AGLI Recortes de Prensa   Viernes 11 Octubre 2013

Recuperación o el rebote del gato muerto
Carlos Hernanz El Confidencial 11 Octubre 2013

Los mensajes gubernamentales y la realidad de los datos macro son contradictorios… o no. Sin embargo, durante las últimas semanas, el discurso oficial sobre el principio de la recuperación se ha extendido como un mantra, hasta el punto de que otras voces están contribuyendo a alimentar esa especie. Los últimos en sumarse a esa corriente han sido los directivos del Consejo Empresarial para la Competitividad, los mismos que hace meses atrás hicieron un esfuerzo por esquivar el rescate, para los que España ha iniciado de manera decidida la senda de la recuperación.

Los argumentos para sostener esta tesis descansan sobre varios pilares: el aumento de las exportaciones, el abaratamiento de los costes laborales (ambos positivos para la creación de empleo) y la reducción de deuda del sector privado y público. Al mismo tiempo, desde los despachos de Hacienda se utilizan argumentos tan volátiles y especulativos como la buena marcha de la bolsa española (Viva España, tituló hace poco Morgan Stanley), tan irrelevante como que el número de ricos españoles haya crecido un 13% en los últimos doce meses, según un estudio de Credit Suisse.

Para los menos optimistas, se trata sólo de un fenómeno que describen como “el rebote del gato muerto”, un término bursátil utilizado para referirse al comportamiento de la cotización de empresas que están en situación de crisis

Algunos dirán que son indicadores adelantados. Otros, que el mercado recoge antes los cambios de tendencia. Para los menos optimistas, se trata sólo de un fenómeno que describen como “el rebote del gato muerto”, un término bursátil utilizado para referirse al comportamiento de la cotización de empresas que están en situación de crisis. Su valor cae súbitamente, hasta casi cero. Entonces, una parte importante de inversores, creyendo estar ante una oportunidad única (última emisión de deuda pública a 30 años), compran de manera voluminosa, haciendo rebotar el precio de las acciones.

Sin embargo, esta revalorización en algunos casos es efímera. Suele ocurrir cuando los fundamentales de la empresa (o país) terminan imponiéndose al espejismo, provocando que el valor en bolsa vuelva a descender hasta casi cero. De esta manera, el gráfico bursátil dibuja el mismo perfil que el de un gato muerto arrojado desde una ventana. Al llegar al suelo rebotará, pero termina sobre el suelo, cosa que habría evitado en caso de estar con vida, es decir, en caso de gozar de algún factor diferencial o genuino -en caso de ser una empresa- sobre el que apuntalar su actividad económica.

Hay quienes piensan, por tanto, que un par de datos positivos están sirviendo para lanzar las campanas al vuelo. Del otro lado, sigue habiendo el mismo número de factores negativos, o más, para seguir pensando que España lo único que ha hecho es detener la hemorragia que estuvo a punto de sacarnos del euro. Sin ir más lejos, esta misma semana el FMI ofreció un dato positivo, una mínima revisión al alza del PIB español, al tiempo que nos volvió a sacar los colores al colocarnos para 2014 a la cola del crecimiento, la creación de empleo, la inversión y el consumo dentro de la Unión Europea.

En este contexto de esfuerzo colectivo, no siempre proporcional, por superar el periodo de recesión (nuestro nivel de riqueza es inferior a 2007), faltan estímulos que permitan creer en el discurso de la recuperación

Recordar que se ha duplicado el número de españoles que sobrevive con menos de 300 euros al mes, hasta llegar a tres millones según Cáritas, cuadra poco con el discurso de la recuperación. Como tampoco lo hace el que el descenso del porcentaje de parados esté condicionado por los flujos migratorios (“movilidad exterior“, como dijo Fátima Báñez) más que por la creación neta de empleo. Es cierto que el Gobierno ha corregido y estabilizado algunos grandes desequilibrios (déficit, prima de riesgo…), pero ha exigido unos sacrificios (impuestos, salarios, pensiones) muy grandes.

En este contexto de esfuerzo colectivo, no siempre proporcional, por superar el periodo de recesión (nuestro nivel de riqueza es inferior a 2007), faltan estímulos que permitan creer en el discurso de la recuperación. No basta con fomentar programas de emprendedores en la televisión pública para cambiar de mentalidad. Ni tampoco que un puñado de inversores internacionales enseñen unos cuantos cientos de millones de dólares para comprar empresas a precios de saldo. Todo suma, pero nadie habla de la solidez de los fundamentales que no hagan de esta reacción el rebote del gato muerto.

Del vodevil en política

José Luis González Quirós www.gaceta.es 11 Octubre 2013

La política y la democracia tienen sus deformaciones y sus monstruos, pero también sus caricaturas. La más corriente es la que nace del disimulo, de que parezca que no se quiere hacer lo que sí se está urdiendo. Nosotros sabemos mucho de eso, hasta el punto de que hay el riesgo de que nos confundamos, que pensemos que la política es, como supone Rajoy, el arte de aparentar que no se hace nada, aunque sea no haciéndolo. Rajoy empezó su Gobierno leyendo una lista de ministros y se quedó tan contento inaugurando el minimalismo en política. Tras ese comienzo tan prometedor han venido diversas innovaciones, como la del plasma que es casi lo mismo pero con tecnología.

Parece que el Gobierno lleva muy en secreto sus asuntillos con Mas, y es de comprender que así lo haga, porque sean los que fueren resultarán incomprensibles. Lo malo de las negociaciones secretas es que tienen que concluir en decisiones públicas y aquí es cuando comienza el vodevil, cuando se llama a los especialistas en esperpentos y adefesios para que sugieran escenarios, lances de alcoba, desenlaces, todo lo que permita la continuidad de un género teatral tan desdramatizador como insulso y lelo, pero capaz de atontar a los más desavisados, mientras se procede a requisarles la cartera.
El PP cuenta con varias estrellas para lucirse en tesituras semejantes y con autores capaces de escribir el libreto más frívolo y enrevesado que quepa imaginar, pero entre ese elenco de grandes especialistas brilla con luz propia la figura estelar de Alicia Sánchez-Camacho. Como es lógico con una primera vedette, se la invita a maitines, y se prevé un día de estreno y de gloria, pero la estrella se pasó en el precalentamiento y desveló parte de la trama, con lo que el pateo se hizo general, un error que ha conseguido que fracase un folletín tan bien estructurado, tan fino y digerible como cualquiera pueda desear.

Después de semejante lance, lo peor es que haya que improvisar, aunque para eso el PP de Rajoy tampoco anda escaso ni de tenores ni de mezzosopranos. El coro resultante ha resultado ser lo suficientemente desconcertante como para dar la sensación de que todo ha sido un equívoco, así que doble trabajo para los fontaneros que tendrán que pergeñar un plan todavía más audaz que el que ha reventado la falta de oficio de la estrella catalana, que, al parecer, todavía creía que hablar en ciertas emisoras garantizaba no sólo la victoria, sino la vida eterna. No es que le falte experiencia en desaguisados, pero hay quien piensa que esta vez la operación se le ha ido de las manos.

Lo peor de todo este embrollo desafortunado es que el empresario lo mismo tiene que echarle una pensada, y eso es algo bastante molesto, con lo fácil que parecía el éxito de un episodio tan diligentemente pensado.

1931-1978-2013 Paralelismos
J. de Mendizábal www.vozpopuli.com  11 Octubre 2013

Parece interesante recordar la historia en estos momentos trascendentales que vive España. Todo el mundo, mejor dicho, casi todo el mundo, se sobrentiende que conoce los acontecimientos que ocurrieron en España de 1931 a 1936. En cualquier caso, pueden leerlo en cualquier libro de historia mínimamente independiente.

Lo que suele ser menos destacado, al margen de los tradicionales grupos políticos de la época que serían asimilables a algunos de los movimientos actuales (socialistas, comunistas, monárquicos conservadores, derechistas...) es el papel jugado por el movimiento Agrupación de Intelectuales al Servicio de la República.

Dicho movimiento, liderado por D. José Ortega y Gasset e integrado por Marañón, Albornoz, Maura, Unamuno, Zuloaga, Azorín..., se constituyó en partido político y se presentó a las elecciones del 31, sacando una pequeña representación parlamentaria. Habiendo sido clave, desde el punto de vista de la influencia en el advenimiento de la II República, los escaños que consiguieron nada tuvieron que ver con esa influencia. Como ellos mismos decían, "somos un grupo de intelectuales metidos en política sólo como un deber, como a disgusto".

El encanto duró poco. Ya en las Cortes Constituyentes de ese mismo año, 1931, en pleno fervor republicano, Ortega y Gasset intervino en sede parlamentaria para decir, como portavoz de la Agrupación al Servicio de la República: "nuestro grupo siente una alta estimación por el proyecto que esa Comisión (Constituyente) ha redactado" pero advirtiendo a continuación que "esa tan certera Constitución ha sido mechada con unos cuantos cartuchos detonantes, introducidos arbitrariamente por el espíritu de propaganda o por la incontinencia del utopismo". Entre esos "cartuchos detonantes" destacó que para el proyecto "la autonomía fuese algo especial, puesto que no la estatuye para todos los españoles" sino que responde a los deseos "de dos o tres regiones ariscas" lo que dará lugar a "dos o tres regiones semi-Estados frente a España, a nuestra España" y en cuanto al resto de regiones, al afirmar el proyecto que la autonomía sólo se concederá "a aquellas provincias que posean características definidas, históricas, culturales y económicas comunes" esto las animará a "una campaña de nacionalismo allí donde hasta ahora no ha existido". Finalmente, la Constitución se aprobó tal cual, como no podía ser de otra manera. Inexplicablemente, los que redactaron el Título VIII de la Constitución del 78 no debieron de tener nada en cuenta estas reflexiones.

El propio Ortega, calificaría más adelante al nuevo documento de "Constitución lamentable, sin pies ni cabeza, ni el resto de materia orgánica que suele haber entre los pies y la cabeza". Y de ahí a su famoso "¡No es esto, no es esto!", a su conferencia Rectificación de la República y a tantos otros escritos y artículos criticando el devenir de la República. No hubo nada que hacer. El monstruo estaba en marcha y se negaba a volver a la lámpara. Acabó como acabó y Ortega, en el exilio.

Su partido Agrupación de Intelectuales al Servicio de la República se disolvió a principios del 32. Poco duró. Probablemente con ello, empezó a morir la II República.

¿Les suena algo cercano todo lo anterior? Algo, seguro. Es evidente que las circunstancias han cambiado radicalmente, que la renta per cápita nada tiene que ver, las infraestructuras, los hogares y sus equipamientos, nuestra pertenencia a la UE, a la OTAN... nada hace presagiar revueltas y, menos, sangrientas. Pero existen paralelismos, desgraciadamente. El radicalismo socialcomunista en Andalucía (cercano al chavismo venezolano), la secesión catalana, la secesión vasca en el horizonte, el incumplimiento de las leyes por las propias instituciones públicas, la corrupción insostenible, la asimetría, la falta de control del dinero de los contribuyentes, la deuda que crece día a día, la justicia que funciona con 15 años de retraso (cuando funciona), la inseguridad jurídica en múltiples campos de la actividad empresarial, una educación pública dividida en 17 que es un desastre en cuanto a resultados, los partidos y sindicatos blindados ante la evidencia de ser un foco de problemas y corrupción, en lugar de ser lo básico: organizaciones al servicio de las legítimas aspiraciones de los ciudadanos… todo es una espiral absurda hacia el abismo. Y, mientras, las empresas y ciudadanos pagando impuestos como en los Estados que funcionan (no es nuestro caso) o mucho más, hundiendo el consumo, el comercio y cualquier posibilidad de salir adelante por uno mismo, sin subvenciones o ayudas. No es esto, no es esto. Hay que cambiar la estructura de un Estado inviable económicamente y ser firmes en el cumplimiento de la Ley. Ya. Es urgente. Y, si no, como cerró una de sus conferencias Ortega: "al tiempo"

La Educación de la discordia
Editorial www.vozpopuli.com 11 Octubre 2013

Cuando las evidencias sobre el fracaso educativo español son clamorosas y el Gobierno, singularmente su ministro de Educación, ha propuesto contener la hemorragia mediante la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, la LOMCE, resulta llamativo que los grupos parlamentarios no hayan logrado un acuerdo sólido para que la séptima reforma escolar de la Transición nazca con la fortaleza y el sentido de la permanencia que sería deseable en una materia como ésta, tan castigada por el sectarismo ideológico y la heterogeneidad de los planes educativos del Estado de las Autonomías. El debate y la votación en el pleno del Congreso de los Diputados han sido ilustrativos, a la par que descorazonadores, de las profundas divisiones existentes al respecto, hasta el punto de negar el pan y la sal a un intento de reforma que, sin duda mejorable, debería haber obligado al Parlamento a un ejercicio de entendimiento, para evitar el suma y sigue de las reformas educativas que se han mostrado incapaces de dar respuesta a las necesidades del mundo escolar. Para no perder la costumbre, ya se anuncia la abolición de la LOMCE cuando otros lleguen al poder.

Para quienes hacemos este diario, la constitución y desarrollo de una sociedad de hombres libres no es posible sin una educación fundamentada en los valores del conocimiento, la exigencia y la tolerancia, tres puntos que ya se contenían en los tratados de los filósofos griegos. El cultivo del espíritu y la disciplina siempre han sido divisa de quienes han pretendido la mejora de las condiciones sociales y el progreso de las naciones. Por eso, la Educación, con mayúscula, se convirtió en uno de los motores de las democracias contemporáneas. En el caso español, siempre hubo educadores y grupos sociales incorporados a esas corrientes de interés en pro del perfeccionamiento y desarrollo educativos. Sin embargo, nuestro Estado contemporáneo, salvo experiencias fugaces, se ha mostrado perfectamente incapaz de lograr esos objetivos. Históricamente, las políticas educativas eran de corto alcance y casi siempre fundadas en la confianza de que otras instituciones, privadas o religiosas, atenderían las necesidades en la materia.

En el camino serpenteante de la educación española desembocamos en una Constitución, la de 1978, que es un canto a la confusión en cuestiones educativas: su artículo 27 sobre el derecho de educación habla de los poderes públicos, ambigüedad que permite que asunto tan vital no figure en la lista de competencias del Estado ni de las comunidades autónomas. Quedó en un limbo que ha permitido cualquier cosa. De entrada, el Estado de la Transición renunció a crear su propia red de centros educativos, algo que hubiera sido la mejor garantía para ejecutar los planes de estudio sin discriminación alguna en todo el territorio nacional. Y esa abdicación del Estado fue en beneficio de los colegios privados y de los nacionalistas en aquellas comunidades autónomas con lengua y cultura propias, que han logrado convertirlas en únicas y exclusivas. De hecho, la expansión de la enseñanza concertada se produjo durante los gobiernos socialistas de Felipe González, que, en cambio, sí se ocuparon de iniciar experimentos educativos cuyos resultados a la vista están. Conviene puntualizar, por ello, que la autoridad de los socialistas y de quienes les hacen coro para poner en solfa la LOMCE es más bien escasa, lo que no supone comulgar con todos sus preceptos.

En plena tormenta parlamentaria,resulta obligado resaltar aquellos aspectos de la Ley que parecen adecuados para poner las bases de un modelo educativo que ojalá sea capaz de superar la postración del sistema. En primer lugar, la recuperación de la autonomía y la autoridad de los centros educativos y de los profesores, una reclamación mayoritaria de la comunidad educativa hasta ahora desatendida por los diferentes gobiernos. Aplauso merece también la simplificación y racionalización de la carrera escolar o el currículo, con el fin de despojarlo de todos los materiales inservibles acumulados por las reformas anteriores, restaurando otros, de carácter básico, que nunca debieron perderse. En esta dirección, es acertado el recurso a las evaluaciones periódicas de los escolares, las antiguas reválidas, tan denostadas por algunos, que siempre fueron una garantía de exigencia y esfuerzo para profesores y alumnos. Sin olvidar el intento de situar al castellano como lengua vehicular, propósito que parece nefando a los nacionalistas, que han negado su apoyo a la Ley.

La percepción positiva del intento legislativo, no impide, sin embargo, reconocer que el Gobierno y su partido no han demostrado la inteligencia suficiente para sumar apoyos a su mayoría absoluta y, sobre todo, que han sido demasiado condescendientes con las exigencias de la Iglesia católica en cuanto a la asignatura de religión, particularmente si tenemos en cuenta que la enseñanza concertada está prácticamente en sus manos. Es la servidumbre que, como se ha dicho, impone el hecho de que el Estado no disponga de una red propia de centros acreditada y potente. También caben dudas razonables acerca de las posibilidades reales de implantación de los cambios, teniendo en cuenta las distribuciones competenciales entre el Estado y las comunidades autónomas y las capacidades de financiación en estos tiempos de escasez. La educación de calidad requiere inversiones y no recortes. Con todos sus claroscuros, vale la pena otorgar un margen de confianza a la Ley Wert, aunque sólo sea por su pretensión de superar la confusión y la perversión de valores imperante, producto en parte de contraponer democracia a exigencia y rigor, lo que ha perjudicado la formación de varias generaciones de españoles, con especial daño para los hijos de los económicamente débiles.

Por último, parece adecuado terminar este comentario recordando a la “tropa” que, con el PSOE a la cabeza, con tanto ardor combate la disciplina y al buen gobierno en las aulas, las palabras de un socialista de la talla de Indalecio Prieto cuando dijo aquello de que “algunos confunden la democracia con la mala crianza”. Verdaderamente premonitorias del momento que vivimos.

Todos a la Plaza de Cataluña
Rafael López-Diéguez www.gaceta.es 11 Octubre 2013

Mañana, todos los españoles tenemos una cita ineludible en Barcelona a las 12 de la mañana en la Plaza de Cataluña. Mañana, algunos estaremos físicamente allí, otros con el corazón. Todos dando una clara muestra de que somos muchos los que no estamos dispuestos a romper la inquebrantable unidad de España. Bonito sería que mañana lucieran en nuestros balcones la bandera nacional junto con la barrada catalana. Somos muchos los que queremos a Cataluña. Por ello, nos oponemos tanto a los separatistas como a los separadores; a aquellos que han caído en la trampa de los secesionistas y desean cortar amarras con Cataluña, entregando un trozo de nuestra Patria a un grupo de presuntos corruptos con sedes embargadas.

Me niego a dejar a la deriva a los magníficos españoles de Cataluña, me niego a boicotear de forma genérica los productos catalanes, excepto aquellos cuyos fabricantes de forma expresa se hayan posicionado como secesionistas; me niego también a aceptar la perversa frase de “que se vayan de España, que nos dejen en paz, que se arruinen”. Los que queremos a Cataluña no lo permitiremos; no dejaremos que una anécdota histórica como ésta acabe con la historia de cientos de años, con todo el esfuerzo que muchos españoles realizaron sobre esa magnífica tierra de Cataluña.
El sábado 12 de octubre, Fiesta Nacional, en la Plaza de Cataluña y en toda España, debemos demostrar a los catalanes separatistas que nuestra presencia allí es una muestra de que no estamos dispuestos a entregar parte de lo que también es nuestro. ¡Sí, nuestro! Como suyo es Cáceres, Oviedo, Melilla o Tenerife, porque todos los españoles tenemos nuestra parte alícuota de derechos y obligaciones respecto de España.

Lo único que me resultará incómodo el próximo 12-O, cuando esté en Barcelona, será la presencia de Doña Alicia Sánchez-Camacho quien, después de sus desafortunadas declaraciones rompiendo el principio de solidaridad en España, espero se ausente para evitar algún que otro silbido que bien merecido lo tendría. Pero si lo de la señora Sánchez-Camacho es de Juzgado de guardia, peor es que el Sr. Rajoy no la haya cesado de inmediato.

Una vez más los señores del PP se convierten en los mejores valedores de las tesis de sus opositores. Así, hoy reivindican la ley del aborto de Felipe Gonzalez o acatan la destrucción de la familia dando carta de naturaleza a los matrimonios homosexuales o aceptan las tesis, por las que en su día empezaron los movimientos independentistas, de romper con la solidaridad en España. Ahí están las hemerotecas. El PP, por complejo o maldad, ha ido consolidando las perversas maniobras que sus opositores diseñaron para destruir España y ésta, guste o no guste, es la verdad, el BOE no engaña.

Porque no voy a la Plaza de Cataluña
Nota del Editor 11 Octubre 2013

Si alguien convoca cualquier tipo de acto utilizando una lengua regional, me esta indicando que no es mi lugar, que tal acto está reservado para quienes utilizan tal lengua regional, porque en el mejor de los casos, largarán las consignas, soflamas y discursos en lengua regional y en español, como si el tiempo no tuviera valor o pretendieran darnos un cursillo rápido de lengua regional.

En caso alguno hay que olvidar que quienes defienden las lenguas regionales lo hacen para indicar que ellos las utilizan cuando quieren y casi siempre sin tener en cuenta a quien tienen delante, y su objetivo
es expulsar del entorno a quienes no la conocen ni tienen el más mínimo intererés en concerlas. Por ello, si Vd, no conoce la lengua regional y no tiene interés en que se le enseñen (a su costa a medio y largo plazo pues siempre será un ciudadano de cuarta), absténgase de mezclarse con tales tipos poco respetuosos con las libertades de los demás.

12-O Manifestación Cataluña – Todos a meter caña por España -
Juan Vicente Santacreu Periodista Digital 11 Octubre 2013

¡¡Qué no te engañen los ambiguos!! – Mira hasta donde hemos llegado.
Gracias por divulgar el mensaje de Masby

No entiendo muy bien el motivo, pero el 12 de octubre debemos salir todos a la calle porque hay que defender España. Pero ¿de quién?

Creo que los españoles somos los únicos gilipollas planetarios que duermen con el enemigo y además lo amamantan, porque señores, el enemigo está en casa. Es más, muchos de los enemigos, o colaboradores de estos, también saldrán a la calle el 12-O con gritos como: “mejor juntos que separados”, “catalanes, españoles y europeos” o “catalanes y españoles”. Vamos, una mariconada política, y ya se sabe, cuando se pierde el norte o se toman más de cuatro copas, las paridas salen solas.

Igual que el tonto sigue una linde y no para aunque la linde termine, los españoles les hemos cogido el tranquillo a esta máxima y la utilizamos sin parar: “Repite una gilipollez sin cesar y se terminará por normalizar”. Lo podemos ver con las lenguas tribales y con un montón de memeces más. Imagínese por un momento a un grupo de franceses gritando en una manifestación: “somos de Lyon y franceses”. La estupidez es tan grande que no cabe en Francia, pero si ello ocurriera, la gente pensaría que son unos perfectos gilipollas. Pero en España cabe todo.

La idiosincrasia española está formada por tres grupos bien definidos: Los españoles, los separatistas y los ambiguos. Estos últimos son los más peligrosos, son los que han conducido a España durante 35 años a un punto sin retorno. Sus máximos exponentes son: Felipe González, Aznar y Rajoy. A Zapatero no lo nombro porque él no es ambiguo, él es un idiota malvado, y no lo digo yo, lo dice media España. Desde luego que le ha puesto empeño y se lo ha ganado por mérito propio. En definitiva, todos políticos sin excepción han ido cediendo concesiones a los separatistas desde la Transición.

Por si todo esto era poco, UPyD y Ciudadanos, que parecían una alternativa, también divagan entre la ambigüedad como Rajoy; sí, pero no; catalanes y españoles; trilingüismo e imbecilidad. Es decir, muy españoles pero se ponen el nombre en catalán y escriben España sin la “Ñ”.

El planteamiento que hacemos en Masby es muy sencillo, pedimos a esos Partidos, que supuestamente defienden la unidad de España, que reconozcan públicamente que las lenguas son el germen y el catalizador de los separatismos. Y a las pruebas me remito, creo que 35 años de nefasta experiencia son suficientes. Creo que ya está bien, si no somos tontos hay que parar porque la linde hace rato que terminó.

También pedimos que esos Partidos españoles se manifiesten públicamente exigiendo la igualdad de todos los españoles con las mismas oportunidades para que un gallego, por ejemplo, pueda trabajar de funcionario en Cataluña aunque no sepa catalán, ya que el español es el idioma oficial de España y tienen la obligación de conocerlo todos los ciudadanos.

En Masby no queremos Partidos ambiguos porque España no es ambigua y no aceptamos más políticos traidores que conjuguen España en “futuro imperfecto”, exigimos “presente imperativo”. ¡¡ Basta ya de “nosotros reformaremos”, “nosotros haremos”, etc.!! NO, queremos oír lo que estáis haciendo ahora por la unidad de España y por la igualdad de todos los españoles.

En Masby buscamos un Partido que sea español sin ambigüedades y que fomente todo lo que nos une en lugar de promover lo que nos separa. Como las lenguas.

Por cierto, en los colegios se celebra el día del libro, de la Paz, de la Autonomía, etc. Pero ¿por qué ningún Partido exige que se celebre en los centros escolares el día Nacional? Igual que en cualquier país del mundo, desde la maravillosa y libre Cuba hasta los diabólicos EEUU.

A pesar de que hace tiempo tocamos fondo y muchos imbéciles se empeñan en seguir excavando, yo el 12-O saldré a la calle junto a muchos españoles sin complejos pero soy consciente que estaremos rodeados de multitud de ambiguos españoles, alimento y sostén de los separatistas.

Por un país llamado España, 12 de Octubre, ¡¡Mete caña!!
Juan Vte. Santacreu – Periodista Digital

REACCIÓN ESPAÑOLISTA
12-O: una fecha para poner las peras a cuarto al embaucador de Mas
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com  11 Octubre 2013

A la fuerza ahorcan. Así que esa mayoría silenciosa de españoles de todas partes, también de Cataluña, van a salir este 12 de Octubre a decir que quieren seguir siéndolo.

Muy molesto para la corrección política y muy incómodo para muchos políticos profesionales, pero a la vez muy real. Son millones en toda España los que sienten como propia la fiesta del 12 de octubre, y son cientos de miles en Cataluña los que se disponen a celebrarla precisamente cuando su Gobierno regional y los partidos independentistas querrían dar la imagen de una Cataluña unida para pedir su confusa y confusiva "consulta".

Guste o no, y aunque pueda parecer un "coñazo" literalmente a algunos de los que profesionalmente viven de la nación soberana y han jurado defenderla contra sus enemigos de dentro y de fuera, España está de fiesta el 12 de octubre. Toda España, los españoles de todas las provincias y regiones, también los millones que han dejado el país buscando bien a su pesar un futuro mejor que aquí no parecía ofrecérseles, están de fiesta. Y lo están esas pocas decenas de miles que, después de todos los recortes y a menudo sin medios dignos para ello, cumplen bajo las banderas su juramento de defender España y el orden dentro de ella; por aburridos que puedan parecer a veces y según a quién sus actos y sus desfiles, que sorprendentemente siguen entusiasmando en las calles de la capital a los más jóvenes y los más sinceros.

No es que España tenga mucho que celebrar, habiéndose convertido en el país de Europa con más pobreza, siendo el país de la Unión con más paro y teniendo muchos problemas pendientes de resolver. Pero esta fiesta nacional llega en un momento en el que la economía, por angustiosa que sea, no es la peor parte de la situación. Es verdad que España se enfrenta a la pobreza y la desesperanza, y que lo hace liderada por una clase política desprestigiada gracias a la corrupción y sin el salvavidas de una Corona no menos afectada. Pero hay algo más grave y más urgente, de lo que Barcelona es símbolo y rompeolas: hay voces que se alzan pidiendo la destrucción del país, su troceamiento y la negación hasta retroactiva de su existencia. Y antes de recuperar el bienestar de todos y la credibilidad de los líderes parece llegada la hora de defender la unidad y la vida de la nación.

Lo que este 12 de octubre y desde él se dirimirá en Barcelona es quién y cómo le dice a Artur Mas y a todos sus socios de distintos tipos que hay una realidad secular llamada España cuya ruptura no sólo no cabe en las leyes, ni en la Constitución, ni en la voluntad mayoritaria del pueblo, sino que es innegociable e indiscutible. Que las cosas son así nos lo dice, entre otras cosas, la misma tendencia del pueblo catalán y de todo el pueblo español, que tiende a premiar en las urnas a quienes con más claridad y sin concesiones rechazan la deslealtad y la desigualdad queridas por los paladines de los nacionalismo sin nación.

El horno
IGNACIO CAMACHO ABC 11 Octubre 2013

El proyecto secesionista contiene un virus de discordia civil que amenaza con fracturar la propia sociedad catalana

SIN haber planteado hasta ahora más que su voluntad de secesión, el proyecto separatista de Artur Mas ha comenzado a fracturar a la sociedad política catalana. Primero provocó la medrosa aproximación autodeterminista del PSC creando un grave problema de cohesión nacional al PSOE; luego ha escindido la conciencia moderada de la Unió de Duran Lleida, cuyas dudas sobre la independencia amenazan con acabar empujándolo fuera de la propia CiU; y ahora ha extendido la división a un PP que por falta de engrase interno ha aplastado con vehemencia el intento de coqueteo catalanista de Alicia Sánchez-Camacho. La hegemonía del soberanismo ha impuesto en Cataluña un marco mental ante el que todo disidente parece desorientado, quizá porque sólo muy pocos están dispuestos a arrostrar el estigma de una negativa clara a secundar las premisas de este concepto dominante convertido en pensamiento único.

La iniciativa frustrada de Sánchez Camacho, que está escrita en su programa electoral autonómico de 2012, respondía a la intención del PP catalán de salir del aislamiento mediante una típica maniobra, ya insuficiente y tardía, de apaciguamiento amistoso. Se tratase de un movimiento por cuenta propia o de un globo sonda respaldado a su gallega manera por Rajoy, ha constituido un severo error táctico. Ha recibido un sonoro portazo en su propio partido, para el que la firmeza ante la reclamación soberanista representa un capital irrenunciable; ha desatado la ira de otros barones regionales asfixiados por el actual modelo de reparto financiero; y ha descolocado a su electorado natural que sólo encuentra ya en la propuesta unitaria de Ciudadanos un dique frente a la crecida de la autodeterminación. Un fracaso completo que refuerza de paso el argumentario victimista del nacionalismo sobre la incomprensión española.

Si esto sucede en la esfera meramente política, cuyos profesionales son incapaces de hallar una respuesta al desafío secesionista, cabe imaginar lo que sucederá en el ámbito social cuando el delirio se plasme en iniciativas institucionales directamente orientadas a la desagregación de España. El proyecto separatista contiene un virus de discordia civil que amenaza con partir la propia sociedad catalana.

Ya ha dividido a sus políticos y ha sembrado la desunión callada entre los ciudadanos, condenando al silencio o al arrinconamiento a los disconformes; pronto se puede convertir en una hoguera que abrase los fundamentos de la convivencia en el interior de un horno refractario cuyo calor no resulta perceptible en una opinión pública artificialmente homogénea. La única manera de evitarlo consiste en plantear con coraje un discurso alternativo que refute falacias y mitos y abra el debate al aire de la libertad. Y como eso sólo se puede hacer ya desde fuera, ha llegado la hora de que el Gobierno de la nación asuma el liderazgo de la réplica.

12-O, Barcelona
La cita, como les digo, es el día 12, mañana, a las doce del mediodía
Carlos Herrera ABC  11 Octubre 2013

El 12 a las 12. La cita. Plaza de Cataluña, corazón de todas las Cataluñas; esas que parecen solo una pero que, en sí misma, son varias. Las Españas, tantas y tan revueltas, tienen la obligación estatutaria de ser eso que ahora se dice «plurales». Plural –que es palabra singular– es el nuevo viejo mantra de la política, la nueva contraseña para abrir la caja mágica de todas las convivencias posibles. Estás perdido si no eres «plural». Curiosamente cualquiera de las partes de España, esencialmente Cataluña, puede permitirse el lujo de ser «singular», casi monolítica, única en su esencia, sin variables internas.

Quienes reclaman la pluralidad de España suelen ser muy poco dados a su propia pluralidad, aunque pueden engañarse tanto como quieran: la realidad en Cataluña es caleidoscópica, los hay verdes, rojos, azules, altos, bajos y mediopensionistas. Sólo ocurre que acontece un problema de visibilidad. En Cataluña no eres «cool» –es decir, no estás a la moda, no eres fresco– si no manifiestas tu adhesión inquebrantable al oficialismo independentista. Es habitual la sorpresa entre comensales de una cena cuando uno de los asistentes se declara partidario de que las cosas estén más o menos como están: «¿Ah, pero tú no eres independentista?», preguntan incrédulos y asombrados. Muchos contestan: «No; ni tú tampoco, pero aún no lo sabes». Hay una incontable sucesión de individualidades (que es una forma cursi de decir personas) que no son visibles, que andan ocultas en la espesura, y que, para desesperación de quienes quisieran que fueran una simple colección de energúmenos, son solo ciudadanos tranquilos y sensatos poco dados al vocerío o a las cursilerías identitarias. Tan decente y respetable debe ser sentirse sólo catalán como sentirse sólo español, o como sentirse las dos cosas a la vez sin que por ello tengan que encerrarte en un psiquiátrico.

Estos últimos han decidido repetir la agradable y estimulante experiencia del año anterior manifestándose festivamente en el centro de Barcelona. Si ningún grupillo de ultras acude a reventar el acto –no creo que los organizadores o la Policía se lo pongan fácil–, un nutrido grupo de catalanes de toda la vida enarbolará banderas que considera compatibles, la catalana y la española, y reivindicará el derecho a ser español en tiempos revueltos. Y a no tener que dejar de ser catalán por ello.

Aunque no se consideren héroes, aunque se trate de ciudadanos normales, de los que hacen a diario posible que Cataluña sea una tierra acogedora y próspera –a pesar de sus gestores–, los convocantes y asistentes saben bien lo que es ser mirados de reojo con la lupa oficialista. Son sospechosos de colaboracionismo con el enemigo, de relaciones indeseables con el opresor. Todo ello siendo tan catalanes como el que más, únicamente diferenciados por su deseo de compartir afanes con individuos de Aragón o de Navarra.

Me consta, incluso, que algunos de los que acudieron a la llamada de la famosa Vía Catalana acudirían también a la llamada del 12 de Octubre si les fuera permitido por la corrección política imperante, habida cuenta que en esa fecha se celebra la gesta que realizaron, entre otros, algunos catalanes enrolados en el sueño descubridor de un pueblo –o varios– empeñado en llegar más allá de sus fronteras.

La cita, como les digo, es el día 12, mañana, a las doce del mediodía. No hace falta ir henchido de ardor patrio alguno, ni es necesario que se nublen los ojos en llanto. Es el día propicio para el patriotismo sereno y civil que consiste en sentirse orgulloso de la pertenencia a sociedades que, en lo transversal, suman todo tipo de disciplinas de origen. Quienes consideren que así es el futuro deseable de una tierra sin extremismos ni griteríos no tienen más que acercarse al centro y darse el placer de reivindicar lo que son.

Los sindicatos, amparo del PP
Pedro de Hoyos Periodista Digital 11 Octubre 2013

Creo que el actual gobierno, el que nunca baja los sueldos ni las pensiones ni recorta derechos de los trabajadores, debe estar muy agradecido a los sindicatos. En el actual momento histórico, con la cantidad de suciedad que está cayendo sobre los obreros, los sindicatos han dado un gran ejemplo de contención al no sacar a los trabajadores a la calle todos los días. Claro que vistos sus últimos éxitos en congregación de masas era para pensárselo dos veces.

También el PP y su gobierno, el que nunca baja los sueldos ni las pensiones ni recorta derechos de los trabajadores, debe agradecerles los actuales escándalos en Andalucía. Las mariscadas y las casetas en la feria de Abril han servido de tapadera a otras circunstancias escandalosas, Ley Wert, por ejemplo, y el caso Bárcenas. Mientras estamos entretenidos contando los billetes que UGT de Andalucía nos ha timado no nos paramos a pensar en los sueldos congelados o en el copago de medicamentos imprescindibles para enfermos. El agradecimiento, pues, debe ser doble.

Pero los ciudadanos serios y preocupados no deberían perder de vista todo lo que está sucediendo, somos testigos del desmoronamiento de los valores de la democracia y su sustitución por el amiguismo, la corrupción o esa perversión democrática que es el escrache a la juez Alaya.

Los supuestos demócratas sindicalistas, los que en ocasiones pinchan ruedas de camiones, rompen escaparates o lunas de autobuses para imponer la huelga democrática (qué perversión del lenguaje), se han concentrado ante la juez que investiga cómo unos presuntos sinvergüenzas se han quedado con nuestro dinero, con el dinero de nuestros impuestos, con el dinero destinado a pagar a los obreros. Esta nueva especie de sindicalista, alentada desde las más altas instancias sindicales, piensa que un juez es justo y demócrata si examina las cuentas del PP, pero si lo hace con las cuentas de las comilonas de cuatro gorrones autodefinidos como sindicalistas (¿De verdad defendían a los obreros? ¿Comiendo? ¿Bebiendo en las casetas de las ferias? ¿Regalando maletas a sus afiliados?) … pero si lo hace con las cuentas de las comilonas de cuatro gorrones autodefinidos como sindicalistas ese juez es un tirano que busca las cosquillas al movimiento obrero para favorecer la tiranía capitalista y debe ser objeto de las iras de los hijos de Marx.

La gravedad del asunto es tal, presionar a una jueza en el ejercicio de sus funciones, que simplemente se le puede llamar fascismo sindical, es desvirtuar la democracia y sus derechos dirigiéndolos contra la propia democracia. Es una postura intolerable que nos habla a las claras de cómo algunos sindicalistas entienden la Libertad, la Democracia y la Justicia. Estos cien analfabetos mostrencos que insultaban a la jueza no pueden representar a sindicatos con gran trayectoria y muchos años a sus espaldas, no pueden ser ejemplo de la tarea legítima de quienes tienen por empeño defendernos del abuso de patrones y grandes multinacionales anónimas. ¿O sí? ¿Sí son realmente lo que parecen?

Las cúpulas sindicalistas deben aclarar sus habilidades democráticas, hacernos saber si la Justicia está por encima de las ideologías o de la adscripción social. Deberían, estoy deseando oírlo, condenar lo ocurrido, darnos nombres y apellidos de los culpables y ponerlos en la calle, dejándolos a la intemperie sindical una larga temporada hasta que escarmienten. Democracia es democracia, es para todos y debemos defenderla todos, con absoluta independencia del paraguas mental bajo el que nos abriguemos

El insoportable hedor de la izquierda *
Eduardo Arroyo www.elsemanaldigital.com  11 Octubre 2013

Es ese blindaje moral que pretende la izquierda en pleno lo que ha llevado a una turba de seres primitivos a gritar "fea" a Alaya sin que una sola feminista haya puesto el grito en el cielo.

Llamazares ha lanzado la siguiente pregunta:"¿Qué nos está pasando, pasaría con otro tipo de terrorismo o yihadismo?".
Los diputados de Ciudadanos y del PP en el Parlamento catalán han abandonado el hemiciclo al ser tachados por los chicos del CUP de "nazis". ¿El motivo? Participar en la manifestación del 12 de octubre en Barcelona. En el otro bando, es decir, en los afectos a Artur Mas y compañía, la "Asociación Catalana para la Defensa de los Derechos Humanos", ha convocado una rueda de prensa en el "Col·legi de Periodistes de Catalunya", para lamentarse de que se les acusa "de ser racistas, fascistas e incluso nazis y hitlerianos por el hecho de aspirar a la soberanía de nuestra nación" y ha anunciado que llevarán a los tribunales textos periodísticos, declaraciones públicas, textos y actos donde se equipare a los catalanes o a sus demandas con el totalitarismo.

En el Parlamento vasco, un parlamentario de EH-Bildu llamó "fascista" al portavoz popular y presidente del PP de Guipúzcoa, Borja Sémper, una acusación que Sortu repitió el mismo día del ataque contra la sede popular en San Sebastián.

A mayor escala, en el parlamento nacional, un sujeto, diputado de Amaiur, un tal Sebastián Cuadra, haciendo honor a su apellido, clama diciendo que "tenemos guante de seda para el GAL y ´doctrina Parot´ para los presos vascos. Esta justicia nos da arcadas". Naturalmente, esto lo dice sin duda porque las bombas no se las han puesto a él, claro está: él se limita a defender a los que las han puesto.

De paso, y en el mismo parlamento nacional, representantes del PSOE, Izquierda Plural (IU-ICV-CHA), ERC y Amaiur han reclamado que la nueva norma penal promovida por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, profundice el castigo a la apología del franquismo durante una moción promovida por CiU para equiparar la dictadura española con el nazismo y tipificar su exhibición o justificación. También en el Parlamento, UPyD propone castigar toda conducta de "apología del fascismo, el totalitarismo o el terrorismo".

El asunto del "fascismo" es tan actual que Miguel Ángel Rodríguez, exportavoz del Gobierno popular de José María Aznar, no podrá recuperar los 9.900 euros con que fue condenado por un delito de injurias al llamar "nazi" al doctor Luis Montes, dado que el Consejo de Ministros en su reunión del 27 de septiembre de 2013 acordó denegarle el indulto.

Parece que el "fascismo", el "nazismo" y el "franquismo" están más vivos que nunca, a juzgar por el celo con que suscitan prohibiciones y leyes. Hasta una juez argentina, que posiblemente no tenga ni idea de la historia de España de los últimos, digamos, cincuenta años, ha terciado en el tema buscando el procesamiento de exministros franquistas nonagenarios y del mismísimo Rodolfo Martín Villa. Respecto de este último, hay que manifestar que lo tiene un poco difícil, dado que intentar juzgar a alguien que, en palabras de Santiago Carrillo, se subió a un coche oficial en 1963 y ya no se ha bajado, pone las cosas harto difíciles para una juez argentina, sin experiencia en tratar con supervivientes a ultranza en cambios históricos y políticos de todo tipo.

El broche de oro lo ha puesto, como no, el patético Llamazares, líder del mayor fracaso electoral de su coalición que, lejos de mantenerse en un discreto y sensato segundo plano, ha llamado la atención sobre el auge de la extrema derecha y ha exigido actuar contra los asaltantes de la "Librería Blanquerna" en Madrid, a cuyos autores imputa –por figurar, según él, en los estatutos de la propia organización- "odio racial" y "exterminio" . Llamazares ha lanzado, sin un ápice de autocrítica, la siguiente pregunta:"¿Qué nos está pasando, pasaría con otro tipo de terrorismo o yihadismo?".

Es fácil responder a esta pregunta porque, si bien la "extrema derecha" no pasa de protagonizar delitos de simple opinión, ante los que se escandaliza todo el aparato propagandístico de la izquierda -desde El País hasta asociaciones "frikis" de tipo local-, o algunas acciones de corte violento, todo ello perfectamente punible con el actual Código Penal, es la izquierda, digo, quién ha generalizado la manía de denominar "fascista" o similar a todo el que no les dora la píldora. Lo peor es que una vez que te han puesto el sambenito, consideran legítimo cualquier manera de exterminarte.

Hemos llegado a un punto en que, da igual lo que se piense, todo el mundo es el "fascista" de alguien y por esa razón la pregunta de Llamazares es fácil de responder, aunque en sentido diametralmente opuesto a lo que a él le gustaría. Porque con "otro tipo de terrorismo", el Estado debería sentarse a negociar, como llevamos 30 años haciéndolo con una organización de izquierdas: ETA y sus compadres. Con "otro tipo de terrorismo" tampoco podría usarse el legítimo derecho de todo Estado a defenderse y a defender a sus súbditos, so pena de incurrir en "fascismo". Además, debería proporcionársele fondos públicos para que goce de representación en las instituciones e incluso alguno de sus prohombres podría, con todo el derecho, ser llamado en calidad de "hombre de Estado" para pronunciarse públicamente, a favor de un proceso sedicioso en el que se pretende acabar con ese mismo Estado.

Sería también oportuno que ese "otro tipo de terrorismo" gozara de las ventajas otorgadas en diversas sentencias del propio Tribunal Constitucional y que asesinos que únicamente disfrazan su crimen de lucha política y que ni siquiera se molestan en negarlo, disfruten de nuestros impuestos para continuar por otros medios lo que iniciaron con las armas y las bombas.

Si, en cambio, fuera yihadista, de esos que en Europa entran a miles y que aquí se incuban al amparo de leyes "anti-discriminatorias" promovidas por izquierdas y derechas, también merecería la atención inquisitorial de nuestros prohombres, siempre atentos a que el Estado no ejerza lo que legítimamente le corresponde: el deber de protección de sus ciudadanos. Así, para un imán que pide "mano dura" con las mujeres hay la misma manga ancha que se niega al que denuncia que un imán pide "mano dura" con las mujeres. Por todo ello, el "doble rasero" al que implícitamente alude Llamazares va en sentido contrario al que él pretende, toda vez que la violencia, en España y en toda Europa Occidental, es fundamentalmente, la violencia de la izquierda contra todo aquél que se pone en su camino. Una sola acción "antisistema" en las calles de una gran capital española, equivale a cien "Librerias Blanquerna" sin que nadie destaque la motivación ideológica, atribuible a la izquierda y sin que exista asociación alguna que, con los impuestos de todos, se interese de manera especial por los desmanes y la violencia que, desde su ideología izquierdista, se justifica una y mil veces. Se combate el "odio racial" pero no el "odio de clase" o el simple odio político al adversario. Así las cosas, es precisamente ese doble rasero –en sentido opuesto al pretendido- el que vuelve la pregunta de Llamazares sospechosa.

Es ese blindaje moral que pretende la izquierda en pleno, desde los "independentistas" hasta la izquierda más civilizada y otros tontos útiles anexos, estilo "Artur Mas", lo que ha llevado a una turba de seres primitivos a gritar "fea" a la juez Alaya sin que una sola feminista haya puesto el grito en el cielo. La idea subrepticia es "ni la Historia tiene derecho a juzgarnos porque somos el bien absoluto y los eternos mártires". Así que si les juzgan por ladrones lo que ha sucedido no es que efectivamente lo sean, sino que ha resucitado "la brigada político-social del franquismo". Por eso el juicio tampoco recae sobre las capacidades de sus proponentes, toda vez que resulta chusco observar la arrogancia de un plantel de gentecilla sin la menor relevancia humana y cultural, que se atribuye el poder de vida o muerte social para los que ella considera.

En toda esta polución ideológica, en la que se manejan conceptos sin ton ni son, pero que acarrea consecuencias políticas y sociales importantísimas, tiene una responsabilidad nada despreciable la derecha, desde la liberal hasta la católica y conservadora, toda vez que ha aceptado ese caos interesado atizado desde la izquierda. Ella también ha seguido el juego a este caos organizado y ha renunciado a explicar los hechos en sus justos términos, de manera que todos y cada uno asuman responsabilidad por lo que hacen. Según esto, ETA no es un terrorismo "nazi" o "fascista", sino marxista y muy conectado con, por ejemplo, el "maquis", al que ahora la "memoria histórica" quiere rehabilitar. La sedición de Artur Mas nada tiene que ver con el "nazismo", un fenómeno específico de la situación centro-europea de hace casi ochenta años, sino con la falsificación histórica del nacionalismo catalán y el radicalismo, también de raíz marxista, de ERC. Y así sucesivamente.

El colmo de este seguidismo en la tontería es la reforma del Código Penal de Alberto Ruiz Gallardón que, dicho sea de paso, no va a impedir que el PP sea así mismo calificado de "franquista" y demás. Para muestra un botón: mañana la Iglesia católica beatifica en Tarragona a 522 religiosos mártires asesinados por odio a la fe. Un conjunto de asociaciones ha criticado la presencia en el acto oficial de Artur Mas, dado que según ellos, se trata de una acción promovida por el sector más "reaccionario" de la Iglesia que aún "no ha condenado el franquismo". Los asesinados, por supuesto, que murieron perdonando a sus verdugos pese a la extrema crueldad de los mismos, ni siquiera han merecido un respetuoso silencio. Lo importante es que no se ha "condenado el franquismo", que es lo que interesa. Como se ve, tampoco Artur Mas va a librarse de ser otro "fascista". Todo esto huele.

Más sanidad y menos "estructuras de Estado"
Francesc Moreno www.cronicaglobal.com 11 Octubre 2013

Una reforma estructural imprescindible pero que nadie aborda es la disminuir el tamaño del sector público. Menos Estado pero más fuerte es la receta. El Estado debe concentrar su actuación en el papel de garante de la igualdad de oportunidades, la libre competencia y los servicios públicos esenciales.

Se anuncian cierres de empresas y organismos pero la realidad es que apenas se hace nada en esa dirección. Lo único que realmente se aborda es el recorte de los servicios públicos esenciales, sanidad y educación. Y eso vale para el Estado y para las CCAA.

No es de extrañar. Los políticos son reacios a perder poder. Y su poder se resiente menos desmantelando la sanidad pública que acabando con las diputaciones, por poner un ejemplo. Además, según algunos analistas el desmantelamiento de la sanidad podría haber sustituido a las recalificaciones en la financiación de los partidos.

Es triste tener que afirmar que contra Franco vivíamos mejor. De espaldas al Estado, Cataluña era un referente de modernidad, tolerancia y dinamismo

En el caso de Cataluña, la actividad del Gobierno autonómico es ilustrativa. Los recortes afectan muy duramente a las escuelas, las universidades, la sanidad. Pero apenas se reducen, se mantienen o se incrementan las partidas de gasto público dirigidas a crear "estructuras de Estado", a mantener diputaciones y consejos comarcales, a subvencionar TV3, o a la red clientelar.

La última aventura empresarial anunciada es la creación de un banco público. Otra muestra de la voracidad y el ansia de control son los intentos de compensar la pérdida de poder en las cajas quebradas, ganando protagonismo en la única entidad que ha permanecido ajena a las influencias políticas y a la que se acusa de formar parte de las élites que "quieren cambiar el curso de la historia".

Una de las características de todo nacionalismo es su afición por multiplicar el intervencionismo estatal. Es la manera de controlar y someter a los ciudadanos. Todo a mayor gloria de la patria y en contra de los intereses de los ciudadanos y de la salida de la crisis. No se quiere una sociedad civil fuerte e independiente. Se fomenta una sociedad intervenida y estrechamente ligada al poder público.

Exactamente lo contrario de querer construir una sociedad abierta, dinámica y competitiva. Exactamente lo contrario de la tradición catalana de emprendeduría. Es triste tener que afirmar que contra Franco vivíamos mejor. De espaldas al Estado, Cataluña era un referente de modernidad, tolerancia y dinamismo. Nuestros jóvenes universitarios ya no sueñan, mayoritariamente, con crear empresas o ser profesionales independientes. Prefieren ser funcionarios o trabajar en una gran corporación. Mal negocio para la prosperidad futura de Cataluña. Y con un hipotético Estado propio, todavía peor.

Quo vadis, Catalonia?
Félix de la Fuente www.cronicaglobal.com 11 Octubre 2013

Que el 50% de los catalanes siga con su ensoñación de una Cataluña miembro de la UE es fácil de entender, pues el aparato mediático del independentismo funciona a toda marcha, bien engrasado con las subvenciones del señor Mas, que, a su vez, son subvenciones del señor Rajoy y de todos los españoles (sí, tuyas y mías). Sin embargo, alguien parece que está preparando su propia retirada.

Que La Vanguardia, el diario oficial del independentismo, se atreva a publicar un artículo como el de Joaquín Muns en la parte de Dinero, del pasado 29 de septiembre, o que El País publique el mismo día una entrevista a Francesc Granell, laureado con la Cruz de Sant Jordi y persona que, según él mismo, tiene confianza en Mas; y que ambos artículos expongan con una claridad meridiana unos argumentos demoledores, tanto desde el punto de vista jurídico como económico, contra el independentismo de Mas, es algo que huele a cambio de actitud. Pero, cambio... ¿hacia dónde?

Hasta los mismos ciegos empiezan a ver que el independentismo es inviable, pero los fanáticos no lo verán. Lo verán Mas y Junqueras, pero no las víctimas de ese adoctrinamiento pseudoreligioso y victimista a que ha estado sometido durante décadas el pueblo catalán. El fanatismo religioso es peligroso, pero mucho más peligrosa es esa mezcla explosiva del poble català con la Moreneta.

Ni vivimos en Cataluña en una auténtica democracia, ni un referendo o consulta sería democrático en la circunstancias actuales

No se trata, por tanto, de argumentos. Contra el fanatismo no sirve la lógica. ¿No hemos oído hasta la saciedad que una Cataluña independiente quedaría automáticamente fuera de la UE? ¿No lo ha dicho varias veces el mismo presidente de la Comisión Europea? Y, sin embargo, el 50% de los catalanes sigue pensando que Cataluña no saldría de la UE. No voy a insistir yo en esta vía, y lo hago por tres razones: la primera, porque, como he dicho, contra el fanatismo no sirve la lógica; la segunda, porque he sido uno de los primeros que se atrevió a decirlo públicamente y no quiero seguir perdiendo el tiempo. Hace ya casi cinco años. En el sancta sanctórum del independentismo catalán, es decir en la sede de Òmnium Cultural, le dije públicamente al eurodiputado Ramon Tremosa (CiU), con motivo de la campaña de las elecciones europeas, que estaba engañando conscientemente a la gente, porque él sabía que en los Tratados está clarísimo -kristallklar- que, si Cataluña se independizaba, quedaría fuera de la UE y tendría que solicitar después el ingreso, y que en el hipotético caso de que tuviéramos un Zapatero que apoyara el ingreso de Cataluña, ni Francia y ni otros países lo iban a apoyar. Mis antiguos compañeros de Ciudadanos pueden dar fe de esto.

Pero la principal razón por la que pienso que no conviene insistir en los desastres económico y político que supondría la independencia para todos los catalanes -y que es una realidad evidente- es porque, en el fondo, no se trata de independencia sí o independencia no, sino de falta de democracia, sí o sí. Ni vivimos en Cataluña en una auténtica democracia -no se respetan algunos derechos fundamentales del 50% de la población-, ni un referendo o consulta sería democrático en la circunstancias actuales, después de 30 años de adoctrinamiento político y con una prensa y medios de comunicación subvencionados.

¿Tenemos las más mínimas garantías de que tras la independencia mejoraría la calidad democrática de Cataluña? ¿Podemos fiarnos de las promesas paradisíacas que nos hacen unos políticos que no respetan los derechos no ya de unas minorías sino de unas mayorías? Negras las perspectivas, en todo caso. Muy probablemente se buscará una solución descafeinada, porque Mas no va a intentar suicidarse por segunda vez. La independencia quedará aparcada, pero el culpable será de nuevo el Gobierno de España, gobierne quien gobierne, que la ha impedido. De esta forma, podrán seguir alimentando el victimismo y seguir gobernando. Rajoy, o quien gobierne, se dará por satisfecho porque el independentismo ha fracasado y él seguirá haciendo mutis por el foro. Se habrá evitado la catástrofe, pero ¿habrá mejorado en algún punto la democracia en Cataluña? ¿Se habrá resuelto alguno de los muchos problemas que tenemos? El problema de la falta de democracia en Cataluña quedará todavía por resolver. ¿Hasta cuándo?

Louis Aliot, Vicepresidente del FN:
'A ver si hay valientes que abandonan el PP para crear un partido patriótico'
J. M. BALLESTER ESQUIVIAS www.gaceta.es 11 Octubre 2013

La mano derecha de Marine Le Pen afirma que Valls “habla como nosotros pero actúa como el resto. Basta con que diga algo para que le llamen facha”.

En esta entrevista con LA GACETA, el vicepresidente del FN lo tiene claro: los espectaculares resultados que las encuestas –la última les otorga un 24% en las europeas de 2014– auguran a su partido “corresponden a la voluntad de los franceses de romper con un sistema que ve cómo la izquierda y la derecha se alternan en el poder sin cambiar nada, absolutamente nada, a la vida diaria de los ciudadanos, ni torcer el cuello a la crisis al paro o la delincuencia”.

¿Cuándo empieza ese descontento?
- Desde el referéndum sobre la Constitución Europea de 2005 –que los franceses rechazaron–, sentimos que los franceses se oponen cada vez más al esquema de construcción europea que aplica el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso.

¿Es el único culpable?
Los culpables son todos aquellos que han creado esta fábrica de colillas que sólo produce austeridad, fiscalidad y paro. A nivel mundial, la zona euro es la que menos crecimiento experimenta. Por lo tanto, el problema es estructural y no coyuntural. Ciertamente, el esquema es malísimo.

No es la primera vez que el FN logra resultados altos en las intenciones de voto; pero sí la primera vez que son tan espectaculares. ¿Qué ha cambiado en los últimos tiempos?
Marine Le Pen. Desde que se convirtió en presidenta del FN, ha logrado un 17% en las presidenciales, hemos multiplicado por cuatro el número de militantes y progresamos sin parar en todas las elecciones parciales; por no olvidar las encuestas o el impacto de Marine Le Pen en la opinión pública. Es muy importante.

¿Por qué?
Porque cuando se echa un vistazo a la popularidad del señor Hollande o a la de su primer ministro, o cuando se ve cuál es el estado de la derecha y del centro, queda cada vez más claro que los franceses están hartos y que quieren poder elegir otra política.

¿Cuáles han sido las claves de la ‘desdiabolización’ del partido llevada a cabo por Marine Le Pen?
Nos hemos presentado ante la opinión tal y como de verdad somos y no como nos presentaban algunos de nuestros adversarios. Estábamos bajo sospecha . Por ejemplo, en lo tocante al antisemitismo. Este calificativo ya no se asocia al FN de Marine Le Pen. Por otra parte, a partir del momento en que articulamos un programa de sentido común y que a nivel local presentamos a candidatos bien arraigados en la vida social y civil, pues poco a poco, el voto se adapta a nuestra imagen real.

Sin embargo, ‘Le Monde’, en un duro editorial de hace unos días, y el Partido Socialista (PS) ayer mismo siguen teniendo al FN como un partido de extrema derecha.
Mire, el porcentaje de popularidad del PS está cada vez más bajo por lo que a la gente le importa un rábano lo que diga. Cuando afirman que somos de extrema derecha, hay que recordarles que tuvieron un líder –que luego fue presidente de la República– que fue condecorado con la más alta distinción del régimen de Vichy.

Se llamaba François Mitterrand y la distinción era la Francisque...
...así que los socialistas...bueno... tampoco olvide que René Bousquet, muy activo en la deportación de judíos, era íntimo de Mitterrand y militante del PS. Todo esto relativiza mucho lo que significa el PS.

¿A quién temen más, al ministro del Interior Manuel Valls o a la UMP?
- Valls habla como nosotros pero actúa como el resto porque no puede actuar. Basta con que diga algo para que en el seno de su partido y del Gobierno le llamen facha o le acusen de ser de ser un extremista de derecha.

¿Por lo tanto...
- ...no le tememos. Nos preocupa la credibilidad de nuestras ideas.

¿Qué le permite decir que la tendencia al alza de su partido es un movimiento de fondo y no un mero espejismo?
- En las tres últimas elecciones parciales, el FN ha sacado un 48 o u 49% en la segunda vuelta y tenemos todas las de ganar en la del próximo domingo en Brignoles. Percibimos una dinámica.

¿Es exportable a otros países de Europa el modelo del FN de Marine Le Pen?
-Creo que lo es. Mire el ejemplo del United Kingdom Independence Party en en el Reino Unido; es el que más se nos parece en la denuncia del sistema europeo. Es algo más complicado en el resto de países pero hay casos interesantes como el SPÖ de Austria o en los Países Bajos, con Geert Wilders. Esperamos que surjan partidos patrióticos que, al mismo tiempo, sean moderados. A ver si en España hay algunos valientes que se atreven a abandonar el Partido Popular para crear un partido que defienda la unidad de España y que sea compatible con el FN y otros partidos patriotas europeos.

Hace unos meses, marcaron distancias con Josep Anglada.
-Es verdad. Nuestro proyecto no tiene nada que ver con el nuestro: es un autonomista catalán y tiene una visión regionalista de la política. Nosotros, por el contrario, defendemos la unidad de las naciones y no tenemos una visión racialista del pueblo ni de la política. Es lo que nos distingue de los partidos regionalistas e identitarios.

Dice que su aliado en el Reino Unido es el UKIP. ¿Ya no tienes nada que ver con el British National Party de Nick Griffin?
Efectivamente: pertenecemos, junto al UKIP, a un grupo que se llama la Asociación por una Europa de las Libertades. En las próximas europeas, Griffin y su partido serán candidatos junto a lo que se viene en llamar la extrema derecha europea.

Entrevista PD a los autores de 'Mamá, quiero ser político' (La esfera de los libros)
Sandra Mir: "Hay dos agujeros negros en el universo político: los coches oficiales y los asesores"
Gabriel Cruz: "¿Cómo es posible que nadie se presente a presidente de la Comunidad de Vecinos y las elecciones municipales nunca queden desiertas?"
Antonio José Chinchetru. Periodista Digital 11 Octubre 2013

Ser político hoy en día, se esté o no en el poder, es un lujo que no podemos permitirnos el resto de los mortales. Si su hijo llega y le dice: ¡Mamá, quiero ser político! (La esfera de los libros) no le haga cambiar de idea, su futuro está asegurado.

¿Cuántos políticos no han trabajado nunca en el sector privado?
¿Cuál es la familia que lleva ciento cuarenta años en el poder?
¿Qué político ha enchufado a doscientos familiares y amigos?
¿Quién es el que acumula más cargos?
¿Saben nuestros diputados qué es el CO2?
¿Cuál es la pregunta más estúpida que ha hecho un político en una cámara?
¿Dónde acaban los políticos cuando dejan de ser políticos?
¿Por qué contrataron como albañiles a la plantilla de un equipo de fútbol de un ayuntamiento de Sevilla?
¿Dónde cree que puede acabar una profesora de danza...en un teatro o en una caja de ahorros?
¿Puede un organismo público pagar a un director que jamás existió y a quien nadie echó de menos?
¿Quién dijo: «Estoy en política para forrarme»?
¿Sabe cuántos retratos de políticos ha pagado usted?
¿Qué carrera garantiza un puesto en la vida política?

Sandra Mir (Valencia 1977) es licenciada en Periodismo y autora de famosos reportajes de investigación internacional, sobre la prostitución infantil en Pakistán, el tráfico de menores en Ecuador, la situación de las niñas soldado en Sierra Leona o la violencia en las calles de Caracas. Varios de sus trabajos han sido premiados, destacando la mención especial del Premio Miguel Gil de Periodismo en 2002, por su documental La residencia de los horrores, en el que estuvo infiltrada cinco meses como trabajadora de un centro de ancianos para denunciar los abusos que se cometían. Actualmente es reportera de actualidad de Noticias Cuatro y profesora en el Máster de Periodismo e Investigación Periodística para Televisión del Instituto de las Artes de Comunicación (TRACOR) adscrito al CEU San Pablo.

Gabriel Cruz (Madrid, 1972) es licenciado en Periodismo, diplomado en Criminología y a la espera de doctorarse en Derecho. Fue uno de los detectives privados más jóvenes de nuestro país. Trabajó en París como redactor para Radio France Intérnationale, en Buenos Aires para diversos medios argentinos (como Radio Rivadavia) y como corresponsal en nuestro país para todos los medios existentes: diarios nacionales, revistas, radios, webs y televisiones (TVE, Antena 3 y Telecinco, donde ha sido enviado especial de conflictos internacionales en Haití, Líbano o Chad). Recibió el premio ENEX Internacional que otorgan varias cadenas nacionales de televisión de todo el mundo por su reportaje en la frontera de Melilla y actualmente trabaja como reportero de actualidad en Noticias Cuatro.

TITULARES DE LA ENTREVISTA
Gabriel Cruz:
Los gabinetes de prensa pagados con nuestros impuestos hacen como de muro. Deberían darnos información y lo que hacen es despistar.
No se sabe el sueldo concreto de cada diputado.
España no se acaba en el mar, hay más empresas públicas donde continúa.
Pío García Escudero preguntó en el Congreso: "¿Qué reflexión personal le ha llevado a pensar que el Gobierno de España deba llamarse Gobierno de España?"

Los ex políticos no se van a sectores con libre competencia, se van los que están muy regulados por el Estado.
Tu álbum de cromos de la política está en el Senado.
El Senado es como si abren el Facebook [los políticos idos a menos] y dijeran 'venga, nos vemos todos'.
Toni Cantó sí necesita el iPhone y el iPad que da el Congreso a los diputados.
¿Cómo es posible que nadie se presente a presidente de la Comunidad de Vecinos y las elecciones municipales nunca queden desiertas?

Sandra Mir:
Enviamos correos a los diputados, pero no sabemos si van a spam o qué pasa.
Hay dos agujeros negros en el universo político: los coches oficiales y los asesores. No hay datos oficiales.
Se estima que hay 17.000 asesores y que nos cuestan 800 millones al año.
Bibiana Aído, por favor, contestamos a los e-mails, queremos saber qué haces en Nueva york.
Hay de quien dicen 'vamos a hacer un nuevo Hermano Marx', es Ana Botella.
El Senado es como una reunión de antiguos alumnos, un 'venga, ¿dónde quedamos?'
Si tu hijo de 16 años te dice 'quiero ser político', hazle el carné de las juventudes de cualquier partido y en 30 años será presidente del Gobierno o consejero.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

La doctrina de la parodia y el pasteleo.
Vicente A. C. M Periodista Digital 11 Octubre 2013

Nunca he visto un país con menos soberanía que la que demuestra tener España. Su mojigatería a la hora de establecer unas condenas penales equiparables a países de nuestro entorno es alarmante. La cobardía demostrada ante la intromisión de Tribunales externos que carecen de empatía con los problemas enquistados de terrorismo, es vergonzosa. Porque no se puede admitir que nadie de fuera nos dé lecciones de "progresía" en un tema tan sensible como el de los asesinos terroristas. Porque si no se aplica la lógica, las condenas serán solo una farsa ante unos crímenes injustificables.

Ya es una desgracia el que la pena de muerte se haya abolido para casos como los de los asesinos terroristas, sean etarras, del Grapo, o de cualquier facción islamista como Al Qaeda. Porque como ya dije en otro post, en España, robar y matar sale a cuenta. Nada importa si al asesino terrorista se le condena a setecientos o mil años de prisión, si jamás llegará a cumplir más de 12 años efectivos. Y quizás la llamada doctrina Parot, solo sea un pequeño parche a una situación que ni el Gobierno ni el Legislativo han querido modificar. Solo es una decisión política y una cesión ante la hipocresís de esa mal llamada "progresía" que solo defiende a los asesinos y denigra a las víctimas.

Dije también, que una sociedad que permite que las víctimas no obtengan resarcimiento a su dolor ni Justicia, está abocada a la anarquía y a que se fomente el tomarse la Justicia por la propia mano. La simple visión de un asesino y secuestrador terrorista como Bolinaga gozando de libertad, es simplemente escandalosa y provoca la ira contenida de los ciudadanos y más aún de las víctimas que se sienten profundamente traicionadas. La Ley es demasiado comprensiva con quien delinque y olvida que las víctimas inocentes han sufrido la violación de sus derechos, de sus libertades y hasta de su propia vida a manos de esos etarras.

Nadie del exterior debe darnos lecciones de ningún tipo, ni debemos sentirnos acomplejados por un pasado del que no fuimos responsables. Porque si fuera así, a Alemania habría que recordarle su holocausto que costó al mundo millones de víctimas o su acción contundente en los casos de la banda terrorista de la Baader Meinhoff o las actuaciones que provocaron la masacre en el secuestro de los deportistas Israelíes en los JJOO de Munich. O a Francia, su vergonzosa cooperación del Gobierno de Vichy con Hitler en la aniquilación del pueblo judío. O a Gran Bretaña, su imperialista forma de acometer los conflictos o la lucha con el IRA. El terrorismo de ETA ha sido reconocido por la ONU y a los etarras no se les puede dar el mismo trato que a cualquier preso común. Eso sería miserablemente injusto.

Mientras se acomete con seriedad la reforma de la Ley penitenciaria por el Legislativo, creo que es absolutamente legítimo el que España siga aplicando sin restricciones la doctrina Parot. Si no lo hace, lo que se conseguirá es que pase a ser una doctrina de la parodia, de la farsa y del pasteleo de unos gobernantes timoratos y acobardados en el "qué dirán". A las víctimas se les debe dar Justicia y si el Estado no se las da, esta vendrá de cualquier otra manera. la paciencia hace tiempo que se acabó, casi al mismo tiempo que la Justicia independiente y despolitizada.

Roja y gualda
Javier Orrico Periodista Digital 11 Octubre 2013

Hace ya muchos años, en 2002, publiqué en La Opinión de Murcia, donde escribo desde que me marché de Diario 16, el artículo que sigue. Era un relato sobre por qué después de haber renegado de cualquier españolismo patriotero, la bandera de España había vuelto a representar para mí la libertad, la igualdad y la fraternidad. Y el patriotismo en su mejor sentido, en el de todo lo contrario a cualquier nacionalismo, españoloide o fachaperiférico. Una reciente entrega de Arcadi Espada ("Banderita, tú eres roja") en su extraordinario blog en El Mundo, "1714, Diario del año de la peste" , a propósito de la manifestación del 12 de octubre en Barcelona contra el independentismo obligatorio, me ha recordado aquel texto que hoy ofrezco en homenaje a cuantos van a atreverse a salir a la calle en la Barcelona tomada por la xenofobia separatista. En realidad, ellos son los únicos que sostienen hoy la idea de España, o mejor, la España de la idea de don Antonio Machado. El artículo fue posteriormente incluido en mi libro "Zetapaña. Naciones para todos" (Sekotia, Madrid, 2007, con prólogo del gran Horacio Vázquez-Rial, recientemente fallecido para desdicha de quienes fuimos sus amigos.

En fin, esto es lo que escribía uno hace ya once años. Va por ustedes:

"En 1976 tuve la suerte de asistir a la que –más tarde lo sabría- iba a ser una de las concentraciones patriótico-contestatarias más multitudinarias de la Transición. En trenes, autobuses y motos, a lomos de las muchachas de capazo y flor, por millares habíamos ido llegando al campus de la Universidad Autónoma de Madrid, a una inmensa hondonada alfombrada de césped y milimétricamente rodeada de grises. No me refiero a las luces de los días lluviosos, sino al noble cuerpo de la Policía Armada, cuyas siluetas a caballo daban a la mañana el aroma irrepetible de la ensalá de hostias que nos iban a arrear, bucólicamente, en cuanto nos pasáramos de lo que Gobernación hubiera dispuesto. Ya era raro siquiera que pudiéramos estar allí. Y había que ser joven e inconsciente (y generoso y hambriento de libertad) para acudir a una convocatoria que en cualquier país progresista, tipo la China Popolare o el Méjico del muy izquierdista y corrupto PRI, enemigo fraterno de España, podría haberse convertido en un Tiananmen o en la matanza priista de estudiantes del 68. Pero allí estábamos, mientras algunos de los que hoy ejercen de rojos, rojísimos y hasta rojérrimos andaban no por el campus, sino por las campas de Escrivá de Balaguer o “responsablemente” dedicados al estudio.

Y allí estábamos, sí, con la sagrada intención de celebrar el Primer Festival de los Pueblos Ibéricos, una muchachada caída desde todas las naciones oprimidas, las nacionalidades históricas, las taifas sobrevenidas, los cantones, los pueblos sin Estado y las minorías étnicas, más unos cuantos de la provincia de Murcia, que no sabíamos cómo agruparnos, por lo que decidimos hacerlo alrededor de Carmen, que estaba buenísima. Yo estudiaba entonces en Madrid y había quedado con otro caravaqueño, mi amigo José María Corbalán, que apareció acompañado por nuestra celebrada Carmen, allí, donde todo el mundo tenía nación menos nosotros, que sólo la teníamos a ella.

Desdichadamente, no nos habíamos reunido allí para el amor, sino para la guerra, para proclamar, en el nombre de Aitor, de Amaya, de Joan Fuster, de Blas Infante, de Wifredo ‘el Velloso’ (al que ahora han rebautizado como Jofré ‘el Pilós’, que suena més catalá), de la Pilarica, la Fabada y la Santa Compaña, que ya no éramos españoles, que España sólo había sido una tenaza franquista para yugular nuestras naturales expresiones culturales, para obligarnos a vivir juntos, a mezclarnos, a dejarnos los cuernos los opresores pobres del Sur trabajando para los oprimidos ricos del Norte. Por eso no era un festival español, ni se permitía el nombre innombrable ni la bandera perversa, símbolo del Estado centralista. Ahora éramos ibéricos, como el jamón, como Carmen, aunque entonces no supieran qué el jamón ibérico era ibérico ni siquiera los extremeños, que andaban todos deslomándose bajo el txiri-miri de la sometida Euskadi. Y brillaban miles de banderas distintas, como en los festejos medievales y los partidos de fútbol, muchas inéditas para nosotros -que allí nos bautizábamos de nacionalismo-, porque de lo que se trataba era de llevar una bandera lo más minoritaria posible, lo más olvidada, lo más étnica. Y de negar a España, como sampedros ojerosos.

A mí me gustó mucho aquello, porque cantaban los vascos, todos con voz de tenores recién salidos del bosque, y muchos Tíos de la Pita, que era con los que yo me identificaba, puesto que, en verdad, los de la provincia de Murcia más que una nación parecíamos un tele-club. Lo que ya no recuerdo es si hubo nacionalistas catalanes, porque allí todo el mundo era diferencial y a ellos eso no les gusta nada.

Aquel día de los Pueblos Ibéricos fue de los más intensos y alegres de unos años fascinantes e irrepetibles, los de las constantes manifestaciones, los de una lucha bienintencionada y crédula con la que íbamos a lograr, como Karina, un mundo nuevo y feliz. Un día de riesgo, de curiosidad, de atrevimiento, de todo lo mejor que la vida nos va robando. Éramos jóvenes y nos habían hecho creer que aquello era la libertad. Y lo era. Lo que no sabíamos era que luego, como siempre, las viejas castas de caciques la iban a usar para destruir la idea por la que estábamos allí juntos: un afán, no de separación, no de nueva opresión de unos sobre otros, sino de fraternidad, de unidad, de convivencia, de igualdad.

A ese afán de entendimiento se le terminó llamando Constitución y lo simbolizamos en una bandera para todos. De todos. Por el contrario, las banderas nacionalistas, las que allí se agitaban, son las que hoy representan la opresión, el dominio totalitario de un grupo étnico y lingüístico sobre los demás, cuando no simplemente el terror y el asesinato. Hasta el punto de que la ‘ikurriña’, que no es más que la bandera de un partido, el del racista Arana, el PNV, ha sido usada para concretar así la identificación entre el país y el partido, de modo que sea imposible, incluso simbólicamente, la idea siquiera de una democracia para todos.

Hoy es la bandera de España la que nos sostiene ante aquellos que sólo pretenden aumentar sus ya magníficos privilegios. La que simboliza el deseo de permanecer juntos frente a los campanarios y los medidores de cráneos. Exactamente el mismo deseo que nos llevó entonces a jugárnosla acudiendo al campus de la Autónoma, y que hoy nos obliga a dar la cara por una bandera, roja y gualda, honrada por la sangre de tantos inocentes."

De Rentería a Viladecavalls
EDITORIAL Libertad Digital 11 Octubre 2013

En las últimas horas se han producido dos hechos protagonizados por cargos públicos del PP que dan una idea de la situación actual que atraviesa ese partido en lo referido a la defensa de España ante el embate separatista. En Rentería y Viladecavalls, municipios del País Vasco y Cataluña respectivamente, los representantes del partido del Gobierno han actuado de manera prácticamente indistinguible de otras formaciones entregadas a la causa nacionalista, sin que hasta el momento ningún órgano del PP haya adoptado medida disciplinaria alguna.

Manuel Herzog, concejal popular en Rentería, lamentó por escrito "los disgustos sufridos por los detenidos" en la operación contra Herrira, la organización de apoyo a los presos de ETA, acusados de enaltecimiento del terrorismo, financiación de una banda terrorista e integración en su estructura delictiva. Más aún, Herzog tuvo el atrevimiento de cargar contra la operación de la Guardia Civil, como siempre intachable, tildándola de "violenta", infamia sobre la que el dirigente popular guipuzcoano Borja Sémper no ha considerado conveniente emitir la menor censura, tal vez demasiado ocupado en forjar ese nuevo PP vasco tras la marcha del anterior equipo dirigente encabezado por María San Gil.

Son de sobra conocidas las presiones que soportan los representantes de los partidos constitucionalistas en feudos como Rentería. Sin embargo, a nadie se le piden esfuerzos heroicos por encima de sus posibilidades en el desempeño de un cargo. Siempre se puede renunciar en beneficio de otro candidato más capaz, con más aguante o convicciones más firmes. No parece que vaya a ser el caso del concejal Herzog, a pesar de existir motivos más que suficientes para ello.

En Viladecavalls ha sido el único concejal del PP y miembro del equipo de gobierno, Antonio Milan Calderón, el que se ha significado con su abstención en la decisión municipal de colocar una bandera separatista, que ondeará en lugar destacado "hasta que la declaración de un Estado propio y de una Cataluña independiente sean una realidad". Tampoco consta que esta decisión, opuesta frontalmente a lo que el Partido Popular dice defender en toda España, haya recibido por parte del PPC ninguna crítica ni su autor la debida sanción disciplinaria.

En ambos casos se pone de manifiesto la tibieza con que el Partido Popular se manifiesta respecto al nacionalismo separatista, una estrategia que no está deparándole precisamente grandes réditos electorales. Peor aún es la impunidad con que se saldan acciones como las referidas y la imagen que el PP da a todos los españoles que creían que la defensa de España en todo el territorio nacional era un principio insoslayable, de cuya sinceridad cada vez es más lícito dudar.

La Izmierda: sindicalistas contra Alaya y Eguiguren con Bildu
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital 11 Octubre 2013

Me preguntan unos lectores a qué llamo Izmierda. Lo explico. (@pfbarbadillo)

Ya escribí hace años un post titulado El PSOE, la izquierda troglodita, cuando las brigadas de choque del Imperio Progre cabalgaban como los hunos de Atila por los medios de comunicación públicos y privados. Los Sopena, María Antonia Iglesias, Maruja Torres... Como el tiempo tritura los recuerdos creo que conveniente volver a explicar qué es la Izmierda

La Izmierda nos ha dado dos fotos de su tribu en esta semana: las guarras que enseñan sus tetas en el Congreso de los Diputados con la frase horrible "El aborto es sagrado" escrita en su cuerpo y una banda de matones del sindicato único UGT-CCOO insultando a la juez Alaya por haber detenido a varios jefes suyos que han estado robando (presuntamente) dinero público.

Esto gritaba la chusma de liberados sindicales:
"Alaya, pepera, métete en la lechera."
"Que viva la lucha de la clase obrera."
"Fea."

Reconozcamos que estos brutos se han educado, ya que en los años 30 habrían quemado los juzgados y apaleado a la juez.

Y las feminazis, calladas... como lo que son. Otro miembro o miembra de la Izmierda es la progra Almudena Grandes, que hace unos años hizo bromas sobre la violación de monjas por milicianos en la guerra. Ésta graaaaaan feminista y una de las pretorianas del Imperio Progre también ha arremetido contra Mercedes Alaya criticando su aspecto, lo que es de lo más machista, por cierto.

"Abanderada de una feminidad empachosa, su estética empezó a inquietarme mucho antes que su ética. Una madre de familia, con un empleo exigente, cuyo rostro jamás revela el menor signo de cansancio físico a las ocho de la mañana, o no es humana, o no es de fiar."

Para vergüenza (otra) del periodismo español, ningún periódico de papel de pago andaluz, ni siquiera el ABC de Sevilla, ha sacado en portada a la banda de la porra del sindicato único amedrentando a Alaya.

Más ejemplos de Izmierda. Jesús Eguiguren, presidente de los socialistas vascos pese a estar condenado por violencia de género contra su esposa, está dispuesto a aliarse con el brazo político de los etarras:

"Hay que poner las bases para que el PSE gobierne con la izquierda abertzale."
¿Cuál es mi contramodelo? Por ejemplo, la socialdemocracia alemana, todavía el mayor partido de izquierdas de Europa aunque se encuentra en el mismo hoyo que sus camaradas españoles, franceses, griegos y británicos. Los socialdemócratas se niegan a pactar gobiernos con el partido Die Linke (La Izquierda), cuyo eje son los antiguos comunistas de la Alemania Oriental, los que aplaudían que se disparase a los pobres desgraciados que querían saltar el Muro.

Y ya puestos a reivindicar para Expaña una izquierda europea que sustituya a esta izmierda, añoro un sistema judicial que meta en la cárcel por décadas a los ladrones, como ha ocurrido en EEUU: un ex alcalde de Detroit condenado a 28 años de cárcel por corrupción. Comparad con las condenas (Operación Malaya), los archivos (José Blanco y Yolanda Barcina) y los indultos (Josep Maria Servitje Roca)

¿Queda claro?
CODA: La Izmierda expañola, desde el Wyoming a Beatriz Talegón, consideraría a Helmut Schmidt, que ama a su país, que habla de fomentar la natalidad en Europa, que no negoció con terroristas, que critica a los bancos con argumentos y que duda de los calentólogos, como un facha peligroso.

Nacionalismo solapado en la globalización
Manuel Mourelle www.gaceta.es 11 Octubre 2013

Se iniciaba en Europa, fundamentalmente, a finales del siglo XVIII y perduraría hasta mediados del XIX, un movimiento literario y artístico que escoró o pretirió la razón y la lógica, pilares básicos de la Revolución francesa, en cuyo ámbito se inscribieron autores germánicos –Schiller, Novalis, Hölderlin…–, junto a anglicanos –Scott, Byron, Shelley…–, galicanos –Lamartine, Hugo…–, italianos –Leopardi, Manzoni…–, norteamericanos –Hawthorne, Poe–. En España, subieron a este carro muchos literatos célebres: Larra, Espronceda, Bécquer, Zorrilla y la galaica Rosalía de Castro. Nos estamos refiriendo, naturalmente, al movimiento romántico.

Inspirado en la cultura medieval, el romanticismo constituyó a modo de una reacción contra el plural academicismo de la cultura clasicista de la época. Al Medievo miró como inspiración en las distintas manifestaciones literarias de las lenguas hijas de la latina, es decir, de las denominadas romances: la épica, la balada y la leyenda popular, de naturaleza bien cristiana, bien caballeresca. Mas, junto a esto, tal movimiento polifacético se caracterizó intrínsecamente por una notoria supremacía de la sensibilidad y la imaginación, con preferencia al imperio de la razón y de la lógica. Pero lo que es más importante resaltar a nuestro fin es su exaltación del individualismo, del particular entorno vital, frente a lo universal o ecuménico, que hoy se dice global.

En España, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, emergían intentos de gramaticalización de distintos dialectos empleados en la intercomunicación popular. Al catalán se hubo de referir Manuel Milá y Fontanals en De los trovadores en España (1861), donde consideraba el catalán como una “variedad” del provenzal. Juan José Amengual publicó, en 1835, una Gramática de la lengua mallorquina y, en 1868, Juan A. Saco Arce publicó una Gramática gallega, así como de la autoría de Juan Cuveiro Piñol aparecía, en 1876, un Diccionario gallego. Era esto todo lo que de los dialectos (hoy, lenguas nacionales) había, como basamento erudito o investigador de las mismas, a partir de mediados del siglo romántico.

Galicia fue cuna de trovadores medievales y Alfonso X el Sabio cultivó la poesía en galaicoportugués y en él escribió sus Cantigas de Santa María. No hay literatura verdaderamente creativa en gallego hasta Rosalía de Castro –hoy, considerada como una Venus del gallegismo, más que por belleza y amor, por vate regional–, cuyo esposo, Manuel Murguía, pese a boticario de carrera –lo fue también León Felipe–, se inscribió en el movimiento al inicio mentado, siendo uno de los fundadores de la Real Academia Gallega [Galega, hoy] y propulsor iluminado de una Galicia celta.

De él, parte la conversión al galleguismo de Rosalía de Castro, la cual, aun después de su célebre libro Cantares gallegos [no Galegos] (Vigo, 1863, escrito en vernáculo regional), era escritora que frecuentaba el uso del español –incluso, más que el habla del pueblo gallego, aún no literaria–; muestra de lo cual es su célebre poemario En las orillas del Sar (Madrid, 1884), donde figura ella como “Rosalía Castro de Murguía”, al igual que en libros anteriores.

Con la Segunda República, socialista, ciertos galleguistas –incluso, nacionalistas– exacerbados promovieron la creación de un estatuto que, en su mente, llevaría a un autogobierno en la Región, a modo de una algo así como resurrección de las Juntas Provinciales promovidas en Aranjuez tras la abdicación, y consiguiente desgobierno, de Carlos IV, y el comienzo de la Guerra de la Independencia. Era fautor, el célebre Castelao [Alfonso Rodríguez], con una cohorte de políticos y escritores.

En nuestros días, hasta algunos gobernantes populares, influenciados por el nacionalismo –aunque ya muy descafeinado, por el mal hacer político de un energúmeno iluminado como está siendo José Manuel Beiras y seguidores–, ingenuamente se suben, bien que arrítmicamente, a este carro. Recientemente, el presidente de la Diputación de Orense, José Manuel Baltar Blanco –del PP, dixit– , nos ha venido a Madrid a presentar un opúsculo sobre la ouresanía, en la Casa de Galicia, interviniendo el autor, en diálogo con el editor, en gallego. Lo mismo que hacen en los mass media en Compostela –no en La Coruña–, dialogando con entrevistado en gallego, aunque éste no sea gallego.

Estos gobernantes gallegos, que se ufanaron, en su día, de la traída a Galicia de los respectivos legados de literatos que se hicieron célebres a extramuros de Galicia –fundamentalmente, en Madrid–, como fueron Valle-Inclán, Cela y Torrente Ballester, han debido de colaborar, al parecer, según se lee en la prensa gallega, a la “agonía de la Fundación Torrente, que se queda hasta sin línea telefónica” y que “el centro permanece cerrado y la actividad es nula”, y ello, después de crear esta fundación a bombo y platillo.

Ello no obstante, se exalta en el único diario compostelano este hecho: “26 años enseñando el gallego al mundo”. Pero nada cabría criticar si esto es cosa de docentes amantes de su lengua vernácula, como es el caso del director de tal Curso, el profesor Manuel González, quien hace poco se auto-propuso para director de la Real Academia Gallega, cargo que recayó en el literato Alonso Montero, de ideas republicanas, mas hombre de valía y sensatez.

Lo discriminatorio del caso, frente a la cultura en lengua nacional, de los mencionados cursos de gallego radica en que están subvencionados –en la crisis de ayudas a otros ámbitos sociales–, al alimón, por la Academia Gallega, el Instituto da Lingua Galega de la USC –en penurias económicas– y, para como, la Secretaría Xeral de Política Lingüística de la Xunta de Galicia.

La actual política lingüística gallega fomenta la lengua vernácula de la región, con exclusión casi total del español en los mass media radio-televisivos, a través una serie de tales medios de masas (las oficiales TVG y TVG2 y Radio Galega), amén de en escritos oficiales. A tal punto llevan la preterición del idioma nacional, que, en un programa populachero como es Luar –emitido el fin de semana–, en la sección de concursos musicales Recantos, los cantantes actúan traduciendo al gallego las canciones originarias en español.

Y, para colmo de la ridiculez, el presentador utiliza el gallego en el diálogo con cantantes llegados del resto de España y de Hispanoamérica. Este uso intercomunicativo del gallego con hablantes en español se hace también en entrevistas radio-televisivas con autoridades, incluidas las que no utilizan el gallego.

*Manuel Mourelle de Lema es académico C. de la Real Academia de la Historia.


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