicas para Cataluña e incluso una reforma constitucional, a ver si pagando estos ‘impuestos independentistas’ se consigue que Mas aplace su ilegal referéndum de autodeterminación o transforme su proyecto en una ‘tercera vía’ federal o confederal como la que defienden el PSC y Unió, que es tan inconstitucional como la independencia.

Si aparcamos los recientes escándalos de espionajes variados y las comidas secretas con la ex compañera de Jordi Pujol Ferrusola -el comprador de pitos y pegatinas para agraviar a España y al Rey-, un episodio repugnante en sí mismo, y si olvidamos aquellas más que furiosas y pintorescas apariciones de Sánchez Camacho en las tertulias post franquistas de los ‘gatos pardos’ de las televisiones más extremas y ultra confesionales afines al PP, si nos olvidamos de todo esto que no es poco, todavía estaremos en condiciones de afirmar que la dirigente catalana del PP debería de ser sustituida por la dirección nacional de este partido lo antes posible.

Algo difícil de imaginar -¿a quién ponen allí?- en un contexto en el que el lema de Rajoy es ‘no hacer nada por nada del mundo’. Ahí está el PP de Andalucía sin candidato oficial, o por ahí anda el presidente madrileño González amenazando con convocar su ‘consulta’ madrileña, o la secretaria general, Cospedal, apresada en la madeja del caso Bárcenas que ella contribuyó a enredar en compañía del famoso ex tesorero del PP, hoy preso en la cárcel de Soto del Real.

Sin embargo, los acercamientos de Sánchez Camacho a los ahora inventores de la ‘tercera vía’ catalana -imaginamos que por su cuenta-, y su pretensión de concesiones exclusivas al gobierno de la Generalitat, previamente aireadas en medios de comunicación y luego expuestas ante la máxima dirección del PP, constituyen una iniciativa temeraria y fuera de lugar que no solo habrá indignado a los votantes catalanes del PP, sino también a los de toda España así como al resto de dirigentes nacionales y regionales del partido.

De una organización política descabezada, a remolque del palacio de la Moncloa e incapaz de prevenir los incendios internos que se propagan en su interior y espacio electoral. Los que tienen menor incidencia de la que debieran gracias a los problemas que sufre el PSOE en Cataluña y el resto de España, pero que dan idea de la escasa calidad de nuestro dirigentes y gobernantes en medio de la enorme tormenta política, económica e institucional que sufre el país.

La que, por ejemplo, contrasta con la responsabilidad y cohesión de los gobernantes y dirigentes de Alemania que tras las recientes elecciones generales ha provocado una dimisión en cadena de los líderes perdedores de los comicios -de la SPD, verdes y liberales- y la búsqueda de acuerdos y pactos de gobierno entre Merkel y los nuevos dirigentes de la SPD en beneficio de la estabilidad y del progreso económico y social de su país.

El fracaso político y los disparates de Sánchez Camacho dejan en evidencia al Gobierno de Rajoy y su autoridad en el seno del PP y además contrasta en estos mismos días con los discursos recientes de la presidenta de Andalucía, Susana Díaz -que veremos hasta donde mantiene su palabra-, de la líder de UPyD Rosa Díez, y del primer dirigente de Ciudadanos, Albert Rivera, que está creciendo en Cataluña de manera imparable y a costa de los votantes del PP y del PSC.

¿Hasta cuándo Sánchez Camacho al frente del PP catalán? Rajoy, el gran mudo, tiene la palabra. Pero mientras tanto está claro que el salvavidas que la dirigente popular le ha querido lanzar a Duran i Lleida y a Mas, cuando los dos parecen inmersos en el proceloso mar de todas sus ocurrencias secesionistas -en una o dos etapas- es mucho más que un error de cálculo político sino una afrenta a los ciudadanos españoles que nunca aceptarán pagar un precio a quienes, desde la deslealtad y la ilegalidad, amenazan a diario la convivencia, la solidaridad y la unidad nacional.
www.pablosebastian.com

Cataluña
¡Viva la inmersión lingüística!
Pablo Planas Libertad Digital 7 Octubre 2013

La elaboración de encuestas es una de las más oscuras de entre las ciencias ocultas, una especialidad a medio camino entre la gastronomía molecular y el tarot. Sólo desde esta perspectiva se pueden comprender fenómenos como que el PP se despegue del PSOE a la que Bárcenas deja de ser trending topic; la popularidad de Duran Lleida en Madrid o las siempre crecientes expectativas electorales de Izquierda Unida. En Cataluña, como no podía ser menos, las encuestas, estudios de opinión y sondeos han alcanzado un grado tal de sofisticación que se abren nuevas vías al desarrollo de las disciplinas adivinatorias y las artes manipulatorias.

El último ejemplo se ha publicado en La Vanguardia, el periódico de la tercera vía. Después de pronosticar un empate virtual entre CiU y ERC, lo que sí parece dentro de lo posible, se afirma que el 51 por ciento del electorado de Ciudadanos y el 41 por ciento del PP está a favor de la inmersión lingüística. O sea, que la mitad más uno de los votantes de Albert Rivera ya ve bien lo que pasa en las escuelas pese a que su candidato se rompe la garganta reclamando cosas como que las dos lenguas, esto es, el catalán y el español, sean vehiculares en la enseñanza. O también que 41 votantes de cada cien que tiene el PP en Cataluña están en contra del ministro Wert y su descabellado intento de que los pobres niños catalanes aprendan las mismas cosas que los mocosos de Murcia. Y aquí el que suscribe sin enterarse de semejante noticia, perplejo sin remedio ante el espejismo de una imposición lingüística que, si es que existe, resulta que es del agrado de una amplísima mayoría de catalanes. Cómo será la cosa que en el análisis que practica el propio diario que publica la encuesta se lee: "Incluso entre quienes se expresan básicamente en castellano, el proyecto de Wert despierta las críticas de casi el 56 %, y únicamente encuentra un apoyo relevante entre la minoría de personas con una escasa escolarización". ¡Ondia! Y en página impar, la trece, abriendo sección, en el cuerpo de texto, última de la primera columna, por más señas, y sin que hasta el momento nadie se haya quejado, ni siquiera de entre los que hemos sido escolarizados escasamente.

Pero lo que las encuestas te quitan, los sondeos te lo dan. El mismo refrito del diario de Godó advierte de que existe un 19 por ciento de los catalanes que no es exactamente partidario de la inmersión lingüística, que tiene sus dudas. A ver si va a ser verdad que no se puede estudiar en castellano en Cataluña, se preguntan. Después de tantos esfuerzos, campañas y adoctrinamientos varios, resulta que los refractarios a las virtudes y bondades del monolingüismo son una grey más nutrida que la que conformaban los independentistas hace sólo un lustro. En pleno apogeo del tripartito, el apoyo a la secesión de Cataluña se estimaba en torno a un quince por ciento. Poca cosa, nada en comparación con el tsunami independentista que registran ahora todos los sondeos.

No es por insistir en los márgenes de error de los sondeos, pero si en tan poco espacio de tiempo aquello que era minoritario se ha convertido en la corriente central de la política catalana, con un 19 por ciento de contrarios a la apnea lingüística, las bases para el rebote son más que sólidas, tanto, al menos, como la de los partidarios de Junqueras hace cuatro días mal contados. Y más cuando los "minimamente escolarizados" son, cómo decirlo, más asilvestrados.

Podría pensarse que un ochenta por ciento a favor de un procedimiento educativo es un porcentaje más que suficiente para dejar de dar la murga con el temita, sobre todo por parte de la Generalidad, que es quien lo remueve a diario. Pero no, la inmersión es sagrada, como el pendón de Santa Eulàlia o los cimientos del viejo mercado de hortalizas del Borne. Otra cosa es que ahora los independentistas paseen por las teles locales y den bola a un grupo de "españoles" residentes en Cataluña que han grabado un vídeo a favor de la independencia. En castellano, claro, para que se entienda y para que se vea hasta qué punto son excelsas las virtudes del irredentismo trabucaire que incluso se pueden pregonar en la lengua del invasor. De hecho y sobre esto, Mas y Junqueras prometen y no dan abasto. Aseguran que en el futuro Estado catalán el castellano será oficial, lo que más que un reconocimiento implícito del vapuleo y desprestigio actual parece una buena razón, y de peso, para hacerse soberanista. O de Llodio, como en el chiste de los aceros.

De todas maneras, se debe insistir en la ductilidad de los estudios de opinión y su capacidad para producir estados estupefaccientes y paradójicos. El CIS de la Generalidad, que se llama CEO (Centre d'Estudis d'Opinió), le sugirió a Mas ahora hace un año que convocara elecciones porque las tenía ganadas por una mayoría más que absoluta. No hace falta recordar el estrepitoso fracaso de la quiniela cocida en las mismas entrañas de la plaza de San Jaime. Esa voluptuosidad de los sondeos, cuyos autores siempre tienen una explicación a mano tan convincente como incomprensible, podría dar pie a la creencia de que Rivera no se entera y de que Alicia está en la higuera en relación a lo que piensan sus propios electores respecto a la cuestión lingüística. Téngase en cuenta eso de "la minoría de personas con una escasa escolarización", pero tal vez sea todo lo contrario. Qué sabe nadie.

Duran el pirómano
EDITORIAL Libertad Digital 7 Octubre 2013

Josep Antoni Duran i Lleida sigue volcado en ese papel que le está dando –muy bien– de comer desde hace tantos, tantos años: el de político con gran altura de miras que es capaz de arrostrar duras críticas de tirios y troyanos con tal de forjar acuerdos de hondo calado. Duran o la moderación vendría a ser, según su modesta impresión –compartida por sus voceros en Madrid y Barcelona–, el prototipo de hombre de Estado que tanto necesitaría España en esta hora crítica.

La realidad, en cambio, es muy otra. Josep Antoni Duran i Lleida es uno de los personajes más nefastos de la escena política española, uno de los grandes responsables de la formidable crisis nacional que padecemos. Tantas veces, su moderantismo no es sino cáculo falsario y maniobrero, coartada para los desafueros de sus compinches más impresentables en el desafío secesionista lanzado por su socio convergente Artur Mas. Duran parece estar ahí no para poner coto a los desmanes del separatismo montaraz, sino para no asustar a las personas de bien; lo que le hace no menos sino incluso más culpable que los fanáticos que no disimulan.

Ahora le ha dado por emular a Jeremías y vaticinar lastimero grandes males si el Gobierno central no se aviene a negociar con el de su autonomía. Conmovedor espectáculo. Partirá el corazón a tanto timorato acomodaticio y a los que, como él, gustan derramar lágrimas de cocodrilo. Pero lo cierto es que su espectáculo es patético, y su papel un papelón, en el más bochornoso sentido de la palabra. Ahora más que nunca, es necesario desenmascararlo: el estadista Duran está demandando a España que se suicide, que haga saltar por los aires su ordenamiento jurídico y viole los principios fundamentales de su Carta Magna, para así satisfacer los delirios liberticidas de un Gobierno autonómico abiertamente desleal, que se ufana de no cumplir las legislación vigente y que somete la convivencia a una tensión tremenda.

Duran no es un gran hombre de Estado, ni mucho menos. Duran es, más bien, un pirómano que lleva puesto un disfraz de bombero. Un sujeto, pues, especialmente peligroso.

La guerra sigue
«El tratamiento general del terrorismo apocalíptico debe ser implacable»

Gabriel Albiac ABC 7 Octubre 2013

EL 2 de mayo de 2012, un comando de los Navy SEAL abatía a Osama bin Laden en Abbottabad. Habían sido necesarios once años de agotadora –y costosísima– búsqueda, desde aquel 11 de septiembre en el cual Al Qaida asesinara, en Nueva York, a tres mil civiles. Un gobierno demócrata había sucedido a uno republicano. El asalto final fue supervisado en directo, desde la Casa Blanca, por el presidente Obama. Como lo hubiera sido por Bush en su caso. O por cualquier otro responsable del Ejecutivo. Sin distinción de partido.

Anteayer, un comando de los Navy SEAL capturó en Trípoli a Anas Al Liby. Caudillo de Al Qaida, Al Liby era buscado, desde 1998, como autor de la doble acción que, ante las legaciones norteamericanas en Kenia y Tanzania, produjo 224 muertos y cerca de 5.000 heridos. En su práctica totalidad, civiles locales. Quince años habían pasado. Hubiera sido igual si hubieran pasado treinta.

Sólo hay un modo de disuadir a un enemigo sanguinario: hacerle saber que el coste que pagará por cualquier acción será el más alto. Y que nada lo salvará de eso. Por más tiempo que pase. Por más gastos que su captura genere. Alan Dershowitz dio concepto, poco después de aquel gozne del 11 de septiembre, a las insoslayables determinaciones de la guerra de religión declarada por el yihadismo al mundo no islámico: «El tratamiento general del terrorismo apocalíptico debe ser implacable». Lo fue. En los Estados Unidos.

En los Estados Unidos. Por eso, allí, es verosímil poner freno a esa ofensiva milenarista que sacude al Islam en todo el mundo. Allí. Aquí, en Europa, sucede exactamente lo contrario.
El mismo Dershowitz ha analizado, fría y desoladamente, cuáles fueron las condiciones que llevaron a la expansión islamista y al 11S. Y a lo que vino luego y cuyo final nadie puede soñar cercano. La cesión de Europa ante los atentados masivos de la OLP en los años setenta creó una certeza, que la capitulación ante los asesinos de los Juegos Olímpicos del 72 confirmó duramente: el asesinato en masa es rentable. Cuando Alemania acabó por liberar a los terroristas palestinos de sus cárceles, cuando todos los países europeos aceptaron reconocer diplomáticamente a los asesinos e implantar en sus capitales «legaciones» oficiales de la gente de Arafat, los términos de la apuesta quedaron claros: matar vale la pena, siempre que lo hagas con la eficacia suficiente para aterrar a un gobierno. O a todos los gobiernos. En Europa. Sin esa estratégica certeza, cosas como el 11 de marzo madrileño jamás hubieran ocurrido.

Doce años después del 11S, los Estados Unidos siguen solos en la lucha contra la ofensiva mundial más difícil que hayamos conocido. Más difícil, porque se trata de una guerra santa, una yihad, para cuyos combatientes la vida es irrelevante: la de los infieles, porque merecen morir; la de los yihadistas, porque la muerte los volcará de cabeza en un paraíso rebosante de señoras estupendas.

Europa ha perdido ya esa guerra. La perdió treinta años antes de que comenzara.
EL 2 de mayo de 2012, un comando de los Navy SEAL abatía a Osama bin Laden en Abbottabad. Habían sido necesarios once años de agotadora –y costosísima– búsqueda, desde aquel 11 de septiembre en el cual Al Qaida asesinara, en Nueva York, a tres mil civiles. Un gobierno demócrata había sucedido a uno republicano. El asalto final fue supervisado en directo, desde la Casa Blanca, por el presidente Obama. Como lo hubiera sido por Bush en su caso. O por cualquier otro responsable del Ejecutivo. Sin distinción de partido.

Anteayer, un comando de los Navy SEAL capturó en Trípoli a Anas al Liby. Caudillo de Al Qaida, Al Liby era buscado, desde 1998, como autor de la doble acción que, ante las legaciones norteamericanas en Kenia y Tanzania, produjo 224 muertos y cerca de 5.000 heridos. En su práctica totalidad, civiles locales. Quince años habían pasado. Hubiera sido igual si hubieran pasado treinta.

Sólo hay un modo de disuadir a un enemigo sanguinario: hacerle saber que el coste que pagará por cualquier acción será el más alto. Y que nada lo salvará de eso. Por más tiempo que pase. Por más gastos que su captura genere. Alan Dershowitz dio concepto, poco después de aquel gozne del 11 de septiembre, a las insoslayables determinaciones de la guerra de religión declarada por el yihadismo al mundo no islámico: «El tratamiento general del terrorismo apocalíptico debe ser implacable». Lo fue. En los Estados Unidos.

En los Estados Unidos. Por eso, allí, es verosímil poner freno a esa ofensiva milenarista que sacude al Islam en todo el mundo. Allí. Aquí, en Europa, sucede exactamente lo contrario.
El mismo Dershowitz ha analizado, fría y desoladamente, cuáles fueron las condiciones que llevaron a la expansión islamista y al 11S. Y a lo que vino luego y cuyo final nadie puede soñar cercano. La cesión de Europa ante los atentados masivos de la OLP en los años setenta creó una certeza, que la capitulación ante los asesinos de los Juegos Olímpicos del 72 confirmó duramente: el asesinato en masa es rentable. Cuando Alemania acabó por liberar a los terroristas palestinos de sus cárceles, cuando todos los países europeos aceptaron reconocer diplomáticamente a los asesinos e implantar en sus capitales «legaciones» oficiales de la gente de Arafat, los términos de la apuesta quedaron claros: matar vale la pena, siempre que lo hagas con la eficacia suficiente para aterrar a un gobierno. O a todos los gobiernos. En Europa. Sin esa estratégica certeza, cosas como el 11 de marzo madrileño jamás hubieran ocurrido.

Doce años después del 11S, los Estados Unidos siguen solos en la lucha contra la ofensiva mundial más difícil que hayamos conocido. Más difícil, porque se trata de una guerra santa, una yihad, para cuyos combatientes la vida es irrelevante: la de los infieles, porque merecen morir; la de los yihadistas, porque la muerte los volcará de cabeza en un paraíso rebosante de señoras estupendas.

Europa ha perdido ya esa guerra. La perdió treinta años antes de que comenzara.

Cataluña
Asociación por la Tolerancia ironiza sobre el «amor enfermizo» de ERC por el español
MARÍA JESÚS CAÑIZARES / BARCELONA ABC Cataluña 7 Octubre 2013

Dirige una carta al líder independentista después de que éste asegurara amar la lengua castellana en el Parlamento catalán

La Asociación por la Tolerancia, asociación que rechaza los nacionalismos excluyentes, ironiza sobre el "amor" hacia la lengua española que el líder de ERC, Oriol Junqueras, aseguró tener en el reciente Debate de Política General celebrado en el Parlamento catalán. En una carta dirigida al dirigente independentista, la Asociación "celebra sus recientes manifestaciones en las que declara su amor por la lengua española. El español, o castellano, es lengua oficial en Cataluña y es la lengua materna de muchos catalanes. Es bueno que un dirigente político de su importancia afirme públicamente su amor por una lengua propia de Cataluña, en virtud de su estatus legal y de su difusión entre sus ciudadanos, como es la lengua española".

Añade que "el amor necesita ser cultivado a diario con ese empeño y mimo que ponemos al cuidar nuestro jardín. El amor quiere palabras, 'senzilles i tendres', como diría uno de nuestros trovadores, y, dada la frágil y tornadiza memoria de los hombres, quiere también, reclama, exige, su cotidiana proclamación a los amantes, la renovación de sus votos. Que se digan a menudo: Te quiero. O, Sí quiero, cuando ese amor abriga atisbos de perdurabilidad y se proclama ante familiares y amigos".

En la carta, firmada por por Javier Toledano, vocal de la Junta de la Asociación por la Tolerancia, se recuerda que "el amor, so pena de marchitarse como una flor olvidada en un búcaro, necesita actos, inequívocas muestras de amor para fortalecerse, para consolidarse y vencer a esos enemigos emboscados que son el paso del tiempo, el desinterés, la indiferencia, la rutina; para que uno de los amantes, si teme ser desairado, no le reproche jamás a su media naranja: me dijiste que me querías, pero me engañaste… tus palabras se las llevó el viento".

"El amor declarado ha de vencer cada día, ha de construirse sin descanso, un poco, valga la analogía, como esa construcción nacional a la que se dedican usted y los suyos con empeño sostenido a lo largo de los años. Las palabras son necesarias, y las hay bonitas, eternas: los sonetos de Ronsard a Helena, el cancionero que Petrarca dedicó a su amada Laura. Pero no basta. El amor no sólo ha de ser sentido, también ha de ser actuado. Precisa gestos de buena voluntad. Por esa razón la Asociación por la Tolerancia le anima a que viva ese amor que siente por la lengua española con intensidad, con apasionamiento si cabe".

"Y que, desafiando acaso la incomprensión de personas de su entorno político, dé ese paso al frente dispuesto a vivir su amor con todas las consecuencias (Qué sabe nadie, de mis íntimos desvelos…) y propicie, desde su cargo y responsabilidad, la supresión de las multas a los rótulos comerciales redactados en lengua española, la modificación del actual sistema educativo de inmersión monolingüe obligatoria en las escuelas que impide el bilingüismo en las aulas de una sociedad bilingüe, así como la inclusión de la lengua española que tanto dice amar en todos los organismos públicos de los que ha sido excluida".

"Pues nadie entendería que, por causa de amor, un amante persiguiera a su amada, salvo que se tratara de un amor enfermizo. Sólo así sus palabras de amor serán sinceras", concluye la misiva

Cesión al desafío separatista
Es cosa de Rajoy, no de Sánchez Camacho
Guillermo Dupuy Libertad Digital 7 Octubre 2013

Dada la claridad con la que Artur Mas lo planteó públicamente hace más de dos años –o pacto fiscal o consulta soberanista–, el presidente del Gobierno no tuvo más remedio que hacer como que rechazaba el chantaje, confiando en que la vista gorda ante el déficit catalán, la tolerancia a la desobediencia de la Generalidad a las sentencias del Tribunal Supremo en materia lingüística y una financiación extraordinaria a cargo de los Fondos de Liquidez Autonómica bastarían para calmar la rebelión y para que las aguas volviesen a su cauce.

Una vez, sin embargo, que se constató que la apuesta de Mas no era una simple "algarabía" y que lo de la consulta separatista no era un farol, el irresponsable de Rajoy tardó bien poco en recular y ofrecer, a través del PP catalán, lo que no era sino una forma poco maquillada de ceder al chantaje planteado por el presidente catalán. Así, el PP presentó a inicios de este año un documento en el que planteaba un nuevo y "singular" modelo de financiación para la Generalidad, muy en la línea del mal llamado "pacto fiscal", con la ilusa pretensión de desactivar con él la declaración de soberanía acordada entre CiU y ERC.

El documento proponía que la Generalidad dispusiera de Hacienda propia y reclamaba un nuevo incremento de los impuestos cedidos y una mayor participación de la Generalidad en los impuestos estatales. Al margen de hablar en términos bilaterales, de igual a igual, cuando se refería a las fórmulas de colaboración entre la "Agencia Tributaria de Cataluña" y la llamada "Agencia Estatal de la Administración Tributaria", el documento del PP catalán criticaba el "exceso redistribucionista" y los actuales "mecanismos de nivelación", que merman la "capacidad de crecer y competir".

Lo que Alicia Sánchez Camacho ha planteado ahora supuestamente a la dirección nacional del PP no es más que el desarrollo de esa rendición propuesta a principios de año, que tiene, tanto entonces como ahora, el previo visto bueno de Mariano Rajoy. Y es que Sánchez Camacho será absolutamente incapaz de articular un discurso alternativo y combativo al nacionalismo, pero también es absolutamente incapaz de tener iniciativa propia como para plantear algo sin el visto bueno de Rajoy. Cosa distinta es que Cospedal quiera marcar distancias ante el lógico hartazgo que esta corrupción ideológica en beneficio de la Generalidad causa a otros barones regionales del PP y a todo su electorado.

En cualquier caso, lo propuesto por el PP de Cataluña, lejos de refutar lo de "Espanya ens roba", fortalece y hace suyo el victimismo de los nacionalistas. Así, en lugar de aclarar que no hay Administración regional en Occidente que maneje una proporción tan alta de los impuestos que pagan los ciudadanos como la que manejan las autonomías españolas, Sánchez Camacho –léase Rajoy– propone una financiación todavía mayor para la Administración catalana y que, para colmo, sería "singular"; esto es privilegiada y distinta a la que tienen las demás.

En lugar de denunciar el despilfarro de los nacionalistas y lo caro que resultan sus delirios identitarios, sus redes clientelares y su obsesión por que la Administración autonómica se dote de estructuras de Estado, Sánchez Camacho –léase Rajoy– nos quiere hacer creer, al igual que los nacionalistas, que el problema no está en el exceso de gasto autonómico sino en la falta de ingresos.

Bien me parecerían las críticas de Sánchez Camacho –léase de Rajoy– a una "solidaridad fiscal", ciertamente, mal entendida si no fuera porque esa redistribución forzosa no la padecen los territorios sino las personas.

Lo que es evidente es que Sánchez Camacho (léase Rajoy) es incapaz de hacer frente al desafío secesionista si no es mediante la cesión, tratando vanamente de intentar contentar a los que no se van a contentar. Como ya les ha advertido ERC, esta propuesta "llega dos años tarde".

Lo que, desde luego, no llega nunca es la disposición de este desnortado PP de dar la batalla de las ideas y de sofocar política, económica y legalmente este clamoroso desafío a la nación española y a su Estado de Derecho. Y eso, desde luego, no es culpa de Sánchez Camacho, sino de Rajoy.

Terrorismo
Investigar el 11-M
Gabriel Moris Libertad Digital 7 Octubre 2013

Recientemente han aparecido dos noticias relacionadas con el único condenado como autor material de los atentados de los Trenes de Cercanías. Una de ellas relativa a la venta de las tarjetas telefónicas; la otra era la comparecencia como imputadas, ante la juez Belén Sánchez, de las testigos protegidas C-65 y J-70. Por otra parte, el juez de la Audiencia Provincial de Madrid Ramiro de Dios ha retomado la instrucción archivada de la juez Coro Cillán sobre el tratamiento dado por los Tedax de Sánchez Manzano y la perito químico a la investigación de los explosivos utilizados en los trenes.

El pasado 21 de septiembre Libertad Digital publicó un detallado informe sobre el estado de abandono en que se hallan los restos del foco de explosión de la estación de Santa Eugenia, encontrados en Tafesa (Villaverde) hace año y medio. Este es el único vestigio de un atentado en el que se hizo explotar diez artefactos en cuatro trenes. Además de las pérdidas humanas (200 muertos y 2.000 heridos), incomprensiblemente, desaparecieron todos los restos materiales. Noventa toneladas de material desaparecidas policial y judicialmente.

Nos aproximamos inexorablemente al décimo aniversario de este crimen que segó tantas vidas y cambió nuestra historia como país, en todos los órdenes de nuestra vida. ¡Cuántas historias humanas truncadas! Pronto pasaremos el ecuador del período de prescripción de los delitos del 11-M. Si hacemos un breve balance de estos dos lustros, podemos concluir que fue el atentado con más víctimas de nuestra historia; que desaparecieron todas las muestras probatorias y fueron sustituidas por otras falsas; que en la sentencia no hay autores intelectuales y sólo hay un condenado como autor material (y con más sombras que luces).

Ante el panorama expuesto, ni los distintos Gobiernos derivados del macroatentado, ni la Audiencia Nacional, ni el Parlamento, ni los partidos políticos hacen o dicen algo por esclarecer los hechos y ajusticiar a los autores. Los medios de comunicación, salvo algunas excepciones, tampoco han informado de estos, digamos, pormenores. Para no faltar a la verdad, hace unos días la señora Cospedal hizo una lánguida alusión a la posibilidad de investigar lo que se desconozca del 11-M. En mi opinión, no se conoce lo fundamental: quién, cómo, por qué y para qué.

Las víctimas y la sociedad, en general, parecemos hacer seguidismo de las instituciones en el conformismo y el silencio. Sólo El Mundo, Libertad Digital y esRadio se han conservado como faros que intentan iluminar una verdad y una justicia pendientes diez años después de los hechos.

Durante el año en curso se han producido dos novedades de iniciativa popular sobre este doloroso asunto: la publicación del libro Las cloacas del 11-M, de Ignacio López Bru, editado por Sepha, ya en su 3ª edición, y que recoge la cronología y el análisis crítico de hechos desconocidos incluso por estudiosos del tema, y la recogida de firmas en la plataforma change.org dirigida al Gobierno, al Congreso y a la Audiencia Nacional para investigar el atentado. El objetivo de la misma es "conocer la Verdad y hacer Justicia" para "regenerar las instituciones y evitar que se pueda producir otro crimen de lesa humanidad".

Jamás sospeché al iniciar esta petición que con una herramienta tan selecta –limitada a usuarios de correo electrónico– se consiguieran tantas adhesiones (casi 55.000). Lo importante en este caso, como en otros, no es el número, sino las razones que los firmantes expresan libremente y sin coacciones. Invito a los lectores a verificarlo.

Creo que hay otros aspectos de esta iniciativa que conviene resaltar: los representantes de las instituciones no se han adherido; algunos políticos, muy pocos, lo han hecho a título personal. Se han sumado dos colectivos: Partido para las Libertades Individuales y Asociación de Mujeres Musulmanas de Val de Uxó. Por su origen, se puede constatar que hay firmantes de toda España y de los cinco continentes: sin ser exhaustivo, he verificado firmas de más de treinta países, tan diferentes como Andorra y Japón.

Mi agradecimiento sincero a todos y cada uno de los firmantes, así como a todos los que han contribuido a difundir la iniciativa.

Todos tenemos la esperanza de que las instituciones que nos rigen no defrauden una vez más las expectativas depositadas en ellas y sus representantes no sean perjuros. Un crimen múltiple que cambió nuestra historia creo que lo merece.

El fracaso de la inmersión lingüística y la preponderancia del nacionalismo sobre la educación.

ERNESTO LADRON DE GUEVARA educacionynacionalismo.blogspot.com 7 Octubre 2013

Se publicó en Irlanda hace algunos años un estudio de Adrian Kelley sobre la obligatoriedad del irlandés en las escuelas del país entre 1922 y 1973, como parte de un programa nacionalista de la joven república (Compulsory Irish. Language and education in Ireland 1920s – 1970s. Dublín. Irish Academic Press). Ese estudio es interesante como punto de comparación histórica con lo que está sucediendo en España. La situación no es exactamente igual pero sí hay similitudes. Es especialmente interesante que el autor se presente como tan leal a su país y amante del irlandés como cualquiera, insertando muchas expresiones en irlandés en su texto y que, aun así, su conclusión sea que la obligatoriedad fue una mala decisión.

El trasfondo histórico es que algunos nacionalistas se habían opuesto ya en el siglo XIX a la escolarización general de los irlandeses porque se hacía en inglés. Para los nacionalistas, la educación popular tenía la culpa del abandono generalizado de la lengua materna. La Iglesia católica estaba también en contra de la escolarización general por otras razones: la escuela era laica y la educación no era diferenciada sino que se educaban juntos chicos y chicas.

Después de la fundación de la nueva república, una de las primeras decisiones fue introducir un nuevo currículo en el que la lengua era lo esencial. La justificación para dar tanto énfasis al idioma era que supuestamente el alma irlandesa estaba ligada a la lengua y la historia. Se hablaba de ella como si fuera una persona que buscaba su revancha por atropellos del pasado. La historia presentada no era tanto el resultado de investigaciones, como una utopía en el pasado. A través del idioma y la historia se quería lograr un “renacimiento” irlandés. Esta política lingüística se impuso en 1922, manteniéndose medio siglo hasta que se abolió en 1973.

El problema con esta política era que no correspondía a una reivindicación popular.La población quería más oportunidades económicas y más desarrollo general, factores ligados a la lengua inglesa. Además, no había profesores preparados para dar clase en irlandés. Tampoco había instituciones de formación docente para enseñar a profesionales. No existían manuales ni para la enseñanza del irlandés ni para dar clase de otras materias en esa lengua. El irlandés no disponía de un estándar de gramática ni de ortografía, así que no quedaba claro qué variante se debía enseñar.

La obligatoriedad como una carga
Para dar comienzo inmediatamente a la nueva política, las autoridades decidieron dar prioridad a los hablantes de irlandés para los puestos docentes y para las plazas de formación, aunque los jóvenes en cuestión tuvieran una preparación intelectual menos buena. Los hablantes de irlandés solían proceder de la parte occidental de la isla, la parte menos desarrollada. Otra medida para hacer arrancar la nueva política era quitar materias de la escuela primaria para dar más espacio al irlandés. El resultado inmediato fue un descenso en los resultados de matemáticas y de inglés.

Durante la época mencionada, el irlandés era obligatorio como materia y nadie podía sacar el certificado escolar sin examinarse de esta materia. Se daba un salario más alto al profesor que enseñara en ese idioma. También era obligatoria la lengua para obtener un puesto de funcionario. Sin embargo, durante esa misma época, la mayoría de las discusiones en el parlamento irlandés se hacían en inglés, lo cual indica que el uso del irlandés era más un proyecto de futuro que una realidad. Al revés, durante los años de obligatoriedad del irlandés en la escuela, se hablaba cada vez menos fuera de ella, y la obligatoriedad llegó a ser considerada como un peso para muchos alumnos y sus familias. El autor cree que el que fuese forzosa fue un camino equivocado porque bastantes alumnos hasta llegaron a aborrecer la lengua.

Lo que hubiera sido interesante habría sido saber cuál fue el impacto de esta política lingüística en el desarrollo económico y social. ¿Existe una relación positiva o negativa entre el nacionalismo lingüístico y el desarrollo intelectual y cívico del país? Durante las décadas de boom económico, cuando se hablaba del “tigre” irlandés, se decía que era una ventaja ser un país angloparlante de salarios menos altos que en Gran Bretaña. ¿Qué se dice ahora?

Demasiadas mentiras
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC  7 Octubre 2013

El «problema catalán» no se arregla con federalismos, terceras vías, trampas ni subterfugios, sino abierta, honesta y legalmente

QUE hay remedios peores que la enfermedad lo sabemos todos, y los remedios que intentan aplicarse al «problema catalán» empiezan a parecerlo. Tanto el «federalismo» del PSOE como la «tercera vía» de Durán tienen esa pinta. Sacar del baúl de los abuelos el federalismo, cuando ya lo tenemos de hecho en las Autonomías, sin que nos haya servido para articular el país sino para todo lo contrario, sólo puede ocurrírsele a un partido sin programa, sin líderes y sin rumbo. En cuanto a la «tercera vía» de Durán, peor aún, pues lo que propone es la «confederación»: mantenernos unidos, pero separados, como esos matrimonios en que cada uno se va por su lado, pero manteniendo los negocios juntos. Que es lo que han buscado siempre los catalanes listos: nosotros somos los dueños de nuestra casa, pero con pleno acceso al solar, o mercado, español. E incluso encargándose Madrid de sus grandes gastos, infraestructuras, Ejército, etcétera. Para eso, prefiero lo de Junqueras: dos Estados y cada uno en su casa. La actitud del gobierno Rajoy ha sido hasta ahora la correcta: estamos dispuestos hablar de todo, siempre dentro del marco constitucional, dice. Y la Constitución no puede ser más clara al establecer «la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles». Mientras se mantenga en eso, nada que objetar. Pero si empieza a hacer distinciones entre los españoles o a conceder privilegios a alguna Autonomía, la unidad se rompe. Y, además, de la peor manera: cediendo al chantaje nacionalista, que, no nos engañemos, por muy moderados que sean, aprovecharán esas ventajas para promover su proyecto, que no es otro que la secesión. En otro caso no serían nacionalistas.

Conceder a Cataluña un «pacto fiscal» a la vasca o navarra, aumentar las inversiones estatales en aquella Comunidad, favorecerla en cualquier aspecto sobre las demás no solucionaría el problema catalán. Todo lo más, lo aplazaría y, a la larga, lo agravaría al aumentar el foso con ella. Sólo estoy de acuerdo con los independentistas en que estamos en un momento muy serio, muy grave, crucial incluso. Pero precisamente por eso, no puede resolverse con componendas, cataplasmas y medias tintas. Toda nación es un proyecto común, que no puede funcionar si alguna de sus partes no participan en él. Y menos, si lo boicotea. La pelota está en el tejado de los catalanes, no en el los españoles, que estaremos encantados de seguir juntos, no para vivir de ellos, sino para convivir con ellos, pero no con trampas electorales, mentiras históricas o caminos inciertos, sino honesta, leal, legítimamente. Sabiendo todos lo que nos jugamos, que es mucho. Trampas, mentiras, argucias, ya hemos tenido bastantes. Demasiadas.

QUE hay remedios peores que la enfermedad lo sabemos todos, y los remedios que intentan aplicarse al «problema catalán» empiezan a parecerlo. Tanto el «federalismo» del PSOE como la «tercera vía» de Durán tienen esa pinta. Sacar del baúl de los abuelos el federalismo, cuando ya lo tenemos de hecho en las Autonomías, sin que nos haya servido para articular el país sino para todo lo contrario, sólo puede ocurrírsele a un partido sin programa, sin líderes y sin rumbo. En cuanto a la «tercera vía» de Durán, peor aún, pues lo que propone es la «confederación»: mantenernos unidos, pero separados, como esos matrimonios en que cada uno se va por su lado, pero manteniendo los negocios juntos. Que es lo que han buscado siempre los catalanes listos: nosotros somos los dueños de nuestra casa, pero con pleno acceso al solar, o mercado, español. E incluso encargándose Madrid de sus grandes gastos, infraestructuras, Ejército, etcétera. Para eso, prefiero lo de Junqueras: dos Estados y cada uno en su casa. La actitud del gobierno Rajoy ha sido hasta ahora la correcta: estamos dispuestos hablar de todo, siempre dentro del marco constitucional, dice. Y la Constitución no puede ser más clara al establecer «la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles». Mientras se mantenga en eso, nada que objetar. Pero si empieza a hacer distinciones entre los españoles o a conceder privilegios a alguna Autonomía, la unidad se rompe. Y, además, de la peor manera: cediendo al chantaje nacionalista, que, no nos engañemos, por muy moderados que sean, aprovecharán esas ventajas para promover su proyecto, que no es otro que la secesión. En otro caso no serían nacionalistas.

Conceder a Cataluña un «pacto fiscal» a la vasca o navarra, aumentar las inversiones estatales en aquella Comunidad, favorecerla en cualquier aspecto sobre las demás no solucionaría el problema catalán. Todo lo más, lo aplazaría y, a la larga, lo agravaría al aumentar el foso con ella. Sólo estoy de acuerdo con los independentistas en que estamos en un momento muy serio, muy grave, crucial incluso. Pero precisamente por eso, no puede resolverse con componendas, cataplasmas y medias tintas. Toda nación es un proyecto común, que no puede funcionar si alguna de sus partes no participan en él. Y menos, si lo boicotea. La pelota está en el tejado de los catalanes, no en el los españoles, que estaremos encantados de seguir juntos, no para vivir de ellos, sino para convivir con ellos, pero no con trampas electorales, mentiras históricas o caminos inciertos, sino honesta, leal, legítimamente. Sabiendo todos lo que nos jugamos, que es mucho. Trampas, mentiras, argucias, ya hemos tenido bastantes. Demasiadas.

Asimetría de la tolerancia
MAITE PAGAZAURTUNDÚA RUIZ. EL CORREO  7 Octubre 2013

· Iban de nones. «No hay símbolos nazis en el partido; algunos los llevan en las camisetas igual que otros lucen al Che Guevara» se ha publicado que dijo Kasidiaris, el portavoz del grupo parlamentario del partido griego Aurora Dorada (18 diputados) también conocido como Amanecer Dorado. Se quejaba –con astucia profesional– de la asimetría de la tolerancia.

«No somos neonazis, somos nacionalistas griegos», dicen que dijo. Hay quien considera que el meandro, el anagrama del partido, es una esvástica disimulada. Cuando se mira el meandro en color dorado sobre fondo azul cielo y sin saber, sólo parece algo típicamente griego. Cuando se ve el mismo meandro en negro, ribeteado en blanco y sobre fondo rojo salta, dolorosamente, a la vista lo más oscuro de una de las ideologías más siniestras que parió el siglo XX.

Al parecer son el partido más votado entre los jóvenes que han conseguido el derecho a voto en los últimos años. La quinta fuerza del Parlamento, que cuenta con un potente instrumento de fidelización juvenil gracias al black metal rock. Tienen periódicos semanales, librerías, editoriales, páginas web en Internet… un trabajo sistemático con asociaciones sociales para temas concretos: frente femenino, ecología, antiparo, asistencia social…

En política internacional aspiran a la Gran Grecia, lo que supone una parte de la actual Macedonia, pues consideran que es un robo de su legado histórico. Y Chipre. Y la costa turca de Anatolia, para recolonizarla por los griegos.

A su líder se le acaba de acusar de dirigir una organización criminal. Se acaba de descabezar a un partido legal y con representación parlamentaria, algo que desde la ilegalización de Batasuna no se conocía en la Unión Europea.

Negaban, claro. Los diputados insuflados de fanatismo patriótico xenófobo jugaban con la ventaja de la legalidad y de la normalidad de habitar en la vida parlamentaria, mientras acumulaban fuerza.

Sin paralelismos y con paralelismos. El entramado de ETA está orgulloso del pasado de sangre y trabaja estratégicamente para rebajar los costes de aparecer junto a ellos, de darles la mano, de fotografiarse. Normalizándose, normalizan que los muertos están bien asesinados. Quienes no quieren romper el hilo del diálogo público con ellos consideran que de este modo irán asumiendo las reglas de juego y se les pasará la chulería por haber secuestrado moralmente a la sociedad vasca… Hay algo que falla en el esquema: ETA y su mundo tienen capacidad de chantaje sobre el vocabulario y existe una asimetría de la tolerancia de la que no queremos ser conscientes. A mi modesto entender, en fabricar caballos de Troya ganan a los de Aurora Dorada.

El rey estaba desnudo
TEO URIARTE / Fundación para la Libertad.  7 Octubre 2013

Quizás lo sorprendente no sea que al final salga alguien y recuerde alguna de las malas gestiones de Zapatero. Lo increíble es que en su momento nadie fuera capaz de manifestar que aquel secretario general del socialismo español estaba desnudo, lo que condena mucho más a su partido que al propio personaje. Condena a las personas influyentes que se mantuvieron no sólo mudas, sino incluso en un culto a la personalidad del líder que daba sonrojo. Que dotaron a este personaje de un poder en su partido desconocido con anterioridad. Por lo que aquel artificial y exagerado silencio y adhesión casi unánime iban pronosticando el borrascoso final al que se iba dirigir un partido tan fundamental y necesario para la estabilidad política de España. Pues su desplome, el del PSOE, erosiona la situación política general, y es causa directa del problema más serio de nuestra nación producido por las caóticas pretensiones de los nacionalismos periféricos. Pues el PP solo, sin un socio constitucional, poco puede hacer, aunque podría activar su mayoría absoluta mucho más.

Que el rey estaba desnudo se veía, lo grave es que nadie de los suyos se atreviera a decirlo evitando la crisis política general que al final íbamos a padecer todos. Muy pocas personas se atrevieron a disentir, y ello con recato, disciplina y prudencia, para acabar inmediatamente apartadas del partido. Un poco Joaquín Leguina, o una Rosa Diez que acabó formando otro partido. El primero protestó, dentro de un orden, por la deriva que tomaba el nuevo estatuto catalán. La segunda, más beligerante, con la emotividad que producía ver a muchos de sus compañeros compadrear con los asesinos de otros compañeros, protestó por lo mismo que el anterior y por la negociación con ETA. Casi la totalidad de los socialistas estuvieron callados, prestos a enterrar las pocas críticas que surgían achacándolas a las más aviesas intenciones de sus promotores.

Pero el rey desnudo desde un tiempo atrás ya había mostrado maneras preocupantes para ejercer el papel que acabaría jugando. Cuando antes de ser presidente de Gobierno no se levantó en un desfile al paso de la bandera de Estados Unidos nos mostraba una personalidad poco cuajada en política, excesivamente infantil, más acorde con un activista de ONG antisistema que con el del representante de un partido tan necesario para nuestra convivencia política. Posteriormente, nadie de un país serio, ningún aliado, aunque hubiera sido un error participar en aquella guerra, se va de Irak como se fue la España de Zapatero. Lo que mereció la crítica de González, muy pronto silenciada, que adivinaba las repercusiones que tal decisión nos iba a acarrear, pues convertía nuestro país en un Estado muy poco fiable para nuestros aliados, y, por lo tanto, débil.

Sin embargo, esos gestos al graderío de sol, le dieron no sólo popularidad, sino un poder interno en el seno del partido mayor del que tuviera Felipe González. El ofrecimiento exagerado que anuncio ante el Estatuto Catalán era en cierta manera consecuencia de haber asumido con anterioridad el Gobierno tripartito en Cataluña, para que un Maragall en minoría, pero con el apoyo de los independentistas y la izquierda poscomunista, echaran a la oposición y al radicalismo a CIU, levantaran un cordón sanitario al PP en el pacto de Tinell, y que Carold Rovira profundizara los contactos con ETA que en Euskadi desarrollaba Eguiguren, promoviendo unas maniobras políticas ajenas al anterior PSOE y anunciando que la médula filosófica del socialismo español (Varela Ortega) se estaba transformando de forma acelerada. Y aunque CIU apoyara aquel estatuto -posteriormente poco refrendado por el pueblo-, no fue el caso del socio gubernamental, ERC, para ver a continuación, en el final más desastroso de aquella aventura, cómo de la manera más delicada posible el Tribunal Constitucional rechazaba en sus fundamentos un estatuto que Alfonso Guerra, presidente de la comisión institucional, había anunciado “cepillado” para venderlo a los propios, sin estarlo.

Quizás la asunción del caudillismo por Zapatero, que posibilitaba cualquier caprichosa e irresponsable nueva política, no viniera tanto por el relevo generacional, que también, sino por la forma inesperada en la que ZP llegó al Gobierno apoyándose en los atentados terroristas del 11 M que dejó al PP grogui sin capacidad de reacción. La tensión provocada en esas fechas preelectorales por un Rubalcava con la decisión de un Trotski en los días que conmovieron al mundo, un sector del partido echado a la calle, muchos medios apoyando un relevo político ante el miedo social por la participación en la guerra de Irak, aunque no lo fuera, promovieron el liderazgo izquierdista y radical al que se fue supeditando el partido. La lealtad política y constitucional se abandonó ante una derecha demonizada que no había dudado ponernos como objetivo del terrorismo islamista por seguir a los americanos.

Teniendo en Cataluña como aliado a ERC, promovido alianzas con colectivos situado a su izquierda, el PSOE de Zapatero rompió el pacto antiterrorista con el PP, y se volcó en las negociaciones que Eguiguren con anterioridad a ese pacto desarrollaba con representantes del nacionalismo radical. En esa nueva etapa del socialismo español no era coherente pedir excesivos escrúpulos ante esas relaciones, ni respeto a la legalidad, cuando lo importante era el encuentro con los radicales y el encomiable empeño de alcanzar la paz. Porque el auténtico problema para el PSOE en esa época empezó a serlo el PP, al que había que expulsarlo de la legitimidad democrática, que tan bien aprovecharía el nacionalismo radical, mediante una campaña que empezaba en la memoria histórica de la guerra civil y la dictadura y acababa en la guerra de Irak. La negociación con ETA encajaba alegremente en la nueva época, aunque ésta estuviera prácticamente liquidada por la anterior política antiterrorista de Aznar, en la que colaboró el PSOE, y su aislamiento tras los sucesos del 11S y el abandono de las armas por parte del IRA. Cuando los socialistas fueron a negociar con ETA ésta estaba en sus últimas, y lo que consiguieron fue resucitarla y poner encima de la mesa el proyecto político que había defendido asesinado a 850 personas. La legalización de Bildu, sin que dicha organización rechazara el pasado criminal de ETA, constituyó toda una maniobra para desplazar de nuevo la política fuera del marco que aprobara la Transición. Se buscaba con coherencia la desfiguración y enterramiento del sistema en un arriesgado ejercicio de enajenación infantil.

Si para Lenín el izquierdismo era la enfermedad infantil del comunismo, para la socialdemocracia es el cáncer. La socialdemocracia apartada, o en contra, de la democracia liberal no es tal, puede ser anarcosindicalismo, pero no forma parte de la misma, dejando de ser una de las columnas fundamentales de todas las entidades nacionales europeas tras la II Guerra Mundial. La socialdemocracia ha de ser respetuosa con los marcos constitucionales, y no dejarse seducir, pues formaría parte de los comportamientos espontáneos de los iniciales obrerismos, por opciones meramente antiburguesas o anticapitalistas y adherirse de paso a los reaccionarios nacionalismos periféricos por carencia de propio ideario político. Todas las actitudes emotivas y sentimentales, sus radicalismos contra la derecha, su aproximación a los nacionalismos, nos ofrecen una imagen muy poco socialdemócrata del socialismo español actual.

Que Zapatero fuera su promotor activo es evidente, pero un partido sin capacidad de crítica interna, con la única obsesión de volver al poder, es tan responsable como su líder, y Susana Diaz ya tenía un cierto papel cuando ZP jugó con el Estatuto catalán, y los cuatro que dijeron algo desde las filas fueron tildados de vendidos al PP. Para ir acabando debemos de recordar la negativa de ZP, ante las últimas elecciones que ganara, a contemplar el monstruo de crisis que amenazaba. Las ganó proclamando que no habría crisis, y la gente, que escuchaba lo que quería, frente al pesimismo de Pizarro, innato en la derecha frente al optimismo de la izquierda y el antropológico de su presidente, se lo premió votándole de nuevo.

Mientras el PP era demonizado, los radicales nacionalistas eran tildados de “gente de paz”, la nación un concepto discutido y discutible, el rey desnudo bajó a la realidad por sendas llamadas de dos dirigentes internacionales que le impusieron reformar su política económica y pactar con el PP una reforma , nada menos, constitucional. Menos mal que desde fuera lo echaron, porque aquí nadie hubiera sido consciente de la situación. Y de está manera el presidente Rodríguez Zapatero pasará a la historia sólo por haber convertido una unidad militar en una unidad de bomberos. Al fin y al cabo, el sueño de todo ecologista radical. Queda todavía por ver como pasará a la historia su partido, el que todo se lo permitió y sigue en similar comportamiento.

¿Tercera vía o tercera España?
Editorial UPyD 7 Octubre 2013

Tercer caminoTercera vía. Alicia Sánchez-Camacho, líder del PP en Cataluña, ha encontrado la solución al conflicto secesionista: limitar la solidaridad de su comunidad autónoma con el resto de España. Según Sánchez-Camacho, esta sería la respuesta contundente que exige el momento histórico. También ha rechazado la tercera vía planteada por Duran Lleida, que consistiría en una especie de pacto confederal. Como el diputado del Palace llegó primero, la del PP catalán tendría que ser la cuarta vía, o en todo caso una tercera vía bis.

Los momentos de tensión provocados por ofensivas como la del secesionismo son aprovechados por todo tipo de oportunistas para aparecer como la imagen de la sensatez frente a dos polos igualmente exacerbados. En el fondo no es nada nuevo, sino la dinámica política habitual en España. Desde hace 35 años se baila la música que ponen los nacionalistas. ¿Limitar la solidaridad de Cataluña con el resto de España? Traduzcamos a un lenguaje más comprensible: limitar la solidaridad de los más ricos con los más pobres. Esto es lo que pide el PP. Pero no están solos: estarían a favor todos los falsos progresistas del espectro político español. Si por ellos fuera, mañana mismo se firmaba.

Parece que el Partido Popular S.L. (Solidaridad Limitada) quiere dar más protagonismo a su líder catalana, quien se ha caracterizado en los últimos años por ejercer un nacionalismo light centrado en la fiscalidad. Hace tiempo que se ve venir que la solución del Gobierno para la crisis independentista sería - si se le permite - un concierto económico con otro nombre. Añadir un privilegio más en el país de los privilegios. UPyD ya demostró que es imposible extender los conciertos a todas las CCAA, pero ¿qué significa la lógica económica al lado de la lógica política del bipartidismo? Todas estas terceras y cuartas vías sólo pretenden que España siga igual pero un poco peor. Ganar tiempo para ganar elecciones y dejar al siguiente que se apañe con un problema aún mayor.

Tercera España. Lo que pide UPyD es cambiar la música. Que nos hayamos acostumbrado a ella no quiere decir que sea la única melodía posible. Por ejemplo, habría que explicar que en un Estado democrático y social de derecho la solidaridad se produce entre ciudadanos, y no entre territorios. De lo que se trata es de lograr más igualdad y más justicia social en todo el país. Y, tal y como explica hoy mismo Rosa Díez, eso es lo que significa hoy defender a España. Las terceras vías no defienden a España, sólo defienden el statu quo.

¿Cambiar el sistema de financiación autonómica? Por supuesto, dado el caos del actual. ¿Reformar la Constitución y el modelo territorial? Imprescindible. Ese es el camino, pero no porque nos hallemos ante un callejón sin salida, no por la presión de los independentistas, no para seguir como hasta ahora. Se trata de lograr más igualdad, más libertad, más justicia, más prosperidad, mayor eficacia. Se trata de mejorar las vidas de los españoles vivan donde vivan.

Con un pasado de guerras civiles y dictaduras, ha ido ganando popularidad el concepto de la tercera España. Esa España representada por unos pocos ciudadanos que, si hubieran sido mayoría en los años treinta, habrían cambiado la historia de nuestro país. Pero aquellos españoles libres no buscaban la equidistancia ni la ventaja oportunista, sino que defendían una democracia moderna alejada de los sectarismos y de las identidades religiosas, étnicas o ideológicas. Para que esa tercera España sea algo más que una vaga añoranza, es imprescindible articular un discurso que desmonte las falacias del nacionalismo. Entre las cuales está, en un lugar destacado, que una región pueda limitar su solidaridad con otras

Premio a la tolerancia
Nota del Editor 7 Octubre 2013

Con motivo de la concesión del premio a la tolerancia que cada año otorga la Asociación por la tolerancia y que este año ha recibido la periodista Dª Victoria Prego, incluyo dos artículos recordatorios.

Un mal modelo
Victoria Prego en El Mundo. 12 Diciembre 2012

Ese modelo de inmersión que, según dicen los nacionalistas, tan bien funciona y ha producido en Cataluña una armonía y cohesión sociales envidiables, no se aplica en ningún lugar del mundo porque es un modelo que expulsa del sistema educativo la enseñanza de la lengua común de todos el país y, por tanto, atenta contra la igualdad de derechos.

Así que no es un buen modelo. Es malo. Es verdad que ha resultado muy útil para los proyectos y los sueños nacionalistas, que ya se han visto cuáles son. Pero resulta que es ahí, en ese modelo excluyente, en el que se ha enseñado a los niños que Cataluña fue durante siglos una nación independiente posteriormente invadida y sometida por España; que la guerra civil fue una guerra de España contra Cataluña; que los catalanes siempre fueron antifranquistas y, ya más modernamente, que «España nos roba». Vaya un modelo.

Y es mentira, además, que la modesta pretensión gubernamental de que el castellano sea incluido en la escuela en condiciones de «razonable proporcionalidad» con el catalán suponga dinamitar el sistema, como dicen ellos. Sólo supone intentar evitar la expulsión de hecho del castellano que se practica en las escuelas catalanas. Hace siete años que el propio Artur Mas lo explicó crudamente en un foro celebrado en la sede de EL MUNDO: «Que monten un colegio privado en castellano para el que lo quiera pagar, igual que se montó uno en japonés en su momento». Es esta filosofía, la suya, la que abofetea el espíritu constitucional. No la de quien pretende abrir un discreto hueco a la lengua de todos.

En Cataluña, el castellano no tiene ningún problema en la calle. Eso es un hecho. Pero es precisamente eso lo que a los nacionalistas les preocupa y lo que pretenden modificar. Resulta, por lo demás, asombroso que el portavoz Homs acuse al Gobierno de intentar una reforma encubierta de la Constitución. Primero, porque, en esta misma línea, el Supremo ha dictado varias sentencias ordenando a las autoridades catalanas el cumplimiento de la ley, cosa que se han negado a hacer porque ni tribunales ni Constitución pararán su camino hacia la libertad. De momento se lo han parado las urnas, pero parece que también se van a hacer los sordos ante eso.

Y, segundo, porque lo que realmente supuso un intento de vaciamiento constitucional encubierto fue el Estatuto aprobado en el Parlamento catalán en 2005, que rompió amarras con la Carta Magna y su espíritu político sin que los líderes de CiU - que iban de segundones, intentando ponerse a la altura de las ocurrencias de Maragall- se sintieran mínimamente escandalizados por la gravedad de la operación. Carecen de toda autoridad política para esgrimir ahora un argumento como ése.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Catalán, castellano e inglés

Francesc de Carreras La Vanguardia. 12 Diciembre 2012

Catedrático de Derecho Constitucional de la UAB

Otra vez en Catalunya se ha suscitado el enésimo debate sobre la inmersión lingüística en la escuela. La inmersión en una lengua es la mejor manera de aprenderla. De eso no hay duda. Pensemos: ¿cuándo aprendimos nuestra lengua materna? En los primeros años de vida, sin darnos cuenta, inmersos en el lenguaje familiar. Aprendemos la lengua materna con la misma facilidad con la que aprendemos a caminar. Pero en familia sólo alcanzamos el lenguaje hablado más elemental. Después se debe perfeccionar aumentando el léxico, conociendo las normas de ortografía y sintaxis, aprendiendo a redactar y a escribir. Esta es la tarea de la escuela.

La polémica se enturbia en Catalunya al confundirse dos conceptos distintos, la inmersión y la lengua vehicular. La lengua vehicular es la que se utiliza en la escuela o instituto para las actividades docentes y no docentes, en las aulas y fuera de ellas. La inmersión, como hemos dicho, es simplemente un método para aprender una lengua que se ignora. Por tanto, no sólo son conceptos distintos, que no deben mezclarse, sino que, además, ambos tienen distintas funciones que cumplir.

Para el niño que llega a la primera enseñanza sin saber catalán, la inmersión, aplicada con sentido común para que el alumno no se bloquee y también comprenda el contenido de las asignaturas, es la mejor manera de aprender catalán: una lengua se aprende practicándola. Pero para el niño de lengua familiar catalana, la inmersión en esta lengua pierde su función porque, a nivel elemental, ya la ha aprendido en casa. Más bien lo que quizás le interesaría, por lo menos en determinados casos, es una inmersión en castellano.

Ahora bien, para dar una solución práctica a todo ello hay que tener en cuenta otro factor: el catalán y el castellano son lenguas muy parecidas, es muy fácil para quien conoce la una aprender la otra. Por esto no tiene sentido en Catalunya la separación en aulas distintas: una y otra lengua deben ser utilizadas en la misma aula sin problemas graves de comprensión. En consecuencia, todo es fácilmente solucionable empleando la inteligencia y el sentido común, dejando de lado sectarismos y fundamentalismos.

Si el modelo actual, mal llamado de inmersión, no ha ocasionado graves problemas, es debido a que la ley no se aplica en sus estrictos términos -a todas luces inconstitucionales e irrazonables- sino que, en general, en escuelas e institutos, la han ido adaptando a la realidad sociolingüística de los alumnos. Por ello creo que es conveniente una nueva normativa que, en consonancia con una jurisprudencia constitucional que tiene su origen en una lejana sentencia de 1994 -no en la sentencia del Estatut-, se traslade a la ley lo que ya se da muchas veces en la práctica, es decir, tomar las medidas necesarias para que se cumplan los objetivos que se pretenden: que los alumnos acaben los estudios obligatorios dominando catalán y castellano.

Sostener, como hace la actual ley de educación aprobada por el Parlament, que el catalán es la única lengua vehicular, a lo que conduce es a que la ley se incumpla por parte de los profesores razonables -que priman lo pedagógico sobre lo identitario- y que se aplique estrictamente por quienes son unos fundamentalistas del catalán como lengua única, lo cual deja indefensos a padres y alumnos, creando en las escuelas el riesgo de la arbitrariedad.

La función de toda ley debe ser siempre la defensa de los débiles y para ello debe asegurar en lo posible la igualdad en su aplicación, aunque en muchos supuestos tenga que dejar un margen de discrecionalidad para quien la aplique, en este caso el centro educativo, el cual debe decidir, dentro de unos determinados límites, el porcentaje de asignaturas que se impartirán en una y otra lengua, según las necesidades de los alumnos.

Más difícil de solucionar es el verdadero problema lingüístico en las escuelas: el aprendizaje del inglés. Sabemos perfectamente que hoy en día, para desenvolverse adecuadamente tanto en el campo social como en el profesional y del conocimiento, es necesario saber inglés. Para que la educación primaria y secundaria cumpla con su función social de dar igualdad de oportunidades a todos, el aprendizaje del inglés es imprescindible. El conocimiento generalizado del inglés es el que de verdad se necesita para lograr una mayor cohesión social. Por costumbre, seguimos considerando al inglés como una lengua extranjera pero, en realidad, ya deberíamos estimarla como propia.

Para aprender inglés, la inmersión es el método más adecuado. No se trata de aumentar las horas de lengua inglesa, se trata de que, desde pequeños, a los niños se les hable progresivamente en esta lengua en todo tipo de asignaturas y en actividades fuera del aula. Muchos se muestran de acuerdo con ello pero poco se hace, especialmente en la escuela pública, el principal instrumento de cohesión social. No es sencillo solucionarlo: hay que tener un profesorado preparado para ello. El camino de cien lenguas comienza con un primer paso, decía Lao Tse. Quizás hemos dado un primer paso, pero no muchos más. Este es el verdadero problema de la lengua en la escuela.

Partido Popular
No se atreverán
Cayetano González Libertad Digital 7 Octubre 2013

El ataque, el pasado viernes, de un grupo de simpatizantes de la denominada "izquierda abertzale" a la sede del PP de San Sebastián –bloquearon la entrada del local y pintaron en ella la palabra "fascistas"– ha servido para que la secretaria general de los populares, María Dolores de Cospedal, diga que aprecia en este hecho "una prueba mas a tener en cuenta, como muchas otras", para la ilegalización de las diversas marcas políticas de ETA.

La advertencia de Cospedal, al igual que cuando el ministro del Interior, Jorge Fernández, señaló en el pasado reciente que "el contador de la ilegalización se ha puesto en marcha", no es creíble. No lo es porque el Gobierno del PP no tiene ninguna voluntad, ni política ni de ninguna otra especie, de ilegalizar ese mundo de ETA, que está enormemente crecido, en la calle y en las instituciones.

Antes de ganar las elecciones generales en noviembre de 2011, el PP y su líder, Mariano Rajoy, ya dieron muestras más que preocupantes de que en materia de lucha antiterrorista iban a tener, cuando llegaran al Gobierno, una política errática. Sólo de esa manera cabría interpretar la valoración que hizo el entonces líder de la oposición del comunicado de ETA del 20 de octubre de 2011 sobe "el cese definitivo de la actividad armada". Ese anuncio, dijo Rajoy, se produjo "sin ningún tipo de concesión política", algo que sorprendió mucho a propios y extraños, porque de sobra sabía el entonces líder de la oposición todo lo que Zapatero y Rubalcaba habían estado negociando con ETA a través de Eguiguren.

Ese posicionamiento de Rajoy fue un mal presagio que se corroboró cuando, pasado un mes de su abandono del palacio de La Moncloa, el expresidente Zapatero se reunió en enero de 2012 por espacio de dos horas en el Ministerio del Interior con el titular de esta cartera. Aunque nunca se ha informado oficialmente sobre lo tratado en esta reunión, es fácil suponer que en la misma Zapatero explicó a Fernández Díaz en qué punto estaba la hoja de ruta de la negociación con ETA que él había impulsado desde el 2005, y qué compromisos con la banda terrorista quedaban por cumplir.

Pero el punto más negro de la gestión del Gobierno de PP en materia de lucha antiterrorista tuvo lugar en agosto del pasado año, cuando el Ministerio de Interior, a través de Instituciones Penitenciarias, dio luz verde a la concesión del tercer grado al torturador/secuestrador de Ortega Lara Josu Uritxeberria Bolinaga, so capa de que sufría una enfermedad terminal. Esa decisión política del Gobierno, corroborada posteriormente por los jueces, permitió a Bolinaga salir de la cárcel, volver a su Mondragón natal y gozar a día de hoy de una libertad de la que el privó durante 532 días con sus noches a Ortega Lara.

Haber permitido la liberación de Bolinaga es un baldón que pesará para siempre sobre el PP y especialmente sobre el ministro del Interior que lo impulsó, es de suponer, con el consentimiento del presidente del Gobierno. Pero habiendo sido esa actuación enormemente grave y ofensiva no sólo para las víctimas del terrorismo sino para todos los ciudadanos que salieron en su día a la calle para pedir la liberación de Ortega Lara, lo es mucho más que, pasado un año de la misma, el Ejecutivo no haya hecho nada para que el etarra Bolinaga vuelva a la cárcel, después de haberse comprobado que su enfermedad no era tan terminal como se dijo.

A Rajoy y a los actuales dirigentes del PP, tanto en Madrid como en el País Vasco, no es que les falten las convicciones necesarias para conseguir la derrota definitiva de ETA, lo que conllevaría impulsar la ilegalización de todas sus marcas para que la banda terrorista no pudiera estar como está ahora está en las instituciones. Es que piensan precisamente lo contrario. Creen y así lo manifiestan siempre que pueden que ETA ha sido derrotada, siguiendo de esa manera a pies juntillas el discurso que en su día dictaron el PSOE y el PNV.

No quieren admitir que acabar con ETA no es sólo que la banda terrorista no cometa atentados, lo cual está muy bien, sobre todo para los amenazados y para los potenciales objetivos de la banda terrorista. Acabar con ETA es también dar la batalla ideológica y política para que su proyecto totalitario y por tanto incompatible con la democracia no siga avanzando como lo está haciendo día a día en el País Vasco. Y ese mundo de ETA está tan crecido que lo mismo da un día un premio a Egin, el periódico que fue portavoz de ETA en los años ochenta y comienzos de los noventa, que intentan que una persona de la izquierda abertzale sea la txupinera de las fiestas de Bilbao, que llama "fascista" a un parlamentario del PP otro de EH-Bildu en medio de un pleno del Parlamento vasco o que clausuran la entrada a la sede de este partido en San Sebastián.

Como dijo en su día, cuando la tregua de ETA de 1998, María José Usandizaga, concejal del PP en el ayuntamiento de San Sebastián, "antes nos mataban, pero ahora no nos dejan vivir". Pero, claro, para los actuales dirigentes del PP y del Gobierno es mucho mas cómodo intentar llevarse bien con el PNV –el almuerzo mantenido por la vicepresidenta del Gobierno en Bilbao la semana pasada con el portavoz del Gobierno vasco y con el presidente del PNV, y del que fue excluida la presidenta de los populares vascos, Arantza Quiroga, es todo un síntoma de ello– que meterse en el berenjenal que según esa actitud supondría impulsar la ilegalización de las diferentes marcas de ETA.

"Pasión" de catalanes

Cayetano González Estrella Digital 7 Octubre 2013

El "copyright" de la expresión con la que titulo esta columna es de mi admirado Carlos Herrera, rememorando el "culebrón" de origen sudamericano, 'Pasión de gavilanes', que hace pocos años, a través de la televisión pública, ayudaba a adormecerse a muchos hogares españoles a la hora de la sobremesa. El folletín en el que se ha convertido el desafío secesionista de Cataluña liderado por Artur Mas y por ERC ha conocido en las últimas horas dos nuevos capítulos: la propuesta de la Presidenta del PP de Cataluña, Alicia Sánchez Camacho, de un nuevo modelo de financiación para aquella Comunidad Autónoma y el informe que este martes aprobará el Gobierno de la Generalitat para enviar a la "comunidad internacional" donde se subraya lo mala que ha sido España con Cataluña.

La Generalitat sigue la hoja de ruta que en su momento puso en práctica ETA
El intento de aplacar las ansias independentistas de Mas y sus socios a través de un nuevo modelo de financiación es un grave error por parte, ya no de Sánchez Camacho, sino del propio Rajoy. Es posible que en un pasado reciente la Cataluña independentista se hubiera conformado con mas dinero, pero ahora están en otra cosa, y da toda la impresión de que el Gobierno del PP se niegue a ver y a combatir políticamente esa realidad. La propuesta de Sánchez Camacho, verbalizada este lunes ante el comité de dirección de su partido en la calle Génova de Madrid, lo único que va a provocar en mas tensión entre los barones regionales del PP que asisten atónitos al espectáculo de cómo la cúpula de su partido con Rajoy a la cabeza, emiten señales de estar dispuestos a ceder al chantaje nacionalista, perjudicando claramente a otras Comunidades Autónomas y a los ciudadanos que las habitan.

En cuanto al informe que prepara la Generalitat, sigue la hoja de ruta que en su momento puso en práctica ETA: la internacionalización del "conflicto". Se trata de hacer todo el ruido que se pueda en diferentes instancias internacionales, denunciando lo que los nacionalistas catalanes han resumido en ese lema tan miserable como falso de "España nos roba". Es de esperar que el Gobierno de la Nación, con todo el aparato diplomático y de acción exterior que tiene en sus manos, contrarreste esta campaña que en cualquier caso no hará ningún bien a España. Pero eso a los nacionalistas les trae al pairo.

Los que hace tiempo alertábamos del problema político de primer orden que venía desde Cataluña con su desafío secesionista éramos tildados, como mínimo, de exagerados cuando no de extremistas. Pues el problema ya está aquí, planteado con toda su crudeza. Y no parece que la forma de enfrentarse a el sea, con perdón, bajándose los pantalones, que no otra cosa es lo que destila la propuesta del PP de Cataluña de un nuevo modelo de financiación para esa Comunidad Autónoma.

Aragón
La Generalitat catalana fabrica su «reino» vapuleando la historia
ROBERTO PÉREZ / ZARAGOZA ABC 7 Octubre 2013

Su web oficial llega a decir que Cataluña adquirió la «soberanía» de Aragón y que sus «dominios» incluyeron Sicilia y Cerdeña
La Generalitat catalana fabrica su «reino» vapuleando la historia

Cataluña fue un reino, la Casa de Barcelona se anexionó Aragón en 1137, y el «rey de Cataluña» Jaime I el Conquistador creó los «Países Catalanes». Son algunas de las perlas que salpican el particular relato de la historia que difunde la Generalitat de forma oficial a través de su portal de internet, tanto con textos como con diversos vídeos.

En su afán por hacer valer un pretendido carácter histórico de «nación» y de «estado» catalán, la web de la Generalitat se explaya en un relato en el que vapulea la realidad y llega a afirmar que adquirió la soberanía del Reino de Aragón en 1137. Una suerte de supuesta «anexión» -en los rótulos de uno de sus vídeos utiliza expresamente este término- que choca con la verdad histórica y con lo que reflejan los archivos regios de la Edad Media, en los que nunca aparece Cataluña como reino, sino únicamente como Condado de Barcelona.

En 1137, el rey Ramiro II de Aragón pactó el matrimonio de su hija Petronela con el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV. Ramiro II no otorgó el título de rey al catalán, sino únicamente le reconoció el de Príncipe, por la vía de este matrimonio. Petronela queda como única titular del Reino, y en documentos oficiales librados por ella se refiere a su marido exclusivamente como Conde de Barcelona. Casi un siglo después, el rey Jaime I se expresa oficialmente como «Rey de Aragón y de Mallorca y de Valencia, conde de Barcelona y de Urgel». Desde el matrimonio entre la reina Petronila y el conde Ramón Berenguer IV, Cataluña quedó como un territorio más de la Corona de Aragón.

Sin embargo, la web de la Generalitat llega a asegurar que «en 1137, el rey Ramiro II de Aragón cedió la soberanía de su reino y la mano de su hija, Petronela, al conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV». Nada que ver con el auténtico pacto matrimonial.

Para eludir el hecho de que las tierras catalanas eran en realidad parte de la Corona de Aragón, la web de la Generalitat acuña otro término: «confederación catalano-aragonesa», que gusta alternar con otra invención nacionalista, la «Corona catalano-aragonesa». La realidad es que jamás existieron tales.
Imperio mediterráneo

Pero eso le permite hilar el discurso para, en otra parte de esa historia difundida por la Generalitat, presentar al rey de Aragón Jaime I como «rey Jaime I de Cataluña». En otra sección de la misma web oficial se muestra un vídeo, elaborado por el propio Gobierno catalán, en el que se habla de «La expansión del Casal de Barcelona por el Mediterráneo». En él se elogia a Jaime I El Conquistador, pero en ningún momento se le cita como rey de Aragón. La omisión ayuda a dejar el poso -falso- de que se trataba de un rey catalán y de que Cataluña era reino.

En el mismo vídeo se llega a afirmar que «Jaime I es un monarca muy importante para la historia de Cataluña», porque «conquistó cuatro reinos y creó lo que denominamos los Países Catalanes». A renglón seguido asegura que, con él, «los dominios de Cataluña se extendieron por todo el Mediterráneo», que «tras Mallorca y Valencia llega Sicilia», y que años después se incorporarían a esos «dominios de Cataluña» Cerdeña y Nápoles.

La realidad histórica es que nunca existió un reino de Cataluña. Ese territorio se unió al Reino de Aragón como Condado de Barcelona, y esa fue la condición que tuvo en todo momento dentro de la Corona de Aragón. Desde entonces -y nunca varió la fórmula-, el monarca tenía los títulos de rey de Aragón y conde de Barcelona.

Es clarificador el propio pacto entre el rey aragonés Ramiro II y el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV. Cuando Ramiro II dispuso unir en matrimonio a su hija Petronila con el conde de Barcelona, dictó una declaración en 1137 en la que, lejos de «ceder la soberanía» de Aragón a Cataluña -como afirma la web de la Generalitat-, el rey aragonés dejó claro cómo se hacía esa unión: «Yo seré Rey, señor y padre en el citado reino y en todos los condados hasta que me plazca».
1. Jaime I creó los «países catalanes»

El imperio mediterráneo de la gran Cataluña
Lo que dice la web
«Jaime I es un monarca muy importante para la historia de Cataluña», relata un vídeo oficial de la Generalitat colgado en su web institucional. «Conquistó cuatro reinos y creó lo que denominamos los Países Catalanes». Eludiendo por completo a la Corona de Aragón, a la que pertenecían los territorios de la actual Cataluña, el mismo montaje asegura que «los dominios de Cataluña se extendieron por todo el mediterráneo». Incluye como tales a Mallorca, Valencia, Sicilia, Cerdeña y Nápoles. La web de la Generalitat gusta en pregonar términos de nuevo cuño como «Confederación catalano-aragonesa» o «Corona catalano-aragonesa».

La realidad
El rey Jaime I era el titular de la Corona de Aragón, y Cataluña nunca tuvo dominios en el Mediterráneo porque no tuvo entidad regia diferenciada. No pasó de ser uno de los territorios que quedaron incorporados al Reino de Aragón como consecuencia de la expansión de éste a lo largo de la historia. Fue la Corona de Aragón la que fue extendiendo sus dominios por la Península y el Mediterráneo, primero con el rey Jaime I y luego con sus descendientes, que mantuvieron siempre la misma condición de reyes de la Corona de Aragón. Jamás existieron los «Países Catalanes» ni la «Confederación catalano-aragonesa» o la «Corona catalano-aragonesa», términos acuñados por el nacionalismo catalán a los que la Generalitat recurre con frecuencia en su particular relato histórico. Los dominios del Mediterráneo lo fueron exclusivamente de la Corona de Aragón, no como los presenta la Generalitat: una pretendida posesión del «Casal de Barcelona».
2. Cataluña como «reino»

La imaginativa «anexión» de Aragón con un matrimonio
Lo que dice la web
El linaje Wifredo el Velloso (siglo IX) fue «el embrión de la Corona de Aragón, al unir su destino al reino aragonés en virtud de los problemas dinásticos que sufría esta monarquía». «Ramón Berenguer I, conde de Barcelona, es prácticamente rey de Cataluña; su poder sobre el resto de condados no hace sino aumentar». «A partir de Ramón Berenguer IV, los condes de Barcelona también serán reyes de Aragón», fruto de una supuesta «anexión» del Reino de Aragón al «reino» de Cataluña. Y Jaime I (siglo XIII) fue «rey de Cataluña y Aragón».

La realidad
En el siglo IX el norte de Cataluña era un territorio dividido en condados. El linaje de Wifredo el Velloso nunca fue «embrión» alguno de la Corona de Aragón, sino una línea hereditaria de dominios condales. Así se llega al conde Ramón Berenguer IV, que incorporó esos territorios condales al dominio del Reino de Aragón cuando el rey aragonés Ramiro II casó a su hija Petronila con Ramón Berenguer IV. El pacto matrimonial fue nítido al respecto. Y los documentos reales posteriores así lo destacan también. El Reino de Aragón se anexionó por la vía del matrimonio el Condado de Barcelona y configuró la Corona de Aragón, y no al revés -la Generalitat sostiene la falsa e imaginativa tesis de que la anexión fue a la inversa, que un condado, el de Barcelona, se anexionó un reino, el de Aragón-.

Por ejemplo, ante el nacimiento del hijo de Petronela y Ramón Berenguer IV, la reina firma un documento en el que deja claro que ella es la titular del reino, no su marido, al que se refiere exclusivamente como «Conde de los barceloneses». La web de la Generalitat se refiere a Jaime I como «rey de Cataluña y Aragón» tratando de equiparar la condición histórica del Reino de Aragón a un supuesto reino de Cataluña que jamás existió. El propio Jaime I -y fue norma extendida por todos los monarcas de la Corona de Aragón- se expresó en todo momento como «Rey de Aragón y de Mallorca y de Valencia, conde de Barcelona y de Urgel».
3. el «estado» catalán

Cataluña era un «Estado» hasta que Felipe V acabó con él...
Lo que dice la web
Sobre la etapa de la Guerra de Sucesión (1701-1713) se afirma que «la apuesta de Cataluña en favor de Carlos de Austria y contra Felipe V, en el conflicto sucesorio por la corona española, supuso la pérdida de todos los derechos y de las instituciones de gobierno que tenía como estado, dentro de la monarquía hispánica».

La realidad
Cataluña no tuvo nunca la consideración real de «Estado». No pasó de ser uno más de los dominios de la histórica Corona de Aragón. Los nacionalistas presentan la Guerra de Sucesión y los posteriores Decretos de Nueva Planta de Felipe V como un episodio de represión sufrido por el «país». La realidad es que Cataluña no fue un «Estado dentro de la Monarquía Hispánica», como apunta la web.
4. en el nuevo mundo

...Y ya era un «país europeo» cuando se descubrió América
Lo que dice la web
La Generalitat afirma que «Cataluña, como otros países europeos», operaba comercialmente con América desde Sevilla y Cádiz porque «el Nuevo Mundo, por orden de Isabel la Católica, se incorporó en exclusiva al Reino de Castilla».

La realidad
Ni antes, ni durante ni después del reinado de los Reyes Católicos Cataluña tuvo la consideración de «país europeo» ni, por tanto, operó como tal en el comercio con América. Cataluña era una parte más de la histórica Corona de Aragón.

Pese a la suspensión de la huelga
El conflicto por el trilingüismo en las escuelas de Baleares sigue vivo
EFE www.gaceta.es 7 Octubre 2013

Los sindicatos han suspendido temporalmente la huelga, pero han anunciado que harán “todo lo posible” por impedir la aplicación del decreto que implanta el trilingüismo.

En la mayoría de centros educativos de Baleares ha comenzado hoy de facto el curso escolar con la vuelta a las aulas de los profesores que han estado tres semanas en huelga, pero el conflicto en torno a la implantación del trilingüismo sigue vivo porque los docentes obstaculizarán su aplicación.

Los sindicatos y la Asamblea de Docentes, que han suspendido temporalmente la huelga sin desconvocarla, han anunciado que harán “todo lo posible” por impedir la aplicación del decreto de Tratamiento Integrado de Lenguas (TIL), que el Govern defiende como la herramienta fundamental para mejorar la calidad de la enseñanza en las islas.

Esta mañana los alumnos han recibido con normalidad las clases, según han indicado tanto la Conselleria de Educación como los representantes de los huelguistas, y la única nota discordante con una jornada ordinaria de principio de curso ha sido el apoyo mostrado a los docentes en muchos colegios e institutos.

En numerosos centros los docentes se han encontrado con pancartas de agradecimiento con lemas como “gracias maestros por vuestro compromiso” y algunos alumnos han regalado a sus profesores flores e incluso algún dulce que han compartido para celebrar el retorno a las clases.

Los niños vuelven a recibir clases, pero la normalidad es sólo aparente, porque la suspensión de la huelga es solo un “cambio de estrategia” de los docentes, que se sienten respaldados por la mayoría social después de que unas 100.000 personas se manifestarán en las capitales de las islas el 29 de septiembre contra la política educativa del Govern de José Ramón Bauzá.

También el ejecutivo está convencido de que los baleares apoyan mayoritariamente que se implante paulatinamente un modelo educativo en el que las lenguas oficiales, catalán y castellano, compartan protagonismo con el inglés, una idea que defendió Bauzá en la campaña electoral en la que el PP obtuvo mayoría absoluta, y que refrenda el 77 % de la población, según una encuesta reciente.

Nuevas estrategias contra el trilingüismo
Los comités de huelga han anunciado que promoverán que los consejos escolares de cada uno de los centros de enseñanza, máximos órganos de decisión en cuento a los proyectos educativos, aprueben la vuelta al reparto de la enseñanza en las distintas lenguas que estaba vigente antes de la aplicación del TIL.

La Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos (FAPA) apoya esta estrategia. El presidente de esta organización en Mallorca, Vicente Rodríguez, ha explicado que solicitarán que los consejos escolares se reúnan esta misma semana para recuperar los proyectos lingüísticos del curso pasado.

A su juicio, es la “única vía razonable y profesional” para superar la “confusión” normativa generada por la Conselleria de Educación, que no ha dictado instrucciones concretas para la aplicación de un decreto ley que aprobó ya con en curso empezado.

“No es insumisión ni desacato”, ha subrayado el dirigente de las asociaciones de padres, quien ha criticado al Govern por su “inmovilismo” ante las demandas de la comunicad educativa y por su insistencia en imponer un proyecto carente del más mínimo rigor pedagógico. “Ya nos gustaría que nuestros hijos aprendieran inglés, pero no lo van a hacer así”, ha recalcado.

La consellera de Educación, Joana Maria Camps, ha reiterado hoy mismo su compromiso a mantener la negociación y ha subrayado que su respuesta a la suspensión de la huelga es ofrecer a la parte sindical “más diálogo que nunca” para superar el conflicto.

Camps ha expresado su satisfacción porque “hoy el curso comience bien”, sin incidentes y con los estudiantes “al margen” de la disputa entre los profesores y el Govern, como venía reclamando desde el inicio de la huelga.

La Conselleria ha citado a los comités de huelga esta tarde para una nueva reunión, la octava desde que comenzaron las negociaciones.
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