AGLI Recortes de Prensa   Sábado 2  Noviembre 2013

Europa y Cataluña
José Luis González Quirós www.gaceta.es  2 Noviembre 2013

Mientras Europa camina hacia la integración, ellos se disponen a levantar fronteras, a desunirse.

Sea lo que fuere que pensemos sobre Europa, es evidente que, a comienzos del siglo XXI, lo que conocemos como Unión Europea se halla en una situación bastante similar a la que existía en la Península Ibérica a mediado del siglo XV, esto es, en un proceso de integración que no resulta fácil pero que parece tan conveniente como inevitable. ¿Qué pinta Cataluña en todo esto? Pues ser la anomalía, una excepción que sus promotores insisten en presentar, por el contrario, como la cosa más normal del mundo, lo que no les deja en muy buen lugar en cuanto a su idea de lo que resulta “normal”, razón por la cual están empeñados en una “normalización” universal que han empezado con singular fiereza por la lengua. Mientras Europa camina hacia la integración, ellos se disponen a levantar fronteras, a desunirse. No es que Cataluña quiera separarse de España, Cataluña no, desde luego, pero lo hace una parte muy importante de su clase política, imbuida de un curioso sentido de la historia, y a esos profetas, que caminan de espaldas al tiempo, le sigue una porción nada desdeñable de los catalanes, sea por convicción, por dejadez o por lo que fuere.

Para justificar esta deriva secesionista tan errática como incomprensible, se recurre a la democracia, lo que recuerda aquello que decía Gracián de que no hay monstruosidad sin padrino, dado que toda forma de democracia ha de estar, por fuerza, encaminada al bien del pueblo, y nunca podrá serlo aquello que lo lleve al desastre. Por curioso que resulte, parece que abundan más en Cataluña los orates que los verdaderos ingenios, y aquellos se olvidan de que toda democracia empieza con un recuento en un recinto previamente definido, sin que nadie puede dedicarse a inventar recintos, ni a falsear los recuentos, porque sería el cuento de nunca acabar, y eso es lo que quiere decir soberanía, que en España corresponde a todos los españoles y no a cualquier grupo que decida decidir o decir que decidirá. Sin embargo, a los autores del sinsentido secesionista solo parece importarles el cuento que acaba con ellos convertidos en almirantes soberanos de una improbable chalupa dispuesta a enfrentarse a las potencias globales de igual a igual, de modo tal que sus jerifaltes irán por el mundo con los gastos pagados, no ya por el mero hecho de ser catalanes, como predijo con suprema ironía el filósofo Francesc Pujols, sino ante el infinito asombro que producirá tanta invención y gallardía. Cataluña va al revés de Europa, pero según el mago Merlín de la situación, el inefable Oriol Junqueras, los europeos se abrirán al paso para seguir prontamente un ejemplo tan estimulante: puro realismo mágico que creíamos bastante más tropical que mediterráneo, pero así están las cosas, de momento.

Queremos ser soberanos
Rafael López-Diéguez www.gaceta.es  2 Noviembre 2013

Lo que late en la sentencia de Estrasburgo es el poco peso en el concierto internacional de España.

En el fondo de cuanto ha acontecido, desde que el Tribunal de ex Derechos Humanos de Estrasburgo se dispusiera a cocinar la sentencia que va a allanar el camino del denigrantemente llamado proceso de paz –iniciado por Rodríguez Zapatero y no desestimado por Rajoy– lo que late es la falta de peso político de España en el concierto internacional. Por ello, no les falta razón a quienes estiman que esto no le hubiera sucedido a países como Francia o Inglaterra. Entre otras razones porque son países que no están dispuestos a ceder soberanía y España es un país, por decisión de su clase política, cada vez menos soberano. Y por eso ha preferido acatar sin más una sentencia que entra en un ámbito que no es competencia del Tribunal de Estrasburgo: el cumplimiento de la pena.

Viene al caso mencionarlo porque dentro de unos meses nos enfrentaremos a la campaña para las elecciones al Parlamento Europeo. Teóricamente debieran los candidatos presentar su programa con respecto al modelo y al futuro de la UE, pero, como de costumbre, en España estas elecciones se convertirán en una confrontación en clave interna: unos buscarán refrendar en las urnas lo bien que lo están haciendo y otros demostrar que son una opción de gobierno con posibilidades. Pero, ¿por qué hurtan a los españoles el necesario debate sobre el futuro de Europa?

La respuesta es sencilla: básicamente porque no existen diferencias reales entre la propuesta socialista y la popular con respecto a la Unión Europea. Ambos partidos defienden mayores transferencias de soberanía a la Eurocracia; más Europa, en su léxico, significa hurtar cada vez más decisiones, políticas, económicas y jurídicas, al único ámbito de soberanía admisible que es la nación. Y en ello tampoco se diferencian mucho de algunos partidos emergentes. Partidos que, entre otras cosas, se posicionan a favor de la regionalización de Europa o asumen un futuro planteamiento federal.

El debate real que debería plantearse de cara a las elecciones europeas es ése, el que no quiere abordarse, el que diferencia a quienes defendemos posiciones soberanistas de quienes apuestan por diluir la soberanía de las naciones que nos lleva a soportar sentencias como la del Tribunal de Estrasburgo. Entre quienes entendemos que Europa debe configurarse como un espacio de cooperación, elevado desde planteamientos solidarios y subsidiarios, respetuoso con las realidades e identidades nacionales, con las patrias, y quienes quieren constituir un ente supranacional de Gobierno.

Pero también entre quienes nos planteamos que esa Europa sea, no la de los ciudadanos, titulares de derechos que se transforman en papel mojado, sino la de las personas: antes que nada y por encima de todo, las personas.

El telegrama de Rajoy
José Luis Ortín www.vozpopuli.com  2 Noviembre 2013

Como aquel repetidor que telegrafiaba a sus padres glorificando sus malos resultados, Rajoy se empeña en repetir sus errores, aumentándolos.

Desaprovechó sus magníficos resultados electorales, tanto en las elecciones municipales y autonómicas como en las generales subsiguientes menos de un año después de aquéllas, para hacer lo que los españoles que le votaron mayoritariamente esperaban: sacarnos del hoyo donde nos dejó la incompetencia de Zapatero zopencamente apoyado por sus muchachas y muchachos. Entonces debió tomar las difíciles medidas radicales que la ocasión demandaba, y ahora, al socaire de una etérea e impersonal mejoría de la economía española sólo acreditada desde la eventual buena marcha de la Bolsa y la esperanzadora deriva del costo de nuestra deuda pública, trata de jugar a la ruleta rusa del oportunismo político de cara a las próximas citas electorales continuando con la dejación de sus funciones.

La economía real
La situación económica vuelve a moverse actualmente por los arcanos de unas expectativas de futuro que los grandes inversores internacionales aprecian desde sus no menos ignotas atalayas supranacionales. Pero la realidad para lo importante de cara al futuro es que ni crece el empleo estable, ni hay dinamismo en el mercado interior, ni crece el consumo, por lo tanto; ni fluye el crédito hacia el sector real de nuestra economía ni, por consiguiente, lo hace la inversión empresarial necesaria para reactivarla. Y eso es algo que no precisa de lentes sociológicas para comprobarlo. Basta con mirar a nuestro alrededor.

La de Rajoy y ‘su Montoro'
Si con la soga al cuello no fue capaz Rajoy de echarle a la cosa lo que los valientes ponen en juego cuando hay que arremangarse, dando la medida de su medrosa mediocridad, mucho menos lo haría en época de bonanza. Y si llegaran las vacas gordas, que ojalá lo vean nuestros atribulados ojos aunque es muy improbable con su liderazgo, le ocurrirá como a los lidiadores realmente malos: que un buen toro descubre a un mal torero.

Se limitó en su momento a la facilona subida de todos los impuestos, ¡todos!, con tan irregular como inoportuno calendario, estafando a quienes le votaron con el ruin incumplimiento de las promesas electorales incluidas en su programa. Y, también, con la miopía indignante de no ver la necesaria poda del sector público, que es la verdadera carcoma arruinadora de los presupuestos del Estado; si los ingresos no llegaban para cubrir los abultados gastos lo natural hubiera sido acometer urgentemente la disminución de éstos de un modo suficiente. Y hablo de gastos corrientes estériles y no de bases esenciales: las subvenciones a mangantes de toda laya, las innumerables empresas públicas o los enchufados en las AAPP, por reiterados ejemplos. Limar gastos superfluos es lo que ocurriría en cualquier lugar y circunstancias modificables por la voluntad humana. Temía y teme enfrentarse a las protestas de los paniaguados afectados que hicieron de vivir de los presupuestos públicos su insolidaria dedicación egoísta particular, sabiendo que los sufridos y esquilmados contribuyentes no suelen protestar en manifestaciones multitudinarias, aun cuando se acuerden en privado de los familiares vivos y muertos de quienes les roban hasta la ruina.

Pero claro, esto último se manifiesta silenciosamente en las urnas, y a ello sí le temen quienes se han hecho profesionales de la política con una de las divisas de la peor cara dura militante: el valor de los cobardes, evidenciado habitualmente en respetar sólo a quien temen.

Con tal hoja de ruta, se trata ahora de prometer una indefinida bajada de impuestos, desde su escasa credibilidad, a la vista del más que probable batacazo electoral que se anuncia tanto desde todos los miradores sociológicos como del propio sentido común y el ruido de la calle.

Y para ello ha tomado un camino demencial, también producto de su propio autismo político, ensalzando como “un gran ministro” al nefasto ministro responsable de ambos desmanes, el ahora ‘socialistoide de pitiminí’ converso e inefable antiliberal Montoro; el encargado de los impuestos y de la administración pública. Y cuando entrecomillo la reciente querencia ideológica de sus actos es por el respeto que me merecen los auténticos, como todo aquel que se respeta a sí mismo y a los demás sin engañar respecto a sus creencias.

Claro que, en aras del oportunismo político, D. Mariano podría haberle sacrificado siguiendo el manual propio de la politiquería más indeseable, pero ha preferido una inquietante lealtad. Virtud, que si no fuera por el abundamiento en la ruina que ambos al alimón nos han procurado, sería hasta loable, pero que en las presentes circunstancias no es sino una promesa de una muy preocupante futura incapacidad de gobierno.

El telegrama
Y es que, como aquel mal estudiante, ‘el mudito’ Rajoy anda redactando su cínico y engañoso telegrama tras los exámenes de septiembre: “Queridos padres: exámenes extraordinarios, profesores entusiasmados, quieren que repita, y repito”.

Ni supo torear al malo, ni sabe lidiar al regular, ni hará faena al bueno; si llega. Pero, además, en nada: ni en economía, ni en política interior, ni en capacidad de liderazgo, ni en la ilusionar a la población expectante, ni siguiera, y eso ya es para echarse a temblar, en la transparencia ejemplarizante de su propio partido.

Su herencia: ¿a quién votar?
España va saliendo de la respiración asistida en sus grandes números gracias a un sector de la economía real que ha debido ganarse la vida en el extranjero; como en aquellos lejanos años de alpargata de los sesenta del siglo pasado en unas condiciones distintas y con unos protagonistas diferentes bajo un régimen político en las antípodas del actual.

¿Rajoy? Ojalá pase ese amargo cáliz de nosotros lo antes posible. Y lo peor es lo que pueda seguirle si no ocurre antes la catarsis que España necesita. ¿A quién votar?, se preguntan sus seguidores menos ‘apesebrados’. Ésa será su peor herencia. El páramo infame en que dejará también las opciones políticas de centro y centro derecha que representa. ¡Suerte!, porque la necesitaremos ante la atomización política que nos espera.

No a los recortes
Teresa González Cortés www.vozpopuli.com  2 Noviembre 2013

Están que trinan. Andan muy enfadados. Y enfadad@s. Todo por la nueva ley que se avecina. Sin embargo, entre tantas protestas y huelgas se olvida, el pormenor de que la LOMCE es la vieja LOGSE, habida cuenta de que aquélla seguirá siendo lo que fue la LOGSE: un canto a la incultura, una oda a la ignorancia, un himno a esa enorme, descomunal, monstruosa estupidez instituida en España desde hace más de 20 años. Y digo esto porque la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa o LOMCE no varía en lo esencial, y salvo en algunos puntos, el andamiaje de la Ley Orgánica General del Sistema Educativo o LOGSE, causante del estrangulamiento académico y de los pésimos resultados anuales de nuestros alumnos en el ranking nacional e internacional.

Los ideales de la clase política
Mientras grupos del PSOE llevan décadas predicando la beneficencia de la educación y favoreciendo al mismo tiempo al sector privado con ese invento suyo de “la concertada”, las organizaciones del PP no han ido mucho más lejos. De hecho, aceptan el lema de que la verdadera enseñanza, la de calidad, está reservada al ámbito particular. Por tanto, fuera de los centros públicos.

Lo curioso es que ambas formaciones manifiestan otras directrices igualmente comunes: no desmontan jamás el chiringuito de la submediocridad, rara vez sobresalen en cortar de raíz la sangría de los miles de “ciudadasnos” que salen cada año de la Secundaria, en ningún momento despuntan por desbaratar la torticera elección de un profesorado (universitario y no universitario) deficiente, ideologizado y mal preparado…

Y pasan los días, los meses, los años, y todo continúa igual. ¡¡¡No existe intención de cambio ni plan alguno -se llame “LOGSE”, “LOE” o “LOMCE”- que rectifique los errores y montañas de abusos cometidos en nombre de los sublimes ideales educativos!!! ¿Y por qué ese inmovilismo? Para unos la educación es, sin quizá, el último icono-fetiche que les queda de su ideario de “emancipación” (sic), para otros constituye el medio liberal (sic) de crear un “Estado II” con subvenciones, ayudas y servicios procedentes de ese “Estado I” que desatienden. Y no solo eso. Para la élite socialista, ajena a la neutralidad de la laicidad, siempre resulta fundamental propagar en todos los centros de enseñanza, y por imperativo legal, los mandamientos progresistas de su catecismo político, mientras que para la élite conservadora, ajena asimismo a la neutralidad de la laicidad, es prioritario regresar, también por imperativo legal, al decálogo espiritual del catecismo católico.

En cualquier caso, los partidos dominantes han confundido durante lustros “educación” con “politización”. Y, al no alejarse de los canchales de las ideologías, imposibilitan la preparación y promoción de los sectores más deprimidos de nuestra sociedad.

En el país de las maravillas
Para remate y complicar más la situación de la enseñanza, en el preámbulo de la LOGSE se defendió que el paradigma de la educación debía estar en sintonía con las líneas de descentralización autonómica. La invención de los reinos de las autonomías, sancionado por la Constitución postfranquista, conllevaba el hecho implícito de poner en marcha heráldicas y poemarios cantonales propios. Dicho de otra manera: la consolidación de las autonomías implicó aceptar en el ámbito de la enseñanza la pérdida de conocimientos “objetivos” en historia, en literatura, geografía, lengua, anatomía… para así poder divulgar (y hacer memorizar a los alumnos) crónicas de caballeros y las glorias alcanforadas del pasado.

Por nostalgias románticas pasó que a la relajación de los criterios de verdad le sobrevino el ascenso nacionalista de los relatos autonómicos, lo cuales, pese a ser tan reaccionarios como antimodernos, fueron convertidos en fuente absoluta de certeza, en paradigma inamovible de sabiduría. Así, por ejemplo, en un libro de texto de Filosofía de 1º de Bachillerato podemos leer el siguiente pasaje:

“el médico vasco Etxverry se dio cuenta de que muchos vascos no tenían la proteína conocida como RH en la sangre. Basándose en eso, sacó la hipótesis de que el euskaldún fue el primer pueblo que vivió en Europa”.1

En este fragmento no hay criterios nítidos que permitan definir al vasco. ¿Un vasco lo es por ser de 1ª generación o necesita disfrutar de 8 generaciones? Tampoco en el fragmento aludido se dice cuántos son esos “muchos” vascos o cómo se elaboró la muestra estadística, y si ésta llegó a incluir a sujetos “no vascos”. Menos aún es explicado el modo en que se investigó experimentalmente el citado RH. Y puesto que los enunciados son intencionadamente vagos e indefinidos, o sea, frontalmente contrarios al lenguaje de cualquier proposición científica, incurren en un burdo error inductivo: de unos cuantos sujetos se afirma que fueron los primeros en poblar Europa. Y, lo que es peor, a sabiendas de que este chauvinismo es una quimera surgida de imaginaciones calenturientas, no obstante constituye la base obligada de estudio para los discentes de 16 y 17 años.

Y semejantes a estas necedades hay otras que, por cientos, circulan en los miles de recintos escolares de las distintas regiones de España. No me cabe duda de que “mientras los leones, -cuenta un proverbio nigeriano-, no tengan sus propios historiadores, las leyendas de caza siempre glorificarán al cazador”. Y los cazadores nacionalistas se han dedicado y dedican a engañar sobre geografía, medio ambiente, fauna, historia, biología…, gozando de una inimaginable impunidad.

Soluciones
La falta de estudio en las aulas cierra las puertas del conocimiento. Y provoca falta de estudio. La carencia y laxitud de contenidos científicos favorece, a niveles insospechados, el arraigo del analfabetismo, amén de la intolerancia, dentro y fuera de las clases.

Por otra parte, la ideologización de nuestra clase política destroza una y otra vez el postulado de laicidad del Estado. Y dado que a las formaciones políticas les mueve el ideal de cercenar el acceso a las fuentes de la información hasta estimular el cierre social a amplios sectores de la sociedad, me pregunto: ¿por qué poner vallas al conocimiento, por qué impedir su divulgación?

La solución pasa por oponerse a la infame ideologización de la cultura, a la planificación de la ignorancia que consolidan los neobárbaros de nuestras élites políticas.

Así que no, no a los recortes.

1 Filosofía de 1ª de Bachillerato, editorial Gaiak, citado por José Díaz Herrera José & Isabel Durán en ETA, el saqueo de Euskadi, Planeta, Barcelona, 2002, p. 297.

PSOE-PSC
miquel porta perales ABC Cataluña  2 Noviembre 2013

¿Qué hay de escandaloso en que unas fuerzas políticas reafirmen lo que ya dice la Constitución desde hace treinta y cinco años?

En Cataluña –en la Cataluña política oficial y sus asimilados varios, por ser más exactos – ha sentado muy mal que el PP y el PSOE dieran su apoyo a la moción presentada por UPyD en el Congreso sobre la “falacia del derecho a decidir”. El texto –como saben- dice lo siguiente: “El Congreso proclama que, bajo ningún concepto, una parte de la ciudadanía puede decidir sobre la organización territorial del Estado excluyendo al resto de esa decisión”. ¡Menudo escándalo! A ver, ¿qué hay de escandaloso en que unas fuerzas políticas reafirmen lo que ya dice la Constitución desde hace treinta y cinco años? ¿O es que el artículo 1.2 de la Constitución no indica que “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”? ¿Quizá querían que estas fuerzas políticas reafirmarán justamente lo contrario? Lo raro, lo escandaloso sería que hubieran votado en contra de esta moción. Anoten la doble medida: el Parlament de Cataluña y los partidos nacionalistas catalanes pueden afirmar que Cataluña tiene derecho a decidir, pero el Congreso y los partidos españoles no pueden afirmar que España tiene derecho a decir. Por decirlo en otros términos, que son los que maneja el nacionalismo catalán y sus asimilados: la nación –dicen- catalana, sí puede decidir; la nación española, no puede decidir. Espabilados, sí que son.

Mención especial merece un PSC que se abstuvo en la votación. Cosa que, en la práctica, equivale a apoyar el derecho a decidir –a decidir que sí a la independencia, no se engañen- de Cataluña. Entre los muchos problemas del socialismo catalán se encuentra el de estar en tierra de nadie. Con la abstención, el PSC sigue en tierra de nadie. Con lo cual el socialismo catalán deja insatisfechos a militantes, simpatizantes y electores. A unos, les molestará que el PSC no haya votado a favor; a otros, que no haya votado en contra. El PSC paga las consecuencias de su coqueteo -¿convicción? ¿interés? ¿acomplejamiento?- con el nacionalismo catalán.

Los auténticos traidores del PP
EDITORIAL Libertad Digital  2 Noviembre 2013

La Comunidad de Madrid crecerá cuatro décimas extra y creará unos 13.600 empleos adicionales a lo largo de 2014 gracias a las rebajas fiscales que pondrá en marcha el Gobierno autonómico que preside Ignacio González. El Ejecutivo madrileño, fiel a sus firmes convicciones políticas, aplicará la mayor rebaja fiscal a escala autonómica de la historia de España. En concreto, reducirá el IRPF, el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales, Actos Jurídicos Documentados e Hidrocarburos con el fin de ahorrar a los contribuyentes un total de 357 millones de euros. Si a estas medidas se suman las rebajas tributarias aplicadas desde 2003, los madrileños dejarán de pagar a Hacienda un total de 1.100 euros en 2014.

Madrid ha sido la única comunidad autónoma que no ha subido los impuestos durante la crisis, y ahora que ya ha superado la recesión es la que rebajará más la fiscalidad, consolidando así el marco tributario más favorable y beneficioso de España para las familias y empresas entre las autonomías de régimen común. Toda esta estrategia descansa sobre un principio sencillo, pero muy claro: el dinero está mejor en el bolsillo de los ciudadanos.

Lo sorprendente, por no decir escandaloso, de este caso es que, en lugar de imitar o, al menos, congratularse por este tipo de medidas, el PP de Génova y, muy especialmente, el Gobierno de Mariano Rajoy no vea con buenos ojos esta bajada de impuestos. El anuncio de González no ha sentado bien en la cúpula popular porque, entre otras cosas, evidencia aún más sus propias vergüenzas y complejos. No en vano, si alguien se ha desviado de los principios del PP en materia económica, engañando por completo a sus votantes, ése ha sido, sin duda, Rajoy; y, por supuesto, Cristóbal Montoro. Fue el Gobierno central, no el de Madrid, el que, incumpliendo su programa y sus promesas electorales, subió el IRPF nada más llegar al poder; fue el Gobierno central, no el de Madrid, el que disparó los impuestos como nunca antes se había hecho en España, superando incluso la mordida aplicada en su día por José Luis Rodríguez Zapatero; y fue el Gobierno central, no el de Madrid, el que, vulnerando los fundamentos de su partido, pretende mantener y consolidar en el tiempo una de las presiones fiscales más elevadas y, por tanto, perjudiciales del mundo desarrollado, superando en algunas de sus propuestas a Izquierda Unida. En definitiva, ha sido Mariano Rajoy, no Ignacio González, quien ha traicionado al PP tras renunciar a las políticas económicas que tanto éxito reportaron a España en el pasado, cuando el que ostentaba el timón era José María Aznar.

Por el contrario, ha sido el PP de Madrid el que se ha mantenido firme en el cumplimiento de sus convicciones ideológicas y de sus promesas electorales. Si por algo se ha caracterizado la política económica y fiscal que en su día implantó Esperanza Aguirre y ahora mantiene Ignacio González es por los impuestos bajos y las medidas de liberalización. Y lo mejor de todo, más allá de las ideologías, es que dicha estrategia ha sido todo un éxito tanto económico como político. A lo largo de la última década, Madrid se ha consolidado como la autonomía más rica de España y se ha convertido en el principal motor del país, en detrimento de Cataluña, a base de facilitar la vida a empresas y familias. Y prueba de su éxito es que los madrileños han validado por amplia mayoría este tipo de políticas a través de las urnas. Es, por tanto, Rajoy quien debería seguir los pasos de González, y no al revés.

De lucha y de gobierno
Arcadi Espada El Mundo  2 Noviembre 2013

El nacionalismo quiere que voten los mayores de 16 años en esos referéndums que no se harán. El voto de los niños es un asunto incierto, como otras cosas que les afectan, sea conducir, tener sexo, abortar, ir a la cárcel o poder ser expulsados del hogar familiar, supuesto este último, por cierto, que a mí me interesa mucho y del que poco se habla. Se supone que ese voto será abrumadoramente favorable al nacionalismo. No creo que haya encuestas sólidas sobre el asunto, pero voy a darlo por bueno por un momento. Como explicación a ese voto se cita el adoctrinamiento escolar y televisivo.

Aparentemente hay razones para desconfiar de esa explicación. Y la tiene, en su propia carne, gente de mi edad o algo mayor: sufrieron el adoctrinamiento de una dictadura y tuvieron una juventud insurgente y contraria a los planes del gobierno. ¿Por qué no ha pasado algo parecido en Cataluña? Apenas tengo dudas en la respuesta. El nacionalismo ha dominado el gobierno y la calle. Es decir, ha cumplido el sueño utópico, prodigioso de ser aquel partido de lucha y de gobierno que quería ser el PSUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña). Tengo una pequeña anécdota personal de una noche en Gerona, en aquellos días tan excitantes y felices de la fundación de C's (y el que quiera saber como fueron habrá de volver una vez y otra al libro de Bernal), cuando, por un lado, los matones nos insultaban y agredían en la calle y por el otro la policía se limitaba a observar los acontecimientos sin detenciones, con una hercúlea pasividad. Los que daban órdenes a los cafres y los que daban órdenes a la policía eran los mismos. Lucha y gobierno: cuando éramos comunistas y repetíamos el mantra no podíamos imaginar que el paradigma más exacto de lo que estábamos proponiendo era la Alemania de los treinta.

Así pues, el nacionalismo ha sido por un lado algo institucional, plomizo, profundamente ineficaz y reaccionario, cualidades que se suelen atribuir en toda época a cualquier gobierno por parte de la juventud desatada. Pero al mismo tiempo ha conservado una atractiva imagen de lucha, barata, además, en cuanto a los riesgos reales de su despliegue, deportiva, coral y obsesionada por un sueño, esa fétida palabra hecha de nubes. El ambiente moral, y la distribución de las fuerzas en estos últimos treinta años de Cataluña, es comparable desde este punto de vista a los treinta primeros meses del franquismo: hasta que el gordito liquidó a los falangistas y empezó a inaugurar pantanos. Aquí, por el contrario las aguas, perfecta y herméticamente balizadas, guardan una apasionada apariencia brava que fascina a los niños gagás.

Ex asesinos
MANUEL JABOIS EL MUNDO  2 Noviembre 2013

Hace dos años el fiscal superior del País Vasco, señor Calparsoro, hizo una declaración que se interpretó como un guiño de barra: «Si ETA se disuelve, la justicia será generosa». Que sean valientes, dijo, porque el pueblo y los tribunales sabrán reconocer ese paso. Aquello que parecía un exotismo presenta hoy severo diagnóstico. Tiempo después reconocería a El País que la frase «no fue muy fina»; que lo que quería decir es que la justicia se adaptaría a esa situación, «como con cualquier ciudadano». Sobre esta expresión se asienta una de las sintomologías del terrorismo. Tiene que ver con el crimen individual, al que hay que despojar de contexto porque el cadáver lo es por ser español o víctima de maltrato, pero también colectivo: la convivencia de terror generada, el acompañamiento melancólico al asesinato de la amenaza real de que el siguiente serás tú.

La justicia ha de adaptarse a «la realidad social», decía el fiscal. Que ETA se abstuviese de poner bombas creaba un clima nuevo; si un terrorista deja de matar, los presos pueden beneficiarse de ello porque comparten un objetivo común: antológico precedente que abre la puerta a curiosas cooperativas. Ese embadurnamiento atmosférico desbarata el concepto de «ciudadano común»: al violador del Exaimple no lo recibirán en su pueblo con carteles de bienvenida ni un asesino en serie saldrá entre aplausos tras matar a 24 personas. La realidad social son los vítores al asesino de un chico que aún lo consideran, tantos años después, bien matado. De acuerdo a esa realidad lo lógico es que el fiscal no la utilice como atenuante sino como agravante. Pero estos días de agitación Calparsoro se ha molestado porque ayuntamientos propongan non gratos a dos terroristas y ni siquiera ha admitido que lo sean: al haber cumplido su pena, dijo, no puede considerarlos de tal manera. Como si un preso, aun arrepentido y reinsertado, aun perdonado por los huérfanos, dejase de ser el asesino de sus víctimas. A veces la única justicia que deja un muerto es la comparecencia inexcusable de su asesino; lo último es que se lo robasen. Hasta la generosidad que promueve el fiscal, de consumarse, tiene límites que la propia naturaleza impone. Y ya hay que llegar lejos para tener que aferrarse a ella.

‘San Nadie’
J. M. RUIZ SOROA EL CORREO  2 Noviembre 2013

Con motivo de la muy reciente fiesta oficial de la Comunidad Autónoma Vasca del 25 de Octubre (el ‘San Patxi’, ya condenado a la extinción), se ha puesto de relieve un cierto asombro ante el hecho de que la CAV no sea capaz de tener una fiesta a gusto de todos, un día del santoral en que pueda celebrarse a sí misma sin suscitar la crítica o rechazo de parte de ella misma. Según esta visión, los vascos peninsulares somos una nación rara, una comunidad sin fiesta.

Pues bien, se me ocurre que la cuestión problemática no está así bien identificada. Porque la cuestión no lo es tanto que la comunidad vasca no tenga fiesta, sino más bien que no exista hoy por hoy una comunidad vasca. Lo raro no es la ausencia de fiesta, lo raro es la ausencia de comunidad. Después de tantos siglos de intensa historia, el hecho relevante no es que los vascos no tengamos una fiesta común, sino que carezcamos de una comunidad política común.

José Ramón Recalde escribió hace tiempo que los vascos poseemos un máximo grado de sentimiento de autoidentificación, el cual es paradójicamente compatible con un máximo conflicto de integración. La facilidad con que intuimos ser un grupo humano peculiar y fácilmente reconocible corre parejas con nuestra incapacidad para rellenar ese molde social con un contenido común mínimo. Si una nación no es sino una «comunidad imaginada», como dijo Benedict Anderson, los vascos hemos sido bastante tempranos en imaginarnos como miembros de una comunidad primordial o ‘gemeinschaft’ pero, al mismo tiempo, no hemos logrado todavía fundar las reglas básicas para estructurar una sociedad común o ‘gesellschaft’.

Nuestro sino, al final, es el de estar condenados al uso y abuso de la imaginación, en lugar de dejar actuar a otras potencialidades más prosaicas.
Por ejemplo, se imagina una comunidad en el pasado foral, allí donde unas voces ancestrales cuentan que existió una convivencia armónica y sencilla. Entonces, se dice, se sabía la forma de ser vasco sin conflicto y sin tensión, de manera ‘natural’. Pero, dejando de lado otros problemas de esta visión a histórica de un pueblo vasco que sería él mismo desde hace ocho mil años, lo cierto es que ese pasado sería sólo de unos pocos y no puede generalizarse a la población existente si no es a costa de amputarla de sus propios ancestros. Para la mayoría de la población sería aplicable la imagen de los niños argelinos repitiendo en la escuela francesa las primeras palabras de su libro de historia: «Nos ancêtres les gaulois …» («Nuestros antepasados, los galos…»).

Por ejemplo, de nuevo, se imagina una comunidad en el futuro, cuando la construcción nacional haya dado sus frutos y la población haya quedado homogeneizada. Cuando la tribu haya reconstruido sus lazos primordiales. Pero para conseguirlo es preciso tensionar a la sociedad de hoy, y nada la desestructura más que el sometimiento a esa tensión. El terrorismo nacionalista ha sido la expresión prístina del constructivismo comunitario como ideal imaginado, pero no ha conseguido a la postre sino desestructurar más aún a la sociedad.

Demasiada imaginación y demasiado fuerte, esa es la cuestión. Recuerdo la impresión que me causó la escena vista en el Congreso de los Diputados allá por 2004, cuando Rodríguez Zapatero pronunciaba su discurso de investidura. Mencionó de pasada ‘El Quijote’ (era el aniversario de Cervantes, creo) en su intervención. Cuando el diputado Erkoreka subió a la tribuna le reprochó con seriedad esa mención, porque dijo que los vizcaínos (los vascos de entonces) salían vencidos y malparados en el libro de caballerías, luego no les complacía mucho recordar ‘El Quijote’. Me estremeció esa profundidad telúrica de sentimientos. Fíjense que se hablaba de una obra de ficción de hacía cuatro siglos y, además, dentro de ella el episodio del vizcaíno era una ficción superpuesta con la que Cervantes ironizaba sobre un sentimiento de hidalguía tan exagerado como el artúrico del visionario manchego. Pero eso era lo de menos: Unamuno escribió que el escudero vizcaíno era el único personaje de toda la obra que se tomaba en serio al caballero manchego. Pues bien, allí estaba, cuatrocientos años después, en el Congreso, un vasco del siglo XXI que se había tomado y se tomaba en serio no sólo el episodio, sino también la obra de ficción, que veía una derrota violenta donde sólo había una novela con ironía de doble sentido. Eso es… imaginación.

Una sociedad moderna no puede estructurarse de manera mínimamente compartida mientras esté tensionada por una tan potente imaginación. En una sociedad moderna la imaginación se ha democratizado, se ha privatizado, se ha instalado en el mundo íntimo de cada cual. No puede haber ya una imagen primordial como polo unificador, porque el mundo moderno es un mundo desencantado, un mundo lleno de dioses pequeños y personales pero carente por definición de la profecía única y auténtica.

Al final, y no es tanto un reproche como una triste constatación, es la parte nacionalista de nuestra comunidad la que nos impide ser una sociedad, porque prefiere ser una tribu errante y siempre a la búsqueda de su paraíso imaginado, antes que tener una fiesta común en un día cualquiera. Por ejemplo, en el día de ‘San Nadie’, el prototipo de la más vulgar carencia de imaginación. ¿Por qué no probar?

Los secesionistas flamencos presentan sus planes para acabar con Bélgica
enrique serbeto / corresponsal en bruselas ABC  2 Noviembre 2013

El independentista Bart De Wever quiere difuminar poco a poco el Estado belga, que solo se quedaría con competencias en Defensa y gestión de la deuda
Los secesionistas flamencos presentan sus planes para acabar con Bélgica

Los independentistas flamencos han enseñado sus cartas. Por primera vez han puesto sobre la mesa abiertamente una propuesta basada en la idea de que el Estado belga se disuelva entre las competencias crecientes de las regiones y las supranacionales de la Unión Europea. La Nueva Alianza Flamenca (N VA) del alcalde de Amberes, Bart de Wever, ha publicado su programa para las elecciones generales de la primavera próxima, con la apuesta de que los resultados no permitan formar ninguna coalición sin contar con ellos.

Los nacionalistas flamencos han seguido el mismo patrón que los demás movimientos equivalentes en Europa. sin gobierno más de 500 días En la anterior crisis política, que mantuvo al país , obligaron a los partidos flamencos más moderados a asumir la reclamación de una reforma del Estado que diera más poder a las regiones. Las negociaciones fueron un encaje de bolillos en todas direcciones y obligaron a todos los partidos a hacer concesiones en asuntos como las circunscripciones electorales y la aplicación de la Justicia. Apenas aprobada la enésima reforma del Estado bajo la batuta de los nacionalistas, la N VA ha desenvainado otra vez el hacha de guerra y ha presentado sus nuevas exigencias, aunque esta vez no se contentan con medias tintas, sino que exigen que el Estado belga se difumine y que no tenga ni primer ministro ni gobierno formal. Sus competencias se limitarían a la Defensa y a la gestión de la deuda y aún con un horizonte temporal: 25 años para liquidar la deuda y crear un «Ejército del Benelux».

El federalismo, que había sido la fórmula que todos creían que aplacaría a los nacionalistas, no ha sido suficiente: es «demasiado complicado y caro» para los independentistas, que ahora apuestan por la confederación «que será más eficiente y menos costosa». Para las dos comunidades belgas, flamencos y valones, sería pasar del «deber de trabajar juntos» a «trabajar juntos, siempre que se quiera».
Elecciones plebiscitarias

El senador de la N VA Karl Vanlouwe ha sido el encargado de presentar un plan que, según la directora del diario «Le Soir», Béatrice Delvaux, «ha convertido las elecciones de mayo de 2014 en un referéndum a favor o en contra de Bélgica». Aunque no se habla expresamente de independencia de Flandes, se trata de una fórmula que la hace inevitable tras la desaparición de las actuales estructuras políticas estatales. La emergencia de las de las dos regiones plantearía a la UE la necesidad de definirse frente a una situación que afecta al territorio donde se encuentran sus instituciones.

En los planes de los independentistas, la ciudad-región de Bruselas (que es el nudo gordiano del proyecto de los separatistas) desaparece como tal y se convierte en una entidad cogobernada por las dos comunidades, donde los ciudadanos deberían elegir con qué sistema de impuestos y prestaciones se quedan.

Con esta oferta-trampa, los estrategas de la N VA quieren tentar a los demás grupos políticos flamencos a aceptar una coalición con ellos en lugar de hacerlo con los socialistas valones, como sucede en la actualidad.

Dar la cara
Frente a la alarma de los valones, los demás partidos flamencos todavía mantienen silencio ante estas propuestas, aunque algunos observadores como el politólogo de la Universidad de Gante, Carl Devos, anticipan que ahora los democristianos deberán definirse sobre el concepto de confederalismo que habían adoptado de forma difusa «para no perder ni a los electores que quieren una reforma profunda del Estado ni a los que creen que no se pueden permitir caer en un excesivo acento nacionalista».

También es cierto que los democristianos tienen sus propias divisiones sobre el programa económico —entre un ala más liberal y otra más social que no aceptaría las propuestas de De Wever— lo que no hará más que debilitarlos frente a los independentistas.

Actualmente el Gobierno belga que preside el socialista valón Elio Di Rupo está sostenido por una especie de «gran coalición» que incluye a sus correligionarios flamencos (muy minoritarios) más los democristianos y los liberales de las dos comunidades, que se conjuraron para apartar de la mayoría a la N VA, que fue el partido más votado en Flandes y en todo el país en las elecciones de 2010. Esta es la primera vez que la mayoría gubernamental tiene más diputados francófonos que flamencos, debido a que el primer partido de Flandes (17,5% de los votos y 27 escaños) está en la oposición. El año pasado, el líder de la N VA desbancó a los socialistas del ayuntamiento de Amberes, la segunda ciudad del país. Según las encuestas, la N VA sigue siendo el primer partido de Flandes, muy por delante de los demás.

La última fase del plan de pago a proveedores autonómicos sumará 13.386 millones
MADRID ABC  2 Noviembre 2013

Hacienda asegura que con este último tramo «se limpiará el cúmulo de facturas pendientes de pago de 2012» y hasta mayo de 2013

La última fase del Plan de Morosidad de las Comunidades Autónomas, al que se han sumado más de una decena de regiones, prevé cubrir más de 13.386 millones de euros en facturas impagadas a proveedores. El Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas indica en un comunicado que Andalucía, Aragón, Baleares, Canarias, Castilla-La Mancha, Cataluña, Madrid, Murcia, la Comunidad Valenciana y Extremadura, son algunas de las regiones adherido a la segunda y última fase del plan.

De esta manera, las comunidades podrán afrontar más de 13.386 millones de euros en facturas impagadas por las administraciones regionales y ayuntamientos. Según el ministerio, las «facturas pendientes« ascienden «a algo más de 8.000 millones de euros». «La cuantificación del primer tramo de este año de la tercera fase del mecanismo ha sido de casi 5.386 millones de euros para Comunidades y entidades locales», añade en la nota.

El ministerio destaca que con el último tramo del plan «se limpiará el cúmulo de facturas pendientes de pago de 2012» (plazo que no cubrió la fase anterior del plan) y hasta mayo de 2013 con el fin de aplicar, a partir de enero, la nueva ley de deuda comercial.

En la primera fase del plan contra la morosidad, con la que los proveedores tienen derecho de cobro aunque una comunidad no presente las facturas pendientes, se atendió los pagos a proveedores de servicios básicos, por lo que Hacienda puso en marcha hace dos semanas la fase final para atender al resto.

Está alargando la crisis
Bruselas echa por tierra la política fiscal de Montoro
Un informe de la Comisión Europea concluye que subir impuestos, recortar inversión pública y retrasar ajustes garantiza el estancamiento económico
Adrià Pérez Martí | Libertad Digital  2 Noviembre 2013

La Comisión Europea ha publicado un nuevo estudio que reaviva el debate que ya inició en su día el Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre los multiplicadores fiscales, es decir, el impacto que tienen los recortes de gasto y las subidas de impuestos sobre el PIB. El citado informe ha causado cierto revuelo porque trata de medir los efectos negativos que ha provocado la tan denostada austeridad presupuestaria en los países de la zona euro, especialmente en los periféricos, y el grado de responsabilidad que tiene Alemania en este ámbito.

Como era de esperar, esta investigación ha sido rápidamente usada por los críticos de la austeridad y por quienes abogan por políticas de mayor gasto público e intervención gubernamental (keynesianos). Curiosamente, el Tesoro de EEUU también acaba de lanzar duras críticas a las políticas de Angela Merkel, acusándola de dificultar la recuperación del sur de Europa debido a su obsesión por controlar el déficit y la deuda pública.

Sin embargo, el análisis en detalle de dicho estudio muestra unas conclusiones muy diferentes a las que se han tratado de difundir, ya que demuestra que es el modo en que se aplica la austeridad, no la austeridad en sí misma, lo que está lastrando la recuperación de la zona euro. Y, en concreto, lo que está dificultando la salida del túnel son, muy especialmente, las subidas de impuestos y el retraso en la aplicación de planes de consolidación fiscal creíbles, capaces de modificar al alza las negras expectativas de los agentes económicos.

Subir impuestos es muy negativo

Así, de acuerdo con el trabajo publicado por la Comisión Europea, recortar el gasto público tendría un efecto más positivo en el PIB que basar los ajustes en la subida de impuestos. Tal y como se observa en el siguiente gráfico, reducir el gasto público (línea verde) supone una caída del PIB más intensa, pero también mucho más corta en el tiempo. De este modo, la austeridad basada en drásticos recortes para eliminar el déficit permite salir antes y con más fuerza de la recesión, alcanzando mayores tasas de crecimiento a medio y largo plazo. Por el contrario, si únicamente se opta por subir los impuestos (línea roja) no se decrecería tanto al principio, pero el problema es que las dificultades económicas se prolongan. Es decir, la crisis se alarga.

El informe de Bruselas también pone de manifiesto que combinar ambos tipos de políticas (línea azul), que es, precisamente, lo que han venido haciendo los Gobiernos de Rajoy y Zapatero, implicaría alargar más la recesión y, tras salir de ella, tener un minúsculo crecimiento. Efectivamente, PSOE y PP han apostado, básicamente, por disparar los impuestos al tiempo que contenían algunas partidas presupuestarias para tratar de reducir el déficit.

Sin embargo, tras casi seis años de crisis, los datos demuestran que el gasto público sigue superando los niveles de burbuja, mientras que los contribuyentes españoles soportan una de las fiscalidades más agresivas y confiscatorias del mundo desarrollado. Asimismo, el PIB español ha sufrido una doble recesión, dibujando así una crisis en forma de W que, debido al exiguo crecimiento registrado, pinta más bien una figura en forma de L -caída desde máximos y, después, prolongado estancamiento-.

Dicho de otro modo, según Bruselas, España ha optado por el peor ajuste fiscal posible (muchos impuestos y escaso recorte de gasto), en lugar de imitar el exitoso modelo aplicado por los países bálticos, centrado en reducir, casi exclusivamente, el tamaño del Estado.

El ajuste fiscal menos efectivo

De igual modo, los expertos de la Comisión ponen de manifiesto que el impacto de los ajustes sobre el crecimiento económico depende, en gran medida, de la composición de éstos. El trabajo estudia una variedad de medidas presupuestarias, tanto reducciones de gasto como incremento de impuestos, cuyos resultados -se asume- serían utilizados para disminuir la deuda pública en 20 puntos porcentuales y, consecuentemente, los gastos en intereses, hecho que permitiría reducir los impuestos al trabajo a medio plazo.

Aunque hay muchas cautelas que cabría argüir respecto a esta metodología y asunciones, el citado infoeme ofrece resultados concretos, como que la reducción del consumo público no sería negativa a largo plazo para la economía. Igualmente, una reducción de los impuestos al trabajo (IRPF y cotizaciones a la Seguridad Social) impulsaría el crecimiento del PIB a medio y largo plazo. Si a esta disminución se le añadiese una reducción de las transferencias a las familias, también se obtendrían efectos positivos a medio y largo plazo en el PIB.

Por el contrario, recortar la inversión pública (que el autor asume que es productiva, aunque esto podría matizarse mucho) sería contraproducente, tanto a corto como a largo plazo. Este punto supondría, por tanto, un nuevo palo a la política fiscal española, ya que los escasos recortes del Gobierno se han centrado, sobre todo, en reducir inversión pública.

Por otro lado, incrementos en los impuestos sobre el consumo (IVA), sobre el trabajo (IRPF y cotizaciones) y sobre Sociedades tendrían un impacto negativo. Sólo si los efectos de estas subidas permitieran la mencionada reducción de la deuda pública y la consiguiente reducción de impuestos al trabajo (IRPF y SS), entonces, exclusivamente la subida del Impuesto sobre Sociedades tendría efectos negativos a largo plazo. Nuevamente, jarro de agua fría para Montoro, ya que éste ha optado por subir todos los impuestos, especialmente Sociedades -eliminando deducciones-.

Teniendo en cuenta estos resultados, el Gobierno del PP habría optado por un gran número de ajustes contraproducentes. Sobre todo, por subir impuestos (especialmente sobre el trabajo, IRPF y cotizaciones) y no bajar lo suficiente el gasto, hecho que no sólo no ha reducido la deuda sino que la ha disparado -rondará el 100% el PIB en 2014-. Y el problema es que este mayor endeudamiento, sumado a los elevados déficits, no permitirán una futura rebaja de los impuestos al trabajo. En primer lugar, porque la Seguridad Social es deficitaria y gran parte de sus ingresos proviene de la fiscalidad al trabajo (cotizaciones), y, en segundo lugar, porque dicha recaudación no se podrá reducir ni sustituir por otra al no haberse reducido suficientemente el gasto público.

Todo ello significa que la estrategia de consolidación fiscal aplicada por Rajoy -y antes por Zapatero-, basada en subir impuestos y reducir de forma sustancial la inversión pública, tendrá efectos negativos sobre la economía española a medio y largo plazo, según dichas conclusiones. Esto vendría a coincidir con las negras previsiones elaboradas por el FMI sobre España, al dibujar una recuperación lenta y frágil a lo largo de la presente década, con tasas de crecimiento bajas y una tasa de paro muy elevada en los próximos años.

La peor planificación posible

Por último, el informe de Bruselas concluye que cuanto más creíbles sean los ajustes más posibilidades habrá de que los agentes confíen en que el aumento de la deuda pública y de los impuestos se revierta. Y cuanto más pronto se obtenga esa credibilidad y confianza (mayor anticipación), más se reducirá el impacto negativo de los ajustes.

Esto explica el por qué, durante los primeros meses del nuevo Gobierno del PP, muchas voces exigieran a Rajoy la aprobación inmediata de ajustes fiscales drásticos, en lugar de retrasar o ralentizar las medidas presupuestarias y las reformas estructurales tendentes a recortar el gasto de forma sustancial. Además, la aprobación de medidas que los agentes no esperaban, por no estar en el programa electoral (subida de impuestos) o por incumplir directamente sus promesas hechas ya en el gobierno (la subida del IVA), también habrían mermado la credibilidad de la política económica del PP.

Por el contrario, según se desprende del documento, cuando las medidas de consolidación no son creíbles y se estima que no sean permanentes (como sucede ahora, donde el déficit de 2013 será igual o mayor que en 2012, sin contar ayudas a la banca), los efectos positivos de los ajustes tardarán más en aflorar.

Precisamente, la mayoría de gobiernos europeos han optado por aplicar los planes de consolidación más perjudiciales para el crecimiento, según el autor del informe, ya que tales ajustes no logran crear expectativas creíbles en los agentes sobre la futura reducción de la deuda pública y la consiguiente bajada de impuestos a medio plazo. Y, por desgracia, España también destaca en este ámbito. Rajoy ha optado por mantener un Estado sobredimensionado, elevando la deuda pública hasta casi 100% del PIB, todo lo cual hace difícil pensar en una próxima bajada de impuestos, más bien al contrario -las subidas aplicadas en los últimos años se consolidarán-. En este sentido, el Gobierno ya está trabajando en la reforma fiscal que pretende aprobar en 2014, pero su principal objetivo no es reducir la recaudación sino elevarla con el fin de sostener el actual nivel de gasto público, en máximos históricos.

En resumen, según Bruselas, España habría optado por el peor programa de austeridad posible (línea azul en el gráfico de abajo, "gradual learning scenario"), por ser el que más contrae el PIB, más retrasa la salida de la crisis y, por si fuera poco, menos crecimiento obtiene a medio y largo plazo.

Por el contrario, de haberse adoptado un plan centrado en recortar gasto, con una hoja de ruta transparente y rápida (línea verde, "fully anticipated scenario"), aunque dichas medidas no fueran del todo anticipadas por los agentes sino sucesivas (línea roja, "succesive credibility scenario"), el resultado de las cuentas públicas y de las expectativas económicas habrían mejorado de forma sustancial. La crisis habría durado menos (en forma de V) y el crecimiento posterior sería mayor, tal y como muestran los datos de la Comisión.

Así sonaba el protoindoeuropeo, la lengua madre
Redacción Tribuna. Madrid. latribunadelpaisvasco.com  2 Noviembre 2013

El protoindoeuropeo era una lengua hablada por un pueblo que vivió entre los años 4.500 y 2.500 antes de la Era Común.

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Expansión del protoindoeuropeo

Las modernas lenguas indoeuropeas, a la que pertenecen la mayoría de los idiomas de Europa y Asia meridional, descienden de una única lengua, llamada protoindoeuropea, que era hablada por un pueblo que vivió entre los años 4.500 y 2.500 antes de la Era Común, y no dejó textos escritos.
 

Los lingüistas han seguido trabajando para descubrir más cosas acerca de esa lengua extinta y actualizan periódicamente el experimento sonoro. El último en hacerlo ha sido el especialista Andrew Byrd, de la Universidad de Kentucky, que recita en la revista Archaeology su versión de la fábula adaptando su pronunciación a los últimos hallazgos sobre la lengua. Byrd también ha actualizado otra parábola corta en protoindoeuropeo reconstruido en 1990. Se inspira en un pasaje del “Rig Veda”, una antigua colección de himnos en sánscrito.


https://soundcloud.com/archaeologymag/sheep-and-horses

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Inquietantes socialistas vascos

Editorial www.gaceta.es  2 Noviembre 2013

Entre los efectos de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo, además del inmediato de las excarcelaciones de terroristas, figurará la experiencia de tiempos confusos en que el significado de nociones como paz, reconciliación o convivencia será uno u otro según el “relato” que cada cual haga para defender sus intereses. Vienen tiempos en que resonarán las palabras que Pilar Ruiz Albisu dirigió a Patxi López en la carta que le dirigió tras el asesinato de su hijo Joseba Pagazaurtundua a manos de ETA: “(...) cerrarás más veces los ojos y dirás y harás muchas más cosas que me helarán la sangre, llamando a las cosas por los nombres que no son (...)”.

El incidente de Portugalete del jueves, en que el alcalde socialista impidió que se pusiese siquiera a votación la propuesta del PP de declarar al terrorista portugalujo Juan Manuel Piriz persona non grata o, al menos, dirigirle una reprobación verbal, ha sido una ocasión que ha puesto de manifiesto la confusión política y las supercherías verbales con que se pretenderá vender a la opinión la mercancía averiada de que se confraterniza con los excarcelados porque ETA “ha sido derrotada”. La justificación que López ha dado a la actuación del alcalde de Portugalete ha ido en esa dirección: la propuesta del PP “divide a la sociedad, no ayuda nada a la convivencia ni aporta nada a las víctimas para superar su dolor”.

Esta actitud se viene reflejando también, de un tiempo a esta parte, en la frecuencia con que los políticos socialistas vascos hacen causa común en los más diversos asuntos con los de Bildu; es verdad que, sobre todo en la política municipal, se producen las más extrañas alianzas coyunturales frente a un adversario común, y eso no tiene por qué ser siempre motivo de escándalo; pero en el contexto general de esa comunidad autónoma, estas cosas tienen inevitablemente una interpretación mucho más alarmante.

La deriva acomodaticia del PSOE vasco viene de antiguo. De hecho, las maquinaciones, enredos y cesiones al mundo etarra que ha protagonizado Jesús Eguiguren –nada menos que presidente del PSE– han infectado la política vasca, y aun la nacional en la medida en que Eguiguren pudiera tener algún ascendiente sobre el nefasto Zapatero. El apartamiento de Nicolás Redondo Terreros de la dirección del PSE fue uno de los más resonantes clarinazos de alarma. Después, la trayectoria de López no ha dejado lugar a dudas. No se sabe qué es peor: si que el PSOE vasco actúe de este modo sin consentimiento o siquiera conocimiento de la dirección nacional, o que lo haga con todas las bendiciones de Ferraz. He aquí otro elemento que muestra cuán profunda es la debilidad y la desorientación del segundo gran partido español.

Despotismo muy poco ilustrado en Cataluña
José Rosiñol Lorenzo Periodista Digital  2 Noviembre 2013

… la construcción nacional pasa por la uniformización cultural e identitaria, solo hay un idioma verdaderamente catalán, solo hay una verdadera forma de entender y vivir la catalanidad, parece que sientan una fobia endémica a todo lo que suene a diversidad, y sobre todo, a todo lo que suene a español…

A la Consejera de Educación de la Generalitat catalana, Irene Rigau, no le interesa que haya media Cataluña que hable catalán y media castellano, según ella todos tenemos que hablar el catalán como “lengua propia” y también el castellano como oficial, independientemente del idioma que se use en casa.

Es una concepción como mínimo extraña la de nuestra consejera, parece entender que nuestros representantes son los que han de decidir qué idioma se habla en las calles, qué idioma es propio y cuál es impropio, cómo ha de ser el comportamiento –social- de la ciudadanía, ¿qué tenemos en Cataluña, una democracia representativa o un democracia formalista con tendencias hacia el despotismo identitario?

¿Por qué ese interés por hacer desaparecer esas “dos Cataluñas” una castellanohablante y otra catalanoparlante cuando es la realidad de los pueblos y de los barrios de nuestras ciudades?, ¿qué tiene que decir el Estado respecto a mi comportamiento social y cultural?, ¿acaso esto forma parte del plan de “construcción nacional” con el que pretenden alcanzar la independencia?

… parece que sientan una fobia endémica a todo lo que suene a diversidad, y sobre todo, a todo lo que suene a español…

Desde luego la última pregunta que he planteado es una pregunta retórica, porque como podemos ver la construcción nacional pasa por la uniformización cultural e identitaria, solo hay un idioma verdaderamente catalán, solo hay una verdadera forma de entender y vivir la catalanidad, parece que sientan una fobia endémica a todo lo que suene a diversidad, y sobre todo, a todo lo que suene a español, incluidos más de la mitad de los catalanes cuya nuestra lengua propia es la que decidamos, sea el castellano o sea el catalán.

Pero la cuestión principal de esta reflexión es ¿cómo es posible que en democracia las instituciones se arroguen la potestad de cambiar los comportamientos sociales del individuo?, ¿cómo es posible que desde las instituciones se nos pretenda imponer nuestro camino vital?, ¿cómo es posible que en pos de una Ideología pretendan acabar con la pluralidad cultural –y política, no nos engañemos- tan propia de Cataluña como del resto de España?

Esta presión no solo es institucional –tratando al idioma español como una lengua extranjera en las escuelas o los protocolos de comunicación con el ciudadano en las administraciones que debe ser preferentemente en catalán-, ni política –cuando se hace pasar por transversal y democrático lo que es meramente dogmático-, ni mediático –con un desierto de pluralidad informativa-, sino también existe una creciente presión social que encuadra políticamente idioma y política.

… el ideal del nacionalismo es profundizar la situación de diglosia creada desde la era Pujol, pero es una diglosia politizada…

Las declaraciones de Irene Rigau son un compendio del relato nacionalista que pocas veces emerge tras un discurso tan falaz como emponzoñado, el ideal del nacionalismo es profundizar la situación de diglosia creada desde la era Pujol, pero es una diglosia politizada porque no solo busca hacer creer que hay una lengua de prestigio y otra de segunda clase meramente tolerada, no solo ha sido –y es- la conformación de una presión social sobre el castellanoparlante (un despotismo de la opinión, de la costumbre).

No, la inspiración principal ha sido politizar la lengua, politizar la identidad, politizar el sentimiento de pertenencia, ha sido utilizar los recursos sicológicos más atávicos –el miedo a lo desconocido, a lo diferente, al otro, a una alteridad concienzudamente construida tras treinta años de conformación nacionalista-, porque es fácil atraer al redil ideológico a quién cree encontrar refugio entre los suyos, es fácil odiar y menospreciar al que se ha caricaturizado, al que se ha deshumanizado, al que se ha convertido en chivo expiatorio de tus propias contradicciones.

Y, finalmente, mi principal fuente de preocupación ante los momentos que vivimos, momentos históricos según el oficialismo, es ver cómo las esencias democráticas son cuestionadas sin ningún rubor por la clase dirigente, cómo se concibe al ciudadano como un súbdito receptor de las dádivas y los parabienes del gobernante, como se reduce al individuo a ser mera comparsa de un despotismo que se cree ilustrado, como se invierten los valores de la democracia dónde el ciudadano pasa a ser vasallo y sus representantes se convierten en señores.
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