AGLI Recortes de Prensa   Viernes 18 Octubre 2013

Hartos de Washington y de Madrid
Pablo Sebastián www.republica.com 18 Octubre 2013

El presidente de los Estados Unidos Barack Obama ha declarado, tras la firma de la ley que permite reabrir la Administración de los Estados Unidos y ampliar el techo de gasto, que ‘¡el pueblo está harto de Washington’. Es decir, de los políticos y de los partidos que, tras la trifulca con la Casa Blanca, han llegado a un acuerdo que les ha costado muy caro a todos y también al país. En España la sensación es la misma y el pueblo español empieza a estar harto de Madrid (y de los ‘taifas’ Barcelona, Sevilla, Valencia, Palma, etc), de la clase política, de los gobernantes y de la oposición, a la vista de lo que ocurre y del creciente deterioro nacional español.

La diferencia esencial entre Washington y Madrid está en que el Gobierno español no hace política, porque ese no es el estilo de Rajoy. Y la oposición de Rubalcaba, desprestigiada por causa de sus derrotas acumuladas y los errores de su último Gobierno, solo hace críticas y está desunida con serios problemas internos, donde se incluye de especial manera la mal disimulada ‘ruptura’ con el PSC catalán que apoya la autodeterminación de Artur Mas.

En Washington los políticos se enfrentan unos contra otros y la mayoría republicana del Congreso ha pretendido (en la Cámara de Representantes) bloquear la presidencia de Obama exigiendo la rectificación de su reforma sanitaria, mediante la parálisis de la Administración y llevando a los EEUU al borde del impago de la deuda. Al final, el presidente Obama ganó la batalla, pero después de ‘entrar en combate’ y de liderar ante la opinión pública -con decenas de entrevistas y declaraciones a la nación desde la Casa Blanca- a la mayoría del país. Y forzando a los dos, republicanos y demócratas, a entenderse en beneficio del interés general.

¿Quién puede desempeñar en España un liderazgo similar? El Rey no está en condiciones ni físicas ni morales por causa de los escándalos de corrupción que han manchado a la familia real (los casos Urdangarin y Corinna), y además carece de la legitimidad electoral de Obama y de la fuerza del sistema presidencialista, con el voto directo de todo el país cosa que en España no existe.

En España Rajoy no tiene esa poderosa legitimidad por más que tenga una mayoría absoluta en el Parlamento, que además no ha sabido administrar porque ha abusado de ella para gobernar por decreto y silenciar a la oposición, dinamitando los puentes del diálogo y sin darse cuenta que esta gran mayoría no es eterna como bien saben en su partido donde temen el fracaso electoral.

El presidente Rajoy, al contrario de Obama, no da una sola batalla política y no va al Parlamento. O cuando va no dice nada, ni se asoma a los medios de comunicación ni siquiera para denunciar las indecentes amenazas sobre la declaración la independencia de Cataluña que el miércoles pronunció Duran Lleida en Madrid. Por no hacer, Rajoy ni siquiera se atreve a poner orden en el interior del PP, donde los barones regionales se le suben a las barbas con gran facilidad.

Y algo parecido le ocurre a Rubalcaba en el PSOE con sus propios barones, que además lo dan por políticamente muerto -ahora la sentencia del caso Faisán lo ha vuelto a machacar- y le exigen unas primarias urgentes para echarlo del poder. Pero el silencio de Rubalcaba sobre todo esto, el PSC, el faisán, los ERE andaluces, y su fallido liderazgo -el 85 % de ciudadanos rechazan su labor como jefe de la oposición- es sepulcral como el de Rajoy. Y los dos, cuando hablan de las cuestiones candentes del país ninguno dice la verdad, lo que en Estados Unidos sería motivo suficiente para el cese o destitución fulminante.

En España solo hablan alto, aunque de dispar y confusa manera, los ex presidentes González y Aznar (Zapatero, mejor se callado). Pero no se ven por ninguna parte iniciativas reformistas de calado porque nadie en el PSOE o el PP quiere renunciar a los privilegios que el bipartidismo -hoy en decadencia- les otorga gracias al aún vigente sistema partitocrático español. Por ello nadie quiere tocar o reformar cuestiones claves como son la ley electoral o el actual modelo territorial. Pero siendo esto así las minorías hoy en alza o los movimientos ciudadanos -que aparecen y desaparecen a gran velocidad- tampoco tienen un proyecto alternativo global, como el que sería necesario e incluyendo un democrática ‘enmienda a la totalidad’, que nunca se debe descartar.
www.pablosebastian.com

Contra la insumisión, más Estado.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 18 Octubre 2013

La hoja de ruta del separatismo catalán sigue cumpliéndose a manos de unos partidos como CiU y ERC que no dejan pasar una oportunidad para demostrar su desafío al orden constitucional y su desprecio por la legalidad vigente. El llamado "plantón" de Artur Mas en un acto oficial presidido por la Vicepresidenta del Gobierno de España y Presidenta en funciones por ausencia de Rajoy, es una bofetada protocolaria de primera magnitud y que nunca puede calificarse como asunto menor o salida de tono o patochada. No, esa ausencia premeditada basada en la supuesta preeminencia del Presidente de la Generalidad en cualquier acto público que se celebre en Cataluña, solo es un acto de desafío frontal y de insumisión ante el Estado, España, representado por Soraya Sáenz de Santamaría.

Y por si fuera poco evidente,ha venido el portavoz de ese Gobierno secesionista a justificar una actitud tan miserabe y soberbia, como que no lo podían consentir "como país". Estos cegados secesionistas no saben distinguir entre su propia alienación onírica y la cruda realidad de una nación que se va a negar a ser troceada por la voluntad de una minoría de españoles. Sí, porque aunque les pese, podrán renegar y aborrecer el ser españoles, pero jurídica e internacionalmente es lo que se les va a reconocer. No habrá ni referendum,ni consulta de ningún tipo y si se niegan a cumplir la Ley forzándolas de alguna manera, esos dirigentes serán los únicos responsables ante la Ley debiendo responder por sus actos.

En cualquier caso, es deber del Gobierno impedir con todos los medios que la Ley pone a su disposición el que Cataluña no se convierta en un territorio sin Ley, donde campen a sus anchas unos dirigentes que están demostrando su deslealtad y su nula voluntad en ejercer sus cargos de acuerdo a la legalidad vigente. Por eso, el Gobierno habrá de tomar las medidas constitucionales previstas para devolver el orden a unas instituciones prostituidas por décadas de manipulación nacionalista. Es deber del Gobierno recuperar la presencia del Estado y los derechos de los españoles, pisoteados por la dictadura nacionalista secesionista.

Los dirigentes secesionistas catalanes de CiU y ERC han llevado a la sociedad catalana a la ruptura y al enfrentamiento con el resto de España. Un conflicto promovido para forzar una independencia que tape la corrupción, el saqueo de la riqueza de la Comunidad Autónoma por esos dirigentes que cínicamente se envuelven en la bandera. Un conflicto que debe ser sofocado por la contraposición de argumentos por parte del Estado, del Gobierno, de las asociaciones de empresarios, que desenmascaren las mentiras de ese nacionalismo mentiroso y demagógico que ha lobotimizado a la sociedad catalana.

España no puede consentir que un puñado de oportunistas maleantes y delincuentes lleven a los españoles a la ruptura y al enfrentamiento. Basta ya de connivencias, de cesiones y de llenar unos bolsillos a costa del resto de España. Ha llegado el momento de gobernar y no eludir las responsabilidades. El Gobierno debe multiplicar su presencia en foros y actos institucionales en Cataluña y usar los medios de comunicación independientes a nivel nacional para hacer llegar su mensaje a la sociedad catalana y que sea consciente de la deriva de sus dirigentes y del engaño al que están sometidos desde todos los resortes de su Gobierno autonómico y medios de comunicación regionales.

Cataluña es España y así seguirá siendo aunque los enemigos de España intenten impedirlo. Apliquemos la Ley y pongamos a los responsables ante los jueces.

Corrupción, esa lacra inacabable
Editorial www.gaceta.es 18 Octubre 2013

Buena parte del descrédito público de los partidos políticos y de los políticos en general tiene su fundamento en una de las palabras más repetidas últimamente en los medios de comunicación social: la corrupción. La financiación ilegal de los partidos, de un lado, y el enriquecimiento de los políticos, de otro, son espectáculos lamentables que escandalizan a millones de ciudadanos que se las ven y se las desean para poder llegar a fin de mes o para pagar la hipoteca o el colegio de los hijos. Lejos están ya aquellos días de vino y rosas en que si la niña no se iba a Bali de viaje de bodas, la familia consideraba que no podría ni salir a la calle a pasear. Ahora vivimos tiempos de vacas flacas, y la propensión a escandalizarse por los casos de corrupción política (que siempre es también, naturalmente, económica) aumenta en la misma medida que la envidia hacia aquellos a los que les marchan mejor las cosas.

Pero el caso es que, además, muchos políticos y casi todos los partidos dan motivos; y como es sumamente raro que quienes se han enriquecido ilícitamente devuelvan el dinero hasta quedarse en la situación económica que tenían antes de llevarse el primer céntimo irregular a la bolsa, se extiende la mentalidad que alguna vez hemos llamado de tricoteuses a la española (por analogía con las mujerucas que se sentaban haciendo calceta al pie de la guillotina a presenciar ejecuciones en la Revolución Francesa). El amor a la honradez y las cosas bien hechas brilla por su ausencia, para ser sustituido por el ansia de ver a los corruptos en la cárcel.

Cuando saltó a la publicidad el llamado escándalo Filesa de financiación ilegal del PSOE, el entonces presidente del Gobierno Felipe González trató de salvar su imagen con la creación de una Fiscalía especial, con competencia en todo el territorio nacional, dedicada a combatir específicamente la corrupción. A muchos les pareció una buena idea, hasta que fueron cayendo en la cuenta de que, en realidad, aquello consistía en sustraer a todos los demás fiscales los casos de corrupción política, para que los viera en exclusiva el designado especialmente por el propio Gobierno. Al mismo tiempo, la normativa sobre financiación de los partidos cambia y cambia sin que se logre encontrar la fórmula que haga, si no imposible, sí al menos muy difícil la corrupción, porque los partidos harán cualquier cosa, menos una: limitar los terrenos en los que meten su mano intervencionista en la vida de la gente y reducirse a ser sólo eficientes máquinas en período electoral. Todo, menos perder su intromisión social y su condición de suministradores de empleo a militantes y enchufados. Y así andamos.

Caso ERE
Alaya, contra el último reducto del felipismo
Pablo Molina Libertad Digital 18 Octubre 2013

El saqueo sistemático de los fondos públicos a que el socialismo andaluz, político y sindical, se ha dado con fruición evoca a los que peinaríamos canas si la alopecia nos hubiera respetado los gloriosos tiempos del felipismo, cuando casi todas las instituciones políticas españolas estaban en manos de los paladines del progreso. Los casos más sonados han ocupado ya su lugar en los anales de la corrupción, con el asalto a la caja de los huérfanos de la Guardia Civil del socialista Roldán como epítome de lo que los políticos progresistas pueden llegar a dar de sí; pero lo que caracterizó aquella época no fue la concurrencia de una retahíla de golfos y aluniceros dedicados al robo con coche oficial, sino la naturalidad con que se aceptaba la existencia de los mecanismos administrativos que hacían posible tan salvaje latrocinio.

La confusión interesada entre sindicato, partido y administración que vemos en Andalucía es lo mismo que se vivió en el resto de España hace tres décadas, especialmente en los inicios del Estado Autonómico, cuando las hordas de progreso tomaron al asalto prácticamente todas las comunidades gracias a la mayoría absoluta obtenida en las primeras elecciones del sector. Yo, que era funcionario autonómico a mediados de los ochenta del siglo pasado (por oposición, no confundamos), asistí a espectáculos asombrosos, como que el criterio para decidir el reparto de unas subvenciones lo decidiera un empleado de la escala más básica (contratado laboral a dedo), porque se daba la circunstancia de que era un personaje importante dentro de la principal agrupación del PSOE local. Lo mismo ocurría con los compañeros de la UGT, sindicato hegemónico en los primeros tiempos del engendro autonómico, cuyas decisiones en materia de personal iban directamente al boletín oficial sin mayores miramientos. La creación de un entramado de entidades públicas para evitar los controles administrativos de las decisiones de mayor enjundia, como ha venido haciendo la Junta de Andalucía en la última década, fue también un invento de la época. La propia Magdalena Álvarez lo reconoció ante la juez Alaya cuando dijo que la creación de un fondo de reptiles no había sido idea suya, sino que se había limitado a "trasponer" una política nacional. En eso, al menos, no mintió.

A la juez Alaya le toca bregar ahora con el último reducto de felipismo en su más acabada expresión gracias a tres décadas y media de perfeccionamiento continuo. Los cambios de gobierno operados en el resto de comunidades autónomas contribuyeron a sanear el ambiente y a suprimir comportamientos viciados que hasta entonces eran la norma habitual. En Andalucía, en cambio, el tiempo se ha detenido. Hay que tener alayas para investigar la corrupción institucional en una comunidad autónoma convertida ya en parque temático para estudiantes de antropología y derecho administrativo.

Un silencio atronador
EDITORIAL Libertad Digital 18 Octubre 2013

La sentencia de la Audiencia Nacional en el caso Faisán es el mayor escándalo judicial de los últimos años, sólo superada por la que cerró en falso el 11-M. Es toda una afrenta a nuestro Estado de Derecho reconocer judicialmente que el Gobierno colaboró con una banda terrorista avisándola de una operación policial, para acabar sancionando levemente a los dos autores materiales por un delito menor que contradice la gravedad de los hechos que ese mismo tribunal considera formalmente probados.

La intromisión de la política en un caso de tanta trascendencia, que debiera haber sido juzgado en atención exclusiva a las pruebas aportadas, ha quedado suficientemente de manifiesto en la referencia expresa que se hace en la sentencia a la existencia de una negociación entre el Gobierno y ETA, cuyo éxito había que preservar. Y si la perversión acreditada de la Justicia en este caso resulta un escándalo clamoroso, lo mismo cabe decir de la reacción de los dos principales partidos al conocerse la resolución de un asunto que protagonizó en la legislatura anterior las mayores refriegas parlamentarias.

Ni Partido Popular ni PSOE han tenido a bien hacer la menor valoración sobre la sentencia, un silencio clamoroso que revela la voluntad de ambas formaciones de dar también carpetazo político a la traición perpetrada por el anterior Gobierno, que no dudó en utilizar los mecanismos de la lucha antiterrorista para colaborar con los delincuentes a los que debía perseguir. Ambos partidos han decidido pasar página y aún está por ver si el PP, personado en la causa como acusación particular, decide hacer uso de su derecho al recurso judicial para revisar una sentencia que ha agredido a las víctimas del terrorismo, ofendido a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y estremecido a la inmensa mayoría de los españoles.

A pesar de que en algún momento hayan escenificado fuertes enfrentamientos por este motivo, es evidente que los dos principales partidos políticos están de acuerdo en dar por buena la rendición del Estado de Derecho a una banda terrorista. La suavización injustificada del régimen penitenciario de asesinos convictos y confesos no es una anomalía excepcional, como muchos pensaban, sino el preciso corolario para que la traición sea completa.

Balances como espadas
El Estado de las Autonomías lo que realmente genera es desigualdad.
Rafael López-Diéguez www.gaceta.es 18 Octubre 2013

No sé si a veces, por lo que pudiera acontecer, se reflexiona sobre el significado del rosario de noticias que nos agobia sobre el dispendio autonómico y las reivindicaciones monetarias, no sólo del pedigüeño Arturo Mas, de todos y cada uno de los presidentes autonómicos que buscan tapar, con transferencia de capital desde las arcas del Estado, la desastrosa gestión económica que ha sido santo y seña del Estado de las Autonomías.

Cualquier experto que reflexione sobre el modelo de financiación del Estado de las Autonomías que tenemos, reformado y consensuado cada cierto tiempo para depredar las arcas públicas, lo que dice es que es insostenible. Entre otras razones porque desde que se puso en marcha, lo único que ha hecho es generar problemas y, por más propaganda que se haga, no ha conseguido corregir los desequilibrios regionales generadores de tensiones territoriales, aunque los haya disfrazado cubriendo las deficiencias con el siempre inútil recurso a la subvención.

El modelo de financiación autonómica ha entrado en fase de revisión y, naturalmente, porque está en el ADN del sistema, todos y cada uno de los presidentes autonómicos, nacionalistas o no, pide más dinero. Y ahí andan, blandiendo como si fuera un florete la balanza fiscal y exacerbando el cainismo del “somos explotados por el resto de España porque pagamos más que recibimos”, para generar ficticios modelos identitarios que cubran una gestión desastrosa. Esa que prefiere gastarse el dinero en viajes y embajadas en vez de atender a la educación, la sanidad o la ayuda social.
El irrefrenable manirrotismo autonómico ha sido posible porque en el fondo todos han hecho lo mismo que llevan haciendo las autoridades catalanas desde hace décadas, crear agujeros negros y luego reclamar más financiación, deudas históricas o repartos injustos. El problema es que hasta hoy, los sucesivos Gobiernos han solucionado el gobernar prescindiendo del valor de los recursos asignados dando más dinero a las autonomías: unas

porque eran suyas y otras porque tenían que ser compradas.
Hoy, cuando se demuestra que el agujero autonómico es incontrolable, el Gobierno prefiere seguir la política del avestruz ante la necesaria revisión del modelo de financiación. Pero ya nos anuncia, en la estela de la propuesta de Sánchez-Camacho, que el nuevo modelo lo que tiene que hacer es garantizar unos servicios mínimos y después que cada uno haga con el dinero lo que desee, y una vez financiados esos mínimos podrá darse carta de naturaleza a la desigualdad. Y es que el Estado de las Autonomías lo que realmente genera es desigualdad.

Duran implora y Pla escupe
Carlos Fuertes www.lavozlibre.com 18 Octubre 2013

Abogado

La situación de enconamiento de Cataluña sigue su escalada irrefrenable. Es lo que sucede cuando instigas el odio a los ciudadanos. La masa social, vapuleada por una situación económica adversa y desilusionada se convierte en un elemento dúctil en manos de un demagogo como Mas.

En este medio, hemos sido varios los que hemos levantado la voz hace mucho tiempo contra este mesías, que ha vivido una radicalización en sus postulados directamente proporcional a la falta de éxito de su chantaje fiscal y financiero con el Estado central. Artur creyó que dando una vuelta de tuerca, y sacando “el conejo de la chistera” a modo de bravata independentista, con esas fotos de su campaña electoral de regusto propagandístico totalitario, podía amedrentar al resto de España y, definitivamente, conseguir que la bajada de pantalones que suele acostumbrarse fuera debajo de lo normal, esto es, rascar más competencias/recursos para sus maltrechas arcas, tributarias de una gestión nefasta, basada en una ficción de Estado pero con recursos ajenos.

Mas ha vendido una política del odio, o mejor dicho, una cultura del asco. Ese asco que Pla siente al ser español, y que es también proporcional al que cualquier sujeto sensato siente por un cantamañanas de tal estofa, que se permite el lujo, en un medio de prestigio como La Nueva España, atizar a la vieja homónima, a su país, a aquel que le habrá pagado sus vacunas, sus escasos o infructuosos estudios, las carreteras de su comunidad autónoma, donde van en autovía frente a las aragonesas donde yo vivo, e incluso, seguramente, será de aquellos que si mañana el MEC saca una subvención se vestiría de chulapo y bailaría en un ladrillo un chotis. Esa es la ideología nacionalista. Si me pagas, voy al fin del mundo, escupo en tu plato y me vuelvo triunfante a “mi país”.

Yo no sugiero un veto, lo exijo, en la medida que mis impuestos sufraguen en un teatro público a sujetos de esta ralea. Y lo es no por una cuestión de que me moleste, o no contemple la libertad de expresión, sino porque entiendo que sufragar a gentuza conlleva, necesariamente, contribuir a esta sinrazón autoinmune del nacionalismo totalitario, a la violencia contra el Estado y sus instituciones, y esto, que parece una sandez, en la medida que ya se ha convertido en costumbre en este país, es intolerable.

Duran ayer, asido a su tabla de náufrago político – esto es, su silla del Congreso- no amenazó a Rajoy, sino que le pidió desesperadamente ayuda. Su mensaje fue un “may-day” en toda regla. Duran tiene de independentista lo que Pla de artista, más o menos. Es aragonés ( muy a su pesar o no, no lo sé), y siempre ha sido un hombre de cierto sentido común, rara avis en su partido, o mejor dicho, especie en extinción en una radicalizada CIU, que cada vez tiene menos de Unió, y donde los resultados electorales de ERC hicieron que se perdiera la identidad de un proyecto que se basaba, esencialmente, en una suerte de gestor de presupuestos estatales. Si me permiten el sarcasmo, España era el casero, CIU el arrendador y los ciudadanos los paganos del alquiler.

Ahora Duran, asediado por los caníbales políticos, se encuentra en una situación muy desagradable. No cree ni se le antoja racional una escisión de España, no es idiota, muy a pesar de que otros sí. Ahora bien, es consciente de que su trasero político camina en una vía muerta en la medida de las ínfulas del President, que aun en un hipotético cambio de rumbo se encuentra con una masa exacerbada, deseosa de una independencia con tantos matices como los sueños del adolescente de 17 años para su mayoría de edad. Se ha convertido en un español a tiempo parcial, cuando está en Madrid.

El futuro de Cataluña fuera de España lo es también fuera de la Unión Europea. Y eso, Mas, no lo puede ni controlar, ni encadenar ni gestionar. El daño ya es irreparable, y la tibieza del Estado, imperdonable.

Montoro
Joaquín Leguina  Minuto Digital 18 Octubre 2013

Se puede ser una persona vulgar e intrascendente, pero si te nombran ministro de inmediato creces, es como si te hubieran colocado sobre unos zancos. Empiezas a caminar desde las alturas con solemnidad y a mirar a los demás mortales desde allá arriba. Claro que, cuando te tropiezas y caes, ruedas por el suelo y la gente te vuelve a mirar cual eras antes: un ser anodino.

Cristóbal Montoro fue durante años un mini-diputado de cara conejil, de quien se mofaban propios y extraños… hasta que le hicieron Secretario de Estado y luego Ministro de Hacienda. “Mira dónde ha llegado Cristobalito”, comentaron sus compañeros de la Autónoma, para añadir después: “Esto de la política hace milagros”.

Lo primero que hizo Montoro nada más hacerse con los mandos de la Agencia Tributaria (1996) fue suprimir todas las publicaciones de aquella institución, de suerte que el público no se pudiera enterar de cómo iba la cosa. Sobre todo que nadie supiera cuántos y quiénes pagaban los impuestos en España. Ocultando el escandaloso insulto que ya entonces era el IRPF. El PP de Aznar no hizo nada para arreglarlo ni tampoco el “progre” Zapatero, de suerte que hoy el 85% de la recaudación del IRPF proviene de los bolsillos de los asalariados, cuyas rentas no llegan al 45% de las rentas totales. Un auténtico escándalo que ha acabado con la única virtud que ha de tener cualquier sistema fiscal: la redistribución de rentas.

Montoro ha sido –ya se ve- el rey de la transparencia, y se está superando. Con la chulería de un madrileño de sainete, el otro día nos soltó que “los salarios en España no han bajado sino que han moderado su crecimiento”. Como el aserto fuera recibido con risas en el auditorio, remachó la jugada y dijo displicente: “Si quiere se lo explico en una pizarra”. Y yo pensé al oírlo: “Este se cree que los españoles somos todos imbéciles”.

Días antes de la mentira parlamentaria acerca de los salarios, Montoro había sentado plaza de crítico cinematográfico: “Si la gente no va al cine a ver películas españolas no es a causa del IVA sino de la mala calidad que tiene el cine español”. Vamos, que te nombran ministro y ya eres “experto” en todas las artes.

¿Pero quién ha engañado a este gachó? Tengo para mí que Montoro se ha rodeado de obsecuentes, esos que tienen como credo la siguiente sentencia: “En lo tocante a halagos para el jefe, uno siempre se queda corto”.

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Estampida empresarial en Cataluña. ¿Culpable? Artur Mas
Susana Criado www.vozpopuli.com 18 Octubre 2013

La multinacionales españolas que están afincadas en España y sobre todo en Barcelona deben flipar. Alucinar en colores cuando ven que a los banqueros españoles se les llena la boca al hablar de lo bien que le va a nuestra economía. Botín ha sido el último en resaltar lo fantástico que le va a España y el mucho dinero que está entrando en nuestro país. Sí que es cierto que la bolsa está en máximos anuales, que las exportaciones van viento en popa pero ellas, las multinacionales afincadas en Barcelona, deben echarse a temblar cada vez que Artur Mas abre la boca.

Muchos guardan la calma al pensar que éste es un debate de sentimientos y no de dinero; otros creen que la Generalitat entrará en razón cuando deje de recibir fondos del Estado central que juega a dejarse chantajear con el dinero del resto de los españoles... pero sólo unos pocos alzan la voz. Esta semana el presidente del Grupo Planeta –uno de los pocos empresarios que hablan claro de las consecuencias de los delirios de Artur Mas- dijo que la independencia de Cataluña de España era imposible. Antes fue el presidente de Grifols, una de las empresas de hemoderivados más importante del mundo, el que dijo que la marca Cataluña le penalizaba. Y justo ayer el NY Times dedicaba una página entera a los temores que despierta en el tejido empresarial la amenaza independentista. El presidente de Freixenet señalaba en esas páginas que estaba muy preocupado por los efectos que las tensiones políticas pudieran tener en el negocio empresarial.

Cada vez son más los que se quintan la mordaza y hablan sin pelos en la lengua. Precisamente también esta semana desde la Cámara de Comercio de Estados Unidos en España, Jaime Malet, señalaba que muchas multinacionales protagonizarán una deslocalización masiva desde Cataluña hacia otras regiones si el debate sube de tono: recuerda que su mercado potencial no es de 7 millones de consumidores y sí de los 47 que tiene el conjunto del país, y apunta también que no les merecería la pena superar los obstáculos derivados de una hipotética independencia: reinstauración de aduanas y aranceles, posible expulsión del euro, falta de crédito...

El temor a esta situación no es exclusivo de las empresas estadounidenses, sino que también preocupa a las alemanas, británicas o japonesas: es decir, los responsables de prácticamente toda la inversión foránea en la economía española. Hablamos de Cargrill, Pepsico, Arbora&Ausonia, General Cable, The Colomer Group, HP, IBM, Air Products, Dow Chemical... Estarían en juego más de un millón de empleos en toda España además de la inversión en la anhelada y necesaria I+D+i para una recuperación económica. Conforme a la lógica empresarial más evidente, las empresas huirían del riesgo y de la inestabilidad que provocaría un proceso secesionista.

Pero el futuro ya está aquí. Las tensiones forzadas por la Generalitat en sus reivindicaciones soberanistas ya están teniendo un impacto evidente sobre la inversión extranjera en Cataluña: una parte de las nuevas inversiones que tradicionalmente se destinaban hacia esa comunidad por su atractivo polo industrial y emprendedor se han desviado hacia Madrid, donde la inversión foránea se ha incrementado cuatro veces más desde 2005. Me temo que esto no ha hecho más que empezar y que cada vez que Artur Mas abre la boca y sueña con la independencia le hace un flaco favor a los catalanes. Las empresas, y con ellas el empleo y la inversión, salen en estampida.

Kafka en la Audiencia

Alfonso Basallo www.gaceta.es 18 Octubre 2013

Pensar que se puede hacer pactos con el diablo etarra es un error de principiante.

Argumentan los jueces de la Audiencia que el chivatazo “no favorecía la actividad de ETA”, sino que su finalidad es que no se entorpeciera el proceso para lograr el cese de la banda.

Kafkianas razones. La primera de los dos afirmaciones es una falsedad, porque al no detener a Joseba Elosúa, el recaudador terrorista, el dinero de la extorsión fue utilizado para que los asesinos siguieran matando. Es decir, que el chivatazo sí favoreció la actividad de la banda asesina.

La segunda afirmación de la Audiencia, que la finalidad no era entorpecer el proceso para el fin de la actividad terrorista, equivale a creer en el sexo de los ángeles. Sobre todo dicho ahora, con la perspectiva de siete años y de doce cadáveres. Los de las víctimas que la banda ha apuntado, como muescas en su cartuchera, una vez que se rompió aquel proceso, seis meses después del chivatazo del bar Faisán, y los asesinos volvieron a apretar el gatillo llevándose por delante a policías, guardias civiles y concejales.
Jueces y policías, Gobiernos y ministros del Interior, deberían saber que el terrorismo no cesa su actividad por un proceso en el que se pone alfombra roja a los matones y se les echa un capote a los recaudadores para que no les detengan. Pensar que se pueden hacer pactos con el diablo es un error de principiante. Es lo malo que tiene ponerse al nivel del delincuente, y saltarse la ley a la torera. Al final, no te respetan. Eso es exactamente lo que pasó en aquella gran chapuza que fue la negociación zapateril (un atajo tan cutre como los GAL de González solo que a la inversa). No sirvió para nada. ETA rompió la tregua en el atentado de la T-4 y volvió a sembrar la muerte y la destrucción,

La propia sentencia viene a confirmar que el diseño de la operación era político, y por lo tanto las razones y el móvil. Y si era político, los policías Pamies y Ballesteros, no podían actuar por su cuenta y riesgo, sino obedeciendo órdenes superiores. La Audiencia lo sugiere implícitamente al considerar hecho probado la declaración del Congreso dando alas a la negociación del Gobierno de Zapatero con ETA.

Y, al cabo, todo queda en una condena de año y medio por revelación de secretos a los dos policías, que ni siquiera pasarán por prisión, al tratarse de penas inferiores a dos años. De colaboración con banda armada (¿qué otra cosa es dar un soplo para salvar de la cárcel a un recaudador de la banda terrorista?) nada de nada. De apuntar más arriba en el organigrama buscando responsabilidades en los superiores políticos de los funcionarios policiales, nada.

Todo ello deja un regusto amargo a impunidad y la constancia de que matar y extorsionar les ha salido gratis a una pandilla de revientanucas y a los cómplices que han llegado al Parlamento, previo blanqueo de la listas.

Feijóo y el nuevo populismo fiscal del PP
Juan Ramón Rallo www.vozpopuli.com 18 Octubre 2013

Anunciaba el presidente de la Xunta de Galicia una medida que, en apariencia, debería congratular a todos los liberales: en los Presupuestos de la región de 2014, se contemplará una rebaja de medio punto porcentual –del 12% al 11,5%– en el tramo autonómico del IRPF para aquellas rentas con una base liquidable inferior a 17.700 euros. Toda reducción de las exacciones fiscales debería ser tan bienvenida como denostado todo incremento en las mismas; y siendo así, todos deberíamos aplaudir a Feijóo por su compromiso. Pero como ya sucediera con la farsa tributaria de Monago, la rebajita del gallego no deja de ser una cortina de humo para consolidar propagandísticamente un régimen fiscal confiscatorio.

La rebaja en su contexto
Aunque Feijóo afirme que su minoración fiscal afectará al 70% de los gallegos, lo cierto es que lo hará de un modo marginal y cicatero. Si la base liquidable máxima sobre la que se aplicará la rebaja fiscal es de 17.700, eso significa que el ahorro máximo será de medio punto porcentual sobre esos 17.700 euros, es decir, 88,5 euros anuales, o menos de 7,5 euros mensuales. En realidad, sin embargo, la minoración será todavía menor, ya que el cálculo del mínimo personal (que reduce el importe final de la cuota líquida a pagar) también se calcula a partir de ese mismo tipo marginal mínimo que Feijóo ha rebajado, de manera el importe efectivo de éste caerá en unos 25,5 euros (el 0,5% del mínimo personal de 5.151 euros): es decir, el impacto máximo de la rebaja fiscal de Feijóo será de menos de 63 euros anuales, unos 5 euros al mes. Para rentas con una base liquidable de 12.000, el efecto no llegaría ni a los 35 euros anuales, o 2,8 euros mensuales.

El coste total de la medida para las arcas gallegas se ha estimado por debajo de los 60 millones de euros, es decir, alrededor del 3,2% de los ingresos por IRPF de la Xunta en 2013 o, atención, menos del 0,75% de sus ingresos totales. Una reducción verdaderamente raquítica que ilustra una vez más qué entienden nuestros políticos por bajar impuestos: repartir un vergonzante aguinaldo a un año de las elecciones. Feijóo en ningún momento se ha planteado perder competencias a favor no del Gobierno central, sino de la sociedad civil: cerrar departamentos enteros de su Ejecutivo y devolverles esas sumas de dinero a los ciudadanos para que sean ellos quienes las gestionen del mejor modo que sepan. No: apenas se ha dignado a repartir las puntas ociosas de tesorería que no le pongan en ningún aprieto financiero.

Con todo, la estampa que nos lega Feijóo es todavía más deprimente que la ilustrada en los párrafos anteriores. No se trata sólo de que su prometida minoración tributaria haya quedado en agua de borrajas, sino que ni siquiera merece recibir tal nombre: al tiempo que, por un lado, reducía exiguamente el IRPF, por otro Feijóo decidió incrementar el mal llamado ‘céntimo sanitario’ que grava los hidrocarburos. En concreto, el recargo sobre la gasolina se incrementó en 2,4 céntimos por litro y en 3,6 céntimos el de gasoil. Dicho de otro modo, cada vez que un gallego llene su depósito estará pagando de media un euro más por el combustible. Al final, casi lo comido por lo servido.

Populismo fiscal con las quejas catalanas de fondo
Pese a la nimiedad del movimiento tributario de Feijóo (o previamente de Monago), existe un problema más de fondo que refleja a la perfección la absurda naturaleza de nuestro sistema de financiación autonómico. Mientras los ciudadanos de algunas autonomías –Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana o Islas Baleares, fundamentalmente– están padeciendo elevadísimos y crecientes impuestos para financiar coactivamente la disparatada “solidaridad interterritorial”, los gobiernos de aquellos otros territorios que son receptores netos de tales fondos –en el caso que estamos tratando, Galicia y Extremadura– se dedican a bajarlos, al menos sobre el papel. Dicho de otra manera, el mensaje que nuestros torpes políticos están transmitiendo a la ciudadanía es que madrileños, catalanes y valencianos estamos pagando cada vez más impuestos para que gallegos y extremeños puedan pagar cada vez menos. Como vemos, ni siquiera esto es del todo cierto, ya que al final los impuestos tampoco terminan bajando (o lo hacen de un modo casi inapreciable) en las comunidades que son receptoras netas de la redistribución interna de ingresos, pero no hay duda de que estos gestos propagandísticos han de generar una sensación de hastío entre los ciudadanos residentes en las comunidades que son pagadoras netas.

No en vano, la capacidad tributaria de Galicia en 2011 fue de 4.987 millones de euros y, pese a ello, recibió 6.929 millones de euros del sistema de financiación autonómico; una ganancia muy en línea con el saldo positivo de su balanza fiscal en 2005, tasado por el Ministerio de Hacienda en 3.338 millones de euros (según el enfoque carga-beneficio). Mientras tanto, y según esas mismas balanzas fiscales, los catalanes estarían perdiendo más de 11.000 millones anuales y los madrileños más de 14.000.

No parece que éste sea el momento más inteligente para seguir tensando la cuerda fiscal entre los españoles, máxime cuando una parte del país, Cataluña, ya se ha dado cuenta del atraco que supone esta exagerada redistribución interna de la renta –hasta el punto de amenazar con independizarse del resto de España– y la otra –con los madrileños a la cabeza– sería deseable que no tardara demasiado en descubrirlo. Rebajas de impuestos sí –sobre todo, entre las regiones más pobres–, pero una vez se haya puesto fin a la “solidaridad interterritorial”; o, si ésta se mantiene en cierta medida, rebajas de impuestos sí, pero a costa de bajar el gasto público propio, no a costa de subir los impuestos al resto de españoles.

Consolidando el régimen vampírico de Montoro
Por último, el movimiento de Feijóo (como antes el de Monago) tiene indudables implicaciones sobre la estrategia fiscal del PP en 2014. Como es sabido, el año que viene Montoro debe anunciar la reversión de las sangrantes subidas de impuestos que él mismo aprobó nada más llegar al poder. El ministro de Hacienda ha jurado en numerosas ocasiones que sufre horrores cada vez que habilita a sus funcionarios a que nos metan la mano más hondo en nuestros bolsillos, pero lo cierto es que existen dudas más que razonables de que tal contrición sea sincera: Montoro, y todo el PP, adoran ante todo el 'hiperEstado' del que han vivido y mamado durante toda su vida. ¿Cómo erradicar, pues, la onerosísima losa fiscal que han colocado sobre las espaldas de los españoles si ésta sigue siendo imprescindible para sufragar su particular becerro de hojalata?

Sea como fuere, pronto descubriremos si dicen la verdad: la reforma fiscal que aprobará el Gobierno en unos meses será la auténtica prueba del algodón. Si bajan los impuestos con intensidad, probablemente haya sido cierto que los subieron con compungimiento; si los mantienen, constataremos que su misión desde el Gobierno era la de consolidar durante esta legislatura un régimen fiscal cainita. El test parece bastante claro… ¿o tal vez no?

Mi apuesta personal es que Montoro seguirá el camino trazado por Feijóo y Monago: bajar mínimamente los impuestos a las rentas más bajas (la pérdida de recaudación por tal rúbrica es ínfima) para vender a la opinión pública que “el 90% de los españoles se ha beneficiado de una rebaja fiscal” y así apuntalar la rapiña fiscal en los tramos medios del IRPF y en el resto de figuras tributarias. Visto desde esta perspectiva, el movimiento de Feijóo no sería una cicatera pero bien orientada apuesta ideológica por empezar a rebajar los impuestos, sino un campo de pruebas más para la gran mascarada vampírica a la que asistiremos el año que viene. Dicho de otro modo: mientras Feijóo se coloca la piel de cordero al anunciar menores impuestos, Montoro sigue afilando sus colmillos entre las sombras.

Víctima y terrorista cara a cara
ROGELIO ALONSO EL CORREO 18 Octubre 2013

La intimidad de un encuentro privado entre quienes han sufrido el terrorismo y los responsables de ese sufrimiento ha sido aireada con evidente intencionalidad política

Un reciente informe publicado por la Fundación Víctimas del Terrorismo muestra cómo el pequeño grupo de presos que ha roto con ETA, algunos de los cuales han participado en encuentros con víctimas, podría contribuir a esclarecer decenas de asesinatos. En él, Daniel Portero, presidente de Dignidad y Justicia e hijo de Luis Portero, asesinado por la banda, concluye: «No existe constancia de que los 17 presos de ETA que se encuentran en la cárcel de Zaballa y a los que se les aplicó la llamada Vía Nanclares hayan colaborado activamente para esclarecer estos casos sin resolver de asesinatos, tal y como les exige la Ley para acceder al tercer grado o la libertad condicional». El comportamiento y las declaraciones de estos presos confirman que al distanciarse de ETA han iniciado un camino, si bien les resta un recorrido importante hasta llegar a convertirse en verdaderos agentes activos de deslegitimación del terrorismo. En esas condiciones, y por loables que puedan ser algunas de las motivaciones de los participantes en esos encuentros, no debería sorprender el recelo hacia ellos por parte de muchas otras víctimas.

La desconfianza aumenta al apreciarse cómo se han publicitado esas reuniones: la intimidad de un encuentro privado entre quienes han sufrido el terrorismo y los responsables de ese sufrimiento ha sido aireada en los medios con evidente intencionalidad política. En lugar de mantenerse la privacidad que requería tan íntima y delicada experiencia se optó por una publicidad con un particular encuadre. Términos como el odio y la venganza surgían como impulsos negativos asociados a aquellas víctimas que rechazaban los encuentros. En cambio, la reconciliación, el arrepentimiento y el perdón aparecían como sustitutos positivos de la que para muchas víctimas es una aspiración imprescindible e irremplazable: la justicia formal. Ingenuo y poco convincente resultaba desvincular esas reuniones de futuros beneficios penitenciarios cuando sin duda serían consideraciones de quienes deben decidirlos. Tanto más cuando se inscriben en un contexto muy determinado: una sociedad en la que numerosos actores presionan para diluir las importantes responsabilidades penales, políticas y morales de los terroristas que han asesinado en nombre de un objetivo nacionalista.

Es además una sociedad en la que no cesan los esfuerzos por consolidar un relato que inventa violencias equivalentes con el terrorismo etarra; una sociedad en la que a menudo el lenguaje neutraliza y distorsiona la realidad del terrorismo. Así puede ocurrir cuando terroristas y asesinos son presentados únicamente como victimarios vaciando su violencia de su relevante intencionalidad política y, por tanto, de sus graves consecuencias y responsabilidades tanto a nivel individual como colectivo. Todo ello en un contexto de coacción a las víctimas del terrorismo a las que se les exige generosidad presentándolas injustamente como obstáculos para la paz si no se avienen a aceptar ciertas fórmulas de impunidad política y penal. Lógicamente todo el respeto merecen quienes entienden que esos encuentros les reconfortan, pero no debe obviarse el marco político y social en el que se inscriben para comprender los negativos efectos, deseados o involuntarios, que, sin duda, también tienen.

Además, las experiencias en diversos escenarios demuestran cómo con frecuencia las víctimas son colocadas en un plano de injusta simetría difícil de evitar, recibiendo una sutil presión que desnivela la balanza en su detrimento. Diferentes estudios demuestran la insatisfacción de víctimas norirlandesas y sudafricanas porque sus legítimos deseos de una justicia retributiva fueron reemplazados por ambiguas y subjetivas expresiones de reconciliación, perdón y magnanimidad hacia los terroristas. Las circunstancias descritas justifican los temores a que los encuentros con etarras sirvan para instrumentalizar los sentimientos de las víctimas con el fin de difuminar la necesaria rendición de cuentas que la ley exige mediante la función retributiva de la pena.

Reveladora resultó la crítica de algunos promotores de esos encuentros a Consuelo Ordoñez al entrevistarse con el asesino de su hermano. «Ayer yo fui a pedir a Valentín Lasarte que colabore con las autoridades en la identificación de los responsables de los delitos terroristas y con ello en la resolución de los crímenes sin resolver», explicó. La negativa del terrorista a aportar información alguna revelaba el importante déficit de su proceso de distanciamiento de la violencia, evidenciando también las carencias de otros etarras protagonistas de los encuentros con víctimas. Tras su entrevista, la víctima recordó la jurisprudencia que sostiene que «la reeducación o reinserción social no es el único fin de la pena, sino que ésta ha de armonizarse con la exigencia de justicia y con otros principios, particularmente el de la prevención especial, que en delitos muy graves se combina también con criterios retributivos de la pena».

Quienes entienden la paz como un espectáculo incluso desean televisar esos encuentros precisamente por su utilidad como herramienta política. La película ‘Cinco minutos de gloria’ recrea el encuentro ante las cámaras entre una víctima y un terrorista norirlandés exponiendo el peligro de convertir en mercancía los sentimientos de quienes han sufrido el terrorismo. El terrorista, ensalzado por su supuesta valentía al aceptar el encuentro, admite la frustración que la víctima obtendrá de ese desigual cara a cara: «Él no quiere escuchar mi petición de perdón; solo quiere confrontarme». Efectivamente la víctima ansiaba volcar su ira en el asesino porque sus ineludibles necesidades de justicia habían sido ignoradas, bloqueando así su doloroso duelo.

¿Diálogo?
miquel porta perales
ABC Cataluña 18 Octubre 2013

EL nacionalismo catalán pide diálogo. ¿Qué diálogo cuando el President de la Generalitat -en sede parlamentario- afirma que “no hay marcha atrás” en el “proceso”? “Sin consulta no hay nada que negociar”, concluye. ¿Así se dialoga? Ninguna novedad: el President, en el discurso institucional (¿¡) de la Diada, dejó clara la hoja de ruta independentista: derecho a decidir, consulta, transición nacional y forma de Estado. ¿Así se dialoga? Para el nacionalismo catalán, el diálogo es excusa y escudo. Una arma al servicio de la causa. Excusa para propalar que el Estado no quiere dialogar. Escudo para protegerse de quien afirma que el nacionalismo no quiere negociar. Arma para descalificar al Estado. El nacionalismo catalán saca provecho de este “diálogo”. Ahí está algún consejero de la Generalitat que lamenta la falta de diálogo del Estado cuando el Gobierno se muestra poco receptivo a la propuesta de una financiación singular para Cataluña. ¿Alguien cree que este consejero quiere dialogar sobre la financiación? No. El consejero quiere mostrar que el Estado no está dispuesto a dialogar y aprovecha la coyuntura para evidenciar su buena fe y apertura de miras. ¿Qué hubiera declarado el consejero si el Gobierno hubiera dicho “sí” a una financiación singular para Cataluña? Fácil de imaginar: ya pasó el tiempo de la nueva financiación y la consulta es innegociable. Seamos claros, el nacionalismo catalán no quiere dialogar y solo lo hará -si lo hace- para sobrevivir políticamente.

Las palabras de la Presidenta del Parlament de Cataluña -“¡Marchen!-, en el lamentable incidente de la semana pasada, son la conclusión plástica de ese falso diálogo. No se trata de un acto fallido -expresar lo contrario de lo que se piensa, por decirlo a la manera del psicoanálisis-, sino de la manifestación consciente del “diálogo” propiciado por el nacionalismo catalán. Unos hablan y a los otros se les dice “callen”. Y no me vengan con el Reglamento -consulten el artículo 76.1- del Parlament.

Diario de un no nacionalista
La Cataluña intoxicada y la manipulación de los medios de comunicación
José Rosiñol Lorenzo Periodista Digital 18 Octubre 2013

…lo que teme el independentismo disfrazado de catalanismo paternalista benefactor, que esa sociedad silenciada comience a tomar conciencia de sí misma, que comience a tomar conciencia de que la construcción nacional se basa en la destrucción de todo lo que esta parte de la sociedad significa…

Lo ocurrido en el Parlamento catalán no es un episodio más de intoxicación política de la mano de un nacionalismo cada vez menos tolerante con los discursos disidentes, no, es un grado más en la escalada hacia la intolerancia política, a la imposición del discurso único.

Ya no estamos hablando de la manipulación cínica y masiva de los medios de comunicación, ni de la cada vez menos sutil presión social de una opinión pública predispuesta a creer –e imponer a los otros- el dogma oficial, ni de la imposición de la moralidad de la clase dominante: la casta nacionalista.

En el Parlament hemos vivido la expresión política del odio y miedo a lo diferente, a lo español, vivimos cómo un grupo como la CUP –partido solidario con filoetarras como Arnaldo Otegi- podía acusar libremente a C´s y al PP relacionándolos con grupúsculos fascistas.

…bajo una aparente normalidad cívica subyace una intolerancia esencialista pero esta vez se ha pasado el umbral de lo social y se ha adentrado en la política…

Vivimos como en sede parlamentaria se negaba –con una gesticulación de rabia sin fin por parte de la Presidenta del Parlament- el derecho de palabra a unos representantes de esa Cataluña que tanto rechazo provoca en el nacionalismo “biempensante”.

En el Parlament se ha reproducido lo que ocurre en las calles de Cataluña, en los centros de trabajo, en las organizaciones civiles, dónde bajo una aparente normalidad cívica subyace una intolerancia esencialista, pero esta vez se ha pasado el umbral de lo social y se ha adentrado en la política, en la institución que debe ser el paradigma de la representatividad de toda la sociedad, de todos los ciudadanos.

Si en Cataluña hay una minoría tan exaltada como ideologizada que impone una cosmovisión unívoca de la realidad, en el Parlament existe una mayoría que pretende mutilar la libertad de expresión de una minoría, que cercena la posibilidad de defender unas ideas distintas a las del poder, que pisotea el derecho de representación de miles de ciudadanos.

…dónde la soflama prevalece al argumento, dónde el cinismo ha vencido a la razón argumental, dónde el consenso ha dado paso a la imposición…

La sociedad catalana está intoxicada, intoxicada por un nacionalismo que está haciendo pasar por sentido común lo que no es otra cosa que ideología, donde el comportamiento social equivale a una especie de examen político, donde cualquier desviación respecto a ese estereotipo debe ser corregido, silenciado y, quién sabe, quizás llegue a ser perseguido.

Vivimos en una sociedad y en una democracia intoxicada, dónde la soflama prevalece al argumento, dónde el cinismo ha vencido a la razón argumental, dónde el consenso ha dado paso a la imposición, donde la disensión debe ser silenciada, ridiculizada o estigmatizada, donde el ciudadano se convierte en gobernado, y el gobierno en Guía Espiritual.

Una sociedad emponzoñada por un cinismo sin fin, cinismo como instrumento de desinformación, de confusión, de perversión, que pretende hacer pasar por democrático e inclusivo lo que no es más que división y fractura, lo que no es más que exclusión e imposición.

…el 12 de Octubre, día de la Hispanidad, puede suponer la visualización de una España catalana plural y diversa, de una Cataluña española sin complejos…

Este espíritu excluyente del nacionalismo se esconde bajo la hueca formalidad democrática de los partidos soberanistas, se oculta entre los recovecos de los discursos, en las premisas implícitas de los argumentos, pero aparece con toda su fuerza en ese lenguaje no verbal de los que aborrecen todo lo que parezca o se asemeje a español (solo hay que ver la cara de zozobra e incredulidad de Irene Rigau cuando alguien osa utilizar el castellano en el Parlament).

Pero ¿por qué de esa reacción visceral ante la concentración del 12 de Octubre?, ¿por qué usar el recurso de la infamia y el miedo para manchar una manifestación cívica y democrática?, básicamente porque el 12 de Octubre, día de la Hispanidad, puede suponer la visualización de una España catalana plural y diversa, de una Cataluña española sin complejos, una sociedad mil veces silenciada, mil veces manipulada y mil veces engañada, una sociedad abierta y diversa.

Esto es lo que teme el independentismo disfrazado de catalanismo paternalista benefactor, que esa sociedad silenciada comience a tomar conciencia de sí misma, que comience a tomar conciencia de que la construcción nacional se basa en la destrucción de todo lo que esta parte de la sociedad significa, de que se transforme de una mayoría silenciosa a una mayoría activa y contestataria, que pase de ser una sociedad resignada a una sociedad que resiste, temen que sea el freno definitivo a sus románticas ensoñaciones.

La mala educación
M. Teresa Giménez Barbat www.cronicaglobal.com 18 Octubre 2013

Los impulsos agonísticos, la belicosidad entre ellos, forman parte de nuestra naturaleza. Aunque muy relacionados con la testosterona y cierto grupo de edad masculino, ningún ser humano los desconoce. Uno de los descubrimientos más inquietantes que han hecho los neurocientíficos en las últimas décadas, es que la agresividad activa zonas del cerebro asociadas a la recompensa fisiológica. Da placer. Hay un potencial de gratificación intrínseca en la misma. Expresar superioridad, someter, ridiculizar y humillar a los otros produce gozo. Ampararse en una religión o en una ideología es el marco perfecto para dotarse de pretextos.

En el caso del nacionalismo, esta agresividad tiene un espectro de muchos colores y matices. Algunos de ellos, no evidentes en un primer momento. Por ejemplo, la reclamación de unos supuestos "derechos históricos" de unos ciudadanos por encima de los demás. A mi me encaja en este nivel la proposición de ley remitida por el Parlamento autonómico de Cataluña que exige la creación de un fondo para el rescate selectivo y la subvención de peajes para Cataluña disociada absolutamente de sus efectos en un conjunto al que ni siquiera consideran y que tan hábilmente desenmascaró el 8 de octubre la diputada de UPyD en el Congreso Irene Lozano.

El nacionalismo ha permitido que lo que antes era considerado petulante, camorrista, irrespetuoso y despectivo se convierta en meritorio y aplaudible

Pero, volviendo a la combatividad menos sutil, hay un tipo de mala baba que vive un momento glorioso: la mala educación. Cataluña está al borde de ser una tierra de bordes. Parece que sólo nos alarma a unos pocos, pero la autoindulgencia chulesca, el pavoneo jactancioso e, incluso, el matonismo verbal están a la orden del día. El nivel de agresividad del catalán está subiendo como la espuma. Podríamos tener ahí la clave de una de las consecuencias más desagradables de la aceptación del imaginario independentista: licencia para ser malo. La conducta agresiva prende con tanta facilidad porque es estupenda, y el personal, en Cataluña, se lo está pasando de miedo comportándose justamente como nos dijeron que no debíamos los profesores y educadores, laicos o religiosos, de nuestra infancia. Y los de todas las infancias en cualquier país con un mínimo de autoexigencia y capacidad para activar unos indispensables frenos sociales.

Al contrario, el nacionalismo ha permitido que lo que antes era considerado petulante, camorrista, irrespetuoso y despectivo se convierta en meritorio y aplaudible, simplemente por estar dirigido a quienes los nacionalistas han convertido en objeto de todos los odios. La borrachera de agresividad autocomplaciente está llegando a cotas tan elevadas, que cada vez se impone más la huida hacia delante para salvar la cara. Contaba Arcadi Espada hace unos días en su blog el penoso y sonrojante papel que hicieron Álex Susanna y Miguel de Palol en un encuentro de literatos en Asturias. Sobrados, cínicos y despectivos. ¿Le sorprende a alguien? Es el plan en el que van nuestros ungidos cuando salen a España.

Y en su propia casa no se comportan mejor. Hoy mismo, cuando escribo estas líneas, el tertuliano Bernat Dedéu ha insultado en Twitter al escritor y periodista de Ara, Christian Segura, por un quítame allá un premio a Mendoza, ese castellano. ¿El estilo? El que se lleva ahora: "Ven y chúpame la polla, subnormal profundo". ¡Y son aves del mismo corral!

Está llegando un punto en que el independentismo aumenta, ya no tanto por ideología o ensoñación lisérgica, sino por miedo a mirar atrás y ver el territorio que ha devastado uno mismo con sus cascos. La confianza en que el proceso secesionista es irreversible está creciendo en algunos por pura vergüenza. Yo diría que para convertir algún día en justificable el lodazal moral en el que han hozado, suinos, con tanta desinhibición. Así, el razonamiento ha pasado de un moderado diálogo acercador a una especie de "para lo que me queda en el convento...".

El problema es que hay convento para rato. Esa idea de montarse unos adosados en el terreno de la comunidad digan lo que digan los estatutos no prosperará. Y más de uno tendrá que volver atrás y pisar sus antiguas deposiciones e, incluso, ver como alguien con gorra le obliga a coger el cubo y el mocho. Por eso una parte de la ciudadanía catalana se ha vuelto peligrosa. Porque han sido malos con ganas y lo saben perfectamente.

'La Festa dels Supers'
TV3 enseñará a los niños los 'beneficios de la independencia' en la fiesta de Super3
La Plataforma Pro Selecciones Caalanas y la ANC reconocen abiertamente este objetivo en el programa de esta celebración anunal
 www.lavozlibre.com 18 Octubre 2013

Barcelona.- TV3, la cadena autonómica catalana, vuelve a la carga. La Plataforma Pro Selecciones Catalanas y los organizadores de la cadena humana independentista de la pasada Diada, la Asamblea Nacional Catalana (ANC), instruirán a los niños sobre “los beneficios de la independencia” en 'La Festa dels Supers', organizada por Super3, el canal infantil de la televisión pública

"Estaremos con el objetivo de dar a conocer los beneficios que la independencia conllevaría al mundo del deporte, una campaña que llevamos a cabo en colaboración con la Asamblea Nacional Catalana", afirma esta subvencionada plataforma en un comunicado, donde se destaca que el año pasado acudieron 300.000 personas a esta fiesta que se celebra este fin de semana en el Anillo Olímpico de Montjuïc. "Es un espacio fantástico para dar a conocer a nuestras selecciones", han asegurado desde la Plataforma Pro Selecciones Catalanas.

La entidad explica que llevará a la fiesta de los Súpers “algunos de los deportes donde Cataluña compite a nivel internacional como el fútbol sala, beach tenis, pitch & putt...”. La intención es que “los más pequeños conozcan y jueguen con los deportes en los que nuestros deportistas ya pueden representar Cataluña en campeonatos de Europa y del Mundo”.

Este canal vuelve a encender la polémica al proseguir con el adoctrinamiento a menores, como hizo el pasado 12 de septiembre, cuando emitió un reportaje dentro del informativo infantil ‘Info K’ sobre la cadena separatista en el que niños de entre 12 y 18 años vertían opiniones del tipo “en 1714 dejamos de ser independentistas”, “soy independentista y quiero que Cataluña sea un país libre” o “si lo queremos tantos catalanes, al final España se rendirá y tendremos la independencia”.

Días después, el Consejo Audiovisual de Cataluña decretó que el programa de TV3 no vulneró la ley de protección del menor y avaló el programa pese a las críticas de PP, PSC y Ciudadanos.


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